Soldados de la e
o aman es del p og eso:
Ca olicismo y mode nidad en Vizcaya (1890-1923)
-RVHED/RX]DR9LOODU
Joseba Louzao Villa (Bilbao, 1983) es doc o en His o ia
Con empo ánea po la Uni e sidad del País Vasco e in-
es igado del Ins i u o Valen ín de Fo onda. Su ámbi o
de especialización es la his o ia socio-cul u al de las eli-
giones en el mundo con empo áneo. En es os momen os
su a ención es á cen ada en las complejas y plu ales e-
laciones en e eligión y nación en la Eu opa del p ime
e cio del siglo XX. Ha publicado a ículos en econocidas
e is as académicas (Hispania Sac a, Aye o His o ia Con-
empo ánea) y ha pa icipado en el lib o colec i o P ocesos
de nacionalización en la España con empo ánea. Además,
man iene el blog La his o ia no iene lib e o den o de la
e is a cul u al digi al on e aD (h p://www. on e ad.
com/?q=blog/602).
Soldados de la e o aman es del
p og eso
Ca olicismo y mode nidad en Vizcaya (1890-1923)
Colección
Ciencias Sociales y
Humanidades, 4
Soldados de la e o aman es del
p og eso
Ca olicismo y mode nidad en Vizcaya (1890-1923)
Joseba Louzao Villa
2011
LOUZAO VILLAR, Joseba
Soldados de la e o aman es del p og eso : ca olicismo y mode nidad en Vizcaya
(1890-1923) / Joseba Louzao Villa . – [Log oño, e c] : Genue e Ediciones, 2011.
440 p.; 24 cm. – (Ciencias Sociales y Humanidades ; 4)
DL LR-398-2011. -- ISBN 978-84-938557-9-6 ( ús ica)
ISBN 978-84-940186-1-9 (PDF)
1. Cle icalismo. 2. An icle icalismo. 3. Ca olicismo. 4. His o ia. 5. Pais Vasco. 6.
Siglos XIX-XX. 1. Tí ulo
267.7 (460.15) “18/19”
316.647.3:262 (460.15) “18/19”
94 (460.15) “18/19”
Di ec o de la colección: Ciencias Sociales y Humanidades
Ja ie Mo eno Luzón
Consejo cien í ico
An onio Apa icio Pé ez Isido o Regue a
Mª Begoña A úe Uga e Juan Ignacio Palacio Mo ena
Be na Su eda Ga cía Manuel Suá ez Co ina
Leona do Rome o To a
Diseño de la colección y de la cubie a: Genue e Ediciones po J. A. Pe ona
© Joseba Louzao Villa
© de es a edición: Genue e Ediciones
I.S.B.N.: 978-84-938557-9-6 ( ús ica)
I.S.B.N.: 978-84-940186-1-9 (PDF)
D.L.: LR-398-2011
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NoCome cial-SinDe i ados 4.0 In e nacional
“La memo ia me ha guiado has a ese á bol
pa a desen e a allí un cadá e
y e en él señales de mi huida”.
Del poema “El dese o ”,
de Julio Ma ínez Mesanza.
9
Índice
In oducción ...................................................................................................... 13
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico ....................................................... 31
1. Un b e e ensayo sob e una his o ia con inua .......................................... 31
La secula ización, ¿ ealidad o mi o? ........................................................... 33
Cuando el mi o alla ................................................................................... 42
2. De ecomposiciones, mode nidades e iden idades .................................. 51
La ecomposición ca ólica: en e el esu gimien o y la eminización ............... 56
Cle icalismo y an icle icalismo: el con lic o no ma i o .................................. 59
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya ................................................ 69
1. Fue os y Religión: la c eación de un imagina io ..................................... 69
2. Je a quía e ins i ución: obispos y cle o diocesano ................................... 75
3. Las pa oquias: en e la sociabilidad y la econquis a ............................. 86
4. La p esencia egula : en e la educación y la bene icencia ...................... 94
5. Fo mas de se ca ólico: espi i ualidad y ida co idiana ........................... 104
6. Los ca ólicos y la polí ica ......................................................................... 120
Los p o agonis as II: los an icle icales ............................................................ 139
1. In oducción ............................................................................................. 139
2. El epublicanismo en e uniones y desuniones ........................................ 141
3. Un an icle icalismo ob e o: los socialis as ............................................... 154
4. Ulacia o el acaso de un nacionalismo asco an icle ical ....................... 175
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Joseba Louzao Villa
en manos de eclesiás icos ue a del ámbi o p o esional; y con es e comen-
a io no se es á in en ando desdeña sus abajos, algunos muy no ables a
ni el empí ico, sino cons a a simplemen e un hecho innegable6. Po an o,
e a necesa io a enua es e acío his o iog á ico desde nue os p esupues os
me odológicos e in e disciplina es, como la sociología o la an opología,
ascendiendo la his o ia eclesiás ica adicional y analizando la dimensión
sociocul u al del hecho eligioso den o de una sociedad en la que cualquie
ac i idad social o polí ica es aba ligada a la ac i ud del indi iduo hacia la
eligión7. En nues o caso, p es a a ención a es os cambios puede p o oca
un impo an e a ance en el modo de en ende el País Vasco de en esiglos.
Aunque a eces pa ezca ol ida se, el posicionamien o en cuan o a la eligión
e a un ing edien e cons i uyen e, nada i ial, de cualquie iden idad indi i-
dual o colec i a. Po ello, es a ea ineludible pa a la his o iog a ía española
es ablece el econocimien o de «la plu alidad de ac o es en la his o ia»,
como eco daba Ca los Fo cadell a a és de Reinha Koselleck, que nos
impida «p i ilegia epis emológicamen e» a ningún p o agonis a colec i o8.
Asimismo, es e es udio se sopo a sob e inquie udes e in e ogan es
gene ales que supe an la p oblemá ica local. La in es igación his o io-
g á ica no puede ensimisma se en su p opia elabo ación, po lo que se ha
in en ado ompe la «penu ia eó ica y me odológica» a la que se e e ía
José Luis de la G anja en un esumen sob e la si uación de la his o iog a ía
asca a ines del siglo pasado9. Como esc ibió Ca l E. Scho ske, «la his o-
6 Po ejemplo, pa a el caso asco puede des aca se el es ue zo de Pe ea, Joaquín (1991):
El modelo de Iglesia subyacen e en la pas o al del cle o asco (1918-1936) (4 ols.), Desclée de
B ouwe / Ins i u o Diocesano de Teología y Pas o al, Bilbao.
7 Véanse, po ejemplo, las p opues as de Fo d, Ca oline (1993): «Religion and Popula
Cul u e in Mode n Eu ope», Jou nal o Mode n His o y, 65, pp. 152-175.
8 Fo cadell, Ca los (2005): «La his o ia social, de la clase a la iden idad», en Elena He -
nández Sandoica y Alicia Langa (eds.), Sob e la his o ia ac ual. En e polí ica y cul u a,
Abada, Mad id, p. 34.
9 J. L. de la G anja, «La nue a his o iog a ía», p. 297, no solo se e ie e a la his o iog a ía
asca, sino ambién a la española. También pueden se en iquecedo as las e lexiones
del suge en e ex o Uga e, Ja ie (2005): «Sob e la nue a his o ia cul u al», en Elena
He nández Sandoica y Alicia Langa, Sob e la his o ia ac ual. En e polí ica y cul u a,
Abada, Mad id, pp. 229-283.
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In oducción
ia solamen e puede exis i en elación simbió ica con o as disciplinas»10.
El uso de he amien as de la sociología o de la an opología pueden
ayuda nos a comp ende y na a mejo el pasado. Aunque es as p eocu-
paciones ampoco deben lle a nos a sob e alo a la eo ía y desdeña los
da os empí icos. En el e i o io de lo eligioso encon amos un magní ico
campo pa a in es iga el complejo en amado en e lo indi idual y lo co-
lec i o y la in e elación de las di e sas au oiden i icaciones. Como des-
acó el sociólogo no eame icano Rodney S a k, la ciencia puede es udia
odos los aspec os elacionados con la i encia eligiosa y espi i ual de las
pe sonas, sal o su au en icidad11. De ahí que en nume osas ocasiones su ja
una inadecuación en e las p egun as que se o mulan y las espues as que
se ob ienen, ya que el es udioso de la eligión debe se agnós ico me odo-
lógicamen e hablando12.
Igualmen e, mien as que los his o iado es dedicados al nacionalismo,
al géne o o al mo imien o ob e o se econocen como ales, no deja de
se llama i o cómo se escapa de la de inición de la his o ia eligiosa en-
masca ándola en o as concep ualizaciones. Con odo, y po sue e pa a
muchos, la his o ia eligiosa siemp e ha enido que o ma pa e de un
binomio en elazado13. Al menos en el X Cong eso de la Asociaciónde
His o ia Con empo ánea se desa olló una mesa sob e los con enidos
de la his o ia eligiosa, y los p opios ela o es no duda on en e e i se a
la misma14. Es e e en o, además, o eció una idea lúcida de los a ances
10 Scho ske, Ca l E. (2001): Pensa con la his o ia, Tau us, Mad id, p. 39.
11 S a k, Rodney y Roge Finke (2000): Ac s o Fai h. Explaining he Human Side, Uni e -
si y o Cali o nia P ess, Be keley, p. 59.
12 Willaime, Jean-Paul (2003): «La eligion: un lien social a iculé aun don», Reche ches.
Re ue du Mauss, 22, pp. 248-269.
13 Ye ano, Ana (1998): «La his o ia eligiosa con empo ánea en la uni e sidad española»,
en P o eso Naza io González: una his o ia abie a, Uni e si a Au ónoma, Ba celona,
p.564.
14 Cue a Me ino, Julio de la y Feliciano Mon e o (2009): «Ca olicismo y laicismo en
la España del siglo xx», en Ma ía Enca na Nicolás Ma ín y González Ma ínez,
Ca men González Ma ínez (coo ds.), Mundos de aye : in es igaciones his ó icas con-
empo áneas del IX Cong eso de la AHC, Edi um, Mu cia, pp. 191-216.
18
Joseba Louzao Villa
de i ados de es a o ma de hace his o ia du an e las úl imas décadas15.
La his o ia eligiosa, al y como la en endemos, iene que hace e e encia
an o a la his o ia del ca olicismo y de la eligiosidad, de inida siemp e en
un sen ido amplio, como ambién a los di e sos aspec os conec ados con
la laicidad o la i eligiosidad, ya que se complemen an e in e elacionan
es echamen e. De es e modo, se a o ece á «el sal o cuali a i o desde la
his o ia eclesiás ica a la his o ia eligiosa», que exigía Feliciano Mon e o
hace unos años y que aún no se ha p oducido comple amen e. ¿Cuándo
se p o oca á es a ans o mación? Según la opinión del p o eso Mon e o,
en el momen o en el que se p omue an algunos de los siguien es cambios:
que la his o ia eligiosa ue a más social que polí ica; que el es udio uese
más allá de las ins i uciones eligiosas y su je a quía; a pa i de la secula-
ización de loshis o iado es y de los cen os de in es igación; y log ando
que la his o ia eligiosa ue a una pa cela más de los planes de es udio y
de las líneas de in es igación de las uni e sidades ci iles no eclesiás icas16.
Es e p oceso es á siendo pausado y, como hemos de endido más a iba,
aún es amos en una ase de ansición. Po una pa e, los his o iado es
ci iles han chocado con cie a ce azón eclesiás ica. Algunos a chi os e
ins i uciones eligiosas siguen en o peciendo la labo in es igado a con
múl iples y a iopin os impedimen os. Además, los his o iado es eclesiás-
icos suelen elabo a ex os pa a consumo in e no po lo que sus apo a-
ciones di ícilmen e pueden se in eg adas en la his o iog a ía ci il, aunque
en muchos casos es as ob as han sido una ex ensa y documen ada labo de
ecupe ación de da os empí icos, que no se pueden cali ica con pincela-
15 Be zal de la Rosa, En ique (1997): «La his o ia de la Iglesia española con empo ánea.
E olución his o iog á ica», An ologica Annua, 44, pp. 633-674; Cuenca To ibio, José
Manuel (1999): «La his o iog a ía eclesiás ica española con empo ánea. Balance p o i-
sional a ines de siglo (1976-1999)», Hispania Sac a, 103, pp. 355-383; Mon e o, Feli-
ciano (2003): «La his o ia de la Iglesia y del ca olicismo español en el siglo xx. Apun e
his o iog á ico», Aye , 51, pp. 265-282; Íd. (2004): «La his o iog a ía española en e la
his o ia eclesiás ica y la eligiosa», en René Rémond (ed.), Hace la his o ia del siglo xx,
Biblio eca Nue a, Mad id, pp. 266-281. Sob e la his o iog a ía ancesa, en el mismo
olumen, So el, Ch is ian (2004): «La his o ia eligiosa en F ancia», en René Rémond
(ed.), Hace la his o ia del siglo xx, Biblio eca Nue a, Mad id, pp. 251-265.
16 Feliciano Mon e o, «La his o ia», p. 267.
19
In oducción
das g uesas y nega i as. Po el o o lado, los his o iado es españoles han
o mado pa e de la indus ia de la iden idad, que ha desa endido aque-
llos aspec os que les esul aban ajenos cul u al e ideológicamen e17. Es os
posicionamien os han lle ado a la incomp ensión hacia el hecho eligioso
cuando an a comp esión se ha dedicado a o as ealidades polí icas y
cul u ales18. Solamen e desde es a coyun u a se pueden en ende a i ma-
ciones an i- académicas como las de Paul P es on cali icando de « oglo-
di as» (¡sic!) a los ca lis as19. Tampoco es del odo ex año es e p ejuicio,
ya que la au onomía secula del conocimien o de la que goza ac ualmen e
la comunidad cien í ica se alcanzó a pa i del en en amien o con la eli-
gión20. Asimismo, desde inales del anquismo, la his o iog a ía española
se con o mó gene almen e a pa i de indi iduos que se habían en en ado
polí icamen e a un égimen ca ac e izado po su con esionalidad. Como
consecuencia, es o a o eció que du an e décadas los in es igado es ci iles
dedicados a la eligión ue an unos «his o iado es soli a ios»21.
Pese a odo, el cul i o de la his o ia eligiosa ha enido sus p opios cla-
oscu os. De hecho, el pe íodo de la Res au ación ha ocupado nume osos
es ue zos his o iog á icos, siendo una de las e apas más conocidas de la
his o ia eligiosa con empo ánea g acias a los adelan os de las décadas de
los ochen a y no en a que se han is o en iquecidos po las apo acio-
nes de una gene ación pos e io de his o iado es22. Sin ningún ánimo
17 Ac on, Edwa d (2005): «La biog a ía y el es udio de la iden idad», en Isabel Bu diel
y J. C. Da is (eds.), El o o, el mismo. Biog a ía y au obiog a ía en Eu opa (siglos x ii-xx),
Publicacions Uni e si a de València, València, p. 184.
18 Pese a odo, alguno de los pione os de la his o iog a ía española dedicó amplios es ue zos
en in en a explica se la eligión, como Tuñón de La a, Manuel (1968): El hecho eligioso
en España, Édi ions de la Lib ai ie du Globe, Pa is.
19 P es on, Paul (1995): The poli ics o e enge. Fascism and he mili a y in 20 h cen u y
Spain, Rou ledge, London/ New Yo k, p. 10.
20 He ieu-Lége , Danièle (2005): La eligión, hilo de memo ia, He de , Ba celona, p. 34.
21 A. Ye ano, «La his o ia eligiosa», p. 568.
22 Se pueden compa a es os a ances a pa i de la compa ación de dos ob as manuales un-
damen ales pa a el conocimien o de la his o ia de la Iglesia y del ca olicismo en España
Lannon, F ances (1990): P i ilegio, pe secución y p o ecía. La Iglesia en España, 1875-1975,
20
Joseba Louzao Villa
de exhaus i idad podemos e e i nos a los di e en es ámbi os donde el
conocimien o his o iog á ico es más p o undo, como el análisis del con-
lic o en e cle icales y an icle icales, donde se han conseguido elabo a
au én icos clásicos que han iluminado aspec os cen ales de la e olución
polí ica española, an o a ni el nacional como local23. Pa alelamen e, y
como consecuencia de es e p og eso, a ias pe sonas se han in e esado
en conoce al de alle lo que signi icó el mo imien o ca ólico, así como la
acción ca ólica, el ca olicismo social o el ac o ca ólico en la polí ica es-
pañola, en especial, a a és de la con o mación del nacionalca olicismo24.
Asimismo, y en pa alelo, el an icle icalismo se con i ió en la década de
los no en a en un p o agonis a de la eno ación his o iog á ica, en pa e
po sus implicaciones iolen as du an e la gue a ci il, an o a ni el polí-
Alianza, Mad id, y Callahan, William J. (2002): La Iglesia Ca ólica en España (1875-
2002), C í ica, Ba celona.
23 En e los que cabe des aca abajos como los de Reig, Rami o (1986): Blasquis as y
cle icales: la lucha po la ciudad en la Valencia de 1900, Ins i ució Al ons el Magnàmin, Va-
lencia; Cue a Me ino, Julio de la (1994): Cle icales y an icle icales. El con lic o en e con e-
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Res au ación en e el libe alismo y la democ acia, Alianza, Mad id, pp. 229-271; o Cue a
Me ino, Julio de la y Feliciano Mon e o (2007): La secula ización con lic i a. España
(1898-1931), Biblio eca Nue a, Mad id.
24 Mon e o, Feliciano (1983): El p ime ca olicismo social y la Re um no a um en Espa-
na, 1889-1902, CSIC, Mad id; Íd. (1993): El Mo imien o Ca ólico en España, Eudema,
Mad id; Fullana, Pe e (1994): El mo imen ca òlic a Mallo ca, (1875-1912), Abadia de
Monse a , Ba celona; Ruiz Sánchez, José-Leona do (1994): Polí ica e iglesia du an e
la Res au ación: la Liga Ca ólica de Se illa (1901-1923), Dipu ación de Se illa, Se illa;
Cuenca To ibio, José Manuel (2001): Sindica os y pa idos ca ólicos españoles: ¿ acaso o
us ación? 1870-1977, Unión Edi o ial, Mad id e Íd. (2003): Ca olicismo social y polí ico
en la España con empo ánea (1870-2000), Unión Edi o ial, Mad id; Cue a Me ino, Julio
de la y Ángel Luis López Villa e de (eds.) (2005): Cle icalismo y asociacionismo ca ólico
en España: de la Res au ación a la T ansición, Uni e sidad de Cas illa-La Mancha, Cuen-
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his o ia eligiosa de España en los años 20 y 30, Biblio eca Nue a, Mad id; Boyd, Ca olyn
P. (2007): Religión y polí ica en la España con empo ánea, Cen o de Es udios Polí icos
y Cons i ucionales, Mad id; Ga cía Checa, Amalia (2007): Ideología y p ác ica de la
acción social ca ólica emenina (Ca aluña, 1900-1930), Uni e sidad de Málaga, Málaga;
o Bo i, Al onso (2008): Cielo y dine o: el nacionalca olicismo en España (1881-1975),
Alianza, Mad id.
21
In oducción
ico como cul u al, sin desdeña la a ención p es ada a sus elaciones con
la masone ía y el lib epensamien o25. Po o o lado, conocemos bien las
elaciones ins i ucionales en e el Es ado y la Iglesia, así como la compleja
diplomacia con la San a Sede26. O o de los e enos ampliamen e abona-
dos son la educación, donde los abajos sob e la enseñanza con esional y
la laica han alcanzado un al o g ado de p o undidad, y los es udios sob e
la in e elación en e muje y eligiosidad27.
25 Des acan el núme o monog á ico de la e is a Aye dedicado a «El an icle icalismo» en
1997; Delgado, Manuel (1992): La i a sag ada. An icle icalismo, iconoclas ia y an i i ua-
lismo en la España con empo ánea, Humanidades, Ba celona e Íd. (2002): Luces iconoclas as.
An icle icalismo, blas emia y ma i io de imágenes, A iel, Ba celona; La Pa a, Emilio y
Manuel Suá ez Co ina (eds.) (1998): El an icle icalismo español con empo áneo, Biblio-
eca Nue a, Mad id; Re uel a González, Manuel (1999): El an icle icalismo español
en sus documen os, A iel, Ba celona; Magen i, Sil ia (2001): L’an icle icalisme blasquis a.
València: 1898-1913, La Xa a Edicions, Sima de la Valldigna; o Salomón Chéliz, Ma-
ía Pila (2002): An icle icalismo en A agón. P o es a popula y mo ilización polí ica, P ensas
Uni e si a ias de Za agoza, Za agoza.
26 Sanz de Diego, Ra ael (1979): Medio siglo de elaciones Iglesia-Es ado: el ca denal An olín
Monescillo y Viso (1811-1897), Publicaciones de la Uni e sidad Pon i icia Comillas, Ma-
d id; Robles Muñoz, C is óbal (1988): Insu ección o legalidad: los ca ólicos y la Res au a-
ción, Consejo Supe io de In es igaciones Cien í icas, Mad id; Díaz de Ce io, F anco
y Ma ía F. Núñez y Muñoz (eds.) (1989): Ins ucciones sec e as a los nuncios de España en
el siglo xix, 1847-1907, Uni e si à G ego iana, Roma; Rubio, Ja ie (1998): El einado de
Al onso XII. P oblemas iniciales y elaciones con la San a Sede, Minis e io de Asun os Ex e-
io es, Mad id; O iz de O uño, José Ma ía (2005): «Relaciones Iglesia-Es ado en la
Eu opa Con empo ánea», en José Ma ía Guibe y José Luis O ella (eds.), P egun as
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de Deus o, San Sebas ián, pp. 81-108; o Ma ínez Es eban, And és (2006): Acep a el
pode cons i uido. Los ca ólicos y la San a Sede en la Res au ación (1890-1914), Publicaciones
de la Facul ad de Teología San Dámaso, Mad id.
27 Sob e la educación Be nad Royo, En ique (1985): Ca olicismo y laicismo a p incipios
de siglo (escuelas laicas y ca ólicas en Za agoza), Ayun amien o de Za agoza, Za agoza;
Os olaza, Mai ane y Pe e Fullana (2007): «Escuela ca ólica y mode nización. Las
nue as cong egaciones eligiosas en España (1900-1930)», en Julio de la Cue a Me ino
y Feliciano Mon e o (eds.), La secula ización con lic i a. España (1898-1931), Biblio eca
Nue a, Mad id, pp. 187-213; Fullana, Pe e y Feliciano Mon e o (2003/2004): «Los
modelos educa i os ju eniles del mo imien o ca ólico en España (1868-1968)», His o ia
de la educación, 22-23, pp. 33-51. Sob e la muje Salomón Chéliz, Ma ía Pila (2004):
«¿Espejos in e idos? Muje es cle icales, muje es an icle icales», A enal, 11/2, pp. 87-111;
Íd. (2005): «Las muje es en la cul u a polí ica epublicana: eligión y an icle icalismo»,
His o ia Social, 53, pp. 103-118; Íd. (2003): «Bea as sojuzgadas po el cle o: la imagen
de las muje es en el discu so an icle ical del p ime e cio del siglo xx», Feminismo/s,2,
22
Joseba Louzao Villa
Sin emba go, es os a ances no pueden ocul a acíos y lagunas que
siguen mos ando un ela i o e aso con espec o a o as his o iog a ías
ce canas. A pesa de las di icul ades, al an po ob ene más abajos
o ien ados hacia la his o ia social, que nos pe mi an ecompone el impac-
o de la es au ación social del ca olicismo en la España de la época y de
las implicaciones conc e as de la secula ización28. Conocemos demasiado
poco la his o ia cul u al del ca olicismo español, ya que son escasas las
apo aciones que han p e endido ace ca se a es a ealidad desde el llama-
do gi o cul u al, y es e ipo de análisis pod ía ilumina la e olución de la
espi i ualidad y de las de ociones con empo áneas29. Tampoco sabemos
cuál ue el eco ido de aquellos que abandona on el ca olicismo pa a co-
menza una búsqueda espi i ual he e odoxa30. De igual o ma, apenas se
pp. 41-58; Blasco, Inmaculada (2003): Pa adojas de la o odoxia. Polí ica de masas y
mili ancia ca ólica emenina en España (1919-1939), P ensas Uni e si a ias de Za agoza,
Za agoza; Mo eno Seco, Mónica (2005): «Muje es, cle icalismo y asociacionismo ca-
ólico», en Julio de la Cue a Me ino y Ángel Luis López Villa e de (eds.), Cle i-
calismo y asociacionismo ca ólico en España: de la Res au ación a la T ansición, Uni e sidad
de Cas illa-La Mancha, Cuenca, pp. 107-131; Ga cía Checa, Amalia (2007): «Acción
social ca ólica y p omoción de la muje : el eminismo c is iano», en Julio de la Cue a
Me ino y Feliciano Mon e o (eds.), La secula ización con lic i a. España (1898-1931),
Biblio eca Nue a, Mad id, pp. 237-258.
28 Cue a Me ino, Julio de la (2000): «Ca ólicos en la calle: la mo ilización de los ca-
ólicos españolas, 1899-1923», His o ia y Polí ica, 3, pp. 55-80; Íd. (1999): «Cul u a y
mo ilización en el mo imien o ca ólico de la Res au ación (1899-1913)», en Manuel
Suá ez Co ina (ed.), La cul u a española en la Res au ación, Sociedad Menéndez Pela-
yo, San ande , pp. 169-192; o Íd. (2005): «Cle icalismo y mo ilización ca ólica du an e
la es au ación», en Julio de la Cue a Me ino y Ángel Luis López Villa e de (eds.),
Cle icalismo y asociacionismo ca ólico en España: de la Res au ación a la T ansición, Uni e -
sidad de Cas illa-La Mancha, Cuenca, pp. 27-50.
29 Jiménez Duque, Baldome o (1979): «Espi i ualidad y apos olado», en Rica do Ga cía-
Villoslada (di .), His o ia de la Iglesia en España. Vol. 5: La Iglesia en la España Con em-
po ánea, Biblio eca de Au o es C is ianos, Mad id, pp. 395-474 o Requena, Fede ico
M. (2008): Ca ólicos, de ociones y sociedad du an e la Dic adu a de P imo de Ri e a y la
Segunda República. La Ob a del Amo Mise ico dioso en España (1922-1936), Biblio eca
Nue a, Mad id.
30 Ramos, Mª Dolo es (2005): «He e odoxias eligiosas, amilias espi i is as y após olas
laicas a inales del s. xix: Amalia Domingo Sole y Belén de Sá aga He nández», His-
o ia Social, 53, pp. 65-83; Abend, Lisa (2004): «Spec e s o he Secula : Spi i ism in
Nine een h-cen u y Spain», Eu opean His o y Qua e ly, 34/4, pp. 507-534; o Louzao,
23
In oducción
ha desa ollado una compa ación con o as ealidades p óximas geog á ica
o cul u almen e pa a con apone di e sas expe iencias e in eg a las en el
ámbi o de las elaciones ansnacionales31. También hab á que p o undi-
za en los análisis de los agen es eclesiás icos, desde la je a quía has a los
sace do es diocesanos y los eligiosos egula es, sin ol ida la elabo ación
de biog a ías de des acados segla es que pa icipa on y u ie on un peso
impo an e en la mo ilización del ca olicismo hispano32. Dicho es o, se
debe ían alumb a es ue zos conjun os en e his o iado es eclesiás icos y
ci iles pa a no deja cae en saco o o las múl iples in es igaciones ealiza-
das in e namen e sob e las ó denes y cong egaciones eligiosas y suma las
al gene al conocimien o académico.
En de ini i a, y aunque sea una d ás ica conclusión, has a que no se
p oduzca el despegue de ini i o de la his o ia eligiosa, la his o iog a ía
española no se hab á no malizado y equipa ado a la ealidad in e na-
cional. Y llegados a es e pun o es opo uno e e i se a la his o iog a ía
ancesa, ya que un amplio g upo de his o iado es —en e los que se
encuen an Jean Delumeau, Alain Co bin o Philippe Bou y—, han con-
seguido eno a adecuadamen e nues a o ma de en ende lo eligioso33.
Joseba (2008): «Los idealis as de la F a e nidad Uni e sal. Una ap oximación a la his-
o ia del mo imien o eosó ico español (c. 1890-1939)», His o ia Con empo ánea, 37, pp.
501-529.
31 And és-Gallego, José (2004): «L’in luence ançaise su le ca holicisme espagnol
des xixe e xxe siècles», Re ue d’his oi e de l’église de F ance, 224, pp. 239-246; Íd.
(1978/1979): «La III República ancesa, la Res au ación española y la Iglesia: no as pa a
una his o ia compa ada», Hispania Sac a, 61-64, pp. 323-339; o Cuenca To ibio, José
Manuel (1999): Ca olicismo con empo áneo de España y Eu opa. Encuen os y di e gencias,
Ediciones Encuen o, Mad id.
32 Pazos, An ón (1990): El cle o na a o (1900-1936). O igen social, p ocedencia geog á ica y
o mación sace do al, EUNSA, Pamplona o Cuenca To ibio, José Manuel (1986): So-
ciología del episcopado español e hispanoame icano (1789-1985), Pegaso, Mad id. En e los
segla es, po ejemplo, Robles, C is óbal (1997): José Ma ía de U quijo e Yba a, Consejo
Supe io de In es igaciones Cien í icas, Mad id o Faes, En ique (2009): Claudio López
B u, Ma qués de Comillas, Ma cial Pons, Mad id.
33 Se pueden compa a el es ado de ambas his o iog a ías en la ecopilación Pellis andi,
Benoî (éd.) (2002): La his o iog a ía ancesa del siglo xx y su acogida en España, Casa de
Velázquez, Mad id.
24
Joseba Louzao Villa
En g an medida, es e indi e encia an e sus apo aciones se debe a que,
como señalaba Jo di Canal, «la in luencia ancesa en la his o iog a ía
con empo ánea española a ines del siglo xx ha sido, si desca amos
algunas excepciones indi iduales o sec o iales, bas an e escasa»34. Ade-
más, la his o iog a ía española sociológicamen e conse ado a, siemp e
ha man enido «a aya cualquie con agio es ambó ico» que pudie a des-
emboca en o o ipo de al e na i as, como des acó suge en emen e En ic
Ucelay-Da Cal35.
Al menos, debe queda pa en e que la his o ia eligiosa no puede se
una no a al pie de página de los es udios sob e los siglos xix y xx. Y
no debemos ol ida que en la his o ia eligiosa con e gen la mayo ía de
ac i udes y compo amien os, indi iduales o colec i os, que en épocas
pasadas alcanza on una in luencia ascenden al en la mo ilización y
ac i idad de amplios sec o es de población. Asimismo, la eligión es un
enómeno bas an e elusi o po lo que el ace camien o debe se caleidos-
cópico. Sand ine Ko es ablecía un signi ica i o es ado de la cues ión al
asegu a que
el es udio del enómeno eligioso es pa e de una his o ia de las men-
alidades como la de los en o nos de ida (Lebenswel ), que es á en la
enc ucijada de la his o ia cul u al (Kul u geschich e), la his o ia social
(Gesellscha sgeschich e) y la his o ia de la ida co idiana o an opológica
(All agsgeschich e)36.
34 Canal, Jo di (2002): «Admoniciones, mi os y c isis. Re lexiones sob e la in luencia
ancesa en la his o iog a ía con empo ánea española a inales del siglo xx», en Benoî
Pellis andi (éd.): La his o iog a ía ancesa del siglo xx y su acogida en España, Casa de
Velázquez, Mad id, pp. 337 y 340.
35 Ucelay-Da Cal, En ic (2005): «Desc iu e el que hau ia d’ha e exis i , o com his o-
iog a ia el acàs pa icua is a ca alà al lla g del segle xx», en Josep Ma ia F ade a y
En ic Ucelay-Da Cal (eds.), No ícia no a de Ca alunya: conside acions c í iques sob e la
his o iog a ia ca alana als cinquan a anys de «No ícia de Ca alunya» de Jaume Vicens i Vi es,
Cen e de Cul u a Con empo ània de Ba celona, Ba celona, p. 205.
36 Ko , Sand ine (2001): «Élémen s pou une his oi e sociale e cul u elle de la eligion
en Allemagne au xixe siècle», Bulle in de la Socie é d’His oi e Mode ne e Con empo aine,
48/ 4 bis, p. 92.
25
In oducción
Además, hay que des aca que en la g an mayo ía de las ocasiones las
e e encias a la his o ia de las eligiones se educen a in es igaciones sob e
la an igüedad o el pe íodo medie al. Como ejemplo se pod ía e alua la
p esencia que iene la his o ia con empo ánea en los omos edi ados po
Bandue, la e is a de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones.
La conclusión es desalen ado a, ya que apenas hay ex os que se e ie an
a nues o pe íodo, y eso que los con empo aneís as enemos la o una, en
palab as de un p o eso suizo emé i o de Ciencias de las Religiones, de
encon a nos con
un campo singula pa a las in es igaciones en his o ia de las eligiones.
Con la e olución ancesa, la independencia de los Es ados Unidos y la
indus ialización el c is ianismo occiden al así como el judaísmo occiden-
al padecen p o undas ans o maciones. Bajo la in luencia de la coloniza-
ción y de los p ocesos de mode nización, se pueden obse a desa ollos
análogos a pa i del siglo xix, en muchas de las eligiones37.
Teniendo p esen e odo lo an e io , la his o ia eligiosa debe hace se
sociocul u al, en endiendo como cul u a «la ida co idiana de la gen e
en común, los obje os ma e iales de los que és a se odea, y las di e sas
o mas de pe cibi e imagina el mundo»38. De hecho, como ha expli-
cado Pe e Bu ke, es a eno ación his o iog á ica ha p oducido un e-
o no a la na a i a, al indi iduo y a la his o ia «desde abajo». Además,
es innegable la es echa elación en e la his o ia cul u al y la his o ia
eligiosa po que, en palab as del especialis a Michel Lag ée, son «una
casi pa eja»39. Con el paso del iempo, se han ido debili ando las po osas
on e as en e lo social, lo polí ico y lo cul u al y se ha pasado de la
sociología eligiosa a la his o ia social y cul u al de lo eligioso, como ha
37 Waa denbu g, Jacques (2001): Signi icados eligiosos. In oducción sis emá ica a la ciencia
de las eligiones, Descleé de B ouwe , Bilbao, pp. 77-78.
38 Bu ke, Pe e (1993): «La nue a his o ia sociocul u al», His o ia Social, 11, pp. 105-114.
39 Lag eé, Michel (1999): «His o ia eligiosa, his o ia cul u al», en Jean-Pie e Rioux y
Jean-F ançois Si inelli (di s.), Pa a una his o ia cul u al, Tau us, México D.F., p. 407.
32
Joseba Louzao Villa
sociedades en las que la secula ización e a en endida como una conquis a
i e e sible. Ya no se podían en ende como enómenos pe i é icos, dando
así la azón a los pocos cien í icos sociales que habían obse ado que la
eligión no solo se encon aba en el educ o de la p i acidad indi idual.
Al con a io, la eligiosidad ol ía a ene un p o agonismo en el espacio
público, an o en deba es polí icos como sociales. Publicis as, pe iodis as
y algún que o o académico despis ado llena on páginas cons a ando de
la uel a de lo sag ado. La deso ien ación in elec ual de Occiden e e a
mayúscula, mien as la eología polí ica pa ecía eg esa a p ime plano
de una his o ia que con inúa, eso sí, plagada de p ejuicios y p e enciones.
En la ac ualidad, pa ece e iden e que nadie puede u iliza el concep o
de secula ización sin explici a a qué se e ie e y sin se conscien e de
la ca ga his ó ica que conlle a. La caída de los iejos pa adigmas y la
up u a del consenso es ablecido du an e el siglo pasado han pe mi ido
ab i nue os canales de in es igación. Po an o, sos enemos que hay que
ma iza la isión an e io , pe o ambién que debemos sepa a nos de a i -
maciones g andilocuen es. Muchos in es igado es se deja on lle a po
lo que «debe ía se » pa a ellos, sin a ende a los da os empí icos47. Pe o
hemos edescubie o que los dioses nunca se ue on. Po ello, man enemos
que se debe ede ini el es udio de la eligión elabo ando con odas las
cau elas posibles una nue a explicación, abie a y mul i acé ica, que enga
en cuen a la pe spec i a his ó ica.
En p opiedad, es e capí ulo no a a de de ende un ma co eó ico
ce ado, sino que, al con a io, se p opone aza unas líneas de e lexión
que pe mi an desa olla nue as in es igaciones empí icas, en unción de
las cuales segui ede iniendo un ma co que di ícilmen e se pod á uni e -
saliza . Hemos sucumbido ya a las g andes eo ías ce adas que, aunque
suge en es, no pueden explica la o alidad del hecho eligioso48. Como
47 Hume, Da id (1923): T a ado sob e la na u aleza humana: Un in en o de in oduci el mé-
odo de azonamien o expe imen al en las cues iones mo ales, Calpe, Mad id.
48 «En an e io es in es igaciones comp obé una ez y o a que la expe iencia española
e a muy comp ensible en sus p opios é minos, pe o no se adap aba, sin emba go, a las
gene alizaciones que los analis as polí icos ex aían de las his o ias de Ingla e a, P usia
33
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
sos iene la impo an e socióloga de la eligión Danièle He ieu-Lége «la
única mane a de conduci es a ambición [el análisis de la p oblemá ica de
la mode nidad eligiosa] a sus jus as p opo ciones es, sin duda, i ajus an-
do la he amien a pa a que uncione, has a el momen o en que se pe ile
la posibilidad de cons ui o a más iable…»49.
Asimismo, no podemos segui aca eando un u illaje men al que nos
hace o illa el hecho eligioso. Sob e odo po que, como señalaba Ma k
Lilla, las nue as eologías polí icas que nos in aden son mucho más que
un simple a a ismo supe s icioso y ep esen an pa a nues as sociedades
un es ue zo in elec ual se io50. En la ac ualidad, necesi amos comp ende
y, pa a ello, enemos que apela a la azón más que a las pasiones y los
p ejuicios. No podemos ob ia que la cues ión sigue conci ando deba es y
plan eando p oblemas po la impo an e he encia eligiosa y cul u al. Po
an o, hab á que deja de lado los esquemas p ees ablecidos, en especial
la con ención in elec ual que con i ió a la mode nidad en el agua que
apagó el uego de la eligión, y cen a se en la alidez de o os caminos
analí icos.
La secula ización, ¿ ealidad o mi o?
En 1993, la socióloga no eame icana Nancy T. Amme man se en-
ca gó de ab i el encuen o anual de la Religious Resea ch Associa ion e-
sumiendo la na a i a de la secula ización como si de un cuen o in an il
se a a a:
Había una ez un iempo en el que oda la ida se encon aba llena
de lo sag ado. Todo aquello que no podía se explicado e a adjudicado a
la in e ención di ina. Todo pode social se encon aba legi imado po
y F ancia. Llama excén ica a España no enía sen ido; el de ec o es aba cla amen e en
la gene alización, no en España» (Tilly, Cha les (1992): Coe ción, capi al y los Es ados
eu opeos, 990-1990, Alianza, Mad id, p. 16).
49 He ieu-Lége , Danièle (2005): La eligión, hilo de memo ia, He de , Ba celona, p. 289.
50 Lilla, Ma k (2007): The S illbo n God: Religion, Poli ics and he Mode n Wes , Al ed A.
Knop , New Yo k.
34
Joseba Louzao Villa
símbolos e his o ias sag adas. Finalmen e odo es e pode sag ado se
ag upaba en o icinas e ins i uciones que de inían la ida mo al, polí ica
y social de las pe sonas. Los unciona ios eligiosos se encon aban en
el cen o de la sociedad, ya ue a eje ciendo el pode di ec amen e o
de iniendo los lími es den o de los cuales se podía eje ce dicho pode .
No impo aba demasiado si un indi iduo enía o no una ue e sensi-
bilidad eligiosa, ya que oda la cul u a es aba eple a de signi icados
eligiosos.
Pe o en onces la mal ada bes ia de la mode nidad llegó (o un g an
caballe o blanco en el al e na i o pun o de is a de la Ilus ación). Len-
amen e lo sag ado ue desapa eciendo, e ugiándose en las pequeñas
g ie as de la «es e a p i ada». La au o idad de los eligiosos ue usu -
pada po cien í icos, y lo posible y lo co ec o comenzó a se de inido
po polí icos y ecnóc a as. La ida pública ue desencan ada, a pesa de
algunas pe iódicas sacudidas en la es e a p i ada. La eligión pe dió su
pode pa a siemp e51.
Lo que a aba de explica e a que has a ese momen o cualquie acon-
ecimien o que no encajase en la na a i a cien í ica secula izado a había
sido conside ado una émo a de un pasado a caico o, en su de ec o, una
moda pasaje a. Sin emba go, ya en la década de los ochen a algunos
sociólogos ale a on sob e los lími es y debilidades del pa adigma52. Las
di e sas hipó esis es ablecidas habían dado un paso más allá de su p in-
cipal sen ido his ó ico-e imológico, que hacía e e encia a la ans e encia
de pe sonas, obje os o signi icados de la es e a eclesiás ica o eligiosa a la
51 Amme man, Nancy T. (1994): «Telling cong ega ional s o ies», Re iew o Religious Re-
sea ch, 35/ 4, pp. 289-301.
52 En e el ma asmo de es udios sob e la secula ización pueden se ú iles pa a el his o-En e el ma asmo de es udios sob e la secula ización pueden se ú iles pa a el his o-
iado Tschannen, Oli ie (1991): «The Secula iza ion Pa adigm: A Sys ema iza ion»,
Jou nal o he Scien i ic S udy o Religion, 30/4, pp. 395-415; Chadwick, Owen (1993):
The secula iza ion o he eu opean mind in he 19 h cen u y, Camb idge Uni e si y P ess,
Camb idge; un buen esumen en B uce, S e e (2002): God is Dead: secula iza ion in he
Wes , Blackwell Publishing, Ox o d, pp. 1-44; Mcleod, Hugh (2000): Secula isa ion
in Wes e n Eu ope, 1848-1914, MacMillan, Hampshi e; Alonso, G ego io (2003): «La
secula ización de las sociedades eu opeas», His o ia Social, 46, pp. 137-157; Ál a ez
Ta dío, Manuel (1998): «Polí ica y secula ización en la Eu opa Con empo ánea», S udia
his ó ica. His o ia Con empo ánea, 16, pp. 143-166.
35
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
es e a ci il o laica53. De es a o ma, y según se cen en en la piedad indi-
idual o en el ni el socie al de la eligiosidad, se han llegado a es ablece
eo ías an con adic o ias que di ícilmen e pueden se complemen a ias.
