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Intertextualidad en la obra narrativa de Miguel Espinosa: de Escuela de mandarines a Tribada.

Author: Martínez Peña, María del Carmen
Year: 2018
Source: https://idus.us.es/bitstreams/c08791b3-29dc-4ede-9ddf-dd3c446033b8/download
1
Ma ía del Ca men Ma ínez Peña
Tesis Doc o al
Bajo la di ección de la Doc o a Doña Isabel Román Gu ié ez.
Depa amen o de Li e a u a Española. Uni e sidad de Se illa
In e ex ualidad en la ob a na a i a de Miguel Espinosa.
De Escuela de manda ines a T íbada
P og ama de Doc o ado: Es udios Filológicos
Línea de in es igación: Li e a u a Española
Uni e sidad de Se illa
Sep iemb e 2017
2
Índice
In oducción……………………………………………….......6
P ime a pa e: In e ex ualidad……………………………….10
1. Bases eó icas y me odológicas…………………………...14
1.1. Palimpses os…………………………………........23
2. Miguel Espinosa y su ob a………………………………..26
2.1. Pinceladas biog á icas…………………………………29
2.2. Un exiliado en su época (li e a ia)…………………….34
2.3. Ob a na a i a………………………………………….43
2.3.1. Asklepios. El des ino e ocado……………………..46
2.3.2. La ea bu guesía. El se como os en ación………...57
Segunda pa e: El Quijo e y La Biblia como hipo ex os
p incipales…………………………………………………………..67
3. T adición y o iginalidad. Escuela de manda ines y El
Quijo e……………………………………………………71
3.1. Algunos aspec os in e ex uales del Quijo e……76
3.2. Apun es sob e Escuela de manda ines…………83
3.3. Relaciones es uc u ales y es ilís icas…………..90
3
3.4. Pa alelismos emá icos………………………...103
3.4.1. Luga es y nomb es…………………………….105
3.4.2. Li e a u as……………………………………109
3.4.3. Jus icia y amo ………………………………...114
3.4.4. La ama……………………………………….124
3.4.5. Rús icos y cul i ados…………………………128
3.4.6. Amanece es…………………………………..135
3.4.7. Descensos…………………………………….138
3.4.8. Encuen os e his o ias………………………...142
3.4.9. Quijo ización…………………………………150
4. T íbada. Theologiae ac a us y La Biblia……………155
4.1. La Biblia, lib o de lib os……………………...155
4.2. T íbada. Theologiae ac a us…………………157
4.2.1. In a ex ualidad e in e ex ualidad…….164
4.2.2. Pa alelismos bíblicos…………………172
5. Conclusiones……………………………………………175
6. Bibliog a ía……………………………………………...185
4
Quie o mos a mi ag adecimien o más since o a mi di ec o a, Isabel Román, y
a odos eses au o es y c í icos que con sus ob as c ea i as y sus apo aciones eó icas
me han ayudado an o en la con ección de es a esis.
Si a alguno le hubie e hu ado alguna idea, le pido humildemen e disculpas: ha
sido p oduc o de mi p o unda admi ación.
5
.
“He p ocu ado jun a lo seco de la iloso ía con lo en e enido de la in ención, lo
pican e de la sá i a con lo dulce de la épica, po más que el ígido G acián lo censu e
jugue e de la aza en su más su il que p o echosa A e de ingenio. En cada uno de los
au o es de buen genio he a endido a imi a lo que siemp e me ag adó: las alego ías de
Home o, las icciones de Esopo, lo doc inal de Séneca, lo juicioso de Luciano, las
desc ipciones de Apuleyo, las mo alidades de Plu a co, los empeños de Heliodo o, las
suspensiones del A ios o, las c isis del Boquelino y las mo dacidades de Ba clayo. Si lo
hab é conseguido, siquie a en somb as, ú lo has de juzga .”
Bal asa G acián: El C i icón
“I em, se ad ie e que no sea enido po lad ón el poe a que hu a e algún e so
ajeno y los encaja e en e los suyos, como no sea odo el concep o y oda copla en e a,
que en al caso an lad ón es como Caco.”
Miguel de Ce an es: Adjun a al Pa naso, en Viage al Pa naso.

6
INTRODUCCIÓN
7
Cuando un lec o inocen e y apasionado se a sume giendo en la p o undidad
de la ob a de un g an esc i o como Miguel Espinosa y queda i emisiblemen e
deslumb ado po su belleza y o iginalidad li e a ia, no puede al mismo iempo deja de
a isba o as imágenes del pasado ni de oí , aunque lejanas, cie as oces amilia es que
cons an emen e se mani ies an como p emonición o eco de sus palab as.
Es es e el mo i o po el que en el p esen e es udio nos p oponemos edescub i y
esal a la o iginalidad de la ob a no elís ica de Miguel Espinosa y pa a ello nos
se i emos de las e iden es elaciones de in e ex ualidad p esen es en sus ob as.
Aunque Espinosa no ue un esc i o p o esional, sino que se dedicó como medio
de ida a o os menes e es muy dis in os, como más adelan e se e á, sí ue un lec o
impeni en e de ob as que él conside aba excelen es, an o de iloso ía (esc ibió ambién
a ios ensayos sob e el ema) como de li e a u a en sus di e sos géne os, épocas y
cul u as y, sob e odo, un esc i o ocacional du an e oda su ida.
Po an o, desde el comienzo debo ad e i la inmensa di icul ad a la que nos
en en amos a la ho a de abo da el es udio de las elaciones in e ex uales en la ob a de
un au o an p o undo y complejo li e a ia y i almen e como ue Miguel Espinosa.
Ine i ablemen e nos queda emos co os en el empeño: si que emos aba ca oda su ob a,
no muy ex ensa debido a la p ema u a mue e del au o , es a a ea se hace imposible po
su dimensión y complejidad. Y si solo nos dedicamos monog á icamen e a algunas de
ellas, podemos pe de la pe spec i a y no e al comple o la p o unda ed de elaciones
que man ienen an o sus p opias ob as en e sí como es as con o as del co pus li e a io
an es aludido y que conc e a emos más adelan e. Po an o, en es e abajo,
necesa iamen e, queda án incomple os muchos aspec os que c eemos esenciales y que
debe án se obje o de análisis monog á icos complemen a ios.
A pesa de lo dicho, o p ecisamen e po ello mismo, hemos c eído
imp escindible, an o pa a demos a e ilus a la elación en e sus p opias ob as (la
in e ex ualidad in e na o in a ex ualidad) como pa a comp oba la elación con ex os
de au o es y épocas dis in as, lle a a cabo un p ime eco ido po odas las ob as de
Miguel Espinosa, aunque de o ma más b e e de lo que se ía menes e pa a, más
8
adelan e, en la segunda pa e de es a esis, lle a a cabo un es udio lo más
po meno izado posible de dos de sus ob as cumb e: Escuela de manda ines, su p ime a
no ela (en ealidad p ime a en su génesis, pe o no en cuan o a su publicación, ya que
a dó 18 años en comple a la) y T íbada. Theologiae ac a us, la úl ima que esc ibió
poco an es de su mue e.
Hemos elegido es as no elas po a ias azones que nos acili a án la
consecución de los obje i os de es a esis: a la c onológica ya mencionada hemos de
añadi que, en el caso de Escuela de manda ines, al se ob a de oda una ida y su
mejo no ela a juicio de muchos c í icos, con iene en esencia odas las ca ac e ís icas
p opias del au o ; y T ibada. Theologiae ac a us es, an o po su emá ica como po su
es uc u a, o almen e di e en e a la an e io , aunque, como e emos, se mani ies en en
ella muchos de los aspec os ideológicos y es ilís icos que son ecu en es en la ob a
espinosiana. Son, po an o, los dos ejemplos emblemá icos de lo que aquí p e endemos
mos a .
En la p ime a pa e de es a esis, después de expone los undamen os eó icos
en los que nos basamos pa a nues o es udio y que nos se i án de he amien as
cien í icas pa a jus i ica nues os ase os, des aca emos algunos aspec os biog á icos
de Miguel Espinosa que c eemos undamen ales pa a comp ende su ob a y la
con ex ualiza emos en la e apa his ó ica, polí ico-social y li e a ia en la que a nues o
au o le ocó i i , pa a así pode comp ende mejo lo común y especialmen e lo
di e en e que u o con la gene ación de esc i o es del momen o y los mo i os que lo
impulsa on.
Más adelan e conside a emos los ex os li e a ios más ecu en es e in luyen es
en la ob a de Miguel Espinosa, con especial de enimien o en El Quijo e y La Biblia,
hipo ex os base de las dos ob as que es udia emos en la segunda pa e de es a esis. Y,
inalmen e, ha emos una incu sión necesa ia aquí, aunque más b e e de lo que nos
gus a ía y se ía menes e , en sus ob as na a i as Asklepios y La ea bu guesía, que po
su impo ancia me ece ían po sí solas (y de hecho han sido obje o de in e esan ísimos
es udios c í icos po des acados especialis as) o os abajos simila es a es e.
La segunda pa e es la medula de nues a esis ya que, como an es hemos
apun ado, es en ella donde nos aden a emos en el análisis más po meno izado de los
dis in os elemen os na a i os in e ex uales con enidos en Escuela de manda ines y
9
en T íbada. Theologiae ac a us en elación p incipalmen e con los hipo ex os
p incipales, El Quijo e y La Biblia.
Como es ob io, oda ob a a ís ica se ges a y desa olla en un momen o
his ó ico conc e o y den o de unas de e minadas ci cuns ancias sociocul u ales, po lo
que debemos señala que, aunque nues o abajo se á especí icamen e li e a io, debido
al p opio ca ác e de las ob as de Espinosa y a la e apa en la que le ocó i i no
pod emos sus ae nos a mos a o as elaciones de in e ex ualidad con hechos
his ó icos conc e os u o as mani es aciones cul u ales o a ís icas que sob epasan lo
li e a io.
Pa a que es a esis pueda consegui los obje i os que p e ende, es deci ,
comp oba el diálogo que oda ob a li e a ia, en nues o caso la de Miguel Espinosa,
man iene con o os au o es y ob as, an o con empo áneas como clásicas, p esen es en
ella unas eces de o ma más explíci a que o as, y a pa i de aquí econoce su
o iginalidad como au o , la me odología usada en es a úl ima pa e debe á se
eminen emen e p ác ica. Po lo que, en la medida de nues as posibilidades (se ía
imposible es udia aquí exhaus i amen e odos los pa alelismos li e a ios y cul u ales
a ándose, an o los hipo ex os como sus hipe ex os, de ob as an ex ensas y
complejas), cada ez que hagamos una a i mación de cualquie índole (lingüís ica,
li e a ia, his ó ica, cul u al o social) la jus i ica emos con los in e ex os conc e os y
explica emos las semejanzas y di e encias con las ob as canónicas.
Pe o, sob e odo, se sub aya án las nue as mo i aciones del au o y las
inalidades a ís icas que pe sigue al elegi esos in e ex os especí icos. Es deci ,
pond emos de mani ies o la uncionalidad li e a ia que adquie en los in e ex os en la
ob a o iginal de Espinosa.
16
1º.- In e ex ualidad: Es la elación de cop esencia e ec i a en e dos o más
ex os (las ci as p opiamen e dichas). Según Julia K is e a el plagio o la simple alusión
se ían menos explíci os.
2º.- Pa a ex ualidad: Remi e a la elación de un ex o con su í ulo, sub í ulo,
p e acio, epílogo, ad e encias, ilus aciones, ajas, sob ecubie a… Incluso se pod ía
conside a pa a ex o un bo ado , un inal abandonado po el au o …, e c.
3º.- Me a ex ualidad: Es po excelencia la elación c í ica (el comen a io) que
une un ex o a o o que habla de él aun sin ci a lo.
4º.- Hipe ex ualidad: Es la elación en e un ex o B o hipe ex o con un ex o
an e io A o hipo ex o. La Eneida y el Ulises se ían dos hipe ex os de un mismo
hipo ex o: La Odisea. Como emos, el hipe ex o se con ie e en una ob a ambién
li e a ia, conseguida median e una ans o mación ya sea más simple o más compleja.
O os au o es llaman ex o in luyen e al hipo ex o y ex o in luido al hipe ex o.
Es as o mas de ans ex ualidad, sin emba go, no pueden en ende se como
clases es ancas, sino que lógicamen e se dan en elazamien os ecíp ocos en e ellas y
además, como hemos is o, son a la ez aspec os del ex o y clases de ex os en sí
mismos: un í ulo, un a ículo de c í ica li e a ia, una ci a…, e c. El ex o li e a io se ía,
pues, el esul ado de un c uce de ex os, un juego de apelaciones en e unos y o os.
Lógicamen e, según es a di isión de Gene e, en el p esen e abajo c í ico noso os
es a emos a endiendo p imo dialmen e a lo que Gene e llama me a ex ualidad e
hipe ex ualidad, po a a se de un es udio c í ico sob e unos ex os que inciden en
o os.
Respec o a la hipe ex ualidad, Gene e
6
se de iene a explici a las dis in as
o mas de ans o mación del hipo ex o, que él denomina ansposiciones. Es as pueden
se o males, emá icas y p agmá icas. La ansposición o mal más ca ac e ís ica y
e iden e es la aducción, a la que dedica un es udio más a en o. Desde en onces,
especialmen e desde la eo ía de la ecepción, se le ha dado una impo ancia
undamen al a la es a, ya que la co ec a comp ensión de un ex o en una lengua dis in a
de la ma e na depende en g an medida de cómo se le o ezca al público lec o .
6
Ob. ci ., pp. 237-446. La úl ima pa e del lib o (de los capí ulos XL al LXXX) Gene e la dedica, con
ejemplos p ác icos, a acla a las dis in as o mas de ans o ma un ex o en o o nue o.

17
Así, y pa a no pe de nos en demasiados é minos que solo con ibui ían aquí a
enma aña las ideas que p e endemos ansmi i , solo añadimos que, según Gene e,
además de la aducción, se ían ansposiciones o males en la lí ica, po ejemplo, la
p osi icación o e si icación, el cambio mé ico ( ansme ización) y los cambios en el
es ilo ( ansmodalizaciones), y la educción o aumen o del hipo ex o. Pe o ambién hay
o as ansposiciones o males comunes a odos los géne os, aunque más aplicables al
na a i o, que Gene e llama de ipo cuan i a i o, ya sean pa a educi el hipo ex o (y
aquí emplea los é minos escisión, expu gación, concisión y condensación), como pa a
aumen a lo (ex ensión, expansión o dila ación es ilís ica y ampli icación o expansión
emá ica).
Las ansposiciones emá icas son las que cambian el con enido del hipo ex o y
pueden se diegé icas, cuando a ec an a los aspec os espacio- empo ales de la his o ia, o
p agmá icas, cuando se e ie en a cualquie a de los elemen os que cons i uyen la acción
o a la ama de la misma. Lógicamen e, en gene al los cambios en el espacio y en el
iempo implican o os en los a gumen os y los mo i os, y así, según e minología de
Gene e, se pueden p oduci ansmo i aciones y ans alo izaciones en el hipe ex o.
Has a aquí un b e e bosquejo de las apo aciones de Gene e. Nos hemos
de enido un poco más en su concep o de ansposición ( emá ica y p agmá ica sob e
odo) po la e iden e elación que a a ene con nues o abajo. A lo la go del mismo
queda án ejempli icados muchos de los cambios que se p oducen en e los hipo ex os y
los hipe ex os según Gene e.
A ín a Gene e en su a án po acla a y clasi ica , Hein ich F. Ple
7
apo a una
de allada axonomía a la in e ex ualidad ace cándola a la e ó ica, a la g amá ica e
incluso a la p agmá ica pa a consegui un ins umen o de análisis p eciso y de igo
cien í ico. Dice que odo in e ex o es un ex o, pe o que no odo ex o es un in e ex o,
y es udia especí icamen e la ci a desde los dos pun os de is a que él con empla pa a el
es udio de la in e ex ualidad: el sin ác ico y p agmá ico.
An oine Compagnon
8
ambién es udia especí icamen e la ci a li e a ia, que es,
según es e au o y o os como Pé ez Fi ma , Claudio Guillén
9
o Rica do Senab e, el ipo
7
Hein ich F Ple : “In e ex ualidades”. En H Ple (ed.): In e ex uali y, Be lín, Wal e de G uy e , 1991.
T aducida al español en C i e ios, edición especial de homenaje a Baj ín (julio 1993), pp. 65-94.
8
La seconde main ou le a ail de la ci a ion. Pa ís, Seuil, 1979.
18
de in e ex o más li e al (el menos li e al se ía la alusión, y en medio, y en sen ido
nega i o, el plagio, según K is e a).
Michel Ri a e e
10
es el au o que más ha p o undizado en la eo ía de la
ecepción como la o a ca a de la moneda de la in e ex ualiad. Pa a él el enómeno
li e a io, en odos los casos, es una dialéc ica en e el ex o y el lec o y, po an o, sin
los pe inen es econocimien os po pa e del lec o - ecep o , el enómeno in e ex ual
ca ece de inalidad. Así, según Mendoza Filolla
11
, que in e p e a y p o undiza en es a
idea, hay que ene en cuen a an o el in e ex o del discu so como el in e ex o del
lec o , componen e básico de la compe encia li e a ia. La eo ía de la ecepción, que
linda ya con la sociología de la li e a u a, al igual que la in e ex ualidad ha susci ado
c í icos y apo ado una nue a pe spec i a pa a la me odología de la enseñanza de la
li e a u a.
En elación ambién con la ecepción, Jauss habla de “ho izon e de
expec a i as”, pa a e e i se a lo que un lec o espe a encon a en una ob a li e a ia en
elación con sus conocimien os y sus lec u as p e ias. Median e lo que Mendoza
denomina “in e ex o del lec o ”, es e puede comp ende e incluso amplia el con enido
de un ex o o iginal.
Moog G unewald
12
dice ambién que “el au o , la ob a y el público en an en
una elación dialógica, dinámica, que es á de e minada po la asimilación y el
in e cambio”, y en es e sen ido habla de una ecepción pasi a (la de la mayo ía anónima
de los lec o es); de una ecepción ep oduc i a (la de la c í ica: el ensayo, el
comen a io…) y de una ecepción p oduc i a (la de los esc i o es que es imulados po
de e minadas ob as c ean o a, econ igu ando el modelo). Lo undamen al pa a él es,
como pa a noso os, es udia qué ha hecho el esc i o con su modelo. Po ejemplo, la
idea del e e no e o no de Nie zsche cons i uye una imagen li e a ia sob e la que se
pueden hace y de hecho se han hecho ya a iaciones. Como en es e caso, una idea se
con ie e en écnica li e a ia a eces y po dis in os mo i os. Po an o, ya no hay una
9
Claudio Guillén: En e lo uno y lo di e so. In oducción a la li e a u a compa ada (Aye y hoy). En es e
sen ido, habla de alusión e inclusión, es a úl ima la ci a p opiamen e dicha (li e al).
10
Michel Ri a e e: La p oduc ion du ex e, Pa is, Seuil, 1979.
11
An onio Mendoza Fillola: “El in e ex o lec o ”. En Li e a u a compa ada e in e ex ualidad, Mad id,
La Mu alla, 1994.
12
Ci ado po José En ique Ma ínez Fe nández: “De la in luencia li e a ia a la huella ex ual”, Exempla ia
1, Uni e sidad de Huel a (1997), pp. 179-200.
19
explicación causal de la génesis de una ob a. O o ejemplo es el de Dan e en España,
cuya ob a ha susci ado muchos es udios ep oduc i os desde el siglo XV, además de
ob as li e a ias nue as, muchas de ellas in encionalmen e pa ódicas, como la que hace
Valle-Inclán del In ie no en Luces de Bohemia.
R. Ba hes
13
, siguiendo a Baj ín, habla del ex o in ini amen e abie o, sin
iden idad ija. Pa a él la in e ex ualidad, condición de odo ex o, sea el que sea, no se
educe e iden emen e a un p oblema de uen es o de in luencias; el in e ex o es un
conjun o de ó mulas anónimas, de las que a eces no se sabe ni el o igen, de ci as
inconscien es o au omá icas, “dadas sin comillas”. El alo li e a io en onces deja de se
algo in ínseco y se es ablece como p oduc o de la dialéc ica en e el ex o y su
cons ucción median e cada lec u a a la que se some e.
De es e modo el concep o de canon li e a io
14
, al que más adelan e ol e emos a
e e i nos, pie de así su sen ido clásico o adicional y se con empla aho a no como un
elenco ce ado de ex os modélicos en sus espec i os géne os, álidos además pa a
cualquie época, sino como una mane a de lee esos ex os pa a que los lec o es ealicen
sus p opios ac os de e aluación lec o iales.
Po su pa e el decons uc i ismo pone de mani ies o que el lenguaje es menos
es able de lo que Saussu e y los es uc u alis as pensaban. De ida, que ha p opagado el
concep o de huella, piensa que odo ex o es huella de o os ex os, y así la huella es a ía
más elacionada con el concep o clásico de in luencia que con el de uen e, que
implica ía una elación uní oca de causa- e ec o. Pa a él odo ex o iene un con ex o y
oda palab a iene una huella de o a excluida. La his o ia de la li e a u a po an o es un
juego ex ual inacabado y mis e ioso
15
. Según es a eo ía F ancisco Rico puede
pe mi i se hace una lec u a del Can a del Mio Cid desde el Romance o gi ano.
O o concep o elacionado con la in e ex ualidad es el de in e e encia, noción
que p ocede de la llamada Teo ía de los Polisis emas
16
, desa ollada po I ama E en
13
Roland Ba hes: “De la ob a al ex o”, Pa ís, Re ue d’Es he ique, 3 (1971), pp. 1-6.
14
Concep o es e muy deba ido, sob e el que se ha esc i o mucho y en el que, po azones ob ias, no
podemos p o undiza aquí. Sí nos pa ece in e esan e el concep o aplicado a la educación li e a ia, sob e
odo en ni eles de Secunda ia, donde se plan ea el dilema de qué ob as del ace o cul u al de un país
p opone como lec u as escola es. El p o eso Ped o C. Ce illo ha a ado es e ema con mucho acie o y
ha p opues o un canon de lec u as (aunque abie o) pa a el sis ema educa i o español.
15
Idea omada de Claudio Guillen en En e lo uno y lo di e so. In oducción a la li e a u a compa ada
(Aye y hoy).
16
I ama E en-Zoha : "Polysys em Theo y". Poe ics Today, 1 (1979), pp. 287–310.
20
Zoha y sus discípulos de la Uni e sidad de Tel A i . In e e encia es la elación
dinámica en e elemen os de sis emas di e en es. Como ejemplos pone en e o os el
caso de la li e a u a la ina, de la que su gen las dis in as li e a u as omances, en p ime
luga la i aliana, y cómo es a ha enido después an a in luencia en o as como la
cas ellana, la ancesa y la po uguesa del siglo XVI. De es e ejemplo se desp ende
ambién que pa a que un sis ema sea uen e de o o iene que esul a accesible.
E en Zoha ambién in oduce el concep o de “pe i e ias” pa a e e i se a o os
modos li e a ios especí icos y di e sos como la li e a u a in an il, la li e a u a o al o la
li e a u a aducida.
Es a eo ía ha enido cie a ecundidad en luga es ca ac e izados po la
coexis encia de di e sas lenguas y cul u as como India, Bélgica o Canadá.
En la época posmode na, que comp ende ap oximadamen e las décadas de los
años 60 a los 80, se ha mos ado de una mane a aún más e iden e el ca ác e de la
li e a u a como un in e ex o no ce ado en el que el lec o , al igual que el c í ico, es el
que pe cibe las elaciones in e ex uales en las dis in as ob as.
Es po es a azón po la que muchos c í icos li e a ios y pedagogos, como
Mendoza Filolla
17
, al que an es hemos aludido, sub ayan la impo ancia undamen al de
la educación del in e ex o del lec o desde la in ancia, y sob e odo desde los es udios
de Secunda ia.
Recapi ulando lo an e io , a pa i de las ideas de Baj ín, que apo a al
es uc u alismo y al o malismo (po o a pa e an ecundos al habe supe ado la ieja
idea de in luencia y la endencia a as ea la génesis pa a es udia la ob a en sí misma
como mani es ación li e a ia) la idea de que oda ob a li e a ia se mani ies a como una
poli onía ex ual o ques ada po la elación dialógica con o as ob as que la han
p ecedido, la Teo ía de la In e ex ualidad se ha en iquecido, a pa i de la segunda
mi ad del siglo XX, sob e odo con las apo aciones de la eo ía de la Recepción (en
ealidad son las dos ca as de una misma moneda) y de la Li e a u a Compa ada.
Como podemos comp oba , odas es as eo ías o en oques c í icos con emplan la
ob a li e a ia como con igu ación es é ica, lejos de la biog a ía, po lo que se le ha
con e ido una impo ancia undamen al a la o ma (cuya base es la me á o a) en
de imen o de la igu a del au o , que ha quedado elegada y ensomb ecida.
17
An onio Mendoza Fillola: “El in e ex o lec o ”. Ob ci ., p. 91.
21
Pe o, aunque como hemos dicho, los concep os de In e ex ualidad, Recepción y
Li e a u a Compa ada es én ya encuad ados den o de la Teo ía de la Li e a u a y sus
mé odos hayan sido acep ados po odos los c í icos
18
, algunos ponen cie as objeciones.
Además de la ya mencionada sob e la “ausencia” u ol ido del papel an es esencial del
au o como el e dade o c eado y a í ice de su ob a, se ha econocido que el é mino
In e ex ualidad, como el an denos ado de in luencia (que, po cie o, úl imamen e se
ha e alo izado) en ealidad no designan algo nue o y, además, que se usa como un
cajón de sas e que si e pa a e e i se a nume osos concep os que, aunque
elacionados, ienen ma ices di e en es: alusiones, e e encias, huellas, in luencias,
as os, eesc i u as, plagios, pa odias, imi aciones, e c.
Respec o a es o, jun o a algunos c í icos de p es igio como Albe o Blecua,
opinamos que en la p ác ica lo undamen al es hace un igu oso análisis he menéu ico
donde los concep os y los obje i os que se pe sigan con el análisis queden cla os,
independien emen e de los é minos elegidos, que en muchas ocasiones, aunque con
ma ices, son sinónimos.
O o epa o impo an e se e ie e a la cues ión sob e la o iginalidad, ya que es a
pe de ía su impo ancia, es más, ni siquie a hab ía que plan eá sela, ya que no puede
da se una ob a o almen e o iginal y, en el supues o caso de que la hubie a, deja ía de
ene signi icado pa a su lec o , al no ene es e ningún pun o de e e encia con ob as
an e io es.
O os ambién han a gumen ado que según es os en oques se elimina la ca ego ía
de “ ex os sag ados”, u ob as canónicas
19
, ya que ninguna ob a es más impo an e que
o a, sino que es án elacionadas.
El poe a y c í ico Ángel González, que ha sido, po las azones an es
mencionadas, uno de los más e icen es espec o a muchas de las cues iones eó icas
sob e in e ex ualidad, no deja de econoce , sin emba go, el alo que iene el es udio
de ex os an e io es p esen es en o os nue os, p ecisamen e pa a sub aya la no edad
que apo an, que es lo que ambién p e endemos hace en es a esis.
18
Claudio Guillén (ob. ci .) opina en el p ólogo que la Li e a u a Compa ada debe ía se conside ada
como una disciplina apa e de la Teo ía de la Li e a u a, con sus p opios mé odos y inalidades.
19
Según Ha old Bloon en El canon occiden al: la escuela y los lib os de odas las épocas (Ba celona,
Anag ama, 1995), el canon lo cons i uyen cie o núme o limi ado de ob as de especial belleza es é ica y
que po su no edad en las o mas o los emas son capaces de supe a la adición y susci a glosa,
comen a io e imi ación.

