Violencia familiar: los maltratos inconfesables en las relaciones
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©Universitat de Barcelona Violencia familiar: los maltratos inconfesables en las relaciones* Introducción Reflexionar sobre la violencia en sus múltiples manifestaciones y en los diferentes ámbitos en los que se desarrolla, sea social, político, familiar, implica adentrarse en la coexistencia impactante de que la fuente de protección esperable (familia, instituciones) se transforma en fuente de terror. Se agrega a ello, que ésta transformación de lo protector en violento ocurre en un contexto y en un discurso que destruye o falsea los significados ya sea justificándolos o mistificándolos. Un supuesto implícito, esperable por todos, es que las instituciones cumplan un rol protector, y que dentro de nuestro mundo familiar, padres, cónyuges e hijos se protejan unos a otros de los posibles daños. Cuando ésta expectativa se revierte y aparece la violencia el efecto es traumático y devastador. ¿Por qué? Porque se quiebran los supuestos impl ícitos más elementales que dan sentido a la vida. Se destruye la confianza básica, la autoestima, poco a poco la dignidad, así como las premisas esenciales sobre la estabilídad del mundo y el orden de la existencia. Susana Vega** La transgresión es tan intensa y destructiva porque el acto de violencia suele ser redefinido por el agresor ( esto no es violencia, sino educación). El efecto, como el dolor físico y emocional (no te duele tanto, siempre exageras) es negado. Las creencias son re-rotulados (lo hago por tu propio bien , o lo hago porque te lo mereces). Los roles son mistificados (lo hago porque te quiero ) o la posición del agresor es redirigida (tú eres quien me obliga a hacerlo, alguien debe ser el que dirija) Carlos E. Sluzki, terapeuta familiar en su artículo «Violencia Familiar y Violencia Política» desarrolla los elementos de esta trampa existencial conocida como doble vínculo en la que da: a) una experiencia frecuentemente reiterada en la que dos significados contradictorios ocurren a dos niveles lógicos distintos: uno definido por el efecto del acto (tal como el dolor de una paliza) y otro por los participantes -en contexto (tal como la intención benévola del victimario); b) una instrucción a otro nivel lógico aún , que niega alguno de los niveles previos o la contradicción entre ellos, y prohibe el esclarecimiento ( tal como la amenaza de • Conferencia dictada en la IV Crui7/a del Género, Violencia y Subordinación SIMS-U.B., 1999. •• Ps icóloga el ínica, terapeuta familiar, formadora en psicoterapia. 91
©Universitat de Barcelona cerrar un periódico si éste menciona como noticia una nueva censura de prensa "implementada para asegurar el bienestar colectivo"; o una nueva golpiza si la víctima protesta) y c) todo esto ocurre en un contexto en el que la víctima no tiene (o percibe no tener) posibilidad de es c ap ar o de eludir toda respuesta 1• Los actos de violencia pueden ser realizados sobre individuos en general niños, mujeres, y ancianos. Sobre grupos, como por ejemplo, la discriminación y ataque hacia una minoría o la detención, por su afiliación, a los integrantes de un partido político. Sobre naciones como ocurre en una dictadura, en una ocupación por el ejército de otro país. Si bien, el lugar hacia donde se ejerce la violencia difiere, los elementos que entran en juego, así como los efectos de la transformac i ón de lo protector en violento tienen similitudes. Como psicoterapeuta familiar y como supervisora clínica en diferentes contextos psicosociales Uuzgados de familia , servicios sociales, justicia juvenil) he vivido y compartido con los equ i pos el horror que despierta los hechos de la violencia, referida tanto a situaciones de violencia organizada: la guerra, persecuciones políticas, tortura; como a la violencia intrafamiliar: maltrato en las relaciones, específicamente violencia en la pareja, maltrato y abuso sexual de menores. El horror sensibiliza y moviliza. Fuerza a intervenir, a buscar maneras de ayudar a las víctimas. A reconocer un nosotros, en lugar de un "otro" ahí afuera. Es evidente que la sensibilización y /o la toma de conciencia de las emociones que nos provoca ser testigos de la violencia permite que hablemos de ella, que no facilitemos su ocultamiento; que podamos cuestionar esa creencia generalizada que reafirma lo que sucede dentro de una familia es una cuestión privada. Pero también he podido compartir y comprobar, con los equipos, la eficacia de las