El desjarrete del toro y la desjarretadera (o medialuna): sus orígenes en la tauromaquia romana y cómo pasó de ésta a la tauromaquia española
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Revista de Estudios Taurinos N.º 43, Sevilla, 2018, págs. 93-127 EL DESJARRETE DEL TORO Y LA DESJARRETADERA (O MEDIALUNA): SUS ORÍGENES EN LA TAUROMAQUIA ROMANA Y CÓMO PASÓ DE ÉSTA A LA TAUROMAQUIA ESPAÑOLA Alfonso Mañas* a tauromaquia romana se componía de varias suertes. Muchas de esas suertes aparecen detalladamente representadas en las fuentes visuales (mosaicos, relieves, frescos, etc.), por lo que es fácil interpretarlas y saber en qué consistían, aunque otras aparecen de un modo más enigmático, por lo que ha sido más difícil descifrarlas. Un ejemplo de esto último es el objeto del que hablamos en este artículo, el cual los estudiosos de espectáculos romanos nunca han logrado interpretar satisfactoriamente. En mi artículo “The Mysterious Crescent-Shaped Amphitheatre Weapon: a New Interpretation” (La misteriosas arma de anfiteatro con forma de luna creciente: una nueva interpretación), publicado en la revista The International Journal of the History of Sport, el uno de noviembre de 2017, planteé una interpretación que resulta satisfactoria, por estar en coherencia con las fuentes existentes, tanto de época romana como posterior. Al ser aquella una revista dirigida principalmente a una audiencia internacional, y no experta en tauromaquia, el artículo estaba redactado en unos términos que ahora no tiene sentido * Doctor en Historia del Deporte, Universidad de Granada. Grupo de Investigación CTS-545, [email protected]. L
Alfonso Mañas 94 lógicamente mantener para los lectores de la Revista de Estudios Taurinos (mayoritariamente españoles y expertos en tauromaquia española). Por ello, he decidido rehacer aquel artículo para que su publicación ahora en esta revista sea más pertinente al perfil de estos sus nuevos lectores. Antes de continuar, debo explicar precisamente unas cuantas cosas que quizá se esté preguntando ahora mismo el lector de la Revista de Estudios Taurinos. En primer lugar, a la pregunta de por qué se publicó ese artículo en una revista de historia del deporte, responder que la tauromaquia –tanto la romana como la española–, son deportes; la tauromaquia romana era un deporte de la antigüedad, que reunía los requisitos propios de este ámbito (al igual que otros espectáculos con animales que realizaban tanto griegos como romanos) y la tauromaquia española es un deporte de hoy, del mismo modo que lo son la caza o la pesca. De hecho, la tauromaquia podría definirse como una forma evolucionada, o elaborada, de caza. En segundo lugar, a la pregunta de si toreaban los romanos, la respuesta es que sí, siendo considerable el número y riqueza de las suertes que practicaban con los toros (este artículo solo se centra en un aspecto muy concreto de la tauromaquia romana, por lo que no aborda todas esas suertes). Es por tanto como deporte que es la tauromaquia –tanto la romana como la española– que yo, doctor en Historia del Deporte e investigador y profesor en dicha materia, la llevo estudiando desde hace años. Es así este artículo un estudio que analiza ambas tauromaquias desde el punto de vista de la historia del deporte, en concreto analizando un elemento u objeto de equipamiento concreto (la medialuna) y los elementos técnicos (gesto usado) para su empleo. El objeto romano al que me refiero aparece en tres mosaicos romanos, y consiste en una vara terminada en un creciente o media luna. Desde siempre ha constituido un misterio para los
El desjarrete del toro o la desjarretadera (o medialuna): sus orígenes ... investigadores, pues algunos no hacen ningún comentario al respecto cuando analizan esos mosaicos, limitándose a describir su forma. Otros intentan deducir cuál era su función, y proponen que podría ser un símbolo, de una corporación de venatores o de un dios. Algunos otros sugieren que podría ser un arma para combatir a los animales, toros, que aparecen representados cerca en esos mismos mosaicos. En el artículo ya citado anteriormente propongo que el objeto podría ser un arma para luchar contra los animales, especialmente los toros, durante las venationes, y que su función concreta era desjarretarlos (cortarles el jarrete). Baso esta hipótesis en el hecho de que ese mismo objeto fue utilizado en la España del siglo XVI (cuando ese objeto aparece documentado por primera vez en las fuentes españolas) para esa tarea (un mismo objeto utilizado en una misma actividad (combates con toros) sugiere muy probablemente un mismo uso). Por supuesto, esta hipótesis implica aceptar que el objeto habría sido utilizado en la península ibérica para esa misma función desde los tiempos de los romanos hasta el siglo XVI, lo que parece probable, ya que las corridas de toros y la cría de toros han sido actividades ininterrumpidas en ella desde los tiempos de los romanos, como lo atestigua la evidencia.1 INTRODUCCIÓN En tres mosaicos romanos vemos representado un objeto, una vara terminada en un creciente o media luna, que siempre ha sido un misterio para los investigadores. Algunos de ellos omiten cualquier comentario al estudiar esos mosaicos, limitándose a describir su forma. Otros intentan deducir cuál era su función, proponiendo que podría ser un símbolo que representaba una corporación de 95 1Sobre la tauromaquia romana, Mañas, 2013: 365-367.
