En 1998, el p es igioso di ec o de Le Monde Diploma ique, Ignacio Ramone , pu-
blicaba un lib o en el que nos eco daba cómo la ele isión, con el impac o de sus
imágenes, imponía lo que debía se ac ualidad, al iempo que obligaba a la p ensa a
imi a la. Lo que enía a demos a Ramone es que la ele isión se ha con e ido hoy
en día en el magno cons uc o de la ac ualidad in o ma i a, p o ocando el shock emo-
cional y condenando p ác icamen e al silencio y a la indi e encia a los hechos que
ca ecen de imágenes. Es e p incipio ec o no sólo a ec a a los modos y o mas de co-
municación, sino ambién a los lenguajes. El p ime g an e ec o de la ele isión, al y
como se concibe hoy en día, es que la impo ancia de los acon ecimien os es p opo -
cional a su iqueza de imágenes. O, po deci lo de o a o ma, que un acon ecimien o
que se puede enseña (si es posible, en di ec o, y en iempo eal) es más ue e, más
in e esan e, más impo an e, que el que pe manece in isible y cuya impo ancia po
an o es abs ac a. En el nue o o den de los media las palab as, o los ex os, no alen
lo que las imágenes1. En e o os mo i os, po que son len os, abu idos y no despie -
an los mismos sen imien os que la imagen. El esumen de es a cons a ación pod ía
se que, si has a aho a se a i maba que sólo lo que e a no icia exis ía, aho a hab á que
deci que sólo lo que se e po ele isión exis e (aunque no sea e dad, al y como
ocu ió en la Gue a del Gol o).
La imagen gobie na hoy en día el mundo comunica i o. De al mane a que la p ensa,
desde hace ya bas an es años, no ha hecho sino co e odo lo dep isa que la ecnología
le ha pe mi ido pa a imi a ese modelo. Así, las no icias que se seleccionan en luga
p e e en e siemp e end án una imagen impac an e, es o es, p o ocado a. A su ez, es a
imagen i á esal ada con i ula es de g ueso ipo y, a se posible, con a á con el e-
ue zo isual del colo .
Pe o nos in e esa la imagen del pode polí ico. Y ampoco hay duda que, más allá
de sus símbolos o acciones ep esen a i as, lo que p i a hoy es la imagen que ans-
mi en los medios de audiencia masi a, es o es, las emiso as de ele isión. De aquí la
1Ramone , I.: La i anía de la comunicación, 2ª ed., Mad id, Edi o ial Deba e, S.A., 1998, p. 23.
El pode de la imagen y la imagen del pode
La ascendencia de la p ensa sa í ica en la comunicación social
An onio Laguna Pla e o
Uni e sidad Ca denal He e a CEU, Valencia
112 ANTONIO LAGUNA PLATERO
ascendencia que pa a el pode iene el con ol de los medios audio isuales. La ele-
isión no decide el ganado de unas elecciones, pe o ayuda de o ma decisi a si se
consigue con ence a sus amplias audiencias –a la opinión pública– de las bondades
que posee el candida o. Po eso las campañas elec o ales han pasado a llama se cam-
pañas de imagen; y po esa misma egla de es, los aseso es elec o ales, aseso es de
imagen que ienen la obligación de ende al líde como si de un coche se a ase, es o
es, combinando es a egias publici a ias con mensajes polí icos.
Hagamos aho a un eje cicio de imaginación: supongamos po un ins an e que el
elec o ado en pa icula y la sociedad en gene al, no u iesen más medio de conoce
a sus líde es polí icos que a a és del p og ama sa í ico «El guiñol» de Canal +… No
podemos i a de es a cue da, ni siquie a a en u a qué pod ía pasa . Lo que sí oca
señala es que hubo un iempo, ealmen e poco lejano, en el que los ciudadanos de
es e país no enían más medio pa a conoce la imagen de sus gobe nan es que el di-
bujo. En buena pa e de aquel siglo XIX, el p incipal po ado de in o maciones y po
an o único medio de conoce las ealidades dis an es o los os os de quienes deci-
dían sob e sus idas, ue el pe iódico ilus ado. Es e ipo de p ensa es una ama del
onco común que ue la publicación pe iódica. Sin emba go, su e olución iba a se
muy dis in a a la del pe iódico dia io, expe imen ando en su eco ido his ó ico di-
e sas mani es aciones o géne os. De o ma sucin a, di emos que en el p incipio, años
ein a, ue publicación semanal ilus ada con g abados; que luego, años sesen a, se
le unió la publicación sa í ica ilus ada con ca ica u as; y que a ines del siglo XIX,
la p ensa ilus ada de ino e is a g á ica mien as la p ensa sa í ica se acicalaba con
el colo .
Es e p oceso e olu i o es á de e minado po a ios ac o es in e elacionados, en e
los cuales cab ía no pe de de is a:
1. Los de o den écnico: inicialmen e los ecu sos ecnológicos pa a inclui en un
pliego imp eso un dibujo e an an di icul osos que apenas se podían pe mi i
el lujo de man ene la inicia i a po la go iempo. El mecanismo conocido con-
sis ía en p ac ica el aciado del dibujo en la made a y luego u iliza lo de
molde. Po es e sis ema se imp imie on imágenes que iden i ica on buena pa e
de las cabece as de la p ensa del XVIII, aquella que nació en su úl ima década
con el nomb e de la ciudad; po es e sis ema, se ealiza on las p ime as ilus a-
ciones pa a anuncios; y po es e sis ema, se edi a on las p ime as ilus aciones
sa í icas. No se á has a ines de siglo cuando se p oduzca el g an cambio ec-
nológico que pe mi a la edición de o og a ías y de dibujos con unas cie as
ga an ías de calidad y de en abilidad.
2. Los de ipo social: ya que sin público no exis e el pe iódico ni cualquie o o
p oduc o que enga como inalidad el consumo. El público de la p ensa ilus-
ada o g á ica se á, an o po el p ecio de es e ipo de e is as como po sus
con enidos, pe ec amen e iden i icable con la bu guesía española decimonónica.
