Un proyecto de restauración: los carteles taurinos de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla
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Revista de Estudios Taurinos N.º 43, Sevilla, 2018, págs. 13-41 UN PROYECTO DE RESTAURACIÓN: LOS CARTELES TAURINOS DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE SEVILLA Diego Carrasco* Fernando Olmedo** n 2012 la Real Maestranza de Caballería de Sevilla inició un proyecto de restauración de las piezas más valiosas y representativas de su colección de cartelería taurina de más de 6.000 unidades, con el objetivo de preservar tan valioso cuerpo documental, testimonio de la historia de su plaza de toros y algo más. Ortega y Gasset sostenía que no se puede conocer la historia de España si no se conoce la historia de las corridas de toros, y el cartel publicitario, que se extendió por todo el mundo como elemento fundamental de propaganda en el siglo XIX, tiene su más directo ascendiente en la cartelería española del mundo de los toros. El proyecto abarca un estudio en profundidad de la colección, paso previo a una labor de clasificación, documentación, reproducción fotográfica y selección progresiva hasta determinar los 250 carteles, desde 1738 hasta 1975, sometidos a una cuidadosa restauración. Se establecieron series previas de clasificaciones relativas a las características y otros elementos de los distintos festejos. Feria de Abril y Feria de San Miguel (los dos principales ciclos de la temporada); Interés taurino (corridas célebres, alternati- * Documentalista y editor. Fundación de Estudios Taurinos. ** Historiador y editor. E
Diego Carrasco y Fernando Olmedo 14 vas, etc.); Composición gráfica (particular interés por aspectos gráficos y artísticos del impreso); Corridas benéficas (festejos a beneficio de organismos y casos asistenciales); Corridas conmemorativas (las celebradas en relación a sucesos en particular); Asociación de la Prensa (fiestas de toros en relación con este organismo); Barrios (festejos organizados a beneficio de barrios o hermandades); Toreo popular y bufo (mojigangas y otros); Variedades (espectáculos en la plaza colindantes o al margen de la fiesta de toros) y Elementos (fórmulas singulares de anuncio, formatos y elementos conexos como programas, entradas, etc). Estas primeras clasificaciones vienen a solaparse o yuxtaponerse en muchos casos, generalmente coinciden las corridas de interés taurino con las celebradas en las dos ferias de la temporada, así como los carteles más destacados por su apariencia y composición podían pertenecer a cualquier categoría. En definitiva, todas estas secciones se resumen en dos cuerpos principales. El de los carteles que destacan como testimonio y documento histórico, testigos que permiten seguir tanto la historia de la fiesta de los toros, sus protagonistas y su propia evolución, como servir de complemento a la historia de los siglos XIX y XX de la propia sociedad. En su trabajo sobre la historia de la cartelería taurina, El cartel taurino. Quites entre sol y sombra, la especialista Begoña Torres abunda que en los encabezamientos de los mismos «obtenemos información sobre la autorización de las corridas y el mando de la plaza, las actividades de la realeza (nacimientos, bodas, efemerides...), los acontecimientos políticos y sociales, las obras benéficas, las catástrofes y enfermedades, las profesiones y los gremios (…) Por las advertencias del cartel conocemos las costumbres de la sociedad y el común comportamiento del público en la plaza: la reventa de palcos, la dificultad de despejar la plaza, la importancia de vestir con decoro, la costumbre de arrojar objetos (…) Finalmente los carteles constituyen el elemento más indispensable para historiar la Tauromaquia, marcando prela-
