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Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo : propuesta de fasificación

Atoche Peña, Pablo

Abstract

Hasta mediados de la década de los años 90' del pasado siglo XX la investigación arqueológica en el archipiélago canario se había decantado más por el debate tipologista que por la determinación de los acontecimientos históricos, obviando en general establecer un modelo teórico sobre el que asentar una fasifi cación que permitiera determinar la secuencia de los hechos culturales y definirlas diferentes entidades arqueológicas insulares

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Los Fenicios Los Fenicios y el Atlántico y el Atlántico GONZALEZ ANTÓN, R., LÓPEZ PARDO, F. Y PEÑA ROMO, V. (eds) ÍNDICE Pag. Tiro, Melkart, Gadir y la conquista simbólica de los confi nes del mundo .......................................................11 CARLOS G. WAGNER Océano y sus hijos: la proyección espacial del mito .......................................................................................31 DOMINGO PLÁCIDO San Brandanes de la Prehistoria. Navegación atlántica prefenicia ...............................................................39 MARISA RUIZ GALVEZ Las naves de Kérné (I) . Las referencias literarias ........................................................................................51 FERNANDO LÓPEZ PARDO Las naves de Kérné (II). Navegando por el Atlántico durante la protohistoria y la antigüedad ....................69 VICTOR GUERRERO AYUSO La navigazione antica lungo le coste atlantiche dell’ Africa e verso le Isole Canarie .................................143 STEFANO MEDAS El paisaje de Lixus (Larache, Marruecos) a la luz de las excavaciones recientes .......................................217 CARMEN ARANEGUI Y CARLOS GÓMEZ BELLARD El comercio y el factor cartaginés en el Mediterráneo occidental y el Atlántico en época arcaica .............233 JOAN RAMON La aportación de la cultura material a la delimitación del “Círculo del Estrecho”: la vajilla helenística de “tipo Kuass”............................................................................................................259 ANA MARIA NIVEAU La explotación de la sal en los mares de Canarias durante la Antigüedad. Las salinas y saladeros de Rasca (Tenerife)...................................................................................................297 Mª DEL CARMEN DEL ARCO AGUILAR, R. GONZÁLEZ ANTÓN, Mª M. DEL ARCO AGUILAR, C. ROSARIO ADRIÁN Las culturas protohistóricas canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación ...............................................................................................................................317 PABLO ATOCHE Pesquerías púnico-gaditanas y romano republicanas de túnidos: el Mar de Calmas de las Islas Canarias (300-20 ac) ....................................................................................345 ALFREDO MEDEROS Y GABRIEL ESCRIBANO Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación 317 Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación PABLO ATOCHE PEÑA Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Introducción Hasta mediados de la década de los años 90’ del pasado siglo XX la investigación arqueológica en el archipiélago canario se había decantado más por el debate tipologista1 que por la determinación de los acontecimientos históricos, obviando en general establecer un modelo teórico2 sobre el que asentar una fasifi cación que permitiera determinar la secuencia de los hechos culturales y defi nir las diferentes entidades arqueológicas insulares. De ese modo los hechos se han venido fundamentando en criterios subjetivos carentes de los sufi cientes argumentos teóricos y empíricos que los avalasen, perpetuados por el desmesurado peso que les ha conferido la tradición de una investigación demasiado arraigada en los modelos histórico-culturales que dominaron el fi nal del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Frente a la situación descrita consideramos que es científi camente necesario y empíricamente posible efectuar una propuesta de fasifi cación del periodo protohistórico canario mediante la cual se fi jen las etapas y las fases que se sucedieron, partiendo para ello de la hipótesis mediterránea que venimos propugnando para explicar la colonización humana del archipiélago canario3 y de los datos arqueológicos disponibles. En consecuencia, si tenemos en cuenta el ámbito geo-cultural en el que se insertó el descubrimiento y posterior colonización de las Islas Canarias, la Antigüedad 1 Este fue un modelo que se implantó entre los investigadores canarios a partir de las propuestas de M. Pellicer (1971-1972) y que se refl ejó de diferentes maneras en la investigación desarrollada a partir de entonces; uno de los ejemplos más evidentes de ello lo tenemos en las fases cerámicas que se han propuesto para sistematizar la secuencia cultural de la isla de La Palma. 2 Salvo alguna notable excepción, como puede observarse en R. González et alt., 1986. 3 Atoche et alii., 1997; Atoche y Martín, 1999; Atoche y Paz, 1999; Atoche et alii., 1999; Atoche, Martín y Ramírez, 1999; Atoche y Ramírez, 2001; Atoche, 2002; Atoche, 2003. Pablo ATOCHE PEÑA 318 reciente del Mediterráneo occidental y el noroeste africano4, resulta meridianamente claro que el establecimiento de seres humanos en unas islas oceánicas que ocupan una posición excéntrica con respecto al activo núcleo cultural mediterráneo no fue el resultado de una decisión anónima por parte de gentes desconocidas, sino que por el contrario formó parte de un fenómeno más amplio que respondió a una sucesión de variables originadas en procesos de expansión económica y búsqueda de nuevos recursos que se fueron transformando con el paso del tiempo. Será precisamente la cuestión temporal, y en concreto las dataciones absolutas disponibles para los registros materiales protohistóricos canarios, objeto por igual de críticas y alabanzas, por donde comenzaremos nuestro análisis con el fi n de determinar el papel real que esa clase de información puede jugar en la defi nición de las diferentes entidades arqueológicas insulares, la fi jación de la secuencia de los hechos culturales y la explicación de los fenómenos culturales canarios. I. La cuestión cronológica: fechas para la Protohistoria canaria Aunque ha transcurrido más de una centuria desde que se inició la investigación científi ca de las culturas protohistóricas canarias aún hoy resulta extremadamente complicado delimitar las diferentes entidades arqueológicas insulares; algunas de las razones que explican esa circunstancia hay que buscarlas sin duda en la linealidad historicista y el singularismo cultural con que se han tratado y en muchos casos se siguen tratando las formaciones sociales canarias, pero también en la escasez de detallados análisis tecno-morfológicos que fi jen las recurrencias asociativas de los artefactos además de en la carencia de una ordenación cronométrica basada en la obtención de series de dataciones de C14 que minimicen los errores que se derivan del uso de resultados singulares no calibrados como si se tratara de fechas en años de calendario. En Canarias el método de datación basado en el C14 ha generado tradicionalmente una gran desconfi anza; fruto de esa actitud son los variados ejemplos que podemos encontrar en las islas a los que puede aplicarse la aseveración que realizara P. James (1993) acerca de la doble postura que suele generar entre los arqueólogos la obtención de una datación radiocarbónica: si la fecha resulta la esperada se incorpora al conjunto de conocimientos, pero si ocurre lo contrario se la coloca en un lugar poco visible de la publicación o se opta por no mencionarla5. Esa parece ser la línea en la que se insertan algunas dataciones obtenidas en yacimientos de la isla de La Palma que, al no responder a lo esperado, se han utilizado para cuestionar la validez del método isotópico en la isla: “Las dataciones absolutas (...) no permiten fi jar cronológicamente los hitos que presenta la secuencia cerámica, por lo que las debemos tomar sólo a título orientativo” (Martín, 1992: 105-106). Algo semejante parece darse en La Gomera, donde J.F. Navarro (1992: 218) ha asegurado que “las constantes distorsiones a que nos tiene acostumbrado el C-14 y las limitaciones del propio procedimiento, nos han inducido a muchos investigadores, desde hace algún tiempo, a usarlo con cautela,...”