Tauromaquia y acción social. La “Beneficencia” de Valladolid en el siglo XIX
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Revista de Estudios Taurinos N.º 25, Sevilla, 2008, págs. 65-76 * Publicado originalmente en francés, bajo el título de “Tauromachie et action sociale, la Beneficencia à Valladolid au XIXe siècle”, en Gazette de l’Union des Bibliophiles Taurins de France, nº 42 (sept. 2003), págs. 64-72. Agradecemos al autor las facilidades para su traducción y publicación en la Revista de Estudios Taurinos. (Traducción: Carlos Martínez Shaw). ** Universidad de Aix Marsella I. 1Para no alargar innecesariamente las notas, no se mencionan las referencias a los legajos consultados. Todos los expedientes forman parte de una serie única de los archivos de la Casa de Beneficencia y están ordenados en la carpeta del año correspondiente. TAUROMAQUIA Y ACCIÓN SOCIAL. LA “BENEFICENCIA” DE VALLADOLID EN EL SIGLO XIX.* Philippe Lavastre** l trabajo que presento aquí se inserta en un marco más amplio que el de este coloquio. Está en relación con mi investigación doctoral en historia contemporánea, que se interesa por el crecimiento de la ciudad de Valladolid durante la segunda mitad del siglo XIX y que estudio a través de las estrategias de las clases propietarias de la ciudad. En tanto que aficionado, he prestado por supuesto una atención particular, entre los documentos que he consultado, a aquellos que evocan más o menos directamente la corrida. Es así como he tenido la oportunidad de manejar un fondo archivístico totalmente inédito e inaccesible hasta hoy, el de la Casa de Beneficencia de Valladolid, donde son numerosas las referencias a la tauromaquia1. Hoy, la corrida sirve a veces para mantener una acción social o benéfica, olvidando, durante el espacio de una tarde, el E
Philippe Lavastre 66 aspecto puramente interesado que motiva a algunos de sus actores. Los recientes ejemplos de apoyo a los damnificados del Gard lo demuestran. Existen también acciones similares que se inscriben en la larga duración. Se pueden citar los ejemplos de las corridas de Madrid del siglo XIX, de la actual corrida de la Beneficencia, pero también de la gestión de las plazas por las Casas de Misericordia de Pamplona y de Bilbao (Cossío, 1943: t.1, 533-536) y (Dupuy, 2001: 12-14). En cada ocasión, todo o parte de los beneficios revierten sobre obras de caridad de manera más o menos institucionalizada. Este tipo de acción, que afortunadamente existe todavía en nuestros días, hunde sus raíces en un pasado más lejano que no he tenido oportunidad de identificar claramente. Sin embargo, se trata de una práctica comprobada ya a mediados del siglo XIX. Estudiaré aquí el caso de la Casa de Beneficencia de Valladolid entre los años 1820, momento en que esta institución comienza a organizar espectáculos taurinos, y finales de los años 1880, cuando se construyen plazas modernas gestionadas por sociedades privadas. Los documentos más numerosos que he consultado han sido las cuentas anuales, que permiten un estudio de larga duración. El fondo archivístico encierra también la mayor parte de las escrituras y actas que ritman las relaciones entre la institución y la tauromaquia. He seguido tres pistas durante mi investigación. La primera apunta a medir los avatares económicos de estos espectáculos, especialmente a través del estudio del funcionamiento de la Casa de Beneficencia y sus finanzas. Después, me interesaré por el entorno socioeconómico. En efecto, la situación de Valladolid cambia mucho a lo largo del siglo XIX. La ciudad pasa sucesivamente por momentos de crecimiento y de recesión. El número de sus habitantes se multiplica por 3,5 durante este periodo. ¿Dónde se sitúa la evolución de los beneficios vinculados a la corrida en esta coyuntura? Finalmente, conviene otorgar un
