La peste de 1649: un breve estudio sobre una "copiosa relación" del mismo año
Abstract
Sevilla fue azotada entre marzo y julio de 1649 por una epidemia de lo que hoy se conoce como “peste bubónica”. Las autoridades intentaron paliar sus efectos cerrando murallas o impidiendo el comercio exterior. Los médicos combatieron la enfermedad dentro de sus conocimientos, pero eso no impidió que Sevilla quedara diezmada, lo sabemos a través de algunas relaciones de sucesos, entre las que se encuentra la Copiosa relación de lo sucedido en el tiempo que duró la epidemia en la grande y augustísima ciudad de Sevilla, año de 1649, o la historia de Sevilla que recopiló Ortiz de Zúñiga. A pesar de todos los esfuerzos, Sevilla fue terriblemente dañada y no volvió a ser la misma.
Full text
La peste de 1649. Un breve estudio sobre una "copiosa relación" del mismo año Míriam García Gutiérrez Tutora: Profesora Cristina Moya García Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana Facultad de Filología Año: 2020
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3 Contenido Resumen ..................................................................................................................................... 5 Summary .................................................................................................................................... 5 Introducción ............................................................................................................................... 5 Relaciones de sucesos ................................................................................................................ 6 ¿Qué son? Inicios y desarrollo ................................................................................................ 6 Tipología ................................................................................................................................. 7 La peste ...................................................................................................................................... 9 ¿Qué es? Definición y tipos .................................................................................................... 9 ¿Qué se pensó que era la peste? (castigo, señales celestes, etc.) ............................................ 9 ¿Cómo se combatía la peste en el siglo XVII? ..................................................................... 11 Epidemias de peste en España .............................................................................................. 12 La peste en la Literatura ....................................................................................................... 13 La peste de 1649. Contexto del suceso. ................................................................................ 14 Copiosa relación de lo sucedido en el tiempo que duró la epidemia en la grande y augustísima ciudad de Sevilla, año de 1649 ................................................................................................. 15 Características ....................................................................................................................... 15 Impresor ................................................................................................................................ 16 Dedicatoria ............................................................................................................................ 16 Augurios. Relación bíblica ................................................................................................... 17 La peste como castigo ........................................................................................................... 19 Sevilla diezmada. Ciudad-cementerio .................................................................................. 21 ¿Ciudad redimida? Cofradías y rezos ................................................................................... 22 Milagros ................................................................................................................................ 24 Personajes mencionados por nombre ................................................................................... 25 Don Luis Méndez de Haro y Sotomayor .......................................................................... 26 Don Pedro López de San Román Ladrón de Guevara ...................................................... 26 Antonio de Viana .............................................................................................................. 28 Gabriel de Aranda ............................................................................................................. 29 Agustín Spínola ................................................................................................................. 29 Fray Domingo Pimentel .................................................................................................... 30 Alberto Pardo Calderón .................................................................................................... 30 Conclusiones ............................................................................................................................ 31 Bibliografía ............................................................................................................................... 33
4 Anexos ...................................................................................................................................... 38 Anexo I: Ejemplar impreso (portada y dedicatoria) ............................................................. 38 Anexo II: Transcripción ........................................................................................................ 40 Anexo III: Relación de fallecimientos que quedan registrados en la Copiosa relación… ... 68 Anexo IV: Imágenes ............................................................................................................. 70 Anexo V: Entrevista a la Profesora Lucía Tabares ............................................................... 75
5 Resumen Sevilla fue azotada entre marzo y julio de 1649 por una epidemia de lo que hoy se conoce como “peste bubónica”. Las autoridades intentaron paliar sus efectos cerrando murallas o impidiendo el comercio exterior. Los médicos combatieron la enfermedad dentro de sus conocimientos, pero eso no impidió que Sevilla quedara diezmada, lo sabemos a través de algunas relaciones de sucesos, entre las que se encuentra la Copiosa relación de lo sucedido en el tiempo que duró la epidemia en la grande y augustísima ciudad de Sevilla, año de 1649, o la historia de Sevilla que recopiló Ortiz de Zúñiga. A pesar de todos los esfuerzos, Sevilla fue terriblemente dañada y no volvió a ser la misma. Summary Between March and July 1649, Seville was scourged by an epidemic disease –today it is known as bubonic plague. Authorities tried to mitigate the effects the best they could closing the city gates or preventing the external trade; doctors did also fight against the illness from their knowledge, but nothing kept Seville safe –many inhabitants died. We know this thanks to the information we get from relaciones de sucesos –as the Copiosa relación de lo sucedido en el tiempo que duró la epidemia en la grande y augustísima ciudad de Sevilla, año de 1649– or from the history of Seville compiled by Ortiz de Zúñiga. Despite all the efforts, Seville was terribly damaged and never again was the same. Introducción Las epidemias de peste se habían estado repitiendo en España desde el siglo XIV. En ocasiones, se distanciaban un poco más en el tiempo pero siempre recobraban su voracidad y, durante mucho tiempo, esta enfermedad se convirtió en un mal endógeno (Betrán Moya, 2006, pp. 45, 46) contra el que no se podía combatir sino cerrando las murallas de las ciudades e impidiendo el comercio entre unas y otras. La Iglesia achacó el mal a un castigo divino de manera que al terror de la muerte en sí misma se le sumó el temor a no recibir la recompensa de la vida eterna. Sevilla, corona del comercio en España, se convirtió en un cementerio en el que los moribundos pedían a gritos los sacramentos y el perdón por sus pecados. La peste que asoló Sevilla en 1649 ya había estado en otras zonas de Andalucía desde el año anterior (Domínguez Ortiz, 1986, p. 72); de hecho, se barajó la posibilidad de que hubiese llegado desde Cádiz, ciudad con la que Sevilla siguió comerciando hasta principios de 1649. Esta epidemia, entrase por la vía que entrase, se llevó la vida de unas 60.000 personas
6 (Domínguez Ortiz, 1986, p. 74) y la ciudad, aunque pudo recuperar parte de su población, no recuperó jamás su esplendor. Disponemos de información de lo acaecido en la actualidad a través de, por ejemplo, los Anales de Ortiz de Zúñiga o de relaciones de sucesos, como la Copiosa relación…, que nos permiten conocer el pensamiento en aquel momento, la interpretación de lo que estaba sucediendo, cómo se intentó atajar la enfermedad, qué se veía en las calles, cómo reaccionaban los afectados, etc. El presente estudio nos permitirá desentrañar esas cuestiones desde el punto de vista de “un religioso”, citando la Copiosa relación…, que vivió en primera persona los hechos. Relaciones de sucesos ¿Qué son? Inicios y desarrollo Según Víctor Infantes, se trata de “textos breves de tema histórico concreto con una intencionalidad de transmisión […]” (Infantes, 1996, p. 208); además, es imprescindible, según este mismo autor, que sea impreso, que es lo que el autor llama “ámbito oficial” (Infantes, 2012, p. 1064). Para Carmen Espejo-Cala (2009, p. 75), podemos hablar de relación si el tema que trata tiene que ver con “novedades políticas”. Patrick Bègrand (2006, p. 9) da una definición más amplia ya que, para él, la relación también lo es si trata un hecho ficticio, pero desde la verosimilitud, es decir, ya no hablamos de relación exclusivamente cuando se trata un tema político, sino que a este se le unen otros muchos temas. Nieves Pena Sueiro (2001, p. 1) las caracteriza como textos cuya función principal es “informar, entretener y conmover”. No obstante, solo fue necesario que algunos supieran verle alguna salida más y muy rápidamente se convirtieron en un medio de difusión política a cargo de los gobernantes y de la Iglesia (Cátedra, 1996, p. 33). Para Víctor Infantes (1996, pp. 209-211), hay una serie de características que las relaciones deben cumplir; entre las mencionadas más arriba, que sean impresas, que su intención sea informativa (Pena Sueiro, 2001, p. 1) o que el tema no tenga que ser completamente real pero sí verosímil (Bègrand, 2006, p. 9); pero también comparten entre sí otras como que frecuentemente son anónimas y que suelen estar escritas en tercera persona— aunque pueden aparecer en primera (como en la relación que estudiamos), recuperando la técnica epistolar—. Hay autores, algunos mencionados más arriba, que señalan los orígenes de las relaciones con la aparición de la imprenta, otros, como Pedro Cátedra (1996, p. 33), señalan que, en realidad, su origen está en la oralidad y en la necesidad de saber; sea que solo podamos
7 remontarnos hasta la aparición de la imprenta, sea que podamos hablar de relaciones incluso antes 1 , lo que es seguro es que su antecesores son las epístolas de relación y las “misivas cuyo destino era informar a un particular o a un grupo institucional o no” (Cátedra, 1996, p. 33). En cuanto a su uso, empieza a decaer a partir de la segunda mitad del XVII, según Víctor Infantes (1996, p. 205-207), un periodo en el que surgen nuevos medios informativos que, aunque no rompen del todo con las relaciones, incorporan otras características como la periodicidad y que ya no son monotemáticas. A pesar de esta (r)evolución (Espejo-Cala, Peñalver Gómez, Rodríguez Brito, 2008, p. 26) 2 en la forma de informar, Pena Sueiro llega a situar relaciones incluso a comienzos del siglo XX (Pena Sueiro, 2001, p. 2). Tipología La tipología aplicada a las Relaciones de sucesos tiene como objetivo facilitar su estudio mediante la clasificación, ya sea teniendo en cuenta su propósito —como modificar ideologías o moralizar (Bernal Rodríguez y Espejo-Cala, 2004, pp. 137, 138)— si se consideran exclusivamente textos periodísticos, ya sea teniendo en cuenta su temática como, por ejemplo, en el género literario. No obstante, no es siempre fácil encajar las relaciones en estas tipologías y mucho más si lo hacemos desde el punto de vista de Francisco López Estrada, es decir, en relación con la finalidad de los textos (Bernal Rodríguez y Espejo-Cala, 2003, p. 139). Por otra parte, recogemos a continuación la que presenta Víctor García de la Fuente (1996, pp. 181, 182) que parece realizada desde la temática y no desde la finalidad: - Tema militar (primer tipo). - Recibimientos o fiestas celebradas (segundo tipo). - Desastres naturales o hechos extraordinarios (tercer tipo). - Nacimientos, bodas o defunciones (cuarto tipo). - Vidas de personajes peculiares (quinto tipo). - Sucesos terribles, sacrilegios y horrendos crímenes (sexto tipo). - De religiosos (séptimo tipo). Llegados a este punto, y reflexionando sobre la Relación que estudiamos, en primer lugar, podríamos inscribirla dentro del tercer tipo ya que se hacen varias referencias a que “la fundamental y verdadera [causa] es que fue epidemia por la malévola influencia de 1 Autores como Palau sitúan una primera relación en 1285 titulada Relación Histórica de la famosa invasión de exercito y armada de Francia en Cataluña (Infantes, 1996, p. 205). 2 Nos permitimos usar este término porque coincidimos con Carmen Espejo-Cala cuando apunta a que las relaciones son producto de la evolución y de la nutrición de otros géneros. (2008, p. 2).
