Teólogas feministas, teólogos de la liberación y hasta las simples mujeres marginales exigen una iglesia verdaderamente cristiana
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©Universitat de Barcelona Teólogas feministas, teólogos de la liberación y hasta las simples mujeres marginales exigen una iglesia verdaderamente cristiana. Las mujeres cristianas acabarán con el autoritarismo papal 1 «La mujer no tiene un papel clave en la Iglesia. No puede ser ordenada sacerdote. No tiene derecho a acceder a cargos que implican autoridad en la iglesia católica. No puede aspirar sino a ser madre o virgen». Esto es, en síntesis, lo que el actual papa polaco ratifica cotidianamente, oportuna o importunamente, con razón o sin ella, o, mejor dicho, con la simple razón de la autoridad que le da su cargo, cuando ya son legión quienes la discuten, «Tirano con mitra de oro» lo llamó, recientemente, un ciudadano de Estonia. Sin embargo, sin la mujer la iglesia desaparecería porque ella ha tenido siempre una presencia cuantitativa proporcionalmente mayor que el varón en la Iglesia Católica. Son las madres quienes enseñan la primera oración a los pequeños, quienes envían a sus hijos al catecismo, a recibir los Sacramentos, a la Misa dominical. Los varo- • GAIA. Venezuela. * Gladys Parentelli nes llegada la adolescencia, con la mayor libertad de acción que ella conlleva, abandonan, a menudo por completo, la práctica religiosa y no regresan a ella de motu propio, si acaso, al alcanzar la ancianidad. Mientras son mujeres quienes, no sólo orientan a sus hijos hacia los seminarios y al sacerdocio, también llenan las iglesias y toman variadas responsabilidades a nivel de las comunidades de base. A este respecto, dice uno de los teóricos y líderes fundamentales de la Teología de la Liberación, Leonardo Boff: «En Brasil se da una verdadera diaconía litúrgica realizada por mujeres religiosas, una diaconía catequética, diaconía de la caridad y de la asistencia social, una diaconía pastoral, asumiendo parroquias con todas sus tareas, en otros tiempos reservada al sacerdote, excepto la misa y las confesiones» 1. Esto es, también, verdad para la mayoría de los países de nuestra América Latí- 1. Bol!, Leonardo, Eclesiogénesis. Las comunidades de base reinventan fa iglesia, Sal Terrae, Santander, 1980. 136 p. 25
©Universitat de Barcelona na y especialmente para ciertas zonas o regiones de los mismos. Encuestas a nivel latinoamericano revelan que la proporción de varones que asisten a los actos religiosos raramente pasa del veinte por ciento (20%) incluyendo a los niños. Si se exceptúan éstos y se considera sólo a los adultos, en la mayoría de los casos, el cien por ciento son mujeres, ¡lógicamentel aparte del sacerdote que preside la ceremonia. En las «Comunidades Eclesiales de Base» y otras estructuras eclesiales de los vecindarios o parroquias también son miembros las mujeres en proporciones que varían entre el ochenta y el cien por ciento. Esta es una realidad que puede no llamar la atención del observador desprevenido y, sin embargo es, al menos, ilógica si se considera que cada uno de los sexos representa, aproximadamente, el cincuenta por ciento de los bautizados, mientras que son los varones los únicos que pueden acceder a todos los cargos que implican autoridad o toma de decisiones en la Iglesia Católica. 2 Hay un gran número de mujeres que se hacen preguntas acerca de por qué el Vaticano actual sigue negándoles la posibilidad de acceder al sacerdocio. Ellas plantean grosso modo lo siguiente: «Se fundamenta la negación de la participación de la mujer en que Apóstoles que Jesús escogió como discípulos eran 26 varones, pero sabemos que hubo mujeres que también lo acompañaron siempre». «Por algo será que Jesús Resucitado escogió a mujeres como testigos de ese hecho clave para la Fe». «Mujeres fueron las ún icas que lo acompañaron en la cruz». «Mujeres fueron también las primeras que creyeron en su Resurrección y la predicaron aun a los mismos doce Apóstoles». Y lo dice, de otro modo, la teóloga feminista germano-americana Elisabeth Schüssler Fíorenza: «las discípulas que han seguido a Jesús de Galilea a Jerusalem se revelan de Inmedia- to como el auténtico discipulado en , el relato de la pasión. Ellas son las verdaderas seguidoras de Jesús, comprendiendo que su misterio no era la soberanía y la gloria sino DIAKO· NIA =servicio. De esta manera las mujeres aparecen como las verdaderas ministros y testigos cristianos.» Y agrega: «Se trata de reivindicar el pasado cristiano como pasado propio de la mujer y no como un pasado masculino en el que las mujeres participan tan sólo de manera marginal o meramente pasiva. Las fuentes del Nuevo Testamento nos proporcionan indicadores suficientes para dicha historia, puesto que precisan que las mujeres eran seguidoras de Jesús y MIEM· BROS DIRIGENTES de las primeras comunidades cristíanas. Por lo demás, en los siglos 11 y 111, el Cristianismo todavía tenía que defenderse de la acu-
