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Las ánforas turdetanas del tipo Pellicer-D. Ensayo de clasificación

Niveau de Villedary y Mariñas, Ana María

Abstract

En este trabajo presentamos un ensayo tipológico de las ánforas del tipo Pellicer o Macareno D, de acuerdo a las diferencias morfológicas que presentan los bordes, principal rasgo discriminatorio de estos envases, típicos de los últimos momentos turdetanos (s. IV-II a.C.).

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LAS ÁNFORAS TURDETANAS DEL TIPO PELLICER-D. ENSAYO DE CLASIFICACIÓN por ANA MARÍA NIYEAU DE VILLEDARY Y MARIÑAS I RESUMEN En este trabajo presentamos un ensayo tipológico de las ánforas del tipo Pellicer o Macareno D, de acuerdo a las diferencias morfológicas que presentan los bordes, principal rasgo discriminatorio de estos envases, típicos de los últimos momentos turdetanos (s. IV-II a.C.). ABSTRACT This paper deals with the Pellicer or Macareno D amphoras. Our purpose is to try a new classification, in accordance with the lips characteristics, the principal difference of these containers, typical of the late Turdetanian period (0-2 11d centuries BC). Palabras claves  Ánforas. Tipología. Bajo Guadalquivir. Tipo Pellicer-D. Key words  Amphoras. Typology. Lower Guadalquivir valley. Pellicer D type. 1. INTRODUCCIÓN Desde que M. Pellicer presentara la primera tipología sobre las ánforas protohistóricas del bajo Guadalquivir a partir de los hallazgos del Cerro Macareno (Pellicer 1978y 1982; Pellicer y otros 1983), son muchas las clasificaciones que han ido completando este primer trabajo y, sin embargo, apenas si se ha tenido en cuenta una forma —la conocida por tipo D— pese a que, en la práctica, se constituye como uno de los tipos turdetanos clásicos de los últimos momentos (s. IV-II a.C.). 1. Becaria Postdoctoral del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (Beca financiada por la Secretaría de Estado de Educación y Universidades y el Fondo Social Europeo). Dipartimento di Scienze del Mondo Antico. Facoltá di Conservazione dei Beni Cultural i. Universitá degli Studi della Tuscia-Viterbo (Italia). E-mail: [email protected] SPAL 11 (2002): 233-252 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 234  ANA MARÍA NIVEAU DE VILLEDARY Y MARIÑAS Mediante este trabajo, nuestra intención es contribuir a la mejor definición de este tipo anfórico a partir de los nuevos datos con los que contamos tras el estudio de los amplios conjuntos materiales procedentes de las últimas excavaciones en la bahía de Cádiz. Para ello proponemos un ensayo clasificatorio de la forma en función, sobre todo, de las variantes que presentan boca y labios, ya que otros atributos como perfiles y dimensiones apenas varían de un ejemplar a otro. Completamos el trabajo analizando el posible origen del tipo, su función y contenido, el ámbito de difusión y, por tanto, de comercialización de los productos envasados en ellas, etc. Con esta modesta contribución queremos rendir homenaje a la figura del Dr. Manuel Pellicer Catalán, cuyo papel en la construcción de la Prehistoria y Protohistoria de Andalucía creemos que es -y debe serreconocido por todos los que seguimos el camino que él, en cierto modo, abrió. 2. HISTORIOGRAFÍA En un primer momento, en los estadios iniciales de la tipificación anfórica, este envase se relacionó con el tipo B —en concreto con la variante B3— de Maña (1951), que aunque describía las ánforas ibéricas tardías —s. III a.C.— típicas de la "costa catalana", en líneas generales respondía también a las características de las andaluzas. Este trabajo, pionero sin duda en cuanto a tipología anfórica y base de todas las posteriores, no deja de constituir, sin embargo y como el propio autor reconoce, "unas breves notas sobre tipología y evolución de las ánforas púnicas que se encuentran en España" y "se limita exclusivamente a las líneas generales del perfil de ánfora, prescindiendo de analizar otras pequeñas diferencias tales como la anchura de boca, tamaño y posición de las asas, etc." (Pascual 1974: 38). Trabajo en el que, por otra parte, no se menciona la existencia de envases de esta tipología en el bajo Guadalquivir, como tampoco se recogen en la reedición revisada publicada por R. Pascual dos décadas más tarde (1974). Para encontrarnos con la primera referencia expresa hay que esperar hasta que M. Pellicer publica los materiales procedentes de sus excavaciones en el Cerro Macareno (La Rinconada, Sevilla) (Pellicer 1978 y 1982; Pellicer y otros 1983). Aprovechando la amplia secuencia estratigráfica que presenta el yacimiento, ininterrumpida desde el Bronce Final —segunda mitad del s. VIII a.C.