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Un falso epigráfico materializado: IHC 19* y la construcción del relato mítico de los orígenes de Sanlúcar la Mayor (Sevilla)

Ordóñez Agulla, Salvador; García-Dils de la Vega, Sergio

Abstract

En este trabajo se ofrece la edición de la inscripción falsa IHC 19*, que ha sido encontrada en la iglesia de San Eustaquio de Sanlúcar la Mayor, Sevilla, reutilizada como dintel exactamente en el mismo lugar donde fuera localizada por Gallegos de Vera y Vázquez Siruela. Se añaden algunas consideraciones al respecto de la transmisión de la inscripción y su papel en la construcción del relato mítico de los orígenes de Sanlúcar.

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VELEIA, 29 229-243, 2012 ISSN 0213 - 2095 UN FALSO EPIGRÁFICO MATERIALIZADO: IHC 19* Y LA CONSTRUCCIÓN DEL RELATO MÍTICO DE LOS ORÍGENES DE SANLÚCAR LA MAYOR (SEVILLA)* an epigraphic fake: IHC 19* and the construction of the mythical story of the origins of sanlúcar la mayor (seville) Resumen: En este trabajo se ofrece la edición de la inscripción falsa IHC 19*, que ha sido encontrada en la iglesia de San Eustaquio de Sanlúcar la Mayor, Sevilla, reutilizada como dintel exactamente en el mismo lugar donde fuera localizada por Gallegos de Vera y Vázquez Siruela. Se añaden algunas consideraciones al respecto de la transmisión de la inscripción y su papel en la construcción del relato mítico de los orígenes de Sanlúcar. Palabras clave: Epigrafía, falso epigráfico, Inscriptiones Hispaniae Christianae, Sanlúcar la Mayor. Abstract: In this paper the edition of the false inscription IHC 19* is offered. The piece has been found in San Eustaquio Church, Sanlúcar la Mayor, Seville, reused as a lintel in exactly the same place where Gallegos de Vera and Vázquez Siruela located it. Some considerations about the transmission of the inscription and its role in the construction of the mythical story of the origins of Sanlúcar are added. Keywords: Epigraphy, epigraphical fake, Inscriptiones Hispaniae Christianae, Sanlúcar la Mayor. Recibido: 06-06-2012 Informado: 20-06-2012 Definitivo: 28-06-2012 La exposición más acabada sobre la historia antigua de Sanlúcar la Mayor es la que Rodrigo Caro ofreció en las Adiciones al libro III de las Antigüedades y principado de la ilustrissima ciudad de Sevilla de 1634, obra que, como es sabido, solo vería la luz en 1932. En la disertación denominada Solia, hoy Solucar o Sanlúcar la Mayor (Caro 1932, 125-134), el erudito utrerano intentó remediar la ausencia de información sobre esta localidad en su Chorographia, donde únicamente se decía que había de identificarse con la Maenuba de Estrabón (3.2.5). De manera que conjeturó, a partir de una serie de inscripciones halladas por esas fechas, una coherente historia en la que se trazaba la evolución de la ciudad y de sus nombres a lo largo de la Antigüedad. * Este trabajo se ha redactado en el marco del Proyecto I+D+i “Epigraphia astigitana. Instituciones, sociedad y mentalidades en colonia Augusta Firma (Écija – Sevilla) a la luz de la nueva evidencia epigráfica” [HAR2009-08823], financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación. 