scieee Science in your language
[en] (orig)

Una vez es ninguna vez. Mímesis, relato y cine en Walter Benjamin

Author: Jarque Soriano, Vicente
Publisher: Zenodo
DOI: 10.5281/zenodo.14859518
Source: https://zenodo.org/records/14859518/files/csh29_Jarque_Una-vez-es-ninguna-vez.pdf
Una ez es ninguna ez
Mímesis, ela o y cine
en Wal e Benjamin
Vicen e Ja que
Vicen e Ja que (Valencia, 1956). Doc o en Filoso ía (Uni e -
sidad de Valencia). Ca ed á ico de Es é ica (Facul ad de Bellas
A es, Uni e sidad de Cas illa-La Mancha). En e sus lib os
se cuen an: And eu Al a o (1992), Imagen y me á o a. Es é ica de
Wal e Benjamin (1992), Expe iencia his ó ica y a e con empo áneo.
Modelos de c í ica (2002), And eu Al a o. Ca álogo azonado (2005),
His o ia, p og eso y a e con empo áneo (2011). Au o de di e sos
ensayos de iloso ía y c í ica de a e. T aduc o de Winckel-
mann, Mendelssohn, Hamann, Gehlen, Scholem,Benjamin y
K acaue , en e o os. Comisa io de exposiciones y edi o de
ex os sob e y de la Escuela de F ank u (1997), Sieg ied K a-
caue (Es é ica sin e i o io, 2006) y He de (Escul u a, 2006),
en e o os. Colabo ado como c í ico en dis in os medios de
p ensa (El País, A e y Pa e, A chi os de la Filmo eca).
Colección
Ciencias Sociales y
Humanidades, 29
Una ez es ninguna ez
Mímesis, ela o y cine
en Wal e Benjamin
Di ec o a de la colección: Ciencias Sociales y Humanidades
Me cedes Cab e a Cal o-So elo
Uni e sidad Complu ense de Mad id
Sec e a io de la colección: Ca los Julián Ma ínez So ia
Uni e sidad de Cas illa-La Mancha
La colección, en julio de 2017, ha ob enido el
sello de calidad en edición académica CEA,
con mención de in e nacionalidad, p omo ido
po la UNE y a alado po ANECA y FECYT
Vocales del Comi é cien í ico
Luc ecia Bu ges C uz
Uni e si a de les Illes Balea s
Rosa io Gandoy Jus e
Uni e sidad de Cas illa-La Mancha
Noemí Goldman
Uni e sidad de Buenos Ai es,
A gen ina
Ana Isabel González
González
Uni e sidad de O iedo
And és Hoyo Apa icio
Uni e sidad de Can ab ia
John Ch is ian Lau sen
Uni e si y o Cali o nia a Ri e side,
EE. UU.
Pila Mogollón Cano-
Co és
Uni e sidad de Ex emadu a
Alicia Pé ez de Albéniz
I u iaga
Uni e sidad de La Rioja
Leona do Rome o Toba
Uni e sidad de Za agoza
Una ez es ninguna ez
Mímesis, ela o y cine
en Wal e Benjamin
Vicen e Ja que
2021

JARQUE, Vicen e
Una ez es ninguna ez : mímesis, ela o y cine en Wal e Benjamin / Vicen e Ja que. –
[Palma de Mallo ca, e c.] : Genue e Ediciones, 2021.
328 p. – (Ciencias Sociales y Humanidades ; 29)
ISBN 978-84-18452-08-6 (pd )
ISBN 978-84-18452-07-9 ( ús ica)
1. Benjamin, Wal e (1892-1940). 2. C í ica e in e p e ación. 3. A e. I. Tí ulo. II. Se ie.
1 Benjamin, Wal e
791
QDH – THEMA 1.0
ATFA – THEMA 1.0
Diseño de la colección y de la cubie a: genue e ediciones po J. A. Pe ona
Maque ación | digi alización: Dosg aphic s.l. | Manuel Ángel O iz Velasco [emeao ]
©
Vicen e Ja que
© de es a edición: genue e ediciones
I.S.B.N.: 978-84-18452-08-6 (pd )
I.S.B.N.: 978-84-18452-07-9 ( ús ica )
D.L. PM 740-2021
Hecho en España (U. E.) - Made in Spain, 2021
DOI: h ps://doi.o g/10.5281/zenodo.14859518
Es a ob a ha sido some ida a e aluación ex e na, ap obada po el Consejo Cien ífico y
a ificada po el Comi é Edi o ial de acue do con el Reglamen o de GENUEVE EDICIONES.
Licencia C ea i e Commons A ibución/Reconocimien o-
NoCome cial-SinDe i ados 4.0 In e nacional
Siemp e es necesa ia una luz pa a dis ingui o a luz
Kie kegaa d, Dia io ín imo, 14 de ab il de 1834
9
Índice
In oducción ............................................................................................... 11
I. Mo i os ................................................................................................. 17
Re e sión del déjà u ................................................................................. 17
«Una ez es ninguna ez» .......................................................................... 22
Hacia la mímesis ........................................................................................ 36
II. Lenguaje y mímesis ............................................................................... 41
Sob e el lenguaje «en gene al» ................................................................... 41
En el mundo de Babel ............................................................................... 58
La acul ad mimé ica ................................................................................. 68
III. Teo ía de la expe iencia ....................................................................... 79
Una expe iencia sup ema ........................................................................... 79
Expe iencia, lenguaje y e dad .................................................................. 84
O igen y p o o enómeno. Excu so en Moscú ........................................... 90
IV. La in e upción de la his o ia ............................................................... 107
Imagen dialéc ica. Ma e ialismo y eología .............................................. 107
Re olución s. p og eso ............................................................................. 122
Violencia y edención ................................................................................. 132
V. Mode nidad y expe iencia ..................................................................... 149
Con on ación del su ealismo .................................................................. 149
La cons elación del despe a .................................................................... 157
Fan asmago ía ............................................................................................ 169

17
I. Mo i os
Some hings ha happen o he i s ime
seem o be happening again.
And so i seems ha we ha e me be o e
and laughed be o e
and lo ed be o e,
bu who knows whe e o when?
Whe e o When (Babes in A ms), 1937.
Richa d Rodge s/Lo enz Ha
Re eRsión del
déjà u
Es a ci a de una canción popula , ex aída de un bello musical de B oad-
way lle ado al cine en 1939 –aunque solo en pa e, y modi icado– po Busby
Be keley (con Judy Ga land y Mickey Rooney como p o agonis as)10, no solo
se o ece aquí como un pun o de pa ida posible, sino que puede se en en-
dido asimismo como una p ime a decla ación de in enciones. En el musical
o iginal, en la escena p e ia a aquella en la que se in e p e aba el ema (ambas
de amo ) pa ece p esupone se el cu ioso y de odos conocido, si no expe i-
men ado, enómeno del déjà u, aunque ambién se habla de las es ellas de
cine, de ác icas y es a egias pa a alcanza la cima en Hollywood, y has a
10 La canción no la in e p e an los p o agonis as, sino Douglas McPhail y Be y Jaynes,
en un con ex o idílico de supues a in imidad, que apa en a un lago o un ío, en donde
apa ecen emando a bo do de una ba ca sob e el ondo de un deco ado que igu a den o
del deco ado de la secuencia de la película p opiamen e dicha, lleno de gen e po odas
pa es (pues lo que se na a, en e ec o, es el ensayo de un espec áculo). La canción la can-
an dos eces seguidas (dos ensayos). Po cie o, que en es a película se incluyen e siones
de Good Mo ning y Singin’ in he Rain (ambas de los años 30) que la gen e suele ubica ,
sin sabe lo, en 1952, a pa i de la céleb e ob a maes a de S anley Donen y Gene Kelly.
Sus e siones, po an o, no e an o iginales, pe o lo pa ecie on (¿po eminiscen es?) a la
mayo pa e del público.
Vicen e Ja que
18
de Nie zsche. En odo caso, y dejando a un lado la espinosa cues ión del
e e no e o no (que en aquel musical, odo hay que deci lo, no llegaba a
plan ea se en oda su p o undidad), es in e esan e la suge encia de que una
expe iencia ex ao dina ia y decisi a, de las que pueden ayuda a da sen ido
a una ida humana, se expe imen a como al en an o en cuan o que en ella
se econoce de p on o algo sucedido pe o ol idado, como si se a ase de una
especie de eminiscencia en o ma de e elación.
Cabe pensa que es o iene algo que e con la expe iencia de la belleza o
con la expe iencia in ensi a de cie o a e, al menos en la medida en que en
ellas pueda oda ía disce ni se algo ela i amen e ascinan e, acaso inculado
a una ex aña año anza de no se sabe bien qué. El p opio Benjamin lo io así
en algún momen o. El día de Nochebuena de 1926 se hallaba en Moscú, en
ci cuns ancias de las que luego habla emos. T as un encuen o allido con un
conocido, espe ando el ómnibus, io po aza una pue a abie a en la que se
leía «Museo», donde se exponía la «segunda colección del a e nue o de Occi-
den e». A pesa de que no o maba pa e de su plan de isi as pa a aquel día,
se decidió a en a en el museo y, en e o as cosas, es o es lo que nos ela a:
An e un cuad o ex ao dina iamen e bello de Cézanne me di cuen a de lo
alsa que es desde el pun o de is a lingüís ico la exp esión ‘iden i icación’.
Me pa eció que, en la medida en que se comp ende una pin u a, no se pene a
en absolu o en su espacio, sino que, más bien, es e espacio a anza an e odo
hacia di e en es pun os muy de e minados. Se nos ab e en ángulos y incones en
los que c eemos pode localiza expe iencias muy impo an es del pasado; en es os
luga es hay algo inexplicablemen e conocido11.
Es a idea de que la expe iencia de la belleza o del a e, en es e caso de una
pin u a de Cézanne, compo e alguna o ma de eminiscencia an eal como
inexplicable12, puede se i nos pa a jus i ica el mo i o inicial de la p esen e
11 Dia i de Moscou, Ba celona, Edicions 62, 1987, p. 85; GS, VI, pp. 324-5. Cu si as mías.
12 En es e mismo sen ido, y a p opósi o de Benjamin, c . Fab izio Deside i, «Ha monia
ugiens: l’ina ingibile somiglianza», en Il an asma de l’ope a. Benjamin, Ado no e le apo ie
dell’a e con empo anea, Géno a, Il melangolo, 2002, pp. 53 ss. Po cie o, que ambién
se pod ía conside a la expe iencia de la belleza como asociada a la expe iencia de lo
I. Mo i os
19
in es igación. Po que, po lo demás, esa sencilla y bien conocida canción con
la cual la hemos abie o puede se cali icada, sin duda, como uno de los g an-
des s anda ds de los que an as e siones se encuen an en el uni e so del jazz.
El jazz: esa clase de cosa que nunca ue capaz de en ende ni acep a Ado no,
en pa e po que el jazz, que en su momen o se halla ía en el as ondo de
sus in ensos deba es sob e el a e en la época de su ep oduc ibilidad éc-
nica y, po an o, de la cul u a popula , se basa jus amen e en alguna o ma
de epe ición y de a iación de lo ya oído13. Y una de las cosas que nos ha de
in e esa aquí es la p esencia en la ob a de a e, y no solo en el ámbi o del
a e más ele ado, sino en el de masas, de una u o a clase de econocimien o
en conexión con un más o menos cla o o bo oso ecue do y, po an o, con
una u o a o ma de epe ición (o de eg eso).
De hecho, ue el p opio Benjamin quien lo o muló en un b e e apun e
i ulado Einiges zu Volkskuns , en donde, elacionando el a e popula con el
ki sch, sos enía que el espec ado , lle ado po una especie de pulsión p imo -
dial –un sus a o an opológico de empa ía–, con on a ía la ob a como si és a
le es u ie a p egun ando: «¿Dónde y cuándo ue eso?». Y añadía:
En él eme ge la ep esen ación de que en su exis encia ya ienen que habe se
dado una ez ese mismo espacio y luga y ese ins an e y esa posición del Sol.
La si uación que aquí se hace p esen e, como la de pone se de nue o un iejo
ab igo: al es la más p o unda seducción, la que despie a el es ibillo de la
canción popula , donde un asgo esencial de odo a e popula se hace asible
como p ecipi ado en la ob a14.
sinies o (Unheimlich, F eud), en cuan o que econocimien o como ex año de algo ami-
lia . C . Eugenio T ías, Lo bello y lo sinies o, Ba celona, Seix Ba al, 1982.
13 En e ec o, lo que se pone en juego en el jazz, en e o as cosas, es la di e encia en e la
di e encia y la epe ición: ¿es la e sión de un s anda d jazzís ico una ob a o iginal? Po su-
pues o, po que es una in e p e ación mimé ica. No in e p e ación de una pa i u a muda,
sino de una expe iencia musical p e iamen e conocida. Ado no no llegó a ene del odo
cla as es as cosas. C ., po ejemplo, Alessand o Be ine o, «Imp o isazione e au a», en
Hans-Ch is ian Gün e (ed.), Kuns im zwanzigs en Jah hunde . Zwischen Klassizismus
und Mode ne, zwischen p i a em und ö en lichem Raum, No dhausen, T augo Bau z,
2017.
14 GS, VI, p. 186.
Vicen e Ja que
20
Es e dad que Benjamin excluye en es e con ex o la posibilidad de esa
expe iencia a p opósi o de la con emplación de una ob a –sugie e– de Tizia-
no o de Mone , ese ándola pa a las imágenes de los lib os in an iles o las
«pin u as de U illo», pe o no pa ece que es a dis inción, es a d ás ica se-
pa ación de un ipo de con emplación cul o espec o de o o p imi i o –pe o
acaso más au én icamen e humano– esul e aquí del odo con incen e, sob e
odo cuando se la co eja con lo an es ci ado a p opósi o de Cézanne. Más
bien pa ece como si la di e encia no es ibase en el obje o (Cézanne o U illo,
Tiziano o un lib o in an il), sino en el suje o (el p opio Benjamin, o bien un
espec ado cualquie a, incluyendo a Benjamin). Unas líneas más allá leemos
que, de es e modo, «el déjà u, del caso pa ológico excepcional que ep esen a
en la ida ci ilizada, pasa a se una capacidad mágica, a cuyo se icio se pone
el a e popula », y que no consis e an o en la ac ualización de un enómeno
conc e o del pasado que pa ece epe i se, cuan o en la ecupe ación de algún
aspec o de ese «a senal de másca as» que cada cual ha ido acumulando a lo
la go de su ida y que, po azones p ác icas, ha ido apa ando de la conscien-
cia15. De modo que cuando concluye a i mando que «el a e nos enseña a e
den o de las cosas», mien as que el a e popula y el ki sch «nos pe mi en
e nos a pa i de las cosas»16, uno se p egun a has a qué pun o esa di e encia
puede sos ene se de mane a an axa i a.
Con iene sabe que Benjamin ambién se ocupó de mane a especí ica
del déjà u, y po cie o que en unos é minos no demasiado escla ecedo es.
En «No icia de un allecimien o», una de las piezas b e es que componen
In ancia en Be lín hacia 1900 (esc i a en e 1932 y 1934), leemos lo siguien e:
Se ha desc i o muchas eces lo déjà u. No sé si el é mino es á bien escogido.
¿No hab ía que habla mejo de sucesos que nos a ec an como el eco, cuya
esonancia, que lo p o oca, pa ece habe su gido, en algún momen o, de la
somb a de la ida pasada? Resul a, además, que el choque con que un ins an e
en a en nues a conciencia como algo ya i ido, nos asal a en o ma de soni-
do. Es una palab a, un susu o, una llamada que iene el pode de a ae nos
15 Ibid., p. 187.
16 Ibid.
I. Mo i os
21
desp e enidos a la ía umba del pasado, cuya bó eda pa ece de ol e el
p esen e an solo como un eco17.
La ex ensión del enómeno del déjà u a la es e a del sonido esul a acaso
un an o so p enden e en alguien an no o iamen e inclinado a se i se de
me á o as isuales como o ma de exposición del discu so18. Po o o lado,
ampoco se a a de econoce en el déjà u, en cuan o que inespe ada i up-
ción de un pasado en un p esen e, nada semejan e a la p oduc i idad de la
«memo ia in olun a ia» que hab ía pues o en ma cha En busca del iempo pe -
dido, sob e la que luego hab á que ol e 19. Lo que sucede es que Benjamin se
es á e i iendo aquí a un ecue do in an il, a una escena singula que, según
él mismo cuen a, se p eocupó de g aba i memen e en la memo ia, en la
que su pad e le comunicaba con cie o de alle la mue e de un p imo lejano.
El hecho de que solo iempo después se en e ase de que el p imo, íc ima
de un allo ca diaco, padecía sí ilis, algo que su pad e le había ocul ado, no
pa ece esponde demasiado a la mis e iosa lógica epe i i a del déjà u, en
donde se supone que el pasado eme ge de mane a ins an ánea e i ecupe able
como al (como una sue e de supe posición anspa en e en el p esen e), y
17 In ancia en Be lín hacia 1900, Mad id, Al agua a, 1982, p. 45; GS, IV, pp. 251-2. Benja-
min ecoge aquí uno de los agmen os de C ónica de Be lín, en donde, po cie o, cuen a
dos eces la anécdo a con su pad e. En e ec o, en un pasaje an e io , aunque in e um-
pido, se e ie e a la misma si uándola en un ma co eó ico más elabo ado: «Pe o en el
cen o de es as ex añas imágenes siemp e es amos noso os mismos. Y es o no es an
enigmá ico, pues ales ins an es de exposición epen ina son al mismo iempo ins an es
de es a - ue a-de-noso os, y mien as que nues o yo despie o, acos umb ado, co es-
pondien e al día, se mezcla en el suceso ac uando o padeciendo, nues o yo más p o undo
eposa en o o luga y es alcanzado po el shock como el mon onci o de magnesio en pol o
es alcanzado po la llama de la ce illa [en una ieja placa o og á ica]». Esc i os au obio-
g á icos, Mad id, Alianza, p. 239; GS, VII, p. 516.
18 Howa d S e n incide en ello, en e o as cosas, en su comen a io de es e pasaje de Benja-
min. El au o emi e, de paso, a la con icción del eó ico del cine S anley Ca ell, según
la cual solo la isión, al con a io que el oído, «es capaz de desplaza nos a o o mundo».
C . Howa d S e n, «Umkeh ung des déjà u. Zu einem Tex de “Be line Kindhei ”»,
en Tex +K i ik, Wal e Benjamin, nº 31-32, julio 1979, pp. 91-3.
19 En ealidad, lo que el p oyec o de P ous ep esen a es lo con a io de una especie de in-
menso déjà u desde el cual pudie a en ende se el p esen e como un me o «eco» en el que
esuena un pasado. C . K is a R. Ge a h, Me apho ische Ma e ialismus. Un e suchungen
zum Geschich sbeg i Wal e Benjamins, Múnich, Wilhelm Fink, 1981, p. 73.

Vicen e Ja que
22
sob e odo en o ma incie a, an ilocalizable en el espacio y el iempo eales
como sugie en an o la canción ci ada al p incipio como la expe iencia que
u o Benjamin an e la pin u a de Cézanne. En el episodio que nos e ie e, el
e en o esu ge en el p esen e como un ecue do sin más; como un ecue do
que, po así deci , pod ía en adelan e queda ijado pa a siemp e e insc i o en
un lib o de memo ias, como iene a se el caso: el de una ecupe ación del
« u u o que se dejó ol idado en nues a casa»20.
Se di ía que Benjamin no log a (o segu amen e no se p opone en se io)
a icula aquí de mane a igu osa la ex aña colusión de con inuidad y dis-
con inuidad empo al que pa ece compo a , en p incipio, el enómeno del
déjà u. De hecho, pa ece más bien in e i el o den del iempo ca ac e ís ico
en es e enómeno21, con i iéndolo casi en la expe iencia de la cons a ación
de una p emonición, en endiendo lo ya i ido en la in ancia como un e en o
peculia men e p eñado de u u o, dado que él mismo, según dice, lo había
p edes inado a se eco dado e iluminado en algún momen o, pe o en abso-
lu o epe ido ni, po cie o, edimido en el sen ido en que hab ía de p opone
en la ob a de los Pasajes la sal ación de los de i us de la his o ia.
«una ez es ninguna ez»
Llama la a ención sob e el asun o del déjà u puede pa ece una mane a
demasiado oblicua de en a en ma e ia. Al in y al cabo, es e enómeno ien-
de a se en endido en el campo de la ciencia como poco más que una me a
ilusión: no se ía an o el súbi o ecue do de algo ealmen e expe imen ado
que esu ge de p on o pa a ol e a se i ido, como una sue e de b e e,
casi ins an áneo desajus e de la conciencia ac ual, que nos hace pe cibi una
si uación p esen e y única como si se a ase de la epe ición de o a. En odo
20 In ancia en Be lín hacia 1900, ibid.
21 És a es, e ec o, la esis de Howa d S e n, como indica el í ulo de su b e e ensayo. C .
n. 14. Po lo demás, y en o o sen ido, ambién Mi iam B a u Hansen se e ie e al asun o
in i iéndolo: e el déjà u como «con apa ida» de la sinies a ap ensión de un u u o
amenazan e (mo al), ambién p esen e en Benjamin (Cinema and Expe ience. Sieg ied
K acaue , Wal e Benjamin and Theodo W. Ado no, Be keley, Uni e si y o Cali o nia
P ess, 2012, p. 315). Aquí emi e a Robe a Malagoli, «“Ve giss das Bes e nich !”. Déjà
u, memo ia e oblio in Wal e Benjamin», Annali di Ca’Fosca i, pp. 217-2, 1988.
I. Mo i os
23
caso, ese «eco» del que habla Benjamin nos conduce al núcleo del p oblema,
que en es e pun o de nues a in es igación no es o o que el de la epe ición
y su papel en la expe iencia au én ica. Y es és e el que nos ubica en el pun o
de is a desde el cual se puede incula , de alguna mane a, con o o mo i o
bas an e más complejo y enigmá ico, un asun o de apa iencia cola e al o
anecdó ica (en ealidad, una ase hecha muy ex endida en lengua alemana),
pe o sob e el que Benjamin ol e ía en dis in as ocasiones y en con ex os muy
ele an es. Aho a me e ie o a lo que se plan ea en un ex o de 1929, i ulado
«Una ez es ninguna ez» (Einmal is keinmal), que o ma pa e p ime g upo
de Somb as b e es, aquellos pequeños, pa icula men e delicados y suges i os
a e ac os ilosó ico-li e a ios (Denkbilde solía llama los) que ue publicando
en la Neue Schweize Rundschau. Ace ca de la idea de que «una ez es ninguna
ez» esc ibió lo que sigue, y que ale la pena ci a in ex enso:
En lo e ó ico iene es o una e idencia de lo más so p enden e. En an o se
co eja a una muje con la duda cons an e de si nos escucha á, el cumplimien-
o no pod á eni sino jun o con esa duda, a sabe , como edención, como
decisión. Pe o apenas se ha ealizado en esa o ma, apa ece á en su luga una
año anza nue a, insopo able, del me o cumplimien o desnudo en sí mismo
e ins an áneo. El p ime cumplimien o se consume pa a el ecue do más o
menos en la decisión, es o es, en su unción en e a la duda: se hace abs ac o.
Según la medida del cumplimien o desnudo, absolu o, es e una ez puede
con e i se en ninguna ez. Y al e és, ambién quizás como cumplimien o
se desp ecie e ó icamen e en cuan o desnudo y absolu o. Así que cuando una
a en u a i ial nos oca en el ecue do demasiado ce ca, súbi a y b u almen-
e, anulamos esa p ime a ez y la llamamos ninguna ez, po que buscamos
las líneas de uga de la espe a pa a expe imen a cómo la muje , su pun o de
in e sección, se anula an e noso os. En don Juan, c ia u a a o unada del
amo , el mis e io eside en cómo en cada una de sus a en u as lle a adelan e
con la apidez del ayo la decisión a la ez que la impe ación dulcísima, ecu-
pe ando en la eb iedad la espe a y an icipando en la solici ación lo que decida.
Ese de-una- ez-po - odas [Ein- ü -alle-mal] del goce, ese en elazamien o de
los iempos solo cob a á exp esión musicalmen e. Don Juan exige la música
como c is al en el que el amo se quema22.
22 Discu sos in e umpidos I, p. 144; GS, IV, p. 369.
Vicen e Ja que
24
Aquí no se a a de analiza e in e p e a el ex o en oda su p o undidad
(ni mucho menos de e lexiona sob e la música exigida po don Juan como
«c is al en el que el amo se quema»), sino solo de esal a en él unos pocos
aspec os e oca i os de o os que nos pueden se i pa a cen a nues o
asun o. De hecho, no hace al a se demasiado pe spicaz pa a econoce en
es as líneas algunas esonancias de un o igen cla amen e kie kegaa diano23.
Se pe ciben en la conjunción de e e encias a lo e ó ico (equi alen e al plano
«es é ico» de Kie kegaa d), las alusiones a la «decisión» (y a una « edención»
de la duda), al «cumplimien o» («ins an áneo»), a la igu a de Don Juan
(apun ando, según pa ece, a su e sión en o ma de «exp esión musical»)24
y, po supues o, a la p oblemá ica de la epe ición como eminiscencia (y al
amo como ecue do), ya implíci a en el mismo í ulo25.
Po lo demás, es p ecisamen e la epe ición, a la que se di ía que emi e la
idea de que no bas a con una ez, lo que pa ece se peculia men e a on ado
en es e cuad o. En la medida en que el «p ime cumplimien o», ela i o, «se
23 Po cie o, que Ado no se hallaba p ecisamen e po en onces esc ibiendo su dise ación
doc o al sob e Kie kegaa d, que publica ía en 1933. C . Kie kegaa d, Ca acas, Mon e
Á ila, 1969. Benjamin le dedicó una b e e ecensión, sub ayando la oposición del au o
del ex o a las in e p e aciones del eólogo Ka l Ba h y a los seguido es de Heidegge ;
c . GS, III, pp. 380-3.
24 Tal ez pensando en Moza , como el p opio Kie kegaa d. Aunque el asun o esul a algo
chocan e, eniendo en cuen a que el de Benjamin, a juzga po su ayec o ia eó ica, casi
en a ía en ese « ipo de compo amien o musical» que Ado no ca ac e izó como «indi e-
en e» o «no musical» (c . Einlei ung in die Musiksoziologie, en Gesammel e Sch i en, 14,
F ank u , Suh kamp, 1980, p. 196). Más a de debe íamos comen a el hecho de que
Benjamin hablase mucho de B ech , y de la D eig oschenope , haciendo caso omiso del
g an Ku Weill, y ello a pesa de que le conoció pe sonalmen e (c . GS, VI, 144). No
ue la misma, desde luego, la ac i ud de Ado no.
25 C . Sö en Kie kegaa d, Dia io de un seduc o , Buenos Ai es, Rueda, 1974, o La epe ición.
Un ensayo de psicología expe imen al, Mad id, Guada ama, 1976. En las p ime as páginas
de es e lib o, eco demos, sos iene que «la epe ición iene a exp esa de un modo decisi o
lo que la eminiscencia ep esen aba pa a los g iegos». De hecho, esc ibe, «¿qué se ía, a in
de cuen as, la ida si no se die a ninguna epe ición»; pe o Dios lo sabía bien, y jus amen-
e po eso «hay mundo y subsis e g acias a que es cabalmen e una epe ición», e c. Po lo
demás, el «expe imen o psicológico» que aquí se lle a a cabo a p opósi o de la epe ición
de i a de un ac o in encional, buscado po el na ado , y no, como se ía en el caso del déjà
u, de una especie de econocimien o súbi o e inespe ado, esencialmen e in olun a io.
De hecho, lo que Kie kegaa d nos ela a es el acaso de la epe ición en endida como
econs ucción conscien e de una i encia an e io .
I. Mo i os
25
hace abs ac o» en el ecue do en su ago a se como «decisión» o esolución
de una «duda», pa ece que solo alcanza ía conc eción como «cumplimien o
absolu o» a a és de un segundo cumplimien o que, sin emba go, no pod ía
se una me a epe ición del p ime o, sino una e sión ans o mada. Dicho
de o o modo: la epe ición compo a an o la iden idad como la di e encia.
Po o o lado, en el ecue do de una «a en u a i ial», desde el pun o de is a
del «cumplimien o desnudo, absolu o», e en ualmen e inmedia o, donde no
caben dudas o son i ele an es, la ealización del deseo e ó ico iende a esca-
mo ea se, po así deci , como si no hubie a sucedido ninguna ez, de modo
que se ha ía i epe ible como al. Dicho de o o modo: pe de ía su iden idad
p ecisamen e po no pode se epe ido como di e en e.
Finalmen e, el «mis e io» de Don Juan (po cie o, que basado siemp e en
la conquis a y sucesi a in idelidad a lo conquis ado) de i a de que en su hace
amo oso no cabe ni la edención de la duda ni la epe ición del cumplimien o;
lo que se da una y o a ez en sus hazañas e ó icas es un «de-una- ez-po -
odas» (ein- ü -alle-mal) que, al como aquí lo desc ibe Benjamin, pa ece
e oca a p ime a is a, aun cuando agamen e y de mane a pa adójica o en-
gañosa, como e emos, la expe iencia del iempo en la «imagen dialéc ica»,
cen al en el con ex o de la ob a sob e los Pasajes26. Pues o que de lo que se
a a es de una sue e de «en elazamien o de los iempos» –pasado, p esen e
y u u o–, en donde, «con la apidez del ayo» (a mane a de un « iempo-
aho a» pleno y elampaguean e), la «impe ación dulcísima» de la espe a lle a
siemp e consigo la «an icipación» de la «decisión», en una ope ación algo más
que gozosa, emb iagado a, única e i epe ible como al, y consumada pa a
siemp e en su conc eción, que Benjamin conside a suscep ible de se exp e-
sada solo a a és de la música (podemos supone que po ine able).
Si e lexionamos sob e odo es o desde el pun o de is a de lo que hab ía
que econoce como una expe iencia au én ica o simplemen e aliosa, en es e
caso e ó ica, y si u ié amos que elegi en e el «de-una- ez-po - odas» solo
accesible a la «c ia u a a o unada del amo » y el «una ez es ninguna ez»
26 A pesa de odas las e e encias a Kie kegaa d, que lle an ambién a Pie e Missac a
encon a analogías en e la epe ición del danés y la imagen dialéc ica, lo cie o es que el
p opio Benjamin pa ece habe las pasado po al o en gene al. C . Pie e Missac, Passage
de Wal e Benjamin, Pa ís, Seuil, 1987, p. 120.
Vicen e Ja que
32
Benjamin, que solía oma de F eud lo que le in e esaba y nada más que
lo que le in e esaba, y solo pa a eelabo a lo a su mane a, no pa ece ene en
cuen a que en ese «más allá del p incipio del place », en esa pulsión de la
epe ición, lo que se hallaba no e a sino Thana os: la pulsión de mue e40. O
quizás sí lo enía en cuen a, pe o decidió ob ia lo en es a ocasión41. Po lo
demás, añade:
Todo pod ía log a se a la pe ección, si las cosas pudie an ealiza se dos eces; el
niño p ocede de acue do con es e e so de Goe he. Pe o pa a él no han de
se dos eces, sino una y o a ez, cien, mil eces. Es o no solo es la mane a
de enseño ea se de expe iencias p imi i as e o í icas median e el embo a-
mien o, la p o ocación a iesa, la pa odia, sino ambién la de goza una y
o a ez, y del modo más in enso, de iun os y ic o ias. El adul o libe a su
co azón del emo y dis u a la dicha doblemen e cuando la ela a. El niño
la ec ea po en e o, comienza una ez más desde el p incipio. (…). No un
«hace como si», sino un «hace una y o a ez», la ans o mación de la ex-
pe iencia más es emecedo a en un hábi o42.
No e a una expe iencia pa icula men e «es emecedo a», sino con e ida
en «hábi o», la que Benjamin celeb aba en el pad e de T o sky a p opósi o de
su mane a de abaja en el campo. De nue o es el «una ez es ninguna ez»
el que pa ece impone se sob e el «de-una- ez-po - odas» como designación
del luga en donde cab ía espe a una expe iencia aliosa. El «de-una- ez-
po - odas» se nos p esen a como una consumación, pe o igualmen e, y po
lo mismo, como un pun o inal. Desde el pun o de is a de la expe iencia, se
halla in es ido de una sue e de a alidad imp oduc i a, como la p opiciada
po la écnica dominado a de la na u aleza, con su lógica sac i icial, o quizás
como la que end ía a desluci las hazañas de aquella «c ia u a a o unada
del amo » que se ía Don Juan, pe sonaje ca ac e izado p ecisamen e po su
incapacidad pa a la epe ición del ac o amo oso con la misma pe sona.
40 Sob e la concepción de la epe ición en el con ex o del psicoanálisis, c . Manuel Ál a-
ez Hui ayao, La epe ición, una in e p e ación psicoanalí ica: F eud y Lacan, Uni e sidad
Complu ense de Mad id (Tesis doc o al), 2015.
41 C . in a, pp. 117 ss., sob e la elicidad.
42 «Jugue es y juego», op. ci ., p. 94. GS, III, p. 131. T aducción modi icada.

I. Mo i os
33
Lo que de ine al «una ez es ninguna ez» es, po el con a io, su con-
dición abie a, su ca ác e ela i amen e inconcluso, que es lo que, po de
p on o, exige la epe ición, de al mane a que pueda queda in es ido de los
asgos de una ealidad asimilable. Queda así cla o en qué sen ido la expe ien-
cia lle a apa ejada la idea de epe ición. Y es o es jus amen e lo que se nos
con i ma en una signi ica i a y un an o enigmá ica obse ación de Benja-
min en cie o pasaje de su co espondencia con Ado no. El ema de la ca a,
ya de 1940, enía que e con la en usias a ecepción po pa e de Ado no
de su ex o Sob e algunos mo i os en Baudelai e, después de sus impo an es
desa enencias a p opósi o de los an e io es en íos an icipa o ios de la ob a
los Pasajes. En medio de una a mós e a elajada a es e espec o, Benjamin se
decide a con esa al amigo algo que bien pod ía habe le ansmi ido an es:
las « aíces» de su eo ía de la expe iencia, que ubica en un lejano ecue do
in an il. Se a a de una ase de su he mano meno , dicha a p opósi o de los
luga es que isi aban los niños en las excu siones que hacían con sus pad es
du an e las acaciones de e ano. La ase eza: «Da wä en wi nun gewesen»;
es deci , en é minos un poco g ama icalmen e a os, algo así como «aho a
ya hab íamos es ado allí» (cla o es á: si y solo cuando ol ié amos allí… o a
ez, o po segunda ez)43.
Lo que p e endo sub aya es la mane a en que es a ase puede conec a las
ideas que hemos enido comen ando con el concep o que Benjamin se ha ía
a ios años después, y al que esponde la ca a a su amigo Ado no, de lo que
se ía la expe iencia au én ica (E ah ung) en e a su e sión empob ecida o
degene ada en o ma de « i encia» (E lebnis) en el con ex o de la mode nidad.
43 Wal e Benjamin, I, p. 1133; Theodo W. Ado no/Wal e Benjamin, Co espondencia.
1928-1940, p. 312. La ase apa ece ya en los Pasajes (GS, V, p. 280) conec ada con es a
o a: «Es wa mi ein E lebnis» («Tu e una i encia»). C ., al espec o, Es he Leslie,
«Telescoping he Mic oscopic Objec : Benjamin he Collec o », en Alex Coles (ed.), The
Op ic o Wal e Benjamin, Lond es, Black Dog, 2000, p. 69. Leslie, po cie o, aduce
la ase en es os é minos: «We mus ha e been he e». Mien as que Mi iam B a u
Hansen, con más acie o, había op ado po : «The e we would now ha e been» (Mi iam
B a u Hansen, Benjamin, Cinema and Expe ience, en New Ge man C i ique, In ie no,
1987, Duke Uni e si y P ess, p. 213). Po su pa e, Paolo Jedlowski sub aya el ca ác e
po encial de la expe iencia aludida («dunque sa emmo s a o qui»); c . «Wal e Benjamin
e l’a o ia dell’espe ienza», en Alessand o Canadè (ed.), Benjamin, il cinema e i media,
Cosenza, Luigi Pelleg ini, 2007, p. 17.
Vicen e Ja que
34
Pues aun cuando la ase pa ece e e i se, en p ime é mino, a una i encia
in eg able en una especie de o denamien o o « egis o» de ecue dos que se ía
lo con a io del deso den en que se mo e ía la expe iencia, no pa ece que las
discon inuas i encias de shock sean p ecisamen e las des inadas a cons i ui
la ma e ia p incipal de una memo ia bien a iculada. O denada o deso de-
nada, olun a ia o in olun a ia, la memo ia depende de la c is alización de
una expe iencia que implica siemp e alguna clase de eje cicio acumula i o y,
po an o, de una con inuidad en el suje o; pues no bas a ía con «una ez»:
hab á que conec a esa p ime a ez con o a ez sucesi a, e incluso con o a
an e io , si es que acep amos que han de se a ibuidas a un mismo suje o;
po su pa e, el ámbi o de la i encia se compone de una sucesión de shocks
que se suceden sin pausa y sin da luga a un au én ico desa ollo; es deci :
oda ez es o pa ece se una p ime a ez, pe o ambién una úl ima ez. Pues,
esc ibe Benjamin, «la i encia quie e lo único (Einmalig) y lo sensacional
(Sensa ion); la expe iencia, lo siemp e igual»44. Solo que la búsqueda de «lo
único» opieza con que «una ez es ninguna ez», en an o que la epe ición
de «lo siemp e igual» in oduce a la i encia en el ámbi o de la di e encia.
Lo cie o es que nos hallamos an e una si uación un an o ambi alen e,
po no deci pa adójica45. Pues o que una expe iencia au én ica del suje o
basada en la con inuidad, y que no uese una me a epe ición de lo mismo,
es deci , no «lo siemp e igual» en el sen ido de una iden idad es ancada,
ei icada y ciegamen e au oa i mada, una y o a ez, en lo in a iable, sino
una ope ación de p og esi a in eg ación de lo di e en e, no puede en ende se
sino como algo que solo puede da se sob e el p esupues o de una epe ición
(de la iden idad en el con ex o de lo di e en e), que es jus amen e lo que
ha ía concebible, en su caso, un enómeno ex emo como el del déjà u; po
o o lado, una i encia basada en la discon inuidad pe manen e (como no
solo Benjamin po en onces, sino an os o os han enido a sanciona luego
como ca ac e ís ica del p esen e) end ía a se algo así como la ecepción de
44 Die Wiede keh des Flaneu s, GS, II, p. 198.
45 En ealidad, como bien puede supone se, odo lo e e en e al concep o de epe ición,
suele p esen a se di ec amen e como pa adójico. Al espec o, po ejemplo, c . Shlomi h
Rimmon-Kenan, «The Pa adoxical S a us o Repe i ion», Poe ics Today, ol. 1, nº 4 ( e-
ano, 1980), pp. 151-9.
I. Mo i os
35
lo siemp e nue o como lo siemp e igualmen e nue o, es o es, abs ac amen e
nue o, lo que acaba ía po p i a le de su p esun a condición de di e en e, y
a la iden idad –la ep esen ada po el suje o humano, cabe supone – de su
condición de iden idad más o menos acional46. Vi encia y expe iencia, lo
nue o y lo ya sido, la di e encia y la epe ición pa ecen en elaza se en una
especie de dialéc ica sin in, cuya ecundidad o es e ilidad solo se nos hab án
de mos a a ando de a icula esa dialéc ica a pa i de un con ex o más
conc e o, como puede se lo el de la mímesis, el de la acul ad mimé ica, un
46 En es e pun o podemos al ez pe mi i nos la in oducción de un b e e excu so. Dado
que, po supues o, es as ideas pueden hace pensa en el ema del que ya se ocupó De-
leuze en Di e encia y epe ición (Mad id, Júca , 1988 [1968]). En la «In oducción», o
«Del pensa como o ma de pa ología supe io », Miguel Mo ey ci a a Clémen Rosse
sob e Deleuze: «…la alianza del sen ido del ma iz, de la p ecisión, de la dis inción, con
la ausencia de cualquie sis ema en el que in eg a es as nociones a eces un poco su il-
men e pe o siemp e exac amen e dis inguidas. En o as palab as: la p ecisión pa a nada»
(ibid., p. 26). Lo que sucede es que, aun cuando Deleuze segu amen e o muló muy bien
el p oblema dadas las ci cuns ancias, lo hizo de un modo po comple o abs ac o, ajeno
a la expe iencia his ó ica a la que emi e y de la que ex ae buena pa e de su ue za el
pensamien o de Benjamin. En ese lib o hablaba, como e a ine i able, de Kie kegaa d y
de Nie zsche a p opósi o de los p oblemas de la epe ición y del e o no, aunque solo en
é minos de « ea o» (ibid., pp. 47 ss.). En gene al, no es exage ado deci que el lib o
esul aba un poco demasiado dig esi o, y sus llamadas «conclusiones», es o a de suyo,
algo imp oceden es como ales. En su in luyen e lib o sob e Nie zsche p oponía una
isión del e e no e o no como e o no de lo di e en e, lo cual no solo le qui aba ilo al
bas an e ágico mensaje de Za a us a, sino que con adecía la concepción del e e no
e o no como llamada a una expe iencia dominada po un in enso egis o de desespe-
ación exis encial y sinsen ido his ó ico (Nie zsche y la iloso ía, Ba celona, Anag ama,
1971, p. 69). En la medida en que la expe iencia –en cuan o que a iculación de di e-
encia y epe ición– se incula a la memo ia, eco demos que en su lib o sob e P ous y
los signos (Ba celona, Anag ama, 1970, pp. 64 ss.) insis ía en el «papel secunda io de la
memo ia» (en e e encia a la « amosa memo ia in olun a ia», a la que an a impo ancia
había concedido Benjamin, basándose en Be gson y ambién a p opósi o de P ous ). De
cualquie mane a, odo es o no si e de g an ayuda pa a elaciona la expe iencia ni con
lo di e en e ni con la epe ición. En suma, los a gumen os de Deleuze son an b illan es,
al menos a eces, como un an o in ecundos pa a lo que aquí nos in e esa. Lo cual ale,
incluso, pa a sus dos lib os sob e el cine. Como c eemos algunos, pa ece que no a a se
del odo cie o aquello que dijo un sabio ancés (Foucaul ): que « al ez un día el siglo
se á deleuziano». Suponemos que se e e ía al siglo XX… (c . Di e encia y epe ición, op.
ci ., p. 25). Un p oblema bas an e dis in o, po cie o, es el que plan ea De ida desde su
iloso ía de la di é ance. Sob e sus in e p e aciones de Benjamin, po el momen o bas e
con indica que no amos a oma las como guía. Sob e la ecepción de Benjamin en el
ámbi o de la decons ucción, c . Thomas Küppe y Timo Sk andies, Rezep ionsgeschich e,
en Bu kha d Lindne (H sg.), op. ci ., pp. 39-42.
Vicen e Ja que
36
encla e undamen al de ca a a una comp ensión del conjun o del pensamien-
o Benjamin, que aquí oma emos como pasaje p incipal a a és del cual
a a esa , ya que no esol e o supe a , las an í esis de p opo ciones apa en-
emen e abismales de las que se nu e47.
Hacia la mímesis
Así que, siguiendo el hilo benjaminiano, que únicamen e se nos e ela á
si nos es o zamos en aza lo po nues a cuen a, aquí se a a á de indica
de qué modo pueden esul a p oduc i as sus ensiones, sus ambi alencias,
sus inconsis encias y has a sus pa en es con adicciones en aquellas e lexio-
nes en las que eamos con on ado el p oblema de la elación en e expe-
iencia de lo nue o y epe ición de lo mismo. Aho a bien, es o iene que e
di ec amen e con el p oblema de la mímesis. ¿En qué sen ido? Pa a empeza ,
en el sen ido de que la epe ición bien puede en ende se como un caso ex e-
mo de la mímesis. Po o o lado, puede deci se que en la mímesis, en cuan o
que p ime a apa ición his ó ica del concep o de ep esen ación en a e, pe o
no solo en a e, se pone en juego una elación de simili ud o semejanza en e
un signi ican e y un signi icado, la de una copia más o menos exac a del o i-
ginal, o quizás un simulac o o un an asma iluso io, o al ez una epe ición
de algo p e iamen e iden i icado, aunque bajo un aspec o dis in o. Dicho de
o o modo, en la mímesis iene que habe algo elacionable con un déjà u:
algo ya is o u oscu amen e i ido, que eapa ece o esuena en un con ex o
di e en e. Dado que si no ue a, de algún modo, algo ya conocido, no pod ía
se e-conocido.
Es o es algo que puede se conside ado, po supues o, a pa i de los plan-
eamien os de Pla ón y A is ó eles al espec o. Como es no o io, el p ime o
endía a desp ecia las a es mimé icas en cuan o que copia insu icien e de las
apa iencias, que no puede sino ex a ia nos de la e dad y la jus icia, mien as
que su discípulo la de endió como un medio p i ilegiado de ca a a la o ma-
ción de las «nociones», en pa icula a a és del ea o, pe o ambién de las
es an es a es. Conside ada la mímesis no solo como una p ác ica poié ica o
47 C . Fab izio Deside i y Massimo Baldi, Benjamin, Roma, Ca occi, 2010, p. 14.
I. Mo i os
37
a ís ica, p oduc o a, sino desde el pun o de is a de la ecepción de la ob a,
sabemos que, pa a Pla ón, sus e ec os podían se in ecciosos y con agiosos,
de mane a que p econizaba su uso es ingido y siemp e some ido a censu a.
Pa a A is ó eles, po el con a io, la mímesis enía que p opicia el econoci-
mien o, pe o no solo del o iginal de la copia más o menos iel, sino ambién
de un sen ido nue o en el p oduc o de esa mímesis, pues o que no la en endía
como me a ep oducción ( epe ición) de lo eal, sino como ep esen ación de
lo posible48. Es es o lo que nos lle a a pensa la, en cuan o que espacio de una
icción, como ehículo de conocimien o y como ansmiso a y gene ado a de
expe iencia, pe o ambién como iun o de la imaginación humana49.
Aho a bien, desde el pun o de is a que aquí se p opone, lo mejo se ía
que la conexión con A is ó eles uncionase como un sus a o o as ondo
eó ico que no iene al caso desa olla de mane a explíci a50. En el im-
48 Sob e la mímesis en Pla ón, como pun o de e e encia puede ale nos el es udio de Ig-
nacio Ga cía Peña, La mímesis en los diálogos de Pla ón, Salamanca, Luso-Española de
Ediciones, 2008; sob e la mímesis en A is ó eles, que aquí en endemos básicamen e en
los é minos o mulados en su Poé ica, c . Vi iana Suñol, Mimesis en A is ó eles. Reconsi-
de ación de su signi icado y su unción en el Co pus A is o élico, Uni e sidad Nacional de La
Pla a, 2008 (Memo ia Académica).
49 Es una lás ima que las elaciones en e Benjamin y E ich Aue bach, cuya Mímesis es
ya de 1942, no log asen supe a los obs áculos de i ados de los iempos his ó icos y de
las ci cuns ancias pe sonales en las que u ie on que i i , de modo que sus con ac os
apenas die on u os; c . E ich Aue bach y Wal e Benjamin, Co espondencia 1935-1937,
Buenos Ai es, Godo , 2015. Po lo demás, el asun o de la mímesis se p es a a se abo -
dado desde incon ables pun os de is a. Apa e de la monumen al apo ación de Paul
Ricœu , que aquí nos se i á como as ondo, puede hace se, po ejemplo, e lexionando
desde una o ien ación analí ico-semió ica, como hace F ancisca Pé ez Ca eño en Los
place es del pa ecido. Icono y ep esen ación, Mad id, Viso , 1988. Pe o desde ese e i o io
concep ual nos esul a ía muy di ícil eg esa al mundo en que se mo ía Benjamin. C .,
no obs an e, Pe e Salabe , «F om Aes he ic Expe ience o he Loss o Iden i y, in Th ee
S eps», en Dominique Cha eau (ed.), Subjec i i y, Filmic Rep esen a ion and he Spec a o ’s
Expe ience, Ams e dam Uni e si y P ess, 2011, pp. 85 ss. En es e ensayo se habla de
Pei ce y el cine en unos é minos que pod ían conec a se con nues o p oblema.
50 Es lo que se p opone, po ejemplo, Jacques Ranciè e en Les bo ds de la ic ion, Pa ís, Seuil,
2017, omando el concep o a is o élico de mímesis desde el mismo pun o de pa ida
(pp.7 ss.). Más p óximo a nues o asun o es, po ejemplo, el ex o de Sebas ián Mau-
o, «La ob a de a e como o ma de conocimien o. La o ma pa adójica de la mímesis
en A is ó eles y Ado no», en A Pa e Rei. Re is a de Filoso ía, nº 41, sep iemb e 2005,
pp.1ss. El ensayo, po cie o, se ab e con una ci a de Paul Ricœu : «¡He aquí un ex año
mimo, que compone y cons uye aquello mismo que imi a!». Jus amen e de eso se a a.

