De la crisis global al impacto local
Abstract
En este trabajo se efectúa una lectura paralela de los problemas medioambientales, el hiperdesarrollo urbano y la crisis de Estado del bienestar advirtiendo las consecuencias de la implantación de modelos urbanos globalizadores y homogeneizadores en el malestar urbano y la vulnerabilidad del ciudadano.
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DE LA CRISIS GLOBAL AL IMPACTO LOCAL Luis Miquel En este trabajo se efectúa una lectura paralela de los problemas medioambientales, el hiperdesarrollo urbano y la crisis de Estado del bienestar advirtiendo las consecuencias de la implantación de modelos urbanos globalizadores y homogeneizadores en el malestar urbano y la vulnerabilidad del ciudadano. No hay forma de eludir la ley de la entropía. Esta ley física suprema impregna todas las facetas de nuestra existencia. Puesto que todo es energía, y puesto que la energía se mueve irrevocablemente en una sola dirección, de utilizable a no utilizable, la Ley de la Entropía constituye el marco general de todas las actividades humanas. [ ... ] La Ley de la Entropía destruye nuestra visión del progreso material, modifica las bases de la economía, transforma las nociones de tiempo y de cultura, despoja a la t ec nología de su mística. Jeremy Rifkin: Entropía, hacia un mund o invernadero, 1980 Los científicos a la moda, los tecnócratas, los politicastros, Jos burócratas del gobierno, manifiestan su repul sa a las formulaciones inmediatas de la segunda ley (de la termodinámica), declaran su culpable inocencia, vocean el cínico reconocimiento de su incapacidad mental para entender las formulaciones que estamos haciendo en nuestra Sociedad [ ... ] Pero hagamos el esfuerzo de bajar un poco nuestro orgullo de hombres cultivados y preguntemos, a cualquier ama de casa de nuestra clase media, qué pasaría en su hogar si durante una semana nadie se ocupase de quitar el polvo a Jos muebles, de restregar Jos suelos, de lavar la vajilla, de sacar brillo a la plata, de colocar los platos, los vasos y las fuentes en Jos anaqueles del refistol, de hacer la colada, orear y planchar la ropa, de arrojar las inmundicias en l os corrales, todas las tareas que, en fin, corresponden al buen gobierno diario de una casa burguesa y que en general son menos apreciadas por nuestros altivos y honrados comerciantes y pequeños propietarios [ ... ] Preguntad y quizá os quedéis sorprendidos de la certeza científica de su respuesta, porque esa mujer, sin pensarlo mucho, sin recurrir a ningún laboratorio, os dirá: << el de~orden crecería hasta destruir la casa». Esa buena mujer ha descrito, mejor que Jhosef Cahen, la evidencia de la manifestación de la entropía en nuestro más próxi mo mundo físico. Marqués de Bassecourt: Itinerarios sociales en el camino de la disipación ene rg ética, 1899 - XXXI - 31 ASTRAGALO, 16 (2000) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2000.i16.03 Arquitecto-urbanista y crítico de Arquitectura
32 La crisis entrópica y global Casi nadie niega hoy día que desde hace unos 300 años (y desde hace lOO con plena consciencia del Poder que nos gobierna) estamos haciendo todo lo posible para dejar a las generaciones futuras un mundo en el que la actividad humana se reduzca a intentar sobrevivir sobre un planeta que se habrá tornado inhóspito, si no radicalmente beligerante, con nuestra especie. Algunos pensamos que ni siquiera vamos a dejarles esa opción, que esas generaciones no van a tener ni siquiera la posibilidad de defenderse En unos pocos años, la frivolidad propia de los medios de opinión ha permitido a Jo s informadores pasar de un pudor monji! a la hora de hablar del cambio climático, como si se tratara de escatológicos rumores emitidos por las fuerzas del mal, no confirmados y capaces de desequilibrar el orden social y de escandalizar a la gente de buenas costumbres (es decir, los más feroces consumidores de energía), a la desvergüenza de soltar terribles noticias sobre el avance de la destrucción (por ejemplo la catastrófica transformación del Polo Norte en una charca) prácticamente sin comentarios. Dan por hecho que todo el mundo está ya al tanto de lo que le estamos haciendo al planeta y presuponen que también todo el mundo sabe que no hay que prestar demasiada importancia a estas cosas: No va a pasar nada, ellos se lo saben, disponen de magia tecnológica, siempre hay una solución y lo van a resolver en un pispás porque desde luego no se va frenar el progreso, como amenazan algunos agoreros. Algunas tendencias estadísticas que, hace cincuenta años, apuntaban el avance de la crisis global se consolidan: continuan el declive forestal, la pérdida de diversidad, la desaparición de especies y la carestía de agua, suben las temperaturas globales, se ahondan las diferencias en la distribución de la renta, la mitad de las lenguas del globo está en extinción, se incrementa la producción y el uso de armas pequeñas, aumenta vertiginosamente la población urbana, particularmente en los países del Sur, etcétera. Entre la abundancia de evidencias me interesa resaltar más Jos datos que se refieren a Jos factores que a los síntomas de la destrucción: en Jos últimos cuarenta años se han duplicado el consumo enérgetico mundial y la emisión