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Estudios sobre el guanche : la lengua de los primeros habitantes de las Islas Canarias

Trapero, Maximiano

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001_008 PRIMERAS copia 31 3 07 11 06 Página 2 ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE La lengua de los primeros habitantes de las Islas Canarias 001_008 PRIMERAS copia 31 3 07 11 06 Página 3 001_008 PRIMERAS copia 31 3 07 11 06 Página 4 MAXIMIANO TRAPERO ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE La lengua de los primeros habitantes de las Islas Canarias Las Palmas de Gran Canaria 2007 001_008 PRIMERAS copia 31 3 07 11 06 Página 5 ©Fundación Canaria MAPFRE GUANARTEME C/ Castillo, 6 • 35001 Las Palmas de Gran Canaria ©Del texto: MAXIMIANO TRAPERO •E-mail: [email protected] ©Del prólogo:ELADIO SANTANA MARTEL •E-mail: [email protected] Ilustración de portada: Espiral de MARTÍN CHIRINO I.S.B.N.: 978-84-88779-63-2 Depósito Legal: M. 14.840-2007. Maquetación y diseño: HILARIO SIMÓN •E-mail: [email protected] Imprime: CROMOIMAGEN,S.L.•Gregorio Benítez, 16 - 28043 MADRID FUNDACIÓN CANARIA MAPFRE GUANARTEME Presidente de Honor: FERNANDO ARENCIBIA HERNÁNDEZ Presidente: JULIO CAUBÍN HERNÁNDEZ Vicepresidente: IGNACIO BAEZA GÓMEZ Secretaria: M.aLUISA LINARES PALACIOS Vocales: SERGIO ALONSO REYES CARLOS ÁLVAREZ JIMÉNEZ JOSÉ BARBOSA HERNÁNDEZ JOSÉ LUIS CATALINAS CALLEJA MIGUEL A. HERNANDO DE LARRAMENDI (Fundación Ignacio Larramendi) RAFAEL GALARRAGA SOLORES JOSÉ HERNÁNDEZ BARBOSA JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ REJA SILVESTRE DE LEÓN GARCÍA FILOMENO MIRA CANDEL HUMBERTO PÉREZ HIDALGO SANTIAGO RODRÍGUEZ SANTANA MATÍAS SALVÁ BENNASAR JUAN FRANCISCO SÁNCHEZ MAYOR FÉLIX SANTIAGO MELIÁN ISABEL SUÁREZ VELÁZQUEZ Patronos Honoríficos: MANUEL JORDÁN MARTINÓN JUAN ANTONIO OSSUNA TORRES JOSÉ LUIS PONCE BLANCO ALFONSO SORIANO Y BENÍTEZ DE LUGO Gerente: Esther MARTEL GIL 001_008 PRIMERAS copia 31 3 07 11 06 Página 6 Los españoles siempre controvertían el nombre de las cosas y despreciaron sus vocablos y cuando se reparó para rastrearles sus costumbres por más extenso no hubo quien diera razón de ello. GÓMEZ ESCUDERO Ni menos se entendían los de una isla con los de las otras, que es argumento de que jamás se comunicaron,pues no se entendían. FR.JUAN DE ABREU GALINDO El nombre de un pueblo o sitio se originó y proviene de alguna circunstancia y tuvo significado para el primer hombre o sociedad que lo impuso… Los nombres que los antiguos canarios usaron en sus Islas son otras tantas voces que nos restan de su idioma, aunque nosotros no sepamos hoy su significado. JOSÉ AGUSTÍN ÁLVAREZ RIXO Sea como fuere y cualesquiera que sean los loables esfuerzos de los filólogos, imposible será siempre reconstruir, con esos diseminados restos, las reglas que precedieron a la formación del lenguaje canario. AGUSTÍN MILLARES TORRES Cuanto a los sucesos y modo de ser del pueblo guanche su única fuente es y ha sido la tradición, y hay fundamentos para afirmar que ésta no se ha recogido ni estudiado por los historiadores con la debida escrupulosidad. JUAN BETHENCOURT ALFONSO El único monumento vivo para esparcir un poco de luz sobre el origen de los guanches es su lengua. ALEXANDER VON HUMBOLDT 001_008 PRIMERAS copia 31 3 07 11 06 Página 7 001_008 PRIMERAS copia 31 3 07 11 06 Página 8 PRÓLOGO de ELADIO SANTANA MARTEL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17 INTRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19 I. LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL . 29 1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29 2. Antecedentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31 2.1. Las primeras noticias e informes (siglos XIV,XV y XVI) . . . . . . . . 31 2.1.1. Una lengua parecida a la de los africanos . . . . . . . . . . . 34 2.1.2. Palabras guanches . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39 2.1.3. Sobre la identidad de la lengua de los canarios . . . . . . . 40 2.1.4. Sobre la unidad y diversidad de lenguas en las islas . . . . 41 2.2. Las fuentes históricas de los siglos XVII y XVIII . . . . . . . . . . . . . 42 2.2.1. Marín y Cubas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43 2.2.2. George Glas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44 2.2.3. Antonio Porlier . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49 2.2.4. Viera y Clavijo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50 3. Los primeros estudios propiamente dichos . . . . . . . . . . . . . . . . . . 52 3.1. Bory de Saint-Vicent . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53 3.2. Berthelot . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 54 3.3. Álvarez Rixo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 56 3.4. Chil y Naranjo y Millares Torres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 58 3.5. Aportaciones finiseculares varias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59 4. Los estudios del Marqués de Bute y de Abercromby . . . . . . . . . . . . 62 5. Juan Bethencourt Alfonso y su Historia del pueblo guanche . . . . . 66 6. Wölfel y sus Monumenta Linguae Canariae . . . . . . . . . . . . . . . . 71 7. Tras la huella de Wölfel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 78 ÍNDICE GENERAL 009_016 INDICE 31 3 07 11 02 Página 9 5.1. Topónimos con el prefijo a---v . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 409 5.2. Topónimos con el prefijo discontinuo t---te . . . . . . . . . . . . . . 410 5.3. Topónimos con la estructura t---v . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 410 5.3.1. El topónimo Timanfaya . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 412 5.4. Topónimos con el prefijo tin- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 412 5.5. Topónimos con el prefijo gua-/gui- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 414 5.6. Topónimos con el prefijo m- . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 415 6. Problemática del elemento léxico de los guanchismos . . . . . . . . . . 416 7. Las comparaciones con el bereber . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 417 XIII. CATÁLOGO (PROVISIONAL) DE TÉRMINOS GUANCHES PRESENTES EN LA TOPONIMIA DE CANARIAS . . . . . . . . . . . . . 419 BIBLIOGRAFÍA GENERAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 431 ÍNDICE GENERAL DE TÉRMINOS GUANCHES CITADOS . . . . . . . . . . . 453 ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 16 009_016 INDICE 31 3 07 11 02 Página 16 STE último trabajo del profesor Maximiano Trapero, Estudios sobre el guanche,comprende un conjunto de artículos,conferencias y estudios que se encontraban dispersos en distintas publicaciones, cuando no inéditos. Esta característica tiene dos ventajas: la primera consiste en el hecho de presentar en un solo volumen el pensamiento y la valoración del autor sobre un tema tan concreto y poco difundido; la segunda, que permite al lector interesado ahondar por sí mismo (si se remite a la bibliografía citada) en las fuentes originales y profundizar sobre aquellos aspectos que desee conocer con más detalle o —simplemente— de primera mano. Cubre esta publicación los últimos trece años de la actividad investigadora en este terreno de Maximiano Trapero, pues el primer artículo (señalado con el número XI) corresponde a 1994 y el último (I en el índice) pertenece al mismo año de la publicación del actual volumen. Pero si trece son los años invertidos por el autor en presentarnos este conjunto de estudios, casi cuatro siglos (desde el XIII al XVI ) son los que corresponden a la aparición de pequeñas anotaciones, menciones a las palabras empleadas por los aborígenes canarios,al modo de las glosas,base de las fuentes primitivas sobre la que se han asentado todos los estudios posteriores (desde el siglo XVII a la actualidad). No pretendemos con este prólogo reseñar el contenido de la obra (doce artículos, un catálogo de términos guanches, una bibliografía y un índice general de términos guanches citados), pues en el capítulo introductorio está perfectamente explicado el propósito de cada una de las diferentes partes que la componen, y no íbamos a hacerlo mejor. Nos proponemos destacar dos características complementarias que revelan puntos de vista distintos y que ponen de manifiesto la visión del autor sobre un aspecto determinado de aquello que representa el grueso del conjunto de este libro: la toponimia. Una característica predomina en la mayoría de los estudios históricos que se mencionan en los distintos artículos: en muchas ocasiones los autores repiten — cuando no copian— lo que han escrito sus predecesores, es decir, que se ha respetado lo presente en el papel, casi siempre sin haber sometido a análisis si lo PRÓLOGO E LADIO S ANTANA M ARTEL 017_018 PROLOGO 2 4 07 09 54 Página 17 escrito debía —o podía— realmente ser de esa manera. Nos estamos refiriendo a la escritura, no a lo que efectivamente se ha dicho, y que por lo tanto, no ha sido oído, sino a lo que solo se ha plasmado gráficamente en un documento. Pero esa transmisión se ha realizado con unos criterios de representación gráfica no fijados, variables de un escribiente a otro, variables —mucho más— de un siglo a otro, y que hoy (siglos después) interpretamos en la lectura como si el valor sonoro de aquel elemento gráfico utilizado en su momento tuviera que corresponder necesariamente con el que hoy manejamos en nuestra escritura del siglo XXI ,con unos signos gráficos fijados, con valores casi inmutables en los últimos doscientos años. Esa carencia de análisis mencionada ha dado lugar al mantenimiento de un respeto por lo que ha permanecido de forma documental (scripta manent) que, en muchas ocasiones —como tenemos oportunidad de comprobar en el estudio X a propósito de palabras como Yaisa,Sonsamas o Guardaya— no deja de ser más que un respeto supersticioso a ediciones primitivas que están muy lejos de merecerlo. Se trata del respeto indebido a la letra impresa y antigua, como si lo impreso tuviera per se un valor del que no se puede dudar, y como si lo antiguo, representara —por el hecho de serlo— lo genuino de la existencia. En varios artículos del presente volumen se somete a análisis la escritura de muchas expresiones (topónimos en su mayoría) que se han representado con grafías diversas por distintos autores en variados tiempos.Maximiano Trapero parte de la comparación gráfica, trata de hacer una lectura con los valores sonoros actuales de los signos representados en otras épocas y recurre —ante la imposibilidad de elegir una u otra de las formas escritas como válida— al único criterio que le queda: la oralidad. Fiel a su tarea investigadora de recolector de este modo de expresión, que lo ha llevado a recoger materiales —como él mismo dice— en diversas islas, distintas penínsulas y varios continentes, manifiesta el respeto por lo que permanece, pero no ya en el plano de la escritura, sino en el de la expresión genuina de la lengua, y así, teniendo en cuenta lo que ha quedado,no duda en proponer que sea este (la oralidad) el criterio de representación actual para aquellas formas que se ofrecen como dudosas al haber sido recogidas con distintas escritura que pueden resultar contradictorias, aunque oralmente no lo son. Esta propuesta suya puede resultar chocante en una primera impresión, pero solo se produce si la impresión es de carácter visual (estamos demasiado acostumbrados a ver escrita la palabra Guarazoca,por ejemplo), no ocurre, en cambio, si la impresión es de carácter auditivo, pues es Guarasoca,lo que oímos hoy en la isla de El Hierro y lo que seguramente oyó aquel que un día decidió escribirlo por primera vez y no le quedó claro si debía hacerlo de una o de otra manera. Si unas líneas más arriba hemos afirmado que el respeto indebido a la letra impresa y antigua se profesa muchas veces a expresiones que están muy lejos de merecerlo, no tenemos duda en asegurar que la expresión que permanece, que ha permanecido durante siglos, lo merece sobremanera, incluso no siendo impresa. Aunque para ser coherentes con algo que hemos dicho antes, no nos quede más remedio que alterar aquí la cita latina y afirmar entonces que verba manent. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 18 017_018 PROLOGO 2 4 07 09 54 Página 18 Nlos últimos doce o trece años he tomado el estudio del guanche como una de las líneas principales de mi investigación.Y digo estudios sobre «el guanche» (la lengua de los antiguos canarios),aclarando desde un principio que en absoluto pretenden serlo sobre los guanches, como pueblo, o sobre su cultura u organización social, sino solo sobre la lengua, y, dentro de ella, sobre los únicos elementos que han pervivido, pertenecientes al dominio del léxico. Mi interés por el guanche tuvo, en el principio, una doble motivación indirecta. La primera fue que como profesor de «El español de Canarias», asignatura que se implantó como optativa en la renovación de planes de estudios al comienzo de la década de los noventa en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, me topaba siempre con un capítulo nuevo que tenía que explicar a mis alumnos, siendo éste original y único, del que carecen todas las otras modalidades dialectales del español de España, pues ninguna de ellas tiene un sustrato lingüístico que pueda identificarse propiamente como «aborigen». Del español de España digo, no del español en general, pues muchas naciones hispanoamericanas (por no decir todas) tienen idénticos sustratos amerindios comparables al guanche de Canarias. En unos casos no se trata tan solo de sustratos,sino de verdaderas lenguas,que conviven con el español (caso del maya, del quechua, del aimara o del guaraní), pero en otros muchos casos se trata de simples sustratos léxicos (como en los países del Caribe, en donde se perdieron sus lenguas aborígenes), comparables en más o en menos con lo que ocurre con el guanche respecto al español que se habla en Canarias. La segunda motivación me vino por vía del estudio de la toponomástica, disciplina a la que vengo dedicándome desde hace muchos años.Y en efecto, en el campo de la toponimia de Canarias hay también un capítulo esencial que tiene que ver con el guanche, también característico y único en el panorama de los estudios toponomásticos españoles. Cierto aquí que en todas las regioINTRODUCCIÓN 019_028 INTRODUC 29 3 07 20 37 Página 19 nes españolas puede hablarse de topónimos celtas, o iberos, o romanos, o visigodos, o árabes, etc., cosa que no ocurre en Canarias, pues fue territorio «nuevo» que desconoció la impronta lingüística de todas esas civilizaciones 1, pero ninguna otra tiene un corpus toponímico «aborigen» tan uniforme y tan representativo como Canarias, ni tan amplio, ni tan cercano en el tiempo, ni tan identificable como diferencial. En efecto, la identificación de un topónimo español como celta, o como romano, o como visigodo (menos como vasco y menos aún como árabe), es por lo general muy difícil de hacer, y es tarea que queda reservada generalmente a los filólogos y a los etimologistas, pero en el caso de Canarias es relativamente fácil distinguir un topónimo de origen guanche del resto de origen hispano o románico,siendo además una distinción que suele hacer cualquiera y de continuo. Así que de la conjunción de esas dos «necesidades» profesionales,la docente y la investigadora, surgió en mí la motivación por el estudio del guanche.Y otros dos principios han guiado mis investigaciones en este campo: la prioridad de la oralidad y el léxico de la toponimia. La oralidad como fuente primaria de documentación, y la toponimia como campo de estudio necesitado de revisión. En esos dos principios puede residir la cierta originalidad que tengan mis estudios sobre el guanche. Pues, en efecto, los muchos estudios que se han hecho con anterioridad lo han sido de manera casi exclusiva sobre la documentación contenida en las fuentes documentales e historiográficas de las primeras épocas de la conquista y posterior colonización de las Islas. Cierto es que la lengua de los guanches se perdió pronto (a lo más,cabría pensar en dos o tres generaciones posteriores a la conquista de cada isla) y que no hubo entonces,cuando todavía estaba viva,hombre conquistador o cronista o monje predicador o misionero que se preocupara por recogerla y describirla o por hacer una gramática o diccionario de ella, como sí los hubo un siglo después en América, y que, por tanto, lo que nos ha llegado del guanche, incluso en esa documentación escrita, no pasa de ser un conjunto de elementos sueltos referidos con exclusividad al léxico y que no superan el concepto de «palabra» más que en contadísimas ocasiones. Nos gusta reproducir con frecuencia las palabras que a este respecto escribió el cronista de la conquista de Gran Canaria Gómez Escudero, pues reflejan muy bien lo que aconteció en aquel tiempo crucial de la historia de Canarias y las consecuencias que de aquello se han derivado para el conocimiento de la lengua que hablaron sus habitantes primeros: ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 20 1Otra cosa es que en Canarias puedan detectarse topónimos que tengan alguno de esos orígenes, pero no por la acción directa de la imposición del nombre, sino por haberse previamente «españolizado» y puesto después a un territorio por imposición de los colonos castellanos que ocuparon las Islas a partir del siglo XV. 019_028 INTRODUC 29 3 07 20 37 Página 20 21 Los españoles —dice el cronista— siempre controvertían el nombre de las cosas [de los canarios] y despreciaron sus vocablos y cuando se reparó para rastrearles sus costumbres por más extenso no hubo quien diera razón de ello (Morales Padrón 1978: 435). Así ocurrió: los españoles cronistas, historiadores o documentalistas de la primera época de la colonia «controvertieron» los nombres que los guanches daban a sus cosas, a los lugares en que vivían, a las prácticas rituales que hacían, a sus creencias, a sus vivencias. No hubo entonces ánimo de fidelidad, ni se preocuparon demasiado los escribanos públicos de recoger los testimonios de los aborígenes con la exactitud que fuera deseable.Y así se ha transmitido lo que de la lengua de los guanches se escribió,a la ligera,y por lo general no oído directamente de los guanches, sino copiado y recopiado por escribanos mal pagados y descuidados,como expresamente denuncia Dominik Josef Wölfel (1996: I, 53), el principal estudioso del guanche.Y así se han venido también repitiendo y repitiendo esos términos en todos los estudios que sobre el guanche se han hecho desde el siglo XIX. Si no dispusiéramos de más prueba documental del léxico guanche que esas escrituras, con ellas deberíamos conformarnos, pero ha quedado otra fuente mucho más completa y mucho más fidedigna, que es la oralidad, y sin embargo ha sido sistemáticamente ignorada o regularmente menospreciada en esos estudios, como si no mereciera el carácter de fuente.Y ello por dos causas principales:primera,porque los estudiosos del guanche han sido generalmente extranjeros, desconocedores del español y de la realidad canaria, y segunda porque sus estudios los han hecho «a la distancia», sobre listas y repertorios precedentes, sin molestarse en someterlos a la mínima crítica de la veracidad y sin descender a la comprobación de los «estudios de campo».Y sin embargo la oralidad estaba ahí, viva y palpitante, dispuesta para todos, hablando para quien quisiera oírla. Cierto que la oralidad sobre el guanche llegada a nosotros no puede ser tenida como «auténticamente guanche», pues los elementos de origen de aquella lengua han sido «españolizados» y desde esa perspectiva deben entenderse y tratarse. Pero no menos «españolizadas» en la escritura fueron las palabras guanches de que dieron cuenta cronistas e historiadores,y sin embargo éstas se tienen por más verdaderas y fiables que las que han pervivido en el habla.Y craso error es ese, porque más fiel es siempre a la identidad lingüística lo que se transmite de manera natural por vía oral que por la escritura, pues esta implica una doble transmutación: primero en cuanto al cambio del significante de una lengua al significante de otra lengua, y después en cuanto a la transliteración de una secuencia sonora en un segmento ortográfico. Cierto también es que el descuido de la oralidad como fuente de estudio del léxico guanche no ha sido absoluto, pues un hombre hubo que la tomó INTRODUCCIÓN 019_028 INTRODUC 29 3 07 20 37 Página 21 como base de sus investigaciones, y justamente en un tiempo (último tercio del siglo XIX) y en un lugar (principalmente la parte del sureste de Tenerife) en que la tradición seguía siendo un modo de vida casi inmutable.Ese hombre fue Juan Bethencourt Alfonso (1847-1913),médico y antropólogo tinerfeño, nacido en la región de Chasna, que dejó una obra imprescindible en todo lo referido a los guanches, también a su lengua, pero que estuvo inédita hasta los últimos años del siglo XX y por tanto inhabilitada para todos hasta ahora. *** Trece son los estudios que reunimos aquí, algunos inéditos pero los más publicados como ponencias en congresos, como homenaje a determinadas personalidades,como capítulo de un libro colectivo o como simple artículo en revista especializada.Algunos nacieron primero como una conferencia y tomaron después la forma definitiva del artículo erudito, y otros nacieron desde el principio con esta forma y objetivo. La dispersión de unos y otros hace muy difícil su consulta y fragmenta la opinión del autor en torno a un tema tan concreto y específico como este, por eso la conveniencia de reunirlos en un solo volumen. Obviamente, para publicarlos aquí juntos los he revisado uno por uno y los he puesto al servicio del conjunto. A las simples correcciones de erratas de los textos en su primera publicación, se añaden aquí las modificaciones estructurales que convenían al conjunto y la revisión de las citas bibliográficas, acomodándolas a las nuevas ediciones habidas en los últimos años de determinadas obras de referencia, como los Monumenta Linguae Canariae de Wölfel (1996), la crónica de la conquista franco-normanda Le Canarien (2003) o el capítulo que sobre Canarias escribió Gaspar Frutuoso en su Saudades da Terra (2004).A continuación se da cuenta del origen que tuvo cada artículo en particular, su carácter, el lugar y fecha de su publicación, en su caso, y las modificaciones efectuadas para su publicación aquí. El estudio I es inédito.Tuvo su origen en una conferencia que pronuncié en el Seminario científico que el Institutum Canarium de Viena celebró en El Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria en mayo de 2005, allí simplemente esbozado en su línea argumental, y posteriormente ampliado y escrito para la conferencia de ingreso en el Instituto de Estudios Canarios de La Laguna, pronunciada el 7 de marzo de 2007. En varios aspectos este estudio es coincidente y se complementa con el estudio X, si bien tienen alcances distintos: este primero dedicado a todo tipo de estudios sobre el guanche, y aquél dedicado exclusivamente a las fuentes para el estudio de la toponimia guanche. El estudio II, «Origen, etimología y significado de la palabra guanche», se reproduce aquí básicamente como en su día se publicó en el Anuario de Estudios Canarios (n.º 44, 1998, págs. 99-196), con la coautoría de ELENA LLAMAS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 22 019_028 INTRODUC 29 3 07 20 37 Página 22 23 POMBO,profesora titular de Filología Francesa de la Universidad de Salamanca, pero con un significativo cambio en el título, allí en forma interrogante: «¿Es guanche la palabra guanche? Revisión histórica, filológica y antropológica de un tópico». Este cambio en el título refleja la actitud del autor en la formulación de una teoría científica: allí presentada más como hipótesis, aquí ya como tesis formal. Claro está que en este cambio (de título y de actitud del autor) han mediado nuevas reflexiones para reafirmar la creencia en lo que se formula en el siguiente estudio. El III, «Nuevos datos y argumentos sobre el origen francés de la palabra guanche», se publicó en el Homenaje que la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria rindió a la Profesora María del Prado Escobar Bonilla (2005, págs. 687-712), y puede considerarse como una continuación o segunda parte del anterior estudio. Naturalmente, debido a su reciente publicación, se reproduce aquí tal cual. Fue necesario insistir en la formulación de nuestra teoría sobre el origen francés del término guanche,a la vista de las reacciones que produjo nuestro primer estudio. Lo hizo primero la profesora LLAMAS POMBO con un nuevo artículo (2004:783-801) en que puntualiza el cambio fonético que pudo darse en la pronunciación del francés medieval g(u)anche al español guanche,y lo hice yo después aportando lo que se dice en el título de nuestra artículo: nuevos datos y reforzados argumentos sobre el origen francés de la palabra guanche.Para nosotros, este asunto, por mucho que sea criticado o silenciado, a no ser que surja una nueva alternativa etimológica más convincente, es ya un tema resuelto y cerrado. El estudio IV, «Los nombres guanches: Historia, filología y diletantismo», tuvo su origen en la conferencia que pronuncié en la sede del Centro Asociado de la UNED de Las Palmas de Gran Canaria con motivo de la inauguración del curso académico 1997-98, y que se publicó después (1998) de manera exenta en la colección «Conferencias inaugurales» de ese Centro de la UNED.Se reproduce aquí tal cual, con algunas correcciones y precisiones mínimas. El estudio V,«¿Cómo determinar el origen guanche de un término del habla canaria? A propósito de Alar y Abama», puede decirse que se publica aquí por vez primera, al menos tal cual aquí se presenta. En él se plantea el delicado y complejo problema al que se enfrenta el estudioso del léxico canario en la determinación de si un término xes o no es un guanchismo. En la mayoría de los casos, estos términos tienen una configuración morfológica que los identifica de entrada, tipo Tijarafe, Tacoronte o Guiniguada,pero en otros muchos casos la identificación es muy dudosa por el simple aspecto mal y debe recurrirse a su significado en la lengua o al mundo de sus referencias en la geografía, en caso de ser topónimo. Es el caso concreto de los dos términos que se proponen como ejemplo, ambos topónimos, y que a la postre uno resulta INTRODUCCIÓN 019_028 INTRODUC 29 3 07 20 37 Página 23 serlo,Abama,y el otro no,Alar 2.La presentación teórica del problema de este artículo procede básicamente del apartado 3.1. de las «Cuestiones introductorias» de nuestro libro Pervivencia de la lengua guanche en el habla común de El Hierro (Trapero 1999b:22-26), y el ejemplo de Alar del apdo. 3.2. de ese mismo capítulo y libro (págs. 26-28), pero el ejemplo de Abama es inédito. El estudio VI, «Importancia de la tradición oral en el estudio de la toponimia: Roque Nublo ¿un guanchismo?», reitera nuestra posición científica en favor de la prioridad que deben tener las fuentes orales en el estudio de la toponimia canaria en general y guanche en particular, y lo ilustramos con el caso del topónimo Roque Nublo,un aparente castellanismo y que esconde un guanchismo de origen. El texto fue publicado por vez primera con este mismo título en la revista El Museo Canario (n.º XLIX,1994, págs. 269-282) y se reprodujo en mi libro Para una teoría lingüística de la toponimia (Trapero 1995a: 153-166). La versión que aquí se publica pone títulos a los distintos apartados del texto (anteriormente solo señalados numéricamente) y añade un post scriptum con motivo de unas nuevas documentaciones registradas del topónimo en escrituras del siglo XVIII que certifican la naturaleza guanche del término actual Nublo. El estudio VII, «Sao:un falso guanchismo», plantea la posición contraria al estudio anterior: si Nublo resulta ser un guanchismo de origen evolucionado hacia una forma castellana, Sao es un claro canarismo evolucionado desde el castellanismo sauce pero que ha sido considerado como guanchismo por los más de los autores de la filología canaria. Lo publicamos por vez primera en forma de artículo breve en la revista Aguayro de la Caja de Canarias (n.º 202, Las Palmas, 1993, págs. 16-18) y se reprodujo en nuestro libro Para una teoría lingüística de la toponimia (Trapero 1995a: 167-172). La versión que aquí publicamos está totalmente revisada y contiene muchas añadiduras y nuevos títulos, por lo que puede decirse que es nueva, incluso en la estructura general del texto. El estudio VIII, «Un ejemplo de bilingüismo en el español de Canarias: los nombres de cabras y ovejas en El Hierro», se publicó tal cual en el Homenaje que el Cabildo de Gran Canaria dedicó a Alfonso Armas Ayala (Trapero 2001), y también como capítulo independiente de nuestro libro Pervivencia de la lengua guanche en el habla común de El Hierro (Trapero 1999b: 69-118), aquí con el título «El vocabulario de los colores de ovejas y cabras en El Hierro». La tardanza en la publicación del Homenaje a Armas Ayala explica el desESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 24 2Otros dos ejemplos concretos se presentan después en sendos artículos, el VI y el VII, con la misma problemática: el de Roque Nublo,que aparenta ser un castellanismo y resulta ser un guanchismo, y el de Sao,considerado como un guanchismo por los estudiosos de la lengua guanche y que resulta ser un canarismo procedente del castellano sauce. 019_028 INTRODUC 29 3 07 20 37 Página 24 25 fase de fechas entre ambas publicaciones. El estudio trata principalmente de los nombres que las cabras y ovejas de El Hierro reciben por parte de sus pastores motivados por el color de su pelo o de su lana, pero se añade un apartado final en que se da cuenta de otras distinciones léxicas, motivadas por la presencia o dimensión de la cornamenta, de las orejas, de las mamellas, de las ubres, etc.Y es un ejemplo perfecto de la «aculturación» que debió producirse en los primeros momentos de la colonización de las islas tras la conquista entre aborígenes y castellanos, aunque seguramente sea el único que pueda ponerse que permanezca vivo hoy en todo el archipiélago. El estudio IX, «Sobre el pretendido arabismo de la lengua guanche:A propósito de una relación de topónimos guanches en un diccionario de arabismos del siglo XVI», es totalmente inédito, y fue preparado para su publicación en el Anuario de Estudios Atlánticos,correspondiente al año 2007, precisamente en Homenaje a quien fuera su fundador y director vitalicio,don Antonio Rumeu de Armas. Pero había dado cuenta de él, anunciándolo, en un artículo publicado en el Suplemento Cultural del periódico La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria, 17 de julio de 2006) referido a la «cueva pintada de Gáldar», por cuanto en ese diccionario de arabismos de finales del siglo XVI de un autor llamado Diego de Guadix, se daba cuenta del nombre de Gáldar y del motivo de ese nombre: por haber en él una «casa preciosa» (de paredes y puerta labradas a maravilla y en la que vivían unas doncellas consagradas a los ritos de la comunidad), «casa» que puede identificarse con la cueva pintada. Este hecho puntual nos dio pie para tratar de un asunto que ha tenido una continuidad persistente a lo largo de los siglos, y tanto entre la gente común como entre historiadores y hombres de cultura: la falsa creencia de que la lengua que los antiguos canarios hablaban era el árabe o una lengua emparentada con el árabe, como es el caso de Diego de Guadix. El estudio X se centra en las «Fuentes para el estudio de la toponimia guanche», y puede considerarse como complemento al estudio I sobre los estudios realizados sobre el guanche. Pero como este capítulo de fuentes se publicó mucho antes, en 1996, dentro del libro El español de Canarias hoy: análisis y perspectivas,coordinado por Javier Medina y Dolores Corbella y editado por Vervuert en su serie «Lingüística Iberoamericana», y contenía en su título tanto el término «fuentes» como el de «estudios» (Trapero 1996a), en la versión que aquí publicamos modificamos mucho aquella primera y la adaptamos al conjunto del libro, tratando de no repetir en exceso lo que de manera autónoma sí tenía sentido. El estudio XI, «Los topónimos guanches de Gran Canaria en la obra de Juan Bethencourt Alfonso», se publicó primero en Philologica Canariensia,revista de la Facultad de Filología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria INTRODUCCIÓN 019_028 INTRODUC 29 3 07 20 37 Página 25 de N.S.de la Candelaria,y casi como disculpándose por no haber hallado más, o como justificando las pocas noticias directas acumuladas: Esto es lo que de las costumbres de los naturales he podido, con mucha dificultad y trabajo, acaudalar y entender, porque son tan cortos y encogidos los guanches viejos que, si las saben, no las quieren decir, pensando que divulgarlas es menoscabo de su nación. Y así quedar yo corto, habiéndolo tomado tan tarde (pues ha casi cien años que la isla se conquistó) no es culpa mía, ni yo me ofrecí a dar más de lo que podía (Espinosa 1980: 45). Esto es lo que dice Espinosa al final de su Libro Primero, que es el que trata «de la descripción de la isla de Tenerife, de la gente y costumbre de los naturales de ella».Y cosas parecidas había dicho al comienzo de su Historia, en el Prohemio del Autor, insistiendo una y otra vez en el gran trabajo que tuvo para reunir sus noticias, por la falta de escrituras y por la poca memoria que de los hechos pasados quedaban entre los guanches vivos. Estas son sus propias palabras: Pues habiendo falta de escrituras, tengo que andar mendigando de uno en otro; sacando de las entrañas de los vivos lo que vieron los ojos de los muertos; haciendo presentes las cosas pasadas y las que están ya en las tinieblas del olvido envueltas, sacarlas a luz y memoria (ibid.: 16) Y así me dispuse luego, tratando de hacerlo con la diligencia y fidelidad que tal negocio requería, no perdonando el trabajo incomportable de los muchos caminos que he andado,ni el gasto excesivo que en ellos he hecho, para informarme de personas fidedignas, que de las cosas sucedidas de doscientos años a esta parte me diesen luz (ibid.: 17). También advierto que lo que escribo de la isla y de los naturales de ella y sus costumbres, lo he averiguado con la más certidumbre que he podido, escogiendo de lo mucho lo más cierto y llegado a razón y más recibido. Mas lo que trate de conquista, guerras y conquistadores, parte, y la más, es de oídas,y parte es sacado de los archivos y escritorios en pleitos que entre partes se trataban sobre tierras y posesiones he hallado; y si no fuere tan por extenso todo contado como ello pasó, no es culpa mía, pues no me pude hallar presente cuando ello pasó, ni hay hombre en las islas todas que lo viese; y más vale saber algo, aunque breve y confuso, que no quedar de todo ayuno» (ibid.: 17-18). Y aún antes del dominico Alonso Espinosa, el italiano Girolano Benzoni, que de paso hacia las Indias se entretuvo unos meses en Canarias, entre 1542 y 1552, escribió un Breve discurso acerca de algunas cosas notables de las islas de Canarias,en el que cuenta lo siguiente: Los canarios están ahora casi completamente extinguidos; yo he visto a uno solo en la isla de La Palma, de unos 80 años de edad y a quien, por ser ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 32 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 32 33 sucesor de los principales de la isla, los Reyes de España le daban un tanto cada año para sustentarse. Hablé con él algunas veces con el fin de conocer la manera de vivir y las costumbres de ellos, pero nunca lo pude encontrar libre de los humos del vino, pues desde que lo probó todo su placer estuvo en emborracharse. Por tanto, no puedo dar noticias sino de lo poco que he visto, y de las relaciones que he tenido de algunos ancianos españoles. Atendiendo pues a esta realidad, tenía toda la razón el cronista de la conquista de Gran Canaria Gómez Escudero para lamentarse de la poca atención con la que los españoles trataron de aprender la lengua y las costumbres de los canarios aborígenes: Los españoles —dice el cronista— siempre controvertían el nombre de las cosas [de Canarias] y despreciaron sus vocablos [los de los canarios] y cuando se reparó para rastrearles sus costumbres por más extenso no hubo quien diera razón de ello (Morales Padrón 1978: 435). Reproche que vuelve a reiterar, tres siglos más tarde, con más contundencia aún,Agustín Millares Torres en su Historia: El orgullo castellano y el desprecio que pueblos infieles e idólatras habían de inspirar a tan fieros conquistadores, fue la causa de que se abandonara como estéril y pecaminosa toda investigación dirigida a conservar el recuerdo exacto de las leyes, usos, costumbres, religión y lenguaje de los aborígenes, y que fuesen asimismo despreciadas las tradiciones referentes a su origen, llegando en fin a desaparecer todo medio seguro de profundizar cuestiones que luego habrían de adquirir un interés tan vital para la resolución de muchos e interesantes problemas etnográficos (1977: I, 3-4). Y a todo ello, cabría añadir la «debilidad» que supone la tradición oral para la reconstrucción del pasado, tal cual expresa para el caso concreto de las antigüedades de Canarias Rumeu de Armas: Como es de todos sabido, la tradición oral [cursiva del autor] —que con tanto ardor invoca Espinosa como base primordial de su relato— es una fuente sumamente débil, ajena por completo a una cronología rigurosa; que profundiza escasamente en el tiempo, a lo sumo tres generaciones, y que arrastra siempre una carga explosiva de leyenda y fantasía. Los actores de la Conquista, castellanos y guanches, habían desaparecido de este mundo mucho antes de 1590; a quienes interroga Espinosa es a sus nietos y bisnietos,los más de ellos analfabetos o incultos y ajenos por completo a los poderosos medios de difusión de los tiempos modernos (1975: 10). En fin, puede deducirse de todo esto que aquellas «sesiones de información» con los nativos guanches de que se sirvieron el Padre Espinosa y LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 33 Abreu Galindo para elaborar sus tesis debían parecerse un poco a la vulgar «conversación de sordos», como irónicamente las juzga Georges Marcy (1962: 257-258). 