Valdés y Mañara
Full text
VAVVA JrV. -VA.' V'-. - *»©£«- <*•©•£=- «x®->- -s-®*» VíVfV’fVfV'í wi •- 'V* . )f;/ v"\>f‘:/v\.j* /N.i ^¡^;x¡x:x:x;x¡x¡x¡x •• '««ÍT'óíít» »X-éí> -»X®v>- «K-a-X» «X-O^o <• :A "®S y»'** "*'f 9'“^ •*'...•(•>£'» -«X-©v> —íC-Ov®- -«X ®í>- -*X-®y*- <;'.> -*X '-í>cx:c*axxxix¡x;x <**> <XX> <X*X¡* •X \XÍ\ftv/f 'ViV’X'X X¡XíXX(1>€X!X!>(!> :X-íX. -¿X.V-- y*'/ y.</ Xi*c XíC X!X^V’f^’fV>l VíX¥X!XIX!XI>x Jv.— 'iíy- "—;99CX- <-a-> <t'0yX ^ítsí!» -*X'i--Xo- ^av* «s¿0y»- •-.ay»- .>á\ ./Jle\ ./Í'\a/>K, >*\./ÍXaXa/ÍXa/Ka/í\£/ >^<¡><t><íxi>a><íx:x<r»ci>ía><iKi><í> ':•'- •,~'S-> -v^ío —r«--> —-x-a-r» *2-s-> •c-®->- <«> <•»-> —x©v«- *v9v ** rWf\XfC7fv/ ^\iA(/V« };< •<•?>> - í> \„/V, v./V\ /slex ^tx!xixrx!xixrx!)i A/Xí/X a/X A/XA/X.A /XA/
•\*/*\*/VV-/v\>'/v'W.X*/V\£/V'' h/'' V/'\í: ^vV- v. ‘X.©*,. -*; '•. \>^+t;>», •^-• /’fV/A 'AAAX-A\AV\-A'\--AA AVAA AVw•. «£,©,£». -•XAvA •*h X-©£A «<?•©•;>- <*sv> -«X- y*> ^*0^o- -<-®-r -*•£-©•£='- '•r<* /V \a/Í1!\a/'Í\a/¥\a/V\*/V\ft/? \ a/V\*/5 f\A/V\,', /Y\a/\: WK*AA7«wK*7*^áA*A*^^ \íxk *i,/k 4yk *>a xk <, \>;c/ \¡;t/ \í;/ \í¡¡/ \j;«/ \<. /\>¡«/ \> </ \s'/ M</ \¡?</ <-e-> <s-> »X-®v>- -C- '->:> -»<-sí> <-®v» »*®í3»- »X-©-k=>- «ifi-í - /A/fVf\/f^^/^/f\/?\í/f\í/fVí\./,¡ : X -•£®£o- ^.0> «g-0£«- ^.0^c- «<-0v>- O'X'»- «<&•©•?>• <-0V*- «•£©£? «•£©£>- •/-© /fXi/fXí/Aí/fWfXo/ÍXí/As/fXí/l'Xfi/fXs/Aí/f V•>^e-> ^•3-í:» -*X-9v> "<-©v>- -*X-Sv°- <9v* -»S-e->- »X-©v>- —X-®-i> •»X-®~>- -•X-®y«- ^-' tC^IXIXIXMíXIXIXIXIMIXíAíAIXI xtxtxixtxi^ AiAA\¡A¡A¡A¡ AíA:AÍAIAIX!XIAÍ A!V?>A>^AMAÍ>§OAf ;>- -•X-®•*!%> G•£<>• ••"<9v0’*•££•©•££ •X*®vA "*X*©vA *^r®*»V «%~-A : ^XIXlXIXlXKXIX4/ >- -^©v-o^^©^ *X¿*©V> -<"©•?>• -•^©V0'«^.0 *, ./jv\ /?it\ A>I<\ .yjl<\ A/>i\ -/jK .Á5>\ s¿t\ /W^/lxJíN €!X!X |7jX¿717|7j'V^¡7?\ »k\ v^vtxíxtxixr ,/ \l(i/''\i(í/ \Í/ \v/ X><"v kxC
> * > *%
WK55STW ¡g:¡: .,j¿áier-j JIK!M"Mílííll
.owr*'*" „. ,« : " > ' v»* k,\ •*. {$ V•«'* / #
YALDÉS YMANARA POR JOSÉ GESTOSO YPEREZ. pONAClON ItA OMTO1O
4 Era, por decirlo así, presidente de este bizarro ydiscretísimo consejo, el insigne cuanto respetable varón don Miguel de Mañara Vicentelo de Leca, caballero de la orden militar de Calatrava, que olvidado desde hacía algunos años de las humanas pompas ypasajeras vanidades del mundo, hallábase entregado al servicio de Dios, en las personas de sus hijos los pobres, para quienes después de erigido ámplio ymagnífico hospital, ocupábase en levantar suntuosa iglesia, que ya por entonces tocaba ásu término, gracias ála loable solicitud con que atendía álas obras su diligente arquitecto Bernardo Simón de Pineda. Disfrutando, pues, de la amenidad del sitio, más apacible ygrato que por las galas de la naturaleza, por la autorizada palabra del insigne hermano mayor de la Santa Caridad, corrían ligeras las horas, en amigables pláticas, sobre las Ciencias, las Artes ylas Letras, áveces también imaginábanse los remedios que parecían más fáciles para asegurar el bienestar de la república, por aquel entonces presa de la ambición de algunos poderosos, ysiempre se dedicaban algunos momentos áescuchar la narración délos sucesos acaecidos en la ciudad, que hacía de bonísima gana ycon singular donaire, Fray Francisco de San Agustín, mancebo, ála sazón, de diez ynueve años, que acababa de tomar el hábito yque por su elegante ygalano biondecir, comenzábasele ya áapellidar con el sobrenombre de el Pulcro.
