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Así en Oriente como en Occidente: el origen oriental de los altares taurodérmicos de la Península Ibérica

Gómez Peña, Álvaro

Abstract

En las siguientes líneas nos proponemos, en primer lugar, demostrar el origen siriochipriota de los altares taurodérmicos de la protohistoria de la Península Ibérica exponiendo los ejemplos recogidos procedentes del Mediterráneo Oriental y comparando sus contextos con los de los altares en forma de piel de toro del Hierro I hallados hasta la fecha en España; en segundo lugar, demostrar que los tradicionalmente denominados lingotes chipriotas, siriochipriotas para nosotros, no son el motivo que imitan los altares taurodérmicos, sino que ambas ramas son el resultado de un mismo tronco común: la piel de toro trabajada y; por último, recalcar el carácter identitario fenopúnico de los altares taurodérmicos fechables en el Hierro II que han aparecido por toda la costa peninsular ibérica.

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SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 ASÍ EN ORIENTE COMO EN OCCIDENTE: EL ORIGEN ORIENTAL DE LOS ALTARES TAURODÉRMICOS DE LA PENÍNSULA IBÉRICA THUS IN THE EAST AND THE WEST: THE EASTERN ORIGIN OF THE BULL SKIN ALTARS OF THE IBERIAN PENINSULA ÁLVARO GÓMEZ PEÑA* “ […] el argumento de que aras con esta forma no se conocen en el Mediterráneo oriental queda de nuevo invalidado si las imágenes de dicho símbolo grabadas sobre algunos sellos chipriotas, que se han leído como lingotes se interpretan en cambio como altares” (Escacena 2007: 628). Resumen: En las siguientes líneas nos proponemos, en primer lugar, demostrar el origen siriochipriota de los altares taurodérmicos de la protohistoria de la Península Ibérica exponiendo los ejemplos recogidos procedentes del Mediterráneo Oriental y comparando sus contextos con los de los altares en forma de piel de toro del Hierro I hallados hasta la fecha en España; en segundo lugar, demostrar que los tradicionalmente denominados lingotes chipriotas, siriochipriotas para nosotros, no son el motivo que imitan los altares taurodérmicos, sino que ambas ramas son el resultado de un mismo tronco común: la piel de toro trabajada y; por último, recalcar el carácter identitario fenopúnico de los altares taurodérmicos fechables en el Hierro II que han aparecido por toda la costa peninsular ibérica. Palabras claves: Altares taurodérmicos, lingotes, cilindrossellos, asherah. Abstract: Firstly in the following lines we aim to prove the Sirian-Cypriot origin of the bull-skin-shaped shrines of the Protohistory of the Iberian Peninsula by showing the samples collected from the Eastern Mediterranean and comparing their contexts with the bull-skin-shaped shrines of the Iron Age I found in Spain. Secondly, it will be proven that the traditionally named Cypriot ingots, Sirian-Cypriots for us, are not the motif imitated by the bull-skin-shaped shrines, but both models come from a single one stock: the crafted bull-skin. Finally the identitarian character of the Phoenopunic bull-skin-shaped shrines dated from the Iron Age II that have appeared throughout the Iberian Peninsula coast will be highlighted. Key words: Bull-skin-shaped shrines, ingots, cylinder-seals, asherah. En los últimos veinte años el descubrimiento de numerosos altares taurodérmicos ha empezado a llenar en parte un vacío en las investigaciones protohistóricas de la Península Ibérica que se antoja de suma importancia para entender la religiosidad fenopúnica. Éstos, presentes en el caso del Hierro I, han aparecido en santuarios de tradición levantina cuyos datos apuntan hacia una continuidad cultual y cultural entre los complejos religiosos del Mediterráneo del Este y los santuarios orientales del Mediterráneo Occidental: thymiateria, huevos de avestruz, conchas, smiting gods, betilos, alabastrinos, cornamentas de animales y así con una larga lista de elementos que tienen sus * Miembro del Grupo de Investigación Historiografía y Patrimonio Andaluz (HUM-402). Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. 130 ÁLVARO GÓMEZ PEÑA SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 equivalencias al otro lado del posterior Mare Nostrum. ¿Cómo es posible que de todos ellos, los altares no tuvieran sus paralelos orientales? El altar, como objeto que encierra las actuaciones más sagradas de una comunidad religiosa se convierte inmediatamente en la pieza clave en torno a la que giran los rituales de dicho colectivo y, por tanto, en un buen elemento identitario. 