2.1.1. Una lengua parecida a la de los africanos No son muy explícitas las fuentes historiográficas primarias en el asunto de la lengua de los aborígenes, como sí lo son en otros aspectos de su cultura y costumbres.Y aún las noticias que se dan sobre la lengua están vinculadas en todos los casos al propósito de saber cuál fuera el origen y procedencia de los primeros habitantes de las islas.Y eso que, como diría Humboldt, una vez que conoció a su paso por Canarias la naturaleza de las Islas y las historias que en ellas se habían sucedido, «el único monumento vivo para esparcir un poco de luz sobre el origen de los guanches es su lengua, pero por desgracia solo nos ha quedado de ella cerca de 150 voces, de las que algunas expresan idénticos objetos según el dialecto de las diferentes islas» (Humboldt 1816: 170). Cuentan los historiadores de aquellos primeros momentos y los viajeros que pasaron por las islas a lo largo del siglo XIV,que trataron de saber de los nativos sobre su procedencia y sobre el tiempo en que habían llegado a las islas, que la respuesta fue en todos los casos muy confusa porque la memoria de los antepasados se había roto. El primero de estos testimonios es del açoriano Gaspar Frutuoso, que escribió sus capítulos sobre Canarias hacia 1580, bien fuera a partir de las visiones directas que él había tenido de su estancia en las islas o de las notas que pudo tomar en su isla de San Miguel de quienes habiendo estado en las Canarias se lo relataron, que es cuestión esa que ofrece debate. En lo concerniente a esta información,dice expresamente Frutuoso que se lo contó un compatriota suyo de la isla de San Miguel, llamado Andrés Martins, que había residido durante muchos años en Tenerife y que había tenido amistad con un natural guanche de Gran Canaria, llamado Antón Delgado. Extrañábase el açoriano de que no tuviesen memoria los naturales de aquellas islas de dónde procedían. «Y preguntándole si tenía de esto alguna noticia —escribe Frutuoso—, le respondió Antón Delgado, sonriéndose, que de dónde podían proceder sino de esta Berbería, que estaba allí tan cerca.Y le replicó Andrés Martins que no podía así ser, porque si fuesen de allí tendrían la ley y secta de los moros y la misma lengua. A lo que respondió Antón Delgado: Parece que en el tiempo cuando los habitantes de Canarias de la tierra de África vinieron a parar aquí, todavía no había la secta de Mahoma, que ahora siguen los moros; porque yo entiendo tres lenguas, a saber, la de Canaria, la de Tenerife y la de La Gomera, y todas se parecen mucho a la lengua de los moros.Y aun decía Antón Delgado que bien podía esto ser así, pues los canarios tienen todas las maneras de los moros y ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 34 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 34 35 parece que aunque cambiaron el lenguaje que traían, no cambiaron algunas costumbres de su tierra, que habían visto con sus ojos y practicaban entre ellos allá.Y aunque los canarios tengan variedad, sus lenguajes casi todos tiran al de los moros» (Frutuoso 2004: 52-53). El segundo testimonio es el de Alonso de Espinosa (hacia 1590), el autor que con tanto empeño buscó entre los guanches viejos noticias de sus antepasados. Esto es lo que nos dice que logró saber: «En otro tiempo fue habitada esta isla [Tenerife] de los naturales que llamamos guanches, cuyo origen, ni de dónde hayan venido a ella, no he podido descubrir, porque, como los naturales no tenían letras, aunque de padres a hijos hubiese alguna memoria, como ésta es deleznable y falta, faltó la ciencia de su origen y descendencia» (Espinosa 1980: 32).Y añade en párrafos posteriores que su opinión personal es «que ellos son africanos y de allá traen su descendencia, así por la vecindad de las tierras, como por lo mucho que frisan en costumbres y lengua, tanto que el contar es el mismo de unos a otros» (ibid.: 33). El tercer testimonio es el de Leonardo Torriani, el ingeniero italiano que estuvo varios años en Canarias con el encargo de Felipe II de asegurar la fortificación de las islas y a quien debemos una inestimable Descripción de las islas Canarias,posiblemente concluida hacia 1592. Recoge Torriani a este respecto la famosa leyenda de las lenguas cortadas, y de ella hace derivar sus conclusiones. Ocurrió que un pueblo de africanos que era súbdito de Roma, en ausencia de los jefes, mató a los delegados,y en venganza los romanos después de matar a los caudillos de la rebelión cortaron las lenguas de sus seguidores y metiéndolos en barcos los mandaron a poblar estas islas.Y sigue Torriani: «De donde resultó, según la opinión de éstos, que los descendientes de estos africanos usaron un lenguaje diferente de todos los demás; y, a pesar de que siguiese pareciéndose mucho más al africano que a cualquier otro, dicen que los hijos que nacieron de padres y madres mudos dieron nombres a las cosas, así como la naturaleza se los inspiraba; de modo que tanto creció entre ellos la confusión de las lenguas, que (casi como los de la torre de Babilonia), un pueblo no comprendía al otro» (Torriani 1978: 20). Finalmente,el cuarto testimonio es el de Abreu Galindo,contemporáneo de Espinosa y de Torriani en la escritura de su Historia,aunque esta no fuera publicada hasta 1632, y el más prolijo de los tres en la acumulación de noticias relativas al poblamiento de las islas y a la identidad de la lengua de sus pobladores primitivos. Dice Abreu que halló en la catedral de Las Palmas un libro que hablaba de los orígenes de los canarios y que decía que eran provenientes de África, por razón de la rebelión que tuvieron con Roma y del castigo que los romanos les hicieron de cortarles la lengua, «por que —dice literalmente Abreu— do quiera que aportasen, no supiesen referir ni jactarse que LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 35 en algún tiempo fueron contra el pueblo romano.Y así, cortadas las lenguas, hombres y mujeres y hijos los metieron en navíos con algún proveimiento, y pasándolos a estas islas, los dejaron con algunas cabras y ovejas para su sustentación.Y así quedaron estos gentiles africanos en estas siete islas, que se hallaron pobladas» (Abreu 1977: 31).A esta noticia que daba el libro de la catedral de Santa Ana, añade Abreu, de su propia cosecha por la observación que tenía del hablar de los isleños lo siguiente: «También me da a entender hayan venido de África, ver los muchos vocablos en que se encuentran los naturales destas islas con las tres naciones que había en aquellas partes africanas, que son berberiscos y azanegues y alárabes» (ibid.: 31) 2.Y cita el nombre de Telde como ejemplo,que tanto nombra a una ciudad de la isla de Gran Canaria como a unas huertas que están en el Cabo de Aguer (actual Marruecos) «no muchas leguas —dice Abreu— de la ciudad de Tegaste, donde estuvo enterrado el cuerpo de San Agustín 3[...] De manera —sigue diciendo Abreu Galindo— que ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 36 2Los alábares (o alarbes,como aparece en otros contextos) son los de raza y religión árabe, los procedentes de Arabia, mientras que los berberiscos son los bereberes, los nativos del norte de África, anteriores a la invasión de los árabes. 3Por la descripción tan minuciosa que Abreu hace del lugar en que estaba la tumba de San Agustín, parece como si la hubiera visto con sus propios ojos: «En la cual huerta -sigue diciendo Abreuestá una casa pequeña con una puerta chica entre unas tapias, y unas parras de almuñécar junto a una acequia de agua, con que se riegan muchas huertas.Y dentro de esta casa, en la pared, está el sepulcro de San Agustín, en la pared frontera como se entra por la puerta, con una losa negra encima».Y concluye:«Esta ciudad de Tegaste está tres leguas del mar y cercana a Fuerteventura y junto al monte Atlas, en la faldas dél, por donde descienden muchos ríos y arroyos» (Abreu Galindo 1977: 32). Pero en la ubicación del lugar del sepulcro de San Agustín parece estar totalmente equivocado Abreu Galindo. Según la tradición llegada a nosotros, San Agustín, nació en Cartago, estudió en Roma y Milán, fue obispo de Hipona y murió en Tagaste o Tagasta, actualmente perteneciente a Argelia, cercano a la frontera con Túnez, con un nuevo nombre árabe, Souk Ahras,como hemos comprobado personalmente in situ.También Álvarez Rixo se hizo eco de esta cita de Abreu, rectificando en el buen sentido la ubicación del lugar del nacimiento del santo, a partir del propio testimonio en Confesiones;dice Álvarez Rixo: «San Agustín era de un pueblo del África, junto a Cartago, cuyo nombre era Thagaste» (1991: 35). Al respecto, me parece pertinente referir aquí una anécdota personal. Mi hija Gara, terminada su carrera, decidió preparar unas oposiciones en una Residencia de Madrid que tenía fama de buen ambiente de estudio. Se llamaba (y se llama) Tagaste.De inmediato aquel nombre lo relacioné yo con algún topónimo canario, y le pregunté a mi hija del porqué del nombre de la residencia madrileña; me dijo que debía ser por la especial relación de aquel colegio con las Islas Canarias, al ser residencia de muchas alumnas canarias. El primer día que fui a verla al colegio,al entrar vi en la recepción un cuadro que de inmediato identifiqué con una leyenda que había oído en mis tiempos escolares: un hombre paseaba pensativo por una larga playa, tratando de comprender el misterio de la Santísima Trinidad, mientras unos niños trataban de llenar con unos cubos un hoyo que habían hecho en la arena. La leyenda seguía diciendo que aquel hombre pensativo era San Agustín, y que se acercó a los niños y les preguntó qué estaban haciendo. 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 36 37 en los nombres propios parece conformar, y en muchos vocablos apelativos, los de estas islas 3.con los africanos.Y dello se puede colegir qué nación haya venido a cada isla, conforme a la consonancia de los vocablos» (ibid.: 32). En ello tiene Abreu mucha razón, tanto por lo que se refiere a los topónimos (los «nombres propios» que dice), por ser el caudal incomparablemente mayor que quedaba del léxico guanche, como a los «vocablos apelativos». Como prueba de que la lengua de los aborígenes, por sus similitudes y diferencias insulares, podría dar cuenta del origen de los guanches de cada isla, pone Abreu el siguiente ejemplo: «Parece que a Lanzarote, Fuerteventura y Canaria arribó la nación de los alábares, entre los africanos estimada en más; porque en estas islas llamaban los naturales a la leche aho,al puerco ylfe,a la cebada tomosen,y ese mismo nombre tienen los alárabes y berberiscos» (ibid.: 32-33). De la misma manera, en la descripción de las costumbres de los aborígenes de Tenerife, dice que «su habla era diferente de las otras islas; hablaban con el buche, como los africanos» (ibid.: 295). Y para concluir el capítulo del origen de los canarios, hace Abreu dos observaciones personales relativas al carácter de la lengua que hablaban, de lo que parece deducirse que verdaderamente Abreu los oyó hablar. En la primera dice que «en su lenguaje comienzan muchos nombres de cosas con t» (ibid.: 34), lo cual es absolutamente cierto, y es observación que repetirán después otros muchos autores (como nosotros mismos, no ya por haberlo oído de los guanches sino porque se constata de manera abrumadora en las palabras de origen guanche que perviven en el español actual de Canarias, sobre todo en los topónimos). Hoy sabemos la razón, que entonces desconocía Abreu, y es que en la lengua bereber,de la que procedía el guanche, todos los nombres llevan un elemento morfológico fusionado a la raíz léxica, equivalente a nuestro artículo, con su género y número correspondientes, y el femenino empieza siempre por t-. La segunda observación se refiere no a un elemento particular, sino a un aspecto general, a la forma tan peculiar y tan extraña con que la lengua de los aborígenes debía sonar en los oídos de quien los tenía acomodados a una lengua románica.Y así dice Abreu que la pronunciación del común de los isleños «era hiriendo con la lengua en el paladar, como suelen hablar los que no tienen lengua libre, a quien llaman tartamudos», que explica desde la LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL —Metiendo el agua del mar en este hoyo —le contestaron los niños—. —-¿Y no veis que eso es imposible? —les replicó san Agustín—. —Más imposible es que tú puedas comprender el misterio de la Santísima Trinidad —le contestaron y desaparecieron—. Pero aquel cuadro estaba en aquel colegio no porque tuviera muchas alumnas canarias, sino porque era (y es) un colegio de monjas agustinas. El nombre de Tagaste —me explicó después la directora— se lo pusieron por ser el pueblo de San Agustín. 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 37 leyenda el hecho de que «los romanos les hubiesen cortado las lenguas, por haber sido rebeldes al senado romano» (ibidem.). Lo cual, a su vez, ayudaba a comprender las razones por las que el lenguaje de los isleños era en parte tan diferente al de los africanos.Y concluye Abreu: «Ayuda por esta razón el que todos los isleños hayan venido de África, para que, no semejándose su lengua con la de los africanos en todo, hayamos de creer que, no teniendo lenguas para expresar sus vocablos ni darlos a entender a sus hijos, inventasen nuevo lenguaje para que se entendiesen, salvo aquellas palabras que con poca lengua pudieron pronunciar; que algunas semejan con las de los africanos (de donde habemos inferido ser de su nación), y otras que con el discurso del tiempo se mudarían y corromperían, como cada día se hace» (ibidem.). Estos cuatro testimonios de Frutuoso, Espinosa, Torriani y Abreu sobre la lengua de los aborígenes coinciden en lo esencial, como que era una lengua africana y que del tiempo y del porqué de la arribada de sus antepasados a las islas quedaba una memoria muy débil, ya totalmente legendaria. Pero la información de cada uno de ellos ofrece matices diferentes que, sumados esos matices, nos ofrecen una visión muy interesante de aquella realidad observada directamente por ellos. Del testimonio de Frutuoso destacamos dos observaciones: la de que la lengua de los canarios se diferenciaba de la de los africanos porque aquellos arribaron a las islas en tiempos anteriores a «la secta de Mahoma,que ahora siguen los moros», y la de que el aborigen Antón Delgado le confesaba al açoriano Andrés Martins que él hablaba «tres lenguas», las de Gran Canaria,Tenerife y La Gomera, lo que apunta a la grandes diferencias lingüísticas que debían existir entre las islas. Del testimonio de Espinosa destacamos que, puesto que los guanches no tenían escritura, la noticia que sobrellegó al tiempo de la conquista fue transmitida oralmente de padres a hijos, y que «el contar» (los números cardinales) era el mismo de unos a otros (no sabemos si quiere decir entre todas las islas, o si entre estas y África). Del testimonio de Torriani destacamos el hecho de que los descendientes de los que arribaron a las islas con las lenguas cortadas 4tuvieron que inventar nuevas palabras para nombrar las nuevas cosas, de forma que se originó entre ellos una verdadera confusión de lenguas. Es decir, que para Torriani la diversidad lingüística del archipiélago canario se explicaría no por las diferencias de origen de sus habitantes, sino por la necesidad que tuvieron estos de crear un nuevo lenguaje, cada uno acomodado «a la naturaleza» de cada isla.Y del testimonio de Abreu, destacamos la semejanza que encuentra de los nombres canarios con los africanos, especialmente de ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 38 4La leyenda de las lenguas cortadas está en todas las fuentes primeras, empezando por Le Canarien (la fuente más antigua que la contiene) hasta las historias de Espinosa,Torriani y Abreu, incluso en algunos textos literarios, como en los Triunfos canarios de Díaz Tanco (de 1520). 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 38 39 «los nombres propios» (aquí específicamente de los topónimos),y que de ellos «se puede colegir qué nación haya venido a cada isla, conforme a la consonancia de los vocablos», como es el caso de que las tres islas orientales pudieran provenir de una misma lengua, pues en ellas tres hay una serie de palabras que se decían igual:‘leche’,‘puerco’ y ‘cebada’; que muchas de sus palabras empiezan por t;y que la lengua común de los aborígenes tenía un acentuado sonido palatal (como la de los tartamudos), derivado del corte de la lengua, y que por esta misma causa, al no poder hablar con plenitud, sus hijos tuvieron que inventar un nuevo lenguaje para entenderse, coincidiendo en esta interpretación con Torriani; de donde se puede deducir (como han hecho tantos autores) que aquel libro sobre las cosas de los canarios antiguos que dice Abreu haber visto en la catedral de Las Palmas debió ser la fuente común de la que bebieron tanto Abreu como Torriani. 2.1.2. Palabras guanches Ya dijimos antes que por encima del interés que puedan tener las observaciones que hicieron los primeros historiadores de Canarias sobre la lengua de los aborígenes deben colocarse las palabras sueltas (y algunas expresiones) de que dejaron constancia en sus relatos. Aparecen estas por lo general en los pasajes en que se describen los usos y costumbres de los nativos, tales como hace Abreu con los de Lanzarote: «Al vestido llamaban tamargo,y al tocado, guapil;al calzado,maho» (1977: 56); o de El Hierro:«Su común beber era agua, que llamaban ahemon.Su manjar era carne cocida o asada, la cual cocían en gánigos o cazuelas de barro cocidas al sol. Manteníanse con leche, que llamaban achemen,y con manteca, que decían mulan» (ibid.: 88); o de Tenerife: «Comían cebada tostada y molida, que llamaban ahoren,y a la cebada tamo. Había perros pequeños, que llamaban cancha,y a la cabra axa,y a la oveja haña» (ibid.: 297); etc. No se ha hecho un recuento de cuántas pueden ser las palabras registradas en estos textos historiográficos primeros, como tampoco de los topónimos guanches que se citan, todos ellos recogidos y clasificados en los Monumenta de Wölfel, pero sin el estudio particularizado que requerirían por cuanto pueden ser los testimonios léxicos más seguros que hablen de la unidad o de la diversidad lingüística del archipiélago. Lo que sí hace Wölfel es un catálogo y estudio particular de las «frases» en lengua guanche que recogen las fuentes historiográficas, y estas no suman más que 21 (Wölfel 1996: II, 407-435). En lo referente a la toponimia, nosotros mismos hemos hecho un estudio de conjunto para todo el archipiélago (Trapero 1996a) y otro más particular sobre la isla de Gran Canaria (Trapero 2004a). Especial importancia tiene el registro y estudio de estas palabras en estas fuentes primeras por cuanto van a ser las que de manera regular se repitan en toda la historiografía posterior. Es verdad que hay algunos autores posteriores LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 39 a Espinosa,Torriani y Abreu que, además de las de ellos, utilizan otras fuentes escritas y por tanto dan noticia y ofrecen información nuevas, incluso de nuevos términos guanches, como es el caso de Marín y Cubas y de Viera y Clavijo; y que algunos otros utilizaron determinadas fuentes orales para incrementar ese conjunto léxico, pero la base principal de los estudios que sobre el guanche se han hecho lo constituyen las obras de aquellos tres autores de finales del siglo XVI. 2.1.3. Sobre la identidad de la lengua de los canarios Todos los testimonios de primera hora, tal cual hemos visto, dicen que la lengua de los aborígenes se parecía a la de los africanos, pero nadie se aventuró a precisar qué lengua era, lo cual es lógico en quienes ni eran especialistas ni esa cuestión centraba el interés de sus historias,pues aún hoy, después de siglos de estudios específicos al respecto, estamos lejos de responder todos los interrogantes que esa cuestión plantea. Los más explícitos a este respecto fueron Frutuoso y Abreu Galindo. El primero afirmando que en el tiempo en que los canarios arribaron a las islas todavía no se había asentado en el norte de África «la secta de Mahoma, que ahora siguen los moros», de donde podemos deducir, como así es, en efecto, que la lengua de los guanches no era el árabe, sino aquella que estaba asentada en el norte de África desde tiempos remotísimos y que hoy identificamos con el nombre de bereber o como líbicobereber o, modernamente, como amazigh.Y Abreu afirmando que determinadas palabras de las islas de Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria eran iguales a las que tenían «los alárabes y berberiscos». Nada hay en los pasajes de Torriani que hemos comentado hasta aquí que ahonde en la identificación del habla de los canarios, más allá de que procedía de la de aquella tribu africana a la que los romanos cortaron las lenguas. Pero en otra parte de su Descripción dedicada a la isla de Lanzarote sí lo hace, y en sentido muy contrario al de sus contemporáneos. Dice Torriani que «se piensa que a esta isla de Lanzarote vinieron hombres de Arabia, porque entre estos bárbaros había muchas palabras árabes puras, como esta: aho,que en ambas partes quiere decir ‘leche’; y casi todo su idioma era corrupción del arábigo» (1978: 40). Puede que el nombre de Arabia —y desde él el de la lengua arábiga— tenga en Torriani el valor de ‘norte de África’, por metonimia, pero lo que no se puede es identificar la lengua de los aborígenes canarios con «el árabe», pues esta fue una lengua introducida en el norte de África por las huestes de la religión de Mahoma en el siglo VII y los canarios habían salido de su lugar africano de origen no menos de seis o siete siglos antes.Adviértase además que Torriani utiliza el mismo ejemplo de Abreu de la palabra aho ‘leche’, siendo que Abreu dice de ella que es palabra «alábare» o «berberisca». ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 40 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 40 41 2.1.4. Sobre la unidad y diversidad de lenguas en las islas Otra cuestión prioritaria que aparece una y otra vez en los textos historiográficos canarios de los primeros siglos es la relativa a la unidad o diversidad lingüística de los aborígenes. Las noticias y datos aportados en ellos, que son, por otra parte, los únicos que ha conservado la historia, tal como dice Millares Torres,«no resuelven la cuestión y ni aun remotamente la ilustran.La vaguedad de esas apreciaciones, las pocas palabras que a tan difícil problema se consagran y hasta las mismas contradicciones en que incurren los cronistas, dejan en el ánimo la duda y el deseo de penetrar y esclarecer tan oscuro problema» (cit. por Díaz Alayón y Castillo 1999: 113) En los testimonios de las crónicas de la conquista de Canarias, hay quienes dicen que cada isla tenía su idioma y no se entendían, y otros que afirman que el idioma de los naturales era el mismo en todas las islas. Entre los primeros están los testimonios de los primeros europeos arribados a las Islas en los siglos XIV y XV,como los de Angiolino de Tegghia y Nicoloso da Recco (hacia 1341), a través de la relación que de su viaje hizo Bocaccio, quien dice que no pudieron ponerse al habla con los isleños por carecer de intérpretes y porque los isleños no se entendían unos a otros (Berthelot 1978: 25); el de los dos capellanes de la conquista bethencouriana (hacia 1404), quienes escriben que las islas estaban habitadas «por gentes infieles, de diversas leyes y de diversos lenguajes» (Le Canarien:148); el del autor de la Crónica de Juan II (1419); el del veneciano Cadamosto (hacia 1445), quien escribe que «las islas conquistadas se componen en su mayor parte de indígenas, no entendiéndose entre ellos por la diversidad de sus dialectos» (Berthelot 1978: 46); el de Andrés Bernáldez,Cura de los Palacios,cronista de los Reyes Católicos (hacia 1488),quien dice:«Estas siete islas tienen siete lenguages, cada una el suyo,que no se entendían ni parecían unos a otros» (Morales Padrón 1978: 509); el del cronista de Indias López de Gómara,quien introdujo en su Historia General de las Indias un capítulo sobre las Canarias, al poco de acabada su conquista, y quien dice que «cada isla hablaba su lenguaje, y así no se entendían unos a otros» (1985: I, 312); el del viajero y comerciante inglés Thomas Nichols que estuvo en las Islas a mitad del siglo XVI y advirtió en su Descripción amena de las Islas Canarias que los aborígenes de Tenerife «hablaban otro idioma muy diferente del de los canarios [de Gran Canaria] y, en consecuencia, cada isla hablaba un idioma distinto» (citamos por la versión de Castillo 2004: 109); o la narración ya comentada del presbítero açoriano Gaspar Frutuoso que recogía el testimonio del nativo Antón Delgado, quien decía conocer «tres lenguas, a saber, la de Canaria, la de Tenerife y la de La Gomera» (Frutuoso 2004:52-53),lo que evidencia la diversidad lingüística del archipiélago. En resumen, las palabras de Abreu Galindo nos parecen concluyentes en este tema: «Ni menos se entenLOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 41 por Abreu, pero Bory de Saint-Vicent copió a Glas, Berthelot a Bory, Álvarez Rixo a Berthelot, Chil y Naranjo a Millares Torres, y Wölfel volvió a ordenar y clasificar a todos. Ninguno de ellos, sin embargo, sometió a crítica el listado de Glas, ni nosotros lo haremos aquí,pues no es ese nuestro objetivo ahora, pero sí advertimos que la lectura de esos términos plantea importantes problemas. Unos afectan al aspecto meramente formal de la escritura, con unas grafías erradas o muy anómalas, como goffio (en vez de gofio), garse (en vez de garoé), faicap (en vez de faicán), tamoganteen (en vez de tamogante), tocande (en vez de tacande), venesmer (en vez de bellesmén) o yoja (en vez de yoya); otras a la falta del acento gráfico, lo que distorsiona la verdadera naturaleza del término, tales como temasen (por temasén), efequen (por efequén), ahemon (por ahemón), acoran (por acorán), almogaren (por almogarén), vacaguare (por vacaguaré), etc. Otros afectan a la traducción de esos términos, lo que condicionará inevitablemente la comparación que Glas hace con el shilha, tal como el término guapil de Lanzarote y Fuerteventura que no significaba ‘capa’, sino ‘gorro’; tamazanona y asamotan de Gran Canaria, que tienen los significado cambiados, siendo el de ‘cebada’ para el primero y el de ‘carne frita en manteca’ para el segundo; taro que nunca puede significar ‘cebada’, puesto que es término que pervive hasta la actualidad con el significado básico de ‘construcción rústica’; y otros muchos; aparte de que en algunos de esos términos se confunde el significado de lengua con la designación de una realidad concreta, tal cual ocurre con el término de Tenerife arguihon ‘mira navíos o barcos que aparecen’, que Abreu explica como un lugar intermedio entre Santa Cruz y La Laguna desde donde se divisaban los barcos que arribaban a la costa de Santa Cruz, aunque claro está que el responsable de ese «falso» significado es Abreu y no Glas, pero Glas, basado en la traducción de Abreu, lo compara con el topónimo Arguin,del que dice que es el nombre de un puerto de la costa de África muy frecuentado por los navegantes.Y hasta hay en la relación de Glas un término que es un «falso guanchismo», el herreño verdones ‘pértigas largas’, que procede del español bordón (Trapero 1999b: 168), y otro que es de dudosa procedencia guanche, guirre,según opinión mayoritaria de la filología canaria actual. Interesante sería, igualmente, que pudiera determinarse la pervivencia o la desaparición de esos términos en el habla viva de las Islas.Nosotros estimamos la pervivencia de este léxico solo en un 20%, tanto sea en los términos apelativos (como majo, gofio, guanil, tajinaste,etc.), en los antropónimos (como Doramas), como en los topónimos (como Gomera, Tacande o Tedote).Y, por otra parte, el porcentaje de los términos para los que Glas encuentra alguna correspondencia en el shilha, que alcanza el 34%. Respecto a esto, llama la atención la falta de correspondencia entre el vocabulario de Tenerife y el ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 48 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 48 49 shilha, y es que Glas llega a decir que la lengua de Tenerife es distinta de la del resto del archipiélago, pareciéndose al peruano y a otras lenguas amerindias. 2.2.3. Antonio Porlier Entre Glas y Viera y Clavijo hay un personaje poco conocido y poco citado en la historiografía canaria que refleja muy bien el estado de la cuestión referida a los conocimientos y al pensamiento que se tenía entonces sobre los guanches. Este es Antonio Porlier y Sopranis, Marqués de Bajamar, Caballero de la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, nacido en La Laguna, de noble cuna, hombre ilustrado que hizo carrera en la Península y en América, y que desde su cercanía a la corona intervendría en favor de cuestiones relativas a las islas,como en la creación de la Universidad de La Laguna. Pues este Antonio Porlier y Sopranis ingresó en 1753 en la Real Academia de Historia de Madrid leyendo una «Disertación histórica sobre quienes fueron los primeros pobladores de las Islas Afortunadas» (Farrujia de la Rosa 2004: 505-515), que puede considerarse como una de las mejores síntesis del conocimiento confuso y entremezclado de fantasía y de realidad que se tenía sobre el origen de las Canarias y de sus primeros pobladores antes de que la Historia de Viera viniera a poner un poco de orden y de raciocinio en las tales cuestiones. Para Antonio Porlier,las islas debieron en un principio ser una sola,teniendo a Tenerife y al Teide como centro, como formando parte de la Atlántida.Aparte del recuento que hace de las islas habitadas y las «inhabitadas» del archipiélago canario, trae Porlier muy al primer plano la «problemática» isla de San Borondón, en la que parece creer, a razón de los casos de gentes que la han «avistado» y del relato que él mismo hace de las varias expediciones que se armaron en su busca. Sobre el poblamiento del archipiélago trae Porlier a colación toda la sarta de fantasías que se desarrollaron desde la antigüedad, mezclando la mitología con la historia, como que el nombre del archipiélago le viene de Crano y Crana,nietos de Noé,quienes ansiosos de extender sus dominios navegaron hasta la isla de Gran Canaria, en donde se establecieron, «movidos de la fertilidad y abundancia de todo género de frutos que allí encontraron, y de la benignidad del clima», y por ello le dieron el nombre de Cranaria,que después se corrompió en Canaria. Al tiempo de su conquista por los españoles, «los guanches que las habitaban» —dice Porlier— eran «gente bárbara y de estatura gigantea» (lo que se LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL Antonio Porlier y Sopranis. 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 49 comprueba —dice— «de los huesos destos,que aun oi se encuentran en varias cuevas de las Islas»). Sobre la lengua que hablaban los guanches (así los llama, sin distinción alguna de entre islas), recoge Antonio Porlier la opinión de Núñez de la Peña, quien dice que «los de una isla se distinguían de los de las otras en el idioma,y quasi todos entre sí»,lo que probaría que entre ellos debió haber distintos orígenes.Pero en esta cuestión se posiciona Porlier con su propio razonamiento diciendo que esa diversidad de la lengua entre las islas pudo deberse al prolongado aislamiento en que los guanches vivieron en ellas, y pone como ejemplo comparativo muy bien traído aquí la diversidad de lenguas surgidas del latín: A mas de que dado caso, que los naturales de Canarias tuviesen en cada isla diverso idioma,esto no probara a mi vez lo que se objeta, pues pudo mui bien en la primera población haver sido un idioma universal el que en toda aquella grande isla se hablase, y luego que estos pobladores se huviesen distribuido en distancias o provincias, digámoslo assi, insensiblemente se pudo haver ido corrompiendo y degenerando en otros diversos del, al modo que del Latino se han derivado tantos i tan diversos, como oi conocemos en Europa, lo qual, siendo cierto, no ai repugnancia en que después de la división de la tierra, hecha por ministerio de la Naturaleza, quedase diverso idioma en cada Isla, siendo la falta de comercio entre ellos mismos, causa de irse introduciendo diversidad, assi en voces como en costumbres,por lo que no deve parecer contraria esta accidental diferencia al sistema que queda sentado. 2.2.4. Viera y Clavijo La figura de José de Viera y Clavijo [1731-1813] es crucial en todos los campos de la cultura canaria, y no solo en el de la historiografía, que es en el que más se le reconoce. Ciertamente al título de sus Noticias de la Historia General de las Islas Canarias le sobra ese calificativo de «noticias» que empequeñece su «gran» Historia,la mejor, sin duda, hasta el tiempo en que la escribió (impresa en Madrid entre 1772 y 1783), y base de toda la historiografía canaria moderna.Y en cuanto a las referencias a la lengua de los aborígenes, la aportación de Viera y Clavijo es también fundamental, pues no se limita a reproducir los datos de las fuentes históricas anteriores,que conoce en su integridad (salvo algunas inéditas hasta entonces,como la de Torriani), sino que los modifica conforme a su conocimiento directo de la realidad y los amplía muy considerablemente con una —esta sí, por vez primera— verdadera relación de las poblaciones y pagos de las Islas Canarias, entre ellos los de nombre guanche.Y si, en efecto, en su Historia se limita fundamentalmente a lo que suele llamarse «toponimia mayor», es decir, a los nombres de poblaciones y grandes accidentes geográficos, completará esa visión toponímica general de Canarias ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 50 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 50 51 en su Diccionario de Historia Natural (1992b), con relaciones realmente minuciosas de nombres de montañas, de barrancos,de roques, de fuentes,de cuevas, etc. de todas y de cada una de las islas. En esta segunda obra aparecen por vez primera muchos nombres de origen guanche con sentido apelativo que Viera recoge de la tradición oral, especialmente los vinculados con la flora y, en mucha menor medida, con la fauna, objetos principales de su Diccionario.Este es el caso de las especies vegetales: balo, cosco o cofe-cofe,bicácaro, carisco (en realidad es cárisco), chibusque, chirivía, faro, garoé,joriada, mocanera, oroval, tabaiba, tafertes, tarahal y tajinaste.Y de las especies animales: chinipita, garajao, perinquén, tahoce y tamasma (así llamada en La Gomera la alpispa). Novedad importante en Viera, como buen racionalista y «científico» dieciochista que era, es que la noticia toponímica sobre Canarias la vamos a encontrar bien agrupada y señalada en su Historia.Se detiene primero Viera en el porqué del nombre del archipiélago y en el de cada isla (cuestión que le ocupa el libro I), y si bien conoce y aduce las etimologías propuestas anteriormente, rechaza algunas por ridículas y fantasiosas, y propone otras más juiciosas y razonables, aunque sometiéndose —dice— «a las opiniones que tuvieran más solidez» (1982a: I, 63). Dedica después tres capítulos enteros (los caps.21,22 y 23 del libro II) a la descripción de los «reinos» en que estaba dividida cada isla a la llegada de los castellanos, en los que son más los antropónimos aborígenes (guanartemes, menceyes y caudillos guanches) que los topónimos, y estos tomados fundamentalmente de Abreu (o de las fuentes que habían servido a Abreu), con algunas modificaciones. Se detiene específicamente en el poblamiento de las islas de Gran Canaria, La Palma y Tenerife a principios del siglo XVI (cap. 3 del libro XIII).Y desarrolla por último una «idea de la población» de las Islas, dedicándole a cada una de ellas un capítulo particular, por este orden: Lanzarote (cap. 49 del libro X), Fuerteventura (cap. 29 del libro XI), La Gomera (cap. 46 del libro XII), El Hierro (cap. 47 del libro XII), Gran Canaria (cap. 87 del libro XV), La Palma (cap. 88 del mismo libro) y Tenerife (cap. 89 del mismo). De su conjunto cabe hacer cuatro observaciones principales. Primera, que la inmensa mayoría de esos nombres toponímicos continúan vivos en la misma forma en que Viera los escribió, lo que significa que básicamente el poblamiento de las Islas ya estaba hecho a finales del XVIII.Segunda, que Viera se muestra muy cercano a la oralidad en el sentido de transcribir los topóniLOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL José de Viera y Clavijo. 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 51 mos tal cual suenan, por efecto del seseo dialectal, sobre todo los de raíz guanche, como Yaisa, Guatisa, Taso, Guarasoca,etc. (sin embargo, escribe Mazo, Tazacorte y Guamaza), y uniendo los compuestos, como Corralhermoso (Lanzarote), Aguadebueis (hoy Agua de Bueyes), Peñaerguida y Pozonegro (Fuerteventura), Lainagua (hoy La Inagua) y Pinogordo (Gran Canaria), Buenpaso (Tenerife, pero escrito con -n-) y otros. Tercera, que un buen número de ellos se presenta con grafías o formas léxicas que implican una realización distinta a la actual,o que simplemente son escrituras equivocadas, como es el caso de El Majón (hoy El Mojón) y Tagiche (hoy Tahiche) en Lanzarote; La Jampuyenta (hoy La Ampuyenta), Tafia (hoy Tefía), Tetil (hoy Tetir) y Tieme (hoy El Time) en Fuerteventura; en La Gomera Viera nombra dos Alajeró,siendo hoy un Alajeró y una Alojera); El Pinal (hoy Pinar) y El Toyo (que debe ser mala escritura de El Hoyo) en El Hierro; Agüímez (por Agüimes), Roque de Guairo (hoy escrito R. Aguayro), Cornadillos (que debe corresponder con Los Corradillos), Rogiana (que debe ser Rosiana), Foco de Mián (hoy claramente Tocodomán), Evercón (por Albercón), Lagete (por Agaete), Ariñas (por Aríñez) y Tamaraziate (hoy Tamaraceite) en Gran Canaria; y Foncaliente (hoy Fuencaliente) y Adali (hoy Adalid) en La Palma. Finalmente, la cuarta, que otros pocos nombres de poblaciones citadas por Viera o han cambiado de nombre o han desaparecido del todo o nos son desconocidas, como Taiga, Alcocete, Iniguadén y Macintafe en Lanzarote; Mequesegue y Mahoma en La Gomera; Tajaste y Taguasinte en El Hierro; y algún otro.Algunos de estos topónimos no son guanches, en contra de lo que podría parecer por sus extrañas formas (El Toyo, El Majón, El Pinal, Rogiana, Evercón, Ariñas, Foncaliente o Adali), pero dejamos constancia de ellos como demostración del descuido con que suelen citarse estos nombres en las escrituras. 3. LOS PRIMEROS ESTUDIOS PROPIAMENTE DICHOS Después de Viera hay que esperar más de un siglo,hasta finales del XIX,para encontrarse en la historiografía insular con una nueva Historia general de Canarias, la de Agustín Millares Torres (1977-1980). Los Estudios históricos de Gregorio Chil y Naranjo (1876-1899) 8,que se publican en fecha anterior a la ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 52 8De un interés excepcional, que quedó inconclusa y que no ha sido reeditada desde su primera publicación.Ahora puede consultarse en edición reciente y exenta la parte dedicada a los guanches,“el núcleo central” y “la aportación historiográfica más importante” de la magna obra del primer antropólogo canario, en palabras de sus editores Marian Montesdeoca y Antonio Tejera (Chil y Naranjo 2006: 29).Y repárese que no solo en el título, sino a lo largo de todo el libro, Chil y Naranjo usa el término único de guanches referido a los primeros habitantes de todas las islas del archipiélago canario, sin distinción. 