El papel decisivo del sionismo en el devenir histórico de Palestina y en la relación entre israelíes y palestinos
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‒ 1137 ‒ CAPÍTULO 56 EL PAPEL DECISIVO DEL SIONISMO EN EL DEVENIR HISTÓRICO DE PALESTINA Y EN LA RELACIÓN ENTRE ISRAELÍES Y PALESTINOS ANTONIO BASALLOTE MARÍN Universidad de Sevilla 1. INTRODUCCIÓN Abordar la relación histórica entre religión y política en Palestina e Israel suscita la asociación inmediata de las tres religiones abrahámicas, pero en especial de las dimensiones políticas y nacionalistas del islam y el judaísmo, es decir, del islam político y del sionismo, como vertiente nacionalista étnica del judaísmo a partir del siglo XIX. En nuestro trabajo nos centraremos en la relevancia y el papel decisivo y determinante del sionismo en el devenir de los acontecimientos en la región. Y es que, si bien el islam político, abanderado en Palestina por Hamas, prosperó en los Territorios Palestinos Ocupados a partir de la Primera Intifada, con protagonismo indudable durante la II Intifada, y accediendo al gobierno con su lista política, “Cambio y Reforma” en las elecciones de 2006, este actor ha quedado relegado a un segundo plano por varios factores. Entre estos cabe destacar la represión israelí en colaboración con la AP dirigida por Mahmud Abbas, que conculcó los resultados y bloqueó a Hamas en Gaza, así como el cambio generalizado en Cisjordania de la estrategia de resistencia popular palestina desde 2005, virando hacia la no violencia con marchas y manifestaciones pacíficas. Con todo, Hamas ha perdido influencia y protagonismo. Sin embargo, el sionismo prevalece como ideología hegemónica entre los actores implicados, siendo una fuerza ideológica nacionalista y religiosa que, a pesar de su influencia y protagonismo, así como su papel determinante en la política israelí de hechos consumados sobre Jerusalén Este y Cisjordania, es ignorada e invisibilizada. Así, en el presente
‒ 1138 ‒ trabajo analizamos el sionismo como una fuerza nacionalista y colonial que, sin duda, fue y sigue siendo mucho más determinante y decisiva para Palestina e Israel. 2. DÉFICIT DE ESTUDIOS Y ANÁLISIS SOBRE EL SIONISMO Podríamos afirmar que la situación actual de violencia sobre Palestina procede de los avatares del siglo XX, destacando dos momentos clave: 1947-1948, cuando se impone mediante la fuerza la Partición del territorio palestino, entonces bajo Mandato Británico, y la creación de un Estado exclusivo para judíos en un territorio dénsamente poblado por palestinos de mayoría árabe musulmana -con una importante minoría cristiana y judía-, que también aspiraban a su independencia. Por el polémico Plan de Partición (Resolución 181 del 27 de noviembre de 1947), las potencias extranjeras otorgaban a la minoría colona sionista -procedente en su mayoría de Europa centralel 54% de Palestina y las tierras más fértiles, mientras la población nativa, que constituía tres cuartas partes del total, debía conformarse con un 46% de su tierra. Por si fuera poco, el nuevo Estado israelí continuó, a través de varias guerras, aumentando sus fronteras al engullir más tierras de las zonas destinadas a la creación de un Estado Palestino, de forma que en la actualidad el Estado sionista consta de un 82% del total de la Palestina histórica. El resto lo conforman los llamados Territorios Palestinos Ocupados Gaza y Cisjordania, dos pequeñas porciones sin continuidad territorial donde viven hacinados -especialmente en Gaza3´5 millones de palestinos, de los cuales la mayoría son refugiados expulsados o huidos de las tierras anexionadas. Además, ese 22% de la Palestina histórica dividido está, a su vez, ocupado militarmente desde 1967 y es colonizado continuamente traspasando población israelí, a la vez que es un territorio fragmentado en bantustanes incomunicados, interrumpidos por decenas de colonias israelíes y cientos de puestos de control militar y carreteras de uso exclusivo para colonos. Para comprender cómo se llega a un momento tan determinante en lo que hoy es el drama palestino, se hace necesario analizar las
