Juan de Mal Lara y su Philosophía Vulgar en la Sevilla del siglo XVI
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201 Excma. Sra. Directora, Excmos. Sras. y Sres. Académicos, Excmas. e Ilmas. Autoridades de la Universidad de Barcelona, Compañeras y compañeros de las Universidades de Sevilla, Roma y Barcelona, Familiares y amigos, Señoras y Señores: J.-Mª R.: “No hay deber más necesario que el de dar las gracias”, escribió Cicerón. Un pensamiento que en nuestra Edad de Oro ampliara, entre otros, Quevedo: “El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien”, y matizara Cervantes en su Quijote: “El agradecimiento que sólo consiste en el deseo es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras”. Quiero que sean estos dos conceptos, deber y deseo, la base de la que partir en los momentos iniciales de un acto como en el que nos encontramos, tan entrañable para mí. Deber de dar las gracias a esta Real Academia Sevillana de Buenas Letras y a sus miembros por aceptarme entre ellos; por concederme el honor de poder participar en tan magna Institución en esta hermosa tierra, que es también la mía, y que me permite una mayor vinculación a la misma aunque desde la distancia. Así, pues, muchísimas gracias, Señoras y Señores Académicos. JUAN DE MAL LARA Y SU PHILOSOPHÍA VULGAR en la Sevilla del SiGlo Xvi Por INORIA PEPE SARNO y JOSÉ-MARÍA REYES CANO
202 Mas un agradecimiento que no sólo es deseo, pues sería cosa muerta, como nos ha dicho el más grande genio literario de nuestra historia, sino que ha de venir, como la fe, acompañada de obras. Y en este sentido, me es difícil interpretar el hecho de mi nombramiento como académico correspondiente como algo ajeno –no se interprete como arroganciaa mi labor docente e investigadora como Catedrático de Literatura Española del Siglo de Oro de la Universidad de Barcelona. En mi villa natal –Lora del Ríoy en Sevilla realicé mis estudios primarios, bachillerato –Instituto de Enseñanza Media ‘Fernando de Herrera’, precisamente, a modo de premonicióny los dos primeros años universitarios. Eran tiempos aún difíciles para este país, mas tuve la suerte de ser alumno de diversos profesores que dejaron una huella importante en mi persona y a los que quiero dedicar un cariñoso recuerdo, desde el entregado maestro D. Juan Argüelles a, entre otros, los doctores Carlos Álvarez Santaló –quien me preguntó inteligentemente en un examen si el erasmismo era una revolución, lo que no podré olvidar nunca-, Pedro Piñero o Rogelio Reyes, este último miembro de esta Real Academia y, por encima de cualquier honor, mi hermano, en un ambiente muy particular mas inmensamente rico y esperanzador en el que se insertaba otra venerable institución que no quiero dejar de recordar, la Società Dante Alighieri, así como a sus responsables, los tan queridos por todos Elvira y Luis, así, sin necesidad de apellidos, quienes siempre me trataron con verdadero afecto y generosidad. Todos los que hemos pasado por ella y por ellos hemos de reconocer el importante papel jugado por la misma en la Sevilla de los pasados años y, a la postre, la impronta que han dejado en nuestras vidas. Joven aún, con apenas 19-20 años (Al buen varón tierras agenas patria le son, dirá Juan de Mal Lara en su Philosophía vulgar glosando el adagio del oráculo de Apolo reescrito por Erasmo: Quaevis terra patria), me trasladé a Barcelona y a su Universidad, donde fui discípulo de reconocidos maestros: Antoni Maria Badía i Margarit, Martí de Riquer, Antonio Vilanova, Raquel Asún, mi muy querida Helena Puigdomènech y, de manera especial, José Manuel Blecua, quien me inició en los estudios de la poesía sevillana del Siglo de Oro. Estando aún en el cuarto INORIA PEPE SARNO / JOSÉ-MARÍA REYES CANO202
203 año de la licenciatura, me dijo: “Hará Vd. la tesina y la tesis doctoral sobre la lírica de Juan de la Cueva”, palabras pronunciadas en el tono característico de una persona absolutamente sorda mas de finísimo oído para no escuchar lo que no le interesaba y, al mismo tiempo, marcar, eso sí, el esquema rítmico de los endiablados endecasílabos. El inicio de un curriculum que, ya en pleno desarrollo, me llevaría a transitar de manera sistemática por la literatura española de los siglos XV al XVII en sus distintas vertientes –especialmente la líricay entre España e Italia (mi país de adopción y porque El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos, como dirá D. Quijote) hasta volver al punto inicial: Sevilla, Fernando de Herrera y sus espectaculares Anotaciones a la poesía de Garcilaso, obra que tuve el honor de editar en colaboración con mi otra gran y verdadera maestra y, desde hace ya muchos años, excepcional amiga: Inoria Pepe Sarno, con la que sigo trabajando (ya son cuatro los libros hechos por ambos en los últimos 12 años) sobre materia literaria sevillana, andaluza, española e italiana. Una relación ésta que supera con creces lo profesional y cuya patente muestra la hallamos en el hecho de que hoy ambos compartamos este espacio y este tiempo en nuestro