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REVISTA ANDALUZA DE ANTROPOLOGÍA NÚMERO 16: REFLEXIONES CONTEMPORÁNEAS SOBRE ABORDAJE DE LO RELIGIOSO, EL PATRIMONIO CULTURAL Y TURISMO RELIGIOSO MARZO DE 2019 ISSN 2174-6796 [pp. 70-92] http://dx.doi.org/10.12795/RAA.2019.i16.04 EL SANTO QUE NO ABANDONA: SAN JUDAS TADEO EN AMÉRICA LATINA. PATRIMONIO CULTURAL Y TURISMO RELIGIOSO THE SAINT WHO NEVER LETS YOU DOWN: SAINT JUDES THADDEUS IN LATIN AMERICA. CULTURAL HERITAGE AND RELIGIOUS TOURISM Rolando Macías Rodríguez ENAH Resumen. Las expresiones culturales en el siglo XXI son de los elementos que se buscan identificar y reconocer a partir de la diversidad de las culturas. Las devociones y festividades religiosas son algunas de estas expresiones que han sido identificadas como Patrimonio Cultural a nivel internacional o nacional, provocando así su consumo en perspectiva del turismo religioso. El caso que exponemos es lo acontecido en Perú de la festividad de San Judas Tadeo identificando los actores que promovieron su identificación de esta categoría a nivel nacional pero que además la misma expresión cultural no tiene reconocimiento en otros países de América Latina y sí reproducen su actividad, culturalmente hablando. A partir de los argumentos y datos presentados, identificamos los elementos de qué cultura es la que se vuelve patrimonio, quién la promueve y cómo se consume a través del turismo.
Palabras clave. Patrimonio Cultural, festividades religiosas, turismo religioso, América Latina, San Judas Tadeo. Abstract. The cultural expressions in the XXI century are the elements that are sought to identify and recognize from the diversity of cultures. The devotions and religious festivities are some of these expressions that have been identified as Cultural Heritage on an international or national level, thus provoking their consumption in the perspective of religious tourism. The case that I expose is what happened in Peru of the festivity of Saint Jude Thaddeus identifying the actors that promoted their identification of this category at the national level but that also the same cultural expression has no recognition in others Latin American countries and they do reproduce their activity, culturally speaking. From the arguments and data, we identify the elements of what culture is what becomes heritage, who promotes it and how it is consumed through tourism. Key words. Cultural Heritage, religious festivities, religious tourism, Latin American, Saint Jude Thaddeus. Introducción El tema del Patrimonio Cultural ha tomado importancia a nivel jurídico en la sociedad internacional y las comunidades nacionales para ser reconocido desde las últimas décadas del siglo XX y mas aún lo que va del siglo XXI. Las discusiones conceptuales de lo que es o debe identificarse como un Patrimonio Cultural son muchísimas, aunque es de reconocer que la sociedad internacional (UNESCO) es quién predispone las particularidades nacionales de su concepto. Esta misma caracterización de ser reconocida una expresión cultural con la categoría, implica una relación entre quienes la ejecutan y quienes la consumen, haciendo más susceptible su reconocimiento a nivel social, cultural, identitaria e histórica. En las siguientes líneas, abordamos la temática de una expresión religiosa, la devoción a San Judas Tadeo, de cómo se ha transformado en Perú, en uno Patrimonio Cultural (PC) para la nación peruana, y aunque no está considerado así en otras latitudes, si existe una manifestación cultural que podría provocar en un momento dado un reconocimiento similar. San Judas Tadeo es un símbolo perteneciente al universo sagrado del sistema religioso católico que representa una solución a las problemáticas sociales, por lo que sus devotos lo identifican, junto con la propia iglesia católica como el patrón o protector de las causas difíciles y desesperadas. En ese tenor, se utilizan diversos ejemplos en América 71
Latina con los que se puede identificar dos tipologías de expresiones religiosas culturales como patrimonio: la jurídica , oficial y, la cultural, la sociedad que así lo considera. Para llegar a lo mencionado, el trabajo está dividido en cuatro secciones, en la primera parte se discute la pertinencia del concepto cultura en la categoría PC, así como la perspectiva de importancia entre los actores que son quienes proporcionan los mecanismos para que una expresión cultural se considere en la categoría mencionada. En medio de ello, se identifica a estas expresiones como objetos culturales que serán consumidos e identificados como elementos para propiciar el turismo, uno de los objetivos que provoca en la actualidad la consideración de un PC. En la segunda sección, se discute la particularidad de San Judas Tadeo