. 4 Las formaciones sociales que se implantan en las islas no eran originarias de la cercana costa africana, procedían de un área geográfi ca, el Mediterráneo occidental, que para el I milenio a.n.e. presenta un nivel de desarrollo cultural que corresponde con el fi nal de la Prehistoria y el inicio de la Historia. En consecuencia, el descubrimiento y la colonización de Canarias corrió paralelo al desenvolvimiento en el denominado Círculo del Estrecho del Bronce fi nal, en una etapa que para el sur de la Península Ibérica se ha califi cado de periodo geométrico (Bendala, 1986: 531). 5 Además de las descritas por P. James en las islas nos encontramos con una tercera actitud aún más confusa en la que, sin que aparentemente existan razones para ello, las dataciones radiocarbonométricas obtenidas se dan a conocer haciendo únicamente referencia a la centuria, obviando la indispensable información relativa tanto al carácter de la muestra analizada, como al contexto del que se extrajo o al laboratorio que llevó a cabo la analítica, sin duda datos fundamentales de cara a validar ese tipo de información (véase p.e. el trabajo acerca de Zonzamas dado a conocer por Dimas Martín y otros, 2000: 455-456). Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación 319 Sin tener que llegar a la desaprobación del método radiocarbónico que suponen los casos descritos, y admitiendo que las dataciones isotópicas no están ajenas a los errores y las difi cultades propias de un procedimiento delicado, somos de la opinión de que también debemos admitir que en muchos casos esos fallos constituyen un problema del que no somos ajenos aquéllos que hacemos arqueología, a la postre los únicos responsables de tomar las debidas cautelas a la hora de seleccionar y recolectar las muestras orgánicas de los yacimientos que trabajamos6. Las difi cultades descritas han dado lugar a que algunos investigadores canarios volvieran la vista hacia otros procedimientos de datación, en concreto al arqueomagnetismo, considerado inicialmente una alternativa a las alteraciones observadas en el C14; sin embargo, sus aportaciones reales han resultado más bien escasas debido a las perturbaciones que se producen en la estabilidad de las estructuras susceptibles de análisis o a la imposibilidad de obtener el número sufi ciente de muestras como procedimiento de control. A ello hay que añadir que los resultados que ha proporcionado son excesivamente laxos y, en algún caso como el representado por el yacimiento de La Piedra Zanata, a pesar de la amplitud de la serie (17 muestras) existen considerables difi cultades para señalar una cronología, que se ofrece con alternativas tan ambiguas que permiten situar un mismo hecho tanto en el siglo V a.n.e. como a comienzos del siglo XI d.n.e. (González et alii., 1995). En consecuencia, cualquier análisis que se desee llevar a cabo a partir de las referencias cronológicas disponibles se enfrenta a importantes limitaciones que, en nuestra opinión, tienen su origen en un problema estructural de compleja resolución hasta que no se comience a disponer de un mayor número de series de fechas radiocarbónicas obtenidas a partir del planteamiento de unas hipótesis de partida que fi jen las cuestiones que se desean resolver y de unos procedimientos de trabajo controlados alejados de las cada vez más frecuentes excavaciones de urgencia. I.1. La información cronométrica disponible para las entidades arqueológicas canarias Una vez fi jadas cuáles son las principales difi cultades a que deberemos enfrentarnos para alcanzar el objetivo que se pretende en este trabajo, podemos pasar a concretar los aspectos más destacados que caracterizan la información cronométrica disponible para las entidades arqueológicas canarias, principal eje de referencia sobre el que estructuraremos nuestra propuesta de fasifi cación de la Protohistoria canaria. La arqueología protohistórica canaria ha dado a conocer un total de 165 fechas de C14 procedentes de 59 yacimientos (cuadros nº 1 y nº 2)7, de las cuales el conjunto más amplio procede de Tenerife (47’3 % sobre el total), isla en la que se han datado 38 yacimientos (64’4 % sobre el total). Se trata en su gran mayoría de sitios funerarios, de los que se han analizado muestras procedentes de restos esqueletizados o momifi cados además de algunas maderas que formaban parte de los chajascos que 6 En el conjunto de yacimientos fechados en las islas existe un caso, el de la Cueva de Las Palomas (Tenerife), donde se han registrado dos dataciones que proporcionan cronologías del V y IV milenios a.n.e., inaceptables al hallarse considerablemente separadas de la estabilidad que proporciona el resto de la serie de fechas aportadas por ese mismo sitio y otros de su entorno más inmediato con el que aquél estuvo relacionado. En este caso la ventaja de contar con una amplia serie de dataciones ha permitido detectar la irregularidad, constituyendo al mismo tiempo una interesante contribución a la interpretación y límites que del método del C14 se había efectuado en Canarias (Arco et alii., 1997). 7 Además se cuenta con dataciones arqueomagnéticas para yacimientos de Tenerife (Chafarí, Zanata y Las Fuentes) y con dos cronologías obtenidas por termoluminiscencia para un yacimiento de La Graciosa (El Descubrimiento). Pablo ATOCHE PEÑA 320 sirvieron de soporte a las momias8. Frente a lo anterior, los sitios habitacionales datados son menos numerosos si bien constituyen el grupo de yacimientos del que proceden las series de fechas más completas y los datos más fi ables ya que las muestras fueron recogidas en su gran mayoría durante el transcurso de excavaciones recientes. Se trata por lo general de hábitats en cuevas naturales, si bien hay algunos enclaves de superfi cie o incluso la combinación de hábitats en cueva y en superfi cie y necrópolis en cueva. También se ha datado un enclave ritual, en concreto un santuario al aire libre, el yacimiento de La Piedra Zanata, si bien mediante arqueomagnetismo. Los datos cronométricos registrados para Tenerife, y en concreto las series de dataciones proporcionadas por algunos enclaves habitacionales (cuevas de La Arena, Las Palomas, Don Gaspar y Los Guanches), permiten situar la fase más antigua de la colonización de la isla y del archipiélago en el arranque del I milenio a.n.e. La fecha del siglo X a.n.e. (950 AC cal.)9 (Gak14.599) de la Cueva de Los Guanches es, si exceptuamos las obtenidas por termoluminiscencia en el yacimiento de El Descubrimiento (La Graciosa), la datación más remota que podemos relacionar con el arranque de la colonización del archipiélago. A esa fecha le siguen otras dos del siglo VI a.n.e., una de la Cueva de la Arena (600 AC cal.) (CSIC-189) y la otra de la propia Cueva de los Guanches (575 AC cal.) (Gak-14.600). A partir de ese instante son varias las dataciones que se poseen para el siglo III a.n.e., también para asentamientos del norte de Tenerife (Cueva de Las Estacas 1 y Cueva de Las Palomas) (Beta-127.932; Gak-13.087), y que ya podemos relacionar con el dato cronológico más alto conocido para La Palma, isla en la que se han datado un total de cuatro yacimientos (6’78 % sobre el total), obteniéndose 18 fechas (10’9 % sobre el total) entre las cuales se encuentra la registrada en la Cueva de La Palmera (203 AC cal.) (GrN-13.753) que marca por ahora la primera presencia humana en esa isla. Para el siglo II a.n.e. se poseen dos fechas en Tenerife (Risco de los Guanches) (GX-15.960 y GX-15.961). ISLA Nº DE YACIMIENTOS DATADOS PORCENTAJE SOBRE EL TOTAL TENERIFE 38 64’4 % GRAN CANARIA 11 18’64 % LA PALMA 4 6’78 % EL HIERRO 2 3’39 % LA GOMERA 2 3’39 % LANZAROTE 1 1’69 % FUERTEVENTURA 1 1’69 % Cuadro nº 1: Número total de yacimientos con dataciones radiocarbónicas del archipiélago canario. En Gran Canaria, isla que debió poseer inicialmente un potencial a nivel biogeográfi co similar al de Tenerife de cara a haber protagonizado el arranque de la colonización humana del archipiélago, las defi ciencias endémicas que viene arrastrando la investigación arqueológica en Canarias se 8 Un gran número de muestras se obtuvieron de las colecciones depositadas en el Museo Arqueológico de Tenerife en el marco de las investigaciones desarrolladas por L. Diego Cuscoy, las vinculadas a los estudios de Bioantropología del Proyecto Cronos y a los diferentes proyectos puestos en marcha en el seno del Instituto Canario de Bioantropología. 