Eduardo y Federica : comedia en tres actos, en prosa
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Núm. 69 . EDUARDO Y FEDERICA. COMEDIA EN TRES ACTOS EN PROSA. PERSONAS. l w * Donbay , *<W*. d e jW..? Criados de Milord R/cáídó.”'| "**"•' -1 Donba rTompson... Aldeanos. ^adre de Vinca . [ Federica' Eduardo,..) f Ht44--Hf 1 ~ 11 ■■ ís OBNA SE FINGE EN UNA QUINTA INMEDIATA A UNA AZDBA DE ZAS CERCANIAS RE ZONDRES. El teat ro ,1 1 es,re '»o en I "P re f entar “ n bosl l ue «P es ° «“ interior del foro • i su nace un „ Ia d . erccila ' un g r an peñasco con descenso á escena , del cual ' on Pnerta S T"."T?" 1 * u f!,chada de una 1""“* qUlere «» emparrado^ ¿Xe ellf ““h"’ Un ha ” C ° de pÍedra ’ 7 - » c , ACTO PRIMERO. u mers Coti pieria d e U * a cesta en cada braz0 nueva * q«e hay tres millas de un f J °rge co n J . a s de higuera ó parra , camino endemoniado, y vuelva usa c abeza m canasto grande sobre ted sin descansar con una cesta de descienden por el pefruta en cada brazo, q u e pesarán ¿ y Federica desmayada mis doce libras, y setenta y dos 1^ 0r ¡lla del bosque. inviernos acuestas que pesan mas ^dniers. P q u e . J a fruta - S¡ yo bien digo, que en Wos * Cste en U boda , en ios nohaciéndose uno miel... Pues que no es jA ^ 611 el perro que... ¡Pues no se fien mucho , que si me aprietan tanto n /° tllle ha de haber en casa r n ’ a s ’ io echare ' todo... Qué decís? Uj a , 2an gano que coma , y en HaJorge. Nada. W° 1 ^ trabajar, todos se han de Súmers. Pues si es la verdad , horn¬ ea er los remolones! En todo ha de bre. Maldito si se hacen cargo de Hzar el tonto de Sdmers: sino nada. Sobre que no puedo dar un í n ° *e hace nada. Vean ustedes paso. ¿A quien se le ocurrir/a enes buena la aprensión de haviarme á mí en posta..? Vaya en Cr «tc ir en posta hasta la quinta acordándome de esto ; y aun puede
2 Eduardo que diga el Milord que tardamos. Vaya si lo dirá. Qué preguntas? Jorge. Nada. Súmers. Pues habla hombre, que pa¬ reces siempre un presidente de yeso. ¿ No tengo razou que me sobra? Jorge. No' lo entiendo. Súmers, Y desde que anda este bo¬ dorrio cuenta que no hay aguante. Súmers , baja á la bodega y mira que vinos faltan': Súmers, llégate á la quinta , y haz que traigan tantos recentales, tantos pullos , tan¬ tos rábanos de mi abuela : Súmers, ten cuidado que no se coja fruta alguna hasta el dia de la boda: Súmers di al caballerizo que no ha¬ gan falta las guarniciones nuevas para aquel dia: Súmers la habita¬ ción de los novios que esté como he mandado : Súmers.... Válgate mil Santos con el hombre : á todo , Súmers, y Súmers $ y Súmers está ya para tan poco... Qué te parece? Jorge. Que habíais mucho. Súmers . Míren que salida esta 5 para eso tú no hablas nada. Jorge . Me hace falta la saliva. * Súmers. Pues no hiles. El diantre de la aprensión. Jorge. Venis adentro ? Súmers. Si , si, al instante , porque sino , la señora cocinera , gruñirá por los siglos de Ips siglos. Esa es otra, por no aguantarla... una ser¬ piente es con faldas. Y si uno se queja 6 la dice algo , luego salta el bragazas del Milord... Cuidado Súmers , que eres pelilloso , á cual¬ quiera cosita que hace o dice la muchacha ya te pones de uñas con¬ tra ella. (Jorge le mira enojado y se entra en la quinta. } Todo te incomoda : por todo riñes , y tie¬ nes tú cien veces peor genio qué la chica. Con este mimo, ya se ve, no hay quien haga carrera de ella. No es asi Jorge ? ( F'ol alendo la cara. ) Calle ; habrá záugano seme¬ jante! Pues no me há dejado con la palabra en la boca ?.. y... lo .di— 1 Federica . cho , el purgatorio me hacen V. entre todos... Ay! ay! ( Q u e ] a *‘ ¡ dose . ) Sobre que estoy rebent ac10 ' Vaya que la chanada de Jorge 111 ha gustado ; como si' uno * ue ^ aqui un diez de bolos! ( C antil^ do hacia la quinta. ) Súmers, bulto es aquel que hay allí a orilla del bosque ? Si yo no cataratas... Ni mas ni ménos , u pobre muger es... Y, si señor , ü muchacha , y no tan fea como ¡Miren que cama tan mullida^ gio para descansar! Señora ? ah V ñora ? ¡Caramba , y qué bieri’ha c gido el sueño! Señora ? ola ? ¡ Pjb está ftia como un yelo! ( A$ffi dola una mano .) Si se habrá q ae dado muerta ? Señor , señor v J o^ Enrique ? ( Acercándose á .la ta.) El caso es que no tengo ( Aturdido .) una basija... pero au a que sea en el sombrero... Sale Jorge. Qué queréis ? Súmers. Ven aca, hombre ayu j ¡Miren que sorna aquella ! a P‘ - 0f * pazguato. Por debajo de ese ^ ^ con tiento que no es un cqst al , paja. Por vida de... Nada, no vü ' ve: y.. Milord? Enrique? Ahora candóse á la puerta. ) que se les 11 cesita no parecerá uno en la c aSÍ '\ Sale Milord. Qué tienes, hombre? sien 1 I pre has de estar voceando? ! Súmers. Y vos siempre con esa 15 rna achicharrando al progima, _ ¡J( 4 Milord. Pero qué veo, Súmers? joven es esta ? qué es lo que tltí J o Súmers. Preguntádselo á ella cll& esté para decirlo , y entonces " , bremos todos. ,|j a ! Milord. Y está sin pulsos ! Pobr^ 1 (]J Tenia , tenia... Entra tú por silla ; ( A Jorge. ) corre : si tra .. y yo aquí el frasquilio con el áH 4S ' M Súmers. Queréis no ser tan ^ einl la chica tal vez estará asi de V \\ debilidad, y vais á darla qn c °| [í , comer, comer, es lo que ella ne ° e ? ¡e Milord. Eres un asno hecho y u cho, Súmers, aqui está : veras h
pronto abre los ojos. ( Poniéndole o , pomo á la nariz. ) u/ners. Si , como no abra... Vaya que tenéis unas sandeces. ( J orge con una silla y la sientan. ) Milord. Ven , ven sentémosla... asi... bien está... mientras yo la sostengo, hazla tu un poco de ay re con el sombrero. Súmen. Otra que tal! á una muger sin pulsos... ni el mismo 'Satanas discurriría... Milord. ¿Quieres hacer lo que te manc / ’ y no impacientarme Sámers? urners. Bien; allá voy 3 pero como os h aSG ? Ver conK) eiia esta 1 110 os abia de dar otra cosa que ayre, aunque no volvieseis en tres (lias. yudame tu naranjo: sopla también Por ese lado y hará mas pronto el ecto este remec n 0 nuevo. Ja , ja, ÜJilQ r ^ no me rio de estas cosas... (Ped ^ ue y a abre ^ os °j os * la er ^ ca a ^ re los ojos y mira con Súm e ? ayor l an 8 u idez toda la escena.) • es rS \ es ver ^adl vaya , vaya que Pederd * a ntre la medicina, mr lC f' "^ onde estoy ? qué fue de ttSLff.tonpoT* lado " anillj . aos ? hija : penas á un resiaKi^ . c uide tnos solo de vuestro b en ac y ■ » señor ! Mis penas deMilord, Bse^ a ^ arme hasta e l se P u hiro! dolor qu e CS ua delirio del propio de pe n a s . 