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Cultura francesa en "La Regenta" de Clarín

Suárez Sánchez, Elena

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CULTURA FRANCESA EN LA REGENTA DE CLARÍN ELENA SUÁREZ SÁNCHEZ Universidad de Sevilla RESUMEN Leopoldo Alas enjuicia en La Regenta la superficialidad de la cultura de la que hace gala la clase acomodada de Vetusta bajo la Restauración canovista, como marca de su superioridad intelectual. Francia sigue ocupando en la segunda mitad del siglo XIX un lugar preeminente en Europa a pe6ar de la expansión industrial de Inglaterra y el rápido crecimiento alemán. Tanto el narrador como los personajes de La Regenta dejan traslucir en su discurso la contaminación del país vecino. El propio Clarín, en otros de sus escritos justifica el uso que hace de los galicismos por su instrucción en la lengua y la literatura francesas. Es sobre todo Alvaro Mesía, el personaje más afrancesado de la novela, quien constituye el modelo del buen tono. Seductor impenitente, representa la postura frivola y vacía del que hace de su palabra y de sus cualidades una táctica de dominación caprichosa. Tanto él como los que gravitan a su alrededor, serán los causantes de una tragedia que no les hará perder ese cinismo sans-façon que creen les imprime carácter. Palabras clave: Cultura, Francia, extravagancia, alta sociedad, ignorancia. RÉSUMÉ Leopoldo Alas critique dans La Regenta la superficialité de la culture dont se vante la haute classe de Vetusta sous la Restauration de Cánovas, comme marque de sa supériorité intellectuelle. La France occupe toujours pendant la deuxième moitié du XIXe siècle une place prééminente en Europe malgré l'expansion industrielle de l'Angleterre et le rapide développement allemand. Autant le narrateur que les personnages de La Regenta laissent voir dans leur discours la contamination qu'impose le pays voisin. Clarín lui-même dans d'autres écrits à lui, justifie son utilisation de gallicismes par sa formation dans la langue et la littérature françaises. C'est surtout Alvaro Mesía, le personnage le plus francophile du roman, qui constitue le modèle du bon ton. Séducteur impénitent, il représente l'attitude frivole de celui qui fait de sa parole et de ses qualités une tactique de domination capricieuse. Ce seront lui-même et tous ceux qui tournent autour de lui, qui vont être la cause d'une tragédie qui ne leur fera perdre ce cynisme sansfaçon dont ils font leur signe d'identité. Mots-clés: Culture, France, extravagance, haute société, ignorance. ABSTRACT In La Regenta Leopoldo Alas reflects the vanity of the culture of the Vetusta wealthy class at the time of the Canovas' Restoration -a vanity that they pride themselves on as a sign of intellectual excellence. France still plays an important role in the Europe of the second half of the 19th century, in spite of the industrial development of England and the fast growth of Germany. Both the narrator and the characters in La Regenta show in their discourse the influence of France. In some of his other writings Clarín himself boasts a broad use of French words justified by his deep knowledge of the French language and literature. Far more than anybody else, Alvaro Mesía, the most Francophile character in this novel, is presented as the epitome of elegant tone. An inveterate seducer, Mesía incarnates the frivolous attitude of those who use personal qualities and eloquence to control and dominate capriciously. Eventually Mesía, and those who gravitate around him, will cause a tragedy which, nevertheless, will not be sufficient to strip them of that sans-façon impudence and cynicism that they have adopted as a sign of identity. Keywords: Culture, France, Extravagance, High Class, Ignorance. La Regenta1 se publica en 1884 -primer volumen- y en 1885 -segundo volumenpero la ambientación de la obra corresponde a 1877 y los cuatro años siguientes. La redacción2 y la publicación de la novela tienen lugar pues durante el gobierno del partido liberal de Sagasta, pero