9 Las dataciones C14 que se incluyen en este trabajo se ofrecen calibradas mediante el programa OxCal v3.10 (University of Oxford. Radiocarbon Accelerator Unit), seleccionando un nivel de confi anza de dos sigmas (entre el 90’7 % y el 95’4 %). Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación 321 multiplican si cabe ya que ni siquiera se dispone de secuencias estratigráfi cas lo sufi cientemente completas como para permitir un acercamiento diacrónico al proceso de establecimiento humano en la isla. A lo anterior habría que añadir la escasa contribución que han supuesto las dataciones isotópicas obtenidas de cara al ajuste cronológico de los procesos culturales. En este caso el problema no es tanto de cantidad, ya que se han datado 11 sitios (18’64 % sobre el total de yacimientos datados) de los que se han obtenido 49 fechas (29’7 % sobre el total del archipiélago), sino de la irregular distribución espacial y de la pírrica rentabilidad científi ca de esas dataciones, esto último debido a su concentración en un sólo yacimiento, la Cueva Pintada (34 dataciones que suponen el 69 % del total de la isla). Pero además, frente a lo que sería deseable, esa concentración no ha permitido acceder a un amplio espacio cronológico ya que la totalidad de las fechas corresponden a momentos tardíos o muy tardíos ubicados entre los siglos VI y XVII d.n.e. En consecuencia, la notable juventud de esas dataciones contribuye escasamente a aclarar el instante en el que se inició la colonización de Gran Canaria. Las islas de Lanzarote y Fuerteventura no presentan un número elevado de dataciones (7 y 6 respectivamente) si bien las que se poseen corresponden a sendas series obtenidas en dos yacimientos (El Bebedero y la Cueva de Villaverde). En ambos casos se trata de series bastante homogéneas que sitúan la más antigua ocupación de Lanzarote en el siglo I a.n.e. (25 AC cal.) (GrN-19194) y de Fuerteventura en el siglo IV d.n.e. (275 DC cal.) (CSIC-556). La lejanía cronológica de unos tres siglos que suponen esas dataciones para el inicio del poblamiento en cada una de esas islas probablemente no responde a la realidad, si se tiene en cuenta la proximidad geográfi ca de Lanzarote y Fuerteventura y la gran homogeneidad que presentan en sus procesos culturales durante la etapa protohistórica, circunstancias que hacen muy razonable mantener la hipótesis de que fueran objeto de una colonización simultánea en fechas más o menos coetáneas. A su vez, en la cercana isla de La Graciosa el yacimiento de El Descubrimiento ha proporcionado recientemente dos dataciones obtenidas por termoluminiscencia que sitúan el inicio de la presencia humana en torno a los comienzos del primer milenio a.n.e. (1096 ± 278 a.n.e. y 950 ± 277 a.n.e.)10; su antigüedad unida al contexto arqueológico del que proceden permiten confi rmar el tránsito del II al I milenio a.n.e. como el momento a partir del cual debió iniciarse el proceso colonizador del archipiélago canario. ISLA Nº DE DATACIONES PORCENTAJE SOBRE EL TOTAL TENERIFE 78 47’3 % GRAN CANARIA 49 29’7 % LA PALMA 18 10’9 % LANZAROTE 7 4’26 % FUERTEVENTURA 6 3’6 % EL HIERRO 4 2’44 % LA GOMERA 3 1’8 % Cuadro nº 2: Número total de dataciones radiocarbónicas disponibles para la Protohistoria del archipiélago canario. Finalmente, para las islas de El Hierro y La Gomera las referencias radiocarbónicas existentes son escasas (4 y 3 respectivamente) y no corresponden a series; proceden de cuatro yacimientos, 10 Rafael González Antón, comunicación personal. Pablo ATOCHE PEÑA 322 dos en cada isla, que excepto en un caso (La Lajura, El Hierro cuyo nivel 3 está datado en el siglo II d.n.e.), corresponden a momentos muy tardíos situados en el siglo IX d.n.e. y el siglo XI d.n.e. para la isla de El Hierro, y a los siglos VI, XVI y XVII d.n.e. para la isla de La Gomera. La modernidad de las dos últimas dataciones de La Gomera dio lugar a que el responsable de su obtención se planteara la posibilidad de que las muestras estuvieran contaminadas o que los Concheros de Arguamul de las que proceden soportaran una prolongada utilización, aunque también contempló la posibilidad de que simplemente no estuvieran contaminadas y fueran correctas (Navarro, 1992: 217-218). Evidentemente ese nivel de incertidumbre no proporciona las mejores condiciones de cara a establecer conclusiones fi ables en relación con el inicio de la colonización de esas islas. A tenor de lo señalado, la información cronométrica disponible nos permite efectuar algunas apreciaciones. La primera se refi ere a que una parte importante de las muestras que han sido sometidas a análisis radiocarbonométricos fueron extraídas de elementos que llevaban mucho tiempo depositados en diferentes museos, por tanto sometidos a unas condiciones que han debido favorecer su contaminación, con toda probabilidad en el sentido de su rejuvenecimiento, lo que sin duda relativiza la fi abilidad de los resultados obtenidos para ese grupo de muestras. La posibilidad de que la mayor parte de las fechas se hallen rejuvenecidas estaría a su vez avalada por la elevada concentración de cronologías que en ese conjunto de muestras se sitúan a partir del 400 d.n.e. Una segunda apreciación se refi ere al hecho de que sólo el 16’96 % de los sitios datados por C14 poseen series de cuatro o más dataciones (cuadro nº 3), siendo mayoritarios (55’93 %) los yacimientos que poseen sólo una fecha; con estos números resultan patentes las difi cultades que se nos plantean de cara a conocer la temporalidad total de la ocupación de esos espacios arqueológicos además de para establecer un mínimo control de las alteraciones que pudieran haber afectado a las muestras datadas. Pero es que si atendemos a la localización y funcionalidad de los sitios datados se pone de manifi esto su ubicación mayoritaria lejos de las costas, en zonas del interior de las islas, presentando además un carácter funcional que tiene poco que ver con el tipo de asentamiento costero en el que cabría una mayor probabilidad de hallar los primeros registros correspondientes a las cabezas de puente desde las que debió arrancar la inicial apropiación de los territorios insulares. INTERVALOS Nº DE YACIMIENTOS % SOBRE EL TOTAL DE YACIMIENTOS DATADOS YACIMIENTOS CON 1 FECHA 33 55’93 % YACIMIENTOS CON 2 FECHAS 13 22’03 % YACIMIENTOS CON 3 FECHAS 3 5’08 % YACIMIENTOS CON 4 FECHAS 2 3’39 % YACIMIENTOS CON 5 FECHAS 2 3’39 % YACIMIENTOS CON MÁS DE 5 FECHAS 6 10’18 % Cuadro nº 3: Distribución por intervalos del número de dataciones radiocarbónicas obtenidas por yacimiento. De todo lo anterior se deduce la gran necesidad que existe de ampliar y diversifi car la muestra de dataciones absolutas disponibles, las cuales deberán evaluarse calibradas y sometidas a índices de desviación homogenizados, máxime si tenemos en cuenta que las dataciones radiocarbónicas convencionales conseguidas por