©Universitat de Barcelona sación DE SER UNA RELIGIÓN DE MUJERES Y DE GENTE INCUL TA.»2, hoy diríamos de mujeres de medios populares. Esta cita nos confirma que la realidad actual en América Latina no se diferencia mucho de la realidad de los primeros siglos del cristianismo, sino, tal vez, en que en los siglos II y 111 había sacerdotes y obispos mujeres. En efecto, en EE.UU., la muy activa «Conferencia para la Ordenación de las Mujeres»ª, en el mes de octubre pasado, ha patrocinado una serie de conferencias del doctor Giorgio Otranto del «Instituto de Estudios Clásicos Cristianos» de la Universidad de Bari (Italia), quien ha publicado el resultado de sus investigaciones, donde afirma que en los primeros siglos de la era cristiana había mujeres que eran ordenadas sacerdotes y tambíén obispas y hasta cita el nombre de algunas de éstas: Marta, Flavia, Leta, Nepos y Vitalia. 3 No estoy afirmando que las mujeres que centran su vida en actividades religiosas estén al asalto de la ordenación como sacerdotisas, que quieran ser obispas o que piensen en el papado como algo a lo que deseen acceder. No. Esas mujeres se preocupan por la «cara fea» de la Iglesia Católica: • Las fallas en la caridad, en el amor, en la empatía, en la generosidad, en la disponibilidad, que han observado en miembros de la jerarquía de la iglesia de Jesús. • La indiferencia hacia el drama de la miseria o la pobreza en que está obligada a vivir la mayoría de la población de nuestro Continente; el no insistir o predicar que se deben tomar medidas para ayudar a resolver los graves problemas que vive o sufre la mayoría de las personas (desempleo, salud, vivienda, etc.). • La ostentación de riqueza, en el lujo de que se rodean muchos obispos, en la construcción de catedrales y/o palacios que cuestan millones de dólares. • La connivencia con todo tipo de poderes, desde las autoridades políticas corruptamente inmorales, sin hablar de la colaboración con gobiernos dictatoriales o directamente en la tortura de líderes de la lucha por los derechos humanos. • El mantenimiento de estructuras patriarcales totalmente verticales, autoritarias y discriminatorias, que no tienen nada de los valores cristianos de igualdad, solidaridad, fraternidad. • La insistencia de la jerarquía en sostener una doble moral: una para el varón y otra para la mu - jer, en virtud de la cual esa jerarquía eclesial nunca ha condena- 2. Schüssler Florenza, Elisabeth, En memoria de ella, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1989. 415 p. 3. La Womens's Ordination Conference, es una asociación que cuenta con cinco mil miembros, varones y mujeres, con grupos diseminados en muchos Estados norteamericanos y socios en Europa y Latinoamérica, una de las cuales es quien firma esta nota. 27
©Universitat de Barcelona do la violación de niñas, adultas y ancianas; nunca ha hecho una encíclica para condenar la irresponsabilidad del varón-padre- de-familia, la proliferación de hijos adulterinos, mientras condena cotidianamente la más mínima expresión de sano deseo de placer en la mujer o el control de la natalidad deseado por la mujer, precisamente, por su preocupación de responsabilidad materna, de querer limitar los hijos a los que realmente puede alimentar, formar y educar para un futuro de seres humanos y cristianos auténticos. No es, por tanto, el ansia de poder que rige los planteamientos de las mujeres cristianas comprometidas en las iglesias, sean ellas teólogas o campesinas. Es, en primer lugar, el descubrimiento de la dignidad intrínseca de la naturaleza misma del ser femenino, dignidad que sólo pudo desconocer, al interior de las iglesias, una nefasta y desconsoladora tradición misógina y, por tanto, contraria al Evangelio de Cristo. En segundo lugar, la ne· cesidad imperiosa de transformación de las estructuras eclesiales patriarcales, ya muy desprestigiadas y, sin embargo, vigentes. En tercer lugar, en las nuevas estructuras eclesiales creadas por varones y mujeres, actuando como seres con los mismos derechos, la ordenación de la mujer será una de las consecuencias naturales de la dinámica que se instaurará. El reto del aporte pleno y total de la mujer en las iglesias está abier- to, y está ligado a este nuevo cami- 28 no de transformación. Las iglesias llenas de mujeres arriesgan de llegar a ser sólo algo que pertenece a la Historia si los planteamientos de el l as siguen ignorados. 