de gas invernadero y se ha multiplicado por tres la producción de automóviles. En los últimos diez se ha reducido en un 20% la fabricación de bicicletas, que alcanzó su record en 1987. Casi nadie niega tampoco que nuestras grandes ciudades son cada vez más inhabitables, física y psíquicamente, para una gran mayoría de ciudadanos, ni que otras muchas, en todo el mundo, lo son más aún. La pérdida del paraíso y el surgimiento del malestar urbano .. . el mundo está ahora durante el reinado de la discordia como lo estuvo antes ba jo el dominio del amor Empédocles de Agracas: Sobre la naturaleza La brutal transformación económica que nos está echando encima la globalización impuesta por el Nuevo Orden Mundial está determinando, desde hace unos años, la crisis del Estado del Bienestar que fue propugnado por - XXXII -
las socialdemocracias tras la guerra mundial. Al llegar la democracia, los españoles, con un Su vigencia ha sido puesta en cuestión por el retraso de treinta años respecto a Europa, visPoder que nos gobierna y, sumisa conse- · lumbramos el «Estado de Bienestar». Este adcuentemente, por los políticos europeos. Esta venimiento vino acompañado de una profunda crisis no sólo está teniendo efectos económicos y sociales muy graves sino que determina su crecimiento, incide sobre la estructura, la forma y el funcionamiento de las ciudades, sobre el ambiente urbano físico y social, sobre el comportamiento de los ciudadanos, sobre su actitud vital. Algo importante se está derrumbando en el alma de los ciudadanos que habían creído, a pies juntillas, en la utopía del Estado del Bienestar. Empieza a hacerse patente que las cosas no van tan bien como dicen los gobernantes, que el florecimiento económico actual apuntala el futuro sólo a unos pocos, que, por debajo, revisión de los valores que, de alguna manera, daban genuino carácter a nuestra cultura. Solidaridad, dignidad, honor, honradez, respeto al prójimo, entereza, laboriosidad, decencia, fraternidad, interés por la cosa pública, filantropía, prudencia, etc .. . han sido los valores que, sin recurrir a los religiosos, sin echar mano a la ética, han estado en la base de la cultura mediterránea. Estos valores, durante las dos últimas décadas, han sido puestos en cuestión, se han considerado superados por la euforia del despilfarro que ha definido la conducta de los europeos en general y de los españoles en especial (como existe una crisis profunda, impuesta por el nuevos ricos que somos). Valores con un mal uso de los recursos, por la ineficaz gesfuerte contenido social, que se han sustituido tión de la cosa pública, por el torcido encauzamiento del vago deseo de lo que ha dado en llamarse felicidad, por la servidumbre de la ciencia y la técnica a poderes ajenos, por el furor de lucro, por el desprecio a la naturaleza, por el acoso al humanismo ... y que hay que aprovecharse con audacia y rapidez de la pasajera bonanza. Estamos pasando, con rapidez, del Estado del Bienestar al Estado de la Oportunidad, el estado del oportunismo, del «agarra lo que puepor otros radicalmente opuestos como éxito individual (el «triunfador» de las películas made in USA), agresividad, competitividad, apoliticismo, versatilidad, audacia, capacidad de consumo, habilidad para la simulación, ilimitada fe en la tecnología, desprecio de la ciencia crítica, cinismo, falta de escrúpulos, etc ... que son los valores de la cultura que nos coloniza, de la cultura del Imperio, es decir, de la anticultura yanqui. De todo ello da razón y testimonio el Pensamiento Único. das no vaya a ser que .. . », de la angustia del enEl fiasco es descomunal. El Estado de Bienesriquecimiento rápido a costa de quien sea y de tar va desapareciendo por el escotillón y, lo que sea «por si las moscas». Y queda el refrente al fantástico porvenir simbolizado en gusto de que, en realidad, estos años no estanuestra incorporación a Europa, materializado mos viviendo en el «bienestar» sino en el en la modernización de nuestra sociedad, se «derroche». hace sitio la amarga certidumbre de que, salvo -XXXIII33 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
para algunos pocos, va a ser imposible alcanzar los objetos sagrados de la cultura imperial: el poder personal, el éxito, las riquezas, la felicidad, etc. Poca gente cree que la relativa bonanza que estamos viviendo pueda ser duradera y que sus resultados a medio y largo plazo vayan más allá de la consolidación de la preponderancia de las grandes empresas, de los grandes capitales. La gente empieza a tener conciencia de la magnitud y trascendencia de los problemas que tenemos delante y de lo que puede derivarse si seguimos por el camino que vamos (por el que nos llevan). Se intuye que el sistema ecológico es finito y débil y está enfermo, quizá muy grave; que el sistema económico, apoyado en valores volátiles y especulativos, está podrido y no tiene salida; que el sistema productivo es decididamente ineficiente y no puede mejorarse salvo arrojando político-económicas, se esfuerzan y compiten para situarse en un puesto de «comando». Si consiguen ser admitidas en el «club de comandos», se transfiguran en «ciudades en marcha» y en consecuencia destruyen el medio ambiente, derrochan energía, producen enfermedades, generan