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Maquiavelo, palimpsesto de Vico

Pastor Pérez, Miguel Antonio

Abstract

La lectura de la obra de Vico, sobre todo en sus vertientes antropológica, histórica y política, le pareció siempre al autor de este ensayo algo sumamente original, moderna y fecunda. No obstante, ciertas resonancias conceptuales, e incluso metodológicas, le inducían a imaginar estar leyendo un palimpsesto de Maquiavelo, en el que se hubieran borrado los detalles más escabrosos, más rechazados, más problemáticos, para el contexto en el que Vico escribía, y se hubiera reescrito sobre el original, nuevos modos, nuevas maneras de decir lo que era necesario decir; y decir de nuevo. Leer a Maquiavelo en Vico, tratar de determinar la influencia habida del pensador florentino en el napolitano, sería un ejercicio, ante todo, palimpséstico. Por eso, cree el autor que la relación entre Vico y Maquiavelo hay que plantearla en los mismos términos que Croce proyecta la relación entre moral y política, caracterizándola como “un problema que quizás nunca pueda resolverse”.

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277 XXV Aniversario de Cuadernos sobre Vico (1991-2016) Este artículo responde a una invitación expresa por parte de la Dirección de la Revista para este volumen especial de aniversario, habiendo superado los criterios de valoración y del proceso de aceptación. © Cuadernos sobre Vico 30 (2016) / 31 (2017) Sevilla (España, UE). ISSN 1130-7498 © Miguel A. Pastor Pérez MAQUIAVELO, PALIMPSESTO DE VICO Miguel A. Pastor Pérez (Universidad de Sevilla) RESUMEN: La lectura de la obra de Vico, sobre todo en sus vertientes antropológica, histórica y política, le pareció siempre al autor de este ensayo algo sumamente original, moderna y fecunda. No obstante, ciertas resonancias conceptuales, e incluso metodológicas, le inducían a imaginar estar leyendo un palimpsesto de Maquiavelo, en el que se hubieran borrado los detalles más escabrosos, más rechazados, más problemáticos, para el contexto en el que Vico escribía, y se hubiera reescrito sobre el original, nuevos modos, nuevas maneras de decir lo que era necesario decir; y decir de nuevo. Leer a Maquiavelo en Vico, tratar de determinar la influencia habida del pensador florentino en el napolitano, sería un ejercicio, ante todo, palimpséstico. Por eso, cree el autor que la relación entre Vico y Maquiavelo hay que plantearla en los mismos términos que Croce proyecta la relación entre moral y política, caracterizándola como “un problema que quizás nunca pueda resolverse”. PALABRAS CLAVE: Vico, palimpsesto, Maquiavelo, antropología, historia, política, relación moral-política. ABSTRACT: The author of this paper has always thought that the reading of Vico’s work, mostly in its anthropological, historical and political aspects, is a highly original, modern and fertile endeavour. However, certain conceptual and mostly methodological echoes induced him to imagine that, while reading Vico, he was facing a palimpsest of Machiavelli, where the more scabrous, repudiated and problematic features had been erased, in order to adequate it to the context where Vico was publishing, as if Vico had written over the original his new ways, attempting to say what had to be said, and to restate the same the again. Reading Machiavelli in Vico, trying to find out which was the influence of the Florentine thinker upon the Napolitan one, would be, above all, a palimpsestic exercise. For that reason, the author believes that the relationship between Vico and Machiavelli must be studied in the same terms that Croce applies to the relationship between moral and politics, characterizing it as “a problem that may never be resolved”. KEYWORDS: Vico, palimpsest, Machiavelli, anthropology, history, politics, relationship between moral and politics. Desde siempre, durante muchos años la lectura de la obra de Vico, sobre todo en sus vertientes antropológica, histórica y política, me pareció sumamente