Reflexiones desde la educación y las artes en la era COVID-19. Reflexiones XI, XII
Abstract
La Reflexión XI corresponde a los educadores artísticos Roberto Marcelo Falcón y Apolline Torregrosa. Investigadores de la Université René Descartes, La Sorbonne, Paris V y de la Université de Gèneve, Suiza, respectivamente. Ambos son responsables del Groupe De Recherche Sur Eco-Formation Artistique Et Société. Por otro lado, la profesora Noemí Duran, de la Universitat Oberta de Catalunya, fundadora del espacio cultural La Casa Voladora, con intereses en metodologías para la escucha y la creación colectiva, propone la Reflexión XII.
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Falcón, R. M., Torregrosa, A. & Duran, N. Communiars. 4. 2020: 29-34 // 29 COMMUNIARS · 4 · 2020. ISSN 2603-6681 Reflexiones XI · XII Reflexiones desde la educación y las artes en la era COVID-19 | Reflexões da Educação e das Artes na Era da COVID-19 | Reflections from Education and the Arts in the COVID-19 Era ROBERTO MARCELO FALCÓN | [email protected] UNIVERSITE RENE DESCARTES, LA SORBONNE, PARIS V, Y CENTRE DE RECHERCHE D'ÉDUCATION ARTISTIQUE ET SOCIETE | FRANCE APOLLINE TORREGROSA | Apolline.T[email protected] UNIVERSITÉ DE GÈNEVE | SUISSE NOEMÍ DURAN Salvadó | noemiduransalv[email protected] UNIVERSITAT OBERTA DE CATALUNYA Y ESPACIO CULTURAL LA CASA VOLADORA | ESPAÑA Recibido · Recebido · Received: 27/04/2020 | Aceptado · Aceito · Accepted: 06/05/2020 Cómo citar este artículo · Como citar este artigo · How to cite this article: Falcón, R., Torregrosa, A. & Duran, N. (2020). Reflexiones XI y XII: reflexiones desde la educación y las artes en la era COVID-19. Communiars. Revista de Imagen, Artes y Educacion Crítica y Social, 4, 29-34. Resumen: La Reflexión XI corresponde a los educadores artísticos Roberto Marcelo Falcón y Apolline Torregrosa. Investigadores de la Université René Descartes, La Sorbonne, Paris V y de la Université de Gèneve, Suiza, respectivamente. Ambos son responsables del Groupe De Recherche Sur Eco-Formation Artistique Et Société. Por otro lado, la profesora Noem Duran, de la Universitat Oberta de Catalunya, fundadora del espacio cultural La Casa Voladora, con intereses en metodologas para la escucha y la creación colectiva, propone la Reflexin XII. Palabras claves: COVID19. Arts. Francia. Suiza. Intimidad. Escuela. España. Resumo: Reflexão XI corresponde aos educadores artísticos Roberto Marcelo Falcón e Apolline Torregrosa. Pesquisadores da Université René Descartes, La Sorbonne, Paris V e da Université de Gèneve, Suíça, respectivamente. Ambos são responsáveis pelo Groupe De Recherche Sur Eco-Formation Artistique Et Société. Além disso, o Professora Noemí Durán, da Universitat Oberta de Catalunya, fundadora do espaço cultural La Casa Voladora, com interesses em metodologias de escuta e criação coletiva, propõe a Reflexão XII. Palavras-chave: COVID19. Artes. França. Suíça. Intimidade. Escola. Espanha.