como un elemento de doble capacidad, su característica sagrada y la social. Esto permite que los actores productores de su festividad puedan subrayar su importancia sociocultural. Posteriormente se identifica a los elementos de expresión festiva religiosa como objetos culturales en términos de producto consumible para el mantenimiento de su reproducción a nivel social interno y cultural externo. Para concluir el cuerpo del texto, se contextualiza la importancia de la celebración a San Judas Tadeo dentro de una diversidad de festividades religiosas que han sido identificadas como PC a nivel jurídico por los países de América Latina y también de algunos ejemplos que no son identificados jurídicamente pero si de manera cultural. El proceso que llevó para su estatus y los actores que participaron, desde la base, hasta conseguir ser identificado con la categoría para el caso peruano. Se finaliza el trabajo con reflexiones de lo que podrá significar la presencia de una expresión cultural a nivel local pero que se reproduce en distintas latitudes del continente que podría sugerir una extensión de la categoría a nivel cultural o incluso jurídica internacional. Cuestión inicial: ¿qué cultura es patrimonio cultural? Dentro de las diversas vertientes que se tienen acerca del patrimonio cultural, el cual sigue siendo uno de los temas que se encuentra en constante discusión en los diversos niveles: político, académico, social, cultural, entre otros; una de ellas es la perspectiva que en estas líneas rescatamos sobre un elemento de la cultura latinoamericana y en particular, peruana, específicamente en el contexto cultural-religioso. En este caso, no caeremos en las discusiones tradicionales sobre qué es el patrimonio cultural, más bien, buscamos seguir una línea de discusión que versa entre la cuestión del nombramiento de los elementos culturales pero que corresponden a cierto sector de la población y por ende, de la cultura de una nación. Dentro de América Latina encontramos innumerables elementos que han sido considerados como patrimonio cultural, ya sea material, inmaterial o como patrimonio 72
natural, patrimonio histórico, y dentro de ese panorama, la cuestión del patrimonio histórico-cultural que ha construido parte esencial de lo que ahora son las naciones, pueblos y culturas de este espacio del continente americano. En esa misma vertiente, encontramos que existe, aún más específico, un elemento que se ha construido como parte de ese patrimonio cultural, nos referimos a el patrimonio cultural inmaterial, estrictamente las expresiones religiosas, las cuales incluyen, devociones, peregrinaciones, festividades, rituales, oraciones, entre otras. Los distintos elementos del patrimonio cultural inmaterial en América Latina, presentan una diversidad de expresiones y representaciones, incluso, de similares o un mismo símbolo religioso que representa un elemento social. La existencia de tanta diversidad de símbolos sagrados a lo largo de esta zona cultural que indicamos, en ocasiones se llegaría a pensar que no podría existir un símbolo como elemento que aglutinara a una diversidad de culturas y por ende, fuera un elemento de una zona cultural, sin embargo, de acuerdo a las investigaciones que he realizado (Macías Rodríguez, 2018), pareciera que existe un nuevo elemento simbólico sagrado que está colocando en el universo sagrado de gran parte de la población latinoamericana, este símbolo se trata de San Judas Tadeo. A diferencia de otros símbolos religiosos, los cuales tienen una historia profunda y de participación social, además de sagrada, es preciso identificar a los nuevos símbolos que aparecen en escena de las necesidades de la población ante la incertidumbre del siglo XXI. El ejemplo de ellos, es precisamente este símbolo que analizaremos en desde esta perspectiva. Como mencionamos, la discusión que aquí traemos está enmarca por la particularidad de hacer un análisis con base en la perspectiva de las personas, quienes son los que construyen estas manifestaciones del patrimonio cultural inmaterial y que por ende, son los que identifican las particularidades, es decir, las características. Para este caso en particular es muy importante esta postura analítica, la cual es designada como perspectiva del creyente (Masferrer, 2004: 2014), en cuanto a las expresiones religiosas y construcción de las mismas, pero sobre todo, será fundamental para entender cómo es que se desarrolla la interacción de este sector, unido al institucional (quienes designan si es un elemento cultural parte del patrimonio cultural de un país o comunidad) y la población que no es partícipe de dicho elemento cultural pero, pertenece a la misma cultura de la cual se desprenden los otros dos elementos mencionados. Esta primer hipótesis, con la que podemos designar específicamente a la construcción de un elemento cultural como patrimonio cultural, necesitamos partir de una postura de lo que es cultura. Para esta breve discusión utilizamos el texto de Clifford Geertz (2006 ) La interpretación de las culturas, texto clásico para la perspectiva antropológica que se dedica a identificar 73
