Fernán Caballero. La escritora y su tiempo
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Fernán Caballero La escritora y su tiempo
Antonio F. Caballos Rufino y Mercedes Comellas Aguirrezábal (eds.) Fernán Caballero La escritora y su tiempo Real Academia Sevillana de Buenas Letras Sevilla, 2023
Papeles de la Academia Nº2 RASBL Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro pueden reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación, sin permiso escrito de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Motivo de cubierta: Retrato de juventud de Cecilia Böhl de Faber (Real Academia Sevillana de Buenas Letras). © Real Academia Sevillana de Buenas Letras. C/ Abades, 14 - 41004 Sevilla. Tfno.: 954 225 174. Correo electrónico: [email protected] Web: https://academiasevillanadebuenasletras.org/ © Antonio F. Caballos Rufino y Mercedes Comellas Aguirrezábal (Editores científicos), 2023. © Por los textos, los autores, 2023. Versión digital de la versión impresa con ISBN: 978-84-09-55838-4 Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional CC BY-NC-ND
ÍNDICE Eva Díaz Pérez Fernán Caballero: un desafío para la modernidad .... 9 Antonio F. Caballos Rufino La Real Academia Sevillana de Buenas Letras y FernánCaballero ................................ 13 Rafael Sánchez Mantero Fernán Caballero: unaescritora costumbrista entiempos de revoluciones ........................ 59 Enrique V aldivieso González Fernán Caballero y la pintura sevillana de su época ... 71 Montserrat Amores García Fernán Caballero, matriarca del folclore español ..... 87 Mercedes Comellas Aguirrezábal Fernán Caballero, autoraexperimental ............. 105 Rogelio Reyes Cano Una muestra de la escritura de FernánCaballero sobre Andalucía: Laestrella de Vandalia ................. 131
Fernán Caballero: la escritora y su tiempo. A. Caballos y M. Comellas (eds.), Sevilla, RASBL, 2023, pp. 9-12. 9 FERNÁN CABALLERO: UN DESAFÍO PARA LA MODERNIDAD Eva Díaz Pérez Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Escritora y periodista En un lugar silencioso y casi en penumbra de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras descubrimos una niebla del pasado, un aroma de libros escritos en tardes de hace siglos. Quizás es posible oír el rasguear de una pluma, una página pasada con lentitud, los pasos de alguien que busca un libro en la biblioteca. Y, forzando las ficciones librescas, podríamos ver a una mujer que escribe en silencio. Es Cecilia Böhl de Faber rodeada de papeles, libros, cartas y devocionarios. De vez en cuando observa el crucifijo de marfil que permanece en su escritorio de caoba. La mesa que usó hasta su muerte un día de lluvia de abril de 1877. En la Real Academia Sevillana de Buenas Letras se guardan preciosos objetos de la escritora que firmó con el seudónimo Fernán Caballero. Quizás por eso su espectro aún vaga por estas vetustas
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 16 futura faceta de escritora pública, renovadora del panorama literario y, como la autora más traducida de su tiempo, referente allende nuestras fronteras de la cultura y tradiciones españolas.5 En el Puerto de Santa María conoció Cecilia Böhl de Faber a Francisco de Paula Ruiz del Arco y Ponce de León, marqués de Arco Hermoso, que tenía casa allí, y con el que se casó el 26 de marzo de 1822 en Sevilla. La residencia familiar estaba en la aristocrática plaza de San Vicente de la ciudad del Guadalquivir, a la que Arco Hermoso sumaba una serie de propiedades en la cercana Dos Hermanas y sus alrededores. Así que en esta última localidad y, en concreto en la hacienda «La Palma», fue donde Cecilia vio transcurrir los primeros meses de su matrimonio. Un cambio radical de ambiente: de la Bahía gaditana a las campiñas del Bajo Guadalquivir, otro paisaje y otro paisanaje, que habrían de resultarles sumamente atractivos por contraste con los que hasta entonces le eran familiares, tanto los de Hamburgo, como los de Cádiz. No podemos remontar a esta primera etapa sevillana de Cecilia Böhl de Faber los inicios de unas cercanas relaciones con la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Los contactos trabados por entonces en Sevilla serían, más que con sus mermados sectores intelectuales, con los ambientes aristocráticos, especialmente con aquellas familias con las que poseían vínculos o irían a entroncar pronto, como los Marqueses de Castilleja del Campo, de Marchelina, de Saltillo y otros. Por su parte, la Academia se encontraba por entonces en una muy difícil situación. Al aparatoso incendio que sufrió su sede en la sala Cantarera del Real Alcázar de Sevilla el 20 de noviembre 5. Mercedes Comellas, «Cecilia Böhl y la invención de Fernán Caballero: vida y obra de una escritora incómoda», en M. Comellas, ed.ª y coord.ª, Fernán Caballero: escritura y contradicción, Sevilla, Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, Junta de Andalucía, 2022, p. 53.
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 17 de 1807, se sumaron sin solución de continuidad los traumáticos acontecimientos del año 1808, con la revolución popular de los días 26 y 27 de mayo, la muerte de Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, III Conde del Águila, la constitución de la Junta Suprema de España e Indias en el Alcázar y los sucesos posteriores, con la llegada el 19 de diciembre de la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino —presidida desde el 27 de mayo en Madrid por el Regente Juan Francisco Arias de Saavedra y Sangronís—. Finalmente, la invasión de las tropas francesas el 1 de febrero de 2010 y los correspondientes expolios, con la fijación de la residencia de José I en el Alcázar y la instalación también allí de su gobierno6, habría de suponer para la Academia la pérdida definitiva de su primitivo domicilio. Además de experimentar la desaparición de muchos de sus bienes, la actividad académica quedó interrumpida abruptamente; no siendo menos lesivo el sexenio absolutista, que acabó por dispersar a los académicos7. 6. Entre las numerosas referencias, véanse Manuel Moreno Alonso, La revolución «santa» de Sevilla (la revuelta popular de 1808), Sevilla, Caja de Ahorros San Fernando de Sevilla y Jerez, 1997; id., El Alcázar de Sevilla en la Guerra de la Independencia: un lugar de memoria nacional, Sevilla, Patronato del Real Alcázar, 2010; id., Sevilla napoleónica, Sevilla, Alfar, 1995 (= Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2011); Manuel Moreno Alonso, ed., Francisco de Saavedra. La Rebelión de las Provincias en España. Los grandes días de la Junta Suprema de Sevilla. 1808-1810, Sevilla, Alfar, 2011; José Antonio López Rodríguez, «Eusebio de Herrera, Gobernador de Sevilla y del Alcázar durante la Guerra de la Independencia», Hidalguía 379 (2018), pp. 603639 y Manuel Gómez del Valle, Andalucía durante la ocupación francesa (18101812). Repercusiones en las provincias de Huelva y Sevilla, Sevilla, Universidad de Sevilla (Tesis Doctoral inédita), 2019. 7. Rogelio Reyes Cano, «La vida cultural de Sevilla durante la Guerra de la Independencia: el drama de los afrancesados», Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras 37 (2009), pp. 245-260.
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 18 La restauración de la Academia por Manuel María del Mármol en 1820, acogidos provisionalmente los nuevos académicos en la Iglesia de San Hermenegildo, fue inicialmente muy efímera, por el final del Trienio Constitucional y el retorno del Absolutismo. Así, el año 1823 no pudieron celebrarse sesiones y en marzo de ese año la Academia fue desalojada del que había sido su alojamiento interino. Tras una etapa en la que estuvo de nuevo en suspenso su actividad, se inició una nueva época con la convocatoria de los académicos el 20 de noviembre de 1825 en el Hospital del Espíritu Santo, ubicado en la antigua calle de Colcheros, actual calle Tetuán. En 1826, durante la Década Ominosa, se forzó la salida del liberal Manuel María del Mármol, sustituido como hombre de peso por el absolutista Francisco del Cerro, hasta que, con la muerte de Fernando VII en 1833, cambiaron las tornas, alzándose de nuevo Manuel María del Mármol con la dirección de la Institución hasta su muerte en 18408. Bajo el mandato de éste, la Academia, que había manifestado su lealtad a Isabel II, recibió en 1835, de resultas de la Desamortización, el edificio del colegio de San Alberto, cerca de la parroquia de San Isidoro, para establecer aquí su domicilio; aunque las escaseces financieras para llevar a cabo las necesarias obras de adaptación dificultaron una adecuada radicación. A Mármol le sucedió como director Alberto Lista9, quien sólo estuvo un año en el cargo, 8. Juan Rey Fuentes, «Manuel María del Mármol y la Real Academia Sevillana de Buenas Letras (segunda época)», Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras 20 (1992), pp. 185-195. 9. Alberto Rodríguez de Lista y Aragón (Sevilla,15 de octubre de 1775-5 de octubre de 1848), que, como afrancesado y partidario en su momento de JoséI Bonaparte y del mariscal Soult, tuvo que exiliarse al final de la Guerra de Liberación, dejó una profunda huella y múltiples seguidores y discípulos en la intelectualidad sevillana de la época, entre ellos en los propios académicos de Buenas Letras.
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 19 siendo sustituido por Francisco del Cerro, que volvió a ser director de la Academia de 1842 a 1845. Entretanto, la situación política no había sido menos complicada para el marqués de Arco Hermoso, marido de Cecilia Böhl de Faber, debido a sus tendencias liberales. La venida de Luis Antonio de Borbón, Duque de Angulema y primo de Fernando VII, al frente de los Cien mil hijos de San Luis, auguraba graves consecuencias para los liberales, por lo que Cecilia y su marido se marcharon prudentemente al Puerto de Santa María en junio de 182310. Tranquilizada la situación, de vuelta a Sevilla y en Dos Hermanas, las costumbres de estas gentes nazarenas, cuyas historias y tradiciones comenzó a recopilar Cecilia Böhl de Faber, compondrían el ambiente y la base argumental de muchas de sus más famosas narraciones11. De allí surgieron el argumento de La familia de Alvareda, escrita inicialmente en alemán, y Elia, en francés, que no se publicaron hasta mucho después. Serían años fructíferos y, además, los más felices en la vida de Cecilia, cuando a la tertulia organizada en su casa, además de tantos próceres y hombres de letras españoles, acudían extranjeros de la talla del barón Taylor en 1826 o de Washington Irving en 1828. Pero poco habría de durarle la felicidad a Cecilia. Su marido, Francisco Ruiz del Arco, marqués de Arco Hermoso, murió el 7 de 10. El 11 de junio de 1823 el gobierno y las Cortes, entonces en Sevilla, ante la inminencia de la llegada a la ciudad de los Cien mil hijos de San Luis, decidieron trasladarse a Cádiz, llevándose contra su voluntad al rey y a la familia real. El día 13, debido a la violencia desatada en Sevilla en la conocida como «Jornada de San Antonio», Cecilia Böhl de Faber se marchó al Puerto de Santa María, a donde llegaría también su marido el día 16, poco antes de que, el día 21, entrasen los franceses en Sevilla. 11. Pedro Sánchez Núñez, «Fernán Caballero y Dos Hermanas», Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras 27 (1999), pp. 97-125; Id., coord., Fernán Caballero y Dos Hermanas, Sevilla, Excmo. Ayto. de Dos Hermanas, 2022.
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 20 mayo de 1835 sin dejarle descendencia. A este trágico y nuevo revés de la fortuna se sumó al año siguiente la muerte de su amado padre, Juan Nicolás Böhl de Faber, tras lo que Cecilia se trasladó a vivir con su madre de nuevo a El Puerto de Santa María. Su vida dio así, una vez más, un vuelco radical, en ambiente y relaciones. Allí, en El Puerto de Santa María, a los dos años, el 17 de agosto de 1837, volvió a casarse, por tercera y última vez, con el abogado rondeño Antonio Arrom y Morales de Ayala. éste sólo con 23 años, aquélla ya con 41, motivo de crítica y de disolución de muchos de los lazos sociales previos12. Hasta 1838, en que murió Frasquita Larrea, la madre de Cecilia, el matrimonio Arrom-Böhl de Faber vivió primero en Sevilla, luego en Jerez hasta 1848. No sabemos si marcharon a continuación por unos meses a Chiclana o si se instalaron directamente en El Puerto de Santa María, donde la pareja tuvo residencia permanente hasta 1854 en una casa heredada de Juan Nicolás Böhl de Faber en la calle Santo Domingo nº 20. En El Puerto vivía también su querida hermana Aurora, casada precisamente con Thomas Osborne Mann, inglés asentado en Cádiz, socio mayoritario de Duff-Gordon, que logró brillantemente sumar a la actividad financiera y comercial también su dedicación al desarrollo de la producción agroindustrial vitivinícola, dando origen a una de las mayores empresas vinateras del marco de Jerez y El Puerto de Santa María. El hijo de éstos, Thomas Osborne y Böhl de Faber, sería trascendental báculo en la vejez de Cecilia Böhl de Faber, carente ésta de descendencia directa. Fue en esta nueva etapa portuense, cuando, a instancias de su nuevo marido, inició Cecilia, bajo el pseudónimo de Fernán Caballero —el pueblo de Ciudad Real que le pareció sonoro y viril 12. Carlos M. Fernández-Shaw, Antonio Arrom de Ayala, primer cónsul de España en Australia (1853-59) y su esposa Cecilia Böhl de Faber, Fernán Caballero, Madrid, Secretaría General Técnica del Ministerio de Asuntos Exteriores, 1988.
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 21 como nombre de autor—, la publicación de sus obras, muchas de las cuales había ido elaborando con anterioridad y permanecían inéditas hasta entonces. Así, entre 1849 y 1853 se editó lo mejor de su producción narrativa. En 1849 aparecieron publicadas en forma de entregas en el periódico El Heraldo, dirigido por José Joaquín de Mora, amigo de sus padres, La Gaviota, La familia de Alvareda, Una en otra o Lágrimas. El año 1852, en que se publicaron sus Cuadros de costumbres populares andaluces, supuso una inflexión en esta exitosa trayectoria, por el fracaso en las expectativas de la novela Clemencia; desvelándose a la par, por una indiscreción de su editor, la identidad de Fernán Caballero como pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber. De forma paralela al crecimiento de su fama literaria, el derroche del patrimonio heredado y los fracasos financieros llevaron a la bancarrota familiar en 1853 y forzaron, como escape honroso, la marcha de Arrom a Australia, nombrado por Isabel II, a instancias de los comerciantes de Cádiz y por intermediación de su cuñado Tomas Osborne, primer cónsul español en Sidney. Cecilia, renunciando a acompañar a su marido en el viaje a Australia, que por entonces duraba tres meses, se vio obligada a abandonar El Puerto, pasando a residir en Chiclana. Posiblemente ya en 1850 habría conocido Cecilia al historiador Antonio de Latour —Antoine Tenant de Latour—, secretario personal de Antonio de Orleans. éste, hijo menor del rey Luis Felipe de Francia y duque de Montpensier, casado en 1846 con María Luisa Fernanda de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, hermana de la reina Isabel II, había acabado asentado finalmente en Sevilla tras la revolución de 184813. Por intermediación de Antonio de Latour, al que le ligaría una estrecha amistad el resto de su vida, en 1853 conoció 13. Manuel Bruña Cuevas, «Antoine de Latour (1808-1881), intermediario cultural entre España y Francia», Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras 39 (2011), pp. 329-351.