1. DIOSES, LINGOTES Y SELLOS EN LA TRADICIÓN SIRIOCHIPRIOTA Recientemente hemos tratado desde un punto de vista historiográfico y metodológico la relación de elementos taurodérmicos hallados en la Península Ibérica (Gómez Peña e. p.), y no nos ha sorprendido comprobar que la inmensa mayoría de los autores que ha trabajado sobre ellos ha seguido la tradicional interpretación que relaciona estas formas con los lingotes “chipriotas”, pues efectivamente ambas formas están emparentadas. Sin embargo, dicha interpretación es desde nuestro punto de vista inexacta ya que existe una idea que aglutina a ambas: la taurodérmica. No obstante, hay quienes han pensado que el parecido entre ambos, lingotes y pieles, es puramente casual (Bass 1961: 272; 1986: 275; Pulak 1988: 6, nota a pie 8) ya que el contorno de los primeros se realizó para facilitar su transporte sobre los hombros como se observa en diferentes representaciones (fig. 1). No podemos saber con seguridad si la forma se escogió por su fácil transporte o si aquélla acabó encontrando buen acomodo en los hombros de sus cargadores, pero aun así no es óbice para pensar que su más fácil transporte y su simbolismo sean incompatibles. El motivo, por tanto, por el que analizaremos aquí los lingotes de forma taurodérmica radica en el estrecho paralelismo existente entre sus diversas facturas y las de los altares de forma de piel de toro del Suroeste peninsular (fig. 2), proponiéndonos demostrar a partir de aquí el origen siriochipriota tanto de los lingotes, como de esta forma y de su respectiva simbología introducida en occidente. Siguiendo la metodología expuesta en otra ocasión (Gómez Peña e. p.), son los propios lingotes los que nos indican que en la tradición oriental se conocía el trabajo de la piel bovina con factura idéntica o similar a los ejemplares conocidos en la Península Ibérica. No ya sólo lo evidencia la forma de las piezas, con sus esquinas pronunciadas, sino que algunos ejemplares muestran un doble contorno como los altares de El Carambolo, Caura o Malaka, entre otros. Incluso tenemos representaciones de pieles con este perfil tanto en monturas como la del caballero de Byblos (siglos VIIIVI a. C.) (fig. 3), como en instrumentos musicales visibles en decoraciones de menaje de lujo procedentes de Chipre (fig. 4). Adviértase que en dicho plato aparecen tanto los lingotes como las pieles trabajadas, ambos con idéntica factura. En este último ejemplo tiene fácil lectura la forma de piel de bóvido de los panderos, pero el mayor problema al que nos hemos tenido que enfrentar y que auguramos que de buen seguro dará bastantes quebraderos de cabeza en un futuro es discernir cuándo estamos ante las representaciones de lingotes Figura 1. Fragmento de bronce procedente de Chipre mostrando a un hombre portando un lingote sobre sus hombros (Karageorghis y Papasavvas 2001: 340). Figura 2. Varios tipos de lingotes de cobre de procedencia oriental paralelizables con los altares de El Carambolo, Caura y Malaka (a partir de Buchholz y Karageorghis 1973: 279). 131ASÍ EN ORIENTE COMO EN OCCIDENTE: EL ORIGEN ORIENTAL DE LOS ALTARES TAURODÉRMICOS... SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 propiamente dichos y cuándo estamos ante los altares taurodérmicos, porque siguiendo la primera interpretación, todo lo que en Oriente ha tenido este contorno ha sido considerado representación de un lingote. Mucho tienen que ver en esta interpretación los hallazgos de dos pecios durante el siglo XX hundidos frente a las costas de la actual Turquía en los que se encontró entre su cargamento cientos de lingotes con esta forma. No obstante, no fueron los primeros descubrimientos realizados de este tipo de objetos, pues ya H.-G. Buchholz había realizado en 1958 y 1959 dos estudios al respecto intentando ver la evolución formal de los ejemplares en el tiempo (Buchholz 1958 y 1959, en Bass 1961: 271, notas a pie 17, 18 y 19), así como su representación se ha creído ver en cilindros-sellos (Masson 1957, en Bass 1961, nota a pie 17)1. 