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Un mirador para la Giralda

García del Moral y Mora, Amalio Raimundo

Abstract

Con este trabajo queda identificado no sólo el enamoramiento de Amalio García del Moral por Sevilla, sino ofrecer una muestra más de lo que los sevillanos saben decir de su ciudad. Los sevillanos que viven en Sevilla ahorran así a los nostálgicos exiliados el trabajo de evocar a Sevilla en la lejanía. Son los habituales, los residentes, quienes la cantan. He querido comenzar este artículo con evocaciones y citas y compartir con todos las propias palabras de Amalio con las que intenta hacernos llegar sus sentimientos y sensaciones sobre la Giralda, publicadas en algunos de sus libros de poemas. No hay como saber de primera mano las motivaciones de un artista para elaborar su arte. Siempre es difícil poner en palabras lo que el espíritu siente, pero en el caso de Amalio tenemos suerte ya que, además de ser pintor, es poeta y los poetas son los elegidos para poner al espíritu en contacto con la realidad.

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VAINART Revista de Valores e Interrelación en las Artes pág. - 84 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 Un mirador para la Giralda A viewpoint for the Giralda Amalio R. García del Moral y Mora Universidad de Sevilla https://orcid.org/0000-0002-3637-8801 Resumen: Con este trabajo queda identificado no sólo el enamoramiento de Amalio García del Moral por Sevilla, sino ofrecer una muestra más de lo que los sevillanos saben decir de su ciudad. Los sevillanos que viven en Sevilla ahorran así a los nostálgicos exiliados el trabajo de evocar a Sevilla en la lejanía. Son los habituales, los residentes, quienes la cantan. He querido comenzar este artículo con evocaciones y citas y compartir con todos las propias palabras de Amalio con las que intenta hacernos llegar sus sentimientos y sensaciones sobre la Giralda, publicadas en algunos de sus libros de poemas. No hay como saber de primera mano las motivaciones de un artista para elaborar su arte. Siempre es difícil poner en palabras lo que el espíritu siente, pero en el caso de Amalio tenemos suerte ya que, además de ser pintor, es poeta y los poetas son los elegidos para poner al espíritu en contacto con la realidad. Palabras clave: evocaciones, Amalio García, poemas, pintor, artista. Abstract: This work not only identifies Amalio García del Moral's love for Seville, but also offers another example of what Sevillians know how to say about their city. The Sevillians who live in Seville save the nostalgic exiles the trouble of evoking Seville from afar. It is the regulars, the residents, who sing it. I wanted to begin this article with evocations and quotes and share with everyone Amalio's own words with which he tries to let us know his feelings and sensations about the Giralda, published in some of his books of poems. There is nothing like knowing first hand the motivations of an artist to elaborate his art. It is always difficult to put into words what the spirit feels, but in the case of Amalio we are lucky because, besides being a painter, he is a poet and poets are the ones chosen to put the spirit in Nº DOI: https://dx.doi.org/10.12795/va-in-art.2019.i01.04 Amalio García del Moral y Mora pág. - 85 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 contact with reality. Keywords: evocations, Amalio García, poems, painter, artist Todos nos inventamos a Sevilla y Amalio no iba a ser menos. Bécquer se inventó a una Sevilla que, a la vuelta de Madrid, por cuanto habían cambiado las cosas que debieron quedar inalterables y habían permanecido incólumes las que él quisiera haber visto desaparecer. Luis Cernuda se inventó a Sevilla con tal pasión de deseo imposible que, en no siendo ciertas la ciudad que por dentro vivía y que por dentro le iba matando, no tuvo más remedio que acudir un día con una maleta y un olvido al andén de la estación de Cádiz. Chaves Nogales se inventó a Sevilla en el pelo suelto que, muerta, tenía la madre de Juan Belmonte en aquel corral de Triana. Joaquín Romero Murube se inventó a Sevilla atrapando el aire de una paloma y el ruido del ciprés de agua de un surtidor. Porque Sevilla es una mujer amada, y el amante inventa siempre el objeto