230 SALVADOR ORDÓÑEZ AGULLA Y SERGIO GARCÍA-DILS DE LA VEGA VELEIA, 29, 2012 En síntesis, habría una ciudad originaria, de “ibero” nombre, denominada Hesperia o Arae Hesperiae, consagrada a Héspero (Venus), estrella vespertina de la cual vendría incluso el nombre de toda España, Hesperia. Tratándose de una ciudad rica, con poderosos muros y alcázares, ya bajo la égida romana fue destruida en una “guerra tumultuaria” por un caballero llamado Marco Atterio Paulino, testigo de todo lo cual son las inscripciones CIL II 100*, 117* y 118*. Los supervivientes, tras consultar a un innominado emperador, deciden restablecer la población cambiando su devoción a Héspero, un mal defensor, por la del Sol, mudando consecuentemente el nombre de la ciudad, que pasaría a llamarse Solia, ciudad del Sol. Restaurada la ciudad y adaptada a los usos institucionales romanos (CIL II 116*), a orillas del Maenuba le será consagrado a la nueva deidad un bosque (lucus), y en él un templo, de donde viene su nombre presente, Soliae lucus o Solis lucus, que, a través de Solluco (CIL II 119*), habría terminado por dar en Solúcar, un topónimo que la memoria popular contemporánea de la comarca aún recordaba. La “guerra tumultuaria” habría tenido lugar, en opinión del erudito, bajo Nerón y en el contexto de la persecución contra los cristianos iniciada desde las vecinas Sevilla e Itálica. Como muestra de su devoción al poder imperial por el permiso para restaurar la ciudad, la nueva Solia decidió levantar una estatua o coloso, recordado en CIL II 1266 = CIL II 501*a1. Años más tarde aparecen los documentos que avalan el triunfo de la verdadera religión en Solia, con un presbítero —Eumancio— que acude al concilio de Elvira y la adaptación del antiguo templo pagano para el uso de su nuevo ocupante, el mártir Eustaquio, tras el derribo y destrucción de la vieja estatua del Sol. Esta construcción de Rodrigo Caro se hace mediante la ingeniosa combinación de una serie de inscripciones falsas o interpoladas que se dan tanto de la mano unas de otras que consecuentemente tejen la historia de esta ciudad. Pero si el utrerano es el responsable de la articulación del relato y de su difusión entre los eruditos, no por ello deja de reconocer su deuda con un autor local, el licenciado Juan Martín (o Matías) Gallegos de Vera († 1646), visitador del arzobispado de Sevilla y autor de un Tratado de las antigüedades y excelencias de la antigua villa y nueva ciudad de San-Lucar la mayor, manuscrito autógrafo inconcluso2 conservado inserto al inicio de la síloge de Martín Vázquez Siruela que se guarda en la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla (BCC ms. 60-1-13, olim 64-8-31), una miscelánea de inscripciones copiadas de R. Caro, J. Fernández Franco, P. de Quirós, o sacadas del codex Valentinus de la BNM3. El racionero malagueño nos dice que Gallegos era natural de Sanlúcar, “su Patria”, y pariente suyo, “mi primo” (f. 2v.); por su parte, Caro reconoce su deuda con Gallegos en lo referente a la información epigráfica sobre Sanlúcar, y expresa su buena opinión de este cura y natural de esta ciudad, aficionado a la antigüedad, y de muy buen juicio en estas y otras letras. De hecho, mantuvieron correspondencia a propósito de las antigüedades sanluqueñas, conservándose testimonios del intercambio de opiniones entre ambos. En el texto, del que existen otras copias4, no consta la fecha de redacción, pero todo parece apuntar a una composición posterior a 1639, cuando Sanlúcar obtiene el título de ciudad (antigua villa y nueva ciudad), 1 Una parte de la cual podría haber sido la que tenía el erudito sevillano Juan de Torres Alarcón —diligens antiquitatis conquisitor según recuerda Caro en su edición de Dextro—, quien había conseguido en Sanlúcar un pie de mármol de 40 cm de longitud. 2 Una breve noticia de él se da en Muñoz 1858, 231- 232. 3 Algunos resultados de la explotación de este manuscrito en Stylow, Gimeno 2002; Carbonell, Gimeno 2002, 252-258; Gimeno 2004-2005. 