De hecho, an o los pin o es que colabo an en es e ipo de publicaciones como
los o óg a os, end án es echos lazos con es a clase social. Po el con a io,
ELPODER DE LA IMAGEN Y LA IMAGEN DEL PODER 113
la p ensa sa í ica se á ildada como p ensa popula . El cali ica i o aquí adquie e
una dimensión cuali a i a y cuan i a i a necesa ia de p ecisa . En p ime luga ,
el aspec o cuali a i o alude a la condición social del público suscep ible de in-
e esa se po es e ipo de p ensa. Se ía el «pueblo», al y como lo podía iden-
i ica el aba e Siéyès cuando se p egun aba ace ca del e ce Es ado, o al y
como lo pe ila ían los discu sos populis as que su gie on de in lados pechos
nacionalis as un siglo después. Se a a, po an o, «de lo que no es pode », de
capas sociales u banas p ole a ias, pe o ambién de p oduc o es me can iles
simples. Bajo es a p emisa, di e sas licencias son au omá icamen e jus i icadas:
desde la o ma has a el lenguaje en que se ealiza la publicación. La publica-
ción popula se encuen a en el polo opues o al dia io de calidad, lo que la si-
ua ía en la base de las ac uales p oducciones cul u ales masi as y adelan a ía
en muchos años algunos aspec os del dilema que apun a an los ilóso os anc-
u ianos sob e la cul u a de masas. En segundo, el cuan i a i o, se e ie e al
g ado de consumo ele ado que la amplia gama de p ensa sa í ica podía ge-
ne a . Es e úl imo aspec o end ía una e olución de e minada po el g ado de
c ecimien o del ocio y del pode adquisi i o de las capas sociales que an es
iden i icamos.
3. Los de o den polí ico: mien as la p ensa ilus ada apenas end á p oblemas de
es e ipo, la p ensa sa í ica se mo e á en su mayo pa e en e i o io ma ginal.
En e o as azones, po que la p ensa sa í ica se á un medio de comunicación
que e leje la ealidad más inmedia a, que la c i ique y casi siemp e la ans-
g eda; un medio undamen ado en el humo pe o con unas cla es polí icas ob-
ias; un pe iódico que pe mi e al que lo lee iden i ica de o ma muy simpli i-
cada las con adicciones polí icas que lo en uel en. Al menos así se á has a la
dic adu a de F anco. Incluso en onces, en algunas de las publicaciones «humo-
ís icas» que apa ecen, se econoce abie amen e que, si bien no se hacía nin-
guna c í ica polí ica, al menos sí que se hacía de cos umb es y modos sociales2.
Po odo ello, la exis encia de p ensa sa í ica es á de e minada po la coyun u a
polí ica en la que se enma ca. El pe iódico dia io, en una si uación polí ica es-
ic i a, puede a empe a sus análisis, copia los de o os, puede da cabida a
olle ines u o as colabo aciones li e a ias… Tiene, en de ini i a, nume osos e-
cu sos pa a e i a el choque con la legalidad. Sin emba go, el pe iódico sa í ico
no puede escu i el sen ido de su exis encia a ue de pe de la azón de se .
Si no se hace sá i a de la ealidad, an sólo se es á apo ando humo a esa ea-
lidad. Y el humo , conscien e o subconscien emen e, nunca es inocuo. La in en-
cionalidad es insoslayable y an sólo es cues ión de g ado la di e encia. Recué -
dese que el mode an ismo del siglo XIX, en e al p og esismo, se ca ac e iza á
po se caldo de cul i o p opicio pa a las publicaciones llamadas li e a ias o
apolí icas. ¿Cómo no iba a se lo, si sus leyes de imp en a no dejaban el más
mínimo esquicio pa a la c í ica? Po con a, los semana ios sa í icos b o a án
gene osamen e en el Sexenio Democ á ico y en la II República.
2Tubau, I.: El humo g á ico en la p ensa del anquismo, Ba celona, Mi e, 1987, pp. 229-231.
114 ANTONIO LAGUNA PLATERO
4. Los de ipo cul u al: nos e e imos al peso que la adición iene en es e ipo
de p ensa y, po an o, a su o iginalidad. De igual mane a que la p ensa ilus-
ada no pe dió de is a los modelos su gidos en me cados an desa ollados
como el inglés o el ancés3, la ca ica u a a a és de p ensa dia ia ambién
iene pun os de e e encia con dibujan es y publicaciones ex anje as. Sin em-
ba go, pa a el caso de la p ensa sa í ica, ya no es amos an segu os. M.A. Valls
es ablece que la publicación sa í ica alemana de Ola Gulb anson, Simplicis-
simus, ue modelo de publicaciones españolas como Buen Humo , o que la pu-
blicación an icle ical i aliana L’Asino si ió de ejemplo a La T aca4. Es os eje -
cicios de compa ación son, con demasiada ecuencia, más ala des e udi os que
explicaciones con incen es. Sob e odo, po que pie den de is a la eno me e
impo an e adición que la comunicación popula en cla e de humo iene en
España. Ca o Ba oja, en una excelen e ob a, nos esuel e de o ma ce e a ce ca
de es siglos de o mas popula es imp esas de comunicación, iden i icadas am-
bién como «li e a u a de co del»5. Pa a el caso alenciano, di e sos au o es nos
si úan en las mismas coo denadas, des acando la impo ancia del coloquio y
del auca como o mas audio isuales de da a conoce , en plazas y luga es pú-
blicos, acon ecimien os e his o ias6. Y es a adición, lejos de desapa ece cuando
llega la p ensa, se man iene y adap a. Po an o, la p ensa con imágenes puede
ene odas las elaciones e in luencias que se quie an, pe o esponde a una a-
dición p opia y a unas condiciones his ó icas pa icula es.
En sín esis, en odo aquel siglo XIX, la única imagen que ci culó a un cie o público
ue la imp esa en o ma de g abado po las publicaciones ilus adas o en o ma de ca-
ica u a po la p ensa sa í ica ya que los e a os pic ó icos, p ime o, o los o og á icos,
después, es aban al alcance de un insigni ican e po cen aje.
