Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la Protohistoria canaria (circa s. X a.n.e. al s. XV d.n.e.)
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183 Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la Protohistoria canaria (circa s. X a.n.e. al s. XV d.n.e.)1 Pablo ATOCHE PEÑA* y Mª Ángeles RAMÍREZ RODRÍGUEZ * Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Facultad de Geografía e Historia. Plaza de la Constitución s./n. 35003. Las Palmas de Gran Canaria. Email: [email protected] RESUMEN En este trabajo reflexionamos acerca de algunos elementos de culto pertenecientes a la etapa protohistórica canaria que tuvieron su origen en el Mediterráneo y que tras alcanzar el Archipiélago Canario se vieron sometidos a transformaciones reflejo de un claro fenómeno de adaptación cultural. Para ello habremos de introducirnos en algunas de las creencias y de las facetas del comportamiento religioso de los canarios protohistóricos, en particular por lo que a sus relaciones de origen se refiere, terreno en el que es posible vislumbrar puntos de partida y adaptaciones concretas surgidas tras su establecimiento en las islas. Palabras clave: Islas Canarias; Protohistoria; Arqueología; fenicio-púnico; ritos y creencias. Manifestations of the mediterranean religion in the Canary Islands Protohistory (circa s. X B.C. to s. XV A.C.) ABSTRACT In this work, we present some ideas about cultural elements of the Canary Islands Protohistory, that were originated in the ancient Mediterranean which, after reaching the islands, were subjet of transformation, as a result of a cultural adaptation phenomenon. We visit some of the protohistoric canarian believings and religious behaviours, particularly concerned by their origins. From them it is possible to acquire their procedence and to study the particular adaptations produced after the settlement within the islands. Key words: Canary Islands; Protohistory; Archaeology; pheno-punic; rituals and beliefs INTRODUCCIÓN Acercarse al conocimiento de las creencias religiosas de unas sociedades como las canarias protohistóricas, de las que apenas ha quedado constancia escrita de lo que creían o de los ritos que practicaban, a través de unos pocos artefactos arqueoGerión 2008, 26, núm 1 183-202 ISSN: 0213-0181 1 Este trabajo forma parte de los estudios que llevamos a cabo en el marco del proyecto de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes (Dirección General de Universidades e Investigación. Gobierno de Canarias) PI042004/130 (Efectos de la colonización insular. Transformaciones culturales y medioambientales en la Protohistoria de Lanzarote). 183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 1
Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la...P. Atoche Peña y M. Á. Ramírez Rodríguez 184 Gerión 2008, 26, núm 1 183-202 lógicos, pobres evidencias materiales de un complejo mundo inmaterial, constituye sin lugar a dudas una cuestión extremadamente ardua. Las dificultades que representa ese tipo de investigación no han imposibilitado sin embargo que en trabajos anteriores ya indagáramos en el origen y significado de determinados elementos pertenecientes al ámbito de las creencias de las poblaciones paleocanarias, una línea de investigación en la que este trabajo pretende ahondar. En esta ocasión queremos reflexionar acerca de algunas representaciones religiosas de origen fenicio-púnico presentes en los contextos arqueológicos protohistóricos canarios, cuya arribada a las islas las incorpora a un fenómeno de adaptación cultural originado en el síndrome de la insularidad que afectó de forma general a las primeras formaciones sociales que se asentaron en el Archipiélago Canario. Desde la hipótesis mediterránea que postulamos para explicar el proceso de colonización del Archipiélago Canario, entendemos que esas representaciones religiosas alcanzan las islas como resultado de un préstamo religioso originalmente producido en el seno de las sociedades protohistóricas del Norte de África, fenómeno en el que estuvieron inmersos el amplio conjunto de creencias, deidades y otros elementos rituales de ascendencia próximo-oriental que la cultura fenicio-púnica extendió por el Mediterráneo y, de una forma más concreta, entre las poblaciones libias norteafricanas. I. EL PUNTO DE PARTIDA: UNAS ISLAS OCEÁNICAS COLONIZADAS POR POBLACIONES MEDITERRÁNEAS La cuestión religiosa que pretendemos analizar tuvo su punto de arranque en el momento en que se inició la colonización humana del Archipiélago Canario, de ahí que sea oportuno detenernos a trazar las líneas maestras de lo que en la actualidad conocemos acerca de cómo se produjo el poblamiento de las islas, comienzo ineludible si lo que buscamos es determinar qué es lo que desde la perspectiva de