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Jiménez de Asúa, L., Salmerón Vidarte, J., Rodríguez Sastre, A. y Trejo Gallardo, A.: Castilblanco. Estudio introductorio y notas de Glicerio Sánchez Recio [Reseña]

González Fernández, Ángeles

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dada la lejanía de los hechos, se han perdido las vivencias de buena parte de aquellos que vivieron en primera persona los hechos – no de todos, como queda demostrado y sin querer decir ni que las informaciones no sean relevantes ni que estén falseadas –. Por cuanto al silencio que una lucha clandestina impone, más en el caso de una lucha clandestina que fracasa en sus objetivos y que queda relegada a la dictadura impuesta por los vencedores, la misma contra la que lucha. En muchos casos, este silencio tan sólo es roto por la violencia que ejerce la propia dictadura, aunque no siempre lo consiguió romper. Y porque, hasta cierto punto, esos mismos documentos también pueden adjetivarse como historia oral, con la salvedad de que ha sido generada en el momento que suceden los hechos de los que venimos hablando. Por tanto y, como conclusiones generales, estamos ante una obra que trata una temática completamente novedosa y hasta ahora obviada por buena parte de las investigaciones existentes sobre la resistencia al franquismo en Galicia. La actuación de las mujeres dentro de la lucha armada se presume relevante e ignorada, con lo que es esta una obra necesaria, una obra más sobre la memoria de las víctimas de la dictadura franquista, una nueva ruptura de ese silencio impuesto por la violencia y la represión.u Alejandro Rodríguez Gutiérrez Universidade de Santiago de Compostela JIMÉNEZ DE ASÚA, L., SALMERÓN VIDARTE, J., RODRÍGUEZ SASTRE, A. y TREJO. GALLARDO, A.: Castilblanco. Estudio introductorio y notas de Glicerio SÁNCHEZ RECIO. Alicante, Publicaciones Universidad de Alicante, 2011, 330 pp. Los sucesos de Castilblanco conmocionaron a la opinión en los primeros días de 1932. La explosión de violencia que acabó con la vida de cuatro miembros de la Guardia Civil, linchados a manos de unos 300 jornaleros, destapó la desesperación, la indignación y la impotencia de unos trabajadores que habían cifrado formidables esperanzas en la República. Más allá de la crueldad del episodio, lo sucedido en este pequeño pueblo de la Siberia extremeña ponía de manifiesto la persistencia de los graves problemas que arrastraba el país. Lecturas/Reseñas 217Historia, Trabajo y Sociedad, nº 3, 2012, pp. 201-228. ISSN: 2172-2749 Publicado en Madrid en 1933, el libro contiene los alegatos de la acusación y los abogados de la defensa en el consejo de guerra celebrado contra los 22 detenidos, encausados como autores de un delito de agresión a fuerza armada. Consejo que finalizó con seis condenas de muerte y otras tantas de reclusión perpetua. Editado por los abogados defensores, el manuscrito se proponía esclarecer el caso, establecer la identidad de los verdaderos responsables y exculpar a los socialistas de las acusaciones vertidas por la prensa y círculos conservadores que atribuían a la propaganda política y sindical la violencia desatada. Esta cuidada reedición viene precedida por un ensayo de Glicerio Sánchez Recio, estudioso de la represión franquista. Dicho texto ofrece una inestimable ayuda para adentrarse en la trama de los acontecimientos, en el proceso judicial posterior y en los avatares de sus protagonistas. También en la suerte final de todos ellos al concluir la Guerra Civil: Castilblanco, microcosmos de las esperanzas y frustraciones suscitadas por la República, también lo fue de la represión de los sublevados el 18 de Julio de 1936. Los sucesos, como subraya Sánchez Recio, deben ponerse en relación con el programa de reformas de la coalición republicano-socialista en el gobierno. Un programa que, en el medio rural, afrontó la oposición de los latifundistas y de los grandes terratenientes, la persistencia de las prácticas caciquiles y el rechazo del anarcosindicalismo. Factores que tenían suficiente peso para torpedear las políticas reformistas y que, junto a la lentitud en la aplicación de los cambios legislativos, generaron desencanto e impaciencia en los trabajadores que habían confiado en una rápida mejora de sus condiciones de vida. La colusión de esos elementos se produjo, no por casualidad, en una localidad de una de las comarcas más pobres, aisladas y atrasadas del sur de España, en una coyuntura de crisis económica, falta de trabajo y renuencia –o mala voluntadde los propietarios para paliar el paro agrario. Más sorprendente, y más relevante, resultó que sus actores no fuesen revolucionarios anarquistas sino militantes de la UGT, partícipes de la coalición reformista. La pobreza