Po es a azón, algunos au o es, como Ka el Dobbelae e, han in en ado
a ende a es ámbi os di e enciados —el mac oni el o ni el socie al; el
mesoni el o o ganicional; y el mic oni el o indi idual— pa a sepa a
p oblemá icas y ap oxima se mejo a los dis in os ni eles de las in e p e-
aciones sob e la secula ización54.
Pa a los de enso es de es e pa adigma no exis ía duda alguna: la mo-
de nidad, ue a és a lo que ue a, se asen aba en la negación de la eli-
gión. Se in e p e aba el hecho eligioso a pa i del modelo de desa ollo
his ó ico eu opeo como pa ón no ma i o indispensable. Además, es e
eu ocen ismo p odujo una asimilación equí oca en e eligión e iglesia,
a pesa de que la de inición de iglesia y sec a ocupó desde sus inicios
a especialis as de la alla de E nes T oel sch o Max Webe 55. Lo que
ampoco es an ex año, ya que el es udio de la his o ia de las eligiones
ha sido una pa cela de p o esionales occiden ales desde el siglo xix56.
Po ello, y an es de con inua , se deben e oma las aíces his ó icas del
concep o.
El é mino saeculum ue in oducido en el léxico c is iano po Te ulia-
no, el c eado de un nue o lenguaje eológico. Su signi icado e a pe íodo
de iempo, aunque su uso más común ue en g an medida peyo a i o. En
53 Casano a, José (2001): «Secula iza ion», en Neil J. Smelse y Paul B. Ba es (eds.), The
In e na ional Encyclopedia o Social and Beha io al Sciences, Else ie , Ox o d, pp. 13786-
137891.
54 Dobbelae e, Ka el (2002): Secula iza ion: an Analysis a Th ee Le els, P.I.E.-Pe e Lang,
B ussels y Íd. (2008): «La secula ización: eo ía e in es igación», en Al onso Pé ez-
Ago e y José San iago (eds.), Religión y polí ica en la sociedad ac ual, CIS/ Edi o ial
Complu ense, Mad id, pp. 9-34.
55 Cas ón, Ped o y Ma ía del Ma Ramos (2008): «His o ia y e olución de los concep os
iglesia y sec a en sociología», en Edua do Be ica Alus ey (coo d.), El enómeno eligio-
so. P esencia de la eligión y de la eligiosidad en las sociedades a anzadas, Cen o de Es udios
Andaluces, Se illa, pp. 263-281.
56 Waa denbu g, Jacques (2001): Signi icados eligiosos. In oducción sis emá ica a la ciencia
de las eligiones, Descleé de B ouwe , Bilbao, p. 61.
36
Joseba Louzao Villa
el siglo , con la aducción que san Je ónimo hizo de la Vulga a, pasó a
signi ica en el la ín eclesiás ico mundo, conse ando una idén ica conno-
ación nega i a al e e i se al mundo que echazó Jesuc is o. Se con e ía
así en un concep o con apues o al de Iglesia. Su e olución concep ual no
u o g andes sob esal os has a su u ilización como é mino ju ídico a ines
del siglo x i, cuando a ios canonis as anceses lo aplica on pa a de ini
el ánsi o de un eligioso egula al es ado secula . Po su pa e, la i ma
de la Paz de Wes alia consiguió que se adop a a o a o ma de en ende
el é mino, que pasaba a exp esa el ánsi o de los bienes eclesiás icos a
manos secula es, al y como señaló en aquellas negociaciones el legado
ancés Longue ille57. Es deci , con el su gimien o del Es ado mode no
se comenzó a p oduci el p og esi o echazo del pode empo al de la
au o idad eclesiás ica.
En cualquie caso, se es ableció como una dico omía en e lo espi i-
ual y lo e enal, lo sag ado y lo p o ano, en lo que pa a Giacomo Ma-
amao e a una me amo osis mode na de los «pa es paulinos»58. Es a
concepción consiguió es uc u a la di e enciación en e el mundo y la
Iglesia en el pensamien o medie al occiden al, que con inuó o ganizán-
dose a pa i de la idea cen al de Dios59. Es as aíces eligiosas hicie on
que el céleb e eólogo p o es an e Fied ich Goga en de endie a con in-
cen emen e que la secula ización había sido una consecuencia del pen-
samien o c is iano, aunque es a esis uese discu ida po Hans Blumen-
be g. Pa a es e ilóso o alemán en e los siglos xi y x dos imágenes del
mundo lucha on en e sí, la que au oa i maba al homb e y la eológica.
Según es a in e p e ación, la mode nidad no adqui ió su legi imidad a
a és del pensamien o c is iano, sino que nació de la libe ación que se
57 Ma amao, Giacomo (1998): Cielo y ie a. Genealogía de la secula ización, Paidós, Ba -
celona y Koselleck, Reinha (2003): Acele ación, p ognosis y secula ización, P e-Tex os,
Valencia.
58 G. Ma amao, Cielo y ie a, p. 20.
59 Co e h, Eme ich (2006): Dios en la his o ia del pensamien o ilosó ico, Sígueme, Sala-
manca.
37
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
ob u o de la e medie al60. Sin emba go, du an e la edad Mode na la
g an mayo ía de los pensado es y cien í icos p osiguie on acep ando la
idea de Dios po lo que hab á que espe a a la Ilus ación pa a que se
p oduje a una au én ica up u a y se semba an las semillas in elec uales
de lo que ue la base explica i a del pa adigma secula izado . Po ello,
y al y como señala el especialis a en eligiones F édé ic Lenoi , la mo-
de nidad occiden al no puede se en endida sin el c is ianismo, po que
las ideas mode nas
no se han implan ado a a és de la Iglesia, sino en con a de la Iglesia,
que luchó con odas las ue zas (menguan es) po conse a sus p e oga-
i as y pode es. [aunque] La g an pa adoja, la i onía sup ema de la his o-
ia, es que el su gimien o mode no de la laicidad, los de echos humanos,
la libe ad de conciencia, odo lo que su gió en los siglos x i, x ii y x iii
con a la olun ad de los clé igos, se p odujo a a és del ecu so implíci o
y explíci o al mensaje o iginal de los E angelios61.
Po su pa e, el sociólogo de la eligión Rodney S a k ha de endido
que, a pesa de que muchas eces se limi a el c édi o eligioso al p o es an-
ismo, no se deben desdeña los siglos an e io es de c is ianismo62. De es a
o ma, y dejando de lado la deslegi imación ilus ada de la edad Media,
el c is ianismo p omo ió la ecnología y los a ances du an e esos siglos,
cuando en o as zonas del plane a se oponían a cie os a ances cien í icos
60 Blumenbe g, Hans (2008): La legi imación de la Edad Mode na, P e-Tex os, Valencia.
Un ace camien o al complejo pensamien o de Blumenbe g en Galindo He ás, Al-
onso (2006): «¿Au onomía o secula ización? Un also dilema sob e polí ica mode na»,
Reyes Ma e y José A. Zamo a (eds.), Nue as eologías polí icas. Pablo de Ta so en la
cons ucción de Occiden e, An h opos, Ba celona, pp. 117-137.
61 Lenoi , F édé ic (2010): El C is o ilóso o, A iel, Mad id. En es e sen ido ambién Gau-
che , Ma cel (2005): El desencan amien o del mundo. Una his o ia polí ica de la eligión,
T o a/ Uni e sidad de G anada, Mad id y Willaime, Jean-Paul (2001): «El c is ia-
nismo: ¿una eligión del po eni de la eligión?», en René Rémond (ed.), Los g andes
descub imien os del c is ianismo, Ediciones Mensaje o, Bilbao, p. 236.
62 S a k, Rodney (2005): The Vic o y o Reason: How Ch is iani y Led o F eedom, Capi-
alism and Wes e n Success, Random House, New Yo k. También Rémond, René (ed.)
(2001): Los g andes descub imien os del c is ianismo, Ediciones Mensaje o, Bilbao.
38
Joseba Louzao Villa
y ecnológicos. Asimismo, el capi alismo ambién adqui ió ing edien es
del c is ianismo, más allá de la é ica p o es an e del abajo, como se ha
des acado en el País Vasco du an e la edad Mode na g acias a las ó denes
eligiosas63.
Pese a es e eco ido, du an e el se ecien os en la al a sociedad ancesa,
a a és de una sociabilidad es ablecida en e ulias y salones, comenza on
a su gi los c í icos con la Iglesia ca ólica, de enso es de que una azón
que ya no ampa aba a la e. El p oyec o cul u al de la Encyclopédie subo -
dinó la eología a la iloso ía y, además, sup imió de es a úl ima cualquie
elemen o me a ísico64. Como ha des acado Hans Ul ich Gumb ech , «la
Ilus ación y el mo imien o de desca olización habían inculado dema-
siado es echamen e y de mane a inexo able a la philosophie con el an-
icle icalismo y el a eísmo»65. O lo que es lo mismo, pa a los philosophes
la eligión e a un conjun o de supe s iciones i acionales que i anizaban
al se humano y lo sumía en la igno ancia, la dependencia mo al y en
una in ancia supe s iciosa. Con odo, la Ilus ación debe se concebida
como un mo imien o mul i acé ico y complejo, ya que an o la ilus ación
alemana como la escocesa —y lo mismo pod ía deci se de la ilus ación
ame icana— no ue on an e ac a ias al hecho eligioso y, en algunos
casos, incluso u ie on unas aíces p o undamen e eligiosas66.
De es a o ma, la Re olución ancesa inició una dispu a con a la
Iglesia, y ab ió el camino de lo que un pas o p o es an e de la época
de inió como «la labo del siglo xix y su co onación»67. En oda Eu opa una
63 O azu, Al onso de y José Ramón Díaz de Du ana (2008): El espí i u emp endedo de
los ascos, Sílex, Mad id.
64 Blom, Philipp (2007): Encyclopédie. El iun o de la azón en iempos i acionales, Anag a-
ma, Ba celona.
65 Gumb ech , Hans Ul ich (2001): «¿Quiénes ue on los philosophes?», en Valen ina
To es Sep ién (coo d.), P oducciones de sen ido. El uso de las uen es en la his o ia cul u al,
Uni e sidad Ibe oame icana, México D.F., p. 319.
66 Ma hes, Joachim (1971): In oducción a la sociología de la eligión. I. Religión y sociedad,
Alianza, Mad id, pp. 58-67.
67 Ci . en Gauche , Ma cel (2003): La eligión en la democ acia, ElCob e Ediciones/ Uni-
e sidad Complu ense, Ba celona, p. 53.
39
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
eli e libe al se en en ó a la ins i ución eclesial68. Incluso hubo in en os de
c ea di e sas eligiones ci iles sus i u o ias. Po ejemplo, Augus e Com e
de endió su pa icula eligión basada en sus ideas sob e la his o ia de la
humanidad, que debía inaliza en una ase cien í ica o posi i is a donde
las ideas eligiosas desapa ece ían69. La g an mayo ía de los pensado es
de genealogía ilus ada en e el x iii y mediados del xix enían la i me
con icción que la eligión se es uma ía en pocas gene aciones, po lo que
la eligión siguió es igma izada como el p incipal enemigo de la libe ad,
del p og eso y de la azón. Es as ideas se con i ie on en el pode oso nexo
de unión en e la c í ica ilus ada y el pa adigma de la secula ización,
que la sociología e minó po es ablece como una e dad cien í ica. Los
dos máximos exponen es de es a in e p e ación sociológica ue on Emile
Du kheim y Max Webe , aunque desde pe spec i as con adic o ias.
SiDu kheim analizó el hecho eligioso desde las unciones que había
p es ado o p es aba a la sociedad, Webe basaba su in es igación en
el eco ido compa a i o de cómo la acionalización había conseguido
domina la ci ilización occiden al70.
Con pos e io idad, ambas endencias ue on combinándose pa a con-
e ge en un es able canon de la secula ización. A pesa de los pelig os de
semejan e ca ica u a, las esis que se han ido desa ollando a lo la go de las
décadas pod ían esumi se en es luga es comunes y una conclusión de i-
ni i a: 1) la secula ización implicó la pé dida de in luencia, en lo que pa a
algunos debe se de inido como un decli e, de la eligión en la sociedad
mode na cien í ico- écnica. Po lo an o, y desde es a pe spec i a, ue apa-
en emen e no mal que se p odujese un e oceso en las p ác icas y c een-
cias eligiosas; 2) la secula ización ambién es ableció la di e enciación y
au onomía en e las es e as, es deci , se p odujo un complejo p oceso de
68 Rémond, René (1999): Religion and socie y in mode n Eu ope, Blackwell Publishe s,
Ox o d.
69 G ay, John (2008): Misa Neg a. La eligión apocalíp ica y la mue e de la u opía, Paidós,
Ba celona, pp. 84-86.
70 Co de o del Cas illo, P isciliano (2007): In oducción a la sociología de la eligión,
Uni e sidad de Valladolid, Valladolid, pp. 36-44.
40
Joseba Louzao Villa
p i a ización de la eligión; 3) el desencan amien o del mundo, al y como
lo ca ac e izó Max Webe , posibili ó la desac alización y mundanización
de la ealidad. En conclusión: mode nidad y eligión en aban en ine i a-
ble con adicción, acili ando la agmen ación y ma ginalización de la e,
cuando no su comple a desapa ición, y la pé dida de la in luencia social
de las ins i uciones eligiosas71.
La secula ización se p esen ó así como un p oceso uni e sal e indisolu-
ble a la mode nización de las sociedades. Mien as la secula ización se ligó
al discu so de la mode nidad, la eligión se enlazó con la adición como
oposición a lo mode no, que a su ez se iden i icaba con el p og eso. Sin
emba go, la ealidad e a di e en e en Es ados Unidos, ya que la he encia
pu i ana aún pesaba en los o ígenes de la ciencia social72. Además, el desa-
ollo his ó ico del país había conjugado el p oceso de mode nización con
la eligiosidad. Es o no e i ó un i me acue do en e los in es igado es de
la eligión que con e ían a la secula ización en una p oposición de ca ác-
e uni e sal e indiscu ible o, en palab as de José Casano a, en la «doxa
del secula ismo»73. A ines de la década de los sesen a, Da id Ma in se
encon aba p ác icamen e solo en la a i mación de que la secula ización e a
más una he amien a ideológica an i eligiosa que un concep o cien í ico74.
Aunque más adelan e o as oces c í icas se ue on sumando, como la de
Je ey K. Hadden, llegando a a i ma que el pa adigma secula izado des-
cansaba en un comp omiso sac alizado de sus eó icos con el concep o75.
71 Louzao, Joseba (2008): «La ecomposición eligiosa en la mode nidad: un ma co con-
cep ual pa a comp ende el en en amien o en e laicidad y con esionalidad en la España
con empo ánea», Hispania Sac a, 121, pp. 331-354.
72 Vidich, A hu J. y S an o d M. Lyman (1985): Ame ican Sociology. Wo dly Rejec ions o
Religion and Thei Di ec ions, Yale Uni e si y, New Ha en, pp. 1-5.
73 Casano a, José (2006): «O odoxias secula es y he e odoxias eligiosas en la mode ni-
dad», en San iago Cas illo y Ped o Oli e (coo ds.), Las igu as del deso den. He e o-
doxos, p osc i os y ma ginados, Siglo XXI/ Asociación His o ia Social, Mad id, pp. 1-26.
74 Ma in, Da id (1969): The Religious and he Secula : s udies in secula iza ion, Rou ledge
& K. Paul, London.
75 Hadden, Je ey K. (1987): «Towa d Desac alizing Secula iza ion Theo y», Social Fo ces,
65/3, pp. 587-611.
41
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
Po su pa e, Rodney S a k y Roge Finke ol ie on a des aca que el es-
udio de la eligión se había is o egado po p ejuicios hacia las eligiones
y, en el caso eu opeo, con p oposiciones ue emen e an ic is ianas76. Unas
ideas que con i mó el his o iado Jean Pie e Ve nan , al con esa que su
o ma de enca a el ema de la eligión había enido que e más con sus
p ejuicios ideológicos que con un plan eamien o cien í ico77.
Po ello, la secula ización, como asegu aba Reinha Koselleck, se ha-
bía con e ido «en un eslogan amplio y di uso, sob e cuyo uso apenas es
posible alcanza un acue do»78. O os, como el sociológo Joan Es uch o el
eólogo bap is a Ha ey Cox, ca ac e iza on al concep o de secula ización
como un mi o79. Y es e úl imo caso es bas an e ep esen a i o del cambio
de opinión gene alizada i ido en las úl imas décadas, ya que Cox o mó
pa e de la eología que acep ó la secula ización como discu so, llegando a
elabo a eo ías en las que la secula ización in en aba es ablece un nue o
ma co donde habla de Dios y del mensaje c is iano a un homb e que a
causa de la secula ización i ía en un a eísmo p ác ico80. E a el sín oma
de la gene alización de la acep ación de es e iejo pa adigma ambién
en e los eligiosos. Pe o p on o es as eologías del secula ismo se ie on
sob epasadas po la ealidad. El diagnós ico ca egó ico de Rodney S a k
ue concluyen e: «Secula ización, R.I.P.»81. En es e eplan eamien o am-
76 S a k, Rodney y Roge Finke (2000): Ac s o Fai h. Explaining he Human Side, Uni e -
si y o Cali o nia P ess, Be keley, pp. 1-23.
77 Lance os, Pa xi y F ancisco Díez de Velasco (2008): «In oducción», en Pa xi Lan-
ce os y F ancisco Díez de Velasco (eds.); Religión y iolencia, Cí culo de Bellas A es,
Mad id, p. 11.
78 R. Koselleck, Acele ación, p ognosis, p. 41.
79 Cox, Ha ey (2000): «The My h o he Twen ie h Cen u y. The Rise and Fall o Secu-
la iza ion», Japan Jou nal o Religious S udies, 27/1-2, pp. 1-13 o Es uch, Joan (1994):
«El mi o de la secula ización», en Ra ael Díaz-Salaza , Sal ado Gine y Fe nando
Velasco (eds.), Fo mas mode nas de eligión, Alianza, Mad id, 1994, pp. 266-280.
80 Cox, Ha ey (1968): La ciudad secula : secula ización y u banización en una pe spec i a
eológica, Península, Ba celona, y Gibellini, Rosino (1998): La Teología del siglo xx, Sal
Te ae, San ande , pp. 133-163.
81 S a k, Rodney (1999): «Secula iza ion, R.I.P.», Sociology o Religion, 60/ 3, pp. 249-273.
48
Joseba Louzao Villa
ca olicismo amilia a la up u a y la búsqueda espi i ual107. Es deci , la
eligiosidad ha es ado p esen e cons an emen e en el mundo con empo á-
neo, sea de una o ma ins i ucionalizada o no108. No se debe ol ida que
ese mundo de la acionalidad écnica de la indus ialización ajo consigo
una búsqueda de sal ación po o os canales. Desde el espi i ismo a la
idencia, pasando po los di e sos mo imien os ocul is as, hubo una su-
pues a «huida al i acionalismo»109. Muchas de es as ealidades han sido
a adas po los his o iado es como enómenos ma ginales, pe o, a pesa
de lo limi ado de su alcance, demos a on que la eligiosidad no se ago aba
en la p ác ica ins i ucionalizada. Todo ello es ambién la mani es ación
de una ica y amplia gama de salidas de las eligiones his ó icas, que no
enían que desemboca necesa iamen e en el alejamien o eligioso, ni en
el a eísmo, lo que muchas eces pa ecen señala los es udios his ó icos.
An e es a disyun i a y, no po casualidad, en Es ados Unidos su gió
una nue a o ma de en ende el hecho eligioso, que es ableció un au-
én ico pa adigma al e na i o de in e p e ación bajo la denominación de
« eo ía económica de la eligión»110. G acias a es as cons a aciones c í icas,
pa a bas an es in es igado es e a e iden e que el pa adigma secula izado
se encon aba o pedeado po nume osas con adicciones empí icas. Así,
algunos sociólogos in en a on elabo a una explicación más adecuada a
la e olución de la eligión en el mundo con empo áneo. En e los más
des acados, y elacionados en e sí po nume osos abajos colec i os, se
encuen an Rodney S a k, S hepen Wa ne , William S. Bainb idge o el
107 Louzao, Joseba (2008): «Los idealis as de la F a e nidad Uni e sal. Una ap oximación
a la his o ia del mo imien o eosó ico español (c. 1890-1939)», His o ia Con empo ánea,
37, pp. 501-529.
108 C. G. B own, «A Re isionis App oach», pp. 55-56.
109 Linse, Ul ich (2002): Viden es y milag e os. La búsqueda de la sal ación en la e a de la indus-
ialización, Siglo XXI, Mad id, p. 2; Lenoi , F édé ic (2000): El Budismo en Occiden e,
Seix Ba al, Ba celona o Washing on, Pe e (1995): El mand il de Madame Bla a sky,
Des ino, Ba celona.
110 L. R. Iannaccone, «In oduc ion o he», pp. 1465-1496 y F ige io, Alejand o (2000):
«Teo ías económicas aplicadas al es udio de la eligión: ¿hacia un nue o pa adigma?»,
Bole ín de Lec u as Sociales y Económicas, 34, pp. 34-50.
49
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
economis a Law ence R. Iannaccone. Con es a no edosa y adical isión
de la eligión en la mode nidad se ha conseguido in oduci en el análisis
del hecho eligioso la elección acional, ya que ha de endido desde los
inicios que no hace al a se una pe sona eligiosa pa a pode en ende
la acionalidad que exis e de ás de los compo amien os c eyen es111. No
es de ex aña , po an o, que es as ideas descansen sob e la c í ica a la
p esunción i acionalis a de los compo amien os eligiosos y sob e los
concep os de o e a y demanda.
Pa a es os in es igado es la eligión se basa «gene almen e en cálculos
de cos e y bene icio y es acional en el mismo sen ido que lo es o o ipo de
conduc a humana»112. En ienden que las eligiones son emp esas sociales,
po lo que in oducen concep os ecogidos de la eo ía económica, como
los de monopolio, des egulación, consumido es o me cado. Las c een-
cias eligiosas posibili a ían así la ob ención de ecompensas imposibles
de consegui po medios mundanos. Es deci , desde es e ace camien o
económico se «asume que el compo amien o eligioso puede se an a-
zonable como cualquie o a o ma de ac i idad humana»113. S a k a i ma
en sus abajos que la demanda se man iene cons an e en el iempo, así
que el cambio eligioso se debe explica a a és de la o e a114. En de i-
ni i a, es as a iaciones de la o e a se pod ía explica como un in en o
po pa e de las ins i uciones eligiosas de o ece p oduc os a ayen es
an e las necesidades cambian es de las pe sonas115. Po an o, se án las
mejo es adap aciones las que con más acilidad se adecúen a es e sis ema
de economía eligiosa.
111 Una c í ica en B uce, S e e (1999): Choice and Religion: A C i ique o Ra ional Choice
Theo y, Ox o d Uni e si y P ess, Ox o d.
112 R. S a k y R. Finke, Ac s o Fai h, p. 56.
113 S a k, Rodney (2006): «Economics o Religion», en Segal, Robe . A: The Blackwell
Companion o he S udy o Religion, Malden, p. 48.
114 Finke, Roge y Lauw ence R. Iannaccone (1993): «Supply-Side Explana ion o Reli-
gious Change», The Annals o he Ame ican Academy, 527, pp. 27-39.
115 Véase, po ejemplo, el análisis de la década de los ein e de Allende, L. (1929): Los
a abales de Bilbao y sus necesidades eligiosas, Edi o ial Vizcaína, Bilbao.
50
Joseba Louzao Villa
Según es a discu ida eo ía, y en con a de lo es ablecido du an e
décadas, la di e enciación es una pa e cons i u i a del mundo mode no
y ha pa icipado ac i amen e en la ans o mación eligiosa du an e la
con empo eaneidad. El plu alismo pa icipa de es a explicación, po que
cuan o más plu al sea una sociedad más al a se á la pa icipación eligiosa
o, lo que es lo mismo, de ienden en con a del pa adigma dominan e que
a mayo plu alismo el hecho eligioso sald á más o alecido, y cuando
exis a monopolio su gi á la apa ía eligiosa. Incluso han llegado a sos ene
que los pun os de pa ida his ó icos del pa adigma de la secula ización son
e óneos, ya que en la época medie al e a la indi e encia, y no la e, lo
que dominaba en ma e ia eligiosa o, como des acó en su clásico es udio
Jean Delumeau, du an e el siglo x iii lo que ealmen e exis ía y pe i ía
e a «una ci ilización de cos umb e»116. Además, la pa icipación eligiosa
medie al necesa iamen e debía se meno debido a la escasez de sace do es
y su débil p epa ación en las zonas u ales más densamen e pobladas. Po
ello, nunca exis ió una p en edida edad de o o eligiosa y la baja pa i-
cipación eligiosa eu opea se debe ía explica como consecuencia de es a
egulación his ó ica de las iglesias ins i ucionalizadas.
Y, po úl imo, en lo que quizá sea uno de los mayo es acie os de es a
eo ía, no se a a de a i ma que la disminución eligiosa es imposible,
sino que hay que a a de explica dichas a iaciones. Po ello, se e ie-
en a una desac alización y di e enciación social, que no epe cu e en la
impo ancia y el luga que ocupa la eligión in idualmen e. Po que la di-
e enciación conlle a una indi idualización que e mina po pe sonaliza
el consumo eligioso. Además, ampoco se puede liga una baja pa icipa-
ción en los cul os semanales con la al a de eligiosidad y espi i ualidad.
Sin asumi las po comple o, es as e isiones de los pos ulados cen ales
del pa adigma de la secula ización nos pueden se i pa a comenza a
elabo a un ma co in e p e a i o al e na i o, en un in en o de escapa del
pun o mue o que o ecen es os deba es en el iejo pa adigma eu opeo,
que solo llega explica –y no globalmen e– el caso eu opeo. Aunque so-
116 Delumeau, Jean (1973): El ca olicismo de Lu e o a Vol ai e, Labo , Ba celona, pp. 263-
266.
51
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
mos conscien es de la di icul ad del empeño, po que quizá ningún modelo
puede ayuda nos a euni odas las piezas in e p e a i as del complejo
puzzle de la eligión en la mode nidad. No obs an e, cons a a los allos
del pa adigma secula izado no necesa iamen e conlle a la consecución
de una explicación adecuada de la ealidad social y cul u al. El ejemplo
p incipal ya ha sido des acado an e io men e: ¿po qué en Eu opa oda ía
hay una al a asa de c eyen es, que supe a holgadamen e a la de los que se
mani ies an a eos, pe o sin emba go es a c eencia no les hace pa icipa
de las obligaciones ma cadas po las ins i uciones eligiosas?
2. De ecomposiciones, moDe niDaDes e iDen iDaDes
Si bien algunos in es igado es se han e e ido a una me amo osis pa a
desc ibi los cambios p oducidos en el hecho eligioso du an e la mo-
de nidad, nos pa ece más opo uno ca ac e iza es e p oceso como el de
ecomposición eligiosa117. Al sus i ui el concep o de secula ización po el
de ecomposición a amos de a ende a las ambi alen es ans o maciones
eligiosas que se han p oducido en la mode nidad, ya que la e y las ins i-
uciones eligiosas se han adap ado a ella y se han eacondicionado an e el
cambio. Fue Robe Wu hnow quien des acó que la eligión es un enóme-
no elás ico que «se adap a a su en o no a a és de complejos caminos»118.
En o as palab as, como ha eco dado el sociólogo i aliano Luca Dio alle i,
la eligión solo sucumbe a la mode nidad si no se mode niza ella misma119.
Po lo an o, y en p ime luga , hab á que econoce que la mode nidad
no es á en en ada a la eligión, aunque la elación en e ambas sea com-
pleja y dinámica. En ealidad, ni siquie a se puede deci que la eligión se
oponga o se si úe an e o en e. La eligión se si úa en la mode nidad o,
117 F. Lenoi : Las me amo osis o J. Es uch, «El mi o de», p. 280.
118 Wu hnow, Robe J. (1988): «Sociology o Religion», en Neil J. Smelse (ed.), Hand-
book o sociology, Sage Newbu y Pa k, p. 475.
119 Dio alle i, Luca (2001): Il ompicapo della secola izzazione i aliana. Caso i aliano, eo ie
ame icane e e isione del pa adigma della secola izzazione, Rubbe ino Edi o e, So e ia
Mannelli, p. 17.
52
Joseba Louzao Villa
pod íamos con eni , en las múl iples mode nidades, po que los p incipios
mode nos pe mi en plasmaciones di e sas120. El deba e es ab umado po
lo que en es as páginas solo se ecoge á un aspec o conc e o del mis-
mo121. A pesa de las c í icas cohe en es sob e los lími es concep uales de
la mode nización, ampoco hay ninguna concep ualización mejo pa a
sus i ui la y aún man iene un g an alo analí ico pa a desc ibi los cam-
bios p oducidos du an e la Res au ación122. En endemos la mode nización
«como la modi icación de compo amien os y ac i udes, de modos de ida
y de o ganización social pe o ambién, en segundo luga , como la pe cep-
ción de dichos cambios, el en endimien o de lo que es aba ocu iendo de
o ma con empo ánea a los hechos»123.
Desde es a pe spec i a, se puede p opone como hipó esis de pa ida la
con o mación en el campo ca ólico de posicionamien os que ambicionaban
una «mode nidad de ensi a», un concep o con el que se p e ende ecoge
la ensión i ida en ámbi os cul u ales en e lo mode no y adicional y
que se puede de ini como «la p omoción de e o mas y el uso de cualquie
elemen o polí ico, ins i ución o medio mode no con el in de es abiliza y
ga an iza el s a u quo igen e has a que queda inco po ado y se con ie e
en pa e de la adición». Y es que, en pa alelo a las di e sas condenas al
mundo mode no, la Iglesia ca ólica ac uó como un ac i o agen e de mo-
de nización u ilizando los medios que la mode nidad había pues o a su
alcance124. Po ello, y a pesa de la ca ac e ización, el ca olicismo no dudó
120 Einsens ad , Shmuel N. (ed.) (2005): Mul iple mode ni ies, T ansac ion Publishe s,
New B unswick.
121 Goody, Jack (2005): Capi alismo y mode nidad: el g an deba e, C í ica, Ba celona.
122 Ca ne o A ba , Te esa (1992): «In oducción», en Te esa Ca ne o A ba (ed.), Mo-
de nización, desa ollo polí ico y cambio social, Alianza, Mad id, pp. 9-34. También Cas-
ells, Luis (1997): «El nacionalismo asco (1890-1923): ¿una ideología mode nizado-
a?», Aye , 28 (1997), pp. 127-162.
123 Pa a es a ci a y la siguien e Caspis egui, F ancisco Ja ie (2010): «Mode nidad de en-
si a: p opues a de concep o», ex o inédi o p esen ado al Semina i d’His o ia Cul u al
Uni e si a de València, Valencia.
124 Lag ée, Michel (1992): Religion e cul u es en B e agne (1850-1950), Faya d, Pa is y
Fouilloux, É ienne (2002): «Iglesia Ca ólica y mundo mode no (siglo xix y xx)», en
53
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
en oma una ac i ud o ensi a en dis in as coyun u as his ó icas, pe o
siemp e con la in ención de ga an iza su posición p eeminen e y lo que
conside aban sus de echos inealienables.
Po o o lado, di icul ades eó icas simila es ocasionan los deba es so-
b e las posibles de iniciones de la eligión125. En es e sen ido, y pa a
segui a anzando en nues o p opósi o, la eligiosidad es mucho más que
p ác icas y c eencias, ya que ambién incluye una e, una iden idad y es á
elacionada con mecanismos i ales no cogni i os, como las emociones126.
De es a o ma, no es ex año que Ca oline Fo d señalase que la his o io-
g a ía debía esponde a p egun as sob e la con ibución eligiosa a o as
iden idades cul u ales y de géne o127. Una in i ación que en España solo
en echas muy ecien es se ha comenzado a ene p esen e128. Y si abo da
el hecho eligioso es complicado po su condición mul i acé ica, no lo es
menos analiza la p oblemá ica iden i a ia, a pesa de las ede iniciones
eó icas de las úl imas décadas. Como sos u o Zygmun Bauman, «la
in ensa a ención p es ada hoy en día a la cues ión de la iden idad es en si
misma un hecho cul u al de g an impo ancia»129. A ni el his o iog á i-
co, puede que el éxi o de es e concep o se deba, como ya insinuó Ca los
Paul Aube (ed.), Religión y sociedad en España (siglos xix y xx), Casa de Velázquez,
Mad id, pp. 81-84.
125 Kunin, Se h Daniel y Jona han Miles-Wa son (eds.) (2006): Theo ies o Religion: a
Reade , Ru ge s Uni e si y P ess, New B unswick.
126 Lyon, Da id (2002): Jesús en Disneylandia. La eligión en la posmode nidad, Cá ed a,
Mad id, p. 47.
127 Fo d, Ca oline (1993): «Religion and Popula Cul u e in Mode n Eu ope», Jou nal o
Mode n His o y, 65, p. 175.
128 Cue a Me ino, Julio de la (1999): «La cons ucción de una iden idad ca ólica egional:
la Bien Apa ecida, Pa ona de la Mon aña», en I Encuen o de His o ia de Can ab ia (Vol.
2), Uni e sidad de Can ab ia, San ande , pp. 964-981; ÍD. (1999): «Cul u a y mo ili-
zación en el mo imien o ca ólico de la Res au ación (1899-1913)», en Manuel Suá ez
Co ina (ed.), La cul u a española en la Res au ación, Sociedad Menéndez Pelayo, San-
ande , pp. 169-192; o Salomón Chéliz, Ma ía Pila (2002): «El discu so an icle ical en
la cons ucción de una iden idad nacional española epublicana (1898-1936)», Hispania
Sac a, 54, pp. 485-497.
129 Bauman, Zygmun (2002): La cul u a como p axis, Paidós, Ba celona, p. 51.
54
Joseba Louzao Villa
Fo cadell, a p e endidas in oducciones no edosas en una his o iog a ía
pe i é ica que «se educen a aplica un baño de lenguaje más o menos
ac ual, en apa iencia, a emas clásicos de his o ia social»130.
A pesa del dominio cons uc i is a, somos poco escép icos an e
unasiden idades que cons an emen e se na u alizan. Y es que el concep o
de iden idad no deja de se una o o ija, dando p eeminencia a lo in a ia-
ble al iempo que se ob ia el mo imien o e, incluso, el aza en el cons uc o
iden i a io. Las señas de iden idad no son más que una señalización de
unos aspec os di e enciado es basados simplemen e en ca ac e ís icas, ea-
les o imagina ias, ex aídas de un cuad o mucho más amplio e ines able.
En ealidad, la iden idad se con ie e en una sinécdoque iluso ia di ícil-
men e alsable a la luz de la ciencia131. De es a o ma, cuando hablemos de
iden idad en es e abajo nos es a emos e i iendo a la au oiden i icación
colec i a e indi idual, que solo puede se explici ada a a és de sus p opias
na aciones, en un momen o y espacio conc e o132.
Es sabido que el se humano necesi a de la iden idad pa a su anclaje
en la ealidad, lo que le o ece sen ido de pe enencia a un g upo y a un
ma co es able y compa ido de alo es (la comunidad). La au oiden i ica-
ción a a de esponde a una se ie de p egun as a a és de una na ación
biog á ica pe sonal y comuni a ia. La o ja de iden idades colec i as iene
una his o icidad que si e pa a que los ac o es sociales de inan la idea de
un noso os compa ido y la con aiden i icación del oponen e. Las iden-
idades se c ean, se ea i man y se sup imen den o de p ocesos his ó icos.
Suelen se cohe en es, pe o no po ello dejan de se con adic o ias. Como
130 Fo cadell, Ca los (2005): «La his o ia social, de la clase a la iden idad», en Elena He -
nández Sandoica y Alicia Langa (eds.), Sob e la his o ia ac ual. En e polí ica y cul u a,
Abada, Mad id, p. 18.
131 Gómez Ga cía, Ped o (2000): «Las desilusiones de la iden idad. La e nia como seu-
doconcep o», en Ped o Gómez Ga cía (coo d.), Las ilusiones de la iden idad, Cá ed a,
Mad id, pp. 29-54 y B ubake , Roge s y F ede ick Coope (2005): «Más allá de la
iden idad», en Loïc Wacquan (di .), Repensa los Es ados Unidos. Pa a una sociología del
hipe pode , An h opos, Mad id, pp. 178-208.
132 Ucelay da Cal, En ic (2009): «La oz del au o en la his o iog a ía», en Mau ició
Janué i Mi e (ed.), Pensa his ò icamen : è ica, ensenyamen i usos de la his ò ia, Publica-
cions de la Uni e si a de València, València, pp. 171-195.
55
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
insis ía Giulia Cal i, «el yo y la subje i idad son, pues, elemen os elacio-
nales que se de inen en el in e io de una se ie de pe enencias eales y
simbólicas»133. Así, la iden idad de un indi iduo iene es dimensiones in-
e elacionadas en e sí que la con o man: la dimensión cognosci i a, que
pe mi e a los miemb os de un g upo de ini se como ales; la dimensión
alo a i a, que acili a la di e enciación con o os g upos; y la nada desde-
ñable dimensión emocional, que o ece un sen imien o de pe enencia134.
Po o a pa e, la memo ia co e pa alela a la au oiden i icación, po lo
que se á in e esan e y uc í e o usa algunas de las conclusiones a las que
llega de He ieu-Lége as incula la memo ia colec i a a la c eencia
eligiosa. Es és a una de inición de la c eencia eligiosa que conjuga es
elemen os suge en es: la exp esión de un c ee , la memo ia de una con i-
nuidad y la e e encia legi imado a a una e sión au o izada de esa memo-
ia, es deci , la adición135. Es a adición se á cla e pa a la cons ucción
de las iden idades eligiosas en las sociedades mode nas, como se des aca
al señala el desa ollo de una « adición in en ada» po pa e del ca oli-
cismo español du an e la Res au ación136. No hay que desdeña , po an o,
el g an po encial c ea i o y mo ilizado de la eligión. La memo ia es una
mediación que con ibuye a a ianza el sen ido de pe enencia y consigue
«almacena expe iencias y pode bene icia se de dichas expe iencias en su
ac uación u u a»137.
Po an o, la memo ia se con ie e en el pegamen o g upal que o ece
consenso y si e pa a la di e enciación social. Pe o es o no puede hace -
nos ol ida que en oda sociedad exis e una plu alidad de comunidades y
133 Cal i, Giulia (1995): «In oducción», en Giulia Cal i (ed.), La muje ba oca, Alianza,
Mad id, p. 20.
134 Taj el, Hen i (1984): G upos humanos y ca ego ías sociales, He de , Ba celona.
135 D. He ieu-Lége , La eligión, pp. 154-167 y 201-266.
136 Cue a Me ino, Julio de la (2000): «Ca ólicos en la calle: la mo ilización de los ca ólicos
españolas, 1899-1923», His o ia y Polí ica, 3, pp. 55-80, siguiendo a Hobsbawm, E ic J.
y Te ence Range (eds.) (2002): La in ención de la adición, C í ica, Ba celona.
137 Balles e os, Soledad (1999): «Memo ia humana: in es igación y eo ía», Psico hema,
11/4, p. 705.
56
Joseba Louzao Villa
au oiden i icaciones colec i as. Cualquie pe sona se imb ica iden i a ia-
men e en más de un g upo simul áneamen e y sucesi amen e, sin po ello
cae necesa iamen e en el con lic o. Con odo, se necesi an las emociones
pa a que es e andamiaje uncione138. Somos esencialmen e se es emocio-
nales po lo que es imposible en ende a ningún suje o social a pa i so-
lamen e de sus ideas y cogniciones139. Como señaló el neu ólogo An onio
Damasio, las emociones juegan un papel básico den o del azonamien o
y la oma de decisiones140. De es a o ma, las emociones se con ie en en
el «pegamen o» que une a los indi iduos den o de cualquie mo imien o
social y e minan o aleciendo la solida idad y la au oiden i icación pe -
sonal en e sus miemb os141.
La ecomposición ca ólica: en e el esu gimien o y la emi-
nización
La ecomposición eligiosa lle ada a cabo po el ca olicismo du an e la
edad Con empo ánea acili ó la con o mación de un «nue o ca olicismo»142.
T es ac o es u ie on especial ele ancia en es e sen ido: el enacimien o
eligioso, la eminización de la eligión y el con lic o no ma i o en o no a
su posición polí ico-social. A pa i de algunas de es as ans o maciones,
se ue con o mando a lo la go de los siglos xix y xx un «suje o eligioso
mode no» alejado de la cul u a eligiosa que dominaba has a en onces143.
138 La o e Ca alán, Ma a (2005): «Los mo imien os sociales más allá del gi o cul u al:
apun es sob e la ecupe ación de las emociones», Polí ica y Sociedad, 42/2, pp. 37-48.
139 Be ica , Edua do (2000): «La sociología de la emoción y la emoción en la sociología»,
Pape s, 62, pp. 145-176.
140 Damasio, An onio (2006): El e o de Desca es, C í ica, Ba celona.
141 Collins, Randall (2001): «Social mo emen s and he ocus o emo ional a en ion», en
Je Goodwin, James Jaspe s y F ancesca Polle a (eds.), Passiona e poli ics: emo ions and
social mo emen s, The Uni e si y o Chicago P ess, Chicago, pp. 27-44.
142 Cla k, Ch is ophe (2003): «The New Ca holicism and he Eu opean cul u e wa s», en
Ch is ophe Cla k y Wol am Kaise (eds.), Cul u e Wa s. Secula -Ca holic con lic in
Nine een h-Cen u y Eu ope, Camb idge Uni e si y P ess, Camb idge, pp. 11-46.
143 F. Lenoi , Las me amo osis, pp. 32-45.
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Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
Tampoco debemos concen a nos en la segunda mi ad del siglo xx pa a
econoce algunos de es os cambios e ec i os, ya que una de oción como
el Sag ado Co azón de Jesús se ans o mó, pese a su con enido an ili-
be al, en un impo an e mecanismo pa a el a ance en la c eación de la
indi idualidad mode na144. Además, la singula idad p o es an e sob e la
o mación del suje o debe se ma izada, po que o as o mas de espi i ua-
lidad hicie on lo p opio en el campo ca ólico145.
