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Aspectos básicos de la fórmula de la Ilíada

Segura Ramos, Bartolomé

Abstract

Las fórmulas homéricas son un elemento bien conocido del verso épico. Pero, probablemente, el conocimiento que de ellas se tiene es somero y superficial. En este trabajo, sistematizamos el engranaje de este artificio poético, concretando los conceptos y abarcando buena parte de la casuística de tales fórmulas.

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HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 27 ASPECTOS BÁSICOS DE LA FÓRMULA EN LA ILÍADA Bartolomé Segura Ramos Universidad de Sevilla [email protected] BASIC ASPECTS OF FORMULAE IN THE ILIAD RESUMEN: Las fórmulas homéricas son un elemento bien conocido del verso épico. Pero, probablemente, el conocimiento que de ellas se tiene es somero y superficial. En este trabajo, sistematizamos el engranaje de este artificio poético, concretando los conceptos y abarcando buena parte de la casuística de tales fórmulas. PALABRAS CLAVE: fórmula, Homero, artificio, conceptos, casuística. ABSTRACT: The Homeric formulae are a very well known element of the epic verse. Notwithstanding, the knowledge we have about them is probably shallow and superficial. We systematize in this paper the mesh of this poetical workmanship, by establishing the proper concepts and embracing a good deal of the casuistry of the formular device. KEYWORDS: formula, Homer, device, concepts, casuistry. RECIBIDO: 29.01.2016. ACEPTADO: 29.03.2016 La constatación de que en la poesía épica griega, y, por tanto, en Homero, y por consiguiente, en su gran obra, la Ilíada, existían sintagmas repetidos1, se 1 La fórmula, siquiera sea por su longitud y fácil manejo, es, en principio, diferente a las llamadas repeticiones. Cf. G. P. Edwards 1971: 42, quien, apoyándose en Parry, afirma que “la fórmula en Homero no es necesariamente una repetición, así como las repeticiones de la tragedia no son necesariamente fórmulas”. En cambio, D. Bouvier 1997: 82, nos recuerda que “Lord [A. B. Lord] quiere considerar la repetición de un grupo de palabras (o de versos) sobre el mismo modelo de la repetición de fórmulas, y el doblete como una forma de extensión de la técnica formular”. Por su parte, Armstrong 1958: 349, a propósito de las armas de Aquiles, que Patroclo se pone, dice: “Mediante la combinación de fórmula y pasaje repetido, el poeta mezcla los elementos para crear un significado que es consistente con la marcha de su historia”. Ya Arend 1933 y 1975: 163 había manifestado que todos los elementos formulares aportan practicidad, economicidad y conservadurismo, especificando a continuación un elenco de situaciones en que son previsibles ¡las repeticiones!, a saber, llegada, comidas, conducción de carro o barco, armamento, sueño, asambleas, juramento, baño. 28 HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 BARTOLOMÉ SEGURA RAMOS remonta a mediados del siglo XIX (Düntzer); dicha constatación se va haciendo cada vez más nítida y firme con Witte, Meister y Meillet, quien precisamente dirigió su tesis doctoral al norteamericano Milman Parry (cuya anterior maestro Calhoun ya le había orientado sobre la existencia de este fenómeno métrico-rít- mico). Dicha tesis se publicaría en 1928 con el título de L’épithète traditionelle dans Homère, y en ella hallamos la siguiente definición de fórmula (término previamente existente, pero acuñado por el autor en el sentido estricto con que lo conocemos): “Une expression [qui porte une idée essentielle] qui est regulièrement employée, dans les mêmes conditions métriques [semántico-métriques], pour exprimer une idée essentielle” (es decir: “Una expresión que se emplea regularmente en las mismas condiciones métricas2 para expresar una idea esencial”). Por su parte, J. C. Conde3 da la siguiente definición de fórmula: “Una fórmula es una secuencia de palabras fija o estable empleada con regularidad en unas mismas condiciones métricas y que expresa una idea esencial dentro del texto; en el CMC suponen un 30 % del texto4. Estos clichés expresivos aparecen a veces ocupando uno de los dos hemistiquios del verso…”5. Estas fórmulas y epítetos facilitan la composición poética al ofrecer un arsenal de hemistiquios “prefabricados”. O como lo pone Luther6: los grupos léxicos repetidos serían “fórmulas” firmemente prefabricadas y procederían de un tesoro épico de fórmulas7, tal como estaría a disposición típicamente de los cantores orales. La existencia de las fórmulas está favorecida por la flexibilidad de la lengua griega (su capacidad para crear compuestos), y necesariamente ha de tener su origen en la simplicidad paratáctica original. Véase Bakker8, quien señala que “rasgos como estilo, fórmulas y metro no son rasgos estéticos por sí mismos ni rasgos que separan la poesía de la prosa; más bien derivan de las propiedades de la lengua común [la cursiva es mía] y, por tanto, deberían ser estudiados desde el punto de vista de la lengua antes de asignarles funciones”. Hainsworth9, seguido por todo el mundo posteriormente, halla esta definición demasiado limitada, por lo que “se hizo necesario entender fórmula en un sentido más amplio, como cualquier clase de grupo de palabras repetido” ; y más 2 Partiendo de esta premisa, E. Visser 1997: 161 sentencia: “Lo que nosotros consideramos fórmula no está al comienzo de la versificación, sino que es más bien el resultado, un resultado, por cierto, del proceso de composición”. 