1. Hasta el presente se ha documentado el hallazgo de lingotes y medios lingotes taurodérmicos, tanto comerciales como votivos, en El primero de los barcos encontrados se trata del pecio de Cabo Gelidonya (fig. 5), al suroeste de Turquía, en el que se hallaron 30 lingotes y 10 medios lingotes con forma de piel de toro (Bass 1961: 271). Miden 60 cm de largo y 45 cm de ancho, y pesan 20,6 kg de media. A pesar de ser la parte más numerosa del cargamento, éste apareció compuesto en su gran mayoría por objetos de prestigio que han sido relacionados con el mundo sirio y chipriota. El trasiego de objetos y mercancías entre estas dos partes del Mediterráneo nos hace pensar en que su estrecha vinculación pudo haber sido no sólo comercial. De hecho, G. F. Bass, postuló un origen sirio para el barco, aunque opinaba que los lingotes son de procedencia chipriota (Bass 1991: 69-70). Justo dos años después, en 1963, se halló en una fosa fundacional de un santuario de Enkomi (Chipre) un smiting god cuyos pies aparecen sobre un objeto considerado tradicionalmente de forma de lingote chipriota (fig. 6). Desde ese momento y hasta el presente ha sido una pieza clave en la historiografía del estudio de los lingotes. Se trata de una estatuilla de 35 cm de altura que representa a una figura masculina ataviada con un casco con cuernos, barba, camisa con escote en V, falda corta abierta por delante y grebas en sus piernas. Sujeta en su mano izquierda un escudo y en la derecha una lanza en posición hierática. Su hallazgo en bastantes puntos del Mediterráneo e incluso en zonas de Europa más alejadas del posterior Mare Nostrum. Desde Egipto (Nibbi 1987: 57- 90), pasando por Israel (Buchholz 1988: 203-204), Líbano, Chipre (Buchholz 1988: 206), Turquía (Muhly, Wheeler y Maddin 1977; Bass 1986; Pulak 1988), Bulgaria (Buchholz 1988: 204), Croacia, Grecia, Creta (Buchholz 1988: 206-207), Sicilia (Buchholz 1988: 210), Cerdeña (Balmuth y Tylecote 1976), Córcega (Knapp 2008: 131), Alemania (Knapp 2008: 131) e incluso Irlanda (Buchholz 1988; Gale 1991). Figura 3. La montura recuerda a los ejemplares de Cancho Roano y El Cigarralejo (según Institut du Monde Arabe 2008: 190). Figura 4. En la imagen se observan lingotes transportados en barcas junto a un cuerpo de música y danza con instrumentos de percusión en forma de piel trabajada (Bikai 1987: portada). 132 ÁLVARO GÓMEZ PEÑA SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 dicha fosa, excavada en la cella del templo, sacó a la luz no sólo a la estatuilla de pie, sino varios vasos muy probablemente de uso ritual a su alrededor (Schaeffer 1971: 525 y ss.). Por su parte, en el suelo de dicha sala se encontraron restos óseos de diferentes animales entre los que destacan los bucráneos y las cornamentas de toros y de otros bóvidos, así como restos óseos de cérvidos (Schaeffer 1964: 179) que denotan la realización de sacrificios de animales asociados a los altares presentes en la estancia. De igual manera, en otro santuario situado a 50 m de éste apareció otra figura de pie en una fosa de las mismas características que porta un casco igualmente con cuernos, de ahí que se conozca al templo como el del “dios cornudo” (Schaeffer 1971: 533 y ss.). También aparecieron restos de animales por toda la estancia, entre ellos huesos de ciervos, cabras y especialmente bueyes al parecer cremados y libados. En ambos casos han aparecido en el interior de los santuarios varios lingotes votivos, si bien no es una particularidad de éstos, pues han aparecido igualmente en Egipto entre otros lugares (Buchholz 1988). Relacionada con el “dios del lingote”, nombre que designa también al santuario en el que se halló, existe otra figura, esta vez femenina, procedente de la colección Bomford del Ashmolean Museum de Oxford por presentarse también de pie sobre, según la interpretación tradicional, el mismo tipo de lingote (fig. 7). Su procedencia es desconocida pero por sus características formales se le ha otorgado un origen chipriota (Catling 1971). Las constantes relaciones entre los lingotes y la isla de Chipre han sido motivo para asociar ambas estatuillas por parte de algunos investigadores con divinidades de origen chipriota (Catling 1971; Marín 2006: 45). Ambas estatuillas han sido relacionadas con el culto a una pareja de divinidades, siendo la masculina protectora de los trabajos en las minas de la isla y la femenina garante de la fecundidad de las mismas. La primera de ellas, denominada desde su hallazgo como “el dios del lingote”, ha sido identificada con el Nergal babilónico y con el Reshef sirio como dos encarnaciones para una misma fuerza del mundo de los muertos (Schaeffer 1971: 506-510). El segundo pecio fue hallado en el cabo Ulu Burun, cerca de Kas (Turquía), en 1984. En él, el equipo dirigido por C. Pulak, del Instituto de Arqueología Náutica de Texas, halló un cargamento de clara procedencia siria para la mayoría de las piezas entre el que había 354 lingotes con forma de piel de toro (fig. 8), Figura 5. Planta de la situación en que se halló parte del cargamento del pecio de Cabo Gelidonya (web del Institute of Nautical Archaeology). 