Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949
Abstract
Que apenas veinte días después de finalizada la Guerra se promulgara la nueva ley de vivienda protegida abre vías a una doble reflexión: los debates que el gobierno de Burgos impuso sobre cuál debía ser el futuro de la vivienda y la vivienda social y, a la vista de los resultados, los choques y enfrentamientos que se produjeron entre las familias del Régimen. En un momento en el que la inversión en vivienda protegida fue meramente simbólica (las inversiones se dedicaron, desde una política autárquica, a la reconstrucción de una economía agraria de tipo industrial) lo sucedido en España hasta 1955 no puede liquidarse con la fácil referencia a la «arquitectura de Falange».
Full text
#01 2020 60 Carlos Sambricio R. Echegaray Universidad Politécnica de Madrid SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA . Revista de Historia de la Arquitectura . 2020, no .1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 Resumen: Que apenas veinte días después de finalizada la Guerra se promulgara la nueva ley de vivienda protegida abre vías a una doble reflexión: los debates que el gobierno de Burgos impuso sobre cuál debía ser el futuro de la vivienda y la vivienda social y, a la vista de los resultados, los choques y enfrentamientos que se produjeron entre las familias del Régimen. En un momento en el que la inversión en vivienda protegida fue meramente simbólica (las inversiones se dedicaron, desde una política autárquica, a la reconstrucción de una economía agraria de tipo industrial) lo sucedido en España hasta 1955 no puede liquidarse con la fácil referencia a la «arquitectura de Falange». Palabras clave: vivienda; urbanismo; reconstrucción; franquismo; autarquía Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949 Housing Policy in the First Phase of Franco’s Regime: 1936-1949
61 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA Abstract: The fact that hardly twenty days after the end of the Civil War the new law of protected housing was put into place prompts two types of reflection: the debates that the government in Burgos began about what the future of housing and social housing in particular, and depending on the results, the clashing and confrontations that occurred between the families central to the Regime. At a time when the investment in social housing was merely symbolic (the investments were set aside, according to autarchic politics, to the reconstruction of the rural areas as if they were a type of industry) what happened in Spain since 1955 cannot be reduced to a simple reference to “Falangist architecture”. Keywords: housing; urbanism; reconstruction; Francoism; autarky
62 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA En 1939 Pedro Muguruza –arquitecto de confianza de Franco– presentaba un hasta hoy desconocido Plan Na cional de Ordenación y Reconstrucción 1. Cabría pensar que aquel documento, elaborado bajo la supervisión de quien si multáneamente actuaba como jefe de los Servicios Técnicos de Falange y director general de Patrimonio (y, al poco, también como di rector general de Arquitectura) marcó directrices y pautas para la reconstrucción. Sabemos sin embargo que –en plena Guerra– el mismo Muguruza había visitado en Paris a Secundino Zuazo ofreciéndole por «indi cación del Caudillo» –acabada la contienda y caso aceptara expresar su «adhesión» a la sublevación– dirigir las tareas de reconstrucción. Tras el rechazo de este, el Plan Na cional de Ordenación y Reconstrucción de Muguruza consistió en detallar qué edificios ad mi nistrativos de bían reedificarse en cada provincia, ignorando la reconstrucción de las viviendas des truidas. El dato refleja no solo cuanto –en 1937– la política en materia de arquitectura y ciudad del Go bierno de Burgos difería de la llevada a término en el Madrid republicano por el Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento sino una doble evidencia a me nudo olvidada: primero, que la Guerra Civil no concluyó en igual fecha en las 1 MUGURUZA, P. Ideas generales sobre el Plan Nacional de Ordenación y Reconstrucción. Madrid: Ser vicios Técnicos FET y de las JONS. Sección Arquitectura, 1939. MUGURUZA, P. Sistematización Técnica de un Plan Nacional de Resurgimiento. Conferencia pronunciada en el Instituto Técnico de la Construc ción y Edificación el 4 de diciembre de 1940 . Madrid: Tipografía Artística, 1940. Ver, en el Fondo Pedro Mugu ruza, depositado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el documento nº 570. También, MUGURUZA, P. Plan Decenal de Resurgimiento Nacio nal. Estudios preliminares . Madrid: Dirección General de Arquitectura, 1940 (30 cuadros numéri cos y esquemas en papel vegetal y copias: manuscritos a tinta y mecanografiados más 11 gráficos trazados a tinta y lápiz fechado en 1940). Contiene: Distribución del conjunto de obras por todas las provincias españolas y por año; Distribución general de presupuestos; Expresión gráfica de la distribución provincial; Expresión gráfica de la distribución según la población . Fondo Pedro Mugu ruza, depositado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, sig. Pl-5619. distintas provincias españolas (si en gran parte de Andalucía el fran quismo gobernó desde las primeras semanas de Guerra, el Madrid republicano no solo resistió sino que gobernó durante los tres años de contienda); luego, que ni los sublevados ni la República tuvieron –en temas arquitectura y urbanismo– una única voz ni los sublevados un solo modo de actuar. Una situación poco estudia da (la gestión de la ciudad y las actuacio nes arqui tectónicas y urbanísticas llevadas a cabo entre 1936 y el fin de la contienda) obliga a en tender que si por una parte en el Madrid republicano el Comité de Reforma, Recons trucción y Saneamiento presidido por Julián Besteiro afrontó tanto la protección de los monumentos como la redacción del Plan Regional, en Barcelona el S indicato de Arquitectos de Cataluña centró su atención en la municipalización de suelo y viviendas. Y, por lo mismo, que contemporáneamente la gestión de muchas ciudades andaluzas durante el «virreinato» de Queipo de Llano tampoco coincidió ni con las pautas marcadas por Muguruza ni con las pautas que empezaba a marcar el gobierno de Bur gos. Si las propuestas republicanas en Guerra fueron canto del cisne de los años de
63 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA la vanguar dia, el quiebro radical que el Estado franquista supuso frente a la España democrática obliga a entender la complejidad del momento político por cuanto si una de las primeras preocupaciones del bando sublevado fue la «Reunificación» política de las cinco gran des familias que iniciaron la guerra (monárquicos, falangistas, militares, Igle sia y tradi cionalistas), configurando el «Movi miento», el proceso fue similar en lo que respeta a arqui tectura y urbanismo. Porque, y frente a quienes entiendan que «los arqui tectos de Falange» llevaron la iniciati va, conviene recordar que en oc tubre de 1939, en la I Asam blea Nacional de Arquitectos, un emergente Pedro Bidagor se dirigía a un «camisa vieja» de reconocido prestigio profesional (José Fonseca) señalando –ante una objeción conceptual que el veterano profesional hiciera– cómo «en España existe ahora Jerarquía», debiéndose en consecuencia ajustar los profe sionales de la arqui tectura y la construc ción a las directrices fijadas por el Go bierno. Por ello, la necesidad de contextualizar tanto la iniciativa que Queipo de Llano desarrolló en Sevi lla o Gra nada con la construc ción de las llamadas «ca sas azu les» como el papel ju gado en dichas ciudades por arqui tec tos afiliados a la Falange Española (en adelante FE). Conocer la verdad de lo construido en los primeros años de franquismo (hasta que, en 1949, la V Asamblea Nacional de Arquitec tos abrió el debate tanto sobre la posibilidad de 2 GONZALO, R. La situación de la vivienda en España . En: Zo diac . 