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Educación para el desarrollo

Gutiérrez Sotelo, Humberto

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347 EDUCACIÓN pARA EL DESARROLLO Humberto gutiérrez Sotelo Nuestro país se encuentra orientado, según sus autoridades, a conseguir un desarrollo en distintos aspectos y áreas, pero básicamente se lo busca en lo económico, tecnológico y por cierto en lo educativo. En estos últimos años el tema de la educación se considera como un asunto de la mayor relevancia tanto para nuestro país como para muchos otros, es así que las opiniones de expertos de variadas disciplinas y organismos internacionales asignan a la educación ser el pilar fundamental sobre el cual los países puedan alcanzar los niveles de desarrollo deseables. Por tanto, hoy no se pone en duda que la educación es la vía para lograrlo, aceptando que mediante ella se puede preparar a la población escolar para los nuevos cambios que estarían ocurriendo a nivel planetario. Esto es lo que se ha denominado “proceso de globalización” en el cual inevitablemente nos encontramos inmersos, concibiendo la educación como la manera en que se ha de preparar y habilitar la población escolar del país para asumir el reto de adaptarse a estas nuevas exigencias, que son consideradas como inevitablemente necesarias, no habiendo modo alguno de eludirlas, asumiendo que la historia universal se orienta ha este desarrollo global. Toda esta manera de pensar pone a la educación en una apremiante situación, ya que de antemano se asume el retraso en el que se está, pues el criterio que se usa es comparativo, es en relación al desarrollo económico y tecnológico que exhibirían los países ya desarrollados. La educación es la vía que permitiría aminorar las diferencias y a la vez la esperanza de alcanzar los niveles y estándares mundiales propios de una nación desarrollada, como también el modo de adaptarse de esta a la globalidad. Todo esto es fundamentalmente el contexto desde donde la educación es mirada actualmente y bajo la cual existen expectativas de lo que debiera permitir para el país. Esta mirada pone a la educación como un modo de adaptarse al supuesto progreso o desarrollo, que tiene su expresión en la denominada “globalización”, es decir, un escenario común en que [348]_Cultura Verde. Ecología, Cultura y Comunicación. 348 todos los países compiten en mercados en el cual prevalecen los de mayor desarrollo. La estrategia por tanto es mirar a las personas como medio para alcanzar tal desarrollo, pero lo hace de manera instrumental, propiciando cada vez mas que el proceso educativo se oriente a la capacitación de la población escolar para desenvolverse eficaz y eficientemente en los nichos económicos y productivos que las autoridades del país (y el mercado) han privilegiado. Se plantea, desde allí, que la globalización es una oportunidad para que nuestro país alcance el desarrollo (con todas sus promesas de bien–estar para todos), situándose como una nación competitiva en los mercados internacionales, concentrando sus esfuerzos en el desarrollo del recurso humano a través de una educación que entregue las herramientas y competencias personales y profesionales necesarias para tener éxito en esta tarea. En este contexto nos parece oportuno invitar a las siguientes reflexiones sobre el rol que se le asigna a la educación para el desarrollo del país. En primer lugar, si, por un lado, el curso seguido por la historia de sistemas vivos en general, y por los seres humanos en particular, es un curso que sigue un camino definido en todo momento por preferencias y deseos. Y, por otra parte, esto es así debido a las emociones y no por las posibilidades o recursos como si éstos lo fueran en sí mismos, porque algo es una posibilidad o es un recurso solamente si se desea. Entonces la globalización será una oportunidad para alcanzar un mayor bien-estar en las comunidades humanas que la realizan, solo si las personas que las integran así lo desean. Si la emoción que sustenta las redes de conversaciones que realizan la globalización tienen como su fundamento la biología del amar, será posible conservar nuestra condición humana en cualesquiera sean los espacios de coordinación de haceres que la globalización involucre. Y