133ASÍ EN ORIENTE COMO EN OCCIDENTE: EL ORIGEN ORIENTAL DE LOS ALTARES TAURODÉRMICOS... SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 documentándose los primeros de estaño (Bass 1986: 276; Pulak 1988: 4). Acompañando a la ingente cantidad de lingotes de cobre y estaño había colmillos de elefante, ánforas cananeas y vasijas de tradición siria, incienso probablemente procedente de Ugarit, armas cananeas, joyas sirias, pesas cuyos pesos equivalen al sistema sirio, sirio necef, babilónico y peyem, anclas de un sólo orificio igual a las encontradas en Tell Abu Hawam, Ugarit, Biblos, en el pecio de Cabo Gelidonya y en Kition. Todos estos objetos hicieron a G. F. Bass, excavador del pecio de Cabo Gelidonya atribuir una procedencia siria para el cargamento, no así del barco del que no se pronuncia, atribuyendo el origen de los lingotes a la misma zona (Bass 1986: 295) entre otros motivos porque el único molde encontrado hasta aquella fecha (y hasta el presente) ha sido el hallado en Ugarit, como más adelante comentaremos. En cuanto a la procedencia del pecio, posteriores campañas y estudios han posibilitado atribuir también un origen sirio para la forma que dejan entrever los escasos restos encontrados, entre ellos la propia madera de cedro de la que estuvo hecho el barco. A esta hipótesis viene a sumarse la opinión de quienes ven en la mayor parte de los utensilios de uso común el origen de los tripulantes puesto que las herramientas, instrumentos, estatuillas, las citadas anclas, las pesas de balanza y las lámparas de aceite son atribuibles al mundo levantino (cananeo o sirio) (Bass 1989; Pulak 2001: 14 y 49, en Gestoso 2007: 30). Incluso las tablillas de contabilidad, realizadas en madera de boj, de procedencia ugarítica, reafirman esta hipótesis, siendo a nuestro juicio un factor para pensar que la persona encargada de llevar las cuentas en la nave estaba bajo la esfera de influencia ugarítica ya que el tipo de soporte de escritura a base de Figura 6. Smiting god masculino del “dios del lingote” representando a una divinidad manifestándose sobre el altar (Celestino 2008: 323-324). Figura 7. Smiting god femenino de diosa sobre altar. Esta hipótesis es posible gracias a los hallazgos de altares de forma taurodérmica aparecidos en la Península Ibérica (Celestino 2008: 323-324). 134 ÁLVARO GÓMEZ PEÑA SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 Figura 8. Planta de la situación en la que se encontraba el pecio de Ulu Burun tras la campaña de 1986 (Bass 1989: 3). 135ASÍ EN ORIENTE COMO EN OCCIDENTE: EL ORIGEN ORIENTAL DE LOS ALTARES TAURODÉRMICOS... SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 láminas de cera es propio del Próximo Oriente (Gracia y Munilla 2004: 70-71). Los elementos identificables como chipriotas o micénicos, por citar dos procedencias de las argüidas en la literatura científica, no descartan la posibilidad de una tripulación mixta, pero entendemos que la iniciativa estatal, debido a la cualidad del cargamento, es ugarítica y bajo tal hay que entender la mayor parte de la tripulación y de los objetos hallados. Otro dato que nos habla en favor de la estrecha relación entre los lingotes taurodérmicos y el mundo sirio es la serie de representaciones en tumbas egipcias desde el siglo XV hasta el XII a. C., apareciendo siempre portadores de clara vestimenta siria llevando sobre sus hombros lingotes taurodérmicos como tributo al difunto. El caso más citado en la bibliografía al uso sobre este tema es el de la tumba de Rekhmiré, precisamente por su carácter excepcional al aparecer representados en sus paredes portadores egeos, siendo ésta la única escena en la que personajes de tradición no cananea portan lingotes de este tipo de todos los ejemplos hallados hasta el presente en el mundo egipcio (fig. 9). La estrecha conexión entre estos lingotes y el mundo sirio es tal que hasta la fecha el único molde para este tipo de lingotes ha sido hallado en Ugarit (actual Ras Shamra) (Lagarce y Lagarce 1997: 73-76). Pero a pesar de este paralelismo, es imposible negar la relación existente con la isla de Chipre. No obstante, quizás estemos cayendo ante un doble espejismo: el de la procedencia chipriota de estos lingotes y el de