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Universidad de Sevilla Facultad de Farmacia ESTUDIO HISTÓRICO DE LAS ENFERMEDADES MENTALES EN LA SEVILLA DEL SIGLO XVIII Rafael Javier de Rojas Azcue
Universidad de Sevilla Facultad de Farmacia TRABAJO DE FIN DE GRADO Grado en Farmacia ESTUDIO HISTÓRICO DE LAS ENFERMEDADES MENTALES EN LA SEVILLA DEL SIGLO XVIII Estudiante: Rafael Javier de Rojas Azcue Fecha y lugar de presentación: 14 de septiembre de 2022. Salón de Grado. Departamento de Farmacia y Tecnología Farmacéutica Tutores: Esteban Moreno Toral y Antonio Ramos Carrillo Revisión bibliográfica
1 RESUMEN: El propósito de este trabajo radica en el estudio de la psiquiatría en la Sevilla del siglo XVIII. Con éste se ha buscado encontrar respuesta a las enfermedades más prevalentes en la época, su diagnóstico y el tratamiento aplicado por los médicos. Para realizar dicho estudio, se ha realizado una búsqueda de fuentes primarias en la RAMSE, con el objetivo de encontrar disertaciones conservadas en los legajos que pudieran aportar información clara sobre el tema de investigación. Tras la búsqueda y recopilación de información, esta se ha agrupado y resumido, creando así tres bloques fundamentales a estudiar. En primer lugar, las enfermedades demoníacas, donde se ha podido verificar la teoría de que su diagnóstico era más propio de clérigos que de médicos, los cuales se limitaban a hacer lo posible para curar el alma de la persona a través de remedios físicos. Algo parecido ocurría con las enfermedades del alma, las cuales no afectaban a la parte física del hombre y tenían que ser sanadas con remedios morales, aunque también se usaban medios físicos como el opio o las preparaciones férricas, al igual que con las manías pues a pesar de conocer la relación de estas con la estructura cerebral, se habla de ellas como un misterio no resuelto. En conclusión, la falta de medios y la carestía de conocimiento a nivel psiquiátrico llevaban a la medicina a dar pocas soluciones a los problemas que acarreaban estas dolencias, en cuyo diagnóstico gobernaba la teología y la moralidad. Palabras clave: psiquiatría, historia, alma, ilustración, salud mental.
2 ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN……………………………………………………….. 3 2. OBJETIVOS……………………………………………………………….6 3. METODOLOGÍA…………………………………………………………7 4. RESULTADOS Y DISCUSIÓN………………………………………….8 4.1. El demonio como causa de enfermedad………………………………...9 4.2. La curación de las pasiones del alma……………………………………17 4.3. El cerebro como lugar físico del alma y los comportamientos maníacos……………………………………………………………………….25 4.4. En referencia a los ensueños y la mente humana………………………28 4.5. Sobre las enfermedades fingidas………………………………………...30 5. CONCLUSIONES………………………………………………………….34 6. BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………...36
3 1. Introducción: La Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla (en adelante RAMSE) es una institución que tiene su germen en la conocida tertulia “Veneranda tertulia hispalense” 1 , creada por ilustrados (médicos de reconocido prestigio en la sociedad hispalense) alejados del arcaico sistema escolástico fundaron dicha tertulia con el objetivo de intercambiar conocimientos y opiniones. Dicha institución, similar a otras fundadas anteriormente en otros países del continente europeo, tenía como objetivo la investigación científica para el progreso de la humanidad. Las primeras ordenanzas, presentadas al rey Carlos II como “Ordenanzas y Constituciones de la Sociedad Regia de los Médicos Revalidados de la Ciudad de Sevilla”, tenían como objetivo acoger a dichos médicos, los cuales por discrepancias con la institución o por falta de medios económicos no acudían a la universidad, pero sus conocimientos eran reconocidos por el Tribunal del Protomedicato. Uno de los factores principales para su desarrollo como sociedad radica en la época en la que se desenvolvió. Tras el Renacimiento, muchos de los dogmas de la medicina medieval fueron debatidos y se estableció la interpretación y conocimiento de la naturaleza como pilar fundamental del conocimiento humano 2 , bases que fueron adoptados por la regia sociedad y que conllevaron discrepancias con la idiosincrasia universitaria de la época, cuya formación al alumnado era juzgada por los miembros de la academia como rígida, decadente y escasa. Dichos principios, los cuales décadas después serían la semilla de la Ilustración 3 , corresponden a nuevas corrientes científicas renovadoras 4 , en las que se mantuvieron los conceptos tradicionales 5 que se consideraron válidos y se introdujeron conceptos 1 Roso-Pascual, J. El archivo histórico de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. Sevilla: Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla; 2011. p.7. 2 Echevarría J. Del Renacimiento a la Ilustración II. Madrid: Trotta; 2013. p. 348-352 3 Puerto-Sarmiento, FJ. El Mito de Panacea. Compendio de Historia de la Terapéutica y de la Farmacia. Madrid: Doce Calles; 1997. p. 417-418 4 Martínez-Vidal À, Pardo-Tomás J. Un siglo de controversias: la medicina española de los novatores a la ilustración. Valencia: Universidad de Valencia; 2003. 5 López-Piñero, JM. Medicina Moderna y Sociedad Española. Siglos XVI-XIX. Valencia: Cátedra e Instituto de Historia de la Medicina; 1976. p.194
4 novedosos a nivel fisiológico y anatómico 6 , así como de la iatroquímica y la iatromecánica. Cobran en esta época mayor importancia la figura del farmacéutico 7 y el cirujano 8 , además de una cirugía basada en la anatomía práctica y un estudio químico basado en técnicas botánicas novedosas 9 . Este hecho provocó en la sociedad sevillana de la época numerosas críticas, la mayoría de ellas de carácter religioso, debido a la relevancia de la anatomía 10 , la química 11 y su aplicación en el campo de la medicina 12 . En sus primeros treinta años de creación 13 , la academia fue mantenida a través de las donaciones privadas, entre las que destaca José Cervi, médico personal de S.M. Doña Isabel de Farnesio, y por ello un personaje bien relacionado en la Corte. El Rey, gracias a la colaboración de Cervi, accede a dar licencia a la academia a enviar a América cien toneladas anuales de mercancía obtenida en subasta pública que servían para pagar salarios, casa y librería, pero condicionó el futuro de la corporación a los destinos gubernamentales. Durante la década de los 30 del siglo XVIII, se establecen contactos con las academias de Medicina de París y Londres 14 , siendo el modelo de la capital francesa el elegido por los académicos para continuar con su labor. Este, se basaba en el conocimiento natural fomentando la física y las matemáticas, así como la unión de ejercicios teóricos y prácticos. En relación con la publicación de sus trabajos, estos o bien eran ordenados por la autoridad o bien tenían carácter individual. Los temas eran acordados por los miembros de la corporación, exponiéndose de manera pública en forma de disertación con un carácter didáctico y reflexivo 15 . 6 de Enterría-Sánchez JG, San Salvador, NG. Las versiones de medicina y botánica y la nueva terminología científica en el siglo XVIII. Cuadernos del Instituto de Historia de la Lengua; 2010.4: 55-76. 7 Esteva de Sagrera, J. Historia de la Farmacia. Los medicamentos, la riqueza y el bienestar. Barcelona: Masson; 2005. p. 352-353. 8 López-Piñero, JM. Medicina Moderna… Op. Cit, p. 195 9 Cowen DL, Helefand WH. Historia de la Farmacia. Barcelona: Doyma; 1990. p. 112-113 10 López-Piñero, JM. Medicina Moderna… Op. Cit, p. 197 11 Cowen DL, Helefand WH. Historia… Op. Cit, p. 109 12 Capel, H. Medicina y clima en la España del siglo XVIII. Revista de geografía. 2003: 79-106. 13 Roso-Pascual J. El archivo histórico… Op. Cit, p.9. 14 Puerto FJ, González-Bueno, A. Compendio de historia de la farmacia y Legislación Farmacéutica. Madrid: Síntesis; 2011. p. 150 15 Roso-Pascual J. El archivo histórico… Op. Cit, p.10.