Un proyecto de restauración: los carteles taurinos de La Real... ción de ganaderías, antigüedad de alternativas y modalidades del espectáculo». El segundo grupo lo componen aquellos que tienen valor como obra gráfica y artística, a través de los cuales es posible apreciar la evolución del más importante soporte de propaganda de las corridas de toros, desde los realizados por impresores y tipógrafos de los orígenes hasta los firmados por artistas consagrados, en una evolución que recoge las variadas técnicas de estampación y el influjo de distintos movimientos artísticos: neoclasicismo, romanticismo, vanguardias. Al objetivo restaurador y de preservación de este proyecto se le suman otros que se desprenden como consecuencia, como son los de ampliar el material expositivo del Museo de la Plaza y aportar contenido a una futura publicación que recoja los 250 carteles seleccionados, acompañados de documentación complementaria para conocimiento de aficionados e historiadores. En este sentido, uno de los ingredientes del proyecto es acompañar cada cartel con descripción de los mismos, técnicas, formatos y autores junto a breves biografías y referencias de los protagonistas a través de distintas fuentes, y con pasajes de las crónicas de lo acontecido durante el festejo del cartel correspondiente, a afecto de dar vida al documento gráfico, tirando de hemerotecas en tiempos más recientes. Este repertorio de cartelería permite fijar nombres que se pierden en la noche de los tiempos de la Tauromaquia. En el pequeño cartel que anuncia las primeras corridas de los días 22 y 24 de abril de 1762, se destacan por encima de todo las ganaderías con los colores de las divisas. Debajo, en tipografía menor el texto dice: «De estas conocidas Castas se há de dar muerte à quarenta y quatro Toros en los referidos días, picandolos de Vara Larga los tres afamados Andaluces Matheo Gómez, Fernando del Toro, y Juan Rabisco. Siguiendo de Espada los acreditados Juan 15
Diego Carrasco y Fernando Olmedo Miguèl, Joseph Candido, Joachin Rodríguez, y Juan Romero; usando su pronta ligereza en el manejo del Regilete varios Toreros: con lo que serán las Fiestas plausibles, sin la menor desgracia, mediante la voluntad Divina». Se trata de un cartel de postín, en el que está el picador Fernando del Toro, inmortalizado por Goya en su Tauromaquia, «a quien, puesto a caballo y en la lucha, le ajusta el emblema exagerativo de parecer un Alejandro», en palabras de José Daza. Entre los espadas, el célebre José Cándido, primer profesional del toreo muerto en una corrida, en el Puerto de Santa María en 1771; los sevillanos de la saga de los Rodríguez del barrio de San Bernardo, Juan Miguel y Joaquín, padre del Costillares de más renombre, y el rondeño Juan Romero, padre del legendario Pedro Romero. Estas lecturas combinadas permiten el cruce de sabrosas informaciones. Sabemos que Franciso Arjona Reyes, hijo del legendario Cúchares, que torea el día de Navidad de 1877 en una de las mejores corridas del último cuarto del siglo XIX según el crítico Bachiller González de Rivera, recibía las broncas con “musulmana indiferencia”. Y por el mismo autor que las faenas de José Sánchez del Campo Cara Ancha, compañero de terna ese día, «con una muleta que parecía un pañuelo, eran clásicas, reposadas, finas, acaireladas de elegancia y bizarría». En 1900, durante la primera feria de Abril del siglo XX, anunciada en un cartel de formato escaparate, apaisado y flanqueado con orlas, la crónica de La Lidia describe la suerte de varas de entonces relativa a la última corrida, concurso de ganaderías. El autor no está conforme con el ganador, un toro de Palha, ya que en su opinión debió declararse desierto: «Que diera Larguito seís caídas a los tumbones (…) y que matara cuatro jacos (no de cincha atrás, pues el de Palha era más voluntarioso que pegajoso), tampoco nos prueba nada, y no hay que olvidar que el quinto toro suele ser picado con caballos heridos por las reses jugadas anteriormente y por 16