la cultura como un conjunto de símbolos que los seres sociales aprenden, construyen y transmiten. En este sentido, cuando estamos identificando un elemento simbólico de este espacio, seguimos la idea del antropólogo clásico mencionado que indica que “lo que necesitamos es buscar relaciones sistemáticas entre diversos fenómenos, no identidades sustantivas entre fenómenos similares” (2006: 51). Por lo tanto, nuestra perspectiva constantemente estará dialogando entre las particularidades de un espacio de América Latina y su construcción social turística, lo cual caracteriza este proceso de construcción de patrimonio cultural. Sin embargo, en consecuencia de esta postura analítica, podemos decir que a lo que llama Geertz cultura expresa a lo que es un proceso social de construcción de las relaciones sociales, y por otro lado, lo que se identifica como patrimonio cultural, no se trata “solamente” de este nivel constructivo de símbolos que son compartidos por un conjunto de seres humanos en un espacio y tiempo determinados, es decir, es el resultado, como lo mencionábamos anteriormente, en el proceso de relaciones de una diversidad de elementos, sociedad e instituciones. En este sentido, la perspectiva analítica que se utiliza en este trabajo se trata de la postura propuesta por José Luis García García (1998), quién identifica al patrimonio cultural como un fenómeno metacultural, es decir, el autor identifica que este proceso de patrimonio cultura se debe entender y analizar desde un aspecto histórico. García García disgrega las diversas vertientes de cómo se construye el fenómeno del patrimonio cultural. El distingue por un lado lo que se llama “patrimonio etnológico” o “patrimonio etnográfico”, en este sentido tiene una referencia desde el punto de vista del patrimonio folklorista ( 1998: 10). Este autor analiza la dinámica de la legalidad del proceso histórico en cómo se incorpora este elemento en la propia legislación. Si bien analiza la realidad española, lo que permite identificar en su postura es la diversidad del cómo se conforma la diversidad y particularidad cultural como un patrimonio. Si la cultura se conforma en un objeto el cual se puede identificar como una parte de la actividad social en la que se construye una identidad partiendo de las particularidades que integran una realidad socio-cultural. Cuando se desarrolla una interacción entre un “patrimonio etnográfico” y una comunidad, población o país en la que se desenvuelve íntegramente esta expresión cultural, se construye el patrimonio cultural. En segunda instancia, esta construcción se transformará en la relación de identidad histórica y expresión actual. Dentro de esta perspectiva, nace la necesidad de reconocer esa diversidad cultural relacionada con la identidad histórica de la acción cultural y una comunidad que la reconoce y la realiza constantemente en su preservación, para ello, una de las grandes instituciones globales, la UNESCO (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization) quien es un organismo especializado perteneciente a la ONU 74
(Organización de las Naciones Unidas) ha desarrollado un conjunto de elementos para distinguir lo que se debe considerar como patrimonio cultural. Una consecuencia de la expectativa de la recuperación y reconocimiento de esos patrimonios culturales, por parte de las naciones en el siglo XXI, tiene su fundamento en el desarrollo de las actividades liberales. Uno de los ejemplos es el desarrollo de la interacción entre lo público y lo privado, es decir, lo que es común a una sociedad y que no pertenece a nadie de manera personal, es susceptible de considerarse como una expresión de esa cultura. En el caso mexicano, a inicios del tercer milenio, esa relación seguía intacta, incluso la perspectiva se presentaba como bien lo analiza el antropólogo, historiador y politólogo Iván Franco: El Marco legal que protege el PCAH [Patrimonio Cultural Antropológico e Histórico] en México y que da razón de ser al INAH [Instituto Nacional de Antropología e Historia] cuenta con una gran virtud, pero también con importantes lagunas. La primera consiste en que se establece, de forma muy clara, que la investigación es la base principal para conocer, difundir y preservar la amplia riqueza social y cultural del pasado y presente de nuestro país. La investigación, protección, conservación, restauración y recuperación de