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Patrón cotidiano de actividad física y organización social del trabajo en la Gran Canaria prehispánica (siglos XI-XV): la aportación de los marcadores óseos de actividad física

Santana Cabrera, Jonathan Alberto,Velasco Vázquez, Javier,Rodríguez Rodríguez, Amelia

Abstract

El propósito de este artículo es discutir una reciente aportación que desde el ámbito de la bioarqueología ha abordado ciertas cuestiones acerca de los modos de vida de los antiguos canarios. Esta contribución se focaliza en el estudio de la organización social del trabajo a partir del análisis de algunos marcadores óseos de actividad física.

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REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 125 Revista Tabona, 19; enero 2011-2012, pp. 125-163; ISSN: e-2530-8327 PATRÓN COTIDIANO DE ACTIVIDAD FÍSICA Y ORGANIZACIÓN SOCIAL DEL TRABAJO EN LA GRAN CANARIA PREHISPÁNICA (SIGLOS XI-XV): LA APORTACIÓN DE LOS MARCADORES ÓSEOS DE ACTIVIDAD FÍSICA Jonathan Santana Cabrera* Javier Velasco Vázquez Amelia Rodríguez Rodríguez (Grupo de investigación TARHA) Departamento de Ciencias Históricas. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Resumen El propósito de este artículo es discutir una reciente aportación que desde el ámbito de la bioarqueología ha abordado ciertas cuestiones acerca de los modos de vida de los antiguos canarios. Esta contribución se focaliza en el estudio de la organización social del trabajo a partir del análisis de algunos marcadores óseos de actividad física. Concretamente, los músculo-esqueléticos o cambios entésicos y las dimensiones métricas de los huesos largos en una serie esquelética de 138 individuos. Esta muestra procede de diez necrópolis prehispánicas datadas por AMS entre los siglos xi y xv. Los resultados permiten describir un patrón cotidiano de actividad física que es congruente con una organización social del proceso productivo articulada a partir de una división sexual y social del trabajo. Palabras clave: Bioarqueología, marcadores óseos de actividad física, organización social del trabajo, prehispánico, Gran Canaria. Abstract «Daily Pattern of Physical Activity and Social Organization of Labour in the Pre-Hispanic Gran Canaria: The Contribution of the Skeletal Markers of Physical Activity (11th-15 Th AD Centuries)». The aim of this paper is to discuss a recent bioarchaeological contribution concerning to the pre-Hispanic inhabitants of Gran Canaria and their ways of life. This approach is focused on the study of the social organization of labour, based on the observation/identification of some skeletal markers of physical activity. Specifically, the musculoskeletal stress markers or entheseal changes and measurements of long bones are analyzed in a sample of 138 individuals. This population is from 10 pre-Hispanic cemetery located on the coast and dated by AMS between 11th and 15th AD centuries. The results reflect a pattern of daily physical activity which is consistent with a social organization of the production articulated from a sexual and social division of labour. Key words: Bioarchaeology, skeletal markers of physical activity, social organization of labour, Pre-Hispanic, Gran Canaria. REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 126 INTRODUCCIÓN La sociedad prehispánica de Gran Canaria ha sido explicada como una formación social jerarquizada (Jiménez González, 1999; Velasco, 1999; Onrubia, 2003; Rodríguez, 2010). Estas interpretaciones parten fundamentalmente de la información etnohistórica del periodo de contacto entre aborígenes y europeos. Al mismo tiempo, las aportaciones basadas en el análisis arqueológico de distintas parcelas del proceso productivo, así como el estudio de los restos óseos humanos, han ido argumentando la presencia de una división social del trabajo y un acceso desigual a lo producido. Al menos, para los siglos más inmediatos a la conquista de la isla (Velasco y Alberto, 2005; Delgado, 2009; Rodríguez, 2010). Las contribuciones de los investigadores sugieren un sistema socio-económico con especial protagonismo de las redes de distribución del excedente a partir de un tributo (Jiménez González, 1999; Velasco, 1999; Onrubia, 2003; Velasco y Alberto, 2005; Delgado, 2009; Rodríguez, 2010; Santana, 2011). Esta organización del proceso productivo puede entenderse en el contexto de un modo de producción tributario. No obstante, quedarían pendientes cuestiones fundamentales, como por ejemplo, si la forma tributaria de apropiación del excedente dio lugar a la consolidación de estructuras de dominación social al margen de las relaciones de parentesco. Esta problemática es resultado, en cierta medida, de las descripciones de los textos etnohistóricos y los documentos notariales de etapa colonial que relatan la presencia de dos grupos sociales antagónicos. Partiendo de estas fuentes, se puede sustraer que la asimetría de estos grupos estaba sustentada en la propiedad objetiva de los medios de producción y en la organización social del trabajo (Onrubia, 2003; Velasco y Alberto, 2005; Santana, 2009-2010; Santana, 2011). En consecuencia, la investigación arqueológica ha intentado por diversos medios hallar testimonios directos de estos dos grupos en el registro material. Sin embargo, los datos recogidos hasta el momento no constituyen evidencias directas de una asimetría social tan nítida. Lo cierto es que estos dos colectivos aparecen pródigamente citados en las fuentes etnohistóricas, con descripciones que distinguen claramente entre «nobles» y «villanos»1. Esta clasificación se adapta perfectamente a los esquemas europeos de organización social de aquel momento. Si bien los textos etnohistóricos suponen un excelente recurso, el panorama que representan está profundamente mediatizado por la propia cosmogonía de sus escritores, que traducían a su propio lenguaje las particularidades políticas que observaban (Onrubia, 2003; González y Rodríguez, 1998; Rodríguez y González, 2006). Del mismo modo, su óptica androcéntrica explica las escasas referencias a los personajes femeninos, especialmente en el caso de las mujeres del grupo no dominante. De ahí que sea preciso cuestionar este modelo de clasificación social para poder profundizar en el conocimiento histórico de los antiguos canarios. * E-mail: [email protected]. 