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Manolo Millares, la atracción del horror

Author: De la Torre Vidal, Alfonso
Publisher: Zenodo
DOI: 10.5281/zenodo.14858239
Source: https://zenodo.org/records/14858239/files/csh14_Millares_La-atraccion-del-horror.pdf
Manolo Milla es,
la a acción del ho o
Al onso de la To e
Manolo Milla es, la a acción del ho o
Se ecogen en Las pa ias ausen es a ios a ículos pu-
blicados en di e sas e is as y lib os colec i os de Eu-
opa y Amé ica a lo la go de los p ime os es lus os
del siglo XXI, cuyo denominado común es la his o-
ia de las mig aciones ibé icas y, pa icula men e,
las mig aciones gallegas a Amé ica en e 1850 y 1960.
Se ag upan en o no a es ejes emá icos. P ime o,
la e lexión his o iog á ica y compa a i a ace ca del
pasado de las mig aciones ibé icas, abo dando cues-
iones como las uen es epis ola es, la mig ación de
e o no o la cons ucción de lide azgos en las co-
munidades emig an es. Segundo, el es udio de las
imágenes, los es e eo ipos y las ep esen aciones de
los colec i os mig an es, así como de sus iden idades
colec i as de índole e i o ial. Y, e ce o, di e sos
aspec os de la his o ia de las mig aciones gallega a
Amé ica La ina, como la inse ción social de los galle-
gos en la A gen ina, la a iculación de espacios aso-
cia i os en A gen ina y Cuba, y el papel de la p ensa
en la con o mación de una es e a pública emig an e
capaz de in lui en los des inos del país de o igen.
Todos los ensayos esponden a un en oque cen ado
en la his o ia sociocul u al del enómeno mig a o-
io, que busca ap ehende sus dinámicas sociales,
g upales e iden i a ias median e la combinación de
la mi ada local con la global, de la mic ohis o ia con
la e lexión eó ica, de la isión desde Eu opa con la
pe spec i a desde las sociedades de des ino ame i-
canas. Y iene como obje i o da p o agonismo a los
ac o es de los p ocesos mig a o ios, en pa icula a
los mig an es indi iduales y sus es a egias.
Colección
Ciencias Sociales y
Humanidades
Al onso de la To e
14
Uni e sidad de Can ab ia
Uni e sidad de Cas illa-La Mancha
Uni e sidad de Ex emadu a
Uni e si a de les Illes Balea s
Uni e sidad de La Rioja
Uni e sidad de O iedo
Uni e sidad de Za agoza
Colección
Ciencias Sociales y
Humanidades, 14
Manolo Milla es,
la a acción del ho o
Manolo Milla es,
la a acción del ho o
Al onso de la To e
2016

TORRE, Al onso de la
Manolo Milla es : la a acción del ho o / Al onso de la To e. -- [Cuenca] : Genue e,
2015.
222 p. : il. ; 24 cm. -- (Ciencias Sociales y Humanidades ; 14)
ISBN 978-84-942533-5-5 (pd )
ISBN 78-84-942533-4-8 ( ús ica)
1. Milla es, Manolo (1926-1972). I. Tí ulo. II. Se ie.
75 Milla es, Manolo
929 Milla es, Manolo
BMF - IBIC 1.1
Di ec o de la colección: Ciencias Sociales y Humanidades
Gonzalo Capellán de Miguel
Consejo cien í ico
Diseño de la colección y de la cubie a: Genue e Ediciones po J. A. Pe ona
© Tex o: Al onso de la To e
© Fo og a ías: A chi o G á ico “Ámbi o Cul u al-El Co e Inglés”, Pepe Dámaso, Ediciones
del Umb al, El i e a Escobio, Fundación Azcona, He manos Blassi, Fe nando Nuño, Leopol-
do Pomés, Chia a Samugheo
© de es a edición: Genue e Ediciones
© Manolo Milla es, VEGAP, Cuenca, 2015
I.S.B.N.: 978-84-942533-4-8 ( ús ica)
I.S.B.N.: 978-84-942533-5-5 (pd )
D.L.: CU 175-2015
h ps://doi.o g/10.5281/zenodo.14858239
Maque ación: Sand a Ramí ez-Cá denas Ame
Hecho en España (U.E.) - Made in Spain
An onio Apa icio Pé ez
Uni e sidad de O iedo
Mª Begoña A ue Uga e
Uni e sidad de La Rioja
Sally Faulkne
Uni e si y o Exe e , Reino Unido
John Ch is ian Lau son
Uni e si y o Cali o nia a I in,
EE.UU.
Jaume Rosselló Mi
Uni e si a de les Illes Balea s
Isido o Regue a Pé ez
Uni e sidad de Ex emadu a
Leona do Rome o Toba
Uni e sidad de Za agoza
Juan Ignacio Palacio Mo ena
Uni e sidad de Cas illa - La Mancha
Manuel Suá ez Co ina
Uni e sidad de Can ab ia
Benedic e Vau hie
Uni e si ä Be n, Suiza
Es a ob a ha sido some ida a e aluación ex e na, ap obada po el Consejo Cien ífico y
a ificada po el Comi é Edi o ial de acue do con el Reglamen o de GENUEVE EDICIONES.
Licencia C ea i e Commons A ibución/Reconocimien o-
NoCome cial-SinDe i ados 4.0 In e nacional
A Rosa, siemp e
Chi m’ha nega e le dolen i casa !
¡ Quién me niega la en ada en la casa del dolo !
Dan e Alighie i,
“La Di ina Comedia”, “El In ie no”, Can o VIII

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Las o og a ías his ó icas que se ep oducen en es a ob a, en muchos
casos e ocadas con dibujo po el p opio Manolo Milla es, p o ienen del
es udio o del álbum pe sonal del a is a. En buena pa e inédi as has a
la echa, suponen el esul ado de un abajo de in es igación sob e dichos
ma e iales, en el que ha sido undamen al la coope ación de El i e a
Escobio y sus hijas, Co o y E a Milla es, quienes ambién acili a on el
acceso a la documen ación pe sonal, co espondencia y, en de ini i a, a
la ida de Manolo Milla es. Las la gas con e saciones man enidas con
El i e a, a des en su casa en an o a a decía en Mad id, sob e el in enso
eco ido i al de Milla es e elado en es a ob a, han sido cla es pa a la
edacción de las páginas que siguen. Como ambién hay que sub aya la
impo an e colabo ación de la Fundación Azcona, edi o a con el Museo
Nacional Cen o de A e Reina So ía, del “Ca álogo Razonado de Pin u-
as de Manolo Milla es” (2004).
O osí, es p eciso ci a la coope ación del a chi o que cus odia la Fun-
dación An onio Pé ez (Dipu ación de Cuenca).
El au o les exp esa su ag adecimien o.
Finalmen e, ambién g a i ud a los di e sos a chi os g á icos que se
hacen cons a en es a ob a. Su gene osidad ha pe mi ido la p esencia de
las ilus aciones de es a publicación.
Al onso de la To e
Piazzale Lo e o de Milán
27/IV/1945
Fo og a ía p oceden e del álbum-es udio de Manolo Milla es.
Co esía de la amilia Milla es.
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1. Cuelgan los cadá e es
Pues lo he moso no es más / que el comienzo de lo e ible
Raine Ma ía Rilke, “Elegías Duinesas-Duinese Elegien” (1912)3
En 1926, año del nacimien o de Manolo Milla es Sall, mecido bebé
en e el clima ibio de Las Palmas, el ascismo i aliano alcanzaba el céni
de su glo ia. T anscu i án apenas ein e años desde esa echa has a 1945,
cuando los cue pos de Cla a Pe acci y Beni o Mussolini sean colgados,
cual pingajos, suspendidos cabeza abajo de la pé gola en la gasoline a
de Piazzale Lo e o de Milán. Mañana p ima e al és a, un ein isie e de
ab il, po cie o dos días an es de que se libe e Dachau, ie a de Ba ie a
que había sido, desde el siglo an e io , bucólico e ine able espacio pa a
los calmos caballe es de los a is as del paisaje. P ade as a e ciopeladas
sumadas en onces a una ex ensa opog a ía del ho o con empo áneo que
no se á jamás abandonada. Ab il es el mes más c uel, es sabido esc ibía el
poe a de la ie a ye ma.
Se á iempo de es upo y silencios.
Que se ex ende án, imbo ables, en los que padecie on las penu ias.
Mas ambién en los supe i ien es de los campos de ex e minio, sus ami-
lia es, los libe ado es, los asediados y bomba deados, ambién los libe ados
3 Raine Ma ía Rilke, “Elegías Duinesas-Duinese Elegien” (1912), Ediciones Rialp,
Colección Adonais, nº 255-256, Mad id, 1968, p. 35.
20
Al onso de la To e
y quienes de odo ello ue an es igos. Y noso os. Quienes no lo i imos
y con emplamos aún hoy, con idén ico es upo , la quie ud ho ible de las
imágenes.
Es a que sigue es una de las ine ables desc ipciones de P imo Le i,
ías has a el dolo : “Ap e ados el uno con a el o o, innume ables, ocu-
pando oda la llanu a has a el ho izon e; a eces nos undimos en una
sus ancia única, una masa angus iosa en la que nos sen imos ap esados y
so ocados”4. La c eación con empo ánea5 se ía conmocionada an o po
las imágenes de las mon añas de cadá e es como po los se es a acima-
dos, po ado es de mi ada pe dida deambulando, aquí y acullá, en las
jo nadas inmedia as a la libe ación de los campos, hacia ie a de nadie.
Cadá e es e an es sob e el baldío -e a o o iejo adagio de Elio , el a i-
cinado , ambién, de la llegada de las ciudades i eales-, p omenade e ible
en e cue pos apilados en zanjas emba adas po el deshielo de la nie e en
p ima e a. Caídos ine es cual á boles, amas ye mas, idas p on o cubie -
as de ango en e el quehace a anoso de las palas exca ado as.
F en e a an o conjun o de se es sin os o, de cue pos exangües, de
me os huesos apenas ecubie os de piel, nume us incon able y po an o
pa ecie a que ol idable, los iempos que llega ían se ían ho as de oces.
Voces que eco da ían, a su ez, la necesidad insoslayable de las palab as.
4 P imo Le i, “Si es o es un homb e” (Giulio Einaudi, To ino, 1958), El Aleph, Mad id,
2007, p. 67.
5 Esc ibi ía William Golding, sob e los sucesos de la segunda gue a mundial, que “(…)
ebasan nues a imaginación. Hemos ido a la gue a y hemos supe ado una y o a ez
cualquie posible desc ipción. Se a a de acon ecimien os compa ables a los aguje os
neg os del espacio. Nada puede sali de ellos pa a ela a nos cómo e a su in e io . E an
como e an y, al mismo iempo, no ha habido nunca nada pa ecido a ellos. Nos halla-
mos an e una laguna his ó ica. Hemos descubie o el lími e de la li e a u a”. Ci ado en:
And ew Sinclai , “F ancis Bacon. Su ida en una época de iolencia”, Ci ce Ediciones,
Ba celona, 1995, pp. 108-109. Sob e el pa icula esc ibi á Sinclai que “F ancis Bacon
había de p oba que no había lími es en la pin u a (…) la expe iencia de (…) las o o-
g a ías y no icia ios ob enidos po los no eame icanos en los campos de concen ación,
ans o ma on e ec i amen e la pin u a b i ánica, a la ez que la e a de la isión nuclea
descomponía las a es”. Ibíd. p. 108.
21
Cuelgan los cadá e es
Aullidos ciegos, oces lanzadas hacia la nada de la Nada, al modo de una
queja. De un munchiano g i o exaspe ado que expelido es hacia el bullen e
acío de las cons elaciones es ela es. ¿Dios?. Pues Dios ha sido asesinado, y
se epa en colla es de dien es en ies as c iminales, can a al comienzo de los
años cincuen a el a e y c í ico soli a io Juan-Edua do Ci lo 6.
Y, jun o a la palab a, el o o ex emo de lo mismo: el silencio.
Tiempos que se ían de pánico mas ambién, o quizás po ello, iempos
de indicación del mu ismo como un a ma posible pa a la c eación. Silen-
cios, silencios….Silencio de Klein cuando pin e de blanco en 1958, casi a
la pa que O eiza enmudece, la gale ía pa isina p opiedad de la elegan e
I is Cle . Has a poco an es de su mue e jo en, Y es se pe echa á de
un odillo y de un go i o hecho con papel de pe iódico. Con es a indu-
men a ia de ai e pe u bado, al modo de un noble uni o me nai , como si
al cosa, decla a á abie as las exposiciones de acíos que ha án a Albe
Camus i ma en el lib o de es a gale ía ememo ando aquella máxima de
Robe o Jua oz: sabido es que en el cen o del acío hay o a g an ies a.
Las exposiciones elogiado as de la nada y, desde en onces, las mues as
del acío, pobla án la his o ia del a e con empo áneo7, incluido el a e
español, eco demos la exposición sin cuad os, 1963, del a is a cana io
Pepe Dámaso en el A eneo de Mad id8. “A ec le ide -esc ibi á con su
6 Juan-Edua do Ci lo , “Fe an , Fe ei a, Se a, O eyza”, en “Las escul u as de Fe an ,
Fe ei a, O eiza y E. Se a”, “Dau al Se ”, Ba celona, III/1951.
7 Como eco da á la exposición “Vides”, celeb ada en el Cen e Pompidou (Pa is, 2009).
8 Su decisión de ealiza la exposición sin cuad os, ememo aba las p opues as que Y es
Klein había ealizado desde 1958 y que plan eaban el acío exposi i o (Gale ie I is Cle ,
“La Spécialisa ion de la sensibili é à l’é a ma iè e p emiè e en sensibili é pic u ale s a-
bilisée”, Pa is, 28 Ab il-12 Mayo 1958). La exposición acía, o exposición sin cuad os, de
Dámaso, ue inaugu ada, con decisión y a e imien o, as sucesi as modi icaciones de
las echas inaugu ales p e is as, en la Sala del P ado del A eneo de Mad id el ie nes
5 de ab il de 1963. Reco demos se a aba de su p ime a exposición indi idual en la
capi al, en lo que e a el luga de mayo p es igio exposi i o en la España de los sesen a.
Un p oblema adminis a i o, elacionado con el anspo e de sus diez pin u as en o no
a “La Rama”, es con e ido po Dámaso en una e dade a “acción” a ís ica que e lexiona

22
Al onso de la To e
le a emblo osa Albe en el lib o de isi as de I is Cle - pleins pou oi s”.
Y Klein indica á con so na su adsc ipción al mundo de lo angible, e-
husando pe enece a en idades abs ac as: “soy un a is a del acío, no un
a is a abs ac o. Soy un a is a igu a i o, un a is a ealis a”9.
Plenos pode es al acío.
Vacío.
Silencio.
O, exp esándonos con más jus eza, pa álisis de lo e bal aca iciando la
conocida duda plan eada po el audaz Theodo Ado no sob e la necesidad
de la poesía as el ex e minio10, en o no a su imposibilidad, y que end á
sus émulos en las nume osas o as oces mudas que, ya ci ado Klein, se
alza an en la segunda mi ad del siglo ein e. Imponen es las máquinas de
silencio de Becke , Salinge o Pa ese, que pa ece án g i a a co o aquello
de “¿quién, si yo g i a a, me oi ía sob e las bó edas celes es?”…
sob e la condición insula , mas ambién sob e los lími es del a e. La p ensa mad ileña
e leja á, con ex ensión y conmoción, la epe cusión de ese acon ecimien o que se equipa-
a, desde nues a mi ada, a una e lexión muy con empo ánea en o no al obje o y sen ido
del a e. El asun o quedó a ado en: Al onso de la To e, “El ex año isi an e (en o no
a la ob a de José Dámaso)”, Caja Cana ias, Las Palmas, 2009, pp. 9-23.
9 Hannah Wei emeie , “Y es Klein, 1928-1962: In e na ional Klein blue”, Taschen Basic
A Se ies, Köln, 2001 p. 32.
10 La conocida ci a o iginal, según Ado no esc i a en 1949, se publicó en el a ículo “Cul-
u al C i icism and Socie y”, (“P ism”, MIT P ess, Camb idge. Reimp eso en Lond es,
1967): “The c i ique o cul u e is con on ed wi h he las s age in he dialec ic o cul-
u e and ba ba ism: o w i e a poem a e Auschwi z is ba ba ic, and ha co odes also
he knowledge which exp esses why i has become impossible o w i e poe y oday.”
Que po noso os aducido: “Lac í icade lacul u ase en en aalaúl ima e apaen
ladialéc icade la cul u ay la ba ba ie:esc ibi unpoemadespuésde Auschwi zes una
ba ba ie,yqueco oe ambiénel conocimien oque exp esapo quése ha uel oimposi-
bleesc ibi poesíahoy en día”.
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Cuelgan los cadá e es
Años cincuen a. En e la es upe acción esuena el clamo ilkeano. Un
eco que e e be a aún en la oquedad empí ea. Y es que en la insondable
nada cósmica no hay luga pa a músicas as ales, son iempos en los que
pa ecie e que la p esencia de un desespe anzado abismo a oja de una
pa ada el o den y la medida uni e sales. Y aleja ambién a las aladas c ia-
u as, iaje as en e las es e as ansmi iendo la oz de los dioses. Hegel
nos había ad e ido que el espacio angible se pobla ía de un in e nal
mundo simbólico, abs ac o e in ini o. Po aquí, jus amen e, comenzamos:
Cla e a y Beni o penden en el acío. Hélas !: había llegado lo sublime.
Con emplando las his o ias de aquella gue a mundial, las es ampas de
pa o se suceden: pilas de cadá e es en los campos; lib os humean es en
pi as en las ciudades de as adas…desolación y uina…Y los sob e i ien es
desespe ados del e ano ó ido de Nagasaki o los chinos semien e ados
asae eados po las bayone as japonesas. Es mejo deja de lado los olú-
menes sob e la Segunda Gue a11 que abandonados, con aspec o inocen e,
pueblan los anaqueles de las lib e ías de lance. Una ez ce ados, iene
a nues a memo ia la his o ia na u al de la des ucción, como esc ibi ía
Sebald, no muy lejos las palab as de P imo Le i con aquella implacable
poesía de neu al pasión desc ip i a, ba oco a ue de un pa simonioso
aca icia los de alles. Luego lo e e i emos.
Allá po los cincuen a quedaba cla o que se había acabado la jue ga. Y
in ambién a la ilusión emb iagada del comienzo de aquel siglo, simbo-
lizada en la Exposición Uni e sal pa isina de 1900, que isi a a Picasso,
con sus juegos de luces y cines, cascadas de bombillas y a acciones a-
icinado as de los u u os pa ques emá icos. Tocaba a su in la ilusión
decimonónica: el p og eso écnico po a ía consigo -como si al cosa- la
conco dia en e los pueblos y la elicidad.
11 Páginas adelan e ci a emos la publicación en es olúmenes que, ela i a a la his o ia de
es a Segunda Gue a, y sus imágenes, u iliza á Manolo Milla es, casi como manual de
abajo.
24
Al onso de la To e
Después de un día la guísimo, una jo nada más en el hospi al de eposo
‘Be gho ’ en Da os, empe o ago ado a con el anscu i de sus iempos
len os y medidos i os de descanso, inalizando la copiosa cena, Hans Cas-
o p descendió a la sala de juegos. Allí, en e o os en e enimien os, se
hallaba un iso es e eoscópico desde el que los en e mos podían “ isi a ”
una des aída Venecia, lánguida ciudad ma ina muy alejada de los íos de
la mágica mon aña que ec ea a Thomas Mann. Jun o a lo an e io , un
“caleidoscopio (...) que ponía en mo imien o una an asmago ía mul icolo
de es ellas y a abescos”12. También o o a ilugio isual en el que se in o-
ducían escenas cinema og á icas. No es ex año que dos páginas después,
Cas o p se p egun a a: “¿ha expe imen ado us ed alguna ez esa sensación
de soña y sabe que se sueña y que e despe a y no consegui lo?”. Nada
so p enden e que los p ime os udimen os óp icos, emp anos ances os de
nues a o og a ía, si ie an de en e enimien o al mo oso paso del iempo
de los en e mos del Be gho , muchos de ellos mo ibundos decla ados,
o os p epa ándose pa a cae en las ga as del des ino o el es ep ococo.
P e ia isi a a o o a ilugio o og á ico, la adiog a ía, en donde un Cas-
o p alucinado, cual nue o Hamle de la mode nidad sos eniendo en es e
caso la placa o og á ica, se p egun a ía, - iendo sus en añas y, en onces,
‘desnudando’ a su amada deseada, Claudia Chawcha -, el conocido “ o be
o no o be”.
El eposo y la jue ga habían e minado: llegada la gue a de 1914,
la anquilidad que in adie a el co azón de la Eu opa bu guesa, había
comenzado a embla . La luz de gas que aca iciaba los muebles de ina
ma que e ía iendo languidece los anquilos a a dece es, queb ándose
la luz en el ío, con an o mimo desc i os, po ejemplo, po Sando Ma-
ai, comienzan a des anece se. El habi an e del siglo ein e, casi según
comience és e, comp ende á que la Gue a To al, la posibilidad de la
des ucción en masa, en de ini i a la p oximidad del Apocalipsis-Aquí, se
hallaba más ce ca que nunca en la his o ia de la humanidad. Y, además,
12 La ci a a la ob a de Thomas Mann es de la edición de “La mon aña mágica”, Plaza y
Janés Edi o es S.A., Ba celona, 3º Edición, 1987, id. p. 89 y ss.
25
Cuelgan los cadá e es
nos lo con a ían. ¿Cuán as mue es end ían que pasa has a sabe que
mucha gen e ha mue o?, can aba Dylan…
La espues a, sabemos, es aba soplando en el ien o. En Yp es, jun o
a la on e a ancesa, en ab il de 1915, el gas había comenzado a se u i-
lizado pa a ma a o ulli a los ad e sa ios, gaseados po el con enido de
cen ena es de bombonas. En una mue e silenciosa, ecni icada. Lance y
óbi o po so p esa an e un a ma has a en onces desconocido que asoma,
sin uido, en e la quie ud de las lomas salpicadas del p ime apiz e de
as el du o in ie no. Mezclado en e la bendi a hoja asca del campo. La
mue e ho ible y b u al de los en en amien os en siglos an e io es, el
ma de lanzas de Uccello o el ma asmo de Alejand o en Issos, - is o po
Al do e -, se con ie en aho a en deceso e inado. Mue e in isible, en el
sen ido de no p o oca sang e, mas ul aje: el que p o oca un in conscien-
e y pa simonioso: cegue as, bubas, ómi os in e minables, quemadu as.
El padecimien o len ísimo has a la inal ex enuación. El sabe y la ciencia,
la in eligencia que nos dis inguie a de la bes ia, son pues os al se icio de
la des ucción o al.
Y po p ime a ez los cama óg a os ocupan posiciones en los campos
de ba alla que ya no abandona án, y el con lic o se á a pa i de en onces
conocido po odos. Hemos is o a los mue os yace a e idos en los cam-
pos mien as las úl imas nie es y el ien o agi aban sus delgadas opas. En
an o los caballos pa ean sus es e o es úl imos o las ciudades son e acua-
das po la llegada de las nubes óxicas. Habi ados deshabi ados. Mundo
aún en el bi ono an eal, al sub aya a Wende s, del cine neg o y pues o
en p ác ica, en aquel iempo, po el mí ico E ns F ied ich en su “K ieg
dem K ieg!” (“¡Gue a con a la gue a!"), publicado en 192413.
La o og a ía pe mi e cons ui un nue o y mis e ioso eal que pa-
ecie e ansi a , como si al cosa, en e los pliegues de la ealidad más
ecuen ada, p opues a de imágenes que e i a el des anece se habi ual
de és as, sume gidas en la maquina ia inexo able del iempo, e in i a a
la cons ucción de un cie o conocimien o de lo que nos odea. O e-
13 Y, en es e pun o, no es á mal la ci a a la película de Abel Gance, “J’accuse” (Ve sión de
1938).
32
Al onso de la To e
e e ía el é mino “ba alla”: “Los mo imien os de a e con empo áneo
han enido que unda se en una psicología de g upo como única o ma de
adqui i una conciencia de sí mismos y de p esen a ba alla a la hos ilidad
e indi e encia del ambien e”26. Y “la gue a ha comenzado”, esc ibi ía sig-
ni ica i amen e en 1957 Al onso Sánchez al eseña el p ime paso de “El
Paso”27. Picasso y su ob a iolen a y ba allado a e an el ejemplo28. La ela
pasaba a se , como di ía ambién Sau a, un campo de ba alla.
Po su pa e, Guillaume Apollinai e-el-b e e, había cons uido sus
poemas de a ille ía cubis a en e los mue os, a la pa que exigía la
comp ensión an e la gue a: no llo ad más -pa ece p oclama -, es ad
anquilos…. as la gue a end emos una ce eza: la llegada del abis-
mo29. Cie os a is as comienzan a ealiza o omon ajes, collages con
agmen os o og á icos, en es e pun o es clásica la ci a a John Hea ield,
p o usión del encolado de eco es que en ocasiones conec a ealidades
has a esa echa de apa iencia i econciliable. Sucede la ei indicación del
agmen o con exis encia au ónoma en la his o ia del a e que, a su ez,
pa ece alimen a se de las imágenes de los des ozos que sob e uelan las
inche as, despe digados en e el ac e olo de la pól o a. Ai e de plo-
mo y nubes de pol o. Papeles en ciclón, ba o y elas. B azos y cabezas.
“Vangua dia”, “li e a u a mili an e”, “comba e”. Resplando y cegue a de la
26 Las ci as an e io es de es e pá a o y es a misma le co esponden a Juan-Edua do Ci lo ,
“El g upo de Mad id, “El Paso” y sus pin o es”, “P oblemas del a e con empo áneo 1”,
Ed. “El Paso”, Mad id, I/1959, p. 4.
27 Al onso Sánchez, “Ha empezado la gue a en e los abs ac os. Obje i o de El Paso:
con a la geome ía”, “In o maciones”, Mad id, 16/IV/1957.
28 “(…) el empuje y el ejemplo i al de una ob a sin emo , iolen a y ba allado a”. En
“Picasso en Ba celona”. Ca a de “El Paso”, nº 1, Mad id, Ma zo de 1957.
29 “Les jeunes de la classe 1915 / E ces ils de e élec isés / Ne pleu ez donc pas su les
ho eu s de la gue e / A an elle nous n’a ions que la su ace / De la e e e des me s
/ Ap ès elle nous au ons les abîmes (…)”. Guillaume Apollinai e, “Gue e”, en “Case
d’a mons” (1915). Luego publicado en “Callig ammes” (1918).