Alfonso Mañas venatores o un dios, según los diferentes casos . Solo unos pocos han propuesto que podría ser un arma para combatir a los animales que aparecen en la escena, siempre toros. Los tres mosaicos son: 1.- El mosaico de los Grandes Baños del Sur, en Timgad (siglo II, Figura 3); 2.- El mosaico hallado en Thysdrus (primera mitad del siglo III, Figuras 4a y b); 3.- El mosaico hallado en Rudston (siglo IV, Figura 5) Estudiemos cada uno de ellos para ver con más detalle cómo aparece representado el objeto en esos mosaicos. LOS MOSAICOS MOSAICO DE TIMGAD Situado en los Grandes Baños del Sur, data del siglo II. El objeto ha sido descrito del modo siguiente por Blázquez: «varas terminadas en creciente». (Blázquez, 1990: 175) Aquí el objeto aparece representado muy esquemáticamente, pues tanto el creciente como la vara están formados por una sola línea de tesserae. El otro extremo de la vara tiene forma de triángulo mientras que el de Rudston tiene forma de bola. 96 Fig. n.º 3.- Mosaico de los Grandes Baños del Sur, Timgad. Siglo II. Museo Arqueológico de Timgad. Todas las imágenes han sido cedidas por el autor del artículo.
El desjarrete del toro o la desjarretadera (o medialuna): sus orígenes ... 97 2Que están celebrando una fiesta de beber es evidente por el hecho de que solo vemos copas y jarras en la escena, y por lo que dice uno de los hombres «bibere venimus» (venimos a beber). Que están celebrando una fiesta de beber ya fue propuesto por Picard, (1954: 419). 3(Blanchard-Lemée, 1996: 214) «table recalling the form of the arena» (mesa que evoca la forma de la arena). 4De izquierda a derecha, el primero dice «[n]os nudi ...[f]iemus» (nos deberíamos desvestir [propuesta a sus compañeros]), el segundo «bibere venimus» (venimos a beber), el tercero «ia[m] multu[m] loquimini» (ya estáis hablando mucho), el cuarto «avocemur» (divirtámonos), el quinto, que es quien está sosteniendo el objeto, «nos tres tenemus» (nosotros tenemos tres (¿rondas de bebida?)). MOSAICO DE THYSDRUS Datado en la primera mitad del siglo III Gilbert (Picard, 1954: 424); (Blázquez, 1990: 199), muestra a cinco hombres celebrando una comissatio (fiesta de beber),2reclinados junto a lo que parece ser una mesa redonda o elíptica, quizá para evocar la forma de la arena de un anfiteatro.3La atmósfera festiva del momento queda de manifiesto por la actitud alegre de los hombres y por lo que dicen4; el primero por la derecha lleva el obje- to en cuestión. En frente de los hombres, en el primer plano de la escena, en lo que parece ser la “arena” del simulado anfitea- Fig. n.Os4a y b.- Mosaico de Thysdrus. Nótese el objeto en la parte superior derecha de la escena. Primera mitad del siglo III. Museo del Bardo, Túnez y detalle del mismo.