— hasta momentos republicanos —principios del s. I a.C.—, y su experiencia en otros yacimientos tartésico-turdetanos de la baja Andalucía, Pellicer propone una seriación cultural en función a nueve grandes estratos culturales que se corresponden con los niveles de edificación documentados y que engloban 26 niveles arqueológicos, definidos cada uno de ellos por la presencia de fósiles-guía (Pellicer 1982: 374). El yacimiento se constituye, de este modo, en paradigmático en cuanto a la evolución sufrida por las comunidades protohistóricas del sur de la Península Ibérica desde el impacto orientalizante hasta la romanización, por lo que desde la publicación parcial de sus resultados resulta un referente obligado para la investigación posterior. En lo que respecta a las ánforas, el mismo autor hace hincapié en su abundante presencia, aunque no deja de reconocer que el estado fragmentario que presenta la mayor parte del material dificulta, en muchas ocasiones, la correspondencia entre tipos de bordes, asas y fondos con las formas completas (Ibid. 1978: 370), por lo que deja la clasificación propuesta, en función de nueve grandes tipos (Ibid. 1982: 386 ss.), abierta a futuras revisiones. Dentro del Tipo D —el que ahora nos interesa— Pellicer incluye las grandes ánforas ovales, caracterizadas por el borde muy entrante, generalmente indicado, que aparecen en los niveles 14 a 1 del Cerro Macareno, con una cronología de fines del s. V a fines del s. II a.C. (Ibid. 390) 2 . Distingue cuatro variantes —D-1, 2. Es evidente que dentro de este amplio espacio cronológico es necesario matizar, pues aunque dentro de una forma general, perfiles y detalles evolucionan y se van formando, con el tiempo, tipos concretos. En el presente trabajo nos limitaremos a las SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 LAS ÁNFORAS TURDETANAS DEL TIPO PELLICER-D. ENSAYO DE CLASIFICACIÓN  235 D-2, D-3 y D-4 (Ibid. Fig. 12) (Fig. 1)— en función, sobre todo, del perfil general del cuerpo, que con el tiempo va perdiendo la tendencia apuntada de los ejemplares más antiguos —variante D-1— para acilindrarse; y de los bordes, primero engrosados y señalados al exterior y finalmente tan sólo indicados. Aun en este estadio inicial de la investigación, Pellicer supo reconocer en este tipo la forma anfórica típica del bajo Guadalquivir, a la que denominó "iberopúnica" o "iberoturdetana", apelativo algo confuso (Arteaga 1992: 106; Ramón 1995: 152) que puede perfectamente sustituirse por el de "turdetana" (Niveau de Villedary 1999: 134). El trabajo de Pellicer es completado, algo después, por C. Florido (1984) que propone una nueva clasificación de las ánforas tartésicas y turdetanas en función del perfil general del cuerpo (Ibid. 420). De los quince tipos presentados, el tipo XI es el que se corresponde con la forma D de Pellicer: ánforas de perfil oval, alargadas y de borde entrante apenas señalado al exterior (Ibid. 428). A pesar del avance que en la investigación supuso la publicación de estos trabajos, ya que se trata de los primeros intentos de tipificar las ánforas prerromanas sudpeninsulares, ambos reproducen aún una serie de ideas erróneas que se venían arrastrando desde la clasificación de Maña. Entre ellas destaca el empeño con el que se siguen relacionando con las ánforas del tipo B3, las ánforas "ampuritanas" o de la "costa catalana" (Pellicer 1982: 390; Florido 1984: 428); pues si bien el perfil general es similar, en la práctica, responden a otros condicionantes históricos, económicos y culturales por lo que deben ser tratadas por separado (Arteaga 1992: 107; García Vargas 1998: 62); sin olvidar, por otra parte, la frecuencia e incluso ligereza, con las que este tipo se ha utilizado como una especie de "cajón de sastre" (Ramón 1986-89: n. 3). Un año después de la publicación del trabajo de Florido, A. Muñoz presenta una nueva clasificación anfórica (1985) con el objetivo, en este caso, de presentar y clasificar las ánforas aparecidas en la ciudad de Cádiz (Ibid. 471). Sin aportar nuevos datos, las incluye dentro del grupo C (Fig. 2): ánforas turdetanas e ibéricas, donde pasan a formar el tipo C-1 (Ibid. 475; fig. 5). Tendrá que transcurrir una década hasta que un nuevo trabajo ponga en orden el panorama general 3 . La publicación de la síntesis de J. Ramón (1995), que aúna en un solo corpus toda la suerte de producciones anfóricas fenicio-púnicas, revisa lo hecho hasta el momento y