Del desván a la escuela. Investigar la educación para la ciudadanía basada en el patrimonio: el aula como museo
Full text
EDUCAR PARA LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES VOLUMEN I I AsociAción UniversitAriA de ProfesorAdo de didácticA de lAs cienciAs sociAles Nicolás de AlbA FerNáNdez FrANcisco F. GArcíA Pérez ANtoNi sANtistebAN FerNáNdez EDITORES
Tïtulo EDUCAR PARA LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES AsociAción UniversitAriA de ProfesorAdo de didácticA de lAs cienciAs sociAles Nicolás de AlbA FerNáNdez FrANcisco F. GArcíA Pérez ANtoNi sANtistebAN FerNáNdez EDITORES VOLUMEN II
Educar para la participación ciudadana En la EnsEñanza dE las ciEncias socialEs. Volumen II Derechos reservados: ©Asociación Universitaria de Profesorado de Didáctica de las Ciencias Sociales ©Díada Editora, S. L. Urb. Los Pinos, Bq. 4, 4º D, 41089 Montequinto. Sevilla Tel. +34 954 129 216 WEB: www.diadaeditora.com Editores: Nicolás de Alba Fernández Francisco F. García Pérez Antoni Santisteban Fernández Imagen de cubierta: “Ya no somos la voz dormida” de Paula. Con licencia Creative Commons Dirección editorial y realización: Paloma Espejo Roig Impreso en España Primera edición, marzo 2012 ISBN: 978-84-96723-29-0 Depósito legal: SE-1654-2012 Financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación. Acción complementaria de referencia EDU2011-14941-E
27 dEl dEsván a la EscuEla. invEstigar la Educación para la ciudadanÍa basada En El patrimonio: El aula como musEo Nayra Llonch* Universitat de Lleida Engracia Molina Colegio Santa Anna (Lleida)* introducción: El marco dE rEFErEncia El marco teórico en el que se inscribe la presente investigación es, por una parte, la didáctica del patrimonio, por otra parte, la educación para la ciudadanía y, finalmente, la didáctica del objeto. En la presente comunicación obviaremos toda la temática referente a la didáctica del patrimonio por razones de extensión y nos centraremos en los otros dos ejes estructuradores, es decir, la educación para la ciudadanía y la didáctica del objeto. El objetivo específico de la investigación es analizar los mecanismos educativos a partir del patrimonio museístico. Hoy, los museos, además de contenedores de objetos, que en el caso de las ciencias sociales son fundamentalmente fuentes primarias, no se conciben sin su vertiente educadora. El museo, concebido como institución pública al servicio de la ciudadanía, debe ser considerado como un equipamiento educativo más. Ello no debería impedir que la propia ciudad, como comunidad de bienes y servicios, se considere también como educadora1. Es posible educar a la ciudadanía desde ópticas muy diversas, pero nuestro objetivo es hacerlo mediante los objetos que se custodian en los museos. los objEtos como FuEntE dE conocimiEnto El Museo siempre fue un contenedor de colecciones de objetos. Estos objetos suelen ser muy diversos y pueden ir desde tabletas cuneiformes hasta un simple plato cerámico de reflejos metálicos del siglo XVI. Los objetos que custodian y exhiben los museos, 1 Un trabajo reciente sobre el papel fundamental que pueden desempeñar las ciudades como entes educadores en patrimonio y en el respeto ciudadano a los espacios comunes es Ciudad educadora y patrimonio. Cookbook of Heritage (Coma y Santacana, 2010), donde, además, se pueden encontrar interesantes propuestas educativas. * Nayra Llonch: Facultat de Ciencias de la Educación. Universitat de Lleida. E-Mail: [email protected]. Engracia Molina: E-Mail: [email protected].