‒ 1139 ‒ pretensiones sionistas y las características esenciales de la ideología sionista, desde el siglo XIX hasta la actualidad. El conflicto árabe-israelí y su dimensión palestina desde un punto de vista histórico ya ha sido ampliamente estudiado en el ámbito académico español (véase, por ejemplo, Mesa, 1994; Martínez Montávez, 1985; Álvarez-Ossorio, 2001; Álvarez-Ossorio e Izquierdo, 2005; Izquierdo, 2006 y 2011; Abu Tarbush, 1997; Barreñada, 2004; Segura, 2001; Cullá, 2005). Sin embargo, consideramos que no se ha realizado un esfuerzo similar con sus causas ideológicas, vinculadas al nacionalismo étnico y a la codicia territorial del sionismo, la identidad nacional judía israelí y su repercusión en el trato a los palestinos y el sector disidente del sionismo dentro de la sociedad judía israelí. En especial, en los dos últimos aspectos, la bibliografía académica es práctica, por no decir totalmenteinexistente en castellano. En cuanto al sionismo, además, es llamativa la casi total ausencia de mención en el tratamiento informativo de Palestina e Israel. Creemos, precisamente que uno de los elementos clave, quizá el primordial, para la comprensión de la situación social, demográfica, económica y política en Palestina y en Israel es identificar, conocer y entender el contexto ideológico imperante, además del contexto histórico en que se produce, por lo que es imprescindible estudiar la ideología sionista. En el caso del llamado convencionalmente “conflicto palestino-israelí” no parece que esto se haga siempre con claridad. Si bien suelen identificarse con meridiana claridad los problemas, pues son en buena medida visibles y cuantificables, no se hace así con su causa de fondo. Entre las causas se suele obviar, quizá por su incorrecta identificación, la principal y originante del problema –el sionismo-, por encima de la ocupación y la colonización israelí de los Territorios Ocupados de Palestina. Si bien, la ocupación y la colonización son, sin duda, causas explicativas fundamentales de la violencia, también es cierto que son sobre todo síntomas del sionismo, es decir, hechos sobre el terreno que derivan de la asunción e implementación por parte de la mayoría de la sociedad israelí y de sus gobernantes de los principios del sionismo como ideología vigente y hegemónica en Israel. Ésta es, a nuestro entender, la clave explicativa fundamental del origen y mantenimiento del “conflicto
‒ 1140 ‒ palestino-israelí”, y, en buena medida, de su desarrollo y enquistamiento. En este sentido, el presente trabajo pretende explicar y analizar el sionismo como el movimiento ideológico que está en la base de la imposición del Estado de Israel sobre la Palestina histórica, así como la ideología oficial israelí en la actualidad, ideología de Estado e ideología hegemónica entre su sociedad, que explican en buena parte el comportamiento violento de colonos y soldados israelíes hacia la población palestina. En nuestra opinión, esas cualidades le confieren una relevancia suficiente para ser identificada y estudiada como la clave principal del pasado y el presente sociopolítico de la región. Además, se puede observar que en los manuales de Historia del Pensamiento Político Contemporáneo apenas se encuentra siquiera una alusión directa a una ideología tan trascendental en el origen de la actual situación y del devenir histórico de toda la región, pues sólo aparece mencionada, en algunos casos, como un nacionalismo más, derivado de la efervescencia nacionalista del siglo XIX. Como afirma Nur Masalha, poco se dice sobre la verdadera genealogía y procedencia del sionismo, y menos aún sobre su contexto colonial europeo del siglo XIX” (2008: 30). Igualmente cabe citar al historiador Adrian Hastings, que afirma: “El sionismo era un movimiento nacionalista estimulado por la presión de otros movimientos nacionalistas en Europa. Su meta era la creación de un Estado-nación y resulta lamentable que los estudios sobre nacionalismo eviten habitualmente su análisis” (2000: 231). En efecto, resulta fundamental conocer el contexto en el que surge la ideología sionista para entender su carácter nacionalista y étnico, así como explicar sus características principales. 3. IDEOLOGÍA, RELIGIÓN Y POLÍTICA EN ORIENTE PRÓXIMO. EL SIONISMO El sionismo es una ideología que surge en las postrimerías del siglo XIX en el contexto de la efervescencia nacionalista europea, influido por ésta, y cuyos impulsores –intelectuales burgueses laicos de la Europa central y oriental -y occidental en menor medida – instrumentalizarían como eslogan movilizador de la comunidad judía en la diáspora el paradigma
‒ 1141 ‒ bíblico de “la tierra prometida–el pueblo elegido”, en base a la lógica nacionalista de entonces y con una finalidad política clara: apoderarse de toda la tierra palestina, entre el río Jordán y el Mediterráneo como mínimo 367. Este movimiento ideológico y político, el oficial del Estado de Israel y el hegemónico en su sociedad en la actualidad, tendría en sus orígenes, y mantendría durante el siglo XX y hasta hoy, tres rasgos fundamentales: el nacionalismo, el racismo y el colonialismo, que serán fundamentales para determinar la suerte del pueblo palestino y el devenir del “conflicto palestino–israelí” en general. 