Un proyecto de restauración: los carteles taurinos de La Real... 17 picadores que ya casi no pueden con el palo a fuerza de las costaladas sufridas». Por los carteles recuperamos a Angelita, Manolita y Joseita, cuadrilla de señoritas toreras que actuaron el 7 de septiembre de 1902 a beneficio de la Hermandad de los Toneleros (Carretería). Las leyendas de los carteles de las corridas organizadas por el popular semanario Don Cecilio son enjundiosas, como la del día 16 de junio de 1907: «Los Seis hermosos bichos que han de lidiarse, estarán (si no se escapan), la víspera de la corrida en la Dehesa de Tablada, para que el público pueda verlos (fuera de concurso) y apreciar su estado de buena educación y aprovechamiento. Al día siguiente de la corrida estarán en la Plaza de la Encarnación a precio módico el kilo, con o sin hueso, cajón número 2 frente a la Pescadería». El 10 de mayo de 1908 se celebra una novillada a beneficio de la Cruz Roja, en el que se puede leer: «Habrá 8 vistosas moñas y 40 pares de banderillas de lujo regaladas por distinguidas señoras y Señoritas de esta localidad, las cuales una vez lucidas por los toros será entregadas a la Comisión organizadora / La Presidencia será formada por bellas señoritas de esta distinguida sociedad / La llave del toril será pedida por un reputado desbravador de caballos, que presentará un magnífico ejemplar enjaezado a la andaluza». En el cartel modernista de la feria de San Miguel de 1907 figura Moreno de Alcalá, del que se cuenta, según uno de sus banderilleros, que esa tarde se acercó a matar al toro «cantando una malagueña». Era famoso por su fuerza Manuel González Buzón Rerre, torero de Carmona, que alterna con el padre de Chicuelo y Vicente Durán el Chico de la Blusa en una novillada a beneficio de la Hermandad de los Panaderos; de él se dice que toreando en Bormujos le dio un puñetazo a un toro que se le arrancó de improviso, haciéndole cambiar de dirección. A
Diego Carrasco y Fernando Olmedo 18 Tancredo López, que permanecía inmóvil vestido de blanco en su famoso espectáculo, lo cogieron por primera vez en su actuación en Sevilla, el 15 de agosto de 1901, producto de una broma pesada. Al toro lo estuvieron toreando la noche anterior en los corrales con una sábana blanca. «Cuando divisaba una cosa blanca, aunque fuera una pared, se partía la cabeza a cornás», contaba el propio protagonista. Resulta ilustrativo juntar el cartel de la alternativa de Joselito en la Maestranza, el 28 de septiembre de 1912, con la descripción que hace su biógrafo, Paco Aguado, de la faena del toricantano: «Joselito abrió el trasteo con un pase cambiado a muleta plegada del que el toro salió suelto. “Caballero”, con muy poca fijeza, no dejó de gazapear, y el nuevo doctor le hizo una faena movida y ligera, consistente en dos naturales, uno de pecho y dos molinetes antes de pinchar dos veces citando a recibir y cobrar, por fin, una estocada delantera al volapié». Hay carteles bellísimos de corridas con toreros de postín que como hoy contrastan con la calidad de los morlacos: «Chicos, endebles y mansurrones» en una corrida de la Feria de 1900; en 1907, «el tercer bicho es negro y alto de agujas; resulta un manso a prueba de carreta, por lo que es condenado a la afrentosa pena del tuesten (sic)»; «el ganado fue tardo, quedado y se agotó pronto», en la corrida de la Cruz Roja de 1920, con asistencia de la Reina Victoria Eugenia. Por las crónicas sabemos que después de una mala actuación en una de las corridas de la Feria de 1911, un conocido aficionado de nombre Baena, que tenía en su casa los retratos de Ricado Torres Bombita y de Rafael el Gallo, al volver de la plaza los colocó vueltos a la pared, «castigados, y así permanecerán hasta que se ganen el perdón». En la corrida de la Prensa del 6 de junio de 1912 la mayor atracción fue ver a la popular tonadillera La Goya (Aurora Jauffret), que pidió las llaves vestida de amazona con sombrero de copa sobre una jaca pura sangre: «Una nube de fotógrafos se hartó
