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La fundamentación clásica de la idea de Europa

Caballos Rufino, Antonio F.

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A lo largo de estas páginas se ofrece un análisis de los grandes procesos históricos experimentados por las comunidades que habitaron los territorios que se extienden en torno al Mediterráneo, desde los comienzos del I milenio a. C. hasta la desmembración del Imperio Romano, englobando no sólo al continente europeo sino también la orilla meridional del significativamente designado por los romanos Mare Nostrum, el litoral próximo oriental, el Asia Menor y más allá; yendo así desde la península ibérica hasta las estepas rusas y desde las tierras escandinavas hasta el norte del continente africano. Una visión holística permite definir un proceso cuyo inicio está protagonizado por comunidades sin estado o con estados embrionarios —como los griegos—, que entraron en contacto con los estados palaciegos orientales, de los que adoptaron los sistemas nemotécnicos de escritura y contabilidad simplificados, dando paso a un individualismo que marcó el desarrollo de las nacientes ciudades-estado griegas. La potencia de este individualismo caracterizaría de forma decisiva el desarrollo de una nueva forma de entender la vida, más racional, que ha perfilado por milenios el carácter básico de la cultura europea. A partir de ahí, mezclándose con los sustratos locales, debido sobre todo al comercio, movido en gran medida por las necesidades de las potencias orientales, se fue produciendo una convergencia, lenta pero efectiva, que culminará con la formación del multiforme y plural, aunque sólido y fecundo, Estado Imperial Romano. Éste, sin abandonar los principios de racionalidad, cada vez se irá aproximando más a las formaciones palaciegas euroasiáticas —Persia, India, China— con las que entró en contacto e intercambió influencias. Nuevas formas de comunicarse y relacionarse, de vivir en el ámbito rural y en comunidades urbanas, de entender las relaciones con los poderes humanos y divinos fueron configurando, en medio de la expansión directa —por medio de la conquista— o indirecta —contactos e interacciones de otro tipo— un sistema de organización y una forma de ser que distinguió mucho tiempo a Europa del resto del continente euroasiático. Como colofón el cristianismo, síntesis de tendencias contrapuestas, dio cada vez más fuerza a nuevas concepciones que llegaron a dominar a la larga el mundo. ÚLTIMOS TÍTULOS EDITADOS SERIE HISTORIA Y GEOGRAFÍA Percepción y usos del patrimonio arqueológico de Sevilla María Ibáñez Alfonso Ideología cruzada en el siglo XIII. Una visión desde la Castilla de Alfonso X José Manuel Rodríguez García Álbum 100 grandes presas en Andalucía. La obra en el paisaje María Isabel Martín Pérez, José Mª Fernández-Palacios Carmona y Fernando Sancho Royo La Nao de China, 1565-1815. Navegación, comercio e intercambios culturales Salvador Bernabéu Albert, coord. Entre lo real y lo imaginario. Estudios de historia moderna en homenaje al prof. León Carlos Álvarez Santaló Mercedes Gamero Rojas y Francisco Núñez Roldán, coords. La Colección de Prehistoria del antiguo Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Sevilla María Teresa Henares Guerra El Siglo de Al-Muctamid Fátima Roldán Castro, ed. Arte y Ciencia en el scriptorium de Alfonso X el Sabio Laura Fernández Fernández Compartiendo el patrimonio. Paisajes culturales y modelos de gestión en Andalucía y Piura Javier Hernández Ramírez y Enrique García Vargas, coords. Los soportes de la epigrafía paleohispánica. Inscripciones sobre piedra, bronce y cerámica Ignacio Simón Cornago Arqueología y Evolución. A la búsqueda de filogenias culturales Daniel García Rivero Antes de la Acordada. La represión de la criminalidad rural en el México colonial (1550-1750) Patricio Hidalgo Nuchera Miradas sobre España. Estudios de historia contemporánea Rafael Sánchez Mantero El gobierno municipal de Carmona a lo largo de la Historia. Actas VIII Congreso de Historia de Carmona Mª Angeles Piñero Márquez, coord. Manuel González Jiménez y Antonio F. Caballos Rufino, dirs. La Metamorfosis de un Inquisidor: El Humanista Diego López de Cortegana (1455-1524) Francisco J. Escobar Borrego, Samuel Díez Reboso y Luis Rivero García, eds. Senados municipales y decuriones en el Occidente romano Enrique Melchor Gil, Antonio D. Pérez Zurita y Juan Fco. Rodríguez Neila, eds. Autores: Antonio Caballos Rufino Genaro Chic García Adolfo J. Domínguez Monedero Eduardo Ferrer Albelda Joaquín de la Hoz Montoya Enrique García Vargas GENARO CHIC GARCÍA (director) GENARO CHIC GARCÍA (director) Historia de Europa (ss. X a.C. - V d.C.) Historia de Europa (ss. X a.C. – V d.C.) Sevilla 2014 • GENARO CHIC GARCÍA (director) Serie: Historia y Geografía Núm.: 277 Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación, sin permiso escrito del Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. © SECRETARIADO DE PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA 2014 Porvenir, 27 - 41013 Sevilla Tlfs.: 954 487 447; 954 487 451; Fax: 954 487 443 Correo electrónico: [email protected] Web: http://www.publius.us.es © Genaro Chic García (director) 2014 © Por los textos, los autores 2014 Realización de mapas: Carmen Ana Pardo Barrionuevo y Víctor Martínez Hahmmüller Impreso en España-Printed in Spain Impreso en papel ecológico ISBN.: 978-84-472-1563-8 Depósito Legal: SE 1508-2014 Maquetación e impresión: Pinelo Talleres Gráficos, S.L. Camas - Sevilla Comité editorial: Antonio Caballos Rufino (Director del Secretariado de Publicaciones) Eduardo Ferrer Albelda (Subdirector) Manuel Espejo y Lerdo de Tejada Juan José Iglesias Rodríguez Juan Jiménez-Castellanos Ballesteros Isabel López Calderón Juan Montero Delgado Lourdes Munduate Jaca Jaime Navarro Casas Mª del Pópulo Pablo-Romero Gil-Delgado Adoración Rueda Rueda Rosario Villegas Sánchez Motivo de cubierta: Fresco en el que se representa a Europa sobre el toro (Rapto de Europa) procedente de Pompeya (Museo Nacional de Nápoles, Sign. 111475). Índice La fundamentación clásica de la idea de Europa Antonio Caballos Rufino 1. La búsqueda de una identificación de Europa ...................................... 15 2. La conformación histórica de la imagen de Europa ............................ 19 2.1. Los orígenes del nombre .................................................................. 19 2.2. Los contenidos étnico y cultural del término “Europa”............. 24 2.3 La elaboración de la idea de Europa a partir de los vínculos clásicos ................................................................................................. 30 3. Europa desde el presente: una vertebración incompleta .................... 33 Bibliografía ........................................................................................................ 38 Introducción Genaro Chic García 1. Europa: un mito comunitario que se va llenando poco a poco de racionalidad estatal .................................................................................... 41 2. Los fundamentos de la investigación de los fenómenos sociales en una visión diacrónica. Principios básicos para el estudio de la Historia ....................................................................................................... 43 3. La percepción del espacio y del tiempo durante la llamada edad antigua .......................................................................................................... 48 4. Formas de entender los fenómenos relativos al pensamiento, socioeconómicos y políticos durante la Antigüedad y sus causas .... 57 Bibliografía ........................................................................................................ 