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101 Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons 4.0 Internacional (Atribución - No Comercial - Compartir Igual) a menos que se indique lo contrario. DOSSIER Lazos culturales de amistad socialista y transatlántica: escritores hispanoamericanos y el Bloque del Este durante la Guerra Fría Nogales Baena, José Luis. “Recuerdos del futuro de Víctor Manuel Villaseñor, un hombre de izquierda”. Anclajes, vol. XXVII, n.° 3, septiembre-diciembre 2023, pp. 101-115. https://doi.org/10.19137/anclajes-2023-2737 RecueRdos del futuRo de VíctoR Manuel VillaseñoR, un hoMbRe de izquieRda José Luis Nogales Baena Universidad de Sevilla España [email protected] ORCID: 0000-0002-9113-9731 Fecha de recepción: 04/04/2023 | Fecha de aceptación: 09/06/2023 Resumen: En Memorias de un hombre de izquierda (1976), el intelectual mexicano Víctor Manuel Villaseñor (1903-1981) se afanó en demostrar su coherencia política, laboral e ideológica a lo largo de su vida. Dos piedras angulares de este discurso son los relatos de sus dos viajes a la Unión Soviética, cuya descripción conecta con el subgénero literario de la crónica de viaje a la URSS. Villaseñor utiliza estos episodios para presentarse como un “experto” en el mundo soviético cuya opinión está avalada por su conocimiento directo de la realidad. A través del análisis de ambos episodios, por tanto, aprehendemos la imagen que de la Unión Soviética de los años treinta y cuarenta seguía sosteniendo la vieja izquierda prosoviética mexicana en los setenta y demostramos cómo estas narrativas de viaje fueron utilizadas para justificar posiciones políticas, conocimientos, razonamientos e interpretaciones históricas incluso décadas después del momento originario en que se realizaron los viajes. Palabras clave: Víctor Manuel Villaseñor; México; Unión Soviética; literatura; cultura; política Memories of the Future by Víctor Manuel Villaseñor, a Leftist Man Abstract: In Memorias de un hombre de izquierda (1976), the Mexican intellectual Víctor Manuel Villaseñor (1903-1981) was eager to demonstrate his political, professional, and ideological consistency throughout his life. Two cornerstones of this discourse are the accounts of his two journeys to the Soviet Union, which description connects with the literary sub-genre of the travelogue to the USSR. Villaseñor uses these episodes to present himself as an “expert” on the Soviet world whose opinion is supported by his direct knowledge of reality. Through the analysis of both episodes, therefore, we apprehend the image of the Soviet Union of the 1930s and 1940s still held by the old Mexican pro-Soviet left in the 1970s and demonstrate how these travel narratives were used to justify political positions, knowledge, reasoning and historical interpretations even decades after the original moment in which the trips were made. Keywords: Víctor Manuel Villaseñor; Mexico; Soviet Union; literature; culture; politics
102 José Luis Nogales Baena | XXVII.3 (septiembre-diciembre 2023) ISSN 1851-4669 En 1976 se publicó, en México, Memorias de un hombre de izquierda, una obra de más de mil páginas en la que el intelectual Víctor Manuel Villaseñor (1903-1981) se afanó en demostrar su coherencia política, laboral e ideológica a lo largo de una vida1. Para lograrlo, sobrepasó con creces el género de las memorias, practicando también el análisis historiográfico, el ensayo literario y el alegato político. El relato de Villaseñor cubre siete décadas de la historia de México, en el contexto mundial y con él como protagonista. La construcción de este relato, cuyas mejores páginas no desmerecen un acercamiento literario, tiene dos de sus piedras angulares en sus viajes a Europa y a la Unión Soviética. Estos episodios se convierten, en su narrativa, en experiencia vital que justifica sus conocimientos teóricos y de oídas, su posición ideológica y sus luchas políticas, sobre todo en lo que se refiere a los álgidos años treinta y cuarenta, cuando fue parte activa del cardenismo radical2. 1 una primera versión de este trabajo, en forma de ponencia, fue presentada en la conferencia latin america and east-central europe: comparisons, bridges, entanglements, en berlín, alemania, el 27 de octubre de 2022. agradezco a los organizadores del evento su cálida bienvenida y los altos estándares de su trabajo crítico-científico. 