las manifestaciones religiosas poseían las culturas canarias en origen y qué es lo que respondió a préstamo o evolución posterior en las islas. El pasado protohistórico2de Canarias y con él la dinámica de configuración de las denominadas culturas aborígenes, ha venido siendo analizado desde unas posiciones extremadamente inmovilistas establecidas por los últimos historiadores 2La Protohistoria canaria abarca el lapso de tiempo que se extiende desde la arribada de las primeros humanos a las islas hasta el inicio y culminación de la conquista normando-castellana en la Baja Edad Media (circa s. X a.n.e. al s. XIV d.n.e.). Para ese amplio espacio temporal las evidencias arqueológicas y las fuentes etnohistóricas nos señalan la presencia en el archipiélago de grupos humanos con una organización social compleja, los cuales conocían la escritura bajo dos formas alfabéticas distintas (la líbico-bereber y la libiofenicia) y que durante la primera parte de su desarrollo cultural tuvieron la posibilidad de emplear artefactos metálicos. Fueron unas sociedades fuertemente mediatizadas por el síndrome de la insularidad, hasta el punto de que el aislamiento constituyó el factor que tuvo una mayor trascendencia en la constitución y desarrollo de las formas culturales que se implantaron en las islas, marcadas por la amplitud temporal y por la fragmentación geográfica, aspectos sin los cuales hoy no sería posible entender e interpretar en toda su dimensión las diferentes fases de su desarrollo cultural. 183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 184
P. Atoche Peña y M. Á. Ramírez Rodríguez Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la... Gerión 2008, 26, núm 1 183-202 185 románticos del siglo XIX, quienes concibieron unas culturas caracterizadas por su aislamiento y primitivismo, su cronología tardía y unos paralelos que se intentaban rastrear, con un evidente desfase cronológico, en las actuales poblaciones bereberes norteafricanas. Hubo que esperar hasta la década de los años 90’ del pasado siglo XX para que la Arqueología constatase que los primeros humanos que colonizaron el Archipiélago Canario trajeron consigo un bagaje cultural en el que eran frecuentes los elementos asimilados de las culturas fenicio-púnica3y romana establecidas en el Norte de África. Esa circunstancia ha permitido ampliar considerablemente nuestra visión histórica, dando un nuevo sentido a la investigación al permitir la búsqueda de explicaciones plausibles a determinados elementos y fenómenos culturales peculiares de las comunidades canarias dentro del universo fenicio-púnico y más concretamente en el contexto de los resultados de la aculturación de las poblaciones paleobereberes norteafricanas en su contacto con los colonizadores fenicios. De esa forma se ha pasado de contemplar la Protohistoria canaria como una etapa de total aislamiento cultural ante cualquier influencia externa que no fuera la bereber, a considerarla parte integrante de una región en la que convergieron los intereses de las poblaciones del Círculo del Estrecho a lo largo de algo más de un milenio (circa s. X a.n.e. al s. IV d.n.e.). Se atestiguan así los amplios y duraderos contactos de los primeros canarios con las culturas que marcaron el final del mundo antiguo en el Mediterráneo occidental, señalando con claridad que el archipiélago no fue, como se había creído, un mundo cerrado sino un espacio abierto a los procesos culturales, políticos y económicos que se desarrollaron en aquel ámbito geohistórico. A partir del siglo III d.n.e., coincidiendo con la crisis que afecta a la estructura político-económica establecida por Roma en la Mauretania Tingitana, se trunca la presencia en las islas de los navegantes procedentes del Círculo del Estrecho, iniciándose para las poblaciones paleocanarias una nueva etapa histórica que se caracterizará por el espaciamiento de los contactos exteriores y por el aislamiento4. El olvido que parece afectar a partir de entonces a las islas no finaliza hasta que se produzca su reconocimiento por navegantes musulmanes (circa s. XI d.n.e.) y su definitivo redescubrimiento en el siglo XIV d.n.e. por marinos bajomedievales. Hasta ese momento, la incomunicación con que se desenvolvieron las diferentes comunidades insulares fue el punto de partida de muchas de las especificidades culturales que hoy podemos observar a través de los registros arqueológicos. Durante algo más 3Utilizamos el calificativo fenicio-púnico al tratar el proceso de exploración, descubrimiento, colonización y establecimiento de poblaciones en las islas, ya que en el estado actual de la investigación no resulta sencillo diferenciar entre lo fenicio, lo cartaginés, lo púnico o lo neopúnico una vez que se han traspasado las Columnas de Hércules y nos adentramos en el Atlántico. 