A pesa de la p eeminencia explica i a que se ha o o gado a los a an-
ces secula izado es, du an e el siglo xix ambién se i ió en oda Eu opa
un enacimien o eligioso. Un e i al que mani ies a, po o o lado, los
p opios lími es del pa adigma in e p e a i o de la secula ización. De es a
mane a, se ecupe a on y a ianza on a lo la go del siglo xix, y has a
bien en ado el xx, di e sas o mas de piedad en un p oceso en el que
e mina on po con lui y con e ge an o de ociones popula es como
o odoxas. El osa io, las de ociones ma ianas, las pe eg inaciones, el
cul o del Sag ado Co azón, los Jubileos, la igu a del Papa y los discu sos
de egene ación c is iana nacionales o egionalis as se con i ie on en los
pila es básicos de un mo imien o eligioso que ambién ue polí ico. De
hecho, an o en España como en o os países eu opeos y la inoame icanos,
la Iglesia ca ólica po enció es e ipo de eligiosidad pa a lucha con a la
e olución libe al146. La e i alización comenzó a adqui i un pe il simila
en odo el ca olicismo eu opeo. Asimismo, en es e lo ecimien o ca ólico
ambién pa icipa on las nue as undaciones eligiosas, con su ex ensa
ed de es ablecimien os educa i os y de asis encia; el esu gimien o de
144 Nagle, Jean (1998): La ci ilisa ion du coeu . His oi e du sen imen poli ique en F ance du
xiie au xixe siècle, Pa is, Faya d, 1998, p. 318.
145 Bolu e , Mónica (2005): «Iden idad indi idual y ínculos sociales en el An iguo Ré-
gimen: algunas e lexiones», en Isabel Bu diel y J. C. Da is (eds.), El o o, el mismo:
biog a ía y au obiog a ía en Eu opa: (Siglos x ii-xx), Publicacions Uni e si a de València,
València, p. 140.
146 Cas o, Deme io (2003): «La eligiosidad popula en España. De la c isis del An iguo
Régimen a la sociedad indus ial. Algunas cues iones pa a su es udio», en Jo ge U ía
(coo d.), La cul u a popula en la España Con empo ánea. Doce es udios, Biblio eca Nue a,
Mad id, pp. 29-43 o Figue ola, Jo di (1999): «Mo imien o eligioso, agi ación social y
mo ilización polí ica», His o ia Social, 35, pp. 43-63.
64
Joseba Louzao Villa
Po o o lado, y en e e encia a la ecomposición eligiosa, el en en-
amien o en e cle icales y an icle icales se con i ió en un «con lic o
no ma i o» que in luyó en el desa ollo polí ico de los países de adición
ca ólica, aunque dicho con lic o ambién se puede ex apola a o os países
de eligión no c is iana170. En de ini i a, un en en amien o en el que se
deba ía sob e la posición de las ins i uciones eligiosas en el mundo mo-
de no. Es as con on aciones no ma i as u ie on desa ollos muy di e -
sos en Eu opa como consecuencia de las di e en es adiciones eligiosas
y de las coyun u as polí icas. En España, la e olución libe al e osionó
la cen alidad no ma i a que había desa ollado du an e siglos la Iglesia,
que se había con e ido en un ins umen o capi al de la au o idad y del
Es ado171. Es a inculación polí ica con el pode y su p eeminencia social
ans o mó el deba e sob e el papel que debía juga la Iglesia en una de
las líneas cen ales de la his o ia con empo ánea española has a la desac-
i ación pací ica del con lic o du an e la T ansición, donde se llegó a un
cie o consenso en ma e ia eligiosa172.
Me ece la pena p ecisa , an es de con inua , lo que en endemos po
con lic o no ma i o, una de inición que Pe e L. Be ge in en a pi o a
en elación a dos cues iones básicas: ¿quiénes somos? y ¿cómo hemos de
con i i ?173 Po an o, pod íamos de ini que un con lic o no ma i o es
aquella pugna polí ico-cul u al que se p oduce den o de cualquie socie-
dad plu al sob e aspec os undamen ales de su p opia de inición y au oi-
den i icación colec i a. En el ámbi o de es a dispu a polí ica, ue donde
se die on ci a los alo es y los in e eses de los dis in os g upos —que a su
ez se hallaban di ididos en di e en es cul u as polí icas—, pa a cons ui
170 Be ge , Pe e L. (ed.) (1999): Los lími es de la cohesión social. Con lic os y mediación en las
sociedades plu ales, Galaxia Gu enbe g/ Cí culo de Lec o es, Ba celona.
171 Callahan, William (1989): Iglesia, pode y sociedad en España, 1750-1874, Ne ea, Ma-
d id e Íd. (2002): La Iglesia Ca ólica en España (1875-2002), C í ica, Ba celona; Lannon,
F ances (1990): P i ilegio, pe secución y p o ecía. La Iglesia en España, 1875-1975, Alianza,
Mad id; And és-Gallego, José y An ón M. Pazos (1999): La Iglesia en la España con-
empo ánea I. 1800-1936, Encuen o, Mad id.
172 J. Casano a, Religiones públicas.
173 P. L. Be ge , Los lími es de la cohesión, p. 520.
65
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
las di e sas iden idades colec i as, que ambién se econs uye on en un
p oceso cons an e. Asimismo, no se debe ol ida que es e en en amien o
se di imió en onces den o de un con ex o ma cado po los lími es de la
in eg ación ciudadana al sis ema libe al diseñado po el égimen es au a-
cionis a y que ag andó la p opia ac u a no ma i a174.
De es a o ma, y cuan o más opues as ue on las con icciones no ma i-
as, la on e a en e ambos g upos se encon ó mejo delimi ada, en oca-
siones con la exclusión o al del ad e sa io polí ico. La ic o ia del con a-
io podía signi ica no solo una de o a polí ica, sino una g a e amenaza
pa a la pe i encia de la mo al y de los alo es de endidos po el g upo.
En momen os conc e os de dicho an agonismo no es exage ado a i ma , a
pesa de las de iciencias concep uales que se le puedan achaca al é mino,
que se p odujo una au én ica «gue a cul u al»175. Es e polémico concep o
desde su o igen se ha ligado a los deba es sob e la de inición eligiosa de
la sociedad, ya que la ca ac e ís ica p incipal de es os en en amien os es el
disenso en elación al papel social y polí ico de la eligión po lo que puede
esul a de g an pe inencia su uso en es e es udio de caso176. De hecho,
pa a algunos au o es se p odujo du an e el p ime e cio de siglo un «iso-
mo ismo ideológico» y la e e encia a la gue a cul u al pe mi e desc ibi
unas si uaciones conc e as donde la adicalización de pos u as acili ó una
hos ilidad co idiana, que incluso llegó a episodios de iolencia ex ema177.
174 A anz No a io, Luis (2008): «Libe alismo, democ acia y e olución en Eu opa (1830-
1939). Los casos de F ancia, I alia, Alemania y Reino Unido», en Ma cela Ga cía Se-
bas ián y Fe nando del Rey Reguillo (eds.), Los desa íos de la libe ad. T ans o mación
y c isis del libe alismo en Eu opa y Amé ica La ina, Biblio eca Nue a, Mad id, pp. 23-63.
175 Hun e , James Da idson (1991): Cul u e Wa s: The S uggle o De ine Ame ica, Basic
Books, New Yo k.
176 Cla k, Ch is ophe y Wol am Kaise (eds.) (2003): Cul u e Wa s. Secula -Ca holic
con lic in Nine een h-Cen u y Eu ope, Camb idge Uni e si y P ess, Camb idge; Molina,
Fe nando (2008): «De la his o ia a la memo ia. El ca lismo y el p oblema asco (1868-
1978)», en El ca lismo en su iempo: geog a ías de la con a e olución, Gobie no de Na a a,
Pamplona, pp. 167-204; Lebo ics, He man (1992): T ue F ance: The Wa s o e Cul u al
Iden i y, 1900-1945, Co nell Uni e si y P ess, I haca.
177 O iedo To ó, Lluís (2005): «¿Hacia una nue a gue a cul u al en España y Eu opa?»,
Razón y Fe, 1277, pp. 211-212.
66
Joseba Louzao Villa
P ecisamen e, ue on en es as coyun u as cuando las o ganizaciones o
ins i uciones que ges iona on el con lic o pudie on in oduci en la diná-
mica polí ica el uso de la iolencia como una demos ación del po encial
de su ue za. En es os casos, se consiguió minimiza el disenso g upal
consolidando la cohesión in e na y con o mando una ue e inculación
emocional a a és de di e sos símbolos y i uales178. En consecuencia,
el uso de la iolencia an icle ical ue no edosa y como esul ado de la
adap ación de plan eamien os mode nos, como ya es ableció Deme io
Cas o179. Son múl iples los ejemplos sob e es e ipo de iolencia, an o
en la España es au acionis a como du an e el pe iodo epublicano, que
alimen a on la «secula ización con lic i a», un in e esan e concep o se es á
comenzando a u iliza pa a explica la expe iencia española180. Incluso es
e iden e que es a p esun a pe secución an icle ical, que ue i ida como
una cons an e ag esión a los de echos de los ca ólicos, e o zó a la Iglesia.
La es au ación ca ólica se basó en una plasmación e ó ica de un pasado
épico y glo ioso en el que dominaba el consenso eligioso. Po lo an o,
la e ó ica de la Reconquis a se con i ió en un eje del con lic o du an e
el p ime e cio del siglo xx, acili ando el uso de odo ipo de acciones y
mo ilizaciones colec i as con los di e sos ecu sos ma e iales y simbólicos
del ca olicismo español.
Igualmen e, con iene eco da que esa pé dida de cen alidad no ma-
i a ocu ió en España du an e la p ime a pa e del siglo xix, aunque la
decadencia ya había comenzado a ines del siglo an e io . La Iglesia se
con i ió así en uno de los p incipales enemigos del Es ado libe al, que
178 González Calleja, Edua do (2002): La iolencia en la polí ica. Pe spec i as eó icas sob e
el empleo delibe ado de la ue za en los con lic os de pode , Consejo Supe io de In es igacio-
nes Cien í icas, Mad id.
179 Cas o, Deme io (1997): «Cul u a, polí ica y cul u a polí ica en la iolencia an icle-
ical», en Ra ael C uz y Manuel Pé ez Ledesma (eds.), Cul u a y mo ilización en la
España con empo ánea, Alianza, Mad id, pp. 86-87.
180 Cue a Me ino, Julio de la y Feliciano Mon e o (2007): La secula ización con lic i-
a. España (1898-1931), Biblio eca Nue a, Mad id. También Monika Wohl ab-Sah ,
Thomas Schmid -Lux y U a Ka s ein (2008): «Secula iza ion as Con lic », Social
Compass, 55/2, pp. 127-139.
67
Ni uego, ni agua: hacia un ma co eó ico
es aba a acando las bases de los p i ilegios eclesiás icos. Has a en onces
la mona quía hispánica se había asen ado en la conocida conjunción en e
el T ono y Al a , con o mando una mona quía que c eía ene una mi-
sión di ina. La mona quía había sido no acceso iamen e sino en esencia
ca ólica. La eligión cohesionaba la iden idad colec i a hispana y e es ía
a la mona quía de una ideología cas icis a. Ambos, mona quía y eligión
ca ólica, ue on los dos elemen os que aglu ina on a los españoles du an e
la edad Mode na181. En ealidad, de esa oposición su gi án dos modelos
no ma i os opues os, con nume osas subcul u as polí icas ambién en en-
adas en su in e io , incapaces de llega a un consenso no ma i o es able
en lo e e en e a la de inición de la nación española y al luga que debía
ocupa el ca olicismo en la misma. O lo que es lo mismo, una iden idad
española en en ada y pola izada que se cons uyó sob e di e en es discu -
sos y au oiden i icaciones, que de i a on en un con lic o de de iniciones
en busca de la hegemonía182.
La u ilización del é mino nación no es casual en el pá a o an e io .
F en e a en e, se encon a on los de enso es de una de inición de Es-
paña ca ólica, que c eían que cualquie a ance de la laicización encami-
naba al país a la uina, y las ue zas que con iaban en el p og eso pa a
el desa ollo de una nación a asada a causa, según de endían, de una
en ome ida Iglesia ca ólica que ep esen aba un pasado que se p e en-
día elimina . En es e sen ido, es e iden e que en los países de adición
ca ólica se en en a on du an e ines de siglo xix y el p ime e cio del
siglo xx dos ma cos simbólicos y cul u ales con adic o ios que p e en-
die on de ini excluyen emen e la nación, lo que Sudhi Haza eesingh
in en ó de ini pa a el caso ancés como nacionalismo de con on ación
181 Fe nández Sebas ián, Ja ie (1994): «España, mona quía y nación. Cua o concepcio-
nes de la comunidad polí ica española en e el An iguo Régimen y la Re olución libe al»,
S udia his ó ica. His o ia Con empo ánea, 12, pp. 45-74, y Po illo Valdés, José Ma ía
(2006): C isis a lán ica. Au onomía e independencia en la c isis de la mona quía hispana,
Ma cial Pons, Mad id.
182 Radcli , Pamela Be h (2004): De la mo ilización a la Gue a Ci il. His o ia polí ica y
social de Gijón (1900-1937), Deba e, Ba celona, pp. 21-22.
68
Joseba Louzao Villa
(«ad e sa ial na ionalism»)183. En de ini i a, se hace necesa ia una e-
conside ación del en en amien o en e con esionalidad y laicidad en la
España con empo ánea no solo pa a añadi luz a la explicación de «los
o ígenes eligiosos» de la gue a ci il española, una di isión cul u al que
se había ido aguando a lo la go de las décadas an e io es, sino ambién
pa a cues iona algunos de los supues os es ablecidos, aunque discu idos,
sob e los di e sos p ocesos de nacionalización hispanos184. Con odo, y
como con cualquie esquema explica i o e in e p e a i o, hab á que oma
cie as p ecauciones y ema ca la complejidad de la sociedad española,
ya que no se han p e endido ago a odas las endencias sociopolí icas en
una alsa dico omía gene alizado a.
183 Haza eesingh, Suddi (1994): Poli ical T adi ions in Mode n F ance, Ox o d Uni e si y
P ess, Ox o d, pp. 124-150. También Haup , Hainz-Ge ha d y Die e Langewiesche
(eds.) (2010): Nación y eligión en Eu opa. Sociedades mul icon esionales en los siglos xix y xx,
Ins i ución Fe nando el Ca ólico, Za agoza.
184 Pellis and i, Benoî (2006): «La ealidad social y an opológica del ca olicismo y los
o ígenes eligiosos de la gue a ci il», en Jaume Au ell y Pablo Pé ez López (eds.),
Ca ólicos en e dos gue as. La his o ia eligiosa de España en los años 20 y 30, Biblio eca
Nue a, Mad id, pp. 125-140.
69
1. FUe os y eligión: la c eación De Un imagina io
No hace al a e o ae se a la cons ucción euskaldun ededun, li e al-
men e «el que iene euske a, iene e», pa a econoce la impo ancia del
ca olicismo en el imagina io asco185. A p incipios del siglo xx, el ascó-
logo y pas o anglicano Wen wo h Webs e a i maba «qui di basque di
ca holique, es un p o e déjà ancien chez eux»186. Asimismo, du an e la
II República ue el esc i o a gen ino Robe o A l quien des acó que en
el País Vasco se i ía en eligión187. La es echa unión en e los ascos
y el ca olicismo e a una cons an e y la ealidad no pa ecía con adeci
el mi o c eado en elación a la eligiosidad asca. La i eligión se con-
side aba «un a ículo de impo ación» que solo ganaba espacios en las
g andes poblaciones y en los cen os indus iales188. Po ello, el In o me
sob e el Episcopado y los Cabildos de España, elabo ado po la Nuncia u a
de Mad id en 1890, se e e ía a la diócesis de Vi o ia como «sin duda
la mejo de España po su e, mo alidad y gene osidad de los ieles en
185 Al una, Belén (2003): Euskaldun ededun. Euskaldun ona iza eko modu ba en his o ia,
Albe dania, I ún.
186 Webs e , Wen wo h (1901): Les loisi s d’un é ange au Pays Basque, Imp ime ie
F ançaise e O ien ale E. Be and, Chalon-su -Saône, p. 26.
187 A l , Robe o (2005): Agua ue es ascas, Ediciones Simu g, Buenos Ai es, p. 183.
188 Ba andia án, José Miguel de (1924): «Nacimien o y expansión de los enómenos so-
ciales», Anua io de Eusko Folklo e, IV, p. 171.
Los p o agonis as I:
el ca olicismo en Vizcaya
70
Joseba Louzao Villa
p omo e el bien»189. Po su pa e, en su p ime a ca a pas o al el obispo
Cadena y Ele a des acaba cómo Vasconia e a «campo muy abonado, en
que ácilmen e uc i ica la buena semilla»190.
La p ime a mi ad del xix había o ecido una coyun u a complicada
pa a la Iglesia ca ólica, que u o nume osas pé didas humanas y ma e-
iales191. En España, las ma anzas de ailes de 1834 y las bullangas de
1835 habían plasmado esa Iglesia má i que en an as ocasiones se había
denunciado192. Las ó denes eligiosas masculinas, más que ningún o o
es amen o eclesiás ico, su ie on una d ás ica educción de sus e ec i os193.
Asimismo, a la exclaus ación y el consecuen e descenso de en as había
que añadi la pé dida de in luencia en la educación y la bene icencia. Pe o
len amen e la Iglesia comenzó a e oma su impulso con la llegada de los
mode ados al pode y, sob e odo, g acias a la i ma del Conco da o del
51. No obs an e, es a unión en e mona quía isabelina e ins i ución ca ó-
lica acili ó que du an e el Sexenio se ol ie a a ases a un du o golpe a la
p eponde ancia eclesiás ica194. Así pues, se incau a on bienes eclesiás icos,
se sup imió de nue o a los jesui as, se ce a on las acul ades de eología
y se disol ie on las Con e encias de San Vicen e de Paúl.
189 Cá cel O í, Vicen e (1988): León XIII y los ca ólicos españoles. In o mes a icanos sob e
la Iglesia en España, Ediciones Uni e sidad de Na a a, Pamplona, p. 225.
190 «Ca a Pas o al que el Excm. e Ilm. S . D. José Cadena y Ele a, Obispo de Vi o ia di ige
al Vene able Cle o y Pueblo iel con mo i o de su en ada en la Diócesis», BEOV, 27-II-
1905, p. 82.
191 Callahan, William J. (1989): Iglesia, pode y sociedad en España, 1750-1874, Ne ea,
Mad id.
192 Moline P ada, An onio (1998): «An icle icalismo y e olución libe al (1833-1874)»,
en Emilio La Pa a y Manuel Suá ez Co ina (eds.), El an icle icalismo español con-
empo áneo, Biblio eca Nue a, Mad id, pp. 69-125.
193 Como señala F ances Lannon las ó denes eligiosas emeninas no se ie on a ec adas an
adicalmen e du an e la p ime a pa e del siglo. De hecho, en íspe as de la e olución
de 1868 exis ían 200.000 eligiosas en el país, un núme o que se ace caba al que había
a ines del x iii (Lannon, F ances (1990): P i ilegio, pe secución y p o ecía. La Iglesia en
España, 1875-1975, Alianza, Mad id, pp. 82-83).
194 La Pa a, Emilio (2004): «La eina y la Iglesia», en Pé ez Ga zón, Juan Sisinio (ed.);
Isabel II. Los espejos de la eina, Ma cial Pons, Mad id, pp. 197-212.
71
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
De es a o ma, el impac o du an e el Sexenio ue mayo que en cual-
quie pe íodo an e io 195. Los e oluciona ios del xix pe cibie on a la Igle-
sia como una ue za polí ica más ya que, según in e p e aban, la Iglesia
había abandonado su p imo dial misión pas o al. Además, la Cons i ución
del 69 ompía con la unidad ca ólica de España al p oclama la libe ad
de cul os, enseñanza e imp en a196. E a una au én ica e olución cul u al
y, en e la esis encia pasi a de buena pa e del episcopado español, un
sec o del ca olicismo guiado po el ca lismo se le an ó en a mas en la
zona asco-na a a, una ac i idad que muchos o os con empla on con
simpa ía. Las azones de es a con on ación se explicaban po la mayo
epe cusión que en el País Vasco habían enido es as medidas. No hay que
ol ida que la au onomía adminis a i a de las p o incias ascas ambién
u o su p opio e lejo en lo eclesiás ico.
La imaginación o al había a o ecido la econciliación de la sociedad
asca después de la gue a ci il del 33 y las dipu aciones o ales de Ála a,
Guipúzcoa y Vizcaya habían asumido la p o ección del cle o local, a pesa
de las abie as simpa ías ca lis as del mismo197. Además, las dipu aciones
habían conseguido la c eación de la diócesis asca y se enca ga on de
sos ene económicamen e a los sace do es ascongados. En 1862, había
llegado a la egión el p ime obispo i o iano p oceden e de Badajoz, el
comba i o adicionalis a andaluz Diego Ma iano Alguacil198. La éli e
polí ica asca de endió un ue ismo que e a asun o asco del mode an-
195 Callahan, William J. (2007): «Los p i ilegios de la Iglesia bajo la Res au ación, 1875-
1923», en Ca olyn P. Boyd (ed.), Religión y polí ica en la España con empo ánea, Cen o
de Es udios Polí icos y Cons i ucionales, Mad id, 2007, p. 19.
196 La memo ia de es e hecho quedó es ablecida en el adicionalismo español, como po-
demos e en un poema publicado po La Gue illa, 12-IX-1903, un semana io ca lis a
bilbaíno de p incipios de siglo: «T iun ó la e olución,/ y, en la comple a ana quía,/ qui ó
a España su blasón,/ de Ca ólica nación/ aquella canalla impía» («Aleluyas his ó icas»
po X.).
197 O iz de O uño, José Ma ía (1999): «Religión y polí ica en el País Vasco (1839-
1876)», ponencia p esen ada al cong eso La Iglesia española y la c isis del An iguo Régimen,
UNED, Á ila.
198 Rubio, Co o (2003): La iden idad asca en el siglo xix. Discu sos y agen es sociales, Biblio-
eca Nue a, Mad id, pp. 395-411.
72
Joseba Louzao Villa
ismo o, como se ha de inido, un idea io o al-ca olicismo asumido po
una pa e conside able de la población y de endido po los eligiosos, que
se consolidó a pa i del 68199. Ped o Egaña lo esumía de la siguien e
o ma: «pa a la aza euska a, aza de sen imien o y de e, las adiciones
son a un iempo eligión, his o ia y a madu a»200. Todo ello p omo ió
un edi icio simbólico sob e la pa icula idad asca den o del lenguaje
del doble pa io ismo, asen ado en el euske a, los ue os y el ca olicismo.
No ue ex año, po an o, que el an icle icalismo hispano se e i iese
cons an emen e al «No e ca lis a y cle ical de la Península», asun o
de la pos e io «Gib al a Va icanis a» su gida de la e ó ica polí ica de
Indalecio P ie o201.
Po ello, con la caída de la mona quía isabelina y el gi o democ á ico y
acon esional de la e olución de sep iemb e del 68, la mo ilización ca ólica
y adicionalis a no a dó en desa olla se en el País Vasco202. En las p o-
incias ascas los candida os ca ólicos gana on en las elecciones de ene o
de 1869 y se opusie on a odas las medidas laicis as del nue o gobie no
(libe ad de cul os, el ma imonio ci il, la educción de la pa ida dedicada
al cle o o la abolición de los diezmos), incluso llegando a nega se a ju a la
nue a Cons i ución. Se ecogie on i mas en de ensa de la unidad ca ólica
de la nación española, se o ganiza on nume osos ac os de desag a io y
su gie on nue as o ganizaciones con esionales, como la Ju en ud Ca ólica
de Bilbao203. La e olución y sus consecuencias chocaban on almen e
199 J. M. O iz de O uño, «Religión y polí ica».
200 Ci . en O iz de O uño, José Ma ía (2005): «C isis del An iguo Régimen y Re olu-
ción Libe al (1793-1878)», en Ped o Ba uso y José Ángel Lema (eds.), His o ia del País
Vasco. Edad Con empo ánea (siglos xix-xx), Hi ia, San Sebas ián, p. 58.
201 Mo o e, Luis (1904): Los ailes en España, Imp en a de Fo ane , Mad id.
202 Molina, Fe nando (2005): La ie a del ma i io español. El País Vasco y España en el siglo
del nacionalismo, Cen o de Es udios Polí icos y Cons i ucionales, Mad id.
203 En odo caso hay que señala que en Vizcaya el po cen aje de i mas ecogido ue del 39%
de la población (en Bilbao solo el 21% en e al 62% de Du ango), mien as an o Ála a
como Guipúzcoa se supe aba el 50% de i mas (Rod íguez González, Jesús Je ónimo
(1987): «La sociedad española an e la libe ad eligiosa, 1869. Valo ación cuan i a i a»,
Hispania Sac a, 79, pp. 239-296).
73
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
con a la eligión y la o alidad y la concepción pa e nalis a de o den y
je a quía, po lo que la de ensa de los ue os se enlazó al man enimien o
de la unidad ca ólica de la nación española. Po con a, an o p og esis as
como epublicanos, que enían una mínima implan ación en el país, cul-
pa on al obispado de la si uación bélica.
Aunque el ca lismo había es ado la en e as la P ime a Gue a Ca -
lis a, la cul u a popula había c eado odo un mi o sob e aquella gue a.
Asimismo, el adicionalismo se o aleció du an e el Sexenio y c eció
po el apoyo de los mode ados más adicalizados, los neoca ólicos, que se
encon aban p eocupados po la amenaza de la coyun u a e oluciona ia.
El ca lismo ap o echó polí icamen e el miedo y el descon en o po la e o-
lución de cie os sec o es sociales acomodados y u ales. Po eso, el olle o
del p opagandis a A ís ides de A iñano Jaungoicoa e a Fo uac («Dios y
los Fue os») se con i ió en un esumen explíci o de las posiciones del
bando ca lis a204. Además, es a iden i icación o al-ca ólica enlazaba sin
con adicción con el imagina io desa ollado po el pa io ismo ca lis a.
Es a ac i ud de ensi a ca ólica es aba elacionada cla amen e con un sen i-
mien o agónico simila a La G ande Peu de la Re olución ancesa205. Sin
emba go, la de o a y el p o undo males a de la opinión pública española
no impidie on que se a ianza a es a cons ucción cul u al que conec aba
o alidad con ca olicismo y, desde en onces, no se de u ie on las opiniones
que a i maban que el País Vasco e a la « ese a ca ólica de España», «qui
di basque, di c oyan » o que los ascos e an «el pueblo más ca ólico de
la ie a»206.
Du an e la Res au ación, el ca olicismo u o que si ua se an e una
sociedad en ans o mación y un libe alismo español pendula , con po-
204 Ga mendia, Vicen e (ed.) (1999): Jaungoicoa e a Fo uac. El ca lismo ascona a o en e a
la democ acia española (1868-1872), Se icios de Publicaciones de la Uni e sidad del País
Vasco, Bilbao.
205 Jo e , José Ma ía (1991): Realidad y mi o de la P ime a República. Del G an Miedo me i-
dional a la u opía de Galdós, Espasa Calpe, Mad id.
206 Al una, Belén (2006): «La idea de pu eza mo al y eligiosa en el discu so iden i a io
asco», Cuade nos de Alza e, 34, pp. 41-67.
80
Joseba Louzao Villa
p o ocó equí ocos i esolubles que, en ocasiones, se con i ie on en una losa
pesada po la desconexión del uni e so libe al y cie a incomp ensión an e
las ans o maciones cul u ales y sociales de la época.
Sin emba go, un in o me a icano asegu aba que
el cle o, gene almen e hablando, no se á muy doc o, aunque haya sace do-
es que lo son; pe o iene e dade o espí i u eclesiás ico y en pa e no able
pe enece a las buenas amilias de aquella p o incia, de o ma que goza
de mucho p es igio en e aquellos sencillos homb es de pueblo, que no
hacen nada, ni siquie a en el o den ma e ial, sin el consejo del pá oco227.
Fundamen almen e, los sace do es ga an izaban la es abilidad comu-
ni a ia, de o ma especial en el uni e so u al, aunque ambién ue on
pe sonajes econocidos popula men e en las ciudades, como el caso del
pá oco bilbaíno Ma iano José de Iba güengoi ia228. En es e sen ido, en el
ba io ba acaldés de Re ue o se decidió no con a pa a nada con la Iglesia
—incluso se celeb ó ci ilmen e un en e amien o de un ca ólico—, has a
que las au o idades eclesiás icas no es i uye an en su pues o al an iguo
pá oco229. Pe o ampoco debemos o ece una isión idílica, ya que oca-
sionalmen e los p oblemas su gie on en e el pueblo y el pá oco, como en
Gue nica, donde en 1923 se celeb ó un en ie o sin sace do e al pe de és e
un pulso con su p opia elig esía230. A pesa de lo an e io , desde an iguo
y po su posición, no escapa on nunca de la bu la y la chanza popula .
Es os a aques enían una es echa elación con algunas de sus unciones,
como la igilancia de los compo amien os de sus elig eses, la con esión
o la di ección espi i ual, de moda en la al a sociedad bilbaína. Sin ol ida
la acción social, po que cada ez los pá ocos mi a on más allá de los
227 Ci . en V. Cá cel O í, León XIII, pp. 225-226.
228 Rod íguez Condado, Eugenio (2004): Don Ma iano José de Iba güengoi ia y Zuloaga:
p esbí e o de Bilbao y di ec o espi i ual de la cong egación Sie as de Jesús de la Ca idad,
Mensaje o, Bilbao.
229 El Libe al, 4- iii-1904.
230 El Libe al, 20- ii-1923/ 21- ii-1923.
81
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
lími es de su pa oquia, a pesa de que exis ió un conside able núme o
de e ac a ios que juzgaban que es as ocupaciones debili aban la unción
p imo dial del sace docio231.
La si uación de cada pá oco e a di e en e po lo que esul a di ícil
gene aliza sin un análisis más po meno izado232. Máxime cuando nos
encon amos en un pe íodo de g andes ans o maciones sociales y po-
lí icas que ambién u ie on epe cusiones pa a el cle o secula po que,
como señalaba el his o iado eligioso An ón Pazos, «son el «pueblo» y
c is ianizan al pueblo»233. En ealidad, no puede ol ida se que los semi-
na is as, pos e io men e sace do es, oma on «el colo del ambien e» en
que i ie on234. Po ello, ampoco es ex año, a pesa del alega o elogioso
que p e endía, que el ma qués de Casa To e se p egun a a si «la mane a
de se de Bilbao, oda la p o e bial sensa ez y co du a de los bilbainos, se
hab ían e ugiado en el cle o pa oquial y en sus a cip es es»235. Po ello,
exis ió ambién una g an p eocupación po la desa ención que su ían
algunas zonas y la esponsabilidad de los sace do es an e es a si uación,
que ol idaban los equisi os capi ales pa a un buen cumplimien o de
su misión: el con ac o pe sonal con odos y cada uno de los ieles, una
ue e in ensidad de abajo, una buena p opo ción numé ica en e el
núme o de elig eses y de pá ocos y la p eocupación po la ida y la
espi i ualidad sace do al236. Como señalaban las au o idades a icanas,
231 Echagu en, Jus o (s. .): Misión social del cle o en los p esen es iempos: discu so leído en la
solemne ape u a del cu so académico de 1910 a 1911 en el Semina io Concilia de Vi o ia,
Imp en a Fue es y Ma quínez, Vi o ia.
232 Pazos, An ón (2004): «Pa oquias y cle o pa oquial», en Pellis andi, Benoî Pellsi-
andi (éd.), L’his oi e eligieuse en F ance e en Spagne, Collec ion de la Casa de Veláz-
quez, Mad id, pp. 201-224.
233 Pazos, An ón (1990): El cle o na a o (1900-1936). O igen social, p ocedencia geog á ica y
o mación sace do al, EUNSA, Pamplona, p. 67.
234 Azna , Se e ino (1949): La e olución española y las ocaciones eclesiás icas, Cen o de
Es udios Cons i ucionales, Mad id, p. 151.
235 El Ne ión, 24-ix-1907.
236 Swodoba, En ico (1912): La cu a d’anime nelle g ande ci à. S udio di eologia pas o ale,
Lib e ia Pon i icia di F. Pus e , Roma, pp. 194 y ss.
82
Joseba Louzao Villa
las di ul ades se ac ecen aban po que el cle o pa oquial español ca ecía
«de al a de ins ucción, de celo y de espí i u eclesiás ico, dedicándose
con ecuencia a asun os empo ales; y su conduc a no es en odas pa es
edi ican e»237.
A pesa de las cons an es denuncias de la p ensa an icle ical, en gene al,
el núme o de sace do es po habi an es en España no e a p ecisamen e
al o compa ado con o os países, incluso en zonas donde el ca olicismo e a
una mino ía238. Eso sí, exis ían impo an es a iaciones egionales, en e el
campo y las zonas u banas e, incluso, den o de los ba ios de una misma
ciudad. Como es sabido, el País Vasco e a una de las egiones más pobla-
das de cle o con po cen ajes al ísimos en Ála a y Na a a239. Sin emba go,
Vizcaya e a un caso especial den o de es e dibujo geog á ico, ya que e a
la p o incia ascona a a menos poblada de sace do es (en Vizcaya exis ía
pa a 1921 un sace do e po cada 524 habi an es, al iempo que en Ála a
el da o e a de 183 y en Guipúzcoa de 424). Las ci as e an aún más ala -
man emen e bajas en algunos de los ece a cip es azgos izcaínos, como
en el caso de Po ugale e, donde no se alcanzaba ni siquie a la ci a de un
sace do e po cada mil habi an es240. No obs an e, al inicio del siglo exis ió
un c ecimien o en el núme o de ocaciones que se man u o has a la II
República, sal o en un pe íodo de es ancamien o en la década de los diez.
También cabe des aca que la g an mayo ía de los sace do es que desa-
ollaban su misión en la diócesis habían nacido den o del País Vasco. El
semille o ocacional se encon aba en las zonas u ales po lo que se puede
señala una u alización del cle o asco du an e el xix241. En Vizcaya exis-
237 V. Cá cel O í, «Es ado ma e ial», p. 289.
238 F. Lannon, P i ilegio, pe secución, pp. 113-114.
239 La in o mación ha sido elabo ada a pa i de los da os que se encuen an en Guía Ecle-
siás ica del Obispado de Vi o ia, Imp en a de Cecilio Egaña, Vi o ia, 1905, Anua io Ecle-
siás ico de la Diócesis de Vi o ia, s.e., s.l., 1923, en los di e sos Anua io Eclesiás ico y en A.
Zo illa, «Ma e iales pa a».
240 En Vizcaya, la o ganización eclesiás ica es aba di idida en los a cip es azgos de Bilbao,
Be meo, Cebe io, Ca anza, O duña, Du ango, Gue nica, Lequei io, Valmaseda, Ma -
quina, Munguía, Po ugale e y Villa o.
241 La Gace a del No e, 9-xii-1910.
83
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
ie on poblaciones de donde su gían una inusi ada can idad de ocaciones
sace do ales, en especial, localidades como Ceánu i, La abezúa, Ochan-
diano, Cebe io o Abadiano242. Po el con a io, en las zonas u banas las
ocaciones no e an an habi uales y Bilbao no consiguió supe a el 5% del
o al de los semina is as en las es p ime as décadas del siglo xx243. De
es a o ma, la condición del cle o e a bien dis in a según la geog a ía, el
luga y su posición social. Habi ualmen e la si uación económica e a me-
jo en la ciudad que en el campo y en el no e español el es ado del cle o
pa oquial e a supe io que en el su del país. Po ello, se desa olla on
algunas inicia i as mu ualis as, que en el caso i o iano desembocó en la
con o mación de un Mon epío diocesano en 1908 con 1415 socios244. Y no
hay que desdeña que epa ie on g a is en e sus socios El Coope ado del
Cle o, publicación o icial del Mon epío que ya aslucía una cie a inquie-
ud po la cues ión social y ue sus i uida po la econocida e inno ado a
Idea ium du an e la II República245.
G acias a nomb es pa icula es, el asco ue un cle o ac i o y dispues o
a pa icipa en los nue os mo imien os eclesiás icos, como la Unión Apos-
ólica del Cle o, una impo an e asociación sace do al que había comen-
zado a unciona en la segunda mi ad de siglo xix pa a omen a en e los
sace do es la búsqueda de la san idad246. De la misma mane a, ambién
exis ie on in en os po mejo a la o mación in elec ual del cle o. En 1905
242 Como ejemplo, Go os iaga, Eulogio de (1924): «La eligiosidad del pueblo. Zeanu i»,
Anua io de la Sociedad de Eusko-Folklo e, . 4, p. 124, señala que «a es e pueblo llaman
le í ico, y no sin azón, pues, según la es adís ica hecha es e año, i en 102 p esbí e os
(sace do es secula es y egula es), 21 co is as y 16 he manos legos y 97 eligiosas, odos
na u ales de Zeanu i. Espa cidos po los dis in os semina ios, exis en ac ualmen e 19
semina is as» (la población en 1924 ondaba los 2.200 habi an es).
243 Lannon, F ances (1975): Ca holic Bilbao om Res o a ion o Republic: a selec i e s udy o
educa ional ins i u ions, 1876-1931, Tesis doc o al inédi a, Ox o d, p. 328.
244 Mon epío Diocesano. Memo ia de la Comisión de su Reglamen o, Tipog a ía de Fue es y
Ma quínez, Vi o ia, 1909, p. 4.
245 Gama a-Mayo , Sa u nino (1981): O igen y con ex o del mo imien o sace do al de Vi o-
ia, Edi o ial Ese , Vi o ia, p. 21.
246 Vid. Casas, San iago (2004): «La Unión Apos ólica del Cle o en España», en Josep Ig-
nasi Sa anyana e alii. (coo ds.), El camina his ó ico de la san idad c is iana: de los inicios
84
Joseba Louzao Villa
se undó una biblio eca eclesiás ica en la capi al izcaína pa a acili a el
acceso a lib os y olle os de in e és y u ilidad pa a los pá ocos insol en es
y es echa los lazos en e los minis os del al a 247. No obs an e, el u u o
obispo diocesano José Cadena y Ele a en su manual de eología pas o al
ecomendaba a los pá ocos españoles no lee no elas «aun a ándose de
las más mo ales; pues in e esan de al modo nues a imaginación con sus
desc ipciones e imágenes, que nos hacen pe de el gus o al es udio de las
ciencias y a las lec u as se ias, iniendo a hace nos supe iciales y has a
isiona ios y soñado es»248.
Po o o lado, y aunque ue a ecu en e en la p opaganda an icle ical,
los casos de escándalo sexual público del cle o ue on más bien escasos.
G an pa e de los a aques an icle icales iban di igidos hacia imágenes y
es e eo ipos ya con o mados. Aún así, po las p opias denuncias eclesiás-
icas y po los casos en los que se o ecía el nomb e, algunos sace do es
u ie on en ocasiones un compo amien o alejado a lo espe ado de su
minis e io. Con odo, al y como se es ablecía en la Visi a Ad Limina de
1900, los a cip es es es aban obligados a la igilancia y a la comp obación
del buen cumplimien o de los debe es pa oquiales anualmen e a a és
de un in o me comple o249. F en e a es os a aques an icle icales se c eó a
p incipios de siglo una asociación de de ensa del cle o an e la calumnia
y la di amación con el en en amien o iolen o en las pe eg inaciones de
Begoña de 1903 al ondo250. La impo ancia de es a asociación local adica
en se la p ecu so a de la undación en 1911 de la Liga Nacional de De-
de la época con empo ánea has a el Concilio Va icano II, Uni e sidad de Na a a, Pamplona,
pp. 353-370.
247 «Biblio eca Eclesiás ica en Bilbao», BEOV, 16-xii-1904, pp. 406-407.
248 Cadena y Ele a, José (1892): El sace do e pe ec o o a ado de eología pas o al, Imp en a
de L. Aguado, Mad id, p. 41.
249 Tellechea Idígo as, José Ignacio (1995): «Pa a la his o ia de la Diócesis de Vi o ia.
T es elaciones de las Visi as ad limina del siglo xix (1879-1900)», Sc ip o ium ic o iense,
4, pp. 424-425.
250 El p esiden e de la Jun a Di ec i a ue el a cip es e de Po ugale e, San os de Ipiña (O -
iz, Luis M.: «Una Asociación nue a del cle o de Vizcaya», El Mensaje o del Co azón de
Jesús y del Apos olado de la O ación, . xxxix, ii-1905, pp. 131-143).
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Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
ensa del Cle o que se c eó po «la necesidad de pone lími e a la innoble
campaña de esca nio, di amación y calumnia, que, ac ecen ada po la
impunidad, cons an emen e se hace con a nues a Religión sac osan a y
con a las pe sonas e ins i uciones eligiosas»251.
No ue on pocas las denuncias y las ic o ias judiciales de los sace do es
con a mili an es an icle icales. De es a o ma, el socialis a He ibe o Pé-
ez ue des e ado en Galicia a causa de un a ículo de opinión en el que
ca gaba con a un sace do e252. Po o o lado, y como ya se ha señalado, el
cle o izcaíno se io ue emen e a ec ado po las ans o maciones socia-
les y polí icas que su ió la p o incia du an e la Res au ación. No pa ece
que u ie an con lic os g a es ni con p o eso es ni con médicos, aunque sí
hubo cie o deslindamien o en e es os úl imos y los sace do es en el deba-
e sob e el higienismo y la mo alización social253. Pe o, sob e odo, algunos
des aca on po su implicación en la con ienda polí ica local, al acili a la
p o es a y la mo ilización gene al an e p oposiciones conside adas lesi-
as pa a sus de echos como ca ólicos. No ue ex año que los sace do es
de endie an a los ca lis as —y sus escisiones in eg is a y jaimis a—, o se
adsc ibie an al nacionalismo asco o al mau ismo. Con odo, algunos
llega on a o a a candida os y pa idos alejados del es e eo ipo del cu a
abucai e an ilibe al y bá ba o, como nos mues a el polémico ejemplo del
apoyo o ecido a G ego io Balpa da po pa e del pá oco de Po ugale e
en e a su i al nacionalis a254. En o as ocasiones, in e cedie on en di e -
251 Re is a Ca ólica de Cues iones Sociales, ii-1911, p. 149.
252 Tu iel, Cons an ino (2001): Recue dos de mi ida y las luchas mine as, Ediciones Be a III
Milenio/ Museo Mine o de Galla a, Galla a, p. 83.
253 Pé ez-Fue es, Pila (1991): «El discu so higienis a y la mo alización de la clase ob e a
en la p ime a indus ialización asca», His o ia Con empo ánea 5, p. 131.
