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Inmigración, identidad y estrategias de adaptación a la sociedad receptora. El caso de las mujeres sirias y libanesas en Argentina (primera mitad del siglo XX)

Nasser, Ghinwa

Abstract

Desde un enfoque esencialmente cualitativo, esta tesis versa sobre la inmigración de las mujeres sirio-libanesas en Argentina durante la primera mitad del siglo XX y su modo de inserción en la sociedad local. La investigación se centra en el estudio y análisis de los aspectos esenciales que permiten comprender un proceso complejo y importancia vital para aquellas personas que un día decidieron dejar atrás su mundo conocido y aventurarse por el camino que habría de conducirlas a una nueva e incierta vida. En este sentido, es un apasionante estudio sobre las circunstancias que obligaron a emigrar a las sirio-libanesas y las duras condiciones que debieron soportar para integrarse en una cultura y en una sociedad que les era ajena. Este trabajo hace un recorrido por el marco histórico de la sociedad emisora y de la receptora desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, analizando tanto el contexto en donde se produjeron los flujos migratorios como en el del país en el que se insertaron. La situación socio-económica en Siria y Líbano, los problemas de orden demográfico, los enfrentamientos confesionales y las persecuciones ideológicas han actuado como factores de expulsión, y el deseo de encontrar trabajo, la educación pública y gratuita y la posibilidad de ascenso social como factores de atracción. A ello se suman las redes migratorias entre ambas sociedades (de partida y de llegada) así como los motivos personales que impulsaron a emigrar. Ubicada en estos escenarios, se aborda el estudio y análisis de la situación de las mujeres sirio-libanesas (guardianas de la tradición familiar) en una cultura patriarcal que las subordinaba y las sometía a los hombres, despojándolas de cualquier derecho en el matrimonio, el divorcio, la herencia o la educación. Asimismo, para arrojar luz sobre estas cuestiones, se acomete el estudio de la política migratoria de Argentina que, a pesar de ser selectiva, no impidió la inmigración masiva de miles de sirios y libaneses. Se analiza cómo, por su dedicación laboral, sus costumbres y su modus vivendi, estos inmigrantes se vieron discriminados y tachados de “no deseables”, y cómo, a medida que fueron transcurriendo los años y, en especial, después de la Primera Guerra Mundial, se produjo una progresiva aceptación, asimilación e integración cuyo grado variará dependiendo de los lugares de asentamiento y del nivel cultural y económico del inmigrante. Más facilidad de integración hubo en el noroeste argentino (Tucumán, Santiago de Esteros, Salta, LaRioja, Catamarca y Jujuy) que en Buenos Aires; y más fácil fue la integración cuanto más elevado fue el nivel económico y cultural.

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DEPARTAMENTO DE HISTORIA DE AMÉRICA DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍAS INTEGRADAS PROGRAMA DE DOCTORADO EN HISTORIA, LITERATURA Y PODER. PROCESOS INTERÉTNICOS Y CULTURALES EN AMÉRICA Inmigración, identidad y estrategias de adaptación a la sociedad receptora. El caso de las mujeres sirias y libanesas en Argentina (primera mitad del siglo XX) DOCTORANDA: Ghinwa Nasser DIRECTORA: Dra. Maria Beatriz Vitar Mukdsi Sevilla, 2015 1 A mis padres, Ali Nasser (in memoriam) y Nibal Al-Jaher 2 Agradecimientos La realización de esta tesis doctoral ha significado un gran desafío, en el que no han sido pocas las dificultades, pero que al mismo tiempo me ha dado una experiencia de gran valor, tanto en el nivel académico como en el personal. Esta investigación no hubiese sido posible sin la ayuda de distintas personas que, de manera directa o indirecta, me han animado y apoyado y me han aportado críticas positivas y sugerencias. A estas personas que me han acompañado a lo largo de mi trabajo y mi estancia en este país quiero darles las gracias. De manera especial quiero agradecer a la profesora Beatriz Vitar, mi directora de tesis, por su humanidad y profesionalidad, por su apoyo en los momentos difíciles y su confianza en mi trabajo, por facilitarme los medios suficientes para desarrollarlo y por sus aportaciones, sus conocimientos y su gran experiencia, que han sido fuentes de estimulación y motivación para seguir mis investigaciones. Agradezco sinceramente el tiempo que me ha brindado y la paciencia para facilitarme la documentación justificativa para los trámites de extranjería y en la Universidad de Damasco, institución con la que tengo relación laboral. Quiero agradecer también a todos los profesores del Departamento de Historia de América, en especial a los doctores Antonio Acosta, Emilio Luque, Cristina García Bernal (q.e.p.d.) y Julián Ruiz Rivera por apoyarme en momentos personales difíciles y su interés por la situación de mi familia en estos tiempos de guerra. También manifiesto mi agradecimiento por su ayuda en las distintas gestiones que he tenido que realizar para la elaboración de mi tesis doctoral. Debo además dar las gracias a la Universidad de Damasco por el apoyo que me dieron en la primera etapa de mis investigaciones y por extender el plazo para la finalización de la tesis doctoral. Agradezco a la profesora Najah Muhammad, del Departamento de Historia Moderna de esa Universidad, por las gestiones necesarias de papeles y certificaciones requeridas y por la posibilidad de seguir estudiando en Sevilla. Así también, agradezco a todas las personas encargadas de la gestión de la beca que he tenido. Doy mi especial agradecimiento a Francisco “Curro” Luque por sus consejos, su gran apoyo y paciencia, por estar siempre dispuesto a escucharme y compartir sus 3 conocimientos. Gracias por acompañarme durante todo el desarrollo de mi trabajo, y por su gran ayuda para aprender el idioma español. Tengo que agradecer mucho a mi familia, y en particular a mi hermana Ruba, por hacerme sentir que siempre está conmigo a pesar de la distancia y por suavizar mis largas horas de trabajo con sus consejos y ánimo a seguir mi estudio. A mi madre, por el dolor que le causa mi ausencia, por preocuparse siempre por mi salud y por mi estudio. Por último, a los amigos de Sevilla, a quienes no he podido ver todo lo que hubiese querido por el tiempo dedicado a mi trabajo: a Javi por su ayuda práctica y correcciones del español, a Isidoro, Concha y Mónica por el ánimo que siempre me dieron para conseguir mis objetivos. Y a todos los demás amigos que no nombro aquí, que también me acompañaron. A todos, muchas gracias. 4 ÍNDICE DE CONTENIDOS INTRODUCCIÓN 8 CAPÍTULO 1. EL CONTEXTO DE LA SOCIEDAD DE PARTIDA: SIRIA Y LÍBANO, SIGLOS XX Y XX 1.1. Siria y Líbano durante el periodo otomano 26 1.1.1. Gobierno y administración 27 1.1.2. Los grupos religiosos 39 1.1.3. La política religiosa del Gobierno Otomano 49 y los conflictos entre comunidades 1.1.4. Cultura y educación. El pensamiento nacionalista 54 1.2. Primera Guerra Mundial y caída del Imperio Turco CAPÍTULO 2. LAS MUJERES SIRIAS Y LIBANESAS BAJO EL IMPERIO OTOMANO Y EL MANDATO FRANCÉS 2.1. La situación femenina: notas introductorias 68 2.2. El matrimonio. Formas y disolución del vínculo entre los esposos 72 2.3. La dote y la herencia 84 2.4. Las mujeres y la educación 90 CAPÍTULO 3. LOS ÁRABES EN ARGENTINA 3.1. Marco histórico de la sociedad de partida y del país receptor 108 3.2. La política migratoria argentina. El caso de los sirios y libaneses (1870-1950) 3.2.1. “Gobernar es poblar” (1853-1900) 112 3.2.2. Los cambios en la situación mundial y 122 la política migratoria argentina en el siglo XX 3.3. La inmigración sirio-libanesa en Argentina. Flujos 136 migratorios y asentamiento en el país CAPÍTULO 4. LAS MUJERES SIRIAS Y LIBANESAS 4.1. La salida de los territorios de origen 147 4.2. El proceso de inserción en la sociedad argentina 153 4.2.1. Las prácticas matrimoniales 156 4.2.2. La vida en el hogar. Patriarcado, maternidad 163 y crianza de los hijos 4.3. El legado de otros valores culturales: lengua, 173 religión, costumbres culinarias 5 CAPÍTULO 5. LA PARTICIPACIÓN EN EL ESPACIO PÚBLICO: NEGOCIOFAMILIAR, EDUCACIÓN Y ASOCIACIONES ÉTNICAS 5.1. Las mujeres árabes y el trabajo no doméstico 184 5.2. La educación escolar 191 5.3. Actividad en las asociaciones benéficas 198 REFLEXIONES FINALES 208 BIBLIOGRAFÍA 216 ÍNDICE DE FIGURAS E ILUSTRACIONES Figura 1. Siria - Líbano y sus fronteras 28 Figura 2. Países de Oriente Próximo 31 Figura 3. Distribución geográfica de los grupos 51 étnico-religiosos en Siria Figura 4. Distribución territorial según el acuerdo 61 Sykes-Picot (1916) Figura 5. Evolución de la población en Argentina, 135 1914-1944 Figura 6. República Argentina 138 Ilustración 1. Edición en árabe de El Eco del Oriente 58 Ilustración 2. Edición en español de El Eco del Oriente 59 Ilustración 3. Anbara Salam Khalid 100 Ilustración 4. Mari Ajami 102 Ilustración 5. Nazik al-Abed 104 Ilustración 6. Najah-al-Saati 106 Ilustración 7. Casa de “turcos” en Buenos Aires (1902) 133 Ilustración 8. Conventillo de Buenos Aires 134 Ilustración 9. “Instrucción de quehaceres domésticos a mujeres” 154 Ilustración 10. Inmigrantes sirio-libaneses 155 Ilustración 11. “La marcha de las escobas” 188 Ilustración 12. Sociedad Sirio-Libanesa (San M. de Tucumán) 204 6 RESUMEN Desde un enfoque esencialmente cualitativo, esta tesis versa sobre la inmigración de las mujeres sirio-libanesas en Argentina durante la primera mitad del siglo XX y su modo de inserción en la sociedad local. La investigación se centra en el estudio y análisis de los aspectos esenciales que permiten comprender un proceso complejo y importancia vital para aquellas personas que un día decidieron dejar atrás su mundo conocido y aventurarse por el camino que habría de conducirlas a una nueva e incierta vida. En este sentido, es un apasionante estudio sobre las circunstancias que obligaron a emigrar a las sirio-libanesas y las duras condiciones que debieron soportar para integrarse en una cultura y en una sociedad que les era ajena. Este trabajo hace un recorrido por el marco histórico de la sociedad emisora y de la receptora desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, analizando tanto el contexto en donde se produjeron los flujos migratorios como en el del país en el que se insertaron. La situación socio-económica en Siria y Líbano, los problemas de orden demográfico, los enfrentamientos confesionales y las persecuciones ideológicas han actuado como factores de expulsión, y el deseo de encontrar trabajo, la educación pública y gratuita y la posibilidad de ascenso social como factores de atracción. A ello se suman las redes migratorias entre ambas sociedades (de partida y de llegada) así como los motivos personales que impulsaron a emigrar. Ubicada en estos escenarios, se aborda el estudio y análisis de la situación de las mujeres sirio-libanesas (guardianas de la tradición familiar) en una cultura patriarcal que las subordinaba y las sometía a los hombres, despojándolas de cualquier derecho en el matrimonio, el divorcio, la herencia o la educación. Asimismo, para arrojar luz sobre estas cuestiones, se acomete el estudio de la política migratoria de Argentina que, a pesar de ser selectiva, no impidió la inmigración masiva de miles de sirios y libaneses. Se analiza cómo, por su dedicación laboral, sus costumbres y su modus vivendi, estos inmigrantes se vieron discriminados y tachados de “no deseables”, y cómo, a medida que fueron transcurriendo los años y, en especial, después de la Primera Guerra Mundial, se produjo una progresiva aceptación, asimilación e integración cuyo grado variará dependiendo de los lugares de asentamiento y del nivel cultural y económico del inmigrante. Más facilidad de integración hubo en el noroeste argentino (Tucumán, Santiago de Esteros, Salta, La 7 Rioja, Catamarca y Jujuy) que en Buenos Aires; y más fácil fue la integración cuanto más elevado fue el nivel económico y cultural. . Palabras clave: Argentina, Inmigración, Mujeres sirias y libanesas, Proceso de inserción, Estrategias de adaptación, Testimonios orales. 8 INTRODUCCIÓN Presentación, aporte y justificación de la investigación Este trabajo trata de la inmigración de mujeres sirias y libanesas durante la primera mitad del siglo XX y de su proceso de inserción en Argentina. Para ello se ha considerado su pertenencia a las tres comunidades religiosas que tuvieron una presencia significativa en el país (maronitas musulmanas, ortodoxas), ya que las diferencias religiosas marcarán diferencias en cuanto a las continuidades y los cambios en sus tradiciones culturales a raíz del proceso migratorio. En cuanto al ámbito espacial de nuestro estudio, hemos considerado al país en general, aportando información sobre algunas provincias en especial en función de la información que hemos podido disponer. La salida de población de los territorios que hoy forman las actuales Repúblicas de Siria y Líbano con destino a Argentina (y a otros países también), se produjo tanto en la etapa de dominio del Imperio Otomano, que cayó derrocado al terminar la Primera Guerra Mundial, como en los años del Mandato Francés, vigente hasta fines de los años 1940. Aunque la llegada a Argentina de grupos sirio-libaneses había comenzado en los años 1870, después de las guerras interconfesionales de la década anterior, hasta 1890 no se produjeron entradas importantes, caracterizándose en estos primeros tiempos por ser contingentes masculinos. Ya en la siguiente centuria y antes de la Guerra del ’14, se inició la emigración femenina, compuesta por las esposas (y los hijos en su caso) de los inmigrantes ya instalados, así como por las jóvenes que iban a casarse tras haberse “arreglado” su matrimonio con hombres ya instalados en aquel país sudamericano. Así daba comienzo la historia de estas mujeres en tierras lejanas, muy distintas de las que habían dejado. Tras el conflicto mundial, en la década de 1920 llegó otra oleada migratoria, que se mantendrá hasta 1930, fecha de la Gran Depresión, volviendo a producirse otros flujos migratorios desde los territorios de Siria y Líbano en la década de 1940. Con el fin de analizar el proceso migratorio femenino aplicaremos el enfoque cualitativo, ya que las características de esta metodología nos permitirá comprender sus circunstancias y trayectorias de vida en el país receptor. 15 En este trabajo hemos intentado acercarnos a las experiencias de los sujetos sociales -en nuestro caso las inmigrantes árabes en Argentina-, para lo cual hemos aplicado un enfoque cualitativo y el recurso de la historia oral en la medida en que ha sido posible, pero sin ignorar la información cuantitativa, que ha sido necesaria para determinadas cuestiones que se han incluido en el análisis. Así, para las investigaciones, hemos hecho la consulta de una bibliografía variada, de documentación referida a las asociaciones de migrantes, fuentes periodísticas y recursos de Internet (páginas de organismos oficiales, de asociaciones de inmigrantes), y, muy en especial, testimonios orales, obtenidos directamente y otros ya publicados. Todos estos materiales nos han servido han servido tanto para conocer las circunstancias de los inmigrantes “turcos” en Argentina, como para el tema central, los aspectos relacionados con las mujeres (capítulos 4 y 5), es decir, para analizar los diferentes aspectos que permiten avanzar en el conocimiento del proceso vivido por las mujeres de Siria y Líbano: desde que salieron de su tierra de origen hasta su inserción como inmigrantes. En lo que respecta a la información oral, que nos ofrece información sustancial para este trabajo, debemos hacer algunas aclaraciones. Nuestro proyecto original incluía la realización del “trabajo de campo” en Argentina, realizando entrevistas a hijos/as y nietos/as de mujeres sirias y libanesas, cuyos testimonios, basados en la memoria que conservan de sus abuelas y madres (según el caso) habrían sido complemento valioso y necesario de la bibliografía consultada. Sin embargo, las graves circunstancias por las que atraviesa desde hace años mi país, Siria, y el recorte de la ayuda de beca, no ha hecho posible el viaje programado. Así, los testimonios orales que hemos usado para esta investigación han sido recogidos por una parte en Siria y por otro en la entrevista que hicimos en Sevilla (en mayo del corriente año) a la historiadora argentina hija de sirios, Olga Liliana Asfoura, cuya información pude recoger por intermediación de la profesora Beatriz Vitar. Otro conjunto importante de material oral son los recogidos en Tucumán por la profesora Beatriz Vitar en los años 2000 y 2004, parte de los cuales se pueden consultar en sus publicaciones que detallamos más adelante. Aunque disponemos entonces de recursos muy escasos, la contribución de la profesora Vitar ha sido de una gran ayuda, ya que con generosidad ha puesto además en nuestras manos materiales muy valiosos, como las entrevistas con personas argentinas de origen sirio y libanés, realizadas por ella misma en la provincia de Tucumán. También los comentarios personales sobre su familia de origen sirio nos dio la posibilidad de tener más información de primera mano (testimonios orales) sobre aquellas primeras 16 inmigrantes invisibles en la historia migratoria. Por esta razón, la mayor parte de la información sobre el proceso de inserción de las mujeres árabes en la sociedad receptora corresponde a la provincia de Tucumán, incluyendo algunos otros dispersos, referidos a otras provincias del país. En este aspecto, consideramos que, en general, las circunstancias en que se desenvolvieron esas primeras inmigrantes fueron similares en las diferentes regiones argentinas. En relación a la bibliografía utilizada para este trabajo, esta se refiere sobre todo a los tres primeros capítulos, aunque en ellos tampoco se han desechado los testimonios de descendientes de inmigrantes, que aluden a la situación de sus antepasados emigrantes. Los fondos bibliográficos consultados se hallan disponibles en diferentes bibliotecas, tales como las existentes en la Universidad de Sevilla y en la de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de esta misma ciudad, en la Biblioteca Islámica de la Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en Madrid, y bibliografía en árabe, a la que pudimos acceder en Siria. El estudio de las situaciones del contexto de partida es fundamental para comprender el bagaje cultural que llevaron los inmigrantes a Argentina. Para el estudio del marco histórico de los territorios de Siria y Líbano, comprendiendo los aspectos político, económico-social, educativo y sobre todo el marco multiconfesional, se dispone de obras de carácter general sobre esa zona de Oriente Próximo, bajo el Imperio Otomano y durante el mandato francés. Entre ellas destacamos fundamentalmente las contribuciones de Albert Hourani: Al fikr Al-arabi fi Aser Al nahda, 1798-1939” (1968), Historia de los pueblos árabes (1992) y la nueva versión de esta última obra bajo el título de La historia de los árabes (2010). A estos títulos se suman los de Felipe Hati, La historia de Siria, Líbano y Palestina (1983); Halil Inalcik, Historia de Imperio Otomano, 1330-1914 (2002); Donald Quataert, El Estado Otomano, 1700-1922 (2004) y Eugène Rogan, Los árabes: del Imperio Otomano a la actualidad (2011), entre otros. Destacamos la obra de Inalcik, pues aporta información detallada sobre el sistema agrícola que formó la base económica de la mayoría de la población siria y libanesa y del sistema de propiedad, lo que afectó las relaciones entre las comunidades cristianas y musulmanas, y que también van a ser causa de la emigración. Para el análisis más específico de las diferentes comunidades religiosas, sus relaciones y conflictos, son importantes las obras de Qais Jawad Al-azzawi, Imperio Otomano: una nueva lectura de la decadencia (2003); Ignacio Gutiérrez de Terán, Estado y confesión en Oriente Medio: el caso de Siria y Líbano. Religión, taifa y representatividad (2003); los 17 artículos de Santiago Quintana Pali, “Etnicidad y clase: la minoría dominante alauí, minoría en Siria” (1981) y de Pablo Sapag de la Peña, “Los cristianos sirios. Una visión integradora del mundo árabe” (1996), además el ya mencionado estudio de Donald Quataert. En lo que respecta a las causas de la emigración son de utilidad los estudios de Albert Hourani y Nadim Shehadi, The Lebanese in the world. A century of emigration (1992) y Roberto Marín Guzmán, “Las causas de la emigración libanesa durante el siglo XIX y principios del XX” (1996). En relación a la situación de las sirias y libanesas durante el gobierno turco y la etapa de administración francesa, se han seleccionado trabajos que aportan ideas sobre la posición de las mujeres en el país de origen dentro del marco legal, social y educativo para comparar luego con la situación que vivieron en Argentina. En este punto debemos mencionar las obras que tratan en general sobre las mujeres y la religión, su estatuto jurídico (familia, matrimonio, divorcio, dote) y también sobre los aspectos relacionados con la educación femenina en Oriente, entre ellas: Margarita Mª Pintos de Cea Naharro (ed.); Las mujeres en las religiones (2011); Mohamad Al Dbiyal “La mujer y la familia en Siria (2010); Nemer Frayha, Educación y cohesión social en el Líbano; Talal Atrisi, Las misiones jesuíticas y la formación de la elite política en el Líbano (1987); Aisha AlDabbagh, Vida Intelectual en Alepo en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX (1971); Anis Zakaria Nsouli, Las causas del renacimiento árabe en el siglo XIX (1926). Para el conocimiento específico de la situación femenina en el mundo islámico y las normas jurídicas: C. Ruiz Almodóvar,“El Código Libanés de Estatuto Personal (2003); Felipe Maíllo Salgado, Diccionario de Derecho Islámico (2005); El Corán (Ed. de Julio Cortés, 1998), del que tomamos especialmente la Sura 4: “Las mujeres”, que trata de sus derechos y deberes en la herencia, el matrimonio y el divorcio, y Murtada Mutahhari, Los derechos de la mujer en el Islam (2012), entre otras contribuciones. Para información sobre el nacionalismo árabe, que significó avances en cuanto a la situación de las mujeres, son importantes los ya citados estudios de Albert Hourani (1992, 2010). Dentro de la bibliografía sobre la sociedad de partida de las emigrantes, una obra de gran valor es la de Bouthaina Shaaban, Mujeres árabes hablan de sus vidas (2003) donde se incluyen historias de vida de mujeres sirias y libanesas, cuyos testimonios muestran sus experiencias en el matrimonio, las condiciones del divorcio, el repudio y la poligamia. Por otra parte, incluimos la consulta de fuentes periodísticas de Siria sobre la trayectoria de mujeres destacadas en la lucha por los derechos femeninos. 18 En lo relativo a la época de la inmigración de masas (1880-1930), importante de tener en cuenta para contextualizar la llegada de población de distinto origen a Argentina y de los árabes en particular, es necesario presentar el marco económico general de América Latina y especialmente del país que nos ocupa; para esto hemos recurrido al estudio general de Carlos Malamud, Historia de América (2005) y más en especial sobre la economía argentina, al de Ezequiel Gallo y Roberto Cortés Conde, La república conservadora (1972). Para tener un panorama del proceso de inmigración de los diferentes grupos, contamos con la obra de Fernando Devoto, Historia de la inmigración en Argentina (2003) y de María Bjerg, Historia de la inmigración en la Argentina (2010) y, para profundizar en la inserción laboral de los extranjeros, consultamos a José Panettieri, Los trabajadores en tiempos de la inmigración masiva en Argentina, 1870-1910, publicado en 1996. Por otra parte, se hallan aquellas investigaciones que aportan información sobre los enfoques teórico-metodológicos para analizar las causas de los fenómenos migratorios: por ejemplo, el trabajo de Rocío García Abad, “Un estado de la cuestión de las teorías de las migraciones” (2003) que presenta un resumen de las diferentes perspectivas, empezando por las más clásicas enfocadas al modelo de los factores económicos, las que enuncian los factores de atracción y de expulsión (pull and push factors, una teoría que ha quedado ya desplazada) y otras posiciones más recientes, que consideran como elemento clave la acción de las redes migratorias junto con las razones personales que impulsan a emigrar. El concepto de redes también es tratado en Fernando Devoto y Hernán Otero, “Veinte años después. Una lectura sobre el crisol de razas, el pluralismo cultural y la historia nacional en la historiografía argentina” (2003), para el caso concreto de Argentina; este trabajo es de interés porque introduce la cuestión de la integración del inmigrante desde la idea de la fusión cultural con el país de acogida (melting-pot, crisol de razas) y desde la posición pluralista, que afirma la permanencia de los rasgos culturales de los diversos grupos migrantes en la sociedad receptora. Dentro de nuestra investigación dedicamos un apartado a la política migratoria argentina durante el periodo estudiado, de modo que podamos entender el proceso de integración social de las comunidades árabes, ya que hubo una política a favor de los inmigrantes procedentes de Europa (inmigrantes “deseados”) y otra política orientada a frenar el flujo migratorio desde países como Siria y Líbano (de donde venían los “no deseados”). Hemos tenido en cuenta las leyes migratorias en Argentina y la relación entre los discursos y la realidad; también los efectos de esta política en el proceso de 19 integración de los inmigrantes y su papel en la cuestión social (movimientos obreros). Para el estudio de la política migratoria señalamos algunas contribuciones breves pero muy importantes que abordan este aspecto, incluyendo otros asuntos relacionados con la inmigración de sirios y libaneses (flujos, zonas de asentamiento, asociaciones étnicas, etc.). En este grupo, disponemos básicamente de los trabajos de Jorge O. Bestene: “La inmigración sirio-libanesa en la Argentina. Una aproximación” (1988), “Entre el discurso y la acción: la política migratoria argentina y la migración de sirios y libaneses” (1995) y “Dos imágenes del inmigrante árabe: Juan A. Alsina y Santiago M. Peralta” (1997), todos publicados en la revista Estudios Migratorios Latinoamericanos (publicada por el CEMLA); Maristella Svampa, “Inmigración y nacionalidad: el caso de la Argentina, 1880-1910” (1993); Arn Schneider, “Inmigrantes europeos y de otros orígenes” (2000); Dora Schwarzstein, “Entre la tierra perdida y la tierra prestada: refugiados judíos y españoles en la Argentina” (2002) y Luciana Vaccotti, “Biopolíticas de la inmigración y derechos humanos de los inmigrantes en Argentina” (2010). Sobre la llegada, instalación y proceso de inserción de los sirio-libaneses en Argentina, también nos han sido de utilidad algunas de las obras antes mencionadas que, si bien ofrecen datos sobre la América Latina en general, incluyen capítulos sobre el país que tratamos, como es el caso de las publicaciones coordinadas por Abdelouahed Akmir, Los árabes en América Latina. Historia de una emigración (2009) y por Raanan Rein, Árabes y judíos en Iberoamérica. Similitudes, diferencias y tensiones (2008). También hemos tenido en cuenta el trabajo de Margalit Bejarano, “Los turcos en Iberoamérica: El legado del Millet” (2008) y la obra de VVAA, Contribuciones árabes a las identidades iberoamericanas (2009), de la que queremos señalar especialmente la Presentación, escrita por Gema Martín Muñoz: “La Arabia americana: un ejemplo contra el choque de civilizaciones”, por sus acertadas observaciones sobre el papel de los árabes en América Latina. Por otra parte, recurrimos a los trabajos sobre algunos países sudamericanos en particular (Ecuador, Chile,), con información de interés para introducir algunos aspectos comunes del grupo sirio-libanés, como los aportes de Ingrid Bejarano Escamilla, “La emigración árabe a el Ecuador” (1997) y Mustafá Ustan, La inmigración árabe en América. Los árabes otomanos en Chile: identidad y adaptación (1839-1922), de 2012. Para el caso argentino en concreto, considerando los distintos temas relacionados con la inmigración árabe (flujos, instalación en el país, asociaciones, datos estadísticos, etc.), mencionamos a Enrique Dickmann, Población e inmigración (1946); Bestene (1988, 1995 y 1997); Abdelouahed Akmir, La inmigración árabe en 20 Argentina, 1880-1980 (Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 1990) y “La inserción de los inmigrantes árabes en Argentina (1880-1980): implicaciones sociales” (1991), además de la obra por él coordinada (2009), que antes mencionamos. Referidos a los casos de distintas provincias, además de las obras generales que aportan información sobre las mismas, hemos consultado aportes específicos sobre la provincia de Tucumán y el Noroeste de Argentina, como los de Elena Albaca, “Instalación e influencia del grupo arábigo en el noroeste argentino” (1958); Arturo Ponsati, Aportes para una reseña de la colectividad árabe tucumana (1975); Estela Biondi Assali, “L’insertion de groupes de langue arabe dans la société argentine”, de 1991 (con detalladas referencias a la provincia de Tucumán) y Alberto Tasso, “Migración e identidad social. Una comunidad de inmigrantes en Santiago del Estero” (1987) y Ana M. Liberali, “Cultura árabe en la provincia de Salta - Argentina” (2007); sobre Rosario: Solène Bérodot y María Isabel Pozzo, “La inmigración sirio-libanesa en la ciudad de Rosario, Argentina: continuidades, desavenencias e intercambios socioculturales” (2011) y relativo a la provincia de Buenos Aires: Liliana Cazorla, “Inmigración Libanesa en el Partido de Dolores”. En relación a algunos aspectos concretos, y debido a la importancia de analizar la imagen del colectivo sirio-libanés en la sociedad argentina (por la influencia que esto tuvo en el proceso de adaptación, es decir la visión de los árabes como los otros: exóticos, “no deseados”, etc.), han sido contribuciones de interés los ya mencionados trabajos de Jorge O. Bestene (1988, 1995 y 1997) y de Abdeluahed Akmir (1991) y los de Emmanuel Taub, “La conformación estereotípica de un otro-incivilizado a través de la revista Caras y Caretas (1898-1918)”, del año 2008 y Hamurabi Noufouri, “Contribuciones argentino-árabes: entre el dato y la imaginación orientalista” (2009). En cuanto a aspectos más concretos, como la diversidad religiosa y la identidad entre los inmigrantes sirio-libaneses, mencionamos el trabajo de Gladys Jozami, “Identidad religiosa e integración cultural en cristianos sirios y libaneses en Argentina, 18901990”, del año 1987, y varios artículos de Liliana Cazorla, entre otros “Inmigrantes sirios y libaneses de religión ortodoxa”. En las cuestiones específicamente relativas a las