5 En los años posteriores, las guerras en las que se encontraba inmersa la Corona Española, siendo Rey Carlos III y la crisis que atraviesa Sevilla 16 tras perder el monopolio de las Indias 17 , merman la actividad de la Academia, dependiente todavía del comercio para su financiación. Es a partir de 1783, ya en tiempos de paz, cuando la corporación se instala en una nueva sede tras haber sufrido un embargo de la anterior y es dotada económicamente evitando así depender del comercio de mercancías americanas. En el reinado de Carlos IV, debido a la profunda crisis que sufría la nación española, la Sociedad sufrió un periodo de decadencia, que, además, provocó problemas internos en la corporación que necesitó incluso la intervención de las autoridades locales. Sin embargo, el incremento de epidemias 18 (fiebre amarilla, viruela y cólera) amplió el número de estudios en enterramientos, además de proponer medidas preventivas y de mejora de la sanidad 19 . A principios del siglo XIX, debido a la invasión francesa y la posterior política absolutista del gobierno de Fernando VII, se llevaron a cabo acciones contra las ideas renovadoras de la Academia, entre las que se encontraba pedir a los socios un certificado de purificación para así ejercer sobre la institución un fuerte control estatal. Además, es en esta época cuando la cirugía y la medicina unen sus conocimientos en un solo título originando desórdenes en el ejercicio de la profesión. 20 En 1830, se lleva a cabo una gran reforma de las academias en España que supone la confección de un nuevo reglamento que buscaba alcanzar como objetivos la mejora de la asistencia médica 21 , una mayor vigilancia de las doctrinas impartidas en las cátedras 22 , atención a la metodología y una mejor organización escolar. Ello supone el nacimiento de la Academia tal y como la conocemos, tomando la junta de la Facultad el control de la 16 Aguilar-Piñal, F. Historia de Sevilla. Siglo XVIII. 3ª edición rev. Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla; 1989. p. 202-204. 17 Roldán-Salgueiro, MJ. Historia de Sevilla. Sevilla: Almuzara; 2007. p. 151-154 18 Laín-Entralgo, P. Historia universal de la Medicina. Tomo 5: Ilustración y Romanticismo. Barcelona: Salvat; 1971. p.83-85 19 Menéndez-Navarro A, Rodríguez-Ocaña E. Salud, trabajo y medicina en la España Ilustrada. Archivos de Prevención de Riesgos Laborales. 2005; 8(1): 4-13. 20 Rodríguez-Ocaña, E. Salud pública en España: ciencia, profesión y política, siglos XVIII-XX. Granada: Universidad de Granada; 2005. p. 147-152. 21 Puerto FJ, González-Bueno A... Compendio de historia… Op. Cit, p.154. 22 Laín-Entralgo,P. Historia universal… Op. Cit, p.84.
6 institución, eligiendo dos tercios de los miembros y pudiendo expulsar a los considerados indignos, además de establecer enseñanzas y diversos cargos. A estas medidas añade la restricción de criterios para ser académico de número, calidad que queda reservada a los médicos-cirujanos, médicos y cirujanos acabando con la misión con la que fue concebida en su fundación, acoger a los galenos que no cursaron estudios en la universidad. La nueva disposición redujo cargos en la corporación, intentando compensar a los cargos suprimidos. La nueva Academia, que abarcaba una gran cantidad de territorio, llegando desde Córdoba hasta Extremadura, tomó dos vertientes para sus estudios, algunos de ellos más relacionados con la salud pública y otros más específicos que cada distrito. Sevilla, elegida como el centro de referencia de todos los proyectos 23 , contaba con los recursos humanos y materiales necesarios para servir de autoridad para la ejecución de proyectos programados por el Estado, a pesar de no contar con los recursos necesarios para llevarlos a cabo, pues el Gobierno poseía pocos fondos y estaban mal administrados 24 , además de estar endeudado. Esta situación de inestabilidad, añadida a la tensión política de la España decimonónica, llevó a la institución a una grave crisis quedando prácticamente sin actividad desde el año 1843 hasta 1875, cuando Javier Lasso de la Vega acuerda la recuperación de la actividad, sobre todo a nivel de la biblioteca y en un prisma didáctico. Desafortunadamente, debido al esfuerzo que requerían y la poca compensación económica que se obtenía de ellas. Ya a finales del siglo XIX se aprueba en España el Estatuto General de las Academias, cuyas bases serán las mismas durante el siglo XX. 2. Objetivos: Una vez ha sido presentada la historia de la institución a estudiar en dicha investigación y dentro de lo que nos permita la documentación obtenida en la misma, los objetivos de dicho trabajo son los siguientes: ● Analizar a través de fuentes primarias y secundarias, en qué situación social y sanitaria se encontraban los ciudadanos de Sevilla en el siglo XVIII, en la cual 23 de Mena, JM. Historia de Sevilla. Barcelona: Plaza y Janés; 2010. p. 345-346. 24 Roso-Pascual, J. El archivo histórico… Op. Cit, p.15.
