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Arqueología de la paideia. Las sedes de la educación superior en las provincias helenísticas del imperio (III): los gimnasios

Abstract

En época romana, el sistema educativo del gimnasio griego se mantuvo en las provincias orientales del Imperio. La educación literaria, filosófica y científica floreció en ellos junto a la formación atlética de los efebos, y las élites locales continuaron reflejando su identidad cultural a través del mantenimiento de los principios de la paideia helena. El poder romano introdujo una serie de transformaciones en estos edificios públicos, cuya tipología se ha definido como de termas-gimnasio; contempladas como un factor de decadencia de la pureza helenística, y una mera invitación al ocio, las actividades que se desarrollaban en ellas fueron duramente criticadas por los autores griegos

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Arqueología de la paideia. Las sedes de la educación superior en las provincias helenísticas del imperio (III): los gimnasios

Author: García Sánchez, Jorge
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2015
Source: https://idus.us.es/bitstreams/52d2e827-fabd-478a-9530-fcd219eb8109/download
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ARQUEOLOGÍA DE LA PAIDEIA. LAS SEDES DE
LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN LAS PROVINCIAS
HELENÍSTICAS DEL IMPERIO (III): LOS GIMNASIOS*
Jo ge Ga cía Sánchez
Uni e sidad Complu ense de Mad id
jo gega @pdi.ucm.es
ARCHAEOLOGY OF THE PAIDEIA. HIGHER
EDUCATIONAL CENTERS IN THE HELLENISTIC
PROVINCES OF THE EMPIRE (III): THE GYMNASIA
RESUMEN: En época omana, el sis ema educa-
i o del gimnasio g iego se man u o en las p o in-
cias o ien ales del Impe io. La educación li e a ia,
ilosó ica y cien í ica lo eció en ellos jun o a la o -
mación a lé ica de los e ebos, y las éli es locales
con inua on e lejando su iden idad cul u al a a-
és del man enimien o de los p incipios de la pai-
deia helena. El pode omano in odujo una se ie de
ans o maciones en es os edi icios públicos, cuya
ipología se ha de inido como de e mas-gimnasio;
con empladas como un ac o de decadencia de la
pu eza helenís ica, y una me a in i ación al ocio,
las ac i idades que se desa ollaban en ellas ue-
on du amen e c i icadas po los au o es g iegos.
PALABRAS CLAVE: gimnasio g eco omano,
e ebía, Delos, É eso, a le ismo
ABSTRACT: In Roman imes, he G eek gymna-
sium educa ional sys em emained in he eas e n
p o inces o he Empi e. Li e a y, philosophical
and scien i ic educa ion lou ished oge he wi h
he a hle ic aining o he ephebes, and he local
eli es con inued o e eal his cul u al iden i y
h ough he emaining p inciples o he Hellenic
paideia. The Roman powe in oduced se e al
ans o ma ions in hese public buildings, such as
he new ype o ba h-gymnasium. The ac i i ies
de eloped in his a chi ec u e we e ha shly c i i-
cized by he G eek au ho s, who iewed he ba hs
as a ac o o decline o Hellenis ic pu i y, and a
me e in i a ion o leisu e.
KEYWORDS: gymnasium, epheby, Delos, Ephe-
sus, a hle ics
RECIBIDO: 27.05.2013. ACEPTADO: 12.11.2014
* La edacción de es e abajo se incluye en el ma co del p oyec o del Minis e io de Economía y
Compe i i idad HAR2010-18915.
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JORGE GARCÍA SÁNCHEZ
A menudo, la no ela g iega de época impe ial es aba p o agonizada po jó e-
nes e ebos, e oños de la mejo nobleza local, cuya co a exis encia gi aba al ede-
do del gimnasio. El Qué eas de la ob a de Ca i ón de A odisias (mediados del s. I
d. C.) y el Teágenes de Las e iópicas de Heliodo o de Emesa (s. III d. C.), jun o a un
amille e de pe sonajes secunda ios de Las e esíacas de Jeno on e (ss. II-III d. C.) o
de Leucipa y Cli o on e de Aquiles Tacio (s. II d. C.), se habían educado y en enado
en los gimnasios, se habían con e ido en de o os seguido es de sus dioses e in-
cluso habían i ido sus p ime os amo es (homosexuales) en ellos1. A pesa de que
la mayo pa e de las amas se ambien aban en el pe iodo helenís ico, el lec o is-
lumb aba en la icción no elada el e lejo de una ealidad con empo ánea y e iden e
en las ciudades g eco omanas: que el ecin o gimnás ico aún esul aba imp escin-
dible den o del paisaje u bano de las egiones o ien ales, siemp e monumen al y
p óspe o g acias al bienes a apo ado po la paz omana. Así lo exp esaban o ado-
es de la alla de Elio A is ides, can o de las me cedes concedidas po el Impe io al
mundo g iego, cuya ecupe ación, señalaba, esidía en esa obsequiosa p o ección y
en las libe ades que les había p opo cionado2. En el eco ido pano ámico po Es-
mi na ela ado po A is ides, el espec ado econs uía la imagen de una u be que
lo ecía con emplos, ea os, pue os, a cos g andiosos, además de po supues o
con las edi icaciones de e e encia pedagógica y social, los gimnasios, en el caso de
los esmi neos, de inidos como de indesc ip ible belleza3. El signi icado ins i ucio-
nal del gimnasio, el modelo o ma i o ins au ado en él y has a su p opia con o ma-
ción a qui ec ónica, sin emba go, di e ían en una se ie de aspec os espec o al de
los siglos an e io es a la anexión omana de los e i o ios de cul u a g iega, aun-
que cie as con inuidades ambién son de ec ables. Los esc i o es omanos hicie-
on os ensible su descon ianza hacia las ac i idades desa olladas en el ma co del
gimnasio, pe o no eludie on una ins ucción helenizan e en su seno, especialmen e
en o no al siglo I a. C.4. La in elec ualidad g iega, po su lado, ep ochó la banali-
zación de la ins i ución gimnás ica en su p oceso degene a i o hacia un cen o del
ocio indolen e, que p o ocaba la molicie del pueblo heleno. Con odo, su impo an-
cia pe i ió has a echas a doan iguas, como se mos a á a lo la go del ex o.
Sin que cons i uya un obje i o especí ico de es e abajo, ealiza é una su-
cin a dig esión c onológica a in de sub aya las ca ac e ís icas del gimnasio he-
lenís ico que he edó Roma y de los mecanismos del sis ema e ébico que se daba
allí. En los siglos III y II a. C., la ó mula educa i a de los einos pos alejand inos
se alejaba de la me a p epa ación a caica y clásica del e ebo pa a su in eg ación
1 S. Saïd, “The Ci y in he G eek No el”, J. Ta um (ed.), The Sea ch o he Ancien No el (Bal i-
mo e-London 1994) 221. Léase ambién E. Oudo , “Images d’A hènes dans les omans g ecs”, D. Kons-
an y S. Saïd (eds.), G eeks on G eekness. Viewing he G eek Pas unde he Roman Empi e (Camb idge
2006) 101-111.
2 A is id. O . 26.97.
3 A is id. O . 17.11; 18.6.
4 Algunas de es as c í icas se e lejan en P. Cou celle, “Gymnases e philosophie dans la li é a u e
la ine”, RPh 105 (1979) 215-226.