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 22 Cecilia también personalmente a los Duques de Montpensier en su corte de verano en Sanlúcar de Barrameda. A Sanlúcar trasladó la escritora su propio domicilio en 1855 y, cuando en 1856 apareció la primera edición en forma de libro de La familia de Alvareda, publicado por la imprenta de Francisco de Paula Mellado y con prólogo del Duque de Rivas, un ejemplar fue para los Montpensier, con cuyo apoyo y cercanía contaría Cecilia el resto de su vida, con todo lo muchísimo que estos altos avales implicaban. Las relaciones con los Duques se ampliaron a las mantenidas luego con Isabel II y su esposo y primo Francisco de Asís de Borbón. Si el segundo se puso epistolarmente en contacto con la escritora para felicitarle por sus éxitos literarios, por intermediación de éste, la reina tuvo bajo su protección a Cecilia Böhl de Faber, asignándole una casa del Patrimonio Real en el Patio de Banderas, anejo al Alcázar de Sevilla, a donde se trasladó la escritora en febrero de 1857. Por segunda vez recalaba en Sevilla, ahora para hacer de ésta su ciudad definitiva, aquélla en la que viviría el resto de sus días. El año siguiente, en 1858, tuvo un último encuentro con su marido Antonio Arrom, que la visitó en Sevilla, sin conseguir tampoco que su mujer se aviniese a acompañarle al otro extremo del mundo. ¡Qué lejos estaba de barruntar la tragedia que le acechaba! En Londres, de vuelta a Sidney, se enteró Arrom de que su socio se había fugado, dejándole arruinado y debiendo afrontar múltiples deudas. Solo y atormentado por la situación, se suicidó de un disparo de pistola el 14 de abril de 1859 en el Blenheim Park. Por tercera vez viuda, ahora ya definitivamente, a partir de entonces la escritora llevó una vida retirada, eclipsada Cecilia Böhl de Faber por su alias Fernán Caballero. Muertos sus padres, habiendo vivido su hermano Juan Jacobo siempre en Alemania, le quedaban sus hermanas: la segunda de la familia, Aurora, mujer de Thomas Osborne Mann, con el que tuvo amplia descendencia, y la menor, Ángela, viuda del general francés Gabriel Henri Chatry de la Fosse
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 23 y casada de nuevo con Fermín de Iribarren Ortuño. Pero le quedaba también su círculo de amigos españoles y extranjeros, con quienes habría de compartir una prolífica correspondencia, ventana abierta al mundo en su retiro hispalense, donde la escritura se había convertido en su medio de subsistencia. Entre los más próximos amigos, los radicados en Sevilla, el primero Antonio de Latour. Luego, por supuesto, los Montpensier y sus hijos, con los que el trato era plenamente familiar. Pero también otros. Vecino suyo en otra casa del Patio de Banderas era su amigo Joaquín Domínguez Bécquer (8 de octubre de 1816-26 de julio de 1879)14, pintor de cámara de los Montpensier, que tenía su estudio en las habitaciones sobre el apeadero del Alcázar15. Este pintor era desde 1848 académico honorario y desde 1857 académico de número de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras16, en la que Cecilia iba a contar también con la amistad de otros muy señalados miembros. Fueron veinte los años que vivió Cecilia Böhl de Faber en esta última etapa de su vida en Sevilla: desde su llegada en febrero de 1857, ya en la sexta década de su vida, hasta su fallecimiento el 7 de abril de 1877. La primera parte de esta estancia en Sevilla, la socialmente más activa, coincide con la de su residencia en la casa del Patio de Banderas. La Academia estuvo dirigida la mayor parte de 14. Tío segundo del poeta Gustavo Adolfo Bécquer y de su hermano Valeriano, asimismo pintor. 15. Jesús Rubio Jiménez y Manuel Piñanes García-Olías, Joaquín Domínguez Bécquer. El guardián del Real Alcázar de Sevilla, Sevilla, ICAS, 2014. Antonio Arrom, tercer esposo de Cecilia y gran aficionado a la pintura, fue amigo personal de Joaquín Domínguez Bécquer, como me apunta Mercedes Comellas y se lee en las cartas personales de la autora, que también tuvo al pintor entre sus corresponsales epistolares y del que hay frecuentes noticias en dicha correspondencia. 16. En agradecimiento por haber pintado y donado a la Academia un retrato de Alberto Lista.
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 24 este período por el abogado Francisco de Paula Álvarez Martínez, ingresado en esta corporación el 20 de septiembre de 182017, quien desempeñó el cargo de censor en época de Mármol, entre 1833 y 1836, y fue director de la Academia veinte años, entre 1845 y su fallecimiento en 1864. El 9 de mayo de 1858, bajo su mandato, ingresó en la Institución Antonio de Latour y, por la proximidad entre ambos, fue precisamente a Francisco de Paula Álvarez al que le cupo pronunciar el discurso de contestación al de ingreso. Cecilia Böhl de Faber acababa de domiciliarse en Sevilla el año anterior. Aunque no tenemos constancia documental de ello, es altamente verosímil la posibilidad de que aquélla hubiera estado presente en un acto público de tanta significación para un amigo tan próximo como era el secretario de los Duques de Montpensier. Los estrechos vínculos de Fernán Caballero con la Academia durante su estancia en el Patio de Banderas del Alcázar los evidencia Santiago Montoto en un apunte de su biografía de la escritora que me señala Mercedes Comellas: Cecilia es la consulesa del Alcázar. Quien quiere algo del palacio, a ella acude, fiado en la esperanza de su influencia con los reyes. Así interviene en un chusco lance con la Academia de Buenas Letras. Deseaba la corporación volver a ocupar un departamento que en el palacio le habían concedido los reyes, del que fue desalojada por necesitarse el local para que lo habitara la infanta doña María Luisa. Una vez que los Montpensier se trasladaron al Palacio de San Telmo, «La Academia —copio de una carta de Fernán Caballero, que saqué a luz— volvió a pedir el local, que no pudo obtener del señor Mesa, que halló más conveniente que fuese ocupado aquel salón ... por burras de leche». Doña Cecilia se interesó vivamente por este asunto; pidió, por 17. Aunque no hay constancia de que asistiese a sus sesiones hasta finales de 1832.
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 25 mediación del secretario de Montpensier, que se accediese a los deseos de la Academia, pidiéndoselo a los infantes y a la Reina. A pesar de tan poderosa influencia, los académicos no lograron sus deseos, y doña Cecilia volvía a escribir al secretario de SS. AA. RR.: «Tengo que repetir muchas veces la dulce palabra gracias. Recíbalas usted por haberse interesado en la petición justa de la Academia. La rivalidad de los Académicos con las burras de leche no es de ahora sino de tiempos de Mesa18. La rivalidad de ahora es con la soledad y las arañas, las que como industriales y manufactureras, están sobre sí, y no creen posible que en la era presente se dé preferencia sobre ellas a las ociosas musas»19. Los dos más significativos personajes que habrían de protagonizar la historia de la Academia los quince años posteriores al fallecimiento de Francisco de Paula Álvarez Martínez fueron José María Fernández Espino20 y Fernando de Gabriel Ruiz de Apodaca, ambos estrechamente relacionados con Cecilia Böhl de Faber, especialmente el segundo21. Junto a los anteriores y a otros académicos22, de 18. Diego de Mesa, que también había intentado desalojar a Joaquín Domínguez Bécquer de su taller de pintura y restauración del Alcázar en el apeadero del edificio. 19. Santiago Montoto de Sedas, Fernán Caballero, algo más que una biografía, Sevilla, Gráficas del Sur, 1969, pp. 296-297. 20. Diego Caro Cancela, «Fernández Espino, José», Diccionario biográfico de parlamentarios de Andalucía, 1810-1869, Sevilla, Centro de Estudios Andaluces, 2010, vol. I (A-G), pp. 474-475. 21. Mª José Ramos Rovi, «Fernando Gabriel y Ruiz de Apodaca», Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, ed. digital en red, s.v. (https://dbe.rah.es/biografias/54009/fernando-gabriel-y-ruiz-de-apodaca; consultado por última vez el 06.04.2023). 22. Como, por ejemplo, los hermanos José Amador (1816-1878) y Demetrio de los Ríos (1827-1892), el primero (historiador y literato, discípulo en Sevilla de Manuel María del Mármol, coeditor con Juan José Bueno y Le Roux, miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Bellas Artes de
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 32 más adelante; como la edición en el Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras de otro breve texto original de la autora: El viaje de Mister John Bell30. Pero no fue Fray Diego de Valencina el único académico especialmente interesado en la figura de nuestra autora. Siguiendo su senda, el historiador Santiago Montoto de Sedas (Sevilla, 24 de abril de 1890-31 de octubre de 1973), académico de número de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras desde 1913 y correspondiente de la Real Academia de la Historia, fue editor de sucesivas entregas de cartas inéditas de Fernán Caballero31. Dejando al margen el anecdotario acrítico de un amigo estrecho de la escritora como fue el jesuita Padre Coloma32, se debe a Santiago Montoto la que puede considerarse la biografía clásica de ésta: Fernán Caballero: algo más que una biografía33. El legado documental de Montoto, hoy en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, contiene múltiples documentos de significación en relación con nuestra autora, algunos procedentes de Fray Diego de Valencina y con comentarios de éste34. 30. R. P. Fray Diego de Valencina, «El viaje de Mister John Bell, original de Fernán Caballero», Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras 60 (1932), pp. 20-31; edición a partir del texto original que conservaba el propio Fray Diego más completa y fiel que la del padre Luis Coloma en Recuerdos de Fernán Caballero, Bilbao, 1910, pp. 355-366. 31. Boletín de la Real Academia Española XXXIV, 1954, pp. 383-414; XXXVI, 1956, pp. 29-64, pp. 227-254 y pp. 463-480; XXXVII, 1957, pp. 85-134 y pp. 299308; LX, 1960, pp. 401-540. Cartas inéditas de Fernán Caballero, edición de Santiago Montoto, Madrid, ed. Aguirre Torre, 1961. 32. Recuerdos de Fernán Caballero, Bilbao, Corazón de Jesús (s. a.) [1910]. Véase, e. g., Francisco Javier Herrero Saura, «El testimonio del padre Coloma sobre Fernán Caballero», Bulletin of Hispanic Studies, vol. XLI, nº 1 (1964), pp. 40-50. 33. Sevilla, Gráficas del Sur, 1969. 34. Marta Palenque Sánchez, «Luis y Santiago Montoto», en Eduardo Peñalver Gómez, coord., Fondos y procedencias: Bibliotecas en la Biblioteca de la
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 33 Al hilo del interés suscitado por los estudios de Fray Diego de Valencina sobre Fernán Caballero, el por entonces académico-bibliotecario y posteriormente —desde 1951 a 1972— director de la Academia, José Sebastián y Bandarán, presentó públicamente en 1925 una iniciativa, de la que se hizo eco El Correo de Andalucía el 20de mayo de ese año, para el traslado de los restos de Cecilia Böhl de Faber desde el cementerio de San Fernando de Sevilla al Panteón de Sevillanos Ilustres en la cripta de la Iglesia de la Anunciación; entendiendo que la iniciativa al respecto debía corresponderle a la Academia. Sin embargo, esta pretensión sólo pudo hacerse realidad mucho más tarde, en mayo de 1999, gracias también a otro director de la Academia, Eduardo Ybarra Hidalgo, de ilustre familia emparentada con la de Cecilia Böhl de Faber35. Los actos que se celebraron con ocasión del traslado entonces de sus restos, organizados por la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, el Ayuntamiento y la Universidad de Sevilla, tuvieron lugar entre los días 11 y 15 de mayo de 1999. Primero se ofrecieron una serie de conferencias y lecturas poéticas, en las que intervino el propio Eduardo Ybarra Hidalgo sobre el tema: «Fernán Caballero en Sevilla». El 14 de mayo, los restos de Cecilia Böhl fueron exhumados y trasladados a la Academia, tras lo que el día 15 fueron depositados en el Panteón de Sevillanos Ilustres. De resultas de ello, la Academia conserva Universidad de Sevilla, Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2013, pp. 377-387. 35. Puesto que Tomás Osborne Böhl de Faber, casado con Enriqueta Guezala Power, era padre de Emilia Osborne Guezala, quien contrajo matrimonio en la Iglesia Prioral del Puerto de Santa María el 31 de octubre de 1888 con el empresario y político sevillano Tomás Ybarra González (Sevilla, 16 de diciembre de 1847 - 20 de noviembre de 1916), éste por tercera vez (María Sierra Alonso, La familia Ybarra, empresarios y políticos, Sevilla, Muñoz Moya y Montraveta, 1992).
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 34 entre su patrimonio también la lápida de la primitiva tumba de Cecilia Böhl de Faber en el cementerio de Sevilla36 (fig. 3). No es éste el único objeto personal de Cecilia Böhl de Faber que llegó a formar parte de los bienes patrimoniales de la Academia. Mucho antes del traslado de sus restos, el 25 de mayo de 1925, la Vizcondesa de la Fuente de Doña María, la jerezana María Ureta Lambarri, casada con Tomás de Rueda y Osborne, descendiente 36. Su texto dice: «R. I. † P. A. / Rogad a Dios en caridad por el alma / de la Sra. Dª. Cecilia Böhl / de Faber y Larrea / (Fernán Caballero) / que falleció el 7 de abril de 1877 / a la edad de 80 años. / Sus desconsolados sobrinos le dedican / este recuerdo en memoria / de sus virtudes». Figura 3. Lápida funeraria que tuvo la escritora en el cementerio de San Fernando de Sevilla (conservada en la sede de la RASBL).
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 35 por vía materna de Aurora Böhl de Faber, la hermana de Cecilia37, le pidió su intercesión al fraile franciscano Fray Diego de Valencina para que fueran adquiridos por la Academia los siguientes muebles, retratos y papeles de la escritora38: 1.- Mesa-escritorio que usó hasta su muerte39 (fig. 4). 2.- Crucifijo de marfil que tenía sobre la mesa (fig. 5). 3.- El sillón de su uso40. 4.- Una fotografía del gabinete de trabajo, tal como quedó el día de su muerte41 (fig. 7). 37. Tomás de Rueda y Osborne, desde 1888 II Vizconde de la Fuente de Doña María (título concedido por Isabel II a su padre en 1856), era hijo segundo de Antonio de Rueda y Quintanilla de Mesa, VII marqués de Saltillo, I conde de Romeral y I vizconde de la Fuente de Doña María, y de su mujer Francisca Javiera Osborne Böhl de Faber. Esta última, la tercera hija de Aurora Böhl de Faber y Thomas Osborne y Mann, fue la primera propietaria a la muerte de su tía Cecilia del ejemplar autógrafo de las Memorias de un mirlo. 38. Inventario y descripción que aparece en el Libro de Actas de la RASBL: Acta de la Junta Ordinaria del viernes 7 de mayo de 1926. La propietaria planteaba para la transacción la cantidad de unas 3000 ptas. de entonces. 39. Este escritorio de caoba había sido legado por Cecilia Böhl de Faber a su sobrina Pancha Castro. Se trata de Francisca de Paula Castro y Ruiz del Arco (Sevilla, hacia 1816 - 5 de septiembre de 1905), hija de Francisco de Paula Castro y Navarro, caballero de la Orden de Alcántara, oficial de marina, y de Manuela Ruiz del Arco, cuñada de Cecilia. Casada con el gaditano Carlos Pareja y Alba, nacido en 1816, Presidente de la Sala de Audiencia de Manila. 40. No se ha conservado éste, pero sí los dos sillones plegables (fig. 6), que aparecen en la fotografía de su escritorio (véase nota siguiente). 41. Fotografía original del gabinete de trabajo de Fernán Caballero, tomada tras su fallecimiento el 7 de abril de 1877 y conservada en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, que permite reconocer el despacho de la escritora en su casa de la calle Juan de Burgos nº 14 de Sevilla (hoy calle de Fernán Caballero). Una reproducción de ésta fue dibujada por A. Badillo, grabada por A. Carretero y publicada en el nº 37 de La Ilustración católica el 7 de abril de 1880 (fig. 8).
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 36 5.- El autógrafo com pleto de la obra inédita «Memorias de un mirlo superior y propagandista», con ilustraciones hechas con lápiz probablemente por D. Antonio Arrom, marido de Fernán42 (fig. 9). 6.- Dos retratos, miniaturas, pintados sobre marfil primorosamente. En uno está Fernán tocando el arpa, vestida con muy original indumentaria43 (fig. 10). 7.- Otro retrato hecho con pluma firmado por Maurice Leloir. Es el último retrato de Fernán, hecho poco antes de su muerte44 (fig. 11). 8.- Dos cartas de Fernán a D. Antonio de Rueda, Marqués de Saltillo. 9.- Un devocionario autógrafo de la madre de Fernán Caballero, con expresiva dedicatoria de su hija (fig. 12) y 10.- Otro devocionario impreso dedicado a Fernán por la célebre poetisa Dª Gertrudis Gómez de Avellaneda. 42. Manuscrito de la autora con ilustraciones de su marido, Antonio Arrom y Morales de Ayala. Escrito hacia 1855. 43. Identificado así erróneamente. Se trata de una imagen de Santa Cecilia, patrona de la música, tocando el arpa. 44. Grabado encargado por Antoine de Latour, secretario de los Montpensier, a Maurice Leloir y realizado a partir de una fotografía de la escritora que conservaba el duque Antonio de Orleans. Figura 4. Escritorio de Fernán Caballero (RASBL).