3 Conde 1976 y 2008: 67. 4 Casualmente, G. P. Edwards 1971: 40 afirma que en Homero hallamos un 33 % de repeticiones, y en la Teogonía de Hesíodo idéntico porcentaje, en tanto que en Los trabajos y los Días solo hay un 13 %. 5 Cf. Mackay 1999: 1, que afirma que los hemistiquios del hexámetro son comparables en longitud y duración a las modalidades de entonación que se observan en el lenguaje común. 6 Luther 2006: 27. 7 Véase Armstrong 1958: 338: “El poeta está equipado con un aparato de locuciones formulares para las transiciones, las descripciones habituales, las introducciones, etc.” 8 Bakker 1997: 93. 9 Hainsworth 1993: 2. HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 29 ASPECTOS BÁSICOS DE LA FÓRMULA EN LA ILÍADA adelante10 insiste y amplía la idea: “La Ilíada está empedrada de expresiones que aparecen tan frecuentemente como para no dejar dudas de que eran fórmulas, esto es, grupos de palabras [la cursiva es mía] que existían como grupos antes de su uso, de la misma manera a como existe una palabra suelta”. Volviendo a Hainsworth11, hallamos que “las fórmulas, una vez constituidas, están potencialmente sometidas a los mismos accidentes que las palabras sueltas”; y también (por si quedara alguna duda): “La fórmula se convierte… en una parte del vocabulario del cantor”. Lord (en Latacz12) dice que “el cantor recita frases ya hechas”. El propio Milman Parry (en Latacz13) ya sentenciaba: “Con palabras no se puede componer de memoria; sí, con grupos de palabras14”. Martín de Riquer (en J. C. Conde15) afirma que “en el Cantar [de Mío Cid] hay todo un entramado de fórmulas…, versos propiedad de todos y de los que todos se aprovechan cuando llega la ocasión”. Bakker16 señala algo que debemos tener presente dada su utilidad, a saber, que “la coincidencia de la entonación con las unidades métricas es una característica de la poesía recitada en las tradiciones orales”; igualmente, afirma que coinciden las unidades métricas y las unidades semánticas. Mackay17 habla del “grupo tonal”, que estaría constituido por entre cuatro y siete palabras, grupo que habría que denominar “unidad de entonación” o “cláusula” (los grupos tonales de la lengua común, según este autor, se convierten en las unidades métricas de la lengua especial). También Hainsworth18 entiende que con frecuencia hay coincidencia entre unidades sintácticas y cola, es decir, entre unidades de sentido y unidades métricas. Ahora bien, ¿cuántas veces ha de aparecer una frase o sintagma o grupo de palabras para que podamos considerarlo fórmula? Pues bien: incluso si en la Ilíada aparece una sola vez, un grupo de palabras podemos considerarlo fórmula. ¿Por qué? Muy sencillo: porque dicho grupo de palabras aparece también en algún poema del mismo universo lingüístico-poético, es decir, en otras obras de la epopeya, ora en la Odisea, ora en los poemas de Hesíodo. Por ejemplo, en Il. 6. 268, Héctor dice a su madre, Hécuba, que no puede tocar los objetos sagrados en tanto no se lave y purifique, pues de momento se halla αἵματι καὶ λύθρῳ πεπαλαγμένον (“cubierto de sangre y bodrio”). En la Ilíada no vuelve a aparecer 10 Id., ibíd.: 16. 11 Ibíd. 12 Latacz 1979: 310. 13 Ibíd.: 185 14 Sin embargo, Edzard Visser 1997: 161 afirma que “también Homero escribía sobre la base de palabras aisladas”. 15 Conde 1976 y 2008: 17. 16 Bakker 1997: 50. 17 Mackay 1999: 39. 18 Hainsworth 1993: 9. 30 HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 BARTOLOMÉ SEGURA RAMOS el sintagma; pero en la Odisea lo hace dos veces más: luego se trata de una fórmula. Por otra parte, ya hemos dicho que la fórmula más común y reconocible es la constituida por un nombre y un epíteto, habitualmente denominado ornans o “decorativo”, dado que con frecuencia no aporta nada nuevo ni significativo al nombre o sintagma. Añadamos ahora que, muy habitualmente, dichas fórmulas asoman en la segunda parte del verso, más concretamente, constituyen la última parte del mismo o últimos pies. Así, por ejemplo, οἴω/ὀΐω (bisilábico en el primer caso y trisilábico en el segundo) aparece las 31 veces que se usa en la Ilíada como la palabra final del hexámetro; λευκώλενος Ἥρη, las 24 veces en posición final; ξανθὸς Μενέλαος, 27 veces en posición final; υἷες Ἀχαιῶν, 29 veces; υἷας Ἀχαιῶν, 21 veces; κοῦροι Ἀχαιῶν, 