22
Pe o es p eciso econoce que no odo es an simple e in ascenden e en la
eo ía hoy al uso. Cuando un esc i o con empo áneo e leja o inco po a ex os
ajenos, no suele obedece a las mismas mo i aciones que mo ían a los au o es del
pasado. Y esos ma ices hab á que ma ca los dándole un nomb e nue o a un iejo
hecho. Han cambiado el iempo y el sen ido —la pe cepción— del mundo.
20
Así pues, eniendo muy p esen es los es udios eó icos más ecien es sob e
In e ex ualidad que acabamos de eseña , como ya apun amos an e io men e nues a
esis consis i á en un eje cicio p ác ico de c í ica li e a ia basado en los mé odos de la
Li e a u a Compa ada, aplicada aquí a las ob as de un au o conc e o, Miguel Espinosa.
Pensamos que el mé odo compa a i o es el más e icaz en nues o caso pa a elucida los
aspec os in e ex uales más impo an es de las no elas de Espinosa, po que nos pe mi e
auna el igo cien í ico (la compa ación, como sabemos, es la base del conocimien o)
con nues a libe ad como c í icos he menéu icos. En es e aspec o es amos de acue do
con Claudio Guillén en su lib o ya ci ado, que des aca el papel del c í ico-his o iado , ya
que, según él, oda eo ía debe lexibiliza se y empo aliza se. El c í ico, pues, según él,
debe ol e con hones idad a la ob a li e a ia indi idual y si es necesa io co egi
jus i icadamen e sus p ime as hipó esis eó icas.
P e endemos, en in, como ya se ha dicho en la In oducción de es e abajo,
indaga en los in e ex os conc e os, an o alusi os como explíci os, p esen es en los
lib os de Espinosa pa a dialoga c í icamen e con ellos y pode comp oba así las
mo i aciones (conscien es, inconscien es o p o enien es de eminiscencias li e a ias)
pa a su elección, las semejanzas y di e encias con los ex os o iginales (hipo ex os) y la
in ención y inalidad que el au o pe seguía con esas elecciones y no o as. De es a
o ma pod emos e ela lo p opio y o iginal de la ob a de Miguel Espinosa, lo que hace
de él un au o dis in o, y así econoce y alo a con jus icia su apo ación a la his o ia
de la li e a u a española.
Así, nos p oponemos inalmen e enca ece la igu a li e a ia de Miguel
Espinosa, ya que, dejando apa e su mayo o meno ama li e a ia, que depende más
bien de e apas his ó icas y de modas li e a ias, somos muchos los que c eemos que se le
20
Ángel González: “A p opósi o de la in e ex ualidad”. ABC de Mad id, 22 de ab il de 1994.
23
puede conside a un au o clásico, y que algunas de sus ob as, especialmen e Escuela de
manda ines, han adqui ido ya la en idad de ob as canónicas.
1.1. Palimpses os
El g an esc i o es una c ia u a o az y andálica que en a a saco en lo que
halla a su alcance, se apode a de lo que le in e esa, manipula, digie e e in eg a
cualquie clase de ma e iales en la a madu a o ensamblaje de su p opia c eación.
Todo, absolu amen e odo, in luye en él: un lib o, medi ado o leído po casualidad,
un eco e de pe iódico, un anuncio calleje o, una ase cap ada en un ca é, una
anécdo a amilia , la con emplación de un os o, g abado o o og a ía.
21
Es a ci a de Juan Goy isolo, que compa imos, mani ies a cla amen e oda una
se ie de ci cuns ancias que pueden mo i a a un au o pa a da o igen a una ob a
li e a ia. Como dijimos an es la ob a li e a ia se inse a en la his o ia y den o de ella en
una cul u a conc e a y en un con ex o social y polí ico de e minados, po lo que a la
ho a de analiza la hab á que ene en cuen a odas es as ci cuns ancias. Y c eemos sob e
odo, con Rica do Senab e, que lo que más decisi amen e in luye en un esc i o son sus
lec u as p e ias, las que ha ido acumulando a lo la go de su ida como lec o y, más
especí icamen e, aquéllas que po di e sos mo i os (la p opia pe sonalidad del au o , las
ci cuns ancias i ales en el momen o conc e o en que ue on leídas,…) han esonado en
su in e io y le han dejado una p o unda huella.
La uen e p ime a del esc i o son sus lec u as. Se comienza a esc ibi como se
comienza a habla : po imi ación de modelos […] Después, con el iempo, si llega a
con e i se en esc i o adul o, i á asomando su p opia oz, aunque siemp e
queda án huellas de las lec u as que lo impulsa on a dedica se al menes e li e a io,
como en la en onación, la oné ica y el léxico adul o suelen queda es igios de sus
modelos de habla in an iles.
22
Cuando en el apa ado an e io nos hemos e e ido a la eo ía de la Recepción,
an unida a la de In e ex ualidad, hemos des acado ya el decisi o papel de los lec o es,
pues o que son ellos los que in e p e an la ob a o iginal poniéndola en diálogo con los
conocimien os que le han apo ado sus lec u as p e ias. Con más mo i o el esc i o , que
21
Juan Goy isolo: El bosque de las le as, Mad id, Al agua a, 1995, p. 27.
22
Rica do Senab e: El lec o desp e enido, ob. ci ., pp. 172-173.
24
an es ha sido un simple lec o , inexo ablemen e uelca sus conocimien os conscien es e
inconscien es (su in e ex o lec o ) en su ob a de c eación.
Gab iel Ga cía Má quez, a la p egun a que o muló la e is a Pluma, de Bogo á,
a a ios esc i o es sob e cuáles e an los lib os más signi ica i os pa a ellos, espondió lo
siguien e:
[…] Sólo debían ci a se cinco, sin inclui a los de lec u a ob ia, como La Biblia,
la Odisea o El Quijo e. Mi lis a inal ue és a: Las mil y una noches; Edipo ey, de
Só ocles; Moby Dick, de Mel ille; Flo es a de la lí ica española, que es una
an ología de don José Manuel Blecua, que se lee como una no ela policiaca, y un
Dicciona io de la lengua cas ellana que no sea, desde luego, el de la Real
Academia. La lis a es discu ible, po supues o, como odas las lis as, y o ece ema
pa a habla muchas ho as, pe o mis azones son simples y since as: si sólo hubie a
leído esos cinco lib os —además de los ob ios, desde luego—, con ellos me hab ía
bas ado pa a esc ibi lo que he esc i o. Es deci , es una lis a de ca ác e
p o esional.
23
Como emos, de es as palab as se desp enden dos ideas, las mismas que
enimos exponiendo: po una a pa e, que un esc i o se nu e de nume osas lec u as; y
po o a, que de en e odas ellas solo unas cuan as son las que luego se mani ies an
in e ex ualmen e de o ma explíci a en su ob a o iginal, aunque o as que el esc i o
ambién ha acumulado en su subconscien e (en su in e ex o lec o ) se puedan hace
isibles además en o ma de alusiones, en la elección de algunos emas o en cie os
aspec os o males.
Bo ges, que ya había u ilizado conscien emen e la in e ex ualidad como écnica
na a i a en sus cuen os, an es de que es a se a a a como disciplina den o de la Teo ía
de la Li e a u a, es aún más conc e o y dice que en ealidad solo dos son los lib os
o iginales con capacidad pa a gene a odos los demás: el lib o de la Na u aleza y el
lib o de las Esc i u as, es deci , La Biblia, especialmen e el Pen a euco del An iguo
Tes amen o en su sen ido cabalís ico.
Es e poso de lec u as signi ica i as que acumulan los esc i o es, a eces de
o ma inconscien e, les p o oca, a la ho a de la c eación, lo que Ha old Boom llama
“angus ia (o “ansiedad”) de las in luencias” ya que, de una u o a o ma, me ma su
c ea i idad al i se mani es ando ecu en emen e du an e la esc i u a de la ob a o iginal.
23
“La li e a u a sin dolo ”. El País, 8 de diciemb e de 1982.
25
Pe o como él mismo dice en el p e acio de El canon occiden al, los g andes esc i o es
ienen la in eligencia de ans o ma a sus an eceso es en se es compues os y, po an o,
pa cialmen e imagina ios [...] La angus ia de las in luencias ce cena a los alen os más
débiles, pe o es imula al genio canónico.”
O sea que, como es el caso de Miguel Espinosa, g an lec o desde la in ancia
como hemos dicho, un esc i o po en e “me aboliza” ese alioso poso de las in luencias
y lucha pa a ans o ma esa angus ia de la que habla Bloom en la c eación de una ob a
o iginal.
Como ya explicamos al habla de la me odología que amos a segui en nues o
abajo, y que se á eminen emen e p ác ica, i emos haciendo e e encias conc e as a los
di e en es lib os (hipo ex os) de los que p ocedan los in e ex os p esen es en la ob a de
nues o au o , aunque mencionamos aquí los que más di ec amen e in luye on en sus
no elas. Apa e de “los ob ios”, como dice Ga cía Má quez: La Biblia y el Quijo e, a
los que dedica emos oda la segunda pa e de es a esis, de o ma ecu en e se mues an
muy p esen es en la ob a de Miguel Espinosa las ob as ilosó icas, his ó icas y li e a ias
de los clásicos g eco-la inos, especialmen e La República, de Pla ón; la Odisea, de
Home o; La Eneida, de Vi gilio
24
, Teóc i o pa a la poesía, Plu a co como modelo pa a
el humo y el es ilo; y ya en el siglo XIV La Di ina Comedia de Dan e en I alia y en el
XVI Rabelais en F ancia. En España los maes os na u ales econocidos po Espinosa
son, sob e odo, G acián, con El C i icón, y los mís icos españoles San a Te esa de
Jesús y San Juan de la C uz. Se ha señalado ambién po a ios c í icos la in luencia
que edesca en las ob as de Miguel Espinosa, sob e odo en las de ema con empo áneo.
El p opio Miguel Espinosa en una en e is a ealizada el 14 de mayo de 1980 en
la Uni e sidad de Mu cia econoció que se conside aba “he ede o de mucho e
ins au ado de algo”
25
. Así, como espues a a las p egun as de los es udian es
uni e si a ios, habló sin e icencias sob e odos los aspec os del p oceso c eado de sus
no elas y de los au o es que, a la pa de p opo ciona le place como lec o , lo
mo i aban en su cons an e olun ad de es ilo.
24
Aube bach dice en Mímesis que el iaje de Ulises y el sac i icio de Isaac es án en el ondo de oda una
es i pe cul u al.
25
Con mo i o del es udio de su ob a den o del apa ado “Humanismo y Reno ación Fo mal en la
Li e a u a Española e Hispanoame icana de los años se en a”, incluido en el Te ce Ciclo de Li e a u a
Hispánica celeb ado en la Uni e sidad de Mu cia en los meses de no iemb e a mayo de 1980, y donde
es u o p esen e el au o .
32
Pe o el esc i o echaba de menos su anquila ciudad de Mu cia y además, según
su empe amen o, no podía adap a se a los ho a ios, a la mono onía y a la é ea
disciplina del abajo en su emp esa, de modo que con enció a sus je es de la
con eniencia de ene un agen e emp esa ial en Mu cia. P on o ol ió a su ciudad,
donde, aho a sí, pasa la mejo época de su ida: en el abajo no enía ho a ios ijos, po
lo que podía esc ibi con más anquilidad, u o la opo unidad de hace iajes co os
po di e sos luga es de la p o incia y, sob e odo, pudo dedica se con más a ención a
sus hijos, ya adolescen es. Siguió ecuen ando el ca é San os, an signi ica i o en su
ida, ya que allí ambién conoció a José López Ma í, su más ín imo amigo y con iden e
has a su mue e. Licenciado en Ciencias Químicas, López Ma í es un apasionado de la
iloso ía y la li e a u a al que le en usiasma e lexiona lib e y desin e esadamen e sob e
el mundo, como a Miguel Espinosa. El esc i o ha dado es imonio de es a amis ad en
a ias de sus ob as: en Escuela de manda ines lo con i ió en el pe sonaje de Ma ino,
que apa ece en a ios capí ulos acompañado del E emi a y de Mi suku i, y en T íbada
apa ece con su nomb e eal, como uno de los comen a is as del caso que aconsejaban a
Daniel.
Po esa época con inuaba abajando en la e sión de ini i a de Escuela de
manda ines, que comen aba cons an emen e con José López Ma í.
Miguel Espinosa econocía que no podía es a sin la compañía de una muje que
lo escucha a y lo admi a a. Y aunque nunca pe dió el con ac o con Me cedes
Rod íguez, la muje más in luyen e de su ida, aho a la dis ancia ísica y pe sonal
impedía un con ac o an ecuen e como an es. En 1968 conoció (son p esen ados po
López Ma í) a Ma a Fe nández C espo, con la que man u o una elación, dis in a a la
que u o con Me cedes, du an e diez años, has a 1978, año en que se p oduje on los
dolo osos acon ecimien os que se comen an en su ob a T íbada.
En 1972 el esc i o su ió un du o golpe con la mue e de Ma a illas, su mad e,
la muje a la que más quiso y a la que isi aba a dia io, cuya memo ia es á p esen e en
odos sus lib os ( éanse como mues as el epílogo de Asklepios y el capí ulo 46 de
Escuela de Manda ines).
Po in, hacia inales de 1972, la edacción inal de Escuela de manda ines se
encon aba ya p ác icamen e e minada, aunque el esc i o la e isaba y co egía
cons an emen e. Sus amigos, especialmen e Me cedes Rod íguez y su ma ido, y José

33
López Ma í, que es aban al an o de las icisi udes de la c eación y el p og eso de la
ob a y con encidos de la calidad li e a ia de la misma, emie on en es e pun o que nunca
llega a a publica se. Debemos eco da a es e espec o que desde que se publicó en 1957
Re lexiones sob e No eamé ica oda su ob a pe manecía inédi a. Y que en es e caso las
di icul ades pa a su publicación aumen aban: e a un lib o de más de 700 páginas y de un
au o p ác icamen e desconocido. Después de un la go eco ido po a ias edi o iales
que se lo echaza on, po in e mediación de unos amigos consiguió publica lo en Los
Lib os de la F on e a, una pequeña edi o ial ba celonesa di igida po José Ba lló. Po in
apa ece a inales de 1974 y al año siguien e ob iene el p emio de no ela Ciudad de
Ba celona.
Pe o unos meses an es de la publicación del lib o, en la noche del 23 de junio de
1974, Miguel Espinosa había su ido un in a o de mioca dio. Desde ese momen o el
esc i o no ol ió a se el de an es: como homb e y como esc i o , se in ensi ica y se
concen a aún más sob e sí mismo. Fue más uc í e o que nunca, como si p esin ie a
que el iempo se le es aba ago ando. En es os años esc ibi ía La ea bu guesía,
e minada en 1976 pe o some ida al a án co ec o de Miguel Espinosa, enma cada,
aunque sin nomb a la, en la ciudad de Mu cia, P epos e ius (lib o de a o ismos
ilosó icos), Ca as mo ales, T íbada (la única en la que la ciudad de Mu cia apa ece
nomb ada di ec amen e) y Falsos años.
En es os úl imos años man u o una elación muy in ensa con su hijo, ya
licenciado en Filoso ía Pu a y que p epa aba oposiciones (su hija se había casado muy
jo en). Y en cuan o al abajo, ue abandonando los negocios de impo ación y
expo ación, pe o empezó con la aseso ía ju ídica de coope a i as ag opecua ias que él
mismo p oyec aba y ponía en ma cha.
Los que lo conocie on bien mani ies an que en los años inales los is es
acon ecimien os que i ió en elación con Ma a Fe nández C espo y el in a o que
había su ido hicie on que el esc i o p esen a a un pe manen e aspec o de cansancio y
decaimien o.
Mu ió 1 de ab il de 1982, al cae ulminado po un segundo in a o en la sede de
la Comunidad Au ónoma de Mu cia, mien as pa icipaba en una asamblea ensa y
con lic i a de una coope a i a ag opecua ia pa a la que abajaba en esos momen os,
cu iosamen e casi a la misma edad y po el mismo mo i o que su pad e.
34
2.2. Un exiliado en su época (li e a ia)
Como su pe sonaje Asklepios, el exiliado de su época y de su cul u a, Miguel
Espinosa ue ambién un exiliado del mundo li e a io de su época. Aunque lógicamen e
es aba inme so en las ci cuns ancias his ó ico-sociales en las que le ocó i i y que an
magis almen e e lejó en sus no elas, po olun ad p opia no pa icipó en los
acon ecimien os li e a ios de su época ni se adsc ibió a ninguna co ien e li e a ia al uso.
Es más, ue muy c í ico con algunas de ellas, así como con las no elas de boom
hispanoame icano
30
.
Po gene ación pe enecía al llamado posmode nismo li e a io, mo imien o que
se desa olló an o en Eu opa como en Amé ica y di ícil de de ini po su ambigüedad
ya que engloba a un g an núme o de esc i o es y ob as con dis in as ideologías y o mas
de concebi la esc i u a, a lo que hay que suma su discu ido o igen y du ación,
pe o en gene al ma cado li e a iamen e po un deseo de no edad que lle ó a la
expe imen ación o mal en el géne o na a i o y ilosó icamen e po el desa ollo de
una conciencia pesimis a p oceden e del exis encialismo, que se mani es ó no solo en el
ámbi o li e a io sino en el de las demás p oducciones a ís icas.
En el posmode nismo li e a io se incluyen una se ie de ob as esc i as y
publicadas en e las décadas de los años 60 y los 80 del siglo XX, muy a iadas en sus
emas, es uc u as y es ilos pe o con las comunes ca ac e ís icas de p e ende se
expe imen ales y angua dis as en la o ma, donde se e leja sob e odo el
agmen a ismo o mal que se co espondía con el pensamien o de la época.
En e ec o, los esc i o es posmode nis as enían la imp esión de que odo es aba
ya in en ado en la no ela, e incluso ol ie on a cues iona se qué e a lo especí icamen e
li e a io, po lo que in en a on una nue a ía c ea i a en la que enían un papel
p imo dial la me a ex ualidad y la me a icción.
Po an o, muchas de las no elas de es e pe íodo se de enían en la gas
e lexiones sob e la esc i u a de las mismas y sob e las mo i aciones del p opio au o
30
A es e espec o, pensaba que en muchos casos la no ela social que se esc ibía en la época había llegado
a se me o cos umb ismo. Y ampoco gus aba del ealismo mágico an p esen e en las no elas del boom
hispanoame icano.
35
pa a su c eación. En muchos casos, es e u o as pe sonas eales apa ecen como
pe sonajes de las no elas (ocu e ambién en el caso de Espinosa, como e emos). O as
eces, en cambio, se p e ende enmasca a al au o en bene icio del na ado ,
conside ado como pe sonaje que cuen a la his o ia de o ma au ónoma. Incluso en
muchos casos se iende a hace lo desapa ece pa a da la imp esión de que los
pe sonajes i en la ealidad en oda su c udeza, una ealidad que sucede al ma gen de
ellos mismos y que solo pueden obse a impo en es casi sin posibilidad de ac uación.
Se a a, po consiguien e, de un ealismo muy di e en e al de la no ela ealis a del XIX,
donde un na ado omniscien e con aba minuciosamen e los hechos a la pa que se
aden aba en el subconscien e de los pe sonajes pa a des ela nos sus más ín imos
pensamien os, sen imien os y deseos.
De es e pesimismo po la ya imposibilidad de lo o iginal, e lejo de la desilusión
exis encial de la época (mo i ada po el desengaño p o ocado, en e o as azones, po
la e idencia de que los a ances cien í icos no han con ibuido a mejo a al homb e, sino
a odo lo con a io, lo que de i ó en la pé dida de lo espi i ual, incluso has a llega a la
negación de la exis encia de Dios), p o iene la g an ca ga de in e ex ualidad p esen e
en es as ob as, y ambién la uel a a la His o ia como inspi ación pa a los emas y
a gumen os ( a ados la mayo ía de las eces en o ma de pa odia) de muchas de las
no elas de es e pe íodo, ya que en un mundo an de uel a de odo, lo acon ecido
ealmen e e a la única o ma segu a de hace in eligible una ob a pa a el lec o .
Es uc u almen e es o se mues a, como hemos dicho, en un agmen a ismo que
se conc e a en la esc i u a, en e o os, de los siguien es modos:
a) Como exp esión de la inde e minación de la ida son muy ecuen es las ob as
abie as. El p opio Miguel Espinosa a i maba que Escuela de manda ines e a
“una ob a abie a, como la ida misma”.
b) Aunque ya desde siglos an es, especialmen e desde la i upción del Quijo e, la
no ela ha sido el géne o con más libe ad de composición, es en el siglo XX
cuando se gene aliza el de umbe gené ico y p edomina la hib idación de
géne os.
36
c) A lo an e io se une una ue e ca ga de pa a ex ualidad. Nunca an es las ob as
habían con enido an os elemen os es uc u ales ajenos a la ob a en sí: í ulos,
sub í ulos, no as explica i as, e c.
d) La p esencia de di e en es pun os de is a na a i os, o, en su lado opues o, el
in en o de hace desapa ece al na ado . Es muy ecuen e el monólogo.
e) Las di e encias emá icas es án muy ma cadas. A di e encia de las no elas
an e io es al siglo XX, aho a se suelen di e si ica los emas: no ela policiaca,
no ela neg a, no ela his ó ica, no ela social, de ciencia icción, e c.
) En elación con las co ien es ilosó icas e ideológicas de la época que hemos
mencionado las ob as mues an un g an pesimismo que muchas eces se exp esa
con un humo desilusionado que a o ece la pa odia
31
como o ma de
in e ex ualidad.
Un cla o ejemplo donde se ecogen muchos de los asgos mencionados,
especialmen e el discu so pa ódico p opio de la in e ex ualidad posmode na, lo
enemos en la no ela El nomb e de la osa (1980), donde Umbe o Eco hace
conscien emen e una mezcolanza de eesc i u as de his o ias p oceden es de la
li e a u a (A hu Conan Doyle, Bo ges, Joyce, Thomas Mann, T.S. Elio , e c) y de la
his o ia (c ónicas medie ales y es imonios eligiosos).
También es una no ela emblemá ica Rayuela (1963), de Julio Co áza , donde,
además de p esen a nos un modo na a i o o almen e nue o donde el papel
undamen al lo iene el lec o , que incluso puede elegi el modo de lee la ob a, es a es á
plagada de elemen os in e ex uales an o li e a ios (ci as ex uales de au o es y ob as
de a ias épocas) como de pin u as, ob as musicales, e c. Y es o sin menoscabo de
p esen a nos una his o ia magis almen e abada, cuyo ema p incipal es el más
uni e sal en la his o ia de la li e a u a, el del amo .
En lo que espec a a España, al igual que en el es o de Eu opa el quehace
li e a io es u o ma cado po la expe imen ación o mal y el plano ideológico po el
pesimismo p opio de la época, a lo que hubo que suma las especiales ci cuns ancias
31
Debemos eco da que la pa odia ha con ibuido decisi amen e a la e olución de la no ela al pa i de
la olun ad de des ucción o bu la de o mas no elís icas an e io es. Baj ín la e como la o a ca a de
géne os conside ados mayo es o canónicos. Toda g an ob a en la his o ia de la li e a u a suele iene su
e sión pa ódica.
37
polí icas y sociales po las que a a esaba el país como consecuencia de la posgue a y
de la la ga dic adu a pos e io . Po an o, emá icamen e p edominó la no ela social.
Debemos hace un inciso aquí pa a des aca la decisi a in luencia de O ega y
Gasse con su amoso ensayo “La deshumanización del a e” en los esc i o es de la
época
32
. O ega, en e o as conside aciones sob e el a e en gene al, decía que el a e
mode no e a muchas eces denos ado po se inin eligible pa a muchos, y es o po que
es aba “deshumanizado”, no en el sen ido peyo a i o de i en con a del homb e, sino de
que mos aba la ob a en sí misma, con odas sus posibilidades exp esi as, no
p incipalmen e como mani es ación de la psicología o del es ado anímico de su au o
pa a se i de ca a sis al lec o . Es como si el esc i o (o cualquie o o a is a mode no)
oma a dis ancia pa a e la ealidad desde ue a con el in de plasma la obje i amen e
con odos sus ma ices, en o ma de a e.
No podemos de ene nos aquí a examina a ondo la his o ia de la li e a u a
española de es e la go pe íodo del siglo XX, ya que ue on a ias las gene aciones de
magní icos esc i o es que con i ie on y publica on sus ob as du an e el la go ciclo en el
que Miguel Espinosa ges ó y publicó las suyas.
Así, en gene al (ya e emos más adelan e, cuando es udiemos Escuela de
manda ines, que hay algunas excepciones) den o del ealismo ca ac e ís ico de la
na a i a española bas e eco da que du an e an as a e apa se publicaban ob as, en e
o os, de Delibes, Cela y To en e Balles e , incluidos gene almen e po la c í ica en el
Realismo C í ico de la posgue a, au o es que e oluciona on en su concepción de la
no ela con el paso del iempo. En los años siguien es, se desa olla la no ela
exis encialis a de Ca men La o e (Nada, 1944) y Cela (La colmena, Buenos Ai es,
1951, España, 1955), que de i ó en la llamada no ela social, que lle an a cabo los
au o es de la llamada gene ación del 50, en e o os Juan Ga cía Ho elano, los
he manos Juan y Luis Goy isolo, Ra ael Sánchez Fe losio, Juan Ma sé, Ca men Ma ín
Gai e, Al onso G osso, Jesús López Pacheco y An onio Fe es.
32
Aunque el ensayo es de 1925, y a aba p incipalmen e de escla ece las ca ac e ís icas del a e
mode no más bien en las a es plás icas, sob e odo en la pin u a, u o mucho p edicamen o ambién en e
los esc i o es pos e io es, que se eían e lejados y co obo ados po las ideas de O ega.

38
Y po úl imo, hacia los años 70, se p oduce un acusado deseo de no edad en la
o ma de esc i u a: la no ela de eno ación o mal o, en e minología de Gonzalo
Sobejano, es uc u al, que se inaugu a con Tiempo de silencio, de Luis Ma ín San os,
en 1961, y que cuen a con au o es an ep esen a i os y de índole an di e sa como Juan
Goy isolo, Juan Bene , Edua do Mendoza o Félix de Azúa en e o os, y a la que se
adsc ibie on ambién algunos de los au o es an es mencionados
33
.
A pesa de las di e encias gene acionales y de es ilo, ideológicamen e odos los
esc i o es compa ían una isión nega i a de la his o ia y de la sociedad que les había
ocado i i . Su o igen ue la Gue a Ci il con las consecuencias ma e iales y ísicas,
pe o p incipalmen e psicológicas, que ocasionó. A es a le siguió el is e pe íodo de
posgue a y la la ga dic adu a pos e io , que se e leja on li e a iamen e p ime o a ni el
indi idual, median e pe sonajes soli a ios y pe didos en el sinsen ido de su ealidad y
más adelan e plasmadas en la sociedad, po lo que es os emas ecu en es son
exp esados de di e en es modos en ob as an dispa es como La amilia de Pascual
Dua e (1942), que inaugu a el llamado emendismo po la c ueldad de la his o ia, El
camino (1950), de co e más in imis a, La Colmena (1955), que nos mues a un e a o
í ido de la sociedad de la época, El Ja ama (1955), ejemplo de obje i ismo
neo ealis a, donde no se ad ie e en ningún momen o la igu a del na ado , En e
isillos (1957), mues a ealis a de los compo amien os acep ados mo almen e en la
época o El mis e io de la c ip a emb ujada (1978), en o ma de pa odia del géne o
policíaco.
Como ya hemos dejado en e e , los p o agonis as de es as no elas son
pe sonajes op imidos, iolen os o indecisos, desilusionados an e la impo encia de no
pode hace en e a una ealidad que se les impone o po los usos sociales que
cons eñían su libe ad, sob e odo la de las muje es. Según Sobejano
34
exp esan, en
esumen, el sen ido de aislamien o y de andadu a incie a del homb e en cualquie
33
Además de es os no elis as se nos quedan en el in e o o os esc i o es de es e ecundo pe íodo que
publica on en España, y sob e odo no podemos ol ida nos de los que u ie on que exilia se o zosamen e
po mo i os ideológicos, como Ramón J. Sende o Max Aub.
34
Gonzalo Sobejano: La no ela española con empo ánea: 1940-1995. Doce es udios. Mad id,
Ma enos um, 2003.
39
iempo y luga pe o con ando con las ci cuns ancias españolas. O, como decía Machado,
los uni e sales del sen imien o.
Uno de los asgos es uc u ales dis in i os más ca ac e ís icos de la no ela pa a
exp esa li e a iamen e la ealidad española a pa i de los años 70 es la discon inuidad o
agmen a ismo
35
, es deci , una o ma de exp esión no lineal an o en el iempo como en
el espacio, cuyos ejemplos más sob esalien es se ían, en e o as de algunos de los
au o es ya mencionados, las no elas Pa ábola del náu ago, de Delibes y San Camilo
1936, de Cela, ambas publicadas en 1969 y, en su o ma más ex ema, Una medi ación,
de Juan Bene , de 1970.
Po su impo ancia a ni el mundial (ya nos hemos e e ido a ello más a iba)
pe o, sob e odo, po la in luencia que eje ció en nues a la li e a u a nacional, debemos
ene en cuen a ambién po es as mismas echas el auge de lo que se ha llamado el
boom de la no ela hispanoame icana, que se inició con Rayuela, de Julio Co áza ,
publicada en 1963, pa a con inua con el ealismo mágico de au o es como Ga cía
Má quez, Juan Rul o o Va gas Llosa; a los que siguie on o os no elis as asimismo
undamen ales como José Donoso
36
, Guille mo Cab e a In an e, Juan Ca los One i,
Oc a io Paz o Manuel Puig.
Como hemos dicho, el esc i o Miguel Espinosa a a esó odo el pe íodo
posmode nis a; en conc e o, si a endemos c onológicamen e a su gene ación li e a ia,
es a ía incluido en e los pe iodos de la no ela social que se esc ibía en los 50 y de
eno ación o mal de los 70 y, aunque como homb e de su época espi ó el ambien e
p opio del exis encialismo eu opeo y compa ió odas las p eocupaciones de sus
con empo áneos, debemos des aca algunas de las pa icula idades que hacen de él un
au o dis in o y o iginal. Más adelan e, al analiza su ob a, las e emos e lejadas de
o ma más conc e a.
En cuan o a los emas, lógicamen e pa icipa de la p o es a y la lucha de los
esc i o es de su gene ación con a la dic adu a anquis a (cla o ejemplo lo enemos en
35
Aunque no dé una apa iencia de con inuidad en la esc i u a po los espacios en blanco o la al a de
pun uación.
36
Den o de los ac os comp endidos en el Te ce Ciclo de Li e a u a Hispánica, o ganizado po la
Uni e sidad de Mu cia desde no iemb e del 79 a mayo del 80, bajo el í ulo gene al de “Humanismo y
eno ación o mal en la Li e a u a Española e Hispanoame icana de los años se en a”, donde se es udió la
ob a de los au o es des acados de la época, la sesión inal, el ca o ce de mayo, bajo el í ulo “Las úl imas
palab as de la ibu”, es u o dedicada a las ob as de José Donoso y Miguel Espinosa.
40
Escuela de manda ines, como más adelan e e emos) y sus consecuencias económicas,
sociales y psicológicas. Pe o, decididamen e, le p eocupa más pone al descubie o las
ca ac e ís icas y el compo amien o de una pa e de la sociedad española que su gió del
boom económico de la e apa del a do anquismo; es deci , p e ende e a a a la
colec i idad española en su p esen e, como se es aba haciendo en la no ela social, lo
que hizo de o ma más in encionada y explíci a en unas ob as que en o as, y así, po
ejemplo, es e ema se p esen a de o ma más e iden e en La ea bu guesía y en
T íbada, como e emos, que en Asklepios o Escuela de manda ines.
Él mismo, en una en e is a que concedió al pe iódico Pueblo el 12 de ma zo de
1975, poco después de su publicación, e i iéndose a Escuela de manda ines la
ca ac e izó como una no ela “de una sociedad o de una ci ilización eal e imaginada a
un iempo. Aquí el p o agonis a es la sociedad; se a a, pues, de un p o agonis a
colec i o”.
Hay que añadi en es e sen ido, y es undamen al en su pensamien o y en su
ob a, que Miguel Espinosa ahonda más en o os o ígenes, no solo sociales y polí icos,
pa a explica cie os hechos y cie os compo amien os humanos, po lo que sin duda
asciende la no ela social pa a con e i la en sá i a uni e sal de los compo amien os
humanos, lo que consigue median e la “sublimación es é ica que gene a el lenguaje”, en
palab as suyas ecogidas en la misma en e is a a la que aludíamos más a iba. Más
adelan e nos de end emos un poco más en es e aspec o.
A di e encia de sus con empo áneos, pues, abandona la obje i idad que p e ende
la no ela social y se implica en la esc i u a: oma pa ido, se nomb a a sí mismo y a
o os, an o amigos como enemigos. La me a icción es an ca ac e ís ica de las no elas
de Miguel Espinosa que apa ecen en ellas como pe sonajes li e a ios g an can idad de
pe sonas eales (muchos nomb ados con sus apodos), además de algunos luga es
geog á icos conc e os.
Aun en el caso de algunas de sus úl imas ob as publicadas, sob e odo en
T íbada, donde ap eciamos ya un es ilo di e en e y una écnica na a i a dis in a a la de
sus no elas an e io es (con di e sos pun os de is a na a i os y donde puede e se el
agmen a ismo ca ac e ís ico de la no ela posmode na), él siemp e se mues a y se
41
nomb a en su ob a
37
, aspec o és e que lo di e encia de la co ien e posmode nis a en
igo donde, como hemos dicho, en muchos casos desapa ece la igu a del au o , e
incluso la del na ado , en a as de la p e endida obje i idad.
O os asgos es uc u ales comunes en e la li e a u a de Miguel Espinosa y la
de su e apa son ambién las ob as que quedan abie as en su inal, y la hib idación de
géne os (p ocedimien o es e que, po o a pa e, ya en España e a u ilizado desde la
no edad que supuso Ce an es pa a la no ela), jun o con la p esencia de nume osos
ejemplos de pa a ex ualidad: p ólogos, epílogos, índices de pe sonajes, no as y
dedica o ias p esen es en odas sus no elas.
Ya e emos más adelan e la concepción que Miguel Espinosa enía de la no ela
como géne o; aquí solo p e endemos pone lo en elación con las que se publicaban en
su época.
Va ios c í icos
38
han esal ado ya la esonancia de los clásicos de los Siglos de
O o en la no elís ica de Miguel Espinosa, sob e odo en su e ien e ba oca. En e ec o,
aunque podemos conside a que el amo de Espinosa po los clásicos g iegos y la inos
cons i uye uno de los asgos áu eos en nues o esc i o , se mues a de o ma más
e iden e una pe cepción ba oca del mundo que se e leja en la esc i u a con un
lenguaje ambién ba oco (o mejo , neoba oco) donde, en con as e con la obje i idad
del habla común que u iliza la no ela social (El Ja ama de Sánchez Fe losio se ía,
como ya hemos dicho, el ejemplo máximo de obje i idad) y con un es ilo sob io, con
o aciones co as y o undas, como emos po ejemplo en Señas de iden idad, de Juan
Goy isolo, donde además el uso de la segunda pe sona na a i a si e como un espejo
donde el lec o pe cibe la ealidad del pe sonaje, Miguel Espinosa emplea un lenguaje
ex emado, exube an e (ba oquizan e), con una sin axis compleja de pe íodos la gos, y
un ocabula io ambién muy p o uso en el que con i en es uc u as sin ác icas ya
p ác icamen e en desuso o madas po un léxico lleno de cul ismos con muchísimos
37
Desde el año 1977, se iene empleando el neologismo “au o icción”, c eado po Doub os ky pa a
señala el ca ác e de su no ela Hijos, pa a e e i se a es a endencia me a ic i a de in eg a el yo del
au o en sus p opias ob as, pe o hay que eco da que es e hace se p esen e el au o en sus no elas, an o
como pe sonaje ac an e como e e ido, ampoco es nue o en la no ela, ya que Ce an es ya se mencionó
a sí mismo en su ob a y más a de Galdós y Miguel de Unamuno, que inició sus “ni olas” in e iniendo
como pe sonaje en Niebla.
38
En e o os Pablo Gil Casado, Ra ael Con e o Ca men Escude o Ma ínez, que ha es udiado
especí icamen e el ce an ismo p esen e en las no elas de Espinosa.
48
de conoce a Azenaia Pa zenós
52
, encuen o decisi o pa a él po que con ella a a pode
empeza a i i aco de, si no con su iempo, sí con su e dade a ocación.
El ma co espacial lógico es G ecia, incluidas sus islas y colonias, desde los
siglos legenda ios de Teseo has a la época c is iana de Cons an ino.
En cuan o a su es uc u a, la ob a comienza con a ios agmen os pa a ex uales:
un epíg a e con una ci a de Pla ón y un poema seguidos de un p ólogo y una
in oducción, más una lis a de pe sonajes. A con inuación ienen los 25 capí ulos que
con o man el cue po de la ob a, cada uno con un í ulo, en los que, después de eo iza
sob e las dis in as e apas de la ida de un homb e
53
a e ocando hechos, emociones y
sen imien os ( i encias) de su p opia ida de exiliado en un iempo y una cul u a
ex añas pa a un g iego.
La ob a e mina (si se puede deci así, ya que en ealidad es una ob a abie a
po que el ela o, es deci , la ida del pe sonaje, no ha llegado a un in conc e o) con un
epílogo di idido en es pa es, las dos p ime as de 1970 y la úl ima, un poema en p osa
dedicado a su mad e as su allecimien o, esc i a en 1972
54
. Es a pa e ompe el ono en
el que e mina el lib o, ya que sus ci cuns ancias i ales han cambiado d ás icamen e en
esos años: es á sepa ado de las dos muje es a las que más quiso, ya que se ha
dis anciado de Me cedes-Azenaia y ha mue o su mad e. Re lexiona en onces lleno de
melancolía sob e la His o ia y sob e la mue e y se sien e de ini i amen e exiliado.
A lo la go de odas las e apas i ales del p o agonis a: in ancia, adolescencia y
ju en ud, Espinosa jus i ica o explica sus ideas poniendo ejemplos de au o idad de
ilóso os, polí icos, iaje os, a is as, esc i o es e his o iado es g iegos. Así, apa ecen
52
Azenaia Pa zenós, como dijimos, es asun o de Me cedes Rod íguez Ga cía, musa y lega a ia (jun o al
hijo del au o , Juan Espinosa A e o) de oda la ob a de Miguel Espinosa. La conoció siendo ella
es udian e de Químicas, y él un incipien e esc i o , en el Ca é San os de Mu cia, y desde en onces has a su
mue e la hizo pa ícipe de odos los acon ecimien os de su ida y c í ica iel y obje i a de su ob a. A ella
a dedicada la p ác ica o alidad de sus lib os. En e ambos hubo una co espondencia asidua du an e oda
su ida. En una emocionan e ca a del 3 de ene o de 1970, Miguel Espinosa deja cla a su in ención: “He
que ido, en una la ga y pacien e ob a, ans o ma e obje i idad, a ancándo e de la biog a ía, pa a que los
homb es e conozcan como una o ma de la Tie a. He sido obje ado po ello, como bien conoces.
Empe o, si es e lib o ale, ú ald ás an o como él”. I á po an o apa eciendo como pe sonaje de una u
o a o ma en odas las ob as de Miguel Espinosa.
53
No ol idemos, pa a en ende es a pa e más “ eó ica” de la ob a, que Espinosa comenzó como ensayis a
aunque, como él mismo con esó, se pasó al A e pa a pode exp esa con más ealidad sus ideas y
sen imien os, y que es e es su p ime lib o de icción.
54
Po exp eso deseo de Miguel Espinosa, es e lib o se publicó pós umamen e, aunque ue a el p ime o en
ges a se.