2 Para una reflexión histórica sobre el cardenismo, véase el trabajo de Alan Knight (“Cardenismo”). Como ha explicado Soledad Loaeza, el gobierno radical de Lázaro Cárdenas (1934-1940) provocó una fractura ideológica “en el seno de las clases medias y de la élite política” (“La fractura” 727): “desde entonces la antinomia cardenismo/anticardenismo se convirtió en un eje ordenador de largo plazo de las preferencias y las identidades políticas, vigente incluso hasta nuestros días” (“La reforma” 252). Tanto Álvaro Matute como Roderic A. Camp reseñaron Memorias de un hombre de izquierda tras su publicación. Ambas reseñas son de interés y resumen bien los méritos del libro, así como sus deficiencias, aunque la de Matute, en mi opinión, es excesivamente crítica con el estilo de Villaseñor, y la de Camp, debido al formato impuesto por la publicación, bastante breve. Memórias do futuro de Víctor Manuel Villaseñor, um homem de esquerda Resumo: Em Memorias de un hombre de izquierda (1976), o intelectual mexicano Víctor Manuel Villaseñor (1903-1981) se aferrou em demonstrar sua consistência política, ocupacional e ideológica ao longo da sua vida. Duas pedras angulares deste discurso são os relatos das suas duas viagens à União Soviética (URSS), cuja descrição está ligada ao subgénero literário do relato de viagens à URSS. Villaseñor utiliza estes episódios para se apresentar como um “especialista” sobre o mundo soviético cuja opinião está fundamentada pelo seu conhecimento directo da realidade. Através da análise de ambos episódios, por um lado, captamos/alcançamos a imagem da União Soviética dos anos trinta e quarenta que ainda era mantida pela antiga esquerda pró-soviética mexicana nos anos setenta e, de outro lado, demonstramos como estas narrativas de viagem foram utilizadas para justificar posições políticas, conhecimentos, discursos e interpretações históricas décadas depois do momento original em que as viage,ns foram realizadas. Palavras-chave: Víctor Manuel Villaseñor; México; União Soviética; literatura; cultura; política
103 XXVII.3 (septiembre-diciembre 2023) ISSN 1851-4669 | Recuerdos del futuro de Víctor Manuel Villaseñor...: 101-115 Este artículo se centra en la narración que hace Villaseñor en sus memorias de esos dos viajes a Europa y la URSS: el primero en 1935, el segundo en 19451946. A través del análisis de ambos episodios, aprehendemos la imagen que de la Unión Soviética de los años treinta y cuarenta seguía sosteniendo aún la vieja izquierda prosoviética mexicana en los setenta y demostramos cómo estas narrativas de viaje fueron utilizadas para justificar posiciones políticas, conocimientos, razonamientos e interpretaciones históricas incluso décadas después del momento originario en que se realizaron los viajes. Hijo único de una acomodada familia porfiriana, Villaseñor se graduó primero en derecho internacional en la Universidad de Michigan y luego, junto a Miguel Alemán y otros miembros de lo que más tarde sería el primer gobierno civil mexicano, en la Escuela de Jurisprudencia de la Universidad Nacional de México3. Según cuenta en sus memorias, a inicios de los años treinta, cuando se encontraba en Washington trabajando y pudo presenciar por sí mismo los estragos del crack del 29, se convirtió al “socialismo científico” buscando dar respuestas a la crisis financiera. Después de vivir un tiempo en los Estados Unidos, donde hizo relación con algunos intelectuales de izquierda prosoviéticos norteamericanos, Villaseñor regresó a México y comenzó a relacionarse también con la izquierda mexicana: hizo buena relación con Vicente Lombardo Toledano, el famoso líder sindical, el “decano del marxismo” en México, en expresión de Barry Carr4. De este modo, cuando Lombardo Toledano proyectaba su viaje a la Unión Soviética en 1935 con motivo del VII Congreso de la Internacional Comunista, le propuso a Villaseñor que lo acompañase: cada uno cubriría sus gastos y ambos viajarían con sus respectivas esposas. Lombardo Toledano viajaría, en verdad, con los gastos cubiertos por la Confederación General de Obreros y Campesinos de México. Villaseñor, por su parte, aceptó con gusto, pidió una licencia de tres meses en su trabajo y le asestó, en sus propias palabras, un “sablazo” a sus padres, que fueron quienes le financiaron el viaje al completo (Villaseñor, Memorias 1: 358). Según Daniela Spenser, debieron ser Rafael Alberti y su esposa, Teresa León, “quienes intercedieron, junto con los comunistas mexicanos, para que los funcionarios de la Internacional Comunista invitaran a Lombardo Toledano a visitar la Unión Soviética” (En combate 101). Para los comunistas mexicanos era una ocasión ideal para que Lombardo Toledano tomara conciencia de la importancia 3 La Universidad Nacional de México no obtuvo su autonomía hasta 1929. 4 En concreto, Carr escribe: “As dean of Mexican Marxism, Lombardo was the best-known link between Mexico and the international world of Marxism and socialism and, therefore, a protagonist in struggles that frequently challenged the legitimacy of the capitalist state consolidated by the governments of Revolutionary Mexico” (338). También Carlos Illades afirma que entre los pioneros pensadores marxistas mexicanos en México Vicente Lombardo Toledano ocupa el lugar más destacado, “no solo por ser uno de los Siete Sabios, sino principalmente por haber consumado la ruptura con el idealismo filosófico del Ateneo de la Juventud, sentar los peldaños iniciales del materialismo histórico y armonizar el nacionalismo revolucionario con el discurso antimperialista del comunismo oficial” (41).
