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Varias adiciones inéditas a la obra artística de Castillo Lastrucci

González Gómez, Juan Miguel; Rojas-Marcos González, Jesús

Abstract

En el presente trabajo damos a conocer diez nuevas obras del conocido artista sevillano Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). La primera es una escultura de temática civil. Las nueve restantes ponen de manifiesto, una vez más, su desconocido quehacer pictórico. Dicha faceta fue puesta en práctica, sobre todo, durante los inicios de su dilatada trayectoria profesional. Tales piezas, al estar firmadas con pseudónimo, han permanecido ocultas para los especialistas y el público en general. Se trata de siete vistas urbanas de Sevilla y dos bucólicos paisajes de tema costumbrista y pastoril.

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RESUMEN En el presente trabajo damos a conocer diez nuevas obras del conocido artista sevillano Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). La primera es una escultura de temática civil. Las nueve restantes ponen de manifiesto, una vez más, su desconocido quehacer pictórico. Dicha faceta fue puesta en práctica, sobre todo, durante los inicios de su dilatada trayectoria profesional. Tales piezas, al estar firmadas con pseudónimo, han permanecido ocultas para los especialistas y el público en general. Se trata de siete vistas urbanas de Sevilla y dos bucólicos paisajes de tema costumbrista y pastoril. Palabras clave: Antonio Castillo Lastrucci, Sevilla, Siglo XX, Neobarroco, Escultura, Pintura. SUMMARY V tem clanku so predstavljeni 10 novih del, ki jih je dobro znana umetnica Sevilian Antonio Castillo Latrucci (1878-1967). Prvi je kip civilne teme. Drugi del 9 manifestira svojo neznano sposobnost za slikarstvo. Ta vidik je bil izveden s Castillo Latrucci v zacetku svojega dolgega proizvodnega življenju. Vse te slike, saj so podpisali psevdonimno, so bili neznani strokovnjaki in javnost na splošno. Sedem od teh slik opisuje urbana pogled Sevilla In 2 so slike priljubljenih in pastoralne teme. Keywords: Antonio Castillo Lastrucci, Seville, Twentieth century, Neo-baroque, Sculpture, Painting. 195 196 VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI Sabido es que, en 2009, publicamos una extensa monografía sobre Antonio Castillo Lastrucci (1878-1967). Dicho trabajo, con novedosas aportaciones sobre su biografía y poética, vio la luz pública gracias a Ediciones Tartessos1. Es el volumen IV de la serie dedicada a los “Grandes Maestros Andaluces”. Consta de dos tomos, de cuidada y lujosa presentación. En su abundante y selecto repertorio gráfico, destacan abrumadoramente las fotografías en color. Las que se incluyen en blanco y negro son testimonios de tiempos pretéritos. En el primero de ellos se aborda el estudio del perfil humano y el análisis iconográfico y estilístico de su obra. Y en el segundo se confecciona el ingente y polifacético inventario de su producción artística. Sin embargo, al ser un autor tan prolífico, el compendio de su quehacer plástico forzosamente quedó abierto en espera de nuevas aportaciones. En efecto, desde entonces, hemos ido dando a conocer puntualmente a través de distintos artículos, editados en las más prestigiosas revistas de arte de nuestra ciudad, los nuevos hallazgos sobre el tema. Todas esas obras proceden de diferentes colecciones particulares, tanto de Sevilla como de otras poblaciones andaluzas. Que esto es así lo confirman, entre otros, los trabajos titulados “Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci” y “Nuevas aportaciones a la obra pictórica…” del referido artista, ambos publicados respectivamente en 2010 y 20112. Uno y otro confirman la versatilidad del autor, que cultivó los más variados asuntos. Ejecutó esculturas e imaginería polícroma, pinturas, diseños, retablos, pasos procesionales y mobiliario. Todos los encargos, resueltos con adecuado dibujo, habilidad compositiva y notoria claridad discursiva, justifican su extraordinaria popularidad3. Nuestro artista nació en la Sevilla romántica del último tercio del siglo XIX. Sus padres, D. Eduardo Castillo del Pino, propietario de una industria dedicada a la sombrerería; y D.ª Araceli Lastrucci del Castillo, consagrada a sus labores, residían en la casa n.º 34 de la actual calle Antonio Susillo, junto a la Alameda de Hércules. La solvencia económica de sus progenitores hizo posible que recibiera una buena educación general, en el colegio San Luis Gonzaga. Entretanto, como apoyo, en su domicilio familiar, tomaba clases de 1 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús: Antonio Castillo Lastrucci, Ediciones Tartessos, Sevilla, 2 tomos, 2009. 2 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús: “Nuevas aportaciones a la obra religiosa de Antonio Castillo Lastrucci”, en Laboratorio de Arte, n.º 22, Universidad de Sevilla, Sevilla, 2010, pp. 429-451 e Ídem: “Nuevas aportaciones a la obra pictórica de Antonio Castillo Lastrucci”, en Archivo Hispalense, n.º 285-287, vol. XCIV, Diputación Provincial de Sevilla 2011, pp. 347-382. 3 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús: Ob. cit., 2009, tomo I, p. 97. 197 JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ profesores particulares. Y dada su inclinación artística, comenzó su formación plástica en el prestigioso taller del célebre escultor sevillano Antonio Susillo (1857-1896). Por tanto, fue condiscípulo de Viriato Rull, Fernando de la Cuadra, Joaquín Gallego, Miguel Sánchez-Dalp y Calonje de Guzmán, Gustavo Luca de Tena, Joaquín Bilbao Martínez y Lorenzo Coullaut Valera4. No obstante, a fines del Ochocientos, Antonio Castillo Lastrucci completó sus estudios artísticos en la sección de Bellas Artes de la Escuela Industrial y de Artes y Oficios de Sevilla, ubicada en el monumental exconvento Casa Grande de la Merced Calzada. Por esas calendas, el edificio, consolidado y embellecido a expensas de la Excma. Diputación Provincial entre 1868 y 1888, estaba sobre-dotado de usos. En sus hermosas dependencias funcionaban al unísono el Museo Provincial de Pintura y Escultura, la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de la que dependía la referida institución museística5, el Museo Arqueológico, la Comisión de Monumentos Históricos y la citada Escuela de Artes e Industrias. Por fin, en 1933, esta última, que constituía una seria amenaza para tan importante pinacoteca y para la integridad material del inmueble, es desalojada definitivamente de la valiosa fábrica de Juan de Oviedo6. En tan prestigioso centro de estudios artísticos tuvo como profesores a reconocidos especialistas en las diferentes disciplinas. Es obvio que el joven Castillo Lastrucci, con la constancia y humildad que siempre le caracterizó, supo sacar lo mejor de cada uno de ellos. Por consiguiente, durante esta etapa de formación oficial y académica fue alumno, entre otros, de Francisco Marco, 4 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel: “Dos esculturas de Antonio Susillo en la iglesia parroquial de La Granada de Riotinto (Huelva)”, en Actas del II Congreso Español de Historia del Arte: El Arte del siglo XIX, Valladolid, 1978, tomo II, pp. 27-29; Ídem: “Antonio Susillo entre el último romanticismo y el primer realismo”, en Temas de Estética y Arte, n.º XI, Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, Sevilla, 1997, pp. 25-68; Íd.: “Nuevas aportaciones sobre la vida y obra de Susillo”, en Laboratorio de Arte, n.º 10, Universidad de Sevilla, Sevilla, 1997, pp. 289-318; y GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús: “Cuatro nuevas obras del escultor Antonio Susillo”, en Laboratorio de Arte, n.º 23, Universidad de Sevilla, Sevilla, 2011, pp. 391-414. 5 MURO OREJÓN, Antonio: Apuntes para la Historia de la Academia de Bellas Artes de Sevilla, Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, Sevilla, 1961; Ídem: “Breve historia de la Academia”, en Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría (Historia, Reglamento, Académicos y Publicaciones), Sevilla, 1987, pp. 5-21; y BANDA Y VARGAS, Antonio de la: “Síntesis histórica de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla”, en La Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Su historia, su organización y su estado en el año 2006, edición preparada por Margarita Toscano San Gil, con la supervisión de Ramón Corzo Sánchez y la colaboración de Antonio López Calderón, Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, Sevilla, 2006, pp. 9-11. 