inmigrantes sirias y libanesas, se las enfoca en dos grandes apartados, dedicándolos a lo que consideramos “espacio doméstico” y “espacio público”, respectivamente, para lo cual combinamos el uso de fuentes bibliográficas y orales, estas últimas fundamentales para esta parte de nuestro estudio. Como sostiene Ferrarotti, al comentar el uso de las historias de vida 21 (metodología oral), esta es una forma de superar la “matematización de la naturaleza [que] nos habría separado de toda posibilidad de contacto significativo con el ‘mundo de la vida”, rechazando en el quehacer de las ciencias la práctica de “reducir a separar la riqueza de la experiencia vivida para rigidizarla en la sequedad y en las formas estandarizadas por las fórmulas matemáticas: o sea, dicho en otras palabras, hasta hacer perder a la ciencia todo significado por la vida y su sentido de empresa humana en nombre de la ‘geometrización del mundo” 2 . Para tratar los aspectos incluidos en el primero de ellos, tales como matrimonio, familia, crianza de los hijos y el legado de valores culturales, hemos tenido en cuenta primeramente aquellos estudios que aportan un marco conceptual en torno a los ítems señalados (matrimonio, maternidad, etc.), siendo de utilidad los trabajos de Marina Becerra, “Ciudadanía Femenina y Maternidad en los Inicios del Siglo XX: las Dos Caras de la Moneda” (2011) y “Maternidad y ciudadanía en la Argentina de principios del siglo XX: un análisis de la autobiografía de María Rosa Oliver” (2013). En segundo lugar, sobre la inmigración en Argentina con información sobre experiencias de mujeres migrantes, disponemos de la aportación de María Bjerg Historia de la inmigración en la Argentina (2010); esta obra, si bien aborda algunos casos de mujeres migrantes de diferentes países europeos, ofrece un enfoque que es aplicable a nuestro caso, pues presenta las circunstancias particulares de las vidas, códigos de comportamiento y valores de esas inmigrantes. Dentro de los trabajos referidos en concreto a la inmigración femenina, contamos con la oportuna contribución de Pilar Cagiao Vila, “Género y emigración: las mujeres inmigrantes gallegas en Argentina” (2001), en la que se abordan algunas cuestiones similares a las de nuestro estudio. Y, propiamente para las mujeres sirio-libaneses, debiendo subrayar la extrema escasez con que nos enfrentamos, señalamos en especial una especie de memoria escrita por una hija de libaneses, Elena Albaca (1958), cuya narración ofrece la visión de alguien que estuvo muy cerca de los inmigrantes que iban llegando al país; también los aportes de Olga Liliana Asfoura, “Árabes en Tucumán: relatos de abuelas” (2004), que rescata la memoria de las inmigrantes árabes y los de Liliana Cazorla, “La mujer inmigrante de origen árabe en Argentina” e “Inmigración Libanesa en el Partido de Dolores”. Debemos destacar en este grupo los estudios de Beatriz Vitar, ya que si bien están referidos al caso de Tucumán, son válidos para las demás provincias de la región del 2 FERRAROTTI, Franco, “Las historias de vida como método”, Acta Sociológica, núm. 56, septiembre – diciembre, 2011, p. 101. pp. 95-1191 22 noroeste argentino, y porque ofrecen importantes testimonios orales aportados por los descendientes de árabes, con numerosas referencias a las mujeres que emigraron: “Inmigrantes sirios y libaneses en Tucumán (Argentina). El 'reclamo' de la etnicidad” (1998-1999), “Testimonios orales de los descendientes de sirio-libaneses en San Miguel de Tucumán (Argentina). La identificación étnica” (2002-2003), “Inmigración, etnicidad y experiencias generacionales: el caso de los sirios y libaneses en Tucumán (Argentina)” (2008) e “Inmigrantes sirios y libaneses en Argentina, Venezuela y Colombia. Memoria e identidad a través de testimonios orales” (2012). Tampoco hemos desechado fuentes de otro tipo, como las memorias en forma de novela de una hija de libaneses, obra de Edith Chahín: Nahima. La larga historia de mi madre (2001), que narra la experiencia de su madre inmigrante, su vida en Buenos Aires y Chile y contiene también interesante información sobre el viaje migratorio, la vida cotidiana y sobre el contraste de costumbres entre el mundo oriental y los países sudamericanos. Todo el conjunto de trabajos citados en este apartado, aportan datos sobre la forma en que interactuaron las mujeres con el medio circundante y su contribución a la continuación de la cultura oriental en los países occidentales a través de las generaciones hasta nuestros días, desde su confinamiento al espacio doméstico. Sobre los aspectos que englobamos bajo “espacio público”, es decir las actividades de las inmigrantes fuera del ámbito estricto del hogar (trabajo, formación escolar, asociacionismo étnico), se han consultado contribuciones de tipo general para contar con un marco conceptual para el análisis del trabajo femenino, el papel de la legislación argentina sobre la formación escolar primaria, que afectaría a los inmigrantes y a sus descendientes, en cuanto a la homogeneización cultural impuesta por los gobiernos argentinos, y sobre la práctica de la beneficencia, forma que adoptó la actividad de las emigrantes árabes dentro de sus estrategias de adaptación a la sociedad local. Asimismo, hemos recurrido a algunos estudios para ilustrar sobre las luchas femeninas por sus derechos civiles y políticos, que incidieron en la vida de las inmigrantes, a pesar de que muchas de ellas, recluidas en el hogar, estuvieron ajenas a esas reivindicaciones; aunque sí afectarían de modo positivo a las segundas generaciones. Dentro de las contribuciones referidas a estas cuestiones que hemos comentado, señalamos las de Aimée Vega Montiel, “Feminización y precariedad del trabajo. Por la visibilidad de las amas de casa: rompiendo la invisibilidad del trabajo doméstico” (2007); Lucía Lionetti, “Las maestras, segundas madres: un imaginario compartido por el ámbito público y privado en Argentina” (1999) y Lilia Ana Bertoni, 23 “Construir la nacionalidad: héroes, estatuas y fiestas patrias” (1992). En relación al asociacionismo étnico, no hemos podido acceder a obras que ofrezcan un tratamiento completo del tema, por lo que apuntamos algunos libros, artículos y capítulos de libros que igualmente nos han servido de fuente de información: Arturo Ponsati, Aportes para una reseña de la colectividad árabe tucumana (1975); Leonardo Senkman, “Identidad y asociacionismo de sirios, libaneses y ‘jálabes’ en Argentina” (2008); Liliana Cazorla 3 , “Instituciones de la Inmigración Siria y Libanesa en la Argentina. Evolución” e “Inmigración Libanesa en el Partido de Dolores”; se trata de unos artículos breves consultados en Internet, publicados por el Museo Roca 4 , de Buenos Aires, que tienen el valor de ofrecer algunos testimonios de mujeres en el campo del asociacionismo, donde debieron hacer frente a la resistencia masculina; Solène Bérodot y María Isabel Pozzo, “La inmigración sirio-libanesa en la ciudad de Rosario, Argentina: continuidades, desavenencias e intercambios socioculturales” (2011) y Susana Bianchi, Historia de las religiones en la Argentina: las minorías religiosas (2012). Para el tema de la beneficencia, la tradición de esta labor en Argentina y en especial la practicada por las inmigrantes (también las árabes), es importante el aporte de Clara Villalta, “De las necesidades a los derechos. Las mujeres y el estado de bienestar en la Argentina” (2010). Dentro de las obras consultadas en el campo de los derechos civiles y políticos de las mujeres, tenemos que destacar el trabajo de Blanca Zeberio, “Un código para la nación: familia, mujeres, derechos de propiedad y herencia en Argentina durante el Siglo XIX), de 2005 y el de Silvana Palermo,“El sufragio femenino en el Congreso Nacional: ideologías de género y ciudadanía en Argentina (1916-1955)”, de 1997-1998. Estructura del trabajo Para la organización y presentación del material de nuestras investigaciones, hemos dividido esta tesis en cinco capítulos. En el primer capítulo estudiamos la evolución histórica de la sociedad siriolibanesa bajo el Imperio Turco y el Mandato francés. En el periodo otomano se ofrece 3 De esta autora es el libro La Inmigración Sirio y Libanesa en la Provincia de Buenos Aires, a través de sus instituciones étnicas, Buenos Aires, Fundación Los Cedros, 1995; lamentablemente, no se encuentra disponible en bibliotecas de Sevilla. 4 La página Web donde figuraban estas publicaciones y que ha sido consultada en mayo de 2015 ya no se encuentra disponible en la red. 24 un panorama de la política de la Sublime Puerta (en especial las reformas o Tanzimat), la administración de los territorios bajo su dominio y las cuestiones económicas (régimen de impuestos, propiedad de la tierra). Un apartado especial se dedica al marco religioso, ofreciendo una reseña de las principales confesiones y las relaciones de estas entre sí, ya que el multiconfesionalismo y las diferencias religiosas incidieron en el proceso migratorio hacia América a la vez que en la inserción y adaptación al país receptor. Con toda esta información, se presenta también el marco del país emisor de la población emigrante, para delimitar los componentes humanos de las diferentes oleadas de sirios y libaneses (cristianos y musulmanes) hacia América. En la última parte de este capítulo exponemos las características del periodo francés, durante el cual se desarrollaron los movimientos nacionalistas que llevaron a la independencia de Siria y Líbano en los años 1940. El segundo capítulo está dedicado en concreto a la situación de las mujeres para entender el marco histórico en que se desarrolló su vida antes de la experiencia migratoria, mostrando diversas esferas de interés como la familia, el matrimonio, la educación de los hijos, para así entender las circunstancias, el bagaje cultural con el que llegaron a Argentina. Incluimos el estudio del estatuto personal de Siria y Líbano en la época del imperio Otomano y del mandato francés, disposiciones que no han cambiado mucho hasta hoy. En el tercer capítulo explicamos el proceso histórico y socioeconómico en la región argentina, donde llegaron los flujos migratorios de distintas partes del mundo. Se presenta un recorrido por la historia del país desde la independencia, presentando las políticas sobre inmigración. En la etapa de los flujos masivos, a partir de los años 1970, se ofrece el análisis de las políticas que fomentaban el movimiento migratorio, para traer al país mano de obra para el campo, analizando los prejuicios de las clases dirigentes con los inmigrantes procedentes de Oriente, los no deseados. Los capítulos cuarto y quinto están específicamente dedicados a las mujeres árabes que se radicaron en Argentina. En el primero, enfocamos el viaje de emigración, y la inserción en el país, centrándonos en los aspectos que englobamos dentro del espacio doméstico: la vida de las mujeres en el hogar, en contraposición al papel de los maridos, que ocupaban el espacio público. De este modo, estudiamos el desarrollo de la vida de las inmigrantes en su dedicación exclusiva al mundo del hogar, en el marco de un sistema patriarcal, no ajeno al modelo establecido en la vida familiar argentina; así, en este apartado analizamos el matrimonio, explicando las costumbres endogámicas o 31 Figura 2. Países de Oriente Próximo Fuente: Siria. Economía y Finanzas, Vol. I, Damasco, Dirección General de Información, 1956. Según el historiador Philip Hati 11 , los gobernadores de las provincias eran nombrados por cortos periodos de tiempo, con el fin de evitar rebeliones contra el gobierno otomano. Así, por ejemplo, entre 1815 y 1895 Damasco tuvo 61 gobernadores mientras que Alepo llegó a contar con un total de nueve en sólo tres años, en ese mismo siglo. La mayoría de los gobernadores eran turcos, razón por la cual carecían del conocimiento de los territorios y por lo tanto de la información necesaria para comprender la realidad del Levante, con sus divisiones étnicas, tribales y regionales, así como tampoco llegaron a implantar un sistema centralizado para el gobierno de la región. Además, el hecho de que el Levante estuviese situado relativamente lejos de la 11 Ibídem, p. 316. 32 Gran Puerta 12 , permitió al sultán deshacerse de algunos políticos, asignándoles la administración de algunas de estas regiones. Sin embargo, al constituir Siria y Líbano una zona de riqueza económica y humana y ser un punto geográfico importante para las rutas comerciales y de peregrinación a la Meca, muchos de los personajes de la política turca llegaron hasta pagar sobornos al sultán para conseguir el cargo de gobernadores en estas zonas. También es importante señalar que los gobernadores del Levante no pudieron terminar con el estado de guerra casi permanente entre algunas provincias (como, por ejemplo, entre Damasco y Trípoli); a lo largo del tiempo, estos conflictos internos ocasionaron un aumento de los impuestos para financiar el ejército otomano enviado para restablecer el orden. En cualquier caso, debemos tener en cuenta que muchos gobernantes turcos hicieron diversas reformas en la política educativa, económica y urbana de los territorios dominados, como es el caso de la familia de Al-Adem (que fue gobernador de Damasco) y de Midhat Pasha y Nazim Pasha, que fundaron escuelas y hospitales y construyeron líneas férreas, entre otras obras públicas 13 . Como antes hemos observado en lo que se refiere al aspecto religioso, el Oriente Medio presenta una gran variedad de credos: algunos países como Líbano cuentan con una veintena de comunidades reconocidas por el Estado, a la vez que en Siria existe una proporción más o menos similar. Esto demuestra la complejidad de estas sociedades y de su tejido multiconfesional, lo que ha de tenerse en cuenta a la hora de explicar su situación política interna. La política de la Sublime Puerta en el plano religioso, con cierta tolerancia hacia los cristianos y los judíos según los principios de la ley islámica, ha sido considerada como una de las razones de su permanencia durante varios siglos. Así, los estudios realizados sobre la convivencia entre los diferentes credos, han destacado la existencia de ese equilibrio confesional dentro de la organización otomana; pero esto no significa que las diferentes comunidades religiosas viviesen en total armonía ni que a los cristianos o judíos, y que incluso a algunos grupos musulmanes heterodoxos, no les hubiesen faltado motivos para sentirse discriminados. Esta situación de relativo equilibrio sufrió alteraciones a raíz de la aplicación de las Tanzimat (leyes de reformas 12 Es el nombre dado a la sede del gobierno otomano y también a este mismo, a cuya cabeza se hallaba el sultán, seguido por el primer ministro, Sheij al-Islam o Mufti, el ministro de Finanzas y el juez de la Corte Suprema de Justicia, encargado de la aplicación de la ley islámica. Véase al respecto: AL-MOHAMI, Mohamed Farid, Historia del Imperio Otomano [trad. al árabe de Ehsan Haqui], Beirut, Dar Al-nfaáes, 1983. 13 HATI, La historia de Siria, Líbano y Palestina, pp. 315-316. 33 sancionadas entre 1839 y 1876, como parte del plan de modernización del Estado puesto en marcha ante la presión europea), mediante las cuales se concedió una serie de beneficios a las comunidades no musulmanas. Estas reformas fueron muy importantes, ya que a través de ellas se modificó la organización tradicional de los otros grupos religiosos que habitaban las regiones incorporadas al Imperio Turco. Como consecuencia de las reformas se estableció un nuevo modelo organizativo, por el cual “cada una de las comunidades religiosas con reconocimiento oficial dentro del estado otomano recibía el nombre de millet”; este sistema permitió a dichas comunidades poseer cierta autonomía, y conservar sus creencias religiosas y rasgos culturales, así como “incorporarse al sistema político y económico” 14 . Este sistema significó que los no musulmanes tenían “autonomía espiritual, administrativa y judicial”, con lo que podían recaudar impuestos, dirigir los asuntos religiosos, educativos y de beneficencia, “además de los relacionados con el estatuto personal de sus miembros, tales como el matrimonio, el divorcio o la herencia. En el sistema del millet, estas comunidades habrían encontrado la manera de preservar su religión, su lengua, sus costumbres y su memoria colectiva” 15 . En cuanto a la situación religiosa y su incidencia en la vida económica y social durante el periodo otomano, a menudo se ha sostenido la existencia de un conflicto entre musulmanes explotadores y no musulmanes oprimidos, lo que no se ajusta totalmente a la realidad vivida por las diferentes confesiones en aquella etapa histórica. No obstante, la prosperidad económica alcanzada por algunos sectores cristianos en Siria y Líbano, junto con los privilegios obtenidos por las potencias europeas por los acuerdos comerciales firmados con la Sublime Puerta, provocaron descontento y reacciones entre los musulmanes 16 . Es así que en ciertas zonas los campesinos de religión islámica sufrieron los abusos de los grandes propietarios cristianos; por otra parte, hay que decir que dentro del mundo musulmán existían muchas diferencias e incluso estas existían entre los propios suníes, un grupo islámico al que pertenecía la mayoría de los habitantes del Imperio 17 . 14 ÁLVAREZ SUÁREZ, Alejandra, “La organización de los no musulmanes en el Imperio Otomano: millet y taifa”, Colletanea Christiana Orientalia 9 (2012), p. 24. 15 Ídem 16 FISHER, H. A. L., Historia de los árabes en la Edad Media [trad. al árabe de Muhammad Zyada y ElBaz, AlSaied Al-arini], Cairo, Dar Al-maáref, 1957, p. 446. 17 QUATAERT, Donald, El Estado Otomano, 1700-1922 [traducido al árabe por Armenazi A. Obeikan], Riad, 2004, p. 231. 34 Muhammad Ali, otomano de origen albano y jedive de Egipto, conquistó Siria en 1831 y fue el gobernante que puso en marcha una serie de reformas en la estructura económica, mejorando la agricultura y la industria; estos planes de modernización representaron los primeros pasos para la implantación del sistema capitalista en Egipto y su integración en el mercado mundial, aunque por problemas internos y externos este programa no tuvo éxito. La llegada del ejército egipcio al mando de Ibrahim Pasha 18 marcó el comienzo de una etapa importante en el camino hacia la modernidad, pues se establecieron reformas que favorecieron el desarrollo económico y la igualdad entre las diversas confesiones a efectos administrativos y legales. La apertura de los principales puertos de la costa libanesa y de la región de Damasco a las mercancías europeas –hecho que convirtió la zona, en especial Beirut, en un centro de actividad comercial de suma importancia en la ruta de Mediterráneo-, promovió la prosperidad de los sectores mercantiles urbanos, que en el futuro tendrían un papel muy importante en el movimiento migratorio hacia América. A raíz de la apertura al tráfico mediterráneo, los centros costeros pasaron a controlar la exportación de productos, y Monte Líbano vio reducida su autonomía económica en beneficio de los grandes puertos como Beirut. Tal situación alteró la convivencia intercomunitaria en Monte Líbano y provocó frecuentes tensiones, derivadas de la existencia de diferentes intereses económicos 19 . Unido a esto, el esplendor material no abarcó a todas las comunidades por igual. Favorecidas por las medidas egipcias que buscaban ganar la confianza de las potencias europeas, las comunidades cristianas pudieron beneficiarse de una menor presión impositiva que la experimentada en ocasiones por los musulmanes. Además, la colaboración de los cristianos con el mundo europeo, debido a las ventajas comerciales otorgadas a las potencias, fomentaron estas desigualdades. Pero, si bien en el plano económico gozaban de ciertos privilegios, las comunidades no musulmanas sufrían la desigualdad en el marco social y político frente al resto de la sociedad. La vigencia de ciertas disposiciones discriminatorias acentuaba su situación de inferioridad. Las comunidades drusa y chií no se beneficiaron mucho de la prosperidad económica originada en el comercio mediterráneo. En cuanto a los grupos suníes del 18 Ibrahim Pasha (1799-1848), hijo de Muhammad Alí, se retiró de Siria bajo la presión de los países europeos, que vieron esta expansión egipcia como una amenaza para sus intereses. Véase al respecto: ALATTAR, Nader, La historia de Siria en los tiempos modernos, Damasco, Al-inshaá, s.f., p. 163. 19 ARROYO MEDINA, Poder, El Líbano de 1975/1992. Una sociedad compatible con el conflicto, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2001, p. 10. 35 litoral y del interior de Siria, mayoritarios en Trípoli, Beirut, Sidón, Hama, Alepo, Homs y Damasco, el control de la industria textil y su comercialización tuvieron el beneficio de la nueva situación, en especial por la protección dada a las caravanas terrestres y quedar libres de los asaltos de las tribus beduinas los caminos que recorrían los comerciantes. Sin embargo, la invasión de productos europeos, más baratos, arruinó a la industria tradicional. Esto, unido a la preferencia de las empresas occidentales por relacionarse con agentes mercantiles no musulmanes, propició el ascenso de estos últimos y el recelo de las comunidades islámicas; no obstante, en algunos puntos como Beirut, donde los suníes también se beneficiaron del progreso económico, las tensiones interconfesionales no fueron tan graves 20 . A medida que las necesidades económicas fueron en aumento, durante el periodo de dominio egipcio se gravó aún más la producción agrícola local, en especial de la morera, utilizada para la crianza del gusano de seda 21 . La necesidad creciente de seda por parte de los egipcios había provocado la proliferación del cultivo de la morera hasta llegar a constituir el 50% de los cultivos en Monte Líbano y el litoral 22 . Pero la nueva ley de monopolio sobre los productos básicos de Líbano (jabón, aceite y seda) despertó la oposición de la población residente en la zona montañosa, que volvió a manifestar su rechazo a las imposiciones de fuera que iban en contra de sus intereses y limitaban su autonomía. En Monte Líbano, la influencia externa europea, otomana y egipcia, provocaron enfrentamientos entre las comunidades maronita y drusa. Los maronitas defendían las ideas progresistas y las prácticas económicas capitalistas, mientras que los drusos, más conservadores, mantenían una estructura económica semi-feudal. Estas diferencias, además de las alianzas internacionales y las particularidades étnicas, culturales y religiosas, volvieron a producir los tradicionales enfrentamientos entre esas dos comunidades. Aunque, a pesar de estas rivalidades, los maronitas y los drusos se aliaron para luchar contra los enemigos comunes que querían dominar el Monte Líbano, por ejemplo cuando Ibrahim Pasha invadió Siria y Líbano en 1831 23 . Otro de los motivos que movían a los maronitas a luchar contra la ocupación egipcia era el temor de que se 20 Ídem 21 En gran medida, la invasión de Siria había sido el resultado del deseo de Muhammad Ali de garantizar el abastecimiento de seda, aceite y de madera para rehacer la flota egipcia, destruida en la guerra de independencia griega (1821-1829). Véase al respecto: RAFEK, Abdul Karim, Al-arab wa Al-ozmanion, 1516-1916, Damasco, 1974, p. 285. 22 MARÍN GUZMÁN, “Las causas de la emigración libanesa durante el siglo XIX y principios del XX”, p. 589. 23 Ibídem, pp. 565-566. 36 declarase obligatorio el servicio militar (ya que los cristianos no estaban obligados a prestar este servicio) y el ingreso al ejército. Después que se acabó la revuelta de 1840 y se produjo la salida de Ibrahim Pasha de Siria, los drusos rompieron relaciones con los maronitas, volviendo a su tradicional enemistad 24 . También hubo cambios con relación al servicio militar de los musulmanes, dándoles la posibilidad de comprar su no alistamiento, si bien, en 1871, se introdujo una cláusula que reducía el número de los posibles beneficiarios de la medida. Las obligaciones militares de los varones musulmanes también tuvieron un efecto negativo en la situación económica de estas comunidades, frente al ascenso de una nueva clase de terratenientes cristianos, que se apropiaron de de las tierras de musulmanes. Continuando con el proceso de reformas o Tanzimat, en 1856 se dictó el Edicto Imperial (bajo la presión de Francia, Gran Bretaña y Austria 25 ), por el cual se pretendió establecer la igualdad de derechos para todos los súbditos y evitar los sentimientos nacionalistas que habían surgido dentro del Imperio. Los cambios incluyeron el servicio militar obligatorio universal, que incluía a los no musulmanes, quienes así pudieron entrar al ejército regular. Todos los súbditos varones quedaron obligados a realizar el servicio militar durante cinco años y una vez cumplido el servicio podían ser llamados durante dos años más; no hubo manera de librarse de este servicio obligatorio porque se canceló el sistema de pago de una suma de dinero a cambio de no ir al ejército 26 . Como consecuencia los jóvenes, en particular los cristianos, que se negaban a luchar fuera de sus países de origen en defensa de los intereses del gobierno turco, vieron una solución en la emigración. Hubo también reformas judiciales, educativas e institucionales y diversas medidas para la eliminación de la corrupción. Se trataba de una política que pretendía unir a todos los pueblos diferentes que vivían en los territorios del Imperio Otomano - musulmanes y no musulmanes-, imponiendo la primacía de las leyes seculares sobre la ley islámica. En la evolución legislativa, es importante la figura de Abdulhamid II (18761909), quien promulgó en 1876 una Constitución de características liberales (proyectada por el grupo de los Jóvenes Turcos, movimiento nacido en los años 1860) y basada en la Constitución belga de 1830, que garantizaba los derechos civiles, la libertad religiosa, la 24 Ibídem, p. 566. 25 VEIGA, Francisco, El turco: diez siglos a las puertas de Europa, Barcelona, Editorial Debate, 2006, p. 332. 26 ROGAN, Eugène, Los árabes: del Imperio Otomano a la actualidad, Barcelona, Crítica, 201, p. 142. 37 propiedad, la separación de poderes y la igualdad de todos los habitantes ante la ley sin considerar la religión, con los mismos derechos, deberes y admisión en las escuelas y cargos públicos. La Constitución de 1876, aunque fue derogada dos años después, establecía una organización judicial más independiente ya que una vez nombrados los jueces no podían ser expulsados. El Islam se declaró religión oficial de Estado. Se fijaron medidas para garantizar la seguridad de las personas y las propiedades y para la libertad de prensa y de asociación económica, excluyendo la libertad de asociación política. La Constitución prohibía las confiscaciones de la propiedad, el trabajo forzado y la tortura para conseguir confesiones de los detenidos. La educación era gratuita y obligatoria en el nivel primario. Los tiempos del sultán Abdulhamid se extendieron hasta 1908, y durante esa época este soberano va a procurar sobre todo impedir que los nacionalismos (nacionalismo árabe, búlgaro, armenio) afectaran el control y dominio de los territorios imperiales. En 1908 los Jóvenes Turcos (sucesores de los Jóvenes Otomanos) derrocaron al sultán, iniciándose una etapa fundamental en la evolución histórica de los territorios del Oriente Próximo; los Jóvenes Turcos que ocuparon el gobierno en 1909, se decían “defensores de la democracia” y tuvieron una posición laicista, al mismo tiempo que promovían la “turquización” o “panturquismo”, con la intención de reponer la cultura turca anterior al Islam. Poco tiempo antes de ingresar a la Primera Guerra Mundial, en junio de 1914, disolvieron el Parlamento Otomano (porque se oponía a la declaración de la guerra), comenzando así la Segunda Era Constitucional. Los Jóvenes Turcos buscaron el apoyo de Alemania para entrar en la guerra y, a pesar de ser partidarios de una política laica, no dejaron de alentar la “guerra santa” contra las potencias europeas, pensando en los beneficios que podía tener para reafirmar el dominio otomano 27 . Existen otros aspectos que es de interés presentar aquí, en concreto, las características de la propiedad agrícola, la distribución de tierras y la política fiscal durante la época otomana, cuestiones que han sido analizadas por Halil Inalcik, y que sirven para observar la incidencia que tuvieron las relaciones entre terratenientes 27 Para esta etapa de la evolución del Imperio otomano, puede verse: USTAN, Mustafá, La inmigración árabe en América. Los árabes otomanos en Chile: identidad y adaptación (1839-1922), Nueva Jersey, 2012, y del mismo autor, su Tesis de Maestría en Historia: Inmigrantes otomanos en Chile. Los árabes otomanos: identidad y adaptación (1818-1924), Santiago de Chile, Universidad Andrés Bello, 2009, pp. 84-99. Disponible en https://www.academia.edu/11025034/INMIGRANTES_ARABES_OTOMANOS_EN_CHILE [Consulta 24/03/2015] 38 musulmanes, notables cristianos, comerciantes europeos y representantes civiles y militares del gobierno otomano en el fenómeno emigratorio de los sirios-libaneses. Inalcik enfocó el régimen de explotación agraria y su impacto económico y social como una de las causas del derrumbe del Imperio y de la permanencia de prácticas semifeudales en Siria y Líbano 28 . Como en toda economía pre-capitalista, en el Imperio Otomano la base del sistema social fue la propiedad de la tierra, principal medio de producción 29 . En la sociedad otomana no existían las clases intermedias, ni la gran burguesía, ni una jerarquía eclesiástica independiente, tampoco feudos territoriales con dominio político y nobleza hereditaria; de este modo, la sociedad otomana se dividía entre gobernantes y súbditos. El Imperio Otomano mantuvo siempre el control sobre la tierra y la producción agrícola, nombrando a administradores, con la función de hacer el censo de los cabezas de familias y sus tierras. Sin embargo, con la expansión territorial a partir del siglo XVIII, los señores territoriales locales 30 con sus extensas familias, fueron formando nuevos grupos de poder, participando en la vida económica a través del control de las donaciones religiosas y los impuestos y asociándose con los comerciantes con el fin de invertir en el comercio y la agricultura. Este grupo debía determinar el impuesto a pagar (en especie) por cada pueblo; de dicha cantidad se descontaba la correspondiente al sultán y sus visires; el resto, se repartía entre ellos. Con el paso del tiempo, fueran surgiendo pequeños ejércitos en las capitales de provincia al mando de los dirigentes locales que controlaban los recursos tributarios en las zonas periféricas del Imperio 31 . Hasta la mitad del siglo XIX los impuestos aplicados a no musulmanes y musulmanes eran recogidos por los terratenientes y señores locales, quienes a su vez los 28 INALCIK, Halil, Historia de Imperio Otomano, 1330-1914 [trad. al árabe por Muhamad Al-arnaáuot], Beirut, Dar Al-madar Al-islami, 2002. 