67 Los siglos X a V a.C. Adolfo J. Domínguez Monedero 1. El Egeo ......................................................................................................... 70 1.1. La recuperación tras la catástrofe ................................................... 70 1.2. La apertura al Oriente....................................................................... 76 1.3. La aparición de nuevas formas de estado: la polis ........................ 83 1.4. La expansión mediterránea de los griegos .................................... 92 1.5. Las tensiones internas en la polis griega ......................................... 98 1.6. El mundo griego ante un horizonte de cambios: las amenazas externas ................................................................................................ 107 2. La Península Italiana ................................................................................. 114 2.1. Las poblaciones itálicas: lenguas y culturas .................................. 114 2.2. El impacto exterior: fenicios y griegos ........................................... 117 2.3. La aparición de estructuras estatales en el mundo etruscolacial ...................................................................................................... 122 2.4. La emergencia de Roma y sus aspiraciones hegemónicas en el Lacio ................................................................................................. 127 3. El extremo Occidente ................................................................................ 135 3.1. El poblamiento de la Península Ibérica ......................................... 135 3.2. Colonizadores fenicios en el sudoeste hispánico ........................ 140 3.3. Tarteso o la primera sociedad compleja en la Península Ibérica ................................................................................................... 145 3.4. Cambios en el modelo económico y social: la transición al mundo púnico y los orígenes de la cultura ibérica ...................... 149 4. La Europa templada ................................................................................... 153 4.1. Del mar Negro al Atlántico: movimientos de personas y de ideas ................................................................................................. 153 4.2. Los orígenes del mundo celta en la Europa occidental y la atracción del Mediterráneo y el surgimiento de culturas principescas ......................................................................................... 154 4.3. Tracios y escitas en la Europa oriental ........................................... 157 5. Conclusiones............................................................................................... 161 Bibliografía ........................................................................................................ 169 Los siglos V y IV a.C. Eduardo Ferrer Albelda 1. Introducción. La regionalización del ámbito europeomediterráneo ............................................................................................... 183 2. La Europa mediterránea ........................................................................... 186 2.1. El ámbito egeo .................................................................................... 186 2.1.1. La ciudad griega: marco de referencia del hombre .......... 188 2.1.2. El marco político: auge y crisis de la polis ......................... 192 2.2. La Península Itálica............................................................................ 204 2.2.1. Los etruscos ............................................................................. 204 2.2.2. Roma y los latinos ................................................................... 214 2.2.3. Las poleis griegas de Magna Grecia y Sicilia ..................... 220 2.3. Massalia y los griegos del extremo Occidente ............................. 230 2.4. La epicracia cartaginesa en el Mediterráneo central y occidental ............................................................................................ 239 2.5. La Iberia mediterránea: púnicos e íberos ...................................... 255 3. La Europa templada: celtas, hiperbóreos y escitas............................... 268 3.1. Los celtas: fuentes de conocimiento .............................................. 270 3.2. Los celtas de Hallstatt D y La Tène A y B .................................... 278 3.3. Los celtas atlánticos ........................................................................... 285 3. 4. Los hiperbóreos ................................................................................. 290 3.5. Escitas y tracios................................................................................... 298 3.5. La Iberia indoeuropea ....................................................................... 308 Bibliografía ........................................................................................................ 320 Los siglos III-I a.C. Joaquín de la Hoz Montoya 1. Europa entre los siglos III-I a.C.: una aproximación estructural ...... 331 1.1. El medio y los hombres .................................................................... 331 1.2. Las sociedades .................................................................................... 337 1.2.1. Grupos étnicos, jefaturas y estados tribales ....................... 338 1.2.2. Ciudades-estado y ligas de ciudades ................................... 350 1.2.3. Los reinos helenísticos ........................................................... 359 1.2.4. Roma ......................................................................................... 365 1.3. Los horizontes culturales ................................................................. 378 1.3.1. El horizonte helenístico ........................................................ 379 1.3.2. El horizonte itálico y la cultura latina ................................. 384 1.3.3. El horizonte celta y las culturas de jefatura ....................... 387 1.3.4. Otros horizontes culturales del Mediterráneo ................. 392 1.3.5. Los grandes horizontes culturales de la Europa oriental 394 2. La evolución de las regiones europeas entre los siglos III-I a.C. ....... 397 2.1. Italia y el Mediterráneo central ....................................................... 397 2.1.1. Italia a comienzos del III a.C. .............................................. 397 2.1.2. La lucha por la hegemonía itálica (300-241 a.C.) ........... 399 2.1.3. Roma y la hegemonía mediterránea (241-120 a.C.) ....... 402 2.1.4. El inicio de la crisis tardorrepublicana (133-88 a.C.) ..... 406 2.1.5. Roma contra Roma: las guerras civiles (88-30 a.C.) ....... 409 2.2. La Península Ibérica .......................................................................... 415 2.2.1. La Península Ibérica a comienzos del III a.C. ................... 415 2.2.2. La hegemonía de Cartago (237-201 a.C.) ........................ 418 2.2.3. La imposición de Roma (201-88 a.C.) .............................. 422 2.2.4. Hispania bajo las Guerras Civiles (88-30 a.C.) ................ 426 2.3. El norte de Europa ............................................................................. 429 2.3.1. El norte de Europa en el siglo III a.C. ................................ 429 2.3.2. El florecimiento del mundo de los oppida (finales del III-finales del II a.C.)......................................... 432 2.3.3. Cimbrios, teutones y la reestructuración de Europa (120-60 a.C.) ........................................................................... 436 2.3.4. Las guerras de César (59-50 a.C.) ....................................... 442 2.4. El sudeste europeo ............................................................................. 