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Atrapadas en casa: maternidad (es), ciencia y COVID-19

Castañeda-Rentería, Liliana Ibeth; Araújo, Emília Rodrigues

Abstract

El trabajo presenta un análisis de las tensiones y contradicciones entre el ejercicio de las maternidades y la labor científica en un momento en que las fronteras entre lo doméstico-familiar y lo público-laboral se borran, quedando expuesta la manera en que las mujeres siguen pensándose y seguimos pensándonos como las responsables exclusivas de los cuidados, derivado de la dimensión maternal que configura las identidades femeninas. Para el análisis empírico se recurre a notas de portales de noticias, así como a una netnografía de comentarios de mujeres académicas en diversos grupos de la red social Facebook donde se expresan los malestares propios de la doble o triple jornada que ahora se realiza atrapadas en casa. Destaca la existencia de un modelo de maternidad ideal tradicional en tensión con identidades profesionales femeninas autónomas e independientes, que ante el confinamiento derivado de la pandemia se visibiliza del mismo modo que se visibilizan las estrategias y malestares que provocan tanto en el ámbito del tiempo personal, como laboral.

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Brazilian Journal of Education, Technology and Society (BRAJETS) http://dx.doi.org/10.14571/brajets.v14.se1.2021 Br. J. Ed., Tech. Soc., v.14, Special Edition, April, p.75-86, 2021 DOI http://dx.doi.org/10.14571/brajets.v14.se1.2021.75-86 ATRAPADAS EN CASA: MATERNIDAD (ES), CIENCIA Y COVID-19 TRAPPED INDOORS: MATERNITY (ES), SCIENCE AND COVID-19 Liliana Ibeth Castañeda-Rentería Universidad de Guadalajara, UDG Guadalajara, JAL, México [email protected] Emília Rodrigues Araújo Universidad do Minho, UMinho Guimarães, Portugal [email protected] Resumen. El trabajo presenta un análisis de las tensiones y contradicciones entre el ejercicio de las maternidades y la labor científica en un momento en que las fronteras entre lo doméstico-familiar y lo público-laboral se borran, quedando expuesta la manera en que las mujeres siguen pensándose y seguimos pensándonos como las responsables exclusivas de los cuidados, derivado de la dimensión maternal que configura las identidades femeninas. Para el análisis empírico se recurre a notas de portales de noticias, así como a una netnografía de comentarios de mujeres académicas en diversos grupos de la red social Facebook donde se expresan los malestares propios de la doble o triple jornada que ahora se realiza atrapadas en casa. Destaca la existencia de un modelo de maternidad ideal tradicional en tensión con identidades profesionales femeninas autónomas e independientes, que ante el confinamiento derivado de la pandemia se visibiliza del mismo modo que se visibilizan las estrategias y malestares que provocan tanto en el ámbito del tiempo personal, como laboral. Palabras clave: identidades femeninas; maternidad (es); mujeres académicas; investigación. Abstract. This text gives account of the tensions and contradictions emerging from the need to respond to motherhood and respond to the demands of the scientific activity, at a time when the boundaries between the domestic-family and the work public are being erased, leaving to know how women keep think of themselves and we continue to think of ourselves as exclusively responsible for care, as motherhood continues to be central for the configuration female identities. The text counts with the analysis of comments on informative websites, as well as information provided by a netnography made on Facebook, based on the comments of by academic women make and which express the discomforts about the double, or triple burden, they have to perform, indoors. The analysis allows to highlight the existence of an ideal traditional model of motherhood, which is in tension with autonomous and independent female professional identities that, given the confinement derived from the pandemic, becomes more visible, making also more evident the strategies and the difficulties in terms of professional and personal times. Keywords: female identities; motherhoods; academic women; scientific investigation. INTRODUCCIÓN Las identidades como productos sociales dotan de sentido las interacciones sociales. La identidad como objeto de estudio entonces, debe abordarse de manera procesual, relacional y situada. De acuerdo con Giménez, la identidad puede definirse como “el conjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones, valores y símbolos), a través de los cuales los actores sociales (individuales o colectivos) demarcan sus fronteras y se distinguen de los demás actores en una situación determinada…” (Giménez, 2002, p. 38). Como producto social, las identidades permiten detectar los rasgos culturales que en determinado momento histórico y en determinadas circunstancias, han sido seleccionados o no, impuestos o no, por determinados actores sociales para dotar de sentido sus prácticas. La identidad como proceso históricamente determinado e individualmente inacabado integra un conjunto de “características sociales, corporales y subjetivas que las caracterizan de manera real y simbólica de acuerdo con la vida vivida” (Lagarde, 1990, s/p) se trata pues de procesos inacabados que permiten identificar lo que constituye al individuo desde lo social, son la puerta de entrada a los procesos subjetivos que constituyen al sujeto desde su existencia material-corporizada. Son las identidades lo que de social tienen las subjetividades, y resulta imprescindible dar cuenta de cómo un sujeto, por ejemplo, la mujer, la científica, la madre, ha sido construido, discutido, para entender la manera en que las identidades de género femeninas han sido constituidas. La crisis originada por el COVID-19, deja ver varias fisuras sociales a través de las cuales se muestran las persistencias que siguen estructurando las desigualdades sociales, contribuyendo