8 constelaciones que corrieron por todo este meridiano y planetas que predominaban este año” (Copiosa relación…, h. 4r), además de compararla a desastres ocurridos en otros lugares como otras pestes o incendios (Copiosa relación…, h. 3v); así mismo, también tendríamos que plantearnos inscribirla dentro del quinto tipo ya que hace referencia a varios personajes notables de la ciudad Sevilla y otros que, aunque no notables, no dejan de ser casos peculiares 3 ; del sexto, porque en la Relación aparecen detalles escabrosos y del séptimo, porque el autor hace un recorrido por los distintos conventos y cómo actuaron algunos clérigos que aparecen señalados por cargo y nombre. Por su parte, María Sánchez Pérez (2012, pp. 339, 340) da otra clasificación de las Relaciones de sucesos y, aunque lo hace para las del siglo XVI, consideramos que puede resultar igualmente válida para las del siglo XVII: “1. Relaciones de sucesos históricas o histórico-ideológicas 1.1. Histórico-políticas 1.2. Festividades 1.2.1. Relativas a la monarquía 1.2.2. Religiosas 2. Relaciones de sucesos extraordinarios o eventuales 2.1. Milagros 2.2. Desastres naturales 3. Relaciones de sucesos de testimonios personales 3.1. Cautivos y renegados 3.2. Martirios 3.3. Casos horribles y espantosos 3.4. Extravagantes” Según esta última tipología, la Relación que nos ocupa encajaría, por un lado, en el tipo 1.1., de hecho, como veremos más adelante, varios personajes están reflejados en ella y la Relación termina diciendo de ellos que “hoy más es Sevilla dos veces augusta, una por su antiguo origen y otra por tan esclarecidos hijos” (Copiosa relación…, h. 26v); el autor reclama la atención sobre esos hombres que tanto hicieron por la ciudad según se registra en nuestra Relación. Por otro lado, la Copiosa relación… no deja de ser una narración de lo que sucedió en Sevilla durante los meses de abril a mayo de 1649, lo que nos haría encajarla en el tipo 2.2. 3 Hablaremos de ellos más adelante.
9 La peste ¿Qué es? Definición y tipos Para definir y clasificar esta enfermedad nos hemos basado principalmente en la entrevista que hemos realizado a la Profesora Lucía Tabares Domínguez, Catedrática de la Universidad de Sevilla 4 en el Departamento de Fisiología Médica y Biofísica de la Facultad de Medicina. La peste es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Yersinia pestis 5 , nombre dado en honor de uno de sus descubridores, Alexandre Yersin. Uno de los vectores para su transmisión es la pulga de la rata que al picar a personas las infecta con la bacteria. Se manifiesta mediante lesiones en la piel (bubones), fiebre, hemorragia, debilitamiento general y así hasta que produce la muerte. Otra forma de transmisión es la aérea, que afecta en primer lugar al aparato respiratorio, también muy virulenta. En cuanto al tipo de peste, se clasifica con base en la primera y más potente manifestación en el sujeto, en otras palabras, depende de cómo se ha producido el contagio: - Peste neumónica, si el contagio se ha producido por vía aérea, afecta a los pulmones; es muy contagiosa y acaba rápidamente con la vida del enfermo. - Peste bubónica, si el contagio se ha producido por la picadura de pulgas, afecta a los ganglios linfáticos; actúa con menor rapidez que la neumónica. - Peste septicémica, cuando la bacteria llega rápida y masivamente a la sangre; es muy rápida y letal ya que termina afectando a todos los órganos del paciente. ¿Qué se pensó que era la peste? (castigo, señales celestes, etc.) 6 Actualmente, conocemos el patógeno responsable de la peste y disponemos de un tratamiento eficaz para combatirla, pero no hace tanto tiempo su origen se atribuía a distintas causas. Tan solo basándonos en la Copiosa relación de lo sucedido en el tiempo que duró la epidemia en la grande y augustísima ciudad de Sevilla, año de 1649, nos podemos dar cuenta, por un lado, de que España aún no había abandonado la idea de un Dios vengativo que castiga por los pecados. De hecho, al comienzo de la Relación se compara a Sevilla con “Nínive 4 La Profesora Tabares, a quien le agradecemos profundamente que aceptase que la entrevistásemos, respondió a las preguntas que le planteamos en julio de 2020. Gracias a su intervención, la visión que tenemos de la enfermedad y la comprensión de lo que se relata en la Copiosa relación… son mucho más objetivas, amplias y, sobre todo, humanas. 5 Ver Anexo IV, Imagen 9. 6 Para una historia detallada del tratamiento de la peste, consultar Betrán Moya (2006, pp. 194-216).
16 a la biblioteca de Pascual Gayangos; otros dos están en Sevilla, uno en la Biblioteca Colombina y otro en el Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla; el último se encuentra en Nueva York 15 . La base de datos de BIDISO necesita completar la información ya que solo aparecen tres de los cinco ejemplares que hemos mencionado. En cuanto a sus características físicas, la Copiosa relación… consta de 26 hojas impresas tanto por el recto como por el vuelto. Lleva una portada con el título que, citando a Infantes de Miguel (2012, p. 1064), “se ofrece en una tipografía de mayor cuerpo con el fin de resaltar su contenido”. Esta Relación, al contrario de lo que sucede en otras, no lleva ningún grabado descriptivo de la tragedia que detalla, pero sí iniciales capitales; los tipos de letra que usa son redondo y cursiva y, en general, las letras no están mal conservadas, aunque en algunas páginas del impreso la lectura se vuelve un tanto difícil. Impresor El impresor fue Juan Malpartida de Alas cuya actividad fue mayoritariamente sobre relaciones de sucesos, alegaciones y sermones. Realizó sus impresiones principalmente en Écija, a excepción de alguna ocasión en la que imprimió en Utrera 16 , como sucede con Varias materias, de diversas facultades, y sciencias. Política contra la peste de 1655, cuyo autor fue Francisco Salgado Garces y Ribera 17 . Domínguez Guzmán sitúa a Malpartida también en Osuna (Domínguez Guzmán, 1992, p. 55, n. 123). Pudo tener una actividad irregular teniendo en cuenta que “faltan impresiones suyas en los años 1637, 1643, 1644, 1646 y 1647” (Delgado Casado, 1996, p. 416); a pesar de ello, accedió al cargo de impresor cabildo de la ciudad ya por 1642 y también ejerció como “mercader de libros” (Domínguez Guzmán, 1992, p. 40) y como escritor según indica Caldero Martín (1973, p. 19-48). Dedicatoria La relación está dedicada “al excelentísimo señor don Luis Méndez de Haro y Sotomayor, marqués del Carpio, conde-duque de Olivares, gran canciller de las Indias, gentilhombre de la 15 Las signaturas de los ejemplares son: VE/19/29 y VC/56/186 (Pascual de Gayangos), ambas en la Biblioteca Nacional de Madrid; la que se encuentra en Nueva York está registrada en Penney, pág. 315; 61-5-8 (Olim: 63-230(28)) y Humanidades H Ra./315, ambas en Sevilla, en la Biblioteca Capitular y Colombina y en la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Sevilla, respectivamente; agradecemos profundamente a Eduardo Peñalver el habernos facilitado información sobre los cinco ejemplares de la Copiosa relación… que se conocen. 16 Agradecemos a Cipriano López Lorenzo que nos haya facilitado esta información que recopila en su tesis doctoral titulada Imprenta y poesía en la Sevilla del siglo XVII (1621-1700): repertorio y estudio, leída el 11 de marzo de 2016 en la Universidad de Sevilla y dirigida por el Profesor Juan Montero Delgado. 17 Queda señalado en el catálogo realizado por Klaus Wagner (1987) bajo el número 382; la relación en la que basamos este trabajo aparece bajo el número 351. (pp. 65, 69).
17 cámara de su majestad y su caballerizo mayor, comendador mayor de Alcántara y alcaide de los Reales Alcázares de Sevilla, etc.” (Copiosa relación…, portada). Llama la atención el segundo apellido, Sotomayor, del conde-duque de Olivares, más adelante se verá por qué. Quien la dedica es Pedro López de San Román Ladrón de Guevara, de quien también hablaremos más adelante y quien aún por esta fecha de 1649 tenía el cargo de jurado de Sevilla, cargo en el que permaneció hasta 1650, y de “familiar del tribunal de la Santa Inquisición” (Copiosa relación…, portada). En esta primera página debería aparecer, junto con la dedicatoria, el lugar de impresión y el impresor, de quien ya hablamos más arriba, y el autor pero esta Relación, como muchas otras, es anónima; sí se sabe por la información dada que fue “escrita por un religioso a su reverendísimo padre general” (Copiosa relación…, portada), esto nos lleva a pensar en la afirmación que hizo Cátedra en su artículo “En los orígenes de las epístolas de relación”: es “el poder político o religioso el que institucionaliza la información y su transmisión” (1996, p. 33), así que, si pensamos que el autor fue este religioso desconocido, no podemos esperar menos que múltiples referencias religiosas y bíblicas, relatos de milagros o “maravillas de lo alto” (Copiosa relación…, h. 3v) y de castigos divinos que “sirvan 18 para el escarmiento” (Copiosa relación…, h. 3v). En la siguiente hoja, la de la dedicatoria, don Pedro López de San Román Ladrón de Guevara escribe unas palabras al conde-duque de Olivares en las que le pide que sea “protector de sus líneas” (Copiosa relación…, h. 2v), unas líneas, asegura, fiables por “haberlas el autor tocado tan de cerca” (Copiosa relación…, h. 2v), es decir, estuvo en Sevilla en las fechas en las que se produjo la epidemia y previamente; además, parece querer justificar que esté a su nombre y no al del autor “porque no se queje ni su modestia se resienta de sacarle” (Copiosa relación…, h. 2v). Finalmente, tras desearle salud a su protector, firma como Pedro López de San Román Ladrón de Guevara, firma que había empezado a usar alrededor de 1647 como indican José Ramón Díaz de Durana y Alfonso de Otazu (2008, p. 186). Augurios. Relación bíblica Los augurios —lo que Agustín Redondo (1996, p. 288) llama “prodigios”—, cuya interpretación se mezclaba con la de un Dios que castigaba, hablaremos más adelante de esto, también aparecen reflejados en la Copiosa relación… enmarcando la epidemia (se consideraron 18 Cursiva mía.
18 augurios sucesos que tuvieron antes, durante y justo antes de acabar la epidemia). Estos prodigios, reales o legendarios, fueron usados por la Iglesia para la “reconquista del pueblo cristiano” (Redondo, 1996, p. 288). La primera mención que se hace de algo que podría equivaler a esas señales de las que habla Redondo es el hambre que “casi se midió con el estado del mal” (Copiosa relación…, h. 4r). Por supuesto, una hambruna en sí no tiene por qué funcionar como un augurio pero lo hemos incluido porque la relación califica esta hambruna como “azote” (Copiosa relación…, h. 4r), una primera advertencia de todo lo que estaba por llegar: “el terrible mazazo de 1649” (Carmona García, 2004, p. 203). La inundación que sufrió Sevilla acompañada de la climatología, que también había sido extraña 19 , podía funcionar también como augurio o prodigio que iba advirtiendo de la llegada de la ira divina. Llegó en un periodo de tiempo en el que se habían sucedido numerosas inundaciones antes 20 , aun así, podemos considerarla, citando de la Biblia, “principio de grandes sufrimientos” 21 que presagió la epidemia. Mayor que todos los presagios anteriores, según la Copiosa relación…, y la causa primera de que la peste se instalara en Sevilla durante unos cuatro meses con la brutalidad con la que lo hizo 22 fue “la malévola influencia de constelaciones que corrieron por todo este meridiano y planetas que predominaban este año” (Copiosa relación…, h. 4r). Carmona García (2004, p. 221) cita la siguiente explicación: Y así que se pasó el Astro de Saturno al signo de Géminis (y mirando desde allí un cuadrado siniestro al de Piscis, que tiene dominio sobre Sevilla) encendió el fuego pestilencial en aquella gran Babilonia de Europa, y en otras ciudades y villas de Andalucía, puertos de mar y tierra adentro. Domínguez Ortiz (1986, p. 73), por su parte, recoge las palabras del Piloto Mayor de la Carrera de Indias, Francisco Ruesta, que detalla que “Marte malévolo” había estado predominando en el cielo. Este último prodigio coincide con un sol “tan carmesí que parecía 19 “el tiempo por haber andado hasta el mes de julio tan vario que solo era in levitate constans; los abriles y los mayos de este país, que suelen competir con las Canículas de otros, se vieron convertidos en diciembres” (Copiosa relación…, h.4r ). 20 Domínguez Ortiz (1986, pp. 57-59) refiere que en el periodo entre 1587 y 1650 se sucedieron dieciséis riadas y que, en general, las que se dieron en el siglo XVII fueron “de especial frecuencia y peligrosidad” (Domínguez Ortiz, 1986, p. 57). 21 Según la nota de La Biblia. Traducción del Nuevo Mundo (2019) los “grandes sufrimientos” podrían traducirse como “dolores de parto” (Mateo 24:8). 22 Desde 1524 no se había producido en Sevilla una epidemia con tanta intensidad (Carmona García, 2004, p. 203).