7 veces (en total, υἷες/υἷας (“hijos”) aparece 57 veces constituyendo los pies 5º y 6º); χάρμης, 17 veces en posición final; μάχεσθαι, 35 veces; ἶφι μάχεσθαι, 7 veces; Τρώεσσι μάχεσθαι, 10 veces; μεμαότε μάχεσθαι, 9 veces en posición final; πολεμίζειν ἠδὲ μάχεσθαι, 9 veces; de los 88 ejemplos de Ἀθήνη, 86 van en posición final. Dice Kirk19: “Rellenar la segunda mitad del verso, sobre todo los pies 5º (lww) y 6º (ll/lw), a ser posible, con material prefabricado, era la preocupación inicial del cantor al versificar”. Según Hainsworth (en Latacz20), “el poeta-cantor oral no trabaja con fórmulas únicas fijas atadas a una posición21, sino con tipos formulares y rítmicos de posición variable”. De ahí que el propio autor haga la siguiente clasificación, que confiere libertad y flexibilidad al empleo de la fórmula, a saber: a) movilidad (la fórmula cambia de posición); b) separación (entre el nombre y el epíteto se mete otra palabra); c) modificación, que puede afectar al nombre o al epíteto; por ejemplo, γέγηθε δέ τε φρένα ποιμήν (“se alegró en su alma el pastor”) pasa a γέγηθε δέ τε φρένα Λητῶ (“se alegró en su alma Letó”); de la fórmula mínima δῖος Ὀδυσσεύς, añadiendo otro adjetivo, se obtiene el modelo πολύτλας δῖος Ὀδυσσεύς (“una fórmula-sujeto métricamente cómoda”: ibíd.); igualmente, de ἱππηλάτα Πηλεύς se obtiene, añadiendo γέρων, γέρων ἰππηλάτα Πηλεύς. Idéntico tratamiento hace Tsopanakis22, poniendo como ejemplo ξίφος, palabra a la que podemos añadir ἀργυρόηλον, para obtener ξίφος ἀργυρόηλον. Hainsworth23 especifica el tipo de sintagmas o fórmulas que se pueden generar y en qué posición se generan. Habla, en primer término, de lo que él llama “esquemas fraseológicos”, que no son otra cosa que un complemento directo y un 19 Kirk 1985 y 1990: 26. 20 Latacz 1979: 13. 21 A. Tsopanakis 1983: 197 entiende que “consideraciones métricas y estilísticas pueden haber impulsado al poeta a trasponer las palabras, y darles un orden sintáctico no siempre conforme al habla de cada día, sin perjudicar el significado ni las leyes de la lengua griega”. Y más adelante (ibíd.: 200) cita los medios de trasposición, a saber, hipérbaton, tmesis, anástrofe y encabalgamiento (lo que Kirk llama runover words). Por su parte, García-Ramón 1997: 121 ss., hablando del infinitivo con valor final, dice que este tiene un orden que en algunas ocasiones se altera en razón de las fórmulas métricas. 22 Tsopanakis 1983: 241. 23 Hainsworth 1993: 9 ss. HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 31 ASPECTOS BÁSICOS DE LA FÓRMULA EN LA ILÍADA verbo rector, situados en posición final de verso (pies 5º y 6º)24; ejemplos: ἦτορ ἀπηύρα (“le arrancó el corazón”); φηγὸν ἵκοντο (“llegaron a la encina”); μύθον ἐνίσπες (“pronunciaste unas palabras”); λαὸν ἄνωχθι (“ordena a la hueste”); πολλὰ δέδωκε (“dio mucho”); χίλι’ ὑπέστη (“prometió millares”. O bien, en vez de CD+V, juntamos un adjetivo neutro al adverbio temporal αἰεί (“siempre”): ἀσκελές, ἀσφαλές, ἐμμενές, νωλεμές, συνεχές…; ejemplo: συνεχές αἰεί –5º y 6º pies– = “sin cesar siempre”). En tercer lugar, otra combinación habitual es la constituida por un adverbio de lugar más la preposición (= posposición) πρό; ejemplos: οὐρανόθι πρό (“delante del cielo); Ἰλιόθι πρό (“delante de Ilio”); ἠώθι πρό (“antes de la aurora”). En cuarto lugar, se combinan un adjetivo polisilábico y un sustantivo monosilábico; ejemplos: εἰλίποδας βοῦς (“bueyes de torcidas patas”); χαλκοβαθὲς δῶ (“casa de broncíneo pavimento”); κυδάλιμον κῆρ (“corazón glorioso”); ἀκάματον πῦρ (“fuego incansable”). Más adelante25, Hainsworth señala que “la atención del lector es más fácil de captar allí donde la sintaxis de las expresiones es constante”, ejemplificando de la siguiente manera: sea la frase “participó del (mismo/la mitad) honor”. En griego tendríamos tres sintagmas como los siguientes: a) ὁμοίης ἔμμορε τιμῆς (“participó de igual honor”); b) τιμῆς ἔμμοροι εἰσί (“participan del honor”); c) ἥμισυ μείρεο τιμῆς (participa de la mitad del honor”). Pues bien, este proceder no sería productivo ni económico, de ahí que se prefieran lo que el autor denomina “declaraciones mínimas”, esto es, expresiones muy sencillas y cuasi idénticas; ejemplos: A) en voz pasiva, λύτο γούνατα (“se desataron sus rodillas”); λύντο δὲ γυῖα (“se desataron sus miembros”); λέλυντο δὲ γυῖα (“sus miembros quedaron desatados”); λύθε μένος (“se desató su energía”); βίη λέλυται (“la fuerza se desata”); B) en voz activa, λύε γυῖα (“desata los miembros”); λῦσε δὲ γυῖα (“desató los miembros”); λῦσε δὲ μένος (“desató la energía”); γούνατ’ ἔλυσε (“desató los miembros”). Este modelo se puede ampliar (como ya hemos indicado más arriba) mediante epítetos o preposiciones; ejemplos: A) en voz pasiva, λύτο γούνατα καὶ φίλον ἦτορ (“se desataron sus rodillas y su propio corazón”); λύθη ψυχή τε μένος τε (“se desató su alma y su energía”); φίλα γυῖα λέλυνται (“se