Estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial. Una aproximación desde Andalucía
Abstract
Este artículo plantea un acercamiento a aquellos procesos generales que están incidiendo actualmente en los espacios rurales y a las modificaciones operadas en éstos relacionadas con dichos procesos, para terminar esbozando una propuesta tipológica que resuma las respuestas y estrategias de inserción de los principales ámbitos rurales andaluces en el espacio global, que puede resultar aplicable —con algunas matizaciones— a otros ámbitos rurales españoles y europeos.
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Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002, págs. 103-131 103 ESTRATEGIAS DE INSERCIÓN DE LAS ÁREAS RURALES EN LA ECONOMÍA MUNDIAL. UNAAPROXIMACIÓN DESDE ANDALUCÍA* Rocío Silva Pérez Departamento de Geografía Humana Universidad de Sevilla RESUMEN Este artículo plantea un acercamiento a aquellos procesos generales que están incidiendo actualmente en los espacios rurales y a las modificaciones operadas en éstos relacionadas con dichos procesos, para terminar esbozando una propuesta tipológica que resuma las respuestas y estrategias de inserción de los principales ámbitos rurales andaluces en el espacio global, que puede resultar aplicable —con algunas matizaciones— a otros ámbitos rurales españoles y europeos. Palabras clave: Globalización, estrategias inserción, áreas rurales, Andalucía. ABSTRACT On the basis of the general processes that are involved in the recent transformations of rural spaces, this paper tries to build a tipology model of reactions and strategies of insertion in the global economy of the rural areas. The tipology model attempts to stablish a sufficiently general framework which could be applicable to other Spanish and European rural spaces. Key words: Globalization, insertion strategies, rural spaces, Andalusia. Fecha de recepción: junio de 2002. Fecha de admisión: septiembre de 2002. * Este artículo forma parte de Proyecto Cambios organizativos y tecnológicos en los sistemas productivos locales en España. Análisis regional comparado de los procesos de innovación en el territorio, subvencionado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología.
104 1. CONSIDERACIONES PREVIAS Es bien sabido que las transformaciones asociadas a globalización económica están dibujando un nuevo orden territorial, en el que cada vez se definen con mayor claridad espacios ganadores y perdedores en las lógicas dominantes (Benko, G. y Lipietz, A. eds. 1994; Colletis, G. y Pecqueur, B. 1993), a la par que se diluye la tradicional dicotomía entre áreas rurales y urbanas, superándose al mismo tiempo la percepción de los espacios rurales como ámbitos con una especialización eminentemente agraria, caracterizados por su mayor retraso económico. Frente a dicha percepción, este artículo plantea un acercamiento a aquellos procesos generales que están incidiendo actualmente en los espacios rurales y a las modificaciones operadas en éstos relacionadas con dichos procesos, para terminar esbozando una propuesta tipológica que resuma las respuestas y estrategias de inserción de los principales ámbitos rurales andaluces en el espacio global. 2. PROCESOS GENERALES CON INCIDENCIA EN LAS ÁREAS RURALES Entre los procesos generales que, en distinta medida, determinan las estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial cabe destacar los que siguen: A) La mundialización de la economía y la creciente generalización de las nuevas tecnologías de la información que, si por una parte, convierten a los ámbitos rurales en espacios más accesibles, por otra, los hacen más vulnerables a la competencia exterior, empujándolos a una continua readaptación a las lógicas imperantes, cuyas claves de éxito están directamente relacionadas con su capacidad para incorporar y desarrollar innovaciones. Paralelamente a lo anterior, la progresiva terciarización económica está afectando de manera creciente a las áreas rurales —con particulares y diferenciadas repercusiones, según los casos—, convirtiéndolas en espacios multifuncionales, donde la agricultura es una actividad más y no siempre la más importante (Ramos, E.; Romero, JJ., 1993). Por su parte, la propia agricultura —que hasta hace pocos años ha sido considerada como un sector que, por sus particularidades, quedaba excluido de las directrices de la Organización Mundial del Comercio—, está siendo objeto de una creciente apertura internacional y, por tanto, está sujeta a una mayor competencia en los mercados (Delgado Cabezas, M., 1999). En este contexto, las agriculturas de los países desarrollados se ven impelidas a competir con las de nuevos países productores, que juegan con ventajas comparativas asociadas a la menor carestía de la mano de obra. Ello obliga a los agricultores del primer mundo a activar estrategias competitivas, tales como la introducción de nuevas tecnologías, la apuesta por la calidad y la inserción y el control del circuito agrocomercial. B) Las modificaciones operadas en plano socio-cultural tampoco se han hecho esperar, pudiéndose destacar, a este respecto, la expansión de las pautas culturales urbanas al medio rural y, de forma paralela, la revalorización de los modos de vida y las culturas rurales (Barrere, 1988). Alo que cabría añadir la creciente concienciación ciudadana y la asunción institucional —en muchas ocasiones meramente retórica— sobre la necesidad de conservar el medio ambiente y preservar el paisaje, así como una preocupación por la «seguridad» de los alimentos, que en el plano estrictamente agrícola se está traduciendo en un Rocío Silva Pérez Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002
105 intento de recuperación de los agrosistemas tradicionales y en una potenciación de las agriculturas biológicas. Otro hecho de interés es la generalización de la sociedad del ocio en los países más desarrollados, que está llevando en una creciente demanda de «naturaleza» y «espacios vírgenes», con indudables resonancias en aquellos territorios situados al margen del modelo de crecimiento anterior y que, a modo de paradoja, albergan aquellos recursos (patrimoniales, ambientales, etnográficos, paisajísticos...) hoy especialmente valorados. C) Los impactos territoriales derivados de los procesos en curso están siendo de muy distinto signo y están protagonizados por la conformación de un espacio abstracto, difícil de entender, conceptualizar e interpretar —el espacio de los flujos y las redes, asociado a la progresiva apertura de los mercados y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información—, que cambia de manera constante, organizando el territorio en función de la posición que ocupan en el mismo los distintos lugares (Castells, M. 1996, 1997; Caravaca, I. 1998; Dollfus, O., 1997; Santos, M., 1996; Veltz, P. 1999...) En este nuevo contexto, las relaciones del espacio rural con el exterior se hacen más complejas, al no ser ya sólo la ciudad vecina el único ente urbano susceptible de influenciar en los cambios registrados. Paralelamente a todo ello, los procesos de periurbanización y rururbanización imperantes y las mejoras introducidas en las infraestructuras