La imagen social del profesorado influye en su identidad
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Identidad Personal y Educación 1 LA IMAGEN SOCIAL DEL PROFESORADO INFLUYE EN SU IDENTIDAD AMPARO C. CIVILA SALAS UNIVERSIDAD DE MÁLAGA Introducción Partimos de la idea principal de que la imagen social de cualquier gremio o personaje, influye de manera determinante sobre la definición y valoración de su identidad misma. Además, teniendo en cuenta que la prensa escrita es el medio de comunicación social de mayor audiencia, difusión y, por tanto, de mayor influencia sobre la opinión pública, en este trabajo se pretende estudiar qué tipo de imagen social del profesorado se transmite a través de la prensa, puesto que los profesores forman su propia identidad en función de lo que el resto de la sociedad piensa sobre ellos. Por consiguiente, la transmisión de una imagen negativa puede resultar frustrante y perjudicial para la identidad del profesorado, mientras que el desarrollo de una imagen positiva supone un elemento enriquecedor para la definición de dicha identidad profesional. La imagen social del profesorado A partir de los años setenta, la sociedad deja de presentarse compacta en mentalidad y en hábitos, la democracia trajo dispersión y con ella falta de unanimidad respecto a muchos aspectos de la vida social y de los servicios públicos, como por ejemplo el sistema educativo. De esta manera los profesores1 se vieron acosados por exigencias muy diversas, ambiguas e incluso, en algunos casos, contradictorias. Pero este incremento acelerado de demandas hacia el profesor no ha venido acompañado de un aumento de medios y recursos para poder satisfacerlas (Esteve, 1987, 2003; Vera, 1988; Marcelo, 1994; Ortiz Oria, 1995; Pablos, 1997). En general, las críticas más escuchadas desde que volvió la democracia a España, han sido hacia los métodos y contenidos de enseñanza que no responden a las nuevas demandas, pero también se subrayaba el hecho de que, en el momento actual, el sistema educativo no hace desaparecer las diferencias entre clases sociales y que no asegura un puesto de trabajo acorde al nivel de estudios (Cfr. Esteve, Franco y Vera, 1995, 11-12). De estos tres aspectos, debemos tener presente que sólo la actualización de métodos de enseñanza puede adjudicarse por completo al profesor, o más bien a la formación que le proporcionaron; sin embargo, tanto la actualización de los contenidos curriculares, como la erradicación del clasismo y del desempleo, están ligadas a la acción política y al contexto económico y social. 1 Durante el trabajo voy a emplear la palabra “profesor” como generalidad de docentes y maestros, excepto en las citas literales. No empleo “educador” puesto que desde el nacimiento de un perfil profesional específico para la Educación Social, se reserva para sus trabajadores. También he desestimado usar la palabra “enseñante” porque parece ignorar la tarea básicamente formativa de esta profesión.
Identidad Personal y Educación 2 Así pues, vemos cómo la imagen social del profesorado se desprestigia desde que los medios de comunicación de masas, y la comunidad en general, empiezan a convertir en problemas educativos todos aquellos conflictos sociales y políticos que van surgiendo, sin que los responsables de la política educativa hayan intervenido a su favor, salvo contadas ocasiones2. Con el paso del tiempo los responsables de la educación se han empezado a dar cuenta que dejar que el profesor cargue con la culpa de tantos errores y lagunas socioeducativas, no ha sido una buena opción, puesto que de esta forma el sistema educativo también ha ido perdiendo categoría, seriedad, respeto y confianza. Con la Ley Orgánica 1/1990 de Ordenación General del Sistema Educativo – LOGSE-, nace la conciencia generalizada de que es necesario introducir procesos de reforma e innovación educativa, para adecuar el sistema educativo a las demandas y exigencias sociales. Se deja bien claro que la actividad educativa va a suponer un tremendo esfuerzo por parte de los profesores y a la tarea de enseñar determinados contenidos curriculares a un grupo de niños o jóvenes, al profesor se le exige que realice varias actividades más, que, por supuesto ni son sencillas ni rápidas de concluir. N.M. Goble (1980) afirma, (...) que la misión del profesor es promover el aprendizaje, y que ninguna descripción del “rol” debe desfigurar ese fin ni inhibir al profesor en el