104 José Luis Nogales Baena | XXVII.3 (septiembre-diciembre 2023) ISSN 1851-4669 del Partido Comunista en México y volviera su poderosa influencia hacia ellos, fortaleciendo sus posiciones. En cuanto a la Komintern (la Internacional Comunista o Tercera Internacional), “debió haber tenido sus propias razones para acceder al viaje y colmarlo a él y a sus acompañantes de las atenciones otorgadas a los visitantes distinguidos, de los que esperaba propaganda a favor del régimen de regreso a su país de origen” (Spenser, En combate 102). Es importante recordar, en este sentido, el significado de este tipo de viajes en la época y lo que unos y otros esperaban de ello. Desde los años veinte, como ha sido bien estudiado, el peregrinaje a la URSS se convirtió en una especie de episodio formativo e informativo de la izquierda5. Existía una verdadera ansia de saber lo que sucedía en el País de los Soviets y un nuevo público lector al que no le bastaban las noticias que le llegaban de la prensa extranjera. Se dio, como resume Horacio Tarcus, un fenómeno que se repitió en diversas partes del globo, la necesidad de comprender el significado de la Revolución, de descifrar su rumbo, llegando hasta el escenario mismo de los acontecimientos, por lejano y costoso que fuere. Se enviaban observadores que pudieran ver con sus propios ojos, remitir informes fidedignos y regresar con sus vívidos testimonios. “Era imprescindible presentarse ante los hombres que llevaban adelante la proeza de la edificación socialista y de erigir una nueva Internacional, estrechar vínculos con ellos, obtener su respaldo, hacerles saber que incluso en estas lejanas tierras había un proletariado y una juventud solidaria con sus hermanos rusos” (Tarcus 10). Obviamente, el número de viajeros fue mucho mayor que el de aquellos que al regresar dejaron escritas sus impresiones, pero, con todo, el relato positivo del viaje a la URSS se convirtió en una suerte de subgénero narrativo, subgénero que oscila entre el panfleto político y el testimonio autobiográfico. Los practicantes del género fueron en su inmensa mayoría los llamados “amigos de la Unión Soviética” –en terminología soviética– o, como se les conoció en el mundo occidental, los fellow-travellers o “compañeros de viaje”: sintetizando mucho, no comunistas que expresaron su simpatía, e incluso su compromiso, con el programa o parte del programa comunista, aunque manteniendo ciertas distancias6. Estos ofrecieron una visión excepcionalmente positiva de su visita al tiempo que sostenían que narraban las impresiones verídicas de lo que habían visto y vivido, mas el problema es que estas impresiones venían determinadas de antemano por una serie de expectativas, y que una vez en la URSS estas expectativas eran convenientemente tratadas por sus guías y 5 Sobre todo, véase el libro de Michael David-Fox (Showcasing), también los de Paul Hollander (Political Pilgrims) y David Caute (The Fellow-Travellers), aunque la explicación que dan del fenómeno de los viajes a la uRss unos y otros es diametralmente opuesta en algunos puntos. se ocupa del caso concreto de Latinoamérica, entre otros, Tobias Rupprecht, quien hace referencia particular a los numerosos mexicanos que viajaron a la URSS (128-90 [cap. 3]). Daniela Spenser dedica el cuarto capítulo de su biografía de Vicente Lombardo Toledano al viaje que este realizó en 1935 (En combate 101-26 [publicado en una primera versión en Desacatos 34, 2010, pp. 70-87]). 6 Para una discusión de estos dos términos –“amigos de la Unión Soviética” y fellow-travellers–, véase lo que escriben David-Fox (207-09) y Caute (1-14).