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 37 Finalmente, tras mucha insistencia de la vendedora para que se llevase a cabo la operación y a instancias del propio Fray Diego de Valencina, se planteó el tema de la compra en la Junta de la Academia del viernes 7 de mayo de 1926, en la que se expusieron todas las gestiones que se habían llevado a cabo al respecto. Como resultado, se acordó autorizar al director, a la sazón Jerónimo Armario Rosado, para que se llevara a cabo la adquisición de los bienes personales de Cecilia Böhl de Faber reseñados, que desde el año 1926 forman parte del patrimonio de la Academia, bien con el producto de la fiesta literaria que al efecto se celebrara, bien con los ingresos que pudieran obtenerse de la edición de la novela inédita antes mencionada. También se le facultó al director para que fijara las condiciones de la edición de las Memorias de un mirlo con el editor y para que fuera preparando una Figura 5. Crucifijo propiedad de la escritora (RASBL).
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 38 fiesta literaria en honor de Fernán Caballero45. Por su relevancia e interés social, estos objetos, junto con diecisiete ejemplares de obras de Fernán Caballero46, todos ellos propiedad de la Academia, a petición de la dirección de la Exposición Iberoamericana de 1929, fueron cedidos a ésta para que fueran expuestos en la Sección de Historia de Sevilla, en la Plaza de España47. Tras la clausura de la Exposición, el 21 de junio de 1930, al no ser devueltos estos bienes, tuvieron que ser reclamados, solicitando por su parte la organización del evento que pudiesen seguir expuestos hasta el definitivo cierre de la Sección. Si bien algunos de estos objetos se han 45. Si bien la edición del libro fue ofrecida inicialmente a la imprenta de Antonio Izquierdo y Sobrino, éste fue finalmente editado por la Tipografía de Gironés de Sevilla en 1926 con prólogo de Fray Diego de Valencina: Fernán Caballero, Memorias de un mirlo superior y propagandista, Sevilla, 1926. También Fray Diego de Valencina, «Prólogo de la obra inédita de Fernán Caballero «Memorias de un mirlo superior y propagandista», Minervae Baeticae. Boletín de la Real academia Sevillana de Buenas Letras 55-56 (1926),pp. 1-9. 46. En concreto, La estrella de Vandalia, Cuentos andaluces, Una en otra, Poesías religiosas, Cuentos infantiles, Refranero del campo, La familia de Alvareda, Más honor que honores, Vulgaridad y nobleza, Relaciones, Cartas de Fernán Caballero por Fr. Diego de Valencina, Cosa cumplida, Lágrimas, Elia, Epistolario, Obras completas y Poesías populares. 47. En el ala norte de la Plaza de España, tras la Puerta de Aragón. Figura 6. Sillón de Cecilia Böhl de Faber (RASBL).
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 39 Figura 7. Fotografía original del gabinete de Fernán Caballero el día de su muerte el 7 de abril de 1877 (RASBL). Figura 8. Grabado de A. Carretero, a partir del dibujo que hizo A. Badillo de la fotografía anterior, publicado en el nº 37 de La Ilustración católica el 7 de abril de 1880.
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 40 Figura 9A. Ilustración de Antonio Arrom, marido de Cecilia Böhl de Faber, para el original del libro Memorias de un mirlo superior y propagandista (RASBL).
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 41 Figura 9B. Página del original de Memorias de un mirlo superior y propagandista, de Fernán Caballero (RASBL).
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 48 y JuanFastenrath (fig. 19), todos ellos académicos de Buenas Letras y próximos a Fernán Caballero50. Por diferentes vías se han ido sumando al patrimonio de la Aca demia, entre otros objetos vinculados a Cecilia Böhl de Faber, un gra bado con una reproducción del retrato de su padre, Johann Niko laus Böhl von Faber (fig. 20); o la fotografía dedicada de forma autógrafa a Cecilia Böhl de Arrom51 por María Isabel de Orleans y Borbón (Sevilla 21 de septiembre de 1848-Villamanrique de la Condesa 23 de abril de 1919), infanta de España y condesa de 50. Libro de Actas de la RASBL: Acta de la Junta Ordinaria del viernes 17 de junio de 1969. Los tres primeros ya han sido citados con antelación. El sacerdote y literato Francisco Rodríguez zapata (Alanís, Sevilla, 4 de octubre de 1813-Sevilla, 14 de agosto de 1889), discípulo de Alberto Lista, racionero de la Colegiata de Olivares, fue académico numerario desde 1841 hasta su fallecimiento en 1889. El hispanista Juan Fastenrath (Remscheid, 3 de mayo de 1839-Colonia, 16 de mayo de 1908) fue académico correspondiente, como residente en Colonia, desde junio de 1869. Abogado, estudioso y traductor al alemán de la literatura española, coincidía con Juan Nicolás Böhl de Faber en su entusiasmo por Calderón de la Barca (compartido también por el citado Juan José Bueno y Le Roux), al que dedicó dos estudios (Johann Fastenrath, Calderon de la Barca. Festgabe zur Feier seines 200jährigen Todestages, Leipzig, Wilhelm Friedrich Verlag, 1881, y, como segunda parte de la obra anterior, Johann Fastenrath, Calderon in Spanien. Zur Erinnerung an die Madrider Calderon Feier 1881, Leipzig, Wilhelm Friedrich Verlag, 1882). 51. Nombre personal que seguía usando la escritora incluso tras la muerte de su tercer marido. Figura 19. Juan Fastenrath (legado Leandro Díaz de Urmeneta, RASBL).
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 49 París, hija primogénita de los Duques de Montpensier, ejecutado en el estudio fotográfico de J. J. E. P. Mayall en la londinense Regent Street, con ocasión de su boda el 30 de mayo de 1864 en Kingston upon Thames (Condado de Surrey, Gran Bretaña) con su primo, Luis Felipe de Orleans y de Mecklemburgo Schwerin, conde de París y pretendiente al trono francés como Felipe VII (figs. 21A y 21B). Todo este conjunto de objetos personales de la escritora formó parte de la Exposición ofrecida al público con carácter excepcional en las salas de la biblioteca de la Institución entre el 29 de septiembre y el 19 de octubre de 2022 (fig. 22). La biblioteca de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras en su riquísimo inventario cuenta con 38 volúmenes de la colección Bell’s Edition, The Poets of Great Britain. Complete from Chaucer to Churchill, en octavo, encuadernados en pasta española con hierros dorados en el lomo52 (fig. 23). En la guarda final de uno de estos ejemplares, al reverso de la cubierta posterior, concretamente en el Volumen II de The Poetical Works of Cha. Churchill, in 52. Apollo Press Ed., Second Edition, Edimburgo 1779-1788. Signaturas de la biblioteca de la RASBL FA1093 a FA1130. Figura 20. Retrato grabado de Juan Nicolás Böhl de Faber (RASBL).
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 50 three volumes, with the Life of the Autor53 (fig. 24), el Dr. John Stone54 encontró el 1 de febrero de 2023 el nombre de N. Böhl, el padre de Fernán Caballero, escrito a lápiz (fig. 25). Aunque sin certificación, dado que ningún otro libro de esta colección de la Academia contiene similar notación manuscrita, es verosímil que toda la 53. Edimburgo, Apollo Press, by the Martins, 1783. Signatura de la biblioteca de la RASBL FA1106. 54. Serra Hunter Fellow en el Departamento de Lenguas y Literatura Modernas y de Estudios Ingleses de la Universidad de Barcelona. Figura 21A. Anverso Figura 21B. Anverso Fotografía dedicada por Isabel de Orleans, hija de los Duques de Montpensier, infanta de España y Condesa de París, con motivo de su boda, a Cecilia Böhl de Arrom (RASBL).
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 51 serie deba adscribirse originalmente a la magnífica biblioteca de Johann Nikolaus Böhl55. La Academia no conserva ninguna referencia sobre la recepción de este legado, que debió pasar por la propia Cecilia Böhl de Faber como propietaria por herencia de su padre56. 55. éste dominaba el inglés desde que el verano de 1784 fuera enviado a Andover para ampliar estudios. 56. La biblioteca de Juan Nicolás Böhl de Faber constaba, a su muerte en 1836, de 1629 volúmenes. Sobre la cláusula del testamento de Juan Nicolás Böhl que expresa la voluntad de que sus libros españoles sean donados a la biblioteca pública de la ciudad de Hamburgo, la intervención del cónsul de esta ciudad en Cádiz, Enrique Ellerman, la resistencia de su familia a la enajenación y la actuación a este respecto de su yerno y albacea testamentario Thomas Osborne Mann, Figura 22. Una de las salas de la Exposición dedicada a Fernán Caballero en la Biblioteca de la RASBL (29 de septiembre al 19 de octubre de 2022).
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 52 Esta presunción queda reforzada por el uso que Fernán Caballero hizo del nombre del famoso editor e impresor John Bell (1745-1831), así como sobre la venta final en 1849 de una selección de sus libros y manuscritos españoles de los siglos XIV al XVII a la Biblioteca Nacional de España, con la intermediación de Juan Eugenio Hartzenbusch, véase Jaime Moll, «Tres volúmenes de pliegos sueltos de la biblioteca de Juan Nicolás Böhl de Faber», Boletín de la Real Academia Española, Tomo XLVIII, cuaderno CLXXXIII (enero-abril 1963), pp. 285-308; Klaus Wagner, «Preocupaciones bibliográficas de Juan Nicolás Böhl de Faber (a propósito de dos cartas desconocidas del literato alemán)», Dicenda: Estudios de lengua y literatura españolas 1 (1982), pp. 209-217; Manuel Ravina Martín, «Bartolomé José Gallardo y la biblioteca de Juan Nicolás Böhl de Faber», en Daniel Muñoz Sempere y Beatriz Sánchez Hita, coords., La razón polémica: estudios sobre Bartolomé José Gallardo, Cádiz, Excmo. Ayuntamiento de Cádiz (col. Biblioteca de las Cortes de Cádiz nº 3), 2004, Capítulo XVII, pp. 509-528; y Santiago Saborido Piñero, «La biblioteca Böhl de Faber. El expediente de su compra en el Gobierno Civil (1837-1845)», Archivo Histórico Provincial de Cádiz, El documento destacado, Cádiz, Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, enero-febrero de 2019. En el listado de los libros entregados a la BNE, a partir del catálogo elaborado por el propio Böhl de Faber y revisado por Bartolomé José Gallardo, no aparece la edición de poetas de John Bell, que debieron quedar en manos de la familia Böhl Larrea (Catálogo formado por D. B. J. Gallardo de los principales artículos que componían la selecta librería de D. J. Böhl de Faber; perteneciente hoy a la Biblioteca Nacional de Madrid. Copia hecha, enmendada y anotada por D. C. A. de la B., Madrid, 1862). Figura 23. Bell’s Edition. The Poets of Great Britain, 38 volúmenes (RASBL).
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 53 a quien se debe la citada edición de la colección de poesía inglesa57, para designar al protagonista y personaje de ficción de su obrita El viaje de Mister John Bell58. El importante protagonismo que ha asumido tradicionalmente la Academia en la conservación y difusión del legado y de la obra de Fernán Caballero, además de por lo descrito hasta ahora, queda claramente de manifiesto en los diversos homenajes que ha ido brindando a esta autora a lo largo del tiempo. El primero, como ya ha sido señalado, al cumplirse un año de su fallecimiento. El segundo, la «Fiesta Literaria» que organizó la Academia el 24 de junio de 1926 en el Salón Murillo del Museo de Bellas Artes, sede por entonces de esta Corporación, bajo la presidencia del Infante Don Carlos de Borbón-Dos Sicilias59, 57. Edimburgo, 109 volúmenes, primera edición 1777-1783. 58. Vide supra. 59. Don Carlos de Borbón Dos Sicilias (Gries am Brenner, Tirol, Austria, 10 de noviembre de 1870 - Sevilla, 11 de noviembre de 1949) estuvo casado primero con María de las Mercedes de Borbón y Habsburgo Lorena, fallecida en 1904, y luego, en segundas nupcias, en 1907 con Luisa de Orleans, hija de la princesa María Isabel de Orleans y Borbón (Sevilla, 21 de septiembre de 1848-Villamanrique, 23 de abril de 1919), hija ésta a su vez primogénita de los Duques de Figura 24. Portada de The Poetical Works of Cha. Churchill, vol II (RASBL).
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 54 con asistencia de las máximas autoridades académicas, religiosas, civiles y militares (fig.26). En esta sesión solemne60, además de intervenir el director de la Academia, el citado Jerónimo Armario, se leyeron algunos textos de Fernán Caballero y una poesía compuesta al efecto por el académico José Muñoz San Román, concluyendo el acto con un discurso de Fray Diego de Valencina61. Un tercer homenaje fue celebrado en 1996, ya en la actual sede de la Academia en la Casa de los Pinelo, con ocasión del segundo centenario del nacimiento de Cecilia Böhl de Faber, en el que intervinieron el que era por entonces su director, Eduardo Ybarra Hidalgo, y los académicos Aquilino Duque Gimeno y José María Alberich Sotomayor62. Montpensier, infanta de España y condesa de París por el matrimonio con su primo Felipe de Orleans (París, 24 de agosto de 1838-Surrey, 8 de septiembre de 1894), de la que la Academia conserva una fotografía dedicada personalmente por ésta a Cecilia Böhl de Faber (Figs. 21A y 21B, supra). 60. Donde se colocaron, a la derecha del estrado, un retrato de Fernán Caballero y sus enseres. 61. Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras 54 (1926), pp. 83-85: «Fiesta literaria celebrada por esta Real Academia en honor de «Fernán Caballero»»; ibid., pp. 87-92: Jerónimo Armario Rosado, «Razón del acto»; ibid., pp. 95-96: José Muñoz San Román, «Homenaje a “Fernán Caballero” (poesía)»; ibid., pp. 99-113: Fray Diego de Valencina, «Más sobre “Fernán Caballero”: su psicología». 62. Textos publicados en Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras 25, 1997: E. Ybarra Hidalgo, «Acto en homenaje a Fernán Caballero en el doscientos aniversario de su nacimiento. Presentación del Acto por el Sr. Director», pp. 141-144; José Alberich Sotomayor, «Ecos de Fernán Caballero en un escritor inglés», pp. 145-151; y Aquilino Duque Gimeno, «Fernán Caballero: la tradición y el paisaje», pp. 153-158. Figura 25. «N. Böhl» manuscrito a lápiz en la guarda posterior de la obra anterior (RASBL).
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 55 Figura 26. Cubierta del programa de la Fiesta Literaria celebrada por la RASBL en homenaje a Fernán Caballero el 24 de junio de 1926 (RASBL).
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS Y FERNÁNCABALLERO 56 Visto el tradicional papel de la Academia como adalid de Fernán Caballero, nada más natural que, tras recibir de Eva Díaz Pérez, por entonces Directora del Centro Andaluz de las Letras y que ahora nos honra con su pertenencia a la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, la propuesta de que esta Institución se adhiriese al homenaje a Cecilia Böhl de Faber-Fernán Caballero, nombrada «Autora del año 2022», y colaborase académicamente en esta efeméride, la Corporación se sumase de forma entusiasta y unánime, en cumplimiento de su compromiso como referente en los estudios humanísticos, punta de lanza en la recuperación y defensa del patrimonio y abanderada en el fomento y la difusión de la cultura. Resultado de ello fueron, tanto la Exposición dedicada a Figura 27. Clausura de las Jornadas «Fernán Caballero: la escritora y su tiempo». Los organizadores, Mercedes Comellas y Rogelio Reyes, junto con el Director de la Academia, Pablo Gutiérrez-Alviz (RASBL 19 de octubre de 2022).
ANTONIO F. CABALLOS RUFINO 57 la autora, presentada el público entre el 28 de septiembre y el 19 de octubre de 2022 en la biblioteca de la Academia, comisariada por Antonio Caballos Rufino y Mercedes Comellas Aguirrezábal63, como las Jornadas científicas tituladas Fernán Caballero: la escritora y su tiempo, celebradas los días 18 y 19 de octubre de 2022 en el Salón de Actos de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, organizadas por esta Institución conjuntamente con el Centro Andaluz de las Letras y coordinadas por Rogelio Reyes Cano y Mercedes Comellas Aguirrezábal, los textos de cuyas intervenciones componen este volumen (fig. 27). 63. Integrada por piezas patrimonio de esta Institución que, bien fueron propiedad de la escritora, bien están relacionadas con ésta y su entorno: manuscritos, documentos, retratos e imágenes, la lápida de su primera sepultura, así como algunas de sus obras y piezas del mobiliario que formaban parte de su despacho.
