La conservación de la ciudad y de la arquitectura del Movimiento Moderno
Abstract
La arquitectura del Movimiento Moderno forma ya parte del patrimonio histórico. Esa edificación portadora de los significados de la modernidad en que se ha concebido ha de ser hoy objeto de estudio. Puestos en relieve sus valores técnicos y estéticos, así como su problemática actual ha de ser instancia de conservación y revalorización en el ámbito profesional y social
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LA CONSERVACION DE LA CIUDAD Y DE LA ARQUITECTURA DEL MOVIMIENTO MODERNO Javier Rivera Blanco E G Mezquita del Viernes en lspahan (Irán). Construida entre 1703 y 1800. La arquitectura del Movimiento Moderno forma ya parte del patrimonio histórico. Esa edificación portadora de los significados de la modernidad en que se ha concebido ha de ser hoy obje- to de estudio. Puestos en relieve sus valores técnicos y estéticos, así como su problemática actual ha de ser instancia de conservación y revalorización en el ámbito profesional y social. -LXIII- 63 ASTRAGALO, 03 (1995) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1995.i03.06 Historiador. Catedrático de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Valladolid.
64 E N el desarrollo de la postmodernidad la etapa del Movimiento Moderno ha sido asumida como un período clásico de la historia de la humanidad. De esta manera, sus producciones han pasado a convertirse en parte del acervo cultural, en patrimonio construido de la ciudad. Ya advertía de estos posibles sucesos Alois Riegl en 1903 cuando afirmaba: «Lo que hoy es moderno y se presenta en su encerrada individualidad según las leyes de toda creación, se irá convirtiendo paulatinamente en monumento y ocupando el vacío que las fuerzas naturales imperantes en el tiempo irán creando en el patrimonio ·monumental heredadO> > '. Con el paso del tiempo y de las distintas corrientes de pensamiento y estéticas la arquitectura del Movimiento Moderno ha ido adquiriendo diversos valores patrimoniales que no es preciso olvidar ya. Aunque arquitectura de un pasado reciente, forma parte ya de cierta antigüedad, con lo que ha adquirido ya caracteres de vetustez, por lo que empieza a sentirse la necesidad de conservar sus testimonios más notables. Junto a este valor otros importantes son sus valías estéticas intrínsecas y su valor artístico-arquitectónico específico, como arquitectura perteneciente a una corriente estética concreta. Además, pueden encontrarse también en el Movimiento Moderno otras aportaciones especiales, tales como de innovación tecnológica, precocidad estética y estilístic a, trascendencia histórica, etc. La concepción de la arquitectura del Movimiento Moderno como nuevo monumento, como monumento de la modernidad, estaba en la mentalidad de la mayoría de sus protagonistas en sus orígenes. En el centro de Europa se plantea ya a primeros del siglo XX, en la escuela de Viena y en Alemania, a través de textos de Worringer, del citado Riegl o más concretamente de Walter Gropius, quien, en 1911, hace notar ya la monumentalidad de las nuevas arquitecturas, como de las fabriles, fecha en la que publica Monumentale Kunst un lndustriebau, conferencia impartida en el Folkwang Museum de Hagen. En 1913 publicará Die Entrl'icklung Moderner lndustriebaukunst. Paralelamente se desarrollan en Norteamérica filosofías similares exaltando la arquitectura industrial americana; así lo expresa Frank Lloyd Wright'. En los años veinte se incorpora a este nuevo pensamiento Le Corbusier con sus trabajos y especialmente con Ver s une architecture ' ,en que llega a comparar los nuevos monumentos de la modernidad -fábricas, automóviles, paquebotes, etc.- con los monumentos históricos, como Nótre Dame de París, las pirámides de Egipto, Santa Sofía o los templos griegos y romanos, en un proceso de interpretación y valoración que ha puesto de relieve Reyner Banham'. El reconocimiento de estas arquitecturas como patrimonio monumental desde la conciencia colectiva es un hecho relativamente reciente. En Jo s países anglosajones surgió después de la Segunda Guerra Mundial, en que las fábricas y arquitecturas del Movimiento Moderno adquirieron rápido valor y se planteó su recuperación con vistas a la llegada de la III Revolución Industrial que convertiría a muchos de estos edificios en obsoletos, en contenedores vacíos y abandonados. En los países latinos ha si do más lenta y compleja esta concienciación. Francia conoció importantes revulsivos y debate s cuando comenzaron a destruirse algunas de -LXIV -