de comunicación y transporte están llevado a una mayor integración territorial de dichos espacios, superándose su tradicional dicotomía con los ámbitos urbanos. C) Todo ello se ha visto acompañado de importantes mutaciones institucionales, con las consiguientes modificaciones en el diseño de las políticas públicas, marcadas por la revitalización de la dimensión territorial como estrategia y activo para el desarrollo (Garofoli, G. 1995ª; Maillat, D. 1995b; Precedo, A. 1994; Valcárcel Resalt, G. 1999; Vázquez Barquero, A, 1995). Entre tales cambios de tendencias, cabe señalar la sustitución de las políticas keynesianas surgidas en los años treinta —fuertemente centralizadas e implementadas «desde arriba» con un carácter asistencial y redistributivo— por otras de corte schumpeteriano, apoyadas en la actuación de los diferentes actores locales, en soluciones endógenas y en programas que huyen del asistencialismo, intentando fomentar la competitividad (Ferrao, J., 1997). Otros dos elementos de interés son la revitalización de la dimensión territorial por parte de las políticas públicas y la progresiva incorporación de la dimensión ambiental en las políticas sectoriales y territoriales (programas agroambientales, medidas reforestadoras, normativas de control de calidad, evaluaciones de impacto ambiental, declaraciones de espacios protegidos, etc.). 3. RESPUESTAS DE LAS ÁREAS RURALES A LAS NUEVAS DINÁMICAS Así pues, los espacios rurales no se han mantenido al margen de los procesos asociados a la globalización económica, ni de la creciente competencia interterritorial por ella promovida. Muy al contrario, al igual que los restantes ámbitos territoriales se están viendo profundamente afectados por las nuevas dinámicas, ajustándose a las mismas con distinta fortuna, o permaneciendo excluidos en situaciones de suma precariedad y extrema pobreza. Como resultado de ello, están experimentando importantes mutaciones económicas, sociales y terri- Estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial. Una aproximación desde Andalucía Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002
toriales, en algunos casos inducidas por las políticas gubernamentales en curso, que se intentan resumir en los siguientes epígrafes. 3.1. Hacia una nueva multifuncionalidad La superación de la identificación de la economía rural con la agricultura constituye, sin duda, uno de los principales procesos con incidencia en los ámbitos rurales actuales, que, en consecuencia, durante las últimas décadas han recuperado el carácter multifuncional que tradicionalmente los había caracterizado, aunque con matices muy diferentes. La multiplicidad de actividades característica de los ámbitos rurales tradicionales en una economía de autosuficiencia (Naredo, J.M., 1973, 1996), que entró en crisis a raíz de la especialización productiva asociada al proceso de modernización (Etxezarreta, M., 1985; García Bartolomé, 1993; Leal, A.-Leguina, J.-Naredo, J.M.- Testaferra, L., 1986), está emergiendo con nuevos patrones. La pluriactividad natural —descrita, entre otros, por Naredo (1996)— o de subsistencia —como la califica E. Saraceno (1987)— se ha tornado en una pluriactividad rural, asociada a nuevas actividades emergentes y nuevos actores sociales (Ramos, E.- Gallardo, R., 1999). Entre las causas que explican esta situación, cabe señalar las que siguen: • Constituye un lugar común invocar, como detonante de la misma, el cierre a raíz de la crisis económica de los años setenta de la válvula de escape que desde la Segunda Guerra Mundial había significado el empleo industrial urbano. Por otra parte, como ha señalado Hervieu (1991) el éxodo rural había estado sobredimensionado, en la medida en que por cada empleo industrial generado en las ciudades salían tres habitantes del espacio rural. Paralelamente a todo ello, la agricultura —que continúa modernizándose— no demanda nuevos activos, por lo que acaba imponiéndose, como única solución, la diversificación de las actividades y la movilización de los recursos en el espacio rural. • Hay que tener así mismo en cuenta que la propia diversificación de la economía, además de un objetivo, constituye una consecuencia del proceso de desarrollo económico y social que se ha venido operando en los espacios rurales de los países desarrollados, al menos desde la década de los cincuenta (Kayser, 1994). • Por otra parte, la identificación hasta ahora dominante del mundo rural con la agricultura y del proceso de industrialización con el modelo fordista, había hecho que se prestase poca atención a las formas de industrialización difusa que continuaron persistiendo en algunas áreas rurales, redescubiertas en Italia a partir de los años setenta (Beccatini, G., 1979, 1987 y 1994), y que, desde entonces, han sido objeto de una abundante literatura por constituir formas de producción flexible especialmente adaptadas a la situación actual (Piore, J.M.-Sabel, C.F., 1990; Mourlaet, F.-Swyngedow, E., 1991; Méndez, 1994; Garofoli, 1986 y 1994...). Esta creciente multifuncionalidad de los espacios rurales se está viendo acompañada de la asunción de nuevas funciones por parte de la propia agricultura. La generación de excedentes productivos en el mundo desarrollado, la creciente apertura del comercio internacional de 106 Rocío Silva Pérez Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002
107 Estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial. Una aproximación desde Andalucía Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002 productos agrarios, la constatación del papel desempeñado por los cultivos en la conformación de los paisajes rurales, la creciente demanda de «espacios libres»..., está llevando a que al papel tradicionalmente asignado a la agricultura (proporcionar alimentos), se superpongan otros roles más relacionados con la provisión de bienes ambientales y culturales que con los estrictamente productivos. En estrecha relación con lo anterior, algunos autores (Bowler, 1996; Evans, N.J.-Yar- wood, 1996; Tort Donana, 1998; Ferras Sexto, 1998) han acuñado el concepto de agricultura postproductivista, para referirse a aquella agricultura caracterizada por la extensificación productiva, la diversificación de los cultivos y la dispersión de las explotaciones, como contrapunto a la intensificación, la especialización y la concentración fundiaria inmediatamente anterior. Pero, pese a que dicha transición postproductivista dista mucho de constituir una realidad, muchas cosas están cambiando en el seno de la agricultura. La extensificación de las producciones —inducida por la reorientación de las políticas agrarias y practicada la mayor parte de las veces en las tierras de peor calidad, que no admiten otro aprovechamiento (Baraja Rodríguez, E.