29 La ley de registro de la tierras de diciembre de 1858, incluía cinco tipos de tierras en todo el Imperio Otomano, tres de las cuales eran "tierras del Estado": la tierra cultivable y la tierra sin explotar, de propiedad estatal directa; las tierras públicas como valles, bosques y prados; las tierras Waqf, dedicadas a fines religiosos, y las tierras privadas, terrenos de propiedad individual sin restricciones. La ley permitía a los terratenientes vender la tierra y transferir este derecho, pero esto no eliminaba la propiedad estatal de la tierra, pues había que tener aprobación legal para ponerlas en venta. Véase sobre esto: MANÁ, Adel, La historia de Palestina en el último período otomano, 1700-1918, Instituto de Estudios Palestinos, 1999. 30 El señor territorial era el titular de un feudo concedido directamente por el sultán otomano, con derecho a explotar la tierra a cambio de sus servicios como militar, pero aquella tierras no eran trasmisibles a los descendientes. En el año 1839 se emitió un decreto aboliendo este sistema de propiedad, otorgando a los propietarios un salario de por vida. 31 HOURANI, Al fikr Al-arabi fi Aser Al nahda, 1798-1939, [trad. al árabe por Karim Azkol], Beirut, Dar Al-Nahar, 1968, p. 54. 39 hacían llegar a Estambul 32 . Debido a los abusos de estos, las autoridades otomanas los privaron de tales atribuciones, que pasaron a ser ejercidas por los responsables de las confesiones, quienes se encargarían de entregar las recaudaciones a los enviados por el poder central. Esta solución tampoco funcionó; pronto se alzaron voces de protesta contra los excesos de los responsables, quienes, con frecuencia, se limitaron a seguir los pasos de sus antecesores sojuzgando a sus subordinados con tasas arbitrarias. Para remediar esta situación, se crearon comisiones especiales en 1887 33 . Paradójicamente, uno de los objetivos específicos de las reformas (la igualdad de todos los súbditos otomanos y la limitación de la influencia de las autoridades religiosas al interior de sus respectivas comunidades) se vio imposibilitado, al menos en el apartado de la yizya 34 , por la misma naturaleza de las medidas dictadas. En definitiva, el proceso de reformas generó dudas y recelo en los medios islámicos. Pero las jerarquías cristianas y judías tampoco acogieron con agrado unos planes reformistas que restringían sus amplias facultades de mando. 1.1. 2. Los grupos religiosos En lo que respecta al régimen de las confesiones dentro del Imperio Turco, hay que destacar que son muchas las fuentes disponibles para su conocimiento. Las que se refieren al siglo XIX son abundantes, pero hay que precisar que la mayoría de ellas son obras de autores cristianos, de viajeros o informes redactados por los representantes de las potencias europeas. Gran parte de esas fuentes tratan de demostrar que el principal problema en Siria-Líbano desde hace siglos ha sido el confesionalismo y la imposibilidad de convivencia pacífica entre las diversas comunidades. Sin embargo, como antes se ha dicho, existía un equilibrio en las relaciones interconfesionales, que se quebró a partir de las reformas que se hicieron en el siglo XIX, bajo la influencia europea. 32 MAJID, Hazem Ahmed, Los conflictos y la insurgencia tribal y su impacto en la economía iraquí, 1850-1914, Irak, Universidad de Tikrit, 2008, p. 6. Ver también HOURANI, Al fikr Al-arabi fi Aser Al nahda, 1798-1939, p. 47. 33 HOURANI, La historia de los árabes, p. 425. 34 Impuesto que pagaban los no musulmanes (cristianos, judíos) al Estado musulmán por la protección y la libertad de practicar su fe, disfrutar de autonomía comunal y estar exento del servicio militar. Este tributo se imponía a los hombres adultos no discapacitados, quedando libre del mismo los ancianos, las mujeres, los niños, y los monjes practicantes. 40 Las Tanzimat o reformas ocasionaron descontentos entre los grupos musulmanes y también entre los cristianos, quienes, a pesar de los beneficios otorgados por la nueva legislación, no quedaron del todo conformes; esta situación generó tensiones sociales y actos de violencia de unos grupos contra otros, conflictos que continuaron hasta nuestros días. Asimismo, con relación a los cristianos fue muy marcada la desigualdad de oportunidades para acceder a los cargos públicos, aunque estos hechos eran negados por el gobierno otomano. Tales desigualdades llamaron la atención de los países europeos y provocaron una crítica generalizada 35 . La existencia de los problemas entre grupos religiosos, y en especial las persecuciones a los cristianos han sido comúnmente señaladas como unas de las causas de la llegada de los primeros sirios y libaneses a Argentina 36 . El sistema multiconfesional vigente bajo el dominio turco garantizaba, en teoría, la libertad religiosa a los diferentes credos. Al final de la época otomana, la población cristiana oscilaba entre el 25 y el 30%, mientras que la musulmana (comprendiendo las distintas sectas) representaba entre el 70 y 75% de la población 37 . En Siria, la mayoría de la población pertenecía a la rama suní del Islam, existiendo otros grupos como los alauíes, chiíes, ismaelitas y drusos. Sin embargo, a excepción de los suníes, estas comunidades religiosas no eran consideradas musulmanas por el gobierno turco. En cuanto a los no musulmanes, la mayoría eran cristianos, principalmente ortodoxos de rito griego y armenios ortodoxos 38 . También debe contarse, aunque en menor medida, a la población judía, sobre todo en Damasco, Alepo y Qamishli. Los grupos étnicos minoritarios eran los kurdos (la mayoría pastores que habitaban a lo largo de la frontera turca) y los armenios, que vivían principalmente en las grandes ciudades. Los grupos minoritarios en Líbano están representados por una veintena de comunidades, entre ellos, los suníes, los maronitas y los chiíes. Dentro del territorio libanés existen además once comunidades cristianas: maronita, greco-ortodoxa, greco35 QUATAERT, El Estado Otomano, 1700-1922, p. 236. 36 Véase BESTENE, Jorge, “La inmigración sirio-libanesa en la Argentina, Una aproximación”, Estudios Migratorios Latinoamericanos, núm. 9, 1988, p. 240; JOZAMI, Gladys, “Identidad religiosa e integración cultural en cristianos sirios y libaneses en Argentina, 1890-1990”, Estudios Migratorios Latinoamericanos, núm. 26, 1994, p. 110; AKMIR, Abdeluahed, “Introducción”, en: Los árabes en América Latina. Historia de una emigración (A. Akmir, coord.), Madrid, Siglo XXI, 2009, pp. 7-9. 37 AL-AZZAWI, Qais Jawad, Imperio Otomano: una nueva lectura de la decadencia, Beirut, Dar Aliluom Al-arabia, 2003, p. 96. 38 También hubo inmigración Armenia en Argentina, arribando a fines de los años 1880. Una de las investigaciones más recientes sobre este grupo es la de BOULGOURDJIAN-TOUFEKSIAN, Nélida y TOUFEKSIAN, Juan Carlos, Inmigración armenia en la Argentina: perfiles de una historia centenaria a partir de las listas de pasajeros (1889-1979), Buenos Aires, Fundación Memoria del Genocidio Armenio, 2012. 47 pobres, con campos de cultivo discontinuos sobre las laderas, en medio de matorrales y con pocos recursos de agua. La densidad de la población alauí era muy inferior a la de la montaña libanesa, calculándose unos 88 habitantes por km2 a mediados del siglo XX 65 . Los alauíes eran conocidos también como nusairíes, nombre de origen incierto, pero lo más probable es que se derive de un tal Ibn Nusayr, teólogo de finales del siglo IX y fundador de la secta. Predican un sincretismo en el que se mezclan elementos musulmanes, cristianos y paganos, teniendo como creencia fundamental la reencarnación 66 . Esta secta se había propagado ampliamente por el norte de Siria, durante el gobierno de los hamdaníes de Alepo (905 a 1004) y de los mirdasíes (1023 a 1079), que eran de obediencia chií. Es posible que fuera la presión suní, con los selyúcidas (1078 a 1113) y los zengíes (siglo XII), lo que les hizo refugiarse en la montaña en el último cuarto del siglo XI. Los ayubíes (en especial Saladino) y los mamelucos nunca fueron capaces de someterlos, a pesar de las continuas expediciones de castigo. Muy pronto se les unieron en la montaña grupos importantes de otra secta heterodoxa, como los ismailíes (chiíes septimanos) 67 . El recuerdo del refugio en la “montaña” (así es como se refieren a las tierras que habitaban los antepasados, incluidos sus propios padres que emigraron) es mantenido por los descendientes de los alauíes en Argentina, y recuerdan también la persecución de los suníes a los alauíes; por ejemplo, un hijo de sirio alauí (del mismo origen su madre, pero nacida en Argentina) de Safita, localidad de la zona montañosa costera de Siria y emigrado en 1951, menciona este lugar y los graves conflictos religiosos que aun persistían entonces, de acuerdo con las fechas que se mencionan en el testimonio, del que ponemos un fragmento a continuación: Eso ha sido un derramamiento de sangre, yo te diría, injustificado. Porque los sunitas cuando… tenían el poder [en] ese momento, se iban a las casas –nos estamos remontando hace cuarenta, cincuenta años atrás-, marcaban las casas de los alauítas que ellos conocían y mataban a las personas. Entonces, esta ha sido la persecución… Ha motivado que los alauítas salgan y se vayan al cerro… se vayan a los montes, a ocupar los montes 68 . Los alauíes se caracterizan por mantener una mayor flexibilidad en relación a sus creencias, que admiten muchas variantes, pudiéndose distinguir cuatro o más sectas 65 HASAN, Ahmad y HASAN, Hamed, Los musulmanes alauíes, Líbano, 1989, p. 89. 66 Ibídem, p. 57. 67 CIFAS, Manual de Área. Líbano, p. 23. 68 Entrevista realizada a Y. M. (30 años) por Beatriz Vitar en San Miguel de Tucumán, agosto de 2000. Con relación al testimonio citado, vemos que –como es común en Argentinase usan los términos “alauítas” y “sunitas” en lugar de “alauíes” y “suníes”. 48 distintas. Esta situación facilitó que en el Jabal Ansariyya se produjese un fraccionamiento tanto político como religioso, fracasando los intentos de establecer una autoridad suprema de modo estable; en realidad, los alauíes acabaron conformando un conjunto de clanes más o menos independientes. Prevalecía el matrimonio endogámico (entre parientes) del mismo pueblo o bien de otra aldea, y siempre dentro del mismo grupo religioso, una costumbre que mantuvieron las familias alauíes que emigraron a Argentina, como se comprueba en el citado estudio de Vitar sobre los sirios y libaneses en la provincia de Tucumán 69 . En cuanto al gobierno de la comunidad, al frente de cada aldea existe un jefe religioso o sheik (o sheij), manteniendo los miembros del grupo libertad de acción en otros terrenos; en este contexto, cada campesino "es el amo de su familia y su casa, de su tierra y su fusil" 70 . La vida espiritual del territorio alauí se basaba en el profetismo, en el carisma personal de dirigentes autoproclamados que, a veces, conseguían un número considerable de seguidores. Los alauíes no tienen mezquitas y han abandonado las prácticas culturales musulmanas, como por ejemplo la oración (que se realiza de modo secreto y sólo por los hombres, como lo hacen aún los practicantes de este grupo en Argentina 71 ) y el Ramadán, que lo cumplen únicamente las mujeres, aunque a diferencia de los drusos, hacen la peregrinación a la Meca. Existen además numerosos lugares considerados santos –ziyara-, que en realidad se trata de recintos que contienen tumbas de personas que han alcanzado la “santidad” y a las que se piden favores; estos lugares abundan –aunque de forma dispersaen la montaña y también en el sector de la llanura costera vecina habitado por alauíes, atrayendo las visitas de muchos devotos. Esta costumbre de venerar a esas figuras se puede observar en las comunidades alauíes que viven en Argentina, según los testimonios orales de miembros de este grupo, que en sus hogares cuelgan en las paredes láminas de esos “santos”: Son... santos, si [así] se les puede llamar... Son guías muy grandes […]. Se los conoce, digamos, por las ocho... por las ocho veces que nace […], porque nosotros en la religión creemos en la reencarnación. […] Nosotros los consideramos como protectores del hogar, de la familia... [así] como tenemos una imagen de Jesús, ¿no es cierto?” 72 . 69 En el trabajo de VITAR, “Inmigración, etnicidad y experiencias generacionales: el caso de los sirios y libaneses en Tucumán (Argentina)”, pp. 130-131, se muestra con testimonios orales cómo se conserva aún este comportamiento dentro de las familias alauíes en esa provincia. 70 HASAN y HASAN, Los musulmanes alauíes, p. 57 71 VITAR, Beatriz, “Inmigración, etnicidad y experiencias generacionales: el caso de los sirios y libaneses en Tucumán (Argentina)”, p. 118. 72 Entrevista realizada por Beatriz Vitar a A. A. (23 años, hijo de musulmán alauí y madre de origen español) en San Miguel de Tucumán, enero de 2004. 49 En otro testimonio recogido por Vitar en Tucumán, el entrevistado (hijo de un sirio alauí) expresaba su deseo de ir a Siria para “encontrarse” con la tierra de su padre y conocer “muchos santuarios”: Son santuarios de… en árabe se dice mohmen, gente creyente, que ha tenido mucha incidencia en la religión nuestra, que han sido… dotados por Dios con la capacidad de intermediarios, de hacer de intermediarios entre la gente que necesita ayuda de Dios… y Dios, y tan es así que hay en Siria un lugar que es asistido y visitado por chicas que no pueden quedar embarazadas, y pasan ahí el tiempo pidiendo a ese mohmen que las ayude… y es una tumba que está cuidada por los familiares de esa persona y hay muchos casos que ha sido efectivo. Pero así como ese hay un montón 73 . Los alauíes y los cristianos de Siria y Líbano se dedicaron en su mayoría a la agricultura. Trabajaban sus propias tierras y también las de las familias aristocráticas, como asalariados. La emigración masiva de campesinos alauíes y cristianos hacia América del Norte o del Sur se debió a la falta de tierra disponible en su hábitat, siendo esta carencia uno de los factores claves en la estratificación social del grupo. Entre los sectores religiosos de Siria y Líbano que hemos mencionado, los que interesan para nuestro estudio son aquellos que han tenido un impacto significativo en la historia de la emigración a Argentina. Así, los grupos más representativos que se instalaron en este país sudamericano fueron los maronitas, cristianos ortodoxos, grecomelquitas, musulmanes alauíes y chiíes y drusos. 1.1.3. La política religiosa del Gobierno Otomano y los conflictos entre comunidades El Imperio Otomano reconocía el derecho de cada individuo a someterse a un régimen jurídico particular en relación con su credo o confesión. Cada grupo tenía sus tribunales con jurisdicción en lo religioso y en lo civil, lo que les permitía disfrutar de independencia en diferentes aspectos, que abarcaban desde la petición de mano a la herencia, pasando por la tutela de menores, la asignación económica al cónyuge y el 73 Entrevista ealizada por Beatriz Vitar a Y. M. (30 años, comerciante). San Miguel de Tucumán, agosto de 2000. 50 divorcio 74 . En cuanto al resto de causas civiles y la totalidad de las penales, la competencia recaía en exclusiva en el cadí, juez que en los territorios musulmanes administraba justicia conforme a la ley islámica o sharia. El caso de la Iglesia maronita presenta rasgos particulares, con un margen importante de autonomía en virtud del reconocimiento explícito de la autoridad del patriarca (máxima autoridad entre las comunidades cristianas) por parte de las autoridades otomanas; luego, tras los trágicos enfrentamientos entre cristianos y drusos en 1860, en Monte Líbano, el patriarca maronita solicitó acogerse al Estatuto de las confesiones, por el cual se reconocía el derecho a practicar sus ritos religiosos de manera autónoma. 74 YUHA, Shafiq y SHABAT Wadi’, Dustur Lubnan, quisatuhu, nassuhu, tadilatuhu [textos y enmiendas de la Constitución libanesa], Beirut, Bayt Al Hikma, 1968, p. 30. 51 Figura 3. Distribución geográfica de los grupos étnico-religiosos en Siria Fuente: http://aljumhuriya.net/29322 [Consulta 05/11/2014] En las sociedades donde impera un sistema absolutista y opresivo se produce una separación de hecho entre gobernantes y gobernados, circunstancia que vemos reflejada en el Estado Otomano, en el cual existía una clase dirigente, por un lado, y los súbditos, por otro. Pero en el Imperio Otomano surgieron otros motivos de división: la aparición de rasgos particularistas dentro de la misma sociedad, conforme a criterios religiosos y confesionales; es decir, entidades con ciertos márgenes de acción dentro del imperio. Los dirigentes espirituales, musulmanes y no musulmanes, eran responsables ante la clase política dominante de los deberes y responsabilidades de sus respectivas 52 comunidades en lo referido al pago de los impuestos aplicados a cada grupo. Todo lo relacionado con el matrimonio, la herencia, la educación, la sanidad y la reglamentación jurídica de las relaciones económicas internas eran competencia exclusiva del dirigente de cada secta. Así, el máximo jefe espiritual era a su vez, dentro de su comunidad, algo así como un líder político, que imponía su autoridad a un conjunto de súbditos; los dos máximos representantes de la comunidad eran el sacerdote y el jefe administrativo, que generalmente era un hombre experto en la ley. Pero debe aclararse que la autonomía de los dirigentes de las sectas no era completa, ya que la Sublime Puerta tenía el derecho de intervenir en los asuntos internos de las comunidades religiosas cuando lo creía conveniente. De este modo, además de establecer una serie de requisitos como una "conducta intachable" y la fidelidad al imperio, los responsables otomanos podían rechazar a un candidato a patriarca o a gran rabino si juzgaban que había motivos para dudar de su adhesión a la autoridad imperial. Así también, tenían la facultad de destituir al jefe de la secta y de mediar entre este y los diferentes órganos de poder y decisión dentro de la comunidad, en caso de haber desentendimiento entre unos y otros. Con este tipo de prácticas, el Gobierno central se aseguraba la fidelidad de los dirigentes de las comunidades, con la excepción de los grupos cristianos asentados en Monte Líbano y en especial los maronitas, ya que estos mantuvieron durante siglos un régimen especial (en comparación con el del resto de comunidades cristianas), que desembocó en un estatuto particular en el siglo XIX. Sin embargo, fueron las comunidades maronitas del Líbano las que recibieron con mayor fuerza la influencia, desde hacía tiempo, de las corrientes europeístas-católicas. Por esta razón, en Alepo y otras ciudades sirias, ortodoxos convertidos al rito greco-católico (melquita) emigraron a tierras libanesas. Algo parecido ocurriría tiempo después con católicos armenios ex monofisitas que habían abandonado su patria en Cilicia (tras la gran masacre por parte de los turcos, en 1909) para fijar su residencia en Líbano después que anunciaron su subordinación a Roma 75 . La incapacidad del régimen otomano para lograr una sociedad cohesionada se manifiesta en el fenómeno de fragmentación social y comunitaria vivido en las regiones orientales del Imperio. El régimen confesional n o logró establecer un criterio fijo para definir el marco jurídico y social de las comunidades consideradas heréticas o no "estrictamente" musulmanas; comunidades que unas veces eran tratadas con contemplaciones, en otras ignoradas o bien objeto de una manifiesta hostilidad por parte 75 AL-SALIBI, Kamal, Tarikh Lubnan al-Hadiz, Beirut, Dar al-Nahar Al-nashr, 1991, p. 23. 53 del poder central. Esta situación de indefinición, de vacío jurídico se podría decir en algunos casos, ayudaría a sentar las bases de entidades muy diferenciadas según criterios confesionales al concluir el dominio otomano en Siria y manifestarse con fuerza la presencia europea. Los problemas antes señalados obligaron en el siglo XIX a buscar el ordenamiento de las confesiones dentro de un plan de acción general para reestructurar todo el sistema de gobierno. Así habían surgido las reformas o Tanzimat que, fomentadas por las potencias europeas, constituyeron un importante intento de corregir la situación. No obstante, las Tanzimat tuvieron el efecto contrario, ya que ocasionaron estallidos de violencia durante más de veinte años, culminando en los sucesos de 1860 en Líbano con el levantamiento de los musulmanes. En síntesis, este conflicto interconfesional se produjo en un contexto definido por tres factores clave: las consecuencias de la ocupación egipcia (1831-1841), el efecto de las Tanzimat y la intervención europea. Pero además tuvo unas consecuencias demográficas importantes, debido a la emigración de grupos libaneses cristianos, como señala Hourani (2010) al hablar de la población de Siria y Líbano durante el periodo 1860-1914; según este autor, en esa etapa, mientras la población siria aumentó en un 40% (pasando de 2,5 a 3,5 millones), en el caso de Líbano se produjo una importante emigración hacia América del Norte y del Sur y otros puntos geográficos 76 . En Sudamérica, Argentina y Brasil fueron los países que acogieron mayor número de inmigrantes libaneses después de los graves sucesos de 1860, en que se enfrentaron drusos y libaneses cristianos. En ambos países sudamericanos, este conflicto ha sido una de las causas de la llegada de libaneses 77 . Desde algunos sectores se ha tendido a valorar las tensiones intercomunitarias de Monte Líbano como un remoto antecedente de la guerra civil entre cristianos y musulmanes por razones religiosas. Sin embargo, también los factores económicos, en especial la influencia de Europa en las nuevas relaciones comerciales, pesaron mucho en estas luchas. Según Awni, el conflicto entre maronitas y drusos no tuvo por entonces una motivación religiosa sino más bien un carácter político-social, a pesar de que otros autores han incidido en las causas confesionales 78 . 76 HOURANI, La historia de los árabes (2010), p. 360. 77 Véase para Brasil: KEMEL, Cecília, Sírios e Libaneses. Aspectos da identidade árabe no sul de Brasil, Santa Cruz do Sul, Edunisc, 2000, p. 29; sobre Argentina: BESTENE, “La inmigración sirio-libanesa en la Argentina, Una aproximación”, p. 240. 78 AWNI, Farsakh, Minorities in Arab History, Londres, Dar ar-Rayyis, 1994, p. 248. 54 Por eso, no basta con mencionar las rivalidades religiosas como única causa para comprender los conflictos de Líbano entre 1840-1860 y Damasco (1860), usando el argumento de que las comunidades no musulmanes querían dejar de estar sometidos a la mayoría musulmana. En lo que respecta a los musulmanes, se ha insistido en el odio hacia los cristianos sin considerar otros factores, tales como la actuación de los emisarios europeos, las misiones católicas y protestantes enviadas por esas potencias, los intereses de los terratenientes y de los sectores altos urbanos y las jerarquías religiosas. Algunos estudiosos sostienen que las causas deben buscarse en el desarrollo de una conciencia “democrática” entre los maronitas y el deseo de transformación social y política. Así, han considerado que el impacto de la guerra civil de Líbano desatada en los años 1970 impulsó a buscar sus antecedentes históricos en los conflictos producidos entre 1840 y 1860, aunque a lo largo de esa etapa los grupos maronitas y drusos llegaron a aliarse, como ocurrió cuando hubo el levantamiento de estos últimos contra el poder otomano durante la etapa de dominio egipcio 79 . Otro ejemplo está en las revueltas de 1858 por tensiones (políticas, religiosas, sociales y, sobre todo, económicas) entre drusos y maronitas, musulmanes y cristianos, señores y campesinos, agravadas por la injerencia de las potencias europeas en la zona: Francia en apoyo de los cristianos, Gran Bretaña a los drusos, mientras los otomanos fomentaban las divisiones para reforzar su poder 80 . Aún así, los disturbios de 1840-1860 han recibido, como la guerra civil de 1975-1990, el calificativo de “confesionales” 81 . 1.1.4 Cultura y educación. El pensamiento nacionalista En el contexto reformista, a partir de la segunda mitad del siglo XIX se produjeron avances educativos en Siria y Líbano. Hubo facilidades para el acceso al mundo occidental, directa o indirectamente, a través de las traducciones de textos latinos o de las escuelas fundadas por grupos cristianos. Asimismo, en el movimiento de 79 HOURANI, Al fikr Al-arabi fi Aser Al nahda, p. 64. Véase también BASHUR, Amal Mikhail, Suria wa Luvnan fe Aser Al-eslah Al-ozmania, Trípoli, 2006. 80 A raíz de este conflicto, en Líbano se impuso una nueva división administrativa; la provincia de Beirut pasó a depender directamente del gobierno turco y a ser dirigida por un gobernador otomano, mientras que en Monte Líbano se formaría una Mutaserfia, provincia al mando de un gobernador maronita elegido por el gobierno turco, bajo la tutela de Francia (HOURANI, Al fikr Al-arabi fi Aser Al nahda, p. 64). 81 Ídem. 55 la nahada (renacimiento literario) participaron todos los pueblos de lengua árabe sin distinción de secta ni región, cimentándose así la idea de que los árabes conformaban una nación definida por una lengua, una cultura y una historia comunes 82 . Los cristianos de Oriente fueron los primeros en acceder a la educación y a la formación moderna gracias a las escuelas y universidades con financiamiento y protección del gobierno francés 83 . Así, debido a la acción de los misioneros católicos y protestantes, las nuevas generaciones aprendieron las lenguas extranjeras y las nuevas asignaturas, sin que se diese una ruptura con la cultura árabe. En aquella época el movimiento de “renovación”, que inició la modernización de la lengua y de la cultura árabe, cobró fuerza por el desarrollo de la prensa, y la creación de las primeras imprentas con caracteres árabes, lo que contribuyó a difundir muchos libros y periódicos que llegaban a la clase media en una sociedad estamental, de base predominantemente rural. Este movimiento impulsó la creación de escuelas y universidades modernas que siguen existiendo actualmente. Este primer paso, cuyo inicio supuso el acceso a la educación para todos sin discriminación de sexo o credo, se transformó rápidamente en un movimiento de modernización de la estructura social, económica y cultural. Junto al desarrollo educativo, los árabes empezaron a tener en cuenta el pensamiento racional moderno, lo que contribuyó al despertar de la conciencia nacional, que tuvo su centro activo en El Cairo y luego se propagó por Siria (Damasco, Alepo) y Líbano (Beirut). Los esfuerzos de los intelectuales árabes en general –y de los cristianos libaneses en particularpara traducir las obras extranjeras y difundir la producción literaria artística o enciclopédica, ayudó a despertar la conciencia árabe y a consolidar un movimiento nacionalista llamado arabismo, que trató de separar el idioma árabe de la esfera religiosa para transformarlo en un elemento de unidad cultural entre los diferentes pueblos y comunidades religiosas de Oriente Medio y avanzar en la modernización social y política 84 . Entre los nombres más conocidos de esta élite fundadora de la corriente modernista del pensamiento árabe están los de Ali Mubarak, Rifa'a Tahtawi, Jeir Eddin, Abd el Rahman el-Kawakibi, Butros el-Bustani, Nasif e Ibrahim el-Yazgi. Sin embargo, las ideas de la modernidad de la nueva élite intelectual, de mayoría cristiana, y la introducción de la cultura occidental, muy diferente a la cultura árabe (sobre todo por 82 ROGAN, Los árabes: del Imperio Otomano a la actualidad, p. 217. 83 HOURANI, La historia de los árabes, p. 371. 84 Ídem 56 los cambios en la situación de las mujeres, que empezaron a imitar a las francesas en el vestir y en el modo de relacionarse con los hombres), hizo que la mayoría de los intelectuales musulmanes antioccidentales (los ulemas 85 y los clérigos Muhammad Abduh, Jamal Al-din Afghani) comenzaran a defender la unificación musulmana en torno a la figura del sultán otomano, reclamando a la vez reformas políticas para obtener mayor autonomía 86 . No obstante, tras cerca de cuatro siglos de dominación otomana, los pueblos árabes sometidos al Imperio turco tuvieron dificultad para imaginarse a sí mismos como un Estado independiente 87 . En el desarrollo del pensamiento nacionalista se llegó a conjugar los principios del Islam con las aspiraciones de libertad e igualdad, de una organización social-política moderna, dando mayor valor al patrimonio cultural árabe (lengua, historia, tradiciones comunes). Esta fusión o convergencia llevó a la fundación de nuevos partidos, liderados por políticos e intelectuales que promovían la educación política con el fin de que la sociedad árabe luchase para independizarse del Imperio Otomano. Los periódicos desempeñaron un papel clave en la difusión de tales ideas, entre los que pueden mencionarse Al Ahram (fundado por el libanés Salim Taqla), La Liga Islámica (Antun Farah), Misr (fundado por Adib Ishaq) y la revista La nación árabe, editada por Chakib Arsalan. La prensa tuvo un papel muy importante para transmitir a los sectores populares las ideas nacionalistas como una unión de lo político y lo religioso, apoyando el despertar de la conciencia de la sociedad árabe. Sin embargo, en los últimos años de la década de 1870, el gobierno otomano empezó a tomar medidas para controlar la prensa, aplicando una rígida censura durante el reinado del sultán Abdul Hamid II (1876-1909). Muchos periodistas e intelectuales decidieron entonces abandonar Siria y Líbano y se marcharon a Egipto, donde había mayor libertad de prensa; esta emigración dio impulso a la publicación de periódicos en El Cairo y Alejandría y así, en los años finales del siglo XIX, se editarían en Egipto más de ciento sesenta periódicos y revistas 88 . También los estudiantes que habían realizado estudios superiores en algunos países occidentales publicaron una serie de ensayos, novelas, poemas y diarios donde se difundían estas ideas nacionalistas en un lenguaje sencillo y comprensible para las 85 Los ulemas se encargaban de enseñar, interpretar y aplicar la ley, y cumplían además otras funciones religiosas, como dirigir las oraciones (HOURANI, La historia de los árabes, p. 157). 86 ROGAN, Los árabes: del Imperio Otomano a la actualidad, p. 223. 87 Ibídem, p. 231. 88 Ibídem, pp. 217-218. 