FERNÁN CABALLERO: UNAESCRITORA COSTUMBRISTA ENTIEMPOS DE REVOLUCIONES 64 que suprimía la Ley Sálica, implantada en España a la llegada de los Borbones al trono a comienzos del siglo XVIII. Esta transición hubiese transcurrido con normalidad, de no haber sido porque el hermano menor de Fernando, el Infante Don Carlos María Isidro, reclamó los derechos que, según alegaba, le asistían para optar al trono de España. No se trataba de una cuestión legal, ni de la legitimidad o no de la Pragmática Sanción y las circunstancias que habían rodeado la decisión del monarca, sino que era una cuestión política: absolutismo defendido por los carlistas o apertura hacia el liberalismo, que respaldaba a Isabel. Ideológicamente, el movimiento carlista era débil. Su único atractivo podía consistir en su defensa de las ideas tradicionales de la Monarquía por derecho divino, la religión y la Iglesia, supuestamente amenazada por el triunfo de la revolución liberal. Pero el carlismo no contó en esta fase inicial con elementos de suficiente valía intelectual como para ser capaces de formular un cuerpo de doctrina estructurado y coherente. Solo el clero, cuyo apoyo a Don Carlos y a lo que representaba era perfectamente explicable, debido a la actitud que el liberalismo tomaría con respecto a los bienes de la Iglesia, con su desamortización, acertaría a dotar al movimiento de una mínima cobertura ideológica, suficiente para captar a la gente más llana y simple del mundo rural. En este sentido, el carlismo se convirtió en el símbolo de la resistencia frente a la descomposición de las formas de vida tradicionales, o en el símbolo de la oposición a la revolución, a cuyo triple lema igualdad, libertad y fraternidad, opuso simplemente, como afirma Carlos Seco, la alianza entre el altar y el trono. María Cristina de Borbón, viuda de Fernando VII, había encabezado entonces la resistencia frente a los carlistas, en su condición de Regente, debido a la minoría de edad de su hija Isabel. Para ello tuvo que apoyarse en los liberales más moderados, como Francisco Martínez de la Rosa, quien dio un primer paso para restablecer un
RAFAEL SÁNCHEz MANTERO 65 régimen constitucional, haciendo aprobar el Estatuto Real en 1834. Se trataba de un paso muy tímido hacia el liberalismo, que se vería acompañado poco después por otros pasos más decididos hacia el pleno liberalismo constitucional. Fue en esa etapa en la que Cecilia enviudó por segunda vez y en la que viajó a Londres en 1836 con su hermana menor para regresar al poco tiempo a Sevilla. Al año siguiente contrajo nuevo matrimonio con Antonio Arrom y Morales de Ayala y fue a partir de entonces cuando intensificó su actividad literaria y publicista. Durante la Regencia, además de la guerra civil provocada por los carlistas, se produjo en la España oficial un deslizamiento del régimen hacia posiciones cada vez más abiertamente liberales. El intento de frenar la radicalización del régimen político por parte de María Cristina, con el apoyo de los liberales más moderados, provocó en 1836 una serie de manifestaciones de descontento en Málaga y después en Cádiz, Sevilla, Granada, Córdoba, zaragoza, Barcelona y otras capitales importantes de toda la geografía española. La culminación de estos incidentes fue el llamado Motín de la Granja. En el Real Sitio, en el que la Corte solía pasar los meses de verano, la Guardia Real se sublevó el 12 de agosto y una comisión formada por dos sargentos y un soldado pidió a la reina gobernadora que firmase un decreto para restablecer la Constitución gaditana de 1812, a lo que no tuvo más remedio que acceder. En ese contexto se llevó también a cabo la desamortización, decretada por el gobierno de otro gaditano ilustre, Juan Álvarez Méndez, más conocido por Mendizábal. En su conjunto, la desamortización de los bienes de la Iglesia constituyó una operación de extraordinaria envergadura, que contribuyó a paliar los problemas financieros del Estado Liberal, pero que al mismo tiempo tuvo unas consecuencias de enorme trascendencia desde el punto de vista de la configuración de la sociedad, de la transferencia de la propiedad agraria y hasta de la consolidación del régimen político de la Monarquía parlamentaria.
FERNÁN CABALLERO: UNAESCRITORA COSTUMBRISTA ENTIEMPOS DE REVOLUCIONES 66 El restablecimiento de la Constitución liberal mediante el golpe sainetesco de La Granja duró poco tiempo. Otros liberales más sensatos y dialogantes, como Flórez Estrada, Andrés Borrego o el duque de Rivas se dispusieron a promover otra nueva Carta Magna, inspirada en las doctrinas del utilitarista Jeremy Bentham y en las constituciones vigentes entonces en Francia, Brasil y Estados Unidos. En suma, aunque el texto de esa nueva Constitución de 1837 registra un cierto equilibrio entre las dos fuerzas políticas del régimen, el progresismo y el moderantismo, en realidad muchos de sus preceptos no fueron observados y los mecanismos de gobierno que restableció fueron desvirtuados. María Cristina siguió apoyándose en los moderados, y el nombramiento de sucesivos gobiernos, así como su destitución, se hizo generalmente al margen de las reglas propias del juego parlamentario. Y eso fue lo que le costó la regencia a María Cristina, pues su apoyo indisimulado a los moderados provocaría su caída, junto a la de éstos, cuando los progresistas hicieron triunfar la revolución de 1840 y colocaron al frente de la regencia al general Baldomero Espartero. Ante estos acontecimientos políticos, Cecilia se mostró enemiga del liberalismo más radical, pero a raíz de su matrimonio con Antonio Arrom, la escritora se aisló del ambiente agitado de estos años y se centró en su actividad literaria, entre otras cosas para tratar de paliar la ruina económica en la que había caído al contraer ese nuevo matrimonio. Para colmo, su marido enfermó de tisis y finalmente acabaría con su propia vida, al suicidarse en 1859. Durante el reinado efectivo de Isabel II, que ciñó por fin la corona en 1843, cuando aún faltaba un año para que cumpliese su mayoría de edad, Cecilia buscó la protección de la reina y sobre todo de los duques de Montpensier, que se habían establecido en Sevilla después del matrimonio de Luisa Fernanda, hermana de la reina española, con el hijo de Luis Felipe de Orleans.
RAFAEL SÁNCHEz MANTERO 67 La vida política española siguió viéndose afectada por la inestabilidad política, como consecuencia del escaso sentido que la reina tenía del papel que debía jugar la Corona en el libre juego político de un sistema de partidos. En ese sentido cayó en el mismo error de su madre en los años que gobernó como Regente. Su apoyo a uno de los partidos haría que, cuando cayese ese partido por medio de una revolución —la única forma que tenía el otro de acceder al poder—, arrastraría tras de sí a la propia Corona. Una nueva Constitución, la de 1845, hecha a la medida del partido moderado y la persistente actitud de la reina en apoyo de éste, fueron fortaleciendo la actitud de los partidarios de un cambio en la jefatura del Estado. Desde los inicios de la década de los sesenta se habían llevado a cabo varias intentonas revolucionarias, pero todas habían fracasado. La dirección de la conspiración revolucionaria del partido progresista, imposibilitado de alcanzar el poder por la resistencia de la Corona a entregarle el gobierno, estaba en manos del general Juan Prim, pues un militar podía arrastrar tras de sí al ejército. De esta forma, con la colaboración de otros militares como el general Serrano y el almirante Topete, así como de otras fuerzas políticas de oposición, como los demócratas y los integrantes del partido centrista de la Unión Liberal, estalló la Revolución en setiembre de 1868. Y de nuevo fue Cádiz el escenario en el que se inició el levantamiento bajo el lema «¡Viva España con honra!». La reina Isabel, que se hallaba con su Corte veraneando en San Sebastián, ni siquiera pudo volver a la capital y se vio obligada a marchar al exilio a Francia. Para algunos, como Melchor Fernández Almagro, la Revolución del 68 en España fue un eco tardío de las revoluciones que tuvieron lugar en Europa en 1848 y que ponían de manifiesto la inestabilidad que también reinaba en otros países del continente. Para Cecilia, que había obtenido por intermediación de los duques de Montpensier una casa en el Patio de Banderas del Alcázar
FERNÁN CABALLERO: UNAESCRITORA COSTUMBRISTA ENTIEMPOS DE REVOLUCIONES 68 sevillano, La Gloriosa fue nefasta, pues vio como la Revolución triunfante la desalojaba de su casa y la obligaba a cambiar de domicilio. Esas circunstancias explicarían la evolución del pensamiento de Cecilia hacia posiciones cada vez más conservadoras y antiliberales. Los seis años que transcurrieron entre el triunfo de la Revolución y la Restauración de la Monarquía borbónica en la persona del hijo de Isabel II, que reinaría con el nombre de Alfonso XII, fueron bastante caóticos. Después de un régimen político provisional, se instauró una nueva monarquía encabezada por Amadeo I de Saboya, seguida de una república unitaria y, a continuación, de una república federal, que duró escasamente 11 meses. Tras ese sexenio revolucionario, vuelta al comienzo en enero de 1874. Un nuevo golpe militar, esta vez encabezado por el general Martínez Campos, con el respaldo del político conservador Antonio Cánovas del Castillo, abría —esta vez sí— un periodo de estabilidad como no se había conocido en todo el siglo XIX. Cecilia Böhl de Faber fallecía tres años después de esa restauración de la Monarquía. Su vida no pudo desarrollarse al margen de los acontecimientos que se vivieron en su país. Sin embargo, con ser una mujer de mundo, que viajó mucho a lo largo de su vida, sus escritos se ciñeron a la descripción de la vida cotidiana, de las costumbres ancestrales de la sociedad andaluza tradicional y al adoctrinamiento de una moral conservadora, pero, al mismo tiempo, abierta a la nueva realidad de la mujer independiente y pasional que nacía hacia finales del siglo XVIII con la Ilustración y que se consolidaba con el Romanticismo. Solo de pasada algunos de los convulsos acontecimientos de su tiempo aparecen de forma ocasional y muy superficialmente en sus relatos, como es el caso de la Guerra de la Independencia en La Familia de Alvareda, o de la guerra carlista en La Gaviota. Está claro que su objetivo como escritora se centró más en las descripciones de los tipos y de las costumbres que en el
RAFAEL SÁNCHEz MANTERO 69 testimonio sobre los importantes acontecimientos de los que fue testigo directo. Las contradicciones y los contrastes que ofrece su trayectoria vital no son de extrañar, dadas las turbulencias de la época que le tocó vivir. No fue la única que mostró dudas, contradicciones y desconfianza ante los cambios que trajo el liberalismo y la Revolución. Otros intelectuales de su tiempo —acordémonos de Alberto Lista o del mismísimo Blanco White— experimentaron parecidos comportamientos y similares vacilaciones y cambios ideológicos y políticos ante los nuevos tiempos que afloraron con la Crisis del Antiguo Régimen. En cualquier caso, Fernán Caballero ha quedado como una escritora pionera en el ambiente intelectual de la época y como un modelo de escritora independiente e innovadora en los círculos literarios de aquella convulsa España del Ochocientos. BIBLIOGRAFÍA Calderón Quijano, José Antonio, Las defensas del golfo de Cádiz en la Edad Moderna, Madrid, CSIC, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1973. Comellas García-Llera, José Luis, Historia de España Contemporánea, Madrid, Rialp, 1988. Moreno Galilea, Diego, «La prensa femenina en los reinados de Fernando VII e Isabel II», en Manuel Cabrera Espinosa y Juan Antonio López Cordero (eds. lits.), VIII Congreso virtual sobre Historia de las Mujeres, Jaén, Archivo Histórico Diocesano de Jaén, 2016, pp. 521-541. Fernández Almagro, Melchor, Historia política de la España Contemporánea, Madrid, Pegaso, 1956. Sánchez Mantero, Rafael: El Siglo de las Revoluciones en España, Madrid, Silex, 2017. Seco Serrano, Carlos, Tríptico carlista, Barcelona, Ariel, 1973.
Fernán Caballero: la escritora y su tiempo. A. Caballos y M. Comellas (eds.), Sevilla, RASBL, 2023, pp. 71-85. 71 FERNÁN CABALLERO Y LA PINTURA SEVILLANA DE SU éPOCA Enrique Valdivieso González Catedrático Emérito de Historia del Arte, Universidad de Sevilla. Real Academia Sevillana de Buenas Letras El atractivo físico y espiritual que emanaba de la figura de Cecilia Böhl de Faber, la popular Fernán Caballero, promovió que algunas instituciones e intelectuales quisieran tener una imagen pictórica suya, actitud que promovió la realización de varios retratos y litografías que reproducían su efigie. Sin embargo, en la literatura artística del siglo XX han sido varios los retratos mal catalogados como suyos en algunos museos, como el de Bellas Artes de Sevilla o el del Romanticismo de Madrid1. Por ello actualmente solo 1. La revisión de los retratos de Cecilia Böhl de Faber y la eliminación de los que no representan a esta ilustre escritora han sido realizadas por M. Comellas y M. Illán y presentadas en: Mercedes Comellas, «La vida de Cecilia
FERNÁN CABALLERO Y LA PINTURA SEVILLANA DE SU éPOCA 72 pueden considerarse como retratos de la escritora el que se conserva en una colección particular de Sevilla, el que es propiedad de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y el que realizó Federico de Madrazo por encargo del duque de Montpensier, que pertenece a una colección de Madrid y del que se conserva una copia en la «Biblioteca Rector Machado y Núñez» de la Universidad de Sevilla. Con respecto a la vinculación de Fernán Caballero con los pintores sevillanos, hay que pensar que una mujer culta como ella hubo de conocer a la mayor parte de los artistas locales de su época. Así podemos señalar que debió conocer a Antonio Cabral Bejarano (1798-1861), quien en 1838 realizó el espléndido retrato al aire libre del segundo marqués de Arco Hermoso, don José Ruiz del Arco, y su familia, teniendo como fondo la hacienda de San José de Buenavista, próxima a Dos Hermanas (fig. 1). Bien cierto es que Fernán Caballero estuvo casada en segundas nupcias con Francisco Ruiz del Arco, primer marqués de Arco Hermoso, y por ello residió algunas temporadas en la mencionada hacienda, hasta 1835, fecha en la que falleció el primer marqués y la finca fue heredada por su hermano. La imagen de dicha hacienda aparece al fondo del retrato realizado por Cabral Bejarano y por ello creemos oportuno que un detalle de la misma figure en este artículo (fig. 2). Böhl y la imagen de Fernán Caballero», XIII Seminario Internacional «Redes públicas y relaciones editoriales». Cartogrfías vitales: Biografías femeninas para una nueva historia cultural contemporánea, Dirección académica: Pura Fernández, Madrid, CSIC, 13 y 14 de Julio de 2022; Magdalena Illán, «Modelos iconográficos en los retratos de Cecilia/Fernán. Rupturas y pervivencias», Seminario Cecilia/Fernán. Mujer, nación y escritura, Dirección académica: Isabel Clúa y Mercedes Comellas, Sevilla, Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla, UIMP, CAL, 6, 13, 20 y 27 de octubre de 2022; Mercedes Comellas y Magdalena Illán, «Notoriedad y enmascaramiento femeninos en el siglo XIX: los retratos de Cecilia Böhl de Faber y la imagen autorial de Fernán Caballero», Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, 30 (2023/2024), en prensa.
ENRIQUE VALDIVIESO GONzÁLEz 73 Figura 1. Antonio Cabral Bejarano, Retrato del Segundo marqués de Arco Hermoso y su familia (Sevilla, colección particular). Figura 2. Antonio Cabral Bejarano, Detalle de la hacienda de San José de Buenavista próxima a Dos Hermanas (Sevilla, colección particular).
FERNÁN CABALLERO Y LA PINTURA SEVILLANA DE SU éPOCA 80 Figura 9. José María Romero, Retrato de los niños de la familia Santaló (Madrid, Museo del Prado).