tomar por tal todo objeto con cuatro prolongaciones en sus esquinas. Para el primer caso, un buen ejemplo lo tenemos en el molde recién citado encontrado en Ugarit (fig. 10). Sugerente para nuestra propuesta es que los análisis efectuados por N. Gale y por Z. Stos-Gale a los restos de cobre encontrados en forma de gotas alrededor del mismo han certificado la procedencia chipriota del metal, por lo que el origen de los metales que componían la aleación Figura 9. Portadores cretenses representados en la tumba de Rekhmire (arriba). Portadores sirios procedentes de la misma tumba (abajo) (Maier 2003: 93). Figura 10. Molde ugarítico con forma de piel de toro (Lagarce y Lagarce 1997: 75). 136 ÁLVARO GÓMEZ PEÑA SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 no indica que los lingotes hayan sido fabricados en Chipre (Lagarce y Lagarce 1997: 76). No obstante, J. Lagarce y E. Lagarce dejan ver la posibilidad de que el metal hubiera podido ser extraído del norte de Siria, en concreto del macizo de Bassit, una prolongación de la formación geológica chipriota. Sin embargo, hasta el momento tan sólo han aparecido en dicha zona cerámicas helenísticas, romanas y bizantinas que apuntan a la posibilidad de la explotación de esta zona durante esos períodos (Lagarce y Lagarce 1997: 76-77, nota a pie 9). Es más, como comenta J. Vidal, es probable que existieran en la propia Ugarit tanto fundidores como metalurgos, por lo que no había necesidad de traer el metal ya moldeado del exterior: “Los trabajadores del metal aparecen referidos en la documentación ugarítica bajo el apelativo de nsk, literalmente ‘fundidor’. Dicha categoría es posible que englobara las dos tareas principales relacionadas con la producción de objetos metálicos identificadas en el ámbito sirio gracias a las referencias recogidas en los archivos de Ebla y Mari: los fundidores (SIMUG / napp fum), encargados de la fundición y fusión de los metales, y los metalúrgicos (TIBIRA / qurqurrum), individuos dedicados al trabajo del metal con el fin de darle su forma definitiva” (Vidal 2003: 103). Ante esta serie de datos, nos vemos en disposición de considerar la forma de estos lingotes como propios, no sólo del mundo chipriota, sino también del mundo ugarítico, y poder reinterpretar así desde la tradición siria una serie de formas aparecidas en cilindros-sellos hallados en Ras Shamra (Ugarit) y que han sido tradicionalmente interpretados como lingotes dado los paralelos con que se contaba hasta la aparición de los altares en la Península Ibérica. Se trata de dos sellos en los que aparecen sendas formas de piel de toro en un contexto claramente ritual. En el primero de ellos, procedente del Museo de Aleppo (RS 6127), se observa a un hombre de pie afrontado a un animal estilizado al que se aproxima en actitud de cogerle por los cuernos, los cuales son de perfil curvado hacia atrás, lo que nos hace asimilar a este animal con una cabra. Tras ella, otro animal de menor estatura le sigue en la misma dirección. Ambos podrían estar siendo dirigidos hacia la pieza que se encuentra detrás de la figura humana2, de clara silueta taurodérmica y que aparece representada desde una visión cenital para que se vea su forma. Esta pieza podría 2. Los cilindros-sellos tienen la peculiaridad de no señalar cuál es el comienzo y el final de la escena. tratarse de un altar hacia el que ambas víctimas se estarían encaminando para ser sacrificadas (fig. 11). Entre el posible altar y el último de los animales, un pájaro de significado incierto, y entre ambos animales un símbolo astral representado por un conjunto de puntos identificable quizás con el cúmulo de las Pléyades, cierran el conjunto de figuras (Bordreuil y Gubel 1990: 484, fig. 2; Lagarce y Lagarce 1997: 80, fig. 4, imagen inferior). De especial interés dentro del campo epigráfico resulta la inscripción aparecida en el sello: ṣp (Bordreuil y Gubel 1990: 484). Estos dos signos, complicados de interpretar, deben de ser tomados en consideración según el lugar en el que se encuentran inscritos. Los cilindros-sellos identificaban, controlaban o sancionaban bienes relacionando con claridad su impronta gráfica con una autoridad o individuo. No obstante, en ocasiones se han encontrado ejemplares que por su contexto nos indican que se convirtieron también, por sí mismos, pero sobre todo por lo que representaban, en objeto preciado, en una joya que intervendría en los juegos de ostentación (Zamora 2006: 496). Los paralelos relacionables