Cañabate y el ABC. La independencia crítica [Reseña de] Gil González, Juan Carlos (2010) : El Periodismo Taurino de Antonio Díaz-Cañabate. Crónicas y Artículos, Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 323 págs.
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Fig. n.º 68.- Gil González, Juan Carlos (2010): El Periodismo Taurino de Antonio Díaz-Cañabate. Crónicas y Artículos, Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 323 págs. Revista de Estudios Taurinos N.º 30, Sevilla, 2011, págs. 251-259 He aquí la primera tesis doctoral de periodismo taurino leída –y calificada con la máxima nota– en la Universidad de Sevilla. Un trabajo, por consiguiente, de investigación propio de una Facultad de Ciencias de la Comunicación pero del que existen pocos precedentes. Fue dirigida por el profesor Manuel Bernal que, posteriormente, tuvo bajo su responsabilidad el Departamento de Periodismo. CAÑABATE Y EL ABC LA INDEPENDENCIA CRÍTICA
Pedro Romero de Solís 252 Quizá, para Juan Carlos Gil González, el precedente más significativo fuera un estudio dirigido por el ya citado profesor Bernal. Me refiero a La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio (Sevilla, Padilla, 1997) pues, en este escrito, puede que nuestro autor, hoy profesor de ese Departamento y director de la Cátedra de Tauromaquia “Ignacio Sánchez Mejías” de la Universidad de Sevilla, descubriera el interés que tenía estudiar la crónica taurina mediante la técnica de abordarla como si fuera un género literario. Gracias a su amplitud de miras, su inquietud por todo lo que está en relación con la cultura andaluza, mi amigo Manuel Bernal aceptó con entusiasmo dirigir una tesis que se situaba en el camino que él mismo había iniciado. Además, Bernal, para subrayar que la obra de Juan Carlos Gil González iba más allá del análisis estrictamente literario, señalará, en el prólogo del libro que nos ocupaque «la obra periodística de Antonio Díaz-Cañabate, considerada en su conjunto, constituye un documento excepcional para conocer la evolución de la tauromaquia y de la vida española a mediados del siglo [XX]» (pág. 13). En segundo lugar, deseo recordar las minuciosas investigaciones sobre periodismo taurino llevadas a cabo, en el marco de la Universidad Complutense de Madrid, por la profesora Celia Forneas, entre las que me atrevo a destacar La crónica taurina. Un texto informativo, literario y de opinión (Madrid, Biblioteca Nueva, 1998)1, pues esta obra estuvo muy próxima al desarrollo del trabajo de Juan Carlos Gil. En efecto, nos era conocido el largo y trabajado estudio sobre Abenamar –pseudónimo de Santos López Peregrín, un célebre cronista taurino de la primera mitad del siglo XIXque Forneas había editado en la Revista de Estudios Taurinos 1Ver la recensión de la obra de Forneas por P. Romero de Solís (Revista de Estudios Taurinos, n.º 8, págs. 265-270).