3.1. EL SIONISMO COMO NACIONALISMO DE CARÁCTER ÉTNICO El sionismo es un nacionalismo y un movimiento nacionalista “inventado a fines del siglo XIX” (Hobsbawn, 1992: 47 y 110). Philip Spencer y Howard Wollman (2002: 2-3) definen el nacionalismo de forma genérica de la siguiente manera: “Es una ideología que imagina a la comunidad en un modo particular, afirma la primacía de este colectivo identitario sobre otros, y reclama el poder político en su nombre, idealmente en la forma de un Estado para la nación (…) y es fundamental también “en la génesis y reproducción de la identidad nacional”. 367 Cuando la colonización se acrecentaba y se acercaba la posibilidad de crear en Palestina un Estado judío, surgió una división entre los sionistas que eran partidarios de presionar, incluso mediante la violencia, para conseguir Eretz Israel al completo, es decir el “Gran Israel”, en su versión territorial más amplia –revisionistasy los pragmáticos, preferían aceptar la primera oportunidad que surgiese para crear el Estado de Israel, conformándose en principio con unas fronteras algo menores que las que supuestamente llegó a adquirir el Reino de Israel en la antigüedad y que eran las que perseguían los revisionistas. El revisionismo sionista fue ideado por Vladimir Zeev Jabotinsky, el padre ideológico del Likud, quien propugnaba la “revisión” del Mandato Británico sobre Palestina para incluir Transjordania, la actual Jordania. En contraste con el expansionismo pragmático y gradual del sionismo laborista, que procuraba amoldarse de forma más o menos discreta al contexto local, el sionismo revisionista de Jabotinsky y sus seguidores se obstinaba en unos objetivos maximalistas que durante el período del Mandato Británico incluía un gran Estado Judío en ambas orillas del Jordán. Jabotinsky no se conformaba con las promesas de Balfour acerca de la creación de un hogar nacional ni con las fronteras del Mandato Británico, ya que no abarcaban también la orilla oriental del río Jordán. Para más detalle sobre el revisionismo y la figura de Jabotinsky, ver Shindler, Colin, 2010: The Triumph of Military Zionism: Nationalism and Origins of the Israeli Right
‒ 1142 ‒ A lo largo del siglo XIX las ideas nacionalistas se expanden por Europa, y es entonces cuando toma forma el sionismo como conjunto de ideas nacionalistas de carácter étnico y romántico, que reflejan los ideales del romanticismo y se opone al racionalismo. En la línea que mantenemos cabe citar al historiador Adrian Hastings, que afirma: El sionismo era un movimiento nacionalista estimulado por la presión de otros movimientos nacionalistas en Europa. Su meta era la creación de un Estado-nación, y resulta lamentable que los estudios sobre nacionalismo eviten habitualmente su análisis (Hastings, 2000: 231). Así, el sionismo tomó con referencia a sus compatriotas del centro y el este de Europa, creando una cultura y una identidad nacionales basadas en una historia popular remozada. Es lo que Hobsbawn (2012) denomina “la invención de la tradición”. Según Hobsbawn, las tradiciones se suelen revivir para adaptarse al momento actual. De este modo ocurrió en toda Europa, por lo que los sionistas adoptaron esos criterios etnocéntricos, así como otros típicos sobre todo del pangermanismo, para la definición de su propio proyecto nacional. En este caso, los temas y conceptos fundamentales del sionismo son: Redención de la tierra (geolat adama), conquista de la tierra (kibbush adama), emigración y estatalidad judía en Palestina, colonización de poblamiento y transformación demográfica de la tierra, búsqueda obsesiva de raíces, historización de la Biblia como empresa nacional colectiva, creación de una nueva conciencia hebraica, judaización de Palestina y hebraización de su paisaje y de su geografía (Masalha, 2008: 33). Así, el sionismo es un nacionalismo de carácter étnico al definir la nación en términos de etnicidad, concibiendo que la nacionalidad es hereditaria, e identificando el Estado con la Nación -el puebloy no con la ciudadanía, así como la pertenencia del Estado como territorio a la Nación y no a sus habitantes. En este sentido, se opone a los nacionalismos occidentales de carácter liberal, según los cuales la identidad nacional residía en la ciudadanía. Es, pues, un nacionalismo de carácter romántico, o lo que es lo mismo, orgánico. Como explica M. Shahid Alan (2009: 54), “este nacionalismo romántico glorificaba la nación como una entidad orgánica, unida por sangre y lengua”. En ese sentido cabe destacar el postulado racista o la presunción de etnicidad por parte del sionismo: la idea de que existía un pueblo judío -al igual que existiría un