19 estar bañado en sangre […]; todos lo atribuyeron a justicia divina” (Copiosa relación…, h. 17v), más adelante se lee que esto sucedió “de sentimiento en nuestro Dios de ver lo poco que le temían los hombres o de pena” (Copiosa relación…, h. 17v). Por último, hubo otras señales que pronosticaron el fin de la epidemia; por un lado, en “el día de la Octava del Santísimo Sacramento” (Copiosa relación…, h. 16r), un eclipse de luna que aunque trajo consigo un aumento de los fallecimientos, como si fueran “ángeles por Sevilla matando hombres” (Copiosa relación…, h. 16r) 23 , también lo consideraron presagio del fin de la epidemia pues “debió de ser este incendio riguroso más crecido al traje de la llama de una vela que esfuerza los ardores más crecidos cuando se mira más vecina al acabar” (Copiosa relación…, h. 16v). Por otro lado, recuperando la cita que recoge Domínguez Ortiz (1986, p. 73), “se llegó en conjunción [a Marte] Júpiter benévolo y salutífero que le templó los mortales influjos”. No son estos los únicos presagios celestes que refleja la Copiosa relación…. Por ejemplo, al principio de esta el autor recuerda una de las pestes que hubo en Roma y dice que “vio el Magno Gregorio saetas que cayendo del cielo herían visiblemente los hombres y notó Juan Diácono que fue lluvia de ellas” (Copiosa relación…, h. 3v) 24 . En resumen, tras estudiar las diferentes señales celestes que aparecen en la Copiosa relación…, es evidente, como indica Carmona García (2004, p. 220), que la “interpretación religiosa no estaba reñida con la astrológica”. La peste como castigo Ya comentamos que la Copiosa relación… aunque anónima, indica que su autor fue un clérigo que deseaba dar noticia de todo lo ocurrido en Sevilla y, por supuesto, aborda la cuestión sobre todo desde un punto de vista religioso que persigue servir “para el escarmiento” (Copiosa relación…, h. 3v). La relación queda comparada a una “formidable pintura que del juicio Bogoris, rey de los búlgaros, vio escrita […] cuyos rasgos le trocaron en cristiano de gentil” (Copiosa relación…, h. 3v). La enfermedad ha estado unida al castigo desde tiempos inmemoriales. Betrán Moya (2006, p. 271) indica que ya en Mesopotamia existía esta relación. El catolicismo, entre otras confesiones, también se ha aprovechado de ella para amedrentar a las personas, para 23 Recuerda al relato bíblico que queda reflejado en 2 Reyes 19:35: “Esa misma noche, el ángel de Jehová salió y mató a 185.000 hombres en el campamento de los asirios”. 24 Ver Imagen 3 de Anexo IV.
20 mantenerlas bajo control, adoctrinarlas en unas bases que en muchas ocasiones nada tienen que ver realmente con lo que la Biblia dice acerca de Dios y lo que Él espera de la humanidad y “fue así como las epidemias se convirtieron en un magnífico campo de misión pastoral para los hombres de la Iglesia” (Betrán Moya, 2006, p. 272). En el caso de Sevilla, queda comparada en la relación con Nínive 25 o con “Jerusalén rendida” 26 , ambas castigadas por Jehová. La Copiosa relación… también presenta la epidemia de 1649 como un castigo por la moral de los habitantes de Sevilla quienes, ante el riesgo de padecer el fuego eterno, confesaban a gritos sus pecados si notaban la muerte próxima. En otros casos cambiaban su modo de vida de manera que “lo que llevó más atenta la admiración fue ver hombres de licencioso vivir y mujeres de escandalosa opinión trocar su estilo, desprenderse de la gala, cortarse el cabello y, vestidos de una pobre túnica de esterlín morado 27 , exponerse a la muerte para borrar su malograda vida” (Copiosa relación…, h. 9r). Las personas, creyendo que la peste era “rayo fulminado del cielo” (Copiosa relación…, h. 16r), eran capaces de todo si podían alcanzar el perdón divino, como se observa en el caso que aparece en la relación de la criada que se azotó el pecho ante una cruz hasta que finalmente, y no antes de recibir los sacramentos, murió. Los sacramentos son para la Iglesia Católica imprescindibles para poder “alcanzar la salvación eterna” (Domínguez Ortiz, 1986, p. 276) y, claro está, no eran menos en el siglo XVII; tan importantes resultaban que se procuró que nunca faltase quien pudiera administrarlos. Para tal fin, en la relación se menciona al padre presentado fray Blas de la Milla quien, además “dispuso luego que ningún enfermo entrase en el hospital sin que primero hubiese recebido los sacramentos” (Copiosa relación…, h. 6v). Dos padres capuchinos también se ofrecieron a administrarla y, cuando murieron los curas, tuvieron que encargarse los religiosos. Difícilmente podrían haber llegado a todos los enfermos para que recibiesen el sacramento, no obstante, la Relación reza que “aunque murieron tantos como queda dicho 28 , pocos o ninguno perecieron sin sacramentos ni a manos de no tener qué comer por acudir a todo el padre presentado Milla” (Copiosa relación…, h. 14r). 25 Ciudad destruida por Jehová por ser considerada “ciudad de derramamiento de sangre” (Nahúm 3:1). 26 Se refiere probablemente a la ciudad conquistada por los romanos tras la salida de los cristianos que obedecieron el mandato de Jesús en el año 70 E.C. (d.C.). 27 El color de la penitencia para el catolicismo. 28 Antonio Domínguez Ortiz (1986, p. 76) calcula unos 60.000 fallecidos, aproximadamente la mitad de la población sevillana.
21 Sevilla diezmada. Ciudad-cementerio Hemos hecho referencia con anterioridad a que la población de Sevilla quedó reducida más o menos a la mitad ya que fallecieron alrededor de 60.000 personas en total. El autor de la Relación hace un recuento de las muertes que en parte recoge Domínguez Ortiz (1986, p. 75) pero no es muy detallado; por su parte, Robles Carrión, Vega Vázquez y Pachón María (2012, pp. 40, 41) también hacen esa aproximación y recogen la siguiente tabla sobre los fallecimientos en el Hospital de la Sangre: INGRESOS FALLECIMIENTOS 26700 enfermos 22900 fallecimientos MÉDICOS FALLECIMIENTOS 6 trabajaban 5 fallecimientos CIRUJANOS FALLECIMIENTOS 19 trabajaban 16 fallecimientos SANGRADORES FALLECIMIENTOS 56 trabajaban 34 fallecimientos La Copiosa relación… es mucho más detallada en cuanto a la relación de fallecimientos 29 que nos da, relación que recopilamos en el Anexo III siempre teniendo en cuenta que no todos los habitantes estaban censados y que el recuento de fallecimientos tampoco es exacto. A esto se le añade que la relación exagera el número de personas que perdieron la vida: “la opinión más cierta es que doscientas mil personas, y en solo Sevilla ciento cincuenta mil, esto afirman muchos médicos que han andado en toda la fuga del contagio” (Copiosa relación…, h. 21r). La diferencia entre lo que señala la Relación y los datos que nos facilita Domínguez Ortiz (1986, p. 76) se debe, muy probablemente, a la necesidad de magnificar el estado en que la epidemia dejó a Sevilla pero la realidad es que la ciudad no tenía tantos habitantes como menciona la Copiosa relación… (Domínguez Ortiz, 1986, p. 74). Tan rápidamente avanzó la epidemia que no había dónde enterrar a los fallecidos, de manera que la junta que mandó reunir Felipe IV ordenó que “se hiciesen en diversas partes seis cementerios grandísimos, y se bendijeron” (Copiosa relación…, h. 12r) y, a continuación, la Relación localiza su situación: “en el alto de Colón, fuera de la Puerta Real, uno; en el Almenilla, fuera de la Puerta la Barqueta, otro; fuera de la Puerta de Macarena, otro; fuera de la Puerta de Triana, a un lado del Convento de Nuestra Señora del Pópulo, otro; fuera de la 29 Recoge solo los fallecimientos que hubo en el Hospital de la Sangre y las pérdidas que se produjeron en las parroquias.
22 Puerta del Osario, otro; y otro que contiene tanto como todos lo que he referido en san Sebastián, más allá de la Puerta de Jerez” (Copiosa relación… h. 12r) 30 . Como era de esperar, no fue suficiente con estos nuevos cementerios y tuvieron que abrir carneros a los que “incesantemente día y noche iba una multitud de carros cargados de difuntos” (Copiosa relación…, h. 12r). Los esfuerzos para lograr que todas las personas pudieran tener un entierro que, aunque poco digno, fuese en tierra santa debieron ser enormes. De hecho, se menciona que las parroquias pusieron carros a disposición para que pudiesen trasladar tanto a enfermos como a fallecidos, que hubo personas que cargaban con estos últimos hasta los carneros 31 y que hubo moribundos que iban por su propio pie con las pocas fuerzas que les quedaban. A pesar de todo, la ciudad no tenía suficiente capacidad para todos los fallecidos y, si a ello se le suma la cuestión de quién podría ser el encargado de desplazar los cadáveres resulta que “muchos se quedaban algunos días sin darles sepultura y otros se quedaban dentro de las mismas casas” (Copiosa relación…, h. 12v) y que “muchas personas abrían sepulturas por las calles y otros menos escrupulosos las hacían en sus propias casas para enterrar sus difuntos” (Copiosa relación…, h. 12v) 32 . Por ello, Sevilla, “capital natural” (Domínguez Ortiz, 1986, p. 16) de España en todos los sentidos excepto en el político, se convirtió en el cementerio de unas 60.000 personas. Tan gran pérdida pudo tener una “recuperación parcial”, citando a Domínguez Ortiz (1986, pp. 76, 77), gracias a que se registraron más de 1.500 matrimonios tras la epidemia (esto iba acompañado, sin duda, de nacimientos) y también gracias a la inmigración 33 . ¿Ciudad redimida? Cofradías y rezos Ante, la noticia de la epidemia que se acercaba “el señor arzobispo don Agustín Espínola mandó que la procesión que se hacía el día de San Sebastián, 20 de enero de este año de 1649, a la ermita del Santo […] fuese general con todo el clero y religiones de la ciudad, concediendo los días de perdón e indulgencia que conforme a su dignidad podía, a todas las personas que la acompañasen rogando con sus oraciones al santo librase a esta ciudad del mal contagioso de peste” (Carmona García, 2004, p. 211). Esta cita nos abre la puerta para comentar la importancia 30 Para situarlos, ver Imagen 1 en Anexo IV. 31 “Ciertos varones de la piedad y cristiandad que da a entender la obra hicieron a su costa unas parigüelas con su paño negro y acompañando al difunto con doce hachas, llevando entre cuatro las andas, se ejercitaban en esta obra de misericordia hasta que, pereciendo la vida de los más en ella, cesó este caritativo ejercicio” (Copiosa relación… h. 12v). 32 Ver Imagen 2 de Anexo IV. 33 “en 1665 el 61,5 por 100 de la población agremiada de Sevilla estaba integrada por foráneos” (Domínguez Ortiz, 1986, p. 77).