la época que Clarín refleja en ella es la de la Restauración canovista, concretamente la de la primera mitad del reinado de Alfonso XII (1875-1885). Sin duda, la ley de prensa aprobada en 1883, y la libertad subsiguiente, posibilitan la aparición de una obra tan polémica que, a pesar de la apertura política, mereció una enérgica carta pastoral del obispo de Oviedo, Martín Vigil, en la que se descalificaba duramente La Regenta y a su autor3. La Constitución de 1876 consideraba que la soberanía residía en las Cortes con el rey. El sistema político que de esta Constitución derivó se vertebraba en torno a dos partidos: el conservador y el liberal, entre cuyos miembros se elegían los diputados. Al ser manipuladas las elecciones en la práctica, se desvirtuaba la tendencia a la democracia. El voto estaba controlado a través de aquellos que dirigían la política y la economía: los políticos propiamente dichos y la nobleza terrateniente, así como la burguesía latifundista o industrial. Para Juan de Oleza, esta novela constituye un "estudio representativo de una sociedad en la que la revolución burguesa se ha producido dejando casi intactos los cimientos del Antiguo Régimen al tiempo que, al generar la industrialización, hace aparecer el amenazante, aunque desorganizado, mundo del proletariado" (1986:1,45). Oleza distingue como fuerzas sociales: la Iglesia, aliada a la aristocracia más rancia e inmovilista; otra aristocracia de menos solera, que se vuelve hacia la alta burguesía; la pequeña burguesía de poco poder, y el proletariado, consciente de su inferioridad social aunque con esperanzas de promoción. Son fundamentalmente los dos primeros bloques los que, a nuestro entender, quiere retratar Clarín en La Regenta circunscribiéndolos a una ciudad "provinciana" de España. Sin entrar 1.- La edición a la que pertenecen las citas del presente trabajo es la de Gonzalo Sobejano (1981), basada en la segunda y última publicada en vida de Leopoldo Alas, en Madrid, Librería de Fernando Fe, 1900, corregida por el autor. 2.- En su biografía de Leopoldo Alas, "Clarín" el provinciano universal, Juan Antonio Cabezas (1936) afirma que La Regenta fue escrita entre el otoño de 1883 y abril de 1885. 3.- Sobre la recepción de La Regenta en la ciudad de Oviedo, cfr. Martínez Cachero (1963). en la intención didáctica4 o no de la dura crítica de Alas con respecto a la sociedad vetustense5, el resultado es un análisis de la superficialidad de la cultura de la que hace gala la clase acomodada de Vetusta como marca de su superioridad intelectual. Lo que el lector puede sacar en conclusión es que la mayor parte de estos individuos carecen de una sólida formación intelectual y que la cultura de la que pretenden dar pruebas no soportaría ni el más ligero examen. En su mayoría son unos snobs, que se sirven de clichés que juzgan de buen tono. Sólo escapan de esta fatuidad aquellos, poco numerosos, que han llegado a las fuentes que citan, pero aun así, su sapiencia está circunscrita a un espacio cultural bastante restringido. En todo caso, para España, el modelo digno de ser imitado dentro de la Europa de la época era Francia. Y esto se acentúa aún más en el Norte de la península, en Asturias en este caso. Es por eso por lo que Jean Bécarud (1984: 5) califica La Regenta de "novela nórdica", distinguiéndola del resto de la producción española. Al comparar Oviedo con otras capitales de provincia de otras regiones, señala la diferencia de progreso social a favor de la primera. En efecto, Oviedo sólo resulta provinciana oponiéndola a las grandes urbes que sobrevuelan La Regenta: Madrid, París, Roma... En cambio, al lado de otras ciudades de la época, resulta ser de una gran complejidad y amplitud de horizontes. Francia seguía ocupando en la segunda mitad del XIX un lugar preeminente en Europa a pesar de la expansión industrial de Inglaterra y el rápido crecimiento alemán. Los intelectuales franceses se planteaban imponer y difundir su lengua y su cultura como medio de afirmar el poder de su país. Para Paula