de sus deseos. Como Don Quijote ponía perlas de sonetos renacentistas en desdentadas bocas manchegas, los andaluces de Sevilla ponemos barcos de oro con velas de plata en un río que ya no corre y apenas es río; y hacemos como el Juan Ramón dios niño de Moguer, palacio de cada casa y catedral de cada templo. “Amalio llegó a Sevilla y no pudo escaparse a esta ley. Atraído por una fuerza secreta de la tierra, incluso ayudó a instalarse muy cerca de la acrópolis de la ciudad, donde deben quedar sueltos los espíritus errantes de los sevillanos que nos alocaron a todos con la ciudad inexistente. Del caballete de Amalio muy probablemente se aferrarían, como dioses familiares y ocultos, las humildades de Mañara, las devociones de Miguel Cid, los azules de Murillo, las coplas de Narciso Campillo, los azulejos de Aníbal González, los rosas de Barrón, el manteo de Bandarán, las alpargatas de Barneto, la chistera de Isacio Contreras, la logia de Martínez Barrio. Eso que solemos llamar Sevilla. Y salió a la ventana y se vio forzado a la eterna dialéctica del amante, la ventana y la reja1” En octubre de 1972 adquirió el pintor Amalio la casa número 7 de la plaza Amalio García del Moral y Mora pág. - 86 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 de Doña Elvira con tres plantas más un ático con dos terrazas. Desde todas sus plantas se goza de diversas perspectivas de la Giralda. Ello le posibilitó la contemplación de la torre en bastantes de los cuadros de su serie: “Monografía de una torre. 365 gestos de la Giralda”. Muchos de los que se han ocupado de la pintura de Amalio en esta su etapa sevillana, coinciden en subrayar lo privilegiado de este emplazamiento, desde el punto de vista estético. Resulta importante escuchar sus voces que a continuación transcribo: “Su casa, en el vuelo del ángel conciliador. Su estudio, con los balcones abiertos al bellísimo pecado de la Plaza de Doña Elvira.” “Granadino con raíces ya perpetúas en la sevillanísima plaza de Doña Elvira .” “Tu sitio, Amalio. Este Alcázar donde danzan las huríes del color, tan cerca de ese otro palacete que tú le pusiste a tu alta novia, tan lejos de aquella Alhambra infantil; tan lejos y tan cerca al mismo tiempo cuando entornas tus ojos de pintor y confundes las mágicas taraceas de los salones y los atauriques vegetales de estos jardines donde hay algo de Generalife meciéndose en el viento.… Tú aquí, amasando la hogaza del “pan en la mirada” para dársela a los humildes, otorgando un “testamento de luz” para que el pueblo herede la verdad, haciendo que en nuestras manos también florezca la esperanza .” Es el propio Amalio el que poéticamente describe lo privilegiado de su emplazamiento en Sevilla, comentando la feliz coincidencia de que la plaza en que vive le evoque el nombre de su ciudad natal, Elvira (Granada): Elvira es un estarse, apenas una copla, casi un compás o el bálsamo ritual de la guitarra. Azahares de clausura, mientras un surtidor pulimenta silencios con el violín del agua. Elvira es patinillo, celosía recoleta, penumbra en la que yacen ofertorios y pausas. Rincón donde el amor revela sus secretos bajo el sellado nombre morisco de Granada. Azogue pensativo de esperas y susurros. Perfil húmedo y poso sediento en la mirada. Corazón de plazuela que juega con las horas y apacienta el alcor de luz de la Giralda . Y en el mismo poemario, aludiendo a los evocadores nombres de las Amalio García del Moral y Mora pág. - 87 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 callejuelas, - todos sus nombres forman el mapa de la zonaque entornan la casa, estructura el siguiente soneto: Tres calles van de mi canción al Agua, lecho de aromas donde la luz duerme. Tres calles siluetean mi paleta, como gusanos me corroen los párpados para dejarme abierta la mirada a la desnuda rambla de la tarde. Un corredor de Vida contornea, más allá de la Muerte, los naranjos que alientan el rescoldo de Susona. Y la Gloria se ha vuelto una calleja, una limosna antigua, para darla y hacer soñar casidas a turistas. Aquí está mi rincón, aquí me adentro por el fantasma ebrio de mis pasos AMALIO, ESTUDIO, PINTOR Así puede leerse en un azulejo de una de las paredes que rodean la plaza de Doña Elvira. Allí está el estudio de Amalio, con la catedral y su Giralda