Tauromaquia y acción social. La beneficencia de Valladolid... lugar destacado a los actores. No a los toreros, en razón de la naturaleza de los documentos consultados, que no me permiten realizar una crónica taurina del periodo, sino de las personas implicadas en la organización2. Insistiré muy particularmente en los intereses que subyacen en su acción. El análisis cruzado de la evolución de los ingresos generados por las corridas, la evolución económica general de la ciudad y las estrategias de los actores tratan de captar las razones que impulsan a utilizar la tauromaquia, una actividad a fin de cuentas lúdica para la mayoría, para financiar establecimientos asistenciales. LACASA DE BENEFICENCIA: UNA INSTITUCIÓN ASISTENCIAL La caridad se halla institucionalizada y muy codificada en Valladolid, como en otras partes, en el siglo XIX (Maza, 1985: 405). En todas las ciudades, se benefician de ello numerosos establecimientos asistenciales, que acuden en ayuda de diferentes categorías de población. Son necesarios en razón de la inexistencia de toda protección social3. Existen dos tipos de establecimientos: los que son gestionados por el clero, que pueden ser muy antiguos, y los que están dirigidos por miembros de las élites locales, que aparecen más bien en el siglo XIX. ¿Dónde se sitúa la Casa de Beneficencia? Una institución privada La Casa de Beneficencia se crea en 1818, por iniciativa del capitán general de la provincia, tras recibir la autorización real. Sin embargo, no se trata de un establecimiento público. Su 67 2Para seguir con detalle los espectáculos taurinos celebrados en Valladolid en el siglo XIX, (Casares, 1999: 261). 3En España, los primeros elementos de protección social ven la luz a finales del siglo XIX con las primeras mutuas profesionales.
Philippe Lavastre 68 objetivo es ocuparse de los pobres de la ciudad. El acta de fundación menciona que acude en ayuda de las personas mayores y desvalidas. Los fines de esta institución de caridad no son pues en absoluto originales, sino que retoman los de la mayoría de los establecimientos existentes. ¿Cómo se financia la Casa de Beneficencia? Los ingresos de la Casa de Beneficencia de Valladolid son variados pero poco crecidos. Primero, existe un capital inicial, compuesto sobre todo de algunos bienes inmuebles. Luego están las donaciones, que representan la mayor parte de los recursos. Su intensidad es forzosamente muy variable, incluso si la mayoría de las élites de la ciudad legan al menos una pequeña suma a su muerte. A veces, estos legados son más importantes. Esteban Guerra, por ejemplo, permite la supervivencia del establecimiento, cuando en su testamento dona el conjunto de sus bienes evaluados en más de cinco millones de reales. Los otros renglones presupuestarios son menos aleatorios pero también menos rentables. Los pobres, que viven en el establecimiento, son invitados frecuentemente a engrosar los cortejos fúnebres, en función del status del difunto, por supuesto mediante una remuneración para la Casa de Beneficiencia. Pueden también a veces trabajar en el exterior. Algunos años, el municipio aporta igualmente una magra subvención. Por último, y es lo que aquí nos interesa, el establecimiento organiza espectáculos y percibe una parte de los ingresos. Estos espectáculos pueden adoptar diversas formas. Además de las corridas de toros, el teatro aporta subsidios de modo regular. Se organizan asimismo otros tipos de espectáculos, pero de manera más puntual, en función de las oportunidades. En el siglo XIX, lo lúdico forma parte integrante de las estrategias de financiación de los establecimientos asistenciales.
