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Análisis funcional de los instrumentos líticos tallados

Rodríguez Rodríguez, Amelia

Abstract

Colección: Arqueología. Monografías ; 21

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¡¡jRQUEOLOGÍA MONOGRAFÍAS IACUEVADEEL 10RO (SIFRRADEFL IDRCA4 .ANIFQJFRA-MÁIAGA) lN MODFIO DE OCIJD\(]ÓN GANADFRA EN EL 1ERRIIDmO AND.AII1Z ENIRE EL VIYil Mil.ENIOS A.N.F.. D.inm Martín Soc6 MªDolo r".!.~-•!_._M • ft5~3Bfll Pedro Goimílez Qüntim Equi¡x> (por oitlen alfubétim): R Buxó i Cafxlevila P.~M& E. 01ávez.Álvarez J. e Echallier A Goñi Qµinteiro ]. M Guijo Mauri MMañCNt E. Moreno.Alomo T. Orozro Kohler MAPaz Mª O. RodríguezArUa A dd C Rodríguez Rodríguez MTtWl J.Waoon C.Olaboración en Ilt.Nración ~ P. P1aza Moreno CONSEJERÍA DE QJIJURA Cootdinación de la edición: Dirección General de Bienes Gtlnrrales. Setvicio de Investigación y Difusión del Patrimonio Históriw. Gestión de la producción y distribución romercial: Empresa Pública de Gestión de Programas Culnrrales. Área de Programas de Cooperación Gtlrural y de Difusión e Instituciones del Patrimonio Históriro. Distribución institucional e intercambio: Viceconsejería de Cultura. Setvicio de Estudios y Publicaciones. Edita: JUNTA DEANDALUCfA C.Onsejería de Cultura.. ©de la edición: JUNTA DE ANDALUcfA C.Onsejería de Gtltura.. © de los textos y fotos: sus autores. ISBN: 8+8266-471-9 Dep<Sfilto Legal: SE-977-2004 Impresión: Egondi Artes Gráficas, SA ÍNDICE PREÁl\ml.JID ................................................................................................................................................................... 5 l. IAINV.ESIIGAOÓN SOBREIOS INIOOS DEIAPRODUCXlÓN :EN' .AND..AI.UdA. ................................................................................................................................................... 9 D Martín~ Mª D. Cdmalich MaJsieu, P. Gonz:dlez Qµintero 2 OB~G'ENmAI..}SDaPROYFCIO ..................................................................................... 19 D Martín~ Mª D. Gímalich Massietl. P. Gonz:dlez Qµintero 3. MIDIO F'.ÍSICD AcnJAI... .............................................................................................................................. 21 D Martín~ Mª D Gímalich MaJsieu, P. Gonz:dlez Qµintero 4. D~ÓNDEIACUEVAYDEIOS1RABAJOS ................................................................ Tl D Martín~ Mª D. Gímalich Massietl. P.Gonz:dlez E Clxíio.~ 5. :ESil.JDIO.ANIRA.CDl..OOCD ................................................................................................................. 61 Mª Q Rtx/ríguo,Arim 6. PRODUCXlÓN CEltÁMICl\. ...................................................................................................................... 77 Mª D Cdmalich Mmeu, D Martín~ P.Gonz:dlez Qµintero, E Clxíio.~ .ANÁI.ISJS J>EIRc:x;RÁH~ .................................................................................................................. 128 ]. CF.dder 7. ANÁllSIS FUNOONALDEIOS INSIRUMFNIOS IÍTICDSTAUADOS. .............. 135 A del C Rtxlríguo, Rodríguo, 8 ~IÍTICDSP~ ..................................................................................... 161 T Orozm KOhler 9. IAPRODUCXlÓN clsFA. .......................................................................................................................... 175 D. Martín~ Mª D Gímalich Massietl. P. Gonz:dlez Qµintero 10. EI....Fl\1EN1:' DE.AIXlRN'O P.ms<:>NAI.. ....................................................................................... 197 A Goñi Qdnteóv ,. ,. ~.t.'ll~<T.t. 11 • .ANAllSJSARQUEOFAI.JNISTICD. U\1Vll7-U"4ftDE 1988. ........................................................ 215 ]. Wa!llm, MA Puz,, M Tusell, M Mañua 3 4 12 IAEXPI.OfA(]ÓNDELOS RECURSOSVEGED\USDEIA CUEVADEFL IDRO: APROXIl\llAQÓN :ARQUEOBOfÁNICA AIAAGRla.JinJRA.DEá><:X::ANEOI.ÍI1CA ............................................................................ '2fJ7 R BuxD i Capdevila 13. c:ESimÍA. y .ACilVID.AD 1".EX:I1I.. ....................................................................................................... 285 D. Martín~ Mª D. Gima/ichMarieu, 14.. mI...EOANIR()ll()I.í:x1A. ........................................................................................................................... '2E7 J M GufjoMauri 15. PROSPECXIÓNDFLPIIDEMONIEYSIFRRADFL IDRCAL ....................................... 291 E Mm:no~ P.GítmSMm, E ChíuzÁ!mnz CDNa.IJSIONffi. ............................................................................................................................................ 2'J'7 IlIJSIRAQONES. ......................................................................................................................... 3()1, '?11'7, 315 BIBII~ ................................................................................................................................................ 325 7. ANÁLISIS FUNCIONAL DE LOS INSTRUMENTOS LÍTICOS TALLADOS. 7.1. INTRODUCCIÓN. Este capítulo desarrolla el análisis traceológico de las industrias líticas talladas. Dicho aspecto ya había sido objeto de una aproximación en una publicación anterior (Rodríguez Rodríguez et al, 1996), pero las limitaciones de espacio impusieron una síntesis de los resultados obtenidos, obviando aspectos que merecían un tratamiento más pormenorizado. Y es que, aunque los análisis funcionales de conjuntos neolíticos comienzan a ser relativamente abundantes en otros contextos geográficos, aquéllos dedicados a yacimientos del ámbito mediterráneo peninsular son muy escasos. De hecho, sólo varios sitios catalanes, entre los que destacan las necrópolis (Gibaja Bao, 1994, 2002; Gibaja Bao y Clemente Conte, 1996), y tres enclaves andaluces han sido objeto de un estudio traceológico. En Andalucía, además de Cueva de El Toro se ha analizado una selección de piezas significativas de la cueva de los Murciélagos de Zuheros {lbáñez Estévez y González Urquijo, 1996), y un amplio muestreo de la totalidad de categorías morfotécnicas en el poblado de Cabecicos Negros {Goñi Quinteiro et al., 1999; Rodríguez Rodríguez, 1999). Cuando se abordó la posibilidad de estudiar este yacimiento de Cueva de El Toro desde la perspectiva del análisis funcional, se hizo con la pretensión de contribuir al reconocimiento del conjunto de actividades de