discurso conjunto de entrada en esta Institución. Obra, en suma, que pongo al servicio de esta Real Academia haciendo votos (recuérdese la anterior cita cervantina) por continuar en la brecha de manera inmediata, pues ya está en marcha, y de nuevo, cómo no, con mi colega romana, la edición de los Versos del ‘Divino’ Herrera, verdadera alma del universo literario sevillano y español del Siglo de Oro, editados por Pacheco en 1619. Una obra lírica llamada, sin duda, a revolucionar la lengua poética de la época y que desembocaría en ese otro andaluz universal que fue D. Luis de Góngora. Mas no quisiera acabar estas palabras introductorias sin recordar públicamente a quienes depositaron su confianza en mí: esposa, hermanos, familiares, amigos, colegas, casas editoriales (singularmente a Cátedra, con Josune García a la cabeza)… y, por encima de todo, y de manera muy especial, mis padres, ambos fallecidos pero que allá donde se encuentren estarán compartiendo conmigo la alegría de este momento. JUAN DE MAL LARA Y SU PHILOSOPHÍA... 203
204 I. P. S.: Considero extraordinario el honor que esta antigua e ilustre Institución sevillana me ha concedido, siendo extranjera, de formar parte de sus miembros y de estar hoy, aquí, para dar las más sinceras gracias a la Señora Directora y a los Académicos todos. Estoy orgullosa, y aún más lo estaría mi marido, que siguió paso a paso mi carrera universitaria y mi trabajo científico, de participar como Correspondiente en esta Real Academia de Buenas Letras, santuario de la cultura andaluza, considerando este honor como el remate de mi larga actividad docente e investigadora en la Università di Roma. Durante muchos años, los profesores Lore Terracini, Carmelo Samonà y yo misma, continuando lo iniciado por el profesor Guido Mancini, trabajamos intensamente para conferir prestigio a la lengua y a la literatura española, que, en los años cincuenta, en los cursos universitarios, habían llegado a una situación de degradación insostenible. Y enfrentándonos con muchos problemas, como pueden imaginarse, logramos crear un Departamento de Lengua y Literatura Españolas, una biblioteca selecta, dar vida a dos revistas prestigiosas, fundar la AISPI (Associazione Ispanisti Italiani) e instituir, con la colaboración del entonces Instituto Español de Cultura (antecedente del actual Cervantes), un premio para la mejor tesis de doctorado. No sé si atribuir a la fuerza del sino o a otros factores insondables, entre los cuales, acaso, un viaje de estudios que hice con el profesor Mancini y un grupo de profesores y estudiantes durante el cual me enamoré de Sevilla, el hecho de haber dedicado la mayor parte de mi trabajo al estudio de la literatura andaluza. Después de los primeros tanteos en la Crónica de Miguel Lucas de Iranzo, la biblioteca de uno de los mayores representantes de la cultura sevillana del siglo XVI, Argote de Molina, atrajo mi interés por la enorme cantidad de manuscritos que los intelectuales de la época conocían y manejaban y que venía a desmentir la opinión de muchos críticos sobre la falta de conocimiento de una tradición literaria autóctona. Un trabajo sobre El ejemplar poético de Juan de la Cueva, magníficamente editado por José María Reyes, me puso en contacto con los problemas de intertextualidad de esta obra con INORIA PEPE SARNO / JOSÉ-MARÍA REYES CANO204
205 Los profesores Dª Inoria Pepe Sarno y D. José María Reyes Cano tras recibir sus títulos de Académicos correspondientes. JUAN DE MAL LARA Y SU PHILOSOPHÍA... 205
206 el Discurso sobre la lengua castellana de Morales y, sobre todo, con el Discurso de la lengua antigua castellana y el Sobre la poesía castellana, que acompañan la edición del Conde Lucanor de Argote, y con las Anotaciones a la poesía de Garcilaso de Fernando de Herrera; a estos temas he dedicado prácticamente toda mi actividad en estos últimos treinta años. En realidad, se remontan a 1982 mis primeros trabajos sobre las variantes de la edición póstuma de los Versos herrerianos con respecto a la de Algunas obras de 1582 y que aparecieron bajo el título de Se non Herrera, chi?. Era inevitable en estos trabajos acudir continuamente a las Anotaciones herrerianas, en aquellos entonces utilizable solamente a partir de la sucinta edición de Gallego Morell, por lo que juzgaba necesaria una edición moderna con un importante aparato de notas que aclarasen muchas, muchísimas dudas y cuestiones fundamentales que el texto planteaba. El interés por trabajar sobre la magna obra del Divino era enorme, pero no me atrevía a hacerlo sola, así que cuando mi entrañable, querido amigo y colega José María Reyes, compañero de aventuras intelectuales ilusionantes, me propuso –como envenenado regalo de Navidad, literalmenteemprender conjuntamente la edición de las Anotaciones, no tuve dudas en aceptar, ya que correspondía al deseo de ambos: dar a esta magnífica obra maestra una edición rigurosa y asequible a un tiempo. Tras años de trabajo, salió a la luz en 2001. Desde ese momento, por los enlaces que encontrábamos