enfrente. En 1987, colocó en la fachada de su estudio de la plaza de Doña Elvira un azulejo, obra de Alfonso Orce, que reproduce el cuadro nº 158 de la serie “Gestos de la Giralda”, y que denomina “Estructura”, con esta leyenda en castellano, árabe y hebreo: “Amalio le ha puesto esta casa a la Giralda para hacerla suya”. El estudio de mi padre, en la plaza de Doña Elvira, desde el que ha pintado buena parte de sus Giraldas, y desde el que se domina el campanario en una sucesión de vistas de la torre, cada vez más impresionante conforme se va ganando altura en cada uno de los pisos, hasta culminar en la perspectiva de la azotea sobre la placita donde el crochel cobra una sobrecogedora y singular belleza. Allí sentí con él el arte siempre tradición y vanguardia de esta ciudad y de todas las ciudades de arte…en silencio, en todo lo alto del estudio, contemplándola absortos en su deslumbrante esplendor, iluminada por los potentes focos que resaltan su apostura, cuando de repente éstos se apagan y el antiguo alminar queda en penumbra, entreviéndose apenas entre las sombras que le rodean. Amalio García del Moral y Mora pág. - 88 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 “Es la hora de la fantasía”. Y al caer de cada luz del día allí escuchamos todavía los versos del poeta pintor: VERTICALIDAD Y TRASCENDENCIA. Llegué hasta ti para cavar tu escorzo y estampar tu perfil en mi moneda, para grabar el mapa de tu aire, el carbón de tu ritmo. Los almiares de tu espera rabiosamente erguida, el vigilante acento de tu estada … Llegué hasta ti como se llega al mar: a bañarme de azul, de azul enhiesto OCRE (Catedral de Sevilla) Una canción de ocre arquitectura. Florida piedra. Rítmica apariencia. Cuajada luz de eufónica presencia. Saeta comunal tensa a la altura. La voz del pueblo se hizo en ti locura. Reduce entornos tu grandilocuencia y tu plegaria, salmo y advertencia, en ojival dragón se configura. Ciclópeo monstruo de abisal encanto. Monumental rumor. Espacial canto erizado en bastión hecho guirnalda. Quiebro gentil de nubes. Banderilla con que asaetea el celaje de Sevilla el arrogante arpón de la Giralda. Deleitoso clamar de brisa encinta cuando las piedras, ascendente niágara de ritmos, ondulan delirantes y las bocas se embriagan de azucenas. ¡Giralda, no me dejes a oscuras en mi barro! Os pido que mis horas las dejáis a la sombra bajo la sed de estrellas y azul de las campanas, pues quiero que mi ausencia acabe siendo torre encaramada en erecta vigilia luminosa. (Aún conservo el acecho en las pisadas de cuando te rondaba al pie de tus caricias.) Es él, García del Moral Garrido, artista y prototipo de Tradición, Vanguardia e Internacionalidad, lejos de cualquier peligro de campanario estrecho, y Amalio García del Moral y Mora pág. - 89 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 como Juan Ramón, todo Raíces y Alas, quien nos da una panorámica casi completa de la razón de ser de esta serie y de sus diversas realizaciones. En las Giraldas de Amalio se esconde un tratado misterioso de símbolos y claves para mirar el universo desde la cotidiana realidad, transformada por la luz del entendimiento de la belleza y el sentir. Así nos relata el enamoramiento en su primer encuentro con la torre: “… llegué a Sevilla y me quedé prendado; yo había visto fotos de la Giralda, pero cuando entré un día por la calle Alemanes y llegué a la plaza del arzobispado me topé con ella cara a cara y ¡qué impresión me causó! Me quedé maravillado, hubo una especie de enamoramiento… Entonces empecé a buscar casa para poder ver bien la Giralda, hasta que tuve la oportunidad de comprar el estudio que tengo ahora en la plaza Doña Elvira. Fue en ese tiempo cuando pinté mis primeras giraldas, un par de cuadros, hasta que pasó por mi cabeza la idea de hacer una serie. Al principio pensé en hacer un camino atmosférico de la Giralda, plasmando todos los cambios durante el día, la noche… Luego me dí cuenta de que la Giralda presidía la vida de Sevilla… En muchos cuadros, la Giralda está vista desde la óptica literaria: tomé, por ejemplo, la frase de Federico García Lorca “torre enjaezada”; la de Eugenio Montes “torre con vocación de guitarra”… y acabé con una frase de Gerardo Diego “Alondra de verdad”. Amalio relata y relata, va