49
nomb ados en la ob a 242 g iegos, an o eales (un cen ena ) como apóc i os
55
, de en e
los cuales los más ci ados son Home o y Pla ón.
En elación con las in luencias g iegas, uen es de la in e ex ualidad p esen e
en la ob a, es á cla o que Miguel Espinosa hab ía manejado pa a documen a se a ados
especializados (sob e geog a ía e his o ia, mi ología o iloso ía), muchos en sus
o iginales g iegos.
José Sánchez Sanz
56
menciona en e los his o iado es y bióg a os a los que
acudió Espinosa a Jeno on e con la Anábasis; a Diógenes Lae cio con Vidas de ilóso os
o a Heca eo De Mile o y Helánico de Mi ilene, logóg a os. Pe o lógicamen e ha leído
más a los ilóso os y poe as; sob e odo hay muchas e e encias de La Ilíada, de la que
encon a emos agmen os casi li e ales. Y pa a los pasajes elacionados con los dioses
se ha se ido sob e odo de la Vida de Teseo, de Plu a co. También, aunque no apa ece
de o ma li e al, se u iliza como uen e a He ódo o, conc e amen e como geóg a o, en
episodios como el del iaje que el p o agonis a ealiza con Dacón a los con ines de
Asia Meno .
57
Y aunque es cie o que algunos expe os en la an igüedad clásica han ad e ido
e o es c onológicos y de con enido en a ias ci as, José Ga cía López, helenis a
58
,
des aca lo bien que nues o au o ha in uido y exp esado las ca ac e ís icas de la
helenidad, sob e odo en los aspec os más impo an es pa a los g iegos: el o den del
uni e so (cosmos), la di inidad y la piedad (eusébeia), el alo del homb e y de odo lo
humano (án h ópos) y, en elación con él, el a e del desnudo (gymnós) y el exilio como
máximo cas igo (phygé).
Solo expond emos algunos de los asgos helénicos más explíci os de la ob a,
ejempli icando el p ocedimien o in e ex ual u ilizado po Espinosa.
El ema del o den del Cosmos y su mis e io, y muy elacionado con es e, el de la
Na u aleza, es á p esen e como ondo a lo la go del lib o. Solo des acamos algunos
ejemplos:
55
Cuando se e ie e a un pe sonaje in en ado lo menciona empleando el sin agma: “un al, “un cie o”…;
pa a dis ingui lo de una pe sona eal.
56
Sánchez Sanz, José: “Los g iegos de Miguel Espinosa”, en Miguel Espinosa. Cong eso, Al agua a,
Mad id, 1994, p. 627.
57
Asklepios, el úl imo g iego, capí ulo IV: “No edad, ex ensión y mis e io del mundo”, p.46.
58
Ga cía López José: “G ecia como p e ex o en Miguel Espinosa: Asklepios”, en Miguel Espinosa.
Cong eso, Al agua a, Mad id, 1994, p. 440.
50
Muchos homb es, en e ellos Pla ón, […] pe geña on mundos sin dine o, sin
Pode , sin libe ad, sin cie as pasiones, e, incluso, sin necios, mal ados y
anidosos. Pe o nadie concibió jamás un mundo sin sol, sin mon añas, sin campos,
sin llu ia y sin paisaje, lo cual iene su azón en el hecho de que el homb e no es
o a cosa que una pa cela de la g an ex ensión y p esencia del uni e so, y, po
an o, no puede exis i sino en elación con ellas.
59
El uni e so es ambién mo i o de inspi ación pa a los poe as:
El poe a es una compa ecencia expec an e, que e el uni e so como una
con inuidad i a, y su ob a, la exp esión del conocimien o de lo pa icula de esa
con inuidad. Las musas no soplan palab as al oído; más bien ob an disponiendo
nues a in e io idad hacia las cosas y hechos. Ac úan desde den o, como los
demiu gos; son nues a complexión
60
A eces mues a su Amo po la Na u aleza e i iéndose a hechos na u ales
e e idos a o os se es, como aquí a los animales:
[…] pod emos de ini la i eza de la ca ne como la conco de adecuación en e
P esencia y Mani es ación
61
de las cosas. En cada especie animal hay un modelo de
es a adecuación; posee i eza es enca na ese modelo, lo cual equi ale a ene en
o ma odas las acul ades diseñadas pa a el caso: ino oído, su il ol a o y ágiles
pie nas en la gacela; is a bonísima, sua e plumaje y uelo silencioso en la lechuza
y el búho, que cazan de noche; ápidas zancas y an ás ica ue za en el a es uz;
o ejas p on as al uido, agudos dien es y ex ao dina ia lexibilidad en el ga o y
o os elinos, e cé e a.
62
Pe o pa a él, la na u aleza po an onomasia es la na u aleza humana, po lo que
deja e su libido pe sonae: “Desde siemp e he sen ido i emediable e nu a po los
niños y las muje es, se es absolu amen e pu os e inocen es”
63
. Y de es e amo po la
inocencia, que luego c is aliza á en Escuela de manda ines, se desp ende lo con a io:
su a e sión hacia lo p emedi ado y eglado, lo con a io de la inocencia y del gozo de
exis i . Y aquí, en un gi o de explíci a in e ex ualidad que lo saca de sus e ocaciones de
59
Asklepios, capí ulo IX: “Expec ación”, p. 83.
60
Ibíd., p. 85.
61
Es muy signi ica i a la p esencia de las mayúsculas en la esc i u a de Espinosa. Además de los
nomb es p opios, las u iliza sob e odo pa a pa icula iza y ealza algunos concep os, po lo que las
emplea gene almen e con sus an i os abs ac os, como en es e caso, o con adje i os nominalizados, como
end emos ocasión de e .
62
Asklepios, capí ulo VIII: “Vi eza de la ca ne”, p.75.
63
Ibíd., XVIII: “Amo de e ido”, pp. 159-160.
51
adolescen e g iego, expone como con as e su isión pe sonal del cuad o El en ie o del
Conde de O gaz, con desc ipciones como es a:
Ca as pálidas e iluminadas po un es e o in e io , sob e igo osos escena ios
de somb as; ojos de hidalgos y de san os, abie os de pa en pa a la luz in isible de
una co e ánea sabidu ía de la mue e; manos sob e el pecho, en ademán de ce a el
co azón a la Na u aleza y a la ida; en es igu osas, ele adas has a hace la cabeza
ala gada y más digna que el es o de la igu a; labios ap e ados pa a disciplina
cualquie agilidad cando osa del ges o; exceso de esquele o y odio a la o ma;
cons ancia del sen i de desa ollo y pe ecimien o de la c ia u a; desp ecio del
homb e y de oda apa iencia; agonía pe pe ua sin compañía de paisaje; cla oscu os
y ayi os de luz he ida, que p oyec an el pol o de la mise ia y la incapacidad sob e
el e ciopelo de un pecho odo apa en e medi ación; paños neg os y es é ica del
esponso; abs acción, e e na abs acción…
64
Como ya hemos mencionado más a iba, se ha elacionado es e in e és que po
G ecia y po la Na u aleza mues a Miguel Espinosa en Asklepios con el Hype ión de
Hölde lin, aunque ni siquie a sepamos con segu idad si Miguel Espinosa conocía la
ob a del esc i o alemán.
La p esencia de la eusébeia g iega, es deci , el in e és po la di inidad y la
piedad, se mani ies a a lo la go de odo el lib o y, como ya ha quedado dicho y
e oma emos más adelan e, se á ecu en e en oda la ob a de Espinosa. Es e agmen o
pod ía esumi ní idamen e las azones del au o espec o a lo eligioso: “No obs an e
mi sue e, jamás c iminé a la Di inidad ni se me ocu ió nega su exis encia. La
i e e encia, la impiedad y el a eísmo son imp opios de un homb e sensa o, mien as el
mundo sea mis e io.”
65
En e las e lexiones que Asklepios hace al comienzo de cada capí ulo,
des acamos es a, donde Miguel Espinosa hace una cla a exposición y c í ica de las ideas
de la posmode nidad, an o en sus e ien es exis encialis as como ma e ialis as. Es a
isión es con a ia a la expec ación na u al po el mis e io de odo lo c eado, que pa a
él su ge en la adolescencia.
Muchos c is ianos, u homb es con igu ados al modo c is iano, que son odos los
mode nos
66
, sin posibilidad de excepción, han pe dido la espe anza ascenden e
64
Ibíd., XVIII: “Amo de e ido”, p. 160.
65
Ibíd., In oducción: El des e ado, p. 21.
66
Aquí pa icipa de la idea de O ega y Gasse de que la mode nidad comenzó con el descub imien o de
la in e io idad del homb e, a pa i del c is ianismo.
52
(“Dios ha mue o”) y como, po na u aleza, ca ecen de expec ación (lo con a io al
nihilismo), pues o que no son niños ni g iegos, se han encon ado acíos de
Na u aleza y de e, llegando a iloso a sob e el absu do de halla se en el mundo
como se es no na u ales ni sup ana u ales, o ol iéndose abiosos mecanicis as o
ma e ialis as. Es o se llama desespe anza me a ísica. O os, ue a ya de los ilóso os
y e lexi os, han in en ado acaecimien os mundanos donde si ua la espe anza,
poniendo el ánimo en la ilusión de alcanza es e o aquel pode , hono , g ado, g a e
apa iencia, í ulo o dignidad. Es o se llama espe anza e e ida, el más is e de los
sucedáneos de la expec ación na u al y de la espe anza me a ísica.
67
En elación con lo dicho es á el alo del homb e y de odo lo humano. Espinosa,
con un en oque ilosó ico- acionalis a con as a la a monía, el a e y la azón de la
G ecia clásica con la ba ba ie de la ac ualidad. Así, llega a deci ex ualmen e: “en un
g iego, po exiliado que se encuen e, la azón es el ca ác e .”
68
Es a conside ación de la azón humana es á es echamen e elacionada con el
amo po la Na u aleza, como ya apun amos más a iba. En es a idea Espinosa
compa ía los pos ulados de Spinoza en su É ica: pa a el ilóso o holandés de o igen
judío el se del homb e se conse a i iendo bajo el dominio de la Razón, lo que
conlle a el ob a po i ud, es deci , domina las pasiones has a alcanza los sabe es
supe io es, con la inalidad de goza de una ida aco de con el o den de la Na u aleza
69
.
Es a se ía la u ilidad del homb e.
Muy elacionado con es a alo ación del homb e es á el a e g iego del desnudo:
El a e g iego es la asunción y glo i icación del mundo a a és del
desnudo.¡Qué i anes los g iegos! F en e a la glo ia de i desnudo, in en ada po
G ecia, el G eco pin ó la mise ia de i es ido con ca ne y apos pa a la umba,
como si el esquele o ue a el e dade o se del homb e; y nues o iempo, la mise ia
de i en cue os” − azonaba la pe sona po cuyos ojos he is o la Hélade du an e
sie e años
70
.
Po úl imo, queda e lejado desde el comienzo del lib o que el exilio e a el
máximo cas igo pa a un g iego. En el caso de Asklepios el su imien o po el exilio es
67
Asklepios, IX: “Expec ación”, pp. 94-95.
68
Ibíd., XXII: “Compa ecencia de lo acional”, p. 190.
69
Pa a Spinoza, Na u aleza = Dios: En las conclusiones del lib o IV de la É ica desa olla es a idea:“Deus
si e Na u a”)
70
Asklepios, XXIV: “Emoción del desnudo”, p. 208.
Es pe inen e señala aquí la in e ex ualidad in e na que se mues a en la úl ima pa e de la ci a.
En el capí ulo XXIII: “F uición de pensa ”, apa ece una exp esión casi li e al, aunque la p eposición en le
apo e un sen ido dis in o, de inclusión: […] “la muje en cuyos ojos he is o la Hélade du an e sie e
años.” En ambos casos se e ie e a Azenaia Pa zenós, es deci , a Me cedes Rod íguez en la ida eal.
53
aún mayo si cabe, ya que, como hemos dicho, no solo es á des e ado de su espacio
na u al, la Hélade, sino ambién de su iempo.
Hemos is o has a aho a de o ma gene al los aspec os emá icos, lingüís icos y
li e a ios ca ac e ís icos de la ob a y sus e e encias in e ex uales más des acadas.
También hemos dicho que muchas (di íamos que p ác icamen e odas) ideas, emas y
mo i os del lib o apa ece án ecu en emen e en las demás ob as de Espinosa. Aho a
des aca emos algunos in e ex os más conc e os pa a con i ma nues a esis, que nos
ayuda án a comp ende mejo el es udio que ha emos más de enidamen e en la segunda
pa e de nues o abajo.
Como sucede á en las ob as pos e io es, apa ecen ya, den o de un lib o an
ilosó ico y poé ico como es e, a ias his o ias in e caladas en el desa ollo del núcleo
na a i o. Es el mismo Ce an es en la P ime a Pa e del Quijo e, conc e amen e en el
capí ulo XXVIII, an es de in e cala la his o ia de Ca denio y Do o ea, quien explicaba
ya los mo i os pa a la inse ción de es as his o ias:
[…] como ue el que e esuci a y ol e al mundo la ya pe dida y casi mue a
o den de la andan e caballe ía gozamos aho a en es a nues a edad, necesi ada de
aleg es en e enimien os, no solo de la dulzu a de su e dade a his o ia
71
, sino de
los cuen os y episodios de ella, que en pa e no son menos ag adables y a i iciosos
y e dade os que la misma his o ia.
72
Así, en Asklepios, el mismo pe sonaje p o agonis a hace un inciso en sus
e lexiones sob e su in ancia como exiliado pa a ela a nos una his o ia
73
que a su ez
a él le con ó “un al Nicos a os de Egina”, y que con iene una escena muy semejan e a
o a de la p ime a pa e del Quijo e en la que el cu a, el ba be o y Ca denio encuen an a
Do o ea es ida de homb e cuando se la aba los pies en un a oyo. Compa emos ambas
escenas:
71
Se e ie e a la p incipal, la p opia de Don Quijo e y Sancho.
72
Miguel de Ce an es: Don Quijo e de la Mancha. Edición conmemo a i a del IV Cen ena io de
Ce an es. Real Academia Española/Asociación de Academias de la Lengua Española, 2015. Siguiendo
siemp e es a edición, a pa i de aho a ci a emos la ob a como Quijo e I pa a la p ime a pa e de 1605, y
Quijo e II, pa a menciona la segunda de 1615, añadiendo los capí ulos en núme os omanos y las páginas
co espondien es. Así, la ci a co esponde a Quijo e I, XXVIII, p.274.
73
Asklepios, IX: “Expec ación”, pp. 86-87.

54
El mozo se qui ó la mon e a, y, sacudiendo la cabeza a una y o a pa e, se
comenza on a descoge y despa ci unos cabellos que pudie an los del sol ene les
en idia. Con es o conocie on que el que pa ecía lab ado e a muje , y delicada, y
aun la más he mosa que has a en onces los ojos de los dos habían is o, y aun los de
Ca denio si no hubie an mi ado y conocido a Luscinda.
74
Cuando Nicos a os de Egina, p e endidamen e, había subido a los mon es hoy
llamados U ales,
ensimismado, en aquel es ado en que el espí i u y el cue po se encuen an en
pe ec a conco dancia y con en o, descub ió un bípedo cubie o apenas con piel de
cab a. Nicos a os se le ace có cau eloso, y como aquel lo ad i ie a, dio un g i o
agudo y emenino […] En onces, el g iego pudo con empla una muje al que po
la ponde ada es a u a, el colo de la ca ne, la lozanía de las o mas, la inc eíble
sua idad de las líneas […] y la dignidad de la en e y el os o, no podía ene
semejan e en oda la G ecia y sus islas.
75
Como emos, ambas escenas se desa ollan en plena na u aleza, en ambas
apa ece un muchacho cubie o po unas oscas es idu as pa a no se econocido y,
inalmen e, en las dos escenas se des ela su sec e o y se ponde a hipe bólicamen e la
belleza de la muje .
Pe o, con odo, y sal ando las di e encias diegé icas, lo que llama más la
a ención es la semejanza en el lenguaje.
Además de es os ela os in e calados apa ecen ya o os modelos gené icos muy
ca os a nues o au o , como el epis ola , que luego emplea á p o usamen e en T íbada.
Theologiae ac a us. Así, enemos un ejemplo de co espondencia en e el p o agonis a,
Asklepios, y Neóbule
76
, median e la cual es a le hace pa ícipe al amigo de
acon ecimien os pe sonales, como la aleg ía po su ac ual emba azo, a la pa que ambos
comen an lo que es á sucediendo en la ac ualidad del ela o, po ejemplo, el a ance que
es aba expe imen ando el c is ianismo en Roma.
Vemos ambién ejemplos de in a ex ualidad casi li e ales. Dice Asklepios que
po encima de odos los éxi os y bienes a él le hubie a gus ado ecibi la sen encia que
oyó Sóc a es cuando, dis azado de mendigo y acompañado po o os a enienses,
p egun ó al O áculo de Apolo quién e a el más sabio de los g iegos y aquél espondió
74
Quijo e I, XXVII, pp. 275-276.
75
Ve no a 67.
76
Asklepios, XII: “Teso os escondidos”, pp. 118-120.
55
que él, Sóc a es. Es e episodio ha sido in oducido in e ex ualmen e po Espinosa
ambién en Escuela de manda ines, con el mismo sen ido aunque con a ian es: an o
aquí como en Escuela de manda ines quienes p onuncian las supues as palab as del
O áculo son pe sonajes emeninos, aunque en el p ime caso las palab as del O áculo
es án en boca de Azenaia y en Escuela de manda ines de un pe sonaje no humano, la
Es inge: “Yo, Azenaia, a los dioses, con ins ancia, suplicaba pasa con Asklepios mis
días, ida di e ida anscu iendo con es e homb e an e íme o, el úl imo y más
e dade o y cla o de los g iegos. Mas se ue, me dejó y se alejó p ime o.”
77
Es signi ica i o que es as palab as uel an a epe i se li e almen e al inal del
lib o
78
, an es del epílogo añadido años después, cuando, al poco a o de habe se
conocido, ya las p onuncia Azenaia,
O o mo i o ecu en e en las siguien es ob as de Espinosa, especialmen e en
Escuela de manda ines, es la in e ención de la igu a del demiu go como in e io idad y
ue za inspi ado a, que su ge en odo homb e a pa i de la adolescencia:
Al descub i el uni e so dis in o y di e so, el muchacho se descub e cosa
apa e; de la con inuada consciencia de es a di e enciación nace el demiu go, que
debe se de inido como pode de medi ación […]; solo al llega a la adolescencia
comenzamos a i i nues o des ino y a ad e i que nos habi a el espí i u, con oda
la aleg ía y el dolo de es e suceso.
79
Tenemos abundan es mues as ambién a lo la go del lib o de la in luencia
pla ónica en nues o au o . Veamos un ejemplo conc e o, donde es a se econoce
explíci amen e. Dise ando sob e la Belleza, cuen a lo que sin ió Alcibíades de Ti in o al
con empla po p ime a ez el cue po desnudo de su amada:
Co obo ando odas las esis pla ónicas, el mismo Alcibíades exclamaba en o a
ocasión: “Viendo el cue po de Climene, así desuncido de oda opa y cos umb es,
como ecién enido del o igen, he sen ido llega a mi conciencia el ecue do de una
expe iencia en o a pa e del uni e so. C eo, cie amen e, habe i ido el desnudo
de mi amada en la egión de las ideas.
80
77
Ibíd., XXIII: “F uición de pensa ”, p. 198.
78
En es e capí ulo inal, “Amo e e ido” (pp. 223-225), Miguel Espinosa na a de o ma bellísima su
encuen o con Azenaia, asun o del suyo eal con Me cedes Rod íguez.
79
Ibíd., XV: “Descub imien o de la in e io idad”, pp. 139-140.
80
Ibíd., XXIV: “Emoción del desnudo”, p.214.
56
Po úl imo, des acamos que odo es e compendio na a i o, ilosó ico y poé ico
que es Asklepios es á u ado del ino humo (a eces i ónico, muchas eces ama go)
del que da á mues as nues o au o a lo la go de oda su ob a.
Tenemos muchos ejemplos en el lib o en es e sen ido, pe o es muy signi ica i o
el episodio sucedido du an e la adolescencia de Asklepios, cuando es á en la escuela,
ensimismado (“Sen ado an e los lib os, en los bancos del colegio, sen ía ausencias o
ensimismamien os epen inos. E an la llamada de la G ecia, que ap aba mi ánimo con
i emediable a alidad”)
81
y el maes o le llama la a ención a ias eces lanzándole
obje os escola es, has a que po in acaba expulsándolo de clase.
Vemos o a mues a cla a de la i onía espinosiana cuando, en la ca a a Neóbule
an es mencionada, al e e i se a los c is ianos, dice que “al pa ece , un c is iano jamás
pod á saca la espada ni explo a o o u a a homb e alguno, como demos a á la
His o ia”
82
.
Hemos c eído necesa io de ene nos algo más en el a amien o de es a ob a en
p ime luga po su calidad li e a ia; pe o undamen almen e po la misma índole de
nues o abajo, ya que, al se la p ime a que comenzó a esc ibi Miguel Espinosa y
debido al hecho de que no ue publicada has a después de su mue e, con iene ya
p ác icamen e odas las ma cas in e ex uales y los p incipales emas que e emos luego
en la segunda pa e de es e abajo, al es udia más de enidamen e la in e ex ualidad en
Escuela de manda ines y T íbada. Theologiae ac a us.
81
Ibíd., XV: “Descub imien o de la in e io idad”, pp. 140.142.
82
Ibíd., XII: “Teso os escondidos”, p.119.
57
2.3.2. La ea bu guesía. El se como os en ación
Repudio las icciones y sus consecuencias, siéndome
ajena, po consiguien e, la conciencia de cas a o
supe io idad.
Asklepios, el úl imo g iego
Como hemos dicho más a iba, ya desde sus p ime as ob as ap eciamos la
cohe encia que a a ca ac e iza oda la p oducción li e a ia de Miguel Espinosa, debida
p incipalmen e a la in e ex ualidad in e na o in a ex ualidad ca ac e ís ica en odas sus
no elas.
Así, La ea bu guesía, a pesa de se o almen e dis in a diegé icamen e a la
an e io en cuan o al ono, a la emá ica, al espacio y al iempo, ( ambién al eal, ya que
ue esc i a más de una década después de Asklepios), man iene muchas de las
ca ac e ís icas concep uales y de las p eocupaciones ilosó icas y eológicas inhe en es a
la concepción espinosiana del mundo y de la no ela, po eso muchos de los in e ex os
que apa ecen son comunes con aquella, aunque con mo i aciones y sen idos di e en es,
po lo que p oduce un esul ado li e a io bien dis in o.
Esc i a en los años en los que es aba a pun o de publica se Escuela de
manda ines, La ea bu guesía se si úa empo almen e (al menos al comienzo) en la
década de los años 50 del siglo pasado en la ciudad de Mu cia, aunque Espinosa no
puede apa a se de su amo po lo clásico y po ello la ob a se ab e con una ci a muy
signi ica i a que ya mues a cla amen e el ono y el con enido con los que nos amos a
encon a a con inuación, a la ez que nos pe mi e ap ecia los mo i os in e e
in a ex uales (en es e caso las e e encias e angélicas) p esen es en oda la ob a
espinosiana. La ci a se e ie e a la época omana del siglo I y en ella el au o p e ende
e leja , po sus mismas acciones, a algunos “bu gueses” de aquella época. El ex o
ín eg o de es a dedica o ia, en un p ocedimien o e i e a i o muy u ilizado po Espinosa,
a a epe i se li e almen e en el capí ulo 46, “El magní ica ”, penúl imo del lib o, en
labios es a ez de un pe sonaje, Clo ilde.
Aunque el ono gene al de la no ela, y sob e odo el lenguaje de la misma, nos
puedan pa ece más asequibles que en o as ob as del au o po es a la acción ubicada
64
dos homb es desde la in ancia, y cómo cambió su elación, has a ompe se inalmen e,
con o me ue ascendiendo el es a us socio-económico de la pa eja.
Mien as mi sala io igualó el de dos ob e os, mis elaciones con Lanosa ue on
pe ec as. Mi bolsa, empe o, eng osó al iempo que mi ap oximación a la cas a
gobe nan e; poco a poco ui en ando en la ac ualidad, inse ándome en el g emio
de los gozan es, y, casi sin no a lo, ine a comp ende que, en e a la ealidad que
yo palpaba co idianamen e, el Pode y el dine o, Lanosa esul aba un obje o de
b oma; demás que ni siquie a e a au o publicado. Sus dichos y ap eciaciones
empeza on a causa me abu ición, y su cons an e en usiasmo po la an igua G ecia
dio en empalaga me.
102
A pa i de aquí el pe sonaje de Lanosa apa ece á cons an emen e en la ob a, en
conc e o en los capí ulos 7, 11, 12, 15 y 23 de la segunda pa e del lib o, Clase Gozan e,
en elación con Camilo y Clo ilde.
Como es amos comp obando, la in e ex ualidad, an o in e na como ex e na, se
mani ies a cla amen e en la ob a de dis in as mane as. Hemos is o ambién a ios
ejemplos de la es echa elación en e la ida y la ob a de Miguel Espinosa, que se
e leja de o ma muy e iden e en la ans o mación en pe sonajes li e a ios de pe sonas
eales con empo áneas muy allegadas al au o , o en asun os de las mismas dis azados
con nomb es ic icios, p ocedimien o muy ca ac e ís ico de Espinosa y que emplea á en
odas sus ob as.
Re i iéndonos aho a a la in e ex ualidad p opiamen e dicha, hay un episodio
muy signi ica i o en el que Juan Pé ez Valenzuela lee a Pu i a agmen os li e ales de
las his o ias de Los Nue e Lib os de la His o ia, de He odo o, más conc e amen e de los
lib os I y II, donde se hace e e encia a los usos y cos umb es de los pueblos pe sa,
babilonio y egipcio
103
.
Los dos capí ulos inales del lib o es án ín imamen e elacionados con la
concepción eológica de Espinosa y su in e ex ualidad bíblica. En “El salmo”
104
, a
semejanza de los salmos bíblicos, Camilo, desde su posición social y económica
p i ilegiada, hace un cán ico de alabanza y ag adecimien o al Dic ado , que con iene
es o as como es as, en donde además ap eciamos, en consonancia con el ema,
ocablos y exp esiones ya en desuso, incluso exp esiones la inas.
102
La ea bu guesía II, p.129.
103
Ibíd., I, capí ulo cua o: “Pa acel y Pu i icación”, pp. 103-106.
104
Ibíd., II, pp. 286-288.