plantea, como el propio autor define, "un nuevo sistema integrado y general de clasificación" (Ibid. 29), abre una nueva época en la investigación; aunque, como en los casos anteriores y en lo que respecta a las ánforas Macareno o Pellicer D, se limita prácticamente a reproducir lo dicho hasta entonces, quedando la forma incluida en el tipo T-4.2.2.5. (Ibid. 194) (Fig. 3). Poco más es lo que podemos añadir respecto a la definición del tipo. Fijados los rasgos básicos por los que la forma se reconoce —perfil general del cuerpo, forma de boca y asas— desde finales de los setenta-principios de los ochenta, apenas si se ha avanzado en su clasificación. Su presencia es reconocida en prácticamente todos los contextos turdetanos del bajo Guadalquivir (Ibid. 194) y, cada vez con mayor frecuencia, también en los yacimientos costeros del entorno de la bahía y golfo de Cádiz —ciudad de Cádiz (Muñoz 1985: 475; Niveau de Villedary e.p.), Castillo de Doña Blanca (Ruiz Mata y Pérez 1995: 74; Niveau de Villedary 2001a: 360), poblado de Las Cumbres (Niveau de Villedary 1999: 134; Niveau de Villedary y Ruiz Mata 2000: 896; Ruiz Mata y Niveau de Villedary 1999: 127), factoría de salazones de "Las Redes" (Frutos y otros 1988: 297 s.; Muñoz y otros 1988: 502) y otras (Gutiérrez 2000: 22; figs. 8, 2 y 5, 4 y 5), alfares de Torre Alta (García Vargas 1998: 62) y Pery Junquera (González Toraya y otros e.p.), santuario de La Algaida (Ferrer 1995: 160; fig. 67), etc.; pero salvo algunas matizaciones (Ferrer 1995: 802 s.; García Vargas 1998: 62 s.; Niveau de Villedary 1999: 134), dirigidas sobre todo a cuestiones relacionadas con el origen de la formas de los últimos momentos, fundamentalmente del siglo III y comienzos del II a.C., resultado final de dicha evolución (Vid. Pellicer 1978: 384; fig. 7). 3. Llama la atención que esta forma, de cuya filiación y origen fenicio-púnico parece no haber dudas (Ramón 1995: 194), no fuese incluida en los trabajos que sobre las ánforas prerromanas occidentales publicase A. Rodero en su día (1991 y 1995). Al respecto Vid. Ramón 1995: 156 ss. SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 236  ANA MARÍA NIVEAU DE VILLEDARY Y MARIÑAS forma ya los posibles contenidos de éstas, y aun siendo conscientes de la variedad tipológica que presentan algunos elementos, caso de los bordes, hasta el momento no se ha abordado un intento serio de clasificación tipológica en función de estas diferencias morfológicas. 3. FORMA Y TIPOS En los últimos años se ha asistido a un considerable avance en la identificación de los contextos arqueológicos del s. III a.C., centuria que tradicionalmente, ante la ausencia de fósiles-guía, apenas si estaba definida materialmente. El reconocimiento de la llamada cerámica "tipo Kuass" como una producción local del sur de la Península y su estudio monográfico (Niveau de Villedary 2001a), han llenado este vacío; permitiéndonos, sin ningún lugar a dudas, ya no sólo aislar los conjuntos materiales comprendidos entre la desaparición de la cerámica ática y la llegada de la campaniense, sino incluso matizar diferentes etapas dentro de este momento. Una de las consecuencias directas de este hecho es, como hemos señalado, la identificación cada vez mayor de conjuntos que se pueden fechar en este siglo, y paralelamente el progresivo conocimiento del elenco cerámico al que se asocia la vajilla "tipo Kuass", con lo que poco a poco el panorama material del s. III, hasta hace relativamente poco tiempo una entelequia, se nos va dibujando con todos sus elementos (Id. e.p.). Llama la atención, en estos últimos momentos prerromanos, la variedad morfológica que presentan las ánforas locales. La abundancia y peculiaridad de ciertos tipos, fundamentalmente de las formas más evolucionadas de la clásica Mañá-Pascual A4, junto con sus implicaciones económicas —ya que sabemos que se trataba del ánfora salazonera por excelencia, testigo delcomercio transmediterráneo gaditano—, han propiciado que la investigación se haya ocupado profusamente de su estudio (Muñoz 1985: 472 ss.; Ramón 1995: 234 ss.) y que hoy día conozcamos relativamente bien su evolución y morfología, distinguiéndose varios tipos dentro de la forma general. Otras formas como los tipos T-8.1.1.2. y T-8.2.1.1., aunque en menor medida que las anteriores y con desigual incidencia, también han sido objeto de análisis más detallados (Rodero 1991 y 1995; Ramón 1995); lo que, sin embargo, no ha ocurrido con las Macareno D, posiblemente porque al considerarse el ánfora típica turdetana, propia de las tierras