4Con la romanización de la Mauretania occidental, los contactos pre-existentes de Canarias con el Círculo del Estrecho no se cortan, puesto que no desaparecieron las razones que atrajeron a quienes decidieron iniciar su colonización. No será hasta la crisis del siglo III, en un periodo histórico caracterizado por el abandono por parte del Imperio Romano de buena parte de la provincia Tingitana, poniendo así fin a las actividades de un gran número de las factorías de la costa atlántica marroquí (Ponsich y Tarradell, 1965, 116117), cuando las relaciones con las islas se interrumpan. A partir de esos momentos, las referencias escritas o arqueológicas de contactos del mundo mediterráneo o africano con nuestro archipiélago son muy escasas, al menos hasta la llegada de nuevos europeos a partir del siglo XIII (Martínez, 1999). 183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 185
Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la...P. Atoche Peña y M. Á. Ramírez Rodríguez 186 Gerión 2008, 26, núm 1 183-202 de un milenio de desarrollo singular las poblaciones canarias tuvieron tiempo para modificar, introducir o descartar aquellos elementos culturales que mejor se adaptaban a las nuevas circunstancias impuestas por el aislamiento; en términos biológicos se convirtieron en endemismos culturales. Un buen ejemplo de lo ocurrido lo representa la obligada adaptación a los limitados recursos presentes en los ecosistemas insulares, fenómeno que propició la activación de soluciones tecnológicas extremas, tales como la talla de rocas volcánicas, tradicionalmente consideradas por la investigación como pervivencias de momentos anteriores, especialmente del Neolítico, cuando de lo que se trata en realidad es de unas comunidades protohistóricas empujadas por las circunstancias a un estadio tecnológico que hemos denominado Neolítico forzado (Atoche y Martín, 1999). La presencia en Canarias de influjos culturales fenicio-púnicos es hoy una realidad arqueológica que ya fue apuntada, entre otros, por L. Torriani a finales del siglo XVI ([circa 1590] 1978). Sin embargo no será hasta la primera mitad del siglo XX cuando puntualmente se plantee la hipótesis en trabajos como los de D.V. Darias y Padrón (1934, 12), para quien los fenicios habían establecido una factoría en Lanzarote al tiempo del Periplo de Hannón; o los posteriores de P. Hernández (1947 y 1954), quien dio a conocer el descubrimiento de lo que consideró un conjunto de betilos y fosas de enterramiento púnicas en distintos yacimientos de Telde (Gran Canaria); o E. Zyhlarz (Giese, 1952, 421) quien señalara la presencia de la lengua púnica en la isla de El Hierro. Pero con toda probabilidad de entre todos esos investigadores pioneros fue A. Gaudio (1958) quien expuso de una manera más completa la hipótesis fenicio-púnica con anterioridad a la década de los años 90’. En su opinión el archipiélago sería conocido por todos los marinos que transitaron el Círculo del Estrecho, desde los tartésicos, fenicios y púnicos hasta los romanos, afirmación que hizo apoyándose en el estudio de las corrientes y los vientos de la zona y en varios autores clásicos (Plutarco, Estrabón, Pomponio Mela, Salustio, Diodoro, Plinio el Viejo, Ptolomeo...), cuyos textos en su opinión demostraban el amplio conocimiento existente de unas islas atlánticas, si bien envueltas en un velo de misterio y mitología. Las referencias anteriores reflejan una idea muy extendida entre eruditos y científicos desde los mismos inicios de la investigación histórica en Canarias y a lo largo de algo más de cuatro siglos: la presencia de lo púnico o lo fenicio-púnico en el archipiélago. Esa idea se ha convertido en la actualidad, por efecto de las evidencias arqueológicas, en la certeza de la presencia durante la Antigüedad tardía de navegantes mediterráneos que recorrerían las aguas del archipiélago canario con unos fines muy concretos, los cuales mantendrían desde los mismos inicios de la colonización humanan de las islas unas relaciones muy estrechas con las poblaciones que se asentaron en Canarias. De hecho, la investigación más reciente atribuye el descubrimiento y posterior inicio de la colonización del Archipiélago Canario a mercaderes y/o navegantes fenicio-púnicos en algún momento de la primera mitad del primer milenio antes del cambio de Era, con toda probabilidad en el periodo compren183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 186
