Full text
A TMóSFERAS
ESP ACIOS
ARQUITECTóNICOS
ETéREOS
ANGEL BARRENO GUTIERREZ
E.T .S.A. / UNIVERSIDAD DE SEVILLA / 2017
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A TMóSFERAS
ANGEL BARRENO
A TMóSFERAS
ESP ACIOS
ARQUITECTóNICOS
ETéREOS
AUTOR
ÁNGEL BARRENO GUTIÉRREZ
DIRECTOR DE TESIS
Dr . D. JOSÉ MORALES SÁNCHEZ
PROGRAMA DE DOCTORADO
LA SOSTENIBILIDAD DESDE LO SOCIAL
DEP AR T AMENTO
PROYECT OS ARQUITECTÓNICOS
E.T .S.A.SEVILLA/UNIVERSIDADdeSEVILLA/ 2017
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A TMóSFERAS
ANGEL BARRENO
Gracias a mis padres
Gracias a Pepe
Abstract
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HACIA LA A TMóSFERA
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OBJETIVO / ESTRUCTURA / MET ODOLOGÍA
EMP A TÍA / AURA / A TMÓSFERA
FENÓMENOS / EFECT OS
LA DISOLUCIÓN DEL OBJET O
LA NUEV A SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO
TRANSP ARENTE
11 4
FRAGMENT ADA
258
HOMOGENEA
418
FLUIDA
568
RELA TIV A
688
CONCLUSIONES
814
Bibliografía
838
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ANGEL BARRENO
10
ANGEL BARRENO
Joe W ebb_ Giant leap _ 2014
“La e xperiencia de un ent orno espacial se caracteriz a por la par -
ticipación emocional” . Est a experiencia no sería un mero recono -
cimient o , no sería analítica, sino más bien es una cuestión de “ sen-
timient os, instin tos e impulsos afectivos” (2). Las atmósferas serían
esencialment e fenómenos est étic os arraig ados en el sentimient o
de una colectividad que, conjunt amen te con los ef ectos, las co-
cons tituyen. “ (…) espacios con cualidades vitales que pueden ser
vividos sensitivament e, no pueden ser analizados gnósticamen te,
sino que deben ser percibidos en su tot alidad inst ant ánea como at -
mósferas ... nos relacionamos con ellos, o vivimos en ellos, buscán -
dolos cuando son atractivos, o eludiéndolos si éstos son ajustados
o amenaz ant es “ (3). La atmósf era tendría asimismo dimensión so -
cial, cultur al, hist órica, hermenéutic a… que añadir a la est ética, por
la que se tr a taría de sensaciones, percepciones y af ectos. La atmós-
f era se sentiría, sería af ectiva y , por lo t ant o , es necesariament e una
cuestión de es t ética.
Est e concep to de atmósf era c omo est étic a no es nuevo; como ver -
emos, ha venido siendo usado de f orma asidua en ambient es rela -
tivos al art e y a la arquit ectur a desde hace siglos. Inicialment e muy
ampar ado por el concepto de a ura que W alter Benjamin (1892-
1940) (4), o en el de e mpatía que desarrollaría extensamen t e Au -
gust Schmarsow (1853-1936), tr as la renov ación de la conocida
como est étic a de la percepción llevada a cabo tras la publicación
de las tesis de Hans Robert Jauss (1921-1997), la experiencia esté -
tica se postularía como f orma de ent endimient o de la r ealidad, un
modo de conocimiento de uno mismo y del medio que lo rodea,
otor g ándole a la obr a de arte, inicialment e, un papel social sobre
el sujeto (5).
Gernot Böhme (1937-) aplicaría la estétic a de las atmósferas al
campo del arte y la escenogr afía tea tr al pero también del diseño
urbano , la ar quitectur a y la ecología, par a más tarde ampliarlo a
campos como los de la publicidad, cosmétic os y todos los aspectos
del diseño. Más ambiciosamente, c onsider aría la esté tica de las at -
mósferas como el núcleo de una nueva disciplina más e xtensa que
incluiría la Es t ética Gener al, asumiendo el contr ol de todas las artes.
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A TMóSFERAS
La est étic a atmosf érica lo inv adiría todo haciendo que nuestr os cu -
erpos de manera cotidiana sean atr av esados, af ectados y motiva -
dos por mareas de e f ect os, impulsos y r espues tas emocionales cuy o
origen se nos escapan, pero cuya fuerza atmosf érica determinaría
nuestr as acciones en un gr ado significa tivo (6). Estamos inmersos
en atmósferas , entreme z clándonos con ellas, impr egnándonos en
ellas; se difundirían a tr av és de nosotros, nos moveríamos a tr a vés
de ellas , las tr ansportaríamos y las transmitiríamos. T enemos ricos
voc abularios para hablar sobre ellas, per o ontológicamen t e son
pr oblemátic as. Espacios sin superficie, c omo los c ar acteriz a Schmitz
(7), de los que no podemos c ompr ender su sus tancia, su pr opósito ,
cómo llegan a ser , y en los que su forma, sus comienz os y sus fines
son confusos.
Böhme sostiene que este aura de indeterminación surg e porque la
distinción sujeto-objet o con la que ent endemos nues tr a aprehen -
sión del mundo es inadecuada par a su c omprensión. La ont ología
de las atmósferas requeriría un cambio important e en el pensam -
ient o desde la polaridad del sujeto y el objeto , para llegar a en -
tenderlas como espacios af ectivamen te experimen t ados median te
la articulación de la presencia del ent orno sentido corpor almente
(8).
La arquit ectur a atmos f érica remov ería los roles tr adicionales de la
est étic a de la percepción y de la producción que pr oponía Böhme,
liber ándose así de su condición de mer o soporte gener ador de
f enómenos para con v ertir se en f enómeno en sí, mediant e los mis -
mos códigos y principios de ést e. El espacio atmosf érico dejaría de
ser ese ‘ in-between’ entr e la esté tica de la recepción y de la produc -
ción que pr opone Böhme, par a r esituar a la ar quitectur a a tmosf éri -
ca jun to con el fenómeno en el lado de la est étic a de la pr oducción,
y constituir se así como escenario para el pr ot agonismo do minant e
del sujeto. Nos gustaría pensar que la arquit ectur a deja de ser la
pr oductor a de fenómenos para ser direct ament e fenómeno en sí
misma y , por lo tan to , dejar de alberg ar o producir atmósferas, par a
con v ertir se directamen t e en atmósfera . Una arquitectur a atmos -
f éric a sin más, cons truida únicamen te median t e f enómenos.
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ANGEL BARRENO
A su ve z, llegaría el moment o en el que el r eceptor perdería su
papel pasivo , contempla tiv o en la escena que lo rodea, para c on -
vertir se en personaje activo de la misma, explor ándola, pero si -
multáneamen t e colabor ando en su gener ación, pudiendo lleg ar a
rec onsider arse part e de la pr oducción est étic a de ese espacio. Los
papeles clásicos de la est étic a se pondrían en crisis a ellos mismos,
desdibujándose, ‘ fenomeniz ando ’ el f enómeno.
Así en ese camino de la gener ación de arquitectur a como f enó -
meno , la primera mimetiz aría las car acterís tic as de la segunda, o
al menos lo int entaría y , por tant o , el objetiv o del espacio atmos -
f éric o sería la pr oducción de fenómenos o espect áculos a tr avés de
ef ectos sensuales, eliminando el soporte físico en la medida de lo
posible.
La na tur alez a eminent ement e difusa y fluida de la experiencia at -
mosf érica no impide que no pueda ser plant eada desde ángulos
más genéric os. El present e proy ect o pr et ende r ev elar el terreno
común y la inter acción mutua entr e la f orma física y la e xperiencia
humana en los espacios atmos f éricos surgidos desde la arquit ec -
tur a. Arquitectur as que no sólo quieren gener ar atmósf era, sino
que quieren conv ertir se en f enómenos et éreos en sí mismos. Nos
plant earíamos la e xist encia de una ar quitectur a de lo atmosf érico ,
aquella que pr et endería alcanz ar las car acterís ticas del f enómeno
tr ansgr ediendo las limitaciones físicas que hast a el momen to han
cons tr eñido a la realidad arquit ectónic a, en aras de la c onsecución
de espacios más afines a una sociedad del espectáculo cada vez
más acostumbr ada a habitar interf aces tecnológicos y digitales. Y
ent onces… ¿Cuáles serían los elementos tangibles y físicos, y los
pr ocesos pr oy ectuales y artístic os par a cr ear atmósf eras ?
El objetivo sería el de tr at ar de desentr añar las cualidades y pr o -
cesos creativ os tangibles, o al menos los contr olables, de la apa -
ren t ement e vag a y dispersa presencia de las atmósferas ; de las
que sabemos que est amos sumergidos en ellas, las rec onocemos,
las experimen t amos, pero nos resulta difícil localiz ar su origen o
fuent e. La int ención sería la de descubrir las posibles claves par a
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A TMóSFERAS
ent ender como es te espacio arquit ect ónico sería creado desde el
ef ecto sensual, en sus ansias de gener ar f enómenos espaciales.
La atmósf era explor aría las r elaciones entre el cuerpo en su ac opla -
mient o con los artef act os materiales del ent orno y la experiencia
emocional inmat erial de la atmósf era . Las hipótesis de partida se
fundament arían en la con vicción de que la arquit ectur a es un me -
dio por el que se tiende un puent e sobre el ma terial y lo in mat erial.
La constitución t angible y física del medio se reuniría con la e xperi -
encia viva, tempor al y emocional par a gener ar estructur as c onstitu -
tivas que hacen posible los flujos y patrones de la vida emocional-
af ectiva de nues tr os entornos. Per o en tendiendo como ese soport e
se vuelve etér eo hacia procesos que se desarrollan como una re -
ducción fenomenológic a vivient e que permite la inserción de los
actor es en el ambien te en actitud fenomenológic a, lo que permitir á
la r ev elación de las es tructur as fundament ales de la e xperiencia de
habitar la atmósf era .
Como comprobar emos, el concep to ha sido obje to de numero -
sas apro ximaciones in telectuales en los últimos siglos, con la c on -
siguient e dificult ad par a desentr añarlas, estudiarlas y enc ontr ar
sus coincidencias y disyunciones. Una ve z estudiadas, la presen te
in ves tig ación se plantea indagar sobre el acercamien t o que la obr a
arquit ect ónica hace hacia est e espacio atmosf éric o , g ener ador de
sensaciones y estados de ánimos a tra vés de la e xperiencia corpor al
del entorno mediant e la per cepción sensorial. P or tan to , el objetivo
principal del presen te tr abajo de in ves tig ación sería aquella arqui -
tectur a o espacios arquitect ónic os cuya lectur a es taría cen tr ada en
la experiencia espacial del sujeto como herr amienta de percepción
multisensorial, prev aleciendo los componentes que inten t an pro -
voc ar y hacer partícipe a la subjetividad en la experiencia ar quitec -
tónic a sobre las lectur as r acionalist as o lingüístic as dominant es en
el siglo pasado.
Espacios que podríamos señalar como e xperiencias arquitect ónic as
en las que la mat erialidad, o la c onsciencia de materialidad, pasan
a un segundo plano para que el pr ot agonismo del espacio lo recu -
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ANGEL BARRENO
pere el visitant e-espectador a tra v és de sus acciones, las in ter accio -
nes entr e ellos y las sensaciones que e xperimen tan, y por las que
compartiría la c oautoría de la pr oducción es té tica.
Est a nuev a est étic a producida desde la f enomenología, cir cunscri -
biría no sólo ese alg o ‘ entr e’ el espacio y suje to , sino una inmer sión
por ambas partes en un elemento compartido , en un terreno en
común. No habría jer arquía o prioridad aquí, no es una simple rel -
ación polar , sino una r ealidad en c omún. El cuerpo de quien experi -
ment a el espacio y los otros component es t angibles de la atmósfera
no están simplement e entrelaz ados y dependient es entre sí, sino
que se cons tituyen los unos a los otr os. El cuerpo y el espacio del
ent orno pertenecen a la atmósf era , no se produciría ninguna tipo
de mediación u objetiv ación.
Espacios que se presen t an como realidades en las que la env oltur a
física de los espacios se des vanece, se vuelve etér ea en beneficio
del f enómeno, configur ándose en mera información que el ar qui -
tect o manipula par a transmitir sensaciones al visitan t e-espectador .
La materialidad es entendida como lenguaje o diálogo con el su -
jet o , trascendiendo de su condición objetual o ma téric a. Lo etér eo
e incorpóreo se afianz aría como materiales imprescindibles en la
gener ación de los espacios arquitect ónicos, potenciando e influen -
ciando las emociones percep tiv as y f enomenológicas de los sujetos,
y produciendo acerc amient os no interpr et ativ os de la ar quitectur a
sino más bien reivindic aciones de lo af ectivo y emocional.
Espacios que se nos pr esentarían como situaciones pro voc adas por
el av ance imparable de las nuev as tecnologías y mass media , que
no solo nos auxilian en las labor es cotidianas, si no que están ha -
ciendo tr ansf ormar radic alment e nuestr as formas habitar , de con -
sumir y de relacionarnos socialment e, así como nues tr a maner a
de pensar , de procesar y producir en gener al, pero también a la
hor a de proy ectar ar quit ectur a. La estr echa imbricación de los el -
ement os pertenecien tes al mundo del espectáculo y los estétic os
en el ámbito de las atmósferas se present a compleja y multicapa.
En las sociedades capit alis tas t ecnológicas a v anzadas, la dimensión
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A TMóSFERAS
est étic a de la merc antiliz ación y el orden social est án densament e
entr elaz ados, por lo que no es difícil compr ender la importancia de
la manipulación de las atmósferas en el paisaje consumist a con -
tempor áneo. Las arquit ectur as atmosf éricas se sentirían seducidas
por los f enómenos publicit arios y multimedia con los que nos bom -
bardean las nue v as técnic as audiovisuales de los mass-media .
Desde est as tres hipótesis gener ales, y par a esclarecer el concep to
fundament ado en las experiencias arquitect ónicas etér eas que en -
tenderíamos por atmósf era , se pr opone el siguien t e dec álogo acla -
r at orio por el que en tendemos que:
La atmósfera haría del aire su material de trabajo , y su objetivo
sería la r ec onquist a del espacio como campo de tr abajo par a la ar -
quitectur a.
La atmósfera t endría c omo norma principal emular cualidades me -
diant e la gener ación de e f ectos, espect áculos, event os…. Con ello
per seguiría la cons trucción de f enómenos y la consecución de un
est ado de empatía entre visitant e y espacio, por el que surgiría un
diálogo f enomenológic o entr e ambos y en el que habría cabida
par a la subjetividad.
La atmósfera gener aría espacios de aire cualificados definiendo
condiciones ambient ales a tr a vés de propiedades int ensiv as, y no
e xtensiv as como se v enía produciendo has ta ahor a. Por ello , pr o -
pondría trabajar con luz, color , sonido, olor , humedad, umbr ales,
campos y gr adient es per ceptiv os de t emper a tur a... con ello podría -
mos decir que se tr ata de un espacio topológico , ya que en él no
e xist en figur as tradicionales como la escala o la f orma, configur án -
dose c omo un espacio fluido car acteriz ado y cualificado que se of -
rece c omo soport e de pr ogr ama y r elaciones int er subjetiv as.
La atmósf era sería un instrument o que amplifica, modula y distor -
siona la percepción y , al mismo tiempo , puede trabajar con la pri -
vación sensorial. A tr a vés de la inmersión, prov ocaría en el r ecept or
est ados percep tivos y fisiológicos alter ados, perturbaciones que
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ANGEL BARRENO
vendrían producidas a tra vés de distor siones y desplazamien tos de
las cualidades int angibles espaciales.
La atmósfera sería multisensorial, y a que in volucr aría e implicaría
a más de un sentido simultáneamen te trabajando con estímulos
y fuent es de distint a natur alez a. Es decir , inten t aría eludir la pre -
dominancia visual de nuestr a cultura, consider ando inclu so que lo
f also y lo artificial no son nociones neg ativas para la definición de
las cualidades del aire.
La atmósfera induciría nuev as formas de per cepción. Par a ello tra -
bajaría direct amen te con la intensidad de los estímulos llevando la
percepción al límite. Produciría reacciones de asombr o , delectación
o autoadapt ación en la per cepción y , como reacción, la definición
ambient al se r econ figur a cons t ant ement e.
La atmósfera est aría basada en un sentido de la per cepción no
pasivo , situándose a medio camino entr e la esté tica de la produc -
ción y la est étic a de la recepción. Sería un espacio que necesita ser
rec orrido para su corr ect a y complet a comprensión, pero a su v ez,
ese deambular de los visitan t es rec onfigur aría el espacio const an te -
ment e dándole sentido. P or tan t o , el movimient o y el tiempo serían
otr os materiales más en su construcción. De esta maner a, desplaz -
aría el in t erés hacia las per sonas y sus act os. Las cualidades de es te
aire son algo que se comparten, y que se cons truy en y modifican
con las acciones individuales e int erper sonales.
La atmósf era sería gener ada desde una t ecnología casi invisible, sin
presencia física. Los procesos diagramá ticos y esquemáticos de los
que parece sur gir , aflorarían como reflejos de los cambios pr odu -
cidos por la tecnología en la sociedad y , en consecuencia, en las
técnic as pr oy ectuales.
La atmósfera no definiría obje tos, sino que cons truye segundos pla -
nos, escenogr afías. Est o implic aría la disolución de los límit es, de la
imagen o incluso del objet o ar quitect ónico en sí.
La atmósfera se asociaría con lo transpar ente, lo homogéneo, lo
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A TMóSFERAS
fr agment ado, lo fluido y lo relativ o. Sería un espacio don de la es -
cala o la forma no son definitorias o determinan tes ref orzando el
car ácter topológic o de es te espacio; poniéndose direct ament e en
con tact o con la ciudad virtual de Ito o con los mass media de Fran-
cas tel y Le f ebvre.
Est os f actores que se fusionarían par a construir atmósf era , en un
primer moment o y de maner a sint étic a, bien podrían definir se
como experiencias espaciales ar quit ectónic as etér eas, una especie
de continuum fluido, de é t er (9), determinado y cualificado a tr avés
de ef ectos y fenómenos pro voc ados de manera artificial y que le
otor g an car acterís ticas de índole t opológicas.
P ar a nues tr o viaje atmosf érico , partiríamos desde el último punt o
del decálogo propues t o para un ma yor acer camien to al concept o
por el que la arquit ectur a par ece abandonar la solidez del objet o
modernist a hacía la lig ere z a de un espacio y del fenómeno que lo
dotaría de e xpresión.
P ar a pr oceder a su esclarecimient o , se aborda desde cinco enf oques
dif er ent es, como nuevos fact or es fundamentales de Vitruvio (10),
por los que descubriremos las raz ones por las que la atmósfera
sería tr anspar ent e, homogénea, fr agmentada, fluida y rela tiv a. La
atmósfera t endería a lo inmaterial, a lo tr ansparen t e. R ehuiría de
lo monument al, de lo unívoco y tot alitario , present aría estructur as
fr agment adas. Sería ubicua y de relaciones basadas en la homoge -
neidad. Es taría ligada al movimient o y no presen t aría barrer as a la
fluidez. Sus estructur as rehuirían de lo fijo o lo absoluto , par a dis -
frutar de lo rela tivo de su escala, f orma o progr ama. Esencialmente,
caminos de explor ación e inv estig ación cuyos destinos finales pa -
recen común: un conte xto etér eo y abstr act o , en el que el hom -
bre como pr ot agonis t a habit a, e xplor a, compart e y e xperimenta un
espacio arquit ect ónico etér eo , que es t amos denominando atmós-
f era , y a que como ést a comparte un altísimo gr ado de inmat eriali -
dad y apariencia incorpór ea car acteriz ada por f enómenos.
Cinco car acterísticas dif erent es pero car g adas de significado como
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ANGEL BARRENO
se present an, aportan pistas de una manera sencilla sobre la e xis -
tencia de un espacio arquit ect ónico de car acterístic as nebulosas o
borr osas (11), en el que los individuos parecen habitar , experimen -
tar y r elacionar se, con virtiéndose en centr o de las in ves tigaciones y
estudios en los últimos tiempos. Cinco cat egorías que nos a yudan a
dar estructur a a la presen t e inv es tig ación, y que han venido siendo
usadas par a definir la condición ar quitect ónica c ont empor ánea por
dif er ent es teóricos.
Cinco c ar act erístic as es tructur ales de los espacios a tmosf éricos,
aquellas que parecen tener un r ecorrido más largo y de may or cala -
do en la his toria de la arquitectur a y el arte. Per o a su ve z, desde una
tot al conciencia de que no son las únic as, y que és tas no pr esentan
límites cat eg óricos o rígidos. Una apro ximación al concepto arqui -
tect ónico de a tmósf era que se hará a tr a vés de las que creemos
son sus car acterís ticas más intrínsecas, pero que no damos por
acot ado o cerrado , sino todo lo contr ario. Estas car acterís ticas no
serían conclusiv as, estarían abiertas a lo que podría ser el inicio de
una larg a lista. La tesis que se estructur a en capítulos tematiz ados
por cada una de ellas, expr esa la c onfianz a y la posibilidad de irle
sumando capítulos adicionales en futur os pr ó ximos.
Est as vías no son nada nuevo en la tarea de la arquitectura, pero sí se
han visto transformadas de manera considerable y casi vertiginosa
en los últimos años . Con todo el respeto y como otros tantos ya
acudieron, nos apoyaremos en ellas para hacer una breve revisión
de lo acontecido en el mundo de la arquitectur a desde es tos cinco
punt os de vista que parecen definir un concepto ma yor , un lug ar
común c ompartido y cons truido entr e t odas ellas.
Las cinco cat egorías pr opuest as que nos disponemos a desarr ollar
aparecen como una nuev a v olunt ad de redescubrir la r ealidad c on
dif er ent es ojos. Cada una de ellas presen ta un marc ado car áct er
definido y estable, per o límites difusos; las fron ter as entr e ellas
no son rígidas ni tot alit arias, sino que más bien se present an de
maner a impr ecisa. Coheren t ement e con el concep to al que pre t en -
den ayudar a clarificar , pasaríamos gradualmen t e de una cat egoría
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A TMóSFERAS
a otr a, con taminándose y reaccionando entr e ellas, muchas veces
compartiendo principios y re f erencias, en un claro ejer cicio por el
que se apoyarían entre sí par a una mejor compresión del asunto
que nos tr aemos entr e manos.
A simple vist a, est e sistema abierto de car act erístic as se nos pre -
sent a con una lógica aplast ant e y de manera casi sorprenden te se
agolpan innumer ables re f erencias de distint as épocas y de dif er en -
tes disciplinas (ar quitect ónicas, artís ticas y de diseño) que me han
acompañado desde mis años de estudian t e y a lo larg o de mi vida
pr of esional. Es inter esant e ver cómo de una maner a o de otr a, t odas
est as ref erencias resur g en inesper adament e, mez cladas, asociadas
o por el c ontr ario enfr ent adas, en div er sas situaciones, ar quitectu -
r as, obr as de arte… hilvanando y dando sentido al concep to de es te
espacio arquit ect ónico que sucede en nuestr os días pero también
desde el pasado moderno , que descifran arquit ectur as present es,
pasadas y , por qué no, futur as, desde otro ángulo: desde ese en
el que prev alece la experiencia, ev ocando sensaciones e influen -
cias median te energías sensuales y donde sucede una pérdida de la
presencia ma t érica de las ar quit ectur as.
P or ello , est os cinco puntos que proponemos no estarían acotados
en el tiempo, ni limitados a re f er encias ex clusivas del mundo de
la arquitectur a, pero si fuertemen t e fundamentados en la est étic a,
ent endiéndola no solo c omo pur o placer de los sen tidos sino c omo
una pr oducción social en una es tr echa r elación c on el ambien t e so -
cial, político y científic o en el que se desarr ollan, con fr ont ando las
obr as con su tiempo y su con te xto de creación. P ara una ma yor agi -
lidad, la inv es tig ación no se centr ará en ningún periodo hist órico en
concr et o ni en ninguna c orrien te es té tica en particular , se r ecurr e a
cuant o se piensa necesario y útil, inmer sos en un car ácter multidis -
ciplinar que ent endemos como esencial.
T al v ez, influido y animado por el espíritu de la e xposición ‘ This is
tomorro w ’ o del manifiesto ‘ T odo es arquitectura’ de Hans Hollein,
lo que se presen t a, de forma humilde, int ent a ser un cat álogo mul -
tidisciplinar de r ef er encias c on los que acer carnos a es t e mundo de
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ANGEL BARRENO
EMP A TÍA / AURA / A TMóSFERA
La expr esión atmósfera (13) se usaba inicialmente par a indicar el
g as que envuelv e a los cuerpos celest es y , originariamente, se pen -
saba que salía del pr opio planet a, siendo de est a maner a parte de
él, como si éste lo produjer a. De igual manera en un primer acer -
camien to , la atmósf era de una obra de art e, de un edificio o de un
espacio , podría decirse que es producida por la forma física. Así,
la atmósfera parece tr a tar se de algún tipo de emisión sensual, de
sonido , luz, t emper a tur a, olor , humedad… una mez cla de ef ectos in -
tangibles gener ados por un obje to inalter able. Las sensaciones que
pr ovoc a surgirían de una percepción repen tina de sutiles f enóme -
nos ambient ales percibidos a un nivel de consciencia capaz de leer
esos lev es ef ect os con claridad, asumiendo en primer lug ar que ha y
un cierto gr ado de sensibilid ad, incluso cuando estos ef ectos son
lo suficienteme nt e ev asivos c omo par a eludir cualquier int ent o de
descripción a tr a v és del lenguaje. Quiz á podríamos decir que una
atmósfera se percibe del mismo modo en el que experimen t amos
una obr a de arte. Ha y una lectura ins tintiv a, casi inst ant ánea.
A partir del siglo XVIII, la disciplina artística se r eorient aría hacia la
cons trucción de una est étic a de la recepción o del espectador par a
hacer de la acción del arte sobre el sujeto un tema const an te de
re fle xión disciplinar , apart ándose así de ritos religiosos y civiles, y
cons tituir se en e xperiencia en sí misma des tinada e x clusivament e a
la re fle xión y disfrut e del público.
A r aíz de la primer a est étic a espacial atribuible al pensador The -
odor Lipps (1851-1914), és ta se en tendería como dinámica entr e la
f orma y el espacio , irrumpiendo el espacio en el debat e ar quitec -
tónic o en plena emergencia de la psicología empírica. T eoría que
marc aría el cambio de siglo XIX, debido a su concentr ación en el
vínculo entr e obr a y sujeto , al que denominaron ‘ einfühlung ’ o em-
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ANGEL BARRENO
patía , y por la que ent enderíamos que lo que per cibimos en la obr a
de arte es la proy ección emocional con la que aut or ha carg ado a
la piez a, e xistiendo un tr as v ase emocional del artista hacia la obr a
(14). Autores como Vischer (1807-1887) ya se habían acercado a
est a e mpatía est étic a ( ‘ einfühlung’ ) como una tr ansf erencia del
ego del artista a un objet o con el que nuestr a propia personalidad
se fundiría. Es decir , supondría que leemos nuestr as emociones y
vemos re flejada nuestr a per sonalidad en los objetos del mundo a
tr a v és de la e mpatía (15) a los que el autor car g a con la suyas pro -
pias. Esta teoría observaría un proceso de afinidad entr e objeto y
sujeto , donde éste se r ec onoce y se solidariz a c on él, en un pr oceso
que permite al sujet o hallar un conocimient o de sí mismo que hasta
ese moment o ignor aba. De esta maner a, el c onjunt o de r espuest as
que leeríamos en los objetos no serían más que una compleja suma
de experiencias psicológicas que al mismo tiempo pr oy ect amos en
la f orma artística. Per o a su vez, la e mpatía no sólo entendería el
objeto como recep tor de proy ecciones subjetiv as, sino que intr o -
duce en la concepción del sujeto la noción del cuerpo como vehí -
culo de la relación c on el ent orno. De est a maner a y a tr a v és de
est a e mpatía , el arte dejaría de ser sólo concebido como la repr e -
sent ación de una idea par a est ablecer las bases de las interpr et a -
ciones empírico-psicológic as que, entr e otr as disciplinas, también
se gener an en arquitectur a.
“(…) la forma, que es la que produce el ef ect o esté tico del espacio;
la luz, que es la que otorga su carácter; el color , que altera el am -
bient e; y la escala, que pone en relación espacial el cuerpo con el
espíritu (…)” (16).
Richard Lucae (1829-1877) def endería est a posición, apreciando
como los objetos artísticos ponen en relación direct a el espacio,
el cuerpo y el espíritu, a tra vés de las car acterís ticas de las que el
autor le ha dotado. P odríamos comenz ar a ent ender cómo surge
un entendimient o por el que las disciplinas est étic as podrían dotar
a las r ealidades objetuales de una capacidad por las que conect ar
el mundo físico ext erior con el espiritual, apar eciendo una cone x -
ión entr e la dimensión físico-mat erial y nuestr a realidad interior a
35
A TMóSFERAS
tr a v és del cuerpo por la que desarrollaría una manera altament e
innov ador a de describir la arquit ectur a como un espacio de expe -
riencia. El estilo arquit ectónic o perdería su tradicional rele v ancia,
y a que el espacio arquitect ónico , según él, est aría principalmen te
definido por la f orma y la luz y , en menor gr ado, por la escala (modi -
ficando el ef ecto de la f orma) y el c olor . Lucae recurriría a est os f ac -
tor es abstr actos par a describir como la arquit ectur a podría definir
distin tas atmós f eras mediante la int er acción cambiante de los mis -
mos.
En arquit ectur a, Gottfried Semper (1803-1879) consider ado el artí -
fice de la introducción del término espacio (‘ Raum’ ) como figur a
centr al, desarr olla la teoría del espacio como el neg ativo de la masa
cons truida y , por t anto , de c ómo éste sería definido como el ámbito
en vuelto o c ont enido por la f orma ar quit ectónic a.
El espacio arquit ectónic o de Semper vendría definido por cuatr o
element os (17) que configur an el lug ar , y cuyo origen se puede en -
con tr ar en la tr adición artesanal de los pueblos primitivos. El prim -
er o es el fuego del hogar (‘ der Herd’ ), que equivale a la vida que hay
que cuidar , mien tr as que los otros tres, que atienden a su preserva -
ción, est án vinculados a la noción topológica de delimitación: el ter -
r aplén o terr az a (‘ der Erdaufwurf ’ ), el recint o (‘ die Umfriedigung’ )
y el techo (‘ das Dach’) ; es to es, en el mismo or den: la prepar ación
por elevación, nivelado y compact ación del suelo natur al (el suelo
arreglado como límite); la cons tricción de la ext ensión horiz ont al
inst aur ando límites v erticales y la r estricción de la e xtensión verti -
cal hacia lo alt o con el t echado.
Est os element os serían límites que se conf eccionan a partir de
lo que la natur alez a ofrece, gr acias a las artes técnicas, que son
destr e z as humanas, es decir , conjun tos o sistemas de operaciones
f ormales, oficios; y son tr es por que ést e es el númer o de dimensio -
nes del espacio de la e xperiencia, de donde pr oceden ‘ los enemigos
del fuego’ (18).
Según Semper , la arquitectur a tendría un origen lógico vinculado
36
ANGEL BARRENO
a la utilidad y al trabajo humano , respaldado en la etnología, y no
mítico , f abulado o idealiz ado. T anto el fuego como los elementos
delimitador es son formas básicas y originarias (‘ Grundformen’ ),
motivos primordiales (‘ Urmotiven’) , que poseen las dos notas pro -
pias de los arque tipos: ser concr et os y universales. Aparec en prim -
er o como formas necesarias y no arbitrarias, como las de la pr opia
natur alez a, ya que se tra t a de formas objetiv as, lo que par a la arqui -
tectur a equiv ale a decir útiles, y luego se con viert en en símbolos.
P er o mientr as los element os básicos son siempre los mismos, no
sucede así con su apariencia y sus combinaciones, que cambian en
el cur so del tiempo y en virtud de las circuns tancias dando lugar a
los diver sos estilos, al estilo (‘ Der Stil’ ).
Incluido en la corrien te del ‘ materialismo esté tico ‘ , la creación artísti -
ca se realiz aría a partir de f actor es independientes a la psicología
individual, como serían el material elegido, la técnica utiliz ada y la
finalidad pr áctica deseada, r educiéndolo en ma yor o menor gr ado a
la capacidad técnic a ma tiz ada por los in flujos loc ales y por la propia
per sonalidad artístic a (19). Est os tr es principios básicos de Semper ,
mat erial, técnic a y finalidad, se aplicarían fundament almente en las
f ormas esenciales, es decir , el es tilo inicial, y sin embar g o per derían
compet encia en el pr oceso de madur ación del estilo , es decir , en la
pr axis, Semper admit e que se pueda alcanz ar un estilo de libertad.
El resultado de ese acto de delimitación mediante elementos ar -
quitect ónicos que pr opone, posee un marc ado car ácter espacial,
en el que lo decisivo ya no son las sust ancias materiales sino las
posiciones y las dis tancias relativ as de esos límit es, por un lado, y
las relaciones de con tr as te entre ciertos v alores sensuales por el
otr o (cromá ticos, de t onalidad, de textur a, e tc.) (20). El espacio ar -
quitect ónico , aunque todavía sería entendido como una result ant e
derivada de una en volvent e, comenzaría a tomar cualidades senso -
riales aportadas por sus element os con figur ativ os con la intención
de crear hog ar car g ado de ef ectos sensuales y cálidos.
Semper confr ont aría la decadencia de la arquit ectur a y del art e de
su época obsesionada con los es tilos; su desorientación, confusión
37
A TMóSFERAS
y arbitrariedad, result ado de un alejamient o y olvido de los moti -
vos primordiales, en los que r adica la base objetiv a de las f ormas
pr opias de la arquitectur a y su car ácter como arte autónomo (21).
Los impresionan tes c ambios que se es taban oper ando en todos los
órdenes, en especial en el ámbito del progr eso técnico y pr oduc -
tivo , alientan en Semper la esperanz a de que contribuy an a acabar
con aquella arbitr ariedad y decadencia.
“Psicológicamen t e, la forma instruida del espacio tridimensional
nace de la experiencia de nuestro sentido de la vista, aunque sea
con ayuda de otros fact ores físicos. T odas las percepciones visuales
y todas las ideas gráficas de la imaginación se rigen, ordenan y de -
sarrollan c onforme a ella y est e hecho es también la fuente del art e,
cuyo origen en esencia buscamos.
Nuestras formas espaciales in tuidas, es decir , el espacio que nos ro -
dea donde quiera que est emos, (…) resultan de las huellas de la ex -
periencia sensorial, a las que contribuyen las sensaciones muscula -
res, la sensibilidad de nuestra piel y la c ons trucción de t odo nues tro
cuerpo.
T an pront o como hemos aprendido a sen tirnos a nosotros mismos y
nosotros solos como el centro de ese espacio cuyos ejes de coorde -
nadas se cortan en nosotros, hemos encon trado el valioso núcleo ,
el capit al inicial, por así decirlo, sobre el que se basa la creación
arquitect ónica (…)
El sentido del espacio [Raumgefühl] y la imaginación espacial
[Raumphant asie] empujan hacia la creación espacial [Raumgestal -
tung] y buscan su satisf ac ción en un art e. Lo llamamos arquitectura
y lo podemos denominar en alemán, brevement e, como creadora
de espacio [Raumgest alt erin]” (22).
August Schmarsow (1853-1936) separaría por un lado la idea de
espacio , que se movería libremen te entr e par ámetr os ar quitec -
tónic os, est étic os, psicológicos e históric os, y por otro , la forma
del espacio cuya expr esión elemental sería las cuatr o superficies
38
ANGEL BARRENO
que envuelven al sujeto. Desacraliz aría la idea de espacio ar qui -
tect ónico y lo vincularía al cuerpo desde el primer momento de su
f ormación. A partir de aquí, se superaría la c oncepción del espacio
arquit ect ónico como nega tivo de la masa par a rede finir la ar quitec -
tur a como con figur ación espacial, y a su vez, c on vertir a ese espa -
cio en un ámbito car g ado emocionalmente en el que se produce el
int er cambio entre el sujeto y el mundo, dejando de ser un simple
con tenedor de personas y objetos. Lo que Schmarsow vendría a de -
nominar ‘ Raumk unst ’ o art e espacial (23). El espacio dejaría de ser
el cont enedor neutr al de objet os y seres, para carg arse con todas
las dimensiones asociadas al sujeto. En su opinión, el espacio tan
solo podría ser experiment ado y creado por la arquitectur a, que
repr esentaría la f orma t angible que resulta de la int er acción del cu -
erpo c on el mundo. El espacio , y particularmen te el ar quitect ónico ,
sería ent onces una cr eación y percepción c orpor al activa.
“(…) La creación arquitect ónica comienza en nosotros con la erec -
ción tangible si se me permite decirlo así, de la espina dorsal de
nuestra capacidad para observar . La ley de formación natural de
toda creación de espacios por parte del hombre represent a en un
sist ema de ejes de coordenadas como una fórmula concluyent e. Se
manifiest a inmediatament e a partir de la necesidad de un sentido
muy especial y , sobre todo , en el importan t e hecho de que la cre -
ación arquit ectónic a no se separa en absoluto del sujet o , sino que,
por el c ontrario , presupone siempre la relación con el autor , con la
persona que con templa.
Cualquier creación espacial part e en un principio de la en volven te
de un sujeto. Por ello se distingue esencialmente la arquitectura
como art e humano frent e a t odas las pret ensiones de las artes apli-
cadas. El creador y el usufructuario son inicialmente el mismo y , por
ello , el punt o de partida de nues tra e xplicación gené tica.
(…) La arquitectura, nuestra creadora de espacio, consigue, c omo
arte independient e que es capaz de no tener que ser vir a ningún
otro arte, crear en volven t es de nosotros mismos en las que el eje
cen tral perpendicular no se manifiest e de manera corpórea, sino
39
A TMóSFERAS
que permanez ca vacío , produciendo un efect o aún más ideal y con -
cret o que la situación del sujeto. Por eso permanecen los espacios
int eriores como espacios fundamen t ales incluso a lo largo de su e x -
tensa evolución en el arte. La creación espacial es en cierto modo
una irradiación del hombre con temporáneo , una proyección desde
el interior del sujeto , independient ement e de si se encuentra en per -
sona allí dentro o se traslada espiritualment e; es igualment e inde -
pendient e de si adopta su lugar un bus t o de hombre o la sombra de
un difunt o” (24).
La e xperiencia de la arquit ectur a se desvincularía del dominio
dist ant e de lo visual par a hacer del cuerpo el intermediario en la
relación del hombre con el edificio. Un cuerpo que es mediador
tan to físico como emocional. El cuerpo del sujeto tendría un papel
activo , no siendo un simple recept or de circunst ancias externas, y
cuyo movimient o por el espacio sería consider ado como un acto
e xpresiv o. Lo que define Schmarso w , sería un pr oceso vital en el
que la f orma espacial se materializ a a tra v és de la int er acción c on
la natur aleza, la dimensión y los movimien tos humanos. La pr oy ec -
ción sen timent al se r ealiz aría sobre el espacio en lugar de sobr e el
objeto y su acción sobre el sujet o se produce a tr a v és de las emo -
ciones corpor ales de éste.