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 52 53 de Millares, con ser una obra de mucho interés para la historiografía canaria, no puede ser considerada «historia general», pero es de especial interés en el asunto de la lengua guanche, lo mismo que la obra de Millares Torres. Porque tanto uno como otro conocían y disponían de estudios particulares que sobre el tema habían realizado o estaban realizando otros autores contemporáneos suyos: Bory de Saint-Vicent, Berthelot, Álvarez Rixo, Maximiliano Aguilar y Bethencourt Alfonso, principalmente. En efecto, en la segunda mitad del siglo XIX empieza a interesar de manera muy especial el estudio de la lengua guanche, y a él se dedican determinados autores, primero extranjeros y después isleños, pudiendo decirse que esta dedicación a los guanchismos supone el comienzo de la filología canaria en general, si bien ninguno de ellos es filólogo profesional y sus intereses científicos se dirigen más hacia los campos de la prehistoria, de la historia, de la antropología y de la paleontología que propiamente al de la lingüística. Un método viciado además se repite una y otra vez y va pasando de un autor a otro, y es el que las fuentes casi únicas que utilizan para el estudio del léxico guanche son casi siempre fuentes escritas, reproduciéndose hasta la saciedad los mismos errores que vimos era la tónica general en el comienzo de la historiografía canaria. Muy pocos autores pueden citarse que hicieran sus investigaciones en la tradición oral,que es la fuente primera e indiscutible para asuntos lingüísticos, y la única verdadera para asuntos de toponimia viva; y de esos pocos, ninguno, salvo Bethencourt Alfonso, que dispusiera de materiales léxicos de todas las Islas. 3.1. Bory de Saint-Vicent Jean Bauptiste G.M. Bory de Saint-Vicent [1780-1846] fue un erudito oficial francés que se adelantó al movimiento que señalamos. En sus Ensayos sobre las Islas Afortunadas,obra que su autor había publicado en francés en 1803 y que no se había traducido al español hasta 1988, se apuntan algunas características de las hablas aborígenes y ofrece series de palabras guanches agrupadas por islas, al estilo de Glas. La fuente principal de Bory es la Historia de Viera, pero también Viana y Espinosa y Abreu y Núñez de la Peña y Pérez de Cristo, pero debió de tomar también opinión de otras fuentes menos conocidas y confesadas, incluso de la tradición oral, de tal forma que resulta difícil establecer la genealogía de sus informaciones. Como advierte Álvarez Delgado en el apéndice que sigue a la edición española de la obra del oficial francés, «Bory no es una fuente primaria, sino un compilador reciente y descuidado, por erratas y mala información» (Bory 1988: 292). Es cierto que sus opiniones sobre los guanches y más concretamente sobre su lengua nada tienen de original,pero las listas que de palabras guanches elaboró influyeron mucho en los LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 53 que vinieron después y han sido arrastradas sistemáticamente en todos los estudios sobre el guanche, hasta Wölfel. La lista de palabras guanches a la que nos referimos dice Bory que la elaboró «de diversos autores y de notas que han tenido a bien facilitarme», y «que se han conservado» (ibid.: 38). Dudamos mucho de la verosimilitud de esa segunda afirmación, si lo que quiere decir es que estaban vivas en el habla de Canarias en el tiempo en que Bory escribía y no solo que las tomó de alguna fuente escrita, pues la inmensa mayoría de las palabras relacionadas de seguro habían dejado de usarse, y en no menor proporción que las relacionadas por Glas. El listado de Bory contiene 148 términos, ordenados alfabéticamente por islas: 26 de Gran Canaria, 48 de Tenerife, 22 de La Palma, 31 de Lanzarote y Fuerteventura (juntas) y 21 de El Hierro y La Gomera (juntas también).Aparte este pequeño vocabulario, dice Bory, existe un «gran número de nombres de lugares que se han conservado»,lo cual es verdad —añadimos nosotros—, para afirmar a continuación que «la mitad de las palabras es común a todas las islas», que «Fuerteventura y Lanzarote hablaban absolutamente la misma lengua», y que estas pruebas son «más que suficientes para despejar todas las dudas que se pudieran tener sobre la unidad del antiguo idioma de Canarias» (ibid.: 42). Y añade a continuación una extraña contabilidad de veces que aparece cada una de las letras del alfabeto en las palabras relacionadas: alrededor de 172 por a,9 por b,53 por c,etc., todo ello para llegar a una clara evidencia: «los europeos ignoraron la escritura de los guanches y fueron los españoles quienes nos trasmitieron las palabras a través de sus signos, según su ortografía y aproximadamente como las entendían».Y concluye: «Estoy convencido de que las comprendieron muy mal y que las escribieron todavía peor» (ibidem.).En todo ello estamos de acuerdo,pero eso no da como para que Bory, tras extrañas elucubraciones del todo caprichosas y faltas de cualquier fundamento, proponga un alfabeto guanche compuesto «por veinte letras» (ibid.: 43).Y adviértase que dice «letras» y no «sonidos», de tal manera que lo que empezó bien, distinguiendo la escritura que hacían los españoles de las palabras que oían pronunciar a los guanches, acaba mal, defendiendo la existencia de la escritura de los guanches, con un aserto tan contrario a lo que ha demostrado la historia: «Es una lástima dice Bory que no se haya conservado la escritura de los guanches. Los españoles, quizás para no tener que avergonzarse por haberla dejado perder, han dicho que los antiguos canarios no conocían el arte de escribir» (ibidem.). 3.2. Berthelot El francés Sabin Berthelot [1794-1880] escribió tres obras sobre las Islas Canarias, la más importante de las cuales es la Etnografía y anales de la conESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 54 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 54 55 quista,especialmente por lo que se refiere a la lengua de los aborígenes, a la que presta una atención muy especial, al considerarla en sí misma y en su relación con los dialectos bereberes (1978,especialmente entre las págs.116-162). Si a Glas se debe la primera relación, aunque mínima, de guanchismos por islas, a Berthelot la primera sistematización de guanchismos también por islas y según su orientación designativa, y además el primer rastreo que en este sentido se hace de todas las fuentes históricas disponibles: la crónica normanda, al cronista Bernáldez, a los historiadores Espinosa, Abreu, Núñez de la Peña y Viera, al poeta Viana y a los viajeros Glas y Bory de Saint-Vicent. A ellas añade Berthelot las palabras que «hemos reunido dice durante nuestra permanencia en las Canarias» (ibid.: 118). En total, unas mil palabras, que él mismo distingue entre 200 nombres sustantivos, 38 nombres numéricos, 467 nombres de lugar y 242 nombres propios [de persona]. La clasificación temática que hace, llega a diferenciar los términos calificativos de la divinidad, los relacionados con la religión, los títulos de rango y casta que tenían, la distinción de sexo y parentesco, las designaciones hidrográficas, los nombres de armas, los trajes y utensilios, los comestibles, los animales, los vegetales, los nombres de personas y de lugares, etc. Una aportación muy considerable, a la que hay que valorar en su justa medida, como fruto de un sistema de investigación decimonónico en los dos sentidos, literal y figurado, que tiene el término, que ha servido, no obstante, de referencia permanente a los estudios posteriores sobre Canarias. Desde su conocimiento de las lenguas bereberes, observa Berthelot que la mayoría de las palabras de origen guanche no ha sido escrita con su verdadera ortografía, que ha sido desfigurada por una pronunciación viciosa y que en su terminación se advierte el carácter de la lengua castellana (ibid.: 145). Pero aun así —dice—, «si se examinan los fragmentos que hemos reunido del lenguaje de las antiguas poblaciones canarias, y se les compara con lo que hasta el día se conoce de los diferentes dialectos bereberes, según los catálogos de los autores, se reconoce fácilmente que el mismo genio ha presidido a la formación de los dos idiomas» (ibid.: 149). Finalmente, en relación con el tema de la unidad o diversidad lingüística del archipiélago,la posición de Berthelot (ibid.:144-162) coincide básicamente LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL Sabin Berthelot (Óleo de Emile Lassale, 1833). 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 55 con la de Viera:la diversidad lingüística insular puede reflejarse como la de dialectos diversos pertenecientes a una misma lengua madre, y esta en relación inequívoca con el bereber. 3.3. Álvarez Rixo José Agustín Álvarez Rixo [1796-1884] fue una personalidad singular de la cultura canaria del XIX. Su obra es muy amplia y variada, con títulos de carácter histórico, antropológico, geológico, económico, comercial, sanitario, literario y lingüístico. En este último campo escribió un libro sobre el Lenguaje de los antiguos isleños (1991), que ha de considerarse como el primer estudio —como tal libro— dedicado monográficamente al lenguaje de los guanches, y otro sobre las Voces, frases y proverbios provinciales,incluyendo al lado de las voces de raíz hispánica las que entonces eran guanchismos vivos en el habla común de Canarias. Nos importa el primero de ellos, en algunos aspectos superador de todo lo dicho con anterioridad. El propio Álvarez Rixo manifiesta su propósito de «hacer colección de todos cuantos nombres y frases indígenas que fuere adquiriendo» (1991: 8) a partir de las fuentes históricas clásicas más lo que de su propia cosecha pudiera allegar. Es un autor convencido de que el conocimiento de la lengua de los aborígenes canarios sería un elemento fundamental para «inquirir su origen», y sobre ello emite juicios muy sensatos, alguno de los cuales sigue teniendo vigencia, como cuando se lamenta de que «en tantísima bobería como nuestros compatriotas pudientes han gastado y gastan su dinero, no se hubiese animado alguno a viajar por el África inmediata, o costear a quien pudiese hacerlo, para observar el lenguaje y usos de los pueblos de las montañas de Marruecos y de Suz, que a pesar de hallarse ya muy mezclados con los árabes, mucho pudiera ilustrar nuestra historia y curiosidad» (ibid.: 26). Sin embargo, en varios lugares de su libro deja Álvarez Rixo la duda de confundir la lengua de los guanches con el árabe «porque las raíces del idioma son las mismas», dice (ibid.: 34), o que el nombre de los barrancos que empiezan por Gua («que en el invierno contienen muchas aguas») deban compararse con los ríos que en la Península empiezan por Guad,porque «los españoles han transformado el uad de los árabes en guad» (ibid.: 112). Al igual que antes había hecho Bory de Saint-Vicent,contabiliza los «más de 700 vocablos que hemos reunido» por sus iniciales, llegando a conclusiones que poco tienen de científicas, pero que sí son sugerentes, como que hay muy pocos términos empezados por d,por n,por py por r;que la lengua de los guanches no debió tener la v,sino la b,«porque en aquellos tiempos los castellanos no hacían diferencia en la manera de pronunciar ambas letras», y tampoco la ll,sino la l,por lo que el nombre escrito como Yballa debería ser solo ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 56 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 56 57 Ybala (todo ello en pp. 26-27). Hace comparación de varios vocablos interinsulares que indican el común origen de los canarios, llegando a la conclusión de que «cualesquiera isleño servía de intérprete en otras islas» (ibid.: 30). Igualmente encuentra varios paralelos entre nombres guanches y topónimos de la Península, como Algüaire,junto al río Segre en Cataluña (paralelo al término guanche guaire), Guajaras,peñón en el reino de Granada (paralelo al topónimo de Tenerife), Guayerba,paraje cercano a Talavera (paralelo al Guayedra grancanario), Garguera,punto inmediato a Plasencia (paralelo a los tinerfeños Guerguer y Teneguergera), Magan [en realidad es Magán], pueblo de Toledo (paralelo al Mogán de Gran Canaria) y Moya y Tejeda,explicándolos porque en épocas remotas individuos de un mismo origen «poblaron allá y acá» y señalando que esas «comparaciones con sitios y localidades de la Península no sé que hasta ahora le haya ocurrido a autor ninguno» (ibid.: 35-37). De la misma manera que compara otros varios topónimos guanches con lugares de la parte occidental de Marruecos: Adeje (Tenerife) con Hedejad (tribu marroquí), Agulo (Gomera) con Agulu (aldea), Fataga (Canaria) con Fag’asah (ciudad), Taborno (Tenerife) con Tabunost (montaña), Taso (Gomera) con Tasa (aldea), Teguise (Lanzarote) con Tegasah (aldea), Temisa (Canaria) con Tremsena (provincia), etc. (ibid.: 112).Y certifica la pérdida paulatina de los nombres guanches, lamentándose de que «un par de siglos antes, no [se le] hubiese ocurrido a otro hacer la colección de ellos» (ibid.: 32). En lo que se refiere al estudio de los topónimos de origen guanche, lo inicia Álvarez Rixo con unas sensatas palabras: «Los nombres de los lugares, barrancos, playas, cuestas y montañas de todas nuestras islas también deben ser materia digna de observación para fijar el origen del idioma que hablaban los antiguos canarios».Y lo explica con un pensamiento muy moderno y del todo acorde con las leyes de la toponomástica actual: El nombre de un pueblo o sitio se originó y proviene de alguna circunstancia y tuvo significado para el primer hombre o sociedad que lo impuso. Y si hay algunos cuya significación ya no sabemos es o por la corrupción de aquella voz, alterada por los pueblos sucesivos que han devastado los países al dominarlos, o porque los del día no tuvimos perfecta tradición de aquel vocablo. Pero es indudable que quien se lo impuso algo quiso significar con ello; luego, los nombres que los antiguos canarios usaron en sus Islas son otras tantas voces que nos restan de su idioma,aunque nosotros no sepamos hoy su significado (ibid.: 24). Ordena Álvarez Rixo sus materiales toponímicos en una única relación alfabética, agrupando los de todas las Islas, con indicaciones en cada topónimo de su condición de aldea, barranco, cortijo o caserío, gruta o cueva, etc. (el mismo criterio de Berthelot) y haciendo un curioso recuento por letras iniciales:topóLOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 57 pueblos bereberes y árabes, a juzgar por los comentarios que de ellos hace, pero en lo que se refiere a la lengua nos da la impresión de que sus comentarios proceden de gramáticas y diccionarios del bereber.Y por lo que respecta a las fuentes del guanche, acepta sin crítica alguna lo que ha llegado hasta él: Espinosa,Abreu,Viana, Núñez de la Peña,Viera, Bory de Saint-Vicent, Berthelot y Lord Bute, con las mismas erróneas transcripciones, con el mismo repertorio anclado en términos que habían desaparecido hacía varios siglos del habla.Y siguen estando absolutamente ausentes las fuentes orales, a pesar de reconocer expresamente lo mucho que debía distar del verdadero sonido de la lengua guanche a lo que las transcripciones que de ella hicieron los españoles representan, «que cometieron todo tipo de errores», dice (ibid.: 28). Decimos nosotros que acepta sin crítica las fuentes historiográficas,pero alguna sí hace, por ejemplo al método de Berthelot: «En general —asegura— puede decirse que las pruebas de Berthelot para mostrar la afinidad entre el canario y el beréber no eran muy sólidas» (ibid.: 88). Tampoco es el Estudio de Abercromby «el estudio global» de que hablan sus editores, ni los materiales que comprende son «largas listas de términos aborígenes».En realidad,cuantitativamente,el repertorio estudiado por el autor escocés es el más parco desde Glas, limitándose a un total de unas 200 voces y a unas 15 frases.Y en él faltan los topónimos, porque los poquitos nombres de lugar que aparecen en sus listas lo son porque pueden explicarse desde su significado apelativo, tales como Eceró, Gomera, Tenerife, Ajerjo, Aguere o Arguijón. Respecto a este último topónimo, y como muestra del proceder interpretativo de Abercromby, podemos decir acepta la explicación del Marqués de Bute y no directamente la de Abreu, pero retuerce la etimología de la voz guanche hasta el extremo diciendo que, puesto que ar significa ‘ver’ y guihon ‘un barco grande’, «si leemos upor a,y hcomo li,obtenemos gailion por la forma española galión, galeón»,y como los galeones eran los barcos que los españoles usaban en el tiempo de la conquista de las islas la voz guanche «sería muy probablemente un préstamo del español» (ibid.: 63-64). O sea, que de creer a Abercromby tendríamos que concluir que no solo las palabras guanches pasaron a la lengua de los conquistadores, que es lo que siempre creímos, sino que también la lengua de los invasores se metió entre el léxico de los naturales. Desde nuestro punto de vista, lo más novedoso e interesante del Estudio de Abercromby es la clasificación que hace de las voces guanches en tres series, organizadas por islas y de acuerdo a su parentesco con las lenguas bereberes (ibid.: 41), de la manera siguiente: 1. Los términos que pueden explicarse completamente desde el bereber, tanto desde el punto de vista de la forma como del significado, como aho ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 64 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 64 65 ‘leche’, temossen ‘cebada’, gama ‘basta’, aguere ‘lago’, guanche ‘un tinerfeño’, irichen ‘trigo’, tagoror ‘lugar de reunión’, aceró ‘lugar fuerte’, tedote ‘colina’, tigo ‘nube’, acof ‘un río’ (dice que debe leerse asof) o aculan ‘mantequilla’; en total 41 términos. 2. Los que se relacionan dudosamente con el bereber, aunque muestran algunos rasgos morfológicos del bereber, como Adargoma ‘lomas rocosas’, Alcoran/Acoran ‘dios del cielo’, almogaren ‘casa sagrada’, Doramas ‘orificios nasales’, achaman ‘dios’, adago ‘leche de cabra’ o fubaque ‘oveja gorda’; en total 34 palabras más 5 frases de Tenerife. 3. Los términos que son inexplicables según el bereber moderno, y que deben proceder de la antigua civilización de los aborígenes canarios, el denominado líbico-bereber o proto-bereber (lo que supone que el archipiélago fue poblado unos 2.000 años a.C.), como aala ‘agua’, alio ‘el sol’, cela ‘la luna’, gambuesa ‘corral del ganado’, gofio ‘comida de cebada y leche’, guanil ‘rebaño de cabras salvajes’, guapil ‘gorro’, maho ‘calzado’, tamarco ‘camisa de piel’, tofio‘cacerola con mango’,gánigo ‘recipiente de arcilla’, Tameran ‘nombre aborigen de Gran Canaria’ 9,añepa ‘asta con bandera’, tabona ‘piedra cortante’, tener ‘nieve’, Gomera ‘nombre de una isla’10,Ajerjo ‘lugar de fuentes’, ife ‘blanco’ o berote ‘charco’; en total unas 117 voces más 10 frases. En estas relaciones puede advertirse que, curiosamente, la mayor parte de las palabras que han quedado vivas en el habla de Canarias son precisamente las de la tercera serie, las que no encuentran paralelos en el bereber moderno. Proponer estas tres alternativas comparativas implica conocer bien los dos lados de la comparación.Y ya hemos visto lo extremadamente problemático que resulta el conocimiento de esos dos mundos.Por lo que respecta al mundo bereber, dice Abercromby, que no puede verse como un mundo unitario, pues en el enorme espacio geográfico en el que se asienta, pueden distinguirse tres zonas: la zona norte, que va desde el oasis de Siwah, en el este, hasta el Atlántico,en el oeste, a través de Tripolitana,Túnez,Argelia y Marruecos;la zona central que comprende las montañas del Atlas; y la zona sur que comprende los territorios saharianos lindantes con los ríos Níger y Senegal (ibid.: 37). En ese LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 9Pero pone con interrogación la fuente de Abreu, y da por cierta la de Chil, cosa que es cierta, ya que Abreu nunca da esa etimología, a pesar de la atribución que le hace el primero que formuló tal etimología, Manuel de Osuna. 10 Y comenta al respecto:“Glas relacionó la palabra con Gumeri una tribu de africanos. Los gumeri o gomera fueron situados por León el Africano en el noroeste de Marruecos en lo que ahora es la región del Rif.El nombre se mantiene en el Peñón de Vélez de Gomera en esa misma área. La gran distancia que separa la isla de la región del Rif hace dudosa la conjetura de Glas” (Abercromby 1990: 70). 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 65 inmenso espacio —sigue diciendo Abercromby— hay multitud de «dialectos» bereberes que con frecuencia son «mutuamente ininteligibles» (ibid.: 38), además de estar contaminados por la influencia del árabe. De todos ellos, la comparación con el guanche se ha practicado con unos pocos,y en menor medida los dialectos saharianos, que serían —dice Abercromby— «los más útiles para determinar las afinidades de la lengua canaria» (ibid.: 39). Y aparte el léxico, también Abercromby debía tener nociones de la gramática del bereber, pues apunta fenómenos morfológicos tales como que el femenino tiene una tinicial (tal cual ocurre en los términos guanches temosen, tahatan o tedote), que el plural está formado por el sufijo -en o -in (tal cual temosen, hamen/aman o taharen), que el genitivo se forma con la partícula en ó nintercalada (tal cual Ti-n-irife ‘tierra del calor’), o el estudio de los numerales (ibid.: 74-84). En fin, las conclusiones a las que llega Abercromby en su Estudio son varias. Primera,que la concordancia entre el guanche y el bereber «es tan estrecha y exacta en muchos casos que es imposible no suponer que todas ellas son palabras cognadas que formaban parte de un núcleo común, que se remonta en el pasado hasta la primera colonización del archipiélago» (ibid.: 92). Segunda, que la no explicación desde el bereber moderno de muchas de las palabras guanches implica que la lengua que se instaló en las Islas debía pertenecer a un sustrato muy antiguo, «un dialecto occidental del proto-libio», dice Abercromby (ibid.: 92), cosa que explicaría, por ejemplo, la existencia del sonido (y de la letra) /p/,inexistente en el bereber pero sí en el guanche (ibid.: 41 y 84-87).Y tercera, que cierto número de palabras guanches fueron de introducción relativamente tardía,por lo que debió haber una «indudable interconexión entre algunas de las islas y el continente antes de la llegada de los conquistadores franceses y españoles», como indican los numerales, y también que «algunas de las palabras beréberes se introdujeran después de la reducción de las islas por Béthencourt y los españoles, porque ambos solían realizar incursiones por la costa africana y se traían prisioneros» (ibid.: 92). 5. JUAN BETHENCOURT ALFONSO Y SU HISTORIA DEL PUEBLO GUANCHE El nombre del médico y antropólogo tinerfeño Juan Bethencourt Alfonso [1847-1913] merece un lugar aparte en la historia de los estudios sobre la lengua de los aborígenes canarios, como lo merece en cualquiera de los otros aspectos que se considere del pueblo guanche. Porque, en efecto, su Historia del pueblo guanche es la aportación más seria, más completa y mejor documentada del tema objeto de estudio, desde luego hasta el ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 66 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 66 67 momento de ser escrita,pero posiblemente también hasta hoy en día. Y desde luego la mejor, sin discusión, en lo que se refiere a la lengua de los aborígenes, objeto monográfico del primer volumen. La Historia del pueblo guanche de Bethencourt Alfonso es una obra singular y enciclopédica, fruto de toda una vida dedicada al estudio de los vestigios de la cultura guanche en las tierras y en la sociedad canaria de finales del siglo XIX,que consta de tres gruesos volúmenes de los que hasta la fecha solo se han publicado dos, el I(1991) dedicado al «origen, caracteres etnológicos, históricos y lingüísticos» —según reza en el subtítulo—, el II (1994) dedicado a la «etnografía y organización socio-política» de los aborígenes canarios, y el III (1997) dedicado a la conquista de Canarias. Aunque acabada en los primeros años del siglo XX [hacia 1912], la obra de Juan Bethencourt Alfonso debe considerarse propia del XIX,pues a lo largo de su último tercio se fraguó y dentro de aquel espíritu que animó un movimiento finisecular por reconstruir y revivir el pasado aborigen en todos sus aspectos (arqueológico, antropológico, etnográfico, literario y lingüístico), movimiento del que Bethencourt Alfonso es un genuino representante.Siguiendo con el método de sus antecesores, el investigador tinerfeño acopia y reúne las fuentes históricas tradicionales, con la inclusión de los estudios de Bory de Saint-Vicent y de Berthelot, con el diccionario de Olive, con materiales nuevos sacados de antiguas Ordenanzas de las Islas,con datos inéditos de sus contemporáneos Maffiote y Zerolo, con las listas publicadas por Chil y Naranjo y, sobre todo, con sus propias indagaciones en la tradición oral. En las fuentes de Bethencourt Alfonso solo echamos en falta la explicable ausencia de las obras de Torriani y de Álvarez Rixo, por estar inéditas, la inexplicada de Núñez de la Peña y las inexplicables del diccionario de Madoz y del capítulo de la toponimia guanche de Millares Torres (por más que esta sea repetición de las listas de Chil). El largo sueño que durmieron los manuscritos de Bethencourt Alfonso privó de su conocimiento y de su consiguiente uso a todos los investigadores del tema guanche de casi todo el siglo XX,y entre ellos a Abercromby, a Álvarez Delgado y a Wölfel, por lo que les privó de las mejores fuentes disponibles hasta esa fechas y de unas posiciones teóricas muy consistentes. LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL Juan Bethencourt Alfonso. 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 67 No siempre ha sido juzgada, sin embargo, de manera imparcial la obra de Juan Bethencourt Alfonso. Unas veces por «guanchista», otras por «folklórica» y otras por «impresionista» (y en los tres casos con la carga negativa que tales calificativos tienen), se ha tenido la obra del médico tinerfeño poco más que como un fruto «curioso» finisecular de la investigación y de la ciencia de Canarias. Totalmente injustos y muy equivocados son tales juicios, en nuestra opinión.Si las críticas van dirigidas al «cientifismo» de la obra de Juan Bethencourt Alfonso, las tintas no pueden cargarse más que sobre los otros autores contemporáneos suyos, y sí menos. Su obra es —como no podría ser de otra manera— producto de una época, de un tiempo, de unas creencias y de unos métodos concretos. Pero aun en el método, Bethencourt Alfonso fue un verdadero pionero, pues basó gran parte de su tiempo para la reconstrucción del pasado isleño en la tradición oral.Y eso, en un tiempo en el que la tradición oral constituía el mejor y más grande archivo histórico del pasado canario. Él mismo lo dejó dicho de manera meridiana, adelantándose a las críticas que podrían sobrevenirle: Tal vez algún zoilo descontentadizo juzgue estas Aclaraciones deficientemente documentadas, pero aun a riesgo de pasar por inmodesto, ¿aportan acaso los cronistas tantas pruebas o indicios, respecto a la época que historiamos? Cuanto a los sucesos y modo de ser del pueblo guanche su única fuente es y ha sido la tradición [el subrayado es nuestro] y hay fundamentos para afirmar que ésta no se ha recogido ni estudiado por los historiadores con la debida escrupulosidad (1997: III, 229, nota 4). Gracias al esfuerzo y a los numerosísimos datos allegados por Bethencourt (unos producto de la propia observación, otros testimonios directos de sus informantes, otros recogidos a instancias suyas por terceras personas), podemos conocer hoy la vida menuda y rutinaria de los isleños, sus costumbres y tradiciones,sus vestidos y alimentación,los tipos de vivienda en que vivían,sus fiestas y diversiones, etc.; la verdadera historia de un pueblo: su intrahistoria. Porque haber podido acercase a la tradición oral a finales del siglo XIX es haberla sorprendido en su inmutable quietud: poco más o menos así debieron vivir los canarios siempre, desde después de la conquista. El cambio radical de usos y costumbres en el medio rural se produjo mucho después, bien entrado el siglo XX.Más teniendo en cuenta que los lugares principales de sus búsquedas e investigaciones fueron los de la zona de Chasna, en las tierras del sur y de la cumbre de Tenerife, donde muchos de los antiguos canarios —los alzados— se habían refugiado tras la conquista castellana, continuando practicando sus antiguos usos y costumbres y perviviendo estas, por tanto, con más fuerza que en otras partes. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 68 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 68 69 La actitud y el talante de objetividad y de imparcialidad con los que inicia Bethencourt Alfonso sus estudios históricos quedan bien declarados en este párrafo de su Prólogo a la Historia del pueblo guanche: Un pueblo sin historia es un pueblo de incluseros que vive a merced del capricho ajeno, pero un pueblo de historia bastardeada por incuria de sus hijos se halla a más bajo nivel, a un inferior coeficiente de dignidad social que aumenta el oprobio. Estudiémosla por lo tanto con imparcialidad, elevando a la par nuestros corazones al terruño guanche y a la madre España, patrias de nuestros antepasados unidas para siempre en un solo destino (1991: 49). Valga decir que el nombre de guanches lo aplica Bethencourt Alfonso, sin distinción, a los habitantes todos del archipiélago canario anteriores a la llegada de los españoles, y solo esporádicamente lo aplica con exclusividad a los aborígenes de Tenerife, especialmente cuando se trata de juzgar los aspectos del origen racial de los pobladores de cada una de las islas, en la creencia extendida de que, en efecto, pertenecían a distintas razas.Así, en respuesta a una carta en que el grancanario Chil y Naranjo le pedía su opinión sobre el origen de los de Tenerife, Bethencourt Alfonso le contesta (el 18 de agosto de 1879): Me pregunta Ud. si conozco el origen de los guanches. Nada para mí tan difícil como esta parte de la antropología especulativa, pues los antecedentes que pudieran servir de base a deducciones racionales, los tengo por inconciliables. Los guanches de Tenerife, con sus punzones de hueso y sus cuentas de arcilla, idénticas a las encontradas en el dolmen de L’Ardeche, a las del Lozere y otros; con sus molinillos de mano, pequeños cuchillos de obsidiana, garrotes más o menos groseros y objetos de cerámica que atestiguan una industria casi naciente; trogloditas en cuevas naturales no modificadas por la mano del hombre y vestidos de pieles más o menos curtidas (...); estos guanches, me parecen los mismos de La Gomera y Hierro... (cit. por Farrujia de la Rosa 2004: 344). La atención que presta Bethencourt Alfonso a la lengua de los aborígenes se manifiesta claramente en la organización de su obra. De los 11 capítulos de que consta este primer vol., 6 están dedicadas a la lengua común y uno específicamente a la toponimia (los 4 primeros están dedicados a cuestiones geográficas de las islas y a las cuestiones históricas de la raza guanche y del poblamiento del archipiélago). Del interés de la obra de Bethencourt Alfonso en el aspecto lingüístico general, y de su importancia destacada en el conjunto de los estudios sobre la lengua de los canarios aborígenes,ha hablado Díaz Alayón (1993: 361-387) y, singularmente de la toponimia guanche de Gran Canaria hemos hablado nosotros (Trapero 1994a), por lo que no insistiremos mucho en ello. LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 69 Más de 500 páginas dedica Bethencourt Alfonso a la muy problemática cuestión de la unidad o variedad de la lengua de los antiguos canarios (cap. V), a los lenguajes alternativos que utilizaron: el silbo articulado, el lenguaje buciado, los ajijides y las hogueras y ahumadas (cap. VI), a las inscripciones líticas que dejaron en las varias islas (cap. VII),a los elementos berberiscos o celtabereberes de la lengua guanche (cap. VIII), a un extensísimo vocabulario guanche, agrupado por temas, en comparación con el vasco, el galo y el irlandés-gaélico (cap. IX) y, por último, a los antropónimos (cap. X) y a los topónimos prehispánicos (XI). Por todo ello no dudamos en calificar la aportación de Bethencourt Alfonso al estudio de la lengua guanche de fundamental, además de ser su libro pionero también de la lingüística canaria. No podemos detenernos en los muchísimos aspectos de su estudio que merecen comentario, por la mucha luz que aportan, pero sí queremos dejar constancia de su pensamiento en una cuestión tan principal como es la de la discutidísima unidad o variedad de las lenguas de los isleños prehispánicos.Ya hemos ido viendo como a lo largo de los siglos la opinión de los respectivos autores ha ido evolucionando desde la posición de la diversidad lingüística, de que cada isla tenía su propio idioma, hasta la posición de la unidad; y en este sentido Bethencourt Alfonso se manifiesta de manera más rotunda que nadie: Cuando se considera que las siete islas aparecen en el siglo XV pobladas por una misma raza y que salvo diferencias accidentales tenían iguales usos, costumbres,instituciones sociales,creencias religiosas,indumentarias,medios de vida y demás peculiaridades reveladoras de un indiscutible fondo de unidad, no puede menos de inclinarse el ánimo a que también les era común el idioma (ibid.: 137). Para él, la calificación de «dialectos» fue cosa poco afortunada de los cronistas: A nuestro juicio —dice el antropólogo tinerfeño—, por el estudio de los vocabularios con todas sus lagunas y deficiencias, [...] existe mayor disparidad entre el lenguaje rural de los valencianos, catalanes y mallorquines o entre gallegos y portugueses, que el ofrecido entre las islas, abrigando la convicción de que todos los isleños se entendían con más o menos facilidad (ibid.: 144). Vale la pena seguir con las palabras de Bethencourt Alfonso, tan cuerdas, tan modernas y tan exactas en este punto, guiadas por el testimonio de algunos de los cronistas que él considera más fiables, por las evidencias que arroja el estudio de los materiales lingüísticos conservados y también por el sentido común: La doctrina de que derivaron de un patrón o lengua madre siete dialectos al extremo de no entenderse, a virtud de la evolución que experimentaESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 70 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 70 71 ron en su largo aislamiento, hasta nos parece ridículo aplicarla a Canarias.Ya sabemos que las lenguas cambian pero también que los cambios están en relación con los agentes que los solicitan y no existían tales agentes.Todo conspiraba en las islas para quedar estacionada la vida del lenguaje. No son bastante siete ni más siglos para que aquellos pueblos aislados, rudos, pastoriles, que no eran científicos, ni artísticos, ni literarios, ni industriales, ni mercantiles, ni navegantes, principales factores de la innovación de ideas y por lo tanto de sus signos de expresión,evolucionara la lengua hasta el punto de no comprenderse (ibidem.) En lo que se refiere a la toponimia,estos pocos datos darán cuenta de la superioridad absoluta de la obra de Bethencourt Alfonso sobre la de sus antecesores (y continuadores):de los 467 topónimos guanches que consigna Berthelot,de los 571 que relaciona Álvarez Rixo y de los 1.750 que reúne Chil y Naranjo,pasamos a 3.200 que aporta Bethencourt Alfonso, si bien unos 1.500 se deben a Tenerife, isla que,por ser la suya natural y en la que vivió siempre,conoció e investigó con mayor intensidad que las demás. El resto se distribuye así: de Fuerteventura unos 380 topónimos, de La Gomera 340, de El Hierro 300, de Lanzarote 250, de Gran Canaria 284 y de La Palma 120. Cierto que estas cifras no son proporcionales a la potencial realidad, según la extensión de cada isla, lo que refleja la desigual investigación que pudo realizar en cada una. Porque de investigación directa hay que hablar, y además consignando al lado de cada topónimo su referencia geográfica y la fuente documental en que aparece. Solo la cifra de topónimos de Bethencourt Alfonso sobrepasa la cifra total de guanchismos en general que recopilaron todos los demás autores que se dedicaron a esta cuestión.Y en el caso de la toponimia de la isla de El Hierro, por seguir utilizando términos comparables con los testimonios precedentes de Berthelot y de Álvarez Rixo,de los 300 topónimos prehispánicos que relaciona, 120 se deben a su recogida personal (o a instancia suya), y lo que es cualitativamente más importante, esos son los más verdaderos en su escritura por ser los recogidos directamente de la tradición oral, que es el ámbito verdadero en el que vive la toponimia. 6. WÖLFEL Y SUS MONUMENTA LINGUAE CANARIAE Empezamos este estudio hablando de Wölfel y de la importancia de su obra en el decurso de los estudios dedicados a la lengua de los aborígenes canarios como un verdadero hito que marca el antes y el después de esos estudios, y cumple ahora decir cuáles son sus aportaciones y hablar de los méritos que hacen de sus Monumenta Linguae Canariae la «biblia» del guanche. «Los Monumenta de Wölfel», como comúnmente se le denomina, es una obra póstuma y además tardía.Vio la luz en 1965, dos años después de haber LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 71 muerto su autor (a cargo de algunos de sus amigos y colaboradores, especialmente de Alois Closs y de Hans Biedermann) y a pesar de llevar veinte años firmado el prólogo, desde 1945, es decir de tenerlo dispuesto para la imprenta, según consta en el Prólogo del Autor. Pero se publicó en Austria y en alemán, que era la lengua natural de Wölfel, lo que le privó del uso mayoritario que hubiera tenido entre multitud de interesados en las antigüedades canarias.En este sentido, a los Monumenta de Wölfel les pasó algo parecido a lo de la Historia del pueblo guanche de Bethencourt Alfonso, que fueron obras que estaban escritas y que sin embargo no pudieron ser utilizadas por generaciones de estudiosos y de especialistas en la filología canaria y aún por los interesados en los asuntos generales de Canarias, aunque con una diferencia notable entre ambas, que la del tinerfeño estaba inédita y era desconocida, y la del austriaco se sabía que estaba publicada, aunque quizás fueran las dificultades de su consulta las que coadyuvaran para hacerla mítica, para convertirla en referente inexcusable y principal de los estudios sobre la lengua de los antiguos canarios. Hubo que esperar hasta 1996 para que viera la luz en español,gracias a una benemérita labor de su traductor Marcos Sarmiento Pérez y de las instituciones canarias que hicieron posible la edición, la Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias y del Museo Canario. De verdadero acontecimiento cultural para Canarias debe considerarse pues esta edición en versión española de los Monumenta de Wölfel, 31 años después de que fuera publicada originariamente en alemán (Graz, Austria, 1965) y después de que llevara muchos años agotada. Hablábamos al principio del acierto que tuvo Wölfel en el título de su obra (traducido en español como Monumentos de la lengua aborigen canaria,y con el subtítulo de Un estudio sobre la prehistoria y la historia temprana del África Blanca), pues obra monumental es tanto por lo que se refiere al continente como al contenido. Su propia estructura refleja la monumentalidad de la obra. Dividida en seis partes, la primera está dedicada a una exposición crítica de las fuentes utilizadas sobre la lengua aborigen canaria, desde las primeras conocidas (Recco,Azurara, Diogo Gomez, Ca da Mosto, Le Canarien, las Crónicas,etc.) hasta las más actuales (Álvarez Rixo, Chil y Naranjo, Millares Torres,Abercromby, Álvarez Delgado, etc.), teniendo para ello, en su caso, no ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 72 Dominik Josef Wölfel en los años de su estancia en Canarias. 