33
Cuelgan los cadá e es
explosión en el ai e de la noche, plumas con a pis olas, “pa oles, pa oles”,
esc ibía Michaux. La gue a con empo ánea no sólo desga a á el mundo
sino que, ambién, ha á inhabi able la casa de las palab as.
Si el con lic o es mundial, a pa i de en onces el a e de o a es e
concep o, c eándose una sue e de ne io de ‘in e nacional a ís ica’ en la
que se p oclama no sólo el apa amien o necesa io de la cons ucción de
his o ias boni as sino, a la pa , la insoslayable de ensa de la incomp en-
sión30. El a e, no siendo ya me amen e imi a i o, alcanza el pleno de echo
a su exis encia abs ac a, es o es: al ma gen de lo eal. El a is a, como
señala a He be Read, se con e i á en un o as e o31. Pocas exp esiones
me gus an más que és a pa a de ini el alma del a is a: o as e ía, ie a
de on e as, nue os e i o ios su gidos en e los in e s icios de lo eal: el
c eado del siglo ein e de iende la posibilidad de mos a lo que apa en-
cialmen e es á inacabado, e igiéndose ambién la exis encia au ónoma, con
en idad de ob a de a e, de la conmo edo a inma e ialidad. Así sucede con
los Me zbau de Schwi e s que, al modo de o es de una insóli a memo ia
in o me, se con e i án en p opues as de ba ocas ca ed ales pa a el nue o
a e. Pa a una nue a eligio hecha con desechos de un cue po agmen-
a io: disjec a memb a, pues de o ma el mundo, pa ecen e e i aho a los
a is as, es un place digno de na a se y es exci an e mi a a los pequeños
luga es que han sido hu ados a la mi ada; en e los incones hu ga , aque-
llos po los que no ha ansi ado la his o ia digna de la pin u a. Al modo
de la ele ación de una nue a auma u gia de la descomposición agmen-
a ia, del desmemb amien o a a és del a e, en un encuen o que no es
me amen e des uc i o sino que, an es que o a cosa, pa e de la eo ía de
la necesidad de una descomposición pa a p opone el ace camien o a las
cosas. Desa iculación c ea i a que iene po obje o una nue a compos u a
de los pedazos, a la búsqueda de la isión o al, al modo de una explo-
30 Nos e e imos a la conocida a i mación Dada de T is an Tza a: “Necesi amos ob as
ue es, ec as, p ecisas y e e namen e incomp endidas” (1918).
31 He be Read, “Al diablo con la cul u a” (1941), Edi o ial Ahimsa, Valencia, 2000.
34
Al onso de la To e
ación, as los agmen os, de la es au ación del se . Elogio, a eces, de
lo que es conside ado inmundo, no-noble-pa a-el-a e, aquello que no ha
sido engalanado pa a la belleza o icial del mundo. Elemen os que escapan
al habi ual con ol de la isión, eliquias de lo que no es á pues, al cabo,
si mencionamos la oz “ eliquia”, equipa ándolo al “ agmen o”, aquella
es el es o del cue po, el ecue do de su iden idad cuando ausen e és e es
ya, los es os isibles que sob e i en a la pod edumb e ca nal. Reliquias
eco da o ias de la an opología y de la his o ia de las eligiones que son el
signo de la san idad, agmen o de Dios que coope a en el es ablecimien-
o de lo sag ado, signo isual, casi ác il, de la enca nación de la di inidad.
Des ucción po la ba ba ie, descomposición isual de la ealidad en el
a e y eliquias, e ocando aquí a Ma ía Moline : “O enda hecha a los
dioses en econocimien o de bene icios ecibidos. 2- Nomb e dado a cie -
os obje os que se cuelgan como o enda en las pa edes de las capillas en
que se ene a la imagen de algún san o a cuya in e cesión se a ibuye una
cu ación o bene icio que esa o enda ecue da; son ecuen emen e igu as
de ce a que ep esen an un miemb o u ó gano cu ado; ambién obje os que
ecue dan la dolencia; po ejemplo, unas mule as”. Tes imonio de la e, de
la a licción, p oclama de la sanación es ablecida de un modo comuni a io,
expues a la dolencia an e el público, y obje o emo i o, abiga ado acimo
en la umb ía de despojos de ce a, ecuen emen e iluminados en la inie-
bla po lámpa as de acei e que, a su ez, pa ecen eco da la “ca ne” que
les cons i uye, o o a acompañados de obje os eales de los se es, o cosas,
obje os simbólicos de la plega ia.
La c eación ecibe, -simbolizándose en nues o imagina io en la cabeza
malhe ida del jo en Apollinai e, uno de los p ime os mue os jó enes de
la mode nidad-, la con ulsión que supone el encuen o con las bombas en
las inche as. Es el Guillaume A., con cabeza endada, pin ado po Pi-
casso en 1916 y g abado po René Jaudon, quien se á p o eso de li og a ía
de Palazuelo y Soulages. C áneo con empo áneo epanado po la gue a
del homb e mode no, Guillaume p esidi á una laman e neg a lis a, muy
con empo ánea po cie o, de mue os jó enes a la que se suma án Dean
35
Cuelgan los cadá e es
o el eb io Pollock, pe ecidos sob e un au omó il. Y S äel, Ro hko, A shile
Go ki… Había llegado la ho a de la mue e ágica, iolen a y, o osí, en
ocasiones jo en. O simplemen e jo en, al nues o pin o de las sa gas. El
poe a F ank O’Ha a, aman e de la ené ica agi ación de Times Squa e a
la ho a del lunch, isi an e del ma imonio Milla es a inales de los años
cincuen a32, se á a opellado, una a de de junio, po una máquina de lim-
32 En 1958 isi a España el poe a y conse ado del MoMA, F ancis Rusell O’Ha a, F ank
O’Ha a, pa a compone la exposición F ank O’Ha a-New Spanish Pain ing and Sculp u e,
celeb ada en 1960 en The Museum o Mode n A y The Co co an Galle y. O’Ha a ci-
aba en la in oducción al ca álogo de la exposición la p esencia de los a is as españoles
en las bienales a ís icas an e io es como un momen o undamen al en el conocimien o
del a e hispano: “In ecen yea s, isi o s o he majo in e na ional exhibi ions such as
he São Paulo Bienal and he Venice Biennale ha e become awa e o he igo ous and
highly indi idual wo k being p oduced by a conside able numbe o Spanish a is o
he gene a ions ollowing Picasso, Mi ó and González” (F ank O’Ha a, “New Spanish
Pain ing and Sculp u e”, The Museum o Mode n A , New Yo k, 1960, p. 7). O’Ha a
había coincidido en esa IV Bienal de São Paulo con la ob a de Manolo Milla es que pudo
e , en onces, en di ec o. En la Bienal había ealizado el no eame icano una exposición
de es escul o es y cinco pin o es. En 1958 ol e ía, en la XXIX Biennale In e nazionale
d’A e, Venecia, a encon a diez cuad os de Milla es echados en e 1957 y 1958. En es a
úl ima Bienal, O’Ha a se ocupa ía de las secciones de Seymou Lip on y Ma k Tobey.
Sob e el g upo “El Paso” esc ibía ambién O’Ha a que ue un “his o ic momen in he
de elopmen o con empo a y Spanish a ” (Íbid., p. 8). Pa a el poe a y c í ico, el a e
español de la época e lejaba un ca ác e “di e en , a is oc a ic, in asigen , a icula e”
(Íbid., p. 10). O’Ha a iajó po Eu opa ese año isi ando, además de la ci ada Bienal
de Venecia, Be lín, Roma y Pa is. La exposición pudo o ganiza se g acias a la suma de
nume osas olun ades en e las que se encon ó la del ambién poe a John Ashbe y ( id.
p. 5 del ca álogo ci ado). En elación con la isi a a España hay alguna e e encia en “A
Ch onicles, 1954-1966” (“A Ven u e Book”, Geo ge B azille Edi o , New Yo k, 1975,
p. 160). Hay ambién o og a ías de F ank O’Ha a, en nues o país ese año 1958, quien
decla a ía lle a como amule o en su bolsillo un o nillo hallado en la capi al de España:
“Now when I walk a ound a lunch ime / I ha e only wo cha ms in my pocke / and
old Roman coin Mike Kanemi su ga e me / and a bol -head ha b oke o a packing
case / when I was in Mad id (“Pe sonal Poem”, 1959)”. Vol e ía a España en 1960, con
ocasión de la exposición que enimos ci ando, como e leja su lib o “Lunch Poems”
(1964). Allí ano a en el poema “A li le a el dia y” algunos de los ecue dos del poe a a
su paso e iginoso po España, camino de Bia i z: San Sebas ián, Mad id y Ba celona.
También, en es e pun o, deben ci a se sus isiones: “El Esco ial” y “Plaza de España”
de “Places o Osca Sal ado ” (leídos en: F ank O’Ha a: “Fou Unpublished Poems”,
“Poe y”, Volume 113, Nº 5, Chicago, II/1969, pp. 334-335). A los Milla es les isi a
nue amen e el día 23 de ma zo de 1960. Anuncia su encuen o con el a is a en ca a del
día 18/III en la que le señala: “I am mos en husias ic abou wo king on he exhibi ion,
and ha ing he oppo uni y o isi Mad id again and enew ou acquain ance. I ha e
36
Al onso de la To e
pieza de la playa, en Fi e Island, en e a Long Island y su uidoso-que ido
Nue a Yo k, cua en a años. Tal o o esc i o pausado, es a ez hispano,
Luis Ma ín San os, -mue o al olan e de un au omó il-, nues o Césa
Man ique, el enemigo de las g andes ías que su ca an Lanza o e, aca-
ba á sus días en una anquila glo ie a de Teguise, jun o a su domicilio
silen emen e escondido bajo las bu bujas de la a. Pa ecie en símbolos,
odos ellos, de los nue os iempos del siglo ein e que p onos ica a o o
p o e a del u u o: el en angado Ma ine i caído en una zanja esqui ando
con su au omó il a los ciclis as. Su acciden e o igina á la anécdo a que,
a su ez, ab i á el mundo mí ico de la mode nidad. Húmedo po el agua
acumulada en la ca e e a, babean e po el ba o, el bau ismo del u u o ha
imp egnado a Filippo Tomasi. Ha llegado la ho a del adiós a los ances os:
el u u o es el hoy que queda po delan e. Es e es el lema, incendiado del
pasado, la me á o a que se halla en el o igen de la ac i ud de angua dia.
Gue as, gue as, su imien os y su imien os. “Gólgo a de encaje” es
la me á o a con la que Coc eau ememo aba la desolado a isión que u o
de las uinas de la apuleada ca ed al de Reims du an e la gue a en 191433.
g ea ly admi ed he ecen wo k o you s I’ e seen, and look o wa d o seeing mo e nex
week”. T as el encuen o de ma zo, O’Ha a ecue da la isi a en o a ca a, ya del día 9 de
mayo de 1960, en la que ag adece “you hospi ali y and coope a ion owa ds he success
o he exhibi ion: I ecall wi h g ea pleasu e my isi wi h you and you wi e and also
he delicious luncheon. I hope ha we will mee soon again and i any plans o isi New
Yo k ma e ialize, please le me know”. O’Ha a elige cua o cuad os -pa ejos y de g an
en e gadu a- de Milla es -un a is a pa a él ya muy conocido- pa a su exposición en el
MoMA, es de 1959: “Cuad o 96”, “Cuad o 97”, y dos con el í ulo de “Homúnculo”,
uno de 1959 y o o de 1960. Hay co espondencia en e el a is a y O’Ha a sob e el pa -
icula (ca as de “The Museum o Mode n A ” de 18/III/1960; 3/V/1960; 9/V/1960;
10/VI/1960; 22/VI/1960 y 8/XII/1960). Esc ibi ía el poe a y conse ado en el ca álogo
que Milla es, “a e his ea lie pe iods, began o examine he o n can as, s i ching o e
he oids, c ea ing ha sh and enigma ic enc us a ions om bu lap dipped in whi ing, o
bandage-like swa hes, pain ed and spla e ed (…), his wo ks ha e mo e and mo e aken
on he aspec o ce emonial es iges (…) he homunculi se ies p esen s a speci ically
igu a i e de elopmen , a a c y (…)”. (F ank O’Ha a en “New Spanish Pain ing and
Sculp u e”, op. ci . p. 9).
33 “Le cap de Bonne-Espé ance”, Édi ions de La Si ène, Pa is, 1919.
37
Cuelgan los cadá e es
Soldados su giendo, en e la lumb e y su neblina, del emplo, de nue o
el humo, lib ando una pa icula gue a de inieblas en e las gá golas.
T ansida pe cepción, “Gólgo a de encaje”, dolo y esme ada cons ucción.
Exp esión ans igu ada que e oca la ilig ana a qui ec ónica que debió
des ela se en e las uinas, agmen a ia y en e apo es, as los bom-
ba deos. Imágenes, casi dalinianas, plás icas y ho ibles, del su imien o
de esa ca ed al -símbolo del pena humano- e iendo undido a cho os
hacia la ie a, po las gá golas gó icas, el iscoso plomo, blando al clep-
sid a, que de e ido deslizábase desde sus cubie as. Empa ejamien o que
ealiza Coc eau, casi al modo de un cada e exquis, de sen imien o: el
cal a io o gólgo a y el encaje o no ma. O lo que es lo mismo: cala e a y
encaje, in del iempo y pausa, pena y paciencia o, al cabo, ini ud y espe a.
Con adic o ia apa iencia, muy de ex emos, que se halla en la aíz de la
congoja, an su eal y con empo ánea, que causa su me á o a. El espe an-
zado ca ólico Paul Vale y, po su pa e, señala á que nunca más el exis i
se á lo mismo a pa i de esas echas: “ni la ma e ia, ni el espacio, ni el
iempo son, desde hace ein e años lo que han sido siemp e”34.
No se á ex año que as la penu ia de las gue as mundiales y el es-
upo de los iempos pos e io es, cuando lleguen los años cincuen a, se
c een o, en o os casos, despie en, algunas inicia i as que ienen en e sus
obje i os el apoyo a la c eación con empo ánea. El su gimien o de bienales
como la de São Paulo, en la opical espe anza b asilei a, y en cuya cua a
edición es celeb ada la ob a de Manolo Milla es o el nue o impulso de
algunos o os ce ámenes como el celeb ado secula men e en Venecia
desde inales del siglo diecinue e, pueden en ende se como un in en o de
es ablece el con ac o con la e lexión a ís ica. Las p ime as ediciones
de la Documen a de Kassel, 1955 y 1959, u ie on en sus p oclamas un
cla o y público deseo de clausu a las cesu as imponen es que había cau-
sado el dolo bélico. Así lo sub aya ía la p ime a de ellas al mos a una
34 Paul Valé y, “La conquê e de l’ubiqui é”, en “Pièces su a ” (1928), “Œu es”, ome II,
Gallima d, Biblio hèque de la Pléiade, Pa is, 1960, pp. 1283-1287.

38
Al onso de la To e
e lexión en o no a lo que el nazismo había llamado “a e degene ado”.
“El a e desde 1945”, mo i o cen al de la segunda Documen a, 1959, ue
el can o en onado po el his o iado We ne Ha man quien, en medio
de la agedia, conside ó necesa io ende de nue o el puen e que media
en e lo isible y lo in isible. Es o es, clama al espí i u que la agedia
ci il mundial había desechado. C isis de di ícil salida en la que el p opio
a e y, ob io es, los c eado es, es aban sumidos, mos ando en su buena
olun ad la exis encia de un con lic o a las cla as. La he encia de las
p ime as angua dias, -y la p e ensión de la exis encia de suje os lib es,
capaces de conmociona y, en ese sen ido, ans o ma la ealidad-, pa ecía
habe e minado en los cincuen a. E a llegada la ho a de e e i se a o as
cues iones, y no ex año que algunos, como Ma k Ro hko, elogia an la
necesidad del apa amien o, lo que él llama ía “las bolsas de silencio”35,
en e sus máximas aspi aciones c eado as.
Y es que el siglo ein e ha sido un siglo e o í ico, el e dade o siglo
del Te o que islumb a a el Ma qués de Sade. Casi ansc ibiendo
las palab as del ie no a is óc a a, la his o ia, -que como e emos en
es as líneas ambién mece á al pin o -biznie o del his o iado Agus ín
Milla es To es-, se pobla á de las escenas más a e ado as. El a is a
35 Cuando en 1969 le o o ga on a Ro hko el doc o ado hono í ico de Yale, se exp esaba
con cla idad: “Cuando e a jo en el a e e a una p ác ica soli a ia: no había gale ías,
ni coleccionis as, ni c í icos, ni dine o. Sin emba go, e a una edad de o o, pues no
eníamos nada que pe de y sí oda una isión que gana . Hoy ya no es lo mismo. Es
una época de inmensa abundancia de ac i idad y de consumo. No me a e o a a en u a
cuál de las dos ci cuns ancias sea mejo pa a el a e. Sin emba go, sí sé que muchos
de los que se en impelidos a es e modo de ida buscan desespe adamen e bolsas de
silencio en que a aiga y c ece . Todos espe amos que las encuen en”. Ma k Ro hko,
“Acep ación del Doc o ado Hono is Causa po la Uni e sidad de Yale”, 1969. En:
“Ma k Ro hko. Esc i os sob e a e (1934-1969)”, Paidós Es é ica, Ba celona, 2007, p.
219 (P ocede de “Papeles de Be na d J. Reis, 1934.1979”, A chi os de A e Ame icano,
Smi hsonian Ins i u ion, Washing on D.C.).
39
Cuelgan los cadá e es
cana io, “con ins in o de his o iado ”36, pa ece ía he eda casi un des ino
a al, un a icinio de agedia g iega. Nacido, exac amen e, cien años
después que su bisabuelo, apasionado en su in ancia po la geog a ía y
la his o ia, según con esión p opia end ía en ella una de sus obsesiones
ecu en es desde que con apenas ece años hicie a una his o ia dibujada
de Cana ias37.
Al cabo, “no se es a is a sin que in e enga una g an desg acia”,
esc ibi á Jean Gene 38. Casualidades y pena: 1945, el año de la mue e
de la pa eja Pe acci-Mussolini, es el mismo en que los Milla es, pad e
lébil e hijo jus o, ecue den en un lib o la noche e e na del allecimien o
ube culoso en un bucólico inconci o g ancana io, íc ima de los e ec os
de as ado es de la pos gue a ci il, el jo en Six o Milla es Sall. El pin o
e a su he mano ein eañe o mo i en la ho ible placidez de un hospi al
de ube culosos, el “Sana o io” que, como luego e emos, Juan Milla es
desc ibe como si hubiese sido lanzado al aza , al una icha de dominó,
sob e el ape e del e de paisaje. Se ía el doble-seis. Neg o p esagio. E a,
36 “Po eso, p ecisamen e, po eso, enía como un ins in o de his o iado que le hacía busca
ped uscos y monedas. Y al ez po eso ambién, po que nadie amaba más que él lo que
es aba dispues o a sac i ica casi como po disciplina cí ica, había en él esa especie de
sen imien o ágico de la ida -su amalazo unamuniano- que se anspa en aba en su
pin u a”. José Ma ía Mo eno Gal án, “Al hace un balance” (Tex o en el ca álogo de la
exposición en la Gale ia Alcoia s, Mos a Homena ge a Manolo Milla es. G upo “El Paso”.
A is es Alican ins. Pin u a Escul u a, Al ea, 16-30 Diciemb e 1972), Al ea, 1972.
37 “Me gus aba la his o ia y geog a ía y odiaba los núme os (...)”. Manolo Milla es ( ans-
c ipción de Juan Manuel Bone ), “Manolo Milla es. Memo ias de in ancia y ju en ud”,
IVAM, Valencia, 1998, p. 50. “Mi in e és po los acon ece es his ó icos cana ios se c ece
aún más y empiezo a isi a el Museo Cana io (…) hago una “His o ia dibujada de Ca-
na ias” imi ando hojas de iejos pe gaminos”. Ibíd. p. 59.
38 Jean Gene , “El obje o in isible. Esc i os sob e a e, li e a u a y ea o”, op. ci . p. 75.
40
Al onso de la To e
pa a Milla es, la íc ima escogida que le ha ía desco e pa a siemp e el
elo de la in ancia: llegaba la neg a mise ia39.
Es á cla o que Manolo Milla es i ió, como esc ibie a en 2005 el poe a
José-Augus o F ança, una España a al40. A las penu ias de la con ienda
ci il y la pos e io pos gue a, sucedió la hamb una in elec ual, o nada po
una e ó ica as ixian e, que lo in adie a odo. Algo que en el caso cana io,
además, con aba con la coope ación de una es echa, en especial en las
pequeñas poblaciones, sociedad insula 41. Había caído encima el “maná
de a echo” que nos ha dicho, en ase memo able, el poe a An onio
He nández y que ci amos en ocasiones: “una especie de pseudo olklo e,
pseudoa e y pseudoli e a u a, cayó sob e la piel de o o como un maná
de a echo, co po eizado en o e os, bailao as, canzone is as, ca ica os...
e an los eyes de la época, el sus i u o emb iagan e de una p omesa áci a
que ya no podía i hacia Dios po el camino del Impe io (...). An e aquel
pano ama azado po el o ali a ismo es no mal que en los in elec uales
39 “E a la íc ima elegida. Tenía que cae alguien pa a que se desco ie a el elo –inc eido
has a en onces po la amilia- de nues a más neg a mise ia”. Manolo Milla es, “Manolo
Milla es. Memo ias de in ancia y ju en ud”, op. ci . p. 85.
40 José-Augus o F ança esc ibió en ma zo de 2005 un ex o dedicado a El i e a Escobio
i ulado: “La espe anza oceánica del mundo”, con ocasión de la exposición e ospec i a
celeb ada ese año en La Co uña: “Si algún día el mundo pudie a se blanco, la pin u a
de Manolo Milla es lo exp esó, o lo adi inó o lo in en ó o lo plan eó, pa a sí mismo
caminando sob e lo neg o de la his o ia o de la ida. Su pin u a es el blanco y neg o,
aquí o acullá eñida de sang e, iene de la noche de odos noso os en los años en que
i imos, pa a el día en que en algún luga nos ha de espe a . Fallecido p ema u amen e,
jo en de las islas de la A lán ida, Manolo i ió en el sen imien o ágico de una España
a al. Genocidios an iguos y ma anzas de su iempo le llena on de cadá e es y de lu os
los lienzos: pe o poco a poco, e ocedie on hacia la espe anza de una luz eno ada. Esa
luz se encendió en España (y en Po ugal) años después de la mue e del pin o . Pe o se
encendió como siemp e se enciende -y él ue uno de los pocos a is as de mediados del
siglo XX en sabe lo-, en la espe anza oceánica del Mundo”. Rep oducido en “Manolo
Milla es. La des ucción y el amo ”, Caixa Galicia, A Co uña, 2006, p. 189.
41 Luego lo e e i emos, pe o en es e pun o, éase la película de Pepe Dámaso, “Réquiem
pa a un absu do” (1980).
41
Cuelgan los cadá e es
au én icos se ue a con o mando un espí i u de acción con a lo que pa a
ellos supone negación de la libe ad, oscu an ismo, eg esión, e c. La
sue e es aba echada y la c uz, como de glo ia, no podía da le la espalda
a los mejo es”42.
Mundo hispano en el que apenas quedaba luga más que a la me a
supe i encia y en ningún caso a la a ís ica. Así lo habían en endido los
nume osos c eado es que, excep uando cie os casos -es e dad que muy
simbólicos e impo an es en el de eni del jo en Milla es, ales a Fe an o
Mi ó-, ue on desplazados hacia el ans ie o, un exilio o un alejamien o
que en muchos casos ue pe manen e y siemp e dolo oso. Mundo de diás-
po a hacia Sudamé ica o Pa is, sin ol ida el des ie o adial, el sucedido
hacia las ciudades peninsula es, Mad id y Ba celona en especial, del que
nues o a is a es buen ejemplo. Y su gido de ese ans ie o, el deseo de
lucha con a “la conspi ación del silencio”, como esc ibi ían los a is as
de “Pa palló” e i iéndose al ol ido de los c eado es no si uados en las dos
g andes u bes, en las dos g andes “escuelas”, como se decía en la época,
la de Mad id y la de Ba celona. O o ema que podemos deci “clásico”,
es e de las “escuelas”, que iaja á du an e las décadas de los cincuen a y
sesen a, pa eciendo eenca na una ieja y ensimismada discusión que
his ó icamen e ha acompañado, desde comienzos del siglo XX, la exis-
encia de es as dos ciudades. Es e asun o pe i i á en los años cincuen a
du an e odo el anscu so del su gimien o y consolidación de la abs ac-
ción, ex endiéndose a lo la go de los iempos y ol e á a se mencionado en
1963, al a dos “polos de a acción”43, cuando Juan-Edua do Ci lo ealice
42 An onio He nández, “Una p omoción deshe edada: La poé ica del 50”, Ze o Ediciones,
Mad id, 1978, pp. 54 y ss.
43 En 1958 e e ía Me cedes Molleda, comen ando la exposición “A e español de an-
gua dia” (Club U bis, Mad id, 15 Julio-9 Sep iemb e 1958): “El conjun o cen a los nom-
b es que esumen el mayo es ue zo y a án supe ado de España en o no al A e Ac ual.
Sus dos polos de a acción se de inen en Mad id y Ba celona”. Me cedes Molleda, “A e
angua dis a en Mad id”, “Re is a”, nº 329, Ba celona, 2-8 Agos o 1958, p. 16.
48
Al onso de la To e
que se descub e en el os o del que, silencioso, iaja en en e, en el en.
Ac o común y ansi ado, eacción única an e la congoja que a nadie es
capaz de ans e i , la pe sonal e inalienable isión del cue po no an o
como una sus ancia de ma e ia lácida sino, casi, como pensamien o pu o:
se despa ama en de edo el cho o de pin u a, así, cual luye la oz ele-
ada. En cie a medida, las con o siones de la pena que ambos pin o es
compa en en sus imágenes con ie en al espec ado en un nue o suje o
del dolo , un oyeu insu ible que asis e al espec áculo de la a licción del
o o, espec ado que, obsceno, con empla los pingajos que colgados exhi-
ben las en añas, las eneg idas hondu as po las que a eces b o an las
no as de sang asa. Nos eco daba en cie a ocasión Jean Clai que aguje o,
o i icum y hueso, el ‘os’, son palab as que su gen de una misma aíz la ina.
El aguje o de las a pille as milla escas menciona á el cue po, o eciendo
así su pe o ada isión de las he idas de los mu ilados, los lace ados, los
excluidos: aquello que ya no iene luga en el mundo. Oquedad, ambién,
quizás como e ocación de la cue a, ca e na aguje eada del Cenobio de
Vale ón, luga mí ico de la cul u a guanche. Daliniana cue a blanda agu-
je eada cual queso de g uyè e.
Había llegado el siglo ein e, y alejada la ep esen ación de los mi os
clásicos, el mundo se puebla de desespe ación y de desechos, de igu as
que se si úan en e lo g o esco y lo espe pén ico. El nue o Museo con-
empo áneo ansi a así desde los nobles sen imien os eligiosos, amo osos
o mí icos, que cub ie an sus pa edes decimonónicas a la ep esen ación
del dolo insopo able o lo que es lo mismo: la pena se á una nue a y o a
belleza con empo ánea, se á la “ ealeza sec e a”, que desc ibi á ambién
Gene 57. Es a se ía la con es ación a la di icul ad de la lí ica después del
Holocaus o: la nue a poesía, - espondiendo a Ado no-, as los campos
de concen ación, se ía la poesía del dolo . La misma que, a su ez, había
a icinado la ie a baldía elio iana cons a ando que la mi ada, en el siglo
ein e, queda ía poseída po la ep esen ación de lo in o me y mons uoso.
57 Ibíd. p. 44.