105 XXVII.3 (septiembre-diciembre 2023) ISSN 1851-4669 | Recuerdos del futuro de Víctor Manuel Villaseñor...: 101-115 traductores para que se cumplieran en todos sus puntos, e incluso para que se vieran superadas. Así, Hollander defiende que la predisposición de los viajeros hacia el país socialista visitado fue un factor más determinante en la visión que se hacían de este país que las técnicas de manipulación con que los recibieron y guiaron durante su visita: without the favorable predisposition toward the countries concerned, the sights would have made much less of an impact, as was also illustrated by the euphoric response to objects, sights, or institutions in themselves unremarkable and also to be found in the visitors’ own societies. Thus there was a marked congruence between the attitudes of most visiting intellectuals and their hosts: the former wished for the experiential confirmation of the favorable beliefs entertained about the social systems of the countries visited, and the latter were ready to offer just that. (351) Este fue, por ejemplo, el caso de Villaseñor, que antes de su primer viaje ya decía llevar cuatro años persistiendo en estudiar el desarrollo de los planes quinquenales, recurriendo para ello a las fuentes más autorizadas que le había sido dable encontrar. Ya antes del viaje, Villaseñor afirmaba estar convencido de que las metas de desarrollo establecidas en la URSS estaban alcanzándose (Memorias 1: 357). Con esta buena predisposición, los anfitriones solo tenían que dedicarse a fondo a que sus expectativas se cumpliesen. Hollander ha analizado y distinguido una serie de técnicas de hospitalidad (16-21; 347-99), según las denomina, todas las cuales están basadas fundamentalmente en dos métodos complementarios: “one is the screening of reality, the attempted control over what the visitor can see and experience. The other one is the way he is treated”. (355) Más aún, incluso si estas expectativas no se cumplían o se vivían experiencias negativas, no se informaba de ellas o se las “arreglaba” para que fueran positivas, pues al cabo se trataba de textos fuertemente ideológicos, con un claro objetivo político (Zourek 55-65). Dar una visión crítica hubiera significado hacerle un flaco favor a la causa socialista, que era lo más importante, además de que hubiese situado a sus informantes en una posición de derechas (Hollander 10911). De tal modo, aunque lo esperable podría ser que estos relatos de viaje a la URSS brillasen por su singularidad, pues se basaban en experiencias personales –incluso si se hacía el viaje en grupo–, lo cierto es que en ellos se repiten lugares comunes y experiencias similares. Más que de un género autobiográfico o testimonial, ha argüido David-Fox, se trata de un “género de texto político” por excelencia, con todas las estrategias y fórmulas literarias que esto conlleva (109): de ahí la falta de originalidad final, las coincidencias narrativas y de actitudes. Las “sorprendentes” noticias del país del socialismo que traían una y otra vez los numerosos viajeros –peregrinos o turistas políticos, los llama Hollander–, sus “testimonios verídicos”, no eran más que variaciones de lo mismo: la confirmación –e incluso superación– de las expectativas con que habían partido, de lo que ya sabían, lo cual ahora habían visto y verificado por fin. Los testimonios, en última
106 José Luis Nogales Baena | XXVII.3 (septiembre-diciembre 2023) ISSN 1851-4669 instancia, caían generalmente en la senda del adoctrinamiento, del proselitismo político, de la propaganda prosoviética. Cantaban las virtudes de la alternativa al sistema en el que vivían, con el convencimiento de que esa era la ruta a seguir, el modelo ideal que debía tenerse en cuenta en la construcción de un “mundo mejor”, el mundo del porvenir. Los clásicos de este subgénero narrativo en México –las memorias-testimonio de viaje a la URSS– son seguramente los libros de José Mancisidor, Ciento veinte días (1937), y el de Luis Cardoza y Aragón, Retorno al futuro (1948), pero existen muchos más ejemplos, algunos publicados en forma de libro, la mayoría perdidos en las páginas de publicaciones periódicas de la época. De hecho, lo más común