ENRIQUE VALDIVIESO GONzÁLEz 81 (1808-1871), artista que fue muy apreciado por sus temas de carácter costumbrista y sobre todo por sus retratos, de los cuales quizás pudo ver en 1885 el mejor de ellos, que fue sin duda el que capta a los niños Miguel, Matilde y Rafael Desmaissières, y pertenece en la actualidad a uno de sus herederos (fig. 10). Manuel Cabral Bejarano (1827-1891) fue otro de los pintores locales, hijo de Antonio Cabral Bejarano, que destacó por su pródiga representación de escenas populares situadas en calles, plazas, tabernas y patios, que a Cecilia hubieron al menos de parecerles sugerentes y en algunos casos divertidas (fig. 11). Figura 10. José Roldán, Retrato de los niños Miguel, Matilde y Rafael Desmaissières (Sevilla, colección particular).
FERNÁN CABALLERO Y LA PINTURA SEVILLANA DE SU éPOCA 82 Una intensa admiración por el paisaje sevillano, tanto de la propia ciudad como de la geografía colindante, hubo de ser sentida por Cecilia y, por ello, debió de interesarse por la personalidad y la creación artística de Manuel Barrón (1814-1884), que es sin duda el mejor pintor de paisaje romántico sevillano. Este sentimiento romántico llevó a Barrón a pintar escenas situadas en serranías con su aparatosa geografía y con la presencia de bandoleros y contrabandistas. Sin embargo, sus mejores obras son las que describen la geografía sevillana, destacando entre ellas las que se sitúan en el entorno del Guadalquivir, como el Paseo de las Delicias o Vista de Sevilla desde la Cruz del Campo (fig. 12). Figura 11. Manuel Cabral Bejarano, Salida de un bautizo de la iglesia de San Marcos (Sevilla, colección particular).
ENRIQUE VALDIVIESO GONzÁLEz 83 Por último, es bastante probable que Cecilia tuviese una proximidad de trato con el pintor Eduardo Cano, que trabajó en Sevilla durante los años en que ella residió en esta ciudad, en la que pudo desarrollar en sus obras con gran intensidad el espíritu del Romanticismo. Entre las obras que Cano pintó destaca poderosamente una de ellas, la que describe el Regreso de los soldados de la guerra de África, realizada en 1861, en la que tres oficiales son efusivamente recibidos por sus familiares en un elegante salón burgués, plasmando en sus gestos y actitudes una emotiva escena costumbrista (fig. 13). Es fácil suponer que el episodio bélico de la guerra de España contra Marruecos fuese sentido de una manera especialmente dolorosa por la gran escritora, como demuestran sus relatos Deudas pagadas y Promesa de un soldado a la Virgen del Carmen. Otros pintores románticos sevillanos, como Antonio María Esqui vel, José Gutiérrez de la Vega, Manuel Rodríguez de Guzmán Figura 12. Manuel Barrón, Vista de Sevilla desde la Cruz del Campo (Sevilla, colección particular).
FERNÁN CABALLERO Y LA PINTURA SEVILLANA DE SU éPOCA 84 Figura 13. Eduardo Cano, El regreso de los soldados de la guerra de África (Madrid, Museo Nacional del Romanticismo).
ENRIQUE VALDIVIESO GONzÁLEz 85 o Rafael Benjumea pudieron ser conocidos por Cecilia, pero, como quiera que todos ellos se trasladaron muy pronto a Madrid para desarrollar allí su carrera artística, dicho conocimiento hubo de ser bastante más reducido que el que tuvo con los artistas que estaban activos en Sevilla en los años en los que la ilustre escritora vivió en esta ciudad. Como consideración final a este pequeño trabajo hemos de señalar que al estar en numerosas ocasiones profundamente vinculados el arte y la literatura, Cecilia Böhl de Faber, en los años que vivió en Sevilla, hubo de disfrutar altamente y complacerse de forma satisfactoria del variopinto mundo pictórico que en esta ciudad se produjo en los años que median el siglo XIX.
Fernán Caballero: la escritora y su tiempo. A. Caballos y M. Comellas (eds.), Sevilla, RASBL, 2023, pp. 87-104. 87 FERNÁN CABALLERO, MATRIARCA DEL FOLCLORE ESPAÑOL Montserrat Amores García Profesora Titular de Literatura Española, Universidad Autónoma de Barcelona El título que encabeza este trabajo remite a una certera expresión de Carmen Bravo-Villasante, que defendió en varias ocasiones que del mismo modo que los hermanos Grimm se consideran los padres del folklore alemán, «a Fernán Caballero le cabe la gloria de ser matriarca del folklore español»1. Otros investigadores han mantenido posteriormente la misma afirmación. Así, 1. Carmen Bravo Villasante, «Introducción» a Fernán Caballero, Cuentos de encantamiento, Madrid, Magisterio Español, 1978, pp. 7-26 (p. 13); Carmen Bravo Villasante, «Introducción» a Fernán Caballero, La Gaviota, Madrid, Castalia, 1979, pp. 7-36 (p. 21); Carmen Bravo Villasante, «Los hermanos Grimm en España», en Carmen Bravo-Villasante y Manuel Fernando García, II Centenario de los hermanos Grimm, Madrid, Publicaciones Españolas de Amigos de la IBBY, 1985, p. 12.
FERNÁN CABALLERO, MATRIARCA DEL FOLCLORE ESPAÑOL 88 Antonio Gómez Yebra la considera «matriarca de nuestro folklore»2, y para Juan Manuel González, «[a] la vera del costumbrismo y del casticismo, Cecilia Böhl de Faber cobija en sus obras rasgos nítidos de populismo y folklorismo, que la sitúan como matriarca del folklore español»3. En las siguientes páginas pretendo ofrecer una nueva lectura de esa expresión, teniendo en cuenta los estudios de las últimas décadas que analizan las relaciones entre género y nación. Como es bien sabido, el folclore, en todas sus manifestaciones, forma parte sustancial de la producción literaria de esta escritora. Es el generador de las escenas costumbristas que encontramos en sus novelas y relaciones, y su obra puede igualmente considerarse un archivo del patrimonio cultural inmaterial andaluz. Cecilia Böhl expresó en cartas a amigos y conocidos su admiración por el acervo popular. Conocía los estudios europeos sobre las creaciones del pueblo y en su obra de ficción, en sus novelas, relaciones y cuadros de costumbres cobran protagonismo las materias objeto de estudio de los folcloristas: la literatura oral, la cultura material, las costumbres populares y las interpretaciones artísticas populares4. Fernán 2. Antonio Gómez Yebra, «Actualidad de los elementos folklóricos recopilados por Fernán Caballero», en Actas del encuentro «Fernán Caballero hoy»: Homenaje en el bicentenario del nacimiento de Cecilia Böhl de Faber, Milagros Fernández Poza y Mercedes García Pazos (eds.), El Puerto De Santa María, Ayuntamiento, 1998, 67-88 (p. 71) 3. Juan Manuel González, «Fernán Caballero: La dama del costumbrismo andaluz», Tierra de Nadie, 3 (2000), pp. 58-64 (p. 63). María Jesús Framiñán de Miguel cita la frase de Carmen Bravo Villasante que he reproducido arriba. María Jesús Framiñán de Miguel, «Una pionera bajo seudónimo: reconsideración crítica de Fernán Caballero como cuentista», en Las inéditas. Voces femeninas más allá del silencio, Yolanda Romano Martín y Sara Velázquez García (coords.), Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2018, pp. 93-104 (p. 99). 4. Richard M. Dorson, «Introduction. Concepts of Folklore and Folklife Studies», en Folklore and Folklife, Richard M. Dorson (ed.), Chicago, The University of Chicago Press, 1982, pp. 1-50 (pp. 2-5).
MONTSERRAT AMORES GARCÍA 89 Caballero fue la compiladora de dos colecciones de textos de literatura oral: Cuentos y poesías populares andaluces (1859) y Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles (1877), consideradas por otro andaluz, Antonio Machado Álvarez, como «las muestras primeras, todavía balbucientes e imperfectas de la ciencia […] del folclore español»5. No podemos olvidar que esta empresa es obra de una mujer que, olvidándose de la falsa modestia, presentaba en 1859 a los lectores su volumen de Cuentos y poesías populares andaluces, poniendo como modelo la colección de cuentos de los hermanos Grimm. Así introduce la autora la colección: En todos los países cultos se han apreciado y conservado cuidadosamente, no solo los cantos, sino los cuentos, consejas, leyendas y tradiciones populares e infantiles, en todos menos en el nuestro. […] Mucho habría que objetar contra el actual incalificable desdén, pero no es tal nuestro intento al poner al frente de esta colección que hemos formado los presentes renglones, sino el dar a conocer las causas que nos han movido a publicarla. La primera, y la que más acatamos, fue el vivo deseo de que la diésemos a luz demostrado por personas eminente en saber, en buen gusto literario y en jerarquía social, y la segunda la siguiente circunstancia: Entre las colecciones de cuentos y leyendas populares e infantiles, que siempre hemos leído con encanto, existe una alemana, en tres tomos, formada por los eruditos hermanos Grimm, en la que no se han contentado estos incansables investigadores con recoger las de su patria, sino que ha hecho otro tanto 5. Juan Manuel Pedrosa, «Demófilo y Menéndez Pidal: folclore, antropología y filología (o tragedia y epopeya)», Boletín de Literatura Oral, 1 (2017), pp. 15-77 (p. 28).
FERNÁN CABALLERO, MATRIARCA DEL FOLCLORE ESPAÑOL 96 Larrea también la ayudaría a copiar coplas y otros apuntes, como ha probado Mercedes Comellas17. Su vocación literaria es, por tanto, consustancial a la de folclorista. El distanciamiento respecto de lo recogido obedece a varias razones. Durante su juventud, observó y estudió a los españoles desde la perspectiva de una extranjera. Como señaló José F. Montesinos, «Fernán Caballero ama a España con el exclusivismo con que se ama a un país de elección. […] No es tanto lo que España exhibe a nuestra vista lo que interesa a la autora, cuanto lo que España es legítimamente; lo que busca en la tierra no es tanto o no es sólo la realidad cotidiana, sino un subterráneo casticismo»18. En 1845 escribió al doctor Julius: «los españoles no se conocen ni se valoran; llegarán a hacerlo, pero aún les falta mucho»19. A ello hay que sumar la distancia social e intelectual que la separaba de su posición como mediadora entre la alta cultura y el campesinado, constatada en el diálogo entre Tío Romance y Fernán Caballero reproducido arriba. Todo ello explica que esa tarea de «recopilar y copiar» conlleve intrínsecamente la intervención ideológica, la selección de los textos que representen ese «subterráneo casticismo» al que se refiere Montesinos. En el «Prefacio del autor» a los Cuentos y poesías populares andaluces apunta: … en sus coplas [podrá advertirse]: en las sentenciosas, pensamientos morales y psicológicos que admiran; en las amorosas, el más delicado y poético sentir; en las epigramáticas, la más incisiva agudeza; en las chuscas, la gracia y el buen humor; y, 17. Mercedes Comellas, op. cit. p. XXII. 18. José F. Montesinos, op. cit., p. 8. Véase también, Julio Rodríguez-Luis, «Introducción» a Fernán Caballero, La familia de Alvareda, Madrid, Castalia, 1979, pp. 7-65 (p. 40). 19. Fernán Caballero, «Carta al Dr. Niklolaus Heinrich Julius», en Obras escogidas, trad. Mercedes Comellas, p. 548.
MONTSERRAT AMORES GARCÍA 97 sobre todo, un profundo, tierno y candoroso sentimiento religioso en las composiciones de este género20. Para las poesías, adivinanzas y refranes la selección es ardua y Cecilia Böhl lo expresa en varias ocasiones en las cartas a sus amigos: «Es un gran trabajo escoger entre miles las coplas dignas de imprimir y el clasificarlas en sentenciosas, amorosas y jocosas», puede leerse en carta fechada por Santiago Montoto entre octubre y noviembre de 1858, cuando la escritora está preparando el volumen de cuentos y poesías andaluces21. En el caso de los relatos folclóricos, la actuación sobre el texto es más intensa. A Juan Eugenio Hartzenbusch escribe el 13 de agosto de 1863: «Puede usted hacerse cargo de los millares de coplas y cuentos que oiré y buscaré, para poder reunir lo que sea digno de imprimirse; el ciento de versiones del mismo cuento para poder elegir la mejor»22. Como se verá, aunque Cecilia Böhl explique a este amigo que lo único que hace con los cuentos es «anotar y bordar»23, lo cierto es que ejerció un notable proceso de reelaboración en el material narrativo recolectado. En este caso, tomó como modelo el proceder de los hermanos Grimm basado en la distinción entre la poesía de inspiración divina, que se crea espontáneamente y que tiene su expresión en la poesía antigua (Naturpoesie), y la ‘poesía del Arte’ (Kuntspoesie). Por ello, con los relatos folclóricos de los que había recogido apuntaciones actuó de una forma semejante al método de los 20. Fernán Caballero, «Prefacio del autor», p. XIII. 21. Fernán Caballero, Cartas inéditas de Fernán Caballero, prólogo y notas de Santiago Montoto, Madrid, S. Aguirre Torre, 1961, p. 81. 22. Theodor Heinermann, Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero) y Juan Eugenio Hartzenbusch, Madrid, Espasa-Calpe, 1944, p. 221. 23. Ibidem, p. 17.
FERNÁN CABALLERO, MATRIARCA DEL FOLCLORE ESPAÑOL 98 filólogos alemanes, basado en dos conceptos mencionados por los autores de los Kinder-und Hausmärchen en la segunda edición de su colección: «fidelidad y verdad». La fidelidad y verdad no se aplican a la forma teniendo en cuenta la variabilidad de la literatura oral24. En esa etapa de «anotar y bordar» se inicia el tránsito entre «recopilar y copiar» y «poetizar» lo recogido, según la visión idealizada que he intentado esbozar anteriormente. Además, como los Grimm, Fernán Caballero seguirá la distinción entre los Volksmärchen (cuentos populares) y los Kindermärchen (cuentos para niños). En sus colecciones, los primeros se incluirán en el volumen de Cuentos y poesías populares andaluces (1859); los segundos formarán parte de Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles (1877). Teniendo en cuenta esa diferenciación, cuando reelabore los etnotextos, cuando los «borde», expresará en los cuentos del primer volumen «la chuscada, la agudeza y la burla» que caracterizan «el sello andaluz»25. Según Cecilia: «El lenguaje del pueblo tiene que ser popular y admira cuán poco vulgar es, en sentido de lo tosco o lo grosero, el pueblo de nuestro país26. En 1856, Fernán Caballero comenzó a preparar la obra Cuentos y poesías populares andaluces por petición de su amigo Fermín de la Puente y Apezechea. La tarea de recolectar material se evidencia en su epistolario, pues a partir de ese año se incrementan las peticiones a amigas y conocidos de lo que hoy conocemos como etnotextos. Tres años después, la obra fue publicada en la Imprenta y Litografía de la Revista Mercantil en Sevilla, con el citado prólogo 24. Siegfried Neumann, «The Brothers Grimm as Collectors and Editors of Folktales», en The Reception of Grimm’s Fairy Tales, Donald Haase (ed.), Detroit, Wayne State University Press, 1993, pp. 24-40 (pp. 27-30). 25. Fernán Caballero, «Prefacio del autor», p. XIII. 26. Idem.
MONTSERRAT AMORES GARCÍA 99 de José Joaquín de Mora. Al «Prefacio del autor» le siguen cuatro artículos escritos por la autora, en los cuales pone en acción los rasgos distintivos del pueblo andaluz. Estos artículos preparaban al lector para la comprensión mediada de los textos folclóricos que le siguen: nueve cuentos, doce chascarrillos, diez agudezas, un «Tratado popular de agricultura y meteorología» y alrededor de mil poesías populares. Cuando dé forma a estos cuentos utilizará varios recursos: llamadas al auditorio, introducción de coplas y cantares, uso de hipérboles y comparaciones, y acumulación de vulgarismos, refranes, modismos y locuciones coloquiales27, como puede observarse en el siguiente ejemplo, extraído de cuento «Juan Soldado»: —Maestro —le dijo San Pedro al Señor—, haga su Majestad algo por ese desdichado que ha servido veinticuatro años al rey y no ha sacado más que una libra de pan y seis maravedís, que ha repartido con nosotros. Bien está. Llámalo y pregúntale lo que quiere contestó el Señor. Hízolo San Pedro, y Juan Soldado, después de pensarlo, le respondió que lo que él quería era que en el morral que llevaba vacío se le metiese aquello que él quisiese meter en él. […] Al llegar a un pueblo vio Juan Soldado en una tienda unas hogazas de pan más blancas que jazmines y unas longanizas que decían comerme. —¡Al morral! —gritó Juan soldado en tono de mando. Y cáteme usted las hogazas dando vueltas como ruedas de carreta y las longanizas arrastrándose más súpitas que culebras encaminarse hacia el morral sin perder su derechura. El montañés dueño de la tienda y el montañuco, su hijo, corrían detrás dando cada trancazo que un pie perdía de vista al 27. Véase Montserrat Amores, Fernán Caballero y el cuento popular, El Puerto de Santa María, Ayuntamiento, 2001, pp. 67-110.