Alfonso Mañas 98 tro, hay cinco toros que duermen, y dos “operarios de la arena”, que están sirviendo como camareros, ya que aparecen junto a jarras para llenar las copas de los cinco hombres. Uno de los sirvientes (el que tiene un dedo sobre sus labios) pide silencio a los hombres: «SILENTIV(M) / DORMIANT / TAVRI» (silencio, los toros duermen). Así, ¿qué representa esta escena? La mayoría de expertos coinciden actualmente en que los ornamentos que muestran los cinco hombres (incluido nuestro objeto) son símbolos de relevantes compañías norteafricanas que se dedicaban a alquilar venatores y animales para la celebración de venationes, combates con animales. Es como si actualmente las cuadrillas de toreros incluyesen también los toros que van a lidiar en una corrida. Por lo general, las ganaderías no existían por entonces, y los animales que se exhibían en las venationes eran atrapados en la naturaleza, por la misma compañía que aportaba también a los venatores. Así, los hombres que vemos en la escena festejando serían los directivos o representantes de esas compañías que habían sido contratadas, alquiladas, para la venatio en concreto en la que iban a lidiarse esos toros, que como vemos han sido también incluidos en la escena, prueba clara de que eran tan protagonistas del espectáculo como los venatores. No sabemos si en realidad iban a lidiarse solo cinco toros o si ese es un número aleatorio que ha elegido el artista, representativo de una mayor cantidad de toros, aunque es muy posible que fuesen en efecto cinco los toros a lidiar, pues inscripciones referentes a venationes similares mencionan un número parecido de animales.5 5Blanchard-Lemée (1996: 214) prefiere decir representantes: «five representatives of these associations» (cinco representantes de estas asociaciones). Sin embargo, Blanchard-Lemée cometió el error de interpretar el encuentro como un banquete, con comida, en lugar de como una fiesta de beber, comissatio. Es más, propone que la escena estaría relacionada con un fragmento de Tertuliano que dice que los bestiarii, convictos condenados a morir en la arena luchando contra las fie-
El desjarrete del toro o la desjarretadera (o medialuna): sus orígenes ... 99 Por tanto, encontramos de nuevo el objeto en un contexto de venatio con toros. El objeto en este mosaico ha sido descrito como: – Picard (1954): «cetro terminado en creciente»6. Considera que los hombres están disfrazados, por lo que el obje- to sería meramente un ornamento. – Blázquez (1990: 199): «el varal ahorquillado que lleva el personaje de la derecha, al que se le ha dado valor simbólico, debía servir simplemente para luchar con la fiera». Así, Bláquez considera que es un arma. ras) el día antes de su ejecución en la arena disfrutaban de un último banquete «Non in publico Liberalibus discumbo, quod bestiariis supremam cenantibus mos est», “no me reclino en la mesa en público durante las fiestas de Liberalia, como es la costumbre de los bestiarii cuando celebran su última comida” (Tertuliano, 42.5). Sin embargo, esta interpretación es imposible, pues, como hemos visto los hombres representados en el mosaico no son convictos, evidentemente, por los ricos ropajes que llevan y por su actitud festiva… si estuviesen condenados a morir al día siguiente podemos suponer que no estarían tan felices. Como hemos dicho, ellos son probablemente los directivos de compañías de venatio, por lo que ellos no luchaban en le arena. Incluso en el caso de que fuesen luchadores de esas compañías, sus ropajes y ricos ornamentos sugieren que serían venatores, no bestiarii. A diferencia de los bestiarii, los venatores no eran convictos condenados a muerte, sino personas, muchos de ellos ciudadanos libres, que voluntariamente trabajaban como cazadores en las venationes, para ganarse la vida, es decir, esa actividad era su empleo. Así, como matadores profesionales de animales que eran, no era probable ni se esperaba que los venatores muriesen en la arena mientras luchaban con los animales, al igual que los toreros de hoy, que no se espera ni es probable que mueran durante la lidia, pues su enorme experiencia les permitía derrotar al animal casi siempre, por lo que la fiesta que vemos representada en el mosaico no puede ser interpretada como su última, supremam, fiesta, como dice Tertuliano. En cualquier caso, como decimos, la escena representada en el mosaico no es una comida sino una fiesta de beber, por lo que en ningún caso puede referirse a las “últimas comidas” descritas por el fragmento de Tertuliano. Vismara (2000: 70) considera que los cinco hombres son venatores, pero no entra a discutir la cuestión en profundidad. Aquellos venatores que se especializaban en luchar contra toros eran probablemente llamados taurarii (CIL, X, 1074d). 6Picard (1954: 419): «sceptre terminé par un croissant».
Alfonso Mañas – Blanchard-Lemée (1996): «una vara larga con un extremo en forma de creciente, el símbolo de los Telegenii»7. – Vismara (2000): «Los símbolos que decoran a estos toros son los mismos usados por las compañías de venatores…un creciente en una vara»8. Así, para Vismara el objeto también es un símbolo. Personalmente, me gustaría añadir que, en este mosaico, el objeto ha sido representado en dos colores: la vara es marrón, sugiriendo que es de madera, mientras que el creciente es negro, ya que pretende representar que es de metal. Como era la costumbre en este tipo de armas romanas, como lanzas, picas, etc. el astil o vara era de madera y solo la punta era de metal. En este caso, la separación entre las dos puntas del creciente es más estrecha que en los otros dos mosaicos que estamos estudiando aquí, los de Timgad y Rudston. De hecho, este parece como una versión reducida de los objetos que vemos en los otros dos mosaicos. MOSAICO DE RUDSTON Datado en el siglo IV, (Dunbabin, 1999: 99); (Wilson, 2003: 288) algún estudioso ha propuesto que este mosaico simboliza las cuatro estaciones. (Smith, 1976). Sin embargo, a excepción de la escena del círculo central, Venus y un tritón, el resto de las figuras del mosaico claramente parecen evocar una venatio.9Esto es evi- 100 7Blanchard-Lemée (1996: 214): «a long staff with a crescent-shaped end, the symbol of the `Telegenii´». 8Vismara, (2000:70): «The symbols decorating these bulls are the very ones used by the companies of venatores … a crescent on a pole». 9Esta interpretación ya fue propuesta por (Blázquez, 1990: 175): «el mosaico de Rudston, de mediados del siglo IV, en el que se representan escenas de uenationes». Patricia Witts (2005: 92 y 149) rechaza explícitamente la interpretación de las estaciones, afirmando que la interpretación de la venatio es la más obvia, y explica la presencia de Venus diciendo que la venatio habría sido celebrada durante el festival de Venus» (“held at the festival of Venus”). Hay que decir que un mosaico de venatio hallado en Túnez que también muestra a Venus ha sido explicado del mismo modo. Wilmott (2008:163) cree que representa una venatio.