La irrupción de este concept o de espacio como objetivo del cono -
cimient o ar quitect ónico se producía en la segunda mitad el siglo
XIX gr acias a la renov ación de las metodologías por influencia del
campo de las ciencias. Est a formaliz ación del concept o de espacio
desde las ciencias ofrecería a la arquit ectur a una herr amienta que
le permite rec onsider ar la clasificación de las artes. Lo que contri -
buiría a est e cambio en su concepción, por el que el objeto y su
f orma, como tr ansmisores de significación, son sustituidos por el
espacio como medio de relación del cuerpo y el mundo, como ám -
bito de la r elación af ectiva del ser humano c on la realidad.
“Igual que la música como arte que nos enriquece de mil maneras
diferen tes como elaboración creativa de sensaciones auditivas y
como orden sujet o a leyes del mundo de los sonidos y análogamente
40
ANGEL BARRENO
a sensaciones cinéticas, la arquitectura como creadora del espacio
est á basada en la ordenación sistemátic a del material de visión es -
pacial y cons tituye una elaboración creativa de la imagen visual tri -
dimensional para el propio uso y disfrute del hombre. Así como en
la músic a, que opera en el tiempo , predomina el movimien to en sus
diversos grados y ef ectos dinámicos, en la arquitectura, que opera
en el espacio , las cualidades dominantes c on la c onst an te expansión
y el poder sereno de sus proporciones.
Se dice que es el alma la que construye el cuerpo a su imagen y
semejanz a. La historia del art e de la construcción es la his toria de
la sensación espacial y con ello, conscient e o inconscient ement e,
un componen te fundamen t al en la hist oria de la con t emplación del
mundo. Hoy en día, como siempre, la verdadera e xpresión artística
de nuestra propia sensación espacial será recibida con placer y dis -
frutada con gratitud en todos aquellos lugares imperecederos donde
el trabajo de nuestra civiliz ación con tinúa hacia el recogimient o do -
méstic o y el refugio acogedor de nues tras vidas privadas” (25).
En cierta manera, ent endería la exis tencia de una e mpatía esté tica
que tendría mucho en común con el concepto de aura , ya que am -
bos es t arían c omplet ament e lig ados a la es tética psic ológica donde
se mez clan las relaciones entr e el estímulo pro venien te del mundo
e xterior y la sensación subjetiv a suscitada gr acias a él.
“¿Qué es el aura propiamente hablando? Una trama particular de
espacio y tiempo: la aparición irrepetible de una lejanía por cercana
que ést a pueda hallarse” (26).
Est e concepto fue e xt ensament e desarr ollado por W alter Benjamin
(1892-1940), quien se acerc aría al aura desde la repr oducción de
la obra de art e y el diálogo en tr e ésta y el sujeto , per cept or de la
obr a. Su estudio est aría marcado , de una forma significativ a, por
un concepto principal acer ca de la pérdida del aura en la obra de
arte cont empor ánea, entendiendo a ura como esa experiencia ir -
repe tible de dist ancia que, aunque bre ve, se hace visible en la mis -
teriosa t ot alidad de los objetos. Sería lo oculto , lo mis terioso , lo que
41
A TMóSFERAS
nos re velaría ese a ura .
P ar a Benjamin, el aura es “ la aparición irrepetible de una lejanía
por cercana que esta pueda hallarse. Ir siguiendo , mientras se des -
cansa, durante una tarde de verano, en el horizon t e, una cadena
de mont añas o una rama que cruza proyect ando su sombra sobre
el que reposa: eso significa respirar el aura de esas montañas, de
esa rama” (27). El aura procedería de la natur aleza, del exterior , y
se configur aría como una impresión única o el talant e present e en
un det erminado lug ar , en la que t odos los elemen tos que la c onf or -
man son participantes activos en la gener ación de ese aura , no im-
portando su condición o distancia, desde el horiz on te lejano hast a
la rama del árbol. Hablaríamos de una visión holística sobre una
sensación c on c ar áct er espacial indeterminada que se respir a, que
es asimilada por nues tr o cuerpo, que interioriz amos y a la que nos
entr eg amos reposadamen t e, cuando uno permite ser permeado
por ella.
El a ura , para Benjamin, encierra todas las cualidades esenciales
de la obr a de arte y los ves tigios de su pasado cultur al y r eligioso
que es t aría lig ado a la función del ritual. P ara Benjamin, el aquí y
ahora (‘ hic et nunc’ ), la e xis tencia irrepetible en el lugar en que se
encuentr a, de la obr a original constituy e el concept o de su auten -
ticidad. Ahora, el arte y a no es único, el arte habría ido perdiendo
su car ácter originario de obra única, irrepe tible. En la época de la
repr oducción técnica de la obr a de arte lo que se atr ofia es el a ura
de ést a. Y así, tendríamos por un lado la pérdida de unicidad de -
bido al progr eso de la técnica repr oductiv a y , por otr o , la pérdida
del momento creativ o , el moment o de la afirmación individual. De
est e modo, el sujeto crea tivo , lingüístic ament e hablando, desapa -
rece par a dar pie a obras en las que intervienen muchos procesos
distin tos, c on muchos cr eadores dif eren tes.
Con los diver sos mét odos de repr oducción técnic a, crecerían de
maner a exponencial las posibilidades de e xhibición de las obr as de
arte. Es te desplaz amient o cuantit ativ o entr e sus dos polos se con -
vertiría en una modificación cualitativ a de su natur alez a original y
42
ANGEL BARRENO
dos y sorprendent es, optando por configur ar ambientes que cues -
tionan la mat erialidad o que superponen a su materialidad ef ectos
más pa ten t es, espacios de acción en los cuales el visit an te r ecibe el
papel de espectador y pr otagonis ta, y a v eces de g ener ador .
Así y de maner a más f enomenológica, Ste ven Holl (1947) o Pet er
Zumthor (1943) hablan de atmósferas que surgen del paso del tiem -
po , la luz, la sombr a y la tr ansparencia, los f enómenos cromá ticos,
la te x tur a, el mat erial y los det alles…, element os int angibles per o
que sur gen de un fuerte arr aigo en la mat erialidad cons tructiv a y
del ent orno , serían clav e a la hor a de capt ar nuestr as percepciones
sensoriales en la e xperiencia t ot al de la ar quitectur a. T odos ellos se
combinarían en una experiencia compleja que pasa a est ar estruc -
tur ada y a ser específica, haciendo que el espacio arquitect ónico se
nos comunique, se configur e como fenómeno , combinen ef ect os
percep tivos pr ov ocados par a ent ablar un diálog o c on los visitant es,
y vicever sa. Se configur aría como una comunicación dinámica sin
palabr as donde el lenguaje usado sería el atmósferic o .
Holl entiende como esos fr agmentos cons tituyen t es y c ar act eriz a -
dores de un mismo espacio , f ormarían parte de nues tr as per cepcio -
nes sensoriales, alcanz ando un moment o en el que se empez arían a
fusionar desde un punto de vista perceptiv o , solapándose indepen -
dient ement e de su posición, pr ocedencia e import ancia. El espacio ,
la luz, el color , la geometría, el detalle, el mat erial… se configur aría
como un continuum experiencial. Como fragmen tos con el poten -
cial de ser tr at ados de forma independient e duran te el proceso
pr oy ectual, finalment e se fusionarían en un todo donde a primer a
vist a no se podría distinguir fácilment e la per cepción en esa colec -
ción de geometrías, actividades y sensaciones (42).
Como , vemos podríamos decir que cons truir una arquit ectur a es -
taría íntimament e ligado a construir una atmósfera ; y aún más,
podemos apunt ar que cons truir una atmós f era es el principal obje -
tivo , tant o para un arquitect o c omo par a est a in ves tigación. El r esul -
tado que se busca sería el de la cons trucción de un fenómeno , un
conjun to de ef ect os efímer os que env olv erían al habitan te a tr a vés
49
A TMóSFERAS
de la ar quitectur a, no el edificio en sí. Es t aríamos hablando de situ -
aciones en las que más que en tr ar en un edificio , te ves inmer so en
una atmósfera . Lo que se experimen t aría sería la atmósfera , no el
objeto c omo t al.
50
ANGEL BARRENO
(13) En R .A.E. : Atmósf era Tb. atmosf er a, p. us. Del lat. cient. atmosphaera , y est e del gr .
ἀτμός atmós ‘vapor , aire’ y σφαῖρα sphaîra ‘ esf era’ . 1. f . Capa gaseosa que rodea la
Tierr a y otros cuerpos celestes. 2. f . Aire cont enido en una habitación u otro recinto. 3.
f . Espacio a que se extienden las influencias de alguien o algo , o ambient e que los rodea.
4. f . Ambient e o clima fa vor able o adv erso a alguien o a algo. 5. f . Fís. Unidad de presión
igual a la presión de una columna de mer curio de 760 mm de alto.
(14) LIPPS, Theodor . ’ Los fundamentos de la est ética’ . Ediciones Daniel Jorro. Madrid. 1923.
(15) VISCHER, Robert. ‘Empathy , Form, and Space: Problems in German Aesthetics, 1873-
1893’ . Getty Cent er f or the Hist ory of Art and the Humanities. Los Ángeles, 1994.
(16) LUCAE, Richard. ‘Über die Macht des Raumes in der Baukunst’ . En: SEMPER, Gottfried.
‘ Style in the T echnical and T ect onic Arts, Or , Practical Aesthetics’ . Getty Publicatios. Los
Angeles. 2004.
(17) Los cuatr o element os de la arquit ectur a es el título de un libro del ar quitect o alemán
Gottfried Semper . Publicado en 1851, es un in tent o de e xplicar el orig en de la ar quitec -
tur a a tra v és de la antropología. El libro divide el edificio en cuatro elementos difer en -
tes: el hog ar , el suelo, el techo y el cerramient o. El origen de cada elemento se puede
encontr ar en la tradición artesanal de los pueblos primitivos: hogar: fuego , cerámic a;
suelo: cant ería; techo: c arpint ería; cerr amiento: t ejido.
(18) ARMEST O , Antonio. ‘ Escritos fundamentales de Gottfried Semper . El fuego y su protec -
ción’ . Fundación Arquia, Bar celona. 2014.
(19) SEMPER, Gottfried; MALLGRA VE, Harry Francis; ROBINSON, Michael. ’Style in the tech -
nical and tect onic arts’ . Getty R esear ch Institute. Los Ang eles, 2004.
(20) Semper define sin ambigüedad los cuatro elementos: el primero es el fuego del hogar
( der Herd ), que equivale a la vida que hay que cuidar , mientr as que los otros tres, que
atienden a su preservación, est án vinculados a la noción topológica de delimitación: el
terr aplén o terraz a ( der Erdaufwurf ), el recint o ( die Umfriedigung ) y el techo ( das Dach );
est o es, en el mismo orden: la prepar ación por elevación, nivelado y compactación del
suelo natur al (el suelo arr eglado como límite); la cons tricción de la e xtensión horiz ont al
inst aurando límit es v erticales y la res tricción de la ext ensión v ertical hacia lo alto con el
techado c omo límite. Mediant e la composición de est os elemen tos espaciales la ar qui -
tectur a consigue conservar la vida (el fuego , considerado como símbolo de sociabilidad)
y orient arla, en un sitio, sirviéndose de unas técnic as.
(21) Su crítica al eclecticismo tiene un acent o casi sistemá tico y dispara en todas direcciones:
at aca a los materialis tas “influidos por las ciencias naturales y la s matemáticas” pues
en ellos “la materia se impone a la idea, condicionando de manera férrea el mundo
de las formas arquitect ónicas has ta hacerlas derivar ex clusivament e del material”; y
porque “ven en la mera construc ción la esencia de la arquitectura, con lo que se alejan
casi por complet o de su autén tico fin”; a los historicis tas, tant o a los neogriegos como
a los neogótic os, “influidos por la hist oria del art e y la inves tigación sobre lo antiguo”;
a los purist as, esquemáticos y futuristas “influidos por la filosofía especulativa” … En
ARMEST O, An tonio. 2014. Op. Cit.
(22) SCHMARSOW , August. ‘ La esencia de la creación arquitect ónica’ . Con f erencia de habili -
tación pronunciada en el salón de actos de la K. Univer sidad de Lip zig el 8 de noviembr e
de 1893. http://documents. tips/documents/schmar sow -august -la-esencia-de-la-cre -
acion-arquit ectonicapdf .html
(23) PORTER, R oy Malcolm. ’La esencia de la arquitectura: la teoría del espacio de August
Schmarsow ’ http://reposit ory .upenn.edu/disserta tions/ AAI3179790
51
A TMóSFERAS
(24) Los términos lingüísticos que usamos para ref erirnos al espacio, como “ e xpansión ” , “ ex -
tensión ” o “ dirección ” , señalan la con tinua actividad del sujeto que, enseguida, tr aslada
su propia sensación de movimient o a una f orma espacial estátic a. No puede expresar
de otra manera su relación consigo mismo sino pr esent ándose en movimiento (con -
siderando su longitud, ancho y profundidad) o atribuyéndoselo a líneas fijas, superficies
o cuerpos estátic os que le enseñan sus ojos o las sensaciones de sus músculos, incluso
cuando prescinde de sus dimensiones si está en posición de reposo. La creación espa -
cial es una cr eación humana y no puede en fren tar se al cr eador y al usufructuario como
si fuera una f orma fría y cristaliz ada.
(25) SCHMARSOW , August. 1893. Op. Cit.
(26) BENJAMIN, W alter . ‘ La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica ´ . En
‘ Discursos Interrumpidos I’ . E ditorial T aurus. Buenos Aires. 1989. P . 24.
(27) BENJAMIN, W alt er . 1989. Op.Cit.
(28) HOLL , Steven. ‘ Cuestiones de percepción. Fenomenología de la arquitectura’ . Ediciones
Gust av o Gili. GG Mínima. Barcelona. 2011. P . 13-42.
(29) BÖHME, Gernot. ‘ Atmosphere as the fundament al concep t of a new Aesthe tics’ . Mas -
sachusetts Ins titute of T echnology . Thesis Eleven, Num 36. Sage Publica tios. 1993. P .
113-126.
(30) BERNAD, Silvia. ‘ A tmósfera y arquitectura. R elaciones fenomenológicas y artef acto de
poder ‘. h ttps://www .resear chg at e.net/publica tion/303836471_A tmosf era_y_arqui -
tectur a_R elaciones_f enomenologicas_y_art ef acto_de_poder
(31) BÖHME, Gernot. 1993. Op.Cit. P . 113-126.
(32) BÖHME, Gernot. 1993. Op.Cit. P . 113-126.
(33) BÖHME, Gernot. 1993. Op.Cit. P . 113-126.
(34) SLO TERDIJK, Pet er . ‘ Esferas I: Burbujas. Microsferología’ (trad. Isidoro Reguer a, prol.
Rüdiger Safr anski). E diciones Siruela. Madrid. 2003.
(35) SEEL , Martin. ‘ Esté tica del aparecer ’ . Katz E ditor es. Buenos Aires. 2010. P . 143-147.
(36) Seel ilus tr a es te punto con el ejemplo de una pelota: está roja, es húmeda, est á fría, r as -
guñada, huele a cuero , et c. Serían atribut os del objeto. En SEEL, Martin. 2010. Op. Cit.
(37) SEEL , Martin. 2010. Op.Cit.
(38) SEEL , Martin. 2010. Op.Cit.
(39) WIGLEY , Mark. ‘ La arquitectura de la Atmósf era’ . En DÍAZ MORENO, Cristina; GARCÍA
GRINDA, E frén. ‘ Breathable’ . Edit ado por la Univ ersidad Europea de Madrid y Holcim.
Madrid. 2009. P . 84-97.
(40) TSCHUMI, Bernard. ‘ Architecture and Disjunction’ . Ed. MIT . Massachusetts. 1994. P .
254-257.
(41) K OOLHAAS, R em. ‘ Delirio de Nueva Y ork’ . Editorial Gust a vo Gili. Bar celona. 2010. P .56.
(42) HOLL , Steven. Op. cit. P . 13-42.
52
ANGEL BARRENO
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A TMóSFERAS
SANAA_Serpentine Pavillion_ Londres, UK_ 2009
54
ANGEL BARRENO
Anish Kapoor_ Cloudgate_ Chicago, USA_2004
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A TMóSFERAS
FENóMENOS / EFECT OS
P odríamos decir que el término atmósfera tendría su origen en el
campo meteorológico cuando se refería a la envolvente terrestre
del aire donde acont ece la meteor ología. Ambien tes que vendrían
definidos y cualificados a tr a v és de los f enómenos atmosf éricos
consider ados c omo cambios en la natur alez a que suceden por com -
binaciones de dif erent es condiciones de t emper atur a, humedad y
presión (43). Pr ocesos en permanent e movimient o y en cons tan t e
tr ansf ormación que sufre la natur alez a, cualifica nuestr os entor -
nos y que incluso pueden influir en la vida humana. Aparecen casi
como sinónimo de acon tecimien t o inusual, sorprendent e, en los
que la formación de una got a de lluvia es un f enómeno na tur al de
la misma maner a que lo es un hurac án, y ambos vendrían dados
por la combinación de los mismos elementos, pero en difer en tes
medidas. La atmósf era se presen t aría como una gigan t esca masa
g aseosa tridimensional, turbulenta y en cuya evolución influyen
tan tos f actor es que uno de ést os puede ejer cer , de modo impre vis -
ible, una acción predominan t e que tr as torne la evolución previs ta
en toda una r egión.
Asimismo , desde el siglo XVIII se ha venido utilizado metaf órica -
ment e par a denominar esos estados de ánimo que par ecen es t ar
‘ en el aire’ , o como el matiz emocional de un espacio. Hoy en día
est a expr esión se utiliza comúnmen te y en un variado número de
ámbitos, ha per dido artificialidad y apenas se c onsider a una metá -
f or a. Se habla de la atmósf era de una con ver sación, de un paisaje,
de una casa, el ambien te de una fiest a, de una noche o de una es -
tación. La forma en que hablamos de atmósferas en est os c asos
es muy dif er enciada, incluso en el habla cotidiana. Una atmósf era
podría ser tensa, liger a o seria, opresiv a o edificant e, fría o cálida.
P ar ece que, como en la atmósf er a meteor ológica, estos otr os tipos
parecen haber sido producidos por ciertos f enómenos que los de -
scribirían o cualificarían y que nos af ectarían de una manera sensi -
tiva o emocional. De es t a maner a, las atmósf eras se podrían r ef erir
56
ANGEL BARRENO
a est ados de ánimo , f enómenos multisensoriales, suger encias de
movimient os o atmósf eras comunic ativ as (44). Al r ef erirnos a ellas,
lo hacemos may oritariamen t e haciendo hincapié a su car ácter , en
la sensación que ésta nos pr ovoc a. Acer cando nues tr a compr ensión
hacia ellas desde realidades cercanas a esf er as el t eatro , el car ácter
de una atmósfera deviene en la forma en cómo ést a nos comunica
un sentimien to c omo sujet os participant es de las mismas (45).
Hablar sobre atmósferas desempeñaría hoy un papel cotidiano en
el diseño , el urbanismo, la publicidad y todos los campos r elacio -
nados con las artes escénicas, así como en r adio , cine y t elevisión.
Pr ácticamen t e, se podría decir que las atmósferas est arían inv olu -
cr adas donde quier a que alg o es t é sucediendo , dondequier a que el
diseño sea un f actor , y eso ahor a significa en c asi en todas part es.
Ahor a bien, el f enómeno de la atmósfera es en sí algo extr emada -
ment e vag o , indeterminado , int angible. La raz ón es que las atmós-
f eras son t otaliz adoras, lo impregnan todo , tiñen todo el mundo , lo
bañan todo en una cierta luz, par a unificar una diver sidad de im -
presiones en un solo est ado emotivo. Las atmósferas serían algo
así como la calidad estétic a de una escena o de un ambiente, el
‘ alg o más’ al que Theodor W . Adorno (1903-1969) se re fier e par a
distinguir una obra de arte de una mera ‘ obr a’ , y por lo que las at -
mósferas asumirían alg o de irr acional en ellas, algo ine xpresable.
Asimismo , las atmósferas son algo enter amente subjetiv o , en el
sentido en el que par a expr esar pr opiament e lo que son o, mejor ,
par a int en tar de finir su car ácter , habría que exponer se a ellas, hab -
ría que e xperiment arlas en términos de su propio estado emocio -
nal. Sin el sujeto sensible, no serían nada (46).
En un primer acercamien t o , las atmósferas serían un típico f enó -
meno int ermedio , algo que se posiciona entre sujeto y objet o lo
que las hace intangibles, no presen t ando un esta tus ont ológico
concr et o. P er o por eso mismo, se podría hacer un acerc amient o a
ellas desde dos lados, desde el lado de los sujetos y desde el lado
de los objetos, desde el lado de la est étic a de la recepción y desde
57
A TMóSFERAS
el lado de la est étic a de la pr oducción.
El f enómeno sería el aspecto que las cosas ofrecen ante nuestr os
sentidos; es decir , el primer c ont act o que t enemos con las c osas, lo
que denominamos experiencia. La misma palabr a hace pensar que
detr ás del f enómeno puede exis tir una estructur a no per ceptible
direct amente, lo que el filósofo Immanuel Kan t (1724-180) llamó
‘ noúmeno ’ donde enraiz aría toda la corrien te fenomenológic a en
filosofía (47).
La concepción de las atmósferas como f enómeno tendría su ori -
gen en la est étic a de la recepción. Las atmósferas son aprehendidas
como poderes que af ectan al sujeto , presen t ando la tendencia a
inducir en el sujeto un est ado de ánimo car acterístic o. Nos vienen
de no sabemos dónde, como algo nebuloso, con un aire de irr acio -
nalidad, car g adas de ef ectos. P er o todo est e asunt o car ecería de
sentido si las atmósferas fueran alg o pur a y ex clusivament e subje -
tivo. La cues tión se ve dif erent e si se abor da desde el lado de la es -
té tica de la producción, lo que hace posible obtener acceso r acional
a est a entidad ‘intangible’ , que podríamos empez ar a denominar
como pr oducción de ef ectos.
Como nos propone Böhme, en las artes escénicas se tr at a de pro -
ducir , o r epr oducir , atmósfera s para que el artist a las relacione con
un público más amplio , que experiment aría esa atmósfera cr eada,
gener almente, de la misma manera. T al y c omo Prampolini (1894-
1956) e xpondría en su t e xto ‘ La atmósf era escénica futuris ta’ 1924:
“ El espacio es la aureola met afísica del ambient e. El ambient e, la
proyección espiritual de las acciones humanas, y el actor , la per -
sonificación del espacio ” . La alusión a una atmósfera como ma t eria
arquit ect ónica la haría aún más clar a un poco más adelan te, cuan -
do de finiría el tea tr o futurist a como atmósf era escénica, y añadiría:
“ La unidad escénica goz a del sincronismo entre la dinámica del
ambient e escénico y la dinámica del actor -espacio en juego en la
acción rítmica de la atmósfe ra esc énica” (48) . El espacio escénico
se de finiría, finalmen te, como un “ centr o de irr adiación” de atmós-
f era .
58
ANGEL BARRENO
det ermina el análisis del otro.
Gottfried Semper también ya se acercó en su obra magna ‘ Der Stil’
(1860) la noción de bellez a como ef ecto en el mundo del art e: “ La
magia que afect a el alma a través del arte en sus más variadas
formas y manifes t aciones –permitiendo al arte cautivar el alma
complet amente- se llama bellez a. Est a no es tan t o un atribut o de la
obra, como un efect o , en el que los más diversos elementos se acti -
van simultáneament e est án en el interior y en el ext erior del objeto
al que denominamos bello ” (58).
Igualment e, el escultor alemán Adolf von Hildebr and (1847-1921)
discutiría el modo de obtener una impresión global en la obra artísti -
ca, el ef ecto tot al. “ En el verdadero Arte, la f orma real encuentra su
realidad sólo como un ef ect o ” (59). Una inter esant e aportación de
Hildebr and consistía en la identificación del espacio arquit ect ónico
con es ta búsqueda, en r elación con la necesidad de una unidad for -
mal, de la que los objet os car ecen t al y como se pr esen tan en la na -
tur alez a, mediante la intr oducción de cualidades espaciales y kines -
tésic as. Llamando ‘ mét odo arquit ectónic o’ a aquello que permitía
super ar el aspecto pur amen te imita tiv o de la pintur a y la escultur a,
cualidad basada en relaciones y obt enida “ por la cooperación de
todos los fact ores de la forma perceptiva ” (60). Denominaba a est a
int err elación con el término ‘ efect os espaciales ’ , presen t es en la
natur alez a como result ado de difer en tes factor es, como la forma
real, el c olor , la iluminación, el punto de vist a del observador… que
f orma un ef ecto concertado par a el obser vador en un moment o y
una posición determinada.
P ar a la f ormulación de fenómenos , el ef ect o se pondría en mar cha
mediant e un ensamblaje, un dispositivo cuya concepción y e x -
hibición, al menos par cial, es tan important e como el efect o mismo.
Los efect os serían los elemen tos de los que se c omponen los f enó-
menos que denominamos atmósferas . Un fenómeno que cobr aría
la calificación de collage, ya que és tos estarían formaliz ados por
fr agment os de dif er ent es procedencias, de dif er ent es disciplinas,
con dif eren tes materialidades y presencias físicas que se manipu -
larían y se combinarían según dif er ent es mecanismos par a pr oducir
65
A TMóSFERAS
atmósferas .
El ef ect o f orma parte de las atmósf eras en las que se desarrollaría
la actividad humana. Un conjunt o de efect os coor dinados f ormar á
la cualidad de lo atmosf érico , est o es, aquello que forma parte de
la arquit ectur a per o que es fluctuante y etér eo, y cuya mat eriali -
dad ro z a lo inexist en te cuando se la compar a con las estructur as
arquit ect ónicas sólidas y est ables. Los efectos serían las cualidades
que los objetos emiten al sal ir de sí mismos, el éxt asis de Böhme,
pr opiciando situaciones de r ecipr ocidad y empatía. La pr oducción
de fenómenos a tr avés de ef ectos consis tiría en la creación de nue -
vas f ormas de sensibilidad, y tendrían en el espacio su ma terial es -
pecífico. P ar a Adolf Loos, el ef ect o sería la sensación que el espa -
cio produce en el espectador . R ef erido al espacio arquitect ónico ,
ést e r esidiría precisamen te en su intrínsec a especificidad espacial,
aquello que sólo podría ser c apt ado dir ect ament e en la experiencia
de la ar quitectur a y que ni un plano ni una f otogr afía podrían re fle -
jar (61).
El ef ect o sería el fruto de la seducción permanent e que todo lug ar
ejer cería sobre nosotros. Es el instrument o de la erotiz ación de
nuestr a relación con el medio, efímero , vital e instintiv o. La sen -
sualidad es una caract erística cen tr al del ef ect o , en relación con la
vinculación de t odos los sen tidos y t ambién c on la a tr acción er ótica.
P osee la fugacidad de la vida en tr ansf ormación permanent e. Sería
una f orma de belleza donde el encant o y la seducción son las dos
acciones product or as de ef ectos por ex celencia. La atr acción tam -
bién pertenece a su campo de acciones, es decir , la emisión conti -
nua de una per suasión lat ent e en busca de r eceptor .
El efect o sería un artificio, despleg aría reacciones subjetiv as a partir
del tr abajo de la raz ón. Una arquit ectur a que “ prefiera comenz ar
por la consideración de un ef ect o ” (62) deber á concebir se a partir
de las capacidades que en conjunt o construir án un ambiente de -
terminado , par a después desarrollar la estructur a que pueda serle
coher ent e, ya que lo importan te son los efect os en sí, y no los ob -
jet os de los que proceden ni los procesos que los gener an. Esta es -
té tica de la experiencia sensual in volucr aría tant o al hombr e como
66
ANGEL BARRENO
al medio que le rodea, tant o las cualidades ambientales como a la
situación af ectiva del individuo (63). En este cont e xto , implicaría
una vinculación per ceptiv a tot al. La sensibilidad atmosf érica inv olu -
cr aría la conciencia háptica, sensorial y kinestésic a, donde espacio,
masa, movimient o y direccionalidad son aprehendidos de modo
físico , no solo visual (64).
La esté tica atmos f érica toma como punto de partida la realidad
ef ectiva, una t eoría sensible de la naturaleza , que aquí es un con -
cepto que va más allá del mundo natur al, y abar ca también la ciu -
dad y el paisaje cons truido , así como las experiencias cotidianas
que tienen lug ar en ellos.
La reacción primer a que prov oca el ef ecto sería el asombro , una
ca teg oría basada en la ‘ este tiz ación’ del miedo, el asombro se basa
en el principio del placer , y en nuestr o caso , en la búsqueda de
e xperiencias perceptiv as que nos propor cionen satisf acción sen -
sorial e intelectual. Aunque t ambién est aría muy relacionado c on
el humor . Lo sensual, r adiant e, transpar ent e, accesible e inteligi -
ble tendría que ver con est a cat egoría est ética. Asombroso tiene
la connotación de salir de la sombra, acceder a un conocimient o
súbitamen t e. Otras varian t es como lo admirable tienen una fuerte
connot ación visual. El asombro prov oca un estado de suspensión,
Tiene que ver con lo complejo y lo intrinc ado , con lo r aro y lo pro -
digioso (65).
En Las pasiones del alma (1649), R ené Descart es hace un análisis
del asombr o como emoción fundament al y primera de las pasiones
humanas: “ Cuando nos sorprende el primer encuen tro de un objet o ,
y lo juz gamos nuevo o muy diferen te de lo que conocíamos antes o
bien de lo que suponemos que deba ser , lo admiramos y nos impre -
siona fuertemen t e ”.
El origen del asombro es la detección de un c ambio en el medio en
el que nos desenv olv emos, y es in volun tario e inesperado. En su
fug az dur ación inicial, es puramen te sensorial, no intelectual, y se
relacionaría con el descubrimiento en primer lugar , y con el apr e -
ndizaje continuado a c ontinuación, en una búsqueda por descifr ar
lo que vemos.
P or otro lado, la atmósfera tendría la potes tad de gener ar otr as reac -
ciones basadas en el hedonismo y placer , tal y como pr oponía Ben -
jamin en su at ar decer en las mont añas . Una entrega contemplativa
del ambient e que nos rodea sin más pregunt as, ni búsquedas. Sería
el mismo Descartes quien intr oduciría el concept o de estupefac ción
( l’ et onnement ). Esta sensación nos permitiría deleit arnos con algo
sin hacernos pregunt as, sin pene tr ar más allá de esa “primer a f ase”
que un “ objet o muestra de sí mismo ” (66). Según Burk e, la estu-
pefac ción sería la emoción pr opia de lo gr ande y lo sublime en la
natur alez a, un estado del alma en el cual todos sus movimientos
quedan suspendidos, un ef ecto de lo sublime en su más alt o gr ado,
siendo inf eriores a él la admir ación, la re ver encia y el respet o. En
est e caso, la mente est á tan inmersa en es t e fenómeno que no pu -
ede entr et ener se con ningún otro asun to.
El individuo se sumergiría a un nivel tan pr ofundo en el int erior del
f enómeno presenciado , una atmósfera concre ta, como en el pro -
ceso in telectiv o de delectación y satisf acción que desenc adena. La
inmer sión sería una confr ont ación con la realidad asombrosa, que
en cierto gr ado asimilamos, o que, por el contr ario, nos asimila.
La atmósfera es inevit able e inher ent e a la arquitectur a, un pot en -
cial c on el que debemos c ont ar irremediablement e. De su neg ación
también emanará una atmósfera determinada. Cuando experi -
ment amos un espacio concre to , no sólo nos rodea la env olven t e
del edificio , sino el conjun to de ef ect os efímer os y fluctuant es que
emanan de él; y por los que la e xperiencia arquit ectónic a no es po -
sible sin atmósfera .
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ANGEL BARRENO
(43) Los datos meteor oló gicos que se toman par a caract eriz ar el clima de un lugar det ermi -
nado se denominan element os del clima y son 5: t emper atur a atmos f érica , que incluy e
la r adiación solar c omo origen casi e x clusivo del calor atmos f érico , presión atmosf érica ,
vientos, humedad a tmosf érica y precipitaciones.
(44) BÖHME, Gernot. ‘ The art of the stage set as a paradigm for an aesthetics of atmo -
spheres’ . En ‘ Ambiances’ [Revist a online]. http:// ambiances.r evues.or g /315 . 2014.
(45) El uso ac adémico del término atmósf era es r elativ ament e nuevo. Comenzó en el campo
de la psiquia tría, específicamente en el libro de TELLENBACH ‘Geschmack und Atmo -
sphäre’ (Gusto y A tmósfera’ , 1) Aquí, la atmósf era se ref eriría a una esf er a de familiari -
dad que es per ceptible de una maner a corporal-sensual . TELLENBACH, H. ‘ Geschmack
und A tmosphäre ’ . Otto-Müller -V erlag. Salzburgo. 1968.
(46) BÖHME, Gernot. 2014. Op. Cit.
(47) En ciertas escuelas filosóficas, se consider ó que la esencia verdader a de los objetos es
lo que ‘ est aba oculto’ , más allá de la apariencia, del f enómeno , y el intent o del cono -
cimiento era ‘ des velar ’ eso oculto como esencia, la cual así como diver sas clases de
ver dad. El término fenómeno tiene un significado especial en la filosofía de K ant, al
poner en con tr aposición el concep to de f enómeno con el de noúmeno. Los f enómenos
constituy en el mundo tal como lo percibimos, en oposición al mundo tal como exist e
independientemen te de nues tra e xperiencia, a lo que Kan t llama “la cosa en sí misma”
( Das Ding an sich ). Según Kant, el ser humano no puede conocer las cosas-en-sí-mis -
mas, sino solamente las c osas t al c omo las per cibe o e xperiment a. P or lo t anto , la tar ea
de la Filosofía consist e en tra tar de comprender el propio proceso de la experiencia. El
concept o de ‘f enómeno’ condujo a una corrien te de la filosofía conocida c omo F enom -
enología. Entr e las figur as señer as de dicha corrien te se cuen tan los filósof os alemanes
Hegel, Husserl y Heidegger , así como el francés Derrida.
(48) PRAMPOLINI, Enrico. ‘ La atmósfera escénica futuris ta’ (1924). En: EL VIRA, Juan.
TESIS dirigida por LLE Ó , B. ‘ Arquit ectur a f ant asma: espacio y pr oducción de ef ectos am -
bientales’ . Madrid. 2014.
(49) BÖHME, Gernot. 2014. Op.cit.
(50) BÖHME, Gernot. 2014. Op.cit.
(51) BÖHME, Gernot. 2014. Op.cit.
(52) Lo que en la antigüedad denominaban ’ parousia’ , para Aristóteles, la luz es la parusía
del fuego.
(53) Se podría hablar de una fenomenología poétic a, por que aquí nos ref erimos al arte de
tr aer algo a la apariencia. El papel de la generación de atmósf er as en la comercial -
ización es la puest a en escena de las mer cancías. Las mercancías mismas se valor an
en la economía es tétic a, donde ahora sólo sirven r elativ ament e poco par a satis f acer
las necesidades básicas, por su valor de la puest a en escena, es decir , son valor adas
en la medida en que ayudan a individuos o grupos a org aniz ar su propio estilo de vida.
A tmósf eras en la teoría estétic a tiene su f ondo mat erial en el hecho de que la puest a
en escena se ha conv ertido en una car acterís tica básica de nuestra sociedad: la pu -
est a en escena de la política, de los ac ont ecimientos deportivos, de las ciudades, de las
merc ancías, de las personalidades, de nosotros mismos. La elección del paradigma del
escenario par a el arte de gener ar atmósf er as re fleja, pues, la verdader a teatr alización
de nuestr a vida.
(54) En el fondo , lo que aquí se pone en tela de juicio es la conjetur a de nuestr o ser en-el-
espacio como encuentro de coordenadas, su misma posibilidad de repleg arse, desa -
69
A TMóSFERAS
parecer y volver a entr ar en el vacío , bajo la secreta con vicción de que los objetos y su
clausura indet erminada e xist en solament e cuando nos apr o ximamos, usamos y manip -
ulamos, comenzando y concluy endo con ciertos actos de nuestr a vida en los que inter -
vienen las sínt esis cons tituyen tes de nues tr a propia subje tividad. En ÁLVAREZ FALCÓN,
Luis . ‘ Arquitectura y fenomenología. Sobre La arquitect ónica de la indeterminación en
el espacio’ . Univer sidad de Zar ago z a. www .luisalvar ez falc on.com
(55) MERLEAU-PONTY , M. ’ Phénoménologie de la perception’ . Ed. Península. Bar celona.
1975. P .265.
(56) HUSSERL , Edmund. ‘ Phänomenologische Ps ychologie. V orlesungen Sommersemest er ’ .
1925. Edit ed by W alter Biemel. Martinus Nijhoff . La Ha ya. 1968.
(57) ÁLVAREZ FALCÓN, Luis . Op. Cit.
(58) SEMPER, Gottfried. ‘ Style in the T echnic al and T ectonic Arts; or , Practical Aes thetics’ .
Getty R esearch Ins titute. Los Ang eles, 2004. P . 83.
(59) HILDEBRAND, Adolf . ‘ The problem of form in painting and sculpture’ . G. E. Stechert &
Co. Nueva Y ork. 1907. P . 45.
(60) HILDEBRAND, Adolf . 1907. Op. Cit. P .37.
(61) “La señal de la obra arquitect ónica sentida verdaderament e es que, en el plano , care zc a
de efect o ” . LOOS, Adolf . ‘ Ornamento y Delito y otros escritos’ (1908). Gus ta vo Gili. Bar -
celona. 1980. P . 225.
(62) “I prefer commencing with the consideration of an effect ” . POE, Edg ar Allan . ‘ The Phi -
losophy of Composition’ . Graham’ s Magazine, Abril 1846, Philadelphia. https://www .
eapoe.org /works/ essays/philcomp.h tm
(63) BÖHME, Gernot. ‘ A tmosphere as the fundamental concept for a new aesthetics ’ . Revist a
Thesis Eleven, númer o 36. Sage Public ations. 1993. P . 115.
(64) BERLEANT , Arnold. ‘ E nvironmen tal Sensibility ’ . P onencia del ‘ 2nd International Congress
on Ambiances’ . Montr eal. 2012. http://www .autogr aff .com/berleant/pag es/Envir on -
ment al%20Sensibility .htm
(65) En el asombro pueden distinguirse cuatro moment os fundament ales: 1. Una experi -
encia impactant e, de tipo visual o sensorial en un sentido más amplio; 2. Una par álisis
física derivada de este impacto; 3. Una r eacción mental que resulta en el apr endizaje de
algo , un hilo que puede seguirse, 4. Una nue va acción.