P. Atoche Peña y M. Á. Ramírez Rodríguez Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la... Gerión 2008, 26, núm 1 183-202 187 dido entre los siglos IX y VI a.n.e.5A partir de entonces las Islas Canarias conocerían sucesivos “descubrimientos” que propiciaron la aparición de diferentes noticias tanto en fuentes escritas clásicas greco-latinas como medievales árabes, las cuales aluden a ellas como una realidad geográfica reconocible alejada de la visión mítica de la insularidad nacida en el seno de la civilización egipcia y más tarde recogida por Grecia y Roma, y que propició que esas culturas se refirieran a Canarias como Islas de los Bienaventurados. Los marinos fenicios navegaron con normalidad más allá del Estrecho, sin que existan dudas al respecto desde al menos el siglo VIII a.n.e., alcanzando con seguridad Mogador el siglo siguiente. Incluso es muy probable que ambas fechas pudieran retrasarse ligeramente ya que sólo se han considerado los datos conservados y aportados por la Arqueología. En consecuencia, fenicios y cartagineses fueron capaces de navegar hasta las islas y entre las islas e incluso de adentrarse en el Atlántico, esto último si aceptamos como tal el hallazgo producido en 1749 de un tesorillo de monedas púnicas de los siglos IV y II a.n.e. en Azores (Blázquez, 1977). Sus travesías estaban motivadas por razones económicas: la búsqueda de recursos agrícolas y pesqueros para sus colonias costeras, materias que transformar en las factorías y mercancías potencialmente intercambiables en los más diversos mercados del Mediterráneo. Necesariamente, en esa labor de rastreo no les debió pasar desapercibido el Archipiélago Canario, que habría sido visitado con anterioridad al siglo VI a.n.e. por navegantes y mercaderes en busca de fondeaderos seguros y recursos de todo tipo procedentes tanto del medio terrestre como del marino. II. LA CULTURA DE ORIGEN: LOS LIBIOFENICIOS NORTEAFRICANOS El establecimiento de los primeros colonos fenicios en las costas mediterráneas del Magreb inició un proceso de difusión de la cultura cananea entre las poblaciones prehistóricas magrebíes que, a partir del siglo VI a.n.e., cuando Cartago acomete la explotación del interior de Túnez utilizando indígenas sometidos, se aceleró propiciando un mayor acercamiento cultural entre púnicos y libios. No fue sólo una simbiosis cultural, ya que entre semitas y libios también se crearon profundos lazos personales y étnicos reflejados en continuas alianzas matrimoniales mixtas; el resultado étnico-cultural sería la aparición de los libiofenicios, un colectivo que contribuyó a engrosar los contingentes de población que fueron trasladados a zonas que debían quedar bajo el control político y económico de Cartago (Sicilia, Cerdeña, S.E. de 5Desde su inicial descubrimiento hasta la aparición de las primeras noticias escritas transcurriría un tiempo más o menos largo, durante el cual las Islas Canarias se verían sometidas a un fenómeno de consecuencias similares al que se ha descrito para el Mediterráneo occidental durante la precolonización fenicia; es decir, la implantación de procesos culturales hoy muy difíciles de delimitar en toda su amplitud al hallarse asociados a un periodo oscuro, carente de los suficientes argumentos de cara a la investigación. Ese fenómeno debió ampliarse en Canarias dado su despoblamiento inicial y la consecuente necesidad de poblarlas, además de por el periodo de gran confusión que afectó a las colonias fenicias de Occidente durante los siglos VII y VI a.n.e. 183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 187
Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la...P. Atoche Peña y M. Á. Ramírez Rodríguez 188 Gerión 2008, 26, núm 1 183-202 la Península Ibérica o Canarias,...). En consecuencia, entre libios y fenicios se establecieron vínculos comerciales pero también lazos de unión cultural y personal, lo que generó una comunidad de relaciones e intereses que hizo más sencilla la aceptación de los caracteres culturales de ambas partes. Libios y fenicios intercambiaron infinidad de elementos culturales en una fecunda simbiosis de la que la Arqueología ha registrado numerosos indicadores que van desde la fundación en todo el Norte de África de ciudades fenicias y libias (Siga, Volubilis, Macomades, Cirta, Tipasa, Calama, Zucchabar,...), donde convivieron elementos culturales y étnicos procedentes de ambas culturas, hasta la adopción de la lengua y la escritura púnicas por los paleobereberes. Esa colonización fue especialmente importante en el actual Túnez, región donde se produjo un intenso acercamiento cultural entre púnicos y libios, hasta el punto de que estos últimos asumieron como propios numerosos elementos culturales aportados por los primeros al tiempo que se producía un paulatino mestizaje, en especial entre los miembros más relevantes de las formaciones sociales norteafricana y fenicia, circunstancia que llevó a Tito Livio (XXI, 22, 3) a describir a los libiofenicios como el resultado del mestizaje étnico entre cartagineses y africanos o a que G. Camps afirmara que