la medición de la cantidad de C14 desintegrada en restos orgánicos Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación 323 no proporcionan directamente fechas en años de calendario, refl ejando una visión distorsionada de la distancia real entre dos fechas. Hasta que podamos contar con esos nuevos datos cronológicos debemos hacer todo lo posible para rentabilizar científi camente los registros disponibles; en ese sentido no se nos oculta que hoy por hoy esas dataciones constituyen los únicos indicadores cronológicos más o menos fi ables que poseemos en Canarias para poder delimitar el fenómeno de la colonización de las islas, siendo las fechas más antiguas los mejores referentes que permiten aproximarnos al momento en que se produjo el descubrimiento y colonización de las islas: el entorno del siglo X a.n.e. ISLA SITIO ARQUEOLÓGICO CRONOLOGÍA (siglo) LA GRACIOSA El Descubrimiento XI a.n.e. TENERIFE Cueva de Los Guanches X a.n.e. TENERIFE Cueva de Los Guanches Cueva de La Arena VI a.n.e. TENERIFE LA PALMA Cueva de Las Palomas Cueva de Las Estacas 1 Cueva de La Palmera III a.n.e. TENERIFE Risco de los Guanches II a.n.e. TENERIFE LANZAROTE Cueva de La Arena Cueva de Las Palomas El Bebedero I a.n.e. TENERIFE LANZAROTE GRAN CANARIA Cueva de La Arena Cueva de Las Palomas El Chorrillo El Bebedero Los Caserones I d.n.e. LANZAROTE EL HIERRO GRAN CANARIA El Bebedero Cueva de La Lajura Los Caserones II d.n.e. TENERIFE GRAN CANARIA FUERTEVENTURA Cueva de La Arena Cueva de Don Gaspar Cueva de Los Guanches Cueva de Las Estacas 1 El Hormiguero Cueva de Villaverde III d.n.e. GRAN CANARIA Cuevas del Rey Lomo Granados IV d.n.e. LANZAROTE LA PALMA El Bebedero Cueva de El Tendal V d.n.e. LA GOMERA La Fortaleza VI d.n.e. Cuadro nº 4: Relación de las cronologías más antiguas registradas para la presencia humana en las diferentes islas del archipiélago canario. Pablo ATOCHE PEÑA 330 II.1. Primera etapa: descubrimiento, colonización y establecimiento (circa siglos X a.n.e. al III d.n.e.) Esta primera etapa abarca casi un milenio y medio, espacio temporal durante el cual se sucederían el inicio y posterior desarrollo de la exploración de los recursos del Atlántico africano, el descubrimiento de los archipiélagos canarios19, su colonización y el posterior establecimiento de los primeros grupos humanos. La variable que explica la puesta en marcha de esta etapa es la expansión comercial atlántica que inician las colonias fenicias del extremo Occidente y que con posterioridad continuará Cartago a partir del siglo VI a.n.e. En esos momentos el motor del proceso radica en la integración de las Islas Canarias en los circuitos económicos atlántico/mediterráneos que se establecen a partir de entonces, principalmente como productoras de materias primas, si bien existirían otras posibilidades (Atoche y Ramírez, 2001). Desde la perspectiva humana esta etapa supondría el establecimiento de población al menos en las dos islas centrales del archipiélago (Tenerife y Gran Canaria), mientras que algunas otras sólo se colonizarían, como sería el caso de las islas situadas en los dos extremos del archipiélago (Lanzarote y La Palma), sobre la base de su estratégica posición en los itinerarios exterior hacia las islas e interior entre las islas. En al menos una de éstas últimas se produjo la fundación de un establecimiento costero temporal, como fue el caso de Rubicón en el sur de Lanzarote (Atoche et alii., 1999; Atoche, 2003). Esta etapa debió ser muy dinámica, refl ejo de lo cual es el hecho de que en ella se puedan diferenciar varias fases o micro-secuencias20 insulares sucesivas; en concreto: - Fase fenicia: descubrimiento y colonización inicial (siglos X al VI a.n.e.) Desde el pasado siglo XX se ha propuesto la presencia en aguas canarias de marinos procedentes del Círculo de Cádiz, afi rmándose la existencia de una navegación tartésica anterior a la fenicia (García y Bellido, 1942: 177) a la que se debería el descubrimiento de las islas. Sin descartar esa posibilidad, los vestigios arqueológicos y las dataciones disponibles obligan por el momento a señalar como protagonistas del descubrimiento a navegantes fenicios en algún instante de la primera mitad del I milenio a.n.e., siendo el espacio temporal comprendido en el intervalo entre los siglos X y VI a.n.e. el que cuenta por ahora con mayores posibilidades de haber visto la arribada de los primeros colonizadores. En consecuencia, se nos plantea la probabilidad de que se haya producido un temprano descubrimiento si bien la colonización sería más tardía; tras el descubrimiento del archipiélago canario éste no parece haberse poblado inmediatamente, quizás porque no era ése el objetivo inicialmente perseguido por sus descubridores. Pues bien, esta fase recoge en sus comienzos precisamente esos fenómenos iniciales caracterizados por la vacilación y la inseguridad. 19 Acerca de la visión geográfi ca que se tenía de las Islas Canarias durante la Antigüedad tardía pueden consultarse los trabajos de A. Santana et alii. (2002) y P. Atoche (2003). 20 Estas fases o micro-secuencias incorporan desarrollos culturales propios de algunas o todas las islas del archipiélago canario que pueden o no presentar correlación con determinadas fases del desarrollo cultural mediterráneo, según se hayan originado por fenómenos externos o a partir de procesos internos marcados por el síndrome de la insularidad. En esa dualidad de orígenes radica la razón de que en unos casos utilicemos para referirnos a ellas una terminología homologable con la que se emplea para fasifi car el desarrollo histórico en el Mediterráneo occidental y en otros empleemos denominaciones específi cas para el caso canario. Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación 331 Desde la perspectiva cronológica su desarrollo sería paralelo o coincidente con la exploración, valoración y explotación de la fachada atlántica africana y sus aguas realizados por parte de mercaderes y pescadores fenicios (gadiritas, lixitas, etc...) asentados en el Occidente mediterráneo. En consecuencia, las islas atlánticas (Azores, Canarias,...) serían visitadas y analizadas, sus recursos sopesados y quizás parcialmente explotados. Tras el descubrimiento las Islas Canarias serían sometidas a un proceso de frecuentación y evaluación de sus riquezas y posibilidades mediante sucesivas visitas o incluso mediante la creación temporal de colonias o puntos costeros de recalada y apoyo a las actividades que se pusieran en marcha. Esas frecuentaciones serían continuación de las que se producen desde fi nales del II milenio a.n.e., durante el Bronce fi nal, y generarían en base a los datos disponibles la presencia de las primeras comunidades humanas en el norte de Tenerife en torno al siglo X a.n.e. El establecimiento defi nitivo de grupos humanos debió responder a un intento de acelerar el proceso de explotación de los recursos insulares y de los de la cercana costa africana, en un momento que parece haber coincidido con profundos cambios económicos, políticos y culturales en el Mediterráneo occidental; de ahí que los primeros pobladores de las islas debieron estar integrados por gentes afi nes a los descubridores del archipiélago. Durante esta fase la colonización no parece haber afectado a todas las islas en igual medida, una circunstancia que dependería del mayor o menor interés que en esos momentos representaran cada una de éstas para los responsables del proceso colonizador. Todo ello sin que podamos rechazar la posibilidad de que se produjesen intentos de colonización frustrados debido a razones que hoy desconocemos, pero que impidieron la supervivencia y el normal establecimiento del grupo humano que los protagonizó. En consecuencia, esta primera fase representa un temprano comienzo para la colonización de la isla de Tenerife y, aunque no lo ha atestiguado la arqueología, probablemente para Gran Canaria, islas que reunían una mayor cantidad de