254 La polémica que se desa olló con las ue zas nacionalis as locales se puede segui en
La ac uación polí ica de Don León Fe nández y Ma ínez, cu a-pá oco de Po ugale e, en
las elecciones de Dipu ados a Co es del 1º de Junio de 1919, s.e., s.l., s. . Asimismo pa a
los iempos de la II República se ha iden i icado pa a el cle o diocesano guipuzcoano a
cua o simpa izan es epublicanos, en Aizpu u, Mikel y Dona o Unanue (1991): «El
cle o diocesano guipuzcoano y el nacionalismo asco: un análisis sociológico», en Jus o
G. Be amendi y Ramón Máiz (comps.), Los nacionalismos en la España de la II República,
Siglo XXI/Consello de Cul u a Galega, Mad id, p. 289.
86
Joseba Louzao Villa
sas polémicas popula es, como cuando el pueblo de A ancudiaga p o es ó
el aslado del cua el de los miñones, pues según el p opio ayun amien o
izcaíno, ue el pá oco de la localidad de A e a (Llodio) el que inspi ó y
o ganizó la campaña de p o es as255.
3. las pa oqUias: en e la sociabiliDaD y la econqUis a
No hay duda que la pa oquia se con i ió en una pieza undamen al
de la p opia e i alización de la espi i ualidad sace do al y en un impo -
an e cen o de sociabilidad, de o ma des acada en los pueblos donde
aún se man enían es echos lazos comuni a ios256. En la pa oquia se
deba ían aspec os que a ec aban a la comunidad, pe o ambién e a un
espacio pa a el ocio, pues en nume osos luga es de Vizcaya las pa edes
de la iglesia se ían como on ón. Además, en el mundo u al e a una
p olongación de la casa sola y den o de la iglesia cada amilia enía una
posición ce cana a sus mue os257. Po su pa e, la sociabilidad de las cla-
ses medias u banas se encon aba enlazada con co adías y o ganizacio-
nes piadosas ligadas a una pa oquia. Po no ma gene al, las pa oquias
ascas se encon aban en buen es ado po que el cle o y los ieles es aban
comp ome idos en el o na o y la deco ación, aunque hubiese p oblemas
conc e os de man enimien o en las e mi as258. Con odo, en las g andes
ciudades exis ía una nue a ealidad y p eocupan e pa a los ca ólicos que
demues a el cambio p oducido en las décadas inales del xix: muchos
255 AFB/AMA : 0005-001. El Pueblo Vasco, 27-II-1923, Abe i, 24-II-1923 y La Gace a del
No e, 25-ii-1923.
256 Un ace camien o a la sociabilidad ca ólica en Salomón Chéliz, Ma ía Pila (2000):
«An icle icalismo y sociabilidad ca ólica en el ánsi o del xix al xx en A agón», en
Ra ael Sánchez Man e o (ed.), En o no al 98. España en el ánsi o del siglo xix al xx
(Tomo I), Uni e sidad de Huel a, Huel a, pp. 503-511.
257 Molina, Fe nando (2005): José Ma ía A izmendia ie a (1915-1976). Biog a ía, Caja La-
bo al-Euskadiko Ku xa, Mond agón, p. 57. Imizcoz, José Ma ía (1993): «La mue e en
el mundo u al asco: un es udio de la «sociedad adicional» en o no a los di un os»,
Hispania Sac a, 92, pp. 763-788.
258 «Ci cula sob e el uso de la luz eléc ica en las Iglesias», BEOV, 15-XII-1915, p. 598.
87
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
ni siquie a sabían cuál e a su pa oquia y, po supues o, no la conside-
aban como al. Uno de los p incipales p oblemas y p eocupaciones de
la eología pas o al ca ólica de la época e a la cu a de almas an o en las
g andes u bes como en las ciudades secunda ias259. Los cambios sociales
y económicos p oducidos po el impo an e c ecimien o demog á ico de
la época elabo a on un nue o paisaje social y espacial en las capi ales
eu opeas. En los ba ios ob e os e a bas an e común encon a se con
pa oquias que enían a su ca go más de 30000 ieles, en casos como
Pa ís se podía onda las 100000 almas260. Además, los sace do es no
enían las he amien as su icien es pa a desa olla una pas o al adecua-
da, aunque algo se comenzó a a anza desde la p ime a década de siglo
con nue os cauces pa a ecibi no edades en es e e eno261. Po egla
gene al, el cle o descon iaba de la ciudad, lo que no e a ex año eniendo
en cuen a que p ocedían del ce ado uni e so adicionalis a del semina-
io. Así ue como en el discu so eclesiás ico la ciudad ocupó un espacio
complejo, mien as lo u al se con e ía en el espacio po excelencia de
las i udes de un mundo en desapa ición.
El p opagandis a ca ólico Fede ico Zabala des acaba que «las necesida-
des espi i uales de los a abales y ensanches» habían obligado «a in ensi-
ica la labo del apos olado, lle ándola a los lími es del he oísmo»262. En
es e análisis pas o al u bano elabo ado du an e la Dic adu a de P imo de
Ri e a se des acaba que, aún eniendo en cuen a la desa ección eligiosa
259 En es e sen ido es impo an e la labo del ienés E. Swodoba, La cu a d’anime, donde
p esen a los esul ados de una encues a sob e el ema en Eu opa, o Íd. (1913): L’ideale
del Buon Pas o e: pe la soluzione di un con li o di eologia pas o ale, Lib e ia Pon i icia F.
Pus e , Roma. Pa a una caso de una ciudad no cen al puede e se, po ejemplo, el caso
salman ino en Vicen , Ma y (1996): Ca holicism in he Second Spanish Republic: Religion
and Poli ics in Salamanca, 1931-1936, Cla endon P ess, Ox o d. Asimismo Cou cy,
Raymond (1999): «La Pa oisse e la mode ni é. Lieu onda eu e a gumen s», A chi es
des sciences des eligions, 107/1, pp. 21-39.
260 Pa a el caso ancés el jesui a Lhande, Pie e (1927): Le Ch is dans la banlieue, Enquê e
su la ie eligieuse dans les milieux ou ie s de la banlieue de Pa is, Lib ai ie Plon, Pa is.
261 A. Pazos, «Pa oquias y cle o», p. 110.
262 Allende, L. (1929): Los a abales de Bilbao y sus necesidades eligiosas, Edi o ial Vizcaína,
Bilbao, p. 8.
88
Joseba Louzao Villa
de los ba ios ob e os, el abajo pas o al daba sus u os, a pesa de las
di icul ades ma e iales. Y en es a labo , ya en ado el siglo xx, la acción
ca ólica es aba a o eciendo la pa icipación de los segla es en esa labo del
apos olado conjun amen e con el cle o. Po eso, du an e oda la Res au-
ación ue una cons an e la pe ición de cons ucción de nue as pa oquias
en Vizcaya. Lejos quedaba la década de los no en a, cuando se cons a aba
que ninguna de las 760 pa oquias ascas enían p oblemas g a es, sal o
cu iosamen e alguna aldea ala esa263.
Pese a los a ances y las nue as cons ucciones, las pa oquias seguían
siendo escasas en las g andes aglome aciones u banas ascas. Los pá ocos
izcaínos en el á ea indus ial enían nume osos p oblemas pa a a ende
a sus elig eses. Mien as en los pueblos un cu a, solo o con la ayuda de
un coadju o , bas aba pa a soluciona las necesidades espi i uales de odos
sus elig eses, en las ciudades el núme o de ieles a los que a ende c ecía
exponencialmen e. Tan o que se a i maba cons an emen e que Bilbao de-
bía ene el doble de pa oquias264. Con los da os ob enidos a inales de
la década de los ein e, sabemos que pa oquias como la de San Vicen e
Má i enían 3142 elig eses po cada uno de los sace do es que abaja-
ban en la misma o que en la de San F ancisco de Asís la ci a se si uaba
en 3555, y o o an o sucedía con o as pa oquias izcaínas con lo que el
a eglo pa oquial es ablecido en el Conco da o quedaba bas an e lejano.
Sin emba go, el gobie no no es aba dispues o a hace ese es ue zo eco-
nómico; y ampoco exis ía un consenso eclesiás ico in e no pa a p ocede
a la ees uc u ación del mapa pa oquial, que implicaba sup imi las
pa oquias más pequeñas265.
263 Ci . en el ci ado In o me sob e los semina ios que elabo ó An onio Vico, en V. Cá cel
O í, «Es ado ma e ial, académico», p. 302.
264 Las nue as dema caciones de las cinco pa oquias que exis ían en la illa en 1902 (San-
iago el Mayo , San Nicolás de Ba i, San An onio Abad, San Vicen e Má i y San
F ancisco de Asís) se pueden e en la hoja Nue as dema caciones pa oquiales que han de
egi en la illa de Bilbao desde el nue e de No iemb e de mil no ecien os dos (AFB/AMB
Quin a: 0171/042).
265 «La c isis eligiosa», Re is a Eclesiás ica, 1914, p. 441.
89
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
Pe o las c í icas no solo iban en es a di ección. O o de los males
des acados ecu en emen e po los p opios sace do es au oc í icos e a
el abandono de amplios g upos de población. Se ec iminaba que «los
após oles del ca olicismo p edican en e ieles, y en la plaza pública se
esconden. (…) El sace do e ha de mo aliza las cos umb es; no enseñan-
do a los que la saben, y sí a los in elices que igno an»266. En cualquie
caso, en el pe iodo de en esiglos se p odujo una impo an e ac i idad
cons uc i a. Las eli es polí icas a o ecie on la cons ucción de igle-
sias donando e enos y dine o pa a lle a a cabo los p oyec os y gana
de es a o ma di e sos p i ilegios espi i uales, como indulgencias y la
posibilidad del en e amien o en los p opios emplos. Asimismo, en las
zonas esi denciales de es e g upo social se cons uye on algunas de las
iglesias a qui ec ónicamen e más imponen es. En es e sen ido cabe des-
aca la iglesia de El Ca men de Indauchu, de San Ignacio en Negu i, el
con en o de la San ísima T inidad de Algo a, la capilla del Colegio de
Ra aela Yba a y la emodelación de la achada de la iglesia de San iago
en Bilbao, la iglesia de El Sag ado Co azón de Jesús (Residencia de los
jesui as) o la zona Noble del cemen e io de Vis a Aleg e267.
Pe o ambién se lle a on a cabo p oyec os más modes os que buscaban
palia las necesidades en algunas poblaciones que es aban i iendo un
impo an e c ecimien o demog á ico, en especial en el á ea de la Ría del
Ne ión. Po ejemplo, en la localidad de Lejona se in en ó sol en a los
p oblemas de la ba iada de Lamiaco con la e ección de la iglesia de San
Máximo en 1907. La Memo ia desc ip i a del p oyec o de cons ucción de la
nue a Iglesia de Lejona (1902) se iniciaba de la siguien e o ma:
266 Vélez, Pe onilo Vicen e (1906): Realidades: es udio eligioso, social y polí ico, Imp en a
Mode na, Ba celona, pp. 35 y 43 espec i amen e. En Palau, Gab iel (1932): Dia io
ín imo de un cu a español (1919-1931), Sec e a iado Social Hispano-Ame icano, Buenos
Ai es, p. 33, se o ecía la misma idea de la siguien e mane a: «Ocupa e solo en da de
come manja es exquisi os a los ha os, cuando son an os los que ca ecen de odo ali-
men o, ¿ e pa ece azonable? Aplícalo a la ida espi i ual, con elación a las almas que e
han sido con iadas».
267 Pé ez de la Peña, Go ka (2004): Bizkaiko eliz a ki ek u a ga aikidea, 1865-1975. E o-
man izismo ik mugimendu mode noa/ A qui ec u a eligiosa con empo ánea en Bizkaia, 1865-
1975, Museo Diocesano de A e Sac o, Bilbao, p. 32.
96
Joseba Louzao Villa
A ojos incluso de los p opios eligiosos, la si uación podía ca ac e i-
za se como sa u an e. Nume osas oces denuncia on las di icul ades pa a
cap a a nue os no icios y en una ca a del jesui a Víc o I ia e en 1921
se mos aba es a ealidad:
aquellos do ados años pasa on, y un cúmulo de causas se opone al desa-
ollo del núme o: Además de la escasez gene al de ocaciones, ó denes
eligiosas de odas clases eco en los pueblos, y en sus con e saciones
pa icula es y desde los púlpi os hacen campaña en p o de sus in e e-
ses, dejando a eces el campo bien esquilmado. Mas no es es a la causa
p incipal: Mucho más nos con a ía el c ecido núme o de semina ios y
p ecep o ías despa amados po es a pequeña diócesis (…) nos dispu an la
educación de los p ime os años de ca e a eclesiás ica291.
La mayo ía de es as cong egaciones y ó denes o ecían una amplia
gama de ac i idades dedicándose a la enseñanza, la bene icencia o la
a ención sani a ia. El ascedien e social alcanzado po la p esencia con-
g egacionis a causaba emo en las ue zas an icle icales, ya que se con-
i ie on en la pun a de lanza de la eca olización social. Pa a el an i-
cle icalismo hispano la p esencia de las cong egaciones y de las ó denes
eligiosas en las zonas indus iales y en las más impo an es capi ales del
país se in e p e aba como un in e és pa icula po ace ca se a los luga-
es donde se mo ía el dine o y los pode osos. Así se dibujaba al jesui a
Paulí, y po ex ensión a la Compañía, en la no ela bilbaína de Blasco
Ibáñez: «donde ellos apa eciesen no e a posible la duda: la iqueza e a
un hecho»292. Sin emba go, y en desca go de las p opias cong egacio-
nes, ambién hab á que señala que las necesidades sociales e an más
abundan es en los núcleos u banos y la geog a ía cong egacionalis a
es u o es echamen e elacionada con los p ocesos de mode nización y
desa ollo económico.
291 Ci . en Ca ballo Albe di, Juan An onio (2005): San Jose-Jesui ak Ikas e xea (Du ango,
1880-2005), Colegio San José Jesui ak, Du ango, p. 71.
292 Blasco Ibáñez, Vicen e (1999): El in uso, Lib e ía San An onio, Ba acaldo, p. 144.
97
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
No obs an e, en la men e de los an icle icales españoles es u o la
polí ica es ic i a ancesa en e a las ó denes eligiosas y, pos e io -
men e, los desa ollos laicis as po ugueses. Pese a ello, los in en os se
salda on con un acaso cons an e, ya que los gobie nos conse ado es
siemp e es ablecie on la posición de la Iglesia293. De es a o ma, el di-
pu ado malagueño Juan Rod íguez Muñoz en el deba e del p oyec o
de la ley de asociaciones de Be nabé Dá ila en 1906 denunciaba que
las ó denes y cong egaciones eligiosas cons i uían «una émo a pa a
el p og eso y desen ol imien o de los pueblos y cons i uyen al mismo
iempo un pelig o pa a la independencia de odo Es ado, que sea libe al
y democ á ico»294. En la o a o illa del con lic o, es os a aques no queda-
on sin espues a. El obispo ca alán Josep To as i Bages de endió que la
exis encia de es as ins i uciones eligiosas e a una «necesidad social», ya
que «si desapa eciesen de e mina ían un e oceso emendo en la cul u a
y ci ilización de los pueblos españoles»295.
A pesa de las no edades su gidas en el uni e so egula con las nue as
cong egaciones ancesas, la adición y capacidad de las ó denes an iguas
(básicamen e los jesui as, los agus inos o los anciscanos), a o eció que
és as man u ie an su in luencia adicional. De hecho, ue la Compañía
de Jesús la que concen ó odas las i as del an icle icalismo izcaíno y las
c í icas de algunos ca ólicos. Los jesui as no solo alcanza on una signi-
ica i a ac i idad ex aeclesial, sino que ambién eje cie on una decisi a
in luencia en la ida eclesiás ica local, a o eciendo el desa ollo de nu-
me osas de ociones y asociaciones segla es y pa icipando de la o mación
del cle o secula a a és de los eje cicios espi i uales.
293 Lo eco daba el u bolis a ba acaldés Manuel López Llamosas a mediados de siglo, «las
cosas de Mad id epe cu ían en nues a escuela p ima ia, egen ada po D. Hila io de
Agapi o, si a bajo los sopo ales del Ayun amien o. Si gobe naba el elenco de Canalejas,
eníamos más ec eo, más pa io. Empe o, si las iendas del pode pasaban a manos de
Da o (Mau a si) las cuo as de eligión ac ecían, el ezo iba a más» (en T a ieso, Manolo
(s. .): Ba a z-alde, s. e., s. l., p. 137).
294 Dia io de las Sesiones de Co es. Cong eso, 18-xii-1906, p. 4703.
295 To as i Bages, Josep (1987): «Los excesos del Es ado (a los libe ales de buena e)», en
To as i Bages, Josep: Ob es comple es ( olum iii), Abadia de Monse a , Ba celona, p. 213.
98
Joseba Louzao Villa
Po o o lado, la p esencia numé ica de comunidades eclesiás icas en
el e i o io izcaíno ue in ensa. Al no depende del gobie no y ene
la libe ad absolu a pa a su ins au ación, las ó denes pi o a on sob e las
zonas u banas, donde pudie on desa olla sus ac i idades con mayo
acilidad. Además, como se ha señalado más a iba, las cong egaciones
busca on aquellos luga es donde más necesidades pe cibían. Según la
ci ada es adís ica de 1923, Vizcaya enía 63 eligiosos (14 eligiosos y
49 eligiosas) po cada 10000 habi an es, lo que casi doblaba la media
española que se encon aba en 33. Aún con odo, es as ci as se encon-
aban alejadas de las al ísimas ob enidas en las p o incias de Ála a y
Guipúzcoa (102 y 131 espec i amen e)296. Si omamos la e olución a lo
la go de las p ime as décadas de siglo descub imos que el cle o egula
en Vizcaya c eció en e 1900 y 1923 en casi mil e ec i os (832) en su
mayo ía en las cong egaciones emeninas (724)297. De es a mane a, al
menos cuan i a i amen e, se pod ía demos a la esis sob e la emini-
zación de la eligión en la egión que se ha de endido en el capí ulo
an e io 298.
Dos ue on las p io idades en la ac i idad cong egacional en Vizca-
ya: la educa i a y la asis encial. En ambos campos se concen aban los
es ue zos de los eligiosos pa a ecupe a el e eno pe dido a lo la go
del siglo xix, p ecisamen e en los espacios donde más e iden e e a la
insu iciencia del Es ado pa a a ende las necesidades sociales. Es as dos
ac i idades e an las pun as de lanza de la lucha po la econquis a social
del ca olicismo, como lo demues an las siguien es ablas es adís icas:
296 Es adís ica de las Comunidades Religiosas exis en es en España en 1º de Ab il de 1923, Im-
p en a de los Hijos de M. G. He nández, Mad id, 1923, p. x i.
297 Ib., p. xxiii.
298 Algo simila se p oducía en F ancia que bien puso de mani ies o Langlois, Claude: Le
Ca holicisme au éminin. Les cong éga ions ançaises à supé ieu e géné ale au xixe siècle, Les
Édi ions du Ce , Pa is, 1984.
99
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
A ni el educa i o, la Iglesia ca ólica desa olló un es ue zo no able,
bene iciado po di e sas decisiones gube namen ales, pa a impulsa la
educación con esional. És a e a en endida como «un de echo inalienable»
de las cong egaciones eligiosas299. Po ello, la educación se con i ió en
299 Labay u, Es anislao Jaime de (1879): La Iglesia y la enseñanza: b e e es udio c í ico-
his ó ico de los se icios que el ca olicismo ha p es ado a la ins ucción pública, Es ablecimien o
Tipog á ico de Velasco, Bilbao, p. 330.
100
Joseba Louzao Villa
uno de los p incipales campos de discusión en e cle icales y an icle icales,
aunque la ba alla en Vizcaya se encon aba decididamen e pe dida pa a
la causa an icle ical. Hay que eco da que una pa e impo an e de la
educación secunda ia e a p i ada y se encon aba en manos de las ó de-
nes eligiosas. La Iglesia ocupó en onces un luga cen al en el sis ema
educa i o español, an o a ni el cuan i a i o como cuali a i o, eje ciendo
su apos olado socio- eligioso. De hecho, ambién en la educación pública
se de endie on en nume osas ocasiones los alo es eligiosos. Los da os
no dejan luga a dudas. En el País Vasco, una de las zonas del país con
mayo es asas de al abe ización, en e un e cio y la mi ad de la población
escola es aba en los colegios eligiosos y un des acable 75% del alumnado
de secunda ia —un ni el educa i o que po o o lado no dejaba de se
mino i a io300. Si bien se desa olló en es as décadas una ans o mación
subs ancial en la enseñanza eligiosa, ya que cada ez ue on más las
undaciones que a a on de educa e in lui social y mo almen e en la
eli e y las clases medias. Algunos au o es se han e e ido a es e p oceso
hablando de una «ca olización de la bu guesía» y del «abu guesamien o de
la Iglesia» o, en o as palab as, a una exi osa eca olización de las clases
medias españolas301. La educación p i ada en España se concen ó en la
educación con esional y c eció cons an emen e du an e la Res au ación302.
En es e sen ido, y como es ableció agudamen e en su abajo doc o al so-
300 Os olaza, Mai ane (2007): «La Nación española en el País Vasco, 1857-1931: el papel
de la escuela», en Luis Cas ells, A u o Cajal y Fe nando Molina (eds.), El País
Vasco y España: Iden idades, Nacionalismos y Es ado (siglos xix y xx), Se icio Edi o ial de
la Uni e sidad del País Vasco, Bilbao, p. 180.
301 Os olaza, Mai ane y Pe e Fullana (2007): «Escuela ca ólica y mode nización. Las
nue as cong egaciones eligiosas en España (1900-1930)», en Julio de la Cue a Me ino
y Feliciano Mon e o (eds.), La secula ización con lic i a. España (1898-1931), Biblio eca
Nue a, Mad id, p. 193. También Val e de, Ca los (1979): «Los ca ólicos y la cul u a
española, en Ga cía-Villoslada, Rica do Ga cía-Villoslada (di .), His o ia de la
Iglesia en España. Vol. 5: La Iglesia en la España Con empo ánea, Biblio eca de Au o es
C is ianos, Mad id, p. 542.
302 Tiana, Alejand o (1994): «La escuela p i ada», en Jean-Louis Gue eña, Julio Ruiz
Be io y Alejand o Tiana (eds.), His o ia de la educación en la España con empo ánea: diez
años de in es igación, Cen o de Publicaciones del Minis e io de Educación y Ciencia/
CIDE, Mad id, 1994, p. 127.
101
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
b e Guipúzcoa Mai ane Os olaza, los colegios eligiosos pa icipa on de
la c eación «del homb e mode no que acompaña el p oceso mode nizado »
en una combinación de mode nidad y adición303.
En es e ipo de educación sob esalían en Vizcaya los jesui as, que
enían un amplio en amado educa i o pa a las clases más acomodadas
a a és del colegio de O duña y, más a de, en la p opia illa con la
undación del colegio Nues a Seño a de Begoña en Indauchu (1922).
Co onando es e edi icio se encon aba la uni e sidad de Deus o, que
daba mues as de la ene gía y el ánimo de los miemb os de la Compañía
en Vizcaya, comp ome ida abie amen e en la o mación de los u u os
homb es de negocios de la p o incia, y po ende, de la nación. Po ello, el
polí ico epublicano Luis de A angu en asegu ó que lle a a los niños a
los colegios de los jesui as se había «pues o de moda en e la gen e ica»304.
Exis ían ambién o os colegios dedicados a la educación secunda ia en la
capi al, des acando en el ámbi o masculino el colegio de San iago Após ol,
egen ado po los He manos de las Escuelas C is ianas de La Salle desde
1893, además de o os es ablecimien os c eados po los escolapios, los
ma is as o los menesianos. En el ámbi o emenino, sob esalía el colegio
del Sag ado Co azón de las Hijas de Ma ía del Sag ado Co azón de Jesús,
en «el cen o del Bilbao mode no», que además o eció la posibilidad de
ing esa en un in e nado en La au i (Munguía), donde las «seño i as»
conseguían una educación aco de con su s a us social305.
Indudablemen e la eli e económica y social p o incial colabo ó con los
eligiosos egula es y acili ó su implan ación, ya ue a donando e enos
o ayudando económicamen e a di e sos p oyec os educa i os. De es a
o ma, ambién el ca olicismo endía la mano a la sociedad capi alis a.
303 Os olaza, Mai ane (2000): En e eligión y mode nidad. Los colegios de las cong egaciones
eligiosas en la cons ucción de la sociedad guipuzcoana con empo ánea, Se icio Edi o ial de
la Uni e sidad del País Vasco, Bilbao, pp. 325-326.
304 A angu en, Luis de (s. .): Memo ias de un exiliado asco, Edi o ial Vasca, México D.F.,
p. 100.
305 He án, Fe mín (1907): Bilbao con empo áneo, Imp en a A ís ica de Mülle y Za ale a,
Bilbao, pp. 331-336. Sob e la educación cong egacionalis a en F. Lannon, Ca holic
Bilbao om.
102
Joseba Louzao Villa
En es a labo des aca on impo an es amilias de la indus ia izcaína,
como po ejemplo los Yba a, los U quijo, los Zubi ía o los Salcedo, em-
p esas,como la mine a Sociedad F anco-Belga, y o os pe sonajes millo-
na ios, como Lau eano Jado. No obs an e, la más des acable mues a de
es a es echa ligazón, po su ue e signi icación local, ue la c eación de
un nue o ins i u o eligioso po pa e de Ra aela de Yba a, hoy en día
bea a de la Iglesia y pe enecien e a es a dinas ía emp esa ial izcaína, bajo
el nomb e de la Cong egación de los Ángeles Cus odios. Es a asociación
eligiosa egen ó a ios cen os educa i os y p es ó especial a ención a
las jó enes que llegaban de los pueblos y que, con demasiada ecuencia,
acababan en el mundo de la p os i ución306.
Du an e es a época se desa olla on dos o mas de educación dis-
pa es en calidad y obje i os en consonancia con el papel que debían
desempeña en la sociedad y el des ino que po su condición de clase
les co espondía307. Y es que las ó denes y las cong egaciones eligiosas
ambién ac i a on di e en es p oyec os ligados a la educación popula y
bené ica a lo la go del siglo xix. Los jesui as, los salesianos, los He -
manos de las Escuelas C is ianas, las Hijas de la C uz o las p opias e-
ligiosas del Sag ado Co azón se dedica on de o ma g a ui a a educa a
niños y niñas en la zona mine a e indus ial. Tampoco debemos ol ida
la impo ancia que alcanza on cie as cong egaciones en la o mación
de ob e os compe en es y cuali icados, además de su pe eccionamien o
mo al, como los He manos Ma is as o los He manos de las Escuelas
C is ianas, en una labo iniciada en F ancia donde habían conseguido
un g an econocimien o como di ec o es de las escuelas de A es y
O icios308. Po su pa e, algunos consis o ios izcaínos ambién sub en-
ciona on el es ablecimien o de escuelas y cen os de o mación di igidos
306 Abad, Camilo Ma ía (1919): Vida de la sie a de Dios Dª Ra aela Iba a de Vilallonga,
undado a de la Cong egación de Religiosas de los San os Angeles Cus odios (II Vols.), Imp en a
de Eme e io Ve des, Bilbao.
307 M. Os olaza, En e eligión, pp. 200-201.
308 Dá ila Balse a, Paulí (1997): Las Escuelas de A es y O icios y el p oceso de mode nización
en el País Vasco, 1879-1929, Se icio Edi o ial de la Uni e sidad del País Vasco, Bilbao.
103
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
po eligiosos, demos ando una ez más el ma idaje en e ins i uciones
públicas y eligiosas309. En odo caso, odas las expe iencias educa i as
ca ólicas ex endían su labo más allá de las aulas, pues en la mayo ía de
los cen os con esionales se o maliza on espacios de sociabilidad ela-
cionados con la ca equesis, las euniones de pad es o las asociaciones de
an iguos alumnos310.
En cuan o a la e ien e bené ica y ca i a i a, la pob eza se conside ó
un g a e p oblema social que en de e minadas coyun u as podía as oca
el o den social es ablecido. Du an e la Res au ación se p odujo la conso-
lidación de las ins i uciones asis enciales en Vizcaya, en cuya e olución
u ie on una i al impo ancia las cong egaciones eligiosas emeninas y
de e minados agen es del laicado ca ólico. De hecho, las ob as bené icas y
sociales es u ie on muy media izadas du an e la época po el ca ác e e-
ligioso de es os es ablecimien os, incluso en las ins i uciones dependien es
de los pode es públicos311. Po des aca un ejemplo bas an e común, en la
g an mayo ía de las jun as municipales de Ca idad siemp e se encon aba
un eligioso. Además, no hay que desdeña que las cong egaciones eli-
giosas, siemp e desde plan eamien os e angelizado es, o ecían una mano
de ob a ba a a y muy en egada.
Po o a pa e, hay que eco da que en mayo de 1891 se hacía pública
la encíclica Re um No a um sob e la si uación social de la ida del abaja-
do 312. El impac o en el ca olicismo ue ascenden al, aunque la ecepción
ue a len a. Poco a poco comenza on a a icula se una se ie de ac i idades
enden es a mi iga y mejo a las condiciones ma e iales, pe o ambién se
309 Aizpu u, Mikel (2005): Ba akaldo. His o ia del siglo xx. I- (1900-1937). Auge de una
ciudad indus ial de la ma gen izquie da, Lib e ía San An onio, Ba acaldo, pp. 75-77.
310 El ejemplo del Colegio del Sag ado Co azón de Bilbao en F. He án, Bilbao con em-
po áneo, p. 336.
311 Ca asa, Ped o (2007): «Lo p i ado y lo público en el sis ema asis encial: el iángulo
Iglesia-Ayun amien o-Es ado en la bene icencia española», en Ab eu, Lau inda Ab eu
(ed.), Asis encia y ca idad como es a egias de in e ención social: Iglesia, Es ado y Comunidad
(siglos x -xx), Se icio Edi o ial de la Uni e sidad del País Vasco, Bilbao, pp. 159-160.
312 Mon e o, Feliciano (1983): El p ime ca olicismo social y la Re um no a um en Espana,
1889-1902, CSIC, Mad id.
104
Joseba Louzao Villa
desa olla on ac i idades pensando en las necesidades espi i uales de es os
sec o es sociales des a o ecidos. De hecho, en la idea de que las i udes
c is ianas podían a egla la g a e si uación social las cong egaciones eli-
giosas se unie on a la éli e polí ica pa a es ablece una e o ma social que
mo alizase a los abajado es y ayudase en la la econquis a espi i ual de
la egión. No obs an e, desde el an icle icalismo se a acó du amen e odas
es as ealizaciones po que se c eía que había unos in e eses más oscu os:
la manipulación de las conciencias y el con ol social313. Aunque pa ece
indudable que de ás de sus ac i idades bené icas exis ía cie o emo a los
p oblemas que podían ocasiona las di e en es si uaciones de injus icia,
en ningún caso es e miedo puede explica las ue es implicaciones pe -
sonales de igu as como Ra aela de Yba a314. En de ini i a, no se a aba
solamen e de una es a egia in e esada pa a acili a sus in e eses sociales
y económicos, sino que de ás había un ín imo con encimien o eligioso
in e no.
5. Fo mas De se ca ólico: espi i UaliDaD y iDa co iDiana
La sociedad española siguió conse ando un ma cado ca ác e ca ólico
du an e el pe iodo es au acionis a. Se acili aba de es a o ma la ansmi-
sión de una mo al, una e y una se ie conc e a de alo es. La Iglesia había
cul i ado un secula monopolio sob e los momen os más impo an es
de la ida de las pe sonas desde el nacimien o has a la mue e, lo que le
o ecía una signi ica i a p eeminencia social. Además, se encon aba si-
uada en el espacio público con la p esencia ísica de iglesias y con en os,
en el nomenclá o de las calles, en la enseñanza escola o en el espacio
simbólico que ocupaba du an e las celeb aciones eligiosas. Po an o,
eje cía una decisi a in luencia en la cons ucción de los modelos sociales,
mo ales, amilia es y educa i os y odo ello se mani es aba con especial
313 Es eban de Vega, Ma iano (1997): «Pob eza y bene icencia en la ecien e his o iog a ía
española», Aye , 25, pp. 15-34.
314 Díaz Mo lán, Pablo (2002): Los Yba a. Una dinas ía de emp esa ios (1801-2001), Ma -
cial Pons, Mad id, pp. 215-244.
105
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
in ensidad en el País Vasco. Du an e el p ime e cio de siglo los ca ólicos
españoles, al menos los que pa icipaban mili an emen e, habían in e io-
izado una i encia eligiosa insepa able de su pa icipación pública. La
espi i ualidad esidía en di e sas de ociones con implicaciones dia ias,
an o pe sonales como comuni a ias, que con o maban el bagaje espi i ual
de la cul u a polí ica del mo imien o ca ólico español, basada en un ac i o
nacionalca olicismo an ilibe al, aunque ambién hubo mili an es ca ólicos
en los pa idos polí icos libe ales315.
Los ca ólicos desmo ilizados, ambién conocidos como la «masa neu-
a», con inuaban siendo una mayo ía conside able. Es as implicaciones
gana on peso po el hecho de que, sob e odo a pa i de los cambios
p oducidos en la década de los diez en el país, ue on pa en es los e ec os
de la pé dida de in luencia social de los agen es eclesiás icos y de la p ác-
ica eligiosa316. La al a de da os iables y de es udios sociológicos no ha
pe mi ido elabo a mapas de obse ancia an p ecisos como los mane-
jados po los his o iado es anceses317. Sin emba go, po in o maciones
indi ec as podemos asegu a que en g an pa e de la mi ad no e espa-
ñola hubo una al a obse ancia que con as aba es adís icamen e con el
su del país. En la época se usó una clasi icación pa a los ca ólicos que
nos puede se i pa a es ablece un ma co acla a i o. Se di idían, según
el g ado de piedad, en e los más e o osos, en su mayo ía muje es de
comunión dia ia o semanal; los in e medios, cuya pa icipación e a más
espaciada; y los íos, ambién conocidos como indi e en es, que oían
misa los es i os y se con esaban y comulgaban solo en Pascua318. En
315 Cue a Me ino, Julio de la (1999): «Cul u a y mo ilización en el mo imien o ca ólico
de la Res au ación (1899-1913)», en Manuel Suá ez Co ina (ed.), La cul u a española
en la Res au ación, Sociedad Menéndez Pelayo, San ande , pp. 169-192.
316 También se dejaban no a en localidades u ales como mues an las eseñas del núme o
monog á ico «La eligiosidad del pueblo», Anua io de la Sociedad de Eusko-Folklo e, . 4,
1924.
317 He ieu-Lége , Danièle (2005): La eligión, hilo de memo ia, He de , Ba celona, pp.
21-35.
318 Ma caida, Manuel (1924): «La eligiosidad del pueblo. Meñaka», Anua io de la Sociedad
de Eusko-Folklo e, . i , p. 110.
112
Joseba Louzao Villa
mis pad es y abuelos e an muy ca ólicos, siemp e nos hablaban de Dios,
de la Vi gen y de los San os, an o que los p ime os años de mi ida
los pasé en un ambien e pa ecido al que odeó la exis encia de los p i-
mi i os c is ianos. Como és os, mi aba a Jesús como Je e de la amilia,
y a los San os los iden i icaba con mis pad es y abuelos, especialmen e
a San José, San Joaquín y San a Ana, a los san os Após oles, y a San
Ignacio de Loyola, Pa ón de Guipúzcoa, singula men e ene ados en
mi amilia346.
De es a o ma, se glo i icaban las i udes mo ales de la amilia y de
lo domés ico. Se hacía pa en e así que las igu as de ocionales del ca oli-
cismo (Jesuc is o, Ma ía o el p opio san José) pa icipaban de la me á o a
amilia 347. También se es ablecía en es e ámbi o las pau as que ma caban
la on e a en e lo que es aba bien y lo que es aba mal. No e a ex año
man ene es a dico omía en e el bien y el mal, en e la luz y la oscu idad.
De hecho, como han pues o de mani ies o es udios sob e la pa icipación
eligiosa en los mo imien os de p o es a de los años se en a en Es ados
Unidos, es más sencillo que los c eyen es eligiosos pa icipen ac i amen e
en la p o es a y la acep ación de sus mecanismos si «ca ac e izan la ida
como una lucha en e el bien y el mal»348. Po lo an o, es a c eencia
eligiosa, que o maba pa e de la iden idad de los ca ólicos españoles,
a o eció la pa icipación en las g andes mani es aciones o ac i idades
eligiosas du an e la Res au ación.
Igualmen e si el pad e ep esen aba la au o idad, la mad e hacía lo
p opio con el amo y con e ía el ma imonio en su pa icula «ca e a».
La eca olización de las clases medias inco po aba al uni e so mo al de
es e g upo social la imagen del hon ado cabeza de amilia, cumplido
de los debe es eligiosos, abajado y p eca ido. Po su pa e, la muje
346 So azu, Ma ía de los Ángeles (1990): Au obiog a ía espi i ual, Uni e sidad Pon i icia de
Salamanca/ Fundación Uni e si a ia Española, Mad id, p. 93.
347 Kselman, Thomas A. (1983): Mi acles and P ophecies in Nine een h-Cen u y F ance,
Ru ge s Uni e si y P ess, New B unswick, p. 96 y ss.
348 McVeigh, Ro y y Da id Sikkink (2001): «God, Poli ics, and P o es : Religious Belie s
and he Legi ima ion o Con en ious Tac ics», Social Fo ces, 79/ 4, p. 1427.
113
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
e a la seño a y « eina del hoga »349. En es e caso, la labo de la mad e
e a conside ada impo an ísima pa a la ansmisión de la i encia de
la e350. Du an e el siglo xix se p odujo una ans o mación de las e-
laciones in ama imoniales y pa e no iliales pe o, como han mos ado
algunos abajos ecien es, el impac o de la indus ialización y la u -
banización no soca a on los pila es amilia es y domés icos, sino más
bien al con a io, ya que se o alecie on di e sas o mas de solida idad
comuni a ia351. Unos da os que chocan con la sensación ca ólica de que
la amilia es aba su iendo una p o unda c isis como consecuencia de
los a aques de los «enemigos de la Iglesia» y po «la poca i meza de los
pad es» ca ólicos352.
Las muje es desempeña on en el seno de la amilia desde pa áme os
eclesiás icos un impo an e papel mo alizado y ga an e de la es abilidad
en e a las amenazas ex e io es. La muje ocupaba así el luga más im-
po an e en la ecupe ación y econquis a social desde el mismo co azón
del hoga . La muje de clase media es aba some ida al homb e, pe o eso
no signi ica que su in luencia no pesa a sob e algunas decisiones. En ea-
lidad, como han pues o de mani ies o di e sos es udios, el homb e es aba
subo dinado en el o den mo al a la muje 353. Con odo, muchas oces
es aban ca gadas de misoginia, incluso en e las p opias muje es, po que
se conside aba que enían que paga po la culpa de la E a bíblica354. Pa a-
lalemen e, en la sociedad libe al se e o muló la misoginia adicional: las
349 Ala cón y Mélendez, Julio (1908): Un eminismo acep able, Razón y Fe, Mad id, pp.
269-275.
350 Delumeau, Jean (di .) (1992): La eligion de ma mè e. Le ôle des emmes dans la ansmis-
sion de la oi, Les Édi ions du Ce , Pa is.
351 Ke ze , Da id I. y Ma zio Ba bagli (comps.) (2003): La ida amilia desde la Re-
olución has a la P ime a Gue a Mundial (1789-1913). His o ia de la Familia Eu opea,
ol. 2, Paidós, Ba celona, p. 10.
352 A. de Saga mínaga, ¡¡Si io…!!, p. 5.
353 Capel, Rosa Ma ía (1986): El abajo y la educación de la muje en España (1900-1930),
Ins i u o de la Muje , Mad id, p. 172.
354 Amilibia, Ma ía Asunción (2006): El dia io de la nos algia, Txalapa a, Pamplona,
p. 131.
114
Joseba Louzao Villa
muje es ya no ue on conside ados se es in e io es, sino di e en es355. La
i ud emenina solo podía se des uida po los desmanes de la pasión356.
En e los alo es emeninos más p eciados se encon aban la cas idad, la
sensibilidad, la modes ia y la obediencia que, aunque uese una imagen
libe al, se enga zaba pe ec amen e en el ideal ca ólico. Y, po encima de
odo, la piedad de la muje an e los icios que conducían a la degene ación
social357. De es a o ma, se pensaba que las muje es discu ían «con el
co azón y los ne ios»358.
Las dos imágenes emeninas más ex endidas en la men alidad de la
época e an la muje como ángel de la amilia y la de la pe ec a casada,
que se e o aía al pensamien o de F ay Luis de León359. Sin emba go,
es o no nos debe hace ol ida que es e a que ipo eligioso y bu gués no
solo e a concebido desde la eligiosidad ca ólica, sino ambién po men es
p og esis as. Ca men Ba oja y Nessi na a en sus memo ias cómo
mi mad e me acos umb ó desde pequeña, sin iolencia, y acaso yo e a muy
a p opósi o, pa a sen i la idea del debe . Mis he manos y luego mi ma ido
lo acep aban. La mo al de mi casa, muy a la «española», e a po demás
ígida pa a mí en cosas pue iles y sin impo ancia, y muy laxa pa a mis
he manos en cosas que yo, ya en onces, conside aba impo an es. Luego,
después de casada, es a mo al oda ía se acen uó más y ya no u e de echo
más que a hace mis labo es domés icas y lle a la ca ga de muchísimas
355 Molina, Isabel (2009): «La doble ca a del discu so domés ico en la España libe al: El
ángel del hoga de Pila Sinués», ex o inédi o p esen ado al Semina i d’His o ia Cul u-
al Uni e si a de València, Valencia, p. 3.
356 Guibe , J. (1943): La pu eza, Edi o ial Di usión, Buenos Ai es.
357 No es casual que la eseña de la o ganización del Fomen o de Vocaciones Eclesiás icas
en Bilbao se cali ica a a las muje es p esen es de piadosas, mien as a los homb es se les
e e ía como «dis inguidos» (BEOV, 1-ii-1921, p. 36).
358 ¿Quién ha uel o del o o mundo?, Adminis ación del Apos olado de la P ensa, Mad id,
1892, p. 46.
359 A es i, Ne ea (2000): «El ángel del hoga y sus demonios: Ciencia, eligión y géne o en
la España del siglo xix», His o ia con empo ánea, 21, pp. 363-394. O os ambién seña-
laban como ejemplo a Isabel la Ca ólica, Zabala y Le a, Pío (1913): Isabel La Ca ólica,
a que ipo de einas, esposas y de mad es, Tipog a ía del Sag ado Co azón, Mad id.
115
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
cosas. Lo que pudie a hace ue a de es o o de aho a moles ias y abajos
a los demás e a como oba algo a mis debe es de muje de casa. Según mi
amilia no enía de echo a nada más o acaso yo lo pensaba360.