0 s causan. Todo linage tras.. Va Clle Su fin ’ ^ las Vues ' vuestro Sed docil * decidme v. r °sle nnr ** ^ y° me obli 8° a cura " Peder i nn a S u d° y envegecido que sea. puel m “»U «hlmi mal! No deb Ser COmu n icado. La muerte fytilorj S ®P u ltarle para siempre! o| / bdmo qué? tan nilla, y tan c « stinada ? No señora. La providena 1 que vela siempre por la coli¬ gación de todo lo criado , no quiere < j' le perezcáis todavía , y ha cuidado de traeros con una mano in¬ asible , á la compañía de un horn¬ ee que alivie vuestros quebrantos. Comedia en tres actos Nada h aC e al caso , creedme. En . n : sean cuales fueren las desgrac Z:z\T'T d la düCi " d a d de s ' 7 Í 7 m,iLrh p arece que estarií ahora Entrpm , cha . P ara contar aventuras? Entrémosla á tomar un refrigerio, 7 «na. que luego queráis q ¿ ¿ os «.ente k v,da de los doce pares. MUürd. Dices bien : si, venid señora. íedenca. Ah! no: por piedad dejadme esconder mi culpa en la espe¬ sura de este bosque. Ese debe ser un mansión lo poco que me resta ya de vida, y ese debe ser mi sepulcro. Súniers. Es una buena aprensión por cierto! 1 Federica. Si : la justicia eterna rae condena á huir hasta de los buenos, y á pasar mis dias , solo entre ñeras. Milord. ¿Habéis perdido el juicio, se¬ ñora ? entre fieras ? No , no será en^ mis dias por cierto. Vos no salís ya de esta quinta á 110 ser que vuestros padres , si los teneis, vengan aqui a buscaros. ¿No es ver¬ dad , Sumers? Sumers. Gracias á Dios , que os ocurrid una cosa buena. Milord. Si, si: liaré cuenta que te¬ nia una hija sin saberlo. Federica. Ah! cual es vuestra bon¬ dad , señor y cuan poco la me¬ rezco ! Si vos os arrepentiréis en sabiendo... Milord. ¿ Qué he de saber , ni que podéis contarme, que deba estrañar de vuestros años? Federica. Soy tan criminal!.. Soy tan digna de la execración de los hom¬ bres!.. Milord. Alguna muchachada que no merecerá la pena; vaya, atendamos ahora á lo que urge mas ; que lue¬ go pondremos remedio á todo. Federica. Perdonad : si sois tan sen¬ sible como decís , escusadme el ru¬ bor de que me vean ; ya con vues¬ tro favor , he recobrado mis sentí-
4 Eduardo y dos , y rae hallo con bastantes fuerzas para internarme en este bos¬ que. Si en algo queréis aliviar mi desconsuelo , dejadme un pobre ali¬ mento al pie de aquella encina, que yo saldré' por la noche á re¬ cogerlo : no imploro ese socorro porque quiera dilatar mi existencia; es tan amarga!... No señor , debo conservarla hasta que prueve el do* ior de ver publicar mi culpa. Entonces , ay! cuan agradable me será la muerte! pero hoy... si, hoy depende de mi conservación , una vida tan interesante... tan inocente... debo vivir , señor : un pobre ali¬ mento no mas , aquello que sobre á vuestros criados bastará á soste¬ nerme á mí todo el tiempo ne¬ cesario ? no os seré gravosa , no; no abusaré de vuestra beneficencia jamas. Lo haréis , señor ? por com¬ pasión. Ah! si supierais quien es la que os lo ruega! No soy yo, no: yo no merecia que vos os condo¬ lieseis de mi estado. Milord. Veamos si salgo una vez de dudas. Anda Súmers , mira si desde la azotea descubres con mi anteojo la silla de Eduardo. Súmers. Me gusta el pretestillo con¬ que queréis echarme de aqui. Milord. Siempre has de ser malicioso. Súmers. No señor ; pero... Milord. Qué es pero ? Súmers. Que conozco -bien vuestras lilaylas; y á perro viejo... pues... no hay tus tus. Vase. Milord. Y bien , ya estamos solos; y es preciso que me confiéis vuestra aflixion , sin ocultarme cosa alguna. Yo me ratifico en que será una niñería ; pero... Federica. ; Pluguiera á Dios , que la gravedad de mi culpa permitiera que os la confiase! Milord. Puts ello yo he de saberla, conque no os obstinéis : bueno fue¬ ra que descubriendo yo una joven desgraciada no me interesase en con¬ solarla. ; Y como ha de curar el Federica . medico á un enfermo , si no saW el mal que tiene ? ¿Tan pobre con¬ cepto habéis formado de mí i si la cosa exige algún secreto ? n he de saber guardarle ? ¿qué p°“ re decirme que yo estrañe vieno°° tan niña , tan bella , y en ., f mundo tan seductor y corrompí ’ Que os engañó algún joven; , Federica. ¡ Pero con qué vileza , con qué perfidia! con qué inhü^* nidad! Ah! ¿ qué es lo que dicho? mi dolor me ha descuhi et ; ' Milord. No os dehe pesar hija Yo tengo demasiado influjo en ¡ corte , y mucha firmeza en 11 carácter , para no hacer que v« e5 ' tra queja sea atendida en cuaJqo ie '¡ ra de sus tribunales. Yo tomo d^ de ahora vuestra causa á caj$j uuu» JL/uivXuuic; • ¿ ua o . perverso de vuestra credulidad 0 cubrís el rostro ? sollozáis ? no estraño ; sois honrada y temet e que vuestra flaqueza se diyui£ tí 1 no se divulgará. §c Federica. Si : compasivo señor i divulgará; que ese es uno de atroces suplicios á que el ciel° y condena. El estampó en mí mi pa de un modo , que por sietnp'. debo ser objeto del vilipendio c e , mundo, y afrenta de mis padres. 1 Milord. Con qué aun viven ? cidrne: saben ya vuestra desgra^p Federica. Viviría yo ? No señor, hiera ya dado su pundonor muertes á su delincuente hija. ^ padre mió : vivirá esta infeliz mida de trabajos ; Ja despeda^ 1 ^ el dolor y el remordimiento; a ^ hará sus dias en los montes 3 .. donada del cielo y de los homb pero no , tendréis jamas que^ aV ^, gonzaros de su culpa. No ^ breis. Ah ! no, mi bienhechor - y a ^ tuve la debilidad de confiárosla*/^ pultadla en vuestro corazón. Si publieára, morirían de pesar. r * í*' |<i Milord. No lo temáis: sosegaos. C* a3 M do lleguen á saberlo, os verán &