recursos además de una estratégica posición central favorecedora tanto del acceso al resto del archipiélago como a las rutas de entrada y salida de éste, aspectos que en conjunto debieron captar la atención de los navegantes fenicios inductores de la colonización. - Fase púnica: colonización y establecimiento defi nitivos (siglos VI al II a.n.e.) Constituye una fase de intensos contactos entre los grupos que protagonizan la colonización del archipiélago y quienes la deciden y diseñan. Durante esta fase se crearían las infraestructuras necesarias para la explotación agraria de las islas por medio del establecimiento en puntos estratégicos de Canarias de asentamientos dotados con los elementos necesarios para facilitar la captación de los recursos insulares. El cierre de los mercados orientales a los metales del occidente mediterráneo y la consecuente reorientación económica hacia las producciones agrarias profundizan los contactos púnicos con las poblaciones indígenas de Occidente incrementándose la actividad productiva, razón que motivaría la necesidad de continuar e incluso incrementar el establecimiento de nuevos grupos de población no sólo en centros del Mediterráneo sino también del Atlántico y Canarias mediante la transplantación de comunidades de libiofenicios. Serían gentes semi-dependientes, ligados en grado diverso a familias semitas, organizados socialmente y desconocedores de la navegación, circunstancia esta última que es resaltada en algún texto clásico como garantía de sumisión, dependencia y secreto ante posibles competidores. Por tanto, con paleobereberes punicizados o libiofenicios los púnicos protagonizan un proceso de colonización marcado por unos fi nes geoestratégicos y de explotación Pablo ATOCHE PEÑA 332 agraria. A esos momentos correspondería la fundación en el sur de Lanzarote de la factoría de Rubicón. Mapa nº 1: Distribución en el archipiélago de las dataciones del I milenio a.n.e. correspondientes a las fases fenicia y púnica. Se incluyen los nesónimos conocidos para esa etapa según Plinio el Viejo (siglo I d.n.e.) (Santana et alii., 2002). Desde la perspectiva cronológica este fenómeno debió comenzar en torno al siglo VI a.n.e., fecha en la que coinciden varios yacimientos del archipiélago, y que es sólo ligeramente más reciente que las dataciones más antiguas aportadas hasta ahora por los establecimientos fenicios y púnicos de la costa marroquí21. Es el tiempo de la gran expansión de Cartago y sus aliados por África y por el Océano, fuentes exclusivas de recursos de todo tipo con los que surtir los mercados mediterráneos y que fueron protegidas celosamente mediante el mito, el silencio, la piratería y la fi jación de fronteras comerciales (Gozalbes, 1988: 773). De hecho, el Periplo del Pseudo-Scílax, una obra del siglo VI a.n.e. con adiciones de los siglos V y IV a.n.e., nos aporta un dato de cierta relevancia para la cuestión que analizamos cuando el autor adelanta el contenido genérico del relato, en lo que pudo ser su introducción, avisando al lector que se tratará de: “... todos los pueblos que habitan cada uno de los sucesivos países, puertos y ríos y todas las distancias de la navegación y las siete islas habitadas y la forma como se sitúan frente al continente”. Es ésta una afi rmación que creemos de interés a pesar de que no tengamos la certeza de que esas siete islas habitadas frente al continente sean en su totalidad las Canarias, al faltar la parte del texto donde se analiza esta zona del Océano, aunque la descripción que hace del Mediterráneo no recoge referencia alguna a esas islas, por lo que si la cita recogida hiciese realmente mención de nuestro archipiélago estaríamos ante una de las primeras referencias escritas sobre Canarias y sus habitantes, datable entre los siglos VI y IV a.n.e. Durante esta fase el establecimiento en Canarias de contingentes de población pudo afectar a todas las islas o sólo a alguna de ellas, acelerarse en unos momentos o ralentizarse e incluso estancarse en otros. El siglo III a.n.e. y, en concreto, los momentos inmediatamente posteriores a 21 En ese caso, si seguimos la tesis de F. López Pardo (1990: 61), el inicio de esta fase estaría muy próximo al proceso de creación de colonias de libiofenicios en la costa atlántica africana descrito por el Periplo de Hannón. Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación 333 la primera derrota de Cartago frente a Roma, pudieron suponer la reactivación de dicho fenómeno pues sabemos que los Bárquidas promovieron la instalación de población africana aculturada como colonos en la Península Ibérica y sus territorios de control económico exclusivo de Occidente. A partir de las islas centrales (Tenerife y Gran Canaria) la colonización iría extendiéndose al resto del archipiélago, de manera que se produciría el establecimiento de población en islas hasta entonces despobladas o sólo con algunos puntos colonizados. Ese debió ser un fenómeno en el que no debemos descartar que pudieran producirse hechos tales como la explotación a distancia de los recursos terrestres de algunas islas deshabitadas a partir de las islas centrales como paso previo al establecimiento defi nitivo de población en ellas (¿La Gomera?), propiciando así la creación de colonias temporales de carácter estacional orientadas al aprovechamiento de determinados recursos agro-pastoriles mediante la suelta de cabras y ovejas. - Hiatus: fi n de la presencia púnica (siglos II-I a.n.e.) Este corte coincidiría con la caída de Cartago y el periodo de incertidumbre que ese hecho generó en las colonias dependientes de la metrópoli púnica, situación a la que pondría pronto fi n el interés romano por los territorios atlánticos del noroeste de África. Acerca de la situación en la que se encuentran las Islas Canarias en esos momentos poseemos alguna referencia literaria contenida en el informe que elabora Polibio (Plinio, H.N.) tras su viaje de inspección a las colonias púnicas, y en el que se destaca la situación de abandono en que encontró algunos asentamientos de las islas, particularmente de Gran Canaria. La intensifi cación de la actuación púnica en África que veíamos en la fase anterior sufrió un frenazo brusco durante la tercera guerra con Roma y la destrucción de Cartago en el 146 a.n.e. En esos momentos se genera una crisis militar, política y económica que afecta a todo el área iberomagrebí bajo control semita, lo que explica que en el tránsito entre los siglos II y I a.n.e. surjan o adquieran un mayor peso los reinos locales controlados por dinastías de estirpe púnico-bereber, los cuales participarán activamente en la gestación del nuevo orden romano del Mediterráneo al tiempo que fomentarán la generalización de una serie de rasgos de la cultura púnica, manteniendo, si bien no sabemos en qué grado, las prácticas de explotación de los recursos del extremo Occidente. En el proceso de colonización del archipiélago canario esta fase representa la crisis del modelo púnico de colonización, de menor intensidad, y su sustitución por el modelo romano, mucho más enérgico. - Fase romana: culminación de la colonización de las islas (siglos I a.n.e. al IIId.n.e.) Tras la caída de Cartago, hecho que en las islas podemos identifi car como una interrupción del proceso de colonización, los datos que nos ha suministrado la arqueología indican que a partir del siglo I a.n.e. se reanuda la presencia efectiva de gentes ajenas a las islas. Un hecho que también refl ejan las noticias que Sertorio recoge de los pescadores gaditanos hacia el 80 a.n.e. (Plutarco, Vita Sertorii, VIII), lo que demuestra que a pesar de la crisis que está afectando al occidente mediterráneo los pescadores gaditanos no han olvidado el itinerario que conducía a las islas, manteniendo así una costumbre que debieron iniciar, como señalara García y Bellido, los tartesios. En consecuencia, navegantes romanizados procedentes del Círculo del Estrecho transitaron