1 «había entre los Canarios distinción de nobles y villanos» (López Ulloa en Morales Padrón, 2008: 313). REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 127 Según estos textos, el grupo dominante era propietario objetivo de los medios de producción, organizando y administrando la propiedad colectiva como representante de la comunidad. Su posición le aseguraba la dirección de la organización del proceso productivo, reforzando la disimetría en la capacidad de acumular y producir los elementos de la reproducción social (Velasco, 1999). En cambio, el grupo no dominante accedía de forma regulada a los medios de producción, que disfrutaba en calidad de usufructo a cambio de un diezmo (Morales Padrón, 2008). De este modo, el control y administración de la propiedad colectiva por parte de un grupo concreto, que ejercía como verdadero poseedor, determinaba socialmente la asimetría en el acceso a los medios de producción y generaba relaciones de dependencia2 (Velasco, 1999; Onrubia, 2003). Los datos bioarqueológicos ponen de manifiesto importantes diferencias en el estado nutricional de la población prehispánica que delatan pautas socialmente asimétricas en el acceso a determinados alimentos (Velasco, 1999; Delgado, 2009). Esta circunstancia, más allá de desequilibrios determinados por los recursos locales, puede interpretarse en el contexto de un modelo de producción tributario que implicaba un acceso desigual a los alimentos. Pero, que al mismo tiempo, aseguraba la satisfacción de las necesidades básicas de todos los sujetos (Velasco, 1999). El colectivo dominante, según las fuentes etnohistóricas, aseguraba su posición a partir de la institucionalización de diversos medios de cohesión y coerción social. En los hombres, uno de los mecanismos más importantes era la desvinculación del ejercicio directo de la producción de bienes de subsistencia y de consumo, así como su directa asociación con el ámbito bélico y religioso (Onrubia, 2003; Santana, 2011). Este estatus era igualmente visible en los elementos de identidad y de expresión social como la vestimenta y otros atributos externos (Rodríguez, 1999). Las mujeres del grupo dominante estaban subordinadas al grupo masculino (Rodríguez, 2000). Su estatus servía como elemento de cambio en una política de alianzas que utilizaba los matrimonios para fortalecer las relaciones de distintas facciones del grupo dominante (Rodríguez, 2000; Onrubia, 2003). Este grupo también tuvo un papel importante en distintas tareas productivas y de carácter político-ideológico. A tal efecto, los textos etnohistóricos relatan cómo algunas de ellas, denominadas maguadas, vivían cierto tiempo bajo un régimen diferente al resto de mujeres. Durante este retiro participaban junto al faycag en rituales religiosos, dedicándose igualmente a producir determinados bienes de consumo, al menos hasta que contraían matrimonio (Morales Padrón, 2008; Rodríguez, 2000; Onrubia, 2003). Estas mujeres eran adiestradas en las labores que se adscribían a su estatus social. Así, existían «maestras para las niñas a enseñarles cantares y coser pieles i hacer thamarcos, todo a costa de el sustento que les daba el Rey; i había casas o cuevas onde asistían éstas» (Gómez Escudero, en Morales Padrón, 2008: 434). Esta 2 «las tierras y haciendas eran comunales, repartíanse cada año por cabildos» (Sedeño en Morales Padrón, 2008: 373). REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 128 cita etnohistórica resulta significativa, puesto que refleja la institucionalización de la división sexual del trabajo, concretamente en el seno del colectivo privilegiado. El grupo social no dominante estaba compuesto por sujetos sociales jurídicamente libres aunque vinculados al conjunto dominante por relaciones de dependencia basadas en principios económicos y parentales (Velasco, 1999; Onrubia, 2003; Velasco y Alberto, 2005). Sus miembros eran también denominados en los textos etnohistóricos como «trasquilados» ya que se distinguían del sector dirigente por su aspecto físico, recalcando las desigualdades de estatus social que existían entre ambos grupos (González y Rodríguez, 1998; Rodríguez, 1999; Onrubia, 2003). Este colectivo estaría formado principalmente por agricultores y ganaderos como reflejo de unas actividades que suponían la base fundamental de sus prácticas económicas. Del mismo modo, se encargarían de otras labores de carácter doméstico o extra-doméstico orientadas a la producción de diferentes bienes. Aquí deben incluirse las producciones vinculadas a complementar la dieta, como la explotación de los recursos marinos, la recolección de vegetales, la captura de pequeños animales, o aquellas relacionadas con la elaboración y mantenimiento de determinados objetos e instalaciones (Santana, 2011). En este sentido, destacan las referencias etnohistóricas que mencionan la presencia de especialistas: «los canarios tenían entre sí oficiales de hacer casas debajo y encima de la tierra, carpinteros, sogueros que trabajaban con yerbas y con hojas de palma» (Torriani, 1978: 112-113). De hecho, ya se ha sugerido que la explotación de las minas de obsidiana y canteras de molino, o las labores más refinadas relacionadas con las industrias corioplásticas y de fibras vegetales, fueron obra de trabajadores cualificados, aunque por el momento se desconoce si su dedicación fue a tiempo parcial o completo (Rodríguez, 1999; Martín et al., 2001; Velasco et al., 2001; Rodríguez et al., 2006; Delgado, 2009; Rodríguez, 2010). Los pocos datos acerca del papel de la mujer de este grupo se limitan normalmente a la descripción de aspectos generales de la vida familiar y de algunas actividades de carácter doméstico y especializado (Rodríguez, 1997; 2000). A la luz de esta información se pretende profundizar en el conocimiento de la organización social del trabajo de los antiguos canarios. Según