cegueras o anestesias que como estrategias defensivas se han desarrollado a lo largo del tiempo. Estas cegueras o anestesias en su multicausalidad mantienen activas y promueven las relaciones abusivas de forma implícita. Tal como expresó Elie Wiesel, premio nobel de la Paz de 1986, Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. La posición neutral ayuda siempre al opresor, nunca a la víctima. El silencio estimula al verdugo, nunca al que más sufre. Es por ello, que a pesar del cambio operado en cuanto a la explicitación del problema, aún siguen operando factores individuales, socioculturales, familiares y jurídicos que conspiran en perpetuar la invisibilidad de las relaciones abusivas en general y especialmente las intrafamiliares. Es indudable que ante la violencia todas las medidas que se quieran implementar deben tener en cuenta los diferentes niveles donde la violencia se origina y se reproduce. El éxito de los programas y la implantación de leyes depende en gran parte de la formación especializada de los profesionales intervi- 1. Sluzki, C. "Violencia familiar y violencia política", en Fried Schnitman, D. (Comp.) Nuevos paradigm as, cultura y subjetividad. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1994. 92
©Universitat de Barcelona nientes; de la sensibilización de la sociedad sobre la necesidad de desnaturalizar y deslegitimizar las situaciones violentas. Hoy casi al final del milenio, la comunidad mundial reconoce la violencia como un problema social y la vio- 1 en c i a intrafamiliar como un problema de Derechos Humanos. Es dentro de ese marco que Naciones Unidas y las Convenciones Internacionales más recientes han inscrito este problema. En los últimos veinticinco años el problema de la violencia hacia la mujer ha dejado de ser un tema exclusivo del movimiento feminista para transformarse en un problema social reconocido en el nivel internacional y contemplado en los diferentes ámbitos académico, judiciales y psicosociales. Dentro del ámbito académico, por ejemplo, en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires se creó en 1989 la carrera lnterdis _ciplinaria de Especialización en Violencia Familiar. Se trata de un programa de estudios de posgrado destinado a la formación de medicos/as, psicólogos/as , educadores/as, abogados/as, sociólogos/as, trabajadores/sociales. Comienza así a estructurarse la idea que cuanto mayor sea el número de profesionales capacitados para difundir, concienciar, educar a la comunidad y realizar diagnósticos tempranos, los recursos comun itarios se multiplicarán y se potenciará la eficacia preventiva, el cual es un instrumento esencial para el cambio. En el ámbito legal, la Victimología, una rama de la Criminología que analiza las secuelas psíquicas en las personas que han sufrido atentados 93 o agresiones diversas y el interés de la Medicina legal, comienza a dar forma de probl ema a los hechos de maltrato físico perpetrados contra la mujer y/o niños. Los estudios sobre el síndrome del niño maltratado y el de la mujer maltratada con la tipificación de sus efectos permite una mayor concientización y repulsa social de la violencia en la familia, al mismo tiempo que obliga a revisar la legislación vigente. Un paso adelante en España se produce en 1989 con la introducción del artículo 425 en la reforma del código penal (LO 3/1989, 21 de junio) que tipificó como delito la violencia física, no causante de lesiones constitutivas de delito, ejercida de forma habitual sobre el cónyuge o persona a la que estuviese unido por análoga relación, hijos y otros sujetos pasivos con los que existe una relación afectiva-dependiente. Como consecuencia de ello se produce, en 1990, una avalancha de denuncias que luego disminuyen, dado que dicha reforma presenta deficiencias que han sido cuestionadas desde su introducción y que aún el legislador no ha subsanado (necesidad de que los hechos se repitan y que las lesiones ocasionadas sólo hacen referencia a la violencia física, con independencia de las circunstancias en las que se hubieran producido). Así la mayoría de denuncias serán consideradas faltas de lesiones. En el ámbito psicosoci al han surgidos programas y servicios de atención, con variaciones de acuerdo a los países, los que actualmente están a disposición de los protagonistas del drama familiar. Así, por ejemplo, en la Argentina como consecuencia de la