‒ 1143 ‒ pueblo germánicocon una genealogía común y única desde hacía tres mil años y con una sangre diferente de la del resto de pueblos europeos. Así, destaca Masalha que era: “un nacionalismo tribal que contrastaba con el nacionalismo liberal de la Europa occidental, según el cual no era la ‘ascendencia común’ sino la ciudadanía, con independencia de la religión o la etnia, lo que caracterizaba el carácter nacional del Estado” (Masalha, 2008: 34). Una de las peculiaridades del Estado de Israel es que otorga la ciudadanía y la nacionalidad a todos los judíos del mundo, aunque no residan en el Estado y no tengan su ciudadanía, pues interpretan la “judaidad” como una “comunidad de sangre”368, ya que, como apunta Hans Khon, el sionismo entiende que el nuevo Estado es “la verdadera patria de todos los judíos del mundo” (cit. en Finkelstein, 2003: 60). Basada en la idea Volkish de comunidad de sangre, la Ley del Retorno de 1950, ampliada en 1970, permite a todas las personas del mundo consideradas por las autoridades israelíes como “judías” o descendientes de judíos hasta tercera generación emigrar a Israel y recibir la ciudadanía . La ley, discriminatoria y racista respecto a los refugiados palestinos -que, en cambio, sí tienen el derecho al retorno reconocido por el derecho internacionallo es también con quienes se hayan convertido a otra religión (Gresh y Vidal, 2004: 259). La lengua era igualmente un elemento central en la sintetización de los proyectos nacionales del siglo XIX (Bugarski, 1997: 19-20), por lo que otro de los aspectos centrales del sionismo sería la secularización de la lengua santa de la tradición judía, el hebreo, convirtiéndola en una lengua nacional. Esta vertiente nacionalista de origen europeo fue rechazada en un primer momento por la mayoría de la comunidad judía, bien porque veían en sus objetivos –el principal, la creación de un Estado de mayoría exclusivamente judía en Palestina– una osadía y una ruptura con la tradición 368 Precisamente este fue uno de los planteamientos iniciales del pangermanismo en el siglo XIX, que insistía en que cualquiera que tuviera “raza, sangre u origen alemán, vivieran donde vivieran o pertenecieran al Estado que pertenecieran, debían su lealtad primordial a Alemania y debían convertirse” (Khon, Hans, 1958: Zion and the Jewishn National Idea, cit.en Finkelstein, 2003: 60 nota 4).
‒ 1144 ‒ rabínica -la comunidad ortodoxa-, bien porque iba contra la idea de los judíos europeos que estaban asimilados en las sociedades de distintos países y cuya asimilación pretendían. En palabras de Víctor Karady (2000: 191), “el sionismo halló un rechazo sistemático, incluso en el Este de Europa”. En general, la mayoría de la comunidad judía veía como una perversión usar la religión para la creación de un Estado en un lugar remoto que en realidad era un lugar de veneración simbólico para los religiosos (Rabkin, 2006), así como la distorsión de la lengua hebrea que hasta entonces estaba reservada para su uso litúrgico. Este nacionalismo se fortalecería tras la implantación del Estado de Israel, siendo su ideología oficial y convirtiéndose en una especie de patriotismo chovinista que asume la mayor parte de su población. Para Hobsbawn (2012: 12), el elemento fundamental en “la invención de la tradición” es la invención de signos cargados de emotividad y simbolismo de pertenencia al grupo, como son, por ejemplo, las banderas y los himnos 369. Así, el sionismo es un nacionalismo que se reforzaría gracias a tres elementos principales: 1. el desarrollo de una parafernalia y una simbología de origen religioso pero secularizada; 2. la reproducción constante de una amplia antología de mitos; y 3. el discurso de la seguridad, del que deriva la militarización de la sociedad y que es fundamental en el desarrollo y fortalecimiento de la identidad nacional (Rouhana, 2004). Los pioneros sionistas y sus sucesores utilizarían la simbología religiosa judía de la tradición reciclándola para mezclarla con otros eslóganes y elementos simbólicos laicos modernos. La recreación de símbolos, mitos, valores y recuerdos sirven a los nacionalismos para dotarles de unidad y diferenciarles de sus vecinos (Smith, 2004: 99). Ese papel lo juega el himno nacional, Hatikva (“Esperanza”), compuesto por 369 Ranko Bugarsky (1997: 19-20) destaca la importancia en los nacionalismos, en especial en el étnico, de la lengua como símbolo, junto a otros como “himnos, banderas y escudos de armas” y afirma: “La interacción entre las funciones integradora y demarcacional del nacionalismo es (…) llamativa a nivel lingüístico. Los miembros de una colectividad étnica o nacional están bajo presión para homogeneizarse hacia dentro y heterogeneizarse hacia fuera, también en lo relativo a la lengua. No sólo es deseable que todos ellos usen la misma lengua y alfabeto (…), sino también que sean marcadamente diferentes de los usados por otros, especialmente por comunidades vecinas”.