a cosificar el espacio doméstico y familiar como un espacio-tiempo femenino. Varios estudios han mostrado que la pandemia COVID-19 expone estas desigualdades, mostrando cómo hay grupos sociales que, por sus características, son más vulnerables a sufrir los impactos negativos de la crisis instalada. Una de estas fisuras se refiere a la subordinación de las mujeres que, por la forma en que todavía se las entiende en términos sociales, culturales y políticos, acaban siendo responsabilizadas de todo un abanico de actividades de tipo familiar que les quitan el tiempo y la disponibilidad para el ejercicio de la actividad profesional. La pandemia COVID-19 refuerza hoy el retorno del trabajo académico en casa, con la ayuda de medios de trabajo y colaboración cada vez Trapped indoors: maternity (es), science and COVID-19 Castañeda-Rentería & Araújo (2021) 76 más sofisticados a distancia. Pero este "regreso" a la casa está imponiendo la confrontación de varios conflictos de tiempo que eventualmente requerirán a las mujeres aún más preguntas sobre sus caminos y la necesidad socioculturalmente decidida de dar tiempo a los demás, para estar disponibles para invertir tiempo en otros. El COVID-19 es una fuente inagotable de arritmia social (Lefebvre, 2003) porque ha alterado los tiempos y ritmos sociales, obligando al “regreso” de la escuela y el trabajo a casa, el espacio de habitación y familia. En este movimiento, las persistencias que estructuran las sociedades a nivel global y que todavía se basan en el modelo hegemónico de masculinidad/feminidad, ven en las mujeres las únicas responsables, sobre todo, de los cuidados de los niños (Legarreta, 2008). Como efecto, el tiempo de COVID-19 agobia aún más los tiempos tradicionalmente atribuidos a las mujeres, en cualquier actividad, ya que implican traer al espacio doméstico un conjunto de actividades, cuyos tiempos y ritmos son incompatibles con los ritmos y tiempos de la actividad profesional, fundamentalmente los vinculados al cuidado infantil. Varios informes de la OCDE muestran las consecuencias de la pandemia en las mujeres, especialmente en las madres y los cuidadores (OECD, 2020; Oertelt-Prigione, 2020, Orendain & Djalante (2020). En el presente trabajo nos adherimos a la idea de que las identidades como categorías analíticas son una herramienta útil para el estudio de los sujetos sociales pues a través de ellas es posible conocer y dar cuenta de los procesos mediante los cuales los individuos, en este caso las mujeres científicas, construyen y experimentan su feminidad en un lugar y momento histórico determinado. De hecho, la ciencia se estructura en gran medida sobre la base de las relaciones de género y es uno de los ámbitos sociales donde la persistencia de las desigualdades sigue siendo destacada en múltiples estudios. En el contexto de la pandemia de COVID-19, la ciencia y la investigación son áreas severamente afectadas por la hipercentralidad del espacio-tiempo de la vivienda que se superpone a tiempos de diferente naturaleza y que entran en conflicto entre sí. La anticipación y gestión de estos conflictos, sin embargo, queda relegada a las mujeres, especialmente cuando las madres que se encuentran estancadas entre tiempos institucionales y temporalidades marcadas por una mayor presión por la productividad y la dificultad de establecer arquitecturas de tiempo articuladas y equilibradas en un mismo espacio físico. En el marco de esta hipótesis, en este texto se analiza la tensión que caracteriza la vivencia de una identidad femenina escindida entre la maternidad y la ciencia. Se sostiene que los referentes a partir de los cuales se configuran las identidades de las mujeres con hijos dedicadas a la investigación interpelan a sujetos distintos provocando sentimientos de escisión de las mujeres que transitan entre el mundo familiar y el mundo científico. Lo anterior debido a la prevalencia de un imaginario sobre la buena madre que atraviesa a toda mujer independientemente tenga hijos o no, y que no ha sido deconstruido a través de la formación universitaria. El abordaje de esta temática se plantea además en un momento histórico en el que muchas mujeres académicas -aunque no sólo-, experimentan las tensiones entre el mundo académico y la vida familiar confinadas en el espacio doméstico, visibilizando aún más las tensiones y contradicciones en la experiencia del ser mujer con hijos dedicada a la investigación, debido a la pandemia provocada por el COVID-19. El documento se divide en cinco secciones. Le sigue a esta introducción una sección descriptiva de la participación de la mujer en la carrera científica. A continuación, planteamos los presupuestos teóricos para el análisis de las tensiones entre las identidades femeninas y las identidades científicas. La cuarta parte del artículo muestra los hallazgos del trabajo netnográfico. Finalmente se presentan algunas conclusiones. LA PARTICIPACIÓN DE LA MUJER EN LA CIENCIA. UN PANORAMA GENERAL Mucho se ha hablado sobre la participación de la mujer en la ciencia, pero destaca la preocupación por la poca presencia femenina sobre todo en áreas relacionadas con las llamadas “ciencias duras”. Según el informe mundial de la UNESCO Descifrar el código: La educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas (CTIM) publicado en 2019, sólo el 35 por ciento de la matrícula mundial en educación superior está constituida por mujeres y de ese porcentaje sólo el 30 por ciento cursa estudios en un ámbito relacionado con STEM (UNESCO, 2019, p. 20). Las diferencias locales son importantes, países como México, Colombia, India, Australia y Sudáfrica reportan porcentajes que varían entre 47 y 53 por ciento de alumnas registradas en programas de ciencias naturales, matemáticas y estadísticas, mientras que Brasil se ubica en el grupo de países en los que ese porcentaje puede alcanzar entre 53 y 59 por ciento. Con relación al porcentaje de alumnas en programas de ingeniería, manufactura