la documentación etnohistórica, el trabajo constituía uno de los ámbitos que mejor reflejaba la asimetría social, materializando unas relaciones sociales específicas que otorgaban un valor determinado a las tareas que se vinculaban a cada grupo social. Desde esta perspectiva, el estudio de los restos humanos supone una excelente oportunidad para profundizar en estas cuestiones, ya que los huesos son capaces de reflejar las huellas de uso del cuerpo en las actividades cotidianas, es decir, de su papel como fuerza de trabajo (Hawkey y Merbs, 1995; Castro et al., 1998; Risch, 2002; Santana, 2011). En este caso, el análisis de una muestra esquelética representativa de los antiguos canarios sirvió para identificar grupos poblacionales diferenciados en el proceso productivo. Si los esqueletos representan el testimonio de los sujetos sociales como fuerza de trabajo y son capaces de reflejar las huellas de uso, entonces es posible investigar estas huellas como resultado de desigualdades en los hábitos laborales, al menos desde una perspectiva general (Dutour, 1992; Risch, 2002). Estas diferencias, no obstante, no supondrían una relación directa con los grupos sociales anteriormente descritos, sino que, más bien, reflejarían la distribución de tareas por parte de los agentes de la producción. Dicho panorama derivaría de un cierto grado de división REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 129 social del trabajo que estaría determinada en primera instancia por unas relaciones sociales de producción históricamente definidas. Pese a todo, la presencia de grupos antagónicos en la organización social del trabajo sí que debería observarse, en cierta medida, por el impacto de las actividades físicas y laborales en la propia fuerza de trabajo, es decir, en los esqueletos de los hombres y las mujeres que participaron en el proceso productivo y la reproducción social. Con este propósito se analizaron una serie de marcadores óseos que son capaces de aportar datos directos y sustanciales sobre la intensidad, variabilidad y duración de los esfuerzos físicos que habitualmente realizan los individuos en su vida cotidiana (Santana, 2011; Santana et al., 2013). Esta capacidad posibilita considerar a los sujetos estudiados como fuerza de trabajo según su posición en la distribución de tareas y la inferencia de diferentes preguntas de calado histórico. De este modo, se plantearon una serie de cuestiones a partir de esta línea de investigación: la definición de las características generales del patrón cotidiano de actividad física, las diferencias entre hombres y mujeres como resultado de una distribución sexual de tareas, la presencia de variaciones territoriales y la relación entre soporte funerario y patrón de actividad física. El patrón cotidiano de actividad física se refiere a las particularidades biomecánicas generales que caracterizan a determinados grupos poblacionales como consecuencia de la interacción entre actividad física, organización social del trabajo y sistema músculo-esquelético. Es producto de la «historia» biomecánica del individuo y el resultado de la combinación de sus actividades laborales con el conjunto de movimientos, posturas y hábitos propios de su relación con el medio que le rodea (Santana, 2011: 380). MUESTRA La serie poblacional consta de 138 individuos (82 hombres y 56 mujeres) procedentes de diez necrópolis prehispánicas cuyos restos se depositan en el Museo Canario (tabla 1). Estos espacios funerarios se sitúan en distintas localizaciones de la costa donde se concentran algunos de los asentamientos de mayor entidad (figura 1). Constituyen diferentes expresiones del mundo sepulcral prehispánico, con cementerios formados por fosas y cistas (Lomo Maspalomas, Juan Primo, Las Candelarias, Lomo Galeón, El Metropole), túmulos (El Agujero-La Guancha, Los Caserones) y cuevas funerarias (El Hormiguero, Lomo Los Gatos). En este conjunto las poblaciones de Lomo Maspalomas y El Agujero-La Guancha representan las colecciones osteológicas más importantes con un mayor número de individuos. La serie esquelética fue seleccionada cumpliendo los siguientes requisitos: a) edad de muerte situada entre los 18 y 45 años; b) buen estado de conservación y representación de los restos esqueléticos (esqueletos completos); y c) ausencia de signos patológicos que pudieran intervenir en el aspecto de las entesis. Para ello se utilizaron los criterios diagnósticos de Roger y Waldron (1995) y Martin-Dupont et al., (2006) para el DISH (hiperostosis esquelética difusa idiopática) (Waldron, 2009), y las espondilo-artropatía, y los de Lovell (1997) y Ortner y Putschar (1985) para displasias, fracturas y dislocaciones. REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 130 TABLA 1: SERIE POBLACIONAL SEGÚN SEXO, EDAD Y NECRÓPOLIS DE PROCEDENCIA Necrópolis Hombres Mujeres 18-25 26-35 36-45 18-25 26-35 36-45 El Agujero-La Guancha 9 9 4 5 3 2 Juan Primo 2 3 Maspalomas 515 15 517 10 Lomo Galeón 1 1 1 Los Caserones 2 1 2 El Metropole 1 1 2 El Hormiguero 1 3 6 1 El Risco 3 Las Candelarias 1 1 1 Lomo Los Gatos 1 1 TOTAL 16 35 31 10 29 17 Figura 1. Localización de las necrópolis en la isla de Gran Canaria REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 131 El sexo fue asignado a partir de los rasgos morfológicos del cráneo y la pelvis (Buikstra y Ubelaker, 1994; Bruzek, 2002) y por funciones discriminantes (Alemán et al., 1997). Este último método se aplicó en aquellos casos en los que se pudo estimar previamente el sexo mediante la pelvis. El propósito de la aplicación de estas funciones era corroborar su idoneidad en la población de Gran Canaria. Los resultados demostraron que estas fórmulas reflejaban el dimorfismo sexual de los antiguos canarios. La estimación de la edad se realizó a partir de la combinación de diferentes métodos diagnósticos del esqueleto craneal (desgaste dental) y postcraneal (sínfisis púbica, faceta auricular, acetábulo, osificación del extremo esternal de las costillas) (Brothwell, 1987; Buikstra y Ubelaker, 1994; Schmitt, 2005; Rissech et al., 2007). Los restos humanos examinados están