7 podremos profundizar gracias a manuscritos de la RAMSE, en modo de disertación. ● Estudiar cuáles eran las enfermedades más comunes en la época, ahondando concretamente en las enfermedades mentales, las cuales suponemos que eran tratadas con métodos diametralmente opuestos a los actuales. ● Averiguar la forma que tenían los galenos de la época de tratar dichas patologías. Con ello, se examinará la farmacoterapia de los médicos del siglo XVIII, buscando puntos convergentes y divergentes con la clínica actual. ● Realizar un estudio epidemiológico de las patologías que en los documentos se detallan, estudiando así cuáles eran las más comunes y su comparación con la visión actual de la salud mental. ● Elaborar una comparación con publicaciones de similitud con la línea investigadora elegida, estudiando así cómo era la manera de tratar estas enfermedades en otros puntos de España o el resto del mundo. 3. Metodología: La presente investigación se trata de un estudio histórico de las características de la sanidad sevillana del siglo XVIII, siendo el centro de la búsqueda documental las enfermedades de tipo mental. Para realizar dicha exploración de la información y con ello obtener los recursos necesarios para abordar el tema central de la investigación, hemos recurrido a la heurística, es decir, a la búsqueda de información en fuentes primarias y secundarias que nos ayuden a encontrar respuesta a los temas planteados en los objetivos ya expuestos anteriormente. En primer lugar, se ha llevado a cabo una búsqueda a nivel documental en la RAMSE, consultando en ella todo tipo de información documental a través de fuentes primarias, en este caso disertaciones contenidas en legajos y capítulos de libros, los cuales fueron escritos en el momento histórico a analizar y nos sirven para recabar la información necesaria. En relación con las fuentes secundarias escogidas, estas nos han proporcionado la información necesaria para contrastar, verificar y comparar la información obtenida en las fuentes secundarias. En este caso, se han usado libros que se encuentran en el catálogo
14 y según los expertos de la época, el que tiene un maleficio tiende a provocar muertes violentas. A pesar de ser un tema tan popular en la medicina, no es tan común el observar por parte del personal sanitario este tipo de fenómenos, por lo que Buendía en sus escritos se reconoce como poco experimentado en este tipo de patologías. Sin embargo, reconoce haber leído a autores que habían escrito sobre el tema, dejando incluso un caso clínico sobre ello: “Un ejemplo. Una niña de 15 o 16 años por su falta de evacuación o flujo, que caiga en alguna de aquellas alferesías, a primera vista diabólicas. Muda por lo común el aspecto, parecen saltarle los ojos, los visajes son extraordinarios, brinca, baila, canta, se lastima, se calma, sosiega, vuelve en sí. Al día siguiente, repite el accidente a la misma hora. Grita, chilla, batalla, ríe, conoce, se burla, compone versos poco acordes y con gracia, se muerde, se esconde, se sosiega y se aquieta. Así, por espacio de 30 o 40 días, repitiendo siempre lo mismo. En los tiempos intermedios, un leve ¡ay! la comprime, un sacerdote la asusta, un suspiro la ofende, un leve rumor la acobarda, el Médico no aprovecha, los Evangelios no alcanzan, el mal continúa y los circunstantes discordan. 35 ”. En este caso, el médico observa a la paciente para determinar la causa de la alferecía, una alteración del sistema nervioso central que provoca entre otras cosas convulsiones y desvanecimiento debido a un desorden en la actividad eléctrica cerebral. Para determinar que dicha patología es obra del diablo o de una hechicera se debería encontrar algún objeto utilizado para este tipo de encantamiento, ya que el susto, los saltos o los gritos no tienen por qué ser obra de un hechizo. Además, si mientras se produce esta observación, la persona que se encuentra poseída emite alguna secreción (orina, vómitos…) se puede concluir que es obra del diablo o de cualquier tipo de maleficio. En cuanto a los remedios para tratar este tipo de enfermedades, algunos autores hablaban de que una de las soluciones era pedir ayuda a la persona que provocó el maleficio, es decir, al hechicero o bien usar los instrumentos típicos de este tipo de personas para así acabar con el mal desde su origen. Sin embargo, esta opción para muchos no es la mejor, lo que provoca en el seno del cuerpo de médicos y teólogos grandes discrepancias según Buendía. Para sanar este tipo de males, la opción más aceptada supone que la curación sea sencilla y conforme a las leyes tanto humanas como divinas, poniendo para ello todo tipo de conocimiento tanto de lo físico como de lo espiritual: 35 RAMSE. Signatura 1.4.28. De Buendía, FS. Sobre la existencia, conocimiento… Op. Cit.