©Universitat de Barcelona sanción de la Ley de Protección contra la Violencia Familiar se crea el programa Nacional de Violencia. Esta Ley de Protección contra la Violencia Familiar, ley Nº 24.417 que se sanciona en 1994 crea un régimen legal tendiente a proteger a las personas frente a las lesiones o malos tratos físicospsíquicos infligidos por parte de algunos de los integrantes del grupo familiar al que pertenezcan 2• De sus numerosos artículos cabe destacar aquellos que se refieren a: 1) Centros de información y asesoramiento sobre violencia física y psíquica; 2) obligación de denunciar los hechos de v;olencia,3) equipos interdisciplinarios con formación especializada en violencia familiar en el ámbito de justicia, que prestará el apoyo técnico (informe y diagnóstico de interacción familiar) en los casos que Je sea referido por los juzgados civiles con competencia en asuntos de familia, 4) registro de Organizaciones No Gubernamentales que estén en condiciones de aportar equipos interdicisplinarios para el diagnóstico y tratamiento de la violencia familia, 5) formación de un cuerpo policial especializado. El sancionamiento de la ley hace posible la creación del Programa Nacional de Violencia del Ministerio de Salud y Acción Social, por resolución 31/95. Es un programa que intenta articular los aspectos psicosociales con los médicos legales y asistenciales, para desarrollar acciones de prevención dirigidas especialmente a los grupos de mayor vulnerabilidad, como los niños, adolescentes, mujeres y ancianos. El abordaje se realiza a través de los factores de riesgos en una tarea interdisciplinaria que busca la integración de lo diferentes sectores que tienen incumbencia en la problemática de la violencia: educación, justicia, seguridad, salud, acción social, psicología. Así, como los equipos de atención deben ser interdisciplinarios, pienso que en el contexto psico-social actual, el enfoque de los programas de acción debe articular de manera integrada los supuestos implícitos y explícitos de la cultura y sociedad que sustentan el hecho violento, así como, las formas de la violencia conyugal teniendo en cuenta sus diferencias contextuales, socio-económicas, de estructura y funcionamiento familiar. Es fundamental que la asistencia psicosocial y psicoterapéutica, tenga como punto de partida la visión familiar, la interacción en contexto y a cada uno de sus miembros, o sea, tanto la atención del agredido como del agresor. No solo se debe pensar en la asistencia a la mujer o niño maltratado, sino también en el tratamiento del hombre violento. Una visión unilateral del problema, (solo la asistencia a la mujer o el niño) conduce en la mayoría de las situaciones al fracaso. Ello se debe, a que la violencia en la intimidad plantea siempre un doble desafío que es recuperar el sentido de la vida y la confianza del maltratado pero también rescatar la del agresor. La mayoría de las investigaciones confirman que el modelo familiar violento constituye un antecedente en ambos integrantes de la pareja. Es frecuente que los que han sido maltratados, 2. Bertelli.,M. C "Violencia Familiar ,I nforme técnico" Publicación del Ministerio de Salud. 94
©Universitat de Barcelona o han vivido episodios de maltrato y/o abuso en sus familias de origen, o han sido testigos de violencia familiar, r eproduzcan más tarde los abusos que ellos sufrieron en otras personas, produciéndose un encadenamiento sin fin. Es por ello, que es necesario pensar en el tratamien- to de las partes para que la espiral del trastorno de violencia pueda ser atenuado o frenado. Por otra parte, el tratamiento de las familias donde se producen episodios de violencia crea contextos singulares, que pueden contaminar las vivencias individuales de los profesionales, así como los ambientes de los equipos que desarrollan programas en este campo. Los acontecimientos que se van sucediendo pueden constituir factores de vulnerabilidad para la persona del profesional o, por el contrario recursos experienciales para enriquecer el trabajo terapeútico. Partiendo de ésta realidad, como formadora, mi práctica docente en el entrenamiento de diferentes profesionales (terapeutas, trabajadores sociales, profesionales del sistema judicial, juzgados de familia) en el campo de la violencia, se basa en talleres grupales, que he denominado vivencialesexperienciales. El objetivo es ayudar a los profesionales a entrenar su capacidad en revisar sus propias obstáculos ideológicos y de percepción sobre la violencia familiar. Entrenarse a sensibilizarse ante ciertas interacciones que pueden pasar inadvertidas, y a desensibilizarse ante algunas provocaciones para las que una respuesta