parece haber sido reducir los testimonios y relatos de estos viajes a unas pocas páginas para que vieran la luz en revistas comunistas o prosoviéticas del tipo El Machete, La Voz de México o Cultura Soviética, así como en otras revistas o periódicos hoy día ignorados. José Revueltas, por ejemplo, publicó crónicas de su viaje a la URSS –también en 1935 para asistir al VII Congreso de la Internacional Comunista– en El Machete, en El Activista. Boletín de la Organización de la Federación Juvenil Comunista, en el Diario Sureste y en El Día7. En todo caso, no cualquiera podía permitirse un viaje a la URSS y no cualquiera podía conseguir un visado para entrar. Como bien ha observado Sebastián Rivera Mir, aparte de que el viaje fortalecía las “actitudes subjetivas de admiración” de estos elegidos y los convertía, a su regreso, en propagandistas; los escritores, intelectuales y académicos que realizaban la visita eran tenidos de vuelta a casa por “expertos” en el país visitado, cuyas opiniones y conocimientos estaban “autorizados” por su experiencia (s/p). La conciencia que tenían Villaseñor y sus conocidos de que el viaje lo convertiría en un “observador privilegiado”, en una “autoridad” sobre la URSS, se refleja particularmente en dos hechos de los que Villaseñor deja debida cuenta en sus memorias. Primero señala que antes de partir, dos días antes, tuvo una entrevista, la primera de su vida, con el presidente Lázaro Cárdenas, quien, enterado de su viaje, lo citó con el fin de instarlo a estudiar con particular empeño algunos aspectos de la organización soviética por los que se interesaba vivamente: “los inherentes a las granjas colectivas –koljoses– y a las unidades agrícolas estatales –sovjoses–” (Memorias 1: 353). En segundo lugar, escribe que el mismo día de su partida recibió una carta de don Luis Cabrera, el famoso intelectual revolucionario que en 1911 proclamase aquello de “La Revolución es la Revolución”. Cabrera era amigo íntimo de los padres de Villaseñor, y Villaseñor había trabajado para él en su bufete de abogados durante varios años, desde finales de 1927. En las Memorias, esta carta es incluida íntegramente. En ella puede leerse cómo Luis Cabrera describe a Villaseñor como un “observador sincero y honrado” (354), lo que, ob7 Rivera Mir ha recopilado y estudiado varios de estos viajes publicados en los años treinta en periódicos y revistas mexicanos (“Viajeros mexicanos”); para ejemplos concretos en Cultura Soviética, véase el trabajo de Nogales Baena (“Crónicas de viaje”); Negrín ha estudiado las crónicas de viaje de Revueltas (“José Revueltas”).
107 XXVII.3 (septiembre-diciembre 2023) ISSN 1851-4669 | Recuerdos del futuro de Víctor Manuel Villaseñor...: 101-115 viamente y de manera estratégica, pretende validar a través de la inclusión de la opinión de un tercero la fiabilidad de lo que este va a narrar a continuación. Más importante, Cabrera da a Villaseñor una serie de consejos para que le aproveche todo aquello que va a ver. Por ejemplo: [...] recomiendo a usted ante todo que procure ver la vida rusa con candidez y con deliberada ignorancia para tomar de ella un conocimiento directo y de primera mano. (354) [...] procure observar los hechos cerrando un poco los oídos a las teorías [...], más bien procure percibir los puntos en que la vida rusa se ha apartado consciente o inconscientemente de las teorías marxistas. (354) [...] le encargo igualmente observar con todo cuidado la vida de las masas y principalmente de las masas campesinas con preferencia a las masas obreras metropolitanas. (355) [...] le encargo especialmente observar hasta qué punto el pueblo ruso está satisfecho, sin confundir la satisfacción con la resignación. (355) [...] le encargo observar sobre todo la acción de las masas, es decir, su iniciativa voluntaria distinguiéndola particularmente de la coacción. (355) Desde luego, estos encargos parecen estar hechos con gran desconfianza y escepticismo hacia el sistema soviético y Cabrera no ceja en prevenir a Villaseñor para que no lo engañen –“no olvide usted el triste papel que hacen los yanquis cuando los llevan a visitar el parque Balbuena o un ejido arado ad hoc”, “en Rusia, como en México y