El desjarrete del toro o la desjarretadera (o medialuna): sus orígenes ... dente en el caso del toro (calificado como ‘omicida’10 y que tiene sobre sí el objeto en cuestión) y el león (atravesado por una lanza y llamado ‘Flammefer’ [fiero] (Toynbee, 1977: 479); (Wilson, 101 10 Toynbee (1973: 151) dice «TAVRVS OMICIDA … podría significar tanto «el toro que mata hombres» como «el toro llamado Homicida» (‘TAVRVS OMICIDA ... could mean either «the man-slaying bull» or «the bull named Homicide»). Pero en 1977 el mismo Toynbee (1977:479) dice que «TAVRVS OMICIDA debe definitivamente significar “el toro llamado Homicida”, no “el toro homicida”, pues homicida es un nombre, no un adjetivo» (‘TAVRVS OMICIDA must definitely mean “the bull (named) Homicide”, not “the homicidal bull”, since homicida is a noun, not an adjective»). Creo que considerar que el toro se llama “Omicida” es un error, pues en el caso de los mosaicos que muestran los nombres de los animales, la especie a la que pertenece el animal (en este caso un toro, taurus) no se menciona (p. ej. los leopardos del mosaico de Magerius, un oso llamado ciertamente ‘Omicida’ [AE 1953, 146]). Así, creo que en el mosaico de Rudston la inscripción TAVRVS OMICIDA se traduce como “el toro homicida”, es decir, “el toro que mata hombres”. Wilmott (2008:164) también piensa que la inscripción significa “el toro que mata hombres, homicida”. De hecho, aplicar la palabra “homicida” a un toro bravo es algo que ha sobrevivido en España hasta el día de hoy (p. ej. “toro feroz y homicida” [El Liberal, 25 enero 1899, 3], y “toro homicida” aparece frecuentemente en internet). Sobre el mosaico de Rudston, ver también (Neal, 1981:92-93, plate 66). Fig. n.º 5.- Detalle del mosaico de Rudston. Nótese el texto ‘TAVRVS OMICIDA’. Siglo IV. Museo Hull & East Riding, Inglaterra.
Alfonso Mañas 108 “dejarretadera” deriva del verbo desjarretar (“cortar las piernas por el jarrete”22, el “corvejón de los cuadrúpedos”23). En cualquier caso, Argote continúa su exposición explicando precisamente cuál es la función de ese objeto: «dejarretadera, con la qual acometen á las reses al tiempo que van huyendo; y hiriendolas en las coruas de los pies, a los primeros botes los dejarretan». Esa explicación va también acompañada –en esa primera edición del libro– por una ilustración que representa claramente el objeto y cómo era usado (Fig. n.º 6), solventando así cualquier duda que el lector pudiera tener tras leer la explicación. La razón de que los toros fuesen cazados de manera tan atípica, desjarretándolos, en lugar de cazarlos del mismo modo que al resto de caza mayor en esa época (p. ej. con lanza, flecha o arma de fuego), era que querían la piel del toro intacta, porque si la piel recibía algún agujero (por punta de lanza, de flecha, o bala) el precio de la piel disminuía. Así, optaron por cazar los toros por el procedimiento de primero desjarretarlos (el jarrete queda por debajo de la parte aprovechable de la piel, de manera que el corte del desjarrete no devaluaba la piel) y, una vez el animal había caído al suelo y no podía moverse ni defenderse ade- 22 Definición del Diccionario de la Real Academia Española: ‘desjarretar: Cortar las piernas por el jarrete’. 23 Definición del Diccionario de la Real Academia Española: «jarrete: 2.m. Corvejón de los cuadrúpedos». Si miramos la Fig. n.º 6 de este artículo (la ilustración del libro de Argote), el toro es golpeado sobre el ‘tobillo’, cortando en efecto el jarrete, o tendón tricipitis surae. No obstante, en Fig. n.º 7 (ilustración de Perea publicada en La Lidia en 1895) y Fig. n.º 8 (litografía de Perea) el golpe es dado por debajo del ‘tobillo’, cortando por tanto el tendón flexoris digitorum supercificialis. Es claro por tanto que no siempre daban el golpe en el mismo sitio, sino que unas veces cortaban el jarrete mientras que otras cortaban otro tendón, aunque en todos los casos llamaban a la acción desjarretar. Independientemente de que cortasen un tendón u otro, el resultado era el mismo, pues el toro quedaba cojo de esa pata. En cualquier caso, el desjarrete propiamente dicho era el que cortaba el jarrete (tendón tricipitis surae), obviamente, es decir, el que cortaba por encima del tobillo del toro.