65
Me has libe ado de oda Di inidad y su ex ensión; me has a ancado de la ea
C eación pa a ele a me a u dominio; manumi ido me has del e bo y del concep o:
en u es e a solo exis en cosas y bene icios.
[…]
En mi lecho conyugal habi as; uya es la son isa de mi esposa, ancilla Domini, y
la a asia del embeleso; las susu adas oces de ienen u o del hue o que egas e;
oscu idad y luz emanan de i.
En “El magní ica ”
105
, es es a ez Clo ilde, desde el “o a o io” de su con o able
hoga , la que declama la alabanza al Dic ado (lo nomb a como Valedo , Conduc o ,
Bene ac o , P o ec o y Guía), como una pa odia del ex o del e angelio de Lucas 1, 46-
35, que con iene pasajes an sob ecogedo es como es os:
Mi alma e glo i ica, y mi espí i u se ex iende y a oba an e i, Valedo y
Conduc o , po que e has dignado pone u is a en es a escla a, y ele a la, desde la
na u aleza, has a el co o de u séqui o; has se enado el cosmos, has c eado mi
ecaudo, has de amado us dones sob e mi pe sona, y has alzado ejé ci os pa a
de ende los.
[…]
¡No debe ías mo i !: esa es mi p o es a; mas, cuando lo decidas, llama a u sie a, y
do mi á con u cadá e , pues ya due me con u diplomá ico.
Po úl imo, el capí ulo 47, con el que inaliza el lib o, es un b e e epílogo
i ulado “El silencio”, donde Espinosa, en e ce a pe sona y de o ma obje i a ( odo es e
capí ulo es á esc i o en le a cu si a) expone el mo i o po el que ha esc i o la ob a, que
no es o o que ence la en ación de i en con a de su p opia na u aleza ansc ibiendo
la his o ia, pa a desenmasca a al en ado y, de es a mane a, exo ciza la.
E iden emen e, el capí ulo emi e a los ex os e angélicos sob e las en aciones
de Jesús en el desie o, en conc e o el de Ma eo 4, 1-11 y el de Lucas 4, 1-13.
El capí ulo, y la ob a, inalizan con un b e e poema apa en emen e ex año
106
po su con as e con lo an e io , del que se pueden hace a ias in e p e aciones sob e
las que no amos a ahonda aquí.
“Sob e la quie a lo ,
un ins an e, sesgadamen e,
105
Ibíd., pp. 289-291.
106
Ibíd., p. 292. Como en odos los lib os de Espinosa, ambién aquí, aunque en meno medida que en
o as de sus ob as, se inse an algunos poemas.
66
se es emecen unos éli os
en el seno del silencio;
después, el g an con inen e
sigue ocu iendo.
Todas es as e e encias bíblicas, an p esen es en las no elas de Espinosa,
alcanza án su máxima exp esión en su úl ima ob a, T íbada. Theologiae T ac a us,
cuyos aspec os in e ex uales a a emos más de enidamen e en la segunda pa e de es e
abajo.
De sus asgos in e ex uales in e imos, en de ini i a, que La ea bu guesía
cons i uye un e a o uni e sal, u ado del ino humo de Miguel Espinosa, del alma de
odos esos bu gueses, de odos los iempos, que deposi an su con ianza en los bienes
ma e iales y que, en su sobe bia, igno an o desp ecian a los que no piensan ni ac úan
como ellos.
.
67
SEGUNDA PARTE: EL QUIJOTE Y LA BIBLIA COMO
HIPOTEXTOS PRINCIPALES
68
Has a aquí hemos enido comp obando la g an ca ga in e ex ual que con iene
la ob a de Miguel Espinosa, u o sob e odo de su ex ao dina ia capacidad pa a
asimila sus abundan es lec u as. Pa a ello nos hemos emi ido a dos no elas
apa en emen e muy dis in as, Asklepios, el úl imo g iego y La ea bu guesía, y hemos
llegado a la conclusión de que, a pesa de an e iden es di e encias es uc u ales y
emá icas, pe sis en en ambas muchos elemen os ecu en es (in a ex uales) que an a
segui mani es ándose, en mayo o meno medida, aunque con a iaciones, jun o con
o os que i emos iendo, a lo la go de su ob a.
Teniendo en cuen a que, como ya dijimos al p incipio, el es udio de la
in e ex ualidad en la ob a de Miguel Espinosa sob epasa la capacidad de un único
abajo, hemos que ido en es a segunda pa e de ene nos en unos ejemplos más
especí icos, y pa a ello hemos elegido las dos ob as maes as de Espinosa, Escuela de
manda ines y T íbada. Theologiae ac a us, pa a pone las en pa alelo con dos
hipo ex os monumen ales, uno po se la ob a maes a de nues a li e a u a, Don Quijo e
de la Mancha, y la o a po cons i ui un ex o complejo, o mado po dis in as ob as de
ca ác e he e ogéneo que, su gidas en el mundo o ien al, sin emba go han cons i uido la
base li e a ia y eligiosa del mundo judeoc is iano occiden al: La Biblia.
Hemos escogido las dos ob as mencionadas como hipo ex os, además de po su
alo li e a io in ínseco, sob e odo po que ue on, según nues a p opia opinión y la
más iable de es igos que lo conocie on, dos de las ob as más leídas y admi adas po
Miguel Espinosa, y es o lo a ala la g an can idad de e e encias que de ellas apa ecen
en los hipe ex os seleccionados pa a nues o es udio, como enseguida e emos.
Si, como ya ha quedado dicho, has a aquí ha sido muy complicado pode
mos a al comple o, en odas sus ace as y ma ices o males, emá icos y es ilís icos,
los in e ex os p esen es en las ob as a adas más a iba (solo se han podido des aca los
aspec os más e iden es pa a demos a nues a esis), se ía una p e ensión absu da po
desmesu ada, eniendo en cuen a an o los hipe ex os como los hipo ex os elegidos,
que e elucida y analiza en un solo abajo odos los aspec os in e ex uales p esen es
en las dos ob as más impo an es y ex ensas de nues o au o . No obs an e, sí es nues a
in ención que, si no en exhaus i idad, nues o obje i o lo suplamos en cla idad y
exac i ud, y po ello conc e a emos lo más posible los aspec os in e ex uales. Po an o,
además de a a los asgos comunes gené icos, o males, emá icos y es ilís icos que
69
compa en las ob as elacionadas, ejempli ica emos nues os ase os con pa alelismos
emá icos conc e os que demues en la indudable conexión en e los ex os in luyen es y
los ex os in luidos.
No es necesa io eco da aquí la impo ancia undamen al del Quijo e an o en
nues a his o ia li e a ia nacional como en la li e a u a uni e sal. Ya desde poco después
de la publicación de la p ime a pa e en 1605 su ama ue no o ia, pe o en España es a
pa i del siglo XIX, y sob e odo con la e alo ización de Galdós, cuando p oli e an los
es udios c í icos sob e ella en dis in as lenguas, has a llega a la ac ualidad en la que,
como ob a canónica, si e de inspi ación a esc i o es de odos los con inen es.
Algunos c í icos como Celia Fe nández P ie o, Pablo Gil Casado, Ra ael Con e
o Ca men Escude o Ma ínez ya han señalado algunos aspec os de la in luencia del
Quijo e en la ob a de Espinosa, especialmen e en la más ce an ina de odas, Escuela de
manda ines, a i mación que después se comp oba á ace ada.
El p opio Miguel Espinosa econocía abie amen e en las en e is as que
concedió pa a a ios pe iódicos y e is as li e a ias como El o a i o cul u al (1981) y
Pos da a (1987) que el modelo es uc u al pa a Escuela de manda ines ue el Quijo e, al
igual que el humo y la i onía que des ila la ob a, sob e odo al comienzo, enía mucho
que e con Ga gan ua y Pan ag uel, de Rabelais.
Así, se puede a i ma que si en el Quijo e es aba oda la esencia de Ce an es, en
Escuela de manda ines es á oda la de Espinosa
107
.
Respec o a la in e ex ualidad p oceden e de la Biblia, uno de los lib os más
impo an es e in luyen es en la his o ia de la humanidad po un doble mo i o: su
con enido eligioso, al se conside ado lib o inspi ado, y su alo li e a io, al que se le
suma una compleja es uc u a es ilís ica y emá ica, hay que ea i ma que es cons an e
y mani ies a su p esencia en oda la ob a de Espinosa, aunque en di e en es g ados,
especialmen e la p oceden e del Nue o Tes amen o. Las ci as bíblicas, li e ales o
alusi as, se concen an especialmen e en T íbada. Theologiae T ac a us, como e emos
más adelan e. A es e espec o el í ulo ya comienza siendo signi ica i o, aunque es e no
debe llama nos a engaño y hace nos pensa que es amos an e un a ado de eología
107
Tenemos que eco da que ue la ob a de oda su ida, cuya esc i u a ue compaginando con el es o de
sus lib os.

70
s ic o sensu, sino ( eco demos el sen ido y la impo ancia de “lo eológico” pa a
Espinosa) an e una ob a de c eación que condensa una de las p incipales p eocupaciones
de su au o .
En cuan o a los hipe ex os, es as dos ob as maes as de Espinosa, Escuela de
manda ines y T íbada. Theologiae T ac a us, son las que más huellas mues an de los
hipo ex os mencionados, a juzga po la p esencia cons an e de elemen os in e ex uales
econocibles de los mismos. No obs an e debemos deja cla o que, aunque
elaciona emos di ec amen e, po el a án cien í ico de aco a nues o es udio, Escuela de
manda ines con el Quijo e y La Biblia con T íbada, en ambas hay e iden es in luencias
c uzadas de los dos hipo ex os, como ambién sucedía en las ob as is as an e io men e,
Asklepios y La ea bu guesía.
.
71
3. TRADICIÓN Y ORIGINALIDAD: ESCUELA DE MANDARINES
Y El QUIJOTE
Po que descub ía países nunca andados, egiones
nunca is as… Los países del ene y del pode ,
con el dila ado eino de la o una y el mando.
Bal asa G acián: El C i icón, II, 2
Ni qué deci iene que en es e apa ado no p e endemos eo iza sob e una ob a
que po su p opio alo ha sido y sigue siendo obje o de mul i ud de es udios c í icos
po g andes ce an is as.
Tampoco amos a de ene nos demasiado en expone el asun o del Quijo e, de
odos conocido, ni en los mo i os que impulsa on a Ce an es a esc ibi lo, ya bien
es udiados po econocidos especialis as. Solo des aca emos aquí algunos aspec os
esenciales elacionados di ec amen e con la esis que sos enemos: la impo ancia
undamen al de las lec u as p e ias en cualquie esc i o y su consecuencia, la g an
can idad de con enidos in e ex uales p esen es en sus ob as nue as. Pa a, a pa i de
es a e idencia, comp oba como un g an esc i o asciende esas lec u as y c ea una ob a
o iginal que, en una cadena cuyo úl imo eslabón nunca se cie a, ab i á caminos a o os.
Ce an es comenzó a ges a y a esc ibi el Quijo e, p obablemen e, du an e su
cau i e io
108
en 1597 en la cá cel de Se illa, con la in ención de hace una bu la en
o ma de pa odia de las no elas de caballe ías y de las pas o iles, que gozaban de mucha
ama po en onces. Pa ece se , según Blecua,
109
que solo pensaba hace la pa odia de
una ein ena de capí ulos de los lib os de caballe ías, en conc e o de Amadís y del
108
F ancisco Ayala dice en “La in ención del Quijo e”, a ículo incluido en la edición del Quijo e que
manejamos aquí, que el episodio del Cau i o encie a la cla e del mi o quijo esco, y que “el Cau i o es
Don Quijo e jo en y cue do”, es deci , que el episodio es á omado de su pe sonal i encia
109
Albe o Blecua: “Ce an es y su in e ex ualidad española”. Pa ole Ruba e, ascicolo 8 (diciemb e
2013), p. 201.
72
Romance o Viejo y de algunos episodios amo osos de ono g a e de la no ela pas o il,
omados de Mon emayo ; y, sob e odo, de los e sos de Ga cilaso, su poe a p e e ido,
como quedó después e lejado en el episodio de Ma cela y G isós omo, que se ela a en
los capí ulos X a XIV del Quijo e de 1605. Con es a in ención, como es sabido, omó
como p o agonis a al hidalgo manchego Alonso Quijano, que pie de la azón po habe
leído muchos de es os lib os de caballe ías. En la P ime a Pa e su locu a le impulsa a
que e a ma se caballe o (lo que consigue en la en a que él c eía cas illo) pa a
inmedia amen e sali po esos mundos (en la P ime a Pa e camina po la Mancha y en
la Segunda llega a Ba celona), como hacían los e dade os caballe os que él había
conocido po los lib os, a “deshace ue os” y a p o ege a los des alidos. Como buen
caballe o encomendó odos sus p opósi os y odas sus hazañas a su amada Dulcinea,
que él c eía una g an dama pe o que en ealidad e a una aldeana ús ica y ea. A él se
unió como escude o en sus a en u as, y po an o en su des ino, Sancho Panza, un
campesino mo ido, sob e odo al p incipio, po el a án de med a . En la P ime a Pa e
del lib o Ce an es hace pa ícipe a Don Quijo e de nume osas a en u as de las que sale
malpa ado, e incluye en el ela o algunas his o ias comple as, como la del Cu ioso
impe inen e de los capí ulos XXXIII a XXXV.
Pa ece se que Ce an es solo pensaba esc ibi es a pa e, pe o mo ido po la
ama que la ob a adqui ió de inmedia o e inci ado po el Quijo e de A ellaneda,
con inuó con la Segunda Pa e de 1615.
Po an o, ya en la Segunda Pa e de 1615, aún man eniéndose el mo i o
110
y los
pe sonajes p incipales, la ob a adquie e, además de una mayo a i iciosidad, una
unidad de acción man enida, además de po la oz del na ado , que in e iene
con inuamen e en el ela o, p incipalmen e po el diálogo de los dos p o agonis as. Aquí
los episodios se dila an en el iempo y en an en acción nue os y muy a iados
pe sonajes, incluso de la nobleza.
Sabemos que lo magis al de Ce an es y lo que cons i uye po an o su no edad
li e a ia es habe c eado un mundo li e a io en el que habi an unos pe sonajes de ca ne y
110
Ce an es, en el Quijo e de 1615, apa en emen e sigue con su in ención inicial de c í ica a los lib os de
caballe ías. Tan o es así que a lo la go de la ob a don Quijo e es de uel o a casa po dos eces, y solo al
inal, jus o an es de mo i , es cuando ecupe a la azón y eniega de los lib os de caballe ías.
73
hueso que in e ac úan a lo la go del camino con los dos p o agonis as
111
. Pe o, sob e
odo, que pe mi a a los pe sonajes opina sob e su p opia imagen li e a ia.
Esencial es ambién el hib idismo gené ico, que hace que en la no ela es én
p esen es odos los moldes li e a ios usados has a en onces: la no ela de caballe ías, la
pas o il, algunas mues as de la no ela mo isca y la i aliana, de la pica esca e incluso se
inse a ya una no ela ejempla : “El cu ioso impe inen e”. Y en medio de ellas
apa ecen poemas, discu sos, ca as, e c. Es a libe ad de composición cons i uye una
no edad que a pa i del Quijo e se ha cons i uido en una écnica no elís ica.
112
Relacionadas con es a coexis encia de géne os y es ilos se dan ambién dis in as
o mas de discu so, siendo la más ca ac e ís ica el diálogo. Así, en la ob a se p oducen
con e saciones, discusiones
113
y diálogos p opiamen e dichos, de abolengo
humanís ico, que quie en exp esa el pe spec i ismo de lo eal, del mundo. En es e
sen ido es ca ac e ís ica la p o usión ce an ina, que se aduce en pa lamen os
la guísimos de algunos pe sonajes, como cuando Sancho cuen a la anécdo a inacabable
del capí ulo XXXI de la Segunda Pa e.
114
Es a p e ensión de Ce an es de combina o mas y es ilos, ya mani es ada po él
mismo en el P ólogo de la P ime a Pa e, se cohesiona exp esi amen e en un egis o
coloquial, al es ilo cice oniano, que da mayo i acidad al discu so o al, de al mane a
que odos los pe sonajes, incluso los más cul os, como Don Quijo e o el cu a, o nobles,
como los duques, u ilizan la lengua coloquial en un g ado mayo o meno de
es ilización, lo que da e acidad al ela o a la pa que lo hace asequible a cualquie ipo
de lec o , de ahí una de las causas de la p on a di usión y la ápida ama de la ob a
115
.
Sin de imen o de lo an e io , sino más bien acen uando el obje i o de
Ce an es, en el Quijo e apa ecen palab as y exp esiones ya desapa ecidas (algunas del
111
Como dice Ma ín de Rique en “Ce an es y el Quijo e”, en ealidad en El Quijo e no sucede nada
ex ao dina io, es deci , ca ece de una ama no elesca p opiamen e dicha.
112
Aunque ya en ob as de épocas an e io es, como el Lib o de Buen Amo , había cop esencia de a ios
géne os, no es compa able con el Quijo e po que aquí se man iene a la ez la unidad de acción median e
el binomio o mado po los pe sonajes p o agonis as.
113
P opios de la dialéc ica o lógica a is o élica que oda ía se enseñaba se enseñaba como disciplina en la
época.
114
Quijo e II, XXXI, p.789.
115
Ce an es esc ibe en una época en la que oda ía se alo aba la na u alidad en la exp esión li e a ia: la
“disc eción” enacen is a p opugnada po Ga cilaso, Cas iglione y Juan de Valdés, aunque ya sean
ba ocos el es ilo y la isión más desca nada de la ealidad que se ap ecia en cie os episodios del lib o.
80
mo isca y la sen imen al. Ce an es incluye en el Quijo e a ios episodios pas o iles,
unos en o ma de his o ias comple as y o os in e calados en medio de la na ación o de
los diálogos. Así, en e los más amosos, el de Ma cela
130
y G isós omo
131
, que ocupa
los capí ulos XII al XIV de la P ime a Pa e, la his o ia que cuen a el cab e o en los
capí ulos L y LI sob e Leand a y Eugenio, el episodio de las bodas de Camacho y
Qui e ia en el capí ulo XX de la Segunda Pa e. Además de las nume osas ob as de es e
ipo que se mencionan e incluso se comen an en el amoso esc u inio de la biblio eca de
don Quijo e que hacen el cu a y el ba be o en el capí ulo VI de la P ime a Pa e.
Más adelan e, en el úl imo apa ado de es e capí ulo, e emos ambién en
Escuela de manda ines a ios episodios pas o iles, aun en una e apa li e a ia an alejada
his ó ica y es ilís icamen e de la de Ce an es.
El es ilo o mula io que Ce an es emplea en el Quijo e iene un o igen emo o,
ya que p ocede de la épica an e io a Home o que an o se desa olló después en la
poesía épica de la Edad Media. Así, es ecuen e encon a en el Quijo e exp esiones
como “la his o ia dice”, o “dice el cuen o”, o “según dice el his o iado ”, a eces, como
es an ecuen e en la ob a, pa a in oduci un episodio pa ódico. Vemos que el au o
apa ece ya como aduc o .
Ca ac e ís ica de es e es ilo o mula io es ambién la epe ición e na ia, la
p e e encia po hace las cosas es eces que se daba ya en el a e c e ense y en los
cuen os más an iguos. Así, don Quijo e ealiza es salidas y, como e emos luego, en
Escuela de manda ines son es los demiu gos que impelen al E emi a a sali de su
aldea.
Son ambién muy ca ac e ís icas de la épica las in ocaciones en á icas, que se
di igen an o a pe sonas como a se es inanimados, que u iliza Ce an es en el Quijo e y
que usa á Miguel Espinosa en Escuela de manda ines.
El uso de la pa odia de g a es asun os clásicos, muy ca ac e ís ico del humo
ce an ino, al que ya nos hemos e e ido an es al habla de lo pas o il y del ópico de de
130
La pas o a Ma cela ecue da a la Camila de la Eneida, po su ie o ca ác e . Aunque, sob e odo,
coincide con la Camila de la Égloga II de Ga cilaso.
131
G isós omo se suicida po Ma cela, al igual que Dido, despechada, mu ió po Eneas. La Canción
desespe ada, cuyo o igen se emon a al Lib o IV de La Fa salia de Lucano, aquí di ec amen e alude a la
Égloga I de Ga cilaso.