original, moderna y fecunda. Pero siempre hubo unas resonancias o reverberaciones que hacían recordar otra época: una tradición humanista recuperada en el Renacimiento y de la que Vico, según E. Grassi, sería el último exponente; otro mundo: el mundo del Estado secular en el cual “el mundo de la imaginación, como religión y como arte”, el mundo de la pequeña comuna fuese superado por el “mundo real”;1otra obra: imposible leer el De rebus gestis Antonii Caraphei sin advertir ecos de la Vita de Castruccio Castracani, y cómo ambos personajes enfrentan la fortuna y vencen con sus propios méritos, como si la fortuna pareciera seguir la virtù; u otro autor; y éste era en muchos sentidos Maquiavelo. Parecíame estar leyendo un palimpsesto en el que se hubieran borrado los detalles mas escabrosos, mas rechazados, más problemáticos, para el contexto en el que Vico escribía, y se hubiera reescrito sobre el original, nuevos modos, nuevas maneras de decir lo que era necesario decir y decir de nuevo. Leer a Maquiavelo en Vico, tratar de determinar la influencia habida del pensador florentino en el napolitano, es un ejercicio, ante todo, palimpsístico.2En realidad, toda la obra del Secretario es un inmenso y original palimpsesto político sobre el que muchos autores, posteriormente y a lo largo de siglos, van a inscribir su propio texto. Si bien las escasas referencias directas a Maquiavelo en el autor partenopeo, y por supuesto las indirectas o asociadas a autores como Epicuro,3Hobbes, los políticos... tienen un carácter esencialmente recriminatorio o de rechazo, pues, como apunta Damiani, Vico en la “Ciencia Nueva no sólo pretende refutar filosóficamente al escepticismo sino también –y sobre todo– vencerlo políticamente”,4lo cierto es que se dan varios planos, niveles o dimensiones de coincidencia temática o núcleos de interés en los que convergen los planteamientos de ambos autores, no siempre significados con el mismo signo positivo, o de carácter diferencial: por ejemplo, ambos considerarán el paralelismo entre los corsi-ricorsi antiguos y modernos, el carácter de la historia como decurso –terrenal política en el florentino, ideal eterna en el napolitano–, la providencia divina –certeza fundamental para Vico– y la fortuna –ejercicio de la virtù para el Secretario–, el papel funcional de la religión en la realidad política... Y difícilmente a través de estos breves comentarios podríamos calibrar el efecto de la obra de Maquiavelo en cuestiones políticas, pero también históricas y antropológicas, sobre el pensador napolitano. No hay que olvidar que, a pesar de que según muchos autores, el interés de Vico para con las cuestiones de filosofía política es escaso, y tal vez por ello también son escasos los estudios de la obra política de Vico,5algo más circunstancial y personal que general y epistémico, es, también, considerado por Croce el “verdadero y digno sucesor de Maquiavelo”, que “devela la necesidad y la autonomía de la política”, que había “clarificado y purificado”, la noción de política del florentino, “integrando su concepto de política e historia, arreglando sus propias aporías, atemperando su pesimismo”,6e incluso Voegelin ve en él Cuadernos sobre Vico 30 (2016) / 31 (2017) XXV Aniversario 278 Miguel A. Pastor Pérez “uno de los fundadores de la moderna ciencia política”,7si bien en unos términos peculiares en relación al propio significado de la Nueva Ciencia Política que traspasa los límites de la reducción de lo político a los temas del poder y del dominio. Maquiavelo humanista, republicano, no creyente o pagano,8partícipe activo, tanto a nivel teórico como práctico, de la política de su tiempo, supone, ante todo, la concepción nueva de una Italia, una primera Italia, que difícilmente puede ser en su época. Una Italia unida bajo la figura de un Príncipe que, en opinión de Voegelin, el florentino sobrevalora desde la perspectiva de la acción creadora del genio y la capacidad de acción individual, que tenga como fin y finalidad el vivere civile, el