15 “El Médico debe mirar la complexión, estado y fuerzas del enfermo y mandarle cuanto conozca, conducente para su alivio. Y en lo tocante a lo divino, usar con toda prudencia aquellas medicinas espirituales que basten para que el Demonio cese de alucinar a la criatura. Dado caso que la enfermedad persista tenazmente, ya hay más fundado motivo para conocer que el Demonio produce los repetidos y continuados síntomas.” En cuanto a los maleficios amatorios, aquellos que tienen que ver con todo lo concerniente al matrimonio, se propone que no hay remedio más seguro y eficaz que la moral, es decir, seguir las directrices de la Iglesia sobre la carne haciendo ejercicios a nivel espiritual y evitando las pasiones. En relación con las posesiones demoníacas y los trastornos mentales provocadas por las mismas, cuenta Morgado 36 cómo en este siglo y en el anterior se tenía una visión del demonio y sus artes bastante parecida a la mostrada en sus disertaciones por los miembros de la Regia Sociedad. En este caso, se hace referencia al jesuita Alonso de Andrade, el cual definía al demonio como una criatura que se entromete en la confesión de los pecados y además de ser astuto, tiene un terrible poder para entrar en el alma de las personas y corromperlas por dentro. Al igual que los pensamientos del jesuita, se citan los conocimientos de otros religiosos como María de la Antigua entre otros, los cuales inciden en que para tratar este tipo de trastornos lo esencial radica en conocer bien al demonio. Además, preocupa a los religiosos y expertos de la época no diferenciar entre apariciones divinas y oscuras, pues éste, a través de los cuerpos de los seres humanos puede parecer actuar con la bondad que caracteriza al Altísimo, siendo en realidad una trampa a los ojos de los hombres. Para identificar al diablo, es necesario siempre enseñar al supuesto endemoniado la señal de la cruz o cualquier otro objeto religioso, pues el espíritu que provoca este tipo de trastornos seguirá manifestándose. Muchos de estos trastornados eran llevados a juicio por la Inquisición 37 , para así limpiar el alma de estos del pecado del demonio. Sin embargo, y con la llegada de la Ilustración, llegan a la sociedad de la época corrientes divergentes a la teoría espiritista, demoníaca y de superstición que circulaba 36 Morgado-García A. Demonios, magos y brujas en la España moderna. Cádiz: Servicio Publicaciones UCA; 1999. p. 36-40 37 Pedrós-Ciurana MJ. Estafadores y crédulos: la inquisición valenciana ante la superstición a principios del siglo XVIII. Estudis: Revista de historia moderna. 2008; 34 (11): 303-319.
16 por entonces. En el pensamiento ilustrado 38 , el demonio y otras supersticiones no eran más que lo que su propio nombre indica, supersticiones, que diferían en gran medida de los principios racionales por los que se regía el pensamiento ilustrado. “La superstición no fue considerada un pecado, sino una falta intelectual por parte del Hombre. La ciencia moderna obvió el sistema de causalidad establecido por la Iglesia y la secularización fue in crescendo hasta tal punto que algunos pensadores afirmaron que la propia religión en sí misma era una práctica supersticiosa.” En el caso de la hechicería, tema también tratado en las disertaciones por los miembros de la Regia Sociedad, autores como Alamillos Álvarez 39 comentan la relación de estas prácticas con el curanderismo, prácticas muy perseguidas por la Inquisición, organización estatal que acusaba a todo sujeto que practicaba el curanderismo como bruja o brujo. Este tipo de curanderos, que diferían en sus prácticas con las de los médicos y miembros de la Regia Sociedad, tenían como servicio principal la sanación. La población sevillana y de Andalucía en general carecía de habilidades comunicativas e intelectuales, lo que hacía que estos buscaran la sanación en estos supuestos terapeutas. Además, la falta de medios de algunos médicos, los escasos adelantos científicos en este ámbito y la frecuencia de epidemias hacían populares estas prácticas de poco rigor científico. Comparando los diagnósticos realizados por los miembros de la Regia Sociedad a la actualidad, muchos de aquellos que diagnosticaban como endemoniados o poseídos no eran más que personas con desórdenes mentales como puede ser la epilepsia, la hiperactividad, ansiedad o histeria, que en nuestros días serían tratados con antiepilépticos, ansiolíticos o psicoestimulantes. 4.2. La curación de las pasiones del alma En la Ilustración, la medicina dividía el cuerpo humano en dos partes bien diferenciadas 40 , cuerpo y alma. El cuerpo, el cual era tratado como una máquina, a su vez se dividía en partes sólidas y líquidas, las cuales cuando existían desórdenes en ellas había que acudir a remedios materiales para llegar a la curación. Sin embargo, la parte del 38 Alamillos-Álvarez R. Hechicería y brujería en Andalucía en la Edad Moderna. Discursos y prácticas en torno a la superstición en el siglo XVIII. Córdoba: Servicio de publicaciones de la UCO; 2015. p. 123-124 39 Alamillos-Álvarez R. Hechicería y superstición en la Córdoba del siglo XVIII. Una aproximación a la superstición en el mundo rural cordobés. Ab Initio: Revista digital para estudiantes de Historia. 2013; 4 (7):87-124. 40 Laín-Entralgo P. Historia universal… Op. Cit, p. 2-3.
17 alma 41 , el ánima, era aquel rincón de la persona dirigido por la voluntad que no se podía tratar con medios naturales, de forma que el médico poco podía hacer para aliviar a este tipo de pacientes. Figura 3. Disertación sobre las enfermedades del espíritu de Francisco Javier González En relación con las enfermedades en general, expresa Fray Francisco Javier González 42 en su disertación didáctica (Véase Figura 3) ante los miembros de la Academia que estas dependen íntegramente del mandato divino, siendo Dios el encargado de enviar estas patologías para corregir, castigar y atraer al servicio divino a aquellos que fueron concebidos para llevar una vida de bondad y entrega a Él pero abandonaron las sendas de la virtud o bien no las siguen con el mismo ímpetu que antaño. De esta forma, se entiende que el que peca u ofende a Dios enfermará, sirviendo para esta persona la dolencia como prueba de amor al Padre. De esta forma, la persona por estar enferma abandonará el ocio y el divertimento y tendrá que hacer un ejercicio de espíritu, el cual trasciende completamente de la dolencia natural, para aliviar su alma antes de poder ser curado con los remedios físicos y terrenales que pueden usar los médicos para sanar su patología en cuestión. Por ello, se entiende por este religioso a la enfermedad 41 Martínez-Azumendi O. Del Pleistoceno a Nuestros Días / Contribuciones a la Historia de la Psiquiatría. Madrid: Asociación Española de Neuropsiquiatría; 2011. p. 78-79. 42 RAMSE. Signatura 1.4.28. González, FFJ. Si en las enfermedades procedidas de ejercicio de espíritu cuales se pueden curar con remedios físicos. 1783
