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La estabilidad cuestionada. Tres propuestas críticas: Negro, Cavanaugh y Ferrajoli

Álvarez Perea, Francisco Javier

Abstract

Este capítulo está destinado a problematizar sobre uno de los asuntos candentes de la situación geopolítica contemporánea relacionada con la perdurabilidad del Estado como forma política preeminente. No me cabe la menor duda de que vivimos en un mundo constituido por estados y que la vida de los hombres y mujeres coetáneos está intrínsecamente marcada por la estatalidad, así lo declaran también Dardot y Laval en su reciente obra Dominar. Estudio sobre la soberanía del Estado en Occidente. Pero también es cierto que la estatalidad contemporánea y su fundamentación focalizada en el principio de soberanía suponen una amenaza para aquellos que anhelan un cambio de paradigma. En el presente capítulo traemos la crítica de tres autores que, en principio, no están relacionados entre sí pero que tienen en común hacer de la estatalidad uno de los centros de estudio y reflexión derivando de la misma la consecuente problematicidad. En los párrafos que siguen voy a exponer la visión de Dalmacio Negro, William T Cavanaugh y Luigi Ferrajoli en tanto han abordado desde diferentes perspectivas el problema de la estatalidad contemporánea. A través de la visión somera de su pensamiento se concluirá que el Estado contemporáneo aparece como problema, mas no me corresponde más que situarme como espectador con cierto grado de escepticismo ante la incertidumbre

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Esta obra se distribuye bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional (CC BY-NC 4.0) La Editorial Dykinson autoriza a incluir esta obra en repositorios institucionales de acceso abierto para facilitar su difusión. Al tratarse de una obra colectiva, cada autor únicamente podrá incluir el o los capítulos de su autoría. NUEVOS PARADIGMAS DE LA DEMOCRACIA EN UN MUNDO EN TRANSFORMACIÓN Diseño de cubierta y maquetación: Francisco Anaya Benítez © de los textos: los autores © de la presente edición: Dykinson S.L. Madrid 2025 N.º 246 de la colección Conocimiento Contemporáneo 1ª edición, 2025 ISBN: 978-84-1070-824-2 NOTA EDITORIAL: Los puntos de vista, opiniones y contenidos expresados en esta obra son de exclusiva responsabilidad de sus respectivos autores. Dichas posturas y contenidos no reflejan necesariamente los puntos de vista de Dykinson S.L, ni de los editores o coordinadores de la obra. Los autores asumen la responsabilidad total y absoluta de garantizar que todo el contenido que aportan a la obra es original, no ha sido plagiado y no infringe los derechos de autor de terceros. Es responsabilidad de los autores obtener los permisos adecuados para incluir material previamente publicado en otro lugar. Dykinson S.L no asume ninguna responsabilidad por posibles infracciones a los derechos de autor, actos de plagio u otras formas de responsabilidad relacionadas con los contenidos de la obra. En caso de disputas legales que surjan debido a dichas infracciones, los autores serán los únicos responsables. ‒ 180 ‒ CAPÍTULO 9 LA ESTATALIDAD EN CUESTIONADA. TRES PROPUESTAS CRÍTICAS: NEGRO, CAVANAUGH Y FERRAJOLI JAVIER ÁLVAREZ PEREA Universidad de Sevilla 1. INTRODUCCIÓN Este capítulo está destinado a problematizar sobre uno de los asuntos candentes de la situación geopolítica contemporánea relacionada con la perdurabilidad del Estado como forma política preeminente. No me cabe la menor duda de que vivimos en un mundo constituido por estados y que la vida de los hombres y mujeres coetáneos está intrínsecamente marcada por la estatalidad, así lo declaran también Dardot y Laval en su reciente obra Dominar. Estudio sobre la soberanía del Estado en Occidente. Pero también es cierto que la estatalidad contemporánea y su fundamentación focalizada en el principio de soberanía suponen una amenaza para aquellos que anhelan un cambio de paradigma. En el presente capítulo traemos la crítica de tres autores que, en principio, no están relacionados entre sí pero que tienen en común hacer de la estatalidad uno de los centros de estudio y reflexión derivando de la misma la consecuente problematicidad. En los párrafos que siguen voy a exponer la visión de Dalmacio Negro, William T Cavanaugh y Luigi Ferrajoli en tanto han abordado desde diferentes perspectivas el problema de la estatalidad contemporánea. A través de la visión somera de su pensamiento se concluirá que el Estado contemporáneo aparece como problema, mas no me corresponde más que situarme como espectador con cierto grado de escepticismo ante la incertidumbre. ‒ 181 ‒ 2. EL ESTADO EN DALMACIO NEGRO Ya he abordado en diversas ocasiones el pensamiento de Dalmacio Negro 76 quien principalmente ha