interiores del valle del Guadalquivir, su estudio se ha disociado de las producciones de raigambre feno-púnica, entre las que siempre se han incluido con matices o dudas (Ramón 1995: 194). No obstante, por su presencia en yacimientos costeros de la bahía de Cádiz, con pastas típicas del "Círculo del Estrecho", así como su aparición en los alfares de Kuass en el norte de África (Ibid.), hoy se tiende a incluirlas entre éstas. A partir de estos ejemplares vimos a tratar de elaborar, siempre de forma no definitiva, una tipología de las ánforas Pellicer D, basada sobre todo en las diferencias que presentan los bordes. Para ello contamos sobre todo con los materiales procedentes de los pozos rituales de la necrópolis púnica de Cádiz (Niveau de Villedary 2001b). Aunque en estado fragmentario, por su diversidad tipológica, su asociación a materiales bien datados y por el hecho de encontrarse en contextos cerrados, son los que mejor nos sirven a nuestros propósitos. La asociación de los tipos de bordes con las formas generales nos viene dada por la documentación, en los yacimientos del Castillo de Doña Blanca y Las Cumbres (El Puerto de Santa María, Cádiz), de varios ejemplares completos o casi completos 4. 4. Pudimos acceder a este material, en parte inédito, en el transcurso de la elaboración de nuestra Tesis Doctoral (Niveau de Villedary 2001a). Queremos agradecer a Diego Ruiz Mata, director de las excavaciones, que nos permitiera el estudio de los materiales de Las Cumbres (Niveau de Villedary 1999; Niveau de Villedary y Ruiz Mata 2000 y e.p.; Ruiz Mata y Niveau de Villedary 1999), agradecimiento que hacemos extensible a Carmen J. Pérez por su continua ayuda. SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 LAS ÁNFORAS TURDETANAS DEL TIPO PELLICER-D. ENSAYO DE CLASIFICACIÓN  237 Y por último y aunque fundamentalmente nos vamos a servir de ambos contextos, cuando sea necesario completaremos la información con los datos que ofrecen otros yacimientos del entorno, sobre todo las factorías de salazón y los alfares. Ya hemos señalado como la forma general, en principio, se mantiene sin demasiadas variaciones de un ejemplar a otro (Fig. 4). Son envases alargados, de gran capacidad y paredes relativamente finas si tenemos en cuenta su tamaño. En ocasiones, la superficie exterior aparece acanalada, aunque no es demasiado frecuente. Las dimensiones coinciden con las propuestas por Ramón (1995: 194): alturas totales en torno al metro, diámetro máximo del cuerpo sobre los 30 cm y diámetro de boca circa 11-12 cm. El perfil del cuerpo, en un principio ojival, con el fondo apuntado —tipo D-1 de Pellicer (1982: fig. 12)— tiende con el tiempo a acilindrarse aunque en ocasiones se estrangula hacia la mitad del envase, dando lugar al típico perfil sinuoso que presentan algunos ejemplares, algo más anchos en su mitad inferior (Fig. 4, 2). Otra de las características de la forma es la ausencia total de cuello, por lo que la boca, relativamente estrecha, se abre directamente a partir de los hombros, que se infiexionan abruptamente. Las asas son de pequeño tamaño, tubulares, de sección circular, similares a las que presentan el resto de formas púnicas, argumento que se ha esgrimido con frecuencia para defender la filiación semita de la forma; se colocan en el tercio superior'del ánfora, muy cerca de la boca, donde los hombros se inflexionan para dar paso al cuerpo del envase. Los fondos, según nos muestran los ejemplares completos (Ramón 1995: fig. 55; Niveau de Villedary 1999: fig. 2, 4), son apuntados, de tendencia ojival y rematados por un apéndice. Son los bordes, como venimos repitiendo, los que presentan una mayor diversidad morfológica. Se trata, en realidad, de una prolongación del cuerpo, engrosados en su cara interna y más o menos señalados al exterior. La evolución es, en líneas generales, la que en su día ya señaló Pellicer (1982: 390): más antiguos cuanto más engrosados y marcados en la cara externa y más recientes los que prácticamente apenas si se señalan al exterior. No obstante, la aparición de ejemplares con bordes claramente diferenciados en los mismos contextos, en ocasiones conjuntos cerrados sin intrusiones de otras épocas 5 , nos obliga a tomar esta máxima general con cierta reserva y será el avance de la investigación el que dirima la cuestión. Reconocemos, en función de las diferentes secciones que presentan los labios, ocho variantes dentro de la forma general, que pasamos a describir a continuación: TIPO 1 (Fig. 5, 1): El Tipo 1 se caracteriza por su borde saliente, bien marcado, de sección carenada, que origina un escalón abrupto. Se corresponde con algunas de las secciones que presenta Ramón en su corpus (1995: fig. 55, 1). Este tipo está documentado tanto en el poblado de Las Cumbres, donde en la habitación XIV, asociado a estructuras industriales, apareció un ejemplar casi completo (Ruiz Mata y Pérez 1995: fig. 30, 2; Ruiz Mata y Niveau de Villedary 1999: 127; fig. 3 y 4), como en los pozos funerarios gaditanos 6. 