(66) BURKE, Edmund. ‘ Philosophical Inquiry int o the Origin of the Ideas of the Sublime and
the Beautiful’ (1756). Parte II, Sección I. J. Dodsley . https://books.google.es/books/
about/ A_Philosophical_Enquiry_Int o_the_Origin.html
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ANGEL BARRENO
A TMóSFERAS
Olafur Eliasson_ The W eather project_Londres, UK_2003
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ANGEL BARRENO
Piazza del campo_Siena, Italia
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A TMóSFERAS
LA DISOLUCIóN DEL OBJETO
“Mi casa es diáfana, pero no de vidrio. Es más bien de la misma na -
turalez a que el vapor . Sus paredes se condensan y se relajan según
mi deseo. A veces, las estrecho en torno mío, como una armadura
aislant e… pero otras, dejo que los muros de mi casa se expandan en
su espacio propio , que es la e xtensibilidad infinit a” (67).
El pr opio Fr ank Lloyd W right (1867-1959) se veía a sí mismo como
un arquit ecto de atmós f era en una misión par a eliminar la “ atmós-
f era insana y de rango” (68) pr oducida por una arquit ectur a de -
gener ada. En su primer artículo en 1894, y a inst aba a que “la suma
tot al de la casa y las cosas que contiene con las cuales int en tamos
satisfac er los requerimientos de utilidad y nuestra propia ansia por
lo bello, es la atmósfera, buena o mala, que los niños pequeños
respiran al igual que lo hacen con el propio aire” . En 1954, con -
tinuaba insistiendo en que el poder de la arquitectur a residía en
aquello que no puede percibir se direct amen te: “ si son conscient es
de es to o no , realmen te obtienen con tinen te y sust ent o de la pro -
pia atmósfera, de las cosas con las que viven. Est án enraizados en
ellas al igual que lo est án las plantas en el suelo donde las sem -
braron ” . Como muchos otros arquitect os del expr esionismo y del
Art Nouveau , W right ya daba importancia al concep to de atmósf era
y def endió r eit er adament e que una buena atmósfera se gener aba a
tr a v és de la in tegr ación de c ada uno de los de talles del pr oyect o de
acuerdo a una únic a visión.
Las siguientes gener aciones de arquit ect os negarían cual quier én -
f asis en lo atmos f érico con el mismo enf oque aúrico que W right
def endía, pero , como veremos, coordinar on del mismo modo to -
dos los element os de sus pro y ectos par a producir un ef ecto particu -
lar e int ent aron darle una sensación de atmósf era con palabras y
dibujos. Aunque curiosamente, cuando Le Corbusier condenó est as
arquit ectur as por centr ar se en la atmósf era , su llamada a L ’ espirit
Nouveau fue precisamen t e, una llamada a una nuev a atmósf era .
74
ANGEL BARRENO
y la ruptur a de la unidad disciplinar , el inter és por la rela tividad de
la obr a abiert a y la f orma indeterminada, tr ansparent e y fragmen -
tada, y una particular sensibilidad hacia el tema de la fluidez del
movimient o f enomenológico en el espacio. P ar a est a gener ación de
arquit ect os las condiciones her edadas de la pr áctica ar quit ectónic a
asociada a la cons trucción no tenían cabida en el mar co del mundo
post -industrial y complacien te de la sociedad de consumo , y no es -
taban predispuest os a busc ar en las raíces de la arquitectur a para
su pr opia reg ener ación (82).
Aunque usarían lenguajes articulados de dif er ent es maner as, a
tr a v és de realiz aciones de clar a influencia pop o basadas en imá -
genes de una esté tica rompedor a, en todos ellos se produciría una
tendencia a desmaterializ ar la f orma en fa vor de proposiciones más
teóric as y utópicas, basadas en una confianza plena en las nuevas
tecnologías que se empezaban a desarrollar . Est os años est arían
marc ados por una important e experimen t ación artística y arqui -
tect ónica como desafío al ‘pensamiento sist émico’ guiado por un
pensamient o cibernético , donde personas y máquinas f ormaban
parte de los sistemas de pr ocesos de información, lo que propi -
ciaría que las pr ácticas artístic as se desarrollar on en la teoría de
la desmaterializ ación. P ara empez ar , es t a teoría implicaría una r e -
ev aluación de las ideas de planificación del Movimient o Moderno
como plant earían el T eam X, un conjunt o de práctic as que es t aría
más allá de las fronteras disciplinarias, teniendo en común una pr e-
ocupación por el medio ambient e y la inmaterialidad. Esta inmat e -
rialidad surgiría asimismo como una crítica política a una sociedad,
que basada en el c onsumismo debía ser c ambiada y de la que la ar -
quitectur a formaría parte activa. El cambio se desarr ollaría a partir
de los pr ocesos internos de la sociedad, a los que la arquit ectur a y
la planificación se le someterían. La consecuencia de es ta idea fue
una tendencia a dar primacía a las actividades, es decir , el uso y los
acon tecimien t os suplantarían la f orma arquit ect ónica como el alma
del diseño. La experiencia espacial se situaría como prot agonis ta
del espacio cons tituida por la inma terialidad de elemen t os c omo el
sonido , luz, niebla y refle xiones. El trabajo de los diseñadores sería
81
A TMóSFERAS
releg ado a construir el har dwar e par a contr olar las intensidades de
flujo den tr o de sis temas y la ar quit ectur a, una f orma de apo yo vit al
que no podía impedir la inter acción humana. En es te cont exto , la
inmat erialidad er a el es tado ideal de la ar quitectur a.
Tiempo ant es, Siegfried Ebeling (1894-1963) contribuiría con esta
tendencia inmaterial con un te xto ‘ Der Raum als Membran ’ (‘ El es-
pacio como membrana ’ ,1926) donde narra una ar quitectur a como
mez cla de utopía, ciencia ficción y ener gías div er sas. Sos tuvo un dis -
cur so en el que consider aba la arquit ectur a met afóric ament e como
una membr ana encar g ada de ‘modular ’ los flujos de energía entre
las r adiaciones cósmic as y t err estr es. El ser humano est aría local -
iz ado entr e ambas y radic alment e af ect ado por ellas, inmerso en
un éter car g ado de energías; la arquitectur a ocuparía una posición
mediador a, regulando las emisiones entre el cosmos y el planeta
ent endidos desde sus inmersiones energ étic as más profundas. El
espacio y su con figur ación f ormal se r esolverían par a modular t odo
tipo de r adiación a la búsqueda de un equilibrio que permitiera al
hombre desarr ollarse física, biológica e int electualment e de mane -
r a óptima.
“(…) Las ideas no se refutan. Se encuentran en germen en la so -
ciedad, luego los pensadores y los artistas las e xpresan. T odas las
cosas surgen por necesidad y son de valor en su época... La plásti -
ca consis tió en represent aciones ideales de las formas conocidas,
en imágenes a las que idealmente se les atribuía realidad. (…) Los
hombres de es te siglo , f orjados en ese mat erialismo nos hemos t or -
nado insensibles an te la represen tación de las formas conocidas y
la narración de e xperiencias const antemen te repetidas. Se requiere
un cambio en la esencia y en la forma. Se requiere la superación de
la pintura, de la escultura, de la poesía, de la música. Se necesit a
un arte mayor acorde con las e xigencias del espíritu nuevo. (…) In -
vocando est a mutación operada en la naturalez a del hombre en los
cambios psíquicos y morales y de todas las relaciones y actividades
humanas, abandonamos la práctica de las formas de arte conoci -
das y abordamos el desarrollo de un arte basado en la unidad del
tiempo y del espacio. Concebimos la síntesis como una suma de el -
82
ANGEL BARRENO
ement os físicos: color , sonido, movimiento , tiempo, espacio, integ -
rando una unidad físico-psíquica” (83).
A mediados del siglo XX, apar ecería un inten to de r enov ación y con -
tinuación de lo s medios artísticos, y hacen un ofrecimien to de mu -
tua colabor ación a los científicos (84). Se comenz aba a plantear la
necesidad de una nueva esté tica más acorde con las e xigencias de
un nuevo espíritu basado en el conocimiento e xperiment al que re -
emplaz ar a al conocimient o imaginativ o , y que superar a las f ormas
ancladas en el mat erialismo que habían enr aiz ado en la sociedad.
R econocen un hastío gener aliz ado , una ‘ apatheia’ como regis tr aría
Virilio , de la sociedad del consumo sobr e las f ormas y el bombardeo
de imágenes y experiencias al que comenz aban a estar expues tos,
por la que se hacía necesaria una nueva est ética en posesión de
valor es propios, alejado de la repr esen tación que cons tituiría una
f ar sa; un nuevo arte que incidier a sobre la psique de los individ -
uos a tra vés de cualidades inmateriales y sensuales del espacio.
“La era artís tica de los colores y las f ormas paralíticas toc a su fin. El
hombre se torna de más en más insensible a las imágenes clavadas
sin indicios de vitalidad. Las an tiguas imágenes inmóviles no satis -
fac en las apete ncias del hombre nuevo f ormado en la necesidad de
acción, en la convivencia con la mecánica, que le impone un dina -
mismo const ant e. La est ética del movimiento orgánico reemplaz a
a la agotada est étic a de las formas fijas. In vocando es t a mutación
operada en la naturaleza del hombre en los cambios psíquicos y mo -
rales y de todas las relaciones y actividades humanas, abandona -
mos la práctica de las formas de arte conocidas y abordamos el
desarrollo de un art e basado en la unidad del tiempo y del espacio”
(85).
Int ent aban concebir una síntesis c omo una suma de element os físi -
cos y sensuales: a los que se les sumaría el movimiento , tiempo y
espacio , integr ando una en tidad físico-psíquica. Color , el elemento
del espacio, sonido , el elemento del tiempo, y el movimient o que
se desarr olla en el tiempo y en el espacio, son las f ormas funda -
ment ales del nuevo arte, que con tiene las cuatr o dimensiones de
83
A TMóSFERAS
la e xis tencia, un art e tetr adimensional basado en tiempo y espacio.
Est a superación de las artes, vendría de la mano de acciones como
las de Y ves Klein (1928-1962), quien vació por complet o la galería
Iris Clert (86), y blanqueó las paredes al grit o de ‘ ¡ Larga vida a lo
inmaterial !” (87). Klein pr esent aría el v acío, la inmat erialidad como
obr a de arte, est os llamados espacios de sensibilidad eran lugar es
espirituales donde el espectador podía meditar , relajar se de la so -
brees timulación visual en la que vive inmer so y comenz ar a fijarse
en aspectos que antes pasaban desapercibidos (88). Klein dem -
ostr aría c on es ta no-instalación que el arte y a no consis tía en imit ar
lo visible, ni en tr atar de hacer visible lo invisible, sino que el arte,
puede direct ament e tr abajar con lo invisible, con el vacío como ma -
terial, en un in ten to por acabar con la r epresen t ación pictóric a. Est a
tendencia y a habría sido iniciada por K azimir Male vich (1878-1935)
(89), t ant o de una maner a teórica como pr áctic a, en un elogio por
la supremacía de la nada y su int ención de expr esar el universo sin
la represen t ación de objet os; reivindicando una ma y or experimen t -
ación artística hacia el minimalismo visual, hast a alcanzar la desma -
terializ ación total de la imagen y al pr opio vacío como fin es t ético.
Desde esta actitud y junto al arquit ecto P ar ent, Klein f ormularía
algunas propues tas ar quitect ónicas re f erent es a paraísos utópic os
complet amente inmat eriales (90). Mundos basados en la tr anspar -
encia y la confianz a en las nuevas tecnologías, espacios f enome -
nológicos en los que los habitan t es podrían deambular libr ement e,
y que pondrían énf asis en el conf ort climátic o int ent ando solvent ar
la necesidad básica de c obijo. Est as pr opuest as a medio camino en -
tre la membr ana de Ebeling y las ut opías de los 70, evidenciarían
las tr ansf erencias r ecípr ocas entr e las preocupaciones de las van -
guardias artístic as por la desmaterializ ación y las de la arquitectur a,
que t ambién tendía progr esiv ament e a una reducción de sus límites
físicos al mínimo.
T r as Klein, muchos artist as (91) han tr abajado con el ‘vacío’ , para
los que no sólo constituía un elemento conceptual de tr abajo , sino
toda una e xperiencia es tética, como pensaba Kandinsky : “ ¡la pared
84
ANGEL BARRENO
desnuda!….la pared ideal, en la cual no hay nada puesto, en la que
nada se apoya, en la que no hay colgado ningún cuadro, en la que
no hay nada que ver ”.
P ar adójicamente en est e proceso por alejarse de la mat erialidad
real de las cosas, lo que pr ovoc an es tos artis tas es un acer camien to
a su ver dader a esencia compositiv a. Los descubrimient os re volu -
cionaros de la física cuántic a a lo lar go del siglo XX vinieron a de -
mostr ar que la materia en realidad se compone de ‘nada’ en un
99,9%. El v acío es lo más abundan te, no solo en el univer so , sino
también en el in terior de nues tros át omos.
La desaparición del soporte físico y de la materialidad de la obra
dio lug ar a toda una serie de tendencias perf ormativas, espaciales
y principalmente c onceptuales en el arte. Podríamos des tac ar los
tr abajos de Bernhard Leitner (1938), quien in ves tig aría sobre el es -
pacio definido por el sonido, que crearían “ modelos espaciales en
una nueva geometría invisible” (92) en la que las relaciones inma -
teriales entr e los resonancias prov ocarían dif er ent es experiencias
espaciales (93); o los tr abajos de Joseph Kosuth (1945) y sobr e todo
de R obert Barry (1936), quien lleg aría a afirmar en una ocasión: “El
vacío me par ece la cosa más poderosa del mundo” (94).
Se produciría una abandono de la objetualidad hacia est étic as más
fundament adas en lo r elacional, un nue vo c ampo de sensibilidades
a tra vés de muy diver sos f ormat os como son las perf ormances, las
narr aciones, las entre vist as, las con f erencias, las actividades del co -
tidiano , et c. (95). En este c aldo se agrupo lo que se denominó ‘ art e
conceptual’ (96), y en él el artist a no estaría ocupado en una f or -
maliz ación objetual. La inf ormación habría aparecido por sí misma
como ma terial artís tico y no mer ament e un médium, lo cual hacía
que la obr a se desplazar a a un ámbit o borroso entr e la objetualidad
y con tenido cultur al del espectador (97).
P ar a Lucy Lippar d (1937), el arte conceptual significaba, en aquel -
la década y puede que hoy también, “ una obra en la que la idea
tiene suma importancia y la forma material es secundaria, de poca
85
A TMóSFERAS
entidad, efímera, barata, sin pret ensiones y/o “ desmaterializ ada ”,
señalando una pr eocupación por el espacio o los ef ect os, ya sean
luminosos, acústicos, térmic os y materiales que av oc aban a la con -
strucción de un ‘ ambiente’” (98).
El ‘ Arte Ambiente’ , el ‘ Arte de la Luz y el Espacio’ o el ‘ Arte Medio -
ambient al’ quisieron señalar una car acterístic a env olv ent e o que
emanaba liter almen te de la obra. La obr a perdería peso y quedaba
suspendida como f enómeno . Los objetos que se elaboraban es t a -
ban dirigidos a pro voc ar est os ef ect os de intensidades luminosas
y cromá ticas, est ando más intrigados en las cuestiones sobre el
problema de la percepción, que en la elaboración de objetos . Se
centr arían en la inmat erialidad de la luz c omo medio c apaz de fluir ,
de mez clarse con otr as luces artificiales y na tur ales, ensambladas
entr e objet os y espacios cuyo sentido er a con v ertir se en parte del
medio , en un difusor o r ecept or que permitier a mostr ar el f enóme-
no de algo suspendido, en ninguna parte, o envolv ent e pr esent e,
per o f ormalment e ambiguo. El r eflejo , la tr ansparencia, el brillo, la
tr aslucidez de aquellos mat eriales fueron puliéndose, lacándose,
def ormándose para desaparecer en el ef ecto luminoso buscado
(99).
“El hombre crea condiciones artificiales; eso es la arquitectura. El
hombre repite, transf orma y e xpande física y psíquicamen t e sus es -
f eras físicas y psíquicas; crea ‘ ent ornos’ en su sentido más amplio.
Utiliz a los recursos necesarios para satisf acer sus necesidades y al -
canz ar sus sueños; e xpande su cuerpo y su ment e: se comunic a. (…)
La arquitectura es la caracteriz ación del espacio, del entorno. La
arquitectura es un c ondicionant e de los es tados p sicológic os.
Los edificios eran la expresión esencial del hombre, la imagen tridi -
mensional de t odo cuanto le era necesario: organización espacial,
recint o protect or , mecanismo e instrument o , medio físico y símbolo.
La evolución de la ciencia y la tecnología en una sociedad cambi -
ant e, con sus nec esidades y demandas, nos ha confront ado con re -
alidades complet amen te dif eren tes de las que surgen nuevos me -
dios de caract eriz ación ambient al.
86
ANGEL BARRENO
Además de la diversificación de los materiales de c onstruc ción con
la aparición de nuevos element os o sis temas, y de las mejoras técni -
cas que puedan introducirse en los mét odos tradicionales, surgirán
medios int angibles para la creación espacial.
La arquitectura tiene efect os. La forma en que se toma posesión
de un objeto y se utiliz a, adquiere relevancia. Un edificio puede ser
int erpret ado únicament e en t érminos de “inf ormación” , y su men -
saje puede ser recibido a través de los medios de c omunicación. Un
edificio podría ser una simple simulación” (100).
En ‘ T odo es arquitectura’ (1968), Hans Hollein (1934-2014) an -
unciaría un manifiesto par a toda una nueva gener ación de arqui -
tect os, diseñadores y pensadores de los años 60 y 70 (101), que
podríamos consider ar como el primer manifies to por una ar quitec -
tur a atmosf érica. Hollein mostr aría su disgust o por la arquit ectur a
funcional de posguerra y por los imaginativos edificios vieneses de
los años 50, declarando: “ Debemos liberar la arquitectura de la con -
struc ción” . El manifiest o sería un compendio de treint a páginas de
imágenes que r ecog ería obras de origen multidisciplinar , desde Frei
Otto , Oldenburg, Christo , W esselman, fot o-mont ajes de r evis t as de
moda, un r etr ato de Che Guevar a… con un mar cado car ácter con -
tr acultur al pret endía trascender la objetualidad arquit ectónic a con
el fin de abarc ar un en torno t écnico t ot alment e in visible.
“Los arquit ectos tienen que dejar de pensar en términos de edificios
solament e. La arquitectura cons truida y física, liberada de las limit -
aciones tecnológicas del pasado , trabajará más int ensament e t ant o
con las cualidades espaciales como con las psic ológicas. El proceso
de erección tendrá un nuevo significado , los espacios tendrán más
conscien temen t e propiedades háp ticas, ópticas y acústicas. Una
verdadera arquitectura de nuestro tiempo tendrá que redefinirse
y e xpandir sus medios. Muchas áreas fuera del edificio tradicional
entrarán en el ámbito de la arquitectura, ya que la arquitectura y
los arquitectos tendrán que entrar en nuevos campos. T odos son
arquitect os. T odo es arquitectura” (102).
87
A TMóSFERAS
Aunque basada en propues tas subjetivas r adicales, a base de pí -
ldor as o spra ys, que podían tr ansf ormar el espacio personal y el
est ado de ánimo, Hollein anticipa la pr áctica arquit ectónic a c omo
car acteriz ación ambient al mediant e la producción de efect os , como
condicionant e de los es t ados psicológic os. T odo sería arquit ectur a,
y a que los medios de comunic ación, la prolif eración de in f ormación
y una crecien te tecnología del acondicionamient o del ent orno
definirían con may or precisión una intención de inves tig ar las re -
laciones af ectivas y las org aniz aciones f ormales y espaciales, con el
fin de explor ar una nueva libert ad.
Como en las manif est acione s de vanguar dia paralelas, Isoz aki en
Japón, Ar chigr am y Cedric Price en Inglat err a y Supers tudio en Ita -
lia, la pr of ecía de Hollein de una nuev a sociedad sur gida de la crisis
del present e postindustrial, delinearía una futura aldea global, un
ent orno tecnológico para el acon tecer social comple tamen t e des -
prendido de lo objetual y en el que las arquitectur as est arían gen -
er adas desde el efect o . La ampliación de las posibilidades f enom -
enológicas de la ar quitectur a abriría paso a la ampliación psíquica
de la definición de ambien tes y , en cuan to medio de comunic ación,
amplificar nues tr a es f er a psicológica.
Nicolas Schöff er (1912-1992) da comienz o a la ‘ La villa Cibernética’
(1972) c on la denuncia del det erior o del medio humano , promovi -
do por aquellos que se suponían a la cabe z a del desarrollo intelec -
tual, técnic o y est étic o. Según él, la matriz de la na tur alez a exterior
concierne simultáneamen te el medioambiente físico y el entorno
social. El ret o que deberá plantear se el arquit ect o , por tant o , ser á
la corr ección del impacto fisiológico de aquellos agen tes que nos af -
ectan no solo físicament e sino psicológicamen te. En este cont e xto ,
el papel del arte consistiría en det ener la regr esión social y cultural
y f a v orecer la pr ogresión mediant e “ un ambient e pulsado armonio -
sament e, en mo vimient o , cons t ant emen te renovado y sost enido
por una topología bien estudiada, para prov ocar un sen timient o de
plenitud ” (103).
88
ANGEL BARRENO
Ant e la crítica post -situacionista y para plant ear una nuev a tec -
nología social, Schoff er hace propues tas concr et as de gestión de
la atmósfera colectiva, que en última inst ancia demandan una ma -
nipulación completa de la atmósf era global. Conscient e de la exis -
tencia de esta poder osa herramien t a de poder , y ante la necesidad
de su democr atización, Schöff er imagina que el corr ecto empleo de
est as herramien t as puede permitir la t otal emancipación humana
(104).
Plant ea la desmaterializ ación pr ogresiv a como consecuencia de
est a nueva plasticidad atmosf érica. La facilidad de la mat eria con -
structiv a es cada v ez más sutil: “ Nos encon tramos en un proceso de
cons t ant e aligeramient o de nues tro ent orno e xt erior -int erior . Sim -
plificamos y reducimos el volumen y el peso de los materiales que
usamos en el diseño , por ejemplo , de nuestro medio urbano. Hoy
en día est amos llegando progresivament e a un est ado de transpar -
encia. Nunca se ha utilizado t ant o el acero en la construc ción como
hoy . Pero otros materiales int angibles, como la trilogía espacio, luz
y tiempo, sustituirán a otros más sólidos. Nos centrarem os en el
uso de la luz artificial, los climas artificiales, del espacio no pertur -
bado por otros materiales, así como del modelado del tiempo. Es -
tas in ves tigaciones tienden a dotar de un cont enido subst ancial a
unidades micro-t emporales programadas de una manera cada ve z
más diversificada, utiliz ando señales luminosas y sonoras. Es ta ten -
dencia se hace eviden te en nuestros días en el art e, un fenómeno
siempre precursor . Un día podremos hacer uso del espacio gracias a
la utiliz ación de los materiales inmat eriales ” (105).
Definitiv amen te, ‘ atmosferiz ación’ y desmaterializ ación irían de la
mano. Kepes certificaría el inter és del panorama ar quitect ónico por
los “ edificios que van perdiendo su solidez de objetos y su c apacidad
de tales para ser transparentes y livianos como no-objetos ” (106),
es decir , como atmósferas .
89
A TMóSFERAS
90
ANGEL BARRENO
97
A TMóSFERAS
LA NUEV A SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO
Según Pierre Fr ancas tel (1900-1970) los medios dominantes impo -
nen siempre sus reglas a los medios de segundo orden. Sin duda
alguna, hoy en día, los medios dominant es son los denominados
‘ mass media’ (107), gr acias a los medios audiovisuales y de teleco -
municaciones en todas sus formas posibles, rein vent ados y poten -
ciados desde las nuevas tecnologías digit ales que hacen de és tos un
ent e relativ o , potencialment e trans f ormable, autorre f erencial, in -
mat erial y casi omnipresen t e. Dichos ‘ mass media’ est án adopt an -
do lenguajes y formas fuertemen t e relacionados con los usados por
el mundo del espect áculo, c ondensando los sucesos y pr oduciendo
sobre-es timulaciones de gran impacto e int ensidad con la única in -
tención de atr aer la atención del público , cada ve z más acos tum -
br ado a fuert es emociones y a una const an te ex citación. Es decir ,
parece que hay una tendencia a recurrir a la creación de espec -
táculos inmat eriales y efímer os en el tiempo con el fin de prov oc ar
dif er ent es sensaciones en el espect ador , estímulos que podríamos
poner en con tact o con el f enómeno gener ado a tra v és de ef ectos.
Las artes plásticas como la arquitectur a f ormarían part e de los
medios de segundo orden que se verían obligados a adoptar las
reglas de primer orden, por lo que podríamos en tender cómo estas
disciplinas estarían asumiendo comportamientos típicos de los es -
pectáculos. Hablaríamos de una arquitectur a cuyo objetivo sería
la creación de espectáculos par a incitar al visit ant e, ofreciéndoles
nuev as pr áctic as espaciales que tr anscienden la mat erialidad tr adi -
cional de la arquitectur a y presen tándose como novedosas experi -
encias donde la f enomenología sería el element o principal.
“El concept o de espectáculo unifica y e xplica una gran diversidad de
f enómenos aparentes. La diversidad y con trast es de ést os son las
apariencias de est a apariencia organizada socialmente, que debe
ser ella misma reconocida en su verdad general” (108).
98
ANGEL BARRENO
Se podría afirmar , como hace Guy Debord (1931-1994), que todas
las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de
pr oducción se presen t an como una inmensa acumulación de espe -
ctáculos, ent endiéndolos no como un mer o conjunt o de imágenes,
sino como una r elación social entr e personas mediatiz adas por imá -
genes lo que, según Virilio (109), afianz aría su car ácter atmos f érico
y tr anspar ent e. Así se podría ent ender dir ect ament e al espect áculo
como asociado directamen t e con una ex citación que és te produce
en las personas (110), es decir , una sobre-es timulación sensorial
sobre éste. Par a T schumi, la noción de even t o , de espect áculo , pu -
ede asociarse a la de shock que, para que sea ef ectivo en nuestr a
cultur a mediática, tiene que combinar la idea de función y acción
con la de imag en.
Sin duda alguna exist e una t endencia a poner al espectáculo como
centr o del escándalo , tal y como hicieron los dadaíst as con la obra
de arte a principios del siglo XX; al situar el espectáculo gener ado
como una variedad de comport amien to social en el que la dis tr ac -
ción es fuertemen te v ehement e y f ácilment e g ar an tiz ada, y así sat -
isf acer la exigencia que el público demanda por experimen tar f enó -
menos. Asunto que rec or dando a Debord, la sociedad e xige cada
ve z más asiduamente y cada ve z de may or int ensidad, y por el que
podríamos ent ender que el propio espectáculo sería el material, al
menos conceptual, del que est án hechos esos espacios, y que no
dejarían de ser sino los mismos fenómenos constituy entes de los
espacios atmos f éricos.
Est e experimen tar f enómenos aparece cercano a lo publicitario en
cuant o a la atr acción mutua y compartida con el sujeto. Un c ampo
donde para conseguir conmov er al público es necesario conden -
sar los sucesos y producir una sobre-es timulación de gran tensión
y densidad casi de maner a inst an tánea. Este escenario prov ocaría
un nue vo modelo espacial sensible a la er ótica c ondescendient e de
una nuev a urbanidad emerg ent e, nuev as es tr at egias de seducción
y progr amación arquit ect ónicas donde sin duda tendr á un papel
det erminant e la generación de ef ectos y f enómenos visuales, vívi -
dos, decor ativos, emocionales, fisiológicos…
99
A TMóSFERAS
“(…) El autén tico placer siempre se reconoce por su inutilidad. Pero
cuando la arquit ectura busca el placer más que una virtuosa efica -
cia, nunca parece consumirse. Es siempre como un frío espejo que
refleja cada habit ación, cada c ornisa, cada c olumna.
Cada uno de tus movimientos se con viert e en el movimiento y su
imagen reflejada, que sin duda posee la dignidad propia de las imá -
genes, y prohíbe que tu conciencia se abandone a perversas intu -
iciones. Incluso cuando los amant es persiguen disfrutes más pro -
fundos o los asesinos mejores presas, lo que cuent a es la imagen
reflejada. El placer de la arquitectura se conviert e en la arquitectura
del placer , no para consumirse a sí misma, sino para ser consumida
con indif erencia (…)” (111).
Bernard T schumi anunciaba el sur gimient o de una ‘ arquitectura del
placer ’ que dialog aría dir ect ament e con una sociedad de consumo ,
que ya no sólo consumiría objetos, sino que t ambién lo haría con
los espacios arquit ect ónicos ‘ con indif erencia’ .
“El urbanismo va a la deriva, la arquitectura se desplaza sin cesar ,
la vivienda es t an sólo la anamorfosis de un umbral. La arquitectura
no mora en la arquit ectura sino en la geometría, en el espacio-tiem -
po de los vectores; la es tética de lo edificado se disimula en los ef ec -
tos especiales de la máquina de comunicación, artef act o de trans -
f erencia o transmisión, el arte desaparece incesant emen te bajo la
int ensa iluminación de los proyect ores y propagadores” (112).
Est aríamos ant e la tr ansf ormación del habitant e en consumidor de
e xperiencias arquitect ónicas que sería donde r adica la innovación
que producen los medios dominantes. La rela tividad, la int er activi -
dad, la inmat erialidad de la arquit ectur a basada en el espectáculo
releg aría a la arquit ectur a material y tradicional a un segundo pla -
no , f orzando su con ver sión a una es tructur a invisible y anodina, so -
porte de la producción de f enómenos. La arquit ectur a, que siempr e
sostuv o un papel intermediario en tre la corporeidad del habitant e y
la mat erialidad del mundo , no tiene más r emedio que rein ven t ar se
haciendo que la r elación entr e sujet o y mundo se r econfigur e ahor a
100
ANGEL BARRENO
más por las repr esen taciones audiovisuales que por las antiguas ex -
periencias inmediat as de cer canía y simult aneidad.
P aul Virilio (1932-) ya er a consciente de la f ascinación y seducción
que produce el aparecer del fenómeno en el ser humano, y como
ést e se adapt a a cualquier soporte. Virilio se fundamenta en que
es la velocidad y , por tant o , la relación espacio-tiempo, el ma yor
de los condicionant es de los que se hace valer el espectáculo o el
f enómeno , y que sería de esta maner a como desapar ecería nuestr a
conciencia de percepción directa de los fenómenos que nos infor -
man sobr e nues tr a propia e xist encia. Est a sobr e-estimulación debi -
da a dic hos fenómenos debe de estar estrict amen te definida y lim -
itada en el tiempo ya que, de otro modo, produciría por una parte
desorient ación y cansancio, y por otr a, una nueva normalidad que
necesitaría de picos más fuertes par a interrumpir se. Esa impasibi -
lidad ant e el espectáculo , Virilio la denomina ‘ apatheia’ , concept o
que r esca t aría del mundo grieg o , por el que cuando más inf ormado
est á el hombre “ tan t o más se e xtiende a su alrededor el desierto
en el mundo” (113). La sobre exposición a los fenómenos , a la gr an
can tidad de ef ectos que diariament e sufrimos, nos empujaría hacia
una indif er encia percep tiv a, que eliminaría las respues tas emocio -
nales sobre aquellos even t os externos que est én fuera del contr ol
de la per sona.
El consumo vendría asociado a este mundo de sobre-es timulacio -
nes sensoriales que parece cons truir la cotidianidad de una nueva
sociedad que empiez a a acostumbr arse a un con tinuo y av asallador
bombardeo de inf ormación y de f enómenos c onstruidos por efe c -
tos .
P ar a T oyo Ito (1941-) estos espectáculos acont ecerían en una ciu -
dad virtual e inmat erial, que est aría con tr apuest a a una inevitable
ciudad mat erial que actuaría como soporte, dos v ariables que nos
pueden a yudar en est e acer camient o a la nue v a sociedad del espe -
ctáculo (114). P or un lado , una es la ciudad como objeto material , la
cual es una presencia física sos tenida por objetos físicos en la cual
ha y una jer ar quía espacial que c orr esponde a la or g anización social
101
A TMóSFERAS
ordenada en individuos-familia-c omunidad local-Est ado. Sería una
ciudad que tiene un sis tema de redes que se v an extendiendo en
círculos c oncéntric os y que dispone de un orden es tá tico y es table;
y que vendría a ser un soporte físico, la ciudad como objeto mate -
rial.
P or otr o lado, en tiende que la ciudad c omo f enómeno sería aquella
que había v enido desarr ollándose desde los años 80, culmen de un
consumismo e xacerbado fundament ado en un est ado de bienes tar
y que crearía el mejor c aldo de cultivo para que los ‘ mass media’
se filtrar an totalmen te en la sociedad sin ninguna resist encia. Se
re f eriría a una ciudad como inf ormación, pero también una ciudad
virtual como acont ecimient o , que carece de est abilidad espacio-
tempor al y de jerar quía, y que quedaría mejor definida como una
e xpansión topológica. Ambas ciudades corresponderían a las dos
car as de una misma moneda que no pueden ser separadas de una
f orma clar a entre sí.
Est e ent endimien to de la ciudad como f enómeno tendería a e xpan -
dir se de igual manera que se increment a el apetito de sus habi -
tan t es/usuarios por consumir nuevas e xperiencias, empez ándose
a formar gr adualment e un espacio propio e independient e al de
la ciudad como objeto material. Est e fenómeno no se li mita úni -
camen te a la ciudad, sino que iría en paralelo a la separ ación o in -
dependencia del significado de los objetos que aparecerían en las
sociedades de consumo desarrolladas, como la ‘ apatheia’ de Vir -
ilio. De esta maner a y como también a firma T schumi, nosotros que
hemos venido consumiendo significados y sustituy endo const an -
temen t e unas c osas por otras, empez amos a aplicar también este
mecanismo pr opio de la sociedad de consumo a t odos los aspectos
de nuestr a vida incluyendo , cómo no, a la arquitectur a y al espacio
de todo tipo , incluido el urbano.
Como c onsecuencia de ello , las superficies de los edificios que
llenaban la ciudad se cubren de una cantidad enorme de adornos,
tan to etér eos y virtuales como físicos, que ocultan a los edificios.
Una ornament ación que haría las veces de efect os , que no se re -
102
ANGEL BARRENO
duce únicament e a las luces de neón o a los anuncios publicitarios
o escapar at es de los edificios comer ciales, sino que incluso consid -
er aría la f achada en su conjunt o como una manif es tación de lujo
y esplendor , una expr esión del edificio en su sentido más estrict o.
De est a f orma, la fachada se con figur aría como un soporte par a el
f enómeno que también es t arjet a present ación del con tenido.
Est a arquit ectur a-soporte parece difuminar su grosor y su peso,
pr opios de objetos mat eriales, empez ando a flotar en el espacio
de la ciudad en un in ten to de c onstruir se sólo por fenómenos pro -
voc ados por las luces o las imágenes, por seductor es ef ect os pub -
licitarios fácilment e eviden t es en una ciudad como T okio. Sería el
moment o en que el cuerpo se disuelve en la ciudad, consumido por
ést a, embriagándose de sus espectáculos, un momen to de inmer -
sión en las seducciones del consumismo definitiv o.
Como resultado de la importancia de las actividades asociadas al
consumo , las nuevas práctic as sociales urbanas se desarrollan des -
de una visión lúdica y hedonist a con el medio que nos r odea. Un
medio que tiende a extender se infinit ament e hast a condicionar
nuestr o estilo de vida. Así, la pr oducción de ef ectos se est aría trans -
firiendo cr ecient emen te a la experiencia del espacio urbano, incita -
do por la afición irresis tible y lúdica de ampliar una per cepción en
cons tan t e manipulación por e xperiencias físicas y espaciales fuer a
de lo con v encional.
Desde este punt o de vista, est e tipo de espacio urbano vendría
car acteriz ado por present ar homogeneidad, transpar encia, fluidez,
rela tividad y fragmen t ación. T odo el espacio se nos re velaría como
neutr o , sin sombras, seco , inodoro y homogéneo. Sería un espa -
cio enr ar ecido y tr anspar ent e que no hace evidente las car act er -
ístic as físicas a las que est amos acos tumbr ados, no hay grosor ni
peso de las cosas, en el que el fenómeno desea flotar ingrá vido. Es
un espacio etér eo que fluye incesant emen te, donde no ha y lug ar
par a lo est átic o. Disfrut a de una rela tividad por la que est á siem -
pre prepar ada la alterna tiv a que se puede c opiar , r ehuy endo de lo
absoluto y fijo. Es un espacio fr agment ado que no puede c ont ener
103
A TMóSFERAS
un cosmos cerrado , tan to en cuanto al espacio como en cuanto al
tiempo (115).
Est as car acterístic as, tr anspar encia, fr agment ación, homogenei -
dad, fluidez y rela tividad… no son nuev as en el terr eno arquitec -
t ónico . Algunos de ellos han formado parte de la disciplina desde
el principio de los tiempos, otros ya fueron el objetivo de la ar qui -
tectur a del Movimien to Moderno a principios del siglo pasado. Así,
tr anspar encia es una palabra sumament e importan t e que nos re -
mite al concept o arquit ect ónico de W alt er Gropius y Le Corbusier
en su primera et apa; Colin R owe r ealiz aría el estudio analógico de
est as arquit ectur as transpar en tes con la pintur a de Moholy-Nagy y
Fernand Lég er .
La homogeneidad es t aría articulada simbólicamen t e en el concep to
del espacio universal y en la est ética de ‘ Less is more ’ de Mies van
der Rohe, encarnado mediante su ‘ neutral grid’ , espacio univ er sal,
cons truida desde la estructur a alámbrica de acero y la cuadrícula
abs tr act a e infinita. En cuant o a la fle xibilidad o fluidez está expr e -
sada directamen t e en el concepto de la int erpenetr ación recípr oca
de los espacios int erior y e xt erior , o del tiempo-espacio de Giedion.
Además, tant o la rela tividad como la fr agment ación aparecen nor -
malment e en los métodos de collage de las vanguar dias como mé -
todo de ruptur a con los preceden t es academicis t as.
Es decir , est as car act erístic as clav e parecerían indicar un concept o
est étic o por sí mismas, que parecen haber sido inves tigadas por la
tot alidad del arte y de la arquit ectur a desde el Movimient o Mod -
erno hast a nues tr os días.
Aunque ciertament e nuestr a ciudad en su conjunt o es mucho más
tr anspar ent e, homogénea, fluida, r elativ a y fr agment ada que el
mundo de la expr esión individual de la arquit ectur a y el arte, da la
sensación de que a nuestr o alrededor es t á e xtendida una tr ama in -
finita in visible y neutr a, donde todas las e xpr esiones f enomenológi -
cas e individuales parecen un juego de signos etér eos den tr o de ese
eje de coor denadas (116).
