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Sevilla 2020 65 desPués del ecliPse comPutacional: iluminando las dinámicas del activismo tras bambalinas Emiliano Treré Resumen A partir de una serie de entrevistas a miembros de movimientos y organizaciones sociales de México y España, el presente artículo esclarece la dinámica del “activismo tras bambalinas”, particularmente en WhatsApp. Ilustra cómo los activistas han integrado esta aplicación en sus ecologías mediáticas para fortalecer su identidad colectiva, consolidar una solidaridad interna y reducir la presión de la protesta. El artículo muestra cómo ellos han logrado contrarrestar la paranoia que se experimenta “en escena” en los medios de comunicación, mediante el intercambio de material irónico y mensajes privados entre grupos. También demuestra que WhatsApp ha sido utilizada como medio de organización firmemente integrado en los mecanismos de organizaciones y movimientos. Resalta la combinación de las ventajas que ofrece la aplicación (velocidad, fiabilidad, movilidad, capacidad multimedia) con la omnipresencia del teléfono inteligente. Al matizar las caracterizaciones que tienden a ignorar su importancia o a resaltar su lado negativo, esta exploración cualitativa pone de manifiesto la banalidad de WhatsApp. En el artículo se discuten los múltiples papeles que la aplicación juega en las prácticas no visibles de movimientos y organizaciones.
Congreso ULEPICC 66 Introducción y estructura A partir de tres estudios de caso de México y España, este artículo busca contribuir a las reflexiones cada vez más comunes sobre la importancia de WhatsApp para los movimientos sociales y las organizaciones políticas. Lo hará abordando dos temas críticos: en primer lugar, la disparidad entre el uso de WhatsApp por parte de activistas y organizaciones, y el interés de la academia en el papel político de la aplicación. Se mostrará que la dependencia excesiva de metodologías y análisis cuantitativos abiertamente centrados en datos tomados del frontstage (lo que se ve) de las plataformas mediáticas digitales ha impedido, de alguna manera, que los investigadores puedan apreciar plenamente la relevancia de las prácticas activistas en el backstage (lo que no se ve), incluyendo el papel de WhatsApp en las dinámicas de los movimientos sociales. Dicha relevancia es anterior al interés de la academia por el rol político de WhatsApp durante los últimos años, cuando activistas de los movimientos 15M en España y #YoS- oy132 en México incorporaron efectivamente esta plataforma en sus ecologías mediáticas de protesta en 2011 y 2012, respectivamente. El segundo tema que se abordará es el hecho de que, más allá de las caracterizaciones que la catalogan predominantemente como incubadora y propagadora malintencionada de noticias falsas y desinformación, WhatsApp ha sido integrada en la dinámica cotidiana de los movimientos y organizaciones sociales. En estos contextos, WhatsApp funciona como una poderosa herramienta de comunicación “tras bambalinas” que fortalece la solidaridad interna, facilita los procesos de organización y cumple diversas funciones. En consecuencia, este artículo pretende ilustrar el carácter mundano y banal de WhatsApp y desentrañar los múltiples roles que juega en las ecologías mediáticas de los movimientos sociales y organizaciones políticas. El artículo está estructurado de la siguiente manera: en primer lugar, la revisión de literatura explica el ascenso me-
Sevilla 2020 67 teórico de WhatsApp y señala críticamente dos aspectos problemáticos de la perspectiva académica que se ocupa de su papel político. Posteriormente, se presentan el marco conceptual, los métodos y los estudios de caso. A continuación, se discuten los resultados y el uso de WhatsApp por parte de movimientos y organizaciones sociales; se ilustra cómo dicho uso precede al interés académico por este fenómeno y se muestra que las apropiaciones de este servicio son diversas, mundanas y banales. En las conclusiones se hace una reflexión sobre posibles futuras investigaciones sobre WhatsApp. Revisión de literatura El crecimiento de WhatsApp WhatsApp se define como una aplicación de “mensajería y llamadas rápidas, sencillas y seguras” y una “forma confiable de hablar con cualquier persona en el mundo”. Después de su lanzamiento en enero de 2009, su destacable crecimiento en esta década le ha permitido alcanzar una de las mayores bases de datos del mundo, con más de 1.500 millones de usuarios en más de 180 países.14 Su simplicidad, confiabilidad y accesibilidad son algunos de sus principales ganchos de venta, especialmente para los habitantes del Sur Global donde los servicios en línea se acceden principalmente a través de teléfonos celulares, y los problemas de conectividad y ancho de banda a menudo impiden tener una experiencia digital rápida y fluida. La aplicación considera cada número telefónico como un usuario y añade automáticamente la lista de contactos del teléfono como contactos de WhatsApp. La plataforma permite realizar llamadas y video-llamadas, enviar mensajes 14 https://www.whatsapp.com/research/awards/