desarrollado sus investigaciones en torno al Estado como eje central de la política moderna y contemporánea aportando una notable producción científica siempre coherente e in crescendo pues el autor tiene la virtud de permanecer en continua exploración intelectual e incorpora todo aquello que le parece de interés para afianzar y expandir sus propuestas de conocimiento. La razón de ser de traer a colación el pensamiento de Dalmacio Negro reside en la extraordinaria claridad didáctica con que plantea su propuesta que resumimos en los siguientes párrafos de la siguiente manera. Partiendo de una distinción entre la política y lo político tomada de Julien Freund, comprende a la primera como praxis y a lo segundo como esencia vinculada a una concepción antropológica que en nuestro autor tiene reminiscencias aristotélicas. Para él lo político tiene su origen en lo sagrado y su misión radicaría en el cuidado del orden social para satisfacer las necesidades humanas de seguridad en un espacio donde sean compatibles la sociabilidad natural del ser humano y la conflictividad generada por las fricciones de la diversidad. Lo político es natural y necesario mientras la política responde a las formas con las que los seres humanos han abordado la tarea de organizarse socialmente. Ahora bien, la gran novedad de la política moderna reside en la generación del Estado, una forma política sin precedentes, artificial y al servicio del poder (2021, pp. 327ss), que se autojustifica a través de mitologemas, principalmente de origen teológico, que dan lugar a las primeras teorías del Estado. Para Dalmacio Negro la estatalidad, cuya explicación más consistente remite al Leviathán hobbesiano, aparece inmerso en la constelación del 76 Vid. Álvarez Perea, J., (2017), La religión de la sociedad secular, Thémata. «Dalmacio Negro y el problema de la estatalidad: perfiles para la Filosofía Política y del Derecho», en AAVV. (2024), Horizontes del pensamiento: ensayos sobre ciencias sociales y humanidades, Dykinson. ‒ 182 ‒ pensamiento voluntarista con pretensiones metodológicas y científicas, comprendiendo el principio germinal de secularización pues la doctrina de Hobbes constituye una teoría mundana de la salvación, que da forma secular a concepciones escatológicas tradicionales, renovando al mismo tiempo la tradición antigua de la teología civil que florecerá en el pensamiento inmediatamente posterior como doctrina de la religión natural. (2005, p. 36). El Estado, «dios mortal», tiene la prerrogativa principal de acaparar todo poder, apropiarse de lo político monopolizándolo, y colonizar la sociedad a través de la acción legisladora que asume como genuinamente propia. Así, si el derecho partía del pueblo y pertenecía al pueblo, el Estado asumirá también como propias estas categorías políticas y tornará en fuente única del Derecho, pues solo al soberano le está dado legislar, ya sea un rey, príncipe o parlamento. La máxima expresión político-jurídica del Estado acontecerá en el siglo XX a través de los estados-nación estructurados bajo el constitucionalismo rígido, paradigma predominantemente vigente en Europa, garante de los derechos y libertades civiles y morales. Con el Estado surgirá en Derecho público y correlativamente la ampliación de la esfera pública que tiende a totalizarse como así mismo lo hace el Estado cuando sobre los afanes de generar un hombre nuevo asume los principios rectores de la vida humana a través de su politización consistente en «someter dominios cuya naturaleza y finalidad no son políticos a la dirección de lo político». En palabras de Carlos Aguilar: Hobbes le ha dado la vuelta al argumento tradicionalmente vigente entre el Derecho y la Moral. Si en el mundo antiguo y medieval la discusión giraba en torno a cómo la Moral determinaba el contenido del Derecho, y así el Derecho era o no válido por respetar o no las normas morales, con la afirmación expuesta por Hobbes nos encontramos justamente en las antípodas de tales planteamientos. Según Hobbes, la ley civil será criterio de lo que está bien y de lo que no está bien, es decir, el criterio de lo bueno y de lo malo, que era o es precisamente el objeto de la moral tradicional. Esta idea puede interpretarse como una ruptura entre el Derecho y la Moral, y así lo afirma la mayoría de la doctrina. ‒ 183 ‒ No obstante, me parece que es una afirmación no del todo correcta, ya que Hobbes no realiza una ruptura entre ambos sistemas normativos sociales, lo que Hobbes plantea es la subordinación del orden normativo moral al orden normativo jurídico, pero en ningún caso su separación o ruptura (2016, p. 83). Pero si algo nos ocupa en este momento es el análisis que aporta Dalmacio Negro sobre la salud de la estatalidad. Su omnipresencia, origen y atribuciones ya han sido