23 que tenían las cofradías, sobre todo, en momentos tan turbios como los que Sevilla vivió en 1649 y, de nuevo, nos recuerda que no se dejó de lado la idea de que la epidemia era un castigo de Dios y, por tanto, había que buscar su misericordia. Esta primera procesión no sirvió para parar la llegada de la peste que, según la Copiosa relación…, “estuvo […] oculta toda la Cuaresma” (Copiosa relación…, h. 4r) después de la cual, como ya hemos visto acabó con la vida de media Sevilla. Mientras duró el contagio, no faltaron en Sevilla “las penitencias, ayunos, azotes, rogativas y precesiones” (Copiosa relación…, h. 11r) y, aunque hubo procesiones públicas en las que, según refleja nuestra relación, iban “más de 10.000 personas con tanta compostura y llanto que sería sin duda alegre júbilo para la celestial Jerusalén” 34 , también hubo otras que se realizaron a puerta cerrada de las que se lee en la Copiosa relación…: “obtenga siempre el primer lugar la gravísima y devotísima procesión que algunas noches hicieron los señores prebendados con el restante clero de la santa iglesia la cual, estando a puerta cerrada, resplandecía tan hermosa toda rodeada de hachas y faroles que retrataba el templo que miró Isaías retocado en la gloria de Dios o ya así propia de la noche de Navidad; tenía cinco estaciones y en cada una su dilatada y fervorosa oración” (Copiosa relación…, h. 11r). No faltaron, por otro lado, peticiones para que las cofradías pudiesen salir en procesión pero el arzobispo negó el permiso y la siguiente procesión que se menciona salió alrededor del 26 de junio: “ en este tiempo los dos cabildos sacaron en procesión la siempre milagrosa imagen de la Virgen soberana de los Reyes 35 a la cual, habiendo llevado más acompañada de amargos suspiros y copiosas lágrimas que de música y suaves voces alrededor de gradas, se le consagró en la santa iglesia un solemnísimo novenario con lo cual quiso su clementísimo Hijo se reconociese la milagrosa salud de esta ciudad desde este día para que se debiese este patente milagro a su divina Madre” (Copiosa relación…, h. 16v). Esta procesión, no fue la última, al fin y al cabo, el objetivo de ellas era buscar la misericordia divina de manera que “a los dos de julio, viernes por la tarde, sacó el señor asistente y su nobilísimo cabildo el santísimo Cristo de san Augustín” (Copiosa relación…, h. 16v); esta procesión estuvo en la calle durante un día completo. Alrededor del 22 de julio, finalmente, Sevilla fue considerada oficialmente sana. Aquellas muestras de contrición habían logrado su objetivo: “con tan olorosos sacrificios y con las hostias 34 Una referencia, muy probablemente, a Lucas 15:7: “Les digo que, de la misma manera, habrá más felicidad en el cielo por un pecador que se arrepiente que por 99 justos que no necesitan arrepentirse”. 35 La Virgen de los Reyes es importantísima para Sevilla pues es su patrona.
24 de tan contritos corazones como los sevillanos ofrecieron a Cristo crucificado, a pocos plazos se vio de manera remediada Sevilla que restituyeron a las parroquias con más que alegre pompa el Santísimo Sacramento y a los 22 del dicho mes, mandó poner el padre administrador del Hospital de la Sangre banderas de salud” (Copiosa relación…, h. 18r). Milagros En los cuatro apartados anteriores, ya hemos señalado algunos elementos que pueden considerarse milagrosos y, de hecho, fueron considerados como tales: las señales celestes que advirtieron de la llegada y el ocaso de la epidemia, el efecto que los rezos tuvieron en ella, la supervivencia de algunas personas por el simple hecho de que Dios deseaba utilizarlos para ayudar a otros, etc. A continuación, además de no perder de vista las que se han ido dejando caer a colación en otros apartados, examinaremos otros casos milagrosos que quedan registrados en la Copiosa relación… Por un lado, y recuperando la cita anterior, está claro que los sevillanos creían que, si la epidemia por fin había pasado, había sido un milagro que Dios había obrado como respuesta a sus actos en señal de arrepentimiento, tanto como que la hubiese provocado con la intención de hacer que esa “Babilonia de Europa” (Carmona García, 2004, p. 221) que era Sevilla se volviera de su mal proceder. Por otro, que Dios desease castigar a los habitantes no quiere decir que no fuese capaz de mostrar misericordia a unos pocos. Muchas veces, así queda reflejado en la Copiosa relación…, se utilizaba la figura de la madre para reflejar esa otra faceta divina que tampoco podía quedar atrás: “el licenciado Juan Velázquez, varón de ejemplar vida y costumbres, administraba los sacramentos en el hospital de san Miguel, de convalecientes, un día, saliendo a la plaza del Hospital de la Sangre, oyó llorar una criatura, buscola entre los muchos colchones y ropa que había allí arrojada y desenvolviendo una estera de eneas la halló arrimada a los pechos del cadáver de su madre” (Copiosa relación…, h. 20r) o “otro niño de pecho, muerta su madre, procuraba el sustento de ellos y saliendo a veces arrastrando a la puerta de su casa y viéndole los que pasaban por ella solo, le daban algo ignorando la muerte de su madre, volvía el niño al sustento de los pechos de la que le parió y de este modo se sustentó algunos días hasta que en el olor dio a entender el espectáculo tan miserable” (Copiosa relación…, h. 20r). Es muy
25 evidente, la figura materna que protege a su hijo y lo sigue alimentando aun cuando ya ha perdido la vida tiene un claro referente bíblico 36 : ¿Puede una mujer olvidarse de su bebé o no sentir compasión por el hijo que llevó en su vientre? Aun si estas mujeres se olvidaran yo [Jehová] nunca me olvidaría de ti (Isaías 49:15) 37 . La Virgen y los santos, quienes para el catolicismo y otras confesiones han funcionado siempre como intermediarios entre los hombres y Dios, no fueron dejados de lado. Ya se ha visto en una cita de la Copiosa relación… más arriba que una de las primeras procesiones que se realizaron, cuando aún estaba la epidemia en los comienzos de su remisión, fue la de la Virgen de los Reyes. En enero de 1649 se había hecho una procesión en el día de san Sebastián (Carmona García, 2004, p. 211), considerado protector contra las epidemias desde el 680 d.C. porque “él había sobrevivido a las flechas de los hombres” (Betrán Moya, 2006, pp. 274, 275). Es cierto que esta procesión previa al achaque de la epidemia en Sevilla no surtió efecto, pero el simple hecho de que la sacaran a la calle demuestra que el pueblo sí confiaba en que obraría el milagro. Continuando con la obra de Betrán Moya, otro santo bastante venerado en este sentido fue san Cristóbal, quien se supone torturado, como en el caso de san Sebastián, con flechas. Más que estos dos, el santo que mejor podía encajar en toda esta cuestión era san Roque quien, parece ser, se encargó de cuidar a enfermos de peste durante el tiempo que duró su peregrinación a Roma (Betrán Moya, 2006, pp. 276, 277). Finalmente, el autor de la Copiosa relación… no dice que el milagro lo realizara ningún santo, fueron los “tan contritos corazones como los sevillanos ofrecieron a Cristo crucificado” (Copiosa relación…, h. 18r) los que merecieron la misericordia divina que se manifestó, según la relación, tras cuatro meses de epidemia más todo lo que habían pasado anteriormente. No sería la última vez que Sevilla tendría que verse embestida por la peste y que tendría que acudir a sus patrones y a sus cofradías. Personajes mencionados por nombre Teniendo en cuenta que la Copiosa relación… tiene como tema principal, además de narrar lo sucedido en Sevilla en 1649, la alabanza y el reconocimiento para los “esclarecidos hijos” (Copiosa relación…, h. 26v) que se mencionan en ella por su labor durante la epidemia, hemos 36 También es referente en las artes, por ejemplo, véase la obra de Murillo y cómo cambió su pincel y sus temas tras la experiencia de esta epidemia. 37 Se trata de una de las mayores muestras de amor que queda reflejada en la Biblia.
32 establecido una batalla contra este virus y han ayudado tanto como han podido y más. Si este año fuese el de 1649, esta vez la Copiosa relación… hubiese estado dedicada a ellos. No todo ha sido exactamente igual: esta vez no se ha culpado a Dios, pero no es de extrañar pues vivimos en una sociedad que lo ha dejado de lado. Aun así, hemos tenido la ocasión de escuchar a un representante de la Iglesia repetir una vez más que Dios ha enviado el Coronavirus para que paguemos por nuestros pecados. Finalmente, es posible que ni siquiera en este punto hayamos cambiado tanto. El estudio de esta Relación nos ha aportado una visión crítica de la actualidad —más adelante, quizá también la desarrollemos del pasado— y el deseo de querer conocer más a fondo los orígenes de la prensa e incluso de la Medicina. Historia, Medicina y Literatura no habían estado nunca tan unidas como hasta ahora para nosotros. Por otro lado, la Copiosa relación… proporciona un amplio campo de estudio. Por ejemplo, nos ha llamado enormemente la atención la biografía de don Pedro López de San Román Ladrón de Guevara, quien, antes de estudiar la relación, nos era un desconocido y ahora nos es un misterio. Tras informarnos sobre su vida nos surge la pregunta de hasta qué punto estuvo este don Pedro envuelto en la realización de la Copiosa relación…, porque, en principio, no parece ser su autor pero algunos datos de su biografía nos hacen plantearnos esa posibilidad, por ejemplo: en la dedicatoria afirma que “el haber asistido tan dentro de los peligros de la epidemia […] y la amistad del autor de esta noticia” (Copiosa relación…, h. 2v ) hace suya la obra; también dice que pone a su nombre la Copiosa relación… “porque no se queje ni su modestia [la del supuesto autor] se resienta de sacarle mi diligencia para todos a luz, quise hacerle el hurto lisonjeándole con ponerle el sobrescrito de la carta que la sagrada obediencia encaminó a su reverendísimo general para las manos de vuestra excelencia” (Copiosa relación…, h. 2v). ¿Qué sentido tiene que dedicara esta relación, en la que se enaltece su comportamiento durante la epidemia, al conde-duque de Olivares? Proponemos, en este sentido dos posibilidades: por un lado, adjudicar la autoría de la relación a López de San Román, cuyo objetivo fue siempre el de medrar; por otro lado, si no su autor de puño y letra puede ser que pagase a alguien para que relatara los hechos sin olvidar que “quien en la mayor ejecución de piedad merece el lugar primero es el señor jurado Pedro López de San Román Ladrón de Guevara” (Copiosa relación…, h. 5r). De poder demostrar que fue así, habría que investigar por qué ha quedado registrado que escondió haber estado en Sevilla cuando llegó a Madrid en 1650.
33 Bibliografía Albiac, G. (22 de marzo de 2020). La enfermedad como metáfora. ABC cultural. https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-enfermedad-como-metafora202003220151_noticia.html. Amasuno, M. (1994). Cronología de la peste en la Corona de Castilla durante la segunda mitad del siglo XIV. Studia Histórica. Historia Medieval, 12, pp. 25-52. https://revistas.usal.es/index.php/Studia_H_Historia_Medieval/article/view/4428. Anónimo (1649). Copiosa relación de lo sucedido en el tiempo que duró la Epidemia de la Grande y Augustísima Ciudad de Sevilla, Año de 1649. Impreso en Sevilla por Juan Malpartida de las Alas. Aranda, G. (de) (1683). Inmortal memoria en la vida, virtudes y heroicos hechos de eminentísimo señor cardenal don Augustín Spínola que murió Arzobispo de Sevilla. Impreso en Sevilla por Tomás López de Haro. http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/es/consulta/registro.cmd?id=1014181 . Bègrand, P. (2006). Las relaciones de sucesos, relatos fácticos, oficiales y extraordinarios. Universidad de Besançon: Presses Univertaires Franche-Comté. Recuperado de https://books.google.es/books?id=vp8TLUQjLFIC&pg=PA9&dq=Patrick+B%C3%A8gra nd&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwiK_tPWmJLoAhUypHEKHVVQA2wQ6AEIKzAA#v= onepage&q=Patrick%20B%C3%A8grand&f=false. Bernal Rodríguez, M. y Espejo-Cala, C. (2004). Tres relaciones de sucesos del siglo XVII. Propuesta de recuperación de textos periodísticos. IC Revista Científica de Información y Comunicación, (nº 1), pp. 133-176. https://idus.us.es/xmlui/handle/11441/13894. Betrán Moya, J. L. (2006). Historia de las epidemias en Espaa y sus colonias (1348-1919). Madrid: La Esfera de los Libros. Caldero Martín, F. (1973). La imprenta en Écija en los siglos XVII y XVIII. Archivo Hispalense. 56, 171-173 (2), pp. 19-48, 201. Carmona García, J. I. (2004). La peste en Sevilla. Sevilla: Ayuntamiento de Sevilla.