desempeño de esa función básica en la forma que parezca más efectiva (p.22). Y, en la Ley Orgánica 10/2002 de Calidad de la Educación –LOCE- se aboga explícitamente por respaldar a los profesores para que sean los que dominen el proceso educativo. Por otro lado, desde que la escuela ha dejado de coincidir con las demás instituciones que participan en la socialización del niño o del joven en los valores y en los patrones que deben ser transmitidos y que dan lugar a una socialización convergente, el profesor ha perdido seguridad en su trabajo (Merazzi, 1983). Un profesional inseguro sólo consigue el deterioro de su actividad; porque los profesores han pasado en poco tiempo de ser admirados por su impecable labor a ser compadecidos por la situación tan compleja en la que desarrollan su trabajo. Ya no poseen el monopolio de los conocimientos, han dejado de ser agentes monopolizadores para convertirse en agentes mediadores entre los alumnos3 y la masa de información que reciben constantemente (Cfr. García García, 1986, 404). F. Loscertales y T. Núñez (2001) señalan que esta nueva situación de desvaloración del sistema educativo y de los profesores se debe fundamentalmente a tres aspectos: - Al terminar con la enseñanza elitista, el sistema educativo ya está al alcance de todos, no es un privilegio de ciertas clases sociales. Ha perdido valor desde el momento en que se exige como un derecho generalizado. - Al convertirse en un derecho, parece que todo debe ser gratuito, sin esfuerzo; por tanto se pierde el concepto de disciplina. 2 Valgan como ejemplo, las campañas publicitarias que ha desarrollado la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, a fin de enaltecer la labor de los profesores. 3 Durante el trabajo voy a emplear la palabra “alumno” como generalidad de infantiles, escolares, colegiales, universitarios, discentes y estudiantes; puesto que se corresponde mejor con la generalidad de “profesor” también empleada. A excepción, por supuesto, de las citas literales.
Identidad Personal y Educación 3 - Y, por último, se ha perdido la fe en la eficacia de la enseñanza para asegurar un puesto social digno, por ello muchos padres ven la escuela como un lugar para que estén recogidos (pp.10-11). A.I. Blanco García y M.J. García González (1993) añaden la feminización de la enseñanza como otro factor de esta desvalorización. En general, es una tarea que se vincula, en buena medida, al hogar y, por consiguiente, a la mujer (García García, 1986; Ortega y Velasco, 1991; Bolívar, 1999). Desde otro punto de vista, A. Hargreaves (1996) distingue cuatro aspectos del enfrentamiento del profesor con la postmodernidad. En primer lugar, se produce la ampliación del rol del profesor. En segundo lugar, éstos sufren una sensación de sobrecarga de responsabilidades. En tercer lugar, las metas educativas tradicionales empiezan a derrumbarse. Y, en cuarto lugar, los métodos y estrategias que utilizan están sometidos a una crítica constante (p.30). Sumado a todo este conflicto, el profesor se encuentra con el grave problema de tener que luchar por no perder la consideración de “profesión”. Dentro del campo de estudio de la sociología, se defiende la tesis de que existen unas profesiones mayores y unas menores. Las profesiones mayores son aquellas que solucionan problemas concretos –como la medicina, la abogacía, las empresas...-, las cuales suelen fundamentar su actividad en un conocimiento científico y/o tecnológico. En cambio, las profesiones menores poseen fines más ambiguos, una ordenación menos rigurosa y su ejercicio no calma la ansiedad humana; precisamente entre éstas últimas se encuentra la enseñanza. Las profesiones menores en cuanto dejan de tener un significado social, pierden la categoría de “profesión” para pasar a ser “arte” (Cfr. Wanjiru, 1995, 179 y ss.). Por otra parte, una condición que puede haber influido notablemente en el deterioro de la imagen del profesor ha sido la burocratización de su trabajo, puesto que le ha llevado a sufrir un continuo proceso de supervisión, evaluación y control. A este respecto, C. Marcelo (1994) distingue cinco tipos de control: el control político, el control legal, el del mercado, el control burocrático y el control profesional (pp. 142- 143). A pesar de tanto control, causado por la burocratización de la docencia, el profesor realiza aislado su trabajo. Vivimos en la cultura del individualismo en la que cada profesional realiza