1965, no. 15, pp. 167-178. abandonar el historicismo como dejar de lado los métodos artesanales en la construcción) se hace difícil por cuanto las cifras ofrecidas en aquellas fechas por los diferentes organismos oficiales fueron, para un mismo periodo, muy distintas. Cabría pensar que la importancia de lo cuantita tivo jus tificó la pobreza de la solución arqui tectónica. Pensar, sin embargo, que tras la Guerra una de las principales preocupaciones del nuevo Gobierno fue la reconstrucción de las viviendas destruidas, es erróneo. En 1965 la revista Zodiac 2 cifró, en el número que dedicara a España, en 830 000 las vivien das las construidas entre 1940 y 1961 si bien la información ofrecida por el Go bierno en 1957 –con motivo de la Interbau celebrada en Berlín (fig. 1 y fig. 2, p. 64)– para el periodo com prendido entre 1939 y 1954 era de tan solo 21 377: dicho de otro modo, en los primeros momentos de la posguerra apenas se edificaron viviendas sociales, cambiando la situa ción a partir de 1956. Aceptando la cifra oficial de 21 377 viviendas edificadas entre el final de la Guerra y 1954, resulta que la media fue de 1257 vivien das/año o, lo que es lo mismo, de 25,14 vivien das/provincia/año, cifra claramente ridícula que lleva a entender cuanto la reconstrucción de España se dilató cuando menos hasta los primeros años del desarrollismo, por lo que las declaraciones triunfalistas que reite radamente formularon los je rarcas del Régimen tienen un valor más que discutible. Figura 1. Catálogo de la exposición: Interbau Berlin 1957. Internationale Bauausstellung im Berliner Hansaviertel. Spanien: Portada, 1957
64 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA Cierto que en 1957 José Luis Arrese (arquitecto falangista nombrado ministro de la Vi vienda) asumió como política de su Ministerio la cesión al sector privado lo que hasta entonces había sido competencia del sector público. Consciente de cuanto la polí tica de viviendas bonificadas (incitar al privado a construir viviendas de alquiler) fue un desastre tanto en 1944 como en 1949, Arreste incentivó su política modificando las orde nanzas y posibilitando a las grandes inmobiliarias la edificación de bloques de viviendas de alta densidad, susti tuyendo las hasta entonces cua tro plantas máximas por trece pisos. Aquella política «desa rrollista» (basada en favorecer a una banca dispuesta a con ceder préstamos hipoteca rios, de acuerdo con la consigna lan zada por el propio Arrese que alentaba «dejar de ser proletarios para convertirse en propietarios») marcó el inicio de un tercer momento en la política de vivienda del franquismo. En los años de Guerra tanto Queipo como el gobierno de Burgos condenaron la arquitectura racionalista como «arquitectura bolchevique», tomando el uno como pauta de la nueva vivienda una pseudo-arquitectura popular y otros –en sintonía con Gerardo Salvador, responsable de la organización 3 Datos similares a los que publicara Arrese fueron los ofrecidos por la Fiscalía de la Vivienda en informes reser vados (documentación hoy custodiada en el Archivo General de la Administración, de Alcalá de Hena res) in formando sobre el número de proyec tos y el número de viviendas construidas entre 1937 y 1956. De dichos in formes existen varios manuscritos (mecanografiados y no publicados) provenientes de diversos ministerios. Ver Síntesis numérica y gráficos, 1 de abril de 1937 a 1 de enero de 1951 . Va llado lid: Mi nisterio de la Gobernación, 1953; Veinte años de actuación de la fiscalía de la vivienda. 1937-1956. Resu men y gráfico . Madrid: Biblioteca del Ministerio de la Vivienda; El problema de la vivienda visto a la luz de la es tadística . Alcalá de Henares: Archivo General de la Administra ción, sig. 5240. 4 Sobre la evolución de los alquileres en España ver los estudios realizados, por regiones, por Giralt Casa desús. Sobre el número de viviendas construidas hasta el 1944, ver: Pueblo . 17 de junio, 1949, p. 5. Igual mente Valero Bermejo realizó en 1944 unas declaraciones a la revista Teresa dando cuenta de la labor –elaborada por la Sección Femenina por indicación del Gobierno– sobre la composición familiar de deter minadas zonas, ingre so, lugar de trabajo... Ver: COTORRUELO, A. La política económica de vi vienda en España . Ma drid: CSIC, 1960, p. 116, n. 127. sindical– los modelos defendidos en la Alemania nacionalsocialista, en lo que se refiere a la política franquista sobre vivienda y ciudad. Los contados ejemplos levantados entre 1939 y 1954 se plantearon tomando, en general (si bien hubo excep ciones) como referencia sistemas constructivos basados en la tradición. En el momento en el que el estraperlo se extendió incluso al acceso a los materiales de construcción, necesaria mente la alternativa esbozada por Luis Moya sobre bóvedas tabicadas fue asumida de manera incuestionada. Sin embargo –y según las cifras que también se hicieron públicas en la Interbau de Berlín– si en 1954 el número de viviendas cons truidas había sido 2582, solo un año más tarde la cifra pasaba a 52 275 y, según la misma fuente de informa ción, un año más tarde se concluían otras 45 1693. Cuantificar –que no valorar– lo edificado se hace difícil por falta de datos objeti vos, si bien un modo para conocer las características de aquellas vi viendas pudiera ser bien los estudios realizados por la Sección Femenina sobre la situación so cial de las fa milias como los entonces publicados sobre la evolución de los alquileres en España en tre 1940 y 19494. En una España donde los datos ofrecidos Figura 2. Catálogo de la exposición: Interbau Berlin 1957. Internationale Bauausstellung im Berliner Hansaviertel. Spanien: páginas interiores, 1957
65 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA por el Instituto Nacional de Crédito a la Re cons trucción para la edificación de viviendas5, tan solo reflejan la absolu ta prioridad que tuvo la reconstrucción en el mundo rural frente a la reedificación en las zonas urba nas, cifras como las elaboradas por la Comisaria Nacio nal del Paro o por los organismos creados a finales de los años cuarenta resultan fundamentales6. Por que en momentos en el que la grandilocuencia polí tica ocultaba la realidad, en fe brero de 1939 Franco había señala do –en el discurso de fin de año– como: «es una ver güenza que mi llares de familias españolas habiten edi ficios sin condiciones siquiera elementa les de salubridad. Hay que acabar con todo esto y le ase guro que acabaremos. Estu diando los tipos de casas que deben cons truirse sobre todo en lo que se refiere a la vi vienda ru ral». Y, en un brindis al sol, a los po cos meses afirmaba sin mayor empacho: «construiremos cien mil o dos cientas mil ca sas en un plazo relativamente breve, y lo haremos con nuestros propios medios […] España tiene recursos sobra dos para resolver 5 En distintas publicaciones la Comisaría Nacional del Paro dio cuenta de las subvenciones para construc ción de vivienda, detallando lo realizado por provincias entre 1941 y 1955. 6 La victoria intelectual de Franco. En: Arriba . 2 de abril, 1939. Citado por DIÉGUEZ, S. Un nuevo orden ur bano:“el Gran Madrid” (1939-1951) . Madrid: Ministerio para las Administraciones Públicas; Ayuntamiento de Ma drid, 1991, p. 210. La cita al discurso de Franco aparece en el excepcional trabajo de PUERTAS CONTRERAS, M.P. La vivienda social en la Granada de la posguerra . Tesis doctoral. Universidad de Granada, 2012. 7 «Creían muchos españoles, las clases directivas españolas, que España estaba solamente en las capita les y las ciudades y desconocían la realidad viva de los pueblos y de las aldeas, de los lugares más pe queños... todo ello es lo que el Movimiento ha venido a revivir, capacidad creadora incomparable que está forjando un gran programa nacional en todas las provincias». Discurso pronunciado por Franco en Valladolid el 29 de no viembre de 1959. FRANCO, F.; DEL RÍO CISNEROS, A. Pensamiento político de Franco. Antología, t.II. Madrid: Ediciones del Movimiento, 1975, p. 492. 8 A la reunión, celebrada en Burgos, asistieron cinco arquitectos falangistas granadinos: Prieto Moreno, Wil helmi, Casas, Fernández-Higares y Robles. Ver: Patria , 20 de febrero, 1938, donde se da cuenta del discurso de Fernández Cuesta. Citado por: PUERTAS CONTRERAS, M.P. La vivienda social en la Granada de la posguerra . Op. cit. (n. 6). el problema funda mental de la vivienda destinada a las clases medias y al proletaria do»7. El 19 de abril de 1939 –apenas veinte días después de haber terminado la con tienda– se aprobaba la Ley de Vi vienda de Renta Reducida. Que una disposición de tal trascenden cia se aprobara cuando todavía la jefatura del Estado estaba en Burgos refleja cómo la reflexión sobre el contenido de la Ley tuvo que plantearse con antela ción. De hecho, en febrero de 19388, Fernández Cuesta –junto con Muguruza, que apa recía como delegado na cional de los Servicios de Arquitectura de Falange– habían organizado en Burgos una reunión a la que asis tieron más de 200 arquitectos (profesionales huidos de la zona re publicana) coordi nada por Falange, donde en teoría se buscó consolidar y co ordinar la actuación de quienes –durante la contienda– se habían integrado en FE bus cando participar en la reconstrucción. Y lo poco que sabemos de aquella reunión es que las impreci siones y vaguedades de nuevo primaron, como se refleja por ejemplo en el dis curso de clausura de Fernández Cuesta al apuntar como:
66 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA «si bien el concepto marxista de la casa no es sino un re fugio para ampararse y de fenderse contra ineludi bles nece sidades mate riales de la vida, en el concepto na cio nal sindicalista, además de eso, es centro de inspiración del espíritu, marco en el que encuadra la familia, lo que hace po sible su existen cia»9. Aquella frase, aparentemente retórica, contenía tanto el rechazo al modelo de vivienda propiciado por la Republica socialdemocrática como reclamaba la idea de un «hogar cristiano». Imponía tanto romper el programa de necesidades que había caracterizado la «vivienda mínima» como fue llamada a definir una «idiosincrasia de la arqui tectura nacional», pidiendo a cada grupo provincial reflexionar sobre cuál debía ser el marco de la nueva vivienda. Si cada grupo debía dar una respuesta, la Ley de Vivienda de Renta Reducida unificón –como hiciera el Decreto de Reunificación– la línea de actuación y marcó directrices unificadas. Frente a inter venciones inconexas en el patrimonio histórico se imponían ahora pautas estrictas; frente a la política de colonización esboza da por Queipo en Sevilla, se imponían criterios; frente a la construcción de gru pos de viviendas, se reiteraba olvidar experiencias anteriores y asumir las directrices del Mando nacional. Ocurría todo ello debido a un hecho evidente: si en un principio la su blevación franquista careció de directriz ideológica (y mucho más en lo que respectaba a 9 DIÉGUEZ, S. Un nuevo orden ur bano. Op cit. (n. 6), p. 216. arquitectura y ciu dad) y la reunión celebrada en Bur gos en 1938 (a la que asistieron profesionales formados en los años de la República, técnicos que habían asumido el lenguaje «racionalista» sin mayor problema, por cuanto lo entendían como «arquitectura a la moda») había sido incapaz de establecer consignas claras, en 1940 la preocupación del Gobierno fue sentar las ba ses de un «estilo nacional». La constitución en julio de 1936 de la Junta de Defensa Nacional se hizo con objeto de establecer una di rección ejecutiva al Levantamiento, buscando dotarle de estructura gu bernamental y administrativa capaz de sol ventar una realidad: que los rebel des, lejos de ser bloque monocorde, se configuraron por agregación de grupos (tradi cio nalistas, monárquicos, fascistas, católicos y militares) en frentados entre sí por su preten sión de impo ner no tanto sus ideas cuanto su autoridad. Lejos de pre sentar una imagen co herente (esto es, de en tender arquitectura y urba nismo como reflejo de una política de Estado) Queipo de Llano, por ejemplo, propon dría aleatoriamente tanto la reconstruc ción de determinados edificios en Sevilla y Granada –desde pautas distintas a las que Benju mea impusiera– procediendo por lo mismo a una particular «colonización» con sistente en la incautación de fincas de quienes con sideraba habían sido partidarios de la Repúbli ca. Por lo mismo, cuando el mismo Queipo organizó en Sevilla y Granada
67 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA la Obra Na cional de Construcción para Inválidos, Empleados y Obreros, los modelos de vivienda adoptados –en su negación y rechazo de lo que había sido la cultura de la Re pública– se presentaron –entroncando con un tradicionalismo próximo a las casas bara tas– alejadas de la arquitectura defendida en Andalucía por arquitectos como Prieto Moreno. Algunos de los temas recurrentes de la propaganda falangista se habían centrado –antes de Guerra– en la activi dad desempeñada por la Obra del Hogar Nacional Sindi calista, que pretendidamente buscaba ayudar a los obreros a adquirir una vivienda. In cluso, en Guerra, folletos y hojas volanderas fueron lanzados mediante cohetes –en 1938– sobre los frentes republicanos y en los que se podía leer «no se trata de edificar casas ramplo nas como en las que hasta ahora han vivido los obreros, sino de levantar hogares ale gres, modernos e higiénicos»10. Cabría pensar que quienes antes de Guerra estaban afi liados a Falange pudieron jugar luego un papel deter minante: máxime cuando, 10 LÓPEZ GALLEGOS, M.S. Aproximación al estudio de las publicaciones sindicales españolas des arrolladas durante el franquismo (1936-1975). En: Historia y Comunicación Social . 2003, no. 8, pp. 159-185. En n. 7 remite a Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, AASM-LXIX-11: Propaganda lanzada en co hetes, 1938. 11 GARCÍA DE TUÑÓN AZA, J.M. Mercedes Fórmica, «una voz en el silencio». En: El Catoblepas, Revista Crítica del Presente . Febrero 2012, no. 120, p. 9. Disponible en: https://www.nodulo.org/ec/2012/n120p09.htm [consulta: 12 de junio, 2019] Atribuye a Mercedes Fórmica la frase «los se guidores de José Antonio éramos poquísimos, quizá unos dos mil en toda España y tal vez no lle garan a ese número». Recordemos al respecto que en las elecciones generales de febrero de 1936 Falange obtuvo 45 000 votos. Igual mente ver MEYRIAT, J. El régimen político de la España franquista. En: Revista de Ciencias Sociales. Río Piedras Centro de Investigaciones Sociales , 1963, vol. 7, no. 3, p. 197-213. GONZÁLEZ CALLEJA, E. La prensa carlista y falangista durante la Segunda República y la Gue rra Civil (1931-1937). En: El Argonauta español . 2012, no. 9 (Ejemplar dedicado a: La presse réactionnai re), da un dato poco conocido destacando no tanto su carácter intelectual cuanto haber sido un «hombre de choque» en aquella Falange al señalar como «tras el I Consejo Nacional, y como nuevo líder único del partido, Primo retomó la idea de fundar un diario, y comenzó a esbozar un plan, ayudado por Rafael Sánchez Mazas, Maximiano García Venero y el recién nombrado Jefe del Servicio de Prensa y Propa ganda: el arquitecto racionalista José Ma nuel Aizpurúa Azqueta, jefe y fundador de la Falange guipuz coana. Aizpurúa, quien se había mostrado muy activo en el combate callejero contra anarquistas, comu nistas, nacionalistas y republicanos de izquierda en la capital donostiarra». Frente a tal comportamiento, ver: MORENTE, F. Rafael Sánchez Mazas y la esencia católica del fascismo español. En: RUIZ CARNICER, M.A. (coord.) Falan ge: Las culturas políticas del fascismo en la España de Franco (1936-1975). Actas del Congreso celebrado en Zaragoza del 22 al 24 de noviembre de 2011. Zaragoza: 2013, pp. 109-141. de todos ellos, al menos dos (Aizpurúa y Arrese) ocuparon puestos de responsabilidad política: uno antes de Guerra, el otro al concluir la misma. El primero, Aizpurúa, jefe provincial de Falange, fusilado al inicio de la contienda, había sido el organizador del Grupo Norte de GATEPAC si bien en 1934 –al ser nombrado, en el primer Consejo Nacional de Falange, jefe del servicio de Prensa y Propaganda – abandonó el Grupo ro deándose de in telectuales fascistas (Felipe Ximénez de Sando val, Vicente Gaceo, Manuel Ma teo, Ra fael Sánchez Mazas, Mariano García Gutiérrez o Vicente Cárdenas) e ignorando desde su plataforma a arquitectos afiliados a FE, como fueran d’Ors, Subira na, Fonseca, Blein, Valdés Larrañaga, Prieto Moreno...11. Arrese (por su implicación en la detención de Hedilla sería con denado a muerte por Franco, mediando Queipo a su fa vor) en 1940 fue nombrado gobernador civil de Málaga centrando su actividad en «teo rizar» sobre lo que debía ser tanto la política de vivienda como el «hogar» nacional-sin dicalista.