cuidado de la libertad y la vida de sus conciudadanos, y cuya realización como bien común, aun pretendiendo ser el bien de todos, no puede ser sino el bien de la mayoría. Vico, súbdito de la monarquía española, académico y literato, cristiano afecto pero católico no ortodoxo, crítico y al mismo tiempo atemperado por las doctrinas de su tiempo, piensa en otro tipo de finalidad para los comportamientos que satisfacen la realización política del Príncipe cristiano, moralmente intachable y espejo de la propaganda contrarreformista. La lectura de las connotaciones políticas presentes en la obra viquiana nos resuena permanentemente como una tarea palimpsística en la que bajo el texto escri- to y actualizado por el napolitano, afloran los principios políticos, históricos y antropológicos de Maquiavelo, si bien tamizados por la criba de la convicción profunda y la fe cristiana de un súbdito que, además de corregir, quiere superar a un ciudadano. Es cierto que en muchos aspectos, ambos, florentino y napolitano, beben en fuentes originales próximas, concurridas por ambos, grandes conocedores de la antigüedad clásica, del pensamiento greco-romano, y probablemente de la Biblia; y en los casos en los que se separan, Platón frente a Aristóteles, Tácito frente a Livio, la interpretación de la misma Biblia, la separación no anula la proximidad conceptual, la distinción criterial, sino que se acoge a un mismo y continuo marco referencial-existencial en el que cobra sentido tanto la función intelectual como la vital del hombre propio. Maquiavelo y Vico. En este sentido, las huellas del original florentino aparecen ocultas bajo el discurso creador, novedoso y transformador de un Vico dieciochesco, en un pensamiento que se entrecruza, se enhebra y se construye desde abajo, desde la profundidad y autoridad que da el fondo primigenio de la fe, la religión. Por otra parte, sin duda, Maquiavelo rechazaría el uso extensivo e intensivo de la imaginación en la interpretación de la realidad, la histórica y la natural, pero podría decirse, a cambio, que el napolitano usa el carácter maquiaveliano para atemperar las conclusiones de la fantasía a las que los datos y los textos le permiten llegar. Ambos estarían de acuerdo en que el desarrollo de una civilización, de una cultura, de una nación, de un Estado, es la historia de la exhaustividad de su mito fun- Cuadernos sobre Vico 30 (2016) / 31 (2017) XXV Aniversario 279 Maquiavelo, palimpsesto de Vico Cuadernos sobre Vico 30 (2016) / 31 (2017) XXV Aniversario 280 dacional originario, adámico o prometeico en cada autor, así como de los que va incorporando en el decurso de los corsi-ricorsi. Dificílmente Maquiavelo aceptaría el carácter de la “sabiduría poética” como elemento instaurador del mundo civil y las instituciones a través del lenguaje, pues la palabra pan no satisface las necesidades del que tiene hambre, ni la libertad a titulo de locución permite el ejercicio del vivir civil. Así, para el florentino, al igual que la palabra del dogma religioso tiene el estatus cognoscitivo de las fábulas poéticas, la interpretación prudente de la Biblia supone figurársela en relación a las verdades políticas fundamentales. Considérese así el texto taciteo referido por Vico en Scienza nuova en el que sostiene que “los jefes se hacen más por el ejemplo que por el mando; los animosos y los que sobresalen marchando delante del ejército se convierten en jefes a causa de la admiración”.9O esta variante, directamente viquiana y recogida en la Dignidad LXXXI (§ 261): “Es propio de los fuertes no perder por descuido las adquisiciones conseguidas con virtud, sino, por necesidad o por utilidad, ceder poco a poco y lo menos posible”.10 Igualmente, en el caso del florentino frente al parágrafo 13 de la Ciencia Nueva: “En el principio del mundo, como los habitantes eran escasos, los hombres vivieron durante algún tiempo dispersos, a semejanza de los animales”.11 Otra nota, esencialmente palimpsística que recorre toda la obra del napolitano