Massinissa poseía tanta sangre púnica como Aníbal africana, no pudiendo entender la realidad púnica sin su componente líbica6. En definitiva, entre fenicios y libios se establecieron lazos de unión cultural y personal que favorecieron que los grupos paleobereberes asentados en las llanuras costeras del noroeste africano, las más fértiles del entorno magrebí, y en menor medida los del interior, no se limitaran exclusivamente a establecer vínculos comerciales con los emplazamientos fenicios de la zona, adoptando un papel pasivo en todo este proceso, sino que, por el contrario, la comunidad de relaciones e intereses que se generó hizo que fuera más sencilla la aceptación de los caracteres culturales de ambas partes. Por tanto, más que la sujeción por la fuerza de las poblaciones de la zona, se observa una provechosa interacción fenicio-africana o libio-fenicia que da lugar a procesos de mestizaje y aculturación esenciales para conocer la especificidad de las culturas protohistóricas canarias y la bereber actual. De ese fenómeno de simbiosis cultural no estuvieron ajenas las creencias y los ritos religiosos, ámbito en el que se produjo un interesante fenómeno de sincretismo mediante la aceptación por parte de las poblaciones norteafricanas de dioses fenicios como Baal-Hammón o Tanit que, en poco tiempo, pasaron al Atlántico y a Canarias, archipiélago donde terminan por adquirir caracteres propios. Veamos cuáles son los elementos de ascendencia fenicio-púnica que se han documentado en el contexto de las culturas protohistóricas canarias. 6“Si la tradition punique fut si vivace chez les anciens africains c’est que, précisément, elle ne leur était pas étrangère mais constituée au milieu d’eux, au sein de cités où l’onomastique, essentiellement sémitique, n’arrive pas à cacher l’apport ethnique africain” (Camps, 1980, 148). 183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 188
P. Atoche Peña y M. Á. Ramírez Rodríguez Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la... Gerión 2008, 26, núm 1 183-202 189 III. ARTEFACTOS RELIGIOSOS PALEOCANARIOS DE ASCENDENCIA FENICIO-PÚNICA Antes de pasar a analizar los registros arqueológicos que en Canarias nos hablan de la presencia religiosa mediterránea resulta conveniente explicar cómo llegan éstos y en qué circunstancias se adaptan a los espacios culturales insulares. Si bien en la actualidad no existen dudas acerca de que las poblaciones que protagonizaron la colonización de las islas fueron trasladadas por gentes que dominaban la navegación oceánica, también es cierto que aún no es posible establecer con precisión cuál fue el desarrollo exacto del proceso de traslado. Sin embargo, la heterogeneidad del origen geográfico, mayoritariamente norteafricano, la variación temporal que se dio en la colonización de las islas (Atoche, e.p.), unido a los diferentes procesos de adaptación que se dieron en cada uno de los diferentes ecosistemas insulares canarios, constituyen razones que permiten afirmar la existencia de un notable conjunto de concomitancias pero también de diferencias entre las culturas aborígenes paleocanarias que se desarrollan en las canarias protohistóricas. En consecuencia, los contingentes poblacionales sucesivamente asentados en cada una de las islas mostrarían inicialmente una cierta homogeneidad étnico-cultural entre sí, favorecida por la preexistencia de relaciones sociales firmemente establecidas entre los integrantes de los grupos pobladores como garantía de supervivencia y reproducción de los mismos, la cual se iría diluyendo paulatinamente, máxime si se produjeron aportes poblacionales posteriores. Los primeros colonizadores de las islas poseían en origen una cultura mestiza, resultado de la simbiosis de antiguas tradiciones mediterráneo-africanas con elementos fenicio-púnicos, lo que en el Norte de África dio como resultado étnico-cultural a la aparición de los libiofenicios, un etnónimo que ya Plinio el Viejo recoge en su Historia Natural (H. N., V, 24). No es extraño pues que nuestro modelo de colonización de las Islas Canarias se base en unas comunidades insulares que adquirieron en su/s punto/s de procedencia continental elementos de la cultura púnica que, en concreto para el caso de los rituales y las creencias religiosas, fueron experimentando progresivamente cambios formales que sin embargo no les impidieron mantener su esencial carácter norteafricano. En consecuencia, las primeras poblaciones establecidas en el archipiélago no estaban total y absolutamente aculturadas, eran africanos punicizados y no púnicos trasplantados a un archipiélago atlántico, paleobereberes punicizados o libiofenicios que crían y consumen cerdos, que no se circuncidan, pero que veneran a Tanit y que cuando mueren se entierran tanto a la usanza