49
Cuelgan los cadá e es
Elogio del desconsuelo, de la desespe anza p oducida po el apa amien o
de lo que con encionalmen e se conside aba ‘humano’, es la b u al ans-
o mación que conside a que la ilusión del espacio pic ó ico ha dejado paso
a la más honda e lexión sob e un nue o obje o del a e. Jun o a Milla es
y Bacon, hab ía que ci a aquí a o os nume osos pin o es que, mediado
ese siglo ein e, asis i án a la p og esi a des ucción de la ep esen ación
humana, y eco da en es e pun o (han sido eco dados sin ci a los en es as
líneas), a algunos de ellos: Appel, Dubu e , Fau ie o De Kooning.
Sin duda, la imagen de los dos se es colgados, que celosamen e gua da-
ba en e sus ecue dos pe sonales Manolo Milla es, u o que ememo a le
la his o ia del homb e, mas ambién la del a e y la a acción del ho o
que en su in ancia le habían p o ocado los “Desas es de la gue a” (1810-
1815) de Goya. En con esión p opia, una de las p ime as emociones es é-
icas que deja an huella en su memo ia, as halla el lib o en la biblio eca
amilia 58. Exp esión del ho o en pa ajes ye mos, concen adas las imá-
genes en los sucesos: “Las imágenes de Goya lle an al espec ado ce ca
del ho o . Se han eliminado odas las galas de lo espec acula : el paisaje
es un ambien e, una oscu idad, apenas es á esbozado. La gue a no es un
espec áculo. Y la se ie de g abados de Goya no es una na ación: cada
imagen, cuyo pie es una b e e ase que lamen a la iniquidad de los in a-
so es y la mons uosidad del su imien o in ligido, es independien e de las
o as. El e ec o acumulado es de as ado (…) el a e de Goya, como el de
Dos oie ski, pa ece un pun o de in lexión en la his o ia de la a licción y
los sen imien os mo ales: es an p o undo como o iginal y exigen e”59. Así,
58 En Las Palmas, el año 1933, la amilia Milla es muda a una casa en la Plaza de San An-
onio Abad en donde el a is a iene sus p ime os ecue dos inculados al a e: “de aquí
mis p ime os ecue dos de mi conciencia a ís ica. Me paso g andes a os iendo unos
lib os de “Museos amosos de Eu opa” que en onces había comp ado mis pad e ( enía
en onces sie e años) (y) un omo de la Edi o ial Labo sob e a e i aliano. En cuan o a
la pin u a española, andaba aspando al Goya de los Fusilamien os y, en especial, el an
impo an e lib o de los agua ue es “Los Cap ichos” y “Desas es de la gue a” edi ado
po Espasa-Calpe, que an honda huella me dejó”. Manolo Milla es, “Manolo Milla es.
Memo ias de in ancia y ju en ud”, op. ci , p. 31.
59 Susan Son ag, “An e el dolo de los demás” (2003), Penguin Random House, Ba celona,
2014, p. 58
50
Al onso de la To e
los goyescos g abados de aho cados como “Tampoco”, “Du o es el paso!”,
“Fue e cosa es!” o “Po qué?”, o las es ampaciones cuya emá ica son los
ejecu ados ol e ían sin duda a su memo ia60, al e el ges o de Cla e a.
Es segu o ambién que pudie a e las ilmaciones dis ibuidas po los
no icia ios de la época, en las que se e a la mul i ud apiñada, agi ada y
son ien e, en o no a la masa de cadá e es en Lo e o. Vengados, an es de
se colgados, mue e sob e la mue e e e na, Duce y Cla e a yacen exan-
gües en el amasijo donde se apilan o os quince cue pos.
De nue o humanos, y con empo áneos “Desas es”61.
G andes y pequeñas mise ias y desg acias de la gue a, en palab as de
Jacques Callo . Es 1633 y su g abado “L’a b e aux pendus” mues a sus
desdichados colgados pendiendo de un cas año, como in elices u os sus-
pendidos en el á bol62. Una ein ena han sido suspendidos, aquel asciende
la escale a, o os cuan os espe an la ce eza de su sue e jugando a los da-
dos. El cas año de Callo e oca á la pé gola de Lo e o, amas huesudas y
bajas, onco g ueso, es uc u a pa a suspende los cue pos63. Los espec a-
do es de la Gue a de los T ein a Días, como en la plaza de Milán, claman
60 Como los i ulados: “Y no hay emedio” o “Qué hay que hace más?”, “Es o es peo ” o
“G ande hazaña! Con mue os!” .
61 “Pa a eso habéis nacido”, “Se ap o echan”, “En e a y calla ”; “Se á lo mismo”; “Tan o
y más”; “Es agos de la gue a” o “Mue os ecogidos”.
62 Esc ibía Callo al pie de es e g abado: “À la in ces oleu s in âmes e pe dus. Comme
ui s malheu eux à ce a b e pendus. Mon en bien que le c ime ho ible e noi e
engeance. Es lui-même ins umen de hon e e de engeance. E que c’es le des in des
hommes icieux. D’ép ou e ô ou a d la jus ice des cieux”.
63 “Un ieux chêne don on n’ape çoi que le onc e les b anches basses, occupe le milieu
de l’es ampe. Un g and nomb e de mal ai eu s y son déjà a achés. Celui qui se ou e
su l’échelle, en e les mains du bou eau, se a sui i de beaucoup d’au es qui a enden
leu ou . Deux de ces misé ables jouen aux dés, su un ambou , au pied même du
chêne où ils on ê e pendus”. Édoua d Meaume, “Reche ches su la ie e les ou ages
de Jacques Callo -Deuxième pa ie (les œu es p o anes)”, Jules Renoua d, Pa is, 1860,
pp. 265 à 270.
51
Cuelgan los cadá e es
b u ales, deseosos de jux, al ededo de la ies a iolen a. En los dos casos
el ho o con iene como mo aleja la insaciada sed de jus icia. Se á lógico
si pensamos que el ma i ologio, la c uci ixión o las ma anzas de inocen es
se hallan en el cen o de la iconog a ía occiden al con undiéndose, como
un ac o de e más. Así has a nues os días.
Jacques Callo . “L’a b e aux pendus” (1633) en “Les Misè es e les malheu s de la gue e”,
Is aël Hen ie , Pa is
De los álamos del su , can aba Billie Holliday, penden ex años u-
os64.
Milla es deja á cons ancia de la conmoción causada po su imagen, la
de Beni o y Cla e a hallada en las enciclopedias sob e la segunda g an
64 “Sou he n ees bea s ange ui , / Blood on he lea es and blood a he oo , / Black
bodies swinging in he sou he n b eeze, / S ange ui hanging om he popla ees”
(“Los á boles del su acogen ex años u os, / Sang e en la hojas y sang e en las aíces,
/ Cue pos neg os balanceándose po la b isa su eña, / Ex años u os cuelgan de los
a bó eos álamos”). Abel Mee opol (1903-1986), con el seudónimo de ‘Lewis Allan’, c.
1936.
52
Al onso de la To e
gue a65, ealizando un conjun o de dibujos sob e es e asun o. En ella se
ep oduce un conmo edo ex o de P imo Le i, “La casa de los mue os”,
que u o que imp esiona a Milla es66.
Po eso, no queda á dudas de a qué se e ie e cuando e ique e los ca-
dá e es, o ulando su nomb e sob e ellos. E ique as de las que ealmen e
ca ecían los cadá e es y que pa ece se así la ecomposición milla esca
de la his o ia. Consis en e en o o ga les el mismo a o que a un a do:
el núme o a uado como a los p isione os de los campos. Allí, el homb e
indi idual e a bo ado. Su os o no halla ía espejos en los que encon a -
se, como nos ecue da Le i y en e los obje i os del campo de ex e minio
es aba el bo ado de la iden idad que, con e ida en un núme o, es insc i a
en la muñeca. La e ique a que pende en el ai e de Cla e a, las le as o-
uladas sob e los cue pos, de uel en la necesidad del es imonio. E a, sin
duda, la exp esión pe sonal del duelo milla esco, su deseo, an mo al, de
deja cons ancia de los cenagales a los que la humanidad ha sido abocada.
A sabiendas de que la elación en e los dioses y los humanos se ha mos-
ado siemp e a a és de las imágenes, la con e sión de es as en esca nio
dolo oso, en máquina del dolo , p ocede así a clama a aquellos dónde es á
su absolu o y bene olen e pode . Milla es con e i á su ob a en el ecue do
necesa io de un apo a ismo: la mención a la ho o osa eología del dolo
que su ca como un ho ible espasmo el siglo ein e. El ho o , consus an-
cial a la exis encia del géne o humano, nunca había sido di undido con
al sencillez. Y los álbumes milla escos, conse ando las imágenes. ¿Pa a
qué noso os son esas imágenes?67.
65 Una de las g andes uen es de inspi ación documen al de Milla es se ía la ilogía:
“G an C ónica de la Segunda Gue a Mundial”, Selecciones del Reade ’s Diges (Ibe ia),
Mad id, 1965, que se hallaba en su biblio eca, o igen de algunas de las imágenes de sus
ob as. La o o de los Mussolini en Lo e o se hallaba en la p. 354 del Vol. III.
66 En Ibíd. Vol. II, pp. 185-195. Ex ac ado de P imo Le i, “Si es o es un homb e” (Giulio
Einaudi, To ino, 1958), op. ci .
67 Como ya se ha señalado, uen e de inspi ación documen al de Milla es se ía la ilogía:
“G an C ónica de la Segunda Gue a Mundial”, op. ci . de ahí p oceden las que siguen.
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úneles. / Po más que a la azón se le ponen candados / la ausencia del
poe a se conoce po nada. / La mañana cojea y el ai e se ex a ía. / No
hay ola que descub a ácilmen e una playa. / La sang e pone un mu o de
uego an e los ojos / pa a impedi que el homb o sos enga el i mamen o. /
Se pasan de la aya las aguas de los íos / y el mon e no espe a la on e a
del é igo. / El campo es hoy más é il que nunca po que abona / su
co azón la mue e del poe a más al o. / La o men a se apa a pa a que
pase el puño / geni o de la u ia que no iene elámpago. / Nada iene
sen ido después de los dispa os. / Ni la plan a espi a pa a calma la sed. /
El sol no se a en u a po la calle homicida / ni en una sola o illa la e dad
hace pie. / Pe o el u o dila a la co eza e es e / y el pez ompe la du a
supe icie del agua. / No impo a que pa ezca la ciudad an oscu a. / La
cla idad no puede mo i asesinada”75.
La c uci ixión, es sabido, e a una de las p eocupaciones picassianas,
ememo adas a a és de los es udios del “Gue nica”, como puede e se en
el lib o de Juan La ea76. Y en la e lexión que Picasso hizo, an in ensa,
sob e el C is o de Velázquez. Mas, sin emba go, un Milla es más del siglo
ein e que el ya an iguo Picasso, se ap oxima á al mundo de las c uci ixio-
nes de F ancis Bacon quien, a su ez, pa iendo de la in luencia picassiana,
pin a a algunas de las suyas allá po 193377. Es sabido que pa a Bacon la
iolencia no e a más que un p oceso na u al padecido ya en sus p opias
ca nes. Desde la in ancia “se había habi uado a i i en la p oximidad de
di e sas o mas de iolencia, y odas le habían escandalizado: la iolencia
mili a de su niñez i landesa, y la b u alidad de sus p ime as elaciones
con los mozos de cuad a de su pad e, la iolencia emocional de su ida
en el Be lín de Weima , en el Pa is de los años ein a y en el Lond es de
75 Ibíd.
76 Juan La ea, “Gue nica”, Cu Valen in, New Yo k, 1947-Cuade nos pa a el Diálo-
go-Alejand o Finis e e, Mad id, 1977.
77 Nos e e imos a “Th ee s udies o Figu es a he Base o a C uci ixion” (1933).

65
Cuelgan los cadá e es
la gue a…; así y odo, su mi ada iba más allá de la iolencia bélica ‘pa a
ec ea la iolencia de la p opia ealidad (…) la b u alidad de los hechos’.
Aunque las pin u as con empo áneas basadas en el dolo y en las he idas
in luye on en sus imágenes, lo que él buscaba e a c ea un mani ies o
uni e sal ace ca del su imien o del homb e (….) su c eencia en la mo -
alidad absolu a del homb e sin posibilidad de edención”78. Algunas de
las c uci ixiones de F ancis Bacon ememo a án su pe manen e mención
a la sinuosa “C uci ixión” ealizada po Cimabue allá po el siglo ece.
Pa a aquel pin o , la C uci ixión es conside ada un ema uni e sal, “un
espléndido a mazón del que puedes colga oda clase de sen imien os”79,
una simbología capi al pa a aba ca cie as cues iones del sen imien o y
de la conduc a humana.
Bacon e a conscien e que las di e en es c uci ixiones ealizadas a lo
la go de su ayec o ia, o i icios y ca ne sanguinolen a, e an símbolo de la
exis encia humana, p oduc o de una in ensa y angus iosa e lexión en la
que ampoco se esqui aba su sexualidad. En Milla es, las e lexiones sob e
homúnculo y c uci ixiones han de conside a se unidas, desde su p ime a
de 1950. Mención a la imagen de un pe sonaje que pa ecie a asido in ex-
emis a la supe icie pic ó ica, -“Homúnculo Lau eado”, i ula á una de
sus ob as de 1962- es el o nado po la co ona del Lau el, el Lau us nobilis
de Apolo, colgado y ex enuado. Vani as del ic o ioso, símbolo de la glo ia
a quien le ue a o o gado un símbolo de inmo alidad, la ama del á bol
elogiada po Plinio, capaz de p esen i sucesos. Fáb ica de mons uos, el
homúnculo es su mues a, eco ida po el a e de nues o iempo. Un
a e que, desde las an iguas ep esen aciones del cue po, halló en el siglo
ein e la posibilidad de es udio de sus lími es y con ines, en e lo sec e o
y lo sag ado.
78 And ew Sinclai , “F ancis Bacon. Su ida en una época de iolencia”, op. ci . pp. 109-
110.
79 Da id Syl es e , “En e is as con F ancis Bacon”, op. ci . p. 43.
66
Al onso de la To e
La C uci ixión es símbolo de la soledad humana: la igu a de C is o,
señala á Bacon, “se ele a a una posición muy des acada y muy aislada, y
eso, desde un pun o de is a o mal le da más posibilidades que si odas las
dis in as igu as es u iesen si uadas al mismo ni el. A mi juicio, la al e a-
ción de ni el es muy impo an e”80. Es cu ioso ambién señala cómo Ba-
con pin ó en ocasiones la igu a de C is o como la de un homb e colgado
al modo de un co de o expues o en una ho ipilan e ca nece ía. Hablando
en el lenguaje milla esco pod íamos deci que Bacon había pin ado una
“An opo auna”. Así lo hace, po ejemplo, en su c uci ixión del Museo
Guggenheim81 en la que un amasijo de ca ne pa ece deshace se desde la
pa e supe io en que se suspende has a el suelo en que yace, casi con as-
pec o de de e i se. Pues a en p ác ica e ec i a de esa con usión co pó ea,
animal y humano, o u ado y colgado, ca ne y cadá e , c udo y cocido,
que había sub ayado Bacon. T as los cue pos pendiendo de “Pe acci” y
“Mussolini”, como los e ique a Milla es en sus dibujos, uel e la mención
a la c uci ixión: cue pos colgados, suspendidos de las ex emidades en una
es uc u a. E ocación del San Ped o que pin a a Ca a aggio.
En 1959, Milla es ue uno de los ece a is as que pa icipó en una de
las exposiciones más ele an es celeb adas sob e a e español82 en Pa is, en
80 Ibíd. p. 46.
81 “Th ee S udies o a C uci ixion” (1962), Guggenheim Museum, Nue a Yo k.
82 Musée des A s Déco a i s, La jeune pein u e espagnole-13 Pein es espagnols ac uels, Pa is,
20 Mayo-30 Junio 1959. Exposición amada y epudiada po And é Mal aux, pues si he-
mos de segui las palab as de Manuel Ri e a, él ue la igu a é ica que inspi ó el abando-
no de las euniones in e nacionales de nues os a is as de angua dia. “En o os luga es
hemos ci ado la impo ancia de la con e sación que Ri e a man u o con And é Mal aux
en Pa is en 1959 y que pa a el g anadino es u o en el ge men de la disolución de “El
Paso”. Mal aux aconseja ía a Ri e a no segui pa icipando en las exposiciones g upales
que, al cabo, suponían mos a una ca a amable del o o es a us polí ico impe an e”,
Al onso de la To e, “Ca álogo azonado de pin u as de Manuel Ri e a”, Dipu ación
de G anada y Fundación Azcona, Mad id, 2009. El Minis è e des A ai es Cul u elles
ancés ue c eado el 3 de eb e o de 1959, si bien su acción o icial como minis o, Mi-
nis e d’é a cha gé des A ai es cul u elles, u o luga en e el 17 de no iemb e de 1959
y el 19 de no iemb e de 1968. Fuen e: Asamblée Na ionale F ançaise.
67
Cuelgan los cadá e es
el Pa illon Ma san del Musée des A s Deco a i s, en el mismo edi icio
del Musée du Lou e en la ue de Ri oli. Uno de los c í icos pa isinos
que i mó la eseña, obse ó p ecisamen e el “des en amien o” de sus
elas, el ai e de ca nice ía de las a pille as esca la as mos adas en el Mu-
seo de A es Deco a i as: “Manolo Milla es é en e ses oiles, les cha ge
de plâ e e les souille d’éca la e: cela ien de la bouche ie e du champ
opé a oi e”83. Conocemos las imágenes de a ios de los cuad os que es u-
ie on p esen es que e an algunos de los más o u ados de la p oducción
del pin o cana io, como sucedie a con el “Cuad o 54”84 ememo ado del
83 “M. T.”, “Dans les gale ies”, “Le Pa isien”, Pa is, 25/V/1959.
84 Al onso de la To e, “Ca álogo Razonado Pin u as. Manolo Milla es”, op. ci ., nº ca .
136, il col. p. 170. Colección Fundación Suñol, Ba celona.
Manolo Milla es. “Cuad o 54”. 1959
Técnica mix a sob e a pille a. 150 x 200 cm.
Colección Fundación José I. Suñol, Ba celona (1975)
68
Al onso de la To e
épico “Ma i io de San Felipe” (1639) de Giuseppe de Ribe a, an as eces
is o en nues o P ado, b azos explayados, descoyun ados y de la gu a
imposible, a ados a la c uz, mien as implo a al acío celes ial en el que
yace su abandono. “Nue a a monía”, “nue a belleza”, esc ibía A eán jun o
a la ilus ación de o a de las ob as expues as en Pa is85.
Algo que ei e a ambién el a is a cana io al mos a e ocaciones
co pó eas, a eces a pun o de desgaja se, asomando el bas ido con su
du eza, con su decla ación de acío. Y con su cla a e ocación de c uz, a
a és de su lígnea ma e ia. Las composiciones donde es explici a la o ma
de c uz abunda án en su ob a. Algunas se con e i án, p ác icamen e, en
un mode no e ablo abs ac o. Es el caso de ob as como el imp esionan e
“Obje o neg o” (1968-1969), íp ico de eno mes dimensiones cuyas dos
piezas la e ales mues an la desnudez c uci o me de los bas ido es pin a-
dos de neg o. En su elemen o cen al, con a pille a abul ada ya, una c uz
pin ada. Es e ipo de composiciones sin duda supond án la ep esen ación
del humano su imien o, alejado de o na o y ado no: la desca nada c uz
85 Ca los An onio A eán, “Vein e años de pin u a de angua dia en España”, Edi o a
Nacional, Mad id, 1961, il. b/n nº 83, s/p p. 276.
Manolo Milla es. “Obje o Neg o”. 1968-1969
Técnica mix a sob e a pille a. 154 x 455 cm. T íp ico
Colección de A e Con empo áneo de Pa imonio Nacional (1987)
69
Cuelgan los cadá e es
de la co idiana a iga. Así sucede á en ob as como “Cuad o 166” (1961);
“Cuad o 170” o “Cuad o 179” (1962).
No es casual que Lo ca uese asun o del, ya ci ado, dibujo de Milla-
es. El poe a enca naba a la pe ección el p o o ipo de eso que ambién
na ó Jean Cassou e i iéndose a Picasso: las soledades gongo inas, que el
hispanis a en iende consus anciales al e dade o c eado hispano. Poe a
he e odoxo, de is eza incon enida incluso as la música de algunas de
sus imas, homosexual y zumbón, he e odoxo en iempos complejos. An-
ces o, Lo ca en Nue a Yo k, de los poemas de O’Ha a, algunos de sus
elogios del ébano del neg o ecue dan los e sos que el conse ado del
MoMA esc ibie a a la ho a de come , e ocando la agi ación del ánsi o
de las calles neoyo kinas. Emblema de su inal, la hispana y solanesca
c uci ixión, es el símbolo elegido po Milla es ese 1950 pa a ememo a al
poe a g anadino. Con ocasión de la exposición pa isina de 1959, F ançoise
Choay, una de las pe sonas que mejo conoce ía la ob a milla esca, seña-
la ía en “F ance Obse a eu ”: “Dans les g andes oiles de Milla es, c’es
l’Espagne de Lo ca qui nous p end à la go ge, sans dé ou : la oile b u e
cou u ée de cica ices où s’a on en le noi e le blanc, c’es la mo au
soleil c u qui e use ou e omb e e laisse place seulemen au dilemme e
au con as e”86.
Siguiendo la a i mación de Jean Cassou, es posible comp ende cómo
la soledad se encuen a en la hondu a del genio y ese concep o es unda-
86 F ançoise Choay, “T eize pein es espagnols”, “F ance Obse a eu ”, nº 476, Pa is, 18/
VI/1959. En 1973, esc ibi ía Choay sob e Milla es, con ocasión de la exposición-home-
naje a es e a is a, en onces ya allecido: “Celle d’un des a is es majeu s de ce emps.
Ca ce ê e blond e agile laisse une œu e acassan e. Mais sans concession - ou e de
noi e de blanc (double leçon de l’Espagne e des Cana ies), qui dans les o sions e les
ous de la oile, célèb e le deuil de l’humani é. Momen e igineux dans l’his oi e d’un
a qui es au bo d de se pe d e. En se se an des ma é iaux les plus humbles, Milla es
écupè e e dépasse la g ande adi ion exp essi e du ba oque. Manolo Milla es é ai un
g and pein e que d’au es géné a ions app end on à connaî e. L’ami me eilleux, le
compagnon des longues soi ées e des discussions sans in su l’a , la poli ique e aussi
ses deux passions: l’a chéologie e le cinéma, nous l’a ons dé ini i emen pe du (…)”.
F ançoise Choay, “Il a ai qua an e-sep ans” (Tex o en el ca álogo de la exposición en
la Gale ía Juana Mo dó, Exposición Homenaje a Manolo Milla es, Mad id, 11-27 Ene o
1973), Mad id, 1973, p. 8.