18 como una prueba en el camino de la persona, que debe reflexionar sobre su moralidad y decidir si está encaminando su vida por el lado correcto. Para ratificar su teoría, Fray Francisco Javier González 43 pone como ejemplos a personajes célebres de la Antigüedad, como el Rey David y sus castigos, el propio San Pablo, el rey de Persia Antíoco, San Gerónimo, San Gregorio, San Ambrosio y por supuesto el propio Jesucristo, el cual sufrió en la Pasión. De esta forma, habla de la enfermedad con estas palabras: “Es la enfermedad uno de los castigos más terribles, que Dios envía a los Justos que ama y a los pecadores que lo irritan, a través de sus Ángeles buenos o malos, castigándolos severamente con enfermedades corporales, consideradas en sí mismas de igual naturaleza, de las que conoce la Medicina. Pero que, en sus principios y fines, son absolutamente diversas” En cuanto a las enfermedades que conciernen al alma, D. Valentín González y Centeno 44 , en su exhortación didáctica, expone su visión sobre las enfermedades de la pasión de ánimo, es decir, de esta forma, este tipo de efectos, que no encuentran relación con el cuerpo, se llaman enfermedades del espíritu cuando se produce una alteración del alma. Así, como hemos comentado antes, existen dos tipos partes en el ser humano. Por un lado, estaría el cuerpo como tal, el cual es finito y simple y por otro lado el alma, que es la parte espiritual del hombre y es la que queda tras la muerte y por tanto es inmortal. Por ello, las enfermedades que tienen que ver con el alma son enfermedades que no se pueden sanar con remedios físicos, sino conociendo bien la moralidad, siendo el estudio de la filosofía primordial para sanar este tipo de patologías. Sin necesidad de revelaciones, la razón humana debe convencerse de que en nosotros reside el principio espiritual y eterno, el cual denominamos alma, por el cual nos asemejamos a Dios que la creó. 43 RAMSE. Signatura 1.4.28. González, FFJ. Si en las enfermedades procedidas de ejercicio… Op. Cit. 44 González y Centeno V. Memorias académicas de la Real Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla. Tomo Cuarto. 1774, p. 1-19
19 Comenta también González y Centeno 45 sobre las enfermedades de espíritu que son dolencias que no dan grandes señales de su existencia: “Cuando más, alguna será equívoca, de débil sospecha, incierta conjetura o juicio vacilante, que ponga al Médico en duda, y obligándolo a ser cauto y prevenido en su curación.” Estas enfermedades, además de ser dificultosas para detectarse, tienen su origen, según Fray González, en el pecado original. De esta forma, los hombres como hijos de la naturaleza están sentenciados a enfermar y a morir. Para que este tipo de enfermedades se den es indispensable que se den cuatro puntos: ● Un sujeto para que enferme ● Una enfermedad que lo ejercite ● Un principio que lo cause ● Un fin por el que se produzca En lo que se refiere a las pasiones del alma, guiándose los principios morales, se dividen en una parte concupiscible en las que se encuentran el amor, la alegría y la esperanza, y una parte irascible, en las que se encuentran el odio, la ira, el temor y la tristeza. Por ello, existen siete pasiones del alma, tres de ellas con efectos positivos y cuatro de ellas negativas. En cuanto a la parte concupiscible del alma, se caracteriza según González y Centeno 46 por tener una serie de efectos en las personas “conmoción expansiva, dilatación, por la que se ríe el sujeto, encenciéndosele el rostro, acelerándosele el pulso, todo se le alboroza, palpitándole el corazón por la rapidez con que se mueve el círculo de la sangre y la vivacidad con que se mueven los nervios cardíacos, o bien, su jugo o espíritu nérveo.” En relación con la parte irascible del alma se habla de efectos totalmente distintos: “reconcentra líquidos al interior de manera comprensiva; los impele del ámbito del cuerpo a su centro o entrañas; produce temblores, rigores, espasmos, ansiedad, dificultad respiratoria, palidez, contracción del pulso; y resultan infartos, erupciones, inflamaciones […]” 45 González y Centeno, V. Memorias académicas… Op. Cit, p. 8 46 Ibidem
20 En lo referente a la curación de este tipo de enfermedades, dicen no ser tan dificultosa de sanar si se utilizan los medios morales y filosóficos pertinentes. De esta forma, se aconseja moderar, controlar o borrar la principal idea que hace a la persona actuar vehemente, controlando con ello las pasiones y apetitos que ella provoca y que mueven a la persona a actuar de manera impulsiva. Estos impulsos no entienden de remedios vegetales, animales o minerales, pues no pertenecen al cuerpo, por lo que habrá que sanar el espíritu para llegar a la curación del paciente. Para ello, el médico debe acudir a medios morales y filosóficos para sanar aquellas pasiones que pervierten el espíritu del hombre. En este caso, el médico debe contar con una serie de destrezas y conocimientos para conseguir curar el alma, concretamente debe abundar en él la prudencia, el orden, el raciocinio, la rectitud y la persuasión. Con este tipo de virtudes, el galeno será capaz de corregir los desórdenes y las alteraciones del espíritu, alcanzando así el alma el equilibrio correcto para recibir los impulsos. En el caso de Fray Francisco González 47 , la causa de las pasiones del alma dice que radica en el Altísimo. Éste usa el ministerio de los ángeles buenos y los ángeles malos como instrumento, los cuales los envía cuando los place, bien para purificar las almas o para que estas se purifiquen más tras resistir a los ángeles malos. Según Antonio Santaella 48 , las pasiones del alma no son más que las consecuencias necesarias de su constitución primordial, decidiendo en sus vidas, pensamientos, deseos y movimientos, sean visibles u ocultos. Dentro del hombre existe un motor propio, el cual depende la voluntad humana y que se considera como el generador de los impulsos, con energía propia y que posee una sustancia distinta al cuerpo, con facultades secretas. Las alteraciones de las pasiones de ánimo, ya descritas anteriormente, eran conocidas como enfermedades vaporosas o enfermedades nerviosas. De manera moderada, una alteración de alguna de las pasiones era incluso considerada positiva, como era el ejemplo de que una moderada alegría dulcifica los humores, una melancolía 47 RAMSE. Signatura 1.4.28. González, FFJ. Si en las enfermedades procedidas de ejercicio… Op. Cit. 48 RAMSE. Signatura 1.5.36. Santaella, Antonio. Del impulso de las pasiones de ánimo en las enfermedades que llaman vaporosas y más adecuado método de tratarlas. 1795.