81
la Edad Do ada, iene como ejemplo más emblemá ico el de la in ocación a Apolo del
capí ulo XLV de la Segunda Pa e. La in ocación al dios apa ece po p ime a ez en la
apsodia segunda de la Ilíada y después en el can o IV de la Eneida, donde se imp eca
al sol. Ce an es, siguiendo a A is ó anes, inspi ado de su humo bu lesco, se di ige al
sol en o ma de pa odia. Desde A is ó anes se deja e ya esa ac i ud i espe uosa hacia
los dioses, p opia de la comedia, que luego de i a á ambién hacia la poesía, po
ejemplo, en el Pa aíso de Dan e o aquí en los poemas bu lescos de Góngo a o Que edo.
Don Quijo e a p ecedido po la ama, al igual que en la Ilíada dan ama a
Ulises sus hechos en T oya y, a Eneas, la gue a oyana po medio de sus apsodas.
Así, el bachille Sansón Ca asco lle a a don Quijo e la no icia de la apa ición de
su his o ia en el capí ulo III de la Segunda Pa e de 1615, po lo que a pa i de aquí
cabalga á ya p ecedido po su ama. Has a iene his o iado es alsos, y en Ba celona se
imp ime su his o ia “compues a po un al, ecino de To desillas”. En e ec o, Ce an es,
en la Segunda Pa e, deja cla a la alsedad de la his o ia esc i a po A ellaneda, que
incluso le obliga a cambia el des ino del hidalgo manchego.
Y al inal, cuando an es de mo i ecupe a la lucidez, se en is ece pe o le dice a
Sancho que a a queda les la ama.
En Escuela de manda ines sucede á lo mismo: Miguel Espinosa, conscien e de
su modelo, hace que la his o ia del E emi a (y a a és de él de su enamo ada Azenaia),
es é muy p on o de boca en boca, e incluso, como en el Quijo e, ya ande imp esa, esc i a
po un al Miguel Espinosa. Aunque en es e caso, a di e encia de A ellaneda, no se a e
de un impos o , sino de un “jugla ” a aído po lo que muchos es igos cuen an de él.
Jun o a la in luencia li e a ia homé ica y i giliana, la más sob esalien e, pa a los
emas y mo i os, es la de Pla ón, especialmen e de La República. Así, en el Quijo e
con e gen y se alimen an en e sí las in luencias li e a ias y ilosó icas. La alego ía de
la ca e na, del lib o VII de La República, o igen del mi o que ha sido ene o de o os
pos e io es y que se e leja en nume osas ob as li e a ias de odos los iempos y luga es,
se ha ans e ido al episodio del capí ulo LV de la segunda pa e del Quijo e, aquel en el
que Sancho, después de abandona esca men ado la ínsula, cae en una sima y
pe manece allí diez días, has a que es sal ado po don Quijo e. Es a expe iencia, como a
82
los habi an es de la cue a de Pla ón, le se i á a Sancho pa a e lexiona sob e odo lo
que le ha sucedido, “ e la luz” y alo a en su jus a medida su ida eal jun o a don
Quijo e.
El amo e e no que don Quijo e p o esa a Dulcinea ambién es pla ónico. Así se
demues a po ejemplo en es os e sos del omancillo con los que don Quijo e, músico y
poe a, puede esponde a su enamo ada Al isido a:
Dulcinea del Toboso,
del alma en la abla asa
engo pin ada de modo
que es imposible bo a la.
132
Que el amo de don Quijo e es pla ónico se dice di ec amen e a ias eces en el
lib o, ya po boca de don Quijo e como de o os pe sonajes, como sucede en el capí ulo
III de la segunda pa e, donde el bachille Sansón Ca asco le dice a don Quijo e que su
his o ia es an amosa que ya incluso es á esc i a. Al en e a se el hidalgo que el au o es
mo o se p eocupa po su imagen li e a ia y sob e odo po la de Dulcinea. El bachille le
esponde:
—Si po buena ama y si po buen nomb e a —dijo el bachille —, solo ues a
me ced lle a la palma a odos los caballe os andan es po que el mo o en su lengua y
el c is iano en la suya u ie on cuidado de pin a nos muy al i o la galla día de
ues a me ced, el ánimo g ande en acome e los pelig os, la paciencia en las
ad e sidades y el su imien o así en las desg acias como en las he idas, la
hones idad y con inencia en los amo es an pla ónicos de ues a me ced y de mi
seño a doña Dulcinea del Toboso
133
.
De aíz pla ónica y quijo esca, aunque con las lógicas di e encias po mo i os
his ó ico- empo ales, es ambién el amo del E emi a con su enamo ada Azenaia en
Escuela de manda ines, como e emos en o o apa ado de es e capí ulo.
O a cue a en el Quijo e, aún más amosa que la de Sancho, es la de
Mon esinos, donde baja don Quijo e en los capí ulos XXII y XXIII de la Segunda
Pa e, que es el luga en el que Ce an es puso el In ie no de Dan e y donde an es
habían descendido los hé oes de la Odisea, la Eneida y el O lando Fu ioso de A ios o
132
Quijo e II, XLVI, p. 897.
133
Ibíd., p. 568.
83
y, después, los de los lib os de caballe ías p oceden es de los poemas anceses
medie ales del ciclo b e ón y ca olingio.
134
En in, hay en el Quijo e muchísimas in luencias más de las lec u as que
Ce an es hizo de ob as clásicas y con empo áneas suyas, pe o pensamos que con es as
mues as bas a á po aho a pa a que comp obemos cómo un g an esc i o asimila sus
lec u as y es as a lo an, ans o madas, en su ob a o iginal.
3.2. Apun es sob e “Escuela de manda ines”
Al igual que sucedió con el Quijo e, los pocos ín imos de Miguel Espinosa que
u ie on el p i ilegio de i leyendo las p ime as e siones de Escuela de manda ines
mani ies an que comenzó como un lib o aleg e y bu lón, de una i onía desbo dan e, de
in luencia abelesiana, y que, con el paso del iempo, has a su e sión de ini i amen e
publicada, se ue ol iendo más ama go, aunque sin pe de del odo su ca ác e i ónico
o iginal.
Escuela de manda ines se cons i uye, po a ias azones que i emos iendo, en
un lib o a o, desmesu ado, de múl iples lec u as y, po an o, casi inaba cable. Desde
luego, no aba cable en una p ime a lec u a inocen e, ni aun, comple amen e, con el
apoyo de los di e en es abajos monog á icos que se ienen haciendo sob e él. Y es o
es así po su ex ensión (cuen a con 609 páginas epa idas en 72 capí ulos más un
epílogo)
135
, su ele ado núme o de pe sonajes (144 a ibuciones solo de ca gos, más un
sinnúme o de apodos, que ienen ecogidos en la la guísima lis a del inicio del lib o),
su concepción mí ica del iempo y el espacio y, undamen almen e, po su lenguaje,
iquísimo, que explo a odas las posibilidades de nues o idioma e incluso las
inc emen a con cambios lingüís icos es uc u ales; empleo de es uc u as ya en desuso
y ac ualización de muchos a caísmos; uso de de e anes y a o ismos, a eces omados
de la sabidu ía popula y o as eces in en ados po el mismo au o ; nume osos y
b illan es neologismos; abundan e y p ecisa adje i ación; nominalizaciones; sinonimias,
134
En ealidad, es e es un ema pe enecien e al ondo inma e ial del géne o humano, p opio ambién de
los cuen os de hadas de adición o al.
135
Manejamos pa a es e es udio la siguien e edición de la ob a: Escuela de Manda ines. Al agua a
Hispánica, Mad id, 1992.
84
e c., aspec os es ilís ico- o males que han sido ya ampliamen e es udiados y desc i os
de o ma obje i a y p ecisa
136
, pa a da o ma a un con enido que pa e de un modelo
enacen is a y de una anécdo a ya clásica en la li e a u a española y uni e sal
elacionada con el ópico del homo ia o : el iaje o que sale de su ie a mo ido po la
necesidad de cumpli una misión especí ica
137
. Nos in oduce así en un mundo
an ás ico, pe o a la ez eal
138
, donde con emplamos, comp endemos y nos
asomb amos
139
, a la pa que el na ado p o agonis a, de cómo es á cons i uida esa
sociedad po boca de muchos de sus habi an es, an o homb es como muje es, de odos
los ni eles sociales, de odas las p o esiones y de odos los ca gos.
Pe o Espinosa nos lo ansmi e basándose en un nue o concep o, p opio, donde
es án p esen es y son ácilmen e econocibles muchos sucesos his ó icos an o de
nues a his o ia más p óxima
140
como de dis in os pe íodos de la his o ia de Occiden e y
de O ien e, cuyas cul u as e an conocidas y es aban bien asimiladas po el au o . Así, la
p opia palab a “manda ín”, en su acepción i ónica de “pe sona que manda” (aquella que
hace que los que es án a su ca go cumplan ciegamen e su olun ad) es u ilizada po
136
Véase sob e es e ema el es udio, pa iendo de los pos ulados del Fo malismo Ruso, ealizado po
F ancisco Rocamo a Abellán y Elisa Ramón Sales “La es é ica de la desmesu a (un es udio sob e las
ca ego ías na a i as de Escuela de manda ines)”, inse o en las Ac as del Cong eso en homenaje a
Miguel Espinosa, celeb ado en la Uni e sidad de Mu cia en 1992 bajo la di ección del p o eso Vic o ino
Polo Ga cía. An e io men e, en 1980, es e abajo ya había sido leído en las aulas de la misma
Uni e sidad con la p esencia del p opio Miguel Espinosa, en uno de los ac os de homenaje con pos e io
coloquio donde es e pa icipó. Las Ac as del Cong eso ue on publicadas po la Edi o a Regional de
Mu cia en 1994, con la colabo ación de la Conseje ía de Cul u a y Educación. Allí se a ó ex ensamen e
la ida y ob a de Miguel Espinosa po especialis as en su ob a y amigos pe sonales del au o . Una de las
ponencias más emo i as y escla ecedo as ue la p onunciada po su hijo Juan: “Miguel Espinosa, mi
pad e”, más a de ampliada y con e ida en lib o.
137
Como es bien sabido, algunos de los í ulos más amosos de la his o ia de la li e a u a uni e sal de
odos los iempos u ilizan el mo i o del iaje en su ama, en e o os la Odisea, el Laza illo de To mes,
Tom Jones, el Quijo e, C imen y cas igo o, en el siglo XX, Señas de iden idad, en e o as muchas ob as.
A alle A ce, en su “In oducción” a Los abajos de Pe siles y Segismunda dis ingue es
modelos de pe sonajes inculados a es momen os his ó icos: el caballe o de la Edad Media, el co esano
del Renacimien o y el pe eg ino de la Re o ma Ca ólica, al que pe enece ía Don Quijo e, a que ipo al
que ambién se adsc ibi ían Ru ilio del Pe siles, And enio y C i ilo, del C i icón de G acián e incluso el
p o agonis a de las Soledades de Góngo a.
138
En una “u opía nega i a”, en palab as del p opio Espinosa en en e is a concedida a Al onso Ma ínez
Mena en Pueblo el 12 de ma zo de 1975, dos meses después de la publicación de la ob a.
139
Miguel Espinosa u ilizaba ecuen emen e pa a e e i se a es e sen imien o de asomb o la palab a
“pasmo”, que apo a un signi icado más p eciso al es ado de pe plejidad que le causan cie as
si uaciones o compo amien os.
140
En una ca a del au o a Jean Tena en el núme o 4 de la e is a Pos da a (Mu cia), de mayo-junio de
1987 (núme o monog á ico con el í ulo de Palab a sus an i a: homenaje a Miguel Espinosa), dice
cla amen e que la esc ibió “con a la dic adu a anquis a y sus consecuencias, más mo ales que ísicas”.
85
Espinosa con un sen ido casi idén ico al deno a i o o iginal de la misma, elacionado
con el concep o de un ca go polí ico, eligioso, adminis a i o y educa i o de la China
impe ial.
Pa a el p opio Miguel Espinosa, Escuela de manda ines es una epopeya y la
his o ia de una cul u a. “Es amos con emplando nues o p opio mundo”, le mani ies a a
Jean Tena en una ca a que esc ibe el 28 de eb e o de 1976 y que publicó la e is a
Pos da a once años después.
Así, en Escuela de manda ines, ninguna mani es ación del Pode (las Cosas
Úl imas), como e emos, queda á lib e de la c í ica y del desp ecio del au o . Y ninguna
p esencia de la Na u aleza, de la inocencia o de la azón (Las Cosas P ime as) deja á de
se elogiada o can ada po Espinosa.
Es impo an e e e i nos aquí a la abundan e y pa icula p esencia de las
mayúsculas en Escuela de manda ines. Miguel Espinosa no solo las usa, como es
no ma i o en nues a lengua, pa a des aca los nomb es p opios, incluyendo los apodos
y los opog á icos, sino que las u iliza pa a esal a o os nomb es o exp esiones
comunes e e en es a los di e en es ca gos de la je a quía manda inesca o en mchos
sus an i os abs ac os como Manda ín Polí ico, Lego, Conco dia, Pode , Co upción,
Exca celación Real, Pueblo, Mano Ocul a, e c.
141
La idea inicial de la ob a comenzó al i i y con empla el ambien e que se
espi aba en los p ime os años 50, época en la que Miguel Espinosa es udiaba la ca e a
de De echo en la Uni e sidad de Mu cia. En e ec o, ambién en palab as del au o en
una en e is a:
Mi isión de aquella uni e sidad me inspi ó el lib o Escuela de manda ines. Yo
eía cómo se ponían los ca ed á icos la muce a, el bi e e y al; cómo se eunían allí
en las inaugu aciones de cu so; eía al beca io es udia po las noches, p epa ando
su po eni ya desde los 17 años, pensando en la no a ía; eía la sumisión y al, el
ges o de los ca ed á icos: e ace cabas a ellos pa a habla les y no se pa aban,
seguían andando y ú ibas de ás, y si e colabas al lado de echo, ellos mi aban al
izquie do. Y eso, que en onces pa ecía no mal a la gen e de aquel iempo, a mí me
141
Es o ha di icul ado en ocasiones la edacción de es e abajo. En gene al se ha espe ado la o og a ía
del au o en las e e encias bibliog á icas y se ha seguido la no ma i a gene al en la pa e desc ip i a e
in e p e a i a.

86
pa ecía insóli o. Esa es la di e encia que enía yo con los demás. Y eso ue lo que
me lle ó a hace los manda ines […].
142
Pa ece se , además, que Espinosa, una ez inalizada la ca e a de De echo,
esc ibió una esis que no ue ap obada debido a la ac i ud y al es ilo sui géne is de su
au o , que esul aba “poco académico”, ya que no siguió el ípico esquema de
exposición del ema y explicación con ci as y no as e udi as, sino que edac ó el abajo
según su eal sabe y en ende y de un i ón. Segu amen e de ahí p o enga la
sob eabundancia de no as, a eces en el ono i ónico y bu lón p edominan e en la
no ela, o as eces en ono más g a e, que apa ecen al inal de los capí ulos del lib o, y
que aquí se cons i uyen en pa e esencial de es e, no an o po su con enido acla a o io y
ampli icado como po que de ellas se desp ende, como dijimos más a iba, oda la eo ía
es é ica, me odológica y, en suma, ilosó ica del au o .
Aun siendo lo an edicho e dad, ya que cie os pe sonajes eales (algunos
ca ed á icos y p o eso es conc e os, conocidos po Espinosa) pueden e se e a ados en
los Enmuce ados, Escuela de manda ines supe a oda anécdo a. Como el p opio Miguel
Espinosa decla ó más a de, en un ac o celeb ado p ecisamen e en la Uni e sidad de
Mu cia en 1980, incluido en el Te ce Ciclo de Li e a u a Hispánica: “Escuela de
manda ines no es una e ancha. No he a dado dieciocho años en esc ibi mi lib o pa a
hace una c í ica local. Se ía absu do”.
143
La ob a comenzó bajo el í ulo de La Feliz Gobe nación (en su segunda
e sión), nomb e del Es ado mí ico donde se desa olla la ob a, pa a se cambiado luego
po el de ini i o, Escuela de manda ines, más adecuado po exp esa es e más ielmen e
el mo i o de inspi ación de la misma. Pe o se es aba ges ando ya an es: en 1956, Miguel
Espinosa había esc i o con es a idea un ensayo i ulado La Filoso ía Polí ica
Manda inesca, en el Bole ín In o ma i o del Semina io de De echo Polí ico,
142
En e is a ealizada po José Ga cía Ma ínez y publicada en el pe iódico La Ve dad, el 30 de julio de
1978.
143
En e ec o, Miguel Espinosa pa icipó en una mesa edonda con pos e io coloquio en el en onces
Colegio Mayo Ca denal Belluga, den o de los ac os comp endidos en el Te ce Ciclo de Li e a u a
Hispánica, o ganizado po la Uni e sidad de Mu cia desde no iemb e del 79 a mayo del 80, bajo el í ulo
gene al de “Humanismo y eno ación o mal en la Li e a u a Española e Hispanoame icana de los años
se en a”, donde se es udió la ob a de au o es an impo an es como Co áza , Bene , One i, Goy isolo,
Cab e a In an e, Umb al, Ál a ez, Puig, Cela, Ga cía Má quez, Oc a io Paz, O e o, Valen e, Va gas
Llosa, Ca denal, Ca ne o; que inalizó con la que se celeb ó el ca o ce de mayo bajo el í ulo “Las
úl imas palab as de la ibu”, en la que se analizó la de José Donoso y Miguel Espinosa.
87
publicación semes al (mayo-oc ub e, p. 123) de la Uni e sidad de Salamanca que
es aba di igida po el p o eso Tie no Gal án
144
.
La línea a gumen al de la no ela, p emiada en 1974, a los pocos meses de su
publicación en Ba celona po Los lib os de las F on e a ( as un la go pe eg inaje del
au o po dis in as edi o iales que se la echaza on) con el p emio Ciudad de Ba celona,
ya esbozada más a iba, es en esumen la siguien e: En un iempo y espacio mí icos,
conc e amen e “hace 3000000 de años, en un es ado llamado La Feliz Gobe nación,
aunque, en e dad, la dicha solo pe enecía allí a unos pocos”
145
, y cuya p ime a egla
es (como dice Abellino, un pe sonaje he e odoxo en el capí ulo 29), “lucha con a la
In eligencia y su espon ánea aleg ía”, ya en su pe íodo de decadencia pe o que oda ía
man iene su es uc u a social ce ada de cas as, un G an Pad e Manda ín sale de la
Ciudad a conoce de p ime a mano lo que ocu e en el Impe io, hecho inaudi o en la
an igua Edad Clásica o de esplendo , si uada en e los años no ecien os mil y dos
millones, y solo explicable en un égimen agónico. Du an e su iaje, ya en las a ue as,
se pa a a descansa y, en una cue a ce cana, se encuen a con un homb e iejísimo: le
dice al G an Pad e que iene 2000000 de años, aunque al inal aquel lo co ige
basándose en echas de acon ecimien os his ó icos que el p opio E emi a le ha ela ado.
Vi e allí, en soledad, y es llamado el E emi a (apodo que le puso el p ime demiu go
que le mo ió a emp ende su iaje y con el que es nomb ado a lo la go de la his o ia) o
La Vejez (dada su a anzada edad, y nominado así exclusi amen e al comienzo y al inal
del lib o, en el iempo, digamos, p esen e de la his o ia), el cual comienza a ela a le
de allada y minuciosamen e, pa iendo de su p opia expe iencia, y po an o en p ime a
pe sona, odo lo que ha sucedido a lo la go de muchos siglos (o más p opiamen e dicho
de los milenios, según el es ilo hipe bólico del lib o), en su Es ado, y que el p opio G an
Pad e desconoce.
Siguiendo el hilo de su na ación, el E emi a nació en una pequeña aldea,
A emia, ubicada en plena Na u aleza (Cosas P ime as) y, en cie o momen o de su
144
Al que le unió una g an amis ad y que le p ologó algunos de sus esc i os, como el lib o de ensayos
Re lexiones sob e No eamé ica ( í ulo después cambiado po la edi o ial con cie o desag ado del au o
(decía que enía un í ulo demasiado p o eso al) po Las g andes e apas de la his o ia ame icana, de
1957.
145
In oducción de Escuela de manda ines, p. 59.
88
ida, en su ju en ud, “gobe nando el P ocónsul Filadel o” y mo ido po cie os
demiu gos que le impelen a ello, pa e de su aldea abandonando sus a eas, a su amilia
y a su ado ada Azenaia (la amada del E emi a desde su ju en ud, y que nos e oca a la
Dulcinea del Quijo e, como más adelan e e emos). P e ende conoce los en esijos del
pode , a e gonza se de sus mani es aciones y, sob e odo, p o es a con a la sociedad
que es e ha o iginado, de modo que es llamado po los demás pe sonajes, y así gus a
nomb a se a sí mismo (en e o os apodos que lo de inen) “El Homb e Que Más Odia a
La Feliz Gobe nación”
146
. Apenas pasa la on e a es de enido y conducido hacia la
Ciudad po dos homb es de es aca o soldados, que son es igos de los hechos y además
se en in oluc ados, sin p e ende lo, en odas las con e saciones y en odas las
a en u as que se an sucediendo a lo la go de la his o ia. Allí se á in e ogado po el
P e ec o del O den y Bien Común (ca go semejan e al de Comisa io Impe ial de Policía,
con ca ego ía de G an Lego) en la Fo aleza y juzgado después po los Manda ines, la
cas a pensan e, legislado es y adminis ado es de la Jus icia y máximos ep esen an es
del pode ci il y eligioso del Es ado, en el Palacio de los Comp omisos.
El E emi a, du an e los días p e ios a su juicio, consigue su obje i o de conoce
de ce ca y po sí mismo a los manda ines, y así se ea i ma en su posición de odio y
desp ecio hacia ellos. En es e pun o (llegamos al inal del lib o y no llega a se juzgado),
la no ela queda abie a, “como la ida misma, que se co a, pe o nunca se cie a”
147
.
Has a aquí un b e e bosquejo del asun o de la ob a, que se cons i uye
básicamen e como un ex enso diálogo en e La Vejez (el E emi a) y el G an Pad e
Manda ín, aunque la in e ención de es e se limi e al inicio y al inal del lib o, mien as
que la mayo pa e del iempo solo es el oyen e y ecep o (el na a a io) di ec o de la
his o ia que na a el E emi a, his o ia que, po cie o, ya ci culaba po esc i o.
En e ec o, al modo de un Quijo e mode no, la his o ia ha sido con ada po el
E emi a a un al Miguel Espinosa, pa a que es e la esc iba, como le dice La Vejez al
146
Como comp oba emos a lo la go de odo nues o es udio, es muy impo an e y signi ica i o el uso de
apodos en Escuela de Manda ines. Los apodos es án cuidadosamen e escogidos po el au o , y hacen
e e encia a las ca ac e ís icas ísicas, p o esionales, psicológicas o mo ales más des acadas de los
pe sonajes a los que se les asignan. También son ecuen es los apodos e e en es a elaciones amilia es.
Algunos pe sonajes, como Dona o, pueden llega a se nomb ados con ca o ce apodos. En gene al, cuan o
más se quie e idiculiza a un pe sonaje, más apodos “alabanciosos” (en la línea hipe bólica de oda la
ob a) se le adjudican.
147
Palab as de Espinosa en unas decla aciones en Tele isión Española a Es he Bení ez, en el p og ama
Encuen os con las le as, en 1981, sob e Escuela de manda ines.
89
G an Pad e. Hab ía básicamen e, po an o, un na ado p incipal, p o agonis a, que es
La Vejez, el E emi a en su ju en ud, cuando suceden los hechos que se na an, y un
na ado indi ec o, que desempeña el papel del esc i o , Miguel Espinosa, esponsable
del Índice de pe sonajes, de las no as, de la In oducción y del Epílogo, y que ambién
apa ece como pe sonaje ac an e en el capí ulo 59 y como pe sonaje e e ido en a ios
momen os de la his o ia, además de se el asun o cla o de a ios pe sonajes
he e odoxos del lib o: es pa ícipe, en ealidad, de las ideas de casi odos los
he e odoxos, aunque se iden i ique más con unos que con o os, especialmen e con
Beocio y Lamu o. Nos de end emos un poco más en el a amien o del na ado (o más
p opiamen e de los na ado es) en el pun o siguien e, al pone los en elación con los
na ado es del Quijo e.
Pe o lo más impo an e, como sucede en el Quijo e, es lo que ocu e a lo la go
del camino. Y aquí los lec o es nos amos encon ando, a la pa que el E emi a, a oda
una gale ía de pe sonajes, en a ios casos pe sonas eales (el p opio Miguel Espinosa,
como dijimos más a iba, es nomb ado en los capí ulos 45, 46, 49 y 59) que, saliendo al
paso del E emi a y de los soldados y median e sus p opias palab as, ya na ando sus
p opias his o ias o las sucedidas a o os
148
, nos dan a conoce odo lo que sucede en la
Feliz Gobe nación. Po ellos nos en e amos de lo que se cuece en la cúspide del pode :
cómo es posible accede a él; los mo imien os clandes inos de p o es a (he e odoxos)
que p e enden demole lo y los pos ulados de sus undado es; la o ma de ac ua de los
manda ines y de la cas a mili a o el papel undamen al que eje cen cie as muje es en la
his o ia. Todo ello exp esado o malmen e median e ex os ep esen a i os de odos los
géne os clásicos. Así, además de las na aciones in e caladas en la his o ia base,
encon amos nume osos poemas e incluso ob as b e es de ea o, como más adelan e
comp oba emos.
En in, Escuela de manda ines es o, mejo dicho, p e endió se en sus
comienzos, según p opias palab as de Espinosa, “una u opía nega i a del ascismo
español”
149
, é mino que él mismo de ine de o ma me a ic i a en una de las no as del
lib o:
148
Nó ese aquí o a de las uen es clásicas e omadas po nues o au o : la de las colecciones de cuen os
de la li e a u a a ábiga.
149
Ca a a Jean Tena, ecogida en la e is a Pos da a, ci ., p. 47
96
Mancha (según las no as que o os au o es han dejado esc i as sob e su caso) pa a, a
pa i del capí ulo IX, y ya has a el inal de la segunda pa e de 1615, ela a nos la
his o ia según su “ e dade o” au o , Cide Hame e Benengeli, “his o iado a ábigo”, ya
que, cuando pa ece que ya no hay más ma e ial pa a con inua la his o ia, encuen a po
casualidad unos ca apacios (en los que econoce a don Quijo e en el í ulo, y a don
Quijo e y Sancho en las ilus aciones), que comp a y que se hace aduci .
A pa i de aquí el na ado hace cons an es incisos en la his o ia p incipal pa a
explica a los lec o es la in ención con que Cide Hame e esc ibe su manusc i o
156
, según
la aducción que hizo de él, p e io pago, un mo isco aljamiado. Hay muchísimos
ejemplos de es e p ocedimien o na a i o, que Ce an es u iliza pa a da e osimili ud a
la his o ia, como comp obamos en es e pasaje:
Fue a de que Cide Mahama e Benengeli ue his o iado muy cu ioso y muy
punc ual en odas las cosas, y échase bien de e , pues las que quedan e e idas, con
se an mínimas y an a e as, no las quiso pasa en silencio; de donde pod án
oma ejemplo los his o iado es g a es, que nos cuen an las acciones an co a y
sucin amen e, que apenas nos llegan a los labios, dejándose en el in e o, ya po
descuido, po malicia o igno ancia, lo más sus ancial de la ob a. ¡Bien haya mil
eces el au o de Tablan e de Ricamon e, y aquel del o o lib o donde se cuen a los
hechos del conde Tomillas, y con qué pun ualidad lo desc iben odo!
157
También al comienzo del capí ulo XL de la Segunda Pa e Ce an es, en una
la ga dig esión del na ado , enca ece al au o p incipal:
Real y e dade amen e, odos los que gus an de semejan es his o ias como és a
deben de mos a se ag adecidos a Cide Hame e, su au o p ime o, po la cu iosidad
que u o en con a nos las semínimas de ellas, sin deja cosa, po menuda que uese,
que no la sacase a la luz dis in amen e. Pin a los pensamien os, descub e las
imaginaciones, esponde a las áci as, acla a las dudas, esuel e los a gumen os;
inalmen e, los á omos del más cu ioso deseo mani ies a. ¡Oh au o celebé imo,
¡Oh don Quijo e dichoso! ¡Oh Dulcinea amosa! ¡Oh Sancho Panza g acioso! Todos
jun os y cada uno de po sí i áis siglos in ini os, pa a gus o y gene al pasa iempo
de los i ien es.
158
156
Es a écnica del manusc i o encon ado y comen ado como base del ela o no es nue a en Ce an es,
sino que pe enece a la adición de las no elas de caballe ías. Alonso de Salaza , po ejemplo, dice
aduci del á abe El caballe o de la C uz, esc i o po un al Xa ón, ob a que, po cie o, es nomb ada en
el episodio del esc u inio del cu a y el ba be o.
157
Quijo e I, XVI, p. 141.
158
Ibíd., II, XL, p. 848.

97
En el capí ulo LXX de la Segunda Pa e, cuando Don Quijo e y Sancho se
disponen a do mi en los aposen os del palacio de los duques, después de un diálogo en
el que ambos comen an lo sucedido a Sancho, el na ado uel e a acla a nos la
in ención del “au o ”: “Du mié onse los dos, y en es e iempo quiso esc ibi y da
cuen a Cide Hame e, au o de es a g ande his o ia, qué les mo ió a los duques a le an a
el edi icio de la máquina e e ida; y dice que no habiéndosele ol idado…”
159
Y explica después que el bachille Sansón Ca asco a a ol e a in en a que
don Quijo e uel a a su casa.
Lo mismo ocu e cuando Sancho uel e esca men ado de la ínsula y cae en una
sima con su ucio. En el momen o en que descub e un aguje o po el que e la luz e
in en a sali , lleno de miedo, el na ado nos explica: “Aquí le deja Cide Hame e
Benengeli, y uel e a a a de Don Quijo e, que albo ozado y con en o […].
160
Con lo expues o has a aho a solo nos hemos e e ido a las oces na a i as que
enma can la his o ia, pe o más impo an es aún son los dis in os pe sonajes que
in e ac úan con la pa eja de p o agonis as y eje cen como na ado es de sus p opias
his o ias o de las sucedidas a o os. Tend emos ocasión de e e i nos a ellos más
adelan e.
Nos pa ece pe inen e señala aquí la con ibución de la igu a del na ado al
humo ce an ino. En el capí ulo XLIV de la segunda pa e, cuando Sancho se despide
de los duques y de don Quijo e pa a di igi se a gobe na la ínsula, Ce an es, en la oz
del na ado , dice, di igiéndose di ec amen e al lec o
161
, como en an as o as
ocasiones:
Deja, lec o amable, i se en paz y enho abuena al buen Sancho, y espe a dos
anegas de isa que e ha de causa el sabe como se po ó en su ca go, y en an o
a iende a sabe lo que le pasó a su amo aquella noche, que si con ello no ie es, po
lo menos desplega ás los labios con isa de jimia, po que los sucesos de don Quijo e
o se han de celeb a con admi ación o con isa.
162
159
Ibíd., p. 1076.
160
Ibíd., LV, p. 970.
161
En una mues a cla a de la ocalización menos es ic i a p opia de la no ela, y ejemplo de la
mode nidad ce an ina. El na ado , omniscien e, p e é has a la eacción del lec o .
162
Quijo e II, XLIV, p. 879.
98
En Escuela de manda ines ambién hay a ias oces na a i as. Aquí enemos,
como en el Quijo e, un na ado básico, obje i o (¿Miguel Espinosa?), que ha
in es igado odos los en esijos de la his o ia. En la In oducción, di igiéndose al lec o
en p ime a pe sona del plu al, comienza poniéndonos en an eceden es sob e la diégesis
de la ob a pa a, en el capí ulo I, cede ya la palab a al E emi a, el na ado p incipal y
p o agonis a de los hechos, sucedidos du an e su ju en ud. Es e se di ige a un na a a io
explíci o, el G an Pad e o Ca a Pocha, a quien ela a la his o ia de la Feliz Gobe nación,
una his o ia que, po cie o, ya ha sido esc i a po un al Miguel Espinosa, que apa ece
en la ob a como pe sonaje secunda io. Y es a lo la go de es e ela o del E emi a cuando
encon amos, al igual que en el Quijo e, una la ga se ie de na ado es secunda ios,
compues a po muchos de los pe sonajes que apa ecen a lo la go del camino.
No ol e emos a oí la oz del na ado ex e no has a el Epílogo. En él se
esume, po cie o, es o que enimos exponiendo. Cuando el G an Pad e Manda ín ha
escuchado odo el ela o de La Vejez, an e la p egun a de es e sob e si en el u u o
segui án exis iendo los manda ines, le esponde y le p ome e:
─No lo sabemos −susu ó−; po eso gua da emos en la memo ia u na ación, que
dic a emos cuidadosamen e a esc ibanos, apenas alcancemos la Ciudad.
─Hace milenios que ya dic é es as y o as cosas a Miguel Espinosa, el Jugla de
Azenaia −acla ó La Vejez.
─Pues las busca emos, las con as a emos y las publica emos con su nomb e de
au o , pa a que apa ezca unido al uyo y al de Me cedes. Así, mien as haya belleza,
exis amos o no exis amos, los homb es pod án ap ende y solaza se con la Escuela
de Manda ines que ú i is e y él esc ibió −con es ó el G an Pad e.
163
La empo alidad y la na a i idad es án es echamen e unidas. En ambas ob as
el iempo del ela o y el de la acción co en pa alelos (no ol idemos que el ma co de la
his o ia es el camino) y, como no elas mode nas, se mani ies an en ellas a ias de las
es a egias de la du ación no elesca. Así, hay elipsis o pu o desa ollo c onológico de
los hechos; pausas o dig esiones (desc ipciónes sin iempo), como en el capí ulo IX de
la P ime a Pa e del Quijo e, donde Ce an es co a la acción pa a ela a nos
po meno izadamen e cómo consiguió la in o mación pa a pode segui su ela o); y,
163
Escuela de manda ines: “Epílogo”, p. 607.
99
sob e odo, en las his o ias in e caladas en ambas ob as que, a su ez, incluyen las o as
dos mani es aciones empo ales más ca ac e ís icas de las dos no elas, que igualan los
iempos del ela o y de la his o ia: la escena dialogada, y el suma io, de ansición en e
un capí ulo y el siguien e. Ocu e es o, y hay muchísimos ejemplos an o en el hipo ex o
como en el hipe ex o, cuando un episodio queda incomple o y la his o ia con inúa has a
su desenlace en el capí ulo o capí ulos siguien es.
Va ios casos que eúnen es as o mas empo ales se pond án más conc e amen e
de mani ies o en el p óximo apa ado de nues o abajo, cuando eamos los
pa alelismos emá icos más ecuen es en e ambas ob as, pe o po ejemplo en la
P ime a Pa e del Quijo e enemos los casos pa adigmá icos de la his o ia de Ma cela y
G isós omo, que se enlaza du an e es capí ulos, o los episodios en Sie a Mo ena,
du an e la segunda salida del hidalgo; y en la Segunda odos los capí ulos sucedidos en
el palacio de los duques.
En Escuela de manda ines, en e o os muchos, es án los episodios (que son una
mues a además de la a iedad de o mas gené icas de la ob a) que se suceden en e los
capí ulos 18 a 22, unidos po la his o ia de los beca ios que cuen a el pe sonaje de
Mosencio, o los con enidos en e los capí ulos 48 a 56, inculados po los mismos
pe sonajes pe o que, a su ez, se encuen an con o os nue os que ela an o as his o ias.
No son ecuen es, sin emba go, po el mismo c ono opo de la ob a, los ejemplos
de analepsis y p olepsis, ni de p edicción.
En esumen, el Quijo e sucede en una época con empo ánea, en un iempo
c onológico lineal, a excepción de los iempos o du aciones de las his o ias in e caladas,
en e al iempo mí ico, hipe bólico, de Escuela de manda ines, aunque den o de es e
mundo se dé ambién un desa ollo lineal de los hechos
164
en el ela o base.
Al igual que el iempo, el espacio es ambién eal en el Quijo e: “En un luga de
la Mancha, de cuyo nomb e no quie o aco da me…” Es e, como sabemos, es el
comienzo de la ob a, pe o, aunque a Ce an es no le in e ese de e mina el si io
conc e o, en ella se mencionan más adelan e, como ya dijimos, muchos luga es eales,
164
De ahí que no apa ezcan demasiados casos de analepsis y p olepsis ni en el Quijo e ni en Escuela de
manda ines: aunque algunos pe sonajes na ado es de his o ias in e caladas ela en sob e sucesos pasados
la na ación no se co a ab up amen e, al igual que cuando se an icipa el u u o.
100
como los de los des inos a los que se di ige don Quijo e en sus es salidas (La Mancha,
Za agoza, Ba celona…) y muchos de los luga es po donde pasan. También los
pe sonajes con los que se encuen an se e ie en a eces a luga es eales.
En es e sen ido es más compleja la si uación en Escuela de manda ines. Así,
aunque se a a de una u opía y po an o se desa olla en un iempo mí ico (“Hace
milenios de milenios exis ía un amoso Es ado, llamado Feliz Gobe nación…”)
165
,
ambién, en un p ocedimien o muy p opio de Espinosa, den o de es e mundo
imagina io y mí ico in oduce a eces opónimos eales con empo áneos.
Los pe sonajes p incipales, a los que nos hemos enido e i iendo, son don
Quijo e y el E emi a, acompañados du an e odo el camino po sus adlá e es, Sancho
Panza en el caso del Quijo e y los soldados que lo cus odian has a la ciudad en Escuela
de manda ines; pe o hay mul i ud de pe sonajes (“ eales” o ic icios) que in e ac úan
con los p o agonis as a lo la go del camino y o os que apa ecen o se mencionan den o
de los ela os o his o ias in e poladas y que opinan, iloso an, discu en, cuen an
his o ias, declaman poemas o pa icipan en ob as de ea o.
Tan o don Quijo e como el E emi a, como hemos is o, ienen un
compo amien o é ico y pe siguen, a su modo, los mismos ines, con la di e encia de
que a don Quijo e, que es á loco, lo mue en las lec u as caballe escas, mien as que al
E emi a lo impulsan unos demiu gos, e lejo de su p opia in e io idad o ocación. El
p ime o p e ende lucha con a mas, al c ee se caballe o de abolengo medie al, mien as
que el E emi a se ald á solo de la palab a como a ma pa a demole la es uc u a
manda inesca.
Y ambos ienen sus con apun os emeninos en sus amadas Dulcinea, en el
Quijo e, y Azenaia, en Escuela de manda ines. En e ellas hay adical di e encia
apa en e
166
, pe o en el ondo son el mo o que empuja a los p o agonis as a cumpli una
misión que, en ambos casos, es más p opiamen e una ocación. G acias a su ecue do se
man ienen cons an es, pe se e an y ecupe an las ue zas cuando decae su ánimo. Así,
165
Escuela de manda ines: “In oducción”, p.59.
166
Ya que, como hemos dicho an es, o man pa e de la adición clásica g eco-la ina (especialmen e de la
ilosó ica de Sóc a es y de Pla ón) que más a de de i a á en la caballe esca. Así, pa ejas amosas
an e io es ue on, en e o as, Dido y Eneas, Dan e y Bea iz, Pe a ca y Lau a o Amadís y O iana.
101
mien as que Dulcinea es una pu a in ención de don Quijo e, p oduc o de su locu a, y
en ealidad se a a de una aldeana ús ica que su imaginación caballe esca ha
ans o mado en una exquisi a dama, el E emi a ha jugado con Azenaia desde niño en
su aldea na al.
Po an o, el ipo de enamo amien o de ambos pe sonajes, de aigamb e
pla ónica, ambién es di e en e: el amo súbi o de Don Quijo e po Dulcinea es ípico
de las no elas de caballe ías y de la poesía o ado esca (es e ipo de amo lo emos
ambién en o as his o ias, in e caladas, como en el episodio del capi án cau i o (I, XL),
mien as que el del E emi a po Azenaia es p og esi o y más se eno, desde los iempos
en que ambos con i ían en su aldea, A emia.
Aunque en las dos ob as nos encon amos en cie os momen os a ambos
p o agonis as ensimismados, lo que se aduce en los la gos monólogos o discu sos del
Quijo e y en el es ilo indi ec o lib e, e lejo del pensamien o del E emi a, en Escuela de
manda ines, los p o agonis as, como sabemos, no eco en solos el camino. Apa e de
los binomios don Quijo e-Sancho y el E emi a-los soldados, a lo la go de oda la ob a
an apa eciendo nume osísimos pe sonajes (muchas eces na ado es secunda ios) que
hacen que se man enga el diálogo ca ac e ís ico y esencial en ambas ob as, como ya
hemos des acado más a iba. De hecho, conocemos a los pe sonajes, más que po sus
acciones, po lo que se dice de ellos, especialmen e en el caso del E emi a.
En e es a pléyade de pe sonajes des acan los de las muje es. La muje , además,
como hemos is o, de con apun o amo oso de los p o agonis as, iene un papel
undamen al en las dos ob as y, sal ando las dis ancias empo ales e his ó icas, muchas
de ellas ienen ca ac e ís icas simila es en el hipo ex o y en el hipe ex o. Las muje es,
sal o pocas excepciones, es án ca ac e izadas como lib es, espon áneas, amo osas,
ue es y cul as (en Escuela de manda ines muchas son las compañe as de los
he e odoxos, homb es cul os a los que apoyan en su lucha con a el égimen
manda inesco median e la aducción de sus esc i os o la copia de sus ideas). Es o es
más llama i o en el caso del Quijo e, sob e odo eniendo en cuen a el a amien o
bu lesco que le daban a la muje o os esc i o es de la época, como el mismo Que edo.
Así, aunque Ce an es man iene oda ía algunos ópicos de la época sob e el
ca ác e y la unción de la muje y, po an o, apa ecen en la ob a muje es sumisas e