-Alario Trigueros, M., 1991; Silva Pérez, 1991)—, coexiste con una creciente intensificación productiva, denominada por algunos autores Segunda Revolución Verde (Mata, R., 2001,60) y, por otros Revolución Verde Verde (Romero, J.J. y Ramos, E., 1995, 81), aludiendo la reiteración del calificativo verde al matiz ambiental que se pretende introducir en el modelo de una forma un tanto forzada. A lo que habría que añadir, como otros dos exponentes que socavan la señalada transición postproductivista, el aumento de la especialización productiva, según territorios, y la continuación de la concentración empresarial, tanto en la esfera estrictamente agraria como en el conjunto del sistema agroindustrial. Como contrapunto a lo anterior, cada vez son más numerosas las opiniones que mantienen que para que la agricultura sea intensificable, modernizable y aumente su competitividad, es necesario que otra parte del territorio rural absorba y neutralice las externalidades negativas asociadas a este tipo de producción (Grupo de Seillac, 1993; Kayser, 1994....). Son precisamente estas otras áreas, que no se vieron afectadas por la «primera revolución verde» y cuyos valores paisajísticos y ambientales justifican su exclusión de la intensificación actual, las que mejor se adecuan a los postulados de la transición postproductivista. Paralelamente a todo ello, se constata que si bien los habitantes de las áreas rurales no pueden vivir sólo de la agricultura, no por ello hay que descuidar esta actividad, dado que: — Ésta continúa constituyendo un importante motor de desarrollo para muchos ámbitos rurales. — Cuando no es así, su desaparición redunda en un deterioro paisajístico, social y ambiental. — Tanto en unos casos como en otros, la agricultura sigue siendo un componente muy importante en la organización territorial de estos espacios. Todo ello cristaliza en la propuesta de dos modelos de agricultura, cada vez más aceptada desde instancias gubernementales, con distinta proyección territorial y con connotaciones ambientales muy diferenciadas:
108 Rocío Silva Pérez Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002 a) Una agricultura comercial y competitiva, bien insertada en el circuito agrocomercial internacional. b) Un modelo alternativo, más respetuoso con el medio, especializado en productos de calidad, en el que la función paisajística y ambiental prima sobre la productiva. Se echa en falta, como complemento a lo anterior, la implementación de un tercer modelo que supere la visión dual que hoy se tiene de las agriculturas y de los territorios rurales. Para ello, es preciso contemplar estrategias competitivas para las agriculturas de bajo impacto y establecer mecanismos que amortigüen las disfunciones paisajísticas y ambientales de las agriculturas intensivas (deforestaciones, abusos de agroquímicos, pérdidas de suelo, monotonía visual...). 3.2. La alteración del tejido social La visión dual de los espacios rurales anteriormente señalada determina una dinámica demográfica sumamente contradictoria. Refiriéndose al caso francés, B. Hervieu (1995, 34) ha puesto de manifiesto que, si bien desde 1975 la población rural está creciendo por encima de la media nacional, el 45% de los municipios rurales franceses siguen perdiendo población. Y esta dinámica es bien conocida en España, donde los municipios de menos de 2000 habitantes continúan despoblándose —entre 1981 y 1998 sus efectivos demográficos se han reducido en un 3,3%— cuando, en el otro extremo, están apareciendo nuevas entidades de población sumamente dinámicas, asociadas a la explotación de recursos turísticos muy localizados (deportes de nieve, áreas litorales, balnearios) o a las agriculturas de vanguardia. Esta contradicción conduce, paradójicamente, a un mismo resultado: el éxodo, por un lado, y la inmigración, por otro, impulsan a una ruptura del antiguo equilibrio de las sociedades rurales, que ahora se tornan más complejas. El retroceso de la población activa agraria, la aparición de nuevas actividades en el medio rural y el creciente asentamiento en estos ámbitos de las clases medias urbanas que buscan un mayor contacto con la naturaleza —analizado, en el caso británico, por K. Hoggart, (1996, 249-262)— determinan, por una parte, la aparición de nuevos actores sociales y, por otra, una pérdida de protagonismo de los antiguos agricultores, lo que en la mayor parte de los casos no se resuelve sin conflictos. Ante esta situación, se impone la búsqueda de un nuevo pacto social (Grupo de Seillac, 1993), siendo precisamente aquellos ámbitos rurales que han sabido engendrar un clima de consenso entre las distintas fuerzas sociales y las instituciones y empresarios locales —generando un medio o entorno proclive al desarrollo (Garofoli, G., 1995 a y b; Maillat, 1995; Vázquez Barquero, 1995; Sieber, W., 1999; Valcárcel-Resalt, 1999...) — las que mejor están respondiendo a los cambios en curso, por mostrarse más proclives a la incorporación de innovaciones. Si se ciñe el análisis a las dinámicas sociales acaecidas en el plano más estrictamente agrario, las modificaciones también resultan evidentes: — En algunas ocasiones, los agricultores han dejado de ostentar la titularidad de los predios rústicos. Así lo ha puesto de manifiesto Hervieu (Op. Cit, 43) para el caso francés donde, según la Federación Nacional de Sociedades de Ordenación Territorial y Asentamientos (SAFER), la tercera parte de las tierras vendidas en 1991 lo fueron a no
109 Estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial. Una aproximación desde Andalucía Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002 agricultores, suponiendo dichas transacciones más de la mitad del total de las ventas de fincas rústicas. Situación ésta que, en un contexto muy diferente, hemos podido comprobar en la Sierra Norte de Sevilla (Silva, R.-Ojeda, J.F., 2001) donde, según el Catastro de Rústica, cerca del 40% de las propiedades de más de 500 Has existentes en la comarca pertenece a titulares llegados a la misma después de 1985, con una importante representación (más de la mitad de dicho porcentaje) de sociedades anónimas residenciadas en áreas urbanas. En esta situación —alentada en gran medida por las expectativas de negocio asociadas a las ayudas que se están recibiendo— los agricultores pierden, incluso, la función de «guardianes de la naturaleza» asignada a las agriculturas de montaña. — Respondiendo a premisas muy diferentes, también en las áreas de agriculturas más dinámicas se está operando una pérdida de importancia del colectivo de agricultores en el conjunto del sector. En este caso, la necesidad de introducirse en los circuitos agrocomerciales internacionales, está alentando la proliferación de todo tipo de sociedades, que responden a formas jurídicas cada vez menos específicamente agrícolas (Juliá, 1994; Moyano Estrada, 1993 y 1994; Langreo, A.-García Zárate, T., 1994) y que terminan imponiendo sus pautas de organización y gestión a las propias explotaciones. Ante esta nueva situación, es preciso redefinir no sólo el papel de las distintas agriculturas, sino también el de los propios agricultores, impelidos a asumir nuevas y diferenciadas tareas (tecnificación, control ambiental...) y unos roles sociales para los que no están preparados, sin que la enseñanza reglada —de una escasa flexibilidad— esté en condiciones de responder a estos retos. En resumidas cuentas, tanto los espacios rurales como la propia agricultura están dejando de ser un territorio o un sector diferenciado también en el plano social. Sin negar las contradicciones inherentes a este proceso —en parte ya comentadas—, no se deben olvidar las mejoras sociales propiciadas por esta creciente apertura, ni los nuevos problemas por ella generados. Entre las primeras, cabe destacar el crecimiento del poder adquisitivo de los habitantes del mundo rural de países desarrollados, cuya renta per cápita está experimentando un incremento relativo mayor que la de otros ámbitos (Zoido, F. Coord. 