21 moderada 49 detiene la disipación de espíritus o una ligera timidez es consecuencia de la modestia. Sin embargo, aquellas alteraciones continuadas y vehementes, al ejercer una poderosa acción sobre el sistema nervioso, desordenan la constitución física y alteran la organización del sistema corporal: “Éstas actúan sobre el alma, que puede recibir un efecto de estímulo, el más activo general o particular. Y también negativo o positivo: la cesación de un órgano o su disminución; y que el alma esté ocupada en algo.” Igualmente, existen los conocidos como desórdenes mixtos, los cuales alteran a su vez pasiones activas y pasivas. En cuanto a las pasiones en sí, Antonio Santaella en su disertación las describe como: ● Ira: se caracteriza por ser la más violenta. Consiste en un aborrecimiento pronto y súbito. Altera los humores, alterando los vasos y glándulas secretoras, estrechando los esfínteres y deteniendo las excreciones. La bilis se separa y hace estanca, y causa espasmos al pasar a la masa humoral. ● Pesar o tristeza: se habla de tristeza como un mal súbito e imprevisto, mientras que el pesar es algo más prolongado, el cual una vez que entra en el alma, ésta parece abandonar el cuerpo. ● Amor: es la más simple y fuerte de las pasiones. Es la más difícil de reprimir según los expertos. Además, si a éste se le añaden los celos, es decir, el temor de perder el amor de una persona, éste se intensifica y empeora. Su fuerza puede provocar hasta fiebres. ● Melancolía: propia de todas las edades, se presenta en personas débiles y que padecen ataxia. Son tendientes a padecerla las personas con ataques de ira y personas delicadas o débiles en general. Se caracterizan por padecer vértigos, orinar mucho y escupir en demasía, lo que produce alteración de los humores. Además de describir dichos desórdenes, recibe cierta importancia el hipocondrismo, relacionado con la melancolía y que se reseña por afectar a cuerpo y alma. 49 RAMSE. Signatura 1.4.30. De Montilla, Cristóbal Ignacio. En qué grado invalida la melancolía los contratos e impide las funciones y ministerios eclesiásticos y seculares. 1785
22 Se conocía como una alteración del plexo nervioso del bajo vientre, quedando la persona en un estado de sensibilidad extraordinario mezclado con timidez y tristeza, tendiente a la alteración humoral. En cuanto al prototipo de paciente en cuestión, se relaciona al paciente de patologías vaporosas con mujeres de altas comodidades, con vida sedentaria, que provoca en las almas una excesiva sensibilidad. Puede tratarse de un trastorno hereditario, siendo la melancolía una alteración que se transmite. Además, es más propenso a manifestarse en climas cálidos y meridionales. En relación con la curación de dichas enfermedades vaporosas, se aconseja un abordaje clínico combinado, usando para ello medios morales y medios físicos o naturales. Para ello, el médico debe estudiar al sujeto concienzudamente para conocer su constitución moral y física. En cuanto a los remedios médicos más importantes, se recomienda seguir las indicaciones del célebre médico ilustrado Piquer 50 . Entre los remedios más recomendados se encuentran: ● Opio: a pesar de que en esta época ya se conocían sus efectos sombríos, se recomienda como calmante, disminuyendo la irritabilidad, la histeria y los movimientos convulsivos. Debe usarse con cautela. ● Para la atonía dominante (debilidad muscular), se recomiendan analgésicos combinados con tónicos, eligiendo siempre los más dulces, en dosis repetidas en intervalos distanciados en el tiempo. También se recomienda la quina unida a gomosos y ácidos. ● Preparaciones de hierro: se utilizaban con virtud fortificante, sobre todo para aliviar los conocidos como temperamentos irritables, además de tomar baños de aguas ferruginosas blandas. A falta de esto, se recomienda quina, con menos efectividad que el hierro. Si esta provoca una acción demasiado fuerte en los vasos, se recomienda mezclar la quina en leche. ● Otros remedios frecuentes: tomar aguas frescas, ejercicio, paseos por el campo o por zonas exteriores de las casas, dietas vegetales y equitación. Además, como se 50 López-Piñero, JM. Medicina Moderna… Op. Cit, p. 212
23 ha descrito anteriormente, se recomienda combinar los remedios físicos con los medios morales para aliviar los vapores. Si lo anterior no funciona, se aplicarán dulcificantes, humectantes y diluentes, el baño tibio, el agua de pollo, de vaca y arroz. Además, es frecuente el uso de caldos y plantas nitrosas, las lavativas (si hay calor, encendimiento en la orina y estreñimiento) y el agua de cebada. En el caso de que los desórdenes de espíritu afecten al amor, se da lo que se conoce como locura amorosa o crotomanía. En estas situaciones, el sujeto en cuestión pierde el apetito y el reposo, además de que la inquietud y los celos se apropian de la persona. Para ello, desde la Antigüedad se recomienda al sujeto que busque defectos en la persona amada, además de buscar una separación de esta pues según Santaella: “Se olvida insensiblemente lo que no se ve.” Otra de las dolencias más conocidas es la conocida como enfermedad del país. En este caso, esta se podría asemejar a una melancolía o tristeza por no estar en el lugar de origen. Para ello, González y Centeno habla de las dolencias de unos soldados portugueses, ingresados en un hospital de prevención por este tipo de mal: “Estos eran bisoños, nostálgicos, arrancados de sus países, de cuyas dolencias nostálgicas murieron muchos, además por inapetencia, debilidad, melancolía y decaimiento de ánimo. No había, por tanto, remedios físicos y no estaban en el arbitrio de los médicos los útiles medios.” Al mismo tiempo, se hace énfasis en los conocidos como casos perdidos. Estos, son aquellos que incluso los grandes médicos y eruditos no han sido capaces de resolver. A esto se concluye que la pasión ha enraizado con la parte corpórea del hombre, siendo entonces incapaz de borrarse debido al enquistamiento de esta. Esto provoca que la pasión dañe completamente la materia corpórea y con ello la imposibilidad de la curación. En estos casos, se pueden utilizar los conocidos como medios paliativos, los cuales no remedian completamente la dolencia, pero llevan al paciente a moderar ligeramente las pasiones.
