Pueblos indígenas para el mundo del mañana, de Stephen Corry, traducción de Raquel García Hermida y María Elvira Laverde Ordóñez; [El Ejido, Almería]: Editorial Círculo Rojo, 2014 [Reseña]
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Anu. estud. am., 74, 2, julio-diciembre, 2017, 763-786. ISSN: 0210-5810 767 HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS del fenómeno literario conocido como el «boom latinoamericano» a publicar trabajos, tanto de ficción como ensayísticos, en el periódico El País (1976). La nómina de escritores es inmejorable: Borges, Fuentes, García Márquez, Onetti, Benedetti, Vargas Llosa, Cortázar, Sábato, Bryce Echenique, Cabrera Infante, etc., convirtiéndose el diario madrileño en un contenedor literario (hemeroteca) para conocer a esta generación imprescindible de la literatura universal. En conclusión, el libro de Camacho Delgado es una denuncia de la violencia y la crueldad en América Latina en el siglo XX, una apuesta por la justicia a través de un ramillete escogido de obras literarias que utiliza para entregarse a una lucha sin tregua contra las grandes tragedias y los monstruos del nuevo continente, pero sin renunciar a nuevas lecturas de las obras elegidas al compararlas con otros textos y personajes de la literatura de todos los tiempos y rumbos, y al situar la ficción en su contexto social y político. Camacho es un gran lector que convierte cada nuevo libro en un arsenal de balas contra los males seculares de la humanidad.—salvador bernabéu alberT, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC. Corry, Stephen, Pueblos indígenas para el mundo del mañana, traducción de Raquel García Hermida y María Elvira Laverde Ordóñez, [El Ejido, Almería], Editorial Círculo Rojo, 2014, 453 pp. Esta reseña aparece en una revista científica del ámbito de las humanidades y las ciencias sociales sobre América, pero el libro reseñado ni es académico-científico ni trata solo sobre América. Me atrevería a decir que el lugar apropiado para su análisis y comentario sería alguna sección de la revista dedicada a fuentes primarias (sí, en muchas ocasiones un libro es una fuente primaria para la investigación). Sin embargo, también es interesante dedicar unas páginas a reseñar el libro de Stephen Corry en esta revista, porque es importante hacer ese señalamiento entre qué es un debate historiográfico y qué no lo es, y porque es aun más importante comentar este tipo de libros (que no pretenden ser académicos) por la gran influencia que tienen en la construcción de los marcos de referencia generales, que sí afectan a la formulación de problemas de investigación y a los compromisos que los investigadores conservamos con los mismos, por más cuidado epistemológico y metodológico que tengamos en nuestro trabajo.
Anu. estud. am., 74, 2, julio-diciembre, 2017, 763-786. ISSN: 0210-5810768 RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Es importante reseñar este libro porque es un magnífico compendio de los debates sobre los pueblos indígenas a día de hoy, momento en el que la investigación científica, desde la historia colonial a la genética de poblaciones humanas, vive un verdadero proceso de expansión y profundización en los temas tratados; además, el texto se nutre de esta investigación y la usa como fuente de su propio planteamiento. Corry defiende un conocimiento (modos y contenidos de ese conocer acumulado y discutido) sobre el mundo indígena y tribal que conlleva la solidaridad con el mismo, su comprensión, respeto y ayuda, como subraya en la página 21, idea que cruza todo el libro en cada uno de sus párrafos y a la que dedica sus conclusiones. Para el autor, como indica el título del libro, conocer a los pueblos indígenas es una —la principal— oportunidad para tener un mundo que merezca la pena ser heredado en el inminente mañana. Para desarrollar este propósito, a lo largo de 453 páginas nos propone un diálogo, incluso una discusión conflictiva, sobre conceptos, episodios, ejemplos, descripciones, prejuicios, historias, proyectos, actuaciones… fundamentales (en el sentido de fundadoras y sustentadoras) sobre los pueblos indígenas y tribales y sobre lo que se puede aprender de los no indígenas y tribales. Tras el prefacio, se dedican cien páginas a cuatro epígrafes con estos sugerentes títulos: «¿Quiénes son los pueblos indígenas y tribales?», «Génesis y éxodo», «Tierra que da vida» y «¿Qué significa un nombre?». En estos epígrafes se plantean y discuten los temas y argumentos más tensos que tienen que ver con los pueblos indígenas, desde las definiciones hasta los estereotipos y «errores» más habituales, hasta la evolución de la especie humana y su reparto por el planeta. En todo su discurso, Corry busca convencer al lector de hasta qué punto la existencia de los pueblos indígenas y tribales muestra la esencia humana, desde su origen evolutivo hasta su reconocimiento jurídico del presente. No se trata, pues, de defender solo a estos pueblos sino de hacer de su defensa la más plena defensa de la humanidad. Para él «todos pertenecemos a uno o más pueblos diferentes que nos dan nuestra identidad. A menudo podemos cambiarla, pero no podemos dejar de tener una identidad» (p. 67). La cuestión estaría en cómo se conforma esa identidad y cuáles son las voluntades, propias y ajenas, que afectan a su mantenimiento, cambio o extinción. Corry es ambivalente en su argumentación, usando razones que podríamos identificar como más ambientalistas o ecológicas, según las cuales el carácter de los pueblos está condicionado por la adaptación a los cambios del medio natural, y razones