como en todas partes del mundo, hay mucho de pose y de mixtificación al servicio de una propaganda exterior, aun cuando esta sea de buena fe” (355)–, pero aun así, sus encargos, como los de Lázaro Cárdenas, demuestran la autoridad y el conocimiento que sobre el país visitado le concedía al viajero su estancia en la URSS. Muestran, igualmente, la ingenuidad o desconocimiento de unos y otros, pues esta serie de encargos eran un imposible: Villaseñor no manejaba el idioma y las visitas eran siempre guiadas, estrictamente controladas. Villaseñor incluye también, en sus memorias, la carta respuesta que le envió a Luis Cabrera, gesto con el que demuestra la convicción que tuvo siempre –desde al menos 1935 hasta 1976– de que a él no se le podía conducir a engaño. En ella, le pide a Cabrera que se despreocupe, que él no llegará a Rusia “como el turista yanqui que llega a México sin saber nada del país y regresa creyendo haberlo conocido” (Memorias 1: 357). Reconoce, por una parte, haber estudiado durante cuatro años el desarrollo de los planes quinquenales, “recurriendo para ello a las fuentes más autorizadas que me ha sido dable encontrar”, y estar convencido, por tanto, de que las metas establecidas se están alcanzando; pero, por otra, confiesa ser consciente de que, no obstante, le será imposible “comprobar personalmente la veracidad de las cifras correspondientes”. De ahí que, “en consecuencia”, su interés residirá, sobre todo: en darme cuenta, tal como usted me lo recomienda, de cuál es la actitud del pueblo, de los hombres y mujeres que trabajan, ante lo que en su país está sucediendo. Tal
108 José Luis Nogales Baena | XXVII.3 (septiembre-diciembre 2023) ISSN 1851-4669 vez no me sea posible cumplir plenamente con este propósito, a resueltas, principalmente, de las insuperables dificultades del idioma, pero me esforzaré al máximo por lograrlo. (357) Resulta evidente, por tanto, que Villaseñor pretendía ser objetivo, pero que su predisposición hacia los logros del socialismo era indiscutible y le cegaba. El viaje, tal y como preconizaban los textos insertados recién comentados, resultó ser un éxito. En Leningrado le impresionaron “las amplias avenidas y cúpulas doradas, los hermosos puentes sobre el Neva, los viejos palacios y las flamantes casas de departamentos para obreros”. En Peterhof, “el famoso palacio de Pedro el Grande, [...] en su enorme parque”, un domingo a los dos días de haber llegado, conoció por primera vez “al pueblo ruso” (Memorias 1: 361): Ahí se hallaban congregados millares de jóvenes cantando, bailando y discutiendo alegremente. Nos mezclamos con la gran masa del pueblo, el genuino, el tan calumniado y desconocido para Occidente, que lejos de trasuntar la tristeza y el agobio que en énfasis recalcaban los diarios mexicanos, irradiaba salud, fuerza y entusiasmo. En ningún parque del mundo había yo contemplado, en un domingo como otro cualquiera, a una multitud tan desbordante de alegría como en ese parque del palacio de Peterhof. (361-62) Todo el viaje se narra en este tono de éxito y admiración. Villaseñor viaja a Moscú, donde va a celebrarse el VII Congreso de la Internacional Comunista. Tiene encuentros con algunos líderes importantes, por ejemplo, con el búlgaro Giorgi Dimítrov, Secretario General de la Komintern, que fue quien promovió la política del frente único proletario –el frente popular antifascista–, que es la política que implementaron a continuación también en México los diferentes grupos de izquierda. También se encuentra allí con los dirigentes del Partido Comunista Mexicano –Hernán Laborde, Miguel Velasco y José Revueltas–. Tras el congreso, realiza viajes a otras partes de la Unión Soviética, visita “numerosas fábricas, granjas colectivas, escuelas y centros recreativos, así como, más tarde, importantes campos petroleros y algunas refinerías en la zona de Bakú” (Memorias 1: 363). Durante los dos meses de su permanencia, resume, tuvo ocasión de sentir “un mundo distinto”, y escribe: “partía yo de la URSS con el espíritu cargado de vivencias y repleta la mente de enseñanzas, impresiones caleidoscópicas pero precisas que se fundieron en adecuación a mis convicciones” (Memorias 1: 363, énfasis mío). Lo que encontré fue un pueblo que, en marcado contraste con los habitantes de los países capitalistas en crisis, se hallaba en actitud de confianza hacia el futuro que se estaba labrando, que no abrigaba ninguna duda acerca de que sus arduos esfuerzos no sólo significaban una elevación constante de su nivel de vida material y cultural, sino que se traducirían, en un mañana no lejano, en condiciones de existencia colectiva, desconocidas en todos los demás países del mundo. (Memorias 1: 364)