El desjarrete del toro o la desjarretadera (o medialuna): sus orígenes ... cuadamente, los hombres desmontaban y apuñalaban al animal en las arterias principales de las piernas, zona que tampoco devaluaba la piel, lo que provocaba la muerte del animal por desangramiento. Una vez el animal estaba muerto, lo despellejaban y se marchaban con la piel, dejando el resto del animal en el sitio, como alimento para los animales carnívoros de la zona. Argote, Discurso, capítulo 37 (fragmento completo): «En las Indias Occidentales, en las Islas de Santo Domingo, Cuba, Puertorico, Tierrafirme y Nueua España, es notable la multitud 109 de Toros y Vacas siluestres, que la tierra produze ... Salen contra ellos gentes de a Cauallo, con Garrochas largas de veynte palmos, que en la pvnta tienen vna arma de fierro, de hechura de media Luna, de agudifsimos filos, que llaman Dejarretadera, con la qual acometen a las Reses al tiempo que van huyendo: y hiriendolas en las Coruas de los pies, a los primeros botes los dejarretan, y apeandose de los cauallos, los acaban acuchillandolos por las rodillas, y quitandoles la Piel, de que solamente se Fig. n.º 6.– Ilustración del libro de Argote, publicado en 1582.
Alfonso Mañas aprouechan, dexan la Carne al Monte, la qual gastan y consumen en vn momento en Tierrafirme los Perros Siluestres» Junto a ese uso en la caza, el arma era también utilizada por entonces en las corridas de toros, pues está documentado que en 1612 el arma fue empleada para desjarretar los toros que se lidiaron en las fiestas reales celebradas en Lisboa. Es interesante que, el arma es ahora llamada medialuna, aludiendo claramente a la forma de su hoja, en creciente, en lugar de dejarretadera, el término usado por Argote, aludiendo a su función. 110 «Quatro hombres con vnas medias lunas, al tiempo que tocauan a desjarretar, en vn punto asertauan al blanco de la coyuntura, negra suerte para el Toro». (de Arce, 1619: 81). Hay que señalar que en la corridas de toros, como la referida por Arce, el arma no era usada por hombres a caballo (como en las cacerías descritas por Argote) sino por hombres a pie. Pero ¿por qué eran los toros desjarretados en las corridas si su piel estaba ya agujereada por las muchas heridas que esos animales recibían durante la lidia (lanzazos, rejones, banderi- Fig. n.º 7.- Ilustración de Perea publicada en La Lidia (el 25 de octubre de 1895, anacrónica pues para esa fecha el arma ya no se usaba para desjarretar a los toros).
El desjarrete del toro o la desjarretadera (o medialuna): sus orígenes ... llas)? En otras palabras, ya que la piel de esos toros estaba ya devaluada por los muchos agujeros, ¿por qué se tomaban entonces la molestia de desjarretarlo en vez de simplemente matarlo de un modo más sencillo? La respuesta es que en las corridas no desjarretaban a todos los toros, sino solo a aquellos cuya bravura era tal que nadie era capaz de acercarse lo suficientemente a ellos como para matarlos del modo tradicional24. Por tanto, dado que aquellos toros eran tan peligrosos, pensaron que era mejor desjarretarlos primero y, así, una vez que su movilidad había 111 quedado reducida, podían acercarse a ellos sin apenas ningún peligro, y matarlos, con espadas, lanzas o cuchillos, según la corrida y el contexto, que en aquel tiempo eran variados, como documentan las fuentes, algunas de las cuales incluimos más adelante. Sin embargo, desjarretar aquellos toros extremadamente bravos era también una tarea arriesgada, por lo que, aunque la forma del arma ayudaba a reducir riesgos, se tomaban muchas 24 (Tapia y Salcedo, 1643: 77): «Véase tambien en la plaça quando el Toro es muy valiente». Fig. n.º 8.- Litografía de Perea, finales del siglo XIX.