104
ANGEL BARRENO
Ant eriorment e, cuando Mies o Le Corbusier quisieron intr oducir
sus cubos de acer o y crist al, o bien totalmen te blancos, en las ciu -
dades europeas hechas de piedr a y ladrillo, el espacio sobre el que
se operaba er a sumament e sust ancial, opaco y heter og éneo. La in -
serción de est as pie z as en los en tornos urbanos plant eaba una c on -
sider ación de est as pie z as como especiales y c ont empor áneas den -
tr o de una anquilosada ciudad ensimismada y fija. Sin embar go , hoy
día las circunst ancias se han inv ertido por completo. Precisamen te
el espacio en el que se trabaja es tr ansparen t e y est á envuelto de
homogeneidad, un espacio de relaciones que suceden al mismo
nivel, result ando imposible saber el lugar que ocupa la arquit ec -
tur a en est a ciudad. La ciudad como objeto mat erial inten t aría en
vano mantener la comunidad local, con su especificidad y escala, en
tan to que la ciudad como f enómeno la va anulando paulatinamen te
por medio de los ‘ mass - media’ . Y así, por mucho que t odas las ob -
r as ar quitect ónicas insistan en su originalidad y singularidad, en cu -
ant o que se sitúan dentr o de est a ciudad terminan por disolver se y
perder se en tr e los demás fr agmen tos, pasando a f ormar part e de
un ent e ma y or en el que todo se homog eniz a.
La misma arquitectur a como soporte parece c ont aminar se de est a
influencia imparable del fenómeno , de la creación de efect os , no
sólo como gener ador , sino que tiende a configur arse en espectá -
culo en sí. En una ciudad car acteriz ada por transpar encia, fr agmen -
tación, homogeneidad, fluidez y rela tividad, la ar quitectur a debe de
est ar acorde con ella, y mediante un pr oceso de mímesis, comen -
z aría a desarr ollar est as car acterístic as en un pr oceso de c on ver sión
hacia el f enómeno pur o. Apar ece así un nuevo par adigma espacial
sensible a esta erótic a metropolit ana que inves tiga nuevas estr ate -
gias de seducción ar quitect ónica basadas en ef ectos de diver sa pro -
cedencia disciplinar . La seducción de los efect os lo in v adiría todo ,
sumergiendo los espacios en una sust ancia densa y tr ansparent e,
cubriendo todo de una homogeneidad y rela tividad que fluye sin
límites ni obs t áculos.
“El carácter fundamentalmen t e taut ológic o del espectáculo provi -
105
A TMóSFERAS
ene del simple hecho que sus medios son al mismo tiempo su fin. Es
el sol que no se pone jamás en el imperio de la pasividad moderna.
R ecubre t oda la superficie del mundo y baña indefinidamen t e en su
propia gloria” (117).
P or su part e, Henri Lef ebvre (1901-1991) (118) con tribuiría a es ta
visión profundiz ando en esa ciudad donde residiría la sociedad del
f enómeno , para enumer ar las car act erístic as que pueden ser uti -
liz adas par a describir el lug ar a partir del cual se c onstituy e y opera
el espacio abs tr acto, el lug ar donde se ponen a prueba las estr a te -
gias de dominio sobre lo real y que ser virían para poder distinguir la
r adical dif erencia entre est e lugar cr eado por el espacio abs tr acto, y
el lug ar e xist encial y vivido.
Entr e sus car acterístic as (homogéneo y fr agmentado , visual (ópti -
co) y tr anspar ent e, neutr al, geométric o e ideal) encontr amos la que
configur aría c omo una entidad física propia que posibilitaría la pu -
est a en pr áctic a del espacio abstr acto , ya que par a que est e espacio
sea ejecutado en nuestr o mundo mat erial, no se puede componer
solo de imág enes, planes o es tra tegias. Demandaría un objet o c on -
cre to , un objet o absoluto que simbolice la fuerz a (el poder , el es -
tado , el or den). Est e objeto se cons truiría a partir de la necesidad
de impresionar y , por lo tant o , debe ser cont emplado desde la dis -
tancia, de ahí la importancia simbólica de la fachada y la puerta en
las instituciones r epr esent ativas del poder .
P ar a Lef ebvre, lo espectacular g ar antizaría una autoridad ‘fuerte’
que encontr aría su correla t o en la verticalidad, la front alidad y la le -
janía con respect o al cuerpo humano que él ent endería como mero
‘ observador ’ pasiv o y e xcluido ante el gr andioso ‘mensaje’ de la au -
toridad. De es ta manera, la f achada de un edificio se c ar g aría con
una significación especial gracias al v alor de uso que se le a tribuye a
lo vertical, pr et endidamen te e ficaz par a la política, la publicidad, la
religión, la economía y por ext ensión, para la arquit ectur a. Est e es -
pacio es taría hecho ex clusivament e par a ser vist o c omo un símbolo
que según Lef ebvr e no sería de lo que se pret ende que sea, o de
lo que las personas que lo ‘ erig en’ pret enden que signifique (pro -
106
ANGEL BARRENO
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A TMóSFERAS
TRANSP ARENTE
ANGEL BARRENO
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A TMóSFERAS
Fotograma ‘Playtime’ _ Jaques T ati_ 1967
11 6
TRANSP ARENTE
Fotograma ‘Playtime’ _ Jaques T ati_ 1967
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A TMóSFERAS
Fotograma ‘Dogville’ _ Lars von T rier _2003
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TRANSP ARENTE
Nigel Henderson_ Imágines usadas por los Smithsons en la cofenecia del
CIAM 9_1953
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A TMóSFERAS
Bernard T schumi_ V ista nocturna. Glass Pavilion_Groningen Dinamarca_1992
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TRANSP ARENTE
Bernard T schumi_V ista interior . Glass Pavilion_Groningen. Dinamarca_1992
TRANSP ARENCIA _ Jaques T ati_ Playtime _ Dogville _ Bernar d
T schumi _ ‘Glass Pavilion’ (Gr oningen, Dinamar ca. 1990) _ Paul
V alery , The Glass Man _ Sigfr eid Giedion _ Laszlo Moholy-Nagy
_ Collin Rowe _ Robert Slutzky _ “T ranspar encia literal y feno-
ménica” _ Mies van der Rohe _ Pabellón de Bar celona (Bar ce-
lona, España. 1929) _ Casa Farnsworth (Plano, Illinois. 1951) _
Philip Johnson _ Casa de Cristal (New Canaan, Connecticut. 1949)
_ Foster+Partners _ W illis Faber & Dumas (Ipswich, Inglaterra.
1971-75) _ High T ech _ T oyo Ito _ Mediateca de Sendai (Sendai,
Japón, 1995-2001) _ ‘Pao 1’ y ‘Pao 2’ 1985 _ T okio _ Guy Debor d _
Ar chigram (Cushicle) o Reymer Banham (Envionr omental Bubble)
_ Hans Hollein _ Kazuyo Sejima _ Platform I y II _ S House (Okaya-
ma, Japón. 1995) _ Small House (T okio, Japón.2000) _ IV AM (V a-
lencia, España. 2002) _ Arne Jacobsen _ distorsión _ Jean Nouvel _
Fundación Cartier (París, Francia. 1991-94) _ SANAA _ Pabellón
de V idrio (T oledo, Ohio. 2001-06) _ Centr o de apr endizaje Rolex
(Lausanne, Suiza. 2005-10) _ Museo del Louvr e-Lens (Lens, Fran-
cia. 2012) _ REFLEJOS _ Anish Kapoor _ ‘Y ellow’ (1999) _ ‘no-
objetos’ _ Dan Graham _ Public Space/T wo Audiences (Biennale
de V enecia, Italia. 1976) _ Olafur Eliasson _ Y our emotional futur e
(201 1) _ SANAA _ Serpentine Pavillion (Londr es, UK. 2009) _ Ar -
chigram _ Ar chizoom _ Supersurface_ Superstudio _ wearables _
Y ves Klein, _ Claude Par ent _ CLIMAS _‘The air -conditioned city’
_ ‘The Air -Roof ’ _ Buckminster Fuller _ ´Manhattan Dome´ (1960)
_ Climatr on (St. Louis, USA. 1960) _ Fr ei Otto y Ewald Bubner con
Kenzo T ange _ Ar ctic T own (1971) _ ‘The W ar dian case’ _ John
Paxton _ Crystal Palace (Londr es, UK. 1851) _ Philip Johnson
_ Catedral de Cristal (Los Angeles, California. 1980) _ Centr o
Sainsbury de artes visuales (Norwich, UK 1974 –1978) _ Centr o
Pompidou (París, Francia. 1977) _ Rogers y Piano _ Museo de
Louvr e, Abu Dhabi, Jean Nouvel (Abu Dabi, Árabes Unidos. 2012-
…) _ T erminal 3 del Aer opuerto Internacional de Shenzen Bao’an
r ealizado por Studio Fuskas (Shenzen Bao’an, China, 2016) _ Fr ei
Otto _ Exposición Universal de 1967 en Montr eal _ Olímpicos de
Múnich 1972 _ Lacaton y V assal _ La casa Latapie (Floriac, Fran-
cia. 1993) _ ‘T r opical Islands’ (Krausnick, Alemania. 2004) _ Dubai
Ski (Dubai, Emiratos Árabes Unidos. 2005) _ ‘El show de T ruman’
121
A TMóSFERAS
TRANSP ARENTE
Jaques T ati en ‘ Playtime’ (1967) nos r ev ela un mundo de tr anspar -
encias, refle xiones y re flejos que cons truyen el escenario perf ect o
par a un derroche ideas en el que no ha y subst ancia a la que no
se le e xtr aig a la comicidad. Él mismo car acterizado como Monsieur
Hulot, descubr e un nuev o P arís que se ha entr eg ado a las compla -
cencias de la vida moderna, donde los edificios y los espacios urba -
nos cobran un protag onismo especial. ‘ Playtime’ e xpr esa una indig -
nación sa tírica ante la natur alez a aséptica de la vida moderna, per o
desde un pun t o de vist a alegr e y humorístic o en cla ve educada. Las
arquit ectur as siguen los principios de la modernidad mediant e su -
perficies vidriadas, estructur as diáf anas y un ambient e entre es ter -
ilizado , mecánico y minimalist a, espacios donde la transpar encia y
los juegos de r eflejos f orman part e cómplice de la trama, lleg ando
a desencadenar part e importan t e de los g ags.
En una de las escenas, dos apartament os vecinos disfrutan de sen -
dos gr andes ven t anales de vidrio que les otor gan poca intimidad.
En la noche, el espectador observa desde la calle como sus mo -
r ador es ven la t elevisión dispuesta en la par ed medianer a que los
separ a, que desde este punto de vista, da la impresión de que am -
bos grupos de vecinos comparten el mismo espacio inter actuando
direct amente. El espectador observa el int erior de las salas de est ar
y lo que ocurr e en ella al igual que los habitan t es observ an las pan -
tallas de tele visión en sus casas. No sólo se evidenciaría la ruptur a
de la tradicional privacidad int erior -ext erior , sino que se produciría
otr a a ma yor esc ala, a tr av és de la tecnología, en la que el lug ar y el
tiempo no son determinan t es (1). La tr anspar encia de la moderni -
dad vendría acompañada de una rotur a de los límites físicos de las
arquit ectur as.
Si los espacios dedicados al tr abajo est án bañados de un aire me -
canicis ta y un tinte gris y trist e, los espacios dedicados al ocio y
consumismo adquier en un brillo utópico de igualdad y espon tanei -
122
TRANSP ARENTE
tas’ que “ se int erpenetran sin destruirse unos a otros” . Entienden
que est a transparencia fenoménic a nos dejaría entender lo que
sucede en el edificio, incluso sin que la mat eria del edificio sea
tr anspar ent e, considerando la transpar encia como un fenómeno
del subconscient e, con virtiéndola en una cuestión conceptual de
la per cepción. Se consider an que la tr ansparencia f enomenológica
se pr oduce como r esultado de capas de inf ormación superpuest as
en órdenes específicos par a crear una percepción de transpar encia,
una compr ensión de la realidad a tr a vés de algo , independiente -
ment e de la dist or sión.
En ciertos ámbitos, e xistiría cierta quer encia por ver a tr av és de los
edificios ligada a una concepción de identidad, de transpar encia
en un sentido más metaf órico o ideológico , en un int ent o de con -
struir claridad corpor a tiva apoy ándose en una tecnología moderna
con tr apues ta a la concepción hist oricist a de preservación y dur a -
bilidad. Años más tar de se podría comprobar como ejemplos los
gr andes pr oy ect os parisinos llev ados a cabo duran te el gobierno de
Miterr and, en los que la transpar encia fue ent endida como firme -
ment e identific ada con la modernidad pr ogresiva.
De hecho el vidrio, material transpar ent e por an tonomasia, como
y a a firmaba en los años 60 Jean Baudrillard, ofrecería posibilidades
de comunicación visuales directa entre interior y exterior , pero si -
multáneamen t e sería una barrer a mat erial invisible que impide que
est a c omunicación se con vierta en una apertur a r eal al mundo.
Anthon y Vidler identifica la tr ansparencia liter al direct ament e
como un mito ya que nada podría alcanz ar 100% tr anspar encia,
ent endiendo que siempre exis tiría alguna distor sión, y ent onces
“ El vidrio, en otro tiempo perfect amente transparent e, se muestra
ahora en toda su opacidad ” (13). Esta limitación se evidencia al in -
ten t ar construir este tipo de transpar encia lit er al, ya que se obtiene
r ápidament e oscuridad y re fle xión debido a las limitaciones físicas
de los mat eriales (14). Per o lo que en un principio sur gió como una
con tr ariedad, pr on to derivaría en una gr an variedad de e f ectos in -
esper ados que añadir a la palet a compositiv a de los ar quitect os.
129
A TMóSFERAS
En arquit ectur a el uso de la transpar encia viene de la mano del de -
sarr ollo tecnológico y de la producción est andariz ada. Inicialmente
gr acias a la pr oducción indus trializ ada, el uso del vidrio c omo prim -
er material tr ansparen t e se popularizó al abara tar se y f acilitar se su
disponibilidad. Vidler cita a W alt er Benjamin, “ la transparencia es
un golpe de muerte para el an tiguo arte de morar ” (15), con lo que
el vidrio en un primer momento sería vist o como una herr amien ta
destructiv a que no gar antizaba la seguridad de la vivienda, ya que la
seguridad de las paredes gruesas fueron reemplaz adas por muros
liger os de vidrio que pr ov ocaban cierta inseguridad a la unidad de
vivienda modificada.
La opción a fa v or de la transpar encia fenoménica parecería una
tr ans v alor ación menor , pero marcó el moment o en que, una ve z
más en el discurso arquit ectónic o , la atención a las superficies co -
menz ó a ser tan important e como la compresión de la estructur a.
Es decir , mar caría el moment o en que la ar quitectur a posmoderna
devino en superficie escenográ fica de símbolos, tal y como pr of esa -
r an R obert V enturi, Denise Scott Br own y otr os.
Así, la transpar encia podría ser una cualidad inheren t e a la sustan -
cia, a la ma t erialidad, o una cualidad inher ent e a la org anización, lo
que permite distinguir entr e tr anspar encia liter al o r eal y transpar -
encia f enomenal o aparen te. Es posible, R ow e argumen t aría que
nuestr a actitud ante la tr ansparencia liter al derivaría de la esté tica
de la máquina, y que nuestr a actitud hacia la tr anspar encia f enom -
enológica lo hicier a de la pintur a cubist a. La fr ont alidad, la supr e -
sión de la pr ofundidad, la con tr acción del espacio, la de finición de
los f ocos de la luz, y una cr ecient e acentuación de la retícula, serían
algunas de las car acterís ticas del cubismo analítico. Así, la tr ans -
parencia conllev aría la per cepción simultánea de distin t os lug ar es.
P ar a Gy orgy K epes (1906-2001) implicaría algo más que una mera
car acterístic a óptica suponiendo un or den espacial mucho más am -
plio por el que lo tr ansparent e deja de ser lo que es perf ectament e
clar o par a con vertirse en lo clar ament e ambiguo (16).
Sería a partir de la ruptur a con la consider ación de est abilid ad y per -
130
TRANSP ARENTE
manencia de la ar quitectur a clásica así c omo la aparición de nove -
dosos av ances en los sist emas constructiv os, cuando las edificacio -
nes tenderían hacia un ma yor grado de tr ansparencia. Podríamos
decir , que desde los comienz os del gótico , uno de los anhelos de la
arquit ectur a es conseguir la tr ansparencia. Desde en tonces los edi -
ficios han ido perdiendo peso , los muros han ido adelg az ando (17),
haciendo que el muro portan te se tr ansf ormara en contr afuertes y
el r est o del paño en simples y eleg antes vidrieras. La búsqueda de
luz y v erticalidad se c on vertiría en el objetiv o allá por el gótic o , pas -
ando por la f ase de descomposición del v olumen ‘monolitist a’ en
dif er ent es planos independient es y superpues tos del renacimient o.
“Los muros e x teriores pueden desaparecer , y en lugar de eso quedar
colgados, con vertirse en pant allas de láminas de metal es tandariz a -
das, sujet o sólo un poco a los bordes de los forjados. Los muros mis -
mo dejan de e xistir , ya sea en cuanto peso o espesor ” (18).
No sería has ta el movimien to moderno , ayudado de la enunciación
de los conocidos cinco punt os par a una nuev a arquit ectur a por Le
Corbusier , cuando el mur o se libera de su car ga estructur al y se
deslig a de la estructur a, independizándose del res to de sistemas
cons tructivos y solucionando la separación entr e int erior y e xte -
rior . T odo este proceso es facilit ado por los a v ances técnic os has ta
la f echa, lo que daría el impulso definitiv o a est e camino hacia la
tr anspar encia. Las nuev as técnicas en estructur as de hormigón y la
f abricación en masa del vidrio , entr e otr os, f acilitaron el pr oceso de
minimización del mur o has ta hacerlo desapar ecer has ta con vertirlo
en una simple piel de vidrio apenas sin gr osor , desma t erializ ando el
límite en tre interior y ext erior hast a el mínimo que gar antiz ar a los
niveles de c onf ort, aislamiento y seguridad.
“La experimen t ación con materiales y procedimient os industriales
al iniciarse el siglo XX comport ó un desplazamien t o significativo
en la concepción del cerramien t o. Si ést e se debía a la tradición
empírica de los oficios artesanales y se constituía esencialment e
por acumulación de la masa, la pared ligera, formulada a partir de
la generalización de las es tructuras reticulares rígidas, se desarrolla
131
A TMóSFERAS
descomponiendo las distin t as propiedades físicas del cerramient o,
ahora mensurables científicamen t e, y dando respuest a particular -
iz ada a cada una de ellas mediante el empleo de materiales y téc -
nicas de mont aje similares a las empleadas en otras esferas indus -
triales” (19).
El uso del vidrio en la ar quit ectur a llevó a los ar quitect os a desarr ol -
lar un nuevo estilo par a maximiz ar su uso y potencial. Asimismo, la
crítica surg e de la necesidad de cierta privacidad ent endiendo que
el ser humano tiene secre tos que necesita esconder y que sería im -
posible en una vida de tr anspar encia liter al. (20). Actualmente, en
la époc a del chat, del ciber sex o y de los blogs, a la luz de las nue vas
tecnologías de comunic ación, es tas críticas parecen inconcebibles.
Ahor a la tr ansparencia adquier e un ma tiz aún más c onceptual y vir -
tual si cabe. La priv acidad se tr ansf orma, recons truy éndose otr as
relaciones posibles entr e público y privado. En la er a de int ernet
y las redes sociales, la transpar encia se evidencia en múltiples y
dif er ent es niveles.
T écnicament e, la tr ansparencia liter al se presen t aría como una
pr opiedad sensual de la materia, evidenciando diver sos gr ados y
ef ectos. Un material sería tr anslúcido cuando deja pasar la luz, per o
no deja ver nítidament e los objetos a tra vés de él. En cambio, es
opaco cuando impide el paso t otal la luz. Est aríamos hablando , en
definitiv a, de membranas, pantallas y filtros que jugarían con dif e -
ren t es niveles de transpar encia; la tr aslucidez y la opacidad de sus
superficies cr ean una nuev a ar quitectur a de luz sin sombr as. Serían
arquit ectur as abstr actas, de cont enedor es prismáticos rev estidos
de láminas tr aslúcidas o mallas tr ansparent es que inciden en la t e x -
tur a de la superficie y ter sura de su piel.
Como contr aposición a la opacidad, al hablar de tr anspar encia
debemos dest acar como car acterís tic as cla ves su tr ansmit ancia
(21) y su re flexividad (22). P or un lado, la transmit ancia se definiría
como el por cen taje de in t ensidad lumínica que atr aviesa la ma teria
y vendría a definir todo el r ango de niveles translucidos que po -
dría desde la opacidad (0% tr ansmitancia) hasta la tr anspar encia
132
TRANSP ARENTE
liter al (100% transmit ancia). La refle xividad tendría que ver con los
re flejos lumínicos que se producirían, aplicados a superficies; ést as
ser án mat es, no re flejarían nada, al 0% de refle xividad y llegando a
ser consider adas como espejadas al 100% de refle xividad. la tr ans -
parencia liter al v endría definida por no pr esent ar refle xividad y una
tot al tr ansmitancia.
La aplicación de es tos fact ores en ar quitectur a y otr as artes nos
pr oporcionarían un sinfín de efect os , a los que habría que sumar
las aportadas por el color , la re fr acción, e t c... Brillos, re flejos, re fle x -
iones, refr acciones, traspar encias bien liter ales o bien en cualquier
gr ado de tr anslucidez serían consider ados como los ver dader os
mat eriales de este espacio tr ansparen t e, que podrían aparecer en
múltiples formas desde en v olven tes, membr anas, crisálidas, velos,
car c asas, nubes… o simplem ent e climas, ambient es meteor ológi -
cos.
Las combinaciones de todos est os efect os mencionados propor cio -
narían dif eren tes grados de tr ansparencias, que gener arían múlti -
ples profundidades visuales que jugarían con nuestr a percepción a
tr a v és de la desconfigur ación, entr e otr os principios clásicos, de la
dualidad figur a-f ondo. Básicamente, est os efect os v endrían a pro -
ducir dis tor siones en nuestr as percepciones del ent orno , por las
que por un lado seriamos conscien tes de su e xist encia, pero por
otr o nos asombr aríamos por el ef ecto casi mágico en sí. En tendien -
do por dist or sión la difer encia entr e la señal que entr a a un equipo
o sistema y la señal que sale del mismo. P or tant o , puede definir se
como la ‘ def ormación’ que sufre una señal lumínica tr as su paso o
con tact o con la mat eria. Ent onces… ¿Podríamos entender que la
verdadera materialidad es la luz en sí?
Según el arquit ect o e hist oriador R obin E v ans (1944-1993), “ si Mies
se adhería a alguna lógica, era a la lógica de la apariencia. Sus edifi -
cios perseguían el ef ect o. El ef ecto [era] de primordial import ancia ”
(23).
Uno de los clásicos y más recurr entes ejemplos donde se eviden -
cia est a tr anspar encia de los muros de f achada es el rasc acielos de
133
A TMóSFERAS
vidrio para en Berlín pr oy ectado por Mies van der R ohe (1921). En
las ar chiconocidas imág enes que t odos t enemos en men te, no sólo
podemos apreciar el in terior del edificio desde la calle, o los r eflejos
del cielo y los alrededores más cercanos, sino que también obser -
vamos como el perfil de su silueta se desv anece, c onfundiéndose
con el cielo , diluyéndose y desc onfigur ando la r otundidad del volu -
men de los r ascacielos. P ero sería c on est os proy ectos cuando Mies
comenz aría a valor ar los ef ectos y re flejos que se producen en la
en volv ent e de vidrio: “ Descubrí, trabajando con maquet as de cris -
tal, que lo más import ant e es el juego de reflejos y no, como en un
edificio corrien te, el ef ecto de luz y sombra ” (24).
La ar quit ectur a tendería a desaparecer , haciendo que la tr anspar -
encia empiece a ser asumida c omo una herr amienta más a la hor a
de pro yect ar y construir ar quit ectur as. Asimismo , la distor sión pro -
voc ada por el vidrio de f achada es incorporada en la e xpr esión del
edificio , pr ovoc ando que est e tome un aspecto abstr acto , et éreo ,
sin peso en el que ya no tiene sentido la hegemonía de las som -
br as… en definitiv a, atmosf érico.
Al igual que en est os pro yect os par a los rasc acielos en Berlín, son
est as distor siones pr ov ocadas por los dif er en tes acabados los que
cons truy en el P abellón de Barcelona (Barcelona, España. 1929). Cu -
ando Quetglas se pr egun ta acerc a de qué es tá hecho el P abellón, él
mismo se responde: “ El Pabellón no est á hecho con piedra, crist al,
estuc o y hierro , sino con reflejos –y , en consecuencia, con ese ma -
terial no se cons truyen suelos, paredes, pilares y t echos, sino sólo
paisajes virtuales, paseos intransit ables ” (25).
El pabellón de Barcelona, clásico de la arquitectur a de todos los
tiempos, ha sido obje to de numer osísimos y amplios es tudios acer -
ca de los límites difusos int erior -ext erior que de forma tan innov a -
dor a y elegan te asombró al público de la Exposición Int ernacional.
Las refle xiones, distor siones y re flejos de vidrios y muros de piedr a
opacos, los cromados de los elementos estructur ales, sin olvidar -
nos de las prov oc adas por las láminas de agua, configur an un es -
pacio nuev o , en el que la ma t erialidad física da paso a un ambient e
134
TRANSP ARENTE
creado desde un conjun to de e xperiencias sensoriales inmat eriales.
No obst ant e, Mies recurr e a otr os efect os par a enf a tiz ar la transpar -
encia del espacio, c omo la disposición de los par amen tos v erticales,
la separación de la estructur a y los acabados de los paramen tos.
Sin entr ar en la cuestión de si el Pabellón de Barcelona es un espa -
cio abierto o cerr ado , es evident e que ést e participa de una doble
condición de ma terialidad-desma t erialidad. Por una part e, se int e -
gr an en él un conjunt o de ma teriales de gr an riquez a y variedad, a
dif er encia de otr as arquitectur as modernas de la década de 1920,
que se c ar act eriz an en la may oría de los casos por la sobriedad de
los colores y los materiales de acabado empleados. P er o , por otr a
parte, “ el ef ect o irreal que produce el paso de una sensación espa -
cial a otra lo int ensifican los tabiques de crist al coloreado , con dif e -
rent es grados de transparencia, sumados a los reflejos que se pro -
ducen sobre las superficies de mármol, pulidas a brillo int enso , y los
causados por los marcos y el re vestimien t o de las columnas, ambos
cromados ” (26). De est e modo, la sensación visual de la riquez a de
color y de material result aba inmer sa en la impresión del espacio
tr anspar ent e y en un deslumbr ant e juego de r eflejos producido por
el vidrio, los mármoles pulidos y las esbeltas columnas cromadas
(27). Los efect os re fle xivos de las superficies c onfundirían los sen -
tidos del visitan te, haciendo que se sumerja “ en el bosque de imá -
genes en trelaz adas de su recorrido ” (28) con virtiendo el exterior en
repr esentación de sí mismo.
“Cada pilar desaparece, borrado por las manchas confusas de sus
reflejos. P ero , además, el conjunt o de pilares no forma, en ningún
caso , un sis tema de referencia. No e xiste c onjunt o de pilares, cada
pilar es tá en una situación espacial única, que imposibilita la per -
cepción como orden de los ocho pilares” (29).
Como vemos, gr an parte de su tr abajo se centr ó en desdibujar los
límites y cualificarlos experimentando con diferentes materias,
texturas, colores, brillos y transparencias .
Otr o ejemplo, la Casa F arnsw orth de Mies van der R ohe (Plano , Il -
linois. 1951) se car acteriz a por ser una simple estructur a metálica
135
A TMóSFERAS
que sólo se cierra con vidrio , se sitúa entr e prados y árboles de gr an
tamaño (30). El volumen simple se elev a sobr e la t opogr afía de f or -
ma que parece flotar , enf atiz ando su concepción como mir ador , con
la idea de brindar un homenaje a la belle z a del paisaje que le r odea.
La fuerte relación con su ent orno , en todos los aspectos, mantiene
la clar a volunt ad de preserv ar el or den na tur al del lug ar , permitien -
do percibir a tr a vés de ella el paisaje en el que se inserta, de f orma
que el edificio se hace c asi invisible y pasa a f ormar parte del propio
medio natur al. La casa se disuelve en el entorno , en el paisaje; con
lo que la transpar encia permitiría también que actúe a la inv er sa,
incorpor ando el espacio interior de la vivienda al territ orio de f orma
r adical. En su in t erior , las pie z as de mobiliario y el únic o f also mur o ,
que alberg a los baños y almacenaje, no t oca el techo lo que hace
que pare z ca flotar en el paisaje. Estas obras marcarían un punto
importan t e en la búsqueda de la tr anspar encia y la flexibilidad de la
modernidad que, sin lugar a dudas, repr esenta un acercamien t o a
la desmat erializ ación de la ar quitectur a.
De igual f orma, la Casa de Crist al de Philip Johnson (New Canaan,
Connecticut. 1949) aspir a a integr arse complet amente con la natu -
r alez a que lo r odea has ta que ést a f orma parte de ella. La int ención
de Johnson se resume “I claim that ’ s the only house in the world
where you can see the sunset and the moonrise at the same time,
st anding in the same place” (31), par a ello minimiza la cons truc -
ción a lo esencial, una cubiert a y unos pilares, par a que la ilusión
de vivir en la natur alez a sea más vívida. La vivienda forma parte
de ella y vicever sa, en un continuum sin límites. Esta vivienda por
el con tr ario no se encuentr a elevada con r especto a la topogr afía
con lo que la sensación de continuum con el exterior es de may or
con tundencia.
De maner a parecida a la casa F arnsw orth, cosa que Johnson no
nieg a en ningún momento , y para no dificultar la visión hacia el
e xterior , todas las fachadas se resuelven en vidrio suelo-techo , haci -
endo desaparecer la clásica ven t ana que siempre conllev aría cierta
barrer a. La estructur a metálic a es muy liger a y no presen t an nin -
136
TRANSP ARENTE
guna divisoria in terna opaca, lo que permite ver lo que pasa de un
e xtremo a otr o , el espacio int erior no queda con tenido por mur os
o f achadas, sino que es la v eget ación circundant e la que recibe tal
misión.
En ambas arquitectur as la tr ansparencia no se alcanz a ún icamen te
mediant e el uso del vidrio en sus fachadas. Par a conseguir este obje -
tivo se r ecurr e a alguna estr at egia más, como el uso de un v olumen
simple par a f acilitar su lectur a visual e hacerlos desapar ecer an te
tan imponent e paisaje. Las propues tas no present an particiones
int erior es para r esolver la distribución int erior ya que est a queda
solucionada mediant e una volumetría secundaria donde se oculta
pr ogr ama menor , y así ma ximiz ar las visiones desde y a tr av és de la
vivienda. Podríamos decir que la transparencia literal se alía con la
f enoménica par a enfa tiz ar la e xperiencia et érea del espacio.
A su v ez, se busca la minimiz ación de los element os estructur ales
par a e vit ar obs t aculiz ar la tr ansparencia de los espacios, con lo que
el r esultado son unas viviendas de escasa ma terialidad y profunda
condición et ér ea, que alberg arían espacios carg ados de aire cuali -
ficado al modo atmos f érico.
P or otr o lado, t odo est o hace que los espacios originados present en
cierta flexibilidad en cuanto al pr ogr ama, pudiéndose lleg ar a en -
tender c omo si ést os pudier an acoger cualquier tipo de uso.
Est os r ecur sos, que a la postre serán r ecurr ent es en sus post erior es
obr as, se encuentr an en innumerables ref erencias arquitect ónicas
que usan de manera parecida la transparencia literal de Row e y
Slutzky , en las que no ha y barrer as visuales con el e xt erior , sino más
bien este e xterior f orma parte int egr an te en el pr oy ect o , sin discon -
tinuidades aparen tes mas allá de las clar amente físic as.
V emos como paulatinament e la introducción de materiales trans -
paren t es, sus inevitables re fle xiones y las dis tor siones que pr odu -
cen en los en tornos comienzan a f ormar parte indisoluble en ellos
y , de f orma progr esiv a, irían t omando contr ol en las pieles arquit ec -
tónic as. Estas transpar encias adquirirían nuev as condiciones esté -
137
A TMóSFERAS
ticas a medida que las t écnicas y los materiales evolucionar an per o,
a su vez, no son las únicas estr at egias para gener ar espacios con
aspir aciones tr ansparent es. V emos como las plant as se reducen a
lo imprescindible en un ejercicio de sinte tiz ación par a maximiz ar la
sensación de con tinuum, desv aneciendo la dualidad figura/f ondo,
buscando una especie de punt o de c onv er g encia entre la liter alidad
y la f enomenología de la tr ansparencia.
Ciertamen t e, la arquit ectur a moderna tr a tó de alcanz ar la comple t a
inmat erialidad, diaf anidad y liger ez a, pr et endía desv anecer en el
aire toda la solidez y peso de la arquit ectur a antigua. No por casu -
alidad se ha empleado el término para re f erirse a la arquit ectur a
de W right y a la fase más pró xima al neoplasticismo de la obr a de
Mies van der Rohe. T ambién la arquit ectur a de Le Corbusier , espe -
cialment e la de los años 20 responde, aunque de otr a manera, a
la búsqueda de esas nuev as pr opiedades. A ella puede aplicár sele
lo afirmado por Hitchcock y Johnson: “ Exist e, en primer lugar , una
concepción de la arquitectura como volumen más que como masa…
El v olumen se percibe como algo inmat erial, ingrávido , como un es -
pacio limitado geomé tricamen te” (32).
Los edificios de la etapa americana de Mies a partir de finales de los
años cuarent a y comienz o de los cincuenta (33) son cajas prismáti -
cas con f achadas de vidrio , tal cual aparecían en la película de T ati.
En es tos edificios de un solo espacio , la estructur a ha desapar ecido
del int erior de la caja y pasa a situar se en la car a e xterior alineada
con la fachada. Las vigas quedan ocultas en los falsos techos y los
pilares se adosan a la env olven t e y a los cerramien tos interior es,
con lo que las habitaciones principales son espacialmente diáf anas
y tr anspar ent es, aunque la plant a en su c onjunt o no pueda serlo.
Además, sobre todo a partir de las torr es y bloques de muro cortina,
que Mies comienza a pr oy ect ar poco después, en los mismos años
cincuent a (34), la env olven t e de vidrio repr esent a esa diafanidad
espacial ahora imposible debido a la necesaria compartiment ación
y a la presencia de la es tructur a (35). En todos es tos edificios, los de
un solo espacio y los c onstituidos por una serie de plan tas apiladas,
138
TRANSP ARENTE
definida estructur a de re tícula. En su interior , el espectador esté
donde est é siempr e es tá en una de esas burbujas, bañado por refle -
jos del paisaje arbolado cir cundante, al modo de la inst alación par a
Arne Jacobsen.
En palabr as de Beatriz Colomina, estas arquit ectur as “ son disposi -
tivos ópticos sin mecanismos visibles ” . Su objetivo , “ no es que el
observador descubra el secreto del edificio, sino su suspensión en
la propia visión ” (46). En él la transpar encia est á tan densificada y
multiplicada qu e finalment e se con vierte en una e xtr aña f orma de
opacidad, de mat erialidad.
Los espacios consider ados de circulación pasan desaper cibidos
porque son, como todos los demás, burbujas de vidrio. El rec or -
rido espacial se desarr olla en una cadencia secuencial de e xperien -
cias unif ormes repe tidas, sin casi dif erencias, sin singularidades. El
vidrio envuelv e los espacios haciendo que las vistas sean rela tiva -
ment e similar es en la t otalidad interior lo que prov ocaría una e xpe -
riencia homogénea independient ement e desde donde el visit ant e
se encuentr e.
“Puede decirse que la arquitectura se ev oca aquí por algo e x trema -
dament e transitorio: como una lámina transparent e que en vuelve
al cuerpo humano , no tiene mucha mat eria ni implica un peso sig -
nificativo. Proyect ar arquitectura es un acto de generar v órtices en
las corrientes de aire, viento, luz y sonido” (47).
Est a obra de SANAA fluctúa entre una búsqueda de la complet a
tr anspar encia, llevando hasta el extremo esa propiedad que el uso
del vidrio permit e, y la in ver sión de la misma. Aunque es tos ef ectos
surg en en oc asiones de las car acterístic as pr opias de los mat eriales
empleados ya sean és tos transpar ent es, tr anslúcidos, r eflect an tes…
En los casos más significativ os se deben a la creación de una serie
de capas espaciales median te la aplicación de r ecur sos como la dis -
posición de pla nos tr ansparent es pr ó ximos y paralelos, la curv atur a
de los paramen tos en sus esquinas y la ondulación de t oda la su -
perficie en volv ent e. T odo est o cr ea unas superposiciones visuales
que contribuy en decisivamen t e a la complejidad de los efect os at -
145
A TMóSFERAS
mosf éricos, con la aparición de reflejos múltiples y cambiant es y
de opacidades en f orma de brillos inesper adas, lo que hace que las
obr as pr oduz c an un nuevo ef ecto de espesor y peso.
“R ecient emen te, estoy interesada en la no-transparencia usando
el vidrio… Realmen te, esto y int eresada en el reflejo más que en la
transparencia del vidrio” (48).
La subst ancia de la ar quitectur a pasaría a ser una cuestión r elativ a,
vinculada a un sujeto en situación de const ant e cambio , aunque
regida por la or g aniz ación formal del edificio. Est os ef ect os e xperi -
ment ados en algunas de las obras de SANAA (o de sus miembr os
por separ ado) no requier en de los elaborados tra t amient os mat e -
riales pr opios de otras arquit ectur as actuales, sino que se logr an
simplement e con vidrio o c on acrílicos tr ansparent es. Los mat eria -
les transpar en tes sufren de una serie de manipulaciones f ormales,
especialment e en las superficies de cerr amient o , como pueden ser
pr o ximidad de los planos, par alelismos, curvatur a de esquinas, on -
dulaciones, conca vidad-con vexidad, et c. que son los que verdad -
er ament e gener an esos ef ect os . La tr anspar encia se llena de refle -
jos y re fle xiones, dest ellos y dist or siones del paisaje circundan te,
creados desde tr at amient os f ormales sobre el mat erial transpar -
ent e, c on los que consiguen cr ear incluso ficticias opacidades en un
mundo ingr á vido y atmos f érico.
“Queremos que se vea a través, pero también hemos aprendido
mucho de proyectos recient es y ahora sabemos que a causa de las
curvas y de las múltiples capas (…) no será transparente sino que se
hará muy opaca. Desde fuera… las visiones se me z clan debido a las
distin t as capas. Si nos movemos en el interior , esta esc ena se mez cla
de nue vo de modo diverso de acuerdo con la posición de la persona
o con su desplaz amien to ” (49).