Congreso ULEPICC 68 de video y de voz, y compartir imágenes, documentos en PDF y puntos de localización, tanto a contactos individuales como a grupos. La función de grupos de WhatsApp permite tener comunicaciones personales entre grupos de hasta 256 usuarios y representa una de las características más atractivas de la aplicación. Esta característica específica hace que la aplicación parezca más un medio social (véanse, por ejemplo, los grupos de Facebook) que un simple servicio de mensajes de texto. La adquisición de WhatsApp por parte de Facebook en 2014 fue una de las mayores inversiones de la empresa hasta la fecha. En 2016, se introdujo el cifrado de extremo a extremo. Las investigaciones muestran que la encriptación de WhatsApp es más una acción performativa que un valor de la compañía (Santos y Faure, 2018), lo cual no significa que Facebook no esté en capacidad de recopilar datos de WhatsApp (Zanon, 2018). Este paso a la encriptación también ha generado controversia en las instancias gubernamentales, los grupos de derechos digitales y las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley. Por ejemplo, aunque algunos defensores de la privacidad han celebrado la implementación del cifrado, hay entidades gubernamentales que la han criticado por considerarla un obstáculo en la lucha contra la delincuencia. Está claro que WhatsApp es mucho más que un servicio avanzado de mensajería de texto, pero ¿podemos considerarlo una plataforma? Este asunto es discutible. En su reciente libro sobre moderación de contenidos, Gillespie (2018: 21) sostiene que los servicios de mensajería como WhatsApp “generalmente se dan de persona a persona o de grupo a grupo y, de forma abrumadora, entre contactos conocidos [...] y logran sortear muchos de los problemas que asolan a las plataformas que ofrecen visibilidad pública y contacto con extraños”. Además, Gillespie considera que la moderación es uno de los requisitos esenciales para considerarla una plataforma, pero como la encriptación de extremo a extremo de WhatsApp hace imposible moderarla de manera efectiva, este servicio no calificaría como plataforma. Para otros investigadores, “WhatsApp
Sevilla 2020 69 funciona como una plataforma mediática donde se produce comunicación y donde se construye, se comparte y se discute información” (Pereira y Bojczuk, 2018). En este artículo, utilizaré indistintamente las palabras servicio, aplicación y plataforma para referirme a WhatsApp, teniendo en cuenta que la moderación sigue siendo un tema controvertido en el caso de esta aplicación, pero también considerando que ella tiene muchas de las características y prestaciones complejas (así como la influencia social y política) de otras plataformas de medios sociales como Facebook y YouTube. El giro computacional y el eclipse del activismo digital tras bambalinas WhatsApp se lanzó en 2009 y, junto con muchas otras tecnologías y aplicaciones digitales, ha sido parte integral de las ecologías de protesta de numerosos movimientos sociales que han surgido desde 2010 en todo el mundo. En la actualidad, es uno de los servicios digitales más poderosos para las campañas políticas, especialmente en el Sur Global, en países tan diversos como Brasil, Colombia, Kenia, México y Malasia.15 Sin embargo, en los diversos estudios que se han adelantado en torno a la protesta y el activismo digital desde 2009, generalmente se ha pasado por alto el papel de esta aplicación; la mirada de los académicos ha estado firmemente puesta en plataformas de medios sociales como Twitter y Facebook. De hecho, en algunos de los textos más representativos y citados que tratan el tema de medios digitales/sociales contemporáneos y protesta, no se hace una valoración crítica del papel de WhatsApp en las prácticas de los activistas. Entre dichos textos cabe mencionar los de Bennett y Segerberg (2013), Gerbaudo (2012), Barassi (2015), Wolfson (2014), Kaun (2016), Fuchs (2014), Russell (2016), Dencik y Leistert 15 https://ourdataourselves.tacticaltech.org/posts/whatsapp/