semítica como a la africana. El asentamiento en islas oceánicas de esas poblaciones amoldadas a un espacio continental les lleva inexorablemente a iniciar una espiral de adaptaciones y transformaciones culturales y biológicas, cuya amplitud e incidencia en el sistema cultural que importaron dependió al menos de dos factores: de la posibilidad de mantener el contacto con las áreas en las que se originó la colonización y de la capacidad potencial que los nuevos espacios atesoraban de cara a reproducir las formas culturales originarias. Por tanto, las culturas canarias protohistóricas, como procesos adaptativos que fueron, estuvieron sujetas desde el mismo instante de su implanta183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 189
Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la...P. Atoche Peña y M. Á. Ramírez Rodríguez 190 Gerión 2008, 26, núm 1 183-202 ción en las islas tanto a las influencias ejercidas por los ecosistemas insulares como a las determinadas por las características que poseía en origen la cultura importada. Se trató pues de un fenómeno dinámico, con capacidad para producir soluciones particulares que implicaron incorporaciones, tales como la adopción de procesos tecnológicos ya por entonces marginales en los ambientes culturales norteafricanos (industria lítica tallada), o exclusiones y con ellas la inevitable pérdida de ancestrales rasgos culturales. En suma, los procesos de adaptación afectaron al sistema cultural original, seleccionando aquellos elementos que mejor se adecuaban a las nuevas condiciones o revisando las estrategias de subsistencia. De esa manera en las islas asistimos a un cambio en la identidad cultural de los primeros pobladores, a la aparición de particularismos y en esencia al arranque de un proceso de elaboración de nuevos sistemas culturales, últimos capítulos de la transformación adaptativa de una cultura libio-fenicia en origen que se prolongó a lo largo de algo más de dos milenios (circa s. IX a.n.e. al s. XV d.n.e.). En base a lo anterior, no resulta extraño que encontremos en las culturas protohistóricas canarias facetas intensamente vinculadas con el modelo social, político y económico fenicio-púnico magrebí y del sur de la Península Ibérica, y que sus producciones materiales, sin menospreciar la capacidad creadora propia de todo grupo humano, respondieran al menos a tres condicionantes: 1.- La tradición cultural inicial que alcanzó las islas con los colonos libiofenicios. 2.- La evolución adaptativa que surge como respuesta a unos espacios insulares con recursos limitados. 3.- Las influencias ejercidas, al menos durante el primer milenio de ocupación de las islas, por navegantes procedentes del Círculo del Estrecho, responsables en unos casos de la intensificación del proceso de colonización (mediante la aportación de nuevos contingentes pobladores, el asentamiento de población en las islas aún deshabitadas,...) y en otros del mantenimiento de las interacciones culturales entre el archipiélago y el Mediterráneo occidental. En base a lo señalado, las culturas que se desarrollaron en las islas con anterioridad a la conquista europea bajomedieval fueron, al menos a lo largo del primer milenio de su establecimiento en el archipiélago, la consecuencia lógica del proceso de adaptación a las islas de los elementos culturales trasplantados del Norte de África por las poblaciones colonizadoras, a los que se añadieron los derivados de la continuada presencia en las islas de gentes mediterráneas (fenicio-púnicas, romanas,...). Es precisamente esa complejidad y variedad de aspectos lo que en nuestra opinión hace que en Canarias resulte extremadamente dificultoso hallar objetos o elementos culturales que posean una total identidad con aquellos que les sirvieron de referencia en sus lugares de origen, ya que todos debieron pasar por el tamiz de la insularidad que es, en esencia, lo que les dio su carácter insular, canario. Un ejemplo de lo que decimos y de las dificultades que representa intentar determinar el origen de los procesos culturales en nuestras islas, lo reflejó A. Beltrán (1999, 65), para 183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 190