FERNÁN CABALLERO, MATRIARCA DEL FOLCLORE ESPAÑOL 100 otro; pero ¿quién las atajaba, si las hogazas rodaban desatinadas como chinas cuesta abajo y las longanizas se les escurrían entre los dedos como anguilas?28 Después de la publicación del primer volumen, Fernán Caballero comenzó a preparar un segundo tomo que contendría etnotextos para niños. Sin embargo, su publicación se retrasó hasta 1877, año del fallecimiento de la autora. Esto podría explicar por qué la colección es menos unitaria. El título del segundo volumen, Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles, indica su estructura, que consta de 22 «Cuentos de encantamiento», incluyendo seis cuentos de animales, 13 «Cuentos infantiles y religiosos» y tres «Ejemplos». El volumen también incluye 199 «Adivinanzas infantiles» y 21 «Oraciones, relaciones y coplas infantiles». Los dos últimos apartados, «Refranes y máximas populares recogidas en los pueblos de campo» y «Adivinas y acertijos populares», se asemejan más al espíritu del primer volumen. En este caso, se puede apreciar la intervención de la autora al agregar o hacer énfasis en la enseñanza moral y la sumisión a los principios religiosos y al orden social. Fernán Caballero considera que estos cuentos deben reflejar la sencillez, el candor y el inocente sentimiento religioso de los niños, y lo hace mediante el uso de fórmulas de entrada y salida, la presencia de poesías o fragmentos cantados, la utilización profusa de diminutivos, de repeticiones, de construcciones paralelas y de onomatopeyas29. Adviértase la acusada distancia que existe entre el ejemplo anterior y este extraído del «cuento de encantamiento», «El pájaro verde»: 28. Fernán Caballero, Cuentos y poesías, pp. 124-137 (pp. 126-127). 29. Véase Amores, op. cit. pp. 111-151.
MONTSERRAT AMORES GARCÍA 101 érase vez y vez un pescador pobre, que vivía en una chocita en la orilla de un río, muy claro, muy claro, muy manso, aunque profundo, el que, huyendo del sol y de la bulla, se encontraba por entre los árboles, zarzas y cañaverales a escuchar a los pajaritos que le alegraban con sus cantos. Un día que metido en su lanchita iba el pescador a echar sus redes vio bajar pausadamente por la corriente una arquita de cristal. Bogóle al encuentro y ¡cuál no sería su asombro al ver en ella acostados sobre algodones a dos criaturas recién nacidas, niño y niña, al parecer mellizos! […] los niños se criaron sanos y robustos a la par de sus otros ocho hijos. Eran ambos tan buenos, tan dóciles y tan compuestitos, que el pescador y su mujer los querían y de continuo se los ponían por ejemplo a sus otros hijos, por lo cual estos, envidiosos y enrabiados, les hacían mil injusticias y mil agravios30. En 1912 y 1914, el padre José Alonso Morgado publicó dos extensos volúmenes titulados El refranero del campo y poesías populares, que incluyen el contenido de las carpetas que Fernán Caballero entregó al editor poco antes de fallecer. La autora le indicó que corrigiera y limpiara el material según sus instrucciones, ya que su salud no le permitía terminarlos completamente31. El contenido de los volúmenes va más allá del título, ya que además de incluir miles de refranes, también reúne numerosos cuentos de animales y chascarrillos, algunos de los cuales son de carácter folclórico. Procedimiento semejante puede aplicarse igualmente a la actuación de la autora ante la ficción. Fernán Caballero pretende 30. Fernán Caballero, «El pájaro de la verdad», en Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles, Madrid, Imprenta de T. Fortanet, 1877, pp. 70-102 (pp. 70-71). 31. Fernán Caballero, Obras Completas. El refranero del campo y poesías populares, Madrid, Tipografía de la «Revista de Archivos», 1912, XV, p. 20.
FERNÁN CABALLERO, MATRIARCA DEL FOLCLORE ESPAÑOL 102 «hacer conocer el numen político y religioso de nuestro pueblo»32. Bajo este prisma deben interpretarse las palabras de su prólogo de 1853 a La Gaviota: Y en verdad, no nos hemos propuesto componer una novela, sino dar una idea exacta, verdadera y genuina de España, y especialmente del estado actual de su sociedad, del modo de opinar de sus habitantes, de su índole, aficiones y costumbres. Escribimos un ensayo sobre la vida íntima del pueblo español, su lenguaje, creencias, cuentos y tradiciones. La parte que pudiera llamarse novela sirve de marco a este vasto cuadro, que no hemos hecho más que bosquejar33. Fernán Caballero presenta su novela como un molde en el que insertar componentes de la tradición folclórica. Su concepto de «vida íntima del pueblo español» está influenciado por su pensamiento romántico conservador, y consideraba así a la tradición y al cristianismo como elementos regeneradores necesarios para luchar contra el racionalismo ilustrado, que veía como desintegrador. Por esta razón, en sus novelas, cuadros de costumbres y relaciones, las manifestaciones folclóricas tienen una presencia significativa e incluso parecen en ocasiones acumularse. Los personajes recitan romances y coplas, cuentan chascarrillos y chuscadas, explican creencias y supersticiones populares, y en sus narraciones se recrean escenas en las que los niños reproducen juegos infantiles y cuentos formulísticos, se explican recetas de cocina, se enuncian refranes… En todos los casos, la autora recrea el contexto en el que 32. En carta a Manuel Cañete de 1855. Fernán Caballero, Epistolario de Fernán Caballero: Una colección de cartas inéditas, Alberto López Argüello (ed.), Barcelona, Sucesores de Juan Gili, Editores, 1922, p. 33. 33. Fernán Caballero, La Gaviota, en Obras escogidas, p. 5.
MONTSERRAT AMORES GARCÍA 103 suelen ponerse en acción cada uno de los etnotextos, porque sabe que el folclore no es solo la palabra, sino el acto comunicativo. Estas manifestaciones revelan los valores del pueblo español: «las cuerdas que yo toco en mis libros, a saber: el sentimiento religioso, el españolismo, el amor a nuestro país y sus viejas glorias»34. Igualmente, resulta significativo que, a pesar de que sus narraciones se localicen en la Baja Andalucía, la escritora identifique metonímicamente ese espacio con España. Como en todas sus obras la «verdadera y genuina España» es la representada por el «pueblo de campo»35. El pensamiento del pueblo es el que el lector puede extraer de sus tradiciones y creaciones, es decir, de los elementos folclóricos diseminados en las narraciones, que Fernán Caballero ha seleccionado y representado. Por esta razón, cuando en el citado «Prólogo» a La Gaviota declara, Quisiéramos que renaciese el espíritu nacional […]. Ahora bien, para lograr este fin, es preciso, ante todo, mirar bajo el verdadero punto de vista, apreciar, amar y dar a conocer nuestra nacionalidad. Entonces, sacada del olvido y del desdén en que yace sumida, podrá ser estudiada, entrar, digámoslo así, en circulación, y como la sangre, pasará de vaso en vaso a las venas, y de las venas al corazón36. 34. Heinermann, op. cit., p. 113. 35. Sin embargo, era consciente de la diversidad regional, pues en el «Prefacio del autor» a los Cuentos y poesías populares andaluces recuerda que «cada provincia, cada pueblo, cada aldea, tiene la suya [mina]» y aduce la labor que por entonces estaban haciendo José Mª Goizueta o Antonio de Trueba en el País Vasco, o Agustín Durán al reelaborar el conocido cuento de «Las tres naranjas» en la Leyenda de las tres toronjas del vergel de amor (op. cit., p. XII). 36. Fernán Caballero, La Gaviota, en Obras escogidas, ed. cit, pp. 6-7.
FERNÁN CABALLERO, MATRIARCA DEL FOLCLORE ESPAÑOL 104 el fin moral de la obra que propone es el de despertar el espíritu patriótico de los españoles. Para ello es preciso integrar elementos por entonces no comunicados, puesto que los valores nacionales se encuentran en el pueblo español y deben elevarse, mediante la palabra escrita, a todos los componentes de la nación. Los lectores se sentirán entonces miembros de ella, incluso cuando su españolidad está todavía por definir37. Las imágenes que identifican España con un organismo y la nacionalidad con la sangre que debe llegar al corazón para insuflar una nueva vida sugieren este nuevo enfoque sobre el matriarcado de la escritora. Su obra no es solo un archivo de tradiciones. La literatura oral y las costumbres populares son para Fernán Caballero el crisol sobre el que se construye un poderoso discurso de reforma de la nación. Como matriarca impone un modelo de identidad nacional que pretende se convierta en hegemónico. 37. Patrick L. Gallagher, «Politics and the Formation of National Identity in Cecilia Boelh’s La Gaviota», Letras Peninsulares, XVII, 2-3 (Fall-Winter 20042005), pp. 591-609 (p. 606).
Fernán Caballero: la escritora y su tiempo. A. Caballos y M. Comellas (eds.), Sevilla, RASBL, 2023, pp. 105-130. 105 FERNÁN CABALLERO, AUTORAEXPERIMENTAL Mercedes Comellas Aguirrezábal Profesora Titular de Literatura Española, Universidad de Sevilla. Real Academia Sevillana de Buenas Letras La decisión del Centro Andaluz de las Letras, bajo la dirección de Eva Díaz Pérez, de declarar a Fernán Caballero autora del año 2022 ha prestado ocasión para revisar su obra y su legado, cometido en el que ha querido colaborar la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, institución siempre favorable a la autora. Cuando cumplen su mejor función, las efemérides obligan a volver con mirada nueva sobre los antiguos nombres. Así sucedió, por mencionar a otras dos grandes damas de la literatura decimonónica, con el centenario del nacimiento de Gertrudis Gómez de Avellaneda en 2014, que significó una importante revalorización de su figura; o del que recientemente celebraba en 2021 los cien años del fallecimiento de Emilia Pardo Bazán,
FERNÁN CABALLERO, AUTORAEXPERIMENTAL 112 su vocación, así como proporciona intereses datos sobre esta etapa inicial. Señores editores de El Artista. Muy señores míos: Solo mi consternación pudo igualar a mi sorpresa al ver en la entrega 1-2 de su interesante periódico la narración de un hecho visto (y no novela) que había escrito yo en otro idioma por perfeccionarme en la lengua y sin otra pretensión. Pero ambas llegaron a su último grado al volver a leer los renglones con que encabezan ustedes dicha relación, en los que hacen saber que les ha sido remitida por la persona que la escribió. Aunque es bien cierto que en el corto número de personas que me tratan ninguna reconocerá en la colaboradora de El Artista a una mujer de una vida en sumo retirada y en extremo casera, mucho más cuando las iniciales que le acompañan no son con las que yo firmo; aunque es cierto, digo, que la insignificancia del remitido y la de mi persona son mi mejor incógnito, me debo a mí misma y a mi propia tranquilidad de deshacer un error que no quiero que exista. Yo no he mandado a ustedes la citada relación, no por modestia, que esta implica mérito, sino porque tengo el suficiente discernimiento para saber que lo que estampo por vía de pasatiempo y estudio no merece ni un lugar en su distinguido periódico, ni aun llamar la atención de nadie; pero sobre todo porque tengo por íntimo convencimiento que el círculo que forma la esfera de una mujer, mientras más estrecho, más adecuado a su felicidad y a la de las personas que la rodean, y así jamás trataré de ensancharlo, debiendo a este sistema la felicidad de que he gozado en mi vida. Como la mano que ha descorrido el velo que cubría el misterio de mis horas de retiro y soledad ha sido la de una madre querida, y su móvil la parcialidad materna, el respeto y el agradecimiento sellan mis labios a mi justa queja; pero deseo se sepa que no solo no he pensado jamás en escribir para el público, sino
MERCEDES COMELLAS AGUIRREzÁBAL 113 que es mi sistema, tanto en teoría como en práctica, que más adorna la débil mano de una señora la aguja que no la pluma, y es injusto se quejen ustedes que es poco frecuente en España que las personas del bello sexo se dediquen a cultivar la amena literatura15. Más allá del dato sobre la verdadera remitente del relato a la publicación, que confirma el deseo de Frasquita Larrea de apoyar la carrera literaria de su hija por encima de los propios deseos o inseguridades de esta, resulta significativa la matización de que el texto publicado es «la narración de un hecho visto (y no novela) que había escrito yo en otro idioma por perfeccionarme en la lengua y sin otra pretensión». Efectivamente, el original francés que conocemos («La mère. La Bataille de Trafalgar») no coincide con la versión española que publicó El Artista, lo que significa que la mano de Frasquita Larrea debió de rehacer el escrito por su hija o, al menos, colaborar en su versión castellana16. Por otra parte, la nota recuerda que los primeros esbozos de Cecilia no eran en esta lengua, en la que se sentía incómoda y que no dominaba. Pero, sobre todo importa advertir que ya se reniega de la novela como género, o más bien de la ficción narrativa en el sentido de invención, frente a la documentación de los hechos reales, lo que Cecilia seguirá defendiendo en gran parte de sus obras posteriores como su forma natural de enfrentar el oficio. Por fin, la autora termina aquella breve carta haciendo una afirmación de privacidad que repitió también muchas veces, contraria al papel público de la mujer literata: «no he pensado jamás en escribir para el público», según explica, «por íntimo convencimiento [de] que el círculo que forma la esfera de una mujer, mientras más estrecho, más adecuado 15. Cartas de Fernán Caballero, ed. de Fray Diego de Valencina, Madrid, Hernando, 1919, pp. 44-45. 16. Quirk, op. cit.
FERNÁN CABALLERO, AUTORAEXPERIMENTAL 114 a su felicidad»17. Si el convencimiento era verdaderamente propio e íntimo puede dudarse, pues, como añade a continuación, ha sido la «severidad e intolerancia del sexo fuerte» la que «ha creado la opinión general de ser incompatibles las calidades domésticas y las inclinaciones literarias», sin que quede a la «mujer sensata» ninguna opción para elegir18. Tardaría casi quince años en decidirse a abandonar aquella sensatez, o a encontrar a través del pseudónimo una vía para desarrollar su ambición literaria, manteniéndose al tiempo recogida en esa «esfera privada» en la que se sentía a salvo. Cuando inventó a Fernán Caballero pudo sacar a luz los muchos trabajos que para entonces guardaba en la gaveta: en 1849 se publicaron La Gaviota, La familia de Alvareda, Una en otra y Elia, y el año siguiente dos más: Lágrimas y Callar en vida y perdonar en muerte. Todas ellas resonaron en el espacio literario como una sugestiva y excitante novedad, sin que pueda dudarse que, como afirmó Montesinos, desde que Fernán Caballero apareció en escena, «la novela española cambia de rumbo»19. Así lo declararon sus contemporáneos, como Fernando de Gabriel, que contaba haber sido «testigo presencial de la sensación que [...] en el público todo causó la lectura de aquella obra», La Gaviota20. De hecho, fue saludada por uno de los más reputados críticos de entonces, Eugenio de Ochoa, como un nuevo comienzo en la historia de la novela española21. Ochoa, como después Antonio de Trueba y 17. Cartas de Fernán Caballero, ed. cit., p. 46. 18. Ibidem, p. 45. 19. Montesinos, op. cit., p. 30. 20. Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca, «Fernán Caballero. Noticia biográfica», en Últimas producciones de Fernán Caballero: Estar de más. Magdalena, Sevilla, Gironés y Orduña, 1878, p. XXIV. 21. Eugenio de Ochoa, «La Gaviota. Juicio crítico por el señor don Eugenio de Ochoa», en Obras escogidas, Mercedes Comellas (ed.ª), Sevilla, Fundación
MERCEDES COMELLAS AGUIRREzÁBAL 115 otros, colocaba a su aún desconocido autor a la altura de Cervantes, Fielding, Walter Scott y James Fenimore Cooper, nombres fundamentales del canon novelesco hasta aquel momento. Quizá con aquella abultada ponderación, la crítica estaba saludando lo que se sintió como una recuperación por fin auténticamente española del arte novelesco. Especialmente, la posibilidad tan buscada de aprovechar la moda de la novela para colaborar en la construcción de la nación española en estos años fundamentales. Fernán Caballero podía apoyarla desde una «nación imaginada» (en el sentido con que Benedict Anderson presentó el concepto22) heredada de sus padres y afín a las posiciones más conservadoras que el partido moderado encontró como estupenda publicidad: habían encontrado al cantor de España que querían. Así también el periódico La España se congratula de anunciar a sus lectores, el 17 de octubre de 1849, que pronto empezará a publicar Elia, o la España treinta años ha, una «novela de Fernán Caballero, el celebrado autor de La gaviota. [...]. Nuestros lectores nos agradecerán sin duda el empeño que hemos puesto en proporcionarles una obra del excelente pintor de costumbres, cuyas primeras producciones han excitado tan vivamente la atención pública»23. Fernán Caballero suponía una novedad excitante, un acontecimiento literario. También El Heraldo aprovechó a la nueva Lara, 2010, pp. 9-23. La reseña de Ochoa apareció en el diario madrileño La España el 26 de agosto y el 18 de septiembre de 1849, como columna de «Variedades./ Literatura». Desde la edición de las Obras de Fernán Caballero en la imprenta de Mellado en 1856, el «Juicio crítico» de Ochoa se suele publicar siempre al frente de La Gaviota y después del «Prólogo» de la autora, a manera de segundo prefacio en el que se desarrollan por extenso y con más profundidad algunas de las ideas presentadas por Fernán en el suyo. 22. Benedict Anderson, Imagined Communities. Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, Londres, Verso, 1983. 23. «Folletín», La España, nº 466, 17 de octubre de 1849.