Vicen e Ja que
38
p escindible lib o de S ephen Halliwell sob e el asun o, és e habla de Ado -
no en una no a a pie de página, a p opósi o de sus «oscu as e e encias» a
la mímesis como «un ins in o p econcep ual de asimilación, an o den o
como ue a del a e»51. Lo in e esan e pa a noso os es que esa alusión
de Halliwell a Ado no pa ece ol ida que esas «oscu as e e encias» a la
mímesis como una o ma de sabe p econcep ual p ocedían cla amen e de
Benjamin, aun cuando el p opio Ado no no se encon ase en condicio-
nes de hace lo del odo explíci o. T a a emos de a anza en ese sen ido.
Po que, en cualquie caso, nues o camino p e ende se un poco el con-
a io (aunque espe emos que complemen a io) del seguido po Halliwell:
no pa i de la noción clásica de la mímesis pa a mos a su igencia en el
p esen e52, sino examina el uncionamien o de esa noción en Benjamin,
pa a luego, con la ayuda de o as e e encias, ab i la posibilidad de e-
cu i a A is ó eles en la medida en que de es e modo puedan cla i ica se
las cosas.
Así pues, lo que enemos an e noso os es una especie de cons elación en
cie nes compues a de los concep os que hemos ido p esen ando en o ma
de mo i os: la idea de que la expe iencia de algo nue o (y signi ica i o, y
p ecisamen e en cuan o que signi ica i o) pueda eque i de alguna sue e de
epe ición, la idea de que una expe iencia au én icamen e aliosa pueda ene
que e con la posibilidad de su inse ción, aun en cuan o que di e en e, en
el ma co de una iden idad es able (de algún modo ei e a i a, pe o ecep i a
y pe meable), la idea de que odo es o se puede incula , y ello sob e odo
en lo que concie ne a la expe iencia es é ica y del a e, con alguna clase de
eminiscencia o de co espondencia, y inalmen e con la noción de mímesis,
en donde siemp e ha de pone se en juego el concep o de semejanza y, po
an o, el de alguna o ma de econocimien o de al simili ud, un econoci-
mien o que al ez pod ía asocia se, según e a la in ención de Benjamin, con
un p oyec o de emancipación humana, aun cuando no se a e del mismo que
él p oponía. Al in y al cabo, si uese e dad que, como el p opio Ado no
51 S ephen Halliwell, The Aes he ics o Mimesis. Ancien Tex s and Mode n P oblems, P ince-
on & Ox o d, P ince on Uni e si y P ess, 2002, p. 345.
52 A ello se dedica el ( ela i amen e b e e) capí ulo 12 de su lib o. C . ibid., pp. 344-81.
I. Mo i os
39
sos u o, «el eco es quien econcilia»53, odo depende á de qué sea lo que ese
eco eplique an es de pe de se en el silencio.
Es os mo i os de e lexión iniciales nos han de conduci a o os a a és
de los cuales espe amos hace los uc i ica . La cues ión de la elación en e
expe iencia y mímesis nos guia á hacia las eo ías benjaminianas del lenguaje
(capí ulo segundo), que cons i uyen el sus a o explíci o o implíci o de odo su
pensamien o, de las peculia idades de su o ma de exposición y, desde luego,
de su c í ica del suje o de la expe iencia. En conc e o, es en es e egis o en
donde cabe halla los undamen os de sus di e sas es a egias de in e upción
del discu so y de búsqueda de una clase de expe iencia supe io , que espe e,
pe o que a la ez, y sob e odo, ascienda el lujo del iempo empí ico en el
que se supone que ha de ene luga (capí ulo e ce o).
En es e pun o se hace necesa io conside a el concep o benjaminiano de
la his o ia (capí ulo cua o), basado en su adical nega i a al econocimien o
en ella de algún ipo de na ación p o is a de sen ido, de la con inuidad,
siquie a sea i egula o acciden ada, de una se ie de e en os de i ados de la
mayo o meno libe ad humana, y que pudie a se in e p e ada en odo o en
pa e como espacio pa a su ealización; es o a de la mano de una c í ica de
la eo ía del p og eso, que lle a a cabo no solo en nomb e de una p óxima
e olución comunis a, sino ambién en unción de una isión eológica de
la his o ia, mesiánica, en cohe encia con sus ideas sob e la expe iencia y el
lenguaje. En co espondencia con ello se plan ea el p oblema de la expe ien-
cia en el con ex o de la mode nidad (capí ulo quin o), cuya imagen a ó de
o ece en la ob a de los Pasajes, mos ando en el siglo XIX las aíces de su
c isis en el XX, en unos é minos ambién e en ualmen e a o ables de ca a a
su esolución en un sen ido e oluciona io.
Es as ideas de e minan igualmen e su con on ación de la li e a u a na-
a i a (capí ulo sex o). Se a a de un asun o al que no se ha p es ado oda ía
la debida a ención. Una de las azones es iba, quizás, en el hecho de habe lo
desplegado Benjamin más en el e i o io de la p ác ica c í ica que en el de
la eo ía. Po o o lado, y a pesa de sus c uciales ensayos sob e Goe he,
Ka ka y P ous , pa ece que su concepción de la li e a u a como a e en ge-
53 Teo ía es é ica, op. ci ., p. 166.
Vicen e Ja que
40
ne al, en donde se insc ibi ía de mane a eminen e la no ela, haya quedado
pa cialmen e oscu ecida po sus luminosas apo aciones a la in e p e ación
de la poesía de Baudelai e y, muy posiblemen e, po la es epi osa ecepción
alcanzada po sus céleb es p opues as en el con ex o de su ensayo sob e La
ob a de a e en la época de su ep oduc ibilidad écnica, aun cuando cla amen e
limi adas a la p oblemá ica del des ino de las a es isuales, y no al a e en
gene al, en con a de lo que él mismo pa eció c ee en algún momen o. Sin
emba go, es e iden e que es en el ámbi o de la li e a u a donde eme ge con la
mayo acuidad la cues ión de la elación en e la expe iencia y la mímesis, en
conexión con la icción na a i a, con el dic amen de una c isis de la no ela
y un inal del ela o, con las decisi as y algo p eocupan es consecuencias de
ca a a una conside ación del p esen e y el u u o de la expe iencia humana.
Solo al a un úl imo mo i o, que emi e jus amen e a nues o pun o de
pa ida: el cine (capí ulo sép imo). El cine, sob e odo, en cuan o que espacio
p i ilegiado en donde, al iempo que se ponen en cues ión las p e ensiones
de buena pa e del a e con empo áneo, con luyen la mímesis y la na ación
como uen es de expe iencia. Pues o que es en jus amen e en es e encla e,
que Jacques Ranciè e ha llegado a cali ica como «una sue e de cons elación
his ó ica»54, en donde odos los p oblemas que hemos enido p esen ando en
las páginas an e io es pueden queda eunidos e iluminados. En el caso de
Benjamin, y a a és de un examen del ensayo sob e La ob a de a e y de o os
ex os a él inculados, e emos en qué medida supo comp ende y alo a la
impo ancia de la i upción del cine, y has a qué pun o log ó o no ex ae de
ello las consecuencias opo unas pa a su inse ción en un con ex o his ó ico y
expe iencial como lo se ía el nues o, dominado po una dispe sión del a e
y un p edominio apa en emen e inapelable de la cul u a de masas y las nue as
ecnologías. Al ma gen de sus aspi aciones e oluciona ias, pe o sin po ello
enuncia al con enido emancipado de su pensamien o, Benjamin puede e-
p esen a una buena pied a de oque pa a calib a en qué medida puede aún
sob e i i la expe iencia humana y la adición cul u al sin queda des igu-
ada po el empuje de secula es endencias eg esi as.
54 «Las poé icas con adic o ias del cine», en Pensamien o de los con ines, nº 17, Buenos Ai es,
Fondo de Cul u a Económica, diciemb e, 2005, p. 9.
41
II. Lenguaje y mímesis
sobRe el lenguaje «en geneRal»
Como es bien no o io, uno de los asgos más singula es del ya de po sí
idiosinc ásico pensamien o de Benjamin es la mane a en que pa ece en odo
momen o nu i se de elemen os mesiánicos y eológicos. Po supues o, ales
o ien aciones han sido asumidas e in e p e adas de muchas mane as, en unos
é minos más o menos inculados al uni e so del judaísmo o más amplia-
men e eligiosos, pe o ambién, y sob e odo, en muy di e en es sen idos de
un o den me a ó ico, alegó ico o u ópico. Po lo gene al, aunque no siemp e,
ese componen e eológico ha sido dialéc icamen e ans igu ado en discu sos
dispa es, pe o casi siemp e más o menos coinciden es en el empeño po e
en ello un egis o undamen al del que ex aía an o sus a isbos más pene-
an es y o iginales, sus ue zas y ensiones más p oduc i as, pe o ambién el
luga exac o del que podían p ocede bas an es de sus no o ias debilidades y
e en uales incohe encias55.
Aho a bien, si hay un e i o io en el que es o úl imo se hace pa icu-
la men e e iden e es, sin duda, en el de sus ideas sob e el lenguaje. És as
cons i uyen el al a y omega y el medio undamen al sin el cual no es posible
expone su concepción de la expe iencia. A es e p opósi o, es incon es able la
ele ancia de su ensayo de 1916 Sob e el lenguaje en gene al y sob e el lenguaje
de los homb es, que hab ía de unciona en adelan e como as ondo en los
55 Ob iamen e, el asun o ha sido conside ado en casi odas las in e p e aciones del pensa-
mien o de Benjamin. Pa a dos ap oximaciones escla ecedo as, c . Wol gang Ullman,
«Wal e Benjamin und die jüdische Theologie», en Michael Opi z y E dmu Wizisla
(H sg.), Abe ein S u m weh om Pa adiese he , Leipzig, Reclam, 1992, pp. 96 ss.; des-
de un pun o de is a complemen a io, Uwe S eine , «Säkula isie ung. Übe legungen
zum U sp ung und zu einigen Implika ionen des Beg i s bei Benjamin», en Uwe S ei-
ne (Hg.), Wal e Benjamin 1892-1940. Zum 100. Gebu s ag, Be na, Pe e Lang, 1992,
pp.139 ss.
Vicen e Ja que
48
la lengua de los homb es habla en palab as. El homb e comunica po lo an o
su p opia esencia espi i ual (en la medida en que es comunicable) nomb ando
odas las o as cosas70.
Se deduce de ello que el lenguaje p opiamen e humano, en p incipio,
cons a de los nomb es (y solo de los nomb es) con que designa las cosas
(y se supone que los acon ecimien os). Solo que a pa i de aquí su gen
innume ables in e ogan es. Algunos de ellos se los plan ea de o ma ex-
plíci a el mismo Benjamin. En e ec o, si lo p opio del homb e es nomb a
las cosas,
¿po qué las nomb a? ¿Con quién se comunica el homb e? (…) ¿Con quién se
comunica la lámpa a? ¿Y la mon aña? ¿Y el zo o?71
A Benjamin le pa ece cla o que lámpa a, mon aña y zo o se comunican
a su modo con el homb e, pues o que, si no lo hicie an, «¿cómo pod ía él
nomb a los?»72. Es aquí donde empieza a hace se pa en e un sesgo que in-
oduce en su eo ía y que no dejó de ene consecuencias en sus pos e io es
e isiones del asun o y en sus ideas sob e la expe iencia, has a el pun o de
indica el mo i o a pa i del cual aspi aba a dis ancia se an o de una isión
ins umen al del lenguaje como de una me amen e mís ica. Me e ie o a su
no able in e és en des incula el ac o de nomb a , po un lado, de la idea de
una imposición ex e na a la cosa nomb ada, de algún ipo de au o idad o
de a bi io absolu os, incluso de con ención acciden al; así como, po o o
lado, de una concepción mís ica según la cual esos nomb es que el se hu-
mano con ie e a odas las cosas equi alen sin más a la plena de e minación
de su más ín ima «esencia espi i ual».
Pa a Benjamin, es en es a lengua denominado a, y solo en ella, donde se
pone inalmen e de mani ies o, a di e encia de lo que sucede con la lengua
70 Ibid., p. 141; GS, II, p. 143. De más es á deci que nomb e pa a Benjamin es nomb e
p opio. Se p esupone que en Pa aíso solo había un ejempla de cada cosa.
71 Ibid.
72 Ibid.

II. Lenguaje y mímesis
49
impe ec a de las cosas, la p o unda iden idad de «esencia espi i ual» y «esen-
cia lingüís ica». Pues
el nomb e es aquello a a és de lo cual no se comunica ya nada y en lo cual la
lengua misma se comunica absolu amen e (…). [Es] la sín esis es a o alidad
in ensi a de la lengua como esencia espi i ual del homb e (…), la lengua de
la lengua73.
El p opósi o de Benjamin es, sob e odo, sali al paso de la que cali ica, se
di ía que un an o agamen e, como «la concepción bu guesa de la lengua»:
Tal eo ía dice que el medio de la comunicación es la palab a, que su obje o
es la cosa y que su des ina a io es un homb e. Mien as que la o a eo ía
[i.e.: la suya] no dis ingue ningún medio [Mi el], ningún obje o, ningún
des ina a io de la comunicación. Lo que dice es: en el nomb e el se espi i ual
del homb e se comunica con Dios74.
De es e modo echaza oda concepción ins umen al del lenguaje (la «bu -
guesa»), aunque no es e iden e que haga lo p opio con la « eo ía mís ica»,
al menos en alguna de sus e siones asociadas a una eología nega i a, en la
medida en que, po un lado, sos iene que el se humano se comunica con
Dios, mien as que, po o o lado, econoce que esa comunicación ca ece de
des ina a io75. Po lo demás, es o se explica en pa e asumiendo que, con la
denominación humana de las cosas, «la c eación de Dios se comple a»76, lo
cual ha ía pensa en una sue e de comunicación indi ec a con Dios, es de-
ci , a a és de la denominación de las cosas po Él c eadas. De hecho, en lo
que pa ece es a pensando es en una a ea consis en e en a ende a la lengua
de las cosas, las cuales se di e encia ían a lo la go de la escala en e a de la
C eación-Re elación según su g ado de espi i ualidad:
73 Ibid., pp. 142-3; GS, II, p. 144.
74 Ibid., p. 142; GS, II, p. 144.
75 Una eología de es e ipo, en el con ex o de la Cábala, e a jus amen e la que in e esaba a
su amigo Scholem, como se hizo e iden e a p opósi o de su deba e sob e Ka ka.
76 Ibid., p. 143; GS, II, p. 144.
Vicen e Ja que
50
Las di e encias de las lenguas son di e encias de medios [Medien] que se
dis inguen, po así deci lo, po su espeso , es o es, g adualmen e, y ello en el
doble sen ido del espeso del comunican e (denominan e) y de lo comunicable
(nomb e) en la comunicación77.
Es in e esan e la inclusión de es a a iabilidad de «espeso » del nomb e.
Lo que se halla en juego en es e con ex o es algo an undamen al como el
componen e de « ecep i idad», de una cie a pasi idad po an o, de una ade-
cuación, si no some imien o o al menos supedi ación del lenguaje del homb e
a la pa icula idad (o al pa icula «espeso ») de la cosa nomb ada. En e ec o,
y en con a de la « eo ía mís ica» del lenguaje, que iden i ica el nomb e con
la cosa en sí, Benjamin ad ie e que
ello es inexac o, po que la cosa en sí no iene palab a: la cosa es c eada po el
e bo de Dios y conocida en su nomb e según la palab a humana. Pe o es e
conocimien o de la cosa no es una c eación espon ánea, no p ocede de la len-
gua absolu amen e, sin lími es e in ini amen e como és a, sino que el nomb e
que el homb e da a la cosa depende de la o ma en que la cosa se comunica
con él. En el nomb e la palab a de Dios no ha seguido siendo c eado a, se
ha con e ido en pa e ecep i a (…). Es a ecep i idad se di ige a la lengua
de las cosas mismas, desde donde a su ez se i adia, sin sonido y en la muda
magia de la na u aleza, la palab a di ina78.
Es aquí donde cob a sen ido la apelación a la a ea humana como una
« aducción» de las lenguas de las cosas, labo en donde se dan « ecep i idad
y espon aneidad a la ez», en an o en cuan o en ella se debe pa i de una
«lengua» p e ia pa a aslada la a o a o almen e di e en e, aunque en es e
caso «supe io » y, al in y al cabo, undamen o úl imo de odas las demás.
En ese p oceso, po an o, aunque no cab ía habla de «c eación» a la mane a
di ina (en donde el Nomb e es Ve bo), sí de una cie a «espon aneidad», de
una sue e de inmedia ez p oduc i a, en absolu o e lexi a, en i ud de la
cual eme gen en el homb e los nomb es de las cosas como culminación de
la ob a de Dios.
77 Ibid., p. 144; GS, II, p. 146.
78 Ibid., pp. 147-8; GS, II, p. 150.
II. Lenguaje y mímesis
51
De hecho, aunque las cosas «pueden comunica se en e ellas», es o es
algo que hacen solo «median e una comunidad más o menos [sic] ma e ial»,
aunque asimismo «mágica». Pe o añade Benjamin:
Lo incompa able del lenguaje humano es que su comunidad mágica con las
cosas es inma e ial y pu amen e espi i ual: de ahí el sonido y el símbolo79.
Es as y las an e io es ases, que nos hablan esuel amen e de inmedia ez
«mágica», de « ecep i idad y espon aneidad» a un iempo, de «comunidad»
espi i ual, pe mi en en e e algo que el lenguaje denomina i o end ía en
común con el que más a de concibió Benjamin, en el ma co de su eo ien a-
ción hacia una eo ía mimé ica del lenguaje, como un ilimi ado «a chi o de
semejanzas inma e iales».
Si lo que de ine al homb e como al es esa lengua denominado a, cabe
p egun a se qué papel desempeña ían en onces en el lenguaje humano el
es o de las palab as. Pa a a a de esponde a es a cues ión, hab emos de
segui a Benjamin en las páginas inales de su ensayo, en donde ecu e ya
de o ma explíci a a los p ime os capí ulos del Génesis, de modo que aquí no
cab ía espe a g andes so p esas80. En p ime luga , como es sabido, Dios
c eó el mundo median e la palab a (que podía se an o Ve bo como Nom-
b e). Solo al se humano lo c eó de la ma e ia de la ie a, sin nomb a lo, pe o
do ándole a cambio del lenguaje. A pa i de aquí, el p ime p oblema que
su ge, con is as a con on a la cues ión de la expe iencia, es el del conoci-
mien o, que Benjamin iene a plan ea como sigue:
En Dios el nomb e es c eado po que es e bo, y el e bo de Dios es conocedo
po que es nomb e (…) La elación absolu a del nomb e con el conocimien o
79 Ibid., p. 145; GS, II, p. 147.
80 Tampoco puede so p ende a es as al u as la mane a en que Benjamin se emplea en es e
pun o, cuando, po un lado, esc ibe: «Si a con inuación se examina la lengua sob e la
base de los p ime os capí ulos del Génesis, el obje o de ello no es una in e p e ación de
la Biblia, ni se quie e conside a en es e con ex o a la Biblia obje i amen e, como e dad
e elada que si a de base a la e lexión». Pe o, po o o lado, añade, «se busca indaga
lo que esul a del ex o bíblico en elación con la na u aleza de la lengua misma», po que
la Biblia, «en la medida en que se la conside a como e elación, debe necesa iamen e
desa olla los hechos lingüís icos elemen ales». C . ibid., p. 145; GS, II, p. 147.
Vicen e Ja que
52
subsis e solo en Dios, solo en Él el nomb e, po se ín imamen e idén ico al
e bo c eado , es el pu o medio del conocimien o (…) [Pe o] Dios eposó
cuando hubo con iado a sí misma, en el homb e, su ue za c eado a. Esa
ue za, p i ada de su ac ualidad di ina, se ha con e ido en conocimien o.
El homb e es conocedo de la misma lengua con la cual Dios es c eado (…).
Toda lengua humana es solo e lejo del e bo en el nomb e81.
Se en iende, sin duda, la di e encia en e la palab a c eado a de Dios
y la solo conocedo a del se humano. Pe o es cla o que es a condición
únicamen e puede concebi se en el ámbi o del Pa aíso. Solo en ese ma co
p elapsa io se puede asumi que Dios y homb e compa an oda ía la misma
lengua y que la a ea denominado a de Adán82 pudie a se lle ada a cabo
con éxi o, como así ue, pues o que el nomb e, como mani es ación del
pu o lenguaje, compo aba un conocimien o o igina io y pu o de las es an-
es c ia u as.
Benjamin sub aya que la p esencia en el Pa aíso del á bol p ohibido, el
del Conocimien o del Bien y del Mal, no puede se óbice pa a a i ma que
la lengua nomina i a del Edén e a ya «pe ec amen e conocedo a», y que
«el conocimien o que da la se pien e con su seducción, el sabe de lo que es el
bien y el mal, ca ece de nomb e», aun cuando ese sabe sí es aba p esen e
en la lengua de Dios, que había econocido su C eación como algo «muy
bueno»83. Desde es e pun o de is a, es ob io que una pa e de la p o-
mesa de la se pien e («se éis como dioses») no iba del odo desencaminada,
a pesa de que no podía se cumplida. Después de odo, el acceso al «juicio»
81 Ibid., p. 146; GS, II, pp. 148-9.
82 Pues en la Biblia se nos dice que ue él, an es que E a, quien dio nomb e a los ganados
y las a es, mien as Dios descansaba. De hecho, hab ía sido inmedia amen e después
cuando Dios cayó en la cuen a de la soledad de Adán, y decidió c ea a E a (a la que
Adán, al pa ece conocedo de algunas eglas g ama icales, llamó en p incipio «Va ona»,
como Benjamin nos ecue da ambién). Po su pa e, a E a le cabe el mé i o de habe
in oducido en el Pa aíso el lenguaje no nominal, sino judica i o, acional, undando así
p opiamen e lo que llamamos Humanidad. No se a a, po cie o, de un p oblema de
géne o, sino de que pa a que algo nue o su ja, iene que habe dos. El se humano se hace
humano cuando su humanidad se epi e: la de Adán en E a o la de E a en Adán. Pues o
que una ez es ninguna ez.
83 Ibid., p. 149; GS, II, p. 152.
II. Lenguaje y mímesis
53
(que Benjamin, siguiendo a Kie kegaa d, iden i ica como la caída en «el abis-
mo la chácha a») cons i uye
el ac o de nacimien o de la palab a humana, en la cual el nomb e no i e ya
más in ac o; es la palab a que ha salido ue a de la lengua nominal, conoce-
do a (…). La palab a debe comunica algo ( ue a de sí misma)84.
De las consecuencias de la expulsión del Pa aíso, el desalojo p imo dial
conducen e a la ex e io idad maldi a en i ud del conocimien o de la «pa-
lab a juzgado a»85, has a en onces an p i a i a de Dios como la palab a
c eado a, Benjamin indica es. La p ime a es que la lengua se con ie e en
un «medio» [Mi el, no Medium], un me o ins umen o de comunicación de
y pa a un «conocimien o inadecuado» del mundo, lo cual conduce de mane a
ine i able a la mul iplicación de las lenguas, ninguna de ellas o igina ia (y
se supone que odas a bi a ias, en cuan o que a iculadas en unción del
«signo»); la segunda consecuencia es iba en que, como « ep is inación de
la inmedia ez iolada del nomb e en el pecado o iginal», su ge «una nue a
magia, la del juicio, que ya no eposa biena en u adamen e en sí misma»
(una magia espú ea, amposa, de asgos mí icos, que en su momen o hab á
de ans o ma se en acionalidad écnica); y el e ce e ec o decisi o, el cual
«puede acaso se a iesgado como hipó esis», según sugie e Benjamin con
cie a cu iosa cau ela, es que, en e a ca ac e ís ica conc eción del nomb e,
ambién el o igen de «la abs acción como acul ad del espí i u lingüís ico»
se ía posible encon a lo asimismo en el pecado o iginal86.
La p ime a conclusión que cabe ex ae de odo es o, al menos en lo que
nos in e esa de ca a al desa ollo del p esen e p oyec o, y en lo que concie ne
a la elación en e expe iencia y mímesis, es que Benjamin concibe el len-
guaje humano como el p oduc o de una caída desde una lengua o igina ia,
pu a y pe ec a en sí misma, e in es ida del pode de un conocimien o pleno
84 Ibid., pp. 149-50; GS, II, p. 153.
85 Sob e es e pun o, sob e la lec u a benjaminiana del Génesis y o os aspec os bíblicos de
su pensamien o, c . I ing Wohl a h, «Su quelques mo i s jui s chez Benjamin», en
Wal e Benjamin, Re ue d’Es hé ique, op. ci ., pp. 141 ss.
86 Ibid., p. 150; GS, II, pp. 153-4.

Vicen e Ja que
54
(el necesa io y su icien e) de la na u aleza, has a una con usa condición ba-
bélica de e minada po la ins umen alización del lenguaje al se icio del
«juicio» y la «abs acción». Es e iden e que con apone el lenguaje nominal
al uso acional del lenguaje, que es donde se hacen posibles no an o el «jui-
cio» ace ca del bien y del mal, sino juicios en gene al a a és de los cuales se
despliega el sabe y el discu so a gumen al en pa icula .
Aho a bien, si es o queda a así, si solo sos u ie a eso, es e dad que no
hab ía ido mucho más allá de las peculia es concepciones sob e el lenguaje
de un Hamann o un No alis, o de la cábala judía. Pe o las cosas en Benja-
min siemp e suelen ene a ias ca as. Ya he comen ado los a isbos de una
conexión en e es a eo ía del lenguaje de 1916 y la que se desp ende ía de
sus esc i os de 1933, en la medida en que el p incipio undamen al de oda
acción mimé ica (en cuan o que esul ado de la acul ad de econocimien o,
pe o ambién de p oducción de semejanzas) compo a esa elación de « ecep-
i idad y espon aneidad» que a ibuía a la lengua humana como « aducción»
de odas las demás. Po o o lado, aquella idea apa en emen e ex a agan e de
que hay en las cosas que nos odean una «esencia espi i ual», que nos «comu-
nican» (o que comunicaban a Adán y E a) en su p opia lengua, no solo iene
mucho que e con los undamen os de su concep o de expe iencia87, sino
que se encuen a en la base de lo que en 1938, en su ex o sob e Baudelai e,
de ini ía como «au a» (es o es, la capacidad de las cosas de «de ol e nos la
mi ada»), lo cual iene a complica bas an e el pano ama.
De hecho, una úl ima consecuencia ine i able de la Caída en el lenguaje
judica i o hab ía sido, según Benjamin, el enmudecimien o de la na u aleza.
Con ello no se e ie e al o igina io silencia se de las «lenguas» de los obje os
na u ales, que se comunicaban sin palab as (¡como la lámpa a!). De lo que se
a a es de que, as la caída,
comienza o o mu ismo, al que aludimos al habla de la p o unda is eza
de la na u aleza. Es una e dad me a ísica la que dice que la na u aleza se
pond ía a lamen a se si le uese dada la palab a88.
87 En la in e p e ación de Uwe S eine , op. ci ., p. 597, básicamen e obje i a y bien ajus ada
al ex o de Benjamin, se asume es e nexo con oda cla idad como pun o de pa ida.
88 Ibid., p. 151; p. 155.
II. Lenguaje y mímesis
55
Benjamin no explica del odo el mo i o de esa is eza. Sos iene que la
na u aleza «llo a ía po la lengua misma», po su «incapacidad de habla »,
pe o ambién se lamen a ía del hecho mismo de se nomb ada: a i ma que
ecibi un nomb e puede se signo de «un mal p esagio», al ez po que ahí
se encuen a en cie nes el p incipio de la iden i icación, es deci , de la e-
ducción de lo di e en e a una iden idad que lo limi a y coa a. Y, sob e odo,
la na u aleza llo a ía a causa de la con usión babélica, pues o que, más allá
de la nominación c eado a de Dios o la necesa iamen e complemen a ia del
homb e an e io a la Caída, «en las lenguas de los homb es las cosas son
sob edenominadas», algo que no pod ía deja de a ec a nega i amen e a su
«esencia espi i ual». En esa «sob edenominación» econoce Benjamin el «úl-
imo undamen o lingüís ico de oda is eza y (desde el pun o de is a de las
cosas) de odo enmudecimien o»89. El p oblema, po an o, pod ía consis i
en halla la mane a de consola las, de de ol e les su aleg ía o igina ia o, en
el mejo de los casos, incluso edimi las de una culpa que no es la suya. Y la
duda que su ge es la de si el homb e i eden o puede aspi a a se la ins ancia
adecuada pa a hace lo.
Cabe sos ene que su eo ía de la expe iencia a encaminada jus amen e a
encon a una espues a a i ma i a a es a cues ión, y siemp e en conexión con
es as ideas sob e el lenguaje, que siguie on, de un modo u o o, ac uando a
lo la go de los años como as ondo de su pensamien o. En 1917, en una de
sus b e es no as sob e la pe cepción, en e los p elimina es del que se ía su
P og ama de la iloso ía u u a, de inía la iloso ía como «la expe iencia abso-
lu a deducida en conexión sis emá ico-simbólica como lenguaje»90. Apa e de
esa pe spec i a deduc i o-sis emá ica en la que si úa el p oblema (algo que
p on o desecha ía), queda cla a la unción del lenguaje como espacio de juego
undamen al cuando se a a de la expe iencia au én ica. A es e espec o, an
e iden e esul a que no ha de se la «sob edenominación» de las cosas la mejo
mane a de con on a el mundo, como que a Benjamin le cues a p escindi
de la idea del lenguaje nominal o igina io como undamen o de acceso a la
e dad, al como se hace mani ies o en 1925 en el «P ólogo epis emo-c í ico»
89 Ibid., p. 152; GS, II, p. 155.
90 Übe die Wah nehmung, en GS, VII, p. 37.
Vicen e Ja que
56
a su esis doc o al, el lib o sob e el T aue spiel, que en una ca a a Scholem
cali icaba como «una especie de segundo es adio, no sé si mejo », del abajo
sob e el lenguaje91:
La e dad no es una in ención que alcanza ía su de e minación a a és de
la ealidad empí ica, sino la ue za que plasma la esencia de dicha ealidad
empí ica. El único se , sus aído a cualquie ipo de enomenalidad, donde
eside es a ue za, es el se del nomb e. És e se de e mina el modo en que
es as ideas nos son dadas, no an o en un lenguaje p imo dial [U sp ache],
como en una pe cepción p imo dial [U e nehmen] en la que las palab as
aún no han pe dido su nobleza denomina i a a a o de su signi icado cog-
nosci i o92.
Dejando a un lado su esis encia, no demasiado comp ensible, a llama
«lenguaje p imo dial» a ese que pa ece se el pu o lenguaje denomina i o ( al
ez po que ese a el é mino «p imo dial» al Ve bo di ino), la e dad es que
no deja de emi i se a la lengua del Pa aíso, de «cuando no había que lucha
con a el alo comunica i o de las palab as», y es po eso po lo que decla a
a Adán no solo «pad e de los homb es», sino ambién «pad e de la iloso ía»93.
Aunque solo en el sen ido de una iloso ía que no en iende Benjamin como
un discu so p esidido po alguna o ma de con inuidad deduc i a o un es ic-
o desa ollo a gumen al, sino que apun a a unas «ideas» que se con igu an
como lo que inalmen e llama ía cons elación (S e nbild), pues o que
las ideas aca an la ley que dice: odas las esencias exis en en un es ado de
comple a au onomía e in angibilidad, no solo espec o a los enómenos, sino
sob e odo las unas espec o de las o as (…). [Pues] cada idea es un sol y
se elaciona con las demás lo mismo que los soles se elacionan en e sí. La
e dad es la esonancia p oducida po la elación en e ales esencias, cuya
mul iplicidad conc e a es ini a94.
91 B ie e, op. ci ., p. 372.
92 El o igen del d ama ba oco alemán, Mad id, Tau us, 1990, p. 18; GS, I, p. 216.
93 Ibid., p. 19; GS, I, p. 217.
94 Ibid., pp. 19-20; GS, I, pp. 217-8.
II. Lenguaje y mímesis
57
Todas es as a e idas o mulaciones esul an plenamen e cohe en es con
su modelo de lenguaje denomina i o, ácilmen e asociable a la p eeminencia
que Benjamin a ibuye a una o ma de exposición de e minada po «la enun-
cia al cu so inin e umpido de la in ención»95, en endiendo po «in ención»,
cla o es á, la con olada o ien ación del suje o que se pos ula como buscado
de una « e dad» que, como ya hemos is o, él concibe en los é minos de
una « ue za» plasmado a de unas «esencias» po comple o independien es
a los p opósi os dominado es del suje o acional. Esa e dad, como dis in a
del «sabe », solo b illa ía desde el pe ec o aislamien o de sus componen es,
como las es ellas de una cons elación, y como los nomb es adánicos mu-
uamen e inconexos, solo suscep ibles de una ope ación de yux aposición de
elemen os del mismo peso, sin desa ollo a gumen al alguno, sin p incipio
ni inal p opiamen e dichos, es deci , en los pun os de disolución de la con-
inuidad del discu so.
Lo cual, po cie o, nos pone sob e la pis a de la decidida opción de Ben-
jamin po el modelo de exposición en o ma de «imagen» (como lo es, en
e ec o, oda cons elación), an icipando el mé odo que se hab ía de p esen a
más a de como «mon aje» en la ob a de los Pasajes, en é minos ma e ia-
lis as, y que, a pesa de la a iesgada adicalidad con que ya se empleaba
en el P ólogo, que él mismo cali icaba en la ca a an es ci ada como «una
desmesu ada osadía»96, una pieza de un eso e ismo bas an e desca ado, y
an o más en cuan o que in oducción a un abajo académico concebido con
is as a some e lo al juicio de un ibunal de Habili ación uni e si a ia, pa ece
que oda ía no se a e ió a ma e ializa has a esos ex emos en el lib o sob e
el T aue spiel97.
95 Ibid., p. 10; GS, I, p. 208.
96 B ie e, op. ci ., p. 372.
97 Sob e el acaso académico que su ió Benjamin con es e abajo, c . las ano aciones al
espec o en GS, I, 895 ss. Po cie o, en e ellas encon amos el ex o de un p oyec o de
p ólogo que esul a signi ica i o y que comienza así: «Quisie a na a po segunda ez el
cuen o de la Bella Du mien e del Bosque…» (ca a a Scholem, B ie e, op. ci ., p. 416).
Vicen e Ja que
64
el lec o una cie a pe plejidad. O, dicho de o o modo, no queda del odo
cla o, ya no que sus pos ulados sob e la aducción sean co ec os, sino has a
qué pun o Benjamin ue consecuen e con ellos.
Po ejemplo: en Le Soleil, cuya p ime a es o a ci a Benjamin en Sob e
algunos emas en Baudelai e en su c ucial e e encia al es ado de shock que
ca ac e iza el ac o c ea i o del poe a116, emos cómo la he oica « an asque
esc ime», que él mismo cali ica unas líneas an es como « an ás ico comba e»
(«phan as ische Ge ech »)117, la con ie e en un me o «sel sames Ge ech »
(«ex año comba e»); las «sec è es luxu es» las aduce como gené icas «ge-
heime F euden» («aleg ías ocul as»), y «les oi s e les blés» como «Saa en
und Asphal » («semb ados y as al o»)118; pe o, ealmen e ¿es és a una buena
mane a de amplia los lími es de la lengua alemana? ¿es un camino de ap o-
ximación al «lenguaje pu o»? Del mismo modo, La Lune o ensée la ie e en
«Die K änkung de Luna»119, educiendo la o ensa a la en e medad (¿como
la de la «Muse malade»?) y ans igu ando la «Lune» en un algo ebuscado
la inismo poé ico, en luga del habi ual «Mond»; aquí sí podemos habla
de una cie a ansg esión de los lími es de la lengua alemana ¿pe o en qué
di ección? En L’amou du mensonge, el e so «Ton on pâle, embelli pa un
mo bide a ai » lo aduce po «Wie Bleichsuch pa hologisch sie e schön »,
que iene a signi ica , en palab as li e ales, algo así como: «pa ológicamen e
como clo osis la embellece» (i.e.: la en e); eco demos que «la palab a, no la
ase», e a lo impo an e120. En Les sep ieilla ds, a los que Baudelai e en-
116 Iluminaciones 2, op. ci ., pp. 132-3. GS, I, pp. 616-7.
117 Ibid., p. 133; GS, I, p. 626. Jesús Agui e, quizá más pe inen emen e, aduce «Ge ech »
como «esca amuza».
118 GS, IV, pp. 23-4.
119 Ibid., p. 25.
120 Ibid., pp. 50-1. Cie amen e, hay que econoce lo, aquí Benjamin pa ece es a jugando
con el signi icado de cada uno de los elemen os que o man la palab a alemana. «Bleich-
such » se compone de «bleich», que signi ica «pálido», y «Such », que alude a «manía»,
«adicción» o «pasión» deso de nada. La «clo osis» es, en e ec o, una en e medad (ca encia
de glóbulos ojos) que a ec aba sob e odo a muje es y se mani es aba po una in ensa
palidez. Hoy es in ecuen e en e los humanos. En las plan as ambién se da, po al a de
de e minadas sales. En cualquie caso, da la imp esión de que la aducción benjaminiana
esul a demasiado p óxima al lenguaje de la medicina.