las aguas canarias hasta fi nales del siglo III o comienzos del IV d.n.e. (Atoche et alii, 1995; Atoche y Paz, 1999), de tal manera que con la romanización del norte de África no se interrumpieron los contactos con Canarias; Pablo ATOCHE PEÑA 334 al fi n y al cabo no habían desaparecido las razones que atrajeron a quienes decidieron iniciar su colonización. Esa es una circunstancia que no se producirá hasta el siglo III d.n.e., coincidiendo con la crisis del Imperio Romano y el abandono por éste de buena parte de la provincia Tingitana, lo que pone fi n a las actividades de un amplio número de factorías de la costa atlántica marroquí (Ponsich y Tarradell, 1965: 116-117). A partir de esos momentos, las referencias escritas o arqueológicas de contactos del mundo mediterráneo o africano con Canarias hasta la llegada de nuevos europeos a partir del siglo XIII, son escasas y poco estudiadas (Martínez, 1999). En consecuencia, esta es una fase que se inicia coincidiendo con el control absoluto de Roma en el Magreb, bien mediante su gestión directa o bien mediante la imposición de monarcas dependientes, como Juba II, responsable de poner en marcha un proceso de intensifi cación económica en la Mauritania occidental que se refl eja, entre otros aspectos, mediante la reactivación de las fundaciones y los establecimientos industriales fenicio-púnicos del Atlántico africano, para lo que el monarca mauritano se valdrá del potencial técnico, económico y humano de las antiguas colonias semitas (Desjacques y Koeberlé, 1955; Ponsich y Tarradell, 1967; Ponsich, 1988). Se inicia así un periodo de bonanza económica generalizada para la zona, durante el cual las Islas Canarias se convierten en un componente más del universo latino, una prolongación del mundo mediterráneo en el seno del Atlántico. Es en esos momentos cuando se produce el establecimiento defi nitivo de población en algunas islas, como debió ser el caso de las dos más orientales (Lanzarote y Fuerteventura), de manera que con toda probabilidad en el cambio de Era la totalidad del archipiélago contenía ya población estable. La variable que explica el desarrollo de esta fase es la intensifi cación económica que se genera en el Atlántico canario-magrebí a partir del siglo I a.n.e., un hecho del que fue en gran parte responsable Juba II, quien gobernó un territorio fragmentario poblado mayoritariamente por bereberes (libios, gétulos, etíopes,...) entre los que menudeaban los enfrentamientos tribales y donde la forma de vida más generalizada era el pastoreo nómada. Esa situación supuso un freno para la instauración del modelo socio-económico romano y para los deseos de expansión de Augusto, aunque con la ayuda de las legiones romanas el monarca mauritano impuso su autoridad y llevó a cabo sucesivas ampliaciones de los límites iniciales del reino a costa de las tribus bereberes. Mapa nº 2: Distribución en el archipiélago de las dataciones de la primera mitad del I milenio d.n.e. correspondientes a la fase romana. Se incluyen los nesónimos conocidos para esa etapa según Plinio el Viejo (siglo I d.n.e.) (Santana et alii., 2002 ) y Arnobio (siglo IV d.n.e.) (Martínez, 1996). Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación 335 II.2. Segunda etapa: abandono (circa siglos III-IV d.n.e.) A diferencia de la anterior, esta es una etapa que abarca un corto espacio de tiempo y en la que la variable que explica su desarrollo sería el fi nal de la dependencia económica externa. En esos momentos el motor del cambio lo constituye la crisis político-económica que afecta al Imperio Romano en el siglo III, un fenómeno externo a las islas que sería el responsable de su aislamiento y de la consecuente crisis de unas formaciones sociales hasta entonces volcadas al exterior. Se inicia así uno de los procesos culturales más interesantes de la Protohistoria canaria al generar en las islas el desarrollo de endemismos culturales que permiten explicar muchas de las diferencias que son observables en las culturas insulares del I milenio d.n.e. Durante esta etapa ya se hallaban pobladas la totalidad de las islas. El fi nal de la fase romana se produce cuando el Imperio Romano sufre un proceso de crisis generalizada (Ponsich y Tarradell, 1965: 116-117), que se traduce en el abandono de buena parte del Magreb y la desaparición de los principales establecimientos económicos de la costa atlántica. La situación alejada de las Islas Canarias, en el extremo de los intereses romanos en esa parte del Atlántico, sería la causa principal que hizo que el archipiélago no quedara al margen de la dinámica general de crisis imperante, alejándose paulatinamente de los itinerarios y circuitos comerciales hasta sumirse en el olvido colectivo22. Por tanto, a partir de la crisis político-económica del siglo III se reduce el interés romano por la costa atlántica africana y por sus producciones, interrumpiéndose la presencia económica romana en las islas y con ella los registros arqueológicos acerca de la presencia de gentes ajenas al archipiélago hasta aproximadamente el siglo XI d.n.e., instante en que las islas reaparecen en la historiografía árabe (Vernet, 1971: 407). Da así comienzo el aislamiento del archipiélago. De la situación de abandono que se establece a partir de esos momentos, pero sobre todo de la esperanza del restablecimiento de los contactos, serían refl ejo algunas noticias referidas a las poblaciones paleocanarias y recogidas por las fuentes etnohistóricas (Torriani, [1590] 1978: 75 y 204; Espinosa, [1594] 1967: 58-59; Abreu Galindo, [1602] 1977: 68, 92-93), las cuales mencionan mitos y tradiciones presentes entre los canarios de las islas de El Hierro, Fuerteventura, La Gomera y Tenerife en el momento de la conquista normando-castellana, quienes aún por entonces confi aban en la futura llegada desde el Este de sus señores a bordo de negras naves. II.3. Tercera etapa: aislamiento (circa siglos IV al XIII d.n.e.) El abandono termina por dar lugar a una nueva etapa, la tercera, que se extiende por un amplio espacio de tiempo, casi un milenio, durante el cual se produciría el desarrollo de las denominadas culturas insulares canarias. Esta es la etapa para la que se posee un mayor número de dataciones cronométricas y a la que pertenece la gran mayoría de los yacimientos estudiados. La variable que explica esta etapa sería la aparición de procesos económicos y sociales autárquicos que determinan como motor del cambio cultural la necesaria readaptación y diversifi cación de las formaciones sociales de las islas a las nuevas circunstancias ocasionadas por el aislamiento exterior. 22 A este momento R. González Antón et alii. (1998) lo denominaron “periodo de tránsito hacia la autarquía”. Curiosamente el arranque de esta etapa coincide con un hecho determinante de cara a la defi nitiva denominación que se le dará a partir de entonces al archipiélago, ya que hacia el 305 d.n.e. el autor africano Arnobio recoge por primera vez, en su obra Aduersus nationes (VI, 5), el nombre actual del archipiélago, al que se refi ere como Canarias insulas (Martínez, 1996: 55 y ss.). Pablo ATOCHE PEÑA 336 Las Islas Canarias han dejado de estar integradas en los circuitos económicos atlántico/ mediterráneos y comienzan una andadura de casi un milenio ensimismadas en su propia insularidad. El aislamiento, el “olvido”23 en suma en el que parecen entrar a partir de entonces las islas, no fi naliza hasta que se produce su reconocimiento por navegantes musulmanes (circa siglo XI) y su defi nitivo redescubrimiento en el siglo XIV por marinos bajomedievales. Hasta entonces la autonomía con respecto al exterior con que se desenvolvieron las formaciones sociales insulares parece ser el punto de partida de las especifi cidades culturales que hoy podemos observar a través de muchos de los registros arqueológicos conocidos en las islas. Durante los casi mil años que perduró ese periodo de aislamiento, las culturas