Asimismo, y ligado a es as ans o maciones, se p odujo en algunos
hoga es una au én ica «gue a domés ica» en e el ma ido an icle ical y
la esposa ca ólica p ac ican e. Lo que no es ex año cuando comenzaban
a adqui i una nue a cen alidad las p ác icas de ocionales domés icas
y los homb es abandonaban la Iglesia. Po ello, la izcondesa de Ba-
an es aconsejaba a las muje es que p e iniesen «al homb e con a los
e o es de la iloso ía mode na»361. Como puso de mani ies o Bonnie
Smi h sob e las muje es ancesas, y al con a io de lo sucedido en el
ámbi o domés ico b i ánico, el hoga bu gués se encon aba some ido
a una ensa elación social en e un ma ido epublicano y an icle ical y
una muje conse ado a y e ien emen e ca ólica362. Se es ablecía esa
pola ización en e el ca olicismo y el an icle icalismo, con la ca ac e i-
zación de géne o señalada, que se ue a ianzando con la di e enciación
en e lo público y lo p i ado. De hecho, la abogada de las esposas y
mad es ca ólicas e a San a Mónica, que había sido obligada a casa se
con un iolen o pagano que la mal a aba y al que log ó con e i al
ca olicismo363.
En el caso izcaíno, ambién nos encon amos con esa misma ensión
amilia en algunas casas de clase media. Aún con la o al cau ela que debe
oma se cualquie ejemplo en esacado de la li e a u a cos umb is a, ale
la pena de ene nos en uno de los cuad os bilbaínos que esc ibió Manuel
360 Ba oja y Nessi, Ca men (1998): Recue dos de una muje de la gene ación del 98, Tusque s,
Ba celona, p. 45.
361 Ba an es, Vizcondesa de (1898): Plan nue o de educación comple a pa a una seño i a al
sali del colegio, Imp en a de A. Ma zo, Mad id, p. 64.
362 Smi h, Bonnie (1981): Ladies o he Leisu e Class: The Bou geoises o No he n F ance in he
Nine een h Cen u y, P incen on Uni e si y P ess, P incen on.
363 No ena de la muje ue e la glo iosa San a Mónica abogada de las esposas y mad es ca ólicas,
Imp en a Lib e ía Ca ólica de J. San os, Bilbao, 1899.
116
Joseba Louzao Villa
A anaz Cas ellanos364. En la na ación «T ein a años después», desc ibe
cómo anscu en los p epa a i os an e io es a la celeb ación del 2 de mayo
de un an iguo auxilia bilbaíno, mien as su muje y su cuñada, de o as
ca ólicas, a an de o pedea el ecue do. Tan o es así, que ese día no e-
ciben en casa El Libe al, sino solo el ca ólico La Gace a del No e. Pe o la
cosa no e mina ahí, pues nadie encuen a po la casa la go a de auxilia .
Al inal desis e de suma se a la p ocesión cí ica ya que, además, su hijo
debía lee en el colegio de O duña de los jesui as un discu so sob e e o es
mode nos. Pese a odo, e mina pensando que el año que iene sin al a
acudi á «¡a la «p osesión»!»365. Tópicos al ma gen del Bilbao de la época,
escenas simila es pudie on sucede en la Vizcaya es au acionis a, ya que
la p ensa socialis a y los epublicanos adicales no se cansa on de denun-
cia si uaciones pa ecidas.
En elación con es a eminización de la eligiosidad, ambién hay que
señala que du an e la e a «piana» (en e los pon i icados de Pío IX y Pío
XII), lo ma iano ue un pila en el edi icio ca ólico, siendo conside ada la
edad de o o de la Vi gen Ma ía. De hecho, el p ime o ma có la e olución
del hecho ma iano con empo áneo con la p oclamación del dogma de la
Inmaculada Concepción en 1854366. La igu a de la Vi gen Ma ía se con-
i ió así en una de las p incipales he amien as con asecula izado as que
u ilizó el ca olicismo. La Iglesia in en ó esponde con i alidad a los e os
que le lanzaba el mundo mode no a a és de las di e sas ad ocaciones,
de las pe eg inaciones a los san ua ios, del a ance de las co adías y de las
cong egaciones eligiosas o del en amado de apa iciones ma ianas an-
cesas del xix. La de oción ma iana, aunque quizá debamos usa el plu al,
pe mi ía conjuga se en muy di e en es ni eles. En p ime luga , e a una
364 En La Lucha de Clases, 2-XI-1907, se podía lee que se debía hace de la muje «un se
pensan e, un se ac i o, lib e del encadenamien o de los p ejuicios sociales y lib e de las
ga as del cu a, que la iene hoy suje e y embaucada pa a que ella a su ez suje e y em-
bauque al homb e».
365 M. A anaz Cas ellanos, Cuad os bilbaínos, pp. 52-54.
366 Robles, An onia Amo (2001): «Escenog a ía ea al, es i idad y deco ación: el dogma
de la Inmaculada y su p oclamación en la Roma de Pío IX», Bole ín de A e, 22, pp. 219-
244.
117
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
de oción ca ólica uni e sal indiscu ible, an o pa a los ca ólicos más mi-
li an es como pa a los íos, cuyo cen o se encon aba en las apa iciones
milag osas de Lou des, un luga isi ado po millones de ca ólicos en e
los que encon amos a los españoles desde mediados de siglo. Po su pa -
e, odas las oces esal aban una singula idad española, que en ealidad
no e a al: el país e a la ie a de Ma ía po excelencia. La c ónica de un
Cong eso Ma iano celeb ado en Ba celona en 1918, año en que se cele-
b aba el ani e sa io de es impo an es echas de la memo ia ma iana del
ca olicismo español (la ba alla de Co adonga, la econquis a de Za agoza
y la apa ición de la Vi gen de la Me ced), asegu aba que
España es de Ma ía. Y lo es po que Ella quiso se nues a desde los
p incipios del c is ianismo, en que se apa ecie a al Hijo del T ueno pa a
con o a lo en su apos olado; y lo es po que los españoles en jus a co es-
pondencia, hemos que ido se suyos desde emo os iempos. De modo que
si la Vi gen ha hecho de nues a Pa ia su nación p edilec a, ambién ha
podido deci se con mucha azón que odo el sis ema ma iano e a has a
cie o pun o español367.
En odo caso, es a cons ucción nacional como símbolo de e espa-
ñola no puede en ende se ampoco sin los signi icados que o ecían las
di e sas ad ocaciones a ni el local, egional y p o esional, ya que acili-
a on sen imien os de pe enencia y au oiden i icación g upal con pa o-
na os, co onaciones canónicas y mul i udina ias pe eg inaciones368. Las
pe eg inaciones a los más impo an es san ua ios ma ianos españoles y
las ome ías a los san ua ios locales se con i ie on en un acica e pa a
en en a se a la indi e encia. Además, se con i ie on en una o ma de
mo ilización no solo eligiosa sino ambién polí ica, como lo demues-
367 C ónica del P ime Cong eso Ma iano mon o iano. Celeb ado en Ba celona del 18 al 21 de
sep iemb e año 1918, Tipog a ía San Buena en u a, To ana, 1920, p. 72.
368 A modo de ejemplo, la i gen del Ca men se con i ió en 1907 en Pa ona de la locali-
dad pesque a de San u ce (La Gace a del No e, 22- ii-1907). An es había sido nomb ada
Pa ona de la Ma ina de Gue a española en 1901, como la del Pila lo ue a pa i de
1913 de la Gua dia Ci il.
118
Joseba Louzao Villa
an los casos de las pe eg inaciones a Begoña en el ámbi o izcaíno, las
pe eg inaciones al Pila en Za agoza en el nacional, o a ni el in e na-
cional, el san ua io de Lou des, conside ado la au én ica o aleza donde
se había iniciado la econquis a u al de F ancia, que ecibió nume osas
expediciones ascas369.
Asimismo, ambién epe cu ía en el ámbi o pe sonal en e a las
ans o maciones sociales y polí icas370. De es e modo, las de ociones
e imágenes con empo áneas se en elazaban con el ámbi o domés ico
y amilia . En la igu a de Ma ía se simbolizó el ideal emenino del
ca olicismo, ejempla izando cualidades como la abnegación, la ca idad
y la o ación. En es e sen ido, la Res au ación a o eció el desa ollo y
la c eación de un po en e uni e so asociacionis a ca ólico, an o de e-
ligiosos como de segla es. Como ya se ha señalado, las cong egaciones
de ida ac i a ue on expandiéndose po odo el país. Mien as, po su
pa e, los segla es ambién comenzaban a euni se en o no a asocia-
ciones asociaciones bené ico-asis enciales, mo ales y de ocionales371. La
p opia je a quía ca ólica se p eocupó a ni el diocesano de la c eación de
es as asociaciones en su e i o io. En de ini i a, a aban de u iliza las
he amien as necesa ias pa a pa icipa en la sociedad con la conciencia
cla a de se miemb os de la Iglesia.
Solo a pa i de es e c ecimien o asocia i o, se puede comp ende el
po en e con lic o polí ico y cul u al desa ollado en o no al cambio de
siglo372. Sin emba go, la e olución ue compleja, ya que los laicos habían
369 Vila iño, Remigio: «El iun o de la causa ca ólica en F ancia», El Mensaje o del Co a-
zón de Jesús y del Apos olado de la O ación, . l ii i -1914, p. 302 y Ha is, Ru h (1999):
Lou des: body and spi i in he secula age, Penguin, London.
370 Vila iño, Remigio: De oción a la Vi gen, El Mensaje o del Co azón de Jesús, Bilbao,
1919, p. 9.
371 Milán Ga cía, José Ramón (1998): «El asociacionismo ca ólico español en 1900: un
in en o de ap oximación», Hispania Sac a, 102, p. 661.
372 Cue a Me ino, Julio de la (1997): «Mo ilización polí ica e iden idad an icle ical, 1898-
1910», Aye , 27, pp. 101-126; Íd., «Cul u a y mo ilización», pp. 169-192; e Íd. (2000):
«Ca ólicos en la calle: la mo ilización de los ca ólicos españolas, 1899-1923», His o ia y
Polí ica, 3, pp. 55-80.
119
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
sido educados en un ambien e excesi amen e cle icalizado. De es a o ma,
la pasi idad e a la no ma gene al y el cali ica i o más usado pa a de ini
la ealidad. Hay que ene en cuen a que las asociaciones de ocionales
o ecían una se ie de en ajas, en e ellas la no menos impo an e de i i
comuni a iamen e una espi i ualidad y en la cambian e sociedad u bana
acili aban un luga donde sen i se segu o. E a un ipo de asociacionismo
muy di e so elacionado con una de oción pa icula , en e las que do-
minaban las euca is ícas, las c is ológicas y las ma ianas. Además, en es a
época se ue ampliando el con as e en e las iejas co adías y las nue as
asociaciones373. En e es as o ganizaciones podemos des aca las Con e-
encias de San Vicen e Paúl, que se habían es ablecido en F ancia en 1835,
y un núme o conside able de asociaciones piadosas, como la Ado ación
Noc u na, los Jue es Euca ís icos, a las que se unían un la go e cé e a de
decenas de nue as asociaciones de ocionales. En de ini i a, es os g upos
o ecie on un espacio donde coincidi , elaciona se y auna ue zas, como
las ac i as ó denes e ce as, asociaciones piadosas de laicos inculadas a
ó denes an igua ( anciscanos, ca meli as y dominicos), que se impulsaban
pa a segui una egla de ida en el mundo374.
Po su pa e, los jesui as dinamiza on bas an es de los más impo an-
es g upos de ocionales izcaínos. Pa a el es ablecimien o de es e aso-
ciacionismo se alían de su ed de es ablecimien os educa i os, ya que
en muchas ocasiones odos los alumnos del cen o o maban pa e de la
cong egación. En e ellos des acaban las di e en es cong egaciones ma-
ianas y el en amado del Apos olado de la O ación, elacionado con la
de oción del Sag ado Co azón. La asociación había sido in oducida en
España g acias a la labo de Josep Mo gades, cuya di ección abandonó al
se nomb ado obispo de Vic. En 1883, el Apos olado, que ya es aba en
373 López-Guadalupe, Miguel Luis (1995): «Las co adías en la España del siglo xix», xx
Siglos, 25, pp. 43-56.
374 C ónica de la Pe eg inación, p. 39. Un amplio es udio de la o den e cia ia capuchina en
Ca aluña, Se a de Man esa, Valen í (2004): El Te ç O de dels Capu xins: apo acions
del laïca anciscà a la his o ia con empo ània de Ca alunya (1883-1957), Facul a de Teolo-
gia de Ca alunya, Ba celona.
120
Joseba Louzao Villa
odas las diócesis españolas pasaba a los jesui as y la di ección se es ablecía
en Bilbao, donde se c ea on cen os en el colegio de O duña, en la Resi-
dencia de Bilbao o en Du ango. Pe o lo más des acable en ese momen o
ue que con la di ección del Apos olado la comunidad bilbaína se hacía
ca go de su e is a, El Mensaje o del Sag ado Co azón. Desde en onces, es a
publicación mensual se ans o mó en una de las publicaciones más leídas
y di undidas en el ca olicismo español. Jun o a es e desa ollo edi o ial, el
cen o bilbaíno de los San os Juanes se con i ió a inicios de siglo en uno
de los más nume osos de España con más de 10000 socios375. Y, po su
pa e, la Cong egación de Ma ía Inmaculada y San Luis Gonzaga local,
es deci los popula men e conocidos como luises, e a conside ada po su
dinamismo y ac i idad una de las cong egaciones ma ianas españolas más
mode nas y e icaces376.
6. los ca ólicos y la polí ica
A lo la go de es e capí ulo se ha ido des acando la p esencia pública de
la je a quía eclesiás ica y de los eligiosos en la egión. Po an o, se hace
ineludible es ablece algunas acla aciones sob e la elación p oblemá ica
en e ca olicismo y polí ica du an e la Res au ación. Quizá sea uno de los
aspec os más conocidos po la his o iog a ía asca, al habe sido a ado
en los nume osos es udios sob e las o ganizaciones polí icas con esionales,
po lo que aquí solo se o ece án unas b e es pinceladas. Po ello, hemos
decidido des aca analí icamen e los aspec os cen ales que explican la
con o mación de una cul u a polí ica ca ólica ans e sal que acili ó la
mo ilización y la ac i ación de la p o es a du an e es e pe íodo. Dicho
es o, en es e abajo hemos seguido la o mulación es ablecida po Jean-
F ançois Si inelli, que de ine la cul u a polí ica
375 El Mensaje o del Co azón de Jesús y del Apos olado de la O ación, . xxxii, ix-1901, pp. 274-
276.
376 Re uel a González, Manuel (2008): La Compañía de Jesús en al España Con empo á-
nea. Tomo iii: Palab as y Fe men os (1868-1912), Ediciones Mensaje o/Sal Te ae/Uni e -
sidad Pon i icia de Comillas, Mad id, p. 518.
121
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
como una especie de código y un conjun o de e e en es (especialmen e,
c eencias, alo es, memo ia especí ica, ocabula io p opio, sociabilidad
pa icula , i ualizada o no), o malizados en el seno de un pa ido o
di undido más ampliamen e en el seno de una amilia o de una adición
polí icas, y que le con ie e una iden idad p opia. Lo que signi ica, conc e-
amen e, que una cul u a polí ica es un conjun o de ep esen aciones que
con igu a un g upo humano en el plano polí ico, es deci , una isión el
mundo compa ida, una común lec u a del pasado una p oyección en el
u u o i ida conjun amen e. Y que oma cue po, en el comba e polí ico
co idiano, en la aspi ación a una y o a o ma de égimen polí ico y de o -
ganización socio-económica al mismo iempo que sob e no mas, c eencias
y alo es compa idos377.
Es a concep ualización nos pe mi e de ende , con odas las p ecaucio-
nes posibles, la exis encia de una amplia cul u a polí ica ca ólica ans e -
sal. T es ue on los pun os cla e pa a de ini es a cul u a de es a mo ili-
zación: el an ilibe alismo, el nacionalca olicismo y la a i mación de una
iden idad ma i ial378. En el in e io de es a g an cul u a coincidie on
di e sas subcul u as polí icas, como la ca lis a, la in eg is a, la ue is a, el
nacionalismo asco o el ca olicismo independien e. Todo ello sin ol ida
que los en en amien os en e los dis in os g upos ue on cons an es a lo
la go del pe íodo, a causa de la coyun u a polí ica elec o al, la dualidad
nacional es ablecida o la p oblemá ica acep ación del libe alismo.
En cualquie caso, e a una cul u a polí ica ans e sal e in e clasis a,
que pe mi ió la c eación de una nue a au oiden i icación ca ólica. De es a
o ma, en las elecciones enía la capacidad de mo iliza el o o ca ólico
o p esen a en la es e a pública a a ios miles de pe sonas, como en las
377 Ci . en Saz, Ismael (2008): «La his o ia de las cul u as polí icas en España (y el ex a-
ño caso del nacionalismo español)», en Benoî Pellis andi y Jean-F ançois Si inelli
(eds.), L’his oi e cul u elle en F ance e en Espagne, Casa de Velázquez, Mad id, p. 219.
378 J. de la Cue a Me ino, «Cul u a y mo ilización», pp. 169-192; Íd., «Ca ólicos en la
calle», pp. 55-80; e Íd. (2005): «Cle icalismo y mo ilización ca ólica du an e la es au-
ación», en Julio de la Cue a Me ino y Ángel Luis López Villa e de (eds.), Cle ica-
lismo y asociacionismo ca ólico en España: de la Res au ación a la T ansición, Uni e sidad de
Cas illa-La Mancha, Cuenca, pp. 27-50.
128
Joseba Louzao Villa
de la época: «Sí, ya sabemos que ese es el pa ece de muchos [la paz]; lo
cual no obs a pa a que, an e el Paganismo edi ido, la Iglesia de Dios,
aún más que Con eso es y Ví genes necesi e Má i es»403. O apa ecía en
con e saciones en e ca ólicos como, po ejemplo, cuando unos jó enes
na a os en Loyola al e e i se a la malog ada pe eg inación nacional al
Pila de Za agoza asegu a on: «en cuan o hagamos la colada ya no hay
po qué eme la mue e: ¡i emos a Za agoza! ¡A mo i po C is o, después
de de ende le!»404. En de ini i a, se en endía que el ma i io e a necesa io
po que se si uaba con a el mal sa ánico enca nado en la masone ía y el
lib epensamien o405.
Po úl imo, nos encon amos con el e ce pila básico de es a cul u a
ca ólica: el nacionalca olicismo. An e odo hay que des aca que ue un
concep o su gido en los ámbi os del ca olicismo an i anquis a, po lo
queha sido discu ido po un sec o de la his o iog a ía ca ólica españo-
la,que e en él cie o « ono idiculizan e»406. Po nues a pa e, en en-
demos que es un é mino que encaja pe ec amen e al con enido que se
le p e ende o o ga . Con dicha unión el nacionalca olicismo español se
con i ió en el elemen o cen al de una de las adiciones de la de echa
nacionalis a que Ped o C. González Cue as de inió ace adamen e como
« eológico-polí ica»407. En odo caso, hab á que desnacionaliza lo, ya que
la idea de un ca olicismo nacional no es p i a i a de España, como lo
demues an los casos de Po ugal, Polonia, Ecuado o México.
Todos es os p oyec os nacionales y ca ólicos bebían de una eología
de las naciones es ablecida po las di ec ices a icanas a mediados del
siglo xix. En ealidad, e a una acep ación del concep o nacional del li-
403 «Se necesi an má i es», La Ho miga de O o, 14-ii-1903.
404 Ca as Edi ican es de la Asis encia en España, n. 2, 1903, p. 324.
405 Ruiz Sánchez, José-Leona do (2005): «Re lexiones sob e la con o e sia cle icomáso-
nica en la Res au ación y Segunda República», S udia His ó ica. His o ia Con empo ánea,
23, pp. 153-176.
406 L. Cano, «Reina é en España», p. 156.
407 González Cue as, Ped o Ca los (2000): His o ia de las de echas españolas. De la Ilus a-
ción a nues os días, Biblio eca Nue a, Mad id, p. 18.
129
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
be alismo, pe o ompiendo con su ca ác e o iginal. Es deci , esul ó se
una au én ica eología polí ica de econquis a, ya que se plan eó como
ecupe ación de un pasado glo ioso y con una eden o a misión de u u o
po la implan ación del Reino de C is o. Además, se a aba de o ece
una espues a en e a las e oluciones de p incipios del xix y al in e na-
cionalismo socialis a, a a és de la de ensa de isión o ganicis a y coo -
po a i a de la sociedad o ganizada median e cue pos in e medios408. De
es a concep ualización bebían ambas a ian es nacionales y ca ólicas en el
País Vasco po lo que no pueden se desligadas. Una eología polí ica de
las naciones que es u o p esen e en los documen os pon i icios de León
XIII que des acaba que pa ia y eligión e an dos amo es compa ibles, ya
que ambos p ocedían de
un mismo p incipio e e no, pues o que de en ambos es causa y au o el
mismo Dios; de donde se sigue que no puede habe oposición en e los
dos. Cie amen e, una y o a cosa podemos y debemos: ama nos a noso-
os mismos y desea el bien de nues os p ójimos, ene amo a la pa ia
y a la au o idad que la gobie na; pe o al mismo iempo debemos hon a
a la Iglesia como a mad e, y con odo el a ec o de nues o co azón ama
a Dios409.
Po ello, so p ende que muchos es udiosos hayan asegu ado que «el
ca olicismo sigue siendo an inómico de la idea de nación incluso en e
los que han echazado la idelidad a la Iglesia omana»410. Sin emba go,
p oposiciones como és a pa icipan de lec u as simplis as de la p ác ica
del ca olicismo. No cabe duda que la Iglesia ue una ins i ución ansna-
cional, pe o ello no quie e deci que no alimen a a exp esiones naciona-
lis as, po lo que debemos ede ini la elación en e nación y ca olicismo.
De hecho, el ca olicismo no ue e ac a io, al menos desde mediados de
408 Pe ec o, Miguel Ángel (1996): «El co po a i ismo en España: desde los o ígenes a la
década de 1930», Pasado y Memo ia, 5, pp. 185-218.
409 Sapien iae Ch is ianae. Ca a Encíclica del S. P. León XIII ace ca de las obligaciones de
los c is ianos, p omulgada el 10 de ene o de 1890.
410 Mend as, Hen i (1999): Sociología de Eu opa Occiden al, Alianza, Mad id, p. 58.
130
Joseba Louzao Villa
siglo xix, a la idea de nación y comenzó un du o en en amien o po la
de inición nacional, ocasionando lo que hemos des acado en o o luga
como la nacionalización del con lic o en e cle icales y an icle icales411.
También ideas simila es se localizaban en o as con esiones c is ianas y,
po ejemplo, el pas o e angelis a Billy Sunday no dudó en a i ma que
«C is ianismo y Pa io ismo son sinónimos, como ambién lo son in ie -
no y aido es»412.
En es e len o p oceso de acep ación del égimen libe al, la Iglesia se
ue nacionalizando en la segunda mi ad del xix. De es a o ma, la iden-
idad eligiosa ca ólica en España se e o muló den o de los pa áme os
discu si os del nacionalismo. Un nacionalca olicismo, como lo de inió el
his o iado Al onso Bo i, que undió sus ancialmen e el ca olicismo y la
nación, en el que encon amos pe sonajes an di e sos como Menéndez
Pelayo o Rami o de Maez u, y o ganizaciones polí icas como Acción Es-
pañola, que asumie on la mode nidad económica, pe o no la polí ica413.
Po an o, pese a la escasa a ención p es ada has a hace bien poco po
los es udiosos del nacionalismo, la Iglesia ue un agen e nacionalizado
de p ime o den al que hay que ene en cuen a en el es udio de la cons-
ucción de la nación española414. La elabo ación de es a cul u a polí ica
ca ólica y nacionalis a, en la que se en e ejía el ca olicismo con la nación
española, se ue aguando len amen e al co e de las décadas inales del
xix en un p oceso no exen o de p oblemas y con adicciones. La e ca-
ólica se ans o maba en el elemen o cons i u i o de la nación y no solo
411 Louzao, Joseba (2008): «Es debe de e dade o y au én ico pa io ismo… La nacionali-
zación del con lic o en e cle icales y an icle icales (1898-1939)», en Enca na Nicolás y
Ca men González (eds.), Aye es en discusión. Temas cla e en His o ia Con empo ánea hoy,
Uni e sidad de Mu cia, Mu cia, 2008, s.p.
412 Ma sdsen, Geo ge M. (2006): Fundamen alism and Ame ican Cul u e. The Shaping
o Twen ie h Cen u y E angelicalism, 1870-1925, Ox o d Uni e si y P ess, New Yo k,
p. 142.
413 Bo i, Al onso (2008): Cielo y dine o: el nacionalca olicismo en España (1881-1975), Alian-
za, Mad id.
414 Ál a ez Junco, José (2001): Ma e Dolo osa. La idea de España en el siglo xix, Tau us,
Mad id.
131
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
ac ualizaba el pensamien o con a e oluciona io, sino que in oducía en
su idea io algunos elemen os de la mode nidad, como el capi alismo o el
desa ollo indus ial.
En 1919, Leopoldo Eijo y Ga ay esumía las p emisas ideológicas de
es a eología de las naciones en una o ación sag ada celeb ada el día de la
es i idad de San a Bá ba a, pa ona de los a ille os:
No es que la eligión ca ólica se iden i ica a con la pa ia, no. Así como no
se mide ni asa el amo debido a Dios po el debido a los pad es (…); así
ampoco la eligión, al impone con su mo al el pa io ismo, se iden i ica
con una nación, se educe a su e i o io y se limi a a sus on e as; no;
Ca ólica ella, asciende sob e odas las naciones, y siendo Una y la misma
pa a los hijos de las dis in as pa ias, enciende en el pecho de cada uno el
amo de su pa ia p opia, le inspi a los nobles ideales, le ena dece con sus
san os en usiasmos, lo acucia a coope a a la mejo a y eng andecimien o
de su nación po la i ud, el abajo, el cul i o de odas las humanas a-
cul ades, de al mane a que mien as mejo c is iano sea, más ú il se á a su
pa ia, y mien as mejo pa io a, más cumplido de sus debe es c is ianos.
Así se unie on la Religión y la Pa ia en odas las nue as naciones hijas de
la Iglesia y pues as bajo su di ección ma e nal; y po lo que oca a España,
emos con luz me idiana que la Religión y la Pa ia an en ella unidas es-
echa e ín imamen e con i ompibles lazos y ligan a e nalmen e sus lau-
eles pa a eje la inma cesible co ona de la glo ia del pueblo Español415.
Obs a deci ambién que no odos los ca ólicos españoles, ni odos
los ca ólicos de de echa, encajan den o de es e esquema. Con odo, los
eligiosos ascos e an en su mayo ía de enso es i mes de los p incipios na-
cionalca ólicos, aunque se amoldaban a una lec u a di e encial del pasado
his ó ico de Vizcaya, uniendo el amo a los ue os con el debido a Dios.
Como eco daba el jesui a Villalonga en un se món du an e la celeb ación
del día de San Ignacio
415 Eijo y Ga ay, Leopoldo (1919): Religión y Pa ia. O ación sag ada que en la solemne ies a
de San a Bá ba a de los As ille os celeb ada en Vi o ia el día 4 de Diciemb e de 1919…, Im-
p en a de los Hijos de I u be, Vi o ia, pp. 20-21.
132
Joseba Louzao Villa
el lazo indes uc ible que una la e y al es ado polí ico adicional,
unión sellada con ju amen o an e los al a es, median e el cual nues os
legislado es debían mi a y a ende en sus a eas, al p opio iempo que
los cuidados anejos a la ida e ena, el mejo y más impo an e se icio
de Dios416.
Po su pa e, el ca lis a José de Liñán asegu aba que e an «una mis-
ma e idén ica la causa de Dios y la de Bizcaya»417. De es a o ma, la
melancolía o alis a pe i ió con ue za en el País Vasco a lo la go de
las décadas pos e io es a la gue a ci il418. El ba do asco José Ma ía
Ipa agui e ep esen aba es e sen imien o a la pe ección: «¡Po Dios,
pues, no pe dáis el euske a/ mis que idos he manos!/ Si lo pe demos…
es amos pe didos/ noso os y nues os hijos»419. Incluso un obispo plena-
men e nacionalis a español como Leopoldo Eijo Ga ay se e i ió en una
elada en el Semina io Concilia al euske a como «el p ime o y el más
alioso eso o lingüís ico de nues a pa ia»420. La ó mula del in eg is a
guipuzcoano Juan Olazábal «un Dios: Jaungoikoa; una Pa ia: la Vasca;
Un código: nues os Fue os; una Nación: la Española» pod ía ca ac e iza
es a e ien e nacionalca ólica exp esada en el País Vasco en se mones y
publicaciones ca ólicas421.
Desde un p esen ismo endencioso en ocasiones se e ie e a la «Iglesia
asca» como si ue a un odo ácilmen e iden i icable. En especial, en
416 La Gace a del No e, 1- iii-1906.
417 Liñán, José de (1897): La ju a de los Fue os po los Seño es de Bizcaya: su ascendencia
his ó ica y social, Imp en a de la P opaganda, Bilbao, p. 125.
418 Be iochoa, Ped o (2008): «Gu u zea e a A bola: apun es sob e la Iglesia asca y los
se mones de las ies as euska as en Gipuzkoa», Bole ín de la Real Sociedad Bascongada de
los Amigos del País, 2, pp. 1069-1091.
419 Beláus egui, Ignacio (1920): El ba do euska o Ipa agui e, Imp en a de R. y F. de So-
loaga, Du ango, 1920.
420 Ci . en Lecuona, Manuel: «La Mé ica Vasca», BEOV, 1-ii-1919, p. 67.
421 Obie a, Ma ía (1996): Los in eg is as guipuzcoanos. Desa ollo y o ganización del Pa ido
Ca ólico Nacional en Guipúzcoa (1888-1898), Ins i u o de De echo His ó ico de Euskal
He ia, s.l., p. 299.
133
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
lo que hace a la asunción de la in ínseca elación en e nacionalismo
asco y la Iglesia. Sin emba go, las elaciones en e la Iglesia ca ólica
y el nacionalismo, o mejo dicho, la elación en e Iglesia e iden idad
nacional en el País Vasco no se pueden es ablece a a és de dibujos de
b ocha go da. Desde el inicio del siglo xx, la Iglesia en el País Vasco se
escindió en dos iden idades nacionales, cuya con i encia no ue del odo
ácil. No ue on pocas las a i maciones que po enciaban el ca ác e ca ó-
lico del nacionalismo asco. En el dia io Euzkadi se pudo lee : «somos
CATÓLICOS, APOSTÓLICOS, ROMANOS ANTES QUE VAS-
COS, y que, epi iendo un concep o de nues o Maes o, si supié amos
que Euzkadi, al ecob a odos sus de echos, no había de se ca ólica,
condena íamos odos nues os abajos y deja íamos de da un solo
paso en adelan e»422. El mismo Sabino A ana en una ca a a Eng acio
A anzadi asegu aba que p oclamaba «el ca olicismo pa a mi Pa ia, po -
que (…) sin Dios no que emos nada»423. Tampoco debe so p ende nos
que algunos pensado es del ca olicismo hispano oma an como ejemplo
a es e mo imien o polí ico424. G aciano Ma ínez, una oz des acada
den o de la je a quía eclesial, apos ó como modelo po el nacionalismo
asco po que es aba segu o
de que con el iempo el izkai a ismo [sic.], pasada la ieb e aguda de
oman icismo nacionalis a en que aho a i e, e oluciona á, como ha
e olucionado el ca alanismo, hacia un egionalismo ue e y compa ible
con la unidad nacional. Y en onces la in luencia de ese egionalismo
cundi á425.
422 Euzkadi, 24-xii-1913.
423 Ca a de Sabino A ana a Eng acio A anzadi, 20-xi-1897, ci . en Elizondo, Mau o
(1981): Sabino A ana. Pad e de las nacionalidades. Co espondencia de los he manos A ana
Goi i ( ol. I), La G an Enciclopedia Vasca, Bilbao, p. 297.
424 Discu ido en González Cue as, Ped o C. (2008): «T adicionalismo, ca olicismo y
nacionalismo: la ex ema de echa du an e el égimen de la Res au ación (1898-1930)»,
Aye , 71, p. 34.
425 Ma ínez, G aciano (1926): Hacia una España genuina (Po en e la psicología nacional),
Imp en a del Asilo de Hué anos del Sag ado Co azón de Jesús, Mad id, pp. 62-63.
134
Joseba Louzao Villa
Asimismo, con a la opinión gene alizada, el cle o asco no ue ma-
yo i a iamen e pa ida io del nacionalismo asco. De hecho, los análi-
sis e ec uados pa a el cle o diocesano guipuzcoana du an e los años
de la II República mues an lo endencioso de es as a i maciones, ya
que una mayo ía conside able se encon aba p óxima ideológicamen e
al adicionalismo (54% en e a un 30% nacionalis a)426. Tampoco se
debe desdeña que en plena dic adu a muchos cu as u ales izcaínos
consiguie on el ca ne de la Unión Pa ió ica de P imo427. Po ello,
el semana io nacionalis a Pa ia se quejaba que, a pesa del debe
pa ió ico del sace do e, es os no a endían a los pos ulados del PNV:
«¿no es amos cansados de oí en los púlpi os de Euskadi, a los sace -
do es españolis as, aconsejándonos que eduquemos nues os hijos a la
española, que seamos buenos españoles, que amemos a España?»428.
Es más, la je a quía se en en ó cons an emen e al nacionalismo asco
y los choques en e cle o pa oquial y el pa ido nacionalis a ue on
habi uales.
En la men alidad cle ical adicional pa ecía e iden e que el asco
e a un buen español po ca ólico, y así se expuso en nume osos se mo-
nes. Po ello, A ana u o en en amien os con el jesui a Julio Ala cón y
o os sace do es po sus plá icas españolis as ya que, pa a el líde bizkai-
a a, el o igen de odos los males del pueblo asco se encon aban en
También en El Deba e, 7- -1917 se p es ó a ención a los «acie os» de la Dipu ación na-
cionalis a de Vizcaya: «Fiel a las con icciones de su pa ido, el seño So a ha man enido
el lema de és e: Dios y ue os. Ha anunciado que los dipu ados nacionalis as p ocede án
p ime o como ca ólicos, después como ascos. Nues o elogio, po espe ado, pod íamos
omi i lo, si no uese un debe ibu a lo (…). En suma: que los p ime os ac os de los
nacionalis as en la Dipu ación de Vizcaya —decimos «p ime os» po que aho a, po p i-
me a ez, ienen mayo ía en ella— nos pa ecen un comienzo excelen e» (ci . en Ga cía
Escude o, José Ma ía (1983): El pensamien o de El Deba e: un dia io ca ólico en la c isis
de España (1911-1936), Edi o ial Ca ólica, Mad id, pp. 594-595).
426 M. Aizpu u y D. Unanue, «El cle o diocesano», pp. 287-304.
427 Pablo, San iago de y Ludge Mees (2005): El péndulo pa ió ico: his o ia del Pa ido
Nacionalis a Vasco, 1895-2005, C í ica, Ba celona, pp. 192-194.
428 Pa ia, 6-i-1906.
135
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
la noci a in luencia de lo español429. Solo cuando la idea nacionalis a
ue desa ollándose en el país comenzó a e leja se en el cle o asco.
Los p ime os p oblemas con sace do es en el semina io se inicia on en
1900. Po en onces se umo eó que el cle o asco e a nacionalis a, pe o
las cosas e an bien dis in as. El obispo i o iano Ma eo Múgica, en
sep iemb e de 1936 ace aba, al de ende se de las acusaciones sob e su
supues a pe misi idad con el nacionalismo asco an e el ca denal Gomá,
asegu ando que «con odo, según algunos, cualquie a di ía que nues os
muchachos han nacido en el Semina io y que desde la cuna, odos en esa
San a Casa se han dedicado a o ma nacionalis as: ¡qué inju iosísimo y
il modo de calumnia !»430.
Po lo an o, los obispos i o ianos no a o ecie on la expansión del na-
cionalismo, ya que se in en ó en o pece el desa ollo jel zale en su p ime a
e apa431. En una ase pos e io , que coincide con la di usión polí ica del
nacionalismo, se a ó el asun o con ex emo cuidado, in en ando lima
las aspe ezas lo máximo posible pa a que los oces no pudie an pasa a
mayo es. Lo que ampoco e a una ac i ud no edosa pa a los obispos, ya
que en España la di isión de los ca ólicos a o eció que en muchas oca-
siones u ie an que hace e dade os malaba ismos polí icos y lingüís icos
pa a no en en a aún más a las di e sas sensibilidades que se encon aban
en sus diócesis. En odo caso, la je a quía a ó de e i a cualquie aza
de nacionalismo sepa a is a en su seno, llegando a casos incong uen es,
como señalaba Ba andia án, a quien se le pe mi ía acudi a las euniones
cien í icas jun o a ma e ialis as y an i eligiosos, pe o no a la Sociedad
de Es udios Vascos po que cualquie ac i idad asquis a podía despe a
dudas. Tan o es así que, como consecuencia de es os excesos de celo, se
429 ANV/ HAG: 17-46.
430 Ca a de Ma eo Múgica a Isid o Gomá, 2-ix-1936, en A chi o Gomá. Documen os de la
Gue a Ci il. 1: Julio-diciemb e de 1936, Consejo Supe io de In es igaciones Cien í icas,
Mad id, 2005, p. 105.
431 Robles, C is óbal (1988): «El Va icano y los nacionalis as ascos (1910-1911)», Sc ip o-
ium Vi o iense, 1/2, pp. 163-205.
136
Joseba Louzao Villa
denunció desde el nacionalismo el dominio de la «Iglesia Toledana» en el
País Vasco432.
En cualquie caso, el mayo a aque con a el nacionalismo du an e es e
pe íodo se p odujo en 1910, cuando el obispo José Cadena y Ele a esc ibió
una ca a pas o al en la que p ohibía el bau ismo de niños con nomb es
ascos, en en ándose cla amen e con el PNV, y solici aba al cle o nacio-
nalis a que abandonasen «las pelig osas sendas de la disco dia»433. És as
y o as a i maciones con enidas en el documen o supusie on un du ísimo
golpe pa a un pa ido que se conside aba ca ólico. Con odo, los des elos
an inacionalis as de Cadena con inua on y poco después ases aba o o
palo a los jel zales al p ohibi la His o ia de Bizkaya de Ángel Zabala, un
p ohomb e del pa ido nacionalis a434. Aunque con disensiones in e io es,
los nacionalis as oma on la decisión de acen ua el papel de la eligión en
su idea io y e i a las c í icas al obispado, mien as se endían múl iples
ías diplomá icas con el Va icano435.
Los espec i os supe io es de las ó denes eligiosas ambién igila on
cuidadosamen e la expansión del nacionalismo po que la in luencia na-
cionalis a se dejó sen i con mayo in ensidad en las ó denes eligiosas.
En 1913, el nuncio apos ólico en Mad id en iaba unas di ec ices a los
supe io es de las Ó denes eligiosas en la que se asegu aba que se debía
igila
con a ención el bizkai a ismo de algunos Religiosos ascongados, los cua-
les con esa ac i ud sepa a is a, no solo pie den el espí i u de la O den, sino
432 Así lo econocía que se es aba diciendo Resu ección Ma ía de Azkue en ca a al Ca -
denal An onio Vico, 15-xi-1921 (I igoyen, Al onso (1990): «Resu ección Ma ía de
Azkue en e Nuncios Apos ólicos y el mo imien o au onomis a (Documen ación)», en
I igoyen, Al onso: De e philologica linguae uasconicae III, Al onso I igoyen, Bilbao, p.
345.
433 BEOV, 7-ii-1910, pp. 38-49.
434 Sob e es e caso ha abajado una in es igado a alemana, que no hemos consul ado,
B äcke , An je (2008): De poli ische Ka holizismus im Baskenland und de Va ikan De
Index all Zabala und sein ki chenhis o ische Kon ex , Pade bo n, Schöningh.
435 S. de Pablo y L. Mees, El péndulo pa ió ico, pp. 46-48.
137
Los p o agonis as I: el ca olicismo en Vizcaya
que hacen odiosos al Gobie no y la Nación. Con iene que igilen ambién
el «ca alanismo», aun cuando en es e ul imo pa ece no a se menos al a de
p udencia y mode ación436.
El ámbi o más p oblemá ico ue el de los capuchinos, en e los que hay
cons ancia del emba que de a ios g upos hacia A gen ina en e 1910 y
1915437. Los capuchinos cas ellanos incluso llega on a acusa a sus he -
manos na a os de pa icipa en la p opaganda polí ica an es que en su
unción piadosa. Pe o no ue el único p oblema, ya que la di isión p o-
incial pasionis a en 1923 ambién es u o es echamen e elacionada con
los oces sob e es as cues iones y los jesui as ampoco pudie on escapa a
es a con lic i a dualidad nacional en en ada438.
En odo caso, ambas de iniciones nacionales se i án excluyendo has a
que a inales de nues o pe íodo de es udio es u iesen cla amen e deli-
mi adas las posiciones en e ambos nacionalismos. No obs an e, ampoco
debemos cae en el equí oco de absolu iza las di isiones, ya que siguie-
on exis iendo elaciones y puen es de comunicación es able. Con odo,
el mejo ejemplo de es e en en emien o ue la dispu a que man u ie on
el nacionalis a Ramón Vicuña en las elecciones de Dipu ados a Co es
junio de 1919, y el pá oco de Po ugale e, León Fe nández, a quien se
le ep ochaba su apoyo a un «impío» izquie dis a. Du an e es a polémica,
el sace do e de endió su apoyo a G ego io Balpa da de una o ma que
demos aba los cambios p oducidos du an e la década de los diez, po que
se a aba
de a o ece una candida u a españolis a en en e de o a sepa a is a, que
p e ende hace pedazos a España; y siendo yo español, como ha debido
Vd. siemp e supone , p escindiendo de o as ci cuns ancias, e a na u al
que ob ase como us ed supone [ i a a Balpa da] (…) la ci cuns ancia de
436 BEOV, 21-xi-1913, p. 568.
437 Ál a ez Gila, Oska (1999): «Cle o asco y nacionalismo: del exilio al lide azgo de la
emig ación», P ohis o ia, 3, pp. 167-168.
438 A ien, G ego io (1987): Los Pasionis as en el p ime cen ena io de la P o incia del Sag ado
Co azón de Jesús, 1887-1987, Cu ia P o incial P.P. Pasionis as, Bilbao, p. 60 y ss.