desorden, se hacen incómodas, inaccesibles e inseguras, resultan imposibles de mantener decorosamente, vomitan toneladas de residuos, devoran, desertizan y corrompen el territorio circundante. En su interior los valores culturales se debilitan, se deshace la cohesión social y se sustituye por una batalla competitiva en la que cada cual combate para sí mismo en pos del «triunfo» individual. La economía se terciariza y se subordina. La sociedad en su conjunto se dualiza, su tejido se atomiza y acaba por marginar y excluir a los menos aptos de la especie. Desarticulado el 34 miseria sobre una mayoría (o liquidando a una entramado productivo local se destruye emgran parte); que el sistema social es injusto y pleo, destrucción que no es capaz de frenar el va a serlo más aún ... En la ciudad, oscuramente, los ciudadanos intuimos cómo cada día se acrecienta la distancia al poder, cómo los verdaderos órganos de gobierno están cada vez más lejos, cómo actúan con indiferencia absoluta respecto a nuestro verdadero bienestar y comprobamos que la ciudad funciona cada vez peor, que es incómoda, ruidosa, cara, sucia, maloliente, peligrosa, injusta, inaccesible... Y no sabemos bien por qué, ni qué es lo que se podría hacer para que las cosas se enderezasen un poco. Al compás de la implantación de la Economía Mundo, guiadas por fuerzas distantes, las ciudades del Primer Mundo procuran encontrar un sitio en el tinglado de la toma de decisiones etéreo nuevo sistema productivo. Aparecen barrios «peligrosos» donde ni la policía se atreve a entrar. La mentalidad militarista, la actitud xenófoba y el racismo encuentran argumentos para propagarse. En el campo de la vivienda se agravan los problemas endémicos y se revelan otros nuevos ... Al igual que el planeta, también la ciudad se divide en dos ciudades diferentes y con frecuencia enfrentadas: el Sur y el Norte. En su extremo Sur, la ciudad destila un subproducto humano miserable, creciente en número, que no tiene sitio en el nuevo y brillante escenario superficial, que o bien es centrifugado al extrarradio donde brotan chabolas o bien es centripetado a los barrios centrales -XXXIV-
donde sobreviven los «sin techo» disputando las sobras de la opulencia a las ratas. Los mendigos roban a los mendigos. En el otro extremo, el Norte, se acentúa físicamente el contraste socio-económico. El Poder, desde siempre, ha procurado proyectar con potencia su imagen en cal y canto, en mármol y oro, en cristal y acero, sobre la ciudad. Es cosa sabida que, a lo largo de los tiempos, los volúmenes de castillos, catedrales, fuertes, palacios, rascacielos, han expresado espacialmente, en cada momento histórico, la imagen de las soberanías dominantes, gobernando también, rotundamente, el perfil urbano, la «línea del cielo» que se dice ahora. En los últimos tiempos la escalada está siendo agresiva y brutal. Los bancos, las grandes empresas, los grupos turbios, han emprendido una carrera exhibicionista que sería ridícula si no fuese insultante desde el punto de vista ético, estético y social. Puestas ya en marcha, las ciudades, empujadas por el imperante sistema económico y de producción, se despliegan en una dirección que conduce inexorablemente a un futuro que, como mínimo, debería preocupamos: en él se configura un espacio urbano (biológico, físico, económico y social) que, siendo optimistas, probablemente será maravilloso para una minoría; posiblemente será mediocre, agobiante e incómodo para la mayoría; con seguridad será miserable para otra minoría creciente en número y en intensidad; y, lo que es peor aún, hay pocas dudas de que ese espacio, multiplicado sobre toda la redondez del planeta, engulléndolo todo, siga reuniendo las condiciones necesarias para que la especie humana sobreviva. El resultado de todo este bien planeado caos es el florecimiento íntimo de ese confuso sentimiento de malquerencia, irritación, agobio, desconcierto, soledad, y asco ante la miseria, que ha dado en llamarse «malestar urbano». Las utopías se han convertido en quimeras. La ciudad se ha endurecido. La calle se ha vuelto inexorable. Todo el mundo gruñe, todo el mundo se siente estafado y solitario. No canta nadie. El vecino hurta la sonrisa. Las cosas se convierten en símbolos, los lugares en sitios. Los músicos callejeros derraman melancolía o predican violencia. Parece que se ha muerto el último poeta. La crisis del Estado de BIENESTAR se manifiesta, en el medio urbano, precisamente como MALESTAR. En la mayoría de las grandes ciudades, afectadas por un innegable y acelerado proceso de descomposición física, económica, cultural, ética y estética, un número creciente de ciudadanos, localizados preferentemente en sus barrios periféricos, están insatisfechos y disconformes con el tipo de vida que, cada vez con mayor dureza, le imponen la estructura, el ambiente, la forma y el funcionamiento urbanos. El malestar urbano viene a ser como una enfermedad del alma que ataca a una buena parte de los ciudadanos y con mayor gravedad a los que residen en los barrios del Sur que, como es bien sabido, suelen ser los que menos disfrutan de los beneficios de la diosa fortuna. Los urbanitas dicen con frecuencia: «En esta ciudad no se puede vivir!». Les embarga una confusa sensación mezcla de irritación, de desesperanza, de desconcierto, de agobio, de impotencia. Los profesionales del urbanismo no saben qué hacer para combatir este mal, los -XXXV35 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