2001). En lo que respecta a los segundos, su mayor integración socio-territorial está transfiriéndoles los mismos problemas (desempleo, marginación, drogodependencia, conflictos étnicos...) que afectan al conjunto de la sociedad (Alonso, L.E., 1997). 3.3. Nuevas dinámicas territoriales Mientras se consolidan los cambios antedichos, se está definiendo una nueva lógica territorial que desdibuja los rasgos del modelo anterior, en la que ciertos territorios rurales pierden protagonismo mientras otros adquieren una relevancia creciente (Caravaca, I. 1998). Entre estos espacios emergentes o «regiones que ganan» (Benko, G.-Lipietz, A. 1994) se encuentran, dentro del tejido rural, ciertos sistemas productivos locales o distritos industriales, desarrollados en determinados ámbitos con una malla importante de ciudades pequeñas y medias y una estructuración de la propiedad de la tierra muy compartimentada (Piore, M.J. y
110 Rocío Silva Pérez Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002 Sabel, C.F., 1990; Moularet, F.- Swyingeow, E., 1991; Méndez, R. y Caravaca, 1996; Sforzi, 1999 ...). Pero si bien las restantes áreas rurales no han experimentado una revitalización económica tan espectacular como la que se propugnaba a mediados de los años ochenta (Quevit, M. 1986), no por ello todas ellas se sitúan entre los espacios excluidos de la lógica socioeconómica emergente. De hecho, según se señalaba más arriba, algunos ámbitos rurales están intentando insertarse en dicha lógica activando sus recursos ambientales y culturales a partir de su declaración como espacios protegidos o catalogados, promoviendo la diversificación de sus actividades o apostando por una agricultura «reorientada hacia la reducción de las producciones alimentarias, hacia la competencia en los mercados internacionales y hacia actuaciones tendentes a proveer a la sociedad de bienes ambientales» (Bowler, 1996, p. 179). Paralelamente a todo ello, el carácter más o menos remoto de los ámbitos rurales no depende tanto de su cercanía o lejanía a un centro urbano importante, sino de su grado de inserción en el espacio de los flujos y las redes y de su capacidad para incorporar o desarrollar innovaciones (Del Canto, C.-Casabianca, F., 1996). Aparecen así nuevos espacios excluidos de las relaciones económicas dominantes, por su falta de espíritu innovador o su deficiente acceso a dichas redes (Veltz, P., 1999). Aun nivel mucho más concreto, la creciente plurifuncionalidad de estos espacios está llevando a una generalización de los usos múltiples del territorio, no exenta de conflictos y contradicciones: proliferaciones de espacios protegidos, extraídos del modelo general de crecimiento, donde la preservación de los recursos naturales (flora, fauna...) se suele anteponer a la de aquellos resultantes de la intervención humana (agricultura y ganadería); sustitución de las tierras de labor por áreas urbanizadas (espacios periurbanos y áreas turísticas litorales); avance de los cultivos respecto a otros usos en las zonas de agricultura más dinámica (áreas de invernaderos), etc. Todo ello está propiciando importantes modificaciones paisajísticas, entre las que interesa resaltar aquellas relacionadas con los espacios agrícolas, ganaderos y forestales que, a pesar de haber perdido relevancia socioeconómica, siguen manteniendo un protagonismo innegable entre los usos del suelo de los ámbitos rurales. Entre tales modificaciones, cabe señalar: • El incremento de la superficie boscosa en los países desarrollados, como resultado de las nuevas demandas ambientales y de la necesidad de hacer frente a los excedentes productivos a través de programas de reforestación y de retiradas de tierras (Silva Pérez, 1995, 2001) cuando, a modo de paradoja, en los menos desarrollados están retrocediendo las masas forestales (R. Mata, 2001). • No obstante, dicho incremento no está redundando en una mayor diversificación paisajística y productiva. La expansión de los cultivos bajo plástico, los mismos programas gubernamentales y las dinámicas anteriormente descritas, están produciendo, a modo de paradoja, el efecto contrario: una creciente especialización territorial y monotonía paisajística, que no sólo afecta a los sistemas intensivos, sino que trasciende a los extensivos. Un ejemplo de esto último es la evolución que están experimentando muchas áreas de dehesas, que de ser territorios complejos que combinan los usos agrícolas, ganaderos y forestales y, en el caso de la ganadería, se han caracterizado tradicionalmente por la coexistencia de distintas especies (porcino, ovino, vacuno y caprino, en las zonas de más difícil acceso), están progresando hacia una
111 Estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial. Una aproximación desde Andalucía Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002 pérdida de tal diversificación (Ojeda Rivera, J.F.-Silva Pérez, R., 1997). Al repliegue de los cultivos propiciado por su escasa rentabilidad en una economía de mercado y por el éxodo rural de los años sesenta y setenta, se está añadiendo en los últimos años un retroceso de las áreas de pasto, provocado por la densificación del arbolado a raíz de la aplicación del programa europeo de reforestación (Silva Pérez, R., 1995 y 1996a). Paralelamente a todo ello, las primas ganaderas de la Unión Europea están socavando su característica diversidad pecuaria, haciendo retroceder el porcino (que no cuenta con ningún tipo de ayudas), en contraste con la creciente expansión de dehesas monoespecializadas en ganadería bovina, ovina o en especies ajenas hasta ahora a este agrosistema como el equino, cuyo crecimiento está asociado a las recientes funciones de ocio y recreo asignadas a los ámbitos rurales en los que se inscriben las dehesas. • Todo ello se está viendo además acentuado por la creciente deslocalización de las producciones agropecuarias. Dicho proceso, iniciado con la proliferación de la ganadería industrial en los años del desarrollismo (Rodríguez Zúniga, 1980; Segrelles Serrano, 1993 y 1998; Silva Pérez, 1996b), está llegando a afectar a los cultivos, que hasta ahora se han mostrado menos deslocalizables. El intento de superar la estacionalidad agrícola está llevando, no sólo a la proliferación de invernaderos, sino a la formación de espacios de producción interregionales e incluso internacionales, que intentan aprovechar las diferencias de temperatura entre los distintos espacios geográficos, además de los costes diferenciales de la mano de obra. A tal fin, practican una «producción ambulante», descrita, entre otros, por A. Pedreño (2001, 81) para el Campo de Cartagena, donde cada vez son más numerosas las empresas que producen parte de sus insumos en territorios limítrofes (Almería, Albacete o zonas altas de la región de Murcia), o que se han asentado en Marruecos, hacia donde trasladan parte del año toda la parafernalia productiva —tractores y remolques, plataformas de recolección, máquinas recolectoras-embolsadoras...