6 MORENO MENDOZA, Arsenio: “Historia de un museo”, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Ediciones Gever, Sevilla, 1991, tomo I, p. 42. 198 7 HERNÁNDEZ DÍAZ, José: Enrique Pérez Comendador, escultor e imaginero (1900-1981), Diputación Provincial de Sevilla, Colección Arte Hispalense n.º 61, Sevilla, 1993, pp. 24-25. 8 “El escultor Castillo, pensionado”, en El Liberal, Sevilla, 16-IV-1915, s.p. en Modelado y Escultura; de Pedro Domínguez, en Ensamblado y Vaciado; de Gonzalo Bilbao, en Colorido y Composición; y, también, de José María Rodríguez de Losada. Y, entre sus condiscípulos, en esta ocasión, podríamos citar a los renombrados escultores Agustín Sánchez-Cid y Enrique Pérez Comendador7. Entretanto, el afamado pintor Virgilio Mattoni le influye benéficamente. Causa por la que, desde entonces, compagina la escultura y la pintura. Como era usual en la época, los jóvenes y meritorios artistas solían culminar sus estudios en Francia e Italia. Con tal fin, entre 1915 y 1916, Antonio Castillo Lastrucci obtuvo una beca de la Diputación Provincial de Sevilla para ampliar su formación en el extranjero8. Empero, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) le obligó a modificar su programación inicial. Se vio forzado a permanecer una larga estancia en París, donde pudo conocer en profundidad las vanguardias del momento. Más tarde, tras renunciar al viaje de Roma, se desplazó a Madrid. Y fue en la capital de España donde estudió la pintura de los grandes maestros del Barroco español. Así, y no de otra forma, fue como ultimó su preparación y desarrolló su talento creativo este afamado artista sevillano. Cerrado el capítulo de la formación de Castillo Lastrucci procede, pues, aludir a su proclamación artística. En este sentido, de entrada, encontramos tres etapas perfectamente definidas. En la primera, considerada como Modernista, deja sentir el atinado compromiso entre la supervivencia del gusto romántico y la eclosión del realismo finisecular de progenie susillesca. En esta línea están sus obras profanas: relieves, grupos escultóricos, bustos, retratos, sepulcros y monumentos públicos. Con estas piezas, que cautivan por la habilidad del dibujo, el academicismo de la composición y la frescura del modelado, concurre a los certámenes y concursos oficiales. Resulta, a todas luces, bastante sorpresivo que al regresar a Sevilla procedente de Madrid, frente a lo que pudiera pensarse a priori, permanece aferrado al sugestivo y poético estilo de Antonio Susillo. Tan delicioso continuismo se interrumpe en 1922. En ese mismo año, nuestro artista inicia su segunda etapa, denominada Ecléctica. Desde entonces y hasta 1936, tras recibir los primeros encargos de imaginería procesional por parte de hermandades penitenciales de Sevilla y Málaga, combina en buena lid la labor escultórica VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 199 del periodo anterior con la estética neobarroca de la que hace gala en su quehacer religioso. Y, por último, su tercera etapa artística es la que le dará mayor fama y popularidad. A partir de 1936, tras los luctuosos sucesos de la Guerra Civil (1936-1939), se consagró definitivamente al arte sacro. Desde esa fecha y hasta su óbito, ocurrido en 1967, trabajó afanosamente como escultor y restaurador de obras de arte. Tanto sus tallas polícromas como sus imágenes de vestir responden siempre al gusto neobarroco sevillano. En unas y otras conjuga con acierto las maneras, sentimientos y sugestiones magistrales de Martínez Montañés y Juan de Mesa con sus personales aportaciones y grafismos. De esta forma define un singular estilo artístico, de indudables valores plásticos, escenográficos y narrativos. Todos ellos asequibles aun a los más indoctos. Y para poner punto final al presente preámbulo tan sólo nos resta, como apuntamos renglones atrás, hacer una breve referencia a la faceta pictórica de Antonio Castillo Lastrucci. Desde sus comienzos, por afanes crematísticos, cultivó la pintura. Sus cuadros, por lo general, son de pequeño formato. La temática costumbrista, aunque retardataria, es la que afianza las concreciones, la técnica y la morfología del autor que nos ocupa. Este es un aspecto de su arte prácticamente ignorado por los estudiosos y por el público en general. Hasta ahora en ellos ha representado en exclusiva: gitanos, escenas taurinas y religiosas, vistas monumentales de Sevilla y retratos. Con frecuencia hemos podido comprobar que utilizó para ello la apoyatura de la fotografía. Su factura, no exenta de cierta ingenuidad, hace gala de un dibujo discreto y de una paleta colorista. En definitiva, busca con deleite el pormenor y el tipismo convencional de la época. Ultimamos, pues, el presente exordio. Y lo hacemos aportando el estudio y la catalogación de diez nuevas obras de tan popular artista hispalense. En esta ocasión sumamos a su ya, de por sí, dilatado y buen hacer profesional, una escultura y nueve paisajes urbanos y rurales. En el capítulo escultórico añadimos un busto, de escayola patinada en tonos terrosos, del insigne poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer, el más brillante epílogo del romanticismo español. Entre las pinturas, una está ejecutada sobre lienzo; y las ocho restantes, sobre tabla. Todas estas piezas, realizadas con la sencillez y decisión que definen la poética de su autor, revelan, como dice William Schwenk Gilbert en The Yeomen of the Guard: “Donde hay verdadero valor encuéntrase también verdadera modestia”. *** JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 200 9 CASCALES MUÑOZ, José: Las Bellas Artes plásticas en Sevilla, tomo II, Toledo, 1929, p. 47. 10 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel: Ob. cit., 1997, p. 38. 11 Cf. “De arte. En el taller de Antonio Castillo”, en El Liberal, Sevilla, 10-V-913, p. 1; “Artistas de mérito. El escultor Antonio Castillo”, en El Liberal, Sevilla, 18-X-1913, p. 3; y “En el estudio del escultor sevillano Antonio Castillo. Proyectos de Monumento a Martínez Montañés para su colocación en la Plaza de San Lorenzo y de los cuales es autor un reputado escultor discípulo de Susillo, don Antonio Castillo”, en El Liberal, Sevilla, 23-III-1915, p. 1. ¡QUÉ ES POESÍA! Escultura en escayola patinada en tonos tierra. 68 x 39 x 25 cm. Obra de Antonio Castillo Lastrucci. Año 1961. Firmada y fechada en la parte delantera de la base: “A. Castillo Lastrucci / SEVILLA / 1961”. Inscripción en una cartela sobre la base: “¡QUÉ ES POESÍA!”. Sevilla. Colección particular. En la actualidad, Antonio Castillo Lastrucci es más conocido por su ingente obra de imaginería religiosa. No obstante, a lo largo de su dilatada trayectoria profesional acometió con acierto un variado repertorio de asunto civil. De hecho, el quehacer plástico de su primera etapa artística lo protagoniza un seductor elenco de piezas de temática simbólica y profana. Son los años en que modela, sobre todo, esculturas de pequeño formato y relieves en barro cocido, cuya iconografía romántica y literaria procede de su maestro Antonio Susillo, el más importante escultor sevillano del último tercio del Ochocientos. La obra de tan fecundo e inquietante artista decimonónico está protagonizada por sus poéticos y sugestivos bajorrelieves. En este sentido, Susillo hacía rimas con el barro como Bécquer las componía con palabras. Razón por la que sus paisanos le llamaban con toda justicia el “Bécquer de la Escultura”9. De hecho, entre los monumentos públicos encargados por Sevilla a tan celebrado artista figura el de Gustavo Adolfo Bécquer, cuya primera piedra se puso el 11 de enero de 1887 en la orilla del río, en la actual calle Guadalquivir, próxima a la Barqueta. Sin embargo, más tarde, el proyecto fue abandonado por el propio autor10. Castillo, en sus primeros años profesionales, se vanagloriaba insistentemente de haber tenido como maestro a Susillo, aunque realmente fuera un método para darse a conocer ante la crítica artística y el público11. Poco antes de fallecer afirmó que, una vez muerto el genial escultor, pudo “ver muchas de sus obras, sobre todo, bajorrelieves que me impresionaron por la VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 201 técnica desarrollada y sobre todo, por el movimiento que le daba”12. Es obvio que en su primer periodo artístico sigue, morfológica y técnicamente, la órbita de Antonio Susillo. Respecto a la iconografía, el quehacer profesional de Castillo anterior a 1930 pone de manifiesto el importante papel que jugaron las obras de temática literaria en su producción. Que esto es cierto lo prueban figuras como La literatura o grupos como La carta13. Y relieves de tema zorrillesco, como Don Juan Tenorio y Don Juan Tenorio en sus funerales14; y una veintena de asunto quijotesco15, entre los que podemos mencionar Todo el mundo se tenga, firmado y fechado en 191416. Sabemos también que realizó un grupo escultórico dedicado a Cervantes, un busto con el mismo título, que custodiaba en su propio estudio17; y un proyecto de monumento para Madrid dedicado al preclaro escritor alcalaíno18. Pero, en el caso que nos ocupa, merecen especial mención las obras de temática becqueriana. Al igual que su maestro Antonio Susillo, concibió un monumento A Gustavo Adolfo Bécquer, cuyo boceto fue presentado en la Exposición de Bellas Artes del Ateneo de Sevilla de 191119. Entre los relieves en barro cocido podemos citar, de los inspirados en las leyendas, Maese Pérez 12 RUFINO, Ricardo: “El imaginero Castillo Lastrucci”, en Archivo Hispalense, n.