nos indican que aquellos cilindros-sellos con inscripción entendible llevan nombres de persona, con sus filiaciones y sus cargos en los casos más explícitos, desde el rey a los grandes magistrados ugaríticos. Los cilindros-sellos del área inmediata siria también tienen la misma pauta, pero en silabario mesopotámico. Siguiendo la opinión de J. A. Zamora (2006: 496 y ss.)3, podríamos considerar una introducción en Siria de la tradición mesopotámica de los cilindros-sellos desde muy antiguo por su funcionalidad, adaptándose pronto motivos gráficos locales e incorporando muy ocasionalmente textos, primero en toda el área en acadio y en el caso de Ugarit dado el éxito del alfabeto cuneiforme, también en el signario local. En estos casos, las inscripciones son siempre breves y difíciles, pero cuando se leen (con, además, una cierta longitud) son claros nombres de personajes, que se citan con su filiación y sus cargos. ¿Podríamos estar por tanto ante un antropónimo que nos indicase el nombre del personaje representado en la acción? ¿Podría interpretarse ṣp como un nombre derivado de la advocación ugarítica ṣpn? En la segunda de las piezas (Lagarce y Lagarce 1997: 80, fig. 4 arriba) se observa la figura de un hombre sentado sobre una silla baja que porta unos cuernos en su cabeza similares también, como en el primer 3. Agradecemos a J. A. Zamora López su amabilidad para con nosotros a la hora de responder a nuestras dudas sobre la inscripción a estudio. 137ASÍ EN ORIENTE COMO EN OCCIDENTE: EL ORIGEN ORIENTAL DE LOS ALTARES TAURODÉRMICOS... SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 sello, a los de una cabra, en ademán de coger a un animal de su cornamenta y alzando amenazante la otra mano quizás en actitud de sacrificio. Resulta sugerente a este respecto observar la posición en la que se encuentra el animal, de nuevo una cabra según la forma de sus cuernos, pues la mitad delantera de su cuerpo se encuentra sobre otro elemento de forma taurodérmica, esta vez representado desde su cenit en horizontal para que su forma pueda ser vista de acuerdo con la orientación del cuerpo del animal (fig. 12). Nuevamente interpretamos esta pieza como un altar taurodérmico, acompañado esta vez de un árbol identificable con una asherah, árbol sagrado de tradición cananea y fenicia que recoge las propiedades de las divinidades femeninas semitas (van der Toorn et al. 1999: 101). Un elemento más representado en el sello es una figura redondeada a la que se le representa su contorno y que relacionamos con un símbolo astral quizás identificable con el Sol o con la Luna. Todos estos elementos nos vuelven a hacer pensar que estamos ante la plasmación de un ritual sacrificial. Por último, una figura humana bocabajo sosteniendo un objeto alargado con su mano cierra la escena sin que podamos hipotetizar sobre ella. De Chipre procede una buena muestra de cilindros-sellos en los que se aprecia la misma forma taurodérmica (fig. 13), de los que la mayor parte procede de Enkomi. Las escenas representan la misma temática que las procedentes de Ugarit pero no muestran Figura 11. Cilindro-sello ugarítico actualmente en el Museo de Aleppo (Lagarce y Lagarce 1997: 80). Figura 12. Cilindro-sello procedente de Ugarit (Lagarce y Lagarce 1997: 80). 144 ÁLVARO GÓMEZ PEÑA SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 claro entre 1200-900 a. C. Trescientos años que separan a los ejemplares orientales de los occidentales y que, como bien apuntó S. Celestino (1994) es una cuestión a resolver, aunque autores como P. James tendrían clara la solución (James 1993). Independientemente de esta problemática, la continuidad en la factura y en los rituales asociados a los taurodermos es constante. Mención aparte merecen las explicaciones dadas para la simbología que reflejan estos altares por parte de los diversos autores: El primero en realizar una hipótesis sobre el significado de esta forma fue M. Almagro-Gorbea. La aparición de los taurodermos aparecidos tanto en la base del monumento funerario de Pozo Moro como en las tumbas ibéricas que se publicaron en el Congreso de Arqueología Ibérica en 1992 le llevaron a hipotetizar la posibilidad de que se tratase de un símbolo relacionado con el culto dinástico vinculado a la transmisión de poder (Almagro-Gorbea 1993-1994: 124). Para S. Celestino, siguiendo la propuesta de M. Bendala, a pesar de que la mayoría de los ejemplares de forma taurodérmica documentados hasta aquel momento tenían una clara