entre los varios autores de los que hemos venido tratando, nuestro interés se centró en la literatura andaluza de los siglos XVI y XVII, a la que hemos dedicado prácticamente estos últimos veinte años con las ediciones de las Flores de poetas Ilustres de España de Pedro Espinosa –esa gran antología anunciadora del Barroco españoly de Los grandes líricos del Renacimiento (la obra poética completa de los cinco mayores poetas del Renacimiento hispano). Y ahora, la primera edición crítica de la Philosophia Vulgar de Juan de Mal Lara, que aparecerá próximamente en la editorial Cátedra, la cual nuestra querida amiga Josune dirige con tanta inteligencia y trabajo. Consideramos continuar nuestra tarea con la edición de los Versos de Herrera, ya en marcha, como ha dicho José María Reyes, esperando constituya un INORIA PEPE SARNO / JOSÉ-MARÍA REYES CANO206
207 ulterior aporte al conocimiento de uno de los mayores representantes de ese enorme fermento cultural que caracterizó a la Nueva Roma, como preciaba de llamarse Sevilla en el siglo XVI, superador, al mismo tiempo, del largo mas correcto enfrentamiento entre dos escuelas críticas, la española y la italiana, representado por los maestros José Manuel Blecua y Oreste Macrí. Así que, enredada en este hilo invisible y acaso mágico que enlaza a Roma con la Nueva Roma, estando aquí, en este prestigioso y bello edificio sede de la Academia, donde ya había permanecido durante ese viaje de estudios cuando estaba ocupado por un hotel, me parece estar en mi casa y establecer un contacto más íntimo con viejos amigos. Por todo lo que acabo de decir, comprenderán ustedes mi gratitud hacia esta noble Academia, que acaso mis palabras no logren manifestar completamente. Muchísimas y reiteradas gracias, pues, de una romana que en este momento se siente un poco sevillana. *** J.-Mª R.: Mas es hora de entrar en materia, querida Inoria. Y en este sentido, dos son las cuestiones que debemos aclarar: el formato de este discurso y el tema elegido. En cuanto al primero, reconocemos que éste puede resultar un poco extraño, mas la justificación es sencilla y responde a una cierta lógica que esperamos compartan: ambos hemos sido elegidos académicos correspondientes, esto es, no residentes en Sevilla, y juntos hemos trabajado durante años y seguiremos haciéndolo sobre temas literarios y autores hispalenses, como ya se ha señalado, por lo que pensamos que no dejaría de tener cierta gracia compartir también este discurso como prueba de nuestra colaboración intelectual. Por lo que respecta al tema elegido, y ahondando aún más en esa unión, hace apenas unos meses que, tras 4 años de intenso trabajo, entregamos en la Editorial Cátedra la primera edición crítica –unas 1500 páginas con 4600 notas de comentarios, fuentes, etc., y varios miles de notas textualesde la Philosophía vulgar de Juan de Mal Lara, el verdadero creador de la Academia sevillana allá por mediados del siglo XVI, diferenciando, como es natural, el concepto de Academia a la manera italiana de esa JUAN DE MAL LARA Y SU PHILOSOPHÍA... 207
208 época frente al del siglo XVIII, momento en el que surgen las modernos cenáculos intelectuales del que esta Real Academia de Buenas Letras es heredera, como todos sabemos. Si todo discurre como debe ser, tendremos el placer de presentarla en este mismo espacio antes de que finalice el año. Así, pues, permítasenos tratar al alimón un tema tan específico como es el de “Juan de Mal Lara y su Philosophía vulgar en la Sevilla del siglo XVI”. *** I. P. S.: Hijo del pintor Diego de Mal Lara, Juan nace en Sevilla entre los años 1524-1525, iniciando sus estudios de latín y griego en el conocido colegio de san Miguel, donde es alumno del famoso maestro Pedro Hernández. En 1539 se traslada a Salamanca, ciudad en la que entabla relación y asiste a las clases de León de Castro, Hernán Núñez y Sánchez de las Brozas, entre otros, lo cual supone su verdadera y profunda inmersión en la cultura humanista y sus primeros contactos con la paremiología. Mas de allí, y no contento con el ambiente salmantino, se desplaza a Barcelona, ciudad en la que se relaciona con el conocido maestro de retórica y gran erasmista Francisco de Escobar. Y de Barcelona otra vez a Salamanca pasando antes por Valencia y Zaragoza. Es quizá esta nueva estancia en la ciudad castellana el momento crucial de su inclinación por la materia popular, como él mismo declara: “Parescióme, quando estava en Salamanca el año de quaren ta y ocho, que se tratava que el Comendador Hernán Núñez juntava refranes, y aun los comprava, que devía ser obra de gran valor.” Tras diez años de ausencia y pasar por “Universidades insig nes, oyendo muy doctos maestros”, Mal Lara retorna a su ciudad natal, pues, según nos dice Pacheco en su famoso Libro de retratos, “la edad i necesidad de sus padres lo pedía, donde començó a leer la Gramática; i dentro de poco tiempo hizo compañía con el maestro Medina, llamado el Griego, i por su ausencia ocupó su cátedra en la Calle de Catalanes i de allí se passó a la Laguna, que oi es Alameda, donde tuvo muchos i muy ilustres discípulos”. INORIA PEPE SARNO / JOSÉ-MARÍA REYES CANO208