‒ 1145 ‒ el poeta Naftali Herz en 1878 con motivo de la fundación de la colonia de Petah Tikva y recogido por los sionistas como su himno en 1897 . La parafernalia simbólica sionista inunda las calles del Estado de Israel -e incluso las de los Territorios Ocupados-, que están llenas de banderas nacionales y de iconos religiosos secularizados y nacionalizados, como la Menorah y la estrella de David en emblemas de las fuerzas armadas. Michel Warchawsky resume bien la paradoja entre religión-laicismo existente en la teoría y la práctica sionista y la instrumentalización política que de la tradición y de la religión judía hacen los sionistas: Aun siendo antirreligioso, el sionismo no es un movimiento laico. Su ideología se apoya en una interpretación religiosa (quizá sea más correcto decir “política”) de la historia judía y se sirve de la Biblia como texto fundamental y legitimación última de su empresa. “El retorno del pueblo judío” a esa tierra sólo tiene sentido desde “los postulados bíblicos” y “se efectúa integrando (…) en la cultura israelí las fiestas y los símbolos de la religión, en ocasiones laicizándolos” (Warchawsky, 2002: 44). 3.2. EL CARÁCTER RACISTA DEL SIONISMO DESDE SU APARICIÓN HASTA LA ACTUALIDAD Y SU REPERCUSIÓN EN PALESTINA. El nacionalismo es “una condición determinante” para la aparición del racismo (Balibar y Wallerstein, 1991: 63). La adopción de conceptos raciales alemanes, como el de volk o el de pureza de sangre, se debería, ante todo, a la influencia del contexto sociopolítico específico ya comentado, pero además se incentivaría por la necesidad de la minoría sionista de ganar apoyos para su proyecto y converger con el antisemitismo del momento para afianzar su posición en Europa frente a la mayoría judía que era ajena al sionismo (Brener, 2010 y Schoeman, 1988) y además lo rechazaba (Rabkin, 2006). Así es como, buscando el apoyo del resto de nacionalismos e intentando fomentar la emigración de los judíos a Palestina, acabaron en muchos casos alentando el racismo e, incluso, colaborando hasta límites insospechados con el propio antisemitismo europeo370. 370 destaca el estudio pormenorizado del sionismo en Europa durante las dictaduras de Brenner, L., 1983: Zionism in the age of the dictators, reeditado en 2010 en castellano por Bósforo como
‒ 1152 ‒ Entretanto, en julio de 1937 se hace público el informe de la británica Comisión Peel, sugiriendo la partición del país tras analizar las causas de la revuelta: La rebelión de 1936 tuvo las siguientes causas: primera, la aspiración de los árabes a la independencia nacional; segunda, su rechazo a la creación del hogar nacional judío en Palestina, agravado aún más por su temor a un dominio por los judíos. Como causas concomitantes: (…) la discriminación frente a los judíos cuando se trataba de hacer llegar la causa árabe a oídos del gobierno de Su Majestad o del público (…), la inquietud por las compras ininterrumpidas de tierras por los judíos (…) (Krämer, 2006: 278). Al final de la 2ª Guerra Mundial se conocieron las atrocidades del Holocausto, lo que aumentó la determinación de los grupos armados sionistas en Palestina para conseguir que continuase la inmigración judía y formar el Estado judío. Así, el 22 de julio de 1947, el Irgún dinamitó un ala del Hotel Rey David, sede de las fuerzas británicas, con el resultado de 91 muertos y más de 70 heridos, en su mayoría judíos y británicos. Esa violencia por parte del terrorismo sionista hizo que la situación se tornara insostenible para las tropas británicas. Así, el 14 de febrero de 1947 Inglaterra volvería a cometer un craso error, esta vez de forma definitiva para la región, al desentenderse del problema que, en buena medida, había originado. Ese día, E. Bevin, el que fuera nombrado tres años antes Ministro de Exteriores británico para resolver la cuestión, hizo precisamente lo contrario dejando el problema en manos de la ONU. Y