1. LA PRENSA ILUSTRADA: EL RETRATO
La imagen más di undida po la p ensa ilus ada se á el e a o, ya de pe sonajes
his ó icos ya de escenas cos umb is as que ec eaban g andes ges as o monumen os
singula es. Su unción, po an o, quedaba muy lejos de da cuen a de la ida polí ica,
de mos a a los p o agonis as co idianos de la acción de gobie no. Los ejemplos pio-
ne os son el semana io El A is a, publicado en Mad id a pa i de ene o de 1835 con
3Alonso, C.: «An eceden es de las ilus aciones», La p ensa ilus ada en España. Las Ilus aciones,
1850-1920, Coloquio In e nacional-Rennes, Mon pellie , IRIS, Uni e si é Paul Valé y, 1996, pp. 13-38.
4Valls, M.A.: «Las leyes de la exage ación (…) eposan en el ondo de la ca ica u a», La ca ica-
u a alenciana en la II República, 1931-39, Ajun amen de València, 1999, pp. 30-31.
5Ca o Ba oja, J.: Ensayo sob e la li e a u a de co del, Ba celona, Cí culo de Lec o es, 1988.
6Rius, I. y Ma ínez, F.A.: «Comunicació popula i li e a u a popula i zada: el plec de co dell a la
València del segle XIX», Comunicación y Es udios Uni e si a ios, nº 2, Mon cada, 1992, p. 309. Cañada,
R.: «La imp em a popula : auques, col.loquis i aleluies», La Imp em a Popula Valenciana, València, Gene ali-
a Valenciana-Bancaixa, 1990. Bo de ia, E.; Ma ínez, F.A., y Rius, I.: Josep Be na i Baldo í, 1809-1864.
En e la cul u a popula y la polí ica bu guesa, Ajun amen de Sueca, 1999.
ELPODER DE LA IMAGEN Y LA IMAGEN DEL PODER 115
li og a ías de a is as y esc i o es omán icos ealizados po el pin o Fede ico Mad azo;
y El Semana io Pin o esco, undado po Mesone o Romanos en ab il de 1836, que in-
odujo en España el g abado en made a y que pe mi ió la implan ación en nues o
país de la e is a ilus ada de di ulgación cien í ica. El Semana io iba a log a sob e-
i i has a diciemb e de 1857 g acias, en e o os ac o es, a que sus con enidos e ilus-
aciones e an ajenos a cualquie comp omiso polí ico. Es a apues a de end á en modelo.
Así, La Ilus ación Popula y Ame icana, nacida en diciemb e de 1869 en Mad id bajo
la di ección de Abela do de Ca los, no sólo desa olla á es a línea de p ensa ilus ada,
que ambién pod íamos iden i ica como pe iodismo de cu iosidades, sino que llega á
a se el p incipal e e en e de es e géne o p o ocando la i upción de imi ado es como
La Ilus ación de Mad id, en e 1870 y 71.
Tan o El A is a, como el Semana io Pin o esco o el pos e io Museo de las Familias,
con ie en al g abado en un complemen o ilus a i o. Signi ica que son imágenes que
se seleccionaban en unción de su in e és li e a io, his ó ico o social y, en muchas oca-
siones, a pa i de lo publicado po o as publicaciones simila es en el ex anje o. Pe o
nunca se elige el ema po su ac ualidad. El cambio de c i e io no sucede á has a ines
de siglo. La aslación al lec o a a és del dibujo de los acon ecimien os, es o es, el
inicio de lo que iden i ica emos como pe iodismo g á ico, no se p oduci á en España
has a ines de siglo. El p incipal impulso de es a nue a modalidad in o ma i a se á
Juan Comba, que desde la edacción de La Ilus ación Popula y Ame icana, ep oduce
en dibujos muy minuciosos escenas de la ac ualidad mad ileña. En una p ime a e apa,
la base de su dibujo se ía su p odigiosa memo ia7. Más a de, el dibujo pa ía de la
o og a ía que p e iamen e había ealizado de la escena que p e endía ep oduci .
Comba lle a á a cabo los p ime os g andes epo ajes o og á icos de la his o ia del
pe iodismo español, como el ealizado du an e el incendio de El Alcáza de Toledo,
en 1887, o el que cub ió la isi a a España de la eina Vic o ia de Ingla e a, en 1889.
Pe o sob e odo, el e a o que más ealizó ue el del ey. Po ello, no ex aña que sea
de inido como el «c onis a g á ico de la mona quía española en sus ac os o iciales»8,
lle ando a cabo una ob a cuyo público des ina a io es «sociológicamen e iden i icable
an o más cuan o que cos aban bas an e las e is as»9. Po an o, imágenes del pode
en cla e de e a o pa a un público imb icado de una mane a u o a en el pode .
P ác icamen e coincidiendo con la implan ación del su agio uni e sal masculino,
apa ecen los p ime os semana ios g á icos que pond án in a la p ensa ilus ada. No
7«Con una p odigiosa e en i a y una asomb osa minuciosidad en los de alles, Comba asladaba
al papel, dándoles un ealismo d amá ico, las escenas que con emplaban sus ojos, y ello que al igo des-
c ip i o, que has a podían se iden i icados uno a uno los nume osos pe sonajes asladados al dibujo y
aun p ecisa se los po meno es de su a uendo o con a se sus condeco aciones». Gómez Apa icio, P.: His o ia
del pe iodismo español. De la Re olución de Sep iemb e al desas e colonial, Mad id, Edi o a Nacional,
1971, p. 610.
8Ay aul , P.: «El epo aje g á ico en la Ilus ación Española y Ame icana y Juan Comba», La
p ensa ilus ada en España. Las Ilus aciones, 1850-1920, Coloquio In e nacional-Rennes, Mon pellie ,
IRIS, Uni e si é Paul Valé y, 1996, p. 100. C . López Mondéja , P.: His o ia de la o og a ía en España,
Ba celona, Lunwe g edi o es, S.A., 1997, pp. 82-84.
9Ay aul , P.: op. ci ., p. 107.
116 ANTONIO LAGUNA PLATERO
podemos sus ae nos, po an o, a la posibilidad de suge i que la coincidencia es más
que casual. Es deci , jus o en el momen o en que la imagen del polí ico puede llega
al público a a és de la o og a ía y no sólo de la ca ica u a, se concede el de echo
al su agio a los a ones mayo es de 25 años. Posiblemen e no sea más que una coin-
cidencia, pe o en odo caso signi ica i a.