—, conformando «verdaderas fábricas en movimiento». • Pero de forma coetánea al proceso arriba descrito, no se puede olvidar la emergencia de aquellas producciones más ligadas al territorio (distinguidas por Denominaciones de Origen, Indicaciones Geográficas o Etiquetas de Calidad), cuyo principal factor de competitividad pasa por la definición de una serie de objetivos y estrategias, adaptados a determinados segmentos de mercado. 3.4. Una inestable conjunción entre las políticas competitivas y asistenciales Como no podía ser de otra manera, los objetivos e instrumentos del apoyo público a la agricultura y al medio rural han ido evolucionando de forma paralela a los cambios experimentados por la sociedad y el entorno. Pero si bien es cierto que los espacios rurales están participando de los cambios políticos e institucionales en curso, su consideración hasta hace menos de una década como «espacios diferenciados» y la sinergia de los intereses creados por las políticas asistenciales, todavía dominantes en términos financieros, determinan el que hoy se debatan en un frágil equilibrio entre los programas de carácter ascendente, implemen-
118 Esta importante dinámica económica de los sistemas productivos locales resulta más espectacular si se tiene en cuenta que su consecución no suele estar apoyada en la percepción de subvenciones. La dinámica del Poniente almeriense constituye, de nuevo, un ejemplo muy ilustrativo de ello: si bien el detonante de su desarrollo tuvo en sus inicios un marcado carácter redistributivo —declaración de esta comarca como Zona de Interés Nacional por parte del Instituto Nacional de Colonización (1953) y consiguiente puesta en riego—, pronto se desprendería del mismo apostando fuertemente por la competitividad, como lo demuestra el hecho de que las subvenciones europeas apenas representen el 4% de la renta media de los agricultores almerienses cuando en el conjunto andaluz dicho porcentaje supera el 40%. En lo que se respecta a la caracterización socio-demográfica, los ámbitos rurales emergentes suelen presentar los siguientes rasgos: • Una dinámica demográfica extremadamente positiva, en parte relacionada con la juventud de su población, pero en la que también desempeña un destacado papel la recepción de inmigrantes (Caravaca, C. y otros, 2000 a y b, 2002). • Una evolución muy positiva también del mercado de trabajo (Ibidem). • La presencia de una cultura muy emprendedora, apoyada en la proliferación de agentes sociales e institucionales unidos por redes de cooperación generadoras de un medio o entorno muy proclive a la recepción de nuevas ideas. • Y como contrapunto a todo ello, suele tratarse de zonas con una fuerte precariedad laboral y con grandes problemas de integración social, que a veces desembocan en estallidos xenófobos, como los ocurridos en El Ejido en el año 2000 y que aún siguen mereciendo muchos titulares de prensa. Por su parte, entre los principales rasgos territoriales y ambientales de las áreas rurales emergentes cabría señalar: • La existencia de una malla de ciudades pequeñas y medias cuyas relaciones resultan esenciales para la concentración de equipamientos, servicios y actividades complementarias que facilitan la adopción y la transmisión de innovaciones. • Unas infraestructuras viarias muy desarrolladas. • Una gran compartimentación en la estructura de la propiedad de la tierra cuya posesión constituye un activo fijo para acometer la inversión inicial (avales bancarios). • Ytambién como contrapunto, una acentuación de conflictos en los usos del suelo, que en el ejemplo almeriense se traduce en la necesidad de terreno para construir nuevos invernaderos, cuya rentabilidad productiva les lleva a ganar la batalla a las mismas especulaciones inmobiliarias turísticas y que, haciendo caso omiso de las figuras de protección ambiental, han llegado a aparecer en el Parque Natural Cabo de Gata- Níjar. A lo que habría que sumar la asoladora monotonía paisajística resultante de empaquetar el terreno bajo un mar de plásticos, acentuada por la creciente ascensión de los invernaderos por la cercana Sierra de Gádor, así como la creciente degradación ambiental asociada a la ingente utilización de agroquímicos, a los residuos agrícolas, a la sobre-explotación del acuífero, etc. Rocío Silva Pérez Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002
119 Se trata, en suma, de un modelo de crecimiento que en términos económicos puede ser calificado de sostenido, un tanto ecléctico desde una perspectiva social —a pesar de la precariedad laboral y de los estallidos xenófobos, hay que reconocerle la capacidad de mantener un tejido de explotaciones agrarias familiares muy receptivas a los cambios— y considerablemente insostenible desde un punto de vista territorial y ambiental. 4.2. Caracterización de las áreas rurales acomodaticias El perfil de aquellos espacios rurales, que si bien se están adaptando a los cambios, lo están haciendo en una situación mucho más dependiente —y que se han denominado áreas acomodaticias— no está tan bien definido desde un punto de vista teórico como el de las áreas emergentes. Aún así, aunque esta situación puede resultar representativa de contextos territoriales muy diversos, se pueden incluir en este grupo aquellos ámbitos rurales preferentemente situados en áreas de montaña, marginados por el modelo de crecimiento anterior —con las consiguientes secuelas de vacíos demográficos, quiebra de las actividades y los agrosistemas tradicionales y deterioro ambiental y paisajístico—, que hoy se están viendo especialmente favorecidos por las nuevas orientaciones de las políticas con incidencia en el medio rural (espacios naturales protegidos, reorientación extensificadora de la P.A.C., Iniciativa LEADER...) (Rodríguez Martínez, F., 1999, 273). Todo ello se está traduciendo en una indiscutible recuperación socioeconómica, no exenta de cierta coyunturabilidad, sobre todo en aquellos casos en que la preeminencia de los subsidios puede estar coartando la consecución de un modelo de desarrollo de carácter estable. Desde un punto de vista económico, se trata de espacios con una amplia representación de las actividades agrarias, pero que están experimentando una indiscutible diversificación, relacionada tanto con su nueva funcionalidad como áreas de ocio y recreo, como con la creciente apuesta por la transformación de sus producciones tradicionales (agroindustrias, cerámicas, artesanías textiles...). No obstante, su escaso control de los principales circuitos nacionales e internacionales de ocio y turismo, así como de los canales de comercialización, continúa deparándoles una pérdida importante del valor añadido generado por estas actividades. Consiguientemente a todo ello, su creciente apertura al exterior se está operando de una forma muy dependiente. Por otra parte, las relaciones intersectoriales continúan siendo muy débiles, tratándose la mayor parte de las veces de actividades inconexas que sólo tienen en común su instalación en el mismo territorio. Son muy escasas, por consiguiente, las sinergias interempresariales descritas para las áreas emergentes. En otro orden de cosas, si bien es verdad que se trata de zonas rurales con una desfavorable situación de partida, de las que no cabe esperar respuestas anticipadas a los cambios imperantes y en las que, consiguientemente, la innovación adquiere un carácter más moderado, tampoco deja de ser cierto que salvo contadas excepciones las pretendidas acciones innovadoras que, según la Red de Desarrollo Rural, están acometiéndose en estos ámbitos responden mejor al adjetivo de emprendedoras. Estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial. Una aproximación desde Andalucía Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002