Alfonso Mañas precauciones y trucos para realizar la acción correctamente y salir airoso. Normalmente, el truco principal que realizaban era que un hombre se colocaba ante el toro, a distancia segura, para llamar su atención. Mientras, otro hombre se acercaba sigilosamente por detrás del toro (de modo que este no se daba cuenta) y gracias a la larga vara del arma lograba desjarretar al toro desde una distancia segura (Fig. n.º 8). Igualmente, la forma en creciente de la hoja del arma garantizaba que, pese a la distancia, la hoja atinaba en su objetivo y cortaba el jarrete, pues los “brazos” del creciente estaban lo suficientemente abiertos como para que fuese imposible fallar cuando el hombre empujaba el arma para descargar el golpe. Es en este contexto que llegamos a comprender completamente por qué el arma tiene la forma que tiene… estaba perfectamente diseñada para ejecutar esa tarea de modo eficiente y seguro. Las armas de fuego eran ya algo común, pero aunque se habían usado en algunas ocasiones para matar a aquellos toros que eran demasiado peligrosos como para acercarse a ellos,25 su uso no fue considerado adecuado dentro del ruedo, por lo que la desjarretadera continuó siendo usada. 112 25 En 1603, en Valladolid, Felipe III mató de cuatro disparos de arcabuz un toro que había quedado en el ruedo tras la corrida (Cabrera de Córdoba, 1626: folio 198). En 1609 en Granada, en la corrida conocida como ‘de los toros bravos’, donde los toros mataron a treinta y seis toreros y cuatro caballos e hirieron a otros sesenta toreros, el último toro interceptó a todos aquellos que intentaron acercársele, de modo que nadie pudo desjarretarle, y dado que la noche estaba cayendo lo abatieron de un disparo ((Henríquez de Jorquera, 1656 [1987]: 1609). En 1631 el toro que quedó vencedor del combate de animales celebrado en el Real Alcázar de Madrid fue premiado con el privilegio de ser abatido por el rey mismo, de un disparo (Pellicer, 1631: folio 7). También fueron abatidos de un disparo los últimos toros que se lidiaron en las corridas presididas por Felipe IV el 4 de febrero de 1642 en Tembleque y unos días más tarde en Dosbarrios (Alenda y Mira, 1865 [1903]: vol. 1, 236: nº 832 y 834).
El desjarrete del toro o la desjarretadera (o medialuna): sus orígenes ... Lo cobarde y miserable de esta práctica, lisiar traicioneramente y por la espalda a un animal valiente, resultaba perfectamente evidente a las gentes de la época, de modo que era una tarea que nunca era realizada por un caballero,26 sino solo por la chusma (como representó perfectamente Goya, Fig. n. º 9).27 El proceso completo, tal y como era ejecutado en el ruedo, lo describe en detalle Tapia, en 1643. 113 «Exercicios de la gineta…: Vease también en la plaça quando el toro es muy valiente, que no dexa acercar la gente de a pie. Hazenlo siempre Gente ordinaria, y de pocas obligaciones. La herida es sobre la corba de los pies, ò pie, que con vno basta, y despues se obra lo que se quiere» (1643: 77) 26 Noveli (1726: 69) «ni desjarretandole por brazos, ni piernas, que no debe hazerlo un Cavallero». 27 Lope de Vega, en su poema de 1609 Jerusalén conquistada (libro 18), dice que desjarretar es una tarea que hacen los esclavos: «en Castilla los esclavos hacen lo mismo con los toros bravos».Tapia, (1643: 77): «Hazenlo siempre Gente ordinaria, y de pocas obligaciones». Fig. n. º 9.- Desjarrete de la canalla con lanzas, medias-lunas, banderillas y otras armas. Goya (c. 1816), Tauromaquia, estampa 12, detalle del grabado. La flecha blanca señala el arma.