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38 Anexos Anexo I: Ejemplar impreso (portada y dedicatoria)
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40 Anexo II: Transcripción CRITERIOS DE TRANSCRIPCIÓN Para la edición de esta Relación de sucesos seguiremos los criterios que quedan pautados en PROLOPE. Hemos decidido seguir estos criterios porque este grupo de investigación es experto en textos del Siglo de Oro: se están encargando de editar toda la obra de Lope de Vega; esto hace que sus criterios puedan ser muy aplicables a la Copiosa relación… El texto base que tomamos es el ejemplar que se encuentra en el Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla con la signatura H RA/0315, del que hay una digitalización de la misma con la que hemos trabajado. En la edición aparecerán actualizados los siguientes elementos: - La puntuación y acentuación según la norma actual. - las grafías antiguas como <x>, con valor de /x/, a <j> o <g> según corresponda en la norma actual, <ç> ~ <z> a <c> + e, i o <z> + a, o, u, <qu> + a a <cu> + a. - las alternancias gráficas como <ss> ~ <s> a <s>, <v> ~ <b> a <v> o <b> según corresponda en la norma actual, <g> ~ <j> a <g> o <j> según la norma actual, <i> ~ <y> cuyo valor es vocálico o semivocálico a <i>, <u> ~ <v> a <u> (si tienen valor vocálico) o <v> (si se trata de valor consonántico), <Ø> ~ <h> a <Ø> o <h> según la norma actual (solo se conservará la grafía <h> en los casos en los que se produzca aspiración), <n> ~ <m> + <p>/<b> a <m> + <p>/<b>. - las grafías latinizantes como los grupos consonánticos <ph, th, ch> a <f, t, c>, la duplicación de vocales y consonantes que no existen en español actual a una sola vocal o consonante, <ti> + vocal a <ci> + vocal, <sc> en posición interior a <c>. - si una palabra puede escribirse de dos maneras en la actualidad, se usará la indicada por la RAE. - los nombres propios también se actualizarán a la norma moderna. - se desarrollarán las abreviaturas. - se separarán las contracciones con que y de. - en cuanto al uso de mayúsculas o minúsculas, se normalizará de acuerdo con el uso actual. Aparecerán conservadas: - las oscilaciones de grupos consonánticos cultos, - las oscilaciones vocálicas,
41 - también la grafía de s líquida en casos como sciencia, - la grafía de los demostrativos, - la grafía usada para palabras en otros idiomas, que se señalarán en cursiva.
48 de su caridad que le quitó la vida en breve tiempo. Fue electo en su lugar el contador Toribio del Rosal y, aunque pudo al antecesor quitarle tan infatigable trabajo la vida sin perdonar al electo el menor desvelo de tan crecida obligación, la sirvió de constante que tuvieron muchos que aprender de su celo. Don Francisco Suárez Ribera también fue señalado en dicho ministerio y pudo el fervor de acudir a sus obligaciones parecer entre los dos competencia, tuvo la malicia que callar, la virtud que aplaudir y tienen a entrambos que reconocelles los nobles sevillanos. Las convalecencias fueron tres: una de mujeres en el hospital de san Lázaro, donde de ordinario había 600 convalecientes; las otras fueron para hombres donde, en cada una de ellas, había 300, llamábase san Sebastián la una y la otra, san Miguel. A los ministros se les acudía con todo lo necesario y de regalo muy abundantemente. El salario que se les señaló a los médicos era cien reales a cada uno cada día; murieron todos los doctores que asistían por sus turnos en el hospital, solo le pagó Dios con la vida la mucha caridad y amor con que curaba el doctor Manuel de Mesa. A los cirujanos se les señaló lo mismo, el que de estos no lo recebía, informados los señores de la junta de su desinterés, han dado el premio merecido a su gran trabajo; los que de esta clase los tienen más bien merecidos son el licenciado Sebastián Domínguez y el licenciado Francisco de Padilla, cirujanos grandes los cuales desde el principio, sirviendo por Dios nuestro Señor, se hirieron de landres y, por faltar ya quien curase por muerte de muchos de esta clase, llevándoles en brazos los ministros a los enfermos a sus camas, los curaban y, curando a los demás, cobraron ambos salud y sirvieron con indecible constancia y desinterés todo el tiempo del contagio. Hubo también grande orden en describir los enfermos que iban entrando y no menor cuidado en guardarles el dinero en una arca de tres llaves, el cual se entregaba en la proveeduría asistiendo el dicho padre Milla y el Diputado Mayor de los hospitales, que fue el señor Jurado Gaspar Gutiérrez Arias; este caballero ha sido uno de los más atentos, celosos, solícitos y, sin intermisión, más ocupados ministros que ha tenido la ciudad. Nunca cesó a su obligación, parece que tenía dispensadas las pensiones de hombre pues, día y noche, no levantó la mano ni apenas para descansar de tan peligroso empeño; su majestad, Dios le guarde, le ha hecho merced de un hábito en premio de su trabajo. Estos dos ministros entregaban en la proveeduría el dinero de los enfermos: si morían, se les decía de misas y, si convalecían, se les entregaba. Llenose brevemente el hospital de enfermos, asombraba ver los barcos llenos de heridos que para el cuarto de la cura traían de Triana; los de la ciudad venían al principio en sillas, luego fueron menester carros y tanto que cada parroquia tenía determinados los que necesitaba según la cantidad de los vecinos y, aunque el riesgo era tanto, salía la gente a la Puerta Macarena a
49 ver la multitud de los que yacían en el campo esperando o a que se les aderezase cama, o a ocupar la del que acababa de morir. Rasgaba el corazón más bronce ver aquel breve distrito que hay de la Macarena al hospital hecho una campaña de desdichas: unos agonizando, otros llorando y confesando a voces sus pecados y, para que el enojo del cielo campease más a lo descubierto, mujer hubo que a gritos confesó siete años de amistad con su padre del cual supe dejaba hijos. ¡Grave horror que la diformidad que quitó a un bruto la vida, como refiere Juan Marqués, no llegase a poner grima a lo racional! Impidió la justicia la salida de la gente de la ciudad a esta puerta por pagar muchos con la vida hacer motivo de la curiosidad lo que debiera solo serlo de la lástima y escarmiento. Ofreciéronse dos padres capuchinos a servir y administrar los sacramentos, los cuales, a fuer de hijos del serafín Francisco, llevando a los demás la antelación, se dedicaron a ser olorosas víctimas de la caridad. La siempre grave, siempre real y siempre santa religión de Nuestra Señora de la Merced pedía en este lugar un libro entero en elogios sacros de sus hijos pero, por no sonrosear lo religioso de su modestia, ceñiré en breves líneas finezas que cada una de por sí puede dar en qué entender a muchas plumas: apenas se abrió el hospital cuando todos los hijos del Real Convento y del Colegio se ofrecieron al martirio de ir a servir a los enfermos, entretuvo la prudencia de los superiores el fervor de muchos con esperanzas guardándoles para que se sucediesen unos a otros; señaló el muy reverendo padre provincial algunos de presente, el principal fue el muy reverendo padre fray Blas de la Milla que, sin duda, lo fue entre cuantos han servido en este heroico ejercicio. Si me fuera lícito, tomara por asumpto lo que obró, pues es tan peregrino que parece le destinó Dios para restaurador de pobres y reparador de la peste; se hirió tres veces, la una yendo después de media noche a sacramentar a una sala del hospital y, por ser tan tempestuosa, se apagó el hacha que llevaba el ministro, y a la vuelta, pasando por un carnero abierto, cayeron ambos en él; el ministro quedó muerto allí y a no ampararle al dicho padre presentado Milla la custodia que llevaba en el pecho, pereciera también pero quiso Dios viviese saliendo de él herido. Este milagro fue merecido de su mucha caridad, curole el Señor porque había de ser la salud de muchos y el alma de gobierno de todos. Fuéronle acompañando en esta ocasión tres religiosos legos y al uno que se llama fray Miguel Polo se le hicieron en el convento las obsequias porque, al parecer, estuvo más de 24 horas difunto, tal era el pestilente vapor que exhalaban los carneros. La fervorosa agencia de estos tres siervos de Dios asombró al mundo: acarreaban en sillas los heridos, enterraban en hombros los muertos. De fray Eufrasio de Guzmán se observó que, estando con dos landres sin abrir, gobernaba una sala de 350 enfermos y llevó en hombros a enterrar 4.555 cuerpos.
50 Pareciole al dicho padre presentado Milla que faltaban religiosos porque morían muchos, pidió socorro a su reverendo padre provincial el cual envió otros dos de su casa la Merced, murieron mártires en él por la caridad nueve hijos de esta real familia sin otros setenta y siete entre los cuales dieron gloriosamente la vida sujetos lucidísimos sacramentando en las más principales parroquias de la ciudad. Padres maestros, presentados y lectores fueron los que primero se ofrecieron y se coronaron; las letras daban luz, seguía la razón, obraba el fervor, perdieron la vida y triunfó la caridad. Quede con esto dicho el número de los que murieron en el Real Convento de Nuestra Señora de la Merced y de esta sagrada religión a manos del contagio. No dudo fueron las súplicas para lograr palmas en esta oficina de caridad generales en los demás conventos, pues en todos ardió su fervor y viva centella. De los padres capuchinos hubo tres y todos quedaron vivos. De la Merced, doce, y solos los cuatro que entraron primero quedaron vivos. De san Agustín, tres, solo uno quedó vivo. De los padres de san Antonio de Padua Franciscos, cuatro, murió un Sacerdote y un lego. De los hermanos del Buen Suceso, cuatro y quedaron dos vivos. De los de san Juan de Dios fueron tres sangradores. De los padres carmelitas fueron tres, murió el uno, un ermitaño de singular virtud. El estado que obliga a esto parece empeña a resoluciones tan heroicas a quien le profesa pero lo que llevó más atenta la admiración fue ver hombres de licencioso vivir y mujeres de escandalosa opinión trocar su estilo, desprenderse de la gala, cortarse el cabello y, vestidos de una pobre túnica de esterlín morado, exponerse a la muerte para borrar su malograda vida. Hubo mucha de esta gente, y de la principal no poca, que fueron a lograr su premio a vista de la cruz divina que resplandece en las llagas de nuestro gran maestro y capitán Cristo. Como dio aviso esta ciudad al rey nuestro señor de su achaque, luego mandó formar una junta de las cabezas de los tribunales, así eclesiásticos como seculares, para que solo atendiesen al remedio de la salud pública. Esto fue al principio que, muy poco después, su majestad (Dios le guarde) mandó asistiesen dos diputados del cabildo los cuales fueron el señor don Luis Federigui, caballero de la orden de Calatrava, alguacil mayor de esta ciudad, el señor don Pedro Caballero de Illescas, caballero de la orden de Santiago y alcalde mayor de esta dicha ciudad. Después de Dios santísimo, deben su majestad y esta ciudad al celo infatigable, a las resoluciones acertadas, a la puntualidad solícita y al raro desvelo de esta gravísima junta la salud que se goza hoy. Antes que su majestad señalase esta sobredicha junta, viendo la ciudad al principio cuán a priesa llamaban tan multiplicados peligros, señaló otra de los sujetos siguientes: el señor don
51 José Campero, caballero del hábito de Santiago y alférez mayor de Sevilla; el señor Juan Gutiérrez Tello de Medina, provincial de la Hermandad; el señor son Jerónimo Federigui, caballero del hábito de Santiago; el señor don Francisco Dávila, el señor don Gonzalo de Saavedra, el señor don Alonso de Ortega del hábito de Santiago, el señor don Jerónimo Pinelo de Guzmán, veinticuatros todos. De la parte de los jurados asistieron dos que fueron el señor Diego de Hojeda y el señor Juan López de Arispe a cuya presidencia, antes de la junta que formó su majestad, asistió siempre el señor conde de la Puebla, asistente, y después nunca faltó a el cuidado y desvelo de dicha presidencia su teniente mayor, el señor don Alonso González de Cardeña. Todos estos caballeros procedieron tan exactamente puntuales en cuantas cosas pedía la necesidad que, con ser muchas, acudieron a cada una como si fuera sola y pudiera con sola esta junta estar en todo el contagio la ciudad bien gobernada. Viendo los señores de la junta real que los enfermos no cabían en el Hospital de la Sangre con ser tan inmensa su capacidad, decretaron se formasen otros dos en Triana a la parte que mira al Monasterio de la Cartuja, uno para enfermería y otro para convalecencia. Encargose el gobierno al señor licenciado don Francisco Vizcarreto, fiscal de la real audiencia de esta ciudad; no hizo novedad su celo, su atención, su desvelo ni la suma diligencia que el empeño pedía que, como en cuantos le corren sus obligaciones grandes, ya por estilo de obrar corriente en su proceder, no se admira en él lo que por singular causara asombro en otros. En fin, señalose la junta e hizo solo lo que muchos juntos no obraran. Los médicos de esta ciudad, aunque tan Avicenas y Galenos, temblaban al conocimiento y cura del achaque; no ignoraban lo que de ordinario él pide pero pasmábanse de ver en dos heridos con un mesmo remedio efectos encontrados: el abrir las venas era la muerte en los que se juzgaba vida y otras veces daba vida temiéndose la muerte. Como era esta enfermedad azote de pecados, ignoraban las reglas a que no dilata sus espacios la medicina y, latiendo el achaque espirital, no es mucho no atinar con la cura, como lo dijo el famoso médico romano Celso, libro 2, y mejor que este lo enseñó Pascasio lib. De Sacramentis: “Imposible viene a ser curar por diligencia del arte al que aflige la venganza divina 52 ”. Nadie perdonaba a diligencia para atajar o minorar el daño y, como provenía de lo alto, todas aprovechaban poco aunque después sirvieron de mucho y siempre de acreditar el gran celo y amor que ardía vivamente en todos. Pregonose por orden de los señores de la junta que los vecinos de la ciudad matasen todos los perros y gatos por llevar estos el contagio de unas a otras partes. Hízose así y fue tanta la mortandad de estos brutos que para desocupar de ellos las calles fue necesario destinar un carro. 52 Cursiva del impresor.