y construcción, países como México, España y Portugal reportan porcentajes entre Trapped indoors: maternity (es), science and COVID-19 Castañeda-Rentería & Araújo (2021) 77 25 y 29 por ciento, mientras que Colombia se ubica entre el 29 y 35 por ciento. A nivel latinoamericano Brasil reporta el porcentaje más alto con 35 por ciento. (UNESCO, 2019) En lo relacionado con investigadores e investigadoras, UNESCO reporta que menos del 30 por ciento de los investigadores del mundo en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas son mujeres (ONU, 2020) cifra que en América Latina alcanza un porcentaje de 45 por ciento. De acuerdo con el proyecto “STEM and Gender Advancement (SAGA)”, a nivel mundial la participación de mujeres en educación superior e investigación disminuye dramáticamente en la transición entre los estudios de maestría (o equivalentes) y los estudios doctorales. Según datos de UNESCO para 2014 la proporción de mujeres que estudiaban una maestría era de 55 por ciento, mientras que las de doctorado apenas alcanzaban el 45 por ciento y sólo se reportaban como investigadoras un 20 por ciento a nivel mundial (UNESCO, 2014). Según el mismo informe son varios los factores que afectan la transición femenina a las carreras STEM “incluyendo la compatibilidad que se percibe entre algunas de estas disciplinas con la identidad femenina, las obligaciones familiares, el ambiente y las condiciones laborales”. Lo anterior no resulta novedoso puesto que sabemos la existencia de mandatos de género que recaen sobre las niñas y mujeres, que generan prejuicios sobre las actividades científicas y tecnológicas como no aptas para los sujetos femeninos. Pese a ello, existe presencia importante de mujeres científicas en todo el mundo, aunque comparando entre países las diferencias pueden son por demás interesantes. En Iberoamérica el porcentaje de mujeres con reconocimiento como investigadoras de carrera varía como podemos observar en la tabla 1, desde Venezuela con un 61 por ciento, hasta Perú con un 32 por ciento, esto con datos disponibles hasta el 2016 (OEI, 2018). Destacan junto con Venezuela, países como Guatemala, Argentina y Uruguay con porcentajes que alcanzan el 50 por ciento o lo superan. Tabla 1. Porcentaje de participación femenina en la investigación 2016 Participación femenina en la investigación Países % Países % Venezuela 61 Ecuador 41 Guatemala 53 Honduras 41 Argentina 53 España 40 Uruguay 50 El Salvador 39 Paraguay 49 Bolivia 38 Panamá 48 Colombia 37 Cuba 48 Chile 33 Portugal 43 México 33 Costa Rica 43 Perú 32 Fuente: Elaboración propia a partir de OEI, 2018. En una mirada más detallada, podemos también observar que la participación de las mujeres no sólo es menor a la de los hombres, sino que aquellas que participan están concentradas en los niveles más bajos del escalafón de la carrera científica. Tabla 2. Porcentaje de mujeres por nombramiento en la carrera de investigador. Países Argentina 2018 % Chile 019 % México 2017 % Perú 2019 % Colombia 2017 % Asistentes 61.3 Ayudante 44 Candidato 42.8 I 28.8 Asociado 36.9 Adjuntos 55.6 Asistente 43 I 37.8 II 29 Junior 39.6 Principales 41.9 Asociado 29 II 32 III 27.9 Senior 28.2 Superiores 24.5 Titular 22 III 21.7 IV 31.3 Emérito 30.4 Fuentes: elaboración propia a partir de INEGI-INMUJERES, 2019; Sepúlveda, 2020; Colciencias, 2017; Elsevier, 2020; Renacyt, 2019. Como sabemos uno de los indicadores para alcanzar nombramientos de mayor jerarquía es la productividad, es decir, el número de las publicaciones realizadas por un investigador. En este sentido no es una novedad la diferencia entre el número de publicaciones entre hombres y mujeres. En 2013, Sugimoto, et.al, señalaban por ejemplo que globalmente la producción femenina era poco menor al 30 por ciento, y que por cada mujer firmando de primera autora, había dos hombres (1.93) (Lariviére, et.al, 2013). De acuerdo con el Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad de la OEI la publicación en WoS (del acumulado entre 2014-2017) revela que la producción de la región ha incrementado y que es en países como Brasil, Argentina, Guatemala y Portugal donde la participación de Trapped indoors: maternity (es), science and COVID-19 Castañeda-Rentería & Araújo (2021) 78 autoras femeninas es mayor, con porcentajes que van del 72, 67,66 y 64 por ciento respectivamente (OEI, 2018, p. 12). Por otro lado, países como El Salvador, Nicaragua y Chile presentan una participación menor del 48 por ciento, según este mismo informe. Chile, Perú, Costa Rica y México, son los países con menores participación de mujeres entre quienes publicaron en WoS hasta 2014. Por otro lado, llama la atención que España a pesar de ser el país con mayor número de personas que publican, las mujeres no figuran como mayoría en ninguna área del conocimiento, ni siquiera en Humanidades, donde apenas alcanzan un 41 por ciento (OEI, 2018). Los países que aparecen con la menor brecha de género son Argentina y Portugal. En términos generales podemos decir que las mujeres participan cada vez más en la carrera científica, pero lo sigue haciendo en áreas temáticas ad hoc con los imaginarios de género, del mismo modo es evidente en muchos de los informes y reportes consultados que circunstancias como el ciclo reproductivo femenino, así como los mandatos culturales de género relacionados con la crianza y los cuidados, que recaen en las mujeres independientemente de sus niveles educativos y estatus de pareja, dificultan sus trayectorias como científicas (Castañeda-Rentería, Contreras & Parga, 2019). Lo reportado por la OEI (2018) coincide con lo que señala Elsevier en 2017, cuyo reporte señalaba que Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Australia, Francia, Brasil, Dinamarca y Portugal, porcentajes menores al 40 por ciento de mujeres dedicadas a la investigación, y en el análisis por áreas, Física, era la disciplina con menor representación femenina (Elsevier, 2017). Este