vistas, ahora nos queda comprobar en qué situación considera que se encuentra. En este sentido resulta paradójico que justo en el momento de mayor fuerza de la estatalidad, esto es, bajo la forma de los estados totalitarios del siglo XX comience también su decadencia. Contemplado, bajo la influencia de Schmitt como el principal instrumento político capaz de contener la decadencia de la civilización europea, Dalmacio Negro lo ve más amenazado que nunca, fundamentalmente porque el principio político de la soberanía, sobre el que se sustenta, ha entrado en crisis tanto teóricamente como de facto. Para Dalmacio Negro «aunque parezca más omnipotente que nunca al estar en todas partes, el acceso directo al poder de los poderes indirectos y las influencias sociales lo despoja de la unidad intrínseca a la soberanía, que es su fundamento» (2021, p. 325). Aquí es donde presenta la cuestión de la soberanía problemática pues, como ya hemos explicado anteriormente, mientras para unos supone el elemento amenazado de sustentación cuyo menoscabo amenaza con el derrumbe de toda la construcción política, para otros resulta un principio político obsoleto que amenaza los grandes proyectos internacionales. Situándose en un momento crucial de la historia del siglo XXI cual fueron los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, toma esa fecha como referente para hablar de un nuevo “tiempo eje” que, entre otras cosas habría de incidir en la política estatal. En consonancia con lo que hemos ido exponiendo el Estado ha asumido históricamente objetivos maximalistas que ha entendido como propios cuales son la felicidad de la ciudadanía, los derechos sociales y la seguridad total. ‒ 184 ‒ El primero es consecuencia del proceso revolucionario francés que en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 proclama en claves deístas y iusnaturalistas que su articulado constituye un conjunto de «principios simples e indiscutibles [que] redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos», considerando a este último como uno de los objetivos esenciales de la acción del Estado: garantizar la felicidad. Una felicidad intramundana, no trascendente que refuerza la idea de secularización considerada por nuestro autor para toda la política moderna y contemporánea. El segundo impulso estatal en la historia reside en garantizar las seguridades sociales a través de la experiencia europea del Estado social que asegure el acceso a la población de aquellos bienes básicos y necesarios que, al menos, un punto de partida igualitario en cuanto al acceso a la educación, la sanidad y otras necesidades derivadas del desempeño de actividades socioeconómicas de la ciudadanía. Y por último el Estado asume la seguridad total. Ya no es solo la felicidad o las garantías subsidiarias del Estado en aquellos asuntos que son necesarios para principiar una sociedad igualitaria. El terrorismo internacional, las pandemias y otras amenazas globales repuntan en el Estado la necesidad de dar una respuesta en claves globales De esta manera, se empezó a crear en el mismo ámbito de la soberanía una cantidad siempre en aumento de poderes burocráticos directos al tiempo que penetraban en él poderes sociales indirectos. Debido a la crisis de la razón objetiva, reclaman muchos de ellos la conversión de los deseos en derechos amparándose en la ideología de los derechos humanos que desprecia los deberes. Llegado cierto punto, el orden estatal acabó siendo el orden total de la sociedad en trance de fundirse con ella (2021, p. 317). Y, precisamente es la globalización la que amenaza la continuidad del estado tal y como lo conocemos. No obstante, la globalización debe ser comprendida de dos maneras diferentes, aunque en el contexto de los siglos XX y XXI. La primera sería consecuencia de la configuración geopolítica resultante de la II Guerra Mundial en bloques con sus correspondientes áreas de influencia. Los bloques han hecho las veces de ‒ 185 ‒ imperio y emergen como grandes espacios (2021, p. 328) en los que opera la «unidad del mundo» resultante de las descolonizaciones, manteniendo a los poderes bajo cierta igualdad lo que, efectivamente, supone una amenaza para el Estado toda vez que «más peligrosa que el choque de civilizaciones, es la posibilidad indicada de un único Estado Mundial mientras sea la técnica el centro de atracción» (2021, p. 329). Y aquí reside la amenaza esencial hacia el Estado, en su incompatibilidad soberanista con el Imperio, y esto es así porque «el imperio tiene en sí mismo su lógica y su razón de ser. En contraste con el Estado, forma política artificial de organización, es una forma política natural, que no organiza sino que ordena, igual que el Reino, la Ciudad y la Nación» (2021, p. 331). 