Alfonso Mañas La acción de desjarretar al toro era de hecho tan frecuente que en el equipamiento estándar de las plazas de toros solía haber varias desjarretaderas, tal y como documentan las cuentas de las corridas celebradas en Valladolid el 4 de abril de 1646.28 La desjarretadera continuó siendo muy utilizada durante el resto del siglo XVII, sin reparos en usarla incluso en las más distinguidas ocasiones, como en 1649 durante las corridas celebradas en la Plaza Mayor de Madrid para festejar la boda del rey.29 En 1651 el arma fue usada en León para desjarretar un toro (Viforcos, 1992: 189), y en 1657 algunas regulaciones de la ciudad de Valladolid mencionan el arma y su función para dejarretar los toros.30 En 1659, 1671 y 1679 el arma es mencionada en documentos de León referentes a las fiestas de la ciudad: son pagos por afilar y preparar el arma. (Viforcos, 1992: 155) En 1679 la viajera francesa Madame D’Aulnoy contempla como espectadora el desjarrete de los toros con el arma en las corridas celebradas en la Plaza Mayor de Madrid.31 Para la primera mitad del siglo XVIII el uso del arma, y la costumbre de desjarretar a los toros, comenzó a decrecer gradualmente. Está documentado el uso de la desjarretadera en 1727 en Valladolid en las fiestas de septiembre, (Lourdes Amigo, 2010: 454), y en 1738 en Sevilla (Matos de, 1738: 20). Durante la segunda mitad del siglo XVIII el arma desapareció, por lo que el desjarrete de los toros pasó a realizarse con 114 28 Archivo Municipal de Valladolid, Doc. “Chancillería”, Caja 116, Exp.17. 29 Alenda, Relaciones, vol. 1: página 319: nº 1112. 30 Archivo Municipal de Valladolid, Actas, nº 57, 1-VIII-1657, folio.452r.: «media luna ... para que se desxarreten (los toros)». 31 Madame D’Aulnoy, (1690 [1705]: 123): «A veces les cortan los jarretes con ciertos hierros en forma de creciente, que ponen en el extremo de una larga vara, y eso se llama desjarretar al toro (Quelquefois on lui coupe les jarets avec de certains fers faits en croissans, on les met au bout d’une grande perche, & cela s’appelle desjarretar al toro)».
El desjarrete del toro o la desjarretadera (o medialuna): sus orígenes ... espadas.32 Desconocemos las razones de esa repentina desaparición del arma, ninguna fuente señala los motivos, sobre todo teniendo en cuenta que desjarretar con espada era mucho más peligroso que con la desjarretadera, pues con la espada el hombre tenía que aproximarse más al toro. Solo podemos sugerir que se trató de una moda pasajera. De hecho, para 1801 la desjarretadera ya estaba de nuevo en uso, pues en ese año Tixera habla sobre ello. Es más, Tixera expresa también el rechazo que hacia la práctica mostraban ya por entonces algunos espectadores.33 En 1808 el arma es usada 115 32 Witz (1755:36): «alguien de la cuadrilla se destaca, y se acerca por detrás y le corta los jarretes con una espada» (quelqu’un de la troupe des combattans se détache, et vient par derrière et lui coupe les jarrets avec une épée). Fernández de Moratín (1777: 33-34): «despues tocaban a desjarrete, à cuyo son los de à pie (que entonces no había toreros de oficio) sacaban las Espadas, y todos à una acometían al Toro, acompañados de perros; y unos le desjarretaban ..., y otros le remataban con Chuzos, y a pinchazos con el estoque, corriendo, y de pasada, sin esperarle, y sin habilidad, como aún hacen rusticamente los Mozos de los Lugares». Algunas páginas más adelante, Moratín dice, sobre la desjarretadera: (328) «los marrajos o cimarrones los encojaban con la media luna, cuya memoria ni aún existeı». El 4 de diciembre de 1829 el famoso matador Pedro Romero, retirado en 1799, escribió una carta a Antonio Bote, en la que atestigua que nunca ha visto dicha arma en toda su vida: «acerca de la media luna [le digo] que el año 1775 fue el primero que fui a esa Corte y no vide nunca la media luna ni la oí mentar; oigo ahora nombrar muy a menudo la media luna, hasta en los papeles públicos, y aunque me hago cargo como es, no conozco a semejante bicho». Del mismo modo, Santos López Pelegrín (1842: 125) dice que «nunca aparecia en los tiempos de los diestros Romeros, Illos y Costillares. Esta acción, repugnante…». 33 (Tixera de la, 1801:5-6):«para la muerte de los que van reprobados pudiera usarse del hasta ó cuchilla, que llaman guadaña ó media luna, … es difícil y peligrosa la operación de desgarretarlos, tanto para los que la executen, como para los que es indispensable ayuden al efecto. A esto se sigue ser necesario asaetear los toros por las costillas con la espada, y después acabarles de matar con la puntilla ó cachetero. Dichas maniobras son por lo común dilatadas, y como á esto se agrega lo fastidioso que es ver dar bueltas por la plaza sobre los corbejones á un animal (que digámoslo así) se le ha asesinado con una especie de alevosía, opuesta al crédito de los toreros; no pueden menos los expectadores de mirar estos actos con desazon y repugnancia».