120 El análisis de las «acciones innovadoras» acometidas en las áreas LEADER de Andalucía, todas ellas ubicadas en estos espacios considerados acomodaticios (cuadro nº 1), pone de manifiesto el discutible carácter innovador de algunas de dichas medidas. Así, los 22 Grupos de Acción Local que gestionan las áreas LEADER andaluzas han realizado en diez años un total 146 «acciones innovadoras», entre las que predominan (en torno al 68% de los casos) aquellas de carácter defensivo y bajo grado de innovación (transformación y comercialización de productos locales, apertura de alojamientos e infraestructura turística y actividades agrícolas y ganaderas). Sorprende, por otra parte, el escaso interés despertado por las actividades estrictamente agroganaderas (sólo diez iniciativas en un territorio donde los aprovechamientos agrícolas, ganaderos y forestales tienen una importante significación y cuyos valores paisajísticos y patrimoniales están estrechamente relacionados con dichas actividades), así como el carácter exótico de tales acciones innovadoras (cría de caracoles y recuperación del burro cordobés en la Alpujarra, granjas de avestruces en el Andévalo onubense y en el sevillano Corredor de la Plata, puesta en producción de las gallinas autóctonas andaluzas en Los Alcornocales...). Ello parece poner de manifiesto que la atención dispensada a los agrosistemas tradicionales no va más allá de su adecuación a los imperativos marcados por las subvenciones. De un grado medio de innovación resultan las actividades formativas y de difusión, así como la organización de ferias y certámenes, que junto a actuaciones más convencionales (puesta en escena de obras de teatro o edición de un manual sobre cítricos y otro material divulgativo), incluyen la promoción de determinados productos locales (como la pasa malagueña, la artesanía de la Sierra de Segura o los productos ecológicos del Poniente granadino), Rocío Silva Pérez Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002 Cuadro 1 RELACIÓN DE ACCIONES INNOVADORAS ACOMETIDAS EN LAS ÁREAS LEADER DE ANDALUCÍA Grado de Nº de innovación Acciones innovadoras iniciativas Transformación y comercialización de productos locales 46 BAJO Apertura de alojamientos turísticos 30 Habilitación de museos y equipamientos de ocio 13 Actividades agrícolas y ganaderas 10 Organización de cursos y jornadas de difusión 16 MEDIO Organización de ferias 3 Promoción del asociacionismo 5 Otros servicios 4 ALTO- Creación de marcas y Denominaciones de Origen 8 MUYALTO Creación de redes de información telemática 9 Estudios e investigaciones 2 TOTALACCIONES INNOVADORAS 146 Fuente: Http://redrural.tragsatec.es. Elaboración propia.
121 la organización de cursos formativos (que contemplan el reciclaje profesional), y celebración de jornadas de sensibilización de la población local (Condado de Jaén y Serranía de Ronda, en Málaga). En el otro extremo, las acciones con un carácter más ofensivo y un nivel de innovación alto o muy alto sólo suponen el 13% del total, resultando especialmente relevantes en este capítulo —por denotar una mayor apuesta por la competitividad— la creación de marcas distintivas de los productos de algunas zonas (Dulces de Los Alcornocales, Trajes de Flamenca del Andévalo) y de determinadas Denominaciones de Origen (Aceite y miel de la Sierra de Cádiz, Aceite del Poniente Granadino, Espárragos de Huétor-Tájar...) y, sobre todo, aquellas relacionadas con la creación de centros de servicios avanzados (caso de Guadix) y de redes de información telemática vinculadas a la oferta turística (Cuenca Minera, Sierra de Segura, Sierra de las Nieves y Axarquía malagueña). Las actividades de investigación se ciñen, por su parte, a la elaboración de un estudio geominero de la comarca cordobesa de los Pedroches y a la realización de un inventario de los recursos patrimoniales de la Sierra de Segura. Si a ello se suma la relevancia que siguen manteniendo las subvenciones (Silva Pérez, 1997)3, el resultado es un maridaje inestable entre subsidio y competitividad. Así pues, retomando la tipología señalada por Sforzi (1999), estas áreas acomodaticias adolecen de un acentuado carácter redistributivo o asistencial, que en muchos casos puede estar coartando la apuesta por la competitividad que persigue el proyecto LEADER4. Desde un punto de vista sociodemográfico, los ámbitos acomodaticios suelen presentar los siguientes rasgos: • Una paralización del éxodo rural, que no ha conseguido reparar las pérdidas demográficas anteriores (se trata de espacios que, en su mayoría, siguen perdiendo población, no ya a causa de la emigración, sino por agotamiento vegetativo); aún así, dichas pérdidas se han reducido con respecto a periodos anteriores, lo que parece indicar una mejora relativa de su dinámica poblacional. • Con todo, siguen teniendo una población muy envejecida (de ahí el que continúen despoblándose) y su mercado de trabajo está muy desestructurado. • Emergencia de una cultura emprendedora, asociada a la proliferación de nuevos proyectos y actividades. • Intento de articulación social por parte de los Grupos de Acción Local que gestionan las áreas LEADER, que generalmente contrasta con una débil articulación socio-ins- Estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial. Una aproximación desde Andalucía Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002 3 En el estudio del balance de las ayudas procedentes de fondos europeos recibidas en la Sierra de Huelva en 1996, se constataba que el importe de las subvenciones recibidas (más de 3.000 millones de pesetas) multiplicaba más que por siete al de las inversiones realizadas (poco más de 463 millones de pesetas). Así mismo, se detectaba un predominio, entre los distintos programas, de aquellos que no requieren contraprestación alguna por parte de los beneficiarios (primas ganaderas, ayudas por superficies, subvenciones al aceite de oliva, indemnizaciones compensatorias para áreas desfavorecidas...), y que, por tanto, pueden llegar a configurar un territorio subsidado (Silva Pérez, R., 1997). 4 Llama la atención, a este respecto, el esfuerzo inversor realizado el marco del proyecto LEADER de la Sierra de Huelva (en torno a 236 millones de pesetas, más de la mitad del total de inversiones) y la parquedad de las subvenciones recibidas al amparo de este programa (unos 67 millones de pesetas, que representan poco más del 2% de todas las ayudas) (Silva Pérez, R., 1997).