52 Este cuidado tocó al desvelo del señor jurado Alonso Gutiérrez Arias y se embarazó tan poco con él como con el peso del cuidado de toda la ciudad que pudiera totalmente rendir hombres menos gigantes. Crecía el número de los muertos; Dios, por medio de este mal, aseguró mucho bien y poniéndonos a los ojos la tierra de nuestro frágil ser, abrió los de nuestra obstinación. Trocose Sevilla y, del mayor centro de delicias que goza Europa, pasó a tan reformado estado que renovaba los acuerdos de la penitente Nínive. Hanse hecho grandes confesiones, disuelto amistades ilícitas, el secular vivía como eclesiástico, el eclesiástico como religioso y el religioso como debe vivir; las penitencias, ayunos, azotes, rogativas y precesiones exponían al ruido los siglos de Pelagio y de Gregorio en la populosa Roma. Asegurome un prebendado en San Lorenzo que vio en sola una procesión más de diez mil personas con tanta compostura y llanto que sería sin duda alegre júbilo para la celestial Jerusalén. Pero, así en esto como en todo, obtenga siempre el primer lugar la gravísima y devotísima procesión que algunas noches hicieron los señores prebendados con el restante clero de la santa iglesia la cual, estando a puerta cerrada, resplandecía tan hermosa toda rodeada de hachas y faroles que retrataba el templo que miró Isaías retocado en la gloria de Dios o ya así propia de la noche de Navidad; tenía cinco estaciones y en cada una su dilatada y fervorosa oración. Las más ilustres y principales cofradías de Sevilla solicitaban todas licencia para salir por las calles, mas el cabildo de la santa iglesia, que por muerte del eminentísimo y reverendísimo señor don Augustín Spínola, cardenal de la santa iglesia romana y arzobispo de esta ciudad, cuya púrpura era abrigo de huérfanos y miserables, por muerte pues de este gran príncipe gobernaba la sede vacante, con acuerdo prudentísimo la negó para no afligir los corazones tan sumamente del pueblo. Era excesivo el gasto de cada día pues llegaba a 9 reales en el Hospital de la Sangre solamente sin el de las convalecencias, salarios de ministros y hospital de Triana y su convalecencia y sin el gasto también que hacían los carros que se pusieron en las parroquias para llevar los enfermos a los hospitales y los difuntos a los carneros y, aunque acudía la ciudad a todo con toda puntualidad, con todo eso ayudaban las copiosas limosnas y regalos, gallinas, carneros, bizcochos, serones de pasas (en tiempo que no se hallaba en Sevilla una) que ponían abundante el hospital. Y para que se admire más la cordial piedad de los habitadores de esta nobilísima ciudad, cierto día se juntó en la Iglesia de San Antonio de Padua una copiosa multitud de gente principal y llevando cada uno en las manos una fuente y canastos de regalos diferentes, fueron en procesión hasta la Sangre cantando la letanía.
53 Todos los días en gradas amanecían doscientos y muchas veces trescientos cuerpos y en la Colegial de San Salvador ciento de ordinario, a las puertas de las demás parroquias se hallaban todas las mañanas amontonados los cuerpos muertos y con ser veintinueve las de esta ilustre ciudad, ni en cimenterio ni iglesia ha quedado un palmo de tierra desocupado. Hizo el rigor del contagio en este lugar en pocos días y como a los primeros pasos lo que Stix 53 , ciudad de la Provenza, en nueve meses. El intolerable olor hizo cerrar los templos sacando y trasladando el Santísimo Sacramento (sea adorado, amén) a algún decente lugar o vecino monasterio y, por faltar adonde enterrar a los que tan apresuradamente morían, mandaron los señores de la junta se hiciesen en diversas partes seis cementerios grandísimos, y se bendijeron, los cuales fueron los siguientes: en el alto de Colón, fuera de la Puerta Real, uno; en el Almenilla, fuera de la Puerta la Barqueta, otro; fuera de la Puerta de Macarena, otro; fuera de la Puerta de Triana, a un lado del Convento de Nuestra Señora del Pópulo, otro; fuera de la Puerta del Osario, otro; y otro que contiene tanto como todos lo que he referido en san Sebastián, más allá de la Puerta de Jerez. En estos seis campos, rodeados de profundas fosas y en otros dieciocho carneros del Hospital de la Sangre, incesantemente día y noche iba una multitud de carros cargados de difuntos y no solo de la plebe pero personas de lustre y calidad los cuales no podían valerse de sus entierros. La mayor pompa funeral, que llevaban los señores inquisidores, dignidades, canónigos y caballeros, eran cuatro hombres populares conducidos a peso de dinero para llevar sus cuerpos. Como iba siempre la furia del achaque creciendo, eran tantos los difuntos que amanecían por las calles que muchos se quedaban algunos días sin darles sepultura y otros se quedaban dentro de las mismas casas y para sacarlos de ellas no bastaba el orden de la justicia sin el interés tirano. Y pasó a tanto la desventura que se vieron al principio llevar los muertos atados a una soga arrastrando por las calles donde se vio una la suerte, o la desdicha, de lo bruto con lo racional. Temiéndola un hombre, y sintiéndose herido, por no exponer su cuerpo después de muerto a tan miserable desventura, cargose como pudo de su pobre cama, fuese con ella a un cementerio y, bajando a un carnero abierto, compuso su camilla donde le pareció menos horrible el espacio y recostándose en ella entre aquella compañía de cadáveres se enterró en vida por no verse arrastrado en muerte. Y, no bastando en efeto nada para desocupar de los difuntos la ciudad, muchas personas abrían sepulturas por las calles y otros menos escrupulosos las hacían en sus propias casas para enterrar sus difuntos. ¡Qué desengaño tan a los ojos para los vivos! 53 Quizá Estigia según Castán Lanaspa (2020, p. 43).