Préneron Vinche la influencia francesa toca de lleno a la aristocracia de la ciudad: "La clase dirigente de Vetusta [...] compuesta por aristócratas totalmente afrancesados [...] que viven en palacios amueblados a la francesa [...] que se visten siguiendo la moda transpirenaica" (1996a: 317). Esta clase es caldo de cultivo para las costumbres libertinas que importadas de Francia se practican en Vetusta de forma soterrada. Un falaz discurso de moralidad impera dentro de la alta sociedad. En la práctica, tanto los hombres como las mujeres aristócratas se complacen en tener relaciones extramatrimoniales. El círculo que rodea a la Regenta se siente incómodo ante la luminosa honestidad de ésta, al recordarles constantemente con su proceder que la fidelidad y la lealtad conyugales son posibles. Por eso, muchos de los que componen este círculo colaborarán en la estrategia de seducción emprendida por Mesía6. Por otro lado, en el orden puramente cultural, no es únicamente la clase noble la que acusa esta influencia. Algunos miembros de la Iglesia y otros de la burguesía son atraídos por la civilización del país vecino. El propio narrador se permite en su discurso utilizar palabras y expresiones en lengua francesa, o aludir a escritores franceses. 4.- Cfr. Frank Durand (Beser, 1982: 106). En su estudio, Durand afirma que: "Al pintar España de esta manera, Alas asigna a la literatura una finalidad utilitaria dirigida a mejorar el ambiente cultural del país" 5.- Como es sabido, Vetusta, la ciudad en donde tiene lugar la acción, es en realidad Oviedo. Vetustense es por lo tanto el gentilicio imaginado por Clarín para los ovetenses. 6.- Cfr. sobre este punto Préneron (1996b: 163), en donde la autora llega incluso a interpretar que la seducción de Ana Ozores es encomendada por la clase aristócrata a uno de sus favoritos, el irresistible Mesía: "La 'clase' vetustense es materialista, aunque unida a la Iglesia que sostiene sus privilegios (...) toda búsqueda auténtica de valores espirituales le repele como le repele la Regenta, dama principal, que se niega a seguir su statu quo, sus costumbres licenciosas; decide entonces tenderle una trampa formidable: encarga nada menos que al don Juan lugareño, don Alvaro Mesía, la conquista de la joya, del 'bijou' (en francés en el texto) de Vetusta". Aunque el narrador es heterodiegético y se pretende impersonal, a menudo deja oír su propia voz, que suele coincidir con la del autor. En Solos de "Clarín" (1881) Alas justifica el uso de galicismos en su lengua literaria por el hecho de que en aquel momento los "muchachos españoles" -Alas tenía entonces veintinueve añosse instruían completamente en francés. El utilizarlos era pues un rasgo de verosimilitud. Al lado de los galicismos se encuentran en La Regenta latinismos y anglicismos, pero en mucha menor escala. Casi todos los extranjerismos aparecen en itálica en el texto, al igual que todos aquellos términos que el autor quiere realzar. No ocurre así con los términos franceses que han sido españolizados en su ortografía como landò o restaurant. Podemos empezar por analizar el uso que el narrador hace del francés en su discurso. En variadas ocasiones exhibe su debilidad por la lengua francesa. Así ocurre cuando alude a "el mejor chalet de Vetusta" (Alas, 1981: 1,241). El término "chalet" lo utiliza también Visitación Olías (id.: 11,221), esposa de un empleado de Banca, muy ligada a los Marqueses de Vegallana, mujer casquivana y envidiosa de Ana Ozores. El motivo de que el término no aparezca en esta ocasión en itálica puede ser el contexto que ya de por sí atrae la atención sobre él: "[...] ha comprado una especie de chalet o demonios" Más adelante se refiere el narrador a "[...] un majestuoso portier de terciopelo carmesí" (id.: 1,250). El vocablo "portier" es un galicismo por "portière" para aludir a una cortina gruesa de separación dentro de una vivienda. Igualmente se referirá a un "rotin" por "bastón de caña" (id.: I, 273). Algunas veces las palabras utilizadas en más de una ocasión