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en la alange hoplí ica5. Po el con a io, implicaba un ele an e pe iodo en su bio-
g a ía en el que se le desplegaba un amplio p og ama didác ico, que ma caba la
ansición en e la in ancia y la plena inco po ación en la comunidad, con pa ici-
pación a odos los ni eles en sus es uc u as sociopolí icas y eligiosas6. Tampoco
el gimnasio consis ía ya en un escena io ús ico asociado al san ua io ag es e de
un hé oe o de un dios, en el cual los jó enes escuchaban las palab as de los hom-
b es sabios a la somb a de los á boles, o se desp endían en un ce cano a oyo de
la suciedad acumulada du an e la p ác ica de los depo es y del eje cicio con las
a mas7: poseía aho a una isionomía a qui ec ónica p ecisa, es anda izada en sus
componen es es uc u ales, que con la asimilación del gimnasio como el o ga-
nismo conse ado y ansmiso de la iden idad cul u al de la ci ilización g iega
se había in eg ado en e amen e en el ejido u bano, no lejos de las cén icas ágo-
as8. No exis ía una edad de e minada en la cual los paides se con e ían en e e-
bos, y po ende se insc ibían en el gimnasio9: la Cons i ución A eniense señalaba
los dieciocho años, pe o las di e encias locales hacían oscila dicha inco po a-
ción en e los ca o ce y esa edad, es deci , que el buen sen ido y la legislación
ciudadana indicaban cuándo un muchacho podía a on a unas u o as a eas y
ma e ias. En cuan o a su ex ensión en el iempo, se pueden ci a ejemplos de un
año de du ación (É eso), de dos (Naxos), pe o asimismo de es (Quíos, Cnido)10.
Las compe iciones que con una egula idad mensual o in e io ponían a p ueba
las habilidades de los miemb os del gimnasio in o man a su ez de las compe-
encias en las que se espe aba que p og esasen, de modo que las lis as de en-
cedo es ei e an lec u as y eci aciones de poemas épicos, concu sos li e a ios y
ma emá icos, o la enseñanza de la música, sea del can o indi idual o co al que de
dis in os ins umen os. A pesa de que se a es igua posi i amen e esa educación
en disciplinas humanís icas y cien í icas, au o es como Jason König ponen en
duda que és a u ie a luga de o ma sis emá ica du an e el helenismo, cues ión
que e oma é más adelan e pa a el pe iodo impe ial11. Los espacios adecuados a
ese e ec o, ales como audi o ios y biblio ecas, sin emba go, ya se documen an
5 Ya que, pese a que la undación de la e ebía en A enas se da a hacia el 335 ó 334 a. C. en base a la
Cons i ución de la polis, di e sos elemen os que la ca ac e izan como p oceso iniciá ico se e o aen a
épocas pasadas y en di e en es luga es de G ecia.
6 P. Vidal-Naque , “Le chasseu noi e l’o igine de l’éphébie a hénienne”, Annales ESC 5 (1968)
948 y ss.
7 C. T ombe i, “Ginnasi come san ua i. Il Peloponneso”, Si is 7 (2006) 45-69.
8 R. Fö sch, “L’immagine della ci à e l’immagine del ci adino”, S. Se is (ed.), I G eci. S o ia,
Cul u a, A e, Socie à. 2. Una S o ia G eca III. T ans o mazioni (To ino 1998) 418-424.
9 Una edad media se suele es ablece en los dieciséis años, como paso de un es adio al o o de la
adolescencia. La educación en e paides y e ebos, aunque di e en e, podía ealiza se en los mismos gim-
nasios si la ciudad ca ecía de pales as ese adas pa a la eje ci ación de los más jó enes. Ve J. König,
A hle ics and Li e a u e in he Roman Empi e (New Yo k 2005) 48-53.
10 A. S. Chankowski, L’Éphébie Hellénis ique. É ude d’une ins i u ion ci ique dans les ci és g ec-
ques, des îles de la Me Égée e de l’Asie Mineu e (Pa is 2010) 236-249.
11 Si bien econoce que algunos gimnasios como el Liceo de A is ó eles hubie on de cons i ui ex-
cepciones. J. König, op. ci . 49.
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median e las uen es esc i as y la a queología, y los asgos es uc u ales del e e-
beo o “exed a de los e ebos” queda on ijados; y una con inuidad en la asis encia
a las lecciones pod ía in ui se en azón de los asien os ese ados pa a cada es-
udian e median e la insc ipción de su nomb e sob e su supe icie, eg abado con
uno nue o al conclui se la e ebía12. Con odo, el adies amien o mili a –a pesa
de que su u ilidad eal esul ase secunda ia espec o a la época clásica–, jun o a
las ac i idades depo i as, ocalizaban buena pa e de la ins ucción ecibida en
el gimnasio, según ecue da la a iedad de p uebas a las que se some ía a la ju-
en ud en los ce ámenes; comúnmen e, el i o con a co, el comba e con di e sos
ipos de escudos, el manejo del a mamen o hoplí ico, las ca e as de esis encia y
las del es adio, el lanzamien o de jabalina y la u ilización de la ca apul a13.
A pa i de la e ebía de A enas, que limi aba a los hijos de los ciudadanos el ac-
ceso al sis ema educa i o, y po lo an o, su u u a adquisición de los de echos de
la polis, se han ex apolado al es o de G ecia idén icas p esc ipciones14. Indepen-
dien emen e de la legi imidad del da o, la época a dohelenís ica con empló una
ans o mación d ás ica de esas limi aciones, como demues a la in o mación epi-
g á ica. A pa i del 125 a. C., muchachos p oceden es de Laodicea, T acia, Cla-
zómene, Sidón, Mile o, Ascalón, T ípoli y o os encla es comenza on a compa i
con los alumnos del Á ica idén icos en enamien os, lecciones y maes os, además
de sac i ica a los mismos dioses. Has a el siglo II d. C., cada año ing esaban en
los gimnasios a ias decenas, sin llega al cen ena ; pe o desde en onces las ins-
c ipciones indican que las ci as se dispa a on –la A enas an onina desp endía su
12 Po supues o, sea los bancos que los mu os de los e ebeos apa ecen p o usamen e allados con
o os g a i i de los jó enes del gimnasio. N. Pe ochilos, “G a i i du Gymnase d’And os”, BCH 132
(2008) 424 y 425.
13 C. Pélékidis, His oi e de l’éphébie a ique des o igines à 31 a an Jésus-Ch is (Pa is 1962) 267
y ss.; M. P. Nilsson, La scuola nell’e à ellenis ica (Flo encia 1973) 59-69.
14 A. S. Chankowski, op. ci . 277.
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mayo in lujo–, alcanzando los 110-114 e ebos ex anje os, según los años, pa a de
nue o descende a la ein ena o la cua en ena a inales de ese siglo15. Cuan i a i-
amen e, la omana no se consigna como una población que acudiese en masa a las
ins alaciones gimnás icas, a lo sumo dos ó es al año en el siglo I a. C. En opinión
de Albe Dumon , “la jeunesse omaine à A hènes de ai ai e bande à pa ”16,
idea que compa e Nicholas K. Rauh pa a el caso de Delos. Aquí, los no ciudada-
nos habían sido admi idos en la e ebía local en echas an e io es al ejemplo a e-
niense17, y la lógica apun a a que el as o asen amien o de come cian es i álicos en
la isla debe ía de habe po enciado la insc ipción de su ju en ud en las lis as de las
llamadas pales as de G ani o y del Lago (s. III-130 a. C.), o con pos e io idad de
su gimnasio (s. I a. C.)18. Pe o de nue o el egis o epig á ico mani ies a su escasa
inco po ación en las bases pedagógicas y a lé icas o ecidas en Delos espec o a
helenos y le an inos, y an sólo se ha documen ado una acción e e gé ica di i-
gida hacia es e ipo de es ablecimien os po pa e de un i álico (s. I a. C.), lo cual
conduce a Rauh a señala hacia el Ágo a de los I alianos como el emplazamien o
na u al donde es a comunidad desplega ía sus ac i idades19 ( ig. 1). Las e iden-
cias apun an a que, jun o a los e ebos o iundos de las ciudades y los o áneos,
15 A. Dumon , “Mémoi e su les jeunes gens é ange s admis dans le collège des éphèbes à A hè-
nes”, CRAI 15e anné (1871) 7-9.