mismo informe titulado Gender in the Global Research Landscape, evidenciaba a través de un análisis de los artículos publicados en su índice, que las mujeres presentaban menos artículos que los varones, pero eso parecía no afectar el número de citas que obtenían. Otro dato interesante que arrojó el análisis de las publicaciones fue la dificultad de las mujeres de colaborar en proyectos internacionales, sí como también la menor participación de estas en estancias y movilidad. (Elsevier, 2017). La importancia de la movilidad ha sido analizada por autores como Didou (2010) en el caso de México, donde encontró que los grados obtenidos en universidades extranjeras influían en la posibilidad de ingreso al Sistema Nacional de Investigadores, ya que para 2010 de los investigadores graduados en el extranjero poco más del 70 por ciento fue aceptado, mientras que sólo el 43 por ciento de aquellos que obtuvieron el grado en una institución nacional. Lo anterior parece obvio, puede estar relacionado con situaciones de vida de las mujeres como los embarazos, cuidados de hijos, o impedimentos relacionados a los acuerdos de pareja que les dificulta la movilidad. Como podemos ver, el mundo científico no es un mundo que pueda aislarse de situaciones que pensamos personales, pero que se configuran en el marco de estructuras sociales, culturales y de género, que limitan y determinan prácticas que pueden no hacer coincidir los tiempos, lógicas y exigencias de productividad del mundo académico con el ciclo de vida de las mujeres y las responsabilidades que les han sido asignadas en tanto su género. En el siguiente apartado se plantea una explicación para el entendimiento de las tensiones entre estos dos mundos y las identidades femeninas. DE IDENTIDADES FEMENINAS: ENTRE EL SER PARA LOS OTROS Y EL SER En este trabajo sostenemos que la menor participación de las mujeres en carreras científicas en comparación con los hombres, puede abordarse en parte con el análisis de los referentes identitarios que configuran al sujeto mujer científica y la tensión y contradicción derivada de ello. Variados estudios han mostrado que, en las últimas décadas, gracias en mucho a los movimientos feministas, las mujeres hemos logrado penetrar espacios antes impensables. La participación de la mujer en la educación superior y en el mercado laboral, en conjunto con avances tecnológicos en medicina reproductiva, han transformado las prácticas femeninas y han permitido la posibilidad de construir trayectorias propias en el espacio público (Castañeda-Rentería, 2019), como señala Manni (2010) se pueden observar quiebres que dejan asomar formas novedosas del ser mujer. Sin embargo, esto no ha significado que se hayan deconstruido modelos identitarios femeninos cuyo núcleo de sentido sigue teniendo como pilares la maternidad y el ser para los otros (Castañeda-Rentería, 2019a), situación que produce tensiones, conflictos y contradicciones en las vidas y trayectorias biográficas de las mujeres (Bittencourt, 2013; Contreras & Castañeda, 2016; Zicavo, 2013). La maternidad puede entenderse como una construcción sociocultural e histórica que constituye el elemento dominante de la configuración de las identidades femeninas de mujeres con y sin hijos. La maternidad puede ser pensada en tres dimensiones analíticas distintas: como una institución que norma y define la feminidad, un modelo y representación cultural de lo femenino; como una práctica, maternaje, en tanto que el núcleo que dota de sentido la maternidad es lo que se hace por los otros antes que por una misma; y finalmente, como una experiencia situada que da lugar a la vivencia no de la maternidad, sino de múltiples experiencias de las maternidades. Trapped indoors: maternity (es), science and COVID-19 Castañeda-Rentería & Araújo (2021) 79 la maternidad en tanto núcleo de sentido femenino se mantiene pese a las posibilidades biográficas del ejercicio de una profesión, o del hecho de no tener hijos, en un proceso acumulativo que integra en la misma experiencia múltiples sentidos y significados en tensión, incluso contradictorios, que convierten la maternidad en un fenómeno mucho más complejo. (CastañedaRentería & Contreras, 2019) Por otro encontramos los referentes a partir de los cuales se configura la identidad del sujeto científico. Dicho sujeto, históricamente encarnado por hombres, configura su identidad a partir del reconocimiento y de la afirmación de sí. De acuerdo con Guzmán-Valenzuela y Martínez (2016) la identidad académica conlleva una serie de prácticas y actividades cotidianas que se enmarcan en estructuras institucionales, nacionales y transnacionales, que se traslapan entre sí: labores de gestión, docencia e investigación. El trabajo de estas investigadoras muestra que las actividades vinculadas con el “ser” académico guardan una relación cercana no sólo con el proceso de generación, transferencia y difusión del conocimiento, sino con una actitud “del rigor, la excelencia y la actualización permanente” (2016, p. 197). Con relación a la labor como investigadores, comentan: A pesar de las diferentes significaciones en torno a lo que es ser académico, subsiste una imagen ideal del académico polifuncional y dedicado a contribuir en su rol social a las necesidades de la universidad como espacio de cultivo del conocimiento, su generación y comunicación involucrando las diferentes actividades académicas (docencia, investigación, gestión y extensión), aunque con recursos limitados (tiempo y financiamiento). A la vez, estas actividades conllevan un status diferenciado en el que la investigación recibe la mayor parte del prestigio (y las compensaciones económicas)… (Guzmán-Valenzuela & Martínez, 2016, p. 204) Este trabajo muestra cómo el reconocimiento y prestigio son elementos que configuran la identidad del investigador, diferenciándole incluso del académico cuya principal actividad se concentra en la docencia. Otro de los elementos que dota a la