se concentra en la expresión del famoso principio interpretativo del conocimiento recogido en el verum esse ipsum factum,12 que en definitiva plantea que la única verdad que pueden llegar a conocer los hombres, tanto en el campo de lo natural como en el de lo histórico, es la de las cosa creadas, construidas o constituidas por ellos mismos, y que en esta actividad nunca se alejan de sus intenciones o fines cualquiera que sea su motivación. Y el mundo de lo civil es el producto por antonomasia del obrar del hombre. No obstante, subyace una polémica dilemática irresoluble sobre el estatus gnoseológico inherente al “hacer humano” frente al “hacer científico”, si lo realizado por el sujeto sólo puede ser conocido científicamente desde la mente del autor y lo que se persigue es una investigación sobre los órdenes humano, social e histórico, en cuanto devienen o se pueden constituir como objeto de ciencia.13 En estos términos la posición de Vico es crear una ciencia, de carácter especulativo, que pueda considerarse como verdadera, sobre los órdenes ideal y eterno14 y al mismo tiempo pueda servir de guía a la prudencia humana como medio a través del cual esa humanidad realice el fin esencial de la Providencia, tal como la entiende Vico: preservar de la caída al mundo de las naciones “mediante buenos órdenes y buenos ejemplos”. Como corolario y respecto a la forma de entender en concreto la ciencia política “que no es otra cosa que la ciencia de dirigir y obedecer en la ciudad”15 o “examinar y reglamentar el gobierno de los príncipes [...] y como se adquieren los dominios gracias a la fortuna o por medio de la virtud.”16 Es decir, comprender y ajustar Miguel A. Pastor Pérez las fuerzas que mueven el mundo, calcular y dirigir esas fuerzas poniéndolas al servicio de los fines, reales e ideales, ambos parecen explícitamente asumir en sus obras el compromiso civil y político dirigido a prevenir o frenar la decadencia de los Estados, sean Repúblicas populares o Monarquías principescas, únicos modos racionales como formas del estado político presentes en el devenir de las naciones, haciendo difícil encontrar en otros autores, y por diferentes motivos y fines en cada uno de los nuestros, una articulación tan genuinamente artificiosa de la política. En el caso primero del florentino, la inversión del principio viquiano, su convertibilidad en factum ipsum verum, lo creado es lo verdadero, dirige y explica la concepción y la comprensión de los planteamientos científicos del nuevo saber que Maquiavelo propone, basado en la experiencia, en el hecho, en los datos, un sistema a partir de lo que observa y no de lo que quiere, convirtiendo el principio gnoseológico en un principio óntico-ontológico que alcanza en el mundo humano, o sea político, su canon. Y el florentino crea un orden nuevo, que se opone radicalmente al conjunto de la tradición religiosa y filosófica, una nueva ciencia del orden que supone un original y crítico análisis del mundo moderno, pero también cristiano, a través de sus obras. En donde, según Strauss,17 el autor florentino construye sus personajes, históricos y reales, para decir lo que tenían que decir y para ejecutar lo que tenían que hacer en ese “momento político”, “momento del espíritu humano”, siendo así “el Livio de Maquiavelo […] un personaje creado por Maquiavelo”.18 Probablemente, una de las formas más acabadas de realización del factum-verum viquiano en cuanto al mismo tiempo, siempre según la lectura de Strauss, “la obra de Livio –es– su Biblia”.19 La dialéctica Fortuna-Providencia Es de sobras conocida la presencia determinante que en la obra de nuestros autores tiene este par conceptual respecto a la forma de interpretar, precisamente, la praxis humana y el acontecer histórico en sus contextos temporales respectivos, enfrentando a la diosa Fortuna la Providencia divina, y que implica respectivamente una forma definida de entender la naturaleza humana, pero también un instrumento mediante el cual esa misma naturaleza