16 Ibid. 21.
17 J.-M. And é y M.-F. Baslez, Voyage dans l’An iqui é (Lille 1993) 300.
18 J.-Ch. Mo e i, “Le gymnase de Délos”, BCH 120, 2 (1996) 617-638; P. B uneau y J. Duca , Guide
de Délos (A enas 2005) 240-243 y 249-251.
19 El Ágo a de los I alianos con aba con un g an pa io o pales a pa a eje ci a se, con salas de ban-
que e, exed as, acilidades balnea ias, le inas, y se supone que dicho g an espacio cen al pod ía ha-
be se u ilizado como a ena gladia o ia. N. K. Rauh, “Was he Ago a o he I alians an É ablissemen du
Spo ?”, BCH 116 (1992) 306 y 307.
Figu a 1. José Ignacio He ada, Res i ución del Ágo a de los I alianos
en Delos, 1935-1937. Roma, Real Academia de España.

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di e en es ca ego ías sociales accedían a los espacios de los gymnasia, se delei a-
ban con los discu sos ilosó icos e incluso pa icipaban en la ins ucción que o e-
cían sin que ello signi ica a la admisión eal en el sis ema e ébico, un seguimien o
p olongado du an e años, ni po supues o –de no posee los– la adquisición de los
de echos ciudadanos que conlle aba su culminación20. És a hab ía sido la modali-
dad que los au o es an iguos ela an en sus ob as ace ca de los es adis as, mili a es
y li e a os omanos de la República a día que, en el desempeño de sus comisiones
polí icas en el O ien e helenís ico o a aídos po el b illo cul u al de sus his ó icas
u bes, se de u ie on du an e a iados pe iodos de iempo (que oscila on en e días
a meses) a escucha a los o ado es y ilóso os cuya no o iedad aspasaba on e-
as. C aso en su cues u a macedónica, y Ma co An onio, abuelo del iun i o, en
su p oconsulado en Cilicia, a a on en A enas con ilóso os de di e en es escuelas
y ecibie on lecciones de Cá madas en la Nue a Academia21. Sea en es e gimnasio
de e e be aciones clásicas o en el P olemaion, Cice ón asimiló las iloso ías es-
oica y epicú ea al ededo de los años 79 y 78 a. C., an es de aslada sus inquie-
udes e ó icas a Rodas22, donde ambién Pompeyo escuchó a los mejo es so is as
de la época, ecompensándolos con gene osidad, y Césa se adhi ió a la enseñanza
de la elocuencia que impa ía Apolonio Molón23. Poco después, hacia el 44 a. C.,
el poe a Ho acio, Ma co Cice ón y Ma co Junio B u o hubie on de coincidi en
una A enas a es ada de compa io as en iaje es udian il, a los que el i anicida e-
clu ó en p e isión de la o ensi a que se a ecinaba desde Roma24. Po supues o,
con di icul ad los omanos que no ue an esiden es en los cen os cí icos helenos
hab ían ab azado los p og amas docen es de los gimnasios g iegos de o ma o i-
cial, lo cual no se con adice con que su in e és les hubie a abie o las pue as al
dis u e de sus en ajas educa i as.
¿Pe o en qué consis ían és as después del cambio de E a? Se ha p oducido
una in e esan e bibliog a ía de pe spec i as encon adas espec o al papel que
jugó el gimnasio g iego du an e la Roma impe ial, en especial en lo conce nien e
a si el papel jugado po el adies amien o a lé ico disminuyó den o de los ideales
didác icos de la paideia espec o al elie e de los aspec os in elec uales. Han pa-
sado cincuen a años desde que la ob a undamen al sob e los gimnasios de Jean
Delo me esal a a la enseñanza humanís ica sob e la educación ísica en época
omana, en base a los dec e os hono í icos p oceden es de es as edi icaciones que
analizó y a la p esencia de un cue po docen e de p o esionales especializados en
20 C. Pélékidis, op. ci . 277; CH. Habich , “Roman ci izens in A hens (228-31 b. C.)”, M. C. Ho y
S. I. Ro o (eds.), The Romaniza ion o A hens. P oceedings o an In e na ional Con e ence held a Lin-
coln, Neb aska (Ap il 1996) (Ox o d 1997) 13.
21 Cic. O a . I, 45-47; I, 80-84. Léase A. Rod íguez Mayo gas, “El descub imien o de la eo ía en
Roma. Nue as pe spec i as sob e la helenización de la epública omana”, Gallaecia 22 (2003) 522.
22 M. L. Cla ke, Highe Educa ion in he Ancien Wo ld (London 1971) 73-74; LL. W. Daly, “Roman
S udy Ab oad”, AJP 71, 1 (1950) 46-47.
23 Plu. Pomp. 42. 10-11; Caes. 3. 1.
24 Plu. B u . 24. 3; M. L. Cla ke, op. ci . 77.
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dis in as ma e ias educa i as, más allá de los pun uales o ado es i ine an es25.
Después obse a emos cómo in es igaciones más ecien es han dado un gi o a
es e en oque, pe o no en an en con adicción con el hecho de que, sea espo ádi-
camen e o en égimen de semipe manencia y de o ma inde inida, li e a os, mú-
sicos, g amá icos, médicos, ilóso os o e ó icos di ulga on sus conocimien os
an e un público compues o de e ebos y de oyen es ci cuns anciales en los gimna-
sios26. El au o ancés disce nía que el ap endizaje ilosó ico se hubo de lle a
a cabo de mane a egula , pe o no alcanzaba a da a con p ecisión en qué mo-
men o empezó es o a se así. Pa a los siglos II y I a. C. ya iden i icaba un abanico
de especializaciones sumadas a la an e io (la e ó ica, la g amá ica, la ilología,
la li e a u a, e c.) que en ciudades como A enas, Pé gamo, P iene o Esmi na se
encon aban a ca go de de e minados p o eso es, con igu ándose lo que de inió
como au én icos “cen os uni e si a ios”, que en el caso del gimnasio de Del os
ya incluían en el siglo I d. C. disciplinas an conc e as como la as onomía, im-
pa ida po un maes o de o igen omano, o la poesía épica27.
En gene al, el gimnasia ca – igu a a la que e o na é– del helenismo se en-
ca ga ía cada año de conce a los cu sos y con e encias a impa i , aunque no
se ía has a la in omisión del pode omano en ma e ia magis al que los p og a-
mas pedagógicos se uni ica ían y se asen a ían más allá que como me as es-
pues as a las con ingencias del momen o, o a la cos umb e didác ica au óc ona.