tejiendo su discurso, pausado, interminable, y habla de almohades, de cronistas, sobre el dilema de cuándo se empezó a construir su dorado monumento. Entorna los ojos siempre, como recordando, como metiéndose en si mismo, como desempolvando hombres e historias. Reflexiona sobre su encuentro amoroso: Pues lo mismo que cuando se mira a una persona que gusta mucho, a alguien muy querido… ¡Son tantísimas sugerencias, tan mutables! La Giralda es monumento a la tolerancia, es la gran maestra de la ciudad… la Giralda ejerce también un magisterio sobre Sevilla, también fue un símbolo negativo para otros, los cantonales, por ejemplo, en la primera república pensaron seriamente en volar la Giralda, desestimaban todo lo que simboliza la torre… Amalio García del Moral y Mora pág. - 90 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 AMALIO, ANDALUZ UNIVERSAL. Amalio llegó a Sevilla en el año 1962… tenía entonces cuarenta años y una extraña inquietud por conocer la Sevilla distinta a la leyenda de escaparate… Por aquel año pintó su primera Giralda. Nos explica que en aquella primera experimentación no había podido conseguir los verdaderos colores que tiene la ciudad. Porque para el pintor tiene unos colores propios, lo mismo que su perfil y esas interioridades que la hacen distinta. Pero esto no es caer en un sevillanismo a ultranza. El pintor no es en este caso ni mitad granadino y ni mitad sevillano, se considera andaluz total… Amalio ha sido envuelto por la Giralda, un mundo a la espera de sus gestos y cambio de colores. Es la torre vista desde todos los tiempos y ángulos, secuencias, que ni el mismo autor imaginó en aquella llegada a la ciudad de los contrastes, y que conseguirían, con el tiempo, obsesionarlo y apasionarlo para siempre. Una torre es el símbolo, que como el árbol, une el cielo con la tierra, la escala del cielo, el mirador de la totalidad y de sus partes particulares vistas en conjunto. Para comprender una ciudad es preciso subir a su torre, como para entender el universo es necesario ir a la torre de la palabra, la poesía y el arte. Todo sin caer en el tópico del folclorismo, el de los abalorios; porque no se debe sentir rubor por pintar una y otra vez la Giralda o los paisajes sevillanos; se debe saltar por encima de ese prejuicio que casi todos los pintores, los buenos pintores de Sevilla, tienen con su propia ciudad, donde todos los días se puede descubrir un rincón, un nuevo gesto a la sombra de esa Giralda que puede escaparse entre las nubes, en el cejo del río, la noche o la historia de sus leyendas. Nos muestra sus torres repartidas y numeradas: tiempo y hora, símbolo, y mito que dominan el ambiente, lo prenden sin espacio en el tiempo de una ciudad que, quieta y herida, se contempla. Para Amalio, como muchas veces he comentado y comento en la actualidad, llegar a Sevilla, ver la Giralda y enamorarse de ella fue todo uno. Podemos decir que desde el principio tuvo en mente dedicar mucho tiempo y esfuerzo a “su” Giralda. Amalio García del Moral y Mora pág. - 91 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 En 1976 ya tiene mi padre plena conciencia de su serie de cuadros sobre la Giralda y pinta y pinta, estudiándola, transformándola, interpretando diversas versiones sobre el alminar hispalense. Cuanto más trabaja en ello más renovada ilusión siente; en principio, iban a ser un centenar de obras, pero el tiempo y las muy diversas sugerencia y acicates que el campanario le iba suscitando, han hecho que se duplique con creces esta cifra. Últimamente se ha fijado la meta de trescientos sesenta y cinco cuadros, una giralda para cada día del año. El pintor de la torre, habla de su papel en la sociedad, como intérprete para todos los demás del espíritu de las cosas, monumentos y personas que nos rodean. Una vez más hay que decir que el pintor es el mejor testigo de las sensibilidades, el mejor historiador; ya que llega a las motivaciones, significados y propósitos de la vida de cada momento. En su percepción late la visión certera de Sevilla y de la Giralda, en particular ahonda en sus tradiciones, otea su devenir y presiente su universal y eterno fluir, su plenitud de vanguardias. El artista es como un medium del ambiente que le rodea y en el que crea su obra transida por