II. Lenguaje y mímesis
65
cuen a en una « is e ue» («als in is en S assen»), en la aducción del
e so «Ce jumeau cen enai e, e ces spec es ba oques» hace pe de a los
pe sonajes su decisi o ca ác e espec al: Benjamin, aun cuando econoce en
ellos la p esencia de una «angus iosa an asmago ía»121, los educe sin mayo-
es esc úpulos a «dies ba ocke g eise Zwillingspaa » («es a ba oca pa eja de
ancianos gemelos»)122.
Finalmen e, lo que esul a al ez lo más ex año de odo es que À une
passan e, poema dedicado a una anseún e, a una muje que pasa an e uno
que la dis ingue en e la mul i ud de la g an ciudad, lo aduzca como Eine
Dame (A una dama), igu a es á ica y bas an e inconc e a en la cual se echa
a pe de lo que pa ece ía se lo undamen al, es deci , la imagen del súbi-
o encuen o y simul ánea despedida de la « ugi i a belleza» calleje a (una
«belleza» que Benjamin, po lo demás, p e ie e no menciona en su e sión),
la única accesible al lâneu .
Con elo de iuda, mis e iosa al se a as ada mudamen e po la muche-
dumb e, c uza una desconocida po la mi ada del poe a. (…) El a obo del
homb e de la capi al no es an o un amo a p ime a is a como a úl ima is a.
Es una despedida pa a siemp e que en el poema coincide con el ins an e de
la seducción123.
Cla amen e, la « iuda» mis e iosa, con su elo, no se nos o ece an o
como una simple «dama», sino como una dama que pasa, en la cual esul-
a mucho más ele an e el ca ác e ugi i o de su apa ición en e la mu-
chedumb e que la a as a, que igual la ae como la engulle y se la lle a,
que no su condición de «dama» en gene al. A juzga po sus comen a ios,
y po la impo ancia que concede a las « i encias» del lâneu en el con ex o
de su abajo sob e Baudelai e, Benjamin lo sabía bien, y es jus amen e en
es e sen ido, incohe en e con su aducción, en el que in e p e a el episo-
dio. Un episodio, po cie o, que acaso con i ma, aunque en unos é minos
121 No es su les Tableaux pa isiens de Baudelai e, GS, I, p. 747.
122 Ibid., p. 31.
123 Iluminaciones 2, op. ci ., pp. 139-40; GS, I, p. 623.
Vicen e Ja que
66
opues os a los de los encuen os e ó icos de Don Juan, que «una ez es nin-
guna ez»124.
Po supues o, aquí no se a a de some e a examen y alo a el abajo de
Benjamin como aduc o , que an en se io se omó, sino solo de llama la
a ención sob e unos pocos ejemplos, aunque en e muchos o os posibles, a
in de pone en e idencia la eno me dis ancia que puede exis i , a eces, en e
sus an b illan es como a iesgadas p opues as eó icas y sus consecuencias o
esul ados e ec i os, una dis ancia que en ocasiones, como luego e emos a
p opósi o de sus ideales e oluciona ios, podía enlaza se con una casi com-
ple a desconexión con la ealidad. Po lo demás, la « a ea» cumplida po
Benjamin como aduc o , que segu amen e u o que se i le de g an ayuda
en o den a p o undiza en su expe iencia de Baudelai e, cuen a ambién con
sus e siones de P ous , en donde la consigna de da la p imacía a palab a
sob e la ase no podía se aplicada del mismo modo que en el caso de los
Tableaux. En colabo ación con F anz Hessel125, y sin que sepamos qué es
lo que se debe al uno o al o o, Benjamin adujo À l’omb e des jeunes illes
en leu s, Du cô é de Gue man es (como Die He zogin on Gue man es) y pa e-
ce que, ya sin Hessel y sin llega a publica la (el manusc i o se ha pe dido),
124 C . GS, IV, pp. 22-63. Sob e el impo an e luga de es e poema en el discu so de Ben-
jamin sob e Baudelai e (en elación con la mul i ud en la g an ciudad), c . Rol Tiede-
mann, S udien zu Philosophie Wal e Benjamins, F ank u , Suh kamp, 1973, p. 102. Es
a o que Benjamin no econociese en es e amo del lâneu (amo a p ime a y úl ima is a)
la con apa ida, en el ex e io u bano, de los amo es de Don Juan (más bien a úl ima
desde la p ime a is a) p opios del in é ieu bu gués, ya que no del boudoi . El p ime o se
esigna, ascinado, en la ugacidad de lo que e in ocable; el segundo se p opone conquis-
a lo pa a luego desecha lo. Po lo demás, es cu ioso que en la an abundan e li e a u a
dedicada a la cues ión de la a ea del aduc o en Benjamin, sob e odo po pa e de las
co ien es agamen e descons uc i as, no se haya epa ado en es a clase de de alles. Po
el con a io, es a e sión de la passan e como Dame le pa ece a Pie e Missac, y con azón,
simplemen e «é onnan » (Pie e Missac, op. ci ., p. 13).
125 F anz Hessel, aduc o , poe a y na ado (1880-1941), a quien Benjamin conoció en
Be lín en 1922, ue quien le in odujo en el a e del paseo u bano y el descub imien o de
las ciudades a a és del callejeo. Sob e odo, ue quien le descub ió Pa ís, donde Hessel
se encon aba ya bien ins alado cuando Benjamin, ecién llegado, necesi aba o ien ación.
En 1929 le dedicó una eseña a su lib o Spazie en in Be lin (Die Wiede keh des Flaneu s.
GS, III, pp. 194-8); c . Jean-Michel Palmie , buen conocedo de la ida y ob a de Hessel,
op. ci ., pp. 115 ss., 123-4. Y Be nd Wi e, Wal e Benjamin. Una biog a ía, Ba celona,
Gedisa, 1990, pp. 105-6.
II. Lenguaje y mímesis
67
Sodome e Gomo he. También en es e caso cabe pensa que ue mucho lo que
Benjamin pudo abso be de P ous du an e las la gas, in ensas e incon ables
ho as que u o que ocupa le amaña emp esa en e 1926 y 1930.
Algunas eces se ha suge ido que en Benjamin encon ó P ous su a-
duc o na u al y p edes inado, a causa de cie as a inidades en su mane a
de in e p e a la expe iencia y la memo ia. No obs an e, el hecho de que
odo o iginal es único, aun cuando su signi icado y el de su o igina iedad
a íen con el iempo, mien as que el núme o de las aducciones posibles
ha de se , po de inición, inde e minado, cabe p egun a se qué es lo que
Benjamin espe aba de la suya (apa e de ubica le, con sue e, al ni el de un
S e an Zweig en el mundo de la aducción de po en onces)126 y qué es lo
que pod ía hace la mejo o peo que las o as. Po supues o, aquí no po-
demos en a a conside a es e asun o en oda su p o undidad, es deci , en
su dimensión igu osamen e ilológica. Bas e señala que ambién en es as
ci cuns ancias, en el e eno de una p osa an delicadamen e en e e ada y
an llena de ma ices como la de P ous , in oduce Benjamin sus peculia ida-
des, aunque de un sesgo bas an e azonable y pasablemen e anspa en e en
gene al127. Pe o, de nue o, no es ácil halla en es as e siones una aplica-
ción igu osa de los imponen es p incipios que o mulaba en su ex o sob e
La a ea del aduc o .
126 Es lo que decla aba en una ca a a Scholem en 1925 (B ie e, p. 395). Po cie o, que Zweig
había publicado en la F ank u e Zei ung una c í ica demoledo a de sus aducciones de
Baudelai e, cosa que supuso un du o golpe pa a Benjamin. C . B ie e, pp. 351 s. Po lo
demás, en la ci ada ca a a Scholem hablaba de unas aducciones que había ealizado del
Anábasis de Sain -John Pe se, ambién poemas en p osa, de quien solo sabía que esc ibía
bajo seudónimo y a quien conside aba, bas an e so p enden emen e, «de la escuela de los
su ealis es» (B ie e, p. 395).
127 Sob e es as aducciones, c . Ba ba a Kleine , Sp ache und En emdung. Die P ous -
Übe se zungen Wal e Benjamins inne halb seine Sp ach- und Übe se zungs heo ie, Bonn,
Bou ie , 1980, pp. 111 ss. La au o a compa a pasajes de P ous con la e sión de Benja-
min y con los co espondien es de la de E a Rechel-Me ens, de 1954, que iene a se la
que se ha impues o en Alemania. Como lo p ueba el hecho de que el p opio Ado no se
si iese de ella, y no de la de Benjamin, en sus «Kleine P ous -Kommen a e» y en «Zu
P ous » (en No en zu Li e a u , F ank u , Suh kamp, 1981, pp. 203 ss.).
Vicen e Ja que
68
la acul ad mimé ica
Aho a bien, sabidas es as cosas cab ía pensa que, as su gi o o con e -
sión al «ma e ialismo», al ededo de cua o años después de la publicación
de su ensayo sob e la aducción, Benjamin hab ía enido que deja a un
lado su eología del lenguaje y pasa a concebi el asun o en un egis o
o almen e di e en e. Y así ue, al menos en apa iencia. Pe o solo pa a sus i-
ui esa eología po una eo ía equi alen e en la que quedasen conse ados
algunos de sus p incipios undamen ales. De hecho, ya en 1931, en ca a
a Max Rychne , se mos aba cada ez más con encido de la exis encia de
una «mediación», po muy « ensa y p oblemá ica» que uese, en e su «muy
pa icula posición en iloso ía del lenguaje» y el ma e ialismo dialéc ico128.
Esa mediación la buscó a a és de una especie de ope ación de aducción de
sus iejas ideas a los é minos de un «ma e ialismo an opológico» abie a-
men e he e odoxo, que se hizo p esen e en la Doc ina de la semejanza (Leh e
on Ähnlichen) y Sob e la acul ad mimé ica, dos e siones de un mismo ex o
decisi o que esc ibió en e Be lín e Ibiza en 1933, jus o en los días en que
Hi le omaba el pode absolu o y Benjamin se eía obligado a abandona
Alemania pa a siemp e.
Conside ando que ue la segunda e sión del ensayo, Sob e la acul ad
mimé ica, algo más b e e que la p ime a, la que mejo se ajus a ía a lo que
Benjamin p e endía ansmi i 129, podemos oma como pun o de pa ida las
palab as con que se ab e el ex o:
La na u aleza p oduce semejanzas. Bas e con pensa en el mime ismo ani-
mal. Pe o la más al a capacidad de p oduci semejanzas es ca ac e ís ica del
homb e. El don de pe cibi semejanzas que posee no es más que el es o udi-
128 B ie e, op. ci ., p. 523.
129
En la segunda e sión eliminó Benjamin la suge encia de que el conocimien o del
asun o de «lo semejan e» se ía de «impo ancia undamen al pa a la elucidación de
amplios sec o es del sabe ocul o», así como algunas obse aciones sob e el ho ós-
copo y la as ología, y una mención exp esa al «lado mágico» del lenguaje, segu amen e
pa a no da luga a malen endidos (GS, II, pp. 204-10). No obs an e, Menninghaus
(op. ci ., p. 61) iene a sos ene que se ía la p ime a e sión, menos cau elosa, la «más
au én ica».
II. Lenguaje y mímesis
69
men a io de la obligación en un iempo iolen a de asimila se y de conduci se
de mane a con o me130.
Esa «obligación en un iempo iolen a» a la que alude, en conexión con
la e e encia al mime ismo animal, nos habla de una acul ad humana que,
aun cuando él mismo dice que « iene una his o ia», hunde sus aíces en una
condición p imo dial que cie amen e ya no es la del mundo p elapsa io del
Pa aíso, pe o que no deja de hace nos pensa en un es ado an e io a la o -
mación del suje o acional au ónomo, a un iempo en el que el se humano
apenas e a una c ia u a en es ado de caída131. De hecho, Benjamin a a de
conec a la his o ia de la acul ad mimé ica en su sen ido ilogené ico con
su sen ido on ogené ico, lo cual in oduce y combina dos aspec os dis in os
en el p oblema. Desde el pun o de is a on ogené ico, es a acul ad iene su
«escuela» en el juego in an il, el cual
se halla comple amen e sa u ado de conduc as mimé icas, y su campo no se
encuen a en modo alguno limi ado a lo que un homb e puede imi a en o o.
El niño no juega solo a ‘hace ’ el come cian e o el maes o, sino ambién el
molino de ien o y la locomo o a132.
El alcance que Benjamin a ibuía a la expe iencia in an il se pone de ma-
ni ies o en la plena consciencia con que elacionaba es e esc i o con algunos
130 Sob e la acul ad mimé ica, en Pa a una c í ica de la iolencia, México, La na e de los locos,
1977, p. 103; GS, II, p. 210.
131 Se ad ie e aquí, una ez más, la ca ac e ís ica ambigüedad de Benjamin. Pues o que la
obligación iolen a de la que habla esponde es ic amen e a la condición animal del se
humano, a su necesidad de supe i encia, y no solo a sus p ime os pasos como homb e p i-
mi i o, del que se puede deci que pa icipa de la his o ia (o p ehis o ia). En es e sen ido,
Benjamin se in e esó en é minos ambi alen es po los esc i os de Roge Caillois sob e el
mime ismo animal (sob e odo La man is eligiosa). Caillois ue co undado del Collège de
Sociologie, en el que se encon aban Pie e Klossowski, aduc o de La ob a de a e al an-
cés, y Geo ges Ba aille, a quien con ió sus esc i os al hui de Pa ís. A Caillois le dedicó unas
du as ases en una ecensión en la que se incluía un comen a io sob e L’a idi é, en donde
iene a acusa le de ascis a (GS, III, p. 550), pe o su huella se puede econoce en di e sos
luga es de la ob a de los Pasajes. C . Flo encia Abadi, «Mímesis y co po alidad en Wal e
Benjamin y Roge Caillois», Cuade nos de Filoso ía, 65, Buenos Ai es, 2015, pp. 33-45.
132 Ibid.

Vicen e Ja que
70
capí ulos de In ancia en Be lín hacia 1900133. Más aún, es a pe spec i a hab ía
de desempeña un papel muy signi ica i o en el con ex o de La ob a de a e en
la época de su ep oduc ibilidad écnica, en una de cuyas e siones, la ya ci ada,
se incluye al espec o una no a a pie de página a pa i de la cual se ab i án
unas ías que esul a án c uciales de ca a a una in e p e ación de su eo ía
del cine y de la cul u a de masas en gene al.
En cuan o al pun o de is a ilogené ico, Benjamin habla de unas «co es-
pondencias y analogías mágicas que e an amilia es a los pueblos an iguos»,
en e las que incluye las que se hallaban en e mic ocosmos y mac ocosmos,
en la danza y la as ología134. Aunque es á con encido de que incluso en el
p esen e, como es ob io, se siguen pe cibiendo con inuamen e semejanzas, la
mayo pa e de ellas se man ienen inconscien es, mien as que su e dade o
peso lo adquie en cuando uncionan como «es imulan es y eac i os» de los
que se alimen a la expe iencia conscien e135. Y en es e pun o asume que,
aun cuando la acul ad mimé ica se ha enido modi icando his ó icamen e,
sob e odo con el ad enimien o de la mode nidad, en la di ección de un
«c ecien e debili amien o» y en el camino de su caducidad, en ealidad de
lo que se a a ía es de una « ans o mación»: el eje cicio de la acul ad mi-
mé ica hab ía ido mig ando desde el mundo de las semejanzas ma e iales al
de unas «semejanzas no sensibles» cuyo ámbi o undamen al o «canon» se ía
el lenguaje136.
Es cu ioso el modo en que Benjamin in oduce es e concep o ex año,
el de unas «semejanzas no sensibles». Pues o que esul a di ícil pensa en
133 Ca a a Scholem, B ie e, op. ci ., p. 363. La elación se hace e iden e en piezas como
«Caza de ma iposas»: «Cuan o más me asimilaba al animal en odo su se , cuan o más
me con e ía in e io men e en ma iposa, an o más adop aba és a en oda su conduc a
las ace as de la esolución humana»; o en «Escond ijos»: «el niño que es á de ás de la
an epue a se con ie e en algo que lo a en el ai e, en algo blanco, en an asma. A la mesa
del comedo , debajo de la que se ha agachado, la hace con e i se en ídolo de made a del
emplo, cuyas columnas son las cua o pa as o neadas. Y de ás de una pue a, lle ándola
como másca a…». In ancia en Be lín hacia 1900, Mad id, Al agua a, 1982, pp. 29, 49;
GS, IV, pp. 244, 253.
134 Sob e la acul ad mimé ica, p. 104; GS, II, p. 211.
135 Ibid.
136 Ibid., pp. 104-5; GS, II, p. 211.
II. Lenguaje y mímesis
71
ninguna clase de «semejanza» sin apela a uno u o o, o a a ios de los cinco
sen idos. La apelación a la as ología pa ece en ende la como una ins ancia
mediado a o «p ime a indicación» en o den a un escla ecimien o del asun o.
Pe o lo cie o es que no puede deci se que esul e demasiado ú il a es os
e ec os. Benjamin habla de un «genio mimé ico» p opio de « iempos más
an iguos» en i ud del cual se econocía una conexión en e el momen o del
nacimien o de un niño y una de e minada con igu ación de las es ellas, p e-
suponiendo en el ecién nacido la posesión de ese «don» mimé ico en i ud
del cual se ía capaz de alcanza un «es ado de pe ec a adecuación» a la eali-
dad cósmica137. En la Doc ina de la semejanza, es a e e encia a la as ología,
al ho óscopo en conc e o, es algo más ex ensa y se comple a con es as ases:
Pe o el ins an e del nacimien o, que es aquí el decisi o, es algo sumamen e
b e e. Es o lle a a di igi la mi ada hacia o a p opiedad del dominio de
la semejanza. Su pe cepción es á ligada en odo caso a un elámpago. Pasa
ápidamen e, quizá uel a, pe o no puede p opiamen e se ijada como o as
pe cepciones. Se o ece al ojo de una mane a an ugaz, an ansi o ia como
una cons elación (Ges i nkons ella ion)138.
Aquí habla del obje o de la mímesis de una o ma muy pa ecida a como
lo ha ía luego en sus esis Sob e el concep o de his o ia a p opósi o de la «ima-
gen dialéc ica», ambién ella elampaguean e. Con odo, no es e iden e que
una «cons elación» enga que se algo an ugi i o como una cen ella. La
iluminación que cabía espe a de una cons elación, a juzga po lo que decía
al espec o en el p ólogo de El o igen del d ama ba oco alemán, podía se
súbi a, pe o ambién du ade a. De hecho, solo una ocasional conjunción de
dos o más as os, así como su co espondencia con el ins an e de un naci-
mien o, puede en ende se como ugaz. Pe o una ag upación de es ellas en
la que se econoce, po ejemplo, la igu a de un animal, se supone que es á
ahí pa a queda se.
En cualquie caso, puede acep a se la idea de que a icula el i mamen o
en unción de un conjun o de imágenes, la cons elación, se en ienda como
137 Ibid., p. 105; GS, II, p. 211.
138 GS, II, p. 206.
Vicen e Ja que
72
una mane a de in oduci en él un o den y una cie a legibilidad udimen a ia,
y que ales p ác icas se asien en sob e una acul ad p elingüís ica en donde,
dado el ca ác e emo o e imagina io de las co espondencias ma e iales, se
es a ía anunciando algo de lo que más a de se ían las semejanzas no sensi-
bles139. Pe o ¿po qué Benjamin insis e an o en su ca ác e ugi i o? Se di ía
que po que es ahí, en la inasible ins an aneidad de lo que apa ece como inme-
dia o, donde halla el «aspec o» mimé ico del lenguaje, del que en la Doc ina
de la semejanza decía que, «si se quie e», podía llama se «mágico»140, pe o que
siemp e ha de ma cha acompañado del «o o», el «semió ico»:
Todo lo que es mimé ico en el lenguaje puede llega a mani es a se solo, a
semejanza de la llama, en una especie de po ado . Es e po ado es lo semió-
ico. Así, el nexo de sen ido de las palab as o las p oposiciones es el po ado
únicamen e en el cual se mani ies a, elampaguean e, la semejanza141.
Es os a gumen os pa ecen asocia el componen e «mágico» del lenguaje
con una cie a inmedia ez p econcep ual (¿una «pe cepción o igina ia»?) que
siemp e i ía ex añamen e acoplada a la mediación «semió ica» y, de algún
modo, es abilizada po ella en el o den de lo sensible. Po que, eco demos,
la semejanza de la que habla Benjamin es la de una semejanza inalmen e
no sensible. Po eso la simili ud más o menos esidual que de i a ía de los
hipo é icos o ígenes onoma opéyicos del lenguaje, asun o al que Benjamin
alude, no puede esul a demasiado ele an e en es e pun o, no solo po lo
discu ible de la eo ía, sino po que esas semejanzas onoma opéyicas se ían,
po de inición, sensibles142. Tal ez no puede deci se lo mismo a p opósi o
139 Sob e es e asun o, c . su no a Sob e la as ología edac ada po aquellas echas, en don-
de se habla del esbozo de unos «p olegómenos a oda as ología acional» (c . GS, VI,
pp.192-4). A p opósi o de un an iguo «sabe ocul o», cabe eco da su con empo áneo
in e és po el a ículo de F eud sob e Psicoanálisis y elepa ía (en donde se enía a ba aja
la hipó esis de la elepa ía como mé odo de comunicación p imi i o, p ecu so del len-
guaje, pe o no necesa iamen e desapa ecido del odo).
140 Ibid., p. 208.
141 Sob e la acul ad mimé ica, op. ci ., p. 107; GS, p. 213.
142 Ibid., pp. 105-6; pp. 211-2. En e 1934 y 1935, Benjamin esc ibió, según econocía a
Scholem «en ac i ud de ap endiz» (B ie e, op. ci ., p. 638), es deci , documen ándose ex-
II. Lenguaje y mímesis
73
de los descub imien os de la g a ología «mode na», a los que ambién apela
Benjamin (desde iempo a ás a icionado a ella) como p ueba de mani es a-
ción del inconscien e del suje o en su esc i u a; se a a ía, en odo caso, de
un enómeno más bien cola e al, en e o as azones po el hecho de que la
esc i u a como al no ha sido casi nunca exp esión conscien e o inconscien e
del indi iduo, ni ha de se po necesidad un p oduc o manusc i o. De hecho,
más bien cabe supone que la g a ología solo pudo cob a algún sen ido p e-
cisamen e a pa i de la época en que se in en ó la imp en a143.
A es e espec o, y de ca a a hace nos una idea de qué puede se una
«semejanza no sensible», bien puede cali ica se de un an o so p enden e su
empeño en que
o denando palab as de di e sas lenguas que signi ican la misma cosa, al e-
dedo de es e signi icado como su cen o, se ía necesa io indaga cómo odas
ellas –que pueden a menudo ca ece de cualquie semejanza en e sí– son
simila es a ese signi icado en su cen o144.
Desde luego que se ía necesa io «indaga » (pe o ¿cómo?) la índole de una
al simili ud «no sensible». En e an o, su inde e minación no puede sino
hace nos pensa que, en ealidad, esa «semejanza» en e las palab as de las
di e sas lenguas y el «cen o» al que emi en es la misma que cab ía a ibui
al «nomb e» en su elación con la cosa nomb ada145. La co espondencia en e
p esamen e pa a ello, un ex o sob e P oblemas de la sociología del lenguaje (sub i ulado Ein
Sammel e e a ), en donde epasaba, sob e odo, las p incipales eo ías sob e los o ígenes
del lenguaje. Benjamin seguía oponiéndose a oda concepción ins umen al de la lengua
y, en pa icula , a la eo ía de la a bi a iedad del signo lingüís ico. En las páginas ina-
les no se p i aba de de ende su eo ía p opia mimé ica e ocando a Malla mé y Valé y
(L’âme e la danse), y a las ideas de Ku Golds ein sob e el lenguaje como « e elación
de nues o se más ín imo» (Iluminaciones 1, Mad id, Tau us, 1971, pp. 159 ss.; GS, III,
pp. 452ss.). A es e espec o, c . Anja Lemke, «Zu spä e en Sp achphilosophie», en
Bu kha d Lindne (H sg.), op. ci ., pp. 644-7.
143 Ibid., pp. 106-7; GS, II, pp. 212-3.
144 Ibid., p. 106; GS, II, p. 212.
145 De los iempos de su es ancia en Ibiza en 1932, Jean Selz ecue da una con e sación sob e
es as cosas: «Así pues, si la palab a cace ola en o o lenguaje signi icase ga o ¿se ía us ed
ealmen e de la opinión de que la imagen esc i a de la palab a cace ola se e ía semejan e a
Vicen e Ja que
80
naciones», mien as que es as iluminaciones se p esen aban ellas mismas, po
su pa e, casi como hechos b u os de un discu so desp o is o, en apa iencia,
de cualquie undamen o c í ico. E a es o lo que le ep ochó Ado no a p o-
pósi o de su segundo ensayo edac ado al hilo de la ob a de los Pasajes. Son
no o ias sus objeciones a El Pa ís del Segundo Impe io en Baudelai e (1938),
pidiéndole que supe ase la «enc ucijada en e magia y posi i ismo» (un en-
cla e que cali icaba de «emb ujado») in oduciendo en el discu so «su p opia
e implacable eo ía, su eo ía especula i a en el mejo de los sen idos»155. Y
no le al aba un pun o de azón. Solo que, como el p opio Ado no acaba ía
po econoce , e a esa misma aus e idad la que le p es aba g an pa e de su
ue za a su pensamien o. És a esidía, p ecisamen e, en su endencia a «cede
su ue za espi i ual a lo más opues o», en un p ocede que «se conju a con la
cosi icación en ez de opone se i econciliablemen e a ella», «se echa encima
de la cosa, como si quisie a con e i se en ac o, olo , sabo », se con ie e en
una especie de ecep áculo, en «escena io de cumplimien os obje i os» has a
llega a p esen a «la imagen in e ida de la au onomía humana»156.
Cabe deci , en cualquie caso, que en odo ello se man enía bas an e iel
a las con icciones mani es adas en su ensayo sob e la acul ad mimé ica. Si
bien se mi a, lo que en él o mulaba puede en ende se no solo como una a-
ducción de su emp ana eo ía del lenguaje a unos é minos an opológicos,
sino como una aplicación adical de algunos de los p incipales pos ulados de
su P og ama de la iloso ía u u a, de 1918, en donde exponía sus ideas sob e
lo que en endía po «expe iencia au én ica»157. En un con ex o de e minado
po los deba es en e neokan ianos p opios de la época, y en pa icula po la
posición que ep esen aba He mann Cohen, con sus es ue zos po econcilia
155 Theodo W. Ado no y Wal e Benjamin, Co espondencia 1928-1940, pp. 272-3; Wal e
Benjamin, B ie e, Suh kamp, F ank u , 1978, p. 786.
156 Theodo W. Ado no, «Ca ac e ización de Wal e Benjamin», en P ismas, op. ci ., pp.249ss.
157 Algún in é p e e ha sub ayado el in e és de Benjamin po la cues ión de la expe iencia,
así como sus asgos agamen e mesiánicos, ci ando su emp ano e ingenuo ex o Expe-
iencia, de 1913, oda ía bajo el in lujo de la Jugendbewegung de Gus a Wyneken. En
con a de las con enciones que anquilosan la expe iencia de los «adul os», a los que iden-
i ica con los bu gueses, Benjamin ci a a Schille : «Dígale us ed/que cuando sea homb e/
espe e los sueños de su ju en ud». C . Esc i os. La li e a u a in an il, los niños y los jó enes,
op. ci ., pp. 41-3; GS, II, pp. 54-6.

III. Teo ía de la expe iencia
81
la iloso ía de Kan con la eología judía158, Benjamin se p oclama de enso de
«una iloso ía e dade amen e conscien e de su iempo y de la e e nidad»159,
lo cual implica i más allá de la « isión del mundo» de la Ilus ación (que
Benjamin ex iende a oda la Edad Mode na y que ca ac e iza po su «cegue a
eligiosa e his ó ica») en la que Kan hab ía quedado a apado, y po an o
obligado a emp ende su ob a «pa iendo de una expe iencia educida al pun-
o ce o, a un mínimo de signi icado», la de una « ealidad de ango in e io ,
quizás de ango ín imo», es deci , la «expe iencia singula empo almen e
limi ada» accesible a la me a conciencia empí ica160. F en e a ello, su p oyec o
de « iloso ía con empo ánea» compo a elabo a «los undamen os epis emo-
lógicos de un concep o supe io de expe iencia»161.
Aun cuando a i ma que es a a ea debe ía se lle ada a cabo oda ía
«den o del sis ema kan iano», ya sabemos has a qué pun o y lo p on o que
sob epasa ía esos lími es. Sob e odo, lo que ya en es e esc i o echazaba e a
la concepción del conocimien o, y po an o de la expe iencia, como «una
elación en e cie os suje os y obje os, o en e un cie o suje o y un obje o»,
cosa que Benjamin conside a como «un esiduo me a ísico», de i ado de
concebi la «conciencia cognoscen e» en analogía con espec o a la conciencia
empí ica162. Es más, esa cons ucción, esa « ep esen ación sublimada de un
yo indi idual», sos iene, no es sino «mi ología», sob e odo en la medida en
que ese suje o indi idual se puede con e i a su ez en obje o de es udio
psicológico, en cuyo ma co, po cie o, en e la «conciencia insana», cuyo con-
enido de e dad no end ía sino el alo «de la an asía o la alucinación», y
158 Sob e la iloso ía de Cohen en elación con Benjamin, As id Deube -Mankowsky,
De ühe Wal e Benjamin und He mann Cohen. Jüdische We e, k i ische Philosophie und
e gängliche E ah ung, Be lín, Vo we k, 2000; F ied ich G. F iedmann, Von Cohen zu
Benjamin. Zum P oblem deu sch-jüdische Exis enz, Einsiedeln, Johannes Ve lag, 1981; y
Ma hew Cha les, Specula i e Expe ience and His o y: Wal e Benjamin’s Goe hian Kan ia-
nism, Middlesex Uni e si y, 2009 (Tesis doc o al), pp. 1-22.
159 Sob e el p og ama de la iloso ía u u a y o os ensayos, Ca acas, Mon eá ila, 1970, p. 7; GS,
II, p. 158.
160 Ibid., pp. 7-8; GS, II, pp. 158-9.
161 Ibid., p. 9; GS, II, p. 160.
162 Ibid., p. 10; GS, II, p. 161.
Vicen e Ja que
82
la conciencia empí ica no mal no hab ía sino una di e encia de g ado oda ía
po de e mina 163. Po el con a io,
oda expe iencia au én ica eposa en la conciencia cognosci i a pu a eó ica
( ascenden al) […] di e en e po su géne o de oda conciencia empí ica, de
modo que cabe p egun a se si co esponde segui empleando en su espec o
la designación de ‘conciencia’164.
Si asumimos que esa «expe iencia au én ica» no se ajus a al concep o de
suje o, y si ampoco es á cla o que a aquello en lo que « eposa» le co es-
ponda la designación de «conciencia», bas a con da un pequeño paso más
pa a a i ma :
Esa expe iencia comp ende ambién a la eligión –a sabe : a la e dade a
eligión–, donde ni Dios ni homb e son obje o o suje o de la expe iencia,
sino donde esa expe iencia eposa en un conocimien o pu o a pa i de cuya
esencia la iloso ía solo puede y debe pensa a Dios. Es a ea de la epis emo-
logía u u a encon a pa a el conocimien o un campo de o al neu alidad
con espec o a los concep os ‘obje o’ y ‘suje o’; en o as palab as, alcanza la
es e a au ónoma p opia del conocimien o, en la cual ese concep o no designe
ya una elación en e dos en es me a ísicos165.
En es as palab as quedan expues os los undamen os de «un concep o
adical de expe iencia» en cuya pe spec i a se ha ía posible «no solamen e
la expe iencia mecánica, sino ambién la expe iencia eligiosa» (aunque no
el conocimien o de Dios), al como se p esen a a la iloso ía, es deci , con-
igu ada en o ma de «doc ina» [Leh e]166. En e an o se ab i ía igualmen e
a «múl iples ipos de expe iencia es a i icados y de índole no mecánica» (es
163 Ibid., p. 11; GS, II, pp. 161-2.
164 Ibid., pp. 11-2; GS, II, pp. 162-3.
165 Ibid., p. 12; GS, II, p. 163.
166 Ibid., pp. 13, 18; GS, II, pp. 164, 170. Sob e el papel de la «Doc ina» en es e ex o y sus
elaciones con el concep o de «T adición» y de expe iencia en los p ime os años siguien es
a su abandono de la Jugendbewegung, c . Vicen e Ja que, Imagen y me á o a. La es é ica de
Wal e Benjamin, Cuenca, Uni e sidad de Cas illa-La Mancha, 1992, pp.35ss.
III. Teo ía de la expe iencia
83
deci , no cien í ico-ma emá ica), en e los que incluye «el a e, la eo ía gene-
al del de echo y de la his o ia»167. De es e modo a quedando algo más cla o
cómo ese «campo de o al neu alidad» en e suje o y obje o puede conduci
al concep o de una con inuidad o «unidad de la expe iencia», a un conoci-
mien o que se emi e de una mane a «inmedia a» a la « o alidad conc e a de
la expe iencia» («es o es, lo que se llama exis encia»), así como a con empla
al le an amien o de o os lími es, como los que se dan en e na u aleza y
libe ad o en e en endimien o e in uición168.
Cabe p egun a se si lo que andaba buscando Benjamin, más que la co ec-
ción de las insu iciencias del neokan ismo, no e a sino aquello que él mismo
econocía, en una ca a a Scholem de 1917, como in ención undamen al de
los omán icos, a sabe , el de «log a en la eligión lo que Kan había hecho
a p opósi o de los obje os eo é icos: mos a su o ma»; aunque el p opio
Benjamin añadía: «Pe o ¿hay una o ma de la eligión?»169. Es posible que
el es o de su ayec o ia como pensado se explique en g an medida como
gi ando en o no a la posibilidad de esponde a es e in e ogan e. En odo
caso, lo que sí queda de mani ies o en el ensayo sob e la Filoso ía u u a es
algo que ya hemos comen ado an es: su con icción de que el médium de la ex-
pe iencia au én ica es el lenguaje, y po cie o que en el sen ido en que in en ó
en ende lo Hamann, sub aya Benjamin, «ya en iempos de Kan », el cual, a
di e encia del p e omán ico, no ad i ió que « odo conocimien o ilosó ico
iene su única exp esión en el lenguaje, y no en ó mulas y núme os»170.
El hecho de que Benjamin se sien a obligado a eco da nos es a pa en e
ob iedad, en unción de la cual pa ece que a a de insis i en la adical di e-
enciación en e ciencia y iloso ía, en pa e pa a a i ma la «sup emacía» de
es a úl ima, y en pa e pa a digni ica y des aca el ango del conocimien o
alcanzable en el ma co de los que hoy llamamos «ciencias humanas», cabe
deduci que en es e pun o seguía pensando, aun cuando sin pone el én asis
en ello, en su concep o de lenguaje o mulado dos años an es, es deci , en el
167 Ibid., p. 15; GS, II, p. 167.
168 Ibid., pp. 14, 18; GS, II, pp. 165, 170.
169 B ie e, op. ci ., p. 138.
170 Sob e el p og ama de la iloso ía u u a y o os ensayos, op. ci ., p. 16; GS, II, p. 168.
Vicen e Ja que
84
o ganon de la iloso ía como un luga de des ie o del se humano espec o
de un ámbi o mágico oda ía inmedia amen e in es ido de los pode es dele-
gados po Dios.
Llegados a es e pun o, el p oblema que se nos plan ea es iba en que la
expe iencia «au én ica», impensable ue a del lenguaje, ha de da se en un
e i o io babélico in ini amen e dis an e de la lengua nominal que p ac ica-
ban Adán y E a en el Pa aíso. Po lo demás, la cues ión del lenguaje no juega
en el ensayo sob e la Filoso ía u u a el papel p o agonis a que se le asigna en
un pa de e e encias solemnes, pe o sin más consecuencias. De hecho, Ben-
jamin solo menciona a Hamann con a Kan de pasada. Po lo demás, ya
conocemos alguno de los caminos a a és de los cuales pudo halla cone-
xiones en e los lenguajes de nues o mundo, el de la na u aleza enmudecida,
y el del Pa aíso. En La a ea del aduc o , de 1921, en donde el que llamaba
«pu o lenguaje» se enía a con e i en la huella de una ausencia, apenas
encon amos pun os de apoyo de ca a al desa ollo eó ico de la emp esa que
Benjamin p opone en su p oyec o de 1918. Tampoco, po cie o, en ninguno
de los impo an es ex os que esc ibió du an e los años siguien es, en e los
que se encuen an Des ino y ca ác e , Sob e la c í ica de la iolencia o la c í ica
de Las a inidades elec i as de Goe he, aun cuando no dejen de a isba se en
ellos aplicaciones más o menos cohe en es con aquel p og ama.
expeRiencia, lenguaje y eRdad
Hay que espe a has a 1925, al an es comen ado P ólogo de El o igen del
d ama ba oco alemán, pa a econoce en Benjamin algún es ue zo con is as
a es ablece un ínculo eo é ico en e la cues ión de la expe iencia y la del
lenguaje. A es e espec o, ya hemos comen ado la con inuidad que el p opio
Benjamin es ablecía en e su ieja eo ía del lenguaje y su lib o sob e el d ama
ba oco. La ap oximación de la «idea» al nomb e, la opción po la «cons ela-
ción» como o ma de exposición de la iloso ía, así como la apelación al ca-
ác e «no in encional» de la e dad podían unciona como indicaciones pa a
en ende esa con inuidad. Y, en e ec o, Benjamin o mula el asun o en unos
é minos en los que cabe disce ni una cie a cohe encia con es os pos ulados.
Los concep os undamen ales (o los nomb es de las «ideas») que con igu an
III. Teo ía de la expe iencia
85
la «cons elación» del d ama ba oco, como los de alego ía (como agmen a-
ción del símbolo), melancolía (del suje o escindido del mundo), des ucción
del e hos his ó ico y consiguien e e e sión al es ado de la «c eación» (de una
ida sin his o ia), espacialización del iempo en el «escena io» que e a la co e
(donde an o el i ano como los in igan es se p esen an como «c ia u as»
abandonadas de Dios), odo ello puede in e p e a se como exp esión de una
c isis de la expe iencia en el sen ido que Benjamin había p opues o años
a ás, como una dislocación de la p esun a a iculación de suje o y obje o,
melancólico el uno y mudo el o o171.
Se en ende á que no podamos de ene nos aquí a a a con el debido
cuidado el con enido de es a compleja ob a maes a. Pe o ampoco es di ícil
sospecha que, si no log ó iun a como esis de habili ación uni e si a ia,
ue p ecisamen e po su ca ác e de exposición en o ma de una «cons ela-
ción» en donde los incon ables mo i os, concep os e imágenes ex aídos de
los ámbi os eológico, his ó ico, es é ico, a ís ico, li e a io o polí ico, siem-
p e luminosos y p egnan es, se an desplegando de mane a in e umpida, y
desde luego que sin análisis sis emá ico y examen po meno izado de las ob as
y au o es conc e os que o ma on pa e del mundo del T aue spiel alemán del
siglo XVII. Desde el pun o de is a académico o odoxo, el ex o no podía
sino p esen a se lleno de lagunas y de sal os inexplicados.
En ealidad, es o ya se anunciaba en el p ólogo de la mane a más diá ana
y a e ida, incluso eme a ia. E a pa e undamen al de lo que denominaba
« a ado», una igu a ca ac e ís icamen e p emode na, de o igen medie al,
a la que in is e de un alo in e medio en e la au o idad incues ionable
(que nunca cali ica como dogmá ica) de la «doc ina» y la nebulosa condi-
ción del «ensayo eso é ico»172. Benjamin lo ecupe aba a su mane a como
171 Sob e el T aue spiel de Benjamin en su conjun o se ha esc i o mucho. No obs an e,
sigue man eniendo su alidez la exposición de Be nd Wi e, Wal e Benjamin –De
In ellek uelle als K i ike . Un e suchungen zu seinem F ühwe k, S u ga , Me zle , 1976.
En su in oducción a la edición en inglés, Geo ge S eine cali icaba el lib o de «mime ic
ac ». C . «In oduc ion», en The O igin o Ge man T agic D ama, NLB, Lond es, 1977,
p. 21.
172 Aun cuando de ninguno de ambos ex emos se puede p escindi sin más: del «ensayo
eso é ico» a la iloso ía «le es á p ohibido enega »; y, en cuan o a la «doc ina», no hay
que ol ida que ambién el « a ado» debe man ene una « e e encia la en e» a odos