102
incul as como el ama y la sob ina y Te esa Panza, o muje es homb unas y sexualmen e
desinhibidas, como Ma i o nes o Aldonza Lo enzo, o an asiosas po desocupadas,
como Al isido a, apa ecen ambién en el Quijo e pe sonajes emeninos como la pas o a
Ma cela, que quie e man ene se lib e de a adu as masculinas; Do o ea, es upenda ac iz,
a en u e a y cul a; o la Duquesa, muje cul a aunque abu ida de su ida, po lo que se
mues a c uel con Don Quijo e y Sancho.
Aún más pe sonajes emeninos y con un a amien o más complejo apa ecen en
Escuela de manda ines. Y, como en el hipo ex o, es án ca ac e izados la mayo ía de
ellos de o ma posi i a (sabida es la admi ación y el amo de Miguel Espinosa po la
muje ), aunque haya algunas excepciones.
De es e modo (no podemos nomb a aquí a odos los pe sonajes emeninos de
una ob a an ex ensa, aunque en algunos sí nos de end emos luego) compa ecen en la
ob a muje es muy ap eciadas po el E emi a como las Azenaias (Azenia Pa zenós,
amada del E emi a, Azenaia E gané, aman e de Lisas o, el Pulimen ado , he e odoxo y
esc i o de na aciones, Azenaia Velada, la esposa de Mi suku i y Azenaia, la Diosa,
símbolo de la sabidu ía); Ne e a is, amiga de los soldados que acompañan al E emi a y
gua diana de las muchachas ecolec o as de memb illos, o Pincia, Feb icia Eulalia,
An a o y Lénice, aman es de los p incipales he e odoxos o disiden es del égimen de los
manda ines.
A es os nomb es hay que añadi , en un p ocedimien o ca ac e ís ico de Espinosa,
los nume osos apodos con que son nomb adas.
Son muy impo an es ambién las mad es, an o es así que muchas eces algunos
pe sonajes, especialmen e de los he e odoxos, se mencionan añadiendo el nomb e de
sus mad es. Así, po ejemplo, el E emi a es “El hijo de Ma a illas” o Lamu o es “El
hijo de Te esa A e o”
167
. Miguel Espinosa u o du an e oda su ida una elación muy
es echa con su mad e, y así la hace p esen e (en un asgo más de in a ex ualidad) en
casi oda su ob a (a excepción de La ea bu guesía). En Escuela de manda ines lo hace
po pa ida doble: además de se la mad e del E emi a es ambién la mad e del pe sonaje
Beocio, o o asun o de Miguel Espinosa en la ob a. Como al la menciona con su
nomb e y apellido eales, Ma a illas Gi onés, y le dedica una p eciosa elegía (en boca
de Beocio, su hijo) en el capí ulo 46.
167
Te esa A e o es el nomb e eal de la esposa de Miguel Espinosa.
103
F en e a las mad es es án las lalas o muje es de los manda ines, ca ac e izadas
más nega i amen e, aunque nunca con la mo dacidad con la que ep esen a a sus
esposos.
Además, en dos ob as de es a en e gadu a pululan muchísimos o os pe sonajes
de di e en e calaña, con dis in as unciones en la ob a, que i emos a ando más
adelan e, cuando eamos los pa alelismos. Algunos de ellos o man pa e, como sucedía
en el Quijo e, de a ios capí ulos consecu i os, como Abellino, Taxiles y Canucio
p esen es en e los capí ulos 26 a 31; y Ma ino y Mi suku i, que se inco po an en el
capí ulo 32 y pe manecen con el E emi a y los soldados has a el 36.
Todos es os aspec os comunes, es uc u ales y de es ilo, que hemos des acado en
el Quijo e y Escuela de manda ines, se comp oba án con más cla idad en el p óximo
apa ado, co ejando a ios ejemplos signi ica i os de pasajes de ambas ob as.
3.4. Pa alelismos emá icos
En un apa ado an e io ya nos hemos e e ido a la in e ex ualidad p esen e en el
Quijo e, lo que hace e iden e la in luencia de cie os emas y mo i os clásicos en ob as
li e a ias pos e io es. Y aunque hay que deci que los emas han sido poco a ados po
los compa a is as debido a su complejidad, a pa i de aho a los pa alelismos emá icos
conc e os que señala emos en e ambas ob as nos se i án pa a es imonia la esis de la
in luencia, que se plasma delibe adamen e en la in e ex ualidad (más o menos explíci a
o li e al) p esen e en la ob a de nue a c eación o hipe ex o.
Al habla de emas nos e e imos aquí a los asun os uni e sales en la li e a u a a
a és de su his o ia, p oceden es del mundo (de la na u aleza y de la cul u a) que, en
unos pocos y decisi os casos pasa on a la li e a u a y que es lo que el esc i o modi ica.
Si enemos en cuen a la uni e salidad de cie os emas li e a ios es p eciso
emi i se a la Ilíada, la Odisea, a la Biblia y a los cuen os o ales de o igen emo o,
cuyos emas son consus anciales a la li e a u a de odos los iempos y luga es: el iaje,
104
la búsqueda de la iden idad del hé oe, la jus icia, el amo , el sen ido del bien y el mal,
e c.
Es os emas abs ac os basados en los conocimien os, los sen imien os, las
emociones y las aspi aciones humanas (o “uni e sales del sen imien o”, como decía
Machado), han de i ado en o os, con los que se elacionan, y así se habla (a eces
como é minos sinónimos) de ema, mo i o, mi o, si uación, ipo (o pe sonaje, o
ac an e), escena, espacio, luga común, opos, imagen, e c.
En nues a his o ia li e a ia nacional casi odos es os emas y mo i os
uni e sales han c is alizado en el Ba oco y se han con e ido en ópicos li e a ios que
se inculan con el mundo, con la poesía y consigo mismos. Así, son emas ya cul u ales
y que se epi en el mi o de la Edad de O o (con algunos opoi como el del amanece
mi ológico), el encuen o no elesco de dos aman es, el de la bajada al In ie no (con
a ian es como la cue a, la g u a o la noche oscu a), el del ca pe diem, el de la ama
pós uma o el del pode iguala o io de la mue e, en e o os.
Más a iba ya hemos dicho que las dos no elas pa en del mo i o del iaje, ema
li e a io uni e sal desde la Ilíada. En el apa ado siguien e, al mos a los pa alelismos
conc e os en e El Quijo e y Escuela de manda ines (la in e ex ualidad explíci a del
hipo ex o en el hipe ex o) a a emos más de enidamen e del o igen de los emas y
mo i os clásicos que con luyen en las ob a de Ce an es y de Espinosa y end emos
ocasión de comp oba cómo desde la apa ición de ob as an monumen ales es e
pa imonio de emas li e a ios uni e sales se ha en iquecido.
105
3.4.1. Luga es y nomb es
Se ha apun ado ya que las dos ob as que nos ocupan son ealis as
168
, y que
ese ealismo, en unas ob as de icción an pode osa, se mues a an o en el ca ác e de
los ela os en sí, como en la p esencia de in inidad de e e encias a an opónimos y
opónimos eales, algunos de ellos con empo áneos a los au o es.
Dejando apa e muchas co espondencias his ó icas y cul u ales cla as que se
pe ciben en la ob a de Espinosa y que ya ue on a adas en o o abajo an e io a es e,
y algunas si uaciones ambién eales que se mencionan en el Quijo e, a las que
end emos ocasión de aludi más adelan e
169
, amos a e e i nos aho a a algunos de los
aspec os me a iccionales más conc e os que se epi en en las dos ob as.
Es e “ ealismo” se mani ies a p o usamen e en el Quijo e, como e emos a
con inuación en el apa ado siguien e, en la abundancia de au o es y ob as que nomb a
Ce an es en el capí ulo VI de la p ime a pa e, cuando el cu a y el ba be o epasan la
biblio eca de don Quijo e pa a decidi cuáles son los lib os pe judiciales pa a él y que
po an o deben hace desapa ece .
Como sabemos, las es salidas de don Quijo e, que pa e de “un luga de la
Mancha de cuyo nomb e no quie o aco da me,”
170
ienen unos des inos pun uales: La
Mancha (donde suceden la mayo ía de los episodios), Za agoza, (pa a pa icipa en las
jus as) y Ba celona
171
, y du an e el camino que eco e jun o a Sancho pasa po luga es
conc e os como Sie a Mo ena (Quijo e I, XXIII, pp. 211-248 y 770), El Toboso
(ciudad de Dulcinea, nomb ada muchas eces a lo la go de la ob a, donde don Quijo e y
Sancho en an al inicio del capí ulo IX de la Segunda Pa e) o Ciudad Real (Quijo e II,
168
No podemos en a aquí en la abundan e bibliog a ía sob e el ealismo en la no ela. Nos e e imos a la
impo ancia que en ambas se da a la ida co idiana de los pe sonajes, lo que da luga al empleo de
an opónimos y opónimos eales.
169
En las páginas. 115 y 116 del capí ulo XIII de Quijo e I, po ejemplo, Ce an es hace e e encia
di ec a a pe sonajes de los p incipales linajes de la an igua Roma, de I alia y de algunos einos de España.
170
Quijo e I, I, p. 27.
171
Solo ci amos una ez, po no epe i nos, algunos de los luga es conc e os po donde pasan los
p o agonis as. Muchos apa ecen nomb ados en más de una ocasión en dis in os capí ulos del lib o.
Incluso hay di e sas opiniones sob e el luga de o igen de don Quijo e. De hecho se han con eccionado
a ias “ u as de don Quijo e”, en e o as la de Tomás López y Joseph de He mosilla pa a la RAE en
1780, la p opues a po Azo ín en 1905, la de José Romagosa Gi onella, que se basa en la de la RAE y la
más ecien e de la Asociación de Amigos del Campo de Mon iel, de 1997.
112
e e en el ex o cinco millones de palab as, lo publicó y espe ó la eacción sin
log a el meno comen a io, elogio, dia iba, éplica ni denuncia. Tan o se
en is eció que enloqueció, isi ó al Comisa io Gene al y mani es ó: “Soy el au o
de aquella Negación To al de Todos los Valo es”. El comisa io epuso: “Y qué me
dices? También compuse yo una Relación de Encomias as del Régimen To ali a io”
Dio an e insis ió: “Te ad ie o que jamás hubo lib o más p o es ón que mi
Negación To al”. Y el Comisa io concluyó: “Dio an e, pa uli o, ¿po qué e
empeñas en usa ocablos an iguos? No sé lo que signi ica la palab a p o es ón”. Al
oí al, de ini i amen e con encido de que nada pod ía log a , Dio an e comp ó una
soga y se aho có.
180
Pe o además del comen a io de ob as ajenas, como en el Quijo e, ambién
algunos pe sonajes son au o es de poemas u ob i as de ea o, que se eci an o
ep esen an a lo la go de la his o ia. El mismo E emi a es au o de la ob i a de ea o
O gía en el alle del Tabladillo, que se ep esen a en el capí ulo30, “Es eno u al”, y de
los di e sos poemas que eci a a lo la go del camino.
Así, jun o al comen a io sob e ob as de o os, en ambas no elas enemos
mues as li e a ias de odos los géne os: na a i o, lí ico, d amá ico, epis ola y, más
p o usamen e en Escuela de manda ines, ensayís icos de ema ilosó ico.
Re i iéndonos especí icamen e a la poesía, en la P ime a Pa e del Quijo e,
además de los poemas del p ólogo enemos en el capí ulo XIV de la P ime a Pa e la
Canción de G isós omo, leída en oz al a po Vi aldo y es án los e sos g abados po
don Quijo e en las co ezas de los á boles dedicados a Dulcinea en el capí ulo XXVI, a
imi ación de Amadís; los dos sone os del capí ulo XXXIV, den o de la no ela del
“Cu ioso impe inen e”, dedicados po Lo a io a Clo i-Camila; en el capí ulo XL, donde
p osigue la his o ia del cau i o, los sone os que eci an el caballe o y el cau i o. Y
inalmen e los poemas que dedican a los p o agonis as del Quijo e los poe as de
A gamasilla, con los que Ce an es cie a la P ime a Pa e.
En la Segunda pa e Ce an es sigue in oduciendo poemas, como el omance
bu lesco dedicado po Al isido a a don Quijo e en el capí ulo XLIV o el que don
Quijo e can a en memo ía de Dulcinea en el capí ulo XLVI, en e o os.
Y en Escuela de manda ines apa ecen poemas ambién desde el comienzo, como
ya dijimos sin segui las es o as clásicas adicionales, sino esc i os en e so lib e. En
el capí ulo 2, an es de abandona su aldea, el E emi a eci a la “Canción de despedida”,
180
Capí ulo 29: “A iciones de au o ”, p. 263.

113
(p. 77-78) y la “Canción del obs inado”; en el capí ulo 7 unas mozuelas can an y bailan
en un albe gue del camino la la ga “Canción de la Muchacha que Baila”, compues a po
sie e es o as; Ceb ino, el expe o en b ujas y aquela es, in en a explica a los soldados
en el capí ulo 50 cómo dis ingui a las b ujas, lo que in en a con un poema. Los
soldados no en ienden bien la explicación:
─¡Qué bien hablas! En esumen, las llamas e pu as −susu a on los soldados.
─¿Cómo imagináis esa o dina iez? […]. Y moduló calmosamen e:
Apodamos pu e ía lo que no en endemos,
y, sin más, inju iamos los ca ac e es;
idículos somos an e el g an su ido
que manando alan es luye sin lími e.
181
Hay o os muchos poemas de ono sa í ico y bu lón diseminados a lo la go de
los capí ulos del lib o, que no da luga a a a aquí. Como emos, la poesía en Escuela
de manda ines aba ca emas di e sos, aunque, como en el Quijo e, las más de las eces
apa ecen poemas amo osos dedicados (a eces ambién can ados, como hace el hidalgo
pa a su Dulcinea) a Azenaia, como es e que comienza así:
A Azenaia
En e dad que uis e la llanu a anquila,
la planicie donde co í de niño,
la blanca sábana que endí y des endí
en mis sueños in an iles,
el cua o de mis jugue es,
mi ambo y mi lau a,
la ausencia y la p esencia de odas las cosas.
Te e elas e como gacela que espe a;
qui as e la nie e de mi os o,
ozas e us mejillas con las mías,
colocas e la jo aina bajo mis pies,
la as e mis llagas y desen umecis e mis músculos.
182
181
Capí ulo 50: “Re lexiones sob e el A e”, p.425.
182
Capí ulo 40: “Oscu idad y luz”, p. 352.
114
3.4.3. Jus icia y amo
Hemos p e e ido a a es os dos emas, apa en emen e dis in os, en un solo
apa ado, po que ambos se co esponden con los obje i os que pe siguen los dos
p o agonis as. En e ec o, es os dedican su ida a “des ace ue os” y pa a ello eciben la
inspi ación y la ue za necesa ia de sus amadas, Dulcinea del Toboso y Azenaia
Pa zenós.
Y ello, aunque las ci cuns ancias y las mo i aciones de don Quijo e y del
E emi a sean dis in as. Mien as Don Quijo e, en su locu a, sob e odo al comienzo del
lib o, p e ende hace jus icia mo ido po las acciones lle adas a cabo po sus hé oes de
los lib os de caballe ías, y los obs áculos que se lo impiden son los hados o algún
encan ado en idioso, el E emi a de Escuela de manda ines sale olun a iamen e de su
aldea con cla a conciencia de cumpli una misión ineludible y sabedo de las
di icul ades p opias de un disiden e.
Po ello, a pesa de las e iden es di e encias, los dos, al pe segui los mismos
ines, son homb es buenos, alien es y cul os, sin p e ensiones pe sonales mundanas,
que no sopo an una ealidad que a en con a de lo que en conciencia c een jus o.
Sob e odo, no pueden su i a los sobe bios e hipóc i as (que en a ían en lo que Miguel
Espinosa llama “Cosas Úl imas”: lo a i icial, lo p emedi ado, de ahí la c í ica a los
es udiosos “o iciales” o Enmuce ados) y, po el con a io, su amo po la na u aleza y
los se es más débiles y espon áneos: las muje es, los niños, los pas o es y la gen e del
pueblo, en gene al (Las “Cosas P ime as” en Escuela de manda ines).
Así, el E emi a simpa iza (aunque alo e más su libe ad y no se adsc iba a
ninguno) a lo la go de la ob a con los mo imien os he e odoxos enemigos del égimen
absolu o de los manda ines.
Ambos, a lo la go de la ob a, son en ados en sus i mes con icciones pa a
hace los cambia de ac i ud, pe o se man ienen insobo nables. Veamos algunos
ejemplos de ambas ob as:
En el capí ulo XX de la p ime a pa e Don Quijo e, al oí unos ex años uidos
en la noche, mien as descansa jun o a Sancho, p e ende sali a comp oba quién los
p o oca y a lucha si es necesa io. An e el emo y las lág imas de Sancho y los uegos
pa a que desis a, Don Quijo e esponde:
115
Espé ame aquí has a es días no más, en los cuales, si no ol ie e, puedes ú
ol e e a nues a aldea, y desde allí po hace me me ced y buena ob a, i ás al
Toboso, donde di ás a la incompa able seño a mía Dulcinea, que su cau i o
caballe o mu ió po acome e cosas que le hiciesen digno de pode llama se suyo.
183
Pa a más adelan e añadi :
Que no se ha de deci po mí aho a, ni en ningún iempo, que lág imas y uegos
me apa a on de hace lo que debía a es ilo de caballe o; y así e uego, Sancho, que
calles, que Dios que me ha pues o en co azón de acome e aho a es a an no is a y
an he mosa a en u a, end á cuidado de mi a po mi salud, y de consola u
is eza; lo que has de hace es ap e a bien las cinchas a Rocinan e y queda e aquí,
que yo da é la uel a p es o, o i o o mue o.
184
También deja cla os sus p incipios en la espues a a la du a e injus a
ep ehensión que el eclesiás ico que es á en casa de los duques le hace po las locu as de
p e ende se caballe o:
Unos an po el ancho campo de la ambición sobe bia, o os po el de la
adulación se il y baja, o os po el de la hipoc esía engañosa, y algunos po el de
la e dade a eligión; pe o yo, inclinado de mi es ella, oy po la angos a senda de
la caballe ía andan e, po cuyo eje cicio desp ecio la hacienda, pe o no la hon a.
185
El E emi a es p obado ambién en nume osas ocasiones, y se niega a cambia su
pa ece po muchos a gumen os que ac úen en con a de sus descabelladas p e ensiones,
como sucede cuando los soldados, que ya conocen su alía pe sonal, a guyen que más
a de o más emp ano cede á en su obs inación:
─Po mucho que a guyáis, he manos soldados, nunca acep a é el po eni que
ues a espe anza me o ece, pues con a ía mi ca ác e . Bien sabéis que abandoné
mi pa ia pa a p o es a , ama y a e gonza me de e la Feliz Gobe nación
−acla é.
186
183
Quijo e I, XX, p. 175.
184
Ibíd., p. 176.
185
Quijo e II, XXXII, p. 795.
186
Escuela de manda ines, capí ulo 41: “Ocasión de me ecimien os”, p. 358.
116
Pa a después segui insis iendo en que su misión es e dade amen e una
ocación y un des ino:
─Comp ended, os lo uego, que no pueda complace me un u u o de
colabo acionis a, alejado de Azenaia, mi amo , y de mi dulce pa ia; y no po que así
lo p e ie a mi olun ad ni cie a egla, sino po que mi na u aleza declina y se
en is ece con las cosas de los manda ines. En e dad os digo que se ía un manda ín
sin en usiasmo ni ap ecio del ca go, ocioso e inep o, a quien se le cae ía la Esc i u a
de las manos y la hipocond ía del os o, y aún esul a ía peo lego.
187
Más adelan e, ce ca ya de la Ciudad y po an o del juicio de los manda ines, un
ecino de su aldea, que lo econoce y se ex aña de e lo p isione o, le o ece in e cede
po él an e su u u o sueg o, el G an Lego de los Bas imen os, con la condición de que
cese en su p o es a. Al nega se el E emi a, lo ien a emocionalmen e, haciéndole duda
de los demiu gos y pensa en el incie o u u o de sus pad es y de Azenaia. Pe o es en
ano: “─He mano Celes ino ─ epliqué, pe dona que mis oídos esul en so dos; los
dados es án odados; el camino, azado; y mi ida, de e minada. Reg esa é a la pa ia,
pe o no de aquella mane a, sino cuando odo se haya cumplido.”
188
En la medida en que ambos encen la en ación mundana, son pe sonas lib es de
lo que Miguel Espinosa llama “El Malo”
189
. De ahí que an o el Quijo e como Escuela
de manda ines sean, sob e odas las cosas, un can o a la libe ad, sob e odo de
conciencia, pe o ambién ísica.
Po eso don Quijo e, en el episodio de los galeo es del capí ulo XXII de la
p ime a pa e, libe a a Ginés de Pasamon e, a pesa de econoce que no es inocen e. Y
en el episodio del cau i o ( asun o del p opio Ce an es, p isione o en A gel) se dice:
G acias sean dadas a Dios −dijo el cau i o− po an as me cedes como le hizo, po que
no hay en la ie a, con o me mi pa ece , con en o que se iguale a ecupe a la libe ad
pe dida.
190
El hidalgo, en uno de sus más amosos diálogos con Sancho, esume de o ma
inequí oca la signi icación de la libe ad:
187
Ibíd.
188
Ibíd., 60: “Un ecino”, pp. 513-514.
189
En la no a 5 del capí ulo 29, Miguel Espinosa lo de ine como “la an í esis de la e dad, de la bondad y
de la ida […], símbolo que se opone, po de inición, a odo bien”.
.
190
Quijo e I, XXXIX, p. 407.
117
La libe ad, Sancho, es uno de los más p eciosos dones que a los homb es
die on los cielos; con ella no pueden iguala se los eso os que encie a la ie a ni el
ma encub e; po la libe ad así como po la hon a se puede y debe a en u a la
ida, y, po el con a io, el cau i e io es el mayo mal que puede eni a los
homb es.
191
El E emi a ambién alo a su p opia libe ad po encima de odo. Po eso,
aunque le o ecen pe enece a cie os mo imien os he e oxos pa a así ene más ue za
en su lucha con a el sis ema manda inesco, a pesa de es a de acue do con los
pos ulados, siemp e se niega y p e ie e ac ua en soli a io.
Jun o con la jus icia y la libe ad, el ema que es á más p esen e en ambas ob as
es el del amo . Amo po los des alidos y op imidos, que p o oca que ambos
p o agonis as luchen cada uno a su modo con a los encan ado es o con a los
manda ines, y ambién amo exclusi o a sus damas, uen es de inspi ación, sopo e en
sus luchas, consuelo en las ad e sidades y des ina a ias de sus log os.
Los mismos p o agonis as se enca gan de deja cla a la impo ancia de la muje
en sus idas: “O as muchas eces lo he dicho, y aho a lo uel o a deci : que el
caballe o andan e sin dama es como el á bol sin hojas, el edi icio sin cimien o y la
somb a sin un cue po de quien se cause.”
192
También el E emi a, que, impulsado po los es demiu gos (su p opia ocación
o necesidad in e io ), iene que sali de su aldea pa a p o es a con a la Feliz
Gobe nación, lo hace econ o ado po el ecue do de su amada Azenaia y mo i ado
po el deseo de eencon a se con ella cuando su misión haya e minado. La di e encia
con la Dulcinea del Quijo e es á en que Azenaia es alcanzable, no es un amo pla ónico,
sino ausen e (el E emi a no es á loco), como comp obamos en muchos pasajes,
conc e amen e en el del capí ulo 25, donde unas muchachas que ecolec an memb illos,
amigas de los soldados que lo acompañan, incluso le dedican canciones.
Hay muchísimos ejemplos pa alelos de es a en ega a la dama en ambas ob as:
En el capí ulo VIII de la P ime a Pa e, an es de acome e la a en u a de los
molinos, don Quijo e se encomienda a Dulcinea: “Y en diciendo es o, y
191
Quijo e II, LVIII, pp. 984-985.
192
Ibíd., XXXII, p. 800.