relación funeraria, era más oportuno interpretar esta forma en general, y los altares de Cancho Roano en particular, como una expresión de religiosidad de carácter divino más que con una expresión del status de poder (Celestino 1994: 307). Una tercera hipótesis que aunó ambas interpretaciones fue la propuesta por J. Maier, quien relacionó esta forma con un símbolo propio del dios Baal Hadad, advocación para él de carácter atmosférico personificado por un toro, de ahí el uso de la piel de este animal en los altares. También J. Maier Allende relacionó a esta advocación baálica con la protección de las minas y de la metalurgia dada la forma de los lingotes y la relación de los santuarios chipriotas con el trabajo del metal (Maier 2003: 97-99), siguiendo así la interpretación tradicional. Por extensión de esta última asimilación, relaciona dicha simbología con los monarcas sacros orientales, entroncando así la hipótesis divina de S. Celestino con la de M. Almagro-Gorbea. Para nosotros, la relación de los altares taurodérmicos con el significado divino de la piel de toro es innegable. No podemos afirmar sin embargo tan a la ligera la relación exclusiva entre este símbolo y las élites políticas, ya que conocer la idiosincracia religiosa de las capas más modestas de la sociedad suele tener como problema la parquedad de los datos recogidos en las intervenciones sobre este particular, más si cabe cuando las auténticas pieles, y no sus plasmaciones en barro cocido o en objetos metálicos, son tan perecederas como otros muchos elementos de difícil identificación dadas las condiciones de la Península Ibérica para su conservación. Por su parte M. C. Marín realizó un análisis exhaustivo de la evocación que sugería la piel de toro como elemento para realizar pactos y tratados ya que se trata de la ofrenda más prestigiosa debido a su precio de mercado en diferentes momentos de la Historia en el área mediterránea (Marín 2006). Existen varias fuentes textuales que hacen referencia al uso de la piel de bóvido como medio para realizar pactos, sin embargo las generalizaciones que hace la autora para entender este símbolo como un elemento que no es reducible a una advocación en concreto no son desde nuestra perspectiva correctas. Así en algunos de los ejemplos utilizados para tal fin por esta autora las fechas en las que nos movemos son muy posteriores a las usadas por nosotros en nuestro estudio: el texto de Luciano (siglo II d. C.) sobre una costumbre escita, la tradición de realizar acuerdos de carácter público sobre una piel de buey en época romana y el casamiento en época musulmana sobre la misma. No así para el ejemplo de la fundación de Cartago vinculada al uso de la piel de bóvido, que obvia decir que es precisamente una colonia de tradición fenicia, en la que además las referencias a los bóvidos en este caso no son vinculantes con un pacto. ¿Podemos así pensar que la costumbre de usar pieles de toro tanto en época romana como en momentos posteriores sea una pervivencia de la tradición fenopúnica? Quizás en este caso el bosque no nos deje ver los árboles y la aparente generalidad de este símbolo deba de ser analizada diacrónicamente y no sincrónicamente. Por su parte, J. L. Escacena (2007) sostiene que la forma de estos altares estaría vinculada con la identificación táurica de la divinidad a la que estuvieron dedicados y con su cíclica muerte y resurrección, a veces transfigurado en bóvido, a veces en sol, según se desprende de la mitología oriental y de las representaciones que han llegado hasta nuestros días, de ahí la orientación hacia los solsticios de verano y de invierno de estas piezas. Si bien esta interpretación nos parece acertada, consideramos necesaria complementarla con la hipótesis propuesta por F. López Pardo (2006), quien independientemente de si se trata de un símbolo elitista o no, ve en la piel de toro un símbolo de resurrección que separa dos planos. Debido a esto hipotetiza con la posibilidad de que esta relación vinculase a la divinidad baálica con el plano subterráneo y con el trabajo metalúrgico visible tanto en los templos orientales (casos de Ugarit o de Enkomi) como en los de la Península 145ASÍ EN ORIENTE COMO EN OCCIDENTE: EL ORIGEN ORIENTAL DE LOS ALTARES TAURODÉRMICOS... SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 Ibérica (La Muela o Malaka), por ser de la tierra de donde se extrae el metal. Así, nuevamente, la idea de la piel de toro como símbolo divino habría derivado en la creación