63 muy ligados a Francia) y algunos líderes musulmanes. En este aspecto, es importante destacar de este tiempo de inicios del mandato, la existencia de sectores privilegiados, como los terratenientes o “señores de las zonas rurales” relacionados con el comercio de exportación, y cuyo apoyo buscaron los gobernantes extranjeros 104 La política de Francia fue la división confesional, aumentando los mutuos recelos entre las comunidades. Desde la época otomana, los franceses conocían muy bien los grupos confesionales del territorio sirio-libanés y procuraron aumentar las hostilidades entre ellos. También los británicos siguieron esta política en Iraq y Palestina. Esto permite demostrar que la conjugación del derecho civil con el religioso comienza a gestarse en la etapa del mandato europeo de entreguerras 105 . La política de fragmentación de la Gran Siria se plasmó en la formación de dos estados suníes (Damasco y Alepo), un estado druso, otro alauí, en el noroeste y uno con población mayoritaria cristiana en Monte Líbano. Este último, favorecido por Francia, fue proclamado independiente en 1920 por el general Gouraud y separado del resto, creándose el Gran Líbano, cuyos límites fueron fijados en 1926 (y que se mantienen hasta hoy), con la incorporación de las llanuras de la Bekáa 106 ; se cumplía así el proyecto de controlar el litoral oriental del Mediterráneo. Antes de la ocupación, los franceses habían buscado el apoyo de los jefes tribales, de grandes terratenientes locales, de líderes religiosos y de representantes de las oligarquías urbanas, lo que permitió la duración del Mandato más de 20 años. Aparte de esos sectores, los franceses también fueron respaldados en su política por personajes destacados de la comunidad musulmana suní. Había pues muchos sectores locales que en beneficio de sus intereses ofrecieron su apoyo a los franceses, y sólo acabándose esos beneficios podrían adherirse a las posiciones anticolonialistas 107 . La política de fragmentación en Siria aspiraba a debilitar el sentimiento nacionalista y ahondar las diferencias religiosas: La situación de los alauíes (denominados así a partir de 1920 por iniciativa francesa, con lo que se arrumbó la antigua denominación de “nusayrí”) y los drusos es también ejemplificadora. Con tal propósito, los franceses planificaron la instauración de dos estados, poblados mayoritariamente por individuos “perseguidos” secularmente por el poder “suní”: el alauí, encuadrado en la zona destinada a Francia por el [tratado] Sykes Picot, fue declarado autónomo en 1920 y en 1922 pasó a estar formado por dos 104 HOURANI, La historia de los árabes, p. 396. 105 LÓPEZ GARCIA, El mundo arabo-islámico contemporáneo, p. 128. 106 THOMAS DE ANTONIO, “Francia y el Conflicto del Líbano”, pp. 646-647. 107 GUTIÉRREZ DE TERÁN, Ignacio, Estado y confesión en Oriente Medio: el caso de Siria y Líbano. Religión, taifa y representatividad, Madrid, Cantarabia, 2003, p. 87. 64 provincias (Lataquia, Tartús). Tenía 277.948 habitantes (según censo de 1925) de los que 176.285 eran alauíes; los drusos contaba 43.000 y estaba compuesto de una única provincia (Swayda) 108 . Los alauíes en su mayoría querían la unidad siria y protagonizaron una gran rebelión en 1925, en protesta por la intención de los franceses de fundar un Estado alauí separado del resto. En este movimiento de los alauíes del oeste montañoso de Siria participaron también drusos y kurdos, llegando la rebelión hasta Damasco; la revuelta fue dominada por las fuerzas francesas en 1927. El líder alauí Saleh Al-Ali había financiado la campaña contra los franceses con sus propios recursos y con las remesas de los inmigrantes sirios de Argentina. Estos fondos eran enviados a Líbano, de donde los hijos del Sheik Mohammed Ramadán Selman 109 , enfrentando los peligros del camino hasta Siria -controlado por los soldados franceses-, los llevaban al campamento del Sheik Saleh al-Ali 110 . En esta campaña, las mujeres alauíes tuvieron un papel destacado llevando el correo a los que peleaban en la montaña y ocupándose de los heridos 111 . El mantenimiento del espíritu de las confesiones por parte de los franceses manifestaba una gran contradicción con los principios laicos de la teoría política francesa y fue perjudicial para el futuro de las relaciones intercomunitarias en el marco de los nuevos estados. La política francesa contribuyó a aumentar las tensiones interconfesionales y la aparición de un sentimiento claro de “especificidad” dentro de cada comunidad (o dentro de una misma religión, como la islámica), en la que se tendió a agrandar las distancias entre los diversos grupos confesionales, y crear consejos legislativos propios para cada una de ellas. También hay que tener en cuenta que bajo el protectorado francés, no todas las comunidades religiosas tuvieron una misma posición frente a los asuntos “clave”, como el proyecto de Estado, la construcción nacional, las relaciones sociales 112 . Por desgracia, este fenómeno sigue hasta hoy día en Oriente Próximo. 108 Ibídem, p. 89. 109 Se trataba de una familia de la aldea de Sheik Badr, muy conocida en Yebal al-Nusayriya, la zona montañosa de Siria donde vivían alauíes y drusos. 110 AL-YUNES, Zaurat Al-Sheik Saleh al-Ali Abd al-Latif, La revuelta del sheik Saleh al-Ali [trad. propia del título original en árabe], Damasco, Dar al-Yakaza al-Arabia, s/fecha, p. 83. 111 Ibídem, p. 78. 112 GUTIÉRREZ DE TERÁN, Estado y confesión en Oriente Medio, p. 89 65 Fuera de la cuestión confesional, debemos mencionar otros aspectos relacionados con el periodo francés, como la cultura y la educación. Los sectores altos de las comunidades cristianas sirias y libanesas sentían un gran apego hacia lo europeo y en especial por lo francés, pero la gran mayoría de la población seguía un modo de vida oriental, ajena a ese modelo. En el plano de la educación, se impuso la enseñanza del francés en las escuelas, además de ser el idioma dominante en las distintas esferas de la vida pública, circunstancia que fue vista como una amenaza para la identidad árabemusulmana, predominante en buena parte de la población 113 . El Mandato francés, bajo los principios de “modernización” y “desarrollo”, impuso otras normas como, por ejemplo, el calendario laboral europeo, el saludo a la bandera tricolor y el himno nacional en las escuelas. Por otra parte, las misiones católicas enviadas a Siria y Líbano, tuvieron un papel importante en la discriminación entre los ciudadanos (cristianos y musulmanes), lo mismo que la actuación de las escuelas confesionales locales, favorecidas por el poder francés. Estas condiciones ahondaron las diferencias culturales en la sociedad, observándose una tasa alta de escolarización entre los jóvenes cristianos (que estudiaban en centros dependientes de las misiones religiosas francesas o de las iglesias cristianas locales), en contraste con el bajo porcentaje de escolares del sector musulmán. Las instituciones de enseñanza conducidas por extranjeros fueron ganando terreno, sobre todo en Líbano, donde a principios de los años 1940 controlaban toda la enseñanza universitaria y secundaria 114 . Otras reformas se aplicaron en el plano administrativo, en la sanidad y la justicia. En lo económico, se tendió a explotar los recursos de los territorios bajo el Mandato, pero sin atender a un desarrollo local autónomo con respecto a Francia. Algunas regiones se vieron afectadas por las nuevas pautas de producción según las exigencias de la industria francesa, sin que al mismo tiempo se mejorasen los medios tradicionales de producción. En la zona de montaña del sur de Líbano, por ejemplo, la introducción del cultivo masivo del tabaco y la separación de su entorno económico natural (Siria y norte de Palestina) produjeron consecuencias graves. Con relación a la situación del sector agrícola (no muy diferente a la del periodo otomano), el representante de una de las comunidades alauíes expresaba: 113 HOURANI, La historia de los árabes, p. 398. 114 Ibídem, p. 399. 66 La política de monopolio llevada a la práctica en la producción del tabaco, así como las medidas abusivas de los propietarios al servicio del Protectorado, abundaron en la sangría de unos bienes que el pueblo producía con el sudor de su frente en los campos de algodón, tabaco y trigo, en los morerales donde se criaba el gusano de seda y en los pastos donde pacía el ganado. Este dinero sustraído iba a parar a las manos de los verdugos, quienes lo dilapidaban en sus placeres personales y consagraban así su dominio sobre la clase trabajadora, la cual representaba para ellos la gallina de los huevos de oro 115 . La demanda intensiva de materias primas por la industria europea y los productos comerciales del tabaco y la seda estrecharon los vínculos entre los terratenientes locales y los representantes del Mandato. La situación provocó olas de protesta en Líbano, ante la decisión de renovar la exclusividad en la producción del tabaco a una sociedad francesa. Incluso el máximo representante de la iglesia maronita, aliada de los franceses, se unió al rechazo 116 . La nueva ordenación agraria de los años treinta afianzó la tendencia –como empezó a mostrarse en la época otomanade concentrar las tierras fértiles en manos de una reducida clase de notables leales al poder central. Algunos estudiosos consideran que incluso se quería convertir a Siria en el proveedor principal de grano y algodón del mercado interno francés. La política económica y comercial de los franceses no favoreció el desarrollo de los sectores productivos locales y tampoco el proceso de industrialización. Avanzada la década de los años ’30, el alto comisionado justificaba esta situación con el argumento de que las condiciones locales no permitían el desarrollo de ninguna industria moderna. A pesar de estas circunstancias, algunas ligeras mejoras comenzaron a apreciarse en ese tiempo debido a las inversiones extranjeras y al retorno de emigrados con poder económico que habían “hecho las Américas” 117 . En síntesis, en el periodo que va de 1918 a 1939 los franceses y británicos afirmaron su dominio del comercio y producción en Siria y Líbano. Sin embargo, los terratenientes y comerciantes locales pretendieron ejercer mayor control sobre estas actividades en beneficio de sus intereses. Por otra parte, las nuevas generaciones de jóvenes con instrucción aspiraban a convertirse en funcionarios del gobierno. Según Hourani, tales circunstancias favorecieron los movimientos de oposición al dominio extranjero que comenzaron en esta etapa, aunque aún carecían de una organización política sólida como para consolidar los reclamos nacionalistas. Sin embargo, el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial marcaría el inicio de un proceso que 115 DAHDAH, Nagib, Evolución histórica del Líbano, México, Oasis, 1964, p. 248. 116 Siria. Economía y Finanzas, v. 2, Damasco, Dirección General de Información, 1956, p. 84 117 HOURANI, Albert, Historia de los pueblos árabes, Barcelona, Ariel, 1992, p. 402. 67 finalmente fue a desembocar en la independencia de los territorios bajo el mandato. Un hecho fundamental fue la derrota de Francia en 1940 y el deterioro de su situación económica, quedando debilitada su posición, lo que en los países árabes alentó las expectativas nacionalistas 118 . En realidad, esta situación provocó fuertes crisis en los últimos años del mandato francés. En 1943 Líbano intentó limitar el control extranjero y en 1945 se produjo en Siria una reacción similar, provocando el bombardeo a Damasco. Posteriormente, con la intervención británica se llegó a entablar las negociaciones que permitieron la retirada conjunta de ambos países europeos (Francia y Gran Bretaña) de Siria y Líbano, quedando el camino libre para su independencia total 119 . Siria declaró formalmente su independencia en 1946 y Líbano, si bien la había obtenido en 1943, se consolidó como estado independiente en ese mismo año (1946), con la desocupación total de su territorio por parte de las fuerzas militares francesas. En síntesis, según hemos expuesto a lo largo de este primer capítulo, la historia de los sirios y libaneses durante el dominio otomano se caracterizó por unas circunstancias difíciles. Esto se originó en las circunstancias políticas y religiosas, a raíz de las reformas turcas que se realizaron en el siglo XIX bajo la presión de las potencias europeas, que provocaron el descontento en las diferentes comunidades religiosas, tanto cristianas como musulmanas, aunque por diferentes motivos. Una excepción fueron los suníes, que tenían el favor del gobierno otomano. Los conflictos religiosos (el de Monte Líbano en 1860 y otros), la obligación del servicio militar, las dificultades de los campesinos agricultores y la ola de migraciones internacionales que difundieron la promesa de “hacer la América”), causaron la emigración de sirios y libaneses (y otros grupos nacionales del Medio Oriente, en menor cantidad), que llegaron a formar colonias numerosas en varios países latinoamericanos, sobre todo en Argentina, que es el centro de nuestro estudio. 118 HOURANI, La historia de los árabes, pp. 400, 428-429. 119 Ibídem, p. 431. 68 CAPÍTULO 2. LAS MUJERES SIRIAS Y LIBANESAS BAJO EL IMPERIO OTOMANO Y EL MANDATO FRANCÉS 2.1. La situación femenina: notas introductorias Para llegar a valorar las transformaciones producidas en la vida de las mujeres sirio-libanesas como consecuencia del proceso emigratorio y de su inserción en el país de acogida, Argentina, es necesario conocer las condiciones de vida que tuvieron en su tierra de origen, en los planos de la vida familiar y social, así como sus posibilidades educativas. Contando con esta información y con la ayuda de los testimonios orales (que han sido recogidos, principalmente, por L. Asfoura y B. Vitar en sus trabajos sobre el grupo árabe en Tucumán), luego podremos ver en qué medida se conservan entre algunas comunidades costumbres muy arraigadas en lo que se refiere a las mujeres de las diferentes comunidades religiosas. En primer lugar, vamos a exponer algunas cuestiones sobre la posición de las mujeres sirio-libanesas, entrando en temas como el matrimonio y papel de la mujer en el hogar, el divorcio, la herencia y la dote, incluyendo también la educación femenina en Siria y Líbano durante el período estudiado. Consideramos que con esta información se tienen algunos elementos para conocer la situación que vivían las emigrantes sirias y libanesas en su tierra de origen y comparar con sus experiencias como inmigrantes en Argentina. Con este fin, es necesario plantear las diferencias y parecidos que existían entre cristianas y musulmanas. En el capítulo anterior hemos visto cómo las comunidades religiosas (millet) reconocidas por la ley otomana y luego francesa tenían autonomía en el plano administrativo interno y en asuntos religiosos, además de tener competencias judiciales y, sobre todo, para decidir sobre los asuntos que correspondían al estatuto personal (matrimonios, filiaciones, tutela de los menores, adopciones). Cada una de las confesiones se regía por sus propias normas; no obstante, existían a la vez leyes civiles, penales y comerciales aplicables a todos. La estructura social en esos territorios, con multiplicidad de credos, hizo que los derechos de la mujer dependieran, por una parte, de la ley islámica otomana y, por otra, de las tradiciones propias de cada una de las comunidades religiosas, que en general favorecían a los hombres. Vale la pena 69 mencionar que la situación de las mujeres sirias y libanesas no ha cambiado mucho hasta hoy día. Aunque teóricamente ellas han podido acceder a ciertos derechos como la educación o el trabajo, aún viven sometidas a las reglas masculinas, a las costumbres y a las tradiciones que impiden su pleno desarrollo. El gobierno turco acentuó la diversidad social y religiosa y llegó a provocar conflictos entre los diferentes grupos. Cada una de ellos se encerró en sí misma para defender su identidad étnico-religiosa, fomentando el aislamiento entre unas y otras sectas. La administración otomana fortaleció su posición en los países árabes mediante el empleo de la religión al servicio de la política y planteó la consigna de defender al Islam y a sus fieles. Así, se adoptó la religión suní como religión oficial, que fue una herramienta de lucha contra los chiíes, alauíes y cristianos. También contó con el apoyo de científicos y académicos, y los puso a su servicio para justificar las acciones del sultanato y su opresión de ciertos grupos, especialmente los chiíes y alauíes. Como señalamos en el capítulo anterior, la intervención de los países europeos debido a la debilidad del Imperio Otomano, agravó el problema del sectarismo y, aún actualmente perduran sus efectos en Oriente. Bajo la presión de las potencias de Occidente, que deseaban mostrarse como protectoras de las minorías, los turcos emprendieron una serie de reformas o Tanzimat (1839, 1853, 1876). Esas reformas buscaban modernizar el sistema jurídico de las diferentes sectas, con el fin de no dar pretexto a los europeos para intervenir en los asuntos del Imperio Otomano. Los súbditos del Estado quedaron divididos en función de sus creencias religiosas, a la vez que se concedió a los jefes de las respectivas comunidades muchos privilegios, en asuntos religiosos y también en distintos ámbitos de la vida social. De las reformas otomanas, nos interesa detenernos en las referidas a las mujeres dentro del Estatuto Personal, marco jurídico establecido tanto para las comunidades musulmanas como para las cristianas. Cada una de confesiones tenía sus normas, su representante legal, su sistema administrativo, la gestión de la propiedad y los cementerios, los textos legislativos y también su propio estatuto personal 120 . Sobre la base de lo anterior podemos preguntarnos: ¿cuáles eran los derechos de las mujeres en la sociedad islámica según el marco legal y en la práctica? Durante 120 JALLOUL, Hana, “El feudalismo político del sistema confesional libanés”, UNISCI, núm. 16, enero 2008, p. 181. Disponible en: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/unisci/revistas/UNISCI%20DP%2016%20-%20Jalloul.pdf [Consulta: 01/05/2015]. En este estudio no incluimos a la comunidad judía, ya que durante el periodo analizado la mayoría de los inmigrantes sirios-libaneses en Argentina fueron alauíes y cristianos. 70 muchos siglos y salvo pocas excepciones, las mujeres árabes –e incluso las de los países occidentalesvivieron en una sociedad patriarcal y sin derecho alguno; eran los hombres quienes imponían las leyes que las ponían en un lugar secundario. Con relación al sistema jurídico musulmán y la situación de las mujeres de este sector religioso, debemos tener en cuenta, fundamentalmente, el texto del Corán. Y en este punto resulta citar el estudio de Roser Nebot sobre las traducciones del árabe de textos referidos al mundo islámico, y en especial, de su libro sagrado: El paradigma orientalista ha sido, hasta el momento, la única fórmula que Occidente ha perfilado para la recepción del Islam. Ello condiciona el conocimiento que se tiene de su realidad ideológica y de civilización. Y también, por supuesto, la traducción de los textos autoritativos del Islam, en particular el Corán. En estas condiciones, la asunción de los presupuestos orientalistas puede llevar no a la traducción de dichos textos, sino a su des-traducción, en el sentido de sustituir el significado real de los textos originales por el significado que el traductor de dichos textos (en especial el Corán) pretende darles con base en sus propias creencias y elucubraciones 121 . En resumen, como indica el autor antes mencionado: “[…] hasta ahora, las traducciones del Corán al español (sobre todo las parciales) reflejan más las mentalidades y las posturas frente al Islam que los significados de sus enunciados” 122 . Aunque en Occidente se suele pensar lo contrario, el Islam y los principios establecidos en su libro sagrado, el Corán, trajeron una mejora en la situación femenina, en comparación con la que existía antes. Como señala Pérez Beltrán: El Corán introdujo ciertos elementos que posibilitaron cierta relajación o debilitación de las férreas estructuras patriarcales, así como un nuevo modelo social, de carácter urbano, destinado a sustituir los valores y vínculos del sistema tribal, que existían hasta ese momento, por un nuevo orden moral y político. Entre otras cuestiones porque el modelo tribal de poco servía para una incipiente comunidad formada por elementos procedentes de diversas familias y por tanto, el elemento de cohesión social debía estar fundamentado en otros valores supra-tribales, como: una misma creencia y una misma jefatura político-religiosa 123 . En especial, destacamos el cambio en la concepción que produjo el Corán sobre la mujer, ya que han sido las interpretaciones erróneas de este libro las que crearon una idea diferente en el mundo occidental. El texto coránico proclama la igualdad entre 121 ROSER NEBOT, Nicolás, La des-traducción del Corán: recurso sustitutivo de la traducción. El asunto de amr, Anaquel de Estudios Árabes, 2010, vol. 21, p. 99. Disponible en: https://revistas.ucm.es/index.php/ANQE/article/view/ANQE1010110099A/3524 [Consulta: 08/12/2015]. 122 Ibídem, p. 104. 123 LÓPEZ BELTRÁN, Carmelo, “Mujer árabe, cambio social e identidad islámica”, Derecho y religión, nº 1, 2006, pp. 239-262. Disponible en https://www.academia.edu/239547/Mujer_%C3%A1rabe_cambio_social_e_identidad_isl%C3%A1mica. [Consulta: 14/08/2015] 71 hombres y mujeres en el tema de las responsabilidades y los deberes. En el texto coránico se dice que los derechos de todas las personas son sagrados y deben ser respetados; todos estos derechos son comunes a hombres y mujeres sin ninguna distinción. No solo el Corán sino también todas las religiones proclaman el respeto a los demás, ya sea hombre o mujer 124 . Pero, hay que lamentar, la mayoría de los hombres incluso los muy religiosos, que se rigen por los principios de su fe, cuando toca el tema de las mujeres muestran su ignorancia y apego a costumbres muy arraigadas. El derecho musulmán comprende la ley islámica o sharia; según Hourani, esta ley era más precisa en las cuestiones relacionadas con el estatuto personal (matrimonio, divorcio, herencia) y menos en los asuntos penales, litigios comerciales y constitucionales 125 . Los derechos de la mujer musulmana están fijados por la ley islámica y no son aplicables a las mujeres de otras religiones, de modo que las cristianas quedaban sujetas a su propio sistema jurídico, ortodoxo o católico. Sin embargo, en todas las religiones los derechos de las mujeres estuvieron condicionados por factores socioeconómicos, culturales y según viviesen en zonas urbanas o rurales. En cuanto a esto último, Hourani sostiene que, a pesar de los cambios producidos en la vida urbana en los inicios del siglo XX, al aumentar la emigración del campo a la ciudad, seguían siendo escasos los matrimonios entre personas de diferente credo 126 . Tanto la religión musulmana como la cristiana presentan un carácter patriarcal, lo que se refleja en la aplicación del estatuto personal y, especialmente, en los artículos del derecho civil relativos a los derechos de la mujer. Bajo el régimen otomano, las mujeres se hallaban bajo la tutela permanente de su padre o de su marido; tampoco podía disponer de sus bienes, testar o ejercer otra actividad fuera del mundo doméstico. En el caso de las solteras, estas no podían elegir a su futuro esposo o contraer matrimonio sin el consentimiento previo del tutor. Esta situación de la mujer continuó por mucho tiempo, sin que existiera ningún cambio en la práctica, a pesar de que hubo quienes se manifestaron en defensa de sus derechos, como algunos grupos intelectuales y los movimientos nacionalistas. Pasada la primera mitad del siglo XX y siguiendo el ejemplo de Egipto (de unificación de las disposiciones jurídicas referidas al estatus personal), Siria sancionó 124 PINTOS DE CEA-NAHARRO, Margarita Mª (ed.), Las mujeres en las religiones, Madrid, Civilización Global, 2011, p. 112. 125 HOURANI, La historia de los árabes, p. 153. 126 Ibídem, p. 410. 72 en 1953 un Código de Estatuto Personal basado en cinco fuentes: el derecho de familia otomano; las leyes egipcias con algunas modificaciones; el estatuto personal del jurista egipcio M. Qadri Pacha 127 y normas extraídas de otras escuelas jurídicas como la hanafí. En Líbano hay quince estatutos personales específicos para cada comunidad religiosa, todos ellos comprendidos en el Código de 1948 128 . 2.2. El matrimonio. Formas y disolución del vínculo entre los esposos Un aspecto fundamental para conocer los derechos femeninos es el matrimonio, para el cual se firmaba un contrato que establecía una serie de condiciones. El matrimonio funcionaba –aún hoycomo un contrato civil y religioso entre un hombre y una mujer, con el fin de legalizar un vínculo de vida en común y con vistas a la procreación; este contrato se basa esencialmente en la oferta y la aceptación, como en todos los contratos civiles. Ambas se hacen por medio de las fórmulas orales fijadas por la costumbre. En el caso de los cristianos, los sacerdotes cumplieron un papel importante en los contratos matrimoniales, ya que tenían libertad para frecuentar las casas de las familias e informarse acerca de los hijos en edad de casarse. A veces, las madres se encargaban de buscar novias para sus hijos varones, como era el caso entre los musulmanes; al encontrar a la mujer adecuada, el padre o tutor del joven, con algunos familiares y un sacerdote se presentaban en la casa de la joven elegida para formalizar la petición de mano. Un hombre musulmán podía proponer matrimonio a cualquier mujer libre de impedimentos para casarse, aunque las uniones no estaban permitidas en el caso de existir ciertos grados de parentesco entre los futuros esposos 129 . Dentro de las 127 AL-SABONI, Abdul Rahman, La historia de la legislación islámica [trad. Hecha por la autora del título original en árabe], El Cairo, Wahba, 1905, p.108. 128 RUIZ ALMODÓVAR, El Código Libanés de Estatuto Personal, p.199. 129 Para más detalles sobre los impedimentos para contraer matrimonio, véase MAÍLLO SALGADO, Diccionario de Derecho Islámico, Gijón, Trea, 2005, p. 144, y la Sura 4: “Las Mujeres”, versículo [aleya] 23, en: El Corán, Edición preparada por Julio Cortés, Barcelona, Herder, 1998, pp. 151-152. Las ediciones oficiales del Corán contienen 114 capítulos o suras, ordenadas cronológicamente según cuándo fue predicada, incluyendo cada una de ellas un número determinado de aleyas o versículos (ibídem, p. 32). En adelante, en todas las citas del Corán, remitiremos a la edición cuya referencia figura en esta nota. 79 no existe una prohibición expresa tanto en el Corán como en la Sunna (enseñanzas del Profeta). Entre las historias de vida recogidas por Shaaban, aparece el tema de los matrimonios mixtos, como el de una mujer que decidió casarse para huir de la casa de sus tíos, bajo cuya custodia vivía: Mi tía me presentó por primera vez a mi marido cuando yo tenía diecisiete años. […] Cuando se me declaró, mi familia cercana reaccionó negativamente, porque él y yo pertenecemos a sectas religiosas totalmente diferentes e incluso antagónicas, creo que si mi padre hubiera estado vivo podría haberme matado. Pero en aquel momento, todo lo que sabía era que quería dejar mi casa a cualquier precio y que la gente cuando se casa normalmente abandona la casa de sus padres. Pero a pesar de mis insistentes ruegos, nada ocurrió: mis tías y mis tíos no permitieron que nada tuviera lugar. […] Es lo que ocurre en todas las familias numerosas, ellos pueden prohibir, pegar e incluso matar, pero nunca ofrecerán amor, afecto o incluso ayuda. Para la mayoría de las mujeres árabes tener muchos parientes solo significa una cosa: un extra de autoridad masculina 143 . La autora antes citada habla también de su propia experiencia, al casarse (contra los deseos de sus padres) con un hombre iraquí: Cuando decidimos contraer matrimonio, me sentí obligada a consultar previamente a mi padre dada la responsabilidad social que había adquirido al darme su aprobación para viajar. No podía, naturalmente, decirle que me iba a casar en Gran Bretaña, ya que eso hubiera sido considerado […] un crimen grave. Una vez conocido [por sus padres, en Siria] el hombre que había escogido, ellos se obstinaban desesperadamente en que lo abandonara, aparentemente a causa de las diferencias de nacionalidad y religión entre nosotros. Estas dos cuestiones eran, empero, simples pretextos para algo mucho más profundo. El verdadero problema era que yo me convertí en la primera mujer que ellos conocían que había escogido su marido independientemente de los deseos de su padre y sus hermanos. […] Aunque todos mis hermanos mayores se habían casado con mujeres elegidas libremente, y habían invitado a mi padre a sus respectivas bodas, todos me negaban ese mismo derecho por el simple hecho de que ellos eran hombres y yo una mujer. Esto no lo aprobaban y yo me rebelé. […] Finalmente, mi padre me dio un ultimátum: o abandonaba al hombre que yo había escogido, o dejaba mi hogar para no volver a ver a mis padres de nuevo. Así que di a mi familia unúltimo adiós y me marché a Homs donde me casé en una simple ceremonia civil. […] De algún modo me convertí en pionera para una generación más joven, que recogió los frutos de mi sacrificio. […] Si bien la batalla con mi familia por mi matrimonio fue la más amarga y decisiva, no fue en verdad a única que hube de entablar como mujer. Todas aquellas luchas estaban estrictamente relacionadas con el hecho de ser mujer 144 . La poligamia y el divorcio 143 SHAABAN, Bouthaina, Mujeres árabes hablan de sus vidas [Traducción de Reyes Gallur], Granada, Fundación El Legado Andalusí, 2003, pp. 113-114. Bouthaina Shaaban formó parte del gabinete sirio como ministra de Inmigración y es en la actualidad asesora de Comunicación del gobierno de Bachar AlAssad. 144 Ibídem, pp. 23-25. 80 Uno de los rasgos característicos del matrimonio islámico es la poligamia. Sin embargo, se puede observar que en el mismo texto del Corán a la vez que se permite esta práctica, se advierte sobre sus efectos. Por un lado, considera legítimo que el hombre pueda tener hasta cuatro esposas, en la medida que a todas les brinde buen trato, en lo material y en lo afectivo: "[…] casaos con las mujeres que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero, si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas” 145 ; aunque en la misma Sura, en el verso 129 se advierte: "No podréis ser justo con vuestras mujeres, aún si lo deseáis” 146 . Dentro del Islam, la poligamia exige el consentimiento de la primera esposa. También, al hacer el contrato de matrimonio las mujeres pueden solicitar que se incluya la prohibición de que su futuro esposo tome otra mujer, siendo esto legítimo ante la ley 147 . Sin embargo, la mayoría de las mujeres sirias y libanesas no conocían este derecho, debido a su analfabetismo; incluso pasa en la actualidad, a pesar de haber más mujeres que han tenido acceso a la educación. Las normas establecen la igualdad de las esposas de un hombre en cuanto a disponer de una vivienda (cada una de ellas deberá vivir en la suya propia), el derecho a tener cubiertas sus necesidades materiales y afectivas y a recibir la dote 148 . El siguiente verso del Corán establece esta igualdad de trato para evitar perjuicios a las mujeres de un mismo esposo: "Así pues, no os inclinéis tanto a una que la otra quede como que tiene y no tiene marido 149 . La poligamia es una alternativa al divorcio cuando existen problemas matrimoniales, pero también en el caso de que la mujer estuviese enferma o fuese estéril, la ley permite al hombre casarse con otra, cuidando de la primera si esta opta por seguir con él. También es frecuente tomar una segunda esposa cuando la primera no hubiese dado a luz hijos varones. La importancia dada a la descendencia masculina puede observarse entre los inmigrantes e incluso entre los hombres sirios y libaneses de la segunda generación en Argentina, y así también en otros países latinoamericanos que 145 El Corán, Sura 4: “Las mujeres”, versículo 3, pp. 148-149. 