2. LA PRENSA SATÍRICA: EL DIBUJO DEFORME
Jus o en en e de es a línea de comunicación imp esa es a á la p ensa sa í ica.
Un ipo de pe iódico nacido pa a comen a y opina del gobie no en cla e de hu-
mo que inco po a á desde muy emp ano la imagen como e ue zo cla e de su
obje i o edi o ial. Es a apues a po la c í ica en ono humo ís ico, no sólo los de-
ine y cali ica, sino que los si úa en un e eno muchas eces ma ginal al sis ema
10
.
El mejo exponen e de es a ma ginalidad es, sin duda, El Mu ciélago, pe iódico
clandes ino publicado sin pe iodicidad ija en el Mad id de 1854 y que se con i -
ió en un au én ico enómeno social po cómo pin aba a la eina mad e, Ma ía C is-
ina de Bo bón y al inancie o Ma qués de Salamanca. El pe iódico se epa ía en
sob es con o la neg a, como las esquelas une a ias. Del p ime núme o, echado el
26 de ab il de 1854, ue on en iados ejempla es a la eina mad e y a odo el go-
bie no sin que la policía pudie a impedi lo. Aunque no es á p obado, odo apun a a
que los au o es del pe iódico son un exje e del gobie no, Luis González B a o y un
u u o je e de gobie no, An onio Cáno as del Cas illo
11
. Del p ime o, la e dad, es
que no se ía de ex aña su pa icipación si enemos en cuen a que en 1839 se le
había elacionado con la edición de o o pe iódico sa í ico, llamado El Gui igay. La
sección más popula de es e semana io e a la denominada «Cence adas», i mada
po Ib ahim Cla e e ( eó ico seudónimo de González B a o), donde cali icaba a
Ma ía C is ina de «Ilus e p os i u a», o solici aba que a los minis os «se les ap ie e
bien la ga gan a a e si con la lengua aido a suel an el dine o que nos han o-
bado». No es de ex aña que el 7 de julio de 1839, el pe iódico uese suspendido
po Real O den.
La p ensa sa í ica no sólo se econoce po su ex o, sino muy especialmen e po
las imágenes que lo e ue zan. Si has a los años cincuen a, la inco po ación de imá-
genes an sólo había sido algo común en la misma cabece a, con el ánimo de e o -
za el nomb e y la in ención del pe iódico, a pa i de los sesen a la endencia se in-
c emen a. La apa ición de Gil Blas en no iemb e de 1864, de la mano de ilus es
p ohomb es del Pa ido Demóc a a Español (Fede ico Bala , Eusebio Blasco, Robe o
Robe , e c.), con i ma la mayo ía de edad de la p ensa sa í ica ilus ada con ca ica-
10 M.C. Seoane los llama «pe iódicos gue ille os» po su o ma de lucha con a «los obs áculos
adicionales». Seonae, M.C.: His o ia del Pe iodismo en España, ol. 2, «El siglo XIX», Mad id, Alianza
Uni e sidad, 1983, p. 259. Po su pa e, Gómez Apa icio señala que «el Pe iodismo sa í ico siemp e ha
sido en España la exp esión más sucin a, más espon ánea y más elemen al de nues o gue ille ismo»,
Gómez Apa icio, P.: His o ia del pe iodismo…, p. 61.
11 Así lo a i ma Seoane, M.C.: op. ci ., p. 217.
ELPODER DE LA IMAGEN Y LA IMAGEN DEL PODER 117
u as12. De al o ma que el gobe nan e de u no ue dado a conoce po p ime a ez
a una g an pa e de la sociedad española a a és de un lenguaje muy especial: el di-
bujo de o me. El pode oso Na áez cuando en 1866 ocupaba po úl ima ez la p esi-
dencia del gobie no, llegó a comen a públicamen e que no emía a los ex os de los
pe iódicos, sino a las ca ica u as13.
Gil Blas se á eedi ado en Mad id y Valencia y su ejemplo se á seguido dos años
después po Je emías, que consolida la i upción del ca ica u is a como un nue o p o e-
sional del pe iodismo. El modelo de Gil Blas se á ampliamen e imi ado en oda España.
Incluso llega á po p ime a ez a la p ensa dia ia, al inco po a la edición de los lunes
de Las No edades una ca ica u a «po el es ilo y amaño de las que da el pe iódico
ancés Le Cha i a i, an icipándose en cie a mane a a los Lunes de El Impa cial»14.
La o a consecuencia es que en el pano ama de la p o esión pe iodís ica, acaba de na-
ce una nue a especialidad: la del dibujan e cómico p o esional, un abajo que con a á
con des acados especialis as. Incluso «g andes pin o es e ilus ado es eje ce án las la-
bo es de ca ica u is as en sus p incipios: Juan G is, Ramón Casas, Isid o Nonell, Juan
Comba y el mismo Picasso»15.
En Valencia, en es e pe iodo, nos encon amos con una la ga lis a de í ulos, an
in ensos en su c í ica como e íme os en su du ación. La mayo pa e son epublicanos
ede ales; o os ca lis as. Lle an nomb e de pe sonajes popula es, como El Tío Min-
golo (1869), El Tío Pesquis (1873), El Tío Ca ila (1873), Don Manuel (1874); de ani-
males como La Víbo a (1869 y 73); de ea o, como Don Juan Teno io (1871) o La
Fa sa (1872)16.
En Ba celona apa ece en 1870 La Campana de G acia, que incluye du as ca ica u as
de ailes y cu as, dando paso a una línea an icle ical que iene su complemen o en
Mad id con Gil Blas17 y El Cence o. De la p ime a, ampoco hay que ol ida el éxi o
12 Co esponde a Vale iano Bozal, en uno de los p ime os abajos analí icos sob e el papel de la
ilus ación sa í ica, habe pues o de mani ies o cómo a pa i de la década de los cua en a del siglo pasado,
«la imagen empieza a ene pe sonalidad en e al ex o». Su pun o de e e encia es la p ensa sa í ica ca-
alana (El Papagayo) y mad ileña (Gil Blas). Bozal, V.: La Ilus ación g á ica del siglo XIX en España,
Mad id, Albe o Co azón, 1979.