puede y debe realizar el bien y la búsqueda de la felicidad. Así, mientras que para Vico, desde un ámbito metafísico que se abre a la religión más que a la filosofía, la Providencia divina reina en las actividades libres de los hombres, hasta el punto de “que la voluntad de Dios por nuestra ignorancia la llamamos Fortuna”,20 actuando en el curso necesario y natural de la historia a la búsqueda de la realización humana de la felicidad mediante un orden ideal y eterno, y aun cuando la caprichosa Fortuna gobierna sobre las cosas humanas “la Sabiduría termina por tener dominio sólido y duradero”,21 Maquiavelo sustituye a Dios, no por el cielo, sino por Fortuna, dándole el mismo estatus, político, que a la Cuadernos sobre Vico 30 (2016) / 31 (2017) XXV Aniversario 281 Maquiavelo, palimpsesto de Vico invención y la prudencia, pues “la causa de la (buena fortuna)” es el ejercicio de la virtù por parte del hombre y la constitución de buenas instituciones,22y que no obstante presenta ciertas similitudes con la virtud moral, ya que para el florentino sólo la mitad de nuestras acciones están determinadas por Fortuna, en tanto que la otra mitad demanda al hombre el ejercicio del valor cívico, es decir, el conjunto de cualidades necesarias para la realización del vivere civile, de la patria como sociedad compartida. Ambos están convencidos del carácter absolutamente novedoso y original de sus planteamientos teóricos y metodológicos. Convencidos de fundar un nuevo conocimiento, una nueva ciencia, por su singularidad e importancia, independiente de ataduras teológico medievales o metodológico cartesianas en uno y otro caso. En el napolitano “por tanto, para esta investigación, debe hacerse como si no hubiera libros en el mundo”.23 También para Maquiavelo la cuestión práctica, experiencial, va más allá incluso de lo que los libros dicen e indican. Expone pues, además, lo que él mismo llega a aprender y experimentar en el ejercicio activo de la diplomacia y la política republicana de Florencia. Lo construido, lo creado, lo experimentado o lo vivido, es la trama o cuerpo sobre la que se puede levantar una ciencia, una nueva ciencia, que cumpla los requisitos de un verdadero y actualizado saber, que dé cuenta real y no imaginada, no basado sólo en la simple autoridad histórica o divina, de las descripciones y las acciones a desarrollar desde ellas, de un conocimiento que permita cambiar el mundo social y también, por qué no, el mundo natural, o al menos nuestra relación con este.24 Hay un elemento diferencial que marca pues la diversidad ideológica que separa a uno y otro autor, el carácter de la obra del florentino es universal, no ciñéndose ni a Florencia ni a Italia, el pathos del napolitano es esencialmente “italiano y católico” según Voegelin;25 no obstante, los hace converger en el reconocimiento útil y productivísimo de su uso como fuente y principio de conocimiento general y político. Nos referimos al papel a desempeñar por la religión, ese conjunto de deseos y disposiciones que son siempre los mismos en todas las naciones, o las religiones (bíblicas y paganas), sus medios de revelación y sus instituciones. Sobre la religión Vico, al igual que Maquiavelo, se ocuparía constantemente de la función civil de la religión, pues aun cuando ningún estado tiene un fundamento celestial, y conociendo en el pasado y en el presente las dificultades existentes para que un hombre obedezca, se someta o acate la voluntad de otro hombre e incluso el arbitrio de las instituciones, para ambos, era un elemento decisivo en el mantenimiento de la unidad social y en contra de factores potencialmente disgregadores, como las pasiones individuales, que se mantendrían sujetas por el temor a una divinidad y permitiría encauzar los vicios constantes y las mismas pasiones –Vico cita la fero- Cuadernos sobre Vico 30 (2016) / 31 (2017) XXV Aniversario 282 Miguel A. Pastor Pérez cidad, la confusión y la ambición, Maquiavelo por su parte menciona el desorden, el miedo y la violencia– que