captación, transformación y uso de recursos que hubieran tenido alguna relación con las industrias líticas talladas, que son la principal fuente de información empleada. Para ello se contó con la totalidad de las evidencias de esta naturaleza, en buenas condiciones para su observación, procedentes de un amplio sector de la cueva, el denominado E3/E4. Además, el paquete estratigráfico analizado propicia el que, por primera vez, se pueda abordar esta temática para un contexto cronocultural amplio, que contempla el uso diferencial que dieron a esta cavidad las diversas formaciones sociales que la ocuparon durante más de dos mil años, que es lo que se interpreta en la secuencia tradicional desde el Neolítico Pleno hasta la Edad del Cobre. No está de más el recordar que el sector E3/E4 contiene la secuencia prehistórica completa del yacimiento, traducida en cuatro fases. La más antigua (IV) corresponde al Neolítico Pleno y en él se han recuperado 222 elementos líticos. La fase III es resultado de una ocupación del Neolítico Reciente. En ella se observan diferencias sedimentológicas, por lo que se subdividió en dos subfases, IIIB y llIA, a las que corresponden 79 y 87 piezas líticas respectivamente. La fase 11 ya está adscrita a la Edad del Cobre, habiéndose exhumado 91 artefactos. Por último, la fase 1 también contiene material del mismo periodo que el anterior, además de romano y medieval, sin embargo, el análisis traceológico reveló unos niveles de alteración superiores al resto, así como piezas que procedían indudablemente de otros contextos de la cueva, como resultado probablemente de actividades clandestinas y otras alteraciones postdeposicionales. Por todo ello se decidió eliminar del conjunto contenido de esta unidad arqueosedimentaria. Así pues, el material asciende a 482 elementos procedentes de las campañas correspondientes a los años 1985 y 1988. También fueron estudiadas ciertas piezas aisladas de otras campañas, para contribuir en la caracterización funcional de alguna categoría tipológica subrepresentada en el registro anterior, así como dos piezas de la fase 1, que se han asociado a la 11 debido a su importancia: una punta de flecha y una lámina con desgaste a simple vista. Todo este conjunto fue examinado de visu y al advertir que una parte del material presentaba pátinas y/o alteraciones térmicas severas, se decidió emprender el estudio traceológico de la totalidad de aquél que a priori fuera susceptible de análisis. De esta manera, no sólo se podrá disponer de información sobre el conjunto de actividades acometidas en la cueva, sino contribuir a reconocer las estrategias de aprovechamiento de los diversos tipos de soportes líticos, es decir de la economía de la talla, tal y como ha sido definida por Binder y Perles (1990). 135 136 LA CUEVA DE EL TORO (SIERRA DE EL TORCAL, ANTEQUERA-MÁLAGA) En la figura 72 se muestra el número absoluto de piezas aquí analizadas, así como el de las seleccionadas para traceología. El material ha sido clasificado en categorías generales de tipos de soporte, con el fin de obtener una visión más real de la representatividad de cada uno de ellos en el muestreo: (laminilla; lámina 1; lasca; punta; fragmento informe; elemento de técnica, que en este caso engloba mayoritariamente láminas con cresta de primera o segunda generación, además de flancos, reavivados de retoque y una preforma bifacial; núcleo, donde también se incluye a los fragmentos de núcleo; y resto de talla, categoría que engloba a lascas de dimensiones inferiores a 15 mm). Estos mismos grupos se acompañan de una R cuando las piezas están retocadas. Es importante recordar que sólo en el caso de las categorías de restos de talla, y de fragmentos informes, se han modificado los criterios de selección, de manera que algunas piezas no alteradas también se han eliminado de la muestra. Esto ha sido así por entender que se trata de unos tipos de soportes poco susceptibles de haber sido elegidos como utensilios, y por lo tanto también se han desechado para el análisis aquellos elementos con una morfología de sus filos que no pare-· cía adaptarse a ningún uso potencial. Por el contrario, en algún caso se ha incluido algún soporte con fuertes alteraciones, como los clasificados como geométricos, por considerar que esta categoría tipológica puede asociarse durante el Neolítico con los elementos de proyectil (Gassin, 1991) y, por lo tanto, podría tener huellas macroscópicas de impacto. Fases IV IIIB IIIA 11 Soportes Total Ana1iz. % Total Analiz. % Total Ana1iz. % Total Ana1iz. % laminilla 105 61 58 7 3 43 5 5 100 5 2 40 laminillaR 11 10 91 1 1 100 o o o o lámina 9 7 78 9 5 55 18 14 78 20 14 70 LáminaR 1 1 100 3 3 100 12 11 92 4 4 100 lasca 51 17 33 28 12 43 27 12 44 24 9 38 LascaR 2 2 100 6 6 100 8 7 87 5 2 40 punta o o o o 1 1 100 4 4 100 fragment. 25 o 11 1 9 8 o 21 4 19 Fragmen R o o 2 2 100 1 o 1 1 100 e. técnica 4 2 so 3 3 100 1 1 100 2 1 50 núcleo 3 1 33 o o o o 1 o rest. talla 11 2 18 9 4 44 6 1 17 6 3 50 TOTAL 222 103 46 79 40 51 87 51 59 93 44 47 Figura 72. Relación entre piezas analizadas y no analizadas. En la misma figura se observa que el número de piezas sometidas a análisis funcional se acerca, en general, al 50% de cada uno de las fases: 46% en la IV; 51 % en la IIIB; 59% en la llIA; y 47% en la 11. Los porcentajes más bajos corresponden a las fases IV y 11, y se debe principalmente a que en ellos se ha constatado una alta incidencia de elementos muy afectados por el fuego, como es el caso de los fragmentos, lo que podría explicarse por la existencia de niveles de combustión relevantes. Sin embargo, si se considera la proporción analizada de aquellos soportes más significativos, como láminas, laminillas y lascas, retocadas o sin retocar, los porcentajes aumentan en prácticamente todos los casos. Por tanto, el total de piezas seleccionadas para análisis fue de 239 elementos de sílex de buena calidad, con un predominio abrumador de aquellos de grano muy fino. El material óptico utilizado fue una lupa binocular Nikon SMZ-2T y un microscopio metalográfico Nikon Labophot-Pol. El procedimiento de limpieza empleado fue d lavado con agua y detergente en una cubeta ultrasónica. La observación macro y microscópica dio como resultado que un significativo porcentaje de las piezas tenían, en efecto, huellas de uso. En la figura 73 se especifica esta evidencia, para cada tipo de soporte. 