Educar para la participación ciudadana En la EnsEñanza dE las ciEncias socialEs 28 tanto si son fósiles como si son objetos arqueológicos o reliquias del pasado, para los usuarios que los contemplan, pueden tener valores muy distintos; y es que el valor que atribuimos a un objeto, a veces, es muy subjetivo. Sin embargo, lo que es indiscutible es que todo objeto o resto procedente del pasado tiene un valor como fuente histórica de este pasado del cual proviene. Precisamente los objetos y los restos del pasado son aquello que nos permite acercarnos a este pasado mediante una visión mucho más objetiva que la que nos proporciona cualquier relato de un testigo que hubiera vivido en él. En este sentido, y a modo de ejemplo, a nosotros nos han llegado muchos relatos sobre la marina de guerra del Báltico, pero lo que mejor nos informa sobre este tema es el hallazgo del buque insignia de la flota sueca del rey Gustavo II Adolfo de principios del siglo XVII, exhibido hoy en el Vasa Museet de Estocolmo2. Claro está que la historia también se construye a partir de otros tipos de fuentes primarias que suelen ser los relatos de los testigos y de los propios protagonistas de la vida y de los hechos que se narran; estos relatos, analizados, contrastados, depurados y verificados son, sin duda, fundamentales, pero sin los restos materiales, es muy difícil imaginar el pasado. También es cierto que hay periodos del pasado que son casi imposibles de conocer sin los restos y los objetos que de él nos han llegado. Es el caso de la prehistoria o bien de las épocas históricas en las cuales la escritura estaba en manos solo de las clases más altas; así, los pergaminos medievales nos pueden informar sobre las relaciones que mantenían los poderosos entre sí, de sus luchas, de sus pactos y de sus pensamientos; sin embargo, sólo los restos materiales, las chozas y los objetos cotidianos nos permiten conocer la vida de la gente común y de los campesinos. Y los museos son depósitos de este tipo de objetos; guardan, en primer lugar, objetos líticos, grandes piedras, restos de construcciones y monumentos demolidos en épocas antiguas o recientes; estas piedras son de índole muy diversa y van desde lápidas epigráficas antiguas hasta sepulcros modernos, incluidas las lápidas con el nombre de antiguas calles hoy cambiados por imperativos del tiempo. Dentro de estas colecciones de grandes materiales líticos hay también ruedas de molino, dinteles de puertas, claves de arcos con escudos heráldicos, etc. Las demoliciones de edificios religiosos en el siglo XIX llenaron de materiales pétreos estos museos; posteriormente, la expansión de los núcleos urbanos ha producido multitud de restos arqueológicos, los cuales, a menudo, se han depositado en estos museos. En estos casos suele tratarse de fragmentos cerámicos de todas las épocas, que esperan pacientemente que alguien se atreva a estudiarlos. En todo momento, el volumen que ocupan este tipo de restos es proporcional a la expansión del núcleo urbano: cuanto más se ha edificado, cuanto más se ha destrozado el casco antiguo, más abundantes son estos depósitos. Hay otro grupo de objetos que se exhiben en los museos; nos referimos a las pinturas, esculturas y demás obras de arte. Su procedencia también es muy variada y va desde las iglesias desamortizadas hasta los premios y medallas de Bellas Artes de antaño. En los almacenes y salas de estos museos se hacinan obras de pintura religiosa y obras de géneros hoy en gran parte devaluados y que proceden de antiguos almacenes 2 Véase Vasa Museet: <http://www.vasamuseet.se/>.
nayra lloncH y Engracia molina Del desván a la escuela. Investigar la educación para la ciudadanía basada en el... 29 que guardaban objetos también desamortizados, legados hechos por algún patricio o pintor, coleccionistas de antaño que entregaron o vendieron su colección generalmente heterogénea; a veces, incluso, algún que otro ciudadano que hizo entrega de alguna obra con la creencia que estaría mejor protegida en el museo que en manos de sus herederos legítimos, etc. Estas colecciones de obras de arte del siglo pasado, en ocasiones, se complementan con obras de pintores locales que tomaron rincones y paisajes locales como objeto de sus habilidades; las obras las compró algún edil sensible al tema, las colgó en algún despacho de la burocracia local hasta que el tiempo las arrinconó por razones de estética o bien de tamaño. De esta forma, engrosaron el “tesoro” de la colección del museo. Hay un tercer género de objetos que suelen estar en los museos: nos referimos a muebles y herramientas del pasado inmediato. En efecto, los procesos de transformación de las sociedades rurales hacia sociedades industriales -hecho que en la mayoría de municipios españoles ocurrió en la segunda mitad del siglo XX- liberó