54 Aquí hizo la necesidad lo que obró en los filósofos brachemanes el conocimiento propio, los cuales tenían abiertos sus sepulcros delante de las puertas de sus casas. Cuando se atropellaban a prisa desdichas tan extrañas como fatales, ciertos varones de la piedad y cristiandad que da a entender la obra hicieron a su costa unas parigüelas con su paño negro y acompañando al difunto con doce hachas, llevando entre cuatro las andas, se ejercitaban en esta obra de misericordia hasta que, pereciendo la vida de los más en ella, cesó este caritativo ejercicio; eran todos habitadores de los humeros extramuros de Sevilla. Lo que he podido averiguar y alcanzar de los muertos en las iglesias y comunidades es lo siguiente: en la santa iglesia han muerto veinticuatro señores prebendados, los veinteneros y los capellanes, casi todos de los colegiales del servicio de la iglesia, de setenta solo quedó uno; así en la santa iglesia, como en todas las demás iglesias, fueron religiosos los que administraban los sacramentos por haber muerto todos los curas a fuer de fieles pastores por su rey. Llevaban los vicepárrocos el Santísimo Sacramento pendiente del cuello y a mula acudían por sus distritos a los enfermos y, como estos eran tantos, si salía el vicepárroco a las cuatro de la mañana, volvía a su iglesia a las dos de la tarde y no se hacía reparo el pasar de una parroquia a otra administrando porque la confusión y necesidad era tan grande que no daba lugar a otra cosa y, en algunas parroquias, salían dos o tres vicepárrocos por diferentes partes y causaba admiración grande ver hombres y mujeres por las calles y por las ventanas llamar a voces al Santísimo Sacramento para sus enfermos, todos a un tiempo y con tanta aceleración y confusión que no daban lugar a los dichos vicepárrocos a que saliesen de una casa para entrar en otra y estos caritativos ministros se congojaban de no poder acudir a todos a un mismo tiempo como la necesidad lo pedía. Aquí tiene su lugar la católica estimación debida al tan ilustre como cristiano pecho del señor son José Campero, caballero del hábito de Santiago, veinticuatro y alférez mayor de Sevilla el cual, siendo diputado en la Colegial de san Salvador, vio a un padre lector de la sagrada orden de Nuestra Señora de la Merced que venía con el Santísimo Sacramento a pie y, viendo que llovía, se apeó de una hermosa pía en que andaba caballero acudiendo solícito a su diputación, hizo subir en ella al religioso y, llevándola de diestro descubierto y vadeando lodos poco menos que hasta las rodillas, anduvo desde la mañana hasta la noche ocupado en este soberano rendimiento que negocia imperios en el mundo y coronas en la tierra y en el cielo. Después hizo aderezar hermosamente el bello animal y, no contenta con esto su devoción, por el mal temporal que hacía, dedicó una carroza para que más decentemente vi[si]tase nuestro Dios a los enfermos y no ha consentido que otra persona alguna ocupe ni la hermosa pía ni la
55 bizarra carroza y este santo ejercicio de acompañar al Señor de cielos y tierra duró de este caballero todo el tiempo que duró su diputación. Esperamos que, cuando por otro título no, tuviera el premio merecido por este que siempre será el mayor le ha de hacer su majestad merced pues la augustísima casa de Austria es el ejemplar principal de acción tan católica como heroica. Entraron en el Hospital de la Sangre veintiséis mil setecientos enfermos, de estos murieron más de veintidós mil novecientos y los convalecientes no llegaron a cuatro mil; de los ministros que servían faltaron más de ochocientos; de los médicos que entraron a curar en el discurso del contagio, de seis solo quedó uno; de los cirujanos, de diecinueve que entraron quedaron vivos tres; de cincuenta y seis sangradores quedaron veintidós. Este es el número de los que solo murieron en el hospital, que en los arrabales, vecinas huertas, campos comarcanos, en los cuales se hallaban infinidad de difuntos y enfermos que venían a curarse al hospital de los lugares de la jurisdicción de esta dicha ciudad, y aunque murieron tantos como queda dicho, pocos o ninguno perecieron sin sacramentos ni a manos de no tener qué comer por acudir a todo el padre presentado Milla tan infatigablemente que parece vivía del trabajo o que le sustentaba la caridad, siempre traía este religioso pendiente del pecho el Santísimo Sacramento y, sin perdonar a noche, a aguas, a tempestades, acompañado del inseparable ministro fray Miguel Polo, recorría toda la vecindad y campos y socorría los enfermos con dulces y regalos, principalmente con el Sacramento de la penitencia y el maná soberano para vida de las almas. Como el celo de la honra y servicio de Dios corrían parejas en él con la caridad, procuraba el padre presentado que todos los ministros viviesen ajustadamente y como a los ojos malsanos ofendía tanta luz, hubo entre los ministros alguno tan demasiadamente descompuesto que, no queriendo ajustarse a la razón y a las órdenes del dicho padre, procuró quitarle alevosamente la vida porque le reprehendía y apremiaba a que viviese como el tiempo y el lugar pedía y, mal sufrido, vino este ministro una noche, acompañado de otros de su profesión, para matar al dicho padre, al cual tiró un carabinazo cuya señal tiene hoy en un dedo de la mano derecha, pero librole Dios y se escaparon también los agresores. Hizo con la justicia grandes diligencias, cogió algunos a los cuales castigó como merecía el delito. De los conventos murieron: en el Real de san Pablo, de la gravísima y sagrada religión del ilustre patriarca santo Domingo de Guzmán, 51 religiosos, grandes maestros, sujetos calificados y de la data y calidad que produce este vergel en la Iglesia cristiana y, asimismo, murieron 6 mozos sirvientes; del colegio de santo Tomás, 4 y otros tantos sirvientes; de Regina Angelorum, 14; de Monte Sión, 6; de san Jacinto, extramuros, 9; de santo Domingo de Porta Coeli,
56 extramuros, 12 religiosos y 6 sirvientes. De modo que en los seis conventos de la sagrada religión de predicadores murieron noventa y seis religiosos sin los sirvientes. Del convento del seráfico padre san Francisco murieron 93 religiosos y 17 sirvientes; del colegio de san Buenaventura, 9; de Nuestra Señora del Valle, 17; de Nuestra Señora de Consolación, Orden Tercera, 30; y dos religiosos sirvieron en el hospital de Triana donde hubo otros dos de san Diego, en cuyo convento, que está extramuros, y en la enfermería que tiene en la ciudad murieron 46; de san Antonio de Padua, 37 con los Donados; y de los Capuchinos, extramuros, 13. De forma que en los siete conventos de la seráfica religión murieron doscientos cuarenta y cinco religiosos sin sirvientes. Del convento del gran doctor de la iglesia san Augustín murieron 40 religiosos y 3 mozos sirvientes; del Colegio de san Acacio, 5 y 3 sirvientes; y de Nuestra Señora del Pópulo, extramuros, que son recolectos de san Augustín, murieron 30 religiosos y cinco sirvientes; de Nuestra Señora del Carmen, casa grande, 58; del Colegio de san Alberto, 26; de Santa Teresa, extramuros, 5; del Colegio del Ángel de la Guarda, Descalzos de Nuestra Señora del Carmen, 21 y dos de ellos en el hospital de Triana; y de Nuestra Señora de los Remedios de Triana, 7. Ya queda dicho arriba con toda claridad los religiosos que murieron del Convento de Nuestra Señora de la Merced y de Colegio de san Laureano, solo resta decir en este lugar cómo del Convento de san José, que es de Mercenarios Descalzos, rindieron la vida 32 religiosos. Del Convento de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos (que está extramuros) murieron 36 religiosos; y 26 en el de los Descalzos de esta religión; del Convento de Nuestra Señora de la Victoria de Triana, 33; y del Colegio de san Francisco de Paula, 26; de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, 25 religiosos y 18 sirvientes; y del Colegio de san Hermenegildo, 20; y en el Noviciado de san Luis, casi todos; y en los otros tres colegios que tiene esta religión, que son el de la Concepción, el de san Gregorio de Ingleses y el de san Patricio de Irlandeses, murieron 30 entre religiosos y colegiales; de los clérigos menores murieron 14; y de la hospitalidad de san Juan de Dios, 20 hermanos y tres sirvientes. Todos los más de los religiosos de las dichas religiones murieron los unos sacramentando en las parroquias más graves de esta ciudad, los otros administrando el sacramento de la penitencia y los demás sirviendo a los enfermos de sus mesmos conventos y de los hospitales; seguramente que Dios les habrá premiado en el cielo los grandes trabajos que en la tierra padecieron. Obtengan el primero lugar en esta relación, como en todas las ocasiones le tienen así por su gravedad como por su antigüedad, las religiones monacales de san Benito, la Cartuja, san Jerónimo y san Basilio, allá les alcanzó el rigor del contagio en lo más retirado de su
57 clausura: de san Benito extramuros murieron 6 monjes y cuatro sirvientes; de la Cartuja extramuros murieron un monje, cuatro legos y diecinueve criados; de san Jerónimo, extramuros, murieron dos novicios y estuvo herido un monje y un lego; de san Isidro murieron 13 monjes; de san Basilio murieron 21 monjes, dos coristas, cinco legos y tres sirvientes. Tampoco perdonó el pestilente achaque a las esposas de Jesucristo en lo más oculto de sus celdas; de san Clemente el Real murieron 3; de Nuestra Señora de la Real, 5; de Nuestra Señora del Socorro, 7: de san Leandro, 6; de Nuestra Señora de la Paz, 6; del Nombre de Jesús, 4; de santa Clara, 2 monjas y 17 criadas. Y, finalmente, al más recóndito retiro alcanzó este rigor pues llegó a picar a los presos de la Inquisición que, como era rayo fulminado del cielo, no valía contra él humana diligencia y fue de suerte que alcanzó no solo a las tierras sino también a las aguas del río, los peces sobre sus corrientes se miraban muertos; algunos atribuyeron esto a la ropa del contagio arrojada a Guadalquivir, yo no lo entiendo así, sino que hasta los peces quiso Dios castigar con este rigor para que, si este soberbio raudal fue teatro de muchas culpas de hombres ayudando a sus delitos con sus delicias, hasta los peces con la vida los llegasen a pagar de la forma que los del Nilo pagaron con ella el haber vivido en región que sirvió de ocultar en sus entrañas la crueldad del bárbaro faraón en las crías que sumergía en ellas su limpio decreto del afligido hebreo. El día de la Octava del Santísimo Sacramento, que fue el eclipse de luna, y el siguiente, no es posible si no es que iban ángeles por Sevilla matando hombres; murieron aquel día más de cuatro mil personas, debió de ser este incendio riguroso más crecido al traje de la llama de una vela que esfuerza los ardores más crecidos cuando se mira más vecina al acabar. Desde este plazo fue algo mejorando la ciudad aunque la mejora conocida se echó manifiestamente de ver desde sábado 26 de junio, porque en este tiempo sacaron los dos Cabildos en procesión la siempre milagrosa imagen de la Virgen soberana de los Reyes a la cual, habiendo llevado más acompañada de amargos suspiros y copiosas lágrimas que de música y suaves voces alrededor de gradas, se le consagró en la santa iglesia un solemnísimo novenario con lo cual quiso su clementísimo Hijo se reconociese la milagrosa salud de esta ciudad desde este día para que se debiese este patente milagro a su divina Madre. No cesaba Sevilla de buscar nuevas y reconocidas diligencias con que aplacar del todo a Dios y así a los dos de julio, viernes por la tarde, sacó el señor asistente y su nobilísimo cabildo el santísimo Cristo de san Augustín en procesión general a fuer de hostia más pacable puesto por el remedio de todos en el árbol de la cruz; tocó (más por diligencia de sus méritos y asistencia a los trabajos de este contagio que de la suerte) el sacar soberana reliquia al señor
64 Entre los señores oidores y alcaldes de corte de la real audiencia de esta ciudad que han acudido tan santa obligación, obtenga el primer lugar el muy ilustre señor don Jerónimo del Pueyo Araciel, del consejo real de Castilla y gobernador de esta audiencia real pues sobre lo atento, fino, prudente y cristiano, en esta aflicción ha lucido en todo el todo de esta ciudad; no hubo acción que no fuera dirigida muy en particular de lo grave de su prudencia y del celo del servicio de Dios y de su majestad. El pobre, el rico no hubo estado ni tuvo Sevilla suerte que no minorase su desventura en los aciertos de este gran ministro, por eso, hoy que le mira en vísperas de ausentarse, o interesada le llora o agradecida le suspira sacar ministros tales de una república como son el alma de toda ella, todo el pensamiento es deuda a pérdida tan común, que siempre pérdidas de esta data despiertan el dolor del pueblo. Eternamente tendrán en esta que llorar los nobles sevillanos y su majestad que premiar. No llegó a esmerarse menos el señor licenciado don Alberto Pardo Calderón, caballero del Orden de Calatrava, oidor de esta real audiencia, el cual estuvo en una venta pobre tres leguas de Sevilla, viviendo y tolerando insufribles comodidades por solo socorrer la ciudad y fue de suerte su diligencia que no solo la tuvo a esta proveída de gallinas, pollos, huevos, pichones, carneros, pan amasado, sino también alcanzaba esta bendición a los conventos; y todos estos mantenimientos se vendían en las rejas del cabildo a precios más acomodados que lo demás. Acciones de esta data no hay circunstancia que no las califique, pecho que no las reconozca, emulación que no calle, ni malicia que halle qué notar. El señor licenciado don Alfonso González de Cardeña, teniente mayor, asistiendo a todas las juntas de la que la ciudad señaló después que su majestad asignó la junta real que queda referida, ni faltando al cabildo todos los días asignados y a la provisión de la ciudad, quema de la ropa, aseo de las calles, conducción de ministros para la cura del contagio y demás diligencias, no fue menos que los demás que, si bien fue cada uno tanto como las ocupaciones eran tan inmensas para una sola, eran menester muchos ministros y así parecen unos modelo de los otros. Lo que hallo en este caballero particular es que, teniendo el desvelo y riesgo de la vida de todos, jamás faltó de sus judicaturas y servicio de su oficio. No puedo dejar quejoso el celo de un gran juez y ministro que, por raro, escrupulizara defraudarle a la noticia y es el señor doctor don Francisco Ortiz Navarrete, teniente del señor asistente. Antes que se declarase el accidente ni se formase el cuarto en el hospital del contagio, solicitó médicos y cirujanos para que curasen los heridos; formado ya el hospital, le proveyó de toda la gente de la cura y como rehusaban el ir, se valió ya del rigor, ya de la blandura para llevarlos allá. La mesma diligencia hizo en la provisión de todo género de regalos para los
65 enfermos; perdió en esta tempestad la mujer, dos hijas, de la familia hasta treinta criados con dieciséis esclavos y esclavas. No pudo estorbarle sus cristianos empeños el verse herido con tres landres antes, en este inmediato peligro, se admiró más vivamente de todos su celo y valor: asistía a la quema de la ropa como si el mal no le hubiera llegado a un pelo de la suya y así atendía al entierro de innumerables muertos como si tuviera cédula de vida, abasteció las plazas de sustento y fue consuelo de todos y, sin hipérbole, cuando salía a las calles le aclamaban por padre de la república y con razón pues se extendió lo sumo de su piedad hasta los huérfanos y sufragios de las almas de los que morían. Hable el silencio y el asombro en decoro reconocido de tanto varón y ponga píguelas la mesma admiración a mi pluma. Muy de su peso y en su lugar viene aquí la debida estimación del señor licenciado don Diego Trujillo y, si hubiera de ser por sus cabales, esta no pedía un párrafo sino un largo memorial pero, como no le hago para representar servicios sino para tocar de paso algunos de los mayores que se señalaron más, ni el interesado podrá quejarse, ni culparse mi silencio. Bien se puede celebrar en este caballero (alcalde mayor de 55 la justicia de esta ciudad) el haber reconocido con médicos y cirujanos los enfermos de ella, el haber asistido en la Torre del Oro y otras partes a la quema de la ropa, el haber sacado cuerpos ya corrompidos de muchos días de algunas casas cerradas y dádoles sepultura, el haber con los carros por orden de su excelencia limpiado las casas de los difuntos detenidos en ellas por no haber quién los sacase a la calle como lo hizo en las parroquias de san Lorenzo, san Juan de la Palma y Ómnium Sanctorum; el haber conducido médicos y cirujanos para el Hospital de la Sangre por orden de los señores de la junta; el haber buscado bagaje para que desde la Venta de Peromingo se trajesen los víveres a esta ciudad; pero con estas ejecuciones tan señaladas, todas cuantas he procurado en cifra describir, se publican, se declaran y expresadas se manifiestan con decir que estando este sujeto en Madrid ocupado en pretender cuando en Sevilla se declaró la peste, como si la hubiera en la corte dejó imperfectos sus negocios y vino a esta ciudad a servir su oficio, con que dejó documentos tan heroicos como en cada una de sus obras ha trabajado para cualquier ministro y patricio. No es razón tampoco pasar en silencio las acciones con que aventajándose a muchos se hizo singular el señor licenciado don Juan de Meneses, teniente de ejecutor de la Vara, pues puedo decir que él solo bastaba para que consiguiese el mejor acierto en semejante aprieto, verdad que aseguró la asistencia con que acudió a visitar los carneros, enterrar los difuntos, quemar la ropa 55 Parece que en el impreso hay una errata: la letra <d> aparece como superíndice y, a continuación, aparece la ‘s’ alta (dſe).