70
Al onso de la To e
men al pa a comp ende la p o undidad de algunos de nues os g andes
c eado es. Sólo los a is as de mayo alla son capaces de inspi a esa im-
p esión, an desca nada, de soledad. A is as econocidos, que goza on en
ida de dis inción pública: di usión de su ob a, publicaciones, amis ades,
pe o en los que, sin emba go, p e alece la sensación de se a is as ab up-
os, dis an es del mundo. Ése es el exac o sen ido de una ase que epi e
con ecuencia El i e a Escobio, su iuda: ‘e a la pe sona que he conocido
que se omaba la ida más en se io’. La desc ipción de un homb e que
caminaba, soli a io, al ma gen de las cosas, mi ando de soslayo lo con en-
cional y, po an o, quedando a un lado. Ése es el sen ido del oma se la
ida en se io que desc ibe El i e a. Aun en los momen os de p oximidad
amilia , de e ulia con los amigos, end á siemp e un deje e aído e
in ospec i o, esa mi ada lejana y aga que se ap ecia en sus e a os y que
es acen uada po la in ini ud de sus ojos cla os.
El i e a ob iaba una anécdo a. Mediados los sesen a, Manolo Milla-
es isi a, acompañado po Pepe Dámaso, su pueblo na al g ancana io:
Agae e. Días de amis ad, en las o og a ías que han quedado hay un ai e
de ju enil elicidad. Te i o io mí ico del alle de Agae e, in incado y
é il, de luz neblinosa su cada del e do de guayabos y pinos, espacio
aca iciado po un umo de leyendas87. Tie a de la cu a de la ube culosis
en la ob a de Alonso Quesada. Es la pa ia guanche, luga donde mucha
de la his o iog a ía cana ia ha ubicado las p omiso ias hazañas de los
caudillos guanches. Valle de sang e en la memo ia de la his o ia an igua,
mas ambién luga de agedias en los años de la con ienda ci il, muy
en especial en 1937. Suben al Roque de Agae e, luga de pe eg inación
habi ual del pueblo, y en cuya cima, de esca pado acceso, hay una eno me
c uz plan ada. Milla es, an e la cáma a de F ancisco Rojas Fa iña, se ele a
en la c uz y con o siona d amá icamen e su cue po. Él, como nadie, conoce
la composición necesa ia, el esco zo, ec ea la igu a dolien e que desde la
87 En ese alle ha odado Dámaso a los an asmas decimonónicos de “La Umb ía” (1975),
p ime a ob a de una ilogía, me gus a deci , de dos películas, que conclui ía con “Ré-
quiem pa a un absu do” (1980).
71
Cuelgan los cadá e es
ie a pe umada po las copas de los pinos se e ige hacia las pesadas nubes
del Roque agae ense, iendo e igi se al Teide.
Rememo a la o sión de los “Homúnculos” que du an e años ha pin-
ado o más bien esculpido, en odo caso c eado al modo del “Faus o” de
Goe he con a pille as e hilos. A eces añadiendo es os: ubos, la as, a-
pas, zapa os… Du an e oda la ida a ís ica llena á sus cuad os y dibujos
de c uces. P ác icamen e, a pa i de los sesen a no hay año en el que no
componga algunos de sus cuad os añadiéndole la pin u a de una c uz.
A pille as a a esadas po las c uces de las cos u as u o as en las que la
p esencia lígnea de los bas ido es e oca la c uz. C uces dibujadas como
en ese ex ao dina io cuad o-cuad ado neg o de los se en a, 1971, que
Roque de Agae e. Milla es, c uci icado, con Pepe Dámaso a la de echa.
El i e a Escobio al pie.
Fo og a ía: F ancisco Rojas Fa iña. Co esía de Pepe Dámaso.
Agae e, G an Cana ia, c. 1964
72
Al onso de la To e
hemos is o a Milla es pin a , o og a iado po los Blassi, as su p ime a
ope ación, ya con el c áneo ecosido. Espacio o almen e neg o, en cuyo
ondo eme gen las cos u as c uci o mes de la sa ga, y en cuyo cen o se
ins ala una c uz blanca y apenas unos pun os suspensi os. Es sep iemb e
de 1971 y Milla es mo i á casi un año después. Las c uces se án mo i o
ecu en e en su ob a.
Insis encia en el símbolo eligioso, algo que no es ex año si pensamos
en la p esencia de Manolo Milla es en el Museo del P ado, nues o museo
inspi ado de an os de los pin o es de “El Paso”, eco dadas las isi as
ambién po su he mano Agus ín cuando suceda el óbi o del pin o de las
a pille as88. Y obligada mención a Velázquez, el pin o de los bu ones, de
los enanos, de los in e io es en inquie a penumb a iluminados po la luz
de una di e en e consciencia: “en es o apa ece la iluminación y la labo del
a is a, -esc ibió Juan-Edua do Ci lo - capaz de ans igu a los ma e iales
más he idos y desas osos, como cuando Velázquez ennoblecía los asun os
y pe sonajes de aspec o menos noble, según el dic amen de cualquie es-
é ica, o icial o an io icial”89.
88 “Tú lo quisis e he mano / Sólo ecue do el año / De aquel día inexac o / Hilos in isi-
bles guías del espacio / Nos lle an po las salas del Museo del P ado / De epen e pensé
aquí al a algo / Ausencias que olaban como pája os / Hicie on de pa én esis de mis
pá pados / Dónde los sacos / Que cosie on las agujas de us manos? / Dónde el ejido
iéndose inundado / Po el ojo y el neg o del o o ac ibillado / En e mu os de aplau-
sos? / Dónde las pin ade as del Ba anco de Balos / De la Cue a Pin ada del mal a ado
gánigo? / Después en e el escándalo / De la calle p oseguía g i ando / G i ando más
que nadie saliéndose del cuad o / De aquel su au o e a o / Goya don F ancisco de /
siemp e el más iolen o / Es e es hoy mi ecue do del Museo del P ado / Y no pienso
cambia lo”. Agus ín Milla es, “Del lib o ‘Función al ai e lib e’”, (Tex o en el ca álogo
de su exposición en la Gale ia Vegue a, Milla es, Las Palmas de G an Cana ia, 1-31
Sep iemb e 1975), Las Palmas de G an Cana ia, 1975.
89 Juan-Edua do Ci lo , “El Paso”, Gale ia L’A ico, Roma, 16/X/1960.
73
Cuelgan los cadá e es
Reco demos que pa a el a is a cana io el homb e es siemp e un o -
u ado, un empalado, una momia, como eco daba Ci lo 90. Un cue po,
una piel ume ac a, a la mane a de Egon Schiele. Y Milla es es C is o, en
la esceni icación del Roque agae ense: su cos illa de delgadez ex ema se
90 “(...) una abs acción exci ada po el pa hos exp esionis a, y una neo igu ación a eba ada,
en la que el homb e es siemp e un c uci icado, un empalado, un o u ado, de no se
una momia inmemo ial”. Juan-Edua do Ci lo , “Milla es y la “mue e del homb e”", “La
Vangua dia”, Ba celona, 4 de julio de 1968.
Manolo Milla es. Fo og a ía He manos Blassi, 1971
Reco e de p ensa e ocado po Milla es: “C ied I aqi’s Educa ion Minis e Jabi ”
Fo og a ía p oceden e del álbum-es udio de Manolo Milla es.
Co esía de la amilia Milla es.

81
2. ¿ Cómo ep esen a el cue po as el
Holocaus o ?
Reco e de p ensa e ocado po Milla es
Fo og a ía p oceden e del álbum-es udio de Manolo Milla es.
Co esía de la amilia Milla es.
La e ocación que hicie on los he manos Milla es de la “he ida os-
cu a” de Lo ca, a a és de su colabo ación en la edición del poema io
“C uci ixión”95, es la ememo ación del homb e apuleado. Temp ana y
95 Fede ico Ga cía Lo ca, “C uci ixión”, op. ci .
82
Al onso de la To e
alien emen e pa a la España de mil no ecien os cincuen a mas, ambién,
pa a unas du mien es Islas Cana ias. Alejadas, p o undas Cana ias, azu-
zadas po la his o ia hispana de un modo casi secula , cas igadas. Bien
e a adas, su ida es echa, las inquinas de los alles, el languidece de
sus habi an es, su iempo ci il ecien e, la di icul ad del i i dis in o, po
su amigo José Dámaso en la película “Réquiem pa a un absu do” (1980)96.
C uci ixión. Esca nio del se colgado cuyo des ino no es o o que el
hado coba de e i enunciable de quien, abandonado de su sino, an sólo
espe a el sabido y c uel inal. Se á ememo ado po Milla es en su se ie
con el í ulo, a eces sub í ulo, de ‘homúnculo’, que el a is a comenza á
a ealiza incesan emen e ocho años después a la edición del “Planas de
Poesía” an es mencionado. Pues, pa ecie e que e ocando el abajo se ial
del admi ado F ancisco de Goya, se á como el pin o cana io o ezca su
abajo, casi emá icamen e, al un medio e icaz de abaja los dis in os
aspec os de cada uno de sus análisis. Así sucede á con capí ulos de su a-
bajo con enunciados p opios: homúnculos, homb es caídos, O inoco y las
p o undidades, los animales del desie o, an opo aunas y neande halios.
C uces, c uci ixiones, homb es colgados, somb ajos…¿mas, a qué ‘c u-
ci icado’ dedica ían los he manos Milla es Sall su ecupe ación del poema
lo quiano ex a iado a Miguel Bení ez Inglo y hallado en los cincuen a?.
No quedaba duda pues los Milla es lo e ie en sin ambages mas muy en
oz baja, -en la solapa del lib o, con aspec o disc e o y en le a menuda-,
cuando mencionen “es e momen o d amá ico del mundo” y “el dolo del
homb e y la injus icia”. D ama y dolo que no sólo son del mundo ‘és e’,
ci cunsc i os al alo “aho a”, sino que, con más hondu a, son la alusión
96 Como se señaló en no a an e io , as “La Umb ía” (1975), Pepe Dámaso p esen ó en
1980 su segunda película, “Réquiem pa a un absu do”, ambien ada en el Agae e de la
pos gue a ci il hispana, en o no al as ixian e mundo que odea a su p o agonis a: ho-
mosexual y suicida. Dámaso decla a ealiza una película con una “a mós e a su eal”
median e la cual ensaya ía “una especie de ca a sis pa a libe a me de algunos de los
an asmas de mi ju en ud, an asmas que con igu a on aquel pa é ico absu do de e-
p esiones, engaños, doc inas eden o as y pe secuciones sis emá icas con a odo el que
ansg edía los alo es mo ales y sexuales es ablecidos...”. Claudio U e a, “En e is a a
Dámaso (en o no a ‘Réquiem pa a un absu do’)”, “Cinema 2002”, Mad id, Junio 1980.
83
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
a la congoja des ilada po el p opio exis i . Es el dolo , esc iben, de “mi
p opio cue po y mi p opio pensamien o”. Tiempo po an o de deja lejos
“la za andaja de la poesía pu a”. Reino de es e mundo sí el del dolo , pe-
sa del aquí, llan o po el ‘aho a’, no es acep able el aslado de la casa del
a is a “a las es ellas”97.
Milla es ealiza ía, a pa i de 1958, cua en a y cinco cuad os con
el í ulo de “Homúnculo”98 y a ias pin u as más en las que el asun o
segui ía siendo el mismo. El í ulo pe du a á, iajando du an e oda su
ayec o ia pic ó ica madu a, desde esa echa has a los úl imos cuad os de
los se en a, incluso acompañando -a modo de sub í ulo- cie os cuad os
de su se ie inal “An opo auna”.
¿Empe o cuál es la no a dis in i a de la composición de los “homún-
culos”?.
Los homúnculos son cuad os de composición po lo gene al c uci o me
en los que el cosido o plegado de la a pille a, en muchas ocasiones con as-
pi ación de olumen, emula una isión co pó ea. La igidez de la a pille a,
as la aplicación de los pigmen os, coadyu a en o o ga la e ocación del
ígo mo is. Una i an ez, la de la sa ga, que pod á se suda io, e oca la
ela que cub e el cue po al inal mas, po con a, cu iosamen e, Milla es
se á capaz ambién de con e i la a pille a en blanda supe icie, agi ada
espuma, o o a, cuando e oque las aguas hondísimas del “Humbold en el
O inoco”. O yu e mudado en luido denso, ma obscu o, cuando ecue de
las p o undidades abisales habi adas po ex ao dina ios se es de ai e es-
pec al. Y sa ga cual he ida, a pille a al cica iz, yu e moldeado pa ecie e
aca iciando un cue po, o o a pud ide o o al obje o.
97 Todas las ci as de es e pá a o son, ob io es, de: Fede ico Ga cía Lo ca, “C uci ixión”,
op. ci . solapa.
98 El “Cuad o 39”, sub i ulado “Homúnculo”, de 1958, es la p ime a de las pin u as ci adas
que po a es e í ulo. Nos e e imos a a pille as con ese í ulo, excluyendo delibe ada-
men e los dibujos.
84
Al onso de la To e
La igu a homuncula pa ecie e hubiese sido sos enida de uno de los
má genes de la ob a, ecuen emen e del supe io . Fa do-cue po-colgan e,
elogio sac i icial abandonado en la nada de un espacio que, sin emba go,
en ocasiones pa ece sus en a lo exangüe, de los b azos o, cuando no, se
suje o po unas i as, a modo de ex emidad inú il. Pingajo o pelele, en
Apollinai e, el se colgado, el aho cado, es el a cano duodécimo del a o .
Su misión es oca es eces las palmas de los pies pa a ab i el elón del
espec áculo. Es el simbólico compañe o del a lequín des aído que pa ece
espe a nihilis amen e la simbólica íada de palmadas pa a que comience
la unción99. ¡Ah! Y el aho cado y el a lequín, ambos, componen la esen-
cia del ca na al. ¡ Vi a el ca na al, i a la másca a !. Vi a los an asmas,
pues o que uno de los o ígenes e imológicos de “másca a” es “mascus”,
“ an asma”, sin ob ia el á abe “masha ah”: lo que es obje o de isa.
Así, que el a lequín o me pa e, con el aho cado, del espec áculo de
Apollinai e, obliga a eco da la echa del nacimien o de Milla es, un
mié coles 17 de eb e o, en plenas ca nes olendas. Él lo ela a. Es el p ime
pá a o de sus memo ias y, nada banal, la his o ia me eció dos e siones
del comienzo del ex o pa a e e i es a compleja casualidad. Es sabido
que el ca na al es celeb ación que ememo a, a a és de su abundan e
99 El asun o es á e e ido en: Pablo Picasso-Guillaume Apollinai e, “Co espondencia”,
Edición de Pie e Caize gues y Hélène Seckel, Ediciones Viso , Mad id, 2000, p. 43.
Es el poema i ulado “Espec áculo”, emi ido a Picasso el 1/XI/1905. El poema se á
e omado, con modi icaciones, y dos cua e os añadidos, po Apollinai e en “Alcools”,
bajo el í ulo de “C épuscule”.
“Espec áculo.
Con el bosque po deco ado, / En la hie ba en la que se ex enúa el sol, / La a lequina
se ha desnudado / Y en el es anque con empla su cue po. // Desde las ablas, el pálido
a lequín / Saluda p ime o a los espec ado es: / B ujos enidos de Bohemia, / Con hadas,
encan ado es. // T as colga una es ella, / La maneja con el b azo ex endido, / Mien as
que con los pies, un aho cado / Da es golpes, pa a que se alce el elón”.
“Spec acle.
Ayan la o ê pou déco , / Su l’he be où le ou s’ex énue, / L’a léquine s’es mise nue / E
dans l’é ang mi e son co ps. // Su les é eaux, l’a lequin blême / Salue d’abo d les spec a-
eu s: / Des so cie s enus de Bohême, / A ec des ées, des enchan eu s. // Ayan déc oché
une é oile, / Il la manie à b as endú, / Tandis que des pieds, un pendu/ Ba ois coups,
pou le e la oile”. Ibíd. pp. 43-44. T aducción de Lydia Vázquez.
85
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
y compleja simbología, el i o del ánsi o i al. También el delgado hilo
en e ida y mue e. Fies a si uada en e la adus a mi ada del in ie no y
el inmedia o soplo que llega, ubé ima p ima e a. O osí, ememo ación
de la escasa dis ancia que iaja en e la b oma y el llan o, la co edad de
la ida, b e ísima en el caso milla esco y la mue e. Tiempos de elogio
de la isa, esa mueca que, decía Kan , es emoción que nace de la súbi a
ans o mación de una ansiosa espe a en nada.
Ri ual que anuncia el in del ío y el a ibo de la ibieza es i al, las
euniones y las canciones, el ca na al suponía ambién la eanudación de
la ida en Las Palmas, y la uel a al cadencioso umo de los días la guísi-
mos, en e al sol y la a ena calien e de la playa de Las Can e as, epicen o
emocional de la niñez de Manolo Milla es. T as el paso de la con enida
Semana San a, en a ada pasión y ca a ana del neg o lu o hispano, llegan
las euniones ju eniles en su a ena. Tiempos de solaz, deslumb ados po
el cielo que se ele a as la ba a del ma , que con ie e en ada la playa
y amino a el u o del oleaje a lán ico, a la espe a de que la ida aya,
de ini i amen e, en se io. Y cla o que i ía en se io. En e an o el un ún
del imple, can es y alcohol, on y olía, y el cabello neg o de El i e a, casi
niña, ado nado con ge anios, la oz del amo que es ondada a escondidas,
en e in igas y no as en sec e o en iadas. Es el iempo-sin- iempo, la
quie ud de la casa de made a iendo el ma , el espacio mágico del pa aíso
que Milla es bau iza “Jamaica Inn”100, las lec u as de Ma k Twain y los
p ime os dibujos con is as de la playa y el ecino ba io de la Isle a.
1926, el año del nacimien o de Milla es y en el que Valle Inclán publica
su “Ti ano Bande as”. ¡Vi a el espe pen o!, ¡Loa al ca na al!. Ca na al,
es ido y másca a, símbolo y ealidad, ocingle ía de la masca ada en años
100 “Jamaica Inn”, película de Hi chcock de 1939, basada en la no ela de Daphne du Mau-
ie . “A es a casa la bau icé, po habe is o en aquellos días una película en la que había
una casa semejan e, Jamaica Inn (...) desde aquel cua o en el que eposaba -y leía a Ma k
Twain- se eía po la en ana y más allá del mu o de la calle, la playa y el ma ”. Manolo
Milla es, “Manolo Milla es. Memo ias de in ancia y ju en ud”, op. ci . p. 95. Tiempos
de abu imien o y de lec u as p opiciadas po una segunda uel a a la in ancia: con casi
ein e años, la os e ina.

86
Al onso de la To e
que ue on especialmen e simbólicos en las Cana ias de los acon ece es
ju eniles de Milla es y que indudablemen e se ían eco dados pe manen-
emen e, cada año, po la coincidencia con su ani e sa io i al. Cumplea-
ños celeb ados, muy posiblemen e en e los es ejos que se hacían, a du as
penas esos años de la in ancia y ju en ud de Manolo, la década de los
cua en a, en el ba io de la Isle a.
Sub ayada nega i a a elaciona su nacimien o con las ca nes olendas,
aunque lo haga, pues pa a es e a is a se á “pun o y apa e” de una “simpá-
ica i onía”, esc ibi á, signi ica i amen e, cuando ecue de, en la segunda
línea de sus “Memo ias”, es a casualidad que, empe o, ma ca ía su pe so-
nalidad. De la impo ancia del asun o que Milla es despacha, alamen e,
con ine able desdén, da e la exis encia de o a melancólica a ian e ci ada,
más b e e, del inicio de sus “Memo ias”. El asun o enga za más con lo
que e e imos, con el empus ugi : “aleg ía ca na ale a, ¿dónde me dejas-
e?. Pasó el jolgo io y odo se ue: isleños, gui a as y imples, ones…”101.
Ca na al, alego ía del ci co. Espacio de sal imbanquis, colgados y a -
lequines. “T es palmas”, ha dicho el aho cado con sus pies. Y el colgado
es, ambién en la p oducción de Milla es, espec áculo del cen o de su
ob a, ya sea pe sonaje singula u, o o a, masa in o me a modo de suma
de ‘homúnculos’ ahe ojados. Algunas de las composiciones milla escas
e ocan pilas de cadá e es, mon aña-mo ibundia de cue pos. Cue po múl-
iple compues o po cue pos de as ados. Pin a es una des ucción, pa ece
añadi Milla es emedando a su maes o in ocable e in isi able Picasso, el
a is a de quien el pin o cana io pa eció que e despedi se en su e ano
en la Cos a Azul. Como és e, su mons uosa pasión po la c eación se
alimen aba ambién de sac i icios. Pues, al cabo, pin a es una suma de ne-
gaciones y Milla es se en en a además, emp ana y alien emen e, a una
101 “lo de habe enido a es e mundo en una mad ugada de Ca na al me pa ece una sim-
pá ica i onía que yo ag adezco a la casualidad del pa o. Pe o, en hono a la e dad, la
echa no me dio lo que se dice un ca ác e muy di e ido. (Tampoco la apo eada ida
ue incen i o pa a ello). Pun o y apa e”. Ibíd. p. 15.
87
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
cues ión undamen al de la c eación de la segunda mi ad del siglo ein e.
Esqui ada, po cie o, o más bien desp eciada, po la pin u a hispana de
la época: ¿cómo ep esen a el cue po as el desas e?. ¿Cómo mos a la
indi idualidad as los sac i icios en masa y sucesi os desas es de los años
p eceden es?. ¿Cómo da cue po a lo que no había enido os o?.
¿Cómo a on a , en de ini i a, la ep esen ación de lo humano, como
géne o an o como el se indi idual, sólo y desnudo, en la a licción del
espacio?.
Y ¿cómo e e i se, a la pa , a la pasión inhe en e, a la espe anza i e-
duc ible, a la ida, al cabo, de cada uno de los indi iduos?.
Pe seo egala la cabeza de Medusa a A enea. Judi h decapi a al emb ia-
gado Holo e nes. Sa u no de o a la cabeza de su hijo. La es a ba bada de
San Juan Bau is a exangüe sob e, de pla a, la bandeja. Son algunos ecue -
dos, omados casi al aza , de la his o ia de la pin u a. Cuando Dègas se
e a e en 1895 con Renoi y Malla mé, ealizando así uno de los p ime os
au o e a os dignos de da comienzo a la his o ia de la o og a ía a ís ica,
op a á po deja ocul ado su os o, cegado és e po el medi ado e ec o de
la luz de la la ga exposición en e al espejo.
His o ia del a e poblada po cue pos. Vieja pasión del a e és a de
espejos y e a os o, lo que es lo mismo, la de la ep esen ación de uno de
sus elemen os más simbólicos, asun o y me á o a del exis i , como es la
capi ia, la cabeza y el os o que nos con iene, emblemas sup emos que
enca nan la singula idad inapelable de lo co pó eo. Enlazando así con
aquellas a i maciones de Lé inas, ineludible al menciona es e asun o, en
las que elaciona lo inexo able del pa os o-y-su-ul e io -consumación.
Y de ahí se comp ende á la que encia po el e a o que ha a a esado la
his o ia del a e pa iendo, jus amen e, desde la an igüedad egipcia de la
másca a une a ia y cuyo paso siguien e, camino de lo a ís ico, se ían las
imagines maio um, es o es, las másca as mo uo ias ealizadas en ce a po
los omanos luego edimidas po el me al undido.
Po el con a io, algunas zonas de e lexión de las p incipales angua -
dias del siglo XX u ie on p ecisamen e, en e sus obje i os, la aniquila-
ción de la ep esen ación del suje o en el a e, pa ecie e ese ado és e an
88
Al onso de la To e
sólo al juego cons uc o -decons uc o , al in y al cabo amable, del cada e
exquis. Tiempos del iun o de o malismos y abs acciones conducen es a
la elegación de la ep esen ación del cue po.
En e an o, hay sociedades, p incipalmen e de ascendencia inglesa, en
las que la adición del e a o ha pe manecido, in e e ada, casi a lo la go
de los siglos has a nues os días, cons i uyendo museos que aluden a dicha
condición. Impensables en algunas o as sociedades son las denominadas
‘Na ional Po ai Galle y’ (p esen es en ciudades como Lond es, Edim-
bu go, Cambe a o Washing on). Ello pe mi e comp ende la p esencia
allí, casi en los iempos ac uales, de algunos de los g andes pin o es del
cue po. A is as de lo que, gene alizando, llama emos ‘ e a o’, que se
inculan a dichos e i o ios: F ancis Bacon, Lucien F eud o Da id Hoc-
kney son es de los ejemplos más singula es en e los c eado es de nues o
iempo. Sue e de ‘ ese a’ así, de singula e i o io aislado, el e a o, en
un mundo con empo áneo a asado po el dominio de la omnip esen e
abs acción, bajo odas sus modalidades.
La adición del e a o sucumbió, sin emba go, en cie os países que,
como en el caso ancés, simbólicamen e co aban la cabeza al Rey como
emblema de la llegada de los iempos mode nos. Símbolo ambién, la eli-
minación de an singula apéndice, del in de un iempo y que a iba ía
a nues os días con la gene alización de o og a ías impe sonales de los
gobe nan es, ex endidas sob e el e i o io de la llamada ‘igualdad’, escue-
las y cen os adminis a i os, y p oclamando po ende el in de lo ine able
que po a a en onces la pin u a. ‘Pongan p ecio a su cabeza’, eza ía la
búsqueda del o ajido. De modo simila se ha á ambién en o os luga es
cuando se a asen las iglesias: decapi ando a los san os. Símbolo sup emo
és e, la cabeza que po a el os o, desp eciado el cue po común, ca en e
de la singula idad de aquel.
Es la misma cues ión que hace ene a aquella e dade a imagen,
asun o de un os o sanguinolen o en una sue e de nega i o esca la a
y, ambién, es sabido, excelso símbolo c is iano del dolo . Ci adas an es
las másca as une a ias o aho a la e ónica o san a az en los p ime os
es adios del o igen del e a o, eco demos ambos pun os de pa ida de la
89
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
ep esen ación del cue po su gen desde la enca nación de la consolación,
as el deseo de un más allá del lími e de la ealidad inapelable que depa a
el in de los días, la mue e. Es as p opues as a ís icas, consus anciales al
de eni de la cul u a de lo es é ico, an o en O ien e como en Occiden e,
se o iginan en la pues a en pie de un deseo ansiado, mi iga el dolo y la
pena inconsolable de las ausencias.
O as e lexiones eó icas en o no al cue po y el a e de nues o iem-
po han edundado en la di icul ad de ep esen a lo as la iolencia que
sacudie e el siglo ein e y que hicie e del ex enso dominio del eino del
silencio una consecuencia lógica as el padecimien o humano. Y desde
ahí, la ex ensión de la mudez.
A pesa de lo cual ha pe i ido, ambién en nues o iempo, la a ac-
ción, quizás edoblada al modo de un inmenso e o, po ep esen a el
cue po y, muy en especial, los enigmas del os o. Esa silenciosa condición
que po amos y que, mis e iosa e in ans e ible, es ambién un sup emo
signo que nos cons i uye. Ése que nos dis ingue, el que no u ie on o os
y el que no pe du a á en la ealidad as nues a ma cha. Emblema de lo
i emplazable, mas ambién signo de debilidad po su desca ada exposi-
ción al mundo. Es el os o. El p ime encuen o en la elación inapelable
con los o os. Lo absolu amen e ex e io izado, sin ese as ni palia i os,
a los demás, pe o ambién al iempo. A uga o cica iz, e su a o ag ie-
amien o, mudez o son isa, signi icación y desnudez sin a ibu os. Sem-
blan e mos ado, desca nado del es ido, a la agilidad de la in empe ie
de las mi adas.
Ta ea del a is a, no exen a de iesgos, es ap ehende esa ex ao dina ia
condición pa a analiza uno de los mis e ios más in ensos del exis i , al
escud iña esos asgos que nos hacen únicos y que delinean el ges o que
po amos como p opio. Rep esen a quizá dos no as, a lo sumo es que,
des acadas, pe mi an de ini eso que Lé inas llamaba, con despojamien o
casi o ense: un “obje o dado a la isión”. ‘Obje o’ que es, sin emba go, a
su ez, espejo de la inapelable i adiación de la consciencia y que ha sido
abo dado, una y o a ez, ei e adamen e cons uido y des uido, con o-
96
Al onso de la To e
en que se ha con e ido el cue po. Camino el se humano de su de ini-
i a y pos e me amo osis, el sabio iaje de e o no a la ma e ia. Así
en endida la isión del homúnculo, como mención pe manen e al es o
de lo humano, ha á que el a e de Milla es, e ible a ue de lúcido, pa a
muchos se con ie a en inacep able.
Pa a es a ep esen ación, Milla es acude a los ecu sos de un lenguaje,
sin emba go, con empo áneo, de esencia abs ac a. Al cabo la epe ición
es, como sabía De ida, cues ión de nues o iempo. Milla es con oca á la
p esencia de pliegues, o siones, aguje os y amasijos; lenguaje de la a ia-
ción, sin axis de ocación es ic i a en el que Milla es es a á abocado a
ob ene la mayo exp esi idad, máxime si pensamos la pale a de su colo
es aba limi ada p incipalmen e al blanco y al neg o ci ca 1957-1959 y al
que se i án sumando en años pos e io es las no as de colo ojo. Después
el pos e iaje al blanco. Viaje de ida y uel a. Pic ó ico y i al. Con e -
i á una limi ación, el uso del lenguaje del collage con a pille a, en una
i ud, pues la capacidad que u o de desplega ecu sos desde esa exégesis
concep ual ue e dade amen e ex ao dina ia.
G an pa e de sus homúnculos pa ecen mos a una lógica ocación
e ical y, ya se ci ó, la apa ición de agmen os del bas ido , edundando
en esa cla a composición de ela-piel y made a-c uz. C uz o elemen o de
o u a. La masa de lo in o me, el abullonado del ejido, émulo del cue po,
en en ado a la es uc u a de la no ma del bas ido . El bas ido es c uz, pe o
ambién esquele o del despellejado. No en ano los bas ido es se án ambién
la es uc u a y osamen a lígnea, el a mazón de los ‘a e ac os’ pa a la paz de
1964. Ba icadas y inche a, incluso sue e de escuálidos animales de un
decimonónico y abandonado museo de ciencias na u ales.
An es ci amos a Fau ie . Milla es, como en los “O ages” de es e a -
is a, compone y más que nunca “c ea”, desde la pin u a, su giendo de
ese amasijo de ‘p oduc os’ la enca nación de una nue a en idad, de al
modo que el cana io a is a econoce á la exis encia de una ex ao dina ia
duda en su a e: no son ni pin u a ni escul u a. Algo simila había hecho
Fau ie , al decla a que algunas de sus pin u as lo se ían ‘a la mane a’ de