209 J.-Mª R.: La dedicación a la docencia, ya en Sevilla, es tema reiterado en su obra, como sabemos. Mas creemos necesario resaltar la fundación de su famosa Academia, que no es posible ubicar con exactitud más allá de la noticia de Pacheco y de la que ignoramos si llegó a tener una sede fija. No obstante ello, lo que, en cambio, sí se sabe es quiénes eran sus componentes y, acaso, su forma de actuar en las reuniones. Porque Mal Lara, quejándose de que “esto no se usa en Hespaña”, parece describir una situación característica de este tipo de tertulias, donde, como afirma en el prólogo A los lectores en su Philosophía vulgar, “es loable costumbre [...] ayudar todos los hombres doctos al que escri ve, y aun leer los autores sus obras en las Academias para ellos concertadas, y todos dar sus pareceres y dezir cosas notables y, con cierta senzillez, dárselo todo al autor, sin publi car que ellos le hizieron mercedes. Sale el libro emendado y acabado por approbación común de los varones doctos de aquel tiempo”. Una obra final, pues, fruto de la colaboración desinteresada de varios artistas que ayudan al autor principal y un modelo que se va a repetir tanto en los cenáculos italianos del Renacimiento (el caso de Marsilio Ficino y Sandro Botticelli en Florencia es paradigmático) como –al menosen algunos lugares de España: Salamanca, por ejemplo (no quedaba muy atrás el caso de Rojas y su Celestina). En esta misma ciudad Mal Lara compondrá diversos textos dramáticos que discutirá y representará en su universidad (la comedia Locusta, por ejemplo). Entre los asistentes a la Academia, Fernando de Herrera, el Conde de Gelves, Baltasar del Alcázar, Jerónimo de Carranza, Juan Sáez de Zumeta, Gutierre de Cetina, Gregorio Hernández de Velasco, Cristóbal de las Casas… I. P. S.: Asentado en Sevilla, y hasta 1568, fecha de edición de la Philosophía vulgar, Mal Lara, además de su labor docente, inicia una intensa etapa de creación: comedias y tragedias, églogas, textos laudatorios, el cierre del Hércules animoso, el gran poema de La Psyque, diversos tratados de gramática y la conocida Descrición de la galera real. Mas de este período hemos de destacar un hecho que sin duda debió marcar su existencia. Exactamente en 1561 circulan por Sevilla una hojas volanderas plenas de versos difamatorios JUAN DE MAL LARA Y SU PHILOSOPHÍA... 209
216 Mal Lara ve en los refranes populares una sabiduría anterior a cualquier presencia o acogida por parte de la élite cultural, por lo que las auctoritates le sirven solamente para comprobarlo o avalarlo, como nos dirá en los Preámbulos. Para él, si esa ancestral sabiduría popular propiamente hispana constituye la base para una filosofía culta que se apodera de ella para formular sus teorías, lo que sucede en realidad es que el sevillano completa, en un sentido que nadie había abordado, la visión humanística de la centralidad del hombre, buscando, a través de los refranes, la síntesis de su forma de vivir, de sus relaciones con el mundo que lo rodea, de sus sentimientos, de sus pasiones y desengaños. J.-Mª R.: Y será de esta misma forma como Mal Lara, recogiendo la herencia de Santillana, de Vallés y de Hernán Núñez, y el modelo de Erasmo, naturalmente, se yergue en el panorama literario del siglo XVI como el primer paremiólogo en el sentido moderno del término. Las colecciones de refranes romances anteriores le ayudan a recoger el inmenso caudal de sabiduría popular que llegó, según él mismo declara, a diez mil refranes, pero nadie en España se había empeñado en un trabajo como el de comentarlos en lengua vulgar, salvo las pocas y brevísimas glosas que habían dejado Santillana y Hernán Núñez. Es por esto por lo que nuestro autor, en sus comentarios, intenta penetrar en el sentido más profundo de cada refrán, en el porqué se creó, a quién o a qué situación puede adaptarse y señalar cómo también los autores de la clasicidad los habían aplicados en sus obras, esto es, cómo, en definitiva, la filosofía culta se había apoderado de la vulgar. Desde esta perspectiva, es evidente que Erasmo representaba para Mal Lara una excelente forma de proceder. Porque, como aquél en los Adagia, el maestro sevillano en sus comentarios parte de traer a colación todas las auctoritates que puedan tener significado en la aclaración del refrán, pues su formación humanística le impone la mirada hacia la Antigüedad, y Erasmo se las ofrece ya seleccionadas, mas, de inmediato, el ambiente que lo rodea sobrepuja todos los ejemplos sacados de los clásicos para volver a la realidad de su país, actitud ésta que no encontramos en el holandés. INORIA PEPE SARNO / JOSÉ-MARÍA REYES CANO216