4 BNM ms. 6954, a. 1645; otra copia se conserva en la Biblioteca del Seminario de Vitoria (BSV ms. 22, ff. 108-128, cit. en Pascual 2000, 75). Hübner (ad IHC, pg. 137) pudo ver una copia de 1741 en Sevilla en casa del Duque de T’Serclaes. Algunos excerpta de este opúsculo se redactan en el s. xviii, por Vargas Ponce y Trigueros (RAH ms. 9-4209 y 9-6059-7, Abascal, Cebrián 2010, 291, Abascal, Cebrián 2006, 85, 463). UN FALSO EPIGRÁFICO MATERIALIZADO: IHC 19* Y LA CONSTRUCCIÓN DEL RELATO MÍTICO… 231 VELEIA, 29, 2012 y antes de 1646, cuando muere Gallegos. El texto en cuestión era realmente un borrador, como expresamente hace constar Cristóbal Báñez de Salcedo al inicio del manuscrito colombino, pero sin duda lo esencial de su discurso tuvo éxito: Caro lo hace suyo y adapta las inscripciones para construir en las Adiciones un relato coherente y prolijo, que en esencia sigue los pasos de Gallegos, y que contrasta vivamente con el silencio que de la zona de Sanlúcar hizo gala en Antigüedades. Según se indica expresamente en el texto del manuscrito, todas las piezas fueron vistas y descritas en su momento, sea por Gallegos en el texto de su Tratado (es el caso de CIL II 117*, 118*, 119*), sea por el mismo Siruela en sus autopsias in situ o en la casa de los herederos del cura sanluqueño (CIL II 116*, 119*; CIL II 1266 = CIL II 501*a5, IHC 19*). Años más tarde Hübner establecería definitivamente la falsedad de estos textos, con su correspondiente incorporación al apartado de las falsae uel alienae de los dos corpora epigráficos hispanos. Sin embargo, hay que reconocerle a G. Mayans, en su acerba crítica a la reconstrucción de la historia de Sanlúcar de Caro recogida en una de sus cartas a P. Burmann (Burmann 1773, XX-XXXIV), la precedencia en el reconocimien- to de la falsedad de todo el montaje del sevillano, siendo el primero que se decidió, tras el pertinente análisis interno de las condiciones de los hallazgos, a incluir los tituli sanluqueños en el elenco de los recentiores6 calificando todo su discurso de confictam historiolam cuyos ingredientes, protagonistas y epígrafes, así como su artificiosa connexio, califica con adjetivos —fabulosus, imaginaria, chimericum, mendacia, ficta, inuentio, spurias— bastante expresivos de la valoración que le merece. Este lúcido y extenso pasaje, no compulsado por Hübner, se constituye en la base de la refutación de estos ficticios textos7. No tenemos noticia de que ninguna de estas piezas haya podido ser controlada desde la autopsia de Siruela. Arrojadas al limbo de la creación imaginaria, todas ellas han sido en uno u otro momento objeto de atención de la epigrafía de tradición manuscrita. Sin embargo, una de ellas ha sido encontrada recientemente, por lo que ha dejado de ser un falso cartaceo para devenir en falso lapideo, empleando la terminología de I. di Stefano Manzella. Se trata precisamente de IHC 19*, que en la reedición del volumen del CIL II de las inscripciones del conuentus hispalensis tiene asignado el número (16*) 48. La inscripción ha sido localizada en la iglesia de S. Eustaquio de Sanlúcar la Mayor9. Este templo se sitúa en el punto más alto del centro histórico de la localidad, en un lugar eminente que la tradición del lugar hace asiento del templo romano dedicado al Sol, pervivencia contemporánea de la corriente que da sus inicios en los escritos de Gallegos. La pieza se encuentra ubicada en la escalera de acceso de la primitiva torre del edificio, situada junto al ábside, como dintel de la puerta de acceso a la azotea baja de la parroquia, antiguo pavimento del cuerpo bajo de la torre. Evidentemente, se encuentra reutilizada, aunque no sabemos cuándo pudo ser colocada en este lugar. A falta de un argumento mejor, cabe pensar que su ubicación pudo ser resultado del suceso que tuvo lugar el 5 de mayo de 1590, cuando la torre campanario primitiva del edificio fue seriamente dañada por un rayo que / ronpió la torre por dos <o tres> partes, suceso que además afectó notablemente a las gradas del presbiterio así como a los retablos (Silva 2010, 519-520)10. 