datados por AMS entre los siglos xi y xv (tabla 2). Este periodo cronológico coincide con la última fase de ocupación prehispánica del poblamiento insular y alcanza el momento en que la corona de Castilla conquista la isla. La mayoría de las necrópolis se sitúan en el arco cronológico de los siglos xiii-xiv. TABLA 2. DATACIONES AMS (14C) DE LAS NECRÓPOLIS DE LOS CASERONES, JUAN PRIMO, EL AGUJERO-LA GUANCHA, LOMO LOS GATOS, EL HORMIGUERO, LOMO GALEÓN, MASPALOMAS, EL RISCO, LAS CANDELARIAS Y METROPOLE Tipo Muestra Sepultura/ Individuo Necrópolis Nº Laboratorio Cal AD1Cal BP2BP Convencional Referencia Bibliográfica Óseo humano Cista 4 Los Caserones Beta - 21078131270-1320 / 1350-1390 680-560 690 ± 40 (Alberto y Velasco, 2009) Óseo humano 2.1 Juan Primo Beta - 248144 1260-1310 y 1360-1380 700-640 y 590-570 710 ± 40 (Alamón, 2008) Óseo humano 2.2 Juan Primo Beta - 248145 1160-1280 790-670 800 ± 50 (Alamón, 2008) Óseo humano 4.1 Juan Primo Beta - 248149 1270-1400 680-550 660 ± 40 (Alamón, 2008) Óseo humano 5.1 Juan Primo Beta - 248146 1280-1400 670-550 640 ± 40 (Alamón, 2008) Óseo humano 12.1 Juan Primo Beta - 248147 1280-1410 670-540 630 ± 40 (Alamón, 2008) Óseo humano 14.1 Juan Primo Beta - 248148 1300-1430 660-520 580 ± 40 (Alamón, 2008) Óseo humano Túmulo 3 / 19 (3a) El AgujeroLa Guancha Beta - 261235 1310-1380 640-570 630 ± 40 (Santana, 2009-2010) Óseo humano Túmulo 3 / 15 (3d) El AgujeroLa Guancha Beta - 261236 1320-1390 630-560 610 ± 50 (Santana, 2009-2010) Óseo humano Túmulo 5 / 32 (5a) El AgujeroLa Guancha Beta - 261237 1300-1380 650-570 640 ± 40 (Santana, 2009-2010) Óseo humano Túmulo 5 / 31 (5d) El AgujeroLa Guancha Beta - 261238 1320-1350 y 1390-1440 630-600 y 560-510 530 ± 40 (Santana, 2009-2010) REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 132 Tipo Muestra Sepultura/ Individuo Necrópolis Nº Laboratorio Cal AD1Cal BP2BP Convencional Referencia Bibliográfica Óseo humano Túmulo 1 / 29 (28a) El AgujeroLa Guancha Beta - 261239 1260-1320 y 1350-1390 690-630 y 600-560 690 ± 40 (Santana, 2009-2010) Óseo humano Túmulo 1 / 6 (28b) El AgujeroLa Guancha Beta - 261240 1040-1170 910-780 910 ± 40 (Santana, 2009-2010) Óseo humano Túmulo 1 / 10 (39) El AgujeroLa Guancha Beta - 261241 1260 y 12301280 690 y 720-670 770 ± 40 (Santana, 2009-2010) Óseo humano 4 / Ind. 1 Lomo Los Gatos Beta - 302330 1200-1270 750680 800 ± 30 Inédita Óseo humano Cueva 4 / Ind. 10 El Hormiguero Beta - 302332 1020-1160 930-790 950 ± 30 Inédita Óseo humano Cista C / Ind. 4 Lomo Galeón Beta - 302333 1260-1290 700-660 730 ± 30 Inédita Óseo humano Bloque 140 / Ind. 1 Maspalomas Beta - 210779 1160-1280 673-796 820 ± 40 (Alberto y Velasco, 2008) Óseo humano Bloque 130 / Ind. 1 Maspalomas Beta - 302334 1320-1350 / 1390-1430 630-600 / 560-520 550 ± 30 Inédita Óseo humano 2007 / Ind. 3 El Risco Beta - 302335 1270-1310 / 1360-1380 680-640 / 590-570 90 ± 30 Inédita Óseo humano 2003 / Ind. 1 El Risco Beta - 302336 1290-1400 660-550 30 ± 30 Inédita Óseo humano Individuo 1 Las Candelarias S.R. 1350-1420 -540 ± 30 Arqueocanaria, 2007 Óseo humano Sin referencia Metropole Beta – 32663 1285-1464 540 ± 70 BP -(Betancort y Velasco, 1998) 1 95 % de probabilidad. 2 Ídem. 3 Beta Analytic (Miami, EEUU). MÉTODO Los marcadores óseos de actividad física son cambios en la superficie y estructura del hueso que se originan como respuesta a un patrón cotidiano de actividad física (Kennedy, 1989). En este artículo se aborda el estudio de los marcadores músculo-esqueléticos o cambios entésicos de la extremidad superior y las dimensiones métricas de los huesos largos de ambas extremidades. Esta aproximación permitió definir gestos funcionales y cadenas biomecánicas capaces de informar sobre hábitos, analogías y asimetrías en el contexto de la población examinada. Marcadores músculo-esqueléticos o cambios entésicos de actividad física El análisis de los marcadores músculo-esqueléticos o cambios entésicos se focaliza en el estudio de las variaciones morfológicas de las entesis, regiones esqueléticas donde se produce la unión con músculos, tendones y ligamentos (Kennedy, REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 133 1989; Hawkey y Merbs, 1995; Foster et al., 2012; Villotte y Knüsel, 2013). Esta metodología se fundamenta en la teoría de que el esqueleto es capaz de adaptarse a los estímulos mecánicos. Por ejemplo, un trabajo realizado de forma cotidiana y durante mucho tiempo, ya sea mediante la manipulación de una herramienta o por un gesto técnico concreto, moviliza una determinada combinación de cadenas biomecánicas con diferentes modalidades de carga (duración, frecuencia, fuerza). Como resultado, las entesis se ven estimuladas por el proceso de remodelación ósea, adaptándose a las necesidades del individuo (Hawkey y Merbs, 1995; Foster et al., 2012). Los principales problemas que se plantean a la hora de abordar el estudio de los cambios entésicos tienen que ver con la influencia de la edad (Robb, 1998; Galtés et al., 2006; Mariotti et al., 2007; Alves-Cardoso y Henderson, 2010; Villotte, 2006; Villote et al., 2010; Milella et al., 2012), el dimorfismo sexual (Wilczak, 1998; Weiss, 2003; 2007), la anatomía de las inserciones (Galtés et al., 2006; Villotte et al., 2010; Schelcht, 2012), la relación con la actividad física (Galtés et al., 2006; Mariotti et al., 2007; Villotte, 2006; Alves Cardoso y Henderson 2010; Milella et al., 2012; Foster et al., 2012), factores genéticos (Hawkey y Merbs 1995; Foster et al., 2012), influencia hormonal (Villotte y Knüsel, 2013), dieta (Wackerhage y Rennie, 2006) y los sistemas de registro (Galtés et al., 2006; Mariotti et al., 2007; Villotte, 2006; Alves-Cardoso y Henderson, 2010). Estos factores fueron tomados en cuenta a la hora de desarrollar la propuesta metodológica y las interpretaciones de los resultados. Únicamente se examinaron los miembros superiores porque son las partes del cuerpo más involucradas en las actividades de carácter laboral. En total, se analizaron 41 entesis de la clavícula, húmero, cúbito y radio que incluían inserciones de tipo fibrocartilaginoso y fibroso (periosteales y por tendón) (tabla 