217 I. P. S.: No obstante ello, y aunque se tengan en cuenta estas diferencias que median entre los Adagia y la Philosophia Vulgar, la nota que sin duda marca la gran distancia que existe entre las dos obras es la moraleja que Mal Lara consigna al final de casi todos sus comentarios, pues se trata sistemáticamente de amonestar con las reglas de un vivir honrado basado en una confianza sin límites en la ayuda de Dios que raya en el quietismo. Podría ser que, en parte, y sólo en parte, esta posición derive de una cierta precaución contra los excesivos rigores inquisitoriales, pero estamos convencidos de que Mal Lara, en todos sus comentarios, procede así guiado por una fe profunda, ancestral, que se une a una rígida moral que hunde sus raíces en las profusamente citadas Sagradas Escrituras y en las palabras de los Santos Padres, por lo que cuando el sevillano declara su inquebrantable adhesión a los dictámenes de la Santa Madre Iglesia no se trata de una simple y en todo caso justificada precaución, sino de un verdadero acto de fe en los principios de un catolicismo concebido según los principios emanados del Concilio de Trento. Nada tiene que ver Mal Lara, pues, con el erasmismo y sí mucho con el contrarreformismo, como veremos inmediatamente, porque, de nuevo como dijera Cervantes, “La pluma es la lengua del alma”. *** J.-Mª R.: Situémonos en 1555. Dirá Mal Lara en los preámbulos de su obra: “Estando en Sevilla, vi el libro con solos los refranes y dexado a voluntad del que quissiese tomar aquel trabajo, el qual quise tomar yo”. Es decir, es en ese momento cuando comienza a ocuparse seriamente de esta materia al considerar que la edición de los Refranes o proverbios en romance de Hernán Núnez, que había salido ese año, necesitaba unos comentarios para alcanzar el “deseo de aquel eminente maestro”, declarando en seguida: “Yo, como su discípulo, tomé este trabajo para que no se quede Hespaña con este negocio puesto en los principios”. Y tras una década de intensivo trabajo, saldrá a la luz, año de 1568, y de las prensas sevillanas de Hernando Díaz, La PhiloJUAN DE MAL LARA Y SU PHILOSOPHÍA... 217
218 sophía vulgar de Ioan de Mal Lara, vezino de Sevilla. A la C. R. M. del rey don Philippe, nuestro señor, dirigida. Primera parte que contiene mil refranes glosados. Ignoramos cualquier dato referido al número de ejemplares tirados, quién sufragó la edición o cualquier otro elemento que ataña al proceso en sí de la misma, pudiéndose establecer, eso sí, el tiempo total empleado entre que el manuscrito fue entregado a la Inquisición para su censura y el momento de su salida a la venta: 19 meses. Añadir a ello la dificultad que ha entrañado, para la edición crítica que hemos realizado, la existencia de importantísimas variantes entre unos y otros ejemplares de la princeps, lo que nos ha obligado a cotejar unos doce de ellos, además de las dos ediciones modernas –lamentablemente muy deficientes desde el punto de vista ecdóticode Vilanova y Bernal. El volumen, con un total de 650 páginas impresas a dos columnas, aparece dividido en dos partes perfectamente diferenciadas. La primera, y tras las dedicatorias, licencias, tasa, etc., presenta los Preámbulos de la vulgar philosophía sobre todas las partes de los refranes, con toda probabilidad la parte más interesante de la obra, más allá del texto, pues Mal Lara, en 17 apartados más 6 Tablas, desarrolla toda una “preceptiva” de carácter paremiológico. Así, adoptando tanto los conceptos, criterios e incluso los aspectos formales (prácticamente todo es una traducción) de los Adagia de Erasmo (chiliada o conjunto de mil refranes recogidos en diez centurias), Mal Lara –estamos en la segunda parteelegirá mil (mil uno, por error) de entre los más de diez mil que dice poseer y que irá glosando de manera muy desigual tanto en su extensión (existen comentarios que ocupan varias páginas y otros con apenas tres-cuatro líneas) como en la profundidad de sus contenidos, aunque en su mayoría estas glosas reproducen un mismo esquema, siempre en líneas generales: tras el título del refrán, la búsqueda de las fuentes tanto clásicas como italianas y españolas del mismo –son miles y cientos los autores citados, su significación, sus posibilidades de aplicación y la interpretación que de él lleva a cabo el autor, derivando finalmente el tema hacia una valoración de carácter moral y religioso siempre acorde INORIA PEPE SARNO / JOSÉ-MARÍA REYES CANO218
219 con los principios tridentinos imperantes en la época y que él adopta y defiende. *** I. P. S.: I, 98: Esso se haze, lo que a Dios plaze; II, 8: La gente pone y Dios dispone. J.-Mª R.: I, 87: De villano favorescido y de judío atrevido; VII, 49: El judío açotó a su hijo porque ganó la primera. I. P. S.: I, 94: El dar limosna nunca mengua la bolsa. J.-Mª R.: II, 17: Los diezmos de Dios, de tres blancas sisar dos. I. P. S.: II, 96: Van a missa los çapateros, ruegan a Dios que mueran carneros. J.-Mª R.: VI, 53: Amor de padre, que todo lo otro es aire; VII, 1: Al padre temporal has de honrar, y más al espiritual. I. P. S.: III, 74: A la muger y a la gallina, tuércele el cuello y darte ha la vida; VI, 29: La muger y la sardina, de rostros en la ceniza; IV, 92: La muger coma a la mesa siempre sojuzgada, y la boca, como muleta, siempre ensangrentada. J.-Mª R.: IV, 31: En la vida la muger tres salidas ha de hazer; X, 100: La muger que cría, ni harta ni limpia. I. P. S.: V, 7: Madre, ¿qué cosa es casar? Hija, hilar, parir y llorar; IV, 20: El pie en la cuna, las manos en la rueca, hila tu tela y cría tu hijuela. J.-Mª R.: VII, 7: Dexemos padres y abuelos, por nosotros seamos buenos; VI, 79: Costumbres y dineros hazen hijos cavalleros; IX, 96: Con buen trage se encubre ruin linage; I, 51: Dios te guarde de párrafo de legista, y de infra de canonista, y de cétera de escrivano, y de récipe de médico. JUAN DE MAL LARA Y SU PHILOSOPHÍA... 219