1 La distinción entre lámina y laminilla se ha efectuado eligiendo de manera arbitraria la anchura de 13 mm. como límite entre ambas. De esta man~- ra, las piezas laminares que midan menos de 13 mm. de ancho se consideran laminillas, y las que midan 13 mm. o más, láminas. 1 l 1 r l 1 j :¡ 1 ¡ 1 1 il ANÁLISIS FUNCIONAL DE LOS INSTRUMENTOS L(TJCOS TALLADOS Fases IV IIIB IIIA 11 Soportes Total Usadas o/o Total Usadas o/o Total Usadas o/o Total Usadas o/o lm 61 31 Sl 3 2 67 s 2 40 2 1 so lmR 9 8 89 1 o -o o -o o - LM 7 3 43 s 4 80 14 13 93 14 10 71 LMR 1 1 100 3 2 67 9 9 100 4 4 100 L 17 s 29 12 4 33 12 4 33 9 1 11 LR 2 2 100 6 1 17 7 4 S7 2 1 so PUNT o o -o o -1 1 100 4 2 so F o o -1 o -o o -4 2 50 FR o o -2 o -o o -1 1 100 e. téc. 2 1 50 3 o -1 1 100 1 1 100 núcleo 1 o -o o -o o -o o - geométri 1 o -o o -2 o -o o - rest. talla 2 o -4 o -1 o -3 o - TOTAL 103 Sl 50 40 13 33 51 34 67 44 23 52 Figura 73. Relación entre piezas usadas y no usadas. Los resultados de esta primera aproximación serían los esperados si los comparamos con otros análisis efectuados a registros líticos de cronologías similares, con una única excepción. En efecto, llama la atención el bajo porcentaje de elementos usados de la subfase IIIB. Parece que en esos momentos, el espacio útil de la cavidad no se utilizó de manera frecuente para realizar muchas de las tareas cotidianas y, como veremos en su momento, se dedicó a otra función en la que los instrumentos de piedra no son indispensables. Por lo que respecta a todo el conjunto, el análisis funcional ha resultado extremadamente interesante, revelando una evolución diacrónica en las actividades detectadas, reflejo de cambios en el uso de Cueva de El Toro por parte de las formaciones sociales que la frecuentaron. Los resultados serán expuestos según un orden cronológico, para proceder más adelante a una comparación de los mismos de forma general. 7.2. EL DESARROLW DE LA PRODUCCIÓN LÍTICA TALLADA POR FASES. 7.2.1. Fase IY. El análisis morfotécnico de las industrias líticas de este periodo apunta a que durante la primera ocupación de la cueva los sistemas de explotación para crear soportes tallados se orientaron a la producción especializada de laminillas, alcanzando altas cotas de perfección tecnológica (Afonso Marrero, 199 3). En efecto, las 116 laminillas del sector E3/E4 suponen por sí solas más del 50% del total de soportes de la fase IV, contando incluso con los fragmentos informes creados por choques térmicos y con los restos de talla. La gran mayoría de las mismas se obtuvo siguiendo una sofisticada estrategia tecnológica que implicaba el tratamiento térmico de los núcleos de forma intencional, con el fin de mejorar la fractura concoidea de los mismos cuando se les aplicara la técnica de la presión (Binder, 1984; Terradas y Gibaja, 2001). Con la presión se obtienen soportes muy estandarizados que no necesitan de grandes modificaciones posteriores para adaptarlos a mangos eventuales, facilitando la aplicación del retoque cuando éste es necesario. En el sector estudiado en Cueva de El Toro sólo se modificaron los filos de 11 de las 116 laminillas, generalmente con retoques simples que afectan a uno o dos de los laterales, o retoques abruptos o simples tendentes a abruptos, situados en los lados distales o proximales a modo de truncadura. En este sentido destaca una laminilla truncada por un retoque abrupto en sus lados proximal y distal conformando un geométrico que en la figura 72 aparece contabilizado junto al resto de soportes microlaminares retocados, pero que en la figura 73 está individualizado. Del total se han analizado 61 laminillas, 9 laminillas retocadas y el geométrico, lo que constituye el 71 % del conjunto que, por tanto, alcanza un alto grado de representatividad. El tratamiento térmico que se aplicó a la 137 LA CUEVA DE EL TORO (SIERRA DE EL TORCAL, ANTEQUERA-MÁLAGA) mayoría de las piezas confiere a sus superficies un brillo graso particular, mientras que a escala microscópica las huellas de uso sufren ciertas alteraciones que, en algunos casos, entrañan un mayor grado de dificultad en la observación que cuando se trata de piezas no tratadas (Binder y Gassin, 1988). El estudio traceológico ha localizado huellas de uso en el 51 o/o de las laminillas y el 89% de las laminillas retocadas: mientras que las fuertes alteraciones térmicas del geométrico han eliminado las posibles trazas de utilización. Llama pues la atención el que casi la mitad de estos productos de talla tan altamente especializados no conserve trazas de haber sido utilizado. Para intentar explicar esta situación, otros autores que se han enfrentado al mismo problema han sugerido que la posible causa para los bajos porcentajes de huellas de uso en este tipo de soporte podría deberse precisamente a que muchos de ellos constituían un remanente almacenado en previsión de futuras actividades, y que nunca fueron usados efectivamente (Binder y Gassin, 1988; Ibáñez Estévez y González Urquijo. 1996). En el caso concreto de la Cueva de El Toro, no parece que se realizaran la labores de talla de forma sistemática dentro de su recinto durante el Neolítico Pleno. Al menos en el sector E3/E4 sólo se recuperaron dos núcleos y un fragmento de otro, siendo igualmente escasos los elementos de técnica, como puede apreciarse en la figura 72. Ello implica que, efectivamente, las laminillas se debieron fabricar fuera del yacimiento y llegar al mismo dispuestas ya para el uso 2• Quizá sea ésta la justificación para entender que en ese 49% de dichos soportes no retocados las huellas de uso estén ausentes o sean inapreciables, mientras que en sólo uno de los 9 retocados no se ha podido detectar trazas de su empleo. De todas formas, no conviene descartar que muchas de las piezas donde no se ha observado huellas pudieron haber sido usadas y no conservar trazas lo suficientemente desarrolladas para poder identificarlas. Esta circunstancia, que no debe ser soslayada en ningún análisis traceológico, adquiere mái relieve cuando, como veremos en este caso, la actividad más frecuentemente desarrollada por estos soportes microlaminares fue la de corte de tejidos animales blandos, que es precisamente la materia de contacto que produce las huellas de uso más tenues (Keeley, 1980, por citar sólo las conclusiones del trabajo pionero en Occidente). Las 31 laminillas