5. Esta realidad se constata sobre todo en los pozos gaditanos, donde aparecen asociados ejemplares con bordes de morfología dispar (Niveau de Villedary e.p.). También en el poblado de Las Cumbres aparecen ánforas con bordes muy marcados ya su lado otras simplemente señalados (Ruiz Mata y Niveau de Villedary 1999: fig. 4). 6. En la actualidad coordinamos el estudio sistemático del material aparecido en los pozos y fosas rituales de la necrópolis de Cádiz, autorizado y financiado por la D.G. de BB.CC . de la Junta de Andalucía para la campaña de 2002; estudio que, no obstante, ya lleva en marcha varios años (Vid. Niveau de Villedary 2001b e Id. e.p.), en lo que pretendemos sea la primera fase de un Proyecto de Investigación más complejo sobre la distribución del espacio funerario y las prácticas rituales llevadas a cabo en la necrópolis púnica de Cádiz. SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 238  ANA MARÍA NIVEAU DE VILLEDARY Y MARINAS TIPO 2 (Fig. 5, 2): También bien visible al exterior, en esta ocasión de perfil redondeado. Aunque no contamos con ningún ejemplar completo, tenemos la certeza de la pertenencia de estos bordes a la forma general por la presencia de atributos que, como la ausencia de cuello, el diámetro de la boca y la tendencia de los hombros, no dejan lugar a dudas. Tenemos representado el Tipo 2 en la necrópolis púnica de Cádiz (Niveau de Villedary e.p. fig.4, 7) y en la factoría de salazones de Las Redes (Frutos y otros 1988: 297 s.; fig.2, 401). TIPO 3 (Fig. 5, 3): Éste puede considerarse un tipo de transición entre los dos anteriores, caracterizados, como hemos visto, por su engrosamiento exterior, y los siguientes, en los cuáles el borde apenas queda señalado en su cara externa. Aunque aún engrosado, el borde se acorta ahora sensiblemente hasta convertirse en una suave protuberancia. A este tipo parecen pertenecer algunos de los ejemplares presentados inicialmente por Pellicer (1978: fig.5). Procedentes de las excavaciones de Las Cumbres contamos con dos ejemplares bastante completos. Uno de ellos (Fig. 4, 3), al que sólo le falta el tercio inferior y que se conserva en el Museo de Cádiz (Niveau de Villedary 1999: fig. 2, 6), apareció in situ en la habitación III, junto a uno de los lagares, asociado a varias ánforas Mañá-Pascual A4 de tipología evolucionada y a otros vasos de almacenaje y cocina, propios de este ambiente industrial (Niveau de Villedary y Ruiz Mata 2000 y e.p.). El segundo caso es similar, se trata de un ánfora de la que se conserva su mitad superior y que apareció, junto a otros envases de fabricación local, en la vivienda donde se sitúa el segundo grupo de piletas (Ruiz Mata y Niveau de Villedary 1999: 127; fig. 3). TIPO 4 (Fig. 5, 4): En este tipo el borde aún se engrosa por la cara externa y se separa del resto del cuerpo por un pequeño escalón. El Tipo 4 se define por el característico perfil en doble curva que podemos reconocer en algunos de los ejemplares publicados por Pellicer (1978: figs. 6, 1732 y 7, 26) y Ramón (1995: fig. 55, 5). Esta variante se documenta asimismo en la factoría de Las Redes (Frutos y otros 1988: fig. 2, 534) y en la denominada Puerto-19 (Gutiérrez 2000: 22; fig. 8, 2), en el santuario de La Algaida (Ferrer 1995: 160; fig. 67) y en Cádiz. TIPO 5 (Fig. 6, 5): En el Tipo 5 se advierte ya cómo el borde va perdiendo la tendencia vertical que caracterizaba a los tipos anteriores. A partir de éste la tendencia será ala horizontalidad y el labio termina siendo, en la práctica, una mera prolongación de la pared. En este caso el borde, de sección levemente cóncava o convexa, se separa del resto del cuerpo por la cara externa mediante un ligero escalón, mientras que se ensancha al interior adquiriendo un suave perfil almendrado. A este tipo corresponde el prototipo que publica Muñoz (1985: fig. 5, Cl; Muñoz y otros 1988: figs. 8. 