220 I. P. S.: Sirvan estos ejemplos como mínima síntesis de la temática general de la obra, pues más allá de la organización que el autor propone y que sólo adquiere un valor relativo dada la mescolanza de los motivos argumentales de que trata, es enorme la cantidad de temas y problemas que Mal Lara nos presenta en su Philosophia Vulgar, inspirados, en su mayoría, en una mirada a veces amable y comprensiva, otras dura y censora hacia lo cotidiano de la vida de sus contemporáneos. Así que las relaciones entre padres e hijos, la crianza de los niños, los problemas de supervivencia de las clases más pobres, la altanería de los nobles, la dejadez de algunas instituciones, el deseo de medrar a cualquier precio, la consideración de la mujer y otras muchas cuestiones salpican las glosas de los refranes, donde se entrecruzan, por ejemplo, grandes alabanzas a la ciudad de Sevilla y a sus obras caritativas con duros reproches a viejas costumbres difíciles de desarraigar. Mal Lara, de este modo, nos brinda un extraordinario panorama de una sociedad sevillana y española de mediados del siglo XVI que muestran facetas muy difíciles de hallar en otras obras del mismo período. Acorde con su acto de fe y su declaración de sumisión a la “santa madre Yglesia Cathólica Romana” y a todo lo que ella “tiene mandado por sus sanctos Decretos y Concilios”, principios fundamentales de su obra expuestos al inicio de la misma en su carta A los lectores, Mal Lara inicia su Philosophia Vulgar con la serie de refranes que abordan las relaciones del hombre con Dios. De este modo, en toda la obra se respira un continuo deseo de enlazar con la religión de los antepasados que a veces es ingenuo y a veces se presenta con una rigidez llamativa en sus manifestaciones. Es el caso, por ejemplo, de su actitud contra los judios, pues aunque partícipe del antijudaismo que caracterizó a Europa durante la Edad Media y el Renacimiento, en un insigne humanista como Mal Lara adquiere también una virulencia sumamente exagerada (I, 87: De villano favorescido y de judío atrevido; VII, 49: El judío açotó a su hijo porque ganó a la primera). J.-Mª R.: Es aún más grave la cuestión, porque en su apoyo sin reservas a la política de la Inquisición adopta la misma actitud contra los herejes hasta llegar a una afirmación, para nosotros INORIA PEPE SARNO / JOSÉ-MARÍA REYES CANO220
221 sorprendente, de hacer votos para que no sólo se pongan –dize- “en olvido los libros malos de los hombres malvados, sino también los buenos porque se borren de la memoria los tales autores. [...] Y assí, devemos no sólo borrar su nombre, pero aun quemar su libro, aunque sea bueno, si nos ha de afficionar” (IX, 92: Cada hombre tiene su nombre). Si no tuviéramos otros ejemplos a lo largo de la Philosophia Vulgar de la completa adhesión de Mal Lara a los dictámenes de la Iglesia postridentina y al proceder de la Inquisición, esta afirmación sería la prueba más fehaciente. Su fe se apoya en la confianza en el amor de Dios para con el hombre (I, 2: A quien Dios quiere bien, la casa le sabe; I, 60: Dios no come ni beve, mas juzga lo que vee, o I, 63: Dios paga a quien en males pasos anda), en su justicia (II, 94: Todo es nada lo de este mundo, si no se endereça al segundo), en el constante abandono a la voluntad del Altísimo (II, 57: Quando Dios quiere, en sereno llueve), puesto que “todo viene guiado de arriba” (I, 62: Dios hará merced, y aun tres días sin comer). Una ayuda de Dios que se manifestará, es cierto, de muchas maneras y referidas a situaciones absolutamente diversas (inutilidad de la medicina, del madrugar para ganar el sustento, del salir a buscarlo ya que Dios proveerá, etc.), mas tanto que su intervención en la vida cotidiana del individuo es de tal calibre que lo condena prácticamente a una inactividad que contrasta con el concepto general de hombre del Renacimiento, caracterizado por su inquietud y deseos de saber y actuar (I, 98: Esso se haze, lo que a Dios plaze, o II, 8: La gente pone y Dios dispone). No obstante la cautela que Mal Lara siempre manifiesta en materia de religión y que puede deberse al hecho de que, aunque humanista, los asuntos teológicos no entraban en su campo de conocimientos o estaban al margen de sus intereses o que, a la postre, por cobardía o miedo, no quisiera profundizar en una materia que en ese momento histórico comportaba muchos riesgos, todo ello no le impide denunciar algunos vicios de sus conciudadanos: a pesar del lujo y ostentación de que hacen alarde, están faltos de caridad para con los pobres y les niegan cualquier ayuda (I, 94: El dar limosna nunca mengua la bolsa), subrayando que “Harto más amengua la bolsa un amor desonesto de una muger, un tablero de juego y una caça de perros y caçadores baldíos”, JUAN DE MAL LARA Y SU PHILOSOPHÍA... 221