Al pié de algunos robustos ycopudos álamos, sentados en anchos sitiales de baqueta, establecíase la autorizada cuanto discretísima reunión, aumentada frecuentemente con la compañía de otros sujetos, tales como el Maestro mayor de las obras de la Ciudad, el renombrado Acisclo Burgueño con su sustituto Pedro López del Valle, el Veinticuatro yProcurador Mayor de ella don Juan Ponce de León, juntamente con el erudito ycuriosísimo investigador de antigüedades sevillanas don Joséph Maldonado Dávila, cuyo inapreciable tesoro de memorias históricas, fruto sazonado de largas vigilias, habrían luego de aprovechar tanto al docto analista don Diego Ortiz de Zúñiga, su sobrino. ^ .Empero si de una parte átodos distraía el continuo movimiento de tantos alarifes, peones yoficiales de distintas artes empleados en la obra, ya de los que acicalaban ypulían las 10- bustas molduras de ladrillo, ya los que trasportaban los materiales, ora los aserradores do piedra, ora los herreros manejando ydisponiendo ásu antojo del resistente metal, yunido esto al incesante ruido de los artificios destinados á elevar las maderas, las mezclas ydemás útiles necesarios para la fábrica, todo este animado conjunto ála verdad que hubiera sido bastante de por sí para tener fijas las miradas de todos, si ásus espaldas, ymuy inmediato al sitio en que se hallaban, no hubiera otros justos motivos para cautivar la vista ydeleitar el ánimo. "V olviendo el rostro, ofreciase desde luego la inmen-
6 sa mole de la Torre del Oro con su corona de puntiagudas almenas ysus estrechas aspilleras, cuyos piés besaba Guadalquivir yen torno de la cual se formaban alegres camaradas de pilotos, mareantes, armadores, soldados, arráeces y galafates, relatando unos sus mentidas proezas en Milán, Ñapóles óGénova, otros sus dilatados viajes por Africa ylas Indias, con los maravillosos hechos en ellos ocurridos; habíalos que encomiaban las asperezas de la vida militar y aventurera, ápesar del hambre yla fatiga, de las pesadumbres del cuerpo ylos sobresaltos del es. píritu, que presto se olvidaban todos entre la estruendosa algazara ysiempre alegre concurso de las ventas, figones yhosterías. Si esto acontecía en el paraje determinado, más allá, otro grupo próximo hallábase formado de mercaderes, comerciantes ycorredores de lonja lamentándose acedamente los últimos del número de zánganos, que átítulo de tales corredores se entro” metían en los negocios, no obstante las severas penas que S. M. del rey D. Filipo IV dejó impuestas sobre ellos en una de sus últimas reales cédulas, encaminada áimpedir los graves daños éinfinitos males que de esto abuso se seguían. La muchedumbre que acudía también al mismo sitio dedicada en parte ádescargar los galeones de los tesoros procedentes del Nuevo Mundo yde otras apartadas comarcas, los alegres cantos de la chusma yde los marineros, el incesante hormigueo de tantos seres, ataviados los más con galanos ybizarros trajes; los caba-