144
Joseba Louzao Villa
do come ciando, negociando y aspi ando al pode . Es a c í ica ue una
cons an e a lo la go del pe íodo. Ya en el siglo xx, el bilbaíno Vega de la
Iglesia, libe al de pasado epublicano, asegu aba en una con e encia que
las ó denes eligiosas se encon aban si uadas con a la ida457. Coincidía
en el iempo con la cali icación de las ó denes eligiosas como o ganiza-
ciones «an ihumanas» del lib epensado epublicano José Conde Pelayo458.
Mien as, en la coyun u a de los deba es sob e la Ley de Asociaciones, se
a acaba «la in asión de las ó denes y cong egaciones eligiosas»459.
Y ue p ecisamen e una celeb ación de ese imagina io libe al, el Te
Deum que celeb aba en 1896 el le an amien o del asedio ca lis a de la illa
en 1836, cuando po p ime a ez algunos de los concejales epublicanos
del ayun amien o bilbaíno, con el apoyo de los socialis as, se nega on a
pa icipa en el ac o po su componen e eligioso460. Pa a ellos nada e-
nía que e la celeb ación de la libe ad con un i o ca ólico. El mismo
con enido adqui ió la discusión sob e la g an echa de la memo ia libe al:
la Fies a de la Libe ad del Dos de Mayo, que conmemo aba el le an a-
mien o del si io en 1874. Aún den o de la di idida dinámica del siglo
xix, és a no ue una pos u a común del epublicanismo bilbaíno, y cada
concejal omó su decisión indi idualmen e. Algunos epublicanos incluso
de endie on con ahínco el Te Deum, al conside a que e a mucho más ne-
ga i o pa a los elemen os libe ales de la illa no celeb a an adicional y
signi ica i o e en o. Desde en onces las dos conmemo aciones libe ales se
con i ie on en un campo de ba alla simbólico en e de enso es y con a-
ios a la eliminación de la celeb ación eligiosa, en dos endencias que se
es ablecie on ambién en la p opia Sociedad libe al El Si io461.
Con odo, los epublicanos e mina on po se los más in e esados
pa ida ios y o ganizado es de la celeb ación. No hay que ol ida que el
457 El Libe al, 3- ii-1904.
458 El Libe al, 25- ii-1904.
459 El Libe al, 19-x-1906.
460 El No icie o Bilbaíno, 10/11-xi-1896.
461 AMB/Lib o de Ac as, 6-i -1904.
145
Los p o agonis as (II): los an icle icales
epublicanismo e a un enómeno eminen emen e u bano en el País Vasco
y solamen e adqui ió au én ica o aleza polí ica en la capi al izcaína. En
o as ciudades españolas, como Cas ellón, Reus o I ún, ambién pe i ió
es a mi ología libe al a a és de la memo ia celeb a i a de la esis encia
al asedio ca lis a462. En Bilbao, el Dos de Mayo coincidía además con dos
echas de ue e ca ác e nacional y pa ió ico: la conmemo ación de la
Gue a de Independencia y la ba alla del Callao de 1866463. Y si du an e
la década de los ochen a y no en a se elacionó la ges a nacional con la
local, pos e io men e ue el acon ecimien o local el que supe ó al nacional
a lo la go del pe íodo464.
La deseada unidad epublicana española se consiguió con la cons i u-
ción de la Unión Republicana en ma zo de 1903 bajo el lide azgo de Ni-
colás Salme ón465. A pesa de su éxi o elec o al en las elecciones gene ales
meses después, a ni el nacional no u o la con inuidad espe ada, lo que
ag a ó la di isión en e las dos co ien es in e nas de la o ganización. Po
un lado, se encon aba el núcleo mayo i a io de los gube namen alis as,
en e los que se si uaban polí icos como Gume sindo de Azcá a e o Mel-
quíades Ál a ez, conse ado es en lo social y demóc a as en lo polí ico
y, po el o o lado, la ía adical encabezada po Alejand o Le oux, que
buscaba la agi ación populis a y que e mina á o mando su p opio pa i-
do en 1908. En es e sen ido, como en el es o de España, ambién su gió
el Pa ido Radical en Vizcaya, bajo la di ección de Julián Vega He edia,
siendo sus pila es ideológicos un adicalismo populis a de ca ác e ob e is-
462 A chilés, Fe an (2002): Pa la en nom del poble. Cul u a polí ica, discu s i mobili zació
social al epublicanismo cas ellonenc, Ajun amen de Cas elló de la Plana, Cas elló y Puche
Ma ínez, Ai o (2005): El enómeno del epublicanismo en I ún du an e la Res au ación
bo bónica (1875-1923), Ayun amien o de I ún, I ún, p. 58.
463 El No icie o Bilbaíno, 2- -1898.
464 Molina, Fe nando (2007): «La nación en su pe i e ia é nica. La memo ia de la Gue a
de la Independencia en el País Vasco (1868-1898)», en Ch is ian Demange e al. (eds.),
Somb as de Mayo. Mi os y memo ias de la Gue a de la Independencia en España (1808-1908),
Casa de Velázquez, Mad id, pp. 252-256.
465 Dua e, Ángel (2007): «La Unión Republicana de 1903: ¿eslabón o gozne?», en Fe -
nando Ma ínez López (coo d.), Nicolás Salme ón y el epublicanismo pa lamen a io,
Biblio eca Nue a, Mad id, 2007, pp. 147-163.
146
Joseba Louzao Villa
a y un ené gico an icle icalismo, que denunciaba que «ni en Tu quía, ni
en Ma uecos llega á segu amen e a an al o g ado el ana ismo eligioso
como en Bilbao»466. Asimismo, Vega es u o dos años ue a de su posición
como concejal al se p ocesado, aunque salió absuel o, po los ca gos de
esca nio público a la eligión ca ólica y coacción a uno de sus minis os467.
En cualquie caso, los adicales izcaínos ambién acaba on pa icipando
de la pos e io Conjunción epublicano-socialis a.
La cabeza de la Unión p o incial ue Ho acio Eche a ie a, hijo del
his ó ico líde del epublicanismo izcaíno de ines de siglo y de enso
de la illa con a el ca lismo, Cosme Eche a ie a468. Po ello, y a pesa
del ele o gene acional, el peso de la he encia del libe alismo decimonó-
nico bilbaíno siguió siendo ascenden al simbólicamen e. Fue el máximo
ep esen an e del epublicanismo izcaíno, aunque no puede asegu a se
que ue a la p incipal cabeza ec o a de los epublicanos, ya que siemp e
es u o más in e esado en sus negocios469. En su idea io, con Geo ges
Clemenceau como modelo, se p io izaba la democ a ización del sis ema
y la de ensa del laicismo, que ue adqui iendo cada ez más impo ancia
y adicalidad en el idea io epublicano asco470. Po su pa e, el p oblema
social ue el aspec o más descuidado po la Unión Republicana izcaína.
Eche a ie a e a un impo an e emp esa io capi alis a po lo que las aba
de inicio cualquie in en o de llega a acue dos polí icos con el socialismo
bajo el lide azgo de Fecundo Pe ezagua.
A pesa de odo es o, el epublicanismo bilbaíno, que había buscado
coaliciones con el libe alismo en la p ime a pa e de la Res au ación,
p on o comenzó a di igi se a los ob e os e in en ó ace ca se al socialismo
pa a colabo a en el de ocamien o del égimen moná quico. Aún así, es a
466 AMB/Lib o de Ac as, 31-i-1906.
467 El Libe al, 26- -1909.
468 Díaz Mo lán, Pablo (1999): Ho acio Eche a ie a, 1870-1963. El capi alis a epublicano,
LID Edi o ial Emp esa ial, Mad id.
469 Penche, Jon (2008): «Republicanismo y epublicanos en Bilbao», His o ia Con empo á-
nea, 37, pp. 449-450.
470 El Libe al, 9- -1910.
147
Los p o agonis as (II): los an icle icales
e olución ue len a y espinosa. En 1903, al hilo de las consecuencias de
la huelga, se demos ó que los epublicanos e an pe sonas de o den y aún
ma izaban en e el ob e o hon ado y las u bas que buscaban el caos471.
Desde su o mación, la Unión Republicana izcaína comenzó una in ensa
labo de p opaganda y ape u a de casinos y cí culos po oda la p o incia
con la idea de o ma un pa ido de masas alejado de los an e io es g upos
de no ables. En los nume osos mí ines y banque es celeb ados du an e los
p ime os meses de la Unión, el an icle icalismo se con i ió en uno de los
pila es cen ales del discu so epublicano. Fue en uno de esos banque es,
celeb ado en ma zo de 1903, donde podemos encon a de inido el idea io
epublicano de la p ime a década del siglo xx472. En e los pa icipan es
del mismo des acó Gaspa Leguina, un epublicano his ó ico, que abogó
po una Vizcaya «sin ailes, sin jesui as y sin bizkai a as». Con es a
sencilla ase en elazaba es de los componen es que con o ma on el
an icle icalismo epublicano bilbaíno: la de ensa de una polí ica laicis a,
el an ijesui ismo y el an inacionalismo.
El laicismo y la de ensa de la secula ización habían o mado pa e del
idea io epublicano desde el Sexenio, pe o se habían mani es ado más
espe uosos con el ca olicismo al cen a sus c í icas en los adicionalis as.
Los epublicanos en muchas ocasiones has a ese gozne de 1903 o a on a
a o de la au o ización de las asis encias, aunque no compa iesen el sig-
ni icado473. Sin emba go, los plan eamien os más de e en es y adicionales
con la eligión ca ólica ue on, poco a poco, siendo abandonados. De he-
cho, y al igual que en o as zonas de España, el epublicanismo in odujo
como no edoso ac o de mo ilización polí ica de masas un an icle ica-
lismo con ue es componen es populis as con el que cap a on la a ención
elec o al de un sec o que se es aba alejando de la Iglesia474.
471 AMB/ Lib o de Ac as, 4-xi-1903.
472 El Libe al, 11- -1903.
473 AMB/ Lib o de Ac as, 21- -1902.
474 Ál a ez Junco, José (2005): Alejand o Le oux: el empe ado del pa alelo, Sín esis, Ma-
d id; REIG, Rami o (1986): Blasquis as y cle icales: la lucha po la ciudad en la Valencia
de 1900, Ins i ució Al ons el Magnàmin, Valencia; Cue a Me ino, Julio de la (1994):
148
Joseba Louzao Villa
Además, el epublicanismo en Vizcaya hizo gala de un in enso espa-
ñolismo donde el «Pueblo epublicano» se iden i icaba con el conjun o
de la nación475. Eche a ie a asegu ó que el g i o de «¡Vi a la Repúbli-
ca!» e a en Bilbao sinónimo de «¡Vi a España!»476. Como en el es o del
país, los epublicanos izcaínos conside aban que la decadencia polí ica,
social y cul u al española e a consecuencia de la cen alidad del ca oli-
cismo en la his o ia hispana, y culpable del desa ollo del nacionalismo
asco477. Pa a los epublicanos, los bizkai a as se encon aban «cazando
incau os con el eclamo eligioso» de un pelig oso idea io sepa a is a
e in ansigen emen e cle ical, al mismo iempo que Vizcaya se es aba
ans o mando en un «con en o»478. De es a o ma, múl iples p o es as
an icle icales se con i ie on en una de ensa de la nación española y
e mina on con g upos de epublicanos g i ando alabanzas a la libe ad
en e a la sede del nacionalismo asco, desde donde se espondía con
mue as a España479.
Po ello, el an ijesui ismo ue ambién una cons an e en el discu so
an icle ical epublicano izcaíno. En nume osas ocasiones se es ableció
que no podía se ex año el acue do en e nacionalis as ascos y jesui as,
ya que ambos pe enecían al campo del «sal ajismo»480. En un banque e
Cle icales y an icle icales. El con lic o en e con esionalidad y secula ización en Can ab ia
(1875-1923), Uni e sidad de Can ab ia/ Asamblea Regional de Can ab ia, San ande ; o
Rome o Mau a, Joaquín (1989): La osa de uego: el ob e ismo ba celonés de 1899 a 1909,
Alianza, Mad id.
475 Salomón Chéliz, Ma ía Pila (2002): «El discu so an icle ical en la cons ucción de
una iden idad nacional española epublicana (1898-1936)», Hispania Sac a, 54, pp. 485-
497 e Íd. (2009): «Republicanismo e iden idad nacional español: la epública como ideal
in eg ado de la nación», en Ca los Fo cadell, Ma ía Pila Salomón Chéliz e Ismael
Saz (eds.), Discu sos de España en el siglo xx, Publicacions Uni e si a de València, Valen-
cia, pp. 35-64.
476 El Libe al, 9- -1910.
477 Sanab ia, En ique A. (2009): Republicanism and an icle ical na ionalism in Spain, Pal-
g a e Macmillan, Hampshi e.
478 El en ecomillado en El Libe al, 1- iii-1905. Lo del con en o en El Libe al, 18-iii-1910.
479 El Libe al, 10-x-1904 y El Libe al, 12-x-1904.
480 Las Dominicales, 28-ix-1906.
149
Los p o agonis as (II): los an icle icales
celeb ado en el igésimo ani e sa io de la p oclamación de la República
Juan Buisán, concejal epublicano en el ayun amien o de Bilbao y eco-
nocido masón, asegu ó que la mona quía es aba sos enida po «un bui e
muy g ande que amenaza con de o a nos a odos: el jesui ismo»481. De
es a o ma, e an desc i os sin ambages como «sace do es secos de co azón,
pe secu o es insaciables de la iqueza, que jamás el Amo les hizo des ina
al consuelo del mala en u ado»482. Po odo ello, el semana io epublicano
y lib epensado Las Dominicales de inía Vizcaya como una egión
donde la lucha en e cle icales y an icle icales llega a é minos de iolencia
sang ien a, allí donde una ome ía se impone a los no c eyen es a palos y
a i os, allí donde el espí i u de Loyola iene su casa y asien o, allí donde
El In uso hace sus g andes es agos483.
So p enden emen e, los an icle icales se encon a on en ocasiones a
ex años compañe os de iaje en sus a aques a la Compañía de Jesús. De
es a o ma, un cu a esen ido pudo c i ica el jesui ismo y «la hipoc esía de
la bea e ía de Bilbao» g acias al al a oz o ecido po el epublicanismo y
el dia io El Libe al484. Además, El Libe al se en en ó cons an emen e con
su i al con esional, La Gace a del No e, un pe iódico ca ólico y asquis a,
su gido poco después pa a con a es a lo. En pa e po ese asquismo,
se á acusado po su con incan e de sepa a is a den o de esa unión en e
ca olicismo y bizkai a ismo que elabo ó el discu so an icle ical epubli-
cano485. En con apa ida, ampoco a da on en llega los ana emas hacia
el pe iódico epublicano desde la je a quía ca ólica y los púlpi os pa o-
quiales486.
481 El Libe al, 12-ii-1903.
482 El Libe al, 24-iii-1904.
483 Las Dominicales, 3- iii-1906.
484 La con e encia en El Libe al, 18-ix-1908. La la susc ipción abie a en El Libe al, 12-ix-
1908.
485 El Libe al, 4- -1905.
486 El Libe al, 8-x-1907.
150
Joseba Louzao Villa
Sin emba go, quizá el acon ecimien o cla e pa a en ende la e olución
del discu so epublicano ue el 11 de oc ub e de 1903, día en el que cle-
icales y an icle icales se en en a on iolen amen e du an e la pe eg i-
nación al san ua io de Begoña, y que se á analizado en p o undidad más
adelan e. Sin emba go, en es e pun o de la na ación nos in e esa des aca ,
sob e odo, la doble sensación de unidad y acaso que se ex endió en el
epublicanismo izcaíno. Los hechos y sus consecuencias demos a on
que la unión epublicana es aba lo su icien emen e madu a ya que, como
explicaba en el p ime ani e sa io de la o mación Unión Republicana su
ó gano p o incial,
ino el 11 de oc ub e y en onces se conoció el abajo ealizado y se pa en-
izó que la unión e a e dade a, igo osa y ue e (…). Po es os sucesos
ue on enca celados un cen ena de epublicanos y en onces se demos ó
ambién que no abandonó ni me álica, ni pe sonal, ni ma e ialmen e a
los p esos, cub iendo las necesidades de aquellos y de sus amilia es en la
medida de la ue za de cada uno487.
A pesa de los éxi os elec o ales pos e io es y la g andilocuencia de los
ac os, los epublicanos bilbaínos descub ie on que sin un ace camien o
hacia la izquie da ob e is a no hab ía salida posible. El dipu ado Fede ico
Solaegui lo denunciaba en la celeb ación del Dos de Mayo de 1904: «los
neos ue on encidos po las a mas, pe o hoy iun an po medios que no
es posible cali ica »488. Y no solo po que los socialis as no pa icipa an
de la agi ación calleje a an icle ical, sino ambién po que el ca olicismo
izcaíno salió o alecido del en en amien o, consiguiendo además in-
eg a lo en su discu so polí ico como una «Glo iosa Jo nada»489. Y, po
es a azón, El Libe al no se cansó de denuncia los in en os ca ólicos de
487 La República, 25-iii-1904.
488 El Libe al, 3- -1904.
489 O iz y Sa alegui, Luis Ma ía (1928): Bodas de Pla a de la Jo nada sang ien a, pe o
glo iosa pa a el Ca olicismo en Bilbao (El 11 de Oc ub e de 1903), s. e., Pamplona.
151
Los p o agonis as (II): los an icle icales
p oduci una nue a «Begoñada», como acabó cali icando a cualquie mo-
ilización de ocional local490.
En es e sen ido, cuando Vega He edia p o es aba en el consis o io
bilbaíno an e las muchas p ocesiones y pe eg inaciones o ganizadas, que
se con e ían en «p o ocaciones a los sen imien os libe ales y democ á-
icos de la illa», y a isaba que no se encon aba demasiado «lejano un
nue o día sang ien o», no hacía más que cons a a la i alidad y ue za
de las mani es aciones ca ólicas491. Y, asimismo, exp esaba los emo es del
epublicanismo a que se ol ie a a mani es a su posición mino i a ia en
la calle. Los sucesos de oc ub e habían señalado indiscu iblemen e que la
bolsa de indi iduos habi ualmen e no mo ilizada daba un apoyo explíci o
al bando ca ólico an e la agi ación an icle ical.
F en e a es o el epublicanismo izcaíno y el socialismo solo pudie on
inicia un ace camien o a a és de un an icle icalismo de los hechos
que debía ma ca su ac i idad y su agenda polí ica. En es e sen ido, el
epublicanismo emp endió un ac i o abajo en la de ensa y o mación
de las escuelas laicas o la pa icipación en celeb aciones ci iles. Tampoco
al a on los con ac os y las elaciones en e las dis in as ag upaciones y
ju en udes de ambos mo imien os, que comenza on a c ea un e dade o
ma co de sociabilidad an icle ical p opio. De hecho, la Ju en ud epubli-
cana había sido la p incipal a í ice del in en o de boico a la pe eg inación
de 1903 y el mo imien o ju enil socialis a ambién des acó po su e oz
an icle icalismo492. Aunque El Libe al siguió denunciando los compo a-
mien os adicales del « ana ismo ojo» —eso sí, su gido en espues a «del
neg o»—, de los «que a ancan medallas y apalean de o os»493. Con odo,
es a ac i idad an icle ical de los hechos no ue una espues a uni a ia
del epublicanismo ya que, como se acusó en cie as ocasiones desde el
490 El Libe al, 12-x-1906, El Libe al, 8-x-1909 e, incluso, se denunció una «Begoñada in an-
il» en El Libe al, 13-i -1910.
491 El Libe al, 8- ii-1905.
492 Así lo asegu aba Gaspa Leguina en El Libe al, 12-ii-1904.
493 El Libe al, 4- ii-1905.
152
Joseba Louzao Villa
socialismo, exis ie on co eligiona ios de dudoso p ocede , que mien as
de endían el ideal laicis a elec o almen e lle aban a sus hijos a colegios
eligiosos494.
En 1907, con ocasión de las elecciones municipales epublicanos y
socialis as pac a on y se adelan a on a la Conjunción Republicano-Socia-
lis a, que pos e io men e se undó en el es o del país como una alianza
elec o al al e na i a al sis ema es au acionis a. Es a con luencia se o i-
ginó como espues a a la ep esión del gobie no Mau a as la Semana
T ágica495. La unión se desa olló en onces ambién den o del con lic o
en o no a la secula ización y su p ime emba e en las elecciones muni-
cipales de 1909 se juzgó como un éxi o impo an ísimo. Sin emba go,
odo se complicó pa a la elección como dipu ado de Ho acio Eche a ie a
a Co es. Eche a ie a e a un pa ono pa e nalis a y de o den y había
enido nume osos en en amien os con los líde es del socialismo local,
en especial, con el ema cadamen e an i epublicano Pe ezagua. No en
ano, solo una o den del Comi é Nacional del PSOE consiguió que se
acep a a la candida u a del epublicano. Al se nomb ado candida o po
la Conjunción Ho acio Eche a ie a p o undizó en las has a en onces
desdibujadas líneas ob e is as, decla ándose a dien e de enso de la e o -
ma social —en la campaña de 1910, no dudó en p egun a e ó icamen e
«si yo no ue a pa ida io de una legislación social p o ec o a del ob e o,
¿con qué í ulos pod ía llama me epublicano?»—, mien as conse ó
su de ensa de la democ acia y su an inacionalismo asco, en es e caso
ma izado po un au onomismo que no enía p oblemas en ecu i a la
o alidad496. De es e modo, como cabeza po Bilbao al Cong eso de la
494 La Lucha de Clases, 2-ii-1907.
495 Robles Egea, An onio (2004): «La conjunción Republicano-Socialis a: una sín esis de
libe alismo y socialismo», Aye , 54, pp. 97-127.
496 La ci a de Eche a ie a en El Libe al, 13- -1910. Sob e el uso o al del epublicanismo
Penche, Jon (2009): «La epública o al: los epublicanos an e la cues ión asca», Me-
mo ia y ci ilización, 12, pp. 193-215 y la e olución del epublicanismo ue is a du an e
el Sexenio en O iz de O uño, José Ma ía (2002): «El ue ismo epublicano (1868-
1874)», en Co o Rubio y San iago de Pablo (coo ds.); Los libe ales. Fue ismo y libe alismo
en el País Vasco (1808-1876), Fundación Sancho El Sabio, Vi o ia, pp. 375-400.
153
Los p o agonis as (II): los an icle icales
Conjunción consiguió se eelegido en dos ocasiones más (1914 y 1916)
en e a los candida os nacionalis as, sal o en la úl ima elección que ni
siquie a u o ad e sa io.
En su p ime a elección como cabeza isible de la izquie da izcaína,
Eche a ie a ganó el ac a de dipu ado con los o os de las bases socialis as
y bas a con lee el i ula de El Libe al el día siguien e de las o aciones,
«Jo nada glo iosa. La de o a del cle icalismo», pa a comp ende el luga
p ominen e y des acado que la cues ión eligiosa u o en la ap oximación
en e ambos pa idos497. En es a coyun u a de en en amien o, con las
medidas an icle icales del gobie no de Canalejas p esen es en la con ien-
da elec o al, Ho acio Eche a ie a es u o a pun o de dobla al candida o
ca ólico independien e Ped o Chalbaud, que con ó solo con el apoyo de
in eg is as y algunos nacionalis as, y ep esen aba pa a los an icle icales
locales «una eg esión a la abominable eoc acia y a la dominación empo-
al del Papado»498. En cuan o al an icle icalismo, Eche a ie a decla aba
en onces en una en e is a pa a El Libe al días después de su elección, que
e a «pa ida io de la sepa ación de la Iglesia y el Es ado, de la neu alidad
de la enseñanza, soy pa ida io, en suma, de la laicización de la ida»499.
Es a espues a e lejaba, en de ini i a, el p og ama en ma e ia eligiosa
que había ido con igu ando el epublicanismo izcaíno a lo la go de la
p ime a década del siglo xx y con el que enganchaba a g an pa e del
elec o ado ob e o.
El p oblema eligioso se ue amizando en las siguien es elecciones,
aunque se man u o ac i o du an e odo el pe íodo. La e i ada del líde
epublicano de la polí ica se p odujo como consecuencia de la huelga de
1917, que in en ó el de ocamien o del égimen moná quico. Aunque él
no u o ninguna elación con la huelga, econoció su pa e de esponsa-
bilidad en la misma, cuando más c í icas y p esiones es aba ecibiendo
desde el conse adu ismo izcaíno, que se p egun aba e ó icamen e si no
497 El Libe al, 9- -1910.
498 El Libe al, 8- -1910.
499 El Libe al, 13- -1910.
256
Joseba Louzao Villa
mode na, en g an medida debido a la cobe u a mediá ica dia ia que ya
había comenzado a o ece se con la suble ación en Ma uecos y las con-
secuencias in o ma i as de la Semana T ágica. De es e modo, en 1910 se
comp aba una nue a o a i a capaz de imp imi 20000 ejempla es a la
ho a y un nue o edi icio.
López Bece a es ableció una línea mucho más ajus ada a los iempos.
Desa olló un nue o pe iodismo ligado a la nue a y eme gen e sociedad
de masas, en la que el co esponsal y los en iados especiales comenza on
a gana espacio, mien as se usaban las ecnologías mode nas, como el
elé ono y el elég a o. Había en e is as, epo ajes y una eno ación
cons an e de los con enidos y de las secciones. De es a o ma, ambién
u ie on cie a p esencia en sus páginas los espec áculos, la di e sa o e a
de ocio u bana, los depo es o la c ónica au ina. E a algo que su p incipal
con incan e no podía deja de señala , ya que en plena polémica sob e la
mo alidad del ea o des acaba bu lonamen e que cuando c eían «que La
Gace a iba a deci que la gen e, en ez de i al ea o, debe i a la iglesia,
un poco abandonada desde que los p edicado es se me en con la moda
emenina; pe o nos sale con que donde debe i es al cine»910.
El éxi o del dia io ca ólico alcanzó su máximo apogeo du an e las p o-
es as con a Canalejas y sus medidas en elación a la cues ión eligiosa911.
U quijo u ilizó su dia io pa a po encia la p o es a y la mo ilización ca ó-
lica con a la ley del candado. El peso p opagandís ico ecayó en La Gace a
del No e, lo que ocasionó el secues o del dia io. En odo es e es ado de
ac i idad, y as el éxi o del Cong eso Euca ís ico de Mad id, su gió la
idea de elanza El Deba e, que se con i ió desde en onces en el medio
más in luyen e del ca olicismo español has a la gue a ci il. En el o igen se
encon aba el ejemplo de la campaña bilbaína, con e ida en nacional po
910 El Libe al, 7-ii-1920.
911 «La Gace a iun ó como pe iódico ca ólico, po que ue ca ólico y po que ue pe iódico.
Supo a moniza en jus a y exac a medida los manda os de la e dad, el impe io del ideal,
con las exigencias de una mode na écnica pe iodís ica. Y po que ue un pe iódico écni-
camen e bien hecho, ue, un e icaz de enso de la Iglesia», El Deba e, 10-x-1926 (ci . en
Ga cía Escude o, José Ma ía (1983): El pensamien o de El Deba e: un dia io ca ólico en
la c isis de España (1911-1936), Edi o ial Ca ólica, Mad id, p. 175).
257
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
el apoyo de la Asociación Ca ólica Nacional de Jó enes P opagandis as.
Asimismo, es a es echa elación en e el jesui a Ángel Ayala y U quijo
acili ó la pues a en ma cha del nue o p oyec o a inales de 1911 con la
inanciación del dia io bilbaíno y la di ección de los p opagandis as en la
igu a de Ángel He e a O ia912. Sin emba go, los inicios no ue on como
se espe aban, ya que la Edi o ial Vizcaína comenzó a pe de dine o, y los
pad inos izcaínos decidie on apa a se del p oyec o un año después.
Du an e la p ime a década del siglo, La Gace a había conseguido auna
a di e sos sec o es del ca olicismo izcaíno, desde el nacionalismo asco
al ca lismo, pasando po una pa e del libe alismo conse ado bilbaíno.
Sin emba go, coincidiendo con la época de mayo consolidación del dia-
io, que llegó a alcanza los 30000 ejempla es de i ada dia ia, su gie-
on dos emp esas compe ido as den o de un espacio polí ico simila : El
Pueblo Vasco y Euzkadi, que ambién ep esen aban la dualidad nacional
del ca olicismo izcaíno913. Po un lado, los conse ado es Yba a Re illa
saca on adelan e El Pueblo Vasco, o o dia io que se decla aba ca ólico y
de enso de los de echos de la Iglesia914. Es a c eación no ue especial-
men e p eocupan e pa a la p eeminencia de La Gace a en e los dia ios
ca ólicos ya que, como asegu aba Luis Bello, po aquel en onces di ec o
de El Libe al, el dia io mau is a solamen e sob e i ía milag osamen e,
po que e a un pe iódico «sin lec o es»915. Ese milag o p ocedía de las im-
po an es sumas de dine o que es a amilia insu laba al dia io, con lo que
paliaba los p oblemas económicos que a a esaba. Tampoco hay que deja
de lado, que ambos pe iódicos ep esen aban la enconada lucha en e dos
acciones ca ólicas i econciliables en o no a la elación en e libe alismo
y ca olicismo.
912 La Gace a del No e, 16-x-1911.
913 A. Sánchez Tabe ne o, El Co eo Español, pp. 39-40.
914 Sob e El Pueblo Vasco, El Co eo Español-El Pueblo Vasco. 75 años in o mando, El Co eo
Español-El Pueblo Vasco, Bilbao, 1985.
915 Ci . en Sáiz Valdi ieso, Al onso C. (1977): T iun o y agedia del pe iodismo asco (P en-
sa y Polí ica), 1900-1939, Edi o a Nacional, Mad id, p. 94.
258
Joseba Louzao Villa
Po el lado del nacionalismo asco, el su gimien o de Euzkadi en eb e-
o de 1913 esul ó se un golpe más se e o a medio plazo pa a los in e eses
emp esa iales y polí icos de La Gace a del No e, ya que su cons an e c eci-
mien o e minó po debili a al dia io ca ólico. El pe iódico nacionalis a se
inanció con ondos del pa ido y de di e sos p omo o es nacionalis as. A
pesa de se di igido po Pan aleón Ramí ez de Olano, la p incipal igu a
del dia io ue Eng acio A anzadi. Kizki za, que p ocedía del in eg ismo y
se con i ió en el p incipal in elec ual o gánico del pa ido916. Aunque sus
inicios ambién ue on i ubean es, el c ecimien o del pa ido nacionalis a
y la enuncia de la pu eza ideológica según las coyun u as ue ampliando
la base de los comp ado es del Euzkadi, llegando a supe a holgadamen e
las ci as de i ada de La Gace a del No e du an e la República917. Es e
a ance mul iplicó las polémicas en e ambos medios ca ólicos. Una de
las más sonadas se p odujo como consecuencia de la isi a de F ancesc
Cambó a Bilbao en 1917. Las palab as del discu so p onunciado po el
líde ca alanis a ecogidas de di e sa o ma en en a on en las páginas de
ambas publicaciones a sus espec i os líde es polí icos, José Ma ía U quijo
y a Ramón de la So a918. En cualquie caso, y a pesa del ca olicismo que
p o esaban, los encon onazos con la je a quía ambién ue on habi uales,
llegando incluso a se excomulgado el di ec o del dia io nacionalis a po
pa e de Leopoldo Eijo y Ga ay a causa de unas c í icas al a zobispo de
Bu gos919.
916 Pablo, San iago de y Ludge Mees (2005): El péndulo pa ió ico: his o ia del Pa ido
Nacionalis a Vasco, 1895-2005, C í ica, Ba celona, p. 58.
917 M. U quijo, «De la p ensa», p. 122.
918 La Gace a del No e, 28/30-i-1917.
919 Aunque ec i ica on p on o y Eijo se sin ió sa is echo (Ga cía de Có aza , Fe nando
(1982): «La Iglesia Vasca: del ca lismo al nacionalismo (1870-1936)», en Juan Ca los
Jiménez de Abe ás u i (coo d.), Es udios de his o ia con empo ánea del País Vasco, Ha-
anbu u, San Sebas ián, pp. 242-243).
259
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
4. «¡conquis ad a Las muje es!»920
El p oceso de mode nización económica y social en la Vizcaya de en-
esiglos a ec ó ambién a las elaciones de géne o y las unciones sociales
de homb es y muje es. Las p ác icas, la legislación y los discu sos polí icos
ue on adap ándose a los cambios len amen e e, incluso, se p oduje on las
p ime as demandas p opias de las muje es921. Pese a ello, la muje siguió
su iendo una in e io idad legal al negá sele la condición de ciudadana922.
A su ez, la g an mayo ía de los modelos po enciaban que la labo p in-
cipal de la muje ue a den o del hoga . El ca olicismo, el mo imien o
ob e o o la medicina higienis a, en e o os, op a on po man ene la
subo dinación emenina a la au o idad masculina. Al con a io de lo que
pudie a pensa se, la indus ialización y el desa ollo cien í ico a ianza on
la dominación masculina has a la P ime a Gue a Mundial, as la cual
se inició un desa ollo p og esi o en la adquisición de de echos po pa e
de la muje 923. Po odo ello, las muje es ue on o o de los campos básicos
pa a el en en amien o en e el mo imien o ca ólico y las ue zas polí icas
secula izado as.
La muje y el an icle icalismo: los lími es del p og eso
En la o illa an icle ical del con lic o, an o epublicanos como socialis-
as, in en a on in eg a a las muje es en la es e a polí ica de la izquie da,
buscando su emancipación den o de un p oyec o de egene ación social
con a io a la Iglesia924. Con el apaciguamien o de la cues ión eligiosa,
920 El en ecomillado en un ex o de Pío Ba oja publicado en El No e, 6-xii-1915.
921 Nash, Ma y (2004): Muje es en el mundo: his o ia, e os y mo imien os, Alianza, Mad id.
922 Gua dia, Ca men de la (2007): «Los discu sos de la di e encia. Géne o y ciudadanía»,
en Manuel Pé ez Ledesma (coo d.), De súbdi os a ciudadanos: una his o ia de la ciudada-
nía de España, Cen o de Es udios Polí icos y Cons i ucionales, Mad id, pp. 593-626.
923 Nicholson, Vi ginia (2008): Ellas solas: un mundo sin homb es as la G an Gue a, Tu -
ne , Mad id.
924 Salomón Chéliz, Ma ía Pila (2004): «¿Espejos in e idos? Muje es cle icales, muje es
an icle icales», A enal, 11/2, pp. 87-111.
260
Joseba Louzao Villa
los deba es y las mo ilizaciones comenza on a ocaliza se en la búsqueda
de la igualdad de de echos y el su agismo. En cualquie caso, es e sec o
eminis a y laico ue absolu amen e mino i a io en la egión, ya que la
eminización de la eligión en una sociedad ampliamen e ca ólica hacía
di ícil la pa icipación de la muje en ac i idades que e an is as como
inmo ales.
Asimismo, y al con a io que en o os ámbi os egionales, como Ca-
aluña o Valencia, no exis ie on muje es con la su icien e pe sonalidad o
o mación pa a desa olla una po en e ac i idad ei indica i a den o de
los g upos polí icos de la izquie da local, en especial en el epublicanismo.
Incluso es a ei indicación de la educación y de la libe ad de las muje es
con espec o a la « i anía cle ical», en la g an mayo ía de las ocasiones,
p ocedía de los homb es de es as o ganizaciones laicis as. Po ello, el
socialis a Medinabei ia c eía opo uno en ona un pa icula mea culpa:
hemos pecado los libe ales al deja que nues as he manas, hijas, no ias
y no di é que nues as muje es, no nos acompañen en los paseos, ea os,
ca és y euniones po lo que, abandonándolas la in luencia mo al que los
homb es debían eje ce ha pasado al cu a (…) Las hemos abandonado,
las hemos dejado aisladas, y no son aho a alma de nues a alma ni ca ne
nues a ca ne, po que el alma y la ca ne son del cu a925.
En Vizcaya, las pe iciones a a o de la pa icipación emenina en los
ac os del epublicanismo se p oduje on du an e el ceni del con lic o no -
ma i o. De hecho, hab á que espe a al emblemá ico año 1903 pa a ene
las p ime as no icias de es e ipo de pa icipación ac i a926. En odo caso,
cabe des aca que du an e las eladas y los bailes en el casino las muje es
podían encon a se y es ablece elaciones con los homb es. La unción
emenina e a u ilizada pa a poco más, po que nunca se las conside ó au-
én icas co eligiona ias. Luz San eliu lo ha explicado en su es udio sob e
925 El Libe al, 18-i-1907.
926 Penche, Jon (2010): Republicanos en Bilbao (1868-1937), Se icio Edi o ial de la Uni e -
sidad del País Vasco, Bilbao, pp. 241-254.
261
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
las muje es blasquis as: «ellas, en esos años que comenzaba a se mayo
la di usión de la ida social, siemp e e an bellas, he mosas o aleg es y
con ibuían a da a las celeb aciones un ma iz di e en e, que consis ía en
hace que los ac os ue an más b illan es»927.
Es os compo amien os demos aban que dichas in i aciones e an un
in en o ambién de aleja las del supues o con ol eclesiás ico, po que la
muje pa ecía se su «más i me pun al»928. Pe o no signi icaba que pasa an
au omá icamen e a se conside adas en igualdad a los ciudadanos de pleno
de echo, al menos has a los iempos de la II República929. Po odo lo
an e io , la emancipación de la muje solo se en endía si pa icipaba de la
libe ación de la «escla i ud» cle ical930. Po an o, los lími es se ma caban
en la lucha polí ica, ya que és a «qui a ía a la muje el encan o de la suges-
ión. Bien emos que en la pequeña ac uación que desempeñan, son ins-
umen os de los homb es pé idos, encubie os de ca á ula e angélica»931.
Es as ases son signi ica i as po que las esc ibía el p o eso del Cen o
de Enseñanza Lib e de la localidad. Si desde el ana quismo se asegu aba:
« i imos en el dolo que es e mundo nos b inda po coba día. La ebe-
lión, compañe as, es san a cuando la guía un in humano. ¿Qué hacemos,
muje es, supedi a nos o ebela nos?»932. La espues a epublicana e a di-
ec a: «la muje , ebelándose, no puede consegui nada». La emancipación,
en onces, u o sus p opios lími es. En de ini i a, la muje debía se una
927 San eliu, Luz (2005): Republicanas. Iden idades de géne o en el blasquismo (1895-1910),
Uni e si a de València, Valencia, p. 134. Po ejemplo, la pa icipación de las muje es en
ac i idades del pa ido epublicano: en una con e encia sob e las muje es (El Libe al, 7-i-
1905), en es i idades del casino (El Libe al, 13-ii-1905) o en el ani e sa io de la oma
de la Bas illa, con la con ección de una bande a (El Libe al, 14- ii-1905).
928 El No e, 18- -1915.
929 Salomón Chéliz, Ma ía Pila (2005): «Las muje es en la cul u a polí ica epublicana:
eligión y an icle icalismo», His o ia Social, 53, pp. 103-118.
930 En el ana quismo se po enciaba la educación de la muje , ya que és a debía se la mad e
de «la Ciencia, el P og eso, la Luz, la Vida…» (Solida idad Ob e a, 22- ii-1921).
931 El No e, 6-xii-1915. También pa a la úl ima ci a del pá a o.
932 Solida idad Ob e a, 1-x-1920. También en es e caso solamen e hacia las c iadas en Soli-
da idad Ob e a, 27- iii-1920.
262
Joseba Louzao Villa
buena mad e y ene a su cuidado la educación de sus hijos. Con lo que,
al inal, se pa icipaba de modelos simila es de muje , mad e y esposa933.
Den o de las co ien es epublicanas izcaínas, solamen e el adicalismo
po enció la pa icipación en la es e a pública de la muje con la o ganización
de una ag upación pa icula . En 1910, su gie on las Damas Rojas del Pa -
ido Radical bilbaíno, a imi ación de las ag upaciones le ouxis as c eadas
en Ba celona y Mad id934. Es a sección emenina nació, sob e odo, como
espues a a la mo ilización emenina ca ólica que es aba p oduciéndose a
ni el español, y las ag upaciones ca ólicas iban a encon a en ellas a «un
g an enemigo»935. Las Damas des aca on en la mo ilización an icle ical y
el desa ollo y p omoción de la educación laica, llegando a man ene a un
cen ena de asociadas que p e endían ealiza di e sas a eas bené icas, pe o
sin eje ce las in luencias que denunciaban en la ac i idad de las «damas
ca ólicas»936. Sin emba go, su pa icipación en la ida polí ica y social local
ue b e e, ya que un año después apenas se enían no icias de ellas y, además,
habían su gido en uno de los ámbi os mino i a ios del epublicanismo local.
Po su pa e, el socialismo español no p es ó especial a ención a la
p oblemá ica de la muje y, cuando lo hizo, el a amien o ue demasia-
do gené ico. Además, como ha des acado F ancisco de Luis, en la g an
mayo ía de ocasiones las decla aciones no enían como suje o a la muje ,
sino a los ma idos como imp escindibles co eas de ansmisión del idea io
socialis a den o de la amilia937. Con odo, las ag upaciones eminis as del
933 «Las elaciones que muchas libe ales u ie on con el an icle icalismo inci a a que pa ez-
can mode nas en una isión supe icial; pe o en lo que a la emancipación de las muje es
se e ie e muchas de ellas solo cambia on las imágenes ex e io es, man eniendo los lazos
adicionales de sumisión y dependencia amilia » (Lacalzada, Ma ía José (2004):
«Las muje es en la cues ión social de la Res au ación. Libe ales y ca ólicas (1875-1921)»,
His o ia Con empo ánea, 29, p. 717).
934 Mo al Va gas, Ma a del (2007): «Acción colec i a emenina epublicana: las Damas
Rojas de Mad id (1909-1911), una b e e expe iencia polí ica», Hispania, 226, pp. 541-566.
935 El Libe al, 16- -1910.
936 El Libe al, 22- iii-1910.
937 Luis Ma ín, F ancisco de (1993): La cul u a socialis a en España, 1923-1930: p opósi os
y ealidad de un p oyec o educa i o, Uni e sidad de Salamanca, Salamanca, pp. 40-41.
263
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
socialismo se c ea on pa a lucha con a la supues a dependencia emeni-
na hacia el cle o, ya que «como compañe a del homb e» debía se a aída
hacia el socialismo pa a:
a anca de aíz los e o es secula es que han ido c eciendo en su an a-
sía median e el cons an e cul i o de los cu as y semb a en su ce eb o la
semilla del ideal socialis a, una p opaganda que la haga e la necesidad
de uni se al homb e pa a conquis a jun amen e con él la sociedad del
po eni 938.