insulares tuvieron tiempo de adquirir un amplio conjunto de características propias, determinadas por las restricciones que imponía el espacio en el que se desarrollaron, y que fueron descritas en su momento epigonal por los cronistas de la conquista normando-castellana y las fuentes etnohistóricas posteriores. Fue una fase de auténtico aislamiento, un período oscuro como lo defi nimos en su momento desde una perspectiva extrainsular (Atoche y Ramírez, 2001), pero que constituye el momento más conocido de las culturas insulares canarias. Los contactos de las islas con el exterior debieron espaciarse cada vez más, hasta convertirse en un fenómeno ocasional y muy esporádico, cuando no ya inexistente. Sometidos al yugo determinante de una insularidad oceánica, en la periferia de las grandes culturas y a medio camino de la nada, los habitantes del archipiélago se vieron inmersos en un verdadero Neolítico forzado, estrictamente tecnológico, en el que se reutilizó lo preexistente de manera que en las islas pervivieron, si bien transformados por el prisma de la adaptación, toda una serie de rasgos culturales libiofenicios que entre los pueblos del Magreb los avatares históricos fueron diluyendo hasta hacerlos casi desaparecer. En esta etapa hemos diferenciado una sola fase: - Fase canaria. Constitución y desarrollo de las culturas insulares canarias (circa siglo III al siglo XIII d.n.e.) La desconexión con los centros que dieron origen al descubrimiento y posterior colonización obligaría a las poblaciones insulares a desarrollarse en un relativo aislamiento, generándose unos sistemas culturales caracterizados por hallarse inmersos en un estadio tecnológico que hemos denominado Neolítico forzado (Atoche et alt., 1999). Es así como las poblaciones que quedaron en las islas iniciaron un proceso tendente a garantizar: 1º) La reproducción del grupo. 2º) La subsistencia, mediante el apuntalamiento de la repetición del ciclo agrícola-ganadero, llevando a cabo el almacenamiento de semillas, en previsión de malos años y, en consecuencia, de etapas carenciales. 3º) La reestructuración de la organización interna, hasta entonces mediatizada por la dependencia externa, atendiendo a nuevos condicionantes socio-económicos. Entre los aspectos culturales que por entonces debieron reorientarse se hallaba sin duda el subsistema económico; de esa manera, durante la Protohistoria de las islas es posible observar 23 En relación con ese hecho Fr. Juan de Abreu Galindo (1977 [1602]: 92-93) nos transmitió la leyenda herreña del adivino Yone y de la profecía de retorno del dios Eraoranzan por el mar en unas casas blancas, la cual se asemeja con la que Andrés Bernáldez refi ere para Gran Canaria. En ambos casos la población paleocanaria es un sujeto pasivo, a la espera de que la divinidad regrese por mar y la libere de su aislamiento. Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación 337 al menos dos modelos de subsistencia: uno inicial, caracterizado por su dependencia externa e intercambio desigual, el cual debió perdurar en mayor o menor medida desde el establecimiento humano en la primera mitad del I milenio a.n.e. hasta el siglo III d.n.e., y otro posterior, autárquico, basado en una economía agraria de amplio espectro, el cual alcanzará el siglo XV d.n.e. El primer modelo de subsistencia está en el origen de la propia colonización de las islas, reproduciéndose mientras se dieron las razones que la alentaron. El segundo modelo se desarrolló a partir del instante en que se inicia el aislamiento de las poblaciones insulares con respecto al exterior, un aislamiento que favoreció el desarrollo singular de las poblaciones paleocanarias, reforzando así las especifi cidades que imponía de por sí la insularidad. Es entonces cuando la obligada adaptación a los ecosistemas insulares propiciará la activación de soluciones tecnológicas extremas, tales como la talla de rocas volcánicas, y pondrá en marcha formas de subsistencia en las que la apropiación del territorio insular se basó en la ganadería extensiva (cabras y ovejas), complementada por la agricultura y actividades pesqueras y de recolección de elementos marinos y terrestres. A partir de entonces se hacen más acusadas las diferencias culturales entre islas o incluso entre diferentes áreas de algunas de ellas debido al distinto grado de implantación y desarrollo que tuvo un similar modelo económico, reforzándose así las especifi cidades que imponía de por sí la insularidad24. En términos biológicos pasaron a convertirse en culturas endémicas (Atoche y Ramírez, 2001)25. Por tanto, la desconexión con el exterior unido a las limitadas posibilidades del medio insular modelan algunas de las características que defi nen a las sociedades insulares en su etapa terminal al impedir el normal desarrollo de tecnologías bien conocidas en el ámbito de origen norteafricano de los primeros colonos, como la metalurgia26. Durante la etapa de aislamiento las distintas comunidades insulares evolucionaron de manera particular en razón de sus propias experiencias y expectativas, desarrollando diferentes estrategias que es posible observar a través de los registros arqueológicos. Así se explica por qué existen disparidades en los componentes animal y vegetal de las dietas de las comunidades del norte y sur de Tenerife, o que en Gran Canaria se considere a la actividad agrícola la principal estrategia de subsistencia, con importantes excedentes almacenados en silos colectivos. En defi nitiva, durante los casi mil años de desarrollo de esta fase, las diferentes culturas insulares adquirieron sus características defi nitivas, aquellas de las que hoy poseemos una 24 Las estrategias de subsistencia variaron de una isla a otra e, incluso, entre diferentes áreas de una misma isla. Así, por ejemplo, la idea tradicional mantenida sobre el carácter eminentemente pastoril de la población paleocanaria debe matizarse porque, si bien parece constituir una estrategia de subsistencia prioritaria en la mayoría de las islas, aún desconocemos su exacto desarrollo en cada una de ellas. En ese sentido puede ser sintomático el hecho de que hasta no hace mucho tiempo se negara el conocimiento de la agricultura en La Palma, demostrando la arqueología recientemente todo lo contrario. 25 Mientras que en el mundo animal el refuerzo o la renovación de especies se produce de manera diferente según se trate de islas oceánicas o de islas próximas al continente, lo que explica la mayor o menor presencia de endemismos, para que una sociedad humana que colonice una isla transforme en endémica su cultura el proceso no deberá estar difi cultado por la llegada de nuevos grupos humanos con el mismo o diferente bagaje cultural al preexistente, esta última una circunstancia que sólo se da cuando en un proceso de arribadas éstas se producen muy distantes en el tiempo. 