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 72 73 solo que utilizar fuentes ya descubiertas y bien conocidas, sino que descubrir nuevas fuentes, inéditas hasta entonces, como la Descripción de las Islas Canarias de Torriani.Además, resulta fundamental su principio de la crítica de fuentes: «Cualquier investigación de la lengua aborigen canaria —dice Wölfel con justeza— basada en una compilación del material lingüístico sin un análisis crítico del mismo, está supeditada a graves errores y carece de una base sólida» (1996: 56). Advierte Wölfel en la primera parte de sus Monumenta que los materiales de la lengua aborigen canaria nos han llegado de muy diversas maneras,siendo, por tanto, muy desigual su valor. Una parte importante, y la que más repercusión ha tenido en todos los estudios al respecto, ha sido la del material allegado en documentos de la época del descubrimiento y de la conquista. Pero esos documentos —sigue diciendo Wölfel— no son los originales, sino copias de los registros, «confeccionadas a la ligera por escribanos mal pagados al tiempo que redactaban el documento original.Además, las palabras aborígenes canarias no están escritas de oído, sino que se han copiado de escritos que, a su vez, han dado lugar a la redacción de los documentos; con frecuencia han sido copiadas hasta tres veces antes de llegar a nosotros» (ibid.: 53). Esta segunda consideración de Wölfel es muy cierta y muy importante, y pone el dedo en la llaga de un aspecto que no ha sido generalmente tenido en cuenta al tratar de la lengua de los guanches, cuando se da por bueno,sin más, cualquier nombre guanche que proceda de un documento antiguo, por el simple hecho de estar escrito y de pertenecer a una documentación histórica, y, por el contrario, se ignora o se desconsidera la realización oral, cuando ese mismo nombre continúa vivo en el habla de Canarias, bien sea en el dominio del léxico común o en el de la toponimia.Y bien se sabe que la lengua es oral, antes que escrita, y que la pervivencia de un importante conjunto léxico, aunque sea de una lengua perdida, como es el caso del guanche en Canarias, no puede dejarse de tener en cuenta, pues permite realizar una crítica recíproca respecto a los textos escritos antiguos. Pues justamente la ausencia mayor que se advierte en los Monumenta de Wölfel son los materiales procedentes de la tradición oral. Sospechamos que Wölfel no incorporó ni un solo término vivo recogido por él (¿influiría en ello su deficiente español?). Ni siquiera pudo contar con los riquísimos materiales que Bethencourt Alfonso había recopilado a finales del siglo XIX,por estar inéditos entonces,como hemos dicho.Esta ausencia la juzgamos grave,sobre todo si se considera —como se hace de continuo— la obra del austriaco como la obra total y definitiva de la lengua guanche. En la II parte, la más corta de la obra, acopia los testimonios extraídos de las fuentes históricas sobre la lengua de los aborígenes, sobre su naturaleza y LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 73 hacerse solo por la proximidad fonética o gráfica de los significantes. «Yo estimo incontrovertible —dice Álvarez Delgado— que, en la comparación de formas comunes a un grupo,no basta una aparente semejanza radical,sino una plena identidad formal, semántica y fonética, para deducir conclusiones seguras de parentesco» (ibid.: 54). En esta apreciación estamos muy de acuerdo nosotros. Gerard Rohlfs,prestigioso romanista y gran filólogo alemán, aprovechó una pequeña estancia en Tenerife entre 1950 y 1951, como profesor invitado de la Universidad de La Laguna, para dedicarse —según sus palabras— «al problema más cautivador que se presenta en el campo de los estudios canarios» (1954:83), coleccionando una serie de palabras indígenas supervivientes en el habla de Canarias (en total 99 palabras), sobre las que publicó un pequeño artículo con el título de Contribución al estudio de los guanchismos de las Islas Canarias (1954). El artículo es importante porque importante es su autor y porque las voces que en él se estudian son palabras vivas, recogidas de la oralidad (de jóvenes haciendo el servicio militar de Tenerife, Gomera y Hierro). Son, pues, voces verdaderas,salvo algunos «falsos guanchismos» que se le cuelan al gran romanista alemán como alparroba, arrife, balango, beril (sic), galpo, gavia, guagarso (‘juagarzo’), guinso, jirdana, sorimba, tambufo y tabobo,entre otras voces dudosas. Importante es el preámbulo y la crítica que hace a lo hecho e imaginado sobre el guanche. E importantes son las conclusiones a las que llega, aun considerando la parquedad del repertorio léxico estudiado. «De nuestros materiales dice Gerhard Rohlfs hay que obtener la impresión de un sustrato lingüístico unitario: de las palabras tratadas en nuestro trabajo,14 se hallan en dos islas, 7 en tres islas, 6 en cuatro islas, 3 en cinco islas, 4 en seis islas, 5 en siete islas. Solo la isla de Hierro se nos manifiesta por un número considerable de elementos que son desconocidos a las demás [que son justamente las pertenecientes al vocabulario de los colores de cabras y ovejas]» (ibid.: 99). El artículo de Rohlfs provocó reacciones críticas por parte de varios autores, como Régulo Pérez (1956), Giese (1956), Steffen (1956) y Pérez Vidal (1967), las cuales significan, a su vez, nuevas aportaciones al estudio de los guanchismos, a las que no entramos a valorar aquí, por menudas. Existen muchos factores que permiten que determinados elementos completamente extraños y ajenos al tema objeto de estudio entran a formar parte de ese estudio y aún determinen su carácter; entre ellos puede citarse «la falta de ciencia, la sobra de superficialidad y ligereza, el exceso de amor hacia el ámbito a que pertenece el asunto: el apasionamiento por el mismo objeto de la indagación científica».Así empieza el estudio que José Pérez Vidal dedicó a los «Arabismos y guanchismos en el español de Canarias» (1967: 243), y justamente para juzgar críticamente los «falsos guanchismos» que aparecen en el ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 80 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 80 81 artículo de Rohlfs. En realidad, Pérez Vidal no aporta en ese estudio ni un solo guanchismo, pero advierte muy prudentemente lo arriesgado que resulta «acometer el estudio de los guanchismos o voces prehispánicas de Canarias sin tener en cuenta las copiosas trasplantaciones léxicas que se han hecho desde la Península, desde África y desde América a las islas en tiempos históricos» (ibid.: 249), y de manera particular los arabismos, que a Canarias llegaron muchos de ellos por vía de los portugueses.Y como ejemplos de ello, examina y determina la etimología árabe de determinadas palabras del habla común de las Islas que se tenían por claros guanchismos, como tabefe ‘suero que se desprende al hacer el queso’ y tabique (variante de tabefe,con la misma etimología y significado), tacho ‘recipiente grande para cocer el melado de la caña de azúcar’, arrife ‘terreno malo, inculto y pedregoso’, charabiscal ‘andurrial’ y Carías,topónimo de La Palma. Luis Fernández Pérez [1883-1954] fue un erudito gomero que se preocupó por reunir las «palabras indígenas» de su isla, para completar las listas que de ella había ofrecido Chil y Naranjo. En la primera noticia que él mismo dio de su colección (1940-41) relacionaba 189 formas, casi todas toponímicas, sin otra indicación que una vaga localización. Su lista no hace aportaciones nuevas desde la tradición oral, pero tiene conciencia de que «de las palabras que insertamos han desaparecido la mayor parte y solo se encuentran en documentos antiguos» (pág.9).En 1995 Díaz Alayón,Castillo y Díaz Padilla han dado a conocer la lista completa de Fernández Pérez en una edición crítica que engrandece la aportación primera del gomero. Alfonso Armas Ayala [1924-1999], profesor de literatura y gran animador cultural radicado en Gran Canaria pero de orígenes herreños, publicó en 1944 un «pequeño vocabulario toponímico de la isla de El Hierro», que le habían ofrecido los señores Pérez Zamora y Díaz Casañas, quienes, a su vez, lo habían obtenido «de sus pacientes inquisiciones entre los campesinos de la isla». A Armas Ayala casi le faltó añadir en el título de su comunicación la palabra guanche, pues de los 123 topónimos que relaciona solo 16 no lo son. En efecto, es «pequeño vocabulario», pero tiene la cualidad de ser real, de citar voces que efectivamente existen en la toponimia de El Hierro, salvo algunas correcciones. Sebastián Jiménez Sánchez [1904-1983],que fue un hombre muy importante en las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en la provincia de Las Palmas en las décadas 40, 50, 60 y 70 del siglo XX,y que fue también un destacado intelectual en muy variados asuntos culturales de Canarias, publicó una larga serie de artículos periodísticos referidos a determinados topónimos llamativos por su nombre o por su historia, entre los cuales había muchos de origen guanche.Y entre los documentos de su archivo personal, donado al Museo Canario de Las Palmas,dejó inédito un «Diccionario de Toponimia CanaLOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 81 ria» (aunque con materiales exclusivos de la provincia oriental, y especialmente de la isla de Gran Canaria) que merece atención. Valga decir aquí que, desde los estudios antropológicos realizados por Verneau a finales del siglo XIX sobre la identidad racial de los aborígenes canarios, se mezclaron con mucha frecuencia, y muy especialmente en los períodos de la primera arqueología practicada después de la Guerra Civil, en los que fue parte muy activa Sebastián Jiménez Sánchez, dos sentidos claramente diferenciados que se otorgaban a la palabra guanche.Por una parte el sentido puramente «racial», como ‘una de las razas que pobló algunas de las islas de Canarias’, concretamente Tenerife, La Gomera y una parte de Gran Canaria; y por otra el sentido «étnico» más general de ‘población aborigen de las Islas Canarias’ (de todas ellas, sin distinción). Sin embargo, en el habla común de las islas (y por supuesto en la toponimia) la palabra guanche seguía teniendo un único e inequívoco sentido, el segundo de ‘habitante prehispánico u aborigen de las Islas Canarias’. 7.2. Investigadores foráneos (desde el bereber) Siguiendo con la fecunda dedicación de estudiosos extranjeros a la causa del guanche iniciada por Glas y continuada por Bory de Saint-Vicent, Berthelot, Marqué de Bute y Abercromby, entre otros, también alrededor del tiempo en que Wölfel está de lleno volcado al sus Monumenta hay una serie de aportaciones de autores como Marcy (1931 y 1962), Giese (1949), Zyhlarz (1952), Vycichl (1952), Galand (1975, 1991 y 1992-93) y Sabir (2001). Georges Marcy dejó a su muerte (ocurrida en 1946, muy prematuramente, cuando solo contaba 41 años) un manuscrito inédito en francés sobre algunos topónimos y nombres antiguos de tribus bereberes en las Islas Canarias, que llegó a manos de Juan Álvarez Delgado y que éste tradujo y publicó en 1962 con algunas correcciones y abundantes comentarios.Así que con toda justicia debe ser considerado un trabajo compartido por Marcy y Álvarez Delgado. En realidad se trata de un trabajo sobre los nombres que las Islas tuvieron en la antigüedad, según atestiguan la Historia Natural de Plinio y algunas crónicas del siglo XV, especialmente la de la conquista bethencouriana Le Canarien.De todos ellos solo son indígenas, según Marcy, es decir, guanches, los siguientes:Canaria (aunque latinizada en su terminación, Marcy 1962: 248-252), aplicado primero a la actual isla de Gran Canaria y después al archipiélago entero 11;Tenerife (ibid.: ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 82 11 Sobre Canaria descarta Marcy la primera etimología de Plinio (“así nombrada a causa de los perros de enorme talla que en ella se encuentran en gran número, y de los que se llevaron dos a Juba”) (Marcy 1962: 248), y cree más verdadera la segunda, debida al pueblo libio de los canarii alcanzados por Suetonio Paulino en su famosa expedición a través del Atlas, (que “se llamaban canarios porque viven como perros y comparten con estos animales las entrañas de las fieras”) (ibid.: 249). 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 82 83 253-259 y 264-273), que ha conservado su nombre hasta la actualidad; Titerogakaet (ibid.: 259-261), nombre que Le Canarien dice que sus propios habitantes daban a Lanzarote; Toicusa o Torcusa (ibid.: 261-264), nombre problemático que, sin fuente conocida, algunos han dicho que los pobladores de Fuerteventura daban a Lanzarote; Erbania, Arbaniy o Arbani (ibid.: 273-274), nombre que Le Canarien atribuye a Fuerteventura con el valor de ‘el lugar de la muralla’, por la pared de piedra viva que dividía la zona de Jandía del resto de la isla; Esero (o Eccero o Hero) (ibid.: 274-277), nombre también problemático que según Marcy es el étimo del actual nombre de la isla de El Hierro 12; Mahorata (castellanizada su terminación, ibid.: 277-284), nombre que daban a la parte norte de Fuerteventura 13;Benahoare (ibid.: 284-28), antiguo nombre que se atribuye a la isla de La Palma, a partir del étimo ahuarit con que se designaban a sí mismo los habitantes de aquella isla;y Gomera (ibid.:287-289), nombre que ha conservado hasta hoy la isla de La Gomera y que Marcy vincula a la tribu de los gmara en el Rif occidental. Y concluye Marcy su estudio de onomástica insular de Canarias con una afirmación muy rotunda respecto a la identidad exclusiva del guanche respecto del bereber: Nuestras comprobaciones no excluyen en modo alguno la posible participación de otros núcleos no-berberófonos en los guanches, también venidos del Continente africano. Pero en el estado actual de nuestra documentación y por nuestros estudios lingüísticos de las hablas de los guanches, creemos poder afirmar que esos antiguos ocupantes no han dejado huella alguna lingüística, o dicho de manera científica más exacta: el guanche no contiene, con toda probabilidad, sustrato lingüístico distinto del bereber norteafricano (ibid.: 289). En ocasiones varias se ocupó Wilhelm Giese de la lengua guanche, reseñando críticamente determinados estudios de otros autores, tales como los de Zyhlarz (Giese 1952), de Rohlfs (Giese 1956: 96-98) y de Álvarez Delgado (Giese 1956: 98-102). Pero su propio pensamiento «acerca del carácter de la lengua guanche» lo había manifestado con anterioridad en un artículo de 1949 titulado de la misma forma que hemos marcado.Corto es en extensión, apenas 16 págs., pero apretado en contenido y denso en datos. LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 12 Sobre esta controvertida etimología ver ahora Trapero 1998b en donde se resumen todas las hipótesis y tesis formuladas al respecto. 13 De donde se deduce, y tal cual dicen también otras fuentes históricas, que la isla de Fuerteventura estaba dividida en dos partes independientes, con sus respectivos nombres: Maxorata al norte y Arbani al sur (la hoy denominada Península de Jandía), separadas con una pared de piedra que atraviesa de este a oeste la isla en su parte más estrecha. Esta parte recibe en la actualidad la denominación de Istmo de la Pared. 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 83 Conocedor de las fuentes históricas antiguas en que se registran las voces guanches y de los modernas relaciones que de ellas se hicieron desde Glas hasta el Marqués de Bute,confiesa Giese en nota a pie de página que, como continuación a una obra emprendida por su maestro el profesor Bernhard Schädel, tenía por los años de 1926 encomendada la preparación de un Thesaurus Linguae Guanchae que depurara errores y pusiera en orden todo el caudal léxico guanche, y que otras ocupaciones más urgentes le fueron apartando de aquella encomienda, hasta que tal objetivo fue realizado por Wölfel, cuyos manuscritos de los Monumenta Linguae Canariae ya estaban preparados para la imprenta en 1949, fecha en que Giese publica su artículo. Destaca Giese lo siguiente: el gran número de palabras que empiezan por a- (excepto en Fuerteventura), por guaen Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife (en contra de guey de gui,que son raros; además faltan en Gran Canaria las iniciadas por gue-), y por ta- (y tey ti-) en Tenerife, La Palma, Gomera y especialmente El Hierro; por el contrario, son muy raras las palabras que empiezan por i-.Todo ello demuestra que hay una «cierta unidad en la estructura de los dialectos de las diferentes islas» (Giese 1949: 191), lo mismo que demuestra una cierta unidad del léxico el hecho de que algunas palabras como gofio, guan ‘hijo de’, guirre, tamarco y otras se encuentren en todas las islas, aunque —dice Giese— puede ser que tales palabras «fueran difundidas por los españoles» (ibid.: 192). Otras palabras, por el contrario, comprueban la diferenciación léxica interinsular, como ocurre en la nomenclatura de las cabras y ovejas (ibid.: 192-193): Tenerife: ana ‘carnero’, haña, jaña, hara ‘oveja’; ara, axa ‘cabra’ Gran Canaria: tahatan, tahaxan ‘oveja’, tihayan ‘carnero’ La Palma: teguevite ‘cabra u oveja’, ciguena ‘oveja o cabra’ La Gomera y El Hierro: juraque, juvaque ‘ovejas gordas’ Lanzarote: ciguena ‘oveja y cabra’ Concluye Giese que «una comparación con el silha (como muestra de un dialecto bereber) comprueba que el guanche es, por su estructura, efectivamente un dialecto bereber» (ibid.: 191), además de que en el guanche debe haber palabras procedentes del wolof y del árabe (ibid.: 193). Finalmente dibuja Giese un mapa de repartición de los dialectos bereberes en el norte de África (ibid.: 196) y analiza una serie de palabras guanches desde el bereber (ibid.: 197-201). A diferencia de los artículos de Marcy y Giese, que aportan datos y consideraciones que sumar a los estudios sobre el guanche, el artículo del berberólogo austriaco Werner Vycichl (1952) nada nuevo de interés aporta y sí reitera muchas cosas que a estas alturas de la cronología de los estudios guanESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 84 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 84 85 ches pueden considerarse ya como simples repeticiones o como atrevidos diletantismos. Por ejemplo, vuelve Vycichl a los nombres antiguos latinos de las Islas tratando de explicarlos desde unos supuestos étimos guanches (págs. 169-174). Así nos dice que Canaria es traducción de una voz bereber con el segmento bicen (del que derivaría el guanche tebicina) que significa ‘chacal’, de donde Canaria vendría a traducir la idea ‘isla de los chacales’, confundida después como ‘de los perros’. Que Erbania,nombre que en Le Canarien se da a Fuerteventura, es lo mismo que Capraria ‘isla de las cabras’, a partir del bereber arban ‘macho cabrío’. Que Ninguaria (o Nivaria) no puede ser equivalente a Tenerife con el sentido común de isla de ‘isla de la nieve’, puesto que en bereber el concepto ‘nieve’ se nombra adfel,y Tenerife,desde el bereber no significaría otra cosa que ‘la de erife’ y que este erife está vinculado con ‘el fuego’; en ambos casos con referencia inequívoca al Pico del Teide, pero con motivaciones contrapuestas: la nieve y el fuego. Que la isla de Lanzarote es la nombrada por los latinos Pluviaria,y que el nombre de Lanzarote es resultado del sincretismo de dos étimos distintos:el primero sería el bereber anzar ‘lluvia’, de donde se formaría anzarote ‘isla de la lluvia’, y el segundo el nombre del aventurero genovés Lanceloto Malocelo. Son cosas ya repetidas las observaciones que hace Vycichl de determinadas correspondencias del guanche con el bereber, como, por ejemplo, la frecuente alternancia de ty chiniciales; la también frecuente alternancia de nombres con o sin artículo (Gáldar/Agáldar, Güimes/Agüimes, Naga/Anaga);la correspondencia del artículo, bajo el esquema siguiente: LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL mas. fem. Y son también reiteraciones las interpretaciones que hace Vycichl de determinados topónimos canarios a partir de informaciones historiográficas antiguas, sin haber puesto de su parte ni una pizca de indagación crítica sobre la verosimilitud que esas interpretaciones merecían a la vista de los accidentes geográficos a los que aluden.Así por ejemplo, toma de Abreu la noticia de que los guanches de El Hierro llamaban Amoco a la capital de la isla y que los españoles la tradujeron por Valverde y trata ahora Vycichl de justificar la etimología de Amoco desde el bereber diciendo que «la villa de Valverde se llamaba, entre los indígenas, Amoco,palabra que recuerda al silha tuga ‘pradera’, que bien puede traducirse por ‘valle verde’» (ibid.: 181), cuando el lugar aquel no plural itigenitivo: -n- ‘de’ sing. ata029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 85 es sino una empinada y escabrosa ladera sin más vegetación que la meramente xerófica y con una persistente niebla que hace de su clima el más inclemente de la isla.Y continúa Vycichl con otra etimología totalmente caprichosa de otro topónimo herreño:«Cerca de El Hierro —dice— hay unas rocas llamada[s] Roques del Zalmor,en las que hay grandes lagartos [...] Nada sería más natural que haber llamado a estas rocas ‘roques de lagartos’», porque en silha tazelmemmuit es el ‘lagarto’, y en cabileño tazermemmuit,y en ghadamés tezermuit (ibid.: 181-182), y eso lo dice porque fue por ese tiempo cuando se descubrió que en esos Roques habitaba una especie de lagarto gigante, alcanzando la noticia mucha notoriedad entre los ambientes científicos europeos. Peores críticas que las de Vycichl ha recibido el estudio que el africanista de la Universidad de Hamburgo Ernest Zyhlarz dedicó a la lengua de los canarios (conocido en español por Giese 1952) por parte de Wölfel (1958) y Díaz Alayón y Castillo (1995 y 1999), como veremos. Cree Zyhlarz en la pluralidad racial de las Canarias prehispánicas, y por consiguiente en la heterogeneidad lingüística del archipiélago. Consecuente con ello, traza un ‘mapa’ lingüístico prehispánico bastante detallado y plurilingüe, de la manera siguiente: a) La Palma, La Gomera y El Hierro forman una comunidad lingüística procedente de los dialectos bereberes antiguos, previos a la islamización, perteneciente al líbico moderno, no al protolíbico, puesto que fueron pobladas en torno a los años 25 a 29 a.C. por gentes líbicas allegadas con la expedición de Juba II.Al norte de El Hierro llegó después una población de habla púnica, de campesinos libio-fenicios del norte de África, que sería la que se manifiesta en la famosa endecha de El Hierro transmitida por Torriani. b) La lengua de Gran Canaria es una lengua centum, indoeuropea, probablemente el hitita, que sería la que explicara la otra endecha que Torriani dice haber recogido en Gran Canaria, que ni es árabe ni bereber. c) Las de Lanzarote y Fuerteventura forman una unidad, pero su origen es indeterminado. d) Tenerife forma otra unidad, de origen indeterminado. Pero como dicen Díaz Alayón, Castillo y Díaz Padilla (editores de Fernández Pérez 1995: 63) este mapa no resiste la realidad toponímica, pues topónimos de una misma raíz, con mínimas variantes, están en La Gomera y Tenerife (Arguayoda y Arguayo, Erque yErque/Erques, Taco en las dos islas, Guanicode eIcod, Jagüe y Jagua,Guerguenche y Chiguergue,Chinguarime y Chinguaro.Y lo mismo hay parecidos toponímicos entre La Gomera y El Hierro: Agando y Aragando, Erese, Tecina y Tecine, Tamadiste y Tamaduste, Taconte y Tacorón;etc. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 86 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 86 87 Reconoce Zyhlar que entre el léxico guanche existe bastante material bereber seguro, pero lo explica por el contacto de las Islas con África y por la presencia en Canarias de numerosos moros y moriscos venidos de la Península al tiempo de la conquista y con posterioridad a ella. Sobre Zyhlarz (y también sobre Álvarez Delgado) van dirigidos los ataques de Wölfel en su artículo de 1958. Dice Wölfel que hay «filibusteros de la ciencia, que cuentan con que la gran mayoría de sus lectores y oyentes no pueden verificar lo que escriben o imprimen, porque procede de una rama especialísima, y presentan sin el menor pudor mentiras solemnes» (cit. Díaz Alayón y Castillo 1999: 287),y concluye que para el caso de Zyhlarz «sólo hay una explicación que permita un juicio más moderado: de que este hombre [Zyhlarz], en fin de cuentas, es un caso patológico» (Wölfel 1958: 14). Sigue diciendo Wölfel que a él también se le ha considerado un diletante, «porque he penetrado como intruso en los dominios sacrosantos de sus especialidades», y también por estar «sentado sobre mi material canario y que me lo quiero reservar todo para mí», para concluir rotundo y agresivo: «Pero yo no puedo presentar sin la crítica de las fuentes y sin las pruebas, pues no quiero competir con Zyhlarz y compañía.¡Es que se pierde demasiado tiempo en echar a un lado tanta basura puesta sobre los problemas!» (ibid.: 15). Es cierto lo que dice Wölfel y es muy de aplicación en este campo de los estudios (o seudoestudios) sobre la lengua de los aborígenes canarios: es más, mucho más, lo que se ha escrito desde el diletantismo y la charlatanería que desde la filología y de la ciencia. De tal manera que la tarea primera y esencial en este campo de estudio (como lo es en cualquiera) es hacer una crítica de fuentes. Lionel Galand pertenece a otra generación más joven que la de los anteriores autores, y aunque su dedicación a las hablas canarias antiguas no ha sido ni frecuente ni cuantiosa, el gran prestigio que tiene este berberólogo de la Universidad de la Sorbona de Paris hace que sus opiniones sobre el guanche merezcan una reseña. Las ha manifestado en tres asuntos puntuales: en el de la identificación de las inscripciones rupestres de Canarias y su correspondencia con las del norte de África (Galand 1975), en el de la funcionalidad del elemento t(h)- inicial de la toponimia canaria (1992-93) y en el de la problemática explicación desde el bereber de las dos endechas «guanches» que Torriani dice haber recogido en El Hierro y Gran Canaria (1991).A Galand le sorprende el bajo parecido entre los materiales canarios y los del bereber, por lo que concluye que «no es posible afirmar que el canario sea una lengua bereber como las demás» (Springer 2001: 14), conforme en esto a las conclusiones a las que también llegó Wölfel.Y pone de manifiesto, cómo el propio Wölfel, a pesar del rigor que quiso poner siempre en el método comparativo entre los materiales LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 87 canarios con los bereberes, se dejó tentar muchas veces por hipótesis más ingeniosas que sólidas.Y en cuanto a las inscripciones de los guanches, dice Galand que pertenecen a la escritura líbico-bereber, siendo el «líbico» la denominación de la lengua «antigua» del norte de África, de la que el bereber (o las lenguas bereberes) son estratos posteriores. Lo único que podemos hacer es lamentar que un teórico de la lingüística bereber de tanto prestigio como Galand no se haya visto inclinado a estudiar más a fondo y en mayor número de temas de la lingüística guanche. Una última aportación al estudio de la lengua guanche desde el exterior de las Islas conocemos, debida a Ahmed Sabir (2001), profesor de español de la Universidad de Agadir, y que presenta tres grandes novedades: primero que es un libro entero, y no un simple artículo; segundo que ha sido escrito originariamente en español, lo que tiene un especial mérito (a pesar de que el texto hubiera necesitado de una revisión final por parte de un español nativo); y tercero, que los términos del bereber con que se compara el léxico guanche han sido tomados de la oralidad, y no de las escrituras, lo que implica una investigación previa por parte del autor del libro y que le confieren dos cualidades dignas de ser destacadas: su vigencia en las hablas actuales y la verdad de sus transcripciones. Es lástima que Ahmed Sabir no hubiera hecho la misma tarea de investigación desde el otro término de la comparación, el del guanche, también desde su pervivencia en las hablas actuales de Canarias, pues el resultado de su comparación estaría asentado entonces en fuentes léxicas fidedignas. Porque el conocimiento que tiene Sabir de la lengua guanche y de la toponimia canaria lo es solo por las fuentes historiográficas canarias, que acepta sin crítica alguna. Advertimos desde las primeras páginas del libro de Sabir una buena disposición teórica, capacidad filológica suficiente y metodología apropiada. Sin embargo, parte Sabir de una hipótesis muy discutible: la de que los guanches procedían del sur de Marruecos, entre los ríos Dra y Senegal, la zona del Antiatlas, que tiene por localidad más importante la actual Agadir (Sabir 2001: 2426).Y para apoyarse en una autoridad de la propia historia canaria cita Sabir un texto de Viera y Clavijo en el que se dice los primeros habitantes de las Islas procedían de «la región de Canar o Ganar,tierra que se extendía desde las faldas del Atlas hasta los territorios situados entre los ríos del Dra y Senegal,en la costa atlántica del noroeste africano». Pero este texto procede de un relato de Plinio el Viejo referido a la expedición que el jefe romano Suetonio Paulinus dirigió al principio de nuestra era contra los habitantes de esa región del Atlas donde encontró a un pueblo llamado canarii «por ser el perro su alimento común, junto con la carne de las fieras».Y de ahí quiere ver Ahmed Sabir en el topónimo herreño «usado hasta la actualidad» Montaña de Tinganar (que Sabir examina como Ti-n-Ganar) la corroboración de aquel origen ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 88 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 88 89 (pág. 25).A todo esto solo podemos decir que ese topónimo no existe en El Hierro y que la historia antigua y la arqueología, según las investigaciones más autorizadas y actuales de las Islas, se inclinan a considerar que los hombres que primero poblaron las islas procedían de territorios africanos cercanos al Mediterráneo.Además, los paralelismos léxicos que establece entre los términos guanches (especialmente topónimos) y los del shilha son también discutibles, por cuanto el significado se confunde generalmente con la simple referencia del topónimo. Con todo, la aportación de Sabir debe tenerse en cuenta pues ofrece muchas ideas y datos provechosos. 7.3. Comparación del guanche con el vasco La relación entre la lengua vasca y el guanche, o con más propiedad con los topónimos canarios de origen guanche, ha sido cuestión apuntada reiteradamente por diversos autores, si bien nunca se ha abordado desde el lado canario con las suficientes muestras.Y desde el lado del vasco se ha hecho con más amplitud, pero sobre fuentes no siempre fiables y muchas veces erróneas. Falta,por tanto,un estudio detenido,amplio y con rigor filológico,que demuestre eso que hasta ahora solo se ha dicho desde la impresión. La similitud fonética entre determinados topónimos guanches y otros nombres (topónimos o apelativos) vascos es indudable y cualquiera puede advertirla: Arinaga,región y pueblo de Gran Canaria, y Aguinaga en Guipúzcoa y Navarra; Arguineguín,lugar de Gran Canaria, y Arguiñariz en Navarra; Artenara y Arteara,lugares de Gran Canaria, y Arteaga,lugares de Vizcaya y de Navarra; Belgara,barrio de Frontera, en El Hierro, y Vergara,ciudad de Guipuzcoa; Arbona,topónimo antiguo de Canarias, hoy desaparecido, y un lugar próximo a Bayona; etc. Incluso existe el nombre Bascos en El Hierro, que de ninguna manera puede deberse a la presencia allí de una población vasca tras la conquista de las Islas, sino que es un topónimo guanche. Pero es que también existe relación en esos nombres en el plano del contenido.Y tales coincidencias no pueden deberse en todos los casos a las arbitrariedades de la lengua (de dos lenguas, en este caso). Aparte los varios autores que, de pasada, apuntaron esta similitud, el primero que fijó su atención en esta cuestión fue Odón Apráiz Buesa,quien en 1938 escribió un pequeño artículo en el que estudia siete topónimos guanches (de Tenerife) «que pueden interpretarse —dice él— por el euskera o lengua vasca» (1938: 66). Estos son Izaña, Anaga, Aguere, Araca, Abona, Arafo y Arona.Así, Izaña puede descomponerse en los segmentos iz-ain-a.Desde el vasco, el segmento izestá relacionado con el agua, sea de mar o de río o de lago;el segmento -ain significa en vasco ‘sobre’ o ‘altura’;y la -afinal puede ser LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 89 ción oral.Así por ejemplo, en el caso de la toponimia, cita el libro de Buenaventura Pérez sobre la toponimia de Tenerife como un «clásico» (pág. 13), siendo,como ya hemos dicho,un verdadero batiburrillo,e ignora,sin embargo, lo que investigaciones rigurosas han fijado como la verdadera toponimia de origen guanche en islas como La Palma (Díaz Alayón 1987a y 1987b), Gran Canaria (Suárez, Trapero et al. 1997) o El Hierro (Trapero, Domínguez et al. 1997), publicadas todas ellas mucho antes que su Gran diccionario. Siendo su trabajo un libro de lengua, tienen para él mucha más importancia las fuentes referidas a la prehistoria y a la arqueología que las filológicas y lingüísticas, y prueba de ello es que en los estudios preliminares de su Diccionario dedica 21 páginas a las cuestiones lingüísticas (desde la 27 a la 48) y 66 (desde la 49 a la 115) a las formas de organización social de los guanches (política, costumbres, religión, naturaleza, vegetales, etc.). Faltan en su bibliografía los diccionarios dialectológicos canarios más acreditados que se han publicado en los últimos años, y que contienen todo lo relacionado con el léxico apelativo guanche, pero comprende la mayoría de los títulos referidos a los yacimientos arqueológicos, por ejemplo. El sistema de citas que utiliza es tan particular que resulta ininteligible y hasta fatigoso, pues exige ir de continuo a la tabla final de equivalencias para su identificación; mezcla las fuentes antiguas con las interpretaciones modernas; trae a sus propias argumentaciones afirmaciones de otros autores sin la cita preceptiva;acumula sin orden alguno lo que otros autores han dicho sobre las características del guanche (págs. 27-40), etc. Con respecto a la identidad de la lengua guanche y a su implantación en las Islas, dice Osorio lo siguiente: Que la Lengua Guanche [sic, escrito siempre en mayúscula] es una sola en las siete islas en sus aspectos esenciales,y que su raíz es inequívocamente bereber está para nosotros fuera de toda duda, bien que en el «interior» de dicha lengua existiesen y coexistiesen varios sistemas lingüísticos (algunos ininteligibles entre sí, otros perfectamente compatibles), dándose el caso curioso de que miembros de alguna tribu (¿reinos?) de una isla se entendían mejor con los de otra isla que con los de la suya propia (2003: 12). Tales asertos suponen más una creencia que una demostración, pues nada hay en su Gran diccionario,ni en la parte teórica introductoria ni en la parte lexicográfica, que los argumente y justifique, ni sobre la unidad lingüística, ni sobre las diferencias interinsulares, ni sobre la procedencia total del bereber; aparte de que hay en su argumentación una contradicción de teoría lingüística básica: no puede haber «una sola [lengua] en las siete islas» y a la vez «varios sistemas lingüísticos (algunos ininteligibles entre sí)». ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 96 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 96 97 Todo ello por lo que se refiere a los presupuestos teóricos de los que parte, expuestos en las páginas introductorias. Pues por lo que se refiere al diccionario propiamente dicho, nuestra crítica sería más positiva si sistemáticamente se hiciera distinción entre los términos que proceden de fuentes meramente escritas y los que a su vez han sido atestiguados por la oralidad, entre los que perviven en la actualidad y los que son una mera referencia histórica, y más aún, entre los que tienen variantes formas de escritura; es decir, sin una crítica de fuentes.Así, se escribe Abalo,sin acento, y nada se dice de lo mal escrito que está); se da como dos entradas independientes Abama y Abania,y por tanto como dos topónimos distintos, siendo simplemente variantes de escritura, y así en innumerables casos. Aunque el título del libro de Domingo Oliva Tacoronte dice referirse a la Onomástica aborigen de Canarias (2003), en él solo se contienen antropónimos, y no hay que olvidar que también los topónimos forman parte de la onomástica. Lo más novedoso de este libro (a la vez que pintoresco) es la celebración onomástica que se propone para cada uno de los antropónimos guanches, a imitación de los nombres cristianos: si estos tienen su propio día de celebración, ¿por qué no han de tenerlo los nombres guanches? Claro que la de aquellos está avalada por una «tradición» eclesiástica basada en hombres y mujeres homónimos anteriores que fueron proclamados santos: los Vicentes, Juanes, Anas y Lucías, celebran «su día» según el calendario dice celebrar la onomástica de su santo correspondiente. ¿Pero y los de nombre que no tienen santo: los Héctor, África,Américo o Penélope? El propósito del autor viene confesado en la introducción: «Desde hace unas décadas —dice— y después de luchar contra las normas franquistas y tardofranquistas de esta democracia burguesa los canarios tienen la posibilidad [...] de llevar el nombre de sus antepasados. En este contexto se inscribe nuestro propósito de establecer una onomástica aborigen y un calendario de fiestas propias [..., a fin de que] quienes tienen nombre canario, o lo han puesto a sus hijos, puedan celebrarlo un día al año, como sucede con los nombres propios impuestos por Europa» (pág. 16). Aparte la mezcla que hay en tal propósito de ideas políticas y revanchas nacionalistas, además de las otras mezclas religiosas con las meramente culturales, no se dice cuál ha sido el criterio para la asignación de un determinado nombre a un día concreto de los doce meses del año, y puesto que no hay días suficientes en el año para contener la onomástica completa guanche (unos 600 nombres propios de persona dice el autor recoger) se acumulan varios nombres para un mismo día, tal cual se hace también en el calendario eclesiástico. El Diccionario canario de la lengua de José Luis Concepción (2003), si bien no es exclusivo de guanchismos, advierte expresamente desde la portada LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 97 que Incluye léxico guanche,lo que parece ser un reclamo al lector (y antes al comprador) del libro. Es un repertorio lexicográfico que se presenta sin ninguna bibliografía y sin especificar las fuentes de las que se nutre, aparte de las indagaciones personales, con una mínima introducción llena de simplicidades filológicas y de disparates lingüísticos, como con el que se inicia: «En Canarias —dice Concepción—, el primer idioma que se impone al comienzo de la conquista es el francés, por Jean de Betancourt (sic)» (pág. 5). A lo que hay que decir que,aparte de escribir mal el nombre del conquistador y de atribuir erróneamente esa conquista a un solo personaje, el francés nunca se impuso, y menos en todas las Canarias; a lo máximo puede decirse que se habló francés en Lanzarote y Fuerteventura, pero solo entre los franceses expedicionarios de Jean de Béthencourt y de Gadifer de la Salle (y no solo de «Betancourt»).Y con respecto a los guanchismos que se introducen en el Diccionario,que es lo único que contemplamos aquí, hemos de decir que confunden y desinforman, más que informan, pues el lector no avisado encontrará que en el habla de Canarias siguen vivas muchas más palabras de origen guanche de lo que generalmente se dice, pues, aparte de las comunes gofio, baifo, tabaiba,etc. que siempre se citan, las más son voces que han dejado de existir hace mucho, y que el autor toma de las fuentes históricas, como ahemen ‘agua’, altahay ‘valiente’, amolán ‘mantequilla’, axerar o a xerax ‘el grande’, o lo que es más disparatado, incluye voces que nunca pasaron al español hablado en las islas, como an/en con el valor de la preposición ‘de’ o los numerales arba ‘cuatro’ y todos sus compuestos arba-linago ‘veinticuatro’, arba-marago ‘catorce’, etc. Libros así son los que siguen alimentando la bien ganada fama de diletantismo y de pseudofilología en que sigue envuelta la lingüística preehispánica de Canarias. En 1997 se publicó un librito de la Editorial Globo de Santa Cruz de Tenerife, con el título de Los maravillosos nombres guanches,cuyo autor no figura ni en la cubierta ni en la portada interior, pero sí en la página de créditos como Manuel Mora Morales.El título explica el carácter y objetivo que tiene el librito (de 30 págs.): el de ofrecer al público de las Islas una información escueta pero veraz de los «bellos nombres propios» que tuvieron los aborígenes y que cada vez se hacen «más comunes» entre la población actual del archipiélago, a causa —dice el autor en el prólogo— de la «paulatina recuperación de nuestra identidad histórica y a la propia belleza de los nombres guanches». Deja constancia el autor de que los nombres seleccionados son todos ellos de hombres y de mujeres y no de montañas, barrancos o de pueblos, y que proceden de las fuentes más fidedignas de la bibliografía canaria. El tratamiento que se hace de cada uno de ellos es muy simple: se da el nombre conforme a las escrituras de que se toma, se dice la isla de procedencia, si es masculino o femenino, las referencias historiográficas que lo citan y finalESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 98 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 98 99 mente se ofrece una síntesis de su historia o leyenda. El libro, por su objetivo y por las dimensiones que tiene, carece de cualquier tipo de crítica de fuentes, pero nos parece que cumple con los mínimos requisitos de honestidad que requiere un acercamiento a materia tan llena de problemas. Finalmente queremos citar el repertorio lexicográfico El habla común del Hierro de Flora L. Barrera Álamo (1985), que aparte de incluir en la parte central del libro tantos nombres guanches como se usan de ordinario en el habla común de El Hierro, que son muchos y muy particulares, ofrece al final (págs. 47-71) un apéndice de topónimos que sin decir que son guanches quieren serlo, pues las fuentes de donde los toma los tenían por tales (Torriani, Álvarez Rixo, Chil y Naranjo, Millares Torres, Wölfel, Álvarez Delgado y otras fuentes vivas locales). La relación consta de unos 350 nombres (contando repeticiones y variantes), con indicaciones esporádicas de donde los toma, alguna corrección y algún comentario sobre su ubicación. Como no hace crítica de fuentes, ni distingue las transcripciones antiguas de las modernas, ni dice si perviven o no en la actualidad, la lista arrastra todos los defectos de sus antecesores, y aunque añade nuevos términos verdaderos, poco aporta a la resolución del problema de la toponimia prehispánica de El Hierro.Además, se incluyen en la relación nombres que nada tienen de guanches como, entre otros: Bucian, Dares, Derrabado, Jaral, Jorado, Lomos, Llanillos, Mata, Porchena, Restinga, Rodadero oSolapa. 7.5. Un epígono de Wölfel: Reyes García Ignacio Reyes García ha tomado la investigación de la lengua guanche con un dedicación asombrosa, a juzgar por la cantidad de publicaciones realizadas en tan pocos años. La inicia en 1998 con un estudio sobre los antiguos numerales canarios y la ha culminado, hasta la fecha, con cinco libros publicados en un mismo año, 2004: uno sobre la lengua aborigen de los gomeros (2004d), otro sobre la de los palmeros (2004e), un tercero sobre antiguos zoónimos canarios (2004a), el cuarto sobre la cosmogonía de los canarios antiguos (2004b), que fue el tema de su tesis doctoral en la Universidad de La Laguna (presentada en el año 2000 con el título «El vocabulario cosmogónico de la antigua lengua de Canarias, siglos XIV y XV»), y, finalmente, el quinto que es un diccionario etimológico de términos guanches (2004c).Y en medio, entre otros estudios, uno sobre antroponimia prehispánica (2000b) y otro sobre cuestiones metodológicas en torno al estudio de la lengua guanche (2000a). Me parece que es en este último estudio citado donde el autor establece por vez primera los principales presupuestos teóricos de su dedicación a la lengua guanche. Se fija Reyes García como objetivo estudiar la lengua de los aborígenes canarios,proponiendo una nueva lectura de los nombres guanches, LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 99 a partir de los manuscritos originales, esperando encontrar en la fonética de aquellas grafías el punto de enlace verdadero para su comparación con las lenguas bereberes actuales del Norte de África. Es decir, pretende establecer la «transliteración paleográfica» de los enunciados canarios aborígenes a fin de poder restablecer la identidad léxica de las voces guanches, «tanto para la fijación de los valores fonéticos como para la segmentación morfosintáctica o la concreción de los campos semánticos» (2000a: 1770).Y a partir de ahí, practicar una lingüística comparada «como la mejor elección metodológica» (2000a: 1769). Para ello cuenta con el registro de voces documentadas en los Monumenta de Wölfel, de la misma manera que parte de las interpretaciones del austriaco en cuanto a la etimología y significado de las voces guanches en comparación con las lenguas bereberes. Es decir, que, por una parte, estudia el guanche a partir de los registros escritos disponibles en la historiografía y en la literatura antigua, y por otra estudia el léxico bereber a partir de los diccionarios disponibles de esta(s) lengua(s). El estudio comparativo que se propone Reyes García a partir de estos presupuestos se nos antoja a nosotros tan escurridizo como volátil, puesto que lo pretende es, primero, reconstruir el sistema fonológico de una lengua muerta, el guanche, que se perdió irremisiblemente hace siglos sin haber dejado más huella que la pervivencia de una serie de elementos léxicos plenamente adaptados a las leyes fonéticas (y a la ortografía) de la lengua en que viven (y en la que se escribieron), el español, y en segundo lugar se toma a las lenguas bereberes desde los registros únicos de unos diccionarios, hechos estos generalmente, por no decir siempre, por autores franceses y desde el francés.Es decir, reconstruir el sistema fonológico de una lengua a partir de los registros escritos léxicos y lexicográficos no de esa misma lengua sino de otras diferentes. Ni siquiera contempla Reyes García la oralidad en la que perviven algunas de esas palabras guanches. Valga decir aquí que Reyes García evita sistemáticamente nombrar las palabras guanche y bereber,no sabemos por qué: para la primera usa la expresión sustitutiva de «antigua lengua de Canarias», y para la segunda, el término amazighe (y para su escritura el término tamazigt); incluso para el guanche usa a veces la expresión «antiguo amazighe insular» o «insulismo amazighe». Para poder reconstruir el sistema fonológico de la lengua guanche, se ve necesitado Reyes García de crear un nuevo y particular código de signos gráficos (tanto fonéticos como ortográficos) que representen aquella supuesta fonética. Incidimos en lo de «supuesta», ya que el guanche es una lengua de la que desconocemos absolutamente su sistema fonológico,y de la que ni siquiera las inscripciones que han perdurado en paredes de piedra o en un tablón de madera podemos estar seguros que sean escrituras con un valor lingüístico ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 100 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 100 101 predeterminado. El sistema de signos gráficos ideado por Reyes García lo reproduce en todos sus trabajos como guía para poder seguir sus interpretaciones, por lo complejo y particular que es. Por ello las conclusiones a las que llega en la formulación de los elementos léxicos aborígenes están llenas del signo * de lo hipotético. Ni siquiera toma en consideración en este punto, como prueba determinante, la oralidad en que han pervivido muchas de esas palabras. Sabido es, por otra parte, las erratas y falsas grafías con que aparecen de continuo los nombres guanches en las fuentes historiográficas canarias antiguas, por el hecho de haber sido escritos por gentes descuidadas en esos asuntos. Pero la única prueba a la que se puede acudir para emitir el juicio de verdadera o falsa respecto de una palabra aborigen es a la oralidad. Si no hubiera pervivido en la oralidad la palabra eres,¿cómo podríamos decir que la grafía ernes es errónea? Y si no hubiera pervivido en la lengua oral el topónimo Arguineguín,¿quién podría decir cuál de las seis grafías (Arguyniguy, Arguinigui, Arguiniguy, Arguyneguy, Argyneguy y Argynegy) con que ese nombre aparece escrito en Le Canarien era la verdadera? Pues a la oralidad ha de recurrir también Reyes García para determinar como erradas las tantas formas que aparecen en las escrituras antiguas. Un panorama desolador sobre esto puede verse si se lee su Diccionario etimológico de insulismos amazighes (2004c) y se repara en la cantidad de veces que debe poner «es errata» tras las diversas entradas léxicas.Y a ello habría que añadir la cantidad de veces que debe poner las abreviaturas desus. y ant. para señalar que son voces muertas en las hablas canarias actuales. Y respecto al otro punto de la comparación que toma Reyes García como principio metodológico de sus investigaciones, la(s) lengua(s) bereber(es), es cuestión que nos desborda por sus dimensiones.En realidad se llama «bereber» no a una lengua, sino a un conjunto de lenguas en número tan indeterminado como puede suponerse se hablaban en el inmenso territorio que era el norte de África antes de la ocupación arábica, desde el Nilo hasta el Atlántico y desde el Mediterráneo hasta el Níger.Tras la implantación del árabe en todo ese territorio, el bereber ha pervivido en forma de «islotes lingüísticos» en determinados lugares de Libia,Túnez, Argelia, Marruecos y Mauritania. El nombre de «bereber» con que se sigue manteniendo la identificación de ese complejo de lenguas es tan convencional como quiera imaginarse. Porque lo cierto es que, aunque se dice que las lenguas bereberes conservan muy firmemente y de una manera bastante uniforme la estructura morfológica de la palabra, los hablantes bereberes de distintas regiones no se entienden entre sí.Y no ya los bereberes de países distintos, pongamos por caso los cabilios de Argelia y los tuaregs de Níger y Mali, sino los bereberes de un mismo país, pongamos entre un marroquí de las montañas de Agadir hablante del chelja y otro de las montaLOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 101 ñas del Rif hablante de rifeño o tarifit.Por tanto, la calificación de «lengua», «dialecto» o «habla» con que suelen calificarse las modalidades del bereber son tan convencionales y tan laxas como cada uno quiera considerarlas.A este respecto, el propio Reyes García dice que «los dialectos amazighes han desplegado desde muy antiguo una amplia variedad fonética y léxica, produciendo más de trescientas ejecuciones subdialectales».Y sin embargo —sigue diciendo nuestro autor—, «no obsta para que compartan un patrimonio gramatical y la unidad sintáctica que amalgama su definición lingüística [..., por cuanto] la estructura morfosintáctica de los vocablos amazighes ha permanecido idéntica, por lo general, a pesar de los cambios externos».Y concluye Reyes García: «Es precisamente hasta ese esqueleto al que procuramos llegar para entablar un análisis comparativo lo más sólido posible» (2000b: 15-16) Juzgará cada lector las dificultades lingüísticas con que se enfrenta nuestro autor y las garantías de sus averiguaciones cuando para la comparación con el guanche debe considerar las «lenguas, dialectos y hablas» bereberes siguientes (2004c: 13-14): AH ayt Hadiddu:habla de la zona meridional del Marruecos central AM ayt Myill:habla de la zona septentrional del Marruecos central AN ayt Ndhir:habla de la zona septentrional del Marruecos central AS ayt Seghruchen:habla de la zona septentrional del Marruecos central Awjhabla de Awdjila (Libia) Bq Iboqqoyen:habla rifeña Ddialecto del Adghagh: tadghaq Fg habla de los siete oasis de Figuig, en el Sahara marroquí Foghabla de el-Fogaha, oasis del Fezzan (Libia) Gh tamajeq:habla de los oasis de Ghat y Ganet Ghad ghadamsi:habla de Ghadamés y de Awdjila (Libia) Hdialecto del Hoggar (Ahaggar), del Ajjer y de los taytoq: tahaggart Izd ayt Izdeg:habla de la zona meridional del Marruecos central Izn iznasen:habla rifeña Izy iziyan:habla de la zona septentrional del Marruecos central Kb cabilio: tapbaylit o tazwawit Kl ikelayen:habla de Guelaia (región del Rif) Mb mozabita: tumzabt,dialecto de la región argelina del Mzab Mc tamazigt de Marruecos central Ntaneslemt:dialecto de los Igellad,región de Timbuctú Nef nefusí (tanfusit) habla del Adrar Nefusa (en Tripolitania, Libia) Ntf habla susí de los intift (región de Demmat, sudeste de Marraquesh) Rrifeño: tarifiyt,dialecto del norte y nordesde marroquí Senh tasenhajit:habla de Senhaja de Sraïr, del Rif central marroquí Sns tasnusit,habla zenata de los montes de Trenecén (Argelia) Sok sokna (sawknah), habla de Tripolitana (Libia) Sw dialecto del oasis de Siwa (Egipto), límite oriental del amazighe ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 102 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 102 103 Saw chawi: habla del Aurés, sur y este de la Gran Cabilia (Argelia) Sn tasnawit:habla del macizo de Chenua (Argelia) Taschelja (tashelhiyt) o susí (tasusit), dialecto del Sus,Alto Atlas y Anti Atlas (sur y sudeste marroquí) Teg teggargrent:habla de Wargla,Argelia WE dialecto de los iwellemmedan del este (taw ellemmet tan Denneg) Ytayrt:dialecto del Ayr y de los Kel-Geres Zem zemmur:habla de la zona septentrional del Marruecos central Zen zenaga (taznagit), dialecto del sur mauritano Zer hablas rifeñas del Zerhun 8. NUEVAS INVESTIGACIONES DESDE LA ORALIDAD 8.1. Manuel Alvar La dedicación de Manuel Alvar a la dialectología canaria no tiene parangón posible. La inició en la segunda mitad de la década de los 50 con el estudio de El español de Tenerife (1959) y la concluyó en 1998 con la publicación de El dialecto canario de Luisiana,a tan solo tres años de su muerte. En medio quedan un sin fin de publicaciones sobre el habla de las Islas Canarias, que contemplan estudios muy diversos, desde el minúsculo dedicado a la /s/ herreña hasta el ALEICan, el Atlas lingüístico y etnográfico de Canarias (19751978) que divide en un antes y un después todos los estudios de la filología canaria. No dedicó nunca Manuel Alvar un estudio monográfico a los guanchismos, pero en todos sus trabajos de temática léxica está presente su consideración particular sobre los mismos, especialmente en los dedicados a las toponimias de Fuerteventura y Lanzarote (Alvar 1993a y 1993b, respectivamente). Como él depositó en nosotros todos los materiales inéditos de sus recolecciones toponímicas en las Islas, realizadas con un grupo de colaboradores en los primeros años de la década de los 70, disponemos de las anotaciones y comentarios que hizo a los topónimos guanches, llenos de sabiduría y de buen tino. 8.2. Agustín Pallarés Agustín Pallarés ha dedicado una parte importante de su vida al estudio de la toponimia de Lanzarote. Sus investigaciones han ido viendo la luz en periódicos locales, y en forma de breves artículos, o con ocasión de celebraciones y pregones, mientras que los estudios más largos han sido presentados en Congresos insulares y publicados en sus Actas.En la revista Lancelot de Lanzarote, que ha sido su principal tribuna, ha publicado Pallarés varias LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 103 series de artículos sobre determinados topónimos de la isla, considerado cada uno de ellos monográficamente: atendiendo a su ubicación, a su descripción, a los varios nombres que ha tenido y tiene, a las hipótesis de sus respectivas etimologías y al significado local de alguno de los componentes léxicos de tales topónimos. De entre ellos destaca la serie dedicada a la Toponimia del Parque Nacional de Timanfaya (publicada a lo largo de 1984) y la más larga serie de artículos bajo el título genérico de Rincones de nuestra isla (años 1990-91 y 2000-02).Además, ha publicado en la prensa de la isla y de la provincia incontables artículos sueltos sobre aspectos particulares («errores», «comentarios», «etimologías», etc.) de la toponimia lanzaroteña. Y aparte los artículos de mayor extensión y de más elaborada documentación presentados a las varias Jornadas de historia de Lanzarote y Fuerteventura habidas desde finales de la década de los 80 del siglo pasado y aparecidos en sus Actas correspondientes. Hasta tanto llegue una publicación que junte todos esos trabajos, el mayor elogio que podemos hacer de la dedicación de Agustín Pallarés a la toponimia de Lanzarote es que es ejemplar, pues partió del conocimiento del terreno, indagando de los hablantes locales el nombre verdadero con que se conocía cualquier accidente, hasta formar el corpus toponímico más exhaustivo y fiable de la isla.Valga decir que nosotros nos hemos servido de los conocimientos de Agustín Pallarés para nuestro estudio sobre la toponimia de Lanzarote (Trapero y Santana,en prensa) y que él puso generosamente en nuestras manos su mapa completo toponímico de la isla, realizado con la sistematicidad y con la honestidad más exigentes a lo largo de tantos años. Como no podía ser menos, dentro de esos estudios, los topónimos de Lanzarote de origen guanche han merecido por parte de Pallarés una atención especial (Pallarés 1990 y 1995), incluso la propia palabra guanche fue objeto de un atinado comentario suyo (Pallarés 1986). 8.3. Navarro Artiles La preocupación de Francisco Navarro Artiles por los guanchismos le acompañó toda su vida, a pesar de haber dado a la imprenta poco de lo mucho que había recogido y tenía pensado.Aparte de su diccionario Teberite,ya comentado más atrás, publicó dos estudios notables (1989 y 1990), más una edición comentada del Vocabulario del antiguo dialecto isleño de Agustín Millares Torres (1977-1980).Además, publicó varios artículos periodísticos sobre determinadas palabras guanches y dejó inéditos en su archivo muchas anotaciones y estudios a medio hacer sobre guanchismos vivos en el habla de Fuerteventura y sobre topónimos insulares. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 104 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 104 105 8.4. Díaz Alayón La profesora de la Universidad de La Laguna Carmen Díaz Alayón hizo una excelente tesis doctoral sobre la toponimia de la isla de La Palma, tanto por lo que se refiere a la formación de un nuevo corpus toponímico (1987a), recogido de la tradición oral, como por el estudio filológico de sus términos (1987b), entre los cuales merecieron por su parte una atención muy especial las voces de origen guanche.A partir de este trabajo inicial, la profesora Díaz Alayón ha frecuentado con reiteración la consideración de la lengua guanche, unas veces sola y otras con otros autores, especialmente con F.J. Castillo, poniendo su atención en la obra de determinados autores «clásicos» de la lingüística prehispánica, como Álvarez Rixo (1991), Bethencourt Alfonso (Díaz Alayón 1993 y 1997a), Fernández Pérez (1995) y, sobre todo, D. J.Wölfel, al que ha dedicado una atención muy especial (Díaz Alayón 1989, 1996b, 1997b, 1997c, 1997d, 1997e y 1998b) y no ha reparado en hacer críticas descalificantes a quienes se han acercado a la lingüística guanche desde el diletantismo, poniendo en sus tareas más corazón que cabeza, como a Pérez Pérez y a Pando de Villarroya por sus respectivos diccionarios (Castillo y Díaz Alayón 1998 y Díaz Alayón y Castillo 1999c). Igualmente Díaz Alayón ha hecho acercamientos a cuestiones generales de la lengua guanche, empezando por la consideración del léxico guanche dentro de la dialectología canaria (Almeida y Díaz Alayón 1988:156-160) y siguiendo con otros repertorios léxicos particulares (Díaz Alayón 1991, 1998a y 1999a), entre los que no podían faltar los repertorios toponímicos (Díaz Alayón 1996a, 1988, 1990, 1999b y Trapero, Domínguez et alii 1997: 83-93). Todo ello hace que la aportación de Díaz Alayón a la lingüística prehispánica de Canarias nos merezca el calificativo de fundamental, siendo una de las voces que deben tenerse en cuenta, si bien su frecuentación a unos mismos temas hace reiteradas muchas de sus consideraciones y la gran dispersión de sus trabajos hace muy difícil su seguimiento. 8.5. Maximiano Trapero y colaboradores Mi introducción al estudio de los guanchismos se inició por el estudio de la toponimia canaria, como sector léxico muy característico de la toponimia de cualquier isla.A su vez, mi primer acercamiento a la toponimia canaria lo fue con el estudio del corpus toponímico de Gran Canaria, iniciado en los primeros años de la década de los 90 y no publicado hasta siete años más tarde (Suárez,Trapero et alii 1997). En medio de ese largo período de tiempo, la problemática que planteaban los guanchismos fue tomando protagonismo en nuestras preocupaciones científicas, no solo ya como componentes de un conjunto LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 105 (1966), este ya sí diccionario «de autor», para mí el mejor que se ha hecho hasta la fecha sobre los presupuestos de contemplar el léxico vivo y que sea realmente «diferencial» de las hablas canarias, y de ahí el acierto del título, pues en efecto en cada una de las voces se hace constar lo que de particular tiene su uso en las hablas de las Islas respecto a la definición que de ella da el Diccionario de la Academia. Por lo que respecta a las voces de origen guanche, aparte el tratamiento lexicográfico normal, se declara su procedencia prehispánica y se dice en que isla o islas se usan y si son voces de uso común o anticuado. Y al DDEC,y también como consecuencia de él, siguió el Diccionario histórico del español de Canarias (DHEC), este ya obra sola de Corrales y Corbella (2001) que se convirtió también en el primer diccionario histórico que tuvo una región dialectal del español. Esta es para nosotros la obra cumbre de la lexicografía canaria hasta la fecha, por la inmensa acumulación de datos aportados para la documentación histórica de cada una de las voces incluidas en el diccionario, que contempla prácticamente todas las fuentes historiográficas y literarias existentes, y el tratamiento sistemático que se hace de esas fuentes al exponerlas cronológicamente dentro de cada artículo.Y especial tratamiento se da a las voces de origen prehispánico, por cuanto se somete a una crítica de los propios autores del DHEC las interpretaciones que se han dado con anterioridad sobre esa su condición prehispánica. Por otra parte, también procedente de la Universidad de La Laguna, el equipo formado por los profesores Antonio Lorenzo,Marcial Morera y Gonzalo Ortega publicaron en 1994 un Diccionario de canarismos (DC) que tiene el mérito de presentar un catálogo de voces vivas, comprobadas en su mayoría por las investigaciones de campo de los propios autores, y porque se hace constar el ámbito de su vigencia dentro del archipiélago y los significados particulares que en cada isla han desarrollado. Ningún tratamiento especial se hace aquí de las voces guanches, ni siquiera en la mención de que son voces prehispánicas, consideradas como verdaderos y simples «canarismos». Y por su parte, uno de los autores del diccionario anterior, Marcial Morera, publicó de manera individual en 2001 un Diccionario histórico-etimológico del habla canaria (DHEHC) que coincide en lo fundamental con el DHEC de Corrales y Corbella,también en lo concerniente a las voces de origen guanche. 10. LOS ESTUDIOS SOBRE LAS INSCRIPCIONES EPIGRÁFICAS PREHISPÁNICAS Uno de los retos más apasionantes en los estudios sobre los aborígenes canarios es el desciframiento de las inscripciones que dejaron sobre piedras y rocas de varias islas. Pero, a su vez, estas inscripciones líticas han sido uno de ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 112 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 112 113 los elementos que más ha contribuido a aumentar el enigma sobre la identidad cultural de los aborígenes canarios, aunque esas mismas inscripciones sean una de las pruebas más definitorias de la pertenencia de los antiguos canarios al conjunto de pueblos norteafricanos,prerromanos y de origen camítico. La fascinación que siempre han despertado los petroglifos ha ido paralela a los enigmas que sus escrituras representan: ¿quién las hicieron?, ¿cuál es su edad?,¿pueden realmente leerse?,¿representan realmente escritura lingüística?, ¿sobre qué informan?, etc. son preguntas que se repiten una y otra vez ante cualquier nuevo yacimiento epigráfico. Pero el desciframiento de algunos de estos testimonios sobre piedras constituye un capítulo esencial de la investigación histórica y forma ya parte del patrimonio cultural de la humanidad. El estudio de las inscripciones líticas canarias constituye por sí mismo un tema de investigación específico, de una enorme complejidad, que está en la encrucijada de múltiples disciplinas científicas (la arqueología, la epigrafía, la historia antigua, la filología, etc.) y que ha generado su propia bibliografía, de la que la lingüística no ha sido el centro de interés principal. Por lo tanto nos acercaremos a este tema solo desde las perspectivas que interesan a la lingüística guanche y solo por cuanto esos estudios han servido para clarificar la identidad de la lengua de los aborígenes canarios. El descubrimiento de estas inscripciones líticas fue un hecho de gran repercusión científica y una noticia que atrajo la atención de la ciencia europea hacia Canarias. Los primeros grabados descubiertos fueron los del Julan (isla de El Hierro) 15,por obra del presbítero herreño Aquilino Padrón, en 1879. Desde entonces no han cesado de aparecer nuevos grabados y prácticamente en todas las islas, aunque ningún yacimiento ha igualado en importancia al primitivo del Julan. El descubrimiento de Aquilino Padrón fue comunicado al naturalista francés Sabino Berthelot, por entonces residente en Canarias, quien a su vez se lo comunicó al general francés Faidherbe, estudioso de otras inscripciones líticas semejantes en el norte de África, quien determinó lo siguiente: «Es claro que tales inscripciones [africanas] son obra del mismo pueblo que hizo las del Hierro, y que LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL Fragmento de “los letreros” de El Julan (El Hierro), las inscripciones rupestres más importantes de Canarias (foto:Andrés Solana). 15 Julan ha de escribirse, conforme a su verdadera pronunciación, y no Julán como empieza a extenderse de manera alarmante en todo tipo de escritos. 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 113 deben relacionarse con las inscripciones rupestres traídas del Sahara por Mr. Duveryer,con los doscientos o trescientos epitafios de la Numidia y,por último, con las escrituras de los Tuareg» (cit. Springer 2001: 18). Porque, en efecto, a la vez que el descubrimiento del Julan, empezaron también a descubrirse yacimientos arqueológicos con escrituras similares en todo el norte de África, desde las orillas del Mediterráneo hasta países subsaharianos, como Mali. Entre ellos hay uno que tiene un significado especial, las inscripciones descubiertas en el Mausoleo púnico-romano de Thugga (Túnez), por la similitud de sus signos a los de Canarias y por cuanto fue erigido en el año 138 a.C., fecha que ha sido considerada por Antonio Tejera como ante quem para aseverar que el poblamiento del archipiélago no debió hacerse antes de esa fecha (Springer 2001: 18). A tales escrituras se les empezó a denominar «líbico-bereberes», siendo el líbico la denominación de la lengua «antigua» del norte de África, de la que el bereber (o las lenguas bereberes) son estratos posteriores. La relación de la lengua de los aborígenes canarios con estas lenguas norteafricanas pasan, según Pichler (2003: 155-156), por una de estas tres interpretaciones posibles: a) que el guanche sea,como el egipcio respecto del bereber, una lengua líbica (protobeber); b) que el guanche sea una lengua antigua del ámbito mediterráneo, entremezclada con el bereber, y c) que el guanche sea uno de los estratos del bereber, pero no es bereber pleno. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 114 Signos gráficos de las inscripciones líticas de El Julan (según interpretación de Berthelot 1980: Grabado n.o16) 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 114 115 Berthelot dedicó una parte de sus Antigüedades canarias (1980) al tema de las «inscripciones lapidarias» descubiertas en El Hierro y a su comparación con las escrituras líbicas y bereberes norteafricanas, llegando a la conclusión de que los grabados canarios eran obra de los propios aborígenes isleños.Años más tarde, el también francés René Verneau defendía la tesis de que esas inscripciones debieron ser hechas por gentes ajenas a los aborígenes llegados a las islas de forma esporádica, tesis a la que se sumó bastantes años después Juan Álvarez Delgado, quien fue el primer autor que dedicado un libro entero al tema, Inscripciones líbicas de Canarias (1964), concluyendo que las inscripciones no habían sido obra de los aborígenes canarios, sino de «forasteros arribados temporalmente a las islas». Respecto a este tema, concluye Renata Springer: «En la actualidad ningún investigador serio mantiene que las inscripciones fueran realizadas por sociedades ajenas a las población aborigen de las islas» (2001: 26). Tras la obra de Álvarez Delgado, el tema de la «epigrafía canaria» llegó a un largo compás de espera hasta que en 1994 sale a la luz el libro de Rafael Muñoz sobre la piedra zanata,una pequeña piedra de unos 25 cm con forma de pez que había sido descubierta unos años antes en Tenerife y que tenía unos raros rasgos inscritos en una de sus caras, que Rafael Muñoz, catedrático de árabe y de lenguas semíticas de la Universidad de La Laguna, leyó como «zanata».De esa piedra y de esa lectura se dedujo como indudable que los habitantes primitivos de las Islas Canarias habían sido los zanata,una tribu bereber habitante de la Gran Kabilia en tiempos de la dominación romana, y que por tanto quedaba definitivamente resuelto el enigma secular de la identidad de los aborígenes canarios. La piedra «zanata» y la lectura que Muñoz había hecho de sus rasgos provocó una violenta y radical polémica entre estudiosos e interesados en las antigüedades canarias, hasta que parece haberse demostrado que la piedra fue una falsificación interesada y los rasgos en ella grabados «signos pertenecientes a un alfabeto mágico no conocido» (Springer 2001: 55). Sin embargo, al margen de la autenticidad o falsedad de la piedra «zanata» y de la enigmática inscripción que en ella aparece, encuentro en el libro de Rafael Muñoz muchas reflexiones interesantes sobre las lenguas líbico-bereberes en general y sobre el guanche en particular, y entre ellas la siguiente consideración sobre el bereber. El concepto de «lengua bereber» es muy difícil de precisar. Lo beréber —dice Rafael Muñoz— es un concepto antropológico que se define por negación: «Son bereberes los que no son ni púnicos, ni latinos, ni árabes, ni bizantinos, ni europeos y que viven en el inmenso territorio que va desde el Nilo hasta el LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL Inscripciones en la llamada “piedra zanata” (según interpretación de R. Muñoz 1994: 63). 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 115 Níger. Su unidad les viene de una lengua, de la que el líbico es la forma arcaica del beréber, que pertenece a la familia lingüística camito-semítica» (1994:194). Finalmente, Renata Springer, profesora de la Universidad de La Laguna, ha tomado el tema de las inscripciones guanches de Canarias como objeto de estudio particular al que ha dedicado todos sus esfuerzos, con la visita a todos y cada uno de los yacimientos rupestres, comparándolos con los grabados norteafricanos, también visitados personalmente, y proponiendo un estudio sistemático y global a partir de las siguientes fases de trabajo: reconocimiento de todos los yacimientos y recogida sistemática de materiales, formación de un corpus total de signos, descripción e identificación de esos signos (lo que implica, a su vez, su transliteración y traducción), clasificación, comparación entre ellos y finalmente interpretación. En ningún caso debe alterarse este orden, advierte la autora (2001: 179), y menos empezar por el último que se debe emprender, a pesar de ser este último, el de la traducción e interpretación, «el sueño de todo investigador de antiguas escrituras desconocidas» (2001: 175). Los múltiples trabajos primeros de Renata Springer dieron lugar a su tesis doctoral, defendida en la Universidad de La Laguna en 1994, de la cual es acomodación su obra La escritura líbico-bereber en Canarias (2001), libro que ha sido considerado como el hito que marca el antes y el después de los estudios de la epigrafía canaria.Y en efecto lo es, por el rigor puesto en la investigación, por la sistematicidad de la búsqueda, por la metodología aplicada, por la noticia última que da tanto de los yacimientos explorados como de los estudios realizados al respecto, por el conocimiento que muestra de los diversos saberes que deben aunarse para emprender el estudio de esta materia, por la prudencia que demuestra en llevar su investigación hasta el límite justo en que los datos no le permiten ir más allá, y por la claridad admirable con que expone tan compleja temática. A pesar de que la autora no llega en esta obra a la última y deseada confesada fase de la traducción e interpretación de los textos canarios 16,de su libro podemos extraer una serie de consideraciones que afectan directamente a la lingüística guanche,objeto único de nuestro interés aquí: 1. Las inscripciones canarias constituyen una modalidad de la escritura líbicobereber, lejana y aislada de todas las demás,lo que significa que, a partir del momento de su llegada al archipiélago canario, su evolución siguió patrones distintos a los de su grupo de origen (pág. 28). 2. El sistema gráfico en que están escritos los textos canarios no pertenecen a un mismo y único sistema ortográfico, sino al menos a dos, que a su vez se relacionan con más de un alfabeto del continente africano ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 116 16 Aunque más que “textos”, deben considerarse «líneas de escritura», según declara Antonio Tejera en la presentación del libro de Springer (2001: 19). 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 116 117 (págs. 28 y 56).Todo ello complica aún más la problemática de los testimonios epigráficos canarios. 3. La similitud de las inscripciones canarias con las del norte de África de procedencia líbico-bereber es indudable, si bien las similitudes mayores de las inscripciones canarias se establecen con las del norte de Túnez y las del noreste de Argelia (pág. 56) 17. 4. Pero una cosa es la escritura y otra la lengua hablada.Y hasta tanto no puedan interpretarse las inscripciones canarias queda absolutamente pendiente la relación de esas escrituras con la lengua que hablaban los aborígenes canarios. La pertenencia a un doble sistema ortográfico de las inscripciones aborígenes canarias, ha quedado plenamente demostrado con el descubrimiento a partir de la década de los 80 del siglo XX de nuevos yacimientos rupestres en las islas de Lanzarote y Fuerteventura, estudiados especialmente por Pichler (2003), quien los ha descrito como signos «estriados» pertenecientes a un sistema de escritura bautizada como «latino-canaria». Son signos esencialmente lineales, muy difíciles de leer con precisión, por lo débil de su incisión en las rocas, por lo que hay que procurar descifrarlos cuando el sol está en el plano más horizontal, al amanecer o al atardecer (Pichler 2003: 18). Pero a estos dos LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL Inscripciones líticas de Fuerteventura (según interpretación de Pichler 2003: Grabado P14). 17 A este respecto es muy ilustrativo el mapa que se incluye en la pág. 171 en que se ilustra el grado de similitudes entre los diferentes alfabetos líbico-bereberes sobre la base de un muestreo de distintos yacimientos norteafricanos y canarios. 