68 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA En tre la Sublevación y el primer gobierno de Franco las familias políticas que configu raban la gran coali ción derechista mantuvieron posiciones bien distintas no solo en su política social sino en su modelo de ciudad12. Hubo monárquicos (como César Cort, cate drático de Urba nismo en la Es cuela de Ma drid) que reclama ron un modelo de ciu dad liberal, entendien do por esta una ciudad en la que el pro motor pudiera actuar sin corta pisas ni pautas, sin or denanzas que impusieran áreas de zo nificación por uso o volu men... Dentro de los gru pos católi cos algunos propusieron mantener la arquitectura ra cio nalista como ima gen formal, presentándose así al mundo no como movimiento to ta litario sino como «tranquila transi ción» entre dos regímenes si bien, naturalmente, exi gían un cambio radical tanto en la ges tión de la ciu dad como en la polí tica de vivienda socia l. No solo hubo tendencias dispares sino que aun dentro de la misma Falange re sul taba ab surdo hablar de una monocorde línea de «pen samiento»: cierto que antes de Gue rra fueron varios los arquitectos que militaron en Falan ge (Alberto Acha, José Ma nuel Aizpurúa, José Luis Arrese, Manuel Bringas, José Fonseca, Víctor d’Ors, José Subi rana, Manuel Valdés Larraña ga, Luis Felipe Vivanco...) pero también es verdad que, finaliza da la contienda, ninguno tuvo re levancia profesional. Víctor d’Ors –a quien el propio Primo de Rivera había definido como «el arquitecto es teta de Falange»– fue in capaz de pro yectar una sola obra significativa; hubo 12 GIL PECHARROMÁN, J. El Movimiento Nacional. Barcelona: Planeta, 2013, p. 144. quien –como Fran cisco de Asís Ca brero, titulado en la inmediata posguerra y autor al poco del Edificio de Sindi catos, en el paseo del Prado– tras vi sitar Italia y cono cer la obra de Libera propu sieron la opción metafísica; Luis Moya re clamó una redefi nición del clasicis mo (oscilando entre Spálato y Boullée) mientras que Luis Gutiérrez Soto (el arquitecto por antonomasia de la burguesía española) entendió que «proyectar en franquista» suponía solo «travestir» su fachada. Paradigma de edificio franquista de Gutiérrez Soto en aquellos años fue tanto el Merca do de Málaga (proyectado antes de Guerra y solo concluido en el nuevo Régi men) donde solo bastó incluir en su fachada los «gritos de ritual» (frases tipo «Franco, Franco, Franco» o «Arriba España») cuando no revestir un edificio funcio na lista en planta (el madrileño Ministerio del Aire, por ejemplo) de máscara his toricista, buscando así dar testimonio de la imprecisa «arquitectura del Im perio». Radicales como Montarco propusieron incendiar Madrid por los cuatro costados; Foxá denigró la Capital –identi ficando su resistencia a las tropas franquistas con una ciu dad soviética– calificándola de «Madridgrado», del mismo modo que Queipo tildó la ca pital andaluza como «Sevilla la roja»; poetas como Fede rico Urrutia (Leo poldo de Luis) glosaron una «arquitectura muerta» del mismo modo que Speer había teorizado sobre «la teoría del valor de la ruina»; Luis Moya escribió
75 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA La caída en desgracia de Queipo posibilitó que los arquitectos de Falange asumieran la edificación de las vivien das iniciadas tanto en Sevilla como en Grana da, desarrollando en la primera las vi viendas del barrio de León, actuando en la barriada del Porvenir o proyectan do la barriada del Prado de San Se bastián. Por lo mismo, y según la prensa de la época fueron los arquitectos falan gistas de Granada quienes edificaron cuatro grupos de viviendas adosadas (dos por bloque) descritas por Prieto Moreno al señalar la exis tencia de dos por planta, cubierta a cuatro aguas y posibilidad de construir un pe queño corral para animales y huerto, precisándose: «se ha procurado con seguir un marcado carácter popular en conso nancia con un tipo un tanto rural de la parcela ción de los edificios: y al mismo tiempo que se abandonaba cualquier gesto que pudiera identifi carse con la modernidad se optaba por la nor malización de determinados elementos constructivos lo que suponía, frente a las viviendas de Queipo, abando nar la ornamen tación andalu cista y retomar el debate de los años veinte sobre la economía del gesto»25. Si la creación de la Junta de Defensa Nacional había posibilitado la constitución –en las zonas controladas por el ejército franquista– de «Juntas Patrióticas» pronto el Gobierno de 25 Las noticias sobre las viviendas en el sevillano barrio de León (146 viviendas unifamiliares) aparece en: La Unión . 10 de noviembre, 1937; La Unión . 18 febrero, 1938; la nota sobre «La Barriada del Porvenir» en: La Unión . 19 de mayo, 1938 y la propuesta sobre El Prado de San Sebastián en: La Unión . 21 de mayo, 1938. Sobre las viviendas en Granada, ver: PUERTAS CONTRERAS, M.P. La vivienda social en la Granada de la posguerra . Op. cit. (n. 6), así como en: BARRIOS ROZÚA, J.M. Hogar cristiano y agrarismo. Op. cit. (n. 23). 26 RIBÓ DURÁN, L.M. Ordeno y mando. Las leyes en zona nacional . Barcelona: Ed. Bruguera, 1977, p. 33. 27 El Ideal . 24 de julio, 1937. Citado por: PUERTAS CONTRERAS, M.P. La vivienda social en la Granada de la posguerra . Op. cit (n. 6). 28 Ibidem. Burgos forzó que las comisio nes provinciales se supeditaran a una gestión administrativa centralizada26. Entre 1938 y 1939, cuando toda vía el mando militar de Bur gos no había formulado líneas de actuación claras, la preocupación de los arquitec tos falangistas en Granada fue encontrar suelo barato en el Ensanche de manera tal que la construcción fuera rentable tanto para el promotor público como el privado. Ensayo de posteriores desa rrollos, Prieto Moreno, Castillo, Wilhelmi, Fernández-Higares dudaron entre configurar la nueva ciudad a partir de núcleos ganglionares o, por el contrario, construir inmediato al límite del término municipal de manera que tales edificaciones consolidaran futuros ensanches. Como se expresaron en la prensa diaria «la guerra terminará pronto y de bemos tener pre parados, en la retaguardia, trabajos y proyectos de interés positi vo para ini ciarlos. Es preciso ocuparse desde los ayuntamientos de redactar los puntos: de su fi nancia ción ya procurará el Estado»27. Desde esa idea su propuesta fue edificar en solares o espacios de la periferia con superficie para asumir grupos de alguna impor tancia: «la distribución será perfecta y el ayuntamiento deberá tener terminado el plan de en san che con la cla sificación correspondiente a cada zona o sector de la población»28.
76 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA Entre 1936 y 1938 Sevilla y Granada se anticiparon a la política nacional, pero no fue ron las únicas ciudades: también en otros lugares de España (Zamora, por ejemplo) habían planteado una política similar, razón por la que –frente a los discur sos imprecisos o declaraciones vacías de algunos políticos– era preciso imponer directrices a nivel nacional. En Burgos se formuló un Plan Nacional de Ordenación y Re construcción (del que no tenemos noticia y quiero creer que distinto a la antes citada propuesta de Muguruza) creándose al poco la DGRD, así como el germen de lo que en abril de 1939 fueron el INV, la Obra Sindical del Hogar (en adelante OSH), el Patronato de Casas Militares y el INC29. Cierto que Cort apuntó en la I Asamblea Nacional –como tema de su pre sentación– de qué modo podía llevarse a término la «división de España en regiones y comarcas naturales»: pero no es menos cierto que la vo luntad por fijar pautas se reflejó tanto en el énfasis dado en publicaciones al tema de la ar quitectura popular como a las exposiciones que inmediatamente se inauguraron en varias capi tales30. Desde finales de 1936 –como señaló Tuñón de Lara– hubo en España no solo dos socie dades sino dos modelos culturales, no ya distintos sino opuestos. Por ello, la 29 La obra de los Servicios Técnicos de FET y JONS. En: Arriba . 7 mayo, 1942, p. 2. 30 CORT, C. División de España en regiones y comarcas naturales. En: Textos de las sesiones celebra das en el teatro Español de Madrid por la Asamblea Nacional de Arquitectos los días 26, 27, 28 y 29 de junio de 1939 . Madrid: Servicios Técnicos de FET y de las JONS, Sección de Arquitectura, 1939. En julio de 1940 se inau guraba la Exposición La Reconstrucción en España, señalándose cómo la misma correspon día a dos años de labor, lo que equivalía a señalar que los proyectos se habían empezado a formular en 1938. Ver: RECONSTRUCCIÓN. Número Extraordinario dedicado a la Exposición de la Reconstrucción de España. En: Reconstrucción . Junio-julio 1940, no. 3. Sobre César Cort ver: GARCÍA GONZÁLEZ, M.C. César Cort (1893-1978) y la cultura urbanística de su tiempo . Madrid: Abada, 2018, pp. 613-614. única preo cupación de quienes formularon (siguiendo las pautas de Queipo) las primeras ac tuaciones en Sevilla o Granada fue alejarse de modelos racionalis tas que se identificaban con la cultura socialdemócrata de la República, razón por la cual tomaron como referen cia –ante la falta de nuevas pautas– la arquitectura desarrollada al amparo de la Ley de Casas Baratas de 1921, actuando como «asesores áulicos» una Comisión de Cul tura y Enseñan za que presidiera José María Pemán y en la que no figuraba ningún arquitecto. En 1937 Antonio de la Vega y Jerónimo Junque ra cons truyeron las viviendas para funcionarios en el sector sur; José María Ayxela Ta rrat intervendría en Heliópolis y Luis de Sala proyectaría el núcleo de viviendas de Vista Florida. La contra dicción en la actuación de Queipo es que si por una parte reclamaba como prioritaria la construcción de vivien das para los más humildes, los núcleos residenciales construidos en las zonas de Los Remedios, Heliópolis o La Macarena se llevaron a término buscando dar satisfacción a una clase media vinculada al funcionariado o al ejército. Fue en Granada donde el grupo ligado a Falange tuvo ma yor presencia y cabría entender que fueron ellos quienes sentaron las bases de una arquitectura ligada a la FE.