FERNÁN CABALLERO, AUTORAEXPERIMENTAL 116 estrella que sus páginas lanzaron al éxito, y en ese mismo año sacaron tres novelas de la escritora: En el folletín de hoy termina la publicación de la linda novela original que estamos dando. Vista la grande aceptación que han tenido las dos que hemos insertado ya del mismo autor, vamos a dar cabida a otra de cortas dimensiones, pero que estamos seguros de que no agradará menos que las anteriores24. El aplauso del público estuvo acompañado del de la crítica, que saludaba lo que se sintió como una recuperación por fin auténticamente española del arte novelesco, entregado aquel entonces en manos de autores franceses, cuyas traducciones monopolizaban casi por completo el mercado. Los lectores pedían algo distinto, propio e «interesante», según Eugenio de Ochoa, esa bocanada de aire nuevo que vino a traer Fernán Caballero con su manera de narrar. Para examinar con precisión en qué consistió aquella revolución y cuáles fueron los experimentos narrativos de Cecilia que tanto llamaron la atención de sus contemporáneos, es necesario tener en cuenta primero las condiciones del contexto histórico-literario; en particular, tres de ellas tuvieron una influencia decisiva en su exitosa entrada en el espacio de la narrativa de su tiempo. En primer lugar, es importante recordar que los géneros más revolucionarios y en los que se centraron las novedades de mayor impacto durante esta época de grandes transformaciones fueron los que no estaban sometidos a la poética clasicista, condición esta que les permitía campar a sus anchas y al margen de las reglas; estos fueron la novela y el cuento, hasta entonces por completo 24. «Folletín / Advertencia», El Heraldo, nº 2255, 26 de septiembre de 1849, p. 1. Las novelas ya aparecidas eran La Gaviota, La familia de Alvareda, y la nueva cuya publicación se anuncia es Una en otra.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREzÁBAL 117 ajenos al espacio reglamentado de la retórica y la poética. Además, fueron los más demandados por la industria editorial puntera: la de los periódicos. A ellos se refiere el otro cambio trascendental que afectó de lleno y colaboró en el éxito de estos dos géneros narrativos: el que vivieron las publicaciones periódicas, una vía de divulgación de las producciones literarias que inundó e incluso dominó el espacio de la lectura. Los adelantos técnicos de la imprenta y la alfabetización progresiva de las clases medias consiguieron que a todas partes llegaran revistas y periódicos, convirtiéndose los folletines en lectura familiar muy común. En los cafés (espacio público y social de cada vez mayor importancia) podían encontrarse diariamente distintos títulos de prensa que pasaban por las manos de muchos parroquianos. En la sección inferior de las dos primeras páginas salía el consabido folletín, con el capítulo correspondiente de la novela que muchos lectores seguían con avidez. La prensa estaba cambiando el mundo lector y la novela se demuestra el género más comercial. Fernán Caballero inauguró su carrera pública en los folletines de El Heraldo y La España, dos cabeceras madrileñas de mucha difusión. En relación con ambas cuestiones, hay que apuntar en tercer lugar cómo la nueva cosmovisión asociada al romanticismo transformó la relación de los lectores con los textos y las condiciones de su demanda. En toda Europa se estaba viviendo una transformación literaria —y cultural— sin precedentes, relacionada con el nuevo eje sentimental que conectaba la producción con la demanda de textos25. El nuevo campo literario exigía a los escritores que aspiraban a una posición de cierta visibilidad mover —y conmover— a los lectores, interesarlos de una forma nueva y distinta, lo que 25. Puede encontrarse una atractiva y documentada presentación de esa nueva cultura cosmopolita en Orlando Figes, Los europeos: tres vidas y el nacimiento de la cultura cosmopolita, Barcelona, Taurus, 2022.
FERNÁN CABALLERO, AUTORAEXPERIMENTAL 118 hacía necesario nuevos recursos. Ello afectó sobre todo al género novelesco. De hecho, las primeras reivindicaciones de la novela, las de Diderot en el «éloge de Richardson» (1762) o Goethe en varios de sus escritos26, se concentraron en defender el efecto que esta tiene sobre los lectores. La novela tiene la capacidad de conquistar al lector sentimentalmente y trasladarle de esta manera, como decía Diderot, una carga ideológica enorme27. Así que la denostada novela resultaba ser el instrumento más hábil para, a través de las emociones, suscitar su empatía y ganarlo para la causa que se difunde. España estaba a la cola de esta nueva concepción, como vio Eugenio de Ochoa: las novelas interesantes las escribían los franceses, que acaparaban el mercado de la traducción. Pero, como también explicó el mismo crítico en esa reseña a La Gaviota que sigue publicándose como prefacio de la novela, Fernán consiguió una novela española interesante y que, frente a los éxitos franceses, de los que los conservadores españoles tanto recelaron, presentaba un imaginario nacional, una «nación imaginada» a la medida de sus intereses. ¿Cómo logró hacerse interesante? Cecilia Böhl conocía el panorama literario europeo como pocos autores de su tiempo. Procede de una familia cosmopolita sin paralelo en la España de la época. Su madre se carteaba con Schlegel y la Staël, leía a Shakespeare y Byron, tradujo a Mary Wollstonecfraft. Su padre, educado por Campe en las ideas de Rousseau, fue colector de una exquisita 26. Sobre las novedosas ideas de Goethe sobre la novela, véase Mercedes Comellas y Helmut Fricke, «La teoría literaria de Goethe», Tropelías. Revista de Teoría de la literatura y literatura comparada, nº 9 y 10 (1998-99), pp. 91-116; en particular, pp. 109-110. 27. Carmen García Cela, «Lectura y sensibilidad. Elogio de Richardson por Denis de Diderot», en La ciencia literaria en tiempos de Juan Andrés (1740-1817), M.ª José Rodríguez Sánchez de León y Miguel Amores Fuster (eds.), Madrid, Visor, 2019, pp. 185-208.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREzÁBAL 119 biblioteca y siempre vivió en contacto con prestigiosos hombres de letras. Cecilia gozó de una formación internacional, entre la juventud en Alemania, la educación francesa y las visitas a Gran Bretaña. Gran viajera y lectora, no ignoraba los cambios literarios que se estaban produciendo a lo largo de la geografía del continente. Tradujo a Goethe, leía con regularidad las revistas francesas, estaba à la page de las innovaciones editoriales. Así que pudo adaptar los recursos de las principales novedades que nutrían esa moda de lo «interesante»28. De los alemanes adoptó la base de sus experimentaciones más importantes, asentadas en las ideas del Volkgeist herderiano y la objektive Poesie de Friedrich Schlegel. Ambas habían sido formuladas en el marco de una renovadora teoría literaria de curso romántico que Cecilia pudo conocer perfectamente a través de su padre, quien se carteaba con los Schlegel y tradujo —o versionó— sus obras. En particular, el «objetivismo realista» schlegeliano adelantaba la base fundamental del realismo: la intencionada objetividad en la presentación del mundo. Fue también difundido por algunos de los críticos franceses que leía Cecilia (sobre todo Gustave Planche, uno de los críticos más respetados de la Revue des deux monde) y que en los años 30 del siglo XIX estaban dando forma teórica a los principios del realismo. Por eso, Fernán Caballero puede considerarse una autora romántica (su pretendido objetivismo parte del mismo Schlegel) y al tiempo iniciadora de las técnicas del realismo (en cuanto aquella teoría abría paso a una concepción del proceso creativo como forma de objetividad). De hecho, muchas de las técnicas con que experimentó Cecilia en la intención de acercarse a su amada y deseada verdad nutrieron a las 28. Lo he podido estudiar con cierto detenimiento en Mercedes Comellas, «La novela interesante o la verdad de las novelas entre Romanticismo y Realismo», Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, LXL (2014), pp. 90-142.
FERNÁN CABALLERO, AUTORAEXPERIMENTAL 120 siguientes generaciones de escritores. Como observa Eva Florensa, pretendiendo ser realista, «Fernán incluyó en su obra religión, mitología, filosofía, política, medicina, música, arte, literatura, crítica literaria, folclore y otras muchas manifestaciones culturales». Todos los conocimientos eran ansiosamente integrados por una ficción que nunca hasta entonces se había cargado de «tanta sustancia física y cultural», con la intención de convertir la novela «en un termómetro del estado cultural de una nación» donde «esta puede tomar conciencia de su puesto y destino en la historia»29. Su novedosa fórmula de usar la observación inmediata no solo la separa de los estereotipos de la novela romántica, sino que la adelanta sobre muchos de sus contemporáneos al dejar atrás la estética sentimental, considerada entonces —y hasta mucho después— el territorio literario propiamente femenino. Igual también que George Sand, Fernán intenta retratar la inquietante desintegración de los valores que vivió la sociedad de su tiempo, una realidad en movimiento a cuya crisis asiste con melancolía e íntima resistencia, mientras se aferra a un ideal de significación representado por la estética, ese poetizar la verdad que convirtió en eje de su ideario creativo30: Hay un instinto en mí (porque no le puedo dar el nombre de sentimiento razonado, ni menos fundado) que me lleva a estremecerme en pensar que se dijese: Esto no es verosímil, como del más amargo anatema. Al poetizar la verdad, que es todo mi afán 29. Eva Florensa, «Estudio y anexos» a Fernán Caballero, La Gaviota, Madrid, Real Academia Española, 2019, pp. 390-301. 30. Ermanno Caldera, «“Poetizar la verdad” en Fernán Caballero», en Romanticismo 3-4: Atti del IV Congresso sul romanticismo spagnolo e ispanoamericano: La narrativa romantica, Génova, Biblioteca di Lettere, 1988, pp. 17-22.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREzÁBAL 121 y mi alta moral, temo que no aparezca en todo su esplendor esta verdad que amo31. Una de las más señaladas novedades que Fernán Caballero incorporó está íntimamente relacionada con ese amor por la verdad y la realidad, que a su vez trajo consigo el interés por la actualidad. Sus obras se llenan de nuevos asuntos y las novelas sobre el presente sustituyen a las novelas históricas, género de moda en los años románticos. Los escenarios realistas de Fernán son coetáneos o se adelantan a los primeros ensayos de novelas contemporáneas, como los de Jacinto Salas y Quiroga, Ayguals de Izco o Nicomedes Pastor Díaz (De Villahermosa a la China se escribió entre 1844 y 1850, al mismo tiempo que La Gaviota, pero no se publicaría completa hasta 1858). Hasta entonces, la mirada a la actualidad se había concentrado en los artículos costumbristas, cuya brevedad narrativa no había conseguido ofrecer la visión panorámica que sí prosperaría en la novela fernandiana. Cecilia, que había empezado recogiendo estampas costumbristas, fue capaz de componer con ellas cuadros amplios que, más allá de reunir esos textos breves, tenían un efecto narrativo de mucho mayor alcance. Aquella misión de pasar del artículo a la novela, o del cuadro al panorama, se presentaba como un reto al que nunca se atrevió Mesonero Romanos. Requería el difícil trabajo de vincular las escenas manteniendo la psicología de los personajes y generando una continuidad que tampoco a Fernán le resultó del todo fácil. De hecho, la cronología de composición de las obras demuestra que la autora se inició en un tipo de novelas con muchos rasgos folletinescos y de la novela sentimental (incluidas las hijas ilegítimas, la nocturnidad, los personajes siniestros y los crímenes) en sus apretados lances; así sucede, por ejemplo, en Magdalena y 31. Fernán Caballero, «Carta a Miguel de Carvajal, Conde de Cazal», en Obras escogidas, ed. cit., pp. 561-562.
FERNÁN CABALLERO, AUTORAEXPERIMENTAL 128 europeo [...] de que se sirven muchos, creyendo indicar con ella una gran superioridad, cuando lo que generalmente indica es una gran dosis de necedad, y no poca de insolencia»39. Aquel lenguaje vivaz y ágil fue el que representó en muchos de sus diálogos, con un gusto naturalista que recogerían años más tarde los escritores del realismo. Sin embargo, su exploración procedía de ideas románticas: la necesidad de renovar el lenguaje literario y la convicción de la íntima identidad entre pueblo y lengua. La revolucionaria Fernán Caballero también lo fue en muchos otros aspectos, además de los que aquí se han repasado brevemente: fue creadora de un nutrido repertorio de nuevos géneros narrativos breves40, demostró un interés por la infancia que después desarrollarían los grandes autores del realismo, escribió en defensa de los animales, llegando a una actitud que hoy podríamos llamar ecologista41, y, sobre todo, dejó que la vida se hiciera cargo de la acción de sus novelas, o al menos de las mejores. Como escribió Aquilino Duque, junto a «su propensión al sermón edificante, a la lección moral, a la pedagogía cristiana [...], alienta una moraleja tácita, una lección práctica que se desprende, no de lo que hablan los personajes, sino del destino que les toca en suerte»42. En ello, Fernán 39. Prólogo a La Gaviota, en Obras escogidas, ed. cit., p. 7. 40. Para una revisión de los principales géneros narrativos que, además de la novela y el cuento, pueden distinguirse en su producción, véase Ángeles Ezama, «Fernán Caballero, autora de cuentos, relaciones y cuadros de costumbres», en Fernán Caballero: escritura y contradicción, op. cit., pp. 131-144. Véase también Mercedes Comellas: «Introducción» a Fernán Caballero, Obras escogidas, op. cit., pp. CVI, CIX-CXI. 41. Sobre el interés en la infancia y los animales, véase el capítulo de Julie Botteron, «Fernán Caballero, la infancia y la defensa de los animales», en Fernán Caballero: escritura y contradicción, op. cit., pp. 155-166. 42. Aquilino Duque, «Fernán Caballero: la tradición y el paisaje», Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 25, (1997), pp. 153-158; cita de p. 157.
MERCEDES COMELLAS AGUIRREzÁBAL 129 Caballero añadía una novedad a la colección de sus experimentos como adelantada del realismo: la incorporación de la vida a la novela. Muchos años después, en 1897, Benito Pérez Galdós leía su discurso de ingreso en la Real Academia Española, donde recoge aquella famosa y debatida frase de Imagen de la vida es la novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico que nos constituye y nos rodea; y el lenguaje, que es la marca de raza; y las viviendas, que son el signo de familia; y la vestidura, que diseña los últimos trazos externos de la personalidad: todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de balanza entre la exactitud y la belleza de la reproducción43. Muchos de estos ingredientes del realismo habían sido ya probados por Fernán Caballero con mayor o menor fortuna, desde las fisonomías hasta el lenguaje natural, buscando también la participación justa de exactitud y la belleza en ese «poetizar la verdad» al que nos referíamos arriba y que convirtió en su lema. Pero, sobre todo, Fernán había conseguido dejar la ficción de sus mejores novelas en manos del tempo de la vida. Así, en aquel extraordinario episodio metaficcional de La Gaviota, quizá uno de los 43. Benito Pérez Galdós, «La sociedad española como materia novelable», en Ensayos de crítica literaria, edición de Laureano Bonet, Barcelona: Península, 1990, p. 159. El texto galdosiano ha sido interpretado por Antonio Chicharro Chamorro, «Las reflexiones teóricas de Pérez Galdós sobre novela (Análisis del discurso de entrada en la Real Academia Española)», Actas del Cuarto Congreso Internacional de estudios galdosianos, Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1993, vol. 1, pp. 103-117. Y también por Francisco Caudet, «La falacia mimética: la cuestión del realismo en Galdós», Filología, 1-2 (1995), pp. 5-27.