Po lo an o, ambién se es ableció un discu so que p e endía la eman-
cipación emenina de las in luencias cle icales. Pe o, como en el caso del
epublicanismo, choca on con los al os ni eles de pa icipación eligiosa
de la muje . Además, aunque la op esión desapa ecie a con la ins au ación
del socialismo, la ac i idad de la muje iba a segui siendo la de compañe a
del homb e en el hoga como socializado a de los hijos939. En cualquie
caso, no ue un obs áculo pa a que se undase el p ime g upo emenino
socialis a español en Bilbao (1904)940. Con un núme o de a iliadas que
supe ó el cen ena , su p incipal obje i o ue la educación de la muje
abajado a, aunque en el caso izcaíno se obse aba una sindicación baja
que se educía a es sec o es conc e os: es idos, alimen ación y papel941.
Asimismo, hay que ene en cuen a que es as ag upaciones no busca on
acen uadamen e la ei indicación eminis a. La muje debía se la enca -
gada de la socialización de los hijos en el hoga , aunque se discu ie a el
938 La Lucha de Clases, 2-xi-1907.
939 «Es as o ganizaciones emeninas se án en odas pa es excelen es ins umen os de p opa-
ganda y el p ole a iado, cada día más y más conscien e, emancipado den o de la amilia,
lo se á ambién den o de la sociedad» (La Lucha de Clases, 8- i-1907). Luis Ma ín,
F ancisco de (2009): «Familia, ma imonio y cues ión sexual en el socialismo español
(1879-1936)», en F ancisco Ja ie Lo enzo Pina (ed.); La amilia en la his o ia, Uni-
e sidad de Salamanca, Salamanca, pp. 261-291.
940 La Lucha de Clases, 9-xi-1907.
941 Bizca ondo, Ma a (1984): «Los o ígenes del eminismo socialis a en España», en
La muje en la his o ia de España (ss. x i-xx), Uni e sidad Au ónoma de Mad id, Ma-
d id, p. 142.
264
Joseba Louzao Villa
ma imonio bu gués, subo dinada al homb e socialis a942. Po ello, pos e-
io men e o a líde socialis a, Ma ga i a Nelken, p o es ó po que con es e
discu so pa ecían demos a que es aban más in e esadas en apoya a sus
cónyuges que en una e dade a labo eminis a943. Po su pa e, en e las
p ime as p opagandis as emeninas del socialismo español es u o la ac i a
Vi ginia González, que se había a iliado al pa ido en Bilbao, y e minó
o mando pa e del g upo undacional del Pa ido Comunis a944. En e
sus colabo aciones en La Lucha de Clases, nos encon amos con un b e e
ela o en el que la sindicalis a e oma un aspec o común en la li e a u a
con empo ánea: el hoga di idido en e una muje ca ólica y un ma ido
p og esis a945. En es e caso la ba alla la iba a ganando el ob e o socialis a,
que espe aba pode exclama algún día: «¡una más pa a lucha po la azón
y la jus icia!». Po supues o, no odos los hoga es e an simila es, pe o es as
epe iciones pueden mos a que es a lejanía ideológica ue más común de
lo que se puede imagina a simple is a en odos los ámbi os sociales de
la egión.
Con odo, las muje es socialis as ue on pa icipando en los mí ines len-
amen e o ayudando en las huelgas a sus ma idos. La ag upación emenina
bilbaína es u o es echamen e elacionada con la sección ju enil, po lo
que pa icipó ac i amen e en el con lic o en e cle icales y an icle icales946.
Pa a es as socialis as la libe ación del p o agonismo cle ical e a p io i a ia
dejando de lado o as p eocupaciones, como las elacionadas con el abajo
emenino947. En es e sen ido, Vi ginia González de endía los di e sos ac-
os ci iles pa a i es ando pode a la Iglesia «con las a mas que nos dan las
mismas leyes bu guesas i emos minando poco a poco el égimen ac ual,
942 La Lucha de Clases, 28-i -1906.
943 Ma ínez, Josebe (1997): Ma ga i a Nelken (1896-1968), Ediciones del O o, Mad id.
944 Albo noz, Au o a de (1977): «Vi ginia González, muje de acción», Tiempo de His o ia,
32, pp. 26-29.
945 La Lucha de Clases, 28-x-1907.
946 Des aca on como o ado as en mí ines de ca ác e an icle ical, po ejemplo, El Libe al,
24-xii-1906, El Libe al, 7-xii-1910 o El Libe al, 1- iii-1912.
947 La Lucha de Clases, 30-xi-1907.
265
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
has a consegui su o al desapa ición»948. Po ello, el en en amien o con
las muje es ca ólicas no a dó en su gi . Una des acada colabo ado a en el
semina io socialis a, Rosa io He anz, denunció los a aques ecibidos po
las muje es de la ag upación du an e el P ime o de Mayo de 1907, lo que
ambién mani es aba su débil posición en la p o incia:
denues os, insul os, po las que debie an es a a nues o lado, de endiendo
nues a causa, que es la suya, sen í… sen í e güenza, sí, mucha e güen-
za, no po oso as, ni po mí, que é amos las insul adas, sino po aquellas
in elices escla as que, cual noso as, debie an encon a se ansiosas de ei-
indicaciones y ansiosas de jus icia que pa a noso as aún no ha b illado;
sen í e güenza de se española, pues dudé po un momen o de si e a en
Bilbao, en la cul a Bilbao, o e a en F ajana donde e i icábamos nues a
b illan e mani es ación949.
La pa adoja ca ólica: el p og eso de los lími es
La iden i icación en e muje y eligión ue pe se e an e an o en el
imagina io an icle ical como en el ca ólico, an o es así, que la je a quía
con o mó una po en e pas o al emenina950. Al se incuan i icable es a-
dís icamen e la eminización de la eligión, queda pa a el deba e si és a
se p odujo po una mayo pa icipación emenina o po el alejamien o
p og esi o de los a ones. Sin emba go, en el País Vasco las di e encias
de géne o den o de la pa icipación eligiosa se educían conside able-
men e en las clases medias y en el uni e so u al. En cualquie caso, la
c eación de o ganizaciones de ocionales y bené icas acili ó que muchas
muje es ede inie an su posición, a pesa de man ene una papel social
subsidia io. La ca idad y la bene icencia e an las únicas labo es sin censu a
social de las que se podían enca ga las muje es. Además, se con e ían
948 La Lucha de Clases, 7-i -1906.
949 La Lucha de Clases, 11- -1907.
950 Vicen , Ma y (2010): «Las muje es y el c is ianismo», en F ancisco J. Ca mona (coo d.),
His o ia del c is ianismo. IV. El mundo con empo áneo, T o a/ Uni e sidad de G anada,
Mad id, pp. 751-781.
272
Joseba Louzao Villa
Desde sus inicios Sabino A ana eclamó la unción de la muje asca
como pila del hoga ca ólico asco en e a la desna u alización de la
aza. El melod ama his ó ico Libe del p opio A ana es un iel e lejo del
ideal emenino del undado del nacionalismo, donde concu ían la pa ia
asca y la muje . Po ello, no es ex año que una de las p ime as p opa-
gandis as del nacionalismo asco esc ibie a sus ex os bajo el pseudónimo
de Libe. Asimismo, el semana io Abe i cambió su cabece a en los días
de la conmemo ación del 25 de oc ub e de 1839 y del Jubileo Sace do al
de Pío X, con un g abado en el que apa ecía una mad e asca, jun o a
un niño a sus pies y un bebé en b azos975. A inicios de 1908, se c eó en
Bilbao el Rope o Vasco, en un in en o pa idis a de pa icipación social de
la muje naciona lis a en cues iones de ca idad y bene icencia que, bajo el
pa onazgo de la Vi gen de Begoña, con ó en sus inicios con el conside a-
ble núme o de quinien as asociadas976. Su ac i idad ca i a i a se cen aba
en los ascos isi ando las cá celes y asis iendo a en e mos y puede se
conside ada un an ecenden e de la pos e io Emakume Abe zale Ba za
[Ag upación de la Muje Pa io a].
Pa a el nacionalismo asco, es as emakumes debían con e i se en un
pila undamen al pa a el man enimien o mo al y eligioso de las cos-
umb es adicionales, de la cul u a y el euske a. Emakume Abe zale
Ba za nació as una con e encia o ecida en ab il de 1922 po el i landés
Amb ose V. Ma in O’Daly en Bilbao sob e el papel sociopolí ico de las
muje es en I landa, omando como ejemplo la o ganización i landesa Cu-
mann na mBan [Liga de Muje es]977. Se a aba de una o ganización de
la Ju en ud Vasca de Elías Gallas egi, que an es ya había pa icipado en
la c eación de la asociación emenina Jun a Nacionalis a de Soco os de
975 Abe i, 24-x-1908 y 14-xi-1908.
976 Abe i, 11-i-1908.
977 Abe i, 15-i -1922. En la p esen ación, a ca go de Paulina Ramos, se escuchó «»¡adelan-
e, lucha, lucha po la Pa ia, que jun o a i es amos noso as pa a ayuda e y con inua
u ob e o pa a sus i ui e y desp ecia e si u laqueza y pequeñez hicie an endi e!» Y
es a oz solo puede da la la muje ». El esumen de la es ancia del p opagandis a i landés
en el País Vasco se o eció en Abe i, 19- -1922.
273
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
Nues a Seño a de Begoña, que buscaba palia las di icul ades que i ie-
on los soldados ascos que habían sido mo ilizados en 1921. En el ex o
undacional p esen a on su labo ci cunsc i a a es campos de acción: «la
a i mación y p opaganda nacionalis a allá donde la acción del homb e no
enga anca in e ención», a pa i de ies as y olle os sob e la acción de
la muje y con el apoyo al homb e; la educación, «es ableciendo cuan os
o ganismos sean p ecisos pa a que nues os he manos y especialmen e los
niños desa ollen sus acul ades, en su p epa ación pa a el po eni , den o
de un ambien e pa ió ico»; y, po úl imo, la ca idad y bene icencia pa a
con los más necesi ados978.
En conclusión, la elación en e la muje y el ca olicismo ue muy
es echa en la Vizcaya de la Res au ación, a pesa de las con adicciones
discu si as y p ác icas en e la muje y la je a quía masculina. Como con-
secuencia de su cul u a polí ica, el discu so nacionalis a asco no escapó
de la e olución sob e el eminismo de la Iglesia ca ólica, que las emakumes
asumie on como p opio. El ideal se concen ó en la labo de la muje a
a o de la pa ia y la eligión, como ambién sucedía en la Acción Ca-
ólica de la Muje con su discu so español y nacionalca ólico979. En odo
caso, queda ue a de oda duda que las ob as de acción social y la c ecien e
pa icipación polí ica de las muje es, epe cu ie on en la ans o mación
y mode nización de los códigos cul u ales sob e el géne o más aco des
con la sociedad mode na980. De hecho, en la p ime a década de siglo, el
libe al José de O ue a a i maba que la capacidad polí ica del ca olicismo
se debió a su éxi o en e la muje , «cuyo alioso concu so les ha asegu ado
el iun o»981.
978 Abe i, 12- -1922.
979 Blasco, Inmaculada (2002): «“Tenemos las a mas de nues a e y de nues o amo y pa-
io ismo; pe o nos al a algo”: La Acción Ca ólica de la Muje y la pa icipación polí ica
en la España del p ime e cio del siglo xx», His o ia Social, 44, pp. 3-20.
980 Ga cía Checa, Amalia (2007): «Acción social ca ólica y p omoción de la muje : el
eminismo c is iano», en Julio de la Cue a Me ino y Feliciano Mon e o (eds.), La
secula ización con lic i a. España (1898-1931), Biblio eca Nue a, Mad id, 2007, p. 258.
981 O ue a, José de (1907): El País Vasco. An e el p oblema egionalis a, Imp en a de El Mun-
do, Mad id, 1907, p. 137.
274
Joseba Louzao Villa
5. di imiendo La ba aLLa en La escueLa
Du an e la Res au ación exis ie on dos o mas con adic o ias de en-
ende la educación de niños y jó enes. Po un lado, se encon aba la es-
cuela ca ólica, que se denunciaba a la ez como una enseñanza eacciona ia
y supe s iciosa y, po el o o, una escuela que se pod ía ca ac e iza como
acon esional, que ue conocida po sus con a ios como la escuela «sin
Dios». El especialis a ca ólico Joaquín Bui ago lo señalaba en su es udio
sob e la capacidad ci il y la p oblemá ica exis encia legal de las ó denes
eligiosas: «bien puede deci se que la ju en ud educada po los eligiosos
no piensa como la ju en ud educada po el lib epensamien o»982. El com-
plejo en amado educa i o del pe íodo en Vizcaya hace imposible a a
en p o undidad el ema. Po lo an o, concen a emos el análisis en dos
aspec os muy delimi ados: la ealidad y la cons ucción simbólica de la
educación jesui a, esumida en la Uni e sidad de Deus o, y los dis in os
p oyec os pa a unda y desa olla es ablecimien os educa i os laicis as.
La o aleza jesui a: la Uni e sidad de Deus o
Una pa e conside able de la educación secunda ia se encon aba bajo el
con ol de cen os educa i os con esionales. El ca olicismo español siemp e
de endió que la educación colegial no podía con adeci las ense ñanzas mo-
ales ca ólicas del hoga . De es a o ma, la inmensa mayo ía de las au o i-
dades municipales izcaínas bene icia on el es ablecimien o de las escuelas
eligiosas en sus localidades. Incluso se denunció en ocasiones el epa o
de ma e iales y olle os an ilibe ales, que condenaban las di e sas he ejías
desde la pe spec i a ca ólica, en las es ablecimien os públicos983. Poco pu-
die on hace epublicanos y socialis as pa a ena es a econquis a de los
espacios educa i os, ya que se deses ima on o e oca on municipalmen e
algunas de sus decisiones en sen ido más laicis as984. En de ini i a, en
982 Bui ago y He nández, Joaquín (2006): Las ó denes eligiosas y los eligiosos. Es udio
sob e su exis encia legal y capacidad ci il en España, Analec a, Pamplona, p. 58.
983 AMB/Lib o de Ac as, 27-xi-1903.
984 AFB/AMB: Lib o de Ac as, 15- ii-1903.
275
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
ningún momen o la p eeminencia del ca olicismo en el sis ema educa i o
asco pelig ó. No en ano, du an e el pe íodo de mayo ía nacionalis a en
la Dipu ación de Vizcaya se exigió que
pa a que una Ins i ución sea sub encionada, se equie e, en é minos
gene ales, que es é in o mada del doble espí i u eligioso y pa io. Ha-
b án, pues de se necesa iamen e ca ólicas, y en su plan de enseñanza y
educación se inspi a án en el modo de se , ocupación y endencias del
Pueblo Vasco985.
En la g an mayo ía de pueblos de la Vizcaya u al el ap endizaje de las
p ime as le as es aba ligado a la o mación de la ca equesis. El socialis a
Cons an ino Tu iel comen aba en sus memo ias que «la Escuela en aquella
época allí, el cu a y la Iglesia, e an casi la misma cosa»986. Po ello, en 1919
se c ea on las escuelas de ba iada dependien es de la Dipu ación, que
in en aban palia las de iciencias del sis ema es a al en las zonas u ales y
ba ios mine os e indus iales987. En muchos casos es as escuelas es u ie-
on sus en adas en el apoyo eclesiás ico del sace do e pa oquial y los p o-
pios locales se encon aban en la pa oquia988. Asimismo, se po encia on
asociaciones piadosas de maes as e ins i u ices ca ólicas que de endían la
enseñanza ca ólica en e a los «emisa ios del in ie no»989.
El desa ollo de cen os educa i os con esionales y su con ol en las
escuelas públicas ue denunciado cons an emen e po el an icle icalismo
izcaíno. Sin emba go, y a pesa de la di e sidad de los p oyec os, el emo
985 Reglamen o pa a la aplicación de las bases a las que hab án de ajus a se los es ablecimien os
docen es de p ime a enseñanza que solici en y ob engan sub ención de es a co po ación, Jun a
de Ins i ución Pública de la Dipu ación de Bizcaya, Bilbao, 1918.
986 C. Tu iel, Recue dos de mi ida, p. 37.
987 A ien, G ego io (1987): Educación y escuelas de ba iada de Bizkaia: escuela y au onomía:
1898-1936, Dipu ación Fo al de Bizkaia, Bilbao.
988 Molina, Fe nando (2005): José Ma ía A izmendia ie a (1915-1976). Biog a ía, Caja
Labo al-Euskadiko Ku xa, Mond agón, pp. 53-55.
989 Reglamen o de la Asociación de S as. Maes as e Ins i u ices de Bilbao: es ablecida en la Casa
de Religiosas Escla as del Sag ado Co azón, Tipog a ía y Encuade nación de la Viuda de
E. Calle, Bilbao, 1905, p. 6.
276
Joseba Louzao Villa
descansaba en la Compañía de Jesús, ya que el «jesui ismo» se iden i icaba
plenamen e con la bu guesía y con una apues a decidida po el con ol so-
cial. La o den se ans o mó en la ep esen ación absolu a del cle icalismo
o ensi o pa a el imagina io an icle ical izcaíno. Po su pa e, el día de
san Ignacio se había con e ido en una de las es i idades eligiosas más
impo an es pa a los ascos y el san ua io guipuzcoano había sido una de
las pun as de lanza básicas pa a la expansión de los jesui as as su eg eso.
Las es echas elaciones de la o den con el ca lismo du an e el siglo xix
acili a on es a iden i icación an ilibe al y eacciona ia. De hecho, al se
expulsados du an e el Sexenio, los p opios ca lis as les o ecie on la di ec-
ción del Semina io de Ve ga a y de la Uni e sidad de Oña e.
En la época, el ad e sa io se dibujaba siemp e sob e una ep esen ación
oscu a y nega i a. El lenguaje de comba e u ilizado demues a que las pe -
cepciones no ue on obje i as, pe o acili a on el abajo pa a delimi a los
miedos y la in e elación del noso os. El jesui ismo y la masone ía ue on
dos espejos simbólicos con apues os en los que se deposi a on los odios
más p o undos: iban siemp e en elazados y ue on las ep esen aciones
básicas del enemigo en ambos campos. Tan o la Iglesia ca ólica como la
masone ía se cons uye on ecíp ocamen e como enemigos i econcilia-
bles, al iempo que e lejaban y e oalimen aban sus p opios miedos y
emo es. Miguel de Unamuno señalaba es a iden i icación simbólica en
el semana io socialis a bilbaíno: «la e que ienen en la masone ía los del
Basco y congéne es co e pa ejas como la que en el jesui ismo ienen los
libe ales»990.
De es a mane a, los jesui as ue on la ca a de la econquis a ca ólica
de la illa. En 1888, inaugu a on la nue a esidencia en el Ensanche,
dejando a ás una casa que se había quedado pequeña en pleno casco
an iguo de la ciudad. Se si ua on en ese nue o espacio con la in ención
de ayuda la labo pas o al pa oquial, di icul ada po el c ecimien o de
la ciudad. El en onces P o incial Luis Ma ín econocía en sus memo ias
990 La Lucha de Clases, 23-xi-1895. Así lo iden i ica E eño, José An onio (2002): A ículos
inédi os de Unamuno en La Lucha de Clases (1894-1897), edición del au o , Bilbao, pp.
24-25.
277
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
que e a el luga adecuado po que «se es aba euniendo y c eciendo po
días un nue o pueblo, y allí no había iglesia pa a oí misa o asis i a los
cul os»991. Cuando se ab ió en 1891 la nue a iglesia, los jesui as egen aban
dos es ablecimien os educa i os en la p o incia, el colegio de O duña y el
ex e nado de Du ango, a los que se añadió al inal del pe íodo un colegio
de secunda ia en Indauchu992. En O duña es udia on igu as como Sabino
A ana o el p ime lehendaka i del Gobie no asco, José An onio Agui e.
Allí se daban ci a un a iado núme o de endencias den o del campo con-
se ado , desde in eg is as a nacionalis as, pasando po libe ales conse a-
do es. Aunque aún po es udia , pa ece cla o que se o ecía una educación
exigen e, que pi o aba en o no a la espi i ualidad ignaciana, y es aba
do ado de ma e iales de calidad. Pe o sus ac i idades no se queda on ahí,
ya que pa icipa on en la c eación de nume osas asociaciones piadosas y
en di e sas ac i idades elacionadas con la acción social ca ólica, como la
enseñanza p o esional.
En 1886, la p esencia jesui a en la p o incia se co onó con la inaugu-
ación de la Uni e sidad de Deus o993. El o igen de Deus o es pa icula -
men e de ensi o, ya que su gió de la pe ición hecha po a ios miemb os
de la bu guesía local an e el p o incial de Cas illa pa a c ea un colegio
en la ciudad. Po ello, con ó con impo an es apoyos de la al a bu guesía,
p eocupados po la mala in luencia que sus hijos pod ían ecibi en la
uni e sidad. Fue undada g acias al apoyo inancie o de un g upo de e-
p esen an es de la bu guesía que había o iginado el mode no capi alismo
izcaíno, en e los que des acaban Casilda de I u iza , Juan Ma ía Iba-
a, José Moyúa o José Smi h. Sin emba go, el p oyec o u o di icul ades
p esupues a ias que se in en a on sol en a pidiendo una sub ención a la
991 Ma ín, Luis (1988): Memo ias del P. Luis Ma ín, Gene al de la Compañía de Jesús,
(1846-1906). Tomo I, Ediciones Mensaje o/Uni e sidad de Deus o/I. His o icum/Uni-
e sidad Pon i icia Comillas, Bilbao, p. 857.
992 Lannon, F ances (1975): Ca holic Bilbao om Res o a ion o Republic: a selec i e s udy o
educa ional ins i u ions. 1876-1931, Tesis doc o al inédi a, Ox o d, p. 98 y ss.
993 Sáenz de San a Ma ía, Ca melo (1978): His o ia de la Uni e sidad de Deus o, G an
Enciclopedia Vasca, Bilbao.
278
Joseba Louzao Villa
Dipu ación, que desa ó la lógica polémica en la p ensa. Al inal, la ayuda
ecibida ue insu icien e y el p oyec o pudo uc i ica g acias a la emisión
de obligaciones hipo eca ias cuando las clases ya habían comenzado. Al
p incipio se le concedió el nomb e de colegio, ya que no se pe mi ía usa
el cali ica i o de uni e sidad en cen os p i ados po un dec e o de Ins-
ucción Pública, pe o e a econocida popula men e como una uni e sidad
ca ólica. El nomb e de la sociedad anónima con la que se puso en ma cha
e a una decla ación de in enciones: La Enseñanza Ca ólica. Además, en la
p ime a pied a deposi ada pa a su edi icación en 1883 se incluyó un pe -
gamino en la ín en el que se podía lee : «g an liceo ca ólico que se edi ica
po la muni icencia de en usias as y piadosos ciudadanos y amigos, pa a
educa a los jó enes, espe anza de la eligión y de la pa ia, o ma los en
la e e ins ui los en le as, a es y oda clase de ciencias»994.
Las p ime as acul ades ue on la de Filoso ía, De echo y el p epa a o-
io de ca e as especiales, elacionado con la a qui ec u a y la ingenie ía.
La eligión es u o muy p esen e en el día a día del cen o, ya que incluso
los alumnos del p epa a o io enían en e las asigna u as obliga o ias la
eligión. De es a o ma, la o mación eligiosa y la ida espi i ual de los
alumnos pi o aba a a és de la asis encia a misa, el ezo del osa io, la
pa icipación en Eje cicios espi i uales, la de oción al Sag ado Co azón
y el Apos olado de la O ación. Además, se po enciaba la pa icipación en
ac i idades ca i a i as y en la acción social ca ólica e a común. Po o a
pa e, la uni e sidad desde sus inicios ue conside ada una ins i ución de-
enso a del an ilibe alismo, po que den o de las comunidades de jesui as
en Bilbao y Deus o el in eg ismo ue p edominan e a inales de siglo.
Los a ículos de Ala cón en el Mensaje o y algunos se mones incendia ios
no hacían más que demos a la ealidad de las denuncias a inales de la
década de los ochen a, que incluso consiguie on que se les amones a a
desde el Va icano995.
994 Reizábal, Luis (1985): Génesis de la Uni e sidad de Deus o, Caja de Aho os Vizcaína,
Bilbao, 1985, p. 27.
995 Sanz de Diego, Ra ael Ma ía (1976): «La San a Sede amones a a la Compañía de Jesús»,
Miscelánea Comillas, 65, pp. 237-266.
279
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
En junio de 1889 des acó la celeb ación de la con e sión de Reca edo y
la Unidad Ca ólica española con un ce amen li e a io y académico sob e
la in luencia c is iana en la ci ilización española996. La dispu a en es a
ocasión ue o iginada po el p og ama del Ce amen his ó ico-li e a io
o ganizado po el Colegio de Es udios Supe io es de Deus o y el discu so
p eelimina o ecido po un alumno de de echo, una sín esis de la his o ia
española in eg is a, que comenzaba con la apa ición de la Vi gen en el
Pila de Za agoza y daba cuen a la g andeza pa ia pasada has a la deca-
dencia o iginada po la pé dida de la Unidad Ca ólica997. Todos los ópicos
del nacionalca olicismo an ilibe al es u ie on p esen es en el ex o: el III
Concilio de Toledo, como «el p incipio gene ado de ida eligiosa, social
y polí ica del e dade o pueblo español»; la Reconquis a como eacción de
ese espí i u c is iano; el San iago y cie a España, un g i o de un pueblo
«que luchaba alen ado po la e y po el en usiasmo nacional»; Felipe II,
como «el Mona ca p o idencial elegido po Dios pa a sal a a España y
Eu opa de la e olución p o es an e»; y, pos e io men e, la llegada de la
sociedad a ea. Po ello, la p ensa libe al bilbaína p esen ó a la uni e sidad
como un cen o de p opaganda an idinás ico. Pocos días después, además,
se celeb ó una pe eg inación a Begoña, que con aba en su o ganización
con a ios jesui as, en la que se die on algunas mues as pa en es de an-
ilibe alismo.
Po su pa e, odos los elogios ecibidos po la educación jesui a den o
del ca olicismo, se con i ie on en a aques po sus muchos de ac o es
en la sociedad bilbaína y española de en esiglos998. En e su alumnado,
no odos eco daban ag adablemen e su paso po la uni e sidad como
consecuencia de la disciplina de la soledad y silencio que einaba en la
ida uni e si a ia. O ega y Gasse se e i ió a Deus o como un «edi icio
996 Vid., po ejemplo, Villaescusa, Modes o H. (1890): Reca edo y la unidad ca ólica: es udio
his ó ico-c í ico, Imp en a y Lib e ía de la Ho miga de O o, Ba celona.
997 El p og ama en Re is a Popula , 23- -1889, pp. 343-344. El discu so ue publicado
ín eg amen e po El Basco du an e a ias semanas.
998 La Lec u a Dominical, 4- ii-1897, p. 435, u o que de ende a la uni e sidad de odas las
acusaciones e idas sob e el al o núme o de suspensos en e su alumnado.
280
Joseba Louzao Villa
sucio y sin isonomía», donde unos «homb e solemnes» p opagaban en e
el alumnado «su inep i ud y su pesadumb e in e io »999. Po su pa e,
Miguel de Unamuno denig ó su p og ama educa i o po que inculcaban
a los alumnos:
unos ela os sin sen ido, llenos de dispa a es, y que los chicos se aían
ap endidos de memo ia. Allí hubie as is o expone en un minu o o dos
el pensamien o de Kan o de Hegel, o el de Spence o el de S ua Mill
o el de Da win y e u a lo en o o minu o u o os dos. Da g ima e lo
que hacen los sabios Jesui as con sus alumnos. Les me en en la cabeza
una in inidad de logomaquias, juegos de palab as, calumnias, a ocida-
des, oda la mo alla pseudo-cien í ica y yodos los de i us de la anémica
ciencia o odoxa1000.
La p e ensión úl ima de es e cen o educa i o ue la o mación de
una eli e di igen e e in elec ual ca ólica en su mayo ía de o igen asco,
aunque ambién ue on habi uales los es udian es mad ileños. Po sus
aulas pasa on nomb es de pe sonajes des acados pos e io men e como
Ángel He e a O ia, el pe iodis a y ambién p opagandis a Ramón Sie a
Bus aman e, los ascólogos Julio U quijo e Yba a y Juan Ángel Ap aiz,
G ego io Balpa da o el ilóso o José O ega y Gasse . Po o o lado, am-
bién se debe des aca la publicación de la e is a uni e si a ia Es udios de
Deus o, que comenzó su andadu a en 1904 a ando aspec os elacionados
con la iloso ía, el a e, la his o ia o el de echo, pa a p olonga el es ímulo
in elec ual de la uni e sidad. Y ue p ecisamen e en las páginas de es a
e is a donde se dio a conoce el in e és po unda un cen o de es udios
me can iles y come ciales como consecuencia de las nue as necesidades
come ciales de Bilbao. En oc ub e de 1916, se inaugu ó la Uni e sidad
Come cial de Deus o con la p esencia del Nuncio F ancesco Ragonesi
y una pa e conside able de la clase di igen e izcaína. El p e ec o de la
999 Ma ías, Julián (1973): O ega: ci cuns ancia y ocación ( ol. i), Re is a de Occiden e,
Mad id, 1973, p. 188.
1000 Ci . en Raba é, Cole e y Jean-Claude Raba é (2009): Miguel de Unamuno. Biog a ía,
Tau us, Mad id, pp. 128-129.
281
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
nue a ins i ución ue el jesui a Luis Chalbaud, que es ableció con i meza
los undamen os de la nue a ins i ución: un espí i u emp endedo , pa a
po encia el ca olicismo de los u u os je es de emp esas y de los homb es
de negocios y
e ealizada la g an ob a de la ci ilización que busca el adelan o de la cul-
u a undada en el abajo, desen uel o en medio de una sana emulación,
ele ándose no po la dep esión ajena, que es ob a de en idia uin, sino
po el enal ecimien o p opio; co iendo po esos sende os de la p og esión
pe ec i a del homb e, den o de esos g andes ca iles de pe ección social
que son la jus icia y la ca idad, que lle an po de echo camino a la paz
que C is o ino a ae a la ie a1001.
Educación y an icle icalismo: de la neu alidad al laicismo
Aunque con p eceden es desde mediados de siglo, el desa ollo del
mo imien o de las escuelas laicas se p odujo du an e el Sexenio, cuando
su gie on di e sas inicia i as a lo la go del país que in en aban po encia
una educación acon esional den o de los p og amas escola es1002. Solo hay
que ija se en la plu alidad de denominaciones (laicas, acionalis as, neu-
as o lib es) pa a da se cuen a de las di e encias ideológicas en las que se
asen aban1003. Po esa azón, bajo la denominación de escuelas laicas se en-
con aban di e sos p oyec os, cuyo único pun o de encuen o ue el in e és
po desa olla una enseñanza no ca ólica, basada en la azón y la ciencia.
Como señalaba la Jun a Di ec i a de la escuela laica de Ses ao, aspi a on
1001 Chalbaud, Luis (1916): Discu so leído en la solemne ape u a de los es udios en la Uni e -
sidad Come cial de Deus o, el día 2 de oc ub e de 1916, Edi o ial Vizcaína, Bilbao, p. 30.
1002 Ál a ez, Ped o (1994): «Las escuelas laicas», en Buena en u a Delgado C iado
(coo d.), His o ia de la educación en España y Amé ica. La educación en la España con em-
po ánea (1789-1975), Ediciones San a Ma ía/Ediciones Mo a a, Mad id, pp. 418-422.
1003 Se desc iben los di e en es p oyec os en Suá ez Co ina, Manuel (2000): El go o
igio. Libe alismo, democ acia y epublicanismo en la España de la Res au ación, Biblio eca
Nue a, Mad id, pp. 228-235. Po o o lado, incluso la p opia escuela e angélica de la
capi al izcaína bien pod ía encaja en el uni e so de la educación laica.
288
Joseba Louzao Villa
diciones que habían ep esen ado un ce ado código mo al ca ólico. Y eso
signi icaba ambién una pé dida de Dios, ya que e a «la Ve dad y la Ve dad
es la Mo al»1034. Además, cada ez e a más pa en e que el cle o, en e la
condena y la p ohibición, no podía con ola los cambios sociales y cul-
u ales que se es aban o iginando en una sociedad en ans o mación1035.
Las cos umb es ajenas a la comunidad: bailes, blas emia y
alcoholismo
La implicación de la Iglesia en es os ámbi os de la mo alidad pública
e indi idual se es ableció desde unos plan eamien os de ensi os que des-
cansaban en la con esionalidad del es ado ins au ada po la Cons i ución
de 1876. El mayo p oblema al que se en en a on los eligiosos ue la
p opia pasi idad de los ca ólicos, mien as la Iglesia in en aba pone eno
a las no edades y las modas es ablecidas, que se conside aban ajenas a la
adición. Po ello, se de endió que solo podía se mode na una sociedad
basada en la adición ca ólica, como lo había sido el Ecuado de Ga cía
Mo eno1036. En el caso izcaíno, es as a iaciones en los compo amien os
e minaban po es ablece di e sas dis ancias simbólicas que ayudaban a
la cons ucción del o o. Po que, po pone un ejemplo, las ca ac e izacio-
nes y ópicos manejados en el dia io dinás ico y conse ado El Ne ión
enía muchos pun os y asgos en común con las e e encias a los maque os
po pa e del a anismo. Incluso, un libe al como José de O ue a podía
denuncia a los socialis as como los causan es de «la ecien e in oducción
1034 Ga deazabal, C escencio (1919): Temas adicionalis as: homb es e ideas, Imp. y Enc.
de E. de A eche, Bilbao, p. 65.
1035 Como bien des acaban las chanzas an icle icales: «desde lo al o de un púlpi o onan e/
se exp esa con calo F ay Calabaza comba iendo el pecado epugnan e/ según allí lo a
sacando a la plaza», La Lucha de Clases, 5- i-1897.
1036 «¡Sociedades mode nas, sociedades mode nas! Sociedad mode na es la República del Ecua-
do , modelo de pueblos ca ólicos, y la República de Colombia, y la España una adi-
cional y ca ólica que se ha o jado el au o del olle o» (Liñán y Eguizábal, José de
(1889): La polí ica del ey, Imp en a de Bul y y Compañía, Bilbao, p. 37).
289
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
de la na aja y de cie as cos umb es exó icas pe niciosas que han hecho
aumen a de una mane a sensible la c iminalidad»1037.
En es e sen ido, las ome ías ue on denunciadas cons an emen e po
la al a de mo al que se e lejaban en sus celeb aciones1038. Jun o con
el Ca na al, una ies a que se denunciaba como «lúb icos ecue dos del
paganismo an iguo», e an las más p ocli es pa a los compo amien os
«indecen es»1039. De es a o ma, el pá oco de Basau i p o es ó an e el
ayun amien o po que en las ome ías de la localidad se había incluido
bailes, «que co ompen la ju en ud del pueblo, esas euniones de es ables
a las cuales ninguna pe sona que enga e dade os sen imien os de eli-
gión puede mi a sin que le cause ho o »1040. Incluso el p opio Miguel de
Unamuno daba las azón a los sace do es, y se p egun aba
¿qué hace la e mi a hoy en muchas de nues as ome ías? De ome ías,
¿qué ienen? (…) Desde que el baile ha pe dido el ca ác e o iginal de oda
cosa, sea abajo, idea o juego, el ca ác e eligioso, no es holocaus o san o
de igo i al, no es más de galeo e in ame1041.
El baile consiguió así «la ca ego ía de blas emia y del icio e gon-
zoso», mien as se echaba de menos la música de ambo il y xis u1042.
El anciscano Daniel Bae el asegu ó que había que expulsa « ue a de
nues as ome ías esos bailes deshones os, ca ólicos ascongados; ue a
esos maldi os bailes cuyo escándalo mancilla has a la pu eza de los ni-
1037 J. de O ue a, El País Vasco, p. 108.
1038 Ruza a, Ra ael (1999): «Las ome ías en Vizcaya en la segunda mi ad del siglo xix:
con as es y cambio social», en Luis Cas ells (coo d.), El umo de lo co idiano: es udios
sob e el País Vasco con empo áneo, Uni e sidad del País Vasco, Bilbao, pp. 283-306.
1039 El en ecomillado en Mu o Te án, A.N.: «A p opósi o del Ca na al», Ecos Religiosos,
15-ii-1900, p. 26.
1040 AM/Bas: 15039-Cul o y cle o, 1889 [es á pe dido en es os momen os].
1041 Unamuno, Miguel de: «El baile», El Ne ión, 13-iii-1891. Ci . en Unamuno, Miguel
de (1999): Esc i os bilbaínos (1879-1894), edición de José An onio E eño, Bilbao, p. 151.
1042 El Cán ab o, 24-ii-1895.
290
Joseba Louzao Villa
ños que los p esencian»1043. Más lejos llega on los sace do es del alle de
A a ia al cali ica el baile aga ao como un «baile inmo al ideado po
Sa anás, pa a desmo aliza y co ompe a la ju en ud y pe dición de las
almas»1044. Además, empezó a se habi ual dedica le un espacio en las
plá icas misio ne as a es e ipo de danza, pe o siguió iun ando en lasdi-
e sas ome ías1045. Es as nue as cos umb es musicales escandaliza on a
las clases medias u banas izcaínas y, desde luego, se con i ie on en una
seña de iden idad, impo an e a pesa de la banalidad que se le pudiese
achaca , de esas clases ob e as «bá ba as» y «pelig osas»1046. En 1906, La
Gace a del No e publicaba un a ículo i mado con el elocuen e pseudóni-
mo de «Un asco, y como al, ca ólico» en el que se aplaudía la decisión del
consis o io de Elo io de p ohibi el als en las ies as de la bea i icación
de Be io-Ochoa1047.
Con odo, en o as celeb aciones eligiosas no siemp e se pudo man-
ene el o den, sob e odo, en su e ien e es i a1048. Es a con on ación
en e los denuncian es y la cul u a popula ocasionó di e sos p oblemas
en ome ías que desencadena on algunos en en amien os en e jó enes
de enso es y con a ios del baile aga ao. Uno de los casos más sonados
se p odujo en Be meo en el e ano de 1907, cuando un jo en naciona-
lis a inc epó a o o po baila con su pa eja de al o ma1049. La i ulca
concluyó con un desa ío iolen o y la suspensión de la ome ía. An e es a
coyun u a los cen os de sociabilidad ca ólica ue on los enca gados de o -
ganiza ac i idades de ocio aco des con la mo al eligiosa. Po es a azón,
1043 Bae el, Daniel (1900): Se món p edicado en la Iglesia de Zumaya, Imp en a de la P o-
incia, San Sebas ián, 1900, p. 24.
1044 AFB/AMCe: 0125-002. Fechado en 14 ma zo 1914.
1045 El Libe al, 20-iii-1914.
1046 Ruza a, Ra ael (1998): An es de la clase. Los abajado es en Bilbao y la ma gen izquie da
del Ne ión, 1841-1891, Se icio Edi o ial de la Uni e sidad del País Vasco, Bilbao, p.
252.
1047 La Gace a del No e, 18-ix-1906.
1048 Un en en amien o en el p opio emplo de Begoña en Las Dominicales, 21- iii-1903.
1049 La Gace a del No e, 10- ii-1908.
291
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
desde odos los ámbi os polí icos izcaínos se exp esaba la necesidad de
apa a a la ju en ud del ocio inculado a compo amien os alejados del
ideal elabo ado po las di e sas ag upaciones1050.
Los pá ocos incluso juga on con la absolución en la con esión an e
los compo amien os que conside aban pecaminosos1051. Pa a Julio Ala -
cón había que «decla a gue a al ocio, gue a a la demasía en el do mi
después de asnocha en oda clase de di e siones, y gue a a los excesos
en el come y bebe ; que es p ecisamen e odo lo con a io de lo que la
sensualidad pone en p ác ica»1052. Pe o las c í icas no se queda on en las
ome ías popula es, po que ambién se en ocó la mi ada hacia los salones
bu gueses1053. Miguel de Unamuno ca gó con a los bailes in an iles o -
ganizados po la sociedad El Si io, coincidiendo en su ap eciación con el
adicionalismo local1054. La azón e a sencilla:
los bailes de niños omen an en ellos oda clase de malos sen imien os sin
cul i a ni uno solo bueno y lo que es peo , sin p opo ciona les e dade o
place , po que en ealidad se deben abu i en ellos. Se les es imula la
necia anidad de paga se un aje, de cin ajos y pe i ollos, el pa onea se
po es a majos, se les exci a en idiejas, celillos y una on a p esunción, se
les imbuye una compos u a y con inencia imp opias de su edad, y sob e
odo se pone a su imaginación ie na y cu iosa en la pis a de elaciones y
ci cuns ancias que debie an es a pa a ellos elegadas a lo inconocible1055.
1050 Aizpu u, Mikel (2006): «Modelos de mo ilización y luga es de la memo ia en el nacio-
nalismo asco. Los lími es de una cul u a polí ica», His o ia y Polí ica, 15, pp. 137-138.
1051 Vila iño, Remigio: «El baile», Mensaje o del Co azón de Jesús y del Apos olado de la
O ación, i-1916.
1052 Ala cón y Meléndez, Julio (1895): In enciones: ob a consag ada al Apos olado de la
O ación en España. P ime a se ie, Imp en a del Co azón de Jesús, Bilbao, pp. 130-131.
1053 Una campaña del jesui a bilbaíno O iz con a el baile en El Libe al, 28- ii-1904.
1054 El ca lismo c i icó es os bailes in an iles po que omen aban «malos sen imien os» y,
además, los niños se con e ían en maniquíes solo pa a la di e sión de los adul os (El
Basco, 2-ii-1894).
1055 Eco de Bilbao, 28-i-1894.
292
Joseba Louzao Villa
Po o a pa e, la cons ucción xenó oba del ex anje o se alimen aba
de o o de los g andes p oblemas de inmo alidad pública: «la plaga del
alcoholismo»1056. De hecho, los in o man es de la Comisión de Re o mas
Sociales hicie on una dis inción en e «el ob e o izcaíno y el o as e o,
po que en és e pa ecen se las pasiones más iolen as, o peo la educación,
que ha de en ena las, más soeces y blas emas las palab as, y los medios
de di imi las cues iones más sang ien os y ale osos»1057. Vizcaya se con-
i ió así en unas de las egiones donde mayo e a el consumo de alcohol.