447 2.4.1. El sudeste europeo a comienzos del III a.C....................... 447 2.4.2. Los tiempos de la hegemonía antigónida (277-217 a.C.) ......................................................................... 454 2.4.3. La imposición de la hegemonía romana (217-133 a.C.) 457 2.4.4. Las convulsiones del siglo I a.C. .......................................... 462 3. Fuentes literarias para el estudio de la época ........................................ 465 Bibliografía ........................................................................................................ 466 Los siglos I y II d.C. Genaro Chic García 1. Los últimos tiempos de la Edad de Oro en Roma ............................... 477 1.1. Un nuevo régimen para un nuevo estado. .................................... 477 1.2. Gayo Julio César II Augusto ............................................................ 479 1.2.1. Las bases económicas de una nueva política. Oriente ..... 481 1.2.2. Los recursos financieros ........................................................ 487 1.2.3. El establecimiento de las fronteras ...................................... 488 1.2.4. La paz y la política colonizadora ......................................... 491 1.2.5. El desarrollo de la mentalidad urbana ................................ 492 1.2.6. La seguridad jurídica y administrativa ................................ 494 1.2.7. La hacienda estatal .................................................................. 498 1.2.8. El control de las mentes ......................................................... 501 1.2.9. El pueblo y su mantenimiento ............................................. 503 1.2.10. El desarrollo de la vida moral ............................................. 512 1.2.11. Los elementos del espíritu .................................................. 514 1.3. La dinastía Julio-Claudia (14-68) ................................................... 524 1.3.1. Tiberio Julio César ................................................................. 524 1.3.2. Cayo Julio César Augusto Germánico ............................... 528 1.3.3. Tiberio Claudio César Augusto Germánico .................... 530 1.3.4. Nerón Claudio César Augusto Germánico ...................... 537 2. La Edad de Plata ......................................................................................... 548 2.1. De Galba a Domiciano (69-96) .................................................... 548 2.1.1. Tito Flavio Vespasiano .......................................................... 549 2.1.2. Tito Flavio Vespasiano II ...................................................... 561 2.1.3. Tito Flavio Domiciano .......................................................... 562 2.1.4. El epílogo: M. Cocceio Nerva ............................................. 568 2.2. La dinastía de los Ulpio-Aelios (96-192) ..................................... 569 2.2.1. Marco Ulpio Trajano ............................................................. 569 2.2.2. Publio Aelio Hadriano .......................................................... 577 2.2.3. Tito Aelio Hadriano Antonino Pío.................................... 584 2.2.4. Marco Aurelio Antonino ...................................................... 589 2.2.5. Lucio Aurelio Cómodo Antonino ..................................... 596 3. Hacia la Edad de Hierro ........................................................................... 600 3.1. El fin de una época y el comienzo de otra ..................................... 600 Bibliografía ........................................................................................................ 606 La Europa de época tardorromana (siglos III-V d.C.) Enrique García Vargas 1. Europa a comienzos de la Antigüedad Tardía ...................................... 613 2. Continuidad y cambios en la Europa romana durante el siglo III d. C. ........................................................................................... 616 2.1. Aspectos monetarios de la crisis del siglo III d. C. ...................... 617 2.2. La sociedad romana del siglo III ..................................................... 622 2.3. La extensión del cristianismo .......................................................... 625 2.4. El reforzamiento de la monarquía .................................................. 628 2.5. La obra de Antonino Caracalla ....................................................... 629 2.6. Los sucesores ....................................................................................... 632 2.7. La militarización del imperio y la emergencia de la idea de Europa. El imperio Galo ................................................................. 633 2.8. El mundo urbano y el rural en la Europa romana durante el siglo III d. C. ....................................................................................... 637 2.9. Economía y demografía: el problema del siglo III d. C. ............. 647 3. Los pueblos bárbaros en el siglo III d. C. .............................................. 653 3.1. Desarrollos socioeconómicos .......................................................... 653 3.2. Procesos de etnogénesis. Características generales y principales orientaciones teóricas................................................... 663 3.3. Los “pueblos” de la primera línea: alamanes, francos y godos ... 666 3.3.1. Los alamanes ............................................................................ 666 3.3.2. Los francos ............................................................................... 668 3.3.3. Los godos ................................................................................. 670 3.4. Los pueblos de la segunda línea: vándalos, sajones y burgundios .......................................................................................... 674 3.4.1. Los vándalos ............................................................................ 674 3.4.2. Los sajones ............................................................................... 675 3.4.3. Los burgundios ....................................................................... 676 3.5. Otros “pueblos” no germánicos de la frontera ............................. 677 3.5.1. Los sármatas ............................................................................. 677 3.5.2. Los alanos ................................................................................. 677 4. Oriente y Occidente en el siglo IV d.C. Un mundo globalizado ..... 678 5. La Europa romana ...................................................................................... 679 5.1. La restauración de las fronteras del Imperio ............................... 679 5.2. El oro, la plata y las grandes mutaciones económicas y sociales 683 5.3. Los cambios estructurales ................................................................. 689 5.3.1. La cabeza del Estado ............................................................. 689 5.3.2. Las fronteras, la estrategia militar y el ejército ................. 690 5.3.3. El gobierno de los militares y el origen de las dinastías imperiales del siglo IV d.C. ................................................... 694 5.3.4. La reforma fiscal y sus consecuencias sociales ................... 696 5.3.5. La nueva división provincial ................................................ 700 5.3.6. La corte y la administración. La figura del emperador.... 701 5.4. Ciudad y campo en la Europa romana durante el siglo IV d. C. .................................................................................. 702 5.4.1. La ciudad .................................................................................. 702 5.4.2. El campo ................................................................................... 715 5.5. La consolidación del cristanismo latino, el primado de Roma y la primera expansión europea de la nueva fe ............................. 