Un proyecto de restauración: los carteles taurinos de La Real... 19 de tirar placas». Del malagueño Matías Lara Larita, que forjó su carrera de novillero a base de revolcones, con un toreo temerario y jaranero, y que figura en el cartel de la corrida de la Prensa de 1916, escribía José D. de Quijano: «No puedo explicarme el misterio de Larita (…) No se le puede tomar en serio. Y, sin embargo, tampoco se le puede tomar en broma». En la feria del 14, cuyo cartel es una magnífica litografía impresa en Cádiz que muestra a dos señoritas bajando de un coche de caballos para entrar en la plaza, nos cuentan las crónicas que el ruedo se había disminuido en tres metros, y que detrás de las tres nuevas gradillas de barrera había un ancho pasillo, bautizado por la afición como “el pinar”, desde donde el público presenciaba la corrida de pie. «Los revendedores han abusado de lo lindo». Esa feria comenzó con la baja de Belmonte, lesionado en un pie. La nota de ABC se hacía eco de su viaje a la capital para una revisión: «Ayer llegó a Madrid el discutido torero sevillano Juan Belmonte. (…) reconocido por el doctor Decreff, el cual no pudo precisar la fecha en que Belmonte ha de volver a sus arriesgadas tareas». Curioso es el caso de la primera corrida nocturna, con «inauguración de la magnífica instalación eléctrica», celebrada el 5 de julio de 1914, en la que “intervino” el sevillano Francisco Palomares del Pino El Marino, poliédrico personaje, capitán de corbeta, poeta, que ganó una medalla en la batalla de Verdún. Después de protagonizar una “desdichadísima faena de miedo”, se negó a torear a su segundo: «El Presidente ordena que lo saquen los guardias y se organiza un gran revuelo, porque los otros dos diestros forcejean con los guardias para liberarlo». El domingo de Resurrección de 1915 los banderilleros se toman su tiempo: «Cuco y Posturas cuelgan tres pares de rehiletes que no se aplauden porque les ha durado la suerte más que un traje de pana», y «Perdigón y Rufaito tardan un verano en bande-
Diego Carrasco y Fernando Olmedo rillear». El gran Chicuelo las pasó canutas en Sevilla en muchas tardes, como en la feria de 1924, permanentemente silbado, «recibiendo pitos y apóstrofes». El público de entonces no ahorraba sus desagrados; en la última corrida de la feria de 1927, cartel ilustrado con una poderosa escena del pintor Roberto Domingo, seguía “rencoso” por las malas actuaciones, los toreros son recibidos en el paseíllo con una gran pita general y en el último toro «se entretiene cantando por sevillanas». «Bueno, simpático, modesto y muy aseao» era para el ayudante de su mozo de estoques el infortunado Gitanillo de Triana, cuyas verónicas las llamaban “un minuto de silencio” («ese barrido desmayo /esa playa de desgana», en el poema que le dedicó Gerardo Diego), y que figura en el cartel de la Bodas de Plata de Rafael el Gallo (feria de San Miguel de 1927), día en el que a Belmonte le dieron una pata. Un año más tarde, en una corrida goyesca el 21 de octubre a beneficio de la Cruz Roja, cortaría Gitanillo de Triana dos orejas y un rabo, en cuyo cartel se puede leer: «Suntuosa manifestación de arte de época. Monumental desfile con carrozas de la nobleza andaluza, calesas cedidas por el Ayuntamiento de Madrid, majos, chisperos, chulos, trailleros, alguacilillos, garrochistas, dragones con un total de más de trescientas personas». En el cartel de la feria de 1929, con mayor número de corridas por ser el año de la Exposición Iberoamericana, ilustrado con una imagen campera de J. Alcaraz, aparece el santanderino Félix Rodríguez, uno de esos talentos olvidados por la afición y por la historia, de vida disipada, aquejado de una enfermedad de transmisión sexual, fallecido a los 18 años. Se le llegó a comparar con Joselito. «El mejor toreo de mi época era ese santanderino criado en Valencia. No te haces idea qué torero era, elegante, largo, completo... sencillamente colosal», lo recordaba Nicanor Villalta. En la corrida de la Prensa del 3 de junio de 1934 se sortea una escultura de Benlliure llamada Toro de Oro y reproducida en el cartel 20