En el caso del P abellón de vidrio (T oledo, USA. 2010) est a doble
membr ana, por tant o producir á un doble re flejo , uno en el inte -
rior y otro en el exterior . La propag ación de la misma por todo
el edificio, multiplicar á el efect o hasta el infinito , densificando el
campo visual tant o desde el int erior como del exterior . El uso de
146
TRANSP ARENTE
la doble membrana rev ela las gr andes dif er encias con el uso ‘mie -
siano’ del mat erial. Aquí se tr at a de un elemento ingenieril, cuyas
pr opiedades están diseñadas, donde los elementos estructur ales,
las membr anas y la gestión energétic a se disuelven e int egr an en
un ma t erial que v a mucho más allá de lo vítreo y tr ansparent e (50).
Según Ryue Nishizaw a, “ la organización espacial del P abellón de
Vidrio en el Museo de Arte de T oledo surgió de la idea del muro y
su relación con el espacio , no de un deseo de encontrar una nueva
idea de transparencia. Normalmen te un muro tiene dos lados, así
es que si se define su forma, ést a afect ará a dos espacios adyacen -
tes. […]Nosotros decidimos hacer un muro con dos membranas muy
finas, no necesariamente unidas, y descubrimos que se creaba una
especie de doble muro entre est os dos espacios que remarcaba la
independencia de cada sala ” (51).
En el centr o de aprendiz aje R ole x (Lausanne, Suiza. 2005-10) re -
curren a un sistema parecido al que habría que sumarle la sinuosa
topogr afía. El perímetro del edificio es tá formado por cerr amientos
de vidrio de suelo a techo. Diver sos patios, cur vos y de distint os
tamaños, horadan el volumen y permit en la entr ada de luz natur al
al int erior , a tra vés de sus cerramien t os también de vidrio. Bajo las
ondulaciones elevadas, a cota cer o , se gener a un espacio ext erior
abovedado , que r ecibe iluminación desde el perímetr o y los patios.
La experiencia espacial present a un alto grado de tr anspar encia,
per o esta ve z tendería a un a transpar encia más fenoménica según
los paráme tr os de Row e y Stluzsky , en la que el visitan te in terpr et a
las pistas que el espacio le va dando, c onfigur ándose como una es -
pecie de discur so entr e ambos.
La irónic a dualidad de una búsqueda de la transpar encia par a
después densificarla con ef ect os de todo tipo , para alcanz ar una
ambigüedad nos pone en una situación un tant o compr ometida
con las cat egorías de tr anspar encia liter al y f enomenológica de la
modernidad. Esta opacidad et érea c on los que se carg an los espa -
cios estaría en un limbo entre ca teg orías, una especie de tr aspar en -
cia atmos f érica cuya finalidad es el asombr o o la delectación del
147
A TMóSFERAS
visitan t e.
“No tengo nada especial que decir , ningún mensaje que transmitir a
nadie. Pero sí mi papel es dar expresión a las cosas, es decir , definir
formas que permit an la aparición de percepciones fenomenológic as
y de otra índole que uno pueda usar , con las que pueda trabajar ,
para después avanz ar hacia una e xis tencia poétic a” (52).
La obra del escultor Anish Kapoor (1945) se centr a fundament al -
ment e en el diálogo activo en tre obra misma y el sujet o (visitant e)
de una maner a novedosa en la que, no sólo integr a a éste en la
obr a, sino que con su ayuda hace una nueva lectura del espacio
entr e ambos, intr oduciendo la sensación viva de nuestr o cuerpo
como parte de ese espacio escultórico conectado org ánicament e
con su obr a y con el mundo ext erior . Con una peculiar evolución
artístic a desde los años 70, nunca ha dejado de explor ar sobre la
percepción espacial desde punt os de vis tas peculiares y sug er ent es
donde trabaja la extensión del tiempo y del espacio , desdibujando
la distancia entr e el objeto y el sujeto , e incluso desdibujando el
pr opio objeto.
Con ‘ Y ellow ’ (1999), nues tr os ojos empiez an a enf ocar y desenf ocar ,
notamos que nos sentimos atr aídos tan to por la irresis tible fuerza
del color c omo por el v acío del centr o de la obr a que como un gr an
ombligo pene tr a profundamen te en la par ed. Al con t emplarlo , t en -
emos que esf orz arnos por compr ender lo que vemos. No est amos
segur os sobre porque sabemos que la forma es con vex a pero la
vemos cónc a v a. Asimismo, todo nues tr o campo de visión est á ocu -
pado por la singular experiencia del color , usado como herr amien ta
autónoma, que abar c a toda la f orma y la tras toc a.
Sabemos que se tra t a de un espacio finito pero también percibi -
mos sus mis teriosas cualidades, parece ir más allá y tr aspasar sus
confines escultóric os. Kapoor prov oc a claramen te est a incertidum -
bre poniendo en duda lo que est amos cont emplando y así da una
oportunidad par a la subjetivación del f enómeno . Al con templar
est a obr a, la fr ont er a entr e lo que sabemos y lo que percibimos se
desdibuja. Nos pr oduce un inicial shock, un asombr o , par a después
148
TRANSP ARENTE
pasar hacia un aprendizaje un análisis de lo que est amos percibi -
endo par a su mejor ent endimien to.
K apoor r ecurre a est e tipo de ilusiones ópticas que nos llev an a pon -
der ar la exis tencia real del objeto y su mat erialidad. Sus esculturas
jueg an con la f orma en que percibimos las superficies cónca vas
y con ve xas, con su color y te x tur a, con virtiéndose en un espacio
tangible y a la vez fan t ástic o. Sus escultur as logran c ambiar la per -
cepción del espacio, modificándolo, y lo que nos result a más im -
portan t e, enf atiz an la manera en la que actuamos en ese espacio
y con ese objeto en concr et o , la obra de arte. Además est as int er -
venciones no sólo alter an la per cepción del espacio , sino que nos
precipit an a una experiencia novedosa ante él (53). Los mat eriales
de sus obr as pr oducen un ef ecto de sinest esia (54), pr ovocando que
veamos sonidos o sin tamos c olor es que no est án pr esent es.
Especialment e inter esant e es su serie de esculturas de superficies
espejadas realiz adas con acer o inoxidable intensamen te pulido y
pr oducido de f orma industrial, superficies de un mat erial de re -
flexividad 100%, en las que da un paso más allá en la percepción
de un espacio alter ado. Est as inst alaciones, que él consider a como
‘no-objetos’ (55), sur girían del inter és sobre la con tinuidad que
e xist e entr e un objeto y su ent orno. Kapoor amplía el ámbito de
la obr a más allá de sus límites físicos par a cues tionarlos, haciendo
que nuestr os r eflejos se fusionen y def ormen con/ en ella, además
de alter ar las ondas sonoras que rodean a est as formas c ónca v as
dist or sionando nuestr a e xperiencia del espacio de una maner a
multisensorial. Enfoc ado en tras toc ar la percepción del espacio y
del sonido que nos rodea, nos in vita a pregun t arnos qué es lo que
vemos realment e, cómo lo vemos y qué es el espacio que nos ro -
dea. Así su obr a cr earía espacios y v er saría sobr e los sentidos, de
cómo nos relacionamos físicamen t e con los espectáculos, con los
f enómenos virtuales, enfren tándonos a situaciones espaciales no -
vedosas cuyos significados más profundos est án dirigidos dir ect a -
ment e a lo corpór eo, per o t ambién deja un lug ar par a la subjetivi -
dad pr ovocada desde la dis t or sión. Es tos objetos, aunque pr oduct o
de la geometría euclidiana, cr ean unos fenómenos de anamorf osis
149
A TMóSFERAS
tan to del espectador como del entorno dentro de la misma obr a,
que pro voc a una expansión y contr acción del mundo o la visión al
re vés del mismo.
Si el ef ecto de una superficie pintada tr adicional sería atr aer al es -
pectador a un espacio que al parecer se aleja más allá del plano
del cuadr o; en las piez as espejadas, por el contr ario, el espacio no
re tr ocede, sino que viene hacia ti, c olocándonos en una nuev a situ -
ación donde la obra av anza del plano del cuadr o. Hablamos, pues,
de una nueva apro ximación a la obr a de arte que pr ovoc a la apar -
ición de un nuevo pr otoc olo de inter acción y experimen tación en -
tre ella y el espect ador .
“ a profound modification of the object, which from the familiar is
transformed into the strange, and as strange something that pro -
vok es disquie t because of its ab solute proximity (…) The mirror
st age involves a comple x superimposition of the reflected image of
the subject conflat ed with the projected image of the subject ’ s de -
sire…“ (56) .
Est a realidad r eflejada y distor sionada en la superficie espejada es
direct amente la escultur a. La inst alación no presen t aría soporte al
estilo clásico , siendo el pr opio f enómeno el soport e. El r ecept or , at -
mósfera y g ener ador de Böhme se desdibujan, pier den sus posicio -
nes clásicas, y se r esitúan. Los tres clásicos participant es de la expe -
riencia espacial parecen c on ver ger en una misma en tidad en la que
no es f ácil esclarecer donde empiez a y acaba cada uno de ellos, ni
el rol específico que desempeñan. Llev an aparejadas un cambio en
la tradicional per cepción de las obr as de arte dentr o de los espacios
de e xhibición con v encionales que hace que se postulen c omo ver -
dader os espectáculos, fenómenos creados para la coexis tencia con
el espect ador que en est os moment os t ambién pasa a ser partícipe
de la obr a.
150
TRANSP ARENTE
151
A TMóSFERAS
Mies van der Rohe _ Rascacielos de vidrio _ Berlin, Alemania_1922
152
TRANSP ARENTE
Mies van der Rohe _ Rascacielos de vidrio _ Berlin, Alemania _1922
153
A TMóSFERAS
Andy W arhol en la Glass House de Phillip Johnson_ Fotografía David McCabe_
1964-5
154
TRANSP ARENTE
Ludwig Mies van der Rohe _Farnsworth House _1945-51
258
A TMóSFERAS
FRAGMENT ADA
ANGEL BARRENO
FRAGMENT ADA
Richard Hamilton_Just what is it that makes today’ s homes so different, so ap -
pealing_1956
260
261
A TMóSFERAS
Damian Ortega_Cosmic Thing_ 2002
262
FRAGMENT ADA
T odd Mclellan_Old Macintosh_2010
263
A TMóSFERAS
Absolon_ Cells_1992
264
FRAGMENT ADA
Absolon_ Cells_1992
265
A TMóSFERAS
T oyo Ito_Pao I_1985
266
FRAGMENT ADA
T oyo Ito_Pao II_1989
273
A TMóSFERAS
los muebles como la habit ación y la casa e incluso las fachadas y las
calles, no presen tan grandes dif erencias entre sí. T odo ello no son
más que películas que van e xtendiéndose de f orma similar (…)” (9)
Est a pr opues ta estaba habitada por una singular figura emergen t e
en Japón: una mujer joven, independiente, ociosa y consumis ta, un
sujeto superficial que cues tiona la tr ama social japonesa que, en los
80, er a toda vía altament e jer arquizada, sexist a y tradicional. La casa
de est a chica nómada parasit a la ciudad de T okio, est allando sobre
ella par a apropiar se de su infr aestructur a de ocio y tr abajo. Como la
habitación de W arhol, se r educe a un lug ar par a la intimidad donde
encon tr ar elementos tenues y mínimos, livianos y móviles, con los
que r ealiz ar las funciones más cotidianas e íntimas de su ocupan te,
aquellas r elacionadas con la inf ormación, el desc anso y el embel -
lecimient o.
La arquit ectur a se difuminaría, t endiendo hacía lo tr ansparen t e
y ambiguo , se volv ería et ér ea como la atmósf era . La t ecnología a
tr a v és de sus ef ect os directos sobre la sociedad consigue que la
r opa, los muebles e incluso la arquit ectur a se difuminen, casi de -
sapare z can, con virtiendo todo en un espacio originalment e difícil
de calific ar pero que se despleg aría en un pr ograma doméstico per -
sonalizado. Un sistema de objetos resolvería la org aniz ación de la
vivienda, como un conjunt o de variables cuya conectividad, priva -
cidad u otr os paráme tr os de tipo topológico , conf orman el modo
oper ativ o asociado al espacio interior , en volviéndolo todo con un
velo a modo de crisálida que dota de ciert a privacidad ante tan ta
sobre-e xposición. Esta tr ansparencia v endría pr opiciada por el pr o -
gresiv o des vanecimien t o de los límites entr e ciudad y vivienda, en -
tendiendo como los pr ogr amas de ambos mundos se fragmen ta y
se mez clan, par a compartir elementos por los que se des v anecería
el tr adicional límite que has t a ahor a los separ aba.
La fragmen tación de los progr amas propios de la ciudad y lo resi -
dencial ref ormularían los límites de una y de otra gener ando el
panor ama por el que la chica nómada y su casa-crisálida se disolv -
erían en el medio urbano de T okio. ‘Na v eg arían’ por la ciudad sin
274
FRAGMENT ADA
resis tir se a su mo vimient o , sus ideas y sus acciones. Est a subst ancia
urbana tendría tendencia a extender se indefinidamente, llenando
todo el espacio disponible.
Est a chica del ‘P ao’ de Ito recuer da a otr as int enciones de c ar áct er
visionario en cuanto a habitar la ciudad desde el nomadismo indi -
vidual emprendidas por Archigr am (‘ Cushicle’ ) o R eymer Banham
(‘ En vionromen t al Bubble’ ) entr e otros. Aunque és tas present arían
un car ácter más medioambient al y biológico ya que abog aban por
una coexis t encia de sujeto y natur alez a en la que la arquit ectur a
perdería su condición impositiva. Un nomadismo, que al contr ario
del propuest o por Ito , radic aba en una tot al desconfianz a en los
sist emas capitalis t as y de consumo a los que Ito , entre otros, culpa
como part e indispensable par a ent ender a la sociedad actual.
El artist a isr aelí Absalon (1964-1993) y a pr oponía una forma de
vida par ecida entr e la habitación de W arhol y la chica del P ao. En el
tr anscur so de seis años, Absalon creó una serie de unidades habita -
cionales mínimas par a una sola persona. Sus ‘ células ’ (1992) con-
cebidas par a sí mismo, est aban pensadas par a ser colocadas en un
espacio público de ciudades dif erent es (P arís, T okio , Nuev a Y ork, T el
A viv , Zúrich y Fr ankfurt). La idea r adicaba en que est as unidades de
vida mínimas permitirían al artista abraz ar un estilo de vid a nóma -
da y , al mismo tiempo , una e xis tencia ascética y aislada, protegida
de una sociedad opresiv a.
“[…] T ogether , these six cells f orm a whole. […] The cell is the mecha -
nism that conditions m y movements. With time, as I get used to it,
this mechanism will become my comfort. […] This project reflects
the calm that I need. It seems vital for me t o carry it through. I want
to mak e these cells my houses, defining my f eelings there, cultivate
the way I behave. These houses will be the bas tions of resis t ance to
a society that st ops me from becoming what I must bec ome” (10).
Basadas en acciones cotidianas y diseñadas ent er amente en rel -
ación con sus medidas, los interior es de las células est arían cubi -
ertos en blanco con el fin de r educir las distr acciones o elemen tos
275
A TMóSFERAS
que pueden perturbar la percepción. En su video ‘ Solutions’ (1992),
Absalon demuestr a el estudio de las dimensiones y el cálculo de
los movimient os c omo comer , dormir , tomar una ducha que luego
definirían la forma de sus células. “I would lik e to creat e my own
setting and belong to nothing else. My living unit will be comprised
of the six habit ation units which I cons truct, and my homeland will
be in-between them” (11).
Est as células gener adas a partir de un conjun to de f ormas geomé -
tricas básicas (el cubo , el cilindr o , la esf era) estarían realiz adas con
los mismos materiales que la sala de arte, todo el espacio es t aría
re ves tido por una blanca y prístina superficie, haciendo que las cé -
lulas se mez claran con su entorno , poniendo a prueba el límite en -
tre la autonomía y la conf ormidad. La individualidad de los diseños
afirma una soberbia autosuficiencia, mientr as que las superficies
blancas de las obr as sugieren un auto-borr ado , una homogeneidad,
una virtualidad ajena a la localiz ación (12).
Las c élulas darían la oportunidad de man t ener una vida fr agmen ta -
da a escala global, que simultáneament e ofr ecerían int eriorment e
un espacio similar en dif er ent es localiz aciones del mundo. Unas
viviendas-crisálidas disuelt as en la ciudad y , a su vez, disueltas en un
mundo globalizado , donde el habitar se produce entr e estos frag -
ment os residenciales dispersos por el mundo, pero que de maner a
simultánea ofrecen un ámbito de rec ogimient o en el que sumer -
gir se par a desc ansar de la sobre es timulación y sobre e xposición en
la que est amos despleg ados.
Est as r elaciones entr e el sujet o y el medio que le r odea se desarr ol -
lan en el marc o de una visión lúdica y hedonist a an t e la vida. Las ac -
tividades asociadas al consumo se erigen como f actor fundament al,
junt o con la velocidad casi instan t ánea de inf ormación y consumo
insaciable de nuevos product os, que determinan la f ascinación por
el espacio metr opolitano cont empor áneo. T al y como señalaba Guy
Debord (13), el hombre siempre ha ejercido de una afición irresis t -
ible por llev ar su percepción a lugar es inexplor ados par a ponerla
al límite. Una vez allí, descubierta y asimilada, el hombre necesita
276
FRAGMENT ADA
cada vez may or velocidad, necesita someter su cuerpo a la manipu -
lación de la percepción, a la experiment ación de nuev as situaciones
físicas y espaciales fuer a de lo con vencional, más potentes y e x ci -
tan t es que las ya e xperimentadas.
Como vemos, una de las consecuencias que evidencia tant o Ito
como Absolon, sería la super ación del sujet o tradicional y de su
pr opia lig az ón a un lug ar o a un linaje específico , en fa vor de pautas
vitales mucho más diver sas y multi-articuladas, que conllev an a su
ve z a la con versión de los modos de habitar tr adicionales en pr ácti -
cas mucho más borr osas y plur ales.
“En todas las art es hay una parte física que no puede ser tratada
como ant año , que no puede sustraerse a la acometividad del cono-
cimient o y la fuerz a modernos. Ni la mat eria, ni el espacio, ni el
tiempo son, desde hace veint e años, lo que han venido siendo desde
siempre. Es preciso con tar con que novedades t an grandes transfor -
men toda la t écnica de las art es y operen por t ant o sobre la in ven -
tiva, llegando quiz ás hast a a modificar de una manera maravillosa
la noción misma del arte” (14).
Cada día es más obvio cómo las tecnologías f orman parte de
nuestr as vidas, y nos han c ambiado por completo. Algunos críticos
incluso opinan que f ormamos parte de una sociedad ‘post -digital’
(15) ya que están con vencidos de que hemos pasado a la siguiente
f ase en la que la tecnología se presen t a tan arr aig ada a nuestr as
vidas que pasa incluso desapercibida. Incluso , T oyo Ito habla de
la exis t encia de una sensación corpor al androide en la actualidad.
T anto es así, que lleg a a proponer que los arquit ectos deberíamos
pr oy ectar para sujetos de cuerpo doble, uno r eal y otro virtual (16).
De una forma hist oricist a, Stephan Günz el (17) car acteriz a el mo -
ment o actual como un vuelco espacial relacionado con las nuev as
tecnologías que supondría un giro lingüístic o como el que vivió
la arquit ectur a a partir del postmodernismo , tal y como anuncia
V aler y .
Est e proceso tecnológico que vivimos no sólo ha af ectado a nuestr a
277
A TMóSFERAS
maner a de habitar los espacios, asimismo tr ae aparejada la apar -
ición de nuev as herr amien tas de uso cotidiano y nuev as maner as
de uso con un consiguient e cambio en los procesos mentales de
creación y pr oducción. Esta evolución tecnológica hace que la so -
ciedad hay a desarrollado otras actitudes físicas y psíquicas, forján -
dose nuev as pr ef erencias a la hor a de habitar .
La chica del P ao de Ito no deja solo de ser una habitant e más de la
ciudad, que inten t a crear una imagen t otal de la vivienda uniendo
los espacios ficticios y fr agment ados que est arían repartidos por el
medio urbano. De hecho , todos los habitan t es de gr andes ciudades
se ven obligados a disfrut ar , sin más opción, de una vida de tipo col -
lage basada en tal e xperiencia simulada. Los actos que se deberían
realiz ar dentr o de la vivienda se v an tr asladando al espacio urbano,
a la vez que se fr accionan atr ay éndonos de f orma más diver sificada
a la ve z que más especializ ada, más individualiz ada, y con menos
sentido de la r ealidad. De est a f orma, el espacio urbano absorbería
a la vivienda donde ésta terminaría siendo un fr agmento más en él.
Los habit ant es urbanos, simbolizados por las muchachas nómadas
de T okio, empiez an a percibir el espacio ficticio e imaginario como
algo t an c onf ortable como el espacio real. La ciudad ofrecería un es -
pacio e xperiment al, simulado y cada vez más fr agmentado , donde
el nómada de las nuevas ciudades virtualiz adas hace de su vida un
modo de re-territ orializ ar , de habitar al fin y al cabo, que se funda -
ment a pr ecisament e en dicha disper sión (18).
Hablamos de una sociedad que parecería tener c onsciencia global
plena, donde est e habitan t e par adigmátic o viviría entr e fragmen tos
de actividad y vendría definido por el flujo de su e xist encia entr e
ellos. Es tos flujos serían el r esultado de los desplaz amient os diarios
con base fija (el lugar donde duerme), desplaz amient os es t aciona -
les, desplazamien tos laborales más o menos largos que, pot encial -
ment e, pueden alcanz ar al mundo en ter o. T odo en su vida es tr an -
sitorio y fluido. Est e habitan te vive ma y oritariamen t e en el espacio
público de uso social, compartidos en tre varias personas, escenario
de un entr elaz amien to const an te de relaciones sociales conocidas
y desconocidas, relaciones de amistad, labor ales, circuns tanciales.
278
FRAGMENT ADA
Vive en el flujo , él mismo es flujo, y sus desplazamien t os entr e los
fr agment os de actividad son su hábitat principal .
“Un trayecto siempre está entre dos puntos, pero el entre-dos ha
adquirido toda la consistencia, y goza tanto de una autonomía
como de una dirección previa. La vida n ómada es int ermezz o” (19).
Est e habitar en tr e fr agment os est aría muy en cont act o con Debord
y los situacionistas pero , simultáneament e, con las viviendas míni -
mas entreg adas por complet o al hedonismo y la vida en la ciudad
evidenciadas en las pr opuest as de S ANAA o Sou Fujimoto.
Damos por hecho de que nuestr o mundo actual ha abandonado
por completo aquellas ideas clásicas de orden, de simetría y ar -
monía, que habían sido baluartes de la cultur a, la arquitectur a y el
urbanismo en tiempos pasados. La c on vicción de que la estructur a
del r elat o (20) y la legibilidad de los pr ocesos de comunic ación, han
sido post er g adas por un mundo que tiende a la fragmen t ación y a
la neg ación de ordenamien tos jer árquicos, que privilegia la idea de
cambio permanente, de mutabilidad y de lo efímer o , de fluir con -
tinuo e ininterrumpido , de mont aje y de fr agment o , de valor de lo
aleat orio y lo imprevisible (21). La cultura actual es tablece nuev os
valor es o principios como la r epetición y la r epr oducción que se eri -
gen como nuevos par adigmas gener ador es de una nueva est étic a.
Aunque las vanguar dias del siglo XX y , aún antes, la cultur a idealist a
del R enacimient o , habían asumido que la obr a de arte y de arqui -
tectur a, er a algo único e irr epetible, no sería hasta el Minimalismo a
mediados de siglo pasado, cuando se asocia la r epetición a los pr o -
cesos de pr oducción de obr as de arte. Cada nuevo objet o r esulta
una réplica de un pr ototipo , concebido como una unidad acabada
compues t a por partes menores; est e criterio obedece a cuestiones
de optimiz ación económica, pero también orienta la instaur ación
de otr o par adigma de la actualidad como es la fr agmentación.
Dentr o de este amplio abanico de manifes t aciones, la dialéctica
parte–t odo ha sido una cons tan t e en el dev enir de la cultur a oc -
cident al cuyas jerar quías relativ as han ido ev olucionando. Los tiem -
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A TMóSFERAS
pos presen t es par ecen privilegiar la noción de part e o fr agmento y ,
a partir de ahí, se desencadena todo un progr ama de acción, mov -
imient o y v alor ación.
El fr agmento podría ser c onsider ado c omo el r esult ado de una rup -
tur a, de algo que se rompe en tro z os más o menos uniformes, sin
límites definidos y que se manifies ta en múltiples aspectos, enten -
dido como el est allido de la hist oria univer sal de las v erdades cientí -
ficas que es sustituida por can tidad de ver dades par ciales. Una
apuest a por la diver sidad que res t a crédito a los gr andes sist emas
ideológicos monolíticos que servían ant año de marc os gener ales de
re f erencia y , por lo tant o , que nos conduce a la pérdida del sen -
tido de la t otalidad (22). El fr agment o sería una expr esión más del
car ácter de la cultura actual, como un indicio visible y concre to del
desplaz amient o y del descentr amiento que puede leerse en todos
los ámbitos de la vida pr esent e.
Ent onces, es desde el fragmen to , desde su singularidad, irregulari -
dad y autonomía, desde don de se irían c onstruy endo tot alidades,
bien sean ést as la sociedad, la cultura, un objet o de arquit ectur a,
la ciudad, o una interpr et ación de la ciudad; per o conceptualment e
abiertas e inciert as, en permanente es tado de mut ación, capaces
de absorber nuevos y difer entes fr agmentos. Un posicionamiento
que podríamos afirmar ha desarrollado una est ética del fragmen to
pr opia.
En es t as poétic as del fr agment o , éstos aparecen a la vis t a del ob -
servador aislados de su todo de pertenencia ant erior e, incluso ,
tienden a subr a y ar su ruptur a respect o de los enter os sin ninguna
hipótesis o deseo de rec onstrucción de los mismos, como en las
piez as de Damián Ortega o T od Mcmellan.
Llev ados es tos conceptos a la construcción de una idea de ciudad,
ést a apar ecer ía como suma toria de fr agmen tos de diver sa escala,
mat erialidad y sentido que se vinculan entr e sí por el mer o hecho
de su coe xis tencia. La ciudad repr esent aría así una suert e de con -
tenedor elástic o sin límites precisos, ni físicos ni conceptuales, que
280
FRAGMENT ADA
no fijaría criterios de articulación u orden riguroso sobre las par -
tes que la constituy en, un collage aparen temen t e casual en donde
cada fragmen t o (un edificio, un espacio urbano, un individuo) se
hace autónomo y donde el sentido de integridad de la obra fr ag -
ment aria par ecería dif erent e y asis temá tico (23).
Est a fr agment ación vendría directamen t e en alusión a la realidad
que vivimos hoy en día. P or un lado, pre vio a esta visión de la vida,
la realidad se concebía de manera lineal, donde los acontecimien -
tos pasaban sucesiv ament e uno detr ás de otr o debido a que só lo
conocíamos lo que pasaba inmediatamen t e cerc ano a nosotr os.
Actualment e, est a visión del mundo ha cambiado gr acias a la can -
tidad de inf ormación que manejamos de la mano del cambio ex -
periment ado por los medios de comunic ación; así, casi al inst an te,
conocemos múltiples realidades que es tán sucediendo en todo el
mundo de maner a fragmen tada y simult ánea. Pequeñas pinceladas
de r ealidad qu e de finitivame nt e son meros reflejos de lo que es la
tot alidad del con te xto. El suje to se sitúa fr ente la pant alla del orde -
nador o de la televisión par a acceder al mundo ilimitado de la (in -
ter)c omunicación. Cada sujeto puede elabor ar a tr a vés del zapping
digital, o del hipertext o , su personal desarrollo secuencial. Mínimos
fr agment os, veloces, variados, múltiples c onfigur an el discur so de
cada cual desde la unidad (todos podemos hacer z apping) en la
multiplicidad (cada uno elige de modo dis tint o).
El escenario de la fr agmen tación encontr aría, sobre todo , en el me -
dio de los ‘ Mass media’ su construcción mejor acabada. En estas
condiciones, el gr an salt o cualit a tivo que supone sin te tiz ar el in fini -
to de posibilidades constriñe al sujeto a una situación donde la red
de int er cone xiones abr e el mundo y , a la ve z, lo reduce a un úni -
co puerto , el de cada cual (24). Est a situación de sobree xposición
mediátic a pro voc a una desorient ación inicial donde se t endría que
absorber y procesar toda la inf ormación, primeramen t e, pero una
ve z in te riorizada y filtr ada, se t endría una visión más amplia y c om -
pleja de lo que rodea, a la vuelta de la esquina o a miles de kilómet -
r os de dist ancia.
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A TMóSFERAS
Zaha Hadid_Hong Kong Peak _ Hong Kong, China_1982-83
282
FRAGMENT ADA
Giovanni Battista Piranesi,_V arios Monumentos etruscos_ s.XVIII
289
A TMóSFERAS
Peter Eisenman,_House III (Casa Miller)_Connecticut,USA_1971
290
FRAGMENT ADA
Superstudio_Catalogo degli Istogrammi d’Architettura_1969
291
A TMóSFERAS
Ellsworth Kelly_Spectrum Colors Arranged by Chance II_1951
292
FRAGMENT ADA
George Nelson_model for the American National Exhibition jungle gym_
Moscow_1959
293
A TMóSFERAS
Daniel Libeskind_Early Collage Drawings_1967-70
294
FRAGMENT ADA
John Hejduk_Three Projects, Project B, House_1962-66
295
A TMóSFERAS
James Stirling_Kulturforum_Berlin,Alemania_1989
296
FRAGMENT ADA
Louis I. Kahn _ La Casa Dominicana para las Hermanas de Santa Catalina de
Ricci_Pennsylvania, USA_1965-69
297
A TMóSFERAS
R yue Nishizawa_ Eda Apartments_T okio,Japón_2002
298
FRAGMENT ADA
John Hejduk _A Growing, Incremental Place – Incremental T ime“V ictims”_1984
305
A TMóSFERAS
R yue Nishizawa_Moriyama House_T okio,Japón_2005
306
FRAGMENT ADA
R yue Nishizawa_Moriyama House_T okio,Japón_2005
307
A TMóSFERAS
Peter Zumthor _ T ermas V als _ V als, Suiza_2000
308
FRAGMENT ADA
René Magritte_The Mental Gaze_1946
309
A TMóSFERAS
Moshe Safdie_Habitat 67_Montreal, Canada_1967
310
FRAGMENT ADA
Sou Fujimoto_Final W ooden House_Kumamoto, Japón_2006
3 11
A TMóSFERAS
Sou Fujimoto_House before House_T okio, Japón_2007-08
312
FRAGMENT ADA
Sou Fujimoto_House before House_T okio, Japón_2007-08
313
A TMóSFERAS
Kisho Kurokawa_Nagakin Capsule T ower_T okio, Japón_1972
314
FRAGMENT ADA
Kisho Kurokawa_Nagakin Capsule T ower_T okio, Japón_1972
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A TMóSFERAS
Herman Hertzber ger_Central Beheer Office Complex_Apeldoorn, Holanda_1972
322
FRAGMENT ADA
Herman Hertzber ger_Central Beheer Office Complex_Apeldoorn, Holanda_1972
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A TMóSFERAS
De tal manera que, el fr agmen to se con vierte en la única vía posible
par a penetr ar dentro de lo múltiple del sis tema posmoderno. El en -
tendimien to y acept ación de una realidad compleja t al y como la
e xponemos, formada por dispersión y dif er encia, marc ada por una
fuerte no-linealidad y gran virtualidad, superposición y choque de
piez as y f enómenos , nos conduce sin lugar a dudas a enfr ent arnos a
un mundo f ormado por fr agmen tos.
Sin entr ar mucho en detalle, Jacques Lacan (1901-1981) añadiría
que la identidad de cada persona es inautén tica (25), y a que estaría
f ormada por múltiples imágenes, fragmen tadas y f ortuitas, que
percibiríamos fuer a de nosotros y que configur an un sujeto que no
es más que el ef ecto de una cons trucción tan fragmen taria como un
collage cubis ta o dadaís t a.
Como señala T rist an T zar a (1896 -1963) en su poema ‘ How t o mak e
a dadaist poem ’ (1920), para crear un poema dadaísta habría que
fr agment ar la r ealidad física de un artículo para después con sus
componen tes, y de una manera azar osa, recomponerlos creando
una nuev a realidad (26). P or un lado, vemos el reconocimien to de
partículas mínimas que serían constituidas por palabras (u or acio -
nes según el caso) que dotan de sentido a un te xto ya exis ten t e,
par a después reor ganiz ar esos fragmen tos con unas nuev as reglas
confiadas a la c asualidad.
P odríamos apr opiarnos del import ant e aport e del Dadaísmo al art e
moderno c omo pr ov oca tivo cuestionamient o con tinuo de qué es el
arte o qué es la poesía; la conciencia de que todo es una conv en -
ción que puede ser cues tionada y que, por t ant o , no ha y reglas fijas
y et ernas que legitimen de maner a hist órica lo artís tico. Los dada -
íst as recurrían con frecuencia a la utilización de métodos artísticos
y liter arios deliber adament e incompr ensibles, que se apoy aban en
lo absur do e irr acional con el fin de e xpr esar el rechaz o de todos
los valores sociales y est étic os del moment o , y todo tipo de codifi -
cación clásica y conv encional que no se ajustar a a las necesidades
de una nuev a sociedad.
324
FRAGMENT ADA
En 1923, K urt Schwitter s (1887 -1948) y Theo van Doesbur g (1883
-1931) se embarc ar on en una gir a por Holanda, con su llamada
‘ Campaña Dada ’ , para pr esen tar el movimien to dadaís ta a artist as
locales a tra v és de una serie de conf erencias nocturnas y actua -
ciones. El cart el para la fiesta ‘ Kleine Dada Soirée’ (‘ pequeña tarde
de Dada’ ) es un rev oltijo de palabr as que cambian la dirección y
se superponen. La palabr a ‘ Dada’ se repit e den tr o de una nube de
letr as donde ha y unas cuant as imágenes pequeñas. La apariencia
discor dant e del póst er refleja lo que realment e ocurría en dichas
‘ soirées’ dadaís tas donde a menudo comenzar on c on simulacros de
conf erencias int errumpidas por miembr os de la audiencia ladr ando,
chist es absur dos o poesía experimen tal. Este cartel de las ‘ soireés’
es un claro ejemplo de como el dadaísmo er a la herramien ta par a
e xpresar el desenc ant o que sentían esos artis tas al vivir en la Europa
del periodo tar dío de la Primer a Guerr a Mundial y , pos teriormen t e,
de la actitud de rebelión hacia el desinter és social car acterístic o
de los artist as del periodo de entreguerr as (27). Aquí se evidencia
como el hecho de fr agmen tar es el de dec onstruir la realidad para
volv erla a construir siguiendo nuevas e innovador as reglas con la
finalidad de cr ear f enómenos o ef ectos como maner a de r ebelión
en con tr a de las clásicas con venciones, y a sean las artís ticas de una
cierta época o aquellas más r elacionadas con el ocio y el hedonismo
de hoy día. Esto pondría en un serio riesgo la estabilidad clásica y
acrítica de la dualidad, tan to artística como filosófica, del fondo-
figur a. Mediant e est os pr ocesos de fr agment ación dicha dualidad
sería básicamen te el obje to a r ec onfigur ar y poner en crisis.
Al igual que el dadaísmo, el cubismo pictórico , como el posterior
neoplasticismo y el decons tructivismo arquit ectónic o , nacen como
corrien tes artístic as comple tamen t e decididas a r omper con los cá -
nones clásicos acat ados acríticament e por artist as de épocas ante -
riores en los que los av ances tecnológicos descubiertos y la socie -
dad en los que reper cutían no eran t enidos en cuent a.
El cubismo básicamente rompe con uno de los pilares básicos
de la pintura hasta la fecha y hace desaparecer la perspectiva
t r adicional, e xpr esando todo tipo de na tur ale z as por medio de
325
A TMóSFERAS
f ormas geométric as independient es, fr agment ando la realidad en
líneas, volúmenes y superficies, y re flejándolas a tra vés de dif er en -
tes puntos de vista del objeto en cuestión sobre el plano, a vec -
es de forma par cial. Los volúmenes complejos se fragmen tan en
volúmenes más simples, y est os en superficies bidimensionales.
Est e movimient o artístico cuyo punto de partida fue con la obra
Las señoritas de A viñón (‘ Demoiselles D’ A vignon’ , 1907) de Pablo
Picasso (1881-1973), vendría a represen t ar una nueva visión del
mundo y del arte, en el que la pintur a y a no es la r epr esent ación
direct a de la realidad, sino que evidencia por primer a vez la visión
que el artis ta tiene de esa realidad, sumando a lo que ve sus pr opias
sensaciones… La fr agment ación en diver sos planos de las figuras
f emeninas, desde múltiples puntos de vist as, prov oc a la recon figu -
r ación del c oncepto figura- f ondo, cr eando un nuev o lenguaje pic -
tóric o y esté tico que implica una nuev a relación en tre el espect ador
y la obra de arte. El espectador ya no puede cont emplarla sin más,
sino que tiene que rec ons truirla en su mente par a poder compr en -
derla. La desvinculación con la natur alez a se consigue a tr a v és de la
abs tr acción, descomponiendo la figura en sus partes mínimas, en
planos, en fr agmen tos, que serían estudiados en sí mismos, y no
en la visión global de v olumen. El Cubismo se c onfigur aría como un
arte conceptual, deslig ándose complet ament e de la interpr et ación
o semejanza con la natur alez a. La obr a de art e tendría valor en sí
misma, como medio de expr esión de ideas, abriendo una puerta
hacia un discurso más e tér eo y metafísic o , más a tmosf érico , en de -
finitiva.