demasiado próxima puede ser perjudicial , teniendo en cuenta que los 95 consultantes han adquirido una gran experiencia en inducir al profesional y a cualquier otro testigo de la violencia , inmovilidad y/o impotencia. Sin un entrenamiento previo es difícil para cualquier profesional, ya sea en funciones de control, terapéuticas o de resocialización desarticular los circuitos interaccionales abusivos. Este proceso de formación al mismo tiempo que amplia las capacidades de intervención del profesional permite elaborar estrategias personalizadas de auto-cuidado que son necesarias para prevenir el síndrome del desgaste o queme profesional. Interrogantes ¿ Qué se entiende por violencia familiar? ¿Qué condiciones de la relación familiar y social favorecen la aparición de actos violentos? ¿Cuáles serían las condiciones estructurales de la violencia? ¿Cuáles serían las condiciones in - teraccionales de la violencia ¿cómo se produce? Intentaré ir dando respuesta a éstos interrogantes. La raíz etimológica del término violencia remite al concepto de "fuerza ". El sustantivo violencia se co - rresponde con verbos tales como violentar, violar, forzar. En sus múltiples manifestaciones, la violencia siempre es una forma de ejercicio del poder mediante el empleo de la fuerza, ya sea física, psicológica, económica, política, Implica la ex i stencia de un "arr i ba" y un "abajo " reales o simbólicos que adoptan habitualmente la forma de roles complementarios: padre-hijo,
©Universitat de Barcelona hombre-mujer, maestro-alumno, patrón-empleado, joven-viejo. En un sentido restringido nos referimos al nivel de las acciones individuales. Así el empleo de la fuerza se constituye en un método posible para la resolución de conflictos interpersonal es, como un intento de doblegar la voluntad del otro, de anularlo, precisamente en su calidad de "otro". La violencia implica una búsqueda de eliminar los obstáculos que se oponen al propio ejercicio del poder, mediante el control de la relación obtenido a través del uso de la fuerza. Para que la conducta violenta sea posible tiene que darse una condición: la existencia de un cierto desequilibrio de poder que puede ser permanente o momentáneo. Y que está definido culturalmente, por el contexto, o por maniobras interpersonales de control de la relación. En el ámbito de las relaciones interpersonales, la conducta violenta es sinónimo de abuso de poder en tanto y cuanto el poder es utilizado para ocasionar daño a otra persona. Es por eso que un vinculo caracterizado por el ejercicio de la violencia de una persona hacia otra se denomina relación de abuso. El desequilibrio de poder en el que se basa toda relación de abuso no es necesariamente obj et ivable para un observador externo. A menudo, es el producto de una construcción de significados que sólo resulta comprensible desde los códigos interpersonales de quienes las producen. Es suficiente que alguien crea en el poder y en la fuerza del otro para que se produzca el desequilibrio, aún cuando desde una perspectiva "objetiva" no tenga existencia real. 96 El objetivo último de la conducta violenta es someter al otro mediante el uso de la fuerza. En un contexto interpersonal cuando un hombre golpea a una mujer no persigue como objetivo ocasionarle un daño físico, sino obtener que el otro haga algo que no haría por propia voluntad. Como terapeuta familiar he escuchado muchas veces la frase Yo no quería hacerle daño, solo quería que me entendiera, en esta situación que me entienda es sinónimo de que me obedezca . La fuerza es utilizada para someter, doblegar, subordinar. Si bien el daño se produce no constituye la motivación esencial de la conducta violenta. Se entiende por violencia familiar todas la formas de abuso -físico , emocional, sexualcometida en el seno de la familia por unos de sus miembros, que menoscaba la vida o la integridad física-psíquica causando un daño al desarrollo de su personalidad. Supone, por lo tanto, el empleo de la fuerza para controlar la relación. Es por eso que la violencia es entendida como un emergente de las relaciones de poder dentro de una familia. La persona que ejerce violencia está buscando una relación de dominio, de subordinación del otro a su deseo. Existen características en la organización familiar que facilitan la aparición del fenómeno violento tales como una ideología patriarcal fija e inamovible en torno al poder absoluto de unos de sus miembros, lo cual implica de por sí una situación jerárquica y asimétrica entre ellos, conformando relaciones de dominación/subordinación autoritarias. Esto