30 // Falcón, R. M., Torregrosa, A. & Duran, N. Communiars. 4. 2020: 29-34 COMMUNIARS · 4 · 2020. ISSN 2603-6681 Abstract: Reflection XI corresponds to the art educators Roberto Marcelo Falcón and Apolline Torregrosa. Researchers from the Université René Descartes, La Sorbonne, Paris V and the Université de Gèneve, Switzerland, respectively. Both are responsible for the Groupe De Recherche Sur Eco-Formation Artistique Et Société. In addition, Professor Noemí Durán, from the Universitat Oberta de Catalunya, founder of the cultural space La Casa Voladora, with interests in methodologies for listening and collective creation, proposes Reflection XII. Keywords: COVID19. Arts. France. Switzerland. Intimacy. School. Spain. Reflexión XI (Intimidad colectiva y creativa) Desde el mismo instante que se declaró el confinamiento en Francia y en diferentes países en el mundo a causa de la pandemia 2020, todas las personas dedicadas al arte y la formación artística, se pusieron naturalmente a tejer y ofrecer diferentes experiencias artísticas, a todas las personas a las que lograban llegar, ya sea a través de diferentes vías tecnológicas o de ventana a ventana. Hemos vivenciado y participado de una circulación fluida que se puso en acción para restablecer el equilibrio vital de las personas. Las propuestas artísticas nacidas desde este élan vital, reveló la existencia de un magnetismo colectivo de antigua memoria, que ha alimentado un clima de aprendizajes grupales, fuera de todo control institucionalizado. Si bien desde las instituciones se impulsaron actividades curriculares, lo esencial ha nacido de la creatividad de los educadores y artistas que explotaron nuevos modos de hacer a causa de un confinamiento inesperado. Esta explosión pedagógica instintiva y creativa de los maestros clandestinos de todas latitudes, favoreció una auto-formación que escapó al dominio institucional y a los modos de hacer entumecidos por los sistemas educativos. Nació naturalmente otro modo de estar juntos, otros modos de aprender. La experiencia de autoformarse dentro de un ambiente intersticial propiciado por la amenaza de la muerte, misteriosamente ha generado una resistencia vital y el renacimiento de una educación ligada a las necesidades presentes de las personas; así renació lo creativo, lo sensible, lo onírico y lo imaginario más allá de una realidad opresora. Fue en estas circunstancias que todos los balcones, puertas y ventanas reales o virtuales, se revelaron, se convirtieron en umbrales, en corredores donde la palabra, la imagen, los sonidos y los movimientos circularon potenciando procesos de aprendizajes y revitalizando nuestra salud imaginal. Intimidad colectiva Si las acciones pedagógicas fueron trastocadas en este contexto, también han sido afectados los movimientos de nuestro cuerpo dentro de los espacios cotidianos. Las deambulaciones dentro de nuestras casas, dentro de nosotros mismos, mostraron sorpresivamente la existencia de micro-lugares encantados. Viajar entorno a nuestro cuarto, como lo ha escrito Xavier de Maistre, ofreció la oportunidad de vivenciar el confinamiento como una inagotable fuente de descubrimientos amplificados por las experiencias artísticas, como el de fotografiar o dibujar nuestras sombras en estas circulaciones. Durante el tiempo de reclusión, nuestros gestos corporales resignificados, resignificaron los espacios, el tiempo y las relaciones con otras
Falcón, R. M., Torregrosa, A. & Duran, N. Communiars. 4. 2020: 29-34 // 31 COMMUNIARS · 4 · 2020. ISSN 2603-6681 personas en nuestra cotidianidad. Se instaló una poética del espacio (Bachelard, 2009), entre secretos e intimidades, en aquellos rincones que creamos y recreamos espontáneamente para vivenciar esta experiencia interior. El cuerpo confinado, éste que a veces rechazamos y con el cual nos relacionamos sólo de un modo utilitario, le hemos descubierto y amado, ya que le hemos vivenciado como la gran oportunidad de reencontrarnos con nosotros mismos y con los demás. Forzosamente hemos reanimado todo aquello que teníamos entumecido, hemos desobstruido procesos de pensamiento y sentimientos inexistentes u olvidados antes de la pandemia. Este tiempo hipnótico mostró lo sagrado de lo banal, lo extraordinario de lo ordinario, posibilitando que nuestro cuerpo, que nuestros movimientos fueran lo central en los procesos de aprendizajes. Dicho de otro modo, la unidimensionalidad de la vida centrada en un eje económico y productivo que fue ejercido por el confinamiento moderno, que ha durado alrededor de una centuria, por el detonante de la pandemia, dio paso a la emergencia de un confinamiento sensible y pluridimensional, vivido como una experiencia de clausura íntima, conectiva y creadora. La educación artística en la crisis sanitaria Este despliegue de propuestas creativas ha transcendido la separación física, mostrando la potencia del arte como una fértil dimensión relacional. Si comprendemos que la modernidad ha propiciado una dimensión fragmentada de los espacios urbanos, una reducción de los lugares que