carrera profesional de investigador, es que en diversos países existe un organismo estatal que otorga esta distinción a ciertos perfiles de investigadores, caracterizados por una alta calificación, alta producción y altamente internacionalizados. En el caso de México, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) es el organismo que coordina la selección anual de miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), cuya pertenencia además significa un ingreso extra al salario de los académicos. Para investigadores como Didou y Gérard se trata de un sistema altamente elitista que distingue a unos pocos de la mayoría de investigadores (2016). Otra característica que se le ha asignado al trabajo académico es una mayor autonomía para la organización de actividades, no sólo con relación a los horarios por cumplir, sino también respecto a los lugares en donde se desarrolla (Tena, Rodríguez & Jiménez, 2010) Esto es valorado por las mujeres dedicadas a las labores académicas, pues “facilita” la realización de las actividades de cuidado y crianza a quienes tienen familia. Respecto a lo anterior habría que precisar que el trabajo académico incluye labores de docencia, gestión e investigación, sin embargo, en este trabajo el foco está centrado en aquellos académicos cuya función prioritaria es la investigación. En este caso, si bien no hay horarios por cumplir, los deadline establecen una lógica pecualiar al tiempo a partir del cual los investigadores organizan su cotidianidad (Araujo & Barros, 2015). Hay cada vez más estudios sobre la experiencia de mujeres que hacen ciencia. En 2014 se llevó a cabo en México el I Congreso de Investigadoras SNI en el marco del 30 aniversario del Sistema Nacional de Investigadores. El objetivo fue difundir trabajos realizados por mujeres, “así como proponer estrategias y propuestas que permitan concretar mayor participación de las mujeres en la ciencia” (Mendieta, 2015). De ese evento surgió el libro ¿Legitimidad o Reconocimiento? Las investigadoras del SNI. Retos y propuestas, coordinado por Angélica Mendieta. En la presentación del texto se puede leer: La propuesta del Congreso y el libro que el lector tiene en sus manos, son resultado de una experiencia de vida compartida con mis compañeras y colegas que desde nuestros centros de trabajo construimos y deconstruimos el “ser” de la mujer con todo lo que ello implica, en pocas palabras hablo desde la experiencia y no sólo desde la teoría. Ser mujer, madre, esposa, académica e investigadora es un trabajo de tiempo completo que ocupa los días y las noches, porque no se agota en los tiempos pasados en las aulas, laboratorios, talleres o cubículos del ámbito institucional, ya que transciende sus fronteras universitarias para desplegarse en el domicilio particular, en compañía de la familia, en la cocina, el comedor de la casa, en el estudio o en medio de las asesorías de tareas y el cuidado de los hijos. Trapped indoors: maternity (es), science and COVID-19 Castañeda-Rentería & Araújo (2021) 80 Ser académica implica el compromiso de consolidar un proyecto de vida y carrera lleno de complejidades, pero estimulante y esperanzador por los frutos que ofrece. No obstante, también, es un camino en el que se enfrentan obstáculos de toda índole, dificultades, pérdidas, cambios y retos que permiten crecer o, si no se saben conducir, pueden provocar la frustración y el fracaso de la persona. (Mendieta, 2015, p. 22) Los párrafos anteriores resultan relevantes para entender, cómo en el caso de las mujeres, la actividad como científica se estructura y define a partir de la propia identidad como mujer, madre y esposa. Las fronteras son difusas, no sólo con relación a los tiempos de trabajo, de cuidado y de ocio -cuando existen- , sino también al sujeto que es interpelado: la madre, la científica, la mujer. En síntesis, uno es científica siendo madre, esposa, cuidadora. Ahí la complejidad de la identidad de la mujer en la ciencia. Pero definitivamente no se tiene la estructura de cubrir y partir de las mismas condiciones de igualdad de investigadores e investigadoras sin obligaciones familiares cotidianas, en el que se esté involucrado en cubrir necesidades de seres humanos que lo requieren en distintos niveles, que se traduzcan en servicios de formación, limpieza, alimentación, administración, suministro de bienes y cuidado. […] Desde este rol familiar y laboral -investigativome encuentro recurrentemente en confrontaciones derivadas de la conciliación y la toma de decisiones.” (Macías, 2015, p. 305-306) A lo largo de los diferentes capítulos de este texto se observa una búsqueda de legitimidad que “no se limita sólo al reconocimiento histórico de su demanda por mayores y mejores condiciones del contexto en el que producen, sino que se sitúa en el ámbito de sus contribuciones -pertinentes y relevantespara el desarrollo personal.” (Mendieta, 2015, p. 23). Al final, lo que se lee es un posicionamiento político de las mujeres de ciencia, que buscan se les reconozca en un espacio altamente competitivo, como productoras de conocimiento pertinente y relevante. Una búsqueda por legitimar su trabajo y legitimarse a sí mismas como investigadoras. Uno de los temas que resultan relevantes en nuestro análisis es el uso del tiempo, pues es ahí donde se puede evidenciar las implicaciones de la vida privada sobre el desempeño y tiempo de dedicación al trabajo por parte de las mujeres, trabajo tanto remunerado como no remunerado, particularmente los relacionados con los cuidados. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “las actividades de cuidado directo, personal y relacional, como darle de comer a un bebé o cuidar de un cónyuge enfermo, y las actividades de cuidado indirecto, como cocinar y limpiar” (2019, p. 1) se consideran trabajo. Este tipo de trabajo ha sido impuesto históricamente como responsabilidad exclusiva de las mujeres, independientemente de que éstas cumplan con actividades extradomésticas asalariadas. Datos de esta misma organización señalan que las mujeres realizan el 76.2 por ciento de todo el trabajo de cuidados no remunerado, lo cuál representa 3.4 veces más que el tiempo dedicado a este tipo de trabajos por los hombres (OIT, 2019). Si bien las últimas décadas han dejado claro que las mujeres han transformado su participación en la esfera pública, esto no necesariamente aplica para la esfera doméstica donde la división sexual del trabajo sigue más presente que nunca, sobre todo cuando hay niños menores de 5 años.En 2018, las madres de niños menores de 5 años representaban las tasas de empleo más bajas, según la OIT 47.6 por ciento, lo cual representa casi siete puntos porcentuales menos que las mujeres sin hijos (OIT, 2019), pero no sólo eso, sino que aquellas mujeres con hijos que trabajan, también ven penalizada la calidad de sus empleos, pues la cantidad de horas dedicadas a trabajo remunerado disminuye. De ahí que no sea raro observar a más mujeres en los niveles jerárquicos inferiores, en el caso de las científicas, es claro que en la mayoría de países se ubican en los escalafones más bajos de la carrera científica. Para el caso de México, en un estudio realizado con mujeres miembros del SNI, se mostró como éstas dedicaban 46.7 horas a labores de cuidado directo e indirecto, mientras que los hombres dedicaban solo 25.1 horas por semana (Olvera-Castillo, 2014). Los diversos estudios sobre presupuestos y usos del tiempo llevados a cabo en todo el mundo siguen revelando lo que se llama “pobreza del tiempo” en el caso de las mujeres, especialmente cuando son las madres. Según datos publicados por varios organismos internacionales, entre ellos la OCDE (Ferrant & Thim, 2019), el tiempo es uno de los recursos que mejor demuestra la desigualdad de género. Las mujeres son en todo el mundo aquellas que acumulan la mayor cantidad de tiempo dedicado a tareas domésticas y familiares, con actividades remuneradas y son las que tienen menos tiempo libre o personal en comparación con los hombres. Datos de la OCDE indican que “a nivel mundial, las mujeres pasan tres veces más en el trabajo de cuidado no remunerado que los hombres, desde 1,5 veces más en países de América del Norte hasta 6,7 veces más en los países del sur de Asia” (Ferrant & Thim, 2019, p.6). No hay muchos estudios sobre el tiempo y el género en la academia. Por otro lado, un gran número de estudios sobre el tiempo y el Trapped indoors: maternity (es), science and COVID-19 Castañeda-Rentería & Araújo (2021) 81 género muestran que las mujeres, debido a sus decisiones en el ámbito personal y porque anticipan que no tendrán la colaboración de la familia y de los propios hombres para desempeñar el papel de la familia, a saber, la maternidad, terminan posponiendo los proyectos personales o renunciando a estos, lo que hace que las carreras en la investigación sean bastante lineales para las mujeres (Ylijoki, 2011; 2016). Si consideramos que la ciencia y la investigación requieren criterios de evaluación muy estrictos y que son actividades muy precarias, mal pagadas e inciertas, las desigualdades en el uso del tiempo, dentro y fuera de la academia que afectan de manera diferente a hombres y mujeres, son de suma importancia, en parte cuando estamos hablando de la expansión del trabajo en el hogar, debido a la pandemia y debido al desarrollo digital en curso. Como se puede observar, el trabajo académico de investigación debe abordarse considerando el impacto que el tiempo personal tiene sobre lo laboral, y viceversa, así como el contexto socio cultural que constriñe las prácticas y decisiones de las mujeres, las cuales independientemente de nivel educativo y credenciales, siguen siendo interpeladas a partir de la normativa de género que les asigna casi de manera exclusiva los tiempos relativos a los labores de la reproducción de la vida, entiéndase cuidados directos e indirectos. En este marco, los tiempos que dotan de sentido la cotidianidad de la labor de las científicas pueden pensarse a partir de varias escalas temporales. En palabras de Araujo y Barros, Estas escalas exigen una consideración del tiempo género (dimensión social, cultural y biopsicológica) en la actividad científica (plano biográfico del día a día) y su influencia en el futuro de la ciencia y la enseñanza en educación superior, en términos de la contribución efectiva para el bien común, validando la idea de que hay un conjunto de variables ligadas a los modos de organización y funcionamiento social que, por asociación a otras situaciones de vida y características biológicas, profundizan todavía más las posibilidades de igualdad de género en la academia y la ciencia (Araujo & Barros, 2015, p. 184) De acuerdo com Barbara Adam, “la idea del tiempo como socialmente constituida depende, por lo tanto, en gran medida del significado que imponemos desde “lo social”; si lo entendemos como una prerrogativa de la humanidad o, siguiendo a Mead (1959/1932) como principio de la naturaleza” (Adam, 1989: 217).La pandemia COVID-19 obliga las mujeres académicas a utilizar continuamente el hogar para trabajar ayuda a fortalecer las estructuras de división sexual del tiempo, incluso cuando el trabajo académico y científico se realiza utilizando medios cada vez más tecnológicos, como la comunicación a distancia. El teletrabajo en sus propios hogares promueve las más diversas formas de “colonización” del tiempo y el espacio de la casa, con atribuciones que son de naturaleza diferente, requieren respuestas diferentes, aunque dadas al mismo tiempo; aumentan la presión temporal ejercida sobre las personas, en particular las mujeres madres. Es probable que las computadoras, las pantallas, las reuniones y las clases en línea estén ocupadas con las solicitudes de los niños que se mueven por la vivienda y que no hacen ni distinguen el espacio o separación de tiempos (Araújo, 2020). El tiempo de la maternidad es continuo y el tiempo del