97
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
una escul u a. Si la pin u a del siglo ein e ha de econoce se he ede a del
ensamblaje cubis a, Milla es abo da al cualidad ensamblado a desde una
pe spec i a no op imis a; sus ‘a e ac os’ u ‘obje os’, como así los cali ica,
no con ocan una ans o mación de la ealidad, de apa iencia dis in a,
sino que, más bien, escupen al espec ado su e dade a condición ma e ial.
El é mino “escupi ”, como el de “bo e ada”, luego lo e emos, es el que
u iliza Milla es. Vómi o de made as, es os del es udio, la as, zapa os,
apas aguje eadas y elas. Todo ello, en su neg o esplando , en la aplica-
ción del neg o al modo de una supe icie b illan e, pa ecie a e ocado de
un es o ca bonizado a lo Tinguely. Y con al mención, llega la alusión a
que la ep esen ación del cue po que a on a Milla es acaba eco dando
el ho no c ema o io an es que la ansi ada e ine able belleza ecuen ada
po la his o ia del a e. Más el cue po lace ado, apuleado, g o escamen-
e desmemb ado y exangüe, el e ocado po Zo an Music apilado en los
campos a la espe a de la desapa ición de los es imonios.
Así, sus obje os end án una condición numinosa, p óxima a la magia,
al modo de un ensamblaje de lo iniciá ico o un ‘a e ac o’ de lo ascen-
den e. Obje os que, e ocando en ocasiones lo que con encionalmen e se
conoce como ‘a e’ escapan, sin emba go, a una ap ehensión, sin más, bajo
al condición. Mues a el a is a que no es su misión la belleza con encio-
nal sino que más bien se halla a apado po la ep esen ación dolo osa de
lo que pa a él es la ealidad: el espí i u que des ila la pu a ma e ialidad de
las cosas y sus deshechos. Y aquí podemos añadi : zapa os y alpa ga as,
es os de apos o ubos, bidones y bo es. En de ini i a, la ma e ialidad
no embellecida po lo ascenden e del discu so, sino más bien po una
cues ión undamen al al es la p esencia d amá ica de la duda des e ado a
del consuelo que concede la ce eza. Milla es, en iempos de indicación
de la imagen como los que ansi a el a e a mediados de los sesen a, c ee,
más que nadie, en el pode de ese ac o singula que ep esen a la isión,
la c eación, ese ac o de e y se is o. El ac o de mos a a los demás su
dolo oso y es upe ac o uni e so: bien enidos a la casa del dolo .
Se á ambién el an es mencionado Fau ie quien, en algunas de sus
ob as de los años cua en a, ep esen e igu as in o mes que pa ecie en
98
Al onso de la To e
pieles desolladas, se es colgados a modo de pingajos, como sucede en
“L’eco ché” (1942). Es o es, “la desolladu a”, lo i ula á, ep esen ación de
una sue e de en idad, se con undido en e animal y homb e, algo que
ambién ha á F ancis Bacon. Los desollados, e i ada la bolsa que con ie-
ne la ida111, susci an así la duda sob e la condición de la dolo ida igu a,
p o ocando la e lexión sob e la doble condición humana.
La ep esen ación del homúnculo, de ese con empo áneo ecue do del
homb e apuleado, se con e i á en una e lexión que a eces Milla es
e e i á con algunos in es his o icis as. Rep esen ación de las consecuen-
cias de la his o ia o, más bien, de una his o ia humana ca en e de piedad
sob e la que el cana io c ee es una obligación deja es imonio. Pues o que
e e imos c uci ixiones de nues o iempo, ambién menciona á Milla es
el pud ide o. Nues o de eni de agedia al descub i que el se humano
e a capaz de des ui , como si al cosa, al o o o, más bien, a cuan os
más o os. Aquello que ecue da Le i sob e el momen o del abandono
alemán de su campo y la comp obación de que ni piedad ni sen imien os
an con usos como la solida idad seguían exis iendo. El e ede o, as la
ma cha de Ma uja Mallo a Buenos Ai es, hallaba en Milla es un nue o
elogiado con empo áneo. Simbólicamen e su cue po eposa ía du an e
muchos años en el cemen e io ci il mad ileño, limí o e con un humean e
e ede o en los años se en a112.
La ep esen ación del homúnculo en Milla es es ambién consecuencia
del cambio con ulsi o: al modo jungiano la a pille a pa ece se el es o
de la ans o mación y la sa ga la piel que es a como desecho as el
ómi o de la angus ia. Un a e desespe ado e imposible, como acica e
pa a la c eación a ís ica, pues un a e desespe ado es pa a Milla es inal
111 Desolla iene del la ín “ex ollā e”, de i ándose del la ín “ ollis”, es o es, bolsa de cue o
o uelle. Desollado es a quien se le qui a la bolsa.
112 El Cemen e io Ci il u o, has a los años ochen a, un e ede o municipal p ác icamen e
con iguo. Recue do in an il de es e au o que es á e e ido en: Al onso de la To e, “Ma-
nolo Milla es en el ecue do”. “Ca álogo Razonado Pin u as. Manolo Milla es”, op. ci .
p. 31.
99
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
y p incipio, mundo en pe manen e cons ucción y des ucción, suicidio y
nacimien o cons an e, aliosa au en icidad. A e sin exac o en endimien o
de lo ealizado apa ecido en un mundo ex año, elogio de la in anquili-
dad c eado a. La ci a milla esca, densa y emp ana, me ece esca a se del
necesa io cajón donde penan su ol ido las ci as al pie:
El a e -hoy- bo dea ya esa línea di iso ia con lo imposible. Lo imposible
como acica e pa a la c eación a ís ica, lle a en sí siemp e una ue za más
aliosa que nada. Un a e desespe ado es siemp e inal y p incipio; una o ma
iable de deci cosas con en e a libe ad, b u almen e, sin mu os de con ención;
un suicidio con inuo y un con inuo nacimien o. Todo lo imposible y absu do de
nues o mundo me lle a i emediablemen e a esa posibilidad de olca me en lo
desconocido sin p e ensiones de sal ación o de condena. En onces, un a e an
me ido den o de mí mismo, an ap emian e, an di ec o y mu able, ¿puede se
desci ado con cánones o abeceda ios conocidos al uso?. C eo que nace una g an
con usión de ese p u i o po pa e del a is a de explica es a cosa inexplicable
que es un cuad o, una escul u a. Pocos abs ac os lí icos se a e en a con esa su
igno ancia en e a su misma ob a, demos ando una al a de alen ía y since-
idad. Po que ol idan que en el enseña su sang e así, sencillamen e, sin ningún
abalo io, y con esando es a única y i al necesidad del ac o c eado , es donde se
esconde la más aliosa au en icidad.
No me asus o si digo que mucho de lo que hago escapa a mi en endimien o. Y
no me asus o po que, en igo , no sien o necesidad de en ende odo lo que pin o
(...) ac úo con oda libe ad y en un mundo deliciosamen e ex año, desconce -
an e; choco con di e en es ex u as; ac ibillo los espacios in ini os y los o u o
con la dinámica ma aña de unas cue das. A eces esul a que la in o ma –en
una con adicción- queda con enida, en e a; o as eces se despa ama en des-
bo dado o en e hacia el cosmos. (…) Me encuen o a gus o en la in anquilidad
de es e mundo cons uido pa a se nue amen e des uido. Un mundo limi ado,
caó ico, eo de belleza, donde mucho de odo se me escapa y pa ina ue emen e
desconocido113.
113 Manolo Milla es en “Cua o pin o es españoles”, “El Paso”, Mad id, Ma zo de 1958,
s/p, pp. 2-3.
100
Al onso de la To e
Amasijo de cue pos, en caó ico mundo, agi ada balsa de la Medusa en
la que se hallaban Cla a y Beni o, e ocado a de las mon añas humanas
ememo adas en las di e sas menciones que del Apocalipsis se han enido
haciendo desde el Bea o de Liébana. Las hispanas osamen as a acimadas
de los eyes, que can aba Wal Whi man114. Hans Memmling cuando
pin e su íp ico del Juicio Uni e sal (1467-1471). O F a Angelico en el
suyo (1430-1435). Cinco siglos después la imaginación pin ada se ha ía
ealidad en las a ue as de los campos, an es pas o iles, en los que, bucó-
licos, pin aban los paisajis as de Dachau. To es co pó eas émulas de los
amon onamien os de opas iejas. De los a dos caídos en la mon aña del
P íncipe Pío, en 1808.
El Ejido y El dolo -El iEmpo dE la his o ia
La opa o la ela, en de ini i a el ejido, enca nan en Milla es el sím-
bolo del su imien o y ienen su me á o a en el mundo de la pin u a con-
empo ánea en la mad e picassiana que llo a sus hijos mue os mo diendo
el pañuelo, del que i a con ue za en e los dien es en an o sus lág imas,
más que b o a , luyen a cho os.
En e los p ime os ecue dos in an iles de Milla es se halla la asocia-
ción del ejido al dolo . El cal a io de la en e medad, la penosa eme-
mo ación de las pape as y los apos llenos de ungüen os pa a calma las,
a den ía y sang asa de acei es y a omas. E ocación de la ela odeando el
cuello, i a momia sin iendo el dolo : angus ia unida al amasijo de ejido
is o desde la penumb a eb il. Y la ela úl ima, el ejido que en uel e el
mue o, los lienzos que ea sob e las momias del Museo Cana io en el ba-
io de Vegue a, el dis i o de sus paseos in an iles camino del colegio, lu-
ga donde pasa á muchos días de su adolescencia y ju en ud, si pensamos
que sus p ime as isi as documen adas da an de 1939115, con ece años.
114 Wal Whi man, “España 1873-74”, ci ado po Juan La ea en “Gue nica”, op. ci . p. 164.
115 “Mi in e és po los acon ece es his ó icos cana ios se c ece aún más y empiezo a isi a el
Museo Cana io en donde el iejo Na anjo me pe mi e hace copias en acua ela de algunas
101
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
Blanca ela, como el alba hospi ala io: el símbolo de la mue e y del
nacimien o. Blancanie es, e a “blanca como la nie e, oja como la sang e,
neg a como el ébano”, como los colo es de la ida. Ní ea la leche que ali-
men a al lac an e, como esc ibe Milla es des acando en e sus ecue dos
de in ancia la sábana blanca con que la muje de su abuelo Agus ín ocul a
su pecho en la playa de las Can e as, mien as amaman a a su hijo. El
blanco, en Milla es, es p esencia undamen al, mas ambién es la mención
a la nada de la ausencia, duelo y espe a. Es ju en ud y pu eza: el símbolo
de la inocencia. Blanca la ela que esc u a el c eado y la nie e no hollada
y el nu icio líquido. Ceniza, el es o de la ab asadu a y simien e, suda io
y nada. Es la niebla, la elada nube que se opone a la mani es ación es i a
del colo y su memo a sola de ida, sus ancia y co po eidad. Cuando Mi-
lla es aya al desie o eco da á la cegazón del sol en las pis as del desie o
y llega á así el blanco deslumb ado de sus cuad os inales.
Somb as, neg o sob e neg o, saco y despojo. Milla es se e e i á a los
homúnculos como “somb ajo de la edención humana (...) una alga abía de
cabezas y cue pos inconclusos”. “Fusilado”, añadi á, de puño y le a Mi-
lla es a su segundo homúnculo116. Realizados, ya se sabe, con la humilde
sa ga, a la que en muchas ocasiones añadi á apas, bo es de pin u a o zapa-
os. Ma e ia, indudable, mas ambién espí i u, muchas de es as apas-boca
eco da án la mueca g o esca de los linchados. Los ubos se án el ondo de
las ga gan as exangües as el dolo , como luego e emos e e idos de un
modo casi explíci o. Con i mación de la belleza del e ede o, del ha apo
pues o al desnudo, de la po que ía. Y es amos, casi, ci ando ex ualmen e
asijas abo ígenes y de los planos y dibujos del Ingenie o To iani”. Manolo Milla es,
“Manolo Milla es. Memo ias de in ancia y ju en ud”, op. ci . p. 55.
116 Manolo Milla es, “El homúnculo en la pin u a española ac ual”, op. ci . Sob e “Fusi-
lado” nos e e imos al “Cuad o 68”, de 1959, en la Colección del Museo de Bellas A es
de Bilbao.

102
Al onso de la To e
a Milla es117. “El es imonio i al -añadi ía ambién el a is a- de una
ealidad desca nada e hi ien e que se exp esa po el empleo de cie as
ma e ias no digni icadas”118.
Los homúnculos pod ían o ma pa e de lo que con encional y supe -
icialmen e pod ía llama se ‘a e comp ome ido’, mas no debe ol ida se
que el ‘comp omiso’ milla esco no exis e en la medida no es, exac amen e,
de es e mundo. Aun su giendo de una ealidad ex ao dina iamen e com-
pleja, su dolo oso y único comp omiso es é ico, a eces exclama o io de
un singula “yo acuso”119. No apegado a echa conc e a, sino más bien de
índole a empo al y ascenden e: la eclamación de la jus icia impe iosa, la
obligación de exigi la jux necesa ia de los inocen es espec o a la his o ia
que, desde iempo inmemo ial, los apulea y cas iga120.
Mas, a la pa , hay poco op imismo en la ep esen ación de es os ho-
múnculos some idos al anscu so de las e as, si excep uamos cie as apo -
aciones esc i as en las que pa ece colegi se que pa a el a is a cana io es
necesa ia la espe anza. T as la mues a del ho o un nue o homb e que
hab ía de llega , desde el obscu o ondo de la u opía, se ía libe ado del
117 “El homúnculo es una consecuencia espe ada de la g andísima belleza que puede as-
luci el ha apo así, pues o al desnudo, en su e iden e po que ía” (Ibíd.).
118 En: “Manolo Milla es esponde a En ico C ispol i”, op. ci .
119 “Una calig a ía au omá ica, no a un in de escape, sino a una acusación, a un yo acuso,
bajo las desplumadas alas de aquellos ángeles de Dada, que po o una siguen olando
sob e la pod ida y ubé ima Tie a”. Edua do Wes e dahl, “Se dice que el iempo, la
dis ancia”. Tex o en el ca álogo de la exposición en la Gale ía Juana Mo dó, Exposición
Homenaje a Manolo Milla es, op. ci . p. 12.
120 “Milla es oma ía la igu a esidual del homb e, en ep esen ación de una humanidad
humillada o des ozada po su p opia sociedad. De ahí el homúnculo (...) cie o homb e
o es igio de homb e, econocible en cie a mane a, se ía el mo i o cen al de su ob a
(...) es e homb e se ía inocen e. Y en consecuencia, nues o pin o , que le ha ía jus icia,
pasa ía a se un jus o. Lo hemos denominado en o os abajos como un jus o his ó ico”.
Edua do Wes e dahl, “Manolo Milla es”, Colección Guagua, Las Palmas de G an Ca-
na ia, 1980, pp. 30-31.
103
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
mons uo de la his o ia. Simbolizado en la conocida p oclama milla esca
de espe anza bo giana, echada en 1959 y publicada en lo que es, p ác i-
camen e, el “Mani ies o” del homúnculo. Aquélla que comienza espe an-
zada: “no impo a que el homb e se haya o o”. Y ambién, en el mismo
ex o, la exigencia de jus icia sob e el inocen e se humano agos ado po
su p opia sociedad. La espe anza, po an o, en ella. La eclamación de la
jus icia sob e el bo de del acío: “de nues o homúnculo no es á ausen e
la agedia i al y la española mue e. Se sabe de an emano qué mo o
insu la odio a an o saco desga ado y a an o ecosido. Soy yo quien e-
clama aquí una jus a ida ozando eudos a la nada (...)”121.
Milla es no aludi á exac amen e a la con empo aneidad. Se p eocupa á
mucho de mos a que pa a él la iolencia ha sido consus ancial a lo
humano y la que i e, su “hoy”, no es más que la con inuidad de pasados
bien conocidos en la his o ia, en su caso de España, como la Inquisición.
En es e asun o end ía un papel ele an e su admi ado an epasado, el
bisabuelo Agus ín Milla es To es122, al que edi i o pa ece oma el ele o
el a is a de “El Paso”, naciendo simbólicamen e exac amen e un siglo
después. Au o de una as a ob a en o no a la his o ia cana ia, esc ibió
ambién un imp esionan e lib o sob e la ida eligiosa y la Inquisición en
Cana ias que se ía ilus ado más a de po el a is a123. Leído con uición,
121 La ci a al comple o de la ase, que conside amos esencial, ambién bellísima, en oda
la c eación milla esca es: “La des ucción y el amo co en pa ejos po espacios y pa ajes
descoyun ados. No impo a que el homb e se haya o o si de él eme gen osas de légamos
y p incipios eno ado es como puños”. Manolo Milla es, “El homúnculo en la pin u a
española ac ual”, op. ci .
122 Las Palmas de G an Cana ia, 1826-1896.
123 “Au o de e”, ca pe a de 1967, menciona o o de los asun os ecuen ados po el quehace
milla esco, y que luego ei e a á en “To quemada” (1970), es a ez con poema de Manuel
Pado no dedicado al i ula To quemada, emblema de la ep esen ación de la cegazón
des ilada po la “jus icia” inquisido a y la i a, la mezquindad, u ilizando el glosa io del
pin o . Es ampada po Dimi i Papagueo guiu, es a ca pe a de cua o g abados a pun a
seca, se inspi aba en el lib o “Causas del T ibunal del San o O icio de la Inquisición en
Cana ias”. Sob e la ob a g á ica milla esca léase nues o p e io: “Milla es hoy (En o no
a la ob a g á ica de Manolo Milla es)”, Museo Sal ado Vic o ia, Rubielos de Mo a,
104
Al onso de la To e
pleno de imágenes pode osas, en él se esume un escalo ian e compendio,
“Sodoma y Gomo a”, edi i o “Saló” a eces, de la ida eligiosa en
las islas124. El a is a con aba cómo el bisabuelo había esca ado buena
pa e de los legajos inquisi o iales cuando un ca e e o los lle aba a la
des ucción, camino del a ojo a las aguas a lán icas125. Manolo Milla es
sabemos admi aba a es e an epasado y lo esc ibi ía sin ambages: “de odo
es e po aje amilia (…) escojo a un pe sonaje po el que sien o pa icula
in e és: Agus ín Milla es To es, bisabuelo mío y, ambién, nacido un año
26 de mil ochocien os”. Las azones de la ascinación po el enigmá ico
an epasado quedan enigmá icamen e en lo oscu o: “ al ez po o os
mo i os más la gos de enume a ”126. Sin duda Manolo Milla es, un a is a
de linaje cul o, halló en la esc i u a del bisabuelo la memo ia de muchas
de sus p eocupaciones que e oma ía a a és de i as imágenes plás icas.
En ese lib o podemos halla desc i o lo que pod ía se un i o ejemplo
del homúnculo, ep esen ación isual del penoso cas igo a una de las jó e-
nes no icias. Con e sión de un cue po bello en masa in o me, emba ada
y emplumada, ajus iciada, pe dida la dignidad, con e ida en somb ajo:
“Véanse algunos de es os cas igos como ejemplo de ca idad e angélica.
Una niña de once años, llamada Angela, hija de F ancisco Hidalgo, solía
du an e el sueño hace aguas en la cama y, po es a al a, independien e de
2013 y, ob iamen e: Al onso de la To e, “Manolo Milla es: La impe iosa necesidad
de lo nue o. [La ob a g á ica de Manolo Milla es (1959-1972)]”, Dipu ación de Cuen-
ca-Fundación Juan Ma ch-Fundación Museo del G abado Español Con empo áneo,
Cuenca-Mad id-Ma bella, 2016.
124 “No e a es o, sin emba go, lo que mo i aba los c ueles cas igos con que e an con ecuen-
cia condenadas: causas insigni ican es y sin impo ancia alguna, p oducían la imposición
de peni encias an e ibles que pa ecían copiadas del código inquisi o ial o de las ho das
sal ajes de Amé ica”. Agus ín Milla es To es, “Dos p ocesos de la Inquisición en Ca-
na ias”, Imp en a Lezcano, Las Palmas de G an Cana ia, 1977, pp. 12-13.
125 El i e a Escobio (IV/2013), en con e sación con el au o . En: Al onso de la To e,
“Milla es hoy”, op. ci .
126 Manolo Milla es, “Manolo Milla es. Memo ias de in ancia y ju en ud”, op. ci , p. 16.
105
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
su olun ad, le pusie on es opas en aquellas pa es de su cue po y le p en-
die on uego, p oduciéndole ho ibles quemadu as que pusie on en pelig o
su ida. A es a misma, niña, po que dijo un día que e a blanca y son osa-
da, la abadesa le llenó la ca a de ba o y, haciéndola desnuda de cin u a
a iba, la un a on con almidón calien e, la empluma on y, a ada de pies y
manos, la suje a on a un pos e del claus o p incipal, eniéndola de es e
modo una mañana en e a expues a a los ayos del sol y a las picadu as de
los insec os. A o a niña de ece años, llamada Isabel de San Diego, po -
que le p o ocó a isa el e a la supe io a cubie a la cabeza con un bone e
de clé igo, la mandó desnuda y, eniéndola o a monja sob e las espaldas,
la azo ó c uelmen e. Los azo es e an an ecuen es y menudeaban de al
modo sob e los débiles cue pos de aquellas c ia u as que casi no llamaban
la a ención”127. De ahí que nues o a is a deje cons ancia de ello cuando
ealice la Ca pe a de g abados “Au o de e” (1967), que se inspi aba en
el lib o “Causas del T ibunal del San o O icio de la Inquisición” (1520) y
que, en 1970, ago ándose su iempo i al, en un abajo que se aleja de su
pin u a ealizada en esa echa, camino de la se enidad del blanco, ealice
“To quemada”128.
I acundo e a To quemada, como esc ibía Pado no en el poema que
acompañaba la ca pe a: “el in elec ual de la iolencia angélica, la pu a
e en el uego engend ado de la salud celes e, mo al, o az y e dade o
(...) bes ia neg a, el juez maldi o, el consul o del odio...”. El elie e de la
a pille a que no admi e se as asado al papel, se con ie e aho a en inin-
e umpida esc i u a ené ica, a opellado uni e so de g a ías sin sen ido,
michauxniana agi ación del pincel que a a iesa la supe icie del papel.
Equi alen e a cuando Milla es acuchilla cuad os, sin compasión, sin ien-
do el calo que p oduce en su mano an a esc i u a. Vomi ada g a ía que
127 Agus ín Milla es To es, “Dos p ocesos de la Inquisición en Cana ias”, op. ci . p. 13.
128 Ca pe a “To quemada”. Poema de Manuel Pado no (1970). Seis se ig a ías sob e papel.
49,8 x 69,8 cm. 100 ejempla es. Edición de la gale ía Juana Mo dó, Mad id. Es ampación
de Abel Ma ín.
112
Al onso de la To e
dolo y espan o. El os o e a mons uoso, la en e a asada, las mejillas
exhaus as; odos los asgos descompues os llo aban, mien as que la boca
en eabie a eía con su mandíbula con aída po sacudidas e ánicas, a o-
ces. (…) ¡Ah!, an e es e cal a io embadu nado de sang e y empapado de
lág imas, ¡qué lejos se es aba de aquellos bonachones Gólgo as que, desde
el Renacimien o había adop ado la Iglesia! (…) Así había podido su i
mejo , agoniza , mo i como un acine oso, como un pe o, suciamen e,
bajamen e, llegando en es a decadencia has a el úl imo lími e, has a la
ignominia de la pod edumb e, ¡has a la úl ima a en a del pus! (…) aquella
ca oña desconsolada e a la de un dios (…) seguía siendo único, po que
es aba a la ez ue a del alcance humano y a as de ie a”143.
La apo ación gigan esca de Duchamp no sólo mencionaba algo un-
damen al en el a e, el cambio de papel de los obje os, sino que les
o o gaba su ca a de iden idad a pa i de uno de los más bajos, el u i-
na io. El que uese ob a de Monsieu Mu , y no de Duchamp, e a o a
nue a genialidad pues o o gaba a su abajo una especial e inquie an e
ci cuns ancia, i mada como ob a de a e, Duchamp suge ía su p esencia
anónima-he e ónima. A ello añadi ía la i onía de su í ulo: “Fon aine”. No
se ía así ex año que en 1961 Milla es in en ase un con ac o epis ola con
el au o de es a ob a o que pa icipase en un homenaje al a is a en 1971.
Y más inquie an es ul us en el imagina io con empo áneo: el ojo
acuchillado o las ho migas-axila de “Le chien andalou”144, agmen os
143 Jo is-Ka l Huysmans, “G ünewald. El e ablo de Isenheim”, op. ci . pp. 57-60.
144 Mención a Tàpies, en e los a is as de la gene ación de los cincuen a, y a las huellas
a as adas po los su ien es en los mu os. También a Da ío Villalba, en posición p io i-
a ia, he ede o de algunos hallazgos de los a is as cincuen aysie is as, y sus encapsulados,
náu agos-ahogados, demen es o cuad os con mon ones de basu a. Vid. a es e espec o:
Al onso de la To e, “Da io Villalba: Capi al del dolo ”, CEART, Fuenlab ada, 2015. De
ho o hablan las o og a ías de la opóg a a del e o Begoña Zube o. Su se ie ‘Exis enz’
analiza cues iones como la Roma ascis a, la sede de la S assi o el campo de concen a-
ción. Pa adigma de ellas es, sin duda, su se ie de imágenes de Auschwi z, conjun o o o-
g á ico que iene en o os a is as mi adas p óximas, y es oy pensando en las o os de la
se ie “Dea hly s ill” sob e el mismo asun o de Di k Reina z. En los casos in e nacionales
ci emos a modo de ejemplo a los accionis as ieneses, ambién a Duchamp, Bou geois o
Beuys.