36 políticos tampoco. Son conscientes de que, aunque se han fabricado muchas cosas (viviendas, escuelas, polideportivos, centros culturales, calles, aparcamientos, semáforos, pasos subterráneos, opulentas vías de circunvalación, hasta parques y jardines) no lo han debido de hacer demasiado bien porque, a pesar de todo, la gente no se encuentra a gusto y se queja. Empiezan a darse cuenta de que es muy difícil poner remedio a cuestiones de las que apenas se quieren conocer las causas. Las recetas económicas, sociológicas, legales, las prótesis de diseño que se han utilizado para intentar resolver los problemas urbanos durante los últimos treinta años han fallado. En vista de lo cual, ahora, para cambiar, en vez de tirarse a fondo en el conocimiento de los problemas e intentar saber por qué las cosas no han ido bien, tienen una fe incombustible en la tecnología (y en la policía). Creen que la tecnología (y la policía) lo puede resolver todo y se disponen a utilizarla (utilizarlas) para colocarnos en el mejor de los mundos. Y dentro del mundo de la tecnología es en la rama de las telecomunicaciones y de las representaciones «v irtuales» donde piensan que está la llave de un futuro más feliz. Aterroriza pensar hasta donde puede llevarnos el futuro tecnológico (policial y virtual) que se nos avecina a los europeos, es decir a los privilegiados del mundo. Sobre este paisaje desolado se arrastra la bestia 1• El secuestro del medio ambiente No creo que, hace diez años, más de un a docena de urbanistas tuviese, en España, la menor idea de lo que es la ecología y menos aún de la entropía. Hoy todos se atragantan con el abuso de las dos palabrejas. Otra cosa es que entiendan enteramente su significado, que se hagan cargo de que con la atmósfera ya no se puede seguir jugando porque está al borde del colapso y que surgirán situaciones irreversibles si continuamos derrochando energía y agua estúpidamente y arrojando toneladas de mierda al aire, a los mares y a la tierra. La Segunda Ley de la Termodinámica arroja al vertedero de la historia toda la ciencia y la tecnología sustentadas en la aplicación mítica del paradigma mecanicista. El reconocimiento de la fragilidad de los procesos biológicos, cuando sus interrelaciones, subsidiariedades y dependencias son negadas, contribuye a iluminar el nacimiento de una etapa que se caracteriza por la puesta en cuestión de muchos de Jos fundamentos del conocimiento humano. Las implicaciones de esta revolución en el campo de las teorías y prácticas del planeamiento territorial, incluyendo sus derivaciones urbanas, son catastróficas para la tan consolidada manera de hacer la ciudad en beneficio de unos pocos que hemos padecido en estos últimos veinte años (bajo el influjo de lo s masters que todo lo aprendieron en USA). Parece difícil que muchos urbanistas acepten tamaña revolución de los fundamentos de su conocimiento y menos toleren (porque les va la bolsa en ello) un cambio de lenguaje, herramientas y fórmulas establecido a las luces de la ley de la entropía y de la ciudad vista como un sistema ecológico. La aparición del medio ambiente como un factor más de la problemática de nuestras ciudades debería hacer cambiar radicalmente las reglas de juego del pla- - XXXVI -
neamiento y convertirse en una grieta en la rutinas urbanísticas. Una grieta que habría que ahondar para intentar que el equilibrio se restableciera, para intentar que la ciudad volviera a ser, por lo menos, el resultado de la ponderación de intereses encontrados. Tampoco estoy seguro de que los urbanistas al uso sepan que el deterioro medioambiental no es sólo una desgracia que se presenta aleatoriamente en una ciudad especialmente contaminada sino un problema globalizado que si se agrava puede liquidar a la especie humana; que, al ser el Planeta limitado, también el crecimiento de la producción y del consumo debe ser limitado (tal vez congelado); que ese crecimiento es responsable de la destrucción del medio ambiente; que no es posible seguir destruyendo el medio ambiente porque también tiene límites; que, si seguimos consumiendo, creciendo y destruyendo, de esa destrucción no se va a librar nadie (salvo, quizá, los pocos que puedan huir a Marte si han conseguido crear una atmósfera respirable a tiempo); y que, lo que es peor aún, todo este razonamiento nos sugiere que el Sistema es capaz de apropiarse de todo, incluso de la bandera de la defensa del medio ambiente, en su propio interés, claro. Peor aún es comprobar cómo, efectivamente, la preocupación oficial (mundial, europea y sobre la manera de hacer ciudad, y cambiar radicalmente la peligrosa situación actual, se va desmenuzando y desvalorizando en instrumentos legales y normativas específicas para acabar secuestrada en manos de los profesionales que las aplican y de los burócratas que controlan su cumplimiento, ambos a las órdenes más o menos directas de los grandes empresarios. Las conferencias internacionales en la cumbre que se iniciaron con tan buenos auspicios son ahora fiascos, estafas, escaramuzas de