trabajo académico y científico en casa también es continuo. Además, hay una superposición de algunas rutinas (como higiene y cuidado de alimentos, clases o reuniones), otras son impredecibles (enfermedades, peticiones de profesores, dudas, informes, opiniones, apoyo a proyectos, resolución de problemas y dudas de los estudiantes) y otras son inherentes tanto a la calidad de la maternidad, como a la calidad de la producción académica (amor académico, atención, artículos de redacción, propuestas de documentos, respuesta a llamadas, presentación de resúmenes), pero requieren otro tipo de tiempo: tiempo de reflexión, emoción, tiempo no cuantificable, pero absolutamente estructurante desde el punto de vista psicológico y profesional. Cuantas más personas tenga la mujer académica a su alrededor, exigiendo estos tiempos hay más presión y conflicto sobre la necesidad de incluir el tiempo académico en su vida diaria, con todos los demás tiempos. Desde el punto de vista teórico es imperativo suponer, en línea con Julia Kristeva (1983), o Barbara Adam (2002), que la socialización de las mujeres con los patrones de uso y apreciación del tiempo está estrechamente relacionada con diversas creencias sobre la temporalidad reproductiva de las mujeres su responsabilidad por la continuidad y preservación de la vida de los demás. Esta idea explica en gran medida cómo las mujeres son socializadas al mismo tiempo gestionando diversas escalas y conflictos de tiempo y, en la vida cotidiana, terminan reproduciendo esta necesidad de cuidar a los demás, que se revela aún más en la cara de la maternidad. NOTAS METODOLÓGICAS Trapped indoors: maternity (es), science and COVID-19 Castañeda-Rentería & Araújo (2021) 82 Como se señaló con anterioridad, el análisis de las identidades se debe realizar de manera contextual. No es fácil estudiar la experiencia del tiempo a través de técnicas de investigación tradicionales. Cuando el objetivo es estudiar cómo viven las madres, qué significado atribuyen a su tiempo y cómo lo valoran, es necesario utilizar métodos integrales, que permitan momentos de coproducción, con los investigadores y que se preocupa por el lenguaje y cómo es performativo y transmite una cierta manera de experimentar el tiempo y definirse como académicos. Las informaciones que analizamos han sido recuperados en el periodo que abarca la crisis sanitaria provocada por el COVID-19, y que ha obligado prácticamente al mundo entero a modificar sus prácticas y relaciones sociales, laborales, y de vida. La recuperación de la información se realizó a partir de un enfoque cualitativo, que a través de las técnicas etnográficas permitió la recuperación de interacciones y opiniones de mujeres dedicadas a la investigación que interaccionan en dos grupos de la red social de Facebook. También se recuperan para este trabajo algunas notas mediáticas de portales de medios digitales que resultan pertinentes para el trabajo. De acuerdo con Tarpo, “esta metodología en línea de análisis cualitativo deviene, al igual que la etnografía, en su ejercicio, de la participación continuada del investigador en los escenarios virtuales donde desarrollan las prácticas, que son objeto de análisis” (2008, p. 83). Tal y como lo señala Contreras (2020) la etnografía virtual es útil para abordar relaciones sociales en tiempos y espacios que se reestructuran de diversas maneras, y que producen discursos sobre temas diversos. En este sentido es importante señalar, que quién aquí escribe participa en estos grupos de mujeres investigadoras. Es a partir de marzo que se realizó la recopilación sistemática de comentarios relacionados con los padecimientos en la vida de las científicas durante la pandemia y su vínculo estrecho con la tensión provocada por los cuidados y la crianza de hijos o hijas. Los hallazgos se pueden dividir en tres grandes categorías: a) la preocupación por la disminución de la productividad y el futuro laboral; b) la constante lucha por ser una buena madre; y c) el tema institucional. ANALISIS EMPIRICA: EL “QUÉDATE EN CASA” Y ENCÁRGATE DE TODO (LOS HALLAZGOS) La preocupación por la disminución de la productividad y el futuro laboral En abril Elizabeth Hannon, Directora Asistente en The British Journal for the Philosophy of Science, comentó en Twitter “Insignificante el número de propuestas para el diario por parte de mujeres durante el mes pasado. Nunca había visto nada así”; como respuesta David Samuels, co-editor del Journal Comparative Political Studies, señaló que en el caso de esta revista la cantidad de propuestas de mujeres era la misma respecto al mismo mes del año 2019, mientras que por parte de autores hombres el número de propuestas había aumentado 50 por ciento (García-Bullé, 2020). De acuerdo con Tamara Martínez, Coordinadora de Igualdad de Género de la UNAM, en México se habla de una disminución del 40 por ciento en el tiempo dedicado a la investigación en el caso de las mujeres académicas a cargo del cuidado de menores de 5 años (Roman, 2020), lo cual se verá reflejado en una baja de productividad y la permanencia o acceso de mujeres a la carrera académica, según indicó a un medio impreso. La pandemia trajo consigo un reajuste de la dinámica familiar y laboral. Mujeres que antes aprovechaban los horarios escolares de los hijos, para sus jornadas laborales, o que dejaban al cuidado de los abuelos a los niños pequeños para cubrir jornadas completas, se vieron impedidas para hacerlo. En el caso de las académicas muchas conservamos nuestro trabajo, pero al igual que otras trabajadoras a las que les fue posible realizar trabajo a distancia, nos encontramos atrapadas en un espacio que se convirtió en oficina, cubículo, escuela y hogar al mismo tiempo. En los medios se podía escuchar todas las bondades de estar en casa con la familia, tener tiempo de calidad, pasar más tiempo con los niños, pero la verdad es que fue a las mujeres a las de la noche a la mañana se les traslaparon las actividades, las