Un proyecto de restauración: los carteles taurinos de La Real... por Ruano Llopis, que anuncia: «El espectador que resulte favorecido podrá optar entre la citada obra de arte o la cantidad de 5.000 pesetas». Esa tarde Cayetano Ordóñez cortó sus tres primeras orejas en Sevilla, «después de nueve años de alternativa» como le recuerda el cronista de ABC Juan Mª Vázquez. El espectador favorecido en el sorteo prefirió las 5000 pesetas. Desde el punto de vista gráfico, el cartel de la alternativa de Manolete el 2 de julio de 1939 es convencional, con una gran cabeza de toro que sería muy utilizada en otros anuncios, y con el lema “Año de la Victoria”. Tarde de triunfo para el genial Chicuelo, con «una larga exhibición maravillosa, en un segundo amanecer de su arte genuino», acompañado por Gitanillo de Triana II, hermano del desventurado Francisco, que «bordeó la cama de operaciones por no querer que nadie le pisara el terreno». Cerramos este repaso con la despedida de Diego Puerta el 12 de octubre de 1974 en un mano a mano con Paco Camino (Diego Valor y el Niño sabio de Camas), anunciada en un cartel con fotografías de ambos diestros, una modalidad que sería corriente en los impresos taurinos del último tercio del siglo XX. Con lleno hasta la bandera «y la plaza exornada con banderas de España, Portugal y países americanos», ambos diestros cortaron dos orejas. En opinión del cronista Fabricio II, «al irse de los ruedos, Diego Puerta ha hecho la faena más difícil e inteligente de su ejemplar vida torera». Se incluye a continuación una muestra de las réplicas en alta resolución y a tamaño natural de carteles restaurados que cuelgan ya en el interior de la plaza de la Maestranza, ampliación del material que se exhibe en sus salas de exposición, con sus fichas correspondientes. El estudio del proyecto fue realizado con la supervisión de Pedro Romero de Solís por Diego Carrasco y Fernando Olmedo (investigación, clasificación, selección y documentación); Manuel Ruiz (restauración); José Morón (fotografías) y la coordinación de Ana Ruiz, de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 21
Diego Carrasco y Fernando Olmedo 28 SEVILLA. 1913 FERIA DE ABRIL “EL DUELO DE DOS SAGAS TAURINAS, LOS BOMBA Y LOS GALLO” José Rico Cejudo (1864-1943). Litografía Mateu, Madrid. Imprenta Salvador Acuña, Sevilla. Ricardo Torres Bombita (Tomares, Sevilla, 1879-Sevilla, 1936); Rafael Gómez el Gallo (Madrid, 1882-Sevilla, 1960); Manuel Torres Bombita Chico o Bombita III (Tomares, Sevilla, 1884-Valencia, 1936); José Gómez Gallito Chico (Gelves, Sevilla, 1895Talavera de la Reina, 1920). Feria recordada por el enfrentamiento entre dos famosas sagas taurinas. Hubo de todo: buenas faenas, detalles toreros y grandes broncas. Destaca también que es el último año como torero de Ricardo Torres, empujado por la competencia con Rafael el Gallo y la aparición estelar de Joselito. Las dos primeras corridas fueron sendos mano a mano de Bombita con cada uno de los Gallo, primero con Rafael y después con Gallito. En la segunda, faena sobresaliente del menor de los Gallo con toros que resultaron mansos, dos de ellos fogueados. Un espontáneo se tiró al ruedo siendo pisoteado. Con toros de Urcola actuó Cástor Jaureguibeitia Cocherito de Bilbao en sustitución de Ricardo Torres, y dedicó un toro a la cupletista Safo, mencionada por CansinosAsséns y Ramón Gómez de la Serna. En la corrida de Miura, agotadas las localidades, «antes de empezar muchos aficionados han protestado por no encontrar sitio donde colocarse». Destaca en la crónica las dos grandes broncas recibidas por Rafael el Gallo, con palmas de guasa y pitos continuados, preludio de lo que pasaría en la siguiente, con toros de Benjumea. Los Gallo fueron pitados y los Bomba aplaudidos. Rafael, entre broncas “inenarrables” en el sexto roto recibió tres avisos y el presidente ordenó que fuera conducido a la cárcel. Bombita III dio una vuelta al ruedo, y Joselito, en el último, brindó una actuación «tocando la cara a la res y cogiéndola de los pitones» que le valió su salida en hombros.