monumentos y zonas se concibe como una actividad profesional de interés social y nacional y como un labor de utilidad pública. Los intereses privados están, al menos en esta legislación, sobre patrimonio cultural (PC), explícitamente al margen (2005: 47) [subrayado propio] Como se indica por parte del autor citado, se nota que la relación de la cultura debe de ser un elemento con cierta usabilidad por parte de la población. El uso que esa expresión cultural será considerada, posteriormente, como parte del patrimonio cultural, será la conformación de la objetivación de la cultura y puesta en el marco del mercado capitalista (desde un horizonte analítico) y otro como un reconocimiento a la diversidad de la cultura en la historia humana. Para el primer caso, lo que Iván Franco resuelve de las instancias que acontecieron en México es de consideración, ya que indica que “para los neoliberales, la cultura sólo importa en la medida en que puede ser instrumentalizada como mercancía. Usan pues, el discurso sobre cultura más como un boom o glamour cultural, lo que en los hechos sugiere que tiene un proyecto que se dirige hacia las elites y, en todo caso, de la cultura católica dominante.” (2005, 101) Desde esta premisa, la cultura se convierte en un objeto de uso y de cambio, en ese sentido, es a lo que poco a poco se ha construido como el turismo cultural. Las diversas corrientes y discusiones que hay en torno al consumo de elementos culturales a través de la objetivación de la misma en tanto se han generado las condiciones para identificarla como un patrimonio cultural son variadas, cada punto de vista tiene que ver con la 75
postura crítica de lo que se entiende como cultura, el valor intrínseco de la misma y el valor generado a partir de su unicidad y particularidad. En consecuencia de ello, la visibilidad de los patrimonios culturales son ahora una consecuencia, también, de la propia postura del neoliberalismo y capitalismo, ideologías y perspectivas del entendimiento del mundo en donde buscan objetivizar cualquier elemento social para que sea susceptible de ser vendido, a partir de la generación de una expectativa la cual será satisfecha mediante su consumo. Dicho argumento se obtiene de la racionalización que genera el patrimonio cultural como un elemento identificador de una sociedad, en tanto ella, la sociedad ajena a dicho grupo social buscará su consumo para reconocerla y entender el porqué de su particularidad, en tanto el propio patrimonio cultural, reafirma su distinción al ser valorada como un elemento social, una expresión humana, la cual es relevante identificar, catalogar y reafirmar como parte de una identidad social. Para aquellos que buscan identificar el patrimonio cultural como un mecanismo de identidad social, el reconocimiento de una institución jurídica es importante. Es decir, ya que estamos caracterizando el elemento cultural, es necesario generar un halo de protección a la misma. Como bien refiere Santiago Amaya Corchuelo al identificar que en el “ámbito de la gestión política, por tanto, se incluye esta perspectiva patrimonialista que introduce nuevos parámetros ante la planificación urbanística, la protección medioambiental, las estrategias de desarrollo económico o la promoción turística” (2008: 34). La política, es decir, el Estado forma parte integral del desarrollo de este elemento de identificación, ya sea como promotor o como impulsor del patrimonio cultural para beneficio de la sociedad a la cual pertenezca dicho sector político. Hay que tomar en cuenta, partiendo de esta perspectiva, el análisis que desarrolla Fuensanta Plata García sobre las políticas públicas respecto al patrimonio cultural en Andalucía, España. Ella expone a lo largo de su trabajo, el camino que se ha recorrido a nivel político, a través de discusiones, propuestas, designios y planteamientos políticos de cómo se debe usar la cultura como objeto y por ende el tratamiento jurídico que se le ha de realizar para su preservación y reproducción, si bien la Comunidad Autónoma Andaluza tiene poder completo sobre la cultura y su patrimonio desde 1979, la autora analiza la complejidad del tema a nivel jurídico: La ley prevé tres tipos de inscripciones en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, que es el registro donde se anotan los bienes catalogados, es decir, protegidos, en Andalucía. Dichas inscripciones dependen del tipo de expediente administrativo que se tramite y tiene efectos legales diferentes para cada modalidad de inscripción, denominadas de Bienes de interés cultural, de Bienes de Inscripción Específica y de Bienes de Inscripción Genérica” (2008: 61) 76