presentan diferentes tipografías: "complot" aparece una vez en itálica (id.: I, 484) y otra, en cambio, no se distingue tipográficamente del resto (id.: II, 101). De "materialista a lo commis-voyageur" (id.: II, 493), tilda el narrador a Alvaro Mesía cuando éste cuestiona el carácter sagrado de la Iglesia. En palabras del narrador, "sansfagon", es decir, sin afectación, con naturalidad, junto a "elegancia" y "mundo" son las tres actitudes en las que Pepe Ronzal, alias Trabuco, intenta rivalizar con Mesía y su grupo (id.: 11,39). La expresión "comme ilfauf\ escrita comm'il faut en la primera edición de la obra, realizada en Barcelona, se utiliza para referirse al palco de Mesía en el teatro como a un rincón distinguido (id.: 11,42). Mesía le dará más adelante el mismo sentido (id.: 11,294): "señoritas comme il faut", señoritas distinguidas. En cuanto al término "esprit", corregido por el editor, Sobejano, aparece escrito "sprit" en las dos ediciones de Barcelona y Madrid. Está incluido en el discurso del narrador que interpreta los proyectos de Mesía, quien piensa necesitará mucho "ingenio" (id. : II, 49) para llegar a seducir a Ana. Finalmente, hay un grupo de palabras relativas al vestuario o al ajuar de la casa: "un almohadón de crochet" (id.: II, 109); "satín" (id.: 11,163), por "satén"; "chaquet" (id.: 11,228) y "jaquef se utilizan por jaquette (id. : 11,293,301); "la matinée" se refiere a un vestido de interior que las mujeres se ponían por la mañana (id. : 11,374). En consonancia con el narrador, algunos personajes se sirven a su vez de vocablos en francés. Pero con mucho, es Alvaro Mesía el personaje más afrancesado de La Regenta. Es él quien impone en Vetusta la moda de introducir en el discurso palabras o expresiones francesas. Sin ser noble, Mesía consigue alternar con la más selecta aristocracia de Vetusta, gracias a ser un hombre de mundo, jefe del partido liberal dinástico y Presidente del Casino de la ciudad. Políglota, muy bien parecido y de una elegancia innata, es un seductor y un libertino. Viaja a menudo a Francia y se viste allí. Digno discípulo de los héroes libertinos franceses del XVIII, se sirve del francés sobre todo al referirse a sus tácticas de seducción. Hablando con el hijo de los Marqueses de Vegallana, lo califica de "enfant terrible" (Alas, 1981:1,291), por haberse dado cuenta de su interés por Ana Ozores. El adjetivo "chic" aparece dos veces en la misma página (id.: 1,360). Alvaro Mesía quiere serlo. Para él "chic" es sinónimo de estar a favor del deporte y del catolicismo. Así lo había aprendido en París, durante la Exposición. Cuando aparece por tercera vez este adjetivo, el contagio lingüístico ya ha tenido lugar: "la última moda, lo más chic, como ya empezaba a decirse en Vetusta" (id. : 11,299). Cuando Mesía se refiere a la buena suerte dice "chance" (id.: 11,378). El estilo indirecto libre muestra los pensamientos de Mesía, que se deja llevar por un romanticismo sensualista: "el clair de lune es clair de lune"7 (id.: 11,173), cuando piensa que a pesar de su materialismo practicante, había pasado algunas noches de amor emocionadas a la luz de la luna. Mesía se permite un "malgré": "malgré todos los jesuítas" (id.: 11,294) que Clarín utiliza en otros escritos: "Yo no tengo por pecado burlarme de un Dios que se pone hueco con las alabanzas de un subdiácono malgré lui" (Alas, 1876). Aunque las siguientes palabras las pronuncia la Marquesa de Vegallana, el narrador se encarga de aclarar la procedencia de las mismas: "'la élite en petit comité' Todos estos galicismos los había importado Mesía" (Alas, 1981:11,298). Otros personajes se sirven también de "en petit comité" Hay que pensar que es el Arcipreste Cayetano Ripamilán quien utiliza esta expresión en el caso siguiente, pues aunque su discurso está narrativizado, el inciso "-según decía-" autoriza a pensar que es él y no el narrador el que se sirve de la expresión francesa: " [...] solía, en petit comité, terciar el manteo, colocar la teja debajo del brazo, levantar un poco la