3). Los cambios entésicos registrados en las entesis fibrocartilaginosas incluyen neoformaciones óseas, cambios estructurales y/o un aumento subperióstico de la masa ósea (Benjamin et al., 2006; Galtés et al., 2006; Mariotti et al., 2007; Villotte et al., 2010). En aquellas entesis que soportan cargas mecánicas significativas y que desempeñan un papel sustancial como motores primarios del sistema músculo-esquelético pueden aparecer procesos patológicos en forma de entesopatías (Marieb, 1995; Galtés et al., 2006; Villote et al., 2010). Los cambios entésicos que se observan en las entesis fibrosas varían en función del tipo de tejido que se ancla al hueso. Cuando constituyen entesis periosteales que se unen al esqueleto mediante fibras musculares se aprecian cambios arquitecturales (concavidades y planos) en la cortical del hueso. En cambio, cuando estas uniones se realizan mediante tendones, se observan depósitos óseos, rugosidades y elevaciones o crestas (Galtés et al., 2006; Mariotti et al., 2007). Los marcadores músculo-esqueléticos fueron examinados a partir de un atlas visual y descriptivo que analizaba y graduaba la robustez de cada entesis (Santana, 2011; Santana et al., 2013). Este estándar se basa en criterios cualitativos de carácter macroscópico que definen los umbrales de cambio que experimentan las entesis. Estos criterios son visuales y táctiles: morfología, textura, área y depresión de la superficie ósea. Los cambios entésicos fueron divididos en dos grupos principales: cambios vinculados a la robustez y expresiones patológicas, los cuales fueron graduados en un sistema que va desde el grado 0 (ausente) hasta el grado 4 (expresión patológica) REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 140 TABLA 6. RESULTADOS DE LOS ÍNDICES DIAFISARIOS SEGÚN EL SEXO DE LOS INDIVIDUOS PARA EL CONJUNTO DE LA MUESTRA EXPRESANDO SU MEDIA Índices Diafisarios Extremidad nMedia Hombres nMedia Mujeres P-valores Hombres vs. Mujeres P-valores Hombres vs. Hombres P-valores Mujeres vs. Mujeres P-valores Hombres (cistas vs. fosas vs. cueva) P-valores Mujeres (cistas vs. fosas vs. cueva) Clavícula Derecha 30 111,2325 23 107,8250 Izquierda 29 107,8387 19 108,1651 Húmero Derecha 33 83,8237 19 78,3111 P < 0,05 P < 0,05 Izquierda 29 78,9619 19 76,0149 Cúbito Derecha 24 112,2376 17 110,3237 P = 0,01 Izquierda 27 113,4656 20 108,2757 P < 0,005 P < 0,01 P = 0,001 Radio Derecha 33 109,8085 21 108,9882 P = 0,000 P < 0,005 P < 0,01 Izquierda 34 102,6681 28 99,6161 P = 0,000 P = 0,000 P = 0,001 Fémur Platimérico Derecha 36 80,8567 26 80,9689 Izquierda 43 81,5796 30 85,7274 Fémur Pilastérico Derecha 25 118,9835 14 117,1641 Izquierda 30 116,1300 14 111,2209 P < 0,05 Tibia cnémico Derecha 38 68,2814 31 65,2970 Izquierda 48 67,0157 33 65,5076 (n = toda la muestra). P-valores de la prueba estadística T entre hombres y mujeres del conjunto de la muestra. P-valores de la prueba estadística ANOVA según la necrópolis de procedencia para cada sexo (Hombres vs Hombres; Mujeres Vs Mujeres). P-valores de la prueba estadística ANOVA según el soporte funerario: hombres (cistas vs fosas vs cuevas), mujeres (cistas vs fosas vs cuevas). REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 141 TABLA 7. RESULTADOS DE LOS ÍNDICES DE ROBUSTEZ SEGÚN EL SEXO DE LOS INDIVIDUOS PARA EL CONJUNTO DE LA MUESTRA EXPRESANDO SU MEDIA Índices Robustez Extremidad nMedia Hombres nMedia Mujeres P-valores Hombres vs. Mujeres P-valores Hombres vs. Hombres P-valores Mujeres vs. Mujeres P-valores Hombres (cistas vs. fosas vs. cueva) P-valores Mujeres (cistas vs. fosas vs. cueva) Clavícula Derecha 31 24,8589 22 24,2496 Izquierda 31 24,3621 16 23,8791 Húmero Derecha 34 20,5234 19 18,3469 P = 0,000 Izquierda 29 19,8083 19 18,4403 P < 0,01 Cúbito Derecha 22 13,7520 18 13,0669 Izquierda 27 13,8435 19 13,2999 Radio Derecha 32 17,2963 20 15,8345 P = 0,001 Izquierda 34 17,2998 27 16,2871 P < 0,01 Fémur Derecha 28 19,7229 10 18,4156 Izquierda 32 19,8780 11 18,3253 P < 0,01 Tibia Derecha 27 22,2475 20 20,9112 P < 0,005 Izquierda 38 22,4926 21 21,6442 (n = toda la muestra). P-valores de la prueba estadística T entre hombres y mujeres del conjunto de la muestra. P-valores de la prueba estadística ANOVA según la necrópolis de procedencia para cada sexo (Hombres vs Hombres; Mujeres Vs Mujeres). P-valores de la prueba estadística ANOVA según el soporte funerario: hombres (cistas vs fosas vs cuevas), mujeres (cistas vs fosas vs cuevas). REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 142 El patrón de actividad física de los antiguos canarios se caracterizó por la baja intensidad de las actividades unilaterales. Los datos señalan que, tanto en los cambios entésicos como en las dimensiones de los huesos largos, el impacto de ese tipo de acciones fue insuficiente para destacar sobre los patrones bilaterales, por lo general más numerosos y habituales. Igualmente, los porcentajes de asimetría bilateral encajan en los perfiles que se han descrito para los grupos con un modo de vida campesino (Eshed et al., 2004; Lieverse et al., 2009; Ruff, 2008; Olgivie y Hilton, 2011). Este perfil se define por la presencia de un importante número de actividades físicas bilaterales realizadas de forma regular, habitual y continua. Esta circunstancia tuvo que ser resultado de la multiplicidad de procesos laborales y la versatilidad de la fuerza de trabajo en las actividades cotidianas de una sociedad productora como la prehispánica. Dicha información encaja con el conocimiento que se tiene sobre la importancia de la agricultura y la ganadería en el modo de vida aborigen, lo que tuvo que suponer, en cualquier caso, la movilización de un importante número de individuos para su mantenimiento y reproducción (Velasco, 1999; Velasco y Alberto, 2005; Morales, 2010; Santana, 2011). Patrón de movilidad En términos generales, el perfil osteométrico de la serie prehispánica coincide con el de una población sedentaria con un bajo nivel de desplazamientos, como suele ocurrir en aquellas sociedades con una economía productora consolidada (figuras 3 y 4) (Wescott, 2001; Ruff, 2008; Pomeroy y Zakrzewski, 