Congreso ULEPICC 70 (2015), Castells (2012), Neumayer et al. (2019), Cammaerts (2018) y Margetts et al. (2016). Sin embargo, recientemente ha habido algunos intentos de exploración del papel de WhatsApp (y otras tecnologías digitales como Facebook o los mensajes móviles) como plataforma de sindicalización de los trabajadores (Lazar et al., 2018) en el cambio de régimen de Malasia (Tapsell, 2019), en el empoderamiento de las mujeres nigerianas (Abubakar y Dasuki, 2018), en las protestas Occupy Nigeria de 2012 (Uwalaka, 2018) y en las elecciones en Sierra Leona de 2018 (Dwyer et al., 2019). Además, nuevos estudios sobre comunicación política se están ocupando del rol de las plataformas móviles de mensajería instantánea y de medios sociales más “tradicionales” (ver, en particular, Gil de Zúñiga et al., 2019; Vaccari y Valeriani, 2018; Valeriani y Vaccari, 2018). No obstante, aún queda un interrogante: ¿cómo explicar la ausencia de WhatsApp en la mayor parte de la literatura de la última década que trata sobre protestas y activismo digital? Sostengo que ese vacío tiene mucho que ver con el desinterés progresivo de la academia por el activismo digital y las dinámicas de comunicación interna en los movimientos sociales, lo que en otro espacio he llamado el “backstage” o espacio “tras bambalinas” del activismo digital (Treré, 2015). Con respecto a los conceptos de activismo “en escena” (frontstage) y “tras bambalinas” (backstage), estoy claramente en deuda con el trabajo sobre la auto-presentación del yo de Goffman (1959), en el cual el sociólogo canadiense hace una descripción propia de la “dramaturgia” cuando habla de la interacción social como actuación teatral. Cuando los individuos interpretan un papel en relación con un público en un espacio público, podemos pensar que están “en escena”, como actores en un escenario haciendo una representación. El espacio “tras bambalinas” es, en cambio, un lugar donde los actores pueden expresar aspectos de sí mismos en formas que su público consideraría inaceptables, y donde pueden relajarse y salirse de su personaje. La literatura que ha aplicado el enfoque dramatúr-
Sevilla 2020 71 gico de Goffman a los medios digitales y sociales es extensa, y comprometerme con ese enfoque dista de ser mi intención. Sin embargo, mi aplicación de la metáfora de Goffman a las plataformas digitales es ligeramente distinta a la de la mayoría de los académicos (véase, por ejemplo, Murthy, 2012). La mayor parte de la literatura analiza cómo la dinámica “en escena/tras bambalinas” se desarrolla en las publicaciones y las retransmisiones en vivo de Twitter y Facebook, mientras que los mensajes privados, internos y las interacciones de grupos cerrados suelen dejarse de lado. Por el contrario, mi investigación demuestra que los activistas consideran que los medios sociales y las plataformas de mensajería instantánea ya están articulados en escena (publicaciones en Facebook, listas de actualización/trinos en Twitter, etc.) y tras bambalinas (grupos y mensajería instantánea de Facebook, mensajes directos de Twitter, comunicaciones de WhatsApp, etc.), con diferentes implicaciones, apropiaciones y prestaciones. El frontstage se ve y se aprovecha como un espacio abierto, visible, público y de fachada para publicidad y difusión de información sobre las actividades de protesta y movilización de los movimientos. En cambio, el backstage es el lugar donde ocurren las interacciones cotidianas más banales, mundanas, informales y emocionales. El concepto se utiliza entonces como medio para acceder a la complejidad e hibridación de las prácticas activistas que continuamente navegan, se fusionan y utilizan de manera distinta los espacios en escena y tras bambalinas. La primera oleada de estudios sobre activismo digital a comienzos de la década del año 2000 se centró, casi siempre, en las dinámicas comunicativas internas de los movimientos sociales, explorando las prácticas de los activistas en foros, correos electrónicos y listas de correo (Ayers, 2003; Hara y Estrada, 2005: Kavada, 2009). Pero a medida que medios sociales como Twitter y Facebook fueron ganando protagonismo en los análisis académicos –y también un papel destacado en las acciones de los activistas–, los procesos y prácticas comunicativas internas llevadas a cabo por los activistas empezaron