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Diego Carrasco y Fernando Olmedo 30 1916. FERIA DE ABRIL “BELMONTE CORTA LA PRIMERA OREJA EN UNA FERIA DE ABRIL” Dubois, seudónimo del pintor y fotógrafo Eduardo Rodríguez Cabezas (Sevilla, 1884-1947). Litografía Tipografía Rodríguez de Silva, Cádiz. Juan Belmonte (Sevilla, 1892 - Utrera, 1962); José Gómez Ortega Gallito (Gelves, Sevilla, 1895 - Talavera de la Reina, 1920); Rodolfo Gaona (León de los Aldamas, México, 1888 - México D.F., 1975);Vicente Pastor y Durán, El chico de la blusa (Madrid, 1879-1966) Feria sustentada en los dos pilares de la Edad de Oro del toreo. Gallito había cortado la primera oreja que se daba en la Maestranza en San Miguel el año anterior. Belmonte llegaba afianzado en su particular maestría. Junto a ellos, Gaona. “la suprema elegancia”, según Cossío, «sus faenas prodigaban una belleza plástica insuperable», y el sobrio Vicente Pastor, el primero en cortar una oreja en Madrid. En general, a lo largo de la Feria hubo de todo. Ovaciones, música, peticiones de oreja, y también pitos y broncas. Gallito, al que su gran rival y amigo veía como “un dios joven”, torea de forma superior el día 27 y se pide con fuerza la oreja. El que la consigue al día siguiente es Belmonte, la primera que se concedía en una Feria de Abril, al toro Vencedor de Gamero Cívico: «Sentí de nuevo esa emoción íntima que el torero transmite al público, como si se estableciese entre ambos una corriente eléctrica. En la faena que le hice recobré mi dominio y volví aquella tarde a sentir el estremecimiento de la multitud volcada sobre mí en cada lance», le contó a su biógrafo Chaves Nogales. En la corrida del día 29 también se concedió la oreja a Vicente Pastor, por el toro Recovero de Miura, asentándose con el tiempo la costumbre de premiar con estos trofeos.
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Diego Carrasco y Fernando Olmedo 1922. FERIA DE ABRIL “LA DESGRACIA DE VARELITO” Julián Alcaraz (Murcia, 1876-1952) / M. Viño (litógrafo). Imprenta: Litografía y Tipografía de Rodríguez de Silva, Cádiz. Manuel Varé y García Varelito (Sevilla, 1893-1922); Manuel Jiménez Moreno Chicuelo (Sevilla, 1902-1967); Manuel Granero y Valls (Valencia, 1902-Madrid, 1922); Marcial Lalanda (Ribas del Jarama, Madrid, 1903-Madrid, 1990); Manuel García López Maera (Sevilla, 1896-1924). En el cartel figura Maera, peón de confianza de su amigo Belmonte antes de convertirse en torero “de muleta poderosa y buen estoque”, fallecido a los 28 años de tuberculosis. La Feria, en general, no fue muy lucida, y el público abroncó con frecuencia a los toreros. Al comienzo del último y fatídico festejo, el público silba durante el paseillo y un espontáneo salta al ruedo en el primer toro. En el quinto el público está de uñas y Varelito es alcanzado por “Bombito”, después de un pinchazo. Es retirado a la enfermería. El sexto toro salta tres veces a la barrera. El desconcierto es enorme, y Chicuelo recibe una bronca monumental. La tarde la remata Lalanda con una gran faena que le vale una oreja. Al terminar la corrida, muchos aficionados se concentran para saber el estado de Varelito, hasta el punto que tiene que intervenir la Benemérita para que no asalten la enfermería. Complicaciones posteriores determinaron el fatal desenlace el día 13 de mayo, expirando rodeado de familiares y amigos en su casa de la calle Gerona. En los últimos momentos de consciencia, le dijo a su madre: «Mamaíta, no te apures. Confórmate. Qué se le va a hacer». Tenía ajustadas 60 corridas para ese año y llevaba en el cuerpo 20 cornadas. Su entierro fue multitudinario. 32