723 6. La Europa bárbara ..................................................................................... 726 6.1. El final de los procesos de etnogénesis de las comunidades germanas. Hacia la constitución de los primitivos estados ....... 726 6.2. Los principales “pueblos” germanos: alamanes, francos y godos .................................................................................................... 732 6.2.1. Los alamanes ............................................................................ 732 6.2.2. Los francos .............................................................................. 735 6.2.3. Los godos ................................................................................. 738 7. Europa en el horizonte: hacia la constitución de los reinos germánicos europeos ................................................................................. 740 Bibliografía ........................................................................................................ 744 Síntesis ................................................................................................. 757 Genaro Chic García Bibliografía ........................................................................................................ 779 LA FUNDAMENTACIóN CLáSICA DE LA IDEA DE EUROPA 19 europea no debiera rehuir su responsabilidad en este sentido, debiendo ser el logro de un rearme moral culturalmente sustentado el objetivo primero y el soporte prioritario de la unión europea. Retomando la línea argumental, por su propia elasti cidad Europa ha identificado a lo largo de la historia a diferentes inquilinos. Europa es un término que ha ido sirviendo para arropar, con una apariencia de continuidad, una dinámica histórica com pleja y plural. La realidad de quie nes se asumen o han sido conceptuados como europeos a lo largo de los tiempos ha variado y, si se me apura, sustancialmente, en un proceso de progre siva incorporación de quienes antes se entendía como contrarios y, en no pocas ocasiones, también de exclusión de quienes hasta hacía poco compartían una misma identidad. Aquí los criterios culturales puros de poco pue den valer ante el embate del tiempo. 2. LA CONFORMACIÓN HISTÓRICA DE LA IMAGEN DE EUROPA 2.1. Los orígenes del nombre La gran mayoría de quienes se han acercado al estudio de los orígenes clásicos de Eu ropa han analizado tres realidades diferentes a) La etimología del nombre. b) Su contenido geográfico. c) La concepción antropológica y la ideologización del término. Si, por razones de especialización, es explicable este abordaje compartimentado3, a la hora de buscar una más profunda explicación histórica interesa entender tanto el diferente ritmo con que evoluciona cada nivel de comprensión del término, como, sobre todo, los vínculos entre ellos. Europa es, primero, un nombre, y un nombre que surge en la Antigüedad. Inquietud del filó logo es la de entender la génesis del término, en función de ella 3. Así, por ejemplo, en los siguientes repertorios y obras de referencia: Europe. 1) Mythologisch, en RE 6.1287-1298 (Escher) y Europe. 2) Name des Erdteils, en RE 6.1298-1309 (Berger); E. Olshausen, s. v. Europe (geografía) en Der neue Pauly 4.290-4.293 (Stuttgart 1998) y R. E. Harder, s. v. Europe (mitología) en Der neue Pauly 4.293-294 (Stuttgart 1998); H. v. Geisau, s. v. Europe. 1 (mitología), en Der kleine Pauly, Lexikon der Antike, 2.446-448 (Munich 1979) y H. Treidler, s. v. Europe. 2 (geografía), en Der kleine Pauly, Lexikon der Antike, 2.448-449 (Munich 1979); H. J. Rose y J. R. March, s. v. Europa (mitología), en The Oxford Classical Dictionary, 3ª ed., Oxford 1996, p. 574; y E. H. Warmington y S. Hornblower, s. v. Europa (geografía), en The Oxford Classical Dictionary, 3ª ed., Oxford 1996, p. 574. Sin embargo J. A. Hild realizó un tratamiento unitario de la temática en el Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines, de Ch. Daremberg y Edm. Saglio, Graz 1969 (reimpresión de la edición original de París 1892), T. II, 1ª parte, pp. 862-865, s. v. Europa. ANTONIO CABALLOS RUFINO - 20 su significado y, como en todo fenómeno cultural, la evolución experimentada a lo largo de los tiempos; inquietud que comparte con el historiador. Europa se documenta como nombre personal, y no sólo de carácter individual, pues tanto en Creta como en Beocia es sobrenombre de Démeter y otras diosas. En una lista de divinidades marinas en la Teogonía de Hesíodo4 se cuentan una Europa y una Asia en el lis tado de las Oceánidas. Naturalmente que estos nombres no le pasaron desapercibidos a Hero doto, quien ya se preguntaba por la relación que pudiera existir entre estas diosas y las partes de la tierra5. Interrogante sobre la vinculación entre topónimo y antropónimo que hoy se man tiene. El nombre “Europa” se halla asimismo ampliamente documentado como topónimo6. Va rias ciuda des7 y un río8 portan este nombre. Pero el valor del término como designación territorial se fue confor mando y ampliando a lo largo del tiempo, al compás de la configura ción histórica de Grecia y de la ampliación de los conocimientos geográficos. Aquí historia, geografía y cultura, con sus diferentes ritmos, fueron interfiriéndose y complementándose, aportando sus diferentes perfi les, no siempre armonizables, a la concepción de Europa. Si nos remontamos al siglo VII a. C., en pleno proceso de maduración del mito, su co rrelato geográfico dista aún mucho de estar perfilado en la dirección habitual en la que situa mos es pacialmente el término. En el himno a Apolo que se ha atribuido a Homero9 se de signa con el término Europa a la Grecia Central, en contraposición al Peloponeso y las Islas. En Herodoto10 se dice expresamente que los persas atravesaron Europa, que equivaldría así al norte de Grecia: Tra cia y Macedonia, para llegar a la Hélade. Y, en la misma dirección, la designación de Europa para una parte de Tracia se mantuvo durante toda la Antigüedad11. Los problemas comenzaron cuando, al hilo de la gran colonización griega, se fueron am pliando por el norte los territorios incorporados a la órbita comercial griega. Entonces se vio que el Pontos Euxinos era un enorme lago interior, por lo tanto cerrado hacia el este. De tal manera que este accidente geográfico dejó de ser frontera para convertirse en nexo, por lo que dejaba de existir una linde nítida entre Europa y Asia. La división dicotómica del mundo conocido entre Europa y Asia y, por ende, el con traste en tre ambas lo vemos expresado ya hacia el 500 a. C. en 4. 357 y 359. 5. IV 45. 6. Sextus Rufius, Breviarium 9. 7. Una ciudad en Tesalia (Estrabón 7, 327) y dos en Macedonia (Tucídides 2, 100, 3; Plinio, NH 4, 34 y Ptolomeo 3, 12, 21). 8. Estrabón 9, 441. 9. Pseudo Homero, Himno a Apolo, vers. 251 y 291. 10. VI 43, VII 8 y VII 185. 