Tauromaquia y acción social. La beneficencia de Valladolid... 69 ¿Por qué la corrida? La corrida ocupa un lugar importante en el número de los espectáculos organizados por la Casa de Beneficencia. El recurso a la tauromaquia viene de muy antiguo en Valladolid. En la época moderna, son ante todo las instituciones religiosas las que tienen el privilegio de celebrar corridas de toros. Después, a comienzos del siglo XIX, este tipo de espectáculos beneficia a la Real Sociedad Económica de la ciudad, otro organismo de caridad. A partir de su creación en 1818, la Casa de Beneficencia busca recaudar regularmente fondos por este medio. En 1828, obtiene por real decreto el monopolio durante diez años. Durante este lapso de tiempo, puede celebrar cuatro corridas al año para que sus beneficios financien el establecimiento. En 1833, a este privilegio se añade el de la prohibición de contruir otras plazas en un radio de varios kilómetros. La duración de esta prohibición está prevista hasta 1850, pero puede prolongarse diez años en caso de ampliación de la plaza existente4. Hasta aquí nada demasiado original. La Casa de Beneficencia hereda una situación existente para aumentar su capacidad de financiación. La corrida aparece como algo muy rentable. LA ORGANIZACIÓN DE LAS CORRIDAS La plaza Las corridas se desarrollan primero, bien en la Plaza Mayor, para los espectáculos principales, bien en plazas desmontables situadas preferentemente al sur de la ciudad. En 4Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares). Interior, legajo 7217.
Philippe Lavastre 70 1833, se construye un coso estable en la plaza Fabionelli, lo que explica la modificacion de los términos del real privilegio mencionado. De forma octogonal, el nuevo edificio puede albergar hasta 9.300 personas. En esta época la población de la ciudad estaba por debajo de los 20.000 habitantes. El crecimiento urbano no había empezado todavía. Las previsiones de los propietarios eran, pues, muy optimistas. La plaza desapareció después, pero no la estructura del edificio, que sirvió más tarde de cuartel y hoy de vivienda. Su forma es perfectamente visible sobre el plano actual y el lugar lleva por nombre Plaza del Coso Viejo. La construción de esta nueva plaza no se hizo directamente para la Casa de Beneficencia. Fueron dos particulares los que financiaron su realización. Pero, en virtud del privilegio precedente, la institución asistencial participó más tarde directamente de la organización de las corridas, manteniendo el derecho de recibir el tercio de los ingresos y, por supuesto, de reservarse algunas plazas escogidas en las gradas para los miembros de su consejo de administración. El modo de organización de las corridas puede, de hecho, dividirse en dos periodos. Primero, predominó la gestión directa a cargo de la institución asistencial. Los beneficios se repartían por tanto entre los propietarios y la Casa. Este periodo se extiende desde el año de la inauguración del coso hasta 1854. Luego, la organización se deja en manos de individuos externos, bajo la forma de un contrato de arriendo. El alquiler se divide entonces entre los propietarios y el establecimiento de caridad. Este segundo modo de gestión es muy rentable, puesto que la Casa de Beneficencia conserva igualmente el tercio de los ingresos de taquilla. Beneficios y coyuntura económica Los ingresos obtenidos a partir de las corridas de toros varían considerablemente a lo largo del periodo. Siguen la
Tauromaquia y acción social. La beneficencia de Valladolid... coyuntura económica general de la ciudad5. Incluso si faltan gran número de datos para el comienzo del periodo, el gráfico muestra un fuerte crecimieno de los ingresos entre 1850 y 1864. Hasta comienzos de los años 1840, Valladolid es una ciudad totalmente átona, que vive más bien mirando hacia su pasado de capital cortesana, estatuto que mantuvo hasta principios del siglo XVII. Entonces contaba con 40.000 habitantes frente a los solamente 20.000 de 1840. Después, a partir de esa fecha, el desarrollo es considerable. El Canal de Castilla se concluye, el ferrocarril se pone en servicio en 1859, se abren numerosos establecimientos industriales y el sector de las harinas, el motor de la economía regional, conoce un auge considerable. Este crecimiento se refleja por tanto también en el dominio taurino. La gente tiene dinero y se entrega en masa a los espectáculos. Las ideas más locas florecen entonces en la ciudad. Toribio Lecanda, que ha comprado el coso en 1858, quiere, por ejemplo, cubrirlo con un tejado de cristal. La buena coyuntura económica y el dinamismo del nuevo propietario explican la precocidad y la osadía de semejante proyecto6. Desgraciadamente para él, en el mes de octubre de 1864, se desencadena una crisis económica de gran envergadura que se propaga a renglón seguido a toda España. La ciudad se hunde de nuevo en la atonía, incluso en la recesión, y la cubierta de la plaza evidentemente no se hace. Los ingresos de las corridas descienden considerablemente. La recuperación comienza a operarse solamente a principios de los años 1870. Los beneficios vuelven a subir, pero de manera menos intensa que antes y con mucha irregularidad7. 71 5Cf. gráfico. 6A comienzos del siglo XXI, en España no existen más que algunas plazas cubiertas y son todas muy recientes. 7En el gráfico, el bajísimo total del año 1888 proviene de un pleito con el arrendatario.