77 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA Hicieron frente –como señalara Gallego Burín– a una excep cional situación donde, en 1939, al terminar la Guerra solo un veinte por ciento de las viviendas de la provincia reunían condiciones higiénicas aceptables; donde un se senta por ciento de las viviendas se podían re formar mientras que el veinte por ciento restante se calificaba como «viviendas absolutamente in habitables»31. Sucedía esto en una Gra nada capital que, entre 1936 y 1939, pasó de tener algo más de 130 000 habitantes de hecho a contar con 140 000. Y si en plena Guerra (reflejo de la iniciativa de Queipo de Llano) la Obra Nacional de Casas para In válidos, Obreros y Empleados actuó en la carretera de la Sierra, camino de Ronda y cercado de la Cartuja, tales proyectos fueron propuestas puntuales, al margen que se hubiera apro bado el concurso de ante proyecto para la redacción del Plan de Ensanche y Reforma de la ciudad: porque aprovechando la exis tencia de una mínima in fra estructura, el grupo edificado en la Carretera de la Sierra (viviendas sociales de promoción pública) se construyó en suelo rural. La Guerra supuso no solo romper con las políti cas de vivienda esbozadas en Granada en las dos décadas anteriores sino que cuestionó las propuestas de reforma y ensanche para la ciudad formuladas en el concurso convocado en 1937. Las promociones públicas de vi viendas sociales dieron paso 31 El Ideal . 22 de marzo, 1939. Citado por: PUERTAS CONTRERAS, M.P. La vivienda social en la Granada de la posguerra . Op. cit. (n. 6). 32 GIRÓN DE VELASCO, J.A. Orientaciones sociales del Gobierno . Madrid Instituto Nacional de Previsión, 1945. a intervenciones a gran escala, mar cando las directrices del crecimiento urbano de Granada, sustituyendo la planifica ción y dando al traste con una ordena ción por usos mediante la cual hubiera debido fi jarse el creci miento racional del muni cipio. Frente a la planifi cación, el proceso vivido en Granada fue claro: la vivien da modesta se situó allí donde se encontró suelo económicamente accesible, recalificándose en consecuencia espacios rurales, debiendo con posterioridad dichas promociones adaptarse a la realidad. Desde un nuevo plantea miento de ciudad y desde una nueva política de vivienda, aquellas promociones confi guraron el crecimiento urbano. Tras la promulgación en 1939 de la Ley de Viviendas Protegi das, se abrió paso un nuevo proceso, al convertirse la OSH (dependiente de la Delegación Na cional de Sin dicatos) en el más importante promotor público de viviendas sociales. Al constituirse el recién creado INV como protagonista casi exclusivo en la edificación de las viviendas sociales, la labor desarrollada por los Ser vicios de Arquitectura de FET y JONS reflejó ser vo luntarista y testimonial. Pese a que a partir de 1939 fueron muchas las declaraciones de principios sobre cuál debía de ser la política social de Falange, la realidad fue otra por cuanto que aquel partido único ca recía no solo de propuestas sino también de iniciativas32. Si Girón de Velasco hizo suyo el discur so sobre la «orientación
78 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA social del gobierno», identificando aquellas «realizaciones» con el ideario de Falange, por lo mismo Arrese reclamó la importancia de la obra fa langista de la vivienda33 apuntando solo como «no bastaba devolver hogares y sa near los medios rurales: era ne cesario cambiar las costumbres»34. Frente a la labor desarrollada en los núcleos urbanos, las propuestas en el medio rural tuvieron características distintas. Regiones Devastadas supo amoldarse, en los primeros años del Régimen, a una cambiante estética del Po der: si en un principio el Régimen había buscado, en los grandes centros urbanos, la opción de un lenguaje gran dilocuente, la necesidad de convertir al campo en el motor económico impuso soluciones marcadas por una situación de penuria, abandonándose ahora la grandilocuencia y asumiéndose la normalización en la construcción. En 1938 el Gobierno de Burgos –buscando rehacer el aparato de Estado– había fijado por Ley de 30 de enero de 1938 la creación –dentro del nuevo Ministerio del In terior– de un nove doso Servicio Nacional de Regiones Devasta das y Reparacio nes a cuyo frente se nombró a un técnico-político como Joaquín Benju mea. Apenas tres años más tarde, –en mayo de 1941– al producirse un cambio en el Go bierno (reflejo de los triunfos del 33 ARRESE, J.L. La obra falangista de la vivienda. Discurso pronunciado en Málaga al inaugurar el pri mer grupo de viviendas protegidas. Málaga: 5 de mayo, 1940. En: ARRESE, J. L. Treinta años de política . Madrid: Editora Nacional, 1966, vol. I. Ver: MAESTROJUÁN CA TALÁN, F.J. «Ni un hogar sin lumbre ni un español sin hogar», José Luis de Arrese y el simbolismo ideológi co. En: Príncipe de Viana . 1997, vol. 58, no. 210,pp.171-190. 34 CASARES, F. Significación Moral de la reconstrucción. Entrevista con Moreno Torres. En: La Van guardia Española . 26 de julio, 1940. Citado por BOX, Z. Hacer Patria. La arquitectura al servi cio de la Na ción durante el primer franquismo. En: BARRIO ALONSO, A.; HOYOS PUENTE, J. de; SAAVEDRA ARIAS, R. (eds.) Nuevos horizontes del pasado. Culturas políticas, identidades y formas de representación . Actas del X Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea. Santander: Universidad de Cantabria, 2011. Eje) los falangistas Arrese y Girón de Velasco accedie ron al Consejo de Ministros, lo que pudo hacer pensar que la «escenografía» y «parafer nalia» de la arquitectura falangista se iba a llevar a los núcleos rurales si bien sucedió precisamente lo contrario. Frente a las declara ciones propagandísticas de quienes identi ficaban «reconstrucción» con los lugares donde se dieron cruentas batallas (Bel chite, Brunete, Oviedo...) en su lugar –de acuerdo con las directrices marcadas por Benju mea– la DGRD propuso –como reflejo de la política autárquica– que cualquier proyecto de nueva población se redactara tomando en consideración cuatro aspectos: dónde ubicar los nue vos núcleos en el territorio; definir su tamaño; dar forma urbana y facilitar respuesta arquitectónica a las vivien das proyecta das. Ignorando las propuestas de los mencionados Servicios Técnicos de FET y JONS, los po blados de Regiones Devastadas se concibieron desde la planificación territorial. «Reconstruir» no signi ficó reedifi car lo destruido sino fijar bases normativas e institucionales capaces de relanzar la economía. Entendiendo DGRD como instrumento para consolidar una economía autárquica, el Instituto de Crédito para la Reconstrucción financió prioritariamente aquellas propuestas, volcándose en potenciar –mediante créditos–
79 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA la reconstrucción de una agricultura que se planteaba como sustitutiva a la destruida industria de transforma ción. Desde tal criterio los proyectos para los núcleos rurales se plantearon acorde al papel que debían jugar dentro de un proyecto económico territorial, llegando incluso a proponerse –si guiendo indicaciones de los ingenieros agrónomos que colaboraban en aquella política– la reubicación de algu nos núcleos, refundándolos a distancia de su pri mitiva ubica ción (como sucediera, por ejemplo, en Seseña o Belchite) al considerar que de este modo la nueva po blación se integraba mejor en el pro yecto –de escala supe rior– consistente en la creación de un nuevo espacio económi co. La contradicción de aquel Régimen fue que si en su proyecto rural recurrió a conceptos tales como tipificación, estandariza ción o racionalidad…, en los nucleos urbanos adoptó formas retóricas. Frente a una Falange que reclamaba representar una tercera vía («ni liberalismo ni marxismo», prometiendo superar la lucha de clases mediante la integración social) la aparición de un conjunto de técnicos comandados por un profesional como Bidagor –con experiencia en temas urbanos en los años de la República– convertiría aquellos organismos (DGRD, 35 TOVAR, A. Lo que a Falange debe el Estado. En: Arriba . 