4 Ejemplo muy claro de este nuevo reto, es la participación de mujeres cristianas, comprometidas en actividades con mujeres de sectores populares y en ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES (ONG) de diferentes iglesias, que comenzaron a participar en los «Encuentros Feministas Latinoamericanos y del Caribe», desde el primero realizado en el año 1981, en Bogotá, cuyo segundo tuvo lugar en Lima en 1983. Pero, fue en el 111 (Bertioga, Brasil, en 1985) que comenzaron a reunirse como tales. En el IV, (Taxco, México, 1987) funcionaron dos talleres centrados, uno, en el tema «Feminismo e iglesia» y el otro sobre «Aborto e iglesia», que reunieron más de cien participantes. Allí todas ellas expresaron unánimemente su rechazo a las estructuras patriarcales, verticalistas, machistas y antievangélicas que se dan en las iglesias cristianas, especialmente en la católica, y a la cliscriminación que sufren las mujeres. Ellas expusieron claramente su voluntad de luchar permanentemente para construir una iglesia verdadera, una iglesia en la cual la mujer pueda hacer su aporte propio y original a nivel espiritual, pastoral, litúrgico, catequético, teológico y participar en las es - tructuras al mismo nivel que el va-
©Universitat de Barcelona rón, porque su dignidad no es me- nor. Sin embargo, en el V, que tuvo lugar en Argentina, (San Bernardo del 18 al 24 de noviembre de 1990) la presencia de teólogas, monjas y dirigentes católicas y protestantes hizo explosión cuantitativa y cualitativa, de modo que no sólo se multiplicaron los talleres sino que también se celebraron diferentes líturgias feministas. Estas actividades contaron con la participación de mujeres de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, El Salvador, México, Nicaragua, Perú, Uruguay y Venezuela. También participaron muje· res de Alemania, España, Estados Unidos, Holanda e Irlanda. Lamayoría de las participantes mantiene una activa participación en iglesias protestantes y católicas, aunque hubo algunas que no tienen ninguna afiliación institucional. Todas expresaron su preocupa· ción por la influencia religiosa sobre la vida de las mujeres y todas indicaron la importancia de una dimensión de trascendencia en sus vidas, por ello enfatizaron acerca de la urgencia de crear nuevas expresiones de espiritualidad desde una perspectiva feminista. La di· versidad cultural, las distintas trayectorias de las mujeres y nuestro común compromiso feminista fueron los elementos para un estimulante intercambio de experiencias personales culminando en una meta común: la democratización de las instituciones religiosas. La propuesta de uno de los grupos de reflexión resumió la inquietud de las mujeres que están afiliadas a las diferentes iglesias: «Sin dejar de ser Iglesia y sin paralelismos, es nuestro deseo poder crear comunidades donde podamos dar expresión a nuestra fe, en una Iglesia democrática y plural, que se oriente hacia el futuro, dentro de una visión de igualdad y libertad»4. Las mujeres presentes en este V Encuentro Feminista decidieron crear una RED para el intercambio de documentos, datos y experiencias, comenzando con un BOLETIN que será editado en Buenos Aires. 5 Las mujeres mílítantes católicas y protestantes, sean ellas laicas o monjas, las teólogas de la liberación (que no se definen como feministas) y las teólogas feministas están haciendo un aporte original a la iglesia y una llamada a la refle· xión. «Bajo control no se puede producir nada, ni teología, ni ninguna actividad científica» lo ha dicho Elisabeth Schüssler, catedrática de teología de la Universidad de Harvard5. Es simplemente una llamada a la democracia. En materia de teología moral, que es lo que más se acerca a la vida íntima de las parejas, no hay sino que analizar el aporte que han 4. Trapasso, Rosa Dominga: .. Taller Mujer y Religión ». V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, Mimeo, Lima, 1991. 3 p. 5. SchOssler Fiorenza, Elisabeth, «El aborto es una cuestión ética, pero debe seguir siendo legal ». En El País, Madrid 7.7. 91 , p. 23. 29