66 e hizo las demás diligencias que su majestad mandó se hiciesen para purificación del achaque acudiendo a cada una como si ella sola fuese único empeño a su obligación. El señor jurado Pedro López de San Román Ladrón de Guevara (de cuya largueza y valor rememoramos al principio) pedía ahora reconocimientos sin fin pero como estos los tenía afianzados su caridad admirable en Dios, solo podré mostrar de mi parte en el deseo de referir bosquejadas sus admirables ejecuciones. Este caballero desde que apuntó las desdicha en esta ciudad, se diputó de suerte en su obligación que fue el que quitó el miedo a todos los demás diputados que asistieron y en él tuvieron todos un dechado y ejemplo de amor y caridad para con los enfermos ocupándose personalmente en conducirlos al hospital y, cogiéndolos en brazos, los acomodaba en los mesmos carros y, como si este raro hecho no diera mucho en entender a la admiración, cargando en hombros los muertos, iba con ellos a los carros con aquella cruz de caridad. Este antídoto le preservó a él aunque se le murió un hijo único y con él, la esperanza de sucesión de un canonicato; esta pérdida tan sensible para corazón menos cristiano y ajustado, descubrió más los fondos de su piedad pues, adoptando a los pobres por hijos, los ha hecho herederos de su hacienda según la que con ellos destribuye. Después de haber cesado el contagio, ha hecho purificar y limpiar en la colación de la iglesia mayor todas las casas con ser la tercera parte de la ciudad y muchas más parroquias purificó después de haber cumplido con su obligación. En fin, cuanto ha hecho este padre de la patria es indecible si cuanto dije de él es admirable. Ojalá hubiera bronces duros a quien encomendar estos recuerdos para dispertadores de los que han de venir o ya se erigieran estatuas como la antigüedad, agradecida, levantaba varones semejantes. Ya se ha suplicado a su majestad y se espera con la brevedad que pide el fervor de tanto mérito la merced de su real mano. Emula la fineza de los sobredichos y celo de todos los demás el señor don Jerónimo Pinelo de Guzmán, veinticuatro de esta ciudad, el cual, siendo por la junta diputado, asistió a veinte diputaciones todas juntas en esta obligación como en otras muchas y todas de esta data con los peligros sobredichos que, por ser largas de referir, no las repito como todas las demás. Razón será traer a la memoria lo mucho que trabajó en la parroquial de Santiago el Viejo el señor veinticuatro Juan Bautista de Luque adonde, por haber algunos corrales de vecindad, particularmente el que llaman del conde, que tiene más de trescientos vecinos y hoy le posee el excelentísimo señor don Luis de Haro en su mayorazgo de Olivares, esta sola casa bastaba para el cuidado de un gran diputado y sobraban todas las de la colación porque hubo día que sacó del dicho corral más de veinte difuntos sin los enfermos que hacía llevar al hospital, a todos los acudió solo, sin tener lugar de desnudarse en muchos días. No pudiera conseguir tan inmenso
67 trabajo el más robusto mancebo pero la caridad de este caballero era tanta que, faltándole sus criados, no faltó a su obligación como toda Sevilla lo reconoce. El señor veinticuatro Esteban de León, diputado de la parroquial de santa María Magdalena, que es de las mayores de Sevilla, se diputó con tantas veras de celo y caridad al remedio de los enfermos, entierro de los difuntos, limpieza de las calles y casas que se puede de este caballero decir lo que de todos se ha acordado, en efecto, aseó casi las dos partes de Sevilla purificándolas de los malos olores, quemando la ropa apestada y haciendo las demás diligencias que pedía la ocasión. Donde ha habido tantos motivos que admirar no para que se admire sino para que tengamos todos que reconocer, no he querido defraudar a la noticia la que a más de la que todos celebran, he tenido del señor jurado Diego de la Hojeda, cuyo celo tan infatigable y caridad ardiente vivía tan dentro del corazón que parece que vivía del trabajo y que le sustentaba la caridad pues sacaba los difuntos de las casas y los enfermos enviaba con gran puntualidad al hospital. Servicios de esta data merecen que se diga también como se solicitan por sí los premios. No pongo duda en que varones tan ilustres han de lograr los intereses honoríficos que necesita la monarquía. No pocos podrán quedar quejosos de que no recuerdo lo que es notorio al mando; si lo es, no podrá quejarse alguno con razón y si no, no escribo recuerdos o memoriales de servicio sino las noticias que he tenido y he tocado para que sepa vuestra reverendísima que de hoy más es Sevilla dos veces augusta, una por su antiguo origen y otra por tan esclarecidos hijos. Corone esta obra y publíquese en tan debido obsequio la nunca bastantemente repetida caridad, celo, fervor, constancia e inmovilidad del dicho padre presentado fray Blas de la Milla y dígase de sus heroicos procederes que, si los premios no huyen de la virtud, le veremos con brevedad donde le llama su mérito y cuando no, será por no poder alguno igualar obras tan singulares. Perdone vuestra reverendísima mis rasgos, largos para gaceta, cortos para relación de asunto tan grande. Plumas hay que habrán corrido más veloces que la mía pero en líneas de noticias no es mucho no vuele más la del recogimiento de un religioso. Guarde Dios a vuestra reverendísima como toda la religión ha menester. Sevilla y diciembre 7 de 1649. Obedientísimo súbdito y menor hijo de vuestra reverendísima. Q.S.M.B.
68 Anexo III: Relación de fallecimientos que quedan registrados en la Copiosa relación… Santa iglesia, fallecimientos: 24 prebendados, veinteneros y capellanes y 69 colegiales del servicio de la Iglesia Hospital de la Sangre, fallecimientos 56 : más de 22900 enfermos, más de 800 ministros, 5 médicos, 16 cirujanos y 34 sangradores Fallecimientos en los conventos: Real de san Pablo: 51 religiosos y 6 mozos Colegio de Santo Tomás: más de 4 sirvientes Regina Angelorum: 14 Monte Sión: 6 San Jacinto: 9 Santo Domingo de Porta Coeli: 12 religiosos y 6 sirvientes Convento del seráfico padre san Francisco: 93 religiosos y 17 sirvientes Colegio de san Buenaventura: 9 Nuestra Señora del Valle: 17 Nuestra Señora de la Consolación: 3 San Diego: 46 San Antonio de Padua: 37 Capuchinos: 13 Convento de San Agustín: 40 religiosos y 3 mozos Colegio de san Acacio: 5 religiosos 3 sirvientes Nuestra Señora del Pópulo: 30 religiosos y 5 sirvientes, Nuestra Señora del Carmen: 58 Colegio de san Alberto: 26 Santa Teresa: 5 Colegio del Ángel de la Guarda: 21 Nuestra Señora del los Remedios: 7 Convento de San José: 32 religiosos Convento de la Santísima Trinidad: 36 religiosos (+ 26 de los Descalzos) Convento de Nuestra Señora de la Victoria de Triana: 33 religiosos 56 La relación hace hincapié en que “este es el número de los que murieron solo en el Hospital”, es decir, hay muchos fallecidos que no aparecen en el recuento.
69 Colegio de san Francisco de Paula: 26 Casa Profesa de la Compañía de Jesús: 25 religiosos y 18 sirvientes Colegio de san Hermenegildo: 20 Noviciado de san Luis: casi todos 57 (+ 30 entre otros tres colegios que pertenecen a él) clérigos menores: 14 Hospitalidad de san Juan de Dios; 20 hermanos y 3 sirvientes San Benito: 6 monjes y 4 sirvientes Cartuja: 1 monje, 4 legos y 16 criados San Jerónimo: 2 novicios San Isidro: 13 monjes San Basilio: 21 monjes San Clemente el Real: 3 monjas: Nuestra Señora de la Real: 5 monjas Nuestra Señora del Socorro: 7 monjas San Leandro: 6 monjas Nuestra Señora de la Paz: 6 monjas: Nombre de Jesús: 4 monjas Santa Clara: 2 monjas y 17 criadas 57 No se sabe el número.
70 Anexo IV: Imágenes Imagen 1: Murallas y puertas de la ciudad. Fuente: https://conocemiciudad.com/murallas-desevilla/. Imagen 2: La peste de 1649, Anónimo. Fuente online: https://sevilla.abc.es/play/series/sevicuantos-brotes-peste-sufrido-sevilla-desde-1350-201802051153_noticia.html.
71 Imagen 3: La epidemia de peste, Anónimo (1732). Fuente: León Vegas, Milagros. “Arte y peste: desde el medievo al ochocientos, de la mitología a la realidad local” en Boletín de arte. Nº 30-31 Universidad de Málaga. (pp. 223-238). Imagen 4: Dom Louis d’Harro, grabado de Joannes Meyssens. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_de_Haro_y_Guzm%C3%A1n#/media/Archivo:Arolsen_Kl ebeband_01_541_2.jpg.
72 Imagen 5: Retrato de don Gaspar de Haro y Guzmán (1683) Philip Schor, Giuseppe Pinacci y Jacques Blondeau. Aguafuerte. Biblioteca Nacional de España. Recuperado de López-Fanjul Y Díez Del Corral, M. (2013). Las representaciones de Don Gaspar de Haro y Guzmán, VII Marqués del Carpio: retratos, alegorías y emblemas. Archivo Español de Arte, 86(344), 291– 310. Imagen 6: Busto de Antonio de Viana en el Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife.
73 Imagen 7: Fray Domingo Pimentel. Fuente: http://www.araldicavaticana.com/cardpimentel_fra_domenico.htm. Imagen 8: Retrato del cardenal Agustín Spínola incorporado a la biografía que de él hizo Gabriel de Aranda y que fue impresa en Sevilla en 1683 por Tomás López de Haro. Recuperado de: http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=151 436 (p. 37).