109 XXVII.3 (septiembre-diciembre 2023) ISSN 1851-4669 | Recuerdos del futuro de Víctor Manuel Villaseñor...: 101-115 Esta visión optimista, que no dudaba del éxito del futuro comunista, que lo daba por hecho, es lo que, a su regreso, como experto en la materia, Villaseñor se dedicaría a enseñar junto con Vicente Lombardo Toledano. Abandonaron la Unión Soviética el 17 de septiembre de 1935; estuvieron luego en Berlín, París y Madrid; y regresaron a México el 20 de octubre (Spenser, En combate 109). En noviembre de 1935, apenas regresados, ambos impartieron un ciclo de seis conferencias en el Teatro Hidalgo dirigidas a “todos los trabajadores” de México: en ellas explicaron de forma didáctica, con datos precisos y anécdotas basadas en sus experiencias de viaje, refiriéndose a lo que habían visto y aprendido allí, aspectos tales como la estructura política de la URSS, la estructura económica o las condiciones en que se encontraba el pueblo soviético. “Las conferencias cayeron como una bomba en un medio convulso. Los periódicos editorializaban la agitación roja y la mano de Moscú. Sin embargo, Lombardo Toledano reafirmó que la URSS se levantaba ‘como ejemplo de lo que habrá de ser el mundo futuro’” (Spenser, En combate 118)8. Menos de un año después, en septiembre de 1936, se imprimían en forma de libro estas conferencias con el título Un viaje al mundo del porvenir (1936)9. Significativamente, en sus memorias, Villaseñor termina el recuento que hace de este primer viaje con una defensa de Stalin. Se trata del típico argumento según el cual el fin justifica los medios. ¿Que los planes quinquenales fueron despiadados? Villaseñor argumenta: “se estaba llevando a cabo una revolución, la más trascendental conocida en la historia, y la violencia es inevitable en toda revolución” (Memorias 1: 365). Es decir, como ya sintetizase en los años treinta en popular expresión el corresponsal del New York Times Walter Duranty: you can’t make an omelette without breaking eggs10. Más de cuatro décadas después, Villaseñor demuestra no haberse movido un ápice de argumentaciones como esta. “Se incurrió en errores”, concede, “cometiéronse injusticias y hasta crímenes, qué duda cabe, pero las prodigiosas recompensas de esa revolución [...] no habrían sido posibles de no haber contado los planes quinquenales con el apoyo resuelto y entusiasta de las grandes mayorías” (365). A lo que sigue el argumento 8 La declaración de Lombardo Toledano está citada en las Memorias de Villaseñor (1: 368). 9 En la “Advertencia” del libro se indica, en contra de lo que afirma Villaseñor en sus Memorias, que tanto Villaseñor como Lombardo Toledano hicieron el viaje en nombre de la Confederación General de Obreros y Campesinos de México. Los títulos de las conferencias son los siguientes: “La estructura política de la U.R.S.S.”, “La estructura económica de la U.R.S.S.”, “Condiciones actuales del pueblo soviético”, “Cómo resolvió el régimen soviético el problema de las nacionalidades oprimidas”, “Posibilidades del triunfo del Comunismo en el mundo”, “El mundo del porvenir”. Villaseñor es autor de la segunda y la quinta; las otras cuatro pertenecen a Lombardo toledano. 10 La frase la incluyó Duranty en dos de sus textos: en el poema “Red Square” y en el artículo “Russians Hungry But Not Starving”, publicados en el New York Times en julio de 1932 y marzo de 1933 respectivamente (véase Taylor 185, 222, más la notas con los datos bibliográficos). Veterano corresponsal de la Primera Guerra Mundial y ganador de un Premio Pulitzer en 1932, Walter Duranty (1884-1957) fue ampliamente reconocido como una de las más altas autoridades en materia soviética (Taylor, Stalin’s Apologist).