sotana y bailar unos solos muy pespunteados" (id.: 1,141). Es una expresión que, por otra parte, va muy bien con el nombre del baile al que se alude, "los rigodones", contradanza provenzal del XVII que se seguía practicando con éxito en España en el siglo XIX. Ya anteriormente el narrador había hecho alusión a esta danza al presentar a Saturnino Bermúdez (id.: 1,124), que también sabía bailarla. Tanto el primero, un hombre de setenta y seis años, como el segundo, el erudito de Vetusta, no se atreven con bailes más modernos. El nombre de este baile no aparece en cursiva y sí españolizado en el plural correspondiente. Vuelve a utilizarse más tarde: "Estaban mejor en petit comité" (id.: 1,310), para aludir a la tertulia de la Marquesa de Vegallana, mujer mundana de vida licenciosa que aglutina en su casa a la clase distinguida de Vetusta. Mesía evita la palabra española "arriesgar" cuando hace planes para conquistar a la Regenta. Debe encontrar mucho más adecuada la francesa para la estrategia amorosa: "Pero no quería brusquer -según pensaba él en francés- un ataque" (id. : 11,326). 1- Afirma Gonzalo Sobejano (1981: II, 173) en su edición de la novela, que Clarín escribe siempre incorrectamente "claire" Lo mismo ocurre en la expresión siguiente, que se refiere a la decadencia incipiente del conquistador y que resulta un eufemismo que le suaviza la realidad: "El maduro Don Juan que, como él decía, était déjà sur le retour" (id. : 11,436). Señalemos por último en cuanto a Mesía que, con ocasión de la inauguración de un invernadero o estufa "construida por modelo de París" en El Vivero, propiedad campestre de los Marqueses de Vegallana, Mesía lo califica de "serre" (id. : 11,440). Después de Mesía, es Obdulia Fandiño el personaje que más introduce el francés en su lenguaje. Y no es de extrañar ya que es el equivalente femenino de Mesía. En Vetusta se la conoce como mujer liberal y de vida escandalosa desde su juventud. En la época en que transcurre la acción de la novela, es ya viuda pero aún atractiva. Ha sido amante de Mesía. Incapaz de permanecer en casa, siempre está callejeando y se relaciona con la alta sociedad de la ciudad. No tiene escrúpulos para coquetear tanto con clases sociales inferiores como con miembros de la Iglesia. Para ella, el salpicar sus intervenciones de vocablos franceses da pruebas al auditorio de la distinción a la que aspira: "[...] )tiene un cachet? [...] Ni un mal bibelot; nada de lo que piden el confort y el buen gusto" (id. : 1,164). Estos son términos todos utilizados por Obdulia Fandiño al describir el dormitorio de Ana Ozores. "[...] para la viuda las cosas con cachet eran las mejores" (id.: 11,278). Pero para ella el significado de esta palabra es bastante particular: el contacto carnal en la iglesia los días de grandes celebraciones tiene cachet. También lo piensa de la salida en la procesión como penitente de Ana Ozores: "[...] tiene cachet. Sale de lo vulgar, es una boutadees algo... de un buen tono superfino..." (id.: 11,356); "porque hay un cachet distinguidísimo en el modo de exhibición" (id.: 11,361). El vocablo "bijou" lo emplea Obdulia Fandiño en la misma página para referirse a Ana. Igual uso le dará una baronesa de la que se dice que había visitado la Exposición de París. Y es que Obdulia impresiona a sus amigas que toman en préstamo sus expresiones: "bebés como dice Obdulia" (id.: 11,221). Pepe Ronzal, alias "el Estudiante" o "Trabuco", es natural de una aldea de la provincia, hijo de un ganadero que quiso darle estudios. Incapaz por su torpeza y su brutalidad de terminar la carrera de Derecho, desea no obstante aparecer como hombre ilustrado y con esa intención se sirve de extranjerismos casi siempre erróneos. Aunque aborrece a Mesía, intenta emularlo en el vestir y en sus ademanes sin llegar a conseguirlo. Así, dirigiéndose a Paquito Vegallana, queriendo aludir a su incredulidad en materia religiosa, dice: ")también espiforl (espíritu fuerte en el francés de Trabuco)" (id.: 1,276). Hay otros personajes que no se atreven