3 y 9, 3) y reproduce García Vargas (1998: figs. 1, 3 y 15, 1), así como algunos de los perfiles que ilustran la tipología de Ramón (1995: fig. 55, 2). SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 LAS ÁNFORAS TURDETANAS DEL TIPO PELLICER-D. ENSAYO DE CLASIFICACIÓN  239 Se trata de una de las variantes más comunes, por toque está presente en la mayoría de los contextos. En el Cerro Macareno aparece en los niveles más recientes (Pellicer 1982: fig. 15, 2380) y también lo documentamos en prácticamente todos los yacimientos de la bahía de Cádiz: factoría de Las Redes (Frutos y otros 1988: fig. 3, 983), poblado de Las Cumbres , Castillo de Doña Blanca (Fig. 4, 2) (Niveau de Villedary 1999: fig. 2, 5), necrópolis de Cádiz (Ibid. e.p. fig. 4, 6), santuario de La Algaida (Ferrer 1995: 160; fig. 67), etc. TIPO 6 (Fig. 6, 6): En un paso más, el labio pierde definitivamente el anterior engrosamiento y queda señalado al exterior únicamente por un leve rehundimiento que le confiere una apariencia ligeramente convexa y que provoca que éste quede separado del cuerpo por un suave listel. A este tipo pertenece el ejemplar completo exhumado durante la campaña de 1989 en la muralla norte del yacimiento fenicio de Doña Blanca (Fig. 4,1) (Ibid. 1999: fig. 2, 4), dentro de un significativo conjunto anfórico fechado en la Segunda Guerra Púnica y compuesto por ánforas Mañá-Pascual A4, varios ejemplares de T-8.1.1.2. y algunas turdetanas del tipo D (Ibid. 2001a: 360; fig. 107). Aunque inéditos, sabemos también de su existencia en el poblado de Las Cumbres y en el relleno de algunos pozos rituales gaditanos. TIPO 7 (Fig. 6, 7): Parecido al anterior, se diferencia de éste porque el listel que separaba labio y espalda en aquel, se sustituye ahora por una incisión más o menos marcada según los ejemplares. Se trata también de una de las variantes más frecuentes, documentada desde los primeros trabajos de Pellicer (1978: fig. 7, 1829; Ibid. 1982: fig. 15,4) y presente en la mayoría de los contextos gaditanos. Distinguimos ejemplares de este tipo entre los materiales recuperados de las excavaciones de Las Cumbres yen la necrópolis de Cádiz (Niveau de Villedary e.p. fig.4, 5) y entre las secciones que publica Ramón (1995: fig. 55, 3). TIPO 8 (Fig. 6, 8): Y para terminar, en el último estadio de la simplificación formal, nos encontramos con los ejemplares que han perdido por completo cualquier distintivo entre borde y espalda. Éste tan sólo se señala ene! interior, presentando el típico perfil almendrado, aunque en ocasiones la pared se inflexiona formando un leve pellizco justo a la altura de la boca, originando un pequeño reborde exterior. El tipo está presente en el Cerro Macareno (Pellicer 1978: fig. 7, 1884, 1886, 2003, 2366, 209, 1925), factorías de Las Redes (Frutos y otros 1988: fig. 3, 114) y Puerto-19 (Gutiérrez 2000: 22; fig. 5, 4 y 5), Las Cumbres, Cádiz (Niveau de Villedary e.p. fig. 4, 3), alfares de Pery Junquera (González Toraya y otros 2000: fig. 2, 34), etc. 7. Material inédito. Vid nota 4. SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 240  ANA MARÍA NIVEAU DE VILLEDARY Y MARIÑAS 4. CRONOLOGÍA Parece claro, tras el análisis de los contextos en los que aparece, que el periodo de máxima vigencia de la forma, aunque surge algo antes y perdura en el s. II a.C., hay que situarlo en el s. III a.C., sobre todo en su segunda mitad (Ramón 1995: 194), al menos en ambientes púnicos y similares'. Como hemos señalado (Vid. supra) conocemos relativamente bien el elenco cerámico propio del s. III. La excavación en las últimas décadas de asentamientos industriales, contextos de habitación y espacios funerarios con esta cronología, nos ha permitido llenar de contenido una centuria hasta hace relativamente poco tiempo indefinida en estos aspectos. El avance de la investigación ha ido, además, revelándonos la riqueza arqueológica de un periodo de enorme importancia desde el punto de vista histórico, ya que durante estos momentos tienen lugar relevantes acontecimientos históricos de los que tenemos, a diferencia de lo que ocurre para momentos anteriores, una mayor documentación escrita —desembarco de los bárcidas, desarrollo de la Segunda Guerra Púnica, derrota cartaginesa e incorporación al estado romano— Entre los contextos de habitación contamos con la información que han proporcionado las excavaciones que, desde hace algo más de dos décadas, tienen lugar en el asentamiento protohistórico del Castillo de Doña Blanca y en el aledaño poblado de Las Cumbres (para la historia de la investigación en este yacimiento y sus resultados preliminares vid. Ruiz Mata y Pérez 1995). Este último cuenta además con la ventaja de presentar un único nivel de habitación, datado con precisión durante la segunda mitad de la