3. LA CRÍTICA TEOLÓGICA DE WILLIAM T CAVANAUGH El teólogo católico norteamericano William T. Cavanaugh (1962) es un docente laico que desarrolla su labor en la Universidad de Santo Tomás en Saint-Paul, Minnesota, habiéndose formado en Indiana y Cambridge, realizó su tesis doctoral bajo la dirección del prestigioso teólogo metodista Stanley Hauerwas y aúna en su pensamiento la tradición patrística, el influjo de von Balthasar, Henri de Lubac y los teólogos anglicanos de la Radical Orthodoxy 77 . Sus investigaciones han tenido al Estado como eje central de su reflexión teológica en clara progresión, convirtiéndose en un referente de la teología política en el ámbito norteamericano al desarrollar el denominado anarquismo eucarístico derivado de propuestas antiestatalistas, a través de las cuales, reivindica el auténtico sentido eclesial presente en la patrística que comprende la vida del creyente como Eucaristía. Cavanaugh se erige en un crítico de la modernidad y de la estatalidad entendiendo que ambas tienen una imbricación necesaria lo que afirma en los siguientes términos: 77 Para profundizar y comprender sobre esta corriente ver: Sureau, D., (2010), Una nueva teología política (en torno a la “Radical Orthodosy”), Nuevo Inicio. ‒ 186 ‒ Las “guerras de religión” no fueron los acontecimientos que hicieron necesario el nacimiento del Estado moderno; eran de hecho ellas mismas los dolores de parto del Estado moderno. Esas guerras no eran simplemente un conflicto entre “protestantismo” y “catolicismo”, sino que lucharon en gran medida para el engrandecimiento del Estado sobre los restos en descomposición del orden eclesial medieval (2007, p. 35). La propuesta de Cavanaugh arranca de un presupuesto tomado de Cantwell Smith pero que nuestro autor redimensiona con fuerza y eficacia. Se trata de la consideración histórico-teológica de la «invención de la religión», un concepto de uso común (el de religión) que da por sentado su existencia ancestral con las consecuentes traslaciones y adaptaciones a nuevos marcos culturales 78 y del que Cavanaugh afirma que es una invención de la Modernidad que tiene por objetivo la subordinación de la Iglesia al Estado al transformarla en una esfera específica y particular —luego privada— de la actividad humana, funcionando de manera separada a la vez que simultánea al resto de las esferas. Dado que la política moderna marcada por la estatalidad es un artificio, fruto de la invención, y por lo tanto de la voluntad que no del descubrimiento humano, la religión también es la resultante de una invención de reciente cuño, lo que lleva a Cavanaugh a pensar en la posible transformación de las cosas: Lo que hoy llamamos “religión”, esto es, una disposición fundamentalmente interna del individuo hacia lo trascendente, ha sido también una invención de origen relativamente reciente. Identificar religión y política como actos de la imaginación es reconocer su contingencia histórica, y por tanto dar lugar a la esperanza de que las cosas no tienen que ser necesariamente como son (2007, págs. 16-17). El cuestionamiento de Cavanaugh supone un planteamiento medular respecto a la significación del hecho religioso y del Estado en la Modernidad pues, no solo desvela la artificiosidad del primero sino el hecho de que siendo subordinado del Estado también es modelado por 78 En este sentido es muy interesante constatar como eminentes especialistas en fenomenología de las religiones como Julien Ries evitan hablar de la religión para centrarse en la categoría de lo sagrado y en la antropología de lo sagrado a través del homo religiosus. ‒ 193 ‒ de estados y cada uno de nosotros ha sido moldeado, en parte, por el Estado, tanto en lo que se refiere al espíritu como al cuerpo. Nuestra realidad es masivamente estatal, o estatal-nacional» (2021, pág. 17), lo que testimonia el éxito y vigencia de la forma política moderna aún en nuestros días. Sin embargo, los cambios mundiales acaecidos en las últimas décadas exigen una reflexión de la que el mundo académico no es ajena y aquí he querido mostrar tres perspectivas que, aún no relacionadas dialógicamente entre ellas no resultan contradictorias. En primer lugar, Dalmacio Negro desde una perspectiva moderadamente liberal presenta la estatalidad en cuanto a su irrupción histórica y caracterización. Un fenómeno político que no solo perfila sino que explica en su profundidad y consecuencias llegando a la conclusión de que experimenta una crisis distinta y anterior a la que plantea Ferrajoli. El Estado, me atrevería a afirmar interpretando a Dalmacio Negro, puede morir de éxito. Y ese éxito está asociado a la saturación de poder con la que los estados cuentan al extremo de que, al reestructurar el mundo se generan potencias internacionales con tendencias imperiales lo que se hace incompatible con la estatalidad. En