146 Ibídem, versículo 129, p. 166. Este versículo fue revelado después de la batalla de Uhud, en la que murieron muchos musulmanes dejando viudas y huérfanos, que quedaron a cargo de los sobrevivientes. Una forma de proteger a estas viudas y huérfanos fue el matrimonio. El Corán formuló esta recomendación y dio esa opción para proteger los derechos de los huérfanos e impedir que los tutores fueran injustos con sus pupilos. En [Imam] AL-TABARI, Ibn Jarir, L’exégèse du Saint Coran, Beirut, Dar Al-Kotob Al-Ilmiyah, 2009. 147 BRAMON, Dolors, Ser mujer y musulmana, Barcelona, Ed. Bellaterra, 2009, p. 92. 148 RUIZ ALMODÓVAR, El Código Libanés de Estatuto Personal, p. 207. También en MAÍLLO SALGADO, Diccionario de Derecho Islámico, p. 382. 149 El Corán, Sura 4: “Las mujeres”, versículo 129, p. 153. 81 recibieron a los inmigrantes árabes. Como sostiene Vitar, en el caso de los grupos árabes que emigraron, “el modelo de familia numerosa va unido también a la preferencia por el primogénito varón, considerado el pilar para el sostenimiento del patrimonio familiar amasado a lo largo de la trayectoria laboral del inmigrante” 150 . Cuando el número de mujeres es mayor que el de los hombres, la poligamia es vista además como el medio de impedir que las solteras caigan en relaciones no aconsejables, “corrompiendo” a la sociedad, además de prevenir el adulterio y la prostitución 151 . Otro factor que lleva a veces a la práctica poligámica es la insatisfacción sexual del hombre con la primera esposa, ya que “el hombre es esclavo de sus deseos básicos y la mujer es cautiva de su amor 152 . Además, el Islam prohíbe las relaciones durante el ciclo menstrual de la mujer. Mutahhari expone al respecto que “la mujer en Oriente llega a la pubertad a edad más temprana que el hombre y se vuelve vieja más rápidamente, debido a esto el hombre siente necesidad de una segunda y tercera mujer” 153 . En relación con la poligamia, presentamos el testimonio publicado por B. Shaaban sobre una mujer siria (Om Muhamad), que sufrió el maltrato de su marido y el desprecio de la sociedad, además de confirmar muchos de los aspectos que antes señalamos sobre la falta de derechos de las mujeres; la razón por la que seleccionamos un fragmento extenso del relato de esa mujer es la importancia de lo que cuenta y su interés para ilustrar sobre los diversos aspectos que comentamos en lo que se refiere a la situación femenina: Yo soy analfabeta. No fui a la escuela porque en mi época no había ninguna. Durante la ocupación francesa, lo que todos los pueblos tenían era un Sheikh que enseñaba el Corán a unos pocos chicos que estaban interesados; a las niñas no se les permitía asistir […]. Siento que no me he criado en casa de mis padres. Recuerdo haberla abandonado cuando era una niña, ya que me casé a la edad de doce años por lo que, prácticamente, no tengo ningún recuerdo de mi niñez. […] Cuando un desconocido pidió mi mano, yo me negué rotundamente, no porque supiera lo que significaba el matrimonio, sino porque no quería dejar a mis padres para irme con un desconocido a un lugar igualmente ignoto. Mi padre me pegó y me obligó a irme con aquel completo desconocido. Cuando llegué a su casa me di cuenta de que tenía dos suegras y de 150 VITAR, Beatriz, “Inmigrantes sirios y libaneses en Argentina, Venezuela y Colombia. Memoria e identidad a través de testimonios orales”, en: Pérez Murillo, Mª Dolores (coord.), Las migraciones contemporáneas: Andalucía y América Latina. Aportes desde la historia oral, Sevilla, Padilla Libros, 2012, p. 187. Respecto a la preferencia por el hijo varón, en este trabajo que citamos, B. Vitar incluye el curioso testimonio de una mujer venezolana (de padre sirio musulmán y madre perteneciente a una etnia nativa: los Wayúu): “Yo fui criada como varón, porque yo soy la mayor. Mi papá no quería tener hijas hembras” (ídem). 151 BRAMON, Ser mujer y musulmana, pp. 93-94. 152 MUTAHHARI, Murtada, Los derechos de la mujer en el Islam [traducción Embajada de la R. I. de Irán en Madrid], Qom (Irán), Editorial Elhame Shargh / Fundación Cultural Oriente, 2012, p. 83. 153 Ibídem, p. 342. 82 que no sería capaz de vivir con ellos. Así que en menos de dos meses volví a casa de mi familia, que para entonces ya había tomado conciencia del irreparable daño que me habían causado. Mi padre tuvo que pagar mucho oro para poder liberarme de ese matrimonio. En ese tiempo, nuestro vecino, un rico granjero, se había interesado por mí. Ya estaba casado, pero se quejaba de que su esposa no lo entendía. Mi padre rápidamente aceptó que nos casáramos porque nuestro vecino le ofreció pagarle todo el oro que mi padre había tenido que dar para conseguir el divorcio de mi primer marido. Así que pronto estuvimos casados y, desde el día de mi boda (hace cuarenta y ocho años), he vivido el más absoluto infierno. Ya me había divorciado una vez, y si volvía a pedir el divorcio, la gente comenzaría a murmurar sobre mí […]. Tenía que trabajar todo el día, cada día de mi vida, sin que el estar embarazada o acabara de tener un hijo importarse en absoluto. Tenía que darle de comer a las ovejas, ordeñarlas, hacer el queso y la mantequilla, así como los demás productos lácteos. Asimismo, tenía que cultivar algodón, verduras, viñas y melones, cuidar de los árboles frutales y recoger sus frutos […]. Lo mismo le ocurría a su otra esposa. [Al comienzo] su primera esposa y yo nos tratamos como enemigas. Sin embargo, a medida que fuimos conociéndonos, empezamos a llevarnos muy bien. Trabajábamos juntas, comíamos juntas, cuidábamos de nuestros hijos y disfrutábamos mutuamente de nuestra compañía. Así que decidí que en lugar de dejar a mi marido y casarme con otro hombre que podría resultar ser igual de malo, haría mejor viviendo mi vida amigablemente junto a esta mujer. Por su parte, ella solía decirme: “Las dos estamos en el mismo barco, […] ambas estamos condenadas a vivir con este horrible hombre, así que mejor será que nos ayudamos y nos cuidemos la una a la otra”. En esos momentos nos olvidábamos de él por completo. [Él] no tenía ni la menor idea de lo que sentíamos, decíamos o hacíamos; es más, ni siquiera tenía el menor interés en saberlo. Nos trataba por igual en el sentido de que nunca nos dio dinero alguno para comprar comida o ropa para nosotras y nuestros hijos Aunque solíamos trabajar todo el año, no teníamos derecho a coger ni un solo grano de trigo. Para él tan solo existía la granja en tiempo de la cosecha, cuando vendía todo el trigo y la cebada, pero sin darnos ni un céntimo 154 . En cuanto al divorcio, el Islam permite la ruptura de la unión matrimonial por iniciativa masculina (repudio). Según dice el Corán: “Si se deciden por el repudio, Dios todo lo oye, todo lo sabe” 155 . En el divorcio los procedimientos son diferentes para el hombre y la mujer. El hombre que quiere divorciarse de su mujer no está obligado a recurrir a los tribunales; basta con que exprese su voluntad, diciendo a su esposa: "Me divorcio de ti", pero debe registrarlo en un plazo de treinta días para que tenga valor legal. El derecho de los hombres a romper el vínculo conyugal se basa en la idea de que, al contrario de las mujeres (consideradas como menos racionales y guiadas a menudo por las emociones, y por lo tanto más inclinadas a romper la relación matrimonial ante cualquier dificultad), ellos son más racionales y pacientes y no deciden la ruptura hasta llegar a un límite no sostenible. Sin embargo, el derecho de repudio no es absoluto, sino que está sujeto a una serie de condiciones, por ejemplo, cuando no existen motivos válidos; por otro lado, el esposo debe asumir las cargas materiales derivadas de su decisión. 154 SHAABAN, Mujeres árabes hablan de sus vidas, pp. 97-98. 155 El Corán, Sura 2: “La vaca”, versículo 227, p. 111. 83 Las mujeres pueden recurrir al juez para solicitar el divorcio cuando sufren daños psicológicos y materiales, por ausencia injustificada del esposo o en caso de estar este encarcelado por cumplimiento de una pena superior a tres años. Otras causas de divorcio son el impago de la manutención por parte del marido, o bien la existencia de alguna enfermedad de este que impida consumar el matrimonio, aunque en tal caso el juez puede aplazar la separación por un año y esperar a la cura del enfermo; si el plazo se cumple y persiste la enfermedad del marido, el juez dictaminará la separación. La existencia de defectos físicos (tales como la ceguera o la cojera) no son causas de separación 156 . El divorcio genera muchos gastos a la mujer, al tener que contratar a un abogado, presentar pruebas y testigos y luego someterse a la mediación obligatoria, o sea la intervención de su familia y la del marido para llegar a un arreglo. Por eso la mayoría de las mujeres prefieren pedir la separación ya que no requiere presentar pruebas, aunque deben renunciar a la pensión alimenticia y a la dote. Por lo general, la sociedad no apoya a las mujeres, especialmente cuando tienen hijos, no trabajan fuera del hogar y pertenecen a una familia pobre, circunstancias que las llevan a soportar su situación en vez de pasar por el trámite del divorcio 157 . Actualmente en Siria, la mayoría de los hombres de la comunidad alauí no se divorcian sino que separan de su esposa, la que a menudo está obligada a vivir en casa de uno de sus hijos o volver a la casa de sus padres, donde por lo general viven sus hermanos varones con sus mujeres. En relación a esto podemos citar el testimonio de Om Muhamad, que explica las razones de su decisión de no divorciarse: No quise divorciarme, porque tendría que haber soportado toda clase de presiones sociales y murmuraciones. […] la separación está más aceptada socialmente que el divorcio. Si estás separada se sobreentiende que no quieres volver a casarte, pero si estás divorciada se considera que estás dispuesta a pescar a otro mejor que el anterior y la gente quiere saber, incluso antes que tú misma, quién es ese otro hombre 158 . A su vez, el testimonio de Amal, hija de Om Muhamad (licenciada en Derecho por la Universidad de Damasco), también recogido por Shaaban, nos permite constatar la posición de las mujeres sirias frente al divorcio: 156 MAÍLLO SALGADO, Diccionario de derecho islámico, p. 404. 157 AL DBIYAL, Mohamad, “La mujer y la familia en Siria”, en Bessis, Sophia y Martín Muñoz, Gema (ed.), Mujer y familia en las sociedades árabes actuales, Barcelona, Bellatera, 2010 p. 271. 158 SHAABAN, Mujeres árabes hablan de sus vidas, p. 101. 84 Nuestros estudios son básicamente teóricos. No se ha hecho ningún esfuerzo por acercar la ley a nuestra realidad social. Por ejemplo, según la ley, cuando un hombre se divorcia de su esposa, está obligado a proporcionarle una casa para ella y sus hijos, y entregarle una cantidad en concepto de manutención. Por el contrario, si es la esposa la que solicita el divorcio, no goza de ninguno de los anteriores derechos. Por ello, ningún hombre quiere solicitar el divorcio, así que hacen la vida imposible a sus esposas a fin de forzarlas a pedir el divorcio, con independencia de que lo puedan o no obtener. Esta es una sociedad regida por hombres, en la que todo, incluida la ley, está a su servicio. Todos los jueces son hombres y una gran mayoría no simpatizan con las causas de la mujer, por lo que tratan de interpretar la ley a su favor, casi siempre con éxito 159 . Entre los cristianos, una de las partes podía solicitar al juez la separación cuando ocurrían las siguientes causas, aportando las correspondientes pruebas: adulterio; demencia incurable de uno de los cónyuges que impida la continuación de la vida conyugal o bien el padecimiento de enfermedades como sífilis o epilepsia que se manifiesten después del matrimonio; existencia de una condena superior a cinco años de prisión por delito criminal por parte de uno u otro cónyuge; ausencia o abandono durante cinco años de uno de los miembros de la pareja, sin conocimiento de su paradero. También, en el caso de que uno de los cónyuges cometa actos que pongan en peligro la vida del otro 160 . 2.3. La dote y la herencia Los procedimientos del contrato matrimonial aplicados a los no musulmanes incluían también el pago a la novia de la dote adelantada (en el momento del contrato) y de la “aplazada” (que se abonaba en caso de divorcio). La entrega de dinero u otros bienes (dote) es un derecho de las mujeres y también un requisito que debe cumplir el novio para que el contrato matrimonial tenga validez 161 . La ley islámica no especifica la cantidad de la dote, 162 pero tradicionalmente debía estar acorde con la posición social y económica de la esposa. Entre los cristianos de Siria y Líbano las reglas de la dote son similares a las del Islam y de la sharia, siendo también una condición para legalizar el 159 Ibídem, p. 104. 160 RUIZ ALMODÓVAR, Código Libanés de Estatuto Personal. 161 ZOMEÑO, Amalia, Dote y matrimonio en Al-Andalus y el Norte de África: estudio sobre la jurisprudencia islámica medieval, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2000, p. 23. 162 Ibídem, p. 25. 85 matrimonio 163 . En la medida en que era una donación que recibía, la mujer podía disponer libremente de la dote; el Corán dice al respecto: “Dad a vuestras mujeres su dote gratuitamente. Pero, si renuncian gustosas a una parte en vuestro favor, haced uso de ésta tranquilamente” 164 . La mayoría de las dotes no sobrepasaban las 10 piastras 165 ; donde se registraban los valores más altos de las dotes era entre las mujeres cristianas en la ciudad de Alepo (50 piastras), y los más bajos estaban en torno las 5 piastras. La rebaja del monto de la dote se debía en ocasiones a la mala situación económica en ciertas épocas del dominio otomano, aunque es probable que algunas personas decidieran no demostrar su verdadero estado financiero en el Juzgado al registrar el contrato, para evitar el pago de los impuestos 166 . Las dificultades económicas a causa de la sequía, la escasez de alimentos y la inseguridad vivida durante el dominio otomano y también durante el Mandato francés, llevaron a las familias a forzar a sus hijas menores de 18 años a casarse, como medio para conseguir una dote que les permitiese mejorar la situación familiar. Amina, la nieta de Om Ahmad, nos contaba que el padre de su abuela se vio forzado a casar a sus cinco hijas menores para conseguir sus dotes y así pagar sus deudas y alimentar al resto de la familia 167 . Tal como sucedía en el pasado, hoy muchas familias –sobre todo en zonas ruralesconsideran la dote como una compensación por los gastos hechos por los padres en la crianza de sus hijas. Abu Luai, nacido en 1937, nos comentaba: “Pagué al padre de mi primera esposa una dote de 10 piastras para casarme con ella. En aquel tiempo se consideraba que después del compromiso matrimonial de una hija, el padre debía ser compensado por lo que gastó en su manutención mediante la dote aportada por el novio 168 . Esta costumbre sigue manteniéndose entre algunas familias sirias-libanesas hasta hoy día. Al mismo tiempo que recibe la dote, la mujer está obligada a obedecer al esposo en función de la qawama (poder del hombre sobre la mujer). La autoridad masculina 163 SAYED, Mohammad Sameh, El Estatuto Personal en la República Árabe de Egipto. Disponible en: http://mohamoon.arabblogs.com [Consulta: 04/05/2015]. 164 El Corán, Sura 4: “Las mujeres”, versículo 4, p. 149. 165 Piastra: Moneda de plata, de valor variable según los países que la usan (DRAE). 166 MILAD, Salua Ali, Wazaák ahl al-zema fi alaser al-uzmani wa ahmiatoho al tarijiah [Documentos sobre los no musulmanes en la época otomana y su importancia histórica], El Cairo, Dar al Zkafah, 1983, pp. 90-92. 167 Testimonio de Amina, nieta de Om Ahmad, recogido por la autora de esta Tesis en una visita a la aldea de Enab (provincia de Hama), en abril de 2013. 168 Testimonio de Abu Luai, recogido por la autora de esta Tesis en la aldea de Enab (Síria). Abril de 2013. 86 está relacionada también con lo que invierte en la manutención de la esposa, debiendo esta a su vez ocuparse de las funciones domésticas, cuidando la economía del hogar. El Corán dice al respecto: […] Las mujeres virtuosas son devotas y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Alá manda que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas. Alá es excelso, grande 169 . Debido a la interpretación de esta Sura, que legitima el poder masculino, la mujer ha quedado reducida a una condición de esclava del esposo; además de obedecerle, no puede ausentarse del hogar sin su permiso 170 . Según la Sura 4 antes citada, la pensión alimenticia de la esposa es considerada como una recompensa a sus servicios al esposo y dedicación al hogar. Las mismas madres aconsejan a la hija obedecer al esposo, satisfacerlo y además soportarlo. El hombre puede llegar a castigarla en caso de desobediencia, debido a la autoridad que ejerce sobre la mujer, un poder que en gran parte está basado en la manutención, como antes señalamos. En virtud de la obediencia, la mujer tiene también el deber de la hospitalidad, recibiendo como es debido a los invitados del esposo. Con relación a esto, Salwa nos contaba que su abuelo, licenciado en Derecho, tres días después de su boda, fue a hablar con sus suegros para comunicarles su decisión de divorciarse porque su esposa no atendió a sus primos como debía 171 . El poder del esposo sobre la mujer y la jefatura de la familia son considerados un derecho sagrado e inviolable del hombre; aun cuando no cumpla con la función de mantener la familia, seguirá disfrutando de esa autoridad. Esto es una trasgresión de la regla que dice que: “A todo derecho le corresponde un deber”. A pesar de que estamos hablando de la ley islámica, tampoco en las comunidades cristianas las mujeres han tenido mejor situación debido a las costumbres y normas impuestas en sus propias comunidades. Entre los musulmanes, la herencia es un derecho legítimo de hombres y mujeres, según el ordenamiento fijado en el Corán; es un derecho basado en la relación conyugal y de parentesco: “Sea para los hombres una parte de lo que los padres y parientes más 169 El Corán, Sura 4: “Las Mujeres”, versículo 34, p. 153. 170 MAÍLLO SALGADO, Diccionario de Derecho Islámico, p. 302 171 Testimonio recogido por la autora de esta Tesis en la aldea de Enab. Abril de 2013. 87 cercanos dejen; y para las mujeres una parte de lo que los padres y parientes más cercanos dejen. Poco o mucho, es una parte determinada” 172 . La herencia no se reparte de modo igual entre hombres y mujeres, es sobre la base de la diferencia de funciones y deberes que corresponden a unos y otras dentro de la familia. Los hombres son responsables de mantener a sus esposas e hijos y a cualquier otro pariente necesitado que tenga a su cargo; por su parte, las mujeres tienen el derecho de administrar por sí mismas sus bienes e inversiones y de ocuparse y mantener las retribuciones del esposo y además no tienen responsabilidad económica alguna. Todas las mujeres de la familia del difunto (esposa, hija, madre y hermana) reciben una parte de la herencia, según su grado de relación con aquél. Uno de los aspectos importantes es que a la hija le corresponde la mitad de lo que toca a su hermano: "Dios os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos hembras”. Si no tiene hermanos varones y es hija única, recibirá la mitad de la herencia, de modo que en estos casos la mujer hereda más que el hombre, porque la hija del difunto hereda la mitad de sus bienes mientras que los padres del difunto un sexto de la herencia” 173 . Otras disposiciones sobre la herencia se detallan en la Sura 4 (versículos 11 y 12) 174 . En la vida real la mujer no recibía nada, pues generalmente se imponía la voluntad del hombre, disponiendo de modo injusto el reparto de herencia, además de incumplir con la responsabilidad de la ayuda económica a sus parientes mujeres y de su manutención hasta que se casaban. La mayoría de ellas no hacía nada, se quedaban con los brazos cruzados lamentándose, por no arriesgarse a cortar con la familia por querer defender su derecho de herencia ante los tribunales. La tradición ha sido más fuerte que la ley y sigue hasta hoy día; podemos decir que la causa real de la privación de la herencia a la mujer fue evitar el traspaso de la propiedad de una familia a otra. Durante el período otomano las comunidades religiosas en Siria y Líbano formaban grupos cerrados de tipo tribal, practicándose el matrimonio endogámico; en ese contexto, la herencia femenina y la exogamia se consideraban 172 El Corán, Sura 4: “Las Mujeres”, versículo 7, p. 149. 173 Ibídem, versículo 11, p. 149. 174 Ibídem, pp. 149-150. 88 causas del debilitamiento y destrucción de las comunidades 175 . Según dice Murtada Mutahhari: De acuerdo a las ideas antiguas, el papel de la mujer en el nacimiento de un hijo era insignificante. Se la consideraba simplemente como el contenedor donde se desarrollaba el esperma del hombre y de donde salía el hijo. Por esta razón, creían que los hijos de sus hijos eran la sucesión del hombre y así resultaban parte inseparable de la familia. Por otro lado, los hijos de sus hijas no eran hijos de ellas sino de los maridos y pertenecían a las familias de los yernos. Consecuentemente, si una hija heredaba y después sus hijos heredaban de ella, daba lugar a una situación por la que la riqueza de una familia pasaba a otra distinta. 176 Lamentablemente esto ocurre hasta hoy entre los grupos confesionales de Siria y Líbano. En una sociedad machista, las mujeres no rompen la tradición sino que además educan a sus hijos en esta mentalidad. Un ejemplo es la historia de Om Ali, a la que hemos entrevistado en Siria: Tengo cuatro hermanos varones y tres hermanas. Mi padre tenía una casa grande donde vivíamos, y una tienda en el centro de la ciudad. Cuando se casó mi hermano mayor, mi padre se encargó de construir un piso encima del nuestro para él y luego construyó la tercera planta para mi otro hermano y su esposa. Mi hermana mayor se casó con mi primo que era muy rico, mis otras hermanas y yo hemos contraído matrimonios pobres. Más tarde mi padre se puso muy enfermo, le dijo el médico que le quedaba muy poco de vida. Así, mis hermanos, con el apoyo de mi madre, trajeron un notario para hacer un contrato de compraventa de todo lo que poseía mi padre y ponerlo a sus nombres. De este modo, se ha privado a las chicas de sus derechos de herencia. Cuando pedí a mi madre mi herencia, me gritó y me amenazó con dejar de hablarme e ignorar a mis hijos, porque nunca había habido en mi familia una mujer que hubiese tenido herencia o la hubiese pedido de ningún modo: ni moral ni legalmente. Cuatro años más tarde, mi hermano menor murió de un infarto y dejó una deuda muy elevada. Parapoder liquidar la deuda, mi hermana mayor tuvo que vender una pequeña tierra que las mujeres de mi familia habíamos recibido de mi tía. Por supuesto, mis hermanos y mi madre cogieron este dinero. […] A pesar de que mi madre tuvo que soportar y sufrir una situación de desigualdad, ahora ella repite su historia con nosotras, nos pasa el sufrimiento 177 . En cuanto a los cristianos –al igual que todos los grupos musulmanescuando el Imperio otomano sancionó los Derechos de la Familia se sometieron a esta ley, que se mantiene así hasta la actualidad. También la Ley 59 de 1953 promulgada en Siria dio a los tribunales islámicos el derecho de pronunciarse sobre los asuntos relacionados con la tutela, la manutención y la herencia entre los musulmanes, mientras que los tribunales religiosos de los no musulmanes (cristianos y judíos) tuvieron según esa ley el derecho de regir en las cuestiones de disolución del matrimonio y la custodia. Así, la aplicación de la ley islámica de la herencia sobre los cristianos no reconoció el derecho de las mujeres cristianas a heredar; entre los cristianos de las zonas rurales se implantó esta 175 TILLION, Germaine, La condición de la mujer en el área mediterránea, pp. 30-31. 176 MUTAHHARI, Los derechos de la mujer en el Islam, p. 243. 177 Testimonio recogido por la autora de esta Tesis en Latakia (Siria), en abril de 2013. 95 al árabe y fundaron imprentas (el monasterio de Alepo introdujo la primera imprenta en 1807) y periódicos 198 . Los misioneros católicos en Siria y Líbano compitieron con los misioneros protestantes en la creación de escuelas modernas. En general, el sistema educativo de los misioneros estaba sujeto a las normas otomanas aplicadas a los territorios del Levante, debiendo contar con una licencia de las autoridades municipales locales para abrir estas escuelas y aplicar las materias modernas 199 . Los misioneros católicos fundaron en 1871 una escuela para mujeres en Alepo (Siria), que tenía 200 estudiantes y cuatro años después ya tenían escuelas en treinta regiones del Monte Líbano 200 ; además, ampliaron su campo de actuación fundando otras en las ciudades de Damasco, Homs, Hama, Horan y en las montañas de los drusos y de los alauíes 201 . El número total de instituciones educativas creadas por los misioneros católicos fue de 145 escuelas primarias y secundarias, para chicos y chicas, siendo el francés la lengua de enseñanza y el árabe en segundo lugar 202 . El plan de enseñanza incluía las matemáticas, la geografía y la historia, junto con las ciencias teológicas y el estudio de otros idiomas como el inglés y el italiano. Otros grupos religiosos también fundaron escuelas; por ejemplo, durante el periodo de las Tanzimat, había 570 centros escolares para los cristianos protestantes otomanos, con 24.000 estudiantes 203 , una cifra que excedía en mucho al número de niños musulmanes que asistía a la escuela. El mayor nivel educativo de los cristianos les permitió jugar un papel muy importante en la vida económica y social, aunque esto generó mucho resentimiento en la población musulmana. Alepo fue uno de los centros importantes de la acción educativa de los religiosos católicos, como los maronitas. Las comunidades cristianas de Alepo llegaron a contar 198 TRAD, Jumana, Líbano: un modello de libertà e reciprocitá fra religioni, Centro de Estudios de Oriente Medio, p. 13. Disponible en: file:///C:/Users/Invitado/Downloads/libano_jumana_trad.pdf [Consulta: 19/06/2015]. 199 AL-NAJJAR, Jamil Musa, Educación en Irak en el período otomano, 1869-1918 [traducción propia del título en árabe: Al talieem fi al Irak fi al-fatrah al-othmanyiah, 1869-1918]. Tesis doctoral defendida en abril de 1986, Universidad de El Cairo, p. 229. 200 ATRISI, Talal, Las misiones jesuíticas y la formación de la elite política en el Líbano [Traducción propia del título original en árabe: Al-Bezat al-Yasoéia wa mohemat eédad al-nejba al-siyasiah fi Lobnan], Beirut, Wikala al-Alamiyah le-Altawzeé, 1987, p.122. 201 ANTHONY, George, El despertar árabe: la historia del Movimiento Nacionalista Árabe [Traducción propia del título original en árabe: Al-yakza al-arabya tarikh alharakat al-koumiah al-arabya], Beirut, Dar al-Alam al-Malaiyen, 1987, p. 108. 202 AL-SABBAG, Leila, “La vida intelectual en los Estados Árabes en la época otomana” [Traducción propia del título original en árabe: Al hayat al-fkriah fe al-wilayat al-arabya fi al-aser al-ozmani], en Ihsan Oglu, Ekmel el-din (ed.), El Estado Otomano: historia y civilización [tít. orig. en árabe Al-dawlah al-ozmaniah], Estambul, IRCICA, 1999, p. 400. 203 GUTIÉRREZ DE TERÁN GÓMEZ BENITA, Estado y confesión en Oriente Medio, p. 244. 96 con un total de 19 escuelas para mujeres y varones (650 alumnas y 2145 alumnos) a finales del siglo XIX, aunque puede verse la desproporción entre ambos sexos 204 . En la primera década del siglo XX el número de escuelas aumentó a 27, siendo 7 de ellas escuelas para chicas 205 . En Damasco, la escuela Azarin fue la mejor escuela femenina, con 500 estudiantes y 14 profesoras. A finales del siglo XIX, el número de escuelas cristianas en Siria y Líbano fue de 107, incluyendo dos escuelas secundarias para mujeres y cuatro para varones 206 ; el número de los alumnos/as en estas escuelas del Levante sumó un total de 21.310. La enseñanza en las escuelas de los misioneros cristianos (al igual que las escuelas musulmanas del siglo XIX, muy influenciada aún por la religión en todos los niveles educativos), siguió considerando a la mujer como un elemento secundario y con una función de cohesión dentro de la familia. El prototipo ideal era el de la perfecta casada, reina del hogar, piadosa, buena madre y buena esposa. Este concepto correspondía a un discurso ideológico sobre lo doméstico, siendo sus más firmes portavoces los religiosos por un lado y las propias mujeres de las familias conservadoras, por otro. Debido a esto, la instrucción de las mujeres en los centros educativos, oficiales o privados, no estaba dirigida a formar académicas o sabias, sino a dar “lustre” a las familias modernas y ricas, que así aumentaban su prestigio. Como sostiene Hourani: “Para las mujeres seguía siendo difícil hallar un empleo, salvo el de maestra o enfermera; sin embargo, los hombres podían convertirse en abogados y médicos y, en menor medida, en ingenieros o técnicos” 207 . Así, la incorporación de las mujeres al sistema educativo, según las costumbres de cada comunidad religiosa, era una forma de inculcar en ellas los principios y valores propios de las funciones que le correspondía dentro de la familia, sin cambiar el orden social existente. Es decir, se buscaba su alfabetización y adiestramiento en algunos quehaceres domésticos para el mejor funcionamiento del hogar y de la familia; la educación debía ir orientada a esa misión que le había sido encomendada en la vida. En lo que se refiere a la educación superior en Levante, los años sesenta del siglo XIX fueron trascendentales, sobre todo Líbano (Beirut). Como explica Hourani, la influencia de las misiones religiosas o culturales europeas llegó a ser fundamental, 204 GHARAIBEH, Abdul Karim, Siria en el siglo XIX (1840-1876) [traducción propia del título original en árabe: Suryah fi Al-Karen at-tsi' 'aar, 1840-1876], Dar alYil, 1962, p. 170. 205 AL-DABBAGH, Aisha, Vida Intelectual en Alepo en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX, Beirut, Darel al-Fiker al-Arabi, 1971, p. 101. 