dominan a todos los seres humanos, arrasando la propia generación humana sobre la tierra, transformándolos, según el principio cierto de que las pasiones deben trocarse en virtudes, en “instituciones” como la milicia, el mercado y la corte, generando la felicidad de la república y la sociedad humana. Pero ahí acabaría la convergencia, pues a partir del absoluto desdén por la veracidad de la religión que Maquiavelo manifiesta, para el que la fe no sería más que opinión, todas las religiones son para él de origen meramente humano y no celestial, como demostraría su curso vital cambiando dos o tres veces en cinco mil años. También la propia relación de los dos italianos con su propia época incide en los planteamientos de la ciencia que proponen. Maquiavelo se sabe inserto en una época absolutamente nueva, en la que el papel a desempeñar por los propios hombres que hacen la historia, que hacen la ciencia, que hacen el arte, es absolutamente diferente de todo lo hecho anteriormente. Y a pesar de que, a veces, duda de si está en la encrucijada de dos edades, absolutamente diferentes, sus propuestas miran y consideran, y él es consciente de ello, de su carácter rupturista con el pasado y que son ejecutivamente válidas de forma universal y novedosas como saber o ciencia para el futuro.26 Por su parte, Vico también es consciente de que sus propuestas son precursoras, que miran a otra época que aún no ha llegado, si bien, en este caso, la fuerza de los tiempos, de su tiempo, le lleva a otro tipo de ruptura, a la reconsideración de un nuevo carácter en el conocimiento científico del mundo que exige un nuevo método, que muestra la improductividad de un cartesianismo formalista que desecha, rechaza y niega cualquier otro modo posible de acceso al saber humano, al saber que se proyecta sobre el mundo de la naturaleza, pero también sobre el mundo de la vida civil.27 En definitiva, y por todo lo expuesto, quizás, la relación entre Vico y Maquiavelo haya que plantearla en los mismos términos que Croce proyectaba la relación entre moral y política, caracterizándola como “un problema que tal vez nunca pueda resolverse”.28 Conclusión Si en Vico Roma y el cristianismo constituyen los elementos sustanciales sobre los que se levanta la civilización, y Maquiavelo, por su parte, es doblemente legatario, como heredero y albacea, de esa configuración pre-moderna de la renovada Europa renacentista que acoge tanto la tradición bíblica como clásica, cualquiera que sea la forma en que se los considere, ambos forman parte activa del proceso de conformación del mundo moderno, que de alguna manera va a transformar la filosofía política clásica en filosofía de la historia moderna alumbrando una nueva ciencia política, pudiéndose decir de ellos que habiendo nacido para la celebridad de su patria, en un tiempo que no les correspondía, alcanzaron mediante sus obras el reconocimiento y la gloria más allá de sus tiempos. Cuadernos sobre Vico 30 (2016) / 31 (2017) XXV Aniversario 283 Maquiavelo, palimpsesto de Vico Bibliografía CROCE, B., “Maquiavelo y Vico. La política y la ética”, en Ética y política, Buenos Aires, Imán, 1952. DAMIANI, A.M., La dimensión política de la Scienza Nuova, Eudeba, Buenos Aires, 1998. ESPOSITO, R., La politica e la storia. Machiavelli e Vico. Liguori Editore, Napoli 1980. LÓPEZ BRAVO, C., Filosofía de la Historia y Filosofía del Derecho en Gambattista Vico, S.P.U.S., Sevilla 2003. MAQUIAVELO, N., El Príncipe, Alianza Editorial, Madrid, 2010. Prólogo y traducción de Miguel Ángel Granada. ––––––––, Historia de Florencia, Ediciones Alfaguara, Madrid, 1979. Prólogo, traducción y notas por Félix Fernández Murga. ––––––––, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Alianza Editorial, Madrid, 1987. Traducción e Introducción de Ana Martínez Arancón. MENDOZA VIGUERAS, G., “Fortuna y Providencia en la filosofía de Nicolás Maquiavelo y Giambattista Vico”, Cuadernos sobre Vico, n. 17-18, 2004-2005 (Sevilla). RESTREPO, G., “Palimpsesto sobre Freud”, Revista