Congreso ULEPICC 72 a perder importancia para los investigadores. Esto se debe, en parte, a la naturaleza de las plataformas de los medios sociales, donde enormes cantidades de datos personales se hacen visibles y se comparten constantemente con otros en hilos de conversación, retransmisiones y grupos, lo cual plantea graves problemas de privacidad, explotación y socialidad. Esta enorme cantidad de datos, producidos por los activistas a través de sus actividades de protesta en línea, ha contribuido a un “giro computacional” (Tufecki, 2014) en los movimientos sociales y los estudios de medios, es decir, un aumento significativo en la aplicación de métodos cuantitativos en el análisis de enormes masas de datos relacionados con la protesta disponibles en plataformas como Facebook y Twitter. Este giro computacional ha hecho que se preste una atención desproporcionada a lo que es medible y cuantificable en el frontstage de las plataformas digitales (por ejemplo, las retransmisiones en directo en Twitter, las publicaciones en Facebook, los videos de YouTube, etc.), a expensas de las negociaciones ocultas y las actividades cotidianas que se desarrollan principalmente en el backstage del activismo digital (chats y grupos de Facebook, mensajes directos de Twitter, grupos de WhatsApp y Telegram, etc.). A pesar de los nuevos desarrollos críticos en los estudios computacionales (Puschmann, 2019), la mayor parte de la literatura actual se caracteriza por una excesiva atención a las dinámicas de la comunicación pública y externa, a expensas de las dinámicas internas y los intercambios comunicativos diarios a través de los cuales los activistas organizan, crean y nutren sus identidades colectivas (Flesher Fominaya, 2015). Para comprender mejor las limitaciones de esta obsesión computacional contemporánea por lo visible del activismo digital, podemos recurrir a Alberto Melucci quien, hace algunas décadas, ya criticaba el reduccionismo político de muchos enfoques de los nuevos movimientos sociales en los que se subestimaban las dimensiones social y cultural de la acción colectiva, dando lugar a una “miopía ante lo visible” que centra toda la atención en los aspectos medibles de di-
Sevilla 2020 73 cha acción e ignora la producción de nuevos códigos culturales que constituyen la actividad submersa de las redes de movimientos contemporáneos y la condición para su acción visible” (Melucci 1988: 134). Sin embargo, investigar los movimientos sociales implica precisamente llevar a cabo lo que Lim llama “una indagación sobre lo invisible” (Lim 2018), es decir, centrar nuestra mirada analítica en los lugares y prácticas ocultas, submersas y periféricas, incluyendo las dinámicas de comunicación que ocurren en los espacios tras bambalinas del activismo contemporáneo. Más allá de una visión distópica de Whatsapp En los últimos años, y especialmente después de las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos, la atención de periodistas, entidades gubernamentales y académicos en el papel de WhatsApp en la política ha crecido exponencialmente. WhatsApp ha sido objeto de duras críticas por la forma en que ha sido utilizada en diversos escenarios políticos para difundir información falsa, bromas, discursos de odio, propaganda y noticias falsas. En 2017, se habló de un nexo entre la plataforma, en conjunción con Facebook, y la difusión de noticias falsas durante las reñidas elecciones generales en Kenia (Dahir, 2017).16 En 2018, se habló de vínculos de WhatsApp con la difusión de rumores y desinformación, así como con incitaciones a la violencia y linchamientos en la India (Arun, 2019). Un estudio reciente sostiene que en las elecciones de ese país en 2019 (Narayanan et al., 2019), “la proporción de noticias e información política polarizante que circula en los medios sociales [...] es peor que la de todos los demás estudios de caso de países [...], excepto las elecciones presidenciales de EE.UU. en 2016”, 16 https://qz.com/africa/1033181/whatsapp-and-facebook-are-driving-ken- yas-fake-news-cycle-ahead-of-august-elections/
Congreso ULEPICC 80 Durante 2012 y 2013, mientras la mirada de los académicos mexicanos se centraba casi que con obsesión en el fronstage de Facebook, Twitter y YouTube (aprovechando los datos de noticias, retransmisiones en vivo, publicaciones y videos), los activistas de #YoSoy132 participaban intensamente en prácticas de activismo tras bambalinas, tanto en los chats de Facebook como en los grupos de WhatsApp. Estos espacios en línea representaban entornos donde los activistas “llevaban a cabo múltiples actividades” (Entrevista 1), donde “la discusión y la actualización de información eran constantes y muy intensas” (Entrevista 2). En estos espacios digitales no visibles, WhatsApp en particular jugó un papel fundamental. Los activistas mexicanos empezaron a utilizar la aplicación semanas después del surgimiento del movimiento en 2012, cuando se dieron cuenta de que les ofrecía alternativas de comunicación “más rápidas”, “más sencillas” y “más inmediatas”. Al principio, experimentaron con mensajes individuales pero cambiaron, casi inmediatamente, a conversaciones de grupo para “abordar mejor los temas de organización” (Entrevista 3) y “facilitar la toma de decisiones colectivas” (Entrevista 4). Si bien el uso de WhatsApp para apoyar y facilitar los procesos de organización y toma de decisiones del movimiento era importante, el flujo continuo de mensajes también generó un entorno propicio para el intercambio de mensajes más íntimos. En general, fue el resultado de la fuerte presión a la que se vieron sometidos los activistas mexicanos durante el proceso electoral, cuando los periodistas los presionaban continuamente para obtener entrevistas, los miembros del PRI intentaban sabotear sus tácticas digitales, y la fuerza pública, apoyada por el gobierno, escudriñaba en sus perfiles de medios sociales para identificar y tener en la mira a los principales manifestantes (Treré, 2019). En contraste con una literatura que alababa las bondades de las plataformas digitales supuestamente revolucionarias, mi investigación muestra el duro camino recorrido por un movimiento plagado tanto de múltiples conflictos internos de organización como de conti-
Sevilla 2020 81 nuos esfuerzos del gobierno por controlar, vigilar y censurar las actividades de protesta. En una situación que los activistas describieron como la “paranoia de los medios sociales”, es decir, una ansiedad generalizada frente a las consecuencias negativas que sus actividades relacionadas con la protesta podrían generar (especialmente en el escenario público y expuesto de los medios), los activistas recurrían con frecuencia a formas de activismo oculto en WhatsApp. Las conversaciones de grupo se percibían como zonas digitales “más seguras” y “más cómodas”, donde los activistas podían “abrirse a los compañeros para expresar sus sentimientos personales y liberar el estrés experimentado en las movilizaciones” (Entrevista 5); “consolarse mutuamente y desahogarse” (Entrevista 6); “encontrar fuerza y motivación para no rendirse” (Entrevista 7); “compartir ideas, videos, risas e imágenes con personas afines, sin miedo a ser duramente criticados o atacados” (Entrevista 8). De este modo, los mensajes de WhatsApp compartidos entre múltiples grupos establecieron unas áreas “protegidas”, donde los activistas podían expresarse lejos de la presión y la ansiedad del frontstage de los medios sociales, de las “luces oficiales de los muros y páginas de Facebook” (Entrevista 9). Las prácticas tras bambalinas de WhatsApp contribuyeron a reforzar la solidaridad interna y a nutrir la identidad colectiva del movimiento. Aquí podemos apreciar el poder que el “trabajo de las emociones” (Jasper, 2011) tiene en la construcción de identidad colectiva, pues los activistas de #YoSoy132 experimentaban alegría, alivio y empoderamiento durante sus encuentros, al compartir con otros a través de WhatsApp. De otra parte, en esos espacios tras bambalinas, los activistas lograron relacionar su propia lucha con la tradición rebelde de los mexicanos, reafirmando así la legitimidad del movimiento #YoSoy132 como heredero de una larga tradición de resistencia mexicana. Los activistas intercambiaban fotos, videos, archivos de audio y memes de importantes figuras revolucionarias mexicanas como Emiliano Zapata y el
Congreso ULEPICC 82 Subcomandante Marcos. Estos archivos a menudo iban acompañados de “textos de incitación” que relacionaban explícitamente la situación actual con las injusticias del pasado. De este modo, los activistas recordaban su papel histórico en el contexto político mexicano, fortalecían sus vínculos recíprocos y reforzaban su identidad, como colectivo coherente en lucha contra la injusticia. Las fotos y los memes también se compartían ampliamente en el escenario visible de los medios sociales, pero el significado que adquirieron en los grupos de WhatsApp fue muy distinto. Mientras en el frontstage el objetivo era “hacer que un mensaje se volviera viral y llegara al mayor número de personas posible” (Entrevista 10), tras bambalinas los mensajes iban dirigidos a colectivos más pequeños con un mayor grado de intimidad, como sucede con las listas de correo (Kavada, 2009). El propósito era “reírse con los amigos y compañeros” (Entrevista 11), “hacerle un guiño en línea a alguien con quien se han compartido tantas aventuras” (Entrevista 12). A través de estos intercambios multimedia, los activistas fortalecían sus vínculos de solidaridad y compromiso, un factor necesario en la gestión de identidad colectiva (Flesher Fominaya, 2010). En estos entornos más informales, relajados y personales, los manifestantes reafirmaban a diario su “sentido de pertenencia al YoSoy132 y lo que eso implicaba” (Entrevista 13). A diferencia de la presencia más “oficial” y “seria” en el frontstage, el ambiente tras bambalinas estaba impregnado de humor, ironía y burla. Los activistas mexicanos percibían los grupos de WhatsApp como espacios donde podían “interactuar con menos seriedad y hacerle bromas a los amigos” (Entrevista 13). Con frecuencia, ponían a circular parodias y fotomontajes de los propios miembros de los grupos en una especie de “auto-burla” (Entrevista 13). Estas prácticas humorísticas fortalecían la pertenencia de los activistas al movimiento y mostraban que los manifestantes tenían un “código en común” (Entrevista 14) y “una comprensión similar” (Entrevista 15), pero también servían para “bajar la intensidad de la protesta” (Entrevista 16) y “encontrar algo de