113
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
de una é il opog a ía a ís ica del ho o . Mencionando a Milla es,
un a is a que ue a decla ado inú il pa a el se icio mili a po su del-
gadez ex ema145, es impo an e ci a su admi ación ju enil po la ob a
de Sal ado Dalí, sin duda el pin o ey de lo ho i ian e. También de
lo esca ológico que, simbólicamen e, sus ancia en el conocido escupi ajo
sob e el e a o de su mad e. Mas es odo el su ealismo quien abande a
con empo áneamen e la a acción del ho o capaz de pe i ica , ése que
exis e camu lado en e la ealidad. Sabido es que los su ealis as halla ían
la belleza en luga es has a el siglo ein e incógni os: escapa a es, neones,
g a i is, ie as y lumpen, las somb as que ien an la noche e, incluso, la
explo ación del espan o. Todo lo e íme o, a eces lo canalla, lo que has a
aho a había sido desape cibido pa a el a e, cob aba una nue a ealidad
que e a documen ada, Man Ray o B assaï, en e o os.
En Cana ias había encon ado el su ealismo un luga na u al de lo-
ación como en ningún o o si io en España. Sabido es, his ó icamen e,
pues allí se ealiza una de las exposiciones su ealis as que e á a And é
B e on pasea po los desie os ine eños, asomando su e igie en e los
cac us. Uno de los esponsables de es a his ó ica mues a es Edua do Wes-
e dahl, en e los p ime os glosado es, ambién coleccionis as, de su ob a
y que Milla es conoce en 1950 y con quien man end á, a pa i del año
siguien e, una in ensa elación epis ola que uc i ica á en ex ao dina ia
amis ad, ambién con su esposa Maud, muje que ue e de Ósca Domín-
guez. En es e pun o ha de eco da se la Exposición de A e Con empo áneo
o ganizada po ADLAN y gace a de a e en el Cí culo de Bellas A es de
San a C uz de Tene i e146, a la pa que en una zona se mues an lib os,
145 No dando el pe íme o de pecho exigido. Con e sación con El i e a Escobio (10/V/2011).
146 La exposición eunía sesen a y sie e ob as y sie e “obje os su ealis as”, con un conjun o
de publicaciones. Cí culo de Bellas A es de San a C uz de Tene i e, 10-15 Junio 1936.
En el ca álogo ezaba así: “adlan: ba celona, mad id, Tene i e, expone: colección ‘gace a
de a e’ en el cí culo de bellas a es, ene i e”.
114
Al onso de la To e
e is as e ilus aciones, de ese iempo é il, cuyo símbolo excelso e a la
edición po Wes e dahl, en eb e o de 1932, casi de modo inmedia o a
un iaje po Eu opa, del p ime núme o de la e is a gace a de a e147, en
donde pone en pie el conocimien o y encuen os del iaje. T as la cesu a de
la gue a ci il, ya en los cincuen a, el c í ico se á esponsable de mucha de la
di usión del g upo LADAC148 y del encuen o siguien e con Ra ael San-
os To oella y ambién de la llegada a Ca aluña de los cana ios, y ice e -
sa. Desde Cana ias impulsa á el que, sin duda lo, es uno de los p ime os
mo imien os que se ealiza on en p o de la di usión de las angua dias en
nues o país, en el inicio de la década de los cincuen a.
En odo caso, el in e és de Milla es po el su ealismo es an e io al
encuen o con Wes e dahl. En 1947 ha leído nume osos ex os inculados
al su ealismo en e ellos la dudosa au obiog a ía daliniana “The Sec e
Li e o Sal ado Dalí” que, en sus palab as, le p o oca una au én ica
sacudida149. La biog a ía aludida, publicada en Nue a Yo k en 1942, ue
147 Di igida po Wes e dahl, ue publicada desde eb e o de 1932, cesó su ac i idad en el
mes de junio de 1936, as la publicación de ein a y ocho núme os. Respe amos la g a ía
de gace a de a e o g.a. al aludi la y su uso ecuen ado de la minúscula.
148 Milla es se con e i á, en 1950, en el p incipal impulso del g upo LADAC (“Los A -
que os del A e Con empo áneo”) siendo, a la pa , di ec o de la colección de monog a-
ías de a e “Los A que os”, que publica á cua o núme os (“Pláci o Fei as” (1950, ex o
de Ven u a Do es e); "En ique Planasdu á" (1951, ex o de Juan An onio Gaya Nuño);
"Emilio Pe o u i" (1952, ex o de Albe o Sa o is) y "Ángel Fe an " (1954, ex o de
Edua do Wes e dahl)). La p ime a exposición LADAC iene luga en el Museo Cana-
io, en e los meses de ene o y eb e o, bajo el í ulo Exposición de A e Con empo áneo.
En és a, Manolo Milla es mues a algunas “pin u as guanches” así como p oyec os de
pin u as mu ales bajo el í ulo “Can o a los T abajado es” y “Can o a las Ciudades”. Es e
mismo año, 1950, iene luga la segunda mues a de LADAC bajo el í ulo: II Exposición
de A e Con empo áneo, es a ez celeb ada en el Club de Uni e si a ios de Las Palmas
de G an Cana ia. En es e ca álogo, no igu ando aún el nomb e del g upo, igu a su
símbolo: unos a que os. Ven u a Do es e dic a la con e encia inaugu al en la que aza
un “Bosquejo de la pin u a ac ual”. Con ocasión de la exposición p ime a de LADAC se
o ganiza un ciclo de con e encias, en sie e eladas, en e el 21 de ene o y el 4 de eb e o,
en la que in e ienen c í icos de a e, poe as y músicos. Vid.: Al onso de la To e, “Ma-
nolo Milla es: la des ucción y el amo ”, op. ci . pp. 247 y ss.
149 “También leí “Picasso an es de Picasso” po Alexand o Ci ici Pellice , un buen lib o de la
p ime a época del genial malagueño. In luenciado po el p ime o (Dalí), empecé a hace
115
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
edi ada en español po Poseidón en 1944, la edición que Milla es leyó150, en
un ejempla egalado po Ma ín Chi ino151. Es e lib o singula ísimo, es sabi-
do pa e desde la dedica o ia “a Gala-G adi a, la que a anza”, ue ilus ado
con dibujos de Dalí y o og a ías di e sas en o no al con ulso uni e so del
pin o , odo él iene algo del ono de pud ide o: allí es á o og a iada la
momia de uno de los aman es de Te uel, exhumada en nues a gue a,
e ocado a de las salas isi adas po Milla es en su que ido Museo Cana-
io; ambién la imagen de “Le chien andalou” de los bu os pud iéndose
sob e los pianos; el os o ce úleo del maniquí ubio del axi llu ioso, in-
su ealismo, pues llegué a en ende que el a e enía aho a o as u as bien di e en es de
las que yo seguía. No e a una me a copia desp o is a de ealidad, sino el descub imien o
de esa ealidad en la libe ad y el concep o c eado es. T abajé con bas an e ahínco y -con
la colabo ación de algunos poe as que esc ibie on poemas en los mismos cuad os- hice
una nue a exposición en la sala del Museo Cana io, que ue ecibida con no pocas dis-
cusiones”. En: Manolo Milla es, “Manolo Milla es. Memo ias de in ancia y ju en ud”,
op. ci . pp. 110-111. Sob e la lec u a de la au obiog a ía daliniana: “En e an o seguía
pin ando a la acua ela y p epa aba o a exposición que se hizo en el Gabine e Li e a io
(...) que po cie o de li e a io no enía ni un pelo, y en donde se eunían, en cómodas
bu acas, los agos men ales de Las Palmas y o os icachones de meno cuan ía (...)
u e éxi o y endí algunas cosas. E a la época en que un medioc e pin o de acua elas
apellidado Bonnin hacía es agos en e los adine ados de Las Palmas. Resul aba, pues,
di ícil sus ae se a una supues a in luencia que, en e dad, no exis ía como no ue a en
la simili ud del paisaje que ambos pin ábamos: el campo y las calles isleños y -¿po qué
no?- sus balcones semicoloniales (Íbid., 109-110). Solía en aquel año de 1947 asis i a las
euniones de poe as en el Ca é “El Pozo”, sob e el ba anco Guiniguada, a las que iban
Ángel Johan, Ven u a Do es e, Ped o Lezcano, mis he manos José Ma ía y Agus ín (...)
ue la época en la que hice algunos de los e a os a lápiz pa a la “An ología ce cada”, el
p ime conjun o de poesía social que se publicaba después de la gue a española, y que ha
sido an injus amen e ol idado como al. En ese mismo año cayó en mis manos un lib o
que me dio una especie de sacudida. Fue “My Sec e Li e” de Sal ado Dalí, especie de
au obiog a ía con ep oducciones de cuad os que ponían an e mis ojos odo el mundo
nue o y ex año del su ealismo oní ico”. Íbid., pp. 110-111.
150 Dial P ess, Nue a Yo k (1942) y Ediciones Poseidón, Buenos Ai es (1944). Con el í ulo
“Vida sec e a de Sal ado Dalí”. Milla es as oca el í ulo del lib o en sus memo ias, a
las que alude, ecuen emen e, como se ha leído, con el í ulo “My sec e li e”.
151 El i e a Escobio nos e e ía, en con e sación ecien e, es e ex emo, sub ayando la ha-
bi ual adquisición de las publicaciones de la Edi o ial Poseidón po el cí culo de a is as
p óximos a Milla es (con e sación con El i e a Escobio, 10/V/2011).
116
Al onso de la To e
adido po los ca acoles andan es. Escenas ex ao dina ias pa a un jo en
inquie o de apenas ein e años que obse a el mundo desde el sopo del
nada-pasa-en-la-pos gue a-g ancana ia.
De las ilus aciones que acompañan hay a ias que son especialmen e
signi ica i as si pensamos que, además del ex o daliniano, eple o de
e dades, men i as y e dades a medias, és e se ilus aba con nume osos
dibujos que u ie on que llama la a ención de un a is a, aislado en su
isla, con poco más de ein e años. Así, en e o os que iluminan la sec e a
ida de Dalí, es án el “É ude de c anes de o més”, que encajaba a la pe -
ección en lo que se e ela á como obsesión milla esca con el asun o de la
mue e: “all my eal memo ies -esc ibi á el de Figue es- a e sealed (w)i h
he sense o dea h”152. O os dibujos que acompañan la biog a ía y que
me ecen sub aya se son, po ejemplo, el homenaje a Ga cía Lo ca hecho
en el mad ileño Ca é de O ien e, poe a que ya sabemos ememo a ía el
cana io apenas unos años después. El ojo-pin o hace un azo abs ac o,
apenas una línea, en el lienzo. Y o o undamen al en la his o ia del a e
del siglo ein e y muy en especial en la ob a daliniana: la G adi a153,
mención a un pe sonaje cuya esencia es la de o midad, ca ne en uina y
pied a, la o ma co po al inde inida, sueño e ilusión edi i a desde una
sue e de iempo inmemo ial. Co pó eo en e, odo ela, amasijo de con-
usión llegado desde la mue e y la ceniza, desde el ondo de la his o ia.
Como el homúnculo.
El 22 de no iemb e de 1948 se inaugu a en el Museo Cana io de
Las Palmas la “Exposición Supe ealis a” de Manolo Milla es, quien en
ese momen o, eco demos, iene ein idós años. Mues a compues a de
152 El dibujo, es de 1933, y su ex o ín eg o es: “All my eal memo ies [inspi ed by] a e sealed
i h (sic.) he sense o dea h”. Nos basamos en el ecien e y comple o es udio: “La ida
Sec e a de Sal ado Dalí”, Fundación Gala-Sal ado Dalí, Figue es, 2008.
153 “G adi a”, había sido ambién el nomb e de la gale ía abie a po B e on y los su ealis as
en el 31 de la ue de Seine de Pa is, unos años an es de la edición del lib o daliniano. El
p og ama ealizado con ocasión de su ape u a con enía en su cubie a la misma dedica-
o ia del lib o del de Figue as.
117
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
ein icua o ob as, que incluye seis dedicadas al “Poema de la Vida y de
la Mue e”, e apa c ea i a de ju eniles balbuceos, de indudable in luencia
su ealis a y con los lógicos ecos dalinianos. Algunas de sus colabo a-
ciones en la e is a “Planas de Poesía” man end án ambién la ocación
su ealizan e de es e p ime Milla es.
Sabido es que, ambién pa a el i acundo su ealis a And é B e on, la
c eación se ins alaba en un ambiguo e i o io, no exen o de pa o , a me-
dio camino en e lo i ido y lo imaginado, el sueño po an o y la igilia.
E a el eco ido indicado po F eud como o igen de lo sinies o: el iaje
pe u bado en e las cosas más conocidas. También es no o ia la pasión
que los su ealis as u ie on po la pe i icación de la ealidad: el maniquí
acaba lle ando a la me á o a del cue po ca noso la pa o osa quie ud que
o o ga lo mine al o ce úleo, no siendo ex año así que los maniquíes in-
adan con ecuencia las e is as su ealis as.
La ob a de Milla es asciende la anécdo a empo al ins alándose en
el co azón de una p o unda indagación mo al, pe o sin esqui a el genio
a ís ico, pues el a is a cana io a on a la ep esen ación del cue po no
de un modo ealis a, sino más bien a a és de una sue e de pe manen e
mención al cue po. Despojos, pieles o con o nos que, en sus ausencias,
acaban componiendo una imagen cuyo o igen es men al, elogio de lo
denso, ci a del acío, combina o ia en odo caso de densidad y acío con-
i iendo en la c eación de un a is a. Huecos y desga ones, ensiones o
he idas, exceso y nada, odo ello acaba componiendo el asun o de sus
complejas y ex ao dina ias pin u as homuncula es. Sabido es, iniciadas a
inales de los cincuen a, end án un pun o de in lexión en 1964, el año en
el que Milla es ealiza un mayo núme o de homúnculos y siendo ambién
cuando se conmemo an los ein icinco años de paz, el mismo en el que
Milla es concibe sus “A e ac os pa a la paz” o “A e ac os al 25”. Un año
c ucial, el que a de 1964 a 1965, en el que p epa a el conjun o de cuad os
que se mos a án en su exposición neoyo kina en Pie e Ma isse del año

118
Al onso de la To e
siguien e: “Los mu ilados de paz”154. Una mues a en la que p esen a la
p ime a ca pe a de ob a g á ica dedicada a su pad e, con aquel í ulo y
cuyo p ime cuad o es elegido sin ambages. Se á una de los p ime as a pi-
lle as aguje eadas, ac ualmen e en la colección de un museo es adouniden-
se, plano de oquedades no concebidas ya como una indagación en o no al
o o lado del cuad o, -la dimensión pe dida y el in ini o hoyo mis e ioso,
como sucedie a en los assemblages pic ó icos de los años cincuen a-, sino,
más bien, y ecuen ándolo a pa i de es e iempo, e ocando el pa edón del
ejecu ado. Es la esc i u a de la i ma de las balas componiendo una nue a
isión del mu o àpiesco155, pe o es a ez no es la p opues a del mu o como
un calmo espacio de la medi ación, sino el luga o u ado -u ilizando la
e minología de Tàpies- un mu o azado po la loca esc i u a del siglo
154 Pie e Ma isse Galle y, “Los mu ilados de paz”, pain ings on can as and pape 1963-1965,
New Yo k, 23 Ma zo-17 Ab il 1965. El asun o de las elaciones de Milla es con Pie e
Ma isse es á a ado en: Al onso de la To e, “Manolo Milla es, es igio y ce emonia. “A
a c y” (sob e la p esencia de la pin u a de Milla es en los Es ados Unidos)”, Acqua ella
Galle ies, New Yo k, 2006.
155 “¡Cuán as suge encias pueden desp ende se de la imagen del mu o y de odas sus posibles
de i aciones! Sepa ación, enclaus amien o, mu o de lamen ación, de cá cel, es imonio
del paso del iempo; supe icies lisas, se enas, blancas; supe icies o u adas, iejas,
dec épi as; señales de huellas humanas, de obje os, de los elemen os na u ales; sensación
de lucha, de es ue zo, de des ucción, de ca aclismo; o de cons ucción, de su gimien o,
de equilib io; es os de amo , de dolo , de asco, de deso den; p es igio omán ico de
las uinas; apo ación de elemen os o gánicos, o mas suge en es de i mos na u ales y
del mo imien o espon áneo de la ma e ia; sen ido paisajís ico, suges ión de la unidad
p imo dial de odas las cosas; ma e ia gene alizada; a i mación y es imación de la cosa
e ena; posibilidad de dis ibución a iada y combinada de g andes masas, sensación
de caída, de hundimien o, de expansión, de concen ación; echazo del mundo, con-
emplación in e io , aniquilación de las pasiones, silencio, mue e; desga amien os y
o u as, cue pos descua izados, es os humanos; equi alencias de sonidos, asguños,
aspadu as, explosiones, i os, golpes, ma illeos, g i os, esonancias, ecos en el espacio;
medi ación de un ema cósmico, e lexión pa a la con emplación de la ie a, del magma,
de la la a, de la ceniza; campo de ba alla; ja dín, e eno de juego; des ino de lo e íme o...
y an as y an as ideas que se me ue on p esen ando una as o a como las ce ezas que
sacamos de una ces a. ¡Y an as y an as cosas que pa ecían empa en a me con o gullo
a iloso ías y sabidu ías an ap eciadas po mí!” An oni Tàpies, “La p ác ica del a e,
Comunicación sob e el mu o”, A iel, Ba celona, 1971, p. 141.
119
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
ein e. La po ada del ca álogo neoyo quino, en la que se ep oducía es a
ob a, mos a á, oquelados, los aguje os. Una línea di iso ia pa ece e e i
plano del suelo y el mu o. O o ges o calig á ico mues a una c uz. Y la
masa de la a pille a pa ece e oca al pe sonaje en p ime plano, camisa blan-
ca y b azos en al o, del usilado del es de mayo156. El ojo iñe la escena.
156 Nos e e imos al “Cuad o” (1965) de la Colección Hi shho n Museum and Sculp-
u e Ga den, Smi hsonian Ins i u ion, Washing on (17/V/1966). Núme o de egis o
66.3561. Donación Joseph H. Hi shho n, New Yo k * (1) (como “Pain ing (Cuad o)”).
Al onso de la To e, “Ca álogo Razonado Pin u as. Manolo Milla es”, op. ci ., nº ca .
351, il col. p. 397.
Cubie a del ca álogo de la exposición en Pie e Ma isse Galle y,
“Los mu ilados de paz”, pain ings on can asand pape 1963-1965,
New Yo k, 23 Ma zo-17 Ab il 1965.
Tex o de José-Augus o F ança:
“Milla es, o he ad ance in o whi e”.
120
Al onso de la To e
Es de 1945 la imagen de los Mussolini po la que comenzamos es e
ex o, suspendidos agicómicamen e como guiñapos, y se á símbolo que
pe du a á en la memo ia humana, me á o a ho ipilan e del e íme o y a
eces c uel des ino del pode . Algo que menciona á ecuen emen e Mi-
lla es en sus ob as indagando en o no a ani as de pe sonajes de nues a
hispana his o ia p o unda. Pud ide o pa a los sueños -y sus cómodas
almohadas- de las pupas cada é icas en que se con i ie an los p ínci-
pes: “Almohadón de Felipe II” (1967) o “El sueño del P íncipe” (1970).
Túmulo con uso e inquie an e, más p óximo al despojo que a la eliquia,
sa có agos pa a eyes o pe sonajes eudales, y memo ia del Sic T ansi
Glo ia Mundi, el cuad o o uoso mas espe anzado que Juan Valdés Leal
pin a a pa a la iglesia del Hospi al de la Ca idad y la memo ia humana
La imagen de Lo e o, luego ec eada po Mishima en un b e e docu-
men al, se ía ambién el cues ionamien o de la exis encia de la dignidad
humana, algo sob e lo que poco iempo después, e ocando los campos de
concen ación, esc ibi ían P imo Le i o, más ecien emen e, Im e Ke s-
ész. Ese 1945 es el mismo año de publicación de la “Noche e e na”, el
lib o en el que el cana io dibuja a su he mano Six o, mue o es an es,
mise ia y ube culosis, en el Hospi al Mili a g ancana io. El eco e de
pe iódico de los cadá e es de la pa eja i aliana, expues a al ibio sol p i-
ma e al del ab il milanés, ue pegado po Milla es en uno de sus álbumes
pe sonales. No se ía la única imagen ecopilada en e sus ecue dos. Tam-
bién, en su singula memo ia collagis ica, la conocida o o del miliciano de
Capa157 manipulada con una banda e ical de colo neg o en iaje hacia la
mue e po los campos co dobeses: o o nue o c uci icado, ges o en c uz
del soldado al alza exangüe el usil.
Pe o sin duda el g an alega o de Milla es, llegando al in de sus días,
es a ía en la película, ya ci ada, odada en 1970 con la ayuda de su espo-
sa, El i e a Escobio. Aquellos o og amas iaje os desde el ex e io (las
he idas del paisaje pos bélico mad ileño de la Casa de Campo) al espacio
157 Que publica a “Vu” el 23/IX/1936 y, pos e io men e, “Li e” el 12/VII/1937.
121
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
de su es udio en la calle Hila ión Esla a. Y después, desde aquí, iaje
sinuoso hacia el in e io de la pin u a. Zoom isual con el que no quedan
dudas sob e cómo Milla es deseó deja es imonio, un pa de años an es
de su ma cha, de las elaciones en e sus pin u as y la his o ia. Jun o a
las imágenes del p oceso de ealización de un cuad o se inse an elemen os
isuales es emecedo es cuya p incipal emá ica es la mue e: imágenes a
modo de ogonazos, ápidos, algunos de di ícil isibilidad. En emezcladas
al un lash de la memo ia, cap u ado e inme so sub ep iciamen e en lo in-
conscien e. T as is as de los campos de concen ación, la e igie del Füh e
ab e a su ez, paseos iun ales, una de las p ime as isiones in e caladas.
Siguen inche as e imágenes de gue a. Todo lo demás se án cadá e es, o
p isione os de campos de concen ación de ho ipilan e mi ada, ojos ex a-
siados en muchos casos casi ine es jun o a las allas de alamb e de espino.
El saludo ascis a, acompañado de una o og a ía de unas bo as mili a es en
posición de dicho saludo, se á o a de las imágenes que, ei e adas, iajan
inse adas en e la película. Y abandonados zapa os.
Fo og a ía p oceden e del álbum-es udio de Manolo Milla es.
Co esía de la amilia Milla es.
128
Al onso de la To e
Milla es acumula ma e ial g á ico, que eco a y pega, minuciosamen-
e, en ese wo k in p og ess del desconsuelo, al modo de un dicciona io
del dolo , capi al del dolo élua diana, ambién uen e de los mo i os con
los que compond á sus cuad os. Siendo las o og a ías eco adas de un
modo p eciso pa ecie e que pa a esal a cie as cues iones: o og a ía
como uen e de inspi ación isual, elegidas en cohe encia con su quehace ,
a la búsqueda de una sue e del hallazgo de la e acidad pe seguida, en
un p oceso de aislamien o de los mo i os, no an o na ación de his o ias
sino, más bien, po el con a io, de concen ación de ue zas indagando en
o no al hecho a ís ico, elección de imágenes y su in isible ue za, en e
la panoplia con que la ealidad nos cas iga.
El pin o cana io ha nacido en pleno descub imien o del pánico me-
a ísico que asola á a muchos de sus con empo áneos, cul i ado es de la
angus ia exis encial en los años sesen a. Exp esión del acío on ológico,
su dolo osa ep esen ación. Mas no pasea á su dolo noc í ago eb io
en e los an os as ixiados po el humo del abaco de Sain -Ge main-
Manolo Milla es. “Cuad o 52 (o) Pe sonaje caído”. 1961
Técnica mix a sob e a pille a. 130 x 195 cm.
Colección Musée Na ional d’A Mode ne. Cen e Pompidou, Pa is (1989)-
Aba oi s, Musée d’A Mode ne e Con empo ain de Toulouse