a pronunciar esta expresión en francés y traducen directamente: "así hacen todos los espíritus fuertes cuando les llega su hora" (id.: 11,350) dice Restituto Mourelo, arcediano de la catedral de Vetusta, hombre envidioso y malintencionado, refiriéndose a Pompeyo Guimarán, liberal exaltado, ateo oficial de Vetusta. Otra expresión, "hacer esprit, como decía ya el mismo Ronzal" (id.: 1,354) tiene aquí la acepción de "hacerse el gracioso o bromear" La expresión "bis a bis" integrada en los pensamientos de Trabuco es un "disparate mental", dice Sobejano, ya que lo emplea para referirse a la persona que se tiene enfrente (vis-à-vis). El personaje lo confunde con el "bis" latino (id. : 11,299). Otros personajes, en menor medida, ya sea por su calidad de personajes secundarios, o por una mayor sobriedad en la incorporación de extranjerismos, sucumben a su vez a la tentación de distinguirse, realzando su lenguaje con expresiones francesas. La Marquesa de Vegallana, mujer mundana cuyo salón es el centro de la vida social de Vetusta alude a "un matrimonio sans-culotte" (id.: 1,234). Le da a la expresión un significado cercano al original: "sin los pantalones ajustados que llevaban los aristócratas", para burlarse de un barón afeminado que afirma que no desea que su mujer lleve los pantalones. El librepensador Carlos Ozores, hombre de gran cultura, utiliza la divisa de la inglesa Orden de la Jarretera "Honni soit qui mal y pense" (id. : 1,199) para justificar la educación liberal que da a su hija. Falsificadores y falsificación son "truqueurs" y "truquage" (id.: 1,313,314), en palabras del capitán Bedoya, pretendido erudito y anticuario, refiriéndose a las antigüedades que el Marqués de Vegallana creía poseer. El doctor que atiende a la alta sociedad, Robustiano Somoza, pedante e incompetente, califica de "Torquemadapour rire" al Rector del Seminario (id.: 11,430). En palabras de la beata rica Petronila Rianzares (id.: 11,355) "marrón foncé", es el color de la franja de la túnica talar que lleva Ana Ozores como penitente. El propio Quintanar, que está muy orgulloso de todo lo de su tierra -es aragonés de la Almunia de Don Godinobautiza en una ocasión un objeto en francés: "el invernáculo que él [Quintanar] llamaba con cierto orgullo enfático la serre" (id.: 11,379). El único caso de galicismo entre los personajes de clases bajas es el de un niño pobre que mira embelesado el escaparate de una pastelería y explica al amigo que lo acompaña cómo cree que se llama un pastel de la vitrina: "pitisa" (id.: 1,353), por "pitisú", o sea "petit-chou" Pero los personajes de La Regenta no sólo quieren demostrar que saben expresarse con distinción sino también que son grandes lectores. El repertorio de autores franceses citados forma parte de las lecturas de Clarín. Dicho repertorio comprende tanto obras literarias, científicas o filosóficas que en su mayor parte son pertenecientes al siglo XIX. Aunque algunas corresponden a la primera mitad, el resto, y sobre todo sus traducciones -que se sabe llegaban a España con años de retrasopueden considerarse de gran contemporaneidad. Dentro de la primera categoría, se citan dramaturgos, novelistas y poetas y sus obras con los títulos en español, lo que hace pensar que los personajes han leído -cuando lo han hecho realmente y no hablan por referenciaslas traducciones de las mismas. Hay dos personajes de quienes se dice que leen a autores traducidos al francés, Ana Ozores y Alvaro Mesía. De San Agustín lee Ana un volumen de Las Confesiones, que encuentra en la bien surtida biblioteca de su padre. Las lee con delectación y rapidez, lo que demuestra que la lengua francesa no es obstáculo para ella (id.: 1,202). Mesía comienza la lectura de la obra de Lucrecio, De rerum natura, en francés. A pesar de compartir el materialismo del poeta latino, Mesía encuentra enseguida que la obra está falta de interés, por lo que abandonará su lectura a la mitad (id. : 1,361). De Mesía sabemos que no sólo lee francés y se sirve de expresiones en esta lengua, sino que