, Comedia en Ucla ? a cubierto de la mas rígida Ce osura, Yo os lo prometo : si: pa« gfirá. su culpa el malvado. Pero de¬ cidme , llego su maldad?.. e derica. Al mayor es tremo, señor: juro mil veces ser mi esposo • me manifesté su amor de un modo... Quién no había de creerle ? Perver¬ so! ¡Dejarme abandonada á ini de¬ sengaño , á mi deshonor , á mi de¬ sesperación!.. Milord. ¿ Se puede dar unos mozuelos nías desalmados ? Conqué después que... Vamos merece un escopetazo. * vos también abandonar con el bribón, la casa de vuestros padres... e< u? Ca ’ No señor i no * Yo me ha- ' 7 a . desd e mi tierna edad en un 0 e gio: el iba con otro á visitar Md una educanda : me vio': me hame escribió' mil carta* arnorojn e> y 0 ea fin me persuadió' á fugarmiord .p nunca Ie bubiera creído! tn U c l ^ Ues digoie á usted que el ñor C , era nna alhaja! Pero seu, ae ’ ¿ cuidado tienen las señoras c Ue rit a S , C ? n sus co^gialas ? Que' Un a , .. t ran á vuestros padres de a se», lr J ja que l as entregáron ? Yo la S p ei “ it que *1 y ellas no irán por lia,na o eilCla á Roma. ¿ Como se ^n-ca. Al ““U** V ° hasta l a ñor! Que el falso tu- ^omñre, Su P^cauciou de fingir su . dase... E n tn j )atlda , su familia , su ^ilord. p ueg me engaño' , eu todo. iibr ar del „ m . P ° r esas se ha de descubrid Casíí £ 0, El Gie lo nos io la coleeini 1 n °, ten S ais cuidado. ¿Vive w e l atnioo n a quien iba á visitar ^ e der¿ Ca b c - e ta n buena pieza? cia] j* 1 señor; pero era un ofidonar C Ülarina i Y antes de abanp ara . y° el colegio , se embarco te 0 ,d ia índ i a . nos * bln em bargo yo sabré lo que We «j^Porta. ll ^ u mers. Ya viene mi señorito: Ja e§ará ahora la silla mas acá de Quinta nueva. tri( >Q. Ou! Dios!(i?tf ademan de huir.) tres actos . ^ Milord. Adonde vais ? (Deteniéndola .) -Federica. P or piedad, dejadme ocultar. Milord. Sosegaos : nadie sabrá... Corre odmers , de tí solo me fiaría para esto , llévala á mi cuarto por la escalera escusada Súmers. ¿No estaría en el mio ma, oculta r Milord. Pues , en el tuyo/donde están entrando y saliendo todo el dia. Súmers. ¿ Hay mas -que ni entren ni salgan ? Cierto que el reparo... Milord. No señor: en aquel gavinete mió que da al jardín estará escondida de todos, y alli cuidara* tú... Súmers. Bien : lo que qs dé gana. Milord. Pero es menester que nadie la vea entrar ahora... Espera hom¬ bre ¿ adpnde vas ? Súmers. A decirles que cierren los ojos para que no nos vean... ¡El diantre de la ocurrencia! La casa lle¬ na llena de gandules , y quiere que nadie nos vea entrar. Milord. Para nada eres, para nada. ¿Tienes mas que llevarla por la mi¬ na l Sobre que no te ocurre cosa alguna. Federica. Señor, por compasión... Milord. No me aconsejéis: seguid á Súmers , y no receleis , que aun¬ que un poco avinagrado , es hom- ’ bre de bien algunas veces. Súmers. Habrá paciencia para... Milord. Venid señora... si , pronto, que llega gente. Ah! Súmers , lo primero , que tome algún alimento. Súmers. Es buena la advertencia. (Fa¬ se llevándola de la mano.) Milord. Pobrecilla! es menester no aflijirla mas , riñendo su flaqueza: mayormente no pudiendo remediar el primer daño. Ya se ve, las mu¬ chachas llenas de inocencia , de cre¬ dulidad , y rabiando por conversa¬ ción , oyen i cuatro picaros de loa de la última cosecha , que es bien mala, y... No es menester mas: las hablan á sus deseos j las levan¬ tan de cascos , y cada paso teñe-
6 Eduardo mos unos pasageá como este. Pero, Derikson y Eduardo llegan : voy, voy á recibirlos. ■ ( Se adelanta hasr ta el pie del peñasco . ) ( Salen Milord Derikson y Eduardo . ) Derikson. Amigo Donvay. ( A brazándose .) Milord. Bien venido Derikson... ¿Como dejas de su indisposición á tu her¬ mana ? Derikson. Mejorada tan considerable¬ mente, que según opina su medico, vendrá hiañana muy temprano acom¬ pañando á su sobrina. Milord. Me alegro ; por que Jacovita, consentida en que se veriíicáse hoy su boda, sentiría que se dilatase por mas tiempo. Eduardo. Si he de deciros la verdad, no la sentó'muy bien esta dilación. Milord. Ni d tí tampoco, es verdad? Eduardo. De modo que... Ya ve us¬ ted ; como habíamos consentido, y todo estaba dispuesto... La verdad, desconcertarse de repente , y espe¬ rar , no es agradable el chasco ; y como los dos lo deseábamos tanto... Milord. Bien llegará el momento; pero lo que importa es que no os arre¬ pintáis de que haya llegado. Eduardo. Voy , voy, si usted me dá su permiso á ver el birlocho , los caballos y las guarniciones de gala. Ab! ¿ si trageron ya el látigo elástico? Milord. Todo está. Eduardo. ¿Si será de chasquido do¬ ble ? porque sino soy capaz de de¬ gollar á Jorge. ¿Encargó usted que los penachos {Hace que se va y vuelve.) de los caballos fuesen muy altos? Qué fuesen de plumas blancas y de color de fuego? Qué los faroles sean de cristales verdes? Milord. ¿Es posible que una caveza bien organizada se haya de ocupar en unas cosas tan pequeñas? Eduardo. Pequeñas? Pues: pequeñas! Usted como no está impuesto en el último tono... ¡Vaya que si yo me presentára en un birlocho sin estos requisitos haría un papel bri¬ llante! Si usted supiera el realce y Federica . | que da á un joven de calidad hir en un pequeñísimo birlo 0 " 0 rado por dos grandes caballos» ^| berviamente enjaezados, y c0li n ¿¡: altísimos penachos , desemp°" r ®^ las calles , y aturdiendo con el ^ cesante chasquido de su latig 0, sino : yo he de hacer de m°" ü en corriendo mi birlocho , j e nozcan todas las damas sin / ■ P ero voy, voy á pasar r eflí mi tren de boda , que es me importa. (Fa á partir • ) Milord. De paso encargarás á J° r ® Eduardo. Si , si ; al instante. Milord. ¿ Pero di atolondrado i ^ es lo que vas á encargarle? ¿ Eduardo. Ah! si es verdad. V 3 ^ 1 ¿que quiere usted que le enca r $| Milord. Que nos saque un pa< botellas de cerveza. v Eduardo. Bien , bien , corriente, Derikson. ¡Viveza, mayor de unten 31 Milord. Di aturdimiento, y ^ J acertado á difiuirlo. Hablemos J ros , Derikson, el amor de P.^y rae impide el conocer su y la superficialidad de sus hijas todas de la ridicula ed0 ° que le dio mi bendita suegi' 3 ’ .j Derikson. ¿Y no sería sacar de á l á la naturaleza , el exigir A edad , otras mas solidas ? ¿ Te PÜ ce Milord , que los hombres aun en una misma edad , son^¡ tados de unas pasiones mismas por cierto; y para no bus# t e lejos una prueva , mírate vA traído de toda sociedad , y ^ un filosofo campestre , y á lí> q (í {¡ cantado en el bullicio y ^ I sion de la corte, riyendom 6 J estra vagan te sistema , al P aS ° e f tú te mofarás del mió. ¿-Y / rece que' no hallará cada Jp razones , á su entender P ot ‘^ a ! . para cohonestar su estravag a, l^ 4 Saca Jorge una mesita , la arrií ¿ } poyo de piedra , y después sa ° ^ botellas , y una salvilla con sos , y se va.