Vicen e Ja que
86
con apun o al sis ema (y, po supues o, al discu so cien í ico). Así, en e a
un sis ema que
co e el pelig o de acomoda se a un sinc e ismo que in en a cap u a la e -
dad en una ela de a aña endida en e los conocimien os, como si inie a
olando desde ue a173,
el « a ado» lo en iende en los é minos de una o ma de exposición domi-
nada po una ac i ud de «dig esión», de «excu so»174 o incluso de « odeo»:
El mé odo es odeo. En la exposición en cuan o odeo consis e, po an o,
lo que el a ado iene de mé odo. La enuncia al cu so inin e umpido de la
in ención es su p ime signo dis in i o. Tenaz comienza el pensamien o siem-
p e de nue o, minuciosamen e eg esa a la cosa misma. Es e incesan e oma
alien o cons i uye el más au én ico modo de exis encia de la con emplación.
Pues, al segui las dis in as g adaciones de sen ido en la obse ación de un
solo y mismo obje o, la con emplación ecibe el es ímulo pa a aplica se siem-
p e de nue o y la jus i icación de su i mo in e mi en e175.
He aquí una mane a e dade amen e compleja, po no deci en e esada,
de o mula el camino de la expe iencia bajo el p incipio del «una ez es nin-
guna ez»: la p opues a de e o na una y o a ez a la misma cosa, minuciosa
y ci cuns anciadamen e [ums ändlich], siemp e con ando con que ninguna de
las eces a a a a se de una me a epe ición de la an e io . Es e mo imien-
o, que es el que sí se epi e, exige no la au odes uc i a agmen ación del
discu so (como pa ece que hab ía de sucede más a de en su d ás ica adica-
lización en o ma de «mon aje», en la ob a de los Pasajes), sino su espo ádica
pe o ei e ada in e upción pa a « oma alien o». Se en iende así su én asis en
la « écnica mic ológica» de la con on ación del obje o, pues a él se eg esa
«aquellos obje os de la eología sin los que la e dad esul a impensable». El o igen del
d ama ba oco alemán, op. ci ., p. 10; GS, I, p. 208.
173 Ibid.; GS, I, p. 207.
174 B ie e, op. ci ., p. 330.
175 El o igen del d ama ba oco alemán, op. ci ., p. 10; GS, I, p. 208.
III. Teo ía de la expe iencia
87
una y o a ez176; y, en un sen ido di e en e, su compa ación de la imagen
esul an e con la p opia de un «mosaico»177 (aunque no an o, po cie o, su
apelación a un « odeo»)178, así como los pos ulados en los que o mula las que
hab ían de se las cla es de la exposición ilosó ica:
el a e de la in e upción en con as e con el encadenamien o de la deduc-
ción; la enacidad del a ado, en con as e con el ges o del agmen o;
la epe ición de los mo i os, en con as e con el uni e salismo supe icial;
y la pleni ud de la posi i idad concen ada, en con as e con la polémica
e u ado a179.
Lo que ienen en común es os cua o pos ulados y les p es a cohe encia
es, sin duda, su o ien ación hacia la que denomina « e dad no in encional»,
a la que an es me he e e ido en conexión con el asun o del lenguaje. És a se
con apone al me o conocimien o, que es un «habe » más que un se , algo
que el suje o (indi idual o ascenden al) puede posee y pone a su se icio.
176 Ibid., p. 11; GS, pp. 208 y 927.
177 Ibid., pp. 10-1; GS, I, pp. 208-9. Benjamin habla del «mosaico» y del « a ado» como o -
mas a ines que lo ecie on en la Edad Media. El mosaico se compone de agmen os, en
e ec o, pe o siemp e cuidadosamen e in eg ados en una o alidad. En cuan o al « a ado»,
Benjamin lo e ambién casi como un a abesco (asimismo medie al): «el a ado es una
o ma á abe», cuya «apa iencia ex e na no es discon inua ni demasiado llama i a»; como
en su a qui ec u a ca ac e ís ica, no es an impo an e la achada como el pa io in e io :
«Así, la es uc u a a iculada del a ado ampoco es pe cep ible desde ue a, sino que se
e ela únicamen e desde den o»; sus delibe aciones se en emezclan con los o namen os,
de al modo que «se anula la di e encia en e a gumen aciones emá icas y dig esi as».
Di ección única, pp. 49-50; GS, IV, p. 111.
178 Tal ez no se comp ende bien la idea de « eg esa » una y o a ez a un obje o que ha
sido siemp e odeado, pe o nunca a e ado. Una pis a, sin emba go, la encon amos en
la e sión que de es o se hizo Ado no, bajo nomb e de «pa a axis». En el epílogo de los
edi o es a su Teo ía es é ica se ci an pasajes de ca as en las que habla de la es uc u a
del lib o, en o ma de «cons elación»: «el lib o iene que se esc i o en pa es concén-
icas, del mismo peso, pa a ác icas, o denadas en unción de un pun o medio que exp e-
san po medio de su cons elación». Teo ía es é ica, op. ci ., p. 470. Pa a axis ue ambién
el í ulo de su ensayo sob e Hölde lin (No en zu Li e a u , F ank u , Suh kamp, 1981,
pp. 447ss.).
179 Ibid., pp. 14-5; GS, I, p. 212.
Vicen e Ja que
88
De es e modo «queda ma cado con el ca ác e de cosa poseída», pa a la cual
la exposición no puede sino esul a secunda ia. Po an o,
el obje o no exis e ya como algo que se au omani ies a. Y es o úl imo es p eci-
samen e lo que sucede con la e dad. El mé odo, que pa a el conocimien o es
un camino que le pe mi e alcanza el obje o de la posesión (aunque sea a cos a
de engend a lo en la conciencia), pa a la e dad consis e en la exposición de
sí misma y, po an o, es algo dado con ella en cuan o o ma180.
Se deduce de ello que la e dad no solo no consis e en algo que enga
desde ue a y pueda se a apado en las edes endidas po el sis ema, sino
que no puede p ocede de ninguna pa e (po eso Benjamin emi e a las ideas
pla ónicas, p eexis en es y e e nas), de mane a que lo único que co esponde
hace al suje o es, como iene a suge i , «sal a los enómenos» (o más bien
los elemen os mínimos en los que se pueden descompone ) ap oximándolos
a las ideas median e una de e minada con igu ación de los concep os, pa a
que esas ideas puedan encende se, b illa con luz p opia y mos á senos como
es ellas del i mamen o, iluminando los enómenos que se ecogen en ellas,
según sos iene un an o enigmá icamen e, como las c ia u as en o no a las
«mad es áus icas»181.
Es a especie de au oexposición de la idea puede ene luga solo en é mi-
nos no in encionales, es deci , en la medida en que el suje o acional au ónomo,
en an o que ep esen an e de la iden idad, pone en e pa én esis sus p e en-
siones de dominio de lo o o y se abs iene de a a lo di e en e como un obje-
o a posee a í ulo de conocimien o suyo. De hecho, según esume Benjamin,
el obje o de conocimien o, en cuan o de e minado a a és de la in encionali-
dad concep ual, no es la e dad. La e dad consis e en un se desp o is o de
in ención y cons i uido po ideas. El modo adecuado de ace ca se a la e dad
no es un in enciona conociendo, sino un aden a se y desapa ece en ella. La
e dad es la mue e de la in ención182.
180 Ibid., pp. 11-2: GS, I, p. 209.
181 Ibid., pp. 16-7; GS, I, pp. 214-5.
182 Ibid., p. 18; GS, I, p. 216.
III. Teo ía de la expe iencia
89
«Aden a se y desapa ece », asumi «la mue e de la in ención»: lo que
Benjamin p opone es llega a algo que esul a na u al pa a la in ancia y
que más a de implica la disolución pe iódica del suje o au ónomo acional,
su epe ida au onegación, su some imien o a la cosa misma en unción y
al i mo de los di e en es aspec os que és a aya mos ando a lo la go del
discu so. La elación de la « e dad no in encional» con la mímesis podemos
llega a econoce la asociando la enuncia del suje o a impone como e dad
sus con igu aciones concep uales –asumiendo su ca ác e solo p opedéu ico–,
con la ac i ud po osa, ecep i a, ela i amen e pasi a, sob e la que se asen a-
ía la acul ad mimé ica. A és a, po su pa e, pod ía a ibuí sele an o más
p o agonismo cuan o que Benjamin insis e en que el «modo de se dadas»
de las ideas no es a a és de ninguna «in uición in elec ual» eso é ica e in-
demos able, como ampoco de un p oceso induc i o ni deduc i o183. Pa a
en ende cómo espe a Benjamin a a con ellas, hay que con a con su eo ía
del lenguaje:
La idea es algo de na u aleza lingüís ica: se a a de ese aspec o de la esencia
de la palab a en la que és a es símbolo. En la pe cepción empí ica, en la que
las palab as se han desin eg ado, ellas poseen, además de su dimensión sim-
bólica más o menos ocul a, un signi icado abie amen e p o ano184.
Puede así sos ene se que la iloso ía iene como misión « es au a » ese
ca ác e simbólico pa a que la «idea», según dice, alcance «consciencia de sí
misma» y se ilumine. Aho a bien,
como la iloso ía no puede ene la a ogancia de habla con el ono de la
e elación, es a a ea solo puede lle a se a cabo median e ecu so a una e-
miniscencia que se emon a a la pe cepción o igina ia185.
Esa «pe cepción o igina ia» (que no es in uición in elec ual ni empí ica)
no se comp ende sino p esuponiendo una especie de an su il como adical
183 Ibid., p. 17; GS, I, p. 215.
184 Ibid., p. 19; GS, I, p. 216.
185 Ibid.; GS, I, p. 217.
Vicen e Ja que
96
en g an pa e, un ca ác e ancamen e eológico– son an g andes, que blo-
quean odo lo p i ado en una dimensión inimaginable198.
Es as p ime as imp esiones ya p ocedían del pun o de is a po el que
Benjamin se había decidido, y es que había que hace lo de ca a a con on a
aquella ealidad an e e escen e y con adic o ia, cuyo con enido de e dad
a aba de disce ni en «lo conc e o», solo accesible pa a alguien que «ha
hecho las paces dialéc icas con el mundo»199. El esul ado de es as «paces
dialéc icas», que pa ecen eclama una conside ación de las consecuencias
de la e olución so ié ica con una mi ada lib e de los p ejuicios occiden ales,
aunque no po ello ac í ica, lo conocemos a pa i de los es imonios que
cons i uyen su ex o Moskau, esc i o pa a la e is a Die K ea u 200, así como
en su ex enso y cuidadosamen e compues o Dia io que ue edac ando du-
an e las sie e semanas du an e las que pe maneció allí201.
En és e nos ela a su expe iencia con ese pun o de ac ibia ca ac e ís ico
de la c ónica, es o es, sin di e encia demasiado en é minos je á quicos en e
sus icisi udes más pe sonales (sob e odo sus de ini i amen e p oblemá icas
elaciones con Asja Lacis)202, las imágenes de la ciudad (edi icios, me cadeo
calleje o, iendas adicionales, iglesias, es au an es, pas ele ías, lo es, habi-
an es, museos, sob e odo los de jugue es…) y los e en os sociales, cul u ales
198 B ie e, op. ci ., p. 439.
199 Moskau, GS, IV, p. 317.
200 La e is a de Bube , aquella en la que p e endía esc ibi en é minos «mágicos o in-
media- os», eliminando «lo indecible» de lenguaje, en conexión con la Doc ina.
201 C . Se gej A. Romaschko, «Zu ussischen Li e a u und Kul u . “Moskaue Tagebuch”»,
en Bu kha d Lindne (H sg.), op. ci ., pp. 343 ss.
202 Reco demos sob e Asja Lacis, a quien conoció en 1924, en Cap i, que ue una e olucio-
na ia le ona, dedicada sob e odo al ea o p ole a io pa a niños, de la que se enamo ó.
Fue ella quien le in odujo en el mundo de la mili ancia comunis a, y la que le p esen ó a
B ech . Es a con ella ue una de las mo i aciones que le lle a on a Moscú. No obs an e,
du an e la mayo pa e del iempo ella se encon ó en e ma, en un sana o io, del que solo
salía cuando le daban pe miso, de modo que sus encuen os no se die on en las mejo es
ci cuns ancias. La p esencia de Be nha d Reich, amigo de Asja, co esponsal cul u al
del Li e a ische Wel en Moscú, y que ue el que u o de ac ua como guía p incipal de
Benjamin, pa ece que no siemp e ayudó a mejo a las cosas. C . Jean-Michel Palmie ,
op. ci ., pp. 273-7.

III. Teo ía de la expe iencia
97
y polí icos a los que enía acceso (aun cuando il ados po sus acompañan es
que ac uaban de aduc o es, dado su nulo conocimien o de la lengua usa),
y sob e los que, sin emba go, e lexionaba con ino.
De hecho, la misión que Benjamin se p oponía cumpli as su es ancia
en Moscú ya anunciaba algo de lo que hab ía de se el «mé odo» de la ob a
de los Pasajes. Según esc ibió a Bube nada más ol e a Be lín,
oda eo ía queda á lejos de mi exposición. De es e modo me se á posible,
como espe o, deja habla di ec amen e a la c ia u a (…); a o de o ece una
ep esen ación de la ciudad de Moscú en el momen o ac ual, en el que « odo
lo ác ico es ya eo ía»203.
Nó ese que Benjamin habla aquí en á icamen e del «momen o ac ual», es
deci , de una especie de « iempo-aho a» en endido como un iempo «lleno»,
p o is o de la pleni ud del ins an e que, como po e ec o de un elámpago, se
ilumina ía sin ayuda de ninguna eo ía aplicada desde el ex e io . Puede sen-
i se la en ación de conside a es e p o o enómeno como una p e igu ación
de lo que en las esis Sob e el concep o de la his o ia y en los Pasajes llama ía
«imagen dialéc ica»204. Pe o hay que epa a en la impo an e di e encia que
de i a del hecho de que la imagen dialéc ica la en ende á como una ope ación
de ememo ación, como un peculia encuen o en e el p esen e y el pasado,
mien as que en es e caso se nos pone an e una ac ualidad inmedia a, un
p esen e abie o en donde la Re olución de 1917, cuando no los hechos con-
duje on a ella, podía conside a se como su pa icula «p ehis o ia», siemp e
p esen e como as ondo, pe o oda ía ca en e de aquello que en el lib o sob e
el T aue spiel había llamado «pos his o ia», ambién imp escindible de ca a a
la ep esen ación de un encla e his ó ico en o ma de un «o igen».
«Cada idea, cada día y cada ida yacen aquí como en la mesa de un labo a-
o io», esc ibió205. Pa ece, po an o, que lo que a isbaba en aquellos ma e iales
ác icos no e a solo la eclosión de una eo ía, sino el campo de acción de un
203 B ie e, op. ci ., pp. 442-4.
204 C . GS, V, pp. 592, 1033.
205 Moskau, GS, IV, p. 325.
Vicen e Ja que
98
gigan esco expe imen o his ó ico en el cual se jugaba de golpe el p esen e, el
pasado y el po eni ya no del suje o humano p opiamen e dicho, sino más
bien de la «c ia u a»; ya no solo del suje o e oluciona io, sino, a juzga po
las implicaciones eológicas que Benjamin asumía, de odos los hijos de Dios
expulsados del pa aíso y sin o a espe anza que la de es i ui lo o al menos
compensa plenamen e su pé dida, ob ene la es i u io in in eg um en o ma
de una sociedad comunis a consumada.
Pe o ¿cuáles e an en conc e o esos hechos an signi ica i os como pa a
cons i ui po sí mismos una eo ía? ¿Cuál e a el con enido de e dad de
aquel p o o enómeno? Apa e de aquellos aspec os más imp esionis as sob e
el aspec o u bano de Moscú a los que me he e e ido an es, lo que his ó i-
camen e impo a, aquello que a ec a a la ealidad de la sociedad so ié ica en
cuan o que posible modelo que la izquie da eu opea más adical p oponía
po en onces, lo p esen a Benjamin en unos é minos que solo pueden pa-
ece poco cla os en la medida en que lo hace sin el én asis con que o os lo
hab ían hecho en su luga . Po ejemplo, ese bloqueo de lo p i ado en a as del
colec i o, del que hablaba po ca a a su amiga Jula Rad , es desc i o así en
el ex o que publicó:
El bolche ismo ha sup imido la ida p i ada. El abajo dia io, el aje eo
polí ico, la p ensa son an pode osos, que no queda apenas iempo pa a
in e eses que no con luyan con ello. Tampoco espacio. Vi iendas que en sus
en e cinco y ocho habi aciones acogían an es a una única amilia, a menudo
albe gan aho a a ocho206.
Po supues o que el p oblema de la i ienda no e a p oduc o de la e olu-
ción. Pe o segu amen e el iempo sí podía se adminis ado de mane a que no
se en egase odo él a las necesidades del Es ado, con la consiguien e pob eza
o inanidad de la expe iencia indi idual, imp escindible pa a el desa ollo de
una cul u a c í ica pos bu guesa. Benjamin consigna en su Dia io las inelu-
dibles p esiones de un es ado de mo ilización pe manen e y gene alizada
que, en un ma co polí ico en donde no cabían ni una «oposición» o ganizada
206 Ibid., p. 327.
III. Teo ía de la expe iencia
99
ni una «in eligencia lib e» al es ilo eu opeo occiden al207, enía a compo a
además una ida ené ica, al ez un an o emb iagado a, que con emplaba
llena de « euniones y comisiones, deba es, esoluciones y o aciones» siemp e
inculadas a in e minables luchas po el pode 208. En gene al, queda cla o que
el momen o his ó ico en que se encon aba la sociedad so ié ica no e a ya el
del he oísmo e oluciona io, sino el mucho más p osaico de la ecupe ación
económica (pa a eso es aba la NEP) y la labo de pa ido, inalmen e más
bu oc á ica que emancipado a. Hablando de Asja Lacis, econoce que
poco a poco se dio cuen a de lo que aquí es aba pasando: la econ e sión
del abajo e oluciona io en abajo écnico. Aho a se ha hecho en ende a
odos los comunis as que el abajo e oluciona io de la ho a p esen e no es
la lucha y la gue a ci il, sino la elec i icación, la cons ucción de canales, la
c eación de áb icas209.
En ano emi ía Benjamin a la que se con i ió en su u opía p edilec a,
Lesabéndio, de Paul Schee ba , a modo de apelación a las po encialidades e-
oluciona ias de la écnica, que en esa no ela adqui ía, en e ec o, unos in es
an ás icos210. En Rusia, sin emba go, se a aba de o a cosa. Y la unción
de los in elec uales en ese con ex o, según se les había «hecho en ende » con
cla idad, e a jus amen e la de se i al Es ado:
El in elec ual es sob e odo unciona io, abaja en los depa amen os de cen-
su a, jus icia y inanzas; es, donde no se ha hundido, pa ícipe del abajo –lo
cual en Rusia signi ica: del pode . Pe enece a la clase dominan e211.
Se di ía que has a en la Unión So ié ica se con i maba aquella sen encia
benjaminiana según la cual «la p ole a ización de un in elec ual casi nunca
207 Ibid. Benjamin elaciona es o con la ausencia de «ca és» (ibid., p. 328).
208 Dia i de Moscou, op. ci ., pp. 135-6; GS, VI, pp. 358-9.
209 Ibid., p. 149; GS, VI, pp. 367-8.
210 C . in a, pp. 143 ss.
211 Moskau, GS, IV, p. 339.
Vicen e Ja que
100
p oduce un p ole a io»212. Po lo demás, menciona la censu a, que e más
igu osa en el cine que en el ea o. Pe o, en cualquie caso, és a iene a e la
como cosa na u al en un con ex o en donde, cons a a Benjamin, la in luyen e
WAPP, la Asociación de Esc i o es P ole a ios, «se adhie e al pensamien o
de la dic adu a» y asume, po an o, « esis y dogmas» ya desca ados en
Eu opa occiden al como enemigos del a e, así como el consiguien e p inci-
pio de la « endencia» ideológica y el «con enido» ma e ial, pe o en absolu o
la o ma, como c i e io o icial de aquello que podía ale como e olucio-
na io o con a e oluciona io213. Incluso en los eclamos publici a ios y la
p opaganda g á ica había desapa ecido ya el in lujo de la b illan e angua dia
cons uc i is a en a o de una «cla idad banal»214. De modo que, al poco
de llega S alin al pode , el ealismo socialis a se iba imponiendo ya más de
ein e años an es del dec e o de Zhdáno .
En es e ma co an op esi o, el ámbi o en e o de la cul u a bu guesa, la
o illa desde la que hab ía sellado Benjamin las «paces dialéc icas» con lo
que le o ecía la ealidad so ié ica, no podía sino en a i ualmen e en ase
de ex inción. Aho a bien, el p oblema de base no e a, al ez, de un o den
es ic amen e ideológico, ni an solo de censu a. Tan o en el ex o pa a Die
K ea u como en el Dia io, Benjamin nos habla de una ep esen ación de la
O es íada que le había pa ecido, po ancia, g andilocuen e y es e eo ipada,
aún «más is e que en S u ga », po así deci , como ejemplo de la inanidad
de cie a ecepción de la adición cul u al ca en e del opo uno es ue zo de
ac ualización215. Lo que sucede es que esa ecepción, así como la adap ación
212 C . Ein Aussensei e mach sich beme kba (sob e Los empleados de Sieg ied K acaue ), GS,
III, p. 224.
213 Moskau, GS, IV, p. 339.
214 Ibid. A pesa de odo, Benjamin sos iene que en es e aspec o se encon aba «la única
semejanza en e Pa ís y Moscú».
215 GS, p. 338. «Nos die on bu acas a mi ad de la segunda ila. Ya al en a en la sala sen í el
a oma. No i ni un comunis a con la blusa azul, pe o sí algunos ipos que pod ían
encon a un luga en cualquie álbum de Geo g G osz. La ep esen ación enía odo
el es ilo de un ea o co esano cubie o de pol o. Al di ec o le al aba no solo oda
clase de conocimien os écnicos, sino que ca ecía de las más sencillas in o maciones,
sin las cuales no es posible abo da una agedia de Esquilo. Un descolo ido ehenismo
de salón pa ece llena o almen e su pob e an asía. Casi sin in e upción con inuaba la
III. Teo ía de la expe iencia
101
de los p oduc os con empo áneos occiden ales al mundo so ié ico, no podía
sino choca , po un lado, con el lamen able aislamien o que padecía Rusia
con espec o a Eu opa (y en meno medida con Amé ica); y sob e odo, po
o o lado, con el las e eno me que suponía el anal abe ismo gene alizado. Si
el p ime o, apenas compensado po con ac os de o den polí ico con olados
po el Pa ido, endía a gene a ac i udes p o incianas en los es a os di igen-
es216, el segundo no podía sino exigi la oma de medidas d ás icas y u gen es
a g an escala, y p eñadas de consecuencias. Pues o que, al in y al cabo, e a
el se icio a esos millones de p ole a ios y campesinos ile ados lo que daba
azón de se a una cul u a e oluciona ia.
Una de esas medidas se conc e aba en la consigna de di undi los clási-
cos usos y de Eu opa occiden al, como la O es íada an es aludida, pe o
ambién como El inspec o , de Gógol, cuyo mon aje a ca go de Meye hold
se saldó con un cie o acaso217. Lo que sucedía, según Benjamin, es que
los « alo es cul u ales bu gueses», ya en se ia c isis con la decadencia de la
sociedad capi alis a,
no pueden se exp opiados sin que al mismo iempo se esien a su úl imo
in e és, po muy discu ible y has a medioc e de sea. Es os alo es, en cie a
mane a como un c is al alioso, han de supe a un la go anspo e que
jamás esis i ían sin empaque a . Empaque a signi ica hace in isible, y es
po an o con a io a la popula ización de es os alo es, que es la o icialmen e
exigida po el Pa ido. Aho a se mues a en la Rusia so ié ica que es os a-
lo es son popula izados exac amen e en la o ma al e ada y desolada que en
úl imo é mino deben al impe ialismo218.
música, con mucho Wagne : T is án y uegos encan ados». Dia i de Moscou, p. 90; GS,
IV, p. 328.
216 Benjamin menciona a un esponsable cul u al que ubicaba a Shakespea e en los iempos
an e io es a la in ención de la imp en a; y a o o que conside aba a P ous y a A nol
B onnen como esc i o es que se ca ac e izaban po elegi sus emas en e i o ios «se-
xualmen e p oblemá icos». Ibid., p. 338. Es in e esan e eco da que, en con a de lo que
hoy en día pod ía alguien eclama , Benjamin con on ó la ob a de P ous haciendo caso
omiso del asun o de la homosexualidad.
217 Dia i de Moscou, p. 105.
218 Ibid., pp. 105-6; GS, VI, pp. 308-9.

Vicen e Ja que
102
Hay que sub aya que es e mismo p oblema del empaque ado de alo es
delicados (y del consiguien e desempaque ado), del que Benjamin omó aguda
conciencia en Moscú, podía encon a un equi alen e en el mundo capi a-
lis a, en donde el obs áculo a supe a no se ía an o el del anal abe ismo o
semianal abe ismo, como el de la igno ancia gene alizada de unas masas
poco o nada ins uidas en ma e ia de al os « alo es» cul u ales. Es o si e
pa a explica en pa e la ac i ud liquidacionis a que Benjamin adop ó en
algunos momen os álgidos, ya en los años ein a, sob e odo en conexión
con las cues iones plan eadas en o no a La ob a de a e en la época de su e-
p oduc ibilidad écnica.
A es e espec o esul a signi ica i o su epo e de la isi a a la Gale ía
T e iako , en la que pa ece habe dis u ado in ensamen e, en buena pa e
animado po la cons a ación del nume oso público que allí se cong egaba,
haciendo gala de una «g an desen ol u a», lejos del «desconsolado aba imien-
o» de que dan mues a «los pocos p ole a ios que se pueden encon a en los
museos occiden ales»; lo que pudo admi a ue, sob e odo, pin u a usa de
géne o del siglo XIX, «pa edes llenas de imágenes na a i as, de ep esen a-
ciones de escenas de la ida de los ambien es más di e sos» que hacían de la
gale ía «un g an lib o ilus ado»219. Benjamin des aca con abie a sa is acción
la mane a «jus amen e amilia y a ac i a» en que, en es e museo, «el p o-
le a iado ha comenzado a oma posesión eal de los bienes cul u ales de la
bu guesía», y ello p ecisamen e po que
encuen a en es a colección emas de su his o ia, La pob e si ien a llega a la
casa del ico come cian e, Un conspi ado so p endido po los gua dias. Y que esce-
nas como és as es én hechas o almen e en el espí i u de la pin u a bu guesa
no solo no hace daño, sino que las hace mucho más accesibles. La educación
a ís ica (como P ous a eces da muy bien a en ende ) no iene a o ecida
jus amen e po la con emplación de «ob as maes as». Al con a io, lo que el
niño o el p ole a io que se es á cul i ando econoce como ob as maes as es
algo comple amen e dis in o que el coleccionis a220.
219 Ibid., pp. 142-3; GS, VI, p. 363.
220 Ibid.; GS, VI, pp. 363-4.
III. Teo ía de la expe iencia
103
Dejando a un lado la que bien podemos in e p e a como una, po lo
demás, signi ica i a in ocación del dile an ismo de P ous 221, y si a es o aña-
dimos la a i mación de que «el c i e io más igu oso en e al a e ac ual»
debe egi se po aquello que se e ie e al p ole a iado, «a su clase y a su a-
bajo», nos hallamos an e un posicionamien o e dade amen e llama i o. Pues
lo que Benjamin iene a de ende en es as líneas, y nó ese que emi iendo
an o al p ole a io como al niño (ambos is os como c ia u as he e ónomas
cul u almen e hablando), es ácil de asumi no solo desde el pun o de is a
del ealismo adicional, al como pudo de ende lo Lukács, sino has a desde
la pe spec i a de una u o a o ma de ealismo socialis a. De hecho, casi es á
dando la azón a las céleb es esis del o malis a Clemen G eenbe g en Van-
gua dia y ki sch, en donde equipa aba el ealismo académico decimonónico
con el ealismo so ié ico en cuan o que enemigos del a e de angua dia,
apelando al elemen o demagógico (manipulado , au o i a io) implíci o en la
olun ad de p esen a a las masas, en é minos na u alis as y na a i os, algo
en lo que pudie an econoce sus p opias idas sin más, quedando así p i adas
de una au én ica expe iencia del a e como al222.
Pese a odo, sabemos que no e a ni se ía nunca ésa la posición de Benja-
min espec o la li e a u a y las a es isuales. Es cie o que más a de habla ía
de las películas del a ón Mickey ema cando que en ellas la gen e econoce
su p opia ida. Y ambién lo es que en La ob a de a e en la época de su ep o-
duc ibilidad écnica se halla un pasaje que concue da con lo que aquí se dice,
no o iamen e cuando alude al hecho an es mencionado de que «la masa», «de
e óg ada en e a un Picasso po ejemplo, se ans o ma en p og esi a, po
ejemplo, ca a a un Chaplin»223. En la Gale ía T e iako no se a aba de «la
221 C . Theodo W. Ado no, Museo Valé y-P ous , en P ismas, op. ci ., pp. 194-5.
222 C . Clemen G eenbe g, «Vangua dia y ki sch», en A e y cul u a. Ensayos c í icos, Ba ce-
lona, Gus a o Gili, 1979, pp. 21-2. Lo que esc ibe G eenbe g a p opósi o de Ilya Repin,
aun cuando le a ibuye e óneamen e cuad os de ba alla, pa ece co esponde se pun o po
pun o con las ases de Benjamin, aun cuando, cla o es á, desde el pun o de is a opues o.
Repin, en odo caso, ep esen a un excelen e ejemplo de lo que Benjamin p oponía pa a
el p ole a iado (y pa a los niños) en ase de ins ucción. Bas a con pensa en su céleb e
Visi a inespe ada, de an a ue za plás ica como na a i a.
223 Discu sos in e umpidos I, p. 44; GS, I, pp. 496-7.
Vicen e Ja que
104
masa» oda ía op imida, sino del p ole a iado iun an e, pe o en ambos ca-
sos se hace bas an e e iden e aquello en lo que Benjamin es á pensando: en la
acul ad mimé ica, en la p imo dial capacidad de las masas, o del p ole a iado,
o de los niños, pa a ep oduci en la imaginación y econoce semejanzas, como
único camino pa a llega a ob ene expe iencia conc e a de las cosas.
En e an o, sin emba go, las con adicciones de la si uación de la Unión
So ié ica habían lle ado, según a i ma Benjamin en su Dia io un an o ex a-
ñamen e, a una sue e « es au ación», a una p o iso ia «paz en e las clases»
(o en e lo que quedase de ellas, se supone) y, en de ini i a, a una esuel a
neu alización del iejo comunismo e oluciona io mili an e, que apenas lle-
gaba a la ju en ud, a a és de asociaciones como el Komsomol, en o ma
de adoc inamien o, es deci , «no po expe iencia, sino como consigna»224.
Y lo que uno iene de echo a p egun a se, a la is a de semejan e pano ama,
es cómo pudo Benjamin segui con iando du an e años en una e olución
p ole a ia como acción mesiánica y única mane a de pone pun o inal a la
ca ás o e pe manen e de la his o ia. Pa ece que, como an os o os simpa i-
zan es de la e olución so ié ica du an e los años ein e y ein a, y como su
amigo B ech , solo se decepcionó del odo, o casi, y se qui ó la enda de los
ojos con ocasión del pac o S alin-Hi le en 1940. Y en su caso, po desg acia,
no u o iempo de eo dena sus ideas con a eglo a esa nue a e inespe ada
o mación his ó ica y social, an ele an e en sí misma como di ícilmen e
a able a í ulo de «p o o enómeno».
En cualquie caso, cabe a i ma que la idea que Benjamin asladaba a
Bube ace ca de su in ención de ep esen a la ealidad mosco i a a í ulo de
p o o enómeno, poniendo en juego esa «empi ia delicada» a que se e e ía
Goe he, donde los hechos habla ían po sí mismos sin necesidad de adhe-
i les eo ía alguna, no se adujo en un discu so que al p opio Benjamin le
pa eciese con incen e. Po un lado, en cuan o que p o o enómeno, la ealidad
que se nos desc ibe puede ale pa a una imagen, pe o no pa ece en absolu o
dialéc ica, sino solo con adic o ia y más bien poco espe anzado a, cuando
no sinies a. Po o o lado, la e dad es que lo que e minó esc ibiendo al
espec o no esponde p opiamen e a lo que en el lib o sob e el T aue spiel
224 Dia i de Moscou, p. 105; GS, VI, p. 338.
III. Teo ía de la expe iencia
105
conside aba un «o igen» his ó ico. De hecho, Benjamin no quiso o no pudo
cons ui un o igen a pa i de ese p o o enómeno. Dicho de o o modo, no
quiso o no pudo in eg a lo en el ma co de una dimensión his ó ica en la
que b illase como «cons elación» en un « a ado» o, siquie a uese a pequeña
escala, en la o ma que de que se había se ido a p opósi o del ba oco, ni
en la más adical y agmen a ia que pond ía en p ác ica más a de en la
ob a monumen al de los Pasajes. Aho a bien, como in en a é mos a a con-
inuación, es o no se debía, o no solo, a una al a de in e és po el asun o,
o a una coyun u al al a de dis ancia empo al, es deci , al ca ác e inme-
dia amen e p esen e del obje o. En ealidad, Benjamin dispuso del es o de
su ida pa a segui obse ando con la debida a ención y ac i ud obje i a ese
decisi o p o o emómeno del que, sin emba go, no podía a i ma se aquello
de que «una ez es ninguna ez». Lo cual enía que e ambién con una
concepción de la his o ia en la que cie as cosas nunca es u ie on lo su icien-
emen e cla as.
Vicen e Ja que
112
Respec o a los undamen os eológicos de su pensamien o, ya hemos is o
en qué medida pudie on se i le como expedien e c í ico en lo conce nien e
a la eo ía del lenguaje, con su d ás ica negación de cualquie o ma de ins-
umen alismo, y de la expe iencia, con su no menos adical es ue zo de dig-
ni icación de la misma. Aho a, sin emba go, nos hallamos an e una esi u a
de un o den dis in o, de un ca ác e di ec amen e polí ico, en donde es as
cosas pueden adqui i un sesgo pa icula men e p oblemá ico. Pues o que,
según hemos podido comp oba a p opósi o de su con emplación de Moscú
como «p o o enómeno», la sociedad nacida de la e olución comunis a no se
p esen aba p ecisamen e, conside ada a la luz de la eología, como un mundo
edimido, ni siquie a cla amen e en ías de edención, ni mucho menos en
pe spec i a de llega a se capaz de edimi a nadie. Lo cual nos hace pensa
en la posibilidad de que el nexo en e la polí ica y la eología no esul e a es e
p opósi o an ecundo como lo e a en o os con ex os.
En odo caso, es bien conocida la p ime a de las esis sob e el concep o
de his o ia, en donde se nos habla de un a ilugio en el que un apa en e
au óma a, un «muñeco ajeado a la u ca, en la boca una pipa de na guile», se
sien a an e una espaciosa mesa p o is a de un able o de ajed ez. En ealidad,
p osigue Benjamin, bajo la mesa, in isible g acias a un juego de espejos, se
sen aba «un enano jo obado que e a un maes o en el juego del ajed ez y que
guiaba median e hilos la mano del muñeco». Y añade:
Podemos imagina nos un equi alen e de es e apa a o en la iloso ía. Siem-
p e end á que gana el muñeco que llamamos ‘ma e ialismo his ó ico’.
Pod á habé selas sin más con cualquie a, si oma a su se icio a la eología
que, como es sabido, es hoy pequeña y ea y no debe deja se e en modo
alguno237.
Muchas eces se ha sub ayado la ambigüedad de es a imagen. Po un lado,
el ma e ialismo his ó ico apa ece como una ma ione a sin alma en manos
de la eología; po o o, es es a ma ione a la que «pone a su se icio» a la eo-
logía ep esen ada po un clandes ino «enano jo obado», que es quien posee
237 Discu sos in e umpidos I, p. 177; GS, I, p. 693.

IV. La in e upción de la his o ia
113
el sabe y la conciencia, pa a se aquél, y no és a (el muñeco y no el enano),
quien se lle e odos los iun os. Aun así, no puede deci se que en las esis
sob e la his o ia, como en o os muchos ex os, no se enca gue Benjamin de
saca ese enano eológico a la luz sin demasiadas con emplaciones238. Y uno
piensa si no hubie a sido mejo a eces man ene lo ocul o, en a as de la p axis,
o mejo , no se i se solo de él, sino acompaña lo de o a igu a más is osa,
aunque ampoco necesa iamen e apues a: al ez la de un suje o me amen e
acional, e en ualmen e alible, aun cuando és e no u iese ac edi ada la
capacidad que a ibuye al enano de pa a «habé selas sin más ni más con
cualquie a» y sali siemp e ic o ioso.
Pe o lo cie o es que el camino de la eo ía polí ica de Benjamin discu ió
de mane a decidida po los e i o ios de la eología, al ez en de imen o de
o as pe spec i as más ealis as. Po que, además, lo hizo en unos é minos
o ien ados sob e odo hacia el p e é i o. En an o en cuan o la idea de eden-
ción his ó ica a de la mano de una « ememo ación»239 y un « iempo-aho a»
(«en el que se han me ido espa ciéndose as illas del mesiánico»)240 que se
expone en o ma de una «cons elación» en la que con luyen un p esen e y
un pasado de e minados, lo que se colige de ello no es an o la ealización
e ec i a de una acción e oluciona ia, cuan o, a lo sumo, la p opues a de una
especie de ope ación an icipa o ia que, más allá de su po encialidad c í ica,
queda in es ida de unos asgos más bien u ópicos241.
Lo que en ese « iempo-aho a» se ía an icipado no se ía algo an p osai-
co como una sociedad de ipo so ié ico. En ealidad, Benjamin no emi e
238 En un agmen o de los Pasajes, Benjamin se si e de una imagen igualmen e ambigua,
pe o algo más enigmá ica: «Mi pensamien o se compo a con la eología como el papel
secan e con la in a. Queda comple amen e abso bida po él. Pe o si se siguie a con el
papel secan e no queda ía nada de lo esc i o» (GS, V, p. 588). No se en iende la idea de
una in a siemp e esca suscep ible de hace se in isible a ue za de aplica le papel secan e
(cabe pensa que más bien se eque i ía, po segui con la me á o a, una buena goma de
bo a ). De hecho, como e emos a p opósi o de sus esc i os sob e Ka ka, el p oblema
pod ía es iba en que lo esc i o con esa in a podía habe dejado de se comp ensible.
239 GS, I, p. 1248.
240 Discu sos in e umpidos I, p. 191; GS, I, p. 704.
241 C . «The Re olu ion –U opia o Plan?», en Julian Robe s, Wal e Benjamin, Lond es,
MacMillan, 1982, pp. 196 ss.
Vicen e Ja que
114
solo, o al menos no an o, a una sociedad sin clases en cuan o que obje i o
conc e o y ac ible a a és de la e olución comunis a (es deci , ni más ni
menos que median e la socialización de los medios de p oducción), como a
una humanidad edimida en un pun o inal de la his o ia, en el momen o de
su de ini i a in e upción, bajo la o ma de una especie de apoka ás asis242 que
compo a una es i u io in in eg um en donde halla ía epa ación y se ha ía
jus icia plena a odo lo allido, dañado, menoscabado o echado a pe de po
culpa de la milena ia op esión, del dominio de unos homb es sob e o os, del
su imien o en que hab ía enido consis iendo has a la echa la en e a his o ia
de la humanidad243.
Jun o a la idea de una apoka ás asis, en un bo ado del legado de Benja-
min y que o ma pa e de una b e e se ie de Nue as esis, encon amos una
desc ipción del mundo mesiánico como el de una «ac ualidad in eg al y uni-
e sal», solo en la cual se da ía una his o ia uni e sal cabalmen e en endida,
es o es, «no como his o ia esc i a, sino como es i amen e celeb ada». Dicho
de o o modo: la his o ia de la humanidad no como obje o de exposición es-
c i a, sino como obje o de expe iencia consumada. De hecho, esa g an ies a
(Fes ) es a ía «pu i icada de oda celeb ación» (Feie ) en sen ido o dina io; en
ella no cab ía «canción es i a» alguna, pues «su lenguaje es la p osa libe ada
que ha hecho sal a las cadenas de la esc i u a»; más aún: ese lenguaje pos-
e o lo en iende como una úl ima lengua pos babélica en la que se deja ía
a ás, como la mul iplicidad de los idiomas, la plu alidad de las «His o ias»
(His o ien), que apenas pod ía se co egida po una his o iog a ía p e endi-
damen e «uni e sal» equi alen e a «una sue e de espe an o»244.
Es a me a ó ica concepción del mundo edimido puede pa ece , po qué
no, más o menos con incen e, en la medida en que esponde a lo que en un
242 C . GS, V, p. 572. La idea de «apoka ás asis», que Benjamin u iliza á asimismo en su
ex o sob e El na ado , de i a de la eo ía he é ica de O ígenes, según la cual al inal de
los iempos odos los se es humanos, incluyendo los peo es pecado es, se án igualmen e
sal ados.
243 Benjamin no pa ece ene en cuen a, de ca a al ecue do- edención, el su imien o debido
no a la op esión his ó ica, sino a la iolencia de la na u aleza misma, o al aza .
244 GS, V, pp. 1235, 1138, 1139. Aquí Benjamin emi e a «las clases de p osa a ís ica como
espec o de la his ó ica», de las que habla en El na ado . C . in a, pp. 199 ss.
IV. La in e upción de la his o ia
115
p incipio cab ía espe a del mismo: una u o a o ma de econciliación de lo
escindido, o una ecomposición de los « asos o os» a la mane a del Tikún
de la Cábala heb ea245. En odo caso, lo que esul a e iden e es que Benja-
min no es á pensando la his o ia me amen e en los é minos e oluciona ios,
comunis as, que cab ía espe a de cualquie ipo de ma e ialismo dialéc ico;
lo que no se nos o ece an e iden e es has a qué pun o esa dimensión eo-
lógica puede queda e ec i amen e in eg ada en esa pe spec i a especí ica de
o den polí ico. En la e ce a de las esis, y en cohe encia con lo que hemos
enido comen ando, leemos:
El c onis a que na a los acon ecimien os sin dis ingui en e los g andes
y los pequeños da cuen a de una e dad: que nada de lo que una ez haya
acon ecido ha de da se po pe dido pa a la his o ia. Po cie o, que solo a la
humanidad edimida le cabe po comple o en sue e su pasado. Lo cual quie e
deci : solo pa a la humanidad edimida se ha hecho su pasado ci able en cada
uno de sus momen os. Cada uno de los ins an es i idos se con ie e en una
ci a ion à l’o d e du jou , p ecisamen e del día inal246.
La p ime a pa e de la esis, la ela i a a la a ea del c onis a, nos con-
i ma la esis encia de Benjamin a en ende la his o ia como obje o de una
na ación. De hecho, el c onis a solo na a de mane a agmen a ia; si hay
algo que le ca ac e iza es que no piensa la his o ia como al, sino que consigna
los hechos sob e la base de una ac ibia que le impide p esen a los en é mi-
nos na a i os, como una ama p o is a de sen ido247. Pe o en la segunda
pa e del pasaje se nos habla de la mane a en que la humanidad edimida
245 C . Ge shom Scholem, La Cábala y su simbolismo, Mad id, Siglo XXI, 1978, pp. 124 ss.
Benjamin pudo conoce es as eo ías, en las que a in de cuen as no p o undizó, an o a
a és de Scholem como de F anz on Baade o de F anz Joseph Moli o .
246 Ibid., pp. 178-9; GS, I, p. 694.
247 El modelo c ónica puede asemeja se en es o al dia io, como ya hemos comp obado a
p opósi o del que Benjamin esc ibió en Moscú. Un caso ejempla y más adical a es e es-
pec o pod ía se , po cie o, el que siguió Pon o mo a lo la go de cua o años, en donde,
como ad ie e F ancisco Ja au a en la p esen ación, se in o ma con el mismo én asis de lo
que un día omó a la ho a de la cena como del momen o en que culminó una ob a maes a
en la capilla de San Lo enzo. C . Pon o mo, Dia io, Mu cia, Colegio de Apa ejado es
y A qui ec os de Mu cia, 2006.
Vicen e Ja que
116
expe imen a ía aquella «ac ualidad in eg al» o apoka ás asis a la que an es se
nos emi ía: «ci ando» el pasado, que es como Benjamin pa ece pensa que
se le hace jus icia. «Esc ibi his o ia signi ica ci a la his o ia»248. No, po lo
an o, eco da el pasado in eg ado y ocupando su si io en un hipo é ico ela o
con inal eliz, sino ayéndolo a colación de mane a inmedia a –mágica, se
di ía– a ese p esen e de ac ualidad uni e sal que se ía el mundo edimido, lo
cual iene a se como llamándolo po su nomb e: nomb ándolo.
Y es aquí donde eside en p oblema ela i o a nues a « laca ue za mesiá-
nica». Pues, en e ec o, a noso os no nos ha sido dado ci a cualquie pasado,
pues o que noso os no habi amos oda ía un mundo edimido, sino que
end emos que se edimidos, con sue e, po un u u o que se econozca en
noso os. En e an o, po así deci , se hace lo que se puede. Has a el pun o
de que, expulsados del Pa aíso e incapaces de conoce los nomb es p opios de
las cosas, lo único que nos es accesible es enuncia al discu so in encional, al
sen ido an o a gumen al como na a i o, y ap oxima nos al obje o his ó ico
en o ma de imagen agmen a ia. Pues «la his o ia se desin eg a en imáge-
nes, no en his o ias»249. A al a del espe an o de una «his o ia uni e sal», una
his o ia desin eg ada; pe o no en una mul iplicidad de ela os (como iene a
se lo que ealmen e enemos, y lo único que p obablemen e engamos en el
u u o a nues a disposición), sino en imágenes monadológicas.
Vemos así, en cualquie caso, cómo su ieja eo ía nominal del lenguaje
eapa ece en su concepción ma e ialis a de la his o ia. Como ambién la e-
conocemos en alguna de sus p opues as me odológicas undamen ales de la
ob a de los Pasajes:
Mé odo de es e abajo: mon aje li e a io. Yo no engo nada que deci . Solo
que mos a . No hu a é nada alioso ni me ap opia é de agudas o mulacio-
nes. Pe o los and ajos, los despe dicios: és os no quie o in en a ia los, sino
hace les jus icia de la única mane a posible: haciendo uso de ellos250.
248 GS, V, p. 595.
249 Ibid., p. 596.
250 Ibid., p. 574.
IV. La in e upción de la his o ia
117
Ci a los despe dicios o desechos de la his o ia, es deci , de lo echado a
pe de po ob a de la dominación, pa a así hace les jus icia, es la única ma-
ne a de hace uso de ellos: en el egis o del mon aje, los elemen os ci ados
quedan «desgajados» de los con ex os en los que colapsa on o ue on de o-
ados y cob an una especie de segunda ida en la que adquie en, como pa e
de una imagen dialéc ica, un nue o b illo y una insospechada signi icación
pa a el p esen e251. Po supues o, es e ac o de es au ación solo puede se
en endido bajo p esupues os eológicos. Y el p oblema que és os plan ean no
es iba an o en las dudas que se puedan ab iga ace ca de si ellos mismos
son e dade os o alsos, sino de si pe enecen a la clase de supues os en base
a los cuales cabe espe a algo más que un esca e en e mágico y semió ico, si
se quie e, pe o en ningún caso eal y e ec i o.
Vol iendo al ema de nues a laqueza como mesías, al ez ale la pena
e lexiona sob e lo que le esc ibió Ho kheime a Benjamin en una ca a que
és e inco po ó como una ci a más al Kon olu N de los Pasajes, y que e sa
sob e los lími es de esa ac ualización eden o a que se nos p opone:
La a i mación de la inconclusi idad [de los hechos del pasado] es idealis a
cuando no se ecoge en ella la conclusi idad. La injus icia pasada ha sucedido
y concluido. Los mue os a golpes es án ealmen e mue os a golpes… Si se
oma comple amen e en se io la inconclusi idad, en onces debe c ee se en el
Juicio Final…252
Ho kheime no hace aquí sino apo a una dosis de sensa o ealismo al
ma e ialismo eológico de Benjamin. Incluso llega a suge i que el bien y el mal,
po así llama los, se compo an de mane a di e en e a es e espec o: mien as
que los e ec os de las acciones jus as pueden pe manece en el iempo y las
aleg ías, los e en uales momen os de elicidad son e íme os po de inición y
no iene sen ido cali ica los como his ó icamen e conclusos, «solo la injus i-
cia, el ho o , los dolo es del pasado son i epa ables»253. De alguna mane a,
251 Ibid., p. 595.
252 Ca a del 16 de ma zo de 1937. GS, V, pp. 588-9.
253 Ibid., p. 589.