la habla corrientemente: "Mesía hablaba en francés, en italiano y un poco en inglés" (id. : 1,278). De entre las traducciones de obras francesas al español, la primera citada es Los hijos de Eduardo, traducción de Bretón de los Herreros (1796-1873) del drama Les enfants d'Edouard* (1832) de Casimir Delavigne. Ripamilán había asistido "años atrás " a una representación del arreglo de Bretón (id.: 1,145). A Chateaubriand en general o a algunas de sus obras en particular se alude en varias ocasiones. Ana Ozores leerá con entusiasmo El Genio del Cristianismo (1802) y Los Mártires (1809). La Regenta tiene espantosos sueños sobre subterráneos poblados de fantasmas, en los que cree reconocer las catacumbas de Chateaubriand, descritas en esta última obra (id. : 11,125). El padre de Ana no apreciaba a este autor, a pesar de tenerlo en su biblioteca. El narrador aclara entonces que "se hablaba muy mal de Chateaubriand por aquel tiempo en todas partes" (id. : 1,206). La época a la que se refiere podía ser la de los años sesenta. Estas obras fueron traducidas al español en 1806 y 1816 respectivamente. Ripamilán dirá a Ana que no hay que hacer caso de Chateaubriand (id.: 1,241). Estos últimos juicios negativos pueden ser reflejo del desencanto que el propio Clarín experimentó sobre este autor. Recordando su juventud, hacia 1871, escribe en Rafael Calvo y el teatro español (Alas, 1890b: 43): "Yo por entonces creía en Chateaubriand y en las quintillas, fuesen como fuesen", de donde se desprende que más tarde había dejado de creer. La referencia a Lamartine (1790-1869) es muy breve y surge a colación de la vocación literaria de la Regenta. Los versos que Ana se atreve a hacer parecen ser imitaciones de los de este poeta (1981:1, 232). En España apenas se le conocía antes de 1850, dice Sobejano en su edición de la obra. La afición poética de Ana provoca la alusión a George Sand (1804-1869), a quien se evoca en varias ocasiones a través del apodo que recibe Ana, Jorge Sandio, cuando sus amigos descubren que escribe versos (id. : 1,233). Era ésta una manera de ridiculizar a Ana, que despertaba la envidia entre sus amigas por su belleza, y el despecho entre sus pretendientes por la indiferencia que les demostraba. El ser literata estaba en efecto mal visto en la época, como el narrador deja claro en la novela. En efecto, Ana renunciará enseguida a esta afición, aunque su vena poética surge en sus escritos íntimos, cuando escribe su diario e incluso en su correspondencia. Pigault-Lebrun9 (1753-1835) autor de novelas de ambiente burgués, predecesor de Balzac, fuente de la novela popular de los Dumas, y creador de la novela divertida, y Paul de Kock (1794B1871), creador de historias sentimentales con el ingrediente de la comicidad en donde el amor se reduce a los adulterios de la pequeña burguesía, son los únicos escritores que Pepe Ronzal es capaz de asimilar (id.: 1,273) sin dormirse cuando decide ilustrarse para ser sabio. No van mucho más lejos otros personajes de La Regenta. Pierre Dufour (1806-1884), con su Historia de la prostitución (Histoire de la prostitution chez tous les peuples du monde depuis l 'antiquité la plus reculée jusqu 'á nos jours (1851)), y A. Dumas hijo (1824-1895) con La Dama de las camelias (1848) son las lecturas preferidas del joven Paquito Vegallana, hijo de los 8.- Paladín de un liberalismo popular, en la obra en cuestión se ofrece una imagen negativa del príncipe Louis-Philippe. El público de Delavigne era un público burgués de moral estrecha. 9.