en esta trama emocional la educación no será un instrumento para capacitar a las personas para desenvolverse competitivamente en el mundo moderno, sino un espacio que tendrá validez en sí mismo en la conservación de la formación humana como eje articulador de las comunidades educativas. Si ello no fuese así y dejáramos que la trama emocional que orienta nuestro hacer en la globalización fuese la competencia, estaríamos conservando un vivir y convivir centrado en la negación de uno mismo, del otro, la otra o lo otro, propio de la cultura patriarcal/matriarcal que vivimos y realizamos en prácticamente todo el planeta. Y cuyas consecuencias no han sido precisamente de bien-estar sino, por el contrario, de dolor y sufrimiento. Y la educación, en vez de ser una espacio de transformación inconsciente en la convivencia que conserva un vivir y convivir humano centrado en la responsabilidad, libertad y en un hacer ético que surge natural a través de la conservación de nuestro ser seres amorosos, será un espacio de transformación inconsciente en la convivencia que estará conservando un vivir y convivir centrado en la dominación y sumisión, en la desconfianza y el control, en la arrogancia y la agresión. Y ello no es trivial, porque vivimos un momento de nuestra historia en que nos encontramos en una encrucijada emocional que puede seguir un curso de conservación distinto del bien-estar asociado a nuestra condición humana de ser seres que constitutivamente conservan la biología del amar en EDUCACIÓN pARA EL DESARROLLO _Humberto gutiérrez Sotelo_[349] 349 la conservación de su autopoiésis y de la congruencia estructural con el mundo en que vivimos. Esos cursos distintos de conservación pueden seguir la deriva de un Homo Sapiens Arroggans, un Homo Sapiens Aggressans o un Homo Sapiens Amans. Y no será una deriva fuera de nuestro vivir y convivir, será una deriva que estaremos realizando precisamente en nuestro vivir y convivir. Concordamos en que la educación es una tarea fundamental de nuestro vivir y convivir. Pero, ¿por qué razón? O mejor aún, ¿por qué emoción? Entendemos la educación como un proceso inconsciente de transformación en la convivencia y como tal ocurre en todos los espacios de convivencia en que los seres humanos realizamos nuestro vivir. Esto quiere decir, que en todo momento nos estamos transformando con otros, y este ocurrir nos sucede espontáneamente en todas las dimensiones de nuestro convivir, incluido el espacio educativo. Sin embargo, como ya se mencionó el curso de los convivires sigue el curso de las emociones, en consecuencia debemos reflexionar desde que emociones se está conviviendo en los espacios educativos actualmente en nuestros colegios. En lo que respecta a lo concreto del educar no basta perseguir metas ni objetivos por muy seductores que nos parezcan en un primer momento, sino procurar ver los fundamentos desde donde se les ha de realizar, ya que en definitiva no son más que nuestros propios deseos y emociones las que están en juego. Es precisamente desde esta comprensión que podemos actuar y considerar que la educación no es una mera actividad en un país que se orienta a un aparente desarrollo en el que se está obligado a participar. Uno puede desde este entender, admitir que si todo quehacer educativo implica un convivir desde un emocionar que a su vez es el fundamento de tal convivir, poner la atención no en los meros objetivos externos del país ni en las metodologías que enseñan los saberes requeridos para tales objetivos, sino preferentemente, poner la mirada en cómo se convive en estos espacios educativos, en que modo de convivir se está conservando en ellos, pues es siempre desde un modo particular de convivir desde el cual se harán todos los haceres. El país es fruto de los convivires que ocurren en él, de modo que lo primero que debe surgir de los colegios no es un trabajador, técnico, profesional, etc. Sino que fundamentalmente un ciudadano autónomo y responsable, con conciencia ética y social, que desde estas dimensiones sea capaz de realizar cualquier trabajo y labor en su vivir, procurando que se alcance el bienestar tanto personal como colectivo. Para que esto sea posible la tarea de educar tendría que ser vista como una convivencia social, en donde se