13 Valls, J.F.: P ensa y bu guesía en el XIX español, Ba celona, An h opos, 1988, p. 143.
14 Seoane, M.C.: op. ci ., p. 203.
15 Domingo, J.: Un siglo de p ensa sa í ica española, Mad id, 1988, p. 7.
16 Po lo que hace a Mad id, La Voz del Siglo, de 3-XII-1868, se hacía eco de esos nomb es con la
siguien e alo ación: «Unos ago an la lis a de los mamí e os, a es, ep iles, peces…, has a el pun o de que
no concebimos una colección de ellos sino en e alamb es y ba o es y de que llega uno a sospecha si en
la imp en a end án domado o egen e: El Tibu ón, El Ga o, El Pája o Rojo, El Ganso, La Sanguijuela,
El G illo, La Langos a, El Bu o, El Tig e, La Pan e a, El Abejo o, El Zángano, La Víbo a, La Ma iposa,
El Mosqui o…, llaman con sus bocados, maullidos, coces, ebuznos y pico azos. O os se colocan bajo la
ad ocación de algún homb e ilus e en las abe nas de Andalucía y de le Mancha: El Tío Pilili, El Tío
Peneque, El Tío Caniyi as… han di undido en e odas las clases sociales los más delicados chis es de en-
o illo, la más ina sá i a de despacho de ino, la más á ica sal del po ón y del empiñonado. Los «Tíos»
ob en como lo que son, y suelen da palmas, ga o azos y pellizcos».
17 Pa a hace nos una idea, ci emos la sección «Concu so de con eso es», que el 15 de ab il de 1869
dedicaba la siguien e ecomendación a Isabel II y a su con eso el pad e Cla e : «Sé que necesi áis un
con eso de cue po en e o. Sé que el e e endo Cla e ha hecho mu is. Yo os pido la plaza de con eso , y
118 ANTONIO LAGUNA PLATERO
que end án sus «Ca ica u as Re oluciona ias», ilus adas po los dibujan es O ego y
Pe ea y con poemas esc i os po Manuel de Palacio; de la segunda, su cabece a con
una especie de mons uo acuno p o is o de un cence o descomunal, igual al que se
u ilizaba pa a la en a ambulan e del pe iódico. No sabemos si se ía es a o iginal o ma
de eclama la a ención de los mad ileños, o sus con enidos an icle icales y epu-
blicanos, lo cie o es que Manuel Osso io le a ibuye una ci a máxima de en a de
300.000 ejempla es18.
La Campana de G acia, po su pa e, iba a ene una de las idas más longe as
de la p ensa sa í ica española, ya que se publica á has a oc ub e de 1934, llegando a
ene una i ada supe io a los ein e mil ejempla es.
Con la es au ación al onsina, las es icciones pa a la c í ica se ex ienden ambién
al dibujo. Hab á que espe a , po ello, has a la llegada de los libe ales al pode en 1881
y, sob e odo, a la p omulgación de la ley de 1883, pa a ecob a el impulso alcan-
zado en las echas del Sexenio. El 10 de ab il de 1881 nacía El Mo ín, «Pe iódico Sa-
í ico Semanal», bajo la di ección del epublicano ede al José Nakens, que se publi-
ca ía has a 1926. En es e semana io des aca á el dibujan e Edua do Sojo, que i maba
con el seudónimo de «Demóc i o». Sus ca ica u as del cle o, desc ibiendo supues as
o gías de obispos go dos y lus osos ma ca un es ilo que desa olla á pos e io men e,
en e o os, el g an e e en e de la p ensa sa í ica española, el semana io alenciano
La T aca.
Apa i de aquí y has a la llegada de las e is as g á icas, la ida polí ica del país
iba a queda e elada en el espejo cónca o de la p ensa sa í ica. En consecuencia, a
pa i de los ochen a y ya de o ma impa able la ilus ación cómica no sólo se á el eje
e eb al de los semana ios humo ís icos, sino que da á el sal o a odo ipo de publi-
caciones que p e endan gana público. Veamos cómo se p oduce la sín esis.
3. LA REVISTA GRÁFICA, LA SÍNTESIS
La p ime a publicación de es e géne o es de nue o la más ep esen a i a. Se llama á
Blanco y Neg o y ha nacido como e is a semanal el 10 de mayo de 1891 po inicia i a
de To cua o Luca de Tena. El éxi o de la p opues a iene a alada po la e olución po-
si i a que alcanza de inmedia o, ya que pasa de una p ime a i ada de 20.000 ejem-
pla es a 25.000 en su segundo núme o. La segunda, El Nue o Mundo, es undada el
18 de ene o de 1894 po José del Pe ojo, un an iguo colabo ado de La Ilus ación
Popula y Ame icana. Es a e is a se á la p ime a que deco e sus po adas con o o-
demos a los í ulos que me asis en, os suplico me oigáis con a ención. Hace muchos años que me dedico
a la con esión. Tengo una pa oquiana jamona, muy ag adable, que odas las semanas me ocupa una o dos
eces. Es una seño a muy a dien e. Eso lo ae consigo la sang e. Todos los días me ae el mismo pecado,
le impongo la misma peni encia, se a epien e, y has a o a. Ni la peni encia, ni el pecado, ni el a epen i-
mien o a ían de una con esión a o a: lo único que a ía es el aman e. Con es o que lle o dicho supongo
que Vues a Majes ad me c ee á muy acos umb ado a cie os ca gos. Nómb eme su con eso y e á. Vues a
Majes ad lo que es canela».
18 Gómez Apa icio, P.: op. ci ., p. 71.
ELPODER DE LA IMAGEN Y LA IMAGEN DEL PODER 119
g a ías de a is as emeninas, si bien su in in o ma i o le lle a á a con e i se en la
in o mado a g á ica de la gue a de Cuba. Su i ada, cuando se inicia 1896, e a de
49.317 ejempla es.
El cambio, como se obse a, es no able y las consecuencias ele an es. Si hacemos
una some a enume ación, enemos:
1.º Que hemos pasado del g abado en made a y de la li og a ía al o og abado y
al huecog abado, lo que ab e odo un mundo de posibilidades pa a la edición
de la imagen o og á ica.