Aunque en los primeros inten tos del denominado cubismo herm é-
tico , las obras ro z an la abstr acción debido a los innumerables pun -
tos de vist as repr esentados simultáneamen te, la car encia de color ,
et c… la in tención sería la de pr ov ocar un diálogo c on el espectador ,
originando un lugar para la subjetividad y las sensaciones. En cual -
quier caso , no se alejan demasiado de la repr esent ación figur ativ a
del mundo real ya que se siguen apareciendo fragmen t os de sil -
las, botellas, figuras humanas… que ayudaban de alguna maner a
a identificar y descodific ar una figur ación práctic ament e ilegible y
326
FRAGMENT ADA
monocr oma. De es ta forma, est e cubismo hermétic o o analítico dio
paso a un cubismo más simplist a que buscaba vínculos entre el arte
y la realidad , denominado sint étic o , en el que los objetos ya no se
repr oducen en múltiples planos y volúmenes de diver sas perspec -
tivas hasta ser irr econocibles, sino que se r educen a sus atribut os
esenciales, a aquello que los car act eriz a de maner a inequívoc a sin
lo cual no serían lo que son. P or ello, aunque r educido a lo esencial,
se reconoce en todo momento su identidad. Par a evidenciar est o ,
a veces recurrían a la técnica del ensamblaje (‘ assemblage’) por la
que repr esent an los objet os de maner a objetiv a y permanente, y
no a tra vés de la subjetividad del pincel, intr oduciendo en los cuad -
r os diversos mat eriales cotidianos que se peg an o clav an a la tela,
como tir as de papel de tapicerías , periódico , partitur as , naipes,
cajetillas de cigarr os o cajas de fós f or os… fragmen t os de realidad
cotidiana en definitiv a, haciendo que el cuadro se c ons truy a con
element os de diver sa procedencia, tant o tr adicionales (la pintur a
al óleo) como nuevos (como el papel de periódico), originándose
así el collage . Ést e no solo es una es té tica poderosa, sino que tam -
bién es el result ado de un proceso que conceptualiz a y abs tr ae la
realidad que nos rodea, r educiéndola a fr agmentos de ma yor sim -
plez a f ormal y significativ a Lo que resulta realmen t e inter esant e del
cubismo es su transgr esión con la tr adición pictórica clásica, hacié -
ndose evident e en las obr as como el arte asume su condición de
arte. El cuadro , el mensaje, el discurso , se hace autónomo de lo que
viene a represen t ar , iniciando un diálogo con el observador debido
a la dificultad par a ent ender la obra que no presen t a un ref eren te
natur alista inmedia to como v enía siendo cos tumbr e has ta la f echa.
Las v anguardias de primer os del siglo XX, vieron en es te proceso de
fr agment ación una manera tan to liter al como figur ada de r omper
con los principios clásicos y academicis tas que no repr esen taban a
la sociedad; además al tr abajar con fr agment os encontr aron posibi -
lidades ilimitadas, casi tant as como mecanismos. Básicament e, mu -
chas de las técnicas usadas por est a est ética del fr agmen to se fun -
dament an en la manipulación y composición mediant e fr agmen tos
a tra vés de su suma, dif erencia, superposición o choque, o ya bien
327
A TMóSFERAS
por su disper sión, gener ando un nuevo ‘ todo’ en el que la relación
entr e ellos juega un papel crucial que dota de sentido al conjunto ,
como el montaje proceden t e del cine, la superposición o acumu -
lación de fr agmentos, los complejos poli-funcionales, la dispersión
de objetos segr egados y aislados… entr e otros.
El término fr agmento deriv a del latín ‘ frangere’ (r omper) de donde
derivan también términos como fracción (un acto divisorio) o frac -
tura (una potencialidad de ruptur a no necesariamen te definitiva).
T odos ellos sugier en la exis t encia de un ‘ todo’ pr ecedente que ha
sido int errumpido , tal ve z de manera accidentada (28), par a la cre -
ación de unan nueva tot alidad tras la manipulación de sus partes.
P or lo tant o , estos fr agment os no serían realidades ex Novo , si no
que provienen de una realidad pr e-exis tent e, que conocemos y que
se vería inmer sa en un proceso de fr agmen tación.
P or lo tant o , el trabajo con fragmen tos abriría un nuevo mundo de
posibilidades, aument ando las combinaciones posibles, además de
poner en crisis la dialéctica parte–t odo , que has t a ent onces había
sido , en todas sus manifes taciones, una const ant e en el devenir de
la cultur a occident al.
La búsqueda crea tiva se centr aría en la concepción conceptual para
gener ar un r esult ado de sin ta xis median t e pr ocesos f ormales c omo
el cadá v er ex quisito , el collage , la ‘ cubomanía’ , ‘ étrécissements ’ ,
f otomon t aje, ‘ cut -ups’ o ‘ assemblage’ … (29), que serían algunas
de las difer entes técnic as que se desarr ollan desde el fr agment o
dur ant e la época de las v anguardias (y hast a nues tr os días). La dif e -
rencia r adica en que no es una metodología racional, basada en la
coher encia y la ex actitud sino más bien una metodología salvaje,
que apro vecharía todo lo que se encuentr a a nues tr o alrededor ,
desde dif erent es materiales, objetos, progr amas, residuos y frag -
ment os de ant eceden tes.
Encuadr ado en el surrealismo , Gherasim Luca (1913 -1994) gus t aba
de recurrir al ‘ assemblage’ par a su obra plástica. En sus collages
usaba una imagen que fr agmen taba en pequeños tr oz os iguales
328
FRAGMENT ADA
(normalment e cuadr ados) par a luego recomponer la imagen or -
denando sus tr o z os al azar . Esta recomposición regular f ormula un
nuevo e inquietan te result ado final donde los fr agmentos parecen
cobr ar el mismo valor , al resultar todos important es por igual en
el ejercicio ment al de rec omponer la imagen originaria. El tr abajo
mediant e fragmen t os es de un alto gr ado de v er satilidad f ormal, las
combinaciones par a hacerlos inter actuar pueden llegar a ser infini -
tas.
“La pasión por los objetos y tramas de la his t oria se puede salvar
y rehacer median te un mec anismo genuinament e vanguardis ta, el
collage” (30).
En esta esté tica, los fr agmen tos aparecen a la vist a del observ ador
sesg ados del todo del que f ormaban parte con tot al armonía f ormal
e, incluso, tienden a subra yar su ruptur a respect o de los ent er os
sin ninguna hipótesis o deseo de r econs trucción de los mismos.
La composición se basa en la estr ategia del mont aje de fragmen -
tos, en el proceso. Los mismos aparecen como un derramar se que
elude pautas de or den aparent e o cone xiones habituales donde
no suponen un relat o de recuer dos o evoc aciones. El discurso se
desent endería del or den tempor al, v alor aría la incoher encia, par a
e xpresar lo caótico bajo una serie de r eglas. Los element os que
componen un collage no est arían cons tr eñidos ni a un uso ni a una
f orma prede t erminada; serían fragmen tos de una tot alidad o con -
junt o en los que no hay datos indica tiv os de r elación dir ecta entr e
su significado inicial y su posición final.
Como es tamos viendo, se privilegiaría la noción de parte (o porción,
o fr agment o) y , a partir de ahí, se desencadena todo un pr ogr ama
de acción y v alor ación. Se irían cons truy endo tot alidades de t oda
índole, en la sociedad, la cultura, un objeto de arquitectur a, la ciu-
dad… c onceptualmen te abiert as e inciertas, en permanen te estado
de mut ación, c apaces de absorber nuev os y dif erent es fr agmentos.
Est e proceso de fr agment ación del cubismo junt o con la aparición de
las estructur as r eticulares y la populariz ación del uso del hormigón,
329
A TMóSFERAS
pr ovoc arían un antes y un después en los espacios arquit ectóni -
cos. Los a v ances tecnológic os, en cuant o a sist emas cons tructivos,
pr opiciarían esta fr agment ación del sist ema constructiv o clásico
f acilitando la enunciación de los cinco punt os para una nuev a ar -
quitectur a de Le Corbusier y popularizando así el sist ema Dominó
(31), y a que, hasta aquel momento , el espacio arquit ectónic o es -
taba complet amen te definido por la solide z y rigidez del mur o de
car g a. Los objetos arquitect ónicos empez ar on a perder la masivi -
dad a la que v enían ac ostumbr ados, gr acias en parte a que y a no
er a necesaria la coincidencia de muro , cerramien to y estructur a; y ,
por tant o , los espacios se liberarían del cor sé de los principios con -
structiv os limitativ os de los que partían aquellos objetos. El mur o
se fr agment a en sis temas es tructur ales, cerr amient os y particiones
int erior es, conf ormando así familias de elemen tos independientes
que int er actúan entre sí par a configur ar nuevos espacios fluidos y
tr anspar ent es. Estos sist emas estarían conf ormados por elementos,
fr agment os de un todo antecesor , que con autonomía construy en
el f enómeno .
“Est á basado en un nuevo concep to de la función del muro. La cé-
lula de la composición no es ya la habit ación cúbica, sino el muro
libre, lo cual significa des truir la tradicional caja al e xtender los el-
ement os bajo t echo hacia el paisaje. En ve z de f ormar un volumen
cerrado , es t os muros independient es unidos por paños de vidrio
crean una nueva e indefinida sensación de espacio. Dentro y fuera
son ya difícilment e det erminables; fluyen de uno a otro ” (32).
En el diagrama explica tivo de los cinc o punt os de Le Corbusier y a
se advierte como se produce una fragmen tación de la masividad
clásica en difer en tes elementos, entr e los que no se aprecia una
jer ar quía clar a. Una trama regular de pilares y un sis tema de parti -
ciones y cerr amiento libr es sin clar a distinción en tre ellos, se r epr e -
sent an independient es y con el mismo peso en plant a, c asi como de
un cuadro puris t a o un collage se tr at ar a, or g aniz ando lo que podría
ser un nuev o espacio donde la masividad del muro de carg a deja
paso a la levedad de unos cuantos fr agment os de una e xist encia
cons tructiv a anterior , diluy endo así la corpor eidad del obje to arqui -
330
FRAGMENT ADA
tect ónico. Los espacios comenzarían a plantear se siguiendo otros
criterios más flexibles y abiertos, que encontr aría en la abstr acción
del neoplasticismo un mejor aliado par a sus comienzos.
La sus titución del muro de car g a masivo por una serie de sistemas
cons tructivos especializ ados, da origen a un nuevo principio espa -
cial desc onocido has t a la f echa. Así, el uso de estructur as re ticular es
conjun tamen t e con la aparición de las nuevas técnic as del hormigón
armado , las v anguar dias artístic as y su búsqueda de la disolución de
la f orma a tra vés de la fr agment ación del objeto , son influencias
obvias en es te proceso. Los element os clásic os parecerían gra vitar
haciendo pr ev alecer ant e t odo las r elaciones y ener gías que sur gen
entr e ellos.
Los neoplasticis tas en tendier on que el cubismo no fue lo suficiente -
ment e lejos en el desarr ollo de la abstr acción y que el expr esion -
ismo r esultaba demasiado subjetivo. En una búsqueda de una cul -
tur a más univer sal y ética, pr opusieron como medio la purificación
o reducción del arte a sus element os básicos: línea, color y f orma.
El movimiento se propone encon tr ar un sistema par a construir un
nuevo mundo de f ormas coher ent es y or g aniz adas, r acionales pero
que igualmente fr agment an la r ealidad en un mínimo de fr agmen -
tos. Ab str acción y r educción c ar act eriz arían a es t e movimien to que
induciría la utilización de líneas horiz ont ales y vertic ales, ángulos
rect os y áreas de color. Este proceso no sólo sir ve para crear cuad -
r os o realiz ar esculturas abstr actas sino también para los espacios
de la arquit ectur a.
“En el futuro, la realización de la e xpresión figurativa pura en la
realidad tangible de nuestro ambiente sus tituirá a la obra de arte,
mas para alcanz ar es t o es necesaria una orien tación hacia una rep -
resent ación universal y un alejamient o de la presión de la naturale -
z a. En t onces no necesit aremos ya ni cuadros ni estatuas, pues t o que
viviremos dentro de un art e realiz ado. El arte desaparec erá de la
vida en la medida en que la vida misma ganará en equilibrio” (33).
Est a ev olución marcaría fuert ement e la crisis del objet o moderno , y
337
A TMóSFERAS
Est as postur as estarían centr adas en la búsqueda de una posición
crea tiv a concep tual por la que una arquitectur a de sinta xis inten t a
mostr ar sus procesos (43), sin perder de vista la importancia del
fr agment o del que están compues tas. Así, no solo sería de impor -
tancia el pr oceso en sí, el cómo se unen, sino que desde el mo -
ment o que el fr agmento cobr a autonomía y det erminación por sí
mismo , éste entr a en acción fundament al par a el entendimien t o de
la tot alidad. En definitiv a, no sólo importa el c ómo sino también el
qué.
Claude Lévi-Str auss argument aba la exis tencia de dos mét odos cul -
tur ales dominant es en los procesos de creación de objetos y obr as
artístic as (44): la del cien tífico , que utiliza la r azón, tr abaja sobre
concept os y estructur as creando sist emas mecánic os basados en
la coher encia, la ex actitud y la inter cambiabilidad de las piez as; y
la del ‘ bricoleur ’ o art esano , quien, como un primitivo, aprov echa
los mat eriales y objetos encontr ados, r esiduos de obr as y acont ec -
imient os humanos, y los selecciona, recicla y ensambla haciendo
a mano nuev os objet os con f ormados por part es encon tr adas (45).
Las vanguar dias artístic as rein vent arían y conceptualiz arían dicha
técnic a c ompositiva practic ada por dadaís tas, surrealis tas y cubis -
tas, median te el uso del collage que, cómo est amos viendo, se crea
una nuev a totalidad a partir del ensamblaje de fr agmen tos de di -
ver sa procedencia, como un art esano haría, con figurándolos según
mecanismos basados en la coherencia, cual científico. Entr amos,
por lo t ant o , en un t err eno int ermedio en tr e el art esano y el cien tí -
fico propues tos por Lévi-Str auss que puede crear un nuevo tipo de
bellez a inédita y con vulsa, impact ant e y sorpr endent e.
Est e tr abajo entr e lo artesano y lo científic o se entiende como pro -
ceso en sí, donde la import ancia radica en los pr opios fragmen t os,
de su procedencia y clasificación, y en la relación final que se es -
tablece entr e ellos; la f orma final es la result ante sin más de est e
pr oceso. En cuan to a mecanismos gener ativ os, c omo sis temas, es -
tos pr ocesos serían independient es de la esc ala y , por t an to , podría
abarc ar pr oblemas de ma y or en verg adura c omo los del urbanismo.
P or tan t o , no sólo sus result ados no son dependient es de ninguna
338
FRAGMENT ADA
f ormaliz ación pr e-est ablecida , sino que además son independien -
tes de la esc ala. Nos inter esa el c ollage como pr oceso pro yectual,
donde se produce la desaparición del proy ect o en sí, fren te a los
instrumen tos y las maneras de hacer una unidad que no es consti -
tutiva.
En ‘ Ciudad collage’ , Colin R ow e y Fred Koe tter presen tarían una
pr opuest a teórica que legitima la lógica de un urbanismo de la
fr agment ación (46) y que tendría sus raíces en la propues t a de una
sociedad abierta de K arl P opper (47). Ro we est ablecería un me -
canismo para el proy ect o urbano que bautiz ó como ‘ estr a tegias de
fr agment os’ , creando un nuevo método sumamente fructíf er o en
el que los objetos y tr amas de la historia se pueden pr oteg er y r e -
hacer median te la técnic a del c ollage , al que se podr ían sumar nue -
vos fragmen t os. En 1967, R ow e dibujaría un magnífico ejemplo de
ciudad collage a base de yuxtaposición de fragmen t os, un embrión
de la arquitectur a que pr opondr án posteriormen t e autores como
James Stirling, Hans Hollein, Bernard T schumi o R em K oolhaas (48).
Asimismo , R ow e partiría del abandono del llamado ‘ diseño tot al’
y de la idea de que todos los edificios crecen del interior hacia el
e xterior , bajo necesidades esencialmente funcionales e internas.
Pr opondría el fin del discurso tot aliz ant e y la v alor ación de las re -
laciones entr e los objetos y la estructur a que los contiene, sobre
los objetos individuales mismos. Con el fin del discurso tot alit ario ,
acept aría la condición fragmen t ada para la cultura ar quitect ónica
y la ext erioriz ación de dicha condición en los proy ectos ejecutados
como nuev a tent ativ a para f acilitar la conciliación de opuest os.
Así pues, su discurso se orient a hacia la liber ación de los postu -
lados que puedan constr eñir la disciplina de la arquitectur a (49),
argumen t ando que nuestr o tiempo estaría destinado a abrig ar las
más diver sas corrient es ideológicas y gust os particulares, como re -
sultan te de un equilibrio de varias tensiones simultáneas puesto
que el orden y la const ancia no son car acterís ticos de la natur alez a
humana. Su proposición plantearía un camino intermedio entr e
utopía y tr adición, entre modelo ideal y c ont e xto e xisten te.
339
A TMóSFERAS
Basándose en las teorías de K arl Popper , R owe sería muy crítico con
los movimientos utópicos y a que los consider a postur as planificadas
y herméticamen te cerr adas que se tornarían demasiado peligrosas
por no admitir la diver sidad, ni tampoco el car ácter fr agmentario
y cambiant e que le es car acterís tico a todo proceso históric o y a la
pr opia evolución del conocimiento científico (50). Por el mismo ar -
gument o , finalmente los admitiría como un hecho necesario ya que
ent endería que el pensamiento urbano surgiría a partir del choque
cons tan t e en tr e lo nuev o y lo e xist en te par a probar su aplicabilidad
y eficacia. P ar a ello, R owe se apoy aría en el uso de ‘fragmen t os de
utopía’ (51), los cuales con tribuirían a la acumulación de hechos
hist óricos destac ables a lo larg o del tiempo, apelando al car ácter
fr agment ario y contr adict orio que la ciudad cont empor ánea ha de
re flejar , donde el resc a te de las estructur as hist óricas tradicionales
debería ser c onjug ado con determinadas virtudes idealizadas por la
ciudad moderna. Bajo est e enf oque, Row e establece las relaciones
que dicha ciudad habría de cont emplar: “una especie de diálogo
sólido-vacío capaz de permitir la e xist encia conjunt a de lo abiert a-
ment e planeado y lo genuinament e no planeado , de la piez a pre -
fijada y del accident e, de lo público y de lo privado, del Est ado y
del individuo. Una condición de equilibrio en est ado de alerta (...)”
(52). El método compositivo del collage ofrecería la oportunidad
a est os novedosos ‘fr agmen tos de utopía’ de ser conjug ados, con -
fr ont ados o simplemente agreg ados a los fragmen tos de una es -
tructur a urbana pre e xist en te, f ormada por fragmen t os hist óricos
de distin t as épocas y culturas. Con lo que R owe aceptaría el uso
de las innovador as ut opías utilizándolas mediant e fragmen tos, sólo
como pinceladas metaf óricas, además de concederles las vent ajas
pr oporcionadas por el cambio , por el movimiento , por la acción y
por la hist oria (53).
El pr oceso a base de fr agmentos se present aría de una gr an flexibili -
dad ya que permite integr ar elementos de difer entes pr ocedencias
y tiempos, no siendo la escala ningún obst áculo. Los mecanismos
pr oy ectuales rompen con t oda linealidad en búsqueda de la bellez a
f ormal, par a acercar se a sinergias más fle xibles y dinámicas.
340
FRAGMENT ADA
La pr opuest a par a el K ulturf orum de James Stirling (Berlín, Alema -
nia. 1988) se org aniza desde la construcción de diver sos edificios
como fr agment os de una tot alidad. En est e pro yect o , Stirling de -
bería prev er un gran número de pequeñas oficinas individuales,
y espacios par a salas de con f erencias y parte administr ativ a. Par a
evit ar la c omposición ‘r acional’ más banaliz ada en es t e tipo de pr o -
gr ama enfilando despachos en una gr an caja, Stirling opt a por una
composición fr agmen tada en cuatr o edificios conectados en tre el -
los en todas las plant as, tres principales para los departament os y
otr o par a una futur a expansión (54). La composición se desarrolla
alrededor de un jardín centr al en el que los volúmenes se articulan
de dis tint as maneras. En plant a, es tos volúmenes corresponderían
a dif er ent es tipologías históric os: la ‘ sto a ’ griega, el tea tr o r omano ,
un c astillo mediev al, la iglesia cris tiana y la t orr e campanario. P ara
at enuar est a variedad de esquemas pr esent ada en planta, Stirling
imprime una uniformidad en el tr a tamien t o de las fachadas que
presen t an idéntic a división y tr at amiento cr omátic o.
A tra vés de estos r ecur sos, Stirling materializ a la ciudad del collage
idealizada por Colín Row e, con sus ‘fr agmen tos de utopía’ dividi -
dos por los diver sos tipos hist óric os de v arias épocas y lug ar es. Sin
entr ar en el debate de lo oportuno de las tipologías historicis t as
elegidas como soporte par a oficinas, su tent ativ a de crear un mi -
cr ocosmos en un Berlín dev as tado , con tr as ta positivament e con
los edificios vecinos del Kulturf orum. En oposición al ‘ sólido con -
struido’ de Mies, Stirling direcciona su proy ect o hacia el ‘v acío no
cons truido’ , hacia las r elaciones entr e los obje tos y hacia el espacio
conf ormado entr e ést os.
En cierta manera est e pro y ecto recuer da un tan to a La Casa Do -
minicana para las Hermanas de Santa Catalina de Ricci de Louis
I. K ahn (Media, Pensilv ania. 1965-68). Est e pr oy ecto no cons tru -
ido par a la ampliación de un con ven to pre-e xis ten te, presen taría
cada progr ama (55) ocupando un edificio individualizado con una
plant a específica y una rot ación propia; así, el complejo est á com -
puest o por cinco bloques principales que se relacionan entre sí
par a producir difer en tes espacios ext eriores en f orma y tamaño.
341
A TMóSFERAS
Los bloques est arían conectados por puntos de cont acto siempre
en un lugar difer en te, con el ef ecto de producir diver sos grados de
tensión. Cada bloque se constituiría como un fr agment o con au -
tonomía en plant a, sección y alzado , creando un ef ecto global de
ciudadela con múltiples episodios arquitectónicos mediante dif e -
ren t es g eometrías, escalas y masas, donde la r elación entre piez as
es tan import an te c omo la piez a en sí.
Si trasladamos el concepto de fr agmentación a la cons trucción de
una idea de ciudad o de un edificio , de una realidad arquitect ónica,
ést a aparecer á como sumatoria de fr agment os de diver sa escala,
mat erialidad y sentido que se vinculan entr e sí por el mer o hecho
de su coe xist encia. Se repr esentaría así, una suert e de cont enedor
elástic o que no presen ta límites físicos o conceptuales precisos y
no fijaría crit erios de articulación u orden rigurosos sobre las par -
tes que la constituy en, un collage aparen temen t e casual en donde
cada fragmen t o (un edificio, un espacio urbano, un individuo) se
hace autónomo y donde el sentido de integridad de la obra fr ag -
ment aria r esulta dif eren t e y asist emátic o.
El T eam 10 sostendría que, para cada f orma de asociación entr e
fr agment os, existiría un modelo inher ent e de edificio. Entenderían
cómo desde el trabajo con las r elaciones en tre element os se g ener -
arían nuevas y desconocidas tipologías de may or potencial y flexi -
bilidad. No se tr ataría de tr abajar con tipologías ya pres t ablecidas
como en los casos anterior es, sino que son los pr opios fr agment os
y sus conexiones int ernas las que gener arían nuevas arquit ectur as,
con un alto potencial de adaptabilidad y gran f acilidad de creci -
mient o.
En el te xto ‘ Urban Structuring ’ (1967) publicar on los Smithson
rec ogían muchas de las ideas de las reuniones del T eam 10. El docu -
ment o explicit a el fuerte papel que en los años cincuent a tuvieron
las ciencias sociales, es decir , la psicología social, la antr opología y
la sociología, mostr ando una actitud liber al y casi paternalis ta en
el acer camien to a las maneras populares, una cierta ver sión lon -
dinense de lo que sucedía en R oma con el neorr ealismo mez clado
342
FRAGMENT ADA
con una fuerte crítica a la pr oducción masiva de vivienda en Eu -
r opa, en concr et o las ‘ new t owns’ británicas. La visión de la ciudad
que de fienden se basa en la idea de que ést a, además de c ont em -
plar se con los ojos disciplinares del técnico , se debe entender como
lug ar de otras muchas manif es taciones humanas y materiales: la
atmós f era, el color y la luz de cada rincón de la ciudad, la gente y
los niños jugando , los árboles, los automóviles… toda una serie de
fenómenos urbanos que en cada ciudad y cultura son diver sos per o
comunes.
Además, se pr et endía una nueva imagen, def endiendo una nueva
est étic a y un nuevo modo de vida. A principios de los años cin -
cuent a er a necesario mir ar las pin tur as de P ollock y las esculturas
de Paolo zzi par a obtener un sist ema complet o de imágenes, un
orden con una es tructur a y una cierta tensión, en que c ada parte
corr espondier a, de una maner a novedosa, a un nuevo sist ema de
relaciones. Es ta búsqueda de un nuevo repert orio f ormal en la ar -
quitectur a recurr e a figuraciones que provienen del expr esionismo
abs tr acto e incluso del P op art , todo ello sobr e la base de la visión
del nuev o humanismo c onf ormado por la eclosión de las cien -
cias sociales modernas y por el pensamient o del exist encialismo
fr ancés, en especial Jean-P aul Sartre y Mar cel Camus.
En el te xto se introducirían cinc o nuevos conceptos urbanos par a
super ar aquellos tr adicionales que revisan gr an parte de los prin -
cipios del urbanismo r aciona list a al intr oducir aspectos que mejo -
r an las r elaciones sociales. En est a línea c omo es tr at egias de diseño
se pr opusier on las nociones de ‘ clust er ’ , ‘ stem ’ o ‘ mat -building’
(56), sistemas donde una estructur a agr eg ativ a int egr a el entorno
urbano y el espacio concebido para el peatón pr oponiendo una re -
habilitación de la morf ología de calle y rec ogiendo diver sos tipos
de unidades habitacionales. Sin olvidarnos del ‘ mat -building’ , el
concept o más repr esenta tivo y más novedoso con el que trabajan
es el de ‘ clúst er ’ , y a que es el que más se acer ca a la idea de estruc -
tur a f ormal flexible y adapt able. Basado en la idea morf ológica de
r acimo , que les daría la oportunidad de demostr ar que se debía y
se podía elaborar una f orma específica de hábitat, una forma de
343
A TMóSFERAS
org anización c oncre ta, par a cada situación particular .
La palabr a ‘ clust er ’ indicaría un modelo específico de asociación,
intr oduciendo nuev as relaciones entr e fr agment os par a, princi -
palment e, reemplaz ar grupos de concept os clásicos como ‘ casa,
calle, distrit o , ciudad’ (subdivisiones de la comunidad) o ‘manzana,
pueblo , ciudad’ (en tidades de grupo), que en la actualidad es tarían
y a demasiado car g adas de implicaciones históric as. El ‘ clust er ’ se
presen t aría como una estr a tegia de agreg ación de células hasta al -
canz ar la entidad de ciudad a tr a vés de un paso interme dio na tu -
r al en el barrio, que gener arían meg a es tructur as, formadas por
agreg ación de fragmen t os, de una alta fle xibilidad a las c ondiciones
del ent orno y de crecimient o infinit o que resuelv en dif er ent es esca -
las de una maner a efic az y simult ánea.
Casi cualquier reagrupamient o de células habitacionales sería un
‘ clust er ’ que, por un lado, presen t aría la reivindicación de prio -
ridad par a las personas y sus necesidades más complejas que el
plant eamient o element al de las ‘ cua tr o funciones’ de la Carta de
A tenas, y por otr o, desde un punto de vista más técnic o , in v estig aría
sobre la creación de nuevos ent ornos urbanos como result ado de
la agreg ación de células , de fr agment os coheren tes que gener ar -
ían mega-es tructur as en forma de t ejidos org ánicos estructur ados.
Est os mecanismos agreg a tivos partirían de la individualid ad de las
células r esidenciales par a, median te relaciones de adición, ir plan -
teando esquemas de índole más urbana en los que los habitant es
serían los pr otagonis tas y que se pr esen tarían como esquemas que
resuelv en div er sas escalas simult áneament e.
R obin Hood Gardens de los Smithson (Londres, UK. 1969-75) y el
barrio de T oulouse-le-Mirail de Candilis, Josic y W oods (T oulouse-
le-Mir ail, Francia. 1962-75), cons tituy en posiblemen te los ejemplos
más complet os de la aplicación en intervenciones urbanas de las
ideas e xpuest as en ‘ Urban Structuring ’ y de f endidas por gr an parte
de los miembr os del T eam 10 (57). Podríamos apr eciar que tal vez
de la megalomanía de est a estructur a er a igual de rígida que sus
ant ecesor as, aunque lo realment e inter esant e es el trabajo con -
344
FRAGMENT ADA
ceptual de agr eg ación de fr agmentos que solucionarían dif erent es
escenarios en distin tas escalas, gracias a su consecuente f ormal -
iz ación en estructur as flexibles que ofrecen soluciones específicas,
una implicación direct a en la cons trucción de espacios que tienen
en cuent a a sus habitan t es y su papel en la sociedad.
Al margen del T eam 10, pero probablemen te inspir ados por ellos, se
realiz an algunas propues t as de relaciones entr e fragmen tos a me -
dio camino entre los principios desarrollados por aquellos e intr o -
duciendo aportes novedosos con cierto pr otag onismo del espacio
entr e fragmen tos que devendría aire cualificado. V emos como el
tr abajo c on fr agmen tos antepondría un acercamien to al espacio del
individuo en primer a instancia, ya que necesit a ser tr abajado desde
la pequeña escala primero par a est ablecer las r eglas del juego entr e
ellos, par a poc o a poco ir cr eciendo y afron tar pr oblemas de índole
más urbana, con lo que las mismas es tr a tegias solucionarían pr ob -
lemas a dif eren t es escalas, en un des v anecimient o en tre vivienda y
barrio o ciudad.
T al es el caso de O.M. Ungers en el proy ecto ‘ Neue Stadt ’ (Köln,
Alemania. 1961-64) donde hace evident es algunos de sus temas
recurr entes, manif es tando la complejidad volumé trica manejada a
tr a v és de la fr agmentación de los elementos en esc alas más peque -
ñas, y la dialéctica entr e est os fr agment os con el tot al aglutinador
de todos ellos y vicever sa. Aquí el proceso de fragmen t ación un
paso más allá, la célula gener ador a de todo el plan es la habitación
privada, un fr agmento residencial construido por un mur o estruc -
tur al que la dota de intimidad. Es te fragmen to se multiplica según
las necesidades, est ableciendo ciert as r elaciones entr e ellos y cr e-
ando un espacio cualificado que da orig en a la sala de es t ar . La vida
se desarrollaría en el espacio en tre fr agmen tos. Se podría consid -
er ar como un tro z o de ciudad hecha por habitaciones, una ciudad
dentr o de una ciudad.
Est os fr agmentos son configur ados mediant e piezas sólidas ex -
truidas a partir de est ancias que requier en de cierta intimidad, es
decir , los dormitorios y el paquet e de cocina, baños y z ona de al -
345
A TMóSFERAS
macenaje. Estos se agruparían de forma no jerár quica or g aniz ando
un espacio libre, flexible y lleno de potencial donde se org aniza el
espacio noble de la vivienda. El cor az ón de la vivienda sería así el
espacio ‘no cons truido’ entr e fr agment os, en conexión directo con
el paisaje circundant e, las vist as y la luz natur al. Si los apartamen tos
se regener an desde las relaciones entre est os fragmen tos, est os se
dispondr án en torno a los accesos y las escaler as comunes que se
tr at an como un espacio abiert o más en con tr as te c on las habitacio -
nes.
La es tructur a f ormal del complejo en g ener al es la r esultan t e de las
adiciones de dif eren t es agreg aciones de fragmen tos, c onst a tando
que todo él estaría formado por fr agmentos y aire. Est a adición de
agrupamient os en plant a confier e una lectura plástica a la escala
monument al del complejo. La corr espondencia precisa entre la dis -
tribución interna y los ef ectos formales result antes re velan un en -
f oque de composición sinté tico. La multiplicación de las pequeñas
celdas y la variación de altura de sus e xtrusiones dan como resul -
tado un sis tema no jer árquico , abierto y r econocible, en fuerte con -
tr as te c on los t ípicos desarrollos de posguerra . La elección f ormal
de dar énf asis a las habit aciones individuales en lugar de a las áreas
comunes, es decir , las escaler as o los pasillos, es un vuelco en los
clichés de composición de los proyectos de vivienda hasta la época .
La fr agmen tación en módulos de los espacios privados g ener a un
espacio tr anspar ent e, air eado y lleno de potencial en tr e ellos y , al
ser result ado de e xtrusiones, todos los apartamen tos disfrut arían
de est as vent ajas. Esta apro ximación pr oduciría una fluidez espa -
cial que desdibuja límites entr e interior y exterior , gener ando am -
bient es desjerar quiz ados en continuidad espacial con el entorno.
El espacio entr e fragmen tos comienz a a cobr ar prot agonismo y se
empiez a a carg ar de energías, tensiones y relaciones que car act eri -
z an una cultur a y sociedad de la fr agment ación en la que est amos
inmer sos.
En ámbitos de espacios públicos urbanos, esta dispersión entre
fr agment os jug aría con el dinamismo y la creación de actividades
346
FRAGMENT ADA
entr e ellos, dejando a tr as la pur a formalidad. El sist ema cr ea tivo
del collage par ecería tomar r ef erencias del cine, c omo nueva activi -
dad artística de la modernidad que parece ajus tar se más a una nue -
va sociedad ávida de actividad. La dispersión en tr e los element os
daría la oportunidad para la aparición de flujos y dinámic as nove -
dosas entr e puntos r epartidos y dispersos. Las inter acciones entr e
ellos dejarían de ser lineales y dirigidas, par a acog er e xperiencias
f enomenológic as en las que el visit ant e t endría la última palabr a,
prioriz ando las r elaciones entr e fr agmentos y t odo lo que ac ont ece
entr e ellos.
P art e de los pro yect os y obr as de Bernard T schumi parecen par -
tir de es te mecanismo t omando como inspiración el montaje en el
cine de Sergei Eisenstein y Alfred Hitchcock. Hablamos de pr oy ect os
como el te xto e xperiment al ‘ The Manhatt an transcripts’ (1976-81)
o el parque de La Villette (P arís, Francia. 1982-90). En est e último ,
partiendo de la conciencia del fragmen t o se realiz a un montaje de
secuencias de modo que la obr a se per cibiría en movimiento , c omo
itiner ario , donde la acción y acont ecimien to serían prot agonistas,
todo ello prov ocado desde las relaciones entre fr agment os como
mat erializ ación del pr oceso pr oy ectual.
T schumi se inspir aría en los par ques del pintor esquismo ingl és y
francés del siglo XVIII, ant ecedent es de la cultur a de la fragmen t -
ación, para esparcir estr atégicamen t e ‘ folies’ por un paisaje que se
debía rec orr er par a ser descubierto , a tr a vés de la lógica del mon -
taje creando plat af ormas e itiner arios urbanos. T schumi int erpr et a
la disper si ón propuesta por Peter Eisenman, como superposición y
colisión de tres sistemas independient es de fragmen tos que se perc -
iben cinéticament e: el sistema de una r etícula de pun tos definido
por las ‘ folies’ , el sis tema de líneas y r ecorridos por jar dines temá ti -
cos y el sistema de superficies que son masas vege t ales y edificios
diver sos. Estos tres sist emas se superponen, sin jer ar quías, par a
crear la lógica de un ent orno pr opio que, hecho de fragmen tos, no
necesita del c ont e xto de la ciudad (58).
El progr ama cons truido en pequeñas piez as alineadas según una
353
A TMóSFERAS
P odemos lleg ar a entender la casa del Re tir o de Alison y P et er
Smithson (Ken t, UK. 1959) como una inst alación minimalista, al me -
nos en cuant o a su distribución interior se re fier e. Podemos lleg ar
a sentir como necesitaríamos rodear esos cubos que distribuyen el
espacio par a tener una c onciencia plena de él. El proy ecto, que fue
comisionado en un principio par a los padr es de Alison, no pr esen ta
habitaciones al uso tradicional, no ha y particiones, concentr ando
las funciones ‘servidor as’ en dif eren t es cubos dispersos por la casa.
La cuidada distribución de estas unidades crea difer entes áreas
dentr o de la casa unifamiliar aislada, no hay habitaciones cerr adas
sino áreas. La separación entr e dos unidades crea el lobby de entr a -
da, la c aja del baño se localiz a en una de las esquinas junt o espacio
reserv ado par a la c ama, el cubo de la cocina se encuentr a cer ca del
comedor . La distribución rec oge esencialment e el concepto espacio
servidor y espacio servido de Louis K ahn pero fr agmen tado , y hace
que incluso la fachada expr ese en corr elación la distribución de las
unidades y de las z onas que cr ean entr e ellas (71).
La or g anización in terior se basa en la posición de las cajas, de los
fr agment os pr ogr amáticos, dentr o de un prisma perf ecto , de tal
maner a que el espacio v acío entr e ellos tiene la última palabr a en la
localiz ación e x acta de las cajas, para así g ar an tiz ar el adecuado uso
del espacio. La composición final no est aría delegada únicament e
en los fr agment os, sino que también los vacíos entr e ellos tienen
que apo rtar . De f orma parecida al caso de Unger s, el espacio noble y
vacío es de finido desde los fragmen tos construidos, per o en el c aso
de los Smithson podemos incluir ‘y vicev er sa’ , los sólidos implican
a los vacíos tant o como los vacíos a los sólidos. El espacio ‘ ser vido’
cobr a tant o v alor como los fr agmen tos construidos, equilibrando
la dualidad parte-t odo , figur a-f ondo que toda vía coleaba; además
de intr oducir una experiencia f enomenológica que se disfrut aría al
rec orr er es te espacio c ontinuo y fluido par a su reconocimien to.
En re f erencias c ont empor áneas, la W eek end House de R yue
Nishiz aw a (Gunma, Japón. 1997-98) donde la distribución en planta
se gener a alrededor de tres fr agmen tos, en este caso tres primas
de luz configur ados como patios hacen que toda solidez se vuelv a
354
FRAGMENT ADA
tr anspar encia y luz, cont aminando todo el espacio circundant e has -
ta casi des v anecer t odo tipo de partición. Así que no solo org anizan
la distribución fluida y continua del interior , sino que fa v orecen la
entr ada de luz natur al y de visiones de la na tur ale z a de los alr ed -
edores.
Jan Szpak owicz en la Casa en el Bosque (Zalesie Dolne, P olonia.
1971), proy ectada para sí mismo a las afuer as de V arsovia con un
esquema par ecido al de los Smithson, pr et ende c onseguir la volun -
tad de habitar el bosque, fusionando el espacio doméstic o con los
escenarios natur ales que lo rodean (72).
P ar a ello fr agment a la casa en nuev e fragmen tos cúbicos dispuest os
a interv alos regular es. Las cajas estructur ales de hormigón, encier -
r an las estancias privadas (dormitorios, baños, cocina y vestuari -
os) encajadas en dimensione s mínimas. Mientr as que el principio
básico de la or g aniz ación es regular , el desplazamien to de algunos
volúmenes da una sensación inc omplet a, neg ando la finitud del es -
pacio cons truido con r especto al en torno na tur al circundant e. La
plant a se est ablece mediant e los elementos es tructur ales (los espa -
cios privados) que acentúan los int erior es abiertos y los salones (es -
pacios abiertos), c oncebidos en continuidad c on el ent orno natur al
que la rodea, cubiertos e iluminados a tr a vés de grandes abertu -
r as. La dialéctica de los fragmen t os sólidos, cerr ados, disper sos en
un espacio libre funciona como una analogía con el espacio de un
bosque puntuado por árboles, enf atiz ando el desdibujamient o del
límite entre el exterior y el int erior , pr ov ocando un espacio tr ans -
paren t e y en con tinuidad. El r esultado sería un acercamien to radi -
cal al espacio, una vez liber ados de principios como ‘la forma sigue
a la función’ o con venciones tr adicionales como el tamaño mínimo
par a los espacios o la focaliz ación de la dis tribución, gener ando un
espacio de actividad inmat erial.