º 140, vol. XLIV, Sevilla, 1966, p. 91. 13 La literatura se encontraba antiguamente en la colección particular de Pedro Bargañón; y La carta en la de José Benjumea Zayas, ambas en Sevilla (Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.). 14 Esta última pieza se ubicaba en la colección particular de Basilio del Camino, en Sevilla (Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.). 15 Citados en Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p. No se especifican los títulos, a excepción de Don Quijote en casa de los Duques, en la colección hispalense de Luis Rojas. El resto, según esta publicación, se reparte en las colecciones sevillanas de José Benjumea Zayas, Juan Talavera, Juan López, Eugenio López, María García y el propio estudio de Castillo Lastrucci. 16 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús: Ob. cit., 2009, tomo II, n.º I.595, pp. 329 y 348. 17 El grupo era propiedad, en Sevilla, de José Benjumea Zayas (Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.). 18 CASCALES MUÑOZ, José: Ob. cit., tomo II, p. 81 y GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y ROJASMARCOS GONZÁLEZ, Jesús: Ob. cit., 2009, tomo II, n.º II.19, p. 363. 19 Registro de obras presentadas a las exposiciones del Centro de Bellas Artes entre 1910 y 1911, s.p.; Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.; y PÉREZ CALERO, Gerardo: Las Bellas Artes y el Ateneo de Sevilla. La vida artística de la ciudad (1887-1950), Ateneo de Sevilla, Sevilla, 2006, tomo I, p. 167. JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 202 “El Organista”, de 191120; y Las tres Fechas, anterior a 193021. Y, los basados en las rimas LXXIII y XXI, ¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo?, firmado y fechado en 1911, de la colección Oriol Ybarra22; y ¡Qué es poesía!, realizado antes de 193023. Esta última obra, al tratarse de una pieza relivaria, nada tiene que ver con el busto homónimo que presentamos, fechado en 1961. Consta que, con anterioridad a 1930, Castillo Lastrucci ya modeló un busto sobre Bécquer, conservado por el escultor en su taller24. En 1935 hizo lo propio con el denominado Gustavo Adolfo Bécquer, dedicado por el artista “A LA SIMPÁTICA PEÑA SAN LORENZO”. En una cartela, entre una mujer tendida, su espíritu volador y las habituales golondrinas y amapolas, reproduce la primera estrofa de la rima LXXV: “¿Será verdad que cuando toca el sueño / con sus dedos de rosa nuestros ojos, / de la cárcel que habita huye el espíritu / en vuelo presuroso?”. Esta obra en barro cocido se conserva actualmente en la colección particular de Mercedes Arenas González. Fue sustituida, en 1959, por una réplica en madera sacada a puntos por su discípulo José Pérez Delgado (1931-2010), hoy en Casa Ricardo de Sevilla (antigua Casa Ovidio)25. Ni que decir tiene que estas piezas de asunto becqueriano son un precedente directo de la obra inédita que catalogamos, conservada en una colección particular hispalense (Fig. 1). Se trata de un busto, modelado en escayola patinada en tonos cálidos, de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870). La efigie del poeta romántico se asienta sobre una base rectangular con las esquinas achaflanadas, en cuya parte delantera figura la firma y la fecha del autor: “A. Castillo Lastrucci / SEVILLA / 1961”. Dicha cronología prueba, una vez más, la existencia de piezas de asunto civil en la última etapa profesional 20 Era propiedad del Ateneo de Sevilla, que, al parecer, premió la obra (Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.). En A.S.G.: “Artistas sevillanos. Antonio Castillo”, en El Correo de Andalucía, Sevilla, 14-IX-1911, p. 1, aparece recogida como boceto. Sin embargo, su fecha de ejecución se confirma en GUICHOT Y SIERRA, Alejandro: El Cicerone de Sevilla, monumentos y artes bellas, Sevilla, 1925, tomo I, p. 419. 21 Antiguamente pertenecía a la colección particular sevillana de Manuel Blasco Garzón (Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.). 22 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús: Ob. cit., 2009, tomo II, n.º I.584, pp. 328 y 348. 23 Formaba parte de la colección de Luis Cabello en Sevilla (Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p.). 24 Antonio Castillo Lastrucci. Escultor artístico. Relación de obras ejecutadas, Establecimiento tipográfico de Juan Mejías, Sevilla, 1930, s.p. 25 GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús: Ob. cit., 2009, tomo II, n.º I.55 y I.56, pp. 21-22. VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 203 del escultor, quien nunca abandonó la temática profana a pesar del éxito de su imaginería religiosa. Castillo Lastrucci sintió durante toda su vida especial predilección por los temas taurinos y literarios, sobre todo cuando realizaba esculturas dedicadas a sus amigos y familiares. En la obra que nos ocupa, el artista representa a Bécquer de tres cuartos, con el cuello levemente girado hacia su izquierda y la cabeza erguida. Su figura queda envuelta en una suntuosa corona de laurel, atributo del dios Apolo, símbolo de la inmortalidad y emblema de la victoria. Es el digno objeto del glorioso poeta, que reconoce así la eximia virtud de su noble arte26. Viste capa española embozada, entre la que se vislumbra el cuello de la camisa y la corbata de lazo. El rostro, de intensa expresividad anímica, no deja a nadie indiferente. Luce, entre sus carnosos labios, bigote y perilla. Tiene la nariz recta y fina. El cabello, de sinuosas guedejas y rizos serpenteantes, evoca el más puro sabor romántico. Y sus penetrantes ojos, enarcados por las ágiles cejas, cautivan la atención hacia el vate sevillano. La vibrante mirada conmueve y seduce el ánimo del espectador. El escultor, con su técnica suelta y su pormenorizada elaboración, plasma a la perfección el fascinante temperamento poético del genio creador. Su marcada tendencia a dulcificar las formas le permite crear una sugestiva imagen idealizada, no exenta de cierta ensoñación y poesía. Castillo, con su extraordinaria facilidad narrativa, transmite la impronta elegante y aristocrática del efigiado, llena de lirismo, nostalgia y melancólica languidez. Desde el punto de vista plástico, es obvio que, para tan sugerente interpretación, el artista se inspira en la imagen de Gustavo Adolfo Bécquer representada en los dos magistrales retratos de su hermano Valeriano (18331870). El primero de ellos, hoy en paradero desconocido, fue pintado en 1854, año en que el poeta, a los dieciocho de su edad, marcha para Madrid. El segundo, realizado hacia 1862, cuando ambos hermanos se reencuentran en la Corte, se expone actualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Tan excepcional composición es, sin ninguna duda, la mejor imagen del autor de las Rimas y una de las obras capitales del romanticismo pictórico español27. Esta magnífica representación, imbuida de un intenso amor fraternal, dista, sin embargo, de las versiones fotográficas del poeta. No obstante, fue la iconografía más difundida de Gustavo Adolfo, gracias a la versión grabada de 26 REVILLA, Federico: Diccionario de iconografía y simbología, Ediciones Cátedra, Madrid, 1990 (6.ª edición ampliada de 2009), p. 388. 