centuria (Niveau de Villedary 2001a: 411, n. 19). La asociación de materiales de este contexto no deja lugar a dudas. El conjunto anfórico se compone de todas las formas locales típicas del momento —MPA4 evolucionadas del tipo T12.1.1.2., T-8.1.1.2. y T-8.2.1.1. (Niveau de Villedary y Ruiz Mata 2000: fig. 2)—entre las que se incluyen las Macareno D (Ibid. fig. 3, 1). Aunque estas últimas no son demasiado numerosas en comparación con otras formas locales destaca, sin embargo, la documentación, in situ y asociadas a estructuras industriales, de varios ejemplares casi completos (Ruiz Mata y Niveau de Villedary 1999: 127; fig. 3). Junto a las ánforas de fabricación local se documenta una serie de envases de importación, de morfología y fábrica centromediterránea —T-3.2.1.2. o Merlin-Drappier 3 y T-5.2.3.1., las típicas Mañá D (Niveau de Villedary y Ruiz Mata 2000: fig. 3, 2 y 5)— que apoyan la datación propuesta. Datación que confirma el resto de materiales 9, empezando por la abundancia de cerámica barnizada "tipo Kuass" (Ibid. fig. 4), que como hemos demostrado, se convierte en el principal fósil detector para estos momentos (Niveau de Villedary 2001a). 8. De las publicaciones de estos yacimientos, parece deducirse que en los asentamientos del valle del Guadalquivir esta forma aparece con anterioridad, durante el s. IV a.C. e incluso a fines de la centuria anterior. Esta alta datación, que no se corresponde con la que observamos en los yacimientos de la bahía de Cádiz, donde la forma nunca es anterior al s. III a.C., puede responder a varios motivos: o bien se trata de dataciones que hay que revisar, basadas en secuencias estratigráficas antiguas, fruto de un estadio inicial de la investigación protohistórica en Andalucía occidental, o bien tendríamos que decantarnos por defender un origen plenamente turdetano para estas producciones, cuyo área neurálgica de fabricación y distribución se situaría en el bajo Guadalquivir, desde donde se irían difundiendo progresivamente. Sin embargo, la identificación de muchas de las pastas de esta forma con otras características de la zona de Cádiz (Ramón 1995: 194), y su presencia en los alfares de Kuass (Ponsich 1968: fig. 1) y Pery Junquera (González Toraya y otros 2000: fig. 2, 34) nos inclinan a aceptar el origen gaditano de, al menos, parte de la producción, y ésta, como demuestran los contextos analizados —de habitación, industriales y funerarios—, nunca es anterior al s. III a.C. Dataciones altas de mediados del s. V a.C. presentan también los ejemplares documentados en el edificio de las ánforas púnicas de Corinto, destruido en el 448 (Williams 1978), sin embargo y aunque respondan al concepto general de la forma, creemos que los ejemplares de Corinto (Ibid. fig. 3) no pertenecen ni morfológica ni por supuesto cronológicamente a las ánforas objeto de este estudio. 9. El elenco cerámico propio del s. III a.C. en la bahía de Cádiz viene definido por una gran variedad de formas comunes o de cocina y por un amplio servicio de mesa, definido en los últimos años gracias a contextos como los del Cerro Naranja, CDB, PSC, las factorías de salazones portuenses y, últimamente, los pozos rituales gaditanos. Ante la imposibilidad de entrar en más detalle en el presente artículo, remitimos a trabajos ya publicados (Vid. Ruiz Mata y Pérez 1995; Niveau de Villedary y Ruiz Mata 2000; Niveau de Villedary 2001a; Id. e.p.). SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 LAS ÁNFORAS TURDETANAS DEL TIPO PELLICER-D. ENSAYO DE CLASIFICACIÓN  241 Resultados similares ofrece el material procedente de contextos funerarios. La intensa actividad arqueológica de los últimos arios en el solar de la moderna ciudad de Cádiz, ha generado un importante volumen de material e información sobre la necrópolis tardopúnica de la ciudad (Ibid. 200 lb). La falta de ajuares en las tumbas se suple, sin embargo, con la presencia de un número muy elevado de fosas y pozos, grandes depósitos cerámicos cuya procedencia hay que poner en relación, con casi total seguridad, con la práctica de actividades rituales funerarias (Niveau de Villedary y Ferrer e.p.). Con relación al material, cabe destacar la uniformidad morfológica y porcentual que se observa entre todos estos depósitos, la mayor parte de las ocasiones fechados en la segunda mitad del s. III a.C. (Niveau de Villedary e.p.). La asociación anfórica es prácticamente la misma '° que veíamos en el poblado de Las Cumbres, siendo una constante la presencia, aunque en un número no excesivamente alto, de ánforas del tipo