Sevilla 2020 83 tranquilidad en el ritmo incesante de la resistencia” (Entrevista 17). Las implicaciones de la paranoia de los medios sociales a menudo se atenuaban tras bambalinas. A finales de 2012, cuando las estrategias represivas del gobierno obligaron a los activistas a borrar de Facebook y YouTube las imágenes y mensajes relacionados con las protestas y, en ocasiones, hasta sus perfiles públicos, los intercambios en los grupos de WhatsApp se intensificaron. Estaban llenos de auto-burla, sátira y juegos de palabras que ayudaban a aliviar la tensión y los conflictos internos del movimiento, a la vez que fortalecían la solidaridad y cohesión interna. Además, los grupos de WhatsApp eran espacios clave para coordinar las movilizaciones y las protestas callejeras; los activistas en el terreno y desde casa “informaban a los compañeros, en tiempo real, sobre los peligros, las amenazas y la represión de la policía” (Entrevista 18). Estos hechos ilustran la ambivalencia cotidiana en el uso que hacen los activistas de los medios sociales. Los manifestantes navegan constantemente y se enfrentan a la polaridad entre la paranoia que genera estar en escena y el espacio protegido que significa estar tras bambalinas. El papel de WhatsApp en las tácticas no visibles del movimiento 15M Mediante la apropiación táctica de los medios sociales y la astuta interceptación de sus algoritmos, el movimiento 15M que surgió en España en 2011 –conocido como los Indignados– fue capaz no solo de llamar a la acción y organizar movilizaciones masivas, sino también de influir sistemáticamente en la cobertura periodística y de situar sus pretensiones en la agenda mediática. Por ejemplo, mediante tácticas eficaces de apropiación de los medios sociales, los activistas españoles lograron que su llamado a la acción del 15 de mayo fuera mencionado 37 veces en la prensa escrita (Candón Mena,
Congreso ULEPICC 84 2013); en muchas otras ocasiones, obtuvieron cobertura de prensa internacional en periódicos como The Washington Post y The New York Times, lo cual hizo imposible que los principales medios de comunicación españoles ignoraran y silenciaran sus exigencias. Una de las tácticas más efectivas adoptadas por los activistas del 15M consistió en la “creación sistemática de tendencias en Twitter” (Entrevista 19), basada en una profunda comprensión y explotación del algoritmo de la plataforma. Sin embargo, desde una perspectiva ecológica, podemos observar que las tendencias en Twitter fueron tan solo el resultado de una compleja ecología de prácticas orquestadas tras bambalinas, en las que WhatsApp jugó un papel clave. De hecho, estas tácticas se planearon cuidadosamente a partir de una combinación de tecnologías de comunicación interna y plataformas de medios sociales, en el intersticio entre el backstage y el frontstage de la comunicación. Se utilizaron herramientas de comunicación interna como los pads (blocs de notas en línea para escritura colectiva, como Titanpad) para “seleccionar colectivamente hashtags posiblemente exitosos y luego construir la narrativa de la protesta” (Entrevista 20), mientras que el frontstage de plataformas como Twitter se utilizó para difundir masivamente la información y obtener el resultado esperado. En los pads, los activistas sugerían posibles hashtags para llegar a un consenso sobre cuáles eran los más efectivos para la campaña política específica que se estaba organizando. Una vez elegido un hashtag, se creaba una serie de posibles trinos que se enviaban a otros colectivos de activistas a través de herramientas no visibles, como mensajes directos en Twitter, por correo electrónico y por WhatsApp. Los activistas del 15M tenían a su alcance una “red muy poderosa de grupos de WhatsApp que se activaban cuando los necesitábamos, y que tenían una respuesta muy rápida y una amplia difusión” (Entrevista 21). Detrás del ingenioso invento de los hashtags de Twitter, había una red de activistas tras bambalinas trabajando incesantemente para asegurarse de que determinados trinos se utilizaran simultá-