122 titucional, reflejada en una falta de entendimiento entre los Ayuntamientos y las Juntas Rectoras de los Parques Naturales (cuando estos ámbitos acomodaticios coinciden con dicha figura de protección, lo que suele ser habitual), entre estas últimas y los Grupos de Acción Local, entre los agricultores y ganaderos y la administración ambiental, etc. Se trata, por otra parte, de ámbitos rurales con el siguiente perfil territorial y ambiental: • Presencia de pequeñas unidades de poblamiento (no más de 5.000 habitantes), insertas a veces en un hábitat de carácter disperso. • Dotaciones de infraestructuras y equipamientos que, a pesar de haber experimentado notables mejoras, siguen presentando importantes deficiencias. • Disponibilidad de recursos naturales y patrimoniales que, en muchos casos, les ha valido su declaración como espacios protegidos. • Estructura de la propiedad de la tierra marcada, en ocasiones, por la significación de las grandes propiedades privadas y la escasez de predios públicos, que supone —como ha señalado A. Mulero refiriéndose a Sierra Morena (Mulero, A., 1995)— un handicap para la promoción del uso público inherente a la declaración de un territorio como Parque Natural y para la generalización de actividades de ocio y esparcimiento que persiguen los programas de desarrollo rural. Se trata, en suma, a diferencia de las áreas rurales emergentes, de espacios que pueden ser considerados sostenibles en términos paisajísticos y ambientales y marcadamente insostenibles desde un punto de vista económico, en la medida en que en gran parte de los casos no se sostendrían sin el recurso a las subvenciones. 4.3. Caracterización de los espacios rurales rezagados En la categoría de áreas rurales rezagadas se incluirían, entre otros ámbitos, determinadas áreas de campiña, con dificultades de adaptación a las dinámicas en ciernes y que, pese a que en ciertos casos presentan algunos conatos de despegue socioeconómico, no acaban de encontrar un modelo estructural de desarrollo. Este tipo de espacios está igualmente poco definido desde un punto de vista teórico, siendo la postergación socioeconómica que padecen y su relativa desconexión de las lógicas imperantes lo que quizás explique la escasa atención que merecen en los estudios rurales actuales5. Desde un punto de vista económico, conjugan una elevada especialización agraria y unas escasas posibilidades de diversificación, debido tanto a su especialización en cultivos de poca flexibilidad, que raramente inducen la aparición de agroindustrias (es el caso de los cereales), como a sus limitaciones para el desarrollo de las actividades relacionadas con las Rocío Silva Pérez Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002 5 Resulta ilustrativo, a este respecto, el tratamiento recibido por las campiñas andaluzas en las décadas de los setenta y ochenta (López Ontiveros, 1973; Cruz Villalón, 1980; Mata Olmo, 1987), en contraste con el escaso interés mostrado por la literatura rural andaluza de hoy hacia estos espacios.
123 nuevas demandas urbanas (caza, ocio, paisajes). Precisamente, son aquellas áreas campiñesas con una mayor significación de los cultivos agroindustriales (aceites y vinos) las que mejor están afrontando esta situación de estancamiento, merced a la activación de pujantes Denominaciones de Origen (aceite de Baena, vinos del Condado de Huelva), cada vez más valoradas en los mercados. De hecho, amplias áreas de las campiñas gaditana, onubense y jiennense con dichas especializaciones no podrían considerarse como áreas rezagadas, sino como ámbitos a caballo entre los espacios emergentes y acomodaticios. Llama la atención, por otra parte, la creciente apuesta de estas zonas por la promoción del turismo rural —considerado como panacea para salir de las distintas crisis rurales—, para lo que si bien cuentan con un relevante patrimonio cultural y con unas desarrolladas infraestructuras viarias, presentan, en sentido contrario, unas condiciones climáticas y paisajísticas especialmente desfavorables para el desarrollo de estas actividades, a lo que cabría añadir la competencia del turismo monumental de las ciudades cercanas. Se trata, en suma, de ámbitos que tradicionalmente han tenido una agricultura muy potente —su riqueza edáfica explica su temprana deforestación y la consiguiente merma de sus valores ambientales—, que estuvieron muy beneficiados por los organismos agrícolas anteriores-Servicio Nacional del Trigo (SENPA), Instituto Nacional de Colonización (I.N.C.), Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA)—, por los programas de contención social de los primeros años democráticos (Reforma Agraria, Plan de Empleo Rural), por el sesgo productivista de la P.A.C. inicial (precios garantizados) y por la posterior modelación de las ayudas por superficies en función de los rendimientos productivos (reforma de 1992 de la Organización Común de Mercados de Cereales, Oleaginosas y Proteaginosas). Todo ello ha ido configurando una cultura asistencial, poco incentivada a la introducción de mejoras estructurales (aparición de agroindustrias, apertura de nuevos canales de comercialización...) y de una escasa dinámica innovadora, que hoy se está viendo comprometida por las penalizaciones productivas, la supresión de los precios garantizados, la creciente competencia internacional, los recortes sociales y la histórica merma de sus recursos paisajísticos. Se trata, pues, de espacios que en términos generales pueden ser considerados perdedores en la actual fase de desarrollo capitalista. Los rasgos socio-demográficos de estas áreas estancadas están poco perfilados, ya que sus dinámicas demográficas son muy dispares y sus estructuras por edad muy variables entre sí; aunque hay que señalar que sus indicadores demográficos suelen ser más positivos —en términos absolutos, aunque no tanto en los relativos y evolutivos— que los de las áreas acomodaticias, con las que comparten una elevada precariedad laboral. Desde un punto de vista de la articulación social, compaginan unas escasas iniciativas empresariales con un nivel de asociacionismo relativamente elevado, especialmente en lo referente a las uniones agrarias (ASAJA, S.O.C...). Pero a pesar de las potencialidades de vinculación derivadas de la proliferación de dichos sindicatos y de la presencia de una cierta articulación cívico-cultural (merced a la profusión de peñas y cofradías), el marcado dualismo social característico de estas zonas, calificado por A. López Ontiveros (1973) como «determinismo a la inversa», se constituye en un handicap para el desarrollo de redes sociales de cooperación. Finalmente, en el perfil territorial de las áreas rurales acomodaticias se podrían resaltar los siguientes aspectos: Estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial. Una aproximación desde Andalucía Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002