Vicen e Ja que
118
Ho kheime se es aba haciendo eco sin sabe lo de la dis inción benjaminiana
en e el «una ez es ninguna ez» (con el consiguien e deseo de epe ición) y
el «de una ez po odas» de lo i epa able. Pe o desde es e pun o de is a se
nos o ece bas an e poco con incen e el «co ec i o» que Benjamin opone a
es a apa en e objeción de Ho kheime , basado en la con icción de que
la his o ia no es solo una ciencia sino, en no meno medida, una o ma de
ememo ación [Eingedenken]. Lo que la ciencia ‘cons a a’ puede la eme-
mo ación modi ica lo. La ememo ación puede con e i lo inconcluso (la
elicidad) en concluso, y lo concluso (la pena) en inconcluso254.
No deja de se pa adójica, incluso en é minos eológicos, esa olun ad
eden o a que implica p olonga las penas en el iempo, a í ulo de ecue do, y
en cambio da po concluidos los e en uales momen os de elicidad o de goce,
como si és os no pudie an se igualmen e ememo ados. Pe o el hecho es que
el ma e ialis a his ó ico, en cuan o que débil mesías cons uc o de imágenes
dialéc icas, no puede esuci a a los mue os, del mismo modo que el céleb e
«ángel de la his o ia», el ángel de la acua ela de Klee que p o agoniza la
no ena esis y que, empujado po el «hu acán» que sopla desde el Pa aíso –el
p og eso que no a dejando a ás sino uinas–, no puede «de ene se, despe a
a los mue os y ecompone lo despedazado» a lo la go de la his o ia255. Lo
que sucede es que la ememo ación no puede ene luga de la misma mane a
en el suje o de la his o ia que en el suje o de la exis encia indi idual, como
ampoco puede concebi se la elicidad o in elicidad colec i as en los mismos
é minos en que las expe imen a el indi iduo.
La e dad es que la ememo ación no puede cambia , ni mucho menos
anula el su imien o del pasado, que sucedió «de una ez po odas». En
cuan o a la elicidad, es cie o que en las esis sob e la his o ia apa ece am-
bién como obje o de edención, en la medida en que Benjamin pa ece emi-
i la a algo p e é i o pe o de ini i amen e no consumado: «la imagen de la
elicidad» la encuen a en
254 Ibid.
255 Discu sos in e umpidos I, p. 183; GS, I, p. 697.
IV. La in e upción de la his o ia
119
el iempo que de una ez po odas nos ha elegado el decu so de nues a
exis encia. La elicidad que pod ía despe a nues a en idia exis e solo en el
ai e que hemos espi ado, en e los homb es con los que hubiésemos podido
habla , en e las muje es que hubiesen podido en egá senos256.
Todos esos elemen os del pasado los conside a a la espe a de una mis e-
iosa ci a que end ían con noso os en nues o p esen e:
¿No nos oza a noso os mismos un alien o del ai e que espi a on nues os
p edeceso es? ¿No hay en las oces que nos egalan nues os oídos un eco de
los aho a silenciados? Las muje es a las que co ejamos, ¿no ienen he manas
a las que no han conocido?257
Casi pa ece a a se de un asun o de es ic o déjà u, del econocimien o
de algo que se p esen a en o ma de «eco» oscu o, como una epe ición de
algo ya i ido pe o no conocido. De hecho, esa elicidad de la que se nos
habla iene que e con unas líneas de su enigmá ico Agesilaus San ande ,
que Benjamin esc ibió en Ibiza en 1933, según pa ece bajo la ascinación de
su an iguo amo po Jula Cohn258, en donde emi e a la imagen del Angelus
No us (la de Klee, que había comp ado en 1921)259, el cual,
ap o echando que yo ine al mundo bajo el signo de Sa u no –la cons elación
de la o ación más len a, el plane a de los odeos y de los e asos– en ió a sa-
biendas su igu a emenina a la masculina po el camino más la go y unes o,
256 Discu sos in e umpidos I, p. 178; GS, I, p. 693. Cu si as mías.
257 Ibid.
258 He mana de su condiscípulo Al ed Cohn, amiga de Gundol , a ella le dedicó su ensayo
sob e Las a inidades elec i as, en donde en el cuen o sob e «Los ex años ecini os» se nos
e ie e ambién una his o ia de amo en donde las cosas suceden dos eces. C . Be nd
Wi e, Wal e Benjamin, pp. 65 ss. C . sob e Benjamin, Jula Cohn y el ángel, c . Ge s-
chom Scholem, Wal e Benjamin und sein Engel. Vie zehn Au sä ze und kleine Bei äge,
F ank u , Suh kamp, 1983, pp. 55 ss. Sob e el ex o de Benjamin, c . el ensayo de
Gio gio Agamben, «Wal e Benjamin und das Dämonische. Glück und deschichliche
E lösung im Denken Benjamins», en Uwe S eine (Hg.), op. ci ., pp. 189 ss.
259 C . Ge schom Scholem, Wal e Benjamin und sein Engel, op. ci ., pp. 44-5.
Vicen e Ja que
120
a pesa de que ambos habían es ado una ez muy p óximos –solo que no se
conocían mu uamen e260.
Aquí se a a de un ela o implíci o ace ca del e a do de un eencuen o
p opiciado po un agen e, el Angelus No us, que iene luga en o ma de un
conocimien o de lo nue o que es a la ez un econocimien o de lo pasado. En
las úl imas ases de es e mismo esc i o se plan ea el asun o de una mane a
un an o más compleja. Nos dice que el ángel, al que hab ía que segui en
su uelo,
busca la elicidad: el en en amien o en que se halla el a obamien o de lo
único, de lo nue o, de lo aún no i ido, con aquella dicha del o a ez, del
ol e a ene , de lo i ido. Po eso el único camino en el que se puede espe a
algo nue o es el del eg eso a casa261.
El p opio Scholem, que cali ica es a o mulación de mani ies amen e pa-
adójica, comen a al espec o:
al con a io que en la ó mula co ien e «una ez y nunca más», la elicidad
descansa en la con aposición en e el una ez y el o a ez más. Pues en es a
ase lo único [einmalig] jus amen e no es lo i ido, el ins an e del « iempo
i ido» (…), sino más bien lo nue o y oda ía no i ido. Lo con a io es lo
que se encuen a en la biena en u anza de lo una ez más, que se di ige a
lo epe ible, la epe ición de lo ya i ido262.
Cabe pensa que la elicidad es iba ía en una especie de u u o p eñado
de p e é i o, o en un p esen e en donde lo nue o se expe imen a no an o
como una conmoción de la iden idad, cuan o como una eno ación en donde
lo iejo cob a una luz di e en e y de ese modo puede se ecupe ado. En es e
sen ido la ememo ación eden o a iene a unciona como una ans o ma-
ción del «de una ez po odas» del dolo en el «una ez es ninguna ez» de
260 Agesilaus San ande , segunda e sión, Esc i os au obiog á icos, p. 245; GS, VI, p. 522.
261 Ibid.; GS, VI, p. 523.
262 Ge schom Scholem, Wal e Benjamin uns sein Engel, op. ci ., pp. 59-60. Cu si as mías.
IV. La in e upción de la his o ia
121
la dicha. En cualquie caso, en esa nue a y singula e ocación del «una ez
es ninguna ez» en donde, a mane a de «eco» y, po an o, de econocimien o
de una semejanza o de pa en esco, se incula con el pasado oda expe iencia
gozosa del p esen e263, se puede a isba uncionando a modo de as ondo su
eo ía mimé ica del lenguaje, como una especie de con apun o en ensión
con la eo ía nominal que, sin emba go, es la que endía a e igi se como
undamen o me odológico de la ob a de los Pasajes. En e ec o, no cabe duda
de que es es e úl imo el modelo que más pa ece ajus ase a la búsqueda de la
e dad en «los in e alos de la e lexión»264, o su de e minación de la imagen
dialéc ica como un «es allido» que no es sino «la mue e de la in en io»265,
odo lo cual se co esponde plenamen e con lo que ya imos o mulado en el
P ólogo al lib o sob e el ba oco, con su iden i icación en e idea y nomb e y su
insis encia en la in e upción del discu so en e a la con inuidad a gumen al.
En cuan o que cons elación, la imagen dialéc ica pa ece p ocu a una ex-
pe iencia más ligada al agmen o y a la descon ianza espec o del sabe que
conec a los concep os, que a esa acul ad mimé ica de la que an o sab ían
los niños. Sin emba go, ambién cabe pensa en la acul ad mimé ica, en
cuan o que acul ad de una «pe cepción o igina ia», como aquella que in-
e iene p ecisamen e en esos «in e alos de la e lexión». En es e mismo
sen ido, si la «mue e de la in en io» se co esponde con la idea de la imagen
dialéc ica como « ecue do in olun a io de la humanidad edimida», como
sos iene en una de sus Nue as esis266, en onces esul a di ícil no in oca la
acción pasi a, ecep i a, pe meable, o la pasi idad ac i a ca ac e ís ica de
la acul ad mimé ica267. Pod íamos incluso deci lo de o o modo y a en u a
263 En la e sión ancesa del ex o, al cuidado del p opio Benjamin, es as cosas quedan
algo más cla as. Las úl imas ases, po ejemplo, dicen: «E la beau é des emmes d’au e
âge, es -elle sans essemble à celle de nos amies?». Aquí es la semejanza la que unciona
cla amen e como disposi i o de con inuidad. GS, I, p. 1260.
264 GS, V, p. 570.
265 Ibid., p. 578.
266 GS, I, pp. 1233, 1243.
267 He mann Scheppenhäuse de ine es a elación como de «pene ación osmó ica» en e
suje o y obje o. C . «Physiognomie eines Physiognomike s», en Sieg ied Unseld (Hg.),
Zu Ak uali ä Wal e Benjamins, F ank u , Suh kamp, 1972, p. 154.
Vicen e Ja que
128
En el con ex o de las que llama «de iniciones de concep os his ó icos
undamen ales» llega incluso a cali ica el p og eso como «la p ime a medida
e oluciona ia»285. Queda cla o, po an o, que sí puede exis i una idea de
p og eso compa ible con la pe spec i a de la emancipación humana. Tal se-
ía, desde luego, la de un Tu go , cuya isión de la his o ia asume Benjamin
en su dimensión incues ionablemen e c í ica286. Pe o es que, al in y al cabo,
cualquie e olución o ans o mación adical a a és de la cual ad enga algo
ealmen e nue o, algo que no sea me a p olongación de un s a us quo, puede
in eg a se en un ela o his ó ico acionalmen e a iculado en donde cab ía
econoce la huella de un a ance indudable.
En cualquie caso, la idea de p og eso que Benjamin echaza en a as de su
concep o e oluciona io de la discon inuidad his ó ica adical, y que a ibuye
a una socialdemoc acia de la que habla en pasado impe ec o, queda expues o
de es e modo:
El p og eso, al como se pe ilaba en las cabezas de la socialdemoc acia, e a
un p og eso en p ime luga de la humanidad misma (no solo de sus des ezas
y conocimien os). En segundo luga e a un p og eso inconcluible (en co es-
pondencia con la in ini a pe ec ibilidad humana). Pasaba po se , en e ce
luga , esencialmen e incesan e ( eco iendo de mane a au omá ica un camino
ec o o en o ma de espi al)287.
Se obse a á que los dos p ime os pos ulados no ienen en ealidad nada
de «dogmá ico». C ee , po ejemplo, que la abolición de la escla i ud o del
eudalismo, o la ins au ación de la democ acia en luga de la i anía ep e-
sen an o os an os ejemplos de un p og eso de la humanidad que a más allá
del p og eso écnico y cien í ico puede se discu ido, desde luego, pe o solo
desde el oscu an ismo más au o i a io288. C ee en la ilimi ada pe ec ibilidad
285 Ibid.
286 C . GS, V, pp. 596-7.
287 Discu sos in e umpidos I, p. 187; GS, I, p. 700.
288 Al in y al cabo, como sos u o, Collingwood, en la cues ión del p og eso odo depende
del «co aje con que es emos dispues os a de ende nues as con icciones» (e en ualmen e
las democ á icas). C . R.G. Collingwood, Ensayos sob e la iloso ía de la his o ia, Ba celo-

IV. La in e upción de la his o ia
129
humana ampoco es se «dogmá ico», sino hace p opia la o ma que u ie on
algunos ilóso os ilus ados de no ce a pue as al u u o y pensa la his o ia
como un espacio abie o; po el con a io, pensa que el se humano, desde
el pun o de is a mo al, iene unos lími es p ees ablecidos desde el p incipio
y mani ies os en el p esen e, solo cob a pleno sen ido desde el pun o de is a
dogmá ico de la eligión: cuando se lo conside a como una «c ia u a» de
Dios, y no como un suje o lib e.
En cuan o al úl imo pos ulado, el e e en e al ca ác e «esencialmen e in-
cesan e» y au omá ico del p og eso, eso es algo que nadie en su sano juicio ha
sos enido jamás ni iene sen ido sos ene desde posiciones socialdemóc a as,
pues o que no solo es innegable, po ob io, el hecho de que en el pasado se
han p oducido g andes c isis y pe íodos de iolencia, es ancamien o y eg e-
sión289, sino que es muy p obable que uel an a p oduci se, has a el pun o de
que uno de los obje i os de la p axis socialdemóc a a podía se que es u iese
apun ado jus amen e a p eca e se con a ello y, cuando menos, minimiza
sus e ec os, aun cuando de mane a e en ualmen e desace ada. Es cla o que
el p og eso, bien en endido, solo puede se un p oduc o con ingen e de la
libe ad humana. Puede ale incluso como pa áme o ú il pa a econoce
lo que es a odas luces una eg esión (como el ascismo o cualquie o a o ma
de o ali a ismo) y a a la con an a decisión como p udencia290. Conside-
a lo como un p oceso de a ance pe manen e, i esis ible y au omá ico, como
si se a ase de una me a secula ización de la P o idencia di ina291, se pa ece
demasiado a deja se lle a po una cie a mala e y aho ma lo has a da le la
o ma de una ca ica u a ácil de desman ela .
na, Ba al, 1970, p. 168. A es e p opósi o no iene al caso apela a la idea ka kiana que
ci a Benjamin, según la cual «c ee en el p og eso no signi ica c ee que se haya p oducido
ya un p og eso. Esa no se ía una e», sino una cons a ación (Sob e el p og ama de la iloso ía
u u a, op. ci ., GS, II, p. 428). Pues o que, en e ec o, el p og eso no es cues ión de e,
sino de p axis acional.
289 Es no o io cómo, po ejemplo, ya lo había des acado el his o icis a Jakob Bu kha d
(Sob e las c isis en la his o ia, Mad id, Nue a Época, 1946).
290 C . Raine Rochli z, op. ci ., pp. 290-1.
291 C . Ka l Löwi h, El sen ido de la his o ia. Implicaciones eológicas de la Filoso ía de la His-
o ia, Mad id, Aguila , 1958.
Vicen e Ja que
130
No obs an e, lo cu ioso es que Benjamin no llega a hace lo. Aun cuando
sos iene que esos es pos ulados sob e el p og eso que dominaban en la so-
cialdemoc acia son igualmen e «con o e ibles», él mismo no los discu e ni
eba e; se limi a a a i ma que su c í ica « igu osa» debe ía «di igi se a algo
que les es común»:
La ep esen ación de un p og eso del géne o humano en la his o ia es inse-
pa able de la ep esen ación de la p osecución de és a a lo la go de un iempo
homogéneo y acío. La c í ica a la ep esen ación de dicha p osecución debe-
á cons i ui la base de la c í ica a al ep esen ación del p og eso292.
Aho a bien, no se en iende a p ime a is a que es a idea del « iempo
homogéneo y acío», en la que Benjamin insis e, enga que se asociada po
necesidad a una eo ía del p og eso en la que se pongan en alo no solo los
hi os y los momen os de glo ia, sino ambién los de su imien o. De hecho,
son ellos p ecisamen e los que alimen an ese «lado épico» de la his o ia que
p e endía abandona , y no hay mo i o pa a c ee no an a pode se eme-
mo ados en el ma co de una his o ia in es ida de una cie a con inuidad,
incluso la que p opone la eo ía del p og eso, y aunque solo sea a cos a de,
según dice, «malba a a se cabe la p os i u a “É ase una ez” en el bu del del
his o icismo»293. Y es que, en ealidad, a lo que Benjamin apun a es a un
iempo que solo se e á acío conside ado en con as e con el iempo pleno
que es el iempo-aho a de la edención. En de ini i a, lo que le pa ece «ho-
mogéneo y acío» end ía a se cualquie iempo his ó ico, encuad ado o no
en la eo ía del p og eso, con emplado al ma gen de la eología.
No obs an e, esul a e iden e que ese iempo «homogéneo y acío», an-
i é ico del « iempo-aho a» de la imagen dialéc ica, coincide con ése que él
mismo, al igual que el ángel de la his o ia, con empla como una sucesión de
ca ás o es. Y lo que ese iempo iene de «homogéneo y acío» de i a jus-
amen e de que, pa a Benjamin, no es un camino he oico hacia un emedo
del Pa aíso, sino el luga del e e no e o no, la epe ición de una y la misma
292 Discu sos in e umpidos I, op. ci ., p. 187; GS, I, p. 701.
293 Ibid., p. 189; GS, I, p. 702.
IV. La in e upción de la his o ia
131
ca ás o e bajo dis in as apa iencias, es deci , el luga del mi o, de aquello que
es necesa io in e umpi .
Con es as o mulaciones se incula, po cie o, el concep o de una «p o o-
his o ia» (U geschich e) en endida no como una his o ia p imo dial y gené ica,
ya pasada, sino como un sus a o especí ico y o igina io de cada momen o
his ó ico que condiciona, e en ualmen e de mane a inconscien e, su apa en e
desa ollo. Es lo que Benjamin buscaba expone , a p opósi o del siglo XIX, en
su ob a de los Pasajes. Y equi ale a lo que en el lib o sob e el ba oco alemán
llamaba «his o ia na u al» (Na u geschich e), una «p o ohis o ia del signi icado
o de la in ención» que se nos p esen aba como undamen o de la con empla-
ción alegó ica del mundo ca ac e ís ica del T aue spiel, es deci , como una
in e minable sucesión o amon onamien o de uinas. Pues, en e ec o, esc ibía,
mien as que en el símbolo, con la ans igu ación de la decadencia, el sem-
blan e ans igu ado de la na u aleza se e ela ugazmen e a la luz de la
edención, en la alego ía la acies hippoc a ica de la his o ia se o ece a los
ojos del obse ado como paisaje p imo dial pe i icado. Todo lo que desde
el p incipio iene la his o ia de in empes i o, de dolo oso, de allido, queda
plasmado en un os o –o más bien en una cala e a294.
En es a imagen de la decadencia i eden a se conjuga ácilmen e con la
isión agmen a ia del alego is a con la ca as ó ica del ángel de la his o ia.
El equi alen e del «hu acán» que sopla desde el Pa aíso, pa a el homb e ba-
oco e a la «ca a a a» po la que se sien e a as ado295. En odo caso, una
ue za na u al e i esis ible que una y o a ez se opone a un cu so his ó ico
concebible como espacio de la libe ad humana. La p esencia de la na u aleza
es el signo del his ó icamen e a iable pe o ineludible componen e p e acio-
nal del suje o que se p esume au ónomo y que pe manece bajo la coe ción de
ue zas que no ha ap endido a domina .
294 El o igen del d ama ba oco alemán, pp. 158-9; GS, I, pp. 342-3. Pa a una exposición con-
ex ualizada de la noción de «his o ia na u al», c . Bea ice Hanssen, Benjamin’s o he
His o y. On S ones, Animals, Human Beings, and Angels, Be keley, Uni e si y o Bea ice
Cali o nia P ess, 1998, pp. 45 ss.
295 Ibid., p. 51; GS, I, p. 246.
Vicen e Ja que
132
És e es igualmen e el as ondo oscu o sob e el que se dibuja á la imagen
dialéc ica de la mode nidad. Tal como lo o mulaba en un agmen o de los
p ime os esbozos de los Pasajes:
Todas las ca ego ías his ó ico- ilosó icas han de se empujadas aquí al pun o
de indi e encia. Ninguna ca ego ía his ó ica sin su sus ancia na u al, ninguna
na u al sin su il ado his ó ico296.
Ese «pun o de indi e encia» hacia el que son conducidas las ca ego ías,
un encla e que en ealidad es un núcleo lleno de las más con adic o ias
ensiones, no es ya el de la cala e a alegó ica del mundo del ba oco, pe o no
deja de ene mucho que e con la mue e, a la que Benjamin cali ica como
«es ación cen al de la dialéc ica» (de la cual la moda, es deci , la ugacidad,
se ía su «medida de iempo»)297. El e e no e o no de la ca ás o e, la pe ma-
nencia del mi o, se ía la p ueba de la sujeción del se humano al es ado de
c ia u a incluso bajo la apa iencia del p og eso acional.
iolencia y Redención
En es e pun o, an es de segui examinando sus pos ulados as su con-
e sión al ma xismo, ale la pena eco da que esa o ien ación eológica de
su con on ación de la his o ia, al menos cuando la aplica al ámbi o de lo
polí ico, deja en e e unos signi ica i os acen os de sesgo en e ana quis a o
incluso abie amen e nihilis a. És os se habían hecho mani ies os en e 1919
y 1922, sob e odo en un pa de ex os pa icula men e llama i os no an o
po su complejidad, que ambién, cuan o po el alcance de lo que en ellos se
296 GS, V, p. 1034. No a pa i de los Pasajes, sino del lib o sob e el ba oco, Ado no eco-
gió el concep o de «his o ia na u al» en uno de sus esc i os emp anos, de 1932, como
la p opues a de «concebi el se his ó ico en su más ex ema de e minación his ó ica,
allí donde más his ó ico es, p opiamen e como un se na u al, o si el posible, concebi
la na u aleza, donde más p o undamen e pe sis e en sí, como un se his ó ico». Theodo
W. Ado no, Gesammel e Sch i en, I, F ank u , Suh kamp, 1973, pp. 354-5. Toda ía en
la Dialéc ica nega i a ol e ía sob e ello, iden i icando la «his o ia na u al» con la his o-
ia como p og esi o dominio de la na u aleza y, po an o del e e no e o no del mi o.
(Mad id, Tau us, 1975, pp. 352 ss.).
297 GS, V, p. 997.
IV. La in e upción de la his o ia
133
a i ma. Los esc ibió bajo el in lujo somb ío de los emp anos pe o ya inquie-
an es a a a es de una República de Weima en la que, al igual que an os
o os de sus con empo áneos, no llegó nunca a con ia del odo298.
Aunque no podemos de ene nos en un análisis po meno izado del ensayo,
bas an e denso po lo demás, hay en Pa a una c í ica de la iolencia (1921)299
elemen os su icien es pa a conside a lo no solo en sí mismo, sino ambién
como as ondo de su concepción del ma e ialismo his ó ico300. En e esos
298 Sob e su ac i ud du an e los años de Weima an e io es al exilio, c . Jean-Michel Pal-
mie , op. ci ., pp. 295 ss. Hay que no a que sus posicionamien os polí icos apenas se
conc e a on a p opósi o de los acon ecimien os que jalona on el acaso de la República,
incluyendo la emp ana Re olución de los Consejos de Ob e os y Soldados en la p ima-
e a de 1919, que –según cuen a Scholem– «con empló con indi e encia» desde Be na,
en donde se hallaba con los más comp ome idos Bloch y Hugo Ball (Wal e Benjamin.
His o ia de una amis ad, op. ci ., p. 90). En su co espondencia no menciona apenas es as
cosas y solo se encuen an lamen os más bien gené icos y, desde luego, pésimos augu ios:
más que una e olución ic o iosa, lo que eía eni e a la gue a. Tal ez uese Di ección
única el único luga en donde, a su mane a, en o ma de Denkbilde , se dejaban en e e
señales de la c isis. Sus ex os de emá ica di ec amen e polí ica ue on escasos: en Linke
Melancholie a eme ía con a E ich Käs ne , acusándole de come cia en su poesía con la
expe iencia de la gue a (GS, III, pp. 279 ss.). Es aquí donde c i icaba a cie os in elec-
uales cuyo adicalismo les ubicaba po sis ema «a la izquie da de lo posible en gene al»
(p. 281), sin inclui se él mismo en ese g upo; en Theo ien des deu schen Faschismus a acaba
a E ns Jünge , sub ayando sob e odo la a al alianza en e el ascismo y la écnica (GS,
III, pp. 238 ss.); y en De I um des Ak i ismus a eme ía con a el ingenuo paci ismo de
Ku Hille (GS, III, pp. 350 ss.).
299 El ensayo es aba des inado a o ma pa e de una se ie de ex os sob e polí ica que Benja-
min comenzó a concebi en e 1919 y 1920, y que se hab ía de di idi en es pa es: «De
wah e Poli ike » («El e dade o polí ico»), «Die wah e Poli ik» («La e dade a polí ica»)
y una c í ica ilosó ica de la no ela Lesabéndio, de Paul Schee ba . De odo lo que llegó
a edac a al espec o, solo se ha conse ado Pa a una c í ica de la iolencia, publicada en
1921 y, al ez, algo del capí ulo i ulado «Teleologie ohne Endzweck» («Teleología sin
inalidad»), que algunos in é p e es c een iden i ica en el F agmen o eológico-polí ico.
C . GS, I, pp. 943-4.
300 Es e ex o se ha con e ido en uno de los más comen ados de Benjamin desde el momen-
o en que au o es como De ida o Agamben llama on la a ención sob e el mismo. C .
Jacques De ida, Fue za de ley. El « undamen o mís ico de la au o idad», Mad id, Tecnos,
1997. Desde en onces, la bibliog a ía al espec o ha enido c eciendo de mane a expo-
nencial. Bas e con ci a es ejemplos de cie o in e és: Alison Ross, «The Dis inc ion
be ween My ic and Di ine Violence: Wal e Benjamin’s “C i ique o Violence” om he
Pe spec i e o Goe he’s “Elec i e A ini ies”», New Ge man C i ique, 121, ol. 41, nº 1,
in ie no 2014, pp. 93 ss. (el ema del mi o, la culpa o igina ia y la expiación apa ecía
ambién, en e ec o, en el ensayo de Benjamin sob e Goe he); Eli F iedlande , «Assuming

Vicen e Ja que
134
elemen os se encuen an su peculia an ipa lamen a ismo y su ei e ada ape-
lación a egis os eológicos como pun o de uga. Ambos se undan en sus
con icciones ace ca del o igen del de echo como adminis ado de iolencia,
no de jus icia. En pocas palab as, lo que iene a sos ene es que ni el de echo
na u al ni el de echo posi i o han ace ado a o mula co ec amen e el con-
cep o de iolencia, en la medida en que la con on an en é minos ins umen-
ales, en unción de una elación en e medios (legí imos o ilegí imos) y ines
(jus os o injus os); Benjamin conduce sus a gumen os hacia un análisis del
in e és del Es ado en de en a el monopolio de la iolencia, que no de i a ía
sino del p opósi o de «sal agua da el de echo mismo»301. A pa i de aquí,
la dis inción que e ec úa en e una iolencia «c eado a de de echo» y una
iolencia que lo conse a no pa ece demasiado ele an e al in y al cabo302,
Violence: A Commen a y on Wal e Benjamin’s “C i ique o Violence”», Bounda y, 2,
2015, Duke Uni e si y P ess, 2015, pp. 160 ss. (en donde asocia el p oblema al plan ea-
do en Des ino y ca ác e ); y Samin Kha ib, «Towa ds a poli ics o “pu e means”: Wal e
Benjamin and he ques ion o iolence», en Enan En ique A ie a Bu gos (ed.), Teo ía
c í ica de la iolencia y p ác icas de memo ia y esis encia, omo 1, Medellín, Uni e sidad
Pon i icia Boli a iana, 2016, pp. 41 ss. (una exposición cla i icado a).
301 Pa a una c í ica de la iolencia, México, P emià, 1977, pp. 15 ss., p. 21; GS, II, pp. 179ss.,
p. 183.
302 En es e ma co, Benjamin emi e a dis in os ejemplos signi ica i os, como lo son los de
la huelga ob e a, incluyendo la huelga gene al (caso de iolencia, en o ma de ex o sión,
acep ada como un bien ju ídico del de echo posi i o), los a ados de paz (en donde al
de o ado se le econoce como suje o de un nue o de echo, jus amen e el sancionado po
el a ado), la pena de mue e (a p opósi o de la cual sus enemigos a isban una desp o-
po ción del cas igo po el hecho de que en ella se es au a el o igen e ible, el ca ác e
p imi i o de odo de echo como iolencia eje cida po la a alidad del des ino), o la poli-
cía (como caso de c eación y simul ánea conse ación del de echo, en conexión con una
amenaza di usa que cons i uye «la máxima degene ación posible de la iolencia»). Ibid.,
pp. 22-31; GS, II, pp. 183-90. Es in e esan e sub aya que en ninguno de es os egis os
hace di e enciación alguna del con ex o, democ á ico o no, en que ales igu as se dan.
En una democ acia, en donde se econoce el de echo a la huelga, no es an e iden e que
la policía ep esen e esa degene ación de lo ju ídico a que Benjamin se e ie e. Los a-
ados de paz puede impone los, incluso gene osamen e (o no, es cie o), el encedo de
una gue a jus a. En lo que concie ne a la pena de mue e, po cie o, sus a gumen os no
se undan en ninguna con icción ace ca de la sac alidad de la ida humana, una idea que
le pa ece dogmá ica; al con a io: «Tan sag ado es el homb e (…) como poco sag ados
son sus es ados, como poco lo es su ida ísica, ulne able po los o os» (ibid., p.51;
GS, II, p. 202). C . Gio gio Agamben, Homo sace . El pode sobe ano y la nuda ida, Va-
lencia, P e- ex os, 1999; B endan Mo an y Ca lo Balzani (eds.), Towa ds he C i ique o
IV. La in e upción de la his o ia
135
en an o en cuan o de lo que se a a en ambos casos es de una a i mación
(c eado a) o una ea i mación (conse ado a) de un pode que Benjamin con-
side a, po así deci , sin cualidades especí icas en lo conce nien e a la libe ad
de aquellos sob e los que se eje ce.
Pe o es en la iolencia en endida como mani es ación y no como medio, es
deci , en una iolencia ca en e de e ec os ju ídicos, po un lado, y en los que
denomina «medios pu os de en endimien o», po o o, donde Benjamin c ee
halla los caminos pa a la supe ación an o de la iolencia como del de echo.
Respec o a la p ime a ía, la de una iolencia no ins umen al, se nos emi e
a la iolencia mí ica al como la eje cen los dioses (sob e Níobe, po ejemplo)
«desde la incie a, ambigua es e a del des ino», es o es, desde la oscu idad
de la ley no esc i a a a és de la cual se hace pa en e su se , que no es sino
su pode 303. De hecho, esa «mani es ación mí ica de la iolencia inmedia a»
no puede sino apa ece como «p o undamen e idén ica a odo pode » y, po
ende, a odo de echo. A es o con apone Benjamin la « iolencia di ina» como
aquella capaz de «de ene el cu so de la iolencia mí ica». En e ec o:
La iolencia di ina cons i uye en odos los pun os la an í esis de la iolencia
mí ica. Si la iolencia mí ica unda el de echo, la di ina lo des uye; si aquélla
es ablece lími es y con ines, és a des uye sin lími es; si la iolencia mí ica
culpa y cas iga, la di ina exculpa; si aquélla es onan e, és a es ulmínea; si
aquélla es sang ien a, és a es le al sin de ama sang e304.
Es e gi o eológico, desde luego, no esul a so p enden e en Benjamin.
Po lo demás, él mismo econoció en algún momen o, ya con e ido al c edo
ma e ialis a, que esa idea de una « iolencia di ina» no e a sino «un pun o
ciego acío, un concep o lími e, una idea egula i a»305. Pese a odo, puede
Violence: Wal e Benjamin and Gio gio Agamben, Lond es/Nue a Yo k, Bloomsbu y, 2015;
en el ensayo de Ca lo Salzani, «F om Benjamin’s blosses Leben o Agamben’s Nuda i a.
A Genealogy» (ibid., pp. 109-23), se conec a la cues ión con el concep o de «c ia u a»
culpable.
303 Ibid., pp. 47-8; GS, II, pp. 199-200.
304 Ibid.
305 Así se lo sugi ió a Wa ne K a en 1934. C . Sami Kha ib, «On Benjamin’s “C i ique
o Violence”», en Enan En ique A ie a Bu gos (ed.), op. ci ., p. 51.
Vicen e Ja que
136
deci se que es e modelo esul a ex añamen e cohe en e en el con ex o en que
Benjamin lo in oca, en el sen ido de que solo Dios pod ía e mina con la es-
e a del de echo, del mismo modo que solo Él pod ía e mina con la his o ia.
Es o es, dando po supues o que no cabe pensa en la his o ia p opiamen e
humana sin una u o a clase de o denamien o ju ídico306.
La p ueba de ello la podemos ene p ecisamen e en el o o egis o que
Benjamin p opone como ía pa a elimina la iolencia, el de los «medios
pu os de en endimien o». Aquí nos habla de acue dos no iolen os, de
una egulación pací ica de los con lic os g acias a una «cul u a de los sen-
imien os» que es imula ía disposiciones subje i as como «delicadeza, sim-
pa ía, amo a la paz, con ianza y odo lo que aún se pod ía añadi »307.
Apa e de «la écnica de la con e sación», la pu a es e a del lenguaje (que
no solo hay que supone de e io ada po Babel, sino ambién p o egida po
algún o denamien o ju ídico), a lo que Benjamin emi e como «medio pu o»
es a la «huelga gene al e oluciona ia» que, bajo el in lujo de algunas ideas
de Geo ges So el (quien u o muchas muy dis in as y con adic o ias)308,
dis ingue de la «huelga gene al polí ica». Mien as que és a se p opone
e mina iolen amen e con un égimen, pe o no con el pode mismo, de
modo que és e pasa ía «de unos p i ilegiados a o os», la «huelga gene al
e oluciona ia», que «es aná quica» y se p esen a «como e uel a pu a y
simple», no da ía luga a ningún nue o de echo, sino que lo aboli ía pa a
siemp e. Más aún, en es a clase de huelga, en an o que «medio pu o», ni
siquie a pod ía habla se de iolencia, pues o que no consis i ía sino en una
pací ica «suspensión del abajo» some ido a la coe ción del Es ado, pa a
luego e oma lo «en e amen e cambiado», es deci , ealizado sin coacción
306 Po cie o, que el ejemplo que pone Benjamin de iolencia co idiana que, a semejanza de
la di ina, no es medio po que no hay en ella «c eación de de echo», es la « iolencia edu-
ca i a». Pe o es ob io que és a no puede exis i en gene al al ma gen de unas condiciones
en las que es necesa io un o denamien o ju ídico. C . ibid., p. 48; GS, II, p. 200.
307 Ibid., p. 35; GS, II, p. 191.
308 Sob e Benjamin y So el, c . C yssoula Kambas, «Wal e Benjamin lies Geo ges So-
el: “Ré lexions su la iolence”», en Michael Opi z y E dmu Wizisla (H sg.), op. ci .,
pp. 250 ss., donde se sub aya su sesgo polémico con a el «ana quismo in an il» del
Ac i ismo de Ku Hille ; c . igualmen e Michel Palmie , op. ci ., pp. 309 ss.
IV. La in e upción de la his o ia
137
alguna309. Aho a bien, aun cuando Benjamin asume como más que p obable
una eacción abie amen e hos il po pa e del Es ado, ya no nos dice cómo
hab ía que ac ua en ales ci cuns ancias.
Ob iamen e, es a pe spec i a explíci amen e ana quis a, an u ópica (di-
gamos) como « egula i a» (a lo sumo), acompañaba a la de la iolencia di ina
en an o que ía pa a la esolución de con lic os sociales. Pe o uno se p e-
gun a has a qué pun o en el Benjamin de las esis sob e la his o ia había
desapa ecido del odo es a clase de o ien aciones, o si más bien seguían un-
cionando no solo agazapadas como el enano jugado de ajed ez (la eología),
sino en o ma de as ondo (el ana quismo). La e dad es que, a pesa de odo,
en Pa a una c í ica de la iolencia se da po supues o que
oda o ma de concebi una solución de las a eas humanas –pa a no habla
de un esca e de la escla i ud de odas las condiciones his ó icas de ida
pasadas– esul a i ealizable si se excluye absolu amen e oda y cualquie
iolencia310.
De al modo pa ece queda cues ionada en el mismo ex o la posibilidad
de concebi una e olución comunis a en los é minos de una e uel a más
o menos espon ánea, pe o pací ica, conducen e a la sup esión y no a la me a
ans o mación de los o denamien os ju ídicos del capi alismo. La ealidad
es que «si decae la conciencia de la p esencia la en e de la iolencia en una
ins i ución ju ídica, és a se debili a»311; y al es el caso de los pa lamen os,
cuya «decadencia», cuyo «no o io y is e espec áculo» se debe ía a que «no
han conse ado la conciencia de las ue zas e oluciona ias a las que deben su
309 Ibid., pp. 38-40, GS, II, pp. 193-5. Es o de e o na al mismo abajo, as la e olu-
ción, sin coacción alguna nos ecue da la sen encia de aquel abino que sos enía que
en el «mundo enide o», edimido, odo segui ía siendo exac amen e igual que en és e,
solo que «un poqui o di e en e». C . In de Sonne, GS, IV, p. 419; F anz Ka ka, GS, II,
p.432. Es e abino, que no e a al, sino su amigo Scholem, ue ambién ci ado po Bloch
en Spu en (c . Ge shom Scholem, Benjamin und sein Engel, F ank u , Suh kamp, 1983,
pp. 193-5) y has a po Ado no, muchos años después, en su Dialéc ica nega i a (Mad id,
Tau us, 1975, p. 295).
310 Ibid., pp. 41-2; GS, I, p. 196.
311 Ibid., p. 33; GS, II, p. 190.
Vicen e Ja que
144
Es a idea –es a imagen, más bien– e a la de una humanidad al diapasón de
la écnica, de la que se se i ía humanamen e. En un al es ado de cosas
Schee ba c eyó e dos condiciones esenciales, a sabe : que los homb es
salgan de la opinión baja y g ose a de que es án llamados a ‘explo a ’ las
ue zas de la na u aleza; que, po el con a io, man ienen la con icción de
que la écnica, libe ando a los se es humanos, libe aba a e nalmen e po
ellos la c eación en e a331.
En e ec o, la no ela se cen a casi po comple o en cues iones ela i as al
uso de la écnica, aunque con de i aciones signi ica i as. Cuen a los es ue zos
de cons ucción de una al ísima o e que nada iene que e con la de Babel,
sino que, inspi ada po el p o agonis a, Lesabéndio, se comienza a ele a
con en usiasmo pe o sin un obje i o cla o (o en e an o ol idado), has a que
se e ela su al p incipio oscu a unción (como la de la o e Ei el, obse a
Benjamin), que no es o a que la de alcanza el conocimien o de «el Pode o-
so» («el Más G ande», «Lo Nue o, lo Colosal, lo Ab umado », lo Sup emo,
un «Guía» ocul o que pa ece ac ua como una sup ema ue za cósmica de
a acción)332 a a és de la conexión del onco que cons i uye el pequeño as-
e oide con su «cabeza», que planea sob e el mismo como una especie de nube
en o ma de ela aña luminosa. Tales denuedos se án co onados po el éxi o.
Pe o es a es i u io in in eg um del Pallas no pod á se conseguida sino al p ecio
de que Lesabéndio acep e disol e se en el cue po del p opio as o. Mien as
que an es la gen e del Pallas ha conocido una mue e exen a de dolo disol-
iéndose en el cue po de sus meno es, en adelan e an a ab aza el dolo g a-
cias a Lesabéndio que, pa a su in, debe á se el p ime o en expe imen a lo333.
Esa disolución de Lesabéndio (en el as o, pe o usionado con el cosmos)
se nos desc ibe como una especie de éx asis, «una ex ao dina ia emb iaguez»
331 Su Schee ba , GS, II, pp. 630-1.
332 Paul Schee ba , Lesabéndio ( ad. Ana Alguacil), G anada, T aspiés, 2014, pp. 141, 153.
«Debemos ace ca nos al Más G ande, debemos en ega nos po comple o a él si que e-
mos conse a nues a paz in e io . Es más, la disolución de ini i a en ese se supe io
se ía pa a mí el culmen de odo» (ibid., p. 48).
333 Su Schee ba , GS, II, p. 631.