Recensiones de libros 253 (1999, n.º 10). Asimismo, espigando las Actas de los Seminarios de Periodismo Taurino realizados en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y dirigidos por los profesores Bernal y Espejo, se pueden leer algunas páginas que vuelan cerniéndose sobre el tema argumental de este libro que tengo el placer de reseñar. El propio Juan Carlos Gil ya dio a la estampa unas primicias de su tesis en el volumen Evolución histórica y cultural de la crónica taurina. De las primeras reseñas a la crónica impresionista (Sevilla, 2007)2y en el artículo “Teoría de la crónica taurina” publicado en la Revista de Estudios Taurinos (n.º 19-20, págs. 353-388). Es, pues, un estudio del que Juan Carlos Gil ha mostrado precedentes, pero que se enmarca en lo novedoso, prolonga y supera algunos intentos y señala un momento del avance de la investigación periodística sobre temas que antes no parecían ser susceptibles de análisis científico. Es en este contexto donde el hoy doctor Juan Carlos Gil ha planteado su magnífico trabajo3. AJuan Carlos Gil, también licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla, le fue otorgado, el año de la lectura de 2Ver la recensión de la obra de J. C. Gil González por P. Romero de Solís (Revista de Estudios Taurinos, n.º 24, págs. 353-357). 3Cabe citar otros trabajos dados a conocer con anterioridad donde se hace referencia tanto a la crónica taurina en general -por ejemplo, en el Cossío “Los toros y el periodismo” (Madrid, 1947, T. II)- como a la de Cañabate en particular en Ignacio de Cossío Pérez de Mendoza, que publicó El maestro Cañabate. De los toros y de la vida (Madrid, Tutor, 2004). Este es, realmente, el único precedente que, sin la pretensión de ser acogido como un trabajo de investigación, presenta un discurso encomiable y párrafos de numerosos escritos de Díaz-Cañabate: debemos entenderlo, por consiguiente, como una destacada introducción al periodismo taurino de los grandes. No se debe olvidar la deliciosa antología de crónicas, publicada bajo el título de Las taurinas de ABC (Madrid, 2003), con la que Catalina Luca de Tena tuvo la gentileza de obsequiarme. Tanto éste como el libro anterior fueron reseñados por J. C. Gil González en la Revista de Estudios Taurinos, n.º 18, págs. 305-309 y n.º 19-20, págs. 487-491.
su tesis, el premio extraordinario a la mejor tesis doctoral, lo que le facilitó ser nombrado profesor del Departamento de Periodismo I de su Facultad, prolongando su labor docente en el master oficial en Comunicación y Cultura de la Universidad de Sevilla. Ostenta, en la actualidad, la dirección de la Cátedra de Tauromaquia “Ignacio Sánchez Mejías” de la Universidad de Sevilla, habiendo publicado Ignacio Sánchez Mejías. Sobre Tauromaquia. Obra periodística, conferencias y entrevistas (Berenice, 2010). Ha sido profesor invitado de las universidades de Sâo Paulo (Brasil), La Frontera de Temuco y La Austral de Valdivia (Chile). Es, asimismo, investigador de la Maison des Sciences de l’Homme (París, Francia) y ha traducido al castellano al filósofo francés Francis Wolff. Después del mencionado prólogo de Manuel Bernal, Juan Carlos Gil escribe una Introducción donde explica por qué eligió para su tesis doctoral estudiar a un periodista tan peculiar como Antonio Díaz-Cañabate. La iniciación en el periodismo taurino de Díaz-Cañabate, para aquellos que, como el Juan Carlos Gil, gustan del toreo de sentimiento y de la aproximación literaria al mundo de los toros, fue deslumbrante. Díaz-Cañabate escribe para Luis Calvo -a la sazón director del ABCla crónica de una conversación entre el escritor Pío Baroja y el matador sevillano José Gómez Ortega, Gallito, en presencia del escultor Sebastián Miranda. Después de haberla leído Luis Calvo, recuerda Juan Carlos Gil, DíazCañabate entra a formar parte de la plantilla del célebre periódico monárquico de la familia Luca de Tena. En las crónicas de Cañabate, dice Juan Carlos Gil, se encuentran: «dobles discursos, el influjo de personajes de ficción, el distanciamiento del objeto de referencia, las metáforas sencillas, los diálogos populares, la denuncia irónica solapada con ribetes retóricos al alcance solo de un público lector muy avezado…» (pág. 21). Pedro Romero de Solís 254
Recensiones de libros 255 El libro se divide en siete capítulos, donde define con precisión qué es la “crónica taurina”, en general, y analiza las “crónicas de Díaz-Cañabate”, en particular, subrayando simultáneamente la importancia de la información taurina a la que considera un rasgo de identidad del ABC; se detiene en la vida bohemia de Cañabate y su relación con el estilo literario costumbrista del escritor; hace una amplia referencia a las crónicas de la madurez y una tipología de sus escritos; para terminar con un capítulo de conclusiones y un apartado dedicado a las fuentes bibliográficas y hemerográficas. Fig. n.º 69.- Gregorio Corrochano y Antonio Díaz-Cañabate, los dos grandes críticos taurinos del siglo XX del ABC. Son muy interesantes las referencias que, a lo largo de la obra, le dedica al papel que juega la independencia del cronista taurino del diario ABC respecto a los poderes oscuros, pero fácticos, del mundo de la tauromaquia –matadores famosos, empresarios, apoderados, periodistas propietarios de páginas en diarios nacionales y locales, etc.– y que hasta entonces habían conformado la revista de toros, primero, y la crónica taurina, después.