2009). La escasa movilidad debe ponerse también en relación con la vocación de continuidad y de fijación en un territorio concreto, circunstancia que adquiere una especial significación, si se tiene en cuenta la naturaleza de las prácticas de subsistencia y los derechos de uso y posesión de los medios de producción que el registro arqueológico y las fuentes etnohistóricas sugieren (Rodríguez Santana, 1996; Velasco, 1999; Onrubia, 2003; Morales, 2010; Morales Padrón, 2008; Delgado, 2009; Rodríguez, 2010; Santana, 2011). Al mismo tiempo se observaron similitudes importantes entre las distintas series examinadas, consecuencia probablemente, de la ubicación costera de los asentamientos. Aun así, se detectaron individuos con un régimen mayor de movilidad, quizás como resultado de su papel en trabajos que exigían mayores desplazamientos y de su participación en las relaciones con otros espacios productivos y/o poblacionales. El área de captación económica (ACE) no presentó variaciones estadísticas entre asentamientos en las isócronas a 15, 30 y 45 minutos. En el ACE de 60 minutos se observaron desigualdades significativas entre yacimientos y al mismo tiempo una relación directa con las dimensiones métricas de los fémures (figura 5 y tabla 8). Por ejemplo, los fémures y tibias de las necrópolis de El Agujero-La Guancha y Maspalomas resultaron ser los menos robustos de todo el conjunto analizado, con un ACE mayor que el resto de contextos arqueológicos, y con las pendientes más suaves de toda la serie. Por su parte, El Risco y Lomo Galeón revelaban los fémures más robustos y el territorio inmediato con las pendientes más pronunciadas, lo que se tradujo en un «área de captación» de extensión menor. Esta correspondencia REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 143 Figura 3. Índices del fémur en distintas poblaciones arqueológicas con modos de vida diferentes. Sólo hombres. MW (Middle Woodland-horticultores); ELW (Early Late Woodland-horticultura intensiva); LLW (Late Late Woodland-horticultores intensivos con agricultura incipiente de maíz) y MISS (Periodo Mississipi-agricultura intensiva de maíz). Clásico Maya: agricultura intensiva y excedentaria (Grube, 2006; Wanner et al., 2007). Écija (ciudad árabe del siglo xi); Great Chesterford (comunidad campesina inglesa siglos v-vi (Pomeroy y Zakrzewsky, 2009). Figura 4: Índices del fémur en distintas poblaciones arqueológicas con modos de vida diferentes. Sólo mujeres. MW (Middle Woodland-horticultores); ELW (Early Late Woodland-horticultura intensiva); LLW (Late Late Woodland-horticultores intensivos con agricultura incipiente de maíz) y MISS (Periodo Mississipi-agricultura intensiva de maíz). Clásico Maya: agricultura intensiva y excedentaria (Grube, 2006; Wanner et al., 2007). Écija (ciudad árabe del siglo xi); Great Chesterford (comunidad campesina inglesa siglos v-vi (Pomeroy y Zakrzewsky, 2009). REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 144 Figura 5. Resultados por medias para toda la muestra según la necrópolis de procedencia. TABLA 8: ÁREA Y PENDIENTE DEL ACE DE CADA ASENTAMIENTO A 60 MINUTOS Necrópolis Asentamiento Área (m2)Pendiente (%) El Agujero-La Guancha Gáldar 32.280.365,5 31,7066671 Juan Primo Gáldar 32.280.365,5 32,2803655 Maspalomas Lomo Perera (T.M. San Bartolomé de Tirajana) 35.579.820,2 23,6644408 Lomo Galeón El Pajar (T.M. San Bartolomé de Tirajana) 15.457.169,2 31,820631 Los Caserones Los Caserones (T.M. de La Aldea) 23.634.444,5 35,2310364 El Metropole El Metropole (T.M. Las Palmas de G.C.) 24.761.264,2 17,115703 El Hormiguero Guanchía (T.M. Firgas) 16.886.470,2 32,8571072 El Risco El Risco (T.M. Agaete) 11.881.292,1 62,3114819 Las Candelarias Agaete 17.652.726,1 36,996587 Lomo Los Gatos Lomo Los Gatos (T.M. Mogán) 11.618.094 48,3319125 viene a corroborar la influencia del territorio en la musculatura y el patrón de movilidad de la población prehispánica. Al mismo tiempo, encuadra con el patrón de movilidad conocido para formaciones históricas de economía productora, con un nivel de desplazamientos que resulta homogéneo entre asentamientos a menos de 60 minutos de marcha. REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 145 Pero la orografía no explica toda la variabilidad del fenómeno. Por ejemplo, a la serie de Juan Primo se le asignó el mismo asentamiento que a la necrópolis de El Agujero-La Guancha, el núcleo urbano de Gáldar. Sin embargo, los resultados indican que los individuos de Juan Primo, con unos fémures menos circulares, tenían un patrón de movilidad mayor que los de El Agujero-La Guancha. Es aquí donde podrían influir otros aspectos ligados a la organización social de la producción y al modo de acceso a los espacios productivos y a los productos. Asimetrías sexuales en el patrón de actividad física Las desigualdades registradas en los marcadores de actividad física señalaron asimetrías importantes en el patrón actividad física entre hombres y mujeres (tablas 6-7; 9-12). Los datos revelan que, como norma general, los hombres realizaron labores de mayor envergadura y exigencia física, mientras que las mujeres sobresalieron en determinados gestos funcionales asociados al antebrazo. En ambos casos, estos resultados describen el impacto de hábitos cotidianos realizados con intensidad y durante un periodo de tiempo significativo. Lejos de responder a coyunturas esporádicas, estos perfiles derivan de condiciones de esfuerzo físico recurrentes y asimétricas según el sexo. Estos resultados son coherentes con la casuística observada en otras poblaciones esqueléticas donde se puntualiza un importante dimorfismo sexual. Como norma general, son los hombres los que presentan por norma general una robustez mayor en las entesis, con algunas excepciones favorables a las mujeres. Este comportamiento se ha vinculado a diferencias en el patrón de actividad física, la naturaleza de las cargas mecánicas y el tamaño corporal (Steen y Lane, 1998; Weiss, 2003, 2007; al-Oumanoui et al., 2004; Milella et al., 2012). También se ha puesto de manifiesto que los factores hormonales juegan un papel muy importante en el dimorfismo