La autora antes citada, demuestra que la cultura como patrimonio es susceptible a tomar una categoría diferente a partir del tratamiento jurídico que se le otorgue. En consecuencia, cada patrimonio cultural deberá enfrentar diferentes filtros que le permitan identificarse como dignos de ser preservados y categorizados como un patrimonio cultural. Esto mismo ocurre en el ejercicio que se realizó en la Mesa Redonda: El patrimonio cultural en el Perú y el Mundo organizada en 2013 por el comité editorial de la Revista ThemisRevista de Derecho, en donde diversos especialistas en el tema jurídico y la preservación del patrimonio cultural expusieron sus divergentes puntos de vista a cuestionamientos puntuales que se les hicieron. Dentro de la exposición, es destacable la primer pregunta que se les hizo a los participantes para comenzar el debate, ¿qué se entiende por Patrimonio Cultural y por qué es importante preservarlo? Dado que no es la intención de estas líneas reproducir las respuestas en su totalidad del texto, sí enfocaremos la atención a la respuesta del Historiador Rafael Varón Gabal, quien contesta diciendo: Conforme a la Ley 28296, se entiende por bien integrante del Patrimonio Cultural de la Nación toda manifestación del quehacer humano –material o inmaterial– la que por su importancia, valor y significado paleontológico, arqueológico, arquitectónico, histórico, artístico, militar, social, antropológico, tradicional, religioso, etnológico, científico, tecnológico o intelectual, sea expresamente declarado como tal o sobre el que exista la presunción legal de serlo. Dichos bienes tienen la condición de propiedad pública o privada con las limitaciones que establece la citada Ley. A fin de precisar la definición que establece la Ley peruana, es necesario considerar que también forman parte del Patrimonio Cultural de la Nación los bienes que revistan interés cultural que se encuentren comprendidos en los tratados y convenciones sobre la materia de los que el Perú sea parte. (Varón Gabai et. al., 2013: 322) Como se puede notar, el entrevistado citado hace referencia al amplio espectro de los que se refiere la ley peruana a Patrimonio cultural, dejando abierta la posibilidad de convertirse en esa categoría toda manifestación humana, ya sea de carácter material o inmaterial. En ese sentido, tenemos entonces que la ley protege la expresión de la sociedad a la cual representa, por lo que será necesario utilizar la propia expresión del Patrimonio Cultural como una fuerza política que le de presencia y expresión a la misma sociedad que integra dicha cultura. En el mismo ejercicio realizado por los editores de la revista ya mencionada, propusieron otra pregunta a los participantes, quienes expusieron su punto de vista al siguiente 77
cuestionamiento: ¿En el Perú, cómo se procede a la valorización del Patrimonio cultura? ¿Cuál sería el modelo más adecuado? Para este cuestionamiento, nuevamente rescato la intervención del historiador quien interviene diciendo: La declaración de un bien integrante del Patrimonio Cultural de la Nación se basa en la identificación de los diversos valores, tanto materiales cuanto inmateriales que el bien presenta, tales como el arqueológico, histórico, arquitectónico, urbanístico, artístico, tecnológico, simbólico, de identidad, así como por su autenticidad, integridad y singularidad, entre otros aspectos, los que pueden presentarse de manera individual –en algunos casos– o agrupada, pudiendo determinar incluso el grado de interés. Una valorización del Patrimonio Cultural en términos de uso o frecuencia turística, condiciona el reconocimiento subjetivamente a la actividad comercial y las interpretaciones o intereses de las agencias u operadores turísticos que pueden orientar el interés de los usuarios, no estando necesariamente orientados a criterios protección y conservación de los bienes cuyos valores son principalmente intrínsecos. Cabe señalar que la declaración de bienes integrantes del Patrimonio Cultural de la Nación, tiene como fin el reconocimiento y protección de la herencia cultural propia del pasado de cada comunidad, que perdura en la actualidad y se transmite a las generaciones presentes y futuras, creando y/o reforzando la identidad local, regional y nacional. (Varón Gabai et. al., 2013: 330) Para este historiador, se identifica la amalgama entre identidad, administración jurídica, expresión cultural y valor sustancial del hecho social humano, en ese sentido, construye la idea de un valor primario, la historicidad y su reproducción como particularidad en la historia de la humanidad. En ese sentido, es pertinente recuperar las palabras de Mauricio Montenegro para el caso colombiano cuando hace referencia a la pertinencia de este reconocimiento a través de las vías de las políticas actuales, mencionando: Tal vez el giro inmaterial asociado al neoliberalismo comparta con el giro multicultural más características de las que estamos dispuestos a asumir. Después de todo, es el espacio abierto por el multiculturalismo el que ha permitido pensar (y usar) la diversidad cultural como recurso económico. Y como un recurso que exige, por supuesto, ser gestionado y administrado. ¿Cómo gestionar un recurso cuyo valor se funde en características inmateriales (tradición, autenticidad, identidad, etc.)