desatan sus queridos miembros”); λύθεν δ’ ὑπὸ γυῖα (“se desataron sus miembros inferiores”); λύθεν δ’ ὑπὸ φαίδιμα γυῖα (“se desataron sus ilustres miembros inferiores”); ὐπὸ γυῖα λέλυνται (“se desatan sus miembros inferiores”); B) en voz activa, ὑπό γούνατ’ ἔλυσε (“desató sus rodillas”); ὑπέλυσε δὲ γυῖα (“desató sus miembros”); ὑπέλυσε μένος καὶ φαίδιμα γυῖα (“desató su energía y sus ilustres miembros”). Y también λίπε δ’ ὀστέα θυμός (“abandonó sus huesos el aliento vital”); λίπ’ ὀστέα θυμός αγήνωρ (“abandonó los huesos el aliento vital valeroso”); λίπε λεύκ’ ὀστέα θυμός (“abandonó los blancos huesos el aliento”). Existen pues “reglas transformativas o transformacionales” (Hainsworth26 habla de la “gramática poética tradicional 24 P. Wathelet 1997: 51 observa que los dativos en –εσσι van en fin de verso (aunque también a comienzo de verso), en tanto que el infinitivo en –μέναι se coloca ante la diéresis bucólica. 25 Hainsworth, ibíd.: 12. 26 Id., ibíd.: 16 32 HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 BARTOLOMÉ SEGURA RAMOS que informa la lengua de la Ilíada”). Así λύτο γούνατα < λύτο γυῖα (γούνατα y γυῖα, es decir, “rodillas” y “miembros”, respectivamente, no son sinónimos, pero pueden reemplazarse recíprocamente en la expresión de este pensamiento27). Así, por ejemplo, de λύτο γούνατα y λίπε ὀστέα (ambos = ww/lww) se obtiene una secuencia como: wwlwwlw, la cual puede ampliarse en: wwlwwlwwlw, añadiendo un epíteto en el pie cuarto o quinto; de donde que, por ejemplo, τρόμος ἔλλαβε γυῖα (= wwlwwlw), pasemos a τρόμος ἔλλαβε φαίδιμα γυῖα (= wwlwwlwwlw, que, en efecto, hallamos en 8. 452). Para llevar a cabo este juego, sencillo, necesario y caro al aedo, vienen en socorro del mismo otras circunstancias sintáctico-semánticas. Por ejemplo, la sinonimia. Ya desde la Antigüedad, los filólogos establecían series de sinónimos que, en virtud de su estructura, se repartían en el hexámetro, constituyendo las fórmulas correspondientes, de acuerdo con el entorno fonéticomorfológico. Por ejemplo, “espada” se podía decir de cinco maneras diferentes, a saber, ἄορ, ξίφος, μάχαιρα, σπάθη y φάσγανον. Así, tenemos series como: a) “espada” = ξίφος y ἄορ; b) “gloria” = κῦδος y εὖχος; c) “dolor” = κῆδος y ἄλγος; d) “destino” =μοἶρα y αἶσα; e) “riqueza” = πλοῦτος y ὄλβος. Como puede observarse, en cada pareja, uno de los dos términos comienza por consonante y el otro por vocal; consecuentemente, el aedo empleará uno u otro término, según su conveniencia (es así como Agamenón, que enarbola en 11. 29 un ξίφος, mata a Ifidamante con un ἄορ, en 11. 24028). Asimismo, la “declinación” de ciertas palabras ayuda al aedo: a) πατρὶς ἄρουρα (lwwlw: “tierra patria”; nominativo); pero b) πατρίδα γαῖαν (lwwlw: “tierra patria”; acusativo); c) πατρίδος αἴης (lwwlw: “de la tierra patria”; genitivo), pero d) πατρίδι γαίῃ (lwwlw: “para la tierra patria”; dativo29). También con verbos hallamos cambios del término, según se quiera usar activa o pasiva, para constituir las fórmulas correspondientes. Sea, por ejemplo, “lo tiró del carro” y “cayó del carro”; diremos, respectivamente: ἔκβαλε δίφρου y ἔκπεσε δίφρου; o bien: “lo lanzó al mar” y “cayó al mar”. Diremos, respectivamente, ἔμβαλε πόντῳ y ἔμπεσε πόντῳ. En ambas tandas, encontramos cómodas fórmulas de colon final (lwwlw). Téngase presente, no obstante, lo que apunta Hainsworth30: “La tradición de la αοιδή era una tradición de hábitos, técnicas, temas minúsculos y asociaciones de palabras y pensamientos, más que frases fijas: los aedos eran maestros de una forma especial de lenguaje”. Así, por ejemplo, resulta que “en tanto las palabras 27 Id., ibíd.: 13. 28 Así también, Visser 1997: 166 recoge que tras vocal se dice δουρὶ φαεινῷ, pero tras consonante ἔγχει μακρῷ, para afirmar a continuación: “Se trata de una técnica de versificación que debe ser una actuación regulada unívocamente, pues, si no, no podrían aprenderla los aedos”. 29 Cf. también, para los sustantivos, A. Hoekstra 1965: 47 ss.; 88, y para los verbos, 49 ss. Luego (ibíd.: 50) manifiesta el autor: “En materia de formas verbales la dicción formular permitía claramente una cantidad comparativamente grande de libre elección a los cantores”. Sobre este mismo aspecto, insiste Charles de Lamberterie 1997: 11-12. 30 Hainsworth, 1993: 16. HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 33 ASPECTOS BÁSICOS DE LA FÓRMULA EN LA ILÍADA claves, o núcleo de la frase, tienen prioridad en la localización, las fórmulas se acomodan a la longitud y formato del hexámetro que el poeta desea decir, y pueden ser periféricas al pensamiento central; en consecuencia, las fórmulas incorporan elementos redundantes y pueden resultar elementos prescindibles para el núcleo de la frase [lo que revela la artificialidad de la fórmula, pese a ser el fundamento de la épica, que es, a su vez, artificial; cf. Kirk31, donde el autor se extiende sobre el carácter convencional de gran parte de la fraseología homérica]” (Hainsworth32). Sea, verbigracia, ὀξέϊ χαλκῷ (5º y 6º pies: “con aguda lanza”); en 19. 