el 29 de noviembre de 1947 la ONU acordó el Plan de Partición de Palestina, que otorgaba a los .palestinos, que constituían 2/3 partes de la población, un 46% de la tierra, mientras que los judíos, con 1/3 parte de la población administrarían aproximadamente el 54% del total. La aspiración histórica del movimiento sionista se extendía a toda Palestina e incluso iba más allá, ya que los sectores más radicales del sionismo reivindicaban que las fronteras del Estado judío abarcaran las dos márgenes del Jordán. Así, a partir de la proclamación de “independencia” de mayo de 1948, el nuevo Estado israelí se expandiría progresivamente por el resto de Palestina hasta la actualidad, mediante varias guerras y mediante la colonización de Gaza (hasta 2005), Cisjordania y Jerusalén Este, hasta hoy.
‒ 1153 ‒ Con la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este en la guerra de junio de 1967, comienza otra etapa de colonización del territorio palestino, una colonización diferente a la de la etapa fundacional, aunque seguía motivada e impulsada por la ideología sionista: la consigna de redención de la tierra (geolat adama) y el mito bíblico de “la Tierra Prometida” y “el Pueblo Elegido” que había sido reformulado como lema secularizado y objetivo nacionalista sobre la totalidad de Eretz Israel. Como afirmaría Menahen Begín al jurar su cargo como Primer Ministro: La expresión de Cisjordania carece de sentido. Es Judea y Samaria: una tierra israelí y una propiedad del pueblo judío (cit. por Álvarez-Ossorio, 2001: 131). En cuanto a los motivos de la colonización a partir de 1967, se da una mezcla del fundamentalismo religioso y nacionalista con una estrategia geopolítica de hechos consumados sobre el terreno. Con la construcción de nuevas colonias, los gobiernos israelíes conseguían romper la continuidad territorial palestina, para hacer inviable un Estado árabe factible, a la vez que saciaban las ansias redentoras del integrismo, apaciguando a un sector cada vez más numeroso e influyente en la sociedad y la política israelí373 (Basallote, 2009). Así conseguían también ganar terreno de cara a una eventual negociación de paz, y garantizarse una posición aventajada a la hora de hacer “concesiones”. En ese sentido se situaba el Plan para el Desarrollo de la Colonización de Judea y Samaria (1979– 1983), más conocido como Plan Drobles, por el apellido del jefe del Departamento de Implantaciones de la Organización Sionista Mundial, quien redacta dicho documento. El documento, afirma, entre otras cosas, lo siguiente: Las tierras estatales y las tierras no cultivadas deben ser requisadas a fin de colonizar las zonas entre las concentraciones de las minorías –la población palestina– y sus alrededores, para reducir al mínimo la posibilidad de que se desarrolle otro Estado árabe en la región. Será difícil para 373 En los años 70, el gobierno israelí acabó cediendo a las presiones de los grupos fundamentalistas -por entonces, sobre todo el Gush Emunimaprobando algunas colonias como fue el caso de un campo de trabajo para voluntarios en Ba´al Hazor, que acabó convirtiéndose en una gran colonia, Ofra. El efecto de esa presión se vería más claro a partir de 1981, en la segunda legislatura del Likud, con los ultraderechistas Sharon y Shamir en el gobierno (Sprinzak, 1986: 3–5)
‒ 1154 ‒ la población minoritaria formar una continuidad territorial y una unidad política cuando esté fragmentada por los asentamientos judíos (cit. en Álvarez-Ossorio, 2001: 132-133). La colonización continúa en la actualidad, en primer lugar en Jerusalén Este para intentar equilibrar la balanza demográfica y expulsar poco a poco a la población nativa, sobre todo en los barrios de Silwan, Sheikh Jarrah y Beit Hanina, y también alrededor de la ciudad con grandes bloques de colonias como Har Homa al sur o Maale Adumin al oeste, creando un cinturón que dificulte el contacto palestino con el resto de Cisjordania, para dejar esas colonias completamente dentro del territorio israelí. En segundo lugar, en el Valle del Jordán, por sus recursos agrícolas y acuíferos y con la finalidad de incrementar la “seguridad” del Estado. Además, el centro histórico de Hebrón ha sido desde el principio el núcleo fundamental de los colonos fundamentalistas por el significado histórico y religioso que tiene esta ciudad para el judaísmo. 