27 GUERRERO LOVILLO, José: Valeriano Bécquer. Romántico y andariego (1833-1870), Diputación Provincial de Sevilla, Colección Arte Hispalense n.º 3, Sevilla, 1974 (2.ª edición de 1994), pp. 56-57 y 62, láms. 1-2. JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 210 41 COOMARASWAMY, Ananda Kentish: “Sahaja”, en The dance of Shiva. Fourteen Indian Essays, Nueva York, 1965, pp. 126-127. 42 CHEVALIER, Jean y GHEERBRANT, Alain: Diccionario de los símbolos, Herder, Barcelona, 2007, p. 631. 43 BRETÓN DE LOS HERREROS, Manuel: Ob. cit., p. 166. 44 GARCÍA LORCA, Federico: Yerma, Editorial Comares, Granada, 1998, pp. 44-45. “Caminaba Chandidas por la orilla de un río donde mujeres lavaban la ropa… una de ellas, Rami, lo miró, y quedó él lleno de amor, como quedara Dante en el encuentro de Beatriz. Rami era muy hermosa, pero por ser de casta humilde apenas si hubiera podido quitarle el polvo de los pies. Sin embargo él prescindió de sus deberes sacerdotales y declaró abiertamente su amor en canciones: «A tus pies tomé refugio, mi amada. Cuando no te veo mi mente no tiene sosiego. Eres para mí como un padre con su hijo indefenso. Eres la diosa misma –la guirnalda entorno a mi cuellomi universo. Todo sin ti son tinieblas; tú eres el sentido de mis plegarias. No puedo olvidar tu gracia ni tu encanto, y sin embargo no hay deseo en mi corazón»”41. Por este motivo, el pájaro aguzanieves, símbolo de los encantamientos del amor, recibe en castellano el nombre de “lavandera”42. Sabido es que estas afanosas mujeres, cuando se juntan en un mismo lavadero, suelen dar rienda suelta a infinidad de historias, chismes y pláticas amorosas que protagonizan sus atrevidos diálogos. Dice Bretón de los Herrreros que entre sus “amenas conversaciones, con cuyo aliciente se les hace más tolerable la faena, suelen además sazonarse con alegres y por lo regular expresivos y epigramáticos cantares, entonados unas veces en coro, otras á solo, otras á dúo y por el son más popular y corriente en sus países respectivos”43. Por eso, en la pintura andaluza que presentamos no sería difícil oír los melodiosos versos de Federico García Lorca (1898-1936), entonados por las lavanderas de su apasionante obra Yerma:“En el arroyo frío lavo tu cinta como un jazmín caliente tienes la risa. Dime si tu marido guarda semilla para que el agua cante por tu camisa”44. VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 211 PLAZA DE LA ALIANZA Óleo sobre tabla. 8,5 x 13 cm. Obra de Antonio Castillo Lastrucci. Principios del siglo XX. Sevilla. Colección particular. En esta pintura, de factura popular y paleta colorista, se representa la plaza de la Alianza (Fig. 4). Este espacio abierto del casco antiguo de la ciudad queda ubicado entre las calles Rodrigo Caro y Joaquín Romero Murube. Quizás, antes del siglo XVI, ya se denominaba del Pozo Seco, por el que allí existió. En realidad, más que una plaza era una barreduela, ya que en origen poseía una sola entrada. En los comedios del XIX, en 1845, se incorporó a Rodrigo Caro a través del arquillo del Sacramento. Y con posterioridad, en 1868, recibió la rotulación actual, por la fábrica de tejidos que había en ella. En 1771, en el plano de Olavide, tenía formato irregular. Sin embargo, dicha traza fue rectificada en las alineaciones acometidas en la transición de los siglos XIX y XX. En 1961, al abrirse la nueva calle Joaquín Romero Murube, quedó exenta parte de la muralla y torreones del Real Alcázar. Y se creó, además, una amplia plaza que incorporó la antigua como una apéndice de la misma45. Es obvio que en el presente cuadro, como expuesto queda líneas atrás, sólo se reproduce la recoleta y primitiva barreduela. El caserío, de sabor tradicional, presenta dos o tres plantas. En buena parte ha sido renovado, no siempre con fortuna. Algunas viviendas conservan, aún, los azulejos originales de la numeración de Olavide. Por desgracia, la casa de la esquina derecha, de estilo regionalista, ha desaparecido. En su lugar se ha levantado otra, donde desde el presente año está el Hotel Palacio Alcázar. Pero, en su fachada, hay una lápida de cerámica que recuerda al transeúnte que ahí tuvo su estudio el matador y pintor estadounidense John Fulton (1932-1998)46. En el espacio interior de la placita que nos ocupa hay varios naranjos, con sus correspondientes estructuras protectoras. La acera está embaldosada con grandes losas de Tarifa. Y, por último, completan el exorno floral del conjunto las macetas de geranios multicolores que penden de los balcones. 45 RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: “Alianza, plaza de”, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía y Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla, 1993, tomo I, p. 66. 46 Textualmente, la placa dice así: “AQUÍ TUVO SU ESTUDIO / EL MATADOR-PINTOR / JOHN FULTON / 1932-1998”. JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 212 Ahora, el aspecto actual de la plaza difiere en buena parte. Los árboles se han multiplicado. Hay diez naranjos, dispuestos en dos hileras de cinco cada uno, con sendos alcorques sobre el pavimento de adoquines y cantos rodados. Dichos hoyos no tienen más función que la de retener el agua de lluvia o de los riegos. No obstante, tan bello rincón del histórico, céntrico y popular barrio de Santa Cruz permite, hoy como ayer, contemplar una hermosa vista de la Giralda. Sobre los tejados y azoteas despunta el cuerpo de campanas que corona el antiguo alminar almohade, construido por Hernán Ruiz II entre 1558 y 1568. Se corona con una colosal estatua broncínea de la Fe, que sirve de veleta, fundida por Bartolomé Morel47. Al denominarse popularmente “Giraldillo” da nombre a la famosa torre, cuya edificación se inició en 1184 por mandato del Amir al-Minimin Abu Yaqub48. De ahí, el profundo simbolismo de su singular remate. Dicha figura femenina proclama a los cuatro vientos el triunfo de la Iglesia, tras el concilio de Trento (1545-1563). En definitiva, la sabia conjunción de estilos arquitectónicos tan distintos (islámico y cristiano), la acertada combinación de todas las partes entre sí y con el total, el ajustado programa iconográfico de la misma, etc., hacen exclamar al genial poeta moguereño Juan Ramón Jiménez (1881-1958), premio Nobel de Literatura de 1956: 47 PÉREZ DEL CAMPO, Lorenzo y PÉREZ CANO, Valle: “El Coloso: historia abierta”, en El Giraldillo. La veleta del tiempo. Proyecto de investigación e intervención, Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, Consejería de Cultura, PH cuadernos 24, Sevilla, 2009, pp. 35-54. 48 JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: “El Patio de los Naranjos y la Giralda”, en La Catedral de Sevilla, Ediciones Guadalquivir, Sevilla, 1984, pp. 83-132. 49 JIMÉNEZ, Juan Ramón: Diario de un poeta recién casado, Edición bilingüe con introducción de Michael P. Predmore, Rosemont P. P. Corps Cranbury, NJ, 2004, p. 99. “Inefable Giralda, gracia e intelijencia, tallo libre -¡Oh, palmera de luz!, ¡parece que se mece, el viento, el cielo!- del cielo inmenso, el cielo que sobre ti -sobre ellatiene, fronda inefable el paraíso!”49 VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 213 50 RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: “Patio de Banderas, plaza”, en Ob. cit., tomo II, p. 181. 51 BLANCO FREIJEIRO, Antonio: La ciudad antigua. De la prehistoria a los visigodos, Historia de Sevilla (1), Sevilla, 1979, p. 171 y BENDALA GALÁN, Manuel y NEGUERUELA MARTÍNEZ, Iván: “Baptisterio paleocristiano y visigodo en los Reales Alcázares de Sevilla”, en Noticiario Arqueoógico Hispánico 10, 1980, pp. 335-380. 52 GONZÁLEZ DE LEÓN, Félix: Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de esta M.N.M.L.M.H. ciudad de Sevilla, Imprenta José Morales, Sevilla, 1839, p. 454. PATIO DE BANDERAS Óleo sobre tabla. 