En la capi al á ica las clases se desa ollaban con una pe iodicidad inin e um-
pida: la Academia e a ecuen ada a lo la go de odo el año, y sus discípulos am-
bién podían a ende de mane a espo ádica a las lecciones de o os ilóso os que
se ealizasen en el Liceo o en el P olemaion28. En el helenismo a dío algunas a-
milias omanas se habían a ianzado en una posición de supe io idad polí ica, cul-
u al y social, acapa aban el a con ado, el colegio de los p í anes, los sace docios
y las esponsabilidades docen es en las poblaciones g iegas. Con el iempo se ha-
bían enlazado con la al a clase local, y así, linajes g eco omanos como al que
pe enecía Casiano Apolonio (s. II d. C.) apa ecen a es iguados epig á icamen e
sucediéndose en calidad de so is as y e ó icos –además de sace do es– en los
gimnasios de A enas y de Eleusis29. En el pe iodo impe ial se in uye que el Dio-
geneion ue el p incipal gimnasio de los e ebos a enienses, al que más a menudo
aluden las insc ipciones, es a égicamen e si uado en el cen o del en amado u -
bano –aunque su si uación exac a se desconoce–, a di e encia de la Academia,
y con un p o eso ado pe manen e al que aquéllas aluden como “los con a ados
25 J. Delo me, Gymnasion. É ude su les monumen s consac és à l’educa ion en G èce des o igines
à l’Empi e omain (Pa is 1960) 316 y ss.
26 J. König, op. ci . 49.
27 Ibid. 320.
28 C. A. Fo bes, “Expandes uses o The G eek Gymnasium”, CPh 40, 1 (1945) 36.
29 F. E. B enk, “School and Li e a u e. The Gymnasia a A hens in he Fi s Cen u y A. D.”, J. A.
Fe nández, F. Po domingo y A. S amaglia (eds.), Escuela y Li e a u a en G ecia An igua (Cassino 2007)
333 y 334.
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JORGE GARCÍA SÁNCHEZ
en el Diogeneion30”. Sabemos po Plu a co que al menos pa a accede a la e e-
bía en él debían supe a se exámenes de g amá ica, e ó ica, geome ía y música
supe isados po el es a ego, así que no esul a ía inusi ado que esos so is as
ijos u ie an compe encias en es os campos31. El espec o de ap endizajes y de
sus posibles enseñan es es incluso más amplio, dado que las di e en es compe i-
ciones y p uebas que es aban a lo la go del año a los e ebos a ec aban igualmen e
a las habilidades de la composición li e a ia, poé ica (épica, elegíaca) y ágica, si
bien un mismo pedagogo se ía capaz de asumi la ansmisión de aquéllas.
A qui ec ónicamen e, no cabe la posibilidad de indi idualiza el conjun o
de los emplazamien os en los cuales se celeb a an las clases, sencillamen e po -
que una se ie de espacios no se hallaban especialmen e habili ados pa a ello o se
compa i ían con la ac i idad pu amen e ísica. Elio A is ides menciona gené-
icamen e los cu sos ealizados en las pales as, y del mismo modo que A is ó-
eles, quien discu ía sob e iloso ía caminando con sus discípulos po un paseo
público del Liceo, Apolonio de Tiana, en sus es ancias en É eso, declamaba en los
bosquecillos inmedia os a las pis as del gimnasio32; se a a, segu amen e, de los
pa ad omidas aludidos po Vi ubio, los paseos al ai e lib e, do ados con zonas
de eposo, que odeaban el xys os, el pó ico donde los depo is as en enaban a
cubie o du an e el in ie no, si bien en días soleados u ilizaban asimismo dichos
pa ad omidas33. Una anécdo a e leja esa mezcolanza de luga es y de jó enes en-
egados a las enseñanzas ísicas e in elec uales, en la cual, el ilóso o ci ineo
Ca néades, di ec o de la Academia a mediados del siglo II a. C., ue ep endido
po un gimnasa ca a causa de que su al o ono de oz dis aía a los a le as34. En su
capí ulo dedicado a las pales as g iegas, Vi ubio ano ó o os ambien es ya espe-
cí icos que se b indaban a la ins ucción ju enil: al ededo del g an pe is ilo cen-
al, holgadas “salas de e ulias”, exed as ubicadas en es de los cua o pó icos
donde ilóso os y e ó icos explica an sus pensamien os y ap eciaciones ( ig. 2), y
p esidiendo el cua o, el e ebeo, la amplissima exed a con asien os dispues a pa a
un núme o impo an e de alumnos. Su posición p eeminen e y su con igu ación
o mal dejan poco espacio a la suposición: se a a de un aula p incipal y p es-
igiosa, empleada con ines docen es, así como es ancia de eunión y con e sa-
ción de los e ebos35. Asimismo, pequeños odeones o audi o ios ue on habi uales
en los gimnasios mino asiá icos, de los que los de Pé gamo o É eso cons i uyen
30 Ibid. 339; C. Pélékidis, op. ci . 265.
31 Plu. Quaes . Con . 9.1.
32 J.-L. Vix, L’enseignemen de la hé o ique au IIe siècle ap. J.-C. à a e s les discou s 30-34
d’Aelius A is ide (Tu nhou 2010) 321 y 322; Philos . VA 4.235; 8.389.
33 Vi ubio además ecomendaba que se plan asen plá anos, a a és de los cuales ci cula ían di-
chos paseos. Vi . 11.
34 T. E. Rihll, “Teaching and Lea ning in Classical A hens”, G&R 50, 2 (2003) 182.
35 A no con undi con el apody e ium, una pieza de ec eo, de descanso y masajes, ligada a los eje -
cicios ísicos, no a los in elec uales. F. Yegül, Ba hs and Ba hing in Classical An iqui y (New Yo k 1992)
15; J. Delo me, op. ci . 329 y 330.
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un buen ejemplo36. Aquí, en el siglo II d. C., el so is a y e é ge a Fla io Damiano,
jun o a su esposa Vedia Fed ina, es au ó la pales a del Gimnasio Es e de la ciu-
dad jónica, incluyendo dos exed as la e ales. La del lado o ien al se ha in e p e-
ado como un audi o ium p o is o de bancos co idos en sus mu os, donde el
o ado e esino alecciona ía a sus pupilos en lecciones egula es, enómeno que
Maccanico concebía un uso dis in i o de la Segunda So ís ica37. En un ex emo
su gía un pedes al que quizá sus en a a el e a o del p opio Damiano, que así im-
p imía en la memo ia de los es udian es y de la ciudadanía su papel de bene ac o
y de e undado del complejo gimnás ico38. La exed a occiden al, e es ida ma-
jes uosamen e de má moles, y cuyos nichos albe gaban escul u as de di inidades
(las Musas, Asclepio, e c.) y de pe sonajes p i ados a a iados a la g iega (se ha
que ido e en ellos a la pa eja de dedican es, en e o as a ibuciones)39, se ha en-
ma cado en la ca ego ía de las Kaise saal o es ancias consag adas al cul o impe-
ial, ecien emen e pues as en en edicho po Ba ba a Bu ell ( ig. 3). En opinión
de la au o a, no exis en a gumen os epig á icos ni escul ó icas conclusi os pa a
36 F. Yegül, op. ci . 308.
37 R. Maccanico, “Ginnasi omani ad E eso”, A chClass XV (1963) 54.
38 P. Ba esi, “Il so is a Fla io Damiano di E eso e la cos uzione di e me-ginnasi nell’Asia Mino e
omana di e à impe iale”, O. D. Co do ana y M. Galli (eds.), A e e memo ia cul u ale nell’e à della Se-
conda So is ica (Ca ania 2007) 144-147.