conserve en todas las dimensiones posibles la biología del amar que nos da origen al modo de vida humana que hasta hoy día conservamos. Es desde este modo de convivir que el respeto mutuo puede darse, y donde las presencias de las personas pueden darse en relaciones de confianza y de allí en colaboración. Con todo esto no solo se está construyendo un modo de vivir escolar, sino simultáneamente un modo de convivir ciudadano que sería el fundamento humano de un país, y desde el cual no solo se estaría en condiciones de hacer cualquier proyecto que implique desarrollo, aunque no tanto en la subordinación a otros países, sino que cualquier proyecto país que sostengamos lo haremos según nuestros propios [350]_Cultura Verde. Ecología, Cultura y Comunicación. 350 deseos, dándonos la autonomía ciudadana para decidir lo que se desea vivir. Así la educación no está en el futuro, sino que en un presente en el que los deseos que nos lleva en determinadas direcciones hacen que estas se vivan como lo que se deseo vivir en algún momento de nuestra convivencia. La educación de un país es un modo de convivencia, por tanto se le debe cuidar, procurando tanto que su proceso no sea reducido al mero espacio y tiempo de las aulas, como que tampoco se encuentre como proyecto competitivo externo, sino que aceptar que este proceso se encuentre primeramente inserto en la misma comunidad humana a donde se pertenece. El país no tiene educación sino se educa a sí mismo, no puede surgir una educación distinta a los modos de vida que están ocurriendo en el presente de este mismo país. Por lo tanto, no es un asunto que puede tratarse externamente, la tarea educativa no puede reducirse a un fenómeno mercantil donde se sacan productos intelectuales y objetos de consumo en vez de personas. Es precisamente la calidad de nosotros como personas, no como producto final sino como resultado de un proceso de convivencia que nos lleva en tal o cual dirección, no como un fenómeno ajeno a nuestro convivir sino desde que desde nuestro propio convivir. Y todo esto se hace desde nuestros deseos y emociones, por lo que puede entenderse que si se tiene el deseo de educa, lo que se está deseando fundamentalmente es el bienestar colectivo y para hacerlo posible se debe actuar en coherencia con estos deseos, si esto no ocurre se podría desear un futuro competitivo y dejar como cuestión secundaria el bienestar colectivo y social. En consecuencia, se necesita de un mirar ético que no permita la enajenación, sino el aceptar que somos nosotros los que deseamos y que estos deseos son dimensiones propias y amplificadoras de nuestro vivir, asumiendo sus consecuencias en el convivir. Nos parece que educar para el desarrollo no es otra cosa que tomar conciencia de todo esto y llevar adelante tanto en discursos como en acciones la concreción de estos deseos. El espacio educativo es la condición fundamental desde donde puede surgir un humano sapiens amans con conciencia social, para ello hay que conservar el modo de convivir que lo hace posible. Al hacerlo resultará un país humanamente vivible, surgiendo naturalmente los deseos de participar en él, por sentirse cada uno de nosotros como un ciudadano en el bienestar individual y colectivo en todo el presente cotidiano de nuestro vivir y convivir. EDUCACIÓN SUSTENTABLE Hoy en día se admite que la educación debe abandonar el modelo tradicional según el cual la tarea de educar consiste en la entrega de conocimientos e información, reduciendo la presencia de los educandos tan solo a un escuchar pasivo. Pero este planteamiento no deja de ser un argumento meramente discursivo que no se articula con la práctica cotidiana del quehacer educativo. En especial se revela ante la importancia que se le da a las metodologías y al uso de tecnologías en los colegios, dejando en un segundo plano lo propiamente humano como es la convivencia social que acontece entre alumnos, profesores y padres. EDUCACIÓN pARA EL DESARROLLO _Humberto gutiérrez Sotelo_[351] 351 Al hacerlo de esta manera se empobrece el proceso al amarrarlo a objetivos que fijan de antemano el curso del proceso educativo, dando como consecuencias de su aplicación la exigencia por cumplir con lo planificado y con ello produciendo una constante presión y por consiguiente