124 • La existencia de un hábitat concentrado en grandes núcleos muy alejados entre sí, que históricamente ha constituido una limitación para el desarrollo de las relaciones intermunicipales. • Unas buenas dotaciones de infraestructuras y equipamientos. • Unas condiciones edáficas y climáticas especialmente indicadas para el desarrollo de los cultivos extensivos, pero muy desfavorables para la pretendida potenciación del turismo rural. • Una elevada monotonía paisajística, marcada por el predominio de los cereales de secano y las escasas manchas forestales. En resumidas cuentas, se trata de espacios que hasta no hace mucho han combinado una elevada sostenibilidad productiva agraria con una marcada insostenibilidad social, especialmente desfavorecidos por las dinámicas en ciernes —de ahí su consideración como ámbitos perdedores— y cuyas estrategias de desarrollo distan mucho de estar bien definidas. 5. NIVELES DE ARTICULACIÓN INTERNA, CONEXIONES EXTERIORES Y DISTINTAS ESTRATEGIAS DE INSERCIÓN El análisis comparado de los rasgos que definen las distintas categorías de áreas rurales, atendiendo a los niveles de articulación interna de sus distintos subsistemas (económico, social, institucional, territorial y físico-ambiental), a sus conexiones con el exterior y a las estrategias de inserción adoptadas en cada caso, permite extraer las siguientes conclusiones (Figura 2): Rocío Silva Pérez Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002 Figura 2. Niveles de articulación interna, conexiones exteriores y estrategias de inserción adoptadas por los distintos tipos de ámbitos rurales. Sistemas rurales Emergentes Acomodaticios Rezagados Subsistema Económico Alto Bajo Bajo Subsistema Social Alto Medio Medio Articulación Subsistema interna Institucional Alto Medio Bajo Subsistema Territorial Alto Medio Alto Subsistema Físico-Ambiental Medio-bajo Medio-alto Medio Conexiones con el exterior Elevadas Medianas Escasas Estrategias de inserción Ofensivas Defensivas Indefinidas Ejemplos tipo en Andalucía Áreas litorales Determinados Espacios de campiña especializadas ámbitos con una elevada en agricultura serranos significación intensiva de cultivos excedentarios
125 • En líneas generales, las áreas rurales emergentes se caracterizan por presentar un elevado grado de articulación interna, merced a las altas relaciones que se establecen entre los distintos elementos integrantes de sus estructuras económica (actividades productivas), social (actores sociales), institucional (organismos públicos y privados) y territorial (sistema urbano e infraestructuras viarias). En cambio, las disfunciones ambientales y paisajísticas arriba señaladas determinan que el nivel de articulación de su sistema físico ambiental sea de carácter medio-bajo. Las conexiones con el exterior de esta categoría de áreas rurales son, así mismo, muy elevadas, lo que unido a la importancia concedida a la innovación, define unas estrategias de inserción de tipo ofensivo en las lógicas imperantes. • La falta de conexión entre los distintos sectores productivos de las áreas rurales acomodaticias conlleva un escaso nivel de articulación interna de su sistema económico, al tiempo que los recientes conatos de maduración de su tejido social e institucional conducen a un nivel de articulación de grado medio de estos dos subsistemas. Por otra parte, dado que las vías de comunicación que surcan estos espacios presentan todavía importantes deficiencias —a pesar de las mejoras operadas en las mismas en los últimos años—, el nivel de articulación interna de su sistema territorial puede ser calificado de tipo medio. Una situación más favorable presenta, en cambio, su estructura físico-ambiental. Las conexiones económicas con el exterior de las áreas rurales acomodaticias no pasan de ser de grado medio, a pesar de la superación del tradicional aislamiento que las ha caracterizado, si a ello se suma su comportamiento adaptativo a las lógicas imperantes, el resultado son unas estrategias de inserción meramente defensivas. • En una situación especialmente desfavorable se encuentran, finalmente, los espacios rurales rezagados, tanto por la débil articulación interna de sus distintos subsistemas —si se exceptúa la estructura territorial—, como por sus escasas conexiones económicas con el exterior, debido a su especialización en productos agrícolas excedentarios, al escaso desarrollo del tejido agroindustrial y la histórica merma de sus recursos ambientales y paisajísticos. En razón de todo ello, se trata de ámbitos que todavía no han encontrado la forma de insertarse en las lógicas económicas globales. En otro orden de cosas, y de cara a seguir avanzando en el diseño de una tipología de espacios rurales en el actual paradigma de la globalización, el análisis efectuado permite discernir entre una serie de variables que parecen actuar como discriminantes a la hora de incluir cada espacio rural concreto en dicha tipología: • Las conexiones con el exterior —elevadas en los ámbitos emergentes, medias en los acomodaticios y bajas en los rezagados— puede constituir un buen punto de partida. • Las estrategias de inserción en cada caso adoptadas, que suelen estar muy relacionadas con la disponibilidad de recursos, con la facultad de vertebración interna y con la capacidad de hacer frente a las disfunciones y problemas heredados. • La complejidad de la estructura económica de cada ámbito. • La capacidad para desarrollar e incorporar innovaciones. • El grado de concertación social conseguido. Estrategias de inserción de las áreas rurales en la economía mundial. Una aproximación desde Andalucía Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002
126 Finalmente, y sin ánimos de ser exhaustivos, el análisis realizado pone así mismo en evidencia la complejidad del concepto de desarrollo, dada la multiplicidad de facetas (económicas, sociales, territoriales, ambientales) que éste incorpora y, sobre todo, la dificultad que parece existir para la consecución de una mayor relación entre crecimiento económico, bienestar social, equilibrio territorial e impacto ambiental y paisajístico. BIBLIOGRAFÍA ALONSO, L.E. (1997): «Globalización y vulnerabilidad social», en MAQUIERA, V. Y VARA, M.J. (eds.): Género, clase y etnia en los nuevos procesos de globalización. Madrid, Instituto Universitario de Estudios de la Mujer. Universidad Autónoma. AYDALOT, P. (1986): Milieux innovateurs en Europe. París, GREMI. BAGNASCO, A. (1991): «El desarrollo de la economía difusa: punto de vista económico y punto de vista de la sociedad», Sociología del Trabajo, nº extra, pp. 167-174. BARAJA RODRÍGUEZ, E.-ALARIO TRIGUEROS, M. (1991): «Incidencia de las principales líneas de la política estructural comunitaria en la actividad agraria de Castilla- León», en Actas del XII Congreso Nacional de Geografía. Valencia, A.G.E, pp. 269-278. BARRÈRE, P. (1988): «La urbanización del campo en los países industrializados», en BARRÈRE, P. y OTROS: Espacios rurales y urbanos en áreas industrializadas, pp. 59-78. BECATTINI, G. (1979): «Dal settore industriale al distretto industriale. Alcune considerazioni sull´unitá di indagine dell´economia industriale», Revista di Economia e Poltica industriale, vol. 5, nº 1, pp. 303-313. BECATTINI, G. Comp. (1987): Mercato e forza locali: il distretto industriale. Bolonia, II Mulino. BECATTINI, G. (1994): «El distrito marshalliano: una noción socioeconómica», en BECATTINI, G.-RULLANI, E. (1996): «Sistemas productivos locales y mercado global». ICE nº 754 Madrid pp. 11-24. BENKO G. y LIPIETZ, A. edits. (1994): Las regiones que ganan. Distritos y redes. Los nuevos paradigmas de la geografía económica. Valencia, Institución Alfonso el Magnánimo pp. 39-58. Generalitat Valenciana. BONNANO, A. (ed.) (1994): La globalización del sector agroalimentario. Madrid, M.A.P.A. BOWLER, I.R. (1996): «Agricultural land use and the post-productivist transition», en LÓPEZ ONTIVEROS, A. y MOLINERO HERNANDO, F. La investigación hispano-bri- tánica reciente en Geografía Rural: del campo tradicional a la transidición postproductivista, Madrid, Asociación de Geógrafos Españoles-Grupo de Trabajo de Geografía Rural. CALDENTEY, P. (1996): «Nuevas teorías microeconómicas y sistema agroalimentario», en CALDENTEY y MORALES Proposiciones para una integración de las nuevas realidades del sistema agroalimentario. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba. Córdoba, pp. 47-74. CAMAGNI, R. edit. (1991): Innovation networks. Spatial perspectives. London, Belhaven Press. CARAVACA, I. (1998): «Los nuevos espacios ganadores y emergentes», en EURE-Revista Latinoamericana de Estudios Urbanos Regionales, vol. XXIV, nº 73, pp. 5-30. Rocío Silva Pérez Boletín de la A.G.E. N.º 33 - 2002
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