una gran cantidad de herramientas propias de estas sociedades agrarias; se trataba de herramientas agrícolas, carros, arreos para mulos y caballos, arados, azadas de todos los tipos, hoces, guadañas, podaderas, capazos, etc. Estas herramientas, generalmente voluminosas, no tenían cabida en las remodeladas viviendas de familias campesinas que cambiaban de oficio en la propia localidad o emigraban a las ciudades. Junto a todo ello había también oficios artesanales en trance de desaparición. ¿Qué se hizo de los talleres de los remendones de zapatos de los pueblos? ¿Qué se hizo de las herrerías que herraban a los caballos y mulos pero también fabricaban y arreglaban las herramientas? ¿A dónde fue a parar el material de las antiguas carpinterías? Todo esto, en gran parte, se perdió; se transformó en chatarra cuando había mucho metal de hierro, o bien se transformó en leña, si había mucha madera; pero una pequeña parte de estos objetos se libró del chatarrero y de la hoguera, respectivamente, e ingresó en los museos locales y allí permanecen todavía. De forma similar ocurrió con muebles, cocinas, aparatos de radio, gramolas y tocadiscos que dejaron de funcionar. Una buena parte fue a engrosar los fondos del museo. Finalmente hay una última tipología de objetos que merecen un apartado especial: nos referimos a los objetos propios de la sociedad industrial y que las sociedades postindustriales han ido arrinconando. A este capítulo pertenecen las turbinas, las antiguas centrales eléctricas, las máquinas para fabricar sombreros, los talleres de automóviles, los telares, las fábricas de estampados metálicos, los motores, etc. La desindustrialización genera chatarra industrial susceptible de acabar en un museo. El problema para este tipo de elementos suele ser el espacio; si no hay espacio, se conservan durante un tiempo limitado hasta que, una vez oxidados, se destinan a chatarra. En resumen, la naturaleza de los objetos susceptibles de formar parte de colecciones museográficas es muy variad a e incluye desde elementos muy modestos hasta grandes obras de arte (Santacana y Llonch, 2008). Su valor puede ser también muy diverso, según se juzgue el material con el que están hechos (oro, plata, maderas...), el trabajo añadido, o la rareza y exotismo de algunos de los objetos. Sin embargo, el valor educativo más importante reside en el hecho de ser fuentes primarias.
Educar para la participación ciudadana En la EnsEñanza dE las ciEncias socialEs 30 la didáctica dEl objEto: dEl objEto al concEpto El uso didáctico de objetos propios del museo lógicamente no debería excluir otros objetos o productos, ya que, en realidad, lo que trata de hacer la didáctica del objeto es relacionar objetos o productos con conceptos, con la finalidad de establecer vínculos que hagan comprensibles y fijen dichos conceptos en la memoria. (Santacana y Llonch, 2012, en prensa) Los ejemplos pueden ser múltiples y variados, pero es evidente que la indumentaria de un determinado personaje permite relacionar los objetos expuestos en la vitrina con conceptos fundamentales de la época. De esta forma, al fijar los conceptos, los objetos se transforman en elementos de referencia. Imaginemos una plancha eléctrica antigua o bien una de carbón de finales del siglo XIX; son dos objetos que bien podrían hallarse en un museo. Ambas nos remiten al mundo de la higiene, del lavado y planchado de la ropa. Si observamos cualquiera de estos dos artefactos, en el caso de las planchas de carbón, no existían en Europa antes de principios del siglo XVIII. En realidad parece que el invento es chino y se utilizaba desde el siglo IV, pero en Europa no hubo necesidad de él hasta muchos siglos después. Si el objeto que examinamos es una vieja plancha eléctrica, hay que decir que su patente es de 1882, cuando se presentó en Nueva York el primer prototipo. Sin embargo, realmente no se empezó a utilizar hasta que se le introdujo un termostato y, sobre todo, hasta que hubo luz eléctrica en las casas, y esto no empezó a ser una realidad hasta la década de los años veinte del siglo pasado. Ambos artefactos bien pudieran estar expuestos en cualquier museo de la técnica o en un museo local. En todo caso, es fácil hallar una vieja plancha. ¿Con qué podemos relacionar este objeto? Creemos que con la higiene, entre otras cosas. La ropa, antes de plancharla se suele lavar. Pero, ¿cuándo ocurrió esto y por qué? ¿Cuándo surgió la idea de lavar la ropa? En realidad, la ropa se ha lavado siempre, pero cuando en Europa se transformó en una necesidad no fue hasta comienzos del siglo XVIII. Los lavaderos públicos fueron una idea ilustrada que no se ejecutó en las ciudades y pueblos hasta bien entrado el siglo XIX y, especialmente, el siglo XX. Por otra parte, el jabón, elemento importante, aun cuando no