7 lleros vestidos de tabí negro con pasamanos de torzal úoro los unos, de rica sarga de color amusco los otros, con sus capas de ormesí guarnecidas de puntas francesas, ófranjas de Milán y peregrinas botonaduras de confitillo yespejuelos, cadenas de filigranas ysombreros con rosones, cintillos ylazos donde resplandecían diamantes, por otra parte las damas, aumentando la belleza de sus peregrinos rostros, con los ricos camelotes de Venecia, dobles tafetanes que llamaban espolinados, generalmente alivio de lutos, velillos de plata fina yotros mil ymil lucidos aderezos que dejaban suspenso el ánimo con el recreo de los ojos. Seguían muy de ordinario formando gallarda comitiva, los pajes y lacayos, con sus libreas verdes óazules, jubones ycoletos atacados con trenzas ycordones, sin que faltasen enmedio de tanta ostentación formando notable contraste, los trajes severos de los letrados, eclesiásticos, magistrados, frailes, ministriles yestudiantes con sus ropones yhopalandas, lobas ygarnachas. Tal era el aspecto que ofrecía la orilla del Guadalquivir, en cuyas tranquilas aguas se mecían formando por decirlo así el fondo de este cuadro las grandes naos de altas ytalladas proas, con sus mil banderas, pendoncillos ygallardetes, enhiestos mástiles yblanquísimo velamen. Más de una vez tornaron el rostro los tertuliantes de su merced del señor Manara para contemplar tan lucido conjunto, que áveces in terrumpian los gritos de la multitud alarmada
s por la riña de algunos bravos de “espátula“ y “gregiiesco“ óde algún valentón de embeleco que en un abrir ycerrar los ojos, movían finjida pendencia, que aprovechase ydiese ocasión con la tramoya, para que enmedio de la refriega, tentasen las faltriqueras ydesbalijasen los bolsillos de los circunstantes, algunos redomados picaros, rufianes de profesión, óaventajados traineles, que sin pagar pechos ni alcabalas por su oficio, sacaban pingües productos ya cortando las bolsas, ya promoviendo espantos, burlas, matracas, alborotos ycuchilladas. Mas dejemos aparte estas óanalogas escenas, que con tanta frecuencia se repetian yáque daban pábulo las próximas miserables “boticas,, de la mancebía, asilo de rufos ymatones, de envalentados ygiferos, ysin parar la vista en otros objetos dignos de atención como el convento de los .Remedios, morada de la religión carmelita, las torres yábside de la iglesia de Santa Ana, el gran puente do barcas ylos denegridos torreones del castillo de S. Jorge, asiento del Tribunal del Santo Oficio, vengamos áescuchar la sazonada yamena plática que sostenían ála sazón, en el paraje que quedó indicado, los respetables varones, cuyos nombres conocemos. Habíase hablado de las nuevas obras que por encargo del Hermano Mayor de la Santa Caridad pensaba llevar ácabo Bartolomé Murillo en breve plazo, yde manera que presto adornasen los muros de la iglesia, viniéndose de aquí ádiscurrir acerca de otra, que con la mayor urgencia
9 se hacía necesario llevar ácabo como era la construcción del gran retablo mayor, pensamiento que desde algunos meses atrás estaba fijo en la mente de don Miguel de Manara. Sustentaba este la opinión de que el asunto debería representar el enterramiento de Nuestro Señor Jesucristo, por cuanto uno de los mas altos fines de la Hermandad yde sus principales deberes era el de sepultar álos muertos yajusticiados, ytanto satisfizo átodos este parecer, que áseguida hubieron de hacerse indicaciones acerca del artífice áquien se encomendase su ejecución, no faltando sin embargo algún apocado espíritu que manifestara sus temores, pues careciendo la Hermandad de recursos no era ocasión oportuna para acometer