2.º Que la e is a ilus ada, al y como había enido desa ollándose en La Ilus-
ación Española y Ame icana en a en c isis y desapa ece19. Como p ueba,
señalemos el éxi o cosechado en 1909 po Nue o Mundo, con un epo aje
g á ico sob e el Ba anco del Lobo que le pe mi e alcanza un éco d de i ada:
266.000 ejempla es20, mien as que la Ilus ación concluía de ini i amen e su
edición en 1921.
3.º Que el nue o sec o que se dibuja se plan ea inmedia amen e como un nego-
cio de g andes posibilidades. La e is a g á ica empieza a p oli e a de la mano
de los g andes magna es de la p ensa española, en ando en du a compe encia.
En 1913 se cons i uía P ensa G á ica S. A., edi o a de Mundo G á ico, que se
iba a lanza , con la c eación de La Es e a en ene o de 1914, a una polí ica
expansi a. Es a nue a e is a g á ica, muy lujosamen e edi ada, salía al p e-
cio de 50 cén imos, es o es, diez eces más que un dia io del momen o y el
mismo p ecio que un kilo de pan en el Mad id del momen o. Mundo G á ico,
de menos calidad que la an e io , cos aba 20 cén imos y se di igía a un público
más amplio. La p ensa dia ia, eco démoslo, seguía man eniendo su p ecio his-
ó ico de 5 cén imos.
4.º Que el nue o p oduc o esul an e no sólo se compone de ex o e imagen o-
og á ica. También incluye la ca ica u a. Es, po an o, un pun o de sín esis de
las dos endencias que has a aho a habían enido ma cando la comunicación
imp esa isual. En el caso de Blanco y Neg o, jun o con los dibujan es que
lle an a cabo la «colabo ación a ís ica», capi aneados po Angel Díaz Hue as
que es el au o de la po ada del p ime núme o, nos apa ece una la ga nó-
mina de «dibujan es cómicos» que cons i uyen la mejo ep esen ación de oda
la p ensa sa í ica. Así nos encon amos con Ramón Cilla que, jun o con Sinesio
Delgado, el p incipal a í ice de Mad id Cómico, ue on los p incipales ca-
ica u is as de la e is a. Pe o ambién se unen a és os, o os dibujan es de
g an p es igio como Edua do Sáenz He múa, «Mecachis»; F ancisco Sancha,
19 Des ois, J.M.: «El in de las ilus aciones: el caso de Mad id», La p ensa ilus ada en España.
Las Ilus aciones, 1850-1920, Coloquio In e nacional-Rennes, Mon pellie , IRIS, Uni e si é Paul Valé y,
1996, p. 343.
20 Sob e es a ci a y la polémica ace ca de la i ada de es a publicación, c . Seonae, M.C. y Saiz,
M.D.: His o ia del Pe iodismo en España, ol. 3, «El siglo XX: 1898-1936», Mad id, Alianza Uni e sidad,
1996, p. 174.
126 ANTONIO LAGUNA PLATERO
También conocemos ayec o ias singula es de pe iódicos sa í icos cuyos con eni-
dos p o oca on una espues a an absolu amen e desp opo cionada, an o del público
que se in e esaba po sus con enidos como po pa e de los sec o es sociales a acados.
El ejemplo más conocido quizá se ía el del ca alán Cu-Cu , asal ado po o iciales de
la gua nición de Ba celona po el chis e que publicaba su núme o de 23 de no iem-
b e de 190533.
F en e a la dimensión cuali a i a de los e ec os, nos queda el da o de la i ada. Un
da o que lógicamen e en un iempo donde no exis ían mecanismos de medición isca-
lizados no siemp e esul a á demasiado iable. Pe o lo que no se pod á nega es que
buena pa e de los pe iódicos sa í icos más consolidados ienen i adas que es án po
encima de los p incipales dia ios del país34. De aquí que des aquemos la impo ancia
que es e ipo de pe iódicos aya a ene en la ida polí ica del país, al iempo que c i-
iquemos el escaso in e és que has a la echa ha despe ado en los lib os de his o ia
del pe iodismo.
Po o o lado, los análisis sob e la p ensa de masas en nues o país, que de o ma
an b illan e han desa ollado el g upo de in es igado es ca alanes del que des aca Josep
Lluis Gómez Mompa 35, han es ablecido las condiciones que posibili an la exis encia
de una sociedad de comunicación de masas, así como el desa ollo de un discu so pe-
iodís ico de masas36. Pe o odo ello cen ando el análisis casi exclusi amen e en el
dia io. ¿Po qué exclui de la comunicación de masas el pe iodismo de sensaciones,
33 «La iñe a ep esen aba a un paisano y un mili a an e el F on ón Condal, en el que los ca ala-
nis as habían celeb ado el día 18 el éxi o en las elecciones municipales. En el pie podía lee se el siguien e
diálogo: “¿Qué se celeb a aquí que hay an a gen e? –El banque e de la ic o ia. –¿De la ic o ia? Ah,
aya, se án paisanos”. La sensibilidad a lo de piel de los o iciales les lle ó a asal a las edacciones de
Cu-Cu y La Veu de Ca alunya, lo que a su ez p odujo como eacción el o midable mo imien o pa ió-
ico de Solida idad Ca alana y, inalmen e, condujo a la p omulgación de la Ley de Ju isdicciones». Seonae,
M.C. y Saiz, M.D.: His o ia del Pe iodismo en España, ol. 3, «El siglo XX: 1898-1936», Mad id, Alianza
Uni e sidad, 1996, pp. 135-136.
34 En 1918, los 32 dia ios mad ileños endían dia iamen e 656.000 ejempla es, mien as los 18 de
Ba celona supe aban los 311.000. Ambas ciudades concen aban el 60% de oda la p ensa que se edi aba
en España. En con as e, señalemos que en 1931 a G acia y Jus icia, semana io sa í ico ilo ascis a inspi-
ado po el conseje o delegado de la edi o ial ca ólica F ancisco He e a O ia, se le a ibuyen unas en as
supe io es a los 200.000 ejempla es; y que el semana io epublicano alenciano, La T aca, alcanzó el medio
millón en la misma echa.