indispensable para limpiar la ropa, era conocido desde antiguo, pero su generalización entre la población no pudo ser anterior al 1790, cuando Nicolas Leblanc, un médico francés, desarrolló un proceso químico para obtener sosa cáustica, que al reaccionar con la grasa producía un excelente y barato jabón. Por lo tanto, el jabón, el concepto de lavadero público, así como la introducción de la plancha, nos remiten al siglo XVIII, al movimiento ilustrado. Y es que no es hasta finales del siglo XVIII cuando se relaciona claramente la higiene corporal con el agua. Por todo ello, las planchas difícilmente podían adoptarse antes de finales de este siglo ilustrado. Y la revolución de la higiene, que fue acompañada de la prohibición de enterrar a los muertos en el interior de las iglesias y de otras medidas de sanidad pública -como limpieza de calles, etc.- fue lo que realmente contribuyó a eliminar las enfermedades epidémicas y, en consecuencia, al crecimiento espectacular de la población desde entonces. En este ejemplo hemos relacionado unos objetos, tales como una plancha o un instrumento de lavandería, con la revolución higiénica y con el crecimiento demográfico. Es evidente, y a ningún docente se le escapa, que con estas relaciones se contribuye notablemente a fijar conceptos en la mente.
nayra lloncH y Engracia molina Del desván a la escuela. Investigar la educación para la ciudadanía basada en el... 31 la ExpEriEncia didáctica, basE dE la invEstigación El uso didáctico de los objetos tiene muchas otras funciones sobre las cuales no es necesario insistir aquí, pero baste esta capacidad de fijar conceptos como base y justificación teórica de esta metodología3. Si imaginamos una exposición sobre nuestras vidas, estos objetos resultarían vitales. Cuando se museiza una casa de un poeta famoso, de un escritor o de cualquier personaje, los museólogos intentan reunir todos cuantos objetos rodearon a dicho personaje con el afán de reconstruir su perfil identitario y poderlo explicar en su contexto. ¿Cuántas casas-museo de artistas, políticos o científicos son precisamente relicarios de quienes allí vivieron? Desde Cervantes a Lope de Vega y desde George Washington a Pau Casals, las casas museo cumplen con esta función de mantener viva la memoria; son memoriales de los que la habitaron. Por lo tanto, nuestra vida podría ser tratada de la misma forma; entonces recogeríamos y clasificaríamos todo aquello que formó parte de nosotros mismos: fotografías, ropa, algún mueble, juguetes, máquinas, etc. De la misma forma que nuestra vida individual podría ser narrada a través de nuestros objetos, nuestra vida colectiva también podría serlo. Imaginemos que quisiéramos mostrar y explicar la historia de la vida cotidiana de la mitad del siglo XX en España o en un lugar cualquiera de ella. La larga lista de objetos susceptibles de contarnos esta historia es casi imposible de definir. Quienes quisieran hacerlo, deberían aprender primero a clasificar objetos: los que nos muestran la cocina y la comida; los que nos muestran la higiene, la salud y la enfermedad; la moda y los vestidos; las diversiones y los juegos; la religión y la piedad popular; el ocio y las vacaciones; la mili de los hombres; el parto en las mujeres, etc. Ni que decir tiene que todos estos objetos se podrían clasificar mediante los mismos parámetros que se utilizan para la clasificación de los objetos de los museos y a los cuales hemos hecho referencia al comienzo del artículo. Todos estos temas, debidamente presentados, nos proporcionarían una imagen veraz y probablemente muy completa de la sociedad de mitad del siglo; una exposición de este tipo puede que nos proporcionara una radiografía más compleja de la época que las propias crónicas del momento. La evidencia de los objetos destruye los tópicos, elimina las exageraciones propias de la nostalgia por el pasado, sitúa a los protagonistas en su lugar. Las distorsiones que el tiempo introduce en la memoria humana las corrigen los objetos procedentes del pasado. Y es que nuestros objetos, los que nos acompañan en nuestras vidas, hablan a menudo por nosotros con mucha más fuerza que las crónicas que se pudieran escribir, porque hablan de nuestros gustos, de nuestras aficiones, de las debilidades, de lo que quisimos ser, de nuestro trabajo, de nuestros éxitos y fracasos y de todo cuanto nos rodea. Los ejemplos de los objetos personales que hablan por nosotros en los museos son numerosos; una experiencia singular en este sentido son las exposiciones de exvotos, es 3 Sobre la didáctica del objeto en general y aplicada a los museos puede verse: Santacana, J. y Llonch, N., 2012, en prensa; García, A., 1989; García, A., 1997; y sobre la didáctica de una tipología objetual concreta, la indumentaria, véase Llonch, N., 2010a y Llonch, N., 2010b.