todavía tan costosa empresa, viniéndose por líltimo áconcluir, según frase del venerable Mañara, que los gastos todos se librasen del inmenso tesoro de la Providencia. Aun duraba la amigable controversia cuando llegóse ásaludar ála reunión un sugeto que ápesar de lo irascible ycolérico de su temple, era por las dotes de su soberano ingenio estimadísimo de todos, yáquien decian D. Juan de ValdésLeal. Aun más serio yreflexivo que de costumbre mostróse aquella tarde ycambiados los saludos, sentóse en uno de los sillones, apoyó la cabeza en el puño cerrado do la diestra mano, permaneciendo así durante largo rato. No estrañaban sus amigos ni su profundo silencio ni su reposada actitud, pues aquel fiero éimpetuoso
iü carácter áno ser por el dominio constante que sobre él ejercía la razón extraviábase fácilmente, como no hacia mucho tiempo aconteció, persiguiendo espada en mano por las Gradas de la Catedral áun pintor forastero, sólo por qué durante algunos dias llamó la atención de los sevillanos con un nuevo método en el diseñar de las figuras. Apesar de esto los circunstantes creyeron advertir que aquella tarde enarcaba con frecuencia yfruncia las pobladas cejas dando al rostro una expresión de marcada dureza, cual si luchase por alejar de la mente pensamientos poco halagüeños. Interrogáronle algunos, pero secamente contestaba álas preguntas con monosílabos: al fin Bartolomé Murillo dirigióse áél. ¿Podría hacernos favor su merced del Sr. D. Juan de manifestar la causa de la tristeza que hoy lo embarga....? ¿Qué pesadumbre le tiene acongojado.— Nada, señor Bartolomé, respondió Valdés, con el mismo áspero acento. Avivada la curiosidad de todos, instaron al señor Hermano Mayor áque do nuevo le preguntase, pues atendido el gran respeto que todos le profesaban, daría el resultado apetecido; no se engañaron: D. Miguel Mañara hubo con su bondad acostumbrada, de interrogarle, yya entonces, Yaldés más sereno ytranquilo, empezó áhablar grave yreposadamente de esta suerte: Hallábame anoche en mi aposento yconcluía de leer las Confesiones de nuestro gran Padre San Agustín, cuando rendido ya el cuerpo por
11 el fatigoso trabajo de todo el dia, ycansado ya el espíritu, poco ápoco el sueño comenzó áposesionarse de mi cuerpo, dejé caer la cabeza sobre el respaldo de mi silla, yen tal disposición, quedóme profundamente dormido. Adeshora me creí trasportado 4un sombrío yhúmedo lugar, semejante ála bóveda subterránea de una iglesia, donde la densa oscuridad quitaba la vista álos ojos. Poco ápoco fui distinguiendo, primero, confusa masa formada por un monton de extraños objetos, que cada momento se mostraban más perceptibles: al pié de cerrada tumba ysobre olla, habia regios ypurpurados mantos cerca de pluviales capas, coronas de emperadores yreyes, mitras ytiaras, voluminosos infolios ypiezas de bruñidos arneses, espadas y cetros junto áglobos yesferas geográficas, todas las grandezas de la tierra, los atributos de las ciencias, de las artes yde las armas, cuanto honra ysublima al flaco entendimiento humano vilo representado en aquel tan corto espacio de tierra. Un ruido extraño, llamó la atención ámis espaldas, como de alguna cosa que rechinase lentamente, yen breves instantes mostróse ámis ojos, descarnado esqueleto, que la blancura de sus huesos hacía resaltar sobre el negro fondo: llevaba bajo el siniestro brazo un ataúd, yen la mano derecha una hozj adelantándose fue hasta el monton que holló con dura planta, ycon la hoz parecía segar sin descanso todas aquellas pompas. Paróse como fatigado, yestendiendo el descarnado brazo enmedio de las sombras, vi