Philippe Lavastre 72 Los criterios de rentabilidad La rentabilidad de las corridas de toros depende, pues, de la coyuntura económica. Hemos calculado, cuando era posible, la parte que representan los beneficios de la plaza en el presupuesto anual de la Casa de Beneficencia8. En 1854, esta parte alcanza casi un 20 %, cifra que nos parece representativa del conjunto del periodo anterior a la crisis de 1864, cuando los ingresos del establecimiento todavía no se han diversificado mucho9. La tauromaquia es entonces primordial para la supervivencia de la institución. La situación cambia totalmente tras la crisis. Los recursos obtenidos de la plaza se sitúan entre un 9 y un 4 % solamente. El gráfico muestra incluso que en valor absoluto las sumas percibidas son igualmente de un nivel muy reducido, muy por debajo de lo que eran antes de la crisis. Después de 1864, las corridas de toros no son ya por tanto realmente esenciales. En periodo de dificultades, la tauromaquia no sirve, pues, para compensar la disminución de los recursos. Además, cuando se recupera el crecimiento en Valladolid a comienzos de los años 1870, los ingresos taurinos no siguen la misma dinámica, sino que tienen tendencia a estancarse. Sin embargo, sigue manteniéndose el interés de los dirigentes de la Casa de Beneficencia por la organización de las corridas. Por tanto hay que medir las cosas de otra manera. En tauromaquia, la tradición es un factor importante, pero no explica por qué, ante la debilidad de los ingresos, no se encuentran otros medios para aumentarlos. De hecho, la participación en las corridas de toros sirve también a las estrategias de control social de las élites de la ciudad. Son, en efecto, los repre8Cf. cuadro. 9No tenemos otras informaciones numéricas para los años anteriores a 1864.
Tauromaquia y acción social. La beneficencia de Valladolid... sentantes del grupo de los propietarios los que dirigen la Casa de Beneficencia. Detrás de su discurso, filantrópico y desinteresado, se esconden diversas lógicas. Este grupo busca ante todo asegurarse el control social sobre la población. En el siglo XIX, este control se sustenta en la organización de la caridad y de las obras de beneficencia en favor de las categorías más empobrecidas. Engloba asimismo el espacio y la diversión del conjunto de los habitantes. Y también están implicados por supuesto los aspectos lúdicos. Además de las corridas, la Casa de Beneficencia participa también en la organización de representaciones teatrales u otras actividades folclóricas. Otro elemento afecta a la visibilidad social que proporciona la participación en las actividades festivas. Los dirigentes del establecimiento encuentran en la plaza un lugar para reforzarla. Y les resulta muy rentable porque no ocasiona costes directos. Afecta tanto a los miembros del consejo de administración del establecimiento asistencial como al o a los propietarios de la plaza. Esta visibilidad social es doble. De un lado, los interesados muestran que participan de una acción social hacia los pobres y, de otro, tienen la posibilidad de exhibirse en los lugares de mayor lucimiento de la plaza. CONCLUSIÓN Durante el periodo aquí estudiado, cambia la naturaleza de la organización de las corridas. Al principio, se trataba realmente de una necesidad para mantener el nuevo establecimiento. A falta de documentación, solamente cabe emitir la hipótesis de que la competencia para la obtención del privilegio de la organización debió ser dura. Esta lucha pudo entablarse entre varios establecimientos, entre varias redes de poder. Más tarde, una vez que las finanzas se consolidaron, la aportación de la tauromaquia no fue ya esencial para la supervivencia económica del estable73