FERNÁN CABALLERO, AUTORAEXPERIMENTAL 130 más experimentales de su producción, cuando varios personajes reunidos en la casa sevillana de la condesa de Algar discuten sobre cómo sería la novela que Rafael propone componer entre todos, la señora marquesa exige renunciar al «desenlace romancesco», esto es, novelesco y efectista, para dejar al tiempo vital su papel: el final de las novelas lo dictará «el tiempo, que da fin de todo, por más que digan los novelistas que sueñan en lugar de observar»44. Así, en La Gaviota la vida se impone sobre las ideas, incorporando la inevitable ambigüedad que hace a la obra interesante. Y la realidad, incluso la realidad de los personajes de ficción, gana la partida. También en eso, Fernán estaba ensayando las maneras del realismo. 44. Fernán Caballero, La Gaviota, en Obras escogidas, ed. cit., pp. 192-193.
Fernán Caballero: la escritora y su tiempo. A. Caballos y M. Comellas (eds.), Sevilla, RASBL, 2023, pp. 131-144. 131 UNA MUESTRA DE LA ESCRITURA DE FERNÁNCABALLERO SOBRE ANDALUCÍA: LAESTRELLA DE VANDALIA Rogelio Reyes Cano Catedrático Emérito de Literatura Española, Universidad de Sevilla. Real Academia Sevillana de Buenas Letras En su biografía de doña Cecilia Bölh de Faber Santiago Montoto nos dice que «Fernán Caballero pintó su Andalucía, la que ella vio en los blancos y rientes pueblos de Dos Hermanas, Carmona, los de la campiña sevillana; los arriscados en las sierras de Aracena y zufre; los tendidos como bando de pájaros en las faldas de la sierra de Ubrique, en Bornos, y las llanas y soleadas ciudades del Puerto de Santa María y Sanlúcar, brillantes al sol con sus salinas, como damas de corte de la reina de la bahía gaditana»1. Y ella misma, en una especie de prólogo de su novela Clemencia 1. Santiago Montoto, Fernán Caballero. Algo más que una biografía, Sevilla, Gráficas del Sur, 1969, p. 303.
UNA MUESTRA DE LA ESCRITURA DE FERNÁNCABALLERO 132 en 1852, dijo que lo que le movió a escribir esa historia no era otra cosa que contar «en lisa prosa castellana lo que realmente sucede en nuestros pueblos de España, lo que piensan y hacen nuestros paisanos en las diferentes clases de nuestra sociedad2. Esos tres nuestros están puestos en cursiva por la propia autora y muy deliberadamente enfatizados, con lo que sin duda quería poner el acento en el hecho de que ella, hija de un alemán y una gaditana, pero nacida en Suiza y formada en Alemania, se identificaba, sin embargo, con la vida española, y muy especialmente con los ambientes rurales en los que sitúa algunas de sus novelas. El mismo seudónimo que adoptó para firmar sus obras, Fernán Caballero, es un nombre masculino de sabor arcaico, muy castizo, como queriendo decir que, a pesar de sus orígenes híbridos, ella se sentía española por los cuatro costados. No en vano había vivido grandes experiencias en algunos pueblos andaluces como Dos Hermanas, donde su segundo marido, el marqués de Arco Hermoso, poseía la finca La Palma, o El Puerto de Santa María, donde vivían sus padres y adonde doña Cecilia se retiró tras la muerte de Arco Hermoso en 1835. Vinculada al costumbrismo de herencia romántica y resuelta enemiga de las ideas liberales, situará sus historias en pueblos de ficción que reflejaban, por lo general bastante dulcificadas, las experiencias vividas por ella misma. Así, en La Gaviota, Marisalada, su protagonista, vive en el pueblo de Villamar, un pretexto de Fernán para complacerse en sus costumbres, sus vestidos, sus coplas, sus leyendas populares o sus bailes, más que en el análisis psicológico de los personajes o en los posibles conflictos sociales del lugar, que brillan siempre por su ausencia. En La familia de Alvareda se sirve de 2. «Carta a un lector de las Batuecas», en Fernán Caballero, Clemencia, edición de Julio Rodríguez Luis, Madrid, Cátedra, 1975, p. 67.
ROGELIO REYES CANO 133 relatos y leyendas populares recogidas por ella misma durante sus estancias en Dos Hermanas. Y lo mismo ocurre con otros cuentos y relatos breves, como Un verano en Bornos, Simón Verde o Episodio de un viaje a Carmona, del que luego hablaremos, exponentes todos de un interés por la sabiduría popular que anticipa los trabajos de campo que algo más tarde, ya en los finales del XIX, harían destacados folcloristas con más bagaje científico como Antonio Machado Álvarez —Demófilo— o Francisco Rodríguez Marín, recopiladores infatigables de cantares, dichos, cuentecillos y relatos orales de los pueblos de Andalucía. Entre esos lugares que pueblan los escritos de Fernán, Carmona jugó un papel angular, ya que fue una de las pocas ciudades que aparecen con su nombre real y no ficticio, con sus calles, sus iglesias, sus personajes arquetípicos, el carácter, los hábitos y creencias de sus gentes… y un sinfín de detalles realistas que reflejan muy bien el afecto que doña Cecilia dispensaba a este lugar. Tal ocurrió en una novela de título bien significativo para los carmonenses: La Estrella de Vandalia, escrita en los años cincuenta del siglo XIX3. Después de una dedicatoria a su amiga, la carmonense doña Dolores Tamarit, en la que elogia sus virtudes, y de relacionar la novela con «el encanto de los recuerdos que conservo de este lindo pueblo», el capítulo primero es una descripción muy complaciente y sin duda muy idealizada de aquella Carmona donde ella había vivido algunas temporadas: sus monumentos, sus escuelas, su magnífica vega, y la condición y el carácter de sus habitantes, concentrados —dice— en dos grandes virtudes: la limpieza y aseo en el orden material («un aseo excesivo, tan general y tan erigido en 3. Para este estudio utilizo la edición de La estrella de Vandalia publicada, junto a ¡Pobre Dolores¡, en el volumen de las Obras de Fernán Caballero titulado Relaciones (Madrid, Establecimiento tipográfico de F. de P. Mellado, 1857). La obra contó con un extenso prólogo de Joaquín Francisco Pacheco.
UNA MUESTRA DE LA ESCRITURA DE FERNÁNCABALLERO 134 costumbre, que no lo ostentan, ni lo pregonan, ni aun lo notan») y el sentimiento religioso y caritativo en el orden moral: Y hemos presenciado allí tales rasgos de ambas sublimes virtudes (que en sí resumen todo el Decálogo: a dios sobre todo y al prójimo como a ti mismo), que hemos exclamado con entusiasmo que bien merece Carmona la denominación que le dieron los romanos y le otorgaron por armas, que es una estrella con este mote: «sicut lucifer in aurora, sic in vandalia carmona». Como brilla la estrella de la mañana en la aurora, brilla en Vandalia Carmona4. La intención de doña Cecilia es en tal modo panegírica para con la ciudad de Carmona, que no podrá sorprendernos el argumento de la novela, todo un pretexto para entonar sin el menor sentido crítico las supuestas virtudes de su gente. Un idealismo de corte romántico sublima el comportamiento de sus habitantes, tanto de la clase más pudiente como de los más pobres y necesitados, y envuelve la trama en una atmósfera exageradamente literaria por blanda y por benévola. La historia comienza en la casa de una señora rica, viuda de don Juan Trigo (repárese en la alusión indirecta al cereal de la vega, el principal producto agrícola de la ciudad, aunque posteriormente lo sustituya por Trillo), con dos hijos de corta edad, cuya formación pone en manos de uno de los frailes exclaustrados del convento de San Jerónimo, una suerte de «sabio tonto», que no supo meter en vereda ni a Mauricio, «flojo, dejado y que tenía horror a todo trabajo», ni a Raimundo, «violento de carácter» y «grosero en sus maneras y expresiones», una 4. La estrella de Vandalia, ed. cit., p. 10.
ROGELIO REYES CANO 135 personalidad «muy andaluza o, por mejor decir, árabe, sólo faltaba un turbante para ser un Almanzor o un Malek-Adhel»5. La figura del padre Buendía, que era como se llamaba el buen fraile, es sólo un pretexto para ilustrar a los dos vástagos sobre la historia de Carmona y los dichos, refranes, oraciones y cuentecillos de su gente, y a recorrer con parsimonia sus monumentos históricos y sus paisajes, desde la Puerta de Córdoba a la vega y desde el exclaustrado monasterio de San Jerónimo a las ruinas del Alcázar, observadas con esa mirada exultante con que el Romanticismo contemplaba la dosis de misterio que habitaba en los vestigios del pasado. En el curso de esos paseos el sacerdote va aleccionando moralmente a los dos niños con dichos y sentencias edificantes, y al mismo tiempo se van encontrando con personas humildes, que protagonizan episodios tiernos y edulcorados, porque toda la novela tiene un aire moralizante, expuesto, eso sí, con amenidad y ligereza. La acción pasa luego a otro espacio arcádico, esta vez a una casa pobre en la que vivía la abuela de tres niñas encantadoras y que estaba cercana al molino de aceite «que ocupa el punto culminante del picacho sobre el que está labrada Carmona». La descripción de este nuevo espacio es igualmente amable, ya que esa casa es «pobre y humilde», pero, en la misma línea de idealización de lo popular, es, al mismo tiempo, «blanca y florida como la mente de sus moradores». Todo en la gente pobre de Carmona resulta armónico, lleno de paz y de corazones sanos; una pobreza «linda y candorosa», como propia de un pueblo «criado por el Catolicismo»6. La narración posee, pues, un tono poético en el que no tienen cabida ni los vicios ni las carencias de la gente. No hay ruptura ni 5. La estrella…, ed. cit., p. 19. 6. La estrella…, ed. cit., pp. 46-49.
UNA MUESTRA DE LA ESCRITURA DE FERNÁNCABALLERO 136 violencia alguna, ni mucho menos lucha de clases. Cada cual, tanto los ricos como los pobres, se contenta feliz con su suerte. Esa poetización se proyecta también al plano formal y estilístico, con pasajes elevados en la descripción de paisajes, flores y costumbres populares, y de vez en cuando —fiel al conservadurismo radical de la autora— algunas puyas e ironías contra el progreso y contra la mentalidad liberal, de la que doña Cecilia era una más que notoria adversaria. Así, al describir Carmona, dice que «todo en la ciudad es antiguo, bello y digno», pero sólo en su parte más alta a la derecha, esto es, hacia el Levante, ha labrado la era moderna un feísimo telégrafo, que lleva la matrona como signo de actualidad en su frente, en la que aparece una verruga. No es culpa nuestra si los telégrafos son feos, si son caricaturas de torres, si hacen muecas, como decía un amigo nuestro; si, simbolizando la velocidad, son unas moles pesadas y sin gracia, [si] careciendo de belleza en su forma y de poesía en su objeto, [son] grotescas esfinges que solemnizan la cotización de la Bolsa7. Esa inmersión en la casa pobre es de nuevo un pretexto para idealizar la pobreza, defender una religiosidad popular del todo ingenua y sentimentalista y recoger una vez más, en esta ocasión por boca de la abuela, oraciones, cuentecillos, refranes, chascarrillos y acertijos del lugar, así como graciosos vulgarismos como mae por madre, pae y paecito por padre y padrecito o naide por nadie. En ese sentido, la abuela ejerce una función paralela a la del padre Buendía, éste en clave culta y aquélla en clave popular. Tal sucede, por ejemplo, con el cuentecillo del judío errante, aludiendo al Cristo de la Veracruz: 7. La estrella…, ed. cit., p. 8.
ROGELIO REYES CANO 137 —Como que es este Señor un traslado del de la Vera-Cruz, de quien dijo Juan Espera-en-Dios que era idéntico al Señor —dijo la anciana. —¿Quién es ese Espera-en Dios, madre-abuela? —preguntó Gracia. —Es el Judío errante. —¿Y quién es ese judío, abuelita? —preguntó Antonia. —Ese judío —contestó la abuela— es un zapatero que vivía en Jerusalén en la calle de la Amargura, y cuando el Señor pasó por ella con la cruz a cuestas, al llegar a la puerta de su casa, iba tan destrozado y exhausto, que quiso descansar en ella, y le dijo al dueño: «¡Juan, sufro mucho!» Y Juan contestó: «¡Anda, anda, que más sufro yo, que estoy aquí cosido al remo del trabajo!». Entonces el Señor, viéndose tan cruelmente despedido, le dijo al zapatero: «¡Pues anda tú, anda… hasta la consumación de los siglos!». Al punto aquel hombre sintió que andaban sus pies sin él moverlos ni poderlos retener, y desde entonces empezó a andar, a andar… y desde entonces anda sin nunca pararse, y andará hasta la consumación de los siglos, ¡para que se cumpla la maldición de Dios que se atrajo!8. De entre los muchos motivos de la cultura oral de Carmona que Fernán recoge en su novela, traigo a colación este del judío errante sólo como una muestra de hasta qué punto concibe su relato como un marco en el que insertar todo ese acervo popular que tanto le interesaba. Por eso la novela, más que un relato bien articulado y verosímil, es más bien una pura sucesión de escenas de costumbres destinada a hilvanar un material folclórico. Ni siquiera sé, sin embargo, si todos esos materiales proceden en verdad de Carmona o si han sido extraídos de trabajos de campo que la autora llevó a cabo en otros muchos puntos de Andalucía. 8. La estrella…, ed. cit., p. 62.
UNA MUESTRA DE LA ESCRITURA DE FERNÁNCABALLERO 144 Tras el inmediato comentario de Fernán, complacida en el gracejo de su interlocutor, asoma una vez más su impenitente pasión de verdadera folclorista. Por eso añade: Nada tuve que contestar, y sí sólo que admirar riendo toda la profundidad y contundencia de una réplica que sólo un andaluz hubiese encontrado, encerrando en tan pocas palabras tanto sentido. Efectivamente, si los pobres no transitaban por aquel camino sino en el coche de San Francisco19, o en la montura de Sancho Panza, ¿qué se les iba ni se les venía en que para aquellos que lo pasaban en coche, diligencias o galeras estuviese en mal o buen estado, ni qué se les daba de que ofreciese a éstos más o menos comodidad?20 Ignoro si, más allá de la preocupación folclorista de Fernán, hay en esta salida final alguna retranca carmonense contra los naturales de Mairena, muy propias, como es sabido, del habitual pugilato entre pueblos vecinos. En cualquier caso, quede aquí —y con esto concluyo— como una muestra de hasta qué punto tanto La estrella de Vandalia como el Episodio de un viaje a Carmona reflejan bien a las claras cómo la novelística de doña Cecilia, tan innovadora y cercana al realismo en su técnica narrativa, está informada todavía por el idealismo romántico en la elección de los temas y en la pintura de caracteres. Anticipadora del folclorismo moderno, su atención al patrimonio de la cultura popular es, en mi opinión, uno de sus valores más genuinos y más merecedores de elogio. 19. Hoy diríamos el coche de San Fernando, «un ratito a pie y otro andando». 20. La estrella…, ed. cit., p. 183.
Se terminó de imprimir este libro el 30 de octubre de 2023, cuando se cumplen 270 años de aquél día en que esta Real Academia Sevillana de Buenas Letras hizo su solemne presentación pública en la «Sala Cantarera» de los Reales Alcázares de Sevilla con una disertación de su director, Luis Germán y Ribón, sobre «Las utilidades que resultan de los cuerpos académicos», con el propósito mantenido, hoy como entonces, de ser «centro de donde irradiase la luz del saber, en honra y provecho de las ciencias y de las letras patrias»