sus actividades en solitario, sin más contacto con los compañeros que el estrictamente necesario para el desarrollo de las tareas “obligatorias” de coordinación. A este respecto, J. Gimeno (1993) señala: El contexto organizativo hace que los profesores trabajen aislados unos de otros (p. 89). El profesorado se ve expuesto a un cúmulo de exigencias desmesuradas e incluso en ocasiones opuestas, así es como surgen los conflictos de rol que puede ser: inter-emisores, persona-rol, intra-emisor, o medios-fines. El conflicto inter-emisor de rol se produce cuando las demandas de dos emisores de rol son contradictorias. El conflicto persona-rol surge cuando el profesor no puede realizar sus tareas por falta de recursos. El conflicto intra-emisor tiene lugar si un mismo emisor solicita cosas contradictorias. Y, el conflicto medios-fines sucede cuando las expectativas entran en
Identidad Personal y Educación 4 contradicción con la realidad (Cfr. Zurriaga, 1993, 142). Estos conflictos serían lo que F.J. Muñoz García (1993) denomina disfunciones o discrepancias en el episodio de rol. En una serie de encuestas realizadas a los profesores de la enseñanza pública, una de las cuestiones reflejaba las ideas que, según ellos, condicionan la opinión pública, y pueden ser causa de una falta de reconocimiento de su identidad profesional. Resultó que un 26,2% de los profesores encuestados opinan que la comunidad no lo valora profesionalmente porque cree que hay otros medios para aprender, un 46,6% cree que es porque no están bien pagados, un 53,8% opina que la comunidad piensa que la educación no resuelve problemas sociales, y un 55,8% de los profesores afirma que se tiene la creencia de que la docencia es fácil (Cfr. Fernández Sánchez, Navarro, Higuera y Martínez Castro, 1993, 174-175). En general, cuando se pregunta a los profesores por su reconocimiento social, un 53,7% dice se les reconoce poco, un 31,8% afirma que no se les reconoce, frente a un 12,3% que asegura que socialmente se les reconoce bastante, y un 0,7% que cree que se les reconoce mucho (Ibíd., 66). Así pues, los mismos profesores se consideran profesionales poco reconocidos socialmente. Entre la diversidad de exigencias, cabrían destacar las que reclamaban los cambios en la unidad familiar; a este respecto C. Merazzi (1983) destacó tres aspectos fundamentales: que los padres dedican menos tiempo a sus hijos, que el número de hijos por familia se ha reducido notablemente y que la implicación del resto de los familiares también es inferior, estas circunstancias crean una serie de lagunas que se pretende que sean cubiertas por el profesor. Al no satisfacerse esas exigencias se lanzan críticas indiscriminadas hacia el profesorado, que van contribuyendo al desprestigio de la profesión docente. El constante juicio social al que está sometido el profesor ha llegado a desilusionarle y, en ocasiones, a provocarle el serio problema del estrés (Cooper y Travers, 1997; Esteve, 2003). Para M. Fernández Enguita (1990) este aumento creciente de responsabilidades sobre los profesores, lejos de resultar una mayor profesionalización por cuanto amplían conocimientos y especialidades, ha conducido a una proletarización de sus actividades. Esta proletarización conduce hacia la escasez de autonomía de los profesores sobre su actividad, que les ha llevado hacia una hiperresponsabilidad sobre nuevas y variadas cuestiones; tal es el caso de la integración, las áreas transversales, las necesidades afectivas, el multiculturalismo... (Gimeno, 1993; Esteve, Franco y Vera, 1995; Buxarrais, 1997). Mª R. Buxarrais (1997) añade que las nuevas exigencias que han surgido hacia los profesores aumentan y determinan el listado de las capacidades que éstos requieren. Aunque parezca que la función del profesorado está ahora más definida que en otros tiempos, por la cantidad de detalles que se especifican sobre sus actuaciones, por el contrario estamos ante un profesor usualmente desconcertado (Cfr. Esteve, 2003, 17). Pero a tal extremo han llegado a influir las exigencias de la comunidad hacia un determinado profesional que es ampliamente conocido y extendido el fenómeno de lo “socialmente deseable”. A. Abraham (1987) lo ha definido así: (...) tendencia del individuo a describirse según rasgos y descripciones que le parecen general y comúnmente admitidas por la sociedad (p.43). En el campo de la docencia, este