? En las múltiples posibles respuestas a esta pregunta opera la articulación de multiculturalismo y neoliberalismo… El papel del PCI ha sido determinante en la consolidación de un mapa global de la diversidad cultural. Por lo tanto, ha sido determinante también en la consolidación de un mercado global de la diversidad cultural. (2013: 42) 78
del Corpus Christi que se celebra en Ecuador, en al provincia de Cotopaxi, lugar en el cual se presenta una manifestación cultural de importancia tal que el sincretismo que se suscita en la danza, volcó a las autoridades para identificar la identidad y particularidad cultural de la zona (Herrera D. & Monge, 2012: 85). La relevancia a esta festividad es tal, que ha sido nombrada como Patrimonio Cultural Intangible de la Nación en 2001 a través del Acuerdo Ministerial N. 6475. No es el único, pues recientemente en otra parte del país, la comunidad de Alangasi, ha sido declarada como Patrimonio Cultural Inmaterial de Ecuador el 10 de junio de 20186. Este tipo de manifestaciones religiosas culturales, en todo el continente tienen resonancia. Si bien cada cultura tiene sus formas de expresión, es importante destacar que ellas pretenden fungir con el papel de presentación de la diversidad en la expresión particular de su cultura. Perú es uno de los países que cuenta con la diversidad cultural en el continente americano que se destaca por su ambivalencia entre la persistencia de elementos indígenas, la formación de la cultura colonial, la diversidad de su ecosistemas y la reproducción de su cultura a partir de la presencia del catolicismo en ella. El país andino cuenta con diversos elementos culturales que han sido identificados por el Ministerio de Cultura como claves del entendimiento de la expresión religiosa particular de los peruano y al mismo tiempo, la diversidad de símbolos religiosos que coexisten en el universo sagrado de la nación heredera del Tahuantinsuyu. El Santo católico a finales del año de 2017 se incorporó a la lista de las festividades religiosas que han sido consideradas como expresiones culturales que representan el Patrimonio Cultural del Perú, se unió a la festividad peruana católica más importante, El Señor de los Milagros, celebración que a partir del 2005 comenzó su camino a convertirse en Patrimonio cultural de la Nación, en ese año “la Resolución Directoral Nacional Nº 154/INC del Instituto Nacional de Cultura, y su declaración de la “Festividad del Señor de los Milagros” como Patrimonio Cultural de la Nación. La segunda el Proyecto de Ley Nº 4022/2009-PE, convertido en Ley Nº 29602, por la que se declara al Señor de los Milagros como patrono del Perú, “símbolo de religiosidad sentimiento popular” del Perú.” (Benito Rodríguez & Manjón de Garay, 2014: 25); también a la Festividad de la Virgen de la Candelaria de Chapi en el Departamento de Arequipa en la cual se identifica como una de las devociones más antiguas de la advocación mariana, decretado a través de la 5. Véase http://patrimoniocultural.gob.ec/la-fiesta-de-las-octavas-del-corpus-christi-o-deldanzante/ consultado el 12 de enero de 2019 6. Véase el certificado a dicha expresión cultural en http://patrimoniocultural.gob.ec/wp-content/uploads/2018/09/CERTIFICACION-CORPUS.png consultado el 14 de enero de 2019 85
Resolución Viceministerial Nº 048-2012-VMPCIC-MC el 29 de agosto de 20127 . En esta misma lista, se destaca la Festividad del Señor de Locumba y la Peregrinación al Santuario del Señor de Locumba que se encuentra en el Departamento de Tacna, mediante la Resolución Viceministerial Nº 060-2015-VMPCIC-MC el 14 de mayo de 20158. En el mismo año, se le otorgó el mismo estatus jurídico a Festividad y Devoción al Cristo Crucificado Señor de Luren de Ica, en el Departamento de Ica como Patrimonio Cultural de la Nación, expresión religiosa que también tiene una profunda historicidad desde el siglo XVI cuando comienza su expresión devocional. Se puede advertir a partir de los anteriores datos, que las expresiones devocionales religiosas identitarias culturales en el Perú son muchas y muy importantes a nivel loca, con la distinción del Señor de los Milagros que es a nivel nacional. Dentro de este panorama, es importante destacar que San Judas Tadeo a diferencia de las devociones anteriormente mencionadas, no tiene una profundidad