Anu. estud. am., 74, 2, julio-diciembre, 2017, 763-786. ISSN: 0210-5810 769 HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS más históricas, como las que tienen que ver con la expansión colonial de las potencias europeas desde el siglo XVI en adelante. Como se trata de un libro de difusión con objetivos «políticos», estas razones conllevan multitud de ejemplos que tratan de romper estereotipos sobre los pueblos indígenas y tribales, pero que al mismo tiempo son sumamente estereotípicos: defiende la manera de criar a los niños y las niñas indígenas en ambientes que «nosotros» podríamos considerar inseguros, pero que no lo serían tanto como los hogares medios de países como Reino Unido, un ejemplo que apenas ofrece datos pero que apela a la vitalidad de la infancia con cierto aire de ese «buen salvaje» que critica en otros momentos del libro. Son muy interesantes las discusiones que hace Corry sobre las definiciones de «pueblo», «indígena» y «tribal», o las páginas que dedica a la evolución y difusión de la especie humana, con sus distintos focos, irradiaciones y convivencia entre especies del género «homo», así como sobre el asunto de la «raza» y los racismos. Páginas más claras y menos ambiguas que las dedicadas al tema de la tierra o a las relaciones entre originarios y colonizadores, aunque sea en este último asunto donde se sitúa lo fundamental de la discusión. El autor no logra distinguir adecuadamente entre, por un lado, los posibles atributos típicos que encontramos en las poblaciones o pueblos denominados como indígenas o tribales, atributos que tendrían su propia historia, y, de otro lado, las propias denominaciones de indígena y de tribal, que también tendrían sus historias y en las que la relación entre colonizados y colonizadores sería el asunto realmente nominado, identificado. Que, como señala Corry, se pueda incluir en el mismo término de indígena a un inuit y a una maorí, o una aimara y un sami, hasta completar una conjunto demográfico de entre 350 a 390 millones de personas, la llamada mayor minoría del planeta, es un tema de investigación y debate de primer orden. Nunca está de más recordar el señalamiento metodológico que hacía Erving Goffman por el que era importante distinguir entre la historia natural de los estigmatizados y la historia natural del estigma, por más que ambas estén imbricadas y se necesiten. De la página 125 a la 240 se presenta el estado actual de los pueblos indígenas y tribales en siete grandes demarcaciones geográficas, con cincuenta páginas para África, Asia y Australasia y Oceanía, sesenta para Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, y cuatro para Europa. Por supuesto que la presentación no podía ser exhaustiva y que muchos casos han quedado fuera. Igual es un buen atlas de la situación que, junto con los epígrafes anteriores, conforma un texto muy próximo al pionero que la OIT
Anu. estud. am., 74, 2, julio-diciembre, 2017, 763-786. ISSN: 0210-5810770 RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS publicara en 1953 con el título de Pueblos indígenas: Condiciones de vida y de trabajo de los pueblos autóctonos de los países independientes. En las casi 200 páginas siguientes (241-426) encontramos una lista muy completa de los temas que suelen estar en los debates sobre los pueblos indígenas y tribales, tal vez la lista más completa que conozco y muy recomendable para introducirnos a esos debates. Sus principales epígrafes son: «Modos de vida, variaciones sobre el mismo tema», «¿Qué problemas tienen?», «La respuesta del mundo», «A través del espejo», «¿Qué quieren de la Tierra?», «¿Deberían conseguir lo que quieren?». Como ya he señalado, no se le puede reprochar a Corry romper la consistencia argumental en muchos momentos de su larga argumentación, pues, como diría el poeta, ¿cuál es el problema si hay contradicciones? Cierto que él sí pide coherencia a los argumentos que no comparten su punto de vista, incluso señala las muchas contradicciones que podemos encontrar en grandes instituciones como en la OIT, en gobiernos nacionales que acumulan distintas opciones ideológicas a lo largo del tiempo y de las distintas administraciones, incluso en discursos más académicos como la antropología. Tal vez la argumentación de Corry ganase en capacidad persuasiva si redujera esa sensación de parcialidad que dejan sus críticas a las contradicciones de los «no-indígenas» y el soslayo que hace de sus propias contradicciones argumentales, por ejemplo cuando critica que la OIT haya sido insensible a los pueblos indígenas, más allá de alguna legislación internacional promulgada por el organismo (p. 333), y luego se refiere a esa misma OIT y su convenio 169 como un buen recurso para la defensa de los pueblos indígenas y tribales (pp. 406 y siguientes). Sin duda la realidad, más cuando se presentan temas tan extensos en el tiempo y la geografía humana, no resulta un conjunto bien ordenado. Como decía al inicio, merece la pena reseñar este libro, poco académico y que desborda los estudios americanos, en esta revista. Aunque aquí no pueda entrar en el detalle para mostrar por qué es un documento que debemos considerar como fuente para nuestras investigaciones —más que un libro de referencia—, ni cómo la crítica «académica» de las argumentaciones que contiene sería una magnífica actividad para introducirnos a la investigación sobre los pueblos indígenas y tribales; con todo, me parece importante recordar que en muchas ocasiones los libros que leemos y usamos como historiografía o referencias científicas están más cerca del tipo de libro que firma Stephen Corry de lo que nos atrevemos a declarar.—Juan MarTín-sánchez, Universidad de Sevilla.