30 conocidos como ángeles buenos. De esta forma, es obligatorio creer en ellos, pues la creencia en estos sueños del Altísimo va de la mano a la creencia en Dios o Santa Fe. ● Los sueños diabólicos: como ya se habló con anterioridad en las alteraciones mentales que tenían como causa las posesiones demoníacas, el diablo es astuto y es considerado por los autores de la época como un gran actor. Por ello, en este tipo de apariciones mientras la persona descansa, el demonio se hace pasar por criatura divina y se aparece a las personas, sobre todo a las consideradas como “gentes infelices, anabaptistas y entusiásticos”. Para identificar este tipo de sueños como malvados se utiliza la teología y las Sagradas Escrituras, además de los conocimientos de física para decidir si el sueño es puramente natural o pertenece a lo divino. Para ello, Buendía 63 compara a los sueños divinos de los diabólicos como diametralmente opuestos: “Los ensueños divinos son pacíficos, de espíritu sereno, recreos Celestiales, lo mueven a seguir lo bueno y dejar con aborrecimiento el mal. En cambio, lo diabólico: voces ásperas, tibias, humillaciones sospechosas, complacencias vanas, dudas de nuestra Religión Sacrosanta y la Iglesia Católica, persuasiones a penitencias inmoderadas, inclinaciones a novedades notables…., todo con inquietud, sobresalto de alma y cuerpo, sequedad de ánimo, temores, repugnancia, obscuridad, inquietud, tinieblas, luz falsa y engañosa. “ Buscando similitudes con este tema a lo largo de la historia 64 , los sueños son un tema de estudio y despiertan gran inquietud en la humanidad desde los babilonios, que hablaban de los sueños como algo de lo que eran responsables las almas de los muertos. En el caso de Egipto, se creía que los sueños tienen siempre carácter divino, al igual que en la cultura grecorromana, en la cual los sueños tenían un objetivo profético. Ya en el siglo XVII, Descartes 65 habla de los sueños que no eran posibles de unirse entre sí ni con los pensamientos de vigilia a través de la memoria. 63 Buendía y Ponce F. Memorias académicas… Op. Cit, p.174-179 64 Rosselli D. Breve historia de los sueños. Rev Neurol. 2000; 30(2):195-198. 65 Defez A. Unamuno, Descartes y la hipótesis del sueño. Revista de Filosofía (Madrid).2006; 31(1):7-20.
31 4.5. Sobre las enfermedades fingidas Otro de los temas tratados por los médicos tenía su base en el fingimiento de las enfermedades. Este concepto, en la cual la enfermedad se encuentra únicamente en la mente del paciente y en algunos caso era inexistente, fue en la Sevilla del siglo XVIII uno de los métodos más usado por los sevillanos burlar a la justicia y evitar así cumplir las penas impuestas por esta e incluso burlar la muerte. Este asunto es tratado por el jurista y miembro académico de la Regia Sociedad Don Juan Gutiérrez de Piñeres 66 en su disertación leída a los miembros de la misma el jueves 1 de junio de 1767. En este caso, Gutiérrez de Piñeres 67 habla de los hombres como un ser imperfecto, pero lleno de perfecciones debido a que fue hecho a imagen y semejanza del Creador y posee el único anhelo de unirse a Él en la eternidad después de la muerte. Además, los hombres son seres que aman y procuran que exista el bien común y la felicidad de todos. A pesar de ello, hay veces en los que el hombre se ve totalmente apartado de dichos principios y de la línea diseñada por el Creador errando en sus decisiones: “Se presenta también ante sus semejantes animado de un furor, que lo hace parecer más capital enemigo que amigo” Para arreglar en el hombre este tipo de desviaciones, se creó la justicia y la razón contra este tipo de pasiones, siendo el Orden Público una forma de frenar estos ataques que se dan en los hombres, que son regulados a través de las leyes 68 . La relación entre la enfermedad y la vida presidiaria era en algunos casos una forma de escapar de los barrotes y con ello de la pobre y dura vida carcelaria 69 en la Sevilla del siglo XVIII, pues los reos enfermos contaban con privilegios y excepciones que se encontraban bien detalladas en la ley: 66 RAMSE. Signatura 1.3.23. Gutiérrez de Piñeres J.. Las enfermedades que más comúnmente suelen fingir los reos y el modo médico y legal de descubrir el dolor 67 Ibidem 68 Fraile P. Un espacio para castigar: la cárcel y la ciencia penitenciaria en España: siglos XVIII-XIX. Barcelona: Ediciones del Serbal; 1987. p. 107-108 69 TrinidadFernández P. La defensa de la sociedad: cárcel y delincuencia en España (siglos XVIII-XX). Madrid: Alianza; 1991. p. 53-56.
32 ● Ninguna persona en estado grave podía ser apresado y solo sería arrestado una vez curado en reclusión domiciliaria. ● Personas con dolencias graves y delitos no graves, son recluidos al no haber comodidades en la cárcel para su reclusión. ● Mujeres embarazadas deben ingresar en prisión después de dar a luz y/o haber guardado cuarentena. ● Mudos y sordos estaban exentos de torturas o tormentos si tenían dificultades en la comunicación. ● En personas reincidentes se daban privilegios siempre que la enfermedad fuera grave y fuera extensible a parientes cercanos. ● En el caso de locos, furiosos o desmemoriados, aun cometiendo delitos como robo u homicidio cuentan con privilegios hasta que su enfermedad perdure, pues no entienden lo que hacen. Además de ello, este tipo de personas quedaban exentas de cualquier servicio militar y por ello de pertenecer al ejército, al igual que vagabundos y tiñosos (al ser la tiña una enfermedad contagiosa e incurable). De esta forma, muchos presos condenados a prisión por la Justicia que conocían las leyes carcelarias fingían padecer todo tipo de enfermedades que les hicieran no tener que ingresar en prisión o que su paso por los centros penitenciarios se hiciera lo más llevadero posible. Otras enfermedades que se fingían eran epilepsias, apoplejías o síncopes en cuanto a patologías nerviosas, además de demencia o embriaguez, pues las personas con este tipo de males serían incapaces de delinquir al no poder usar las manos correctamente. Otras de ellas son los dolores de cabeza o estómago y en muchos casos, los presos se hacían pasar por mudos, ciegos o sordos para evitar castigos mayores. En el caso de las mujeres simulaban tener ulceraciones en las piernas para parecer estar embarazadas. En los casos de la demencia, era común que los presuntos culpables la usaran para evitar así la celebración de un juicio, pues no podían ser juzgados aquellos que habían perdido el juicio.