Alfonso Mañas en Madrid, y hacia 1816 Goya inmortaliza el arma en uno de sus grabados (fig. n.º 9). En 1829 es usada de nuevo en otra corrida en Madrid,34 para despachar al último toro del día, porque estaba oscureciendo y el toro tenía que estar muerto antes de que anocheciese.35 En 1831 el arma es calificada como “espantosa” por Martínez, pero en sentido retórico, pues en realidad la enumera como uno de los muchos espectáculos vistosos que ofrece la corrida de toros (Martínez Rueda, 1831: 19). Más honestamente, en 1836 el famoso matador Montes se manifiesta a favor de eliminar el arma y el desjarrete de los toros,36 y en 1842 López Pelegrín deplora también su existencia.37 116 34 (Simán, 1845: 99) (corrida celebrada el 3 de octubre en la plaza de toros de la Puerta de Alcalá). 35 El Correo Literario y Mercantil, 22 de noviembre de 1829. 36 (Montes Paquiro, 1836: 223): «Cuando no hay medio de hacer morir al toro por el orden regular que se lleva en las plazas, se manda sacar el asta ó media luna para desjarretarlo. Este instrumento consiste en un cuarto de círculo de acero cortante en su borde cóncavo, y por el convexo unido á un palo igual al de las varas de detener. El uso que se hace de él se limita á cortar los tendones de las piernas, con lo cual el toro cae, y puede ser muerto como se quiera. Esta operación es muy desagradable, y sería de desear que se desterrara de las plazas».’ 37 (López Pelegrín, 1842: 124-125): «Tócanos hablar ahora de algunas otras cosas que fuera bueno reformar con el mismo fin de hacer mas grata la tauromaquia. El arma aleve y villana, conocida en el coso con el nombre, de media luna, de que suele usarse para desjarretar ó cortar los corvejones al toro cuando falta la habilidad y el valor para estoquearlo en regla, debiera desterrarse absolutamente de nuestras plazas, donde nunca aparecía en los tiempos de los diestros Romeros, Illos y Costillares. Esta acción repugnante en si misma, es además la ignominia de la tauromaquia, y la mas opuesta al espíritu de ella, que consiste en ostentar la destreza en la lid, el conocimiento, la serenidad y el valor, estoqueando noblemente las fieras cara á cara cuando están en toda libertad y aptitud para defenderse de sus enemigos; y por tanto el inutilizar al toro traidoramente para que no pueda hacerlo, y sea asesinado á mansalva de un modo ruin y cobarde; es, como se ha dicho, la acción mas degradante, la mas contraria á los principios del arte y á la naturaleza de estos espectáculos: ya que el amor propio de los matadores no lo resista, el magistrado no debiera consentir tan ignominioso recurso, y á falta de otros seria mejor volver á encerrar el toro, ahorrando al público el disgusto de presenciar esta escandalosa atrocidad».
El desjarrete del toro o la desjarretadera (o medialuna): sus orígenes ... Sin embargo, estas primeras peticiones de abolición no tuvieron éxito porque la opinión general no estaba aún sensibilizada por la cuestión: había aún una mayoría de espectadores que eran indiferentes ante ello. Así, el arma continuó siendo usada, aunque menos frecuentemente, durante la década de 1840 y los primeros años de la década de 1850.38 Sin embargo, la campaña por la abolición del arma y de la práctica no cesó, y en 1853 un artículo publicado en el periódico taurino más influyente se quejaba de su existencia,39 mientras que en 1856 Corrales pedía su abolición.40 Esta vez la llamada fue escuchada por la mayoría de la sociedad y, así, las diferentes plazas de toros comenzaron a prohibir el uso del arma desde 1856 en adelante (la plaza de Madrid la había prohibido ya en 1855 (Cossío, 1943: vol. 1, 798). De este modo, de acuerdo con esa nueva sensibilidad, cuando un matador era incapaz de matar al toro dentro del tiempo establecido, en vez de desjarretarlo con el arma, como antes, lo que se hacía era que el arma era simplemente exhibida desde la barrera, lo que conllevaba oprobio para el matador porque simbolizaba su incapacidad para realizar su trabajo (así vemos que el arma se convirtió en un símbolo de la noche a la mañana). Una vez el arma había sido mostrada, el toro era enviado a los corrales, gracias a la ayuda de los cabestros. 117 38 Por ejemplo, en 1846 (Velázquez, 1868: 206) y en 1849 (José Velázquez, 1850: 169) (en Sevilla); (Morales, 2003: 653). 39 El Enano, 12 abril de 1853, 3: «Otra que mejor baila. Si brutal es la costumbre de los perros, la de desjarretar los toros con la media luna la excede mucho, siendo tan repugnante y bárbara, que nunca habrá seguramente quien la pueda ver con gusto. Si hay un espada tan torpe que no puede matar un toro, no ha de ser el desdichado animal en quien se castigue su torpeza; ábransele las puertas del corral y allí mátesele como se quiera, pero no se dé al público espectáculo tan horroroso». 40 (Corrales, 1856: 136): «La media luna: La pluma se enerva entre nuestros dedos al describir la horrorosa operación que se suele hacer en las plazas con el instrumento de aquel nombre. ... Este horrible recurso ... es la afrenta de los lidiadores y de la tauromaquia en general ... debería abolirse» (172)
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