n . Comedia en ewí J ^ a8 ’ y P arte - La mañana a deliciosa , y yo espero • unas ls, t as muy interesantes. Sentemonos a T ii si te-parece , y pues la casualidad ha fomentado esta con¬ versación, saquemos de ella la uti¬ lidad que pueden dar de sí nues¬ tras respectivas observaciones ¡ con¬ viniendo con imparcialidad , en cual de ios dos observa un método de vida mas agradable y provechoso. Yo me levanto comunmente, al prin¬ cipiar a dar el sol en las cum¬ ies e esos montes: agarro mi - báculo, que es el apoyo de mis anos, y paso a recorrer esas praderas res¬ pirando el ay re puro y fresco de n)aaana i que dispierta mis sene os y vivifica mis espíritus. Aquí cuentro á un laborioso jornalero, g u e bostezando aun , camina con v e 0 ^ u t a a I sitio de su fatiga. AUi t orcilj e SC< : níier de un cerr0 a i paslos y iS * u cu i dados , alternando con n es V d o s de sus corderos retozó¬ te^ 33 V ° ces de un rustico ins " ca r se nto * utro lado miro acér¬ elas v UU * l. tro i )a de iludas y aseaíestiva0 . h n ^ aC i° r as ’ entonando sus iil) P resinn a i lUneias ’ y asi i I eno de V \Xn a S ra d a b l es , vuelvo á yuno , s a y C0I i mi frugal desaen J\ lata S° el apetito que excit><nkson. tnodidad dg U re tanto gozo de la coen que Un Q . u Ca m a hasta las once, tir, y n Cria d o , m e ayuda á vesa i<nu(- rjí0 9 . P rey i ene la pipa y el Coche • a o° cómodamente en mi nistj.y' 1 1 . S1Í0 a i mal humorado Mi¬ tin en ’, e Co, i i p adezco en medio de die n teg ani ) | re de hnpurtuiios pretenle aM 3 P a * ' i *ciego engreído que a i Joven petimetre, á tn Ur eil c o e ntro ocupado en perfuCsp e - SU ro P a i en consultar con el t e i° i en escribir el amoroso villeíIm’, e ! 1 ensayar un bals , o en otras de esta clases á la snperU Qí miledi barnizando perfectamstro, insultando a la tres actos. • ? cuitada modista porque ha hecho un p regue mas eii la cintura del vest! 0 ’ d cubriendo de imprecaciones a la camalera porque se déscut o un momento en traer á la pernta el te con leche; y lleno de tan cómicas escenas, doy Ja buelta d mi casa , y me entrego á las de¬ licias de una abundante mesa , ro¬ deado de unos entes que solo me acompaíian á este acto, lie aqui, pues dosestremos bien opuestos. Tu eres feliz en el seno de la soledad. y el sosiego ; y y 0 no pudiera serlo fuera del bullicio y sociedad de un pueblo grande. Td sacarás’ deleytés ¿ instrucción , en Ja alaguna contemplacion de la naturaleza y hallo uno y otro en el examen del hombre , á quien estudio en las numerosas concurrencias. Asi á mues¬ tra imitación , el joven Eduardo, sin sajir del punto en que le fijan sus años , es tan feliz como nosotros, entregado sin cesar a' esas pequene¬ ces que se ofrecen á tus ojos tan despreciables y ridiculas. Mi lord. Iba á demostrarte la prefe¬ rencia que merece mi sistema , y la aparenté felicidad , que te resulta del tuyo ; pero se acercan mis vi¬ sitas , y el objeto que las trae, no dejará de preparar tu corazón ai " convencimiento de Ja verdad. Salen Derik , Ricardo , Tompsón , Ulrica, y Eduardo. Tompson. Felices los tengáis señor Milord. Milord. Bien venidos mis amigos. Tompson. liemos recibido una árdea vuestra , y venimos á ver lo que tenéis que mondarnos. Milord. Hoy. Estos son , Deriícson , mis tertulianos comunmente. Saca lo que te mandé prevenir esta mañana, {-st Jorge que vuelve ú partir.) Con ellos paso una parte de la noche , y e leyéndoles alguna buena obra de moral, de educación , o de historia ya contándonos algunas de nuestras agradables aveuturas , 6 y si tratando
8 Eduardo y los medios de fomentar la agricul¬ tura , y las artes ; después tienen la bondad de acompañarme á cenar, y á una hora edmoda, nos retira¬ mos cada uno á gozar de un sueño libre de cuidados , de penas , y re¬ mordimientos. Aqni no conocemos el estío , porque como el trato es sin¬ cero , el trabajo es útil, y los pla¬ ceres son puros, nada llega á can¬ sarnos o enojarnos. (Vuelve ú salir Jorge con un azafate , en que ven¬ drá lo que indica el dialogo.) Y para que veas que nuestra sociedad no es de aquellas en que destruye el juego las mas opulentas casas; en que el pudor de la_ opinión de las honestas damas se pierde$ en que la maledicencia se encarniza ; en que el Gobierno mas justo y mas celoso es censurado y en fin , eu que cuando menos se pierde , viene á perderse el tiempo, vas á ver cuan provechosas son nuestras veladas al . estado, á la naturaleza , y á los hom¬ bres todos. Nuestro laborioso Derik, interesado en el bien de la huma¬ nidad , y el adelantamiento de la industria , acaba de presentar una bomba para transportar á los incen¬ dios gran porción de agua , la cual conduce con ¡a mayor facilidad y prontitud un hombre solo, despi¬ diéndola con impetuosidad , hasta cuarenta pies de altura, y yo, no por recompensa , siiio por una prueba de mi amistad, le he destinado este pequeño regalo de veiute libras es¬ terlinas. (Lo toma del azafate y se lo da. ) A Toropson , inventor de un arado con dos rejas , tan sen¬ cillo y tan ligero como los que usa¬ mos de una sola , le presento esta espresion de cuarenta. (Lo hace .) Otras tantas hay aqui para el apli¬ cado Ricardo , que acaba de cons¬ truir una noria la cual sin otro auxilio que una sencilla maquina, carga en dos minutos cuatro drde- ’ nes de arcaduces, y en otros dos . .los vacia en cuatro conductos, por Federica . los cuales facilita el riego ¿ ufl tlC á o 51 invertí huerta. Ulrica , que es también de un torno muy seB f. y del método de hilar en él porción de lino , de la que se . laba en los tornos conocidos » tlí aqui un dote para casarse c0fl amado Spenser , de cuya proa* 3 J seré yo mismo padrino. (Sí Tu Eduarda llevarás á tu ^^gb¡ madre estas veiute libras e» P r de lo que aprecio los progr® 808 han hecho bajo su cuidado y e j ñanza las niñas , entre las c digo , quiero que reparta con *Jjj dad estas cuarenta. no ama * 3 Tompson. ¿ Quién , señor , estudio , y buscará el adelantan^' si vos lo promovéis y apresiais generosamente ? . J Mi lord. Artistas aplicados , conti* 1 i en vuestro estudio y desvelos » J gúros de que el estado os comP e 1 y que os bendigan los Y bien , Derik , ¿hicisteis ** riguacion que os encargué? fl Derik. En cuanto fue posible- , , r es la nota. (Le da un papel-) bre apreciable , tu conducta cubrir de rubor á todos los d e clase. .j Milord. Oh! qué dulces lágrimas te después de leer.) arrancan d e . corazón estas acciones virtuosa* Derikson.. ¿Pueden comunicarse» j lord ? tjief Milord. No ; que las tendré efl c ^ jj tas. Todos los años acostumbré 1 formarme con sigilo de los aCt humanidad y beneficencia T aúS hacen en esta aldea i media* 3 vJT es uno de mis estados , y ~ e V¡ tributa mi sensibilidad á | ! el aprecio que merece. Los podido averiguar Derik son e j^j/ Lee. 11 E duarda y su madre ve 71 tres horas mas cada noche » «asistir con el producto de ? 3 Jí 1 71 que hacían en ellas, á una n viuda, y á un niño que