129
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
dès P es: su ob a queda á ex endida en un silencioso pá amo de dolo ,
a eces con enido en abnegada enuncia, o o a expues o al modo de un
g i o y po ando siemp e una huella indeleble has a con e i esa age-
dia pa icula de una época, ascendiéndola po an o, en emblema del
dolo humano. Ese dolo, a lo la go de su ayec o ia, acaba ía pasando de
lo pa icula a lo gene al lle ando su pe sonal y ac e pena has a lo in en-
so me a ísico que es á de ás de p egun as e e nas. F ança lo e e i á con
su esc i u a p ecla a: “si mi amos aho a la o o de esos pob es cue pos
de Buchenwald y la o o de un “Homúnculo” des en ado de Milla es
nos encon amos en el ma co de un mismo sis ema de imágenes. Sob e
odos ellos sopla el ien o de la mue e”169. Tea o de las he idas, como
lo cali ica ía And é Piey e de Mandia gues quien le o o ga ía a Milla-
es el jus o cali ica i o de mís ico: uno de los pin o es más eligiosos de
nues o iempo170.
La ida co ísima del mís ico Manolo Milla es se ía una ida sin
dis acción, como quien conocie a la co edad del eloj de su iempo.
In an e, ha pasado po la gue a ci il española iendo su en de edo con
la espe anza y aleg ía de la mi ada in an il. P ous iana mi ada b e e, lán-
guido ecue do de una amilia que ha su ido sin p e ende lo la u ia de
la his o ia, la misma que se á su pasión.
En Lanza o e, luga de exilio de su amilia, el a is a iene apenas diez
años y la p ime a imp esión, gozosa, es la de camina en libe ad sob e un
e i o io casi i ginal, ealizando sus p ime os dibujos. Mas, sin emba go,
la ida suspende á p on o la ibieza de sus ecue dos cuando la nos algia
169 José-Augus o F ança, “Milla es”, La Políg a a, Ba celona, 1977, p. 109.
170 “(Milla es) cons ui pou no e imagina ion un héâ e blessan dans l’immedia (…) le
ôle de la ma iè e n’es pas g a ui mais complémen ai e d’une ision spi i uelle aussi in-
ense que celle des poè es ou des mys iques, e , si je ne c aignais de les indigne , j’éc i ais
que ces ois pein es son peu -ê e les plus eligieux de no e époque”. And é Piey e
de Mandia gues, “Des Visionnai es”, “XX Siecle”, Pa is, Diciemb e 1961. Se e ie e es e
au o , cuando esc ibe “ ois pein es” a Bu i, Milla es y Tàpies).
130
Al onso de la To e
in an il se ea sob esal ada po el odio la en e171, el exilio amilia , el ham-
b e y la mise ia. Y cuando ea mo i en 1942 a su he mano ube culoso,
cua o años mayo que él, con apenas ein e años. En 1950, uno de los
cuad os de su ayec o ia igu a i a e sa á en o no a una “Ma e nidad
Pob e”, amélicos mad e e hijo as los que apa ece un neg o ho izon e.
Milla es no pe dona á jamás el dolo padecido que po a á consigo,
como un es igma, has a su mue e, Tampoco ocul a á su abia e indigna-
ción. Sin duda lo, 1959, esc ibi ía en “Papeles de Son A madans”, palab as
cla e en la esc i u a milla esca; sob e dicho ex o adelan a ía unas palab as
a Wes e dahl: “no engo p e ensiones de c í ico ni de esc i o . Pe o uno
empieza en la impe iosa necesidad de deci cosas, de de ende se o a aca ,
y poco a poco nos amos me iendo en ello has a que comp endemos que
es imposible hace misión y pin u a sin es e necesa io complemen o”172.
Es el ex o sob e los p incipios eno ado es como puños, icono de la abia
con enida, que eme ge ían del homb e o o, en e los légamos de osas.
No es ex año, y sí simbólico, que sus memo ias se limi en a los ecue dos
que llegan, p ác icamen e, has a 1955, el año de su pa ida a Mad id173.
Pa ece ía como si nos señala a que es esa agedia la que impulsa odo
lo que end ía después, algo sob e lo que, lógicamen e, en onces apenas
esc ibi ía. También pa ece ía como si su éxi o pe sonal nada le impo a-
se, pues -sal o pequeñas y co as anécdo as- nada es e e ido. Pensamos
que en sus ecue dos in an iles y ju eniles, ano ados en las “Memo ias”,
y llegada la década de los cincuen a, es á y así lo jus i ica ía, el o igen de
su ob a pos e io . Apenas le queda án unas líneas, eloz sal a los años la
memo ia biog á ica milla esca, llegando a los se en a, pa a la i onía. T a-
171 “aquello e a una especie de escape del odio la en e en Las Palmas que nos ae ía un
poco de paz. ¡A eci e, La dulce A eci e de 1936!”. Manolo Milla es, “Manolo Milla es.
Memo ias de in ancia y ju en ud”, op. ci p. 43.
172 Manolo Milla es. Ca a a Edua do Wes e dahl, 19/II/1959. En a chi o del a is a.
173 Manolo Milla es, “Manolo Milla es. Memo ias de in ancia y ju en ud”, op. ci .
131
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
ando soca onamen e a su admi ado Picasso, quien no le ecibe en 1969,
ence ado en “La Cali o nie”, ambién eco da , no sin spleen, la luz de
Gol e Jean cuando isi e la casa de Pie e Ma isse, su gale is a neoyo kino
que bebe champán y pisa al omb as aliosísimas, mi ando el ma azul.
Días de dis u e ambién, en casa del gale is a Lionel Ca ale o, al pie
del ma , iendo a su hija E a, niña de nue e años, chapo ea en el agua.
Se á una de sus úl imas luces de elicidad. F en e al i y eni del agua
eco da ía el e lejo especula del salino calmo de la playa de las Can e as,
y su casa de niñez, en e a la misma: “casa e e a, de os o mul i acé-
ico picassiano”174 y sus lec u as ju eniles, ein iún años, en e las que se
hallaba un lib o sob e el a is a malagueño esc i o po Ci ici Pellice 175.
También un cu ioso “manual” sob e a e, leído emp anamen e, de enso
de la hones idad del a is a: el a is a es un se soli a io, sen encia Van
Loon. Algo de lo que sab ía bien Milla es du an e su ayec o ia. Sigue el
“manual”: “el a is a es, en cie o modo, ese ‘homb e san o’ en el sen ido de
‘un apa ado’. Po que odo a e es esencialmen e la expe iencia de un solo
homb e y, po an o, algo inna amen e aislado y a is oc á ico”176.
El ibio a ullo, como él esc ibi ía177, de la playa de las Can e as, en
Las Palmas, luga de su nacimien o y pa aíso imagina io de sus lec u as,
174 Ibíd. p. 18.
175 Alexand e Ci ici Pellice , “Picasso an es de Picasso”, Ibe ia-Joaquín Gil Edi o es, Ba -
celona, 1946. Ci ado en: Manolo Milla es, “Manolo Milla es. Memo ias de in ancia y
ju en ud”, op. ci . pp. 110-111.
176 En sus “Memo ias”, Ibíd. pp. 95-98, Milla es e ie e sus lec u as. En e ellas ci a la
ealizada en 1943 de la ob a de Hend ix Willem Van Loon, “Las A es”, Luis Mi acle
Edi o , Ba celona, 1941. La ci a es de la p. 16. El lib o ci ado o o ga, po cie o, g an
impo ancia a las a es p imi i as.
177 Manolo Milla es Sall, nace en Las Palmas, un 17 de eb e o de 1926: “un 17 de ca nes-
olendas en el emplado clima cana io, con cie o a ullo de la playa de Las Can e as”
(Ibíd., p. 15). E a el sex o y úl imo hijo a ón de Juan Milla es Ca ló, ca ed á ico de
ins i u o y de Dolo es Sall B a o de Laguna. Después nace ían dos he manas. Recibe el
nomb e de Manuel e ocando a su ío y pad ino: Manuel He nández González.
132
Al onso de la To e
se e ía p on o ol idado, quedando esos é minos alojados en la esc i u a
del cana io como uno de los momen os de mayo ibieza, quizás el único,
de más honda melancolía y olo salino. ¿In lui ían los ecue dos in an iles
de Milla es en sus abajos c ea i os?, ¿queda ía en sus pin u as algo del
mundo de desmadejada a qui ec u a de las Can e as?... ¿Y el ma ?. Toda
su ob a pa ece ía habe e ocado el agua oceánica, desde sus p ime os e-
cue dos de inmensidades abisales de inales de los cua en a has a sus ob as
úl imas en las que había ecuen es menciones al mundo de la explo ación
y el iaje. Balboa, Mon u iol o Humbold , son algunos de los pe sonajes
ci ados po el a is a cana io. Si el alle , en su ju en ud cana ia, eco daba
es e a is a que mi aba al ma como símbolo de la huída, ape u a de nue-
os ho izon es, cuando ma che a Mad id, y desde allá hacia ie as más
lejanas, como Eu opa o los Es ados Unidos, sus pin u as eco da án con
ecuencia el ma . Mi ada ma ina en algunas de sus ob as en los cincuen a
con un cie o ai e po ua io a lo To es-Ga cía, lec o Milla es, allá po
1947, del “Uni e salismo Cons uc i o”. Elogio explíci o de lo abisal, mas
ambién alusión a las p o undidades, és a es una de las lec u as que puede
hace se de ese mundo plac ónico que p oponen las pic og a ías cana ias.
Signos es ellados, den ados, pun os, o mas o oides, pequeñas o mas
pisci o mes, odas ellas agando en un mundo imp eciso al modo de un
caldo i al. El agua ma ina se con e i á así en un elemen o undamen al,
símbolo del iaje y de la cosmogonía milla esca. No en ano, no sólo ue
un iaje o emp ano, con algo de e á ico en su geog a ía i al, sino que
ambién muchas de sus lec u as aludían al iaje que e a, en Milla es, sím-
bolo de la a ea c eado a. Inme sión en la búsqueda de un lejano des ino,
p omiso ia indagación de e i o ios allende los p óximos jamás exen a de
iesgos178. Jun o al ma se ha á la ida, las e ulias, la amis ad, el can o,
la bebida, la b oma y el amo . Mi ando al ma pa icipa á en sus p ime as
178 “De en e mis lec u as, he enido siemp e especial inclinación po los lib os de iajes en
cuya base ue a condición p e ia la in es igación y la ciencia. Po que el iesgo que com-
po a la explo ación, pa a el mejo conocimien o de la na u aleza y de los homb es, iene
un pun o de a inidad umbilical con la a en u a c eado a del a e en su ampli icación,
ambién, del mundo isual que nos odea (...)”. Ibíd. p. 28.
133
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
exposiciones, ya en 1944, en el Club PALA, un “club po eño en e e ado
de depo e, ec eo y cul u a”179.
Quizás el iaje se con i ió en símbolo de la supe ación cuando, iaje o
po di e sos países eu opeos, en los sesen a, eco da a al jo en incapaz de
ma cha a la península haciendo la p ime a en a i a, a inales de los años
cua en a. Emba cado ya, y habiéndose despedido de El i e a, descende-
ía ap esu adamen e del ba co, alejándose, llo ando, del agua a lán ica.
Lág imas en e la me cancía amon onada en el pue o, cajas, oneles,
cue das, hie os y edes, de nue o -segu o- el sabo a sal en sus ojos.
Milla es eco da ía ambién, en e sus e ocaciones del iaje, la escena en
aquel p ime abajo que u o, sinies o, en “La P ése a ice”, una casa
se segu os en Las Palmas, en 1944. Quizás el o icio más an i é ico pa a el
a e, una ac i idad que ecue da las ho as más bajas del se humano, en e
a la a en u a de la a ea c eado a, cuya esencia, más aún en los iempos
i ales de Milla es, e a el en en amien o an e el iesgo del iaje a ís ico.
Pasando sus ho as de has ío an e la luz mo ecina de los lexos, Manolo
con emplaba los mapas que colgaban de la pa ed, segu o que con la ilu-
sión pues a en el iaje po los íos y mon añas pin ados en el papel180. Allí
se ha á el ju amen o: e o na ía a Cana ias y, en onces, se ía un a is a
espe ado y no un p obo unciona io. Y así lo ano a ía el empleado, com-
pañe o del u u o a is a, en el do so de uno de los mapas. No se ía has a
1953, cuando comiencen sus iajes a la península, ecué dese siemp e en
ba co. Ese p ime o del es ío del cincuen a y es se á undamen al, pues
179 Ibíd., p. 99. Fundado en los años ein a, Milla es pa icipo en una exposición colec i a
en el Club PALA de la playa g ancana ia de Las Can e as en 1944. En 1947 lo ha ía en
su “II Salón de O oño”. En 1955 in e end ía en la exposición conmemo a i a del XXI
ani e sa io del Club.
180 Milla es comenza ía a abaja “obligado po la edad –esc ibe- y po la imp oduc i idad
del a e”, en la casa de segu os “La P ése a ice” de Las Palmas. Re ie e Milla es una
con e sación con un empleado: “Un día, hablando de mis a iciones a ís icas y ya bas an e
ha o de aquella o icina le dije: ‘Un día me ma cha é de aquí y ol e é amoso’. Él, medio
en b oma, le an ó un mapa que había colgado en la o icina (sí, un mapa de España) y
esc ibió de ás lo que yo había dicho”. Ibíd., p. 102.

134
Al onso de la To e
le lle a á a San ande , en donde conoce á a a is as capi ales, muchos de
ellos compañe os de las a en u as en “El Paso”181.
La ayec o ia i al de Milla es u o algo de ida y uel a. Así sucede á
con sus a pille as, iaje as del blanco de las calcá eas sa gas de mil no e-
cien os cincuen a y sie e al blanco del desie o en sus elas inales, has a
llega al céni de la blancu a casi o al. Los p ime os ecue dos de sus
memo ias, los de elicidad, sucede án en e al ma . Y en e a o o ma , el
Medi e áneo, conclui án sus ecue dos. Siemp e hemos señalado que las
páginas inales de las “Memo ias” de Manolo Milla es mues an un a -
is a pa ecie e sabedo del inal, acep ado és e con esignación, casi con
es oica elicidad. Desde la casa de Pie e Ma isse, una casa he mosa con
una e aza colgada sob e al agua, desc ibe Milla es, en donde odeados
de ob as de Picasso, Mi ó, Ma isse, Giacome i, con e san la gamen e
sob e pin u a, Cas illa, F ay Luis de León... Manolo eme pisa las al om-
b as ca ísimas, en an o el champán ancés llena las copas, coope ando en
el endulzamien o del sen ido cuando los ojos mi en el ho izon e. Cuando
ma chan, “el sol se me e ya po de ás de los iscos de Niza, y Cap Fe a ,
como un laga o b umoso sob e un azul oscu ecido, queda a ás”182.
Cuando los “ojos incipien es y so p endidos”183 del niño de la Playa
de las Can e as lleguen a la madu ez c ea i a, desde el despojamien o
de los abajos de indagación iniciales y se en en e a la pu a c eación
181 Allí es a án O eiza, Sau a o Ri e a, po ci a a algunos de ellos.
182 Manolo Milla es, “Manolo Milla es. Memo ias de in ancia y ju en ud”, op. ci . pp.
140 y 141. El ma imonio Milla es isi ó a p ime os de sep iemb e de 1969 a Pie e
Ma isse en Cap Fe a (Niza). Unos días después pasan ap oximadamen e un mes en la
casa del gale is a Lionel Ca ale o, “El Camini o”, en Cannes (Gol e-Juan) en e el 15 de
sep iemb e y el 15 de oc ub e de 1969. Milla es había conocido a Ca ale o con ocasión
de la exposición del a is a en su gale ía de Cannes en 1965. Obje i o de dicha isi a e a
ambién pin a los cuad os de una u u a exposición. Milla es inició, coincidiendo con
es e iaje, la se ie “An opo auna”.
183 “Sabo de ma . Labios de ma . Pues a de sol de ma . Incendio de ma . Una o illa de ma
siemp e sob e mis ojos incipien es y so p endidos”. Ibíd. p. 19.
135
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
no ep esen a i a, algo que sucede con apenas ein a años, el mundo ha
conocido el ho o del campo de concen ación y la des ucción masi a
de poblaciones median e la bomba a ómica. Así, a ibando Milla es al
ho izon e abs ac o, mediados los cincuen a, el mundo i e a e ido an e
la posibilidad de la de ini i a des ucción de la humanidad en un con lic o
masi o. El a is a ha padecido el ho o del exilio, que e de p ime a mano
cuando suba al “Alcán a a”, un ansa lán ico inglés, cuya lujosa cubie a
edua diana Milla es no isi a á, que p ocede de Amé ica del Su . El 15
de sep iemb e de 1955 se ha emba cado en él, con su muje y un g upo de
a is as amigos, y ha is o en su popa hacinados a los muchos gallegos que
iajan desde Sudamé ica, camino de Vigo. Viajaban como bes ias si bien,
lo na a es e a is a con i onía, an es de descende en su ie a cambia án
las opas pa a ocul a la is eza de la ealidad184.
184 El “Alcán a a” (1926-1958) e a un buque inglés, de la Royal Mail S eam Packe Com-
pany. Tenía capacidad pa a unos no ecien os pasaje os (220 en p ime a clase, 185 en
u is a y 462 en e ce a).
T ansa lán ico Alcán a a, Vigo. C. 1955
136
Al onso de la To e
Posiblemen e al pone pie en Vigo eco da ía a su ío iaje o, Agus ín
Milla es Ca ló, ans e ado en onces en México y, desde allí, empeñado en
la ealización de la magna ob a de la memo ia de la bibliog a ía del exilio.
La his o ia pa ece habe sido una de las pasiones de los Milla es, si pensa-
mos en el abuelo del ci ado, Agus ín Milla es To es, y su mencionada mag-
na “His o ia Gene al de las Islas Cana ias” (1893). La misma his o ia se á
una de las emá icas abo dadas po el pin o cana io desde una luz nihilis a,
pues aquella pa ecía se is a po Manolo, an o como es igio inamo ible
del pasado como emblema, pues, de lo ú il de las pasiones humanas. Cas-
igo, que no ejemplo, se ía ambién, en onces, la his o ia pa a el homb e.
Mode na pa e a indus ializada el “Alcán a a” y pena, anspo e de dolo ,
pues ¿qué es, si no, la he ida del exilio?. Nada nue o, como se e, en la o dina ia
ba ba ie con empo ánea. Algo que edunda en la in empo alidad de su ob a, si
pensamos en que las imágenes que hemos enido ci ando, son o ecidas a dia io
con la o nada y amable mono onía de las conexiones ele isi as en di ec o. Un
i aquí mue o, ¿no pa ece no icia más de aye que de hace medio siglo?.
Milla es u o conciencias que a a iesan la luz del iempo pa a pe mane-
ce , de ahí la impo ancia de su abajo c ea i o, indelebles en el imagina io
in elec ual de nues a época. Ya hemos ci ado su cons an e mención del dolo
del se , el humano des ino inapelable, nacido pa a su i en el mundo y que
se á el pun o de pa ida de los apuleados “Homúnculos”. El ema de la
mue e, -des ucción y amo , ya esc ibimos-, se á o o de los que sob e uele
pe ennemen e su pin u a, y ambién sus in empo ales cues iones anejas: la
ani as y el pol o que somos. Su pin u a se á un camino ecu en e en el que
es os asun os se án di imidos pe manen emen e, con obsesionada insis encia.
Pa a Milla es la his o ia de la humanidad es símbolo de la pé dida de
dignidad del se humano y se conside a á en el debe de da e de ello,
pues no en iende la ida a ís ica sin pasión185. Las imágenes de los ca-
185 Así esc ibi á, de Van Gogh ha admi ado su “pasión humana”. En 1950 hace la lec u a de
su biog a ía sob e la que esc ibe: “me causó una ue e imp esión. De odos los pin o es
an e io es a Picasso y Ma isse e a de po mucho el que más me in e esaba pese a la im-
po ancia de un Cézanne. Su ida y su ob a son es imonio i o de una pasión humana
quemada po su p opia ue za y genialidad”. Ibíd., p. 117.
137
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
dá e es a acimados como oncos lígneos, á boles caídos, a la espe a de
se sepul ados as la libe ación de los campos de concen ación, han sido
is as con espan o po la población. Milla es ecoge a ias de esas imáge-
nes, pilas de cadá e es y cadá e es i ien es en el momen o de la libe ación
ame icana de los campos, en su documen al. Milla es sabe que, a pa i de
esa echa, as la lección de ana omía de la his o ia, poco queda po hace .
Reco da á ambién la his o ia cuando mencione en 1958 a Roman
Vishniac, el o óg a o del dolo del ghe o186. El se humano ha dado ya la
alla de sí mismo y cie os a is as compa en la noción de la posibilidad
de la exis encia de una belleza ágica, la ilkeana e ible belleza. Rilke,
es sabido, se á el a queólogo del siglo XX. Music pin a á a hu adillas, con
una piedad y compasión que no conse a á Milla es, los os os y cue -
pos pálidos de esos úl imos homb es que, de modo simbólico, han sido
ahe ojados sob e la ía ie a. Libe ados los campos, la nie e cae á sob e
ellos, como una desespe anzada elegía a una ci ilización desapa ecida.
La humanidad, que aún conse aba en e sus aspi aciones la espe anza, a
pa i de esa echa la abandona á po comple o. Cue pos pin ados con ojos
de pin o ce ados, como un paisaje in e io , de una belleza azul y blanca,
que le eco da ían a Music las lo es japonesas187. Desolados pasean es de
Giacome i agando sob e la supe icie de la nada, inquie an es, de aquí
a acullá.
Pa a el a is a cana io, la mue e, mis e io sup emo de la ida, es el
mo o del a e, es el hoga de Manolo Milla es188, el e e no p oblema de
186 Manolo Milla es, “La o og a ía en el a e ac ual”, “Pun a Eu opa”, Sección “Nue a
gale ía Pun a Eu opa”, nº 36, Mad id, XII/1958.
187 Vid. las en e is as a Zo an Music ecogidas po Jean Clai en “La ba ba ie o dinai e.
Music à Dachau”, op. ci . pp. 95-126.
188 “El hoga del a e de Manolo Milla es es la mue e; su dominio es una zona si uada
an es y después de la ida”. José-Augus o F ança, “Milla es”, op. ci .
144
Al onso de la To e
Ya se ha ci ado la admi ación de Milla es po lo obscu o goyesco, lo
que el cana io llama ía “el ojo neg o de Goya”, a modo de un a is a cí-
clope émulo del glo ón Sa u no. También po los d ippings de Pollock y
el ja dine o que -como si al- egaba con neg o su ja dín. Nada ex año, si
pensamos en su ca ác e anómalo, como le co esponde al a is a e dade o,
poseedo de esa condición ine able de “ o as e o” que señala a Read. Algo
que queda jus i icado en un deseo ju enil de a is a, apenas dieciocho
años, de ealiza en 1944 un cuad o comple amen e neg o, una ma ina
de noche. Milla es in uía que se a aba de una “p emonición”, así lo es-
c ibe203, y conocemos aho a que esa ambición ju enil se ía ampliamen e
203 “Viene aho a un de alle que esul a in e esan e como p emonición de lo que se ía mi
pin u a doce años más a de. Se me había me ido en la cabeza pin a un paisaje -una
ma ina- de noche. Es deci , un cuad o que ue a odo neg o sólo ma cado po algunos
b illos en el ma de algunas luces de a olas. Se me pod á deci que se han pin ado mu-
chos cuad os de noche y con oda clase de de alles. Pe o el caso pa icula es que yo no
que ía de alles sino un cuad o de un neg o e in o en donde ma y ie a no exis ie an
más que en la imaginación de cada uno. Realicé mi cuad o ¡y al na u al! ayudado po una
Manolo Milla es. “Sa có ago pa a Felipe II”. 1963
Técnica mix a sob e a pille a. 130,5 x 195 cm.
Colección de A e Abs ac o Español, Cuenca-Fundación Juan Ma ch, Mad id (1963)