©Universitat de Barcelona se apoya en una fuerte adhesión a los modelos dominantes de género implícitos e explícitos de la cultura. Se agrega una modalidad relacional bloqueadora de la autonomía e identidad y una comunicación de significados que invisibilizan el abuso e imponen naturalidad al hecho dentro de la familia. Como marco externo se suma un consenso social que suele estar mantenido por sectores tradicionales que le dan legitimidad al agresor y dejan sin recursos a la víctima para enfrentar la situación 3• Para poder definir una situación familiar como un caso de violencia familiar, la relación de abuso debe ser crónica, permanente o cíclica. En sentido amplio cualquier miembro de la familia, independientemente de su raza, edad, sexo, puede ser agente o víctima de la relación abusiva. Sin embargo las cifras estadísticas son elocuentes: es el hombre quien con más frecuencia utiliza las distintas formas de abuso (física, sexual o emocional) y son las mujeres y los niños las víctimas más comunes de este abuso. Constituye un problema social, no privado, dado que sus repercusiones afecta los ámbitos de la salud ( enfermedades psicosomáticas, depresión), el trabajo (disminución del rendimiento laboral, ausentismo), la educación (niños víctimas o testigos de la violencia intrafamiliar), policía y justicia (un alto porcentaje de asesinatos y lesiones graves ocurridos entre miembros de una familia son el desenlace de situaciones crónicas de violencia doméstica.) Mitos de la violencia familiar Los mitos son creencias erróneas que la mayoría de las personas acepta como si fueran verdaderas. Proveen disfraces a renuncias. Existe una enorme cantidad de mitos que es necesario revisar para comprender la realidad del fenómeno. Circulando, a través de la comunicación en sus diversas formas, constituyen trucos invisibilizadores de la violencia. Me referiré a los más importantes. Mito: los casos de violencia familiar son escasos, no representan un problema grave. Realidad: hasta hace algunos años la violencia familiar no había sido estudiada ni vista la luz por tratarse de un fenómeno oculto, cuyos protagonistas hacen todo lo posible por disimular. Las estadísticas mostraron la magnitud social (el 50% de las familias sufre alguna forma de violencia). Mito: la violencia familiar es producto de algún tipo de enfermedad mental Realidad: los estudios muestran que menos del 10% de los casos de violencia familiar son ocasionados por trastornos psicopatológicos de algunos de los miembros de la familia. Por el contrario se ha comprobado lo opuesto: las personas sometidas a situaciones crónicas de violencia a menudo desarrollan trastornos psícopatológicos como cuadros de angustia, depresión , insomnio, etc. Mito: la violencia familiar es un fenómeno que solo ocurre en las clases sociales mas carenciales. 3. Ravzzola,C. "Puertas adentro:¿refugio o terror?"en Historias infames, Paidós. 97
©Universitat de Barcelona Realidad: la pobreza y las carencias educativas son factores de riesgo para las situaciones de violencia pero no son patrimonio exclusivo. Se sabe que se distribuyen en todas las clases sociales y en todos los niveles educativos. Lo que ocurre es que a medida que ascendemos en la escal a social existen más recursos para mantener oculto el problema. Mito: el consumo de alcohol es la causa de las conductas violentas Realidad: el consumo de alcohol puede favorecer la emergencia de conductas violentas pero no las causa . De hecho, muchas personas alcohólicas no usan la violencia dentro de su hogar y también es cierto que muchas personas que mantienen relaciones abusivas no consumen alcohol. Y existe otra comprobación las personas que utilizan la violencia dentro de su hogar cuando están alcoholizadas no son violentas cuando beben en otros lugares o en situaciones sociales. Mito: a las mujeres que son maltratadas por su compañeros les debe gustar, de lo contrario no se quedarían, ellas lo permiten. Realidad: no es que permiten que las maltraten, sino por el contrario no han encontrado los recursos para evitarlo, con el tiempo el problema lejos de superarse se agrava . L. Walker desarrolló el concepto de indefensión aprendida. Se refiere a que, dado que los intentos de la mujer golpeada para escapar, controlar o evitar la violencia han fracasado, cada vez que ahonda en ella, surge la idea de su incapacidad para defenderse, y se instala la desesperanza, o sea, que pese a sus esfuerzos nada cambiará. 