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 117 sistemas básicos podrían añadirse otros dos: el de la «escritura logográfica megalítica» descritos por Wölfel a partir de algunas inscripciones de La Palma y de El Hierro, y el «tifinagh» descrito por Pallarés en el yacimiento de Sonsamas en Lanzarote (ibid.: 276-277). La conclusión a la que lleva Pichler respecto al objeto de su estudio, las inscripciones «latino-canarias» de Fuerteventura, es la siguiente: «Con un elevadísimo grado de probabilidad, la lengua de las inscripciones latino-canarias es idéntica a la lengua aborigen canaria hablada en las islas orientales en el período en torno al nacimiento de Cristo o al líbico hablado en esa época en el norte de África, o está muy estrechamente emparentado con ellas» (ibid.: 151). El misterio, pues,de las inscripciones que los guanches dejaron sobre rocas y piedras sigue casi tan incólume como en el momento en que el clérigo herreño Aquilino Padrón descubrió «los letreros» de El Julan.Y no solo las inscripciones que parecen ser simplemente ideográficas, sino más aún las que aparentan ser alfabéticas. Mas los descubrimientos de nuevos yacimientos epigráficos se suceden de continuo en todas las islas, incluso en aquellas en las que se creía no existían, como La Gomera, en donde muy recientemente se ha descubierto una cueva en una de cuyas paredes contiene el mayor número de signos reunidos conocido hasta ahora.Y en El Hierro, isla que tiene el mayor número de yacimientos,no dejan de aparecer nuevos lugares con signos guanches inscritos en las rocas; uno de los últimos, el que está desperdigado por el lajiar de La Restinga, al lado mismo del pueblo, lo que parece increíble que hubiera permanecido desconocido hasta fechas tan recientes. Sin duda que la proliferación de estos yacimientos permitirá avances sustanciales en el proceso de identificación e interpretación de los signos que los ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 118 Inscripciones guanches recientemente encontradas en el lajiar de La Restinga (fotos del autor). 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 118 119 guanches dejaron grabados en las rocas.Aunque tampoco hay que esperar de ellos el desciframiento total y final de su cultura y la resolución de los enigmas que han dejado a ese pueblo en la atmósfera de lo misterioso; más importante que las inscripciones líticas nos parecen a nosotros los materiales lingüísticos guanches que nos son conocidos por la historiografía,una parte importante de los cuales sigue viva en el habla común de las Islas. 11. CONCLUSIONES Y las conclusiones a que llegamos nosotros, después de todo lo dicho, son las siguientes: 1. Nos parece que,a pesar de los muchos acercamientos que por parte de tantos autores se han hecho, el estudio de la lengua guanche está todavía por hacer;o dicho de otra manera:es menos lo que se ha hecho que lo que aún falta por hacer. 2. Un estudio lingüístico total de la lengua guanche (decimos de la lengua,no del vocabulario) es una tarea que entendemos condenada al fracaso, un imposible filológico, pues se trata de una lengua que desapareció y de la que no quedaron los suficientes elementos mínimos (de tipo fonético y gramatical, sobre todo) para poder saber cómo era. Pero esa imposibilidad de reconstrucción de una lengua total no impide hacer «acercamientos» en muchos aspectos ya efectuados y menos quiere decir que no deban hacerse, más en un dominio, el del léxico toponímico, del que tantos materiales disponemos, siendo este, seguramente, el único dominio del guanche en que pueda hacerse. 3. Una tarea así requiere de la dedicación de filólogos y lingüistas que conozcan las dos lenguas: el guanche y el español, por cuanto los materiales léxicos que se pueden estudiar, siendo guanches de origen, han sido recogidos desde el español y son voces que funcionan dentro del sistema del español. 4. Como el conocimiento del guanche es imposible, esa carencia debería suplirse con el conocimiento de la lengua (o lenguas) de la que, previsiblemente, procedía y justo en el momento en que, también previsiblemente, se poblaron las Islas: el bereber o alguna de las modalidades antiguas del bereber.Y como este no fue una lengua propiamente dicha, sino un conjunto de dialectos hablados y extendidos por inmensos territorios del norte de África, antes de la islamización y de la arabización del territorio, el filólogo y lingüista dedicado a esta tarea deberá, a su vez, conocer el bereber antiguo. Pero no solo el bereber: según han puesto de manifiesto varios investigadores conocedores de las lenguas del Atlas africano y de la LOS ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE ANTES Y DESPUÉS DE WÖLFEL 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 119 costa mediterránea, el bereber no basta para dar respuesta a todos los problemas del guanche. 5. El conocimiento del español se explica por el grado de «españolización» que indefectiblemente tienen los topónimos guanches, por haber sido recibidos y en la mayoría de los casos conservados en esta lengua.Dos momentos históricos cabe distinguir a este respecto: a) el de su paso de la lengua guanche al español,en el momento de la conquista de las Islas y de su posterior colonización castellana, que debe situarse muy ampliamente entre los siglos XV y XVI,y b) el de su adaptación al español y posible evolución posterior conforme a las leyes evolutivas exclusivas del español. Cada uno de estos dos momentos tiene una problemática particular que deberá tenerse muy en cuenta. Además, un conocimiento profundo del español evitará la atribución de voces de raíz hispánica (o románica) como «falsos guanchismos», error que tanto ha proliferado entre los estudiosos de la toponimia (y del léxico en general) prehispánico. 6. Los estudios lingüísticos que se hagan sobre esta materia deberán tener muy en cuenta las investigaciones y adelantos que otras ciencias, como la prehistoria, la arqueología o la antropología, han ido aportando en relación con la identificación de las poblaciones aborígenes de las islas. Las carencias intrínsecas de la lengua objeto de estudio deben complementarse con los datos objetivos que esas ciencias vayan aportando respecto al origen de los guanches, a la cronología de su arribada a las islas, a las diferencias o identidad de sus culturas, etc. 7. Finalmente,nos parece que la actitud mejor que se puede tomar en el estudio de la lengua guanche la expresó el mismo Wölfel: asegurar lo que sea indudable y cuestionar lo dudoso, «sin esperar o aspirar a otros resultados diferentes de los posibles» (1996: I, 49). ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 120 029_120 Cap I 29 3 07 20 39 Página 120 II 1. OBJETIVO Y MÉTODO OS proponemos estudiar con detenimiento la palabra guanche (y sus derivados), tanto por lo que se refiere a su etimología como por lo que atañe a las significaciones que ha tenido y tiene. Se trata, por tanto, de un estudio, por una parte, onomasiológico y, por otra, semasiológico, tomando siempre en consideración y poniendo en relación los dos componentes de la voz. Podría pensarse que se trata de una cuestión meramente dialectal, propia y exclusiva del español de Canarias, pero no es así, pues, si bien su referencia se limita a un aspecto concreto de la historia de Canarias, la voz es de uso general en el español moderno y, como tal,aparece en el diccionario de la Academia y en todos los diccionarios generales de la lengua. Si nos proponemos revisar todo lo que se ha dicho sobre la voz guanche es porque partimos de la intuición —de momento, solo intuición— de que las explicaciones dadas hasta ahora no son convincentes, que están llenas de incertidumbres y de interrogantes y que, por tanto, deben ser revisadas. Para ello, podríamos partir, dándolo por bueno, del conjunto de textos, noticias e interpretaciones que algunos autores han acumulado,en su intento —paralelo al nuestro— de explicar la palabra guanche,pero preferimos partir de cero y hacer nuestra propia comprobación, sometiendo los textos que han servido de fuente a otros estudiosos a una nueva revisión crítica, a la vez que nos detendremos en otras fuentes que no han sido tenidas en cuenta hasta ahora y que creemos fundamentales. Naturalmente, considerando también las interpretaciones de quienes, antes que nosotros, trataron de explicar tan problemática palabra. ORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE 1 1En colaboración con ELENA LLAMAS POMBO,Profesora Titular de Filología Francesa de la Universidad de Salamanca. 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 121 que las de Recco. Los nombres que Silvestri atribuye a las islas siguen siendo los «míticos» de la Antigüedad, procedentes de Plinio: Junonia, Capraria, Embriona, Nivaria,etc. (Marcos 1996: 155-204).Por lo que respecta a Tenerife, dice:«Nivaria es una isla del mar Asiático. Es una de las Afortunadas de las que hemos hablado más arriba. Está siempre con una atmósfera nebulosa y siempre cubierta de nieve; de ahí ha salido su nombre» (ibid.: 196 8). Nada dice al respecto el genovés Nicoloso da Recco (h. 1341), autor crucial, sin embargo, en lo referente a las primeras noticias sobre las Islas y sobre las costumbres de sus naturales.Tendremos ocasión de valorar su testimonio en otras cuestiones, pero nos quedamos ahora con su silencio en cuanto a las denominaciones de los naturales canarios, a quienes llama, simplemente, insulares o isleños (ed. Pelegrini 1995: 115-130). El veneciano Alvise de Cadamosto,que viajó entre 1455 y 1457 por la costa occidental africana con las expediciones portuguesas y participó en la conquista de las Islas de Cabo Verde, escribió un libro sobre esos viajes h. 1455, con noticias muy importantes sobre Canarias.En él, llama cristianos a los españoles que habitan las 4 islas conquistadas en ese momento (Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera), frente a idólatras,que son los habitantes de las tres islas sin conquistar (Gran Canaria, La Palma y Tenerife). Otras veces les dice naturales del país o insulares;y otras canarios,en referencia general a los habitantes de todas las islas (ed.Martins da Silva Marques 1944:II,177-178). El portugués Gomes Eannes de Azurara, que formaba parte del círculo más próximo a Enrique el Navegante y que participó de forma muy activa en las expediciones portuguesas por las costas del África occidental, escribió el libro Crónica del descubrimiento y conquista de Guinea (entre 1448 y 1451),dentro del cual se incluye un capítulo sobre Canarias muy interesante.Llama canarios [canareos en el original portugués] en general a los de todas las islas: E da primeira viinda desdes Canareos a este nosso regno, e doutra muytas cousas que se passarom acerca delles, fallaremos mais compridamente na cronica geeral do nosso regno (Wölfel 1966: I, 104). Pero también llama canarios,específicamente, a los habitantes de La Gomera (Berthelot 1978: 39), lo mismo que a los de Tenerife y La Palma (ibid.: 43) y a los de Gran Canaria (ibidem.). Solo en una ocasión les da el nombre específico de gomeros a los de La Gomera (ibid.: 40) y el de «hombres de Tenerife» a los de esta isla, diciendo de ellos que «son muy robustos y muy atrevidos» (ibid.: 44). ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 128 8Marcos Martínez, el editor del texto, precisa que el nombre antiguo de Nivaria que se da a Tenerife, procede de Solino, no de Plinio. 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 128 129 Por último, el también portugués Diego Gomez de Cintra, que, como sus contemporáneos, incluye en su libro de viajes De Insulis primo inventis in mare oceano occidentis... (1482), un pequeño capítulo dedicado a Canarias, escrito después de la conquista de Gran Canaria pero antes de las de Tenerife y La Palma, se limita a decir: En las dos islas, a saber:Tenerife y Palma, sus habitantes son de aquella gente que llaman Canarios 9,que es un gran pueblo...Y los canarios de esta isla [de Tenerife] son de pequeña estatura y feroces para pelear (Gómez de Cintra 1940-41: 98). 5.2. La crónica de la conquista bethencouriana En ninguna de las dos crónicas de Le Canarien (1402-1405) se cita nunca la palabra guanche.Solo se dice que a la isla de Tenerife la llaman del Infierno o Tenerefix (G34r) (o Tonerfiz en la versión B48r), y que viven en ella numerosos habitantes, de pequeña estatura, son las gentes más intrépidas de cuantas viven en las islas, y nunca fueron asaltados ni reducidas a serdidumbre como las de las otras islas (G34r); texto que se copia idéntico en la crónica B48r. El único nombre que da Le Canarien a los aborígenes es el de canarios 10,ya sea en referencia general a los de todas las islas o en especial a los de alguna de ellas, y afirman los cronistas respecto a ellos: «Podéis recorrer todo el mundo y en ningún sitio encontraréis gentes más hermosas y mejor formadas que los hombres y mujeres de estas islas, que poseen gran entendimiento si alguien los intruyese» (B41r). 5.3. La Pesquisa de Pérez de Cabitos Un texto fundamental para la temprana historia de Canarias es la Pesquisa que los Reyes Católicos mandaron hacer a Esteban Pérez de Cabitos,y que este redactó en 1477, sobre la realidad de las islas de Señorío y la viabilidad de la conquista definitiva de las islas que faltaban (Gran Canaria, La Palma y Tenerife), por parte de la Corona, a la vista de la prolongada ineficacia que demostraban los Señores.Pues en tal largo y minucioso texto (Pesquisa 1990) aún no aparece la palabra guanche,cuestión harto significativa, por lo que se refiere ORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE 9Las cursivas, tanto en ésta como en las sucesivas citas en las que aparece alguna de las voces que queremos destacar, son nuestras. 10 Aparte otros más generales, relacionados con sus creencias, de gens mescreans ‘gentes no creyentes’, sarazins ‘sarracenos’ y paien(s) ‘paganos’. 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 129 a la datación del término en las fuentes históricas y por el uso que la voz pudiera tener en las Islas en la segunda mitad del siglo XV. 5.4. Las crónicas de la conquista castellana Salvando la gran complejidad de textos entrecruzados y de cronologías que tienen las Crónicas de la conquista castellana (Morales Padrón 1978), y que agrupa tanto textos específicos (las propiamente «crónicas» Ovetense, Lacunense y Matritense) como «relaciones» y capítulos de otras obras históricas más extensas (de López Ulloa, Sedeño y Gómez Escudero, que amplifican el texto de la supuesta crónica original, o las de Alonso de Palencia, Diego de Varela y Andrés Bernáldez, que ofrecen sus respectivas síntesis de la conquista), se puede decir que es en ellas donde se documenta por vez primera la voz guanche,y justamente para nombrar solo y específicamente a los habitantes de Tenerife. Como las crónicas se copian las unas a las otras, es fácil localizar las citas, pues están en todos los casos en los dos capítulos en que la narración se refiere a Tenerife; el primero de ellos, cuando Juan Rejón envía a un grupo de canarios (de Gran Canaria) a la exploración de aquella isla («De como el gobernador Bera echó de la ysla a sien canarios christianos disiéndoles que fuesen a conquistar a tenerife, y de lo que sobre ello susedió», reza el título del cap. 15 de la Ovetense), y el segundo,que trata de su conquista («De cómo el Señor Alonso de Lugo alcaide de la torre del Agaete fue ante sus altesas y les pidió de merced la conquista de las yslas de Tenerife y la Palma, y de cómo se la consedieron y de lo que más susedió», dice el cap. 23). El contenido de este capítulo 23 de la Ovetense no se detiene solo en la merced que Alonso de Lugo pide a los Reyes Católicos y en la concesión que estos le dan para la conquista de Tenerife, sino que narra resumidamente la conquista efectiva de aquella isla, con lo que la datación de la crónica —y específicamente de este capítulo— ha de ser posterior a 1496, con la consecuencia inmediata que tiene para la cronología documental de la voz guanche.Más aún: siendo esta versión de Oviedo, en opinión de Morales Padrón (1978: 81-85), la primera copia que se hace, de entre las que se conservan, de aquella crónica primitiva de la conquista de Gran Canaria que escribiera el Alférez Jaime de Sotomayor, la datación de la voz guanche por lo que respecta a estas fuentes no va más atrás del primer cuarto del siglo XVI,concretamente de 1525, fecha en la que Morales Padrón cree fue redactada la Ovetense (ibid.: 83). Pues bien, en todas las Crónicas se llama de forma inequívoca guanches (con algunas variantes que especificaremos) a los aborígenes de Tenerife, a diferencia de los naturales de las otras islas, que reciben, en general, el nombre de canarios (Ov.,pág. 111) o, específicamente, referido a los habitantes de ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 130 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 130 131 Gran Canaria (111, 112, etc.), de Lanzarote y de Fuerteventura (111), o el de mahoreros,que reciben los de Lanzarote (Ov.:110, y Lac.:188), o el de gomeros,que reciben los de La Gomera (Ov.:111) 11. La forma guanches es, como decimos, la que se usa de continuo en todos los textos para los de Tenerife; por ejemplo: Y así se consertó con dos maestros de dos nauíos para que se los lleuasen y echasen la dicha ysla de Thenerifee, donde como onbres esforzados y baquianos conquistasen los guanches della (Ovetense,cap. 15, Morales Padrón 1978: 140). Pero, además, esporádicamente, usan la forma guanchos la crónica Matr., Gómez Escudero y Bernáldez, y la expresión «jente Guancha», Gómez Escudero. Solo Sedeño especifica en una ocasión que «los de la isla de Gran Canaria eran llamados Canarios y los de Thenerife Guanachinet» (Morales Padrón 1978: 378). 5.5. Las Datas de Tenerife Se llama generalmente Datas 12 a las actas de repartimiento de tierras que se producen inmediatamente después de terminada la conquista de las islas de Realengo (Gran Canaria, La Palma y Tenerife) y que constituyen una compilación de las escrituras (o «albalaes») mediante las cuales se adjudicaban las tierras a los conquistadores, a los colonizadores y a los aborígenes. El repartiORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE 11 No se nombran en las Crónicas de ninguna manera especial a los de las demás islas: ni bimbapes a los de El Hierro, ni benahoaritas a los de La Palma. En el caso de bimbapes —bimbapes y no bimbaches,como desde la erudición se ha querido imponer— es voz auténtica primitiva para la designación de los naturales de El Hierro, que se ha conservado viva hasta hoy y que se utiliza comúnmente en aquella isla. Por el contrario, en el caso de la denominación de los naturales palmeros, Wölfel denuncia la «falsedad» de la voz en una carta que escribe a su amigo palmero Félix Duarte: «Pido su perdón —le escribe— cuando le ruego no utilizar la expresión auaritas.Jorge Glas, el inglés, y Sabin Berthelot, copiando a éste, identificó sin base ninguna el Benahoare de Abreu Galindo con el [sic] tribu bereber de los Hauwarah e inventó la expresión «hauarithes» para los indígenas de La Palma. Invención gratuita y falsificación como es, tengo que refutar tal expresión» (Díaz Alayón 1989: 30). En efecto, nunca en el habla popular de La Palma ni de ninguna otra isla se ha llamado a los palmeros indígenas de esa manera, como sí se ha llamado gomeros a los de la Gomera, majoreros a los de Fuerteventura, canarios a los de Gran Canaria, bimbapes a los de El Hierro, etc. Esa extraña y difícil denominación es «invento» de unos ilustrados extranjeros que,como en tantas otras cosas relacionadas con la antigüedad de las Islas, han quedado como dogmas de fe entre los aficionados a la historia de Canarias, que se repiten y se repiten sin que nadie los ponga en tela de juicio. 12 El nombre de Data lo toma del documento en que solía inscribirse la datación de las tierras repartidas por orden del conquistador o bien la solicitud que hacía el interesado; son hojas sueltas,de tamaños muy desiguales, escritas con caligrafías muy dispares que, en todos los casos, debían llevar la firma del Adelantado para que quedaran ratificadas (Serra 1978: 9-13). 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 131 miento de tierras y de nacientes de aguas como recompensa a los conquistadores, fue doctrina admitida generalmente, y en Canarias se aplicó primeramente en Gran Canaria,recién terminada su conquista,con una Real Cédula de 1480 por la que los Reyes Católicos ordenan a su capitán y conquistador Pedro de Vera que proceda a repartir tierras y aguas, según sus merecimientos, entre «caballeros, escuderos e marineros, e otras personas ansí de las que están en la dicha ysla como otras que agora van o fueren de aquí adelante» (Libro rojo: 28-29). Después, el mismo sistema se aplicó en las islas de La Palma y Tenerife (y posteriormente en América). De las Datas de Canarias, se conservan casi completas las referidas a Tenerife, pues las de Gran Canaria desaparecieron tras el saqueo que los holandeses hicieron a la ciudad de las Palmas en 1599 y tras el incendio de las Casas Consistoriales ocurrido en 1842, que destruyó totalmente los archivos antiguos de la ciudad y de la isla. De los cuatro primeros libros de datas originales de Tenerife (Serra 1978) obtenemos los siguientes datos fundamentales sobre la voz guanche. Por los textos examinados hasta ahora, es en las Datas de Tenerife donde por vez primera se registra la voz guanche,siendo la primera documentación de 1498 (data 647), que adelanta en más de un cuarto de siglo el registro de la Crónica Ovetense.Los siguientes albalaes son de 1501 (datas 613 y 840), de 1502 (data 913), de 1503 (data 609), de 1504 (data 749), de 1505 (data 1.220) y ya de continuo en datas de años posteriores. En cuanto la forma léxica, es guanche la absolutamente predominante, seguida del plural guanches y del femenino guancha (unas veces con referencia a una mujer específica, «Catalina la Guancha», data 840 o «Beatris Guancha», data 755; otras al colectivo ‘gente guanche’, data 463; y en otras convertido ya en topónimo, «Fonte de la Guancha», data 1.818). Una sola vez constatamos en estos cuatro primeros libros de datas originales la forma guancho (data 1.121) y otra única la forma goanches (data 1.588). En cuanto a su significado, distintos sentidos hallamos en el uso de la voz guanche,todos ellos con una función identificadora, bien sea aplicado a una persona, a unas tierras u otra propiedad, o específicamente a la denominación de la propiedad datada. Pero en todos los casos es indudable el significado ‘natural de la isla de Tenerife’: a) Mayoritariamente, se usa para referir el origen de la persona que se menciona en el albalá (tipo «Grantegina e Juan Guanyacas, guanches, vs. de la dha. isla», data 547). b) Es también muy frecuente su uso para señalar un determinado límite de las tierras donadas (tipo «abajo de un tagoro de los guanches»,data 819;«donde está el avchón de los guanches», data 913; «camino viejo que solía ser del tiempo de los guanches», data 1.036, etc.). ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 132 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 132 133 c) O para referir una cronología antigua (tipo «que solían senbrar en tienpo de guanches», data 169). d) Para la denominación de un lindero que tenía su propio nombre en la lengua guanche (tipo «que se decía en tiempos de los guanches...», data 609, o «que se llama en nombre de guanches...», data 1.220). e) Finalmente, para este último sentido, se repite mucho la fórmula «a fuer de guanche» (datas 1.191, 1.315, 1.708, etc.). Decimos que en las Datas de Tenerife,desde el punto de vista semasiológico, hallamos siempre la voz guanche con un sentido específico referido al aborigen de esa isla, aunque no por ello deba interpretarse que esa denominación sea exclusiva para los de esa isla. Sin embargo, desde el punto de vista onomasiológico, para el significado ‘aborigen de Tenerife’ hallamos varias denominaciones: en primer lugar, y mayoritariamente, como hemos dicho, guanche,pero también la expresión naturales desta isla (datas 603, 1.303, etc.) y canario. Esta última voz canario tiene en las Datas de Tenerife un alcance semántico de sentidos múltiples que conviene precisar, por cuanto algunas veces se opone y otras se identifica con guanche.El sentido mayoritario es el específico ‘natural de Gran Canaria’, seguido del más general ‘natural de las Islas Canarias’. a) En el primer sentido de ‘natural de Gran Canaria’, hay determinados albalaes que juntan las dos voces de canario y guanche (datas 613, 883, 913, etc.), por aplicación inequívoca respectiva a un natural indígena de Gran Canaria y a otro de Tenerife. Pero canario,en este primer sentido de ‘natural de Gran Canaria’ tanto puede referirse al ‘aborigen’ como al ‘español’ nacido en Gran Canaria; ejemplos de unos y otros casos hay muchos: los son del sentido ‘aborigen de Gran Canaria’ los usos de las datas 754, 1.104, 1.273, etc., mientras que manifiestan el sentido ‘español nacido en Gran Canaria’ las datas 10, 142, 613, 664, 906, etc.; otros, sin embargo, nos parecen muy imprecisos, y tanto pueden referirse a uno o a otro, como los de las datas 754, 1253, 1301, 1500, 1589. Cierto es que en algunos albalaes la especificación que se da a un personaje de «conquistador», por ejemplo, aclara la situación. Hallamos también con mucha frecuencia la expresión natural de Gran Canaria,que parece aplicarse en todos los casos solo al ‘español nacido en Gran Canaria’ (datas 69, 108, 348, 684, 729, etc.).Y frente a ella, la expresión canario de Gran Canaria,que interpretamos siempre como ‘indígena de Gran Canaria’ (datas 372, 934, 1.104, 1.347, 1.811, etc.). Pero esta expresión segunda añade una imprecisión terminológica: si canario significara siempre ‘indígena de Gran Canaria’ no sería necesaria la expresión redundante «de Gran Canaria», por lo tanto,los escribanos de las Datas interpretaban que había otros canarios aborígenes que no eran de la Gran Canaria. ORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 133 b) Así es, en efecto: canario significa también ‘aborigen de las Islas Canarias’, sin más precisión, que puede ser natural de cualquier isla, incluso ‘indígena de Tenerife’, como interpretamos, por ejemplo, en las datas 694, 1.124, 1.409 y 1.259. Esta última, fechada en 1518, cita incluso la voz canario al lado de guanche,convertidas ambas en topónimos, con lo que ello tiene ya de consagración léxica: Juan Francés, v[ecino]. Un pedazo de t[ierr]a de s[equero] en el lomo de los pinos, q[ue] podrá haber hasta 100 f[anegas], linderos el barranco de La Guancha, el barranco del Malpaís, y por abajo la t[ierr]a de los Canarios y de Juan Suares, y por arriba la montaña. Una última especificación onomasiológica hemos hallado en las Datas de Tenerife:cuando el albalá se refiere, no a una persona, sino a un cosa o punto referencial del terreno de los indígenas de Tenerife (un camino, una cueva, un avchón, unas tierras), siempre se dice guanche,nunca canario. 5.6. Noticias de viajeros del siglo XVI A lo largo de toda su historia, las Islas Canarias han sido un destino de muy especial interés para múltiples personajes extranjeros (y, más raramente, españoles e isleños) que venían con el ánimo de conocerlas, recorrerlas y estudiar algunos de los fenómenos insulares (antropológicos, botánicos, zoológicos, mineralógicos, vulcanológicos, etc.), que tanto interés tenían para la ciencia o para la simple contemplación. Este interés viajero se despertó muy pronto, recién terminada la conquista, y aún antes si consideramos como tales a los navegantes italianos y portugueses de los siglos XIV y XV.Y no ha cesado nunca. Lo realmente importante, fruto de esos viajes, han sido las memorias escritas que cada viajero ha dejado de su experiencia insular. Porque siempre tiene un interés especial el juicio de un extranjero, que ve con ojos distanciados y «extrañados» y que, por tanto, se fija en realidades que de ordinario pasan desapercibidas, por comunes, a los ojos del nativo. Pues bien, ya en el siglo XVI viene una importante lista de viajeros extranjeros a las Islas (los ingleses Nichols y Scory, el portugués Frutuoso, el español Díaz Tanco...), cuyas memorias tienen un valor inapreciable para la historia temprana de Canarias, con noticias que incluso solo ellos documentan, cual es el caso sobresaliente de Frutuoso. En ellos y en sus noticias no nos fijaremos aquí, sino solo en la datación de la palabra guanche,que en todos es coincidente su referencia exclusiva a los naturales de Tenerife. El clérigo extremeño Vasco Díaz Tanco, autor de unos «triunfos canarios», es, al decir del primer editor de su obra,Antonio Rodríguez-Moñino, «el primer poeta que canta [...] las tierras y los hombres isleños» (1934: 12). Eso ocurrió ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 134 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 134 135 h. 1520, estando el autor en La Gomera, al servicio del Conde Guillén Peraza de Ayala. En sus cantos, cita por dos veces a los guanches,solo como nativos de Tenerife, una en el Triunfo Canario: Do el Adelantado magnífico estava ... cercado de guanches allá en la Orotava (Rodríguez-Moñino 1934: 22) y la otra en el Triunfo Gomero: Los naturales ysleños tienen bivienda terrestre entre gomeros, herreños assaz guanches y palmeños con su loquela siluestre. (Rodríguez-Moñino 1934: 30) Por su parte, el inglés Thomas Nichols, «mercader de azúcar, hispanista y hereje», según le califica su estudioso y editor Alejandro Cioranescu (1963), estuvo en Canarias h. 1526, y en su Descripción de las Islas Afortunadas dejó escrito respecto a los naturales de Tenerife: Esta población se llamaba guanches en su propia lengua. Hablaban otro idioma,muy diferente del de los Canarios,y de igual modo cada isla hablaba un idioma a parte (Cioranescu 1963: 116). Por último, el más explícito de todos ellos, el portugués Gaspar Frutuoso, que debió de estar en las Islas 13 entre 1580 y 1590, alterna en la denominación de los naturales de Tenerife, a quienes llama unas veces guanches (ed. 1964: 105) y otras ganches (ibid.: 91, 104 y 105), y en ambos casos dando su equivalencia en portugués: Los isleños [de Tenerife] se llaman guanches,que en nuestra lengua quiere decir valientes o fragueros (montañeros) 14 y así son los que hay todavía (ibid.: 105). ORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE 13 Este es un dato no comprobado; nosotros creemos que sí, que estuvo en las Islas, pues un relato tan minucioso como el que él hace, sobre todo en determinados episodios de la historia y geografía de El Hierro, no puede escribirse por meras referencias; otro autores (entre ellos, Lobo Cabrera 1997) opinan, por el contrario, que escribió el capítulo sobre las Canarias desde su isla natural de Las Azores, por noticias que pudieron darle otros viajeros. 14 Eso es lo que dice la traducción española, pero en el original portugués se dice enrochadores por ‘fragueros’, especificando los editores en nota a pie de página que no descubren la relación que tenga este término con la voz ganche o guanche (ed. 1964: 91). 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 135 Pero hay que añadir que Frutuoso también llama a los de Tenerife canarios (ibid.: 104), como mahoreros a los de Fuerteventura y Lanzarote (ibid.: 97). 5.7. Los Diálogos del brasileño Fernandes Brandão Sin embargo, otro escritor de lengua portuguesa, Ambrósio Fernandes Brandão, a finales del siglo XVI o muy a principios del siglo XVII,atribuye claramente el nombre guanches a los habitantes de todas las Islas, tal como comprobamos en sus Diálogos das grandezas do Brasil (ca. 1618). Estos célebres Diálogos pertenecen a la llamada «Literatura de la Expansión Portuguesa» y, más concretamente, a la literatura seiscentista del Brasil inspirada por la curiosidad ante las nuevas tierras. El brasileño cristianizado Fernandes Brandão es considerado como hombre culto, conocedor de las autoridades y deseoso de interpretar los problemas del hombre y la naturaleza en su país. Aunque en estos diálogos entre dos personajes podamos hallar algunas inexactitudes históricas, se considera que es un libro indispensable para la historia de Brasil y de la cultura portuguesa. Es útil, pues, para la datación de la voz guanches,que aparece en el fragmento siguiente: BRANDÓNIO: Essas ilhas que relata Aristóteles haverem descoberto os Cartaginenses, abundantes das cousas necessárias para a vida humana, não são outras senão as Ilhas das Canárias,que estavam povoadas,antes de serem descobertas pelos Castelhanos, de gentes a que chamam guanches,que deviam de ser descendentes daqueles primeiros Cartaginenses que as descobriram (Fernandes Brandão 1966: 108) 15. Adviértase que el brasileño no indica que los aborígenes se llamaran guanches a sí mismos, sino que eran los castellanos quienes los llamaban así. 5.8. Las primeras «historias» de Canarias Las consideradas primeras historias generales de Canarias, que son tres, las de Espinosa,Torriani y Abreu Galindo, contemporáneos los tres y deudores los dos últimos de una «historia» anterior perdida (la del famoso y enigmático Dr. Troya), surgen a finales del siglo XVI,casi dos siglos después de haberse iniciado la conquista normanda en las islas de Lanzarote y Fuerteventura. Su importancia en la historiografía de Canarias es crucial, no solo por lo que cada una de ellas —y en su conjunto— intrínsecamente vale, que es mucho, sino, además, por lo que tienen de base para toda la historiografía posterior (excepto la de Torriani, que, por seguir inédita hasta 1940, fue desESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 136 15 En su diccionario etimológico, Machado mismo cita este testimonio para la datación de la voz en portugués (DELP,eds. 1952, 1967 y 1977, s.v.: guanche / guancho). 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 136 137 conocida). Y sus respectivos testimonios sobre la voz guanche serán, también, fundamentales. El primero de estos autores, el dominico Alonso de Espinosa, dirá de los de Tenerife: Los naturales de esta isla,que llamamos guanches,en su lenguaje antiguo la llamaron Achinech [a Tenerife] (Espinosa 1980: 26). Dos aspectos merecen destacarse en esta cita: primero, que la voz guanche la impusieron los europeos, los españoles, «que llamamos guanches» —dice—, y segundo, que la isla de Tenerife era llamada por sus naturales Achinech.Volveremos sobre estas dos cuestiones más adelante, pero algo más aquí. Insiste Espinosa en otro lugar en que la calificación de guanches se la dan los españoles: En otro tiempo fue habitada esta isla de los naturales della que llamamos guanches,cuyo origen, ni de dónde hayan venido a ella, no he podido descubrir (1980: 31-32). Y trata, además, de dar una explicación etimológica de la voz, poniendo en contacto el etnónimo guanche con el nombre de la isla de Tenerife. Dice: Guanche quiere decir natural de Tenerife, como Mahorero natural de Fuerteventura, porque Guan quiere decir persona y Chinec Tenerife, así que Guanchinec dirá hombre de Tenerife (1980: 35). Frente a esta elocuencia de Espinosa en torno a la voz guanche,resulta especialmente significativo el silencio del ingeniero italiano Leonardo Torriani y la diversidad de nombres que ofrece el franciscano Juan de Abreu Galindo. Torriani se queda solo en la denominación de la isla: Los isleños,anteriormente a la conquista,le decían Chinechi,y los palmeros, Tenerife,que en su lengua significa tanto como ‘monte de nieve’ (1978: 172), mientras que Abreu se refiere primero al nombre de la isla: Los naturales de la mesma isla de Tenerife,en su propio lenguaje y común hablar, la llaman y nombran el día de hoy Achineche (1977: 291) 16. y después al de sus naturales: A los naturales de esta isla llaman guanches los que la conquistaron (ibidem). ORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE 16 Wölfel constata achinech en este texto de Abreu, al utilizar una edición distinta de la nuestra (Wölfel 1996: II, 718-720). 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 137 mero, pero sin citar aquí el caso de guanche.Lo que sí es original de Álvarez Rixo respecto a la voz guanche,aunque pertenezca a otro libro suyo, es la observación de que la voz sigue viva en el habla de Canarias con el significado de «hombre de estatura alta y seca» (Álvarez Rixo 1992: s.v.). 6.3. Lo que dice el Marqués de Bute sobre guanche es de chiste. Después de un largo discurso sobre las relaciones fonológicas entre los signos ortográficos by v,vy w,y wy wg,para poder argumentar sobre las variantes escritas, concluye con esta perogrullada: «En la propia isla de Tenerife he oído invariablemente la palabra guanche pronunciada wanche». Esto es todo lo que de sustancia dice Bute sobre guanche (cit. TLEC). Y sin embargo, la lexicografía portuguesa ha mantenido durante largo tiempo las teorías de este estudioso inglés. Para la etimología de la voz guanche / guancho en portugués, Machado citaba (en el DELP,eds. 1952, 1967 y 1977), única y literalmente, un comentario redactado en 1910 por Gonçálvez Viana (1931: 155), quien, a su vez, daba por válidos los datos de Bute, de 1891, referentes a los idiomas aborígenes y a la etimología de guanche (< guanchinerf ‘hombre de Tenerife’) 24. 6.4. Lo de John Abercromby es similar a lo de su compatriota Bute, solo que aparenta mayor cientifismo. Lo suyo es descomponer las palabras.Guanche dice Abercromby «es una reducción de (g)wa-n-Chinet ‘el de Chinet (Tenerife)’»;bincheni o vincheni «son de ui-n-Chinet:ui es el plural de wa ‘él, éste, el que’»; y concluye con una sarta de etimologías: «En español ui podía escribirse bi, vi. Para Chinet, Chineche cfr.:(Zenaga) tini‘una gruta,cueva’.(Gebel Nefusa) tanut, diminutivo de anu, ‘un pozo’, quizá como referencia al cráter en la cima del Pico» (cit. TLEC). Es decir, que el elemento chinet,que para Espinosa, Núñez de la Peña,Viera, etc., es la base etimológica de Tenerife,sobre la referencia del ‘pico blanco’ del Teide, se convierte en la hipótesis etimologista de Abercromby en ‘gruta, cueva, pozo’, también con la referencia al Teide, pero no al pico, sino, al contrario, al cráter que tiene. Lo dicho: todos tienen etimologías para todo. 6.5. Nada original 25,aunque sí novedosa, pues al estar inédita no había sido considerada, es la opinión del médico y antropólogo tinerfeño Juan ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 144 24 Más recientemente, el mismo Machado (DOELP,1984) ha rectificado su definición: guanches son ‘os habitantes das Canárias’. Señala ahora, que el origen de esta voz es controvertido (cita a Nascentes 1952) y apunta la hipótesis de que tal vez se halle ligada al nombre Atlantes, «con varios fenómenos de disimilación y asimilación vulgares». 