Sevilla 2020 85 neamente en diferentes lugares de España y del mundo, y así obtener el resultado esperado. Esta exitosa coordinación dependía principalmente de la funcionalidad comunicativa de los grupos de WhatsApp. En posteriores subdivisiones del movimiento los Indignados en 2013, junto con WhatsApp se introdujo la aplicación rusa de mensajería móvil Telegram, en parte debido al alto nivel de encriptación que permite, además de la “enorme capacidad para uso de multimedia y para administración de grupos que tiene su versión de escritorio” (Entrevista 22) (véase también Martínez Martínez, 2017). La banalidad de WhatsApp en las organizaciones españolas contemporáneas Las entrevistas hechas a múltiples organizaciones y activistas españoles en 2017 ponen de manifiesto que el teléfono inteligente es uno de los dispositivos digitales más utilizados en las dinámicas cotidianas de los colectivos y grupos. Los entrevistados resaltaron que “usan constantemente su teléfono” (Entrevista 23) y que “la supremacía de los teléfonos móviles es bastante clara” (Entrevista 24). Los teléfonos inteligentes son considerados un kit portátil de herramientas todo-en-uno para el activismo, un compañero indispensable que ofrece conectividad sobre la marcha y funcionalidades multimedia, a través de aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp, Telegram, Signal y XMPP. También permiten revisar el correo electrónico, ver noticias, grabar sonido y video, hacer llamadas y tomar fotografías de alta definición. Más concretamente, se cree que la poderosa combinación del teléfono inteligente con WhatsApp constituye el núcleo de la comunicación en las organizaciones españolas. “Los grupos de WhatsApp son cruciales; son nuestro recurso de organización más importante” (Entrevista 25). La posibilidad de crear grupos específicos en WhatsApp que “sirvan de espejo de cada subcomisión o
Congreso ULEPICC 86 división interna” (Entrevista 26) hace que esta plataforma sea una opción muy dinámica y flexible para las organizaciones. WhatsApp se percibe como una herramienta “rápida”, “efectiva”, “sencilla”; para muchos de los entrevistados, su fuerza radica en permitir respuestas y acciones más rápidas frente a temas urgentes del día a día que requieren acción inmediata. Las listas de correo se siguen utilizando, pero parecen haber reconfigurado su rol en la ecología mediática. Son canales de comunicación más oficiales en los que circulan mensajes que requieren ser registrados y procesados a un ritmo más len- to. También parece haber una jerarquía en la ecología de las aplicaciones móviles. WhatsApp es la “más utilizada, la más popular, la de mayor cobertura” (Entrevista 27), mientras que “Telegram es utilizada especialmente por profesionales de la comunicación y por políticos, pero no es tan popular ni está tan difundida como WhatsApp” (Entrevista 28). Otras aplicaciones como Signal y XMPP solo son utilizadas por activistas y profesionales que requieren “un alto nivel de encriptación” (Entrevista 29) y que “se adhieren a protocolos de seguridad muy estrictos” (Entrevista 30). Estas últimas se utilizan para proteger la identidad de las fuentes periodísticas o para comunicarse con individuos que hayan revelado documentos clasificados. Entendí claramente el uso generalizado, intensivo y cotidiano de WhatsApp y Telegram en el contexto español al comparar las tecnologías mediáticas que he empleado para contactar a los entrevistados en mis diferentes trabajos de campo en Europa. Mientras que en Italia, Grecia y el Reino Unido los correos electrónicos y las llamadas telefónicas tradicionales todavía juegan un papel fundamental, en España es una práctica bastante común abordar a políticos, periodistas y directores de organizaciones mediante un mensaje de WhatsApp o Telegram. En algunos casos, después de intentar contactarlos a través de múltiples canales de comunicación, me di cuenta de que estas aplicaciones móviles eran el único medio a través del cual recibiría una respuesta en un plazo razonable. Todos estos factores permiten construir una ima-