„ Comedla en ®? e tres añ ° sEl anciano Tompson na recogido á dos huérfanos hijos * d e u„ artista , obligándose tí ma „ . «tenerl 08 hasta ensenarles un oficio. 53 El viejo Spenser ha dado una de «tres caballerías que mantenía para «su lavor , á un pobre traginero, 53 que^ por habérsele muerto la que ?3 tenía, no podía conducir sus fru «tos a Londres. Entre el sefíor Sú- ” rera *1 señor Milnd f han “pí" . ~ ““ WüLa « aano que hizo 53 el fuego en la casilla del ¿e ™ 55 Virmen. (Joree hnir, / • Cle £° 55 J* va.) El ZfL b T. l os T s ’ y 33 ce nn \ PÍ ■ 6 UU J a l0s °J°S , 1 W® 1 J° ve « Enrique el teje- «dor repartid su e’tre a„ ¿o- »bre mendigo y sus hijos , que ile- »de r °¡! d “ nu ‘ j°'" £ baldea, después hospedarlos en su casa nueve as que tardó en curarse de unas Üerik ¿ UUraS el P adre * 5 5 ber t0 es cuant0 h e podido saMilord o Pensar i 1 ^ 3 • á mi car S° el recotnVuestro ^l rf r tud *? e todos » 7 al de cuant Üe contlnuar avisándome ¿ Ves ° en esta P arte supiereis, «laderas ^ lle ? ldo Eerikson, las verPoreiona "i*"*®? 0 "» que me pro¬ si 1 Vl v ir en esta Quintal r'^mona P i • .. * F 1U “ si ^sidie e V1 7 r en esta q« i n t a ? P r °babl em en la corte 3 "i tendría Sa ho gflr lte estos motivos de deSa hog nr i ” e . Ilte estos motivos de dec ° n que } Sens ih>ilidad , ni medios finí _ naonvl.. t.t 4Ue ] uaa 5 ni medios de i ei iorm e acer ^° J pero libre aquí !? e s 3 Su o Uuo^ aSÍ ° de ^hreas ’ trea los teatr 0 . S a íílesa 3 concurrencia , Ca • s .’ Y otros artículos de des * h io d e dispensaídes allí , lo *U casa Cit >s objetos sin atraso de de mi \y COn un indecible gozo confieso f llie S a h le , Milord : y ze Raucamente, que nunca se te 9 4UC iiunua oc dabi e „ U ,,ds ojos , mas recomen- “‘ l s ojos , mas recomenpero < l l le hoy la vida del campo; qu e aftl m en debemos convenir en la t 6 üecesita una vocación como U ^ a » para renunciar la yariqtres actos. dad encantadora de los placeres de rZ:°unl y obscurecer^tu “ ^ } *° r '' ™ r á porción d i gerarqtua, entre una Milohd Fn honrados labradores, de q u f nd ; 0nv f";c«dose el hombre q deja el humo, el oronél v la apariencia n 0r , J 7 vénta^ío* C * , ” ent6 ‘ “’tan Safe SaWs. Coando gustéis , está la coñuda pronta. Buena la hemos hecho. (Aparte á Milord.) Milord. Co'mo ? SUmers. Acudid pronto , que ha ocar ndo un accidente.. MUord.Yoy allá al instante. Y bien amigos partid á vuestras respect”’ vas obligaciones, y no me J ' jamas vuestro amor v comnulíf Tornpsm. Siempre sereis^uestro legiti1110 senor ; nuestro bienhechor, y nuestro maestro en l a práctica de las virtudes. Derik. Dios os conserve para bien de nuestra aldea. 2 Wos. Amen. ( r OTíe , M Milord. Hasta la noche mis amigos. ¡nuners. Vamos, no andéis con esa sorna. Milord. Y en Derikson , gozarás de una Irugal, pero pacífica comida : la sa-.. zonaremos con la narración , que te hará, de mil anécdotas interesantes de estas apreciables gentes , y sobre mesa te llevare' á admirar las obras útiles y curiosas con que he enri¬ quecido esta posesión, Derikson. Vamos en buen hora. Milord. Y si quieres hacer mi felici¬ dad cumplida , renuncia para siem¬ pre esa enganosa babilonia , y y e n á acabar pacificamente tus dias con tu adorable familia en el seno de la paz , de la amistad . y de la naturaleza.
1 6 Situar do Eduardo . T^'o» , Lien , no creí yo saiit tan felizmente del apuro. { V ase.') Sale Derikson. Milord. Ahora iba yo en tu busca, Derikson , con un objeto muy desa¬ gradable para entrambos. Derikson. Desagradable ? Milord. Y mucho, por cualquiera as¬ pecto que se mire. Te anuncio con pesar mió que no puede ya verifi¬ carse el enlace de tu 6obrina con mi hijo. Derikson. Gomo ? tal ha pensado si¬ quiera un hombre de tu providad y tu carácter ? ¿ podría por motivo alguno violar Milord Donbay , un contrato firmado por su mano? ¿su¬ friría yo ?... Milord. Cálmate y escucha. Eduardo sin mi aprovacion, se comprometió á un enlace que no podía contraer por no ser libre. Fue culpable , no lo niego : pero de su falta de fran¬ queza no debo ser yo responsable. Estaba ya comprometido seriamente con otra honrada jo-ven. Y aunque por temor á mí no se ha atrevido á declararlo , acaba ella misma de presentarse reclamando el cumpli¬ miento de una obligación tan au¬ téntica... En fin he reconvenido á Eduardo , con toda la severidad, que merecían sus yerros , y él los ha confesado firmemente, imploran¬ do mi perdón , el tuyo y el de tu familia. Pero ni yo cumpliera con mi modo de pensar sino pusiese á cubierto la opinión de aquella jo¬ ven , ni mi hijo se justificaría á los ojos del mundo , y á los de Dios, si se negase á pagar una deuda tan sagrada. Derikson. Pues yo , Milord , no puedo consentir un desaire que ponga en duda tal vez la reputación de mi sobrina. Si Eduardo, como dices, se halla ya comprometido con otra, tuviera inas honradez, y... Milord. Despacio , que aunque el i> Federica . culpado es mi hijo; no es lo. mis* 110 incurrir, en una ligereza de joven?j que dejar de ser honrado. Contbf una palabra contigo por obedienc 15 á su padre : callo la que tenia da por temor de enojarle , y ^, creer que su travesura tuviera ^ trascendencia que ha tenido. boy que la conoce , tiene la gran' deza de decirme voluntariamente sa culpa , y querer pagar su deed 3, ¿qué mas honrado hubiera sido e¡1 este caso Derikson ? Derikson. No engailára por obediencia ni por miedo , á un padre , á amigo y á una dama : y en Ü'* 1 ¿ es esa joven de la gerarquía Jacoba ? Milord. Aunque para proceder com° debo, me basta conocer su justicia? tengo alguna prueba de que no es de un linage obscuro. Derikson. Sin embargo debemos cercio¬ rarnos. , y si como lo creo , lo fue* re , acaso podrán ios intereses de¬ jar su queja satisfecha , y quedar libre Eduardo , para cumplir 8Ü | nuevo empeño. Milord. El oro jamás curó la opinio® llagada. Derikson. Y qué ¿ prescindirás de SU nacimiento para enlazarla con td hijo ? Milord. Solo sé que Jas leyes de la calidad del reo , ni aumentan 0 disminuyen la satisfacción á propo rcion de la clase del quejoso. Todos los culpados son iguales á sus ojos? y todos los agraviados son igual¬ mente atendidos. Derikson. Y por respeto á esas leyes? ¿ será bien que se envilezca tu Ü' l nage ? Milord. ¥A crimen es el que envilece ^ hombre ; pero desviado de este prin¬ cipio recto , el potentado orgulloso cree envilecerse , no solo en d