11. Amiano XXII 8, 7; XXVII 4, 12. LA FUNDAMENTACIóN CLáSICA DE LA IDEA DE EUROPA 21 Hecateo de Mileto12. Y esta organiza ción bipartita la seguiremos encontrando durante el resto de la Antigüedad, en la forma de contraste entre Oriente (Asia) y Occidente (designación que comparten los territo rios entonces conocidos de nuestras Europa y áfrica). La fácil evidencia del movimiento del sol llevó a la designación de Levante y Poniente, con lo que Europa fue descrita como el país del crepús culo, la región de las sombras en Hesiquio y otras metáforas similares. Será en un ambiente culturalmente diferente en el que vamos a encontrar los argu mentos más ampliamente utilizados con posterioridad para explicar una estructura, no ya dual, sino tripar tita de la ecúmene. En la tradición judía recogida en el Génesis fueron tres los hijos de Noé —Sem, Cam y Jafet13—, que recibieron el mandato divino “Creced, multiplicaos y poblad la tierra”14. Pero en la órbita griega también encontramos una organización tripartita de la ecúmene, distribuida en Europa, Asia y Libia, en Herodoto15. Esta tradición se fue progresivamente transformando y perfilando tras la conversión del Me diterráneo en un mare nostrum o mare internum. Es así que, por ejemplo, en Flavio Josefo16, significativamente a caballo entre las tradiciones judías y las helenísticas, encontra mos clara mente expresada esta división del mundo entre semitas al este, camitas al sur y jafe titas al oeste. Eusebio por su parte justifica la ecumenicidad del Concilio de Nicea del 325 d. C. al haber reunido obispos de las tres partes del mundo. En todo caso, como se va viendo, estamos ante conceptos que se fueron perfilando y adqui riendo caracteres más definidos con el paso del tiempo. La ampliación de los conoci mientos geográficos trajo aparejada la extensión de los correspondientes términos geográfi cos. Y ello tanto para Europa, como para Asia y áfrica. Desde Tracia, su ámbito originario, el concepto Europa fue designando áreas cada vez más amplias, en dirección hacia el occidente y el norte. Si la arribada al Atlántico supuso un finis terrae por esta dirección, el extremo norte, más allá del territorio de los germanos, per mane ció durante toda la Antigüedad como terra incognita, creyéndose a la par que el océano cons tituía también una frontera por el norte. Se suponía así que el Mar del Norte se unía con el Índico. Lo mismo podemos decir del caso de Asia, que en un primer momento se usó para de signar un pequeño territorio hacia la Lidia17, para luego designar al Asia Menor. También de áfrica. El nombre sirvió primero para denominar el 12. F. Jacoby, Die Fragmente der griechischen Historiker I A, 1957, pp. 16 ss. 13. Gen. 5,32; 6,10; 9,18. 14. Gen. 9,1. Las dinastías de los descendientes de los hijos de Noé en Gen. 10. 15. 4, 42. 16. Antiquitates I 6. 17. El Asios leimón (los campos asiáticos) de Homero (Ilíada II 461). Este término parece que debe identificarse con el hitita Assuwa. ANTONIO CABALLOS RUFINO - 22 territorio inmediatamente al sur de Cartago. Con la Segunda Guerra Púnica y, con ello, por un mejor conocimiento geográfico, acabó por referirse genéricamente al continente africano o, al menos, a lo que de él se conocía. El viejo término Libia18 acabó, por contra, designando finalmente sólo a la región de la Cirenaica. Tras el análisis, obligadamente sucinto, del contenido geográfico en la Antigüedad, paso también muy apretadamente a trazar algunas líneas sobre Europa como referente mítico. Es generalmente conocido lo que tradicionalmente se decía de los orígenes y la historia mítica de Europa, una historia cuyas raíces podemos rastrear documentalmente al menos hasta co mienzos del siglo V a. C. Las Metamorfosis de Ovidio nos transmiten una bellísima versión de ésta. Poseidón y Libia habían concebido dos hijos mellizos: Agenor y Belo. El primero, abandonando su patria natal, Etolia, se estableció en Canaán, donde acabó casándose con Te lefasa (para otros Argiope, Kassiopeia o Perimede). Engendraron cinco hijos, Cadmo, Fénix, Cílix, Taso y Fineo, y una hija, nuestra Europa. Zeus se enamoró de la belleza de Europa e ideó la siguiente estratagema para conquistarla. Una vez que Hermes hubo llevado por encargo suyo los ganados de Agenor a la costa de Tiro, Zeus se metamorfoseó en un toro blanco. Eu ropa, que estaba recogiendo flores a la orilla del mar, se dejó seducir por la belleza y manse dumbre del animal. Jugando con él, acabó sentada a su grupa. El toro se introdujo en el mar y condujo a la asustada Europa a través de las aguas hasta desembarcarla en Gortina, en la isla de Creta. Allí Zeus se transformó en águila, bajo cuya apariencia yació con Europa, de la que engendró a tres hijos, Minos, Radamanto y Sarpedón. Monedas de Gortina del siglo V a. C. se hacen eco de esta tradición. Allí se rendía culto a Europa como Hellotis. En la proximidad se hallaba el plátano bajo el que se decía que habían yacido Zeus y Europa. La segunda tradición de vinculación espacial del mito es con Beocia, donde se muestra la cueva en la que presuntamente Zeus había escondido a Europa. Allí existió, como vimos, con antelación a su vinculación con el mito, una diosa de la tierra de nombre Europa. En todo caso estas tradiciones fueron pronto compartidas por otros, de tal manera que contamos con muy antiguas representaciones plásticas de Europa tanto en Co rinto, como en las metopas del templo S de Selinunte. El resto de la historia es la de la búsqueda de Europa por parte de los hijos de Agenor, si guiendo cada uno de ellos un camino diferente. Y aquí es donde múltiples ambientes espa ciales distintos se incorporan al mito: —Fenix partió primero hacia el oeste y, de allí, volvió a Canaán, que de él recibió el nom bre de Fenicia. — Cilix marchó al país de los hipaqueos, de él Cilicia. 18. En la forma y con el contenido que ya encontramos en Herodoto (II 16 y IV 46). LA FUNDAMENTACIóN CLáSICA DE LA IDEA DE EUROPA 23 — Fineo a Tinia, península que separa el Mar de Mármara del Mar Negro. — Taso a Olimpia. —Cadmo, el mítico fundador de la ciudad de Tebas en la Beocia, a Rodas. Se han realizado multitud de interpretaciones positivistas de este mito. En época impe rial ro mana se aceptaba esta estrecha vinculación de Europa con Oriente, de ahí que en mone das imperiales de Tiro y Sidón se representara a Europa recogiendo flores o a Europa sobre el toro; e incluso tardíamente se llegó a confundir a Europa con Astarté. Trabajar bajo estas premisas resulta, qué duda cabe, un ejercicio entretenido19; pero poco operativo y engañoso si lo que queremos es encontrar explicaciones históricas fiables. Son tres los argumentos que nos obligan a apartarnos de este tipo de elucubraciones: a) Uno de carácter teórico, en relación con las fórmulas de surgimiento y progresiva gestación del mito20. Su aparición corre pareja al desarrollo de la conciencia de pertenen cia a la colectividad de los griegos. Conciencia que se origina por la constata ción de una serie de elementos culturales comunes, entendidos como argumentos defi nidores por el colectivo, se afirma por la conciencia de pertenencia a un tronco común y se refuerza por el contraste con otros, a los que se conceptúa como diferentes. Entre las primeras manifestaciones de esta conciencia común se cuenta el desarrollo de una serie de mitos identificadores. b) Un segundo argumento se basa en lo que diremos del origen no semítico, sino ge nuinamente griego del término, así como su uso como topónimo de muy antiguo en Grecia. c) Por último, hay que tener en cuenta que no hay nada en la vieja tradición religiosa fenicia que avale estos planteamientos filosemíticos para el origen del mito de Europa. La de la etimología no es sólo una cuestión anecdótica; ni el hecho de si la raíz del término es semítica o griega, aunque no nos podemos detener ahora 19. Un ejemplo de toda la argumentación desarrollada en un libro de divulgación, de amplísimo uso, el de R. Graves sobre Los mitos griegos (Madrid 1985 —traducción del original inglés de 1955—, 1, p. 242): 1. ...Agenor es el héroe fenicio Chnas, que aparece en el Génesis como Canaán. La dispersión de los hijos de Agenor parece registrar la huida de tribus cananeas a comienzos del II milenio por la presión de arios y semitas. 2. ...Europa significa “rostro ancho”, sinónimo de luna llena, y es un título de las diosas Lunas Démeter en Le badea y Astarté en Sidón... 3. La violación de Europa por Zeus, que registra una anterior ocupación helénica de Creta... 