de altares de forma taurodérmica y en la elaboración de lingotes con el mismo perfil bajo la esfera de influencia sacerdotal. La idea elaborada por F. López Pardo es aplicable a la representación de la piel de toro tanto en los altares, como lugar donde resucita la divinidad (hasta aquí nada nuevo), como en contextos funerarios, donde el difunto realizaría un tránsito desde el inframundo a otro plano pasando por la piel de toro visible en varias bases y cubiertas de tumbas de época ibérica. La tradición fenicia de esta idea de nuevo es clara si tenemos en cuenta la representación de una piel de toro sobre una estela igualmente tallada en una tumba de Ksar es Sâad (Túnez) (fig. 17): “[...] la huella de la “piel de toro”, que conecta con el mundo subterráneo, seguramente con connotaciones positivas de resurrección baálica (?) es la que separa el plano inferior con el que se encuentra sobre la tierra, el etéreo, también el que delimita el espacio sagrado que no deberá traspasarse sin purificación previa” (López 2006: 58). Figura 17. Monumento tallado en una tumba de Ksar es Sâad (Túnez) (López Pardo 2006: 58). 146 ÁLVARO GÓMEZ PEÑA SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 Todas estas conclusiones refuerzan si cabe nuestra idea de que los altares taurodérmicos encuentran su origen en el Mediterráneo Oriental y acercan más si cabe las características de los hallazgos realizados en los santuarios datables entre el siglo IX a. C. y mediados del siglo VI a. C. de la Península Ibérica en que han aparecido este tipo de altares y la tradición religiosa cananea y fenicia. Pero no sólo son adscribibles los altares taurodérmicos, muebles e inmuebles, encontrados durante el Hierro I a esta tradición oriental. En un estudio previo (Gómez Peña e. p.) dejábamos constancia de la gran concentración de ejemplares en el suroeste de la Península Ibérica precisamente entre el siglo IX y mediados del VI a. C. (fig. 18). Saber hasta qué punto unas tradiciones plasmadas en realidades físicas (cerámicas, altares taurodérmicos, modelos arquitectónicos) llegan a traspasar las fronteras de un grupo social para ser utilizadas e interiorizadas por otros es, y probablemente seguirá siendo, uno de los eternos problemas de la arqueología de las identidades. Sin embargo, desde nuestra óptica, resulta más sencillo científicamente poder explicar cómo desde unos parámetros continuistas propiamente orientales aparecen estos elementos por las costas de la Península Ibérica, que explicar cómo y por qué la población residente asumió dichos elementos, Figura 18. Distribución de los taurodermos protohistóricos con significado religioso hallados en la Península Ibérica: 1. El Carambolo (Camas, Sevilla), 2. Huelva, 3. Belvís de la Jara (Toledo), 4. Alcalá de Guadaira (Sevilla), 5. Cástulo (Linares, Jaén), 6. Pozo Moro (Chinchilla de Monte-Aragón, Albacete), 7. Neves (Castro Verde, Alentejo), 8. Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz), 9. Los Villares (Hoya Gonzalo, Albacete), 10. Castillejo de los Baños (Fortuna, Murcia), 11. El Oral (San Fulgencio, Alicante), 12. Coria del Río (Sevilla), 13. Lora del Río (Sevilla), 14. Villaricos (Almería), 15. Villajoyosa (Alicante), 16. Alcolea de Tajo (Toledo), 17. Els Vilars (Arbeca, Lérida), 18. La Tallada (Caspe, Zaragoza), 19. Monforte del Cid (Alicante), 20. Málaga, 21. Lorca (Murcia) y 22. Ca N’Olivé (Cerdanyola del Vallès, Barcelona). 147ASÍ EN ORIENTE COMO EN OCCIDENTE: EL ORIGEN ORIENTAL DE LOS ALTARES TAURODÉRMICOS... SPAL 19 (2010): 129-148 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2010.i19.06 toda vez que en el suroeste de la Península Ibérica desaparecieron en el tránsito del Hierro I al Hierro II. Por tanto, desde nuestra perspectiva, resulta más razonable asumir como propiamente orientales estas manifestaciones religiosas, sumándose así los altares a una larga lista de objetos de carácter cultual que cruzaron en la mentalidad de los viajeros el Mediterráneo de extremo a extremo. BIBLIOGRAFÍA ALMAGRO-GORBEA, M. (1993-1994): “Ritos y cultos funerarios en el mundo ibérico”, Anales de Prehistoria y Arqueología 9-10: 107-134. ARANCIBIA, A. y ESCALANTE, M. M. (2006): “La Málaga fenicio-púnica a la luz de los últimos hallazgos”, Mainake XXVIII: 333-360. BALMUTH, M. S. y TYLECOTE, R. F. (1976): “Ancient Copper and Bronze in Sardinia: Excavation and Analysis”, Journal of Field Archaeology 3, 2: 195-201. BASS, G. F. 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