mezquinos bandoleros de chaqué que, totalmente al margen de la realidad, se limitan a ser impúdicos escenarios donde, entre las bambalinas, se defienden y afianzan los intereses de los grupos y empresas dominantes, se repercuten culpabilidades, se establecen pactos vergonzosos, se compran y venden responsabilidades y honras, se pudren diplomacias y se pretende generar estúpidas esperanzas. Las altas instituciones oficiales internacionales, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio, etc ... , responsables de la marcha del tinglado económico y político pactan, por su lado, en secreto, están sometidos sin ambages a lo que les manda el Poder que nos gobierna y, de un tiempo a esta parte, en sus juergas públicas (Seattle, Washington, Praga), incapaces de dar la cara ante española) por el medio ambiente se va degrala gente que les pide cuentas, de dar razón del dando, h as ta quedarse en pura rutina burocrá-abandono de sus teóricamente altas funciones tica, en torpe papelerío. Tras un brioso arranque les han sido encomendadas por la humanique anunciado en altisonantes declaraciones dad, de explicar sus tejemanejes inconfesapúblicas, la política medioambiental, que debies, sus contubernios con los poderosos, sus bería incidir global y decididamente sobre toentregas al que mejor paga, salen vergonzandas las actividades humanas, especialmente tes por la puerta trasera, con el rabo entre las - XXXVII37 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
38 piernas, haciendo el más espantoso de los rídibito de la política, la convivencia y el descuculos (eso sí muy bien pagado) ante la opinión brimiento, un soberbio almacén del tiempo, pública. Claro es que, como todo está previaun perfecto depósito de sabiduría e historia y mente acordado y los pactos para repartir bea la vez un formidable generador de actividaneficios y plusvalías han sido firmados con des de todo tipo, un organismo capaz de crear antelación suficiente, estas reuniones, congreorden físico, social, político, económico y culsos y asambleas de cofrades son pura repretural. La ciudad concentra actividades, es un sentación y no se celebrarían si sus miembros potente foco generador de orden y, en conseno tuviesen más remedio que asomar la gaita cuencia, un vigoroso epicentro emisor de dede cuando en cuando para justificar sus formisorden: una eficaz fábrica de mierda física y dables emolumentos ante los paganos y si no social. fuera por los pingües beneficios privados: las dietas, honorarios extraordinarios, propinas, y gabelas gastro-econonómico-sexuales, que los delegados disfrutan a costa nuestra y que en buena parte, una vez terminada la desapacible reunión, se llevan a su casa como compensación por haber sufrido los insultos e improperios que les han infrinjido unos pocos miles de malvados ecologistas y rojos recalcitrantes al servicio de ... (¿quién?, si ya no queda oro en Moscú). El arte de la construcción es la ciencia de la destrucción Construir es consumir y disipar energía La evolución biológica y el progreso histórico han producido una pequeña burbuja de orden en un universo cada vez más desordenado ... Jesús lbáñez: <<Los futuros de la ciudad>> en Sociología de la vida cotidiana La ciudad es la obra maestra de la sociedad humana, probablemente el producto más acabado de la capacidad creadora de nuestra especie. Es el artificial y muy organizado ámEn virtud de la segunda Ley de la Termodinámica y como consecuencia del orden que crea, la metrópoli engendra montañas de desorden. Cuanto más orden, más desorden. Destruye dentro y fuera, su entorno y sus territorios fantasmas; el cuerpo y el alma de sus habitantes y de sus habitantes fantasmas (habitantes de territorios fantasma, en este caso no tan fastasma: se trata concretamente del Tercer Mundo, la periferia o como quiera que lo llamemos). Es UNA BURBUJA DE ORDEN QUE VOMITA OCÉANOS DE DESORDEN. En nuestra civilización, las ciudades son el punto arquimédico de la creación del desorden global, no sólo porque es en ellas donde se toman las decisiones que destruyen, donde reside el Poder (las Delegaciones del Nuevo Orden Mundial), sino porque en sí mismas son focos de entropía, de pudrición, inmensos generadores de ruido, de basura, de gases contaminantes, potentísimas máquinas provocadoras de impactos sobre el medio ambiente. La ordenada ciudad actual es hija del desorden y madre del desorden, cuanto más se organiza, cuanto más se desarrolla, cuanto más crece, más desorden genera. La ciudad acoge y des- -XXXVIII-