no retocadas presentan 46 zonas empleadas, mientras que las 8 retocadas tienen 15. Además, si las laminillas superaban el 50% de todos los soportes del estrato IV, también sus filos útiles constituyen por sí solos el 78% de las zonas activas detectadas. Estos datos corroboran la fuerte especialización de la producción lítica, que se orienta a la fabricación de este tipo de soporte como elemento adecuado para conformar los instrumentos de trabajo de la comunidad. Pasemos pues a evaluar las determinaciones de la funcionalidad de los instrumentos líticos tallados de Cueva de El Toro, abordándose en primer lugar cuáles fueron las materias transformadas por estas piezas y de qué forma; para formular más tarde unas conclusiones sobre el tipo de actividades que se llevaron a cabo en este yacimiento. Como se ha afirmado que la producción lítica de este periodo concreto se caracteriza por su especialización, la manera más correcta de afrontar este estudio traceológico será la de analizar cada categoría de soporte para comprobar si existe alguna relación entre estos y las posibles cinemáticas y materias de contacto. 7.2.1.1. Las laminillas. Ya se ha resaltado que la clase de soporte que domina este conjunto son las laminillas (fig. 74). Estas son el resultado de dos sistemas de producción laminar: uno en el que se emplea el tratamiento térmico y la presión, y otro sin tratamiento térmico y donde se aplica la percusión. Entre las 71 laminillas, retocadas o no, que conforman d conjunto sometido a análisis traceológico, 47 son el resultado del primer sistema y 17 del segundo, mientras que en 7 ocasiones no se ha podido determinar con seguridad 3• Domina por tanto el empleo del tratamiento térmico y la presión. De las 47 laminillas obtenidas mediante tratamiento térmico y presión, en sólo 27 han sido identificadas huellas de uso, repartidas en 45 zonas de filo activo. El tipo de trabajo más frecuentemente documentado, en el 38% de los casos, es el de corte de materia animal blanda, lo que comprendería las labores de carnicería, corte de piel freica y fileteado (fig. 74: 1 a 5 y 7 a 12). Le sigue, con un 22% de incidencia, el corte de materia indeterminadJ, mientras que el resto de cinemáticas y materias de contacto nunca alcanzan el 10%. Puede llamar la atención el 1 En este sentido, un estudio detallado de las materias primas líricas, que actualmente se está realizando, podría enriquecer considerablemente la visi.)n que se posee en estos momentos de la gestión de este tipo de recurso en este periodo concreto. 3 Agradecemos a Didier Binder y Bernard Gassin su inestimable ayuda para poder determinar las diferencias entre estos dos tipos de producción. ANÁLISIS FUNCIONAL DE LOS INSTRUMENTOS LfTICOS TALLADOS Teniendo en cuenta esta premisa, veamos qué clases de trabajo realizaron las 13 piezas con huellas. Con tan bajo número de efectivos resulta innecesario hacer apartados exclusivos para cada tipo de soporte, por lo que se comentaran en conjunto. Así, de las 4 laminillas examinadas, sólo 2 presentan huellas de uso, que reflejan su empleo para cortar materia animal blanda (fig. 78: 7), y materia indeterminada. La naturaleza de estos soportes y el tipo de trabajo detectado sugieren que quizá provengan de la fase IV. Cuatro de las 5 láminas realizaron acciones variadas: trabajo de raspado de la arcilla (fig. 78: 1), serrado de madera (fig. 78: 8), y raspado de piel con abrasivos. Esta última labor dejó unas huellas de uso muy desarrolladas, que han merecido un estudio monográfico {Rodríguez Rodríguez, 1994). Como sea que estas huellas han sido localizadas en instrumentos del Neolítico Reciente y de la Edad del Cobre su comentario se desviará para cuando se trate la subfase IIIA. Dos de las tres láminas retocadas han cortado materia indeterminada y raspado arcilla (fig. 78: 2). Por último, sólo 4 lascas del total de 12 estudiado fueron empleadas, también en este caso, en labores diferentes: raspado de madera (fig. 78: 5), de una materia dura no determinada (fig. 78: 3), de piel con abrasivo (fig. 78: 9), y corte de materia indeterminada (fig. 78: 4); mientras que la única lasca retocada con huellas de uso del total de 6, realizó un trabajo de cinemática transversal sobre una materia desconocida (fig. 78: 6). -~- -~- 4 2 3 6 7 5 _¿ >- s 9 o 3cm. Figura 78. Producción lítica tallada Subfase lllB. 145 1% LA CUEVA DE EL TORO (SIERRA DE EL TORCAL, ANTEQUERA-MÁLAGA) Como puede apreciarse, las actividades son muy variadas, sin que destaque la incidencia de ninguna de ellas, lo que vendría a corroborar el carácter aleatorio de su presencia en la subfase IIIB. Es muy probable que los soportes recuperados en él provengan de algún aporte accidental durante su uso como redil o, más probablemente, a la adición de materiales de los niveles de habitación que lo limitan. Sin embargo, un pequeño segmento de la superficie de ocupación, contiguo a la entrada de la cueva, sí que presenta claras evidencias que lo asocian con una funcionalidad diferente a la de establo. En ella se constata un área destinada a la confección de recipientes cerámicos, donde se han conservado, además de los restos de uno de estos artefactos en proceso de elaboración, varios instrumentos claramente relacionados con esa cadena operativa. Se trata de un conjunto de espátulas óseas cuyos filos activos, de delineación cóncava, parecen ajustarse a la curvatura de algunos vasos de este momento (Meneses, 1990) y de una lámina de sílex de gran tamaño con huellas de uso de haber realizado un trabajo similar. Esta gran pieza presenta también una curvatura natural que, a la luz de las conclusiones obtenidas para el caso de los artefactos de hueso, podría explicar el por qué de su selección para esta labor. 7.2.2.2. La sub/ase IIIA. La subfase IIIA vuelve a mostrar evidencias del aprovechamiento de la cueva como lugar de habitación. Como sucedía en épocas anteriores, no parece que en el recinto se realizaran labores de talla de manera continuada, habida cuenta la ausencia de núcleos y la escasez de elementos de técnica, traducidos aquí en una cresta laminar dt: segunda generación. 