20. Las características que queremos destacar aquí son que se trata de un producto social, plurigenético, elaborado por el procedimiento formulario y transmitido oralmente. La formulación escrita es la vía por la que llegamos a conocer, no el mito, sino sólo su expresión disecada. Es únicamente por su expresión literaria, habitualmente en forma de una secuencia narrativa, por lo que el mito se confunde con la historia. ANTONIO CABALLOS RUFINO - 24 excesivamente en ello. En tiempos se había supuesto que por esta vía existía una presunta y estrecha vinculación con el mundo fenicio. Según una vieja tradición, actualmente y desde hace ya bastante abandonada, el nom bre Europa derivaría del semítico ereb, con el sentido de “atardecer” y, por extensión, Occi dente. Pero, en su análisis de la cuestión para la Real-Enzyklopädie der classischen Al tertumswissenschaft, ya Berger se decantó por excluir un origen semítico del nombre. El término no sería de ninguna manera de origen oriental, sino genuinamente griego. Todavía con dudas se manifestaba Celestina Milani, aunque en todo caso ésta asumía absolutamente que, desde el punto de vista formal, se trataba de un nombre griego. Lo que dejaba abierta era la posibilidad de que éste procediera de una transcripción o interpretación griega de un nom bre de origen fenicio. Sin embargo, con relación a esta consideración, su argumentación partía de una premisa errónea: que el mito de Europa era de origen semita. En realidad, como ya vimos, se trata por el contra rio de un mito griego, aunque situando el origen de los personajes en Asia. Más reciente mente, a partir de los trabajos de Dombrowski desarrollados sobre sólidas bases lingüísticas, Ferdinando Luciani ha sido tajante al respecto: no existe base ni lingüística ni histórica nin guna para suponer que la voz “Europa” proceda de una raíz semítica. Por este medio nada, por tanto, de la vinculación Oriente-Occidente con la que se quiere justificar una determinada génesis de la cultura y, por ende, de la propia designación de Europa. Eso sí, como dijimos, resta la dificultad de saber si en verdad se trató en origen de un nombre de mujer, y si fue así cómo se realizó el paso a un nombre geográfico, o bien si el proceso fue precisamente el opuesto. En todo caso, el que sigan existiendo múltiples interrogantes acerca del origen del término no resulta estéril, sino, precisamente, explicador de una dinámica, de las dificultades de adapta ción de un mismo término a realidades cada vez más amplias y cambiantes; donde la dico tomía inicial se ve sustituida o se hace más compleja por la incorporación de otras dico tomías; donde se hace cada vez más difícil incorporar entre “los nuestros” a gentes tan dispa res y heterogéneas, mientras resulta cada vez también más difícil seguir satanizando a los otrora “diferentes”, a los que cada vez se va viendo como más próximos. 2.2. Los contenidos étnico y cultural del término “Europa” Como correlato de la concepción geográfica y la etimología, otros argumentos de in terés se refieren a los contenidos culturales y sociológicos del término. Si el análisis de los orígenes de Europa es el tema concreto que ahora nos ocupa, éste se en marca en la comprensión de una cuestión más genérica, por universal y eterna en los com porta mientos colectivos: el proceso por el que se lleva a cabo la vertebración de individuos en so ciedades y las de éstas en colectividades LA FUNDAMENTACIóN CLáSICA DE LA IDEA DE EUROPA 25 cada vez más amplias, más globales y abarcadoras, donde el conflicto entre individuo y grupo se hace cada vez más crítico. Este proceso de agrupación o vertebramiento exige que los miembros del grupo acep ten, tácita o expresamente, compartir una identidad colectiva más abarcadora. Dos son las vías complementarias por las que se puede reforzar la autoconciencia de identidad propia. La primera pasa por el convencimiento o la intuición de compartir una misma trayectoria histórica, la pertenencia a un tronco común. Aquí, o bien se acude a un conocimiento de las vicisitudes históricas por las que han discurrido las sucesivas comunidades humanas que tienen su nexo de unión en la co ordenada temporal, o bien se asume o se crea este referente de unidad en el pasado. La se gunda vía de reforzamiento de la identidad colectiva pasa por la asunción de la existencia de “otros”, conceptuados como diferentes, por el contraste con las fórmulas de comportamiento que se asumen como propias y específicas. En la misma línea, como otra cara de la misma moneda, por el reforzamiento de los elementos diferenciadores, bien se puede llegar a estig matizar al ajeno como enemigo, bien plantear como objetivo la integración en unidades de vertebración social más amplias, mediante la búsqueda de nuevos elementos más globales de sin tonía. Occidente ha asumido tradicionalmente un papel activo en la idealización de lo propio y en la demonización del contrario, y eso aún contando con las desiguales oportunidades en la trans misión documental. Que se sepa, sólo se ha podido rastrear un caso en el que la imagen clara y rotundamente se invierte: en el libro tercero de los Oracula Sibyllina21, donde se caracte riza a Asia como la tierra de las bienaventuranzas y a Europa como la de la hybris. Pero se puede encontrar una clara explicación de esta aparente anomalía: los quince libros que los contienen fueron redactados por judíos o cristianos, haciendo volverse contra el paganismo a un perso naje tan significativo como la propia Sibila. Fue Estrabón quien posiblemente haya hecho más por una caracterización etnológica que está en la base de muchas de las líneas argumentales que han impregnado desde entonces la idea de Europa. Las implicaciones políticas de estas fórmulas etnocentristas, en la línea tradicional de los tópicos patrióticos, han guiado en gran medida el discurrir de la historia de Europa desde entonces. Frente a las otras partes de la tierra dice Estrabón de Europa que “es la mejor dotada por las cualidades de sus hombres y por sus gobiernos, y la que proporciona a las otras regiones la mayor parte de sus propios bienes”22. Y Estrabón no es el único: Varrón, Dionisio de Halicarnaso, Plinio el Viejo,... no hacen sino coincidir con esta visión. 21. J. Geffcken (ed.), Oracula Sibyllina, 1902, III 350 ss. 22. Estrabón II, 5, 26. ANTONIO CABALLOS RUFINO - 26 Si profundizamos, no más seguros nos sentimos a la hora de intentar definir a los eu ropeos. Si se pretende seguir manteniendo la cuestión así enfocada, una doble vía se nos abre. Primero habría que caracterizar a los europeos, describir a quiénes entendemos como tales, cumpliendo unas condiciones establecidas teóricamente a priori. Luego, como prueba y co rroboración de los resultados, actuando por negación, quedarían excluidos quienes no cumplieran las condicio nes y no reunieran los requisitos que se entienden como propios, característicos, e, incluso, ex clusivos de los europeos. Y aquí, en esto último, topamos con un escollo difícil mente salva ble: las interacciones entre los conceptos de europeo y occidental23. Si en la geo grafía tal vez pudiéramos encontrar una solución, cuando acudimos a argumentos culturales, ésta de nuevo se nos vuelve bastante menos definitoria de lo que por adelantado pudiera pare cer. Otra vez nos movemos aquí en ámbitos explicables en términos de evolución y dinámica; terreno por lo tanto abonado e idóneo para que el historiador lo convierta en objeto específico de análisis. Vuelvo así a otra de las grandes ideas centrales en la argumentación que estamos si guiendo, la de que Europa es una construcción histórica, renovada, renovable y tan lábil que es capaz de adaptarse a circunstancias cambiantes. Su virtualidad, y también los riesgos y las posibili dades de su ideologización, están por tanto en su indefinición, su maleabilidad. Y es que en gran medida resulta una construcción inconsistente, que no aguanta el asalto de la crítica histórica. Europa, surgida como mito, no ha dejado de serlo. Aún hoy goza de todos los caracteres del mito. De ahí su valor, su papel de guía, su capacidad de renovación