- La vida de Charles Antoine Guillaume Pigault de l'Epinoy es una auténtica novela. Seductor, de vida aventurera y disoluta, llega al extremo de raptar a una joven. Condenado a prisión en dos ocasiones, consigue evadirse en la segunda. En 1803 publica "Le Citateur", panfleto antirreligioso que le llevó a perder bajo la Restauración su empleo de Inspector de Aduanas. Marqueses de Vegallana, aprendiz de Don Juan, que ve en Mesía "una Margarita Gautier del sexo fuerte, un hombre capaz de redimirse por amor" (id.: 1,298). Como él, los jóvenes vetustenses también toman partido por Dumas hijo y por Victorien Sardou (1831-1908) contra el romanticismo y a favor del drama social de tesis y la comedia de costumbres, no por conocimiento propio sino por lo que habían oído decir en la corte10. Paquito Vegallana se refiere también a Victor Hugo y cita: "lo afirma Víctor Hugo en su novela que en francés se llama El hombre que ríeu y en español De orden del rey" (id. : I, 359). De A. Dumas padre lee la Marquesa de Vegallana Los Mohicanos (1854-55) (id.: 1,315). Del mismo autor, hace el narrador una referencia a Montecristo cuando de forma hiperbólica se refiere a la fortuna que algunos jóvenes imaginaban que suponía adquirir un frac (id.: 11,300). El conocimiento de la literatura francesa de Fermín de Pas, el Magistral, sí le viene de las fuentes. Es un personaje de gran capacidad intelectual y de refinada cultura. Formado desde su infancia primero en el Seminario y más tarde con los jesuitas de San Marcos de León, estudioso de filosofía y teología, hábil en la oratoria hasta el punto de comparársele a Bastiat12. El narrador dice del Magistral que "parecía un Bastiat del pulpito" por emplear en sus sermones símiles económicos al hablar de la salvación como de un negocio, y de la caridad como sinónimo de interés (id. : 1,452). De Pas alude en sus discusiones con el obispo de Vetusta, Fortunato Camoirán, a la escena del Convencional de Los Miserables (1862) de este mismo autor -libro prohibido por la censura eclesiástica de la épocaque le trae a la mente lo que ocurre en esos momentos con el ateo Barinaga. En ambos casos se plantea la conveniencia de la visita de un Obispo a un ateo moribundo (id.: 1,259), acción que De Pas desaconseja a Camoirán. Más adelante vuelve a referirse al mismo personaje, cuando regaña a Fortunato Camoirán por su descuido y pobreza en el vestir (id.: 1,442). Del Magistral se dice igualmente que "Leía con deleite los Caracteres de La Bruyère"13 (id. : 1,450). En otra ocasión, De Pas denigra a Félix A. Ph. Dupanloup (1802-1878), obispo de Orléans que se rebeló contra el dogma de la infalibilidad pontificia en 1870 (id.: 1,403). El Magistral ve en la afirmación de dicho dogma una especie de cruzada contra la incredulidad del siglo. La primera referencia a Ernest Renan14 viene asimismo de Fermín de Pas, que lo califica de "impío" y de imitador de los protestantes alemanes. De Pas rememora la narración de este autor titulada La bienheureuse Christine de Stommeln, béguine (1879) cuando se plantea cómo 10.- En el artículo sobre Gloria de Pérez Galdós, recogido en Solos de clarín (1881), Alas se refiere a Balzac, Sue, Dumas y Hugo como genios de la novela francesa. También comenta que en aquella época estaba leyendo a Feuillet, Droz, Cherbuliez, Theuriet y Sardou. 11.- L'homme qui rit (1861-68) es una novela extravagante y difícil de interpretar. Cuestiona la función del poeta enfrentado a los avatares de la Historia. Es el acto de acusación social de la inutilidad de lo Bello. 12.- C. F. Bastiat (1801-1850), economista liberal, político, director del Journal des Economistes. Escribió Harmonies économiques. 13.- Es lógico que De Pas se recree en la lectura de La Bruyère, pues el primero se debate en unas inquietudes que el segundo plantea con agudeza. La Bruyère es un católico que sueña con la vuelta a la Iglesia apostólica; moralista, reaccionario, propone conquistar una vida interior. Los capítulos "Des femmes" y "Du coeur" de Les Caractères prueban que el sabio está a merced de las pasiones. 14.- Ernest Renan (1823-1892) es un escritor con quien Clarín comparte muchos puntos de vista. Enemigo de la mediocridad, filólogo, racionalista por el método que introdujo en la crítica histórica y que pretendió aplicar a la política, intentó probar que la ciencia liberal era la única vía de solución para los distintos problemas. Anticlerical, opuesto a la idea de lo sobrenatural y a todos los dogmas, el Magistral de La Regenta no podía calificarlo de algo menos que de impío.