118
encomendándose de odo co azón a su seño a Dulcinea, pidiéndole que en al ance le
soco iese […]”
193
Y más adelan e, en la Segunda Pa e, an es de en a en la cue a de Mon esinos:
─¡Oh seño a de mis acciones y mo imien os, cla ísima y sin pa Dulcinea del
Toboso! Si es posible que lleguen a us oídos las plega ias y ogaciones de es e u
en u oso aman e, po u inaudi a belleza e uego las escuches, que no son o as
que oga e no me niegues u a o y ampa o, aho a que an o le he menes e .
194
En el capí ulo 48 de Escuela de manda ines, cuando los soldados que lo
acompañan le ep ochan que sus p e ensiones son exage adas y que odo iene un lími e,
el E emi a esponde: “¿Po qué os acalo áis, he manos? P e endo cosas jus as: la caída
de los manda ines y la cons ancia de Azenaia −aduje”.
195
Los dos p o agonis as pasan la gas ho as eco dando a sus amadas:
Toda aquella noche no du mió Don Quijo e, pensando en su seño a Dulcinea,
po acomoda se a lo que había leído en sus lib os, cuando los caballe os pasaban sin
do mi muchas noches en las lo es as y despoblados, en e enidos con las
memo ias de sus seño as.
196
Vi í en silencio las ho as siguien es, sumido en la memo ia de Azenaia, has a
que, a media mañana, mi co azón y mi boca exhala on de es a mane a:
Azenaia: Siendo niño, ya e amaba;
siendo muchacho, e anhelaba;
siendo mozo, e buscaba,
y siendo homb e, me des inas[…].
197
Impulsados po su amo , ambos p o agonis as, en muchas ocasiones, ponde an
en público a su amada u ilizando sob enomb es elogiosos.
193
Quijo e I, VIII, p.76.
194
Quijo e II, XXII, pp.720-721.
195
Capí ulo 48: “El Quin o Nomb e”, p. 409.
196
Quijo e I, VIII, p. 78.
197
Capí ulo 60: “Un ecino”, p. 515.
119
Don Quijo e espe a en el capí ulo IV de la P ime a Pa e a los me cade es
oledanos que c ee caballe os andan es: “Todo el mundo se enga, si odo el mundo no
con iesa que no hay en el mundo odo doncella más he mosa que la Empe a iz de la
Mancha, la sin pa Dulcinea del Toboso”.
198
Cuando el E emi a y los soldados llegan pa a descansa al pa ado de Camb anio
en a un homb e sen ado a una mesa, esc ibiendo. El E emi a le p egun a quién es y
es e con es a:
─Miguel Espinosa − eplicó, y soy el jugla de Azenaia. Nada más debes sabe
sino que, amén de gana mi pan como e sis a con a ado, hago dos únicas cosas:
can a cons an e a la Sola, la I epe ible, la elicísima Azenaia, ambién llamada
Me cedes, hija de Teodosio Rod íguez, nacida en el Valle de Tabladillo.
199
También se hace en las dos ob as la desc ipción ísica de la dama, en el Quijo e
siguiendo los ópicos del Renacimien o sob e la belleza emenina. Según la isión de
don Quijo e:
[…] pues en ella se ienen a hace e dade os odos los imposibles y quimé icos
a ibu os de belleza que los poe as dan a sus damas: que sus cabellos son o o, su
en e campos elíseos, sus cejas a cos de cielo, sus ojos soles, sus mejillas osas,
sus labios co ales, pe las sus dien es, alabas o su cuello, má mol su pecho, ma il
sus manos, su blancu a nie e, y las pa es que a la is a humana encub ió la
hones idad son ales, según yo pienso y en iendo, que sólo la disc e a conside ación
puede enca ece las, y no compa a las.
200
Todo lo con a io, po cie o, a la ealidad: en la P ime a Pa e eco demos la
desc ipción de Sancho, en con as e con los a ibu os que le pone la imaginación de don
Quijo e:
─Bien la conozco −dijo Sancho−, y sé deci que i a an bien una ba a como el
más o zudo zagal de odo el pueblo. ¡Vi e el Dado , que es moza de chapa, hecha
y de echa y de pelo en pecho, y que puede saca la ba ba del lodo a cualquie
198
Quijo e I, IV, p. 53.
199
Escuela de manda ines, capí ulo 59: “La ama de Azenaia”, p. 500. Es e capí ulo es el más cla o
ejemplo de me a icción de odo el lib o: apa ece el au o , Miguel Espinosa, como pe sonaje que esc ibe
poemas dedicados a Azenaia basándose en la his o ia del E emi a, que ya es conocida de oídas. Se á
ambién quien después esc iba la his o ia comple a.
200
Quijo e I, XIII, p. 115.
120
caballe o andan e o po anda que la u ie e po seño a! ¡Oh hidepu a, qué ejo que
iene, y qué oz! Sé deci que se puso un día encima del campana io del aldea a
llama unos zagales suyos que andaban en un ba becho de su pad e, y, aunque
es aban de allí más de media legua, así la oye on como si es u ie an al pie de la
o e. Y lo mejo que iene es que no es nada melind osa, po que iene mucho de
co esana: con odos se bu la y de odo hace mueca y donai e.
201
A di e encia de es a po meno izada p osopog a ía que hace Ce an es de
Dulcinea, Miguel Espinosa, aunque ambién des aca algunos de los asgos ísicos de
Azenaia más admi ados po él (sin acudi ya a los ópicos enacen is as sob e la belleza
emenina), la desc ibe las más de las eces po sus cualidades. Los p opios soldados,
que ya han oído in inidad de eces habla de ella, comen an que hay has a cuad os que
la ep esen an así:
Sin duda, el a is a e obó la mi ada, pues la pin ó le e y i a, de ojos glaucos
y sua ísima ez mo ena
202
, an inusada y bellamen e dibujada po la Na u aleza que
pa ecía no edad en el mundo. Ya quisié amos el cuad o pa a con o a nos en la
umba.
203
Po la ama que ya han conquis ado, en ocasiones ambos p o agonis as se en
eque idos de amo es y, aunque es o los halaga, e incluso a eces se sien en a aídos po
la belleza y la pe sonalidad de las solici an es, nunca cae án en la en ación y
pe manece án ieles a sus damas. Don Quijo e se lamen a así de las demandas amo osas
de Al isido a:
¡Que engo de se an desdichado andan e que no ha de habe doncella que me
mi e que de mí no se enamo e! ¡Que enga de se an co a de en u a la sin pa
Dulcinea del Toboso que no la han de deja a solas goza de la incompa able
i meza mía! ¿Qué la que éis, einas? ¿A qué la pe seguís, empe a ices? ¿Pa a qué
la acosáis, doncellas de a ca o ce a quince años? […] Llo e o can e Al isido a,
desespé ese Madama, po quien me apo ea on en el cas illo del mo o encan ado,
que yo engo que se de Dulcinea.
204
201
Ibíd., XXV, p. 242.
202
La desc ipción ísica que hace Miguel Espinosa de Azenaia/Me cedes Rod íguez se pa ece más (al
igual que en odas sus ob as) a la de la esposa del Can a de los Can a es bíblico:
Neg a soy, pe o g aciosa, / hijas de Je usalén, / como las iendas de Queda , / como los
pabellones de Salmá. / No os ijéis en que es oy mo ena […] / Los hijos de mi mad e se ai a on con a
mí; / me pusie on a gua da las iñas; / y mi iña, que e a mía, no gua dé.
203
Escuela de manda ines, capí ulo 68: “El nomb e de Azenaia”, p. 568.
204
Quijo e II, XLIV, pp. 886-887.
121
Pa a más adelan e ea i ma su leal ad a Dulcinea an e la insis encia de la
muchacha:
─Muchas eces os he dicho, seño a, que a mí me pesa de que hayáis colocado
en mí ues os pensamien os, pues de los míos an es pueden se ag adecidos que
emediados: yo nací pa a se de Dulcinea del Toboso, y los hados (si los hubie a)
me dedica on pa a ella, y pensa que o a alguna he mosu a ha de ocupa el luga
que en mi alma iene es pensa lo imposible.
205
En Escuela de manda ines has a los soldados se so p enden de que las
muchachas queden p endadas del E emi a, e incluso le en idian: “Las has chi lado,
mien as noso os hacemos el idículo”
206
, exclaman, cuando en el capí ulo 25 unas
mozuelas, an iguas amigas suyas, lo equieb an y le dedican canciones.
Pe o, como don Quijo e, a pesa de su admi ación po la na u alidad y belleza de
las muchachas, no co esponde a sus equieb os amo osos, lo que es omado a mal po
ellas.
También sucede algo pa ecido en el capí ulo 29. Du an e una pa ada en el
camino, unas muchachas lo descub en:
─¡Vaya! Aquí es á el guapo exca celan e, el gen il mancebo y el ímido oyen e.
─Dejadle, −mani es ó una. Y se o illó a mis pies, pa a susu a me: −Guapo
exca celan e, quéda e unos días, a in de que, luego, nos lle es y e lle emos en la
pupila.
207
Y no solo se enamo an del E emi a las campesinas: Lala Azenaia, esposa del
manda ín Teopompo, al e lo en a en la Ciudad paga al abogado Ped a ias pa a que lo
de ienda. Y Feb icia Eulalia, la amada y colabo ado a de Lamu o, uno de los disiden es
más impo an es de la Feliz Gobe nación:
─Tal e eo y oigo, me obse as y escuchas, que si no ue a enamo ado de
Azenaia Pa zenós y obligado a ella, de i me enamo a a po des ino,
─Conozco a esa Azenaia, an amosa como ú mismo ─con es ó sin apa a me
los ojos─, y no ienes que ol ida la y oca la, pues, amándo e con mis ue zas, amo
a Lamu o, el Memo ión, de quien esul o uego sepa ado
208
.
205
Ibíd., LXX, p. 1080.
206
Escuela de manda ines, capí ulo 25: “Recolección de memb illos”, p. 235.
207
Ibíd., 29: “A iciones de au o ”, p. 266.
128
elie es se lab a án, que su igu a pa ece á condición del mundo: los niños la
adi ina án como a las o mas na u ales.
226
En in, es a ama de Azenaia, y jun o a ella la del E emi a, c is aliza en los
capí ulos 59: “La ama de Azenaia” (al que ya nos hemos e e ido) y 68: “El nomb e de
Azenaia”, dedicados especialmen e a la muje . En es e úl imo, p óximos ya el inal del
lib o y el camino del E emi a, los soldados, an es de despedi se de él, le p egun an:
─Mozo, ¿p e endes a i ma que u Azenaia, la Hija de Teodosio Rod íguez, el
médico del Valle del Tabladillo, de end á más amosa que los G andes Pad es,
dic ado es, P ocónsules, manda ines, ilóso os y p opie a ios de la Feliz
Gobe nación? −p egun a on los soldados.
─En e ec o, he manos − espondí−; de esos no queda á signo, o, si acaso,
enneg ecidas condeco aciones en e gene ales osa ios.
227
3.4.5. Rús icos y cul i ados
En ambas ob as, an llenas de con as es, nos encon amos con pe sonajes cul os,
como el cu a, el ba be o, el bachille Sansón Ca asco, los duques y el mismo don
Quijo e, en e o os; en e a o os más popula es, en e ellos Sancho, los soldados, y los
campesinos, pas o es y cab e os que los p o agonis as an encon ando a lo la go del
camino.
Y en Escuela de manda ines en e los pe sonajes cul os es a ían los manda ines,
el p opio E emi a, los miemb os de algunas ins i uciones eligiosas y, sob e odo, el
g upo que o man los he e odoxos, es deci , los g upos de oposición al gobie no de los
manda ines. Sin ol ida a muchas muje es, en e ellas Azenaia y muchas o as
elacionadas con los he e odoxos que colabo an con ellos. Y, a semejanza del Quijo e,
pululan mul i ud de pe sonajes pe enecien es al Pueblo, como campesinos, pas o es,
soldados, mozuelas, e c. (el conjun o de se es que Miguel Espinosa incluye en las
“Cosas P ime as”).
Los pe sonajes de ambas clases o es a os sociales son ca ac e izados an o po
Ce an es como po Miguel Espinosa po su o ma de habla (ya hemos señalado la
226
Ibíd., 31: “Un P edicado ”, p. 283.
227
Ibíd., 68: “El nomb e de Azenaia”, p. 570.

129
impo ancia del diálogo y cómo los pe sonajes se e a an median e el mismo). No
obs an e, los pe sonajes pe enecien es al pueblo no come en (sal o algunas
excepciones
228
) inco ecciones o ulga ismos, aunque se empleen muchas exp esiones
popula es, in e jecciones e incluso algunas palab as malsonan es, es o úl imo en
poquísimas ocasiones. Veamos a ios ejemplos de es e lenguaje popula :
Dice Sancho en el capí ulo XVII de la P ime a Pa e, después de la a en u a de
la en a: “¡Desdichado de mí y de la mad e que me pa ió, que ni soy caballe o andan e
ni lo pienso se jamás, y de odas las malandanzas me cabe la mayo pa e!”
229
Y en el capí ulo XXXV de la Segunda Pa e, cuando conoce las condiciones
pa a desencan a a Dulcinea:
─¡Vo o a al! −dijo a es a sazón Sancho−. No digo yo es mil azo es, pe o así
me da é yo es como es puñaladas. ¡Vála e el diablo po modo de desencan a !
¡Yo no sé qué ienen que e mis posas con los encan os! ¡Pa Dios que si el seño
Me lín no ha hallado o a mane a como desencan a a la seño a Dulcinea del
Toboso, encan ada se pod á i a la sepul u a!
230
En Escuela de manda ines los soldados hablan así:
Hace es años isi amos el Valle del Tabladillo, buscando mozas pa a la
ecolección de pe as. El cu ande o del luga , cie o Teodosio Rod íguez, nos
e en ó unos g anos y nos limpió la casca ia con ayuda de una Azenaia, su hija,
que sos enía la jo aina y cambiaba el agua. ¿Se á u amosa dama?
[…]
─¡Risueños dioses! –sen encia on–, en e dad que la muchacha pa ece
a anosilla y posee mon añas, alles, planicies y lo es as en su cue po, como
cualquie o a; pe o nada más descub imos de an a g andeza. ¿No se á que los
Demiu gos e chi la on?
231
Es deci , que aunque se man iene el deco o poé ico p opio del Siglo de O o,
incluso los pe sonajes popula es se exp esan en las exquisi as p osas, en su e sión
coloquial, de Ce an es y Espinosa. Así, emos en el Quijo e, especialmen e en la
p ime a pa e, cómo pas o es y cab e os cuen an deliciosas his o ias que a aen y
228
En el capí ulo VII de Quijo e II (pp. 595-600), po ejemplo, enemos unas di e idas mues as de cómo
don Quijo e enmienda la o ma de habla de Sancho.
229
Quijo e I, XVII, p. 147.
230
Quijo e II, XXXV, p. 824.
231
Capí ulo 48: “El Quin o Nomb e”, pp. 407-408.
130
delei an a sus oyen es, en e o as, el episodio de la pas o a Ma cela de los capí ulos XII
a XIV; o la his o ia de Leand a que cuen a un cab e o en el capí ulo LI.
Es ca ac e ís ico al mismo iempo, más aún en Escuela de manda ines, que
pe sonajes muy cul os se dediquen a a eas ag ícolas o engan p o esiones a esanales,
como la mayo ía de los undado es y los más des acados ep esen an es de los
mo imien os he e odoxos que an en con a del gobie no de los manda ines, así
Lamu o, apodado el Alcalle o, el Al a e o y el Ce amis a; El Calde e o Au odidac o, el
Tapice o Re lexi o, el Pla e illo Au odidac o o el Talaba e o Au odidac o. Es o sucede
asimismo con muchas muje es cul as como An a o, la aman e del Tapice o
Re lexi o
232
, que, apa e de se la que edac a y cuida de su ob a es pas o a de ánades,
o Feb icia Eulalia, aman e de Lamu o, a la que ya nos hemos e e ido, que es na ado a
de his o ias.
En es e sen ido hay muchos ejemplos pa alelos donde se hace e iden e la
p e e encia (más acen uada aún en Escuela de manda ines) de los au o es po los
pe sonajes sencillos de co azón que, como emos, se dedican a los o icios más di e sos,
muchos ya en desuso, Así, po ejemplo, Miguel Espinosa, con su habi ual exhube ancia
e bal, ci a la gas lis as de p o esiones como ejedo es, co e os, chacine os, posade os,
ebanis as, pulimen ado es, alcalle os, apice os, calde e os, abace os, jabone os,
golille os, alaba e os, onele os, cabes e os, inaje os, bo ije os, capache os,
zu cido es, co dele os, cuchille os, es a cido es, enlucido es, pocilgue os, boñigue os,
esquilado es, ca e e os, empacado es, es ibado es, ma ine os, come cian es, e c.
De es e modo, en ambas ob as se c i ican y hacen bu las de lib os p esun amen e
e udi os que, de ás de su mucha palab e ía, en ealidad no encie an ningún
con enido.
233
De ahí, po ejemplo, la i onía de Sancho an e la anaglo ia del p imo, que
comen a con Don Quijo e y con él, de camino a la cue a de Mon esinos, odos los lib os
que ha esc i o basándose en los clásicos e incluso, según él, supe ándolos,
O o lib o que engo, que le llamo Suplemen o a Vi gilio Polido o, que a a de
la in ención de las cosas, que es de g ande e udición y es udio, a causa que las
232
Vemos aquí como muchos pe sonajes son nomb ados solo po sus apodos, en un p ocedimien o muy
usado po Espinosa.
233
Capí ulo 34: “Quinien os encomios”, p. 308. Aquí se nomb an í ulos an signi ica i os po su
banalidad como el “Dicciona io de Palab as Adic as”, eng osado con “Relación de Adje i os
Con o mizan es”, y un “Ca álogo de Nomb es a Con o miza .”
131
cosas que se dejó de deci Polido o de g an sus ancia las a e iguo yo y las decla o
po gen il es ilo. Ol idósele a Vi gilio de decla a nos quién ue el p ime o que u o
ca a o en el mundo, y el p ime o que omó las unciones pa a lib a se del mo bo
gálico, y yo lo decla o al pie de la le a, y lo au o izo con más de ein e y cinco
au o es, po que ea ues a me ced si he abajado bien y si ha de se ú il el al lib o
a odo el mundo.
Sancho, que había es ado muy a en o a la na ación del p imo, le dijo:
─Dígame, seño , así Dios le dé mande echa en la imp esión de sus lib os:
¿hab íame deci , que sí sab á, pues odo lo sabe, quién ue el p ime o que se ascó
la cabeza, que yo pa a mí engo que debió de se nues o pad e Adán?
234
An e es as bu las de Sancho, don Quijo e, ap eciando la lógica de su escude o,
sen encia: “─Más has dicho, Sancho, de lo que sabes −dijo don Quijo e−, que hay
algunos que se cansan en sabe y a e igua cosas que después de sabidas y a e iguadas
no impo an un a di e ni al en endimien o ni a la memo ia”.
235
En el capí ulo 11 de Escuela de manda ines, asis imos en un pa ado al diálogo
en e a ios pe sonajes: Abellano habla con Con ecio, enemigo de la Feliz Gobe nación,
que lle a siglo y medio siguiendo a Sonsabio, Enmuce ado os en ado de un sinnúme o
de í ulos y ca gos, odos emune ados, pa a ecopila sus ob as, y se mani ies an así:
─Y ¿cuál de es os í ulos ap ecia más? −p egun ó Abellano.
─Sin duda, el de Filóso o Enmuce ado y Con as ado, po su ca ác e o icial,
dec e ado, es a uido, pagado y acacionado, amén de en idiado po una jau ía de
a icionadillos.
─¡E a de supone ! Y ¿dónde es á aho a?
─Lucha en es e Pa ado con a una indiges ión de se as. De ez en cuando su e
un a acón y ege a en e la a i a y la a i a, con abulando nue os discu sos,
encomios, plá icas y e o ines en de ensa de la Feliz Gobe nación.
[…]
─¿Qué ecundidad posee u Maes o?
─I i a con esa lo, pe o, según mis cálculos, es e insano ha compues o unas
seiscien as mil piezas, muchas de las cuales ni él mismo ecue da.
236
El E emi a ambién se bu la en muchísimas ocasiones del compo amien o de los
manda ines y, sob e odo, de los es udiosos o iciales o Enmuce ados y de sus ob as, que
la mayo pa e de las eces es án esc i as po o os (Mi suku i, po ejemplo, pe sonaje
que apa ece en el capí ulo 33, como e emos, se dedica a esc ibi discu sos pa a los
234
Quijo e II, XXII, pp. 718-719.
235
Ibíd., p. 719.
236
Escuela de manda ines, capí ulo 11: “Rela o inc eíble”, pp. 126-127.
132
manda ines y sus adep os pa a sob e i i , aunque en el ondo es un he e odoxo). E
incluso de El Lib o, o La Esc i u a, el lib o o icial de los manda ines, inspi ado
supues amen e po unos demiu gos (los Demiu gos Pensan es), que e a, al p incipio, un
compendio de no mas mo ales y de conduc a pa a el buen gobie no de la sociedad, po
las que debía egi se el Pueblo pa a que se man u ie an la paz y el o den cí ico. Pe o
que, a lo la go de los milenios, se ue ampliando y modi icando po los sucesi os
manda ines, has a el pun o de llega a con e i se en un mamo e o absu do, lleno de
p ohibiciones y no mas demasiado es ic as y a asallado as pa a el pueblo, que a lo
que en ealidad conducían e a a man ene , a base de miedo, el pode absolu o de los
manda ines y del Au óc a a o Dic ado .
Como es amos comp obando, y segui emos iendo en los siguien es apa ados,
hay muchísimos ejemplos de es a p e e encia po lo que Miguel Espinosa llama “las
Cosas P ime as”. En uno de los a os de silencio y ecue do de Azenaia, en medio de la
na u aleza, el E emi a comienza un poema espon áneo que oyen los soldados. Al se
p egun ado po es os quién es esa Azenaia que me ece an o elogio, es e les esponde
con unos e sos del poema, que se pueden ans e i al Pueblo: “/ el ins an e o igina io, /
el susu o de lo i ien e, / el con inuum de las cosas /”.
En elación con la sabidu ía popula , uno de los asgos in e ex uales más
ca ac e ís icos de Miguel Espinosa omados del Quijo e (y que Ce an es a su ez oma
de los clásicos) es el lenguaje sen encioso, que se mani ies a en la inclusión de dichos y
e anes popula es que dan i acidad a los diálogos. Pond emos solo algunos ejemplos
de los muy nume osos en ambas ob as, que a an de muy di e sos emas e e en es al
compo amien o humano.
En el caso de los e anes o exp esiones popula es del Quijo e, sabemos que la
mayo ía es án en boca de Sancho. Hay incon ables ejemplos, muchos de los cuales
pe i en en la ac ualidad, que no podemos inclui aquí al comple o. Tan o es así que a
eces a don Quijo e le p oducen ha azgo: “¡Maldi o seas de Dios y de odos sus san os,
Sancho maldi o −dijo don Quijo e−, y cuándo se á el día, como o as muchas eces he
dicho, donde yo e ea habla sin e anes una azón co ien e y conce ada!”
237
237
Quijo e II, XXXIV, p. 817.
133
Así, a lo la go del Quijo e apa ecen nume osísimos e anes o exp esiones
popula es como es os pocos ex aídos solo del de 1615: “En o as casas cuecen habas, y
en la mía a calde adas” (capí ulo XIII); “cada o eja con su pa eja” (capí ulo XIX); “el
buey suel o, bien se lame” y “paciencia y ba aja ” (capí ulo XXII); “dime con quién
andas: deci e he quién e es” (capí ulo XXIII); “espan óse la mue a de la degollada”
(capí ulo XLIII); “ odos los duelos con pan son buenos” (capí ulo LV) o “a quien Dios
se la die e, San Ped o se la bendiga” y “pa a odo hay emedio, si no es pa a la mue e”
(capí ulo LXIV).
A eces Sancho p o ie e los e anes ensa ados, en unas e ahílas que unas
eces p o ocan la isa de los oyen es y o as el en ado de don Quijo e.
Cuando acaba de deja la ínsula y cae en la sima, pide ayuda y, en ese ance, un
es udian e c i ica la mala ges ión de los gobe nan es. Sancho le esponde así:
Ocho días o diez ha, he mano mu mu ado , que en é a gobe na la ínsula que
me die on, en los cuales no me i ha o de pan siquie a una ho a; […] y siendo es o
así, como lo es, no me ecía yo, a mi pa ece , sali de es a mane a. Pe o el homb e
pone y Dios dispone, y Dios sabe lo mejo y lo que le es á bien a cada uno, y cual el
iempo, al el ien o, y nadie diga “de es a agua no bebe é”, que adonde se piensa
que hay ocinos, no hay es acas; y Dios me en iende, y bas a, y no digo más, aunque
pudie a.
238
En Escuela de manda ines ambién encon amos muchas exp esiones popula es
basadas en e anes adicionales, aunque aquí ec eadas po Espinosa. En una
con e sación con Ceb ino, los soldados dicen:
─Zulla pa a los adjun os y ca ed á icos, pues enca nan igual alea, incluyendo
los disiden es, y si se ladean y mue den, es po que p e enden el mismo hueso.
[…]
─Nos los mos ó el e y calla desde siemp e, que la expe iencia y el silencio
en iquecen la conciencia, y no po sabe hay que añe .
[…]
─¡Pelillos a la ma !, ue a dispu as, que hemos a ibado al ea o −mani es ó
aleg emen e Ceb ino.
239
Y se dicen e anes y sen encias como es as a lo la go de odo el lib o,
elacionadas con el gobie no de los manda ines:
238
Ibíd., LV, pp. .972-973.
239
Escuela de manda ines., 52: “Complejas canciones”, p. 452.

134
“Si el homb e no habla a, no hab ía insec os” (comienzo de La Esc i u a,
apa ece en a ias ocasiones en boca de los manda ines, como en el capí ulo 48); o
“quien se encumb a, me conoce” (dec e o del dic ado Didipo, en e o os en el capí ulo
43).
O con el Pueblo o Sex a Cas a:
“Po quien omamos azúca si po casualidad pa imos” (capí ulo 6) o “Hijo,
cuando nue a, no u e buena sueg a; y cuando sueg a, buena nue a (capí ulo 51).
A eces, al igual que en el Quijo e, apa ecen ensa ados en e ahíla, como
cuando el eólogo Abilio, que según cuen a Ceb ino es á en el In ie no, dice en su
locu a:
“Los pob ecillos dic ado es no p oba on bocado en seis días, po que, en es a
ida, unos comen el ag az y o os su en den e a; cualquie acción necesi a maña,
excep o el cena , que p ecisa gana; y según aga el mulo, así caga el culo”.
Mani es é: “Me admi a u sabia iloso ía. Mas dime: ¿coméis aquí?”Y eplicó:
“¡Pelillos a la ma en nues as pendencias! ¡Po qué había de usa u muje ? Debajo
de la man a, al es la neg a como la blanca”.
240
O cuando los soldados, asun os aquí de Sancho Panza, al no en ende la
explicación del E emi a sob e el amo de la muje , dicen:
─¡La mad e que nos pa ió! −exclama on−. Conocemos algunos deci es sob e
a onas, po ejemplo: “A la muje b a a, la soga la ga”… ”La muje y el id io
siemp e es án en pelig o”… “Al homb e de más sabe , una muje le echa á a
pe de ”… “En casa de u enemigo, la muje po amigo”, e cé e a.
241
Después de p o e i es o, los soldados, que siguen sin en ende ,
concluyen eci ando es os sencillos e sos, que muy bien nos si en pa a ce a es e
apa ado:
Palab as, palab as, palab as:
he aquí el a án de los seño i os,
abie amen e decla ados,
240
Capí ulo 51: “El In ie no de Ceb ino”, p. 440.
241
Capí ulo 57: “Diálogo de soldados”, pp. 481- 482.
135
o dis azados de p opios enemigos,
mien as el Pueblo ca a la e a,
poda la id, a as a el a ado
o anspo a p esos sin cesa .
242
3.4.6. Amanece es
O o de los emas o luga es comunes, ya mí icos en la li e a u a, compa ido po
el Quijo e y Escuela de manda ines y que p ocede de Home o
243
, es el de la desc ipción
del Amanece con las consiguien es a ian es de sus ca ac e ís icos “son osados dedos y
“b azos do ados.”
Desde el p incipio el Amanece signi ica el comienzo del día, pe o ambién, po
ex ensión, ha signi icado el comienzo de odo lo nue o, de las ue zas eno adas en el
homb e. Es e ema es á muy ligado a la idea de la Edad de O o
244
mi ológica o Pa aíso,
el iempo y el luga p imigenios de la humanidad an es de su decli e mo al, donde el
homb e habi aba en medio de una na u aleza idealizada que le p o eía odas sus
necesidades y i ía en paz y a monía con sus semejan es.
Po an o, las mani es aciones del Amanece se exp esan a ís icamen e, po lo
gene al, en medio de paisajes na u ales con las ca ac e ís icas desc i as.
El empleo li e a io de es a na u aleza ópica lle ó a las p o usas y a ec adas
desc ipciones de los lib os de caballe ías que p e endía c i ica Ce an es al esc ibi el
Quijo e.
En España uno de los máximos seguido es de es a adición es Ga cilaso en sus
Églogas, an admi ado y seguido po Ce an es, como podemos e po ejemplo en los
sone os del pas o G isós omo en el capí ulo XIV de la P ime a Pa e.
242
Ibíd.
243
Tan o en la Ilíada (Can o I) como en la Odisea (Can o II, 1) ya apa ecen las ó mulas ca ac e ís icas,
p oceden es de la mi ología g iega: la diosa del Amanece (Eos) enía “son osados dedos” y “b azos
do ados”.
244
Ya Hesíodo en el siglo VIII a. C. habló de cua o gene aciones en decli e: de o o, de pla a, de b once y
de hie o. Es e mi o, como sabemos, después ha enido una aplicación muy ecunda an o en la li e a u a
uni e sal (Vi gilio lo con i ió en isión p o é ica, e in luyó después en To qua o Tasso y en los
siguien es poe as y esc i o es de la no ela pas o il) y en las demás a es como en o as ac i idades
humanas, especialmen e la polí ica, donde es ge men de la u opía polí ico-social. Incluso iene elación
con el o igen de la ciencia- icción mode na.
136
Aunque ni en el Quijo e ni en Escuela de manda ines son abundan es las
desc ipciones po meno izadas del paisaje, la na u aleza es á siemp e p esen e en el
lib o, dado que la mayo pa e de las a en u as de don Quijo e y Sancho se desa ollan
en descampado, du an e el camino. A es o se une la p esencia de nume osos pe sonajes
ús icos que cuen an his o ias acaecidas en el medio na u al. Algunos capí ulos, aun sin
hace desc ipciones ex ensas, se inician al amanece : “La del alba se ía cuando don
Quijo e salió de la en a […]”
245
O “Mas apenas comenzó a descub i se el día po los
balcones del o ien e, cuando…”
246
Pe o es a desc ipción del amanece mi ológico, siguiendo el ejemplo de las
ebuscadas desc ipciones de los lib os de caballe ías, a eces en el Quijo e se hace en
o ma de bu la o pa odia, como cuando al p incipio ya sueña don Quijo e con su ama
enide a:
─¿Quién duda sino que en los enide os iempos, cuando salga a luz la
e dade a his o ia de mis amosos hechos, que el sabio que los esc ibie e no ponga,
cuando llegue a con a es a mi p ime a salida an de mañana, des a mane a?
“Apenas había el ubicundo Apolo endido po la az de la ancha y espaciosa ie a
las do adas heb as de sus he mosos cabellos, y apenas los pequeños y pin ados
paja illos con sus ha padas lenguas habían saludado con dulce y meli lua a monía la
enida de la osada au o a, que, dejando la blanda cama del celoso ma ido, po las
pue as y balcones del manchego ho izon e a los mo ales se mos aba, cuando el
amoso caballe o don Quijo e de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió
sob e su amoso caballo Rocinan e y comenzó a camina po el an iguo y conocido
campo de Mon iel”.
247
O al comienzo del capí ulo XX, donde se cuen an las bodas de Camacho:
Apenas la blanca au o a había dado luga a que el lucien e Febo con el a do de
sus calien es ayos las líquidas pe las de sus cabellos de o o enjugase, cuando don
Quijo e, sacudiendo la pe eza de sus miemb os, se puso en pie y llamó a su
escude o Sancho, […]
248
En elación con es o debemos señala aquí la decisi a in luencia de la poesía y la
no ela pas o il, y de la no ela sen imen al, que se mani ies a sob e odo en las his o ias
245
Quijo e I, IV, p. 48.
246
Ibíd., XIII, p. 109.
247
Ibíd., II, p. 35.
248
Ibíd., XX, p. 697.
137
in e caladas de la p ime a pa e, como e emos más especí icamen e en el siguien e
apa ado. In luencia ecibida po Ce an es y omada conscien emen e po Espinosa.
En Escuela de manda ines leemos pasajes como es os: “Una mañana, al
con empla y sen i la blanca au o a, símbolo de la eno ación del Uni e so, mi co azón
se aco dó de su bien, Azenaia Pa zenós, y comenzó a deci espon áneo…”
249
O es e o o pasaje del capí ulo 51:
F esca y he mosa ue la mañana del siguien e día. Sob e la az de Nues a
Pecosa colo eaban los e des de las plan as; los mad ugado es animálculos, en
simpa ía con su des ino, palpi aban en e las hie bas; bajo la campana del cielo
compa ecía el silencio, las mon añas e idenciaban la g andeza del plane a, las aguas
co ían sosegadas; el iempo se de enía, sume gido en e las cosas, y el mu mullo de
nues os pasos pa ecía holla la e e nidad de aquella ensimismada y pacien e
C eación.
250
La Na u aleza, como emos, se mani ies a sob e odo como con enedo a de las
Cosas P ime as y, como en el Quijo e, es el ma co de las dis in as his o ias o no elas
inse as en el lib o, en las que el paisaje es á siemp e p esen e: la mayo ía de las
a en u as, an o las que le suceden al E emi a en su camino como las na adas po o os
pe sonajes, se desa ollan en sie as, mon añas, pa ado es u ales, ibe as o alles.
Lo comp obamos, po ejemplo, en la his o ia de las mozuelas ecolec o as de
memb illos
251
que, inse a en la ob a de ea o compues a po el E emi a “O gía en el
Valle del Tabladillo”, iene como ma co un paisaje en e mon añas; y en ella apa ece
como p o agonis a el En omólogo
252
, que dialoga con los demás pe sonajes, los insec os
y las Muje es Lige as que an a la ies a del En usiasmo.
Pe o no en odas las ocasiones la na u aleza se mues a an apacible (aunque aquí
sea ic icia), como en la a en u a de Cla ileño:
Sin duda alguna, Sancho, que ya debemos de llega a la segunda egión del ai e,
adonde se engend a el g anizo y las nie es; los uenos, los elámpagos y los ayos
se engend an en la e ce a egión; y si es que de es a mane a amos subiendo,
249
Capí ulo 48: “El Quin o nomb e”, p. 406.
250
Capí ulo 51: “El In ie no de Ceb ino”, p. 433.
251
Capí ulo 30: “Es eno u al”, pp. 268-279.
252
Miguel Espinosa enía g an cu iosidad e in e és po la En omología, y conocía en p o undidad la ob a
de Jean Hen y Fab e, el amoso en omólogo ancés au o de Recue dos en omológicos. El pe sonaje de
El En omólogo se e ie e al cien í ico ancés.
144
Lo que da pie al inicio de la na ación de la his o ia de Ma cela y G isós omo
que ocupa á los dos capí ulos siguien es.
La a en u a de Sie a Mo ena, del capí ulo XXIV, se inicia ambién con la
apa ición de un cab e o que después con a á la his o ia:
Es ándola mi ando, oye on un silbo como de pas o que gua daba ganado, y a
desho a, a su sinies a mano, pa ecie on un buena can idad de cab as, y as ellas,
po cima de la mon aña, pa eció un cab e o que las gua daba, que e a un homb e
anciano. Diole oces don Quijo e y ogole que bajase donde es aban.
264
Y en la Segunda Pa e, la his o ia de Camacho, Qui e ia y Basilio comienza:
“Poco echo se había alongado don Quijo e del luga de don Diego, cuando encon ó
con dos como clé igos o como es udian es y con dos lab ado es que sob e cua o bes ias
asnales enían caballe os.”
265
En Escuela de manda ines se p oducen los encuen os en ci cuns ancias muy
semejan es:
Al comienzo del capí ulo 8 dice el E emi a: “Apenas desapa ecie on los
soldados, oí oces y descub í cinco homb es y una muje , que comían bajo los á boles,
en e las somb as de la noche, omando los alimen os de una se ille a ex endida en el
suelo. Bebían de una bo a gigan e.”
266
En es e capí ulo Abellano
267
, un his o iado que ecopila his o ias en con a de la
Feliz Gobe nación, ela a an e sus acompañan es, y an e el E emi aa y los soldados, que
se unen a ellos y compa en su comida, la “His o ia de los Nudis as”, lo que da pie a que
los demás pe sonajes na en o as his o ias y pe manezcan en escena has a el capí ulo
12, a pa i del cual se p oduce o o encuen o.
Al comienzo del capí ulo 13 se ace can al E emi a y a los soldados dos homb es
que esul an se adep os al gobie no de los manda ines:
Muy de amanece me despe a on oces en el mismo luga . Ab í los ojos y i a
los soldados en ance de ma cha . Luego que me ijé más de enidamen e, descub í
264
Ibíd., XXIII, p. 217.
265
Ibíd., II, XIX, p. 689.
266
Capí ulo 8: “Quinien as mil his o ias”, p. 107.
267
T asun o de An onio Abellán Ceb ián, que ambién apa ece en el capí ulo 29 como Abellino, amigo
pe sonal del au o .