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Diego Carrasco y Fernando Olmedo 1925. FERIA DE ABRIL “LAFERIA `DE LOS MUCHACHITOS´” Carlos Ruano Llopis (Orba, Alicante, 1878-México, 1950). Imprenta y Litografía J. Ortega, Valencia. Manuel Jiménez Moreno Chicuelo (Sevilla, 1902-1967); Victoriano Roger Valencia II (Madrid, 1898-1936); Antonio Posadas Carnerero (Sevilla, 1905 - Madrid, 1986); Martín Agüero Ereño (Bilbao, 19021977); Manuel Báez el Litri (Huelva,1905-1926); José Paradas (Madrid, 1899-1951); Francisco Peralta Serón Facultades (Antequera, 1900 - Sevilla, 1930) En la corrida de Pascua el más aplaudido fue Valencia II por su labor con el capote, con verónicas ceñidísimas marca de la casa. Según los cronistas, la afición entendía que las corridas programadas de esta Feria no correspondían a la categoría de la plaza. En la primera, un percance retiró a Posadas en el tercer toro y se produjo un mano a mano entre Chicuelo y Facultades, ambos pitados. En la segunda, Chicuelo sigue recibiendo pitas monumentales, y es Litri el que levanta al público de sus asientos con un toreo de capa valentísimo. En la corrida de Miura, Corrochano le dedica a Chicuelo unos párrafos durísimos: «De desastre en desastre (…) La invasión de los muchachitos ha llevado al toreo por estos cauces de amaneramiento (…) Y así ha nacido el toreo de delantal. ¿A quién sino a un muchachito se le puede ocurrir esto? Se acuerdan del baby y seguramente se acuerdan también de la niñera». En la última, a Chicuelo se lo toman a chufla hasta que, de pronto, en su segundo toro, arranca palmas de verdad con la muleta. Martin Agüero triunfa con una de sus célebres estocadas. Se da la circunstancia que Sanchez Mejías pide permiso para banderillear, lo que le es concedido. Agüero le invita a dar la vuelta al ruedo con él, en medio de la ovación general. 34
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Diego Carrasco y Fernando Olmedo 36 1934. FERIA DE ABRIL “RAFAEL EL GALLO,EL TRIUNFADOR DE LA FERIA QUE NO SALE EN EL CARTEL” Carlos Ruano Llopis (Orba, Alicante, 1878-México, 1950). Imprenta y Litografía Ortega, Valencia. Marcial Lalanda (Ribas del Jarama, Madrid, 1903-Madrid, 1990); Domingo Ortega (Borox, Toledo, 1906 - Madrid, 1988); Joaquín Domínguez Cagancho (Sevilla, 1903 - México, 1983); Victoriano de la Serna (Sepúlveda, Segovia, 1910 - Ciudad Real, 1981); Diego de los Reyes (Castilleja de la Cuesta, Sevilla, n.1911); Manuel Giménez Chicuelo (Sevilla, 1902-1967); Rafael el Gallo (Madrid, 1882Sevilla, 1960) Rafael el Gallo sustituyó en la segunda corrida a José García el Algabeño, que había recibido tres balazos en Málaga en un atentado. Con toros imposibles (dos fueron fogueados), protagonizó en su segundo una faena memorable «con unas alegrías gitanas muy jaracandosas: molinetes, faroles y cambios por detrás», que mereció las dos orejas y el rabo. Se lo había brindado a Belmonte: «Brindo al compañero de mi inolvidable hermano». Tenía entonces 54 años. Del resto destacó Domingo Ortega «por facultades físicas, conocimiento y técnica». Lalanda pasó desapercibido, Diego de los Reyes no tuvo suerte en su lote y las faenas de Cagancho “carecieron de gallardía y prestancia cañí”, según señalan las crónicas. Chicuelo estuvo en su tarde “muy tranquilo y torero”, recibiendo aplausos. Victoriano de la Serna, al final de la tercera corrida, tuvo que ser custodiado por la Policía para ponerlo a salvo de las iras del público, al acabar con su enemigo “de una puñalada en el cuello”. Una avioneta del Aero Club, que había sobrevolado la plaza durante la primera corrida arrojando propaganda, se estrelló poco después en la azotea del Hotel Cristina. El piloto falleció en el acto.
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