IV. La in e upción de la his o ia
145
en donde la elicidad se con unde ex añamen e con el su imien o, el cual se
p esen a en odo caso como una condi io sine qua non de la edención:
solo el dolo y el su imien o pueden se conside ados como las mayo es uen-
es de la elicidad. No iene ningún sen ido que engamos miedo a lo espan-
oso. Lo espan oso nos lle a siemp e más allá. Nos ans o ma. Y noso os
no podemos ans o ma nos si huimos del dolo y del su imien o. (…) No
emas al dolo , ni ampoco a la mue e334.
Así pues, lo que enemos en Lesabéndio, conside ado desde el pun o de
is a del pensamien o polí ico de Benjamin335, es una nue a o mulación del
ínculo en e su imien o, mue e y edención, en es imonio de una polí i-
ca de undamen os nihilis as, pe o ambién algo que, en ealidad, siemp e
hab ía de e i a : la apelación a la u opía, y és a en o ma de una sociedad
p ác icamen e pe ec a desde una pe spec i a ana quis a. Pues el as e oide
Pallas no sabe lo que es un Es ado, ca ece de gobie no, pa lamen o, jueces,
policía; los habi an es no abajan pa a alimen a se (la comida es g a is)
ni pa a consegui i ienda (due men bajo el ab igo de una especie de piel
que despliegan y lle an consigo como los ca acoles su casa). No hay con-
lic os se ios, ni siquie a hay sexo. En e ec o, solo les al a el «Más G ande»
a a és del cual, g acias a las inquie udes de Lesabéndio, ap enden po in
qué es el dolo .
Aunque Benjamin sos iene que «el a e no es el o o de las u opías», de-
iende la apa iencia u ópica de la no ela en base a un «humo » que la in is e
del ca ác e de un au én ico « es imonio espi i ual»336. Ese mismo humo
334 Paul Shee ba , Lesabéndio, op. ci ., pp. 153-4.
335 En una ag ia discusión consignada po Scholem (que ue quien le egaló la no ela en su
momen o, con ilus aciones de Al ed Kubin, en 1917) ace ca de B ech y Schee ba , en
1938, Benjamin de endía a és e (y al p opio B ech ) po «esc ibi en un lenguaje absolu a
y plenamen e exen o y pu i icado de oda sue e de magia». Es o no esul a demasiado
comp ensible, a no se que se e i iese a una cuidadosa y obje i a aus e idad na a i a, en
pa e impues a po el ca ác e an ás ico de Lesabéndio y la condición ex a e es e de
sus pe sonajes. C . Ge shom Scholem, Wal e Benjamin. His o ia de una amis ad, op. ci .,
pp. 212-3.
336 Paul Schee ba : Lesabéndio, GS, II, p. 619.
Vicen e Ja que
146
lo encuen a en Lich enbe g y Jean Paul, pe o ambién en las « an asías
ex a agan es» de Fou ie , al que emi e al inal del segundo de sus ex os
sob e Lesabéndio, cali icándole de «he mano gemelo» de Schee ba 337. En
una de las Tesis sob e el concep o de his o ia ci a asimismo a Fou ie , y ello
jus amen e a p opósi o de una de las maldiciones bíblicas que acompaña on
a la expulsión del Pa aíso: la del abajo, que Fou ie en endía, en é minos
sociales a la ez que cósmicos, como un es ue zo que «lejos de explo a a la
na u aleza», se dedica a hace que és a «alumb e las c ia u as que como po-
sibles do mi an en su seno»338.
Nues o eco ido po es os ex os polí icos, concebidos ce ca de ein e
años an es que sus Tesis sob e la his o ia, hab á alido la pena en la medida
en que nos haya se ido pa a ilumina algunos de sus aspec os más p oble-
má icos. Ya su pe du able ijación en Lesabéndio esul a signi ica i a. En es a
no ela, como hemos is o, se conjugan en é minos u ópicos y ana quis as, de
un egis o en odo caso p ema xis a, unos supues os eó icos que apa ecen
inculados a una pe spec i a mesiánica de signo nihilis a, según la cual no
hay edención sin an es habe pasado po la mue e. Dicho de o o modo: el
Mesías solo ac úa como in e upción de ini i a del su imien o en que con-
sis e la búsqueda de la elicidad. La sal ación se nos p esen a así como un
«a aque b u al» y de as ado , po muy ulmíneo que se p e enda339. Así pues,
pa ece ace a Rol Tiedemann al in e p e a la que denomina « e unciona-
lización» (Um unk ionie ung) benjaminiana de la eología como una especie
337 Su Schee ba , GS, II, p. 632. Es no o io que en la ob a de los Pasajes dedicó a Fou ie
odo un Kon olu (GS, V, pp. 764-99). La conside ación de Fou ie como «g an humo-
is a» p ocede de Ma x (ibid., p. 781). Es cu ioso que las consecuencias del « abajo bien
dispues o» po Fou ie sean «que cua o lunas iluminasen la noche de la ie a, que los
hielos se e i asen de los polos, que el agua del ma ya no sepa a sal y que los animales
e oces pasen al se icio de los homb es» (ibid.). Pa a bien, y desde luego que igualmen e
pa a mal, buena pa e de ello se ha conseguido o se islumb a como ac ible. Pe o c ee
que as semejan es hazañas no puede habe su imien o, explo ación del abajo humano
y, po supues o, de la na u aleza, no solo e ela la ingenuidad de Fou ie , sino al ez, y
sob e odo, la del p opio Benjamin.
338 Discu sos in e umpidos I, p. 185; GS, I, p. 699.
339 GS, V, p. 592.
IV. La in e upción de la his o ia
147
«nihilismo e oluciona io»340. Solo que al cosa no exis e, sal o en el peculia
mundo de los su ealis as341.
A í ulo de «ejemplo de au én ica ep esen ación his ó ica», en un pasaje
de los pa alipómena de las Tesis, se nos emi e a un poema de B ech , A los
descendien es: «Reclamamos de los descendien es no el ag adecimien o po
nues a ic o ia, sino la ememo ación de nues a de o a». Y añade Ben-
jamin: «Es o es consuelo: en e ec o, el consuelo que se o ece únicamen e a
quienes ya no ienen espe anza alguna en el consuelo»342. Aho a bien, es o
no solo implica abandona oda espe anza en el p og eso, sino en cualquie
p axis al e na i a, incluyendo la de la e olución. Aunque no, desde luego, la
de la edención. Solo que esa edención, desp o is a de cualquie signi ica-
ción de o den his ó ico y polí ico, queda educida es ic amen e a una me a
cues ión de e. Algo que, como bien cabe supone , p i a ía al pensamien o
de Benjamin de buena pa e de su in e és. Más aún, lle a ía a pensa en
aquel a o ismo de Ka ka an es ci ado, según el cual «c ee en el p og eso no
signi ica c ee que ya ha ocu ido un p og eso. Eso no se ía e»343. Pues esa e
en el p og eso, en luga de en un Mesías des uc o , pod ía concilia se mejo
con la acionalidad humana. Tan o es así que, pese a Ka ka, pod ía incluso
concilia pe ec amen e la e idencia posi i a de un p og eso que hab ía eni-
do dándose has a la echa con la espe anza en un p og eso u u o que, po
supues o, no enemos asegu ado.
La lec u a de las Tesis en su conjun o, sob e el as ondo de sus ideas de
p incipios de los años ein e, deja la imp esión de que aquello que llamaba
ma e ialismo his ó ico le si ió, de algún modo, como una especie de abla
340 Rol Tiedemann, S udien zu Philosophie Wal e Benjamins, op. ci ., pp. 146, 150. Tiede-
mann lo inculaba con cie as e en uales simpa ías del su ealismo con la iolencia (la
idea de B e on de dispa a al aza sob e la mul i ud, po ejemplo) y con el «sabo aje o al».
En ealidad, de ás de ello no había ningún p oyec o polí ico, sino solo una es e ización
de la iolencia.
341 El su ealismo. La úl ima ins an ánea de la in eligencia eu opea. En Iluminaciones 1, Mad id,
Tau us, 1971, p. 49; GS, II, p. 299.
342 GS, I, p. 1240.
343 C . We ne Ho mann, Los a o ismos de Ka ka, México, Fondo de Cul u a Económica,
1975, p. 153.
Vicen e Ja que
148
de sal ación eo é ica o de blanqueado polí ico de su acend ado nihilismo
eológico, de endencia ana quis a, al que no ue nunca capaz de enuncia
del odo. Su de e minan e o ien ación hacia la con emplación del pasado
con el p opósi o de con e i lo en obje o de una ememo ación eden o a, a
a és del « iempo-aho a» de la imagen dialéc ica como p o o enómeno de
la his o ia, no puede sino ad e i nos de lo lejos que Benjamin se si uaba
de la ealidad de la p axis e oluciona ia e ec i a. La imagen dialéc ica se nos
p esen a como modelo de exposición de una expe iencia «au én ica», pe o no
an o la del p ole a iado, como la del in elec ual que p e ende solida iza se
con una clase que no puede se la suya. La ex ema ambigüedad de es a ex-
pe iencia es la que se ha ía mani ies a en su in e p e ación de la mode nidad
en la ob a de los Pasajes.
149
V. Mode nidad y expe iencia
con Ron ación del suRRealismo
Pa ece e iden e que, de una u o a mane a, lo que Benjamin pe seguía a
oda cos a e a la de ensa y la p ác ica ejempla de una o ma de pensamien o
p esidido po la discon inuidad adical, po la up u a con el a gumen o
lineal, y hemos de econoce en es e pun o la cohe encia con su pe spec i a
p og amá icamen e agmen a ia en cuan o a la esc i u a de la his o ia. Po
supues o, lo que subyace a es a posición es la c í ica del p incipio del suje o
acional como undamen o úl imo de la iden idad po encialmen e o aliza-
do a y como bloqueado de la di e encia. Es o es algo que, al in y al cabo,
puede e se como equi alen e a la pues a en cues ión de eso que luego se lla-
ma ía logocen ismo. Lo que iene a dis ingui a Benjamin es, sob e odo, que
emi a los undamen os de su c í ica a un concep o de expe iencia basado a
su ez en una de eo ía del lenguaje cons uida, po así deci , sob e dos pa as
que no siemp e caminan al unísono.
En odo caso, el echazo benjaminiano de los opos na a i os y de oda
con inuidad en la exposición de la his o ia, así como su consiguien e su op-
ción po la imagen como única al e na i a, puede e se bajo una luz un an o
di e en e cuando se lo conside a en elación con la in oducción de cie os
mo i os has a aho a no comen ados aquí, pe o que esul a ían decisi os en
la con igu ación de la ob a de los Pasajes y, en gene al, en su concepción
de la cul u a con empo ánea. Me e ie o a su ecepción del su ealismo, que
comenzó hacia 1925 y que, de un modo u o o, segui ía ocupándole du an e
años. Lo que Benjamin halló en él quedó o mulado sob e odo en su céleb e
ensayo de 1929, en donde lo cali icaba de «úl ima ins an ánea de la in eli-
gencia eu opea».
Es e esc i o ha e minado siendo uno de los más comen ados de Benja-
min, sob e odo po que en su encuen o con el su ealismo, y en pa icula

Vicen e Ja que
150
con Louis A agon, ha podido e se uno de los encla es o igina ios de los
Pasajes344. En cualquie caso, una lec u a a en a y con ex ual, en la que se
enga en cuen a lo que ya se ha enido exponiendo aquí, pod ía llega a ha-
ce nos pensa que es el p opio au o quien ela i iza el peso de los concep os
y consignas que in oduce. Tomando como pun o de pa ida lo que llama el
«es adio he oico» del su ealismo, el de sus inicios hacia 1924345, y al hilo
de la Vague de ê es de A agon, ensalza en el lib o un lenguaje en el que
«ya no quedaba ningún esquicio pa a el g oso del ‘sen ido’» y una «ex-
pe iencia» que se da ía «an es del yo», o bien que se ía e ilizada po un
« elajamien o del yo po medio de la eb iedad», y que po la ía del sueño
pod ía «sali de su ascinación» y desemboca en la que conside a una «ilumi-
nación p o ana de inspi ación ma e ialis a, an opológica, de la que el hachís,
el opio u o a d oga no son más que escuela p ima ia»346. Aho a bien, es cla o
que los es ados de emb iaguez, a eba o o in oxicación, a mane a de locu a
pasaje a, suponen un « elajamien o» de la iden idad acional del suje o, y es á
bien que Benjamin nos ad ie a de sus en ajas y de sus insu iciencias, así
como de sus e en uales pelig os, como e ec i amen e hace. A es e espec o
casi pa ece innecesa io eco da sus ocasionales, aunque no po ello menos
se ios expe imen os con el hachís, de los que indió debida cuen a y en los
que se encuen an, po cie o, sus p ime as e e encias al au a347.
344 Muchas eces se ha ci ado su ca a a Ado no (31 de mayo de 1935), en la que eco daba
su es ado de conmoción du an e la lec u a de Le paysan de Pa is, así como el hecho de
que ue po en onces cuando comenzó a apa ecé sele la idea del p oyec o de los Pasajes.
C . Vacla Pa is, «Unc ea i e In luence: Louis A agon’s Paysan de Pa is and Wal e
Benjamin’s Passagen-We k», Jou nal o Mode n Li e a u e, ol. 37, n. 1, pp. 21-39, así como
Ka lheinz Ba ck, «De Su ealismus. Die le z e Momen au nahme de eu opäischen
In elligenz», en Bu kha d Lindne (H sg.), op. ci ., pp. 395 ss. En cas ellano, c . la
excelen e con ibución de Rica do Iba lucía, Belleza sin au a. Su ealismo y eo ía del a e
en Wal e Benjamin, Buenos Ai es, Miño y Dá ila, 2020.
345 El su ealismo. Úl ima ins an ánea de la in eligencia eu opea, en Iluminaciones 1, Mad id,
Tau us, 1971, pp. 44-5; GS, II, p. 296.
346 Ibid., op. ci ., pp. 44-6; GS, II, pp. 296-8.
347 C . Haschisch, Mad id, Tau us, 1974; GS, VI, pp. 558 ss. Sob e el au a, «con a los eó-
so os», a i ma: «En p ime luga , el au a au én ica apa ece en odas las cosas. No solo en
algunas, como las gen es se imaginan. En segundo luga , el au a se modi ica po en e o y
a ondo con cada mo imien o que haga la cosa cuya es el au a. En e ce luga , no puede,
V. Mode nidad y expe iencia
151
Po o o lado, Benjamin es conscien e de que es imula la expe iencia
c eado a po medio de la d oga no es p ecisamen e lo que ca ac e iza al
su ealismo. Y ambién sabe que, aun en endiendo la emb iaguez en el sen-
ido me a ó ico, pe o no menos e ec i o, en que uncionaba en el con ex o
de las expe iencias al e adas desc i as po A agon, oda ía se ía p eciso da
un paso más allá: «Gana las ue zas de la eb iedad pa a la e olución. En
o no a ello gi a el su ealismo en odos sus lib os y emp esas»348. Pe o es o
solo pod ía consegui lo a pa i de una isión «dialéc ica» de la na u aleza
de la eb iedad. Pues o que, po un lado, és a conduce de modo espon áneo a
la ebelión ana quis a, a la que al a el elemen o «cons uc i o, dic a o ial»,
es o es, la capacidad pa a la «p epa ación me ódica y disciplina ia» de la e-
olución349, lo cual exige la «o ganización del pesimismo», del «pesimismo en
oda línea», ac i ud con la que el comunismo ha de con on a –en Eu opa–
el sis ema capi alis a:
descon ianza en la sue e de la li e a u a, descon ianza en la sue e de la
libe ad, descon ianza en la sue e de la humanidad eu opea, pe o sob e odo
sob e odo descon ianza, descon ianza, descon ianza en odo en endimien o:
en e las clases, en e los pueblos, en e és e y aquél350.
Un pesimismo adical351 que Benjamin opone al «op imismo dile an e»
de una socialdemoc acia a o able a un en endimien o, a un mínimo de con-
senso democ á ico a a o de una p axis e o mis a352.
en modo alguno, concebi se el au a au én ica como un so ilegio espi i ualis a elamido
y esplandecien e (…). Lo que dis ingue al au a au én ica es más bien: el o namen o, el
cí culo o namen al en el que es á la cosa (o la en idad) i memen e sume gida al en una
unda»; y añade, a í ulo ilus a i o, que en los cuad os a díos de Van Gogh apa ece
«pin ada» el au a. Ibid. p. 85; GS, VI, p. 588.
348 Ibid., p. 58; GS, II, p. 307.
349 Ibid.
350 Ibid., pp. 59-60; GS, II, p. 308.
351 Cuya uen e se encuen a en las posiciones de endidas po Pie e Na ille en el ma co de
las dispu as su ealis as de aquellos años. C . Rica do Iba lucía, op. ci ., pp. 379 ss.
352 Benjamin no pa ece asumi aquí el «nihilismo e oluciona io» que él mismo deja ac ua
como as ondo en sus esc i os sob e la his o ia. Pe o no deja de emi i al «concep o
Vicen e Ja que
152
Ese « elajamien o» de la iden idad puede se asociado a enómenos «ocul-
os, an asmagó icos» que se p es an a se in e p e ados en é minos omán-
icos, de e ec os «ca as ó icos». F en e a ello, sugie e,
sub aya pa é ica o aná icamen e el lado enigmá ico de lo enigmá ico no nos
hace a anza . Más bien pene amos el mis e io solo en el g ado en que lo
eencon amos en lo co idiano po i ud de una óp ica dialéc ica que pe cibe
lo co idiano como impene able y lo impene able como co idiano353.
Ése es el e dade o mundo de la «iluminación p o ana» que cabe espe a
del su ealismo (y ello a pesa de suge i nos que no siemp e los su ealis as
es án a la al u a a es e espec o)354. És a, desde luego, no cabe en ende la
en los é minos de una me a secula ización del éx asis eligioso, sino más
bien como una « e elación» en el sen ido en que Benjamin la buscaba en
su momen o en o ma de un esca e del lenguaje p ebabélico, nominal (a la
mane a de los «expe imen os mágicos con palab as» de B e on)355, o como
una o ma de e e i se a aquella «expe iencia supe io » de end ía luga en
un campo de « o al neu alidad» en e suje o y obje o356. Incluso da la im-
p esión de que él mismo había ido ya bas an e más allá de lo que en es e
con ex o denomina «iluminación p o ana». De hecho, en el ex o sob e el
su ealismo no acaba de sabe se bien en qué consis e és a en cuan o que algo
dis in o de la que conside aba expe iencia au én ica, y menos oda ía cuando,
adical de libe ad» de Bakunin, y a o os «g andes ana quis as» que « abaja on en
sus máquinas in e nales» en e 1865 y 1875, pa a, a ias décadas más a de, gene a la
ob a de gen es como Dos oie ski, Rimbaud o Lau éamon . Ibid., pp. 55-57; GS, II,
pp. 304-6. C . José Pie e, Su éalisme e Ana chie, Pa ís, Plasma, 1983, «In oduc ion».
353 Ibid., p. 58; GS, II, p. 307.
354 Ibid., p. 46; GS, II, p. 297.
355 Ibid., p. 52; GS, II, p. 302.
356 En los papalipómena del ensayo sob e el su ealismo habla de «un caso cons uc i o de
e elación de una expe iencia. El escena io de es a e elación es el ecue do», y «aquí
yace una impo an e di e encia espec o a la e elación eligiosa». Se en iende que la
e elación eligiosa excluya el ecue do. Pe o ¿la expe iencia p o ana no se ía, más que
la « elación de una expe iencia», ella misma una e elación? No ol idemos que «una ez
es ninguna ez». GS, II, p. 1021.
V. Mode nidad y expe iencia
153
como an es hemos is o, a a de p i a la de odo mis e io, como cuando
cali ica de iluminaciones p o anas las que se ob ienen en la lec u a, a la que
llama «p oceso eminen emen e elepá ico», o en el pensamien o, que cali ica
de «na có ico eminen e»357.
Dos años an es, en el b e e T aumki sch, ya había dejado cae alguna cosa
ele an e pa a en ende mejo el pos e io ensayo sob e el su ealismo. Una
suge encia impo an e la encon amos en la idea de que el con enido de los
sueños a los que apela el su ealismo se alimen a de «lo banal», en endiendo
po banal (a lo que ambién se e ie e como lo «ki sch») el mundo de las cosas
desag egadas, de los obje os inse ibles, en ejecidos, que emi en a nues a
in ancia y que, como igu as mue as, cob an nue os signi icados en o ma de
«ace ijos» (Vexie bild), como igu as enmasca adas p oceden es de «la espe-
su a de la p o ohis o ia»358. Es jus amen e a lo que se e ie e en El su ealismo
cuando explica que B e on
opezó con las ene gías e oluciona ias que se mani ies an en lo ‘an icuado’,
en las p ime as cons ucciones de hie o, los p ime os edi icios de áb icas, las
o os an iguas, los obje os que comienzan a cae en desuso, los pianos de cola
de los salones, las opas de hace más de cinco años, los locales de euniones
mundanas que empiezan a no es a ya en boga359.
No se a a aquí an o de un es ado de «emb iaguez» que pueda pone se
al se icio de la e olución, como de una con emplación en la que los obje os
co idianos apa ecen al suje o con empo áneo al como e an con on ados
po el ascinado alego is a del ba oco: como agmen os, uinas, esiduos,
elemen os suel os, desp o is os de su sen ido o igina io, en el ma co de una
357 El su ealismo, p. 39; GS, II, pp. 307-8.
358 T aumki sch, GS, II, pp. 620-2.
359 El su ealismo, pp. 48-9; GS, II, p. 299. En Nadja habla B e on, as una isi a al Ma ché
aux Puces, de esos obje os «demodés, agmen és, inu ilisables, p esque incomp éhen-
sibles, pe e ses en in au sens où je l’en ends e où je l’aime». C . Mech hild Albe ,
«Espacio u bano y mode nidad: Ramón Gómez de la Se na, Louis A agon y Wal e
Benjamin», XVI Cong eso AIH, Pa ís, 2007. Las e e encias a El Ras o de Gómez de
la Se na ayudan a en ende la mi ada su ealis a y benjaminiana de esos mon ones de cosas
que se hallaban en el o igen de su peculia expe iencia.
Vicen e Ja que
256
que aspi aba a una comp ensión sis emá ica de la his o ia, más allá de su con-
side ación como un «ag egado» in o me, como un amasijo de e en os más o
menos aza osos, en cuan o que p e endía econoce en ella, aunque no a í ulo
de hipós asis me a ísica, sino de «idea egula i a», un sen ido po encialmen e
emancipado de ca ác e –decía Kan – «cosmopoli a», en onces el discu so
esul an e enía que pa ece se más a una g an no ela que a una omán ica
ecopilación de cuen os in an iles o de edi ican es his o ias de calenda io, ya
uesen las del humanis a Hebel o las del comunis a B ech . Po lo mismo, no
podía pa ece se a un «mon aje» de agmen os no in e p e ados669.
Sea como ue e, se di ía que Benjamin no ace ó a calib a la casi in ini a
capacidad de la o ma no ela pa a asumi las o mas más di e sas, in eg a
en sí cualquie cosa y pese a odo sob e i i , como sabemos, en pe manen e
es ado c í ico. De hecho, ha sob e i ido incluso al Finnegans Wake, y con
eso es á dicho odo. Es e dad que la concibió en es ado de ans o mación,
pe o lo a ibuía a una si uación de la his o ia de la cul u a en la que no que-
daba nada cla o cuál podía se su luga . El p oblema es iba, po un lado, en
la escasa a ención que p es ó a los pode es de la icción en gene al de ca a a
la econ igu ación de nues a expe iencia. Y, po o o, en su ab up a pe cep-
ción de los medios de masas como agen es des uc o es no solo del «au a»,
sino del modelo de suje o he edado de la isión bu guesa del mundo.
Respec o a lo p ime o, lo que llama la a ención es que hable de la «in-
o mación», en pa icula de la p ensa, como la ins ancia que había de pone
en c isis a la no ela y da mue e a la na ación. Pues o que, si hay algo que
esul a e iden e a es e espec o, es que ningún lec o de no elas busca en ellas
algo que pueda compa a se a lo que se espe a de una e is a, pe iódico o ele-
g ama. El lec o de una no ela no busca no icias de ac ualidad, no icias de es e
mundo, sino que aspi a a se asladado a o os mundos semejan es desde cuya
dis ancia pode eg esa más ico en expe iencia, pa a así, al ez, e de
o a mane a las cosas de su p opio mundo, an o el ex e no como el in e no.
No se a a, en odo caso, de una cues ión de conocimien o, sino más bien de
e-conocimien o de lo idén ico en lo di e en e y de lo di e en e en lo idén ico.
669 La ya ci ada Jeanne-Ma ie Gagnebin ha p esen ado b illan emen e la pano ámica de los
dilemas en que Benjamin podía encon a se en su concepción an ina a i a de la his o ia.
C . His oi e e na a ion chez Benjamin, Pa ís, Ha ma an, 1994.

VI. Teo ía de la no ela
257
Aho a bien, algo semejan e cabe deci de la na ación. És a puede an o
e e i hechos eales, a en u as de ma inos o sucesos legenda ios, como o-
ma la o ma an ás ica del cuen o de hadas. En es e sen ido, la «humillación
de la palab a» en la p ensa le a ec a mucho menos de lo que lo hizo, en su
momen o, la in ención de la imp en a, que comenzó a con ina el ela o a la
esc i u a, en donde siemp e hab á de domina la no ela. És a sólo de mane a
ansi o ia, du an e el siglo XIX, sin ió en oda su p o undidad el in lujo de
la p ensa. El p opio Benjamin lo sub aya en la ob a de los Pasajes, en don-
de los agmen os dedicados a la his o ia de la li e a u a gi an básicamen e
sob e es a cues ión –sob e la no ela po en egas en las e is as ilus adas–,
mien as que, dicho sea de paso, b illan po su ausencia en adas en las que
pudie a halla se algún a isbo de in e p e ación de alguna de las ob as de, po
ejemplo, Balzac670. Po lo demás, cabe pensa que es p ecisamen e la ela i a
independencia de la na ación espec o a la esc i u a lo que la ponía a sal o
de la in luencia de la p ensa.
En cuan o a la no ela, Benjamin u o que da le algunas uel as a la
cues ión del sen ido de su expe iencia. En su eseña sob e De Kellne , de
I án Schmeljo , en 1927, de la que no hemos dicho nada en nues o an e io
epaso de las no elas usas, Benjamin apenas dedica unas pocas palab as a esa
ob a. Lo que o ece es una dig esión sob e la mane a en que, en el ma co de
la no ela usa de la segunda mi ad del siglo XIX, un au o como Dos oie ski
había p oducido un nue o ipo de lec o . Pa a explica lo, Benjamin ecu e
a su p opia expe iencia:
cuando cie o una no ela de S endhal o Flaube , una no ela de Dickens o
de Kelle , pa a mí es como si saliese desde una casa al ai e lib e. Po muy
p o undamen e que haya podido es a sume gido en lo na ado, yo pe mane-
cía el mismo, me sen ía de e minado en muy di e en e mane a e in ensidad,
pe o siemp e como a a és de las p opo ciones de un espacio en el que pe -
manecía, digamos, sin cambia en lo sus ancial y sin pe de el con ol de la
conciencia. Sin emba go, cuando he e minado un lib o de Dos oie ski, debo
an e odo ol e a mí, ecoge me671.
670 GS, V, p. 903. Aunque Benjamin se ocupó de Balzac ya en 1916-17, c . GS, II, pp. 602ss.
671 GS, III, pp. 63 s.
Vicen e Ja que
258
Es deci , como al despe a de un sueño. Que es o lo a ibuya al « uc-
í e o labo a o io de su an asía», que encadena al lec o a sus oces y sus
isiones, pa ece azonable hablando de Dos oie ski. En cualquie caso, cabe
p egun a se si esa expe iencia de inme sión, an o la con olada en la lec u a
de Dickens, como la más u bado a en la del uso, no es sino la que iene
luga siemp e que el suje o se deja lle a po un mundo de icción na a i a
en gene al, al como se ep esen a en las no elas, pe o ambién en los ela os
y, po supues o, en el cine672.
En o o b e e agmen o de los Kleine Kuns -S ücke, i ulado Romane le-
sen [Lee no elas], Benjamin o mula un a isbo de lo que en algún momen o
llamó una «clasi icación gas onómica de la p osa», según la cual
no odos los lib os se leen de la misma mane a. Po ejemplo, las no elas
es án ahí pa a se de o adas. Lee las es un goce de la inco po ación. No es
empa ía. El lec o no se pone en el luga del hé oe, sino que se inco po a lo
que le a ec a673.
Aho a bien, aquí se a a de algo que no puede come se en es ado c udo,
sino que solo es posible expe imen a lo después de que el no elis a lo ha
cocinado: «el a e de la no ela, como el de la cocina, comienza jus amen e
más allá del p oduc o c udo»; pe o esul a que el mundo es á lleno de sus an-
cias c udas incomes ibles, de i encias «que es aconsejable lee , no ene las».
Es deci , no se las puede asimila en b u o, sino solo en o ma de ep esen-
ación no elada:
en b e e, si es que exis e una musa de la no ela –la décima–, lle a á los em-
blemas del hada de la cocina. Ele a el mundo del es ado c udo pa a hace lo
comes ible, pa a oma le el gus o. Si es p eciso, se pod ía lee una e is a
mien as se come. Pe o nunca una no ela674.
672 C . Jean-Ma ie Schae e , ¿Po qué la icción?, Mad id, Lengua de T apo, 2002, pp. 18ss.
673 GS, IV, p. 436.
674 Ibid.
VI. Teo ía de la no ela
259
Apenas cabe una o mulación más cla a de lo lejos que se encuen a la
expe iencia p o undamen e inme si a de la lec u a de una no ela espec o de
la lec u a de un pe iódico. Y, po an o, lo poco que el auge de la p ensa po-
día a ec a al p esen e y el u u o de la no ela (y de la na ación en gene al).
Finalmen e, no deja de esul a llama i o el con ex o bu gués en el que,
sin la meno in encionalidad c í ica, había si uado Benjamin la expe iencia de
la lec u a de no elas: Am Kamin [Jun o a la chimenea]. Es el í ulo de la eseña
de 1933, an es mencionada, sob e A nold Benne . Se ab e con un b e ísimo
ela o ace ca de uno de los hé oes del es e icismo, uno de los p oduc os más
e inados de esa cul u a que Benjamin p oponía sac i ica :
De Osca Wilde se cuen a: en una ocasión se encon aba en e un g upo de
pe sonas, y el ema de con e sación e a el del abu imien o. Cada uno enía
algo que deci al espec o; Wilde calló has a que habló el úl imo. La gen e
le mi aba oda expec an e. En onces él dijo: «Yo, cuando me abu o, omo
una buena no ela, me sien o jun o al uego de la chimenea… y me pongo a
mi a el uego»675.
Benjamin econoce, po cie o, lo bien que se lle an «un llamean e uego
de chimenea y una no ela impac an e». Y lo explica de la siguien e mane a:
a di e encia del lec o de poemas (po encialmen e p es os a se declamados
an e un audi o io) o el espec ado de un d ama («embolsado en la masa» y
pa ícipe de sus omas de posición),
el lec o de no elas es á solo, y po un buen a o. Más que es o: en es a sole-
dad se apode a de su ma e ia con más celo que aquellos o os. Es á dispues o
a ap opia se de ella, en cie o modo, sin deja as o, incluso a de o a la
li e almen e. Pues aniquila, de o a la ma e ia como el uego la hogue a en
la chimenea676.
Y e mina así: «la no ela no es impo an e po que nos p esen a un des ino
ajeno, sino po que, bajo las llamas que lo de o an, nos cede el calo que nunca
675 GS, III, p. 388.
676 Ibid., pp. 388 s.
Vicen e Ja que
260
ob enemos de nues o p opio des ino». Tal se ía el «sup emamen e mis e ioso
don» de la no ela: «calen a en la mue e una ida émula»677. F ancamen e,
no pa ece que es as ideas espondan a un concep o de expe iencia an es-
ingido como el que Benjamin pa ece mo iliza a eces a p opósi o del a e
de na a .
Y, po cie o, que cabe a e e se a pensa que esa expe iencia no se ía
p i a i a de las g andes no elas o de las más complejas. No solo pa a sen-
a se jun o a la chimenea, sino ambién pa a iaja puede se i una no ela.
Ella misma iene la o ma de un iaje, e en ualmen e lleno de expec a i as
y de angus ia. De modo que uno se p egun a, leyendo el ex o de Benjamin,
de 1930, sob e las bondades de la lec u a de no elas policiacas cuando se
iaja en en, po qué no dedicó a ninguna de ellas algún esc i o678. Les
a ibuye incluso un ca ác e apo opaico, de conju ación de los pelig os po
medio de un i ual des inado a cong acia se con los dioses e o ia ios:
«Similia similibus. La anes esia de una angus ia po medio de o a es su
sal ación»679. Se puede iaja con una no ela como se puede iaja a a és
de una no ela, incluso jun o al uego del hoga , en o no al cual se euni ían
ambién los oyen es de los iejos na ado es. A di e encia de Osca Wilde,
Benjamin no pa ece habe dispues o de chimenea du an e mucho iempo.
Cabe imagina , po an o, que las muchas no elas que leyó de Geo ges Si-
menon (casi se di ía que más que de ningún o o au o ), las de o ó, una as
o a, en el cu so de sus muchos iajes. Segu o que encon ó en ellas algo más
que me o en e enimien o680.
677 Ibid., p. 392.
678 En el lis ado de sus lec u as, que Benjamin lle ó du an e cie o iempo, y de las que se
conse an las nume adas desde la 492 a la 1712, se encuen an í ulos de Conan Doyle,
Edga Wallace, James M. Cain, Philip Mc.Donald, Pie e Vé y, Aga ha Ch is ie ( es
í ulos) y, sob e odo, Geo ges Simenon (ce ca de ein e). C . GS, VII, pp. 437-76.
679 GS, IV, p. 381.
680 De Les Pi a d, de Simenon, le decía a Al ed Cohn que se a aba de «una no ela de
en e enimien o de p ime ango» (B ie e, p. 704).
261
VII. Ideas sob e el cine
mickey, el pos Humano
Resul a so p enden e que un an pe spicaz explo ado de an asmago ías
como lo ue Benjamin, y an lúcido como pa a pone el oco como nadie lo
había hecho en la ans o mación de la expe iencia en gene al, y de la expe-
iencia es é ica en pa icula , po ob a de los nue os medios de comunicación,
no econociese en esa « áb ica de sueños» (Ilya Eh enbu g)681 que es el cine
el luga exac o en donde había de e ugia se la adicional p ác ica de con a
his o ias. Pues es en es e ma co donde pod ía al ez habe se hecho más
e iden e que en ningún o o la indecibilidad de la cues ión de cuándo nos
hallamos an e una expe iencia au én ica o una i encia inau én ica, an e una
con igu ación c í ica o una an asmago ía me amen e iluso ia.
Uno de los capí ulos en los que Benjamin se ocupaba del cine, en las
p ime as e siones de La ob a de a e en la época de su ep oduc ibilidad écni-
ca, se i ulaba Micky-Maus. Es o no es algo que pueda se pasado po al o,
sob e odo si se iene en cuen a lo que sabemos que esc ibió en Expe iencia y
pob eza, en donde p oclamaba la c isis de la expe iencia y su desembocadu a
ac ual en una sue e de an ás ica «nue a ba ba ie», en donde el a ón Mickey
desempeñaba un papel p o agonis a. El in e és de Benjamin po el pe sonaje
se despe ó nada más comenza su ecepción en Alemania. En es e con ex o
adqui ió unas conno aciones que hoy nos esul an lejanas682. Su éxi o popula ,
681 De hecho, Eh enbu g se mos ó ya en los años ein a pa icula men e c í ico con la
indus ia del cine en Hollywood, y po cie o que con mucho mayo conocimien o de
causa que Benjamin. C . Fáb ica de sueños, Mad id, Céni , 1932 ( eedi ado en su e sión
de ini i a, más educida, po Melusina, San a C uz de Tene i e, 2008).
682 C . Ca lo Salzani, «Su i ing Ci ilisa ion wi h Mickey Mouse and a Laugh: A Pos hu-
man Cons ella ion», en Nassima Sah aoui y Ca oline Sau e (eds.), Thinking in Cons el-
la ions: Wal e Benjamin and he Humani ies, Newcas le Upon Tyne, Camb idge Schola s
Publishing, 2018, pp. 161 ss.

Vicen e Ja que
262
poco después de su c eación en 1928, ue o undo e inmedia o. Pe o ambién
ue celeb ado en e miemb os p ominen es de la angua dia, en pa icula
po Eisens ein (quien, in i ado po la Pa amoun , se io con Disney y abó
amis ad con él has a su mue e), y po in elec uales de la alla de Pano sky683,
al iempo que en las publicaciones de o ien ación nazi se le denos aba al e
en aquel a ón un elemen o ca ac e ís ico de la decaden e cul u a ame icana
(como en el jazz, neg o po demás), lo cual no impedi ía a Goebbels, en 1937,
egala a Hi le dieciocho películas de Mickey, que el Füh e end ía a bien
p oyec a a eces a sus in i ados684.
En cualquie caso, la ijación de Benjamin en Mickey iene que e , sob e
odo, con la mane a en que el pe sonaje de Disney pa ecía pone en cues ión
–si así se que ía e – algunos de los undamen os del humanismo bu gués685.
De hecho, el a ón se le p esen aba como una especie de híb ido, un espéci-
men en e humano y animal, en e niño y adul o, p o is o de un cue po ágil,
lexible, de un dinamismo e iginoso, desa iculable, do ado además de una
po en osa capacidad de me amo osis, pa a el inmedia o in e cambio con la
ealidad ma e ial y, en pa icula , con los p oduc os de la écnica686. Es deci ,
683 «Den o de las limi aciones au oimpues as, las p ime as películas de Disney y cie as se-
cuencias de las más a días ep esen an, de hecho, una des ilación químicamen e pu a de
las posibilidades cinema og á icas». E win Pano sky, «El es ilo y el medio en la imagen
cinema og á ica», en Sob e el es ilo, Ba celona, Paidós, 2000, p. 132.
684 C . Jaime No iega, Hi le en el cine, Mad id, T&B, 2014.
685 Po supues o, es a imagen de Disney solo podía man ene se a p opósi o de sus p ime os
co os de dibujos animados ealizados con Ub Iwe ks. Con el iempo, las películas de
Mickey ue on adqui iendo onos más amables, edulco ados y « ealis as». De hecho,
el pun o de in lexión en la es é ica disneyana suele ubica se en Blancanie es y los sie e
enani os, de 1937. Es deci , cuando Disney decidió no hace a iesas películas cómicas
que podían in e p e a se como «cuen os de hadas» con empo áneos, sino lle a al cine
cuen os de hadas de e dad ex aídos de las colecciones de los he manos G imm.
686 En unos é minos algo discu ibles, acaso inculados a la isión de los cue pos desmem-
b ados en la úl ima gue a, Benjamin sos enía igualmen e que en el a ón Mickey «queda
de mani ies o, po p ime a ez, que se nos puede oba un b azo, incluso nues o p opio
cue po». Mickey Mouse, Mad id, Casimi o, 2018, p. 7; GS, VI, p. 144. El mejo y más
de allado examen de la con on ación de Mickey po pa e de Benjamin es la que se debe
a Mi iam B a u Hansen, quien se ocupó de ello en di e sos ensayos imp escindibles:
«Benjamin, Cinema and Expe ience: “The Blue Flowe in he Land o Technology”»
(New Ge man C i ique, nº 40, Win e , 1987, Duke Uni e si y P ess), «Benjamin and
VII. Ideas sob e el cine
263
un poco a la mane a de los habi an es de Pallas, el plane a de Lesabéndio, que
con e ían sus ojos en po en es elescopios, sus pie nas en columnas gigan es
y su piel en do mi o io, en esos dibujos en mo imien o el cue po y la écnica,
lo i ien e y lo inanimado, lo o gánico y lo ino gánico se mos aban mágica-
men e he manados y acompasados en un mundo en donde se con e ían en
habi uales o e osímiles las cosas y acciones más an ás icas.
Apa e de las conexiones que el p opio Benjamin es ableció en e el a ón
Mickey y el su ealismo, po un lado, y con las an asías de Fou ie , po
o o687, es posible incula es a mane a de e las cosas, en donde Mickey
apa ece como un nue o suje o inhumano (o pos humano) con las e e encias
que hacía al espec o en el ensayo que dedicó a K aus en 1931, cuya úl ima
pa e se i ula p ecisamen e «Inhumano» (Unmensch)688. La e dad es que no
se hace muy e iden e que el esc i o ienés se ajus ase demasiado a semejan e
mane a de conside a lo, y nada iene de ex año que no se sin iese e lejado
en esa imagen, po lo demás muy elogiosa, que Benjamin o ecía de él689.
En el ensayo, en donde p oli e an más que en ningún o o de Benjamin las
in ocaciones a la «c ia u a» (jun o al animal, y al niño) como con a igu a
del suje o acional bu gués, se celeb a el «de o ismo plane a io», el ca ác e
Cinema: No a One-Way S ee » (C i ical Enqui y, ol. 25, nº 2, Win e , 1999, The
Uni e si y o Chicago P ess), «O Mice and Ducks: Benjamin and Ado no on Disney»,
(The Sou h A lan ic Qua e ly, ol. 92, 1, 1993). Es os ensayos ue on luego eelabo ados y
eunidos en Cinema and Expe ience. Sieg ied K acaue , Wal e Benjamin, and Theodo W.
Ado no, op. ci . C . ambién Bu kha d Lindne , «Micky Mouse und Cha lie Chaplin.
Benjamins U opie de Massenkuns », en Del e Schö ke (Hg.), Sch i . Bilde . Denken.
Wal e Benjamin und die Küns e, F ank u , Suh kamp, 2004.
687 C . GS, V, pp. 121, 501, ci ando a Pie e Mac O lan, a p opósi o de G and ille. Sob e
Fou ie , a quien Ma x conside aba, con azón, «un g an humo is a» (ibid., p. 781).
688 Sob e el p og ama de la iloso ía u u a, pp. 176 ss.; GS, II, pp. 336-7. En la aducción
española, de Robe o L. Ve nengo, Unmensch se ie e como «Mons uo». Sob e es e
asun o, en conexión con la de ensa benjaminiana de un «humanismo eal», c . Bea ice
Hanssen, op. ci .
689 El desencuen o de K aus con Benjamin u o que e , sob e odo, con cie os malen-
endidos e e en es a la eseña de es e úl imo de las lec u as de O enbach que hacía el
p ime o. GS, II, pp. 1081 ss. Asimismo, Ka l K aus lies O enbach, GS, II, pp. 415 ss.,
«Ka l K aus: Die Unübe be windlichen», en Wedekind und K aus in de Volksbühne, GS,
IV, pp. 552-4. C . Alexande Honold, «Ka l K aus», en Bu kha d Lindne (H sg.), op.
ci ., pp. 527 ss.
Vicen e Ja que
264
demoníaco y la condición de «inhumano» del au o de Los úl imos días de la
humanidad; se nos ab e una pe spec i a en la que, a p opósi o de las lec u as
k ausianas de O enbach, se nos in i a «a las bodas deseadas con los an as-
mas», donde la his o ia de iene na u aleza, « ío condenado a ci cula po un
paisaje in e nal», y no, desde luego, en los albo es de una nue a época, sino
«en el umb al del juicio uni e sal», a ando de sob e i i a base de sá i a a
la ci ilización de una humanidad a igada, «cuyas lág imas se han ago ado,
pe o no las ca cajadas»690.
Tal es el pano ama que hab ía de a on a , de una mane a que K aus no
había llegado a imagina , y con i iéndole la conc eción de una nue a ba ba ie
apa en emen e dominada po la isa, esa c ia u a an ás ica que se ía el a ón
Mickey. En sus ano aciones esc i as a aíz de una con e sación con Gus a
Glück y Ku Weill, ambién hacia 1931, Benjamin emi e a las películas del
a ón disneyniano en é minos so p enden es:
En es as películas la humanidad se p epa a pa a sob e i i a la ci ilización
(…). El a ón Mickey ep esen a el hecho de que la c ia u a sigue exis iendo
incluso cuando se ha despojado de oda semejanza con lo humano. Rompe
la je a quía de las c ia u as concebida a pa i del se humano (…). Es as pe-
lículas desac edi an, de una mane a más adical que nunca ue el caso, oda
expe iencia. En un mundo al, no ale la pena hace expe iencias691.
La idea de sob e i i a la «ci ilización» (aunque en Expe iencia y pob eza
se habla de «cul u a») ya la conocemos. Pe o, en cuan o a lo demás, se di ía
que piensa que la expe iencia es posible, pe o ú il. Y es o, al ez, po que el
e en ual suje o de esa expe iencia (que no « i encia», en cualquie caso) ya
no se ía p opiamen e lo que has a aho a, en el con ex o del capi alismo, se ha
en endido po suje o humano: se ía una «c ia u a». De alguna mane a, po
an o, lo que p opone es con on a y supe a la deg adación de la expe iencia
a i encia asumiendo la econ e sión del suje o indi idual, au ónomo según
los cánones bu gueses, en c ia u a he e ónoma del colec i o e en ualmen e
690 Ka l K aus. Homb e uni e sal, en Sob e el p og ama de una iloso ía u u a, pp. 158 ss.; GS,
II, pp. 334 ss.
691 Mickey Mouse, pp. 7-8; GS, VI, 1985, pp. 144-5.
VII. Ideas sob e el cine
265
e oluciona io. Po eso encuen a en las dispa a adas a en u as del a ón
Mickey, no desp o is as po en onces de cie a colo ación aná quica, un
modelo pa a una nue a mane a de en ende la humanidad más allá del hu-
manismo. Y po eso, como esc ibe en una a ian e de Expe iencia y pob eza,
a aquellas películas de Disney
podemos llama las cuen os de hadas de nue o, cuen os en los cuales el mundo
es an nue o y esco como lo es pa a los niños. P e e iblemen e cuen os de
hadas en o ma de películas. Quién pudie a habe cons a ado expe iencias
como lo hace el a ón Mickey en sus películas. Tal ez una película del a ón
Mickey esul a oda ía incomp ensible pa a el indi iduo, pe o no pa a el pú-
blico. Una película del a ón Mickey puede egi í micamen e a un público
en e o. Solo algunos indi iduos pueden o ien a se an e la Ilíada o la Di ina
comedia692.
En es as ases no solo se plan ea el hecho bien conocido de que el «públi-
co» en gene al, al que en o os luga es denomina «la masa», encuen a se ias
di icul ades pa a accede a p oduc os cul u ales del ango de la poesía de
Dan e o la épica homé ica (sal o, quizás, cuando és a es empaque ada en o -
ma de película), sino que se da po supues o que los «cuen os» cinema og á-
icos, que el indi iduo aislado no siemp e llega a comp ende y que pueden
« egi » con su i mo a oda una audiencia de p ole a ios o pos bu gueses,
ep esen an una al e na i a álida y de la misma al u a, en cuan o a expe-
iencia, que esa he encia cul u al pe icli ada y, sob e odo, secues ada y mal
ansmi ida po la bu guesía. Aunque, po supues o, solo al p ecio de hace
esa expe iencia desde la condición común de la nuda c ia u a colec i a, in an-
il y dependien e en que se hab ía con e ido el homb e con empo áneo.
Aho a bien, lo que cabe plan ea se en es e pun o es cla o: ¿se niega así o
no se niega del odo la posibilidad de una expe iencia al suje o del p esen e?
En la medida en que ubica la expe iencia au én ica en con ex os como los
de la in ancia, la Edad Media o la na ación, es deci , allí donde oda ía
no ha omado plenos pode es el suje o au ónomo acional, Benjamin pa e-
ce negá sela po comple o al ac ual suje o indi idual bu gués, o al menos
692 GS, II, p. 962.
Vicen e Ja que
272
«lo que ocu e en e la mano y el me al», según los di e sos es ados de ánimo,
cuando cogemos un encendedo o una cucha a; g acias al cine conocemos es-
as cosas y, de es e modo, accedemos a lo que llama el «inconscien e óp ico»,
que conside a en co espondencia con el inconscien e pulsional eudiano711.
Aho a bien, es á cla o que la mi ada de la cáma a no es la misma que la
de la isión o dina ia. En el cine cabe la isión de una ealidad inaccesible al
ojo común. Es ob io que cabe la cáma a len a, an o como la acele ada, los
p ime ísimos planos, los a elings en picado y con apicado humanamen e
imposibles, como los planos secuencia y los undidos encadenados. Y an os
e ec os especiales que Benjamin no podía ni imagina . Pe o de ahí a sos ene
que en esa ealidad expe imen amos «el inconscien e óp ico» es casi como
deci que un audí ono ampli icado nos ab i ía el inconscien e audi i o o un
buen elescopio nos e ela ía el inconscien e cósmico. Po supues o, Benjamin
sabía bien que el «inconscien e pulsional» al que se e e ía F eud e a p oduc o
de la ep esión, y no de una ca encia de ins umen os pa a pe cibi lo712. Pe o
es que él no se e e ía ealmen e a ningún «inconscien e» en sen ido es ic-
o, sino más bien a «una nue a egión de la conciencia» (pa a la que el cine
se i ía de «p isma»)713.
De hecho, el único sen ido en que cab ía pensa en alguna conexión («la
más es echa de las elaciones») en e el inconscien e pulsional y el óp ico
es iba, según el p opio Benjamin, en algo que no puede sino hace nos pensa
que el cine no e a pa a él solo una o ma de en enamien o o «eje ci ación»
en el manejo de la «segunda écnica», sino un mundo casi esencialmen e
demen e, dado que
los di e sos aspec os que el apa a o de ilmación puede saca de la ealidad
se encuen an en su mayo pa e solo ue a del espec o no mal de las pe -
711 Ibid., pp. 26-7; GS, VII, p. 376.
712 Cuando Rosalind H. K auss habla de «inconscien e óp ico», demues a se muy cons-
cien e de es e p oblema: el de la ep esión del deseo. C . El inconscien e óp ico, Mad id,
Tecnos, 1997. Po o o lado, pa ece que Benjamin pudo inspi a se en la idea de un «ojo
su eal» de Léon Pie e-Quin , basado a su ez en Jean Eps ein. C . Rica do Iba lucía,
op. ci ., pp. 288 ss.
713 E wide ung an Osca A. H. Schmi z (1927), GS, II, p. 752.