39 Ibid. 145 y 146; R. Maccanico, a . ci . 43 y 44.
Figu a 2. Filóso os
con e sando en
una exed a en el
Mosaico de los
sabios, s. I d. C.
Nápoles, Museo
A cheologico
Nazionale
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gimnasio y de la cong egación en él de los u u os ciudadanos: la consolidación
de las i udes del alma y el o alecimien o del cue po, la unidad de la ciudad
en la ida pública, el man enimien o de la paz en la u be, la a acción de la p os-
pe idad y la emulación de las glo ias de los an iguos62.
En cuan o a los e ebos, más allá de la lógica inclinación ju enil po el depo e,
és e les pe mi ía además an o desplega sus des ezas de pue as a ue a del gim-
nasio, en una e apa en la que su condición no se encon aba oda ía equipa ada a
la sociedad adul a, como demos a su capacidad posi i a –aunque anac ónica–
de de ende a sus conciudadanos63. Los epi a ios une a ios o la iconog a ía de
los sa có agos exhiben una ideología simila , geog á icamen e di undida en o as
egiones de ci ilización helénica. A la ho a de la mue e, los elie es he oicos, los
ela i os a emas oyanos, a hé oes homé icos como Aquiles, o con una llama-
i a os en ación del desnudo masculino en los sa có agos á icos, se han in e p e-
ado como una exal ación del e ebo en oles mi ológicos, cazando y en una se ie
de si uaciones comunes a ese es a us, lo cual se aducía asimismo como la ads-
c ipción a un de e minado g upo social p i ilegiado. No sólo los mi os escogidos
eclamaban la a ención sob e su signi icado pa ió ico, sino que el conjun o de
los p og amas iconog á icos conmemo aban la supe io idad de la cul u a g iega
de unas o mas más di ec a que los que hacían igu a , po ejemplo, a ilóso os e
in elec uales64.
En las emp esas edilicias abo dadas en el O ien e omano, la as a cons uc-
ción y eno ación de gimnasios demues a que la ins i ución se man enía en igo .
El p opio T ajano comen aba con so na a Plinio el Jo en la debilidad que sen ían
los G aeculi po es a clase de es ablecimien os65: Plinio, ecién nomb ado lega-
us en Bi inia, se había encon ado con que los habi an es de Nicea, después del
incendio que había de as ado a ios de sus edi icios, le an aban un gimnasio de
eno mes dimensiones, con g andes cos es económicos y basado en un p oyec o
a qui ec ónico plagado de desp opósi os66. An e es as no icias, el empe ado no
podía más que esponde a su legado que o denase a los nicenos que se con o -
ma an con una áb ica de un amaño aco de con la ciudad. Un da o in e esan e
a sub aya es el ánimo ciudadano que había ac uado de mo o de la econs uc-
ción del gimnasio niceno. Es e empuje se epi e en el es o de inicia i as emp en-
didas en conexión con los gimnasios de Asia Meno , donde el cue po cí ico y los
pa ocinado es p i ados cos ea on las ob as de u no, en an o que el Es ado o-
mano apenas in e ino en su inanciación67. A pesa de la mul iplicación de la
62 Luc. Anach. 20.
63 O. an Nij , op. ci . (2004) 221.
64 B. C. Ewald, “Men, muscle and my h: A ic sa cophagi in he cul u al con ex o he Second So-
phis ic”, B. E. Bo g (ed.) op. ci . 244 y 262.
65 Plin. Ep. 10.39 (48) y 40 (49).
66 Plin. Ep. 10.48.
67 A.-V. Pon , op. ci . 154 y 155.

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in e sión pa icula – ácilmen e ex-
plicable al a a se de uno de los mo-
numen os que apo aban más b illo
a la u be–, dicha sede educa i a e a
de índole pública, y ocupa su di ec-
ción anual suponía un g an p es igio
que no se hallaba al alcance de odos;
po ello las au o idades municipales
no siemp e cub ie on con acilidad
la plaza. Después de odo, el gimna-
sia ca sob esalía po encima del es o
de e é ge as en sus comp omisos pa a
con el gymnasium, y a la misma al u a
que su empeño enían que dispone se
los sac i icios mone a ios que se ha-
llaba dispues o a a on a en a as de
la mejo ins ucción de la ju en ud.
En e sus debe es se con aban los de
adminis a sus ondos, supe isa su
uncionamien o, el buen o den en e
los e ebos y el man enimien o del edi-
icio, sub enciona los dispendiosos
banque es o endados a los conciuda-
danos du an e los es i ales y las ce-
emonias i uales –a eces b indados
en el gimnasio–, con a a a los ense-
ñan es, a menudo a expensas p opias,
al igual que la dis ibución de es ígi-
los, a mamen o y el es o del ma e ial
a lé ico, o desembolsa la cuan ía económica de los p emios académicos y depo -
i os68. Con el paso del iempo, gana on us e la e icaz sus en ación del sis ema de
calen amien o de los baños así como que la p o isión de acei e con el que los mu-
chachos se ungían an es de ealiza sus eje cicios ue a gene osa. De hecho, Es-
abón ano aba como un deli o ignominioso el que el poe a Boe o, nomb ado po
Ma co An onio gimnasia ca en Ta sos, hubiese obado acei e en las ins alacio-
nes que di igía69. El iun i o, po su lado, conocía a la pe ección las esponsabi-
lidades del ca go, dado que lo había desempeñado en su es ancia en A enas, a lo
la go de la cual p esidió banque es en hono de sus habi an es e ins au ó unos jue-
gos, que conducía luciendo un man o g iego, sandalias blancas y el bas ón de los
68 J. König, op. ci . 67-70.
69 S . 14.3.14,
Figu a 6. Es a ua del gimnasia ca S a o
encon ada en el gimnasio de Ai Khanum, s. II
a. C. Kabul, Museo Nacional de A ganis án
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gimnasia cas70 ( ig. 6). Con el paula ino ape u ismo del gimnasio a una amplia
concu encia, la di e si icación de sus acilidades y la epa ición de ca gas, la
in e ención eal del gimnasia ca en el eco ido didác ico de la ju en ud se ue
diluyendo. An es de su ex inción en el siglo IV o a más a da el V d. C., en el pe-
iodo de la dinas ía se e a su i ula u a se comenzó a o o ga como dis inción a
niños, e ebos y muje es, en ocasiones, con sólo unos días de du ación71. En Pa os,
en c onología del III d. C., Au elia Le a compa ió la je a u a del gimnasio con
su esposo Ma co Au elio Faus o, ambién sace do e del cul o impe ial; su deci-
sión de es au a lo as años de abandono le p ocu ó, independien emen e de su
sexo, que se le dedica a una es a ua ma mó ea en el ecin o72. En el Impe io sub-
sis ió así la cos umb e del gimnasio helenís ico de que el consejo glo i ica a a los
gimnasia cas, dec e ando que sus e a os ado na an los monumen os municipa-
les, celeb ando sus acciones en insc ipciones hono í icas, y de o ma excepcional,
pe mi iendo su en e amien o en el á ea del gimnasio73. Po ejemplo, Pausanias,
gimnasia ca de la Pales a del Lago de Delos, me eció po su año de ges ión una
escul u a en la ciudad y que se hicie a espacio en el complejo del gimnasio con
obje o de coloca sus o endas74. No malmen e, és as consis ían en he mas, can-
delab os, asos ce ámicos, placas o i as, a mas y es a uas de di e en es ama-
ños, en b once y má mol, de Hé cules, Apolo, E os, e c.75.