211 acompaña a “desgarrado” (δεδαιγμένος: 4º pie; = “desgarrado con aguda lanza”); en cambio, en 19. 203 (δεδαιγμένοι) y 319 (δεδαιγμένος) se usan solos en la misma posición (4º pie). ¿Qué fue de la fórmula final de verso? Dentro de los tipos habituales de fórmula se hallan los “dobletes redundantes”, del tipo “líderes y responsables” (ἡγήτορες ἠδὲ μέδοντες; = l/lww/4º lww/5º lw/6º). Otros ejemplos: ὑπέσχετο καὶ κατένευσεν (“prometió y asintió”; misma secuencia métrica); ἠμὲν νέοι ἠδὲ γέροντες (“bien jóvenes, bien viejos”; misma secuencia); πόλεμόν τε μάχην τε (“guerra y lid”; = ww/4º lww/5º lw/6º); ἀνδρῶν τε θεῶν τε (“de hombres y dioses”; = l/4º lww/5º lw/6º). Como ya hemos señalado, la secuencia nombre y epíteto constituye la fórmula más habitual (de cada tres versos, uno presenta una secuencia de esta naturaleza; Hainsworth33; Kirk34). Pero es que, además, existen fórmulas de verso entero (“versos-fórmulas”), así como dísticos (dos versos-fórmulas seguidos) e incluso series (Hainsworth35; Kirk36: “Existe una dimensión más amplia del estilo formular que incluye versos e incluso pasajes tradicionales”). Algunos ejemplos: ἐν γαίῃ ἵσταντο λιλαιόμενα χροὸς ἆσαι (2 veces); αὐτὰρ ἐπεὶ πόσιος καὶ ἐδητύος ἐξ ἔρον ἕντο (7 veces); ὥς οἱ μὲν μάρναντο δέμας πυρὸς αἰθομένοιο (5 veces; 14 en Odisea); ἦμος δ’ ἐριγένεια φάνη ῥοδοδάκτυλος ἠῶς (2 veces; en la Odisea, 22); ἄλλο δέ τοι ἐρέω, σὺ δ’ ἐνὶ φρεσὶ βάλλεο σῆσι (7 veces); ἀλλ’ ἄγε μοι τόδε εἰπὲ καὶ ἀτρεκέως κατάλεξον (4 veces); αψ δ᾽ἑτάρων εἰς ἔθνος ἐχάζετο κῆρ᾽ ἀλεείνων (6 veces); μάστιξεν δ’ ἐλάαν, τῶδ’ οὐκ ἀέκοντε πετέσθην (3 veces); Ἀτρείδη κύδιστε, ἄναξ ἀνδρῶν Ἀγανέμμνων (8 veces); ὦ φίλοι, Ἀργείων ἡγήτορες ἠδὲ μέδοντες (8 veces); Τρῶες καὶ Λύκιοι καὶ Δάρδανοι ἀγχιμαχηταί (6 veces). Todos estos versos-fórmulas pertenecen, casi ciertamente, a la tradición, por lo general. Veamos ahora una serie (7. 323-6 = 9. 92-5): αὐτὰρ ἐπεὶ πόσιος καὶ ἐδητύος ἐξ ἔρον ἕντο, / τοῖς ὁ γέρων πάμπρωτος ὑφαίνειν ἔρχετο μῆτιν / Νέστωρ, οὕ καὶ πρόσθεν ἀρίστη φαίνετο βουλή· / ὅ σφιν ἐϋφρονέων ἀγορέσατο καί μετέειπεν (“Mas una vez que satisficieron la necesidad de comer y de beber, / primero que todos comenzó a urdir su 31 Kirk 1985 y 1990: 24-25. 32 Hainsworth 1993: 17. 33 Id., ibíd.: 19. 34 Kirk 1985 y 1990: 25. 35 Hainsworth 1993: 19. 36 Kirk 1985 y 1990: 24. 34 HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 BARTOLOMÉ SEGURA RAMOS plan el viejo, / Néstor, cuyo plan ya antes había parecido el mejor; / este, con sus buenos sentimientos, les habló y dijo”). Hainsworth37 comenta: “Si se comparan ambos pasajes [l. 7 y 9], se verá que la coincidencia de pensamiento se expresa con idénticos versos”. Por su parte, Kirk38, comentando 7. 323-6, afirma: “La estructura de las dos escenas, cuyo propósito es introducir un nuevo curso de la acción importante, es similar”. En efecto, en ambos casos, Néstor propone un plan para que los aqueos lo lleven a término, consistente, en el primer caso, en concertar una tregua con los troyanos y recoger los cadáveres de los caídos en combate, y, en el segundo, enviar una embajada a Aquiles para tratar de convencerlo de que regrese a la lucha. Ya hemos hablado del carácter “ornamental” de la mayoría de los epítetos que se emplea en la epopeya griega; a veces, no obstante, el adjetivo comporta un rasgo “significativo”, de modo que podemos hablar (Hainsworth39) de un “máximo” significativo y de un “mínimo” significativo (“epíteto ornamental”, propiamente dicho) en el empleo de tales adjetivos. Compárense estos dos ejemplos: 9.114 (Agamenón replica a Néstor, que ha criticado su comportamiento con Aquiles): “A él le replicó a su vez Agamenón, señor de hombres” y 1. 7 (el preámbulo de la obra, en el que el poeta justifica las víctimas que provoca la cólera de Aquiles, a partir del momento en que los dos líderes, Agamenón y el héroe tesalio, se enfadan, siendo esta mención de los dos caudillos la primera de Agamenón y la segunda del tesalio en el poema): “<Desde que se separaron en discordia> el Atrida, señor de hombres, y el divino Aquiles”. Está claro que en el primer ejemplo (l. 9), la fórmula “señor de hombres” es absolutamente banal y carente de sustancia propia, en tanto que, en el segundo caso (l. 1), la contraposición entre los dos paladines realza la fórmula que a uno y a otro se aplica, por cuanto es la presentación oficial dentro del poema de dos de sus protagonistas más representativos. Kirk40 insiste en que “las fórmulas nombre-epíteto (ἄναξ ἀνδρῶν Ἀγαμέμνων, πολύμητις Ὀδυσσεύς, etc.) proporcionan el sistema más completo, y, consiguientemente se eligen con frecuencia para ilustrar cómo funcionan las fórmulas en general. Tales fórmulas cubren cuatro secciones importantes del verso: tres de longitud creciente desde el final del verso hacia la cesura principal (casi siempre, la femenina [o trocaica de tercer pie]), y una sección desde el comienzo del verso hacia la cesura principal (habitualmente, la masculina, en este caso [tras los dos pies y medio iniciales = pentemímera])41: El propósito es claramente habilitar al cantor para desplegar una idea particular en longitud variable y en diferentes partes del verso, conforme con los requerimientos del resto de la frase 37 Hainsworth 1993: 20. 