Torcuato Luca de Tena se esforzó, desde un principio, en seleccionar, para ejercer de críticos de teatro o de toros –sus dos grandes aficiones–, a los mejores escritores, los hombres más apropiados, a los que dotó de la independencia que daba un buen sueldo –muy por encima de la media que pagaban otros periódicos–, la entrega de las localidades para ver los espectáculos de los que se iban a realizar las crónicas, así como de la reserva y pago de la habitación del hotel en el caso de que estrenos o corridas se celebrasen fuera de la capital. «En el ámbito taurino no sólo fue una excepción sino que constituyó un modelo paradigmático en la elección de los mejores cronistas» (pág. 52). Así, añade Juan Carlos Gil, «ningún mozo de espadas pudo decir nunca que tenía un sobre reservado para el crítico de ABC. Renunciar a las ganancias extras le hizo ganar… en credibilidad e independencia informativa, tanto al cronista como al medio» (pág. 54). Es interesante subrayar, en un momento en que las corridas de toros estaban pasando a ser un fenómeno de masas, que la veracidad de la información taurina se convertía en la mejor seña de la honestidad y seriedad del periódico. Sin duda, desde el punto el punto de vista específico del libro, los capítulos más importantes son los dedicados al análisis estructural de las crónicas taurinas, que el autor titula “Los cimientos de la teoría: ABC (1958-1964)” y “La madurez periodística de Antonio Díaz-Cañabate: ABC (1965-1972)”. En el primer capítulo –“Los cimientos de la teoría”– subyace una de las ideas-fuerza del pensamiento taurino de Cañabate: el tiempo pasado fue mejor. «Los que llevamos cerca de medio siglo viendo toros sin desmayo de nuestra afición –escribe Díaz-Cañabate–, somos los que podemos apreciar la enorme transformación que ha sufrido la fiesta… Antaño la fiesta era variada. Hogaño, es monótona. Más aún automática. Los toreros se han transformado en autómatas. Todos hacen más o menos lo mismo. Lo imprevisto, el encanto de lo imprevisto, puede decirse que ha Pedro Romero de Solís 256
desaparecido por completo» (pág. 136). Más de uno, yo el primero, suscribiría, para hoy día, esta apreciación de Cañabate. Recuerdo en una entrevista a El Juli, publicada en el El País Cultural, y realizada en los inicios de su carrera cuando acudía a torear por primera vez a Sevilla, cómo el diestro explicaba que no pensaba desplegar su vistoso repertorio de capa porque le habían dicho que al público de la Maestranza de Sevilla sólo le gustaban las verónicas y, si acaso, alguna chicuelina; en efecto, cuando un matador hace un quite por tafalleras, por tijerillas, por gaoneras, etc., y no digamos ya si se adorna con una larga especialmente ilustrada, el público pronto le increpa «¡A ver si toreamos!»: quiere ver verónicas y nada más que verónicas. Pero no crea el lector que esta lamentable reducción es un asunto exclusivamente sevillano: en esta última feria de Bilbao, Morante de la Puebla inició la faena de muleta a su toro de Cuvillo con unos pases bajos a dos manos de original factura y de aroma antiguo y, por consiguiente, nunca vistos, que fueron protestados por el público (eso no quita para que los espectadores se entregaran, poco después, a una de las mas hermosas faenas realizadas por el torero sevillano y lo premiara con dos orejas). Así en esta primera parte de sus crónicas Antonio Díaz-Cañabate pasa de la euforia del comienzo –1958– a una cierta atonía, como a una desilusión, que se verá agravada en la época siguiente hasta terminar emocionalmente «fuera del espectáculo» en 1972. Las crónicas de Díaz-Cañabate que agavilla el profesor Juan Carlos Gil para estudiar este primer periodo manifiestan una perfección cuasi-científica –incluso de estructura hegeliana4– que se desarrollan bajo una óptica costumbrista. La crónica adquiere progresivamente una coherencia plena: se trata de una «construcción donde cada parte tiene su sitio y su función, y se Recensiones de libros 257 4El Dr. Gil González identifica la tesis con el título de la crónica, la antítesis con la descripción de las actuaciones de los espadas o microestructuras y la síntesis con el último párrafo (ver pág. 134).