5 Sobre este texto concreto y sus vicisitudes en la tradición manuscrita, uide Carbonell, Gimeno 2002, 252-258; cf. también HEp 12, 374. 6 Aunque yerre en algún caso, como con la inscripción de Cefalius (IHC 77 = CILA II.4, 1017), erróneamente rechazada como espuria. 7 Sobre el buen hacer epigráfico del erudito valenciano, Gimeno 2003. 8 Agradecemos a Helena Gimeno la información que gentilmente nos ha transmitido de este capítulo de las inscripciones sanluqueñas en la próxima reedición del Corpus. 9 Sobre esta iglesia, Clemente 2010, 281 ss. 10 El lamentable estado en que quedaría la torre hizo que, finalmente, se tuviera que construir una nueva torre en 1766, que se situó al pie de la nave del Evangelio. 232 SALVADOR ORDÓÑEZ AGULLA Y SERGIO GARCÍA-DILS DE LA VEGA VELEIA, 29, 2012 Figura 1. IHC 19* . Foto de S. García-Dils de la Vega La autopsia se realizó el sábado 10 de diciembre de 2011, completándose el 3 de marzo de 201211. Se trata de un bloque paralelepipédico de caliza micrítica de color gris oscuro, de 76 cm ancho, 29,5 cm de fondo y 17 cm de altura (fig. 1). La cara vista del bloque se encuentra pulimentada, con las aristas redondeadas y sin huellas de molduras. El estado de conservación es en general aceptable, presentando su superficie algunas oquedades que no dificultan en absoluto la lectura del texto. La compaginación es buena, el campo epigráfico no se encuentra delimitado, y tampoco se observan restos de líneas de guía. Las letras son capitales cuadradas cuyas medidas oscilan entre 2,5 y 3 cm, realizadas sin refuerzos a excepción del trazo derecho de la V de simulacro. Algunas de las letras presentan un ductus triangular, de incisión no muy profunda, mientras que otras más bien parecen arañadas y haber sido realizadas a punzón y no cinceladas; en general, están mejor trazadas en la parte izquierda de la inscripción que en la derecha, donde se aprecia, por ejemplo, que en l. 1 las letras no se ciñen a la hipotética línea de guía. El espacio interlineal es de 3 cm. Distancia a los márgenes: margen superior a l. 1, 4-5 cm; margen inferior a l. 2, 3-4 cm; 8 cm a margen izquierdo, 9-10 al derecho. Existe nexo AE en l. 1 en aedem. En l. 1 los caracteres de la secuencia Q S T I M se presentan separados entre sí por una distancia mayor a la existente en el resto de las palabras del texto. Particularidades paleográficas: Q con pedúnculo muy peculiar; M con trazos diagonales que quedan muy altos con relación a la línea de guía; el trazo horizontal intermedio de la E es más corto que el inferior, mientras que el trazo superior nunca llegó a ser grabado por la existencia de una oquedad; O perfectamente circular, como también la C; R con lóbulo muy ovalado y trazo diagonal de forma ondulada; los dos trazos de la T, así como los de la H, son perpendiculares; A de forma triangular, excepto en l.1 aedem, donde el nexo condiciona el trazado del carácter. No hay huella aparente de incisión supralineal en STI, como se ha hecho constar en alguna de las lecturas que se han efectuado del texto. En general, del estudio del soporte se concluye que se aprovecha una piedra ya muy maltratada y rodada antes de recibir el texto, trazado por alguien