38 Kirk 1985 y 1990: 276. 39 Hainsworth 1993: 21. 40 Kirk 1985 y 1990: 25. 41 Id., ibíd.: 26. HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 35 ASPECTOS BÁSICOS DE LA FÓRMULA EN LA ILÍADA que tiene en mente”. Sea una fórmula con Ἕκτωρ: a) φαίδιμος Ἕκτωρ (5º y 6º pies) = 29 veces; κορυθαίολος Ἕκτωρ (5º y 6º más ww previos) = 25 veces; μέγας κορυθαίολος Ἕκτωρ (desde el final hasta la femenina o trocaica de tercer pie (= wlwwlwwlw) = 12 veces. Ahora, comenzando por el principio del verso, hasta la masculina [= pentemímera]: Ἕκτωρ Πριαμίδης (lllwwl: 1º, 2º y 3º) = 6 veces. De este modo, los cuatro cola en que se puede dividir el hexámetro, se rellenarían de la siguiente manera; a) primer colon (dáctilos o coriambos); ejemplos: 1. conjunciones o adverbios: αὐτὰρ ὁ; δῆ τότε; 2. conjunciones y verbos: ἀλλ’ ἴθι; ὣς φάτο; 3. participios (coriambos iniciales): οὐλομένην, λισσομένη, χωόμενον; b) segundo colon (menos conspicuo que primero y cuarto); ejemplos: φωνῆσας/ φωνήσασα (lll/lllw); εὐχόμενος (lwwl= coriambo), κεκληγῶς [lll= moloso], ἐς πόλεμον [lwwl= coriambo]; κοιμῆσαντο (lllw), Πηλείωνος (lwwlw); (Kirk42:“no hay cualidad formular marcada o significativa en la mayoría de estas expresiones”); c) tercer colon: normalmente se trata de formas de los uerba loquendi. Ejs.: προσέφη o μετέφη; d) cuarto colon: principalmente, nombre-epí- teto, que ya hemos ejemplificado: δουρὶ φαεινῷ, θυμὸς αγήνωρ, μώνυχες ἵπποι, νηλέϊ χαλκῷ, ὀξέϊ χαλκῷ, κῆρα μέλαιναν; etc. Creación del verso Blössner (en Luther43) afirma: “Quien al hacer un hexámetro usa fórmulas acuñadas, tiene que cambiarlas a veces para que encajen sintáctica y métricamente, así como por el contenido, en su nuevo contexto: tienen que cuadrar tiempo, modo, caso; hay que insertar o suprimir negaciones, adaptar cantidades métricas”. Véase lo que ocurre en el libro 23. Dentro de los Juegos Fúnebres en honor de Patroclo, la primera (y más espectacular) prueba es la carrera de carros. Los participantes han de sortear el orden de salida (en griego, λαγχάνω es el verbo para decir “tocar”; y su perfecto es λάχε = “tocó en suerte”). Pues bien, en el espacio de tres o cuatro versos tenemos cómo el sintagma o fórmula para decir “tocó en suerte” se estira y amplifica, alargando correspondientemente la fórmula: verso 354 (después de Antíloco, cuya suerte salió la primera) “Eumelo λάχε”, esto es, “a Eumelo le tocó (conducir)”; 356 (tras Eumelo) “Meríones λάχε ἐλαυνέμεν”, esto es, “a Meríones le tocó conducir (el carro)”; 357 (tras Meríones), “Diomedes λάχε ἐλαυνέμεν ἵππους”, esto es, “a Diomedes le tocó conducir el carro”. De manera similar, 9. 172 αἲ κ’ ἐλεήσῃ (“a ver si se apiada <Zeus>”; recomendación de Néstor a los caudillos aqueos de llevar regalos a Aquiles); el sintagma se puede prolongar, como en 6. 275-6 αἲ κ’ ἐλεήσῃ / ἄστυ τε καὶ Τρῶων ἀλόχους (“a ver si se apiada <Atenea>/de la ciudad y de las esposas de los troyanos”); en la misma línea también 5. 294 ἀράβησε δὲ τεύχε’ ἐπ’ αὐτῷ (“y las armas 42 Id. ibíd.: 28. 43 Luther 2006: 32. 42 HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 BARTOLOMÉ SEGURA RAMOS herido, se añade en el verso siguiente (520): “hacia las cóncavas naves, por donde les llevaba su querencia”. Este verso es innecesario (pues, cuando los griegos, sus carros y sus caballos regresan del campo de batalla, ¿adónde se van a dirigir, sino al campamento aqueo y sus naves?). De ahí que dicho verso 520 (al igual que 10. 531, idéntico al presente) sea considerado inorgánico: “un complemento, cuando menos, ocioso” (Hainsworth55). Variación de las fórmulas consabidas Cuando en 4. 66 (= 71) hallamos el extraño adjetivo ὑπερκύδαντας (“más que soberbios”), en vez del “epíteto estándar y extremadamente frecuente” ἐϋκνήμιδες (“de buenas grebas”), aplicado a los aqueos, nos sorprendemos porque se sale de la economía oral (Kirk56); en 6. 88 Ἀθηναίης γλαυκώπιδος (“de Atenea de ojos verdes”; pies 1º, 2º, 3º, 4º), en genitivo, es extraordinariamente raro. Lo normal es Nom. (γλαυκῶπις Ἀθήνη; pies 4º, 5º, 6º); el verso 2. 705 (= 14. 490) presenta un πολυμήλου (“rico en ganado”; pies 3º, 4º), en vez del común μεγαθύμου (“magnánimo”; pies 3º, 4º); 14. 512 presenta un καρτεροθύμων (Gn. pl.: “de enérgico carácter”, dicho de los misos; pies 5º, 6º) en vez del común χαλκοχιτώνων (“de túnica de bronce”; pies 5º, 6º). En 17. 