8,5 x 13 cm. Obra de Antonio Castillo Lastrucci. Principios del siglo XX. Sevilla. Colección particular. Esta tabla, de marcada factura popular, está pintada al óleo con cándidas tonalidades (Fig. 5). En esta ocasión, Castillo Lastrucci, como en la pintura anterior, tampoco firma la obra. Sin embargo, sus características técnicas y formales acreditan con fiabilidad su autoría. Reproduce uno de los sitios más típicos del casco antiguo de la ciudad. Este gran espacio abierto comunica la plaza del Triunfo y la antigua Judería. Según la afamada poetisa Fernán Caballero (1796-1877), su rotulación se debe a un haz de banderas pintadas sobre la puerta de acceso desde la citada plaza del Triunfo, hoy desaparecido50. Conforme se entra por ella, a la izquierda, se hallaron en 1976 los restos arqueológicos de la basílica cristiana visigoda. En dicha iglesia, intitulada de Santa Jerusalén, se supone que fue enterrado San Isidoro de Sevilla. Se puede datar como obra del siglo VI, a juzgar por su pila bautismal de inmersión. Estuvo en uso hasta la llegada de los musulmanes. En este lugar, entre los siglos VIII y IX, se levantó el palacio del gobernador de la ciudad en época emiral. Razón por la que quedó incluida en el recinto amurallado del Real Alcázar51. Poco a poco se adosaron casas comunes en su interior, hasta configurarse un patio rectangular con dos entradas en ángulos opuestos y un apéndice quebrado que accede a otras viviendas. Ello explica que a principios del siglo XVII, en un plano del Alcázar se llame Patio Grande. Pero, en 1771, en el de Olavide, ya se denomina como ahora. Y, en 1839, Félix González de León anota que era conocido como plaza52. Sabido es que en las postrimerías del Setecientos se dispuso un hermoso paseo con árboles, flores, asientos y una fuente, arruinada en los comedios de la centuria siguiente. De ahí que en 1857 se plantase una nueva alameda, sin bancos. Y, más tarde, se sembraron naranjos, JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 214 un tipo de árbol que conserva en la actualidad. Antaño debió estar terrizo, pues en origen sirvió como picadero del Alcázar. Así permaneció hasta principios del siglo XX, momento en que se adoquinó por vez primera. Hoy el acerado es de losas de Tarifa. En cambio, la calzada se dispone en damero de cantos rodados enmarcados con adoquines. El salón, muy poco elevado, se delimita con aceras, asimismo pavimentadas con losas de Tarifa. Y se decora con dos hileras perimetrales de naranjos, cuyos alcorques quedan interrelacionados por pequeños canales de riego. Se ilumina con farolas de forja adosadas a los muros y con otras dos de cinco brazos sobre un pie en el eje mayor del recinto. Por último, una fuente de mármol, elevada sobre una base hexagonal, con el chapoteo del agua confiere musicalidad al conjunto53. De un tiempo a esta parte, la referida fuente se ha desmontado, porque se están excavando, en esta zona central, unas estructuras islámicas informes de época califal y taifa muy dispares; y debajo, restos romanos poco difusos y coherentes. En el cuadro, que catalogamos, se reproduce el ángulo del Patio de Banderas que se contempla desde la portada del Apeadero del Real Alcázar, trazado en 1607 por el arquitecto milanés Vermondo Resta (1555-1625). La obra se finalizó dos años después, en 1609. Posteriormente, en 1729, durante la estancia de Felipe V en Sevilla, fue remodelado54. Y, según consta en una inscripción de la fachada “SE RENOVÓ AÑO MDCCCLXXXIX”. Al fondo de la escena pintada abren dos arcos contiguos. El más ancho, que comunica con la plaza del Triunfo, apea sobre columnas con capiteles visigodos. Las casas que delimitan este espacio abierto son ejemplares de arquitectura doméstica de dos plantas y una tercera de arcos de medio punto separados por pilares, típicamente sevillanas. A veces, esta última se sustituye por una azotea con paño de baranda. Los balcones y ventanas se decoran con macetas de gitanillas y variadas flores. Se omiten las farolas de la iluminación pública. Entre estas edificaciones, bastante regulares, destaca la n.º 2, por su patio y sala almohade abovedada. En ella habitó la referida escritora Fernán Caballero, entre 1859 y 186855, quien nos legó una detallada descripción del lugar en su obra El Alcázar de Sevilla56. 53 RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: “Patio de Banderas, plaza”, en Ob. cit., tomo II, p. 182. 54 AA.VV.: Guía artística de Sevilla y su provincia, Diputación Provincial de Sevilla, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2.ª edición de 2004, vol. I, p. 75. 55 ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús: “Una fotografía de la casa de Fernán Caballero y el Palacio de Monsalves en Sevilla, obra del fotógrafo Emilio Rocafull”, en Estudios de Historia del Arte. Centenario del Laboratorio de Arte (1907-2007), Vicerrectorado de Relaciones Institucionales y Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 2009, tomo I, p. 383. 56 CABALLERO, Fernán: El Alcázar de Sevilla, La Andalucía, Sevilla, 1862, pp. 6-7. VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 215 57 JIMÉNEZ MARTÍN, Alfonso: Ob. cit., pp. 119-120. 58 RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: “Judería, calle”, en Ob. cit., tomo I, pp. 489-490. Por detrás del perfil superior del Patio de Banderas, en esta pintura, asoman torreones almenados del circuito amurallado de este recinto palatino, pertenecientes a la calle Joaquín Romero Murube; parte de las artísticas cubiertas de la Catedral y la monumental Giralda, donde se produce un perfecto maridaje entre la arquitectura almohade y la renacentista. Dicha torre, signo de identidad y símbolo universal de la ciudad de Sevilla, debe su popular nombre al “Giraldillo” o veleta que la remata y gira en todas direcciones. Su significado procede quizás de la palabra italiana girandula, por el sentido giratorio de dicha escultura broncínea. Pero, además, abunda sobre el particular, desde época medieval, el onomástico de Giraldo, asociado ya a derivados del verbo girar. Que esto es cierto lo prueba el poemilla del Cancionero de Medinaceli, que reza así: “Soy hermosa y agraciada tengo gracias más de mill llámanme Gira Giralda hija de Giraldo Gil”57. CALLE JUDERÍA Óleo sobre tabla. 8,5 x 13 cm. Obra de Antonio Castillo Lastrucci. Principios del siglo XX. Sevilla. Colección particular. En el óleo que analizamos, de sencillo dibujo, pincelada suelta y contrastado cromatismo, se reproduce buena parte de esta vía pública, perfumada por el aroma de la historia, de la leyenda y de la poesía (Fig. 6). Comunica, en el casco antiguo de la población, el Patio de Banderas y la calle Vida. En época musulmana ya se debía conocer como postigo del Alcázar, pues era una pequeña entrada por la que se salía extramuros. Y, tras la reconquista cristiana, con el contiguo barrio de la Judería. Por ahí se escapaba, según los relatos legendarios, el rey Pedro I en busca de pendencias y aventuras amorosas58. Desde mediados del Ochocientos hasta 1943 se denominó callejón del Alcázar. Pero, a partir de esta última fecha, pasó a rotularse Judería, por lindar con ella. Su origen se justifica, tal vez, por la necesidad de enlazar ese sector JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 216 59 Ibídem, p. 489. 60 El azulejo, realizado por la fábrica Pickman S.A. de la Cartuja hispalense, ha sido colocado recientemente por la iniciativa “Sevilla, ciudad de Ópera”. En él se inscribe la siguiente leyenda: “Ópera: Carmen. Autor: Georges Bizet (1838-1875). En este lugar se desarrolla la escena en la que Carmen huye de los soldados”. 61 RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: “Judería, calle”, en Ob. cit., tomo I, p. 489. de la regia fortaleza con el referido asentamiento urbano. Y se consolidaría, sin duda, al acortar distancia entre el barrio de Santa Cruz y el centro de la población, pues su única salida –hasta que se abrió en 1961 la calle Joaquín Romero Murubeera por Rodrigo Caro. En la actualidad, mantiene dicha función para los peatones que desde la avenida Menéndez Pelayo van a la zona histórica, monumental y administrativa de la ciudad59. Castillo Lastrucci ha pintado en esta obra sólo el núcleo central de tan evocadora y sugestiva calle. Precisamente, en esta mediación, por la derecha desemboca en Vida. Justo en el rincón frontero, que forma uno de los torreones con la almenada muralla, se construyó en 1942 una fuente. El artístico surtidor, paramentado con el exuberante y perenne verdor de una yedra, queda protegido por su correspondiente verja de hierro. Al fondo, en una fachada encalada, abre un arco asimétrico. Dicho vano accede al interior de un espacio de doble ángulo, abovedado y adintelado. En el primer recinto hay una cúpula octogonal sobre trompas y arcos fajones que separan cada tramo. Se trata, pues, del citado postigo. En el referido arco del fondo, trabajado en ladrillo limpio, a la izquierda, hallamos una pequeña lápida, en forma de pergamino, de la popular fábrica de la Cartuja de Sevilla. En ella se recuerda que en aquel lugar se desarrolla la escena en la que Carmen, en la