35 De es e au o nos pe mi imos des aca , en e o os es udios sob e es e ema, La gènesi de p emsa
de masses a Ca alunya, 1902-1923, Ba celona, Pò ic-Mèdia, 1992.
36 La esis de Mompa , deudo a en buena pa e de la ob a de T. Ál a ez, es ablece como de e mi-
nan es his ó icos pa a pode habla de sociedad de comunicación de masas que: «Con el despliegue del
capi alismo monopolis a en los países más desa ollados del á ea occiden al (1880-1910), la p ensa dia ia
expe imen ó un espec acula c ecimien o de las i adas. Es e hecho ue acompañado de la in oducción de
inno aciones ecnológicas impo an es, y de una modi icación sus an i a en la concepción del p oduc o in-
o ma i o imp eso(…) Es as ans o maciones signi ica on el inicio de una nue a ase en la his o ia del
pe iodismo y ambién de la cul u a. Es a nue a ase supuso la c is alización de la cul u a y la comunicación
de masas», Gómez, J.LL., «¿Exis ió en España p ensa de masas? La p ensa en o no a 1900», His o ia de
los medios de comunicación de España. Pe iodismo, imagen y publicidad (1900-1990), Ba celona, A iel
Comunicación, 1989, p. 27. C . Timo eo Ál a ez, Res au ación y p ensa de masas. Los eng anajes de un
sis ema, 1875-83, Na a a, EUNSA, 1981, pp. 168-170.
ELPODER DE LA IMAGEN Y LA IMAGEN DEL PODER 127
aquél que basa á su éxi o en la explo ación de las ilias y obias, el humo , la iolencia,
el sexo…? ¿Acaso es e discu so pe iodís ico no es ealmen e el cauce po el que dis-
cu e la ac ual comunicación de consumo mayo i a io? ¿po qué ob ia al nume oso
público que seguía ielmen e es a p ensa, sob e odo si enemos en cuen a que buena
pa e de la comunicación del siglo XIX, p ocesada y elabo ada en medios pe iódicos
imp esos, ue consumida po el público que ni in elec ual ni económicamen e podía
accede a un dia io, a un «pe iódico se io»? Compa imos la esis: el pe iodismo de
masas, ya discu so-p oducción, ya dis ibución-come cialización, ya consumo-e ec os,
es insepa able de un de e minado g ado de desa ollo de las ue zas p oduc i as ma-
e iales de la sociedad. E insis imos en los e ec os undamen ales que pa a la p oducción
de la comunicación implica la i upción del es adio monopolis a. Pe o es ablecido el
condicionan e, no po ello se á menos cie o que la con igu ación de ese discu so pe io-
dís ico de masas que Gòmez Mompa iden i ica po indicado es como o denación e-
má ica, p esen ación de los con enidos median e ilus aciones o signos de mode nidad
a ios, iene un ámbi o de desa ollo inequí oco en la p ensa sa í ica española.
5. EL PODER DE CARICATURA
No cabe duda: es amos an e un ipo de lenguaje que an ecede a la p ensa como
medio de comunicación y se p oyec a po encima de enos lingüís icos o cogni i os.
El dibujo no equie e ningún ap endizaje lingüís ico p e io pa a su comp ensión. Tam-
poco iene una lec u a uní oca. En unción del g ado de esquema ismo o suge encia
que enga, sus in e p e aciones se mul iplica án. Posee la ue za de la imagen, la iqueza
de la imaginación y la capacidad de la p o ocación.
La palab a ca ica u a p o iene del i aliano «ca ica e» que signi ica «ca ga ». Consis e
en la de o mación de la imagen de una pe sona, en la exage ación de sus de ec os ísi-
cos, en la in e p e ación de sus cualidades mo ales37. La ca ica u a ambién se á la de-
o mación del cue po humano en cla e de humo . Po eso suele i ligada a la p ensa
sa í ica. Pe o la ca ica u a es ambién la c í ica del homb e público e lejando los aspec-
os más du os de su pe sonalidad, o los es ados de ánimo. Po eso a a se ecuen e
la ansmu ación del pe sonaje en un animal, en un se que abandona la azón pa a se
únicamen e ins in o sal aje. No es que se humanice al animal, sino odo lo con a io.
Los ejemplos se sucede án: La Ca ica u a, publicación mad ileña de 1884 di igida po
el dibujan e Edua do Sáiz («Mecachis») ya nos o eció inmejo ables mues as de es e
bes ia io an especial. Luego Baga ía, el maes o, cons uc o de una «me á o a-collage
con una yux aposición de elemen os zoomó icos y isonomías conc e as, que le lle a án
a con igu a un b illan e bes ia io a pa i de la plana mayo de la clase polí ica de la
Res au ación»38. De es a mane a, Mau a es pin ado con cue po de pa o eal, Romanones
de ulpeja, Cambó de cue o, Le oux de ce do y cocod ilo, e c. El e ec o inmedia o
37 De acue do con Valls, M.A.: «Las leyes de la exage ación(…) eposan en el ondo de la ca ica u a»,
La ca ica u a alenciana en la II República, 1931-39, Ajun amen de València, 1999, p. 23.
38 Elo za, A.: Luis Baga ía…, op. ci ., p. 184.
128 ANTONIO LAGUNA PLATERO
es consegui que el público a ibuya al polí ico las conno aciones mo ales habi ual-
men e a ibuidas a es e ipo de animales.
La ca ica u a, po an o, pa e de la ealidad pa a ele a se al e eno de la imagi-
nación y de los sen idos. No cabe, po an o, con usión alguna con el e a o. Po que,
aunque és e ambién puede llega a socializa al pe sonaje, lo hace siemp e desde una
inalidad opues a, es o es, desde la in ención de magni ica lo. El ejemplo más ep e-
sen a i o nos lo o ece la, po o o lado muy ep esen a i a, e is a La Ilus ación
Española y Ame icana, donde el e a o magni ica á y has a dei ica á a los pe sonajes
ep esen ados39. Además, jun o al e a o suele apa ece un ex o que casi siemp e
es hagiog á ico, lo que e ue za el obje i o de o ien a en sen ido posi i o al lec o
sob e el biog a iado40.