1 de marzo, 1953. Amplios sectores de los vencedores consideraban que era imprescindible instaurar un «Estado nuevo» en España, siguiendo los argu mentos expuestos por Luis del Valle quien afirmaba cómo aquella España surgía del fracaso de los estados libe rales. Ver: DEL VALLE, L. El Estado Nacionalista totalitario-autoritario . Zaragoza: Edito rial Atheneum, 1940, pp. 14-16. El propio Franco haría explícita tal opinión al señalar, en el discurso pro nunciado en el II Congreso Nacional del Frente de Juventudes en El Escorial, 3 de octubre de 1942: «nosotros no condenamos el marxismo ni el comunismo por cuanto encierran de aspiraciones en lo so cial, que no compartimos, sino por cuanto tienen de antinacional, de antimaterialista y de falso». RUBIO, F. El Caudillo y la política social. En: Revista de Trabajo . 1954, no. 11. Citado por: MOLINERO, C. Fa lange y la construcción del régimen, 1939-1945. La búsqueda de unas bases sociales. En: RUIZ CARNICER, M.A. (ed.) Falange: Las culturas políticas del fascismo en la España de Franco . Op. cit. (n.11), p. 186, n. 13. INV, INC, OSH…) en oficinas de proyecto de marcado carácter técnico, dirigidas por arquitectos sin especial significación, con la excepción de Jaime Ruiz (INV, en Madrid), Francisco de Asís Cabrero (OSH, en Madrid) o Alberto Balbontín de Orta (INV, en Sevilla). En un gobierno que precisaba guardar un difícil equilibrio entre las distintas fuerzas, al haberse asignado el Ministerio de Educación a Pedro Sainz Rodríguez (lo que suponía dar primacía a la «familia» católica en el control de la en señanza) hubo que compensar a los falangistas, ce diendo a estos el dominio de la propaganda: y pese a que Anto nio To var afirmara años más tarde: «[cómo] el franquismo debía a Falange un programa social y métodos propagandísticos para captar a las masas»35, Falange careció de res puestas con cretas. La distancia entre discurso y realidad fue abismal y las frases falangistas –pese a ser formuladas por profesionales de la construcción– quedaron como ejemplo de palabras huecas: así, por ejemplo, al exponer José Luis Arrese los logros conseguidos por Falange en la obra de vivienda en Málaga afirmaba que: «tras la guerra no queríamos la Paz sino la Revolución y que la Revolución es la vuelta a Dios frente a la materia y al ateísmo, la vuelta a lo nacional frente a los na cionalismos
80 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA y a los in ternacionalismos, la vuelta a la justicia social frente a los privilegios y a la demagogia»36. Igualmente, quien entre 1951 y 1957 estuviera al frente del Ministerio de Trabajo (José Antonio Girón de Velasco) de finía «lo que nosotros llamamos el Movimiento Nacional es la ca racterística social que prima so bre todas las demás en nuestra generación política». Ante tal situación configurar a corto plazo un cuadro de profesionales (la gran mayoría, sin formación política) cuya misión fuera aplicar las directrices emanadas desde el Gobierno central se convirtió en la gran preocupación de Bidagor. Configurar la correa de transmisión entre el grupo de técnicos afines y quienes recibían las mismas, en las distintas demarcaciones fue –a riesgo de equivocarme– uno de los aspectos más singulares de aquellos primeros años de posguerra. Si en aquellos días los responsables del Partido señalaron cómo, en cortísimo plazo, Fa lange pasó de contar con apenas 2000 afiliados a coordinar solo tres años más tarde más de medio millón de «camaradas» sin sólida formación política (y uno de los cometidos de Dionisio Ri druejo fue estable cer una escuela de formación y selección política), la labor de Bidagor fue especialmente significativa al conseguir contactar y contar con profesio nales 36 ARRESE, J.L. La obra falangista de la vivienda. Málaga, 5 de mayo de 1940. En: ARRESE, J. L. Treinta años de política , vol. I. Madrid: Editoral Nacional, 1966, vol. I. GIRÓN DE VELASCO, J.A. Quince años de política social dirigida por Franco. Madrid: Editorial O.I.D., 1951, pp. 5-6. 37 VIVER PI-SUNYER, C. El personal político de Franco (1936-1945). Contribución empírica a una teo ría del régimen franquista . Barcelona: Vicéns-Vives, 1978. JEREZ MIR, M. J. Élites políticas y centros de ex tracción en España, 1938-1957 . Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 1982, p. 408. JEREZ MIR, M. J. El régimen de Franco: élite política central y redes clientelares (1938-1957). En: ROBLES EJEA, A. (coord.) Política en la penumbra. Patronazgo y clientelismo político en la España contemporá nea. Madrid: Siglo XXI, 1996, pp. 253-274. experimentados capaces de desarrollar sus pautas. Si por una parte fue preciso convertir en falangistas a quienes se habían afiliado a FE durante la guerra, la tarea de Bidagor fue definir un organi grama estructural para lo que tuvo que hacer franquistas a quienes hasta el momento tan solo eran hombres de derecha37. Joaquín Benjumea fue la persona clave en la organización de la vida admi nistrativa del Nuevo Estado: fue él quien impuso el control del dinero, del comercio exterior y del abasteci miento. Fue él quien –buscando normalizar a corto plazo la vida ciudadana– entendió que la agricultura y la ganadería eran decisivos por cuanto el inmediato desarrollo económico del país debía sustentarse en dicho sector por lo que emprendió la reconstrucción de los pueblos afectados por la Guerra. En Burgos, Benjumea organizó el SNRD y tras la Guerra –cuando se hizo preciso explicitar el trazado de poblaciones– organizó una nueva clase de «políti cos profesionales», evidenciando una significativa renovación del personal político respecto a momentos prece dentes. Viver Pi-Sunyer ha sido el primero en señalar la disconti nuidad del personal ministerial fran quista res pecto a épocas precedentes y Miguel Jerez Mir ha estudiado qué su puso la re novación de dicho personal políti co respecto a momentos
81 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA anteriores, enfatizando cuanto dicha nueva clase significó la alternativa a los cuadros de Falange. Que en la I Asam blea Nacional de 1939 quienes participaran presentando ponencias se ajustaran al citado perfil, entiendo es más que significativo38. Si el programa falangista sobre economía había propugnado el na cionalismo, el autoabasteci miento y la autar quía, pronto el pragmatismo fue regla39. En un principio –y en lo que respecta al SNRD– Espa ña quedó repartida en siete comisiones de zona (Cantábrica, Vascon gada, Aragone sa, Bético-Extremeña, Cas tellana, Levantina y Manchega), dependientes de la Jefatura Nacional, divi didas a su vez en oficinas comarcales40. Sorprende que ninguna de estas siete zonas tuviera competencia sobre Andalucía, lo que solo se explica por cuanto Queipo había conseguido (en aquellos primeros momentos) sentar las ba ses de un Esta do dentro del Estado. Sin embargo, en junio de 1938 se ordenaba duplicar in formes y remitir copia de toda la documentación a Madrid de modo que el gobierno central pu diera controlar el seguimiento de las obras en ejecución. Solo cuando el SNRD pasó a denominarse DGRD, las com petencias sobre 38 Circular de Raimundo Fernández Cuesta de 26 de julio de 1939 . Archivo General de la Administra ción, sig. 9 (17.12) 51/21102. 39 GÁLVEZ MUÑOZ, L.; COMÍN, F. Multinacionales, atraso económico y marco institucional. Las na cionalizaciones de empresas extranjeras durante la autarquía franquista. En: Cuadernos de economía y dirección de la empresa . 2003, no. 17, pp. 139-179. Ver, en concreto, p.170. 40 Orden de 11 de junio de 1938. El artículo VII de la misma reiteraba la obligación de duplicar toda la in formación de manera que tanto Madrid como las distintas oficinas comarcales pudiera llevar el control y se guimiento de las obras aprobadas. 41 SERRANO SUÑER, R. Discurso pronunciado en la Exposición de la reconstrucción de España. En: Re construcción . 1940, no. 3. A continuación de la misma, Antonio Iturmendi trató sobre el régimen municipal de aquellos pueblos: ITURMENDI, A. El Régimen municipal de los pueblos adoptados, Madrid . Madrid: DGRD, 1940, pp. 14-15. Ver también: ABC . 18 de julio, 1940, p. 17. 