145
dos homb es sob e una mula enjaezada, más o a acémila ca gada de a dos con es a
insc ipción: “Los Manda ines en Nomb e de las Úl imas Cosas.”
268
Más adelan e, se encuen an a Mosencio
269
, un his o iado que en los siguien es
capí ulos cuen a a ias his o ias al E emi a y los soldados:
Al a a esa un bosque, descub imos un homb e que pa ecía que e alcanza nos,
pues ap e aba el paso. T aía un bas ón y g andes al o jas.
─¡Eh!, ¡pa anes!, ¿adónde ais? −g i ó.
─De paseo −g uñe on los soldados.
─Huelo a sospechoso −exclamó cuando es u o más ce ca−. ¿Es un p eso?
─Y muy delicado.
270
Como podemos comp oba , las his o ias in e caladas en Escuela de manda ines,
como en el Quijo e, las más de las eces se enlazan en a ios capí ulos, en los que
pe manecen los mismos pe sonajes, has a llega a su desenlace. De en e odas es as
his o ias que inse an en sus ob as Ce an es y Espinosa des aca emos solo unas
cuan as, que e lejen lo que enimos diciendo: la semejanza en la es uc u a y en la
unción de las mismas.
En e los capí ulos XII y XIII, Ce an es ela a la desg aciada his o ia de ema
pas o il de Ma cela y G isós omo
271
a una audiencia o mada po don Quijo e y unos
cab e os, que se di igen al en ie o del pas o , po boca de uno de ellos, Ped o. La
his o ia inaliza en el capí ulo XIV, cuando o o pas o , Vi aldo, da lec u a a los e sos
que hacen de es amen o del desdichado pas o .
O o episodio, el del “Cu ioso impe inen e”, no ela co a de ipo i aliano, es una
his o ia leída en e los capí ulos XXXIII a XXXV.
El episodio del Cau i o ( asun o, po cie o, del mismo Ce an es cau i o en
A gel), con ado po él mismo en la en a an e odos los p esen es, ocupa los capí ulos
XXXIX a XLI.
268
Capí ulo 13: “Cien quin ales de o odoxia”, p. 142.
269
Remi e a Moisés López Mo eno, his o iado , amigo de Miguel Espinosa desde la in ancia, del que se
dice en la ob a que se sabía La Esc i u a de memo ia, po lo que es apodado “El Memo ión.”
270
Capí ulo 18: “Un His o iado ”, p. 178.
271
Po cie o, Ce an es lo cali ica de “un pas o es udian e”. Es e es o o ejemplo del econocimien o de
las clases popula es po Ce an es que, como ya hemos dicho, ambién compa e Espinosa. En es e caso
la ca ac e ización del pe sonaje p ocede del a amien o de los pas o es e inados de las églogas y de las
no elas pas o iles. Obse emos ambién que la his o ia es á con ada po un cab e o que, aunque don
Quijo e co ige en algunas exp esiones, ela a de o ma cohe en e y luida.
146
O as his o ias son menos independien es, po que se c uzan con las de don
Quijo e y Sancho y sus p o agonis as in e ac úan con ellos, como las de doña Cla a y
don Luis, en e los capí ulos XLII a XLVI; o la de Leand a y Eugenio, del capí ulo LI.
En la Segunda Pa e, como hemos dicho, hay menos his o ias independien es, ya
que la mayo ía de los episodios se suceden en el palacio de los duques (desde los
capí ulos XXXVI a XLI), como po ejemplo el de Sancho en la ínsula, más bien puede
conside a se que o man pa e del hilo a gumen al de la his o ia.
Lógicamen e no podemos e e i nos aquí a odas las his o ias que apa ecen an o
en el Quijo e como en Escuela de manda ines, pe o sí cons a a las simili udes en la
concepción, muchos de los con enidos y, sob e odo, la es uc u a o mal de es as
his o ias. A eces, los pa alelismos son e iden ísimos, como sucede en el episodio
sen imen al inse o en el capí ulo LX del Quijo e, en el que Claudia Je ónima cuen a el
hecho que le ha sucedido (ha dado mue e a su aman e po celos) a don Quijo e, a
Sancho y al bandole o Roque Guina (pe sonaje es e, po cie o, cie o, basado en una
pe sona eal: Pe o Roca Guina da, bandole o que dominaba una coma ca ce cana a
Ba celona) po que el nomb e de la p o agonis a es casi idén ico al de Cla a Je ónima, el
sob enomb e de la aman e de Lamu o que apa ece en el capí ulo 56 en Escuela de
manda ines, o a muje alien e y apasionada como la de Ce an es.
Como en el Quijo e, en Escuela de manda ines enemos nume osísimas
his o ias, ambién más o menos imb icadas en el hilo a gumen al y po an o con los
p o agonis as. Así, encon amos his o ias comple as independien es, como las ob i as de
ea o que se ep esen an en a ios capí ulos: en el capí ulo 24 una Fábula esc i a po
Dionisio Kinós; Es eno u al, en el capí ulo 30, y La Comedia didascálica, en el
capí ulo 53, en e o as.
Pe o las más de las eces es án in e pues as en medio de o as escenas en las que
in e ienen los p o agonis as, solos o acompañados de o os pe sonajes, como el
episodio del “Niño Pe dido y Hallado” del capí ulo 10 que cuen a Pincia (121); los
Rela os de los capí ulos 26, 27 y 28 Rela o Clásico (237), Rela o mode no y Rela o
Polí ico (250), de los que pa icipan los mismos pe sonajes: Canucio, Taxiles y
147
Abellino, pe sonajes que se man ienen en escena has a el capí ulo 31, donde se sepa an
del E emi a y los soldados pa a segui su camino.
Como emos, ambién en Escuela de manda ines, como en el Quijo e, hay
cie os pe sonajes
272
( eco demos especialmen e a los duques, que es án p esen es en
nume osos capí ulos de la Segunda Pa e) que pe manecen a lo la go de a ios capí ulos
del lib o.
De es e modo, po ejemplo, se an hilando las his o ias: después de despedi se
de los mencionados Canucio, Taxiles y Abellino, el E emi a y los soldados caminan
du an e quince días en comple a soledad
273
, has a que en el capí ulo 32 se les une
Ma ino, “un caminan e muy cuidado y elegan e”
274
, que se hace pasa po amigo de un
Gobe nado de la Quin a P o incia pa a p o ege se. Siguen jun os, hablando de
iloso ía, en el capí ulo 33, donde al cabo de cinco días les sale al paso “una igu a sob e
un bo ico […] es ida de g is y con somb e o neg o; sus ojos b illaban con luz
in elec ual; el os o pa en izaba la melancolía de los que han padecido pe secución po
amo a la azón.”
275
Es Takehiko Mi suku i
276
, que esc ibía discu sos, con e encias,
lecciones y lib os po enca go pa a los Enmuce ados y se di igía al Cen o de Es udios
Uni e sales ce cano. Jun os llegan pa a descansa al Pa ado de Epi anio y siguen
eunidos has a el capí ulo 36, en el que despiden a Ma ino.
Quedan solos Mi suku i y el E emi a du an e ein a días, en los que hablan de
muchos emas, has a que se sepa an en el capí ulo 37.
272
Suele a a se de pe sonajes basados en pe sonas eales muy que idas po Miguel Espinosa, como es el
caso de Ma ino ( asun o de José López Ma í) y Mi suku i, apellido eal de Takehiko Mi suku i)
273
Como emos, no coinciden el iempo de la his o ia (han pasado quince días desde que deja on a sus
an e io es acompañan es) y el iempo del ela o, ya que en el capí ulo 31 aún es aban con Panecio, Taxiles
y Abellino. Con es o comp obamos una ez más la impo ancia del diálogo, ya que en muy pocas
ocasiones los p o agonis as apa ecen en soledad.
274
Capí ulo 32: “Un Filóso o”, p. 288. Ma ino, pe sonaje que in e iene en las demás no elas de
Espinosa, con excepción de Asklepios, es asun o de José López Ma í, amigo ín imo del au o has a su
mue e, al que conoció en Mu cia en 1954 en el Ca é San os, ya desapa ecido, donde ambién había
conocido a Me cedes Rod íguez. Aunque químico de p o esión, como la misma Me cedes, enía unas
ideas ilosó icas y i ales muy p óximas a las del au o . López Ma í es u o siemp e al an o de la
e olución de su ob a e incluso hizo incu siones como c í ico li e a io en algunas pa celas de la ob a
espinosiana.
275
Capí ulo 33: “Opinión de ma mi ones”, p. 297.
276
Takehiko Mi suku i, al que ya hemos hecho e e encia an es de pasada, es el nomb e eal de un
emp esa io japonés con el que Miguel Espinosa abajó en cie os negocios elacionados con el come cio.
Llega on a se en añables amigos has a la ma cha de aquel a Japón, y man u ie on después asidua
co espondencia. Conc e amen e en una ca a echada en Mu cia el 29 de mayo de 1974 le mani ies a su
año anza y le comunica que le ha pues o su nomb e a un pe sonaje de su lib o: “Como homenaje y
ecue do a us ed he pues o su nomb e a un pe sonaje de mi lib o. Se a a de un pe sonaje odo
in eligencia y ida.”
148
Mi suku i y yo quedamos solos du an e ein a jo nadas, ocupadas en ahucha su
palab a en mi co azón. De su boca ap endi p o undas eo ías, elegan es sinopsis y
a e idas p egun as, con sus espues as […]
Después que desapa eció, i í dos semanas medi ando sus palab as en e
silencios y mon añas.
277
E inmedia amen e, en el capí ulo siguien e, apa ece un nue o pe sonaje: el
Beca io Táci o, que ambién a a con a su his o ia.
Son an impo an es es as his o ias inse as en Escuela de manda ines que
incluso apa ecen p o esionales que se dedican a ela a las, como el pe sonaje de
Zonzonio, el bu ón del capí ulo 58, que iene un í ulo an signi ica i o como “Donación
de his o ias.”
Hemos des acado ya en a ias ocasiones el humo de que hace gala Miguel
Espinosa en su ob a, asun o que sin duda me ece ía un capí ulo apa e en p o undidad y
que no podemos abo da aho a. Solo cons a a emos que es en es os encuen os e
his o ias donde se p oducen los diálogos más i ónicos. En el capí ulo 18 se p esen a
Mosencio, el his o iado del que ya hemos hablado, que es ec iminado po los soldados
debido a algunas de sus exp esiones, y se p oduce en e ellos el siguien e diálogo:
─Poco inolis e emos −dije on los soldados−; se no a que no e es au o idad ni
e educas e en los P ecep is as Asociados Pa a la Sal ación de los Jus os.”
─Pe o poseo in luencia pa a aho ca os po el solo hecho de pa ece me eos o
es o nuda en mi p esencia. Muchas mañanas desayuno con P ocónsules capaces de
des ipa un pa de dicha ache os an es de la a se las legañas, como pa a eje ci a
los músculos, y ello po que aho a es amos en paz y andamos ímidos y
adocenados.
278
Como podemos comp oba po es os pocos ejemplos, en las dos ob as las
his o ias in e caladas ienen una es uc u a semejan e: el encuen o en el camino con
di e en es pe sonajes que dialogan con los p o agonis as y a eces cuen an ela os
sucedidos, bien al hilo de la “ ealidad” o ic icias, pa a delei a a los oyen es. Y su
unción es ambién casi idén ica: impulsan la i acidad de los diálogos y, sob e odo,
277
Capí ulo 37: “Sabe es y consejos”, pp. 335-336.
278
Capí ulo 18: “Un His o iado ”, pp. 179-180.
149
cons i uyen el ehículo pa a plasma la a iedad es ilís ica y gené ica ca ac e ís ica en
unas ob as an ex ensas.
En es e sen ido, además del diálogo, o ma na a i a básica, lo más ca ac e ís ico
de ambas ob as lo cons i uyen los la gos discu sos y pa lamen os (o las pesadas
pe o a as) que lanzan muchos pe sonajes en nume osas ocasiones.
El es udio especí ico de la in e ex ualidad p esen e en los discu sos
279
de las dos
ob as, donde an o Ce an es como Espinosa uelcan sus ideas y su o ma de en ende
la ida (lo que, po o a pa e, ambos esc i o es han hecho ya en las his o ias
in e caladas), además de delei a (ninguno de los dos esc i o es dan “pun ada sin hilo”,
como bien pod ía deci Sancho) me ece ía o o abajo apa e, que aho a no podemos
acome e aquí. Así, e i iéndonos al Quijo e ya hemos hablado del discu so del
caballe o sob e la Edad de O o del capí ulo XI de la Segunda Pa e y del “ eminis a”
280
de Ma cela en el capí ulo XIV de la P ime a Pa e, es e o a mues a más del can o a la
libe ad que es p incipalmen e el Quijo e. Es án ambién, en e o os muchos (como
sabemos, solo los la gos diálogos en e don Quijo e y Sancho a lo la go de la ob a ya
con ienen sus anciosos pa lamen os sob e dis in os emas), el de las a mas y las le as,
que p onuncia don Quijo e en e los capí ulos XXXVII y XXXVIII de la P ime a pa e;
los de los capí ulos XLII y XLIII de la Segunda Pa e, donde aconseja a Sancho pa a
que sea un buen gobe nado ; los dos, más b e es, que p onuncia en el capí ulo LVIII,
ambién de la Segunda Pa e, sob e la libe ad y en con a de la supe s ición; los de
Sancho en el capí ulo V de la Segunda Pa e, cuando habla con su muje , Te esa Panza
o el del capí ulo XLII, an es de i a la ínsula; el de Rico e, di igido a Sancho, en el
capí ulo LIV de la Segunda Pa e, e c.
En Escuela de manda ines ambién muchos pe sonajes a lo la go del camino,
an o o odoxos (adic os al gobie no de los manda ines) como, sob e odo, he e odoxos
(pe sonajes pe enecien es al Pueblo u o os pe enecien es a las acciones enemigas del
égimen manda inesco), además de con a his o ias p o ie en discu sos o pe o a as an e
el E emi a y los soldados. Los emas son muy di e sos, pe o pe sis en los elacionados
279
Los discu sos en el Quijo e ya han sido a ados desde dis in os pun os de is a. José Ángel Ascunce
A ie a (“Los discu sos en el Quijo e: el hallazgo de una búsqueda na a i a”. Ac as del II Coloquio
In e nacional de la Asociación de Ce an is as (1990, pp. 397-410) los conside a una o ma na a i a
nue a desde de Ce an es, ya que an es no solían u iliza se pa a las ob as de icción.
280
Aquí podemos obse a la simpa ía de Ce an es po la muje lib e y esuel a, p o o ipo muy alejado
de la isión de la muje en la época.

150
con las p eocupaciones ilosó icas y i ales ecu en es de Espinosa. De es e modo,
además de mos a las en las no as inales de cada capí ulo, el au o las mani ies a en
es os discu sos, que, a su ez, p o ocan los comen a ios de los in e locu o es a los que
se di igen, con lo que se ac ecien an los pun os de is a sob e las dis in as cues iones.
Así, sin se exhaus i os, hay discu sos especí icos sob e el Pode (capí ulo 55), sob e la
Ve dad (en la emenda pa odia de ella que hace un alcalde en el capí ulo 9), sob e A e
(capí ulo 50) o sob e Filoso ía (capí ulo32). Y o os que cons i uyen un compendio de
di e sos emas, así el que p onuncia Mi suku i en el capí ulo 37, en el que, como hizo
don Quijo e, ambién da consejos a sus oyen es, o el del p edicado del “Nue o
Calenda io” del capí ulo 31.
3.4.9. Quijo ización
Sabemos que cuando Sancho, un humilde y osco lab ado , accede a se el
escude o de don Quijo e, en el capí ulo VII de la P ime a Pa e, lo hace mo ido po el
a án de med a , con encido po don Quijo e, en su locu a caballe esca, de que
alcanza ía muchos bienes e incluso pod ía se gobe nado de una ínsula. Du an e la
P ime a Pa e, mien as cabalga jun o a don Quijo e, a eniendo sen imien os
encon ados: po una pa e se ía de la buena e de su seño , pe suadido po la palab e ía
de es e, y espe a consegui lo p ome ido; pe o, po o o lado, la ealidad de los
acon ecimien os le mues a lo con a io: no consiguen más que descalab os en sus
a en u as. De la cons a ación de ese con as e en e la ealidad y el deseo su gen la
mayo ía de los deliciosos diálogos en e ambos.
Poco a poco, casi sin da se cuen a, el a o con inuado de Sancho con su amo lo
a ace cando a su mane a de e las cosas, y es a con e sión la amos pe cibiendo
paula inamen e en los p ime os capí ulos de la segunda pa e, aunque la ans o mación
de Sancho se hace más e iden e después de la uel a de la ínsula.
En el capí ulo V de la Segunda Pa e, Ce an es hace un inciso en la his o ia,
donde has a aho a han in e enido los dos p o agonis as, pa a inclui un diálogo en e
151
Sancho y su muje , Te esa Panza
281
, donde es e le anuncia que a a acompaña a don
Quijo e en su e ce a salida. Aunque oda ía el mo i o es consegui la ínsula pa a pode
casa “al amen e” a su hija, ya ad e imos un cambio en su mane a de habla , que el
mismo na ado
282
se enca ga de hace nos no a al comienzo:
Llegando a esc ibi el aduc o de es a his o ia es e quin o capí ulo, dice que le
iene po apóc i o, po que en él habla Sancho Panza con o o es ilo del que se
pod ía p ome e de su co o ingenio y dice cosas an su iles, que no iene po
posible que él las supiese.
283
De al modo que has a don Quijo e se so p ende:
─B a a compa ación −dijo Sancho−, aunque no an nue a, que yo no la haya
oído muchas y di e sas eces, como aquella del juego del ajed ez, que mien as
du a el juego cada pieza iene su pa icula o icio, y en acabándose el juego odas se
mezclan, jun an y ba ajan1, y dan con ellas en una bolsa, que es como da con la
ida en la sepul u a.
─Cada día, Sancho −dijo don Quijo e−, as haciendo menos simple y más
disc e o.—Sí, que algo se me ha de pega de la disc eción de ues a me ced
− espondió Sancho−, que las ie as que de suyo son es é iles y secas,
es e colándolas y cul i ándolas ienen a da buenos u os. Quie o deci que la
con e sación de ues a me ced ha sido el es ié col que sob e la es é il ie a de mi
seco ingenio ha caído; la cul i ación, el iempo que ha que le si o y comunico, y
con es o espe o de da u os de mí que sean de bendición, ales que no desdigan ni
deslicen de los sende os de la buena c ianza que uesa me ced ha hecho en el
agos ado en endimien o mío.
284
Pe o más impo an e que es a asimilación lingüís ica que hace Sancho de la
o ma de habla de su seño es el cambio anímico que se a p oduciendo en el escude o.
En el capí ulo VII de la P ime a Pa e, cuando, azuzado po su muje , le p opone
a don Quijo e que le p opo cione un sala io ijo po los se icios que a a p es a le en su
e ce a salida, y és e se niega, alegando que nunca ha is o hace eso en ningún lib o de
caballe ías, aun con es o decide no abandona lo, a pesa de que don Quijo e le da
281
Como con as e del cambio exp esi o de su ma ido, Te esa Panza no pa a de p o e i e anes y
sen encias popula es du an e odo el capí ulo.
282
Aquí enemos o o ejemplo del a amien o del na ado en el Quijo e: el mismo Ce an es, aquí como
na ado p incipal, nos in o ma de que el aduc o del “ e dade o” au o , Cide Hame e, decidió inclui
es e capí ulo aun sin es a con encido de su au en icidad.
283
Quijo e II, V, p. 581.
284
Ibíd., XII, pp. 631-632.
152
libe ad absolu a pa a hace lo. Es a misma idelidad se mues a en el capí ulo XXXIII
de la Segunda Pa e, cuando la duquesa duda si el escude o de un loco sab á gobe na la
ínsula que le ha p ome ido. Sancho dice:
Si yo ue a disc e o, días ha que había de habe dejado a mi amo. Pe o és a ue
mi sue e y és a mi malandanza: no puedo más, segui le engo; somos de un mismo
luga , he comido su pan, quié ole bien, es ag adecido, diome sus pollinos, y, sob e
odo, yo soy iel, y, así, es imposible que nos pueda apa a o o suceso que el de la
pala y azadón.
285
Pe o el colo ón de es e p oceso con inuo de quijo ización de Sancho Panza lo
pe cibimos, sob e odo, a pa i de la uel a, mohíno, de la ínsula, en el capí ulo LV de
la Segunda Pa e, después de habe se dado cuen a de que no ha nacido pa a gobe nado .
En onces comienza a alo a más a su seño , y el p opio don Quijo e se asomb a de su
mesu ada mane a de habla an e los duques.
Lo mismo que le sucede a Sancho, en Escuela de manda ines se p oduce
ambién la empa ía en e los pe sonajes p o agonis as.
Los dos soldados que cus odian al E emi a y lo acompañan has a la Ciudad pa a
que sea juzgado po los manda ines ambién se inden an e la pe sonalidad del p eso.
Desde el p incipio pe ciben que es un p isione o muy especial, po lo que no mues an
nunca c ueldad con él. Cumplen su come ido, un abajo edioso, po necesidad y po
obediencia, sin en ende ni el po qué de su condena.
Has de sabe que somos unos pob es que ganan su pan obedeciendo alcaldes,
ya en enca go de conduci sospechosos, ya en misión de azo a , o ya en encomienda
de aho ca […] Tan indigen es es amos que solo nos impo a la soldada, y an
a igados que solo anhelamos descanso. Si a la desg acia de la mise ia
acumulá amos inclinación a medi a y esponsabiliza nos con las ó denes que o os
dan, no hab ía in ie no más insopo able que se soldado.
286
Al comienzo caminan con él casi sin siquie a di igi le la palab a:
T es días andu e con los soldados sin despega los labios, pues aquellas acémilas
e i aban cuidadosamen e la esponsabilidad del ocablo. Cuando acampábamos, se
ascaban, hu gaban su calzado, calculaban su sala io o jugaban con dados,
285
Ibíd., XXXIII, p. 808.
286
Escuela de manda ines, capí ulo 33: “Opinión de ma mi ones”, p. 297.
153
ehuyendo mi a o, po lo cual supe que la gen e de es aca e a impene able,
inasequible e incon encible.
287
Pe o paula inamen e, po el a o con inuado y las con e saciones que man ienen
con él, y al se , además, espec ado es o zosos de oda la gale ía de pe sonajes que an
apa eciendo a lo la go del camino, se an dando cuen a de que conducen a un p eso
poco común, a un se pací ico que solo lucha con a los manda ines con la palab a, que
se mues a cohe en e con sus ideas y su misión y que es á do ado de g an in eligencia.
De mane a que ellos, gen e incul a, aunque sin llega a comp ende lo del odo, acaban
cogiéndole a ec o y con agiándose, no de sus ideas, pe o sí de sus sen imien os. Ya
desde muy poco después de iniciado el iaje se cues ionan lo absu do de que se
necesi en dos pe sonas pa a igila a un p eso an pací ico. De al mane a que en cie o
momen o, en el capí ulo 18, sien en lás ima y deciden po ellos mismos qui a le los
hie os de los pies, con los que casi no puede camina (ya le habían qui ado an es los
g ille es de las manos), en con a de las ó denes del Men o y del Alcalde, achacando su
buena acción no a la compasión, sino a que: “Es os g illos esul an an insu ibles pa a i
como pa a noso os, pues nos obligan a epa a cons an emen e en el p eso, di icul ando
la ma cha. ¡Ya quisié amos e a las au o idades conduci a un homb e así abado!”
288
Y de ahí en adelan e, solo le ponen los hie os, y pidiéndole disculpas de
an emano, an e la p esencia de o os soldados o de algún alcalde que les sale al paso,
pa a no despe a sospechas.
O a mues a e iden e de lo que decimos la enemos en el capí ulo 30, Es eno
u al, an es de la ep esen ación de una ob i a de ea o (“una no ela”) esc i a po el
E emi a, en la que los soldados incluso se in oluc an en la p epa ación de la
ep esen ación: “En e dad, E emi a, que igno ábamos u condición de au o , aunque
debimos supone lo, pues, desde milenios, sólo ap esamos in elec uales. T ein a siglos
es amos sin a es a un cepo o.”
289
287
Ibíd., 6: “Sus ancias ob usas”, p. 97.
288
Ibíd., 18: “Un his o iado ”, p. 178.
289
Ibíd., 30: “Es eno u al”, p. 268.