VII. Ideas sob e el cine
273
cepciones senso iales. Muchas de las de o maciones y es e eo ipos, de las
mu aciones y ca ás o es que pueden a ec a al mundo óp ico de las películas
lo a ec an de hecho en psicosis, en alucinaciones, en sueños714.
De algún modo, el cine ob a ía el p oceso de ans o mación de la psico-
sis indi idual en « igu as del sueño colec i o, como el a ón Mickey»715. De
aquí deduce la unción undamen almen e e apéu ica del cine, una cualidad
de ca ác e p e en i o que, al pa ece , se i ía no an o pa a la «ine ación»
e oluciona ia de las masas, sino pa a su mejo con ol:
Cuando uno se da cuen a de las pelig osas ensiones que la ecni icación y
sus secuelas han gene ado en las g andes masas – ensiones que en es adios
c í icos adop an un ca ác e psicó ico–, se llega al econocimien o de que
es a misma ecni icación ha c eado la posibilidad de una acuna psíquica
con a ales psicosis masi as median e de e minadas películas en las que un
desa ollo o zado de an asías sádicas o alucinaciones masoquis as es capaz
de impedi su na u al madu ación pelig osa en e las masas716.
Resul a llama i o que en es e con ex o a ibuya a la «ca cajada colec i a»
el ca ác e de «es allido an icipado y bienhecho » de ales psicosis, y que las
«colosales can idades de sucesos g o escos» que apa ecen en las películas sean
indicio de pelig os ca as ó icos y amenazas pa a la humanidad ep imida po
causa de la ci ilización. En odo caso, en ellas se p oduce «una oladu a e a-
péu ica del inconscien e»717. Aquí se es á e i iendo an o al cine de Disney,
como al slaps ick ame icano, conocido en Alemania como G o esk ilm, y en
pa icula a su más eminen e ep esen an e, el «excén ico» Chaplin. Y po
714 «Mickey Mouse», p. 27; GS, VII, pp. 376-7.
715 Ibid., pp. 27-8; GS, VII, p. 377.
716 Ibid., pp. 28-9; GS, VII, p. 377. De hecho, ue Ado no quien insis ió, en la ca a en
la que espondía a su en ío de La ob a de a e, en el ca ác e sádico del público de las
películas de las que hablaba Benjamin: «La isa del espec ado de cine (…) no es buena
ni e oluciona ia, sino que es á llena del peo sadismo bu gués» (Co espondencia 1928-
1940, p. 136). Po cie o, que ambién Pano sky eía en ellas un sen ido del humo que
«se alimen a del ins in o po nog á ico y sádico». C . Sob e el es ilo, p. 116.
717 Ibid.
Vicen e Ja que
274
cie o, que Benjamin no deja de econoce , en una la ga no a a pie de página,
el «sen ido con adic o io» de esas películas, en las que se p esen an unos
hechos que son lo mismo cómicos que espan osos. Comicidad y espan o an
es echamen e jun os, como lo mues an las eacciones de los niños. Y, an e
de e minados hechos ¿po qué hab ía de es a p ohibido p egun a cuál de
las eacciones, en un caso dado, es la más humana? Va ias de las úl imas
películas con el a ón Mickey ep esen an un hecho que pa ece jus i ica
es a p egun a. (Su é ico « uego mágico», pa a el que la película en colo ha
c eado las p emisas écnicas, sub aya un asgo que ac uaba has a aho a solo
de mane a ocul a y mues a la acilidad con que el ascismo se ap opia de las
inno aciones ‘ e oluciona ias’ en es e campo)718.
Más que con adicción en e lo cómico y lo espan oso, o en e la in-
no ación e oluciona ia y su ap opiación po el ascismo, lo que odo es o
e ela es, más bien, la eno me ca ga de ambigüedad que po ue za ha de
ca ac e iza unos p oduc os cul u ales en endidos, como hace Benjamin, en
los é minos de un «sueño colec i o» en donde nada iene de ex año, como
de i ación de su componen e un an o sinies o y p esun amen e pa anoico,
que ci cule «la endencia a acep a la bes ialidad y el ac o iolen o como enó-
menos cola e ales de la exis encia»719. A la is a de ales comen a ios, al ez
se pod ía deci que ni las p ime as películas de Disney ni el slaps ick en ge-
ne al se ago an en esos egis os iolen os, en odo caso mucho menos ap o-
echables po el ascismo que o os en los que el p o agonismo se le concede
a las masas, como en La ue za de la olun ad, de Leni Rie ens hal, y desde
luego que menos iolen os que algunas escenas bien conocidas del Po emkin
de Eisens ein. Po lo demás, unda oda una concepción de la unción social
del cine en la i ualidad e apéu ica de algunas de sus de i aciones cómicas
esul a, cuando menos, bas an e educ i o.
718 Ibid., pp. 29-30; GS, VII, p. 377.
719 Ibid. Ado no se acogió p ecisamen e a es a pe spec i a: «El Pa o Donald en los dibujos
animados, como los desdichados en la ealidad, ecibe sus golpes pa a que los espec-
ado es ap endan a habi ua se a los suyos». Max Ho kheime y Theodo W. Ado no,
Dialéc ica de la Ilus ación, Mad id, T o a, p. 183.
VII. Ideas sob e el cine
275
Si asumimos las implicaciones pa a su «polí ica» que, enlazando a Fou ie
con el a ón Mickey, encuen a Benjamin en la idea de la e olución como
«una ine ación de los ó ganos écnicos del colec i o» (en compa ación con
el niño que ap ende a aga a las cosas a ando de a apa la Luna) y en la
de un « o zamien o de la eleología de la na u aleza» que sucede ía «según
el plan del humo »720, no enemos más emedio que econoce la dimensión
u ópica, po no deci que poco ealis a, de la concepción que se hace del cine
a pa i de casos como los de Mickey y Chaplin.
En su de ensa del Po emkin de Eisens ein con a el a aque de un c í ico
alemán, Benjamin lo compa a con el G o esk ilm emi iendo al hecho de que
en ambos se oma «una endencia como base»; no se a a de una endencia
inmedia amen e polí ica, suscep ible de deduci se sin más de una es a egia
de pa ido, sino de la consecuencia de la plena conciencia de la « e olución de
la écnica» y de la unción del a e en ese ma co. En el caso de Eisens ein, el
esul ado es su acie o al ap o echa ese momen o de « up u a» écnica pa a
da p o agonismo al colec i o y mos a po ez p ime a el «ca ác e com-
ple amen e a qui ec ónico» (no «monumen al») del mo imien o de masas;
en el caso de Chaplin, «su pun a se di ige con a la écnica» (la «p ime a»,
suponemos). Eisens ein juega con la belleza del ho o y el pánico (en la
amosa escena de las escale as de Odesa, po ejemplo, o en el pog om de La
mad e)721; Chaplin, en cambio, «susci a la emoción más in e nacional y más
e oluciona ia de las masas: la isa», lo cual no es óbice pa a que és a aya
enlazada con el e o ni pa a que en Rusia, po cie o, el público llo ase a la
is a de El pe eg ino722. De hecho, Benjamin sabía del « o almen e mani ies o
acaso» de la ecepción del cine cómico ame icano –sin apenas dis ibución,
po lo demás– en aquella Rusia e oluciona ia, sal o, al ez, en el ámbi o
limi ado de cie a angua dia adical723; pa ece que ni su aspec o un an o
720 GS, V, pp. 777, 781.
721 E wide ung an Osca A. H. Schmi z, GS, II, p. 753.
722 Chaplin, una mi ada e ospec i a (1929). En Mickey Mouse, op. ci ., pp. 40-1. C . en
A chi os de la Filmo eca, Valencia, nº 34, eb e o, 2000, pp. 39-76, jun o a o os ex os de
Ado no, K acaue y Edmund Wilson sob e Chaplin.
723 «Cha lo es uno de los nues os: es nue o, es de izquie das, es un FUTURISTA…
Cha lo no con ía en la inspi ación; no es un cómico in ui i o, sino un me iculoso
Vicen e Ja que
276
equí oco724, ni su opción po la cen alidad del abajo con el ges o y el ca ác-
e en eco ado de sus mo imien os725, ni su c í ica de la écnica, po cie o,
llega on a cala apenas en un país en donde lo impo an e e a la es au ación
de la humanidad, la a iculación de las cosas en un mundo nue o y do a a
la aldea de luz eléc ica726.
El caso de Chaplin esul a an ilus a i o como el del a ón Mickey. Si
és e podía enlaza se con una cie a emb iaguez oní ica, aunque pa anoide,
agamen e asimilable a los pos ulados del su ealismo y a una condición
pos humana del suje o, Chaplin no puede sino ep esen a , al con a io,
la posición au én icamen e humana (y humanis a a la pos e) en e a las
consecuencias del mundo écnico. Aquí el pun o de e e encia iene a se
Ka ka. De hecho, Benjamin incula a Ka ka, quien hab ía mos ado «el
lado cómico de la eología judía»727, con el cine mudo del que Chaplin se ía
CONSTRUCTOR cuyos mo imien os se basan en esquemas an igu osos como los
de un malaba is a medie al. Los mo imien os de Cha lo son g aciosos no po que sean
espon áneos, sino debido a la p ecisa FÓRMULA que emplea». Así se exp esaba Ilyá
Eh enbu g en 1922; c . Yu i Tsi ian, «Cha lie Chaplin and His Shadows: On Laws o
Fo ui y in A », en Hilla y L. Chu e y Pa ick Jagoda (eds.), Comics & Media. A Special
Issue o «C i ical Inqui y», Chicago, Uni e si y o Chicago P ess, 2014, p. 75.
724 Tan o Benjamin como Ado no habla on de su humanidad asociable a un aspec o anima-
lesco. El p ime o le llamaba «huésped del eino animal» (Ramón Gómez de la Se na, ‘Le
Ci que’, GS, III, pp. 70-2); Ado no desc ibe su exp esión, que «ad ie e de su i acidad
llena de ue za con la epen ina p esencia de ánimo p opia del animal de p esa lis o pa a
el sal o», como si hubie a en él «algo amenazan e»… «un ig e impe ial como ege a ia-
no» (Dos eces Chaplin, en A chi os de la Filmo eca, op. ci ., p. 66).
725 «Es o es lo nue o en el ges o [Ges us] de Chaplin: desin eg a el mo imien o exp esi o hu-
mano en una se ie de pequeñas ine aciones. Cada uno de sus mo imien os se compone
de una se ie de pequeños co es de mo imien o». GS, I, p. 1040.
726 De hecho, Benjamin pe cibió los p oblemas que padecía el cine en la Rusia pos e olucio-
na ia. No solo el in e cambio con el cine occiden al e a insu icien e, sino que allí mismo
esul aba di ícil hace algo que supe ase la censu a y no es u iese al alcance de gen e
anal abe a (li e almen e, y ambién en lo que espec a al cine) incapaz de comp ende
«dos se ies de acciones simul áneas», lo que obligaba a p esen a una na ación sencilla,
lineal (¿pe o el g an Ve o , po en onces, en qué pensaba? En La sex a pa e del mundo,
ese «g an ilm de p opaganda», ni más ni menos). C . Dia i de Moscou, pp. 107, 101;
GS, pp. 340, 335. Como emedio apun a Benjamin, con sus mejo es in enciones, hacia
una sue e de «comedia social». C . Zu Lage de ussischen Filmkuns (1927), GS, II,
pp. 747-51.
727 B ie e, p. 803.
VII. Ideas sob e el cine
277
su he aldo más conspicuo. Al hilo de unos apun es pa a una e sión e i-
sada de su ensayo sob e Ka ka, e lexionando, al pa ece , sob e el p oceso
que condujo, a a és de la dialéc ica en e el ex o y el ges o, has a el ea o
épico de B ech , esc ibe:
El cine mudo ue un b e ísimo espi o en es e p oceso. En an o que o zaba
a enuncia al lenguaje humano en su dimensión más co ien e, podía con ello
e ec ua una eno me concen ación en la de la exp esión. De es a posibilidad
nadie se ha se ido más que Chaplin; ni pod ía segui su ejemplo nadie que
no sin iese la au oalienación del homb e en es a época an p o undamen e,
que el cine mudo, pa a el que uno puede aún imagina se el ex o de enlace, se
le apa eciese como un plazo de g acia. Es e plazo de g acia lo ha ap o echado
ambién Ka ka, quien se e i aba de la escena al mismo iempo que el cine
mudo y en cuya p osa podemos deci que se hallan, de hecho, los úl imos
ex os de enlace pa a el cine mudo728.
Benjamin se e ie e a los ex os explica i os de la acción que in e um-
pen las secuencias en el cine mudo, y la e dad es que no se en iende has a
qué pun o las no elas y ela os de Ka ka pueden se in e p e ados en es e
sen ido. Una ez más, Benjamin se ija en el momen o de la in e upción
y la discon inuidad, que cons i ui ía el as ondo agmen a io sob e el que
se e ige la ob a de Ka ka, en luga de sub aya el elemen o de con inuidad
que exige la exposición y econocimien o de una expe iencia. Po o o lado,
lo que él cali ica de «concen ación en la exp esión» puede igualmen e se
is o y llega a se una pa é ica in ensi icación ea al, una sob eac uación, de
un ges o que no puede apoya se en el sonido de las palab as. Tal ez no ue a
és e el caso de un Chaplin o un Bus e Kea on, bien pe echados de un e hos
ca ac e ís ico al se icio de una na ación, pe o ampoco el de an os ac o es
y ac ices de la época del cine sono o, que Benjamin eía «como lími e pa a
el mundo de Ka ka y Chaplin»729.
728 GS, II, p. 1257.
729 GS, II, p. 1256. Tal ez ale la pena eco da aquí las opiniones del p opio Ka ka
sob e Chaplin, quien había sub ayado ambién su apa iencia de «animal de p esa» que
es o zadamen e «a eme e con a el mundo», pe o no como un «sen imen al Pie o »
ni como un «c í ico mo daz», sino como un « écnico», dice, cuya a ea se ía abaja

Vicen e Ja que
278
En odo caso, es el aspec o más humanis a de Ka ka, en con aposición
al mundo de las c ia u as al es ilo de Od adek, el que Benjamin esal a po
medio de Chaplin:
Una cla e e ec i a pa a la in e p e ación de Ka ka la iene Chaplin en sus
manos. Así como Chaplin o ece si uaciones en las que de una mane a única
el se expulsado y deshe edado, el e e no dolo humano, se enlaza con pa -
icula es ci cuns ancias del exis en e ac ual, de la esencia del dine o, de la
g an ciudad, de la policía, e c., ambién en Ka ka odo acon ecimien o iene
cabeza de Jano y es algo po comple o inmemo ial, sin his o ia, pe o ambién
de úl ima, pe iodís ica ac ualidad730.
Es o nos hace pensa en un concep o del cine bas an e alejado de lo que
podía colegi se a pa i de las películas de Disney, al que co esponde ía
una unción i educ ible a la e apéu ica p e en i a que a ibuía a las his o-
ie as y silly symphonies p o agonizadas po el a ón Mickey. E i educ ible
asimismo al ap o echamien o de su p esun a capacidad pa a pone en juego
el «inconscien e óp ico» y e ela aspec os ocul os y o as cu iosidades p e-
sen es en la ealidad ci cundan e. Pa ece como si Benjamin alo ase el hecho
de que la mi ada de la cáma a puede no se i an o pa a mos a nos lo que
los ojos no en, asun o de la ciencia, como pa a hace nos e el mundo con
o os ojos.
con la an asía: «como un p o ésico den al», p oduce «p ó esis de an asía» pa a sus
con empo áneos que «no disponen ni del necesa io sen imien o ni de he amien as
in elec uales pa a ap opia se de la ida que se les ha concedido»; en cuan o al cine, le
pa ecía «pe u bado de la isión»: con la elocidad de las imágenes cambian es, «la mi-
ada no se adueña de las imágenes, sino que és as se adueñan de la mi ada». C . Klaus
K eimeie (Hg.), Zei genosse Chaplin, Be lín, Obe baum, 1978, pp. 36-7. En es a eco-
pilación (con es imonios de A nheim, Benjamin, B ech , Ka ka, Tucholsky, K acaue y
Ado no, en e o os), se ecoge una cu iosa en e is a-examen sob e polí ica que le hizo
a Chaplin la e is a Die Ro e Fahne en 1931, en donde mani es aba su a o able posi-
ción an e el in e nacionalismo uso y sus p o undas simpa ías po los «deshe edados»
(pp. 94-7).
730 GS, II, p. 1198.
VII. Ideas sob e el cine
279
mon aje, in eRRupción y acción
Resul a, po lo demás, un an o discu ible su alo ación del mon aje
en el cine como un egis o básicamen e análogo al que se halla ía en
ámbi os ex acinema og á icos. Po un lado, pa ece p esen a lo en algún
momen o como exp esión adecuada pa a una mode nidad que de ine, como
sabemos, como « iempo del in ie no» y como un mundo dominado po la
es ic a «discon inuidad» de la i encia del shock, a la que co esponde ía
la «in e mi encia» como «medida del iempo» en el cine731. Po o o lado,
ambién sabemos que el «mon aje» e a p ecisamen e el «mé odo» elegido
pa a su ob a de los Pasajes. En un agmen o de sus p ime as no as al
espec o, «sob e el i mo ac ual, que en e ec o de e mina es e abajo», en
donde espe a expulsa la imagen de la his o ia en cuan o que «desa ollo»
pa a sus i ui la po la de la «cons elación», conside a como ca ac e ís ica
del cine
la con aposición en e la o al in e mi encia de la sucesión de las imágenes,
que sa is ace la más p o unda necesidad de es e géne o, la de pone en e i-
dencia el ‘ lujo’ del ‘desa ollo’, y la música de acompañamien o732.
Po supues o, es o es algo que solo ald ía pa a el cine mudo, pe o no
deja de e ela una cie a con usión, en la medida en que pa ece asimila su
«mon aje» (su « i mo ac ual») a la «in e mi encia» del cine, mien as econo-
ce que és a se encuen a al se icio de un «desa ollo», cosa que no acep a
pa a su «cons elación». Pe o es que, además, del con as e que es ablece se
colige que la unción de la con inuidad la a ibuye al cons an e lui de la
música, que al in y al cabo no e a sino un «acompañamien o» del que el
cine pudo p escindi como al. Cuando econocía la necesa ia cop esencia
de con inuidad (apa iencia de mo imien o) y discon inuidad (yux aposición
de o og amas) en el cine, podía llega a hace lo en unos é minos un an o
o zados. Po ejemplo,
731 GS, V, p. 1011.
732 GS, V, p. 1013.
Vicen e Ja que
280
la ó mula en que la es uc u a dialéc ica del cine se exp esa, de acue do con
su écnica, eza así: imágenes discon inuas se ele an las unas a las o as en
con inua sucesión. La eo ía debe ía hace jus icia a los dos da os de es a
ó mula. En lo que a añe a la con inuidad, an e odo, no puede pasa se po
al o que la cin a que co e, que an decisi o papel juega en el p oceso de
p oducción, es ep esen ada en cie a mane a po la cin a de la película en el
p oceso de consumo (…). La signi icación social de la una no puede se del
odo en endida sin la de la o a733.
Da la imp esión de que lo que llama «es uc u a dialéc ica», educida a
una dimensión ob iamen e écnica, ca ece del ca ác e con adic o io que
uno espe a de oda dialéc ica. Pe o es que la analogía, en cuan o a su con i-
nuidad, en e la cin a anspo ado a de una áb ica y la de la bobina de una
película no si e pa a «hace jus icia» a ninguna de las dos, pues o que la
«signi icación» de la p ime a iene que e en odo caso con una explo ación
más e icaz del abajo abs ac o, en an o que la de la segunda depende, ló-
gicamen e, de lo que en ella se ep esen e en conc e o. En cuan o al segundo
«da o» de la ó mula, el ela i o a la discon inuidad, Benjamin encuen a más
di ícil es ablece ese ipo de co espondencias, iéndose obligado a emi i a
la descomposición del «ges o» en Chaplin, a la an es aludida desin eg ación
del «mo imien o de exp esión humano» en esa «se ie de mínimas ine acio-
nes» que le ca ac e izan a él, pe o en absolu o a odos los ac o es de cine734.
El hecho de que la dimensión de la discon inuidad en el cine e mina po
se en Benjamin la decisi a, po más que quede cubie a po el e iden e lui
de las imágenes, lo demues a su pe sis en e emisión al e ec o de shock en
es e ámbi o. La p esencia del shock, que en o os con ex os, como sabemos,
le se ía pa a ca ac e iza la i encia agmen a ia en e a la expe iencia
au én ica, la eencuen a en el cine en unos é minos p e isiblemen e am-
bi alen es. En La ob a de a e sub aya la escasa idoneidad de las imágenes
cinema og á icas en cuan o que obje o de con emplación, como lo se ía una
pin u a. An e és a, sugie e, «podemos abandona nos al lui de nues as aso-
ciaciones de ideas»; en el cine es en la pan alla donde luyen los planos que,
733 GS, I, p. 1040.
734 Ibid.
VII. Ideas sob e el cine
281
apenas egis ados po los ojos, ya han cambiado. Benjamin ci a a Geo ges
Duhamel al espec o:
Duhamel, que odia el cine y no ha en endido nada de su impo ancia, pe o
sí lo bas an e de su es uc u a, ano a es a ci cuns ancia del modo siguien e:
«Ya no puedo pensa lo que quie o. Las imágenes mo edizas sus i uyen a
mis pensamien os». De hecho, el cu so de las asociaciones en la men e de
quien con empla las imágenes queda enseguida in e umpido po el cambio
de és as. Y en ello consis e el e ec o de choque del cine735.
Po supues o, eso de que el e ec o de shock uncione como un obs áculo
insal able pa a el suje o que aspi a a deja se lle a po sus ín imas y muy
pa icula es «asociaciones de ideas» solo pa ece ale , en su caso, pa a un
espec ado inexpe o en ma e ia de cine o algo len o en el pensamien o, al
iempo que un an o p openso a la di agación pe sonal a la ho a de en en-
a se a una pin u a. En su co espondencia con el disgus ado Ado no en
elación a La ob a de a e llega a incula el shock con la síncopa, la con a-
dicción í mica (ya a p opósi o de Hölde lin había hablado de una «cesu-
a» como «in e upción con a í mica»), cuya gene alización en la música
popula había denos ado és e en Übe Jazz736, lo que lle a a pensa que el
shock cinema og á ico iene que e , en e ec o, con su pe sis en e apelación
al discu so in e umpido, pe o no con ninguna concomi an e anulación de
la capacidad c í ica.
Es o es lo que se discie ne ambién en sus no as sob e B ech 737. En
ellas le sigue de ce ca en su concepción del « ea o épico», man eniéndose
iel a la es a egia del «ex añamien o» o «dis anciación» con la que B ech
comba ía el « ea o a is o élico», en el que el espec ado se halla ía inme so
735 Discu sos in e umpidos I, p. 51; GS, I, pp. 502-3.
736 C . Co espondencia. 1928-1940, p. 149. Theodo W. Ado no, «Übe Jazz», Momen s
musicaux, en Gesammel e Sch i en, IV, F ank u , Suh kamp, 1982, pp. 74 ss. En ello
insis i ía Ado no, años más a de, en «Moda sin iempo. Sob e el jazz», P ismas, op. ci .,
pp. 126 ss.
737 Sob e la colabo ación con B ech en aquellos años, c . Be nd Wi e, «K ise und K i ik.
Zum Zusammena bei Benjamins mi B ech in den Jah en 1929 bis 1933», en VV.AA.,
Wal e Benjamin –Zei genosse de Mode ne, op. ci ., pp. 9 ss.
Vicen e Ja que
288
e oluciona ia, o de una ans o mación gene al de la mane a de pe cibi el
mundo, cuan o como ejemplos singula es y p oduc os de la imaginación hu-
mana i educ ibles los unos a los o os. Pe o el hecho es que Benjamin habla
de muy pocas películas, y bien cabe p egun a se, po ejemplo, a qué se debe
su silencio sob e un pe íodo an señalado del cine alemán como lo ue el del
llamado exp esionismo de Mu nau o Wiene, con cimas an no ables como El
Golem o El gabine e del doc o Caliga i (ambas de 1920) o Nos e a u (1922), po
no habla del F i z Lang de Me ópolis (1927)757, un di ec o que luego, como
el p opio Chaplin, aba ía amis ad con Ado no en Los Ángeles. Como am-
poco dijo nada, po suge i o os ejemplos, del cine su ealis a de Buñuel y
Dalí (Un pe o andaluz es de 1929), pese a su in e és po el mo imien o, ni
de Jean Vigo, po cie o, a pesa de sus comunes andanzas po la Cos a Azul
(À p opos de Nice, 1930).
Reco demos que en e 1931 y 1934, pocos años an es de la edacción de
La ob a de a e, el cine había dado a luz incon ables películas que podían o
debían habe in e esado a un aman e del cine, pe o que Benjamin, segu a-
men e po se un eó ico pe o no un aman e del cine, ni mucho menos un
c í ico, pasó sencillamen e po al o. Si pensamos en el cine que p ecedió a
La ob a de a e desde Luces de la ciudad (Chaplin, 1931) has a Sucedió una
noche (Cap a, 1934), pasando po M. El ampi o de Düsseldo (Lang, 1931),
Adiós a las a mas (Cuko , 1932), La pa ada de los mons uos (B owning, 1932),
King Kong (Coope , 1933) o Sopa de ganso (He manos Ma x, Leo Mc. Ca ey,
1933), da la imp esión de que en 1935 Benjamin hablaba de cine en gene al
sin habe con on ado sus ideas con el cine eal, en un momen o en que e an
ecuen es películas que más a de han sido conside adas ob as maes as,
y sob e las que, apa en emen e, no enía nada que deci . Hab ía que sabe
cómo hab ía aplicado a cualquie a de ellas sus esis ace ca de la in e upción
po medio del mon aje y del shock como ac o de «ine ación» colec i a, o
de los e ec os especí icos de la discon inuidad de la in e p e ación ac o al en
757 Sob e el llamado caliga ismo, c . Sieg ied K acaue , De Caliga i a Hi le . Una his o ia
psicológica del cine alemán (1947), Ba celona, Paidós, 1985. A K acaue se le ha ep ochado
alguna ez esc ibi «de Caliga i a Hi le », cuando lo que hacía e a esc ibi «desde Hi le
has a Caliga i», en é minos e oac i os. Pe o ya sabemos que la lechuza de Mine a
alza el uelo al a a dece , y que no es lo mismo se p o e a que his o iado .

VII. Ideas sob e el cine
289
los abajos de G e a Ga bo, Cla k Gable, G oucho Ma x, Pe e Lo e o
My na Loy. Alguien ha sub ayado en nues os días el ela i o anac onismo
de su concep o del cine, limi ado a su e apa muda, pe o al ez el p oblema
es ibase en que ni siquie a las películas mudas le llega on a in e esa an o
po sí mismas cuan o po el ca ác e es a égico que a ibuía al cine en gene al
con is as a p opicia una nue a cul u a e oluciona ia o, más bien, an ibu -
guesa. Ob iamen e, el desa ollo del cine ha obligado a econside a esa clase
de espe anzas.
dispeRsión
s
. inmeRsión
Aho a podemos p egun a nos po qué Benjamin aslada al cine a isbos
que le son o almen e ex años e in ecundos, como su es imación en cuan o
que e apia p e en i a de la psicosis social, la idea de la e elación pa acien-
í ica de un inconscien e óp ico, la alo ación del mon aje como in e upción
c í ica, la concepción del ac o como un me o acceso io de la cáma a, o la
exage ación de su u ilidad pa a una e olución comunis a. Pa a a a de
deshace es a madeja puede se i nos un aspec o que he dejado pa a el inal
y que se puede p esen a a pa i de su so p enden e inculación del cine
con los ines del dadaísmo. En cie o modo, solo con es o bas a ía pa a sospe-
cha de la posibilidad de un cie o desen oque del p oblema. Su undamen o,
desde luego, puede conside a se bas an e imp obable:
Desde siemp e ha enido siendo uno de los come idos más impo an es del
a e p o oca una demanda cuando oda ía no ha sonado la ho a de su sa is-
acción plena. La his o ia de oda o ma a ís ica pasa po iempos c í icos en
los que iende a u gi e ec os que se da ían sin es ue zo alguno en un eno
écnico modi icado, es o es, en una o ma a ís ica nue a758.
Es a peculia decla ación en a o del p og eso en el a e, de su desa ollo
en o ma de una con inuidad de e minada po el « eno écnico», no solo no
esul a demasiado cohe en e con su concep o de his o ia en gene al, sino que
758 Discu sos in e umpidos I, p. 49; GS, I, p. 500.
Vicen e Ja que
290
ampoco lo es con sus ideas sob e la his o ia del a e759, ni mucho menos con
los hechos. Pensa que el dadaísmo in en aba, «con los medios de la pin u a
(o en su caso la li e a u a) p oduci los e ec os que el público busca hoy en el
cine»760 es algo que pa ece bas an e a iesgado761. Es e dad que el dadaísmo
se empeñó en sub aya la «inu ilidad» de las ob as de a e «como obje os
759 Sob e la peculia his o icidad que Benjamin a ibuye al a e, c . Michael W. Jennings,
«Wal e Benjamin and he Theo y o A His o y», en Uwe S eine (Hg.), op. ci .,
pp.77 ss. Benjamin siemp e excluyó al a e del decu so p o ano de la his o ia: «según su
esencia, la ob a de a e es ahis ó ica», le esc ibía a su amigo Flo enz Ch is ian Rang en
1923 (B ie e, p. 522). Su con on ación de Las a inidades elec i as y el T aue spiel, con
su emisión al o igen con a ác ico nos da una idea de su pe spec i a c í ica. Sus ideas
sob e la his o ia del a e las o muló más a de, en 1932, con ocasión de una eseña de
un olumen de O o Päch ; Benjamin ap o echa pa a alaba a Riegl y p econiza el
abajo sob e «el caso lími e» y los «dominios on e izos»; po supues o, op a po las
monog a ías en e a los pano amas gene ales. C . S enge Kuns wissenscha , GS, III,
pp. 363 ss. A es e espec o, lo que esul a muy discu ible es la asimilación de las ideas
de Benjamin a las de Wa bu g, cuyo A las Mnemosyne ha sido compa ado a eces con
los Pasajes, cosa que no esul a demasiado p oduc i a ni pa a Wa bu g ni pa a Ben-
jamin. Lo ha hecho, po ejemplo, Geo ges Didi-Hube man (An e el iempo. His o ia
del a e y anac onismo de las imágenes, Buenos Ai es, Ad iana Hidalgo, 2005, pp. 248
ss.; A las. ¿Cómo lle a el mundo a cues as?, op. ci ., pp. 104 ss.). Quien po ez p ime a
llamó la a ención sob e es as conexiones ue Wol ang Kemp, en «Wal e Benjamin und
die Kuns wissencha , I: Wal e Benjamins Beziehungen zu Wiene Schule», K i ische
Be ich e, I, 3, 1973, pp.30-50, y «II: Wal e Benjamins und Aby Wa bu g», ibid. III,
5, 1975, pp. 5-25. C . igualmen e He mann Schweppenhäuse , «El a e como memo ia
social e his o iog a ía inconscien e. Sob e la iconología del Cí culo Wa bu g y la eo ía
de la cul u a de la Escuela de F ank o », Cons elaciones-Re is a de Teo ía C í ica, nº 7,
diciemb e, 1995, pp.3-19; Ma hew Rampley, The Rememb ance o Things Pas . On Aby M.
Wa bu g and Wal e Benjamin, Wiesbaden, Ha asowi z, 2000, y Co nelia Zumbusch,
Wissenscha in Bilde n: Symbol und dialek ische Bild in Aby Wa bu gs Mnemosyne-A las und
Wal e Benjamins Passagen-We k, Be lín, Akademie, 2004. En odo caso, como ha sos e-
nido James Elkins, incluso el «excén ico p oyec o» de Wa bu g –como la agmen a ia
his o iog a ía del a e a la que aspi aba Benjamin– «dependía de la p esencia de na a i-
as econocibles» (S o ies o A , Nue a Yo k, Rou ledge, 2002, p. 131).
760 Ibid.
761 Es e ca ác e an icipa o io lo a ibuye ambién al cubismo y al u u ismo, los cuales
le pa ecen « en a i as insu icien es», en la medida en que p opusie on «una especie de
mezcla de ep esen ación de la ealidad y la de los apa a os»: «En el cubismo el papel
p eponde an e lo desempeña el p esen imien o de la cons ucción, apoyada en la óp ica,
de esos apa a os; en el u u ismo el p esen imien o de sus e ec os, que cob a án odo su
alo en el ápido decu so de la película de cine». Lo que dice Benjamin se en iende,
pe o alo a el cubismo y el u u ismo según el ase o del shock cinema og á ico pa ece
un an o educ i o. Discu sos in e umpidos I, p. 52; GS, I, p. 503.
VII. Ideas sob e el cine
291
de inme sión con empla i a» median e la «deg adación sis emá ica de su
ma e ial», haciendo de la poesía una «ensalada de palab as» e in oduciendo
en la ob a «de i us» de oda clase; de es e modo p ocedió a «una des uc-
ción sin mi amien os del au a» y con i ió la ob a de a e en «un cen o de
escándalo»762. No obs an e, es ob io que no es p ecisamen e de eso de lo que
se a a en el cine, ni menos aún cuando se conside a que es ese escándalo el
ac o de «una dis acción [Ablenkung] muy ehemen e»:
De se una apa iencia isual a ac i a o una igu a sono a con incen e, la
ob a de a e pasó a se un p oyec il. Chocaba con odo des ina a io. Había
adqui ido una calidad ác il. Con lo cual a o eció la demanda del cine, cuyo
elemen o de dis acción es ác il en p ime a línea763.
Si pasamos po al o la idea de que el dadaísmo hab ía es imulado en
alguna medida la ecuen ación de las salas de p oyección cinema og á icas
en menoscabo, digamos, de los museos o gale ías de a e, cosa bas an e más
que dudosa, es as ases esul an plenamen e cohe en es con la muy di e en e
mane a en que se con empla una pin u a y se pe cibe una película. En es e
sen ido, sí cabe deci que la cualidad au á ica de la p ime a, su singula iza-
ción como espacio de una expe iencia dis an e de lo o dina io, su cualidad
de «apa iencia» de una al e idad que la ansciende, en a en c isis y queda
des uida an o po la imagen cinema og á ica como po el dadaísmo. Solo
que es o sucede en muy di e en es sen idos. De hecho, no al an azones
pa a sos ene que en el dadaísmo pe du a un au a especí ica que pod ía
cali ica se como nega i a, como en de ini i o es ado de au odes ucción, en
la medida en que la ob a, aun con odos sus de i us, no deja de p esen a se
762 Ibid., p. 50; I, pp. 501-2. Benjamin pudo amilia iza se algo con el dadaísmo du an e su
es ancia en Zú ich, en donde coincidió con Hugo Ball en los iempos del Caba e Vol-
ai e. No obs an e, no pa ece que aquella expe iencia dejase en él una huella demasiado
p o unda.
763 Discu sos in e umpidos I, p. 51; GS, I, p. 502. En ealidad, la idea de e las imágenes
como p oyec iles, así como esa o a de que en i ud de su ep oduc ibilidad écnica las
imágenes ienen a noso os (en masa) sin necesidad de i a busca las (en un museo, po
ejemplo), ienen que e más bien con la ele isión que con el cine. McLuhan lo señaló
con bas an e acie o años después.
Vicen e Ja que
292
como «a e» de angua dia, has a el pun o de que el obje o, p oduc o de un
a is a- auma u go que ans igu a en a e lo que no lo es, puede llega a
segui siendo ene ado incluso has a el absu do, como muy cla amen e de-
mos a ía Duchamp con su Fuen e y más a de Wa hol con su Caja de B illo,
en e an os o os764.
El modelo de la ecepción ác il, más que en el ipo de ep esen aciones
que hoy en día nos pod íamos hace al espec o, en unos iempos en los que
el bomba deo de imágenes las asemeja más que nunca a «p oyec iles», lo
busca Benjamin en el ámbi o de la a qui ec u a, que « iene desde siemp e
o eciendo el p o o ipo de una ob a de a e cuya ecepción sucede en la
dispe sión [Ze s euung] y po pa e de la colec i idad»765. Las edi icacio-
nes pueden se ecibidas an o «po el uso» como «po la con emplación»,
es deci , « ác il y óp icamen e», siendo la p ime a o ma la de e minan e;
según Benjamin, es p opio de los iaje os la ac i ud de « ecogimien o» an e
los edi icios amosos, mien as que «la ecepción ác il no sucede an o po
la ía de la a ención como de la cos umb e»766. Aho a bien, es o es algo
que nos e o ae jus amen e a aquello que hemos comen ado al p incipio
ace ca del «una ez es ninguna ez» a p opósi o de la expe iencia del pad e
de T o sky. En luga de la i epe ibilidad del au a, lo que enemos es una
o ma de expe iencia basada en el hábi o (como único camino pa a habi a
el mundo). Po que
764 Benjamin econocía en Duchamp, a p opósi o de La Ma iée, la pe cepción de que «el
e ec o especí ico de la ob a de a e del homb e del p esen e se expe imen a mucho más
en obje os desgajados (…) que en las ob as de a e co ien es». GS, I, p. 1046. Pe o
ese desplazamien o no pa ece implica que la «ob a de a e» no siga expe imen ándose
como al.
765 Discu sos in e umpidos I, p. 53; GS, I, p. 504. Es a conside ación de la a qui ec u a
pod ía se con on ada con su de ensa del id io, a la que an es nos hemos e e ido,
como ma e ial más adecuado de ca a a la des ucción del in é ieu bu gués, pues o que
ese ideal de anspa encia colec i a, en donde impe a la consigna b ech iana de bo a
las huellas del indi iduo p i ado, no se compadece demasiado con la pe spec i a de una
ecepción ác il. A es e espec o, éase lo que o mula en Expe iencia y pob eza, en Ilumi-
naciones 1, p. 171. Po lo demás, c . Alex Coles, «The uin and he House o Po osi y»,
en Alex Coles (ed.), op. ci ., pp. 151 ss.; Pie e Missac, «A qui ec u a de id io», en op.
ci ., pp.158 ss.
766 Ibid., p. 54; GS, I, pp. 504-5.
VII. Ideas sob e el cine
293
las a eas que se le imponen al apa a o pe cep i o del homb e no pueden
esol e se po la ía me amen e óp ica, es o es, po la de la con emplación.
Poco a poco, bajo la guía de la ecepción ác il, quedan encidas po la cos-
umb e767.
Dado que «el dispe so ambién puede acos umb a se» y así ap ende a
domina «cie as a eas», Benjamin a ibuye al cine la misión de mo iliza
a las masas en esa di ección, la de p omo e como hábi o la nue a o ma
dispe sa de ape cepción del mundo768. Un hábi o, po cie o, en e cuyos más
impo an es agen es incluye a la publicidad, que conside a in uc uoso a a
de delimi a con espec o al a e769. Lo cual nos con on a de nue o an e la
cues ión de has a qué pun o puede da se po bueno y po cumplido el inal
de la expe iencia au én ica y la i upción de una ba ba ie que, más allá de
la he encia cul u al, hab á de ins i ucionaliza se como una nue a «segunda
na u aleza», o si a a és de ese espacio de «en enamien o» que es el cine
cabe la espe anza de, como hizo B ech , «descompone el espec o de la ‘ i-
encia’ pa a consegui de él los colo es de la ‘expe iencia’»770. Como pod ía
el shock queda desd ama izado, con e i se en hábi o y así cob a , una ez
dominado, «los colo es» de la con inuidad y de la adición, del «una ez
es ninguna ez» bajo una nue a o ma en la que, como el p opio Benjamin
pa ecía habe sospechado, las di e encias en e sueño y despe a , epe ición
y di e encia, an asmago ía e in e p e ación c í ica, solo se ían cues ión de
g ado, expe iencias ni au én icas ni inau én icas en é minos absolu os, sino
con ingen es, ela i as. Aunque al ez no mesiánicas.
767 Ibid.; GS, I, p. 505. «Las cos umb es son la a madu a de la expe iencia. Es a a madu a
es ag edida po las i encias». GS, V, p. 967.
768 Ibid. Esa o ma de pe cibi el mundo, a la que la «masa» puede habi ua se, es al ez la
habi ual en la in ancia. El niño, capaz de concen a se en un mo i o y sal a de súbi o a
o o de lo más dis an e, puede se a ado como «un expe o en dis acción». C . Ana
Lan anconi, «In e up o es pa a niños: Es a egias de ansmisión c í ica en Au klä ung
ü Kinde », en En ahona , 58, Wal e Benjamin: les o mes de la c í ica, Ba celona, UAB,
2017, p. 40.
769 GS, I, p. 1044.
770 Iluminaciones III. Ten a i as sob e B ech , p. 38; GS, II, p. 537.