42 MORENO TORRES, J. Un organismo del Nuevo Estado. En: Reconstrucción , 1941, no. 12, pp. 3-47. Cita do por LLANOS, E. La Dirección General de Regiones Devastadas: Su organización administrati va. En: VV.AA. Arquitectu ra en Regiones Devastadas . Madrid: MOPU, 1987, p. 43. La Orden mediante la cual se constituyeron Comi siones Pro vinciales apareció el 25 de abril de 1939. El Decreto de Adopción se apro baría el 23 de septiembre de 1939. Para cumplir los requisitos básicos, la destrucción debía estimarse, aproximadamente, en un 75%. Igual mente: MORENO TORRES, J. Un organismo del Nuevo Estado. Op. cit. (n. 42), p. 5. Andalucía fueron asumidas por el Gobierno seña lando Serrano Suñer –en Orden de 25 de abril de 1939– la constitución de Comisiones de Recons trucción provinciales, dependientes del Ministerio: «a fin de que en cada provincia exista el organismo ade cuado de pendiente de este Departamento y su Servicio Nacional de Re giones Devastadas y Reparaciones»41. Pese a todo, y de acuerdo con la labor propagandística, el Régimen formuló el concepto «pueblos adoptados»42 refiriéndose con ello a los núcleos de población cuya destrucción hubiera sido superior al 75% del total, planteándose su reconstrucción desde claras pre misas simbólicas (fig. 4). Durante tiempo la prensa presentó la reconstrucción de Belchite, Bru nete, Oviedo, Guernica, como paradigma de una labor de estado minimizando lo más significativo: el establecimiento de 28 oficinas comarcales cuyo cometido era tanto sentar la población rural en sus núcleos de origen (evitando la emigra ción masiva a las ciudades) como potenciar una economía agraria de tipo industrial, coherente con Figura 4. Mapa de España con las 227 localidades adoptadas
82 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA la economía autárquica. DGDR impuso pautas formales en la forma de los núcleos agrarios, fijó el pro grama de necesidades de los mismos y generó un vasto ca talogo de soluciones (en función de las zonas) sobre cómo debían ser aque llas viviendas rurales. Y cuando se trató de proyectar aquellos poblados más representati vos, en lugar de confiar el proyecto a arquitectos locales se responsabilizó de tal tarea a los funcionarios de la oficina de Madrid, de manera que las oficinas co marcales asumieron la dirección de obra y ejecución de lo proyectado por otros. Ante la falta de medios económicos ocu rrió en ocasiones que DGRD asumió la edificación de los edificios representativos (ayuntamiento, iglesia, cuartel de la Guardia Civil) pero no de las viviendas, pese a lo cual se elaboraron proyectos de obligado cumplimiento. Sobre la labor de DGRD recordar que entre 1940 y 1941, en un periodo de solo 15 meses se tra mitaron 55 419 expedientes publicando la re vista del Banco Exterior importan tes noti cias sobre la labor desarrollada por el Instituto para el Crédito a la Re construcción43. Si en un principio (dentro de las actividades del SNRD) Andalucía había quedado al margen, dentro del organi grama de DGRD las propuestas para Andalucía cobraron 43 LLANOS, E. La Dirección General de Regiones Devastadas. En: Op. cit. (n. 42), p. 45. La revista del Banco Exterior de España publicó una importante informa ción sobre la labor desarrollada por la DGRD hasta 1943 donde, entre otros datos, comentaba el número de obreros li bres y penados utilizados en aquellos años. Sobre las colonias penitenciarias creadas por Decreto de 18 de sep tiembre de 1939: Una obra del caudillo: la redención de penas por el trabajo. En: Reconstrucción , abril 1940, no. 1, pp. 28-32. También el Banco Exterior daba cifras sobre las cantidades de materiales utilizadas. Ver, igualmente: Informaciones . 27 de noviembre, 1944, p. 5. Sobre el Insti tuto de Crédito a la Reconstrucción ver: GÓMEZ, M.L. La intervención administrativa en la vi vienda en España 1938-2005. Madrid: Edi torial Montecorvo, 2006, p. 35 y ss. INSTITUTO DE CRÉDITO PARA LA RECONSTRUCCIÓN NACIONAL. Instrucciones para la peti ción de préstamos . Madrid: Instituto de Crédito para la Reconstrucción Nacional, 1945. singular importancia, reflejo de una estrategia nacio nal de reconstruc ción plasmada en Ideas Generales sobre el plan General de Ordenación y Reconstrucción (fig. 5). Alfonso Ruiz de García ha estu diado cómo, pese a las penurias de la guerra, Almería tuvo un más que singular crecimiento demográfico pa sando la ciudad de contar en 1930 con 54 000 habitantes a residir en la misma, diez años más tarde, casi 80 000 personas. Y si por una parte se construyó la llamada Ba rriada de Regiones como un núcleo cerrado, orgánico, autosuficiente y dotado de iglesia, casa del Partido, dis pensario, escuela, mer cado y hostal… coherente en todo con las propuestas formuladas por Bidagor en la definición de cuales debían de ser los equi pamientos en antiguos núcleos urbanos que ahora se concebían como núcleos ru rales en el interior de la ciudad, paralelamente DGRD buscó dar solución a la situación de miseria que todavía existía en parte de la ciudad. Según datos, en 1940 todavía existían censadas 2520 viviendas-cueva que al bergaban a más de 18 000 perso nas, configurando un cinturón de pobreza que rodeaba el casco urbano: ante tal situación DGRD edificó un total de 317 vi viendas en 18 manzanas, glosando la prensa local cómo el «Caudillo» había adoptado a la ciu dad. Y cómo, gracias a tal «paternal adopción», Almería resurgi ría edificando Figura 5. Dirección General de Regiones Devastadas, Provincia de Granada. Pueblos adoptados
83 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA sobre los escom bros y eliminando las cuevas existen tes44. Sin embargo, la barriada más característica de Al mería en la primera posguerra fue la ciudad-jardín, proyectada en 1940 como alternativa a la ciudad indus trial. La Autarquía, como principio rector de la política económica, no fue nunca para Franco un fin en sí misma sino el instrumento que impulsaba la transformación productiva45. Aque llos años se ca racterizaron por la depresión económica y por la dramática escasez de todo tipo de bienes. Pilar Puertas ha se ñalado cómo entre 1936 y 1947 el coste de la vida en Granada se incrementó en un 4,5: más que duplicado en 1939, se man tuvo así hasta 1945, cuando de nuevo, en los dos años siguientes, experimentaría el mismo cre cimiento. Como consecuencia no solo se produjo un fuerte aumento en los precios de los materiales de construcción sino también en el precio del suelo. Muchas actuaciones tuvieron que ser interrumpidas o desarrollarse por fases, máxime cuando la falta de combustible, la des truc ción de la 44 Alfonso Ruiz García, en su trabajo Arquitectura y vivienda en Almería , da el dato sobre el número de vi viendas-cuevas existentes. Cita: Yugo . 7 de mayo, 1942: sobre la labor de Falange en temas de vivienda; Yugo. 3 de marzo, 1943: sobre la adopción de Franco de la ciudad de Almería («ciudad que resur giría bajo su pater nal adopción») y Yugo. 2 de diciembre, 1944: donde se informaba sobre la entrega de vi viendas en el Camino de Ronda. Ver, igualmente: RUIZ GARCÍA, A. Arquitectura y política cons tructiva de Regiones Devastadas en Almería. En: Homenaje al Padre Tapia. Almería en la historia . Alme ría: Monte de Piedad y Caja de Aho rros, 1988, pp. 647-665, así como: LARA VALLE, J.J. La práctica urbana durante la autarquía: la experiencia almeriense. En Homenaje al Padre Tapia . Op. cit. (n. 44), pp. 465-474; LARA VALLE, J.J. Desarrollo y crisis urbana en Almería. 1900-1980 , 2 vols. Almería: 1989. 45 GARCÍA DELGADO, J.L. La economía española durante el franquismo . Barcelona: Editorial Te mas para el debate, 1995, p. 18. Igualmente, si bien de manera abstracta, ver: AUNÓS PÉREZ, E. Los problemas de la produc ción en el orden nuevo, y diario político social . Barcelona: Bosh, 1941. 46 Boletín de la Dirección General de Arquitectura , citado por: MUÑOZ FERNÁNDEZ, F.J. Construir en el País Vasco de posguerra. En: HUERTA, S.; MARÍN, R.; SOLER, R.; ZARAGOZA, A. VI Congreso Nacional de Historia de la Construc ción . Actas del Congreso celebrado en Valencia, 21-24 de octubre 2009. Madrid: ETSAM; Instituto Juan de Herrera, 2009, pp. 967-978, n. 11. 47 MORENO TORRES, J. Conferencia del Director General de Regiones Devastadas pronunciadas en el Insti tuto Técnico de la Construcción. En: Reconstrucción . 1941, no. 12, p. 11. La necesidad de eco nomizar hierro en la construcción llevó al INV a dictar –en su circular no. 30, de enero de 1945– la prohibi ción de construir forja dos que consumieran más de 6,5 kilos de hierro por m² en luces iguales o menores a 4 metros. Fueron muchas las intervenciones públicas de quienes reivindicaron el uso del ladrillo en la construcción, proponiendo conse guir un mortero de propiedades similares al que se conseguía con cales hidráulicas, al machacar trozos de ladri llo y tejas. red de ferrocarriles y de comunicaciones dificultaron el transporte de mate riales46. A partir de 1941 la DGA optó por restringir y racionalizar los elemen tos de construcción retomando el debate abierto en los primeros años de Primo de Rivera cuando se propuso la «normalización de lo vernáculo», incentivándose ahora la reutilización de materiales. Consecuencia de tal si tuación es que, en los trabajos de DGRD, la figura del arquitecto se trastocó en maestro de obras capaz de recuperar perdidos modelos cons tructivos. De acuerdo con lo señalado, se desarrollaron los estudios sobre clima, materiales, costumbres, condición social y actividad del destinatario, reivindi cando Antonio Cámara «los materiales baratos, haciendo de la reconstruc ción labor misional, llevando los obreros de Andalucía, Extremadura y Albacete a enseñar el tapial»47. Desde los primeros momentos el debate sobre la arquitectura po pular enmascaró la pre ocupación por definir un tipo de vivienda rural que caracterizara tanto al Estado