jornadas de trabajo, la demanda de tiempo, y la carga emocional de tener que estar felices por quedarse en casa.La verdad es que el espacio doméstico se vive distinto para hombre padres o mujeres madres. El ámbito doméstico no constituye el espacio donde las mujeres puedan destinar tiempo para sí mismas, “libres” de las obligaciones del hogar que les permitan construir un tiempo propio para su persona. Sino por el contrario, es un espacio de relaciones que lo dedican a los otros, donde el tiempo en lugar de detenerse, avanza sin freno; en cambio, para los hombres representa el lugar para disfrutar de su tiempo libre, dedicado para si mismos, alejados de las responsabilidades laborales. (Becerra & Santellán, 2018, p. 128). Y es en ese espacio donde quedamos atrapadas a partir de marzo de 2020. En este marco las publicaciones de las mujeres investigadoras mostraban su malestar por situaciones que tenían que ver con la no existencia de límites en los tiempos personales y laborales, “hay quién piensa Trapped indoors: maternity (es), science and COVID-19 Castañeda-Rentería & Araújo (2021) 83 que debemos estar disponibles todo el día” (DC-200720), o la sobresaturación de actividades “siento que fallo en todo, bebé, casa, trabajo…” (DC-200720). Esta situación lógicamente merma la concentración y por ende la productividad. En Brasil por ejemplo Parents in Science 2020, presentó un informe titulado “Productividad Académica durante la pandemia: efectos de género, raza y parentalidad”. Los resultados muestran que sólo el 8 por ciento de mujeres docentes han logrado seguir trabajando de manera remota, mientras el porcentaje de hombres es de un 18.3 por ciento. Cuando la cifra se analiza respecto a si tienen hijos, el porcentaje de mujeres disminuye al 4.1 por ciento. Las mujeres negras con hijos muestran la mayor afectación reportando que sólo el 3.4 por ciento logró seguir trabajando (Parents in Science, 2020). Otros resultados mostraron que sólo el 70.4 por ciento de mujeres lograron cumplir con los plazos relacionados con solicitudes de financiamiento, sumisión de artículos y otras relacionadas con la labor académica, el 79.8 por ciento de hombres lo hizo. En el caso de las mujeres con hijos el porcentaje fue sólo del 66.6 por ciento. Respecto a la productividad podemos ver en la tabla 3. Los resultados que muestra el informe de Parent in Science, coinciden con lo reportado por Staniscuaski, et.al (2020), donde además se señala que los menores porcentajes de participación en envío de artículos para publicación se da precisamente en mujeres con hijos menores de siete años. Tabla 3. Docentes que sometieron artículos científicos durante el periodo de pandemia, Brasil. Género % Género % Mujeres 49.8 Hombres 68.7 Mujeres con hijos 47.4 Hombres con hijos 65.3 Mujeres sin hijos 56.4 Hombres sin hijos 76 La disminución de la productividad académica de las mujeres con hijos o con dependientes a cargo durante este contexto de pandemia apenas empieza a estudiarse, pero puede identificarse en todo el mundo, al final la sobrecarga de los trabajos de cuidado sobre las mujeres siempre ha existido. Ya en el mes de abril Minello (2020) escribía en un texto que muchos consideraron hasta gracioso, lo difícil que era concentrarse con un nene de dos años en casa, y Claire Cain Miller, corresponsal en The New York Times, resumía la situación con la siguiente frase: “La razón por la que las mujeres hacen más trabajo no pagado durante el periodo de aislamiento es simple, siempre lo hacen”. La constante lucha por ser una buena madre. El pasado 8 de junio Roni Wright declaraba a la agencia Sinc de noticias española, “Estoy exhausta y me siento desesperada porque estoy fallando como científica y como madre” (Saez, 2020). Esta declaración no es resultado de un caso anecdótico, las investigadoras participantes en los grupos en los que se realizó la observación dan cuenta de esta tensión, por un lado, sentirse frustradas y desesperadas por no poder realizar su trabajo, entregas, cumplir con plazos, y, por otro lado, debido al estrés derivado de la situación de confinamiento, tampoco poder ser “la buena madre” que quisieran ser. En los grupos se observaron preocupaciones relacionadas con la salud mental y emocional de los niños derivado del “quédate en casa”, de la imposibilidad de visitar a los abuelos, así como también del impedimento de la convivencia con otros niños. Una cantidad importante de mujeres investigadoras son madres de hijos únicos, lo cual decían, aislaba todavía más a los pequeños, “en mi caso he trabajado como nunca, me he desvelado como nunca y siento que, como nunca, estoy atrasada en el trabajo y he descuidado a mis hijos” (DC-050820). Esto además de constituir una preocupación legítima, hacía brotar sentimientos de culpa respecto a la elección de un solo hijo o de tenerlo sin una pareja. Para el mes de agosto lo que puede notarse es un cambio con relación a la preocupación por los hijos, pero ahora con relación a la forma o institución en la que se dará seguimiento a la educación de los hijos. Para muchas mujeres investigadoras madres de niños menores de cuatro años, la opción fue no inscribir a los hijos a los grados escolares que les correspondían según su edad, “no puedo con más estrés, o le doy clases a él o me pongo a trabajar”. Otras contrataron maestros particulares, o buscaron instituciones que garantizaran un seguimiento adecuado en el modelo de educación a distancia. Como se puede observar no sólo se trata de la multiplicación de horas de trabajo que implica trabajar, cuidar, limpiar, alimentar, sino también el estrés y malestar emocional sobre los hijos, su bienestar, su futuro. No estamos sugiriendo que los hombres con hijos no se preocupen por el bienestar de sus hijos, sin embargo, esta preocupación no se expresa de la misma forma, ni parece necesariamente tener implicaciones en su productividad, aunque tendría que ser estudiado de manera más cuidadosa.