Colombiana de Psicología, 1, 1992 (Bogotá). STRAUSS, L., Meditación sobre Maquiavelo, I. E. P., Madrid, 1964. VICO, G.B., Ciencia Nueva, trad., introd. y notas de Rocío de la Villa, Tecnos, Madrid, 1995. ––––––––, Oraciones Inaugurales & La antiquísima sabiduría de los italianos, trad. del latín y notas por FRANCISCO J. NAVARRO GÓMEZ, pres. de E. Hidalgo-Serna e introd. de J.M. Sevilla, Anthropos Editorial, Barcelona, 2002. VOEGELIN, E., La “Scienza Nuova nella Storia” del pensiero politico, A. Guida Editore, Nápoles, 1996. Notas 1. F. DESANCTIS, Storia della letteratura italiana, pp. 31-32. 2. El Diccionario de la Lengua Española define el término, de origen griego, ‘Palimpsesto’ como “manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente” o “tablilla en que se podía borrar lo escrito para volver a escribir”. También se puede admitir como significado el de “Pergamino manuscrito cuya primera escritura ha sido borrada para escribir en él de nuevo“. Pero existe toda una literatura palimpsística a partir del “uso figurado” y traslaticio del término que supone la aparición en todo palimpsesto y a través del texto, de experiencias anteriores, de percepciones que dejan huellas pero sobre las cuales se puede sentir de nuevo. Viejas palabras, viejos mitos, que tal vez han querido ser olvidados, pero que se nos presentan de nuevo porque hay actuaciones humanas que a través del tiempo seguirán siendo las mismas, perseguirán los mismos fines, supondrán las mismas promesas, representarán las misma esperanzas. La importancia del palimpsesto reside en la posibilidad de mostrar diversos patrones conceptuales y prácticos de tiempos distintos unidos en un proceso intencional único común. Se trata de reconocer el pasado, el ejercicio de la actividad humana sobre él, en representaciones que se pueden compartir en el momento, a partir de la permanencia de significados recogidos en un soporte material. Un lugar común en el que el tiempo y la acción producen una mezcla de significaciones dadas entrelazadas por elementos culturales, políticos, religiosos e incluso electivos si se quiere. El palimpsesto es el momento y el lugar en el que se manifiesta expresamente la continuidad de las experiencias humanas, una promesa de continuo futuro sobre la base de un pasado hecho presente en la lectura, en la interpretación, abierta, al menos triádica, de ese material que, no obstante, es preciso diferenciar. De cualquier forma, a veces, es imposible encontrar su origen, hallar el primer texto, las primeras palabras, el sentido fundacional a través del cual las acciones humanas deberían servir de vínculo entre los primeros significados y su actualización. 3. Vico considera las tesis de todos estos autores supersticiones odiosas en cuanto propuestas ciegas e irracionales marcadas por la lucha por la supervivencia y la satisfacción de necesidades elementales que mueven por utilidad y no por moralidad. 4. DAMIANI, A.M., La dimensión política de la Scienza Nuova, Eudeba, Buenos Aires 1998, p. 62 5. Cfr. ibid., p. 35. 6. B. CROCE, “Maquiavelo y Vico. La política y la ética”, en Ética y política, Buenos Aires, Imán, 1952, pp. 217-221. 7. E. VOEGELIN,La “Scienza Nuova” nella Soria del pensiero politico, A. Guida Editore, Nápoles, 1996, p. 11. 8. Aunque ni siquiera esta “clase de piedad” estaría presente en los escritos de Maquiavelo según Leo Strauss, “pues no se encuentran trazos de piedad pagana en la obra de Maquiavelo” (Meditación sobre Maquiavelo, I. E. P., Madrid, 1964, p. 210). 9. G.B. VICo, Ciencia nueva, Tecnos, Madrid, 1995, p. 299. Cuadernos sobre Vico 30 (2016) / 31 (2017) XXV Aniversario 284 Miguel A. Pastor Pérez 10. Ibid., p. 141. 11. Discursos sobre la primera Década.... I,2, p. 242. 12. Según Voegelin, el autor napolitano no acepta el principio en sí mismo, en cuanto sería resultado obtenido de formas especulativas procedentes de los filósofos paganos, sino que “il pensatore cristiano deve restringere l’identificazione del factum col verum al verum creatum. Il verum increatum non è per nulla factum: esso è genitum“. E. VOEGELIN, op. cit., p. 47. 