145
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
sa is echa po el pin o pos e io men e. Y no sólo en sus a pille as neg as,
algunas de ex ema compunción y igo , como la que dedica a al poe a
Miguel He nández, neg o como una ma ea que pa ecie e asciende in a-
diéndolo odo, sin posible sal ación. “Desde es e pa aíso” i ula á Milla es
uno de sus íp icos neg os de inales de los años sesen a. Neg u a esuel a
en cuad os cuyos abul amien os, de i eal en idad, apenas se án señalados,
delicadamen e, po el e ec o de la luz en el elie e o algunas no as blancas.
En o as ocasiones deja á es os albos, mas pa a acen ua la neg u a, pues
ese es el ema p incipal de la pin u a. Cuando homenajee a Felipe II, ol-
e á a aludi a la se e idad de las es imen as hispanas del siglo do ado.
débil luz de a ola de la calle con el egocijo y la admi ación de “Pa i” que lo conside ó
como algo ex ao dina io. Es a ob a sob e una ca ulina de unos ein icinco po ein a
cen íme os desapa eció y conside o muy p obable que ue a des uida. ¿A quién diablos
iba a in e esa un cuad o neg o como el ca bón?” Manolo Milla es, “Manolo Milla es.
Memo ias de in ancia y ju en ud”, op. ci , p. 100.
Manolo Milla es. “Cuad o 167”. 1961
Técnica mix a sob e a pille a. 97 x 130 cm.
Colección pa icula , Mad id
146
Al onso de la To e
Ap endida de su pad e la copla “T is e es la noche sin luna”, ue la can-
ción con la que ondó a la jo en El i e a allá po 1946 en los ein e años del
a is a, en Mon e Coello. Elogio de la honda desespe anza pa a comenza a
ama : “ is e es a noche sin luna / pa a el ma ino en la ma ; / pe o más is e
es ama / sin espe anza ninguna”. Pin o dolo oso del día y de la noche,
ya con ocamos a Albe i, la in ensidad de su o icio de pin o le ha á eco-
noce que la ci a del poe a es aba jus i icada204. Sus ob as e ocan el neg o
noc u no, la densidad del espacio que su ge as la ma cha del día y del
espacio igno o que se ab e después y así lo io el gale is a pa isino Daniel
Co die compa ando con la pasión neg a de Louise Ne elson, cuando
esc ibie a que la ob a del cana io “llama a las ue zas de la noche”205. Las
alusiones a la pasión noc í aga en Milla es se án ecu en es, al cabo, ¿no
se ocupa á Ma ía Zamb ano de eco da nos que la noche y el sueño son
símbolos, ensayos en ida de la mue e?. El pin o cana io, ya lo esc ibi-
mos, lo ememo a á, al i ula el nec ológico lib o sob e su he mano Six o
que ya ci amos, con la alusión a un c epúsculo que no concluye al alba:
“Noche e e na”. Toda pasión i e de los sac i icios y Milla es eje ce á la
concepción de su c eación como una se ie de des ucciones.
A hu C a an, el a e boxeado , el bello gigan e con ai e de púgil
sonado, enía, en e sus admi aciones, Cana ias y el O inoco. Su mue e
enigmá ica en e las olas del gol o de México edundó en una ida ma -
cada has a el inal de sus días po las aguas. Y, además de esa pasión po
una de nues as ie as su ealis as, a Milla es, admi ado emp ano y
204 “Y espec o a mí ¿Pa a qué habla de mi?. Es oy pin ando de la mañana a la noche (…)”.
Ca a de Manolo Milla es a Edua do Wes e dahl, 20/II/1951, ecogida po Pila Ca e-
ño Co bella, “LADAC: El sueño de los a que os”, Viceconseje ía de Cul u a y Depo es
del Gobie no de Cana ias, Las Palmas de G an Cana ia, 1990, pp. 23-24 y pp. 95-96.
205 “Manolo Milla es me u ecommandé en 1959 pa F ançoise Choay. Comme celle de
Ne elson, son ou e ai appel aux o ces de la nui . Nui in e minable comme la é ol e
qui cou e dans le coeu de son maî e, e ai émi son ascé ique isage de l’espoi que
ou change dans ce monde impa ai . Ses pein u es son des é enda ds. Ils son appés
aux couleu s de l’humilia ion, de la misè e, mais aussi de ce e pi ié qui eu iomphe
de l’injus ice”.Daniel Co die , “8 ans d’agi a ion”, Gale ie Daniel Co die , Pa is, 1964.
147
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
decla ado de lo supe ealis a, u o que llama le la a ención la ida de ese
pe sonaje que u ilizaba su cue po casi como un i o, ida y sen ido del
a e concebidos al modo de los accionis as, como una ex a agancia del
cue po. Quizás lo eco da a Milla es cuando, delan e de Albe o Po e a
que lo ilmaba, umbado el pin o en el es udio, en unda a su alle en una
a pille a que, as cose la y ence a se en ella, se ía pin ada po su mano
lib e en ex aña posición, quedando ap isionado en su in e io con algo
de aspec o del gusano que eje su c isálida. P oyección del deseo sob e
uno mismo, accionismo no exen o del pa hos de su delgado b azo lib e
pin ando la sa ga en una di ícil con o sión, pa hos ambién del a is a que,
en el pa oxismo, con ie e su p opia igu a en emblema de una acción de
encie o, en quien esc ibie a que su cue po se encon aba bien, en e ado
bajo ie a, en un luga , pensaba, del que no debe ía sali nunca.
Mediados los años sesen a, Milla es lee á a Humbold en lec u a noc-
u na206, duplicándose así la obsesión po el O inoco. Mas ambién la
a acción an es e e ida sob e lo neg o, pues el pin o menciona á las
aguas blancas y neg as, los íos O inoco y Neg o que ci a el explo ado ,
y p ecisamen e a es a conjunción blanco-neg o dedica á su se ie de pin-
u as “Humbold en el O inoco”207. Ciclo del exis i , la ida son los íos
206 “Anoche leí algo sob e Humbold en su iaje po la Amé ica Cen al”. Manolo Milla-
es, “Viaje a la Guayana” (1966-1971), ecogido en: Manolo Milla es, “Memo ia de una
exca ación u bana y o os esc i os”, op. ci . p. 47.
207 “Alejand o de Humbold , en su “Vom O inoco zum Amazonas”, me pone en el camino
de una nue a imagen, cual si ue a mi iaje pe sonal, en una con inuada línea ho izon al
del ío ame icano, en cuya aya ensa discu en las aguas co ien es y los más ex años
“Milla es, 1966”, o og amas de la película odada po Albe o Po e a
148
Al onso de la To e
-ya se sabe a dónde an a pa a -, y ambién su ida había empezado con
la lec u a ju enil, cegado po la luz de la playa, de una no ela de Ve ne,
“El sobe bio O inoco”, las a en u as de la a es ida Juana de Ke mo , a
la búsqueda de su pad e cuyo as o se pe die a en el ío. Y en Milla es,
llegado al inal del iaje al O inoco, a iba ambién la conclusión del iaje
i al, con esa despedida inal que se á, as las aguas con ulsas, el eman-
so de los cuad os blancos inales. Todo quie ud, odo despojamien o. La
ic o ia de la desolación, sabido, es ambién blanca. “La blancheu es op
p ès / des yeux”, sen encia á Claude Es eban208.
En lo que es su es amen o a ís ico, el conjun o de esc i os i ulado
“Memo ia de una exca ación u bana”, ci a á las muchas noches en ela209.
Una ob a que es mención, de nue o, al encie o y la oscu idad, desde esa
decla ación de p incipios que auscul a al ededo pa a complace se en el yo
del a is a, de nue o un c eado y su c isálida. Conmoción an e la o unda
a i mación de un i o en la p oximidad del inal: “en ealidad - odo el
mundo lo sabe- mi cue po se encuen a a gus o allí, a miles de me os bajo
ie a, y pienso que es el si io del que no debie a sali jamás”, esc ibi ía en
las “Memo ias de una exca ación u bana”. Pasión idén ica a la sen ida po
los mundos abisales o la ecuen e mención a los luga es ocul ados de la
luz: cue as o minas.
animales ecua o iales. Y es de esa geog a ía bo ánica de su iaje –su g an apo ación cien-
í ica- de donde nace mi geog a ía pic ó ica a él dedicada; que cuando habla de “las aguas
neg as” y “las aguas blancas” del O inoco, eo, limpiamen e, las aguas del ío i an e de
mis cuad os, en os o insoslayable de mis blancos y de mis neg os”. Manolo Milla es,
“Opinión sob e la se ie de mis cuad os ‘Humbold en el O inoco’”, en “En íspe as del
bicen ena io de Alejand o de Humbold ”, “Re is a Humbold ”, año X, nº 37, Übe see-
Ve lag, Hambu go, 1969, p. 28.
208 Claude Es eban, “La saison de as ée”, (1967-1973) en “Le jou à peine éc i ”, Gallima d,
Pa is, 2006, p. 43.
209 “Pues, ¿y es a queja? Pasé iempo -noches de le e sin sabe - has a el miedo de pe de me,
inú il el es ue zo de asca en donde c eía, odo un mundo de sacos y más sacos, o os,
aguje eados, de un la go pe íodo de mil años”. Manolo Milla es, “Memo ia de una ex-
ca ación u bana y o os esc i os”, op. ci . p. 15.
149
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
Al cabo, su pin u a es ese iaje celinesco al in de la noche en donde los
cuad os indaguen sob e su sen ido, como bien lo eco da á el poe a José-Au-
gus o F ança210. Viaje en in ie no y en la noche: “No e ie es un oyage /
Dans l’hi e e dans la Nui , / Nous che chons no e passage / Dans le Ciel
où ien ne lui ”, eza la Canción de la Gua dia Suiza, que Celine elige pa a
ab i su iaje. Neg u a in e nal, me á o a que simboliza la pasión del a is a
po la ealización de cuad os que elogia como “inmensamen e neg os”211.
Nada de ic o ia del blanco, sí en cuan o a la c onología de su p oducción,
pe o si en los úl imos años de su ayec o ia es e dade o el camino del
blanco (la co a u a en e la albu a cegado a e ocado a del desie o que se
inicia a inales de los sesen a), es bien cie o que, en gene al, condensando su
camino i al, se a ó, más bien, de la ic o ia del neg o que, p ác icamen e
desde inales de los años cincuen a, y du an e dos décadas, eñi á buena
pa e de sus cuad os de ese colo negado . Así, muchas de sus pin u as pa-
ecen habe sido ab asadas po la combus ión, en especial cie os es os de
made a y desechos que pa ecie e habi uales as el incendio y que Milla es
une con na u alidad a los cuad os. El neg o pa ece se pues la mención al
uego, a lo consumido, y así euni á bidones de alqui án en su escapa a e
de 1963 en la mad ileña calle de P eciados, uno de los ma e iales con los
que más ecuen emen e se han compa ado sus cuad os neg os. El asun o
del uego no es aba lejos de la ob a milla esca, no ol idemos el a is a había
ealizado en los cincuen a “cuad os con dimensión pe dida”, aguje eados po
la acción del uego, dejando las o las de la acción del mismo en las o illas
del hueco, del hoyo in ini o.
210 “Cada cuad o o cada obje o se sume en las inieblas, iaje al in de la noche donde
ellos buscan su sen ido. Se con ie en así en somb as de sí mismos, a la ez cuad os y
an icuad os, imágenes posi i as y nega i as (...). ¿P incipio o in? El g an in e ogan e de
la pin u a de Milla es es ése, ni siquie a él sab ía esponde po que acila en e los dos
ex emos de la ida y de la mue e”. José-Augus o F ança, “Milla es”, op. ci . p. 204.
211 “Me he pegado un mes de ene o anegado en pin u a, sacos y cue das. Resul ado de ello
son los cuad os de una nue a se ie con í ulo gené ico de ‘Humbold en el O inoco’ y
unos cuad os de eno mes elie es neg os, inmensamen e neg os, que con inúan la línea
de ‘La Mina’”. Manolo Milla es, 28/I/1968. A chi o del a is a.

150
Al onso de la To e
El neg o de alqui án o o ga á a sus cuad os un aspec o de len a ma-
e ia elás ica, pin u a coagulada, iscosidad que pa ece ía en ocasiones se
la causan e de las o siones de la ela. Un ma e ial que su o o a admi ado
Dalí había u ilizado en 1956212, ealizando una pin u a en público con
alqui án. En Milla es, el alqui án es la ma e ia i a, una sue e de luido
i al pic ó ico exudado que a eces ocul a, o o a descub e. Él ecoge ía en
1970, con ocasión de su exposición indi idual en la gale ía Juana Mo dó,
la ci a de Pe e Weiss en “Die E mi lung” (1965), asomb osamen e des-
c ip i a de los íp icos milla escos que enía ealizando desde mediados
los sesen a. El mu o neg o, dice el es igo al juez, “es aba cons uido a
base de g uesas planchas de made a y enía a ambos lados un p o ec o
con a las balas que sob esalía oblicuamen e. La made a es aba e es ida
de a pille as alqui anadas”213. ¿No es so p enden e el pa ecido de la des-
c ipción de Weiss, el c eado de la llamada es é ica de la esis encia, con la
p opia écnica cons uc i a de las a pille as del cana io?. Weiss, esc ibi ía
Al onso Sas e, siemp e pensó, como Milla es, en el In ie no de Dan e
como una imagen de nues o iempo214. Los pa ecidos de las ayec o ias
i ales de Weiss y Milla es coinciden en el o igen de aquel como pin o
a iliado al o den su ealis a y ambién en el peso que la his o ia u o en
su ayec o ia a ís ica.
Y es que, pa a Milla es, “no puede habe es é ica sin el homb e como
se social, y el homb e -el a is a, na u almen e en es e caso- si es ea-
lis a, lo es po que abaja desde aden o, sin que le sea posible eludi ni
pe de de is a al con o no que le odea y condiciona. (...) Hay pin o es
212 T as su con e encia en el Pa que Güell ba celonés, i ulada “Sal ado Dalí en el Pa que
Guell-Un cuad o con alqui án”, el 29 de sep iemb e de 1956, Dalí pin ó con alqui án
sob e una lona el pe il de la Sag ada Familia pa icipando en un coloquio con el públi-
co. La lona se pe dió al se plegada y adhe i se. El Dalí esul an e, amasijo de una lona
plegada y alqui anada, pod ía eco da al Milla es de las a pille as.
213 Pe e Weiss, “Die E mi lung” (1965), ecogido po Manolo Milla es en la ape u a del
ca álogo de su exposición en la Gale ía Juana Mo dó de Mad id en 1970, op.ci .
214 Pe e Weiss, “La es é ica de la esis encia”, Edi o ial Hi u, Honda ibia, 1999.
151
¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
que comunican, es imonian, denuncian, po que abajan desde la médula
misma del cue po que les ha ocado i i . Ellos son los e dade os pin o-
es de la ealidad; la ealidad de se en un de e minado espacio y iempo.
Hay, po el con a io, o os pin o es ‘ ealis as’, que no si en más que al es-
a ismo acío de una u a lle ada a la ce a ama illen a de los a que ipos de
un pasado monolí ico, más o menos ocul o, pe o siemp e inope an e. Es os
úl imos, incon esados au o es de e a os de ca ón pied a y de monumen os
nec ológicos, hacen suya la oz p e ab icada de una nue a ealidad, que se
iene conse ando en alcohol o na alina, desde odos los iempos de la
his o ia, y que i en de espaldas a la ealidad del pueblo, en lo que ep e-
sen a de cul u a, y al desa ollo consiguien e de la humanidad. Con iene
el pun ualiza aho a la inexis encia de un a e digno de ese nomb e, que
pueda se ep esen ado po una o ma cualquie a de enajenación -abs ac a
absolu a o copis a de obje os- es deci , de un a e que nace como cosa apa e,
lo ando en un cielo de no sé qué áci o mundo de in empo alidad”215. E a,
al cabo, la isión de un a is a, ¿po qué no?, idealis a en e las cenizas o, si
no, cómo puede en ende se esa p oclama, esc i a pa a “El mundo en cues-
ión” (1967), en la que de endía que el homb e con inua ía c eciendo, allá
donde encon a a ai e pu o y luz: “Le in des beaux a ché ypes occiden aux
ne p ésage pas une héca ombe que liquide a la ie e la cul u e. L’homme
con inue a à g andi e à agi là où il ou e a de l’ai pou ses poumons e
la lumiè e pou ses yeux. La science éside dans le sa oi -sans é oi s p éju-
gés- comme l’ai a i e à celui qui espi e e la lumiè e à celui qui oi . Ca
si l’on ega de en a eugle la conscience es e a sou de de an l’é énemen de
la ie, loin du ja din pa iculie e pa umé des p i ilèges. Mais si l’on oi
e si l’on espi e au ni eau de l’his oi e, a i e a alo s l’iné i able: la o ce
de l’indomp able p og ès qui, en même emps, cons ui , dé ui , me an à
décou e le my he du linge sale du monde qu’on i ”216.
215 Manolo Milla es, “C uz de Cas o”, Publicaciones Españolas, Cuade nos de A e del
A eneo de Mad id, Se ie Di ulgación, nº 43, Mad id, 1966.
216 Manolo Milla es, “La in des beaux a ché ypes occiden aux” (Tex o en el ca álogo de la
exposicion en el Musée d’A Mode ne de la Ville de Pa is, Le monde en ques ion, Pa is,
1967. Exposición o ganizada po la “Sec ion Anima ion Reche che Con on a ion”),
Pa is, 1967.
152
Al onso de la To e
Ya en sus pic og a ías de los cincuen a muchos de los signos azados
enían un impo an e componen e de neg a g a ía pa ecie a, más que de
Balos, ex aída de ca e nas ol idadas del subconscien e. En muchos de los
casos, ya se dijo, algunos de es os signos de mi oniana memo ia eco da-
án el b aman e, como si los signos uesen ealmen e ecosidos del ejido a
modo de pa ches o cica ices, camino de la sanación. Elemen os cosidos a
la ela, cuya supe icie pa ece a eces sos ene se con los emiendos neg os
de es as pun adas in e osímiles.
A su llegada a Mad id, 1955, Manolo Milla es u iliza á un he e ónimo
nada casual: “Sancho Neg o”, pa a abo da sus colabo aciones en la e is a
“Pun a Eu opa”, e is a del SEU que di ige o o cana io, Vicen e Ma e-
o. Con ese nue o nomb e, o desp endiéndose o o a de él, allí esc ibi á
páginas b illan es dedicadas po ejemplo a la o og a ía de su iempo o
bien eseñas c í icas sob e algunos a is as coe áneos: O eiza, Canoga ,
Chi ino o Ri e a, en e o os217.
Neg o se e o, di á Milla es en una de sus ca as de 1959218.
Dolo ex endido como un paisaje ex enso sob e la ela del saco, ma e ia
humildísima de un p ecla o “Sancho”. Como és e, amo de ínsulas, “De
una lejana Ínsula” llega án los cuen os que en 1956 ealice a los niños
Fe nández del Amo219. “Ínsula” i ula á a ios de sus cuad os220.
217 “Poema a Manuel Ri e a”, “Pun a Eu opa”, nº 10, Mad id, X/1956, pp. 144-147; “O eiza”,
“Re is a Pun a Eu opa”, nº 22, Mad id, X/1957, p. 122; “Chi ino”, “Pun a Eu opa” nº 26,
Mad id, II/1958, pp. 124-125; “Canoga ”, “Pun a Eu opa”, nº 30, Mad id, VI/1958. Su
esc i u a, admi a i a de con empo áneos, ha de ci a necesa iamen e el poema a Manolo Gil:
Manolo Milla es, “Elegía a Manuel Gil Pé ez”, “A e Vi o”, nº 3, Valencia, XII/1957, s/p.
218 “Un cuad o más bien pequeño y sin abul amien os de sa gas (...). Pe enece a la se ie
pos e io a la de las simples ex u as. El neg o en a con se e idad, en impo an e papel
sob e la a pille a”. Manolo Milla es, Mad id, 19/II/1959. A chi o del a is a.
219 Al onso de la To e, “Ca álogo Razonado Pin u as. Manolo Milla es”, op. ci ., il. col.
pp. 114-115.
220 Uno en 1967: Ibíd. nº ca . 406, il col. p. 458; dos en 1968: Ibíd., nº ca . 446, il col. p.
500 y nº ca . 447, il b/n p. 500 y uno más en 1969: Ibíd., nº ca . 474, il col. p. 530.
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¿Cómo ep esen a el cue po as el Holocaus o?
Sa gas en muchas ocasiones p oceden es de la indus ia azuca e a,
i onía milla esca, endulzado a de los sen idos co po ales, emblema del
pob e: “el llamamien o de la mul i ud innume able, sin nomb e, sin o o
des ino que la nada, la somb a y la ceniza”221. Sacos de uel os a su an igua
co po eidad humana, ejidos de a pille a inculados a la a iga, émulos de
los iel os de Beuys, me á o as de la piel. Esa alusión a lo co pó eo obli-
ga a menciona que en Milla es hay ambién elogio de los luidos, de lo
inmundo, de lo que no es á limpio. E ocado de Dan e, c eado empujado
hacia donde el sol no luce, su misión se á iaja al mundo ciego, hacia
la oscu idad del cen o p o undo. Duelis a con la mode nidad, los sacos
come ciales, una ez ex endidos as se co ados con na aja y ije a desde
el mon ón apilado en el es udio y al modo de un desuello, se án cosidos,
nue amen e ajados y, o a ez, ecosidos, eple os de apas, ubos, made-
as que, abul ados, hinchados, acaban ememo ando un cue po, humano
o animal, cadá e abandonado o cue po he ido. E ocando los se es que
el de la “Di ina Comedia” encuen a en el in ie no: “ i a uno que hubie a
pa ecido un laúd si hubiese es ado sepa ado po las ingles de la pa e del
cue po en que el homb e se bi u ca. La pesada hid opesía, que de al
modo de o ma los miemb os, con el humo con e ido el agua, que el os-
o no se co esponde con el ien e, le hacía ene la boca abie a, como a
ísico”222. Elogio de lo que queda del cue po as la mue e, as el úl imo
háli o, los cue pos ep esen ados po Milla es es ecuen e no sean los que
e ocan el óbi o plácido sino, más bien, los hé oes de la his o ia. Así lo
indica la posición sup ema de la ep esen ación de la sang e cuya p esencia
es á simbolizada po ojos cho e ones deslizándose po el lienzo. Símbolo
unido a lo eligioso, alego ía excelsa, ambién, de la ida. Emblema del
co aje, el alo y la i ud. Manolo Milla es: iluminado y ciego, esc ibi á:
221 Juan-Edua do Ci lo , “Milla es y la “mue e del homb e”, op. ci .
222 Dan e Alighie i, “El In ie no”, Can o XXX.