El gimnasio g iego, con odo, u o que amolda se a la nue a ealidad polí-
ica y social pa a sob e i i a las exigencias de la e olución his ó ica del domi-
nio de Roma. En es e p oceso de acul u ación –que en an os aspec os se había
p oducido en un doble sen ido–, no esul a pa adójico que en muchos si ios el
gymnasion pe die a su iden idad po comple o o su uncionalidad se di e si i-
ca a. Cuan o más p óximos a la E a nos hallemos, su acceso se había ido ha-
ciendo menos es ingido a un gen ío a iado que dis u aba de las ins alaciones,
asis ía a las con e encias, o con emplaba a los e ebos du an e sus en e enimien-
os. En Be ea (Macedonia) el conjun o de los ciudadanos e an admi idos, pe o las
leyes emi idas a mediados del siglo II a. C. e aban el paso a escla os y libe os,
y a de e minados sec o es sociales poco ejempla es pa a los alumnos: los me -
can es, los bo achos, los locos, las pe sonas con a as ísicas y los he i euko es
70 Plu. An . 33, 7.
71 M. P. Nilsson, op. ci . 122.
72 M. Joyal, I. McDougall y J. C. Ya dley, op. ci . 255.
73 Po ejemplo, en la ciudad jónica de Cime se dec e ó que el gimnasia ca L. Vaccio Labeo uese en-
e ado en el gimnasio; en el mismo caso encon amos a un gimnasia ca de A odisias, o al e ó ico Fi-
lisco (s. II d. C.), sepul ado en la Academia. C. A. Fo bes, a . ci . 41.
74 P. Cha neux y J. T éheux, “Déc e du peuple a hénien pou Pausanias de Méli è, gymnasia que à
Délos”, BCH 121, 1 (1997) 157. A eces el gimnasia ca dedicaba jun o a los demás miemb os del gimna-
sio, como es el caso de la es a ua de Apolo consag ada en el año 93 po Sosí eo en el gimnasio de Delos.
J. Delo me, “Reche ches au Gymnase d’Épidau e”, BCH 70 (1946) 117.
75 J. Ch. Mo e i, “Les in en ai es du gymnase de Délos”, BCH 121, 1 (1997) 127 y ss.
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(p os i u os)76. El desahogo de espacios que componían el gimnasio los con e ía
en los pa ajes ideales pa a las euniones, a modo de las ágo as. Un documen ado
abajo de Fabienne Bu khal e analiza la con e sión del gimnasio de Alejand ía
en un cen o adminis a i o de época impe ial, en un o o: allí se cong egaban
los habi an es pa a a a sus asun os dia ios, se exponían públicamen e los do-
cumen os o iciales, se pedía y adminis aba jus icia (e a la esidencia del ibu-
nal del p e ec o) y los gobe nan es o mulaban sus p oclamas (Ma co An onio,
Oc a io o Ca acalla lo hicie on)77. Algo simila se de ec a en el gimnasio de Ci-
ene, cuyos baños y e ebeo se a asa on a in de le an a una basílica a mediados
del siglo I d. C., cuando, ans igu ado en el o o de la población, empezó a deno-
mina se Caesa eum78.
P ecisamen e, la endencia omana ue conduci a es as edi icaciones hacia
la es e a del ocio, de la sociabilidad y del dis u e, asimilándolas es uc u al y a -
qui ec ónicamen e a las magní icas e mas que se e igían en Roma79. A es a ipo-
logía monumen al, p ódigamen e di undida en Asia Meno como un símbolo más
del co e de los iempos bajo la paz omana, se le ha bau izado “ e mas-gim-
nasio”, y la p o undidad de la simbiosis se lee incluso en la ambigüedad e -
minológica: a pesa de la p eeminencia que ue adqui iendo la pa e balnea ia
desde la e apa Julio-Claudia –que en el mundo omano no implicaba ningún ipo
de ap endizaje in elec ual ni de educación a lé ica–, la denominación de gym-
nasion pe du ó, sin que el ocablo he mai, some amen e empleado, le llega a
a hace somb a80. Los es ue zos e e gé icos de las ciudades ecaye on en alza
es as complejas e mas-gimnasio, eno a los an iguos gimnasios inco po ando
las nue as soluciones planimé icas y a qui ec ónicas, e es i las de icos má -
moles –Luciano mencionaba el igio, el numídico y el de Laconia en los baños
su agados po el o ado Hipias, así como las es a uas de Asclepio e Higía81– y
de allas escul ó icas de g an alía, po ado as subliminales de mensajes cí icos,
pedagógicos e impe iales. En ellas se eían ep esen adas las di inidades que
desde an año p o egían a los e ebos, como Hé cules o He mes, a quienes se su-
maban las deidades ligadas a las i udes salu í e as de los baños apenas ci adas,
o las que os en aban una en idad cul u al, como Apolo y las Musas, a quienes se
76 L. Mo e i, “Sulla legge ginna ia chica di Be ea”, RFIC 110 (1982) 49; E. Can a ella, Según Na-
u a. La bisexualidad en el Mundo An iguo (Mad id 1991) 49.
77 F. Bu khal e , “Le Gymnase d’Alexand ie: cen e adminis a i de la p o ince omaine
d’Égyp e”, BCH 116, 1 (1992) 345-373.
78 M. Luni, “Le nou eau sanc uai e de Démé e à Cy ene e décou e es écen es”, CRAI 149, 1
(2005) 72 y ss.
79 Una buena sín esis al espec o se lee en A. Wallace-Had ill, “Vi e e alla g eca pe esse e Ro-
mani”, S. Se is (ed.), I G eci. S o ia, Cul u a, A e, Socie à. 2. Una S o ia G eca III. T ans o mazioni
(To ino 1998) 941-945.
80 Véase J. Delo me, op. ci . 246; A.-V. Pon , op. ci . 133.
81 Luc. Hipp. 5 y 6.
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les ese ó una sala en las e mas-gimnasio de Faus ina, en Mile o82. Las imáge-
nes de a le as y de hé oes apelaban a los alo es educa i os y agonís icos de la
An igüedad Clásica; dos igu as de es e ipo (una, copia del Discóbolo de Mi ón)
compa ían espacio en la discu ida Kaise saal del gimnasio de Vedio de É eso
(146-147 d. C.) jun o al cazado And ócolo, undado mí ico de la ciudad, Ascle-
pio, Higía y di e en es di inidades emeninas de in e p e ación he e ogénea83.
A pesa de las complejas e imb icadas ases de plani icación a qui ec ónica
de las e mas-gimnasio y de sus sucesi as eno aciones, adiciones y e o mas84,
Fik e Yegül ha a ado de sis ema iza una se ie de plan as, dependien es del de-
sa ollo egional y de la echa de su cons ucción, si bien el au o econoce mo-
e se den o de ca ego ías no siemp e dogmá icas. De po sí las es icciones del
e eno obliga ían a le an a de mane a asimé ica muchas de es as edi icacio-
nes, imponiéndose como un ue e condicionan e en su p oyección. Sólo en la
zona del alle del ío Meand o dis ingue una subdi isión en es g upos ipológi-
cos, compa idos de mane a menos cla a en la egión de Ca ia y del sudoes e85:
el p ime o, ca ac e izado po mos a una pe cep ible independencia es uc u al,
di e enciación que adica en la doble uncionalidad espacial, la del baño y la del
gimnasio; c onológicamen e se dio en los p ime os modelos de gimnasio g eco-
omano, a inales del siglo I d. C. (un ejemplo cla e es el del Gimnasio del Pue o
de É eso); no obs an e, en la cen u ia siguien e oda ía se ep oducía es e a que-
ipo (A odisias, Hie ápolis y Laodicea son ejemplos de ello). Da ado a mi ad del
siglo II d. C., el segundo ipo se de ine po un g an ambulac o en o ma absidial
que odeaba el ci cui o e mal, c eando un pa ón de ci culación in e ido es-
pec o al i ine a io no mal de los baños: eniendo la única en ada a la áb ica po
la pales a –incomunicada con las habi aciones calien es de la e ma–, el usua io
debía camina po un la go co edo en o ma de U pa a encon a en su ex emo
opues o el acceso al baño, si uado en el igida ium, disposición que se obse a
en el e esino Gimnasio del Es e ( ig. 7).