12 aparecer un candelero que sostenía un blandón, del cual, súbito brotó la llama, yal par que el esqueleto señalaba en torno de la luz con el dedo índice, mostróse un letrero que decía: “In icto oculi.,, Así fue, en un abrir ycerrar los ojos, pues no bien hube acabado de leer el letrero, me vi despierto ysolo en mi aposento. Callóse don Juan de Valdés Leal; la visión terrorífica liabia impresionado álos circunstantes ypor algunos momentos todos estuvieron silenciosos. I)e unevo el interlocutor, con voz apagada ytrémulo acento, dijo estas razones. Cuando medito sobre la triste ydeleznable condición humana, después de habérseme mostrado lo efímero de las pompas yvanidades terrenas, yconsidero que acaso mañana todos los que aquí nos encontramos podremos ser pasto de gusanos; en vez del sol que nos anima han de rodearnos la lobregéz, ó infectas humedades ylas obras de nuestro entendimiento ylas empresas éinsignias, testimonios de poder caerán como las mieses del estío bajo la guadaña del segador, paréceme que todo lo del mundo es solo un sueño como el pasado ycomo átal debemos considerarlo. Hoy somos ymañana habremos de desaparecer. La virtud misma ha de pasar por tan duras pruebas, yacaso no esté lejano el dia en que también su merced del señor Mañara encuentre la eterna posada para su cuerpo en algún oscuro subterráneo yasqueroso pudridero: no le defenderá de la corrupción el militar manto, pues sobre él
13 han de andar los gusanos como en propia morada, sus ojos apagados serán hedionda masa, y de sus labios, que hoy brotan caritativas enseñanzas ysaludables doctrinas, saldrá repugnante pestilencia. Los terciopelos ypasamanos de oro de su ataúd, las sedas franjadas y el raso, todo, ha de verse hecho jirones, todo destrozado ysúcio, manchado por la humedad y por la podredumbre. Yo creo ver ásu merced teniendo por sola compaña el podrido cuerpo de algún santo arzobispo, por el cual también se pasearán los gusanos yen cuyo rostro lívido y amoratado apenas han de distinguirse las facciones carcomidas yen putrefacción. Los guantes de seda ylos zapatos de raso, caídas sus telas mostrarán las manos ylos piés ya descarnados, yallá en el fondo, sobre un monton de huesos, lia ciándoles compañía, solitario buho, único ser que allí vivirá. Yo pondría debajo yal pié de los dos ataúdes un letrero diciendo: uFinis glorise mU£icÍias estas palabras ycallado don Juan, toda la tertulia permaneció en silencio durante algunos momentos. Comenzaba áoscuiecer, y antes de la hora acostumbrada, que era al toque del AveMaría, que todos rezaban devotamente, levantóse de su asiento D. Miguel Mañara, y dirigiéndose aValdesdijo: !3ien podiia hacer Vuestra M^erced de trasladar al lienzo las imaginaciones de que nos ha hablado paia que snvan de enseñanza yaprovechamiento de todos.„ Pocos instantes después abandonaron el sitio
* Acabóse de imprimir el presente folleto EN LA MUY NOBLE CIUDAD DE SEVILLA EN CASA DE LOS SRES. GlRONES Y OrDUÑA, EL DIA 22 DE MaYO DE MIL OCHOCIENTOS NOVENTA ANOS deNtro. Sr. Jesucristo.