que no es un cantero profesional —utiliza un punzón, no un cincel— y que más que un dintel parece haber sido originalmente un umbral antiguo con los cantos muy desgastados, que habría sido reutilizado para facturar la inscripción; las dimensiones de la pieza, con un fondo de 29,5 cm, i.e., un pie romano, refuerzan esta idea. Es significativo que en l. 2 los caracteres I y M de la primera palabra no figuren completos, señal de que 11 Hemos de agradecer aquí la ayuda para la localización de la inscripción prestada por D. Rafael Rodríguez, apasionado estudioso y defensor del patrimonio arqueológico, histórico y medioambiental de su comarca, el Aljarafe. El mismo agradecimiento hacemos extensivo al Consejo de Hermandades de Sanlúcar por el permiso de acceso a la pieza a través de sus estancias. UN FALSO EPIGRÁFICO MATERIALIZADO: IHC 19* Y LA CONSTRUCCIÓN DEL RELATO MÍTICO… 233 VELEIA, 29, 2012 han sido trazados con posterioridad al desconchón allí situado. Una última apreciación: alguien se ha entretenido en resaltar con lapicero algunas letras, especialmente las situadas en la parte derecha de la inscripción. AEDEM Q S T I M EVSTACHII SIMVLACRO SOLIS EVERSO Aedem q(---) s(anc)ti m(artyris) Eustachii / simulacro Solis euerso Este desarrollo de la secuencia S T I M ya fue expuesto por Siruela y Mayans, este último desconociendo la sugerencia del polígrafo malagueño12, y es también la seguida en otras alusiones a la pieza (Carbonell, Gimeno 2011, 120 nª 36). Hemos de reconocer que no somos capaces de explicar cuál es el desarrollo y sentido de la Q en esta pieza, a no ser que se trate de una abreviatura de la conjunción copulativa enclítica -que uniendo aedem y algún otro término (¿templum, effigies?) que figurara en otra pieza anexa a esta, donde estaría también el verbo del que dependen ambos acusativos. Dos son las vías por las que se ha transmitido el conocimiento de esta pieza. La primera parte de una carta enviada por Gallegos el 28 de mayo de 1642 a R. Caro, texto que se ha conservado en el manuscrito Cartas y Papeles de Rodrigo Caro, guardado en la Biblioteca Colombina de Sevilla (BCC ms. 58-1-9, f. 181v.). Allí Gallegos da a conocer este texto al erudito de Utrera (otra memoria, que à VM no comuniquè el otro dia), y, expresada su opinión de que se trate de un fragmento, á mi parecer, de inscripción mayor, la ubica en la escalera de la torre de la iglesia —està en la escalera de la torre de la Yglesia de San Estacio—, transcribiendo el texto completo, tal y como hoy puede observarse. Detalle importante es el de la consignación de la Q, señal de que a Gallegos le fue transmitido fielmente el texto o, más probablemente, como se deduce de ser originario de Sanlúcar, vio la pieza in situ, pues, con una sola excepción, todos los que se han ocupado de ella posteriormente han omitido este carácter en sus lecturas. En sus Adiciones13, Caro incluyó el texto de marras, ya sin la Q14; aunque el utrerano visitó Sanlúcar en alguna ocasión, como expresamente indica en sus escritos, no hay evidencia de que viera personalmente la pieza. Las Adiciones han sido la base de todas las lecturas posteriores de la inscripción; efectivamente, de la lectura de Rodrigo Caro beben directamente las lecciones del padre Flórez (Flórez 1752, 117) —de quien la tomarán Mayans (ap. Burmann 1773, XXX) y Cortés y López (Cortés 1836, 393, quien habla de Estimio Eustaquio [sic])—, Trigueros15, Ceán Bermúdez (Ceán 1832, 282) —de aquí la versión de Serrano (Serrano 1911, 152)—, y, finalmente, Hübner, quien la incluyó en IHC 19* creyendo que Caro la habría facturado, y con un añadido en la