222 así como marca que el egoísmo es imperante entre pobres y ricos porque cada uno reza para que Dios le ayude en sus intereses personales. Tampoco exime de reproches a esa parte del clero que, interesada más en sus problemas que en el oficio sagrado que se está celebrando, abrevia la función para irse a su casa (I, 75: Dar con la peronia); o a los que entran en comunidades religiosas sin tener verdaderas motivaciones sólo para tener honra, renta y una vida tranquila (VIII, 23: Abeja y oveja, y piedra que rabeja, y péndola tras oreja, y parte en la igreja, dessea a su hijo la vieja; II, 76: Dios nos quiso, hermano); ni a los que mantienen una actitud hipócrita con la sociedad: cuando se trata de pagar los diezmos, “procuran dar lo peor que tienen” (II, 17: Los diezmos de Dios, de tres blancas sisar dos) o encuentran excusas para no dar limosna (I, 53: Éssas son mis missas), o tienen una conducta moral nada acorde con su estado y misión, llegando hasta intentar seducir a una mujer en presencia de su marido (V, 53: “Préstame un açadón”. “Yo a vos también”, no viene bien, muger.). Ni escatima, finalmente, reprimendas a los villanos que, mientras se celebraba la misa, salían de la iglesia para tratar sus negocios (IX, 79: Ay hombres bestias como ánsares pardas); que asistían al oficio para pedir cosas que tocan su hacienda (II, 96: Van a missa los çapateros, ruegan a Dios que mueran carneros), o a los que aprovechan las romerías para comer y emborracharse (II, 77: Romería de cerca, mucho vino y poca cera). I. P. S.: Pero es por la familia, considerada por el sevillano como el núcleo más importante de la sociedad, por la que muestra un mayor interés, redactando muchas páginas en las que tratará su organización, las relaciones entre sus miembros, la función de la mujer, el matrimonio, la educación de los hijos... La parte que dedica al deber de honrar a los padres, a quienes todos “después de Dios, tanto deven” (VII, 1: Al padre temporal has de honrar, y más al espiritual), es la ocasión que Mal Lara aprovecha para introducir una cariñosa alabanza de los suyos, aunque destacará de inmediato que son las madres las que se implican más en la crianza de los hijos, hasta el punto de descuidarse a sí mismas y abandonar “todas sus galas, oros, sedas, INORIA PEPE SARNO / JOSÉ-MARÍA REYES CANO222
223 dexadas y desechos en faxuelas y sayuelos para los niños” (VI, 53: Amor de padre, que todo lo otro es aire) e incluso quitarse la comida de la boca para dársela al hijo (X, 100: La muger que cría, ni harta ni limpia). El hecho de que en su tiempo los jóvenes hayan olvidado los nombres de padre y madre y “en su lugar entraron aquellos dos tiranos, mi señor y mi señora”, depende de la falta de una íntima unión entre madre e hijo que nace del hecho de amamantarlo, lo que a su vez marca una diferencia fundamental entre los que nacen en los palacios y los del pueblo. En las glosas del maestro hispalense se dibuja una familia arcaica y patriarcal en la que es el hombre el que tiene en sus manos la honra y la renta de la familia (VI, 81: Con mal anda la casa donde la rueca manda a la espada). Su poder se ejerce, lógicamente, sobre su mujer, a la que puede torcer el cuello, aunque sea en el sentido metafórico de quebrantar su sobervia, para “castigarla y hazerla obediente” (III, 74: A la muger y a la gallina, tuércele el cuello y darte ha la vida), con un comentario que no admite dudas sobre su posición con respeto al problema. Cabe pensar, lógicamente, que no se trata de una actitud aislada en su tiempo, sino de una filosofía que el autor lleva a unos extremos que superan con creces el tratamiento dado por los clásicos a este tema. Y así, fundamentándose en las opiniones de los Padres de la Iglesia (san Jerónimo, san Agustín, santo Tomás), acogidas en la Edad Media, alimentadas por moralistas y teólogos como Luis Vives o fray Luis de León, por ejemplo, y sistematizadas por Trento y la Contrarreforma, esto es, la más pura ortodoxia católica, Mal Lara nos presenta a un pater familias autoritario y único, cuyo papel asume plenamente en lo que atañe a las opiniones que aquéllos –y ahora la sociedad postridentinamanifestaron sobre la mujer. Las muchas páginas dedicadas al tema –realmente espeluznantes en tantas ocasiones a nuestro ojospueden considerarse como un vademécum de su ideal femenino, destacando el mayor elogio que se puede hacer de la mujer: el de conformarse con lo que Dios quiere –dice- “por su extremada piedad, su humildad, su buen tratamiento, su misericordia, sus buenas entrañas, su temer en los males agenos, sus oraciones, sus ayunos, JUAN DE MAL LARA Y SU PHILOSOPHÍA... 223