habitamos, entendemos que con ello ha reducido a la vez las obras artísticas para ser alojadas en estos territorios. El arte en la dimensión urbana es limitado, reducido permanentemente, pero en la situación actual todos estos marcos han explotado, aprovechando sobretodo lo tecnológico y virtual, que hacen posible una experiencia artística y educativa relacional amplificada. Así entendemos las acciones en Francia de la Orquesta Nacional, del Ballet de la Opera de Paris y todos los cantantes esparcidos en varios puntos del país, como un enorme colectivo normalmente discreto, que espontáneamente se ha reunido desde lo virtual (recordemos la etimología de la palabra virtud, que nos indica fuerza y potencia), desde los balcones o ventanas para ofrecer su arte de acompañamiento y de sanación en la situación de confinamiento. De este modo, el arte y la educación ha demostrado nuevamente su dimensión de socialidad. En este sentido, hemos visto videos de duración corta, ensamblados e impregnados de una intensidad donde se descubre el arte relacionado a la vida cotidiana de todos estos artistas. Tal como lo había subrayado Bourriaud (1998), el arte no es un espacio a recorrer, sino una duración a vivenciar, este instante eterno que nos abre hacia un dialogo intenso e ilimitado, intimo y colectivo. La cuidad, espacio de encuentros de miles y miles de personas, se convirtió en un encierro y a la vez, el arte volvió a dibujar todas las posibles aperturas hacia los otros. La imagen, el sonido, lo artístico, siempre insisten en hacer estallar los marcos y romper con las certezas autoproclamadas de las ciencias seguras de sus verdades. El pensamiento artístico sale de la caja de espejos que se autosatisfacen en sus conocimientos conformistas (Didi-Huberman, 2011), para ofrecerse como fuerza colectiva, como trayecto abierto y sin ruta precisa. En este sentido, el espíritu vivo en las personas, da el tono de la potencia colectiva que fluye en las vías informáticas, haciendo posible un replacentamiento de lo esencial, lo afectivo y lo vital. La placenta moderna se ha vuelto infértil y esta situación, nos invita a replacentarnos, es decir, volver a plantarnos en una matriz fértil. Podemos decir que nos hemos transformado en esta crisis 2020, poniendo en relieve el sentimiento de un nosotros creador, poético y heroico, que hace posible una sensibilización de
32 // Falcón, R. M., Torregrosa, A. & Duran, N. Communiars. 4. 2020: 29-34 COMMUNIARS · 4 · 2020. ISSN 2603-6681 los procesos formativos. La crisis sanitaria se llora profundamente y son estas lágrimas colectivas que misteriosamente irrigan otros mundos nacientes; llanto fuera de toda utilidad que nos deja en un estado de renacimiento que sorprendentemente teje otros espacios habitables. Roberto Marcelo Falcon Université René Descartes, La Sorbonne, Paris V, y Centre de Recherche d'Éducation Artistique et Société. France Apolline Torregrosa Université de Gèneve. Suisse Reflection XII (Un arte del encuentro: reinventar el vínculo educativo entre casa y escuela) ¿Qué tipo de espacios queremos? De repente, la escuela se hace ‘en’ casa, o ‘desde’ casa. Algunos siguen convencidos de que los papás pueden ser también profesores y que la casa puede tener la misma función que la escuela. Otros deciden que sus hijos se conecten a través de pantallas para mantener la relación escolar de alumnos que tienen unos compañeros que también estudian y maestros que los enseñan. Creo que esta crisis pandémica mundial es una excelente oportunidad para replantear el vínculo entre casa y escuela. Es decir, qué queremos que sea nuestra casa y qué queremos que sea nuestra escuela. De fondo, esta tensión lleva años arrastrándose sin ser puesta encima de la mesa de manera contundente. Surgen movimientos reactivos al formato de escuela tradicional ‘modo fábrica’ donde la homogeneización y la productividad exageradas tienden a anular la atención a la diversidad singular de cada ser y descuidan la dimensión de los afectos. Ante esta negación de sí, que muchos hemos vivido en nuestra escolarización, no es de extrañar que salgan propuestas alternativas que se sitúen completamente al lado opuesto, queriendo que los niños y niñas vayan a una escuela que, ante todo, les permita sentirse en casa, es decir, en un lugar tranquilo y que les otorgue confianza como base para poder, desde esta disposición, atreverse a la aventura de aprender. Sin embargo, como profesional que ha transitado por esos dos escenarios actuales, el de las escuelas amontonadas de proyectos europeos en todas las disciplinas y el de escuelas libres que reivindican la conexión con el deseo propio de aprender, creo que ambos escenarios tienen claves riquísimas para amalgamarse entre sí y crear de verdad una escuela donde uno se sienta en paz y reconocido y, a la vez, atendido por profesionales que saben que la conexión con el deseo de aprender requiere también de un adulto, que no sólo acompaña amorosamente, sino que además tiene el reto de enseñar; es decir, convertir la escuela en una ventana hacia el mundo.