P. Atoche Peña y M. Á. Ramírez Rodríguez Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la... Gerión 2008, 26, núm 1 183-202 191 quien la complejidad imperante en las culturas canarias hacía que, en el caso de las manifestaciones rupestres, hubiera “... los más variados estilos, diferentes en cada isla, como si hubieran tenido una evolución propia y autónoma ...”. III.1. LOS ARTEFACTOS Ya indicamos al comienzo de este trabajo que los canarios protohistóricos conocían la escritura bajo dos formas alfabéticas distintas (la líbico-bereber y la libiofenicia), marcadores a su vez de la dualidad cultural presente en su lugar de origen norteafricano al final del primer milenio antes de la Era. Pues bien, si la escritura constituye un claro síntoma de asimilación cultural, no lo son menos los elementos vinculados con las creencias que observaron y los ritos que practicaron las poblaciones paleocanarias. De esas creencias y ritos nos quedan reflejos en un número importante de estructuras y sobre todo objetos materiales que representaron deidades de los que no siempre poseemos las claves que nos permiten acercarnos a su significado, pero entre los que encontramos algunas de las manifestaciones más espectaculares y complejas de explicar de las culturas canarias. Son numerosos los elementos materiales protohistóricos de las islas que, debido a la prolongada carencia de un adecuado marco de interpretación de la realidad indígena, han sido tradicionalmente relegados al cajón de sastre de las manifestaciones mágico-religiosas, renunciando así a cualquier intento explicativo de los mismos. Sin duda muchos de esos objetos pueden realmente interpretarse como reflejo material de una realidad espiritual, pero también somos conscientes que cualquier intento de adentrarnos en el mundo de las creencias y los ritos de los primeros canarios a partir del registro material que nos legaron constituye un asunto delicado. No es este el lugar para extendernos en un análisis exhaustivo de ese tipo de manifestaciones pero sí lo es para determinar en ese contexto cuales son las deidades fenicio-púnicas que están presentes. Pues bien, entre los elementos religiosos paleocanarios el ejemplo más ilustrativo de lo que buscamos se localizó en Tenerife; se trata de la denominada Piedra Zanata, un objeto pisciforme que contiene una inscripción mágica (Muñoz, 1994), al que se relaciona con la presencia de navegantes semitas en Canarias y con la razón que les trae (González Antón et alii, 1995). Los investigadores que dieron a conocer el citado artefacto también publican un conjunto de grabados que representan toros, animal cuyos restos óseos están totalmente ausentes en los contextos arqueológicos paleocanarios, el cual fue utilizado en el mundo feniciopúnico como representación del dios Baal Hammón (Balbín et alii, 1995). Además de los hallazgos anteriores, entre las deidades fenicio-púnicas presentes en las islas la que ha aparecido con una mayor frecuencia es Tanit, diosa procedente de Fenicia cuyo culto adquirió un gran desarrollo en el Mediterráneo occidental, donde fue adoptada por los africanos en contacto con los colonos fenicios. En el archipiélago se la encuentra bajo varias de las diferentes formas en que solía representarse en el Norte de África: rombo con cruz inscrita grabado (Aldea Blanca - Tenerife-; Bentayga -Gran Canaria-,...) (Lám. I), mano abierta en señal de bendición (Zonzamas -Lanzarote-) (Fig. 1, nº 1) o bajo la forma más común, el signo antropo183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 191
Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la...P. Atoche Peña y M. Á. Ramírez Rodríguez 198 Gerión 2008, 26, núm 1 183-202 modelados a mano que reproducen la morfología de ánforas pre-romanas gaditanoibicencas vigentes en los establecimientos del Círculo del Estrecho entre los siglos VI y III a.n.e. (González Antón et alii, 1995, 170). Todo lo anterior sin entrar en el campo de la toponimia insular o en el origen de los nesónimos, ámbitos en los que son extremadamente frecuentes los términos de origen semita, como muestra de lo cual puede servir una de las más recientes opiniones expresadas en relación con la etimología de la palabra canaria: “canaria tendría relación con el país de Canaán...” derivando de la raíz semita “kana/kina/kena” con el significado de “púrpura roja” (Martínez, 1995, 755)9. CONCLUSIONES Por todo lo señalado, resulta evidente que en la Protohistoria Canaria se observan fenómenos culturales que, siguiendo la nomenclatura de K.W. Butzer (1989, 277), podríamos denominar de “modificación adaptativa”, aquella que supone la revisión sustancial de las estrategias de adaptación dentro de un sistema adaptativo viable y persistente, lo que implica ajustes tecnológicos y de comportamiento así como la adopción o pérdida de rasgos culturales. Es este el último paso de un largo fenómeno de contacto cultural de carácter dispar (González Wagner, 1993) establecido inicialmente en el continente africano entre dos modelos culturales que presentan claros desequilibrios, lo que supuso el paso de elementos de una cultura a otra, generando un proceso de integración por el que ambas culturas se convirtieron en receptoras de elementos ajenos a los que sometieron a sus propios esquemas culturales, fenómeno al que no fueron extraños los sincretismos y con ello la