82 Los baños de Faus ina da an de la década de los 60 del siglo II d. C., si bien la deco ación escul-
ó ica apun ada se dispuso en el edi icio a mediados del siglo IV. O. Dally, M. Maischbe ge , P. I. Schnei-
de y A. Scholl, “The Town Cen e o Mile us”, O. Dally y Ch. Ra é (eds.), A chaeology and he ci ies o
Asia Mino in La e An iqui y (Michigan 2011) 91-95.
83 F. Sla azzi, “Uso dei modelli e ecupe o del passa o nei p og ammi scul o ei u iciali di e à an o-
nina in Asia Mino e”, O. D. Co do ana y M. Galli (eds.) op. ci . 127, 128 y 135.
84 Anne-Valé ie Pon ha publicado una de allada ecopilación de las acciones de los e é ge as mi-
no asiá icos a es iguadas en los gimnasios impe iales, que an desde la dedicación del en e o monu-
men o (el gimnasio de los neoi de A odisias, el de Vedio en É eso) a pa es de él (pó icos, como el de
los Baños de Ad iano de A odisias, e es imien os ma mó eos de mu os y suelos, como en Es a oni-
cea de Ca ia y Sebas ópolis de Ca ia), pasando po algunas de sus salas (el Aleip é ion o sala de masajes
del gimnasio de los neoi de Pé gamo y del Diogeneion del de A odisias en el siglo II, o del de Sa des en
el III). A.-V. Pon , op ci . 135-140. Una ex ensa documen ación de los mecenas de las ob as a qui ec ó-
nicas monumen ales ealizadas en Asia Meno , ciudad po ciudad, se puede lee en P. Ba esi, P o incie
dell’Asia Mino e. Cos o dei ma mi, a chi e u a pubblica e commi enza (Roma 2003).
85 Sin emba go, las es icciones del e eno obliga ían a le an a de mane a asimé ica muchas de
es as edi icaciones, como se e en el gimnasio supe io de Pé gamo. F. Yegül, op. ci . 271 y ss.
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En el e ce g upo, que se desa olló en e la mi ad de los siglos I y II d. C.,
la zona e mal y la pales a se hallaban uni icados en el eje longi udinal mayo ,
con acceso p ác icamen e di ec o en e la pales a y el calda ium. El gimnasio
de Sa des o el de Vedio en É eso ep oducen es e esquema86 ( ig. 8). La ci iliza-
ción omana se había in oducido en es as ins alaciones gimnás icas po di e en-
es ías: a a és de las es i idades pa ias, de los i os o ecidos al empe ado
–núcleo del deba e al ededo de esos ambien es de ep esen ación e es idos de
má moles de calidad (Kaise saal)87–, pe o sob e odo de las e mas. És as asu-
mi ían algunas de los come idos co espondien es a las es ancias he edadas del
gimnasio helenís ico, ales como el apody e ium ( es ua io), el conis e ium (ha-
bi ación ese ada a adminis a se el acei e, pe o asimismo la a ena, como p o-
ección en la lucha y el panc acio), el lou on (sala de agua ía con p opósi os
higiénicos), e c.88. Es a pa icula idad se cons a a en el Gimnasio del Tea o de
É eso (s. II d. C.), en el que los ambien es de la pales a y del baño no apa ecen
di e enciados. En cuan o al papel de la pales a, Rosanna Maccanico se pe ca ó
86 Sob e los gimnasios de É eso ci ados, R. Maccanico, a . ci . 32-60; F. Yegül, Ba hing in he
Roman Wo ld (Camb idge 2010) 160-162, 167 y 168.
87 B. Bu ell, a . ci . 437-469.
88 J. Delo me, op. ci . 276 y ss.
Figu a 7. Plan a del
Gimnasio Es e de
É eso (Yegül 1992)

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hace ya cincuen a años de que en el caso de É eso, sin llega nunca a pe de su
p o agonismo, si se seguía una e olución c onológica en e el gimnasio Domicia-
neo del Pue o, y el del Es e, de pe iodo An onino, el pa io po icado había edu-
cido su supe icie en bene icio de los baños89. Es o lo achacaba a un de imen o
del in e és po lo depo i o, pe o segu amen e haya que e e i esa opinión y en-
a iza la ele ancia que ue ob eniendo el aspec o balnea io. Tampoco se cumple
lo señalado po la au o a en el conjun o de e mas-gimnasio de O ien e: al igual
89 R. Maccanico, a . ci . 47 y 48.
Figu a 8. Plan a
del Gimnasio de
Vedio en É eso
(Yegül 1992)
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que san ua ios, ea os y demás edi icios públicos, en el anscu so de los g an-
des es i ales e an escena io de sac i icios, libaciones, banque es, epa os de
bienes, de alimen os y acei e, de danzas adicionales, concu sos de c eación li-
e a ia y de declamación y po supues o de juegos a lé icos, e en os que se o icia-
ban en las pales as90. Es o conlle aba un in enso lujo de asis en es, con ingencia
que se e lejó en la a qui ec u a de la pales a del Gimnasio del Tea o de É eso,
uno de cuyos ex emos lo ocupaba una ibuna, y en el Gimnasio Al o de Pé -
gamo, donde las e o mas omanas incluye on un audi o io con capacidad pa a
mil espec ado es en el ángulo no oes e de su pales a91 ( ig. 9). Los legenda ios
90 Muchas de las nue as es i idades de los an iguos es ados helenís icos se elacionaban con el cul o
impe ial, y goza on de mucha popula idad. La egula idad de su celeb ación e a a iable: po ejemplo, las
Sebas eia o Kaisa eia se e ec uaban cada dos o cada cua o años, dependiendo de las posibilidades de la
u be. En encla es como Co in o, las Kaisa eia se inco po a on a los concu sos del san ua io del Is mo,
que se solemnizaban cada cua o años, y los juegos de la p o incia de Asia dedicados al empe ado , cono-
cidos como los Koina Asias, enían una egula idad anual. También una ez al año enían luga los juegos
consag ados a Roma y a Augus o en Pé gamo. V. Chapo , La p o ince omaine d’Asie depuis ses o igines
jusqu’à la in du Hau -Empi e (Roma 1967) 505; S. R. F. P ice, Ri uals and Powe . The oman impe ial
cul in Asia Mino (Camb idge 1984) 211; M. Sa e, El O ien e omano. P o incias y sociedades p o in-
ciales del Medi e áneo O ien al, de Augus o a los Se e os (31 a.C.-235 d. C.) (Mad id 1994) 116 y 117.