206 NSOULI, Anis Zakaria, Las causas del renacimiento árabe en el siglo XIX, Beirut, 1926, pp. 50-52. 207 HOURANI, Historia de los pueblos árabes, pp. 258-259. 97 llegando a controlar gran parte de la educación superior, además de la secundaria 208 . En 1866 los protestantes abrieron la Universidad Americana de Beirut, contando en la primera década de su fundación con 16 estudiantes matriculados. El árabe era el idioma de instrucción, aunque luego se pasó al inglés por disposición del director, Daniel Bliss; la Universidad ofrecía estudios de medicina, farmacia, comercio, arqueología e historia. En 1902 albergaba 600 estudiantes, la mayoría no musulmanes; tres años después, de 750 alumnos matriculados sólo 98 eran musulmanes 209 . En los finales del siglo XIX, los estudiantes que se habían graduado en esta Universidad participaron en la vida pública desempeñando un papel importante en el desarrollo intelectual y cultural, contribuyendo al desarrollo de la conciencia nacional árabe en las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX 210 . Otro hecho fundamental dentro de la enseñanza superior católica fue el establecimiento del Colegio de San José en Beirut, fundado por los jesuitas en 1875. En 1883 se convirtió en Universidad, abriendo las Facultades de Medicina y de Farmacia en ese mismo año, y las de Odontología, Derecho e Ingeniería en 1889. El objetivo de la creación de esta universidad fue el de elevar el nivel de estudios en el Levante. Antes de la Primera Guerra Mundial, el número de graduados en la rama de medicina, sólo de Líbano, fue de más de 200 y el total que se graduó en la universidad en el mismo periodo fue de 700 estudiantes, la mayoría libaneses 211 . Muchos emigrantes libaneses que llegaron a Argentina habían realizado sus estudios en la Universidad de San José de Beirut, siendo para ellos motivo de orgullo por el gran prestigio que tuvo este centro. En Damasco había una pequeña universidad del gobierno, pero las principales universidades eran privadas y estaban en Beirut y a cargo de misioneros franceses o americanos 212 . Así, la presencia de los educadores extranjeros aumentó la influencia del mundo occidental, como destaca Albert Hourani: Los viajes, la educación y los nuevos medios de comunicación contribuyeron a crear un mundo compartido de gustos e ideas. El fenómeno de bilingüismo era común, al menos en los países de la costa mediterránea: el francés y el inglés se utilizaban en los negocios y en la vida familiar entre las mujeres que habían estudiado en las escuelas religiosas francesas. El francés había sustituido prácticamente al árabe como lengua materna. 208 HOURANI, La historia de los árabes, p. 398. 209 DENOVO, John A., American interests and policies in the Middle East, 1900-1939, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1963, p. 15. 210 FRAYHA, Educación y cohesión social en el Líbano, p. 4. 211 ATRISI, Las misiones jesuíticas y la formación de la elite política en el Líbano, pp. 126-133. 212 HOURANI, Historia de los pueblos árabes, pp. 258-259. 98 La influencia de Europa no sólo se dio en la cultura sino también en la vida cotidiana y tuvo consecuencias para las mujeres que asistían a las escuelas cristianas: “Estos movimientos y contactos culminaron en cambios de actitudes y gustos […]: diferentes formas de amueblar las viviendas, de colgar cuadros en las paredes, de comer en la mesa […], diferentes modas en el vestir, especialmente entre las mujeres, cuyo estilo reflejaba la moda de París” 213 . Por otra parte, el nacionalismo impulsó el movimiento por la emancipación de las mujeres. La creación de escuelas femeninas, por parte del Estado o por las misiones extranjeras, ya había comenzado en la segunda mitad del siglo XIX, siendo un factor importante en las mejoras para la situación femenina, a lo que deben sumarse los viajes, la difusión de la prensa europea y el ejemplo de las mujeres occidentales 214 . La influencia occidental –más bien el “afrancesamiento”- fue un fenómeno que pudo observarse entre los libaneses emigrados a América; en este aspecto, un estudio de B. Vitar sobre los descendientes de árabes en países latinoamericanos recoge el testimonio de un nieto de libaneses maronitas nacido en Colombia, quien al ser entrevistado confirmaba esas circunstancias, recordando lo que su madre le contaba: “Tu abuela se vestía con la moda de París” 215 . En la época francesa se observa una orientación doctrinaria confesional y política en todas las materias. El gobierno francés impuso su proyecto educativo, con el fin de asegurar su pervivencia política contando con el apoyo de las familias ricas, lo que trajo consecuencias importantes para la educación femenina, que tuvo avances desde la segunda mitad del siglo XIX, con la fundación de escuelas de niñas “por los gobiernos y misiones extranjeras” 216 . Las oportunidades no sólo se abrieron para las mujeres de comunidades cristianas sino también para las musulmanas de familias poderosas, como fue el caso de Anbara Salam Khalid (figura xxx) , de familia sunita y nacida en 1897. Había recibido una educación moderna (tanto en instituciones católicas como musulmanas), llegando a ser una mujer muy culta, viajera (el viaje de las familias 213 Ibídem, pp. 267-268. 214 Ibídem, p. 271. 215 Véase VITAR, Beatriz, “Inmigrantes sirios y libaneses en Argentina, Venezuela y Colombia…”, p. 200. 216 HOURANI, La historia de los árabes, p. 417. 99 pudientes a Egipto, donde había más vida cultural, era común en aquella época), escritora de prensa y una gran feminista 217 . Al comenzar el Mandato francés en Líbano en 1920, las autoridades se comprometieron a fomentar la educación 218 . El gobierno asumió el control de las escuelas públicas y estableció la División de Educación que, posteriormente, se convirtió en el Ministerio de Educación Pública (1926). A partir de 1928, los libaneses reorganizaron la educación primaria y secundaria, aplicando el modelo educativo francés en los planes de estudios. No obstante, las escuelas públicas libanesas sólo representaban entre el 5 y el 10% de centros educativos, y no alcanzaría su plenitud hasta que se vinculó con el sistema de escuelas privadas que tenían el 40%, correspondiendo el resto a las escuelas extranjeras (las francesas y las americanobritánicas). Este bajo porcentaje de la educación pública puede explicarse por el reducido número de escuelas, y el bajo nivel de cualificación del personal docente. Por tanto, podemos afirmar que no existía un sistema educativo equitativo, porque el modelo instaurado favorecía claramente a las familias más ricas que podían tener acceso a la educación secundaria (y superior) en establecimientos privados, mientras que los pobres apenas podían recibir una educación primaria en las escuelas públicas. La mayoría cristiana de Siria y Líbano tenía un estrecho contacto con Occidente y, fundamentalmente, con el Occidente cristiano católico; quienes estaban en contra de esta situación, principalmente los musulmanes, entendían que se debía mantener el carácter árabe y sospechaban que “la llamada cultura mediterránea” eran un intento de preservar la influencia y la educación francesas católicas en el Levante 219 . 217 Ibídem, pp. 417-418. En 1977 Anbara Salam publicó sus memorias bajo el título: A Tour of Memories of Lebanon and Palestine: véase entrevista con la autora en American University of Beirut, Center for Arab and Middle Eastern Studies, 2007. Disponible en: http://almashriq.hiof.no/ddc/projects/cames/interviews/anbara_salam/index.html [Consulta 02/02/2015]. 218 FRAYHA, Educación y cohesión social en el Líbano. Disponible en: http://www.ibe.unesco.org/publications/Prospects/ProspectsPdf/125s/fras. pdf [Consulta: 19/06/2015]. 219 Ídem. 100 Ilustración 3. Anbara Salam al Khalidi (periódico Al Nahar). Fuente: American University of Beirut, Center for Arab and Middle Eastern Studies: http://almashriq.hiof.no/ddc/projects/cames/interviews/anbara_salam/index.html A pesar de los adelantos en la educación de las mujeres, de que “se ampliaba la libertad de las relaciones sociales” y había luchas por mejorar su situación, seguían 101 siendo pocas las que iban a la universidad y “no se presencia ningún cambio en la condición legal de las mujeres” 220 . Por último, incluimos otras referencias de mujeres sirias y libanesas que se destacaron por actuar a favor de la mejora de la situación de las mujeres mediante su labor asociativa, periodística y en otros campos, como el de la enseñanza. Algunas de esas mujeres empezaron su trayectoria en los últimos tiempos otomanos, luchando en los movimientos nacionalistas contra el dominio turco, y otras lo hicieron en la etapa del Mandato francés, actuando en defensa de las mujeres y sus derechos. Según los datos biográficos de estas personalidades femeninas, vemos que su condición era muy distinta a la de la mayoría de las emigrantes a América, pues pertenecían a familias acomodadas, habían hecho estudios superiores y tenían una educación liberal por efecto de la influencia educativa y cultural francesa, y se desenvolvían en el medio urbano: Adela Bayhoum, nacida en Beirut en 1900, cursó sus estudios en el Instituto Alemán Aldecconnez. Casada con el líder argelino Mukhtar Abdelkader antes de cumplir los 17 años de edad, vivió en Damasco donde ayudó a su marido a difundir las ideas de nacionalismo y unificación entre Líbano, Siria y Argelia. Escribió artículos en los periódicos Al-mufid (que podríamos traducir como “Útil” y Al-shab al-Arabi (El joven árabe) con la firma de “La chica árabe en al-Astana”, estimulando a las mujeres para luchar con los hombres por la independencia árabe. En 1915 Adela y otras mujeres fundaron la asociación Yakzat al-Ftat al-Arabyia (“Despertar de la mujer árabe”), con el propósito de despertar la conciencia nacional femenina árabe y ofrecer estudios gratuitos a las chicas cuya situación económica se lo impedía, además de fomentar el trabajo femenino en el campo y la artesanía antigua con materiales más desarrollados. En 1916 presidió el comité que vigilaba las fábricas de alfombras y artesanías, donde trabajaban 1800 mujeres. En 1933, se formó la Unión de Mujeres Sirias, y Adela fue su presidenta. En 1937, luchó para conseguir el derecho al sufragio femenino 221 . Mari Ajami (1888-1965) nació en Damasco y estudió en el colegio irlandés de esta ciudad y también en el colegio ruso. En 1906, inició la carrera de Enfermería en la Universidad Americana de Beirut pero no terminó sus estudios. Más tarde fue profesora 220 Hourani, La historia de los árabes, p. 418. 221 Nota de Meshel Juha: “María Ajami: sahebat mjalat al-aruss. 1910-1926” [Mari Ajami, directora de la revista literaria La novia, 1910-1926” [traducción propia], Revista Al-Hayat, 2001. Disponible en: http://daharchives.alhayat.com/issue_archive/Hayat%20INT/2001/1/18/ يرام-يمجع-ةبحاص-ةلجم-سورعلا9191-9191-ةيبدٔ لاا-ةيروسلا .html /[Consulta : 10/07/2013]. 102 en escuelas de Líbano, Siria, Palestina e Irak. Fue autora, poeta y periodista y en 1910 fundó la publicación Al-Arus (La novia), la primera revista femenina en Siria. Mari fue prometida de Petro Pauli 222 , junto al que luchó contra la injusticia y la tiranía turca, y posteriormente contra los franceses 223 . Ilustración 4. Mari Ajami. Fuente: http://www.syrianpf.com/?page=Details&category_id=38&id=80&lang=ar 222 Reportero de una revista en Beirut, fue hecho prisionero por los turcos y posteriormente ejecutado en Beirut con otros luchadores contra el mandato otomano en 1916 (Nota de Rim Saeed, en el periódico AlBaath, nº 14224, Damasco, 6 de mayo de 2011). Disponible en http://www.aljaml.com/30%20ةيروس91%ءاسن91%باتك91%يف91%ةيئاسن91%ةيصخش [Consulta: 10/07/2013]. 223 Ídem 103 Nazik al-Abed nació en Damasco en 1887. Pertenecía a una familia rica y conocida de esta ciudad. Nazik hablaba árabe, francés, alemán e inglés. Ella publicó muchos artículos en la revista La novia sobre la importancia de la liberación de las mujeres árabes y la mejora de su educación. Formó la asociación Nour Fayha, donde se encargó de publicar una revista con este mismo nombre, que defendía la emancipación de las mujeres. Más tarde, también fundaría el Club de Mujeres Shami, formado por damas de la élite de Damasco 224 . Nazik llegó a ser capitán en el ejército del Reino de Siria, en la época del rey Faisal. Cuando se produjo la invasión francesa a Siria, combatió en la batalla de Maysaloun (julio de 1920), que tuvo como consecuencias la muerte del ministro de Defensa Yusuf al-Azma y el exilio de Nazik en Estambul por orden de los franceses. Volvió en el año 1922 a Damasco y empezó otra vez su lucha contra los franceses quienes volvieron a exiliarla otra vez, pasando a vivir en Jordania. El gobierno francés en Damasco le permitió regresar a Siria cuando ella prometió abandonar la carrera política. Pero en 1925, cuando estalló la revolución en Siria, Nazik ayudó a los revolucionarios en al-Ghouta, una zona cerca de Damasco 225 . En 1929, se casó con Mohammed Jamil Bayhoum 226 y se trasladó con él a Beirut. Allí, Nazik participó en la apertura de muchas asociaciones, entre ellas la Asociación de la Mujer Trabajadora y el Orfanato de las Hijas de los Mártires de Líbano. Loris Maher se graduó en Medicina en la Universidad de Damasco 227 en junio de 1930, siendo la primera mujer siria que obtuvo este título. En el acto de su graduación estuvo presente Taj Din al-Husseini, jefe del Estado sirio durante el Mandato francés. 224 NACHABE, Yasmine, “Refracted Gazes: A Woman Photographer during Mandate Lebanon. Altre Modernità: Rivista di studi letterari e culturali, 2012, no 8, pp. 167-173 (http://www.souriat.com/2015/05/2782.html). También Academia.edu: FOSTER, Zachary J., Arabness, Turkey and the Palestinian National Imagination in the Eyes of Jerusalem Quarterly, vol. 42, p. 61. 225 Ídem. 226 Mohammed Jamil Bayhoum fue representante por Beirut en la Conferencia de Siria que se celebró por primera vez en Damasco en 1920, después de proclamarse el reino sirio. 227 La Universidad de Damasco fue fundada en 1923, con el nombre de "Universidad Siria". Dentro de ella se integró la Escuela de Derecho (establecida en 1913, durante la época otomana), convirtiéndose en Facultad, al igual que sucedió con el Instituto de Medicina (fundado en 1903) que pasó a ser la Facultad de Medicina. 104 Ilustración 5. Nazik al-Abed. Fuente: http://www.syrianhistory.com//ar/photos/2855?tag=ةكرعم+نول س ي م Najah al-Saati, de origen sirio, fue una figura destacada por su actividad a favor de las mujeres. Su padre, que era escritor y dueño del diario Fata al-Shark (El joven de Oriente), se opuso al mandato francés durante toda su vida, al igual que toda la familia. 111 vivía en la estrechez. La agricultura se practicaba de modo tradicional y la producción a menudo se vio afectada por sequías o plagas como la filoxera en 1890. Según señala Akmir, el pequeño agricultor era el más afectado en estas circunstancias, pues se tuvo que hipotecar con préstamos para poder cultivar sus campos; así, de ese sector, como del de pequeños comerciantes y artesanos muchos emigraron a las Américas en busca de otras oportunidades 241 . Por otra parte, junto a problemas de orden demográfico (por ejemplo, el gran aumento de población en Líbano 242 , y de desequilibrios con relación a la producción, se hallaban las causas religiosas: los enfrentamientos entre los diferentes confesiones (musulmanes y cristianos, grupo este último que comprendía a los maronitas, melquitas y ortodoxos); como hemos visto en el primer capítulo, los graves conflictos de 1860 también influyeron en la decisión de emigrar. Tampoco se debe dejar de hablar de los factores culturales y políticos: por un lado, la difusión de los valores del mundo occidental a causa de la actuación de misioneros europeos y de EEUU (que se manifestaron también en muchos intelectuales) y la fundación de escuelas y universidades, que presentaban imágenes de las sociedades occidentales donde se vivía según principios más modernos. También debe mencionarse el factor de los cambios que realizó el gobierno turco desde los años 1870, aplicando una política de “panislamismo, otomanización y panturquismo”, que causó la persecución de los intelectuales y nacionalistas en Siria y Líbano 243 . Por otra parte, fue importante el número de emigrantes que salieron de estos territorios durante la guerra de Trípoli en 1911 y poco antes de estallar la Primera Guerra Mundial, por temor a ser reclutados por el ejército turco 244 . 241 Ibídem, p. 3. 242 BESTENE, “La inmigración sirio-libanesa en la Argentina. Una aproximación”, p. 240. 243 AKMIR, “Introducción”, en: Los árabes en América Latina. Historia de una emigración, pp. 7-9. 244 BESTENE, “La inmigración sirio-libanesa en la Argentina…”, p. 241. 112 3.2. La política migratoria argentina. El caso de los sirios y libaneses (1870-1950) 3.2.1. “Gobernar es poblar” (1853-1900) El año 1853, fecha de la sanción de la Constitución Nacional argentina, comenzó una nueva etapa histórica en la evolución histórica de Argentina, al ponerse en marcha el proceso de organización nacional bajo el ideario liberal, que consideró la inmigración europea como un factor esencial para el progreso del país. Para el estudio de las políticas migratorias, primero haremos un breve repaso a los antecedentes históricos en la entrada de extranjeros en el territorio. A través de este apartado, intentaremos encontrar las respuestas a las siguientes preguntas: ¿cómo fue la política migratoria en Argentina y cuáles fue su impacto en la situación política, económica y social del país durante el periodo estudiado? y ¿cuáles fueron los resultados fundamentales de dicha política? En la época de dominio español, se prohibió el asentamiento de extranjeros en los territorios dependientes de la Corona, aunque en muchos casos, como ocurrió en la zona del Río de la Plata, se instalaron comerciantes de origen no español al final de la etapa virreinal 245 . En opinión de Dickmann, España consiguió mantener aisladas durante más de tres siglos a sus vastas colonias, impidiendo su progreso demográfico y técnicoeconómico 246 . Argentina, con un vasto y fértil territorio de casi tres millones de kilómetros cuadrados y con medio millón de habitantes al principio del siglo XIX 247 , poseía una muy baja densidad de población; y ello trajo graves problemas de tipo económico, político y social. Hay que considerar, además, que grandes extensiones de tierras, como la Patagonia al sur y la región del Chaco al noreste, estaban habitadas por poblaciones indígenas que hasta fines del siglo XIX y principios del XX no fueron incorporadas al Estado nacional 248 . Antes de que se declarase la independencia de España, los gobiernos que siguieron a la Primera Junta de 1810 procuraron fomentar la inmigración y 245 SCHNEIDER, Arn, “Inmigrantes europeos y de otros orígenes”, en Homogeneidad y nación. Con un estudio de caso: Argentina, siglos XIX y XX, Madrid, CSIC, 2000, p. 144. 246 DICKMANN, Enrique, Población e inmigración, Buenos Aires, Losada, 1946, pp. 20, 39. 247 Ibídem, p. 121 248 Véase al respecto QUIJADA, Mónica, “¿Hijos de los barcos o diversidad invisibilizada? La articulación de la población indígena en la construcción nacional argentina (siglo XIX)”, Historia Mexicana, LIII, 2003, p. 475. 113 colonización. Así, el 4 de septiembre de 1812 se dictó el primer decreto sobre el fomento y protección de la inmigración, para favorecer el desarrollo de la industria y el progreso del país. Pero, por la guerra de la independencia y la influencia negativa del aislamiento de las colonias españolas, estos planes no llegaron a concretarse. Durante las luchas por la independencia y más tarde durante los años de anarquía y guerra civil que vivó el país durante décadas, la inmigración fue casi inexistente. En 1823, durante el mandato de Martín Rodríguez como gobernador de Buenos Aires, uno de sus ministros, Bernardino Rivadavia, gestionó el envío de mil o más familias europeas “industriosas” para elevar el número de la población rioplantense. Después de la sanción de la Constitución de 1826 y la llegada de Rivadavia a la presidencia, se aprobó la Ley de Enfiteusis, destinada a limitar los latifundios y a aplicar un nuevo régimen de la tierra y a promocionar la llegada de inmigración, dándole facilidades para acceder a la tierra mediante el pago de un canon al Estado; pero estas medidas dieron pocos resultados 249 En el período de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires (18291832 y de 1835-1852), siguiendo la tradición colonial, se frenó la entrada de extranjeros. Después de la caída de Rosas, el gobierno de la Confederación, por una parte, y el gobierno de la provincia de Buenos Aires, por otra, volvieron a apoyar el proceso inmigratorio. 250 Sin embargo, uno de los graves problemas era la dificultad para acceder a la propiedad de la tierra, debido a la existencia de grandes latifundios que se fueron consolidando, por la facilidad que tuvo la clase terrateniente argentina para adjudicarse los títulos de propiedad del suelo. Este régimen ayudó a consolidar un sector oligárquico (formado por los grandes terratenientes) estrechamente relacionado con el comercio de exportación, que dominó la política argentina en la segunda mitad del siglo XIX. En otros planos, impidió el crecimiento demográfico y técnicoeconómico del país, estableciéndose un sistema en el que existía una masa trabajadora numerosa y miserable, que no podía acceder a la tierra por el alza continua de su precio 251 . Un hecho importante en la política migratoria argentina en la segunda mitad del siglo XIX fue la sanción de la Constitución Nacional el 1 de mayo de 1853, por obra del Congreso Constituyente reunido en la provincia de Santa Fe, con la participación de 249 DICKMANN, Población e inmigración, p. 67. 250 Ibídem, p. 70 251 Ibídem, p. 47. 114 todas las provincias argentinas, salvo Buenos Aires, que estaba separada de la Confederación 252 . Esta Constitución (vigente hasta 1994) se inspiró en la obra del abogado, pensador y ensayista Juan Bautista Alberdi, titulada Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina (1852), donde el autor aconsejaba “poblar” la nación –en su pensamiento, la población indígena no contaba sino que más bien era lo opuesto a la “civilización”- mediante la promoción de la inmigración europea, especialmente de anglosajones, alemanes, suecos y suizos 253 . Es necesario señalar que la Constitución de 1853 declaraba los principios de justicia, paz, bienestar y libertad “para todos los hombres del mundo que quisieran habitar el suelo argentino”; el artículo 20 aseguraba a los extranjeros el goce de todos los derechos civiles del ciudadano y el artículo 25 señalaba que “el Gobierno Federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni agravar con impuesto alguno su entrada al territorio argentino”. 254 Sin embargo, como se verá más adelante, una cosa eran los discursos y las políticas sobre inmigración que apuntaban a la selectividad en cuanto a la aceptación de extranjeros, y otra la realidad vivida, ya que a partir de 1890 hubo ingreso masivo de esos migrantes “no deseados” como los sirios y libaneses 255 . Estas disposiciones no se basaban simplemente en la necesidad de traer al país mano de obra para aumentar la producción de la tierra (y así cumplir el papel agroexportador que le correspondía según la división internacional del trabajo), sino que respondía también al deseo de las élites ilustradas de modificar la composición de la población 256 . La política migratoria fue muy relacionada con la situación política y económica del país, que estaba sufriendo una crisis debido a la separación entre el estado confederal gobernado por Urquiza (con capital en Paraná) y el estado de Buenos Aires, que eligió a Pastor Obligado como gobernador. Buenos Aires pudo conseguir una posición económica mejor que el Estado Confederal; su situación geográfica favorecía el desarrollo comercial, ya que por su puerto se exportaban cereales y ganado y 252 DOMENECH, Eduardo E., “La agenda política sobre migración en América del Sur: el caso Argentina”, Revue Européenne des Migrations Internationales, Vol. 32, nº 1, 2007, pp. 71-94. 253 ALBERDI, Juan Bautista, Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina (1852). Disponible en http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/bases-y-puntos-de-partidapara-la-organizacion-politica-de-la-republica-argentina--0/html/ [Consulta 23/0672015]. Véase también Alberdi: Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina: según su Constitución de 1853, Santa Fe, El Cid Editor, 2007, p. 17. 254 DICKMANN, Población e inmigración, p. 157. 255 BESTENE, Jorge O., “Entre el discurso y la acción: la política migratoria argentina y la inmigración de sirios y libaneses”, Studi Emigrazioni, XXXII, nº 118, p. 264. 256 BÉRODOT, Solène y POZZO, María Isabel, “Historia de la inmigración sirio-libanesa en Argentina desde la perspectiva compleja del métissage. Aportes para una educación intercultural”, IRICE. Revista de Educación y Psicología, Rosario, 2012, 47-56. 115 producción lanera, que figuraba entre las primeras del mundo, y se importaba de Europa manufacturas. También contaba con una moneda fuerte que circulaba en todo el territorio provincial y otorgaba garantías a los capitales extranjeros. En 1857 se inauguró en Buenos Aires el Ferrocarril del Oeste 257 , el primero del país, cuyo trayecto medía inicialmente 10 km. Estas circunstancias nos hacen ver las ventajas que tenía la ciudad-puerto de Buenos Aires, y que en el futuro habría de concentrar mayor número de inmigrantes. También en 1857, el Estado porteño creó la Comisión Filantrópica de Inmigración, que pasó a tener un carácter nacional cuando el país quedó unificado en 1862. En 1869 se convirtió en Comisión Central de Inmigración 258 . Por el contrario, el Estado Confederal para seguir adelante tenía que soportar el problema económico con muy pocos recursos y firmar convenios comerciales con Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Brasil. Pero Buenos Aires impidió el tránsito de los comercios a través de su puerto con destino al Estado Confederal, provocándose los intentos de unirla a la Confederación por medios bélicos 259 . La conclusión de esta crisis fue la batalla de Cepeda y la derrota de Bartolomé Mitre y el ejército del Estado de Buenos Aires en octubre de 1859 260 . En 1860, por el pacto de San José de Flores la provincia de Buenos Aires se unió al resto del país, al menos de manera nominal. Pero realmente no se había solucionado nada, ya que las disputas que existían entre ambos Estados resurgieron y se llegó a la batalla de Pavón en septiembre de 1861, que dio la victoria al Estado de Buenos Aires; así, se extendió la influencia de Mitre a todo el país, unificado finalmente en 1862. Bartolomé Mitre fue elegido como primer presidente constitucional de la Argentina unida e intentó por diversos medios estimular la agricultura y la industria. Se dio prioridad al sistema ferroviario, a las comunicaciones, servicio de postas y telégrafos, conectando Buenos Aires con Rosario y Montevideo 261 . En esta etapa histórica (segunda mitad del siglo XIX), ferrocarriles e inmigración eran símbolo del progreso para los gobiernos liberales latinoamericanos. En la capital argentina apareció 257 SAR, Ariel, “La introducción de las telecomunicaciones eléctricas en el Río de la Plata”, Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, 2013, núm. 121. 258 BESTENE, Jorge O., “Dos imágenes del inmigrante árabe: Juan A. Alsina y Santiago M. Peralta”, Estudios Migratorios Latinoamericanos, Vol. 12, núm. 36 (1997), p. 288. 259 BUCHBINDER, Pablo, “Estado nacional y elites provinciales en el proceso de construcción del sistema federal argentino. El caso de Corrientes en la década de 1860”, Boletín Americanista, 2004, nº 54, p.15. 260 REYNOSO, Diego, “El reparto de la representación: Antecedentes y distorsiones de la asignación de diputados a las provincias”, Postdata, Vol. 17, 2012, nº 1. 261 CAMPOBASSI, José S., Sarmiento y Mitre. Hombres de Mayo y Caseros, Buenos Aires, Losada, 1962, p. 132. 116 también el tranvía a caballo que favoreció el crecimiento de distintos barrios porteños y de zonas suburbanas. Por ejemplo, el barrio de Caballito, que fue en sus inicios una zona de grandes y lujosas quintas, con el tiempo creció y cambió su aspecto con la llegada del ferrocarril y con el arribo de los inmigrantes italianos, eslavos, “turcos” 262 (sirios, libaneses) y españoles que trabajaron en la construcción del subterráneo 263 . Sin embargo, la situación económica no se modificó, ya que la producción agraria continuaba en manos de grandes latifundistas y se complementaba con muchas chacras de poca extensión donde se introdujo el cultivo del algodón. Para regular el régimen de la propiedad de la tierra, Mitre encargó a un grupo de juristas dirigidos por Dalmacio Velez Sarsfield la redacción del Código Civil y la adaptación del Código de Comercio al ámbito nacional 264 . En el plano educativo fue importante la creación de catorce colegios nacionales, uno para cada provincia, y se contrataron maestros extranjeros. En cuanto a la inmigración, llegaron al país 200 mil europeos; como afirma Campobassi, “Mitre expuso en el Senado nacional sus ideas sobre la cuestión migratoria, que constituía con los problemas educativo y agrario la trilogía de los principales asuntos de Estado en el orden constructivo” 265 . El aumento de la inmigración será una de las medidas básicas para el desarrollo económico y el progreso agrícola del país; por este razón Mitre procuró facilitar el proceso de integración de los extranjeros en el medio social de la Argentina, y la distribución de la tierra entre ellos abriendo oficinas de ventas de tierras, ofreciendo precios más baratos y facilitando la entrega de los títulos de propiedad 266 ; también prometió garantizar la educación y los derechos civiles a los extranjeros y a sus hijos. En 1868, culminó su período presidencial, dejándole de esta manera el puesto a Domingo Faustino Sarmiento. Es necesario mencionar aquí la importancia de las ideas de Sarmiento, autor de la famosa obra Facundo. Civilización o barbarie (1845), en la imagen que las elites argentinas tenían sobre los árabes. En esa obra, Sarmiento los identificaba con los 262 El nombre de “turcos” dado, sobre todo, a los inmigrantes árabes (sirios, libaneses, palestinos) se debía al hecho de que ingresaron a los países de América Latina con pasaportes otorgados por el gobierno otomano (USTAN, Mustafá, La inmigración árabe en América. Los árabes otomanos en Chile: identidad y adaptación (1839-1922), Nueva Jersey, Editorial La Fuente, 2012, Cap. IV [s/indicación de página). Disponible en https://books.google.es/books [Consulta 03/07/2015]. 