troza, crea y mata. Es, al mismo tiempo, verdugo y víctima. La industria de la construcción es uno de los pilares básicos de la floreciente economía de la ciudad y, por tanto, de la riqueza y la diversidad de la vida urbana de las cuales, al menos en teoría, deberían beneficiarse todos sus habitantes. Es también una de las actividades que establecen más orden. Calles, paseos, plazas, parques, jardines, grandes infraestructuras de comunicación, transportes y servicios, barriadas, edificios, casas, centros de irradiación de cultura, salud, producción y consumo, de cobijo para las relaciones, etc ... son los frutos de su quehacer, el territorio donde operamos y del que viv imos un sinfín de trabajadores, especialistas, expertos, técnicos, políticos, financieros, gestores, comisionistas, logreros, caraduras, constructores, arquitectos y otros profesionales. Es, en consecuencia, una de las actividades que generan más desorden. Todos los objetos producidos por la construcción, sean grandes o pequeños, bellos o feos, adecuados o no, organizan el espacio urbano, lo reglamentan visual y funcionalmente, lo estructuran social y económicamente, crean un sólido orden urbano, pero al mismo tiempo, en virtud de la inexorable segunda Ley de la Termodinámica, su producción y su uso engendran desorden, hieren al medio ambiente urbano e inciden en la salud física y psíquica de los ciudadanos, en su comportamiento y en su destino. La actividad constructora consume, transforma y derrocha cantidades ingentes de energía (y de agua), directamente en la obra, en todo el proceso constructivo, en la aplicación de sistemas, máquinas y técnicas. E indirectamente en los desplazamientos de personal, en la extracción, la fabricación industrial y el transporte de los materiales. El consumo energético se multiplica en el caso de que se empleen técnicas, máquinas y materiales inadecuados que son fuertes consumidores de energía en su fabricación, en su instalación y transporte. Cuánto más alto se construye tanta más energía se dilapida. Con frecuencia, los materiales, las técnicas y las máquinas son im - portados: mayor incremento del consumo energético. A veces es incluso necesario «importar» también la mano de obra: el gasto energético se multiplica. Secreciones, excreciones y otros menesteres cópricos La ciudad es en lo sociológico, como el cuerpo en lo biológico, una fábrica de mierda. Jesús Ibáñez: «Los futuros de la ciudad >> en Sociología de la vida cotidiana La construcción es un eficiente departamento de la gran fábrica de mierda ambiental y social que es la ciudad. Un departamento especializado en evacuar excrementos que no pueden ser reciclados como alimento por la propia ciudad o por el campo que la rodea. Para empezar, los actores son (somos) especialmente entrópicos a la hora de desarrollar nuestro trabajo: En las fases previas de estudio, proyecto, gestión . .. , los estudios de arquitectura, las empresas constructoras, los promotores, gestores, tecnócratas, asesores, consultores, financiadores, exportadores e importadores, delegados, notarios, vendedores, editores, impresores, agencias de publicidad y de relaciones -XXXIX - 39 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
ministrativas. La defensa frente a los impactos generados por determinadas actividades, su neutralización pública se ha convertido en un trámite más o menos engorroso, ha degenerado en la cumplimentación de unos impresos, en la aplicación de trucos de ordenador, en mero papeleo. Hay profesionales que valoran el impacto, lo justifican y minimizan en un pispás, rellenan el impreso con un golpe de ratón informático, sin moverse de su oficina, sin conocer el proyecto destructor, sin dignarse poner el pie en el suelo del territorio amenazado. Finalmente, en la esfera de lo psicológico, Papá Poder nos tranquiliza a diario, amablemente. Con la voz amiga, cálida y convincente del Pensamiento Único, nos dice: No te preocupes que yo velo por ti, te conozco creativos y capaz de desarrollar un sistema económico tal que la gente esté en el primer Jugar y la provisión de mercancías en el segundo. E. F. Schumacher: Lo pequeño es hermoso por una sociedad y una técnica a la medida del hombre Proteger al medio ambiente Nadie, hoy en día, pone en duda que hay que proteger al medio ambiente. La razón nos dice que si hay que proteger algo es porque otro algo o alguien está amenazando o intimidando, agrediendo, atacando, maltratando, golpeando, malhiriendo, o destruyendo al primer algo. Quizá, incluso está poniendo su integridad o su existencia misma en situación de peligro. Para entendernos voy a llamar agresión a la acción que, desde fuera, se está ejer46 y conozco tus problemas, defiendo tus intereciendo sobre el medio ambiente. No creo que ses, lo voy a resolver todo con mi formidable poder económico, con mi potente aparato de investigación, con mi increíble tecnología: (CONFÍA EN MÍ). Hacia una sociedad de baja entropía Hay optimistas que proclaman que todos los problemas tienen una solución, que las crisis del mundo moderno no son nada más que problemas de principiantes en el camino hacia una opulenta madurez. Hay pesimistas que hablan de una inevitable catástrofe. Lo que necesitamos son optimistas que estén totalmente convencidos de que la catástrofe es ciertamente inevitable salvo que nos acordemos de nosotros mismos, que recordemos quiénes somos: una gente peculiar destinada a disfrutar de salud, belleza y permanencia; dotada de enormes dones nadie pueda oponerse a que se utilice el término agresión, puesto que esa palabra podría definir desde una inocente amenaza hasta una potencial destrucción (incluso, en virtud del Pensamiento Único, ha adquirido un sentido positivo: hay que ser agresivo). Así pues, convengamos en que el medio ambiente está sufriendo una agresión. En cualquiera de los supuestos la protección parece necesaria o al menos conveniente. Sobre esta cuestión ya no hay unanimidad, hay quienes piensan que proteger al medio ambiente es meramente conveniente y no urgente y quienes están convencidos de que no sólo es necesario sino imprescindible y urgentísimo. Una tercera cuestión se plantea sobre cuál es el tipo y la gravedad de la agresión que está padeciendo el medio ambiente. Desde que esté simplemente ame- -XLVI-