, . Comedia en tres actos. cniace, sino en el simple roce con el Milord rv «tista , 6 menestral virtuoso a Eduario Z J ^ J 0 "”- paso que entraña, estafa. .jJ. cacabeé.. ' “ '1“'“ Jni P»- Milord. Dios rnio! de qué alegría se leño mi alma! sígueme Eduardo: tu también Sdniers , ven apriesa. Sumen. Dejad que busque primero unas piernas nuevas. F Milord. No te detengas, corramos á en* jugar sus amargas lágrimas. (Pause ) Sumen. Todo es misterios, todo enre¬ do , todo confusión , y yo sin copaso que engaita , estafa , seduce, insulta , viola su palabra , falta á sana fe , y descansa en el seno de los vicios , sin miedo de e/npafor siquiera su lustre con tan soez conducta. No, Derikson : jamás creeré ofender mi noble generación por ha- ? er esposa de mi hijo , á una joven nonesta y virtuosa , aunque no sea de elevada estirpe, Pero no es de este momento el discurrir sobre opiseffnf 8 * a niÍa CS esta ’ Y en su °b~ hi2n ° CSt0 ^ determinado á dejar puesta Ja reputación de esta joven , casándola con mi hijo, j? son ‘ ^ >U€S 7° 1° estoy también á evar mi queja al supremo tribua l de nuestras leyes , y cuando elhs no me diesen la satisfacción J Ue espero , sabré tomarla á pesar deudo y la amistad que nos j 16 j del modo que acostumbran D^° S nombres de mi clase. ( Vase .) °rd.y a enojado: no me espanto, ama á Jacoba tiernamente, y cutiría en el alma este desayre frente. 1 e Eduardo. Ah padre mió! que bona d la vuestra 3 vos perdonáis mi y vais á ilacer dos criaturas ki 1Ces * ,/d. Derikson... - , 7 j j'j om co¬ mer á estas horas, que es lo que mas siento. ^ ACTO TERCERO. El mismo gavinete del anterior . Federica y Súmen. Súmen. Conqué volvemos á la canción, sin embargo de lo pasado. Digo que sino deliráis, i lo menos no estáis en vuestro sano juicio. Halláis aquí sin pensar , al que causaba vuestras penas : veis el empeño que hace el bonachón del Milord , en casaros con su hijo: veis el amor que os mani¬ fiesta , y sin embargo , erre que erre, en que habéis de darle ta¬ maña pesadumbre. Yo no lo con¬ siento, vamos. *Uqm m j , , - siento, vamos. lo oí ’ se,10r ’ P ero y° Federica. Ah señor! si amais i vuestro ventura de esta casa , siquiera evi- 'timen. Señor, yo no estoy ya para ^ a r dar locas de atar : esa mucha- - a está frenética : resuelta á abaníi] I la r esta quinta, no bastan ya ni p g e & 0s 7 n i consejos , ni amenazas, detenerla. ¡En qué me he visto p 0 a dejarla encerrada , y venir en a avisaros! i *d°. Ah ! cuanta es su gratitud dif U e i ! r a3 bondades! por no impee ¡ J ni casamiento 3 por no daros ais gusto de que sepan mi eul- — 7 oiquicid evi¬ tad un disgusto escandaloso á am¬ bas familias : dejad que yo me des¬ cerre voluntariamente de este pací¬ fico seno , donde vine á introducir una discordia eterna. Si, virtuoso an¬ ciano : vos oistes como yo la obstinaczon del tio de esa señorita , que iba a casar con Eduardo. Sútners. Bien ¡ y qU e hará con su obstinacion r Federica. Está dispuesto á presentar sa demanda . en el supremo tribunal 3
j8 Eduardo y Súmen. Ganancia para un letrado , ga¬ nancia para los manipulantes ; y pér¬ dida de dinero , de tiempo y de paciencia para él solo. Federica. Y ¿ deberé yo consentir que dos varones de providad , rompan el nudo de la pura amistad que ios es¬ trecha, por mi causa ? ¿ que sps inte¬ reses padezcan , que sus familias su¬ fran y que sus miras se malogren? no • yo sería un monstruo de ingra¬ titud si llegase á permitirlo. Desa¬ pareciendo yo de esta casa, Eduar¬ do se unirá á una esposa que^ for¬ mará sus delicias : se estrechará mas y mas el vínculo que unía á las dos familias, y reynará la paz y la felicidad eternamente en esta casa. Si señor , yo moriré con la mayor resignación ,'sumida de trabajos, si logro a$í evitar tantos disgustos á Eduardo y su buen padre. Súmen. Pues era buen modo de... va¬ ya dejaos de tonterías , y tratad de tener mas juicio. Apuradamente era capaz el Milord si le faltase Fede¬ rica... Pues no digo nada el señori¬ to... y yo , vamos os queremos y se acabó. Federica. Esa bondad me obliga mas y mas á sacrificar á la vuestra mi ventura. Súmen. Pues eso es justamente lo que .nosotros no queremos : sino que ma¬ la ó buena la gozemos todos juntos. Federica. Bien , yo os ofrezco volver á morir en esta casa , después que se verifique el himeneo de Eduardo : si, no me apartaré un momento mas de vosotros. Yo serviré feliz en vuestra compañía , aunque sea en clase de una ínfima criada. Súmen. Por vida de... ¿ Queréis callar y no hablar mas sandeces? sobre que el Milord os quiere por hija , Eduar¬ do por esposa y Sdmers por señora: á que vendrá... Señorito, (no hay que hacerme señas , porque no lo gallo aunque me ahorquen) pues no Federica. Sale Eduardo. está empeñada en abandonarnos , y*" ¿ vea usted adonde había de ir q afi mas valiera ? y que yo la hiciera capa para ello , pues , como lo esta 1 * , oyendo... vea usted, si había yo ° e consentir.... En fin ya lo sabéis: c°fl' que podéis darla las gracias por saS buenos pensamientos. Valga por *, que valga, voy á llevar al lYlil° r esta carta, que es sin duda la escribió esta tarde y se la cay 0 a , venir sin advertirlo. ( ' Eduardo. ¿ Será creíble Federica , ^ en el momento mismo en que ^ á acabar tus penas y las mias , K cieses tal disparate ? ¿ conque en , momento mismo en que volvednos * hallarnos por tan estrados runih° s j en el momento mismo en que línico que podíaoponerse á núes#, dicha, se interesa en formarla p» f siempre, en el momento en fin > e que eres toda su delicia y I a has soñado abandonarnos ? ¿ ® se el amor que nos tienes ? ( ^ Federica. ¿ Qué mas amor quered una infelice que renuncia vofon ^ riamente esa felicidad inmensa , Yj. evitar un disgusto ? ¿ qué mas a 1 11 ^ qué mas virtud que condenar ^ yo misma á vivir separada de ^ que mas amo en el inundo , a ' vir sin opinión , á vivir enVU ® . en lágrimas , dolores y inisei 1 porque tu vivas dichoso con I a1 f posa que eligiste ? Por que la ( discordia no turbe jamás la p aZ )( ¡ reyna en este_ asilo , ni el aS l { 1 i del encono muerda el corazón ° e ^ virtuoso padre. Ah ! si el ciel° destinara tanto bien á menos 0 ^ vuestra! ¿qué criatura mas a | ° r { il nada que yo en el mundo ? Si ternura y la de tu padre excit 3 ^ la del mió , me alcanzaría su don y entónces , ¿ que me ^ u bd> que desear en la tierra ? . j Eduardo. Sí, pues mira , ni yo <Í llJ