Po ello, las denuncias sob e es e «mal social» se p oduje on desde odos
los ámbi os del espec o polí ico y social1058. Y, po ejemplo, el socialismo
a acó el malgas o del dine o amilia en las abe nas, los « emplos del icio
y de la inmo alidad»1059.
La Dipu ación izcaína quiso hace en e a es e p oblema a inales
de la Res au ación con di e sas acciones pa a mode a el consumo del
alcohol, en especial, del ino co ien e. Con es a campaña an ialcohólica
se denunciaba una adicción que lle aba apa ejada las más impo an es
agedias sociales, como los acciden es a el aumen o de la delincuencia. El
p oblema ambién es aba golpeando el uni e so u al1060. La decisión inal
ue g a a con una pa en e al a a los es ablecimien os de bebidas, po que
e a socialmen e in iable la copia de una ley seca no eame icana, que había
1056 Aunque ambién hubo quien se negó a es ablece esa elación, aunque sin sus ae se
del discu so de la esencial mo alidad del pueblo asco, U bina, Fidel M. (1909): Los
es agos del alcohol; El alcoholismo en Guipúzcoa, Tipog a ía de La Voz de Guipúzcoa, San
Sebas ián, p. 69.
1057 Re o mas sociales. Tomo V. In o mación o al y esc i a, Imp en a de la iuda de M. Vinuesa
de los Ríos, Mad id, 1893, p. 604.
1058 Ál a ez, Luis Beni o (2005): Bebe y sabe . Una his o ia cul u al de las bebidas, Alianza,
Mad id, pp. 177-194
1059 La Lucha de Clases, 1- ii-1905. En es e caso las denuncias chocaban con que algunos
líde es socialis as izcaínos egen a an abe nas (El Basco, 8-ix-1896).
1060 «Aquel bul o que sob esale sob e odos en la ces a es una bo ella de agua dien e; aque-
llos o os meno es son paque es de ca é, achico ia, chocola e… es deci , que en esos
cán a os que han lle ado la salud a la ciudad y uel en a la aldea lle ando eneno en las
ces as» (El Ob e o Vasco, 22- i-1923).
293
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
sido a i icada en 1919. Eso sí, los ba es y abe nas debían ce a en Bilbao
a las once de la noche.
La abe na e a el p incipal cen o de sociabilidad popula , que se con-
aponía al ca é como luga cen al de la sociabilidad bu guesa1061. Como
símbolo del libe inaje, en la abe na la blas emia se encon aba al o den
del día y e a consen ida po egla gene al1062. Algo que, los ca ólicos en-
endie on como «un c imen con a Dios»1063. También en es e caso se acu-
saba de la c ecien e escalada blas ema a la in luencia o ánea, ya que es e
pecado no se encon aba en el uni e so men al asco1064. Los eligiosos y
las au o idades locales ca ólicas pe siguie on a los blas emos pa a que los
males mo ales no ue an mayo es1065. La blas emia e a una al a que podía
conlle a el a es o de uno a diez días y un mul a de 5 a 50 pese as1066. Las
cons an es acusaciones y de enciones de blas emos pa ecían con adeci la
exp esión de un Bilbao de g an cul u a y eligiosidad1067. De es a o ma,
la blas emia e a in e p e ada como una de las pelig osas consecuencias de
la up u a de la unidad ca ólica de la nación y la ole ancia de cul os.
1061 U ía, Jo ge (2003): «La abe na. Un espacio mul i uncional de sociabilidad popula en
la Res au ación española», Hispania, 214, pp. 571-604.
1062 «En las abe nas, las pa idas de ca as, muy animadas, se suceden en medio de mil
blas emias y iolen a discusión. Al lado de los jugado es, es á colocado el li o de ino
del cual beben a u nos y que se llena de nue o, en cuan o se acaba. (…) Pe o, en cuan o
llega la noche, odos se lanzan al place . Se bebe más que nunca, se habla, se juega en
las muy nume osas abe nas, pe o sob e odo se baila» (J. Valdou , El ob e o español,
p. 89).
1063 Zubiaga, Román de (1893): Medios pa a impedi y co egi den o del de echo la blas emia
con a Dios y las cosas san as, Imp en a y Encuade nación de la Sociedad Anónima La
P opaganda, Bilbao, pp. 11-12.
1064 Mo eno, Víc o (1992): «El deso den social de la blas emia», P íncipe de Viana. Anejo,
16, pp. 596-598.
1065 Po ejemplo, el gobe nado En ique A es i a su llegada a Vizcaya puso en ma cha una
campaña mo alizado a con a la blas emia (La Gue illa, 23-ii-1907).
1066 Cáno as del Cas illo, Máximo (1917): Aspec o ju ídico-legal de la blas emia, Es able-
cimien o Tipog á ico de Jaime Ra és, Mad id.
1067 El No icie o Bilbaíno, 23-x-1894.
294
Joseba Louzao Villa
O a consecuencia de la de icien e educación mo al de la ju en ud ue
la ex ensión a lo la go del xix de lo que la Iglesia conside ó como «ma-
las lec u as». La je a quía había pasado de ene el con ol sob e odo lo
esc i o y publicado a solo a ende aquellos ex os que pedían la licencia
eclesiás ica. La p ohibición ya no enía sen ido an e la nue a ealidad
edi o ial, aunque aún quedasen nos álgicos de la censu a eclesiás ica. Po
ello, los es ue zos se encamina on a la ecomendación de í ulos y la guía
de lec u a de los ca ólicos, po que es e ipo de lec u as malsanas se podían
conside a pecados de escándalo1068. Po es a azón, se eunie on ca álogos
que disc iminaban en e las Buenas Lec u as, que enían a complemen a a
la Buena P ensa, y las que e an obje i amen e «malas» desde plan eamien-
os con esionales1069. Aún así la lec u a de no elas no e a ecomendada,
ya que conlle aba la exci ación pasaje a, la debilidad el espí i u y el oscu-
ecimien o de la azón1070. Pa a el ca ólico siemp e iba a se más p o e-
choso la lec u a de la Imi ación de C is o de Kempis, la Vida De o a, las
Ve dades E e nas o el Año C is iano1071. Sin emba go, exis ie on popula es
no elas ca ólicas, como Fabiola del Ca denal Wiseman, El heb eo de Ve ona
del pad e B esciani o la local Amaya de Na a o Villoslada, que seguían
siendo ampliamen e leídas1072. El p incipal ejemplo español de es e ipo
de li e a u a lo o ece la econocida Pequeñeces del jesui a Luis Coloma
1068 Po o o lado, es a p eocupación po la lec u a ambién u o su co ela o socialis a, ya
que se aconsejaba a los abajado es que no pe die an el iempo «en lec u as insus an-
ciales que solo imp esionan ues os sen idos y no dejan ningún des ello en ues a
in eligencia. Empleadlo en buenos lib os, en olle os que os ilus en y en pe iódicos
socialis as que os hablen a la azón, os eduquen y os guíen po el camino que ha de
conduci os a ues a emancipación» (La Lucha de Clases, 2-xi-1907).
1069 Lad ón de Gue a a, Pablo (1910): No elis as buenos y malos, El Mensaje o del Co a-
zón de Jesús, Bilbao.
1070 Ma ínez Ma ín, Jesús A. (2005): «La lec u a en la España con empo ánea», Aye ,
58, p. 29.
1071 R. V. Uga e, Recomendación de los, p. 4.
1072 Hibbs-Lisso gues, Solange (1996): «No ela his ó ica y esc i o es ca ólicos en el siglo
xix: las ma cas de un géne o», P íncipe de Viana. Anejo, 17, pp. 167-186.
295
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
quien se había p opues o «p edica en ella como un misione o la i ud, y
ana emiza el icio»1073.
De es a o ma, el a e c is iano debía hace la gue a al a e que iun-
aba, que simplemen e e a «exp esión de la concupiscencia que halaga la
an asía sensual y p opo ciona los p eludios del place p ohibido, en ez
de ele a le en alas de la e y del amo a baña se de luz en las iluminado as
egiones de la glo ia»1074. Po ello, el mundo a ís ico bilbaíno asis ió a una
se ie de polémicas sob e el asun o. Una de las más in ensas es u o ela-
cionada con la ob a E a de Gus a o de Maez u, que pe u bó a algunos
de los asis en es a la Sociedad de A is as Vascos en la capi al izcaína
en 1915. Tal ue el escándalo, po que la ob a de Maez u p esen aba al
pe sonaje emenino desnudo, que se in en ó la expulsión de los locales
que ocupaban en la G an Vía, median e p esiones que señalaban a la
Compañía de Jesús1075. El con lic o e a en endible desde plan eamien os
ca ólicos, ya que desde hacía iempo el ema bíblico de E a había es ado
p esen e en mul i ud de abajos con empo áneos pe o, ya pa a inales del
siglo xix, se había p oducido cie o abandono de una lec u a mo alizan e
po «su e ien e más luju iosa»1076.
Po su pa e, la más sonada polémica sob e las lec u as se p odujo
a inales del xix en la Sociedad Bilbaína, o iginalmen e undada como
cí culo de ec eo y lec u a, en la que se ue concen ando la bu guesía lo-
cal1077. La biblio eca e a una de las mejo abas ecidas del país y, po an o,
es imaginable el ca ác e que omó el en en amien o, cuando se p opuso
1073 P. Lad ón de Gue a a, No elis as buenos, p. 106.
1074 Copia de un ex o de Remigio Vila iño: «El a is a c is iano» en El Mensaje o del
Co azón de Jesús de xii-1910, en Música Sac o-Hispana, iii-1911, p. 39.
1075 El Libe al, 10-xii-1915. Mu Pas o , Pila (1985): La Asociación de A is as Vascos,
Museo de Bellas A es/ Caja de Aho os Vizcaína, Bilbao, pp. 44-45.
1076 Reye o, Ca los (2009): Des es idas. El cue po y la o ma eal, Alianza, Mad id, p. 41.
1077 Sob e es a Sociedad Enciso, Julio (1913): La Sociedad Bilbaína: apun es his ó icos, Casa
Mise ico dia, Bilbao; Llano Go os iza, Manuel (1965): His o ia de la Sociedad Bilbaí-
na, Sociedad Bilbaína, Bilbao y Basas, Manuel (1989): La Sociedad Bilbaína, 150 años:
1839-1989, Sociedad Bilbaína, Bilbao.
296
Joseba Louzao Villa
el expu go de odos los lib os p ohibidos po la Iglesia1078. La idea pa ió
del jesui a Sandalio Ga cía Alcalde y ue plan eada po es miemb os de
la sociedad, desc i os como «unos cuan os jó enes angélicos, educados en
Deus o», con la única p e ensión de que la jun a gene al hiciese desapa-
ece los lib os no consen idos, una «mul i ud» pa a los ponen es, y se
impidiese la comp a de más lib os del es ilo1079. T as un al e ado deba e
en la p opia sociedad, la discusión concluyó con la ic o ia po mayo ía
de los que se negaban al expu go. El líde epublicano Cosme Eche a-
ie a, que ue jun o a Pablo Alzola uno de los más ac i os de enso es de
la libe ad de la biblio eca, llegó a insinua que la in ención de es e g upo
e a la de con e i la sociedad en un cí culo ca lis a1080. En cualquie , es e
caso demos aba la impo ancia que habían adqui ido los eligiosos en
el consejo a mad es y jó enes pa a aleja los de las malas lec u as que les
podían codena 1081.
Pa alelamen e, cada ez e an más conocidas y di ulgadas ob as consi-
de adas po nog á icas. En 1892, el Gobe nado Ci il pedía que se pusie a
celo en la ecogida y pe secución de cualquie publicación po nog á ica
que es u ie a en las calles de la p o incia, en especial en Bilbao, an e
las múl iples quejas que había ecibido1082. En los kioscos comenza on
a lo ece es e ipo de publicaciones, como e is as, na aciones b e es
o «g abados obscenos» de cla os in es sexuales. Los pode es locales no
pudie on ena el a ance de es e ipo de ma e iales, a pesa de la posi-
1078 Sob e la biblio eca de la Bilbaína La ínaga, José An onio (1999): «BSB, Biblio eca
de la Sociedad Bilbaína (1839-1999)», Bideba ie a, 5, pp. 111-114.
1079 Ca ande, Ramón (1978): «José Ma ía Sol u a (1861-1927): su ju en ud en Bilbao», en
An onio Ca ei a e al. (eds.), Homenaje a Julio Ca o Ba oja, Cen o de In es igaciones
Sociológicas, Mad id, pp. 211-226.
1080 Los deba es en El Basco, 21/22-xii-1897 y El Basco, 28/29-xii-1897.
1081 R. Ca ande, «José Ma ía Sol u a», p. 225 y A eilza, José Ma ía (1992): A lo la go del
siglo, Plane a, Ba celona, p. 36.
1082 AFB/AMBi: Te ce a 0112-050.
297
Del con lic o no ma i o a la gue a cul u al: las cues iones a deba e
bilidad de p esiona median e la e i ada de los pe misos municipales1083.
Y es que o o de los aspec os, sino el más impo an e, de es e p oyec o
de mo alización es aba elacionado con el con ol obsesi o po pa e de
los eligiosos ca ólicos de la sexualidad de sus elig eses. Pa a muchos de
ellos, como Ramón Ruiz Amado, si el edi icio de la educación mo al se
es aba hundiendo e a po la al a de educación de la cas idad, así que allí
se debía inicia «el g an comba e» de los ca ólicos1084.
De es a o ma, en la década de los diez comenza on a dispa a se las
c í icas a la inmodes ia en la que caían muchísimas muje es a u didas po
las no edosas modas, que hacían a las muje es anda «po la ie a como
diosas ca nales»1085. A inales de la Res au ación, se decla aba el inicio de
una «c uzada u gen ísima» a a o de la modes ia emenina1086. El aje,
en especial de la muje , se había con e ido en un mecanismo pecaminoso
más, ya que en el es i se pod ía encon a la anidad y la luju ia1087. Al
in y al cabo, la inmodes ia engend aba impu eza y deshones idad pública
al i con a la decencia debida1088. Po su pa e, el pe iodis a libe al T.
Mendi e de endió los usos de la moda, po que «si la muje se des apa un
poco es po que el espí i u de la época lo au o iza, sin que po ello pase
1083 Como sucedió en 1923 con un es ablecimien o en el A enal, AFB/AMB Gobe nación
0157-188.
1084 Ruiz Amado, Ramón (1931): La educación mo al, Edi o ial Lib e ía Religiosa, Ba ce-
lona, p. 481.
1085 El en ecomillado es del ca denal Isid o Gomá, ci . en Caballé, Anna (ed.) (2006):
Una b e e his o ia de la misoginia, Lumen, Ba celona, p. 410.
1086 BEOV, 15- i-1920, pp. 419-426. Se puede segui las campañas ca ólicas du an e la
dic adu a p imo i e is a sob e la mo alización de la muje en Díaz F ei e, José Ja ie
(1999): «La e o ma de la ida co idiana y el cue po emenino du an e la dic adu a de
P imo de Ri e a», en Luis Cas ells (coo d.), El umo de lo co idiano: es udios sob e el
País Vasco con empo áneo, Uni e sidad del País Vasco, Bilbao, pp. 225-257.
1087 Vila iño, R.: «La Mad e de amilia, modelo de modes ia en la amilia y en la socie-
dad», El Mensaje o del Co azón de Jesús y del Apos olado de la O ación, -1920, pp. 321-
334.
1088 Ríos Llo e , Rosa E. (2006): «Ves idas pa a Dios, es idas pa a el diablo: opa y mo-
delos emeninos en la España de la Res au ación», en Ra ael Bel án (ed.), Ac as del
Cu so: Folklo e, li e a u a e indumen a ia, Museo del T aje, Mad id, pp. 86-104.
304
Joseba Louzao Villa
Pa a en onces ya se había comenzado a c i ica la in luencia nega i a de
algunos compo amien os p o agonizados po los pelo a is. De es a o ma,
en una encues a elabo ada po la e is a Idea ium, edi ada en el semina io
i o iano, se des acó las malas in luencias de los jugado es de pelo a, como
la ociosidad, la impo ancia dada al dine o o la al a de ideales, que di í-
cilmen e se podía con a es a 1124. No en ano, muchos niños y jó enes
p e endían se como sus ídolos e imi a los en sus compo amien os.
A pesa de las e icencias y la amenaza a la mo alidad, los ca ólicos
ue on asumiendo algunas de las di e siones co idianas que se ep odu-
cían en una sociedad en cambio. Es o demues a la adap abilidad de la
Iglesia ca ólica, si bien como una o ma de mode nidad de ensi a, en la
que se ecogían algunos de los usos y p ác icas mode nas pa a conse a
su posición y su luga en la sociedad1125. Muchos ca ólicos c eye on i -
memen e que la única mode nidad acep able y ealmen e mode na e a
la ca ólica, como había ejempli icado el ga cianismo en Ecuado 1126. Lo
eco daba signi ica i amen e el obispo i o iano Eijo y Ga ay al calo de
la en onización del Sag ado Co azón en la Dipu ación p o incial: «es e
ac o os coloca a la cabeza del p og eso. ¿Quién que es é al co ien e del
mo imien o con empo áneo puede duda lo? Y es que ac ualmen e en el
mundo impe a el enacimien o de la ida espi i ual»1127. O, lo que es lo
mismo, pa a los ca ólicos solo la egene ación de la sociedad, a pa i de
los alo es c is ianos, podía acili a una mode nización ca ólica, que se
con e ía así en el modelo único y au én ico del p og eso económico, so-
cial y espi i ual.
1124 Onaindía, Domingo de: «Nues as encues as. Es ado eligioso de Ma quina», Idea-
ium, 8, 1935 ( ansc i o en Ri e a, An onio y Ja ie de la Fuen e (2000): Mode nidad
y eligión en la sociedad asca de los años ein a (Una expe iencia de sociología c is iana:
Idea ium), Se icio Edi o ial de la Uni e sidad del País Vasco, Bilbao, pp. 153-154).
1125 Caspis egui, F ancisco Ja ie (2010): «Mode nidad de ensi a: p opues a de concep o»,
ex o inédi o p esen ado al Semina i d’His o ia Cul u al Uni e si a de València, Va-
lencia.
1126 Hende son, Pe e V. N. (2008): Gab iel Ga cía Mo eno and conse a i e s a e o ma ion
in he Andes, The Uni e si y o Texas P ess, Aus in.
1127 El Pueblo Vasco, 1- iii-1918.
305
Las ases del con lic o: en e la
mo ilización y la au oiden i icación
A pesa de las pa icula idades his ó icas y sociales que plan ea la Viz-
caya es au acionis a, las c onologías del con lic o en España ue on equi-
alen es po que el en en amien o en e con esionalidad y laicidad a endía
an o a es ímulos locales y nacionales como in e nacionales, mien as am-
bos enómenos se au ojus i icaban «como legí imamen e de ensi os el uno
en e al o o»1128. Po ello, se pueden es ablece es ases di e enciadas,
a a és de las cuales esponde de mane a conc e a y con ex ualizada a
los di e sos p oblemas que nos plan ea la cues ión1129. En el caso español,
colisiona on en la es e a pública dos modelos in e p e a i os de la nación,
la na u aleza del Es ado, la o ganización social y la concep ualización de
la ciudadanía, que po enció una o ma di e en e de hace polí ica. En una
pesimis a desc ipción de la ealidad polí ica, Emilio del Villa daba buena
cuen a de odo ello:
nada an cons an e en el o den del día de la ida española como las
mani es aciones y con amani es aciones de ca ác e umul uoso. Ya se
1128 Cue a Me ino, Julio de la y Feliciano Mon e o (2007): «Cle icalismo y an icle i-
calismo en o no a 1898: Pe cepciones ecíp ocas», en Cue a Me ino, Julio de la y
Mon e o, Feliciano (eds.); La secula ización con lic i a. España (1898-1931), Biblio eca
Nue a, Mad id, p. 101.
1129 Cue a Me ino, Julio de la (1994): Cle icales y an icle icales. El con lic o en e con esio-
nalidad y secula ización en Can ab ia (1875-1923), Uni e sidad de Can ab ia/ Asamblea
Regional de Can ab ia, San ande , pp. 335-376.
306
Joseba Louzao Villa
a e de ca lis as con a libe ales, de bizcai a as con a epublicanos o
de lib epensado es con a in eg is as, la cues ión es a ma se, po una y
o a pa e, de bande as, de es anda es, pendones, enseñas, lazos y o os
dis in i os de di e en es colo es, y enga acudi los unos a donde puedan
es a los o os, y g i a a po ía y apaga con el himno ocado po una
cha anga de en en e. Todo es o suponiendo que no salgan al in a eluci
a mas de o a clase y la comedia se ans o me en d ama de domingo po
la a de1130.
1. en eL papeL: La ensa caLma (1890-1898)
Las di ec ices a icanas es ablecidas po León XIII habían abie o las
pue as a nue os modos de p esencia pública ac i a a a és de la acep a-
ción de las p ác icas polí icas de los Es ados libe ales y los deba es sob e
sus p esupues os1131. A pesa de las di icul ades pa a su aplicación, es as
decisiones eje cie on un in lujo en el ca olicismo in e nacional impulsan-
do la pa icipación pública de los laicos, bajo la a en a supe isión de los
eligiosos, sin modi ica po ello los pos ulados an ilibe ales eclesiás icos
y ab iendo un nue o mundo de posibilidades pa a la acción ca ólica. En
España, es as modi icaciones ue on alo adas nega i amen e po pa e
de un sec o amplio del ca olicismo y su asimilación conlle ó iempo y
es ue zo. De hecho, ue la diplomacia conciliado a del pon í ice y del
nuncio Rampolla la que consiguió que la je a quía española e minase
po acep a el égimen1132. De es a o ma, la Iglesia encon ó en el sis ema
es au acionis a un espacio donde i i sin p oblemas g acias a múl iples
concesiones polí icas y sociales, lo que ag a aba la di isión in e na po
la que a a esaba el neoca olicismo, debili ado as la escisión in eg is a
1130 Villa , Emilio H. del: «El sen imien o del espe o», Nue o Mundo, 17-i -1908.
1131 Robles, C is óbal (2004): «León XIII y la memo ia de ca olicismo que nació lib e»,
Hispania Sac a, 113, pp. 289-332.
1132 Robles, C is óbal (1988): Insu ección o legalidad: los ca ólicos y la Res au ación, Consejo
Supe io de In es igaciones Cien í icas, Mad id.
307
Las ases del con lic o: en e la mo ilización y la au oiden i icación
de 18881133. Po su pa e, en el campo libe al P áxedes Ma eo Sagas a
había conseguido a ae hacia el libe alismo dinás ico a segmen os de
un epublicanismo his ó ico que ambién se encon aba accionado y sin
capacidad o ganiza i a alguna.
En la década de los no en a la con on ación en ma e ia eligiosa pa-
ecía habe se disuel o o, al menos, amino ado as la gue a ci il. Sin em-
ba go, aún se man enían los excesos discu si os en e ambas acciones, lo
que seguía alimen ando el con lic o en coyun u as conc e as. E a un con-
lic o de papel, ya que el en en amien o no daba el sal o a la calle desde
las páginas de los pe iódicos y semana ios, que aún seguían man eniendo
un ma cado ca ác e pa idis a. A inales de siglo xix, la Iglesia había
econquis ado posiciones, mien as ocupaba nue os espacios sociales, a
pa i de sus múl iples undaciones educa i as y bené ico-asis enciales.
Además, se añadie on nue os ma e iales cul u ales y simbólicos que iban a
a ianza una nue a adición ca ólica que se ca ac e izaba po un p o undo
an ilibe alismo y po una de inición ca ólica de la nación asen ada en una
in e p e ación esis encialis a de la ealidad polí ica libe al1134.
Po su pa e, en el País Vasco aún se man u o el ecue do de la gue a
y la laminación decimonónica polí ica y social es ablecida en e el libe a-
lismo y el ca lismo. Muchos libe ales conse aban la imagen del eligioso
como sos enedo ideológico del ca lismo, y és os po enciaban es a imagen
en sus se mones. No debemos ol ida que el aslado del obispo Miguel y
Gómez en 1890 es u o elacionado con los p oblemas de i ados de la pa -
icipación polí ica del cle o adicionalis a1135. El peso del adicionalismo
1133 Canal, Jo di (2006): Bande as blancas, boinas ojas. Una his o ia polí ica del ca lismo,
1876-1939, Ma cial Pons, Mad id, pp. 77-96 y Obie a, Ma ía (1996): Los in eg is as
guipuzcoanos. Desa ollo y o ganización del Pa ido Ca ólico Nacional en Guipúzcoa (1888-
1898), Ins i u o de De echo His ó ico de Euskal He ia, s.l.
1134 Cue a Me ino, Julio de la (2005): «Cle icalismo y mo ilización ca ólica du an e la
es au ación», en Julio de la Cue a Me ino y Ángel Luis López Villa e de (eds.),
Cle icalismo y asociacionismo ca ólico en España: de la Res au ación a la T ansición, Uni e -
sidad de Cas illa-La Mancha, Cuenca, pp. 43-48.
1135 Ma ínez Es eban, And és (2005): «La opción polí ica del cle o. El aslado del
obispo de Vi o ia, Miguel y Gómez», Sc ip o ium ic o iense, 1/4, pp. 147-184.
308
Joseba Louzao Villa
e a pa en e en la p o incia, sal o en la capi al y en el dis i o de Valmase-
da1136. És as e an algunas de las azones po las que en Vizcaya exis ió un
núme o conside able de libe ales ca ólicos p o undamen e an icle icales,
a pesa de su c eencia eligiosa. De es a o ma, en los dis i os u ales
se en en a on coaliciones ca ólico- ue is as, que in en aban aglu ina al
elec o ado a pa i de la conjunción de la o alidad y la eligión, con a
polí icos dinás icos izcaínos que ambién hacían gala de la bande a ca ó-
lica. A pesa de sus i mes c edenciales eligiosas, el dia io adicionalis a
El Basco a acó al conse ado José Ma ía Lizana, ma qués de Casa-To e,
como un pe sonaje «mal dispues o con a la Iglesia»1137. Y no ue on pocos
los que ec imina on en ese momen o a la publicación adicionalis a la
con usión de «la cosa pública, la polí ica con la eligión»1138. En de ini i a,
es e accionamien o se man u o has a la década de los diez, cuando la
cues ión nacional se con i ió en el eje oposicional cla e.
Po o o lado, la Bilbao libe al había comenzado a des anece se po
la ans o mación económica, social y demog á ica. El libe alismo había
dominado la capi al has a en onces, pe o en 1890 su p eponde ancia mu-
nicipal comenzaba a ambalea se, y epublicanos, socialis as y ue is as se
dispu aban las concejalías con los dinás icos. A pesa de ello, du an e las
elecciones p o inciales y gene ales aún man u ie on su p edominio con
ue za. Desde inales de los ochen a, la bu guesía de o igen indus ial
y mine o había desemba cado en la polí ica y se o ganiza on en 1897
en o no a la Unión Libe al, conocida como La Piña, bajo la je a u a de
Víc o Cha a i. Sus in e eses económicos ue a de la p o incia les ins a-
on a ace ca se al pode polí ico pa a con ola mejo y pode p esiona
al gobie no de u no. Al ededo de la igu a de Cha a i, se encon a on
así algunos nomb es de los más impo an es indus iales izcaínos. Es e
asal o de los «capi anes» de la indus ia izcaína deso ganizó a los di e-
en es g upos y elajó las idelidades, consiguiendo ompe la dualidad
1136 Real Cues a, Ja ie (1985): El ca lismo asco, 1876-1900, Siglo XXI, Mad id.
1137 El Basco, 12-i-1891.
1138 El No icie o Bilbaíno, 15-i-1891.
309
Las ases del con lic o: en e la mo ilización y la au oiden i icación
libe al/ca lis a. No en ano, la no a de es e ipo de elecciones ue la apa ía
y la manipulación elec o al. Los bandazos desde el usionismo al conse -
adu ismo demos a on cómo es e g upo polí ico es aba más in e esado
en su p opio desa ollo económico que en la mili ancia polí ica. Aún con
odo, den o de es e conjun o se obse aban di e encias e iden es, ya que
exis ió una acción, que gi aba al ededo de la amilia Yba a y Be gé, y
que más a de con o ma ía el mau ismo local, que se encon aba bas an e
más p eocupada po las cues iones eligiosas.
A ni el con lic i o, en Vizcaya se epe ía cons an emen e la impo an-
cia de los sen imien os ca ólicos de la p o incia. Sin emba go, los emo es
pe sis ían en e los ca ólicos. Como ya hemos desc i o, en la capi al se
acusó a los ana quis as de la colocación de un pe a do du an e unos eje -
cicios espi i uales en 1892. Además, la p o es a ob e a había comenzado
a a emo iza a los bilbaínos de o den, po ello, las pe iciones de p esencia
policial es u ie on al o den del día en di e sos ac os eligiosos1139. Exis ió
una ensa calma en ma e ia eligiosa, mien as la coyun u a se iba ans-
o mando paula inamen e. Los adicionalis as ya habían denunciado la
p eocupan e libe ad exis en e pa a in ama a la Iglesia con «pe o a as
disol en es» sin consecuencias penales1140. F en e a es e supues o a ance
de la blas emia, se in en a on po encia di e sas mani es aciones piadosas
pa a «con e i a algunos desg aciados»1141. Es e comen a io de El Basco
se p odujo as un encuen o en e una p ocesión y un en ie o ca ólico
en Ses ao, en el que el «¡ i a la eligión» ue espondido con un «¡ i a el
lib epensamien o!» y alguna que o a ped ada1142. En ealidad, es e hecho
conc e o enía unas implicaciones aún mayo es: un cen ena de pe sonas
acompañaban al co ejo úneb e, con lo que se demos aba la exis encia
de un mino i a io g upo mili an e en el ideal laicis a.
1139 El Mo ín, 8- -1890.
1140 El Basco, 6-i -1890.
1141 El Basco, 2- i-1894.
1142 El No icie o Bilbaíno, 1- i-1894.
310
Joseba Louzao Villa
A pesa de es a ealidad mili an emen e an icle ical, el ca olicismo
man enía su expansión po la egión. El Mo ín sa i izó sob e la si ua-
ción: «po lo demás Bilbao no debe queja se. Tenía Uni e sidad ca ólica.
Con en os a g anel. Iglesias a po illo. ¿Qué le al aba? Una escuela de
au omaquia y a a ene la p on o. Digno co onamien o de la o ganización
jesuí ica»1143. Pa a algunos miemb os de la bu guesía libe al e a p eocu-
pan e la p esencia de la Iglesia en la sociedad u bana, y más en una ciudad
como Bilbao que había hecho de la «Libe ad» su escudo. La bu guesía y
la clase media e an la base de es a econquis a social, po lo que el socia-
lis a izcaíno José U a no dudaba en denuncia que «la bu guesía que la
abo ecie a mo almen e [a la Iglesia], enida al mundo po la Re olución,
la asigna un nue o pues o como b azo de de ensa con a las asechanzas
de los po ella pos e gados»1144. La idea de la «cle igalla» apoyada po los
«neos», ya había calado hondo en el an icle icalismo popula . De es a o -
ma, los sín omas del con lic o es aban la ados socialmen e y comenza on
a mani es a se al ace ca se el in de siglo con la c isis colonial española1145.
Muchas celeb aciones pa ió icas du an e es os años u ie on un al o
con enido eligioso1146. Los eligiosos o ecie on du an e esos días se mo-
nes de pa ió icos y g an pa e de las localidades izcaínas pa icipa on
de ese a do nacional. Con odo, es a a alancha de pa io ismo acabó con
inciden es den o y ue a de la uni e sidad de Deus o en ab il de 1898. En
el in e io del es ablecimien o uni e si a io, la exal ación pa ió ica hizo
que se quema a una bande a de los Es ados Unidos y que unos jó enes
aho ca an en los on ones a un muñeco que ep esen aba a un «ma ine
1143 El Mo ín, 29-i-1898.
1144 U a, J. (1907): El p ole a iado en la his o ia, Imp en a de la Sociedad Anónima Tipo-
g á ica Popula , Bilbao, p. 35.
1145 Mees, Ludge (1997): «De la Ma cha de Cádiz al Á bol de Gue nica: El País Vasco
an e la gue a y la c isis del 98», S udia his ó ica. His o ia con empo ánea, 15, pp. 239-
264.
1146 Molina, Fe nando (2010): «La pa ia de Ve emundo: nacionalismo y mo ilización en
el País Vasco, 1895-1898», en Ma iano Es eban de Vega y Ma ía Dolo es Calle
Velasco (eds.), P ocesos de nacionalización en la España con empo ánea, Ediciones Uni-
e sidad de Salamanca, Salamanca, pp. 303-326.
311
Las ases del con lic o: en e la mo ilización y la au oiden i icación
yanqui». Pe o el ec o de la uni e sidad p ohibió que los es udian es salie-
sen del ecin o pa a in eg a se con el es o de los mani es an es locales en
la p o es a. Po ello, desde el ex e io se llegó a aped ea los c is ales de la
uni e sidad, conside ando la conduc a de los jesui as como an ipa ió ica
y más ce cana a los no eame icanos que a la nación española1147.
Po o o lado, como ha demos ado En ique Sanab ia, el nacionalismo
epublicano español no se pudo desp ende del ca ác e an icle ical1148.
Un imagina io que en Bilbao se undía con el mi o libe al decimonónico
de la «In ic a Villa» en e al ca lismo. Es a mi ología libe al e a an po-
en e que du an e la dic adu a el p opio P imo de Ri e a pa icipó en las
celeb aciones del Dos de Mayo1149. La Compañía de Jesús ocalizó i as y
animad e siones de o ma c ecien e con e e encias a la cons ucción de
un supues o «Bilbao loyolesco»1150. En es e sen ido, en el semana io El
Mo ín se ap o echaba el inciden e bilbaíno pa a asegu a que:
los jesui as no ienen pa ia; de es an las mani es aciones popula es; no
quie en disgus a a sus e e nos aliados los ingleses, nues os implacables
enemigos, los que nos piso ean en Gib al a , los que ampa an con su ban-
de a los con en os de ailes, « odos ca lis as», en cambio de la p omesa
de consen i les sin p o es a, si iun an, que se apode en de Tánge (…).
La Compañía de Jesús es la seño a de odos los pueblos de la ie a1151.
An e el emo a la expulsión se epa ie on ajes de paisano en e los
jesui as y se o ganizó la salida a di e en es casas de la o den po si ue a
1147 El País, 25-i -1898.
1148 Sanab ia, En ique A. (2009): Republicanism and an icle ical na ionalism in Spain, Pal-
g a e Macmillan, Hampshi e.
1149 Los ca lis as di e enciaban en esa echa dos celeb aciones con apues as: «La p ime a
es la ies a de los pa io as, de los ca lis as, descendien es en línea di ec a de aquellos
que lucha on con alo he oico pa a a oja de España a los in aso es ex anje os. La
segunda, la ies a de los libe ales, descendien es de los a ancesados (sin que, mal que
les pese, puedan nega su p ocedencia) que no se inspi a en o os mó iles, que en la
uindad de las más bajas pasiones» (El Basco, 2- -1896).
1150 El Mo ín, 22-i-1898.
1151 El Mo ín, 7- -1898.
312
Joseba Louzao Villa
necesa io1152. E a la opo unidad espe ada pa a da el pis ole azo de salida
de un nue o ciclo. Como lo demues a la na ación de un es udian e de
Deus o, que eco daba que du an e el ec o ado del pad e Casado (1895-
1903) se pe mi ía a los es udian es de la uni e sidad du an e el Dos de
Mayo i a la co ida de o os:
pe o con una o den igu osísima de no i más que a la co ida; po que, cla o,
como e a el día de las mani es aciones libe ales, había p ocesión cí ica…
se can aba: ú que o quie es la Cons i ución y el T ágala, a los ca lis as…
Pasaban las mani es aciones delan e de la achada y lanzaban cohe es pa a
ompe los c is ales… Un dos de mayo hubo un in en o de asal o po donde
es á el Mensaje o; subie on algunos la e ja… pe o la baja on más ap isa
que la subie on, a bo e adas y mampo os… pues po ahí solían es a algu-
nos he manos, es idos de paisano, dispues os a sacudi …1153.
Es as ans o maciones u ie on o as de las consecuencias no desea-
das, que se islumb a on ímidamen e en aquellos momen os. La eligión
seguía man eniéndose como el clea age undamen al de la polí ica local
bilbaína y, con la eag upación del epublicanismo y el ascenso del mo i-
mien o socialis a, se iba con o mando una mino ía polí ica en el á ea de la
Ría del Ne ión con a ia al o den es ablecido po el égimen polí ico de
la Res au ación y la Iglesia ca ólica. Pese a ello, aún no se había desa olla-
do un ma co de e e encia común es able y una cul u a de la mo ilización
que les hicie a au oiden i ica se plenamen e como ales.
2. en La caLLe: La gue a cuL u aL (1898-1913)
La c isis de in de siglo en España ma có el inicio de un nue o ciclo de
mo ilización an icle ical1154. Desde odos los ámbi os polí icos y sociales
1152 Sáenz de San a Ma ía, Ca melo (1978): His o ia de la Uni e sidad de Deus o, G an
Enciclopedia Vasca, Bilbao, pp. 100 y 190-191.
1153 Ci . en ibídem, p. 106.
1154 Cue a Me ino, Julio de la (1997): «Mo ilización polí ica e iden idad an icle ical,
1898-1910», Aye , 27, pp. 101-126.
313
Las ases del con lic o: en e la mo ilización y la au oiden i icación
se sos u o la necesidad de una egene ación y la cues ión eligiosa se si uó
en el p ime plano de la polí ica de la época. En el p og esismo español
se o iginó un discu so que culpabilizaba del acaso colonial a las ó denes
eligiosas y con e ía al ca olicismo en la p incipal causa del decli e polí-
ico y mo al del país. Po su pa e, la Iglesia ambién u o su p opia ece a
egene acionis a, que se asen aba en la igu a del ca denal Cascaja es y sus
in en os de la o mación de un pa ido ca ólico1155. En el úl imo e cio del
siglo xix, habían ecupe ado posiciones en la sociedad española y con la
elección papal del ca denal Giuseppe Sa o se había p oducido un cambio
en la elación a icana con los Es ados y el mundo mode no. Sin emba go,
a pesa de las o ien aciones eg esi as de Pío X, e a di ícil hace e ocede
algunas de las líneas a anzadas.
En ma zo de 1899, F ancisco Sil ela o maba un gobie no en el que
es aban incluidos el «gene al c is iano» Camilo Ga cía de Pola ieja y el
ma qués de Pidal. Las denuncias sob e el cle icalismo gube namen al no
a da on en llega . Asimismo, se e i alizaba una campaña pa a coloca
placas del Sag ado Co azón en los hoga es ca ólicos1156. El plan había sido
ehiculado a a és de la e is a jesui a Mensaje o del Sag ado Co azón de
Jesús y del Apos olado de la O ación1157. La colocación de las placas se
p odujo al hilo de la consag ación de la humanidad al Sag ado Co azón,
que había es ablecido León XIII en una encíclica en mayo de ese mis-
1155 And és-Gallego, José: La polí ica eligiosa en España, 1889-1913, Edi o a Nacional,
Mad id, 1975 y Mon e o, Feliciano (1997): «El ca olicismo español inisecula y la
c isis del 98», S udia His o ica. His o ia con empo ánea, 15, pp. 221-237.
1156 Sánchez Sánchez, Isid o y Ra ael Villena Espinosa (1996): «Sociabilidad ca ólica y
masone ía: con lic os en o no al Co azón de Jesús en el umb al del siglo xx», en José
An onio Fe e Benimeli (coo d.), La masone ía en la España del siglo xx ( omo i),
Cen o de Es udios His ó icos de la Masone ía Española/ Uni e sidad de Cas illa-La
Mancha, Toledo, pp. 59-74.
1157 Louzao, Joseba (2010): «El Sag ado Co azón de Jesús como ins umen o de naciona-
lización (c. 1898-1939). B e es no as pa a un es udio pendien e», en Ma iano Es eban
de Vega y Ma ía Dolo es Calle Velasco (eds.), P ocesos de nacionalización en la España
con empo ánea, Ediciones Uni e sidad de Salamanca, Salamanca, pp. 173-186.
320
Joseba Louzao Villa
«Begoñada» pa a o os. Tan o es así, que un año después al conmemo a
el ac o se ol ie on a p oduci di e sos al e cados, aunque sin alcanza la
misma g a edad1176. Desde en onces la in anquilidad ue una cons an e.
Además, a es o se sumaban a aques indi iduales a eligiosos en momen os
pun uales1177. En cualquie caso, los emo es no e an in undados, ya que
cualquie encon onazo calleje o podía acaba con episodios de iolencia
e, incluso, en un mo ín, como el sucedido en Ses ao en la Semana San a
de 1904, cuando la p ocesión del Vie nes San o se encon ó con un g upo,
in eg ado po epublicanos, socialis as y ana quis as, que eg esaba del
en ie o ci il de una niña en la calle p incipal de la localidad1178. Según
las no icias, la discusión comenzó al no descub i se és os an e el paso de
la p ocesión y gi ó en o no a un go o igio que el sace do e había a e-
ba ado a uno de los miemb os de la comi i a úneb e. Al inal, la colisión
desa ó las i as de los an icle icales que, as consegui a mas de uego en
una a me ía ce cana, se en en a on a la gua dia municipal en la plaza de
U bínaga.
De es a o ma, los ac os ci iles se con i ie on en mo ilizaciones an-
icle icales, es echamen e elacionadas con la au oiden i icación colec i a
y con el boico simbólico a la eligión ca ólica1179. An e las di icul ades
legales del ma imonio ci il, ue on los en ie os los que se ans o ma on
en au én icas mani es aciones de a i mación laicis a. Po ello, algunos
an icle icales izcaínos, como Felipe Ca e e o, in en a on acili a los
complejos ámi es necesa ios pa a la celeb ación de es e ipo de ac os:
Pa a odos los que en es e caso se hallan, es pa a quienes publico y esc ibo
es e olle o, sin más p e ensión que el de acili a la celeb ación de ac os
ci iles y lib es, po lo an o, de odo p ejuicio eligioso.
1176 Año polí ico, 1904, Imp en a de Rica do Rojas, Mad id, 1905, pp. 417-419.
1177 El Libe al, 2-iii-1904.
1178 El Libe al, 2-i -1904; El Libe al, 3-i -1904; La Gace a del No e, 2-i -1904; La Gace a
del No e, 3-i -1904 y El No icie o Bilbaíno, 3-i -1904.
1179 Julio de la Cue a clasi ica es os ac os ci iles boico s simbólicos (J. de la Cue a Me ino,
«Mo ilización polí ica en», p. 114).
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