tensión y malestar en las personas, afectando directamente tanto alumnos como profesores. Y así lo que se suponía debía cambiar, en la práctica se sigue conservando, haciendo de los jóvenes y niños meros sujetos pasivos y respecto de los profesores meros cumplidores de programas o simples usuarios de tecnologías. ¿Cuál es la consecuencia? La falta de autonomía pues se restringe el espacio de convivencia que es desde donde se realiza todo proceso formador, que por su dinámica requiere de la participación activa, pero lo más importante es la espontaneidad con que este proceso ocurre. Es decir, todo el proceso educativo o de aprendizaje ocurre en todo momento de modo espontáneo, en un proceso inconsciente de transformación en la propia convivencia. Inexorablemente acontece que los niños han de transformarse con los adultos según cómo vivan su vivir y convivir con ellos y ellas en el espacio en que se encuentren. Es esta convivencia mutua lo central del llamado espacio educativo. Desde esta perspectiva, está en el vivir y convivir de los propios adultos el mundo que han de vivir y convivir más tarde los niños y niñas en su vivir como ciudadanos adultos y adultas. Esto quiere decir que si actualmente estos adultos educadores viven en la exigencia, en el malestar de estar haciendo lo que están haciendo, será obviamente desde este trasfondo emocional que los niños aprenderán a sus profesores o maestros el malestar o exigencia de este convivir. Por tanto no es cierto que las metodologías, planificaciones o tecnologías sean lo fundamental en este quehacer, sino lo verdaderamente importante radica en la propia convivencia, en como se vive lo que se vive y convive. Un adulto que se respeta a sí mismo y a otros, es posibilitador de espacios de cercanía afectiva, por ende, hace posible la presencia de otros, modulando los convivires en la ampliación del sentir y del pensar. Ampliando la consensualidad del espacio educativo, sin ningún artificio mediador que no sea su propio deseo de sentirse en el bienestar de estar compartiendo con otros. En este caso los niños y niñas aprenden directamente el modo de vivir, de moverse de este adulto, centrando el proceso educativo en un acoplamiento de sus vivires. En consecuencia, los niños y niñas no aprenden lecciones sino que primeramente aprenden al propio profesor, cómo este adulto se siente en el bienestar o no, de estar con ellos y ellas. En una convivencia de esta modalidad que está centrada en el respeto y la autonomía, y que como consecuencia es amplificadora del comprender, no se está en la enajenación individual pues se está en el centro del convivir social que posibilita una conciencia social y con ella un vivir en la multidimensionalidad de dominios, que abre el comprender al entorno tanto individual como colectivo. Para que esto sea vivible se requiere de un adulto que se mueva con los niños y niñas en la apertura emocional que posibilite la expansión de la consensualidad del convivir, ampliando la comprensión de los niños y niñas del mundo humano en el que se está, no como una dimensión externa y ajena sino como modos de vivir deseables o no deseables desde el propio vivir humano. Se requiere también de la comprensión que este modo de vivir no ocurre en el vacío sino en un [352]_Cultura Verde. Ecología, Cultura y Comunicación. 352 entorno natural que los contiene como a cualquier otro ser vivo, y que como tal está en aceptar que nuestra responsabilidad no solo se relaciona con los demás seres humanos sino también con otros seres vivos y con el nicho que los contiene. Se requiere darse cuenta que formamos parte de la trama relacional de todos los seres vivientes del planeta, y que por tener conciencia de ello somos responsables de este devenir, que ya no constituye una biosfera sino una homosfera, debido a que somos nosotros como especie humana los que incidimos mayormente en estos procesos generando un mundo que forma parte del mundo natural que nos rodea. EDUCACIÓN pARA EL DESARROLLO _Humberto gutiérrez Sotelo_[353] 353 CURRICULUM VITAE Humberto Gutiérrez Sotelo es Licenciado en Filosofía por la Universidad de Chile y magíster en Psicología Social por Universidad ARCIS y Universidad Autónoma de Madrid. Docente e investigador del Instituto Matríztico.