84 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96.e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA. Revista de Historia de la Arquitectura. 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 #01 2020 TEMPORÁNEA nacional sindicalista como se concibieran desde la esca sez de recursos48. En 1949 el Instituto Nacional de la Vivienda preparó un plan de construcciones económi cas en el mundo ru ral, proponiendo distintos tipos según las regio nes49. Si antes de Guerra el pintores quismo había caracterizado durante unos años la opción de una arqui tectura ligada a un mundo inexistente, frente a ello tanto Torres Balbás como los grupos de vanguardia barcelo neses habían recla mado el estudio de lo popular como pauta de la modernidad. Pero quien tras la Guerra convo caba el concurso era un José Fonseca que no solamente asumió la voluntad por «normalizar lo vernáculo» sino también definir lo que reiteradamente algunos habían reclamado como idiosincrasia del nuevo Estado. La re ferencia a «la arquitectura popular» (en tendiendo por tal la arquitectura rural) fue tópico sobre el que se insis tiría tanto en expo siciones como en dis tintos congre sos: en 1939 se celebra ba en Valladolid una «exposición de vivienda rural» donde se mostraron maquetas de ejemplos andaluces, del mismo modo que al poco Regiones Devastadas –en su Exposición sobre la Reconstruc ción en España– mostraba así mismo fotografías, planos y de nuevo maquetas sobre la arquitectura rural en el sur de Es paña; Mugu ruza teorizaba –en 48 MUGURUZA, P. Arquitectura popular española. Conferencia pronunciada en el salón de actos de la ex po sición sobre La Reconstrucción en España, 26 de junio de 1940 . Madrid: 1940; MUGURUZA, P. Estudios para un plan de mejoramiento de las viviendas humildes . Madrid: 1943, p. 111. 49 La Vanguardia . 2 de agosto, 1939, p. 1. 50 «No se deben construir casas sino reorganizar formas integrales de vida». ARRESE, J.L. La arquitectura del hogar como reflejo de la vida familiar y social de cada época. Dis curso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando . Madrid: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 5 de noviembre, 1967. Ver: Pueblo . 26 de no viembre, 1945, p. 6. Así mismo: MUGURUZA, P. Plan Nacional de Mejoramiento de la Vivienda en los Poblados de Pesca dores . Op. cit. (n. 20). Existe una más que amplía bibliografía sobre arquitectura y urbanismo rural, ver: MONCLÚS, F.J.; OYÓN, J.L. Vivienda rural, regionalismo y tradición agrarista en la obra de Regio nes Devastadas. En: Op. cit.(n.42), pp. 103-120. su estudio so bre Poblados para Pescadores (fig. 6)– sobre la arquitectura popular en el litoral de am bas Andalucías y tanto en la I Asamblea Nacional de Arquitectura como luego en el I Congreso de la Federa ción de Urbanismo y Vivienda, la vivienda rural se propuso como tema de debate50. No solo se marcaron pautas sobre localización, forma y tamaño de población, sino que unas rígidas ordenanzas definieron el nuevo programa de necesidades que debía cumplir la vivienda. Abandonándose lo que había sido la reflexión sobre la «vivienda mínima», quien elaboró aquellas (José Fonseca, desde el INV) había sido un arquitecto de sólida formación antes de la Guerra, partícipe de manera más que digna en varios pro yectos de primer orden y estudioso de la política de vivienda. A caballo entre la cultura centroeuropea y los estudios sobre la arquitectura popular, las rígidas ordenanzas de Fonseca sirvieron, básicamente, para impedir errores de quienes habían conseguido el título pre sentándose a examen con correaje militar. Pero es tudiar cuál fue aquella política de vi vienda se hace difícil, como comentaba en un principio, no solo porque las cifras ofreci das en los medios oficiales difirieron en sobremanera sino también porque a menudo proyectos pre sentados como de inmediata ejecución Figura 6. Dirección General de Arquitectura, Poblados de Pescadores. San Fernando, Cádiz. Anteproyecto de 200 viviendas protegidas, 1947
91 #01 2020 TEMPORÁNEA SAMBRICIO R. ECHEGARAY, Carlos. Política de vivienda en el primer franquismo: 1936-1949. En: TEMPORÁNEA . Revista de Historia de la Arquitectura . 2020, no.1, pp. 59-96. e-ISSN: 2659-8426. ISSN: 2695-7736. https://dx.doi.org/10.12795/TEMPORANEA.2020.01.03 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS AGUINAGA, E. M. de. Madrid, Empresa Nacional. Madrid: Ayuntamiento de Madrid; Instituto de Estudios Madrileños, 1967. AGUINAGA, E. M. de. Sobre la construcción de viviendas. En: Re vista Nacional de Arquitectura . Enero 1950, no. 97. ARRESE, J.L. La obra falangista de la vivienda. Discurso pronunciado en Málaga al inaugurar el pri mer grupo de viviendas protegidas. Málaga, 5 de mayo, 1940. En: ARRESE, J. L. Treinta años de política . Madrid: Editoral Nacional, 1966, vol. I. ARRESE, J.L. La arquitectura del hogar como reflejo de la vida familiar y social de cada época. Dis curso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando . Madrid: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 5 de noviembre, 1967. AUNÓS PÉREZ, E. Los problemas de la produc ción en el orden nuevo, y diario político social . Barcelona: Bosh, 1941. BARRIOS ROZÚA, J.M. Hogar cristiano y agrarismo: la construcción de casas baratas en Grana da du rante la Guerra Civil. En: CALATRAVA, J. (ed.) La arquitectura y el tiempo. Patrimonio, Memoria, Contemporanei dad . Madrid: Abada, 2013, pp. 93-123. BOX, Z. Hacer Patria. La arquitectura al servi cio de la Na ción durante el primer franquismo. En: BARRIO ALONSO, A.; HOYOS PUENTE, J. de; SAAVEDRA ARIAS, R. (eds.) Nuevos horizontes del pasado. Culturas políticas, identidades y formas de representación . Actas del X Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea. Santander: Universidad de Cantabria, 2011. CACCIARI, M. Metrópoli. Saggi sulla grande città di Sombart, Endell, Scheffler e Simmel . Roma: Oficina, 1973. CASARES, F. Significación Moral de la reconstrucción. Entrevista con Moreno Torres. En: La Van guardia Española . 26 de julio, 1940. CASPISTEGUI GORASURRETA, F.J. Esa ciudad mal dita, cuna del centralis mo, la burocracia y el liberalismo. La ciudad como enemigo en el tradicionalismo español. En: POZO, J.M.; LÓPEZ TRUEBA I. (coords.) Arquitectura, Ciudad e Ideología Antiurbana. Actas del Con greso Internacional, Pamplona 14-16 marzo de 2002. Pamplona: Es cuela Técnica Superior Arquitectura, Universidad de Navarra, 2002, pp. 71-86. CORT, C. División de España en regiones y comarcas naturales. En: Textos de las sesiones celebra das en el teatro Español de Madrid por la Asamblea Nacional de Arquitectos los días 26, 27, 28 y 29 de junio de 1939 . Madrid: Servicios Técnicos de FET y de las JONS, Sección de Arquitectura, 1939. COTORRUELO, A. La política económica de vi vienda en España . Ma drid: CSIC, 1960. DIÉGUEZ, S. Un nuevo orden ur bano:“el Gran Madrid” (1939-1951) . Madrid: Ministerio para las Administraciones Públicas; Ayuntamiento de Ma drid, 1991. DEL VALLE, L. El Estado Nacionalista totalitario-autoritario . Zaragoza: Edito rial Atheneum, 1940. D’ORS, V. Hacia la reconstrucción de las ciudades de España. En: Vértice. 1937, no. 3. DOZ DE VALENZUELA, A. Foro. En: Hogar y Arquitectura. 1962, no. 40, pp. 17-20.
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