263 NOGUÉS, Germinal, Buenos Aires, ciudad secreta, Buenos Aires, Sudamericana, 2015. Disponible en https://books.google.es/books [Consulta 03/07/2015]. 264 ZEBERIO, Blanca, “Los hombres y las cosas: cambios y continuidades en los derechos de propiedad (Argentina, Siglo XIX)”, Quinto Sol, no 9-10, 2006, 151-183. 265 CAMPOBASSI, Sarmiento y Mitre. Hombres de Mayo y Caseros, pp. 131, 263. 266 Ibídem, p. 264 117 gauchos, a quienes veía como símbolo del atraso; como expone Hamurabi: “El caballo es el camello. La Rioja es Palestina. “La Argentina es Asia y su caudillo el Mahoma de las pampas. Todo eso reunido es la barbarie rosista, condensado local de la bárbara mentalidad arábiga” 267 . Uno de los principales objetivos políticos de Sarmiento fue fomentar la educación popular y la inmigración 268 . Para ello era necesario mejorar las comunicaciones a nivel nacional e internacional, y en esto fue fundamental la instalación de líneas férreas, para facilitar la exportación de materias primas y también para la movilidad de los grupos migratorios que se esperaba van a llegar al país. El gobierno argentino estableció la primera comunicación telegráfica con Europa. Se construyeron caminos y algunos puertos, como los de Zárate y San Pedro (provincia de Buenos Aires), al tiempo que las comunicaciones por barco se regularizaron y fueron más frecuentes, el tendido de líneas telegráficas se amplió, siendo todo esto muy positivo para favorecer el proceso migratorio 269 . Según Dickmann, la cantidad de colonos extranjeros radicados en el país desde 1857 (primer año de registros estadísticos) hasta 1869 (primer censo nacional bajo la presidencia de Sarmiento) fue de 164.789 extranjeros 270 ; el número total de los diferentes grupos según R. Berruti, era de: 71.500 italianos, 35.000 españoles, 32.000 franceses, 11.000 ingleses, 6.000 suizos, 5.000 alemanes y una proporción reducida de otras nacionalidades 271 . De esto puede deducirse, que en el último grupo entrarían los sirios y libaneses, que por entonces no formaban aún un colectivo importante. En 1871, muchos habitantes de Buenos Aires cayeron enfermos de la epidemia de fiebre amarilla y en seis meses 14.000 personas murieron a causa de la infección 272 . 267 NOUFOURI, Hamurabi, “Contribuciones argentino-árabes: entre el dato y la imaginación orientalista”, en: VVAA, Contribuciones árabes a las identidades iberoamericanas, Madrid, Casa ÁrabeIEAM, 2009, p. 117. 268 CURTO, Jorge Christian, “La educación en las ideas políticas de Alberdi y Sarmiento”, Academia. Revista sobre enseñanza del Derecho, Buenos Aires, nº 22, 2013, 275-284. Disponible en http://www.derecho.uba.ar/publicaciones/rev_academia/revistas/22/la-educacion-en-las-ideas-politicasde-alberdi-y-sarmiento.pdf Ver también FERREYRA, Leandro E., Alberdi y Sarmiento. Dos proyectos de nación en: www.circulodoxa.org/documentos/LEF.pdf [Consulta 15/07/2015]. 269 CAMPOBASSI, Sarmiento y Mitre. Hombres de Mayo y Caseros, p. 222. 270 DICKMANN, Población e inmigración, p. 57. 271 BERRUTI, Rafael, La epidemia de fiebre amarilla de 1871, Buenos Aires, Editorial Escolar, 2010, p. 552. 272 GONZÁLEZ, Andrea Susana, “El impacto de la enfermedad en la organización social y el espacio urbano El caso de la epidemia de fiebre amarilla en la Ciudad de Buenos Aires en 1871”, Revista Medicina y Sociedad, Vol. 24, nº 2, 2001, pp. 93-102. 118 La misma peste hizo huir a dos terceras partes de la población para evitar el reclutamiento para la Guerra del Paraguay 273 . Entonces, el fenómeno de la inmigración debe entenderse, desde el punto de vista del gobierno argentino, como una solución que pretendía contribuir a “poblar” Argentina, ignorando a la población indígena que habitaba el territorio. Uno de los objetivos de Sarmiento, que era la explotación de los recursos nacionales con el fin de satisfacer las demandas del mercado externo, requería abundante mano de obra que se podría conseguir con la llegada de inmigrantes europeos cultos y deseosos de aprovechar las oportunidades de un país en crecimiento 274 . El presidente quería imitar el modelo de inmigración norteamericano, aplicando el significado y la finalidad de la política demográfica que proponía Alberdi en su obra Bases y puntos de partida…, en la que se inspiró la Constitución de 1853 en lo que se refiere a inmigración, con preferencia noreuropea 275 . El 14 de abril de 1874 se inició la presidencia de Avellaneda, quien se propuso mejorar la economía del país, aunque la situación no era nada propicia por la crisis financiera que tuvo que enfrentar el gobierno, los obstáculos a la expansión del sector agropecuario, la escasez de tierras y de mano de obra y la carestía del transporte. También influyó en el estado económico de estancamiento la crisis europea de 1873, que interrumpió las inversiones extranjeras 276 . Avellaneda aplicó un plan de austeridad para disminuir la crisis, suspendiendo la contratación de nuevos empréstitos en el exterior y mediante la reducción del gasto estatal 277 . Durante el gobierno de Avellaneda se dictó la Ley 817, de Inmigración y Colonización, llamada también Ley Avellaneda (1876) 278 . Esta no sólo tomó disposiciones sobre las tierras públicas, la inmigración y la colonización, sino que tuvo también el fin de llevar a cabo un proceso selectivo de los inmigrantes y captar sobre 273 BERRUTI, Rafael. La epidemia de fiebre amarilla de 1871p. 566. 274 CAMPOBASSI, Sarmiento y Mitre. Hombres de Mayo y Caseros, p. 358 275 CURTO, Jorge Christian, La educación en las ideas políticas de Alberdi y Sarmiento. 276 HERRERA, Claudia Elina, Élites y poder en Argentina y España en la segunda mitad de siglo XIX, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2003, p. 156. 277 GALLO, Ezequiel y CORTÉS CONDE, Roberto, La república conservadora (Colección Historia Argentina 5), Buenos Aires, Paidós, 1972, p. 21. 278 NOVICK, Susana, “Migración y políticas en Argentina: tres leyes para un país extenso (1876-2004”, en Las migraciones en América Latina. Políticas, culturas y estrategias, Buenos Aires, CLACSO, 2008, pp. 131-152. 119 todo jornaleros para los trabajos en el campo. El artículo 2º de la Ley 817 establecía la protección de la inmigración “honorable y laboriosa” y medidas para evitar la que fuese viciosa o inútil 279 . Vale mencionar que el gobierno quería inmigrantes europeos anglosajones para producir cambios en la sociedad argentina en varios aspectos; otros inmigrantes fueron considerados inútiles, los “no deseados”, que eran de origen oriental, entre ellos: los sirios, libaneses 280 . Sobre la base de la Ley 817 se creó el Departamento General de Inmigración, encargado de nombrar agentes en el extranjero para coordinar con los gobiernos y las compañías navieras la publicidad y las condiciones de viaje de los inmigrantes 281 . Dentro de este marco, el Estado argentino ofreció a los inmigrantes europeos anticipos para pasajes, alojamiento en hoteles y asilos y ayuda para obtener un primer trabajo o adquirir tierras 282 . Argentina hizo una campaña intensa a favor de la inmigración, informando sobre las industrias existentes o las que iban a crearse, los buenos salarios, las ventajas del clima y otros beneficios que ofrecía su territorio. Se produjo un aumento del número de inmigrantes, que se instalaron en las colonias agrícolas de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba e incluso unas pocas en Buenos Aires en mayor número que hasta entonces 283 . A pesar de las dificultades iniciales, durante el gobierno de Avellaneda hubo logros importantes que ayudaron al crecimiento económico y favorecieron la llegada masiva de inmigrantes a partir de 1880. En 1876 se exportó por primera vez carne congelada a Europa y al año siguiente se realizaron las primeras exportaciones de cereales 284 . La República Argentina participó así en el comercio mundial como exportadora de productos agrarios, e importadora de manufacturas 285 . Las carnes y los cereales se convertirían en las principales exportaciones a partir de la década de 1890. Fueron además importantes las mejoras en el transporte fluvial y los avances en la red ferroviaria, que favorecieron la movilidad de los inmigrantes 286 . La política migratoria de Avellaneda siguió también las ideas de Juan Bautista 279 Biblioteca Escolar de Documentos Digitales. Ley 817 de Inmigración y Colonización de 1876, publicada en el R. N. 1874/77. Disponible en http://biblioteca.educ.ar [Consulta 21/07/2015] 280 BESTENE, Jorge, “Entre el discurso y la acción: la política migratoria argentina y la inmigración de sirios y libaneses”, p.263. 281 ZARAGOZA, Gonzalo, Anarquismo argentino, 1876-1902, Madrid, Ed. de la Torre 1996, p. 24. 282 Ley de Inmigración y Colonización nº 817, 6 de octubre de 1876. Registro Nacional, Tomo VII, Buenos Aires, 1876, p. 491. 283 GALLO y CORTÉS CONDE, La república conservadora, p. 26. 284 DÍAZ ALEJANDRO, Carlos F., Ensayos sobre la historia económica argentina, Buenos Aires, Amorrortu, 1970, pp. 19-20. También en GALLO y CORTÉS CONDE, La república conservadora, pp. 22, 38. 285 GALLO y CORTÉS CONDE, La república conservadora, p. 21. 286 Ibídem, p. 25. 120 Alberdi, autor de la célebre frase “Gobernar es poblar” y también las de Sarmiento, en cuanto a la importancia de la inmigración para el desarrollo nacional, aunque este último dio prioridad a la educación 287 . Durante la presidencia de Avellaneda, Adolfo Alsina, ministro de Guerra, decidió extender la línea de frontera hacia el sur de la Provincia de Buenos Aires con el fin de levantar poblados y fortines, tender líneas telegráficas y construir un gran foso, la llamada "zanja de Alsina" 288 . Con esto se querían evitar las incursiones indígenas (“malones”) y el robo de ganado, pero Alsina murió en 1877, sin llegar a cumplir su proyecto 289 . Su sucesor, el general Julio A. Roca, dirigió una campaña ofensiva contra las comunidades indígenas de Pampa-Patagonia, acción conocida como “Conquista del Desierto” (1878-1879). Esta campaña militar le permitió al Estado nacional apropiarse de millones de hectáreas, que fueron repartidas entre un reducido número de familias vinculadas al poder. La presencia indígena impedía el acceso a la tierra por parte de los inmigrantes que querían trabajar, si bien estos no tuvieron las facilidades para lograrlo, beneficiándose en cambio la oligarquía terrateniente 290 . En la mentalidad liberal de la época, los indígenas no “hacían sociedad”, como sostenía Alberdi en su obra Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, de 1852. El éxito de Roca le permitió llegar a ser presidente de la república, en 1880. Los primeros años de su mandato se caracterizaron por una prosperidad creciente 291 . Medidas importantes en el plano educativo y social tuvieron impacto en el proceso de asimilación de los hijos de inmigrantes. En 1881 se constituyó el Consejo Nacional de Educación y un año más tarde se reunió el Congreso Pedagógico, que inspiraría la posterior Ley 1420 de Educación Pública (1884), estableciendo la educación primaria, obligatoria, gratuita y laica 292 ; esta medida, junto con la Ley de Registro Civil sancionada en la misma época, dejó a la Iglesia católica fuera del control de la educación y de la vida social. 287 CURTO, La educación en las ideas políticas de Alberdi y Sarmiento, p. 275. 288 VEDOYA, Juan C., La Campaña del Desierto y la tecnificación ganadera, Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1981, p. 157. 289 GALLO y CORTÉS CONDE, La república conservadora, p. 43 290 VEDOYA, Juan C. La campaña del desierto y la tecnificación ganadera, Buenos Aires, Universitaria de Buenos Aires, 1981, p.157 291 BONAUDO, Marta (dir.), Liberalismo, Estado y orden burgués (1852-1880). Tomo IV de la Colección Nueva Historia Argentina, Sudamericana, 2014. Disponible en https://books.google.es/ [Consulta 14/07/2015]. 292 LIONETTI, Lucía, “La educación pública: escenario de conflictos y acuerdos entre católicos y liberales en la Argentina de fines del siglo XIX y comienzos del XX”, Anuario de Estudios Americanos, Vol. 63, núm. 1, 2006, p. 80. 127 importaciones de materiales necesarios para el transporte ferroviario, lo cual afectó a la producción 312 . En ese tiempo de conflicto (Primera Guerra Mundial) los extranjeros constituían casi el 30% de la población argentina y en el caso de la ciudad de Buenos Aires, capital de la república, el porcentaje subía a casi la mitad de sus habitantes. Esto explica que muchos inmigrantes de origen europeo se movilizaran a raíz de la guerra, defendiendo la causa de sus naciones de origen. Además, muchos emigraron a sus países originales para alistarse en la guerra lo que también influyó en la evolución demográfica argentina. En 1922 se produjo la renovación presidencial, ocupando el cargo Marcelo T. de Alvear. Su gobierno adoptó medidas sociales de interés como la sanción de la Ley 11.289 de Jubilación universal y obligatoria (1923) 313 y la Ley 11.317 (1924) que reglamentó el trabajo de mujeres y menores en la Capital Federal y en los territorios nacionales 314 y amplió la capacidad civil de la mujer casada 315 . En 1928, Yrigoyen fue nuevamente elegido presidente y su gobierno debió afrontar la crisis económica de 1929 que comenzó en Estados Unidos y afectó al resto del mundo capitalista. En Argentina, la crisis impulsó el llamado proceso de sustitución de importaciones, con el desarrollo de algunas industrias -aunque no de igual manera en todo el país-, que introdujo cambios en la estructura del empleo y generó una nueva clase obrera. Sobre este proceso, que comenzó a gestarse en la década de 1920, en que se produce un crecimiento económico 316 , comenta Malamud: “Antes de 1929 las manufacturas ocupaban un lugar secundario en las economías exportadoras y por eso la industrialización fue una de las paradojas de la década de 1930” 317 . Esta situación promovió el fenómeno de las migraciones internas: ante la falta de trabajo los pobladores de las zonas agrícolas y ganaderas emigraron hacia las zonas donde se iban concentrando las nuevas industrias, es decir, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. 312 Historia general de las relaciones exteriores de la República Argentina. La Primera Guerra Mundial (1914-1918). Disponible en: http://www.argentina-rree.com/10/10-005.htm. [Consulta 05/07/2015]. 313 PICCOLI, María del Carmen, La movilidad del haber previsional: un análisis en el marco de la Constitución Nacional y los fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Universidad Nacional de Tres de Febrero, p. 9. 314 Después de las campañas para reducir a los indígenas del Chaco y de Pampa-Patagonia, las tierras en que vivían se incorporaron al Estado nacional como “Territorios Nacionales”. 315 SÁNCHEZ ROMÁN, José Antonio. De las escuelas de artes y oficios a la Universidad obrera nacional: Estado, elites y educación técnica en Argentina, 1914-1955, 2007, p. 278. 316 BARROETAVEÑA, Mariano [et. al], Ideas, política, economía y sociedad en la Argentina (18801955), Buenos Aires, Biblos, 2007, p. 50. 317 MALAMUD, Historia de América, p. 414. 128 En el plano político, los efectos de la crisis de 1929, la intervención del sector ganadero y de la industria frigorífica, además de los intereses de grupos petroleros y causas ideológicas, fueron factores que contribuyeron al derrocamiento del gobierno radical, ocasionado por el golpe de Estado del general José Félix Uriburu, en septiembre de 1930. Se inició entonces la llamada “década infame”, caracterizada por la corrupción y por una ideología conservadora. A mediados del decenio de 1930, sectores del radicalismo y del sindicalismo formaron un frente de lucha contra el fraude y la corrupción, surgiendo así F.O.R.J.A (Fuerza de Orientación Radical para la Joven Argentina). El gobierno respondió a su acción opositora con el estado de sitio y la tortura a los políticos y sindicalistas detenidos, estos últimos principalmente socialistas. En este contexto, aumentó la persecución de los trabajadores extranjeros, al ser relacionados con la agitación social y alteración del orden; se les aplicó entonces la Ley de Residencia (1902), con el resultado de la deportación de italianos comunistas a Italia. En general, el retroceso de la emigración hacia Argentina a partir de la Primera Guerra mundial tuvo su causa en las nuevas leyes que limitaban la entrada de inmigrantes afiliados al anarquismo, al socialismo y al comunismo (como en el caso de los rusos), por su influencia en los movimientos para reclamar derechos laborales y participación política. En la realidad los y las inmigrantes de la clase obrera sufrieron la pobreza, la postración y la persecución, sobre todo los de ideas anarquistas. Junto a las restricciones ideológicas se hallaba también la cuestión racial, puesto que se temía el ingreso de pueblos “exóticos” (armenios, árabes y judíos). Con respecto al anarquismo, F. Pigna destaca que desde un periódico de esta ideología, se manifestaba contrario a la participación de las mujeres en las luchas obreras, con el argumento de que si todas fuesen como Rosa Luxemburgo u otras líderes famosas, “se acabarían en el mundo las novias y las madres” 318 . Otra causa del retroceso migratorio fue la crisis de posguerra que vivieron los países que participaron en el conflicto, y que se reflejó en el aumento del precio de los pasajes y el surgimiento de otros países atractivos para emigrar. Desde entonces, la inmigración total con un alto índice de masculinidad perdió fuerza de manera constante. También debe considerarse el hecho de que la mayoría de los países de emigración 318 PIGNA, Mujeres tenían que ser…, p. 416. 129 arruinados por la guerra limitaron y luego prohibieron la salida de gente, para compensar las pérdidas demográficas y poder emprender la reconstrucción y recuperación económica. De otra parte, los países de inmigración como Argentina, a pesar de los prejuicios de recibir inmigrantes no deseables, estimularon los proyectos orientados al control de la inmigración como los proyectos de las leyes de los años 1923, 1938 y 1949 de Argentina. En general, desde la Primera Guerra hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial la dinámica migratoria argentina se caracterizó por el descenso de la inmigración, aunque hubo algunas etapas de recuperación. Por ejemplo, en el año 1923 hubo un repunte en el ingreso de nuevos inmigrantes, aunque volvió a bajar en 1924 por los problemas económicos del país; luego en 1927 la superación de estas condiciones produjo otro registro migratorio positivo. La política migratoria argentina tenía muchas ambigüedades; Fernando Devoto sostiene que el gobierno argentino procuró modificarla, aplicando restricciones no por el origen nacional sino de acuerdo con las características individuales de los inmigrantes. Así, en primera época de Hipólito Irigoyen, se impusieron condiciones al acceso de extranjeros a Argentina, hubo control sanitario para resolver la aceptación o rechazo de la persona, y se exigió el visado de los documentos expedidos por el país de salida. Luego en 1926, el gobierno exigió presentar el permiso de libre desembarco con el fin de controlar la llegada de grupos concretos, por ejemplo: mujeres que viajaban solas o con niños y menores de edad o personas con documentación incompleta 319 . Desde 1930 el flujo migratorio tuvo una declinación, bajando el ingreso de migrantes de sexo masculino; se acentuó dicha tendencia por los efectos de los cambios políticos y económicos (internos e internacionales) que fueron acompañados de cambios poblacionales. Pero al mismo tiempo se incrementó en el país la entrada de personas provenientes de países limítrofes 320 . Entre 1931 y 1947, de una manera general, el gobierno argentino profundizó las medidas restrictivas para vigilar el ingreso de inmigrantes, exigiéndoles a los 319 VACCOTTI, Luciana, “Biopolíticas de la inmigración y derechos humanos de los inmigrantes en Argentina”, Revista Fronteras, Departamento de Trabajo Social, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Uruguay), nº 6 (noviembre de 2010). Disponible en versión pdf en: Publicaciones del Instituto de Investigaciones Gino Germani, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales. Véase http://webiigg.sociales.uba.ar/pobmigra/archivos/vaccotti_biopoliticas.pdf [Consulta 26/07/2015]. 320 RODRÍGUEZ VIGNOLI, Jorge, Migración interna y ciudades de América Latina: efectos sobre la composición de la población, 2012, p. 380. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=31226408003 [Consulta: 28/2/2015]. 130 extranjeros muchos documentos, como certificados de buena conducta y de buena salud. En 1932 como consecuencia de la crisis económica, el gobierno dictó otro decreto por el cual el inmigrante tenía que presentar un contrato de trabajo. Es cierto que en algunas ocasiones se producía una amplia brecha entre el marco jurídico y las prácticas. Tenemos como ejemplo la política del presidente Ortiz, que demostró flexibilidad en el caso de pasajeros con documentación incompleta pero que igualmente fueron autorizados a desembarcar, como sucedió con los vascos que emigraron a raíz de la guerra civil española. Llama la atención que el presidente Ortiz (de padre vasco), mostró en particular esa flexibilidad con las personas que venían de la tierra de su antepasados, a la vez que había impedido en general el ingreso de los refugiados españoles al ser exiliados políticos o intelectuales que defendían ideas de libertad e igualdad, siendo diferenciados de aquellos españoles que iban a Argentina para buscar una vida tranquila y mejorar económicamente 321 . En otras ocasiones, la manera para posibilitar la entrada de inmigrantes no aptos o con documentación insuficiente a Argentina era mediante un contrato de trabajo proyectado por familiares o amigos, o por la intervención de las asociaciones, por ejemplo el caso de los judíos escapados de la persecución nazi, considerados como una comunidad no deseada en Argentina en los años treinta, en que circulaban ideas fascistas. Un cambio crucial en la historia política argentina hubo con el peronismo, o sea la etapa 1946-1955, que incluye las dos presidencias de Juan Domingo Perón, la última de 1952 a 1955, interrumpida por un golpe militar. Es una época política en la que se debe destacar la figura de su esposa, María Eva Duarte (“Evita”), que tuvo un gran carisma y popularidad. En este primer peronismo un hecho fundamental fue la reforma de la Constitución, en 1949, que por fin otorgó el derecho de voto a las mujeres. Es así que muchas inmigrantes naturalizadas o hijas y nietas de estas nacidas en Argentina pudieron disfrutar de ese derecho. Para comprender cómo se desarrolló en esos años la política migratoria frente a la inmigración árabe, debemos aclarar que desde 1930, por influencia de la crisis económica mundial y de los nacionalismos y fascismos europeos, se impuso en los sectores políticos y económicos que dirigían el país una ideología nacionalista y 321 SCHWARZSTEIN, Dora, “Entre la tierra perdida y la tierra prestada: refugiados judíos y españoles en la Argentina”, en Fernando Devoto y Marta Madero (comp.), Historia de la vida privada en Argentina. De 1940 a la actualidad, tomo 3, Buenos Aires, Taurus, 2002, p. 6. 131 discriminatoria con relación a determinados grupos raciales 322 . Sin embargo, la percepción negativa está dirigida sobre todo a los judíos. Una fuente importante para ver cómo se manifiesta esa ideología frente a la inmigración árabe y la judía son los escritos del que fue director del Departamento de Migraciones de Argentina de 1945 a 1947, Santiago Peralta 323 . Como afirma Bestene, en esta etapa no ingresó al país un número importante de sirios y libaneses, pero sí destacaban ya por “su presencia política, social y económica en la vida argentina” 324 (Ibídem, p. 283). En sus escritos, este funcionario hizo una especial mención a los árabes y judíos al hablar de la “identidad nacional” y a la necesidad de corregir la “decadencia” de Argentina a través de una inmigración selectiva, de modo que entrasen hombres “aptos” para construir el futuro de la nación 325 . Al tiempo que tenía una mala opinión de los judíos, a quienes consideraba un “peligro”, del inmigrante árabe destacaba su facilidad para integrarse, diciendo que era “el hombre más adaptable de todos cuantos inmigrantes han llegado a estas playas; quizás le iguale el español por la herencia de sangre”. La coincidencia de esa realidad que muestra la documentación histórica (la consideración positiva de los árabes desde los organismos públicos) con los testimonios orales referidos a las experiencias de adaptación de los migrantes (entre muchos otros temas), podemos contrastarla con un fragmento de la entrevista realizada por B. Vitar a una nieta de libaneses; este testimonio, ya citado páginas atrás, refleja esa buena imagen y aceptación, aunque en este caso se trataba de una persona destacada en el ambiente intelectual: […] en el '55, en la primera época de Perón... Perón lo nombra [a mi abuelo] para que haga una visita a todos los países árabes, llevando un poco el tema de la inmigración, pero nada más que después él ya cae [Perón] y no viaja... 326 Sin embargo, como herencia del pensamiento liberal del siglo XIX, aquel director de Migraciones (Alsina) seguía pensando que la superioridad la tenían los europeos blancos, que eran a su juicio el elemento adecuado para “mejorar” racialmente al hombre argentino. La política migratoria que aconsejaba Peralta no llegó a cumplirse, 322 BESTENE, “Dos imágenes del inmigrante árabe: Juan A. Alsina y Santiago M. Peralta”, p. 296. 323 Peralta escribió estas opiniones en La acción del pueblo árabe en la Argentina (1946). Fue también autor del libro La acción del pueblo judío en la Argentina, publicado en 1943 (BESTENE, “Dos imágenes del inmigrante árabe: Juan A. Alsina y Santiago M. Peralta”, p. 296). 324 Ibídem, p. 283. 325 Ibídem, pp. 296-297. 326 Entrevista realizada por la Dra. Beatriz Vitar a M. E. M. San Miguel de Tucumán, enero de 2000. 132 en cuanto a promover la inmigración árabe en la década de los 40, ya que la entrada de personas de ese origen fue reducida. Mediante el Plan Quinquenal de Perón llegaron, por el contrario, inmigrantes italianos, judíos y españoles 327 . Haciendo un balance de los aportes de la inmigración en la evolución de Argentina en varios aspectos, lo primero que se puede observar es que permitió el crecimiento demográfico e incrementó la producción agrícola, con 350 colonias creadas en el período 1856-1895 y 3.500.000 de hectáreas de tierras aptas para cultivar cereales. Un cierto número de inmigrantes de la primera oleada pudo aún encontrar terrenos vírgenes y deshabitados para extender sus propiedades agrícolas, alcanzar una situación económica próspera y acceder a la propiedad de la tierra, pero “los que vinieron después ya no lograron, en su mayoría, la misma suerte” 328 . Según Panettieri, el 69%, aproximadamente, de los inmigrantes no obtuvieron el título de propiedad 329 . La población inmigrante no se repartió de igual modo por el país. Había más concentración en las ciudades portuarias, especialmente Buenos Aires y Rosario y otros centros urbanos importantes (Córdoba, Mendoza, Tucumán). Buenos Aires (puerto de entrada de los inmigrantes) era uno de los polos de atracción, por las oportunidades laborales que ofrecía el crecimiento urbano y el progreso económico. Córdoba, en el centro del país, era la segunda ciudad más importante después de Buenos Aires y también recibió masas de inmigrantes por su buen clima y por su economía, basada en la agricultura, ganadería, explotación forestal y minería, junto a algunas industrias. Rosario, en tercer lugar, también recibió población migrante, extranjera y de otros lugares de Argentina; en 1869 tenía 23.000 habitantes y en 1895 había llegado a 91.000. El aumento demográfico fue favorecido desde 1812 por los planes de colonización de los gobiernos, que establecieron medidas de protección para los extranjeros y sus familias que viniesen a la actividad agrícola. Además, la existencia de un puerto favoreció el crecimiento de los cultivos. Mendoza tenía importantes cultivos de vid y ocupaba el cuarto lugar por el número de habitantes; acogió a corrientes migratorias de varios orígenes: italianos, españoles y árabes, entre otros. Tucumán (quinta ciudad más grande de Argentina y la más importante del noroeste), recibió desde mediados del siglo XIX y comienzos del XX flujos migratorios procedentes de Europa 327 BESTENE, “Dos imágenes del inmigrante árabe: Juan A. Alsina y Santiago M. Peralta”, pp. 298-299. 328 PANETTIERI, José, Los trabajadores en tiempos de la inmigración masiva en Argentina, 1870-1910, La Plata, Universidad Nacional de La Plata, 1966, p. 22. 329 Ibídem, p. 25. 133 y luego de Siria y Líbano. Según datos del Censo Nacional de 1869, su población era de 108.953 habitantes. La base de su economía eran las actividades agrícolas (cultivo de caña) y refinerías de azúcar, además de artesanías tradicionales. En los centros urbanos más poblados, los inmigrantes solían concentrarse en barrios étnicos. Por ejemplo, Akmir cita el “barrio de los turcos” en Buenos Aires, donde se concentraban los sirios y libaneses 330 . Un fenómeno urbano relacionado con la inmigración fue la vivienda conocida como “conventillo” (casas de inquilinato), donde se aglomeraban familias enteras de inmigrantes, en algunos casos de un mismo origen territorial; también pasaron por esta experiencia los sirios y libaneses, como lo demuestra el testimonio de una hija de sirios, al comentar la llegada de sus padres, muy jóvenes, a la ciudad de San Miguel de Tucumán: [Vinieron] mi mamá de 15, y mi papá de 21 años. Y acá los dos... después que vinieron, nos radicamos, se radican acá en Tucumán, toda la paisanada, en un conventillo. Ahí era [sic] todos los paisanos, en la calle Santiago […] Yo todavía no había nacido. Era un conventillo. A los dos años nací yo ahí, primero nació una hermana y después nací yo. Todos paisanos, eran todos conventillos... 331 Ilustración 7. Casa de “turcos” en Buenos Aires (1902) 330 AKMIR, Abdeluahed, “La inserción de los inmigrantes árabes en Argentina (1880-1980): Implicaciones sociales”, p. 242. 331 Entrevista realizada por la Dra. Beatriz Vitar a E. A., en Famaillá (provincia de Tucumán), enero de 2004. El término “paisano” es comúnmente utilizado en Tucumán y otras provincias del noroeste argentino para referirse a los miembros de la comunidad árabe, así como esta es asimismo llamada “paisanada” (referencia aportada por la Dra. Beatriz Vitar). 