Pellicer D, con la peculiaridad de encontrarse en un mismo depósito ejemplares de tipología diversa, con lo que la "supuesta" secuencia evolutiva de estas ánforas, en función del mayor o menor engrosamiento exterior del borde, no se cumple, al menos, en estos contextos 1 . De gran calidad y muy abundantes son los vasos y platos de la vajilla "tipo Kuass" cuya presencia es una garantía a la hora de fijar la datación de estos depósitos. Éstos son, por una serie de razones —excavaciones recientes, en extensión, que han generado una gran cantidad de material cerámico— los conjuntos más claros a la hora de establecer las asociaciones materiales que definen el horizonte del III, pero no son los únicos. Sería prolijo enumerar todos y cada uno de los yacimientos de la zona inmediata de influencia gaditana en los que esta forma anfórica está presente, desde las villas rurales de la campiña hasta las factorías de salazones costeras, pasando por los alfares de ambas orillas del Estrecho, donde posiblemente se fabricasen (Ramón 1995: 194; García Vargas 1998: 62). Lo que nos interesa destacar es que, sea cual sea el contexto analizado, las ánforas del tipo Pellicer D aparecen siempre asociadas a los mismos materiales: ánforas locales y de importación, vajilla barnizada "tipo Kuass" y las mismas formas de cerámica común y fina; por lo que en el estado actual de la investigación, podemos fecharlas con bastante seguridad a lo largo del s. III a.C. 5. ORIGEN Y FILIACIÓN Si respecto al periodo de vigencia de la forma parece actualmente existir un cierto consenso entre los investigadores, no ocurre lo mismo, sin embargo, en cuanto a su origen y filiación. Si para unos esta forma anfórica está claramente relacionada con las Mañá B3 de la "costa catalana" y sostienen que ambas descenderían de un tronco común 12 (Miró 1983-84: 166; García Vargas 1998: 62), para otros autores, morfológica y cronológicamente, estarían influenciadas por las ánforas cilíndricas mediterráneas (Ramón 1995: 194); aunque la mayoría de ellos, empezando por Pellicer (1982: 390), no terminan de decidirse por ninguna de las dos posibilidades y dejan la cuestión en el aire. Ahora bien, el problema no es tanto formal como cultural. Dependiendo de las influencias que se admitan en el origen de la forma, estamos decantándonos por una u otra opción: o bien se trata de envases turdetanos, relacionados con el resto de las producciones ibéricas, que mantienen una forma determinada como signo 10. Tan sólo varían los porcentajes de cada tipo. Mientras que en Las Cumbres las formas más comunes son las T-8.1.1.2. y T-8.2.1.1., entre el material gaditano abundan más los tipos evolucionados de MPA4 —T-12.1.1.2.— 11. Tampoco en el caso.de las B3 de la "costa catalana" parece que sea posible, ante la diversidad morfológica que presentan algunos atributos —perfiles, bocas e incluso tamaños—, establecer una relación tipología-cronología con demasiadas garantías (Miró 1983-84: 178).  • 12. En realidad también se admite que el origen de las ánforas ibéricas levantinas está en los primeros envases orientales que llegaron a nuestras costas —las llamadas ánforas fenicias "de saco" o R-1-, desde donde se distribuían hacia el interior, siendo copiadas, primero a mano, por los artesanos indígenas para, con el tiempo, evolucionar de manera independiente y dar lugar a formas propias (Miró 1983-84: 160 ss. y 189). SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 248  ANA MARÍA NIVEAU DE VILLEDARY Y MARIÑAS Figura 2: Ánforas del Tipo C-1 de Muñoz (Según Muñoz 1985: fig. 5). SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 LAS ÁNFORAS TURDETANAS DEL TIPO PELLICER-D. ENSAYO DE CLASIFICACIÓN  249 Figura 3: Ánforas del tipo T-4.2.2.5. de Ramón (Según Ramón 1995: fig. 55). SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 1 2 3 5 Figura 4: Ejemplares completos o casi completos procedentes del Castillo de Doña Blanca y poblado de Las Cumbres (Según Niveau de Villedary 1999: fig. 2). ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 LAS ÁNFORAS TURDETANAS DEL TIPO PELLICER-D. ENSAYO DE CLASIFICACIÓN  251 Figura 5: Tipos 1, 2, 3 y 4 de bordes. .....--,  5 6 Figura 6: Tipos 5, 6, 7 y 8 de bordes. SPAL 11 (2002) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12 o ••72-, SI 1.-Cartagena (Anfiteatro).  3.-Cerro Macaren°. 4.-Niebla. S.-Cabezo de S.Pedro. 6.-La Ti5osa. 7.-Kouass. ANFORAS T-4.2.2.5.  Mapa 55  t.) Figura 7: Distribución de la forma (Según Ramón 1995: mapa 55). ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2002.i11.12