todo cuanto late a su alrededor… La obra de arte así concebida puede considerarse, por tanto, como la plasmación del espíritu colectivo de cada época. La mística que empapó las almas de los sevillanos de ambas épocas religiosas -almohade del siglo XII y católica del tridentino XVIquedó fijada en su torre por tres arquitectos geniales: los islamitas Amed ben Baso y Alí de Gomara y el renacentista Hernán Ruiz el Mozo. El antiguo alminar ha ejercido y ejerce un magisterio espiritual desde su nacimiento. El espíritu engendra espíritu y no hay urbe alguna que pueda jactarse de tener tal maestra. La erección de la Giralda se hace en dos momentos históricos de máxima espiritualidad. El primero coincide con uno de los más relevantes del sentido ascético del Islam andaluz: un monumento así está transverberado de vida religiosa y conocimiento del Creador. Bien es verdad que ambos movimientos religiosos, el sufí mahometano y el que corresponde a nuestra contrarreforma católica, conllevan, como una borrachera espiritual en la cual todo se percibe en función de Dios, unitario para los almohades y trino para nuestros antepasados renacentistas. Amalio García del Moral y Mora pág. - 92 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 MÍSTICA Y REALIDAD DE LA GIRALDA DE AMALIO Tradición. Esta plasmación religiosa en piedras y ladrillos conforman la materialización de unas ideas espirituales que confluían en Sevilla en cada uno de los tiempos históricos en los que se levanta la Giralda. Bajo este prisma y esta luz podemos empezar a comprender cuanto esta torre de las torres atesora y revela a quien sabe llegar a ella. Lo demás es pobre erudición: fechas y nombres, cifras y referencias estilísticas o arquitectónicas, aparencialidad, tan sólo, pura epidermis. Porque, siendo muy importantes -¡qué duda cabe!- no son las soluciones arquitectónicas las que prevalecen en la Giralda, con ser en sí imprescindibles, sino otra más sutil que ha dejado su sello e impregnado de profunda vida a todo el monumento: Dios estuvo presente en los dos supremos momentos de su erección, fue, por así decirlo, el leitmotiv de los mismos… Amalio habla de la transigencia, al tiempo que de la intolerancia recíproca entre moros y cristianos: Al llegar otro 26 de mayo y cumplirse otro aniversario del inicio de las obras para la erección de la Giralda, quiero volver a traer e insistir sobre el tema de la transigencia que pueblo tan sobrio como el nuestro posee. Por ello en la fachada de la casaestudio que le tengo puesta a la Giralda en la plaza de Doña. Elvira insistí en que el texto del azulejo reproducido por Orce, otro ilustre apellido de la cerámica sevillana, una de mis giraldas rodeada de símbolos cristianos, mahometanos y hebreos, estuviera redactado en los tres idiomas históricos de nuestra tolerancia andaluza. Convivencia andaluza podría decirse hoy, cuando el sentido de tolerancia y transigencia de las tres culturas parece haberse esfumado entre los litigios y las luchas presentes que no conocen el don de la internacionalización. Hay en nosotros, en nuestro yo más interno, algo así como un deseo de hacer nuestro, de poseer recoleta y exaltadamente -¡qué aparente contradicción!- nuestro cosmos próximo, cotidiano e íntimo. Otra naturaleza poética, irrealmente real, va surgiendo de nosotros. Ella ha podido hacer decir, pongo por caso, a Luis Cernuda, porque como tal poeta supo expresarlo: Por las calles desiertas, nadie, el viento y la luz sobre las tapias que encienden los aleros del sol último Tras una puerta se queja el agua oculta. Van a la catedral, alma de soledad temblando… Amalio García del Moral y Mora pág. - 99 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 Amar en el último cuerpo de campanas es un privilegio que muy pocos han conocido. Los asépticos de alma, los pulcros, los sepulcros blanqueados protestan ante tanta fecha, tanto nombre y tanto amor como un día ascendieron por esas rampas. Que aquellos que se atrevan a poner su fría mano sobre esas inscripciones no conozcan jamás el amor y su hermosa concupiscencia. Hay un debate sobre los grafitos y escritos que hay en la Giralda. Yo soy un defensor de estos grafitos acumulados por el amoroso impulso de los visitantes, estimulado por la contemplación de tanta belleza, y