sexual (Wilczak, 1998; Mariotti et al., 2007; Villotte et al., 2010; Niinimäki, 2011; Schelcht, 2012). Hombres y mujeres presentan diferencias en la adaptación del hueso debido a la influencia de las hormonas en la deposición endóstica y periosteal (Frost 1999; Foster et al., 2012). Esta influencia se percibe también en las diferencias en el crecimiento de los músculos entre hombres y mujeres, donde los individuos masculinos exhiben un mayor tamaño en la sección transversal (Ruff, 2003). También se ha sugerido que el estrógeno juega un rol importante en el debilitamiento de la hipertrofia del tendón en mujeres (Kjaer y Hansen 2008; Westh et al., 2008). Otras diferencias sexuales son observadas en la masa e hipertrofia muscular durante la adolescencia, donde los hombres demuestran mayor desarrollo en el tamaño y fuerza muscular, especialmente en la extremidad superior. Esto ocurre debido al incremento de los niveles de testosterona en hombres (Round et al., 1999). Sin embargo, la estrategia conservadora del análisis estadístico y la conjunción de diferentes perspectivas analíticas (diferencias inter-sexuales, MDI, etc.), permite plantear que parte de estas desigualdades son resultado de los patrones de actividad física. En especial, en aquellos marcadores que demuestran una correlación positiva que se puede explicar en el contexto de cadenas biomecánicas coherentes. REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 146 TABLA 9. RESULTADOS EN LOS MARCADORES MÚSCULO-ESQUELÉTICOS DE LA CLAVÍCULA SEGÚN EL SEXO DE LOS INDIVIDUOS PARA EL CONJUNTO DE LA MUESTRA EXPRESANDO SU MEDIA Clavícula nMedia Hombres nMedia Mujeres P-valores Hombres vs. Mujeres P-valores Hombres vs. Hombres P-valores Mujeres vs. Mujeres P-valores Hombres (cistas vs. fosas vs. cueva) P-valores Mujeres (cistas vs. fosas vs. cueva) CS 96 2,2917 64 1,7656 P < 0,05 P < 0,01 P < 0,005 CN 112 1,6964 80 1,5125 P = 0,001 P = 0,000 TR 107 1,4860 72 1,4167 P < 0,01 P < 0,05 DT 115 1,5739 83 1,3494 P = 0,05 PM 115 1,8000 83 1,6386 P < 0,005 P = 0,001 (n = toda la muestra). P-valores de la prueba estadística Mann-Whitney entre hombres y mujeres del conjunto de la muestra. P-valores de la prueba estadística Kruskall-Wallis según la necrópolis de procedencia para cada sexo (Hombres vs Hombres; Mujeres Vs Mujeres). P-valores de la prueba estadística Kruskall-Wallis según el soporte funerario: hombres (cistas vs fosas vs cuevas), mujeres (cistas vs fosas vs cuevas). REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 147 TABLA 10. RESULTADOS EN LOS MARCADORES MÚSCULO-ESQUELÉTICOS DEL HÚMERO SEGÚN EL SEXO DE LOS INDIVIDUOS PARA EL CONJUNTO DE LA MUESTRA EXPRESANDO SU MEDIA Húmero nMedia Hombres nMedia Mujeres P-valores Hombres vs. Mujeres P-valores Hombres vs. Hombres P-valores Mujeres vs. Mujeres P-valores Hombres (cistas vs. fosas vs. cueva) P-valores Mujeres (cistas vs. fosas vs. cueva) SB 71 2,5634 51 1,7451 P = 0,000 P = 0,001 P < 0,05 SP 69 1,5217 40 ,8250 P = 0,001 P < 0,05 IF 71 2,4648 38 1,5000 P = 0,000 P < 0,01 P < 0,05 Rm 59 1,7119 42 1,2857 P < 0,005 RM 127 1,5906 96 1,2917 P = 0,000 DA 107 1,2523 77 ,9221 P < 0,005 P < 0,05 PM 135 1,9630 100 1,5900 P < 0,005 DT 122 1,2869 94 1,0426 P < 0,05 P = 0,01 CR 135 1,6296 102 1,1176 P = 0,000 ERLC 125 1,6160 96 1,1354 P = 0,000 BR 139 1,1871 103 1,4175 P < 0,05 P < 0,01 P = 0,000 EC 80 2,4250 54 2,0741 FC 96 2,3542 69 1,9130 P < 0,005 P < 0,01 (n = toda la muestra). P-valores de la prueba estadística Mann-Whitney entre hombres y mujeres del conjunto de la muestra. P-valores de la prueba estadística Kruskall-Wallis según la necrópolis de procedencia para cada sexo (Hombres vs. Hombres; Mujeres vs. Mujeres). P-valores de la prueba estadística Kruskall-Wallis según el soporte funerario: hombres (cistas vs. fosas vs. cuevas), mujeres (cistas vs. fosas vs. cuevas). REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 148 TABLA 11. RESULTADOS EN LOS MARCADORES MÚSCULO-ESQUELÉTICOS DEL CÚBITO SEGÚN EL SEXO DE LOS INDIVIDUOS PARA EL CONJUNTO DE LA MUESTRA EXPRESANDO SU MEDIA Cúbito nMedia Hombres nMedia Mujeres P-valores Hombres vs. Mujeres P-valores Hombres vs. Hombres P-valores Mujeres vs. Mujeres P-valores Hombres (cistas vs. fosas vs. cueva) P-valores Mujeres (cistas vs. fosas vs. cueva) TR 100 2,6300 100 1,5333 P = 0,000 P < 0,05 ANC 114 1,8070 114 1,2209 P = 0,000 BR 143 1,8042 143 1,5204 P < 0,05 P < 0,01 P = 0,001 SP 141 1,3121 141 1,2300 ALP 143 1,3007 143 1,4038 EP 142 1,8803 142 1,8738 P < 0,005 P < 0,05 P < 0,05 EI 132 1,5303 132 1,7273 ECC 144 1,3194 144 1,1827 FCC 140 ,8286 140 ,7767 P < 0,05 P = 0,001 PC 121 1,6033 121 1,8202 P < 0,01 FPD 140 1,8286 140 1,7358 P = 0,000 (n=toda la muestra). P-valores de la prueba estadística Mann-Whitney entre hombres y mujeres del conjunto de la muestra. P-valores de la prueba estadística Kruskall-Wallis según la necrópolis de procedencia para cada sexo (Hombres vs Hombres; Mujeres Vs Mujeres). P-valores de la prueba estadística Kruskall-Wallis según el soporte funerario: hombres (cistas vs fosas vs cuevas), mujeres (cistas vs fosas vs cuevas). REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 149 TABLA 12. RESULTADOS EN LOS MARCADORES MÚSCULO-ESQUELÉTICOS EN EL RADIO SEGÚN EL SEXO DE LOS INDIVIDUOS PARA EL CONJUNTO DE LA MUESTRA EXPRESANDO SU MEDIA Radio nMedia Hombres nMedia Mujeres P-valores Hombres vs. Mujeres P-valores Hombres vs. Hombres P-valores Mujeres vs. Mujeres P-valores Hombres (cistas vs. Fosas vs. cueva) P-valores Mujeres (cistas vs. Fosas vs. cueva) BB 130 2,1462 88 1,7727 P < 0,05 ALP 136 1,5588 88 1,3700 P = 0,05 ECPD 120 ,7167 88 ,7053 ELP 116 1,0259 88 ,9778 FLP 133 1,3383 88 1,3300 P < 0,01 FSD 131 ,9237 88 ,7363 SL 86 1,3023 88 1,2576 SC 120 1,1083 88 1,1333 PR 125 1,6880 88 1,1538 P = 0,000 P = 0,000 P < 0,01 P = 0,001 P < 0,05 PC 107 1,0935 88 1,0122 P < 0,05 MI 128 1,4609 88 1,5053 P < 0,05 P < 0,05 (n = toda la muestra). P-valores de la prueba estadística Mann-Whitney entre hombres y mujeres del conjunto de la muestra. P-valores de la prueba estadística Kruskall-Wallis según la necrópolis de procedencia para cada sexo (Hombres vs Hombres; Mujeres Vs Mujeres). P-valores de la prueba estadística Kruskall-Wallis según el soporte funerario: hombres (cistas vs fosas vs cuevas), mujeres (cistas vs fosas vs cuevas). REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 156 de productos agrícolas en comparación con los hombres, cuyo perfil alimenticio se veía complementado por una mayor proporción de proteínas de origen animal, lo que se traducía en un estado nutricional de mejor calidad (Velasco, 1999; Delgado, 2009). Esta relación entre trabajo y acceso a lo producido, concretamente a los alimentos procedentes de la cabaña ganadera, sugiere que el trabajo de las mujeres no adquiría el mismo valor que el desarrollado por los hombres. Según lo dicho, las diferencias observadas en el patrón de actividad física a partir del sexo de los individuos contribuyen a historiar la relación entre división sexual del trabajo y relaciones sociales de producción. Es preciso puntualizar que las desigualdades de género no están determinadas por las diferencias de clase, grupo, o estrato, si hubieran existido, pues la explotación de la mujer por parte del hombre afecta a las relaciones sociales en su conjunto y por lo tanto son visibles en las relaciones de producción (Comas, 1995). Muchos de los índices analizados señalan que una serie de individuos destacan por haber protagonizado un patrón de actividad física diferenciado con respecto a la mayoría de personas representadas en los repertorios esqueléticos. Este perfil independiente sugiere que la organización social del trabajo alcanzó un determinado grado de especialización laboral. El crecimiento de la complejidad social en el proceso productivo, representado fundamentalmente por la división social del trabajo, constituye una organización y jerarquización de los procesos de trabajo que se combina con la distribución de la fuerza de trabajo entre distintas labores (Acosta, 2001; Chapman, 2010). En el caso de los antiguos canarios, la consolidación de un modelo socio-económico aportó las condiciones necesarias para mantener una organización social del trabajo diversa en cuanto a la distribución de los agentes de la producción y la multiplicidad de los procesos de trabajo. Del mismo modo, varios investigadores han propuesto que existen suficientes indicadores arqueológicos para corroborar el trabajo especializado (Velasco et al., 2001; Velasco y Alberto, 2005; Delgado, 2009; Rodríguez, 2002, 2010; Santana, 2011). Estas contribuciones se fundamentan en la identificación de diferentes procesos de trabajo cuya organización técnica precisa de la participación de agentes especializados y con una producción orientaba específicamente a generar un excedente. Los resultados también indican que los sujetos depositados en cista, principalmente los hombres, desarrollaron un patrón de actividad física de carácter más independiente consecuencia de algunas labores fueron realizadas con mayor intensidad. Estos datos, especialmente los que proceden de la necrópolis de El AgujeroLa Guancha, y en base a la información arqueológica y etnohistórica disponible, sugieren que los individuos depositados en cista constituían agentes de la producción con una posición diferencial en la organización social del trabajo. En este caso, el tratamiento funerario y el patrón de actividad física se asocian de modo significativo como representación de unas condiciones de vida que parecen que tuvieron también su reflejo en la esfera ideológica. Finalmente, es preciso recalcar que las aportaciones expresadas en este artículo parten del análisis de una muestra poblacional muy particular. El contexto cronológico de las necrópolis examinadas está limitado a un periodo muy preciso del poblamiento insular. Al mismo tiempo, la localización costera de estos yacimientos REVISTA TABONA, 19; 2011-2012, PP. 125-163 157 puede haber condicionado el desarrollo de ciertos procesos de trabajo que tienen que ver con el acceso a los recursos locales y que a buen seguro dejaron su huella en los esqueletos examinados. De ahí que el modelo interpretativo sugerido en estas páginas deba ser utilizado con las debidas precauciones. AGRADECIMIENTOS Esta contribución ha sido posible gracias a una beca de investigación predoctoral del Cabildo de Gran Canaria y a un contrato pos-doctoral de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. También es resultado de una de las líneas de estudio del grupo TARHA del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Su objetivo principal es la reconstrucción de las relaciones sociales de producción durante la etapa preeuropea del poblamiento insular. Esta línea de investigación se ha plasmado en varios proyectos nacionales como HUM2006-09189 «La explotación de los recursos abióticos en la isla de Gran Canaria. La reconstrucción de las relaciones sociales de producción en época preeuropea y colonial» y HAR2010-19328: «Las relaciones sociales de producción en la isla de Gran Canaria en época preeuropea y colonial. Análisis de los procesos de trabajo». El análisis territorial del ACE fue realizado por M. Moreno, a quien agradecemos su ayuda incondicional. Expresamos nuestra gratitud a M.D. Garralda, quien nos facilitó el acceso a la documentación original de la excavación arqueológica de El Agujero-La Guancha. Gracias también a M. Alamón, J. Campagne, R. Cabrera y V. Alberto por los valiosos comentarios que han ayudado a mejorar considerablemente este artículo. Nuestro reconocimiento también al Museo Canario y a las empresas de arqueología Arqueocanaria, S.L. y Tibicena S.L. por permitirnos el acceso a los materiales de estudio y a las memorias de intervención. Finalmente, quisiéramos expresar nuestro agradecimiento a los dos revisores anónimos por los comentarios realizados acerca de este artículo. Fecha de recepción: 13/11/2013. Fecha de la última evaluación: 5/12/2013. Fecha de aceptación: 18/12/2013. BIBLIOGRAFÍA Abreu Galindo, J. de (1977): Historia de la conquista de las siete islas de Canaria. Goya Ediciones. Santa Cruz de Tenerife. Acosta Ochoa, G. 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