*\\
w"kSKJZP?. .yk*./Itr/l\ r/1\ V/’? Wb%^%lcy.k !1 ’iVW'"''s
¡)§( *>§( )§( )§x 1 7 §( i[i/ \<¡t/ \í(/ \i¡(/ \^/ X *^íí*®*V<®* ^'©V* A—*©*25# <>•; AAAAAoÁ\ArA/ <í|x> ^ -¿<x> ^ o|k> -rx-x» AAAA¡A,AAtA •-<'•©•£• -‘x'"®-^»' *£©£• <(•>> •ív'Sv» *.''S'-> -‘'«-O’ív» -©' iwtwrv ^VVVVAAVí' AwVwWW^vA -2* -?&%- -»--©« -0©-“- -x-©-k* <-©-> -*©* <»> "V >§? j»A\ >k */§\ */AÁ\ /v\ i/A ;./ .,< //\*l/ Xj’í/ \j¡{/ \<¡</ \)|í/ ;>£cAC^7'f\Af <x-,o <x-x> ;/M/^\: «LVA? ?\i/AA/M/r \ *><•* ^C<Ó,?Í** Av?vA Av®'^** Ar \$/t\a,/; i~\oAY\A /KaAaKv'x ^-c.^- '*'. ’VíV^m®* «A/Sv^ * VA/ÍVAV/ ,-. —r;-fcv«- ©xYXo/A-AfAAMAAAA. <•<> '-:<ío Tojo ’W> ;<**» .4x5» ,<7 -=“:-<9s£>- »;• <•>*•> -*>;•© v> *.;<>> -=:-;• «v» [ t/5\4 •>*• A>©' .!./'WA/v' A
tf** *A f-V. A*- 1T>^•*»* *. :^V. A\2^«f—‘<**w> '' 5l. ,v "*v f'¿¡mj£<<‘ *.v Vx.^V'* ¿>' **4fv.X, •r *: -rffe..-^-< ..fc' !--y., -;:?^ f'-w v*'•4i^A^y%'íf'^fA-ul %y*g. : : ••- ‘ '>A,V,jf *“ A>jfl w/.., 'J, •* /5T'7 T */u AI %/$&: *>. 9*. •/>. .*•f<-* *'• ^w i rv\ %-v ._> <**' ¿v -i- P•’“'» Í •y«... .*- ,y*< x\- *t xa** ^A* u, L^h-,/ f, «rv-a /as*t- v^í. h.<Vvy v:¿t* .1 vcv. v.* .Hí ^•",v-t* -'.frfrrx ¿T* \*y¿&i 1'Á f** 'f*íf' !-VJ¿- .V *:•* <-. ,, ^• k;&JX?ÍT •>$* Efe ^•’ rk** 4‘V. /¡*» ,,í ?*>fif X'? '/* :'* *“ -H- »t X:¥^Sí-A’- /V4*-','v. g* s,lv,1 ."> ^ "tf/ *< ' '"’ •%* ¿' V^''’ /^-"''v#'"•' •-' ^gü w" ^/. L/frÁ- '^v:v^>- •n^ r4-*V- i- ^‘^ ^•- í•.... *w*i —rTv /1a v4' T7'-* .>'Vr '. r .^“v\lfsr 4’*¥¿thjf* y\ i,\A..;é** -/ / : . -;* y'X .*jr<'-t;-- ->^**** V^4¿;i, -x/t P^•; V-'^» ‘Y*•\* j. ¿•... ’.x 4~1*-T. ••'i* •> í»4- *•? .*4- •'V•*> v' '-4»<*• ."• /, ^“i» '.',:• m#-v.•- t•- %,, 4/; 4?,X/». lT'" Va* *•4-IFI.'H. •RJr.?** './V .-v 1 '*** <'tt Vir 1-é» ’íi, ,;• ..f .'+ ,-/. •*#-/ >• 'p* .- ,*t- •7,*]-’v . w...... * . 1*«J* -«r »t>/ .' .- ''r'Six 1 »vr u rt» *Wj.‘. Í.V 4*4 , &V-! ffr>- ^' V.U r