lanza su imprecación o anatema sobre quienes lo lamenten e intenten borrarlos. También por esto la Giralda es un monumento vivo. Amalio nos desvela las claves para la interpretación de esta serie sobre la Giralda: Un artista es un ser vivo y como tal evoluciona en su trayectoria vital; su expresión, a través de su obra, no sólo puede ser diferente, ya de hecho lo es por el cambio constante de la naturaleza y (de) nosotros en el desarrollo de cualquier manifestación artística, sino que puede llegar a ser contradictoria. Este aserto se constata en mi iconografía de la Giralda. Todo arte es una recreación y, también, una guía para la visión futura. Estimo que después de mis interpretaciones, los espectadores de la torre, y muy particularmente los sevillanos, verán el alminar de forma distinta a como lo venían viendo hasta ahora. Esta educación de la visión, abriéndola a nuevos campos, es una parte insoslayable del arte en relación con la reeducación ciudadana. El artista enseña a ver a las generaciones venideras. La mirada de los hombres está en función directa de los artistas de la generación anterior; nuestros ojos van siendo educados e instruidos estéticamente por las obras de arte que nos preceden inmediatamente antes. De ahí la afirmación: “la naturaleza imita al arte”. En mi caso personal puedo afirmar, con muy pocas posibilidades de error, que a partir de mi obra sobre el viejo minarete habrá una renovada y distinta percepción de la Giralda. Es más, pienso que la torre tratará en el futuro parecerse a algunas de mis versiones. Creo que éste puede ser el acierto mayor de mi serie. Soy un creador que sueña con el mañana; porque igual que quien planta una semilla espera que un corpulento árbol se eleve más adelante, aunque para entonces ya no viva el sembrador, yo espero y sueño con que mis Giraldas contribuyan en ampliar y renovar de alguna manera la iconografía de la torre. Amalio García del Moral y Mora pág. - 100 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 El paisaje urbano es el petrificado eco de la historia del hombre, la huella de su paso, el semblante de su memoria, el menhir de su existencia, de los aconteceres que fueron determinando el rostro actual de la ciudad. Con mis cuadros trato de reflejar el recuerdo de quienes nos precedieron en el usufructo de esta tierra humanizándola en el devenir de los siglos. Del mismo modo trato de fijar con mis pinceles, no ya el sedimento de los seres que fueron, sino cuanto hay de fugaz en nuestro paso: las estaciones del año, las diversas circunstancias lumínicas atmosféricas, climatológicas, históricas e incluso político-religiosas. Antes de construirse la Giralda nuestra urbe no tenía faz. En estos momentos estamos presenciando la transición de nuestra metrópoli de ser una ciudad monumental, como lo son muy determinadas ciudades con tradiciones seculares, a una ciudad con monumentos. Aún nos conmueve detectar en la torre y su entorno el pálpito de la historia. Ha sido mi propósito, al acometer esta serie, ir a lo manido, a lo trivial por la reiteración de su interpretación, y tratar de dar una versión distinta, buscando en cada una de las inferencias la ilación de un relato e imágenes que configure la expresión, a veces intelectualista, a veces realista, cargada de emoción siempre, analítica en unos casos, esquemática en otros, de ciudad tan compleja a través de su torre. Llegar, después de una saturación de interpretaciones de toda índole, a la sede de síntesis que culminan en el cuadro nominado con el verso de Gerardo Diego en su soneto a la Giralda, que dice: “Nivelada del plomo y de la estrella”, supone una concatenación de simplificaciones hasta alcanzar la más pura abstracción y tratar de ser el último desarrollo de una realidad asimilada a través de un estudio exhaustivo del natural y expresada con sólo dos líneas: una horizontal y otra vertical, y con los tres colores definitorios de Sevilla: Blanco (cal), ocre-amarillo (albero) y azul matizado (cielo). Trinidad cromática hispalense. La gama de interpretaciones, como podrán ver, es variadísima. Acaso su mérito mayor, si es que tiene alguno, sea la renovada ilusión, el empezar cada día, durante tantos años, con el propósito de continuar, y de iniciar a un tiempo, una nueva