33 Para evitar que las personas escaparan de las autoridades y cumplieran las penas asignadas por los delitos cometidos, las autoridades judiciales hacían uso de los médicos y de los propios jueces para diagnosticar este tipo de enfermedades fingidas. De esta forma, con el uso de la ley, hay que acudir, en algunos casos, a profesionales específicos como es el caso de las matronas 70 en el caso de embarazadas, que tratarán de averiguar si esta está “corrupta o preñada”. De esta forma y para evitar este tipo de fingimientos, existen por parte de los expertos de la época 5 normas y prevenciones para detectar la ficción por parte de los condenados: ● Examinar de manera escrupulosa los informes que narran las dolencias que sufren las personas que dicen estar enfermas. ● Observar al paciente y, si procede, llevar a cabo una breve investigación sobre la enfermedad. ● Administrar medicamentos o remedios que se usen para esta enfermedad, para ver si existe un alivio a las dolencias. ● Cotejar en el paciente los síntomas propios de la enfermedad que padece. ● Siempre puede haber signos de estas enfermedades que no aparecen al principio de examinar al paciente, por lo que se recomienda un tiempo para observar al paciente. Además de estas normas, se recomienda al médico y/o juez, que esté precavido para observar el engaño del sujeto, además de evitar caer en la confianza con el condenado. Otras de las recomendaciones que se dan es observar el pulso del paciente, la orina de éste para evitar adulteraciones, además de controlar en éste que no simule fiebres, sudores sanguíneos y todo tipo de dolores y demencias. Otros de los consejos que se daban a los profesionales para dictaminar su veredicto eran: ● Extremar la vigilancia en torno al enfermo, observando a éste sin que éste lo sepa para ratificar el veredicto, haciéndolo en distintas horas y días. 70 Para más información véase: Ortiz-Gómez, T. Una matrona en la España ilustrada. Dynamis: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam. 1992; 12: 323-346.
34 ● Decretar el uso de baños si el paciente es receloso a tomar medicamentos ● En el caso de las mujeres que fingen sufrir la menstruación, se espera a que termine el periodo para juzgarlas. ● En el caso de la embriaguez, se recomienda distinguir entre las leves y aquellas que hacen a la persona no saber lo que hace. Sin embargo, en muchos casos los profesionales en la materia no eran capaces de descifrar la actuación de los condenados a prisión, pues solo uno de cada cien presos eran descubiertos. En la mayoría de los casos, el motivo que llevaba a sanitarios y jueces a errar en su veredicto era “la falsa y equivocada idea de Piedad” de estos, que mostraban compasión con los condenados y caían con ello en el engaño de los reos. Para evitar que se produjeran estas malas prácticas, se recomendaba a las autoridades nombrar cada año a dos médicos, dos cirujanos y dos matronas, todos ellos dotados de los conocimientos necesarios y con gran reputación. Los profesionales sanitarios, nombrados por las autoridades públicas, tendrán como función hacer su trabajo de manera objetiva, evitando dejarse influenciar. 5. Conclusiones: 1. La misión de dicha investigación radica en conocer y comprender las patologías mentales más importantes que se daban en la Sevilla del siglo XVIII y así poder establecer una comparación con la situación de la psiquiatría actual. En una primera hipótesis, se esperaba encontrar en dicha investigación métodos rudimentarios, en la mayoría de los casos con escasa fiabilidad y exactitud debido a la falta de evidencia científica de los mismos. En este caso, la hipótesis realizada era cierta, pues la fuerte unión del concepto alma y mente derivaba a aplicar remedios morales. Por ello, la medicina se encontraba anclada en el pasado, la cual usaba métodos ya obsoletos, además de que mentalidad de los galenos provocaba que los diagnósticos de las patologías que sufrían los pacientes no fueran los más deseados, en parte por la influencia de la Iglesia Católica en prácticamente todos los asuntos de la vida diaria como el escaso avance en psiquiatría. 2. Cabe destacar el alto grado de poder que poseía la Doctrina Católica en lo que se refiere a la manera de tratar todo tipo de dolencias relacionadas con la salud mental. Debido a ello, todo tipo de dolencias que incumben a la mente y con ello
35 a la parte no física del hombre, eran difícilmente tratadas por los profesionales de la salud ilustrados, pues en su mentalidad no se podía concebir poder sanar aspectos que conciernen al alma. Ello suponía un obstáculo para el desarrollo científico, pues el escaso estudio de la psiquiatría producía un estancamiento en cuanto a diagnósticos y tratamientos se refiere. 3. Debido a esto, la dificultad que se ha encontrado para analizar los tratamientos y diagnósticos realizados por los médicos de la época ha sido considerable, pues el tratamiento psiquiátrico del siglo XVIII además de ser muy distinto al actual se encuentra diluido entre la teología y la filosofía cristiana del siglo XVIII, teniendo que tratar asuntos filosóficos y religiosos que poco tienen que ver con la clínica actual de la psiquiatría. 4. En cuanto a las enfermedades mentales más comunes que se han encontrado en la RAMSE, cabe destacar los comportamientos maníacos, lo referente al alma y aquellas cuya causa radica en seres oscuros. Este tipo de dolencias eran agrupadas en grandes bloques debido a la ignorancia de los médicos, que metían en un mismo diagnóstico a enfermedades que actualmente difieren en demasía pero que en esta época tenían una misma causa. 5. Por último, es necesario realizar una comparación con la situación actual. En nuestros días, la salud mental está a la orden del día 71 , siendo uno de los principales problemas que sufrimos en la actualidad. Prácticamente la totalidad de la población sufre problemas de salud mental de vez en cuando o de manera crónica. De esta forma, encontramos más de 10 tipos de dolencias de salud mental, algunos de ellos relacionados con el estrés, el consumo de drogas o trastornos depresivos, que en el siglo XVIII eran tratados de manera genérica como alteraciones en el alma, a los que en muchos casos se les aplicaba un nihilismo terapéutico. 6. Bibliografía: 1. Ackerknecht, EH. Breve historia de la psiquiatría. València: Seminari d’Estudis sobre la Ciència; 1993. 2. Aguilar-Piñal, F. Historia de Sevilla. Siglo XVIII. 3ª edición rev. Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla; 1989. p. 202-204. 71 De Pedro-Cuesta J, Noguer I, Roca M, Saiz-Ruiz J. Salud mental y salud pública en España: vigilancia epidemiológica y prevención. Psiquiatría biológica.2016; 23 (2): 67-73.
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