y el desempleo fueron el telón de fondo para la escenificación de una protesta que era, en realidad, política. Convocada por la Federación Obrera de Badajoz para conseguir el cese del gobernador civil y el traslado del comandante de la Guardia Civil, los jornaleros de Castilblanco, sometidos al control absoluto de las oligarquías tradicionales, concretaron su protesta en las autoridades locales. Esa, la pervivencia del caciquismo, era para El Socialista, la raíz del problema y la causa de la reacción de los hombres y mujeres de Castilblanco. Tratados como súbditos y sin embargo conscientes del escarnio de que eran objeto, se habían revelado ciudadanos y, como en Fuenteovejuna, mataron si no a las autoridades si a su brazo Lecturas/Reseñas 218 Historia, Trabajo y Sociedad, nº 3, 2012, pp. 201-228. ISSN: 2172-2749 ejecutor, los miembros del puesto local de la Guardia Civil. Muy otra era la interpretación de la prensa conservadora, para la que el aislamiento, la falta de educación, cuando no los instintos primitivos propios de pueblos atrasados, junto a la manipulación política interesada habían provocado una explosión de barbarie. El debate parlamentario reprodujo, con matices, los análisis realizados en la prensa. La discusión, sin embargo, cobró mayor envergadura al poner de manifiesto la fragilidad de la coalición de gobierno y al otorgar a los diputados derechistas una baza inesperada: la defensa de la Guardia Civil frente a los ataques de los diputados republicanos y socialistas. Azaña, se supone que para evitar males mayores, finalizó la controversia con un discurso en el que hacía suya la interpretación que achacaba a la incultura y la barbarie los sucesos y reivindicaba la honorabilidad del instituto armado. Palabras quizás políticamente necesarias pero, como subraya Sánchez Recio apoyándose en los diarios de Azaña, falsas. La opinión del presidente del Consejo de Ministros y ministro de Defensa sobre la Guardia Civil no difería de la de los diputados de las izquierdas. El Consejo de Guerra celebrado en el verano de 1933 se desarrolló conforme a los procedimientos habituales, salvo por la adscripción de los abogados defensores, militantes socialistas en esas fechas, y por la calidad de sus alegatos. La misión de los cuatro letrados, Luís Jiménez de Asúa, diputado y catedrático de la Universidad Central de Madrid, y tres de sus discípulos, no se reducía a la defensa de unos encausados cuyas confesiones se habían obtenido mediante tortura. Los intentos de transformar el consejo de guerra en un proceso contra la Guardia Civil obtuvieron poco éxito: apenas una ligera reducción de las penas solicitadas inicialmente por el fiscal. La sentencia del Consejo de Guerra contrastaba con la sentencia de la sala militar del Tribunal Supremo, publicada poco después, contra los militares que habían participado en el golpe de estado del 10 de agosto de 1932. No dejaba de ser revelador que dos tribunales, utilizando el mismo Código de Justicia Militar, dieran un trato tan diferente, y benévolo, a los culpables de una rebelión armada contra la República. El desarrollo del consejo de guerra y la intervención de los abogados defensores resulta ilustrativo de la dualidad que, también en el ámbito de la jurisprudencia, se daba en la España de 1932. Como las dos caras de Jano, convivían en su seno un derecho moderno, humanista, en contacto con las corrientes renovadoras europeas y, al mismo tiempo, un marco legislativo atrasado y una Administración de Justicia, especialmente en la esfera militar, con grandes dosis de inercia en su espíritu y su procedimiento Acaso fuera conveniente añadir a todo ello el posible impacto del decreto de Términos Municipales sobre los jornaleros, pequeños y medianos campesinos en un Lecturas/Reseñas 219Historia, Trabajo y Sociedad, nº 3, 2012, pp. 201-228. ISSN: 2172-2749 pueblo serrano, con una reducida extensión de tierra labrada y un elevado censo de campesinos pobres. Así como, la ausencia de una eficaz y metódica política de orden público. Persuadidos de las bondades de la República, los gestores gubernamentales no adoptaron previsiones eficientes en esta materia. Nos hallamos ante una reedición necesaria, y oportuna en tiempos de revisionismo, que ofrece al lector una visión jurídica, complementaria y enriquecedora de la II República. Una visión precedida por un estudio introductorio que sitúa al lector en la realidad de la España de los años 30 en unas páginas, las de Sánchez Recio, que abordan el estudio de los sucesos de Castilblanco, desde sus orígenes hasta su desenlace postrero, al final de una guerra civil. u Ángeles González Universidad de Sevilla Lecturas/Reseñas 220 Historia, Trabajo y Sociedad, nº 3, 2012, pp. 201-228. ISSN: 2172-2749