articula con referencia a todos y cada uno de los elementos que la conforman» (pág. 134). El capítulo siguiente –“La madurez periodística”– lleva el análisis hasta el año 1972, aunque el autor nos previene de que «las fechas [que elige] suponen un recurso arbitrario para explicar la historia» (pág. 203). En este periodo, algunos de los problemas que había denunciado el cronista en la época anterior se han agravado, mientras que han aparecido otros nuevos, siendo los desaparecidos los menos mientras los gustos del público siguen siendo análogos. El profesor Juan Carlos Gil reconoce que el hastío, que ya el cronista señalaba en algunos de sus escritos anteriores, se ha agudizado hasta el punto de reducir casi a la nada el bloque de las antítesis, es decir, de la labor de los matadores que es muchas veces silenciada. Quizá, donde llevó esta actitud a un extremo casi inverosímil fuera en la crónica que escribió de la corrida en que Palomo Linares obtuvo un rabo, el último rabo concedido en la plaza de Las Ventas. Esa tarde triunfal, recuerda Gil González, se cortaron además del rabo ocho orejas «y a lo largo de la extensa narración apenas hay una descripción pormenorizada ni de las faenas de Palomo Linares ni de las de Curro Rivera» (pág. 214). Es más, Cañabate escribe que «las faenas de Palomo y Rivera que les valieron las ocho orejas fueron de las corrientes, con ninguna emoción…» (Ibidem).5 No olvida, en ningún momento, denunciar las que considera las causas fundamentales de la decadencia de la fiesta: el afeitado de los toros y la afluencia hacia las plazas de un nuevo público ignorante. Del afeitado hace derivar la mayoría de los problemas que acechan a la Tauromaquia «y la amenazan en convertirla en un espectáculo lánguido y decadente» (pág. 210). Para Díaz-Cañabate «la mengua de la bravura, la rebaja de la Pedro Romero de Solís 258 5Fue publicada en ABC de Madrid el 24 de mayo de 1972.
casta, el nuevo concepto de selección que habían propiciado los apoderados de las figuras del toreo con el beneplácito de los ganaderos» constituyen los factores principales que causan la decadencia de la fiesta y que se hace posible por la falta de criterio, de conocimiento, de los espectadores. En efecto, estos espectadores son nuevos en las plazas, como subraya Juan Carlos Gil, y su ignorancia le permite a Cañabate explicar que esta demoledora irrupción en las plazas es consecuencia de la aparición en la sociedad española de nuevas clases sociales emergentes creadas al socaire del desarrollo económico de la España tardo-franquista. Estos nuevos grupos eran tan ignorantes de la Tauromaquia como ávidos de diversión pero, en su dinamismo, desalojaban progresivamente a los verdaderos aficionados. Sin duda, los escritos taurinos de Díaz-Cañabate anuncian los males de nuestro tiempo y en el libro del profesor Juan Carlos Gil que ha editado la Universidad de Sevilla el lector curioso encontrará los fundamentos estéticos, sociales y políticos del toreo contemporáneo. Pedro Romero de Solís Fundación de Estudios Taurinos Recensiones de libros 259