98 Su falta de control de la situación la lleva aun estado crónico de indefensión, falta de esperanza y desesperación. En la mayor ía de los casos no pueden sal ir de la situación por una simultaneidad de factores emocionales, sociales, y económicos. Experimentan sentimientos de culpa y vergüenza por lo que les ocurre , por lo que no piden ayuda. Pero en ningún caso experimentan placer en la situación de abuso; los sentimientos más comunes son el miedo, la impotencia, la debilidad, el terror. Mito: las víctimas de ma ltrato a veces se lo buscan algo hacen para provocarlo. Realidad: es posible que su conducta provoque enojo, pero la conducta violenta es absoluta responsabilidad de quien la ejerce. No hay " provocación" que justifique un golpe. Los hombres que ejercen violencia en su hogar intentan justificar su conducta en las provocaciones como forma de eludir responsabilidad. Una variante de este mito es el que dice que una víctima de agresión sexual o de violación algo ha hecho para provocarlo. Estos mitos tienden a culpabilizar a la víctima en lugar de responsabilizar al victimario y a veces se traducen en ciertas preguntas que policías, médicos, abogados y otros profesionales hacen a las víctimas de abuso sean mujeres o niños transformándolos en "sospechosos" Mito: el abuso sexual y las violaciones ocurren en lugares peligrosos y oscuros y el atacante es un desconocido. Realidad: en el 85% de los casos, el abuso sexual ocurre en lugares
©Universitat de Barcelona conocidos o en la propia casa, y el abusador es alguien de la familia o un conocido (tanto en el abuso sexual de niños como mujeres). Mito: el maltrato emocional no es tan grave como la violencia física. Realidad: el abuso emocional continuado, aún sin violencia física, provoca consecuencias muy graves desde el punto de vista del equilibrio emocional. En la clínica psicoterapéutica a veces se llega a diagnosticar cuadros psicóticos en personas que, en realidad, están sufriendo las secuelas del maltrato psicológico crónico que es invisible aún para la propia persona que lo sufre al no existir el registro del malestar. Mito: la conducta violenta es algo innato, que pertenece a la "esencia " del ser humano. Realidad: la violencia es una conducta aprendida a partir de modelos familiares (socialización del género) y socioculturales (autoritarismo, poder) que a través de los sistemas de creencias que desarrolla la torna invisible, validándola como un manera de resolver conflictos. Se aprende a utilizar la violencia en la familia, en la escuela, en el deporte, en los medios de comunicación. De la misma forma, sería posible aprender a resolver las situaciones conflictivas de manera no violenta. Como señaló el antropólogo Ashley Montagu: aprender a hablar cuesta muchos meses. Aprender a amar puede costar años. Ningun ser humano nace con impulsos hostiles o violentos, y nadie se vuelve hostil o violento sin tomarse el tiempo necesario para aprenderlo. Mito: si hay violencia no puede haber amor en una familia. 99 Realidad: los episodios de violencia no ocurren de forma permanente, sino por ciclos. En los momentos en los que los miembros de la familia no están atravesando por la fase más violenta del ciclo, existen interacciones afectuosas, aunque el riesgo de que en cualquier momento se vuelva a la situación de violencia siempre está flotando en el aire. El amor coexiste con la violencia, de lo contrario no existiría el ciclo. Cierto que es un tipo de amor adictivo, dependiente, posesivo, basado en la inseguridad. Es importante conocer este proceso cíclico de la violencia familiar investigado por Leonore Walker en Estados Unidos, dado que da cuenta de las características interaccionales de la violencia. Permite conocer el cómo se produce. Este se desarrolla en tres fases: • En la fase primera denominada fase de acumulación de tensiones se producen una serie de incidentes que van incrementándose en intensidad y hostilidad. Se caracteriza por agresiones verbales que por no dejar huellas tangibles son aparentemente menos dolorosas, y por un control excesivo del otro. Pude acompañarse de golpes menores. El comportamiento de la mujer en esta fase 1) actitud sumisa, desestiman o asignan poca importancia a las primeras manifestaciones de violencia ( fue solo un empujón, sólo me apretó fuerte, estaba trastornado por los celos); 2) trata de controlar los factores "externos" que pueden provocar violencia; 3) se siente culpable; 4) se aísla, se avergüenza, no pide ayuda; 5) minimiza la situación, negando importancia a lo ocurrido.