Educar para la participación ciudadana En la EnsEñanza dE las ciEncias socialEs 32 decir, ofrendas, normalmente en forma de cuadros o de pinturas, mediante las cuales una persona o una familia agradecía a un poder sobrenatural, ya fuere una virgen o un santo, su ayuda e intercesión ante cualquier adversidad. Normalmente los exvotos se suelen conservar en los santuarios religiosos, ya que es allí donde se hace la ofrenda; soldados que se libraron de morir en una batalla, hombres y mujeres que escaparon de cautiverios o secuestros, enfermos que atribuyen su curación a la intercesión sobrenatural, marineros que se libraron de enfermedades, y un largo etcétera, forman parte del elenco de exvotos susceptibles de ser expuestos en museos y exposiciones. En general, estos cuadros, que revelan una pintura popular, están distribuidos en tres espacios o campos: el espacio divino, el espacio humano y la zona de texto. A menudo, en el espacio divino hay el santo o la virgen que ha concedido el don y aparece en una nube del ángulo superior izquierdo, mientras que el espacio humano es el que describe el milagro y ocupa la mayor parte del cuadro. El texto se sitúa en la franja inferior. Estas pequeñas obras populares, normalmente de pintores anónimos que trabajaban para cubrir las necesidades de los devotos, intentaban mostrar en el cuadro una instantánea sintética de la historia que les explicaban los protagonistas o receptores del prodigio. Si tomamos uno de estos objetos, los mensajes que nos transmiten son múltiples, ya que, en primer lugar, se trata de obras de arte popular que manifiestan la estética de este arte atemporal. En segundo lugar, nos transmiten un mensaje sobre el mundo sobrenatural, su peso en las acciones y acontecimientos de la vida diaria y la cosmovisión de la gente. En tercer lugar, el exvoto nos informa de las formas de vida, del trabajo, de la indumentaria y de los acontecimientos o crónica de lo que ocurría. Todo ello son, pues, ejemplos de hasta qué punto, los objetos revelan aspectos de la vida de las personas, más allá de la crónica y del relato oficial. Si el objeto museístico constituye un potente material didáctico no es tanto por el hecho de estar en el museo sino de ser fuente de conocimiento del pasado. Es por ello por lo que, de la misma forma que cualquier objeto de nuestra vida cotidiana es susceptible de ser considerado objeto de museo por el solo hecho de sobrevivir al paso del tiempo, también puede ser considerado fuente de conocimiento. Por lo tanto, los objetos que rodean nuestra vida, la de nuestros padres o la de nuestros abuelos, debidamente tratados, pueden transformarse en objetos didácticos. En la presente investigación, basándonos en el marco anteriormente expuesto, desarrollamos una acción que consiste, por un lado, en fomentar las habilidades y capacidades intelectuales del alumnado de 4º de primaria a través de métodos de aprendizaje por descubrimiento, favoreciendo la ejercitación en la formulación de preguntas, el planteamiento de hipótesis e incluso el trabajo por inducción a través de objetos; por otro lado, reforzar el papel de la familia y el entorno más directo en la generación de este aprendizaje y conocimiento por parte del alumnado, y, por último, relacionar todo este descubrimiento con entornos de difusión del conocimiento como es la propia ciudad concebida como un marco educacional y sus equipamientos patrimoniales. Esta propuesta surge de la colaboración del área de Didáctica de las ciencias sociales del departamento de Didácticas específicas de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Lleida con el Colegio Santa Anna de la misma ciudad y parte de la