ópera homónima de Georges Bizet (1838-1875), huye de los soldados60. El caserío es muy escaso, ya que casi toda la calle está configurada por muros de casas y lienzos de muralla entre torreones. Hay, exclusivamente, seis pequeñas viviendas de dos plantas y azoteas. Estas últimas, así como las ventanas y balcones, suelen estar decoradas con cuidadas macetas de vistosa y colorista vegetación. Todas las casas, de sabor popular, se adaptan entre los torreones y la referida muralla. Especial interés presenta la que abre su puerta dentro del citado postigo abovedado, cuyo patio está decorado con preciosas flores. Se dispone en el interior del torreón que emerge en el centro de la composición arquitectónica, flanqueada entre las almenas y merlones de la muralla y la tapia frontera. Eleva su cúbica y rotunda volumetría sobre los tejados, aleros y azotea de dicha construcción doméstica. Todas pertenecen al Patrimonio del Estado61. El pavimento actual, de ladrillos en sardinel, se completa con una cenefa perimetral de losas de Tarifa. VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 217 62 CERVANTES, Miguel de: La gitanilla. Rinconete y Cortadillo, Edición preparada por Ángela Morales, Clásicos literarios, Colección didáctica, Madrid, 1996, p. 192. 63 COLLANTES DE TERÁN, Alejandro: La Plaza de Doña Elvira. Cuento estudiantil, Dibujos de Juan Miguel Sánchez, La Novela del día, año II, n.º 28, Talleres Tipográficos Viuda de L. Izquierdo, Sevilla, marzo de 1924, pp. 9-10. 64 CERNUDA, Luis: Ocnos, Ayuntamiento de Sevilla, Diputación Provincial de Sevilla y Fundación El Monte, Sevilla, 2002, pp. 62-63. En el año 2002, con motivo del centenario del nacimiento del poeta, el Ayuntamiento de Sevilla colocó en esta calle una placa de mármol con las últimas líneas del texto citado por nosotros. En este lugar, Miguel de Cervantes (1547-1616), en Rinconete y Cortadillo, una de sus Novelas Ejemplares, editada en 1613, sitúa el límite del distrito que se le asignó a ambos pícaros para delinquir. Textualmente dice: “A Rinconete el Bueno y a Cortadillo se le da por distrito, hasta el domingo, desde la Torre del Oro, por fuera de la ciudad, hasta el postigo del Alcázar”62. En 1924, Alejandro Collantes de Terán (1901-1933), en su obra dedicada a La Plaza de Doña Elvira facilita una pormenorizada descripción de esta calle. Dos amigos, desde el Patio de Banderas, ingresan “por el corredor que lleva a la Judería. Sobre el espacio cuadrangular de un recodo, se levanta un gracioso cupulino octogonal con pechinas de arista viva. Se divisa al fin del pasadizo una baja puerta de los Jardines Reales, y antes de llegar a ella, un corredor conduce a la Alhama, arrancando del pie de un torreón, hermano de los de la Plaza del Triunfo: al final hay una cadena suspendida entre dos columnas de mármol y tras ella el callado Barrio de Santa Cruz”63. Y, por último, Luis Cernuda (1902-1963), en Ocnos, hace un poético comentario del lugar en el capítulo “El Magnolio”: “Se entraba a la calle por un arco. Era estrecha, tanto que quien iba por en medio de ella, al extender a los lados sus brazos, podía tocar ambos muros. Luego, tras una cancela, iba sesgada a perderse en el dédalo de otras callejas y plazoletas que componían aquel barrio antiguo. Al fondo de la calle sólo había una puertecilla siempre cerrada, y parecía como si la única salida fuera por encima de las casas, hacia el cielo de un ardiente azul. En un recodo de la calle estaba el balcón, al que se podía trepar, sin esfuerzo casi, desde el suelo; y al lado suyo, sobre las tapias del jardín, brotaba cubriéndolo todo con sus ramas el inmenso magnolio. Entre las hojas brillantes y agudas se posaban en primavera, con ese sutil misterio de lo virgen, los copos nevados de sus flores”64. JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 218 65 “La Torre del Oro”, en Torre del Oro. Museo Naval de Sevilla. Tríptico explicativo del museo editado por el Ministerio de Defensa, el Órgano de Historia y Cultura naval de la Armada Española y la Fundación Museo Naval, s.l., s.d. VISTA DE SEVILLA CON LA TORRE DEL ORO DESDE EL GUADALQUIVIR Óleo sobre tabla. 8,5 x 13 cm. Obra de Antonio Castillo Lastrucci. Firmado con el pseudónimo “M. SALVATELLA” en el ángulo inferior derecho. Principios del siglo XX. Sevilla. Colección particular. Esta pintura, de formato rectangular, está firmada, como es usual en nuestro artista, con el ya conocido pseudónimo “M. Salvatella” (Fig. 7). Su factura, un tanto desmañada, muestra las consabidas características técnicas y formales propias del autor en este tipo de obras. Su intencionalidad es meramente comercial, ya que va dirigida a satisfacer a una clientela poco o nada exigente. La inconcreción del dibujo, la recurrente composición de este paisaje ribereño de la ciudad desde el Río Grande, la extendida pincelada con variados toques de color, la nubosa interpretación del celaje, los espejeantes reflejos del cauce fluvial y el tratamiento de los edificios que se vislumbran entre la verde espesura de la arboleda, así lo confirman. La luz y el color, al igual que en los ejemplares precedentes, juegan un papel decisivo en la definición de esta panorámica portuaria de la ciudad. La luz crepuscular, difusa y envolvente, logra una cierta ambientación brumosa y la paleta de cálidas entonaciones distingue objetos y espacios con un distinto criterio tonal. De esta forma, en primer plano, se observa atracado en el muelle un barco de vapor, símbolo de progreso y desarrollo industrial. A su izquierda se enseñorea de la vista urbana la famosa Torre del Oro. Es digno de mención que, al principiar la centuria decimonona, la Compañía de Navegación del Guadalquivir instaló sus oficinas en dicho monumento, actualmente Museo Naval. Y que construyera en Sevilla el primer buque de vapor de España: el “Real Fernando”65. Junto a la torre almohade, en el último plano, se deja ver, entre los árboles, una voluminosa y encalada edificación. Puede ser el desaparecido garaje que se adaptó sobre los restos de los antiguos almacenes e instalaciones industriales del siglo XIX, relacionadas con la actividad portuaria. En este lugar, entre 1982 y 1987, Rafael Moneo construyó el nuevo edificio de la VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 219 Previsión Española66. Y, por último, en el cielo, las deshechas y algodonosas nubes, se afanan en marcar la tercera dimensión, es decir, la perspectiva en profundidad. El protagonismo de la escena que analizamos, aún de cierto sabor romántico, lo comparten, según se anota líneas atrás, la referida embarcación y la Torre del Oro. La primera es un buque mercante que está fondeado en el muelle del Arenal, en el Guadalquivir, junto a la citada torre almohade. Se trata, quizás, de un barco, de tipo Bergantín redondo, que carece de bauprés67. Tiene dos palos o mástiles, casi de igual altura, con ligerísima diferencia del primero. Cada uno posee una verga en cruz para su correspondiente vela cuadrada o redonda, que giran gracias a los cabos que laborean a las mismas. El primero, llamado Trinquete, es el que hace de Mayor; y el otro, algo menor, es el Mesana. El casco o carena presenta la proa recta, propia del siglo XVIII, y la popa redonda. En ella, la obra muerta o visible es bicolor. La zona inferior, que colinda con la obra viva o sumergida, es de color rojizo y el resto negro hasta la borda. Sobre la estructura central destaca la chimenea, también de tonos rojos. Bajo la popa se sitúa el timón, no siendo visible las hélices del motor. Respecto a la Torre del Oro se sabe que fue construida, en la orilla izquierda del Guadalquivir, por el gobernador almohade de la ciudad Abù-lUlà, en 122168. En esa misma fecha se completó el sistema defensivo de la urbe. Entonces se edificó una barbacana y un foso, además de la coracha que terminaba en el citado baluarte. Su nombre procede del revestimiento exterior de áureos azulejos, que ostentó antaño. Se trata de una torre albarrana, de marcado carácter defensivo. Desde ella dicen que se extendía una gruesa cadena hasta la otra orilla del río, en Triana, para cerrar el puerto de Sevilla. Su fábrica de tapial y sillares angulares, sobre basamento de sillería, se compone de tres cuerpos superpuestos y decrecientes. El primero es dodecágono, el segundo hexagonal y el tercero circular. Este último fue levantado, tras el violento terremoto de Lisboa, por Sebastián van der Borcht en 1760. Los muros están perforados por vanos semicirculares y troneras. Los dos primeros cuerpos, almenados, son almohades. El inferior se remata con 66 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, Antonio: “Cristóbal de Colón, paseo de”, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía y Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla, 1993, tomo I, p. 255. 