224 sus limosnas, sus devociones, su servir al marido, su governar la casa, su casti dad, su limpieza de costumbres. Las quales virtudes, juntamente con la vergüença, biven muy bien acogidas de las mugeres.” (IV, 95: Lo que la muger quiere, Dios lo quiere). J.-Mª R.: Es interesante destacar aquí otro aspecto: el de las fuentes, pues en su intento de acordar la doctrina de la Iglesia con los clásicos, utilizará largamente –al igual que para otros muchos temasa Stobeo, extrayendo de su Sententiae ex thesavris las afirmaciones de los grandes filósofos de la Antigüedad, todo lo cual le permite dictar algunas reglas de conducta de la mujer: siendo la verdadera hermosura la del alma, la mujer no tendrá que vestirse con ropas elegantes ni adornarse con preciosas joyas, sino que se pondrá vestidos que simplemente la abriguen; ni arreglará su cabello en formas extrañas; ni lo teñirá para parecer más joven; no se bañará con demasiada frecuencia; no saboreará manjares exquisitos ni libará vinos delicados, sino productos y bebidas de bajo costo. Por supuesto, la sujeción al marido debe ser total: ha de sufrir que él se embriague, que tenga relaciones con otras mujeres, que sea colérico, mezquino o celoso (IV, 42: Hermosa es por cierto la que es buena de su cuerpo). No debe estar siempre, dice, “hecha maya y dama de dança […], porque quanto más tiznada y encenizada estuviere, parescerá más hermosa, si aquello se le causare en servicio de su marido. Y esta ceniza y tizne es el esmalte que ha de dar lustre al oro de su honra y lealtad” (VI, 29: La muger y la sardina, de rostros en la ceniza). Sin embargo, y también por supuesto dentro de su lógica y en contradicción con lo anterior, no es tolerable el caso contrario, esto es, que se descuide, porque si la mujer quiere agradar a su marido tiene que “afeitarse y componerse”, mas “honesta y sanctamente. Y como deve procurar que el ánima y rostro interior parezca hermoso a Dios, sin tener cuenta con vanas aparencias esteriores, assí deve adereçar su rostro corporal para agradar y parescer bien a sólo su mari do” (IV, 74: La muger del pastor a la noche se compón). Son muchas, demasiadas, las glosas que Mal Lara aprovechará para subrayar, entre otras cosas, cómo las mujeres exceden INORIA PEPE SARNO / JOSÉ-MARÍA REYES CANO224
225 en afeites (III, 33: Baxe la novia la cabeça y cabrá por la puerta de la iglesia) o son ventaneras (IV, 14: A la muger ventanera, tuércele el cuello si la quieres buena) y andariegas (VI, 75: Comadre andariega, donde voy allá os hallo), mientras que la mujer casada ha de quedarse en casa para no poner en peligro la honra de su marido (IV, 62: La muger en la casa y la pierna quebrada). I. P. S.: Un problema, el de la honra, que adquiere en la Philosophia Vulgar una forma casi obsesiva: el maestro sevillano no pierde una ocasión para hacer hincapié, por ejemplo, en la necesidad de vigilar con mucha atención la honra de las jóvenes. Es un tema sobre el cual vuelve en varias ocasiones (III, 4: A la hija mala, dineros y casalla; IV, 50: Haxa enlodada, ni biuda ni casada; VI, 23: Unas han ventura y otras ventradas) y que podría llegarle más que por una cierta prevención ante un rico y bullicioso ambiente sevillano en el que no faltaba un determinado grado de inmoralidad, de la propia mentalidad del hombre de la Contrarreforma, obsesionado por la idea del pecado y de la mujer como origen y fuente de todo mal; una mujer que envuelve al hombre y que se transforma en un potencial peligro para su integridad moral; una especie de genio subrepticio que enreda, seduce y traiciona. Por estos motivos, lógicamente, sobre ella recaerá la responsabilidad del fracaso del matrimonio, pues, aun recogidas, son, por naturaleza, inclinadas al adulterio (IV, 1: ¡Ay, qué trabajo, vezina: el ciervo muda cada año el penacho, y vuestro marido cada día). La mujer honrada se quedará en su casa cumpliendo con los deberes de su estado, pudiendo salir solamente en tres ocasiones: cuando la bautizan, cuando se casa y cuando la entierran, aunque –se lamenta- “las de nuestro tiempo no quieren bivir con tal cruel regla y dirán que los religiosos biven en esta estrechura, que ellas han de ver y ser vistas.” (IV, 31: En la vida la muger tres salidas ha de hazer). La castidad de Lucrecia (III, 18: A la muger mala, poco le aprovecha guarda) y Penélope (IV, 44: Holgar gallinas, que el gallo está en vendimias), o el sacrificio de Hero y de Porcia (V, 100: Quien no alça un alfiler, no tiene en nada a su muger) tendrían que ser ejemplos para cada mujer casada. JUAN DE MAL LARA Y SU PHILOSOPHÍA... 225
232 la Sevilla de mediados del siglo XVI, origen, sin duda, de una tradición cultural de máximo nivel que habría de desembocar, con parámetros diferentes, en esta Ilustre Real Academia de Buenas Letras, a la que reiteramos nuestro profundo agradecimiento, y autor de un texto de valor incalculable tanto desde el punto de vista literario como paremiológico y sociológico sobre el que será necesario seguir trabajando. Muchísimas gracias. INORIA PEPE SARNO / JOSÉ-MARÍA REYES CANO232