sus arquitecturas modernas y fabriles más notables. Así ocurrió con la demolición de Les Halles o del Barrio de los Estados Unidos en Lyon (obra de Tony Gamier), que provocaron una intensa discusión en tomo a la desaparición o no de estos importantes ejemplos de arquitecturas recientes. Desde entonces se inició un trascendente debate sobre la necesidad de revalorizar estas arquitecturas. Se celebró un importante congreso en el convento de la Tourette -obra de Le Corbusier- auspiciado por el propio gobierno galo en el año de 1987 ' en el que se centraron las problemáticas y características que acuciaban a este tipo de tutela arquitectónica. Fue la antesala para la celebración de otras muchas reuniones hasta la más reciente verificada en Caracas (Venezuela) en 1994". Paralelamente las arquitec- La del siglo XX es una arquitectura con unas características especiales respecto a la de otras épocas. Su cantidad y el tamaño de los edificios la convierten en molesta, pues por un lado es indestructible por sus sistemas estructurales que le confieren un cierto sentido de permanencia, pero por otro es enormemente degradable por la pobreza de sus materiales y por las técnicas experimentales usadas en ellas en la primera mitad del siglo (que conllevaron defectos y taras como la aluminosis, hormigones porosos, oxidación de hierros, alteración de superficies, etc. ). Además han sufrido como ninguna otra arquitectura deficiencias de control, mínimos o inexistentes mantenimientos, toda clase de negligencias en los usos o carencia de interés en una conservación mínima. Todavía se argumenta que estas obras deben turas fabriles también han ido ascendiendo en la destruirse porque limitan el crecimiento de la concienciación de sus valores patrimoniales lleciudad al haberse ubicado en los suburbios, gándose hasta la primera declaración como Patrimonio de la Humanidad en 1995 de la siderúrgica de Volklingen (Alemania). En todos estos convenios de especialistas se ha puesto de relieve el peligro en que se encuentran estas manifestaciones arquitectónicas. En unos casos están abocadas a su desaparición por hallarse en zonas de las ciudades de alto interés para los especuladores urbanistas y por la presión inmobiliaria, en otras, por hallarse en zonas suburbiales, donde se deterioran rápidamente al encontrarse en «ghetOS>> marginales, al haberse convertido en fábricas o edificios obsoletos o al haberse degradado por diversas causas y, generalmente, por encontrarse en barrios también de entorno social deficiente y degradado. hoy rebasados por las expansiones urbanas y edilicias, que deben demolerse porque son edificios obsoletos al haber perdido su función originaria por la transformación de los sistemas de producción, que son simples máquinas de vivir o fabricar, contenedores neutros de cajón, y tampoco faltan entre sus enemigos los formalista<> , fachadistas y esteticistas restringidos que las acusan de ser construcciones no artísticas, pues sólo encuentran en ellas atención a la satisfacción de necesidades primarias como la funcionalidad y la economía. Afortunadamente otros sectores han descubierto en las arquitecturas fabriles y modernas valores estéticos como la simple belleza de los volúmenes puros, la contención del ornamen- to o la grandeza de las superficies vacías y -LXV- 65 ASTRAGALO,03(1995)ISSN 1134-3672
66 desnudas, además de las ya aludidas significación histórica y precocidad técnica'. En el año 2000 se habrá franqueado la barrera psicológica del cambio de siglo. Entonces, mágicamente, estas arquitecturas adquirirán de forma automática otros valores, como el de la antigüedad, pues pasarán a pertenecer al siglo pasado, o el documental, pues serán testimonio de una cultura ya periclitada. Pero quizá entonces ya sea demasiado tarde para muchas de ellas, pues habrán desaparecido. Aún estamos a tiempo de establecer una cultura de la protección de estas manifestaciones plásticas si los expertos en el tema hacen el esfuerzo de NOTAS 1 Alois Riegl, El culto moderno a los monumentos. Caracteres y origen. Visor Distribuciones, S. A. , Madrid, 1987 (Viena-Leipzig, 1903), p. 54. 2 Wasmuth, Frank Lloyd Wryght: Ausgeführten Bauten. 1910 y 1911. 3 Le Corbusier, Vers une architecture. 1923. 4 Reyner Banham, La Atlántida de hormigón. Edificios industriales de los Estados Unidos y arquitectura moderna europea I900-I925, Ed. Nerea, Madrid, 1989. difundir la erudición y el conocimiento que requieren las masas populares y las autoridades para que puedan crearse unos niveles críticos para su defensa, como la idea de conciencia de que son patrimonio y deben integrarse en el legado común. Es urgente pues, la realización de catálogos y estudios eruditos sobre sus características, autores, significados, etc., para que se multiplique la sensibilidad hacia estas muestras que representan verdaderamente nuevas coordenadas para entender una parte importante de la historia y para comprender la identidad de los rasgos de la modernidad, una cultura a la que aún pertenecemos. O 5 Les enjeux du patrimoine architectural du XX e siecle. Actes du colloque tenu au convent de la Tourette, Juin 1987. Ministere de la Culture et de la Communication, París, 1988 (Librairie Picard). 6 VI Conferencia Internacional sobre conservación de Centros Históricos y Patrimonio Edificado Iberoamericano. La Consenación de la arquitectura moderna. Caracas (Venezuela), 24 al 30 de julio de 1994. 7 Javier Rivera, <<Las arquitecturas industriales y del Movimiento Moderno y su valor monumental», Recuperación de la Arquitectura Industrial. La Yutera. Palencia, 1991, pp. 11 y ss. -LXVI-