e, incluso para bastantes todavía, de ilusión colectiva. Y es que precisamente en su indefinición, en su maleabilidad, en su atemporalidad está gran parte de su fuerza. Los que en un tiempo fueron conceptuados como bárbaros, al siguiente lo fueron como los más civilizados, y a la inversa. Incluso muchos de los primitivos teóricos en los que surgen los primeros argumentos de una tradición sobre Europa son de origen oriental. ¿Cómo en frentar ideológicamente a griegos con troyanos en este conflicto ideológico entre Occidente y Oriente si ambos son hijos de la misma madre? De ninguna manera puede sostenerse la equi valencia entra las dicotomías Oriente-Occidente y bárbaros-civilizados. Tampoco las fórmulas políticas entran en la configuración de la antítesis. ¿Qué decir de los latinos que jus tifican, entre otros argumentos, su predominio en sus orígenes troyanos, esto es, orientales? o, mucho más adelante y en sentido contrario, ¿qué decir del hecho de que, tras la desmembra ción del Imperio romano, la parte oriental, con 23. Europa ha ido extendiendo la idea de Europa fuera de Europa (cfr. A. Demandt 1998: 155). Véase lo que expondremos más adelante sobre el tema. LA FUNDAMENTACIóN CLáSICA DE LA IDEA DE EUROPA 27 Grecia, cuna de la idea de Europa, o la misma Tracia, patria del término, fueran, como parte del Imperio bizantino y luego del Imperio turco, ex cluidos de las nuevas identidades europeas? Parece pertinente llevar a cabo ahora un rápido recorrido diacrónico. Tras la heca tombe que supuso el colapso del mundo micénico, la conciencia de comunidad por parte de los griegos, incluso desde el punto de vista cultural —no digamos desde el político, nunca ple namente conseguida hasta la inte gración en la romanidad—, fue un proceso dilatadísimo en el tiempo. De ello ya se dio cuenta Tucídides24, cuando observó que en Homero no existía ningún nombre genérico ni para los helenos, ni incluso, por negación, para los bárbaros. El término genérico para describir conjuntamente a los griegos surgió precisamente en la época de las Guerras Médicas, como no podía ser menos en un momento de exacerbación del sentimiento de comunidad resultado del enfrentamiento con el enemigo común; y, por tanto, de reforzamiento de lo que hoy —para los nacionalismos secesionistas, que buscan la exacerbación política a partir de la manipulación histórica y donde este término se utiliza es puriamente como criminosa fórmula de insolidaria disolución— se designa como “el elemento diferencial”. Así, y por primera vez, el dualismo Europa-Asia, que hasta entonces había sido fundamentalmente geográfico, se cargó ideológicamente. Ésta sería sólo una constatación historiográfica, si no fuese porque en ella comienza a rastrearse una determinada ideologiza ción de la concepción de Europa. En Homero, evidentemente, los griegos son rubios25, los troyanos no; y Herodoto ya presenta la Guerra de Troya como un antecedente de las guerras contra los persas26. En “Los persas” de Esquilo, datable en 472, el señor de Asia es el rey de los persas, pero sus enemigos no son los “europeos”, sino sólo los helenos o los jonios. Únicamente en el mo mento en que los griegos fueron representados como los europeos por antonomasia fue posi ble una confrontación ideológica entre Europa y Asia. Así Herodoto27, Isócrates28, Dio doro29, Virgilio30 y Juliano31, por poner algunos ejemplos, llevando esta ideologización al pasado, consideraban la Guerra de Troya como un conflicto entre Europa y Asia. Más aún, personalizando, un epigrama anónimo32 presenta la lucha entre Menelao y Paris como un 24. I 3. 25. Menelao, Aquiles y Ulises: Ilíada III 284; I 197; y Odisea XIII 399. 26. Herodoto VII 50 y VIII 108 s. 27. I 4. 28. Helena 51. 29. XXXVII, 1. 30. Eneida VII 223 s.; X 91. 31. Caesares 320 D; Himerios 14,3. 32. Anthologia Graeca IX 475. ANTONIO CABALLOS RUFINO - 28 duelo entre Europa y Asia. El que Filipo diese a una hija suya el nombre Europa no resulta, por tanto, ni gratuito, ni inocente. Tras el período clásico, cuando se desarrolló una vinculación, ya no abandonada, entre el Cla sicismo y la idea de Europa, la expedición de Alejandro, representada como una guerra de Europa contra Asia, supuso un salto cualitativo en el proceso de vertebración europea. El se gundo, si el primero fue la identificación de Europa con el Clasicismo, a través del protago nismo de Grecia. A la par el Helenismo impidió el mantenimiento de una vieja idea excluyente de Eu ropa que la conquista y la permeabilidad cultural hacían inviables. Los argumentos en los que se había basado una primera idea de Europa y lo europeo se volvieron entonces inconsisten tes. Fueron las gentes del Levante mediterráneo quienes extendieron la idea de Europa al oeste, pero habrían de ser los occidentales quienes, en el proceso de conformación de una Eu ropa cada vez más plural y abarcadora, llevaron a cabo lo que podemos calificar como tercer gran estadio en el proceso de integración. El modelo será Roma y su Imperio. En las raíces de Eu ropa el Imperio romano, como órgano supranacional integrador caracterizado por su exclu sivismo político hegemónico, las tendencias autocráticas, los inmensos recursos económicos, militares y burocráticos disponibles y su peculiar estructura social piramidal, vertebrada y abierta a la integración, junto a su labilidad cultural, religiosa y étnica, será quien haga com patible las tendencias a la homogeneización con el mantenimiento de rasgos indivi dualizado res en cada una de las provincias que lo componían. Con la conquista de las provincias orientales por parte de Roma se quebraron las anti guas fronteras geográficas y políticas. Que nadie piense por ello que asimismo desapareció la con frontación ideológica. Los conceptos Occidente- Oriente, Europa-Asia mantuvieron e in cluso avivaron su potencial. Nada más evidente, por ejemplo, que la utilización de esta con fronta ción como recurso ideológico en la propaganda desarrollada por Augusto y su entou rage contra la pareja Antonio-Cleopatra. En esa misma línea se manifestaron, por supuesto, Virgi lio33, Propercio34, Horacio35 o Plutarco36. Mientras tanto un cambio se fue operando. Los romanos, como realidad histórica heredera, integradora y, a la par, superadora del pasado helenístico, disponían de una mayor capacidad operativa en ese proceso de vertebración mediterránea en función de su mayor po tencial de autoafirmación y difusión ideológica. El corazón de Europa ya no será más Grecia, sino Italia, convertida 33. Eneida VIII 685 ss. 34. IV 6, 19. 35. Carmina I 37, 21. 36. Pirro 12. LA FUNDAMENTACIóN CLáSICA DE LA IDEA DE EUROPA 35 La experiencia del pasado es, como hemos dicho, la dinámica, la tensión. Tensión en tre el individuo y los valores del humanismo por una parte, y el ejercicio del control social por otra. Por ello el tema del poder adquiere un valor central en la comprensión del pasado clásico, y su análisis puede ser una de las cuestiones de mayor operatividad y valor para el futuro de Eu ropa. Pero es a la par en el pasado clásico donde tuvo lugar el desenlace entre las concepcio nes prepolíticas, políticas y suprapolíticas o estatales en la organización del colec tivo. Es también el Clasicismo, rico en experiencias de intentos de convivencia en un mundo plural, donde llegaron a ser compatibles las tendencias a la homogeneidad con el mantenimiento de parcelas de especificidad. Donde se entiende posible como modelo la con vivencia entre las tendencias a la homogeneidad organizativa y la creación de grandes cuerpos normativos50 y la heterogeneidad cultural, suavizada por un común interés en la paulatina compartición de similares modelos ideológicos. Donde no queden excluidas las posibi lidades de enriquecimiento cultural por la vía de la complementa riedad. De ninguna manera estoy preconizando con