4. CONCLUSIONES En resumen, podría concluirse que las tres características fundamentales que sintetizan la ideología sionista –nacionalismo, racismo y colonizaciónsiguen vigentes en la actualidad, tan sólo matizadas por las circunstancias sociales de cada momento y que estas tuvieron y mantiene una gran influencia en el desarrollo de los acontecimientos históricos. El sionismo no sólo constituye la raíz principal del conflicto palestinoisraelí actual, si no que, por encima de matices y ciertas diferencias entre corrientes, es identificable por tres características esenciales-nacionalismo étnico, racismo y colonialismodesde sus orígenes hasta la actualidad, cuando sigue vigente como ideología oficial de Estado y hegemónica en su sociedad judía. La asunción de dicha ideología por parte de la sociedad israelí judía y la consecuente identidad, individual y colectiva, constituyen la causa fundamental la deslegitimación y deshumanización del Otro, palestino en este caso, y por tanto, la causa última de la violencia estructural y de la humillación cotidiana que tanto el ejército israelí como los colonos ejercen sobre la población árabe de los Territorios Palestinos Ocupados. La
‒ 1155 ‒ ideología y la identidad nacionales explican, en buena medida el racismo, el odio y el comportamiento generalmente violento por parte israelí (visible sobre todo en el ejército y en el movimiento colono). 5. REFERENCIAS Abu Tarbush, Jose (1997): La cuestión palestina: identidad nacional y acción colectiva, Tesis Doctoral. Álvarez–Ossorio (2001), I. El miedo a la paz. De la guerra de los seis días a la segunda intifada. Catarata–Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación. Madrid. Álvarez–Ossorio, I. e Izquierdo, Ferrán (2005): ¿Por qué ha fracasado la paz? Claves para entender el conflicto israelí–palestino. Catarata–Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación. Madrid B. Cullá, Joan (2005): La tierra más disputada, Alianza Ensayo, Madrid, 2005 Balibar, E. y Wallerstein, I. (1991): Raza, Nación y Clase, IEPALA: Santander. Barreñada, Isaías: “Identidad nacional y ciudadanía en el conflicto israelopalestino”, tesis doctoral, UCM, Madrid, 2004 Basallote Marín, A. (2009). Hebrón. La otra Jerusalén. Revista De Estudios Internacionales Mediterráneos, (8). https://revistas.uam.es/reim/article/view/816 Basalote, Antonio (2010): Paraíso Usurpado: el sionismo y el pueblo palestino. Historia de la expansión territorial israelí, ed. Cedma, Málaga. Basallote Marín, A. (2015). La Cuestión Israelí: Sionismo y Disidencia. Ideología, Identidad y Contestación Social en la Sociedad Judía de Israel.. (Tesis doctoral inédita). Universidad de Sevilla, Sevilla. Basallote Marín, A.(2017): Del sionismo o las raíces ideológicas de la Nakba y del apartheid actual, en “Existir es resistir: pasado y presente de Palestina-Israel”, págs. 67-98, Granada, Comares Brener, L (2010): Sionismo y Fascismo. El sionismo en la época de las dictaduras. Bósforo: Madrid. Bugarski, Ranko (1997), “Lengua, nacionalismo y la desintegración de Yugoslavia”, en Revista de Antropología Social, UCM, n.º 6, 1997. Coconi, Luciana (2010): Apartheid contra el pueblo palestino, Oriente y Mediterráneo. Finkelstein, Norman G. (2003): Imagen y realidad del conflicto palestino–israelí. Ed. Akal. Madrid. Hastings, Adrian (2000): La construcción de las nacionalidades. Etnicidad, religión y nacionalismo. Cambridge University Press: Madrid.
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