Falcón, R. M., Torregrosa, A. & Duran, N. Communiars. 4. 2020: 29-34 // 33 COMMUNIARS · 4 · 2020. ISSN 2603-6681 ¿Qué tipo de relaciones? Y este mundo, hoy, está muy enfermo. Y también requiere, más que nunca, ser mirado, ser atendido. “Cómo miramos el mundo desde la escuela que tenemos” es una cuestión que debería estar transitando a día de hoy entre las personas que nos dedicamos a la educación. Por eso, quiero resaltarla aquí e invitar a conversarla. Si entendemos que el aprendizaje es una triple relación, con uno mismo, con los demás y con el mundo, sugiero pensar sobre cómo se da esta triple relación en los distintos formatos de escuela que van apareciendo en esos días. No olvidar también esta pregunta: ¿Qué coherencia hay entre el tipo de vida que llevamos en nuestras casas, en nuestra intimidad, y el tipo de escuela que queremos para nuestros hijos? Creo que la vida privada y la vida pública, ahora, que nos sentimos reclutados obligatoriamente, es otro aspecto que tenemos que reescribir. Cómo es el espacio nido, en el que podemos adentrarnos en nuestro ser y resguardarnos para reponer energía y cuidar nuestras vulnerabilidades y cómo es el espacio de volar, de abrirnos a los demás, a lo exterior y común, que siempre está allí, que no desaparece ni cuando nos ponemos en nuestra camita cubiertos con mantas, ni cuando vamos a escuelas en el bosque donde se pretende proteger a los niños de ese mundo que sigue girando y devorando ferozmente. ¿Qué tipo de enseñanzas? En este sentido, hay que sembrar consciencia. De esto estoy convencidísima. Hay que hablar a los niños y niñas de nuestro mundo enfermo y decirles que sí, que todos tenemos un lugar en él y mucho que hacer en él. No más desconexión por favor, no más mundos aparte, no más indiferencia. Mirar con los ojos bien abiertos es de valientes y ahora nos toca ser valientes. Cada uno, desde sus principios morales, algunos de manera más consciente, otros de manera más inconsciente, elegirá un tipo de escuela para sus hijos. Tengamos claro que no hay escuelas ‘neutras’, es decir, que no ejecuten una influencia moral, de valores, de creencias, sobre las personas que allí conviven. Creo que este es un aspecto muy descuidado y peligroso: Las escuelas tienen un sentido político, lo sepan o no; lo digo porque hay espacios educativos hoy día sin estas reflexiones hechas. Las escuelas ejercen una influencia en la manera en que sus habitantes aprenden a percibir una relación con ellos mismos, con los demás y con el mundo. Si no hay reflexión educativa sobre esta triple cuestión, si esa reflexión es pobre, poco detenida, poco cuidada, podemos llegar a cometer verdaderas atrocidades; pensar, por ejemplo, que vamos en una dirección y estar yendo hacia al lado contrario sin darnos cuenta. La reflexión pedagógica es un pilar fundamental para que la educación tenga un sentido contemporáneo. La dimensión ética de la educación es la disposición a la apertura a la otredad desde la voluntad del cuidado mutuo. Para que esto se dé precisamos de una actitud de atención constante sobre el acto educativo. Si esto ya estuviera sembrado de hace rato, vendría cualquier tempestad, cualquier pandemia, cualquier imprevisto y no tendríamos que preocuparnos por la escuela, sino que
34 // Falcón, R. M., Torregrosa, A. & Duran, N. Communiars. 4. 2020: 29-34 COMMUNIARS · 4 · 2020. ISSN 2603-6681 estaríamos gozando del reto diario que es la escuela: esa capacidad de prepararnos para abrirnos a lo imprevisto desde el aprendizaje de una disposición anímica del ser y desde la enseñanza de los múltiples lenguajes que constituyen este mundo. Ambos aspectos siempre por reinventar atendiendo a las sorpresas del presente. Necesitamos volver a confiar en las capacidades del ser humano, tan castigado, tan lastimado, tan hecho mierda. Falta mucho amor en nuestra sociedad, y sí, yo creo que todos queremos una escuela repleta de amor y de buenas intenciones. También, una escuela que sepa salirse del juicio y de la crítica, esta arrogancia occidental tan dañina y tan difícil de quitarnos de encima. Necesitamos escuelas con grandes profesionales, con corazones muy abiertos y mentes muy agudas y despier-tas, capaces de lidiar con tantos nidos distintos, con la variedad de pájaros hermosos que somos todos. Profesionales que sepan reconocer cuándo enseñar a volar, sin lastimar las alas, dejando que éstas se desplieguen en confianza. Y, sobre todo, tener claro que el vuelo es de cada uno pero que el mundo es de todos. Noemí Duran Salvadó Universitat Oberta de Catalunya y Espacio Cultural la Casa Voladora. España REFERENCIAS Bachelard, G. (2009). Poétique de l’espace. Paris, Quadrige. Bourriaud, N. (1998). Esthétique relationnelle. Paris, les presses du réel. Didi-Huberman, G. (1990). Devant l’image. Paris, les éditions de Minuit.