134 Fuente: http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/costumbres/barrio-turco-en-catalinas/ En cuanto al crecimiento de la población, y analizando las cifras, podemos comprobar primero la importancia que tuvo en general la inmigración en el crecimiento demográfico en Argentina hasta la Primera Guerra Mundial. De acuerdo con los datos de los Censos Nacionales de 1869, 1895 y 1914 y los que ofrece Svampa, podemos constatar este importante incremento: en 1869 la población de Argentina era de 1.737.000 habitantes, representando los extranjeros un 12,1% de ese total; en 1895, la población aumentó a 3.959.000 habitantes, siendo 25,5% inmigrantes y, por último, de los 7.885.000 habitantes que tenía el país en 1914 un 30,3% era de origen extranjero 332 . Ilustración 8. Conventillo de Buenos Aires Fuente: http://www.educ.ar/recursos/ver?rec_id=86619 Durante la guerra mermaron los flujos migratorios, que vuelven a remontar una vez terminado el conflicto. A partir de 1920 y durante toda la década, aumentó la cifra de inmigrantes en Argentina, aunque desde 1930 empezó a disminuir la llegada de los extranjeros debido a la crisis económica, a lo que hay que agregar la política migratoria restrictiva de los gobiernos argentinos desde 1930 333 . En el cuadro insertado a continuación puede verse la evolución de la población en Argentina; estos datos demográficos demuestran que la política económica y migratoria que se aplicó durante la primera mitad del siglo XX ha sido desfavorable para la inmigración (véase Figura 332 SVAMPA, Maristella, “Inmigración y nacionalidad: el caso de la Argentina, 1880-1910”, Studi Emigrazione, Vol. XXX, nº 110, 1993, p. 291. 333 Véase también AKMIR, “Introducción”, en: Los árabes en América Latina. Historia de una emigración, p. 21-22. 135 Años Inmigración Emigración Saldo 1914 182.976 243.701 -61.029 1915 83.019 148.425 -65.406 1916 75.381 122.328 -46.947 1917 51.665 83.996 -32.331 1918 50.662 59.908 -9.246 1919 69.879 67.710 2.169 1920 115.302 80,258 35.034 1921 122.367 62.900 59.467 1922 161.009 72.75 88.250 1923 232.501 76.520 155.981 1924 191.169 75.562 115.607 1925 150.957 73.777 77.180 1926 161.197 80.099 81.098 1927 188.004 80.977 107.027 1928 155.913 78.485 77.428 1929 167.504 82.805 84.599 1930 152.030 83.176 68.854 1931 77.689 70.642 7.065 1932 47.776 57.550 -9.774 1933 41.306 49.849 -8.542 1934 46.259 42.179 4.080 1935 54.903 37.114 17.789 1936 59.029 37.416 21.613 1937 66.418 36.582 29.836 1938 60.323 32.589 27.734 1939 35.735 29.369 6.375 1940 17.671 13.544 4.127 1941 15.429 12.954 2.538 1942 4.848 4.179 669 1943 2.335 2.941 -606 1944 3.172 3.771 -599 TOTAL 2.862.218 2.004.056 858.162 Figura 5. Evolución de la población en Argentina, 1914-1944. Fuente: Dickmann, Población e inmigración, p. 56. 136 3.3. La inmigración sirio-libanesa en Argentina. Flujos migratorios y asentamiento en el país Antes de abordar con más detalle el tema la presencia árabe en Argentina, es necesario recordar que dentro de los estudios de las migraciones el caso que nos ocupa empezó a ser objeto más tarde que otros, a pesar de la importancia de la comunidad sirio-libanesa no sólo en el caso argentino sino también en otros países latinoamericanos 334 , aunque para Brasil –por citar un ejemplo-, que tuvo una importante inmigración árabe, hay en cambio mayor número de estudios 335 . A partir de la década de 1980 puede decirse que comenzaron a publicarse estudios de interés sobre las distintas facetas de la inmigración de sirios y libaneses en la República Argentina, considerando diferentes aspectos de este fenómeno 336 . En relación a esta escasez de estudios sobre la aportación árabe a la historia de varios países americanos, es adecuado citar a Martín Muñoz cuando dice: La propia denominación global del sur del continente americano, entre Iberoamérica o Latinoamérica, expresa una falta de reconocimiento a las otras aportaciones no europeas, como la árabe o la africana, por no hablar de la indígena, que muestra la influencia de ese eurocentrismo cultural prevalente en el momento de la definición de las identidades nacionales y transnacionales 337 . Como antes se ha señalado, a los inmigrantes que llegaron de Siria y Líbano se los llamó “turcos”, al presentarse en las oficinas de Inmigración con pasaporte otomano: “[…] las autoridades migratorias en los países iberoamericanos, que no distinguían entre grupos étnicos y nacionales, clasificaban a los inmigrantes según su pasaporte. Así se crearon los estereotipos de ‘rusos’ o ‘polacos’ y de ‘turcos’, como representaciones de judíos y árabes a ojos de las sociedades receptoras” 338 . 334 Esta ausencia de estudios ha sido señalada también por BEJARANO ESCANILLA, Ingrid, “La emigración árabe a el Ecuador”, Anaquel de Estudios Árabes, VIII, 1997, p. 57. 335 A título ilustrativo, citamos uno de los trabajos de Oswaldo TRUZZI: Patrícios: sírios e libaneses em São Paulo, São Paulo, Editora Hucitec, 1997. 336 En esta promoción de las investigaciones sobre los árabes, Vitar ha destacado la importancia del Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA), con la sede en Buenos Aires: v. VITAR, “Sirios y libaneses en Tucumán (Argentina). El ‘reclamo’ de la etnicidad”, p. 292. 337 MARTÍN MUÑOZ, Gema, “Presentación. La Arabia americana: un ejemplo contra el choque de civilizaciones”, en: Contribuciones árabes a las identidades iberoamericanas, Madrid, Casa ÁrabeIEAM, 2009, p. 7. 338 BEJARANO, Margalit, “Los turcos en Iberoamérica: El legado del Millet”, en Rein Raanan (coord.), Árabes y judíos en Iberoamérica. Similitudes, diferencias y tensiones, Sevilla, Fundación Tres Culturas, 2008, p. 40 (39-57 143 ejercicio del comercio por mayor después. En la primera década del siglo XX, surgieron los grandes almacenes mayoristas que recibían y distribuían los productos importados o elaborados. El comercio sirio-libanés llegó a alcanzar prestigio, basado en la honradez con la que los inmigrantes desarrollaban sus operaciones comerciales. El mayorista entregaba al inmigrante recién llegado mercancía para su inicio en el comercio con la seguridad de que cumpliría sus compromisos. Los mayoristas más antiguos eran españoles, pero pronto surgieron grandes comercios fundados por sirio-libaneses. En paralelo a la actividad comercial, algunos árabes comenzaron a invertir en la industria. Se trataba de personas que habían empezado también su trayectoria en el comercio, y que establecieron modestos talleres que no llegarían a ser importantes hasta después de la crisis económica mundial. Los industriales se vieron doblemente favorecidos por las medidas tomadas por el gobierno que pretendía fomentar y proteger la industria nacional frente a la competencia de la industrial extranjera y, además, por la estrecha colaboración entre los diferentes componentes de la colectividad árabe, coordinados por las cámaras de comercio árabes y algunos bancos de capital árabe. En resumen, podemos afirmar que si bien hasta 1930 los inmigrantes del Medio Oriente en general vivieron en circunstancias de marginalidad; la masa de la población y las clases acomodadas aún seguían viendo al inmigrante como una amenaza para sus intereses económicos. Pero a medida que fueron transcurriendo los años y en especial después de la Primera Guerra, se va a producir una apertura entre ciertos sectores de la sociedad -comolos intelectualesproclives a su asimilación e integración. El destacado filósofo y diplomático argentino de origen árabe, Victor Massuh, calificaba a esta integración de “suicidio cultural”, pues se hizo a costa de perder la identidad. La identidad de los padres no se prolongó en los hijos, no hay en la vida de ellos, ni en sus hábitos y costumbres, ningún rasgo fuerte de presencia árabe 360 . En cualquier caso, para un mejor conocimiento del tema que nos ocupa, hay que distinguir matices y hacer distinciones en función de los lugares de asentamiento de la población inmigrante. En cuanto a las zonas de asentamiento, en Buenos Aires los inmigrantes árabes se concentraron en el “barrio de los turcos”, donde los recién llegados encontraron hospedajes baratos y, en cuyas calles, podían exponer su modesta mercancía. Con el 360 Citado en AKMIR, “Introducción”, en Los árabes en América Latina. Historia de una emigración, p. 28. Algunas de las obras de Massuh son: América como inteligencia y pasión; La Argentina como sentimiento; Sentido y fin de la Historia. 144 paso del tiempo el número de árabes aumentó notablemente, y su actividad comercial llegó a tener gran importancia durante la Primera Guerra Mundial. En la capital argentina, la calle Reconquista contaba con 90 casas comerciales árabes y las calles Paraguay y Tres Sargentos tenían 18 cada una 361 . Esta profusión de comercios árabes no significaba que las condiciones de vida en el “barrio de los turcos” fuesen adecuadas: el comerciante que poseía un local solía vivir en el mismo, dividido en dos partes separadas por cortinas. Estos locales, generalmente en ruinas, eran sombríos y carecían de luz y ventilación. Estas circunstancias influyeron en la situación de marginalidad en que vivieron los inmigrantes en una primera etapa en el país de acogida. En suma, el grado de integración de la población árabe estuvo determinado por el nivel cultural y económico de los inmigrantes. Los inmigrantes de muy bajo nivel cultural y económico, que no hablaban castellano y con una mentalidad y costumbres plenamente árabes, permanecieron confinados en el “barrio de los turcos”. Los inmigrantes enriquecidos que no deseaban integrarse en la sociedad sino que buscaban el reconocimiento y liderato en su colectivo, intentaron divulgar su propia cultura, mejorar la imagen de sus compatriotas y consolidar su prestigio en la propia colectividad. Y, por último, los inmigrantes que llegaron a Argentina antes de la Primera Guerra Mundial y que poseían cierto nivel cultural y contaban con fortunas, se trasladaron del “barrio de los turcos” a barrios aristocráticos. Su máxima aspiración era integrarse en el sistema y adoptar el estilo de vida de las clases elevadas, a pesar del rechazo de la clase alta criolla autóctona. En el Noroeste argentino (formado por las provincias de Tucumán, Santiago de Estero, Salta, La Rioja, Catamarca y Jujuy) hubo una gran concentración de inmigrantes árabes. Hasta su llegada, estas provincias no habían conocido grandes contingentes migratorios; salvo alguna excepción, en estas provincias la organización social no presentaba la estratificación y rigidez que caracterizaba a la de Buenos Aires. Las clases altas estaban más abiertas a aceptar el beneficio que podían obtener de los inmigrantes enriquecidos y, por tanto, se hizo sentir menos la presión social, lo que favoreció la integración y el reconocimiento social. La evolución comercial y la apertura de establecimientos mayoristas hicieron posible el logro de importantes fortunas. Estos inmigrantes mostrarían su interés en 361 AKMIR, “La inserción de los inmigrantes árabes en Argentina (1880-1980): implicaciones sociales”, p. 243. 145 participar en la vida social y política y terminarían por ocupar puestos de concejales en las distintas esferas de la política provincial, sobre todo en el gobierno municipal. Otro aspecto relevante es la mezcla étnica o mestizaje que se produjo mediante matrimonios entre inmigrantes y población autóctona. Los maronitas eran los más dispuestos a integrarse en la sociedad argentina. Entre 1918 y 1930, se cifra en el 22,18% el número de matrimonios contraídos con personas ajenas a su propia colectividad. Entre los ortodoxos, se registra un porcentaje del 19,65%. Los musulmanes registran el porcentaje más bajo, el 12,5%. Entre estos últimos, es frecuente el volver a su país para encontrar esposa o bien pedir a sus familiares, residentes en sus países de origen, que les encuentren esposa. En su inmensa mayoría, el matrimonio fuera del grupo de pertenencia lo protagonizaron los hombres, casi nunca las mujeres 362 . 362 Ibídem, pp. 248-251. 146 CAPÍTULO 4. LAS MUJERES SIRIAS Y LIBANESAS Como hemos expuesto con anterioridad, Argentina recibió importantes contingentes migratorios procedentes de Europa y del Medio Oriente desde mediados del siglo XIX y a lo largo de la primera mitad de la centuria siguiente (1900-1950); es esta última etapa la que nos interesa, siguiendo los objetivos de nuestro trabajo. Sobre la inmigración en Argentina existe un gran número de investigaciones referidas tanto a este fenómeno en general como a determinados colectivos en particular, predominando las contribuciones sobre los italianos y españoles, en contraste con las que estudian otros grupos radicados en Argentina (dentro de estos los sirio-libaneses), que fueron menos analizados. Y en cuanto a la inmigración femenina, se puede ver la escasez de trabajos que traten de esta cuestión, tanto desde un punto de vista general como sobre casos particulares, es decir, referidos a las mujeres de diferentes orígenes que ingresaron en las primeras oleadas migratorias. Así, como ha señalado Bjerg, los estudios migratorios argentinos tuvieron un gran avance desde la década de 1980, pero no ha habido una dedicación especial a las mujeres inmigrantes para conocer el modo en que el abandono de la tierra natal afectó su papel dentro del orden familiar y social 363 , al igual que tampoco se han analizado en profundidad las cuestiones de la identidad en el marco de la sociedad receptora. En este aspecto, podemos decir que en general el papel de las mujeres en la sociedad tardaría en ser reconocido, de ahí que a pesar de los empeños de políticos e intelectuales argentinos del siglo XIX (entre ellos Juan B. Alberdi y Domingo F. Sarmiento) en modernizar la sociedad a través de la inmigración, se tengan pocos testimonios de la presencia y de la contribución de las mujeres de origen extranjero en los distintos ámbitos de la vida económica y social. En el caso de las sirias y libanesas en Argentina, las carencias son más notorias, en contraste con otras inmigrantes ya que al menos alguna información puede hallarse sobre las mujeres españolas e italianas y de otros orígenes que, además de haberse radicado en épocas anteriores a Argentina, lograron una más rápida inserción en el medio, llegando a desarrollar una acción social -y a veces políticadestacada, aunque esto siempre tuvo un carácter excepcional. Las circunstancias de las mujeres árabes 363 BJERG, María, Historia de la inmigración en la Argentina, Buenos Aires, Edhasa, 2010, p. 119. 147 inmigrantes, también influyeron en su “invisibilidad” en el escenario social. En su mayoría estaban limitadas al cumplimiento de sus obligaciones en el hogar, salvo en aquellos casos en que su posición económica e instrucción les permitió tener una mayor presencia en el espacio social. Por esto, al tratar de los diversos aspectos relacionados con las sirias y libanesas de la primera generación en Argentina, debemos afrontar los problemas que supone contar sólo con pocos datos y muy dispersos. Además, en el caso de acudir a fuentes orales, como lo hemos hecho en el presente estudio, se presenta el hecho de que muchos testimonios, incluidos los de las propias mujeres (tanto de las que emigraron o sus hijas, que transmiten los relatos de sus padres) aportan siempre las informaciones usando del masculino genérico, que así deja ocultas a las mujeres. Es un problema del lenguaje pero esto ha sido y es significativo en la imagen que se proyecta al hablar. El impacto del fenómeno inmigratorio en lo que se refiere a hombres y mujeres tiene algunas características comunes, aunque hubo también diferencias importantes en cuanto a sus experiencias y al papel que unos y otras tuvieron en la adaptación a la nueva sociedad, así como en la forma en que este proceso se operó según el género. Así también, los hombres y las mujeres no tuvieron las mismas oportunidades educativas, sociales, culturales y políticas, sin olvidar que en el caso que estudiamos el aspecto religioso también ha influido, tanto dentro de las propias comunidades como fuera de ellas –sobre todo entre los grupos musulmanes-, por ser distinta la forma en que hombres y mujeres participan en los respectivos cultos. Al mismo tiempo, tenemos que señalar y comparar la variedad de situaciones y condiciones de vida de las mujeres inmigrantes que arribaron a Argentina desde Europa y las procedentes de Siria y Líbano, debido a las diferentes circunstancias sociales y políticas en sus países de origen. De acuerdo con todo lo que hemos expresado, las páginas que siguen pretenden ofrecer una humilde contribución para el conocimiento de la historia de las primeras sirias y libanesas que llegaron a Argentina. 4.1. La salida de los territorios de origen La presencia de mujeres sirias y libanesas en Argentina no se produjo hasta los años noventa del siglo XIX y principios del XX. Vamos a hablar, en concreto, de las 148 inmigrantes que llegaron con sus familias y de las que salieron de su tierra para contraer matrimonio con hombres pertenecientes a la misma comunidad y formar una familia en el país de destino. Según las costumbres de aquella época ninguna mujer podía por sí misma tomar decisiones como la de emigrar; toda determinación correspondía a los jefes de familia. Además, y esto no sólo pasaba entre las inmigrantes árabes, hay que considerar que las mujeres parecían no tener vida propia, es decir, solían ser identificadas únicamente por su relación con los hombres (“esposas de”, “hermanas e”, “hijas o madres de”). La suerte de las mujeres emigrantes estaba ligada a la de sus parientes varones, viajaban acompañando a su marido o a su padre, pero jamás lo hacían de manera independiente 364 . Sin embargo, y en contraste con esta situación, vemos que otras mujeres sí llegaron solas a Argentina en una época en la que era muy extraño permitirles que se movieran de un país a otro sin compañía masculina; por ejemplo, como pasó con las maestras norteamericanas que emigraron de Estados Unidos para ser educadoras en Argentina, por iniciativa de Sarmiento 365 . Podemos añadir un motivo más para explicar la tardanza de la presencia femenina siria y libanesa en Argentina. Esto es porque la mayor parte de los primeros inmigrantes de ese origen que se instalaron en el país desde los años 1870 eran muy jóvenes y solteros en búsqueda de una nueva vida y de fortuna, de modo que no encontraron en el país receptor personas de la misma colectividad con quien formar pareja. A partir de 1890 la presencia de los inmigrantes árabes se hizo más notoria, llegando ya algunos con sus familias, aunque la salida de mujeres que emigran con sus maridos será más importante en las vísperas de la Primera Guerra Mundial. Así, el número de las mujeres árabes que emigraron hacia Argentina no fue significativo antes del gran conflicto, según el testimonio de L. Asfoura: “[…] yo tengo el número de mujeres que hay… es muy reducido antes del ’14 [1914], la mayoría viene ya para casarse” 366 . Vienen casadas o vienen para casarse. Mi abuela vino para casarse. [También] vienen solteras, acompañadas por tíos, hijos de… pueden ser hijos de familias amigas, pueden ser familias 364 CAZORLA, Liliana, “La mujer inmigrante de origen árabe en Argentina”. Buenos Aires, Publicaciones del Museo Roca (s. f.). Disponible en www.museoroca.gov.ar/ [Consulta 06/05/2015] 365 CAPIZZANO DE CAPALBO, Beatriz y LARISGOITIA DE GONZÁLEZ CANDA, Matilde, La mujer en la educación preescolar argentina, Buenos Aires, Editorial Latina, 1982, p. 97. 366 Entrevista a O. L. Asfoura. Sevilla, mayo de 2015. 149 amigas y ella viene ahí… Pero por lo general, ya vienen pedidas [sic] o vienen ya familias. Vienen casadas o vienen muchas para casarse. Mi abuela vino para casarse 367 . Las circunstancias en que ingresaban las mujeres y hombres que llegaban de Siria y Líbano eran muy diferentes a las de otros grupos como los europeos, quienes tenían de antemano noticias del país en el que iban a vivir; había mucha más información “oficial” en Europa, donde se hacían campañas de propaganda de las oportunidades que ofrecía Argentina para la inmigración: Ellas [las mujeres árabes] y sus esposos no conocieron el Manual del Inmigrante redactado por el gobierno argentino, que circulaba en Europa, en el que se asesoraba en todo lo concerniente al viaje, a la ciudad donde irían, al idioma que tendrían que aprender, a las características geográficas, las costumbres, las comidas tradicionales y hasta la ropa que debían usar. El manual era fundamental para asumir en la práctica todo lo que debía enfrentar el inmigrante en el futuro 368 . Es interesante mencionar que la gran masa de los inmigrantes, incluidos los árabes, no contó con muchos recursos económicos para el viaje, tras hipotecar todo lo que tenían para poder emigrar. En nuestro caso, podemos ver que las penurias empezaban en la misma tierra de origen y, si se trataba de hombres mujeres de Siria, cuando pudieron o decidieron emigrar tuvieron que recorrer grandes distancias desde las zonas interiores, haciendo recorridos en tren para llegar a los puertos de Beirut o Trípoli y después embarcarse hacia América; de ahí seguían las escalas previas en puertos del Mediterráneo (costa italiana y francesa) antes de entrar al océano Atlántico. Además, en las migraciones producidas antes de la Guerra del ’14, se sumaba el peligro de los controles turcos, para frenar la salida de hombres que podían ser reclutados para el ejército. Hay testimonios interesantes sobre estos viajes (se puede decir huidas en muchos casos), como los publicados por Edith Chahín, escritora chilena de origen árabe. Esta autora cuenta en forma novelada la experiencia migratoria de sus padres, centrándose en la figura de su madre; empieza el relato desde que dejaron la ciudad siria de Homs para ir a América. Su destino final era Santiago de Chile, pero pasando antes por Buenos Aires, donde permanecieron un tiempo), ciudades ambas en la se hallaban parientes y amigos del matrimonio; esto además permite ver cómo funcionaban las redes personales en los movimientos migratorios entre los árabes. Chahín describe 367 ASFOURA, Olga Liliana, “Árabes en Tucumán: relatos de abuelas”, Amérique Latine. Histoire et Mémoire. Les Cahiers ALHIM, 9, 2004. Publicado el 18 febrero 2005. Disponible en: http://alhim.revues.org/395 [Consulta: 02/09/2015] 368 CAZORLA, “La mujer inmigrante de origen árabe en Argentina”. 150 primero el tiempo anterior al viaje de sus padres hasta llegar a Trípoli, y en ese capítulo muestra cómo Nahima (su madre) se dedicó a hacer labores para vender y juntar dinero para emigrar. Finalmente, en junio de 1913 (poco antes de que se produjera la Guerra del ’14), pudieron subir a un barco de carga en Trípoli, por medio de la gestión de un “enlace” en esta ciudad; de este hombre no conocían ni siquiera el nombre, por cuestiones de seguridad debido a los controles turcos, como le contestó el esposo a su mujer: Si nos preguntaran quién es el que nos ayuda a salir del país… no es fácil soportar las torturas del interrogatorio sin hablar. Terminaríamos por decir su nombre y ya nadie seguiría ayudando a la gente a huir de la guerra 369 . Estas experiencias también las pasaron otras mujeres y hombres que, además de escapar del conflicto que se avecinaba, habían sufrido las persecuciones de los turcos, como los que pertenecían a las minorías cristiana y musulmana alauí. El viaje por el Mar Mediterráneo tenía paradas en varios puertos, como cuenta Chahín en su libro: Chipre, Creta, Córcega y Marsella, lugar este último desde el que salían los trasatlánticos hacia América del Sur 370 , de modo que aún les quedaba a los emigrantes el difícil cruce por el océano. Por lo general viajaban en barcos de tarifa económica durante meses y en malas condiciones: en las bodegas de los barcos, soportando el hacinamiento y una atmósfera irrespirable, los problemas de salubridad y muchas otras incomodidades hasta llegar a América. Según expresa Vitar en uno de sus trabajos sobre los sirios y libaneses en Argentina, el viaje en barco hasta América “quedó impreso en el imaginario de sus hijos y nietos como una de las más significativas expresiones del desarraigo y de los pesares que acompañan al emigrante” 371 . En esas circunstancias, hubo mujeres árabes (como habrá ocurrido a las de otros países) que dieron a dar a luz en el mismo viaje, consiguiendo superar todo tipo de dificultades hasta llegar con el bebé sano y salvo al punto de arribada, el puerto de Buenos Aires 372 , pues es conocido que muchas criaturas, enfermos o ancianos morían en altamar. Ofrecemos otro testimonio sobre el viaje en 369 CHAHÍN, Edith, Nahima. La larga historia de mi madre, Madrid, Literaturas Comunicación S. L., 2001 [edición digital sin números de páginas]. Disponible en https://books.google.es/ [Consulta 04/06/2015]. 370 Ídem. 371 VITAR, “Inmigración, etnicidad y experiencias generacionales: el caso de los sirios y libaneses en Tucumán (Argentina)”, p. 110. 372 Esto le ocurrió a una mujer siria que viajaba en el barco italiano “Cecilio C” y que dio a luz durante el viaje, por lo cual al recién nacido le pusieron de nombre de Cecilio. Comentario personal de la Dra. Beatriz Vitar. 151 barco de los emigrantes que muestra el problema del desarraigo, de la migración como una salida forzada y el desconocimiento del idioma del país al que iban. Esto no sólo lo sufrieron los hombres sino también las mujeres 373 , aunque el entrevistado en este caso lo relata desde el lado masculino, es decir, refiriéndose sobre todo a los recuerdos transmitidos por el padre: Ellos recuerdan... yo te digo lo que dice mi padre... el tema del viaje en barco, que ha durado muchísimo, que se han tenido que bancar [soportar] hambre y también... cansancio y... ¿qué se yo?, decepción también, porque tenían que hacer ese viaje que no era... lo que habían elegido ellos, pero obligados, forzados... Y después la melancolía o el sentimiento ese de dejar su tierra y tener que ir a un lugar que no conocen, no conocen el idioma. Todo son malos recuerdos, malos recuerdos 374 . Es curioso que en otro testimonio (de un descendiente de ortodoxos) se menciona el duro viaje marítimo hacia América y también haciendo únicamente referencia a los relatos paternos, a pesar de que en este caso el emigrante había hecho la travesía con su madre y hermanas: Mi padre nos contó mucho… de todas las peripecias que pasó desde que salió de Siria, pasando por distintos países […], que viajaban en barcos que eran como cárceles, tan antiguos… 375 Claro que hubo mujeres que, con mejor situación económica, pudieron hacer frente a los problemas de emigrar, sobre todo las libanesas de sectores pudientes y con instrucción, que llegaron a Argentina con sus esposos o con sus familias, por lo general con recursos económicos; por ejemplo, según cuenta una entrevistada, nieta de libaneses: “Mi abuela vino en barco, te diría… de primera [clase], y veía cómo la gente que estaba en tercera, venía toda alienada [sic]” 376 . También podemos mencionar el caso de José Frem Bestani y de su esposa Labibe AbuChakra, originarios de Deir el-Kamar 373 Con relación a otros grupos migratorios que llegaron a Argentina, como fue el caso de los gallegos, la historiadora Cagiao Vila ha destacado también los sufrimientos pasados por las mujeres que emigraron, durante la travesía en los barcos, señalando además el acoso que sufrieron por parte de los hombres (tripulantes o pasajeros). Véase al respecto: CAGIAO VILA, Pilar, “Género y emigración: las mujeres inmigrantes gallegas en Argentina”, en Xosé Núñez Seixas (ed.), La Galicia Austral. La inmigración gallega en la Argentina, Buenos Aires, Biblos, 2001, pp. 114-115. 374 Relato de un hijo de sirios alauíes (subrayado añadido), en: VITAR, Beatriz, “Testimonios orales de los descendientes de sirio-libaneses en San Miguel de Tucumán (Argentina). La identificación étnica”, Trocadero. Revista de Historia Moderna y Contemporánea, nº 14-15, 2002-2003, p. 174. 375 VITAR, “Inmigración, etnicidad y experiencias generacionales: el caso de los sirios y libaneses en Tucumán (Argentina)”, p. 110. 376 Ibídem, p. 111. Posiblemente, la entrevistada utilizaría el término “alienada” para dar a entender que en ese hacinamiento y malas condiciones, los viajeros podían llegar a experimentar ciertos trastornos psicológicos (comentario personal de la Dra. Beatriz Vitar). 152 (Líbano), que llegaron a Argentina al principio del siglo XX 377 , igualmente gente culta y de buena posición, con medios propios suficientes para realizar su viaje emigratorio sin pasar aprietos. La llegada al puerto de Buenos Aires fue para la mayoría de los que habían emigrado el alivio de dejar atrás una primera etapa de sufrimientos. A partir de ese momento debían enfrentar su vida de inmigrantes, con todo lo que implicaba, aunque muchos tuvieron la suerte de que, para empezar, les aguardaban en el puerto algunos de sus paisanos. El relato de una hija de libaneses da cuenta de esos arribos de mujeres y hombres de Medio Oriente, después de tan largo viaje y de los sentimientos que los embargaban, como ocurriría a todos los inmigrantes: Personalmente recuerdo la llegada de estos emigrantes a Buenos Aires allá por los años [sic] 1925, que eran recogidos por mis padres en el puerto, adonde concurrían periódicamente a recoger contingentes que llegaban con hijos y bultos después de treinta días de viaje, algunos enfermos, hambreados, atemorizados y desamparados. Es esta orfandad de la que están plenamente rodeados los que los hace mansos en el nuevo medio, predisponiéndolos a soportarlo todo y gracias a esa mansedumbre se irán abriendo camino paso a paso 378 . Otras situaciones al llegar a Buenos Aires fueron más dramáticas, como pasaba cuando no había parientes o allegados a la espera de los inmigrantes, como le ocurrió a una mujer libanesa que había emigrado con sus hijos para reunirse con el marido en Argentina, y que ya siendo abuela relató su experiencia. En el testimonio de esta señora que, según lo parece, estaba casada con un hombre de buena posición económica, pueden verse los aspectos que antes hemos comentado sobre el viaje por el Mediterráneo y las escalas en los puertos, pero en este caso sin padecer incomodidades por las condiciones de la embarcación en la que iban. Sin embargo tuvo que sufrir junto a sus hijos las consecuencias de la situación de otros países (como la Guerra Civil en España) y luego, en tierra argentina, la incertidumbre hasta que se encontró con su esposo: Yo nací en la aldea libanesa de Zin, estudié en el colegio de la Sagrada Familia de las hermanas maronitas. Mi padre había emigrado a la Argentina en 1930 por cuestiones económicas. Vinimos en compañía de mi madre éramos seis niños de distintas edades. Nos embarcamos en el puerto de Beirut hasta Trieste (Italia). Luego de permanecer unos días en esa ciudad nos embarcamos hacia la Argentina. Tuvimos una serie de inconvenientes, primero mi padre había contratado con una empresa española nuestro viaje. Al producirse la guerra civil se suspendió el contrato y papá perdió el dinero que había pagado de adelantado. Al final 377 “Los sirios y libaneses en Argentina” (PPT). Disponible en www.altapolitica.com/contenido/cultura/los_libaneses_y_la_argentina.pps [Consulta 01/09/2015] 378 ALBACA, “Instalación e influencia del grupo arábigo en el Noroeste argentino”, pp. 7-8.