7.2.2.2.1. Las láminas. Ya se ha comentado que los sistemas técnicos de este periodo se orientan principalmente a la fabricación de productos laminares de mayor tamaño que en época precedente. En otro trabajo anterior (Rodríguez Rodríguez et al, 1996) ya se había hecho notar la exhaustividad del uso de estos soportes, rentabilizados hasta el máximo en todo su perímetro, como muestra de una desarrollada gestión de los utillajes líticos (Perles y Binder, 1990). En es(! mismo artículo se precisaba que no sólo se tiende a aprovechar muchos filos útiles de las láminas, sino que éstm pueden usarse para efectuar labores diferentes sobre distintas materias, siendo un claro ejemplo del concepto de "curated tool ", es decir de conservar un instrumento lítico durante mucho tiempo, empleándolo a veces par.i ejecutar labores diversas. De las 14 láminas de la subfase IIIA sólo una no ha conservado huellas de uso, mientras que de los 11 productos laminares retocados hay dos que no exhiben trazas, precisamente los dos geométricos. Los 13 elementos no retocados tienen 23 zonas activas, y los 9 retocados 17. En general, las láminas se emplean por los dos filos laterales en casi todas las ocasiones, aunque en cuatro casos sólo se sirvieron de un lado. Además hay varias piezas también usadas por sus extremos distal y proximal. Sería excesivo describir cada caso, como ejemplos ilustrativos de los conceptos antes mencionados de gestión de los productos líticos y curated tool, por lo que se expondrán los datos de manera general y sólo se comentará brevemente alguno de ellos. Cinco láminas fueron usadas para raspar piel seca con abrasivos. Cuatro de ellas (fig. 79: 2-5), presentaban unas huellas de uso muy características, que se repiten en otras piezas de la subfase IIIB y de la fase 11. Estos estigmas son propios del trabajo de materias blandas o semiblandas y fuertemente abrasivas, pues los filos activos exhiben un desgaste o redondeamiento tan espectacular que puede ser observado "de visu". A falta de paralelos conocidc:s para este tipo de trazas, se emprendió un programa experimental con el objeto de indagar sobre su origen. Para ello se trabajaron todas aquellas materias susceptibles de producir unas huellas de esas características y que esn.:- vieran razonablemente asociadas a las posibles actividades llevadas a cabo en el yacimiento. Estas fueron el trabajo del cuero con ayuda de abrasivos, la manipulación de la arcilla con el objeto de conformar vasos cerámicos, y el raspado de un conjunto de rocas de dureza variable: mármol, caliza y pizarra. Los resultados de ese trabajo (Rodríguez Rodríguez, 1994), sirvieron para descartar materiales más que para realizar una analogía precisa entre el conjunto experimental y el arqueológico. Las huellas de uso más parecidas provienen del trabajo transversal de la piel con abrasivos y de la pizarra. En mi opinión es más probable que se trate del primer material debido a la abundancia de evidencias de su trabajo en otras piezas, con estigmas diferentes, por lo que estas láminas podrían intervenir en algún momento de la cadena operativa de transformación de la piel en cuero que no he sabido dete:-- minar con exactitud. 6 7 11 10 ANÁLISIS FUNCIONAL DE LOS INSTRUMENTOS LfTJCOS TALLADOS 2 12 3 8 ----·-·- n=:] V 13 4 o Figura 79. Producción lítica tallada Subfase IIIA. 9 [> 14 3cm. 5 1 1 1 <I 147 LA CUEVA DE EL TORO (SIERRA DE EL TORCAL, ANTEQUERA-MÁLAGA) Otras láminas han cortado piel (fig. 79: l, 6), serrado y raspado madera (fig. 80: 3-4), cortado y trabajado vegetales no leñosos (fig. 80: 1-2). Uno de estos soportes laminares (fig. 79:7), presentaba los dos filos laterales y el distal con un desgaste muy desarrollado que indicaba un movimiento transversal. Pero lo que más destacaba era la gran cantidad de ocre depositado en su superficie. El mineral está claramente orientado en forma oblicua con respecto al filo. Esta circunstancia aconsejaba conservar la pieza sin lavar, aun cuando ello impida conocer con certeza cuál fue el tipo de actividad realizada, ¿transformación del propio ocre?, ¿tratamiento de piel con ocre añadido que sirviera como abrasivo o sustancia decorativa? En otras cuatro láminas se produce un hechoJue en general es difícil de detectar en un análisis traceológico. Se trata de cuando un mismo filo activo ha re izado diferentes trabajos sobre distintos materiales de contacto. Cuando un filo ha realizado, por ejemplo, cinemáticas paralelas y perpendiculares sobre una misma materia, en algunas ocasiones se puede reconstruir la secuencia de usos, pero en muchas más lo único que se puede decir es que existe un movimiento complejo sobre esa materia. Más complicado es cuando varían los materiales, pues los usados por última vez pueden enmascarar a los anteriores, de manera que no queda constancia de su existencia. Sólo cuando la materia de contacto trabajada en primer lugar deja unas huellas más invasoras que la segunda, ya porque penetre más en el filo, ya porque ocupe mayor segmento del mismo, podemos detectar esta circunstancia. Veamos tres ejemplos, una lámina de gran tamaño (fig. 80: 6) tiene, en su lado izquierdo, huellas de un trabajo de corte de materia indeterminada, las cuales se eliminan en la parte distal en virtud de un retoque que aviva e~ filo y sobre el que se observan huellas de raspado de materia animal dura. En el lado derecho de la pieza son visibles las huellas de uso de corte de materia vegetal no leñosa, mientras que en el lado distal y extendiéndose también hacia el contiguo lado derecho, existen los estigmas de un raspado de piel. Así pues, en una misma pieza tenemos tres usos diferentes, que responden ciertamente a distintos momentos de empleo de un mismo instrumento. Una segunda pieza (fig. 80: 8) en su filo senextro muestra estigmas del serrado de madera a las que se superponen, después de un retoque de avivado, huellas de raspado de esta misma materia. En el lado derecho proximal, sobre un retoque de avivado situado en la cara ventral, se observan huellas del raspado de madera que se superponen a los estigmas de un trabajo anterior producido por el raspado de piel seca, que todavía se conserva sobre la cara dorsal. Ese trabajo primigenio, fue efectuado con la totalidad del filo útil de la lámina, que luego fue avivado en su zona mesial y distal por un retoque simple, directo. Sobre ese retoque se observan huellas de uso de raspado de materia animal dura. Una lámina retocada (fig 80: 1 O) sirvió para raspar madera con los dos filos laterales, mientras que el distal efectuó un trabajo transversal sobre piel. Por último, en un pequeño