26 La razón de que tradicionalmente se haya afi rmado que las poblaciones paleocanarias se emparentaban con las del Neolítico norteafricano y no con las de momentos posteriores, estriba exclusivamente en la inexistencia en los contextos canarios de artefactos metálicos. Es bien conocido que en las formaciones volcánicas que constituyen las Islas Canarias no existen concentraciones de metales capaces de permitir el desarrollo de labores metalúrgicas; por tanto, éstas no habrían sido posibles, al menos valiéndose de los recursos que el archipiélago ofrece. Sin embargo, la metalurgia y la utilización de objetos metálicos no fueron algo desconocido para esas poblaciones en los momentos para los que hemos propuesto el inicio de la colonización de las islas o incluso para etapas más tardías como se ha atestiguado arqueológicamente en contextos de Tenerife o Lanzarote (Atoche et alii, 1995). Pablo ATOCHE PEÑA 338 mayor cantidad de información al llegarnos tanto a través de las fuentes etnohistóricas como de la mayor parte de las intervenciones arqueológicas efectuadas en el último siglo. II.4. Cuarta etapa: aculturación (siglos XIV y XV) Esta etapa se inicia en el siglo XIII, cuando el archipiélago canario vuelve a ser frecuentado por navegantes europeos que dan lugar a lo que se ha denominado el redescubrimiento (Serra, 1961; Morales Padrón, 1971), generando un fenómeno que preparará la conquista normando-castellana a lo largo del siglo XV, responsable de la dramática interrupción del desarrollo de las culturas insulares canarias. La ciencia medieval conservó de las islas un conocimiento vago, meramente teórico y limitado a las referencias patrísticas, los datos sintéticos de Plinio el Viejo o los del geógrafo Claudio Ptolomeo. Esta situación se mantuvo hasta que un nuevo fenómeno de expansión de los europeos occidentales por el Océano convirtió en realidad tangible y asumible lo que por entonces sólo era una referencia erudita. Quizás los musulmanes de ambas orillas del Estrecho, herederos reales de los conocimientos y las prácticas de la Antigüedad clásica, fueron los primeros redescubridores del archipiélago algunos siglos antes; o quizás no necesitaron redescubrir lo que para ellos nunca fue un mito, pero esa es ya una cuestión que escapa al objeto de este trabajo. III. Consideraciones fi nales La identifi cación de culturas arqueológicas y la formalización de secuencias cronológicoculturales constituye un proceso de retroalimentación a caballo entre la fase de producción de la información, su ordenación interpretativa y la formulación de hipótesis generales. Las periodizaciones arqueológicas ordenan manifestaciones arqueológicas diacrónicas de acuerdo a determinados criterios, de tal modo que periodización y cambio constituyen conceptos que van estrechamente unidos al conformarse ambos en base a la variable tiempo. El cambio se constituye en el objetivo teórico de la explicación y la periodización en la estrategia metodológica que permite aproximarse y acotar dicho cambio por medio de unidades estáticas con caracteres específi cos que se suceden en el tiempo (Castro et alii, 1996, 4). En consecuencia, la periodización del proceso cultural acaecido durante la Protohistoria canaria constituye una necesidad que se entronca en las propias bases sobre las que se ha construido nuestra disciplina: el deseo de ordenar los acontecimientos en el tiempo. En el caso que analizamos, para llevar a cabo esa ordenación hemos seleccionado sólo aquellos datos cronológicos fi dedignos, los que permiten conocer el/los momento/s en que ocurrieron los hechos que se intentan explicar. Son en su mayor parte datos recogidos a lo largo de la última década, durante la cual se han producido en la investigación de la Protohistoria canaria notables progresos en el ámbito cronológico por mor de la generalizada y sistemática aplicación de modernos y más precisos métodos isotópicos, hasta el punto de que la datación radiocarbónica se ha convertido para muchos investigadores canarios en una efi caz herramienta sobre la que asentar sólidamente la temporalidad del registro arqueológico. Pero además, hemos tenido muy en cuenta el factor insularidad, sobre el que necesariamente debemos asentar cualquier análisis que se pretenda llevar a cabo en el archipiélago canario; su participación resulta imprescindible para poder llegar a entender lo que signifi caron los momentos iniciales de la vida de los primeros canarios y evaluar los mecanismos y los efectos transformadores que afectaron a su cultura. Tan importante como lo Las Culturas Protohistóricas Canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasifi cación 339 anterior resulta no perder de vista el hecho de que las islas fueron durante mucho tiempo espacios abiertos a los infl ujos culturales más dinámicos del Mediterráneo occidental, una circunstancia que necesariamente debemos tener en cuenta a la hora de explicar los procesos culturales canarios. Por otro lado, y frente a lo anterior, la relativa proximidad al continente africano no constituye un dato relevante desde la perspectiva cultural ya que en él son inexistentes los asentamientos que pudieran actuar de un modo paralelizable a lo que fue la costa levantina peninsular con respecto a Baleares, o Grecia con respecto a las Islas Cícladas. Desde luego, el proceso cultural habría sido muy diferente si las Islas Canarias en lugar de hallarse frente a uno de los desiertos más grandes de la tierra se hallaran situadas en el Golfo de Gabés o en el Golfo de Cádiz. No obstante, Canarias sí se vinculó al cercano continente al menos durante la fase romana, lo que hizo que en esos momentos los fenómenos culturales se encontraran intensamente relacionados con el modelo mediterráneo, si bien con posterioridad el aislamiento y la deriva cultural generaron un resultado evolutivo divergente. La cuestión entonces hay que plantearla desde otros ángulos que además del difusionismo cultural también observen el fenómeno de colapso que supuso el que los grupos humanos insulares quedaran atrapados y sin posibilidad de salida, carentes de intercambios interinsulares fl uidos, originándose culturas interiorizadas, auténticos endemismos culturales. Todo lo anterior ha conducido a que nuestra propuesta de fasifi cación contemple un modelo regional de análisis para la Protohistoria Canaria y se aleje de las entidades arqueológicas al uso ya que de no hacerlo así, y teniendo en cuenta la estrecha relación que existe entre la periodización de dichas entidades y los esquemas interpretativos que les dan sentido, hubiéramos debido aceptar los esquemas teórico-metodológicos que las han impulsado, excesivamente apegados a la visión tradicional decimonónica de la dinámica histórica. En consecuencia, y partiendo de los datos cronológicos disponibles, que aún siguen siendo la primera forma de ordenación de la información obtenida, hemos dividido el proceso de colonización del archipiélago canario en cuatro etapas durante las cuales se desarrollan seis fases culturales o micro-secuencias insulares. Con el inicio de la primera etapa comienza el irreversible deterioro medioambiental de las islas; al fi nal de esa etapa el cambio cultural no parece haber afectado profundamente al ámbito de lo tecnológico pero sí a la inicial estrategia de apropiación de los territorios insulares. A partir de la segunda etapa se iniciaría la emergencia de nuevas relaciones sociales; si en la primera no parece que se haya desarrollado algo más complejo que un sistema incipiente de jefaturas, en la segunda éstas parecen haberse consolidado relegando las estructuras parentales. Esas nuevas relaciones originarán en alguna isla, como Gran Canaria, unas estructuras socio-económicas y políticas aún más complejas, con una organización económica de perfi l intensivo y mayor especialización, que marcan una etapa de intensifi cación y consolidación. El proceso no fue homogéneo para todo el archipiélago ya que en islas como Gran Canaria se produce una clara tendencia a la concentración de las unidades político-económicas de explotación en dos centros de poder, los guanartematos de Gáldar y Telde, en otras islas las condiciones medioambientales no permitieron grandes cambios, debiéndose establecer unas estrategias de subsistencia basadas en el desarrollo de la ganadería extensiva (Fuerteventura). En síntesis, podemos señalar que a lo largo de los aproximadamente dos milenios y medio que tuvieron de vigencia las culturas protohistóricas canarias se dieron diferentes factores, tanto de origen exógeno como endógeno, cuya intervención caracterizó la colonización del archipiélago canario como un fenómeno asimilable al que se había producido en otros ámbitos insulares del Mediterráneo occidental al menos desde el Bronce medio-Bronce fi nal, si bien con el desarrollo de determinados aspectos que lo convirtieron en un proceso que adquirió su propia idiosincrasia a partir del siglo IV d.n.e., por el cese de contactos fl uidos con tierra fi rme.