nazado hasta que su existencia esté en peligro hay una serie de estados intermedios. También aquí las opiniones varían: hay quienes creen que se trata de una amenaza casi teórica y los hay que están aterrorizados porque están convencidos de que la agresión es definitiva y letal. Muchos, con la fe entregada a la tecnología que reside en las manos del Poder que nos gobierna, creen que siempre habrá una solución, que ellos terminarán por arreglarlo. Otros piensan, que no hay nada que hacer, que es tarde y el Poder indestructible y que la única postura viable es aceptar las cosas como son y procurar sacar el mejor partido de la vida, ir hasta el final participando alegremente en el festín de la destrucción sin mala conciencia, sin preocupaciones (al fin y al cabo ¿qué han hecho por mí las generaciones futuras?) Personalmente opino, junto a muchos otros, que hay que proteger al medio ambiente porque está recibiendo un impacto, es decir, un choque con penetración, como el de la bala en el blanco, global, es decir, que afecta a todo el planeta Tierra y definitivo, es decir, que puede modificar irreversiblemente la composición de la atmósfera de modo que ponga en peligro la supervivencia de la mayoría de las especies animales existentes en la actualidad, entre ellas la humana. Opino también que la agresión la está provocando el cada vez más acelerado incremento de la entropía, consecuencia del cada vez más acelerado incremento del consumo energético que genera la actividad humana en pos de una concepción errónea del progreso, y que se hace cada vez más indispensable pensar globalmente y actuar localmente, tomar conciencia de la gravedad de la situación, informar, formar, instruir, demostrar, participar y trabajar con ese peso encima; inmediatamente. Y recuperar del fondo de nuestra sustancia biótica el instinto de apoyo mútuo cuyo uso desde hace 4.000 millones de años tan buenos resultados ha dado a la vida para progresar en un medio siempre difícil. Invocación a la solidaridad Son demasiadas las preguntas y pocas las respuestas a la incertidumbre que nos embarga, a la decepción que nos nutre, a la desesperanza que nos desertiza. Y, sin embargo, algunos pensamos que todavía existen fuerzas personales y sociales inutilizadas en los últimos tiempos y que proceden del instinto de apoyo mutuo. Instinto que puede actuar en defensa de la supervivencia de la especie, y que es, igual que lo es el de la competencia, inherente a la vida y por tanto a todo lo viviente, y por tanto a todas las especies, y por tanto también a la nuestra. Instinto que permanece larvado pero que sigue latiendo en todos y cada uno de los seres humanos bajo la presión de un individualismo culturalmente impuesto. Instinto que se mantiene pese a los esfuerzos que se han hecho para que desaparezca. Muerta la participación popular reivindicativa, dormidas las asociaciones de vecinos, desconcertados los sindicatos, enredados los políticos y sus partidos en batallitas internas que, al parecer, les son necesarias para so- -XLVII47 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
48 brevivir... pudiera ser que haya llegado la hora de la intervención en el teatro de la ciudad de otros grupos, otras asociaciones, otros frentes que batallen para recuperar lo perdido, quizá haya llegado la hora de los ecologistas radicales, los okupas, los marginados, los excluidos, los mestizos, los alternativos, los intelectuales rebeldes, los artistas malditos ... Seattle, Washington y Praga son testimonios recientes de una forma nueva y eficaz de intervenir, de asociarse para tomar la iniciativa, de mostrar el descontento, la rabia contra la imposición antidemocrática, a todos los pueblos del mundo, de una política y una economía únicas, de rebelarse solidariamente frente a un Poder que no hemos elegido, cuya nombre desconocemos, pero que nos gobierna despóticamente, sin consultar siquiera a sus delegaciones nacionales. Seattle, Washington y Praga demuestran que es posible, una vez más, intentar colectivamente cambiar el curso de las cosas e iniciar el camino hacia una sociedad menos destructora. NOTAS 1 Breve noticia de La Bestia En Madrid, cada semana, un vehículo privado mata a un peatón y hiere a 35 A PIE, asociación de viandantes La ciudad, sus responsables y ciudadanos en general, bajo la indiscutida LÓGICA DE LA JMPRESCINDIBlLIDAD del vehículo privado, rinden a diario sacrílego culto de latría, al pequeño destructor urbano cuya actividad nociva conocen sobradamente. Este paradigma de ineficiencia energética produce gases tóxicos que envenenan el ambiente; emite ruidos; arroja calor y malos olores; exige cuantiosos gastos en pavimentos, aparcamientos, pasos subterráneos, señales de tráfico, pinturas A menos que la mentalidad humana valide sus pretensiones de superioridad adquiriendo un mejor sentido del que posee hoy, guste o no, no somos más que grillos en el campo, gritándonos unos a otros. Nuestras palabras no tienen ni coherencia ni