13. Como dirá Voegelin “La acción política del activista crea sin mas un factum histórico, pero el verum que esto contiene no coincide con la intención del autor ... La razón reflexiva en acción no produce razón en la historia”. 14. Así Damiani ve cómo “Vico pretende haber descubierto en la Ciencia Nueva, los principios universales y eternos del mundo civil”. DAMIANI, A.M., op. cit., p. 56. 15. VICO,Ciencia nueva, § 629, p. 324. 16. MAQUIAVELO, El Príncipe, pp. 32-33. 17. Al leer la reconstrucción que hace L. Strauss en sus Meditaciones sobre Maquiavelo, independientemente de adjetivaciones no siempre afortunadas, resulta patente que las dimensiones que el florentino hace aflorar en sus obras, la estructura conceptual, pero también la semántica, construida por el Secretario, presenta de forma inequívoca su propio construir, su concepción necesariamente presente o actuante en la mente, mostrándose muchas veces intransitable para otros pensadores. Una forma de vivir la experiencia tanto personal, histórica, política o universal, y de exponerla, que se interpreta a sí misma. 18. L. STRAUSS,Meditación sobre Maquiavelo, I. E. P., Madrid, 1964, p. 168. 19. Ibid, p. 34 20. Cfr. De antiquissima, cap. VIII; en G. VICO, OBRAS. Oraciones Inaugurales & La antiquísima sabiduría de los italianos, trad. del latín y notas por F.J. Navarro Gómez, Anthropos, Barcelona, 2002, pp. 188-190. 21. G. VICO, Sobre la mente heroica, en G. TAGLIACOZZO (ED.), Vico y el pensamiento contemporáneo, FCE, México, 1987, p. 457. [Hay trad. esp. del De mente heroica en la ed. de Navarro cit. supra]. 22. Cfr. N. MAQUIAVELO, Discursos..., III, 1, II, 5, I, 6. 23. G. VICO, Ciencia Nueva, p. 157. 24. Este carácter problemático y dilemático queda recogido por Voegelin al caracterizar la Ciencia Nueva como “una verdadera ciencia de la sustancia en oposición a la ciencia de los fenómenos físicos, y al mismo tiempo, es una ciencia de la política a imitación de la nueva ciencia de la naturaleza que iba imponiéndose”. Op. cit., p. 39. 25. E. VOEGELIN, La “Scienza Nuova nella Soria” del pensiero politico, cit., p. 41. 26. Obviamos aquí el papel que viene llamado a desempeñar Maquiavelo, directa o indirectamente y cualquiera que sea la dirección epistemológica –De Sanctis, Gramsci, Croce, Gentile–, como garante y artífice de un giro conceptual que transformaría profundamente el carácter de la reflexión sobre la relación entre lo político y lo moral. 27. Cfr. E. VOEGELIN, op. cit., pp. 104-105, donde plantea, antes que una ruptura, una serie de “contraposiciones“ entre el pensamiento y la obra de Vico y su tiempo. Primero a la ciencia natural, y más exactamente a la pretensión de su método de servir de referente obligado para toda ciencia. En segundo lugar, al método cartesiano expresado en el cogito ergo sum, que niega la historicidad de la existencia, lo que exige una nueva, o mejor restaurada, antropología filosófica sobre la que construir –ahora sí– una nueva ciencia política. Derivada de ésta, Vico se opone a Grocio en cuanto la naturaleza finita del hombre exige la vuelta al orden de la Providencia, más allá de la anarquía del amor sui, lo que culmina en el rechazo a las teorías contractualistas que no terminan de dar cuenta de las desviaciones del orden social. Y, por último, el rechazo a la idea de progreso en los términos emocionales que la generan, lo que J. Gebhardt ha llamado “la idea gnóstica en ella implícita de una autorredención” (en “Introduzione“ a E. VOEGELIN, La “Scienza Nuova nella Soria” del pensiero politico, cit., p.15). 28. B. CROCE, “La questione del Machiavelli”, en Indagini su Hegel, pp. 164-176, que fue publicado por primera vez en Quaderni della critica (1949: pp. 1-9) bajo el título: “Una questione che forse non si chiuderà mai: la questione del Machiavelli”. * * * Cuadernos sobre Vico 30 (2016) / 31 (2017) XXV Aniversario 285 Maquiavelo, palimpsesto de Vico