91 E. Aku gal, Ancien Ci iliza ions and Ruins o Tu key (Is anbul 2011) 93.
Figu a 9. Gimnasio Al o de Pé gamo, con el audi o io en p ime plano, a la izquie da de la
imagen. Fo og a ía de Jo ge Ga cía Sánchez
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es i ales g iegos alcanza on la cúspide de su celeb idad en época omana, y
o os nue os se suma on a ellos, lo cual sugie e la con inuidad de esos espacios
acul ados pa a su ejecución92. El sec o gimnás ico de las e mas-gimnasio, en-
onces, acogió sea los espec áculos agonís icos sea los ac os sociales y eligiosos
de la ciudad, y, de o ma pa alela al adies amien o e ébico, albe gó las ec eacio-
nes depo i as omanas p e ias al baño, de una in ensidad muy in e io a aquél,
y que no suponían un en enamien o eal. Juga a la pelo a, pasea , co e y algu-
nas p ác icas con las a mas, a cuyo lími e se llegaba cuando uno empezaba a sen-
i se a igado o sudo oso, e an los eje cicios más ap opiados, en opinión de Aulo
Co nelio Celso.
Po su lado, Séneca a acaba el en enamien o desmedido de los a le as, quie-
nes además pe dían el iempo un ándose en acei e y con la bebida: la ca e a, el
le an amien o de peso o el sal o las es imaba ac i idades mode adas y con e-
nien es a in de desen umece los miemb os93. La p og esi a imposición de los
baños de agua calien e, así como de los lige os es ue zos ísicos que an ecedían
al elax balnea io, ue on obje o de una con o e sia abande ada po di e sos i-
lóso os y mo alis as helenos, que juzgaban que es as modas impo adas única-
men e podían conduci al hedonismo y a una deg adación de las cos umb es que
habían con ibuido al esplendo de G ecia en la An igüedad94. En es e sen ido, Fi-
lós a o, al ela a la biog a ía de Apolonio de Tiana, no podía más que mos a se
indignado de que los lacedemonios se odea an de lujos excesi os, exhibie an sus
pie nas lisas, el men ón a ei ado, y se pe uma an los cabellos; sus quejas an e los
é o os, con odo, habían empujado a la publicación de un edic o que p ohibía los
usos depila o ios en los baños –además de expulsa de ellos a los “qui apelos”–,
p ocu ando e i i el es ado de cosas del pasado, que lo ecie an los gimnasios
y los eje cicios se ios95. Filós a o esc ibía desde la pe spec i a de un g iego del
siglo III d. C. p eocupado po el umbo que omaba la mo alidad de sus con em-
po áneos, pe o ya en el siglo I a. C. se leían los lamen os del his o iado Posido-
nio de Apamea, que c i icaba que los g iegos de Si ia emplea an los gimnasios
como me os baños, se pe uma an o se un a an el cue po con acei es ca os96. Ac-
i udes pa ejas habían a uinado la gimnás ica p o esional, ámbi o en decli e, es-
c ibía Filós a o, con a le as de una calidad muy in e io a los de an año, a causa
de la elajación de cos umb es, de la glo one ía desen enada, de la inclinación
a los place es y el a án ilíci o de la glo ia y del dine o, que había e minado po
92 O. an Nij , op. ci . (2001) 307-312.
93 R. F asca, Educazione e o mazione a Roma. S o ia, es i, immagini (Ba i 2011) 359 y 360.
94 J. Mu cia O uño, É eso, sín esis de G ecia y Roma (Mad id 2012) 232.
95 Philos . VA. 4.27. Asimismo, Filós a o apun aba que el ilóso o Deme io había p edicado en el
gimnasio de Ne ón de Roma en con a del hábi o de oma los baños, jus i icándose en que suponía un
ac o de debilidad y un gas o inú il. Es e monumen o, desc i o como uno de los más lujosos de la capi-
al, se ha sospechado que pod ía habe sido de una combinación de un gimnasio y de una e ma. G. G.
Fagan, Ba hing in Public in he Roman Wo ld (Michigan 2005) 110-112 y n. 21.
96 C. A. Fo bes, a . ci . 39.
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co ompe las compe iciones97. Como a que ipo de la clase de en e enimien o
sang ien o, pe o ambién del modelo de p epa ación gue e a omano, comple-
amen e ajeno a la men alidad depo i a g iega, los juegos gladia o ios su ie-
on siemp e la animad e sión de los au o es mo alis as, quienes a aca on la banal
búsqueda de ama de los e é ge as que cos eaban es os espec áculos deg adan es.
Dion de P usa, po ejemplo, elici aba a los odios po habe se negado a ins au a
es os mune a en su e i o io, en an o que condenaba con se e idad a los co in-
ios y a los a enienses po su compo amien o opues o. Apolonio de Tiana insul-
aba a los segundos po ap esu a se a con empla las masac es de homb es al pie
de la Ac ópolis, en el Tea o de Dionisio98.
Las uen es exage a an la decadencia que se había apode ado del gimnasio al
e a a lo como la sede de ancachelas, bo ache as y lasci ias o giás icas, pe o
es cie o que su asimilación a un cen o del o ium e mal no hacía más que aña-
di o o eslabón a la cadena que mania aba muchos de los p incipios o iginales de
la ci ilización g iega. Sob e odo a la in elec ualidad helena hubo de ab uma le
esa sensación c epuscula de la imposibilidad de una uel a a a ás, an que ida
a la Segunda So ís ica. En luga es como Egip o, la e ebía y el gimnasio pe du-
a on has a echas a anzadas del siglo V d. C., mien as que en las ciudades si-
ias pa ece des anece se al menos cien años an es. El siglo IV d. C. apenas ue
es igo de in e siones en la es au ación de las e mas-gimnasio, y en los monu-
men os cons uidos a pa i de en onces sólo cons aba la pa e e mal. En el an-
iguo eino p olemaico, la inculación de la a is oc acia con el gymnasium había
gozado de unas conno aciones ue emen e eli is as, que azaban una anja in-
anqueable en e la clase dominan e g iega y la sociedad egipcia99. La Ca a de
Claudio a los alejand inos (41 d. C.) con i maba la p e oga i a helenís ica, ya
a i icada po Augus o, de que los de echos de ciudadanía pe enecían a los súb-
di os que hubiesen comple ado los años de la e ebía, g upo de p i ilegiados que
hacía gala del í ulo de “los del gimnasio”100. No escasea la documen ación con-
se ada en papi o que, po ejemplo, en el siglo III d. C., mani ies e los deseos de
los p ogeni o es de Oxi inco de que sus hijos ing esen en la e ebía, aduciendo la
pe enencia al gimnasio desde a ias gene aciones a ás101.
Toda ía en la An igüedad a día, en onces, la ins i ución alimen aba un p o-
pósi o polí ico y social: conscien es an o de su a caísmo, como de la ela i a su-
pe luidad de la educación con empo ánea que depa aba, las eli es encon aban
en ella una o ma de econocimien o, una ma ca de dis inción. Como si de un
97 Philos . Gym. 44.
98 M.-H. Que , “Rema ques su la place de la ê e dans les discou s des mo alis es g ecs e dans
l’éloge des ci és e des é e gé es aux p emie s siècles de l’Empi e”, La ê e, p a ique e discou s.
D’Alexand ie Hellénis ique à la mission de Besançon (Pa is 1981) 43 y 47.
99 A. Wallace-Had ill, op. ci . 943.
100 A. S. Chankowski, op. ci . 174.
101 M. Joyal, I. McDougall y J. C. Ya dley, op. ci . 253-255.