versión del humanizado campanario. Torre de la Fe que “centra, afirma y preside la historia de la ciudad. Entendedla…”, dejó escrito Sánchez del Arco, porque entender y comprender esta torre y asimilar su oculto magisterio es iniciar el Amalio García del Moral y Mora pág. - 101 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 aprendizaje de una difícil y dulcísima forma de amar a Sevilla. Para terminar quiero hacer un razonamiento respecto al arte en la actualidad. Hoy esta muy en boga el sentido lúdico del arte, pero es un arte superficial y carente de una profunda técnica; gestual y de elaboración fácil; o puramente conceptual, sin una realización consciente y, en muchos casos, sin una elaboración técnica adecuada, sin la apuesta en práctica de una madurez artística, sin demostrar el dominio de unos procedimientos pictóricos necesarios ni haber asimilado un alto concepto del dibujo ni pericia en su ejercicio a nivel exigible a un profesional. Ciertamente un tanto frívolamente considerada la creación artística puede aparecer como un entretenimiento, como una distracción o escarceo en el que el azar aventura su baza; pero los creadores conscientes sabemos, (y él así me lo hizo entender y comprenderlo), que esto no es plenamente así, ya que el ejercicio del arte se convierte muy frecuentemente en una dolorosa experiencia, que más tiene que ver con el trance de un vidente o la premiosa elaboración de una teoría científica –no tan alejados ambos como pudiera parecerque con un agradable esparcimiento. Aunque todo lo relacionado con la belleza y su gestación tenga un fondo gozoso, este proceso creativo no se encuentra exento de amargura y desesperado compromiso. Esto lleva anejo una entrega absoluta, una dedicación total durante toda la vida que parece no es hoy norma de trabajo de muchos mal llamados artistas; “ars longa vita brevis” dice el proverbio latino y en este sentido en dedicación a la serie de las Giraldas confirma una de las constantes de su existencia; su tenacidad; sin la cual es imposible tratar de conseguir una obra artística de alguna importancia. Quiero subrayar que es la historia insólita y maravillosa de un hombre, de un pintor, mi padre, que se enamoró de una torre, la Giralda. Así nos define Amalio al pintor y su profesión: Arquitecto de luces, ingeniero que edificas el iris y levantas un arco de cristal sobre el sendero. Carpintero que en paz clavas y plantas la policroma cruz de tu pintura. ¡Tantos asertos en tu credo, cuantas horas de sol y de hermosura llagaron con su brillo tu retinal! -Sin paleta tu río es agua oscura-. Palabra somos. Hachas encendidas. Amalio García del Moral y Mora pág. - 102 - VAINART. Revista de Valores e Interrelación en las Artes. ISSN:1697-6479 Núm. 1 -- Año 2019 Y, en el perenne bosque umbroso y viejo, resina que derraman sus heridas. Por eso tú, pintor, eres reflejo de la angustia de ser que nos embarga: espejo de la voz, quebrado espejo que duplica una imagen tan amargada. Hombre y pintor del Sur, Amalio sufre extraordinariamente por el alejamiento, material y espiritual de su tierra. ¡Qué distintas Castilla y Andalucía! Trasladado y trasplantado a la capital de España, su retina y su alma se quedaron entre Sevilla y Granada. La distancia le hace mitificar el objeto amado. Lejos de su adorada Giralda la pinta en Madrid reiteradas veces, memorizándola e interpretándola en una serie que titula “La Giralda entre el recuerdo y la añoranza”. REFERENCIAS Antonio Burgos, “Los madrigales pintados de Amalio”, Amalio, Biografía de una torre. 365 gestos de la Giralda, Sevilla, 1984. Manuel Barrios, “Prólogo” al libro de poemas de Amalio La mano florecida, Sevilla, Gráfica Salesiana, 1974, pág nº4. José María Requena, Prólogo” al libro de poemas de Amalio El pan en la mirada (Canciones del pueblo andaluz), Granada, Artes Gráficas Rafra, 1977, pág nº2. Jesús Troncoso, “Amalio en su sitio”. Antología. 11 de marzo de 1978. Reales Alcázares. Amalio García del Moral, “Desde mi estudio”, poema 40 bis del libro, cuya potada ilustré, Testamento en la luz, Dos Hermanas (Sevilla), Gráficas Rublán, 1980 pág nº57. Amalio “Mi estudio. Plaza de Doña Elvira”, poema 51 de Testamento en la luz, pág nº69. Amalio, La mano florecida, Colec. “Algo nuestro”, Sevilla, 1974, pág nº12