67 O’SCANLAN, Timoteo: Diccionario Marítimo Español, redactado por orden del Rey Nuestro Señor, Imprenta Real, Madrid, 1831, pp. 92-93. 68 CÓMEZ RAMOS, Rafael: “La Torre del Oro de Sevilla, revisitada”, en Archivo Hispalense, n.º 276-278, vol. XCI, Diputación Provincial de Sevilla, Sevilla 2008, pp. 237-266. JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 226 La luz solar de mediodía, que penetra por el lado izquierdo, ilumina alegremente la escena. En ese flanco, cerrando la composición, se encuentra parte de las dependencias del antiguo hospital de Santa Marta. En concreto, se aprecia una torre mirador con arcos de medio punto, hoy cegados, en todo su perímetro. En el centro aparece el vano adintelado de la estrecha calleja por la que, tras dos quiebros, se entra en esta encantadora placita, de forma trapezoidal. A la derecha, decorada con macetas de gitanillas de vistosas tonalidades, figura una de las tres casas que, junto al postigo del cenobio, abren a la plazuela. Los tejaroces y las cubiertas a una y dos aguas lucen tejas árabes de barro cocido en su color. Irrumpe en lo alto la hermosa espadaña de la iglesia, remodelada cuando el edificio se adaptó a convento hacia 1819. Erigida sobre la fachada, está formada por dos cuerpos, tres vanos y dos campanas. El cuerpo inferior se ornamenta con pilastras pareadas de orden toscano, adosadas a las jambas. En él, las campanas, ubicadas bajo arcos de medio punto con impostas, se cubren con celosías. Un alto entablamento con friso liso conecta con una cornisa saliente sobre modillones. Encima, sobre un basamento corrido decorado con pináculos piramidales, aparece el cuerpo superior, formado por un arco de medio punto con impostas y coronado con frontón curvo. El conjunto se remata con tres dados, los de los lados terminados en bolas y el del centro con cruz doble de cerrajería sevillana90. En el siglo XVI, la plaza estuvo enladrillada y, en la siguiente centuria, empedrada. En la actualidad tiene un pavimento de cantos rodados con aceras a nivel y paseos de losas de Tarifa. Seis naranjos y varios jazmineros perfuman el aire de este bello lugar, en el que fallecieron el venerable P. Fernando de Contreras, en 154891; D. Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona, en 1649; y D. José Torres Padilla, canónigo de la catedral hispalense y fundador de la Compañía de Hermanas de la Cruz, en 1878. Un azulejo recuerda el óbito de los dos últimos92. Recientemente, en el año 2010, se colocó otra placa 90 CALDERÓN QUIJANO, José Antonio: Las espadañas de Sevilla, Diputación Provincial de Sevilla, Sevilla, 1982, p. 172, figs. 1,106 y 107. 91 GONZÁLEZ DE LEÓN, Félix: Ob. cit., pp. 358-359. 92 Su inscripción es la siguiente: “J.H.S. / EL JUEVES DÍA 11 DE JUNIO DEL AÑO DE GRACIA DE 1649 / ENTREGÓ EN ESTA CASA SU ESPÍRITU AL SEÑOR / EL INSIGNE CANÓNIGO DE ESTA SANTA IGLESIA CATEDRAL / DIGNIDAD DE ARCEDIANO DE CARMONA / DN. MATEO VÁZQUEZ DE LECA / FERVOROSO ESCLAVO DEL AUGUSTO SACRAMENTO DEL ALTAR / Y DEL SOBERANO MISTERIO DE LA CONCEPCIÓN INMACULADA DE MARÍA. / EL MARTES DÍA 23 DE ABRIL DEL AÑO DEL SEÑOR DE 1878 / TERMINÓ EN ELLA SU VIDA CON LA MUERTE PRECIOSA DE LOS SANTOS / EL ESCLARECIDO MIEMBRO DEL CABILDO METROPOLITANO HISPALENSE / DN. JOSÉ TORRES PADILLA / VARÓN DE AUSTERA PENITENCIA, PREDICADOR DE APOSTÓLICO CELO, PRUDENTÍSIMO / DIRECTOR DE ESPÍRITUS, / Y FUNDADOR DE LA COMPAÑÍA DE HERMANAS DE LA CRUZ / IMPLEBO DOMUM ESTAM GLORIA, DICIT DOMINUS EGG.º II-8”. VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 227 93 En dicha placa se inscribe la siguiente leyenda: “2 DE AGOSTO DEL AÑO 2010 / JHS / EN ESTA CASA, EN EL AÑO DEL SEÑOR DE 1872 SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ, ESCRIBIÓ / SUS PAPELES DE CONCIENCIA Y FUE DANDO FORMA A SU INSTITUTO / «EL CARIÑO, DULZURA, RESPETO Y HUMILDAD CON QUE DEBEN TRATAR / A LOS POBRES, LA REGLA DEBE MARCARLO» / «HAY QUE HACERSE POBRES CON LOS POBRES / PARA LLEVARLOS A CRISTO» / «¡QUÉ HERMOSO SERÍA UN INSTITUTO QUE POR AMOR A DIOS / ABRAZARA LA POBREZA, PARA DE ESTE MODO GANAR A LOS POBRES / Y SUBIRLOS HASTA ÉL» Sta. Ángela de la Cruz”. 94 CORTINES MURUBE, Felipe: “En Santa Marta”, del libro Romances del camino (1916), en Poemas escogidos: 1908-1961, Ateneo de Los Palacios, Sevilla, 1983, pp. 205-206. 95 BARRIOS MASERO, Manuel: “IV. Plaza de Santa Marta”, en el apartado “Rincones del barrio brujo” de Sevilla, lirio y clavel, Talleres de Artes Gráficas, Sevilla, 1948, pp. 28-30. 96 CORTINES, Jacobo y LAMILLAR, Juan: “Honra y espejo de Sevilla”, en GARCÍA LORCA, Federico: Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, Edición facsímil del ejemplar de Joaquín Romero Murube, Fundación El Monte y Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2004, p. XXIX. 97 ZORRILLA, José: Ob. cit., pp. 148-149. cerámica en la casa en la que Santa Ángela de la Cruz (1846-1932), en 1872, escribió sus papeles de conciencia y fue dando forma a su Instituto de las Hermanas de la Cruz93. Y nada más. Con esta encantadora pintura, Antonio Castillo Lastrucci evoca tan inigualable marco, donde, desde siempre, reina el silencio, la calma y la quietud. Razón por la que ha seducido la sensibilidad de numerosos poetas, como Felipe Cortines Murube (1883-1961)94, Manuel Barrios Masero (18921971)95, o Joaquín Romero Murube (1904-1969), a quien García Lorca bautizó como “honra y espejo de Sevilla”96. No es de extrañar, pues, que la leyenda ubique en este sosegado lugar el rapto pasional de doña Inés por don Juan Tenorio: “En los brazos a tomarla voy, y cuanto antes, ganemos ese claustro solitario. ¡Oh, vais a sacarla así! –responde BrígidaNecia, ¿piensas que rompí la clausura, temerario, para dejármela aquí?97 JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 228 CASA REGIONALISTA SEVILLANA Óleo sobre lienzo. 151 x 48 cm. Obra de Antonio Castillo Lastrucci. Firmado con el pseudónimo “M. SALVATELLA / Sevilla” en el ángulo inferior izquierdo. Década de 1920. Sevilla. Colección particular. En la obra pictórica de Castillo Lastrucci, a pesar del limitado número de ejemplares conocidos, es posible apreciar el progreso artístico y el desarrollo técnico de su autor. La calidad del dibujo, el enriquecimiento del color y los recursos compositivos mejoran sustancialmente conforme se avanza en el tiempo. Que esto es cierto lo prueba de forma evidente la evolución que va desde sus primeras piezas, de claro sabor costumbrista, hasta los retratos de época más tardía. Entre unas y otros se encuentra la pintura que ahora damos a conocer. Se trata de la evocadora representación de una hermosa Casa regionalista sevillana (Fig. 10). Este cuadro, único óleo sobre lienzo de los que presentamos, es el de mayores dimensiones de los recogidos en este trabajo (151 x 48 cm). En él se aprecia una corrección de líneas y una variedad cromática superiores a sus primeras piezas conocidas. Su formato marcadamente vertical supone un mayor atrevimiento espacial, que, además, determina el recorrido visual del mismo. En el ángulo inferior izquierdo, Castillo Lastrucci rubrica la obra con su habitual pseudónimo: “M. SALVATELLA / Sevilla”. En el primer plano, bañado por la iluminación matinal, caen alternados haces de luces amarillas y sombras violáceas. Dos altos troncos cilíndricos, de corteza lisa de tonos claros, enmarcan tan ceñida composición. Ambos maderos dividen el espacio en profundidad, subrayando el fondo en perspectiva. Las amplias copas y las hojas lobuladas recuerdan las de los árboles de la familia de las platanáceas, propios de vías urbanas y paseos ajardinados. A través de la masa verde de sus frondas se transluce el cielo grisáceo. Un cuidado rosal, compuesto por flores blancas, rosas y amarillas, sirve de barrera al camino serpenteante que, orillado por la hierba, conduce hasta la casa. Secundan la entrada una frondosa palma, a la derecha; y, en el otro lado, sobre la cerca, siete macetas con alegres gitanillas y geranios. Tan vistoso colorido floral aporta el atinado contrapunto cromático al conjunto inmobiliario de paredes