25 En lo que sí resulta original Bethencourt Alfonso, es en la explicación del nombre Infierno con que llamaron en la Antigüedad a la isla de Tenerife. Ese nombre —dice— no se lo pusieron los navegantes por el aspecto espantoso de las erupciones, se lo dieron «cuando puestos en contacto con los indígenas de Tenerife tradujeron fielmente la voz guanche Chinechi, Chinefe o Achinech,modalidades de un solo término, que significa ‘infierno’; que los naturales empleaban en el centro de la isla, donde moraba Guayota y demás divinidades infernales, siendo 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 144 145 Bethencourt Alfonso (1847-1913) sobre el asunto de la etimología de guanche: acoge lo dicho por Viera y por Berthelot. Pero sí es interesante la reafirmación que hace Bethencourt Alfonso de algo ya apuntado por Espinosa,Abreu,Núñez de la Peña y Viera: que los nombres que se referían a la isla de Tenerife y a sus naturales no eran autóctonos, «sino que fueron dictados que les aplicaron los de fuera cuando se enteraron de sus creencias teogónicas» (1991: I, 219) 26.Y una cosa más: el nombre de guanches se lo da el antropólogo tinerfeño como antes habían hecho otros estudiosos, por ejemplo Chil y Naranjo a los naturales de todo el archipiélago, sin distinción en ningún caso, desde el título de su magna obra, Historia del Pueblo Guanche,que es general de todas las Islas, hasta la consideración particular de cada una de las islas (ibid., especialmente 70, 79, 80, etc.).Y hay que recordar que Juan Bethencourt Alfonso estudió más intensamente y conoció más directamente que nadie la pervivencia de la lengua y de la cultura guanche. El interés por la lengua de los guanches y su relación con la de los bereberes siguió vigente en el siglo XX,y a su estudio se dedicaron notables berberólogos y filólogos extranjeros, como Giese,Vycichl, Marcy,Wölfel o Rohlfs, así como filólogos canarios, entre los que destaca Álvarez Delgado. 6.6. El alemán Wilhelm Giese se ocupó en varias ocasiones de la lengua guanche, tanto en aportaciones propias como en el juicio de las ajenas. En un breve artículo de 1949 se detiene en la etimología de guanche y análogos, que resumimos. La tesis de Giese es que en la lengua de los aborígenes canarios había palabras que empezaban por el componente guan-, que significa ‘hijo de’, como un elemento antiguo de la lengua guanche (beréber), correspondiente alˆsil.ha uo guy al líbico u-; pero este guan aparece también en otras palabras con otros significados,como guanarteme‘rey’o guañac‘república’ 27. ORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE el Echeide o Teide la boca de comunicación con el mundo de los vivos o séase la boca del infierno [...] Y esto es tanto más exacto cuando en nuestros días,en la actualidad,en pleno siglo XX,cuando por los pueblos del Sur muere alguna persona reputada de perversa, es frecuente oír frases como las siguientes: «Este va a Chinechi», «¡anda, a lo más hondo de Chineche!», «de Chinechi no salgas»; «porque de allí salen los xaxos condenados a encarnar a los vivos» (1991: I, 218-219). 26 Y afirma a continuación lo siguiente: «Más en lo firme está Marín y Cubas al declarar que los naturales la denominaban Guanchini,de donde probablemente el nombre genérico de guanches que dieron a sus habitantes» (Bethencourt Alfonso 1991: I, 219). No encontramos esta cita en Marín y Cubas, ni Wölfel la recoge en su exhaustivo Glosario de la parte III de su Monumenta (1996:I, 219-385), por tanto no la consideramos.Pero advertimos que es ésta la única vez en que Bethencourt Alfonso se refiere a los guanches como exclusivos de Tenerife. 27 Y además, se podrían citar guanchineme ‘profeta’ (Wölfel 1996: II, 531), guanchon ‘cueva’ (Ibid.: 644), guanchor ‘nombre propio de La Gomera’ (Ibid.: 795), guanache-semidán ‘guanarteme de Gáldar’ (Ibid.: 803), guañameñes ‘sacerdotes o adivinos’ (Bethencourt Alfonso 1991: I, 295), Guanhaben ‘guayre de Telde y célebre luchador’ (Ibid.: I, 333), Guanchaven ‘natural de Gran Canaria’ (Ibid.: I, 334). 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 145 Y además hay otras palabras que empiezan por ben- (o ven-) que también significan ‘hijo de’ (entre las cuales está bincheni,de Abreu), siendo este componente de origen árabe.Y concluye: «La influencia del árabe Ben no debe ser muy antigua; este Ben pudo ser introducido por elementos mudéjares españoles en los primeros tiempos de la colonización» (Giese 1949: 196-197). O sea, que guanche tiene una etimología diferente de la de bincheni,como voces procedentes de lenguas distintas, y a pesar de ello, algunos autores posteriores, como Wölfel (1996: II, 720), tratarán de identificarlas. 6.7. El austriaco Werner Vycichl dedicó también un pequeño estudio en 1952 a la lengua de los antiguos canarios, dentro del cual expone una serie de observaciones sobre el nombre de la isla de Tenerife y de sus naturales. El párrafo en que centra su interpretación al respecto dice lo siguiente: Los habitantes de Tenerife se llamaban, según Marín y Cubas, binchini, que es, claramente, nvi-n-cini ‘los de Cini’ y se relaciona con Chinechi,nombre de Tenerife transmitido por Abreu Galindo. Frutuoso llama a los habitantes de la isla guanches,nombre que, más tarde, se extendió indebidamente a los habitantes de las demás islas, y asegura que quería decir ‘los valientes’. Como singular nva-n-tasa puede significar bien ‘el del valor, el valiente’, interpretación que confirma la dada para Atazaicate (ya comentado) ‘animoso,de gran corazón’,var. Atacaycate‘gran corazón’,a través del sil.ha tasa ‘valor’, primitivamente ‘hígado’ (Vycichl 1952: 192-193). ¿Qué más podemos decir? Lo ya dicho: que siempre se puede encontrar en el enigma de las lenguas bereberes la explicación etimológica conveniente para la observación que cualquier autor antiguo hiciera; así, guanche tanto vale como ‘hombre de Chini’, para la etimología de Abreu y Marín y Cubas, como ‘valiente’, para la valoración de Frutuoso 28. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 146 28 El artículo de Vycichl está lleno de explicaciones y soluciones de este tipo. La más artificiosamente elaborada —y falsa— nos parece la que ofrece de la voz herreña Amoco.Según Abreu Galindo (1977: 85) la antigua capital de los bimbapes se llamaba Amoco,mientras que la de los españoles se llama Valverde.Vycichl interpreta entonces que el español Valverde es traducción exacta del guanche Amoco,y busca un étimo bereber que dé consistencia filológica al apunte de Abreu, y lo halla en la voz silha tuga,que quiere decir ‘pradera’ y «que bien puede traducirse por ‘valle verde’», dice Vycichl (1952: 181). Pero el berberólogo Vycichl, que nunca estuvo en Canarias y, por lo tanto, no conoce la geografía de la Valverde herreña, no pudo adivinar que la actual capital del Hierro ni tiene que ver con un valle, ni nada se caracteriza por el verde de la vegetación; al contrario,Valverde está situada en una inhóspita ladera de lomos generalmente pelados, y de fríos y de humedades, que la convierten en uno de los lugares menos atractivos, en cuanto al clima y al paisaje, de la isla. El nombre de Valverde no es, en este caso, un morfotopónimo, sino seguramente el trasplante de un topónimo del que procedían sus fundadores peninsulares. 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 146 147 6.8. En una larga nota trata Georges Marcy (1962: 253-259) de los aspectos etimológicos de los nombres guanches de la isla de Tenerife, que inevitablemente se vinculan con el propio nombre de guanche.Según Marcy, los elementos Chinet (Núñez de la Peña), Achinech (Espinosa), Chineche (Abreu), Chinechi (Abreu y Marín y Cubas), etc., que aparecen en los nombres que se asignan a la isla de Tenerife, no son sino variantes, lo mismo que el componente de bin-cheni (Abreu) o wi-n-ceni,literalmente ‘el de Tenerife’.Todas ellas llevan al prototipo tînît,con tratamiento îpor e,al igual que ocurre en las hablas bereberes saharianas. Pero las transcripciones españolas, que empiezan siempre por ch-, obligan a suponer una restitución del tipo *kinit o *tkinit, «cuya verificación —dice Marcy— debilitaría nuestra hipótesis» (1962: 254).Y concluye Marcy con unas consideraciones sobre las dificultades que tiene la interpretación de los materiales léxicos guanches y, por tanto, de su provisionalidad, que resultan del todo acertadas. Los nombres guanches —dice— los recogieron autores españoles y europeos (Espinosa, Abreu,Torriani, Viana...) que prácticamente ignoraban del todo la lengua de los naturales isleños,«y, por tanto, eran incapaces de separar convenientemente las palabras», y por otra parte, los viejos indígenas que sugerían estas voces sabían poco más del español.En estas condiciones —concluye— aquellas «sesiones de información» que procuraron Espinosa y Galindo «debían parecerse un poco a la vulgar ‘conversación de dos sordos’» (ibid. 257-258). 6.9. En fin, también el profesor de la Universidad de La Laguna, Juan Álvarez Delgado (1900-1987), trató en varias ocasiones y lugares sobre la voz guanche (largo resumen en TLEC).Dice primero que guanche fue denominación exclusiva de los indígenas de Tenerife y voz originaria del habla de la isla, que se extendió luego para designar todo lo aborigen del archipiélago. La hace derivar del bereber guán-chen o guán-chin,cuyo primer elemento guan es voz canaria común a todo el archipiélago (pero íntegramente, con la nformando parte del radical) y el segundo elemento chen o chin es la raíz del nombre indígena de Tenerife, que Espinosa escribe Achinech,pero Torriani y Abreu consignan Chinichi.Cita las distintas variantes registradas en las fuentes históricas y en la toponimia de Tenerife y de Gran Canaria y elucubra sobre la posible forma originaria: explica la alternancia ganche / guanche «por un carácter especial labiovelar de la inicial indígena»; y la vacilación guanche / guancho / guancha «es seguro reflejo de la tendencia española a caracterizar el femenino», dado que es muy posible que la forma original indígena tuviera un final inadmisible en español 29. ORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE 29 ¡Qué ridícula elucubración, llena de sinsentidos, tomando como «formas» reales de la lengua guanche, no las formas orales —imposible de saber cuál fueran—, sino las grafías de los historiadores, que ya vemos que son puramente caprichosas! ¿Y si después se constata que guanche es voz originariamente románica? ¡Y podemos presuponer que el femenino guancha es adjetivo colectivo, como se dice en Gómez Escudero «jente guancha», y como en el topónimo La Guancha! 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 147 6.10. Por fin llegamos a Wölfel [1888-1963], de quien hemos dicho que es el principal estudioso de los materiales lingüísticos guanches (bien que solo sobre las fuentes escritas), haciéndolo, además, con una admirable sistematización. En cuanto a guanche y voces relacionadas con ella, empieza Wölfel (1996: vol. II, parte V,§ 486, págs. 718-720) por recopilar las formas referidas a la isla de Tenerife en las fuentes históricas primarias 30,que son: achinech (Espinosa y Abreu), achinach (Espinosa), achineche (Glas), chinec y chinet (Peña), chineche (Abreu) y chinechi (Torriani) 31.Sigue después con las formas atribuidas a los naturales de Tenerife: bincheni (Abreu), vincheni (Glas), binchini (Marín y Cubas), ganche/ganches (Gómez Escudero y Frutuoso),guanchinet y guanchinec (Núñez de la Peña), guanchinerfe (Viera), guanches, guanche y guancha (Espinosa, Abreu,López Ulloa,Lac.,Datas, procesos,etc.), guanchez (Bernáldez) y guanchos (Bernáldez, Matr. y Gómez Escudero) 32.Y cita, por último, los topónimos que conoce en que aparece el nombre: Guancha (lugar de Tenerife, caserío de Firgas en Gran Canaria y localidad de Gomera), Guanches (caserío de Tenerife), Guanchi (término de Teror, Gran Canaria) y Guanchía (caserío de Teror) 33. De sus interpretaciones, extractamos lo más significativo: a) En las fuentes históricas primeras, el término guanche se refiere de forma exclusiva a los habitantes de Tenerife. b) En cuanto al nombre de la isla de Tenerife,son tantas las variantes dice «que la búsqueda de paralelos [bereberes] resultaría tan sencilla como fútil» (pág. 719). Pero lo mismo podríamos decir añadimos nosotros de los nombres referidos a sus naturales. c) El nombre guanche,deriva de guanchinec(h),con el respaldo de benchini,que se puede reconstruir como singular y plural de una misma palabra: wa-n-cine/wi-n-cinec ‘el de Tenerife/los de Tenerife’. Lo mismo advirtió Abercromby, sin embargo Marcy lo explica mediante wa-n-tsä ‘indígena’, que no está en consonancia con las fuentes. 6.11. Por si faltaba algo, Rafael Muñoz (1994), tal cual ya hemos dicho, vuelve a recapitular e interpretar todo lo dicho sobre la palabra guanche,si bien su objetivo es demostrar la relación —o mejor, la identidad —de esta con la ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 148 30 Descartamos nosotros aquí las citadas por los intérpretes posteriores, que en algunos casos copiaron mal las fuentes históricas. 31 Incomprensiblemente, le faltó poner las variantes de Marín y Cubas (chinechi y binchini) y de Viera y Clavijo (chinerfe). 32 En esta relación sí cita Wölfel a Marín y Cubas, pero sigue silenciando a Viera. 33 Ni todas estas formas son ciertas ni, sobre todo, están aquí todos los topónimos existentes con el nombre de Guanche (o derivados), como diremos más adelante, pero cabría añadir a esta relación el topónimo Guanchifira (localidad de Tenerife),que Wölfel cita en pág.993 y que relaciona con Tafira, Achifira y Archifira. 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 148 149 palabra zanata,inscripción que,según él (y otros),se lee en una piedra encontrada en Tenerife (y que tantas polémicas y descalificaciones ha suscitado). Agrupa Muñoz en cinco tipos los nombres referidos a guanche (1994: 219243), con un método que impida extraviarse «en los heterogéneos y ambiguos datos que nos han llegado» (220) 34: a) Tipo achinech y variantes (Espinosa,Torriani,Abreu y Marín y Cubas). Las variantes de este grupo —dice Muñoz— «son la transcripción de la palabra zanata,tal como la pronunciaban los antiguos habitantes prehispánicos» (223). «Este nombre era el dado a la isla de Tenerife y correspondía [... a lo] que los árabes escribían zanâta y pronunciaban zenête» (226). b) Tipo bincheni y variantes (Abreu y Marín y Cubas). Es la raíz analizada por Álvarez Delgado, a quien ataca Muñoz: «Siempre que leo las explicaciones de Álvarez Delgado, me quedo atónito. ¿Es posible que llegase a creerse que la diferencia entre bincheni y guanche sea solamente en cuanto al género? [...] Bincheni y los otros vocablos de este tipo significan ‘el que es de la tribu, el tribal’, como opuesto a aquellos que no pertenecían a su grupo» (228-229). c) Tipo guanchinech y variantes (Espinosa, Sedeño, Núñez de la Peña y Marín y Cubas) y guanches y variantes (Espinosa, Abreu, Espinosa, Frutuoso, Datas,etc. e interpretaciones de Abercromby, Berthelot, Manrique, Álvarez Delgado 35,Wölfel y Tejera). d) Tipo heneto (que dio el topónimo Geneto en Tenerife). Cita Muñoz un texto de las Datas de Tenerife:«Unas cuevas o moradas q. son en Heneto q. han por nombre de los naturales desta dicha Guina q.son en el barranco de las tas. que dicen de Guillén Castellano» (238).Y termina con dos conclusiones; primera: «Heneto es ‘el zanata’, como nombre de persona o de lugar», y segunda: «La palabra guanche proviene de wa nˆzenet ‘el que es de [la isla de] zanata’» (239). e) Tipo ache y variantes (Le Canarien 36,Marín y Cubas, Berthelot, Álvarez Delgado y Cubillo). La pregunta a la que lleva a Muñoz esta palabra, siendo ORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE 34 Descarta considerar el grupo guanchinerfe «porque -diceno se relaciona con la palabra guanche» (1994: 219). 35 Vuelve a ironizar aquí Rafael Muñoz sobre las interpretaciones de Álvarez Delgado, criticándolo duramente: «Y la cosa es grave, porque se han repetido después sus argumentos, apoyándose tan ciegamente en sus palabras, que, a mi modo de ver, se ha hecho un daño enorme para el conocimiento del pasado de las islas» (1994: 234). 36 El texto de esta cita de Le Canarien lo transcribe Muñoz desde la versión francesa; nosotros lo damos en la versión española: «Mientras esto sucedía, fue a verle [a Gadifer] un pagano de la isla [Lanzarote] llamado Afche, que tenía deseos de ser rey de Lanzarote. El señor Gadifer y él estuvieron hablando largo rato sobre este asunto. Luego Afche se marchó y al cabo de unos días envió a su sobrino...» (B21v). 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 149 exclusiva de Lanzarote y perteneciente a un aspirante a rey de aquella isla, es si en Lanzarote se hablaba el zanata; al menos —dice— «la zla pronunciarían a la manera zanata» (242). Y llega Muñoz a la siguiente conclusión general:Todas las variantes pertenecen al grupo chineche [...] Así, wa n cheneche ‘el de Chineche, el zanata’; wa n chen ‘el de los chen, el de la tribu’; y, por fin, para quien creyera que n de chen es la partícula de pertenencia ‘de’, la hacía desaparecer y se convirtió así en wa n che ‘el guanche’ (243). 6.12. Finalmente, desde una perspectiva más antropológica que filológica, Joaquín Caridad Arias (1995: 140-142) sostiene la teoría de que numerosos topónimos ocultan nombres de divinidades prehistóricas; este sería el caso del «nombre nacional de los guanches», cuyo origen explica este autor mediante una argumentación harto enrevesada, que sintetizamos a continuación: a) Para él, guanches no deriva del nombre de una isla (Cinechi, Chineche, Achinech, Tinechi o Ténechi), «sino que se refiere a la propia divinidad que también dio nombre a la isla» (140). Guanches tiene un sentido general: si hay relación de este nombre con el de Tenerife, «se deberá a que este tiene igual procedencia; dos derivados del mismo nombre» (142). b) Todo parece indicar —argumenta Caridad Arias— que, si Guan-chinech y Guanche significan ‘el o los hijos de Chinech’, y si esta última denominación está presente en todas las islas, es porque «no se refiere a la isla de Tenerife, sino a la divinidad pan-canaria Ten o Tin,de quien esta isla recibió el nombre» (ibid.). c) La formación del gentilicio guanches sería semejante —para el citado autor (140)— a la de todos los pueblos antiguos, que se ponían bajo la protección de una divinidad, denominándose a sí mismos con el nombre de esta. De tal modo, guan significa ‘el hijo de’ y Chinech o Tinec son nombres con una terminación de genitivo,que indica la pertenencia a la divinidad;su significado sería ‘de Teno’,‘de Tino’,‘de Cheno, Chino’. La alternancia fonética [ç] / [t] se explicaría como manifestación del doble registro de la lengua guanche: uno para hombres y otro para mujeres, las cuales empleaban la variante [ç]. Caridad Arias no aclara bien si pretende relacionar con aquella divinidad Teno o Tino el nombre Arta, Ártemi, Artemis, Artimi o Aritimi, «antigua diosa madre lunar» y sus derivados. Salvo en una referencia elogiosa a Bute, este autor no cita sus fuentes; sin embargo, aunque presenta una nueva «etimología», no hace sino continuar toda una tradición de descomposición de la palabra guanche en raíces, prefijos y sufijos de la lengua indígena. Hay un punto, no obstante, en el que consideramos acertada la argumentación de este autor ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 150 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 150 151 (142): como bien dice, si la palabra guanche significara originariamente ‘uno de Tenerife’,‘hombre de Tenerife’, no sería lógica su presencia en todas las islas, como antropónimo y como topónimo. 6.13. Hasta aquí hemos dejado oír las voces de todos los que han tratado sobre la voz guanche,centradas casi todas en la búsqueda de su origen. ¿Qué conclusión general sacamos? Pues que no hay dos autores que digan lo mismo. Que cada uno buscó la etimología que mejor le cuadraba para su explicación. Pero es evidente que en una lengua no puede haber tantos étimos como para ajustarse a explicaciones tan dispares. Son éstas, etimologías conclusivas, que se hacen a posteriori, para que digan lo que cada uno quiere que digan. La «etimología» resulta así posterior al nombre evolucionado, y no al revés. Es la práctica de quienes inventan un étimo para explicar un nombre problemático y de antecedentes desconocidos, cuando no existe o se desconoce la raíz verdadera a partir de la cual se deduce el término desarrollado. Lo que se deduce de las interpretaciones que se han dado a la palabra guanche es que no hay un étimo bereber que lo explique,como expresamente reconocen Berthelot, Álvarez Rixo, Bethencourt Alfonso y, hasta cierto punto, Wölfel, que acepta en este punto la opinión de Berthelot.Todos se escudaron en lo indemostrable, invocando un tabú, el bereber, que todo lo puede explicar porque no es verificable, tanto en sentido positivo como en sentido negativo. Por consiguiente, tan sencillo y «científico» es decir uno solo de nosotros que no, que guanche no es de origen bereber, como complicado y variado fue para tantos otros decir que guanche era de origen bereber. 7. NUEVAS FUENTES SOBRE GUANCHE Y NUEVAS INTERPRETACIONES 7.1. La toponimia como fuente primaria No necesitamos insistir aquí en el valor histórico de la toponimia, pues es este, seguramente, el aspecto que con mayor asiduidad se ha reiterado en los estudios sobre toponomástica, y por parte, además, de autores de mucha autoridad científica en los distintos campos inclusos en ella, también la filología, por supuesto. Por ello, llama mucho la atención que no se haya tenido en cuenta la toponimia de las Islas en esta cuestión de guanche,siendo, desde nuestro punto de vista, tan esclarecedora y determinante. Es cierto que Álvarez Delgado y Wölfel, tal cual lo hemos anotado, registraron una media docena de topónimos con la voz Guanche procedentes de las islas de Tenerife, Gran Canaria y La Gomera, pero se limitaron a decir en cada caso ‘lugar o caserío o término de...’, sin ningún tipo de valoración, ni siquiera el comentario mínimo de que ORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 151 alguno de esos topónimos estuvieran fuera de la isla de Tenerife, con lo que ello significa 37. Nosotros, que hemos hecho del estudio de la toponimia de Canarias una dedicación prolongada e intensiva, podemos ofrecer ahora un panorama ciertamente novedoso al respecto, con registros muchísimo más numerosos que los que ofrecían los mapas militares, tenidos hasta ahora como los más autorizados de la toponimia canaria. Los registros que citamos a continuación están todos ellos comprobados con toda fiabilidad, unos recogidos personalmente y otros informados por quienes mejor conocen en la actualidad las toponimias respectivas de cada isla. De la isla de Tenerife es de la única que no tenemos información ajena a la cartografía militar, razón por la que nos basamos en sus registros, que son los siguientes: •La Guancha,pueblo y municipio de la parte norte de la isla. •La Guancha,lugar del mun. de Candelaria. •El Guanche,lugar del mun. de Buenavista del Norte. •Los Guanches,punto del mun. de La Laguna. Los registros de Gran Canaria que citamos proceden de la reciente recolección y estudio toponímico de la isla en la que nosotros mismos hemos participado (Trapero, Suárez et al.1997): •Barranquillo y Cuevas del Guanche,puntos del mun. de San Bartolomé de Tirajana. •Caidero de Guanchía,punto del mun. de Teror, secundario del topónimo siguiente. •Guanchía,pequeña localidad del mun. de Teror. •Hoya del Guanche,punto del mun. de Santa María de Guía. •La Guancha,llano del mun. de Gáldar. •La Guancha,vertiente del mun. de Firgas. •Punta, Puntón y Llano de la Guancha,puntos del mun. de San Bartolomé de Tirajana. Los de La Palma los tomamos de la excelente recolección que Carmen Díaz Alayón efectuó en aquella isla como objeto de su tesis doctoral (Díaz Alayón 1987): •Fuente del Guanche,punto de Garafía. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 152 37 Solo advierte este hecho recientemente —como señalamos más arriba— Joaquín Caridad Arias (1995: 142), quien cita 20 antropónimos y topónimos derivados de la voz guanche,procedentes de Gran Canaria, Lanzarote, La Gomera, El Hierro y Tenerife, presencia en las Islas que invalida, para este autor, el significado exclusivo de ‘hombre de Tenerife’ que ha sido atribuido a la voz guanche. 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 152 153 •Cueva de los Guanches (o Cueva de la Virgen), punto de Santa Cruz de La Palma. •Los Guanches,punto de San Antonio del Monte, mun. de Garafía. •Los Guanches,zona de La Caldera, mun. de El Paso que, a su vez, tiene otros topónimos menores: Barranco, Cueva y Fuente de los Guanches. •Los Guanches,zona de El Paso, que, a su vez, tiene un topónimo menor: Barranco de los Guanches. •Los Guanchitos,punto intermedio entre El Mudo y El Palmar, mun. de Garafía. Los registros correspondientes a la isla de El Hierro los hemos recogido personalmente, junto a otros investigadores, y los hemos publicado recientemente (Trapero, Domínguez et al.1997): •El Guanche,amplio territorio de la zona costera del noreste, mun. de Valverde. •El Guanche,línea de costa del norte, mun. de Valverde. •La Guancha,punto elevado de interior, cercano al anterior. •Punta del Guanche,punta que se introduce en el mar, topónimo secundario del segundo, mun. de Valverde. Los de Fuerteventura los tomamos de la recolección que Manuel Alvar, junto a un nutrido grupo de colaboradores, dirigió y realizó en 1972 (cuyos materiales, inéditos, nos ha confiado su autor para su estudio): •Casa del Guanche,mun. de Pájara. •Cueva de los Guanches,mun. de Antigua. •Cerca de la Cueva de los Guanches,topónimo secundario del anterior, mun. de Antigua. De los datos de Lanzarote nos ha informado Agustín Pallarés, profundo conocedor de la toponimia de su isla natal, en la que ha venido haciendo desde hace muchos años recolecciones sistemáticas y estudios parciales (cf. Pallarés 1986, en donde justamente da noticia de la presencia del topónimo Guanche en Lanzarote): •Cueva del Guanche,cueva que presenta restos guanches, en el Malpaís de La Corona, en el noreste de la isla, cerca de Órsola, mun. de Haría.Tiene, a su vez, un topónimo secundario, Hoya de la Cueva del Guanche. •Cueva de los Guanches,a más de 3 kms de la anterior, también con restos guanches, situada a unos 300 m de la famosa Cueva de los Verdes, mun. de Haría. •Las Casas de los Guanches,supuestas casas aborígenes, próximas a la anterior Cueva de los Guanches, con restos de concheros y de cerámica, mun. de Haría. ORIGEN, ETIMOLOGÍA Y SIGNIFICADO DE LA PALABRA GUANCHE 121_188 Cap II 29 3 07 20 59 Página 153 Mas cabe decir que la forma nublo no se usa en el habla popular de las Islas, al menos no se registra en ninguno de los muchos repertorios lexicográficos que existen sobre el español de Canarias, recogidos ahora todos y ordenados en el extraordinario TLEC.Ni se registra tampoco en la toponimia para la referencia del tiempo atmosférico: en Gran Canaria los adjetivos calificativos de topónimos marcados por el contenido ‘niebla’ o ‘mar de nubes’ son bruma (como Majada de la Bruma en Guía o Fuente Bruma en Gáldar), brisa (en Tejeda) y humo (término este muy usado en la toponimia grancanaria con esta referencia, como Cañada del Humo en San Nicolás de Tolentino, Degollada del Humo en Artenara y Morro del Humo en San Bartolomé de Tirajana). A más abundamiento, a la pregunta que Manuel Alvar hizo en su ALEICan (II, lám. 801, mapa 749) «¿Cómo se llama el cielo con nubes»?, las respuestas recogieron muchas variantes fonéticas, desde /nubládo/ a /nubláo/,pasando por realizaciones intermedias de debilitamiento: /nublá:do/,/nublá:o/,etc., mas ningún /núblo/.Claro está que la ausencia de la forma nublo en el habla popular de Canarias, no invalida la hipótesis de la creación española y su implantación en un topónimo concreto. Otros muchos topónimos han quedado en la geografía de las Islas, que siendo términos comunes en la toponimia de la España peninsular no se usan en el español de Canarias, como sierra, cordillera, loma, breña, nava,etc.En muchos sentidos la toponimia es un registro lingüístico histórico que queda fosilizado en esa específica función de topónimo, al margen de la evolución del léxico en la lengua común.Y nublo,como forma apocopada (del lat. NUBILUS), tiene una antigüedad registrada en el español equiparable a la de su forma positiva nublado.Corominas (BDELC) registra nublado entre 1220 y 1250, y nublo en 1335, en la estrofa 134c del Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita: Cataron dia claro para ir a caçar; desque en el monte fueron, ovose a levantar un rebatado nublo, començó a granizar e a poca de ora començó a pedrear Y nos asegura Corominas que nublo es forma repetidísima en toda la historia del español. Por lo que nada impide conjeturar que la expresión nublo pudo aplicársele directamente al roque de Gran Canaria por los primeros españoles que llegaron a la isla, sin que existiera en el habla insular, en este caso, proceso alguno de reducción fonética y léxica sobre la palabra.Vieron que había un roque eminente que se elevaba sobre las frecuentes nubes de aquellas cumbres y al comprobar que no tenía nombre guanche (o al no hacer caso de él) le pusieron el que mejor cuadraba a su condición, recuESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 256 251_262 Cap VI 29 3 07 21 05 Página 256 257 rriendo para ello al caudal léxico de su propia lengua. Roque Nublo lo llamaron. 3.2.La segunda hipótesis es la de que Nublo sea un guanchismo, adoptado como tal en la lengua de los conquistadores, sin modificación fonética alguna.Y como tal lo consideran Millares Torres (1977-1980: V,300-332), Chil y Naranjo (1876-1899: I,549), Bethencourt Alfonso (1991: I,394), Wölfel (1965: 1039) y Navarro Artiles (1981: s.v.), todos sobre la cita primera de Viera y Clavijo ya comentada. Pero Viera no dice nada respecto a que Nublo sea un guanchismo, ni hay indicio alguno en su texto que haga pensar en que él creyera que lo era.Así que los demás que le siguieron, uno tras otro, han dado por sentado que lo es sin dar argumento ni explicación alguna. En este, como en tantos otros topónimos considerados guanchismos, bien lo sean verdaderamente o solo sean «falsos guanchismos», se copian unos autores a otros, como si lo dicho por el primero fuera dogma incuestionable.Y difícilmente puede tenerse por dogma una lengua —la de los guanches— que desapareció del todo dejando solo unas cuantas palabra aisladas, sobre todo en la toponimia, sin contexto alguno, y de la que desconocemos todo o casi todo,y desde luego desconocemos su gramática y su fonética. Una lengua que se fue extinguiendo poco a poco, a raíz de la conquista, sin que los hombres de entonces mostraran ni especial atención por ella ni especiales condiciones de lingüistas por testimoniar con exactitud sobre ella. 3.3.Y cabe la tercera hipótesis, la de que Nublo sea una adaptación al español de una voz guanche preexistente. Si fuera así, ¿cuál sería —o fue— la palabra aborigen? En este supuesto, la tradición oral puede venir en ayuda de nuestra argumentación.Desde luego,la cartografía (de entre la actual toda y de entre la antigua que contenía el topónimo desde el siglo XVIII) registra siempre —y solo— Nublo,lo mismo la tradición escrita de todo tipo (letreros de carreteras, mapas turísticos, literatura, etc.) que la tradición oral (sea culta o popular), ajena y lejana a los lugares en que está el Roque Nublo. En la tradición de los habitantes del resto de la isla de Gran Canaria y de Canarias en general, queremos decir. Pero no entre los hombres y mujeres que viven a su sombra. En las minuciosas encuestas que se hicieron para la configuración del corpus toponímico de Gran Canaria (Suárez,Trapero et al.1997), entre 1989 y 1990, se demostró que los informantes más «autorizados» del lugar —los pastores y los agricultores que conocen el terreno como la palma de sus manos y saben de sus nombres como si con ellos hubiesen nacido, como así es en efecto—, los habitantes de la cuenca de Tejeda, decimos, los que tienen al Roque Nublo siempre a la vista, conocen el nombre de Nublo,por supuesto, pero ellos lo denominan siempre Roque Nuro.O,mejor, preferentemente, porque también se oyen las variantes Nugro y Nubro.De las tres formas lo hemos oído nosotros mismos a varios hombres del Carrizal de Tejeda y de Timagada,dos barrios IMPORTANCIA DE LA TRADICIÓN ORAL EN EL ESTUDIO DE LA TOPONIMIA 251_262 Cap VI 29 3 07 21 05 Página 257 totalmente aislados en aquella geografía atormentada que tienen al Nublo como vigía permanente de sus vidas. Las variantes Nubro,Nugro y Ñugro las recoge también Navarro Artiles en su Teberite (1981: s.v.), aunque sin decir nada de las fuentes de que las toma. Suponiendo que fuera Nuro la palabra guanche primitiva, la adaptación al español Nublo podría explicarse por una clarísima etimología popular. Los nuevos pobladores de la Isla oirían de los canarios aborígenes algo así como /núro/,que nada les decía en su lengua, y queriendo hacer transparente la palabra, la interpretarían como /núblo/,próximo fonéticamente a la realización guanche pero palabra motivada semánticamente con la realidad a la que designaba, el roque nublado que tenían en lo alto.Y las otras variantes Nugro y Nubro (incluso Ñugro) podrían interpretarse como realizaciones españolas intermedias y sintomáticas del proceso Nuro > Nublo,nada extrañas, por otra parte, al polimorfismo de las realizaciones canarias de las consonantes líquidas en esta posición (Almeida y Díaz Alayón 1988: 66-68 y 71-77). Pero cabe pensar que fueran Nugro o Nubro las realizaciones originales guanches (y la variante Nuro), y entonces la etimología popular del español Nublo sería más fácil de explicar aún. 4. OTRAS FORMAS ANÁLOGAS La tradición oral de la isla de Gran Canaria ha dejado también un topónimo de fonética análoga que puede apoyar esta hipótesis. Se trata del topónimo Tauro (y de su derivado Taurito,este constituido por un diminutivo español sobre una raíz léxica guanche) que denomina una amplia zona del municipio de Mogán (en el suroeste de la isla), que desde el mar a la cumbre tiene sus puntos concretos: Playa, Orilla, Barranco,Alto, Lomo, Ensillada y Montaña de Tauro.Pero lo que se oye de los hablantes tradicionales de la zona no es /táuro/sino solo /tábro/, y teniéndose este topónimo por guanchismo de manera unánime por todos los estudiosos (Wölfel da cuenta de todas estas variantes: 1996: 899 y 952-953), debe interpretarse que la tradición oral está más cercana a la forma fonética guanche que la palabra escrita. Porque,de ser así,Tauro sería solo la forma que se fijó por escrito —posiblemente por una mala audición o una mala interpretación de los que realizaron las primeras cartografías de la isla— y la que se ha impuesto ahora en la tradición general, tanto escrita como oral. Pero los hombres y mujeres del lugar siguen diciendo Tabro,lo único que han oído desde siempre de sus mayores. La hipótesis no carece de dificultades pero resulta verosímil.Claro que también cabría pensar que las dos formas que han llegado a nosotros, la escrita ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 258 251_262 Cap VI 29 3 07 21 05 Página 258 259 Tauro y la oral Tabro,son las dos variantes léxicas guanches, como puede desprenderse del gran polimorfismo de nombres de un mismo supuesto étimo que han llegado hasta la actualidad. Porque, en efecto, en la toponimia canaria, cuando no también en la lengua común, ha quedado una gran variedad de formas léxicas que deben proceder de un mismo étimo guanche y que o bien ya presentaban ese polimorfismo en las lenguas de los aborígenes o bien las diferencias se hicieron más ostensibles al adaptarse al español.Wölfel recoge en sus Monumenta las siguientes formas (simplificamos las variantes meramente ortográficas):tao, taor, tahod, taro, taoro, tauro, taodio, chaoro, tagoro, tagora, tagorer, tagorón, tagoror ytagóror;a las que cabría añadir tagor y tacorón.Pero debe señalarse que Wölfel no recoge la forma tabro que hemos oído nosotros, justamente porque las fuentes del autor austriaco fueron todas escritas. Las formas más simples, tao y taro,han quedado en el léxico funcional de Fuerteventura con el sentido de ‘construcción en forma de torre circular que se usaba para curar y conservar los quesos’ (Navarro Artiles 1981: s.v. taro).Y han quedado también en la toponimia de algunas islas en puntos geográficos concretos altos, en los que es de aplicación, por deslizamiento semántico, el sentido que tienen como apelativos.Álvarez Delgado los define como ‘torre de mensajes’, una especie de talayot o tor balear que servía incluso después de la conquista para convocar y avisar «de taro en taro»,y de poblado en poblado, extrañas invasiones o incursiones del enemigo (cit.Wölfel 1995: 651).Pues esa referencia es la que mejor define la Montaña de Tauro del suroeste de Gran Canaria, que es el punto más relevante de la zona, a partir del cual la zona entera toma el nombre de Tauro,una verdadera atalaya y lugar de un importante yacimiento arqueológico aborigen. Por lo que respecta con exclusividad a la toponimia de las Islas han quedado las siguientes formas: •Tao:localidad de Teguise (Lanzarote), punto de Erjos (Tenerife) y fuente de Tefía (Fuerteventura), con la variante Tabo. •Taro:un punto de Antigua, la Rosa del Taro (Fuerteventura). •Tajo:un barranco de Arico (Tenerife), con la variante Tajos. •Taoro:antiguo nombre del menceyato del Valle de La Orotava (Tenerife), con las variantes Taor y Tajoro (El Rosario,Tenerife). •Tahodio:barranco de la Sierra de Anaga (Tenerife), con las variantes Taodio y Tajoyo. •Taogo:punto de Haría (Lanzarote), con la variante Taozo. •Tauro:zona de Mogán (Gran Canaria), con la variante Tabro. •Taurito:zona de Mogán (Gran Canaria). IMPORTANCIA DE LA TRADICIÓN ORAL EN EL ESTUDIO DE LA TOPONIMIA 251_262 Cap VI 29 3 07 21 05 Página 259 5. PERVIVENCIA EN LA TRADICIÓN ORAL Pues la forma Nubro que —repetimos— es la más común entre los habitantes de las zonas cumbreras desde las que se divisa el Roque Nublo, curiosamente presenta la misma estructura consonántica tras el acento que Tabro, lo que nada impide explicarlo como un mismo fenómeno fonético, evolucionado a las formas españolas actuales Nublo y Tauro por un mismo proceso, respectivo, de asociación etimológica, que eso es lo que hay detrás de cualquier «etimología popular». «Cuando en una comunidad —dice Jungemann— gentes advenedizas, generalmente conquistadoras, han introducido una nueva lengua que ha desplazado a la indígena entre la población nativa, ciertas modificaciones subsiguientes de la nueva lengua se deberán en última instancia a la perduración en ella de rasgos o hábitos característicos del idioma vernáculo precedente» (1956: 17). Indicios de ese proceso de adaptación de una palabra guanche a otra española es la función que Nublo desempeña en el topónimo completo: Roque Nublo o Roque del Nublo.El supuesto guanchismo Nuro (o sus variantes) debió constituir por sí solo el topónimo y cumplir una función equiparable al sustantivo,mientras que el topónimo español se ha constituido en un sintagma en el que Nublo ha pasado a ser un adjetivo calificativo de Roque,al que se une sin elemento preposicional alguno: Roque Nublo se dice y se escribe siempre actualmente, o en todo caso El Nublo,sustantivándolo e individualizando el accidente. Pero en los documentos más antiguos no era así: en el siglo XVIII aparece Roque de Nublo en Viera (1982a: II,395), lo mismo que en el mapa de Gran Canaria de Tomás López de 1780.Y el mismo Viera en su Diccionario de Historia Natural (1982b: s.v. cumbres) cita textualmente «Roque de Nublo», poniendo Nublo en cursiva y poniéndole la preposición de,como en el mismo contexto hace con otros roques que sí tienen nombre propio, como «de Bentaiga», «de Agando» y otros. Es en el siglo XIX cuando empiezan a alternarse las denominaciones dando entrada a la fórmula preposicional más el artículo: Roque de Nublo lo llama una vez Madoz en su Diccionario (1845-1850), pero otra vez lo nombra Roque del Nublo (s.v. Tejeda,pág. 199), y una tercera simplemente El Nublo (en el mapa de Gran Canaria que inserta en su obra).Y Roque del Nublo es la denominación que se generaliza desde entonces y la que aparece en el mapa que Chil y Naranjo incluye en su obra (1876-1899: 355), junto a la forma Roque Nublo con que aparece en Verneau (1981: 186) y los ya citados Millares Torres y Bethencourt Alfonso. Así quedan aplicados al caso del Roque Nublo las «leyes» que enunciábaESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 260 251_262 Cap VI 29 3 07 21 05 Página 260 261 mos al comienzo sobre la relación geografía-lingüística. Si la tradición, tanto oral como escrita, nos hubiera dejado un solo nombre para el accidente designado, el de Nublo,nuestra interpretación del topónimo se hubiera inclinado por la primera solución, la de la «creación» léxica: Nublo sería un castellanismo impuesto por los primeros conquistadores al contemplar que nubes frecuentes ocultaban la vista de aquel roque;un topónimo, pues,transparente, semánticamente motivado, «bien bautizado», en definitiva. Pero al comprobar la persistencia en la tradición oral de la zona donde está el accidente geográfico de otras formas léxicas —Nuro, Nubro y Nugro (nosotros no hemos oído Ñugro)—, inexistentes en el español, tanto de las Islas como de la Península, creemos más verosímil la interpretación de que el topónimo Nublo es una «adaptación» al español insular de una voz guanche preexistente. Mucho más cuando existen otras formas léxicas referidas a otros accidentes geográficos cercanos al Roque Nublo —Tao, Taro, Tabro, Tauro— que tienen una explicación analógica a Nublo. La tradición oral se impone, pues, a la tradición escrita como más «verdadera», es decir, como más cercana a la verdadera naturaleza oral que tiene la toponimia. 