pg. 137 del Supplementum16. Finalmente, la pieza ha sido 12 Una opción alternativa es la presentada en Clemente 2010, 281 nª 1881: Aedem q(uae) st(at) i(n) m(emoriam) Eustachii / simulacro solis euerso, que nos parece menos justificada que la anterior. Si bien la construcción QVAE STAT IN, impropia del latín clásico, es omnipresente en textos medievales y modernos, la secuencia ST(at) I(n) M(emoriam) no tiene ni un solo paralelo, ni literario ni epigráfico. La reconstrucción in memoriam Eustachii parece coherente, pero no resulta aceptable privar a Eustaquio de su condición de santo, y en este sentido la construcción Sancti martyris Eustachii es mucho más lógica. 13 Obra con numerosas copias: BNM ms. 5745, 5575, 6334, 8954, 9693, 9858, 11182; RAH ms. 9-5784 y 9-6059; BCC ms. 58-1-10, 58-1-17, 58-5-41, 59-1-25. 14 Caro 1932, 126 n.º 49. Un extracto de las Adiciones fue ya editado en 1851 en Memorial Histórico Español 1 (1851), donde la inscripción de Eustaquio figura en pg. 405-406, también aquí sin la Q. 15 RAH Ms. 9-6059. 16 Donde erróneamente señala que Gallegos de Vera la conoció a través de Caro, según entiende de su consulta de una copia en manos del Duque de T’Serclaes. 234 SALVADOR ORDÓÑEZ AGULLA Y SERGIO GARCÍA-DILS DE LA VEGA VELEIA, 29, 2012 recogida en CILA II.4, 50*, donde figura en el apartado de los falsos como inscripción cristiana que se encuentra perdida. Una segunda vía por la que se ha transmitido esta inscripción ha sido a través de varias entradas efectuadas por Martín Vázquez Siruela en el citado ms. BCC 60-1-13, donde se recoge la correcta lectura de la inscripción. Una de ellas se encuentra a continuación de los pasajes de la historia de Sanlúcar de Gallegos de Vera —que finaliza en el f. 20 del manuscrito—, concretamente en f. 22r. Allí figura la lectura que aquel debió efectuar en 1647, según se deduce de la indicación, en el verso del mismo folio, de haber controlado personalmente CIL II 116* el 1 de octubre en casa de los herederos de Gallegos. El racionero debió ver también esta pieza a tenor de la precisión con que indica la ubicación de la pieza —“en el caracol de la torre esta una piedra que sirve de lintel a una puerta. Es de mármol pardo de una bara de largo”—, y la corrección de la lectura del texto en dos líneas, tal como hoy podemos corroborar en la autopsia. Su transcripción, no obstante, ofrece una I de simulacro delineada con puntos que no responde a la realidad. Más adelante del mismo manuscrito, en f. 30v., viene recogido el texto en la lectura que saldrá en las Adiciones de Caro, con la omisión de la Q de l. 1, mientras que en f. 54v., y dentro de una conjunto de papeles que son excerptae del Veterum Hispaniae Deorum Manes siue reliquiae del erudito utrerano, vuelve a aparecer correctamente transcrito nuestro texto, con la salvedad de distribuirlo esta vez en tres líneas; figura al margen de esta última entrada una anotación, de la mano y firma de Siruela —D(octor) S(iruela)—17, que reza esta juzgo que es de cristianos, i que sea de leer SANCTI MARTYRIS &18. Una vez más se constata la fidelidad de las autopsias de Siruela y de las descripciones de las piezas con las que trabaja, que matizan las opiniones excesivamente negativas sobre su quehacer epigráfico (Ballesteros 2002, 141-170), en contraste con la estima que le dispensaron Nicolás Antonio, Mayans o Hübner. La inscripción es indiscutiblemente de factura moderna. Como es bien conocido, una parte sustancial de las inscripciones falsas trasmitidas en la tradición manuscrita no pasaron de la cabeza de sus editores o comentaristas, siendo falsos literarios