blancas. La vivienda que estudiamos, de estilo VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 229 regionalista, se resuelve con un lenguaje culto, pero de indiscutible raigambre popular. El acceso se realiza por medio de cuatro escalones. El porche, geminado, se divide gracias a dos arcos de herradura, cuyos lados interiores descansan en una fina columna con cimacio y capitel. El interior de este soportal se decora con un paño de azulejería, ubicado sobre un poyo. Y se cubre con dos tejaroces, que lucen tejas árabes de barro cocido en su color rematados cada uno por una hilera polícroma en blanco y azul. A su lado figura un torreón, que despunta por encima de otras edificaciones colindantes. Su ritmo ascendente se acompasa merced a una sencilla moldura en ocre. En el cuerpo superior, en todo su perímetro, se abren parejas de arcos de medio punto con celosías de madera. El tejado, en idéntico estilo a los tejaroces, se remata con un yamur, formado por dos bolas o manzanas de diámetro decreciente hacia arriba, ensartadas por un vástago vertical. En el otro lado de la casa se encuentra la terraza. En uno de sus pretiles, horadados por los desaguaderos, vuelven a aparecer las típicas macetas con flores. El lienzo que da a la entrada se cierra con la habitual reja de forja, coronada por penacho. Y en el otro se incluye el clásico azulejo sevillano, bajo tejaroz, con motivo religioso. En esta ocasión se trata de una imagen de San Antonio de Padua. Sobre fondo de color verde, el santo lisboeta aparece joven, imberbe, con ancha tonsura y tocado con aureola. Viste el hábito franciscano gris oscuro y porta los atributos iconográficos que le son propios. En la mano derecha tiene una vara de azucenas, símbolo de pureza. Y en la otra, de pie sobre el libro abierto, figura el Niño Jesús, en alusión a la aparición que tuvo en su celda. Es, por motivos obvios, un santo de especial devoción para el autor de la pintura, que llegó a representarlo en varias ocasiones a lo largo de su dilatada trayectoria profesional98. Es evidente que esta vivienda, por todo lo expuesto con anterioridad, responde al más puro estilo regionalista sevillano. Entronca, pues, con los caracteres puestos en práctica por los arquitectos hispalenses en el primer cuarto del siglo XX. Tan atractiva estética arquitectónica tuvo su auge, sobre todo, en los años previos a la magna Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla en 1929. En particular, la edificación objeto de nuestro estudio nos recuerda el tipo característico de chalets concebidos por Juan Talavera y Heredia (18801960) para el ensanche del barrio de Nervión. Pero, en concreto, parece evocar 98 Cf. GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús: Ob. cit., 2009, tomo I, pp. 350-351. JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 230 la denominada Casa del guarda en los Jardines de Murillo, obra de 191799. Las concomitancias entre ambos edificios, el del cuadro de Castillo Lastrucci y la casa de Talavera a la que nos referimos, son palpables, así como las similitudes de las inmediaciones ajardinadas. Tanto los aspectos constructivos como los ornamentales guardan notable parecido. En este sentido, podría tratarse de una recreación libre o una versión personal de la casita del guarda, como lo demuestran algunas divergencias existentes entre una y otra. Dicha vivienda ha sufrido algunas modificaciones de relevancia durante la segunda mitad de la pasada centuria. No obstante, cuatro fotografías tomadas por José María González-Nandín el 5 de diciembre de 1925, conservadas en la Fototeca del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla, reproducen su estado primitivo100. Son varias las diferencias que permiten distinguir la versión pictórica de la fotográfica. A simple vista, las proporciones de la torre, a pesar de lucir los mismos elementos decorativos, poco tienen que ver. El doble tejaroz sobre el porche es una invención de Castillo Lastrucci, pues, en origen, el superior era ocupado por una barandilla de forja con macetas. Los arcos de herradura son, en realidad, de medio punto. El acceso se efectuaba por una rampa en paralelo a la fachada y no mediante escalones. Y, por último, el lugar que ocupa el azulejo con San Antonio de Padua correspondía, en un principio, a una puerta de madera y cristal con doble hoja. Sin embargo, no es extraño que Castillo Lastrucci pudira reinterpretar tan bella edificación. En primer lugar, porque el artista sevillano, como expuesto queda, ya había plasmado en sus obras las inmediaciones del barrio de Santa Cruz. En la actualidad, se sabe que representó el callejón del Agua, la calle Judería, la plaza de la Alianza, el Patio de Banderas en dos ocasiones, la plaza de Santa Marta y la calle Ángeles. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que esta casa se encontraba en una zona de la ciudad en plena transformación. En la mayoría de los cambios había intervenido, precisamente, Juan Talavera. En 1915 acomete las obras de los Jardines de Murillo y al año siguiente realiza los de Catalina de Ribera. En 1917, cuando termina la Casa del guarda, comienza la construcción de la Glorieta de José García Ramos, en los referidos Jardines de Murillo, que durará hasta 1923. Y levanta, en colaboración con el escultor Lorenzo Coullaut Valera, 99 VILLAR MOVELLÁN, Alberto: Juan Talavera y Heredia. Arquitecto1880-1960, Diputación Provincial de Sevilla, Colección Arte Hispalense n.º 13, Sevilla, 1977 (se cita por la 2.ª edición de 1997), pp. 79 y 90. 100 Archivo de la Fototeca del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla: Fichero fotográfico, Registro General n.os 4850-4853, tamaño 13 x 18 cm, Fot.: José María González-Nandín y Paúl, 5-XII-1925. VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 231 101 VILLAR MOVELLÁN, Alberto: Ob. cit., pp. 76 y 90-91. el Monumento a Cristóbal Colón en los mencionados Jardines de Catalina de Ribera, ultimándose en 1921. Además, en 1918 urbaniza la vecina plaza de Santa Cruz, donde, entre 1919 y 1922, erige una casa para residencia propia, aunque nunca llegó a serlo101. Por estas razones creemos poder fechar la representación pictórica de esta idílica casa sevillana en la década de los veinte de la pasada centuria. Son los años en que Sevilla, inmersa en la ilusionante empresa de la Exposición Iberoamericana, resurge al abrigo de los nuevos planteamientos regionalistas. La ciudad cambia su aspecto de cara al exterior. Y lo hace construyendo edificios que evoquen el pasado glorioso de los añorados siglos XVI y XVII, pues la arquitectura, escribe John Addington Symonds (1840-1893) en The Provinces of the Several Arts, “más que cualquiera otra arte, se ata indisolublemente con la vida, el carácter, el aspecto moral de una nación y de una época”. JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 232 Fig. 1. Antonio Castillo Lastrucci. ¡QUÉ ES POESÍA! 1961. Escultura en escayola patinada en tonos tierra. 68 x 39 x 25 cm. Sevilla. Colección particular. VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 233 Fig. 2. Antonio Castillo Lastrucci. Pastorcilla junto al río. Principios del siglo XX. Óleo sobre tabla. 22 x 35 cm. Firmado con el pseudónimo “M. Salvatella / SEVILLA” en el ángulo inferior derecho. Sevilla. Colección particular. Fig. 3. Antonio Castillo Lastrucci. Lavanderas junto al camino. Principios del siglo XX. Óleo sobre tabla. 22 x 35 cm. Firmado con el pseudónimo “M. Salvatella / Sevilla” en el ángulo inferior izquierdo. Sevilla. Colección particular. JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ 234 Fig. 4. Antonio Castillo Lastrucci. Plaza de la Alianza. Principios del siglo XX. Óleo sobre tabla. 8,5 x 13 cm. Sevilla. Colección particular. Fig. 5. Antonio Castillo Lastrucci. Patio de Banderas. Principios del siglo XX. Óleo sobre tabla. 8,5 x 13 cm. Sevilla. Colección particular. VARIAS ADICIONES INÉDITAS A LA OBRA ARTÍSTICA DE CASTILLO LASTRUCCI 235 Fig. 6. Antonio Castillo Lastrucci. Calle Judería. Principios del siglo XX. Óleo sobre tabla. 8,5 x 13 cm. Sevilla. Colección particular. Fig. 7. Antonio Castillo Lastrucci. Vista de Sevilla con la Torre del Oro desde el Guadalquivir. Principios del siglo XX. Óleo sobre tabla. 8,5 x 13 cm. Firmado con el pseudónimo “M. SALVATELLA” en el ángulo inferior derecho. Sevilla. Colección particular. JUAN MIGUEL GONZÁLEZ GÓMEZ Y JESÚS ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