fragmento de lámina retocada (fig. 80: 11) también existen huellas de uso de corte de piel en el lado izquierdo y de trabajo complejo sobre madera en el derecho. Resta hacer mención de aquellas láminas cuyo retoque conforma un morfotipo bien definido en la literatura, y para las que se han sugerido de manera intuitiva determinadas funciones. En primer lugar tenemos un grupo de tres perforadores o taladros (fig. 79: 10-12). Estas tres piezas tienen las superficies ligeramente alteradas, de manera que se ha podido determinar claramente la cinemática en la que participaron, que es efectivamente la de perforar, pero no así la materia de contacto. Luego está el grupo de los geométricos, que aquí está representado por dos piezas en las que no hemos detectado huellas de uso. Sobre estos elementos retocados se ha sugerido que formaban parte de útiles compuestos, y asociándolos muy frecuentemente con las labores de siega como elementos de hoz Quan Cabanilles, 1984) o con su inserción en los elementos de proyectil. Los de Cueva ele El Toro no están usados, o al menos no lo fueron lo suficiente para que en ellos permanecieran trazas de uso. 7 .2.2.2.2. Las lascas. Al contrario de lo que sucede con las láminas, las lascas suelen usarse, salvo excepciones, por un único filo. Esto podría deberse al hecho de que se trate de soportes no estandarizados, con lados cuyas morfologías no son siempre aptas para el uso, y que no fueron fabricadas con una intencionalidad concreta. Además la totalidad de las lascas, con una única excepción, se empleó exclusivamente en un solo tipo de actividad, lo que redundaría en esta idea de que se trata de útiles oportunistas que se usan, en algunos casos de manera intensiva, pero sin que pueda advertirse el que formen parte de una determinada estrategia de explotación. Por otra parte, las lascas se aprovechan como útiles en menos ocasiones y, con raras excepciones, se emplean durante menos tiempo, o al menos esta es la impresión que se obtiene debido al grado de desarrollo de los estigmas de uso. Así, en esta subfase, de las 12 lascas analizadas sólo 4 tienen trazas en cinco zonas activas, mientras que de las 1 ' r 1 6 2 ' 1 rraJ-0 rlSlli) -~- 11 12 3 7 9 ANÁLISIS FUNCIONAL DE LOS INSTRUMENTOS LfTICOS TALI.ADOS \ \ ' 1 o 4 5 ,_ ' 1 1 -~- 10 3 cm. Figura 80. Producción lítica tallada Subfose !/JA. 149 LA CUEVA DE EL TORO (SIERRA DE EL TORCAL. ANTEQUERA-MÁLAGA) 7 retocadas hay 5 con huellas de uso en 9 zonas activas. Entre las lascas sin modificación por retoque hay dos que trabajaron transversalmente la piel (fig. 79: 8, 13), mientras que, de las otras dos, una ha cortado una materia indeterminada y la otra ha serrado una materia mineral (fig. 79: 9). Los usos detectados entre las lascas retocadas también son muy variados: trabajo de raspado de madera (fig. 80: 7, 9), piel y una materia indeterminada. Entre ellas está la única lasca que ha servido para hacer dos trabajos diferentes: coree de vegetal no leñoso y raspado de piel (fig. 80: 12). Se ha dejado para el final un comentario acerca de la lasca que he interpretado como mechero para encender fuego (fig. 79:14). La utilización del sílex como roca percutante con el fin de obtener chispas que prendan en materias inflamables es muy antigua. Son muy conocidos los pedernales que se han usado hasta épocas relativamente recientes para este fin. Sin embargo no es muy común su definición entre los conjuntos líticos recuperados en los yacimientos más antiguos, pues en realidad el diagnóstico de las huellas que esta actividad genera no es muy sencillo. En este caso, la lasca en cuestión presenta gran parce de su perímetro completamente machacado, es decir, tanto en los mismos filos como en las zonas adyacentes a los mismos se observan extensas playas de abrasión y melladuras escaleriformes del tipo reflejado, lo que indica que son la consecuencia del choque de esa superficie con otra igualmente dura, en percusión lanzada. Al microscopio se pueden observar pulidos en espejo que se alternan con zonas maces cubiertas de micro-hoyuelos, que se han originado por el choque con otras materias de origen mineral. Este tipo de cinemática y esta clase de materia de contacto para una lasca de escas dimensiones sólo tiene sentido si su objetivo es producir las citadas chispas para prender fuego. 7.2.2.2.3. Otros soportes. Dos de las cinco laminillas analizadas tienen huellas de uso, una de coree de piel seca y otra de un trabajo complejo de carnicería. También la cresta de segunda generación presenta huellas de uso. En realidad, esta cresta es una lámina que se usó por tres de sus filos para trabajar la madera, ya para raspar, ya en un movimiento complejo que implicaba el serrado y el raspado (fig. 80: 5). 7.2.2.2.4. Los tipos de enmangue. Las evidencias sobre los tipos de enmangue para este periodo son menos numerosas que para el precedente. En este caso no se ha conservado ninguna pieza interpretada como mango, y nos tenemos que conformar con los datos indirectos que aporcan las propias industrias calladas. Así, parece que el tipo de mango más común fue axial, ya que en la mayoría de los casos las huellas de uso continúan sin corees abruptos hasta el final de los filos utilizados. Tampoco se han observado adecuaciones de las partes proximales de las láminas ni otras evidencias en este sentido. La excepción está constituida en la anteriormente citada lámina (fig. 80: 8), pues su parte distal tiene un retoqu~ inverso donde se observan estrías oblicuas de contacto con una materia dura, que he relacionado con el enmangue. 