ningún otro destino que una ampulosa pretensión de superioridad que ignora totalmente nuestras responsabilidades con los otros seres humanos, la sociedad y la naturaleza. Así como la función no debe ser confundida con el hecho, la potencialidad no debe ser confundida con la realidad. Una gran parte de la humanidad no está ni remotamente cerca de comprender sus potencialidades, y menos aún, los elementos y formas para su realización. Una humanidad irrealizada no es en absoluto una humanidad, excepto en el más estrecho sentido biosocial de la palabra. En realidad, una humanidad así es más temible que cualquier otro ser, porque posee lo bastante de esa mentalidad llamada inteligencia como para destruir la vida sobre el planeta. [ ... ] Aún somos una maldición sobre la evolución natural, no su realización. Hasta que nos convirtamos en lo que deberíamos ser, haríamos bien en tener miedo de lo que podemos ser. Murray Bookchin: La ecología de la libertad, la emergencia y la disolución de las jerarquías y barreras; asalta las aceras y los pasos de cebra; ensucia y descompone los monumentos; provoca un chorro de irritaciones, tensiones, insultos y malos modales; etcétera. Y puede matar, tanto al que va al volante como a sus acompañantes, al del vehículo de enfrente, o al desdichado peatón que pasea. Las causas, razones y argumentos que justifican tanta estupidez, devoción y entrega merecen espacio, tiempo y discurso propios. Quede pues para otra oportunidad esta urgente e imprescindible tarea. Madrid, 17 de noviembre de 2000 Luis Miquel -XLVIII-
CITAS Y PRECIOS Es muy duro aceptar que durante más de trescientos años hemos recorrido una ruta equivocada, creyendo ciegamente, inconscientemente, que la voluntad de acumulación de bienes, la propiedad individual, el desafío a la naturaleza son inherentes a la condición humana y conducen a su perfeccionamiento; que el incesante furor del progreso crea indefinidamente orden. Más duro aún es comprender que vivimos casi de prestado; que estamos destrozando el precario equilibrio en que colaboramos con un sinfín de seres para mantener las circunstancias milagrosas en que se desenvuelve lo que existe; que se ha terminado una era y no sabemos muy bien qué es lo que hay hacer para clausurarla e inaugurar la inmediata Lucas Piquer: Utopía, quimera e invitación a la subversión ( 1995) [ ... ]y ante la precisa respuesta del barredendero no tuve más remedio que reconocer la profundidad de las verdades científicas enunciadas por Carnot: que los innecesarios excesos de nuestra sociedad, la confusión entre las necesidades y los lujos, la desmedida valoración de la confortabilidad, la facilidad conque damos rienda suelta a nuestros caprichosos y desmedidos deseos de lujo, [. .. ], todo el armazón que soporta nuestro ocio y endulza la satisfacción de nuestras pasiones, nos conducen irreflexivamente a un género de destrucción de la materia, a una misteriosa forma de dilapidación de la vida cuya vía de despliegue y de confrotación con otros comportamientos primitivos nos es reconocible pero cuyo fin se nos oculta Maree] Proust: La .fugitiva ... pero cualquier actividad natural o humana es entrópic a. Eso no tiene rem edio, es la inapelable ley que fatalmente conduce al fin. Sí tiene remedio la ferocidad con que lo aceleramos. Procuremos ser, por tanto, menos feroces, menos ávidos, menos derrochadores, menos estúpidos; más mesurados, más económicos, más discretos, más inteligentes. Intentemos ser un poco más felices y hagamos lo que esté en nuestra mano para dejar algo más de tiempo, de espacio, de posibilidades de supervivencia a nuestros biznietos y, si pudiera ser, a los biznietos de los biznietos de nuestros biznie tos. J. Cahen, Reflexiones sobre las <<Reflexiones de Leonard-Sadi Carnot sobre la potencia matriz del fuego>> (1828) arenga final Se puede dar la vuelta a la tortilla: impacto medio ambiental podría querer decir también que el medio ambiente impacta sobre algo, choca con algo, es decir su integridad choca, como un proyectil, en el blanco de los intereses del Poder. Lancemos el medio ambiente como una bala contra el Nuevo Orden Mundial] El poeta, dramaturgo, filósofo, médico y político, orador consumado y ardiente demócrata presocrático EMPÉDOCLES DE AGRACAS autor del tratado sobre la naturaleza dijo a mediados del siglo v antes de J.C.: [todas las cosas] ... jamás cesan en su constante cambio, conviniendo unas veces en la unidad por efecto del Amor y separándose otras bajo el odio de la discordia[: .. ] ... el mundo está ahora durante el reinado de la discordia como lo estuvo antes bajo el dominio del amor Circula tanta información y está tan adulterada que, o bien no podemos asimilarla, o bien si la asimilamos nos intoxica. Las diferencias que fundaban los valores han sido abolidas: la diferencia entre bello y feo por la moda, la diferencia entre verdadero y falso por la publicidad, la diferencia entre lo bueno y lo malo por la política. La t elevisión y las revistas del corazón son el pasto habitual de la mayoría de nuestros conciudadanos. Jesús Ibáñez: «Los futuros de la ciudad>> en Sociolog ía de la vida cotidiana -XLIX49 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
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