esta argumentación la “vuelta” al pasado clásico, por supuesto, ni por deseable —con tantas sombras como encierra el pasado de Europa—, ni por posible. Evidentemente la historia tiene una sola dirección. El pasado pertenece a una dimen sión que no es la nuestra, irremisiblemente pasada y como tal irrecuperable. A mayor abun damiento, nada así más falaz y colectivamente suicida que pretender pasar como proceso de “recuperación” lo que no sería en realidad sino una invención de un pretendido pasado tan forzadamente idealizado como históricamente artificioso por inexistente. Tal planteamiento, que sólo puede servir a los intereses de una casta fomentadora de la generación artificial de insolidarios nacionalismos secesionistas, que espuriamente se pretenden imponer en el interior de la Unión, sería, no sólo empobrecedor como forzamiento político, sino, más aún, sui cida para el futuro de Europa y no sólo para los estados nacionales que la componen. Insisto, no sólo en la inexistencia de recetas, de guías infalibles para el desarrollo de un proyecto de solidaridad voluntaria como el que la construcción de Europa preconiza, sino también en la nece sidad de ampliar y profundizar en una vertebración europea inconclusa. Ello significa volver ahora también hacia dentro unas energías que Europa, por su papel histó rico, ha proyectado muchas veces hacia afuera. Si pretendemos construir el futuro sobre unas raíces sólidas hay que partir de algo que hemos visto ya. La elasticidad de la concepción de Europa también se fundamenta en el hecho de que ningún pueblo, ninguna raza, ninguna co lectividad dentro del continente han gozado, ni gozan del patrimonio de definirse en exclusiva como “europeos”. No existe lo que podemos calificar de 50. E. Vilariño (1996). ANTONIO CABALLOS RUFINO - 36 típico europeo. Hay multitud de ma neras de ser y sentirse europeos. Nos encontraríamos tal vez con sorpresas analizando quienes y en qué medida se sienten europeos y quienes no; y quienes, consi derándose europeos, son aceptados o excluidos como tales por el resto. Cumplidos los requisitos de ubicación territorial y compartición de historia y cultura, europeo sería así quien, además, tiene volun tad de serlo. La conciencia de sentirse europeo, de desigual calado en fun ción de los beneficios que de ello se asuman, resulta por lo tanto tan frágil y cambiante como los vaivenes de las coyunturas. La construcción de Europa como voluntad de los europeos —transformando en complementariedad las alteridades previas— exige asumir como natural la convivencia y pasa por la generación de fórmulas que hagan posibles a la par la homoge neización organizativa y el mantenimiento de la pluralidad cultu ral. Este aparato, en difícil e inestable equilibrio, cuenta al menos en su haber con el peso de una historia común, expresa da en tantos y tantos lieux de la mémoire51 que los europeos podemos sentir como propios y comparti dos. Aquí, el Clasicismo, como construcción y refe rente ideal, se nos vuelve a aparecer como nexo operativo en una Europa plural y multiforme. Nos puede unir tanto el tener un pasado clásico común, como el común interés por el clasi cismo como ideal. La imagen de un pasado clásico continuamente reconstruido e imaginado sería así una seña coherente de identificación de Europa. De la misma manera que la vieja ciudadanía romana, que acabó siendo un concepto estrictamente político, común para un amplísimo cuerpo cívico que podía compartir también sus múltiples ciudadanías locales, tam bién la ciudadanía europea complementa la adscripción nacional sin exigir la exclusión de ésta. Buscábamos una explicación razonable acerca de Europa, pero lo que se acaba de pre sentar entra dentro de la órbita del mito. No creo sin embargo que ésta tenga que ser una res puesta decepcionante. El “clasicismo”, no por referente ideal resulta menos operativo como fer mento de unidad entre los europeos. Es necesario aprovechar el potencial del mito como fuerza de cohesión, su indefinición como herramienta de aceptabilidad por muchos, quienes desde la variedad y la heterogeneidad nos sentimos vinculados e identificados con él. La elu cubración a partir del pensamiento clásico supone incorporar éste, poner el pensamiento de Europa en una línea conductora única, fermento de unidad espiritual. Los pueblos necesitan soportes, ilusiones, creencias, que les permitan encarar el futuro sin traumas. Las virtualidades del mito, con todo el potencial 51. Los “lugares de la memoria” del título de la serie dirigida por Pierre Nora refiriéndose, al tratar de la memoria colectiva, tanto a espacios materiales concretos, como a referentes abstractos intelectualmente construidos y valorados colectivamente, por lo que escapan así al olvido. LA FUNDAMENTACIóN CLáSICA DE LA IDEA DE EUROPA 37 creativo que éste encierra, pueden reconducir hacia el futuro unos ideales que permiten trascender el presente. Europa, ejercicio de vertebración solidaria, sigue siendo un proyecto inacabado52. El reto ahora estriba en probar su capacidad de equilibrio. Las tensiones liberadas en el antiguo conflicto Norte-Sur53, hoy se han trasladado al norte, invirtiéndose los términos. En lo que es algo más que un juego de palabras, Roma —esto es, el Mediterráneo— se ha convertido en el sur, frente a un nuevo norte. Por ello lo que antes había tenido el potencial del norte, hoy dis fruta, pero también se resiente de las vir tualidades del sur. La ampliación al este, si bien completa el panorama, también lo hace más plural y complejo. En la búsqueda del equilibrio, tanto por convencimiento como por necesidad, es donde el Cla sicismo se puede mostrar hoy renovadamente rentable. Amén de los problemas econó micos, en una coyuntura que no aún no deja de atosigarnos, y por encima de ellos están los problemas culturales y so ciales. Pero para éstos no se pueden encontrar soluciones tecnológicas, sino sólo intelectuales y morales. El humanismo que nació en el Mediterráneo es el único que desde dentro permitirá humanizar a una sociedad guiada por parámetros económicos, esclerotizada por ex cesos polí ticos y abusivos ordenancismos normativos y burocráticos, y sometida a los que se nos apare cen como imposibles equilibrios entre los Estados y entre éstos y los organismos comunita rios. Hoy, cuando con muchos esfuerzos y dificultades desde diferentes ámbitos se mantiene a pesar de todo —con más o menos entusiasmo o mayor o menor escepticismo— el empeño por construir una nueva forma de entender Europa, con la pretensión y el deseo para muchos de que ésta fuera más cohesionada y solidaria, una Europa donde sea factible compa ginar unidad y diversidad, surge recurrente, como en otros tantos momentos de crisis creativa a lo largo de nuestra dilatada historia común, el modelo clásico. Su utilidad puede manifes tarse de nuevo en favor nuestro si llegamos al convencimiento de que, tal vez sólo con el ba gaje intelectual de la asunción de nuestro pasado, debemos y podremos contribuir a reequili brar esta nueva Europa con los valores del Clasicismo. Por esto lo necesitamos como símbolo, por esto a Eu ropa le resulta imprescindible el referente de lo que ha sido este pequeño trocito de un mundo que se ha hecho demasiado grande y demasiado prosaico, tan falto de viejos misterios como escaso de nuevas ilusiones. 52. Así el título de la obra de Z. Bauman (2004). 53. Las viejas dialécticas Roma-Cartago, Europa cristiana-Imperio musulmán. ANTONIO CABALLOS RUFINO - 38 BIBLIOGRAFÍA Alföldy, G. (1999): Das Imperium Romanum – Ein Vorbild für das vereinte Europa?, Basilea (versión inglesa actualizada: “The Imperium Romanum: A Model for a United Europe?, en A. Chaniotis, A. y Ch. Kuhn, eds., Comparisons, Constructions, Controversies, HABES 46, Stuttgart 2009, pp. 57-82). 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