Vicen e Ja que
294
Finalmen e, Benjamin asume a í ulo heu ís ico el ópico (que ex ae o a
ez de Geo ges Duhamel) de que «las masas buscan disipación, pe o el a e
eclama ecogimien o»; en e ec o, el público del a e «se sume ge» en la ob a,
mien as que «la masa dispe sa sume ge en sí misma la ob a a ís ica»771. Es o
concue da con es as ases inales, an es del «Epílogo»:
la ecepción en la dispe sión (…) iene en el cine su ins umen o de en e-
namien o. El cine co esponde a esa o ma de ecepción po su e ec o de
choque. No solo ep ime el alo cul ual po que pone al público en si uación
de expe o, sino además po que dicha ac i ud no incluye en las salas de p o-
yección a ención alguna. El público es un examinado , pe o un examinado
que se dispe sa772.
Es as a i maciones ecue dan algo más que agamen e aquello que decía
de las piezas de B ech , des inadas a «un público elajado», piezas en las
que, como en el cine y en la adio, donde uno siemp e puede «engancha se»,
«po p incipio, no hay (…) nadie que llegue demasiado a de»773. No obs-
an e, aun cuando es o sea cie amen e aplicable a la adio, y hoy en día a la
ele isión y o os media, así como a los espec áculos depo i os o de música
popula 774, no lo pa ece en absolu o en lo que espec a al cine. Más aún: es a
mane a de exp esa se no puede sino ol e a le an a sospechas sob e lo que
Benjamin en endía ealmen e po e una película. Si a ello añadimos su
obse ación de que el público, al que a ibuye una «si uación de expe o»,
adop a una ac i ud que «no incluye a ención alguna» en la sala de p oyec-
ción, da la imp esión de que, sencillamen e, no es á hablando de lo mismo
que noso os en endemos po cine, en donde lo que impe a es más bien una
especie de abso ción o inme sión (no me amen e con empla i a, sino más bien
pa icipa i a) en lo que se mues a en la pan alla, que no es sino la mane a
771 Ibid., p. 53; GS, I, p. 505.
772 Ibid., pp. 54-5; GS, I, p. 506.
773 Iluminaciones III. Ten a i as sob e B ech , p. 22; GS, II, p. 524.
774 A es os dos úl imos ámbi os hace Wal e Benjamin e e encia explíci a (GS, I, pp. 1039,
1049).
VII. Ideas sob e el cine
295
en que el público se dis ae pa a dispe sa se iajando ue a de sí y haciéndose
pe meable a o os mundos775.
Si aho a epasamos lo examinado has a aquí en é minos e oac i os,
pa iendo del cine, siguiendo po la li e a u a (la eo ía de la no ela) y lle-
gando has a la isión benjaminiana de la esc i u a de la his o ia, pod íamos
encon a nos con un pano ama un an o desolado . Pa a empeza , es e i-
den e po qué lo que Benjamin dice sob e el cine apenas ha encon ado eco
en e quienes se han ocupado del asun o con algo más de in e és y, desde
luego, conocimien o de causa. Ni siquie a K acaue lo omó en cuen a776.
Desde en onces, casi nadie lo ha hecho777. Apa e del me a ísico Deleuze,
775 Sob e la inme sión, c . Jean-Ma ie Schae e , ¿Po qué la icción?, op. ci ., pp. 148 ss. y
( espec o al cine) 281 ss. Sob e la imagen que Benjamin se hace del espec ado cinema-
og á ico como ecep o en la dispe sión, c . Pe e Gilgen, «His o y a e Film» y Robe
Hullo -Ken o , «Wha is Mechanical Rep oduc ion?», en Ul ich Gumb ech y Michael
Ma inan (eds.), op. ci ., pp. 54 ss., 164 ss. La in e p e ación de la dispe sión como una
pe cepción «no in encional» o in olun a ia (Fab izio Deside i y Massimo Baldi, op. ci .,
p. 165) esul a en ado a, pe o algo o zada. C . ambién, al espec o, F ancesco Case i,
«Beyond Subjec i i y: The Film Expe ience», y Pe e Salabe , op. ci ., en Dominique
Cha eau (ed.), op. ci ., pp. 53-65 ss. y 85-98. A odo es o cab ía añadi los signi ica i os
comen a ios de Ba hes al espec o, en «Sali del cine», en donde ela a su expe iencia
del isionado de una película en la sala de cine como una especie de caída hipnó ica en
una « ampa» a la que se queda uno «como pegado con cola» en la oscu idad. C . Roland
Ba hes, Lo ob io y lo ob uso. Imágenes, ges os, oces, Ba celona, Paidós, 1986, pp. 350-5.
776 Las elaciones en e K acaue y Benjamin ue on algo complejas. C ., no obs an e, Klaus
Michel, «Vo dem Ca é. Wal e Benjamin und Sieg ied K acaue in Ma seille». En Mi-
chael Opi z y E dmu Wizisla (Hsgb.), op. ci ., pp. 203 ss. K acaue esc ibió nume osas
c í icas de cine (c . Vicen e Ja que, ed., Sieg ied K acaue , Es é ica sin e i o io, Mu cia,
Colegio O icial de Apa ejado es y A qui ec os écnicos de la Región de Mu cia, 2006)
y, apa e del ya ci ado De Caliga i a Hi le , una Teo ía del cine. La edención de la ealidad
ísica (1960), Ba celona, Paidós, 1989, en donde sos iene que hay algunos (su ealis as)
que «al libe a al cine de la i anía del a gumen o, lo some en a la del a e adicional»,
de modo que «en ealidad, inyec an el a e den o del cine», como si el cine no uese a e
po su cuen a (p. 245), y sin sabe que «el a e en el cine es eacciona io» (p. 369), pues o
que –como bien sabía Benjamin– lo in e esan e del cine (como de la o og a ía) es que
pone en cues ión el concep o adicional de «a e».
777 C ., po pone algún ejemplo en el que cab ía encon a algún eco de Benjamin, aunque
en ano: el céleb e lib o de Noël Bu ch, El agaluz del in ini o, op. ci .; Noël Ca ol, Phi-
losophical P oblems o Classical Film Theo y, P ince on Uni e si y P ess, P ince on, 1988;
Cyn hia A. F eeland y Thomas E. Wa enbe g (eds.), Philosophy and Film, Nue a Yo k
y Lond es, Rou ledge, 1995; o Dominique Cha eau (ed.), op. ci . Una excepción, desde
un pun o de is a semejan e al nues o, en donde se in e p e a la expe iencia dis aída
Vicen e Ja que
296
que ambién778, la mayo pa e de quienes se han ocupado del cine han e-
nido que pa i de la idea (del odo ajena a Benjamin) de que en casi oda
película in e esan e se p esen a un ela o. Las céleb es esis de And é Bazin
ace ca del ca ác e «impu o» del cine, « ealis a», mimé ico y na a i o, han
sido muy discu idas y lo siguen siendo en el p esen e (y con azón). Pe o no
puede pasa se po al o que hayan sido asumidas, de uno u o o modo, po
au o es an dis an es como los clásicos Balasz, A nheim (a quienes Benjamin
ci a) o Mi y, sino con empo áneos nues os como el ecien emen e allecido
S anley Ca ell, Da id Bo dwell o Jacques Ranciè e, y se di ía que has a el
inma cesible Alain Badiou, en e an os o os779.
En ealidad, la cues ión es iba en el escaso (o nulo) alo que Benjamin
o o ga al elemen o de icción, al ela o en o ma de icción, al desa ollo de la
acción ílmica. Su én asis en la «na ación» en e a la no ela es un sín oma
de lo poco que es ima la expe iencia del lec o o del espec ado de cine como
el p oduc o de una peculia inme sión en lo ela ado, p opiciada en buena pa -
e po la oscu idad de la sala de cine, que con ie e el isionado de un ilm en
algo en donde la p esencia del colec i o queda muy ela i izada (li e almen e
oscu ecida), y que nos si úa en una esi u a muy di e en e, si no con a ia,
a la de la con emplación dis an e780. Esa inme sión en ol en e, semejan e a
desde el pun o de is a de una mímesis epis emológicamen e ecunda aun en el ma co de
una signi icación colec i a, es la de Richa d W. Allen en «The Expe ience o Mode ni y:
Benjamin, Ado no, and Con empo a y Film Theo y», en New Ge man C i ique, Special
Issue on Weima Film Theo y, nº 40, in ie no, 1987, pp. 225-40.
778 C . Gilles Deleuze, La imagen-mo imien o. Es udios sob e cine 1, Ba celona, Paidós, 1984
y La imagen- iempo. Es udios sob e cine 2, Ba celona, Paidós, 1985.
779 Sob e Ca ell, c . Kiha a Keisho, «The Legi ima ion o Mo ies: S anley Ca ell on he
Classical Hollywood Cinema», Aes he ics, nº 19, Tokio, 2005. En cuan o a los demás:
Da id Bo dwell, La na ación en el cine de icción, Ba celona, Paidós, 1985; On he His o y
o Film S yle, op. ci .; Thomas E. Wa enbe g, Thinking on Sc een: Film as Philosophy,
Rou ledge, Lond es, 2007, o bien «Beyond Me e Illus a ion: How Films Can Be Phi-
losophy», Jou nal o Aes he ics and A C i icism, 64, 1, pp. 19-32; Jacques Ranciè e, La
ábula cinema og á ica, Ba celona, Paidós, 2005; Las dis ancias del cine, Buenos Ai es,
Manan ial, 2012. En cuan o a Badiou, c . la e is a L’a du cinéma, Pa ís.
780 De hecho, cuando la sala de cine queda sus i uida po el espacio domés ico, y la g an
pan alla po la de un moni o de ele isión, un o denado o una able , po no habla de
un mó il, la e en ual ecupe ación de la luz ambien al, lejos de es au a la p esencia del
VII. Ideas sob e el cine
297
la que se p oduce en la acción de habi a un edi icio, puede en ende se pe -
ec amen e como una o ma eminen e de ecepción ác il. Se a a además
de algo que él, a pesa de odo, conocía bien, como se demos aba en el
ex o an es ci ado sob e su expe iencia inme si a en las no elas de S endhal,
Flaube y Dos oies ski.
Esa inme sión ambién iene luga en el cine. Tiene asgos mimé icos,
aunque no necesa iamen e i acionales, y cabe pensa que consis e en una
sue e de abandono o de pues a en e pa én esis no solo de la ealidad in-
media a, sino de la p opia iden idad. Es o implica, como suge ía A is ó eles,
una cie a iden i icación con los pe sonajes (pe o ambién con el na ado , o
con la cáma a), y un econocimien o de con ex os imagina ios, de acciones,
mo i os, pasiones, emociones e ideas. Implica, po an o, pone se en el luga
del o o, pa a luego eg esa a uno mismo con una expe iencia en iquecida.
Implica, en suma, algo an sencillo como aquello que decía Michel de Ce -
eau a p opósi o de Play ime, de Jacques Ta i: que, al sali del cine,
el espec ado se pone a oma no a del humo de las calles, como si poseyese
la mi ada de Ta i. La película ha hecho posible una obse ación humo ís-
ica que, sin él, no se hab ía p oducido (…). Si el egis o de la pe cepción o
de la comp ensión se encuen a modi icado, es po que el acon ecimien o ha
hecho posible y, en un sen ido muy eal, ha pe mi ido o o ipo de elación
con el mundo781.
Benjamin pod ía habe cap ado es as cosas, en luga de nega oda po-
sibilidad de expe iencia au én ica en el con ex o de la cul u a de masas en
gene al, y del cine en pa icula , incluyendo an o al a ón Mickey como a
Chaplin o Eisens ein. ¿Tan di ícil e a econoce la unción de la mímesis, y
la con inuación de la in e e ada adición de la «na ación» o al en o ma de
imágenes en el cine silen e? ¿Y luego en el sono o, ya lib e de las in e upcio-
nes de los ca eles explica i os? Benjamin lo hizo en algún momen o, pe o
colec i o, no ep esen a sino una eliminación de cualquie obs áculo pa a una ecepción
acen uadamen e indi idualizada.
781 Michel de Ce eau, La aiblesse de c oi e. Ci ado, muy pe inen emen e, po F ancesco
Case i, op. ci ., en Dominique Cha eau (ed.), op. ci ., p. 213.
Vicen e Ja que
304
Ese con o del co azón es el que pod ía encon a se en el ki sch, que se
con apone esencialmen e al a e po su ca ác e «cien po cien u ili a io»;
no obs an e,
de las o mas i as exis en es puede deci se que lle an en sí algo que da calo ,
que es u ilizable y que inalmen e p opicia la dicha, que acogen en sí dia-
léc icamen e el ‘ki sch’, que ellas pueden ace ca se a la masa y, sin emba go,
domina la. Hoy en día, quizás solo el cine es á a la al u a de es a a ea, o en
odo caso es lo que más se le ap oxima789.
No es ex año que de es o deduzca la con eniencia de «limi a la al i ez
del cine abs ac o –po muy impo an es que puedan se sus expe imen os»790.
Pues de lo que se a a es jus amen e de que en el cine encuen e «la masa»
algo a que a e a se, algo di e en e pe o econocible, algo di e en e pe o de
alguna mane a semejan e al mundo en el que se despliega su exis encia, al y
como, según el p opio Benjamin, sucedía asomb osamen e con las películas
del a ón Mickey. Pa a accede a una expe iencia e ec i a, iene que pode
eje ce ella misma su capacidad mimé ica, que es la que le pe mi e con on a
el cine como un espacio pa a la icción na a i a, pa a abandona el ámbi o de
la i encia o dina ia (que es, más que en el cine, donde ab uman los shocks)
y ab i se a o os mundos, del mismo modo que lo hacía el oyen e de un
ela o en el pasado. Algo que, po cie o, no puede sino se acili ado po la
inmedia ez en ol en e con que se nos o ece el cine sono o, en cuyas his o ias
an o isuales como o ales puede el espec ado sume gi se, en el lími e, como
Benjamin en las no elas de Dos oies ski.
Si la mímesis es la pue a de la expe iencia, la acul ad g acias a la cual el
suje o, desa mado y mul iplicado, se deja lle a po el goce de hace se o o,
pa a luego eg esa a sí en iquecido con el conocimien o de o os mundos,
789 Ibid., p. 500.
790 Ibid. Lo cual, dicho sea de paso, le ubicaba bas an e lejos de Moholy-Nagy, e ien e
pa ida io del cine abs ac o, an imimé ico y an ina a i o, de quien ci aba ap oba o ia-
men e en Pequeña his o ia de la o og a ía aquella céleb e ase, que el iempo ha e elado
an desace ada, según la cual los anal abe os del u u o iban a se no los ile ados, sino
los que no dominasen la p ác ica de la o og a ía. C . Vicen e Ja que, «Moholy-Nagy a
la luz de la écnica», en A e y pa e, nº 123, junio-julio 2016, pp. 10 ss.

VII. Ideas sob e el cine
305
en onces el cine no solo no ep esen a el ocaso de esa expe iencia que Benja-
min ubicaba en el con ex o de la na ación adicional, sino que se nos e ela
como un ámbi o p i ilegiado y máximamen e accesible a «la masa», o aquello
en lo que és a se haya con e ido, de ca a a la p osecución po o os medios
de una adición cuyas aíces son an o his ó icas como an opológicas.
En 1924 se hallaban Benjamin y su amigo E ns Bloch en la isla de Cap i
con e sando sob e El ubio Eckbe de Tieck y, al hilo del mismo, sob e el
enómeno del déjà u. Aun cuando el ela o de Tieck discu e en é minos
an ás icos, de modo que las epe iciones ienen luga en él como hechos ea-
les, pa ece que la idea que los dos amigos se hicie on del enómeno enía que
e más bien con la i upción del ecue do de un pasado incomple o, incluso
culpablemen e incomple o (és a se ía la ma ización benjaminiana), po un
p opósi o no ealizado, una in ención aicionada o un obje o desa endido791.
El au én ico déjà u compo a, según Bloch, una ausse econnaissance, una
sue e de econocimien o imagina io que con iene, po así deci , indicaciones
pa a una posible acción u u a792. Se a a, en cualquie caso, del ins an e de
una ci a in olun a ia en e las dispa es dimensiones del iempo, que no puede
sino en ende se como un encla e análogo a un cen o de expe iencia, y ello
has a el pun o de que oda expe iencia p esupone alguna o ma de déjà u,
eso que Benjamin cali icaba como un «eco» o una « esonancia» (como la de
aquel momen o en que su pad e no quiso deci le los mo i os del allecimien o
de su amilia ), y más a de una co espondencia o una semejanza con algo
que no ha sucedido.
Tampoco los p o agonis as de Whe e o When, la canción con la que ab ía-
mos es e abajo, se habían encon ado an es en el mundo eal, ni siquie a
en la o ma en que se habían conocido Los ex años ecini os en el cuen o de
Goe he. La ascinan e expe iencia que sen ían o imaginaban como epe ición
e a o almen e nue a. Como con apa ida, la ealidad que apa ece en el cine
791 C . Jamie Owen Daniel y Tom Moylan (eds.), No Ye : Reconside ing E ns Bloch, Lon-
d es, Ve so, 1997, pp. 35-7.
792 E ns Bloch, «Bilde des déjà u», en Li e a ische Au sä ze, Gesam ausgabe, ol. 9,
F ank u , Suh kamp, 1965, pp. 232-42. Pa a un co ejo con Benjamin (a p opósi o del
la «oscu idad del ins an e i ido» en elación con el cine), c . B uno Robe i, «Immagini
in uga», en Alessand o Canadè (ed.), op. ci ., pp. 180-5.
Vicen e Ja que
306
en o ma de icción mimé ica o de ep esen ación imagina ia ascina po que
se nos o ece como si uese una epe ición de expe iencias pasadas, inde e -
minadas o pe didas en el ol ido, que son ecupe adas y econs uidas como
apa iencia p ecisamen e cuando el suje o se dispe sa de sí y, jugando con lo
o o, asciende la memo ia olun a ia.
El cine, esc ibió Pasolini,
es sus ancialmen e un in ini o plano-secuencia, al y como es la ealidad pa a
nues os ojos y nues os oídos du an e odo el iempo que es amos en condi-
ciones de e y oí (un plano-secuencia in ini o que acaba al inal de nues a
ida): y es e plano-secuencia, además, no es más que la ep oducción (…) del
lenguaje de la acción; en o as palab as, es la ep oducción del p esen e793.
Pe o, en el cine, jun o al plano-secuencia apa ece po necesidad el mon-
aje, el elemen o cons uc i o que ans o ma el lujo de la ida en ela o;
en onces «el p esen e se con ie e en pasado», y es ahí donde la mímesis co-
b a un sen ido, como la ida g acias a la mue e794. Lo que le al aba añadi
es que an o la ida como la mue e solo pueden se e ocadas en el cine en
o ma de icción na a i a. Como en ese ela o en que quedó su inacabada
biog a ía, a la que no po aza i uló La di ina mímesis795. También pod ía
habe la i ulado, como Ma in Amis la suya, Expe iencia796.
793 Pie Paolo Pasolini, «Discu so sob e el plano-secuencia o el cine como semiología de la
ealidad», en Manuel Pé ez Es eme a (ed.), P oblemas del nue o cine, Mad id, Alianza,
1971, p. 67.
794 Ibid., p. 68.
795 Pie Paolo Pasolini, La di ina mímesis, Mad id, El Cuenco de Pla a, 2011.
796 Ma in Amis, Expe iencia, Ba celona, Anag ama, 2001. También es a au obiog a ía
quedó sin e mina .
307
VIII. Epílogo
Si la mímesis se halla en la base de la expe iencia au én ica y si és a se
despliega de mane a especí ica en el cine, un sencillo silogismo hab ía de
lle a nos a la conclusión de que ambién en el cine se despliega la expe iencia
au én ica. Como es e iden e, el hecho de que Benjamin no llegue a o mu-
la ní idamen e, ni mucho menos a desa olla es a conclusión no se debe a
su incapacidad pa a segui una lógica a is o élica, aquí pe ec amen e apli-
cable, sino a que cada una de las p emisas la concibe de e minada po una
se ie de complejos odeos y mediaciones que las ca ga de ensiones y, po
así deci , de dialéc ica, has a hace las muy di íciles de maneja en é minos
abs ac amen e lógicos.
De hecho, es no o io que Wal e Benjamin no ha sido el único, ni si-
quie a el más en á ico, en esal a la eno me impo ancia de la mímesis
pa a la expe iencia humana. Apa e de la ob a del sociólogo Gab iel Ta de,
hoy injus amen e ol idado797, au o es como el an opólogo Michael Taus-
sig798, o pensado es poli acé icos como Philippe Lacoue-Laba he799 o René
797 Sal o po Deleuze, c . Di e encia y epe ición, op. ci ., p. 73. Benjamin podía habe sacado
mucho pa ido de Les lois de l’imi a ion e de l’in en ion (1890), en donde Ta de a ibuye
la o mación de las sociedades y su man enimien o en base a una endencia congéni a
del se humano a imi a lo que e y así adap a se a ello. Pa a una lec u a con empo ánea
de Ta de, c . Fa idah Djellal y Faiz Gallouj, «Les lois de l’imi a ion e de l’in en ion:
Gab iel Ta de e l’économie é olu ionis e de l’inno a ion», Re ue économique, P esses de
Sciences, 2017. Aquí se sub aya la mane a en que la expe iencia mimé ica, condición de
la inno ación, conduce a nue as expe iencias.
798 Michael Taussig, Mimesis and Al e i y: A Pa icula His o y o he Senses, Nue a Yo k/
Lond es, Rou ledge, 1993. Taussig ecoge las ideas de Benjamin y las con on a en el
ma co de esos con ex os «a caicos» a los que és e emi ía y que el an opólogo encuen a
en el p esen e en cul u as no occiden ales.
799 Philippe Lacoue-Laba he, Mimesis: Des A icula ions, Pa ís, Aubie -Flamma ion, 1975.
En és e y o os ex os desa olla una eo ía de la mímesis p oduc i a sob e la base de la
que llama una «ley de imp opiedad» del suje o («ausen e de sí mismo, dis aído de sí mis-
Vicen e Ja que
308
Gi a d800, además del ilóso o Paul Ricœu 801, po supues o, han demos ado
de una o ma con incen e, en dis in as di ecciones independien es de Benja-
min, pe o complemen a ias, la c ucial ele ancia de la mímesis en cuan o a la
gene ación y el despliegue de la expe iencia humana. Incluso alguien an p o-
g amá icamen e c í ico con la mímesis como Deleuze ha econocido su luga
en el con ex o de las elaciones en e aquélla, la di e encia y la epe ición.
Casi cabe pensa que Benjamin se hab ía in e esado no poco po ese ex año
concep o de «p ecu so oscu o» (como el que p ecede al ayo) que Deleuze
mo iliza cuando esc ibe sob e la ansición o con inuidad, la «comunicación»
a a és del iempo en e las dis in as «se ies» de epe iciones y semejanzas,
de iden idades y di e encias, po ejemplo, desde aquel p imi i o « an asma»
in an il del que hablaba F eud has a su econocimien o en la edad adul a,
siemp e en el ma co de un «inconscien e in e subje i o»802.
Hay o a muy di e en e línea de in es igación que al ez pod ía pone se
en juego a es e espec o. Tiene que e con las e en uales de i as de la eo ía
benjaminiana de la «ine ación» mimé ica, de ca ác e e oluciona io, y sus
mo, p i ado de yo»). C . Ma in Jay, «Mimesis and Mime ology: Ado no and Lacoue-
Laba he», en Tom Huhn y Lambe Zuide aa (eds.), The Semblance o Subjec i i y.
Essays in Ado no’s Aes he ic Theo y, Camb idge, Mass., The MIT P ess, 1997, pp. 29-53.
Como e a de espe a , bas an e de lo que aquí se dice sob e Ado no puede ale pa a
Benjamin. En gene al, Lacoue-Laba he oma no a de cie os ex os de F eud de los que
en Benjamin, po desg acia, no se econoce huella alguna: Moisés y la eligión mono eís a,
Tó em y abú, Psicología de las masas y análisis del yo. C . Phillippe Lacoue-Laba he y Jean
Luc Nancy, El pánico polí ico, Buenos Ai es, La Ceb a-Palinodia, 2014.
800 René Gi a d, Men i a omán ica y e dad no elesca, Ba celona, Anag ama, 1985; Los o í-
genes de la cul u a, Mad id, T o a, 2004. Los plan eamien os de Gi a d, undados en
su con e sión a la e c is iana y bas an e discu ibles en lo que a añe a su concep o de la
no ela (de e minado po la idea de una «con e sión» del au o ), son aquí ci ados como
con apa ida de los de Benjamin, imp egnados de eología pe o ca en es po comple o
de ninguna « e» en ninguna eligión posi i a, ni siquie a el judaísmo.
801 Paul Ricœu , Tiempo y na ación I, México, Siglo XXI, 1995; Pa cou s de la econnaissance,
Pa ís, S ock, 2004. Ricœu ha sido posiblemen e el ilóso o que más y mejo ha desa o-
llado el concep o de mímesis y sus ínculos con la na ación después de Benjamin. Po
o o lado, en el ma co de su apelación a la his o ia como discu so na a i o no se plan ea
los p oblemas especí icos de la expe iencia de la mode nidad.
802 Gilles Deleuze, Di e encia y epe ición, op. ci ., pp. 206 ss. C . Luiz Cos a Lima, «De-
leuze: Es é ica an i ep esen acional y mímesis», en Es udios públicos, nº 74, o oño 1999,
pp. 295-316.
VIII. Epílogo
309
ideas, no se sabe si complemen a ias o con a ias a la an e io , ace ca de la
uncionalidad del cine como e apia p e en i a de la psicosis colec i a. En
ambos casos pa ece apela se a una acción de la imagen sob e el cue po, y
de ello se ienen ocupando en nues os días la eo ía (no necesa iamen e
eudiana) del inconscien e y cie as co ien es de la neu ología803. Es o, des-
de luego, puede pa ece algo lejano a los in e eses ilosó icos de Benjamin,
pe o no lo es an o cuando se conside a que ya en Pla ón y A is ó eles se
inculaba la cues ión de la mímesis con los aspec os más p agmá icos de la
ecepción (Pla ón hablaba de con agio, A is ó eles de ca a sis), y que ambos
se es o za on en cub i con sus e lexiones ese ámbi o del que hoy se ocupa
la ciencia804. En es e sen ido, es a clase de in es igaciones pod ían se i de
ayuda pa a a oja luz, si no sob e el asun o de la «ine ación» e oluciona ia
o e apéu ica de la mímesis en el cine, sí ace ca del sen ido de la «dispe sión»
que Benjamin a ibuye al espec ado .
Es o esul a pa icula men e impo an e en la medida en que, en endida
como esul ado de una especie de habi uación al shock, p oduc o po an o de
la expe iencia, su adical descali icación como al conduci ía a un pano ama
del que, a in de cuen as, ni siquie a se sal a ían modelos como el del cine so-
ié ico, el de Chaplin o el del a ón Mickey. En cualquie caso, no ol idemos
que la mímesis en el cine, a pesa de aquello en lo que se cen a Benjamin,
depende sob e odo de su capacidad pa a a icula amas na a i as, ela os
en los que el espec ado puede econoce aspec os de o os mundos p ecisa-
men e po que encuen a en ellos semejanzas con el suyo. En es e sen ido, es
cla o que puede es ablece se una con inuidad con lo que Benjamin encon a-
ba en la na ación o al o en la esc i a, como en Hebel o Lesko , en donde
eía, po así deci , la pied a de oque de la expe iencia. Hemos is o ambién
803 C . Nidesh Law oo, «Violences and he Mime ic Unconscious (Pa Two): The Con-
agious Hypo hesis: Pla o, A ec , Mi o Neu ons», en Con agion: Jou nal o Violence,
Mimesis, and Cul u e, ol. 26, 2019, Michigan S a e Uni e si y P ess, pp. 123-60; Gia-
como Rizzola i y Laila C aighe o, «The Mi o -Neu ons Sys em», Annual Re iew o
Neu oscience, 2004, 27, pp. 169-92.
804 Po supues o, el asun o puede se a ado asimismo desde posiciones eó icas po com-
ple o desligadas de la ciencia, como hace Sig id Weigel en su ex o sob e Cue po, imagen
y espacio en Wal e Benjamin, op. ci ., pp. 47 ss. (desde es as posiciones, po cie o, cabe la
in oducción de pe spec i as de géne o, c . ibid., pp. 148 ss.).

Vicen e Ja que
310
las debilidades de su d ás ica con aposición en e no ela y na ación, en base
a la an í esis en e indi iduo deso ien ado y oz idealmen e anónima que se
di ige al colec i o y le ansmi e sabidu ía («el lado épico de la e dad»). En
ealidad, cine, ela o li e a io y no ela obedecen de mane as di e en es a un
mismo égimen que no es sino el de los mundos de la icción. El hecho de
que Benjamin equipa e las his o ias e dade as i idas po un expe imen ado
ma ino o po un iejo campesino con los cuen os de hadas, y odo ello con
las c ónicas del «cu so del mundo», y con las películas de dibujos animados,
nos pe mi e, si añadimos la épica, la agedia y la comedia g iegas, islumb a
un uni e so sin lími es dominado po una imaginación na a i a, siemp e
apoyada en un my hos o ama a gumen al, cuyo undamen o es la mímesis
p econcep ual (quizás el «p ecu so oscu o») que a su ez p oduce mímesis,
expe iencia que el lec o o espec ado (un suje o no necesa iamen e some ido
a la condición de me a «c ia u a») puede ap o echa pa a eo ien a se de una
mane a sin duda en a i a, pe o lib emen e, en el mundo eal. De más es á
deci que, pese a Benjamin, ambién la no ela o ma ía pa e de es e uni e -
so. Pues o que, es e iden e, hay o as o mas de conside a el a e de la no ela
menos gené icas y es ic i as que la suya, pun os de is a en donde se pone
en alo la exp esión de libe ad indi idual sin necesidad de con apone la,
como él hace, a ningún o denamien o colec i o. De hecho, cabe a i ma que
son las e en uales de i as undamen alis as de su pe spec i a e oluciona ia
las que le impiden ap ecia el ca ác e abie o, an idogmá ico y esencialmen e
democ á ico de la no ela como géne o805.
De lo que es amos hablando es de ese «como si» o ese «hace c ee » en que
iene a consis i la p ác ica de la icción806, equi alen es al « econocimien o y
805 Como él mismo econocía a p opósi o de la eo ía omán ica de la no ela. C . El concep o
de c í ica de a e en el Roman icismo alemán, pp. 141 ss.; GS, I, pp. 98 ss. Po lo demás,
bas e oma en conside ación las e lexiones de Richa d Ro y sob e Milan Kunde a y
Dickens en Ensayos sob e Heidegge y o os pensado es con empo áneos. Esc i os ilosó icos 2,
Ba celona, Paidós, 1993, pp. 101-21. Como una buena ilus ación p ác ica de es e pun o
de is a, c . Da id Lodge, El a e de la icción, Ba celona, Península, 2002.
806 C . ac ualmen e, el eó ico más conspicuo de la eo ía del «hace c ee » es, sin duda,
Kendall Wal on (c . Mimesis as Make-Belie e. On he Founda ions o he Rep esen a ional
A s, Camb idge, Mass., Ha a d Uni e si y P ess, 1990), quien, po cie o, se inspi a en
las Medi aciones sob e un caballo de jugue e, de Gomb ich, el cual dedujo del asun o cosas
VIII. Epílogo
311
p oducción de semejanzas» de que hablaba Benjamin aunque, no a bene, sin
pone el acen o su ca ác e ic icio. Aho a bien, es es o p ecisamen e lo que
dis ingue la concepción benjaminiana de la expe iencia mimé ica espec o de
odas las demás. Pues o que pa a Benjamin la mímesis no es algo en donde
queda dis ingui de mane a axa i a en e semejanzas eales y semejanzas
imagina ias. És a es la conclusión que cabe ex ae de su imagen dialéc ica
de la mode nidad en cuan o que dominada po sus an asmago ías, las cua-
les o man pa e an o del ámbi o de la ensoñación como del de la igilia.
En an o que «exp esión» de la in aes uc u a económica, p oduc o de las
elaciones eales de p oducción, esos sueños esponden a deseos eales que
no pueden queda disuel os, sino « edimidos» (que no es lo mismo que sa is-
echos) en el momen o del despe a , es deci , cuando se pone de mani ies o
su sen ido o «con enido de e dad»807.
En es e pun o pa ece que nos encon amos (como nos encon ábamos
en los capí ulos co espondien es) con el que ue segu amen e el más denso
nodo gene ado de con adicciones del pensamien o de Benjamin. Pues e-
nemos, po un lado, que desde el p incipio ubicaba la expe iencia au én ica
en los pun os de in e upción de la con inuidad sob e la que se ha de e igi
la iden idad del suje o, mien as que pa ecía ese a pa a su pu a y simple
negación, en cuan o que undamen o de esa con inuidad, una especie de lim-
bo inde inido en donde no se da ían ni expe iencia ni i encia p opiamen e
bas an e di e en es de las que Benjamin ex ajo de su amilia idad con los jugue es que
coleccionaba. En odo caso, los plan eamien os de Wal on han enido poco éxi o en el
ámbi o de la he menéu ica (Wol gang Ise ) y la lingüís ica semiológica (Lubomi Do-
lezel, po ejemplo); c . An onio Ga ido Domínguez (ed.), Teo ías de la icción li e a ia,
Mad id, A co, 1997. Po lo demás, la idea de un «hace c ee » y un p esen a «como si»,
que en eso consis i ía la mímesis a is o élica, ya la aplicaba Wal e Kau mann a la épica
y a la agedia en T agedia y iloso ía, Ba celona, Seix Ba al, 1978, pp. 76 ss.
807 Ace ca de es e «con enido de e dad», al ez ale la pena in oduci aquí un apun e so-
b e el auge del llamado s o y elling, es deci , la endencia a p esen a «his o ias» o ela os
iden i ica i os de ma cas come ciales, pe sonajes de la polí ica o si uaciones sociales, en
g an medida con ines manipulado es. Es a pe e sa p oli e ación de ela os más allá de
los ela i amen e inocen es de la li e a u a o del cine, que discu e a a és de los nue os
medios ecnológicos de comunicación, desde la ele isión has a los mó iles, pasando po
la p ensa, pod ía susci a , sin duda, in e esan es e lexiones omando como pun o de
e e encia el pensamien o de Benjamin. C . Salmon, Ch is ian, S o y elling, la machine
à ab ique des his oi es e à o ma e les esp i s, Pa ís, La Décou e e, 2008, pp. 278-9.
Vicen e Ja que
312
dichas, y que se ía aquel en el que se mo e ía el se humano conside ado
como «c ia u a» he e ónoma. Po o o lado, es a insis encia en la in e upción
iene su co ela o en una isión de la his o ia p esidida po la pe manen e
ca ás o e del «p og eso», que solo da ía luga a una mon aña de uinas cuyo
esponsable no se ía o o, de nue o, que el suje o au ónomo que se esis e a
esigna se al es ado de «c ia u a», un es ado en donde, desde luego, no cab ía
pensa en luchas de clases. Po cie o, que a eces da la imp esión de que
Benjamin iden i ica al suje o au ónomo con el suje o bu gués, y a la c ia u a
con el p ole a iado o «la masa». Desde el pun o de is a de la culpabilidad
uni e sal, idea de i ada del as ondo eológico de su iloso ía, el suje o au-
ónomo end ía que se aniquilado po i edimible, mien as que al suje o
colec i o ep esen an e de la «c ia u a» le queda ía la opción e oluciona ia
como equi alen e a la edención de los op imidos en la his o ia.
Pe o es a que podemos llama lógica de la in e upción y del agmen o
iene en Benjamin como con apa ida la dimensión de la con inuidad, de la
di e enciación mínima, casi se di ía que in ini esimal, que es la que p eside
la capila idad de la elación mimé ica y la que esponde a la con inuidad que
asimismo a ibuye Benjamin a la expe iencia en e a la i encia de shock.
Es o, sin duda, puede e se con una simple inconsis encia o con adicción
en su pensamien o, pe o ambién cabe in e p e a lo como una especie de
oscilación dialéc icamen e i esuel a en e ambos aspec os de la expe iencia,
como se demues a en su apa en e disolución del dilema ecu iendo de ma-
ne a clamo osa a la inde e minación en el ma co de su idea de una ilimi ada
can idad de ni eles o g ados in e medios en e el sueño y el despe a . Una
ambi alencia de i ada segu amen e de la adopción de una eo ía mimé ica
del lenguaje, de o den an opológico, sin decidi se a abandona po comple o
la eo ía nominal, de o den eológico. Y, sob e odo, sin pensa en desa olla
en se io la posibilidad de que la eo ía nominal uese aplicable a una pe s-
pec i a p elapsa ia y p ebabélica, pe o no an o a la de i ada del es ado de
caída, de modo que el lenguaje de la mímesis en el mundo babélico pudie a
se en endido como un es ue zo secula , siemp e insu icien e pe o i enun-
ciable, de alcanza la pleni ud del lenguaje del Pa aíso. Dicho de o o modo:
la semejanza ebosan e de incon ables mediaciones como necesa io y e icaz
luga enien e de la iden idad inmedia a del nomb e. Una mímesis en la que
VIII. Epílogo
313
con e gen, no sin ensiones, el se humano c ea u al, a caico o in an il, ul-
ne able, y el suje o au ónomo acional, dominado , que p e ende deshace se
en ano de aquellas aíces p econcep uales de las que mana odo lo que haya
de au én ico en su expe iencia.
Se obse a á que es as úl imas conside aciones hemos e ec uado una sue -
e de b e e eco ido e ospec i o, en di ección in e sa, a lo la go de odo lo
que ha ido apa eciendo a lo la go del p esen e abajo, desde el cine, la no ela
y la na ación has a la eo ía del lenguaje, pasado po el concep o de expe ien-
cia y de imagen de la his o ia. El abajo comenzaba, as unas e e encias al
enómeno del déjà u, con unas e lexiones en o no a la cues ión de «una ez
es ninguna ez» como an í esis del «de una ez po odas». Hemos is o cómo
la ó mula eapa ecía de o ma explíci a o ac uaba implíci amen e en luga es
an insospechados como de al a impo ancia es a égica. Aho a podemos al
ez en ende un poco mejo po qué iene sen ido sos ene , en los é minos
de Benjamin, que «una ez es ninguna ez».
Po que, en e ec o, la expe iencia au én ica que busca Benjamin, aquella
a la que debe aspi a la exis encia humana, exige una in e upción del lujo
del que su ge, pe o ambién su epe ición de ca a a pode se asimilada en
o ma de hábi o en donde el p ime «cumplimien o» (que siemp e compo a
un shock, una conmoción) cede su luga a una memo ia in olun a ia que no
es sino una especie de déjà u inconscien e de sí. T as la p ime a ez, es la
epe ición la que p oduce la di e encia. Y es es e juego o p oceso el que no
solo pe mi e ija la expe iencia impidiendo su disolución en el ol ido o en
la nada, sino que con ie e a la iden idad abs ac a en conc e o suje o de
expe iencia en cuan o que ecep o de lo di e en e. Solo allí donde hay eco-
nocimien o puede habe expe iencia. Solo a a és de su econocimien o se
descub e como expe iencia lo i ido. Solo si ol emos a lo i ido y lo ecu-
pe amos, e en ualmen e a a és de un ela o, como p o is o de un sen ido,
en ende emos el goce del he mano de Benjamin al p oclama , an e la me a
p omesa de una expe iencia, que «aho a ya hab íamos es ado allí».
Finalmen e, desde es a pe spec i a podemos en ende ambién aquel
asomb o de Benjamin an e una pin u a de Cézanne en el museo de Moscú,
cuyo espacio «se nos ab e en ángulos y incones en los que c eemos pode
localiza expe iencias muy impo an es del pasado»; pues «en es os luga es
Vicen e Ja que
320
Djellal, Fa idah y Gallouj, Faiz (2017): «Les lois de l’imi a ion e de l’in en ion: Ga-
b iel Ta de e l’économie é olu ionis e de l’inno a ion», Re ue économique, P esses de
Sciences.
Döblin, Al ed (1982): Be lin Alexande pla z, Ba celona, B ugue a.
Do zle , Be nha d y Mülle -Thamm, Ju a (2004): «Film nach Benjamin. Bild und
E zählung im Denken de Kinema og aphie», en De le Schö ke (Hg.), Sch i . Bil-
de . Denken. Wal e Benjamin und die Kuns , F ank u , Suh kamp.
Eisens ein, Se gio M. (1955): El sen ido del cine, Buenos Ai es, La Reja.
Elkins, James (2002): S o ies o A , Nue a Yo k, Rou ledge.
Elkins, James, F ank, Gus a y Manghani, Sunil (eds.) (2015): Fa ewell o Visual
S udies, Filadel ia, The Pennsyl ania S a e Uni e si y P ess.
Fabe , Richa d (1979): De Collage-Essay. Eine wissenscha liche Da s ellungs o m. Hom-
mage à Wal e Benjamin, Hildesheim.
Filmo eca Valenciana (1988): El cine so ié ico de odos los iempos 1924-1986, Valen-
cia, Documen os de la Filmo eca, pp. 71 ss.
Foucaul , Michel (1968): Las palab as y las cosas, Mad id, Siglo XXI.
F eeland, Cyn hia A. y Wa enbe g, Thomas E. (eds.) (1995): Philosophy and Film,
Nue a Yo k y Lond es, Rou ledge.
F eud, Sigmund (1973): Ob as comple as III, Mad id, Biblio eca Nue a.
F iedlande , Eli (2015): «Assuming Violence: A Commen a y on Wal e Benjamin’s
“C iqique o Violence”», Bounda y, 2, Duke Uni e si y P ess.
F iedmann, F ied ich G. (1981): Von Cohen zu Benjamin. Zum P oblem deu sch-jüdische
Exis enz, Einsiedeln, Johannes Ve lag, 1981.
F ied ich, O o (1998): Mo gen is Un e gang. Be lin in de zwangige Jah e, Be lín,
Nicolai.
Gagnebin, Jeanne-Ma ie (1978): Zu Geschich sphilosophie Wal e Benjamins, E langen,
Palm & Enke.
— (1994): His oi e e na a ion chez Benjamin, Pa ís, Ha ma an.
Ga ido Domínguez, An onio (ed.) (1997): Teo ías de la icción li e a ia, Mad id,
A co.
Gay, Pe e (1984): La cul u a de Weima . La inclusión de lo excluido, Ba celona, A gos
Ve ga a.
Ge a h, K is a R. (1981): Me apho ische Ma e ialismus. Un e suchungen zum Ge-
schich sbeg i Wal e Benjamins, Múnich, Wilhelm Fink.
Gide, And é (1936): De ensa de la cul u a, ed. de José Be gamín, Mad id.

[Document text truncated for crawler view.]