En otros ámbitos menos doméstic os, se pueden apreciar ciertas si -
militudes en el pro yect o par a las termas de V als (V als, Suiz a. 1996),
donde Pe ter Zum thor separ a y fragmen t a el progr ama org anizán -
dolo en diver sos habitáculos que disper sa con suma delicade z a por
355
A TMóSFERAS
el espacio. La disposición final de los fr agment os responde a los
requerimien t os del pr ogr ama que ocupa los espacios vacíos. Las pi -
scinas termales con car ácter más público encuen tr an su lug ar entre
compact os cubos que alojan piscinas de car ácter más priv ado. Lo
que sucede en tr e los fr agmentos es de igual import ancia a los fr ag -
ment os construidos, en una clar a búsqueda por recorridos f enom -
enológicos que inciten al visitant e a recorr er e inv estig ar el con -
tinuo espacio homogéneo car gado de f enómenos. V acíos y sólidos
son tr at ados de igual manera, poniendo en crisis el clásico dilema
figur a-f ondo.
T odo este mec anismo g ar an tiz a una con tinua dinámica espacial que
domina todo el complejo en el que no hay particiones evident es.
Un espacio que parece est ar en cont act o con las esculturas mini -
malist as y que ofrece visuales contr oladas del fan t ástic o paisaje
circundan t e y articularía diver sos espacios dependiendo de la pri -
vacidad, vist as, tamaño… En ellos prev alece la experiencia espacial
del individuo y creando así un espacio a tmosf érico articulado según
fr agment os, reple to de ev ent os e impregnado por una experiencia
f enomenológic a que invit a a la explor ación y el descubrimient o.
En el centro de r ehabilitación psiquiátrica par a niños (Hok aido,
Japón. 2006), Sou Fujimot o or g aniz a un esquema gener al en el que
se puede apreciar que no exis t e un centr o o espacio de distribución
centr al. La composición de la distribución funciona a modo de cajas
dispuest as aparen t ement e aleat oria con dist ancias e inclinaciones
distin tas, que f orman dif er ent es tipos de espacios entr e ellas como
áreas de paso, ext ensiones de los interior es o bien nuev os espa -
cios. Fujimoto lo de fine como ‘ centr os r elativos’ , es decir , pequeños
espacios que pueden alternar o ceder jerar quía en función de otro
dependiendo de variables rela tivas, como la luz dominante o bien
quién los habita. Se puede decir que no hay ningún cen tr o y , por
el c ontr ario, se puede decir que hay innumer ables cen tr os. Par a el
per sonal, una sala de personal es un centr o funcional; par a los ni -
ños, la sala de estar , una habitación individual o un dormitorio sería
su cen tr o. El centr o sería ocasional y se descubriría casualmente en
la fluctuación del espacio (73).
356
FRAGMENT ADA
El espacio irregular entr e los fragmen t os colocados de una manera
simuladament e azar osa sería el lug ar de pequeña escala donde los
niños pueden esconderse mientr as siguen conect ados a la sala de
est ar principal. Aunque es un espacio sin función precisa, en él los
niños juegan desen vuelt ament e como el “ hombre primitivo que in-
terpre t a librement e el paisaje y disfruta de él” (74).
Fujimoto propone, como Unger s, “ hacer una gran casa o una peque -
ña ciudad” y par a ello pr oy ect a un desor den or denado de cubos
esparcidos por el terr eno, con la int ención de crear “ múltiples cen-
tros rotativos que interactúan y cambian” . Como podemos apre -
ciar , la concepción clásica de esc ala deviene r elativ a en el pr oceder
de Fujimoto mien tr as que aniquila por complet o la dif erenciación
figur a-f ondo, donde el papel prot agonis ta lo cobr a el usuario de ese
espacio. Un visitan te que se dejaría sumergir en est e continuum
espacial, en el que de f orma hedonis t a dis frutar de los ev ent os que
se multiplican entr e fragmen tos. El espacio entr e fragmen tos devi -
ene como un c ont enedor elástic o de actividades y flujos capaz de
acog er casi cualquier tipo de necesidad independient ement e de su
necesidad de privacidad.
Si bien en el centr o de rehabilit ación de Fujimoto los fragmen -
tos org anizan un espacio in terior , en la casa Moriyama de Ry e
Nishiz aw a (T okio , Japón. 2005) distribuy en el espacio público , la
calle. El proy ecto está situado en un barrio residencial de T okio,
donde la vida cotidiana continúa en una típica estructur a urbana.
Est e pro yect o fr agment a la vivienda en 10 v olúmenes prismáticos
respondiendo a dif er ent es requisit os progr amáticos, según re -
querimient os del client e (75).
Si observamos un plano de situación, los volúmenes parecen di -
solver se en el entr amado del barrio, mimetiz ándose con los alre -
dedores y continuando con los mismos principios de volúmenes
pequeños y estr echas calles en la org aniz ación de lo que no deja de
ser una vivienda priv ada. Como señalaría Fujimot o “la arquit ectura
y la ciudad no son cosas separadas sino manif est aciones de una
misma cosa” , afirmando que un edificio no es parte de una ciudad,
357
A TMóSFERAS
sino una ciudad en miniatura, y una ciudad no es mer ament e una
reunión de edificios, sino que es en sí un edificio gr ande y complejo.
La fragmen tación se postularía c omo un ins trumen to de igualación,
de homogeneización, por el que los espacios abandonarían la he -
gemonía clásica de la jerar quiz ación espacial en aras de ambientes
más fluidos y con tinuos, entr e int eriores y el ext erior .
Los cubos de la casa Moriy ama son físicament e independient es y se
encuentr an disper sos por la parcela cr eando una serie de jardines
individuales conectados, abiertos y en con tinuidad con el ent orno ,
tr at ados con el mismo peso pro y ectual que aquellos espacios in -
terior es. No hay espacios de circulación como tal, estos desapare -
cen, o mejor dicho son los mismos espacios e xterior es, reple tos de
rincones donde hacer vida, relacionados en todo momento con lo
que acon tece en el in t erior de los prismas.
Algunos de los cubos son sólo dormitorios, con o sin baño inte -
gr ado , otro es cocina, otr o es es tudio… algunos son de una planta,
otr os present an dos y presen tan huecos estr atégic amen te estudia -
dos par a evitar vis tas no deseadas o , por el contr ario, par a org anizar
cone xiones direct as con el ext erior . La flexibilidad de uso de est os
fr agment os er a requisit o por parte del client e, par a poder dispon -
er de todos ellos configur ando una única vivienda, o únicamente
algunos y alquilar el rest o creando una pequeña comunidad de
pequeñas viviendas. Est e grupo de mini edificios, progr amática y
f ormalment e dif er ent es, est ablece un paisaje independiente y una
atmósfera pr opia en comple ta c orr espondencia con el con te xto ur -
bano que le rodea.
Se aprecia claramen te como la vivienda se fr agment a y se dispersa
en la ciudad, imitando los códig os de ést a, haciendo de los espacios
e xterior es fr agmentos del mismo v alor que aquellos cons truidos.
“ T okio por ejemplo es una gran casa. Cuando vives en T okio, incluso
aunque sólo des un paso fuera de tu casa, o sea, de tu habitación, t e
ves rodeado por pequeñas callejuelas de escala agradable que son
una ampliación agradable de la casa. Al impregnarse suavement e
358
FRAGMENT ADA
la una de la otra, la casa y la ciudad se funden. Vivir en T okio es vivir
en una gran casa que es la ciudad. La pequeña escala se conect a a
la grande de forma gradual” (76).
En ´ House before a House ´ (T okio, Japón. 2008), Sou Fujimoto de -
sarr olla un concept o parecido en el que las viviendas se r educen
a la mínima e xpr esión, a una estancia o a varias conect adas, pero
donde el espacio exterior , casi de car ácter público, f orma parte del
pr ogr ama de la vivienda, al mismo nivel y con el mismo valor . Las
células habit acionales r educen su t amaño , no sólo por los c ondicio -
nant es de una ciudad c omo T okio, sino par a empujar a su habit ant e
a vivir y experiment ar el exterior como de si un interior se tra t ar a,
y vicev er sa.
Fujimoto enf a tiz a las posibilidades de disfrute dentr o de los frag -
ment os, o entr e ellos, o sobre ellos… colmat ando el espacio con
veg et ación y demás f acilidades, el espacio entr e fr agmentos, org a -
niz ado en es te caso de una manera org ánica, también forma parte
del pr ogr ama de la vivienda.
Su casa N (Oita, Japón. 2008), por ejemplo , se fr agment a en tres
cubos de tamaño pr ogresiv o anidado una dentr o de la otra, como
si de una ‘ matrioshk a’ se tr at ara. El más ext erno cubre el tot al del
solar , cr eando un jar dín cubierto. La segunda de ellas incluy e un es -
pacio limit ado dentr o del espacio e xterior cubierto , donde se ubica
la sala de est ar y la c ocina, y en la ter cera se cr ea un espacio in terior
más pequeño e íntimo par a la habitación y el baño.
“ Mi int ención era hacer una arquit ectura que no se trat ara de espa -
cio ni de forma, sino simplemen te de e xpresar las riquez as de lo que
hay entre c asas y calles” (77).
Se pr oduce una gr adación de la privacidad hacia la calle, el límite
entr e vivienda y ciudad se esponjaría, debido a la fragmen t ación
y superposición de diver sas capas, la casa no presen ta una línea
de separación con el cont e xto clar a y evident e. Con esto , se podría
decir que crea una ar quitectur a mediant e una estructur a anidada
359
A TMóSFERAS
donde el int erior se confunde de f orma pr ogr esiv a con el e xt erior , y
vicever sa. Genera un sistema de caja dentro de caja, de fr agmento
dentr o de fragmen to , que podría ser repetido infinit ament e y que
no estaría sujeto a escala alguna, firme en la creencia de que el
mundo est á compuest o por un anidamiento infinito. Est e sistema
surg e como un forma to rela tivo que no se regula más que por las
superficies int eriores o ext eriores, y donde el or den vendría regu -
lado mediant e r elaciones locales.
“Imaginé que la ciudad y la casa no son diferen tes en tre sí en esen-
cia, sino que son sólo enfoques diferen tes de un con tinuo de un solo
sujet o , o dif erent es e xpresiones de la misma cosa, una ondulación
de un espacio primordial donde habitan los humanos. ” (78).
La fr agmen tación en est as r e f er encias par ece prov ocar la desapar -
ición de los límites entr e e xterior e int erior , fa voreciendo un diálogo
entr e ellas que parece disolver est a barr er a tradicional. Las r elacio -
nes locales en tr e fr agmen tos, algunas aparent ement e más azar osas
y org ánic as, otras más rígidas y estrict as, org aniz arían espacios at -
mosf éricos donde el resultado formal final af ectaría de f orma de -
cisiva al car ácter del ambient e que se crea con marc ado car ácter
blando y dinámico , otr as por el contr ario más tensas y dirigidas.
En el Memorial al Holoc aust o de P et er Eisenman (Berlín, Alemania.
1998-2005) se apr ecia una estr ategia par ecida en la que fr agmento
sólido y v acío c omparten import ancia, c onstruy endo un espacio at -
mosf érico casi laberintico donde rememor ar a los judíos asesinados,
el horr or an te el genocidio y , sin nost algia, elevar la arquit ectur a a
pur o silencio, eliminando cualquier volunt ad de est ablecer enigmas
y códig os ocult os (79). En este ‘an timonument o’ la única memoria
posible es la experiencia individual de recorr er los int er sticios de la
tr ama, sin ninguna posibilidad de ent endimient o ni destino final, en
una obr a abierta a muchas in t erpre t aciones.
Muy en c one xión con el espacio f enomenológico y las practic as min -
imalist as, la in tervención se crea a partir de 2.711 es t elas, fr agmen -
tos de hormigón gris, iguales en sus medidas de base, pero todas
360
FRAGMENT ADA
distin tas en altur a (de 0 a 4 m) r ef orzada por una lev e inclinación
en el pa viment o. Con est a int ervención, de fuertes r aíces conceptu -
ales, la obra de Pe ter Eisenman r atifica la negación del lug ar por la
superposición de una doble topogr afía (la de la plaza y la del plano
superior del campo de estelas). La propuest a de or den intrínsec o ,
comport a siempre un caos potencial, un germen de desorden, que
pr ovoc a una fuerte experiencia fenomenológic a y espacial donde
rec orr er los espacios int er s ticiales es el ver dadero pr oy ecto.
P or otra parte, se demuestr a en qué medida en las obras de Eisen -
man, Fujimoto , SANAA y otr os, aunque se fundament an en la ma -
teria, se construy en c on masas v olumétricas interpr et ables desde
una in t ención teóric a, compartiendo ma tices con obras que son es -
encialment e óptic as, cinemá ticas y cinematogr áficas, c omo las de
Bernard T schumi o Jean Nouvel.
Los fr agmentos de est as r ef erencias pr opuest as es tarían lig ados es -
trechamen t e al pr ogr ama, dándole cobijo y configurándose como su
e xpresión última que, de alguna u otr a maner a, desde esa posición
org anizaría el res to del espacio. Aunque en todos los casos e xpues -
tos, las funciones escogidas par a los fr agmen tos cons truidos pa -
recen secundarías, servidoras, dejando normalment e los espacios
servidos o nobles como prot agonis t as de un espacio continuo y con
car ácter f enomenológico g ener ado desde una desjerar quiz ación de
la composición en la que f ondo-figur a se desv anece. Per o una vez
alcanz ados es te punto , surgiría la duda de cuál es el límite de es ta
fr agment ación en arquitectur a, hast a dónde se podría seguir frac -
cionado y dividiendo la tr adicional mat erialidad de los edificios.
La e xposición ‘ Elements’ par a la Bienal de Arquit ectur a de V enecia
en 2014, comisariada por Rem Koolhaas, se cen tr aba en componen -
tes arquit ect ónicos, que “ nunca se han incorporado realmen te a la
ideología de la teoría de la arquit ectura ” , pr oponiendo una r evisión
de la hist oria de la ar quitectur a a tra vés de lo que él consider a sus
element os esenciales, los fr agmen tos básicos c on en tidad propia en
los que la arquitectur a podría llegar a dividirse. P ara ello se reúnen
ver siones antiguas, actuales y futur as de dichos element os en salas
361
A TMóSFERAS
dedicadas a cada uno de ellos, con la que e xpecta tiv a de que des -
encadenar a “ una moderniz ación del núcleo de la arquitectura y del
pensamient o arquitect ónico en sí mismo ” (80).
Concebida como una enciclopedia física, se pres t a especial a tención
a componen tes arquitect ónicos como el suelo, la pared, el t echo ,
el tejado , la pu erta, la ven t ana, la f achada, el balcón, el pasillo , la
chimenea, el inodor o, la escaler a, la escaler a mecánica, el ascensor
y la rampa, a los que dedic a una habitación individualment e, una
especie de gabinet e de curiosidades tematiz ado. La obsesión en ‘ El -
ements’ r adica en enf atizar que algunos elementos más recientes ,
como el ascensor o la escaler a mecánica, nunca han sido realmen te
incorpor ados en los pr ocesos de conceptualiz ación o en la teoría de
la arquit ectur a, tal y como se r ecog en a los más longe vos.
Se tr at aría de un intent o por moderniz ar el debate arquitect ónico
en relación a cuáles serían los elementos r eales de la arquit ectur a
que, en esos momentos, lidia con nuevas int er secciones digitales y
híbridos tecnológicos que la arquit ectur a sería simplemente inc a -
paz de asumir y concep tualizar . Así, se evidencia como la arquit ec -
tur a de hoy en día se podría c onsider ar como una e xtr aña mez cla
de persis tencia y flujo: una amalgama de elementos que han ex -
istido por más de 5.000 años y otros que fueron (re) inven t ados
recien t ement e, par a reivindic ar una modernización del núcleo de
la arquit ectur a junt o con el pensamient o ar quitect ónico , y de est a
maner a fomen tar el debat e y abrir líneas de diálog o entre arquitec -
tos, clien tes y sociedad.
Est os elementos arquitect ónicos int ent arían arrojar luz sobre los
que serían los fundament os de nues tr os edificios, aquellos uti -
liz ados por cualquier arquitect o , en cualquier lug ar y en cualquier
época . Concluyendo que un porcen t aje sorprenden t e de arqui -
tectur a parecería limitar se a c ongreg ar en un edificio un pequeño
númer o de antiguas cat egorías como pared, suelo, techo , por solo
citar element os c on los que se c onstruy e la tridimensionalidad. En
un período de cambio dr ástic o y casi continuo como el que vivimos,
el númer o de est os elementos sigue siendo obstinadament e el mis -
362
FRAGMENT ADA
mo. Necesitaríamos poner en crisis los elementos clásicos a los que
la ar quitectur a ha r ecurrido de manera tradicional. La integr ación
de las nuevas tecnologías, sistemas mecánicos de ins talaciones, o
simplement e nuev os mat eriales, parecen querer av anzar hacia es -
pacios más acor des con lo que sucede a nues tr o alr ededor .
El hecho de que los elementos se desarrollar on de forma indepen -
dient e según dif er ent es periodos de tiempo y economías, entre
otr as r azones, con vierte a la cons trucción en un complejo c ollage
de fr agment os de dif erent es f amilias y épocas.
P odríamos apostillar que algunos de est os element os pr opuest os
por K oolhaas, no est arían de la mano del arquit ecto (inodoro , as -
censor , escaler a mecánica), otros est arían obsoletos y fueron ab -
sorbidos por las nue v as t ecnologías (chimenea); además se echaría
en falt a alguna mención a elementos básicos como la estructur a,
y el r est o (v ent ana, puerta, f achada, t echo , cubiert a…) han e xperi -
ment ado tal manipulación a lo lar go de los siglos, que hoy se nos
presen t an como obsole tos o no r elev antes.
P or su parte, ent endemos que la fr agment ación se nos present aría
con un car ácter más pr opositivo por el que, en lug ar de ca teg oriz ar
y definir un número limitado de element os, se podría manipular
los sistemas arquit ectónic os conocidos como cerramien t o , parti -
ciones, es tructur as… para gener ar nuev os componentes o nuevos
sist emas de fragmen tos nunca vistos con ant erioridad, con may or
capacidad r esolutiv a. El mecanismo del collage resurg e con firmez a
como proceso , desde el entendimien to de que la antigua totalidad
y unicidad ar quitect ónic a es manipulable, fle xible y potencialment e
‘ fragment able’ , no sólo mediante separ aciones de pr ogr ama sino
también a niveles elementales e intrínsec ament e constituy ent es.
Est aríamos fren te a la virtualidad de un nuevo e ilimitado esque -
ma Dominó, con un pot encial toda vía por descubrir . Los esquemas
tr adicionales se rede finirían en sist emas atmosf éricos donde casi
todo puede ser posible.
En Platf orm I (81), K azuy o Sejima (Chiba, Japón. 1989) cuestiona
369
A TMóSFERAS
Palacio de retiro imperial Katsura_Kioto, Japón _ c. 1615-1662
370
FRAGMENT ADA
SANAA_T eatro y Centro de Arte De Kunstlinie_Almere, Países Bajos_2000-06
371
A TMóSFERAS
Piet Mondrian _ Composition with Grid 2_1915
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FRAGMENT ADA
SANAA_T eatro y Centro de Arte De Kunstlinie_Almere, Países Bajos_2000-06
373
A TMóSFERAS
SANAA_T eatro y Centro de Arte De Kunstlinie_Almere, Países Bajos_2000-06
374
FRAGMENT ADA
Kazujo Sejima Architects _Casa del huerto de cerezos_T okio, Japón_ 2003
375
A TMóSFERAS
Sou Fujimoto_Serpentine Pavillion_Londres, UK_2012
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FRAGMENT ADA
Sou Fujimoto_ House NA_T okio, Japón_2010
377
A TMóSFERAS
Junya Ishigami_KAIT Kanagawa Institute of T echnology W orkshop_
Kanagawa, Japón_ 2010
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FRAGMENT ADA
Junya Ishigami_KAIT Kanagawa Institute of T echnology W orkshop_
Kanagawa, Japón_ 2010
385
A TMóSFERAS
OMA & Joshua Prince-Ramus_Biblioteca de Seattle_Seattle, USA_ 1999-2004
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FRAGMENT ADA
Gherasim Luca_Passionement_1944
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A TMóSFERAS
W assily Kandinsky_White on Black_1930
388
FRAGMENT ADA
Peter Zumthor _ T ermas V als _ V als, Suiza_1996
389
A TMóSFERAS
OMA_Blox_Copenague, Dinamarca_2006
390
FRAGMENT ADA
MVRdV _ The dancing village_ http://thewhyfactory .com/output/dancing-village/
_2013
391
A TMóSFERAS
los postulados de la modernidad y lleva un paso más allá las teorías
que su maestr o T oyo Ito desarr olló con la chica del Pao y que quizás
quedar on demasiado teóric as. En el cr oquis conceptual, podemos
apreciar como la vivienda se fragmen ta. La en volv en te desaparece
evidenciando su car ácter transpar ent e para mostr ar un proy ecto
conf ormado por diver sos elementos, por fr agment os de dif er ent es
f amilias (estructur ales, cerr amien tos, mobiliario...) que reciben el
mismo valor compositivo. La casa se proy ecta desde sus propios
fr agment os con el fin de desdibujar el concept o clásico de ‘ casa’ y
hacerla desv anecer en el bosque cercano.
T odo ello parec e más e vident e en Pla tf orm II (82). Al igual que en la
ant erior , la volumetría en volvent e directamen t e no apar ece en los
diagr amas conceptuales y cada elemen to cons tructiv o o estructur al
tiende a enf atiz ar su autonomía e independencia, todo ello con la
misma idea de difuminar los límites de la vivienda con el bosque
que la rodea mediante la fragmen t ación de la arquit ectur a, haci -
endo que ést a t ome car acterístic as del ent orno.
En casos como est os, en los que el espacio parece est ar cons truido
con cuatr o pilares y un poco de t ela es difícil distinguir los ‘ Elements’
que enuncia K oolhaas. No ha y puertas, ni t ejados, ni balcones…
Aunque la fragmen tación física de la arquit ectur a sería un asunt o
finito , par ece llegar un moment o en el que és t a ha sido t an fragmen -
tada y sint etiz ada que es fácil ent enderla como si desaparecier a;
per o lo que sí par ece g arantiz ar est a es tr at egia de c omposición por
partes o fr agment os es una ma y or homog eneiz ación y unif ormidad
de los espacios. Estos otr os ‘ Elements’ , apar ecen como fr agmentos
cada vez más pequeños que conf orman un collage tridimensional,
en el que todos pr esen tan un peso par ecido y donde sus relacio-
nes son de igualdad. La fr agment ación a est os niveles, conllev aría
un pr oceso de sínt esis y r educcionismo por el que las ar quit ectur as
parecen tender a desaparecer quedando como último vestigio el
ef ecto pr et endido , el f enómeno, la atmósf era .
En el pabellón de ver ano par a el Serpentine Gallery de Sou Fujimo -
392
FRAGMENT ADA
to (Londres, UK. 2013) podemos apr eciar un a v ance en es te viaje
por la fr agment ación. El pabellón se con figur a como una delicada
estructur a re ticular tridimensional, donde cada unidad está compu -
est a de barr as de acer o de sección cuadrada. Conf orma una f orma
irregular semi-transpar en te que proteg e a los visitant es de los f enó -
menos climátic os, permitiéndoles a la ve z seguir siendo part e del
paisaje. La densidad de la cuadrícula tridimensional en dif eren tes
ubicaciones gener a env olv ent es gruesas o delgadas, pero siempre
con una sección alt ament e tr ansparent e.
La topogr afía de la re tícula ofrece un espacio social flexible y mul -
tiuso , que se levan ta par a gener ar una serie de terr azas escalo -
nadas ofr eciendo un área de asien tos integr ada, simultáneamen te
que resuelv e el techo. T odo el pabellón se resuelve de la misma
maner a, con la misma barra de acero como único elemento com -
positivo. La retícula es par ed, techo , suelo , terr aza… La misma es -
tructur a org ánica del pabellón crearía un volumen adaptable, que
in vita a los visitant es a crear su propia experiencia en un ambiente
e x cepcional donde na tur aleza y abs tr acción se mez clan, gener ando
un f enómeno ar quitect ónico c on un mar cado car ácter atmos f érico.
Un fragmen t o mínimo puede gener ar y configur ar una totalidad, no
e xistiendo difer encia entre las partes y el todo. El c onjunt o pr esen ta
el mismo r ango expr esivo a difer en tes escalas de apro ximación. La
escenogr afía arquit ect ónica se construy e de maner a homogénea
en su totalidad, persiguiendo con claridad un pret endido desv anec -
imient o en el cont e xto a tra vés de la minimización de sus compo -
nent es. Una un espacio atmos f érico que se evidencia únicamen te
por una sutil dist or sión per ceptiv a.
La casa NA (T okio, Japón. 2010) que podría consider arse como an -
teceden t e de est e pabellón, presen ta principios r ecurren t es en la
obr a de Sou Fujimoto, donde una estructur a mínima y sinté tica or -
g aniz a, como único elemento , un espacio residencial transpar ente
y fluido que hace al habit ant e flotar en el ent orno urban o circun -
dant e.
393
A TMóSFERAS
El únic o elemen to , fr agmen to , org anizativ o del taller ‘KAIT ’ de Ju -
n y a Ishig ami + Associat es (T okio, Japón. 2010) es el soporte verti -
cal. Ishig ami reduce a lo mínimo la expr esión de estos elemen tos
vertic ales con los que gener a un bosque de pilares de dif er ent es
secciones y posiciones, que ofr ecen un abanic o de dif eren tes e xpe -
riencias dentr o del volumen casi prismá tico de una planta abiert a.
Est os elementos se encar g an de la dis tribución del espacio, y casi
de la e xpr esión f ormal del c omplejo , y a que se evidenciaría a tr av és
de los paños acrist alados del cerr amien to.
Ubicado en el campus del Ins tituto Kanag aw a de T ecnología, el edifi -
cio destinado a t alleres para la univ er sidad, debe rec oger una amal -
g ama de actividades tan to par a los estudian tes del instituto como
par a el público loc al, con lo que se t enía que gar antizar que los usu -
arios tuvier an la libert ad de modificar los espacios par a sa tisf acer
dif er ent es necesidades dentro de un período de tiempo r azonable -
ment e c orto. Ishigami per sigue la flexibilidad en las relaciones en tre
lug ar es c ontiguos y en la forma en que v arios de estos espacios se
relacionan en tr e sí. P are ello r eparte un t otal de 305 pilares (83) por
todo el espacio que, con difer entes secciones y posiciones r elativ as,
hacen las veces de simulados par amen tos in visibles con lo dis tribuir
los espacios; además de hacer r ef erencia a la natur alez a irregular
de un bosque y ev ocar de es t a maner a la sensación de v ag ar por
un bosque desconocido. Es ta sensación se re f orz aría con la articu -
lación de bandas de lucernarios en su cubierta, lo que le c oncede
una extr aña sensación de ligere z a.
“ Y o quería hacer un espacio con fron t eras muy ambiguas, que tuvi -
ese una fluctuación entre los espacios parciales y el espacio global,
en lugar de un espacio universal como los de Mies” , dice Ishigami.
“Est o permite sugerir una nueva fle xibilidad, revelando la realidad
en lugar de darle forma” (84).
No hay puertas, no hay ven t anas, no hay f achada, no hay pasillos…
como casi no los hay en los espacios de Mies. El espacio es la r e -
sultan te de esta fr agment ación de los element os estructur ales, y
no solo borra sus bor des entr e los numerosos progr amas internos,
394
FRAGMENT ADA
sino que también la conexión entre el mundo int erior y el e x terior .
Se podría afirmar que todo el espacio está cons truido material -
ment e con un únic o element o en su mínima e xpr esión.
P ar ecido ejercicio de fr agment ación, tan to es tructur al, de ser vicios
y compartiment aciones, realiz a T oy o Ito en la Mediatec a de Sendai
(Sendai, Japón. 2001), en la que seis finas losas estriadas de acero ,
parecen flotar con el apoyo de sólo trece verticales cons truidas en
celosía de acero , que se e xtienden y fluy en a lo largo de toda la al -
tur a del edificio. La fr agmentación en element os tubulares de estos
soportes v erticales otorg a una gr an tr asparencia, una c alidad visual
compar able a los grandes árboles de un bosque, o de la av enida que
le da acceso. Además, es t as celosías vertic ales funcionan c omo ejes
de luz y como almacenamiento para los servicios, redes y sistemas
de in fr aes tructur as. Los cuatr o ma yor es tubos es t án situados en las
esquinas de las placas, sirviendo como el principal medio de apoy o
y refuerz o. Cinco de los nueve tubos más pequeños son rectos y
con tienen ascensores, mientr as que los otros cuatr o se pr esent an
más inclinados y conducen conduct os y cables.
La articulación de cada plant a es libre, como las celosías de las co -
lumnas es tructur ales que simultáneamen t e se con figur an c omo los
únicos elemen tos c ompositivos t anto en plant a como en alzado. La
f achada es independiente y se c onfigur a como un enorme paño ac -
rist alado tr ansparent e que matiz a y confier e la e xpr esión del edifico
a la visión de los soportes vertic ales que fluctúan de diámetr o plan -
ta a plant a. El edificio que cons t aría de placas para los forjados, tu -
bos para la es tructur a vertical y piel, permite un diseño atmosf érico
y visualmen t e et éreo , así como un complejo sistema de actividades
y sist emas basados en la inf ormación digitaliz ada.
De manera similar , el aeropuert o de Stanst ed de Fost er+P artners
(Stans t ed, UK. 1991) desafió todas las reglas de diseño en cuanto
a terminales del aeropuert o , poniendo en crisis toda esa miríada
de element os clásicos de la ar quitectur a e intr oduciendo otros es -
pecíficos. Con la int ención de recobr ar la claridad de los primeros
aer opuertos donde se simplificaba al máximo el r ecorrido del pasa -
401
A TMóSFERAS
Un conjunt o de reglas eminent ement e geométricas marc a las re -
stricciones, puesto que cada movimiento tiene necesariamen te im -
plicaciones y consecuencias, per o sin embargo mantiene t ambién
una tot al r elatividad, libert ad y autonomía.
“ El edificio est á int egrado por un conjunt o de salas autónomas que
permite realiz ar exposiciones de diferen tes tamaños y característi-
cas. Cada sala de f orma quebrada cons truye un espacio continuo ,
pero diferenciado” (92).
El MUSAC c omo cen tr o de arte c ont empor áneo es consider ado im -
plícitamen t e como una anti-institución que ofrece un espacio abier -
to , un lugar ‘ sin condiciones’ , sin jerar quiz ar . El museo se construy e
con la idea de ser un lug ar para múltiples relaciones donde el pú -
blico deje de ser un mero element o pasiv o que c ont empla las obr as
de arte. El pr ogr ama r equier e por lo tant o un espacio homogéneo ,
polivalen t e y flexible. Mansilla y T uñón optan por la neutralidad de
una tr ama f ormada por fr agment os r epetidos, capaz de con tr olar
tan to el conjunt o como las partes. A falt a de una colección per -
manent e, el con tenido del MUSA C es la flexibilidad y lo hacen por
medio de una matriz espacial que por definición es anti-jer ár quica.
La malla es, por condición natur al, fle xible, isotr ópica, homogénea.
Se tr at a de un juego preciso que, en est e caso , les permite jug ar
con dos t écnicas contr apuestas entre sí; la trama como sist ema de
ordenación del conjun to y la aleatoriedad como mecanismo com -
positivo. Es a la ve z una apues ta de fle xibilidad y de int erioriz ación.
Asimismo , la malla f ormada en un primer tiempo por una tr ama
ortog onal v a po co a poc o descosiéndose y dist or sionándose en una
conc at enación de r ombos y cuadrados, que lejos de ajust ar se a una
f orma predet erminada marc ada por los límites del solar , define un
con torno irregular y quebrado. En su de finición final v emos como
la tr ama inicial ha desaparecido y la planta se ha tr ansf ormado en
un conjunt o de espacios iguales y dif eren tes, conectados y relacio -
nados uno con otr o.
En el MUSA C la g eometría se con vierte en algo más de finido en t ér -
minos de patr ón. Crujías es tructurales y unidad celular . Las quebr a -
402
FRAGMENT ADA
das crujías estructur ales par alelas de la plant a se subdividen en cé -
lulas espaciales mediant e muros trans v er sales, par alelos también
entr e sí, pero alternados en orien tación de crujía a crujía con r ela ti -
va libert ad de colocación. Matriz que los podría definir el concepto
de campo espacial, que v er emos más adelant e, y a que la f orma del
edificio no se define por sus límites perimetr ales, sino por los frag -
ment os espaciales que en es t e caso forman una malla no ort ogonal
que puede crecer inde finidament e.
Como y a coment amos, de una maner a complet ament e opuesta a
la composición fr agmen tada basadas en la disper sión, exis ten tam -
bién aquellas en la que los fragmen t os se concentr an, buscando
una c olmat ación del vacío en la que no ha y espacio para otr a cosa
nada más que fr agment os.
Al consider ar fr agmentos regulares, ést os deben seguir pautas
regladas en sus r elaciones par a no llegar a crear vacíos entre ellos,
en composiciones rela tiv amen te cerc anas al mosaico. Como en los
mosaicos islámicos mediev ales, se basan en patr ones geomé tricos
muy de finidos, denominados ‘ cuasicrist alinos’ , que los mat emá ticos
desentr añaron en la déc ada de los (93). Según inv estig adores, los
artesanos islámicos del siglo XV desarr ollar on un proceso de cre -
ación de patr ones basados en geome trías simples y de cr ecimiento
infinito. Basados ma yorit ariamen te en decor aciones geométri -
cas con estr ellas y políg onos, a los que a menudo se superponían
una red de líneas en zigzag, se construían utiliz ando únicament e
un pequeño conjunto de sencillos azulejos poligonales, denomi -
nados ‘ azulejos o patrones girih’ . Est e método de composición a
partir de figur as geométric as básicas era más e ficaz y preciso que
los ant erior es sist emas, y supuso una import ant e innov ación en las
mat emátic as y los diseños islámicos, ya que a tra vés de unos cu -
ant os fr agment os de gran simpleza se c onstruy en patrones de cre-
cimient o ilimit ado y de gr an complejidad geométric as, que podían
crean c ampos homogéneos in finitos.
P odría consider ar se que las estructur as basadas en el mosaico
son eminentemen t e bidimensionales, f ormadas por fragmen tos,
403
A TMóSFERAS
por teselas, en relaciones de colmat ación. Sistemas conf ormados
únicamen te por fr agment os, en los que no ha y cabida para otr os
element os y de los que surgirían arquitectur as proceden t es de un
conjun to de r eglas precisas, un tabler o de jueg o en el que apar ecen
simultáneamen t e el orden y la libert ad.
En el Museo de Can t abria (Sant ander , España. 2003), T uñón y Man -
silla partirían t ambién de un mismo principio , un sist ema e xpr esivo
f ormado por la combinación, no ya de dos fragmen t os, sino por el
engr anaje de un único trapecio. Sus perfiles están singularizados
de la plant a, adquiriendo independencia y autonomía al ser una
e xtrusión v ertic al, dot ando de iden tidad singular a c ada fr agmen to.
La construcción parece haber sur gido de un acuerdo colectivo que
respe t a las individualidades de cada cuerpo que f orma el conjun to.
“El conjun to se configura a partir de un t ejido regular de trapecios
irregulares que permite diversificar los espacios mediant e un sist e-
ma abierto de grandes luc ernarios” (94).
Dentr o de la obra de Mansilla y T uñón e xist en t oda una serie de f a -
milias de proy ectos apoy ados en lo que ellos definen como modelos
de crecimien to basados en la repetición en plant a de fragmen tos
regular es en relación de colma t ación. Pr oy ect os como el MUSAC, el
Museo de Cantabria, el Museo de las Migr aciones en Algecir as, las
viviendas en Sarrigur en, el A yun tamien to de Lalín, el concur so par a
el Museo en Mestre, el Museo de la V ega Baja. Se podría decir que
todos estos proy ectos nacen de una misma f amilia y son part e del
desarr ollo de una misma línea de inves tig ación, la cual gir a en tor -
no a la elaboración de unidades r egular es o v ariables, c onsider adas
como un sist ema org aniza tivo abiert o capaz de acoger v ariaciones
sin perder por ello su coher encia global. Son sist emas, en palabras
de los pr opios arquit ectos, “ descen traliz ados y e xpansivos, capaces
de hacerse específicos en c ada punt o ”.
Est e proceso de lógic a aditiva, sin duda influenciado por las obras
del periodo T eam X, parte siempre del int erior hacia el exterior ex -
plotando un sist ema de ley es int ernas que alcanz an en su tot alidad
404
FRAGMENT ADA
una solución capaz de r esolver los r et os que plantea el solar , el pro -
gr ama, la realiz ación mat erial del conjunt o , sin por ello perder la
posibilidad de ev ocar sus dif er ent es her encias cultur ales. Este mé -
todo de tr abajo se basa a la vez en un sist ema claramen t e estruc -
tur ado y en intuiciones fluidas y abiertas a las nuevas situaciones
que van sur giendo a lo largo del pro yect o. A dif er encia de los siste -
mas anterior es, las reglas est án siempre abiertas a nuevas modi -
ficaciones y la gr amática que regula las part es es más import ant e
que cualquier configur ación concr et a y definida con ant erioridad.
Es, pues, un proceso no lineal y abierto , donde lo que importa y se
busca es la má xima capacidad de multiplicidad en la con tes tación
que teng a el sistema.
“Comenz amos con una obsesión por la igualdad y la diversidad
como base de la simpatía humana, de la democracia. Nos in t eresa-
mos por el azar y la repetición, que producen situaciones az arosas.
P asamos a los sist emas e xpresivos y luego a la interac ción con la na -
turalez a. No hay una evolución, sino una const elación de obsesiones
que se confron t an con las necesidades públic as” (95).
Sus procesos empiez an siempre desde una geometría inicial el -
ement al, un fr agmen to de forma regular que desde su comienz o
dotan de peso, masa y prese ncia. El mosaico , el patrón o la tr ama
espacial sería por lo tan to utiliz ada sólo como base inicial y ensegui -
da pasa a ser pensada en masa y en volumen, abor dando el pr oceso
de diseño , más que desde un aspect o t écnic o , sobr e todo desde un
aspecto in telectual.
“El espacio culmina la progresiva invasión de lo públic o en lo e xposi -
tivo , hast a hacerlo coincidir . La negación del pasillo, est o es de la
especializ ación, acerca del art e a la vida, al homogeneiz ar espacios,
con vertir cualquier lugar en tránsit o y e xhibición, desdibujando sus
front eras. (Aquí entraría, en sordina, el rastro de la me z quit a de
Córdoba no solo, por su condición de campo matemátic o , indepen -
dient e de su forma final, sino t ambién por su condición indiferen-
ciada, donde tránsito y oración adquieren distin t as formas en cada
moment o” (96).