nunca inscritos sobre piedra, al menos hasta mediados del siglo xvi, cuando la dinámica de ejecución material de falsos se hace más frecuente. Y aquí reside el mayor atractivo e interés de este documento, el de su materialización en piedra con la consiguiente posibilidad de controlarlo de uisu19, constituyéndose esta circunstancia en un factor añadido a su valor como testimonio de la visión y construcción de la Antigüedad en las fechas de su falsificación. Y del estudio formal del soporte se desprende, como hemos dicho, la reutilización de un objeto antiguo, probablemente un umbral. También el análisis interno del texto proporciona razones para certificar su fabricación en época moderna. Un elemento interesante a este respecto es el empleo del vocablo simulacrum que, junto a statua y signum, es el más frecuente en época antigua para designar una imagen divina (Lahusen 1992, passim; Oria 2000, 454; Stewart 2003, passim). En general, simulacrum es un término empleado para representaciones en contextos de divinidades o personajes divinizados —reyes y emperadores—, y tiende a estar asociado con imágenes de cul- to que han sido consagradas y tienen devoción y veneración. Pero interesa ahora incidir en un matiz particular con relación al uso de este término y sobre el que ya llamó la atención P. Gros (Gros 1976, 161), y es el hecho de que en la inicial literatura apologética cristiana el vocablo simulacrum será empleado como sinónimo de (falsa) divinidad pagana, y así se desprende claramente de algunos textos de los Padres de la Iglesia cuando identifican simulacrum y ficción, naturaleza demoníaca 17 Desarrollo que agradecemos a H. Gimeno. 18 En esta dirección desarrolló también G. Mayans la secuencia STIM, precedido por Siruela, como se ve. 19 Ejemplos de este uso en Billanovich 1967; Di Stefano 1987, 195 nª 480; Stenhouse 2005, 90. UN FALSO EPIGRÁFICO MATERIALIZADO: IHC 19* Y LA CONSTRUCCIÓN DEL RELATO MÍTICO… 235 VELEIA, 29, 2012 Figura 2. BNM ms. 2053, fol. 71 r, accesible en la Biblioteca Virtual de Andalucía (http://www.bibliotecavirtual deandalucia.es) de los ídolos y ausencia de religión verdadera20. Como es evidente en nuestro texto sanluqueño, en la redacción de la inscripción alguien, bebiendo en la tradición de los primeros Padres de la Iglesia —bien conocidos entre los círculos humanísticos—, empleó simulacrum Solis teniendo en mente la falsedad del ídolo del Sol que, derribado, fue sustituido por la figura de Eustaquio. Por otro lado, en la paleografía empleada en el texto hay un indicio más que evidente para poder fechar la pieza en un arco que va desde fines del siglo xvi a mediados del xvii: la grafía de la Q, con ese peculiar pedúnculo tan característico de esa centuria. No faltan los paralelos que documentan esta forma de escribir este signo. En la misma síloge de Siruela figura en la transcripción de varias inscripciones (CIL II2/ 5, 854 [f. 48v], CIL II 1966 [f. 55v.], CIL II 1199 = HEp 9, 521 [f. 281v.], CIL II 1215 [f. 281v.], f. 47v.). En los textos manuscritos de R. Caro se encuentra abundantemente representada esa misma manera de trazar el rabo de la letra; así por ejemplo, en Adiciones21, en concreto en la transcripción que allí se hace de la inscripción CIL II 118* de Sanlúcar, donde las seis Q mayúsculas que se usan se trazan de la misma manera que en la inscripción de Eustaquio (fig. 2); lo mismo puede 20 Tert. Apol. 12.2, 16.3, 22.6; Idol. 3.1, 3.4, 5.4, Spect. 7.5; Zen. Ver. Tract. 1.1.12.5, 1.14.5.1, 1.34.9.10, 2.4.6.7; Lact. Inst. 2.18; Isid. Etym. 8.11.6. 