451 tenemos γούνεσσι (“para las rodillas”; llw) que presenta 3 ejs., y no es formular, frente a γούνασι (“para las rodillas”, lww), que es formular (10 veces); 17. 543 κρατερῇ ὑσμίνῃ: de 31 veces en que se usa esta fórmula, solo esta vez es nominativo; 5. 529 ἀνέρες ἔστε καὶ ἄλκιμον ἦτορ ἕλεσθε (“sed hombres y sacad un corazón valeroso”); lo normal (7 veces) es ἀνέρες ἔστε φίλοι, μνήσασθε δὲ θούριδος ἀλκῆς (“sed hombres, amigos, y acordaos del impetuoso valor”). “A veces se buscaba la variación en los elementos repetitivos formales” (Kirk57). 10. 287 Χαλκοχίτωνας Ἀχαιούς (“a los aqueos de túnica de bronce”); así, en Ac., una sola vez; la fórmula habitual es χαλκοχιτώνων Ἀχαιῶν (Gn.: 22 veces); de la misma manera, 13. 31 Ἀχαιῶν νῆας (“las naves de los aqueos”); una sola vez en ese orden de palabras; el orden habitual es al revés, νῆας Ἀχαιῶν (29 veces). En 13. 641 Μενέλαος ἀμύμων (“el irreprochable Menelao”; pies 4º, 5º, 6º); habría cabido Μενέλαος ξανθός (“rubio Menelao”), que aparece 27 veces en la obra total de Homero; mas el orden normal es con Μενέλαος en fin de verso (72 veces); 13. 676 κῦδος Ἀχαιῶν (“gloria de los aqueos”) se usa 1 vez; lo normal es μέγα κῦδος Ἀχαιῶν (“gran gloria de los aqueos”; 9 veces); 15. 123 εἰ μὴ Ἀθήνη (“si Atenea no”; 1º, 2º pies); lo normal en esa posición del verso sería εἰ μὴ Ἀθηναίη (9 veces en Homero); Ἀθήνη, en fin de verso, aparece 244 veces en Homero. 55 Id., ibíd.: 280. 56 Kirk 1985 y 1990: 337. 57 Kirk 1985 y 90: 113. HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 43 ASPECTOS BÁSICOS DE LA FÓRMULA EN LA ILÍADA 19. 125 τὸν δ’ ἄχος ὀξὺ φρένα τύψε βαθεῖαν (“una aguda aflicción batió lo profundo de sus sentimientos”); la expresión es innovadora, pues la fórmula normal es, o bien ἄχος κραδίην καὶ θυμὸν ἱκάνει (“la amargura invade su corazón y su alma”; 4 veces), o bien ἄχος πύκασε φρένας (“la amargura se clavó en su alma”; 3 veces); 19. 158 οὐκ ὀλίγον χρόνον / φύλοπις (<no poco tiempo habrá> pelea”; pie 1º); por lo común, φύλοπις se coloca en 5º pie y la fórmula completa es φύλοπις αἰνή (“feroz pelea”; pies 5º, 6º), que se usa 12 veces; 20. 68 Ἀπόλλων Φοῖβος (4 veces); lo común es Φοῖβος Ἀπόλλων (36 veces). Variación por movilidad (fenómeno muy habitual) tenemos por ejemplo en 9. 649 ἀγγελίην ἀπόφασθε (“comunicad el mensaje”; pies 4º, 5º, 6º); en 9. 422 las mismas palabras ocupaban los pies 1º, 2º y 3º. He aquí la información que nos proporciona Macía58: “Diomedes es nombrado en el poema en 81 ocasiones, 68 de las cuales lo hace mediante una fórmula; 44 para la cita en nominativo, que suele ocupar el final del verso; 3, para el vocativo; 8, para acusativo (final y centro); 5, para dativo. El poeta se ha provisto de un sistema de fórmulas en cada caso gramatical [nominativo, vocativo, acusativo, dativo, genitivo, este último, no formular] que le permite nombrar a un importante personaje en cualquiera de ellos [= de cada caso] y en cualquier parte del verso”. Versos-fórmula Afirma Heubeck59: “Grupos verbales recurrentes, versos formularios y grupos de versos pueden y deben despertar, en conexión con el todo, recuerdos, líneas ideológicas y de contenido, contrastes y paralelos, preanuncios que advierten de lo que va a venir”. Aunque estos versos-fórmulas (así como grupos de versos) se salen del presente estudio, conviene recoger, dentro del estudio de la fórmula, algunos ejemplos de este fenómeno. Así, 18. 297 ἀλλ’ ἄγεθ’, ὡς ἂν ἐγὼ εἴπω, πειθώμεθα πάντες (“pero, vamos, como yo digo, hagamos caso todos”; 8 veces); 4. 29 ἕρδ᾿· ἀτὰρ οὔ τοι πάντες ἐπαινέομεν θεοὶ ἄλλοι (“Hazlo, pero desde luego los demás dioses no te lo aprobaremos”; 3 veces); 5. 562 βῆ δὲ διὰ προμάχων κεκοπρυθμένος αἴθοπι χαλκῷ (“Avanzó entre los de la primera línea, encasquetado de reluciente bronce”; 7 veces); 11. 403 ὀχθῆσας δ’ ἂρ’ ἔειπε πρὸς ὃν μεγαλήτορα θυμόν (“De modo que irritado dijo a su alma magnánima”; 7 veces); 11. 407 Αλλὰ τίη μοι ταῦτα φίλος διελέξατο θυμός (“mas, ¿a qué bueno mi alma me ha dictado estos pensamientos?; 5 veces); 11. 425 ὁ δ ἐν κονίῃσι πεσῶν, ἕλεν γαῖαν ἀγοστῷ (“y él, cayendo en el polvo, cogió la tierra con los puños”; 5 veces); 15. 500 ὣς εἰπὼν ὤτρυνε μένος καὶ θυμὸν ἑκάστου (“así diciendo, incitó la furia y ánimos de cada uno”; 9 veces). 58 Macía 2009: 20. 59 Heubeck 1974: 149. 44 HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 BARTOLOMÉ SEGURA RAMOS Verso y fórmula El hexámetro, según Meillet, provendría quizá de cola líricos; cf. 5. 