7.2.2.2.5. El conjunto de actividades de la Fase III. La asociación entre tipos de soporte y materiales de trabajo no es clara ni entre las lascas ni entre las láminas. Llama la atención la variedad de labores detectadas, que reflejan una intensa actividad artesanal. La incidencia de cada una de ellas se refleja en la figura 81, donde se han sumado también los resultados de la subfase IIIB, que se asimila a la IIIA tanto desde el punto de vista morfotécnico como el funcional. Es evidente que las huellas de uso muestran un cambio significativo en el cipo de actividades que el grupo lleva a cabo en el entorno de la cueva. Resulta realmente espectacular la bajada del porcentaje del tratamiento de materias cárnicas y el auge que cobra el procesado de la piel, con un 30% del total de zonas trabajadas. Los datos indican que además, una parte de la abundante industria ósea ha intervenido también en las cadenas operativas de transformación de esta materia animal. La madera, con un 22%, es la siguiente materia más trabajada por las piezas talladas. Ello concuerda con los datos sobre industrias pulimentadas, pues es en este estrato donde existe la mayor cantidad de útiles relacionados con esta actividad. Así, de los 14 elementos recuperados que han podido clasificarse morfotécnicamente, hay dos hachas, seis azuelas y tres escoplos. Todo ello apunta a una eclosión de las actividades artesanales, entre las que se ha sugerido que podrían incluirse ya las textiles, debido a la presencia de ciertos elementos óseos multiperforados (Meneses, 1990). En este sentido la captación de vegetales no leñosos, reflejada en las piezas que han corcado este tipo de planta, no es muy abundante, como tampoco lo es el número de instrumentos que luego las han trabajado, pero es mayor que en el Neolítico Pleno y alcanza un 9%. Sin embargo, los análisis carpológicos muestran que es durante este periodo cuando la agricultura tiene un mayor auge, destacando las evidencias de cereales y leguminosas (Buxó, 1997). En este sentido se debe aclarar que es difícil de dilucidar si los vegetales segados por l. Fase 111 8. Raspado de arcilla (jig . 78 :1 ). 3. Fase !!JA. Raspado de piel seca (fig. 80:6). 5. Fase lf!A. Cerrado de materia mi11eml (jig. 79 :9). \:\Al l ~IS Fli:\CIO:\AL DI'. l.OS l:\STRU~IE~IOS LITICOSTAI L.\DOS 2. Fase !!J. R aspado de piel con abrasivos {jig. 79:3). 4. Fase !!JA. Corte de vege tal, posible cereal (jig. 80:6). 6. Fase !!JA. Co711plejo madera {jig. 80:8). 151 1 ~ . - LA CU EVA DE EL TORO (S IE RRA DE EL TORCAL A~TEQUERA-~IÁLA GA ) esras piezas so n cereales u otr as especies emp le ad as en la al im emac ión o p ara la elaboración de objeros. Con vien ~ espec ific ar qu e l os pulidos no rienen una ex r ens ión ran de sa rrollada co mo se ha consrarado en la ma yo rí a de e le - menros de ho z, qui zá con la excepció n de una lá mina (fig. 80:2) En general, el aspecro de la s hue ll as de us o su gi ere el co rr e de una mat er ia veg etal co n a ir a concentración en síl i ce, p ero no h ay un a incid e ncia d estaca da de esrrí as y microhoyuelo s, lo qu e podría estar en relación con la técn i ca de siega o la nacu ral eza del campo donde se proced ~ a recolecrar el vegera l. En esre se ntido , o bien se rrara de terrenos ap el maz a do s y húmedos, o bien la recol e cc ic m se hacía a un a cie rr a al cura del s uelo. Los resros de planta s s inantrópicas pueden co nfirm ar esros daros, p ues l 1 vegeració n adventicia identificada forma parre de lo s cultivo s de cereal es de invierno. Además, R. Buxó señala q11 ~ orros es pacio s de recolecc i ón podrían es rar consricuido s po r praderas o zonas de pa s ro s, debido a la pr esenci a del tré bol (Buxó , 1997: 1 67) . Con re sp ecro al uso de la s pl antas p ara con f ecciona r objeros, en es ros momenro s se h 1 dmcrado en el yac imiento r esros de materiales de esparto. En este senti do , los trab a jo s etnográficos rea lizado1 acerca de lo s pro ced imi e ntos de r eco l ecc ión del esparro, indi ca n qu e es ta planta no se corra , s ino que se arr a nc a, en ocasiones co n ayuda de una soga, por lo que sería lógico qu e no aparezcan filos que rengan huell as de esra ac 1i · v id ad. (F ran ci sco J av ier Jov er, comunica c ión per sonal). Los trabajos transver s ales de vegerale s no le ño sos pu ed en indi ca r que esras piezas se u saro n para saca r fibras o bi en p ara elimi n ar nudo s o ye ma s en rallos jóvenes de al g11 na pl anta, para e mpl ea rlos l uego en cestería, cordelería o fabr i cac i ón de este r as u otros tej i do s vegera l es. l!I animal blanda 4% 4% O piel O madera 0% O h ue so •mineral 9% O vegetal El proyectil 22% O in determinado •otros Fi gu ra 8 1. Por el co mr ar io, no pa r ece que el trabajo del hu eso y el asta sea muy abundame en el yacim i enro, a p esa r de que es en esre momenro c uando cobra relevancia la indu str ia ósea recu pe ra da en el mi s mo (Me n eses, 1990 ). Las pie za~ utilizadas para el trabajo de mat er i as anima l es dur as podrían responder más bien a la ejec ución de labores de rep ara c ión de uten s ilio s, como parece demosrrarlo el qu e se registren princi p alm eme c in emáticas tran svers ales, es dec 1 relacionadas prefereme con el raspado y a filado. Ya se ha comemado que la presenc ia de a bu n danres pum as d pro yect il óseas exp li ca la pr áct i ca au se n cia de esta catego ría so bre pi edra ra ll ada . El tr abajo de mat eri as m in erales es ra mbi én mi n or i tar io, d estacando el ra spado de la arcilla, que está repr esenta do por do s piezas lír i cas, a unque ha y es pácu las óseas que han efeccuado esa mi sma labor , así co mo o rr as pi ezas emp le adas para decorar es ra misma materia. Sin embargo, una linica l asca ha servido para el serrado de mineral es . Tamp oc o h ay que olvidar la l asca co n evidencias de haber sido utili za da como me c hero para pr e nd er fu ego . Es n ecesar io seña l ar que ex iste un a pe qu eña se rie de so pon es co n hu ell as de u so que se enc uentra n asociados a un mom e nro de transición e ntr e lo s es rr aros IIIA y 11 , que estra ti grá fi camente se ha identifi ca do como IIB . La homo gene id ad morfor éc nica de l as un idad es se dimentaria s de a mb as fa ses no co nt r ibu ye a resolv er dud as al respecro , por lo qu e se ha d ecidido t rar a rl as aparre. Se rrara de tr es lámina s sin rerocar y un a reroca da que por su morfo l ogía y función pued en ad s crib ir se a cua lqui era de l os do s nivel es . Va l ga co mo eje mplo un a de las lámin as ( fi g 82: 2) , pu es r ea l izó un trabajo tran s ve r sa l so br e mar e ri a blanda y a bra si va que produj o uno s es ti gma s de u so 1 1 1 .i 1 ¡ 1 1 1 ¡ 1 1 '1 ll 1 J 1 1 1 1 1 ¡ '1 !¡i :¡ 1 ¡ 1 '1 1 1! 1' .~ ANÁLISIS FUNCIONAL DE LOS INSTRUMENTOS LfTICOS TALLADOS idénticos a los ya descritos en ciertas piezas de las fases III y 11. Otra de las láminas realizó un trabajo longitudinal sobre una materia no determinable (fig 82: 1), mientras que la tercera es otra muestra de la reutilización de un mismo filo para efectuar distintos trabajo en diferentes cadenas operativas. En efecto, sus dos biseles laterales sirvieron primero para cortar piel, y luego fueron reciclados y empleados para serrar madera (fig 82: 4). Por lo que respecta a la lámina retocada, se empleó en un trabajo complejo de fibras vegetales (fig 82: 3). j ~- ' -1 1 2 O 3cm. 3 Figura 82. Producción lítica tallada Fase IL 7 .2.3. Fase 11. 