histórica en su devoción de tan largo alcance como si lo son las demás. De hecho, la devoción a este santo en su expresión formal, aparece a inicios del siglo XX, cuando un grupo de transportistas que ya formaban un contingente importante en la devoción a San Judas Tadeo, gracias al impulso del Reverendo Padre Fray Orestes Alegre de la orden franciscana se constituye “La Nueva Asociación de Caballeros de San Judas Tadeo” el 28 de septiembre de 1941. La devoción por este santo, se da en un espacio sacralizado por la religión y por ser también un Patrimonio Cultural, doblemente sacralizado, el conjunto monumental de San Francisco de Lima fue incorporado al Patrimonio Mundial de la UNESCO el 30 de diciembre de 19889. Ahora bien, al tomar en cuenta que, Perú tiene 12 representantes culturales muebles, y uno de ellos alberga a la devoción de San Judas Tadeo, la importancia crece. El camino para llegar a formar parte del Patrimonio Cultural de la festividad de San Judas Tadeo comenzó desde el 21 de abril de 2016, cuando el representante oficial del grupo que dirige, institucionalmente hablando, la devoción, el Presidente del Apostolado Franciscano de los Caballeros de San Judas Tadeo, el señor Gregorio Montesinos Champion y el 7. Véase la documentación oficial de la resolución en https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/209917/3205.pdf consultado el 16 de enero de 2019 8. Véase https://elperuano.pe/noticia-huellas-franciscanas-73849.aspx consultado el 16 de enero de 2019 9. Véase https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-felicita-policia-nacional-por-conmemoracion-su-patrono-san-judas-tadeo consultado el 21 de noviembre de 2018 86
Secretario General, el señor Carlos Diestra Dávila solicitaron ante la Dirección General de Patrimonio Cultural, que se declarara la Festividad Procesión de San Judas Tadeo como Patrimonio Cultural. A lo largo del mismo año, se mantuvieron constantemente en búsqueda de conseguir su objetivo, el cual se lograría un año más tarde, el 18 de septiembre de 2017 mediante la Resolución Viceministerial Nº 173-2017-VMPCIC-MC que la solicitud hecha se hacía oficial, considerándose así la expresión religiosa como parte del Patrimonio Cultural de la Nación Peruana10. La noticia llegó tan solo un año después de que la congregación laica cumpliera sus 75 años de existencia. Este hecho cultural del santo católico, es el único que se ha convertido en un patrimonio cultural de alguna nación, empero, no es el único lugar en donde se puede identificar la expresión devocional al mismo. En todo el continente americano, se logra vislumbrar la presencia cultural de este santo aunque no ha sido considerado como un patrimonio cultural de manera jurídica institucionalizada. Por ejemplo, tenemos que en el país caribeño de República Dominicana, el mismo santo católico es el patrón oficial protector de la Policía Nacional, de tan importancia que el propio Presidente Danilo Medina envió sus felicitaciones al órgano rector de la justicia sus felicitaciones en la celebración de su santo protector (11). También en la ciudad de Chicago, EUA, el santo es protector del mismo sector desde los años 30 , en México tiene incluso una connotación histórica de la antigua Policía Judicial a la cual se le denominaba “judas” en la cual se reconocía como miembro del sector pero también por ser devotos del mismo santo (Macías Rodríguez, 2014: 162). En la actualidad, se puede ver incluso en los sectores de altos mandos de la policía en México, haciendo celebraciones a este santo indicando su devoción y proclamación como patrono y protector (Sierra, 2013). Esta misma situación de patronazgo y expresiones culturales de este santo, se pueden identificar en otros países del continente como en Chile donde tiene una profundidad devocional desde finales del siglo XIX (Barahona Zuleta, 2011), otro ejemplo es en Argentina donde continuamente se celebra la festividad del santo (12). Pasa lo mismo en otras latitudes, donde la celebración del santo demuestra la importancia del mismo. Resumiendo, se puede identificar que la expresión festiva a este santo, solamente ha sido elevada a la categoría de Patrimonio Cultural en el país de Perú, sin embargo, en la mayoría de los países latinoamericanos (Macías Rodríguez, 2018) se tiene una fuerte presencia de la devoción por este santo. No se ha convertido en un elemento cultural 10. Véase https://www.aciprensa.com/noticias/como-san-judas-tadeo-contagiar-la-fe-y-el-amor-alienta-arzobispo-de-buenos-aires-85798 consultado el 19 de enero de 2019 87