La ca ica u a es una ep esen ación icónica de la ealidad en un lenguaje que mues-
a al se pode oso en su mani es ación más débil, menos apa en e, más humana. En
es e sen ido, el e ec o social de la ca ica u a pod á se an sub e si o o más que el
ex o. P ime o po su capacidad de llega a más gen e habida cuen a de la acilidad
de lec u a que iene la imagen. Pe o, sob e odo, po la di icul ad in ínseca de a-
lo a la ca ga c í ica del dibujo. Así sucede con Baga ía cuando ue sucesi amen e
p ocesado po sus iñe as ace ca de la I Gue a Mundial sin que pasase más de un
día en la cá cel.
También pod íamos i más allá y supone le un cie o g ado de e ec o psicológico.
Es deci , el público que e la ca ica u a del pode oso Cáno as en o ma de mico, la
de un engolado Mau a o la de un a eminado F ancisco F anco, es á siendo in e pelado
a aduci en é minos cómicos y humanos la imagen del pode . Po ello no sólo son-
ei á an e el dibujo o su mensaje, sino que expe imen a á una sensación de ali io al
comp oba que el pode que le op ime iene ese aspec o an cómico, an idículo, an
ce cano. De acue do con F eud, el humo es un p incipio de libe ación, «es una aleg ía
iun an e y ep esen a la ic o ia del p incipio del place »41. Sin emba go, es a ic o ia
debie a se conside ada como el esul ado de una us ación: «los sueños se o nan
ingeniosos y di e idos po que la senda más di ec a y cómoda pa a la exp esión de
nues os sen imien os se encuen a obs uida». Así pues, se hacen chis es po que no se
puede hace o a cosa más di ec amen e ag esi a. De acue do con es e plan eamien o,
la iñe a humo ís ica de signo polí ico pod ía se in e p e ada como un desa ío al pode
po medios «menos ag esi os».
La ca ica u a, is a así, se con ie e en el p ime medio impo an e que ace ca a la
sociedad la imagen de su gobe nan e, en un iempo –no lo ol idemos– en donde una
buena pa e de la población nacía y mo ía sin pode e la ca a de un minis o o de
39 Le Bigo , C.: «Los e a os en La Ilus ación Española y Ame icana : e as y amoyas de un gé-
ne o», La p ensa ilus ada en España. Las Ilus aciones, 1850-1920, Coloquio In e nacional-Rennes, Mon -
pellie , IRIS, Uni e si é Paul Valé y, 1996, pp. 145-161.
40 «El e a o co esponde a lo que la an igua e ó ica designaba con la palab a de e opeya, o sea,
una desc ipción que iene po obje o los alen os, i udes y cualidades mo ales de un pe sonaje». Ibídem,
p. 147.
41 Tubau, I.: op. ci ., p. 17.
ELPODER DE LA IMAGEN Y LA IMAGEN DEL PODER 129
un p esiden e del gobie no. Sencillamen e: no había o a o ma de sabe quiénes e an.
He aquí su impo ancia que, sin duda, se mul iplica cuando conside amos que la ca-
ica u a no solo in o maba ace ca de quiénes e an los gobe nan es, sino, sob e odo,
de cómo e an esos gobe nan es. Es en es a segunda ace a donde se p oduce esa es-
pecial iden i icación con el público que le lle a a ene un g an pode de pe suasión:
po que el ema dibujado nunca se á ajeno, po mucho que sea la p ime a ez que se
e al pe sonaje ca ica u izado; y en segundo luga , po que al oca un ema que iene
un g ado de a ección sob e el lec o o isualizado de la ca ica u a, se puede llega a
p oduci oda una posible gama de suposiciones, desde la idea de que un pode con
esa o ma es menos pode , has a la más sub e si a de que ese pode , is o así, deja
de se un enemigo in encible.
El pode de la imagen de o me llega has a nues os días, incólume en su espí i u
co osi o y en sus e ec os sociales. Es e iden e que su p imi i o sopo e de papel
ha dejado paso a los nue os de adio y ele isión. Pe o son a iaciones en o mas
y medios, en absolu o en plan eamien o e in enciones. El guiñol de Canal +, con sus
cuidadas ep esen aciones y excelen es guiones, se ía el es adio supe io de aquel di-
bujo en blanco y neg o y un pie explica i o que nu ió la p ensa sa í ica de casi odo
un siglo.
En el in e egno, o o genio de la c eación como Valle Inclán nos o ecía una a-
iación de la ca ica u a en cla e ea al. Se a a del espe pen o, de inido po Ped o
Salinas como una nue a o ma de e la ealidad. Y eso es, p ecisamen e, lo que nos
impo a: la o a o ma de e la ealidad, la mi ada cónca a que la ca ica u a o ece á
del pode . Luces de Bohemia, esc i a p ecisamen e cuando la o og a ía se ins ala de-
ini i amen e en la p ensa dia ia española, 1924, con ie e la ca ica u a en un lenguaje
ea al, esumiendo el sen ido úl imo del mensaje de o me cuando pone en boca de
Max Es ella aquellas palab as que a i maban: «De o memos la exp esión en el mismo
espejo que nos de o ma las ca as y oda la ida mise able de España»42. Es e impulso
ambién lo aplica al pe iodismo g á ico. En Las Galas del Di un o, el Rapis a se hacía
eco de los e a os amables que publicaba Blanco y Neg o, o eciendo su no a de o me:
«Re a os de las celeb idades más celeb es: La Familia Real, Machaqui o, la Impe io.
¡El céleb e o o Co onel! ¡El enómeno más g ande de las plazas españolas, que omó
quince a as y ma ó once caballos! En bodas y bau izos publica o og a ías de lo mejo .
Un empo io de ece as: ¡Allí culina ias! ¡Allí compos u as pa a oda clase de id ios
y po celanas! ¡Allí qui amanchas!…»43.
42 Yque pod íamos comple a con el o o pá a o que añade: «Los hé oes clásicos e lejados en los
espejos cónca os dan el espe pen o. El sen ido ágico de la ida española sólo puede da se con una es-
é ica sis emá icamen e de o mada».
43 Ci ado po Seonae, M.C. y Saiz, M.D.: His o ia del Pe iodismo en España, ol. 3, «El siglo XX:
1898-1936», Mad id, Alianza Uni e sidad, 1996, p. 173.