Sevilla 2020 87 gen en la que las distintas aplicaciones de mensajería móvil están firmemente posicionadas como herramientas no visibles e irreemplazables en la dinámica cotidiana de las organizaciones españolas. Comentarios de cierre Con este artículo, basado en 30 entrevistas realizadas en México y España con diversos actores (activistas, periodistas, organizaciones de la sociedad civil, sindicatos, etc.), he pretendido esclarecer la dinámica del activismo tras bambalinas, particularmente en WhatsApp. Con él he buscado hacer un aporte a la literatura que, solo desde hace muy poco, ha empezado a valorar el uso político de WhatsApp –resaltando principalmente sus efectos nocivos durante las elecciones– y construir una imagen multidimensional de esta aplicación. He demostrado que WhatsApp ha sido incorporada, efectivamente, en las ecologías mediáticas de protesta de los movimientos sociales desde 2011, y que los entornos tras bambalinas conformados por grupos de WhatsApp les han brindado, a los activistas, un espacio donde pueden fortalecer su sentido de pertenencia a una causa común, afianzar su solidaridad interna, y reducir la presión y el estrés propios de las actividades relacionadas con la protesta. En estos espacios, los activistas han podido, con frecuencia, mitigar las consecuencias de la paranoia de los medios sociales que se experimenta en el frontstage de Facebook y Twitter, mediante el intercambio continuo de material irónico y mensajes íntimos. Además, WhatsApp ha sido utilizada como un poderoso instrumento para organizarse, y ahora está firmemente integrada en las prácticas cotidianas de organizaciones y movimientos. En particular, los actores sociales destacan la combinación de sus ventajas críticas para la comunicación (velocidad, confiabilidad, movilidad, capacidad multimedia)
Congreso ULEPICC 88 con la omnipresencia del teléfono inteligente. Aunque reconozco las consecuencias negativas de su uso durante épocas electorales en todo el mundo, mi exploración ecológica cualitativa también ilustra la banalidad de WhatsApp y muestra sus múltiples roles en las prácticas no visibles de movimientos y organizaciones políticas. Dada la creciente importancia social, económica y política de WhatsApp y de plataformas de mensajería similares como Telegram y Signal, es fundamental que los académicos lleven a cabo análisis más detallados de las prácticas que se dan tras bambalinas en el activismo digital. Esto tiene implicaciones conceptuales y metodológicas. A nivel conceptual, significa privilegiar una mirada ecológica a los medios que permita explorar, de manera holística y crítica, la complejidad comunicativa de los movimientos y organizaciones sociales, poniendo en primer plano las dinámicas del frontstage y del backstage y su interacción. A nivel metodológico, implica favorecer los estudios multimétodo que capitalizan la integración de las exploraciones cuantitativas a gran escala de lo que sucede en escena en los medios sociales y de las investigaciones cualitativas matizadas con los mundos digitales tras bambalinas. Agradecimientos Este capítulo representa una ampliación y actualización de un artículo publicado originariamente en la revista de acceso abierto First Monday: https://firstmonday.org/ojs/index. php/fm/article/view/10404. Un agradecimiento especial a Emma Cristina Montaña Rivera por su excelente traducción desde el inglés. La investigación en México se realizó a través de tres proyectos que contaron con el siguiente apoyo financiero: primero, el Programa de Mejoramiento del Profesorado de México 2012, Fondo N° 103.5/12/3667 y número de profesor UAQ-
Sevilla 2020 89 PTC-224; segundo, el Fondo FOFI-UAQ 2012 de la Universidad Autónoma de Querétaro, Proyecto N° FCP201206; y tercero, el Fondo FOFI-UAQ 2013 de la Universidad Autónoma de Querétaro, Proyecto N° FCP201410. La investigación sobre el movimiento 15M en España contó con el apoyo de una Subvención para el Desarrollo del Conocimiento del Consejo de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades de Canadá (Archivo N° 430-2014- 00181). La investigación hecha en ese mismo país en 2017 formó parte del Proyecto “PiCME” (Participación Política en Entornos Mediáticos Complejos), financiado por el Ministerio de Educación, Investigación y Universidades de Italia, a través del Programa SIR, código RBSI14GUJE. Bibliografía Abubakar, Naima Hafiz and Salihu Ibrahim Dasuki, 2018. “Empowerment in their hands: use of WhatsApp by women in Nigeria”, Gender, Technology and Development, volume 22, number 2, pp. 164-183. Ayers, Michael D. 2003. Comparing collective identity in online and offline feminist activists. In: M. McCaughey and M. D. Ayers, eds. Cyber activism: online activism in theory and practice. London: Routledge, pp 145–164. Arun, Chinmayi 2019. On WhatsApp, Rumours, and Lynchings. Economic & Political Weekly, volume 5, number 6, pp. 31. Avelar, Daniel 2019. WhatsApp fake news during Brazil election “favoured Bolsonaro”, at https://www.theguardian. com/world/2019/oct/30/whatsapp-fake-news-brazil-elec- tion-favoured-jair-bolsonaro-analysis-suggests?CMP=share_btn_tw Barassi, Veronica 2015. Activism on the Web: everyday struggles against digital capitalism. New York: Routledge.