reinterpretación de elementos extraños a ambas culturas. Lo anterior vendría a explicar por qué las numerosas huellas de la cultura fenicio-púnica que pueden identificarse en la Protohistoria canaria aparecen filtradas por el tamiz de la interpretación y la elaboración de las poblaciones insulares, fenómeno éste que también afecta al resto de los componentes culturales originariamente norteafricanos. Esa circunstancia, es decir, el hecho de no haber encontrado aún producciones estrictamente púnicas en el archipiélago, sino adaptaciones de las mismas, no sólo no contradice lo afirmado hasta el momento, sino que dota al fenómeno de mayor interés de cara a la investigación, ya que indica la asunción de dichos elementos por la población canaria, tal y como ocurre en otros puntos del Mediterráneo (Blázquez, 1993, 53). Una buena muestra de lo que decimos lo constituyen el ritual funerario y de culto, las libaciones de leche, manteca y agua, la actitud orante, las prácticas tendentes a la conservación post mortem de ciertos personajes de la población indígena, las inhumaciones infantiles en recipientes cerámicos, los anforoides 9 Para M. E. Aubet (1987, 5-7) el nombre con el que la Historia conoce a los fenicios, phoínikes, tiene un origen griego. Los helenos lo emplearon con el significado de rojo, aludiendo probablemente al color de la púrpura, un producto que dio notoriedad a los cananeos en la Antigüedad. 183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 198
P. Atoche Peña y M. Á. Ramírez Rodríguez Manifestaciones de la religiosidad mediterránea en la... Gerión 2008, 26, núm 1 183-202 199 y los grabados tauromorfos de Tenerife o complejas estructuras como Cuatro Puertas, las cuevas de Valerón o la Cueva Pintada de Gáldar, en Gran Canaria. BIBLIOGRAFÍA ABREU, FR. J. DE, 1977 [circa 1602]. Historia de la Conquista de las Siete Islas de Canaria. Goya Ediciones. Santa Cruz de Tenerife. ALCÁZAR, J., A. SUÁREZ, YF.J. ALARCÓN, 1994. Enterramientos infantiles en ánforas romanas: Estudio antropológico de un hallazgo excepcional. Revista de Arqueología, 164, 36-47. Madrid. ALVAR, J., 1993. Problemas metodológicos sobre el préstamo religioso. En: Alvar, J., Blánquez, C. y González Wagner, C. (eds.): Formas de difusión de las religiones antiguas. Segundo Encuentro-Coloquio de ARYS (Jarandilla de la Vera, diciembre 1990), 1-34. Madrid. ARCO, Mª DEL C., R. GONZÁLEZ, R. DE BALBÍN, P. BUENO, Mª.C. ROSARIO, Mª.M. DEL ARCO Y L. GONZÁLEZ, 2000. Tanit en Canarias. Eres (Arqueología), vol. 9 (1), 43-65. ATOCHE, P., J.A. PAZ, Mª.A. RAMÍREZ Y Mª.E. ORTIZ, 1995. Evidencias arqueológicas del mundo romano en Lanzarote (Islas Canarias). Col. Rubicón, 3. Arrecife. ATOCHE, P. YJ.A. PAZ, 1996. Presencia romana en Lanzarote. Islas Canarias. Actes du Sixième Colloque Eurafricain du CIRSS. (Chinguetti, Mauritanie). (Octubre, 1995). La Nouvelle Revue Anthropologique (Juillet, 1996), 221-257. Institut International d’Anthropologie. Paris. ATOCHE, P. YJ.A. PAZ, 1999. Canarias y la costa atlántica del noroeste africano: difusión de la cultura romana. II Congreso de Arqueología Peninsular (Zamora, 1996), t. IV, 365-375.Universidad de Alcalá. Fundación Rei Afonso Henriques. ATOCHE, P., J. MARTÍN Y Mª.A. RAMÍREZ, 1997. Elementos fenicio-púnicos en la religión de los mahos. Estudio de una placa procedente de Zonzamas (Teguise, Lanzarote). Eres (Arqueología), 7, 7-38. Museo Arqueológico de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife. ATOCHE, P., J. MARTÍN Y Mª.A. RAMÍREZ, 1999. Amuletos de ascendencia fenicio-púnica entre los mahos de Lanzarote: ensayo de interpretación de una realidad conocida. VIII Jornadas de Estudio sobre Lanzarote y Fuerteventura (Arrecife, 1997). Tomo II, 421-458. ATOCHE, P., J. MARTÍN, Mª.A. RAMÍREZ, R. GONZÁLEZ, Mª.C. DEL ARCO, A. SANTANA Y C.A. MENDIETA, 1999. Pozos con cámara de factura antigua en Rubicón (Lanzarote). VIII Jornadas de Estudio sobre Lanzarote y Fuerteventura (Arrecife, 1997). Tomo II, 365-419. ATOCHE, P. YJ. MARTÍN, 1999. Canarias en la expansión fenicio-púnica por el África atlántica. II Congreso de Arqueología Peninsular (Zamora, 1996), t. III, 485500.Universidad de Alcalá. Fundación Rei Afonso Henriques. ATOCHE, P. YMª.A. RAMÍREZ, 2001. Canarias en la etapa anterior a la conquista bajomedieval (circa s. VI a.C. al s. XV d.C.): Colonización y manifestaciones culturales. En: Arte en Canarias [siglos XV-XIX]. Una mirada retrospectiva. Tomo I, 43-95. Tomo II, 475-479. Ed. Gobierno de Canarias. Dirección General de Cultura. Madrid. ATOCHE, P., 2002. La colonización del Archipiélago Canario: ¿Un proceso mediterráneo?. World Islands in Prehistory. International Insular Investigations. V Deià 183-202.qxp 13/10/2008 12:38 PÆgina 199
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