conocido totalmente para el turismo religioso, a excepción del caso peruano donde los connacionales llegan a viajar para la celebración del santo en octubre, empero, algunos de los representantes del Apostolado, en diversas conversaciones que tuve con ellos en el 2016, comentaban su conocimiento por la celebración en México, incluso, algunos de ellos que han tenido la oportunidad de viajar al país mencionado, buscan cumplir el objetivo de visitar tres puntos en particular, dos de carácter religioso-cultural y uno más de esparcimiento. El representante del esparcimiento es Cancún, destino paradisiaco y predilecto para vacacionar en el caribe mexicano, los otros dos son: la Basílica de Guadalupe y la llamada “Iglesia de San Judas Tadeo” (templo de San Hipólito y San Casiano), ambos recintos ubicados en la capital del país (Macías Rodríguez, 2018: 293). Así, se está convirtiendo, paulatinamente en un objeto cultural que pudiera ser considerado como un mecanismo de interacción a través de turismo religioso, ya que en México, se desarrolla la misma construcción cultural del turismo al interior del país. A modo de conclusiones En las líneas anteriores se ha identificado un conjunto de hechos y elementos los cuales se vienen desarrollando desde finales del siglo XX. Las cuatro secciones que componen este trabajo, se vinculan entre sí. La construcción social de la relación entre los consumidores culturales en la perspectiva turística y cultural de un patrimonio cultural, son aquellos quienes provocan que sea reconocido fuera de la misma dinámica social la propia expresión cultural. Siguiendo la perspectiva simbólica de Geertz, los componentes de esas expresiones sirven para identificar a las comunidades en dos diferentes niveles. El primero, a nivel local, interior, es decir, los reproductores de esa expresión cultural -y por ende religiosa, como es en los ejemplos-; la otra, los consumidores turísticos de esos patrimonios culturales realizados por un conjunto de personas de la comunidad territorial o comunidad cultural. En ese sentido, los objetos culturales que han sido identificados a nivel jurídico por las instituciones internacionales y nacionales como expresiones culturales susceptibles a ser reconocidas como elementos de importancia en tanto su trascendencia y unicidad expresiva. Como lo advertimos, para el ejemplo en particular analizado, los propios grupos sociales que realizan la expresión cultural, las festividades religiosas, son quienes solicitan ser reconocidos a partir de la profundidad histórica, colectiva, identitaria y distintiva de hecho social. A partir del reconocimiento social que representa, son susceptibles a identificarse como un Patrimonio Cultural de las naciones en específico y para la humanidad en general. Las festividades del Corpus Christi en Ecuador o el Señor de los Milagros, la Virgen de Chapi, el Señor de Luren y el propio San Judas Tadeo han sido reconocidas por los Ministerios de Cultura en cada país como esas expresiones culturales que deben 88
ser consideradas como importantes. Por lo tanto, la diversidad de expresión religiosa cultural es considerada como un mecanismo de atracción turística. Al ser considerados como un objeto cultural susceptible de consumido por los turistas religiosos y culturales, la importancia de su particularidad se eleva, los valores de su significación aumentan con la finalidad de mantener su reproducibilidad. También, debemos tomar en cuenta que no todas las representaciones culturales a pesar de tener una importancia a nivel identitario, cultural e histórico significa que sean considerados como un Patrimonio Cultural de un país a nivel jurídico aunque si suceda en términos propiamente culturales, empleo de ello son el Sanyo Niño de Atocha y Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, ambas manifestaciones en México. En consecuencia, podemos indicar que la presencia de la devoción a San Judas Tadeo en Perú que ha sido considerada como Patrimonio Cultural y que exista la misma expresión religiosa y cultural en otras latitudes, puede ser susceptible a construir un fenómeno de turismo para aquellas personas que tengan una búsqueda de consumo religioso y cultural. Demostrando que los productores de las expresiones culturales en la actualidad, como el caso del Apostolado en Perú, son más importantes para el reconocimiento nacional o internacional para que un producto cultural sea considerado como un Patrimonio Cultural, es decir como una acción humana que representa integración de la identidad, la cultura y la historia de una sociedad. Lo que me lleva a preguntar, si las personas mismas pueden ser las promotoras de su cultura, ¿toda expresión cultural es susceptible a ser promovida como un Patrimonio cultural?, esa es una reflexión que podría ayudarnos a llevar las expresiones culturales diversas a puertos seguros en su protección, reproducción y cuidado. 89
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