©Universitat de Barcelona del cambio, y a la víctima, para que se resigne y no se defienda. En general en el caso de las esposas, su impulso desafiante suele vincularse más a la defensa de los hijos que a la propia, así como a ser más ruidosa que eficaz. 3) una circulación tal de estos significados que el abuso que implican no llegue a percibirse sino que, por el contrario, se considere legítimo, aparezca apoyado por un consenso que de alguna manera lo justifica, y en consecuencia, proporcione impunidad al victimario. La ligazón entre la violencia pública y la violencia familiar muestra la importancia de los sistemas de creencias y valores que desde el macrosistema circulan y son vehiculizados y legitimizados en el exosistema. En cada familia, en cada momen- to del proceso de socialización que mujeres y varones como padrema- dre llevamos adelante en relación con nuestros hijos, tenenos la opción de hacer visibles las presiones y los estereotipos, desmitificar ideales y operar coherentemente en la trama cotidiana de nuestras relaciones generando estructuras igualitarias. Pero también tenemos la opción de perpetuar estereotipos sexistas, de anestesiar los malestares que generan y sus consecuencias en las múltiples formas de violencia que estas estructuras avalan. Y para terminar, desde mi función como terapeuta familiar y formadora, tengo que revisar constantemente mi propia tendencia autoritaria para no reproducir el modelo autoritario de desigualdades jerárquicas fijas que se puede estructurar en la relación terapeuta paciente, donde el terapeuta es el experto, el que sabe lo que es mejor para los demás, para el bienestar de la pareja, familia, individuo. En última instancia es revisar en qué medida soy o somos los terapeutas familiares capaces de constituirnos en agentes transformadores. Barcelona, 1999. Bibliografía Baraff, A. Hablan los hombres, Editorial Vergara, 1992. Bell, D. Ser varón,Tusquet Editores, 1987. Bertelli, C. (Comp). Violencia Familiar Publicación del Ministerio de Salud de la Nación, Secretaria de programas de Salud, Buenos Aires, Diciembre de 1996. Corsi,J (Comp). Violencia Familiar, Editorial Paidós, Buenos Aires , 1994. Edleson, J./Eisikovits, Z. La mujer golpeada y la familia, Editorial Granica, Buenos Aires, 1997. Ferreira, G. Hombres violentos, Mujeres Maltratadas, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1992. Gil, E. Tratamiento sistémico de la familia que abusa, Editorial Granica. Buenos Aires, 1997. Grosman, Mesterman, Adamo. Violencia en la Familia, Editorial Universidad, Buenos Aires 1989. Lorente Acosta, M. Agresión a la mujer: Maltrato, violación y acoso, Editorial Comares , Granada, 1998. Madanes, C. Violencia Masculina, Editorial Granica, Buenos Aires, 1997. Perrone, R. Violencia y abusos sexuales en la familia. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1997. 106
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