Identidad Personal y Educación 5 fenómeno puede producir un falso éxito en aquellos profesores que piensan que son buenos profesionales si reúnen las cualidades que la sociedad valora de su actividad. Según esta circunstancia, muchos profesores no evalúan el proceso y el resultado de su propio trabajo, sino la apreciación y valoración del mismo que hace el resto de la comunidad. Esto puede repercutir en un profesional conformista y sin objetivos sólidos y justificables. Por otra parte, hoy día hemos retrocedido en la consideración profesional del profesor4. Al descargarlos de la culpa de una serie de males sociales, no de todos, consecuentemente pierden responsabilidades y con ellas pierden relevancia en las jerarquías socio-profesionales. En los últimos años, están apareciendo nuevas ocupaciones e instituciones destinadas a dar solución a esos problemas sociales que sobrepasan la tarea educativa del profesor, así es el caso de los educadores y asistentes sociales, las plataformas de voluntariado, los centros de ocio educativo, las campañas informativas del Sistema de Atención Sanitaria, los centros de acogida para inmigrantes, las instancias del Proyecto Hombre, los programas desarrollados por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción.... y un largo etcétera de casos similares en los que prima la ayuda para solucionar y para evitar determinados males de la sociedad contemporánea. Así pues, con esa pérdida de responsabilidades, los profesores han dejado de gozar de una excelente condición social, entendiendo que (...) la condición social puede definirse como un conjunto de derechos y deberes que caracteriza la función de un individuo en sus relaciones con los demás (Mollo, 1980, 60). En realidad, vivimos una situación realmente contradictoria, de un lado la sociedad reconoce que el profesor realiza un trabajo de capital importancia, pero por otro lado se les asigna una consideración social baja (Cfr. Cabero y Loscertales, 1998, 67). En los distintos niveles de enseñanza la consideración social es proporcional al nivel en el que ejerza el profesor; así cuanto menor es menos respetable parece ser su trabajo. J. García Carrasco (1988) cita los cuatro componentes más valorados en una profesión: 1) un cuerpo más o menos amplio de conocimientos, 2) un gremio o colectivo de personas, 3) un conjunto de estipulaciones sociales, y 4) cierto poder dentro del sistema social; según este autor, desarrollando más estos cuatro componentes, en la profesión docente, mejoraría notablemente su consideración social (p.114). Estudio de la imagen del profesorado en la prensa Durante un curso escolar completo, del 1 de septiembre de 2001 hasta el 31 de agosto de 2002, se seleccionaron de cinco fuentes distintas de prensa escrita todos los documentos publicados en los que se hicieran mención explícita a la figura del profesor. Las fuentes de prensa escrita elegidas han sido periódicos, entendiendo por éstos la publicación impresa que relata informaciones de actualidad y de presentación diaria. 4 Es interesante analizar las opiniones de los profesores respecto a las ideas que pueden ser causa de una falta de reconocimiento profesional, para ello véase MªM. FERNÁNDEZ SÁNCHEZ, C. NAVARRO, C. HIGUERA y E. MARTÍNEZ CASTRO (1993) Encuesta al profesorado de primaria y secundaria de la enseñanza pública: opiniones y actitudes ante sus condiciones de trabajo. MEC, Madrid, pp.64 y ss., pp.174-175.
Identidad Personal y Educación 6 Los cinco periódicos fueron elegidos5 atendiendo a que quedaran reflejados los distintos ámbitos de distribución, desde el nacional hasta el local, que los promedios de difusión altos, medios y bajos6 estuvieran presentes, y que representaran a diferentes ideologías. Así fueron seleccionados tres periódicos de tirada nacional con ediciones autonómicas – ediciones andaluzas-: ABC, EL PAÍS y EL MUNDO. Uno de tirada regional –Cataluña- : LA VANGUARDIA. Y uno de carácter provincial –Málaga-: SUR. Una vez localizados, fotocopiados y escaneados los documentos que iban a conformar la muestra de estudio se procedió a la lectura detallada y al análisis de contenido, hasta atribuir a cada uno de ellos una calificación general respecto a la imagen del profesor. El procedimiento fue seleccionar entre imagen Positiva, Negativa, Neutra o Indeterminada7 de la figura social que estamos analizando, teniendo en cuenta que la opción Neutra se utiliza en los casos en los cuales existen referencias positivas y negativas