6. NOTA FINAL Cuando ya este trabajo estaba fotocompuesto, corregido y listo para ser impreso, mi buen amigo Vicente Suárez Grimón me comunica que en documentos de escribanías del siglo XVIII,sobre repartos y herencias de propiedades de la zona de Tejeda, en las que el Roque Nublo sirve de referencia, lo normal es encontrar escrita la forma Nugro.Y así lo encontramos, en efecto, en el legajo 1507 del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas de Gran Canaria, en un documento de heredamiento, fechado el 30 de noviembre de 1706, f. 307r., firmado por el escribano Pedro Alejandro de Medina: Roquito Nugro se le llama allí. Este registro por escrito en documentos locales, más propicios a recoger con fidelidad las formas verdaderas de la toponimia, reafirma nuestra hipótesis y da autoridad documental a la tradición oral que ha pervivido en la zona hasta hoy. 7. POST SCRIPTUM Hasta aquí llegaba el texto que publiqué sobre Roque Nublo en la revista El Museo Canario,XLIX (1992-1994), 269-282, reproducido después en mi libro Para una teoría lingüística de la toponimia (Trapero 1995a: 153-166). IMPORTANCIA DE LA TRADICIÓN ORAL EN EL ESTUDIO DE LA TOPONIMIA 251_262 Cap VI 29 3 07 21 05 Página 261 Ahora, en el 2006, cuando este mismo artículo tiene una nueva oportunidad de ver la luz, se ve reforzado en todos sus planteamientos con la aparición de un nuevo texto del profesor de la Universidad de Las Palmas José Manuel Pérez Vigaray (2004) en que aporta nueva documentación escrita de los siglos XVII y XVIII del Archivo Provincial de Las Palmas en que se constatan por escrito las variantes Ñugro y Nugro.Más confirmación para la «autoridad» de la tradición oral. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 262 251_262 Cap VI 29 3 07 21 05 Página 262 VII 1. EL CONCEPTO DE «FALSO GUANCHISMO» O sé quién fue el primero que usó el sintagma «falso guanchismo» para referirse al hecho de atribuir un origen prehispánico a una voz que es plenamente hispánica, pero a fe que acertó en la calificación y que detectó con esa denominación uno de los errores que con más frecuencia se repiten en los estudios sobre el léxico guanche. Pero fue Manuel Alvar el que denunció ese proceder como el «saco sin fondo de lo prehispánico» (1993: 130) al que se mete toda palabra de dudosa etimología. El proceder generalizado en este caso ha sido el siguiente: Si una palabra registrada en las hablas canarias no tenía una etimología conocida y explicable, si no estaba en el diccionario de la Academia, era, sin remisión, un guanchismo. En varias ocasiones nos hemos referido a estos falsos guanchismos, especialmente en el campo de la toponimia canaria, y hemos puesto de relieve el número tan considerable de ellos que aparecen en cualquiera de las listas que se considere, y muy especialmente en las que han sido elaboradas por autores extranjeros, estos por un defectuoso conocimiento del español. Nadie está libre de incurrir en este error. Hasta un filólogo de tanta altura como Gerhard Rohlfs (1954) cometió alguno al tratar una pequeña lista de nombres guanches,como le hizo constar en una reseña crítica Pérez Vidal (1967). Por ello ha de procederse en este asunto con mucha cautela, como advierte el propio Pérez Vidal, teniendo en cuenta «las copiosas trasplantaciones léxicas que se han hecho desde la Península, desde África y desde América a las islas en tiempos históricos» (ibid.: 249), pero además, y de manera muy especial, la configuración interna que ha tenido el léxico canario mediante los tres procedimientos determinados por Manuel Alvar (1993d) y que a la postre dan como resultado los llamados canarismos:las voces de uso específico y peculiar que se usan en las hablas de las Islas Canarias. SAO,UN FALSO GUANCHISMO 263_270 Cap VII 29 3 07 21 06 Página 263 Para ilustrar este fenómeno de los falsos guanchismos nos proponemos estudiar el caso del término sao,común al menos, según el DDEC,en las hablas de Gran Canaria, La Gomera, La Palma y Tenerife.Y especialmente en el dominio de la toponimia de Gran Canaria,en la que este término aparece de manera muy abundante, a diferencia del resto de las islas. 2. GEOGRAFÍA Y LINGÜÍSTICA Además, el caso del topónimo El Sao en Gran Canaria es un buen ejemplo para mostrar las mil y tantas dificultades de las que está llena la toponimia y la necesidad que se tiene de conocer la geografía para poder concluir con un poco de coherencia respecto al sentido que ese topónimo concreto tiene en el lugar al que se aplica el nombre. Si nos atenemos a la definición del DRAE,diremos que sao es un americanismo, más concretamente un cubanismo, definido como ‘una sabana pequeña con algunos matorrales o grupos de árboles’.Y si al VOX,también como americanismo:‘pequeña arboleda como un islote, en medio de una sabana’.Y, en efecto, los cubanos Leo Waibel y Ricardo Herrera en un estudio sobre La toponimia en el paisaje cubano (1984) dicen que la isla entera está llena de Saos, como «pequeños bosques o maniguas aislados en medio de una sabana», que constituyen lo que Pichardo llamó «los oasis de Cuba».Y añaden que en ellos «la vegetación principal está compuesta de palmas como el yarey y la palma cana, y un árbol de madera dura, el guayacán (Guaiacum officinale)». Y terminan diciendo que sao es un término aborigen (1984: 11). Siendo muy cierta la histórica e intensa relación de las Islas Canarias con Cuba, y por lo demás bien conocida, no extrañará que alguien, desde Canarias, haya interpretado que los Saos de la toponimia de Canarias sean de procedencia cubana.Así lo hace Sergio Sánchez Rivero en uno de sus acostumbrados artículos sobre los pueblos y parajes más recónditos de Gran Canaria, en este caso sobre la localidad El Sao del Sur (Arguineguín, mun. Mogán) 1.Asegura el periodista que el topónimo «es término originario de Cuba, con el que se denominan las praderas abundantes de árboles —hasta aquí reproduce el sentido del Diccionario académico, pero añade de su cosecha para acomodarlo a la geografía de Gran Canaria lo siguiente— por una parte, y de matos y maleza por otra». Pero ocurre que en Canarias no hay praderas, y menos llanuras que puedan alcanzar el calificativo de sabanas.Y, sin embargo, sí hay muchos Saos.Solo en la toponimia menor de Gran Canaria lo hemos registrado 30 veces. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 264 1La Provincia,Las Palmas de Gran Canaria, 28 de noviembre de 1992. 263_270 Cap VII 29 3 07 21 06 Página 264 265 Otra explicación bien diferente dan los hombres de los lugares llamados Saos.Así, Juan Cazorla García, de El Sao del Sur, que fue interrogado por el mismo Sánchez Rivero, dice: «Aquí antes había unos matos silvestres que se llamaban saos,y de ahí se decía que venía el nombre». «Antes había» y «se decía», dos respuestas populares bien características y comunes de dar razón de los nombres de las cosas antiguas, porque ya en la actualidad los matos han desaparecido y de su nombre ya nadie se acuerda. Etimológicamente, el puro nombre canario sao podría explicarse también como portuguesismo, con el significado de ‘santo’ (por ejemplo Sao Paulo), y con no menos razones de la influencia de los portuguesismos en Canarias que de los americanismos. Pero los lugares llamados Saos en Canarias no tienen ningún atisbo de relacionarse o estar debidos a santo alguno. Juan Álvarez Delgado (1949), que estudió el topónimo El Sao,en la cabecera del Valle de Agaete, descartó las posibles etimologías de salto que otros autores (Juan del Río Ayala, en este caso) le habían atribuido porque «el barranco [allí] ha salvado un gran salto» —decían—. Igualmente descarta la posible procedencia del portugués sao,«pues nada recuerda por allí a ‘santo’ o ‘santuario’». Y lo mismo la etimología salud,«si cabe relacionarlo con las aguas y balneario de los Berrazales, por estar El Sao por encima y fuera del sector a aquellas aguas curativas».Y, por último, descarta también la procedencia de sauce,porque este «es nombre español que se conserva en el habla usual y en la toponimia de Canarias, y no pudo, aun con el seseo canario, dar origen a záuz, záus, sáuz o sáus,ni menos El Sao actual de Agaete», concluye el investigador tinerfeño. ¿Entonces de dónde procede esta dichosa palabra? Para quien conozca la trayectoria investigadora del Dr.Álvarez Delgado no le será difícil imaginar cual es su propuesta: conforme a su tendencia casi general de hacer guanchismos a todas aquellas palabras que no tienen una etimología bien definida (y aún a las que sí las tienen), en el caso de El Sao «no deja duda razonable sobre el indigenismo del topónimo» (1949: 35), sentencia.Todo indica —explica Álvarez Delgado— que ese término es la conservación ligeramente alterado su final [...] de un indígena Zaus, Zauz o Saus «que hasta el siglo pasado debió comprenderse así en dos municipios de la Isla de Gran Canaria: Mogán y Agaete» (ibid.: 34). 3. BOTÁNICA Y TOPONIMIA La botánica nos dice que en las Islas Canarias se llama sao al Salix canariensis,que es un endemismo macaronésico (propio de Canarias y Madeira) (Kunkel 1974: vol. I,lám. 7). Nuestro gran historiador y no menos gran naturaSAO,UN FALSO GUANCHISMO 263_270 Cap VII 29 3 07 21 06 Página 265 de hispanización, poco más de un tercio de lo que fue el período guanche, la isla de El Hierro se distingue también netamente de la demás Islas, entre otras muchas cosas, en la lengua, con una modalidad dialectal que hace del herreño «el mejor hablante del castellano de Canarias», según expresión común y generalizada, incluso entre los especialistas. Son pocos los pueblos que, como el herreño (y el canario, en general), tienen tan cercana la prehistoria a su mundo actual. En las Islas Canarias el límite entre un tiempo y otro lo marca la llegada de los europeos, a lo largo del siglo XIV:antes, la prehistoria; después, la historia. Pero si hubo entonces un repentino choque de culturas (un pueblo que vivía en el Neolítico con otro que estaba inmerso en el Renacimiento),hubo también después una mixtura de los dos pueblos y una influencia recíproca de sus dos culturas. Quienes afirman que después de la conquista castellana los bimbapes naturales (como los guanches del resto de las islas) se extinguieron, no tienen en cuenta que muchas de las costumbres de los primitivos siguieron practicándose sin apenas modificación hasta los tiempos más recientes. ¡Que se lo pregunten a los pastores más viejos que aún quedan en El Hierro, de El Pinar, de Sabinosa, de San Andrés! El pastoreo, por encima de cualquier otra actividad, aunque no sea la única que ha continuado la vida guanche. Hasta han conservado, en parte, el léxico de los bimbapes en una medida asombrosa. A las ovejas y cabras las siguen distinguiendo, según los colores, con nombres mayoritariamente guanches,como firanca, cómbaca, ómana, jórana, mástuca o ambracásaca;ellos mismos, los pastores, cuando permanecen en La Dehesa, viven en juaclos, como vivieron los bimbapes; como los primitivos, han usado hasta hoy los majos como calzado, y a su mochila la han seguido llamado cairano;los pastores de hoy han seguido vigilando sus rebaños desde las mismas goronas que construyeron sus antepasados bimbapes;algunos de sus ganados siguen siendo guaniles,es decir, viven sueltos, como los de los guanches; muchas de las plantas que comen sus animales siguen conservando los nombres que les dieron los naturales de la isla: tabaiba, calcosa, chirimina, tagasaste, sórame, julan; etcétera. ¡Y qué decir de los innumerables topónimos que hacen de El Hierro una isla enigmática, plagada de nombres de exótica fonética: Timbaromos, Guarasoca, Tajuntanta, Betenama, Timijiraque, Tenesedra, Asánaque, Tésera, Mencáfete, Bérote, Tembárgena, Tamájesa, Itámote, Ícota...! Muchas veces, cuando se escucha a los herreños nombrar los lugares de su isla, le parece a uno estar oyendo a gentes que hablan dos lenguas, como así es, en efecto, en el terreno de la toponimia. Y no solo en la toponimia. En muchos aspectos, en la isla de El Hierro, sobre todo en el ámbito pastoril, no hubo una frontera nítida entre la prehistoria de los guanches naturales y la historia de los castellanos ocupadores.Conquistada la isla —mejor sería decir «ocupada» la isla en algunas de sus partes ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 272 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 272 273 por la primera expedición bethencouriana—, la «españolización» de los naturales fue una obra lenta, de siglos, y no momentánea y definitiva: una tarea que se realizó paulatinamente y sin ruido de armas —hablamos de la isla de El Hierro,no de otras islas—,a base de lo que se llama modernamente transculturización. No se explicaría de otra forma la pervivencia de las formas de vida de los pastores,el léxico que hemos comentado y, sobre todo, el «tipo humano» guanche que, según René Verneau (1981: 270-279), pervivía en la isla de El Hierro con los caracteres más señalados en los finales del siglo XIX,cuando el antropólogo francés realizó su viaje por las islas. «Sólidos, duros al mal y a la fatiga, sobrios y laboriosos» son los hombres de El Hierro, al decir de Verneau, pero, al mismo tiempo, «caritativos y hospitalarios, a pesar de su miseria» (ibid.: 273). Estas cualidades de los herreños se han hecho proverbiales, sin duda por imposición de la tierra en la que han tenido que vivir, que ofrece tan poco, pero también por la continuidad de la noble raza aborigen. Son criados muy honrados, dirá de ellos Urtusáustegui en el siglo XVIII,incansables en el trabajo, «sin comparación más que en ninguna otra parte».Y dirá más: «Ningunos otros tienen más amor a su Patria», de tal manera que cuando se hallan lejos de ella, «claman incesantemente por verla, que ellos llaman tener deseo» (1983: 64).Los herreños —concluye Viera y Clavijo— «son como su propio país: duros, sanos y fecundos.Tienen los cuerpos bien fornidos, son blancos y rubios por lo común, frugales, sobrios, laboriosos y de natural compasivo» (1982: II, 99). No se trata de comparar, y menos de desmerecer a los demás isleños, pero algo habrá de verdad sobresaliente cuando a todos llaman tanto la atención las virtudes de los herreños. Y puesto que la isla ha vivido prácticamente incoUN EJEMPLO DE BILINGÜISMO EN EL ESPAÑOL DE CANARIAS Unos majos de un pastor herreño efectivamente usados (foto del autor). Domingo González y Manuel Padrón (de Las Casas), éste nuestro principal informante sobre ovejas. 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 273 municada a lo largo de su historia, y que no hubo ruptura sino continuidad con los bimbapes, a la propia isla y a sus pobladores naturales habrá que asignar tal condición. «Se cree —dice en una reflexión poética Urtusáustegui— que esta Isla era la feliz habitación de la simplicidad e inocencia en otros tiempos» (1983: 64). 2. LAS MARCAS DEL GANADO Y LOS NOMBRES DE COLOR DE CABRAS Y OVEJAS: SUPERVIVENCIA DE UNA COSTUMBRE GUANCHE E IMPLANTACIÓN DE UNA COSTUMBRE ESPAÑOLA Ha habido dos opiniones contrapuestas sobre las costumbres conservadas en ciertas islas en torno a los nombres del color del ganado (especialmente de cabras y ovejas) y de los cortes que se les da en las orejas como signo de propiedad. Por una parte, los que creen que es de origen exclusivamente guanche (por ejemplo, Navarro Artiles 1989: 342), y los que creen que fue costumbre implantada por la colonización castellano-normanda (por ejemplo, Galván Tudela 1997: 67). Nosotros creemos que confluyeron en Canarias dos tradiciones paralelas, como demuestra el léxico correspondiente a esas dos manifestaciones pastoriles y las prácticas mismas que aún siguen vigentes en varias islas. Por lo que al léxico se refiere, que es el único testimonio fidedigno al que podemos agarrarnos para tratar de estas cuestiones, puesto que la documentación historiográfica no dice lo suficiente al respecto, la tradición actual ha conservado palabras de origen guanche y palabras de origen hispánico (aunque, como luego precisaremos, en muy distinta proporción, y no de una manera uniforme en todas las islas), tanto para una (los nombres de colores) como para la otra (los nombres de marcas) de las dos tradiciones canarias. De donde se deduce que esas dos prácticas deben pertenecer a unos usos universales. O quizás que se reduzcan al ámbito de los pueblos del norte de África anteriores a la invasión árabe, es decir, a los bereberes. En este caso, podría conjeturarse que estos trajeran esas dos costumbres directamente a las Islas Canarias en el momento de poblarlas, y naturalmente con sus correspondientes nombres bereberes, mientras que a la Península Ibérica las llevaran los árabes (o toda clase de «moros»: almohades, almorávides, benimerines, bereberes, etc. que participaron en la invasión), cuya terminología árabe (o arabizada) se españolizó.Así que, conquistadas las Islas por los españoles, y encontrándose que también los guanches tenían la costumbre de marcar a sus ganados y de denominarlos por los colores de su pelaje, se debió producir una fusión de ambas tradiciones, española y guanche, tanto por lo que se refiere a los tipos de marcas como a las denominaciones de estas y del color ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 274 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 274 275 del ganado. La primacía de una u otra tradición, es decir, la pervivencia de los usos (y lengua) guanches o la imposición de los usos (y terminología) españoles, debió resultar de la superioridad numérica de quienes se dedicaron después de la conquista al pastoreo, o del prestigio lingüístico (aquí se puede hablar propiamente de sociolingüística) que impuso la nueva autoridad establecida. Las dos prácticas se conocen en todas las islas, pero solo en las más pastoriles (Fuerteventura, El Hierro y Gran Canaria, sobre todo) han pervivido términos guanches referidos al ámbito del pastoreo de cabras y ovejas. Mas en ninguna como en El Hierro han quedado tantos, pues allí son incluso más —y desde luego mucho más llamativos— los términos guanches que los iberorrománicos. Aunque también hay que decir, que en El Hierro la proporción es mucho mayor en el campo léxico de los colores que en el de las marcas del ganado. ¿Por qué en El Hierro han quedado tantos nombres guanches referidos al color y tan pocos a las marcas,siendo que esos dos usos venían unidos y vivieron siempre juntos en unos mismos ámbitos pastoriles? Establecidos los primeros contactos lingüísticos entre los bimbapes y los castellanos, ¿podría suponerse que unos mismos hablantes —los pastores de El Hierro— eligieran el sistema de denominaciones de color de una lengua —el guanche— y el de las marcas de la otra lengua —el español—? Ni parece probable, ni es ese el funcionamiento ordinario de dos lenguas que entran en contacto, el que elijan sistemas léxicos diferentes para asuntos diferentes; más bien lo que resulta es una fusión indeterminada de elementos léxicos de una lengua y de otra en proporción al número de hablantes del sector correspondiente o de la preponderancia en él de determinados hablantes.Y lo que debió ocurrir en El Hierro es que se siguió denominando con nombres guanches a los colores del ganado, porque guanches siguieron siendo los pastores en aquella isla. ¿Y por qué no se siguió llamando con términos guanches las marcas de cabras y ovejas? Pues posiblemente porque nunca los tuvieron, es decir, porque no fuera costumbre entre los guanches el hecho de tener tantas marcas como luego empezaron a tener los colonos españoles. Decimos que no tuvieran tantas,no que no tuvieran ninguna, como a continuación razonaremos.Y es lógico que no tuvieran tantas. Porque las marcas del ganado cumplen una función única y principal, la de ser un signo de propiedad (Galván Tudela 1997: 69): mientras más propietarios haya en una isla (o en una zona particular de una isla, que no tenga contacto con otras zonas), mayor tendrá que ser el número de marcas del ganado, puesto que ninguna puede ser igual a otra. En el magnífico trabajo que Navarro Artiles llevó a cabo sobre las marcas de cabras en Fuerteventura (1989), centrado en la zona de UN EJEMPLO DE BILINGÜISMO EN EL ESPAÑOL DE CANARIAS 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 275 Los Lajares (mun. La Oliva), logró reconocer 18 «golpes» (cortes en las orejas, que indican a la familia a la que pertenece el animal) y 6 «diferencias» (cortes en el hocico, que informan del miembro de la familia que es su dueño), es decir, 24 «marcas» simples, pero que al combinarse pueden llegar hasta un número imposible de determinar en teoría. En la práctica, no es necesario hacer tantas combinaciones: un pastor le confesó a Navarro Artiles que con 500 marcas bastaría para identificar todos los ganados de Fuerteventura. ¡Pero 500 marcas son muchísimas! ¡Cómo tendrían que quedar las orejas de los pobres cabritos para que en ellas quedaran señaladas las marcas que pudieran distinguirlos de las de los otros 499 rebaños! La propiedad del ganado, en un régimen pastoril «de suelta» controlada, como el que se ha practicado siempre en Fuerteventura y en El Hierro, exigía esa costumbre de las marcas. Pero si la propiedad era comunal —una única en toda la isla (o en toda una zona)—, ¿para qué marcar al ganado? Todas las Crónicas de la conquista de Canarias y las Historias más antiguas son coincidentes en afirmar el hecho de que los guanches de todas las islas no conocían la propiedad privada, en todo caso había un reparto de tierras en cada cosecha,según dice Gómez Escudero (Morales Padrón 1978:436),siendo las únicas rencillas entre ellos por causa de los pastos, según afirma Abreu Galindo (1977: 170). Pero alguna marca sí que debieron practicar los aborígenes canarios a sus ganados, pues algún nombre guanche ha pervivido entre los pastores actuales con esa referencia inequívoca, como es el caso de teberite en Fuerteventura y chibirito en El Hierro.Y además ha quedado el nombre guanil,que algo nos puede ilustrar al respecto, pues nombra a los animales sin marca y, por tanto, sin dueño. En Pérez de Cabitos se dice: «en las yslas de Lançarote e Fuerteventura e el Ferro se crían algunos ganados syn señal que es llamado segund nombre de la tierra Guanire» (1990: 151). Otra razón podría argüirse: la de que los ganados tuvieran preferentemente pastores bimbapes —o descendientes de bimbapes— y que, sin embargo, los propietarios de esos ganados fueran ya colonos españoles afincados en la isla. Eso explicaría los nombres castellanos de las marcas, que son signos de propiedad, y los nombres guanches de los colores, que son denominaciones de reconocimiento funcional, cotidiano. Otra declaración de principios hay que hacer.Tanto los nombres de los colores como, sobre todo, los de las marcas se atribuyen en Canarias, si no con exclusividad, sí con absoluta prioridad a las cabras, hasta el punto de que la mayoría de los trabajos que han tratado de estos asuntos empiezan por delimitar en el título el ámbito «de las cabras» al que se van a referir. Pues en El Hierro ocurre justamente al revés: las marcas son idénticas para ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 276 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 276 277 los dos tipos de ganado, pero los colores tienen sus particulares sistemas, y desde luego es mucho más rico y mucho más interesante el de las ovejas. La razón viene determinada por el hecho de que las ovejas han sido siempre el tipo de ganado predominante en El Hierro, al revés que en el resto del archipiélago, sobre todo en Fuerteventura. En Fuerteventura —nos dice Navarro Artiles (1989: 325)— se llama ganado a un hato compuesto fundamentalmente por cabras (si en él hay algunas ovejas es puro accidente); en El Hierro,por el contrario,el ganado es esencialmente de ovejas, con alguna que otra cabra. 3. ANTECEDENTES 3.1. Estudios canarios anteriores Es tema tan curioso este de las denominaciones de color y de las marcas del ganado, y es de tanto interés lingüístico y lexicológico, que la bibliografía específica sobre él empieza a ser ya ciertamente abundante, al menos por lo que se refiere al ámbito de Canarias. Distinguiremos aquí cuatro tipos de estudios: a) Los referidos en general a todo el archipiélago, y con atención igual a todo el léxico (sin distinguir guanchismos de hispanismos). Dos destacamos en este apartado: el magnífico y pionero estudio de Pérez Vidal (1963) referido a toda la ganadería canaria y tanto a los aspectos léxicos como a los etnográficos, dentro del cual dedica un amplio apartado al comentario de los nombres de cabras y ovejas de El Hierro (sobre la base de los estudios de Armas Ayala 1944, Álvarez Delgado 1945-1946 y Rohlfs 1954),y el léxico recogido por Alvar en su ALEICan (vol. I,«Ganadería», mapas 329-389), posteriormente analizado por García Mouton (1991). b) Los referidos a una isla en particular o a una zona particular de una isla, también sin distinción de origen léxico: los de Navarro Artiles (1989, este referido a las marcas del ganado,y 1990) y de Morera (1991:117-146 y 147152), referidos a Fuerteventura; el de Almeida (1990: 184-191) referido a Gran Canaria, y el de Barrios Rodríguez (1998: 141-142) referido a La Guancha de Tenerife. c) Los referidos a todo el archipiélago en general, pero al léxico guanche en particular: el más amplio de todos, de Bethencourt Alfonso (1991:276-280), el ya comentado de Rohlfs y la breve consideración al respecto de Díaz Alayón (1991: 110-111). d) Y los referidos específicamente a la isla de El Hierro, tanto sea los que no hacen distinción del origen del léxico como los centrados exclusivamente UN EJEMPLO DE BILINGÜISMO EN EL ESPAÑOL DE CANARIAS 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 277 en los guanchismos: los de Aguere (1940),Armas Ayala (1944: 53), Álvarez Delgado (1946: 161-164 y 282-283), Álvarez Cruz (1995), Barrera Álamo (1985), García Mouton (1991), Galván Tudela (1997: 66-89) y el inédito de Ramos, que no conocemos más que a través del resumen que de él hace Morera (1991: 141-145) 2. 3.2. Estudios ajenos a Canarias Muchos menos son (de entre los conocidos por nosotros) los estudios de tipo lexicológico referidos al color y marcas del ganado fuera del ámbito de Canarias. Por lo que se refiere a España, destacamos el de Cortés Vázquez (1996) sobre el ganado de pastoreo en Berrocal de Huebra (Salamanca), y el de Álvarez García (1993) sobre el vocabulario de colores de cabras en Las Navas de la Concepción (Sevilla).Y por lo que se refiere a Hispanoamérica, el de Malabia (1981) sobre el léxico de colores del caballo en el sureste de Uruguay. 1.Las «marcas» del ganado (determinados cortes en las orejas), como decimos, no fueron exclusivas guanches; se han practicado también, al menos, en el occidente peninsular. Luis Cortés (1996) da noticia extensa de esta costumbre en Berrocal de Huebra (Salamanca), reproduciendo gráficamente todos los tipos de cortes, con sus nombres respectivos. Estos cortes en las orejas de Berrocal de Huebra se corresponden, más o menos, con los tipos de marcas de El Hierro, dados a conocer también gráficamente por Armas Ayala (1944: 54-55), incluso los nombres que cada una de esas marcas reciben.Así, de los once tipos de cortes base, con sus once nombres respectivos,que cita Armas Ayala para El Hierro,podemos hacer las siguientes correspondencias con Berrocal de Huebra: a) En siete casos coinciden exactamente los tipos de cortes y sus nombres respectivos, en algunos casos con alguna variación de fonética dialectal: ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 278 2Pero en este resumen se advierte una visión muy parcial del léxico realmente utilizado por los pastores del Hierro, y además con algunos nombres y algunas descripciones que no se corresponden en absoluto con los recogidos por nosotros. En este resumen, Ramos distingue seis tipos de nombres según sea la localización de manchas en el cuerpo de las cabras: a) ‘en la cabeza’: careta ‘en la cara’, frontina ‘en toda la frente’ y estrellada ‘en lo alto de la frente’, b) ‘en el lomo’: gamita ‘de color claro’ y ramira (en Isora) o rubana (en El Pinar) ‘de color oscuro o bermejo’, c) ‘en el tronco’: bragada ‘en medio del tronco’ y tajarrona ‘en la trasera del tronco’, d) ‘en el bajo vientre’: firanca, e) ‘en las ubres’: blandesa ‘de ubres blancas o rosadas’, y f) ‘en el rabo’: florida. 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 278 279 b) En dos casos coinciden el tipo de corte, pero no el nombre que reciben: UN EJEMPLO DE BILINGÜISMO EN EL ESPAÑOL DE CANARIAS El Hierro agujero bujero esgarrao despuntado golpe hendido horqueta puerta Berrocal de Huebra bujero o buraco agujero rasgado espuntao golpe hendido horca puerta El Hierro bocado chivirito Berrocal de Huebra muescla cercillo c) Dos casos de cortes y nombres de El Hierro, agusada / abusada ycuchillada,no tienen correspondencia en Berrocal; d) Cuatro nombres de Berrocal no tienen correspondencia en El Hierro: ahigarao, escobao, lengua de pájaro y orijano. Marcas en las orejas en las ovejas herreñas (Armas Ayala 1944: 54-55). 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 279 •En cabras: blanca, negra, jabonera, gateá, zorra, albardoná, colorá y cárdena o cardosa. •En vacas: morucha, negra, jarda, pinta, lomirroja, jabonera, colorá, gijona, roja, dorá, bardina, remendá, cana, nevá, salina, careta, estrellá, alijará, picalzá, calzona y bragá. Por su parte, Manuel Álvarez García nos da cuenta del muy nutrido grupo de nombres de color que se usan en Las Navas de la Concepción (Sevilla) para las cabras, divididos en dos subsistemas léxicos: a) De un solo color: azuleja, blanca, canela, cárdena, castaña, colorada, encerada, negra, retinta y rubia. b) De varios colores:barcina, berrenda, bragada, calzadita, capirota, careta, cinchada, culiblanca, estornina, florida, jirona, lorita, llorona, manialba, marquesina, mohína, naranjita, patialba, pinta, romera y urraca o burraca. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 280 Marcas en las orejas en Berrocal de Huebra (Cortés Vázquez 1996: 153). 3Galván Tudela (1997: 75-76) aporta otro corte con el nombre de jiga que no aparece en la relación de Armas Ayala, pero no es guanchismo, como diremos en su lugar. e) De todos los nombres de marcas del ganado de El Hierro, solamente uno es de origen guanche: chibirito 3. 2. Por lo que respecta a los nombres de color del ganado en Berrocal de Huebra (Luis Cortés da también cuenta de las vacas), estos resultan muy pobres en comparación a los que existen en El Hierro para cabras y ovejas, pero muy ricos por lo que se refiere a los de las vacas, justamente porque, al revés que en El Hierro, el ganado predominante allí es el vacuno y mucho más escaso el ovino y el caprino. Con todo, en estas relaciones aparecen muchos de los nombres hispanos que se usan también en El Hierro: •En ovejas: blanca, negra, jarda, rabiblanca, coroná, careta, parda, albarina, morata, zorra y picalzá. 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 280 281 3.3. Nuestras encuestas en El Hierro Si decidimos afrontar también nosotros esta parcela del léxico herreño es porque ninguno de los estudios citados anteriormente nos satisfacía: unos por demasiado parciales en cuanto al léxico recogido (algunos meramente anecdóticos),otros por lo muy deficientes que son en la definición de los términos, y porque ninguno abordaba el léxico en su integridad (guanchismos e hispanismos) y menos en la consideración de la estructura léxico-semántica que representan, verdadero objetivo de todo estudio lexicológico científico y moderno.Además, puestos en comparación los estudios anteriores, sobre todo en lo que se refiere a las descripciones de los colores, resultaban absolutamente indescifrables, o mejor aún, un verdadero mosaico multicolor para cada uno de los nombres, como si cada estudioso hubiera visto cosas distintas, un auténtico galimatías de definiciones, en donde la coincidencia es una pura casualidad. Por ejemplo, las ovejas de color firanque,que es un color simple y base de una multitud de posibles combinaciones,fue definido por Bethencourt Alfonso como ‘de color gris o azulado’; por Armas Ayala como ‘caneloso oscuro’; por Álvarez Delgado como ‘de color gris o revuelto de blanco y negro’; Rohlfs dice que es ‘de color gris oscuro’; Alvar, ‘que tira a negro’ y Barrera Álamo (que copia a Armas Ayala), que ‘de color caneloso oscuro’. Para ello, hicimos nuestras propias encuestas, partiendo de cero, entre los pastores de cabras y ovejas de la isla, especialmente en las localidades de El Pinar, Las Casas e Isora. En El Pinar (también llamado Taibique) fueron nuestros informantes 4: •Fernando Gutiérrez Quintero, de 82 años, pastor de cabras y ovejas, retirado. •Severino Quintero Hernández, de 60 años, pastor de cabras, en activo. •Cristóbal Quintero Hernández, de 71 años, pastor de cabras, retirado. •Juan Quintero González, 60 años, pastor de cabras y ovejas, en activo. •Enrique Pérez Hernández, 58 años, pastor de cabras y ovejas, en activo. En Las Casas: •Manuel Padrón Montero, «Manolo Cachorra», de 55 años, pastor de ovejas, en activo. •Domingo González Machín, «Domingo Machina», de 59 años, pastor de ovejas, en activo. En Isora: •Juan Padrón Morales, de 74 años, pastor de cabras y ovejas, retirado. Las encuestas sobre el léxico pastoril, las iniciamos en 1992, al principio esporádicamente, sin sistematicidad, buscando simplemente nombres «disUN EJEMPLO DE BILINGÜISMO EN EL ESPAÑOL DE CANARIAS 4Las encuestas, sobre este asunto, se han extendido entre 1995 y 1998. Los datos referidos a la edad de cada informante se corresponden con el año 1995. 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 281 Bragada / Bregada:‘cabra que tiene una franja en la parte trasera (o en la barriga) de distinto color al resto del cuerpo’.Voz reservada en exclusiva para las cabras. Álvarez Delgado dice bragada (por la faja de otro color que tiene en la barriga). Es voz común al español general. El DRAE lo aplica especialmente al buey (y a otros animales) «que tienen la bragadura de diferente color que lo demás del cuerpo». En Canarias es término aplicado al ganado vacuno y ovino, en el mismo sentido que en el español general, pero, además, se usa mucho con el sentido de ‘hombre valiente, sin miedo, un poco matón’ (TLEC), conforme a la acepción 3.ª del DRAE,fig. y fam., «aplícase a la persona de resolución enérgica y fuerte». Careta:‘cabra u oveja que tiene la cara de distinto color al resto del cuerpo’.Aunque también puede darse entre las ovejas, este tipo es más propio de las cabras. Galván Tudela (1997: 82) dice impropiamente ‘blanca con la cara negra’. Es voz de uso común en el español de Canarias y en el español general para toda clase de animales con la misma definición que damos nosotros. Chocalla:‘oveja cuyo color predominante y uniforme del cuerpo es el bermejo amastucado’ u ‘oveja bermeja con pintas mástucas’. Es nombre que solo recogieron Álvarez Delgado, como ‘oveja bermeja oscura con pintas blancas’, y Rohlfs como ‘oveja de color ceniza con cabeza blanca’. Quien tenga que deducir el tipo de oveja herreña llamada chocalla por las descripciones anteriores de su color, se imaginará tres tipos de ovejas distintas.Y es que —lo repetimos de nuevo— la realidad cromática es tan resbaladiza que desborda siempre los límites «discretos» en los que una palabra quiere atraparla, mucho más cuando se usan términos definidores distintos por cada autor. Su etimología es discutible. Existe la voz chocallo,como dialectalismo occidental (leonesismo y portuguesismo), con el significado de ‘cencerro’ (DRAE).Y de ella derivadas, se usan en Canarias las voces chocallar,con el valor ‘entrechocar dos objetos produciendo ruido’, chocallería ‘divulgar secretos’ y chocallero ‘chismoso’ (registradas en Tenerife, La Palma y Lanzarote, según el DDEC),aparte la voz chocalla aplicada al color de las ovejas,exclusiva de El Hierro. Chocan la forma y el significado que la voz tiene en El Hierro, tan precisos e inequívocos, frente a los otros usos del leonés y del resto del archipiélago;pero es difícil postular un étimo guanche a la vista de la forma hispana. Cogoteja (ver Rebosada):‘oveja con la parte delantera negra y la parte trasera blanca’. Exclusiva de las ovejas, y solo en esta disposición: Manuel Padrón dice que no ha visto nunca ovejas con la combinación de color al revés. ESTUDIOS SOBRE EL GUANCHE 288 271_314 Cap VIII 29 3 07 21 08 Página 288 [Document text truncated for crawler view.]