4 Este es el último periodo de ocupación estable de Cueva de El Toro, aunque ya se ha mencionado que en épocas posteriores sirvió ocasionalmente como refugio. Las industrias de piedra tallada calcolíticas siempre se han considerado como una de las máximas expresiones del florecimiento y diversificación de las artesanías de ese periodo (Martínez Fernández, 1997; Ramos Millán, 1998). Ya se ha reseñado que en este yacimiento no hay rasgos de importancia que diferencien entre sí los conjuntos líticos del Neolítico Reciente y de la Edad del Cobre, aunque en este último son más abundantes las puntas de flecha. Por el contrario sí que hay un claro contraste cuando ambos se comparan con el Neolítico Pleno. Tampoco existen esas diferencias en el ámbito de la funcionalidad, pues, como veremos, también aquí van a destacar las actividades de transformación de los productos frente a las de captación de recursos. 153 LA CUEVA DE EL TORO (SIERRA DE EL TORCAL. ANTEQUERA-MÁLAGA) Como en los dos casos anteriores se analizarán los principales tipos de soporte por separado, para luego hacer una valoración conjunta de las actividades desarrolladas en la cueva en ese período. 7.2.3.1. Las láminas. Dentro del conjunto, son las láminas el tipo de soporte más significativo. Su número asciende a 14 elementos sin retocar y 4 retocados. De ellas han sido usadas 11 no retocadas y la totalidad de las modificadas por el retoque. con lo que nuevamente se atestigua su importancia como piezas apropiadas para efectuar todo tipo de labores. Vuelve a repetirse igualmente la intensidad de usos, pues se han detectado 17 zonas activas en los 11 productos laminares no retocados y nada menos que 9 en los cuatro retocados. La piel es el material más trabajado, pues dos láminas tienen las huellas de uso descritas cuando se trató este mismo tema para el Neolítico Reciente (fig. 83: 3y11), mientras que otra lámina cortó esta misma materia (fig. 83: 4). El corte de materia animal blanda vuelve a hacerse presente (fig. 83: 2, 8 y 1 O), lo mismo que la transformación de la madera, mientras que hay varias láminas que han realizado movimientos transversales (fig. 83: 5), o paralelos sobre materias no determinables. En este sentido, hay que destacar una lámina de grandes dimensione:i que exhibe un desgaste muy desarrollado en tres de sus lados, pero en la que no hemos determinado la cinemática ni el material de contacto debido a que portaba una gran depósito de ocre en toda su parte proximal y no se quiso someterla a una limpieza que lo eliminara. Entre las láminas retocadas sólo una tiene una única zona activa, que trabajó perpendicularmente una materia ani · mal dura (fig. 83: 9), mientras que las otras tres son un claro ejemplo de reutilización. Una de ellas se empleó sucesivamente para cortar y raspar piel. Otra sirvió también para trabajar la piel (fig. 83: 6), empleando sus film laterales para cortarla. La tercera también cortó piel con sus filos laterales, mientras que se usó el distal para rasparla. Posteriormente los dos filos laterales se volvieron a usar para raspar una materia dura, posiblemente la made· ra (fig. 83: 7). Otra pieza, bastante grande, es otro ejemplo donde se reutiliza un filo que ha cortado piel para luego raspar madera, en ella puede observarse que las zonas retocadas son reavivados del filo para poder trabajar esa materia leñosa. El otro filo de desarrollo longitudinal también fue empleado para serrar y raspar madera, mien · tras que la parte distal de la lámina se empleó como cuña para hender una materia dura (fig. 83: 1). 7.2.3.2. Las puntas. Los elementos de proyectil óseos del momento anterior ahora son sustituidos por piedra tallada. Las piezas no for· man un grupo tipológico destacado en número ni homogéneo en morfología. Se trata siempre de soportes obte· nidos tras retoque bifacial por presión, pero mientras en unos el retoque es invasor, en otros sólo afecta a los bor· des. En la fase 11 se recuperaron tres de estas puntas, y a ellas le hemos añadido una procedente de la fase l. Ademá.5 se insertará aquí un comentario sobre la única punta recuperada en la subfase IIIA. Ya se ha resaltado la gran homogeneidad morfotécnica y funcional que se observa entre el Neolítico Reciente y la Edad del Cobre y en est~ caso, la punta en cuestión puede responder a esa premisa o proceder de la fase II. De las tres que se han conser· vado completas, una tiene pedúnculo y las otras dos la base cóncava, aunque en una de ellas, la concavidad esd muy desarrollada, creándose dos aletas laterales. Entre las fracturadas, una es de tendencia triangular con aletas apenas insinuadas, mientras que la otra no puede clasificarse tipológicamente. Entre este material, las dos piezas fragmentadas muestran claras fracturas provenientes de su uso como proyectil (fig. 84: 1-2). Otro tanto puede decirse de una de las de base cóncava, que, aunque intacta, conserva estrías microscópicas típicas (fig. 84: 4). Las otras dos piezas carecen de huellas de uso diagnósticas, lo que no impliCJ necesariamente que no fueran usadas. De hecho, ambas conservan restos de resina para el enmangue, por lo que debieron de haberse insertado en un ástil. El programa experimental que hemos realizado confirma las afirma· ciones de otros colegas en el sentido de que es posible usar de forma repetida las flechas sin que se fracturen. BIBLIOGRAFÍA. ABERG, N. 1921: La civilisation enéolithique dans le Péninsule Ibérique. Uppsala. ACOSTA MARTÍNEZ, P. 1976: "Excavaciones en el yacimiento de El Garcel (Antas, Almería)". Noticiario Arqueológico Hispánico, 5, pp. 189191. ACOSTA MARTÍNEZ, P. 1986: "El Neolítico en Andalucía occidental: estado actual", Homenaje a Luis Siret (1934-1984) (Cuevas del Almanzora 1984)-Sevilla, pp. 136-151. ACOSTA, P. 1987: "El Neolítico Antiguo en el suroeste español. La Cueva de la Dehesilla {Cádiz)". Actas del Col/oque lnternational Premieres Communautés Paysannes en Méditerranée Occidentale {Montpellier 1983)-Paris, pp. 653-659. ACOSTA MARTÍNEZ, P. y R. 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