simultáneamente, y la Indeterminada cuando hay referencia a la figura social pero no se expresa una valoración de la misma. Estudiando esas valoraciones sobre la imagen del profesor que se revela por periódicos (ver Gráficos 1, 2, 3, 4 y 5), vemos que en ABC y en EL MUNDO destaca la imagen Indeterminada, con un 50,97% y un 42,86% respectivamente, y en ambos casos el siguiente porcentaje relevante es el de la imagen Negativa, con un 22,58% y un 25% en cada caso. En LA VANGUARDIA y en el SUR también destaca la imagen Indeterminada, con un 50% y un 34,71% respectivamente, pero en estos dos periódicos los siguientes porcentajes relevantes se refieren a la imagen Positiva con respecto a la figura del profesor, con un 23,26% y un 28,82%. Y, EL PAÍS tiene un comportamiento muy singular, con un 43,75% subraya la imagen Indeterminada del profesor, en segundo lugar reparte bastante equitativamente los porcentajes entre una imagen Negativa (21,09%) y una imagen Neutra (20,31%), siendo en esta ocasión la imagen Positiva la que goza de menor presencia. 79 35 21 20 Indeterminada Negativa Positiva Neutra Gráfico 1: Imagen del profesor que se transmite en ABC. 5 Para obtener más datos relativos a estos periódicos se pueden consultar las siguientes páginas webs: www.lavanguardia.es, www.vocento.com, www.abc.es, www.elpais.es y www.recoletos.es 6 Según la Organización de Justificación de la Difusión de la Información cuyos datos se pueden conocer en: www.ojd.es o G. Aguado (1996). 7 Según la clasificación general del documento respecto al contenido que hacen J. Cabero y F. Loscertales (1998) en su investigación.
Identidad Personal y Educación 7 84 49 27 36 Indeterminada Negativa Positiva Neutra Gráfico 2: Imagen del profesor que se transmite en EL MUNDO. 112 54 38 52 Indeterminada Negativa Positiva Neutra Gráfico 3: Imagen del profesor que se transmite en EL PAÍS. 43 16 20 7 Indeterminada Negativa Positiva Neutra Gráfico 4: Imagen del profesor que se transmite en LA VANGUARDIA. 59 39 49 23 Indeterminada Negativa Positiva Neutra Gráfico 5: Imagen del profesor que se transmite en SUR.
Identidad Personal y Educación 8 Conclusiones Así pues, concluimos que en la prensa escrita en general no se enjuicia la imagen del profesor; pero en las ocasiones en las que hay que valorar son los periódicos de menor difusión los que se inclinan más por ofrecer una imagen Positiva del profesor, mientras que el resto suele ofrecer una imagen Negativa, o también Neutra en el caso de EL PAÍS, que ofrece el ejemplo más equilibrado con respecto a una imagen Negativa o Positiva de estos profesionales. Son varias las investigaciones (Pérez Serrano, 1984; Nieto, 1986; Cabero y Loscertales, 1998) que ya habían destacado ese carácter de indiferencia con que se suelen tratan las cuestiones educativas. En resumen, respecto a la identidad del profesor podemos afirmar que en la mayoría de las ocasiones no se entraba a definir ni a valorar; aunque sí aparece en un porcentaje importante textos que transmiten una valoración negativa. Esto nos sugiere, en primer lugar, que no se pretende transmitir ninguna identidad determinada sobre el profesorado en la prensa escrita, si bien esta no-transmisión es en sí misma un hecho significativo; y, en segundo lugar, que cuando se realizan valoraciones sobre dicha identidad profesional, se tiende a ofrecer una imagen negativa. Calificación general de la identidad del profesorado Frecuencia Porcentaje Positiva............................................... 155 17´96 Negativa.............................................. 193 22´36 Neutra.................................................. 138 15´99 Indeterminada..................................... 377 43´69 BIBLIOGRAFÍA Abraham, A. (1987) El mundo interior de los enseñantes. Aportes psicopedagógicos y terapéuticos para una mejor comprensión del universo íntimo del enseñante, sus conflictos y dificultades. Gedisa, Barcelona. Aguado, G. (1996) OJD y el control de la difusión de prensa en España. Ariel, Barcelona. Blanco García, A.I. y García González, MªJ. (1993) “El problema de la feminización de la enseñanza”, en J. Juidías y F.Loscertales (Coors.) El rol del docente: un enfoque psicosocial. Muñoz Moya y Montraveta editores, Sevilla-Bogotá, pp.91- 96. Bolívar, A. (1999) Ciclo de vida profesional del profesorado de secundaria: Desarrollo personal y formación. Mensajero, Bilbao.
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