Comedia en otra esposa que tu, ni la discordia aportará por esta casa , ni ese áspid se atreverá á morder á mi padre, ni habrá esos males que tú te has figurado. ¿ Qué puede suceder ? ¿ que ese viejo avinagrado se emperré en que ha de ser, que su circunspecta hermana revuelva el parlamento , que toda su prosapia chille , patee y se ahorque? ¿ Te parece á tí que cuando el seso de mi padre proteje nues¬ tra causa , no habrá visto que es muy justa y que ha de salir con &u empeño ? Pues sí , bonito genio tiene él para apoyar una injusticia, ni entrar con ligereza en un nego¬ cio sin ver antes la salida. No , no se parece á mí en eso. Tú verás flue pronto ceden sus contrarios , nos casamos y vivimos en paz, y... por supuesto... ¿ pues no lian de conoel disparate que pretenden ? .briza. Tú mañana tal vez te arre¬ pentirás. Eduardo. De mis caleveradas ? ya , ya lo estoy y tanto , si tú lo supieras... derica . No sino de perder por mi una esposa que adorabas. Tu sola honradez y el remordimiento del en¬ gaño con que procediste conmigo , te conduce á cumplirme tu promesa; pero\ tu corazón es de esa joven. Guardo. Cabalmente tuyo y muy tuKy sino como suelen decir las vie¬ jas , el tiempo doy por testigo ; tú sola has reynado . siempre en él, y *Uyo será siempre : vaya no volva¬ mos á la cuenta , yo tuve los cas¬ cos á la gineta y se acabó... Aquel, aquel maldito Jacobo... Que venga ahora á aconsejarme. No , ya soy un hombre de juicio y... no te engaño •Federica, tú verás mi formalidad. Mi padre , mi muger , mis hijos y Uada mas. Oh ! que paz tan octa- *iana la nuestra ! Sobre que nos han tener envidia todos. Pues digo, Sl yo no pensara, así , sería * el ma¬ yor picaro del mundo. tres actos. i 9 Federica. Ah ! cuan agradable me seta siempre su memoria, si logro ver¬ me unida á tí por los sagrados la¬ zos del amor y del himeneo! ¡Con qué placer esclamaré yo sin cesar! Bienaventurados trabajos , afortuna¬ das lagrimas , bienhechoras afliccio¬ nes ! á vosotras debo toda la felici¬ dad que gozo 5 vosotras enternecis¬ teis el corazón de Eduardo ; voso¬ tras le recordasteis su deber, y vo¬ sotras me tragisteis al lugar de mi descanso. Sale Milord. Oh ! que conjunto de ven¬ turas jk estraordinarios accidentes ! El gozo me tiene tan fuera de mi, que ni se lo que hago , ni.... Y bien ¿ está ya mas sosegada y con¬ tenta nuestra querida Miier Derikson? Federica. Oh Dios! Eduardo. Mi padre está soñando. Milord . No esperaba yo que me pa¬ gaseis tan mal el amor que os ten¬ go. ¿ Ocultarme á mí vuestro naci¬ miento ? ¿ No hacer esta confianza de un hombre que se comprometió de carazon á remediar vuestras des¬ gracias ? No hay disculpa para eso; y á no ser porque este es dia de indulto , puede que no se me pasára el enojo tan presto. Eduardo. Calle ! pues parece que vá de veras. Federica. Señor , yo no quisiera que mi yerro cubriera jamás de afrenta á mi buen padre : yo no quería que pasara el dolor de saberlo hasta el postrer momento de mi vida, y re¬ solví callar á todos mi padre y mi familia. Milord. Bien, bien , lo cierto es, que á no ser por la carta que escribis¬ teis hoy , y que se la lia encontra¬ do Súmers casualmente , yo os re¬ cibiera por hija sin saber... Vamos, dadme un abrazo estrecho , si que¬ réis que olvide esta ofensa ; {Lo hace.) y decidme ahora , ¿ habéis visto al huésped que tenemos ? 3 *
2o Eduardo Federica . No señor. Milord. Ni le oisteis nombrar en casa? Federica. Tampoco. Milórd. Me alegro. (z/p.) Pues yo le he enviado á llamar, y tal vez cuando le diga quien sois se opondrá á que seáis esposa de Eduardo: mas ya vie¬ ne , retiraos y esperad en esa están-» tancia. Tú di á Súmers que no se descuide en desempeñar el encargo que le hice , é inmediatamente que llegue. Jorge, que le dirija á esta estancia. Eduardo. Sí, sí, pues señor , vamos á saber que carta es esta. (Fase y Fe¬ derica. ) Milord. ¿ Podráse dar un suceso mas estraño?... parece que Dios ha echa¬ do la bendición en esta casa. Sale Derikson. Milord. Y bien, querido Derikson, ¿ha sucedido la calma á la turbación en que quedó tu espíritu ? ¿ Has re¬ flexionado la injusticia de tu oposi¬ ción ? Derikson. No Milord , cada vez es¬ traño mas tu empeño , y cada vez me ratifico mas en semejante agravio. Milord. Agravio ? dónde está ? ¿ En qué le fundas ? Solo quiero que me escuches un instante , sin interrum¬ pirme ni alterarte. Dime , ¿ es res¬ ponsable un padre de los yerros de sus hijos ? ¿ tiene en su mano el evi¬ tarlos ? no por cierto. Y bien, co¬ metió Eduardo el de pervertir á es¬ ta muchacha prometiéndola ser su esposo: ignorante yo de su promesa traté de que lo fuera de Jacoba , y cuando vá á verificarse , se presen¬ ta aquella joven deshonrada , afligi¬ da , sola y fuera de la casa de sus padres. ¿ Será razón que Eduardo vuelva la espalda á esta sagrada deu¬ da , ni que la abandone yo cruel¬ mente, en semejante conflicto ? ¿ se¬ ría proceder con nobleza ? ¿ lo ha¬ rías tú en igual caso ? No lo creo; y Federica . dices que es un agravio á tu sobríj na. Y porqué ha de ser agravio? ' ¿ La há sacado del seno de su milia ? ¿ Ha contraido con ella otra obligación que la de convenirse eíl ser su Espose? No : luego ese ag ra ' \ vio se funda únicamente en que n° , la cumple aquella simple promesa 5 ¿ y qué perjuicio la ocasiona el 110 I cumplirla ? un desayre imaginado solamente , pues en el momento 1 sepa Londres los motivos , justificar 3 la mia y su conducta. Y por no esponer á tu sobrina á ese desayr*; imaginado ¿ quieres que dejemos 3 la otra joven , abismada en su d eS ' honra, en su desesperación , y eOsu conflicto ? considérala por un ¡nO' mentó hija tuya : ¿cual de las do* obligaciones te parecería mas fuerte? yo te hago juez de esta causa. Pa¬ lla, que yo te juro, no oponerme de modo alguno á tu fallo. Sale Jorge. Aquí está la respuesta. {& a m u na carta al Milord , y se váMilord lee manifestando la may° r alegría. ) Milord. Bien, vete ; veamos el mofo de pensar de Jacoba... Derikson. Yo no debo ceder á ning una consideración. No es un ultrag e á mi persona. (. dp.) Milord. ¿ Con qué Derikson , que re1 solvieras en el caso en que te pon¬ go ? Derikson. No lo sé ; pero sé que eíl el que estamos no debo co ns eíl f, tir que una palabra que se me dl° con tanta solemnidad , se quebranta impunemente. Y asi Milord , vo/ á partir á Londres á instaurar un 3 demanda que yo reputo justa. Detiende tú en buen hora , la caus 3 de esa incógnita, y enlázala si pue' des , y conviene á los intereses de tu casa, con tu sangre y tu fami" lia. Pero rompamos desde ahora el antiguo vínculo que nos unía , 1 á no mas vernos; los nombres de