ese fino equilibro sitúa su eje de fuerzas la balanza de las dinámicas geopolíticas contemporáneas. En segundo lugar, William T Cavanaugh también se ha pronunciado sobre la estatalidad y sus riesgos. El componente histórico también está presente en su obra, pero viene a puntualizar la propuesta con algunos elementos novedosos consistentes en desmitologizar el tópico de las «guerras de religión» de la Modernidad que no son más que el contexto bélico resultante del origen de la estatalidad. Religión, estado y secularización nacen en un mismo contexto político cuyo resultado es la configuración de la Europa Moderna. Mas el Estado ha venido a redimensionar el êthos de las sociedades occidentales. Esto ha operado no desde los teoremas de la secularización sino con una trasposición, una migración de lo sagrado que históricamente ha tenido a la Iglesia como hábitat y a Dios como centro para focalizarse ahora en el Estado. El Estado, ciertamente, no admite esferas externas que escapen de su influjo más allá de las relaciones internacionales entendidas como ‒ 194 ‒ relaciones inter-estatales. En este sentido el señalamiento hacia el capitalismo salvaje que monopoliza los mercados queda asociado a la estatalidad como instrumento simbiótico político-económico. El Estado no tiene como misión procurar el bien común sino la defensa de los intereses de grupo para lo que no ha dudado en erigirse como lo sagrado e inviolable, fagocitando cualquier otra forma de vida política y social. En este sentido, Cavanaugh siente la necesidad de poner límites al estado y, como teólogo católico, reclama de la Iglesia una especie de impulso de concienciación que limite esa totalidad que asume la estatalidad. En este sentido la crisis del Estado radica en su omnipotencia y omnipresencia también como configurador del espíritu de los pueblos. Finalmente, Luigi Ferrajoli nos trae una propuesta de extremada urgencia ante la grave situación a la que ha llegado el planeta por causa de la emergencia climática, la acción de los mercados y el riesgo en que se sitúa la continuidad de la humanidad. Para abordar problemas globales que no están en la agenda ni al alcance de los estados se propone una Constitución de la Tierra, un proyecto de gobernanza global que tiene como modelo político el paradigma del constitucionalismo rígido y el federalismo, cuya intencionalidad es garantizar a la sociedad planetaria los derechos fundamentales a los que no tienen alcance o le son conculcados bajo las actuales configuraciones económicas y geopolíticas. Ahora bien, Ferrajoli reconoce que el mundo está estructurado en estados que, a su vez, se sustentan sobre el principio de soberanía reconocido por los tratados internacionales y por Naciones Unidas. Mientras los estados hagan prevalecer ese principio la consecución del proyecto globalista queda limitada o amenazada. Por lo tanto, la estatalidad es, en última instancia, el problema que lleva al planeta y a la humanidad a una situación calamitosa y de difícil reversibilidad. Aun reconociendo que en la actualidad no existen los mecanismos jurídicos internacionales y las estructuras procedimentales que puedan dar viabilidad a la Constitución de la Tierra a la que no llama pero que de hecho es un gobierno mundial, la cuestión de la legitimidad queda establecida —según su criterio—, por la vía de los hechos y los buenos resultados que caben esperar de la humanidad. ‒ 195 ‒ La generación de una esfera pública planetaria que dé cobertura política a una ciudadanía global, a una sociedad civil planetaria que, según Ferrajoli, ya existe, implica la superación del paradigma estatal hoy existente hacia un gobierno mundial que tendría en su modelo el paradigma de viabilidad. El estado, a la vez que goza de la mejor salud pende de un hilo por razones geopolíticas cambiantes que podrían tender hacia un cambio de era. 6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Álvarez Perea, J., (2017), La religión de la sociedad secular, Thémata. Carbonell, M. y Salazar, P, (2005), Garantismo. Estudios sobre el pensamiento jurídico de Luigi Ferrajoli, Trotta. Castellano, D., (2020), Política. Claves de lectura, Dykinson. Cavanaugh, W. T., (2007), Imaginación teopolítica, Nuevo Inicio (2010), El mito de la violencia religiosa, Nuevo Inicio. (2021), Migraciones de lo sagrado, Nuevo Inicio. Dardot, P., y Laval, C., (2021), Dominar. Estudio sobre la soberanía del Estado en Occidente, Gedisa. Ferrajoli, L., Moreso, J.J., Atienza, M., (2008), La teoría del derecho en el paradigma constitucinal, Fundación Coloquio Jurídico Europeo. Ferrajoli, L. y otros, (2007), Los fundamentos de los derechos fundamentales, Trotta. Ferrajoli, L., (2015), La democracia a través de los derechos, Trotta. 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