405
A TMóSFERAS
P odríamos consider ar que el tr abajo proy ectual con fr agmentos,
normalment e org aniz ados como cont enedor es progr amá ticos, se
polariz ó en dos dir ecciones, por un lado , la acept ación e insist encia
en una irrenunciable disper sión y la creación de un espacio en tr e
fr agment os, y la búsqueda neomoderna de un mega-objet o com -
plejo. Estos últimos precedidos por pro y ectos como los de Bak ema
y V an den Broek, en el plan P ampus para Ámster dam (1965), uno
de los primeros pasos en llev ar la lógica neoplasticist a a la escala ur -
bana, tr as la consolidación de la ar quitectur a moderna. Y de dónde
surgirían las nuev as morfologías de crecimien to horiz ont al propu -
est as por los arquit ectos de la ter cer a gener ación y por lo s miem -
br os del T eam 10, más ver sátiles y adapt ables al con t e xto.
Con el tiempo , la tr adición holandesa de la complejidad urbana de
Bak ema o de van Ey ck se trans f ormarían en los sistemas tridimen -
sionales de Rem K oolhaas y de MVRDV , con la volunt ad de agrupar
la diver sidad, fr agment ación y dispersión que ya encontr arían su
primer re f erent e en el Centr e Georg es P ompidou de París (1972-
77) de Piano y R oger s, y de la que beberían obr as como el Silodam
en Ámst er dam (1995-2002) de MVRDV o el eficaz edificio-masa de
R em Koolhaas y Joshua Ramus para la biblioteca pública de Seattle
(2000-04) (97).
Conocidos como mega-obje tos por su f ormaliz ación última como
arquit ectur as construidas por acumulación de múltiples objet os de
menor escala, si at endemos a su proceso conceptualiz ación y a su
estructur a de funcionamient o , es tos proy ectos no dejan de c onfigu -
r ar se sino como mosaicos o puzles tridimensionales, en los que las
piez as o fragmen tos encajan, sin dejar espacio entr e ellos. Esta r el -
ación entre fr agment os es la que nos int eresa en esta inv es tig ación,
más allá de la expr esión formal del conjun t o en sí.
Como contr aposición a la dispersión, el trabajo mediant e fragmen t -
ación puede recurrir a la acumulación de los elementos, de las pie -
z as, de forma ordenada o caótic a. Esta f ormación de pilas es un
tema recurren t e en la obra de los estudios holandeses como OMA
o MVRDV , en los que la creación de mega-obje tos se conviert e en
406
FRAGMENT ADA
una de las tipo logías clav e en la evolución de las propuest as de R em
K oolhaas hacia el edificio-masa, rein terpr etando las mega-es truc -
tur as tecnológic as y con tinuando , en cierta maner a, con la tradición
de las utopías de mediados de siglo pasado. Los edificios-masa se
definirían por la planta y las secciones libres, por la superposición
espacial y por las múltiples conexiones interior es. En el caso de
K oolhaas, se tr a taría de reagrupar la fr agment ación y la dispersión
de los objetos en una nuev a entidad, el meg a-objet o. Aparece así
tal y como apunta Josep María Mont aner el objeto posmoderno
(98), un collag e en tr es dimensiones que incluye gr an diver sidad de
fr agment os, dev olviéndonos la ten t ación de la tot alidad, del obje to
singular , per o est a v ez c onstituido por fr agmentos.
En ‘ La ciudad del globo cautivo ’ , Rem Koolhaas planteó la super -
posición como def ensa al eclecticismo y la v erticalidad de los rasc a -
cielos de Manhatt an (99). Su def ensa de la cultur a de la cong estión
comport a la es tr atificación vertic al de pr ogramas cuy a solución
sería el edificio-masa, donde se darían las dos condiciones de verti -
calidad y de diver sidad f ormalizadas mediant e la superposición de
las partes o fr agmentos en un edificio en altur a (100).
Se tra taría de una arquitectur a que sostiene progr amá ticamen te
que el espacio con tempor áneo es aditivo , estr a tificado y liger o, que
no estaría articulado sino subdividido, formado por fr agmentos in -
dividuales que cr ean un edificio-masa. El uso de la fr agment ación
y el tr abajo con fr agment os ha sido recurren t e en la obr a de OMA
desde aquel momento. Y a no solo de una maner a física, sino que
también se hace uso de est e mecanismo para la manipulación del
pr ogr ama. En la biblioteca de Seattle (Sea ttle, USA. 1999) confiando
en las nuevas técnicas de digitaliz ación, se r edefine la clásica bib -
liotec a como una institución que ya no se dedica ex clusivament e
al libro , sino más bien se alz aría como un almacén de información
donde todos los medios, tan t o nuevos como tr adicionales, se pre -
sent an de igual manera e import ancia. En una época en la que se
puede acceder a la inf ormación en cualquier lug ar , es la simult anei -
dad de los medios de comunicación y , lo que es más important e, la
ges tión de la información y cont enidos lo que hace vital a la biblio -
407
A TMóSFERAS
tec a.
La primera oper ación fue trabajar y consolidar la aparent emen te
ingobernable prolif eración de pr ogr amas y medios de la biblio -
tec a. El vast o progr ama se dividió en cinco grupos progr amá ticos
‘ est ables’ (estacionamien to , per sonal, reunión, ‘Book Spiral’ , y
administr ación) que fuer on reorg anizados y redis tribuidos sobre
plat af ormas superpuest as, y cua tr o grupos ‘inest ables’ (niños, sala
de est ar , sala de int er cambio multidisciplinar , sala de lectur a) par a
ocupar las z onas int er sticiales. Cada área está definida y se adecua
arquit ect ónicamen te para el desempeño del uso asignado, medi -
ant e difer en tes tamaños, flexibilidad, circulación, acabados y opa -
cidades. Los espacios intermedios son consider ados como lugar es
par a el int ercambio , donde los bibliotec arios informan y estimulan
a los usuarios de la biblioteca, y donde se org aniza la int erf az entr e
las dif erent es pla ta f ormas, espacios de tr abajo, lectur a, int er acción
y el juego , a tr a vés de ambient es casi tr ansparent es bañados por las
vist as y la luz natur al.
MVRDV realiz a una ar quitectur a basada en la fr agmen tación ll -
ev ada al extr emo, par a después rec omponer un volumen usando
todo tipo de mecanismos. El amontonamien to y la superposición
de fr agment os en el espacio es uno sus procesos clave, al modo
dadaíst a o surr ealis ta, por los que una combinación de fr agmen tos
se traslada del plano al espacio , de las dos a las tres dimensiones de
una maner a liter al, casi no importando la f orma final en el más pur o
sentido de lo que importa es el proceso conceptual de la obr a y no
su apariencia volumétric a última (101).
Est e mecanismo de adicción de fragmen t os en tr es dimensiones
ha sido usado en el Silodam en Ámst er dam (1995-2002), un com -
plejo de 157 viviendas que puede entender se como una comple -
ja interpr et ación posmoderna de la Unité d’Habitation (1945-52)
de Le Corbusier . A difer encia de ést a, la calle-c orredor interna se
con viert e en un laberinto de ascensores, escaler as y pasillos; y en
lug ar de proponer la repetición de un único tipo de dúplex, se crean
agrupaciones de distint os tipos de vivienda que se evidencian en
408
FRAGMENT ADA
f achada mediante el uso de difer entes mat eriales y lenguajes. Par -
tiendo de un es tudio de necesidades y pr ef erencias de los usuarios,
se ofr ece un c a tálog o de viviendas desde lofts a estudios con pa tio ,
casas con jardín, ‘maisonettes’ , triple x, dúplex… Un énf asis radic al
por la individualidad que se e xpr esa también en los dis tint os espa -
cios colectiv os de cada una de las cua tr o partes en las que se divide
el complejo. Los fragmen tos se rec omponen en un meg a-objet o
que recuer da a un transport ador de con tenedor es apilados, situado
realmen t e sobr e el agua.
En otros proy ectos de MVRDV la superposición se hace más evi -
dent e, como en el Pabellón de Holanda en la Exposición Univer sal
de Hannover en 2000, donde se desarr ollaba un rec orrido que se
iba deteniendo en pla ta f ormas que recreaban diver sos ecosis t emas
holandeses en miniatur a, como , por ejemplo, los molinos de vient o
en la cubierta.
MVRDV suele fr agmen tar sus obr as en tr es f amilias c omo son la es -
tructur a, la f orma o símbolo y el c on tenido o función, par a después
jug ar con ellas de forma desinhibida. Independizado la forma de
la estructur a separan aún más la función que muchas veces en -
tr a como un ter cer elemento cuando la estructur a y la f orma ya
han sido decididas de antemano e independientemen te. Se pre -
sent a una arquitectur a donde no hay correspondencia entr e tipo
y cont enido, donde estructur a, f orma y función son entendidas
como fenómenos distint os. Funden dos pr ácticas cont empor áneas
esenciales, por un lado, los estudios sistemá ticos, cuantita tiv os y
diagr amátic os que se concret an en progr amas de ordenador y , por
otr o , la experiment ación como libre juego f ormal, enf atiz ando el
diseño. La sent encia ‘ La información es la f orma’ r esumiría este mé -
todo que traduce la inf ormación y las estadís ticas en diagramas, y
ést os, a su ve z en ar quit ectur a de una f orma c asi direct a.
409
A TMóSFERAS
(1) W ARHOL, Andy . ‘ Mi filosofía de la A a B y de B a A ’ . F abula T usquets E ditor es. Bar celona.
2002. P . 168.
(2) La idea inicial del arquitect o y escritor Theo Crosby para una exposición de arquitect os,
artist as, diseñadores y teóricos dio lugar a ‘ This is T omorrow ’ , que tuvo lugar en la Whi -
techapel en 1956 en colabor ación con miembros del Grupo Independiente. El tema era
el modo de vida “moderno” y la e xposición se basaba en un modelo de pr áctica artística
colabor ativ a. Los 38 participantes formar on 12 grupos, que tr abajaron par a producir una
obra de arte. El resultado transf ormó la Galería Whitechapel en un vibran te espacio
inter activo de instalaciones.
(3) https://www .artsy .net/article/ma tthew -what -mak es-richard-hamilt on-the-fir st -pop
(4) ‘Popular (designed for a mass audienc e), T ransient (short - term solution), Expendable
(easily forgotten), Low cost, Mass produced, Y oung (aimed at youth), Witty , Sexy , Gim-
micky , Glamorous and Big business. ’ Richard Hamilton
(5) Según un artículo de 2007 del historiador de arte John-Paul Stonard, el collage consiste
en imágenes tomadas principalmente de revis tas americanas. La base er a una imagen
de una moderna sala de est ar en un anuncio en Ladies Home Journal de de suelos Arm -
str ong, que describe la “moda moderna en suelos” . El título de la obra t ambién se toma
del anuncio , que r ez aba: ‘ ¿Qué es lo que hace que las casas de hoy en día tan diferente,
tan atractivo? Planificación abierta por supuesto - y un uso audaz de color ’. El hombre es
Irvin ‘ Z abo ’ K osz ew ski, g anador del Mis ter LA en 1954. La f otogr afía se toma de la re vist a
del Hombre de Mañana , septiembr e de 1954. La artis ta Jo Baer , que posó par a las r evis -
tas er óticas en su juven tud, es la mujer , per o la r evist a de la que se t oma la f otogr afía no
ha sido identificada. La escalera se toma de un anuncio par a el nuevo modelo de aspi -
r ador ‘ Constellation ’ , y se originó en el mismo númer o de Ladies Home Journal , junio de
1955. La f oto de la portada de Y oung Romance er a de un anuncio par a la r evist a incluida
en su publicación hermana Y oung Love (no 15, 1950). La TV es un Stromber g-Carlson,
tomado de un anuncio de 1955. Hamilton afirmó que la alfombr a era una e xplosión de
una fotogr afía que represen taba a una multitud en la play a de la bahía de Whitley . La
imagen del planeta Tierr a en la parte superior fue cortada de la revist a Life (Sept 1955).
El hombre victoriano en el retr ato no ha sido identificado. El periódico en la silla es una
copia The Journal of Commerce , fundado por el pionero del telégra fo Samuel F . B. Morse.
El gr abador es un Boosey & Hawk es ‘ Report er ’ , pero la fuen te de la imagen no ha sido
identificada. La vist a a tr av és de la v ent ana es una f otogr afía extensamen te r epr oducida
del exterior de un cine en 1927 que demuestr a el estreno de la película tempr ana del
‘ talkie’ , cant ant e del jazz prot agoniz ada Al Jolson; La fuente original real de la imagen
toda vía no se ha encontr ado. ST ONARD , John-Paul. ´ Pop in the Age of Boom: Richard
Hamilton’ s ‘ Just what is it that mak es today ’ s homes so different, so appealing ? ´ 2007.
(6) Sociedad posindustrial (Bell y T ourine), sociedad de c onsumo (Jones y Baudrillar d) aldea
global (MacLuhan) sociedad del espectáculo (Debord) era tecnotr ónica (Brze zinki) so -
ciedad inf ormatiz ada (Nora-Minc) sociedad interc onectada (Martin) Estado telemátic o
(Gubern) Sociedad digital (Mer cier -Plassasr d-Scar digli) …así un largo e tcét er a.
(7) ITO T . ’ Escritos’ . V alencia, Colección de ar quitectur a. 2000. P .62.
(8) ITO T . 2000. Op. Cit. P .62.
(9) ITO , T oy o. ‘El P ao de la muchacha nómada de T okio’ . 2000. Op. cit . P . 61-63.
(10) ABSAL ON. Cat álogo de la exposición ‘ Cellules’ en el Musée d’ art moderne de la Ville
de P aris. Paris. 1993.
(11) PFEFFER, Susanne. ‘ Absalon’ . T el Aviv Museum of Art. T el Aviv . 2013. P . 181.
410
FRAGMENT ADA
(12) http://www . the-booklist.c om/2014/04/ absalon.html
(13) DEBORD , Guy . ‘ La sociedad del espect áculo’ . Edit orial Pre-T extos. Madrid. 1999.
(14) V ALÉRY , Paul. ‘ Pièces sur l’ art ’ (‘La conquêt e de l’ubiquit é’ , 1928). Edición electrónica
por ‘ Los clásicos de las ciencias sociales’ . Univ ersidad de Quebec. http://bibliotheque.
uqac.uquebec.ca/index.h tm
(15) FRAZER, John. ‘ Computing without computers’ . Architectur al Design Mag azine. V ol -
ume 75, Issue 2, March/ April 2005. P . 34–43.
(16) ‘Nosotros, que ya tenemos una sensibilidad corporal c omo la de un androide, no volv -
eremos jamás al mundo real. ’ IT O , T oy o. ‘ Una arquit ectura que pide un cuerpo an -
droide’ . 2000. Op. cit . P . 45-67.
(17) GUNZEL, Stephan. ‘ Espacio e Imagen. En la lógica de los medios’ . http://www .s tephan-
guenz el.de/
(18) IT O T . 2000. Op. Cit. P .62.
(19) DELEUZE G.; GUA TT ARI F . ‘ 1227. T rat ado de Nomadología: la máquina de guerra’ en
‘Mil Mesetas. Capit alismo y esquiz ofrenia’ . Pre-T extos. V alencia. 2004. P .384.
(20) L Y O T ARD, Jean-François. ‘ La condition postmoderne’ (1979), anunciaba el fin de los
gr andes r elat os de la modernidad y las pr escripciones emer gentes, y c on ello no hacía
sino anticipar los v alores (o no–v alores) de la cultur a actual.
(21) Rem K oolhaas basa su posición ar quit ectónica y las r elaciones entr e ar quitectur a–ciu -
dad-circulación en lo que denomina ‘ T eoría de la congestión’ . El Croquis, # 53.
(22) BETTI, R osario. ‘ Hacia la reinvención del espacio público: la ciudad sobremoderna’ .
Documento de T rabajo N° 123. 2004. http://www .ub.edu.ar/inves tig aciones/dt_nue -
vos/123_betti.pdf
(23) P ara Virilio, la fragmen tariedad y lo incomplex o de la arquitectur a pueden estar ex -
presando justamen te el ef ecto de velocidad asociada a la vida urbana. La velocidad
produce, por un lado, falta de reminiscencias, ya que la dimensión temporal del viaje
imposibilita la cont emplación de los espacios, condición para el establecimien to de la
memoria.
(24) MORENO , Carlos M. ‘ Los Escenarios de La Fragmen tación’ . Univ er sita t Ramon Llull.
(25) MONT ANER, J. María. ‘ Sist emas arquitect ónicos c ont emporáneos’ . Editorial Gusta vo
Gili S.L. Barcelona 2008.
(26) “ T ak e a newspaper / T ak e a pair of scissors / Choose an article as long as you are plan-
ning to mak e your poem / Cut out the article / Then cut out each of the words that
mak e up this article and put them in a bag / Shak e it gently / Then t ak e out the scraps
one after the other in the order in which they left the bag / Copy conscientiously / The
poem will be like you. And here are you a writer , infinitely original and endowed with
a sensibility that is charming though beyond the underst anding of the vulgar ’ . T rist an
T z ar a. 1920.
(27) DE MICHELI, Mario. ‘ Las vanguardias artísticas del siglo XX’ . Alianza Forma. Madrid.
2002.
(28) BETTI, Rosario. 2004. Op. Cit.
(29) “ El assemblage est á compues to de mat eriales o fragmentos de obje tos dif erent es, de -
sprovist os de sus determinaciones utilitarias y no configurados obedeciendo a reglas
compositivas preest ablecidas, sino agrupados de un modo casual o aparentement e
al azar . (…) Suele preferir los fragment os u objetos indus triales destruidos o a medio
de lucernarios pir amidales rema t an dichos espacios, que además
son a tr a vesados por pasarelas que conectan las difer en tes z onas,
g ar antiz ando la cone xión visual entre y a tr av és de los módulos, y
rec onstruy endo la imagen gener al de todo el edificio en el interior .
En de finitiva, las fr anjas se con viert en en, como Hertzberg er , en es -
pacios ‘ in-between’ que “ establec en la transición y la cone xión en tre
áreas con demandas territ oriales distint as ” , y que al mismo tiempo
“ cons tituyen la condición espacial para el encuentro y el diálogo en -
tre áreas de diferen tes órdenes [de privacidad]” . Así est as oficinas,
al presen tar una ext ensión modular , vendrían car acterizadas por
un crecimient o ilimitado a base de la r epetición de fragmen tos por
adición, que además facilit aría una r acionalidad constructiv a. No
obst ante, Hertzberg er v a un poc o más allá que su maestr o y con -
vierte el módulo en núcleo c onstructiv o, espacial y funcional (75).
Las r elaciones y la r eiter ación geomé trica no se reservan a una par -
te del pr oy ecto , como en el caso del orf anat o con las cúpulas de
la cubierta, sino que configur an la totalidad de la obra, gener ando
tan to los espacios de uso privado como los de circulación y relación.
Se supera así la planta libre como mar co univer sal neutro capaz de
alberg ar una pluralidad de usos, y se pasa a una espacialidad ba -
sada en un orden formal y estructur al pre vio y autónomo; un int e -
rior denso pero tr ansparen te y homogéneo, formado por diver sos
gr ados de pr ofundidad y privacidad en t odas las direcciones.
“(…) al quedar diferenciada en trama y urdimbre y adquirir natura-
lez a t e xtil, la retícula plana, abstract a y homogénea caract erística
del art e y de la arquitectura modernos adquiere te xtura y relie ve,
variedad y espacialidad tridimensional (…) ” (76). Las oper aciones
y los pr ocesos, iden tificadas con la trama y la urdimbr e, par ecen
est ar en la base del pro yect o formaliz ando un desarrollo horiz ontal
e infinito. A estas oper aciones formales, también presen tes en V an
E yck, se añade la de apilar o superponer , es un extrusión tridimen -
sional de módulos, por la superposición de unidades espaciales
susceptibles de ser apiladas.
502
HOMOGENEA
503
A TMóSFERAS
Candilis-Josic-W oods_Universidad Libre de Berlín_1973
504
HOMOGENEA
Francois Morellet _ 4 Double grids -1° +1°, -2° +2° _ 1961
505
A TMóSFERAS
Candilis, Josic,W oods_Shopping Center_T oulouse, France_ 1963
506
HOMOGENEA
Alfombra de Sierpinski
507
A TMóSFERAS
Piet Blom _Dibujos de la Kashbah _1965
508
HOMOGENEA
Le Corbusier_Hospital de V enecia_V enecia,Italia_1963-65
509
A TMóSFERAS
Fragmento de la ciudad de Mohenjo-Daro_Pakistan_2700-1800 B.C.
510
HOMOGENEA
Peter Zumthor _ Pabellón de Suiza _ Hannover ,Alemania_2000
517
A TMóSFERAS
Carl Andre_W olke und Kristall_1996
518
HOMOGENEA
Sou Fujimoto_Centro de rehabilitación psiquiatrica para niños_ Hokaido, Japón_
2010
519
A TMóSFERAS
Iannis Xenakis_Pithoprakta_1955-56
520
HOMOGENEA
Jackson Pollock_Number 5_1948
521
A TMóSFERAS
Y ayoi Kusama _ Infinity Nets _ 2013
522
HOMOGENEA
OMA_Agadir Convention Center_Agadir , Marruecos_ 1990
523
A TMóSFERAS
Andreas Gursky _ Kuwait, Stock Exchange II_2008
524
HOMOGENEA
Junya Ishigami_KAIT Kanagawa Institute of T echnology W orkshop_
Kanagawa, Japón_ 2010
525
A TMóSFERAS
Georg Nees_K38 Bandada_1965-1968
526
HOMOGENEA
Junya Ishigami _ Magic table _ 2005
533
A TMóSFERAS
Stan Allen _ Diagrams of field conditions _ 1996
534
HOMOGENEA
SANAA _ Pabellón del vidrio en el museo de arte de T oledo_T oledo, USA _
2001-06
535
A TMóSFERAS
Barry Le V a_Palms Down.Bearings Rolled .Six specific instants no particular
order (Fragmento)._1966-67
536
HOMOGENEA
T uñon Mansilla _ Museo de la V ega Baja _ T oledo, España _ 2010
537
A TMóSFERAS
V era Molnar_Slow Movement, Blue, Orange, Red, and Black_1955
538
HOMOGENEA
SANAA_Centro Rolex_Lausanne, Suiza_
539
A TMóSFERAS
Barrett L yon _ http://www .opte.org/the-internet/ _ Internet mapping _ 2003
540
HOMOGENEA
Peter Smithson _ Play Brubeck_ Publicado en T eam 10 Primer_ 1962
“Ideogram of net of human r elations. P .D.S.
A constellation with differ ent values of differ ent parts in an immensely compli -
cated web cr ossing and r ecr ossing. Brubeck! a pattern can emer ge. ”
541
A TMóSFERAS
Y ves Klein_ El V acio_1961
542
HOMOGENEA
Peter Zumthor _ T ermas de V als _ V als, Suiza _ 1996
unas dimensiones… y por otro lado del encar go en sí. Así el museo
de Breg enz, por ejemplo , est á cons truido en vidrio, acer o y hor -
migón in situ para tra tar de conseguir un mundo mágico, irreal, un
mundo pr opio par a el arte, en medio de una ciudad. En las T ermas,
al ir descubriéndose de que se tra taba de ‘ ex ca var ’ las entr añas de la
mont aña, la piedr a de la propia mon taña, de las cer canas can ter as,
fue elegida como el único mat erial pr otag onist a. Zum thor en tiende
que el edificio debía ser alg o monolítico , potent e, al igual que la
mont aña, por lo que los mur os se cons truyen a imitación de viejos
diques f ormando un compuest o de relaciones homogéneas entr e
bloques de piedra superpuestos y hormigón. Aunque monolítica -
ment e concebido , constituido y construido , la piedra refleja la luz,
aún más cuando est a es tá mojada por los bañistas, produciendo
un mundo de reflejos misteriosos que crean un espacio ingrá vido
dentr o mismo de la montaña.
Suelos, paredes y techo se r esuelven de manera similar potencian -
do una sensación de inmersión dentr o de la mont aña. El esquema
clásico de pared, suelo y techo de la definición de espacio está tico
desaparece en f a vor de un concept o dinámico espacial constituido
entr e element os donde la per cepción se concen tra en el individuo,
e x citándolo en t odos los sentidos.
Est a lectur a estétic a del edificio que involucr a el uso de los ma teria -
les, es uno de los puntos fundamentales del pr oceso crea tivo par a
Zumthor par a el que gr an parte de la arquit ectura es cons trucción:
“ Al final, las cosas tienen unos materiales, unas dimensiones, unas
te xturas, una forma de incidir la luz en ellas, que dependen de cómo
las has ejecutado , no del dibujo” (85). Consider a los mat eriales
de maner a int egr al al seleccionarlos según su f orma, sus pr opie -
dades, su sensualidad, su significado; y así usarlos para un variado
juego doble donde mat eriales natur ales (piedra, past o , agua) son
dispuest os de una manera artificial (mediante f ormas geométri -
cas bien definidas según tr amas ortogonales), en un acerc amient o
clar ament e f enomenológico de partida.
Se tra ta de producir un int enso diálogo a partir de lo tangible, par a
549
A TMóSFERAS
llev arlo más allá de lo mer amente físico y anclarlo con fuerza en
nuestra capacidad sensorial . Zumthor van más allá de lo conv en -
cional, sus espacios se construy en con luz y sus v ariantes, sombr as,
penumbr as, puntos luminosos que participan en la conf ormación
et érea del ambient e. El paisaje se configur a como muro que en -
vuelve, cielo o pr ader a que cubre; el agua con el sonido y la sen -
sación que tr ansmite forma parte int egr al del mismo; y todo ello
en relación con el tiempo , la estación que tr anscurre. Zumthor c on -
sider a el tiempo en dos esc alas (86). P or un lado , aquel tiempo que
participa en la obr a como material u herramien ta pro yectual, casi
mat erial cons tructivo evidenciándose a tr a vés de la luz y sombras;
y aquel tiempo a largo plaz o, por el que la obra debe de per dur ar a
lo lar go de los años y por el que entiende que las espacios para que
duren no pueden ser molest os. Zumthor cr ee en que la arquit ec -
tur a nace par a servir al hombre, al usuario , y por t anto los espacios
no sólo han de funcionar , deben funcionar , pero además, deben ser
lo más bellos posibles.
P ar a Zumthor , todo entorno tiene su cultura, sus r aíces, que define
como det alles básicos que hacen su arquitectur a: material, es truc -
tur a, construcción, soportes y car g as, conc avidad, v acío, luz, aire,
fr ag ancia… Aspectos que se configur an como el recuer do de ese
lug ar en concr eto , y que acaba ligando las cosas al lug ar , a sus habi -
tan tes. En el caso de las T ermas, explor a tradiciones y memorias an -
cestr ales casi primitivas. Est e valor simbólico no es evident emente
plano y cons tan te, está matiz ado por el cont e xto específico del usu -
ario: el habitant e de la r egión alpina lo apr ecia además como su
casa, su propio re fugio y modo de vida; para el visitant e ext erno
un sitio que respe ta el ent orno y permite vivirlo plenament e todo
el año; para el diseñador un buen ejemplo de síntesis cr eativa, que
logr a un adecuado equilibrio en tre las dimensiones estétic as, é ticas
y lógicas inher ent es a una buena arquit ectura.
T odo est o se configur a como una especie de collage natur al mien -
tr as rec orres el edificio que se funde con el paisaje de la montaña,
hace que incluso en un espacio arquitect ónico homogéneo , la sor -
presa sea aut éntic a y const ante al enc ontr arse con c ada espacio
550
HOMOGENEA
en particular . Los bañis tas no permanecen dentr o de las piscinas
demasiado tiempo, más bien se tiende a recorr er los varios tipos
de baños (es decir la piscina interior , la exterior , baño turco , baño
frío , baño flor al, hidromasaje, vapor , etc.) donde las sensaciones,
temper atur as o vistas v arían en cada una de manera import ante.
Sin duda, los sujetos son los actor es definitivos, quienes al fin y al
cabo construy en el lugar . La vivencia individual del espacio es in -
tr ansf erible y depende de aspectos muy específicos. Lo int eresan te
y lo valioso en Zumthor reside pr ecisament e en armar un todo sig -
nifica tivo desde las partes prov ocando que el espacio que conf orma
cobr e ef ectos poétic os, haciendo que las sensaciones y la subje -
tividad con viv an y dialoguen en un espacio que se conf orma como
atmós f era.
“Más plenamente que el res to de otras formas est éticas, la arqui -
tectura c apta la inmediat ez de nuestras perc epciones sensoriales. El
paso del tiempo , la luz, la sombra y la transparencia; los fenómenos
cromáticos, la te xtura, el mat erial y los de talles… todo ello participa
en la experiencia t otal de la arquitectura. La represent ación bidi -
mensional -en fot ografía, en pintura o en las artes gráficas- y la
música se encuentran sujetas a limites específicos y , por ello, capt an
solo parcialment e la multitud de sensaciones que evoca la arquit ec -
tura. Aunque la potencia emocional del cine es irrefut able. Solo la
arquitectura puede despejar simultáneament e todos los sen tidos,
todas las c omplejidades de la percepción (…) Solo la arquit ectura
ofrece las sensaciones táctiles de la t e xtura de la piedra y de los
bancos pulidos de madera, la experiencia de la luz c ambiant e c on
el movimient o, el olor y los sonidos que resuenan en el espacio y
las relaciones corporales de escala y proporción. T odas est as sen -
saciones se combinan en una e xperiencia compleja que pasa a est ar
articulada y a ser específica, aunque sin palabras. El edificio habla
de los fenómenos perc eptivos a través del silencio” (87).
Entr e las obras de P eter Zumthor , nos viene inevitablemen te un
fuerte sentimient o de empatía , ya que en sus obras es palp able una
disposición de ánimo hacia el diálogo, una sensación de perf ecta
551
A TMóSFERAS
conc ordancia entr e el espacio cons truido y quienes lo con tem -
plan, lo habit an, lo visit an, per o también con el en torno inmediat o.
Zumthor aprecia los lug ares y los edificios que ofr ecen al hombre
re fugio, un buen lug ar par a vivir y una discret a protección; pero
también le r esulta importan te leer el lug ar , dejar se en volver por él,
tr abajar el pr opósito , significado y objetiv o del enc arg o , planear y
pr oyect ar la obr a. Un pr oceso intrincado y no simplement e lineal
que c onf ormaría una atmós f era, que se con figur a c omo ca tegoría
est ética.
En la conf erencia titulada ‘ A tmosferas. E ntornos arquit ectónic os.
Las cosas a mi alrededor ’ (88) permite al lector entender el papel
que jueg a est a c at egoría estétic a en su obr a y qué significa par a
él. En ella, Zumthor habla de la necesidad de conmover se ante un
edificio par a consider arlo como r ealidad arquit ectónic a. Asegu -
r ando que el concepto par a designarlo es el de atmósfera , y que
entiende como esa primera sensación que experiment amos y perc -
ibimos al entr ar en un espacio o cuando entr amos en un edificio.
Su atmósfera habla de una sensibilidad emocional, una per cepción
que funcionaría a una increíble velocidad y que los seres humanos
poseeríamos par a sobrevivir . Comprende que ha y algo dentro de
nosotros que nos dice enseguida gr an cantidad de cosas, un ent en -
dimient o inmediat o, un cont acto inmediat o o un rechaz o inmedi -
at o. Par a Zumthor , la atmósfera es una categ oría est ética en la que
se produce un inter cambio entre las personas y las cosas, donde
acon tece “la magia de lo real” (89).
Al igual que Holl, Zumthor enumera varios aspectos que le son im -
portan tes en la creación de sus atmósferas . Básicament e se podrían
resumir se en cua tro conceptos básicos: el en torno , el mat erial, el
tiempo y el r ecuerdo (90), a los que dot a de una gr an c arg a emo -
cional y lingüístic a, bien podemos consider arlo casi desde aspectos
cer canos a la poesía debido a la int egr ación de la subjetividad.
La pr esencia mat erial propias de una obr a de arquitectur a pr odu -
cen un ef ecto sensorial import ant e en los visitan tes, Zum thor hace
del material un aspecto fundament al en su obra, en la que incluye
552
HOMOGENEA
la presencia inma terial del Tiempo , y cómo ést e se manifiesta en la
arquit ectura c omo un elemen to c onstructivo más de la e xperiencia
espacial, junto con el uso del sonido , la t emper atur a, el color . P or
último , in troduciría el r ecuerdo , que estaría compuest o por todas
aquellas consideraciones sobre la cultura, historia y tradición de los
lug ares t an important es y evident es en la obra de Zumthor .
En su obra arquit ectónic a, es tos aspectos se encuentr an tan vincu -
lados unos a los otros, que es difícil discriminarlos por separ ado ,
lo que produce un c onjunt o de espacios ar quitect ónicos carg ado
de lectur as sensoriales. Zum thor entiende que el recuer do, las sen -
saciones, el lug ar , es un todo inseparable, que debe formar parte
del pr oyect o con la idea gener ador a.
P ar a Holl, todas estas sensaciones que e xperiment amos al entr ar
en un espacio se combinan en una experiencia compleja que pasa
a estar articulada y a ser específica, aunque sin palabras. Los espa -
cios hablan de los f enómenos per ceptivos a tr av és de herramien tas
como la luz, visuales y los propios materiales, par a que la arquit ec -
tur a capt e y dialogue con nuestr as percepciones sensoriales (91).
Schmar sow afinaría este concepto , definiéndolo como un proceso
vital en el que la f orma espacial se mat erializ a a tr avés de la inter ac -
ción de la natur alez a, la dimensión y los movimient os humanos. La
pr oyección sentimen tal se realiz a sobre el espacio en lug ar de sobre
el objeto y su acción sobre el sujeto se pr oduce a tr av és de las emo -
ciones corpor ales de éste.
SANAA parece realiz ar un acercamien to parecido en cuanto a la ma -
terialidad homogénea de sus espacios, aunque ellos no hacen conc -
esiones a significación vernácula de la mat erialidad que usan. P ar a
el estudio japonés par ecen priorizar el monocra tismo y la ausencia
del lirismo como mét odo de abstr acción sint ética de sus espacios
que de igual modo , produce una intensa sensación de inmer sión
enf atizada por la car encia de sobr esaltos entr e la tenue homog e -
neidad de los acabados mat eriales.
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A TMóSFERAS
En el interior del anex o del Museo de Arte de T oledo (T oledo , USA.
2001-06) el espect ador es té donde est é siempre está en una bur -
buja de vidrio, r odeado de, o enr edado entre, otras burbujas de
vidrio , bañadas por los re flejos del paisaje arbolado circundant e.
Las líneas de visión a tr av és de las particiones de vidrio hacen que
la e xperiencia del visitant e siempre implique el ent orno y la veg -
et ación circundan te, desde cualquier pun to.
La plant a deriva de una cuadrícula de varias formas rectilíneas que
re flejan adyacencias pr ogr amáticas, con cone xiones de sala a sala
f ormaliz adas a tra vés de superficies de vidrio curvadas. El vidrio en -
vuelve los espacios formando alzados continuos ininterrumpidas en
las esquinas mientr as que el visitant e fluye con la forma a tr avés
de una serie de burbujas inter conectadas. Físicament e siempre se
est á en el int erior de una de las burbujas de vidrio , cuando est á
en las salas de museo , y en las salas que muestr an los procesos de
f abricación, y en la caf etería, o en el salón de actos o en los patios
o en los pasillos de circulación. En el Pabellón el recorrido espacial
se desarrolla en una cadencia secuencial de experiencias homogé -
neas repetidas, sin casi difer encias, sin singularidades, c omo si de
un mantr a (92) se tra tase.
Las vist as hacia el e xterior y la incidencia del sol son relativ amente
similares en la t otalidad del espacio int erior , lo que es posible al
est ar rodeado de un paisaje arbolado uniforme y estar cons truido
ent er ament e de vidrio.
En el P abellón de T oledo, la imagen unif orme del entorno cir cun -
dant e se pr opaga a tr a vés de su r eflejo en los par amentos de vidrio
a lo lar go de todo el espacio interior , alcanzando el mismo cen tr o
del edificio. Además, los árboles al filtrar y tamiz ar la incidencia de
luz direct a disuelven las dif erencias entr e orientaciones distint as
ahondando en la uniformidad del conjunto. En el P abellón se pierde
el sentido de la orien tación, estar a sur es como est ar a norte, a
est e, a oeste…
T odo est o hace que se gener e un espacio topológico homogéneo
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HOMOGENEA
(93), isotr ópico, conf ormado por fr agmentos espaciales que re -
sponden al patrón definido por una única lógica f ormal en planta;
f ormaliz ado por burbujas, de la misma altura y del mismo mat erial
independient ement e de la función que alberguen y a sea e xponer
objetos de arte vítreo , mostr ar su pr oceso de f abricación, ser patio
e xterior o incluso espacios de comunicación y circulaciones en tre
est ancias.
Como hemos vist o en el pro yect o de De Kuns tlinie (Almere, P aises
Bajos. 1998-2006), todas las unidades espaciales tienen la misma
lógica f ormal paralepipédic a, aunque con distintos tamaños, los
espacios de circulación también se someten a esa f orma imper -
ant e. Los pasillos no se dif erencian claramen te de las salas. Sobr e
el plano de planta es difícil dif erenciar los espacios ser vidos de los
servidores. A dif erencia del Pabellón de T oledo , el De Kuns tlinie no
disfrut a de una relación homogénea entr e interior y exterior , ya que
e xist en salas que tienen vistas al e xterior , hacia el horiz onte y el
lago , y las que dan a los patios interior es.
Otr o f actor que contribuy e a la homog eneización global del pr oyec -
to es la desjer arquiz ación. A ello con tribuyen div er sas oper aciones.
La f ormalización genéric a del progr ama, donde la función no es de -
terminan te en la or g aniz ación int erna global. El monocr omatismo
casi tot al, que result a en la ausencia de un acabado dominant e.
T odos los c omponent es son equiv alentes entr e sí, no ha y ningún
element o que destaque sobr e los demás. Las or denaciones espa -
ciales tampoco jer arquiz an unos espacios sobre otros, sino que se
plant ean como paisajes abiert os par a ser r ecorridos, o en f orma
de const elación de espacios fuertement e autónomos entr e sí, con
independencia de la exis tencia de cone xiones visuales entr e ellos.
En el Museo de Arte Contempor áneo de Kanaz awa (Kanaz awa,
Japón. 1999), una arquit ectur a abierta sin frent e ni tr asera r espon -
de de maner a homogénea a la ciudad en todos sus flancos. El solar
se insert a en el mar co de una amalg ama de actividades dif eren -
tes -áre a histórica, área cultural, oficinas del gobierno pr ovincial,
z onas comer ciales y de negocios - , en la que no se han determi -
nado las dir ecciones y caminos peat onales. “ Pretendemos reacti -
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A TMóSFERAS
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