745 ἐς δ’ ὄχεα φλόγεα ποσὶ βήσετο, λάζετο δ’ ἔγχος (“Subió por sus pies al carro de fuego, y empuñó la lanza”), cuyo esquema métrico, a saber, lwwl [última breve de por sí, resulta larga ante las dos consonantes iniciales de la siguiente palabra] wwl [última breve de por sí, se alarga, en posición de ánceps ante cesura pentemímera] wwlwwlwwlw/l, revelaría dicho origen, al tratarse de la unión de dos cola o hemistiquios líricos, según revela su escansión. De modo que, primero, tendríamos una producción épico-lírica, y luego una narración rapsódico-hexamétrica. Blanco y Macía60, a propósito de las raíces indoeuropeas de la épica griega, declaran: “Una serie de fórmulas presenta una correspondencia sorprendentemente exacta entre el griego y el antiguo indio, especialmente (κλέος ἄφθιτον, μέγα κλέος, κλέα ἀνδρῶν). Hay también un acuerdo prosódico general entre el sánscrito y el griego, basado en la cantidad silábica y la similitud de la métrica eólica con la de los vedas: número de sílabas, construcción estrófica, versos de base libre, finales catalécticos”. Y más adelante61, en la nota 105 a pie de página, explican: “El Urvers resulta ser un octosílabo con cuatro sílabas de cantidad fija y cuatro ancipitia, que pueden precederlas, seguirlas o repartirse a ambos lados de ellas, a saber: xxxxlwwl; lwwlxxxx; xxlwwlxx, o sea, las variadas formas del dímetro coriámbico de Wilamowitz” [en efecto, el origen del hexámetro es claro que está en estos cola o hemistiquios líricos; ténganse en cuenta, por ejemplo, los numerosos inicios de hexámetro con coriambo, como 1. 2 οὐλομένην; 1. 7 = 12 Ἀτρεΐδης; 1. 13 λυσόμενος; 1. 16 Ἀτρεΐδα; 1. 17 Ἀτρεΐδαι; 1. 21 ἁζόμενοι; etc., etc.]. Continúan Blanco y Macía62 diciendo que el paremíaco (wwlwwlwwll/w) puede funcionar como colon de ritmo anapéstico [el esquema lo constituyen tres anapestos y un espondeo/troqueo], o como un segundo hemistiquio de un hexámetro afectado por cesura pentemímera [únase al esquema propuesto el hemistiquio inicial, previo a dicha cesura, que es lwwlwwl, y se verá cómo sale el hexámetro completo]. Téngase en cuenta que, grosso modo, en la primera parte del hexámetro se da la información nueva o relevante; en la segunda, se acumulan las fórmulas banales, protocolarias u ornamentales, de modo que en el origen debía haber una alternancia de versos significativos y novedosos con versos, cola o hemistiquios rituales y protocolarios que funcionaban como una letanía declamada a las potestades divinas o terrenales. Véase 17. 3 βῆ δὲ διὰ προμάχων (“avanzó entre los de primera línea”: primer hemistiquio = información útil) κεκορυθμένος αἴθοπι χαλκῷ (“encasquetado de reluciente bronce”: segundo hemistiquio = relleno métrico-formular). 60 Blanco y Macía 1991: XIII. 61 Eid., ibíd. : CLVII. 62 Eid., ibíd. : CLIX. HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 45 ASPECTOS BÁSICOS DE LA FÓRMULA EN LA ILÍADA Afirman Blanco y Macía63 : “Los versos totalmente formulares son combinación de dos o más fórmulas; la parte final del hexámetro suele tener mayor densidad formular”. Los mismos autores nos recuerdan también64 que, según Fränkel, el verso queda dividido en cuatro cola o segmentos: el 1º es expresivo; el 2º, normal; el 3º, enfático, y el 4º, formular65. Menéndez Pidal66 afirma: “La canción puramente lírica necesita un metro dividido en estrofas, pues estas regularizan las recitaciones, tan propias de la poesía lírica como de las cadencias del baile, acompañamiento primitivo de la canción”. Bibliografía Arend 1933 y 1975: Walter Arend, Die typischen scenen bei Homer (Berlin 1933 y 1975). Armstrong 1958: J. I. Armstrong, “The arming motif in the Iliad”, AJPH 79, 1958, 337-354. Bakker 1997: E. J. Bakker, Poetry in speech. Orality and Homeric Discourse (Ithaca-London 1997). Blanco y Macía 1991: J. García Blanco – Luis Miguel Macía Aparicio, Homero. Ilíada, volumen I: Introducción. Libros 1-3 (Madrid 1991). Bouvier 1997: “Mémoire et répétitions dans la poésie homérique”, en F. Létoublon (ed.), Hommage à Milman Parry. Le style formulaire de l’épopée homérique et la théorie de l’oralité poétique (Amsterdam 1997) 79-92. Conde 1976 y 2008: J. C. Conde, Cantar de Mío Cid (Madrid 1976 y 2008). Dalby 2008: A. 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Igualmente, cuando, a propósito del revestimiento de las armas de Paris (3, 330 ss.) se habla de una espada que coge el héroe, pero que no llega a usar, Armstrong 1958: 343 anota: “Aquí hay una fórmula general: el guerrero tiene una espada en la fórmula y una espada ha de tener en el poema, que no ha de usar (cursiva mía)”. 66 Menéndez Pidal 1939 y 1969: 17. 46 HABIS 47 (2016) 27-46 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 BARTOLOMÉ SEGURA RAMOS García-Ramón 1997: J. L. García-Ramón, “Ordre des mots et formules homériques”, en F. Létoublon (ed.), Hommage à Milman Parry. Le style formulaire de l’épopée homérique et la théorie de l’oralité poétique (Amsterdam 1997) 117-127. Hainsworth 1993: B. Hainsworth, The Iliad: A Commentary, Books 9-12 (Cambridge 1993). Heubeck 1974: A. Heubeck, Die Homerische Frage (Darmstadt 1974). Hoekstra 1965: A. Hoekstra, Homeric Modifications of formulaic Prototypes (Amsterdam 1965). Kirk 1985 y 1990: G. S. Kirk (ed. gen.), The Iliad: a Commentary, vol. 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