21 En una versión manuscrita de 1686, BNM ms. 2053, f. 71r. Compárese también con la grafía, esta vez del propio Caro, en BNM ms. 8389, f. 200v, reproducido en Pascual 2000, 125. 236 SALVADOR ORDÓÑEZ AGULLA Y SERGIO GARCÍA-DILS DE LA VEGA VELEIA, 29, 2012 Figura 3. Línea 10 de la inscripción latina del basamento de la columna de Hércules. Alameda de Hércules. Sevilla. Foto de S. Ordóñez Agulla verse en la transcripción de otras inscripciones en esa misma obra, o en la Q mayúscula en el propio discurso de ese texto. En otros textos manuscritos del mismo autor se encuentra esta forma, como, por ejemplo, cuando emplea la mayúscula en algunas de las poesías recogidas en los manuscritos de la Bodleian Library de Oxford o del Seminario de Vitoria22. La misma grafía de la Q se encuentra en un ms. de la RAH, del Ldo. F. Porras de la Cámara, analizado por H. Gimeno en esta misma sede. Pero no solo en los textos redactados a mano, también en el ámbito epigráfico contemporáneo se documenta igualmente esta peculiar grafía de la Q: es el caso de uno de los epígrafes sitos en el basamento de las columnas de la Alameda de Hércules en Sevilla, en el texto latino que fue grabado en 1578 (fig. 3), así como en dos de los tituli de los pedestales de las estatuas de César y Hércules, sobre ambos fustes, que fueron cincelados en 1574 (fig. 4 y 5). Resta, en fin, preguntarse con Grafton por los medios, motivos y oportunidad de la falsificación de esta pieza (Grafton 2001, 37 ss.). Si partimos de la idea de que la creación de un falso no puede desligarse del contexto político, social e ideológico del momento en que se factura, no cabe duda de que toda la espuria construcción de la historia de Sanlúcar, y con ella la factura de nuestra pieza, ha de relacionarse necesariamente con el afianzamiento del prestigio de una ciudad que en poco tiempo, con el ascenso de la figura del Conde-Duque de Olivares, había pasado de ser una villa de tantas en manos de la Iglesia sevillana a convertirse en cabeza del Estado de Olivares. Se trataría, en definitiva, de un elemento más en la legitimación de la antigüedad de Sanlúcar en el afán por la búsqueda de una identidad urbana basada en unos orígenes gloriosos, en una situación que se repetía en muchas otras ciudades hispanas23. La expansión territorial de la casa señorial de Olivares y la asunción del estatuto de ciudad por parte de Sanlúcar la Mayor constituye un acontecimiento capital en este contexto. Ya el primer conde, D. Pedro, había intentado su adquisición, frustrada finalmente por el concejo de Sevilla, en cuyas manos estaba desde el siglo xiii. Pero en la nueva coyuntura de afianzamiento de su poder político, Olivares conseguirá en 1624 el apoyo real para adquirir la jurisdicción, y con ello el señorío, de Sanlúcar y sus 800 vecinos, así como su vinculación al mayorazgo. Al año siguiente logrará el ansiado reconocimiento del Ducado de San Lúcar la Mayor, y será finalmente en 1639 cuando Felipe IV, tras las gestiones de la condesa Inés de Zúñiga, otorgue el título de ciudad a éste que era el lugar más relevante de su estado (Elliott 1986, 165-6; Herrera 1990, 89 ss., 130-1), de manera que, 22 Puede verse su reproducción en las ilustraciones XI, XII de Pascual 2000, 130-131. 23 Sobre estos aspectos uide las sugerentes apreciaciones de Carbonell, Gimeno 2011. UN FALSO EPIGRÁFICO MATERIALIZADO: IHC 19* Y LA CONSTRUCCIÓN DEL RELATO MÍTICO… 237 VELEIA, 29, 2012 Figura 4. Pedestal de la estatua de Hércules (cara meridional). Alameda de Hércules. Sevilla. Foto de D. González Acuña Figura 5. Pedestal de la estatua de César (cara septentrional). Alameda de Hércules. Sevilla. Foto de D. González Acuña