Comedia en y amistad , no se oygan üias entre nosotros. Pase este resen¬ timiento personal á Jos nietos de touestros nietos , y el odio y la Venganza. l Uord. No mas Derikson ; te arreba¬ tas fácilmente , y se estravía tu raz °n llevado de ese impetuoso carácte rMis años , mi esperiencia , y ton continua ocupación en los libros, ® ri estudiar las pasiones de los homtores , y dominar las mías, me han ecio tolerante, y en vez de resentirme de •las disculpo embarffi ine tus estrañas razones, acá en mi corazón ; sin no puedo menos de doler- „ que una joven de tan pocos ail os como Jacoba, te enseñe á obrar con generosidad , sacrificando á la ^tirtud su amor y sus deseos. j¡¡¡y k *on. De qué manera ? 0rc *- Escucha : yo la escribí lo yi U e pasaba francamente exigiéndo¬ le me manifestase su modo de este caso, y me responP^ttsar así: e f55 Mi apreciable Mi lord ; no el Júnior que tengo á Eduardo, ni la 5 felicidad que esperaba de este en¬ lace , sofocarán Ja compasión que l toe causa el doloroso estado en ^que se ve esa joven. Yo renun¬ cio voluntariamente sin pesar cualjC^ier derecho que tenga á la majC 0 de vuestro hijo. Recobre ella j} S t o honor,- y viva feliz con Eduar¬ do, al cual suplicareis de mi parque acredite su virtud y su ^ n °bleza , pagando en el instante tolla deuda tan sagrada. 75 } 55 Nada he comunicado á mi maare según me prevenís , &c. x> ^senta. Tales son los sentimientos e Jacoba , dignos por cierto de mi j e! 'no amor , y de la bendición de hombres: toma, repásalos, y conc ^ er a el imperio que tiene la aflicen cualquiera alma sensible. Use dando la sarta á Derikson.) tres actos . 2 1 Derikson. A la verdad , que no creí tanta virtud y solidez en ella • ¿ pa¬ sar por el' bochorno 1 de ver disóclto un enlace á que estaba convi¬ dada toda la grandeza de Londres? pero ya que ella lo sufra , yo no puedo. Sale Sú/ners , con otra., carta cerrada. Súmers. Cuando saldremos de tramoya». ( Ap . ) Señor , con la batahola que hay todo el dia en esta casa , se me olvido de entregar esta carta. ( Se la dá. ) Derikson. De quién ? Súmers. Eso no se yo : una pobre que recojimos anoche en esta quinta, me I rogó con mucho empeño antes de marcharse esta mañana, que la echa¬ ra en la estafeta , creyendo sin duda alguna que estabais en Bristol : habéis venido casualmente, con que esemso de... ¿ tenéis que man¬ darme algo ? Derikson. No. (Vase Súmers.) Oh Dios! [Viendo la caria.) Al paño el Milord , Eduardo , Fede¬ rica y Súmers. Derikson. Estoy soñando ? no , Federi¬ ca firma : toda es letra suy'a : ¿ pues como , si murió según entonces me escribieron, y ahora han con¬ firmado sus maestras , en el co¬ legio en que estaba ? salgamos de . dudas. Lee. 7? Padre mió : ¿ negareis por desjj gracia , vuestra compasión á esta » hija delincuente ? mi razón se esm travid un momento , y en él per55 di todo el fruto de vuestros sabios »consejos : me desvié del camino 55 recto en que me pusisteis , y di al primer paso eu un espantoso 75 precipicio : me engañaron , y pa- ?? ra mayor suplicio no se quien me 77 ha engañado. Fugitiva del asilo en 7? que me be criado, he cruzado 77 rios , he atravesado desiertos , he ?? pasado hambres, cansancios, hu57 millaciones , insultos , dolores y
22 Eduardo 33 remordimientos. Desfallecida , des33 nuda , abandonada de la natura53 leza , y sin atreverme á compa5? recer á vuestros ojos , voy á es5? conder mi oprobio en una obscu33 ra caberna , que será muy pres33 to mi sepulcro , y el del inoce'n35 te fruto de mi crimen. ¿ Pudie33 rais vos haberme impuesto mas 33 castigo ? ah! compasivo padre! no 33 invoco vuestra piedad: no la me33 rezco , pero no neguéis vuestra 33 bendición á esta infeiice que mue33 re arrepentida. 33 Representa. Federica vive ? ¿ y en tan lastimoso estado ? me engañaron. Y qué ¿podré yo saber su horrorosa situación sin correr á socorrerla ? no : Súmers , Sdmers. Sale Súmers. Señor ? Derikson. ¿ Cuándo dices que te en¬ tregaron esta carta ? Súmers. Esta mañanita muy temprano. Derikson . Y di me , no me engañes: ¿ que señas tenía la joven que te la, dio ? Súmers. Sin embargo de que no tenía puestas las gafas , me pareció una muchacha bien dispuesta , y de muy bien parecer pero consumida de trabajos y miseria... Todo se la iba en llorar sin querer probar la cena que la llevé yo mismo , hasta que fue el Milord , y pudo per¬ suadirla. Derikson. Desventurada! ¿y no te dijo á donde caminaba ? Súmers. No señor. Derikson. Pues es necesario que al momento... corre, llama al Milord, di que yo le espero. Súmers. Voy. Que eficáz ha sido el purgante según le ha removido. (. Ap . ) Derikson. No. hay otro remedio : la buscaré por todas partes : recorreré los. pueblos ; los desiertos , y si por desgracia no la encuentro, mi mis¬ mo dolor acortará mi insufrible vida. y Federica, Sale Milord. Y bien Derikson ? f Derikson. El cielo castigó bien pr eS ^ y con el mayor rigor mi dure*' Mi hija fue engañada también : P ro no conoce al aleve : toma , V después esta carta suya : tñ n* lS la recogiste anoche en tu quinta s saberlo. No puede estar muy ** tante según lo débil que se halH ba: es necesario que salgan en busca ( que cerquen todos los c ^ 0 nos , que no dejen bosque que recorran : sí, duelete de la h°d ble situación de esta infeliz. ¿ qué hija mia , no acudiste en _ aflicción á tu padre ? ¿por qué d daste de su indulto ? la dureza * su carácter, no debió aterrarte. escondía un fondo de ternura. Milord. He aquí el funesto resulta* de la excesiva severidad de algüO padres : se hacen temer de sus n jos; estos los tienen por inflexible» y en vez de confiarles sus cias para que puedan reparar! 3 ® las ocultan con cuidado , hacie ■ las así irreparables , ó cayendo j unas en otras por callar las pr » 1 ras. ^ Derikson. Sí, yo soy la causa de & males. Ah ! cuán sin tiempo lo nozco! el cielo me castiga con t® tardo arrepentimiento. Pero no d<^ confiemos : corre , dispon que s3 gan todos tus criados en su bos ^ salgamos también nosotros : sh ¿ que la encuentre , el que traj e *. mi hija... buen Dios ! no me H tes el consuelo de volver á es ^ charla entre mis brazos : deja mostrarla mi ternura : déjame j decir su respeto , y pon despu e S término á mi vida. , Milord. ¿ Y si se presentase á tus confesando su yerro , tratarías afligirla ? p e fíi Derikson.. Insúltame , lo merezco. * ¡ no dudes un momento de ln V amo á Federica. Culpada ó inoce»
Come clin, Mil sería toda mi delicia, y el consue¬ lo de mi vejez. Sí, donde estás amada hija: no me oyes? vuelve á tu padre si quieres dilatar sus dias. Di Milord hace una seña con el pᬠcelo , y Eduardo y Federica con el ma yor cuidado , para que Derikson no sienta , se arrodillan detras , y de re ptnte abrazan sus rodillas y esclamando con la mayor impresión, •^derica. Padre 1 (Ocultando el rostro.) Derikson. Quién eres ? hija 1 (Dá un trofi uctus» 23 espantoso grito al conocerla , se ar¬ roja en sus brazos repitiendo con la misma espresion . ) Amada hija! Milord. Sí, Derikson : he aquí á tu hija , y á su esposo. Derikson. Eduardo ? Milord. Si : reconoce ahora lo que de¬ bes á su honradez y á la mia : gó¬ zate en sus afectos , y bendigamos sin cesar aquella mano benéfica que sin dejarse ver, enjuga tan á tiempo las lágrimas de los mortales afligidos. F I N. con licencia: EN VALENCIA: POR JOSÉ F E R R E R DE O R G A. AÑO 1817. hallará en la misma imprenta dalle de las barcas , número 13 • coma también un gran surtido de comedias antiguas y modernas , tragedias , autos sacramentales , piezas en un acto , saynetes y unipersonales.
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